SANTANDER EN EUROPA 1829-1832

Tomo I, II, III y IV (Obra parcial)

ISBN: 958-643-000-6 (Obra completa)

Nota de la Edición: Tomado de la Edición de la Fundación para la Conmemoración del Bicentenario del Natalicio y el Sesquicentenario de la Muerte del General Francisco de Paula Santander. Biblioteca Presidencia de la República. Administración Virgilio Barco. Bogotá, 1989.

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TOMO I

Santander en Europa, por Virgilio Barco (pág, XV)
Santander en en destierro, un viajero con los ojos abiertos, por Mario Germán Romero (pág, XIX)
Nota metodológica (pág, XXV)
Itinerario de Santander en Europa 1829-1830 (pág, XXVII)
Introducción al diario del general Santander, por Rafael Martinez Briceño (Prólogo de la primera edición) (pág, 1)
Índice Onomástico (pág, 285)
Índice Toponímico (pág, 303)
Índice Temático (pág, 313)
Lugares Destacados (pág, 331)
Hoteles y Alojamientos (pág, 340)
Embarcaciones (pág, 342)
Cronología (pág, 343)
Notas del Editor a pie de página

TOMO II

Santander en Europa, por Virgilio Barco (pág, XIX)
Santander en en destierro, un viajero con los ojos abiertos, por Mario Germán Romero (pág, XXIII)
Nota metodológica (pág, XXIX)
Itinerario de Santander en Europa 1830-1832 (pág, XXXI)
Introducción al diario del general Santander, por Rafael Martinez Briceño (Prólogo de la primera edición) (pág, XXXVII)
Índice Onomástico (pág, 215)
Índice Toponímico (pág, 228)
Índice Temático (pág, 237)
Lugares Destacados (pág, 254)
Hoteles y Alojamientos (pág, 266)
Embarcaciones (pág, 267)
Cronología (pág, 269)
Notas del Editor a pie de página

TOMO III

Santander en Europa, por Virgilio Barco (pág, XVII)
Prólogo, por Alfonso Pinilla Cote (pág, XXI)
Nota metodológica (pág, XXXIII)
Índice Onomástico (pág, 363)
Índice Toponímico (pág, 380)
Índice Temático (pág, 390)
Sitios visitados (pág, 405)
Cronología (pág, 407)
Notas del Editor a pie de página

TOMO IV

Santander en Europa, por Virgilio Barco (pág, XVII)
Prólogo, por Alfonso Pinilla Cote (pág, XXI)
Nota metodológica (pág, XXXIII)
Índice Onomástico (pág, 405)
Índice Toponímico (pág, 427)
Índice Temático (pág, 437)
Cronología (pág, 453)
Notas del Editor a pie de página

TOMO V. Directorio de personajes y lugares visitados

Advertencia: El siguiente documento respeta la ortografía y tipografía original del texto.


TABLA DE CONTENIDO


DIARIO DE VIAJE

TOMO I

Diario de navegación de Puerto Cabello a Hamburgo
Llegada a Hamburgo (15 de octubre de 1829)
Salida de Hamburgo (14 de diciembre de 1829)
Hannover
Gottinga
Cassel
Marburg
Francfort del Mein
Darmstadt
Maguncia
Coblenza
Bonn
Colonia
Aquisgrán

FRANCIA-PARIS

París (febrero 17)

El Louvre
Academia de Ciencias
Biblioteca Real
Conservatorio de Artes y Oficios
Escuela de Comercio
El obispo Grégoire
La Sorbona
Cámara de diputados –Sociedad de Educación Elemental
Academia Real de Música y Declamación
Palacio de Justicia
Escuela Central de Artes y Oficios
Sociedad de Geografía
Cámara de los pares
Los Inválidos
Escuela politécnica
Biblioteca de Santa Genoveva
Fábrica de porcelana de Sèvres
Gabinete de Historia Natural del Jardín del Rey
Visita al observatorio
Manufactura de los gobelinos
Revista en el campo de Marte
Sesión de las cuatro academias del instituto
Soirée del general Lafayette
Salida de París en viaje a Inglaterra (4 de junio de 1830)

INGLATERRA

Londres

Los docks de Londres
El túnel bajo el Támesis
El Museo Británico
Jardines de Vauxhall
Muerte de Jorge IV de Inglaterra
Visita al doctor Madrid, ex presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada
Muerte de Madrid (28 de junio de 1830)
Las salas de armas y las joyas de la corona
El servicio de correos inglés
Visita a Jeremías Bentham
La fábica de gas
Salida de Londres el 10 de julio, para los Países Bajos
Brujas
Breda
Rotterdam
La Haya
Leyden
Haarlem
Amsterdam
Apreciaciones sobre Holanda y los holandeses
Llegada a Hamburgo el 27 de julio de 1830
Salida de Hamburgo el 14 de agosto

PRUSIA-BERLIN

Berlín

Descripción de la ciudad
Visita al museo
Encuentro con Humboldt
Visita de Humboldt a Santander
Visita al museo y al arsenal
La ópera de Berlín
Las casas de moneda
La universidad de Berlín
Representación del Fidelio, de Beethoven
Fábrica real de porcelanas
Almuerzo con Humboldt
Parque de Charlottenburg
La librería real
Otros establecimientos culturales de Berlín
Visita a la escuela de cadetes
Gabinete de artes del Gran Palacio
Escuela politécnica
Recuerdos de Federico el Grande (el Palacio Viejo, el Palacio de Mármol, Sanssouci
El palacio Nuevo
Apreciaciones sobre Prusia
La galería de pinturas
Exposición de las academias de dibujo y pintura del reino –Colección de armas antiguas y modernas
La cámara verde
El museo de la porcelana de Sajonia
La Biblioteca Real
El gabinete de historia natural

BAVIERA

Nuremberg

Encuentro con el doctor Campe. La historia de Martín Behaim y el descubrimiento de América
Forster y su gabinete de curiosidades

Ratisbona

Munich

La gliptoteca; la iglesia de los jesuítas
El museo brasiliense; el palacio del rey; la Sociedad Literaria
La Biblioteca Real
Visita al cuartel de infantería
Galería de pinturas del príncipe Eugenio

TIROL ALEMAN

Innsbruck

TOMO II

TIROL ITALIANO

Trento

ITALIA-REINO LOMBARDO-VENETO

Verona

Mantua

Venecia

La basílica de San Marcos
El palacio ducal y sus dependencias
El Consejo de los Diez –Las prisiones
El palacio Grimani
Descripción del arsenal
El convento de los armenianos
El palacio Barbarigo y sus colecciones
La Academia de Bellas Artes

Padua

ESTADOS PONTIFICIOS

Ferrara

Bolonia

TOSCANA-FLORENCIA

La galería real
La pérgola; la catedral; la Academia de Bellas Artes
Nueva visita a la galería; el gabinete literario de Vieusseux
La iglesia de Santa Cruz
El Museo de Física e Historia Natural; el gabinete zoológico y el de botánica y mineralogía
Visita al palacio Borghese; la iglesia de San Lorenzo
El palacio Corsini
La manufactura de piedras duras; soirée del príncipe Borghese
Baile del gran duque
Soirée del príncipe Borghese
El jardín Boboli
Las colecciones del palacio Pitti
El gabinete de física

ROMA Y ESTADOS PONTIFICIOS

Roma

La basílica de San Pedro
Palacios y templos de Roma
La columna de Marco Aurelio
La columna trajana; el Capitolio moderno; la estatua ecuestre de Marco Aurelio; la prisión mamertina; monumentos de la antigua Roma
Empiezan los funerales del papa Pío VIII; las iglesias de San Carlos, de San Ignacio y el colegio romano; la iglesia de la Rotonda
La Vía Sagrada y Forum romanum
Basílica de Santa María la Mayor
Observaciones sobre Roma
El monte Citorio y sus monumentos
El seminario romano y la iglesia de San Andrés del Valle; el museo del Capitolio y la Protometheca
La basílica de San Juan de Letrán
La Santa Escalera y la basílica de Santa Cruz en Jerusalén
La iglesia de San Pedro ad vincula y la estatua de Moisés; noticia sobre la asistencia de Santander a la corte de Toscana
El gran circo y varios puentes y monumentos
Las termas de Diocleciano
Cuarta visita a la basilica de San Pedro; recorrido del Vaticano y sus principales dependencias (corredor de las inscripciones, Museo Chiaramonte)
Museo Pío Clementino y sus diferentes secciones
Salas de Rafael y sus obras de arte
La iglesia de Santa Constanza; el columbario y sus inscripciones latinas
La Vía Appia; el sepulcro de Cecilia Metella
Excursión al monte Palatino; las colecciones etruscas del arqueólogo Gherard; la casa de oro de Nerón; segunda visita al Museo del Capitolio
Termas de Caracalla; la pirámide de Cayo Cestio; visita nocturna al Museo del Vaticano 
Colección de objetos de la China del señor Martucci
Excursión al monte Esquilino; soirée de la princesa Colonna; visita a la Biblioteca del Vaticano
Presentación al príncipe de Montfort, Jerónimo Bonaparte; excursión al Foro
Segunda visita a la Villa Borghese
El estudio del pintor Camuccini y visita al palacio Rospigliosi
Los subterráneos de San Pedro y segunda visita a la Biblioteca del Vaticano con el bibliotecario Angelo Mai; los palimpsestos y la República de Cicerón
La elección del papa Gregorio XVI; ceremonias de la procesión papal
El carnaval romano; la consagración del papa
Iluminación de la basílica de San Pedro; revolución en los Estados pontificios; prohibición del carnaval
Visita a Túsculo y a las ruinas de la Academia de Cicerón
Visita al palacio Fesch Falconieri; salida de Roma

Noticia de la muerte de Bolívar (Florencia, marzo de 1831)

Pisa

Liorna

Lucca

PIAMONTE O REINO DE CERDEÑA

Génova

La iglesia metropolitana o de San Lorenzo; otras iglesias de Génova
El teatro Carlos Félix; el palacio real; la universidad y su biblioteca
Otros establecimientos públicos de Génova; el palacio Brignoli y sus colecciones artísticas; otros palacios y colecciones

LOMBARDIA

Pavía 

Milán

El teatro Cárcamo; la catedral; capilla de San Carlos Borromeo; la biblioteca ambrosiana 
El teatro de la Scala; varias iglesias de la ciudad; la inscripción del sepulcro de Juan Jacobo Trivulzio
La Academia de Ciencias y Artes; la instrucción pública en Milán; manufacturas de la ciudad
Los cuarteles y la plaza de armas; el circo y su descripción; la iglesia de Nuestra Señora de las Gracias y el fresco de la Cena de Leonardo; la iglesia de San Ambrosio
Otras iglesias de Milán; el sepulcro de los Reyes Magos, etc.
La fundición de las estatuas del Arco de la Paz; el paseo de la Puerta Oriental
Salida de Milán; el Lago Mayor; las islas Borromeas; subida de los Alpes y obras de ingeniería del Simplón; los padres de San Bernardo

SUIZA

Lausana

Datos generales sobre la Confederación Helvética

Ginebra

Personajes eminentes de esa ciudad; visita al historiador Sismondi, al Museo de Historia Natural y Museo de Artes

FRANCIA

Dijon

PARIS

Comida en la Sociedad de la Revista Enciclopédica
Visita al general Lafayette
Visita a Alejandro de Humboldt
Recepción en el instituto de los académicos Cousin y Viennet
Revista del rey a la guardia nacional en el campo de Marte; visita al palacio de Versalles
Nueva salida para Inglaterra (27 de mayo de 1831)

INGLATERRA

Londres

Soirée en casa del doctor Bowring
Carreras de caballos en Hampton; la Sociedad Real Asiática y sus curiosidades; visita al Museo Británico y a la biblioteca
Visita a la casa de moneda y a varias fábricas
Visita a la British Institution; comida con Jeremías Bentham
La refinación de azúcar y la fábrica de cerveza; descripción de la casa de moneda y amonedación
Cambridge: descripción de la universidad, la biblioteca y el museo

York

La catedral
Minas de carbón mineral de Northumberland

Edimburgo

La universidad; visita al profesor Jameson; la prisión de María Estuardo; el museo de la universidad
La institución real
La high school; la biblioteca de la universidad; la alta corte
Biblioteca de los abogados; establecimientos científicos de Edimburgo
La escuela y asilo de ciegos
La universidad de Edimburgo

Glasgow

Manufacturas de Glasgow; la catedral y la bolsa

IRLANDA

Dublín

La universidad y otros establecimientos científicos y educativos

Bangor

El puente suspendido entre Inglaterra y la isla de Anglesey

Liverpool

El ferrocarril a Manchester
Manchester

Birmingham

Manufacturas

Oxford

LONDRES

Observaciones generales sobre Inglaterra
Visita a la fábrica de telas estampadas

PARIS-1831

Recibe Santander la gaceta de Colombia con el decreto del poder ejecutivo en que se le restituyen todos los derechos de que le había privado la sentencia del 7 de noviembre de 1828
Santander es presentado al rey de Francia en el palacio de Neuilly

ESTADOS UNIDOS

Nueva York

Recibe Santander comunicaciones de notables personajes americanos (Hone, Bloodhood, Morton, general Scott, Livingston, etc.)
Visita a la casa municipal, y a Tarry Town; revista de las tropas por el general Morton, acompañado de Santander
Visita a las escuelas de niños de uno y otro sexos, a la casa de refugio y a la de alienados
Visita al arsenal
Visita a las escuelas dominicales
Notables personalidades invitan a Santander a un banquete en City Hotel
Convite a Santander presidido por el mayor general Morgan Lewis
Celebración del centenario del nacimiento de Washington; descripción de las ceremonias
Es presentado Santander a José Bonaparte, ex rey de España

FILADELFIA

Descripción de la ciudad
Visita a la penitenciaría y a las obras hidráulicas
La casa de moneda y el arsenal
La Academia de Bellas Artes y otros museos de la ciudad; visita a la escuela pública y a la casa de refugio
Alms house; la Sociedad Filosófica Americana; el acta de independencia de Norte América
Baltimore

WASHINGTON

Personajes con quienes se relacionó Santander en Washington (Henry Clay, Daniel Webster, Calhoum); visita a la cámara de representantes
Visita al secretario de Estado, Livingston; Santander es presentado al presidente Jackson; comida en casa de Mr. Clay; anécdota referente a Bolívar;
Visita a la tumba de Washington en Monte Vernon; comida en casa del presidente con los miembros del gabinete
Visita de Santander al conde de Survilliers, José Bonaparte, en su casa de Borden Town
Santander recibe la noticia de su nombramiento para presidente de la Nueva Granada y el gobierno de los Estados Unidos le congratula por la elección
Visita a varios establecimientos de Long Island; asiste Santander al convite público en honor de Washington Irving; recepción hecha a Santander en West Point por el coronel Thayer, director del establecimiento
Visita a las cárceles de Sing-Sing y a las minas de oro; salida de Santander de New York para la Nueva Granada (23 de junio de 1832)

OBSERVACIONES SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

Datos estadísticos de la Unión americana
Observaciones políticas y sociológicas sobre los Estados Unidos

NEW YORK

Características de la ciudad, la educación pública, las religiones y establecimientos varios del Estado de New York

PENSILVANIA

Lista de las personas a quienes he merecido en Europa diferentes consideraciones de benevolencia durante mi proscripción de la república de Colombia, mi patria, en 1829-1830 y 1831.

CARTAS DE VIAJE

TOMO III

1.De Santander, 1829 (10/11), Hamburgo
2.De Santander, 1829 (10/11), Hamburgo
3.De Santander, 1829 (12/11), Hamburgo
4.De Santander, 1829 (13/11), Hamburgo
5.De Santander, 1829 (21/11), Hamburgo
6.De Santander, 1829 (21/11), Hamburgo
7.De Santander, 1830 (8/2), Bruselas
8.De Santander, 1830 (24/2), París
9.De Santander, 1830 (20/3), París
10.De Santander, 1830 (27/3), París
11.De Santander, 1830 (2/4), París
12.De Santander, 1830 (10/4), París
13.De Santander, 1830 (13/4), París
14.De Santander, 1830 (28/6), Londres
15.De Santander, 1830 (1/7), Londres
16.De Santander, 1830 (3/7), Londres
17.De Santander, 1830 (4/7), París
18.De Santander, 1830 (28/7), Hamburgo
19.De Santander, 1830 (7/8), Hamburgo
20.De Santander, 1830 (12/11), sin lugar
21.De Santander, 1830 (12/12), Roma
22.De Santander, sin fecha y sin lugar
23.De Santander, 1831 (2/4), París
24.De Santander, 1831 (13/4), París
25.De Santander, 1831 (15/4), París
26.De Santander, 1831 (21/4), París
27.De Santander, 1831 (20/5), París
28.De Santander, 1831 (20/5), París
29.De Santander, 1831 (26/5), París
30.De Santander, 1831 (4/6), Londres
31.De Santander, 1831 (18/6), Londres
32.De Santander, 1831 (5/7), Londres
33.De Santander, 1831 (3/8), Londres
34.De Santander, 1831 (4/9), París
35.De Santander, 1831 (4/9), París
36.De Santander, 1831 (4/9), París
37.De Santander, 1831 (4/9), París
38.De Santander, 1831 (6/9), París
39.De Santander, 1831 (14/9), París
40.De Santander, 1831 (20/9), El Havre
41.De Santander, 1831 (13/11), Nueva York
42.De Santander, 1831 (14/11), Nueva York
43.De Santander, 1831 (14/11), Nueva York
44.De Santander, 1831 (14/11), Nueva York
45.De Santander, 1831 (14/11), Nueva York
46.De Santander, 1831 (15/11), Nueva York
47.De Santander, 1831 (15/11), Nueva York
48.De Santander, 1831 (15/11), Nueva York
49.De Santander, 1831 (19/11), Nueva York
50.De Santander, 1831 (19/11), Nueva York
51.De Santander, 1831 (20/11), Nueva York
52.De Santander, 1831 (25/11), Nueva York
53.De Santander, 1831 (30/11), Nueva York
54.De Santander, 1831 (30/11), Nueva York
55.De Santander, 1831 (1/12), Nueva York
56.De Santander, 1831 (9/12), Nueva York
57.De Santander, 1831 (20/12), Nueva York
58.De Santander, 1831 (–/12), sin lugar
59.De Santander, 1831 (30/12), Nueva York
60.De Santander, 1832 (7/1), Nueva York
61.De Santander, 1832 (7/1), Nueva York
62.De Santander, 1832 (19/1), Nueva York
63.De Santander, 1832 (30/1), Nueva York
64.De Santander, 1832 (1/2), Nueva York
65.De Santander, 1832 (1/3), Nueva York
66.De Santander, 1832 (16/3), Filadelfia
67.Firma ilegible, 1832 (7/5), Filadelfia
68.De Santander, 1832 (15/5), Nueva York
69.De Santander, 1832 (15/5), Nueva York
70.De Santander, 1832 (22/5), Nueva York
71.De Santander, 1832 (30/5), Nueva York
72.De Santander, 1832 (31/5), Nueva York
73.De Santander, 1832 (1/6), Nueva York
74.De Santander, 1832 (1/6), Nueva York
75.De Charles Reston, 1832 (4/6), Paterson
76.De Santander, 1832 (16/7), Santa Marta
77.De Santander, 1832 (16/7), Santa Marta
78.De Santander, 1832 (16/7), Santa Marta
79.De Santander, 1832 (17/7), Santa Marta
80.De Santander, 1832 (28/7), Cartagena
81.De Santander, 1832 (30/7), Cartagena
82.De Santander, 1832 (10/8), Mompós
83.De Santander, 1832 (10/8), Mompós
84.De Santander, 1832 (17/8), Ocaña
85.De Santander, 1832 (17/8), Ocaña
86.De Santander, 1832 (7/9), San José
87.De Santander, 1832 (7/9), sin lugar
88.De Santander, 1832 (13/9), Pamplona
89.De Santander, 1832 (29/9), Vélez
90.De Santander, 1832 (29/9), Puente Nacional
91.De José Antonio Páez, 1829 (20/8), Puerto Cabello
92.De Toly, 1829 (21/8), Puerto Cabello
93.De Vicente Azuero, 1829 (16/10), Kingston
94.Firma ilegible, 1829, sin lugar
95.De Klieve King, 1829 (28/10), Hamburgo
96.De Klieve King, 1829 (28/10), Hamburgo (traducción)
97.De Francisco Soto, 1829 (26/11), Caracas
98.De Vicente Azuero, 1829 (21/12), Kingston
99.De José de San Martín, 1830 (19/1), Bruselas
100.De Ramón, arzobispo de Caracas, 1830 (20/1), Caracas
101.De M. E. de Gorostiza, 1830 (29/1), Londres
102.De Desfontaines, 1830 (13/2), Valenciennes
103.De J. de D. de Aranzazu, 1830 (21/2), Bogotá
104.De Julián Bowring, 1830 (25/2), Londres
105.De Lucas Alamán, 1830 (26/2), palacio federal de Méjico
106.De M. M. Núñez, 1830 (1/3), Cartagena
107.De A. Vélez, 1830 (4/3), Bogotá
108.De Manuel Cortés y Campomanes, 1830 (8/3), Bruselas
109.De Mariano Garro, 1830 (10/3), La Haya
110.De M. M. Núñez, 1830 (11/3), Cartagena
111.De Joaquín Mosquera, 1830 (13/3), Popayán
112.De José A. Torrens, 1830 (16/3), Nueva York
113.De M. G. Vidaurre, 1830 (16/3), París
114.De Joaquín Mosquera, 1830 (17/3), París
115.De Lord Stuart de Rothesay, 1830 (20/3), sin lugar
116.De Rousino, 1830 (27/3), Londres
117.De J. G. Baur, 1830 (3/4), Altona
118.De Jullien, 1830 (10/4), París
119.De Cushing, 1830 (12/4), sin lugar
120.De M. E. de Gorostiza, 1830 (–/5), Londres
121.De Grégoire, obispo de Blois, 1830 (8/5), París
122.De Appert, 1830 (1/6), París
123.De Bentham, 1830 (9/7), Londres
124.De Ezequiel Rojas, 1830 (3/8), París
125.De Humboldt, 1830 (–/–), Berlín
126.De Le Prince Puckler Muskan, 1830 (24/8), Berlín
127.De M. M. Núñez, 1830 (5/9), Cartagena
128.De M. M. Núñez, 1830 (29/12), Cartagena
129.De M. M. Núñez, 1831 (5/1), Cartagena
130.De P. Visconti, 1831 (8/1); Casa
131.De Juan Manuel Arrubla, 1831 (12/1), Antioquia
132.De M. M. Núñez, 1831 (1/2), Cartagena
133.De Elie Mathieu, 1831 (2/2), Santa Marta
134.De Meinel, 1831 (25/2), Munich
135.Del barón de Malzen, 1831 (8/13), Roma
136.De Tomás Lener, 1831 (31/3), Nueva York
137.De Manuel María Mosquera, 1831 (7/4), Pisa
138.De Ernestine Tenze, 1831 (30/4), S. Andrea
139.De Geo H. Enet, 1831 (4/5), Hamburgo
140.De Juan Manuel Arrubla, 1831 (22/5), Antioquia
141.De María de Santander, 1831 (22/5), San José
142.De Pedro Alcántara Herrán, 1831 (1/6), París
143.De Joaquín Mosquera, 1831 (1/6), Nueva York
144.De Florentino González, 1831 (8/6), Valencia

TOMO IV

145.De Vicente Azuero, 1831 (14/6), Bogotá
146.De Domingo Caycedo, 1831 (14/6), Bogotá
147.De José María Obando, 1831 (14/6), Bogotá
148.De Domingo Ciprián Cuenca, 1831 (19/6), Bogotá
149.De Azuero y otros, 1831 (24/6), Soatá
150.De José Tiberio Pérez y otros, 1831 (1/7), San José de Cúcuta
151.De M. M. Núñez, 1831 (2/7), Cartagena
152.De Francisco Soto, 1831 (2/7), San José de Cúcuta
153.De Raimundo Santamaría, 1831 (14/7), Bogotá
154.De Orbegozo y otros, 1831 (27/7), Pamplona
155.De Agustín Leland, 1831 (28/7), Bogotá
156.De Juan A. Toscano, 1831 (28/7), Pamplona
157.De Joaquín Mosquera, 1831 (1/8), Nueva York
158.De Francisco Soto, 1831 (5/8), San José de Cúcuta
159.De J. de D. Aranzazu, 1831 (6/8), Maracaibo
160.De Juan Manuel Arrubla, 1831 (14/8), Bogotá
161.De José J. Suárez, 1831 (14/8), Bogotá
162.De Vicente Azuero, 1831 (18/8), Bogotá
163.De José Ignacio Díaz Granados, 1831 (22/8), Santa Marta
164.De Juan B. Quintana, 1831 (23/8), Santa Marta
165.De Cubet, 1831 (29/8), París
166.De Joaquín Mosquera, 1831 (31/8), Nueva York
167.De James Henderson, 1831 (13/9), Boulogne
168.De A. Vélez, 1831 (28/9), Bogotá
169.De M. M. Núñez, 1831 (29/9), Cartagena
170.De Pedro Alcántara Herrán, 1831 (1/10), París
171.De Francisco de P. Vélez, 1831 (5/10), Bogotá
172.De Segismond Leidesdorf, 1831 (18/10), París
173.De Francisco Soto, 1831 (19/10), Bogotá
174.De A. Vélez, 1831 (24/10), Bogotá
175.De José María Obando, 1831 (31/10), Bogotá
176.De Francisco Soto, 1831 (1/11), Bogotá
177.De Joaquín Mosquera, 1831 (8/11), París
178.De Florentino González, 1831 (10/11), Bogotá
179.De Mathieu Frie, 1831 (12/11), Santa Marta
180.De José Alfonso, 1831 (14/11), Nápoles de Romaña
181.De Raimundo Santamaría, 1831 (14/11), Bogotá
182.De Arganil, 1831 (20/11), La Guaira
183.De Darthey y Compañía, 1831 (25/11), Londres
184.De M. M. Núñez, 1831 (1/12), Cartagena
185.De Juan Manuel Montoya, 1831 (6/12), Cartagena
186.De Arganil, 1831 (7/12), La Guaira
187.De Vicente Michelena, 1831 (12/12), Caracas
188.De José María Obando, 1831 (14/12), Bogotá
189.De J. B. Dalla Costa, 1831 (14/12), Baltimore
190.De Manuel Muñoz, 1831 (15/12), Caracas
191.De Joaquín Mosquera, 1831 (18/12), París
192.De J. Rafael Mosquera, 1831 (20/12), Popayán
193.De Manuel Muñoz, 1831 (20/12), Caracas
194.De Osorio, 1831 (22/12), Bogotá
195.De Guyet, 1831 (27/12), París
196.De Juan Manuel Arrubla, 1831 (28/12), Bogotá
197.De José María Obando, 1831 (28/12), Bogotá
198.De J. J. París, 1831 (28/12), Bogotá
199.De José I. Suárez S., 1831 (28/12), Bogotá
200.De Miguel S. Uribe, 1831 (28/12), Bogotá
201.De Francisco Soto, 1831 (29/12), Bogotá
202.De Florentino González, 1831 (31/12), Bogotá
203.De José Ignacio de Márquez, sin fecha y sin lugar
204.De Domingo Acosta, 1832 (5/1), Washington
205.De Juan Manuel Arrubla, 1832 (7/1), Bogotá
206.De Vicente Azuero, 1832 (7/1), Bogotá
207.De José María Obando, 1832 (7/1), Bogotá
208.De Francisco Soto, 1832 (7/1), Bogotá
209.De Joaquín Mosquera, 1832 (8/1), sin lugar
210.De Josefa Ricaurte de Portocarrero, 1831 (8/1), Bogotá
211.Firma ilegible, 1832 (–/l), Roma
212.De Arganil, 1832 (11/1), Caracas
213.De M. M. Núñez, 1832 (11/1), Cartagena
214.De J. Madiedo, 1832 (12/1), Cartagena
215.De Juan J. Romero, 1832 (12/1), Caracas
216.De J. M. Troncoso, 1832 (14/1), Bogotá
217.De Manuel Santamaría, 1832 (18/1), Méjico
218.De Tomás Cipriano de Mosquera, 1832 (18/1), Méjico
219.De Pablo de Alcázar, 1832 (19/1), Cartagena
220.De M. M. Núñez, 1832 (20/1), Cartagena
221.De José María Obando, 1832 (21/1), Bogotá
222.De A. Obando, 1832 (21/1), Bogotá
223.De A. Vélez, 1832 (21/1), Bogotá
224.De Francisco Soto, 1832 (22/1), Bogotá
225.De Ramón, arzobispo de Caracas, 1832 (23/1), Curazao
226.De Morgan Lewis y otros, 1832 (24/1), Nueva York
227.De Domingo Acosta, 1832 (24/1), Filadelfia
228.De José Antonio Páez, 1832 (26/1), Hato de San José de los Laureles
229.De Ch. Augt. Davis, 1832 (27/1), sin lugar
230.De Juan Manuel Arrubla, 1832 (28/1), Bogotá
231.De Ezequiel Rojas, 1832 (1/2), San Fernando
232.De Nathan S. F. Moore, 1832 (4/2), sin lugar
233.De Vicente Azuero, 1832 (7/2), Bogotá
234.De Joaquín Mosquera, 1832 (8/2), París
235.De J. M. Cancino, 1832 (15/2), Bogotá
236.De Joaquín Mosquera, 1832 (18/2), París
237.De Tomás Herrera, 1832 (19/2), Panamá
238.De Juan José Cabarcas, 1832 (20/2), Panamá
239.De Valentín Espinel, 1832 (20/2), Caracas
240.De M. M. Núñez, 1832 (20/2), Cartagena
241.De J. N. Moreno, 1832 (21/2), Bogotá
242.De Arganil, 1832 (22/2), Caracas
243.De Juan Manuel Arrubla, 1832 (27/2), Medellín
244.De Gabriel Sánchez, 1832 (1/3), Bogotá
245.De Francisco Soto, 1832 (1/3), Bogotá
246.De Luis M. Azuola, 1832 (4/3), Bogotá
247.De Francisco Montoya, 1832 (7/3), Bogotá
248.De J. Manuel Montoya, 1832 (7/3), Bogotá
249.De José María, obispo de Santa Marta, 1832 (9/3), Bogotá
250.De José F. Merizalde, 1832 (9/3), Bogotá
251.De frailes dominicos, 1832 (9/3), Bogotá
252.De J. F. Pereira, 1832 (10/3), Bogotá
253.De Andrés M. Rosillo, 1832 (10/3), Santa Fe de Bogotá
254.De Domingo Ciprián Cuenca, 1832 (10/3), Bogotá
255.De José María, obispo de Santa Marta, 1832 (10/3), Bogotá
256.De José Ignacio de Márquez, 1832 (10/3), Bogotá
257.De Juan J. Molina, 1832 (10/3), Bogotá
258.De Gerónimo Montebrune, 1832 (10/3), Bogotá
259.De A. Obando, 1832 (10/3), Bogotá
260.De José María Obando, 1832 (10/3), Bogotá
261.De José María Obando, 1832 (10/3), Bogotá
262.De Antonio María Santamaría, 1832 (10/3), Bogotá
263.De Antonio Viana, 1832 (10/3), Honda
264.De J. de D. Aranzazu, 1832 (11/3), Bogotá
265.De F. M. Layton, 1832 (12/3), Bogotá
266.De José Ignacio de Márquez, 1832 (12/3), Bogotá
267.De Josefa Ricaurte, 1832 (12/3), Bogotá
268.De A. Vélez, 1832 (12/3), Bogotá
269.De J. M. Gaitán, 1832 (13/3), Bogotá
270.De Francisco Soto, 1832 (13/3), Bogotá
271.De J. M. Escobar, 1832 (14/3), Bogotá
272.De Raimundo Santamaría, 1832 (14/3), Bogotá
273.De Arganil, 1832 (16/3), Caracas
274.De Arganil, 1832 (19/3), Caracas
275.De José Domingo Zizero, 1832 (20/3), Honda
276.De Vicente Gutiérrez de Piñeres, 1832 (21/3), Mompós
277.De Miguel Martínez y Carranque, 1832 (21/3), Mompós
278.De José M. Pino, 1832 (21/3), Mompós
279.De José María Piñeres, 1832 (21/3), Mompós
280.De Ramón, arzobispo de Caracas, 1832 (24/3), Curazao
281.De F. Luque, 1832 (26/3), Cartagena
282.De M. M. Núñez, 1832 (26/3), Cartagena
283.De Arganil, 1832 (28/3), Caracas
284.De J. M. Gómez, 1832 (31/3), Nueva York
285.De M. Arosemena, 1832 (1/4), Panamá
286.De Juan José Argote, 1832 (5/4), Panamá
287.De Arganil, 1832 (7/4), Caracas
288.De Joaquín Mosquera, 1832 (8/4), París
289.De H. Clay, 1832 (11/4), Washington
290.De Lorenzo M. Lleras, 1832 (11/4), Kingston
291.De Antonio M. Ayarza, 1832 (12/4), Portobelo
292.De Ayarza y otros, 1832 (12/4), Portobelo
293.De Thomas Boysen, 1832 (14/4), Portobelo
294.De Robert F. Wuislow, 1832 (9/5), sin lugar
295.De Pilas E. Burrow, 1832 (11/5), Filadelfia
296.De Santiago Arroyo, 1832 (14/5), Popayán
297.De Juan José Argote, 1832 (17/5), Panamá
298.De B. Chew, 1832 (17/5), Filadelfia
299.De Edward Livingston, 1832 (19/5), Washington
300.De Arganil, 1832 (22/5), La Guaira
301.De J. R. Mosquera, 1832 (22/5), Popayán
302.De G. N. Featherstonhough, 1832 (23/5), Filadelfia
303.De Carmen Rodríguez, 1832 (1/6), sin lugar
304.De José Antonio Páez, 1832 (6/6), Valencia
305.De Manuel Pedraza, 1832(8/6), Filadelfia
306.De José María, obispo de Santa Marta, 1832 (13/6), Ibarra
307.De José Bonaparte, 1832 (17/7), Pointe Bregi
308.De J. F. Blanco, 1832 (19/7), La Grita
309.De Jerónimo Torres, 1832 (27/7), París
310.De P. Rodríguez, 1832 (29/7), Cartagena
311.De Lafayette, 1832 (29/7), Lagrange
312.De Joaquín Mosquera, 1832 (30/7), París
313.De Tomás Cipriano de Mosquera, 1832 (30/7), París
314.De Pedro Alcántara Herrán, 1832 (1/8), Londres
315.De J. M. Cataño y J. M. López Sierra, 1832 (2/8), Riohacha
316.De Rufino Cuervo, 1832 (7/8), Bogotá
317.De José Manuel Montoya, 1832 (7/8), Bogotá
318.De Bonifacio Rodríguez, 1832 (7/8), Bogotá
319.De Francisco Martínez y otros, 1832 (9/8), Mompós
320.De Francisco Gómez, 1832 (10/8), Maracaibo
321.De José Manuel Restrepo, 1832 (22/8), Quito
322.De Juan Nepomuceno Toscano y otros, 1832 (23/8), Socorro
323.De Pedro Gómez y otros, 1832 (27/8), San Gil
324.De Ramón Villoría, 1832 (29/8), Neiva
325.De José Orbegozo, 1832 (1/9), Piedecuesta
326.De Nepomuceno Vargas y otros, 1832 (2/9), Moniquirá
327.De Pedro Alcántara Herrán, 1832 (4/9), Kingston
328.De J. Rafael Mosquera, 1832 (6/9), Popayán
329.De Vargas y otros, 1832 (12/9), Charalá
330.De José Félix Solano, 1832 (12/9), Mérida
331.De Vicente Gutiérrez de Piñeres, 1832 (17/19), Mompós
332.De Juan Nepomuceno Toscano, 1832 (19/9), Socorro
333.De Francisco Angulo y otros, 1832 (20/9), sin lugar
334.De Tomás Serrano y otros, 1832 (20/9), Zapatoca
335.De Francisco Soto, 1832 (24/9), Bogotá
336.De Salvador Camacho, 1832 (24/9), Tunja
337.De José Ignacio de Márquez, 1832 (–/–), sin lugar
338.De Vicente Azuero, 1832 (2/10), Bogotá
339.De Vicente Azuero, 1832 (6/10), Bogotá
340.De Antonio Toledo y otros, 1832 (6/10), Tocaima
341.De Antonio José Benítez, 1832 (15/10), Pore
342.De Constantino Guarnizo y otros, 1832 (18/10), La Mesa
343.De Agustín Alvarez y otros, 1832 (20/10), Neiva
344.De Manuel del Castillo y otros, 1832 (20/10), Tunja
345.De Rafael Solano, 1832 (21/10), Tunja
346.De Mariano Urrutia, 1832(22/10), Popayán
347.De Manuel José Mosquera, 1832 (22/10), Popayán
348.De José de Medina y otros, 1832 (–/10), Purificación
349.De Juan Antonio del Castillo y otros, 1832 (23/10), La Plata
350.De José María Grueso, 1832 (6/11), Popayán



DIARIOS DE VIAJE

TOMO I

   El día 15 de noviembre de 1828, salí de Bogotá para embarcarme en Cartagena: el día 4 de diciembre fui conducido al Castillo de San Fernando de Bocachica, de donde se me trasladó al de San José el día 19 y permanecí en él rigurosamente tratado hasta el 16 de junio de 1829 que se me condujo a bordo de la fragata de guerra nacional Cundinamarca, al mando del coronel Jolly. El 18 siguiente dio la vela dicho buque de Cartagena para Puerto Cabello, donde echó el ancla el 19 de agosto. Permanecí a bordo en bahía hasta el 27 de agosto en que felizmente fui trasbordado al bergantín mercante María bajo el pabellón de Hamburgo, en virtud de que el gobierno de Colombia me permitía salir del territorio de la República para Europa. El bergantín dio la vela el mismo día 27 y después de un viaje bastante feliz, no obstante dos tempestades que sufrimos en el océano y en el Canal de Inglaterra, llegamos a Hamburgo el día 15 de octubre por la mañana.

F. P. Santander
[Firmado]


NOTA:
En este viaje me han acompañado el doctor Ezequiel Rojas, el ciudadano Francisco Evangelista González y mis criados Juan, Cruz y José Caballero.

DIARIO DE NAVEGACION

De Puerto Cabello a Hamburgo en el bergantín María.
F. P. Santander, Ezequiel Rojas, F. Evangelista González.

1829. Agosto 27.

    El día dicho nos embarcamos a las 3 y media de la tarde habiéndome acompañado desde la fragata de guerra Cundinamarca su comandante el coronel Jolly, el comandante de la plaza coronel P. Celis y un ayudante. Una hora después de habernos embarcado dio el buque la vela.

1829. Agosto 28.

    Amanecimos a la vista de Puerto Cabello. Anocheció teniendo tierra a la vista. Sin novedad.

1829. Agosto 29.

    Amaneció habiendo perdido de vista la tierra. A las 10 vimos a barlovento las Islas Pájaros o Aves y a las 5 de la tarde dejamos la de Bonaire a sotavento. Sin novedad.

1829. Agosto 30.

    No se vio más a Bonaire. Sin novedad.

1829. Agosto 31.

    Tuvimos tempestad al NE y aguacero por la noche, sin más novedad.

1829. Septiembre 1°.

    Martes: A las 2 de la tarde se descubrió la isla de Puerto Rico por estribor. A las 6 de la tarde se vio por babor la isla de Mona. Sin novedad.

1829. Septiembre 2.

    Al amanecer quedó por la popa la isla Zacheo aún a nuestra izquierda. A las 10 se vio una vela por barlovento y, por la bandera que puso, se reconoció que era un bergantín inglés que parecía navegar hacia Santo Domingo o La Habana. Todo el día estuvo nublado y por la tarde cayó bastante lluvia. El mar empollado y viento achubascado.

1829. Septiembre 3.

    Amaneció el día nublado y lluvioso. Mar muy empollado. Llovió todo el día y la noche con viento fuerte achubascado.

1829. Septiembre 4.

    Lo mismo que el anterior. Según las observaciones, hoy hemos pasado el Trópico (Cáncer).

1829. Septiembre 5.

    Amaneció y siguió todo este día y la mayor parte de la noche peor que los anteriores. El buque quedó solo con las dos gavias para temporales, las vergas de juanetes y sobres se echaron abajo. El mar se embraveció horriblemente. Por la mañana pasó una goleta americana de norte al este. No hubo avería ninguna.

1829. Septiembre 6.

    Domingo: Viento fresco. Viramos hacia el NE. El mar más tranquilo. Después del medio día vino calma absoluta (28° de lat.). A la altura de las Canarias.

1829. Septiembre 7.

    Amaneció con calma absoluta, que duró todo el día y toda la noche.

1829. Septiembre 8.

    Amaneció con poco viento, de modo que el buque sólo anda 2 y media millas por hora. A las ocho del día aumentó el viento. A las 12 pasó por sotavento un bergantín goleta que no izó su pabellón; indicaba venir de los Estados Unidos para las islas de Santo Domingo o La Habana. Por la tarde, calma que duró toda la noche.

1829. Septiembre 9.

    Poco viento por la mañana; pero refrescó en el curso del día y por la noche.

1829. Septiembre 10.

    Viento frescachón todo el día y algunos chubascos. Hallándonos en los 32° de latitud estamos a la altura de las Bermudas y de Madera.

1829. Septiembre 11.

    Viento frescachón que duró poco. Toda la tarde y toda la noche tuvimos calma.

1829. Septiembre 12.

    Amaneció todavía la calma. A las 7 entró viento fresquito. A las 4 se vio un barco al NO, que después se dejó conocer que era bergantín goleta; no izó pabellón. Se infiere que era americano y su ruta indicaba ser hacia Madera o las Azores (36°).

1829. Septiembre 13.

    Domingo: Amaneció calma que duró todo el día y toda la noche.

1829. Septiembre 14.

    Viento contrario y lluvia todo el día y toda la noche.

1829. Septiembre 15.

    Calma. Después hubo viento fresquito.

1829. Septiembre 16.

   Viento frescachón en popa. Estando hoy (12 del día) a los 38° 8' de latitud N nos hallamos a la altura de las islas Azores. Lluvia bastante.

1829. Septiembre 17.

   Viento igual al anterior. Lluvia. Después viento fresco.

1829. Septiembre 18.

   Viento fresco que por la tarde quedó muy disminuido.

1829. Septiembre 19.

   Viento norte bastante fuerte (42° 4' lat. y 44° 23' long. a las 12 del día). Se ha sentido hoy mucho frío. Este viento ha sido contrario.

1829. Septiembre 20.

    Domingo: El mismo viento aunque más fuerte y más frío. Hemos quedado en la misma latitud.

1829. Septiembre 21.

    El mismo viento aunque menos violento (a las 12 del día tenemos 41° 44' lat. y 40° 46' long.). Bastante calma, de modo que el buque anda dos millas; por la tarde, más completa.

1829. Septiembre 22.

    Ha cambiado el viento en favor de la navegación, aunque es muy poco el que sopla (40° 11' long. .42° 1' lat.). Por la tarde aumentó algo.

1829. Septiembre 23.

    Viento fresco excelente (hoy es el equinoccio). Tenemos a las 12 del día 43° 20' lat. y 37° 32' long. Estamos a la altura del banco de Terranova. Cerca de las 6 de la tarde pasó por babor un bergantín goleta que indicaba venir de Europa para los Estados Unidos. No izó pabellón.

1829. Septiembre 24.

    Viento como ayer. Pasó un bergantín por babor que indicaba venir de Europa (12 del día, 44° 41' latitud y 33° 40' longitud). Pasó otro bergantín goleta a las 5 de la tarde por la popa de N a S como de Estados Unidos a Europa.

1829. Septiembre 25.

    Aniversario de la conjuración de Bogotá. Viento como los días anteriores (12 del día 46° 7' lat. y 29° 34' long.). Cerca de las 6 de la tarde pasó por el lado de babor un barco que por estar nublado el oriente, no se conoció su porte ni su ruta.

1829. Septiembre 26.

    Viento norte y calma (12 del día 47° 6' lat. y 26° 27' long.). A las dos de la tarde pasó un bergantín por babor bastante lejos e indicaba su marcha proceder de Europa para América. Toda la tarde y toda la noche calma.

1829. Septiembre 27.

    Domingo: Viento contrario de ENE (12 del día 47° 30' lat. y 25° 19' long.). De las 3 a las 4 de la tarde se vieron cuatro barcos, uno que navegaba en nuestra dirección y los otros tres de Europa para América: de éstos, dos eran ingleses.

1829. Septiembre 28.

    Viento SSE bastante regular (12 del día 48° 36' lat. y 22° 30' long.).

1829. Septiembre 29.

    Viento SSE bastante flojo. A las 7 de la mañana se descubrieron dos barcos que navegaban a una misma dirección, el uno bergantín, el otro corbeta (12 del día 49° 16' lat. y 19° 25' long.). Calma hasta las 3 de la tarde. Después aumentó un poco el viento.

1829. Septiembre 30.

    Viento contrario. Los dos barcos que ayer se vieron continúan navegando a nuestra vista (12 del día 49° 48' lat. y 18° 20' long.). A las 3 de la tarde se descubrieron por estribor 4 barcos bastante distantes que parecían navegar en nuestra misma dirección.

1829. Octubre 1°.

    Jueves: Viento SSE flojo. Dos barcos más se han descubierto en la misma dirección de los cuatro del día de ayer. Uno de ellos es corbeta (12 del día 49° 57' lat. y 16° 44' long.). Toda la tarde y la noche calma.

1829. Octubre 2.

    Viento NNE regular. Sólo dos barcos han quedado a la vista (12 del día 49° 49' lat. y 15° 11' long.). A las 9 se descubrió un barco navegando de Europa, a las 12 se acercó a nosotros y habló con el capitán: era una corbeta americana que venía de Liverpool para New York. Mostró llevar 18° de long.

1829. Octubre 3.

    Viento norte fresco. Dos barcos se han descubierto por popa navegando en nuestra dirección (12 del día 49° 41' lat. y 11° 23' long.).

1829. Octubre 4.

    Domingo: Viento ONO un poco flojo. Los buques que llevábamos a la vista ayer se han quedado atrás. Un bergantín ha aparecido por estribor en nuestra misma dirección (12 del día 49° 34' lat.; y 8° 12' long.).

1829. Octubre 5.

    Viento N achubascado. Todos los barcos que estaban a la vista han quedado atrasados y ya no se ven (12 del día 49° 12' lat. y 4° 22" long.). Resulta de las observaciones hechas sobre la longitud que se ha errado en tres grados y que la verdadera longitud hoy es 7° y algunos minutos. Todo el día y toda la noche el viento ha sido muy fuerte. Una balandra pasó por estribor procedente de Inglaterra. A las 6 de la tarde estuvimos en la misma longitud que las islas de July, que están cerca de la punta occidental de la Gran Bretaña.

1829. Octubre 6.

    Viento N fresco. Se ha descubierto la costa británica desde el tope y de las 12 del día en adelante se ha visto desde cubierta. Por la tarde pasó una corbeta hacia el océano y un bergantín por babor navegaba en nuestra misma dirección. A las 7 de la noche estábamos frente a la punta Port Land, cuyos fanales vimos bien; por consiguiente hemos dejado atrás el cabo Lizard, el cabo Start y las ciudades principales de Falmouth y Plymouth.

1829. Octubre 7.

    Viento SO bastante regular. Hemos pasado ya la isla Wight desde esta madrugada. Diez barcos de todo porte han pasado de las 7 a las 9 del día, cinco hacia el océano y cinco hacia Inglaterra (12 del día 50° 32' lat. y 20' long.). Han pasado hasta las 12 del día más de 40 barcos. Ya es más fácil apuntar la hora en que no se ven embarcaciones. A las 3 de la tarde empezó un horrible temporal con viento contrario NE.

1829. Octubre 8.

    Toda la noche hemos corrido el temporal y ha continuado en el día hasta por la tarde.

1829. Octubre 9.

    El mismo viento contrario aunque no tan fuerte. Esta mañana se ha visto el cabo Bonne Fleur de la costa de Francia (12 del día 50° 14' lat. y 30' long.).

1829. Octubre 10.

    Viento muy flojo. A las 9 del día estuvimos muy cerca a la punta Beuches Lead de Inglaterra y se descubrían bien algunos castillos, sembrados, casas y poblaciones, molinos de viento, etc. A las 12 estuvimos frente a Hastings, donde Guillermo el Conquistador ganó la batalla a los sajones que le dio la corona de Inglaterra (12 del día 50° 41' lat. y 36' E). Ayer y hoy se han arrimado al buque diversas embarcaciones menores inglesas y holandesas a preguntar el destino que llevaba. A las 8 de la noche estuvimos frente a Douvres. Por toda la costa hay fanales en las puntas y bancos.

1829. Octubre 11.

    Domingo: Viento bastante bueno. Desde que pasamos el estrecho de Douvres a Calais, entramos en el Mar del Norte o de Alemania. A las 12 de la noche pasamos por las bocas del Támesis. Ya se ven menor número de barcos que en el Canal de la Mancha (12 del día 50° 34' lat. y 2° 55' long.). Estamos al frente del brazo del mar de Holanda llamado Zuidersee y hemos ya dejado atrás las bocas del Rhin y a La Haya y Amsterdam. Hemos visto multitud de barcas holandesas pescando en los bancos de que abunda este mar.

1829. Octubre 12.

    Viento norte muy fuerte. Muy raro ha sido el barco que se ha visto hoy. Estamos cerca a los 55° de lat.

1829. Octubre 13.

    Ningún viento. Anoche hemos pasado a Heligoland, isla inglesa situada frente a la embocadura del Elba.

    Un práctico para la entrada del río ha venido a bordo. Se han visto algunos barcos de vapor. A las 11 del día hemos entrado en las bocas del Elba donde está la isla de Neu Werk. Desde la entrada de este río se ven a todos los lados las balizas que señalan los bajíos: negras al lado de estribor, blancas al de babor. Ha entrado viento contrario. A la entrada del Elba hemos encontrado multitud de barcos saliendo al mar y entre ellos, dos paquetes correos ingleses. Como el día ha estado tan lluvioso no se han descubierto las costas hasta haber estado pegado a ellas. A las tres y cuarto de la tarde dimos fondo en frente de Cuxhaven, ciudad perteneciente a Hamburgo, donde es preciso tener alguna cuarentena. Al cabo de dos horas vinieron a bordo el capitán del puerto, el médico y un abogado, y se ha permitido al buque seguir su marcha mañana en atención a que no tiene a bordo enfermo ninguno, ni que ha salido ni tocado en puerto contagiado. El capitán del puerto nos dio la noticia de que los españoles en número de 4 o 5.000 hombres habían desembarcado en Tampico, República de Méjico. De la ciudad nos hemos provisto de víveres frescos y de frutas, a saber: manzanas, peras y ciruelas. Inmediatamente a Cuxhaven está el pueblo de Ritsbuter, que es de Hamburgo. Todos los pueblos que siguen a la orilla izquierda del Elba, vistas sus corrientes, pertenecen a Hannover y los de la orilla derecha a Dinamarca.

1829. Octubre 14.

    Viento SE. A las 5 de la mañana empezó a levarse el ancla y a las 7 estuvo el buque a la vela.

    El día ha estado muy lluvioso y nublado para poder registrar perfectamente las riberas, sin embargo se ven muy pobladas. A trechos muy cortos hay pueblos y multitud de casas y arboledas. El terreno es tan bajo de ambos lados, que no se descubre la más pequeña colina. El río no es muy ancho. Hemos encontrado algunos buques fondeados en el río pasando seguramente el gran temporal de hoy. A las 12 pasamos por frente a la plaza danesa de Glückstadt, que antes era plaza fuerte. A las 3 pasamos frente a la playa de Stade, hannoveriana. Aquí mandó el capitán los manifiestos en un bote y pagó el pasaje para nuestro equipaje. A las 5 ha fondeado el barco en Altona, según la orden de su dueño, y el capitán ha ido a tierra.

DIARIO E ITINERARIO


Durante la permanencia en Europa de Francisco de P. Santander, el cual contendrá muchos pormenores que otros podrán estimar superfluos, pero que yo me propongo anotar por curiosidad y porque en Colombia no se conoce lo que es Europa

HAMBURGO

1829. Octubre 15.

    Llegamos al puerto de Hamburgo a las 8 de la mañana y a las 12 desembarcamos con el capitán del buque J. J. Nein. Al pasar por la aduana, que es un edificio levantado sobre el agua por medio de pilastras y el primero que se encuentra antes de llegar al muelle, tomaron razón de nuestras personas, pero se omitió registrar mis baúles y no se me pidió el pasaporte. En esta oficina hay una guardia de soldados pagados permanentemente. Al llegar al muelle se nos preguntaron nuestros nombres que fueron apuntados y seguimos al Hôtel de Russie, a donde se me había dirigido desde Puerto Cabello por la casa de Augusto Geller y Cía. Llegamos, y una señorita hija del dueño de la casa nos alojó en dos cámaras y a los criados en otra: las nuestras eran números 22 y 23. A poco rato vino el dueño del establecimiento y arregló el precio del alojamiento, a saber: 6 marcos por día por las tres cámaras, otros 6 marcos diarios por tres personas por sola la comida fuera del almuerzo y 36 chelines hamburgueses por los 3 criados.

    La moneda del país se calcula con respecto a la española del siguiente modo: un peso fuerte tiene 56 chelines, por consiguiente 1 peso tiene tres y medio marcos. A las cuatro de la tarde se nos llamó a comer en mesa común, que estuvo abundantemente servida hasta las seis. Allí comieron cinco personas más, las cuales hablaron en francés conmigo con motivo de leer la gaceta que anunciaba la comedia del día y sobre el cambio de la moneda. A las seis estuvo en el alojamiento un tal Antonio Rubio, español y semicorredor de la ciudad, que me ofreció sus servicios y un maestro de idiomas. A las seis y media fuimos al teatro conducidos por un sirviente de la casa y tomamos asiento en el patio. Se representaron dos piezas cómicas en alemán y, por los aplausos que se hicieron, entendimos que el papel de barba y el gracioso fueron bien desempeñados. El teatro es pequeño en extensión, pero tiene cuatro altos u órdenes de palcos, las decoraciones se redujeron a presentar el interior de una casa y un bosque; nos parecieron bastante buenas. Hubo poca gente; no se fuma allí y durante la escena se mantienen los hombres sin sombrero. La música era de cuerda y la desempeñaban veinte músicos. A las nueve concluyó la función.

1829. Octubre 16.

    Hemos almorzado en la cámara té con leche, pan y manteca, lo cual hemos pagado aparte a razón de doce chelines por persona. Las personas somos tres, a saber: el doctor Ezequiel Rojas, el joven Francisco González y yo. A las nueve vino un portugués, Oliveira, a ofrecerme sus servicios y todo se redujo a que me presentaría a una familia portuguesa emigrada de las islas Azores por afecta al partido constitucional. Poco después llegó el maestro de idiomas, el señor Frasche, suizo, hombre viejo, quien prometió darnos lecciones para hablar francés, supuesto que sabíamos traducirlo y aun hablamos algo esta lengua. El hizo venir un sastre que nos tomó medidas para hacer las pocas piezas que nos hacen falta, y también hizo traer la gaceta del día, donde se ha anunciado mi llegada y mi designio de seguir a París. Este señor me ha ofrecido llevarme a las casas respetables a donde me recomendaron la casa de Geller y la de Passow de Puerto Cabello, los billetes en que debo avisarles ser portador de dichas cartas, y hablar él mismo con las de Altona, el próximo domingo que irá allá. Después vino un joven, H. G. Mensing, de la casa de Bibanco, a visitarme en razón de que había tenido casa establecida en Caracas por los años de 1825, 26 y 27; me habló en español y me ofreció presentarme a la casa si yo no tenía inconveniente por ser ella española; le respondí que aceptaba su oferta, pues los españoles que no mostraban odio ni enemistad a mi país no eran mis enemigos. Hoy he escrito a mi hermana y a Arrubla por el bergantín Cupido que parte para La Guaira, y la carta ha ido dirigida al señor Méndez, arzobispo de Caracas; el capitán Nein me ha hecho el favor de llevar la carta al que manda el Cupido. He sabido después por el señor Frasche, que el tal Bibanco es el cónsul general de España, por consiguiente no tengo ya gana de verlo. Todo el equipaje se ha desembarcado hoy. Ha hecho mucha impresión en el pueblo mi criado Cruz por ser negro muy retinto. He remitido los billetes a las casas antes anunciadas. El día de nuestra llegada se me presentó en el hotel un libro en el cual debíamos poner nuestros nombres, estado, procedencia y dirección. En la mesa he visto que el diario anunciaba mi llegada a esta ciudad. Recibí respuesta de las casas Merck y Cía. (senador) y de la de Gorrissen y Lutre, a quienes me recomendaron los señores Aug. Geller de Puerto Cabello y E. Passow, ofreciéndome visita al día siguiente.

    A las seis fuimos al teatro, donde se representó la ópera titulada La flûte enchantée (música de Mozart). Había un inmenso concurso. Nos ha parecido admirable la ópera por las decoraciones, la música y las cantadoras. Hemos quedado profundamente satisfechos de esta diversión.

1829. Octubre 17.

    El señor Merck estuvo a las diez del día y en vista de la carta, me hizo mil protestas y ofrecimientos de todo género y me convidó a comer junto con mis compañeros para el lunes inmediato a las 5 de la tarde. Estuvo a las once el señor Gorrissen y me preguntó en qué era lo que yo quería ocuparlo; leyó el diario de la ciudad y supe por él el desembarco de la expedición de Barradas en Cabo Rojo y las disposiciones del gobierno mejicano para resistirla, poniendo un ejército a las órdenes del general Santana. A las 12 fui presentado a una familia emigrada de Madera por constitucional, la familia se compone de cuatro hombres y de tres señoras. Vuelto a la posada encontré que me esperaba un joven Arrieta, español, que me dijo deseaba conocerme, y el señor J. Pardo, negociante, a quien yo conocí en Guayana en 1817.

    Este señor me instruyó bastante sobre el modo de manejarme aquí, sobre mi viaje a París y algunas otras cosas particulares. Después vino el señor Riveiro, encargado de negocios del Brasil, a visitarme y un coronel portugués constitucional que fue diputado en cortes; el señor Riveiro reside en Altona, ciudad de Dinamarca situada a la vista de Hamburgo, y me convidó a comer para el miércoles próximo. El maestro de francés ha venido frecuentemente. Recibí una esquela de convite para comer del señor Merck y una carta del señor Gorrissen transcribiéndome un artículo del diario de la ciudad en que habla de mí con excesiva honra.

1829. Octubre 18.

    Un joven colombiano de Cumaná llamado Alcalá, vino a mi alojamiento a presentarse y pedirme órdenes para nuestro país. A las doce he ido al campo donde se reunió la milicia nacional para celebrar el aniversario de la batalla de Leipzig: se juntaron como 5 o 6.000 hombres de infantería y caballería bastante bien vestidos, se hicieron salvas de artillería, tocó la música militar y se cantó un aire nacional. Me ha parecido esta función muy semejante a las de Bogotá para celebrar el aniversario de Boyacá. La ciudad casi entera se trasladó al campo a ver la función. Yo pasé por el jardín botánico y por los cementerios, con cuyo motivo vi una parte de las alamedas y paseos públicos. En la mesa hoy ha habido diferentes personas a las de otros días: tres de ellas procuraron introducirse en conversación conmigo y se habló del estado político de Europa, de América, de la expedición española contra Méjico y de los caminos que hay de aquí a París; con este motivo yo hablé de la situación de algunas ciudades europeas, del estado a que pertenecían y de otros conocimientos geográficos que había adquirido en los libros. Todos parecieron admirados de que yo supiera estas cosas y un anciano que parece instruido, me dijo que yo conocía bien la geografía de la Alemania cuando le hice la distinción de los dos Francfort, el uno sobre el Oder y el otro sobre el Mein. Observé que les agradó mucho mi respuesta a la observación que me hicieron de que había hallado mucha diferencia entre este país y Colombia, lo cual se redujo a que siendo este continente el mundo antiguo, era antigua también su civilización, su industria, etc., etc., y que allá en el nuevo mundo todo se hallaba en la infancia. Una de las susodichas personas que había sido militar en el ejército confederado contra Napoleón, tuvo la bondad de escribir inmediatamente un itinerario de los tres caminos que conducen a París y me lo entregó (después supe que este señor era el ministro de Hannover). El mismo sacó su cigarrera y nos ofreció tabacos que todos tomamos y fumamos. Hoy he estado bastante arromadizado, con cuyo motivo no he salido por la noche no obstante que en el teatro se representó el Guillermo Tell.

1829. Octubre 19.

    Hoy a las diez he salido con un dependiente de la casa del señor Merck a visitar el hospital de la ciudad situado fuera de ella. Es un gran edificio y nuevo. Visité todas las oficinas, a saber: cocinas, despensas, botica, sala de operaciones quirúrgicas, salas de enfermos, baños de vapor, de recepción de enfermos, etc., etc., conducido por el que administra la casa y por tres doctores. Las salas son pequeñas y bien asistidas, cada enfermedad tiene la suya. El edificio tiene paseos interiores para los convalecientes, famosas cajas de cirugía, y en la sala hay cuadros pintados de las operaciones que se han hecho. En un libro me hicieron escribir mi nombre y en la caja que hay en la puerta puse dos pesos en oro. Vimos un loco de edad como de cincuenta a sesenta años que tiene la idea que es rey de las dos Indias: habla francés, inglés y pruso. Tenía sobre su mesa multitud de papeles escritos porque esa es su ocupación. A todas las personas las llama altezas. Yo me acerqué a él y le hablé y me dio un papel que decía así: "20 fois les sommes pour chaque des 20 grandes dignités". Para ir al hospital se pasa por un puente bastante bueno, por alamedas de álamos. De allí pasamos al edificio donde se reúnen los comerciantes o la bolsa y presentado que fui al director o dueño de la casa, él tuvo la bondad de mostrarme todas sus oficinas. Vi la sala de reunión donde están todos los diarios de toda la Europa y muy particularmente los de comercio. Se me hizo escribir mi nombre en un gran libro y se me dio una tarjeta con la cual he quedado abonado a la casa, porque allí sólo entran los abonados. Había mil o dos mil personas a quienes llamó mucho la atención mi entrada y conversación con el director de la casa. Allí encontré a M. Gorrissen, que me acompañó un rato, y a dos de las personas que comieron ayer en la mesa redonda del hotel. Se me mostró la sala de lectura en verano y las piezas en donde estuvo alojado el general Blücher prusiano. En una de ellas estaba su retrato. Todo me pareció excelente. El hospital puede recibir 1.400 personas, en el día hay 1.200. La dirección corre a cargo de tres o cuatro comerciantes que hacen gratis este servicio, las cuentas son examinadas por la cámara popular de que hablaré cuando escriba sobre el gobierno de esta ciudad. Hay otros dos hospitales particulares que costea la sociedad francmasónica, uno para hombres y otro para mujeres. Todo este paseo lo he hecho en un coche con dos lacayos que me envió el señor Merck. A la una y media del día regresé a mi alojamiento junto con el doctor Rojas, que me acompañó en el paseo y también inscribió su nombre en el libro del comercio. En el hospital vimos la iglesia, que es luterana; se me hizo observar que en el hospital se admitían de todas las religiones y se cuidaban sin diferencia alguna. Yo respondí al doctor que me hizo la observación, que si se hiciera lo contrario el establecimiento no debería llamarse de caridad ni convendría tampoco a una ciudad como Hamburgo. Esto agradó a los concurrentes.

   El director de la Posta de Inglaterra estuvo a tomar informes sobre la suerte del general barón de Even; los di y aun en un papel puse el nombre del señor J. M. Arrubla, a quien podía dirigirse una carta de su familia para dicho general. Poco después recibía carta del señor Juan Federico Schnetter preguntándome por el mismo general, cuya mujer reside en Bremen muy pobre. Ofrecí la respuesta para el día siguiente.

    El padre de la familia portuguesa a quien fui presentado estuvo a pagarme la visita.

    A las cinco fui en mi coche a la casa del señor Merck a comer y lo hice vestido de rigurosa etiqueta. Fui presentado en ella a la compañía que estaba formada de personas muy distinguidas, a saber: el señor Bartels, burgomaestre presidente de la ciudad, anciano muy respetable a cuya izquierda fui colocado; dos síndicos o secretarios de Estado, los señores Sieveking y Amsink, el primero estuvo en el Brasil en calidad de ministro de Hamburgo para celebrar un tratado; los senadores Benecke, Pehmöller y Dammert, este último es actualmente el ministro de la policía; el señor Von Duve, ministro de Hannover y el señor Parish, cónsul de Hannover; dos doctores en medicina, cuyos nombres no me dio el señor Enet, dependiente de la casa del señor Merck, con quien visité el hospital. El servicio de la mesa es absolutamente diferente del servicio inglés: primero nos sirvieron ostras crudas y otras asadas en la concha con naranja o limón y vino de champaña; después los criados nos fueron dando los platos; se sirvió carne cocida con papas fritas, luego sopa, carne ahumada, ganso o pavo, vino de Málaga, legumbres, pato, vino del Rhin, pan, manteca y queso, vino tinto, pasando la botella de mano en mano, frutas delicadas y unas pasticas de dulce. El café nos lo sirvieron en otra sala estando de pie. Los platos principales los ponen sobre la mesa de uno en uno, para que los vean y luego los criados los sirvan en mesas separadas.

    El vino se sirve por los criados en copitas, a excepción del tinto, que hay una botella en frente del convidado.

    La casa del señor Merck es grande y magnífica: en una de las salas hay plantas de diferentes países al lado de los espejos y hermosos candeleros. El señor Merck se esmeró en obsequiarme; mi conversación fue en francés con el burgomaestre, el senador Dammert, el señor Sieveking, un doctor y el ministro de Hannover. Por casualidad se tocó de monedas y les mostré los pesos de oro colombianos que no habían visto. El señor burgomaestre nos mostró una medalla de oro con los bustos de Napoleón, de María Luisa y de su hijo el rey de Roma. Nuestra conversación rodó principalmente sobre el estado mercantil de la América, la expedición española a Méjico, la geografía europea y algo de política. Me pareció que el señor Sieveking era un hombre muy ilustrado y que tenía bastantes noticias de Colombia. He de observar que este señor cuando uno de los senadores contó que un loco de los que había en el hospital tenía la idea de que era rey de Birman y que no quería ratificar no sé que tratado de paz, volvió hacia mí y dijo: "Il y a beaucoup de gens qui ont la même idée et ne sont pas encore renfermés".

    Hoy por la primera vez hice uso de la caja de oro que me regaló el comisionado Hamilton en nombre de su majestad británica. A las nueve salí del convite y me dirigí a casa.

1829. Octubre 20.

   Salí a pagar visita al señor Gorrissen y al señor Pardo y después di un pequeño paseo a pie por la alameda del frente del hotel. Estuvo el portugués Barreto Feio, diputado en cortes que vino con el encargado de negocios del Brasil y por cierto que me aburrió con tres horas de conversación contándome las diversas revoluciones de Portugal. También estuvo uno de los socios de la casa de Guttrech & Ursinns de Altona para la cual traje cartas de introducción: este señor habló en castellano. Entregué la respuesta que había ofrecido para Bremen acerca de la suerte del general Even. El sastre nos trajo algunas piezas de ropa que verdaderamente nos han parecido muy caras.

    Hemos ido al teatro donde se representan diariamente dos piezas cuando no hay ópera. Hemos oído un concierto de violín ejecutado por el primer violín de Berlín que fue grandemente aplaudido: una de las piezas me agradó infinitamente y debió de haberse ejecutado perfectamente puesto que la primera dama fue palmoteada a cada paso; esta representación ha sido nueva para mí porque una de las actrices, la principal, no hablaba ni cantaba sino que con ademanes y gestos al compás de la música, expresaba sus sentimientos y, a mi entender, lo hizo con la más grande propiedad. (Melodrama).

    De vuelta del teatro recibí carta del señor Gorrissen transcribiéndome las últimas noticias de Méjico hasta el 15 de agosto y del Perú, Chile y Colombia hasta después de mi partida de Puerto Cabello, y otra carta del señor Enet ofreciéndome venir mañana a hacerme ver algunos establecimientos públicos. Observé en el teatro que agradó mucho a las personas que estaban cerca de mí, el que yo ayudara con palmadas a aplaudir la pieza de que he hecho mención. Hoy en la mesa he entrado en conversación con el ministro de Hannover. Recibí por el señor Pardo gacetas de Caracas.

1829. Octubre 21.

    Poco después del almuerzo llegó a visitarme el doctor en filosofía E. Röding, autor de un diario sobre América, y me presentó ocho números de su obra escritos en alemán. Me ha parecido un hombre muy amable. El me ha suplicado le permita hacerme retratar. Salí luego con el señor Enet a visitar la casa de los huérfanos, que es un establecimiento fundado por los particulares donde se recogen los huérfanos desde la edad de siete años; se les enseña a leer, escribir, geografía y oficios mecánicos, junto con los principios de la religión. También se admiten niños expósitos. Vimos las oficinas de cocinar, de guardar los alimentos, de comer, de dormir, etc. Había 410 jóvenes de ambos sexos, unos leyendo y otros cosiendo su ropa. Hay un jardín para el recreo de la juventud, baños y toda comodidad. Los niños huérfanos menores de siete años se crían en el campo hasta que tienen la edad de venir al establecimiento. Vimos la estatua de un cerero que donó 80.000 pesos y el retrato de una señora que donó 30.000 pesos. Todo nos pareció muy arreglado y económico, pues allí mismo están el amasijo, las gallinas, patos y gansos, lavanderas, etc. Al salir eché un peso en la caja de caridad. Pasamos a un establecimiento litográfico bastante bueno: vimos diferentes retratos de literatos, generales, etc., y el del general Bolívar.

    El dueño, que es el señor Speckter, me suplicó permitiera sacar mi retrato en los días que permaneciera aquí y consentí en ello. Seguimos al museo y estaba cerrado. Dimos un paseo por la muralla que ahora es una regular alameda y vimos la estatua de piedra levantada por los ciudadanos a un hombre que se dedicó a enseñar la ciencia del comercio a la juventud de la ciudad. Registramos toda la máquina de un molino de viento. Entramos a una librería y nada compramos. Al llegar al hotel encontré la respuesta del señor Baur para quien traje carta de introducción, y una esquela, por lo cual supe que había estado a visitarme; su respuesta fue muy atenta y amable. A las 3 de la tarde fui a Altona a comer en casa del señor Riveiro junto con Pacho González. El señor Riveiro vive en una casa de campo muy bella y nos trató admirablemente bien. Seis personas más estuvieron en la mesa, de ellas dos holandeses. La mesa se sirvió a estilo portugués, que participa algo de las costumbres inglesas. El señor Riveiro me hizo el favor de brindar a mi salud, y me ha ofrecido cartas de recomendación o de introducción para Londres.

    Altona es una ciudad bastante regular (30.000 almas) y pertenece al rey de Dinamarca: está en el ducado Holstein. Salí de la casa a las ocho y al entrar por la puerta llamada de Altona en Hamburgo, pagué 12 chelines, que es menos de una peseta. Fuimos al teatro inmediatamente, donde se representaba la ópera titulada El barbero de Sevilla, de la cual sólo alcanzamos a la última escena. Glückstadt, situada a la derecha del Elba, es una ciudad del ducado de Holstein.

1829. Octubre 22.

   Hoy hace ocho días que llegamos aquí. Al pasar ayer para ir a la casa de huérfanos, vimos el establecimiento de caridad formado por particulares para recoger y mantener los ancianos pobres. A las nueve ha venido hoy el pintor de la casa de litografía y ha sacado dos retratos. Se me vino a decir de parte del señor Merck que podía ir a las doce a la cárcel a visitarla, pero no pude porque estaba obligado a ir a Altona. Di 50 pesos en escuditos de a peso al señor Enet para cambiarlos con motivo de que anoche en el teatro no me recibieron uno, y pude entrar porque casualmente un señor que vio lo que pasaba se ofreció voluntariamente a cambiarme uno.

    A las once tomé coche para ir a Altona en casa del señor Riveiro y visitarlo, y lo hice con Rojas y Pacho. Después pasé a la casa del señor Baur y nos recibió de la manera más afable y más atenta que pueda esperarse: nos sirvió chocolate de Caracas con crema, uvas muy delicadas, vino pajarete y torta muy fina. El me ha ofrecido voluntariamente cartas de introducción para la casa de Rothschild. Regresé a Hamburgo y entré a la bolsa, donde hablé con el señor Gorrissen y el señor Lange. El señor Gorrissen me ha convidado a un jardín al campo, el domingo venidero. De regreso al hotel entré a la casa del senado y vi el exterior de la del banco. El señor Dammert, a quien escribí suplicándole me permitiera visitarlo, me ha mandado un dependiente suyo a decirme que a las once del día estaría a mi disposición. El señor burgomaestre Bartels me ha respondido que puedo ir el sábado, pero yo me excusaré para otro día por estar convidado a una cacería. Estos señores son los que conocí en casa del señor Merck y pienso pedir a los demás el permiso de visitarlos. Ayer vino el pintor ofrecido por el señor Röding y no me encontró en el alojamiento.

1829. Octubre 23.

    A las nueve hice una visita al señor Merck y me convidó para comer con su familia el domingo, a lo que no puedo prestarme por estar convidado ya por el señor Gorrissen. Vinieron los pintores del señor Speckter y del señor Röding; el pintor de Röding se admiró grandemente de verme tan joven y cuando a la pregunta que me hizo sobre si se me ponía de uniforme militar, le respondí que no, me alargó la mano y me dijo: Liberté!, Liberté!, este mismo me dijo en alemán "que algún día Bolívar pagaría en Santa Elena su conducta actual". Ciertamente que yo no le deseo semejante suerte. Pasé a las once del día a la casa de la policía a visitar al señor senador Dammert, que me recibió atentamente. Me dijo entre otras cosas que había visto con gusto uno de mis mensajes al congreso. Me ofreció que el miércoles próximo me haría mostrar el puerto, los buques de vapor, etc., y que me daría las instituciones de la ciudad. De allí regresé a la posada y, habiendo llegado el señor Pardo, fuimos a casa de un joyero a venderle mi plata labrada para lo cual llevamos algunas piezas para hacerlas ensayar; la dimos en efecto y le dejamos tres piezas. Allí he visto ricas joyas, piedras preciosas y alhajas de plata. He escrito al señor Sieveking que me permita hacerle una visita y he suplicado al señor burgomaestre Bartels que me destine otro día para visitarle que no sea el domingo. He cambiado cincuenta pesos en escuditos de oro con pérdida de 4%. Recibí una carta del señor Sieveking muy atenta ofreciéndome que un día tendría el gusto de comer conmigo en su casa. El encargado de negocios del Brasil ha estado a las cinco de la tarde a buscarme para ir a su quinta a dormir y de allí partir a la caza. Me he excusado de ir esta noche hasta las nueve o diez, porque tengo que acabar de escribir cartas para mi familia.

    Fuimos al teatro, donde se ejecutó la ópera de Rossini intitulada Otelo. Después de la función me dirigí a Altona a dormir en casa del señor Riveiro. En Altona manda como presidente un sobrino del general Blücher.

1829. Octubre 24.

   Muy temprano nos dirigimos por el interior al pueblo de Rellingen, donde tomamos té y después continuamos a Quickborn, una casa de campo que por muerte del conde Schauenberg pasó a la corona de Dinamarca. En este terreno se hizo la cacería de liebres y perdices en la cual estuve muy poco tiempo porque el piso estaba excesivamente húmedo; me retiré a la casa principal del señorío, donde hallamos un viejo que es el arrendatario y nos obsequió con frutas y panecillos de dulce. Este viejo sabía latín y la geografía americana. A las cuatro regresamos a Rellingen, donde comimos y dormimos. Eramos de la partida de la caza el señor Riveiro, el coronel Barreto, el secretario de Riveiro, dos daneses (de Roy) y yo.

1829. Octubre 25.

   Temiendo a la humedad yo regresé a la quinta del señor Riveiro por el pueblo de Hettbeck y por Blanquenesse: éste es el más bello terreno de los alrededores de Hamburgo, aquí están situadas las casas de campo más bellas, tal como la del señor Baur, negociante de Altona, la cual visité. Lo que más me agradó fue el jardín de las plantas: allí encontré café, tuno, naranjo, fique o cocuisa, plátano, sagú, etc., menos cacao, añil, maíz, ni yuca. Vi una torre por el estilo chinesco y una balaustrada de mármol llamada el "templo de Venus". Al salir nos pidieron ocho chelines: con esta exacción se socorre cada año a los pobres, pues el dueño de la quinta es millonario. El camino de allí a Hamburgo es muy agradable: se viene por la orilla del Elba, viendo los buques que suben y bajan el río, por debajo de famosas alamedas y al lado de bellísimas quintas. El camino estaba muy concurrido de gentes que pasaban a pie y en coche.

    Después de haber comido en casa de Riveiro, que ya había vuelto de la cacería, regresé a Hamburgo a las diez de la noche.

    En la mesa conocí a una sobrina del general Blücher y a una portuguesa emigrada de Madera que me gustó mucho. En la posada encontré una tarjeta de visita del senador Dammert y una esquela de convite de parte del señor Baur y su señora para comer en su casa de Altona el sábado próximo 31 de octubre.

1829. Octubre 26.

   He respondido al señor Baur aceptando su convite. Vino el pintor de casa del señor Speckter y concluyó el retrato. Le di mi facsímil con este letrero: Paz y prosperidad para Hamburgo bajo leyes benéficas y protectoras. Vino el platero que ofreció comprarme la vajilla de plata que me ha quedado y la pesó toda. Vino también un caballero a proponerme me suscribiese al Atlas general de Europa y lo hice por decencia, en vista de que no sólo es una obra útil, sino que el catálogo de los suscriptores comprende los soberanos y las personas más distinguidos de la Europa. El señor Bartels me ha fijado el día de mañana para visitarlo.

    He visitado con los señores Enet y un oficial de la policía las dos cárceles de corrección. En la una se recogen aquellas personas de ambos sexos que merecen alguna corrección por pequeñas faltas o que estando vagando en la ciudad necesitan reclusión. Hay allí viejos y viejas, muchachos y muchachas en diferentes salas, donde cada uno trabaja en hilar, tejer, etc., según sus fuerzas. Para mantener a los hombres robustos en algún ejercicio, se les pone de cuatro en cuatro por horas a dar vueltas con los pies a una rueda que corresponde a la máquina de batanar el paño; los reclusos que gozan de salud no reciben carne para comer, sino sopa de cebada y papas hechas en caldo de puerco y pan moreno o de centeno. Los enfermos y la gente anciana reciben mejor alimento. La juventud recibe aquí lecciones de leer, escribir y contar, además de estar entretenida en oficios mecánicos.

    La otra casa es donde se aprisionan los criminales: están divididos de día en salas muy seguras donde trabajan y de noche se encierran en pequeños cuartos muy seguros donde tienen la comodidad correspondiente para sus necesidades. Esta clase de presos tiene una cadena al pie y nunca salen de sus piezas; por la puerta recibe cada uno su comida y por claraboyas el aire y la luz. Todo está limpio, arreglado y seguro. Vimos una mujer que hace 19 años que está reclusa y debe estarlo por 20.

    Pasamos a un edificio inmediato donde hay baños para pobres, sala de partos, de anatomía, y de jóvenes de uno y otro sexos que han cometido faltas y no deben mezclarse con los que sólo están recogidos para que no contraigan vicio. Estos establecimientos me han gustado mucho. En un libro dejamos nuestros nombres el doctor Rojas y yo. Pasamos a un café para leer los papeles de París.

   Por la noche recibí un convite de parte del señor Gorrissen para comer mañana en su casa. Lo acepté. No salí a ninguna parte.

1829. Octubre 27.

    Después de las 9 hice una visita al señor burgomaestre Bartels. De allí pasé a la casa del señor Sieveking, secretario de relaciones exteriores. Hablamos mucho de Colombia, de sus rentas, de su gobierno, leyes de comercio y de lo que será de ella. Me dijo que actualmente se trataba de entrar en relaciones mercantiles con Colombia. Luego me dirigí a la casa del señor Röding y le presenté una copia del oficio con que Bolívar me felicitó por mi reelección a la vicepresidencia y otra de la representación que dirigí desde Bocachica al consejo de gobierno pidiéndole mi libertad. Mostró grande emoción por este regalo. Me sacó mi biografía publicada en su Columbus y me tomé la libertad de hacerle las correcciones de fechas y lugares, errores con que frecuentemente escriben los extranjeros nuestra historia. A las 2 vino un inglés llamado Guillermo Mathiessen a decirme que él estaba recomendado a la casa del señor Baur, de parte de la casa de comercio de que dependía, y que estando pronto para irse para Londres el sábado inmediato, deseaba saber si yo le ocupaba en algo. Le di las gracias y a poco de haber hablado del viaje que acaba de hacer por Viena, se despidió.

    Por la tarde fui a la ópera. Era la intitulada La muette de Portici, de Auber, francesa, me pareció bien ejecutada y con famosas decoraciones. A las 12 de la noche se prendió fuego a la casa contigua a nuestro hotel y salimos a la calle, donde se reunió multitud de gente, tropa, bombas y todas las dependencias de las compañías de seguros. La tropa conservó el orden público y los sirvientes de los seguros, que son innumerables, acudieron a cortar el fuego y a hacer uso de las bombas. En una hora todo estuvo concluido y fuera de riesgo, a pesar de que el fuego se había apoderado de todo el piso alto de la casa.

1829. Octubre 28.

    El hombre que me hizo suscribir al Atlas general de Europa ha traído la primera livraison reducida a cuatro cartas que comprenden la Turquía europea hasta la Morea. Es obra de Vaelen Maener, dedicada al príncipe de Orange. Pagué por consiguiente 18 francos. Además de las compañías de seguros hay compañías de salvadores que paga la ciudad. Los dependientes de las compañías de seguros tienen vestido blanco, seguramente para hacerse conocer y que se les permita entrar a la casa incendiada. La primera bomba que llega recibe de la compañía 20 pesos de premio; la segunda 10 y la tercera 5. La compañía de salvadores ocurre con escaleras para trepar y salvar a cualquiera que esté en peligro. Mejor informado sobre los seguros, he hallado que las compañías de seguros sólo aseguran los muebles y mercancías y una caja de la ciudad asegura las casas.

    A las 12 fui a ver el puerto con el capitán, que habla español. Vimos el buque de vapor Bolsa de Amsterdam que hace su viaje de aquí a Amsterdam en 36 hasta 48 horas; examinamos las cámaras, la máquina, etc. Recibe hasta 70 pasajeros y cada uno paga 60 o 70 florines por el pasaje, siendo obligación del capitán dar de almorzar y comer. Los criados valen de 30 a 40 florines. Para este viaje de aquí a Amsterdam y viceversa hay dos buques de vapor que parten todos los domingos. También los hay de aquí a Inglaterra y de Lübeck hay uno para Copenhague y otro para San Petersburgo. De allí pasamos a una fragata americana muy hermosa y luego a un café en la orilla del río en Altona, que se llama Buenavista, porque desde allí se ve la orilla opuesta del Elba y la ciudad de Harbourg hannoveriana. De regreso al puerto, el administrador de los buques de vapor nos mostró en su oficina todas las direcciones de dichos buques. Después de haber regresado al hotel, fui a un pabellón o café y leí en El Constitucional de París del 22 de octubre, la noticia de mi embarque en Puerto Cabello: el periódico me llama vicepresidente de Colombia y al general Bolívar lo llama dictador.

    A las cuatro de la tarde vino el señor Gorrissen para llevarme a Nienstadten, adonde me había convidado. Allí fui presentado a cuatro doctores en derecho, al señor Grutner, negociante de Bremen, para quien he traído carta de introducción y al señor Hudwalcker, hermano de un senador. Todo estuvo muy en regla. El señor Grutner me ha ofrecido cartas de introducción para París, Burdeos y Londres. Regresé a las 10 y media de la noche. La quinta de Nienstadten está cerca de Blanquenesse. En la mesa oí hablar de Leidersdorf muy ventajosamente.

1829. Octubre 29.

   Fui a casa del platero, donde quedó arreglada la venta de las piezas de mi vajilla y recibí por ellas 221 pesos, inclusos 60 pesos de un alfiler de diamantes. Luego pasé a contratar un coche para el viaje y nada quedó decidido. Después fui al café con el coronel portugués Barreto Feio y leímos los papeles de Francia. En el paseo que se llama Paseo de las señoritas, vi entre varios turcos a un griego que hablaba español. Recibí una carta de la mujer del barón de Even, general colombiano, pidiéndome una limosna.

    Fui a la ópera titulada La encantadora y quedé eminentemente complacido, quizá más que en todas las otras anteriores.

1829. Octubre 30.

    El caballero Mensing (casa Setzer & Mensing-Hamburgo) ha venido y me ha traído tres cartas de introducción, una para Francfort y dos para París. He sido convidado a comer hoy a las 5 por el señor Joachim David Hinsch, vicecónsul del emperador del Brasil en Hamburgo. Yo le he visitado hoy a las 12 del día y fui presentado a su señora que es hija de un senador. De regreso he entrado a un pabellón y he leído El Constitucional del 24 de octubre. El coronel Barreto Feio, portugués de quien he dicho fue elegido en las cortes, me ha regalado su traducción del Salustio, en portugués.

    Fui al convite con Pacho y estuvo excelente. La señora hizo los honores de la mesa. Concurrieron a ella el cónsul del Brasil en Hamburgo, el encargado de negocios del Brasil en Dinamarca y tres ingleses. A las siete y media regresamos a la posada; no salimos hoy. Hoy se me ha dado traducido un diario de Hamburgo que habla muy favorablemente de mí.

1829. Octubre 31.

    Volví a ver el coche y me decidí a tomar uno por 240 pesos, garantizando el vendedor todos los daños de aquí a París. Pasé a visitar al señor Grunner y al señor Hudwalcker. Recibí esquela de convite de parte del senador Dammert para comer en su casa el próximo martes. Por primera vez he visto caer nieve hoy. No ha llegado la posta de París.

    A las 4 fuimos, Rojas, Pacho y yo para Altona a cumplir con el convite del señor Baur: el señor Grunner vino en su coche a sacarme de la posada. La compañía en casa de Baur era de hombres y señoras: allí estaban el presidente de Altona, conde Blücher, que me trató con mucha afabilidad y su señora; el general danés Suntel, cuyo hijo está de encargado de negocios de Dinamarca en Madrid; el senador Merck y su señora y otras personas de distinción: la señora Baur y sus hijas, que son regulares. Fui por consiguiente presentado a toda la sociedad. Yo llevé a la señora Merck a la mesa y me puse a su izquierda; ella ocupaba la del señor Baur, presidente de la mesa. Es inexplicable cuál fue la magnificencia, finura y gusto del convite, ya por el servicio, ya por los manjares exquisitos y ya por la sala y sus adornos. Es de lo único que yo he visto. No es posible acordarse del orden con que se sirvieron los platos ni los vinos, ni cuáles eran los primeros. Me fijé solo en varias clases de pescados y de mariscos servidos y sazonados de diferentes modos y de las trece clases de vinos exquisitos que nos dieron, a saber: Lafitte, Châteaux-Margaux, Madera, Jerez, Málaga, Rhin, Alicante, Malvasía, dos de Borgoña, de los cuales el uno era tinto, champaña y constanza del cabo de Buena Esperanza. Es de advertir que todos estos vinos eran puros y sin mezcla alguna. Concluida la mesa, pasamos a otra sala donde se sirvió el café; luego se nos condujo a otra a fumar ricos cigarros a los que sabíamos fumar. Después tocó su música un famosísimo órgano de nueva invención y único en su clase hasta ahora. El órgano tiene fortepiano, flautas y flautines. El general danés bailó vals con todas las señoritas, y por cierto que bailan velozmente y por alto. En seguida se nos sirvió té preparado por una de las hijas del señor Baur. Todo estuvo con el último gusto, fino, brillante y magnífico. El señor Baur se esmeró en obsequiarnos. A las 10 y media nos retiramos a Hamburgo. El señor Merck me convidó para mañana a su casa de campo y para el miércoles a comer con su familia.

HAMBURGO

1829. Noviembre 1°.

   A las 10 salí para Altona a visitar al señor Glotcher y me recibió afablemente. Regresé a las 12 y encontré al señor Merck que me esperaba en su coche. Entré en él con Rojas y fuimos a su casa de campo 2 millas de la ciudad, por un excelente camino que tiene su alameda muy regular y es el mismo para ir a Berlín. En la casa estaban su señora, una hija y dos niños suyos; visitamos su jardín botánico, que es muy bello, y parte de la campiña; se nos sirvió luego un almuerzo muy fino. Regresamos a visitar el jardín botánico que pertenece a la ciudad. Es un establecimiento nuevo y abundante en plantas. Hay un espacio de terreno donde se encuentran ordenadas las plantas por géneros y especies según el sistema de Linneo. Volvimos a la posada a las 3 y media de la tarde y aunque había prometido al señor Santos ir a comer con él, no lo he verificado porque hace mucho frío y estoy malo hace ocho días de resultas de la humedad en la cacería de Quickborn.

   Por la noche fuimos a un panorama y vimos allí además famosas pinturas al óleo, fuera de los cuadros del panorama. La luz, el modo de pintar y los lentes hacen toda la ilusión aquí.

    Recibí una carta del señor A. H. Heit Meyer incluyéndome dos números de un diario que él publica, en los cuales habla de mí con mucha honra. Su carta es muy fina y atenta, está en francés.

1829. Noviembre 2.

    Contesté al editor de los diarios del modo mejor que pude, dándole las gracias. Dirigí tres cartas a los senadores Pehmöller y Benecke y al síndico Amsinck a quienes conocí en casa del senador Merck, pidiéndoles permiso para visitarles el jueves próximo. Recibí esquelas de visita de parte del cónsul general del Brasil en esta ciudad, el señor Caldeira y de su compañero el señor Rocha. Estuvo también aquí a verme el señor Santos.

    El señor Enet me ha hablado para que sea padrino de una niña suya: he aceptado este honor.

    A las 10 del día se ha hecho una procesión por las principales calles que no se había visto hacía 54 años. Todos los carpinteros o mejor los ebanistas han salido en hileras llevando levantada en un bastón, una insignia de los instrumentos de su profesión. Esta insignia era de palo dorado con lazos de cintas de diversos colores y una corona de flores y ramas verdes; cada compañía llevaba un estandarte con las armas de la ciudad, el cual era hecho de madera y un trozo de música de viento que tocaba frecuentemente. Después se reunieron en una casa donde presentaban las muestras de sus trabajos. El número de los ebanistas que formaban la procesión sería de 5 a 600 hombres, sin contar con los aprendices que los seguían sin insignia alguna. Esta función atrajo sobre las calles que debían pasear, un concurso numerosísimo. Me pareció todo muy lucido.

    Fui a la ópera La flûte enchantée que se representó por tercera vez después de nuestra llegada aquí.

1829. Noviembre 3.

    El senador Benecke me ha hecho una visita y me convidó a comer el sábado próximo. El senador Pehmöller me ha respondido muy atentamente que recibirá mi visita el jueves.

    Fui con Rojas a comer en casa del señor Dammert. La compañía era de 14 personas muy respetables, a saber: el senador Schwarz, el secretario de estado Von Sienen, el rico negociante Syllem, el ministro de Hannover Von Duve, el senador Merck, el de Dinamarca Bockelmann y el cónsul general de Inglaterra Canning, sobrino del difunto ministro Canning. A todos fui presentado por Dammert y me tocó sentarme a la derecha de dicho señor y a la izquierda del ministro danés, que habla regularmente español y es muy amable. La comida se sirvió con gusto y finura hasta las 8, que pasamos a tomar el café a otra sala. Aquí conversé largamente con el cónsul Canning y tuve ocasión de decirle que todos los colombianos pronunciamos el nombre del difunto ministro con respeto y reconocimiento. Antes de la mesa se me mostró la gran sala donde se celebra el 29 de septiembre (de cada año) la libertad política y religiosa de Hamburgo. El señor Dammert es un hombre extremadamente amable y la misma idea formé del senador y del secretario arriba mencionados. Nos retiramos cerca de las 9. He tenido que llamar un médico para curarme de una inflamación.

1829. Noviembre 4.

    El médico vino temprano y nada recetó de nuevo. He recibido esquela de convite de parte del señor Sieveking para comer en su casa en famille el viernes próximo. Me ha visitado el ministro de Dinamarca, Bockelmann, y me ha convidado a comer el lunes próximo.

    Fui con Pacho a comer en famille a casa del señor Merck: se nos atendió bien, hice conocimiento con tres negociantes y la hija del señor Merck tocó en el piano la obertura de la ópera La muette de Portici. Observé que todas las señoras durante la tertulia y después de la comida se entretuvieron o en tejer medias o en bordar, hacer bolsillos, etc. Nos retiramos a las 7 y media muy complacidos. Las señoras son las que cuidan de mantener fuego en las chimeneas o estufas (poêles) y lo hacen delante de todos sus huéspedes.

1829. Noviembre 5.

    Hoy es un día de gran festividad para la iglesia de Hamburgo: todos los padres de familia asisten a oficios divinos desde las 9 hasta las 11 del día. Visité al medio día a los señores síndico Amsinck, senadores Pehmöller y Benecke. No pude ir a Altona. A las 3 de la tarde recibí una visita del senador Pehmöller. No salí esta noche. El primer jueves de noviembre es el día de la fiesta.

1829. Noviembre 6.

    A las 10 vino el doctor Röding a visitarme. Pagué su visita al señor Meissing. Compré una rica medalla de oro para regalar a mi futura ahijada, que me costó 24 pesos. En el café hice conocimiento con un señor Rosenstein que se brindó a introducirme al editor de El Correspondiente, quien me facilitará leer todas las gacetas de los Estados Unidos.

    A las 5 fui (solo) a cumplir con el convite del señor síndico Sieveking. La sociedad se compuso de la madre y mujer de dicho señor y de cuatro damas más, del barón de Vogt, del consejero danés y de otros tres señores cuyos nombres no pude conservar, uno de ellos es profesor y catedrático en el colegio (Meyer). La mesa estuvo servida con gusto y yo fui colocado al lado izquierdo de la señora Sieveking. Todos los convidados hablaban francés. Después se nos sirvió el café. El señor Sieveking nos mostró algunos libros ricamente encuadernados que trataban de Colombia; la historia de Guatemala, la obra de Ward sobre Méjico y la nueva obra de don Antonio Ulloa que acaba de publicarse en español en Londres acerca de sus observaciones hechas en América y el informe secreto que dio al rey. También nos mostró los excelentes mapas de Colombia, de Humboldt, y uno por uno los fuimos reconociendo él y yo. Todo esto me ha confirmado que ese señor es uno de los hombres más ilustrados de Hamburgo.

    Salí de la casa a las 8 y media y fui al teatro, donde alcancé a ver dos actos de la ópera titulada Le Macon. Hoy se nos ha molestado el maestro de francés porque es un poco impertinente, de cuenta de mayor de edad, y yo no recibí bien cierto modo que tuvo de corregirme la pronunciación de la palabra poison. Es probable que no vuelva, sin embargo de que nada se le dijo que pudiera ofenderle.

1829. Noviembre 7.

   Hoy hace un año que Urdaneta dictó mi sentencia de muerte violando todos los derechos y todas las leyes de la justicia. Vino el señor Rosenstein a visitarme y me dijo que el señor Runckel, editor de El Correspondiente, vendría a verme a las 10 y cuarto si yo se lo permitía. Quedé de acuerdo. Ha estado también el médico y previno que continuase con el mismo régimen. Me visitó el señor Runckel, editor de El Correspondiente. Un hijo del señor Baur estuvo a verme de parte de su padre. Recibí esquela de convite de parte del síndico Von Sienen para el miércoles a las 5 de la tarde. Pagué visita al señor cónsul brasilero Caldeira y al ministro de Dinamarca Bockelmann, que me habló de la buena impresión que yo había hecho por mi moderación en el ministro de Francia, señor Roux de la Rochelle. Hoy se ha dado en este hotel en un gran salón una comida de 84 cubiertos. No ha sido exigida por ningún motivo público sino por gusto. Los convidados pagan su escote. A las 5 fui con Pacho a cumplir con el convite del senador Benecke; estuvo bastante fino. Se reunieron conmigo 14 personas, entre ellas estaban el cónsul general inglés Canning; el gobernador de Altona, conde de Blücher; el ministro de Dinamarca; el negociante Syllem, de la casa Hope y Cía. de Amsterdam; un ruso negociante de San Petersburgo y otros cuyos nombres no he retenido. Se sirvió todo como en las otras mesas y yo fui colocado a la izquierda del dueño de la casa. Conversé con los señores Canning, Blücher y Bockelmann y también con el ruso que habla francés y me hizo la observación de que nos habíamos reunido dos hombres de los dos extremos del mundo. Me pareció este señor bastante instruido. Me retiré cerca de las 8.

    Hoy he tomado una cámara mejor en el hotel en virtud del nuevo arreglo hecho con el propietario, reducido a pagarle 2 y medio marcos por día, por dicha cámara y un marco sólo por la que tiene Pacho y otro por la de los criados. Cambié ocho marcos por un ducado de Holanda de oro para regalarle a la ama de la niña que será mañana mi ahijada.

1829. Noviembre 8.

   Domingo: Fui a la una con Rojas y Pacho a la casa de Enet al bautismo. Allí estaban varias señoras de la familia y el sacerdote, que es un viejo de 75 años. La ceremonia se redujo a hacer varias oraciones y luego, estando la criatura boca arriba, metió el sacerdote la mano en una taza de agua y mojó la cabeza de la niña profiriendo la fórmula. Después hizo un pequeño discurso que, se me dijo, fue relativo a la educación cristiana que debía dársele a la niña, concluido todo se felicitó a los padres de la niña y las señoras besaron en la boca a la madre, que estuvo presente a la ceremonia. Se nos sirvió un poco de vino y de bizcochos y echamos luego en una caja, que se dijo era para pobres, algunos chelines. A las dos volví a la casa. El señor Runckel me ha mandado una porción de gacetas de los Estados Unidos del Norte. Fui al teatro, donde se representó la ópera La muette de Portici, por segunda vez.

1829. Noviembre 9.

    Vino el maestro de francés D. Frasche y me cobró 36 pesos fuertes por haber estado conversando en francés algunas horas en nuestro alojamiento; por desmedida que me haya parecido esta demanda he pagado el dinero, advirtiéndole antes que lo hacía por generosidad, no porque podían estimarse en tan alto precio sus lecciones en 22 días. No me sucederá segunda vez.

    A las 5 hemos ido Rojas, Pacho y yo a comer en casa del señor Bockelmann, ministro de Dinamarca en esta ciudad. Su señora presidió la mesa, en la cual estábamos el señor Canning, el senador Merck, el señor Sieveking, un consejero danés, el ministro de Francia, Roux de la Rochelle y un inglés, Bowring, hombre que ha viajado por toda Europa, que conoce todas las lenguas y parece muy instruido. Yo hablé bastante con el ministro de Francia, que me hizo cumplimientos muy finos y me ofreció visar mi pasaporte. También conversé en castellano con el inglés, que ofreció visitarme y darme las señales de su casa en Londres; yo lo traje en mi coche al hotel de Londres cuando nos retiramos de la casa del señor Bockelmann cerca de las 9.

   El señor Canning me ha convidado a comer el viernes próximo a las 5 de la tarde; yo le pedí permiso para visitarle y lo mismo al ministro de Francia.

1829. Noviembre 10.

    Recibí esquela de convite del señor Canning y una tarjeta de visita; visité al inglés Bowring pero no estaba en su alojamiento.

    También hemos visitado al señor síndico Von Sienen y al señor Canning; este último no estaba en su casa. El doctor ha continuado recetándome con suceso. Hoy he escrito un memorial para el gobierno de Méjico ofreciéndole mis servicios en las presentes circunstancias en que está invadido el territorio por los españoles; irá este pliego por conducto del encargado de negocios en Londres. Comimos en la posada. Por la noche fui al teatro, donde se representó la ópera Don Juan cuya música es de Mozart.

1829. Noviembre 11.

    Al medio día me hizo una visita el doctor Bowring y me convidó a almorzar mañana a las 9. A la 1 vino el señor Baur a visitarme y me dio una carta de recomendación para los señores Rothschild de París. Poco después recibí una esquela del señor Bowring suplicándome que le escribiese algunos renglones en un libro en que ha recogido las firmas de una porción de literatos de muchas ciudades de Europa. Lo complací escribiendo lo siguiente: "Entre los muchos motivos que tengo para congratularme de haber venido a Hamburgo, es uno de los principales, el haber tenido la fortuna de conocer al amigo de las ciencias y de la humanidad, doctor J. Bowring. F. P. Santander", la fecha de hoy. Este libro se llama "álbum".

    Fui con Rojas al convite del síndico Von Sienen, que estuvo brillantísimo. Hubo cuarenta personas, de las cuales eran 18 señoras. Yo me senté a la derecha de la mujer del ministro de Francia, señora de bastante talento, y a la izquierda de la mujer de un consejero de la legación de Prusia. Fui introducido al ministro de Prusia, conde Gothe, y a otros señores y al ministro de Austria, señor Binder. El ministro de Francia me presentó a la señora Binder, mujer del ministro de Austria, señora finísima y amable. Nos retiramos a las 9 y media perfectamente complacidos de la atención que merecimos y de lo brillante de la sociedad.

1829. Noviembre 12.

    He girado una letra contra el arzobispo de Caracas por 281 pesos en favor de los señores Obermann, Oppenheimer & Gramlich de La Guaira y la he entregado al señor Enet de la casa del señor Merck. También he escrito hoy para Bogotá.

    He almorzado con el doctor Bowring y hemos hablado mucho de Colombia. Me ha ofrecido algunas cartas de introducción para París y algunos otros servicios particulares en Londres. Fui al teatro, a la ópera Belmonte y Constanza, que estuvo muy bien ejecutada.

1829. Noviembre 13.

    Hoy he entregado al doctor Bowring una copia de mi representación a Bolívar refutando mi sentencia, una lista de los diputados de la convención premiados y desterrados y una carta para el encargado de negocios de Méjico en Londres. He pagado visita al señor Runckel, editor de El Correspondiente, (He comprado una cartera en 10 marcos).

    A las 5 fuimos Pacho, Rojas y yo al convite del señor Canning, cónsul general de Inglaterra. Allí estaban muchas de las personas que yo he conocido. Fuimos presentados a la señora Canning, que sólo habla inglés. Mi caja de polvo con el retrato del rey de Inglaterra anduvo por toda la mesa. Se nos mostraron muchas caricaturas de ingleses muy ridículas y los retratos de los generales griegos más afamados, como Colocotroni, Maurocordato, Miaulis, el escocés Gordon, etc. Nos retiramos a las 8 y media.

    Rojas recibió carta de Puerto Cabello y de su casa del mes de julio.

1829. Noviembre 14.

   Hoy he sido convidado a comer en Altona en casa del presidente conde Blücher y ha quedado el ministro danés Bockelmann de ir conmigo. Salí a las 8 y media a ver la máquina de una imprenta en la cual se imprimen 3.000 ejemplares cada hora; me aseguran que en Europa sólo hay 8 o 10 máquinas semejantes.

   Vi otra vez al doctor Bowring y hablamos largamente sobre las cosas de Colombia relativas a mí. El señor Merck, el señor Santos y un portugués, Riveiro, me han visitado. El señor Bockelmann me ha mandado a decir que él iba a pie a Altona para hacer ejercicio, por consiguiente yo me fui solo en coche. El convite en casa del gobernador, conde Blücher, estuvo magnífico: había 20 personas de las cuales ya conocía al señor Canning, al señor Bockelmann, al señor Von Duve, al senador Schwarz y otros dos negociantes. El conde Blücher me hizo el honor de sentarme a su derecha. Salí de la casa a las 9 y media. El señor Donner, rico negociante de Altona, consejero de estado de Dinamarca, me ha hecho el favor de convidarme a comer el jueves venidero en Altona, a las 5 de la tarde.

1829. Noviembre 15.

   Domingo: Hoy hace un año que salí de Bogotá para Cartagena; hoy me despedí de mis amigos, de mi familia, de mi idolatrada Nica y de mi querida Bogotá, quién sabe hasta cuándo.

    Me ha visitado el señor John Peter de Roy, de Altona y me ha convidado a comer el viernes próximo a las 5 de la tarde. También han estado 2 portugueses. Se representó la ópera La flûte enchantée y no fui porque la he visto dos veces. Fuimos Rojas, Pacho y yo al baile "del domingo" a ver, observar y estudiar. Es un baile bien republicano respecto de la igualdad.

1829. Noviembre 16.

   Estuvo el día muy frío, por lo cual no salí. He tomado algunas lecciones de leer italiano y portugués con el coronel Barreto Feio. Por la noche fui a ver una joven marsellesa de 16 años que no tiene absolutamente muslos. Su fisonomía es agradable, su voz la de un niño de 7 u 8 años; puede andar en las manos, de las cuales la derecha tiene 4 dedos y la izquierda 6. Escribe regularmente y toca un poco el violín. La entrada cuesta 12 chelines de Hamburgo. Hay también un hombre de Africa que tiene los cabellos tiesos como cerdas y que cuando se los recortan demasiado o le crecen mucho, sufre dolores fuertes de cabeza. Yo todavía no lo he visto. Estuvimos después Rojas, Pacho y yo en un colegio de educandas hasta las 10.

1829. Noviembre 17.

    Vino el ministro de Dinamarca, Bockelmann, a visitarme y me pidió que le permitiese presentarme un amigo suyo mañana a las 3 de la tarde. Consentí con mucho gusto. También me dejó la seña de la casa del señor Donner, donde debo ir a comer el jueves. Fuimos a la ópera Oberón, representada por segunda vez.

1829. Noviembre 18.

    Visité al señor Pardo. A la 1 fui a Altona con Rojas y visitamos al señor Baur. Yo visité al presidente, conde Blücher. Pacho está hoy bastante malo. A las 3 vino el señor Bockelmann con el señor Rumohr, que es la persona que deseaba conocerme. Por la noche fui con Rojas al meteorama.

1829. Noviembre 19.

    Pacho está mejor. Fui a Altona a cumplir con el convite del señor Donner, estuvimos reunidos doce convidados, entre ellos el presidente, conde Blücher, un hermano del señor Donner, el director general de la policía, el superintendente de puentes y calzadas, dos camaristas y un médico. El convite estuvo muy elegante y como de un negociante rico, que es banquero del rey de Dinamarca. Me pareció el señor Donner hombre instruido en materias de rentas; entre las cosas que hablamos fue una el estado de la hacienda de Colombia, de la renta del tabaco y de la deuda exterior. Me retiré a las 10 de la noche muy satisfecho de la reunión.

1829. Noviembre 20.

   Pacho sigue bien malo. He escrito para Bogotá a mi familia por vía de La Guaira poniendo la fecha de mañana 21 de noviembre y he dado la carta al señor Enet. Hoy he confiado algunos papeles importantes al señor Bockelmann, que me manifestó sus deseos de conocer las cosas de Colombia. A las 4 fui para Altona a comer en casa del señor de Roy (solo) porque Rojas quedó acompañando a Pacho, que está excesivamente triste. La comida estuvo buena y el dueño de la casa se esmeró en obsequiarme; habíamos 8 convidados, entre ellos el señor Riveiro de los Santos y el coronel Barreto Feio y un comerciante llamado Knaur que tiene manufacturas de cigarros y de algodón. Regresé a las 9 y entré al teatro, donde se representaba por cuarta vez La muette de Portici, sólo alcancé a dos actos. Hoy me dijo el ministro de Hannover que las gacetas anunciaban la muerte del doctor Francia, dictador del Paraguay. El médico vino, vio a Pacho y aseguró que la enfermedad no ofrecía cuidado; así es que esta noche a las 10 y media lo he encontrado más alegre.

1829. Noviembre 21.

    Esta mañana han estado en mi cuarto el señor Runckel, a quien he hecho varias preguntas sobre la administración de justicia de esta ciudad, y el coronel Barreto Feio, que me ha dado segunda lección de italiano. Quedé de ir mañana a casa del primero. Pacho sigue lo mismo. El cónsul del rey de Prusia, M. Hasperg, me ha visitado y convidado a comer el martes próximo 24 a las 4 y media. Por la noche fui al teatro por ver tres pasajes que debían exponerse: primero, Masaniello en la Muda de Portici, segundo, el Robo de una casa; tercero, un Vivaque en Austerlitz. Me agradó mucho todo esto. Después fui con Rojas al meteorama.

1829. Noviembre 22.

    Domingo: Almorcé con el doctor Runckel y su hermana. Allí conocí al negociante de Altona, Hesse, que ex profeso fue citado por Runckel para que me conociera. Este señor me ha convidado a tomar chocolate con su señora el miércoles próximo a la 1 del día y a comer el jueves siguiente a las 5 de la tarde. Runckel irá conmigo el miércoles. Pacho está mejor. Fui al teatro, donde se representó la ópera El cazador libre; escribí hoy a mi hermana y a Nicolasita.

1829. Noviembre 23.

    Lunes: Visité al doctor Frick, que me ha medicinado, y lo hice con las dos hijas del señor Wiedemann, dueño de la posada en que vivo. Después pagué una visita al señor Rumohr, que me ha ofrecido algunas cartas de introducción para Florencia. Por la noche fui al teatro, donde se expusieron cuatro cuadros. Estos cuadros se forman con personas vivas en actitud inmóvil, y durante su exposición se toca y algunas veces se cantan retazos de una ópera. Antes estuve en el meteorama.

1829. Noviembre 24.

    Pacho continúa en el mismo estado. Hoy ha hecho un frío terrible por el viento del este. Comí en casa del señor Hasperg, cónsul de Prusia. Estaban en la mesa su señora, una señora viuda, la hija del ministro de Rusia y otra señora. El ministro de Prusia, conde Gothe (Sigue Nota del Editor...) y otro caballero. Después fui al teatro, donde se representó el melodrama La preciosa. Después al hotel Roma y meteorama.

1829. Noviembre 25.

    Pacho está mejor. A la 1 fui a Altona con Runckel a visitar al señor Hesse, a cuya señora fui presentado. Me recibieron con grande amabilidad y nos dieron chocolate, uvas y vino. Allí estaba el célebre Kessels (relojero), discípulo de Bréguet, del cual (Kessels) vi que una gaceta de Odesa (en Rusia) hablaba con distinción con motivo de haberse colocado en el observatorio Nicolaita un soberbio cronómetro trabajado por él. Después de haber visto el jardín del señor Hesse, pasamos a la casa del relojero y nos hizo el favor de mostrarnos varios cronómetros que estaban concluyendo. Entre ellos vimos el que el rey de Dinamarca ha mandado hacer para regalar al célebre viajero Alejandro Humboldt y el del almirante ruso Greys. A las 3 regresé a mi posada. El señor Bockelmann me ha visitado esta tarde y también un rico negociante propietario de la imprenta de Runckel, de cuyo nombre no me acuerdo ahora —(es Carlos Schroder)—. Por la noche fui con Rojas al salón de meteorama.

1829. Noviembre 26.

    Pacho continúa bien. He visitado al doctor Röding y me ha dado un ejemplar de mi representación dirigida desde Bocachica al gobierno pidiendo mi libertad, la cual está publicada en alemán y español.

    Ha venido un francés. Lamiraux, a pedirme me suscribiera a varios cuadros históricos que publica y para interesarme me ha mostrado el libro en donde están las suscripciones de varios personajes ilustres por su representación o por sus talentos. Allí he visto las firmas originales de una porción de ellos. Yo me suscribí al cuadro histórico de Alemania y de Francia por quince marcos, que es decir cuatro pesos fuertes. Fui a una librería y compré una gramática italiana y francesa por seis marcos. A las cuatro y media vino el señor Hesse a llevarme para Altona a comer. Los convidados eramos 12, entre ellos el señor Santos, un senador y varios negociantes; se sirvió la mesa con gusto y abundancia, presidida por la señora Hesse a cuya derecha fui colocado. El señor Hesse me regaló una moneda de platina de valor de tres rublos, la cual se ha acuñado en Rusia. Me retiré a las 10, viniendo en el coche del mismo Hesse.

1829. Noviembre 27.

    Pacho continúa bien. Hoy he andado a pie una parte de la ciudad por hacer ejercicio. He recibido la segunda entrega del Atlas general de Europa y he pagado 12 marcos. Un negociante de Bremen, Fischer, me ha dado una nota de las posadas principales de aquí a París y de las curiosidades que hay que ver en Hannover, Gottinga, Cassel, Francfort, Bruselas, etc. El cónsul general del Brasil, señor Caldeira, me ha visitado. Fui al teatro y se representó la comedia El rey de los Alpes y El misántropo, que tiene algo de canto y regular música, decoraciones caprichosas y otras magníficas. Después visitamos Rojas y yo a Mme. Jullienne.

1829. Noviembre 28.

   Esta mañana ha estado Runckel a decirme que en una gaceta de la ciudad se anunciaba que yo había ya regresado de París y Londres y me propuso que desmintiera la noticia; yo me denegué porque no quiero enviar a la imprenta nada relativo a mí. El, entonces, dijo que lo desmentiría. Se me ha traído el cuadro de la Alemania y el de Francia a los cuales me suscribí el otro día; su valor es 15 marcos 10 chelines, que hacen 4 pesos y 2 reales y medio de la moneda colombiana.

    Visité al señor Rumohr, que es un hombre muy instruido en artes y ciencias naturales. Hemos hablado de la Edad Media con motivo de la historia que Sismondi ha publicado de las Repúblicas italianas. Quedé con Runckel de ir a la biblioteca pública a visitar al señor Carlos Schroder, que fue el sujeto que me presentó el 25. Recibí una esquela de convite de parte del señor Baur de Altona para comer el día 5 del mes entrante con Rojas y Pacho. Acepté con expresiones de grande aprecio. Hoy he comido con Rojas en otra fonda muy concurrida. Por la noche fui al meteorama solo.

1829. Noviembre 29.

    Domingo: A la 1 fui a Altona a visitar al señor Santos y me quedé a comer allí. Dos familias portuguesas eran de la sociedad. Me retiré a las 8 y fui al teatro, a la ópera titulada Cendrillon, música de Isouard de Malta. Me pareció bien el canto, la música y la decoración.

1829. Noviembre 30.

    Lunes: Pacho está bueno ya y el médico me ha dicho que podemos irnos dentro de 2 semanas. Por la noche fui al teatro, donde se representó El rey de los Alpes y El misántropo.

HAMBURGO

1829. Diciembre 1°.

    El diario El Correspondiente ha desmentido hoy la noticia de que yo estaba de regreso de París y Londres. Fui al teatro, a la ópera La flûte enchantée, con Pacho. Después fui con Rojas al georama.

1829. Diciembre 2.

    Se me han traído nuevos cuadros históricos y la carta topográfica de París para que los compre. No he querido tomar más nada.

    A la una fuimos con Runckel a visitar la biblioteca pública que está a cargo del señor Lehmann, doctor en filosofía y en medicina, primer bibliotecario y director del Jardín Botánico, quien nos recibió con la mayor afabilidad y nos mostró todo el edificio y algunos libros curiosos y raros.

    La biblioteca tiene 200 mil volúmenes en todos los idiomas, en parte en pergamino y a la rústica, distribuidos en diferentes salas y estantes según las materias. Nos mostró entre varios manuscritos uno muy antiguo en griego de La Odisea y otro en latín de Virgilio. Una famosa edición de Los Lusiadas de Camoens; un Alcorán escrito en arábigo, encontrado en el bolsillo de un pachá; un oficio eclesiástico escrito sobre otro manuscrito que fue raspado para poder escribirse dicho oficio y que se puede leer con ayuda de una operación química; otro libro de rezo eclesiástico romano, con figuras de cálices y hostias dentro de las cuales están escritas algunas oraciones en caracteres tan pequeños que apenas se divisan con un lente, y un canto a los reyes aliados que entraron a París en 1815, que está escrito en 30 idiomas, tanto de las lenguas vivas como de las muertas. Allí vimos los caracteres chinos, los persas, caldeo, siriaco, groenlando, ruso, lituano, español, etc. Habiéndome mostrado algunas plantas dibujadas, yo le propuse entrar en comunicaciones con el doctor Céspedes, botánico de Bogotá, y habiéndolo aceptado con gusto, le dejé una simple carta de introducción. En este edificio hay una porción de retratos de personas que han auxiliado el establecimiento con donaciones en dinero o libros, o han brillado por esos conocimientos en algún ramo científico. Al despedirnos dimos, según costumbre, una gratificación al portero (está pagada la cuenta de la posada hasta el 25 inclusive, que costó 57 pesos 3 reales).

    Por la noche fui al salón de Apolo, donde se dio un famoso concierto por cuarenta músicos: todos ellos tocaron dos oberturas de Schmidt y de Spohr; después un concierto de fagot ejecutado magníficamente por Preumeyer; luego variaciones de violín ejecutadas por Rudersdorf, variaciones de piano ejecutadas divinamente por Schmidt; un aire cantado por Krars Franesky; un dúo cantado por la misma y por la señorita Furst; y otro dúo cantado por Albert y Wolteret, de la ópera de la ciudad.

1829. Diciembre 3.

    Nada particular. El señor Merck me ha convidado para comer el domingo próximo; yo he estado hoy a visitarlo. Un español llamado White ha venido a visitarme y darme memorias del general Cortés Campomanes, que vive en Bruselas. He quedado con el señor Enet de arreglar el lunes próximo la compra de coche para el viaje, pasaportes, etc. No salí esta noche sino al georama.

1829. Diciembre 4.

    Almorcé en otra fonda en donde cuesta más barata la comida. Fui a ella por casualidad. No salimos.

1829. Diciembre 5.

   Me despedí del señor Canning y visité al señor White, que me presentó a su señora y a su hermana. A las cuatro vino el señor Rumohr en su coche a llevarnos a Altona a casa de Baur, donde comimos. La sociedad se compuso de todos los parientes y parientas de Baur y la mesa fue servida con delicadeza y gusto. En ella estaban dos futuros novios a cuyo frente sobre el mantel estaba colocada una guirnalda de flores. El señor Baur brindó por ellos y en el instante tocó un instrumento de trompas y clarines (único en su especie), varias piezas marciales. Después brindó por la libertad de Colombia y repitió el instrumento las sonatas. Acabada la mesa, tocó el otro famoso instrumento de que ya he hablado en este diario, varias graciosas piezas y luego un profesor de piano tocó divinamente varias cosas. Nos retiramos a las 10 altamente complacidos del convite y del esmero del señor Baur en obsequiarnos. Allí fui convidado a comer por el señor Sieveking, sobrino del señor Baur y primo del síndico Sieveking. Por la noche fui al georama.

1829. Diciembre 6.

    Domingo: El doctor Rojas ha recibido cartas de Puerto Cabello del 12 de septiembre y de su casa de Bogotá del 10 de agosto. Sabemos por la primera que Carujo ha sido aprehendido. Fui a comer donde Merck: el convite se me hizo con motivo de haber llegado de París el día anterior su yerno Ruperti, con su mujer, hija del señor Merck. Ruperti ha estado 6 años en Méjico como uno de los primeros negociantes extranjeros; sentado a su lado en la mesa, toda nuestra conversación fue en español sobre las cosas de Méjico, las personas notables, etc. El me ha ofrecido varias cartas de introducción para algunos distinguidos mejicanos residentes en París. A las 9 volví a la posada y no salí a parte alguna.

1829. Diciembre 7.

    Sacamos hoy nuestros pasaportes para París por Francfort y Bruselas que nos costaron 8 marcos, es decir, 2 pesos 4 reales. Compré después una pelliza en 75 marcos. Cambié 3 onzas de oro a razón de 54 marcos la onza. Estando en el café se acercó un militar y por medio de Oliveira me ofreció dos carteles para ir al salón de Apolo el jueves próximo a oír un concierto de la música de la guarnición de Hamburgo. Su nombre es Willms, subteniente. Hoy he sabido en la mesa que la expedición española desembarcada en Cabo Rojo había capitulado y evacuado a Tampico, quedando el país mejicano sin ningún enemigo. En el café leí la gaceta de Londres que ha publicado la capitulación de Barradas, celebrada el 11 de septiembre con el general Santana.

1829. Diciembre 8.

    He arreglado el ajuste del coche. Me he despedido de varias personas que me han visitado o me han convidado a comer (he cambiado 3 onzas de oro colombianas por 54 marcos cada una, después de haber visto varios cambiadores). He visto tirar arrastradores por caballos sobre el Elba helado. Hace seis días que delante de nuestra posada se patina en el Alster: es una diversión a que ocurre innumerable gentío. He hecho conocimiento con el señor Voss, chambelán de Mecklemburgo, que me ha prometido introducirme al ministro de Rusia y a una sociedad diaria (tertulia) en casa de la señora hija del ministro de Holanda en Washington. Fui al teatro, donde se representó la ópera La muette de Portici.

1829. Diciembre 9.

    He continuado despidiéndome por medio de billetes. Por la noche fui a un concierto dado en beneficio del Sr. Grund, maestro de música de muchas familias principales de la ciudad. Tocaron varias piezas y después 18 señoritas principales cantaron en coro y cada una sola. Esto parece un examen de esta parte de su educación. No sali después a ninguna parte. El señor Bockelmann ha estado a visitarme. El señor Runckel estuvo después. Fui al concierto con el señor Voss. Allí estaban muchas de las primeras personas y empleados de la ciudad.

1829. Diciembre 10.

    A las 12 fui al concierto de los militares, único que no cuesta dinero. La música tocó varias piezas y luego cantaron también militares. Duró la función 2 horas largas. He mandado billetes de despedida a algunos señores de Altona. Recibí una carta de introducción del señor Gorrissen para París. Fui al teatro a la representación de La huérfana de Rusia, que es el melodrama de que hablé ya en este diario. Recibí otra carta de introducción para París del señor Ruperti, yerno de Merck.

1829. Diciembre 11.

    He visto la Quotidienne de París que habla de mí con atención, aunque con equivocaciones. Es la de cuatro de diciembre. He leído en gacetas de Veracruz que me ha prestado el señor Ruperti, algunos artículos honrosos para mí, relativos a la causa de mis padecimientos. También he leído en ellas traducciones de papeles de New York, contra la dictadura de Bolívar. Hoy he hablado a Enet para el arreglo de las letras de cambio contra París por 3.000 pesos y para ajustar el viaje hasta Bruselas con un cochero particular que tiene dos coches para este objeto. Fuimos al teatro, donde se ejecutó la ópera titulada Fausto, y lo hice con un negociante de Varsovia que se aloja en la posada y va para Calcuta; habla español. Un inglés que también está aquí alojado me ha prometido darme las señas de su casa en Londres para que lo visite cuando yo vaya a aquella capital (Harris).

1829. Diciembre 12.

    He recibido del señor Merck cartas de introducción para Hannover, Francfort, Anvers, Bruselas, París, Bordeaux y Londres. He entregado a dicha casa de Merck 3.000 pesos para tomar letras sobre París a razón de 5 francos, 1 y medio céntimos de peso fuerte. He arreglado ya mi conducción hasta Francfort en dos coches particulares con mucha comodidad, aunque un poco caro. Por dichos dos coches con dos caballos cada uno, sin tener que pagar nada más, daré 26 luises de oro, que es decir 104 pesos de nuestra moneda; en un coche iremos Pacho, Rojas y yo, y en el otro mis tres criados y nuestro equipaje. He regalado al señor Merck 3 dijes de oro de los que se sacan de la laguna de Guatavita, que la tradición dice eran sacrificios que los indios ofrecían allí a sus dioses. He mandado 16 pesos de limosna a la mujer de Even. A las 7 de la noche fuimos a Altona a casa de Mme. Sieveking a la tertulia (soirée); se reunió allí una numerosa y brillante sociedad de señoras y caballeros respetables; se bailó hasta cerca de las doce, otros jugaron y los más conversamos. El baile es el vals, pero se ejecuta con mucha velocidad y con muy poco compás, y hay raras costumbres para invitar a los hombres a bailar. Así fue que nosotros fuimos obligados dos o tres veces a dar algunas vueltas. Durante la función se repartió té, caldo, sagú, gelatina, bizcochos y pedazos de pan con carne, pescado o huevo. Todo nos pareció muy agradable. Allí vimos muchas de las personas que hemos conocido, como el señor Canning y su señora, el señor Baur y su familia, el señor Hesse y la suya, el señor Hasperg, el señor Blücher, etc., y fui introducido por el señor Canning al burgomaestre Syllem de Hamburgo. Todas las personas con quienes hablé me tocaron el artículo de la Cotidiana sobre mi llegada a París, mi fortuna, etc.

1829. Diciembre 13.

    Acabé de despedirme en Hamburgo y Altona. El señor Hesse y el señor Pardo me enviaron cartas de introducción para París, etc. Por la noche estuvimos en casa de Wiber, cuya familia habla español. El señor Bockelmann me ha devuelto los papeles que le confié y una gaceta que habla de las memorias del general Bolívar publicadas por Ducoudray.

WELLE

1829. Diciembre 14.

    El señor Merck estuvo en la posada a las 10. El señor Enet me entregó las libranzas o letras de cambio sobre París, valor de quince mil francos. A las 10 y media salimos de Hamburgo en dos coches y llegamos a Harburg (Hannover) a las once y media; allí tomamos té y seguimos hasta Welle, donde comimos y dormimos. Cuatro millas alemanas hay de Harburg a Welle, el camino es bueno, mucha parte empedrado y poblado, el terreno es quebrado aunque las colinas son muy suaves. De trecho en trecho se paga un derecho de peaje. Apenas se conoce el cultivo de la tierra, pues siendo la estación presente la de invierno, nada hay verde ni hay sementeras. En las casas de posta están fijadas las tarifas y reglamentos del gobierno en el particular. Donde se cobra el peaje hay una gran viga que se atraviesa en el camino y se levanta para dar el paso.

CELLE

1829. Diciembre 15.

    Salimos a las seis de la mañana. El alojamiento y la comida nos costó muy caro. A las 11 llegamos al pueblo de Soltau y nos desayunamos con té, leche y pan; para pedir esto fue preciso ocurrir al manual del viajero y mostrarle al dueño de la casa la parte escrita en alemán en los diálogos. A las 3 llegamos al pueblo de Berge, donde comimos regularmente y barato. Continuamos y descansamos a las 7 y media en Celle, lugar más grande que los anteriores, en la Posada de Hannover. El camino es más quebrado que ayer y con alamedas, fácil y cómodo para andar. De Harburg aquí hay 14 millas alemanas, que son 28 leguas nuestras. En Celle hay de guarnición dos regimientos.

HANNOVER

1829. Diciembre 16.

    Salimos a las 6 de la mañana y nos desayunamos a las 9 en el pueblo de Schlosserslags. A la 1 llegamos a Hannover. En la puerta una guardia de soldados preguntó quiénes eramos, uno leyó mi pasaporte y pasamos a la posada Strelitz Hotel, donde nos alojamos. Esta es la capital del reino de Hannover y lo gobierna el rey de Inglaterra por medio de un gobernador que es el duque de Cambridge, su hermano; tiene 25.000 almas y no parece mala. Hoy no hay teatro porque es día de fiesta eclesiástica. Hay aquí un gran café donde se leen todos los papeles extranjeros y por consiguiente se reúne mucha gente. Este reino de Hannover tiene cerca de un millón y medio de almas y fue formado por el tratado de Viena en 1815. Fue del Hannover del electorado de Cassel y del de Brunswick, que Napoleón hizo el reino de Westfalia para su hermano Jerónimo. Bruswick está a 9 millas de aquí. Está alojado en esta misma posada el príncipe sobrino del elector de Hesse-Cassel. Esta ciudad tiene lonja, bellos paseos y la famosa Casa del Rey, en francés Château. Fuimos Pacho y yo a un café donde servían dos muchachas bonitas y se leen papeles públicos en alemán.

BRUGGE

1829. Diciembre 17.

    No hemos podido salir porque se rompió una rueda del coche y se está componiendo. Almorzamos a las 11 del día, por fin salimos a la 1 y anduvimos 6 millas para dormir en Brugge, pequeña población. Nos costó barata la comida y alojamiento.

GOTTINGA

1829. Diciembre 18.

    Salimos a las 6 de la mañana. El terreno es más quebrado de aquí en adelante hasta cerca de Gottinga; el día ha estado nublado y nevando. A las 9 almorzamos en el pueblito de Fiedenewie, a las 12 y media comimos poco en Eisenbach, lugar bastante grande; a las cuatro estuvimos en Northein, también lugar grande, y a las 7 llegamos a Gottinga, ciudad de alguna consideración. Posamos en el Hôtel La Couronne; he observado ahora que casi no hay posada en el tránsito donde no se encuentren las gacetas alemanas del contorno, ni hay pueblo que no tenga alumbrado por la noche y cementerio regular.

CASSEL

1829. Diciembre 19.

    Por la mañana salimos a pie a dar vuelta por la ciudad y nos pareció regular. Hay aquí una buena biblioteca y la universidad famosa de Alemania. A las 9 montamos para continuar nuestro viaje. A las 12 llegamos al pueblo de Dransfeld y almorzamos. Este es un lugar bastante grande. De aquí partimos y llegamos a las 3 a Munden, última población de Hannover y mucho más grande que Dransfeld; está situado entre colinas de bosque y a la orilla de un río navegable, lo que nos pareció hacer su situación muy linda; luego, después de haber seguido, llegamos a las 7 a Cassel, capital del electorado de Hesse-Cassel, y posamos en el hotel L'Empereur Romain. Al llegar a la frontera nos pidieron por primera vez los pasaportes, los cuales vistos, continuamos el camino. El terreno de hoy ha sido bastante quebrado, los campos todos están cubiertos de nieve y ha nevado todo el día. Hoy he leído en el diario de Francfort referente al Courier de Londres, que ha habido en Colombia un movimiento revolucionario intentado por el general Córdova y que en la costa de México en el Pacífico, en la provincia de Oaxaca, habían desembarcado 2 mil españoles procedentes de Filipinas.

1829. Diciembre 20.

    Domingo: Hemos hecho hoy alto en esta capital. Después de haber almorzado salimos a dar una vuelta, pasamos por una plaza redonda (plaza del rey) y llegamos a la gran plaza Federico, donde se repartía la parada, con cuyo motivo estaba reunido allí un gran número de oficiales y toda la música. En esta plaza está el bello palacio del gran duque (Guillermo II), el museo, el teatro, y en medio una gran estatua de piedra de Federico II de Prusia rodeada de rejas de hierro. En la calle de la posada a dicha gran plaza, está el Liceo Federico. Hay en la ciudad famosos baños de mármol y a una legua cascadas hermosas. La ciudad nos ha parecido hermosa aunque no de gran extensión; tiene de población 21 mil almas y muy bellos edificios con azoteas. Todo el electorado tiene 1 millón de almas.

    La moneda de Hannover y de Cassel es la siguiente: un luis de oro, o un federico, vale 4 pesos de nuestra moneda, tiene 5 y medio thalers, cada thaler 24 bons grotscher, que es una moneda de plata y cobre que sirve para el menudeo. Hay monedas de plata casi tan grandes como nuestros fuertes, aunque de menos peso, que son los thalers, y hay monedas de 8,4, 2 y un grotscher. Un escudo es lo mismo que un thaler; un florín de Hannover son 16 bons grotscher o dos tercios de thaler. Las cuentas para alquileres de coches, posadas, etc., se hacen por thaler y grotscher, así como nosotros las hacemos por pesos y reales. En Hamburgo se hacen por marcos courants y chelines, a excepción del comercio, que los hace por marcos de banco, moneda imaginaría.

    El gobierno no es constitucional. El gran duque tiene toda la autoridad. La religión más extendida es la protestante. Hay una iglesia católica que se llama francesa. Hay un príncipe heredero que hoy está de paseo en Francfort.

    A la hora de comer vino a hablarme el señor Federico Braun, hermano del general colombiano Felipe Braun, para tomar noticias de él. Me mostró las memorias publicadas por el general Miller y me hizo el ofrecimiento de llevarme en su coche a ver las cascadas y alrededores de Cassel. En el teatro se ha representado La flûte enchantée, ópera de Mozart, y hemos ido a ella para poder juzgar de los únicos teatros europeos que conocemos hasta ahora. Me pareció la ópera bien ejecutada, muy regulares las decoraciones y no malo el canto. El teatro es pequeño pero bonito; la música excelente. El palco del gran duque está adornado con lujo y su alteza real estuvo en la función. Al entrar él al palco, no se hace demostración ninguna; entonces comienza la música a tocar. Los concurrentes permanecen destocados durante toda la representación y entreactos. En un intermedio bailaron divinamente un hombre y dos damas. Creo que la ejecución de la citada ópera respecto a las decoraciones es mejor en Hamburgo y en cuanto a los cantores y cantarInas en el uno y en el otro teatro hay superiores y medianos. Pero para una ciudad como Cassel me parece el teatro magnífico bajo todos los respectos. A las 9 regresamos a la posada.

    Cassel es ciudad fortificada. Ofrece ella a los viajeros curiosos las siguientes vistas: el palacio del elector, el museo, la sala de pinturas, el arsenal, la fundición, el teatro. En sus alrededores los baños de mármol, la casa de campo Wilhelmsloche, que tiene un chorro de agua que se eleva 200 pies; la cascada, donde hay una estatua de Hércules, el palacio Loewenburg, el puente del diablo, el acueducto, el jardín de plantas exóticas y el palacio Wilhelmsthal.

HOLSDORF

1829. Diciembre 21.

    Salimos a las 7 y media y en la puerta de la ciudad el oficial de la guardia tomó razón de quiénes éramos. Almorzamos en el pueblo de Fritzlar, tomamos té en el de Herberg y dormimos en el de Holsdorf. El camino es bastante quebrado y se encuentran muchas poblaciones a pocas distancias.

GIESSEN

1829. Diciembre 22.

    Salimos a las 7, almorzamos en Marburg, ciudad que antiguamente fue fortificada y donde hay un batallón de guarnición. Aquí visitamos la iglesia protestante llamada Santa Isabel, que es toda de piedra de sillería desde los cimientos hasta las bóvedas. Tiene tres naves y toda ella es verdaderamente hermosa. Vimos muchos sepulcros de personas notables, como uno de los Conrados, Enrique, landgrave de Hesse, sobre los cuales se hallan sus bustos de piedra vestidos según el uso de la antigua caballería. Uno solo de estos relieves es de mármol. También vimos el sepulcro de bronce de Santa Isabel, reina de Hungría, landgrave de Hesse. Continuamos nuestra marcha por un camino tan quebrado y tan poblado como el de ayer y dormimos en Giessen, ciudad bastante grande, en la posada El Caballo Negro. De Cassel aquí hay 14 millas y cuarto de posta y faltan hasta Francfort del Mein 7 millas, que ya se sabe que son mucho más grandes que una legua nuestra (como que una hace dos de nuestras leguas).

FRANCFORT DEL MEIN

1829. Diciembre 23.

    Salimos temprano y tomamos té en el pueblo de Butzbach y almorzamos en el de Friedberg, a donde yo llegué bastante malo de resfriado. El día fue excesivamente frío, aunque por la primera vez alumbró el sol y el terreno ha sido menos quebrado. A las 5 llegamos a Francfort del Mein, ciudad libre donde se reúne la dieta germánica, y posamos en L'Empereur Romain. El electorado de Hesse se acaba en Giessen; Butzbach y Friedberg pertenecen al gran ducado de Hesse-Darmstadt. En Friedberg estaban comiendo en mesa redonda varias personas, y un oficial alemán me dirigió la palabra en español, lo que me proporcionó tomar varias noticias acerca del país. Como llegué enfermo a Francfort, hice llamar un médico, que vino inmediatamente y sus recetas me aliviaron bastante. Luis I es el nombre del gran duque de Darmstadt.

1829. Diciembre 24.

   He amanecido mejor; el médico vino a la 1 y nada me recetó de nuevo. Aquí hay ya otra moneda; se cuenta por florines (que es moneda imaginaria) y por kreuzers, que son monedas de cobre barnizadas de plata, desde uno hasta 17 kreuzers. Un florín tiene 60 kreuzers. Un escudo de Prusia 105 (es un thaler). Un federico de oro, que vienen a ser 4 pesos de nuestra moneda, tiene 9 florines, 47 kreuzers, más o menos según el curso del cambio. Un real nuestro viene a ser 18 kreuzers y un peso 142 (Sigue Nota del Editor...). Hoy no he salido; el médico me hizo dos visitas.

    Había olvidado anotar que en el teatro de Cassel vimos al príncipe real de Baviera, muy joven, que es uno de los 2.646 estudiantes que tiene la universidad de Gottinga. De estos estudiantes, la mayor parte son juristas, la que le sigue es de teólogos, después de medicina, y la menos numerosa la de filosofía. También están escritos en el arco principal del teatro de Cassel los nombres de los más célebres compositores de Alemania, entre quienes ocupa el lugar preferente Mozart.

1829. Diciembre 25.

    He amanecido mucho mejor; el médico me ha visitado y me asegura que el mal ha hecho crisis. He recibido por Hamburgo y por conducto del señor Enet una carta de P. Alcázar del 4 de septiembre en que, entre otras cosas, me dice que hasta fines de agosto estaba buena mi familia y mi amigo J. M. Arrubla, de quienes había recibido cartas el 2 de dicho mes. También me dice haber entregado al comandante Franco la obra de ataque de plazas que yo le había ofrecido cuando estuvo de comandante de Bocachica, custodiándome con mucho decoro.

    Esta noche hubo en el teatro un famoso concierto en beneficio de Gubr, maestro de capilla de esta ciudad; se tocaron varias composiciones del célebre violinista Paganini, un dúo de piano y otras piezas selectas, y hubo también canto ejecutado por algunos de los cantores y cantarinas de la ópera de la ciudad. Yo he asistido, pagando por un billete de entrada para un palco, un florín y 12 kreuzers. He quedado bien satisfecho porque he oído una excelente orquesta de 50 músicos y han cantado tres famosas cantarinas, una de ellas italiana, la señora Cornezza. Una señorita de 15 años ha tocado divinamente el piano y el director del teatro, Gubr, ha tocado el violín con una sola cuerda a la imitación de Paganini, violinista italiano que cabalmente estaba presente oyendo el concierto y tuve el gusto de conocerlo.

1829. Diciembre 26.

   Sigo mejor. Han estado a visitarme el señor Schultze y el señor Meyer, para quienes traigo cartas de introducción. El primero nos ha convidado a su palco esta noche para ver la ópera y a una soirée mañana a las 7 de la tarde. También ha ofrecido inscribirnos en el gabinete de lectura, donde se encuentran todos los papeles públicos europeos y americanos.

    Después del medio día se ha comunicado que no se puede representar la ópera prometida, que era La muette de Portici, porque se ha enfermado una cantatriz, y que en su lugar se representará un drama cómico. Por consiguiente no iremos nosotros que no entendemos el idioma alemán. En la mesa hoy hemos hablado con los sujetos que comieron allí, los cuales se introdujeron conmigo fácilmente.

    A las 7 vino el señor Schultze a llevarnos al casino o gabinete de lectura y fuimos inmediatamente. Son grandes salas; en una se baila cada 15 días, en otra se juega al whist, en otra hay cuatro lindas mesas de billar y en otras dos están todos los papeles ingleses, franceses y alemanes.

    Aquí leí yo ligeramente El Constitucional, El Times y El Courier, y vi en éste que la insurrección de Córdova había comenzado en la provincia de Antioquia el 12 de septiembre y que no ofrecía ningún cuidado al gobierno. En el casino (así se llama en Francfort) fuimos presentados Rojas y yo a varias personas que nos dijo el señor Schubert que eran respetables. No pude retener sus nombres. Pacho no fue porque está mal de humor.

1829. Diciembre 27.

    Domingo: Continúo bien. El señor Meyer me ha enviado dos billetes con los cuales puedo ir con uno de mis compañeros al casino o gabinete de lectura. Le he dado las gracias. A las 11 estuvo a visitarme el señor Mc-Kerrell, respetable negociante de esta ciudad y cuñado del señor Schuktze. El es escocés y grande amigo de la causa americana; tendrá 70 años de edad. Hoy señala el termómetro de Reaumur 14° de frío debajo del cero. Salimos a visitar al señor Schubert y desgraciadamente no lo encontramos, pero habiendo seguido a dar vueltas por la ciudad lo hallamos en la calle y nos dio tres billetes con los cuales hemos quedado suscritos al casino hasta el 24 de enero próximo. Nos dijo también que representándose en el teatro esta noche La muette de Portici, vendría a la 6 en su coche a llevarnos a él y que después pasaríamos a la soirée o tertulia de que nos había hablado ayer, la cual se da en casa de su asociado, el señor Grubner. Aceptamos como era natural.

    Rojas y González han recibido dos memorias de cuadros y libros de parte de un famoso librero, lo cual se hace para excitar la gana de que compren algo. Es muy común en estas ciudades principales aparecerse a un extranjero hombres especuladores ofreciendo sus cuadros, sus libros, sus obras, etc., y para obligarle le presentan un gran libro donde verdadera o falsamente se leen muchas firmas respetables o célebres de otras tantas personas que se han suscrito a las dichas obras. Para cubrir sólo este gasto y el de gratificar porteros y cocheros se necesita para viajar en Europa algún dinero.

    La ciudad de Francfort del Mein es bastante grande, los edificios tienen buena vista, hay bastantes calles anchas y en lo general parece hermosa. Durante el imperio de Bonaparte fue un gran ducado y he oído recordar al gran duque de Francfort con honra, como que además de ser hombre muy instruido, se esmeró en hermosear la ciudad y sus contornos. Los muchos y frecuentes negocios mercantiles que se hacen aquí se pagan con vales de fondos públicos. En esto se hacen muchas especulaciones. Hoy Francfort, por el congreso de Viena de 1815, es ciudad anseática y se gobierna casi como Hamburgo, aunque no tiene cámara popular sino sólo burgomaestres y senado.

    Fuimos al teatro conforme se nos ofreció y creemos que la ejecución de La muette se hizo con más propiedad que lo que tenemos visto, las decoraciones son más hermosas y la música excelente. El papel de la muda y el de Pietro fueron admirables. Yo creo que en Hamburgo hace Cornet mucho mejor el papel de Masaniello. En el teatro hay a la vista de todos un reloj iluminado que ahorra el sacar cada uno el suyo para saber la hora. A las 9 y media salimos y se nos condujo a la casa del socio del señor Schubert, donde se tenía la tertulia; habiendo ya hablado de esta diversión (soirée) nada hay que añadir porque sólo se diferencia una de otra en ser más o menos numerosa. Allí fui presentado a varios señores y señoras de cuyos nombres sólo he retenido el de la condesa Ségur, mujer del ministro de Francia, residente aquí (hoy en comisión en Cassel), cerca de la dieta germánica. Uno de los señores me dijo que aunque yo no había visto nunca la Alemania, mi nombre era muy conocido.

    Una de las personas que comen en la mesa redonda y que por primera vez vi en el palco donde estuve anoche, es el señor Fahrbach, secretario de la legación de Baviera; es muy amigo de conversar y muy curioso de saber noticias. A las 12 de la noche volvimos a la posada. En la tertulia fui convidado a comer el miércoles por el señor Koch, cónsul de Inglaterra en Francfort, por medio del señor Mc-Kerrell.

1829. Diciembre 28.

    Estoy ya bueno pero todavía padezco una inflamación. A las 12 fuimos al casino a leer los papeles públicos y estuvimos allí hasta las 2. Conversé más de una hora sobre la revolución americana y las instituciones de Colombia con algunas otras particularidades geográficas, con dos señores en la mesa de lectura de los papeles ingleses. Uno de ellos, que era un viejo como de 70 años, se despidió; el otro, a quien yo había conocido el día anterior, me dijo que aquel viejo era el landgrave de Cambridge, hermano del rey de Inglaterra y hoy gobernador de Hannover.

    Recibimos Rojas, González y yo esquelas de convite del dicho señor Koch para comer el día de que ya he hecho mención. He hablado con un cochero para proseguir el viaje.

1829. Diciembre 29.

    Contestamos aceptando el convite. Nada de particular. El frío ha sido tan riguroso que todo el día y por la noche no hemos salido. He dado a cambiar 8 onzas de oro por valor de 128 pesos fuertes nuestros. En la mesa me ha hablado un inglés de O'Leary, y me ha dicho que su familia está miserable en un lugar de Irlanda. En el cambio perdí uno por ciento.

1829. Diciembre 30.

   El médico me ha dicho que me convendría permanecer todavía aquí para evitar que se aumente la inflamación con el movimiento del coche.

   He escrito al señor Enet de Hamburgo. Fuimos a visitar al señor Mc-Kerrell y estaba en su casa con su señora y una hija. De allí pasamos al museo, atravesando antes algunos de los bellos paseos de la ciudad; vimos multitud de esqueletos rellenos de paja de animales cuadrúpedos, de aves y anfibios. Entre la variedad de animales raros y para nosotros nuevos que allí había, fueron el caballo del Nilo (el hipopótamo), la jirafa, el oso de Rusia y otros. Vimos la parte mineralógica y algo de reptiles. El establecimiento es interesante y abundante relativamente a esta ciudad y a que es sostenido por una compañía. De regreso del museo a nuestra casa vimos dos centinelas en una puerta de regular fachada y pregunté al señor Schubert lo que era; supe por él que aquel era el palacio donde se reúne la dieta germánica compuesta de los diputados, de los miembros de la confederación que preside la Austria. Hay diputados diplomáticos para los negocios políticos de la confederación y diputados militares que forman una comisión para los negocios militares de la dicha confederación. El congreso de Viena de 1815 reguló todo esto. A las 3 y cuarto vino el señor Mc-Kerrell en su coche a llevarnos a casa del señor Koch, donde encontramos reunida una selecta sociedad compuesta de 24 personas. El señor Koch nos presentó a su señora y a su hija ya casada; yo conduje a la hija a la mesa, a cuyo lado izquierdo me senté; en la mesa estaban, entre otros, un burgomaestre, el director general de la posta de Alemania, barón Freind, el ministro de Dinamarca, el de Baden, algunos senadores y el rico negociante Rothschild. La mesa fue de lo fino, abundante y delicado que he visto. Para mí hubo de nuevo un plato ruso compuesto de huevos de pescado, el célebre vino de Hungría llamado de Tokay y el servicio de oro para los postres. Yo tuve el gusto de conversar antes y después de la mesa con todos estos señores, de los cuales el ministro de Baden me pareció muy amable. Quedamos altamente satisfechos de la afabilidad y atenciones del señor Koch y de sus demás convidados.

1829. Diciembre 31.

   Fui al casino a leer los papeles públicos y me impuse algo más de la insurrección del general Córdova en Antioquia. He ajustado el viaje de aquí a Bruselas en dos coches, lo mismo que de Hamburgo aquí, por 25 napoleones, que es decir 100 pesos de nuestra moneda. Un coche es para Rojas, Pacho y yo, y el otro para los criados y el equipaje.

1830. Enero l°.

    Viernes: Anoche desde las 8 han recorrido las calles pelotones de gentes cantando, tocando y gritando hasta la madrugada. Es una cosa parecida a nuestras nochebuenas. De esta manera se celebra la inmediata entrada del año nuevo. Esta noche hay teatro. Dos o tres días en la semana no se dan representaciones. El médico dice que puedo continuar mi viaje con algunas precauciones; seguiré su consejo.

1830. Enero 2.

   Pagué visita al señor Meyer. Fui a la orilla del Mein, en donde estaban patinando, y vi un magnífico puente de piedra de nueve arcos que hace comunicar la ciudad. De allí entré en el casino. El médico me ha aconsejado que aguarde un día más a ver mi entera reposición. El señor Koch nos ha enviado tres billetes para ir al teatro esta noche a ver la ópera El conde Ory; los recibimos y hemos ido en efecto al palco número 5, donde tuvimos el gusto de ver dicha ópera, que es interesante por el canto y nos ha parecido excelente. En el teatro vimos al príncipe heredero del gran duque de Hesse-Cassel que conversaba con una señora; se nos dijo que ésta era su querida, la cual es mujer de un oficial prusiano que parece ha vendido por dos mil florines el derecho de usar de ella. Me desagradó mucho oír esto y ver al heredero de un estado en tal situación. En el palco inmediato al mío estaba el señor Goll para quien traje carta de introducción del señor Hesse; me habló de él y se excusó con sus enfermedades de no haber ido a visitarme. Poco me importa y nada he perdido con que haya omitido esta fórmula de etiqueta. Se nos ha dicho que para atravesar por algunas ciudades prusianas de aquí a Bruselas no es menester que los pasaportes estén visados por el ministro de Prusia, según lo habíamos pensado nosotros.

1830. Enero 3.

   Domingo: Me ha visitado el señor Mc-Kerrell, y el señor Schultze me trajo al director del museo, con quien hablamos largamente. Habiéndome dicho que estaba pronto el señor Bayrhoffer a hacer un viaje a América con el objeto de hacer algunos descubrimientos importantes a las ciencias naturales, yo le he ofrecido una carta de introducción para Bogotá, y en efecto la he escrito, a los señores Arrublas. El médico ha sido de opinión que no me ponga todavía en marcha. Esta noche temprano se ha pegado fuego a una casa.

1830. Enero 4.

   Nos hemos despedido de los señores Koch, Mc-Kerrell y Grubner; estos dos últimos me dieron cartas de introducción para Bruselas y París. He estado en el casino y allí se ha acercado a hablarme el landgrave de Hesse, de quien ya he hecho mención. El inglés que ha comido en la mesa común, me ha dado las señas de su casa en Londres; se llama William West Jones (William Club House, Saint James Square).

DARMSTADT

1830. Enero 5.

   Pagué 55 florines por la posada y 10 florines al médico. Salimos a las 11 del día y pasando por diversos pueblos llegamos a Darmstadt, capital del ducado del mismo nombre, a la una y media del día. Nos alojamos en la posada Les Raisins y comimos en mesa común después de las 2. Fuimos en seguida al palacio del gran duque Luis I (de edad de 76 años) donde están las galerías de pinturas y el museo, los cuales vimos despacio. La primera tiene 6 salas con pinturas alemanas, flamencas, francesas e italianas; entre éstas vimos algunos originales de Rafael y de Tiziano. Una sala de éstas contiene varias pinturas de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo del tiempo antiguo en que las artes estaban en la infancia. Se conservan para mejor conocer los progresos del arte y como antigüedades. El museo es bastante abundante, o por lo menos más que el de Francfort, bien que éste de Darmstadt así como las galerías de pinturas, son establecimientos pertenecientes al gobierno. La ciudad tiene 23 mil almas y el gran ducado de 6 a 700 mil almas; es un estado constitucional y actualmente están reunidas las dos cámaras: la primera es de pares nombrados por el gran duque y la segunda es de diputados nombrados por los ciudadanos. La ciudad es bastante hermosa y tiene calles anchas. El teatro al cual asistimos por verlo solamente, pues la representación se hizo en alemán, es más pequeño que el de Hamburgo; la orquesta es excelente y las decoraciones muy buenas.

    Hay en el centro un palco de lujo para el gran duque, pero es menos brillante que el de Cassel. Observé que casi todas las señoras tenían luto y atribuyo esto a que se está de medio luto por la muerte de la gran duquesa. El gran duque tiene varios hijos; el príncipe heredero vive en una gran casa cerca de nuestra posada. Al entrar en la frontera se me pidió el pasaporte.

MAGUNCIA

1830. Enero 6.

   Salimos a las 6 y media y almorzamos en Grossgerau. A las 11 llegamos a la orilla del Rhin y, habiéndose embarcado el coche y los caballos sin salir nosotros de él en un barco chato, comenzó a navegar muy lentamente; como el río en parte estaba helado y las aguas bajaban algunos pedazos de hielo, la barca los atravesaba unas veces a remo y otras apoyando largas latas en el hielo. El pasaje lo hicimos frente a los pueblos de Oppenheim y Nienstein. Continuamos por la orilla izquierda del río.

    En Maguncia (francés Mayence, alemán Mainz), a donde llegamos a las 3 y media a la posada Les trois couronnes de l'Empire, al entrar me pidieron el pasaporte y lo llevaron a la policía. Esta es una ciudad antigua que en otro tiempo fue electorado eclesiástico y es donde se dice que Gutenberg descubrió el arte de la imprenta; pertenece al gran duque de Hesse-Darmstadt, pero las fortalezas son de la confederación y están guarnecidas por tropas prusianas y austriacas. Lo mismo sucede con Luxemburg, perteneciente al rey de los Países Bajos, y con Landau, del rey de Baviera.

    Maguncia tiene un arzobispo católico y la religión dominante es la católica, aunque hay iglesias protestantes. El teatro se abre cuatro veces a la semana y hoy cabalmente no hay ninguna función en él.

1830. Enero 7.

   A las 9 fuimos a visitar la catedral, que es católica. Es un edificio de piedra bastante alto y de cinco naves. El altar mayor no tiene imagen ninguna sino un crucifijo; las imágenes de los altares son o de piedra o de estuco, o de bronce como una Concepción de vara y media de alto. Se ven allí los sepulcros de los antiguos arzobispos electores y por el cuerpo de la iglesia están colocadas sus efigies de piedra. Hay un portero con su sombrero ajustado, que lo conserva puesto dentro de la iglesia, un bastón grande y una banda, el cual cuida de la iglesia y precede al sacerdote que sale a decir misa, haciendo ruido con el bastón sobre el suelo. Estando nosotros en la iglesia salió un sacerdote a celebrar acompañado de un monacillo; el sacerdote no tiene corona ni llevaba bonete. El pueblo se coloca de perfil arrodillado en unas bancas que tienen recostaderos; los oyentes no dan por consiguiente el frente al altar mayor. Hay un coro como de canónigos muy hermoso, de piedra, y en él un altar que parece ser el donde celebra el arzobispo. Los altares casi todos tienen pasajes de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Concluida nuestra visita, salimos en continuación de nuestro viaje y al pasar por una especie de plaza estaban formados como mil hombres de la excelente tropa prusiana y me parecieron estar puestos de parada.

    En el pueblo de Bingen concluye el estado de Darmstadt y empieza el ducado del Bajo Rhin perteneciente al rey de Prusia; cerca se pasa el río Nahe por un gran puente de piedra de 7 arcos. A las 6 llegamos a St. Goar, donde nos alojamos en la posada La Flor de Lis. Hay aquí otra moneda llamada silbergrotscher: treinta de ellos hacen un thaler, y cinco thalers tres cuartos de luis de oro.

    Maguncia es una ciudad bastante grande, aunque la mayor parte de sus calles son angostas. El camino desde aquí sigue por toda la orilla izquierda del Rhin, por una calzada excelente que se dice hecha en tiempo de Napoleón. El río corre por entre dos cordilleras poco elevadas y bien cultivadas, particularmente de viñas. Al pie de ellas de uno y otro lado hay una gran porción de poblaciones.

COBLENZA

1830. Enero 8.

   Salimos a las 6 de la mañana y a las nueve almorzamos en la villa de Popart, de donde continuamos a las 10 y media del día, y llegamos a Coblenza o Coblenz a las 12 y media. Esta ciudad de 13 mil almas es plaza fortificada con una ciudadela y, como está en el ducado del Bajo Rhin, pertenece también al rey de Prusia. El camino es como ayer aunque las colinas van disminuyendo su elevación. Nos alojamos en la posada La Cour de Tréveris. Aquí hay teatro pero no actores en la actualidad. Esta fue la ciudad donde se reunieron los emigrados realistas de Francia en tiempo de la revolución de 1790 y de donde salieron con un ejército de emigrados y de 70 mil prusianos bajo las órdenes del duque de Brunswick a restablecer el gobierno real de Francia, pero retrocedieron inmediatamente escarmentados por las tropas republicanas en Valmy al mando de Dumouriez. Hemos dado una vuelta por la ciudad y nos ha parecido bastante hermosa y acaso mejor que Maguncia. Entramos a una iglesia católica llamada de San Castor que tiene tres naves; nada tiene de notable, pero pudiera pasar por un excelente templo en Colombia. Lo que me agradó más fue el aseo. De allí vimos las fortificaciones de la ciudadela sobre un cerro escarpado que domina el río y la ciudad.

    Cerca entra en el Rhin el río Mosela.

    Los dominios del rey de Prusia comienzan después de la ciudad de Bingen; el río Nahe es la línea divisoria entre él y Darmstadt

BIESLING

1830. Enero 9.

   Había olvidado decir que llegando a Maguncia se deja a la izquierda el gran ducado de Baden, que es también de la confederación; Carlsruhe es la capital, y el gran duque se llama Luis I. Tiene posesiones a un lado y otro del Rhin. Es de observarse que no se nos ha pedido el pasaporte en los dominios prusianos.

    Salimos de Coblenza a las 6 y media y almorzamos en el pueblo de Andernach, lugar que existe desde el tiempo de los romanos, como que una de sus puertas se dice que es edificada por ellos. Comimos en la villa de Remagen y dormimos en el pueblo de Biesling, habiendo andado 17 leguas. Desde Coblenza hasta Andernach el camino se separa de la orilla del Rhin por una llanura, después vuelve a seguir por la ribera izquierda hasta la ciudad de Bonn. El cultivo es el mismo y las poblaciones a uno y otro lado de dicho río son muchas y regulares, de tal suerte que se encuentran 3 y 4 en una extensión de un cuarto de milla.

    Bonn es una ciudad bastante regular, fue antiguamente la residencia del arzobispo de Colonia cuando este prelado tenía el título y la autoridad soberana de elector en la confederación. Esta autoridad le fue conferida por Carlomagno. Hoy, extinguido el electorado, lo mismo que el de Maguncia y el de Tréveris, el arzobispo reside en Colonia. Hay aquí, en Biesling, la epidemia del sarampión que ha causado mucha mortandad en los niños. El gobernador de Colonia ha enviado cuatro médicos a remediar este mal.

BERGAIN

1830. Enero 10.

   Domingo: Salimos a las 6 muy disgustados con la posadera, que nos pidió por el alojamiento muy caro, y tanto que en ninguna parte lo hemos pagado tan excesivo. Esta ocurrencia me ha ratificado en la sospecha de que en algunas posadas, particularmente en los lugares pequeños, suelen pedir más caro a los extranjeros que por primera vez viajan por ahí.

    A las 8 y media llegamos a Colonia (o Cologne, o Köln). Esta es una ciudad grande, de 50 a 60 mil almas de población aunque poco ordenadas las calles y poco anchas. Aquí hay fortificaciones y una guarnición prusiana de 3 a 4 mil hombres. Está aquí la fábrica del agua llamada de Colonia, cuyo fabricante se llama Farina. Posamos en el hotel Mayence, donde almorzamos. Fuimos a ver la catedral católica, que nos pareció magnífica, no obstante que no está concluida. Tiene cinco naves de piedra de sillería y noventa pies del suelo al embovedado. Se comenzó en el siglo XIII y hace cuatrocientos años que no se ha continuado, así es que sólo está concluida la parte correspondiente al altar mayor y las dos naves de la izquierda. No puedo explicar su arquitectura sino asimilándola a la filigrana que se trabaja con el oro, pues toda se compone de obras de piedra muy finas. Estando en la iglesia, entró el obispo coadjutor del arzobispo, vestido como nuestros obispos; a las nueve empezaron a cantar en el coro los canónigos y los capellanes, los primeros vestidos con roquetes y una especie de muceta negra encima; los segundos también con roquetes en lugar de pellices. Dos pertigueros vestidos de colorado conducen a los canónigos al coro. Las gentes están en misa con mucha devoción, las señoras con sus gorras puestas y las demás mujeres o con la cabeza descubierta, o con una especie de capote de saraza, con una capucha que se echan sobre la cabeza. Los sacerdotes tienen corona y los seminaristas andan vestidos con hábitos talares negros y sombrero al tres. Se nos mostró el lugar donde estaba encerrada una caja de oro guarnecida de topacios de cuatro pies de ancho y ocho de largo que contiene los huesos de tres reyes. Vimos dos eclesiásticos que estaban confesando teniendo puesta la estola. Los hombres se confiesan a los lados del confesionario como las mujeres. Repito que el edificio material me ha parecido de lo más magnífico que puede haber. Fuimos también a la iglesia de San Pedro, donde todavía había gente (a las once), oyendo el sermón y dando gracias. Todos los concurrentes cantaban. Vimos un famoso cuadro de Rubens que representa la crucifixión de San Pedro; a mí me pareció excelente pintura por la finura del pincel, la propiedad y la naturalidad de las personas.

    Rubens nació en Colonia mismo en 1577. Su familia, noble, era originaria de Anvers.

    Salimos a las doce del día y a las cuatro llegamos a la ciudad de Bergain, que es bonita, y posamos en la posada El Duque de Wellington, donde se han alojado el rey de Prusia, los emperadores de Rusia y de Austria, Alejo y Francisco I, y también Napoleón. Llegando a las posadas en las ciudades grandes, se presenta regularmente alguna persona ofreciendo conducir a los viajeros a pasear la ciudad y a visitar las casas. Colonia fue considerada como ciudad libre en tiempo del electorado, por lo cual residía el arzobispo en Bonn (cuando el arzobispo era soberano, como elector, no podía dormir en Colonia, la cual era considerada como ciudad libre). En la iglesia catedral un hombre recorría por entre la gente con una vara larga en cuya punta estaba pendiente una bolsa con una campanilla para recoger limosna para los pobres.

AQUISGRÁN

1830. Enero 11.

    Salimos a las seis y media y almorzamos en Julliers; ésta es una plaza fuerte. Vimos alguna caballería formada que parecía entrar de hacer ejercicio. Los soldados prusianos que hemos visto de guarnición en Maguncia, Coblenz, Colonia y Julliers, son jóvenes muy robustos. A las 2 llegamos a Aix-la-Chapelle o Aquisgrán, y nos alojamos en el hotel Le Grand Monarque. Para llegar a esta ciudad se baja una pendiente desde la cual se ve toda la parte baja muy poblada y cubierta de árboles, y a un costado la cordillera del Rhin, lo cual hace su vista muy hermosa. Esta es una grande y antigua ciudad de 30 a 40 mil almas de población. Fue la corte de Carlomagno y aquí está su sepulcro. Aquí se celebraron en la guerra de 1672 los tratados de paz de Luis XIV con la Holanda, Suecia e Inglaterra, bajo la mediación de Clemente IX, que formaron la triple alianza en el siglo XVII, y el de Luis XV en el siglo XVIII, en que tuvo parte la España. Aquí se reunió en 1818 un congreso de soberanos, el emperador de Rusia, el de Austria, el rey de Prusia, los ministros de Inglaterra y de Francia. Hemos visto la sala donde se reunió dicho congreso y se celebraron algunos tratados; es bastante grande y enladrillada de jaspe, y sin adorno ninguno. En ella hay cuadros que representan dichos sucesos; está en la casa del ayuntamiento, que es bien grande.

    Visitamos la catedral, donde hallamos al sacristán que nos dio todas las noticias que diré. Es un edificio redondo con una nave que da vuelta alrededor de la principal, la cual fue la capilla de Carlomagno. En el medio está la losa que cubre su sepulcro; pero sus huesos han sido exhumados y están depositados con otras reliquias en cajas que se guardan en la sacristía, en un armario que también vimos. El altar mayor y el coro de los canónigos es una capilla bastante regular que se ha añadido a la iglesia principal. Se nos dijo que una gran lámpara de bronce que está colgada en medio del embovedado, fue regalada por el emperador Federico Barba Roja; que la capilla de Santa Ana y de la Virgen fue comenzada a edificar por el emperador Luis I y concluida por María Teresa de Hungría; que un gran candelero de bronce representado por un águila, fue regalado por el emperador Othon III, cuyos huesos se conservan debajo del altar mayor en un sepulcro de mármol, y que cuatro columnas, dos de pórfido y dos de granito, fueron traídas de Roma por Carlomagno.

    La corona y el cetro de una imagen de la Virgen y del Niño Jesús, fueron regaladas por María Stuart, reina de Escocia, decapitada por la reina Isabel de Inglaterra.

    La iglesia tiene muchos mosaicos. Vimos un cuadro de Rubens representando el Nacimiento de Jesús; este cuadro, lo mismo que el de Colonia de la iglesia de San Pedro, fueron llevados a París en tiempo de Napoleón y restituidos a sus antiguos lugares después de la entrada de los aliados en 1814. Al lado del altar mayor, hay dos grandes cuadros que parecen pintados en lienzo y que son tejidos como el paño, en Francia: llámanse gobelinos. Vimos la silla donde Carlomagno y treinta emperadores o sucesores han sido coronados; es de piedra mármol y estaba guarnecida de planchas de oro. Colocada en una de las famosas galerías de la iglesia frente al altar mayor, se descendía de allí por una larga escalera de la cual se conservan algunas gradas, también de mármol. El cetro, la corona, la espada y el acta de la coronación de Carlomagno están hoy en Viena. Los revolucionarios de Francia después de 1790 hicieron mucho daño a esta iglesia, llevándose el oro y el plomo de ella.

    El gran órgano fue regalado por Josefina, emperatriz de Francia algún tiempo.

    Esta ciudad tiene a media legua de distancia aguas minerales y baños excelentes; en la ciudad hay una fuente de agua caliente. Tiene muchas fábricas de paños; los edificios son regulares y presentan una apariencia mejor que los de Colonia. Aquí terminan los dominios del rey de Prusia; a dos leguas de la ciudad comienza Bélgica, que forma parte del reino de los Países Bajos. Federico III es el nombre del rey de Prusia.

    Estuve en el teatro, donde se representó un drama en alemán y una especie de ópera cómica. El teatro es grande aunque más pequeño que el de Hamburgo, la orquesta no era numerosa ni mejor que las que hemos oído; la colocación de los órdenes de palcos en forma de anfiteatro es singular, al menos respecto de los teatros de que he hablado.

BELGICA, PAISES BAJOS

MAESTRICH

1830. Enero 12.

   Salimos a las 6 y media y a poco rato entramos en los dominios del rey de los Países Bajos, llamados Bélgica. Un hombre que se dijo empleado del gobierno nos pidió el pasaporte y me preguntó si llevaba cosas de que debiera hacer declaración en la aduana; entregué el pasaporte y respondí que nada llevaba que no fuera de mi uso, pero que sin embargo podían registrarse mis baúles. Me devolvió el pasaporte y me repuso que no era menester hacer el registro que deseaba. Continuamos y al entrar a Maestrich otro empleado me volvió a hacer la misma pregunta, a quien habiéndole respondido lo que al anterior, me dijo que siguiera mi camino libremente.

    Llegamos cerca de la una a Maestrich y almorzamos en el Hôtel du Lévrier. Allí vi el cartel anunciando que esta noche había dos óperas en el teatro y resolví quedarme. Hemos dado una vuelta por la ciudad y nos ha parecido bastante regular; es plaza fuerte guarnecida por 4 o 5 mil hombres y tiene 20 mil habitantes. En tiempo de la convención nacional de Francia mandó el sitio contra esta plaza el general colombiano Francisco Miranda. Maestrich es de la provincia de Limburgo; hay una ciudad de este nombre. El río Meuse pasa por la mitad de la ciudad y tiene un gran puente de piedra. A la izquierda queda la ciudad de Lieja, donde hay fundición de cañones y fábrica de fusiles. El terreno es bastante llano, regularmente poblado y cubierto de muchos bosques que parecen plantados más bien que producidos naturalmente. Fuimos al teatro a las 6; este es un establecimiento de poca notabilidad; una antigua iglesia de jesuitas se ha convertido en coliseo y por eso es que conserva la figura de una elipse, las decoraciones son viejas y la obra de los palcos poco o nada hermosa. Es el menos bueno que hemos visto hasta ahora. La ejecución de las dos óperas estuvo regular; la orquesta es mediocre. La segunda ópera se llama La tante Aurora, la primera José en Egipto. En Bélgica como en el ducado del Bajo Rhin la religión más extendida es la católica. La plebe usa muy generalmente unos zapatos de palo parecidos a nuestros estribos de baúl. Se habla el francés con claridad, las óperas fueron representadas en francés y es la segunda vez que hemos oído en el teatro este idioma. De Aix-la-Chapelle a Maestrich hay 6 leguas.

1830. Enero 13.

    Salimos a las 6 y media y almorzamos en la villa de Torngren, que es bastante regular (tres leguas), tomamos unos bizcochos en la de Saint Trond, también regular (cuatro leguas) y dormimos en la de Tirlemont, más grande que las otras (tres leguas). Aquí posamos en el Hôtel de la planète. El dueño de la posada después de dos horas de estar en el comedor me dijo que si alguna persona me había hecho la observación de que yo tenía alguna semejanza a Napoleón, le contesté que sí, que una señora en Altona me había dicho lo mismo. El entonces repuso que ciertamente tenía bastante semejanza, a lo cual dije que aunque Napoleón había sido un hombre desgraciado, me honraba de tener alguna semejanza en la figura, a quien bajo muchos respectos había merecido el título de grande.

    Debo hacer mención que mi pelliza de cuero de oso blanco y mis botas de pieles han dado motivo de curiosidad en todo el camino de Hamburgo hasta aquí, lo mismo que mi negro Cruz.

    El terreno y el país en todo como ayer. Desde Aix-la-Chapelle se anda lejos del Rhin.

BRUSELAS

1830. Enero 14.

   Salimos a las 7 de la mañana y almorzamos en Louvain, que es una villa más grande que las anteriores, por donde pasamos ayer. A las dos de la tarde llegamos a Bruselas y nos alojamos en el Hotel de Flandes. Nos pidieron en la posada nuestros pasaportes para enviarlos a la policía.

    La moneda en este reino es la siguiente: de oro hay piezas de 10 florines y de 5, que se llaman ducados y que equivalen poco más o menos, la primera a cuatro pesos, y la segunda a dos; de plata, hay florines, los cuales se dividen en cent: 100 cent son un florín; hay cent de a uno y son todos de cobre y los hay de 10, 20, 25 y 50 y son monedas de plata ligada.

   También se usan las monedas de Francia, de francos, etc. Un franco son 47 céntimos.

    Hoy he leído en Louvain en un diario la noticia de la muerte del general Córdova y de su derrota el 17 de octubre. También dice el diario que el tratado de paz con el Perú estaba ya firmado en Guayaquil.

    Esta noche se ha representado en el teatro Real la comedia La fille d'honneur y el baile titulado Psyché et l'Amour. Las decoraciones son buenas, el teatro grande aunque viejo, tiene cuatro órdenes de palcos, fuera de la galería. Hay dos palcos adornados con poco lujo que son para el rey y el príncipe real. La representación de Psyché nos agradó mucho. Es una pantomima con música en la cual se baila muy bien, se presentan decoraciones excelentes y se engalanan bien los actores. El pueblo aplaudió la pieza. Lo poco que hasta ahora hemos visto de Bruselas nos parece magnífico respecto de las ciudades que tenemos visitadas. La mesa de la posada es abundante y fina; es a mi parecer lo mejor que nos han servido en las posadas desde nuestro arribo a Europa. Vale 3 francos por cada uno fuera del vino. Cada cámara con una cama, vale dos francos, fuera de la leña para la chimenea y las luces.

1830. Enero 15.

   Escribí al señor Schultze y al señor Grubner a Francfort. He pagado al cochero los 25 napoleones en que estábamos ajustados, que es decir 100 pesos.

    Bruselas es la capital de Bélgica, que en 1814 se unió a Holanda bajo el pacto expreso de un gobernador según la constitución holandesa y bajo la autoridad del rey actual, Guillermo I y su descendencia, de conservar la religión católica aunque tolerando todas las otras, la lengua francesa y no sé qué otros privilegios. Fue Bruselas antiguamente la corte de los duques de Borgoña y de Brabante y después la de Carlos V y de Felipe II, su hijo; aquí fue donde el primero abdicó sus vastos dominios en su dicho hijo en 1555 y tomó la resolución de ir a morir en un convento de la provincia de Extremadura en España. En tiempo de la revolución de Holanda y de parte de Bélgica contra Felipe II, el principal teatro de las crueldades del duque de Alba y donde fueron decapitados los condes de Egmont y de Horn. En 1815 estaba aquí el cuartel general del ejército del duque de Wellington a tiempo que Napoleón batió el ejército primero en Ligny, bajo las órdenes del general Blücher (julio de 1815). Wellington salió de esta ciudad precipitadamente a recoger copiosos y brillantes laureles en Waterloo. Actualmente es Bruselas la residencia de la corte, aunque cada año alterna la ciudad de La Haya en esta prerrogativa como un medio de conservar la unión de Bélgica y Holanda. Esta es la época en que el rey y toda la corte están en La Haya, donde residen un año.

    El exterior del palacio del príncipe de Orange, Guillermo, es hermosísimo. El del rey es excelente. Ambos están situados frente a un gran bosque de alamedas que sirve de paseo. Está en uno de los costados y es lo que llaman los franceses parc.

    En tiempo de José II, emperador de Alemania, se sublevaron los belgas por causa de las reformas religiosas dictadas por aquél y de algunas medidas arbitrarias en otros ramos; al fin se formó de toda Bélgica una confederación, que se llamó Estados Unidos de Bélgica. Muerto José II, Bélgica volvió al poder de Leopoldo II, emperador en 1790, y 3 años después la revolución de Francia la desprendió de Austria por motivo de la campaña de Jemappes. Algún tiempo estuvieron los belgas gobernados por un gobierno republicano, hasta que apoyados de los prusianos volvió la casa de Orange a gobernarlos (aquí fue inventada la peluca, con motivo de que un duque de Borgoña perdió el pelo por una enfermedad).

   Esta noche fui al teatro, donde se representó un drama y la ópera cómica titulada La fausse Agnès. No me parece que han valido gran cosa estas representaciones.

1830. Enero 16.

   Hemos dado una vuelta por la mitad de la ciudad y me confirmo en que es hermosa. Sus calles en lo general son anchas, los edificios excelentes y aseados, se ilumina de noche con gas y tiene bastantes establecimientos públicos. Fuimos a una iglesia en donde estaban celebrando una misa de difuntos con mucha solemnidad; los hombres y las mujeres se arrodillan sobre una especie de taburete, seguramente por la frialdad del suelo, que está enladrillado de mármol o jaspe. Durante la misa el portero armado de una lanza muy engalanada recorrió la iglesia diferentes veces, y cuatro hombres pedían limosnas mezclándose entre los concurrentes, las cuales eran para los pobres de la parroquia y para las cofradías.

    Entramos al parc, que es hermosísimo; es un bosque de alamedas, lleno de asientos y de estatuas; cerca está el teatro que se llama del parc, donde se dan los sábados representaciones jocosas y aun óperas. Pasamos a la gran casa donde se reúnen las cámaras de los pares y de los diputados; todos los corredores y las grandes escaleras son de jaspe de diferentes colores. La sala de los pares es muy sencilla, regular en magnitud y adornada seriamente; los asientos están colocados en forma de elipse y no hay galerías para el pueblo. Aquí están dos grandísimos cuadros pintados, el uno representando la batalla de Waterloo y al príncipe real de Orange herido, el otro la batalla de Nieuport en 1601 ganada por el príncipe Mauricio sobre los españoles que sostenían la causa del rey de España. La cámara de los diputados es mejor que la otra; su forma es circular, los asientos de los diputados colocados en forma de anfiteatro; tiene dos órdenes de galerías para el público. El solio del rey, de terciopelo carmesí sembrado de leones de oro, está mirando a los diputados y un poco adelante está la silla del presidente de la cámara. La silla del rey es bordada de oro en terciopelo carmesí y dorados su espaldar y brazos. Las oficinas de la secretaría son muy buenas; en una está un cuadro bastante grande representando la coronación del primer duque de la casa de Nassau y de Orange, por Carlomagno.

    Continuamos nuestro paseo y pasamos por frente de la casa de moneda, a cuyo costado derecho está la lonja y en frente el teatro real. Además de los dos teatros de que he hablado hay una compañía o sociedad dramática que da representaciones, y una sociedad dirigida por el director de la música del rey, que da conciertos. También hay una academia de ciencias y bellas letras y un museo de ciencias y arte.

    Durante este paseo nos pidieron limosna muchos pobres que se lamentaban del rigor del frío.

    A poco rato fuimos a ver el palacio del rey; empezamos por la galería de pinturas que nada contiene de particular. Vimos diferentes piezas amobladas con gusto, en cada pieza los muebles son de diferente color; vimos la sala de recibo de la primera mujer del príncipe Federico, está toda colgada de azul y la mesa donde está su tocador contiene muchas alhajas de plata dorada muy bien trabajadas, así como los útiles de ella; estuvimos en el comedor, en la sala de baile y en la pieza donde reside la dicha princesa. Las salas no están alfombradas, están entabladas con embutidos bonitos. Para hablar con verdad nada encontré que me admirara en un palacio real donde por ser el primero que he visto, esperaba hallar objetos de mucho lujo y admirables.

    El señor Grellet de la casa de Bouvet, para la cual me dio carta de introducción el señor Schultze y Grubner, me ha visitado y me trajo un billete para poder entrar en el gabinete o casa de lectura que se llama sociedad de comercio, o más bien la lonja (el señor Grellet es cónsul de Suiza). Después mandó dos para Rojas y Pacho.

    Bruselas tiene 70 a 100 mil habitantes, gustan mucho los habitantes de los arrastradores (traîneaux) y engalanan los caballos bastante. El clero católico tiene mucha influencia. Los belgas son rivales de los holandeses.

    La gaceta ha anunciado mi llegada a la ciudad. El príncipe hereditario se llama Guillermo y está casado con una hermana del emperador de Rusia; el segundo hijo del rey, Federico, lo está con una hija del rey de Prusia, y su tercera hija, Mariana, va a casarse con un hijo del mismo rey de Prusia.

1830. Enero 17.

   Domingo: Observaré que todas las cosas curiosas o notables que se ven en las ciudades europeas cuestan algunos reales, porque hay que gratificar al conductor que lo lleva a uno, y al que muestra dichas cosas y refiere su historia. El señor Hennessy, jefe de la casa de Dennot Fils, para la cual traje carta de introducción del señor Merck, me ha visitado hoy a las 10 y me ha hecho los ofrecimientos de costumbre.

    Vino uno de los españoles emigrados de España a pedirme una limosna, lo cual interesó haciendo la más triste pintura de las miserias que pasaban él, su mujer y tres niños tiernos. Ciertamente que me conmovió oírle su lastimosa relación.

    Fui con el señor Grellet a visitar al general San Martín y desgraciadamente no estaba en su casa. Pasamos a la sociedad de lectura o casino que está en el mismo edificio de la lonja y leí diferentes gacetas. En una vi que estaba al reventar en Venezuela una revolución, igual a la de Córdova, cuando se supo el suceso de la derrota de Córdova en Antioquia, y en otra una carta del general Bolívar a O'Leary, de fecha 6 de agosto de Guayaquil, en que le suplica que se interese en que no le nombren presidente, sino que le hagan generalísimo del ejército, con otras majaderías de uso y costumbre en él, para acreditar que no tiene ambición de mando perpetuo y absoluto.

    Pasamos por la casa donde está el banco. He llamado un médico porque me sigue la irritación inflamatoria.

    Fui al teatro, donde se representó la ópera La muette de Portici, me pareció bien ejecutada y las decoraciones excelentes, los vestidos propios y magníficos, mejor que en ninguna otra parte, y el baile muy bueno, pero todavía me parece que Cornet, actor de Hamburgo, hace con más propiedad el papel de Masaniello, aunque canta mejor el que lo hizo aquí. La orquesta de 80 músicos es muy buena, el teatro estaba lleno de gente como yo no había visto en ningún otro. El público aplaudió mucho la representación. Fui al teatro con un señor de Munich (capital de Baviera) que está alojado en la misma posada y que sigue a La Haya donde está la corte de los Países Bajos. Ha servido en el estado mayor del ejército que Napoleón mandó a Santo Domingo con el general Lecreze. En esta misma posada está alojado el conde Charpentier, teniente general del rey de Francia, con su familia; la condesa come en la mesa con los demás alojados.

1830. Enero 18.

    Lunes: Estuvo a visitarme el señor Mariano Garro, mejicano, encargado de negocios ad-interim del gobierno mejicano cerca del de los Países Bajos. También estuvo el célebre general San Martín, de Buenos Aires, y con ambos pasaron cerca de dos horas de larga conversación sobre las cosas de América. El general me ofreció una gaceta de París (El Constitucional), en la cual hay una circular reservada del ministro de policía mandando se supervigile atentamente mi conducta en Francia. El médico me ha visitado y estuvo hablándome largo rato de la batalla de Waterloo como testigo presencial de ella; estaba presente el bávaro de quien hablé ayer. El general Cortés Campomanes, que ha servido en Venezuela y en Cartagena, ha estado a visitarme y un señor Mancebo, de Caracas, que está unido a la legación mejicana.

   Fui al teatro, donde se representó una zarzuela y la comedia titulada Le Tartuffe des moeurs. El deseo de aprender el francés junto con la necesidad de tener alguna distracción por la noche, me impelen a ir frecuentemente al teatro cuando no hay piezas interesantes como La muette de Portici, etc.

1830. Enero 19.

    Martes: Pagué visita a los señores Grellet, cónsul de Suiza, Hennessy y Garro. Este me ha tratado con mucha confianza y me ha entretenido largo tiempo de sus cosas en España y en Méjico. Recibí carta del general San Martín enviándome El Constitucional, de París, en que se encuentra el siguiente artículo:

    ARTICULO DE EL CONSTITUCIONAL DE PARIS

       "Nous lisons dans le Journal de la Meuse, qu'une circulaire confidentielle été adressée aux moines d'un arrondissement pour les mettre en garde contra l'arrivée prochaine du général américain Santander pour appeler leur surveillance sur toutes les auberges oú il pourra descendre et sur les rassemblements séditieux aux-quels pourrait donner lieu sa présence dans le pays. Les habitants de nos campagnes, dit le même journal ne connaissent pas même le nom du personnage qui imprime une si ridicule terreur au ministère. Les lecteurs des jounaux savent seulement qu'il est à ce moment a Hambourg mais ont peine à se figurer ce qu'il peut avoir d'alarmant pour la tranquilité de la France...".

   Enero 20 de 1830.

    Estuve en el teatro, donde se representó la comedia en un acto L'Original y la ópera Le chaperon rouge.

1830. Enero 20.

    Miércoles: El Constitucional de Paris transcribe el artículo de la gaceta de Bruselas que avisa mi llegada aquí. Es el de 18 del corriente. El señor Garro me ha enviado las cartas de Gorostiza sobre la expedición de Tampico y un folleto que se dice impreso en Panamá en 1828, titulado Las angustias de Colombia, el cual declama fuertemente contra la conducta del general Bolívar. Ayer he enviado mi pasaporte a Anvers por medio del señor Garro para que lo vise el cónsul de Francia.

1830. Enero 21.

    Jueves: Ayer al medio día caí en cama con un fuerte resfriado. Vino inmediatamente un médico. El señor Garro y Mancebo me visitaron.

1830. Enero 22.

    Estoy ya mejor y me he levantado hoy. El señor Garro repitió la visita. Un francés de Bordeaux, llamado Congot, estuvo a ofrecerme vino de Lafitte; quién sabe cuál sería su verdadero objeto.

1830. Enero 23.

   Continúa la mejoría. El señor Grellet me ha visitado; también lo han hecho los señores Garro y Cortés Campomanes.

1830. Enero 24.

    Domingo: Estoy bueno del ataque de fiebre y la irritación comienza a ceder. El señor Garro me ha traído los pasaportes ya visados por el cónsul de Francia en Anvers el día 20 del corriente; él mismo me comunicó que acababa de llegar el señor Mercado, que ha de ejercer la legación de Méjico cerca de la corte de los Países Bajos. Las noticias de Méjico son favorables pues todo el país está tranquilo.

1830. Enero 25.

   Lunes: Sigo mejor de la irritación. He escrito a mi familia con fecha de 28 de éste, por quinta vez. A Arrubla le he dicho que me escriba bajo cubierta de la casa de Burdeos a que me recomendó el señor Merck, que es la de Focke et Brandenburg. Escribí al doctor Soto y a Vallarino con fecha de mañana. Esta carta o paquete irá por los Estados Unidos a Cartagena rotulado a P. Alcázar, por conducto del norteamericano Coit que me ha ofrecido enviarla inmediatamente y con seguridad. Recibí del señor Garro el Teatro Escogido de Gorostiza, que me regaló.

1830. Enero 26.

    Martes: Salí por primera vez a visitar a Garro y en su casa me encontré al señor Mercado, que debe ser el ministro de Méjico en este país. Pasé a visitar al general San Martín. Estuve en el teatro, donde se representó Le complot de famille, que fue grandemente aplaudida, así como el primer galán M. Charles; y la ópera Alcibíades en la cual cantó La Feuillade, primer cantor, que en efecto tiene una voz sonora, elegante y agradable.

1830. Enero 27.

    Miércoles: No salí en todo el día. El señor Mercado me ha visitado junto con el señor Garro. Por la noche fui al teatro de jóvenes o escuela dramática, donde se representaron las tres piezas siguientes: El sonámbulo, Enrique IV con su familia y El marido de cinco años; los actores son jóvenes hasta 13 años, que también cantan y bailan. Me pareció admirable este teatro respecto a la edad de los actores. El concurso fue numeroso.

1830. Enero 28.

    Jueves: Vi el palacio del príncipe de Orange, que sin duda alguna está adornado con más lujo y más gusto que el del rey. Cada pieza tiene colgaduras distintas, mesas de mármol o de pórfido, grandes vasos, hermosas lámparas, muebles dorados con mucho gusto, cuadros excelentes, etc. Hay piezas colgadas de raso azul y de raso encarnado, una colgada de terciopelo carmesí con grandes blondas de oro y otras con las paredes de mármol azul, morado o blanco. Todas están con el suelo embutido de madera. Vi las mesas y los vasos de mármol de Siberia y lapislázuli que regaló el emperador Alejandro, cuya hermana es la mujer del príncipe. Allí están los dos retratos de cuerpo entero de dicho emperador y del actual, Nicolás. Las escaleras son de mármol blanquísimo. El gran comedor es magnífico, en vez de colgaduras tiene paredes de mármol goteado. La sala de baile es hermosísima y perfectamente adornada. Al jardín de la princesa no se le conoce su mérito por causa de la estación. Se me dijo que éste era el mejor palacio de Europa por el gusto con que está hecho; en una sala hay un espejo entero de doce pies de largo y dos y medio de ancho y una especie de fuente de lapislázuli color azul turquí que parece de acero. Todo lo que he visto me ha parecido alegre y magnífico.

    Estuvimos en el teatro, donde se representó una comedia en un acto, la ópera Les petits appartements y la pantomima La bella dormida, con gran baile. Las decoraciones de la pantomima fueron magníficas.

1830. Enero 29.

    Viernes: Visité al general Campomanes y me convidó a comer mañana. Después visité al señor Mercado. El general San Martín estuvo a visitarme y no me encontró. Campomanes me dijo que había leído en las gacetas inglesas no sé qué cosas relativas a Páez y a un proyecto de separar a Venezuela. En la plaza de Orange está la escuela de comercio e industria. Estuve en el teatro, donde se presentó Claudine de Florian, y la gran ópera Benionski o Los desterrados de Kamchatka.

1830. Enero 30.

    Sábado: Comí en casa de Cortés, donde concurrieron los señores Mercado, Garro, un diputado de las cortes de España, llamado Peñafiel, y un oficial español también emigrado llamado Minusi. Se nos convidó a almorzar mañana en la misma casa.

1830. Enero 31.

    Domingo: Almorzamos en casa de Cortés, Garro, Mercado y yo, y un médico español llamado Ordaz. Por la noche fui al salón de San Jorge, donde un titiritero hizo muy hábilmente varias suertes divertidas y usó del ventriloquio.

1830. Febrero 1°.

    Lunes: Recibí una carta del señor Gorostiza de 29 de enero de Londres, en que me avisa haber remitido a Méjico como ministro de aquel gobierno el pliego que le envié de Hamburgo con Bowring. Esta carta es demasiado honrosa y lisonjera para mí. Por medio del señor Garro he cambiado 200 pesos de escudos colombianos a razón de 80 francos la onza de oro. He ajustado mi viaje a París en coche particular, por 400 francos, es decir 80 pesos colombianos; deseo ir por Anvers, Gand, Lila, etc., hasta París. El general Cortés vino a decirme que había leído en los diarios ingleses que en Caracas había habido el 26 de noviembre no sé qué acto público, que olía a separación de Colombia por miedo de que se erigiese un gobierno monárquico. La Gaceta habla del destierro de Leidersdorf y de mi señora Nicolasita.

1830. Febrero 2.

    Martes: Escribí al señor Gorostiza dándole las gracias por su carta y remití la mía por el señor Garro. También escribí a Bowring sobre la pretendida carta de Garabulla que ha publicado el Courier Français, remitida por el general Montilla para desacreditarme para con los europeos amigos de la verdadera y racional libertad. El general francés Charpentier, alojado en este mismo hotel, me ha mandado los diarios franceses para leerlos después de que nos hemos conocido. En El Nacional de Bruselas he leído las noticias de Venezuela sobre lo que ha sucedido el 26 de noviembre, en orden a separarse de Colombia de miedo a que se corone el general Bolívar; el diario se refiere a papeles ingleses en que hay cartas de Caracas y La Guaira del 28 de noviembre. Leí los papeles ingleses que publican estas novedades: es el Courier de 27, 28 y 29 de enero.

    En el teatro se representó la comedia El marido y el amante, y la ópera Eufrosina o El tirano corregido, música de Méhul. Asistí a todo.

1830. Febrero 3.

    Miércoles: Recibí tres cartas de introducción del doctor Garro para los señores Gorostiza de Londres, general Pedraza y Gordoa en París. En el teatro se representó por segunda vez la ópera Les petits appartements y la pantomima La Somnambule. Estuve en la función.

1830. Febrero 4.

    Jueves: Estuvo en mi cuarto el general Cortés a verme. En el teatro se representó la ópera La Dame Blanche, que me pareció excelente, y la comedia Une journée à Versailles. El señor Garro estuvo por la noche en mi cuarto.

1830. Febrero 5.

    Viernes: El general Charpentier me ha mandado un billete de visita y yo le he pedido permiso de visitarlo. Me visitó el señor Grellet y me ofreció llevarme mañana a un baile de la sociedad de la armonía. Me trajo una carta de Francfort del señor Mc-Kerrell, en la cual me incluye otra de introducción para París. He contestado como es debido. El general Charpentier me ha enviado a decir que en cualquiera hora del día me recibiría. Teatro: Molière chez Ninon, y la ópera Jeannot et Collin, música de Nicolo. Es graciosa aunque sin decoraciones.

1830. Febrero 6.

    Sábado: Estuve donde Garro y le dejé unas cartas. Pasé donde el general San Martín y no lo encontré en casa. El baile se difirió para otro día.

1830. Febrero 7.

    Domingo: La cuenta de la casa hasta hoy vale 518 francos, que son 103 pesos y 4 reales colombianos por 25 días, a cuya cantidad debe agregarse el médico, 45 francos, las medicinas y la composición de mi reloj. Fui al teatro con un mejicano alojado en esta posada y se representó la ópera Le Maçon, música de Auber, y el baile La Belle au bois dormant. Después de comer fui convidado a tomar una taza de café al cuarto del general Charpentier.

1830. Febrero 8.

    Lunes: Me despedí de Cortés Campomanes y no encontré en sus casas al general San Martín, ni al señor Grellet. También me despedí ayer del señor Mercado. A San Martín y Grellet he escrito despidiéndome. He pagado al cochero Esteban Rougiet 200 francos a cuenta del viaje. Remití a París por el correo la carta del señor Sargenton, que me dio en Hamburgo, Pardo. El señor Coit me ha dado una carta de introducción para Londres y otra para New York. El señor Grellet una para Anvers y otra para Lila. En el teatro han hecho admirables pruebas de fuerza y de destreza de cuerpo dos hombres anunciados bajo el nombre de nuevos Alcides; verdaderamente es prodigioso lo que hacen.

AMBERES

1830. Febrero 9.

    Martes: Después de haberme despedido del señor Coit, del mejicano Blanco y Gómez, de Garro y del general Charpentier y su señora (que me dio una carta para su yerno el barón D'Aubigny en París), salimos de Bruselas a las once del día. A la una pasamos por Malinas y a las seis llegamos a Amberes y posamos en el Hôtel d'Angleterre. El camino está muy poblado y el terreno es llano. Supimos que no era permitido todavía que pasasen coches el río Escalda para seguir a Francia, por causa del deshielo, y resolví regresar a Bruselas para tomar el camino derecho para París. No vi el teatro porque no era día de dar representaciones.

1830. Febrero 10.

    Miércoles: Amberes. Salimos a pasear la ciudad, que es bastante buena aunque las calles son puercas. Tiene Anvers 80 mil habitantes y ha figurado mucho en la guerra de la independencia de los Países Bajos, de la corona de España. Vimos el puerto, el Escalda, los canales fabricados para que entren pequeños buques a las calles y los dos magníficos bassins donde anclan los buques mayores. Estos estanques son trabajados artificialmente y merecen el nombre de magníficos. Hay un puente de hierro que se abre para dar paso a los buques y diques para llenar de agua el canal. Todo el trabajo es de mampostería y ladrillo. Vimos la iglesia que fue de los jesuitas, que es bonita, de tres naves y de dos hermosas galerías. Pasamos luego a la catedral, que es hermosa; su torre y el interior de la media naranja, se asemeja algo a la catedral de Colonia; es de tres grandes naves y de columnas, y al lado tiene dos más, de paredes. Allí están los cuadros de Rubens, el uno de la Crucifixión de Jesús y el otro del Descendimiento, los cuales fueron devueltos de París, después de la entrada del ejército aliado en 1815. Saliendo de allí pasamos por la casa donde está la galería de pinturas y después por la lonja, que es un gran claustro con hermosos corredores y columnas de piedra labrada. Anvers es uno de los primeros puertos de este país. Se refiere que un comerciante de aquí, acreedor a grandes sumas, convidó a comer al emperador Carlos V y, habiendo aceptado, quemó en su presencia todos los vales de su deuda, creyéndose bien pagado con dicha aceptación. Aquí levantó el feroz duque de Alba una estatua suya con una inscripción orgullosa, y poco tiempo después fue derribada esta estatua. No quise presentar las cartas de introducción por haber resuelto partir inmediatamente y, en efecto, salimos a la una del día, pagando la posada demasiado caro y como en ninguna otra parte nos habían pedido. A las cuatro y media llegamos a Malinas y posamos en el hotel La Cour Impériale. Aquí reside el arzobispo primado; no hay teatro. La ciudad es grande, pero me pareció triste. La torre de la catedral se dice que tiene 348 pies de altura. El número de almas que tiene la ciudad es de 22 mil. De Bruselas a Anvers hay 8 leguas.

HALLE

1830. Febrero 11.

    Jueves: Salimos a las seis y media y almorzamos en las Cuatro fuentes, a las diez. A las doce entramos en Bruselas y pasamos derecho a dormir en Halle, lugar pequeño, a tres leguas de Bruselas. El camino es llano y poblado de caseríos. Aquí, como en las ciudades católicas de los Países Bajos, se encuentra en los caminos, calles y plazas, imágenes de los santos y de la Virgen, y crucifijos.

   En Halle posamos en el hotel Le Duc de Brabant. En esta villa hay una imagen de la Virgen que se llama Nuestra Señora de Halle, que se cree muy milagrosa. Esta imagen es de color enteramente negro. Visitamos la iglesia que tiene tres naves, los altares son de mármol. Al lado de las naves se ven cuadros de los milagros de la Virgen que se dice estar aprobados desde ahora dos siglos por el arzobispo de Cambray. Un montón de gruesas balas de cañón se conservan en memoria del milagro de haber salvado la Virgen el lugar de los daños que hubieran podido ellas causar.

MONS

1830. Febrero 12.

    Viernes: Salimos a las siete de la mañana y almorzamos de viernes en la orilla de Brain-le-Comte (tres leguas) desde donde hay 5 a 6 leguas a la ciudad de Mons, capital de la provincia de Hainaut, plaza muy fuerte. Aquí posamos en el Hôtel Royal a las 3 de la tarde. Al entrar por las puertas de la ciudad preguntaron si tenía efectos que declarar y habiendo respondido que no, seguimos a la posada. Esta ciudad es grande, tiene 22 mil almas, buena casa municipal, algunos establecimientos científicos y excelentes fortificaciones. Esta noche hubo la diversión de maroma y corrida de caballos; en la cuerda tensa bailaron una niña de 13 años, otra de 18 sin balanza y un joven también sin balanza que bailó por alto muy bien. Los caballos los corrieron la misma joven de 18 años, otra niña de dieciocho y tres hombres que hicieron primores con la mayor destreza y agilidad. Ultimamente un caballo adiestrado hizo una porción de cosas graciosas a la voz de su amo.


FRANCIA - PARIS

VALENCIENNES

1830. Febrero 13.

   Sábado: Salimos a las siete y a las cuatro leguas de distancia entramos en Francia. En esta frontera está situada la aduana, en el sitio de Blanc Misseron y tomaron mi pasaporte y me lo devolvieron inmediatamente. Registraron escrupulosamente los baúles, las maletas, envoltorios, etc., y el coche por todas partes, agujereándolo con leznas para cerciorarse que nada llevaba prohibido por las leyes. Concluido el registro, pasamos a almorzar a una posada que ciertamente es cara. Seguimos adelante y a tres leguas llegamos a Valenciennes, plaza fuerte. Antes de entrar hay otra aduana donde me preguntaron si tenía algo que declarar y, respondido negativamente, entramos a la ciudad y nos alojamos en la casa de la posta, que pide excesivamente caro por el alojamiento y comida. El pasaporte lo recogieron en la puerta de la fortaleza. A un rato recibí una carta del corregidor del distrito (maire) en que me decía que fuera a la casa de la ciudad, que tenía que comunicarme una cosa importante; fui con un ministro de la policía y encontré al corregidor con dos señores más. Habiéndome sentado, me leyó aquél una orden del gobierno en la cual me prevenía que me daría asilo en Francia siempre que por mi conducta me hiciera acreedor a él, reduciéndome a no mezclarme en los partidos que agitaban al país y a rehusar toda demostración pública como triunfos, ovaciones, etc., que pudieran dárseme; en caso contrario, se vería obligado a echarme fuera. Yo respondí que era justa la alternativa del gobierno, que esperaba no dar lugar a semejante medida, pues me conduciría como me había conducido en los dominios de Dinamarca, de Prusia, de los Países Bajos, donde las autoridades no se habían metido conmigo, y que cualquiera que hubiera sido mi conducta y mis opiniones políticas en mi país, yo sabía bien qué era lo que me tocaba hacer, así en Francia como en cualquier otro país extranjero. Me pareció que quedaron contentos con mi respuesta. Después me dijeron que me enviarían el pasaporte y que enviase los pasaportes de Rojas y González con los nombres de mis criados para hacer igual cambio. Habiendo vuelto a la posada, cumplí con dicho envío, pagando dos francos por cada pasaporte, y poco después me trajeron los que expidió el corregidor hasta París. En la mesa comió conmigo un francés, que después supe se llamaba el caballero Jeannert; concluida la comida me convidó a tomar el café en un café público, lo acepté. Fuimos a la casa, y aunque yo no tomé nada, me entretuve leyendo los diarios y conversando con algunas personas que se acercaron a nosotros a hablar. El tal señor Jeannert se empeñó en que me quedara hasta el lunes para introducirme mañana a dos casas amigas y llevarme a un baile que está preparado para el lunes. A las nueve regresamos a la posada y me despedí de dicho señor con expresiones de reconocimiento.

   El camino de Mons a Valenciennes es muy poblado y bastante igual. Entre estas dos ciudades está el campo de batalla de Jemappes.

PÉRONNE

1830. Febrero 14.

   Domingo: Salimos a las siete, y a las tres leguas encontramos otra aduana donde exigieron mi pasaporte y no registraron los baúles. Almorzamos a las once en el lugar de Torn y continuamos a la una. A las dos llegamos a Cambray, ciudad grande y fortificada por la cual atravesamos sin detenernos, y a las seis y media posamos en el Hôtel d'Angleterre en la ciudad de Péronne, que también es grande y tiene fortificaciones aunque descuidadas y abandonadas. Al entrar en esta ciudad y a la de Cambray nos pidieron los pasaportes. El camino de hoy no está sembrado de alamedas como el de Alemania; el terreno presenta bastantes desigualdades y pocas poblaciones, es decir, no tantas como en otras partes. Se conoce sin embargo que se cultiva mucho la tierra.

   En el distrito de Valenciennes se fabrican batistas, tela muy fina conocida.

GOURNAY

1830. Febrero 15.

   Lunes: Salimos después de las siete y almorzamos en la villa de Roye, donde fue menester permanecer 3 horas para componer el coche. Después continuamos y a las seis y media posamos en el Hôtel Au Grand Cerf, en el lugar de Gournay. El país es muy llano y el camino con alamedas. La gente del pueblo usa por aquí también el zapato de palo. Las poblaciones presentan un aspecto triste porque parecen viejas.

DOUVRES

1830. Febrero 16.

   Martes: Salimos a las seis y media habiendo pagado la comida más caro que en ninguna otra parte, quizá porque éramos extranjeros. A las doce almorzamos en Senlis, pueblo mediano, y a las cinco posamos en Douvres, en el hotel Le Cheval Rouge. De aquí a París hay tres leguas ordinarias. El camino hoy es quebrado y el país presenta muchas colinas, las alamedas están bien cuidadas y desde un poco más acá de Gournay no hay trechos sin ellas. Ayer y hoy hemos visto en el camino Santos Cristos.

PARÍS

1830. Febrero 17.

   Miércoles: Salimos después de las siete, pagando carísimo la posada y comida, y a las 10 y media llegamos a los arrabales de París, por un camino poblado de alamedas y de pueblos y lleno de carruajes que iban y venían de esta capital. La entrada es por el arrabal San Martín, el cual pasado, se llega a una puerta donde se registran los carruajes; a mí me preguntó uno si tenía que declarar algo y, respondido negativamente, pasamos inmediatamente. Tomamos el boulevard de los italianos y atravesamos por junto a la bolsa de los mercaderes y llegamos al Hôtel Boston, calle Vivienne, el cual había salido en suerte de cinco que tiramos para saber a dónde nos alojaríamos. Me dieron un salón decente y dos cámaras por diez francos diarios, y los tomé sólo por una semana. La leña es cara y la comida a la carta no es barata. Yo hice buscar un alojamiento más barato y nada se realizó.

   Por la noche fuimos a la Academia Real, vulgarmente la ópera, donde se representó Guillermo Tell. El teatro es magnífico por su magnitud y adorno y por sus decoraciones; también es cara la entrada, pues el precio menor es de dos francos y medio y el mayor de diez francos. El palco del rey está bien engalanado; hay otros palcos que indican ser de la familia real. En la ópera hubo danza y bailó divinamente la célebre Taglioni y también Mme. Le Gallois. A las doce acabó la función. El danzarín es Paul, excelente. En la posada nos pidieron los pasaportes provisionales que nos dieron en Valenciennes. Yo no he salido en el día.

1830. Febrero 18.

   Jueves: Estuvo a verme el señor Pío Rengifo, colombiano a quien yo conocí en Bogotá; me hizo muchos ofrecimientos y entre ellos dinero. Se encargó de buscarme un alojamiento. Salí a dar un paseo y lo hice por el famoso edificio llamado Palais Royal, que merece ser llamado famoso. Allí se encuentran tiendas de ropa, cafés, restaurantes, joyerías, etc. El patio está cubierto de alamedas y a un lado hay una fuente que tiene varios chorros de agua bastante altos. En este palacio vive el duque de Orleans. De aquí pasé a ver el Hôtel de Berlín y el de Cumberland para examinar los alojamientos para mí, Rojas y Pacho, y los criados; por el primero me pidieron 180 francos por mes y en el segundo 160, pero las piezas del primero están más aseadas y más cómodas; luego di vueltas por la bolsa de los mercaderes, que es un edificio cuadrilongo de piedras de sillería muy hermoso. Tiene grandes columnas corintias en redondo, que forman unos corredores muy anchos y están circunvalados de rejas de hierro y en parte de alamedas. Me ha parecido un soberbio edificio, digno de esta gran ciudad. En los diarios he leído que continúa la insurrección de Venezuela y que se ha ofrecido al presidente de los Estados Unidos de América la medalla emitida para perpetuar la memoria de la salvación de Bolívar, la noche del 25 de septiembre de 1828. Volvió Rengifo con la noticia de haber encontrado un alojamiento caro. Delgado, colombiano, ha estado a visitarme. Fui a la ópera italiana, donde se representó El barbero de Sevilla, música de Rossini. Me pareció divinamente ejecutada y estuve tanto más contento cuanto que oí cantar a Mme. Malibran-García, que tiene una voz angelical y es de las primeras cantarinas de Europa. Fue aplaudida de un modo extraordinario y entusiasta.

1830. Febrero 19.

   Viernes: Joaquín Acosta, oficial colombiano, me ha visitado esta mañana. Vive en Rue de l'Ouest N° 9. Estuvieron Domingo Acosta y Vicente Concha, mi pariente. Un maestro de inglés ha estado a ofrecerme sus servicios y los admití, quedando de pagarle 3 francos por día. Recibí una carta de la casa de Darthez de Londres, ofreciéndome su casa en Londres y sus servicios. Fui a casa de Lafitte y de Rougemont a presentar las letras de cambio y fueron aceptadas. Paseé por frente al magnífico edificio del Louvre; estuve en el Carrousel, donde vi el hermoso palacio de las Tullerías y los jardines. Pasé al puente del rey sobre el Sena, y desde allí descubrí los Campos Elíseos. Comí con Concha en una restauración del palacio real. Fui a la ópera cómica, donde se presentó la ópera Fra-Diávolo, música de Auber, que estuvo perfectamente ejecutada; cantaron admirablemente Collet, Mme. Boulanger y Mlle. Prévost. Mientras estaba en la ópera vino a visitarme Miguel Santamaría, antiguo ministro de Colombia en Méjico. Los diarios han anunciado mi llegada a Valenciennes en términos lisonjeros.

1830. Febrero 20.

    Sábado: Estuvo Cazar de Molina a verme. También me presentó Concha en mi casa al señor Chevalier, en cuya casa vive él, y que está empleado en las oficinas de la secretaría de guerra. Este señor ofreció presentarme al señor Jullien, principal redactor de la Revue Encyclopédique, que desea conocerme. El miércoles venidero debo pasar a vivir al Hôtel de Berlín, Rue des Frondeurs, donde pagaré por todas las piezas que tomo, 6 francos diarios y no 10 como en éste de Boston. Estuve en la oficina del sello, a sellar las letras de cambio; por cada mil francos se pagan 10 céntimos y en una oficina cobran y en otra sellan, llevando a ésta una nota de la primera. Luego fui a la plaza Vendôme, donde está la famosa columna de bronce hecha con los cañones tomados a los rusos y austríacos. La plaza es excelente y todos sus edificios simétricos. Aquí estuvo una estatua de Luis XIV que derribaron en tiempo de la revolución. Pasamos a la plaza de Victoria, que es pequeña, de forma circular; en ella está la gran estatua ecuestre de Luis XIV reparada por Luis XVIII, por haber despedazado la antigua los revolucionarios de Francia en 1792. Fui a visitar al doctor y a Mme. Salazar y no encontré la casa. Estuve en la ópera italiana, donde se representó Les Noces de Fígaro, música de Mozart, y cantó la siempre digna de alabanza Mme. Malibran-García y otras cantatrices excelentes.

1830. Febrero 21.

   Domingo: Domingo de Carnestolendas. Han venido a visitarme don Jerónimo Torres; Roche, hijo de Pepa Domínguez, de Bogotá; el cuñado de Hurtado; Santamaría, que estuvo de ministro en Méjico; el señor Cooper, inglés rico establecido aquí; el señor Sargenton, a quien me recomendó Pardo de Hamburgo y un profesor de lengua inglesa, Mr. Albites. Recibí una carta de Clímaco Ordóñez, colombiano, escrita en El Havre en vía para Cartagena, y otra de Mr. Burckle de New York, a quien conocí en Bogotá, en la cual me comunica las novedades de Colombia y Venezuela. Salí a pasear con el señor Cooper por los boulevards, donde por ser domingo de carnestolendas se reunió casi toda la población de París, unos a pie, otros en coche y otros a caballo. Era inmenso el gentío. Había máscaras, diversión propia de estos días, y los carniceros pasean un buey muy gordo y muy engalanado, del cual reparten carne el martes al rey y a las personas de rango. Comí en casa del mismo Cooper, donde estuvieron un inglés marino que va para la China, un médico francés muy joven y una señora viuda natural de Gand. Después me paseé por el palacio real, donde había un gran número de gentes paseándose en los corredores y galerías.

   Los diarios han comunicado mi llegada aquí, añadiendo que pensaba establecerme en esta capital.

   He contestado a la casa de Darthez de Londres y a mi antiguo edecán Carlos Wilthew. Antes de ir a comer me paseé con Cooper en los jardines hermosísimos de las Tullerías. Allí vi bien despacio las estatuas de bronce, las de mármol y los grandes vasos también de mármol que las adornan. A las 5 se cierran al toque de las cajas de guerra, lo mismo que el palacio real a las 10 de la noche.

   En los boulevards y en las calles contiguas, la gendarmería a pie y a caballo conserva el orden público.

1830. Febrero 22.

   Lunes: Murió el doctor Salazar. Visité el museo Colbert donde vi infinitos cuadros bellísimos de la escuela francesa por autores que viven. Esta es una exposición que se hace para poner en venta las pinturas. Recibí carta del doctor Azuero (Vicente), de Jamaica, del 21 de diciembre, en que me detalla todas las ocurrencias de Caracas del 25 de noviembre, relativas a desconocer la autoridad del general Bolívar y proclamar la federación. Supe por esta carta de mi familia, de mis amigos y amigas. He procurado hacer publicar aquí las deliberaciones de la junta de Caracas.

   He escrito con fecha de mañana a Garro a Bruselas, a Enet y al doctor Runckel a Hamburgo. El doctor Madrid, que está en Londres, me ha mandado visitar por medio de Roche, según me dijo Acosta que éste le había asegurado. Después Roche mismo me dio el recado.

   Fui al teatro de Nouveautés, que es nuevo y bastante bonito.

1830. Febrero 23.

   Martes: Asistí al entierro del doctor Salazar. En su casa conocí a Palacios y fui presentado a M. Jullien, principal redactor de la Revue Encyclopédique, al general Lafayette y al señor Suberville, a quien me recomendó Ruperti. Jullien y el general Lafayette me invitaron a que los visitase. Vi también al doctor Santiago Rodríguez, diputado a la convención de Ocaña, que me dejó ayer un billete de visita. La misa se celebró en la iglesia de San Roque; aquí vi las tumbas de Maupertuis y de Corneille, un cuadro de la resurrección de la hija de Jairo por Jesucristo, que es muy celebrado, y un Santo Cristo de mármol también afamado. Pasamos después a enterrar el cadáver en el famoso cementerio del padre Lachaise y de paso vi el sepulcro de Eloísa y Abelardo, una fuente hermosa que tiene 8 leones echando el agua por la boca y los dos arcos triunfales de Luis XIV en las puertas de San Dionisio (estos monumentos no están en el cementerio). Regresé a la posada a las 3 de la tarde y recibí carta de Altona del señor Riveiro de los Santos. Supe hoy que Vidaurre, de Lima, se halla en la capital. También conocí al comerciante Chanviteau. Por la noche no salí.

1830. Febrero 24.

   Miércoles: Me trasladé al Hôtel de Berlín, Rue des Frondeurs, en donde pago seis francos diarios; compré leña por junto y velas. Recibí carta de Pardo, de Hamburgo, en que me participa las mismas noticias de Venezuela que ya sabíamos. El señor Palacios me ha visitado. Por la noche estuve en el teatro de la academia, donde se representó por 96 vez La muette de Portici, que ejecutaron perfectamente bien. Vourrit hizo el papel de Masaniello, mademoiselle Noblet el de Fenella, su hermana; Mme. Cinti Damoreaux, el de Elvira; Dabadie, el de Pietro, todos los cuales me parece que cantaron y ejecutaron con propiedad. La música y las decoraciones fueron magníficas. Danzó Mad Croisette, que empieza a aparecer en el teatro con aplausos. Escribí hoy al doctor Azuero a Jamaica, por conducto de Bonnis, mandando la carta a Wilthew a Londres.

1830. Febrero 25.

   Jueves: He recibido visita del señor J. J. Chanviteau y del inglés Cooper. Un italiano, Raggi, escultor, me ha traído una carta de New York de Juan Madiedo, fecha 31 de diciembre, en la cual remite otra de Arrubla, y de mi señora Nicolasita con fecha de ayer, mandando la carta por conducto de don Jerónimo Torres. He contestado a Pardo a Hamburgo y he escrito al coronel Barreto Feio a Altona.

   Estuve con Joaquín Acosta en el palacio del Louvre; en el primer patio está una disforme esfinge de granito traída de Egipto. Vi la galería de pinturas, en donde hay cuadros magníficos de la escuela italiana, flamenca y francesa. Los de David y de Gérard me gustaron mucho. Pasamos luego a la sala de estatuas, en donde vi un número considerable de ellas; las hay de tiempos remotos y de los modernos. Muchos emperadores romanos, dioses fabulosos de la mitología, algunas romanas célebres, esfinges, leones, la loba de Rómulo y Remo, la diosa Isis y varias otras estatuas adornan estos salones. Un gladiador llama la atención entre esta famosa colección. Al salir del palacio pasamos por el hermoso patio y después vimos la famosa columnata de orden corintio de Perrault. Entré a la iglesia de San Germain L'Auxerrois, que es una de las más antiguas; es un edificio de cinco naves y que nada tiene de admirable sino su antigüedad (es del tiempo de Childeberto, del siglo VI). Al entrar al Louvre se presenta el parquete. Todos los que quieren copiar los cuadros y las estatuas son admitidos a trabajar. Ayer estuvo a verme el general Manuel Gómez Quesada, mejicano, que fue electo presidente de aquella República en 1828, y tuvo que dejar el país por consecuencia de la revolución que colocó al general Guerrero en la presidencia.

   El Louvre fue alojamiento de los emperadores Manuel de Constantinopla y Segismundo en tiempo de Carlos VI, y de Carlos V en el de Francisco I. Este palacio fue ensangrentado en el día de San Barthélemy. Todo el mundo puede entrar los domingos sin formalidad ninguna. Los lunes no se abre.

   Al pasar por el Carroussel, plaza de las Tullerías, salió en su coche escoltado, el duque de Bordeaux, jovencito nieto del rey; iba acompañado de su gobernador, el barón de Damas, y detrás seguía el coche de su preceptor. Por la noche estuvimos en el teatro de M. Comte, donde representan jóvenes desde la edad de 11 a 12 años; es un teatro bastante bonito y con decoraciones regulares.

1830. Febrero 26.

   Viernes: He escrito a Madiedo a New York, calle de Broadway. Ayer han estado a visitarme el mejicano Gordoa (L. G.) y el barón D'Aubigny, yerno del conde Charpentier.

   Hoy ha comenzado el maestro a darme lecciones de inglés. Visité al inglés Cooper y me convidó a comer el domingo venidero, a ir una noche a la ópera, a la capilla del rey y a la del embajador inglés.

   Paseamos Rojas y yo por los boulevards. Por la noche fui al teatro Vaudeville, donde se dio una función en beneficio del autor Le Peintre, reducida a representar tres piezas dramáticas bastante graciosas y a diversos conciertos; hubo un dúo de piano y de gaita, un aire cantado al piano por un cantor, y un dúo cantado por la inalabable Mme. Malibran García y Chollet, y una canción tirolesa cantada por la dicha Malibran. Todo fue grandemente aplaudido. En estas representaciones de beneficio se reúnen los mejores actores de los teatros. El teatro es más pequeño que el de Nouveautés, que también es bonito. Esta noche se ha pasado Rojas a vivir con Concha para tener ocasión de aprender el francés.

1830. Febrero 27.

   Sábado: Envié a Rothschild y a Rougemont de Löwemberg las cartas de introducción que me dio para el primero el señor Baur, y para el segundo el señor Merck.

   La duquesa de Berry (Madame), estuvo en el teatro; es una señora de edad como de 40 a 45 años, un poco flaca pero hermosa y con aire amable. Su presencia en el teatro no cambia en nada las costumbres de los espectadores; la misma bulla cuando los intermedios son largos, los mismos silbidos cuando algún actor lo hace mal y el mismo uso de ponerse el sombrero cuando está caído el telón. La duquesa de Berry es la madre del duque de Bordeaux, nieto del actual rey de Francia, hija del rey de Nápoles y recientemente cuñada del rey de España. Visité al general Pedraza y al señor Suberville. Recibí respuesta muy atenta de Rothschild.

   Estuve en la ópera italiana a la representación de La italiana en Argel, música de Rossini, y de Romeo y Juliette; en la primera cantó Mme. Pisaroni, celebrada por su talento y su voz, y en la segunda la imponderable Malibran.

1830. Febrero 28.

   Domingo: Me visitó el general Pedraza y yo lo hice al mejicano Gordoa, que está próximo a irse para Méjico. Pasé a ver a don Jerónimo y los Acostas y aunque llegué a la calle, olvidé el número de la casa y no pude acertarla. De regreso me fui a ver el puente de Luis XVI frente al jardín de las Tullerías, en el cual hay doce estatuas de mármol de grande dimensión representando a Bayard; Du Quesne, célebre marino; Colbert, Condé, Turenne, Suger, religioso; Du Guesclin, Tourville, Richelieu, Sully, Dugay-Trouin, marino, y Suffren, almirante; desde allí, el puente de hierro que da frente a los Campos Elíseos, seguí por la plaza de Luis XV en cuyo medio estaba su estatua ecuestre, que fue derribada en la revolución para colocar la de la libertad, a cuyos pies fue decapitado Luis XVI. Se llamó plaza de la Revolución, después de la Concordia, y ahora de Luis XV.

   Hay una capilla donde mismo fue ejecutado el rey, el 21 de enero de 1793. Frente al puente de Luis XVI está la cámara de los diputados. Entré al jardín de las Tullerías, donde estarían reunidos en paseo más de cien mil almas de todo sexo.

   Me ha visitado el señor Varaigne, amigo de Alejandro Vélez.

1830. Marzo 1°.

   Lunes: Anoche estuve en la diversión de títeres y sombras chinescas, en el Palacio Real, por no tener qué hacer. Vino Acosta (Joaquín) para ir a casa del general Lafayette, lo encontramos y me hizo una acogida muy amable. Hablamos de las cosas de Colombia y de Bolívar. Quedé de concurrir a las soirées de los martes. De allí fuimos a casa del señor Jullien, luego entramos al magnífico jardín del Luxemburgo, mucho más grande que el de las Tullerías, y pasamos al Instituto, donde presencié una sesión de la Academia de Ciencias, presidida por Girard, físico. En ella vi a los siguientes miembros: La Croix, autor de una obra muy conocida de matemáticas (es cojo); a Fourier, matemático y secretario de la academia; Cuvier, también secretario, el primer naturalista de Europa; Wardem, autor de la estadística de los Estados Unidos; Thénard, y Chapsal, ex ministro del interior del tiempo de Napoleón, ambos químicos afamados; Arago, astrónomo director del observatorio; Freycinet, marino que ha dado vuelta al mundo; Puissant, coronel geógrafo: Virey, naturalista; Desfontaines, botánico; Mathieu, astrónomo; Moreau de Jonnes, estadístico; Brongniart, naturalista director de la fábrica de porcelana de Sèvres; Biot, físico; el barón Portal, anatómico y Legendre, geómetra. Yo fui presentado a Wardem, a Arago, a Puissant, a Brongniart; Wardem me llevó a la biblioteca donde está la estatua de Voltaire desnudo y sentado y los bustos de Franklin, Malesherbes, La Grange, Berthollet, Volney. Después de dos horas salimos y pasamos por la rotunda, donde se reúnen las cuatro secciones que forman el instituto y a su frente está la Biblioteca Mazarina. Llegamos al grande edificio de la casa de moneda y al Puente Nuevo, donde está la estatua ecuestre de Enrique IV. Vi la isla que fue la corte de los reyes de la primera raza, de los condes de la segunda y de los doce primeros reyes de la tercera, donde estuvo el emperador Juliano, donde fueron quemados los Templarios y donde existe hoy el Palacio de Justicia. Esto fue lo que se llamó Lutecia. He visto la casa donde vivió Voltaire y el Café Procopio, que es el más antiguo de París y en el cual se han reunido muchos hombres célebres, como Voltaire, Delille, etc.

   El señor Arago quiso hacerme sentar en las sillas destinadas a los extranjeros ilustres que visitan la Academia; me negué a ello. La sala de la Academia es grande; los académicos se sientan formando elipse y en medio de ella; cada uno tiene tintero y papel por delante. La sesión se abrió dando cuenta de la correspondencia dirigida a la Academia y luego leyó una memoria un miembro, para sostener el sistema nuevo que había presentado, al cual se había referido Cuvier.

   He escrito a Gorrissen, Pardo, Merck y Enet de Hamburgo, al coronel Barreto Feio de Altona, y a Garro, Grellet, Campomanes de Bruselas.

   Recibí carta de Londres del doctor Bowring, muy satisfactoria. He escrito a Arrubla, Josefita y a mi señora Nicolasa, enviando la carta por conducto del señor Gavoty.

1830. Marzo 2.

   Martes: El general Pedraza me ha traído las cartas de Benjamín Constant contra la conducta de Bolívar. Hoy se han abierto las cámaras de Francia. El coronel Lanz me ha visitado. Recibí convite del señor Chanviteau para comer el jueves próximo y no pude aceptarlo, porque estoy comprometido con el señor Chevalier, dueño de la casa donde está alojado Concha. Salí con Domingo Acosta a ver la Biblioteca del Rey y ya estaba cerrada. Fuimos a casa de Mme. Victoria Jacotot a ver sus pinturas en porcelana a que me invitó Mr. Jullien, y en efecto nos parecieron admirables por su finura, por el dibujo, los coloridos y su naturalidad. Ahí encontré a Jullien, que me dio un billete para asistir hoy a las cuatro, a la apertura del curso de cefalología por Fossatti, pero no fui porque era tarde. Dimos un paseo por el jardín de las Tullerías y nos separamos. Estuve en la ópera italiana Semíramis, música de Rossini, en la cual desempeñaron a satisfacción general los dos principales papeles la Pisaroni y Malibran.

1830. Marzo 3.

   Miércoles: Visité a Palacios y a Santamaría. También a don S. Rodríguez y no lo encontré en su alojamiento. Estuvo a verme el señor Baumann, a quien me introdujo Schultze de Francfort. Estuve en la Academia Real a la representación de la ópera Moisés, música de Rossini y al baile La fille mal gardée. Bailaron divinamente la Taglioni, la Montesus y Paul.

1830. Marzo 4.

   Jueves: Recibí carta de Wilthew de 28 de febrero muy satisfactoria (de Londres). Me incluyó un artículo del Morning Herald relativo a mi causa en Bogotá, que me hace justicia.

   Visité al barón D'Aubigny, que no estaba en su casa, y a Chanviteau, Gavoty, Sargenton, y Rengifo.

   Fui a comer a casa de Chevalier con su familia solamente y dos asiáticos turcos que aprenden aquí las artes de orden de su gobierno. Conversé con ellos sobre el Corán y el gobierno turco. En el camino está la tumba de Luis XVIII, bastante interesante, y la Magdalena, que es un soberbio edificio empezado por Napoleón, para depositar los cadáveres de los hombres ilustres. Aquí comienzan los boulevards, tan concurridos todos los días. De regreso vi un hombre que en el boulevard observaba la luna con un telescopio; ésta es una de las mil especulaciones que hay aquí. El dueño del instrumento gana algunos sueldos permitiendo a todo el mundo que vea los planetas. Aquí más que en otras partes de lo que he andado, hay cuantas proporciones se deseen para vivir; se encuentran en las calles hombres con cepillos y bola para limpiar las botas que uno lleva puestas y para limpiar el vestido, diarios que se leen por un sueldo, diligencias o coches de barrio a barrio de la ciudad todas las horas del día por seis sueldos por persona, etc. Es muy digno de observar que en Europa son las mujeres las que se ocupan enteramente de casi todos los oficios y ejercicios de especulación.

   Estuvimos en la sala llamada Idalia, donde se baila, se hacen juegos de manos y se tira al blanco. Esta es una reunión de mujeres públicas, a semejanza de los salones de Hamburgo. A la media hora dejamos la sala porque la sociedad es poco digna. Cuesta un franco y medio la entrada la noche de baile y doce sueldos las otras noches.

1830. Marzo 5.

   Viernes: Fui a comer con los Acostas y don Jerónimo. Pasé por el puente del Louvre y de las Artes, que es de hierro, y pagué un sueldo que es la tarifa por cada pasajero. No pasan carruajes. Visitamos los Acostas, Santamaría, el general Morán y yo el taller del famoso escultor David, miembro del Instituto; estaba concluyendo la estatua de cuerpo entero del general Foy; vimos las del obispo Grégoire, de Fenelón, de Lafayette, de Gohier, de Rossini y otras. El trabajo estatuario empieza en barro, luego en yeso y después en mármol. David me hizo mil cumplimientos, diciéndome que haría mi estatua porque se complacía en trabajar las de los grandes hombres.

1830. Marzo 6.

   Sábado: Escribí a Bowring a Londres con fecha del 5. Nos juntamos en el Luxemburgo don Jerónimo, Acosta y yo para ir donde M. Jullien, para visitar dos establecimientos de beneficencia, la casa completa de educación para jóvenes desde dos hasta 7 años y la de refugio para extinguir la mendicidad. Al frente de la primera está una señora que visitó la Inglaterra para imponerse del método que allí se practica. Vimos trabajar a los jóvenes de ambos sexos por un sistema muy semejante al de Lancaster. Hay tres salas; en la una están los jóvenes de la dicha edad, en otra los varones mayores de 7 años, donde se trabaja en la música y canto, y en la otra las niñas, que estaban en las horas de la costura. En la casa hay proporción para los juegos de la juventud, sin mezclarse los varones y las hembras. La casa de refugio fue fundada por dos particulares; allí se admiten solamente las personas capaces de trabajar y que hayan residido dos años por lo menos en el departamento del Sena. Todo está muy arreglado y muy limpio. Vimos los talleres de tejidos y la pieza donde los que saben algún oficio se ocupan de pulverizar el ladrillo y la teja. De paso vimos el jardín del rey o jardín botánico y la iglesia de Santa Genoveva, que es un panteón. Yo vi en el carnaval la parada compuesta de infantería y caballería muy elegante. Recibí una carta muy atenta del barón D'Aubigny emplazándome para ser presentado a su familia. El señor Wardem, miembro de la Academia Real de Ciencias del Instituto, me ha visitado. Jullien nos presentó al conde Berruel, par de Francia. Estuve en la ópera cómica para la representación de Les deux nuits, música de Boïeldieu, y a la de Monsieur Deschalumeaux, música de Gaveaux.

1830. Marzo 7.

   Domingo: Fui con Cooper a la capilla del embajador inglés lord Stuart Rothsay, donde permanecimos hora y media en oración y sermón. La función se reduce a rezar algunos salmos, leer algunas lecciones del Antiguo Testamento, colectas, la epístola y el evangelio del día, el credo y padrenuestro, y después un sermón. Luego paseamos por las Tullerías y los Campos Elíseos y fuimos a comer con Cooper. Hoy me han visitado los señores Suberville y el peruano Vidaurre. Rojas ha recibido cartas de Puerto Cabello del 31 de diciembre y de Bogotá hasta noviembre.

1830. Marzo 8.

   Lunes: Vino a visitarme un señor Corroy, francés, a quien conocí en casa de M. Jullien, y habiéndome convidado a ver una colección de pinturas, fui por complacerlo. Las pinturas de la escuela francesa representaban algunos de los principales rasgos de la vida de Napoleón y sobre todo de su indulgencia y clemencia. El cuadro que más me interesó es el de su muerte en Santa Elena, rodeado de la comitiva que le había seguido a su destierro. Fui después a visitar a Vidaurre y no lo encontré. En mi posada estuvieron a verme Lanz y M. Jullien. Estuvimos Pacho y yo en la ópera cómica a la representación de La Vieille (música de Fétis), La Dilettante d'Avignon, música de Halévy, y a la de Chaperon rouge, música de Boïeldieu.

1830. Marzo 9.

   Martes: Vidaurre me ha visitado, me ha regalado su proyecto de código eclesiástico para el Perú y me ha hablado largamente de sus obras y de sus trabajos físicos. He recibido una invitación para juntarnos el día once en la sala de Bossange con objeto de tratar acerca de la oportunidad y conveniencia de discurrir sobre cuáles pueden ser los medios más practicables de promover el aumento de las relaciones de trato social y de comercio entre la Europa y la América, de nombrar una comisión que se ocupe del examen de los arbitrios que se juzguen más aparentes a efecto de facilitar el logro del expresado objeto, y de procurar desvanecer la prevención y los errores que se padecen generalmente en Europa respecto al estado, situación y recursos de las diferentes naciones de aquel continente.

   Don Jerónimo me ha mandado avisar que mañana entre once y doce vendrá a visitarme con el señor Ouvrard, negociante de esta capital, muy conocido como tal. Por la noche fui con Joaquín Acosta a la soirée del general Lafayette, que es muy concurrida de damas y señoras. El general me presentó a Mme. Lafayette e hijas, al señor Constant (con quien hablé un poco sobre Colombia), y al ministro de los Estados Unidos del Norte. M. Jullien me presentó a innumerables personas y al diputado barón Ternaux, rico banquero que ha tenido la bondad de convidarme a sus soirées del jueves inmediato. También fui presentado por Constant a Mme. Constant y por Acosta a Mme. Destutt de Tracy y a su marido, hijo del conde, par de Francia. Todo el mundo se ocupaba de los trabajos de la cámara a lo que pude observar. Noté mucha curiosidad hacia mí, como que varios señores me rodeaban a oírme y verme sin hablarme nada.

1830. Marzo 10.

   Miércoles: He escrito a Darthez y Cía. a Londres para que no soliciten el cambio de letras contra Colombia. Estuvimos en el teatro del circo olímpico, donde se hicieron excelentes ejercicios de caballos y se representaron tres piezas dramáticas bastante graciosas. En una de ellas hizo su papel un perro, y en todas, las decoraciones y los pasajes eran muy propios y naturales. Las piezas eran Le chien du Régiment, La diligence attaquée, ou L'auberge de Vincennes y Le marchand forain.

1830. Marzo 11.

   Jueves: He escrito a mi casa a Bogotá, enviando las cartas por Puerto Cabello a Landaeta, amigo de Rojas.

   Por la noche fui a la soirée del diputado barón Ternaux, un poco tarde por haber estado en la asamblea de americanos a que había sido invitado. La casa del diputado y la tertulia me parecieron excelentes; allí fui introducido a otras personas y entre ellas a Mme. Suberville, habanera, bastante joven, muy afable, graciosa y regular moza. Conocí al abate De Pradt, aunque no le hablé porque él salía cuando yo entraba. Suberville me introdujo al señor Coste, principal redactor del Temps, que me convidó a asistir a las tertulias los martes y viernes, de Mme. O'Reilly.

   En la asamblea de americanos nos reunimos pocos y se resolvió renovar la invitación de un modo más claro. Yo me informé que siendo la casa de Bossange la mejor garantía para el gobierno francés, no había ningún peligro de reunirse a tratar negocios mercantiles. Allí vi al señor Varaigne. Vine a mi casa en el coche de Suberville con su señora.

1830. Marzo 12.

   Viernes: Los diarios hablan de la representación dirigida al general Bolívar por el general Páez y las autoridades de Venezuela sobre el proyecto de disolver la unión central. Varaigne estuvo por tercera vez a verme y me entretuvo largo tiempo de los negocios de Buenos Aires y de su gran amigo Rivadavia, hoy residente en París. El general Pedraza también estuvo en casa y me dio a leer una carta de seis de enero de Méjico, en que detalla los últimos acontecimientos y pinta las cosas como muy favorables a la tranquilidad y a la causa pública.

   Salí con Domingo Acosta a visitar la Biblioteca del Rey, que tiene cerca de quinientos mil volúmenes distribuidos en grandes salones y ordenados como en nuestra biblioteca de Bogotá. Empezó esta biblioteca en tiempo de Carlos V llamado el Sabio, en la cual el rey Juan tenía sólo veinte volúmenes que su sucesor aumentó hasta novecientos en el Louvre. Colbert la puso donde está. La supresión de los conventos en tiempo de la revolución ha aumentado los volúmenes. Mazarino habitó el edificio de la biblioteca. En las salas se ve el Parnaso Francés de Titon du Tillet, obra de bronce en donde los poetas Boileau, Moliere, Racine, Corneille, La Fontaine, etc., hacen de musas. Un relieve trabajado en piedra representando las pirámides de Egipto; un vaso de pórfido en donde se dice que fue bautizado Clovis; los globos de Coronelli, que tiene cada uno doce pies de diámetro, el uno es el terrestre y el otro el celeste; el sistema planetario de Copérnico en bronce, y la estatua de Voltaire por Houdon, también de bronce. Muchas personas estaban alrededor de las mesas colocadas en medio de las salas, leyendo o sacando extractos de los libros. Pasamos al gabinete de medallas, en el cual se necesita un año para examinar despacio todo lo que hay que ver; vimos muchos vasos etruscos, y multitud de antigüedades romanas, egipcias y persas, innumerables medallas antiguas y modernas, piedras grabadas, pedazos de momias, las verdaderas o supuestas armaduras de Escipión y Aníbal, la famosa agatha onix de la Santa Capilla, traída a Francia por Baudoin II, que vino a pedir auxilios a San Luis para recobrar el imperio de Constantino; ella representa el apoteosis de Augusto. Se ve también la silla de bronce de Dagoberto, el escudo, casco y espada de Francisco I, la espada de Enrique IV, el hacha de Childerico, un gran vaso del diente de un elefante y mil otros objetos curiosos y admirables. En esta sala están la estatua de Barthélemy, de Boze, y los retratos de Luis XIV y Luis XVIII. Seguimos al gabinete de estampas, que tiene cerca de seis mil volúmenes y en donde puede irse libremente a copiar y dibujar. Las estampas son antiguas y modernas, representando objetos piadosos y profanos, retratos, fiestas públicas, torneos, artes, romances, historia natural, etc. Allí se ve una copia del famoso cuadro La Transfiguración de Rafael y una cronología de los soberanos de Baviera, desde los más remotos tiempos, representados con sus vestiduras tales cuales las usaron. Siendo ya tarde nos entramos a las salas donde están depositados los manuscritos, cuyo número es de más de cien mil. Se ve allí un estado de las rentas y gastos del tiempo de Felipe el Hermoso escrito sobre tablas enceradas, los manuscritos de Galileo, un Virgilio con notas de Petrarca, cartas de Enrique IV a Gabriela, el manuscrito de Fenelón del Telémaco, y las memorias autógrafas de Luis XIV.

   Fuimos a la alhóndiga del trigo, Halle-aux-blés, que es un gran edificio redondo de ciento veinte pies de ámbito, con cuarenta y cinco columnas interiores, veinticinco arcos compuestos, en los cuales hay seis que dan a otras tantas calles. Exteriormente se ve la columna de noventa y cinco pies de orden dórico que Catalina de Médicis hizo construir para observaciones astronómicas, una esfera armilar, un meridiano de Pingré y una fuente al pie de la dicha columna. Pasamos por el mercado de pescado, de legumbres, de frutas, mantequilla, etc., que se tiene en edificios de madera hechos a propósito. Continuamos nuestro paseo hasta el Conservatorio de Artes y Oficios fundado en 1795 a instancias del señor Grégoire, obispo de Blois. En este edificio, que en otro tiempo fue un convento de benedictinos, se depositan todos los modelos de fábricas para las manufacturas y artes y los instrumentos de agricultura, todo lo cual está distribuido con método en diversos salones. Obra de largo tiempo sería examinar todas las cosas depositadas aquí. El establecimiento parece sin igual en Europa. En él hay cuatro cursos gratuitos, uno de dibujo y geometría descriptiva todos los días a las cinco de la tarde, otro de mecánica los martes y viernes a las dos, otro de química aplicada a las artes, los lunes y jueves a las 2, y otro de economía industrial, los miércoles y sábados a la misma hora. Todas las invenciones aprobadas que obtienen Bréveté se depositan en este establecimiento.

   Por la noche fui con Suberville y Santamaría a la casa de madame O'Reilly, donde los martes y viernes hay reuniones o soirées. La señora es muy amable e ilustrada. Allí fui presentado a los señores Dupinainé y Gauthier, diputados a la cámara; el primero es un célebre abogado. También conocí al conde Laborde, al filósofo Guizot, y al señor..., célebre viajero a quien fui presentado. Vi también a un sobrino del general Charpentier. La señora O'Reilly al despedirme me invitó a asistir a sus soirées en los días expresados. El señor Coste, a quien fui presentado anoche en casa del diputado Ternaux, fue el que me convidó a la reunión de esta noche.

1830. Marzo 13.

   Sábado: Hoy pagaron las letras en casa de Lafitte y de Rougemont de Löwemberg, habiendo confrontado mi firma con la del pasaporte y pedídome la dirección del alojamiento. Recibí tres mil francos en dinero blanco y el resto en billetes del banco. He aquí un modelo de estos billetes que pongo por curiosidad. Recibí carta de La Haya, de Garro. El negociante Ouvrard vino a visitarme con don Jerónimo y se ocupó mucho de hablar de rentas.

   Salí a casa de M. Jullien para ir a visitar la escuela especial de comercio con algunos ingleses. Pasamos por el Jardín del Rey o Jardín Botánico y fui presentado al naturalista Geoffrey St. Hilaire, miembro de la Academia Real de Ciencias, el cual habló de la memoria que trabajaba contra la opinión de M. Cuvier sobre la analogía de la organización animal. El mismo señor nos dio billetes para entrar en la Ménagerie, y fuimos en efecto. Vi multitud de animales volátiles y entre ellos el avestruz, una especie de gallos y gallinas con un famoso copete de plumas como paujil, muchos cuadrúpedos, la llama peruviana, la cierva del Canadá, más grande que una ternera, el elefante, el dromedario, la jirafa, la bella cebra, el bisonte, especie mezclada de buey y dromedario y otros cuyos nombres en francés ignoro en castellano. Los animales no estaban visibles, a excepción de cuatro grandes osos. Los jardines manifiestan ser bellos. Los árboles tienen unas tarjetas para dar a conocer sus nombres, lo mismo sucede con los animales raros. El público puede libremente recorrer este establecimiento, y ver los animales en las horas que los hacen pasear fuera de sus casas, pero para entrar a ellas es menester un billete.

   Salimos del jardín, atravesamos el puente de hierro llamado de Austerlitz, por el cual pueden pasar coches y en donde se exige un peaje como en el Puente de las Artes, caminamos por un famoso muelle, vimos uno de los canales que atraviesan el barrio, trabajado magníficamente, el grande edificio donde está el almacén de granos llamado de reserva (d'abondance) que la ciudad debe mantener para un caso de necesidad; uno de los cuarteles de la guardia real, la plaza donde estuvo la famosa prisión de la Bastilla, de la cual no quedan ni señales, y llegamos a la escuela de comercio. Este establecimiento, fundado por los duques de Orleans y de Rochefoucauld, está en el hotel donde vivió Sully, calle de San Antonio, en el barrio del mismo nombre que tanto influjo ejerció en la revolución. En esta escuela a manera de colegio, se enseñan teórica y prácticamente todos los ramos científicos y necesarios para el comercio. El director, el señor Blanqui, tuvo la bondad de mostrarnos y explicarnos todo lo que podíamos desear. Los jóvenes aprenden aritmética, geografía, correspondencia epistolar, cambios, conocimiento de las monedas y sus ligaciones, el modo de llevar los libros, el estudio práctico de las mercaderías, tanto de las materias primas como de las manufacturas, la historia del comercio, la geografía comercial, todas las lenguas vivas, la legislación y jurisprudencia comercial, etc. Para todo esto hay un museo de muestras dotado de toda clase de mercaderías, un laboratorio químico para enseñar la aplicación de los colores a las telas, a cuyo efecto hay millares de muestras; una sala donde cada educando tiene su escritorio para trabajar, figurándose ya negociante, y en otra sala cada uno de ellos se figura que vive en una plaza de comercio y que empieza sus negocios con una o más casas de comercio. Allí se ven los nombres de las principales plazas comerciales del mundo sobre el escritorio del fingido negociante, una caja de correos para poner y recibir la correspondencia, los diarios para proceder conforme al precio corriente del mercado y del cambio, y una gran cantidad de billetes de banco imaginarios para transar los negocios. De este bosquejo se deduce que un educando sale de allí completamente formado un buen economista. Los jóvenes o viven dentro de la casa, o fuera; en el primer caso no pagan al año más de 1.500 francos de pensión y tienen un mes de vacaciones si lo quieren usar. El director nos regaló el reglamento y los discursos pronunciados por algunos presidentes del consejo de administración, conde Chaptal y senador Lafitte. Después de haber dejado esta interesante casa fuimos a la plaza real, hecha en tiempo de Enrique IV; es cuadrada, rodeada de una alta reja de hierro, sembrada de árboles y adornada con la estatua de mármol de Luis XIII, que ha reemplazado la de bronce que rompieron en la revolución en 1792. Todos los edificios que rodean esta plaza son de arcos, lo cual forma una bella vista. Siendo tarde, tomamos un ómnibus y nos separamos en la plaza de la Victoria. Yo comí en la Restauración de Périgord (Palais-Royal) con Domingo Acosta. Ayer habíamos comido en la Vefour. El ómnibus son diligencias que a toda hora atraviesan de un punto a otro de la ciudad para conducir a los que no quieran fatigarse caminando a pie; estábamos en el ómnibus quince personas y cada una paga seis sueldos. Este establecimiento es muy útil.

   Por la noche fui a la ópera italiana, a la representación del Otelo, música de Rossini. La famosísima Malibran no sólo cantó divinamente, sino que ejecutó su papel de Desdémona tan bien, que el público además de los repetidos aplausos que le prodigaba con justicia a cada paso, la hizo salir al fin de la pieza para colmarla de otros nuevos.

1830. Marzo 14.

   Domingo: Ayer olvidé decir que habíamos pasado frente a la isla de Louviers (del Sena), que sirve para depositar inmensos almacenes de leña. Oí misa en la iglesia de San Roque. Fui a casa de Acosta (Joaquín) para salir con él y salimos a visitar al señor Grégoire, antiguo obispo de Blois a quien Acosta escribió anunciándoselo, y su respuesta me fue muy satisfactoria porque entre otras cosas dice que "yo soy acreedor de la historia". Conservo este papel de letra del autor.

   El señor Grégoire es un anciano de 84 años extremadamente amable, de una memoria prodigiosa y de una conversación muy instructiva. Se puede decir que su conversación es una historia. Durante ella se expresó como el más decidido amigo de la libertad y como un sacerdote piadoso sin preocupaciones por la Iglesia romana; recordó aquella especie tan sabida que produjo en la asamblea constituyente "de que la historia de los reyes era el martirologio de las naciones"; habló mal de la constitución religiosa de Llorente, dijo que sus observaciones sobre el progreso de las luces le habían hecho crear la opinión "de que el entendimiento había avanzado a pasos agigantados, y el corazón del hombre había retrogradado, de manera que no iban en paralelo para que la sociedad sacara ventajas"; habló de la América y de Colombia con bastante exactitud y conocimiento. Allí conocí al ex convencional Dulaure, autor de la historia de París y de la revolución francesa, y al presidente de una de las Repúblicas italianas, M. Pontelli. Quedé muy pagado del obispo de Blois.

   Paseamos luego por el jardín de Luxemburgo y fuimos al observatorio astronómico a ver al señor Arago y no lo encontramos. Pasamos a visitar la iglesia de Val-de-Grâce, en el hospital militar, edificio del siglo XVII; fue una abadía que se transformó en hospital militar en la revolución. Sus columnas son de orden corintio, el altar mayor tiene seis columnas en torso debajo de las cuales están el altar y el sagrario. El hospital puede recibir 1.500 enfermos. Visitamos después la iglesia de Santa Genoveva llamada Panthéon antes de la restauración. La iglesia fue construida en tiempo de Luis XV por el plan de Soufflot; ella tiene la forma de una cruz griega, igual en brazos y largo. La media naranja tiene un orden de columnas famoso. Todas las columnas del pórtico del templo y del interior son de orden corintio y acanaladas. El edificio es de lo mejor que tiene París. La asamblea nacional decretó que se hiciera un panteón para sepultar los grandes hombres, y M. Pastoret hizo esta inscripción: "A los grandes hombres la patria reconocida". En 1822 se destruyó todo esto y la iglesia fue dedicada a Santa Genoveva, sustituyéndose una inscripción latina análoga al objeto. En la media naranja o cúpula, el pintor Gros ha pintado el apoteosis de esta santa, patrona de París. La Francia está representada por una matrona y al frente otra tiene un papel que dice La Charte. Frente a esta iglesia está la escuela de derecho. Es una circunstancia feliz que esta escuela tuviese al frente la inscripción de Pastoret que estaría continuamente diciendo a los estudiantes: "En vuestra mano está ser sepultados en este panteón".

   Continuamos nuestro paseo y pasamos por la escuela de sordomudos. Llegamos a la iglesia de la Sorbona, a la sazón estaban en vísperas. El canto ejecutado por jóvenes inteligentes me inspiró un respetuoso placer y contento. La iglesia es sencilla y muy aseada. Al lado derecho está el sepulcro del cardenal Richelieu; él está representado en mármol en su cama próximo a morir, a la cabecera está la religión sosteniéndolo en sus brazos y a los pies la Francia llorando. Frente está un cuadro que representa al fundador de la célebre universidad de la Sorbona, Robert Sorbon, presentándole a San Luis, rey de Francia, sus discípulos. Entramos al colegio y vimos fijados en las puertas los carteles que señalan los cursos que se dan allí y son de teología dogmática, de sagrada escritura, de disciplina eclesiástica, de ciencias exactas y de literatura. Fuimos al palacio de Thermes, que contiene las salas de baños del emperador Juliano; ellas demuestran su antigüedad. Yo tomé un pedazo de sus paredes como una curiosidad antigua. Pasamos por el hermoso edificio donde está la escuela de medicina y, volviendo para casa por el Louvre, se me mostró la ventana desde donde Carlos IX hizo fuego en los asesinatos del San Barthélemy. Estuve en la soirée del conde Destutt de Tracy, par de Francia, donde fui presentado por su hijo y por Acosta. Allí conocí al general Castelan y a una hija del dicho conde. Conversé largamente con él sobre Colombia, con el general Lafayette y su hijo, y con M. Varaigne.

1830. Marzo 15.

   Lunes: Pagué visita al general Morán, mexicano, y al señor Baumann, que me pareció un hombre de bastante conocimiento del mundo. Por la noche fui a la Academia Real, a la representación de la nueva ópera François I à Chambord, que por la primera vez se presentaba. El público se manifestó muy satisfecho de la pieza, de la música y de las decoraciones. Se pidió al autor y se respondió que no deseaba ser publicado. Después se ejecutó el baile La fille mal gardée.

1830. Marzo 16.

   Martes: Recibí una carta de un joven Ruiz de la Bastida que se dice hijo de un antiguo oficial real de Santa Fe de Bogotá, en la cual me pide una limosna desde Caén donde está preso por calavera.

   Anoche vi en el teatro a la mujer del duque de Orleans, y a sus dos hijos, el duque de Chartres y el duque de Nemours; el primero joven de 20 a 25 años, alto y regular mozo; el segundo joven de 15 años. Visité al señor Varaigne. M. Jullien estuvo en mi posada a convidarme para ser presentado mañana a algunos señores y en dos sociedades. Fui a la soirée del general Lafayette, donde había un concurso innumerable con motivo de haber pasado en la cámara de diputados la respuesta y discurso del rey, presentado por la comisión. Allí fui presentado a diferentes señores cuyos nombres no he retenido, y entre ellos al señor Sismondi, que se ocupó de informarse menudamente del estado de Colombia. Me dijo que el duque de Montebello, que acababa de llegar de Bogotá, hablaba mal del estado de Colombia, que el gobierno estaba en poder de cinco o seis personas, y la oposición también era pequeña, que la masa de la población era inerte y que no podía tener el país un gobierno republicano. Estuve hablando con la señora hija de Destutt de Tracy un rato, y con Vidaurre. Hace tres días que siento una irritación en el oído, por lo cual me bañé hoy.

1830. Marzo 17.

   Miércoles: Salí con Vidaurre a presentarlo a M. Jullien. De allí fuimos a ser presentados al conde St. Aulaire, par de Francia, que me recibió con el más grande agasajo. Tanto él como M. Sismondi (que vive en la casa) y dos diputados de la cámara, se ocuparon de tomar noticias sobre Colombia y el Perú. Uno de los dos diputados nos convidó a ver el edificio de la cámara de diputados y aceptamos. Cada diputado tiene un cajón para guardar el uniforme con que debe presentarse en la sala. La sala es un rectángulo, colocados los asientos en anfiteatro; los asientos son bancas divididas en seis secciones que es lo que se llama los centros del lado izquierdo y derecho, la derecha e izquierda de dichos lados. Cada diputado tiene por delante tintero y plumas en una tabla que corre paralela al asiento, y allí está su nombre en una tarjeta. Recorrimos todos los nombres. La tribuna es una especie de cátedra formando un rectángulo, colocada delante y un poco más abajo de la silla del presidente. Al lado del presidente pero más abajo están a una y otra mano los cuatro asientos de los secretarios. Detrás está el busto del rey en una especie de camarín. Hay tribunas para los diaristas, para los embajadores, para las señoras y para muy pocas personas del público. El salón está colgado de paño verde, y las bancas están forradas en lo mismo. Las bancas de los ministros están al frente del presidente y son las primeras del anfiteatro. A un lado está el salón llamado de conferencias y aunque no entramos, porque allí había varios diputados, lo vimos muy bien. En la sala de la cámara pudimos subir a la tribuna y al asiento del presidente porque no era hoy día de sesión. Para llegar a este edificio pasamos por el palacio de la Legión de Honor.

   Separados M. Jullien y Vidaurre, yo me fui a visitar a la señora Suberville, que me pareció más amable que el primer día. Después fui a visitar a Rothschild, que me recibió con mucha atención y me hizo aquellos ofrecimientos indispensables en vista de la carta de introducción del señor Baur de Altona. Salí a las 8 a casa de M. Jullien para ir a la Sociedad de Educación Elemental, y fuimos en efecto. Había reunidos ocho o diez miembros y la parte de la sesión que presencié se redujo a leer el acta de la sesión anterior, la correspondencia con la sociedad, dos informes de una comisión sobre dos escuelas, y a fijar el día de la sesión general para adjudicar el premio al programa propuesto sobre el método más fácil de enseñanza primaria. Jullien, miembro de dicha sociedad, me invitó a que yo diera cuenta del estado de las escuelas en Colombia y lo rehusé porque no estaba preparado ni sé cuál es su verdadero estado en la actualidad. Reparé que no se guardaba el orden parlamentario en las discusiones. De allí pasamos a la soirée de literatos de M. Andrieux, secretario perpetuo de la Academia Francesa y antiguo miembro del tribunado; es un viejo muy amable, me hizo mil atenciones y me dijo mil cosas lisonjeras. Allí fui presentado a otras personas de cuyos nombres no me acuerdo. Ponderando M. Andrieux la facilidad con que yo hablaba francés, le dije que por mucha que fuera realmente yo tenía miedo de hablarlo delante del secretario de la Academia Francesa; esto le pareció très joli, según su respuesta. De aquí pasamos a la soirée de Mme. la princesa de Salm (princesa alemana que pasa en París una parte del año gastando su renta), literata, donde había una porción de señoras y de sujetos distinguidos. Se ocuparon de hablar conmigo sobre Colombia y de su disposición a tener un gobierno republicano. La princesa habló un poco en nuestro corrillo sobre si las guerras interiores facilitaban el desarrollo del espíritu para las ciencias. De allí fuimos ya tarde a la soirée de M. Jomard, conservador de la Biblioteca del Rey y célebre geógrafo del instituto; también se trató de Colombia y aquí como en todas las demás sociedades la conversación principal recaía sobre el estado actual de la Francia, la cámara, el ministerio y l'Adresse. A las doce volví a casa.

   He escrito al señor Baur a Altona, al señor Ruperti a Hamburgo y a los señores Schultze y Grunner a Francfort del Mein.

1830. Marzo 18.

   Jueves: Hemos estado en el museo de artillería; allí están depositadas en cuatro grandes salas, las armas antiguas y modernas de casi todas las naciones, los modelos de las máquinas antiguas, los de las de los siglos posteriores y una porción de cosas curiosas en el particular, como la armadura de Luis XIV, de Carlos IX, de Carlos VIII, de Bayard, de Condé, de Francisco I, la espada de Enrique IV y una parte de su armadura, un casco regalado a San Luis por el emperador de oriente, fusiles y pistolas ricamente guarnecidos; sables y puñales turcos y persas, espadas y cornetas de honor, y otra multitud de preciosidades de que da larga cuenta el catálogo que se compra para visitar este establecimiento.

   Hoy debí haber comido en casa del diputado barón Ternaux si Suberville, a quien él recomendó de decírmelo, no se hubiera encaprichado en creer que me lo había dicho. Estuve en la soirée de dicho señor hasta las 11 y me disculpé de la falta de no haber ido al convite. A las 11 fui al baile dado por los ingleses en favor de los pobres, cuya suscripción era de 25 francos. Cooper me hizo suscribir y a las 6 un lacayo del embajador inglés, lord Stuart de Rothsay, me entregó el billete. El baile se dio en el gran salón llamado de Menus Plaisirs du Roi, que es donde está la Academia Real de Música y Declamación; estaba brillantemente iluminado y había mil quinientas a dos mil personas de todo sexo, ninguna niña menor de 15 años. Las señoras tanto viejas como jóvenes estaban todas vestidas con elegancia y algunas con lujo, pero sin pedrería de diamantes, y, o con gorros o con plumas, con flores, o turbantes. El baile es valse y contradanza, todo bailado de carrera. No hay ambigú ni carne, sino refrescos servidos por criados, helados, gelatinas, jaleas, aguas frescas, ponche, etc. Las escaleras entapizadas y a los lados cajones con arbustos y de trecho en trecho comisionados para recibir los billetes de entrada. Los embajadores extranjeros estaban allí. El duque de Brunswick, el hijo del príncipe de Schwartzenberg. Es notable que sólo hay asientos para la tercera parte de las personas concurrentes. Me retiré a la una, a dicha hora todavía entraba gente.

1830. Marzo 19.

   Viernes: A las 10 fui al palacio de justicia, gran edificio situado en la isla de la ciudad y donde despachan el tribunal de policía correccional, el de casación, la corte real y la cámara de cuentas. Tiene una pequeña plaza rodeada de una hermosa reja de hierro. En el primer piso hay un gran salón llamado de pas perdus, donde se reúnen los abogados y espectadores. Yo fui a la sala del tribunal de policía correccional donde se ventilaba la causa del editor de El Globo, acusado de haber provocado en dos números del periódico la insurrección contra el rey y su dinastía y contra los derechos de la corona. El tribunal se componía de cinco jueces, el acusador Mr. Levavasseur, un procurador del rey estaba colocado a su izquierda en una especie de cátedra y los acusados se presentan del lado derecho de una tribuna donde hay tres gendarmes. Se empezó por examinar cinco acusados de pequeños delitos, dos de ellos de haber pedido limosna. Después de haber sido preguntados por el presidente, por su nombre, estado y profesión, el abogado del rey hizo la acusación y fueron oídos los acusados y sus defensores. El tribunal descansó 20 minutos y en la sala empezó el juicio del redactor de El Globo por la cuestión propuesta por su abogado, sobre si estaban o no calificados los capítulos de acusación; una hora después los jueces se reunieron de pie en el mismo tribunal, conferenciaron en círculo, deliberaron y luego el presidente leyó la determinación, declarando que estaban calificados. Siguió el acusador de pie a proponer la acusación y empleó hora y media; habló de memoria, consultó su memorándum y me pareció haberlo hecho con facilidad y energía. El acusado tomó la palabra y explicó el sentido de los artículos denunciados en términos patéticos; de modo que el público espectador manifestaba el interés que tomaba, aunque sin permitirse ninguna señal tumultuosa. El abogado del acusado pidió término para responder a la acusación y le fue concedido, de manera que hasta de aquí a 8 días no se continuará el alegato.

   Los jueces y los abogados están vestidos de ropa talar negra. Los primeros de seda y lo mismo el procurador del rey, y los segundos de lana, la manga es ancha y viene hasta el puño de la casaca, al cuello llevan colgando una especie de arandela y al hombro izquierdo una pequeña beca de colegial, de color negro. Los jueces la guarnecen de pieles blancas. Todos tienen un bonete negro redondo pero el de los jueces está adornado con un galón de plata y el de los abogados con cinta de terciopelo negro. Los jueces se juntan paralelamente a una mesa larga. El público y los abogados, incluso el del acusado, se mantienen fuera de la barra. Sólo el presidente mantiene puesto su bonete. El procurador del rey habla del mismo modo. De allí a la plaza de Châtelet por el puente que va de la isla a ella (Pont du Change).

   (Nota: La sala está colgada de papeles, no hay solio. Un Santo Cristo está colocado en donde pudiera haber solio. El busto del rey está a un lado del salón).

   En la plaza está la fuente del Palmero, antes de la Victoria. Consiste en una gran columna de piedra en cuyo capitel está una estatua de bronce de la Victoria con dos coronas de laurel en las dos manos. Por toda la columna se leen los nombres de las batallas célebres del tiempo de Napoleón, como Ulm, Lodi, Marengo, las Pirámides, Danzig, etc. El agua sale por cuatro cuernos de la abundancia. Cuatro estatuas representando la ley, la fuerza, el pudor y la vigilancia, colocadas sobre el pedestal, están en pie cogidas por las manos. De esta plaza bajé al Louvre por la plaza de la escuela, donde hay otra fuente; crucé por el patio de dicho palacio y entré en casa a las cinco. Varias personas estaban en el tribunal de la taquigrafía para llevar los alegatos de las partes.

   Por la noche estuve en el salón Bossange a la invitación de la reunión de americanos, y no había nadie. A las 9 pasé a la soirée de Mme. O'Reilly.

   No se trató sino del decreto del rey prorrogando las cámaras, es decir, emplazándolas para el 2 de septiembre en virtud de que la respuesta de la cámara de diputados manifestaba oposición al gobierno, esto es, al ministerio de Polignac, Bourmont, Montbel, Guernon Ranville. Yo me ocupé de tomar informes de un señor sobre las contribuciones directas e indirectas de la Francia.

1830. Marzo 20.

   Sábado: He sido presentado al abogado Renouard. He recibido un convite para comer el lunes próximo de parte del conde y la condesa de Rochechouart, hijos del señor Ouvrard. He consultado un médico porque me siento malo de una irritación al oído. Le Journal du Commerce da cuenta del juicio de ayer en el tribunal correccional de policía y dice que yo estaba allí entre los espectadores. No salí hoy por mi enfermedad. Por la noche estuvo a verme el general Pedraza. Recibí un billete del embajador inglés, lord Stuart de Rothsay, diciéndome que podía ir a visitarlo cualquier día antes de la una, en virtud de que Cooper sin mi conocimiento, le pidió una hora para presentarme.

1830. Marzo 21.

   Domingo: Fui a misa a la capilla real con billete pero no pude ver a la familia real porque su tribuna está al frente del altar mayor y los hombres quedan colocados casi debajo de la tribuna. La capilla es pequeña pero bonita y servida con alhajas de gusto. A los dos lados hay galerías para las señoras. Un piquete de 16 soldados ocupa la capilla en el centro. La misa es rezada y sirven a ella cuatro eclesiásticos y cuatro acólitos. La música es magnífica y el canto divino, pues cantan las actrices de la gran ópera, entre ellas Mme. Malibran. Me pareció que la música y el canto no dejan oír misa devotamente.

   Recibí convite del general Morán para comer hoy en su casa y no lo acepté porque estoy enfermo, pero fui a las 7 para manifestar el aprecio del convite y por ver a Suberville y a su señora, y a Santamaría. En el día estuvieron a visitarme Suberville, Pedraza y Leleux, coronel de Cartagena y secretario de guerra de aquel estado en 1812, en la Nueva Granada. Después de estar con Morán fuimos Acosta y yo a la soirée del señor Brongniart, miembro de la Academia de las Ciencias, a quien fui presentado el día que asistí a la sesión del instituto. Allí se me presentó al barón de (...), geógrafo, al hijo de Brongniart (Alfonso), joven de 25 años que por sus luces en ciencias naturales ha merecido tener hasta 12 votos para miembro de la academia, y al célebre químico Dumas, que me ofreció hacerme ver la Escuela Central de Artes que él dirige y la Escuela Politécnica. Vi en la casa de Brongniart dos relieves d'après nature: el curso de los Alpes, la parte de Mont Blanc y el otro del Vesubio. Recibí una carta de Londres de la Casa de Michols & Lucas avisándome que tenía en su poder un paquete de cartas para mí.

1830. Marzo 22.

   Lunes: Contesté a la Casa de Michols & Lucas instruyéndola para que entregase el pliego a mi antiguo edecán Carlos Wilthew, a quien también escribí en el particular.

   Habiendo conocido en casa de Jomard a un italiano, Balbi, escritor que se ocupa de trabajar una obra sobre América, lo llevé a presentarlo al general Pedraza para que pudiese tomar noticias de él sobre Méjico. Allí conocí al señor Morán, mejicano. Fui a casa de los condes de Rochechouart, no a comer porque estoy enfermo, sino a cumplir con el convite y me acompañó don Jerónimo Torres. El conde es un general del ejército y es de los que marchan en la expedición de Argel. Comió allí el señor Ouvrard y otras personas que no conocí.

1830. Marzo 23.

   Martes: Escribí nuevamente a la casa de Michols & Lucas de Londres para que entregase el paquete que tiene para mí a la casa de Darthez en caso de que Wilthew no ocurriese inmediatamente a recogerlo. No salí hoy por mis males.

1830. Marzo 24.

   Miércoles: Recibí una esquela de convite de la Sociedad General de Geografía para concurrir a una sesión general el viernes, presidida por el barón Hyde de Neuville; una carta del señor Rougemont de Löwemberg muy satisfactoria excusándose de no haberme podido contestar la que le dirigí enviándole la introducción del señor Merck; como yo no he querido ir a verlo, él ha conocido su falta y me ha escrito rogándome le disculpe. M. Jullien me ha escrito proponiéndome llevarme toda la semana a diferentes sociedades o tertulias, unas que ya conozco y otras en que no he estado. Leleux ha estado a verme y me ha dicho de parte del embajador inglés lord Stuart que espera verme, pues le será muy plausible. He recibido de Mr. y Mme. O'Reilly un convite para comer en su casa el viernes próximo. El conde de Tracy y M. Andrieux me han enviado tarjetas de visita. El general Pedraza me ha convidado a ir mañana a ver la maestranza de artillería. Fui a la soirée de M. Jomard y allí vi a M. Roux de la Rochelle, ministro de Francia en Hamburgo, que me habló él primero. Vi también a un turco que ha sido gobernador de una provincia de Egipto.

1830. Marzo 25.

   Jueves: Me ha visitado Prompt, a quien conocí en Bogotá. M. Varaigne me ha invitado a ir hoy al Museo de Artillería y habiendo ido yo con Pedraza a casa del doctor Paulin, médico, con igual objeto, conocí allí a los señores Bernardino Rivadavia y doctor Agüero, funcionarios del gobierno de Buenos Aires. Con ellos visité por segunda vez dicho museo y la biblioteca destinada para los oficiales de artillería, en que además de los libros propios de su arma hay historiadores, políticos y hasta el concilio de Trento. Vi los trabajos hechos por la comisión científica que llevó Bonaparte a Egipto. Consiste en magníficos grabados representando las ruinas de Memphis, las pirámides, etc., etc. También hojeé un diccionario de la lengua china. Vine a casa con Rivadavia y Agüero, que me acompañaron y conversaron largamente sobre América. El señor Sismondi estuvo a visitarme y más antes el conde de St. Aulaire, par de Francia, que me dejó una tarjeta porque yo estaba fuera (pagué hoy el alojamiento por 30 días cumplidos a razón de seis francos diarios, lo que hace 180 francos o 36 pesos fuertes). No salí por la noche.

1830. Marzo 26.

   Viernes: Escribí a Garro a Bruselas. Fui con Joaquín Acosta a la Escuela Central de Artes y Oficios, donde se enseña la geometría descriptiva, la física, mecánica, química y explotación de minas en el primer año del curso. Actualmente hay 145 educandos. Visitamos los laboratorios en los cuales estaban trabajando algunos jóvenes, las salas de geometría donde trabajaban otros y otras piezas destinadas a los trabajos de física. Se enseña teórica y prácticamente. Cada educando paga 600 francos anuales por la enseñanza, porque no viven dentro de la casa. En cada pieza trabajan 6 u 8 jóvenes bajo un inspector general que, paseándose por el corredor, puede ver a los educandos por un cristal que tienen las puertas de cada una de las piezas. El curso dura 2 años; el establecimiento es una empresa de particulares. Desde allí pasamos a ver al coronel Lanz. De venida por el boulevard entramos a ver el relieve de cartón que representa la ciudad de San Petersburgo perfectamente imitada y sin haber omitido la más pequeña cosa de las casas, calles, palacios, jardines, iglesias, estatuas, establecimientos benéficos y científicos, etc., etc. Un hombre nos explicó largamente cada una de estas cosas.

   Entramos a la bolsa. Hay una gran sala donde se reúnen los banqueros, agentes, corredores, etc., a cuyos lados en lo alto están las galerías destinadas a los curiosos. Alrededor de las columnas cuadradas que circundan la sala se leen en letras de oro los nombres de las plazas mercantiles de Europa y los varios correspondientes para inscribir nuevos nombres. Las pinturas parecen relieves. Es un edificio magnífico. Visité a Mme. Salazar. Por la noche fui a comer a casa de Mme. O'Reilly, donde concurrieron Constant, Suberville y su señora, Santamaría y tres diputados más; yo ocupé la derecha de la señora. Constant tiene una conversación muy chistosa y satírica. De allí pasé a las 9 al Hôtel de Ville a la sesión general de la Sociedad de Geografía presidida por el conde Hyde de Neuville, a la cual había sido convidado. Dieron una medalla de honor al capitán que ha hecho el viaje a una ciudad del Africa llamada Tombuctú. Se leyó un largo discurso sobre los progresos de las ciencias geográficas. A las diez y media salí de allí y pasé a la soirée del conde Mironi, italiano, la cual se reduce a tocar y cantar, lo que se ejecuta por artistas distinguidos como Zucchelli, Mme. Malibran, etc. Anoche cantó Mme. Marinoni, italiana. La concurrencia de ambos sexos era numerosa.

1830. Marzo 27.

   Sábado: Ha llegado de Londres Wilthew. He visitado al embajador inglés lord Stuart Rothsay, que habla español y se ocupó de preguntarme sobre Colombia. La casa del embajador es magnífica y perfectamente amueblada. De allí pasé donde Constant, luego donde el señor Rougemont, donde Mme. Salazar y donde el barón D'Aubigny; a todos los encontré. Recibí del señor Sismondi una carta diciéndome que el conde St. Aulaire tendría el mayor gusto en presentarme a su señora y que los sábados por la noche, los lunes, martes y miércoles la podía visitar. Fui presentado por M. Jullien a Mme. Montgolfier, señora de 84 años, viuda del célebre inventor de los globos aerostáticos; me recibió afablemente y me dijo porción de cumplimientos finos. La soirée o tertulia de esta señora es muy concurrida; se canta, se toca piano y se baila; dos señoritas cantaron muy bien, la una ha viajado por toda Europa y tendrá 25 años. De allí pasé al concierto vocal e instrumental del polaco Alberto Sowieski que fue muy concurrido y grandemente aplaudido. Se redujo a música y canto. Oí un solo de guitarra tocado por el español Son, magníficamente, otro de piano, y no pude llegar a tiempo para oír el de cuerno. Este polaco tiene 24 años y es un genio superior en música de piano. La cantarina era Mme. Kuntze.

1830. Marzo 28.

   Domingo: Ayer he escrito a Bogotá, a mi casa, por conducto de Prompt, que me ha ofrecido remitir con seguridad las cartas. Recibí convite para comer de parte de la mujer de Rothschild el jueves próximo. Fuimos a visitar al obispo Grégoire, el general Morán, Santamaría y yo. De allí pasamos al palacio de Luxemburgo a ver las galerías de pinturas, que se componen solamente de cuadros excelentes de la escuela moderna francesa. Después visitamos la cámara de los pares, que es una pieza colgada toda de terciopelo verde con lises de oro, donde los asientos están colocados en anfiteatro. Todo es serio y de lujo. Hay diferentes piezas para reuniones de comisiones, conferencias y para la biblioteca de la cámara. Allí en la misma cámara están al frente de los pares las estatuas de Catón de Utica, Demóstenes, Escipión, Camilo, Licurgo, y en la otra las de Cicerón, Pericles, Cincinato, Epaminondas, Milcíades, Hércules, Foción, Aristides y Leonidas. La escalera está adornada con las estatuas de Caffarelli, Dessaix, Marceau, Joubert y Kléber. Luego pasamos a visitar las piezas donde habitó la reina María de Médicis, que tienen muchos dorados que demuestran la infancia de las artes. Vuelto a casa, recibí una visita del señor Arago, director del Observatorio Astronómico. Recibí de Londres el pliego de la casa de Michols & Lucas que contenía una carta de Jamaica del doctor Azuero, e impresos de Bogotá contra la administración constitucional (me costó este pliego 20 francos, es decir, 4 pesos).

   Comí con Pacho en casa de Cooper, es decir que yo estuve en la mesa, pues mis males no me permitieron comer.

1830. Marzo 29.

   Lunes: Fui a casa de Mme. Salazar, al bautismo del niño de que me ha hecho padrino, y se bautizó en efecto en la iglesia de San Roque, habiendo sido la madrina doña Ignacia Montilla de Streker, a quien conocí hoy; es hermana del general Montilla. Allí estaban Palacio y Rodríguez. El ministro recibió 20 francos, los criados de la casa, el ama y los sirvientes de la iglesia tuvieron una gratificación voluntaria. Los pobres reciben limosna.

   Chanviteau me ha visitado segunda vez. Estuve en el teatro francés a ver la representación de Hernani, obra romántica de Víctor Hugo en oposición al género clásico; el teatro es grande y hermoso pero más pequeño que el de la Academia, no hay orquesta alguna. La pieza fue aplaudida y silbada. Los actores fueron muy aplaudidos. Este es el teatro donde han brillado Moliere y Taima y donde Racine, Corneille y Shakespeare han hecho admirar sus tragedias.

1830. Marzo 30.

   Martes: Fui con el general Pedraza y el doctor Paulin a casa de Rivadavia y Agüero, desde donde pasamos a visitar el Hotel de los Inválidos, grande y hermoso edificio fundado por Luis XIV. Entramos por el jardín, donde hallamos muchos militares inválidos sentados a la sombra de la arboleda. El edificio tiene 3 pisos y puede recibir 7 mil hombres. La iglesia de tres naves se compone de pilastras corintias, toda ella es de mucho gusto. El altar mayor está cubierto de un techo de bronce sobre cuatro columnas del mismo metal. Allí hay una tabla donde se han anotado las personas que han sido enterradas, como Duroc, duque de Froioul; Bessières, duque de Istria; Guibert, etc. Lo que se llama el Dôme es un edificio magnífico; la cúpula es dorada por fuera, el piso adornado de mosaicos y alrededor hay seis capillas hermosísimas. A un lado del Dôme está el sepulcro de Vauban, enfrente, el de Turenne. Los refectorios para los soldados son grandes, con mesas redondas de a 12 cubiertos cada una. Los oficiales de capitán abajo, tienen el suyo servido con vajilla de plata regalada por la emperatriz María Luisa. Napoleón regaló a este establecimiento una biblioteca de 20.000 volúmenes. No pudimos ver la sala donde están los planos en relieve de las principales plazas de Francia porque se necesita un permiso expreso del ministro de la guerra. La cocina es correspondiente al establecimiento; grande, limpia y económica. Aquí, en este hotel, estaban depositadas más de 2.000 banderas tomadas por el ejército francés, que los aliados recuperaron después de la caída de Napoleón. Del lado del Dôme hay 4 alamedas hermosas que terminan en otras tantas calles. Los militares viejos, los heridos y los inválidos son mantenidos en este establecimiento que goza de los placeres del paseo y del estudio. Los señores Rivadavia y Agüero estuvieron en casa. M. Jullien y M. Baumann también me visitaron. El señor Gavoty me ha invitado a comer el día 8 del entrante.

1830. Marzo 31.

   Miércoles: Recibí carta de Londres, del doctor Bowring. Fui a visitar la Escuela Politécnica fundada en 1795 y hoy está bajo la protección del delfín. Se enseña en ella geometría, artillería, ingeniería, puentes y calzadas y mineralogía. Los señores Arago; Dumas, químico; Puissant, geógrafo, dan aquí sus cursos. No pudimos ver todos los establecimientos porque el portero se había salido a la calle y no se encontraron las llaves. Estuvimos en la Biblioteca de Santa Genoveva que tiene 100.000 volúmenes y más de 2.000 manuscritos; cerca está el colegio de Enrique IV. En la biblioteca dicha se ve el plan en relieve de Roma a razón de 1 pulgada por 90 pies. Por todos los salones están colocados los bustos de varios hombres célebres de Grecia, Roma y Francia. Después visité a Mme. Suberville. Con Rojas, Wilthew y los Acostas hicimos el paseo de la biblioteca y de la Escuela Politécnica. No he salido esta noche porque me siento todavía indispuesto.

1830. Abril 1o.

   Jueves: Fuimos a las 9 a la fábrica de porcelana de Sèvres (2 leguas de París) con el general Morán, Santamaría, los Acostas, Wilthew, Pacho y Rojas. El camino es por toda la orilla derecha del Sena. La fábrica de porcelana está dirigida por el señor Brongniard que tuvo la bondad de hacernos mostrar todas las oficinas. La fábrica está en el lugar de Sèvres, población de tres mil almas. Vimos todas las oficinas donde empieza a fabricarse la loza, donde se barniza, donde se cuece, se pinta, se dora y se deposita. Las piezas hechas y reunidas en dos salones, son magníficas. Hay una especie de museo donde están las muestras de la fábrica desde que ella se estableció. En otra están las de todas las lozas y porcelanas conocidas del mundo. El gobierno mantiene esta fábrica con muchos gastos. De allí pasamos al palacio de St. Cloud, donde regularmente pasan los reyes la primavera y el verano. Este palacio está muy inmediato a Sèvres y frente está el palacio de Meudon. Visitamos los salones y salas, alcobas, cámaras, recámaras, comedores, etc., del rey, del delfín y de la delfina. Todos los cuales están amueblados con bastante gusto y algún lujo. Aquí fue donde Napoleón hizo su 18 brumario. Pasamos a los jardines, pabellones, etc., que manifiestan la hermosura que tendrán en la primavera. Regresamos a París por el bosque de Bolonia y el pueblo de Passy y entramos por los Campos Elíseos. De regreso a casa encontré esquela de visita del embajador inglés lord Stuart de Rothsay, de Varaigne y Vidaurre.

   A las 6 fui al convite de Rothschild, que se compuso de 24 personas, hombres y señoras. Entre los primeros, los señores Martignac, anterior ministro del interior; conde Roy, seis veces ministro de hacienda; el ministro plenipotenciario del Brasil, vizconde de Itabibuya; el hijo del mariscal Soult; la viuda e hija del mariscal Souchet; la mujer del conde Laborde. La mesa fue servida con los más magníficos útiles y con exquisitos manjares. Es la más suntuosa y lujosa que he visto. Entre 20 clases de vinos que nos sirvieron fueron el célebre Tokay y... Yo me senté a la izquierda de Rothschild (barón) teniendo en medio una señora anciana bastante conocida, cuyo nombre he olvidado. A las 9 salí de esta casa y pasé a la soirée del barón Ternaux, donde estaban Suberville y su señora.

1830. Abril 2.

   Viernes: Hoy cumplo años y es aniversario de mi nacimiento. He estado bastante arromadizado. He escrito hoy a mi familia por medio de Gavoty. Por la noche fui a la soirée de Mme. O'Reilly, y donde la princesa de Salm, que me ofreció enviarme de Prusia para donde parte inmediatamente, un ejemplar de las obras que ha publicado. Recibí convite para comer el domingo venidero donde la baronesa D'Aubigny, hija del conde general Charpentier.

1830. Abril 3.

   Sábado: Fuimos con los señores Rivadavia y Agüero a visitar el gabinete de historia natural al Jardín del Rey. Empezamos por las salas de anatomía comparada, establecimiento único en Europa. Se reduce a mantener los esqueletos de hombres y mujeres de todas las naciones, de todos los animales, fetos, monstruos, momias, etc., luego cada una de las partes del cuerpo animal. Allí se presenta la naturaleza desde que se engendra hasta que muere. Hay un número prodigioso de cráneos de hombres, mujeres y niños, y de animales de toda especie. Esqueletos humanos hay unos para ver la osamenta, otros para ver sólo las arterias. Se han reunido todas las especies posibles de fetos monstruosos conservados en cristal. Pasamos por las casas donde se conservan las plantas de países cálidos, a las salas de esqueletos de cuadrúpedos, volátiles y acuátiles. En ellas vimos, entre un número considerable de animales, el hipopótamo, el búfalo, el rinoceronte con cuernos y sin ellos, el pescado llamado delfín, el peje espada, el peje sierra, el tapir, cuadrúpedo, el caballo barquir lanudo como carnero, el pescado de una cola larga como espada llamado renard o zorra, tigres y leones de Africa que espantan, etc. De allí fuimos a las salas de mineralogía y de reptiles e insectos. Vimos la cristalización de los diamantes, diferentes piedras preciosas, diversos mármoles, jaspes, ágatas, etc. Una piedra de hierro meteórico, una aerolita, varios fósiles marcados de la figura de pescado. Nos pareció todo esto admirable, rico e importante en su género. Por todas estas salas están los bustos de Daubenton, Linneo, Tournefort, y la estatua de Buffon. Subimos a un pequeño montículo llamado laberinto desde donde se ve toda la ciudad de París. Aquí vimos un hermoso cedro del Líbano.

   De aquí pasamos al depósito de vinos, Halle aux vins, que es un vastísimo edificio dividido en grandes almacenes, grandes corredores y anchas calles, en el cual caben hasta doscientas mil pipas. Allí mismo están todos los escritorios (bureaux) de multitud de mercaderes y todos tienen jardines pequeños. Una reja alta de hierro figurando lanzas, circunda este establecimiento. Continuamos por todo el muelle izquierdo del Sena y vimos el mercado de las frutas, los lavaderos, el famoso hospital Hotel-Dieu, el palacio del arzobispo ya en la isla de la ciudad y la metropolitana (Notre Dame) a la cual entramos. Es una iglesia bastante bella, de cinco naves y con estatuas de bronce y buenos cuadros y relieves. Tiene 104 pies de alto, 405 de largo y 150 de ancho. Los arcos de las tres puertas principales tienen multitud de relieves. Está trabajada la piedra como filigrana. En una de las torres está la gran campana llamada Bourdon de 32 mil libras de peso; el badajo tiene 976; la iglesia tiene 45 capillas, 120 gruesos pilares, 108 columnas, y toda está enlosada de mármol. El altar mayor también es de mármol blanco. Luego nos separamos en el Louvre. Por la noche fui a la ópera italiana, a la representación de beneficio de Mme. Malibran; se compuso de una escena de Pigmalión ejecutada por ella y del Tancredo, música de Rossini. En esta pieza la Malibran hizo de Tancredo y cantaron Levasseur y Mme. Damoreau divinamente. El público aplaudió a todos y con particularidad a la beneficiada, a quien durante la representación y después, le tiraron sobre el teatro coronas de flores y ramilletes. Ha quedado cerrada la ópera italiana y comienza el día 13 la ópera alemana. Cooper me ha mandado un billete para entrar a la capilla del rey mañana. El general Pedraza ha estado a visitarme.

1830. Abril 4.

   Domingo: No fui a la capilla porque se hizo muy tarde por esperar a Cooper, que estaba en el campo. Visité al general Devereux, al señor Borrego, y al coronel Leleux, que no estaba en la posada. Vi a Mme. Salazar. Fui a comer a casa de D'Aubigny con su señora, su madre y varios parientes del general Charpentier. Me hicieron muchas atenciones, principalmente la señora que, como he dicho, es hija de la condesa Charpentier. Rengifo estuvo a visitarme.

1830. Abril 5.

   Lunes: Fui donde los Acostas, donde el escultor David, don Jerónimo Torres y Delgado. Don Jerónimo estuvo en casa y por supuesto no nos encontramos. Volviendo para mi posada pasé por el palacio de la Legión de Honor, los bureaux de la guerra, el cuartel de los guardias de corps, y por el palacio que hizo edificar Napoleón para el alojamiento de los embajadores extranjeros. David me mandó un billete para asistir a una sesión general del Instituto de Francia. No salí por la noche.

1830. Abril 6.

   Martes: He escrito al general Charpentier a Bruselas; también al coronel Muñoz a New York por conducto de Delgado. Fuimos a ver el abattoir Montmartre (carnicería) que es un grande edificio de piedra dividido en calles y patios con grandes piezas para depositar el ganado vacuno y el lanar destinado a la matanza, y pequeñas piezas para matarlos y conservarlos. Es un establecimiento verdaderamente magnífico; corresponde a la ciudad y fue construido en tiempo de Napoleón.

   Fui a la soirée del general Lafayette; allí volví a ver y hablar con los señores Lefevre y Chauvelin que había conocido antes. Este último es diputado y fue embajador en Londres en el tiempo de la muerte de Luis XVI. Es marqués.

1830. Abril 7.

   Miércoles: Fui con Joaquín Acosta al observatorio a visitar al señor Arago que tuvo la bondad de mostrarnos el establecimiento, hay en él pocos instrumentos pero los que hay son magníficos. Una luneta ecuatorial que sigue el movimiento de las estrellas, un gran círculo, diferentes telescopios, agujas de la última perfección y el famoso anteojo que sirve para determinar la meridiana. Hay modo de conocer la electricidad de la atmósfera por medio de un hilo de plata que está prendido de un pararrayo y termómetros enterrados para conocer el grado de calor de la tierra a 25 pies de profundidad. El señor Arago nos regaló un anuario de longitudes. (En el observatorio está la sala llamada bureau des longitudes). De aquí pasé con M. Jullien a visitar al vizconde de Chateaubriand, que me hizo una acogida muy afable; su conversación se contrajo al estado actual de Colombia y a las esperanzas que había de tranquilidad.

   De venida para casa vi la fuente Desaix en la plaza Delfina que fue elevada a costa del ejército, en memoria del general Desaix, muerto en Marengo. El busto del general está coronado por la Francia representada en una matrona. Dos genios tienen los nombres de las victorias conseguidas por el héroe. Encontré cartas de visita del señor Chanviteau y del caballero d'Esmenard que conocí en Bogotá en 1824. Recibí una carta de Milán de la mujer del coronel Cestari (colombiano) preguntándome por su marido.

   En otra sala del observatorio están los bustos de Laplace, La Grange, D'Alembert, Bréguet, La Condamine, Newton y la estatua de Dominique Cassini. Por la noche fui a la escuela real de música y declamación, vulgarmente llamada conservatorio, donde se dio un concierto espiritual ejecutado por 80 o 100 músicos. Un solo de bajón por el primer músico del rey de Suecia, Preumeyer y otro de violín por Massard, joven de 25 años. 20 jóvenes y 30 del sexo femenino cantaron el Agnus Dei y otra cosa que no me acuerdo. Todo fue grandemente aplaudido. Esta escuela enseña hasta 400 educandos, música, canto y declamación; 24 de ellos son mantenidos por el gobierno, de cada sexo 12. Fue fundada por Luis XVI en 1784 a propuesta y según el plan del barón de Breteuil. Recibí carta de Garro.

1830. Abril 8.

   Jueves Santo: He contestado a la señora Cestari lo que sé de su marido. He escrito al doctor Röding a Hamburgo. Estos días, ayer, hoy y mañana, se hacen los paseos por los Campos Elíseos al bosque de Bolonia, llamados de Long Champs, en los cuales toda la inmensa población de París se traslada a otros lugares a pie, a caballo y en coche. Las personas de alto rango y las ricas ostentan sus galas en sus trajes elegantes y de moda, en sus coches y en las libreas de sus lacayos. Yo estuve desde las 2 hasta cerca de las 4 en los Campos Elíseos. Casualmente conocí al ex príncipe de la Paz, Godoy, que pasó en coche, en un rico carruaje de 4 caballos con su mujer, la Tudó.

   A las 6 vino el señor Gavoty a llevarme a comer a su casa conforme me había prevenido. Hubimos 20 en la mesa, entre ellos un señor Mathieu, con quien trabé conocimiento y me ha ofrecido cartas de introducción para su familia en Ginebra. Salí a las 10 para casa.

1830. Abril 9.

   Viernes: Estuve en oficios en la iglesia de San Roque. Después paseamos Carlos y yo por los boulevards y las Tullerías. El general Pedraza me ha dejado un billete para poder ver las galerías del duque de Orleans en el Palais Royal.

1830. Abril 10.

   Sábado: Fuimos Wilthew, Rojas y yo a ver la manufactura real de tapices pintados llamada de Gobelins. Esta es una fábrica de lienzos con colores diferentes que salen de los telares con la idéntica semejanza de un cuadro de pintura. Vimos trabajar estos cuadros y magníficas alfombras destinadas para el coro de la iglesia metropolitana y para las salas del palacio de las Tullerías.

   Es una manufactura singular, primorosa y dispendiosa. Yo visité a Chanviteau, a Suberville, Santamaría, Gavoty, el barón D'Aubigny y Mme. Salazar. M. Jullien me ha invitado para presentarme en diferentes tertulias distinguidas, la semana entrante. Estuve donde Mme. Montgolfier por la noche. He escrito al coronel Concha con su hijo Vicente.

1830. Abril 11.

   Domingo de Pascua: Visité a los señores Brongniard y Wardem. Los diarios dan noticia del mensaje de Bolívar al congreso de Bogotá, el 20 de enero de este año. Fui a la soirée del conde Destutt de Tracy. Allí conocí a M. Bignon, a quien Napoleón dejó encargado en su testamento que escribiese la historia de la diplomacia francesa en el imperio y lo ha ejecutado ya.

1830. Abril 12.

   Lunes: He escrito al doctor Méndez, arzobispo de Caracas, para que reciba a mi negrito Cruz y lo mande a Bogotá. El debe irse de aquí con Vicente Concha a Puerto Cabello. Recibí esquela de visita de parte de M. Rougemont para comer el domingo 18 en su casa. Fui al Campo de Marte, donde se había anunciado que el rey pasaría la revista de la guardia real en celebridad del aniversario de su entrada a París después de la caída del imperio; pero el día ha estado tan lluvioso que no hubo nada. De allí pasé a ver a don Jerónimo Torres. Por la noche fui a visitar al señor Sismondi que parte mañana para Ginebra, y como vive en casa del conde St. Aulaire fui presentado a la señora St. Aulaire y a sus tres bellas hijas; la señora es muy amable y tuvo la bondad de convidarme a comer el miércoles próximo. He visto la iglesia de San Sulpicio que pasa por el tercer edificio de su clase en París y ciertamente es hermoso; reúne los tres órdenes de arquitectura: jónico, dórico y corintio. Esta iglesia ha adquirido algún nombre por los sermones que en ella predicó Massillon. A las 9 visité al general Pedraza.

1830. Abril 13.

   Martes: El duque de Baden ha muerto; su sucesor es su hermano Leopoldo. También ha muerto el gran duque de Hesse-Darmstadt; su sucesor es su hijo Luis II. Hoy he leído el mensaje de Bolívar al congreso y su proclama, ambos documentos de fecha de 20 de enero. Visité a Santamaría y al general Morán. Fui a comer en la reunión mensual que tiene la Revista Enciclopédica; conocí allí y hablé con el almirante inglés sir Sidney Smith, con Pigault Le Brun, con el general Bernard y varios otros. Por la noche fui donde el general Lafayette y le presenté a Wilthew. Allí hice estrecho conocimiento con el americano que ha estado últimamente de encargado de negocios de los Países Bajos.

1830. Abril 14.

   Miércoles: He escrito un memorial con fecha de ayer al Libertador presidente general Bolívar, pidiéndole que haga imprimir el proceso que me formaron en Bogotá con motivo de la conjuración del 25 de septiembre de 1828 y la representación que dirigí de Bocachica el 13 de diciembre, refutando la injusta sentencia del comandante de Bogotá. He tomado esta medida en vista del mensaje que el presidente ha dirigido el 20 de enero al congreso. Este memorial va por conducto del señor Palacio que aquí es agente del gobierno colombiano. Fui a llevarlo a dicho señor y no lo encontré en su casa. Visité a los señores Agüero y Rivadavia. También al señor Baumann. A las seis fui al convite de Mme. la condesa St. Aulaire, al cual asistieron Mme. la condesa de Boigne, el duque de Broglie, par de Francia, el señor Lebrun, literato miembro del Instituto, y otros dos que no conocí. La conversación rodó sobre los negocios políticos de Colombia. La señoritas hijas del conde me preguntaron con interés sobre la educación de las señoritas en Colombia y Mme. Boigne sobre la organización política de nuestra República. Salí a las 9, habiéndome advertido Mme. St. Aulaire que sólo los jueves y domingos no recibía por la noche, para que pudiera yo ir. Pasé a la soirée de M. Andrieux y de aquí a la de M. Jomard. Todo el mundo me preguntaba con interés mi opinión sobre la dimisión del general Bolívar.

1830. Abril 15.

   Jueves: Volví donde Palacio y no lo encontré; entre tanto él estuvo en casa y me dejó una esquela. También han estado el general San Martín, el señor Chevalier y el barón de Champy, amigo del señor Arago, que me ha convidado a una reunión el lunes próximo, es decir, a una tertulia. Dejé esquelas de visita donde el caballero D'Esmenard, donde Rothschild, Ouvrard, el conde St. Aulaire y el conde de Rochechouart. El vizconde de Chateaubriand me ha dejado una esquela de visita.

   Fui al Campo de Marte a ver la revista; estaban reunidos como 12 o 14 mil hombres de artillería, infantería y caballería, perfectamente uniformados y magníficos. El rey pasó la revista a caballo, acompañado del delfín y de una multitud de mariscales y generales. Detrás iba un coche con la delfina, la duquesa de Berry y el duque de Bordeaux, y otro con la familia de Orleans. El rey me ha parecido buen mozo y con alguna semejanza al general Nariño. Concluida la revista que se redujo a pasear por entre las filas de los cuerpos, desfilaron las tropas por delante de su majestad, él tomó su coche y partió para su palacio. El cuerpo que más me ha gustado fue el de artillería volante, después los guardias de corps y el regimiento de granaderos (infantería). Los suizos son los menos brillantes. Comí con el general Morán y Santamaría; éste ha aprobado mi representación al Libertador presidente; un diario, el Courier Français, dice que el general Lafayette se ha encargado de verificar una reconciliación entre Bolívar y yo, y añade que sería un suceso importante.

1830. Abril 16.

   Viernes: Hoy he despachado a mi negro Cruz Cabrejo para Puerto Cabello, con Vicente Concha, y al efecto le he escrito al arzobispo de Caracas para que lo remita para Bogotá. Al negrito le he entregado su carta de libertad.

   Recibí carta de Bruselas del general conde Charpentier. El señor Palacio recibió el pliego para el gobierno de Colombia de que he hablado. El general San Martín, que estuvo en mi posada, ha hablado al fin conmigo. Estuve por la noche en la tertulia de Mme. O'Reilly.

1830. Abril 17.

   Sábado: Recibí convite de M. y Mme. Jomard para pasar la soirée en su casa el 21 del corriente. Estuve en casa de M. Jullien y luego donde el escultor David, que me ha invitado diferentes veces para permitirle tomar mi busto. He escrito al señor Gorostiza con Wilthew que parte hoy para Londres.

   Estuve por la noche en la sesión general que tuvo la Sociedad de la Enseñanza Elemental, presidida por el conde Lasteyrie. Se redujo a leer algunos informes de comisiones sobre los trabajos de la sociedad en todo el año anterior y uno de ellos fue sobre la enseñanza libre. Se expusieron al público las muestras de escritura, dibujo lineal y costuras de los jóvenes de ambos sexos de todas las escuelas del reino y ejecutaron algunos cantos varias niñas y niños. La sala estaba muy concurrida de señoras y de hombres. Todo terminó a las 10, habiéndose empezado a las 7 y media.

1830. Abril 18.

   Domingo: Fui con D. Acosta a la sesión general de agricultura presidida por el ministro del interior Montbel; de allí pasamos a visitar al general San Martín, que no estaba en su casa. Recibí varios pedazos de los diarios de los Estados Unidos sobre los negocios de Colombia, que supongo haberme remitido de New York el señor Burkle. El general Aubert vuelve a pedirme noticias de su cuñado el coronel Taulet. Vicente Roche ha estado a verme y a traerme memorias de Madrid, nuestro ministro en Londres.

   A las 6 fui al convite del señor Rougemont de Löwemberg; en él estuvieron varios personajes notables, de los cuales fue uno el conde de Müllinen, ministro del rey de Wurtemberg en esta corte, que a la entrada de los aliados en 1814 era edecán del emperador Alejandro y ahora es yerno de Rougemont. Fui presentado también al encargado de negocios en Suiza. Dicho ministro me convidó a su soirée el lunes 26 de los corrientes. Me tocó estar a la mesa al lado del conde Gady, suizo, hoy coronel ad interim de la guardia suiza por la menor edad del duque de Bordeaux; me dijo que había servido bajo Luis XVI, que había hecho la guerra contra la revolución y que había sido edecán del conde de Artois, Carlos X. Me hizo mil preguntas sobre la organización del ejército colombiano.

1830. Abril 19.

   Lunes: M. Morin, ingeniero de puentes, ha estado en casa de parte de M. Wardem a tomar algunas noticias meteorológicas sobre Colombia, y le he dado las que han estado a mi alcance. Estuve donde el ministro de las ciudades anseáticas a visar mi pasaporte, de allí pasé a visitar a Mme. Salazar y luego a dejar esquela de visita donde el señor Rougemont. Fui a comer con el barón de Champy a una casa destinada a tener una sociedad (cercle) donde hay gabinete de lectura, billar y juego de whist y chaquete y una mesa redonda bien servida y concurrida de personas de distinción. A mi lado quedó el general Borelli, que ha hecho la guerra en España en 1811 y en 1823. El señor Champy se esmeró en atenderme. Pasé después a la Academia (Grande Opera) donde se dio el Conde de Ory; me gustó mucho más que en Francfort, y el ballet Marte y Venus, que es divertido y con graciosas decoraciones. Bailó mademoiselle Taglioni.

1830. Abril 20.

   Martes: He estado en la policía general a tomar una licencia para residir en París, la cual se me dio por seis meses sin fijar yo el término y quedó allí mi pasaporte. Fui a la ópera cómica, donde se representó La Fiorella, música de Auber, y Une folie, música de Méhul; me parecieron muy graciosas.

1830. Abril 21.

   Miércoles: He dado a un hijo del general Serviez un certificado sobre los servicios y muerte de su padre. He dejado esquelas de visita donde el conde Müllinen y donde el barón Champy. He cambiado 808 pesos en escuditos a razón de 81 francos ¼ cada onza. He escrito a los señores Foke y Brandenburg para que me dirijan cualquiera carta para mí al señor Suberville a esta capital. Visité a Mme. Suberville. El general Lafayette me ha dejado una esquela de visita. El señor Caleb Cushing, escritor, me ha enviado dos obras que ha publicado: El Anuario Americano (American Annual Register) en que se encuentran documentos de Colombia de 1826 y 27 y el elogio de Adams (John) y de Jefferson. M. David me ha escrito suplicándome vuelva a su atelier para continuar el busto. He ido por la noche a la soirée de M. Jomard, que es la última; estuvo muy concurrida y brillante. Un poeta leyó un canto sobre Egipto, otro recitó de memoria algunas poesías, y M. Jussieu, sobrino del célebre Jussieu, dijo tres fábulas graciosas. Yo me despedí del señor Jomard, quien me suplicó asistiera a su casa cuando yo regresara a París.

1830. Abril 22.

   Jueves: He mandado a los señores Boué et Dumas, Oppermann, Thuret, B. L. Fould Oppenheim, las cartas de introducción que he traído para ellos. Hoy he recibido carta de Arrubla del 28 de enero en que dice no haber novedad en mi casa.

   Estuve con el barón de Champy donde el señor Arago. Después fui solo donde el estatuario David. Por la noche estuve un rato en la ópera cómica La Fiancée, música de Auber, y Pedro y Catarina; esta última no vale cosa. Después fui a la soirée de M. Montrol, escritor, y allí tuve una larga disputa con los editores de El Constitucional sobre las agitaciones políticas de Colombia y el estado de civilización de la América del Sur para tener gobiernos federativos.

1830. Abril 23.

   Viernes: Visité al señor Cushing, americano; a Vidaurre, a Santamaría, y hablé con la casa de Laffitte para poner en ella algunos reales que tengo conmigo. Por la noche estuve donde M. Jullien corrigiendo un artículo que le he dado sobre los progresos que ha hecho Colombia bajo el régimen constitucional. Después fui donde Mme. O'Reilly, donde conocí y empecé a tratar al conde Lanjuinais, par, hijo del antiguo par del mismo nombre, escritor político. Recibí invitación a comer el domingo en casa de los señores Fould Fould Oppenheim, a quienes me introdujo la casa de Setler y Messing de Hamburgo. El doctor Paulin me ha mandado billetes para asistir a la sesión de las cuatro academias reunidas del instituto.

1830. Abril 24.

   Sábado: Visité a los señores Fould Fould Oppenheim, y me excusé de aceptar su convite. El estatuario David estuvo en casa a concluir el busto. Fui a las dos con el general Morán y Santamaría al instituto a una sesión general de las cuatro academias; había numeroso concurso de hombres y señoras. La sala es redonda, con galerías y tribunas para los espectadores; los asientos de los miembros del instituto son en forma de anfiteatro (allí están cuatro estatuas de Bossuet, Fenelón, Descartes y Sully). Los de la Academia de las Ciencias y de la Academia Francesa están vestidos de casaca negra toda bordada de seda verde. Se leyeron varias memorias por varios miembros. El historiador Lacretelle leyó algunos fragmentos de la historia de la independencia de la Grecia que fueron muy aplaudidos. Comí en casa del general Morán. De vuelta a casa encontré una esquela de convite del conde St. Aulaire y un convite de parte de M. Thuret, cónsul general del rey de los Países Bajos para comer el martes próximo.

   Fui presentado en la soirée del barón Cuvier, célebre naturalista, miembro del instituto y consejero de estado, que me recibió atentamente y en seguida me presentó a Mme. Cuvier y a la hija de ella. Allí hablé largamente con un inglés que ha estado en Bolivia en tiempo de Sucre y en el Perú en tiempo de la dictadura de Bolívar.

1830. Abril 25.

   Domingo: Los diarios hablan de las bases de la nueva constitución de Colombia y de la comisión del general Sucre y el obispo Estévez a Venezuela. Parece que se conserva el gobierno central. Estuve en la sesión general del Ateneo de Cortes y después visité al obispo Grégoire, que me regaló varios manuscritos sobre la educación en Dinamarca. De regreso vi la procesión para trasladar las reliquias de San Vicente de Paúl; es una cosa como las nuestras, a la cual concurre innumerable gentío. Me han visitado el barón de Champy y el señor Baumann. Recibí esquela de visita del conde Müllinen, enviado extraordinario del rey de Wurtemburg en París. Estuve en la ópera cómica Fra Diávolo.

1830. Abril 26.

   Lunes: Recibí una esquela del conde St. Aulaire convidándome a comer de parte de la condesa de Boigne, que fue la señora que comió en casa del conde cuando yo fui convidado. Estuve a visitar al señor Thuret, que me hizo un recibimiento eminentemente afable, me convidó a su casa de campo y me ofreció cartas para Londres y Amsterdam; habló de los negocios políticos de Colombia.

   El señor Rougemont me ha convidado a comer nuevamente para el próximo domingo. El señor Vidaurre ha estado en casa y le he leído mi manifiesto (he cambiado 5 mil pesos en onzas de oro colombianos a razón de 82 francos cada una, que me produjo 25.666 francos, es decir, a un 2).

   Fui a la soirée del conde Müllinen; numerosa y brillante me pareció; allí estaban casi todos los miembros de la lista diplomática, vi al ministro de Austria, el conde Apponyi; al enviado extraordinario de Baden, barón Barkheim; al encargado de negocios de Suiza, del Brasil, al ministro de Rusia, al del Brasil, etc.; vi también a la hija del general Moreau. Conversé con el encargado de negocios del Brasil, con un señor amigo del doctor Röding de Hamburgo y con el barón Hanau, alemán, escritor de economía política, que pareció sorprendido de lo que me oyó sobre el particular y sobre las observaciones que le hice contra su sistema de formar graneros de reserva.

1830. Abril 27.

   Martes: He paseado por las Tullerías y los Campos Elíseos con el barón de Champy. He arreglado con la casa de Rougemont de Löwemberg la colocación de mis fondos; le he entregado 40 mil francos (8 mil pesos) a razón del 3% al año, como consta de la carta en respuesta de la mía. Fui a comer donde M. Thuret, conocí a su señora, su hija, y dos hijos. Entre las personas que estuvieron en la mesa fue una el encargado de negocios de Suiza y una parienta de M. Bresson, con dos hijas hermosas, una de las cuales ha viajado en el Canadá y en los Estados Unidos. Bresson es el agente del gobierno de Francia en Bogotá.

   A las 9 fui a la soirée del general Lafayette, que fue numerosísima; allí fui presentado al hijo del conde Las Cases, que acompañó a su padre a Santa Elena durante los primeros años de la cautividad de Napoleón; nuestra conversación relativa al prisionero, me agradó infinito. Volví a ver al ex encargado de negocios de los Estados Unidos en Bruselas, Mr. que me repitió muchos cumplimientos lisonjeros y me presentó a su señora. El general Lafayette me ha emplazado para conversar sobre los medios de obtener una reconciliación con Bolívar; el martes próximo debemos hablar para fijar el día de la conferencia. M. Jullien me ha convidado a comer el sábado próximo.

1830. Abril 28.

   Miércoles: Mr. Cooper ha venido a llevarme a su quinta, pero yo me he excusado de ir por estar comprometido con el conde St. Aulaire para comer donde la condesa de Boigne. El conde vino a las tres y cuarto a llevarme. La condesa me pareció extremadamente amable, ella me presentó al barón Pasquier, ex ministro de negocios extranjeros y al mariscal Marmont, duque de Ragusa, a cuyo lado me tocó estar en la mesa; este señor me hizo mil preguntas sobre el ejército colombiano, modo de hacer la guerra, capacidad militar de Bolívar y si era fácil establecer una monarquía. Alabó infinitamente nuestra ley de manumisión y nuestra organización militar en batallones de a 8 compañías, la cantidad de sueldo que se paga a nuestra tropa. Me ofreció hacerme acompañar a ver el palacio de las Tullerías luego que el rey parta para St. Cloud. Al otro lado me tocó una señora de 70 a 80 años que se ocupó de hablar de la corte de Luis XVI, a la cual estuvo unida. La condesa de Boigne al despedirme me dijo que podía visitarla todas las noches.

   A las ocho y media tomé la diligencia para ir a la quinta del inglés Cooper (dos leguas de París) y llegué a ella a las 9 y cuarto. Allí encontré a la madre y a una hija del coronel inglés Hamilton, que celebró en Bogotá el tratado de comercio de la Inglaterra con Colombia, que está casada con un cirujano, Couits. Dormí aquí.

1830. Abril 29.

   Jueves: Cooper y yo fuimos al palacio de Meudon, que fue del rey de Roma y hoy es del duque de Bordeaux. Es pequeño, amueblado regularmente y decorado con pinturas y estatuas excelentes. El jardín y el parque son magníficos. De allí pasamos a pie por el pueblecito de Meudon y de Bellevue y entramos en la quinta de la señora Hamilton y de su nieta; el señor Couits me ofreció una comida para uno de los días siguientes. Encontramos al cura de Meudon, amigo de Cooper, anciano de 70 años muy amable y poseído del espíritu tolerante del Evangelio. Me quedé también en la quinta.

1830. Abril 30.

   Viernes: Regresé a París a las 9 del día. Fui con Champy a ser presentado al marqués de Argenson, diputado; me ha parecido un hombre de capacidad y que juzga bien rectamente de las cosas de Colombia. Me despedí de M. Wardem. Recibí de Chanviteau 325 francos por Carlos Wilthew. Pagué a Chanviteau 432 francos del viaje del negrito Cruz. Me ha visitado el coronel Fouquier, de los de Aury, a quien conocí en Bogotá. También el barón D'Aubigny. Fui con M. Jullien a ser presentado al conde Ségur, par de Francia, antiguo embajador en Rusia y miembro del instituto, este señor me hizo muchas preguntas de Colombia y me pareció que él desaprobaba la conducta del general Bolívar; él me presentó a su hijo, el general Ségur, miembro también del instituto y autor de la Historia de la campaña de Rusia. Allí fui presentado también al conde Noailles, diputado. Por la noche fui al establecimiento de M. Farina, italiano que tiene dos perros (Fido y Bianco) que hacen primores; componen palabras en francés, italiano, inglés, alemán y latín. Señalan la época cronológica de los reyes de Francia, adivinan varias suertes con los naipes, las flores que se les piden, los objetos, las banderas de las naciones y juegan una partida de écarté. Es admirable lo que hacen los perros sabios. Después estuve en casa de Mme. O'Reilly y me despedí. Ella me ofreció cartas de introducción para Nápoles.

1830. Mayo 1°.

   Sábado: Estuve con Santamaría hablando sobre el proyecto del general Lafayette; está de acuerdo conmigo en ideas. Me despedí del señor Andrieux, del señor Rivadavia y del señor Agüero. Fui a comer con M. Jullien; allí estuvo Vidaurre, el célebre pianista polonés Sowieski y otro del mismo país llamado Chodzko me ha ofrecido cartas de introducción para Dresde y San Petersburgo.

1830. Mayo 2.

   Domingo: Visité al obispo Grégoire. Comí en casa de Rougemont. Fui a la soirée del conde de Tracy y me despedí de él y de su hijo, el diputado M. Víctor de Tracy. Recibí carta de un negociante de El Havre, M. Perquer et Fils, avisándome que tiene en su poder dos cartas para mí, recibidas de Cartagena.

1830. Mayo 3.

   Lunes: Contesté al negociante de El Havre, enviándole la noticia de mi habitación en París. Contesté una carta de M. Lavignac a Bordeaux, en que me saludaba por haberme conocido en Bogotá; este francés fue desterrado en 1828 por el general Bolívar como amigo de la constitución. El señor Balbi ha estado conmigo rectificando las estadísticas de Colombia que va a publicar y para lo cual le di yo varias noticias. Paseamos por las Tullerías (jardín), Santamaría y el general Morán. Por la noche fui al teatro de Varietés, que es uno de los más conocidos porque se representan dramas, graciosos, vaudevilles. El teatro es pequeño y muy hermoso; me pareció más lucido que el de Vaudeville y el de Nouveautés.

1830. Mayo 4.

   Martes: Estuve en el diorama, donde se representan el famoso campo santo de Pisa, el diluvio y una parte de la iglesia de San Germán de Auxerre de París. Es difícil persuadirse de que lo que se está viendo son cuadros pintados y no materialmente el objeto que se representa. La pintura y la luz natural concurren a la ilusión. Luego estuve en el diaforama; estos son cuadros que se ven por medio de lentes y que se mantienen alumbrados. La ilusión es pequeñísima y menos que en el panorama. Al fin estuve en el neorama, donde se representa la parte interior de la basílica de San Pedro en Roma, en el acto de estar el papa en oración. Este cuadro es magnífico y hace grande ilusión porque se cree uno realmente dentro de la basílica. Todas las personas y todos los objetos se representan al natural, es decir en todas sus dimensiones, pero me pareció más perfecta la ilusión en el diorama. El polaco Chodzko ha estado a visitarme y me ha traído dos volúmenes de la obra que ha publicado en 1829 titulada La historia de las legiones polacas en Italia bajo las órdenes del general Dombrowski, con una noticia sobre los sucesos políticos de Polonia de 1789 en adelante. Por la noche estuve con Pacho donde el general Lafayette. Recibí una carta de Arrubla del 8 de noviembre. Dos de mi señora Nicolasa, de Guaduas, de octubre, y una de Burckle de New York, con otra del coronel Torrens, encargado de negocios de Méjico en Bogotá.

1830. Mayo 5.

   Miércoles: He estado enfermo y me apliqué sanguijuelas. Recibí carta de Cartagena del 10 y 11 de marzo de M. Núñez y de Escobar, y de mi hermana, del 28 de enero. Estas son las que vinieron de El Havre. Me visitó el marqués D'Argenson. Estuve en la Academia Real a la reposición de la ópera Edipo en Colonna y del famosísimo baile Manon Lescaut, que ha merecido grandes y repetidos aplausos.

1830. Mayo 6.

   Jueves: El obispo Grégoire y el señor Borrego me han visitado. Estuve donde el general Lafayette invitado por él a tratar de la reconciliación con Bolívar. Yo le expliqué el origen y progresos de nuestra enemistad, las persecuciones que he sufrido, los ultrajes y mi injusta condenación; le dije que Bolívar era vengativo y orgulloso y que yo debía en mi desgracia actual no abatirme ni humillarme; que bajo estos principios dispusiera de mí como le pareciera conveniente y oportuno. Nada se resolvió porque me dijo que lo hablaría con Palacio.

   Por la noche estuve en el teatro italiano a la representación de la ópera alemana Freischütz, de Weber, en la cual ejecutaron los primeros papeles Mlle. Schröeder-Devrient, cantarina del teatro de Viena, y M. Heitzinger, que fueron grandemente aplaudidos; a la cantarina le echaron ramilletes de flores desde los palcos. Recibí carta de Bogotá de Teresa Suárez, del 7 de febrero, diciéndome que sabía ya mi llegada a Hamburgo.

1830. Mayo 7.

   Viernes: Recibí por el señor Murphy un oficio del señor Gorostiza, del 4 de mayo, incluyéndome la respuesta del secretario de Estado de Méjico, fecha 26 de febrero, en que en términos muy lisonjeros me contesta el gobierno sobre mi ofrecimiento de servir a aquella República en caso de que la invasión de Barradas, en Tampico, tuviera suceso, y no en otra circunstancia.

   He escrito a Arrubla y a mi casa con fecha de ayer; a Arrubla le encargo mande 4.000 pesos a Marcelino Núñez, a Cartagena a mi disposición, y a Núñez le suplico que me los remita a El Havre a la casa de Perquer e Hijos, de modo que llegue íntegra la cantidad. Con fecha de hoy escribo a Perquer sobre el negocio, instruyéndole que dicha cantidad la ponga a disposición de la casa de Rougemont de Löwemberg, en París.

   Recibí otra carta de Cartagena, de 28 de febrero, de Alcázar (Pablo) incluyéndome una de Arrubla del 14 de febrero y un paquete de impresos.

   Palacio y Santamaría han estado a hablarme sobre la proyectada reconciliación con Bolívar; yo les he dicho decididamente que la reconciliación estaba hecha por mi parte bajo las siguientes condiciones: 1a ) que el régimen político de Colombia fuese republicano y un poco federal; 2a ) que el general Bolívar de buena fe se adhiera a él y gobierne sin acepción de partidos y conforme a las leyes; 3a ) que se me satisfaga de los ultrajes y persecuciones que he sufrido. De otro modo no puedo prestarme a nada, porque todo lo contrario sería humillación y bajeza, indignas de mí y perjudiciales al bienestar de mi patria. A las 6 fui a comer a casa de Mme. O'Reilly; en la mesa estaban entre otras personas el conde Laborde, diputado, miembro del instituto, y el señor Guizot, catedrático de historia en la Sorbona. Contesté al señor Burckle a New York, por medio de la casa de Wells & Greem de El Havre.

1830. Mayo 8.

   Sábado: Hoy no he salido porque me he aplicado otra vez sanguijuelas. El señor Borrego, de Buenos Aires, ha estado en casa. Por la noche fui con M. David a la soirée de M. Cuvier.

1830. Mayo 9.

   Domingo: Ni de día ni de noche salí por enfermo. Estuvieron a visitarme Varaigne (que llevó la carta de Caracas de 26 de noviembre) y el joven negociante de Rochelle J. Lohmeyer. Por la noche me acompañó D. Acosta.

1830. Mayo 10.

   Lunes: Estuvo Palacio a decirme que habiendo hablado con el general Lafayette habían convenido en que fuésemos donde él los tres (Palacio, Santamaría y yo). Balbi estuvo a acabar de concluir la estadística de Colombia. Rivadavia, Agüero y Borrego también estuvieron a verme. El polaco Chodzko, autor de varias obras sobre la Polonia, me ha regalado dos cuadros, uno de la estadística de aquel país y otro del mapa del teatro de las operaciones de las legiones polacas en Italia, bajo el general Dombrowski, en tiempo del general Bonaparte. Al mismo tiempo me ha enviado dos cartas de introducción para San Petersburgo, para Mme. María Szymanowska, polaca, primera pianista del emperador y de la emperatriz, y otra para Dresde para el general Kniaziewicz. Estuve por la noche en el teatro de Madame, donde se representaron tres vaudevilles, uno de ellos titulado Philippe, de M. Scribe, que está en boga actualmente. El teatro es pequeño como el de Varietés, tiene más cabida por la disposición de los palcos, pero es menos bonito.

   La casa de Perquer et Fils de El Havre a quien escribí el 7 del corriente sobre el negocio que consta en este diario, me ha contestado de conformidad con mi propuesta y encargo. Estuve donde el señor Murphy, agente de Méjico, a visitarlo y llevarle el recibo para el señor Gorostiza, del pliego del secretario Alaman. También estuve donde Borrego. El barón Champy ha estado en casa. La Quotidienne del 1° del corriente, publica la carta del general Briceño Méndez al general Bermúdez, proponiéndole la monarquía para Colombia.

1830. Mayo 11.

   Martes: Fui a comer con Santamaría a la Chaumière du Mont Parnasse, donde se reunió la sociedad mensual de la Revista Enciclopédica. Allí vi varios conocidos; conocí a Mr. Aldini, inventor del aparato para preservar a los bomberos de quemarse cuando concurren a apagar el incendio; hicieron allí varios experimentos reducidos a tomar con un guante de amianto y qué sé yo qué otra composición, un hierro ardiendo, carbones, etc. Un señor Matieux me dio un proyecto de unión enciclopédica, convidándome a ser miembro de la sociedad a la cual pertenecen ya los Cuviers, Thénards, Jomards, Chaptal, etc.

   Dos señores me dieron noticia de que Riva Agüero había sido nombrado vicepresidente del Perú. Del convite nos fuimos a la última soirée del general Lafayette, donde nos esperaba Palacio. Quedamos él, Santamaría y yo de acuerdo con el dicho general de ir a su casa el jueves inmediato al medio día.

1830. Mayo 12.

   Miércoles: Estuve a ver el georama. Se reduce a ver un gran globo terráqueo de 120 pies de diámetro, en el cual se puede fácilmente estudiar la geografía. El globo está dispuesto alrededor de una sala, de manera que en la parte cóncava se ven todos los países, mares y tierras del mundo. Visité al señor Vaur. Fui a comer en casa del señor Suberville, donde también comieron Morán, Santamaría, el señor Ortiz, cónsul de Méjico en Burdeos y otro mejicano.

1830. Mayo 13.

   Jueves: Estuvimos donde el general Lafayette, Palacio, Santamaría y yo, y después de una larga conferencia quedó convenido que el dicho general escribiría a Bolívar una carta invitándolo a la reconciliación conmigo, pero sin ofender en ella, en lo más mínimo, mi honor y delicadeza, que ahora más que nunca deben salvarse. Fui al teatro italiano a la ópera alemana Fidelio, música de Beethoven; estuvo ejecutada admirablemente; el público se manifestó muy satisfecho y tanto que hizo repetir una escena. Mme. Schröeder-Devrient y M. Heitzinger desempeñaron maravillosamente los dos principales papeles.

1830. Mayo 14.

   Viernes: Estuve donde los señores Chodzko, Jullien y Roche. Recibí cartas de Bogotá, de fecha 21 y 22 de febrero de los dos Arrublas, de Aranzazu, Vélez, doña Manuela, mi tía, P. Montoya y el doctor Garay, las cuales me las ha enviado el señor Bresson con el cuñado de Martigny, cónsul de Francia en Bogotá.

   Estuve en el teatro del Odeón, donde se representaron Los dos ingleses y Cristina de Suecia; esta última pieza es del género romántico y fue muy aplaudida. La ejecución me pareció natural y perfecta. El teatro es tan pequeño como los de Varietés y Madame pero es más bonito que éste y menos que el primero.

1830. Mayo 15.

   Sábado: Visité al señor Lohmeyer, a Mme. Salazar y al barón Champy, que estaba enfermo. Fui a la ópera cómica, a la representación de la ópera L'auberge d'Auray, música de Herold Carafa, en la cual hace papel una inglesa, Miss Smithson, de una manera admirable. También se representaron L'exil de Rochester, música de Russo y el Rendez-vous bourgeois, música de Nicolo.

1830. Mayo 16.

   Domingo: Visitamos D. Acosta y yo al señor Grégoire y a los futuros suegros y novia de Rafael Ayala; se llama el suegro el coronel Durand Ste. Rose. Grégoire me dio carta de introducción para Londres, San Petersburgo y Copenhague. Por la noche fui al teatro Madame por conocer a los reyes de Nápoles, Francisco I y su esposa, que asistieron al teatro. El rey es viejo, la reina una vieja gruesa y colorada; él es hermano del príncipe de Salerno, un hombre grande, cabezón, color blanco. El duque de Orleans y sus hijos los acompañan.

1830. Mayo 17.

   Lunes: Estuve donde el doctor Rodríguez y leí varios papeles públicos de Caracas furiosos contra Bolívar. No salí por la noche.

1830. Mayo 18.

   Martes: Llevé a Gavoty la carta franca de M. A. Arrubla que ofreció cumplir. El coronel Durand Ste. Rose me ha convidado a comer para el jueves inmediato. Recibí carta de Enet de Hamburgo, de 12 de mayo, muy amistosa. Estuve en la ópera cómica a la representación de Lanilowa, música de Adam, y a la de Fra Diávolo.

1830. Mayo 19.

   Miércoles: El señor Mathieu, negociante que ha estado en Cartagena, me ha convidado a comer el lunes próximo en su quinta en Auteuil, Rue Boileau N° 8. No salí anoche.

1830. Mayo 20.

   Jueves: Recibí una carta muy fina del señor Merck, de Hamburgo, y por su conducto una de mi amigo el doctor Soto, fecha de Caracas hasta el 15 de diciembre. Yo he escrito a don Martín Tobar con fecha del 25 del corriente, entre otras cosas, quejándome de los periódicos de Caracas.

   Estuve en la sala Faibaut N° 9 a un concierto dado por el joven Philipa, de 14 años de edad, discípulo de Paganini, que a los once años ha recibido varias decoraciones por su talento en tocar violín. Fue muy aplaudido. La sala está dispuesta como un teatro con tres órdenes de palcos y sus bancos muy decentes. Ella es destinada a conciertos y canto.

   A las 5 fui a comer donde el coronel Durand Ste. Rose, futuro suegro de Ayala. Después de la comida hubo soirée, en la cual se bailó y se cantó. La mayor parte de las señoras eran inglesas. La mujer del coronel se dice tía o pariente del ministro Guernon de Ranville.

1830. Mayo 21.

   Viernes: Hoy conocí donde Santamaría, al señor Martín Villamil. Es un hombre rico, de talento y gran sectario del sistema de Gall. Me dijo que yo tenía la fisonomía de Napoleón, que mis órganos del cerebro indicaban que tenía mucha circunspección, memoria de localidades, carácter, pero no memoria de voces. Estuve muy divertido un gran rato oyéndolo discurrir sobre el tal sistema. También me dijo que tenía el órgano de talento general, como el duque de Wellington. Por la noche no salí.

1830. Mayo 22.

   Sábado: He escrito al señor Enet a Hamburgo y le he encargado diga al señor Merck que puede enviarme la carta de introducción para el cónsul anseático en Londres (que él mismo me ha ofrecido) por conducto del señor Rougemont. Los señores Villamil y Suberville me han visitado. Por la noche estuve donde Delgado. También escribí al doctor Röding a Hamburgo.

1830. Mayo 23.

   Domingo: Por la noche estuve en la ópera cómica a la representación de Les deux jaloux, música de S. Gail , Jean de París, música de Boïeldieu y La Jeune femme colère del mismo.

1830. Mayo 24.

   Lunes: A las tres fui con el señor Mathieu al pueblo de Auteuil, una legua de París, donde comí y regresé a las ocho. Este pueblo es muy bonito, a un lado tiene el grande bosque de Bolonia, St. Cloud, Meudon, y del otro, jardines particulares muy hermosos. En este pueblo han vivido Franklin, Boileau, Helvecio, La Fontaine, Racine, etc. Por la noche no salí.

1830. Mayo 25.

   Martes: Comí en el Café de París, en el boulevard, con el señor Champy. Por la noche estuve donde el general Morán.

1830. Mayo 26.

   Miércoles: Por la noche estuve en el teatro de la Puerta San Martín, donde está representando el famoso cómico Potier que dejará pronto el teatro. El edificio y decoraciones de palcos es grande y bastante bonito. Este es uno de los teatros pequeños.

1830. Mayo 27.

   Jueves: He entregado a la casa de Rougemont 5 mil francos más, con lo que quedan en ella, de mi pertenencia, 45 mil francos (cambié onzas españolas a 82 francos 10 sueldos y compré soberanos, moneda de oro inglesa, a 25 francos 10 sueldos).

   Estuve en el teatro italiano (Favart) a la ópera Oberón, que yo había visto en Hamburgo; el canto aquí ha sido mucho mejor y la última decoración que allá; la música es de Weber. Heitzinger y Mme. Schröeder-Devrient cantaron admirablemente.

1830. Mayo 28.

   Viernes: Hoy repite el Journal du Commerce la historia de la muerte del general Bolívar; ella es comunicada por un buque que ha salido de Angostura y ha hecho el viaje en 36 días. No salí por la noche. De día visité a Rivadavia. Vi los pozos artesianos cuya operación de cavarlos se hace por medio de máquina muy sencilla y de largas barras de hierro. Le leí a D. Acosta las memorias que escribí en Bocachica.

1830. Mayo 29.

   Sábado: Se desmiente la noticia de la muerte de Bolívar. Fui a la policía a buscar mi pasaporte y se me dijo que hasta el lunes se podía despachar porque había que tomar la orden del prefecto. Estuve donde el estatuario David.

1830. Mayo 30.

   Domingo: He escrito a Arrubla con fecha 25 y de hoy, y le recuerdo la remesa de 4 mil pesos para la casa de Núñez, de Cartagena, de que le hablé en otra carta del 6 del corriente; también escribí a M. A. Arrubla, a Aranzazu y a Vélez, a casa y a mi señora Nicolasa.

   Estuve en la iglesia de San Roque, donde, con motivo de ser pascua del Espíritu Santo, se cantó una misa solemne en que ejecutaron 160 músicos y cantores. Luego me despedí del abate Grégoire, y de vuelta a casa vi en el patio de las Tullerías al rey y la reina de Nápoles que salían para su palacio. Escribí a David dándole las gracias por haber hecho mi busto en bronce y habérmelo regalado. A las 3 fui con M. Jullien al pueblo de Charenton (media legua de París), a comer en casa de Mme. la baronesa de Cambry, señora de 75 años, muy amable, de talento, y amiga de la libertad americana; comieron sus hijos y nuera y dos personas más. Charenton es el pueblo donde la Liga tuvo su cuartel general y también Enrique IV. La casa de la señora de Cambry era la antigua posada Del Cordero (Auberge du mouton), donde Enrique IV vio a su querida Gabriela D'Estrées, cerca está la casa donde ella vivía; de regreso fui donde la familia de Durand Ste. Rose a despedirme. Allí estaban jugando las niñas y los tertulios juegos de prendas.

1830. Mayo 31.

   Lunes: Me despedí del coronel Lanz, de Rougemont y de Thuret. Rougemont me dio un crédito de 20 mil francos para Londres, Hamburgo, Viena, Florencia, Roma y Milán. Thuret me hizo ofrecimiento de créditos para Londres y Amsterdam y de carta de introducción, y me convidó a ir a su casa de campo, que es afamada.

   Tomé mi pasaporte en la policía, fue visado en el ministerio de relaciones exteriores y costó 10 francos. También me despedí del barón D'Aubigny. El señor Gutlin de Campron me visitó y me convidó a comer; este es un francés muy rentista que ha viajado en los Estados del norte y en Méjico, a quien conocí donde el general Morán. Igualmente me despedí del doctor Rodríguez, colombiano. Estuve en el palacio real, donde el duque de Orleans ha dado una gran fiesta a los reyes de Nápoles; todo el jardín, las galerías, los patios estantes, etc., estaban iluminados. Las galerías con vasos de diferentes colores; los convidados, dicen que eran cuatro mil, casi todos se pasearon en la gran azotea hasta media noche; allí se presentó el rey Carlos X al público que era inmenso, más o menos de 40 a 50 mil almas, y fue saludado con vivas. Mucho general, mucho uniforme y mucha gala y elegancia.

1830. Junio 1°.

   Martes: Está tomada plaza en la diligencia hasta Amiens para mí y Juan. Pacho y Pepe se quedan aquí, porque no puedo viajar con ellos haciendo tantos gastos. Me despedí de M. Jullien, que me dio cartas para Londres; el señor Thuret me ha mandado para Londres, Amsterdam y Berlín. El señor Appert, miembro de la sociedad real de prisiones, me ha enviado todo lo que ha publicado sobre ellas, hospicios, escuelas primarias, etc., y todo con una carta muy lisonjera. Habiéndome ofrecido ser miembro corresponsal de la sociedad de estadística de Francia, he escrito al presidente aceptando el ofrecimiento. Me despedí del señor Balbi. Por la noche estuve donde el general Morán y Santamaría.

1830. Junio 2.

   Miércoles: Estuve donde Varaigne, Champy, Suberville y Gavoty a despedirme; este señor se ha hecho cargo de dar a Pacho 40 pesos mensuales y no quiso recibirme el dinero que le dejaba. Fui a comer a la Chaumière du Mont Parnasse, donde me convidó el negociante Vaur; éramos 12 convidados: un general francés, un general de Haití, un oficial de la guardia que estuvo en España en el ejército francés en 1823 y después en Grecia, y algunos negociantes. La mesa estuvo muy alegre y animada, cantaron, gritaron y se divirtieron grandemente; el oficial de la guardia real que habla un poco español cantó boleros y canciones patrióticas de España contra Napoleón. Un negociante, Lefèvre, hizo de mi apellido este calembour o equívoco que es menester pronunciarlo para comprenderlo: "Si j'étais colombien je dirais: rendez nous cent ans d'air et nous vivrons longtemps". Esta noche estaba convidado a una soirée musical donde el doctor Cousin, médico que me ha recetado, pero no fui porque estaba bastante malo de un divieso.

1830. Junio 3.

   Jueves: Compré una docena de cucharitas doradas de café para regalarle a Mme. Salazar. Dejo ocho napoleones para el médico que me ha asistido y no me ha curado. Dejo a Pacho dinero para él y Pepe, para todo el mes de junio. Cambié 3.500 francos por soberanos de Inglaterra y notas del banco; los primeros a razón de 25 francos y 9 sueldos, las segundas a 25 francos y 10 sueldos. He pagado toda la cuenta del alojamiento y portero a razón de 20 francos mensuales, recibo de cartas, etc. Todo está preparado para seguir mañana. Por la noche estuve en el teatro alemán a la representación de La familia suiza, ópera de Weber.

AMIENS

1830. Junio 4.

   Viernes: Salimos Prompt y yo a las seis de la mañana en la diligencia, pasamos por Chantilly, comimos en Clermont y llegamos a las 9 de la tarde a Amiens, ciudad grande, célebre por la paz celebrada por Napoleón con la Inglaterra en 1801. La diligencia anda velozmente, cada dos o tres leguas cambia caballos y postillones; asi es que hoy hemos andado 32 leguas. Hemos pasado una porción de pueblos más o menos regulares, entre ellos Chantilly y Breteuil son los mejores. Hemos visto algunos hermosos jardines y pares de varias casas de campo. El terreno es desigual pero encanta verlo tan cultivado de cereales y de algunos viñedos. Nos alojamos en el Hôtel de France.

1830. Junio 5.

   Sábado: Hoy descansé en Amiens porque me ha estropeado mucho la diligencia ayer. Escribí a Pacho con Prompt, que se volvió a París a las cuatro de la tarde. Visité la catedral que es bastante buena y por el estilo de la de Notre Dame de París. He andado por la ciudad y no me ha parecido mala. Aquí hay teatro y se representa tres veces a la semana. Ayer reparé por el camino que después de arar la tierra, la igualan con una máquina triangular de madera llena de clavos largos y después pasan por encima un gran madero pesado para desmenuzar los terrones grandes. Emplean precisamente el estiércol para abonar la tierra (engraisser) y lo recogen en los caminos.

1830. Junio 6.

   Domingo: Salí a las 9 en la diligencia; a las 6 de la tarde comí en St. Paul, lugar mediano; durante la noche pasamos por Air y St. Omer, dos plazas fortificadas y a las 9 del siguiente día llegué a Calais. El país es como el que dejé atrás, bastante poblado, muy cultivado, y el camino en partes empedrado y en partes no.

CALAIS

1830. Junio 7.

   Lunes: Llegamos a Calais, ciudad de 12 mil almas y con un fuerte. El pasaporte fue presentado en la policía, el equipaje fue llevado a la aduana aunque no se registró, el maire expidió el permiso de embarcarme, lo visó la autoridad marítima y satisfice el pasaje mío y el de mi criado, a saber: 16 pesos incluso la gratificación para el conductor y el postillón. Todas estas diligencias se hicieron rápidamente, guiados por uno de tantos comisionados que se ocupan de facilitar a los viajeros su tránsito. Pasé al puerto y ya había salido el buque de vapor. Resolví embarcarme en el paquebote francés, y mientras salía almorcé en el Hôtel La Couronne. Salió el buque a las doce, y la calma nos tuvo 14 horas en el estrecho que atraviesan los buques de vapor en tres o cuatro horas. El pasaje me costó 5 pesos. En Calais hay una columna en memoria del desembarco de Luis XVIII el año de 1814. El puerto es bastante bueno.


INGLATERRA

LONDRES

1830. Junio 8.

    Martes: A la una de la noche desembarqué en el puerto de Dover o Douvres y me alojé en el Hôtel de París. Mi equipaje quedó en una casa que está al entrar en el puerto. A las 8 fui a la aduana, donde registraron el equipaje y me hicieron pagar 3 y medio chelines por un retrato y un mapa. Luego ajusté el pasaje a Londres, por 32 chelines, y tomé un pasaporte provisional, dejando el mío en la oficina para recogerlo en Londres. Todo se hizo rápidamente, en términos que las 10 del día me puse en la diligencia y seguimos. A las doce llegamos a Cantorbery, ciudad regular, a las 3 a Rochester, ciudad más grande, donde comimos, habiendo pasado por... y luego por las ciudades de Gravesende y de Darthorph, habiendo llegado al hotel Sablonier en la plaza Leicester de Londres a las 8. Anduvimos por tanto, cerca de 80 millas en 10 horas, habiendo hecho alto media hora en Cantorbery, y media en Rochester, fuera del tiempo que se emplea en cambiar los caballos, operación que se hace volando. El país está perfectamente cultivado de Cantorbery a Londres, tan poblado y tan sembrado de casas de campo que admira y complace verlo. El camino, las diligencias, los caballos, sus arneses, la cultura del campo, las poblaciones, todo me ha parecido mejor que lo que tengo visto. Los pueblos son alegres y aseados, los hoteles muy decentes. Cuatro millas antes de llegar a Londres hay tantas poblaciones que parece una ciudad continuada, y edificios muy bellos rodeados de jardines. La ciudad hasta ahora me ha parecido grandísima, las casas edificadas con bastante simetría, aunque las paredes están negras; las calles muy anchas y enlosadas, los lados sin los caños que París tiene en medio. En las poblaciones hay algunas casas de paja, casi todos los techos son de teja en lugar de pizarras y algunos edificios son de palo, los más de ladrillo o de adobe. Me parecen todas las mujeres muy bonitas.

1830. Junio 9.

    Miércoles: Escribí a Carlos llamándolo. Olvidé anotar que después de mi salida de París me pidieron el pasaporte en Air, en Saint Omer y en Calais; en Inglaterra, sólo en Douvres para darme otro. En el bureau de las diligencias en Calais, firmé en el registro de pasajeros para justificar que había llegado sin novedad; en la aduana de Douvres firmé también para comprobar que mi equipaje había llegado intacto. En Inglaterra no me han exigido estas formalidades. El vestido generalmente de las mujeres difiere mucho aquí del de Francia; casi todas cargan gorra, en lugar que en Francia sólo la usan las señoras y gente de comodidad. Los trabajadores aquí cargan saco blanco largo en vez del corto azul que usan en Francia (blousse). Los criados y criadas llevan en vez de delantal una especie de medio camisón que cubre desde el pecho hasta abajo y sólo por delante. De París a Calais nos mortificaron los pobres y los muchachos pidiendo limosna con impertinencia, lo que no ha sucedido de Calais a Londres sino en un solo punto. En París no se pide limosna, quien lo hiciera sería castigado como vagabundo. Vino Carlos Wilthew y hemos buscado un alojamiento particular que consiste en una antecámara, una alcoba y un cuarto para el criado, todo por dos guineas por semana. El paraje es Leicester Square, Leicester Street, número 7. Luego salí con Carlos a dar una vuelta por la ciudad y pasamos por calles excelentes, unas más hermosas que otras, sobre todo las de Regent Street. Vimos por fuera la abadía de Westminster, las oficinas de marina y de guerra, la ópera italiana, el hermoso parque del Regente, el hermosísimo de Hyde Park, donde está una grande estatua de águilas dedicada al lord Wellington del bronce de los cañones tomados en varias batallas. Entramos en el palacio de St. James a preguntar por la salud del rey; desde la puerta y por todos los corredores y cámaras se encuentran lacayos ricamente vestidos con diversos uniformes; unos a la antigua, otros de etiqueta; los unos con alabardas, otros con bastones, y otros con pedazos de varas en la mano. En la sala había dos grandes señores que mostraban a un innumerable gentío el boletín de los médicos. También pasamos por la casa del parlamento, que está cerca de la abadía de Westminster. Por la noche di con Joaquín Acosta una vuelta por Regent Street; el alumbrado de la ciudad es con gas, muy hermoso. Aquí hay establecida recientemente una gendarmería destinada a velar en la conservación del orden público. Esta noche dormí en mi nuevo alojamiento.

1830. Junio 10.

    Jueves: Fui con Acosta donde el señor Bowring y me dio una carta de introducción para Mr. Hume, miembro del parlamento, y dos billetes para entrar en el museo de la sociedad anseática y en el jardín zoológico. El señor de la Costa, vecino de Guayana, me ha visitado. Envié al señor Gorostiza y al señor Tato las cartas que traje para ellos.

Moneda inglesa

   Libras (soberanos), 20 chelines cada una. Hay de oro solamente.
   Guineas, 21 chelines cada una (imaginaria).
   Soberanos, 20 chelines. De oro.
   Medio soberano, 10 chelines.
   De plata, corona o crown, 5 chelines.
   1 chelín, 12 peniques.
   De cobre, penique de a 1 y de a 2.
   Papel del banco desde 5 libras en adelante.

    Estuve en la casa del parlamento y vi la sala de la abadía de Westminster donde están los tribunales de justicia. Es grandísima y muy elevada. Aquí se reúne la cámara de lores en tribunal. Aquí fueron juzgados el lord Stratford, Carlos I, lord Melville, etc. Luego entramos a la antesala de la cámara de los comunes, donde vimos entrar al speaker (presidente) vestido de ropa talar negra con una gran peluca del tiempo de Luis XIV, precedido de un portero vestido de etiqueta y de otro que lleva al hombro una gran maza bronceada, y otro llevaba la cola del vestido. Para hablar con algún diputado que no se sabe dónde vive se da un papel a uno de los porteros de la cámara. Así lo hice yo para ver a Mr. Hume, quien vino y me hizo varios cumplimientos. El me presentó a sir James Mackintosh, para quien tenía cartas de introducción. Allí vi a sir Robert Wilson y en la cámara conocí a O'Connell. Entré a la cámara con Mr. Hume y me senté adentro; la sala es pequeña, sin ningún adorno, de figura cuadrilonga y entabladas las paredes como coro de canónigos. Los asientos están paralelos a las paredes, forrados en tafilete y formando anfiteatro. El speaker se sienta en una especie de confesionario separado de la testera de la sala. Los diputados conservan sus sombreros puestos y se acomodan en los asientos como les parece mejor. Para hablar se paran y se quitan el sombrero y dirigen la palabra al speaker . La cámara de los lores está en el mismo edificio. Por la noche fui al teatro Drury-Lane, donde se representó la ópera El sitio de Belgrado, y Le Brigand; tomé asiento en los primeros palcos, que me costó 10 chelines. El teatro es menos grande que la Academia de París, muy elegante, alumbrado con lámparas de cristal y bujías y en lo más alto con gas. El primer orden de palcos, que se parece a un balcón, está concurrido por señoras vestidas como para baile, es decir, sin gorras. Los palcos están servidos por lacayos con libreas, la música y los actores me han parecido fríos y poco excelentes. Hay un gran salón (Foyer) donde se pasean elegantes y bellas inglesas que se brindan a los hombres; es la feria de las mujeres. El señor Gorostiza me ha visitado hoy. He consultado un médico.

1830. Junio 11.

    Viernes: Me ha visitado el señor J. J. Tato, oficial de la legación mejicana. Acosta ha estado conmigo. El señor Gorostiza me ha convidado a comer mañana y me he excusado. Fui con Carlos a llevar las cartas de introducción para los señores Hartmann & Cía., Baring et Frères, Jones, Fonseca, Syllem de Grauthof y Sanpeon Botard. Dejé una esquela de visita a los Darthez. De paso vi la casa de despacho del lord mayor de Londres, la iglesia de San Pablo, el banco y la bolsa. El banco es un edificio muy sólido y de buena arquitectura. La bolsa, a la cual entramos, es un claustro bastante grande con hermosas columnas, estatuas de reyes o de hombres notables, y una estatua al medio; es mejor la bolsa o lonja de París. La veleta de la cúpula tiene en la punta una langosta (homard). Entré a la iglesia de San Pablo, que me ha parecido soberbio edificio. Se tiene por el segundo después de la basílica de San Pedro de Roma. Su figura es una cruz con dos naves por todos lados, tiene 500 pies de largo y 285 de ancho. Su arquitectura es de orden corintio; la fachada del oeste es mirada como la mejor arquitectura en el mundo. No tiene columnas en el interior sino magníficos pilares y varias galerías. La media naranja es famosa. Por todo el edificio se ven los monumentos que el público ha consagrado a los grandes hombres de la Inglaterra de toda profesión. Es notable el de Nelson, vestido con la pelliza que le regaló el gran señor, descansando sobre un ancla; la Inglaterra conduce a dos jóvenes y les muestra con interés la estatua de Nelson; un terrible león guarda el monumento. Al pie de este grupo de estatuas de mármol están los nombres de Copenhague, Nilo, Trafalgar. Este monumento, como todos los demás, es de mármol. Allí están los dedicados al doctor Johnson, filósofo; a Howard, amigo de los enfermos y de los encarcelados; lord Cornwallis, gobernador de Bengala; el general Picton; el general Abercromby, el general Moore y varios otros marinos muertos combatiendo contra los franceses.

    La estatua de la reina Ana está en el patio al entrar en la iglesia, porque fue en su reinado que ella se concluyó (en la galería de la media naranja están colgadas varias banderas tomadas en el campo de batalla). Todo este vasto edificio está rodeado de una hermosa reja de hierro. Comí con Carlos en su casa, con su madre y una hermana. De vuelta conocí a Mme. Stuart. Fui al teatro de Covent Garden, donde se representó una pieza de Shakespeare. Me pareció muy hermoso y más grande que el de Drury-Lane, pero no tan elegante. Los usos, orden de palcos, etc., son los mismos. Fui al salón real de feria de mujeres públicas, pero sólo por curiosidad. En el teatro bailó una niñita de ocho años.

1830. Junio 12.

    Sábado: Fui con Acosta a visitar la abadía de Westminster, uno de los mejores edificios de Londres, donde se coronan los reyes y se entierra a ellos y a los grandes hombres. La arquitectura es gótica, magnífica, y la figura una cruz. Dentro está la capilla llamada de Enrique VII, cuyo sepulcro está allí; en ella se reúnen los caballeros de la Orden del Baño y sus banderas están colgadas a los dos lados. También están los sepulcros de Eduardo el Confesor, de Isabel, con la particularidad de estar enterrada en el mismo lugar que María de Escocia, decapitada por ella, el de Ricardo II, el del duque de Montpensier, emigrado francés, y otros. Por todo el edificio se ven monumentos de mármol más o menos hermosos y las sepulturas de grandes hombres, allí está el del conde de Chester junto al de su primera mujer, y ha quedado vacío el lugar para la segunda, porque ella no quiso que la enterraran a la izquierda; el de Fox, teniendo al pie dos estatuas figurando dos esclavos que lloran su muerte; el del lord Mansfield sentado en su cátedra; el de Pitt, levantado por el parlamento; el de Newton teniendo perpendicular a su cabeza un gran globo celeste; el de una joven particular (Warren) cuya estatua parece de lo mejor; el de un esposo que defiende a su mujer de la saeta que le dirige la muerte.

   En un grupo están los monumentos de Milton, Shakespeare, Thomson, Richardson, Addison, Dryden, Gray, etc. En la capilla de Enrique VII hay mosaicos muy antiguos y por consiguiente muy ordinarios. Vimos la capilla donde se coronan los reyes, es una especie de alta tarima del lado izquierdo del altar; en otra capilla están las sillas destinadas a la ceremonia desde tiempo inmemorial, y son de madera muy ordinaria. En otro lugar están los bustos en cera de Guillermo y María, de las reinas Isabel y Ana, del lord Chatham y de Nelson, todos con sus vestidos naturales y muy perfectos. En otra parte están los sepulcros de Fox al frente del de Pitt, ambos muertos en 1806; cerca del de éste, el del lord Castlereagh, muerto en 1822, y a su lado, muy cerca, el de Mr. Canning, muerto en 1827.

    Salimos de Westminster, entramos al Alien Office a entregar el pasaporte y tomar el permiso de residir dos meses, todo gratis, como en Francia. De allí fuimos al jardín de St. James (Saint James Park) que es muy extenso y hermoso aunque con la particularidad de estar ordenado sin ninguna simetría. En medio hay un pequeño río que de intento se le ha hecho. Cerca está un monumento que consiste en el gran mortero con que los franceses bombardearon a Cádiz en 1812 y que fue abandonado después de la batalla de Salamanca, ganada por el duque de Wellington; este cañón fue regalado por las cortes de España al príncipe regente y colocado de su orden sobre un monstruo marino que le sirve de montaje. Después fuimos al sitio en que fue decapitado Carlos I en 1745; allí está una estatua de Jacobo II que indica con el dedo el lugar donde lo decapitaron.

    Escribí hoy a Pacho a París. Vi el famoso puente de Waterloo, famoso por su longitud, solidez y porque está tan perfectamente plano que parece una tabla.

    Por la noche fui con Acosta al teatro de la ópera italiana, King's Theater. Es el más grande y bello que he visto y está bien cuidado. No tiene balcones; los palcos todos están adornados con colgaduras. Del piso a la galería, hay seis órdenes de palcos, el anfiteatro, y la galería es hermosa. Este es el teatro de moda, el más caro y al que asiste toda la gente rica y fashionable. El parterre o patio cuesta media guinea y la luneta una guinea. Se representó la ópera de Rossini La Cenerentola, o Cendrillon; Mme. Malibran hizo el primer papel; Donzelli, Santini y el primer bajo de Europa, Lablache, todos cantores acreditados. Después hubo el baile Flora y Zephyro, en el cual danzó la Taglioni de París. Casi todas las bailarinas son francesas. Observé con pesar que los ingleses ni conocen ni sienten la música; regularmente aplauden y piden repetición de los pasajes estrepitosos y fuertes.

1830. Junio 13.

    Domingo: Empezaré a anotar los usos y costumbres del pueblo inglés, que en todo difiere de los otros de Europa. La nobleza es aquí lo primero en todos respectos, y después las gentes que llaman fashionables. El comercio, es decir los comerciantes y los manufactureros, no tiene en la sociedad grandes consideraciones. La cocina inglesa es simple y sencilla, poca profusión. Hay en esto como en todas las cosas un sistema constante. En las casas no hay concierges como en Francia; aunque las puertas siempre están cerradas, se abren por la portera y se cierran cuando se golpea o se toca una campana; el modo de golpear tiene sus reglas. Los salones tienen poco adorno de espejos, lámparas, relojes, etc., como en Francia. Los hoteles son muy sencillos, aunque algunos muy grandes y todos limpios y aseados. No se acostumbra fijar convites en las paredes: o se ponen en una tabla al pie de la pared, o de alguna reja, o algunos hombres andan por las calles con ellos levantados en una especie de estandarte. No hay la abundancia de oficios de correos que hay en París, es decir para fuera de la ciudad; en lugar de eso un hombre recorre todo el día una calle con una campana recogiendo las cartas para llevarlas al correo. Hay los coches que llaman ómnibus, pero no toman pasajeros en las calles. Hay pocos cabriolés, bastantes fiacres y en lo general decentes. A todo salón, teatro, reunión, etc., se puede entrar con el paraguas o bastoncito, pero no hay como en Francia quien lo recoja a la puerta y luego cobre dos sueldos al devolverlo. El comercio y los manufactureros viven en uno de los seis cuarteles de la ciudad. Los que se dedican a la marina en otro y la nobleza y gente fashionable en otro, en el de Westminster, que es donde están los teatros, el parlamento, las cortes de justicia, los palacios y jardines principales; el almirantazgo, la tesorería, etc.

   Londres se cree que tiene un millón 400 mil almas de población porque el año 1821 tenía un millón 200 mil. Tiene de largo de 8 a 10 millas, de ancho 5 a 7. La atmósfera está siempre oscura a causa del humo que sale de las chimeneas y, como es de carbón de piedra, el horizonte siempre es negro y desagradable; las casas no son grandes y consiste en que aquí no viven en una de ellas tres o cuatro familias como en otras partes de Europa. Todas casi están construidas de ladrillo. Lo mejor es el empedrado de las calles y el alumbrado. Los domingos se cierran todas las tiendas como en Francia, no hay teatros, ni más función que el paseo de Hyde Park o Kensington Gardens. Todos los negocios se deciden aquí previa una discusión, lo que contribuye a difundir las luces y crear un interés común hacia cualquier especie de materias, asuntos, empresas, etc. He visitado al señor Gorostiza. Por la tarde fuimos Acosta y yo a pasear por Hyde Park que estaba lleno de gente a pie, en coche y a caballo. Todos los domingos es el paseo de moda y parece un paseo de los de semana santa en Long Champs, de París. Este parque o jardín es grandísimo, rodeado de pequeñas pilastras de hierro y, como los demás jardines, tiene vacas, corderos y otros animales para hacerlo más campestre e interesante. Esta mañana pasé por Green Park, que está contiguo al de St. James. Aquí está el nuevo palacio del rey, que está al concluirse. Luego comimos en el hotel de Stratford una comida muy inglesa. He observado que los criados de los hoteles no cargan el delantal que tienen los de Francia. En Alemania y aquí, los criados se visten muy decentemente. Por la noche no salí, pues ya he dicho que los domingos no hay diversiones. El señor Darthez me ha visitado.

1830. Junio 14.

    Lunes: Llevé una carta de introducción al lord Lansdowne y fui con Acosta a Terrington Square a buscar un alojamiento. Visité a Tato. En esta ciudad hay más de 70 plazas todas sembradas de árboles y rodeadas de rejas a manera de jardines, lo cual contribuye a hermosear la ciudad. También hay en algunas de las principales calles unas pequeñas plazas redondas que llaman circos, pero sin arboledas. En la de Picadilly vi una casa que tiene la fachada egipcia, es decir el orden de arquitectura, la forma de la puerta y de las ventanas, las esfinges, los jeroglíficos, etc. Parece que es única en su especie. La grave enfermedad del rey causa muchos perjuicios a la industria porque esperando de un día a otro su muerte, por la cual ha de llevarse luto rigoroso por un mes y medio, ni la nobleza ni la gente de moda compra nada para pasar la estación. Generalmente se cree que el haber una reina será muy favorable a la industria del país. Por la noche estuve con Tato en Drury-Lane y vi la escena graciosa de aplaudir la mitad del teatro a un cantor y la otra silbarlo; pedir una la repetición y oponerse la otra; salir el cantor a repetir y hacer bulla para impedirlo, salir por tres veces cuatro personas a hablar y no poder por la bulla. Esto duró un gran rato y aun continuó al empezar la representación del Brigand. Pero nada hubo de más que palmadas, silbidos, Not!, bravo!, hear!, según el partido que cada uno tomaba.

1830. Junio 15.

    Martes: Los diarios hablan de que por noticias de La Guaira del 28 de abril se sabe que Bogotá se ha adherido a la independencia de Venezuela, aunque no se explica el modo.

    Estuve en Terrington Square N° 51 a buscar un alojamiento donde sólo se hable inglés. Fui con Carlos a la institución británica donde se exponen los magníficos retratos de los soberanos y hombres ilustres de Inglaterra y de Europa, hechos por Lawrence. Allí están los de Metternich, Nesselrode, Hardenburg, Castlereagh, Canning, Blücher, Platoff, Wellington, Lasdowne, Capo d'Istria, Liverpool, la familia real de Inglaterra, etc. Por la noche volví a la cámara de los comunes y entré a ella.

   La viuda del general Miranda se ha interesado en que vaya a vivir a su casa, según me ha mandado a decir con Acosta.

1830. Junio 16.

    Miércoles: Estando arreglado otro alojamiento, he tenido que obligarme a pagar una semana el que tengo como si lo habitara, porque es costumbre avisar una semana antes de mudarse y yo no lo sabía. He arreglado con la casa de Hartmann & Cía. de esta ciudad, el transporte de algunos intereses de Colombia a aquí; existe una carta suya del 14 en que me habla del modo de verificarlo, la comisión, costos, etc.; en esta virtud he escrito a Arrubla para que remita a Núñez a Cartagena seis mil pesos, y a éste para que los dirija por el paquete inglés a la dicha casa de Hartmann, Old Broad St. 6 Adams Court. También escribí a Josefita, a Pardo y a mi señora Nicolasa para recoger algunos otros intereses. Este pliego va de aquí a El Havre a la casa de Perquer & Fils, corresponsal de Núñez, con fecha del 17. Hoy he paseado por el pasadizo llamado Burlington Arcade, que no es tan bello como los de París aunque las fachadas son de arquitectura muy buena. He visto un mercado cerca de Covent-Garden. He comido segunda vez en casa de Carlos Wilthew. Recibí de Mr. Hume permiso firmado por el lord Clifton para ir a la cámara de los lores.

1830. Junio 17.

   Jueves: Visité al señor Herrera de Guatemala (Próspero) que me visitó ayer. Fui con Wilthew a ver el magnífico puente suspendido de Hammersmith, que me pareció mejor que el que había visto en París sobre el Sena. Se pagan 4 peniques pasando en berlina, a pie medio penique y en coche de dos caballos, un chelín por ganado, corderos, etc. (Sigue Nota del Editor...)... a dos millas de Londres. De vuelta vimos nuevamente a Hyde Park y a Kensington Garden, donde los árboles son mucho más grandes, En Hyde Park además de vacas y corderos merinos hay muchos venados y gansos. También pasamos por la oficina de la Real Sociedad Humana para salvar los que se están ahogando en un río que corre por el parque; vimos los botes y las redes como atarrayas para el efecto. Estuvimos en Russell Square, que es una de las más bonitas plazas de Londres, y en la nueva plaza de Belgrove, cerca del mismo Hyde Park, donde los edificios se están edificando con mucho gusto y simetría. Comí con Tato en un hotel inglés; el servicio es excelente, todos los guisados están cubiertos con sus tapas, los criados no tienen delantal. Luego fuimos a la gran ópera italiana, a los Horacios y Curiacios de Cimarosa y el Turco en Italia, de Rossini. Los principales papeles fueron la Malibran, Donzelli, Curioni, Santini, Lablache y Mlle. Blassis (francesa) que canta perfectamente bien. También danzó la Taglioni en el baile de Guillermo Tell. Las señoras pueden sentarse aquí, en Inglaterra, en el patio y luneta. No se hacen hileras para entrar como en Francia. Todo el mundo ha de ir a este teatro de etiqueta aunque ya se permite la... Gorostiza me ha visitado. Compré cigarros habanos a tres peniques cada uno.

1830. Junio 18.

    Viernes: Hoy me pasé a 51 Terrington Square, donde por vivir y comer pago cinco libras por semana, y lo sufro por ensayar si puedo aprender algo de inglés. Estuve con Acosta en Greenwich (seis millas de Londres), paseé por el magnífico parque y jardín donde está colocado el observatorio sobre una colina. El parque tenía una manada de venados. Allí mismo está un establecimiento del gobierno para enseñar la náutica a 400 jóvenes hijos de marineros... (Sigue Nota del Editor...), 400 los rudimentos primarios, con tal que sean también hijos de marinos. Al lado está otro establecimiento para niñas igualmente hijas de marinos. El lugar es bastante grande. Se encuentra el hermoso y vasto edificio donde se recogen los marinos inválidos y son mantenidos y vestidos del estado que forma la marina, dejando cada mes un montepío. Allí tienen su hospital, médicos, boticas, paseos, etc., de modo que hay ahora cerca de tres mil inválidos tratados mucho mejor que los inválidos de París. El edificio tiene cuatro cuerpos, y da sobre el Támesis. De Greenwich pasamos a Woolwich, donde están el arsenal y la gran maestranza de artillería. Un oficial nos mostró todo este hermoso establecimiento en virtud de una recomendación que consiguió Acosta. Vimos la fundición donde se taladran los cañones por medio de un molino tirado por caballos, donde se liman y se graban las armas en los cañones de cobre y bronce porque los de hierro se hacen por contrata con Escocia, en razón de que son más baratos. Vimos las salas donde se sierran las maderas, se pulen los palos y se cortan las trozas, todo por sierras movidas por vapor; es increíble la prontitud con que se hace todo esto y con que se forma una vara esférica de un cuadrado. El vapor ahorra los brazos y el tiempo. Para mover las grandes trozas, levantarlas, etc., se usa de máquinas tan sencillas que un solo hombre las maneja. Hay aserraderos de 7 sierras, de 6, 5, 4 y 1. Vimos las salas de los herreros y los almacenes de sillas, atelajes, ruedas, guarderas, etc., para la artillería, las muestras de toda especie de utensilios para su servicio, morteros, carroñadas, cañones, trenes, etc., en número inmenso.

   En los patios están colocados millares de cañones de todos calibres y millares de cureñas de hierro. Vimos la sala para confeccionar los proyectiles, para afinar la pólvora, para probarla en una especie de cañoncito que se mueve como un péndulo, las muestras de la pólvora de todas las naciones de Europa, la fábrica de cohetes a la Congreve y mil cosas más, indispensables en un tan vasto caserío y magnífico establecimiento.

   El oficial nos dijo que en tiempo de guerra 30 mil jóvenes elaboraban cartuchos. Por ser ya tarde no pudimos ver los relieves de las plazas de guerra inglesas, como Quebec, Gibraltar, etc., y la escuela militar. De regreso a Londres pagué al cochero 4 chelines y, después de haber andado media cuadra para casa, me alcanzó el cochero para devolverme un chelín que le había dado de más... ¡Qué cosa tan rara en un cochero de carruaje público! Por la noche estuve en la tertulia de mi patrona que tiene siete hijas. Acosta y Rengifo y el sobrino de Rocafuerte estuvieron también.

1830. Junio 19.

    Sábado: Me visitaron don Jerónimo Torres y Southerland segunda vez. Fui con Wilthew a pasear; estuvimos en Kensington Garden, donde está el palacio de la duquesa de Kent, que no tiene apariencia de palacio. Hay grandes arboledas en desorden, estanques y paseos; este jardín tiene menos regularidad que otros; es espacioso, bien cuidado y en vez de soldados a las puertas hay lacayos muy atentos. Después fuimos a Regent's Park, que es otro jardín nuevo, espacioso, lleno de vacadas, paseos para coches y gente a pie y a caballo. Por un lado tiene una famosa reja de hierro y edificios bastante hermosos y de arquitectura regular. Aquí está el establecimiento zoológico formado por una asociación particular (ménagerie); pagando un chelín se ve una porción de animales cuadrúpedos y volátiles de las cinco partes del mundo. Además de las fieras y animales que había visto en París en el jardín de plantas, vi el tapir, especie de puerco grande de crin lisa, el kangaroo de la nueva Holanda o Australasia, animal que tiene las piernas la mitad más grande que los brazos; el perro lobo de Italia, color blanco bastante lanudo; el Nyl-shau de la India, diferentes especies de águilas, un hermoso león africano, hienas, leopardos, panteras, tigres, el cóndor, un gallo negro inglés que imita al pavo real en su armadura y paseo, el buey de Birman de color rucio, corcovado con cara de asno, orejas de puerco y cuernos cortos. Para ser este establecimiento de particulares me ha parecido bastante provisto, bien arreglado y bien colocados los animales para pasar todas las estaciones.

    En Portman Square vimos la casa del lord Nelson, el célebre marino inglés. En la estación de invierno la buena sociedad de Londres no tiene espectáculos ni soirées , ni bailes como en París: o se van al campo donde dan convites en sus magníficas quintas o se pasan a viajar en el continente. Es en mayo, junio y julio que la sociedad tiene sus diversiones en la capital: teatros, suntuosos bailes, soirées o partys, comidas, etc. Ya se va desterrando el pugilato para divertir al público. Las carreras a caballo son muy fomentadas o concurridas por los ingleses; las de Ascot son las más nombradas. En las casas hay campanas y aldabón para tocar a la puerta; los criados tocan la campana y los caballeros la aldaba. Por la mañana no se visita a las señoras y aun cuando se vea a la señora, no se ve a las hijas; es poco antes o después de comer que éstas son visibles. La comida ordinaria es pescado, asado, legumbres, poco pan, vino que no sea de Francia (porque es muy caro), queso y rara vez una torta de dulce o budín. Después se sirve té. El almuerzo es café con leche y algunas veces carne fría o alguna ave. Ordinariamente se come a las 6 de la tarde y a veces más tarde. Los convites de etiqueta son a las ocho regularmente. Se usa también poca fruta. El servicio es rumboso, es decir platos con sus cubiertos de plata o plateados, buena loza y buenos cubiertos. Ningún inglés ni inglesa habla a nadie en ninguna parte si antes no le ha sido presentado. Por la noche tertulia en la casa, estudiando inglés.

1830. Junio 20.

    Domingo: Visité al señor Gorostiza, a Tato, a Southerland. Fui con Acosta a la capilla del embajador de Baviera donde hay una excelente música y canta la Malibran, pero no pudimos entrar porque estaba repleta de gente. Pasamos a la sociedad cooperativa dirigida por el célebre Owens (escocés) que da lecciones todos los domingos y ha tenido séquito en los Estados Unidos. El objeto de su instituto es mejorar la sociedad introduciendo una especie de comunidad de goces a favor de la anulación de las fortunas, las riquezas y trabajo material e intelectual de los hombres. Por filosófico que sea el proyecto, yo pienso que es irrealizable, principalmente en Estados gobernados monárquicamente. Entre mis papeles conservo un prospecto del diario que ha empezado a redactar en el particular. No salí por la noche.

1830. Junio 21.

    Lunes: Hoy he avisado a la casa de Hartmann & Co. que he escrito a Colombia para que le envíen 6 mil pesos por mi cuenta, de los cuales dispondré oportunamente. He escrito a Pachito a París, a Mme. Salazar y al doctor Rojas sobre su viaje a Colombia con ellas. También escribí ayer a Marcelino Núñez, recomendándole a Acosta (Joaquín) y hoy a los Arrublas, Burckle a New York con el mismo objeto. Un hermano del general Illingrowth, intendente de Guayaquil, me visitó; él, Acosta y yo, fuimos a ver los almacenes de Londres y los de Catarina (London Dock, Katherine Dock), donde se depositan los efectos importados y los de exportación. Los primeros son vastas salas, o de madera o de ladrillo, edificadas a la orilla del gran bassin donde anclan los buques de todo porte, tan arrimados a tierra que se puede pasar a bordo sin necesidad de una tabla. Por toda la orilla del bassin hay máquinas muy simples para embarcar y desembarcar los efectos. En las calles que forman dichos almacenes hay fajas de hierro en todas direcciones para facilitar el movimiento de los carros en que se llevan los efectos a los almacenes. Entramos a una de las trece bodegas para almacenar el vino, y fue preciso llevar candiles para entrar por ella porque es muy oscuro, no obstante que en las testeras hay lámparas que reflejan la luz por medio de una plancha de cobre. Nos dijeron que allí había 14 mil pipas y que en las bodegas donde está almacenado el ron no se entra con luz, sino que por medio de reflectorios se introduce la luz en la bodega y de allí con otro reflectorio se conduce a las pipas para reconocer el número o la marca. Hay en estos almacenes subterráneos, bombas para renovar el aire de cuando en cuando. Además de los almacenes llamados de Londres hay los de Katarina, que son nuevos, bastante hermosos y también edificados a la orilla del otro bassin. Además hay almacenes llamados de las Indias Orientales y de las Indias Occidentales; estos últimos son los más vastos. De allí nos embarcamos en un bote y bajamos el Támesis al punto donde se está haciendo el célebre puente llamado tunnel, que pasa por debajo del río, y que ahora se ha suspendido a dos tercios de su longitud por falta de dinero. El puente tiene la figura de un tonel con arcos de distancia en distancia, donde se colocan lámparas con gas para alumbrarlos porque uno es para ir de una parte a otra, y otro igual para venir, sin que se encuentren los carruajes. Las bóvedas son de piedras muy sólidas que no dejan penetrar el agua; su ancho es de 3 y media varas y está marcado el lugar por donde deben transitar los carruajes, y una especie de acera para la gente de a pie. La altura del pavimento a la bóveda puede ser de 4 varas. La profundidad desde el nivel de flor de agua del río es de 60 pies, porque el río tiene 15 solamente, y lo demás es greda y piedra arenosa. Hay un gran tubo por todo el piso de esta especie de puente que parece destinado a sacarlo cuando se pudiera llenar de agua. La vista de este puente desde un extremo es hermosísima. Se paga un chelín por verlo y entrar.

   El puente queda bastante inmediato de los almacenes de Katherine y de London. De allí volvimos a la ciudad y pasamos por la famosa columna de piedra levantada para perpetuar la memoria del terrible incendio de Londres de 1666. Tiene 202 pies de altura, lo que la hace más elevada que la de Trajano de Roma y la de Vendôme de París. El diámetro es de 15 pies. Entregué al señor Macaulay una carta de introducción del señor Grégoire de París. Al regreso a casa encontré una esquela de visita del oficial de la legación colombiana, P. Casas, con el nombre del ministro, doctor Madrid. Pagué visita a don Jerónimo y a Rengifo. Por la noche fui con Carlos y una hermana suya al teatro Hay-Market, donde se representó el Otelo de Shakespeare, cuyo papel hizo Kean, tenido como uno de los primeros trágicos ingleses. El teatro es pequeño pero elegante; está ordenado y alumbrado como los demás grandes teatros. Entrada al parterre, 3 chelines; un asiento de palco, 5 chelines. El actor Kean me gustó bastante, sin embargo de que no entiendo el inglés.

1830. Junio 22.

    Martes: Dos médicos han venido hoy a examinar mi enfermedad. Un maestro de inglés ha comenzado a darme lecciones para hablarlo. Por la noche no salí y me aplicaron sanguijuelas.

1830. Junio 23.

    Miércoles: El señor Gorostiza me ha visitado y convidado a comer el sábado. Fui con Acosta a visitar a la viuda del general Miranda, que vive donde mismo vivió su marido. Nos mostró la librería, el pupitre del general, la banda que le regaló Katarina II de Rusia, un bastón de carey, y me ofreció alojamiento para cuando volviera a Londres. De allí pasamos al Museo Británico, que se compone de objetos de historia natural, de una biblioteca de 100 mil volúmenes y de estatuas antiguas y restos de algunas antigüedades preciosas de Grecia y de Egipto. Las salas destinadas a objetos naturales no contienen todo lo que parece debe merecer una ciudad como Londres. Vi un grandísimo carnero de Islandia, los fósiles de cocodrilos y de la salamandra, que dicen son muy raros en los museos europeos. En la sala de antigüedades además de una porción de bustos y de estatuas, hay pedazos de relieves y de cornisas tomados del Partenón de Atenas, grandes pedazos de basalto, la famosa cabeza de Memnón de Egipto, una mano y un brazo, todo de una dimensión disforme, vasos redondos y cuadrados como para baños; aquí está el baño llamado de Alejandro el Grande, Isis y otros objetos curiosos y respetables por su antigüedad. Dícese que en esta parte el Museo Británico es singular. Hay también cosas escritas en papiro en caracteres egipcios. Pasamos por la plaza de Bloomsbury, donde está la estatua de bronce con pedestal de granito de Carlos Fox, levantada en 1816; está representado sentado cubierto con una capa. En frente y a distancia como de 100 varas está la estatua de bronce del duque de Bedford, en la plaza que tiene su nombre. Este duque es un rico propietario de Inglaterra y del partido de la oposición.

    Recibí carta de Pachito del 18 de junio de París. Casas me ha dicho que vino a visitarme en nombre de Madrid y que éste me suplicaba que lo viese antes de morirse pues estaba muy malo.

1830. Junio 24.

    Jueves: No salí en todo el día ni por la noche. Herrera, de Guatemala, ha estado segunda vez a visitarme.

1830. Junio 25.

    Viernes: He pagado 5 libras esterlinas por mi alojamiento y subsistencia de la semana cumplida hoy. He ido por la noche con Acosta a los jardines de Vauxhall, que tienen una reputación superior a los de Tívoli de París. El edificio consiste en un gran claustro de madera con anchos corredores cubiertos y dos semicírculos a los lados, también con corredores. Por todos ellos hay mesas preparadas para servir cenas. Pueden caber 12 a 16 mil personas. En el medio del patio hay una especie de tribuna donde se coloca primero la música de viento que sirve para danzar, y después una orquesta cuyos ejecutores deben ponerse sombrero apuntado; desde allí cantan algunos cantores y cantatrices varias piezas de música. El alumbrado del edificio forma una vista hermosísima; consiste en vasos de cristal de diferentes colores, o pendientes de lámparas, o formando diversas figuras, o colgados de los techos de los corredores de una manera que parece un cielo perfectamente estrellado. Hay un pequeño y bonito teatro donde se representan vaudevilles, otro más pequeño para títeres que hacen sus óperas por medio de los cantores que los manejan, panoramas y paseos. Se baila y se ven hermosos juegos artificiales. Cuando las noches son buenas en el verano (que es la estación de estas diversiones) concurre mucha gente de la nobleza y de moda. El precio de entrada es de 4 chelines. Regresé a las 12 de la noche. El señor Bowring me ha visitado y el señor Zebadúa, comerciante de Guatemala.

1830. Junio 26.

    Sábado: A las 9 se ha divulgado la noticia de la muerte del rey George IV en su palacio de Windsor (20 millas de Londres) a las 3 de la mañana. Multitud de hombres han recorrido las calles de la ciudad publicando este acontecimiento y vendiendo un papel que lo refería. Ayer me visitaron el señor Molini, antiguo secretario del difunto general Miranda, y un mejicano llamado Francisco de Borja Migoni. Hoy he duplicado a Arrubla y a Núñez a Cartagena, las cartas del día 16 del corriente en que les encargué me remitieran 6 mil pesos a la casa de Hartmann & Co. de esta capital. Estas cartas se ha encargado el señor Gorostiza de hacerlas dirigir a Colombia por el próximo paquete, de manera que es probable que lleguen a Cartagena a fines de agosto y a Bogotá en septiembre próximo. Poco después de divulgada la muerte del rey se juntó el consejo presidido por el duque de Clarence, sucesor al trono, y allí fue proclamado con el nombre de Guillermo IV. Después él dijo en el consejo de ministros que nada podía hacer mejor que seguir los pasos de su hermano, y continuó el ministerio. Seguidamente las cámaras de los lores y de los comunes prestaron el juramento de fidelidad al rey. Los ministros extranjeros recibieron una nota avisándoseles la muerte del rey. Las tiendas comienzan a cubrirse de blanco y negro o de tablas por este acontecimiento. El luto riguroso comienza el día 30 por seis semanas y debe cargarlo todo el mundo.

    Comí en casa de Gorostiza en compañía de Migoni, Zebadúa, Bowring, el editor general del Courier (con quien conversé largamente por haber estado sentado a mi derecha) y los oficiales de la legación Mangino y Tato y el comerciante Darthez. Allí supe la nueva farsa de Bolívar en Bogotá el mes de abril y leí algunos documentos públicos de Bogotá. Se reduce todo a que en Casanare hubo un movimiento en favor del pronunciamiento de Venezuela, a que los principales vecinos de Popayán dirigieron una petición al congreso con fecha 29 de marzo, diciendo que era menester ceder a la naturaleza de las cosas y al impulso de la opinión pública formando una confederación para evitar la guerra con Venezuela que los granadinos no querían hacer, porque los venezolanos no debían considerarse según los principios del derecho público como facciones, puesto que una gran parte disidente del resto de un Estado que tiene medios para sostener sus deliberaciones no puede ser tratada así. Concluyen pidiendo la convocatoria de un congreso granadino, y la adopción del régimen federal que de día en día se deja desear por los pueblos como una necesidad imperiosa. Otro papel firmado por el general Obando en Bogotá, expresa iguales sentimientos y habla de la efervescencia de la capital. Fundado en todo esto el gobierno provisorio de Bogotá (D. Caycedo, Osorio, Márquez y Herrán) o instigado por Bolívar que veía decidida la opinión en favor del pronunciamiento de Venezuela y de la federación, pasó el 15 de abril un mensaje al congreso provocándolo a disolverse y reunir una convención de la Nueva Granada. Esto produjo un gran altercado en el congreso en que García del Río y De Francisco llamaron revolucionario y traidor al gobierno provisorio. Entre tanto los ministros de Inglaterra, Brasil y Norteamérica pasaron una nota al gobierno en que expresaron que sin ánimo de intervenir en los negocios domésticos y sin poder apreciar las razones del mensaje del gobierno al congreso, declaraban que cualquier cisión del territorio colombiano les impondría el deber de retirarse como habiendo cesado en sus funciones, y que los tratados concluidos con Colombia por sus respectivos gobiernos se tendrían como no existentes. Esta escandalosa nota produjo su efecto: el consejo declaró que conservaría la integridad nacional y el consejo de Estado proclamó presidente a vida, a Bolívar, quedando suspensos los debates de la cámara. Bolívar tomó el mando ... "Miranda, secretario de la legación en Inglaterra y a un tiempo encargado de negocios".

1830. Junio 27.

    Domingo: Darthez estuvo a visitarme. Yo fui a ver al doctor Madrid y a su señora a Barnes Terrace. Encontré a Madrid tan postrado que me pareció un cadáver; luego que me vio soltó a llorar apretándome la mano, y me dijo en un tono que apenas le podía percibir: "que él había sido siempre mi amigo y guardándome la más grande lealtad, que jamás había escrito ni hablado una sola palabra contra mí y que así lo había asegurado al general Bolívar; que su posición era muy delicada, que había procurado sostener al general Bolívar por todos los medios que le parecieron justos y que si volvía yo a ejercer alguna influencia en los negocios públicos de Colombia, como él lo creía, me recomendaba encarecidamente a su familia". La señora Madrid ha conservado respecto a mí el mismo cariño antiguo. Estuve con Bowring en el club llamado el Ateneo, el mejor de Londres por la calidad de la sociedad y por la magnificencia del edificio; parece un palacio por su arquitectura, extensión y adornos. No salí por la noche.

1830. Junio 28.

    Lunes: A las diez se ha hecho una salva de artillería por la proclamación de Guillermo IV. Es uso y costumbre cerrar la puerta de lo que llaman la ciudad cuando muere el rey y mantenerla cerrada hasta la proclamación del sucesor para impedir que éste usurpe o prive a la ciudad de sus privilegios y libertades, ceremonia que hace palpar los derechos de la ciudad al menos advertido; hay muchas de estas exterioridades que parecen ridículas que sirven para presentar al pueblo objetos reales que les recuerdan sus libertades. El lord mayor hace abrir la puerta cuando toca el heraldo para solicitar que pueda pasar el acompañamiento para Royal Exchange. En el palacio de St. James el día de la muerte del rey, el sucesor ha leído un pequeño discurso en que lamentó la pérdida de su hermano y ofreció gobernar la nación conforme a sus leyes, usos y costumbres. Después el lord chancellor le recibió el siguiente juramento en presencia de toda la familia real, los lores espirituales y temporales: "Juro, dijo el rey, gobernar este reino conforme a los estatutos del parlamento, a los usos y costumbres recibidas. Juro mantener y defender la religión reformada". Entonces los miembros de la familia real y los lores espirituales y temporales le prestaron el juramento de obediencia firmando todos una declaración en la cual afirman que lo reconocen como a su legítimo y único soberano. Después expidió órdenes el rey para cambiar en la liturgia William donde decía George. Seguidamente firmó el rey otra declaración ofreciendo respetar las libertades de la Iglesia de Escocia.

   El doctor Madrid ha muerto hoy. Recibí carta de Garro desde París, fecha 23 del corriente. Estuve donde Gorostiza.

1830. Junio 29.

    Martes: Visité a Bowring y le di copia de mi representación dirigida desde París a Bolívar. Escribí a Chanviteau a París con Joaquín Acosta, para que le entregue 200 pesos que yo tenía en poder del doctor Madrid para comprar libros, y a Pachito para que los reciba de Acosta y los entregue a Gavoty, a cuyo efecto también escribí a éste. Escribí igualmente a Santamaría y a Domingo Acosta (una levita de paño fino, un chaleco blanco de tela, otro de lana y otro de seda me han costado 9 libras, 11 chelines, 6 peniques, que equivalen a 48 pesos de nuestra moneda).

    El luto es diferente para asistir a convites, para salir por la tarde y para pasear: las gacetas publican los pormenores de esta muda. Casi todos los almacenes y tiendas no contienen hoy sino géneros y cosas propias para luto. Visité al señor Zebadúa.

1830. Junio 30.

    Miércoles: Recibí carta de Hamburgo de los señores Ruperti y Enet del 24 de junio. Fui presentado por Bowring al señor Merle, editor principal del Courier. Visité la Torre de Londres, edificio vasto y fortificado a orillas del Támesis, construido en tiempo de Guillermo I y que sirve de prisión de Estado, habiendo sido palacio de habitación de los reyes desde Guillermo el Conquistador hasta la reina Isabel. Los cañones de esta torre se disparan en el nacimiento de la familia real o en celebración de algún suceso notable. Tiene una puerta por debajo de un puente, la cual se llama puerta de los traidores. Entre las murallas de este edificio hay varios departamentos divididos por calles y también hay cuarteles de soldados.

   Las puertas se abren y se cierran con muchas ceremonias y formalidades. Hay aquí lacayos (warder) que conducen a los extranjeros a visitar los salones, un chelín... en cada sala, y están con unas libreas raras: una especie de levita colorada con galones de seda, la corona y unos sombreros redondos de terciopelo negro con lazos de cintas de diversos colores.

    Vimos primero la ménagerie pagando un chelín cada uno.

    Hay pocos animales: un disforme león, un tigre, leopardos, hienas, osos, monos y algunas aves. Pasamos al salón llamado de armaduras españolas, el cual contiene los despojos de las armas blancas y de fuego tomadas a la Armada Invencible de Felipe II de España. Se nos mostraron una especie de torniquetes para apretar los dedos, que se dice eran traídos por los españoles para hacer confesar a los ingleses dónde tenían escondido su dinero. Vimos el hacha con que se dice haberles cortado la cabeza a Ana Bolena y a Juana Gray. También se ve una figura de cera de la reina Isabel a caballo en actitud de revistar el ejército que iba a oponerse al desembarco del ejército de Felipe II en 1558. Seguimos a la sala Small Armoury, donde están colocados 30 mil fusiles de una manera muy graciosa, que se sirve de un pequeño espacio de terreno y se conservan limpios en la más fácil aptitud de ser tomados. Hay otra sala igual que contiene 150 mil fusiles. Con ellos, las pistolas y otras armas se han formado mil figuras vistosas y elegantes. Entramos en el salón tiro de artillería donde hay diferentes piezas antiguas y varios trofeos tomados al enemigo. Aquí está uno de los cañones de primera invención, otro de palo de que se sirvió Enrique VIII contra Bolonia. Un gran mortero de 18 pulgadas de que se sirvió Guillermo III contra Namur. Una pieza de 30 obuses de 1 y medio, que disparan a un mismo tiempo. Un cañón francés lleno de relieves y en cuyas gualderas hay dos figuras grabadas de hombres. La sala House Armoury contiene varias efigies o figuras de los reyes de Inglaterra armados a la antigua usanza, todos montados a caballo. Eduardo I, Enrique III, VII y VIII, Carlos I, Jacobo II, lord Stanford, etc. Hay figuras armadas de los antiguos lanceros, arqueros, infantes, etc. Hay un caballo con una silla muy elegante y grandísimos estribos traídos de El Cairo. Varias corazas tomadas en Waterloo. Se pagan dos chelines por cada persona. Ultimamente vimos (también por dos chelines), la cámara donde están las joyas de la corona, las cuales se ven por entre una reja de hierro y a favor de varias lámparas, una mujer explica su uso y dice su valor. Hay allí la nueva corona imperial con que fue coronado George IV, de valor de un millón de libras, toda montada en diamantes y piedras preciosas: tiene tres hermosísimas perlas que se dice empeñó Carlos I o II en Holanda por 18 mil libras, un disforme rubí cuyo valor se ignora y un grandísimo zafiro (color azul). La antigua corona de Eduardo el Confesor, dos globos, dos coronas de reina, una para el príncipe de Gales, cinco cetros brillantísimos, dos brazaletes, un par de espuelas, dos espadas llamadas de lo temporal y espiritual, la espada de la misericordia sin punta y sin filo, vasos de oro para servir el vino, saleros, palanganas, jarras, la fuente bautismal donde se bautizan los hijos de los reyes, y una aceitera magníficamente trabajada, todo lo cual es de oro puro enriquecido de piedras preciosas destinadas a servir en la coronación de los reyes. De regreso para casa vi por fuera el magnífico edificio de correos, concluido en el reinado de Jorge IV: su arquitectura es de orden jónico; el frente tiene 6 columnas, a los lados, cuatro cada uno.

   Las cartas se distribuyen en el reino por mail coaches que tienen su guardia y que hacen el servicio por contrata con el gobierno. Andan ocho millas por hora. Pueden viajar pasajeros en estos coches y se pagan 6 peniques por milla. Esta renta produce al gobierno 1 millón y medio de libras, sin incluir la Irlanda. Esto da una idea de la cantidad de comunicaciones que hay en Inglaterra, de la vivacidad del comercio, etc. La Compañía de la India tiene su oficina para recibir en India House, todas las cartas para cualquier parte del mundo y de allí se pasan a la administración general de correos. La correspondencia para Africa se recibe en otra parte (cerca del Royal Exchange, la bolsa) y de allí se pasa a la dicha administración general. Para Francia salen correos martes, miércoles, jueves y viernes. Para Holanda y la Bélgica, Alemania y norte de Europa, martes y jueves; para Suecia, jueves; para Portugal, martes. Para América y las colonias de Sotavento cada primer miércoles del mes. Para las de Barlovento el tercer miércoles. Para Madera y el Brasil el primer martes. Para Gibraltar y el Mediterráneo el primer martes. Para Buenos Aires el tercer martes de cada mes. Hay en la ciudad 60 oficinas que reciben cartas para la administración general de correos y 153 para repartirlas en la ciudad misma pagando dos peniques. Además, un hombre con una campana anda recogiendo la correspondencia de las casas.

1830. Julio 1.

    Jueves: No salí ni de día ni de noche. Escribí a Bentham por consejo de Bowring, suplicándole me permitiera conocerlo personalmente.

1830. Julio 2.

    Viernes: Me ha visitado hoy Joaquín García Toledo, secretario interino de la legación de Colombia. No salí ni de día ni de noche.

1830. Julio 3.

    Sábado: He recibido una esquela de ayer muy satisfactoria de Jeremías Bentham convidándome a comer el lunes próximo. Es muy notable y honroso para mí que este sabio generalmente respetado en el mundo culto y jefe del partido radical ilustrado y mejorado en Inglaterra, concluya su carta con estas palabras: "Je suis, monsieur, avec le respect que votre renommée m'inspire, tout à vous. Jeremías Bentham".

    Hoy se ha enterrado el cadáver del doctor Madrid. No se usa en Inglaterra convidar a los entierros, como en Francia, por esquela. Los amigos del difunto sin embargo asisten a esta ceremonia. Los funerales son más o menos notables según el rango del muerto. Las personas destinadas a llevar el féretro se visten diferentemente aquí de como se visten en Alemania y en Francia. El carro que lleva el ataúd está cubierto de plumeros negros y los cocheros y mozos de a pie llevan sombrero redondo cubierto de un puño largo de seda negra. Los cadáveres de mujeres son acompañados por hombres con capas negras y por mujeres vestidas de saya y basquiña como entre nosotros.

1830. Julio 4.

    Domingo: Pagué visita a los señores Southerland, Migoni (rico negociante mejicano) y a Illingrowth. La hermana de éste, señora muy amable, me convidó a comer hoy y no acepté. Estuve con Acosta en el club Unión Literaria, donde hay gabinete de lectura y salas para comer a un precio bastante moderado. Cuatro libras anuales para cada individuo de la sociedad. Aquí conocí al profesor de matemáticas De Morgan, que me ha ofrecido proporcionarme visitar la universidad. No salí por la noche.

1830. Julio 5.

   Lunes: He escrito nuevamente a Núñez a Cartagena y a Arrubla a Bogotá, renovándoles el encargo de enviarme 4.000 pesos por la casa de Perquer a El Havre y 6.000 a la de Hartmann a Londres según mis cartas de París de 6, 25 y 30 de mayo para la primera remesa, y de Londres de 16 y 26 de junio para la segunda. Dichas cartas de hoy las he puesto en el correo dirigidas a Cartagena a Núñez (una carta sencilla vale 3 chelines, 6 una doble). Tomé mi pasaporte en el Alien Office de donde es preciso que pase a la aduana.

    Comí hoy con Jeremías Bentham. Este es un anciano de más de 80 años, alegre, bajo de cuerpo, gordo, robusto, pelo enteramente cano que le cae por las espaldas, vestido antiguo y sencillo, sin corbata ni nada de afeite. Costumbres patriarcales, trato franco y ameno, cabeza despejada aunque ya olvida los nombres de las personas, talentos vastísimos y algún tanto de vanidad. Antes de comer nos paseamos por su pequeño jardín, me mostró la casa donde vivió el célebre poeta Milton, que ahora es de él y la en que vive Mill, amigo del general Miranda; me mostró el busto suyo que le ha regalado el estatuario David, de París, y el retrato del general Miller al servicio del Perú. Me habló ventajosamente de Rivadavia y con grande respeto del general Lafayette. En la mesa nos sentamos, dos jóvenes que le escriben, yo a su frente y él; la comida bastante abundante y exquisita; poco vino porque él no lo acostumbra. Durante la comida hablamos de Colombia y de Bolívar, y sus opiniones son eminentemente liberales. Dijo que no había tirano que no tuviera su Timoleón, y que esperaba que no fuera Bolívar la excepción de esta regla consoladora para la libertad. Habló de la constitución de Francia, y de la de Inglaterra, dando la superioridad a la primera; explicó el radicalismo del partido popular en Inglaterra y pasó en revista las opiniones de Canning, Brougham, Mackintosh, y Hume, de los torys y de los whigs. De Hume habló ventajosamente. Después de la comida quedamos solos, tomé café de moka y él tomó mucho té; me mostró algunas de sus obras publicadas ya en español y otras todavía sin publicar en inglés; me regaló tres cuadernos de las primeras. Entre las segundas está el proyecto de código militar para el ejército de tierra y para la marina. Me regaló dos pequeñas monedas del tiempo de George II y me mostró una gran medalla alusiva a la Restauración. También me dio a leer impresas las cartas que ha recibido de varios personajes, entre ellas una del rey de Baviera y otra de un almirante de Rusia. Vi también todas las muestras de las monedas de Guatemala que le ha regalado el señor Valle. Nuestra conversación duró hasta las 12 de la noche, de una manera que quedé enteramente complacido. Al retirarme me suplicó que le escribiera en lo sucesivo y que me mandaría unas cartas para Rusia.

1830. Julio 6.

    Martes: Fui a ver la universidad. Es un hermoso edificio con columnata de orden corintio donde se enseñan los idiomas, filosofía, matemáticas, historia. De ahí fui a la aduana, también hermoso edificio situado a orillas del Támesis, a recoger mi pasaporte y el permiso de embarcarme. Luego me despedí de los señores Darthez. Estuve donde Gorostiza a enviar al ministro de Rusia mi pasaporte para el pase y el secretario respondió que visase el pasaporte en la legación de Colombia y lo devolviese para consultar al ministro sobre si podía o no visarse. Por la tarde comí con Carlos en casa de Mme. Stewart, donde sirvieron una excelente y abundante comida.

1830. Julio 7.

    Miércoles: Estuve donde García Toledo y visó el pasaporte que voy a enviar donde Gorostiza. Pagué cuatro bustos de yeso que hice hacer para el busto de bronce de David de París, y le regalé uno a Joaquín Acosta. Fui a visitar a la viuda del doctor Madrid al pueblo de Barnes Terrace. El señor Próspero Herrera me ha regalado la obra de Alvaro Flórez Estrada sobre economía política. Concluí unos apuntamientos sobre los sucesos de Colombia para dejarle a Bowring, que se ha interesado en ello fuertemente. La gaceta de ayer (Morning Herald), referente a papeles de New Orleans, dice que yo ofrecí mis servicios contra España al gobierno mejicano y que el gobierno me dio una respuesta muy amistosa.

    El ministro de Rusia no ha querido dar pase ni a Tato ni a mí para Rusia; esta ocurrencia me obliga a cambiar de resolución y viajar por Holanda, yendo de aquí a Ostende. El señor De Morgan me ha invitado para asistir a la universidad el 14, a una distribución de premios; como debo partir pasado mañana, no puedo aceptar.

1830. Julio 8.

    Jueves: Fui a ver la fábrica del gas. Consiste en una gran pieza donde hay muchos hornos de hierro donde se echa el carbón de piedra para extraerle el gas por medio del fuego y de tubos perpendiculares. Me acordé de los hornos de Zipaquirá para calcinar la sal. De esta pieza pasa el gas a purificarse a otra pieza y de ésta a un gran patio donde están los almacenes de bronce o hierro. Aquí hay tubos para comunicar el gas a las calles donde están las linternas. No habiendo quién me explicara en francés o español las operaciones de la fábrica, quedé sin comprender algunas otras. El olor del gas es detestable. Por la noche estuvo a verme Martínez, de Panamá, para quien me mandó Ruperti una carta de introducción.

1830. Julio 9.

    Viernes: Escribí a Bentham despidiéndome y a sir Robert Wilson diciéndole que estimaba sus esfuerzos en favor de la causa de América y de Colombia, pero que no lo había procurado visitar porque no pensase que lo hacía, no como a un abogado de nuestros derechos, sino como a un particular amigo de Bolívar.

    Escribí a mi hermana remitiéndole con la señora viuda de Madrid el busto de bronce que me regaló David en París; por consiguiente escribí a la señora Madrid suplicándole que lo llevase. Recibí visado mi pasaporte por la embajada de los Países Bajos. Me despedí de Wilthew y de su madre. Comí por segunda vez en casa del señor Gorostiza. Joaquín Acosta se fue para París antier, 7 del corriente. Recibí carta de Bentham eminentemente honrosa y satisfactoria y unos libros de su parte para el almirante ruso Mordvinof. He pagado todo el gasto de mi alojamiento y he regalado unos guantes a las niñas.

1830. Julio 10.

    Sábado: A las nueve me despedí de mi patrona y me dirigí con Wilthew al embarcadero. Me embarqué en el buque de vapor Ramona para Ostende (2 libras yo, 1 y media libra el criado, fuera de comida de ambos), el cual empezó a andar a las 11 y media del día. A las 8 pasamos por Margate, ciudad regular a la derecha del Támesis y muy inmediata a su embocadura en el mar de Alemania. A las 2 y media de la mañana fondeamos en el puerto de Ostende (Países Bajos). El Támesis presenta a sus dos orillas un país bastante pintoresco, poblaciones bonitas, vacadas, rebaños, quintas, sementeras y colinas pequeñas. Un número prodigioso de buques suben y bajan el río, y entre ellos muchos de vapor. En el momento que llegamos a Ostende vinieron dos empleados de aduana y quedaron a bordo. Yo pasé a la policía a visar el pasaporte y lo visaron inmediatamente, después a una oficina a sacar el permiso de desembarcar el equipaje, y lo tomé sin dilación y, al fin, a la oficina donde lo registraron sin demora. Todo esto se hizo con prontitud a pesar de la hora, y verificado así, me embarqué en una barca que hace el viaje a Bruges por un canal ficticio. Ostende es una ciudad fortificada, poco grande y nada bonita. Las mujeres usan una especie de capa negra con capilla, como frailes.

GRAND

1830. Julio 11.

    Domingo: Salimos a las 5 de la mañana por el canal, tirando la barca caballos como en las diligencias. El país es llano, más abundante en prados para ganado que en sementeras. Hay algunas poblaciones bastante pequeñas. De trecho en trecho hay puertas que se abren para una sola persona con una tuerca, para dar paso a los buques que van y vienen por estos canales, y que, o son tirados por caballos o por hombres; se paga un peaje. A las ocho y media del día llegamos a Bruges (un franco y medio cuesta el pasaje por cabeza tomando el mejor lugar), ciudad poco considerable en el día, aunque no es pequeña (25 mil almas). Bruges fue el centro del comercio de Italia y las ciudades anseáticas en la Edad Media. Aquí fundó Felipe el Bueno, la orden del toison de oro por su casamiento con Isabel; los emblemas indican el progreso de la agricultura y comercio en aquel tiempo. Desembarcados, atravesamos en una diligencia la ciudad, para embarcarnos en otro canal para Gand. A bordo de otra barca semejante a la anterior y servida de la misma manera, salimos a las 10 del día y llegamos a Gand a las 4 y media de la tarde, pagando por el pasaje en las primeras cámaras 2 y medio francos. También hay puentes, peajes, pequeñas poblaciones, menos vacadas y rebaños que de Ostende a Bruges, y muchas arboledas y alamedas. En Gand posé en el Hôtel de los Países Bajos. Esta es una ciudad grande, bastante regular, cortada por canales y con paseos públicos agradables. Aquí nació Carlos V, aquí se hizo la pacificación llamada de Gand en 1576, al principio de la revolución de estos países contra Felipe II; aquí se insurreccionaron los habitantes contra Carlos V y aquí se refugió Luis XVIII en 1815. Por la noche fui al circo olímpico. Las corridas de caballos estuvieron graciosas. Vi además esta noche correr a la vez sobre dos caballos. Después de haber estado en Londres me parecen estas ciudades miniaturas y muy desaseadas. Gand tiene manufacturas de telas, encajes y paños. Tiene teatro. Hay universidad. De aquí se va a Bruselas por diligencia y por buque de vapor en ocho o diez horas. De Ostende a aquí también hay diligencia que viene en 6 horas. Uno de los gastos más considerables de un viajero y que se hace insensiblemente, es el del pago de llevar y traer el equipaje de los hoteles a la diligencia o barco y de éstos a las posadas.

AMBERES

1830. Julio 12.

    Lunes: Di un paseo por la ciudad cuya población es de 75 mil almas. Estuve en una de las plazas que sirve de paseo público, en la iglesia de San Nicolás, que es regular, frente al magnífico edificio de la universidad, cuya portada de 8 columnas se dice es una imitación del Panteón de Roma, y en la especie de torre que los ganteses levantaron para hacer ostentación de su riqueza. Hay diferentes sociedades literarias. El palacio donde nació Carlos V es hoy una fábrica de hilar algodón.

    A la una del día salimos en la diligencia para Amberes (trece francos por mí y mi criado) que dista nueve leguas. Atravesamos el país llamado de Waes, que si se ha de creer a los flamencos es uno de los más y mejor cultivados de Europa, de toda especie de cereales y de una planta que da el color de la cochinilla, la garance. Pasamos por los lugares de Lokren (15 mil almas), San Nicolás (14 mil), que tiene una hermosa plaza, y Beveren. Llegamos a la orilla del Escalda, inmediatamente lo atravesamos en un buque de vapor (6 centavos cada persona) y desembarcamos en las calles de Amberes a las 7 de la tarde. El Flandes oriental tiene muchas fábricas y muchos canales. A Gand solo la atraviesan cuatro ríos, lo que hace que tenga 80 puentes. Me alojé en la posada de La Couronne y tomé la diligencia para mañana hasta Breda a razón de 18 francos por mi criado y yo. Aquí en Gand se hizo la paz de Inglaterra y los Estados Unidos, en junio de 1814.

BREDA

1830. Julio 13.

    Martes: De aquí hay buque de vapor a Rotterdam; en 12 horas baja el Escalda y luego sale al mar. Llegué a Breda a las 6 menos cuarto de la tarde. El camino ha sido bueno, todo está empedrado y con alamedas. El país está bastante poblado pero menos cultivado que el que pasé ayer, y pantanoso. Esta es la provincia llamada el Brabante septentrional. Breda es ciudad fortificada y tiene 10 mil almas de población. La ciudad es regular. Tiene un parque o paseo bastante bonito y se llama Valkenbourg. En la iglesia protestante hay un mausoleo levantado a un conde de Nassau, obra del célebre Miguel Angel. Consiste en una tumba de piedra de toque (color negro) sobre la cual está tendida la figura del conde y de su mujer; otra piedra del mismo color sirve de cielo y está sostenida por cuatro estatuas que la cargan al hombro y tienen la rodilla derecha en tierra. La una representa a Julio César, con esta inscripción: Virtute belica imperari, fortitudo; la otra a Régulo, con esta otra: Fidem infractus servavi, magnanimitas. "Je n'ai jamais violé ma parole une fois donnée". Estas dos estatuas y las del conde y su mujer, son de alabastro o mármol. Aquí en Breda hay sociedades literarias y de pintura, fábricas de paños y alfombras. Aquí estuvo refugiado Carlos II de Inglaterra huyendo de Cromwell y de aquí salió a ocupar el trono de Inglaterra después de la muerte del Protector. Se celebró aquí en 1566 el acto de nobleza conocido con el nombre de compromiso, en que solicitaba de la gobernadora Margarita de Parma, hermana de Felipe II, la conservación de las leyes y privilegios de la nación y la supresión de la Inquisición. Esta famosa representación, firmada por 400 nobles, dio lugar a la denominación de Gueux, apodo dado en la revolución. A cuatro leguas está Berop-Zoon hacia el mar, plaza muy fuerte, fortificada por Cohorn; a ocho, hacia el interior, está la plaza fuerte de Bois-le-Duc. Posé en el hotel Le Lion d'or. En Anvers estuve nuevamente en la famosa catedral gótica de siete naves. Vi el púlpito de madera celebrado, de Verbrugen, y el sagrario hecho por el mismo que representa el Arca del Antiguo Testamento. Entre las diferentes sociedades e instituciones de Anvers es nombrada la Academia de Pintura y Dibujo. En la puerta de la iglesia catedral está la inscripción dedicada al célebre pintor Matsys, que había sido herrador y que se hizo pintor para casarse con la hija de otro pintor que había ofrecido no darla a ninguno que no ejerciera su profesión. Se conserva este suceso por la siguiente inscripción: Connubialis amor de mulcibre fecit appellem. En frente de esta inscripción está el pozo cuyas fajas de hierro fueron hechas por el mismo Matsys a martillo, sin usar lima alguna para afinarlas.

LA HAYA

1830. Julio 14.

    Miércoles: Salimos en la diligencia a las 2 de la mañana, a las 5 llegamos a Moerdyk, lugar pequeño, y nos embarcamos con la diligencia en un buque de vapor para atravesar un brazo del Meuse. Continuamos y a las siete entramos en Dordrecht o Dort, ciudad antigua situada en una de las diferentes islas que forma el Meuse y que hacen parte de la Holanda meridional. Dordrecht tiene cerca de 20 mil almas y se cultiva tabaco, cultura bastante extendida en esta provincia, en la Holanda septentrional y en el Flandes oriental. En esta ciudad comenzó la secta de arminianos, condenada en un sínodo calvinista reunido aquí mismo en 1618. Aquí tuvieron los estados de Holanda su primera sesión de la asamblea provincial. Pasamos otro brazo del Meuse en una barca grande en que cupieron la diligencia y los caballos, y que se tira por medio de un grueso cable. Proseguimos el camino y a las nueve estuvimos frente a Rotterdam, a la cual llegamos a las nueve y media, después de pasar en un buque de vapor un tercer brazo del mismo Meuse. Hay diez leguas de Breda a Rotterdam, el país es bajo, pantanoso, cultivado, con buen camino y alamedas. La vista de Rotterdam es hermosa; es una ciudad de 72 mil almas, muy industriosa y comerciante, atravesada por muchos canales que cruzan las calles, a cuyos bordes hay filas de árboles, y donde se cuentan muchos puentes suspendidos que se levantan para dar paso a los buques. Buque de todo porte llega a las calles de Rotterdam, lo cual, junto con la hermosa arboleda que corre a lo largo del Meuse y que forma calle con los edificios regulares que tiene la ciudad, forma un paseo bellísimo, superior en mi opinión a los boulevards de París. La bolsa es más pequeña que la de Amberes; es de piedra de sillería, cuadrada, y sus pilares son de una sola piedra. El almirantazgo es bueno. La iglesia de protestantes, llamada de San Lorenzo, tiene una torre que no se ha concluido y encierra tres monumentos de mármol a la memoria de los almirantes Witt, Brakel, Kortenner. La sinagoga es un edificio sencillo que tiene en la portada una inscripción hebrea. Hay algunas sociedades como la de física experimental y de bellas artes. Tiene teatro, vauxhall y una sala para dar conciertos. Hay fábricas de agujas, de colores, aguafuerte y estofas de lana. Rotterdam es la patria de Desiderio Erasmo, que nació en 1467; cerca de la iglesia de San Lorenzo está su casa, muy pequeña, donde se conserva esta inscripción: Haec est parva domus, magnus qua natus Erasmus. Sobre un puente cerca de ella está la estatua de bronce de este sabio en traje de doctor con un libro en las manos. El filósofo Bayle, autor del diccionario que lleva su nombre, murió aquí desterrado de su patria, Francia. He visto una esclusa o dique con la cual preservan los holandeses su patria de inundaciones; es una gran puerta fuerte que se abre y se cierra con tuercas. Sin esto, todo este país, hoy tan poblado y tan industrioso, sería un lago inútil. Cerca de esta ciudad, a 11 leguas hacia el interior, está Utrecht, frente al Rhin; en ella se celebró el acto de unión de las provincias de Güeldre, Holanda, Frisia, Zelanda, Utrecht, Zutphen y Overysel en 23 de enero de 1579, que aseguró la federación de las provincias unidas declaradas independientes de España. También se celebró aquí el tratado de paz en 11 de abril de 1713 entre Francia, Inglaterra, Portugal, Prusia, Saboya y Holanda, entre España y Holanda y entre España e Inglaterra, después de la guerra de sucesión de España, que duró 12 años. Utrecht tiene universidad y en la provincia del mismo nombre se cultiva tabaco.

    A tres leguas de Rotterdam está Brielle, plaza fuerte en la isla de Voorne; en ella desembarcó el príncipe de Orange para reparar las pérdidas que había sufrido defendiendo la libertad de las provincias unidas. Por consejo de su suegro, el almirante Coligny, formó una marina y emprendió las operaciones que al fin dieron libertad al país. Los marinos se llaman gueux de mer. Al otro lado de la isla está Hellewestshuis, puerto donde se embarcan para ir a las colonias holandesas; de él salió Guillermo III con su mujer, María, hija de Jacobo II, a ocupar el trono de Inglaterra en 1688.

    Después de haber recorrido la ciudad y almorzado en el hotel S. Lucas, salí a la una y media de la tarde para La Haya, adonde también puede irse por un canal que toca en Delft y sigue a dicha ciudad. Hay cuatro leguas de Rotterdam a La Haya, se pasa por Delft, ciudad de 15 mil habitantes, bastante bonita y cruzada de canales cuyos bordes tienen alamedas. Esta ciudad existía desde el tiempo en que Julio y Claudio Civilis levantaron su voz en favor de los bátavos oprimidos por Nerón. Hay aquí un arsenal, una escuela de ingenieros, artillería y marina, fábricas de paños y de lana, de estufas e instrumentos de física y matemáticas. Esta es la patria de Hugo Grocio, cuya estatua de mármol está en la que se llama iglesia nueva. También está en ella el monumento levantado a Guillermo de Orange, libertador de la Holanda, asesinado en esta ciudad en virtud de la proscripción de Felipe II. Sucedió esto el 10 de julio de 1584. El mausoleo es de mármol sostenido por cuatro columnas, debajo de las cuales está la estatua a cuyos pies se ven las de sus dos hijos, Mauricio y Federico Enrique, y un perro como emblema de la fidelidad.

    A las cuatro llegué a La Haya, residencia actual de la corte. Es una ciudad muy bonita, limpia, cruzada igualmente de canales y de alamedas. Tiene 55 mil almas y sus calles, así como las de Rotterdam y Delft, en lugar de enlosados tienen aceras de ladrillo parado. De las 6 a las 7 y media he recorrido la ciudad y visto lo siguiente, lo cual dará una idea de su extensión: la plaza de parada, el grande y pequeño parque de Noorhout y el gran parque de La Haya, que es bastante extenso, con arboleda frondosa, una parte en alamedas y otra al natural, con canales y casas de palo con café, bizcochos, etc. Al centro toca la música militar algunas piezas de las 6 a las 8 de la tarde, pagada por la sociedad de física y literatura llamada Diligentia; allí se reúne el público. Lo he visto reunido y me ha parecido tan poco numeroso que me acordé de la retreta de Bogotá. Esto tiene el haber estado antes en París y Londres. El parque me ha agradado mucho, no obstante esta circunstancia. Al fin de él hay remedos de las plazas de Londres (squares) y existe el palacio del rey llamado de Bois. De un lado y dentro del mismo parque hacía ejercicio un regimiento de infantería, del otro hay una manada de ciervos. Pasé por el teatro, por el palacio del príncipe Federico y por el del príncipe de Orange, que ambos no tienen apariencia sino de casas regulares edificadas sencillamente, y por el antiquísimo edificio llamado la corte de los antiguos condes, Binnenhof; está en medio de una especie de lago y forma un vasto edificio donde hoy tienen sus sesiones los estados generales y despachan otras corporaciones. En la antigua capilla donde actualmente se hace el sorteo de la lotería y de la deuda diferida, estuvo preso el patriota venerable Barneveldt, de donde salió para ser asesinado judicialmente para satisfacer la venganza del príncipe Mauricio de Orange; también estuvo preso Grocio.

    Desde Breda para La Haya hay grande abundancia de ganado vacuno y poca agricultura. La entrada y salida de Delft es bellísima porque se camina por alamedas, pabellones de café, quintas, jardines y el canal que corre a la izquierda. He posado en el hotel Le Lion d'or. Esta ciudad y la de Delft, edificada de ladrillo, conservan en las casas el color natural de él, lo que unido a la igualdad de color con que pintan las cenefas de las ventanas y puertas, les da una perspectiva agradable. Rotterdam es lo mismo. He visto por el tránsito las tourberies, es decir, donde se hace con boñiga y juncos la turba, que sirve para calentarse en invierno en lugar de leña. El sol seca esta mezcla y después se corta como ladrillo. No salí.

1830. Julio 15.

    Jueves: De aquí se va a Amsterdam o por canales o por tierra, ya tocando en Leyden o ya en Haarlem; seis diligencias salen diariamente. Visité la biblioteca real que tiene 100 mil volúmenes clasificados por materias y colocados en salas pequeñas; hay un gabinete de medallas antiguas y modernas y una sala donde se muestran los adelantamientos progresivos del arte tipográfico. El edificio es de piedra de sillería, la escalera de mármol con barandas de hierro. Entré a ver la sala de la segunda cámara de los estados generales. La escalera es de palo; la forma de la sala un cuadrilongo, y los asientos están paralelos aunque divididos en 6 secciones. Su colgadura es sencilla; las paredes y la bóveda cóncava son de estuco blanquísimo con columnas corintias embebidas en ellas. El trono es hermoso. Al frente está la silla del presidente, una banca paralela a los asientos sirve de mesa y sobre ella está el tintero para cada diputado. La primera cámara o de pares es más sencilla; los asientos están colocados en forma elíptica y la silla del presidente no tiene esa especie de solio que tiene el de la otra cámara. El embovedado tiene la figura de una concha de tortuga dentro de la cual está un jeroglífico representando por medio de mujeres las provincias unidas de Holanda. En otra sala y en la de los pares están los retratos de los príncipes de Orange: desde Guillermo el Taciturno que acaudilló la santa revolución contra Felipe II, hasta Guillermo V, padre del rey actual. Estuve en el teatro a la representación de la ópera el Freischütz, que había visto en Hamburgo y París. Me pareció mal ejecutada bajo todos respectos, o al menos no como en las dichas ciudades. El teatro es pequeñísimo para ser el único en esta capital y no había trescientas personas. Se representa en francés. Allí estuvo un joven como de doce años que es hijo del príncipe hereditario de este reino.

HAARLEM

1830. Julio 16.

   Viernes: Cerca de esta ciudad, a tres cuartos de legua, está el pueblo de Scheveningen, a la orilla del mar, muy hermoso y limpio. Está habitado de pescadores y es el paseo de todo el mundo, principalmente para almorzar. Salí de aquí en la diligencia de las dos de la tarde y llegué a Leyden a las 3 y media por un camino excelente, a cuyos lados continúan viéndose praderías cubiertas de ganados.

    Leyden es una ciudad bastante regular, de 54 mil almas, situada en la orilla del antiguo lecho del Rhin, que la atraviesa y forma islas reunidas por innumerables puentes y, por consiguiente, está cruzada también de canales. En la historia de la revolución de estos países es célebre por el famoso sitio que sostuvo en 1574 en el cual el burgomaestre Van der Werf hizo prodigios de firmeza. Aquí existió Juan Lusac, que en un diario que redactaba defendió la revolución de los Estados Unidos, por lo cual Washington le dio las gracias repetidas veces. Boerhaave, que nació cerca de esta ciudad, dio lecciones en la universidad que fundó el príncipe de Orange en recompensa del sitio enunciado. Van Swieten nació aquí y, discípulo de Boerhaave, se fue a Viena porque siendo católico no podía ocupar la cátedra de su maestro. Descartes y Grocio fueron catedráticos en esta universidad. En la iglesia de San Pedro reposan las cenizas de Boerhaave, donde se ha levantado un sencillo monumento de mármol negro con esta inscripción que explica los principios de este célebre médico: Simplex sigillum veri. En la casa municipal se conservan empajados los pichones que sirvieron al príncipe de Orange para comunicarse con los sitiados de Leyden y Haarlem. Hay aquí un hotel para inválidos. Tiene la ciudad diferentes sociedades literarias y científicas, algunas fábricas y en sus contornos agricultura. En la biblioteca, que se compone de 40 mil volúmenes, existen dos esferas construidas por St.-Gravesande y Musschembroek. Hay teatro.

    Salimos de Leyden después de las 4 y a las 6 y media llegamos a Haarlem, ciudad de 20 mil almas, situada a orillas del Spaar, cuyas aguas la cruzan en diferentes canales y sobre los cuales hay puentes firmes y levadizos. Es bonita ciudad y sus alrededores encantan por el cultivo de los jardines de flores y las elegantes casas de campo que se ven. En esta ciudad cometió crueles asesinatos el hijo del feroz duque de Alba, después de haber ofrecido a la guarnición todas las garantías correspondientes en una capitulación. La industria fabril es asombrosa; se construye todo género de obras de toda clase de metales y maderas, hueso, etc. La iglesia de San Bavon es gótica; su bóveda es graciosa. Aquí se conservan dos campanas hechas con el metal tomado en Damieta, en el siglo XIII, en la cruzada de San Luis. De la bóveda están colgados los modelos de un buque que teniendo una sierra en la proa, cortó a toda vela la cadena que cerraba el puerto de Damieta, lo que hicieron los habitantes de Haarlem en la dicha guerra de la mencionada cruzada.

    Oí tocar el famosísimo y disforme órgano, único en Europa, que tiene 5 mil tubos y 68 registros. Pagamos dos ingleses y yo 12 florines por oírlo una hora; admira y encanta: remeda una tempestad furiosa de tal manera que aun estando prevenido espanta el ruido del viento impetuoso, los horrendos truenos, la lluvia, todo se oye idéntico. Después de serenada la borrasca cantan los pájaros. El órgano tiene 3 órdenes de teclas y los grandes bajos se tocan con los pies. Debajo está un monumento de mármol compuesto de 3 figuras representando la poesía, la América y la piedad; cuatro columnas corintias de mármol negro cubren este grupo. En Haarlem nació Lorenzo Koster, a quien los holandeses suponen inventor de la imprenta en 1420 o 25, a quien su amigo Fust robó los caracteres que Gutenberg montó en Maguncia. Vi la casa donde vivió y a su frente se ha levantado una estatua de piedra con esta inscripción:

   "Memoriae sacrum typographiae ars artium omnium conservatrix, hic primum inventa circa annuum 1450".

    La misma inscripción tiene la puerta de la casa y la lápida que cubre su sepulcro en la iglesia de San Bavon. En la casa municipal existe el primer libro impreso en la imprenta de Koster titulado Speculum humanae salvationis. Hay aquí igualmente sociedades literarias y científicas. En un tiempo se vendieron aquí los tulipanes (flores) a un precio excesivo; tal fue el frenesí de entonces. La más grande máquina eléctrica.

AMSTERDAM

1830. Julio 17.

   Sábado: Dejé el alojamiento La media luna y salí a las 8 de la mañana para Amsterdam, donde llegué a las 9 y media por un camino como los anteriores. A la derecha se ve el mar llamado de Haarlem y a la izquierda el golfo T'Z, también del mar. En Amsterdam me alojé en el Gran Doelem y entregué inmediatamente mi pasaporte. Esta ciudad, la primera de este reino en comercio y riqueza, tiene más de 200 mil almas de población, está situada a orillas del golfo T'Z, cerca del mar llamado de Zuidersee. Tiene cuatro leguas de circunferencia, sus calles aunque angostas están bien empedradas y las aceras de ladrillo, y las cunetas y puertas de casas lo mismo que en Haarlem, Leyden, La Haya, Rotterdam; también está cruzada de canales y puentes. El Amster la atraviesa, de cuya palabra y de la de Dam, que significa dique, se ha formado el nombre de la ciudad. Luis Napoleón rey residió aquí en 1808. El actual rey de los Países Bajos fue inaugurado en 1814 en calidad de príncipe soberano de las provincias unidas, habiendo desembarcado en Scheveningen el 30 de noviembre de 1813. Dícese que la ciudad tiene 280 puentes y un gran número de esclusas. Inmediatamente salí a recorrerla, estuve en el museo, donde hay más de 400 cuadros de la escuela holandesa, unos de fantasía y otros de retratos de los personajes más nombrados de este reino. Dícese que esta galería es famosa; a mí me han gustado los cuadros, cuyo catálogo conservo en mis papeles. Entre los retratos vi con sorpresa el del feroz duque de Alba. De ahí pasé a ver el hotel del almirantazgo, que es un grande edificio cerca del cual está el arsenal, que es magnífico. Visité las grandes ramadas de madera que sirven para la construcción de los buques de todo porte y en las cuales se están actualmente construyendo cinco fragatas de guerra, los almacenes provistos de todo cuanto se necesita para ellos y los talleres donde se construyen todos los efectos necesarios para la artillería y la marina. En las ramadas se pueden construir a la vez cinco fragatas y navios, cuatro corbetas, 4 bergantines y buques menores. Todos estos talleres están en un edificio muy largo, unido al arsenal. De regreso al alojamiento me vine por una de las mejores calles de la ciudad, que tiene la apariencia de las de Londres, con la diferencia de que en estas hay canales a cuyos bordes hay alamedas; se llaman las dos calles Heeremgrecht y Keijsergrecht. De paso vi cerca de la sinagoga dos judíos con la barba larga y vestido talar morado.

   En el museo hay dos cuadros detestables que fueron los primeros que se hicieron cuando se descubrió la pintura al óleo. En el puerto está fondeado un barco de un palo (yacht) todo dorado y lujoso, en el cual se pasea el rey por la bahía y lugares de los contornos. Estuve en uno de los 3 teatros de la ciudad, el de Amster Street, que es muy pequeño. Se representaron en holandés una tragedia y un vaudeville; aunque no entiendo el idioma, comprendí el asunto de la primera y me agradó. Es tal el uso del tabaco de humo en este país, que en el teatro se permite a los actores fumar la pipa en los papeles en que debería figurarse el fumarla. Las damas se apoderan del pequeño patio con unas gorras disformes que impiden ver la escena; en Londres no se permite a las personas que ocupan el parterre traer gorras. Estuve en una sala de baile por medio florín.

1830. Julio 18.

    Domingo: El viaje de Breda a Rotterdam me costó 11 florines (inclusive el criado y pasajes de ríos), de Rotterdam a La Haya 2 y medio florines, de La Haya a Haarlem cuatro florines, y de Haarlem a Amsterdam dos y medio florines. Los alojamientos y comida no son caros a excepción de esta ciudad y La Haya. En lo que se llama Bélgica me ha parecido todo muy económico. En Amsterdam hay diferentes sociedades literarias, científicas, de bellas artes y de beneficencia, como en casi todas las ciudades de este reino. Hay una casa de trabajo para extinguir la mendicidad, otra de refugio para los viejos, para las viudas y para los huérfanos. Hay un ateneo con una biblioteca regular, un jardín botánico y una sala de anatomía; allí se enseñan por 12 catedráticos, diferentes ramos de ciencias y literatura. El instituto de Amsterdam, o instituto real de los Países Bajos, se compone de cuatro clases: matemáticas, literatura nacional, literatura extranjera y bellas artes. Pasé por la escuela de navegación, situada en el puerto; en el patio hay en tierra una fragata armada para la instrucción y después practican los educandos en otra, en el puerto, navegando. El puerto puede contener mil buques de todo porte; el muelle es excelente y se hacen actualmente trabajos nuevos para reducir la entrada hacia el arsenal. Hay aquí un banco con el nombre de Banco de los Países Bajos, que emite billetes y notas y descuenta letras revestidas de tres firmas de conocida responsabilidad a imitación del de Bruselas y el de París. Por la tarde he dado un paseo por los lugares más concurridos, con un compositor de música que comió en el hotel, después de haber estado en el café de París. El paseo es hermoso, por alamedas plantadas a orillas de las canales, por las cuales entramos al jardín principal, llamado parque; pasamos por el principal puente del Amster, llamado Pont des Amoureux; por todo este paseo se ven a la derecha prados cubiertos de vacadas. Todo el pueblo se paseaba; encontramos algunas mujeres de la provincia de Frisia, donde se conservan las antiguas costumbres y vestidos; los huérfanos asistidos y educados en las casas destinadas al efecto; los varones vestidos de negro pero la chaqueta la mitad colorada, y las hembras también vestidas de negro con su delantal blanco y una cofieta como pañuelo en la cabeza. Vimos la casa de depósito de las mercaderías y géneros de importación y exportación. El teatro holandés construido de madera y el gran cuartel donde caben 14 mil soldados. En el parque hay una casa y un jardín donde todo el mundo toma refrescos y oye una orquesta los domingos, pagada por el dueño del establecimiento. A las 10 de la noche nos retiramos. De un lado del parque hay una calle donde sólo habitan judíos. También pasamos por frente de la casa de los huérfanos.

1830. Julio 19.

    Lunes: En continuación de mis excursiones fui a la iglesia nueva, antes de Santa Catarina; es un edificio de poca consideración, la reja del coro es de cobre perfectamente trabajado, el púlpito es de caoba y sobre la especie de lápida que sirve de techo hay una alta torre de la misma madera. Las vidrieras pintadas representan uno o dos pasajes del Antiguo Testamento. Hay varios monumentos consagrados a la memoria de diferentes almirantes holandeses; el de Ruyter es el mejor, sin duda alguna. De allí pasé a la iglesia vieja, antes de San Nicolás, edificio regular; admiré los vidrios pintados al óleo que cubren las ventanas. Están pintados varios misterios de la ley de gracia y una alegoría al reconocimiento de la independencia de Holanda por el rey de España en 1648 por la paz de Münster. Me ha parecido esta pintura sobre el vidrio eminentemente superior. También hay en la iglesia varios monumentos consagrados a otros almirantes del país. Estuve después en la lonja, comenzada en 1608, el mismo año en que se hizo la tregua por doce años con la España; el edificio es cuadrilongo, rodeado de galerías y de pilares, así como la lonja de Amberes. El Amster pasa por debajo del edificio. Fui en seguida a la antigua casa municipal convertida en palacio en tiempo del rey Luis Bonaparte. Es un edificio de piedra de sillería desde el cimiento hasta el techo y los holandeses lo llaman "octava maravilla del mundo". El arquitecto Van Campen dio el plan. Es cuadrado, tiene 166 pies de altura. El mismo año del reconocimiento de la independencia se comenzó a edificar y se concluyó siete años después, gastándose treinta millones de florines. Las salas interiores son casi todas de mármol de Italia y el cielo raso de piedra esculpida; en todas las piezas se ven estatuas y relieves de mármol magníficos, chimeneas también de mármol con relieves y columnas soberbias, cuadros superiores y entre ellos dos pinturas que cuesta creer que no sean altorrelieves. Todo el palacio está adornado con gusto y lujo. La sala antes llamada del Trono y hoy convertida por el rey de los Países Bajos en comedor, es elegante por su dimensión, altura y adornos. El gran comedor es soberbio y sobre todo la sala de baile, que tiene 94 pies de altura, y por todas las paredes hay estatuas y relieves de mármol. Es lo mejor que, en su línea, he visto hasta ahora, así que he estado asombrado de ver la perfección de las artes, el gusto y la riqueza que muestra la antigua mansión de un rey de la fábrica de Napoleón. En lo más alto del palacio hay una azotea desde donde se descubre el mar Zuidersee, el de Haarlem, el golfo T'Z, las campiñas, muchas poblaciones, innumerables molinos de viento para aserrar madera, piedra y mármol y hacer aceite, rapé, etc.; se ven las torres de algunas iglesias de Haarlem y de Utrecht que están a tres leguas, y aun cuatro, de distancia, la multitud de barcos fondeados en el puerto, los que navegan, en fin, toda la gran ciudad de Amsterdam. Es un magnífico panorama. Viendo desde esta altura la plaza y calles por donde andaba la gente, la vi tan pequeña que me acordé al momento de Sancho cuando desde el caballo Clavileño descubrió la tierra como un grano de mostaza y los hombres como avellanas. Este recuerdo me hizo reír un rato a solas porque yo andaba solo recorriendo la ciudad. Es de advertir que este edificio fue hecho para servir de casa municipal y que sólo ha recibido los adornos de cortinas y muebles para convertirlo en palacio. Por la tarde di otro paseo por los alrededores. He visto un entierro: el acompañamiento va vestido de negro con saco y calzón corto, sombrero a la Napoleón y un cresp&oacu te;n negro atado al brazo izquierdo. El féretro, en coche, no lleva los plumeros que los de Londres, los cocheros cargan un sombrero de terciopelo negro como nuestros clérigos, con un crespón en lugar de las borlas de doctor que éstos llevan. A las 8 volví al alojamiento porque no hay ninguna diversión esta noche. En verano sólo hay abierto el teatro alemán.

1830. Julio 20.

    Martes: He escrito a Pacho a París. He dado una vuelta por el puerto por ver si podía hablar con el capitán del buque de vapor. Estuve en el teatro alemán y me divirtió un vaudeville titulado L'ambassadeur turque.

1830. Julio 21.

    Miércoles: La gaceta de la ciudad anuncia mi llegada y habla de que Bolívar había salido de Bogotá para Cartagena decidido a abandonar a Colombia. He visitado la institución fundada por los francmasones para los ciegos de uno y otro sexos. Hay en ella cuarenta actualmente, todos jóvenes, y se les enseña a leer, escribir, los principios de la religión, música, aunque de memoria, y algún oficio como tejer medias de lana, hacer canastos, sillas, mesas y cualquier otra cosa fácil. El método de enseñanza se reduce a emplear gruesos caracteres de plomo para hacerlos conocer las letras, juntarlas y leer sobre papel que ha de dejar grabadas las letras en relieve. Ejercitado el tacto de los aprendices, llegan a leer y escribir y, sobre todo, a aprender algún oficio que les preserve de la mendicidad. En Utrecht hay escuelas de sordomudos. También he visitado las salas donde se conservan todas las máquinas y utensilios inventados y de que se hace uso en estas provincias para la agricultura y los animales destinados a ella. Todo se refiere a la agricultura solamente, y hay máquinas y utensilios que me han parecido sencillos y económicos. Conservo entre mis papeles el catálogo de ellos que puede servir de guía para solicitar los modelos dibujados o ir a dibujarlos en caso de que se quiera hacer su importación en Colombia. Estuve a ver el taller del pintor alemán Schoenbergen, que ha merecido bastante reputación en París y Londres; sus cuadros son paisajes. Por la noche fui al parque a una especie de vauxhall donde se dio una representación compuesta de diversos trozos de óperas. Antes oí un concierto bastante raro: un ciego remeda con la boca los siguientes instrumentos: flautines, flautas, clarinetes, basón y trompa y acompaña una especie de guitarras que tocaba. También remedó con gran propiedad varios pájaros, la gallina y los pollos, el gallo, los perros pequeños y grandes, el gato, una pelea entre ellos y varias otras escenas de la misma naturaleza. Fue muy aplaudido.

1830. Julio 22.

    Jueves: A las 10 de la mañana atravesé el estrecho del golfo T'Z, para ir a Broek y a Zaandam, dos lugares situados en la península que forma dicho golfo. El lago de Haarlem, el mar de Alemania y el Zuidersee. Broek, habitado por gentes ricas, presenta el aspecto de un jardín. Las casas situadas al borde de un lago formado por los canales que atraviesan el territorio no están unidas entre sí, cada una tiene uno o dos pequeños jardines de flores con algunas estatuas: están pintadas de verde y extremadamente aseadas. Para entrar a las principales casas es menester quitarse los zapatos y tomar chinelas, el interior está enladrillado de mármol de diferentes colores y hay una limpieza minuciosa. La puerta principal de la casa no se abre sino cuando hay un matrimonio, un bautismo o que muera alguno de la familia. Dícese que aquí se observan las antiguas costumbres de los bátavos. Zaandam o Zaardem, situado a orillas del río Zar y del mismo golfo T'Z, tiene 10 mil habitantes y fábricas de papel muy nombradas. Hay también una limpieza excesiva en las calles y en las casas, jardines hermosísimos, y las casas están pintadas igualmente de verde. Ellas como las de Broek son generalmente de madera. Aquí visité la modesta habitación de Pedro el Grande, cuando aprendía en el arsenal a construir buques: es una pequeña casa de madera con dos salas y una muy reducida alcoba que hoy se ha cubierto de una ramada por orden de la princesa de Orange, hermana del emperador de Rusia, para preservarla de la influencia del tiempo. Sobre la chimenea hay una lápida de mármol colocada en 1813 por el emperador Alejandro, con una inscripción en latín que así lo atestigua. La morada del soberano y regenerador de la Rusia ha sido visitada por muchos hombres distinguidos, entre ellos por el emperador José II de Alemania, los emperadores Pablo y Alejandro de Rusia, el rey de los Países Bajos y su familia. A las 6 y media volví a Amsterdam y en el café de París, calle Calvers Straut, leí en las gacetas francesas que Bolívar había positivamente salido de Bogotá para Cartagena, decidido a embarcarse para Inglaterra, que se había retirado de los negocios públicos impelido por las circunstancias y que el congreso de Bogotá había elegido el 4 de mayo presidente del Estado a Joaquín Mosquera y vicepresidente a Domingo Caycedo, que inmediatamente había prestado el correspondiente juramento y encargándose del gobierno. Por la noche estuve en el teatro alemán; se dio una comedia y después hizo un hombre varias pruebas de destreza corporal, haciendo cosas que parecía tener el cuerpo todo de seda.

1830. Julio 23.

    Viernes: A 6 leguas de aquí a orillas del Zuidersee está el pueblo de Hoorem, puerto concurrido. Dicen los holandeses que aquí nació René Van Twijsk, que perfeccionó la brújula, y Guillermo Schouten, que dobló en 1616 la punta meridional de la América, a que dio el nombre de cabo Hoorn, hoy cabo de Hornos.

   Los holandeses son industriosos, laboriosos, sobrios, fríos, hospitalarios, de estatura mediana y en lo general decididos por el comercio. A fuerza de trabajo y de perseverancia han convertido en un país cultivado y bien poblado, un terreno pantanoso, expuesto a frecuentes inundaciones. En las provincias de Frisia, Groninga, Overisel y Holanda, el terreno es más bajo que el mar. Con diques y esclusas ellos han logrado contenerlo. Se cultiva tabaco (cuyo uso es general aun en las reuniones públicas), granos y flores; se cría mucho ganado y se exporta de Alemania mucha madera de construcción. Las ciencias y las artes también se cultivan con suceso por los holandeses: la pintura y el dibujo se ejercen con más generalidad. La situación baja de este territorio bañado por muchos ríos navegables ha proporcionado la apertura de canales en todas direcciones para facilitar el comercio y fomentar la agricultura; pero si los holandeses no hubieran sacudido la dominación de España y proclamado la más completa tolerancia religiosa, no hubieran tenido ocasión de emplear sus perseverantes esfuerzos con tanto suceso para llegar a ser ricos y felices. Las ciudades marítimas florecieron a favor de la concesión de privilegios. Las mujeres, aunque no son tan bellas como las inglesas, pasan por afables y graciosas. París es la reina de la moda; aquí como en las demás partes de Europa he visto que las señoras visten según quieren las modistas parisienses. El aseo es uno de los principales caracteres de este país. Sin embargo, hay una gran diferencia del pueblo bajo de aquí al de Londres: aquí se muestra en él la indigencia, lo que lo hace distinguir claramente. En estas provincias como en Hamburgo, Berlín y otras ciudades de Alemania las mujeres públicas están alistadas por la policía y mantienen sus casas de rendez-vous. El servicio de las diligencias es bastante regular; el terreno no ofrece desigualdades y los caminos están cuidados; como la piedra es tan rara, los enladrillan con ladrillo parado. Los omnibuses no tienen cubierta a los costados. Los cafés y restaurantes no son comparativamente tan numerosos como en París y otras ciudades de Francia. Los holandeses aman al actual gobierno y a la familia reinante, que ya se sabe que profesa su misma religión, y acusan a los belgas de no tener el mismo afecto, acusación que no me parece infundada, aunque no me atreveré a decir que los belgas tengan o no razón. Las provincias de Holanda se gobiernan por burgomaestres elegidos por los ciudadanos y aprobados por el rey.

    Las gacetas inglesas del 19 del corriente publican nuevos pormenores sobre la separación de Bolívar de los negocios públicos y su arribo a Cartagena a mediados de mayo para embarcarse para Europa.

   He pagado mi pasaje a Hamburgo en el buque de vapor a razón de 60 florines el mío y 41 mi criado, que todo hace 42 pesos colombianos más o menos. En el cambio he dado una libra o soberano de Inglaterra por 12 florines, 2 sueldos: 20 sueldos hacen un florín.

    Por la noche estuve en casa del pintor Schoenbergen cuya mujer ha sido cantarina, donde se juntaron otras personas que pasaron la noche cantando y tocando. En la mesa vi hoy un negociante alemán con quien había comido en París, en casa de Rougemont.

1830. Julio 24.

   Sábado: A las 9 de la tarde me fui a bordo del buque de vapor, en el cual me encontré con Mr. Hughes, encargado de negocios de los Estados Unidos en Bruselas, que había conocido en casa del general Lafayette y que ahora va con su familia a Stockolmo como encargado de negocios. A las 2 de la mañana salió el buque.

1830. Julio 25.

    Domingo: A las 11 pasamos por la isla de Urk en el mar de Zuidersee, dejándola a la derecha. A las 2 pasamos por entre las islas de Vlienland y Forscheling y salimos al mar del Norte. Toda la costa de la provincia de Frisia se ve perfectamente poblada y tanto en ella como en el lado opuesto se ven poblaciones bastante grandes. Enkhuisen y Medemblick a la izquierda, Hindelopen y Harlingen a la derecha.

HAMBURGO

1830. Julio 26.

    Lunes: A las 7 de la mañana se vio la isla de Heligoland. A la 1 entramos en el Elba, tocamos en Cuxhaven, y a las 7 fondeamos en el puerto de Hamburgo. Hicimos por tanto el viaje de Amsterdam en 42 horas. Yo me alojé en el Hôtel de Russie que antes había habitado.

1830. Julio 27.

    Martes: He dado una vuelta por la ciudad. Estuve en el teatro, a La muette de Portici. He recibido carta del arzobispo de Caracas del 25 de mayo en que me dice haber pagado mi letra de 281 pesos. También me ha escrito Rojas de París con fecha 16 del mismo julio.

1830. Julio 28.

    Miércoles: Escribí a París a Gavoty pidiéndole mis cartas, a Pacho, a Rojas, al señor Grégoire, y a M. Jullien. A Londres escribí a Carlos Wilthew, a Tato y a Mme. Hynd, mi patrona. Recibí carta del señor Gorostiza y de Sir Robert Wilson, de Londres. Una esquela de visita del señor Sieveking. He visitado al señor Pardo, al doctor Röding y al doctor Frick. También visité al señor Hughes que se va mañana para Stockolmo. Estuve en el teatro.

1830. Julio 29.

    Jueves: Recibí esquela de visita del señor Hughes, y convite del señor Sieveking para comer el día 4 del entrante en su casa de campo llamada Hamm.

1830. Julio 30.

    Viernes: He escrito al señor Gorostiza y a Jeremías Bentham a Londres. Un ruso que vive en el mismo hotel me ha pedido con instancia algunas monedas colombianas que no se conocen en su país y le he dado dos de a peso de oro y un escudo. El señor Hasperg, cónsul de Prusia, me ha convidado a comer en su casa de campo el lunes próximo 2 de agosto. Un comerciante llamado Schlessinger ha estado a visitarme con motivo de decirme que había recibido de los Estados Unidos una carta para mí, que había remitido a París. Por la noche estuve en el teatro, a la ópera Belmonte y Constanza.

1830. Julio 31.

    Sábado: He conocido al conde Leuchturn d'Esstingen, de Stuttgart, que me ha dado la dirección de su casa para que procure verlo si yo voy a aquella capital. También he visto al señor Ruperti y a otros antiguos conocidos de cuyo nombre no me acuerdo. Estuve en el teatro, a la ópera El califa de Bagdad, de Boïeldieu y a la comedia de don Agustín de Moreto El poder de la sangre.

1830. Agosto 1.

   Domingo: He enviado al doctor Oldermann unos libros y una carta de introducción que me dio en Londres el señor Richard Duane, amigo de Bentham. Se habla de una revolución en París contra el gobierno.

1830. Agosto 2.

    Lunes: He recibido esquela y visita del doctor Oldermann, con quien iré mañana a comer al campo. He recibido cartas de París, de Pacho y de Rojas, del 26. Me han visitado los señores Oliveira y cuñado, emigrados de la isla Terceira. Ayer estuvo el señor Caldeira, cónsul del Brasil. Fui con el señor Hasperg a comer a su casa de campo; su señora se esmeró en mostrarse amable. Estuvimos en la mesa cuatro hombres más y tres señoras, uno de los convidados fue el señor J. P. Gurnning, socio del señor Huth de Londres, que me interesó a que lo viese cuando volviera a Londres; vive en el número 9 South Street Fitzbury Square. A las 10 regresé a mi posada con un barón austríaco suegro de Hasperg.

1830. Agosto 3.

    Martes: Fui con el señor Oldermann y el abogado doctor Franck al campo del lado de Blanquenesse; comimos allí. El té lo tomamos donde la bella Mariana, que es un café en el campo donde la señora es una joven que ha pasado por la más hermosa del país, y en efecto lo es, a pesar de que va entrando en los 40; es sumamente amable y urbana.

1830. Agosto 4.

    Miércoles: He dirigido a Copenhague una carta que me dio el obispo Grégoire para el señor Abrahamson, edecán del rey y caballero de varias órdenes; lo he hecho porque estoy decidido a no ir allá. El señor Merck me ha convidado a pasar en su casa la soirée el viernes próximo.

   A las 4 y media fui con M. y Mme. Hasperg a la quinta del síndico Sieveking a comer; se reunió una sociedad de 30 personas principales; yo conduje a la mesa a Mme. Sieveking. Su marido dio un brindis por el triunfo de las leyes y me hizo el favor de mencionarme con mucha honra. En la huerta del jardín vi con mucho gusto un pedazo de maizal que me hizo recordar a Hato Grande. A las 9 y media regresé a Hamburgo. He sido convidado a comer por el cónsul de Wurtemberg, M. Stavenuter, para mañana.

1830. Agosto 5.    

    Jueves: Hoy he firmado un oficio al secretario de gobierno de Colombia incluyéndole una representación para el congreso de fecha 4 de julio de Londres, exponiéndole la injusticia de mis padecimientos y persecuciones (no ha ido todavía).

   El señor Merck me ha convidado a comer en su casa de campo de Horn el lunes próximo 9.

   El señor Hesse, de Altona, me ha invitado y convidado a comer. El conde, primer chambelán de la reina de Wurtemberg, me ha dado una carta de introducción para Munich para el conde de Saporta. Fui a comer a la quinta del señor Stavenuter, cónsul de Wurtemberg, a quien conocí en casa del señor Hasperg y tuvo la bondad de convidarme. Estuve en el teatro a una parodia de Nicolás Paganini, el célebre violinista, que estuvo muy divertida.

1830. Agosto 6.

    Viernes: Estuve en el teatro a la ópera Le Maçon, de Auber; después en la soirée del señor Merck, que estuvo muy elegante; se tocaron bellas sinfonías, cantaron algunos aficionados y vi un nuevo instrumento parecido al piano y cuyo sonido es más dulce que el del órgano. Ignoro su máquina.

1830. Agosto 7.

   Sábado: Undécimo aniversario de la Batalla de Boyacá. He escrito al doctor Soto y le mando una copia de la carta de Bentham y de mi memorial al general Bolívar del día 13 de abril de 1830 dirigido desde París. Me ha visitado el señor Cristiano Bockmann, agente de la marina real de Dinamarca. Estuve en Altona a visitar al señor Santos y al señor Hesse. Me ha gustado el entierro de un coronel ruso, católico, en que la tropa ha hecho el acompañamiento. El ataúd de terciopelo rosado tenía encima una cruz de terciopelo blanco, el sombrero y la espada del difunto; un hombre de negro llevaba en un cojín negro las decoraciones, los oficiales de la guarnición seguían al féretro de dos en dos, el ataúd era cargado por los militares.

1830. Agosto 8.

    Domingo: Fui a comer segunda vez en la casa de campo del señor Hasperg.

1830. Agosto 9.

   Lunes: He escrito al almirante Mordvinof a Petersbourg, enviándole un paquete que Bentham me entregó para él, con una carta en que me recomendaba de un modo muy favorable. Esto va por conducto del ministro ruso Struve, a quien ha hablado al efecto el señor Hasperg. He recibido cartas de Arrubla del 7 de abril, de mi señora Nicolasa del 21, de Vélez y Aranzazu de marzo, del padre Garay, de Antonio María Santamaría, la Carmela, su hijo Alejandro, y del padre Manfredo, de los Cayos. De Pachito, de París, del 3 de agosto. He ido a comer a la casa de campo del señor Merck, donde había una compañía de 24 personas, entre ellas M. y Mme. Sieveking, M. y Mme. Dammert.

1830. Agosto 10.

   Martes: He escrito a Gavoty a París y a Rojas, mandándole 200 pesos prestados para su viaje a Colombia, con una carta de varios encargos para Bogotá, principalmente sobre mis intereses. Hoy recibí de Amsterdam mi alfiler de diamantes que había dejado olvidado en el Hotel del Grand Doelen. Recibí carta de Arrubla del 14 de marzo en que me da indicios poco favorables de mi hacienda. Estuve a visitar al doctor Oldermann y al señor Caldeira. Fui al teatro, a la ópera Le Sacrifice Interrompu, música de Auber. Mi pasaporte está visado para Berlín.

1830. Agosto 11.

   Miércoles: He librado en favor de Rojas a París contra Rougemont de Löwemberg mil francos a cuenta de mis fondos. Con fecha de ayer he escrito a mi casa y a doña Nicolasa y a Arrubla, principalmente sobre el manejo de la hacienda de Hato Grande. También he escrito al doctor Soto con fecha del 7. He recibido por cuenta del arzobispo de Caracas 42 libras esterlinas y 12 chelines (212 pesos y 3 centavos), habiendo él entregado en Caracas 281 pesos en colombianos de plata que han producido la pérdida de 69 pesos. Estuve en el teatro a la representación de una pieza rara, que ni es ópera ni vaudeville, ni pantomima ni drama; hay hermosas decoraciones, trajes ridículos y caprichosos, encantamiento, etc. Se llama La Paysanne Millionnaire.

1830. Agosto 12.

    Jueves: Recibí carta de París del 6, del señor Suberville, incluyéndome una de Madiedo de New York del 1° de julio. Fui con el portugués Melo (negociante) a Altona a comer donde el señor Hesse que me había convidado hacía tres días. Recibí una libranza para Munich de parte de Merck, en nombre de Rougemont de Löwemberg.

1830. Agosto 13.

   Viernes: Cambié libras esterlinas en oro y en papel de Banco de Inglaterra por federicos o luises de oro: a 17 marcos courant los primeros y a 16 marcos y 14 chelines los segundos. Los federicos me costaron a 14 marcos, 5 chelines.

   He tomado 2 plazas en la diligencia de aquí a Berlín a razón de 11 pesos, 4 reales cada una o 38 marcos y algunos chelines. En el teatro hubo el Cendrillon, ópera de Nicolo.

1830. Agosto 14.

    Sábado: Me despedí personalmente del señor Merck y del señor Enet; por cartas, del señor Sieveking, de los señores Hasperg y Santos y por esquelas, de los señores Blücher, Donner y Baur de Altona. A las 9 de la noche tomé la diligencia habiendo pagado por 18 días de asistencia y alojamiento en el hotel, 124 marcos o 38 pesos. Salimos a la hora dicha y me tocó viajar con M. G. Deetz, negociante de Berlín que habla un poco en español; las primeras 7 millas de camino (millas de Alemania) son malísimas; es territorio danés.

   Luego empieza un camino excelente no empedrado sino por el mismo método inglés, que se dice llega hasta Berlín.

1830. Agosto 15.

   Domingo: Tomamos café en Boitzenburg, almorzamos en Vellahm, comimos a las 12 en Ludwigslust y cenamos a las 7 en Kletzche. El camino continuó en el mismo excelente estado de ayer. El país está poco cultivado pero tiene rebaños y ganado vacuno. El terreno es desigual. Hay bastantes poblaciones aunque no grandes. Ludwigslust es la residencia del gran duque de Mecklemburg-Schwerin, ciudad de 7 mil habitantes; el palacio es bastante grande, las calles todas con alamedas y la entrada al lugar poblada de casas de campo con jardines y huertas. Por la noche pasamos por Westenhausen, población regular, y a la tarde fueron registrados nuestros equipajes en la aduana de Warnow perteneciente a la Prusia.


PRUSIA - BERLIN

BERLÍN

1830. Agosto 16.

   Lunes: Tomamos café a las 5 y media de la mañana en Nauen, pasamos por Spandau, plaza fuerte, aunque ya abandonada, y a las 8 y media entramos en Berlín; yo me alojé en el Hôtel de Russie. Antes de llegar a sus arrabales se pasa por el jardín real de Charlottenburg, residencia del rey en verano, que tiene un hermoso palacio, teatro y parque de que también disfruta el público. A la puerta del primer patio del palacio hay dos estatuas de mármol de dos gladiadores y sobre ella una especie de media naranja a la manera chinesca. Luego se entra por una famosa alameda que atraviesa dicho jardín real y a cuyos dos lados hay casas bastante bonitas que se asemejan un poco a las inglesas; al entrar en la ciudad se pasa por debajo de un arco triunfal sobre el cual está un genio tirado por cuatro caballos, todo de bronce y que parece haber sido llevado a París y recuperado después de la caída de Napoleón. Desde aquí comienza la parte nueva de la capital de la Prusia. Se corre una hermosísima calle recta con buenos edificios particulares, magníficos edificios públicos, una triple alameda de frondosos árboles, puentes excelentes de hierro con pedazos de granito y pórfido, estatuas, el palacio del rey y otros varios objetos de que iré hablando particularmente. En esta calle están casi todos los principales y mejores establecimientos y edificios, como el palacio, la universidad, el arsenal, la ópera, la escuela de artillería, los inválidos, etc.

   Berlín tiene 200 mil habitantes, residencia de la corte y hoy del rey Guillermo III, sobrino del Gran Federico, casado con una condesa que no es reina. Tiene el rey 61 años, cuatro hijos y 3 hijas; el heredero, Federico Guillermo, es casado con una hermana del rey de Baviera, los otros con dos princesas de Weimar y el... (Alberto) está próximo a casarse con la princesa Mariana de los Países Bajos. Una hija está casada con el emperador Nicolás de Rusia, otra con el príncipe Federico de los Países Bajos y otra con el gran duque de Mecklemburgo, Paulo. La moneda prusiana es la que he dicho ya, hablando de mi viaje en el Rhin de Maguncia a Aix-la-Chapelle.

   El palacio del rey es bastante hermoso, de orden corintio y grande; pero el rey no habita sino una casa particular, que habitó siendo príncipe. El río Spree atraviesa la ciudad en diferentes canales. Sobre uno de ellos está el puente donde se halla la estatua ecuestre en bronce de Federico I, a cuyo pie están cuatro prisioneros de cuerpo entero. Frente a la universidad está la estatua en bronce del general Blücher con un sable en la mano y un cañón al pie. Al frente están dos estatuas de mármol dedicadas por Guillermo III a dos de los mejores generales prusianos que estuvieron en Waterloo; uno de ellos es Bülow. En el mismo hotel están posados cuatro (Sigue Nota del Editor...) habaneros que viajan hace dos años: llámanse De la Luz, García, y Alfonso. Con ellos fui a un café donde leímos los periódicos franceses, que, no obstante que sólo hablan de la última revolución gloriosa de París, se permiten leer libremente. Estuvimos también en el teatro real a la representación de la comedia alemana El criado de dos señores y una graciosísima parodia de la ópera del Freischütz que me pareció bien ejecutada.

1830. Agosto 17.

   Martes: Fuimos al museo (establecimiento nuevo) colocado en un edificio hermoso de arquitectura jónica, frente al palacio del rey. Consiste en una rotunda magnífica y diferentes salas bien decentes. En la rotunda y en las salas bajas hay un considerable número de estatuas, bustos y relieves antiguos, los más, traídos de Roma. En las salas del primer piso hay innumerables cuadros de todas las escuelas europeas, antiguas y modernas. Allí vimos por casualidad al barón Alejandro de Humboldt y hablamos con él; le merecí las expresiones más honoríficas y muy particulares atenciones. El hizo que se diese la orden de que se nos admitiese en el museo todos los días sin necesidad de billete. Vimos en una de las salas el hermosísimo vaso que el emperador Nicolás de Rusia ha regalado al dicho Humboldt: es de venturina con asas de oro; tiene tres pies, 9 pulgadas de alto. El señor Deetz con quien vine de Hamburgo me ha visitado; él trajo para Humboldt el cronómetro que vi ahora 7 meses en casa de Kessel, en Altona, el cual le ha sido regalado por el rey de Dinamarca. Por la noche fuimos al circo olímpico, que no vale gran cosa, con excepción del edificio que es regular.

1830. Agosto 18.

   Miércoles: Al salir de Hamburgo recibí carta de Gorostiza incluyendo dos de introducción por parte de los Darthez para Sajonia. Hoy he mandado a los señores Schiller frères la carta de introducción que me dio Merck, y a los señores Mendelsohnn y Cía., las dos que me dieron Thuret en Paris y Hesse en Altona.

   Me ha visitado el barón de Humboldt y se ocupó largo rato de hablarme de Colombia y del general Bolívar; dijo que él hacía mucho tiempo que había visto que la vida del general Bolívar era un obstáculo para la libertad de Colombia. La constitución boliviana la llamó absurda. También fui visitado por la casa de Mendelsohnn. Humboldt dijo que yo había procedido en Colombia en los negocios políticos del modo con que debía hacerlo un magistrado constitucional y honrado. Continuamos visitando el museo en el cual la mayor parte de los cuadros son de la escuela italiana, unos al temple, otros al óleo y algunos con color. Hay cuadros del siglo XIII, de Ticiano, Vinci, Fray Pablo Lippi, Signorelli, Sanzio, padre de Rafael de Urbino, del mismo Rafael, de Correggio, Dominiquino, etc. Tengo el catálogo de todos. Pasamos al arsenal, edificio hermoso, adornado por fuera de armaduras y jeroglíficos. En la parte baja están depositados los cañones y el servicio de artillería; todos los cañones nuevamente fundidos tienen cerca de la boca esta inscripción: Pro gloria et patria y cerca del fogonazo esta otra: Ultima ratio regis. Nada vi aquí superior al arsenal de Woolwich de Londres. En la parte alta están depositados en una sala muy extensa 100 mil fusiles, pistolas, carabinas, armas blancas y mil banderas tomadas en los campos de batalla por el ejército prusiano; todo esto está colocado con grande orden y simetría, de tal manera que al entrar parece el salón colgado de damasco y de acero. Aquí vimos banderas de casi todos los pueblos y un gran número tomadas a la Francia desde el tiempo de la República. Tiene mucha semejanza este establecimiento a la Torre de Londres. En este salón están las estatuas de Federico Guillermo I y de Blücher; ésta se halla en un paraje adornado con cuatro columnas que parecen de acero, sobre la cual da vuelta un ramo de laurel de bronce amarillo. En el patio hay 22 cabezas de piedra en actitud de morir; todas son diferentes.

   Por la noche fui a la ópera, edificio bastante hermoso, decente, y en el cual se dice que caben de 4 a 5 mil personas. Es más grande que la Academia de París, pero quizá más elegante. El palco del rey, situado en medio, en el primer piso, es magnífico. Se representó el Fra-Diávolo bastante bien. Estuve en una mala sala de baile.

1830. Agosto 19.

   Jueves: He visitado al señor Schiller, al señor Deetz y al barón de Humboldt. Por la noche he estado en el teatro del rey a la representación de Arsena o la misántropa, especie de ópera, música del maestro de capilla Francisco Glasser. Tiene decoraciones bonitas y estuvo ejecutada bastante bien.

   He dado una vuelta por la ciudad; cada vez me parece una ciudad hermosa: calles rectas, casas muy regulares, edificios públicos excelentes, buena policía, alumbrado de gas, diligencias y coches de alquiler bastante decentes. Hay una multa para los que fumen tabaco por la calle. Recibí carta de Rojas, de París del 9, avisándome que está decidido a irse para Colombia el 20 del presente, en un buque que debe salir para Santa Marta, de Burdeos.

1830. Agosto 20.

   Viernes: Fuimos con el señor Deetz a visitar las dos casas de moneda; en la una se acuñan las monedas de plata y en la otra las de oro. La fundición y ensaye se hace como en la de Bogotá. La máquina para adelgazar los rieles es sencilla y consiste en una especie de molino horizontal movido por el agua, donde a la vez se adelgazan seis rieles; la de acordonar es una invención nacional, la manejan dos hombres, a la vez se acordonan seis piezas, cayendo por sí mismas, de modo que mientras de un lado se acordona la una, pasa la otra al lado opuesto. Las matrices se graban como las monedas por medio de un cilindro. Hay también máquinas para acuñar las monedas sin que haya riesgo de que el volante coja los dedos; un resorte hace mover una pieza que coloca la moneda sobre la matriz y arroja la que se ha acuñado. En Düsseldorf, ciudad prusiana del Rhin, está el inventor de esta máquina y se llama el señor Worn. De allí pasamos a ver la universidad, que es un edificio bastante espacioso. En las piezas bajas están las clases y en las altas un gabinete zoológico; en éstas vimos innumerables aves, reptiles, pescados, algunos cuadrúpedos, plantas marinas, conchas, etc., aunque nada de mineralogía porque este ramo está colocado en otra parte, ni de insectos porque estaban cerradas las salas. Entre lo raro que vi fue el sapo de Surinam que por cada arruga de la espalda pare los hijos. La mayor parte de las aves son de América. En las puertas de la universidad entre varios carteles fijados leí uno en latín en que se proponía una cuestión teológica sobre las opiniones de Melanchton, contrarias a las de Lutero. Luego fuimos a ver el palacio del rey. El interior tiene piezas adornadas con lujo, aunque antiguo; en ellas hay varios cuadros de la escuela italiana, vasos antiguos, relojes de música de diferentes clases que vimos tocar, un aparador para la sala donde se distribuyen a los caballeros las órdenes militares, lleno de grandes piezas de plata doradas o de oro compuestas de palanganas, jarros y fuentes, todo muy hermoso; una gran lámpara de cristal que regaló al rey el de Inglaterra, George IV, 16 estatuas de mármol de los antiguos electores de Brandenburgo hasta el Gran Federico, varios retratos de soberanos y entre ellos el de Napoleón subiendo los Alpes por David, bustos de Jerónimo y Luis Bonaparte, vasos de Sèvres con algunas de las batallas de Napoleón, una famosa estatua de mármol de un Aquiles hecha por un artista de Berlín (Schadow el joven, ya muerto) y una cómoda antigua de resortes que dicen costó 14 mil escudos prusianos o 14 mil thalers.

   Por la noche fuimos al teatro a la ópera Fidelio de Beethoven, en que cantó la señorita Heinefetter. Allí vimos al rey en un palco particular vestido sencillamente, lo mismo que su mujer; en el gran palco real estaban los príncipes Carlos y Alberto, sus hijos (aunque ninguno es el hereditario) y varios generales; los príncipes conversaban familiarmente con todos, el rey parece robusto, un poco trigueño y colorado, con bigotes; no se le recibe en el teatro con señal ninguna de aplauso. Todo el mundo se mantiene sin sombrero durante los entreactos lo mismo que cuando se representa. Recibí una carta de la señora Ninón de Cassel, hijastra del general Even, preguntándome por su padrastro.

1830. Agosto 21.

   Sábado: Hace cuatro días que llueve seguido. Recibí cartas de Bogotá, del 14 de mayo de Arrubla, Vallarino y Merizalde; de Cartagena del 4 de junio, de Alcázar. Ayer hemos pasado por la plaza donde está el teatro llamado Schauspiel, que es el tercero de la ciudad; a sus dos costados hay dos iglesias bastante buenas cuyas columnatas son de orden corintio. Respondí a la señora Cassel. Fuimos a ver la fábrica real de porcelanas, que se asemeja bastante a la de Sèvres; todas las operaciones se hacen casi lo mismo. Después vimos el almacén donde había cosas muy primorosas. De allí pasamos a la casa donde se recogen los jóvenes de ambos sexos desamparados o viciosos para corregirlos; es un establecimiento fundado y mantenido por una sociedad particular. Los muchachos trabajan en los oficios de la cocina, en el jardín, en hacer y lavar su ropa y en aprender algún oficio mecánico o música y canto. Se les enseña a leer, a escribir, contar, geografía, y principios de la religión. Una de las cosas que hacen son tornillos, y aquí se ve que la división del trabajo facilita las operaciones y economiza tiempo. Entre los educandos hay un joven de las islas de Sandwich, color amulatado y cabello crespo; habló algunas cosas en su idioma. La casa nos pareció regularmente organizada y por supuesto utilísima. Luego nos dirigimos fuera de la ciudad a ver lo que llaman El Monumento y consiste en una hermosa y alta columna de hierro figurando una torre gótica en la cual hay varias estatuas del mismo metal representando genios, y debajo el nombre de algún lugar célebre por haber triunfado el ejército prusiano; allí se leen: Leipzig 18 de octubre de 1813; París 30 de marzo de 1814; Belle Alliance 18 de junio de 1815, y otros. Una inscripción alemana testifica que el rey ha levantado aquel monumento al pueblo prusiano que ha combatido por la patria. Dícese que costó millón y medio de thalers y que tiene 20.600 quintales de hierro. Su situación es sobre una colina desde donde se ve bien la ciudad. Cerca está el Tívoli, jardín de baile con un pequeño teatro. Finalmente estuvimos en la famosa sala de conciertos en el teatro Schauspiel; es de figura de paralelogramo con galerías, dos de ellas con columnatas imitando el mármol. Por toda ella están los bustos de los compositores alemanes; allí se ven los de Haydn, Mozart, Weber, Beethoven, Wieland, Goethe, Schiller, etc. La estatua del cómico Iffland por Tieck, que conocí. Es la más hermosa sala de conciertos que yo he visto, y se asegura que cuando se ilumina presenta el punto de vista más imponente. En las galerías hay lugares para el rey, los cuales están colgados de seda. Por la noche estuve en el teatro a la ópera bufa El zapatero alegre, en que la señora Fio mereció muchos aplausos. He recibido convite del barón de Humboldt para almorzar mañana con él.

1830. Agosto 22.

   Domingo: Almorcé con Humboldt y había allí 8 personas más, todas las cuales eran literatos con excepción de un caballero florentino que pertenece a la corte de Toscana y viaja en Alemania. Fuimos al parque de Charlottenburg, residencia del rey en la primavera, a media milla de la ciudad; el jardín es hermosísimo, allí está el monumento de la última mujer del rey actual, obra de Rauch. Consiste en una gran mesa de mármol sobre la cual está tendida una mujer, cruzados los brazos sobre el pecho, la pierna derecha sobre la izquierda y vestida de una túnica blanca. Esta obra nos ha parecido superior, interesante y magnífica. Ella está en una especie de capilla dentro del jardín de doble columnata de mármol goteado como granito, orden toscano. El estatuario es alemán.

1830. Agosto 23.

   Lunes: Además de los establecimientos y edificios notables de que he hablado hay en Berlín el palacio de Monbijou, la Academia de Ciencias donde está el teatro anatómico y el observatorio, el banco, el hotel de inválidos, la iglesia católica de Santa Hedwiges, por el estilo del Panteón de Roma, la iglesia catedral donde están los sepulcros de los reyes y electores, la iglesia gótica de Santa María, academia de artes, academia militar, academia de artillería, la sociedad real de medicina y cirugía, la institución clínica, la escuela de veterinaria, los colegios de Johannisthal, de Grauen Kloster y otros dos más, varias sociedades de beneficencia, la academia de canto, hospitales, etc. Hemos pasado por la plaza llamada de Guillermo, adornada con estatuas. Las cinco de mármol son de otros tantos célebres capitanes de la guerra de 7 años; Schwerin, Seidlitz, Keith, Winterfeld y Zeithem, por Schadow, y la otra de Federico Guillermo, por Schluter, que es de bronce. Visité la librería real que tiene de 200 a 300 mil volúmenes clasificados por materias y colocados en diferentes salas. El edificio es de piedra, orden corintio hecho en tiempo del Gran Federico, sobre la puerta principal tiene esta sencillísima inscripción: Nutrimentum spiritus, que fue dada in promptu por el lector de Federico cuando éste le preguntó cómo se podría decir en latín Nourriture de l'esprit. Vi diferentes obras sobre América, algunos manuscritos en latín, varias pinturas antiguas mejicanas sobre una tela fabricada de corteza de árbol; retratos pintados de Carlos V, el marqués de Pescara y los de Lutero y Melanchton con algunos renglones de su propia letra y sus firmas; un relieve en madera del siglo V, representando el Vicarius urbis Romae; una inscripción en bronce del tiempo de Vespasiano, un Evangelio del siglo XV con un relieve en bronce de Jesucristo, guarnecido de piedras preciosas, de trabajo muy ordinario; un libro nuevo impreso en letras de oro que contiene varios trozos de poesías de los mejores poetas antiguos y modernos ingleses, alemanes, franceses e italianos. Existe en la biblioteca el modelo en metal de la primera máquina neumática. Están también los retratos de los hombres célebres de la Francia: Buffon, Racine, Corneille, Montesquieu, Lafontaine, etc. El doctor Spiecker, uno de los directores de la biblioteca, me mostró el establecimiento; luego fuimos al gabinete anatómico donde están los esqueletos de un número considerable de animales cuadrúpedos y acuátiles, de hombres, mujeres y niños, todas las partes del cuerpo humano, monstruos, fetos y todo cuanto es relativo a tan interesante establecimiento, que parece ser completo. Aquí vi cuatro hermafroditas en cera y dos al natural. Estuvimos también en el gabinete de mineralogía que está al cuidado del señor Weiss y que parece abundantísimo. El señor Weiss nos mostró todas las salas y nos hizo varias explicaciones de las muestras de los metales. Vimos todas las que el barón de Humboldt ha traído recientemente de su último viaje a la Siberia y al Asia; entre ellas un grano de platina del peso de 3 libras y el modelo de otro grano de 9 a 10 libras que dejó en San Petersburgo, y de un grano de oro de peso de 22 libras, hallados uno y otro en las minas de Rusia. También vimos el grano de platina que trajo de Colombia ahora 30 años. Hay en el gabinete una piedra de Africa que se dobla como cartón. Una pirámide compuesta de todas las clases de mármol de la Siberia y toda especie de minerales. Por la noche fui a la ópera La Dame Blanche, de Boïeldieu.

1830. Agosto 24.

   Martes: Fui a la escuela de sordomudos mantenida por el gobierno. Hay de uno y otro sexo y de todas las edades. Se les enseña a leer, escribir, contar, geografía y oficios.

   El sistema de enseñanza es por señas y haciendo letras con las manos. Los educandos articulan difícilmente las palabras. Dos jóvenes mantienen un diálogo largo rato.

   Habiendo tenido la ocasión de conocer al príncipe de Plucker, militar, él me proporcionó visitar la escuela de cadetes y la visité con el gobernador de ella, el general Brausen. Hay 200 a 300 jóvenes, hijos de militares los más, que residen en casino militar; se les enseñan matemáticas, el servicio militar y los principios elementales de artillería. Están en la escuela 3 años si han de salir para las plazas de sargentos, y 4 años para los empleos de oficiales. Todo está arreglado con economía, las alcobas para dormir tienen 6, 8 a 12 camas. El comedor es un gran salón pero cada doce jóvenes tienen una mesa. Hay una pequeña biblioteca con libros de todas materias. Allí puse mi nombre en un libro en el cual vi las firmas del emperador Alejandro, del actual emperador Nicolás, la del general Dewitz. En un salón bastante hermoso están los retratos de los generales prusianos más célebres, el de Federico II y el del actual rey. Al pie del del rey, está la espada de Napoleón tomada por Blücher en Waterloo y regalada por él a la escuela de cadetes.

   Pasamos después a ver el diorama que representa el interior del camposanto de North-Hampton y una catedral al tiempo de salir el sol. Nos pareció famosísimo; se tocan campanas y un órgano para mantener mejor la ilusión viendo la iglesia.

   Por la tarde estuvimos en la academia de canto, donde se enseña a más de 200 personas de ambos sexos; sólo había como cien, las cuales cantaron el miserere de Franck. La sala es hermosa, con columnas corintias embebidas en la pared y bonitas galerías.

1830. Agosto 25.

   Miércoles: El señor Deetz me ha regalado la novela de Cervantes La tía fingida, impresa en Berlín. He visitado a Mme. Cassel (Ninón), hijastra del general Even. Hemos estado en el gabinete de artes situado en el Gran Palacio; consiste en varias curiosidades antiguas y modernas de todos los países. Lo que más llamó mi atención fue lo siguiente: una figura de cera representando al Gran Federico vestido con la misma casaca, sombrero, camisa y botas que él usó; sus guantes y bastón; un modelo de un molino de viento hecho por Pedro el Grande en Holanda y los instrumentos de carpintería de que se sirvió en su aprendizaje; los vestidos de gala de los caballeros de Sancti Spiritus de Francia y de la Jarretera de Inglaterra; un vestido de doctor de la universidad de Oxford; el sombrero de Napoleón y todas sus decoraciones, encontrado todo en su coche después de Waterloo; dos balas de cañón dea 24" disparadas en una batalla por los dos ejércitos, que encontraron en el camino; varios instrumentos de música de la China que parecen bandolas, violines, gaitas y flautas; varias pinturas de la China hechas sobre vidrio, pinturas chinescas sobre papel hecho de arroz que parece terciopelo; vestidos de hombre y mujer de mandarines, bordados con mucho gusto; estatuas de una piedra blanca que llaman de tocino; una capa del cacique de Sandwich hecha de plumas de diferentes colores sobre un tejido que parece atarraya; botas chinescas de raso negro con suela de cartón doble; un ajedrez de marfil hecho en China, una comodita de señora hecha de carey con relieves finísimos; varias figuras de cera representando las diferentes cartas de la República mejicana, unos calzones y chaqueta de un rico campesino mejicano; una capa de paja; chinchorros y mantas de América. Una palangana de plata dorada con relieves de marfil representando varios pasajes del Antiguo Testamento, vasos de ámbar trabajados en relieve; el ámbar al natural y el palo que lo produce; el juicio universal figurado en pequeñitas estatuas de marfil; una estatua de Hércules ahogando al león; la cabeza del general Moreau en cera, coronada de laurel con este verso: Intaminatis fulget honoribus generosus exul (Horatius). La sala de este gabinete contiene mil otras curiosidades dignas de verse. Luego fuimos a la Academia de Artes, donde se enseña el dibujo, pintura y escultura; allí están una infinidad de modelos de estatuas, bustos, relieves, etc. Visitamos después la casa donde vive el rey, que es más bien un museo que un palacio; la pieza donde trabaja tiene su librería, mapas, etc., es muy sencilla; más lo es la en que duerme. En todas las demás salas hay cuadros magníficos, estatuas de Canova y del prusiano Schadow, vasos de mármol italiano, vasos de porcelana y de cristal de Rusia, estatuas de los generales prusianos, el modelo de todos los regimientos prusianos en cera; en un biombo están los carteles de convite de todos los teatros de París y Londres y los retratos de las cantatrices y bailarinas de la ópera de París. Estuve en la ópera, a la La Clemenza di Tito, de Mercantonio, música de Mozart.

1830. Agosto 26.

   Jueves: Fuimos a ver la academia de artes o escuela politécnica de industria civil, donde el gobierno hace enseñar a los jóvenes que se distinguen en las escuelas del reino, dibujo, escultura, matemáticas, química y mecánica. En este establecimiento hay modelos de toda especie de máquinas y de toda especie de manufacturas trabajadas en el reino, y de estatuas y relieves. Por consiguiente esta academia abraza muchos más ramos y con más perfección que la otra que visitamos ayer. Visitamos después el taller del escultor Rauch y tuvimos el gusto de encontrarlo y de disfrutar de los informes que nos dio sobre varias obras que estaba trabajando. Escribí a Hamburgo al doctor Röding, al general Lafayette a París; al príncipe Plucker enviándole los dos folletos publicados en la Revue Encyclopédique sobre Colombia. Por la noche me despedí de Mme. Cassel.

1830. Agosto 27.

   Viernes: Hoy hace un año me embarqué en Puerto Cabello para Europa lleno de placer al dejar las prisiones a que injustamente se me había reducido y de pesar al separarme de mi patria por la primera vez. Fui a ver los planos en relieve de algunas plazas de guerra y me gustaron mucho. Entre los que vi hay, los de las plazas francesas de Lille, Estrasburgo, Mezières, Cambray, Valenciennes y Condé, la de los Países Bajos de Philippeville y la de la Baviera, de Landau, tenida hoy por la confederación germánica. La de Coblentz y otras de Silesia. La escala es de 6 líneas por 50 toesas. Tomé plaza en la diligencia para Postdam y costaron las dos 50 silber grotschen. Por la noche fui a la ópera Le Maçon.

POSTDAM

1830. Agosto 28.

   Sábado: Me despedí por escrito del barón de Humboldt, por estar en el campo con el rey. También del señor Deetz, a quien dejé mi firma por complacerlo. Envié a Mme. Cassel un cuaderno en español para que recordase la lengua de Castilla (pagué la posada y costó todo con los criados 36 thalers, que equivalen a 26 pesos colombianos). A las 6 de la tarde tomé la diligencia para Postdam adonde llegué a las 9 y media (4 millas de distancia) por un camino excelente cubierto de alameda. Postdam es una ciudad de 16 mil almas situada en una isla que forman los ríos Spree y Halven en la cual tenía su residencia ordinaria el Gran Federico. Posé en el hotel L' Heremite. He tomado ya dos plazas en la diligencia para Dresde y pagado por ellas 10 pesos nuestros o 12 thalers.

   NOTA: Las rentas de Prusia fueron en 1829, 46.359.500 florines, de modo que paga cada individuo 6 florines, 6 kreutzers, de los cuales la mitad son por contribuciones indirectas. En Francia paga cada individuo 29 francos, 88 céntimos de contribuciones directas, y 19 francos, 44 pesos de indirectas; por consiguiente el total es de 49 francos, 32 céntimos.
   El sistema de aduanas prusianas es excelente; las manufacturas y las artes y las ciencias son muy fomentadas. Se publica en el budget.
   El rey es muy amado y tiene la reputación de honradísimo.
   (Sigue Nota del Editor...).

1830. Agosto 29.

   Domingo: Reunido aquí con los mismos señores de La Habana, fuimos a ver el palacio viejo donde se conservan todos los muebles que sirvieron al Gran Federico y donde Napoleón estuvo alojado 3 días. Los muebles están muy usados. Hay una sala llamada de música porque en ella tocaba el rey la flauta; allí están la mesa y su carpeta de terciopelo verde sobre la cual firmaba; la carpeta está llena de gotas de cera, de lacre y de tinta; en otra sala están la mesa, carpeta y tintero donde él escribía ordinariamente; la alcoba está toda engastada en plata y cerca, su biblioteca, toda francesa y empastada; se conservan en ella su visera para resguardarse de la luz y los cuadernos de una traducción de Ovidio que a su muerte quedaron sin encuadernar; una pequeña sala de comedor con una mesa redonda en la cual se servía sin necesidad de criados; en ella comió con Voltaire; una sala llamada marmórea porque es de mármol, en la cual daba convites y hacía el ejercicio con los soldados cuando el tiempo estaba malo.

   De aquí fuimos al palacio de mármol, fuera de la ciudad, situado a la orilla misma de un lago; este edificio es pequeño, tiene un jardín, y es de mármol de Silesia; está regularmente alhajado; hay un reloj de mesa que fue de Luis XVI y dos de Mme. de Pompadour. El comedor es bastante hermoso. Luego pasamos al palacio de verano llamado Sanssouci, donde residía más Federico, y atravesamos por lo que llamaron la colonia rusa que es una reunión de casas a la rusa, de madera sin tallar, cubiertas de lo mismo, con enrejado de adornos en los alares (están habitadas por verdaderos rusos). La situación de este palacio es bellísima, tiene lindos jardines, naranjerías, invernáculos, parque, estatuas, etc. En un frente es una doble columnata semicircular figurando patio y a cierta distancia se ven unas ruinas hechas a propósito para recreo. En el jardín están los sepulcros de once perros de Federico y sobre cada losa el nombre de ellos; un molino de viento con cuyo dueño se entretenía conversando familiarmente. Dentro del palacio se muestra la alcoba donde murió, su biblioteca también francesa, un famoso retrato de Gustavo Adolfo de Suecia, una rotunda hermosa toda de mármol, el cuarto donde vivió Voltaire, la mesa de escribir, el tintero, el canapé y la cama; yo escribí algunos apuntamientos sobre la misma mesa del filósofo de Ferney. De allí pasamos al palacio nuevo, edificado por el Gran Federico según sus planos, después de la guerra de 7 años, como para mostrar que tenía aún recursos abundantes.

   El palacio propio tiene un exterior magnífico, al frente hay dos pequeños edificios iguales, de arquitectura corintia, que hacen una obra primorosa; al otro lado están los jardines. En este palacio estuvo el emperador Alejandro y se le festejó con torneos. Hay una sala que llaman la gruta, la cual está incrustada de conchas nácares, caracoles y minerales de una manera particular y graciosa, haciendo varias figuras. La incrustación de los minerales hace de las paredes un gabinete de mineralogía; entre estas figuras hay remedos de cristalizaciones y de agua helada en el invierno. Aquí hay un pequeño teatro. Los adornos del palacio son antiguos. En Sanssouci hay una magnífica sala de 350 pies de largo en que están colocados varios cuadros de la escuela italiana y holandesa.

   De regreso a la ciudad entramos a la iglesia de la guarnición, donde está el famoso monumento de Federico; consiste en una especie de altar de mármol, columnas de mármol goteado, orden corintio, y sobre ellas dos armaduras y dos águilas de mármol blanco, a los lados banderas cogidas en la guerra; del medio de las columnas sale un púlpito bien trabajado, también de mármol; tras de esta especie de altar hay una capillita de mármol negro y dentro está la caja de estaño que contiene el cadáver de Federico y otra que contiene la de su padre. Napoleón visitó este lugar y dijo: Si vous étiez encore vivant, je ne serai pas ici.

   Cerca de esta iglesia hay una grandísima ramada toda de madera para enseñar a los reclutas en tiempo de invierno. En esta ciudad hay varios establecimientos; una casa donde se educan 600 niños huérfanos de militares, una casa de inválidos, una casa de educación de cadetes, una fábrica de armas, un gabinete literario, etc. Por la noche fuimos a ver una italiana enana que tiene 27 años de edad y 23 pulgadas de alto; es muy viva, habla alemán, ruso y polaco y se casará pronto en Varsovia con otro enano. Vimos otro monumento de Rauch en Sanssouci, al natural, de la difunta reina.

1830. Agosto 30.

   Lunes: La Prusia tiene 12.000.000 de habitantes y un ejército muy superior a su población. El sistema de servicio militar es por conscripción, sin que nadie pueda servir por reemplazo. A los 20 años está obligado todo hombre a entrar a servir en la milicia y de ella al ejército por sólo tres años, después de cuyo tiempo pasa a la reserva, que es lo que en tiempo de guerra refuerza los batallones. El rey es apasionadísimo por la milicia. Dejé a Postdam a las 9 de la mañana, a la una comimos en Freunbriezen y a las 8 cenamos en Hartzberg, territorio prusiano; a las 7 y media del día siguiente llegamos a Dresde, habiendo recorrido 24 millas alemanas. En el coche en que yo venía había un oficial prusiano retirado, que, hablando conmigo en francés, me dijo que yo parecía español. A mi respuesta de que no lo era ya, porque mi país era Estado independiente y se llamaba Colombia, me hizo varias preguntas sobre nuestro ejército, el modo de hacer la guerra, y particularmente sobre Bolívar; yo procuré ser moderado respecto de la conducta política de nuestro Libertador e hice el elogio de su conducta militar; el oficial me repuso que sin embargo de lo que yo decía había hombres de importancia en Colombia que eran enemigos de la conducta política de Bolívar, lo que a él le tenía dudoso acerca de si era o no exenta de ambición. Mi respuesta se redujo a decir que en efecto tenía enemigos personales y enemigos de sus principios políticos y que el tiempo diría con justicia quienes tenían razón. El oficial nombró a Sucre como contrario a Bolívar y no acordándose de mi nombre dijo estas precisas palabras: "Hay otro general que ha sido presidente de Colombia cuando Bolívar estaba en el Perú que dicen tiene grandes talentos y muchos servicios, el cual ha sido completamente opuesto a las ideas de Bolívar por sostener las leyes de su país". Este elogio me hizo ruborizar y no descubrirme, pero mi criado a poco rato, en una parada para mudar caballos, me descubrió y el oficial me hizo mil cumplimientos lisonjeros. Esta anécdota me proporcionó ocupar mejor puesto en la diligencia, porque comunicado por el oficial a los pasajeros quién era yo, un caballero prusiano (que supe después que era el señor consejero Bose de una especie de municipalidades) me hizo tomar a su lado lugar y nos ocupamos de canjear noticias acerca de Prusia y de Colombia. Llegamos a Hartzberg, donde él se separó para el lugar de su residencia, me dio una carta de introducción para Dresde, para el barón de Bodenhausen, gentil hombre de la cámara del rey de Sajonia, y me pidió mi firma para conservarla como memoria.

SAJONIA - DRESDE

DRESDE

1830. Agosto 31.

   Martes: Llegamos a Dresde a las 7 por un terreno bastante estéril, excepto los alrededores de esta capital, y por un camino excelente. Dresde es la capital del reino de Sajonia, muy desmembrado hoy después de la paz de 1815 en castigo de la fidelidad del rey a Napoleón; está situado sobre el Elba, sobre el cual hay un magnífico puente de 16 arcos, tiene 60 mil almas y fue fortificado en 1813, como que en sus arrabales se dio la batalla que repuso los negocios de Napoleón en 1813. Moreau murió aquí y hay un monumento levantado por el emperador de Rusia a su memoria. Yo me alojé en el hotel Berlín. Como la ciudad no es muy grande, la he recorrido en mucha parte esta tarde. Sobre el gran puente del Elba pasan por una acera los que vienen de una parte a otra y por la otra los que van. Hay un Santo Cristo de bronce fundido por un elector de Sajonia, y una inscripción latina atestigua que fue destruido por los franceses y restablecido por el emperador Alejandro. Hay una calle ancha con su alameda parecida a la de Linden Strasse de Berlín, pero no tan hermosa como aquella; al empezarla hay una estatua ecuestre de bronce de Augusto Segundo, hermano del rey actual Antonio I, que profesa la religión católica, no obstante que fue en Sajonia donde más se sostuvo y se propagó la religión reformada. He visto exteriormente casi todos los principales edificios notables de Dresde. La ciudad está rodeada de una colina cultivada y llena de casas de campo, lo que forma una vista muy agradable. Por la noche hubo ópera alemana, La Dame Blanche. En este mismo teatro se representan óperas italianas. Hay otro teatro pequeño en los arrabales. El teatro no es grande ni elegante.

1830. Septiembre 1°.

   Miércoles: He visto la famosa galería de pinturas que hace llamar a Dresde la Florencia de Italia (Sigue Nota del Editor...). Tengo el catálogo. Entre los cuadros más afamados que se ven en ella se cuentan la Venus de Ticiano Vecelli, la Madona de Rafael, la Noche, de Correggio (o de Allegri), el San Sebastián y el San Jorge, del mismo. Hay por lo menos 1.200 cuadros de la escuela alemana, flamenca e italiana (La Magdalena de Correggio, la de Battoni, la mujer de Putifar, etc.). Vi también la exposición de las academias de dibujo y pintura del reino, compuesta de cuadros dibujados o al óleo, porcelana pintada y vidrio también pintado; esta exposición comprueba los progresos que hace la pintura en Sajonia y el esmero con que el gobierno la protege. La cría de merinos está también tan adelantada que se reputan las lanas como las mejores de Europa. A 4 millas están las minas de plata de Freiberg que se trabajan científicamente y producen al gobierno grandes utilidades; según los informes que me ha dado un tal Pardo, español enviado de España para aprender la materia, hay más de 100 minas, las cuales dan 2 gramos por ciento y son las que menos, otras 10 a 12. Los trabajadores son pagados a razón de 6 u 8 groschen (tercera parte de un thaler) por día, estando obligados a trabajar 8 horas, a vestirse y comer con este salario; he visto en Berlín un plano en relieve de estas minas regalado al rey de Prusia. La porcelana de Sajonia que se trabaja en Meissen es superior a la de Sèvres por la finura de la pasta, aunque no por la pintura y dorado; Meissen está a 2 o 3 millas distante de la ciudad. En el teatro hubo ópera italiana, Don Juan, de Mozart; cantó Rubini, hermano del famoso cantor italiano.

 1830. Septiembre 2.

   Jueves: Habiendo llegado los señores de La Habana, fui segunda vez a la galería de pinturas y a la sala de exposición de estatuas, dibujos y pintura al óleo, al lápiz y al fumino. Dimos también un paseo por toda la ciudad. El general Kniaziewiczk, polaco, para quien traje carta de introducción del señor Chodzko de París, me ha visitado. Por la noche nada.

1830. Septiembre 3.

   Viernes: He visitado al general Kniaziewiczk, y el barón de Bodenhausen lo ha hecho a mí. Hemos visitado las salas donde se guardan todas las armaduras antiguas, las armas blancas y de fuego, monturas, arneses y vestidos.

   Es abundantísima esta colección y pertenece a todas las épocas. Entre las cosas curiosas que hay son las siguientes: un sombrero al tres, de Pedro el Grande, y la espada que cargó en su viaje por la Alemania y Holanda; la espada y las pistolas de Carlos XII, una pistola de Luis XIV de marfil, la armadura de Sobieski y de Gustavo Adolfo, la armadura y arneses de Augusto II, rey de Polonia y elector de Sajonia. Una silla de montar de Napoleón.

   La moneda de este reino es la misma que la de Prusia, con la diferencia que se cuenta por grossten groscher y no por silber groscher; 24 de los primeros hacen un thaler. Este reino se gobierna sin constitución escrita, pero se goza de libertad de hecho. Hay una cámara llamada estados generales que vota los subsidios y nada más y se compone de los nobles propietarios y de los diputados que envían algunas ciudades, entre ellas Leipzig; la Academia de Leipzig envía también uno o dos diputados. El rey actual tiene 72 años y es hermano del rey difunto Augusto III. No tiene hijos que hereden el trono (el heredero es su hermano Maximiliano, que tiene hijos; el príncipe Federico es heredero suyo).

   El reino tiene 2.200.000 almas. Hay diferentes establecimientos científicos y de beneficencia; una escuela de fortificación y de artillería, una casa de industria donde se enseñan 3 mil personas; (Winckler, naturalista, da lecciones y Heusinger las da de filosofía); la academia de pintura y de arquitectura.

   Fuimos al palacio a ver lo que llaman Grüne Gewölbe o cámara verde, que contiene lo siguiente en diferentes salas preparadas con aparadores, armarios y adornos de espejos, etc.: varias estatuas de bronce en pequeño copiadas de originales antiguos, como el toro de Farnesio copiado del que existe en Nápoles de mármol; la estatua ecuestre de Marco Aurelio, cuyo original está en Roma en el capitolio; varios vasos de todas figuras, platos, estatuas y relieves, todo de marfil primorosamente trabajado; un Santo Cristo de marfil, obra de Miguel Angel; un navio todo de marfil, velas, jarcias; varios vasos y animales hechos con los huevos de avestruz y algunos tallados con primor; ranas, pájaros y otras figuras hechos con la concha nácar enteriza y engastados en plata u oro; un calvario de grandes perlas finas sin labrar; muchas figuras de animales y de hombres hechas con perlas de una manera graciosa y particular, empleando una sola perla en cada figura; una cómoda de ámbar de diferentes colores regalada al rey de Sajonia por Federico I de Prusia; cuatro mesas con bellos y magníficos mosaicos hechos en Florencia, lo mejor que he visto hasta ahora; una grande chimenea de porcelana hecha en este reino, guarnecida de piedras encontradas también aquí; multitud de vasos y palanganas disformes de plata dorada; algunos vasos de oro puro y la taza de oro macizo de que se sirvió Pedro el Grande (como una concha) en sus viajes; botellas y vasos de una especie de cristal muy rojo inventado por Kunchel casualmente por haberse empeñado en buscar la piedra filosofal o el modo de hacer el oro; vasos y platos de una piedra color verde claro llamada heliotropo, otros de lapislázuli, otros de cristal de roca, algunos de ópalo, piedra blanca más fina que el alabastro. En los engastes hemos visto muchas cosas de cornalia (color de granate) de granates orientales y de Bohemia, colores al natural, etc.

   Ultimamente vimos las joyas de la corona, compuestas de espadas, bastones, cadenas, decoraciones, etc., guarnecidas de grandes diamantes, esmeraldas y otras piedras preciosas. Los diamantes son muchos y grandes, tanto que he quedado sorprendido de ver tanta riqueza; hay diamantes de más de una pulgada, y una de las decoraciones está guarnecida de ópalo. Aquí se muestra la célebre agatha onix, piedra particular, color entre azul y verde, única en su género. Si los diamantes son brillantes, este reino tiene un tesoro en ellos. Por la noche fuimos a un café y jugamos billar. Un hombre ha venido con un libro a pedir limosna para los pobres y es obligación de dar.

1830. Septiembre 4.

   Sábado: Fuimos al museo o palacio japonés, donde está una regia colección de estatuas y relieves antiguos y modernos, el depósito de la porcelana y la biblioteca. Visitamos las salas de estatuas, y en ellas he notado particularmente dos leones egipcios, una loba de Rómulo y Remo de piezas y los dos niños de mármol, obra antigua; un fragmento de Palas desconocido, que le ha dado mucho que pensar a los anticuarios; un joven metido dentro de un cubo, el cubo es obra acabada; algunos vasos antiguos y algunos otros fragmentos encontrados en Herculanum en 1706. La porcelana está depositada en 18 salas; hay en ellas porcelana antigua de Sajonia, del Japón, de China, diferentes juegos de servicio de mesa, todos los animales, figuras de hombre, grandes vasos y tazas de cristal de las primeras fábricas de Venecia y mil otros juguetes raros y curiosos; aquí se muestra el regalo que le hizo Napoleón al rey, de 4 grandes magníficos vasos, algunos platos y tazas de la fábrica de Sèvres.

   La biblioteca está distribuida en 26 salas muy decentes, contiene 280 mil volúmenes repartidos por materias y naciones; así hay departamentos de historia y de literatura inglesa, de historia y literatura española, etc. El bibliotecario, señor von Falkenstein, tuvo la bondad de ir él mismo mostrándonos el establecimiento y aun de pedirme mi firma para conservarla como una memoria, esto además de haber firmado el libro en donde firman todos los que visitan la biblioteca. Vimos una hermosa edición con estampas de la historia de Inglaterra, de Hume; una antigua crónica en español del Cid Campeador, una edición rara del acto por el cual los daneses abdicaron su soberanía en el rey en 1709, un manuscrito mejicano con jeroglíficos que nadie ha podido adivinar hasta hoy, el cual lo regaló Carlos III; un Alcorán que se dice haber pertenecido a Bayaceto II, impreso en vitela; la firma de Gustavo Adolfo, cartas escritas por Lutero y Melanchton, a los cuales se han añadido las caricaturas que en aquel tiempo se publicaron contra la Silla Apostólica; la firma de Hugo Grocio en varias cartas reunidas recientemente, la de Sixto V (cardenal Montalto) también en una colección de cartas, fragmentos de la Biblia impresos en Maguncia en 1457, recién descubierta la imprenta, y algunos otros libros curiosos. Por la noche se dio la ópera Oberón, de Weber.

1830. Septiembre 5.

   Domingo: En el teatro vimos al príncipe Maximiliano, hermano del rey, sucesor de la corona y suegro de Fernando VII de España; es un viejo de 70 años. Fuimos a la iglesia catedral católica, donde se celebra todos los domingos y fiestas principales una misa solemne a la cual asiste toda la familia real; la orquesta y el canto son magníficos; por la primera vez he oído cantar a un castrado italiano. Después de la misa toda persona que quiera ver pasar la familia real para su palacio se coloca haciendo calle en un paraíso, nosotros lo hicimos así y pasó ella en el siguiente orden: porteros, lacayos, gentiles hombres vestidos de gala, el rey, anciano de 76 años, cuerpo pequeño y uniforme colorado militar, la gran duquesa de Toscana su sobrina, el príncipe Maximiliano su hermano, de uniforme blanco, su hijo el príncipe Federico, otro, el príncipe Juan y sus demás hijos. Después estuvimos en un edificio grande de construcción semicircular, arquitectura antigua, en el cual está el gabinete de historia natural y la academia de artes o depósito de curiosidades; visitamos estas salas, y entre las cosas curiosas que vimos fue lo siguiente: una porción de relojes de mesa con música, figurando diversos animales y por medio de diferentes máquinas; un reloj de un gran círculo que a un mismo tiempo muestra la hora que es en todas las partes del mundo; una bola de madera que abriéndose en dos contiene algunos pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento en relieves; una lámina de madera con caracteres en relieve que parece toda de bronce, una cuenta pequeña en la cual se ven innumerables figuritas de hombres por medio de un microscopio; porción de relieves y miniaturas de cera; y un chaquete en que cada peón tiene el retrato de un elector de Sajonia; una herradura de caballo rota con las manos del elector Augusto en prueba de su fuerza; el primer espejo hecho en Sajonia, y tiene 464 años; un naipe francés que tiene 300 años y otro español sin colores; algunos muebles de Augusto II; cuchillos encabados de coral y de concha nácar, una gran cuchara color rojo, que se dice ser hecha de pellejo de puerco; una gran copa hecha de cuero de jabalí; el bastón de Tilly; un órgano de 212 años cuyos tubos son de papel; un espejo rojo; otro órgano con tubos de cristal; una peluca de cristal; un vaso hecho de la concha de la fruta de una palma de las islas Malvinas; un cuadro que parece pintado y es hecho con arena y polvo. Por la noche estuvimos en el teatro de fuera de la ciudad, situado en un jardín hermoso donde hay despacho de café y orquesta. Se representó El rey de los Alpes. Desde este punto se ven los pintorescos y hermosísimos alrededores de Dresde.

1830. Septiembre 6.

   Lunes: Por tercera vez he estado en la galería de pinturas. El ministro austríaco ha visado mi pasaporte para Viena, y el de Baviera para Munich. Estuve en el teatro a la representación de la comedia inglesa Carlos XII, y del vaudeville El secretario y el cocinero.

1830. Septiembre 7.

   Martes: He tomado dos plazas en la diligencia de aquí a Bayreuth por 18 escudos de Sajonia que equivalen a 16 pesos y reales. La mitad de mi equipaje va a otra diligencia porque así como en Berlín y Hamburgo, sólo se abonan 30 libras a cada pasajero. Para complacer al señor Falkenstein, bibliotecario, le he dejado la firma del general Bolívar en una carta antigua de 1818 que escribió conmigo desde Guayana, a Justo Briceño a Casanare. Escribí a Pacho a París para que me enviase mis cartas a Munich por conducto del señor Meyer, negociante. Por la noche, La muette de Portici, regularmente.

1830. Septiembre 8.

   Miércoles: Tomé la diligencia a la 1 del día para salir de Dresde y a las 6 llegamos a Freyberg, ciudad que fue fortificada en la guerra de 30 años y a cuyas inmediaciones están las minas de plata de que he hablado anteriormente. A las 10 del día siguiente hemos entrado en la Baviera. El terreno que he andado es el más montañoso que tengo visto en Europa, en términos de que en algunos parajes hemos tenido que subir a pie las colinas dejando vacía la diligencia; pero es muy hermoso todo el país, muy cultivado, bastante poblado y con rebaños de merinos y vacadas.


BAVIERA

BAYREUTH

1830. Septiembre 9.

   Jueves: A las 10 del día entramos en el territorio bávaro, pasando por la primera aduana de la frontera; comimos en Hof (ciudad mediana) a la una, y llegamos a las 8 a Bayreuth, ciudad de 12 mil habitantes, habiendo andado de Dresde a ella cerca de treinta millas. Antes de llegar a Bayreuth hay unas ruinas de castillos antiguos, los cuales están situados sobre una eminencia que domina la población y que hay al pie de ella. El terreno es también quebrado aunque poco menos que el de Sajonia, cultivado, poblado y lleno de rebaños y vacadas; la vista del país de Hof hasta aquí me ha hecho recordar del terreno que Sube a San Gil, que se le asemeja bastante, y la vista de las vacadas pastoreadas por mujeres para defender las sementeras me ha recordado el pastoreo de nuestros indios, principalmente por Cajicá, junto a mi hacienda. Me alojé en el hotel Le Soleil y recibí mi equipaje, habiéndose hecho antes la ceremonia de registrarlo en la aduana.

1830. Septiembre 10.

   Viernes: Día de San Nicolás; segundo año de la entrega del gobierno a Bolívar.

   He pasado el mayor trabajo para entenderme con la oficina de la diligencia por no haber en ella quien hablase francés, ni inglés, ni encontrarse un criado o domestique de place que lo hablase ni en la posada ni en la calle. Por casualidad dimos con un caballero, fabricante, que tuvo la bondad de sacarme del embarazo y hablar en la posta. He determinado irme de aquí en un coche particular porque la diligencia no pasa hasta el lunes y la ciudad no ofrece ningún género de distracciones ni aun sociedad, porque no hablo alemán.

   El coche me cuesta 11 florines de Baviera, que es decir cuatro pesos y seis reales de Colombia.

   He estado por la tarde en lo que se llama Château de l'Ermitage, que es un bello jardín cerca de la ciudad donde reside el príncipe Pío, primo del rey de Baviera (que vi paseándose en el jardín); las casas están edificadas bruscamente, es decir, con piedra sin labrar, y lo mismo las columnatas; hay grutas artificiales, ruinas y estanques donde se hace un juego gracioso con las aguas por medio de fuentes. La moneda de Baviera es semejante a la de Francfort; se cuenta por florines, moneda imaginaria; un florín tiene 60 kreuzers, un thaler prusiano tiene 150 kreuzers.

   Un luis de oro, 10 florines y 100 kreuzers, más o menos; por consiguiente, un peso nuestro tiene dos florines 3 kreuzers.

   En esta ciudad hay dos teatros que ahora están cerrados, paseos públicos, dos sociedades particulares y algunos establecimientos de caridad. En la mesa he encontrado personas afables que me han proporcionado ver la ciudad y acompañado en los paseos.

NUREMBERG

1830. Septiembre 11.

   Sábado: Salí a las 5 de la mañana habiendo pagado poco más de tres pesos en la posada, precio baratísimo.

   En esta ciudad se vive con muy poco y cómodamente; dos cámaras en una casa particular cuestan 50 florines al año, y con un florín diario, me dicen que se puede vivir muy bien. A la una comí en la Villa de Genfenberg y a las seis y media llegué a Nuremberg.

   El terreno continúa montañoso hasta cerca de esta ciudad, siempre cultivado y bastante poblado y provisto de ganado que pastorean como rebaños de carneros, lo mismo los ganados. Cerca de Nuremberg he visto varias plantaciones de tabaco. Es muy general el uso de tirar los carros con bueyes y vacas en vez de caballos. Los hombres de edad que conducen los carros usan un gran sombrero al tres.

   En Baviera es donde más peajes he visto pagar en el camino y los caminos son bastante buenos y están cuidados regularmente.

   Me alojé en el hotel Le Cheval Rouge. En la mesa al cenar he encontrado también algunas personas que me han procurado informes de la ciudad y del país, entre ellas un doctor Campe, literato, que me habló del descubrimiento de la América por Behaim, de esta ciudad, antes de Colón, sobre lo cual nos emplazamos para examinar las pruebas de esta pretensión, que el historiador Robertson tampoco cree fundada.

1830. Septiembre 12.

   Domingo: Nuremberg es una ciudad de 30 a 35 mil almas. En otro tiempo fue ciudad imperial, es decir, una de las que compusieron la famosa liga anseática. Saliendo de Bayreuth queda a la izquierda la ciudad de Amberg, camino directo a Munich, y a la derecha la de Bamberg. De Nuremberg puede irse a Munich por tres direcciones: o tomando por la izquierda, por Ratisbona o por el centro, por la plaza fuerte de Ingolstadt, o por la derecha, por Augsburgo, ciudad en la cual se reunieron los de la religión reformada en el siglo XVI y procuraron el acto que contenía la profesión de su doctrina y que es conocida en la historia con el nombre de "La Confesión de Augsburgo". El doctor Campe me ha enviado un libro impreso en Estrasburgo en 1802, titulado Histoire Diplomatique du Chevalier Portugais Martin Behaim de Nuremberg avec la description de son globe terrestre para M. Christophe Théophyle de Murr, traduite de l'allemand para le citoyen H. Jansen. En esta obrita de cien páginas, el autor examina la cuestión del pretendido descubrimiento de la América por Behaim, cita porción de escritores en comprobación de que Behaim no ha hecho tal descubrimiento, refiere todo lo acaecido a Colón, desenvuelve muchos hechos y concluye por asentar que Behaim no descubrió el estrecho de Magallanes, ni hizo su globo terrestre antes del primer viaje de Colón. Este globo que se supone trabajado por Behaim antes del año de 1492 o en el mismo año, y el haber estado al servicio de Portugal al tiempo de los descubrimientos de las islas Azores y de una parte de la costa de Africa, es lo que ha dado lugar a que unos pocos escritores alemanes hayan querido atribuirle la gloria que pertenece sólo a Colón, aunque ciertamente el tal Behaim tenía vastos conocimientos geográficos y opinaba por la existencia del nuevo continente.

   Ya se sabe que los ingleses también han disputado a Colón su gloria, atribuyéndola a un tal Madoc, hijo del rey de North Wales en el siglo XII, según la autoridad de Powell, que los noruegos por su parte quieren haberla tenido en el siglo X, y los españoles por la suya se la atribuyen igualmente, según lo sostiene Gómara (después hablaré más del asunto según lo que vaya descubriendo en los días subsiguientes).

   La ciudad aunque grande es triste; sus calles son irregulares y no hay una que sea derecha. Las iglesias en lo general son góticas; en la de Notre Dame, que es pequeña, se hacía la promulgación del emperador de Alemania por los electores del imperio. En la plaza del mercado hay una fuente cuyo pilar es una torre gótica de piedra; el pedestal está rodeado de una reja de hierro; leones pequeños alados y sin alas en la actitud de sentados, arrojan el agua por la boca. Al lado de la iglesia de San Lorenzo hay otra fuente graciosa; un grupo de mujeres en pie y haciendo un círculo arrojan delgados chorros de agua por los pechos, y al pie de ellas, en el pedestal, varios tubos los arrojan más gruesos hacia lo alto, lo cual forma un juego gracioso. Fui al teatro a la representación en alemán, sólo por no tener qué hacer; el edificio es malísimo y no está preparado como los teatros, pero estaba repleto de gente; las señoras y no señoras, se apoderan aquí de la luneta y patio como en Amsterdam; una escena hubo en que Napoleón pasó revista a algunos cuerpos; luego que salió el actor todo el mundo lo aplaudió y gritó ¡bravo!, y concluida, hizo el público que saliera a recibir nuevos bravos sólo porque representaban al antiguo emperador de los franceses.

1830. Septiembre 13.

   Lunes: Fui a visitar al doctor Campe y a llevarle el libro que me había prestado ayer; hablamos de la cuestión de Behaim y convino en que no había tenido parte alguna en el descubrimiento de la América; con este motivo tocamos la materia de la Independencia de América y me dijo que él veía en Bolívar un imitador de Bonaparte; me exigió algunas noticias geográficas para rectificar sus ideas respecto de la división actual de los nuevos Estados americanos; con un mapa a la vista y un lápiz le fui marcando los límites de las siete Repúblicas fundadas en las antiguas colonias de España, sus nombres exactos, sus capitales y sus principales puertos, con las advertencias necesarias respecto del estado actual del Paraguay y de Montevideo. El doctor Campe en recompensa me mostró su galería de pinturas de la escuela alemana, italiana y holandesa, que contiene excelentes cuadros; hay un cuadro griego pintado sobre madera que él consiguió en Ravena (la Virgen, el Niño y San José); pinturas alemanas del siglo IV, todas sobre madera; algunas de uno de los más antiguos pintores de Nuremberg (Dürer); del Ticiano, del Veronés y Vinci, un nacimiento de Jesús del Ticiano, que se tiene por obra maestra; el retrato de Metsys y el de su mujer hechos por él mismo, pintor flamenco de profesión, por casarse con ella (Sigue Nota del Editor...). Hablamos también de la pretensión justa o injusta de los holandeses sobre que Koster inventó la imprenta antes de Gutenberg; y me dijo que era una pretensión infundada y que era fácil poner en claro los derechos de Gutenberg a esta invención. Para pagar al doctor Campe su bondad le he dado los dos cuadernos impresos en la Revue Encyclopédique de París sobre Colombia y Bolívar. Por casualidad he conversado en la mesa con un conde ruso y hablado de la revolución de Francia; ha dicho que ha sido una rebelión, que el rey Luis Felipe no podría mantenerse en el trono, que era rey hecho por el populacho de París, y otras cosas por este tenor. Dijo también que se decía existir un tratado de Francia con la Austria (que yo dudo mucho) por el cual debía el duque de Reichstadt, hijo de Napoleón, ocupar el trono de Francia, extinguida que fuera la descendencia directa de Luis XVIII. A sus ojos el duque de Bordeaux es el rey legítimo. Yo, sin decidir que la revolución parisiense ha sido legítima, le he presentado algunas observaciones en clase de dudas para traerlo a la conclusión de que no podía haberse hecho otra cosa que lo que aparece decretado por las cámaras después de la revolución de los últimos días de julio. Es menester advertir que yo hablaba sin saber quién era dicho señor, y lo supe después de que se levantó de la mesa.

   Estuve en el teatro, a la ópera Juan de París de Boïeldieu. La gaceta habla de conmoción popular en Dresde; la ha habido en Leipzig al principio de este mes, en Aix-la-Chapelle y en los Países Bajos después de la revolución de París, y en Brunswick contra el duque soberano.

1830. Septiembre 14.

   Martes: El doctor Campe me ha regalado una carta geográfica de la Baviera, una estadística del mismo reino, y una noticia sobre los artistas alemanes, todo publicado por él (vive en Kaiser Strasse), y me prometió publicar lo que yo quisiera comunicarle.

   He tomado diligencia para Ratisbona por diez florines para mí y mi criado, que equivale a poco menos de cinco pesos. La cuenta del hotel con dos billetes de teatro ha montado a diez y ocho florines. Habiendo hecho conocimiento en la mesa con el negociante Juan Gotlieb Falke que había estado en España seis años, me condujo a casa del negociante Förster a ver el gabinete de curiosidades que ha formado, y lo vi con gusto, habiendo también visto dos mapas que se dice hechos por Behaim, y según la prolija descripción que de ellos hace Mürr. El señor Falke me trajo hasta la casa en la diligencia y me exigió que le dejara mi firma. A las tres de la tarde salí de Nuremberg y a las ocho de la noche cenamos en Neumarkt, lugar poco considerable, y continuamos hasta Ratisbona. Nuremberg tiene galerías de pinturas y biblioteca (está el globo terrestre de Schoener hecho en 1520, con un manuscrito en latín de la geografía de Tolomeo). En ella hay mapas antiguos, entre ellos el de Diego Ribera, según el tratado de Tordesillas de 1494 entre España y Portugal, al tiempo del descubrimiento de América.

RATISBONA

1830. Septiembre 15.

   Miércoles: Llegamos a Ratisbona a las 8 y media de la mañana y me alojé en La Croix d'Or. El camino continúa un poco quebrado, el país muy lleno de bosques y bastante poblado. Ratisbona o Regensburg (llámase Regensburg porque el río Regens entra en el Danubio muy inmediato a la ciudad). La ciudad tiene de veinte a veinticinco mil almas y está situada en el Danubio, que dividido en dos brazos atraviesa una parte de la ciudad. Aquí se reunió la dieta del imperio desde 1662 hasta 1806, que pasó a Francfort del Mein. La catedral es gótica, las calles en lo general estrechas y torcidas, hay fuentes con diversas y graciosas figuras. De Nuremberg aquí hay 14 millas alemanas. Visité la iglesia de San Emerard, que fue convento de frailes; no tiene de particular sino el cuadro del altar mayor que representa el martirio del santo arzobispo de esta ciudad y la pintura del techo que por todos lados se presenta de frente, otros dos mártires y un modelo del sepulcro de Cristo en Jerusalén hecho en sus dimensiones naturales. Como los alemanes son tan comunicativos y atentos, hice conocimiento en la mesa con dos personas que me introdujeron a la Sociedad de la Armonía, donde se leen los papeles públicos; en ellos he visto que el gobierno francés ha escrito a todos los gobiernos de América asegurándoles que está pronto a recibir sus ministros y tratar con ellos de igual a igual. Parece que la separación de la Bélgica de la Holanda está decidida aunque sujeta siempre a la dinastía actual de Orange y Nassau. Por la tarde di vuelta por el paseo público (porque en Europa no hay una mediana ciudad que no tenga alamedas y jardines), que está situado donde en otro tiempo hubo fortificaciones; aquí se encuentra el monumento levantado por la ciudad al famoso astrónomo Kepler, que consiste en una especie de templo de 8 columnas dóricas cubiertas de una bóveda a cuyo alrededor están en relieve los signos del zodíaco, y sobre la cúpula un hemisferio de bronce; debajo está el busto de mármol con esta inscripción "Kepler". Un relieve en el pedestal sobre el cual está el busto, representa un ángel descubriendo una ninfa. También se encuentra en el paseo el palacio del príncipe Taxis, que tiene una biblioteca excelente que pueden visitar los extranjeros libremente. Fui al teatro, a la representación de la comedia Le Mariage de Raison, el edificio es regular y el teatro bueno y grande.

1830. Septiembre 16.

   Jueves: Ratisbona, como Augsburgo, fue también ciudad imperial libre. De aquí se va a Viena en 44 horas por la posta. Estuve en el palacio del príncipe Taxis, que es un edificio considerable, y en la biblioteca, que es realmente numerosa y se halla en una bella sala con sus galerías, el bibliotecario me mostró el primer libro impreso sobre botánica en 1487, con láminas muy comunes, y una de las obras impresas en Maguncia poco después de la invención de la imprenta. No hay en esta biblioteca un solo libro en español. En la de la ciudad no se encuentra nada de raro; todo lo que había cuando los conventos fueron extinguidos ha sido trasladado a Munich, lo mismo que los cuadros de los mejores artistas. Hay en la ciudad una casa de educación para los huérfanos de la religión protestante. El príncipe Taxis está fabricando un palacio para sus caballos; los he visto en sus caballerizas provisionales, son treinta, muy hermosos, servidos por lacayos bien equipados y cubiertos con sus buenas mantas; cada caballo tiene un nombre inscrito en una lámina a la entrada de la caballeriza. He arreglado mi viaje a Munich en coche particular por catorce florines, que equivalen a seis pesos más o menos.

   En el Hôtel de Ville está hoy la sala donde tenía sus sesiones la dieta del imperio que Carlos V presidió cuando Wallenstein fue destituido. Es una pieza casi cuadrada, embovedada de madera con ventanas góticas y vidrieras redondas muy pequeñas; a los lados está la sala de la reunión de los obispos y la de los príncipes; en la primera se hace hoy el sorteo de la lotería.

   Estando en la sala vinieron cuatro personas y preguntaron por mí al negociante que me acompañaba y, presentado a ellas, me hicieron sus cumplimientos; eran el burgomaestre de la ciudad, el comandante de la guardia cívica, un mayor de ella y un comisario de policía. Esto me confirma que el carácter de los alemanes es atento. Después fui a la catedral, que, como dije antes, es gótica y muy buena. Hay de particular en ella las vidrieras de las ventanas pintadas perfectamente al modo antiguo, un monumento de un arzobispo (Dolberg) hecho de mármol, en que un ángel escribe las últimas palabras que pronunció al morir, y una joven teniendo en la mano izquierda las armas del arzobispo llora mirando al busto. La estatua de bronce del elector de Baviera, Enrique IV, cardenal de la Iglesia romana, está en medio de la iglesia, de rodillas delante de un crucifijo. El altar mayor es guarnecido de plata, los candeleros y tazas para flores lo mismo, y todo esto lo muestran como una cosa notable porque es de plata. En un altar está una figura de cera de San Juan Nepomuceno que lo representa muerto y tal cual el santo era, vestido de clérigo con una muceta de doctor; resulta que el santo era de talla pequeña, sin barbas y de color trigueño

   He examinado el puente que está sobre el Danubio, y en una de las dos islas que forma el río de uno y otro lado del puente hay muchos molinos de agua para aserrar maderas, moler los granos y fabricar papel. Yo he visto una de esas fábricas muy despacio porque la señora dueña de ella tuvo la bondad de mostrarme todas las oficinas. En la mesa hoy he sido buscado por varias otras personas para hablarme, y entre ellas por el doctor Meinel, abogado en la Corte de Apelaciones de Munich, que me ha ofrecido acompañarme a ver en aquella capital lo que hay de importante, a cuyo efecto me ha dado la dirección de su casa: vive en la calle Herzogspitalgasse N° 11-44 au 1er. étage. Un pintor de Munich que me llevó a ver ayer el monumento de Kepler se ha empeñado en hacer mi retrato y hoy ha hecho el dibujo con mucha prontitud.

   El conde de Reichstadt, que ha estado esta noche en la cena, me ha dicho mil cumplimientos lisonjeros por mi conducta en Colombia, de cuya historia está bastante impuesto.

FREISSING

1830. Septiembre 17.

   Viernes: Salí a las cuatro de la mañana, almorcé en Ambersberg, comí en Meinburg y llegué a posar a Freissing a las siete de la tarde, en el hotel Le Cerf d'Or. Freissing es un lugar regular. El camino hoy continúa menos quebrado, cultivado bastantemente, sobre todo de lúpulo, y bien poblado.

MUNICH

1830. Septiembre 18.

   Sábado: Salí a las siete de la mañana y llegué a Munich a las doce. El camino es perfectamente llano desde Freissing y poblado. Cerca de Munich hay un canal que conduce a dicha parte, lo retuvo y me dio otro papel. Posé en el hotel Le Cerf d'Or.

   Munich o München es la capital del reino de Baviera, situada a orillas del río Isar en una explanada. La ciudad parece muy bonita y tiene de 70 a 80 mil almas. El reino de Baviera fue elevado a monarquía en 1806 por Napoleón, después de la batalla de Austerlitz; Luis I es hoy el soberano, que tiene la reputación de hombre ilustrado; es hermano de la mujer del príncipe Eugenio Napoleón y por consiguiente tío de la actual emperatriz del Brasil; también es hermano de la mujer del príncipe hereditario de Prusia. El heredero de la corona de Baviera es el joven que vi en Cassel en diciembre último, que había venido allí de la universidad de Gottinga. La Baviera tiene cuatro millones de habitantes, una constitución liberal y varios establecimientos públicos. Está dividida en 8 círculos a la cabeza de los cuales hay un comisario gobernador, presidente de una corporación llamada regencia, la que dividida en dos secciones, una para lo tocante a rentas y otra para la administración interior, es la directora del círculo. Hay dos cámaras, la una llamada de consejeros del imperio o pares, nombrada por el rey y hereditaria, la otra de diputados nombrada por los círculos, por electores que paguen cierta suma de impuestos directos. La libertad de imprenta está garantizada; la religión de la corte y de una parte del reino es la católica. Los bávaros parecen en lo general contentos con su gobierno. La Baviera fue el Palatinado o, mejor dicho, el estado del gran duque palatino en el imperio de Alemania. He dado una vuelta por la ciudad y he visto por fuera el palacio del rey, que es un edificio grande sin particularidad alguna, y el teatro de la corte, de orden corintio, que tiene una apariencia hermosa. El palacio tiene un jardín público poco extenso que sirve de paseo. En una plaza hay una columna corintia de mármol rojo sobre cuya cúspide está una imagen de la Virgen en bronce, y cuatro ángeles matando al diablo adornan el pedestal. En la misma plaza hay una guardia militar de infantería con dos piezas de artillería. Las calles, unas son anchas y derechas, otras muy angostas y generalmente torcidas. Es muy general el uso (con excepción de las señoras), de una cosa hecha de galón de plata u oro que cargan las mujeres de adorno en la mitad de la cabeza. He enviado al banquero Meyer una carta avisándole que tengo una de recomendación del señor Merck. Esta noche no hay nada en el teatro.

1830. Septiembre 19.

   Domingo: El hijo del banquero Meyer estuvo a visitarme y me hizo los ofrecimientos de costumbre. Fui a la iglesia de la corte, que es un edificio muy regular. Tiene pilastras en las cuales están embebidas dobles columnas acanaladas de orden corintio y una infinidad de relieves; el altar mayor se compone de cuatro columnas espirales fajadas con una rama de laurel, todo de piedra. El señor Meyer me ha llevado a la sociedad donde se exponen las pinturas de la escuela de dibujo, donde vi una copia de la Transfiguración de Rafael pintada antes del famoso cuadro que existe en Roma; a la sociedad literaria donde se leen todos los diarios y a la sociedad del museo, donde también se leen diarios extranjeros, se juega billar, etc. y en todas quedé apuntado para ir cuando quiera. He visitado al conde de Saporta, para quien me dio una carta el conde Leuturm D'Estingen; me ha hecho mil ofrecimientos y tratándome con mucha amabilidad. Por la noche fui al teatro con Meyer a la representación de una tragedia en que el famoso actor Eslair fue grandemente aplaudido. El teatro es hermosísimo, grande, nuevo, con 5 órdenes de palcosy un balcón, escenas decoradas, excelente orquesta, etc. Las escaleras son de mármol, las columnas de cerca del foro de orden corintio, doradas; el palco del rey colocado en el centro está adornado de espejos grandes y de relieves dorados. Es el mejor teatro que he visto en Alemania.

1830. Septiembre 20.

   Lunes: En Hamburgo ha habido una conmoción bastante seria, igualmente en Cassel y en Oldemburgo; por todas partes hay conmociones. El rey de Sajonia ha llamado de corregente al príncipe Federico, su sobrino. El conde Saporta me ha visitado. Visité a los señores Meyer y Meissen. He estado en lo que llaman Glyptothèque, que es el edificio donde está la colección de estatuas y antigüedades; el edificio es magnífico, de orden dórico, las salas hermosas, enladrilladas de mármol de diferentes colores, los embovedados pintados y dorados con mucho gusto; es lo mejor que he visto en este género. Allí se ven un gran número de antigüedades egipcias, griegas y romanas que por no estar todavía impreso el catálogo de ellas, no he podido conocerlas todas; hay pinturas, bustos, pedazos de estatuas, relieves, vasos, candelabros, etc., un París y una Venus de Canova, un Adonis de Thorwaldsen (escultor danés que aún vive), una ninfa de Schadow y un busto de Rauch. Visité seguidamente la iglesia de jesuitas donde está el monumento dedicado por su mujer al príncipe Eugenio Napoleón, hecho por Thorwaldsen; consiste en la estatua en pie del príncipe vestido a la romana, teniendo en la mano derecha una corona de laurel y la izquierda puesta sobre el corazón, una matrona a su lado está sentada escribiendo en una lámina y dos ángeles a la izquierda se miran mutuamente con semblante triste; encima del monumento se lee en letras de oro: Honneur et fidélité. Allí mismo están depositados sus huesos. Luego fui a la catedral, edificio medio gótico donde está el sepulcro de Luis de Baviera, emperador de Alemania; es de bronce y de trabajo muy bueno. Pasé después al museo brasiliense que pertenece a la Academia de Ciencias, donde hay buena colección de objetos de historia natural bien colocados y conservados cuidadosamente. La mayor parte es traída del Brasil. También hay vestiduras, armas, lozas, etc., de los indios brasilienses y algo de la isla Otahití y de Kamchatka. Para ser particular, este museo me ha parecido bien rico. La ciudad me parece muy bonita; edificios hechos con gusto, jardines, paseos, boulevards, una buena policía, todo contribuye a hermosearla en la parte material. He estado en el palacio del rey; las salas están adornadas con lujo aunque al estilo antiguo, la cama que fue del rey Carlos VII es de lo más magnífico que he visto; todos sus aprestos son bordados de oro con el más grueso realce imaginable; en un cuarto hay una lámpara de marfil hecha por el elector Maximiliano I. Hay corredores con diferentes cuadros. Se edifica actualmente un nuevo palacio de grande altura y dimensión en la plaza del teatro. En la Sociedad Literaria leí en un diario de París que el 13 de junio había recibido el nuevo presidente de Colombia a los ministros del Brasil y de Inglaterra. En la Gazette de France del 9 de septiembre, leí el siguiente artículo tomado de la gaceta de Berlín: "Berlín, 28 Août: Le Géneral Santander habite ici depuis quelque temps et s'est acquis la considération générale par sa simplicité et l'amabilité dont il fait preuve dans les cercles. M. Alexandre de Humboldt s'est principalement chargé de rendre agréable au général son séjour dans notra capitale". Hoy hemos visto un capuchino en la calle, y su convento está fuera de la ciudad; vi que las gentes le saludaban quitándose el sombrero con respeto.

1830. Septiembre 21.

   Martes: Mis pasaportes están ya visados para ir a Italia. Por medio del señor Meyer y del doctor Meissel he conocido diferentes personas, la mayor parte banqueros. En prueba del carácter alemán, diré que un bávaro que ha sido ministro en Viena, sólo porque dos días he comido a su lado me ha ofrecido carta de introducción para Viena, y otro me ha regalado un paquete de tabacos habanos muy buenos.

   Estuve en la Biblioteca Real, que está colocada en 57 salas y corredores con bastante cuidado: dícese que tiene más de 50 mil volúmenes y 16 mil manuscritos, entre ellos una gran cantidad de manuscritos orientales. Muchos de todos estos se nos mostraron por el bibliotecario: los hay del siglo IX adornados de láminas y pinturas muy curiosas; otros son engastados en láminas de plata doradas y algunas con relieves de marfil. Vi un manuscrito del siglo IX escrito sobre papiro, un alcorán que perteneció al padre La Chaise, confesor de Luis XVI. Otro escrito sobre vitela roja en letras de oro y de plata, y algunos libros impresos recién descubierta la imprenta. Todos los más son evangelios y oraciones devotas. Fui después a la galería de pinturas que pertenece a la corte: está colocada en salas muy decentes y con mucho método. La galería es menos numerosa que la de Dresde: hay cuadros de las escuelas alemana, flamenca e italiana.

   Allí están, del español Murillo un San Benito dando limosna a los pobres, dos muchachos pobres comiendo fruta, otros dos jugando dados y a su lado otro comiendo pan, una vieja espulgando a su hijo que está también comiendo, y otro casi de la misma naturaleza; de Van der Werf hay una multitud de cuadros excelentes; de Tenniers (alemán) hay varios y, sobre todo, los retratos de un viejo y una vieja; de Rubens hay muchos y el principal el asesinato de los niños inocentes; de Rafael hay varios, verbigracia la Santa familia, y de Van Dyck hay algunos. La galería es muy escogida. Por la tarde fui con Meyer a pasear por lo que llaman el jardín inglés, que es un parque hecho por el gusto inglés y que verdaderamente es hermoso. Runfort (americano) lo hizo convirtiendo un pantano en un delicioso jardín donde todas las semanas se reúne la música militar a tocar un día. Meyer me presentó a su señora, que es una dama joven y bonita; juntos fuimos al teatro, a la ópera Otelo de Rossini, que me pareció bien ejecutada y el baile tan bueno como en París, con excepción de la Taglioni. Cantó la señorita Scherner haciendo el papel de Desdémona, y me pareció que correspondió a la reputación que tiene de buena cantarina y actriz.

1830. Septiembre 22.

   Miércoles: He estado con el conde Saporta en un cuartel de infantería donde están acuartelados hoy dos regimientos. Es un grande edificio con un patio disforme, con largos corredores donde hacen ejercicios los soldados, cuartos para dormir, almacén, etc. Las mujeres de los soldados viven en el cuartel y hay vivanderas que venden víveres confeccionados y frutas. En cada cuarto hay diez o doce soldados con su cabo, allí comen en una mesa y duermen: cada compañía tiene su almacén de fusiles, fornituros, menaje, etc., que sale del almacén general y está a cargo del pagador y del mayor. Los oficiales se reúnen al mediodía para recibir órdenes del coronel, y a la misma hora se presentan al coronel todos los individuos del cuerpo que tienen que representarle algo. El prest del soldado son siete kreuzers, de los cuales gasta cinco en la comida o rancho. El reclutamiento se hace por conscripción y dura el servicio seis años. El reclutamiento tiene su biblioteca militar, con un gran número de cartas geográficas, y en ella se conserva el uniforme del difunto rey, que era coronel del regimiento a que pertenece Saporta.

   El doctor Meinel me presentó al ministro de Francia, conde Rumigny, y éste a su señora, que es hija del mariscal Mortier, duque de Treviso. Me convidó a comer hoy dicho ministro y fui a las cuatro de la tarde: fui presentado al ministro de justicia del rey, al ministro de Rusia y a algunos señores más. He recibido cartas de Bogotá del siete de junio de mi señora Nicolasa, y del 14 del mismo de mi familia y de Arrubla; de Pacho, de París, del catorce de septiembre.

1830. Septiembre 23.

   Jueves: He escrito a Pachito y a Gavoty. También a Arrubla y a Merizalde a Bogotá. La casa de Rougemont ha pagado mil francos a Rojas, por consiguiente me quedan en ella cuarenta y cuatro mil francos solamente. He sido presentado al señor Kennstorf (Place Maximilienne), banquero bastante instruido y muy amable. He visitado la galería de pintura del príncipe Eugenio, la cual contiene excelentes cuadros antiguos de todas las escuelas y algunos modernos. Entre estos son notables Belisario de Gérard: Ossian recibiendo en los Campos Elíseos los héroes franceses muertos en el campo del honor, por Girodet (francés); entre los antiguos, algunos de Murillo y de Ribalta. Tengo el catálogo. En la misma galería están las tres gracias y la Magdalena por Canova, escultura magnífica, un amor por Bossio (francés). Eros y Anteros por Algardi, un pastor con su cordero herido, por Chaudet (francés), dos modelos de los sarcófagos de Escipión y de Agrippa; una de las águilas de plata que Napoleón mandó de Santa Elena al príncipe Eugenio, el sillón donde trabajó Napoleón desde el consulado hasta 1810. También vi el palacio de dicho príncipe, que estaba magníficamente amoblado; tiene teatro, billar, etc., en una están los retratos de la actual emperatriz del Brasil, su hija, de la mujer del príncipe real de Suecia, Oscar, también su hija, el del príncipe mismo y el del rey Maximiliano, suegro del príncipe Eugenio.

   Aquí en Munich hay varios establecimientos de beneficencia, casas de corrección de mujeres, casas para pobres, para locos, etc. Hay uno donde se da la sopa que llaman de Redemfort. El señor Meyer me ha escrito insertándome la noticia positiva que da la gaceta de Augsburgo de la muerte dada al benemérito general Sucre. Parece que la decantada contra-revolución de Venezuela en favor de Bolívar, se ha reducido a miserables tentativas que han sido sofocadas por el gobierno.

1830. Septiembre 24.

   Viernes: Visité al señor Meinel y vi al señor Meyer en su escritorio. Está ajustado el viaje a Innsbruck en coche particular por 20 florines, que pagaré en compañía de un inglés que viaja conmigo. A las tres fui a comer en casa del señor Meyer, donde entre otras personas estaba el coronel bávaro Heideck, chambelán del rey, que ha servido en Grecia con mucha distinción; es un hombre instruido que ha servido en el ejército de Napoleón en España, Portugal, Rusia y Alemania. Muchas preguntas nos hicimos recíprocamente sobre el estado de la Grecia y de Colombia. Quedé muy complacido de su amabilidad.

BENEDICKTBAUERN

1830. Septiembre 25.

   Sábado: Segundo aniversario de la revolución de Bogotá que me ha causado tantos perjuicios personales. Pagué el alojamiento, que costó por todo (incluso la composición de mi reloj) cuarenta y cuatro florines, y salimos de Munich a las 6 de la mañana. El conde Rumigny ha estado ayer a visitarme y yo he escrito hoy despidiéndome. Comimos en Wen-hof, dormimos en Benedicktbauern, al pie de los Alpes. El país está muy cultivado y poblado.


TIROL ALEMAN

INNSBRUCK

1830. Septiembre 26.

   Domingo: Salimos a las cinco de la mañana y almorzamos en Valchense a orillas del lago del mismo nombre, entre los Alpes. Comimos en Mittenwald, último lugar perteneciente a Baviera, y llegamos a Innsbruck a las ocho de la noche, donde posamos en El Aguila de Oro. Al salir de Baviera nos pidieron los pasaportes, igualmente en la aduana al entrar en el Tirol, que pertenece al emperador de Austria, y después en Innsbruck. En la aduana tuvieron la cortesía de no registrarme mis baúles y por lo único que averiguaron con interés fue si traíamos tabaco porque la importación de este género es prohibida. Los Alpes tirolianos son una cadena de montañas tan elevadas las que más, como las de Monserrate en Bogotá; en las cimas no hay vegetación ninguna y están cubiertas de nieve. De trecho en trecho se encuentran pequeños valles cultivados, selvas de pinos y bastantes caseríos y poblaciones. El camino es bueno; los habitantes del Tirol usan su vestido nacional: los hombres calzón de cuero curtido tan corto que no pueden agarrar la media, que queda floja, y cordones largos de color morado, gran chaqueta, chaleco encarnado y sombrero con flores; las mujeres un gorro de paja en esta forma (Sigue Nota del Editor...), o de pieles, corbata negra echada la punta del pañuelo hacia atrás, medias de color con hebillas diferentes o medias de lana sin pie: entiéndase que este vestido es de la gente común. Las casas generalmente son techadas de pedazos de tabla. En ninguna parte he visto tantos Santos Cristos e imágenes en el camino, como en la Baviera y el Tirol. En Mittenwald vi un baile de gente común, el cual se reduce a valsar. Esta parte de los Alpes abunda en chamois, especie de venados. El río Isar nace aquí. Al remontar esta cordillera hay un lago llamado Lorf yal centro de la travesía dos más: el de Valchensee, es muy bonito. Todo este tránsito ofrece vistas agradables que para un europeo deben de ser encantadoras.

1830. Septiembre 27.

    Lunes: Innsbruck es la capital del Tirol, que en otra época fue condado. Está situada sobre el Inn, que atraviesa una parte de la ciudad, y tiene catorce mil habitantes y una guarnición militar. Los edificios son regulares; la casa del gobernador militar es hermosa, delante de ella está el teatro y una pequeña plaza donde se ve una pequeña estatua ecuestre de bronce de Leopoldo V, que se mira como obra maestra.

   La universidad está acreditada. En la iglesia de la corte hay 28 estatuas de bronce de trabajo magnífico, unas de mujeres, como la reina Juana, madre de Carlos V, Fernando el Católico, Arthur de Inglaterra, Godofredo de Bouillon y otros famosos caballeros con sus armaduras. Innsbruck está situado en un valle bastante hermoso; aquí he visto sementeras de maíz y mazorca bien granadas. En la posada en que estoy estuvo alojado en 1792 el conde de Artois, hoy Carlos X, destituido del trono de Francia. Por la tarde hemos recorrido los arrabales desde donde, entre otros lugares, se ve la villa de Hall; estuvimos en el jardín público, en una pequeña iglesia de un convento de capuchinos y en el casino, donde no hay diarios franceses ni ingleses. El gobierno comienza a dictar algunas medidas para aliviar los impuestos del pueblo, con lo cual podrá evitar que se turbe la tranquilidad del país, asegurada además con 80 mil soldados que Austria está enviando a Italia. Está ajustado el viaje de aquí a Trento en coche particular por cuarenta florines, que ayuda a pagar el inglés con quien he venido. En esta parte del Tirol se cuenta por florines y kreutzers o por francos de Francia, pero una pieza de 24 kreutzers bávaros, vale aquí sólo veinte.

ZERKING

1830. Septiembre 28.

    Martes: Salimos a las seis de la mañana, comimos en Brenner y posamos a las siete de la noche en Zerking. El país es pintoresco; empiezan a encontrarse sementeras de maíz y hay bastantes caseríos y poblaciones; entre Zerking y Oshard las aguas de los Alpes corren en sentido contrario, las unas hacia el este, las otras hacia el sur para Italia. Los habitantes de este país beben el vino que se produce abundantemente aquí mismo, en lugar de cerveza. El camino está lleno de Santos Cristos e imágenes de la Virgen y de los santos. Las poblaciones son muy pequeñas. El camino sigue el curso del río y en la parte montañosa está construido haciendo aberturas en la peña viva, y colocando en la orilla piedras altas o barandas para impedir cualquier desgracia a los carruajes.

BOTZEN

1830. Septiembre 29.

   Miércoles: Salimos a las cinco de la mañana; a las 9 llegamos a Brissen o Bresannone, ciudad regular situada en un vallecillo a orillas del Eisach, cuyos habitantes tienen una fisonomía desagradable y un vestido oscuro muy triste. La catedral o iglesia principal es gótica, comimos en Klausen o Chiusa a las 12, y dormimos en Bolzano o Botzen. El país está bastante cultivado, principalmente de viñas, aunque las montañas no lo están sino hasta cierta altura. Se habla ya aquí un poco el italiano, pero no generalmente. Se ven bastantes ruinas de castillos antiguos colocados sobre colinas que dominan las poblaciones. Bolzano es una ciudad mediana donde se tienen cuatro ferias al año, y está situada a orillas del mismo Eisach, cerca del Adige. Nos alojamos en el mismo hotel y en la misma pieza donde estuvo alojado el papa Pío VI en 1782 cuando iba a Viena a impedir la reforma religiosa que empezó a hacer el emperador José II, y lo supe porque en el cuarto hay incrustada en la pared una lápida que así lo asegura.

TRENTO

1830. Septiembre 30.

   Jueves: Salimos a las 6 de la mañana, habiéndonos reunido a otro inglés que nos suplicó le diésemos lugar en nuestro coche. Comimos en Saluber a las 12 en una posada, en donde encontramos un clérigo bibliotecario de Trento muy afable e instruido, con quien conversamos de todas materias, y se mostró extremadamente liberal, tolerante e impuesto de los negocios públicos, lo que nos hizo pensar un buen rato. A las cuatro tomamos chocolate y jugamos billar en Labies, primera población del Tirol italiano y a las 6 llegamos a Trento, al Hôtel de L'Europe.

TOMO II


TIROL ITALIANO

1830. Octubre 1°.

   Viernes: Trento es una ciudad antigua situada a orillas del Adige en un valle pintoresco al pie de los Alpes, capital del Tirol italiano. Su población es de 10 a 14 mil almas. Desde que se entra en el Tirol italiano se empieza a ver la gente con el color trigueño o pálido, y mujeres de ojos negros graciosos.

   Estuve en la iglesia de Santa María Mayor donde se reunió el concilio general que tiene el nombre de la ciudad: es un edificio gótico cuyos altares, por las columnas de mármol que todos tienen, dejan ver que se pisa en las inmediaciones de Italia; en la catedral, que también es gótica, terminó dicho concilio sus sesiones. No pude menos que acordarme de nuestro obispo Lasso, que es tan devoto del concilio tridentino, cuando andaba recorriendo la iglesia. Estuve también en la iglesia de Ermitas.

   De Trento se va a Venecia o por Bassiano y Primolano, o por Verona; este último camino es más largo. También se va por el lago de Garda a Verona, embarcándose en Riva en buques de vapor y desembarcando en Peschiera; esta ruta han elegido los dos ingleses con quienes he venido a Trento y por consiguiente yo seguí mi camino solo. Primolano, que aún pertenece al Tirol italiano, es la patria del célebre Canova. Salí pues, a las 9 del día, en una carroza que me costó 8 florines de Austria hasta Verona. Comí en Roveredo a las doce y dormí en Borghetto, último lugar del Tirol italiano, adonde llegué a las 6. Todo el país está cultivado de viñas y moreras. En Roveredo hay filaturas de seda muy nombradas; este es un lugar de 10 mil almas cuyos edificios en lo general son de piedra. Casi todas estas poblaciones están techadas de teja como las nuestras.

   De Bolzano aquí, he observado que en las posadas se tienen las armas de todos los soberanos y príncipes que se han alojado en ellas; casualmente en Bolzano, Trento y Roveredo he estado donde han posado el emperador Alejandro, el emperador Francisco I y varios otros príncipes, entre ellos Carlos X de Francia, siendo conde de Artois, en 1791 y 1792.

VERONA

1830. Octubre 2.

   Sábado: Salimos a las 6 de la mañana y llegué a Verona a las 11 siguiente. El primer lugar que se encuentra en Italia es Orsenigo. El territorio está cultivado como el de ayer y Verona es una de las ciudades italianas donde más se cultiva y se trabaja la seda.


ITALIA
REINO LOMBARDO - VENETO

    Verona, ciudad de 70 mil almas, está situada a orillas del Adige, es de las más antiguas de Italia, ha disputado a Como el haber sido la patria de Plinio y sirvió de reunión al último congreso de soberanos en 1822, cuando se decidió de la suerte de España constitucional después del famoso congreso de Laybach y Troppau, en que la Santa Alianza proclamó sus principios políticos. Verona perteneció a la República de Venecia. A poca distancia de Borghetto empieza el territorio italiano del cual se ha dicho que: "nulla di piu ammirabile ch'un suolo il piu fertile sotto il clima, piu bello ovunque intersecato di vive acque, ovunque populato da villaggi e adomo di superbe cittá: tal e l'Italia". Algunas millas antes de llegar a Verona se desemboca en los Alpes cerca de Rivoli, donde Bonaparte dio una batalla en 1796 a los austríacos, y se anda por una llanada cubierta de moreras, dejando sobre la izquierda la cadena de montañas que se dirige hacia Venecia siempre disminuyendo su altura.

   Posé en el hotel La Torre di Londra.

   He visto hoy lo siguiente: la Porta dei Borsari edificada en tiempo de Galieno en doscientos cincuenta y dos; el anfiteatro, que se dice que es el mejor conservado de los que se conocen de los romanos: tiene de circunferencia 1.331 pies, su forma es elíptica y puede contener 23.464 personas; la arena tiene 464 pies de longitud y 347 de latitud en forma elíptica. En la esquina de una calle están los sepulcros de la familia de Scala, soberanos de Verona, trabajados en mármol en manera gótica. La catedral como todas las iglesias tiene sus altares, y las columnas del altar mayor de mármol de diferentes colores; la cúpula de la media naranja es pintada por Giordano; aquí un cuadro de la Asunción de la Virgen por Ticiano. La iglesia de San Anastasio es excelente; casi todas sus imágenes son de mármol. Hoy comienza una de las dos ferias que se tienen en esta ciudad. Ella es la patria del pintor Pablo Veronés, de Maffei y del famoso arquitecto Sanmichelli. Fui al teatro Filarmónico, uno de los dos que tiene la ciudad, a la ópera I Baccanali di Roma, de Generali, la cual me gustó por el canto de las actrices Mme. Calvi y Mme. Cassatti. El teatro tiene cinco órdenes de palcos y están todos con cortinas. El público mantiene puesto el sombrero siempre.

1830. Octubre 3.

   Domingo: La moneda del reino lombardo-véneto es la austríaca pero se cuenta por liras y centésimos: una lira es una pieza de 20 kreuzer o de 100 centésimos. Tres liras hacen un florín de Viena, que viene a hacer como 4 reales de nuestra moneda. Hay monedas de oro llamadas sequines o ducados del imperio, valor de 13 liras y algunos centésimos. Hay monedas de plata de una lira, media lira, y un cuarto de lira, y las hay de cobre de cinco, tres y un centésimo. He oído en la iglesia de San Anastasio una famosa misa ejecutada por 60 músicos: había soprano. Por la noche a la misma ópera; Mme. Cassatti, magnífica.

MANTUA

1830. Octubre 4.

    Lunes: Aquí volví a reunirme al inglés Mr. Lynne y salimos a las 9 para Mantua, pagando por la carroza 18 liras. Pasando por Villafranca y Robervella llegamos a Mantua a las 2 de la tarde.

   Mantua está situada en una isla del Mincio, tiene 24 mil habitantes, es una plaza muy fuerte y fue en otro tiempo el estado de la casa de Gonzaga. Se sabe que Mantua es la patria de Virgilio, que nació cerca de la ciudad, en un lugar llamado Pietole o Andes; no hay un monumento consagrado al padre de la epopeya latina. El anfiteatro situado en una hermosa plaza donde se representan dramas para el pueblo, se llama Anfiteatro Virgiliano. He visto este pequeño edificio, la catedral y la iglesia de San Andrés, que es una cruz; en una y otra iglesia hay pinturas al fresco de Julio Rorriano y de Mantegna. La catedral tiene 7 naves; en dos cuadros están representados los concilios tenidos aquí, el uno por Alejandro II contra el ántipapa Clenardo, obispo de Mantua, y el otro por Pío II para promover una cruzada. En la de San Andrés se conserva en un subterráneo, en una caja dorada, un poco de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo: al lado de la caja hay dos estatuas de mármol de Carrara por Canova representando la fe y la esperanza.

    La campiña de todo este país abunda en moreras y granos. Posé en el Lion d'Or. De aquí a Padua he ajustado una carroza por 56 liras austríacas.

MONTAGNANA

   

1830. Octubre 5.

   Martes: Reunido también con Mr. Lynne para ir a Venecia y ajustada la carroza por 72 liras, salimos a las 6 de la mañana, pasamos por Sanguineto, comimos en Legnago, fortaleza sobre el Adige, y dormimos en Montagnana. El camino es un arenal fastidioso y el país siempre cultivado.

VENECIA

1830. Octubre 6.

   Miércoles: Salimos a las 4 y media de la mañana, pasamos por Monselice y llegamos a Padua a las once, de donde continuamos el viaje sin visitar por ahora esta ciudad. De Padua en otra carroza y en 3 horas por un camino excelente rodeado de casas de campo magníficas, campiñas hermosas y fértiles y un canal del Brenta, llegamos a Fucina, habiendo pasado por Dolo y otros lugares. En Fucina tomamos una góndola para atravesar el canal (5 millas) y pasar a Venecia, a donde llegamos a las 4 de la tarde al hotel El león blanco. El camino de Padua a Fucina es magnífico bajo todos aspectos.

   Venecia, cuyo poder y riqueza son bien conocidos en la historia de la Edad Media, está situada en varias islas reunidas por medio de puentes, y de manera que parece que sale del mar; tiene hoy sólo 100 mil habitantes y goza desde el mes de febrero anterior del privilegio de puerto franco.

   La situación de esta ciudad es única y el viajero se asombra de ver que existe casi sobrenaturalmente. Venecia dejó de ser República en 1797, que Napoleón la reunió al reino de Italia. Sus calles son canales y sus carruajes son barcas llamadas góndolas, que están forradas con una tela negra que parecen féretros.

   Di una pequeña vuelta por la parte por donde se puede ir a pie, donde están todos los almacenes y tiendas, y pasé por el puente de Rialto, el gran puente que está sobre el canal principal que atraviesa la ciudad en forma de una S al revés, y luego entré en la famosa plaza de San Marcos. Fui grandemente sorprendido de ver la magnificencia de los edificios que circundan la plaza, que son la iglesia de San Marcos, el Palacio Ducal, el Palacio Real, las Procuradurías y La Moneda. Nada me ha herido (Sigue Nota del Editor...) tanto en Europa como esta parte de Venecia.

   Aquí está la gran torre desde la cual Galileo hacía sus observaciones astronómicas, la columna sobre la cual está el león llamado de San Marcos, a un lado otra igual columna con la estatua de San Teodoro; al frente de la iglesia, tres palos de navío sobre tres pedestales de bronce en los cuales se enarbolaba la bandera de Venecia.

   La plaza de San Marcos da hacia el mar, y pegados a ella fondean los buques que no son de tres palos. Sobre la puerta de la iglesia están los cuatro caballos de bronce dorado modelados por Lisipo, que los venecianos tomaron en Constantinopla en el siglo XIII en tiempo de la guerra de las cruzadas. Por la noche fui al teatro de San Lucas, uno de los cinco que tiene la ciudad, que no se abren sino en el carnaval, y vi la representación de un melodrama.

   El teatro es grande, con 5 órdenes de palcos, pero no se mantiene la ilusión en las representaciones.

1830. Octubre 7.

   Jueves: Aunque la moneda corriente aquí es la austriaca, se cuenta por francos, y veinticinco kreuzer hacen un franco. Tomamos nuestra góndola para visitar algunos de los innumerables edificios públicos de que abunda esta ciudad y que testifican su antiguo poder y riqueza. Atravesando diferentes calles que están decoradas con los palacios de los patricios de Venecia y hoy convertidos unos en oficinas públicas y otros en casa de banqueros, llegamos a la iglesia de San Juan y San Pablo, templo vasto y magnífico a cuyos lados está la estatua ecuestre de Colleoni, general veneciano que se dice haber sido el primero que usó el cañón; esta iglesia como todas las de la ciudad está llena de monumentos sepulcrales levantados a los hombres ilustres de Venecia, unos más elegantes que otros y todos de mármol. Todas las imágenes de los templos son igualmente de mármol; lo son los altares, los adornos, etc. y aun en algunos hasta las columnas, y en todos se ven cuadros famosos de los mejores artistas y pinturas al fresco. Los edificios así como los mausoleos son de los mejores artistas y escultores de Italia de todas las edades. La iglesia de San Juan y San Pablo entre otras cosas notables tiene un altar de mármol negro de Vittoria, el mausoleo del Dux Vendramin, que es mirado como la prueba del alto grado de perfección a que había llegado la escultura veneciana y que se atribuye a Alejandro Leopardo; un hombre llamado Víctor Capella a los pies de Santa Elena, obra de Bertote, del siglo XV (esta estatua estaba en una iglesia de la isla de Santa Elena) y los bajo-relieves que representan la vida de Jesucristo en las paredes de la capilla del Rosario, cuyo trabajo delicado fue admirado por Canova; un cuadro de Ticiano representando el martirio de San Pedro Mártir, un altar de San Jerónimo y la estatua del santo por Bergamasco. La iglesia de jesuitas, templo moderno rico en esculturas: el altar mayor es magnífico, de columnas espirales de mármol goteado; el tabernáculo de lapislázuli: todas las paredes están incrustadas de mármol verde antiguo, que parece que son pintadas; el púlpito tiene una gran cortina de mármol incrustrada también de dichos mármoles, que parece natural. El cuadro de la Asunción por Tintoretto y otros de varios maestros celebrados. Este templo me gustó infinito y se conoce que sus antiguos propietarios, los jesuitas, eran aquí los que construyeron los más ricos.

   La iglesia de Santa María del Orto, templo antiguo sostenido por diez columnas de mármol griego que forma la nave principal; la mayor parte de los cuadros y frescos son de Tintoretto. Aquí están los mausoleos de la familia Contarini. La iglesia de Santa María de Fratti, templo grande y magnífico, obra de Pissani; al lado del altar segundo del costado derecho de la iglesia, está la sepultura de Ticiano con estos versos: "Qui giace il gran Ticiano de Vecelli, emulator de Zeussi e degli Appelli"; murió en 1575, en tiempo de la peste, por lo cual no se le levantó mausoleo; se pensó elevarlo en la época de Zuliani, pero la muerte de éste lo impidió; Canova dibujó un diseño para el efecto, y por una circunstancia particular ha servido para levantar el del mismo Canova, muerto en Venecia en 1822. Se admira en esta iglesia una estatua de San Jerónimo, de Vittoria, una urna elegante en el estilo lombardo que contiene las cenizas de Santiago Marcello; el mausoleo erigido al general Pessaro, un cuadro de Bellini representando la Virgen y algunos Santos; la Asunción de Salviati, un cuadro de Ticiano representando la Virgen y la familia de Pesaro; el coro con excelentes relieves de madera y, en fin, el magnífico mausoleo levantado a Canova enfrente de la sepultura de Ticiano, en el cual han trabajado siete estatuarios.

   Iglesia de carmelitas descalzos, adornada de esculturas, pinturas y dorados: la fachada, de Sardi, es toda de mármol. El palacio Manfrin, donde hay una rica colección de cuadros y algunas muestras de historia natural: hay cuadros de Giorgione (mujer); de Rubens, Murillo, Ticiano, Reni y otra Magdalena del Correggio en distinta postura.

   La basílica de San Marcos es el templo más magnífico de Venecia, todo decorado de mosaicos con cuadros, excelentes estatuas y 500 columnas de mármol de diferentes colores (de verde antiguo, serpentina y pórfido): es imposible consignar en este diario todo lo que este templo contiene de magnífico, ni dar una idea de ello. La fachada es de 5 pilastras de bronce, tiene 5 medias naranjas y 3 naves. Todo lo que no es de oro, de bronce o mosaico, está revestido de mármol oriental. Al entrar por la puerta principal se notan sobre el piso algunos ladrillos de mármol rojo que señalan el lugar donde el papa Alejandro III, refugiado aquí, se reconcilió con el emperador Federico Barba-Roja mediante la interposición de Venecia en 1177. En la sacristía se ven los mosaicos más perfectos.

   En la plaza grande de San Marcos, de figura paralelograma, está lo que se llama el palacio real y fue la habitación de los procuradores de San Marcos, la primera dignidad de la República de Venecia, y, al frente, el edificio nuevo donde después habitaron; el primer edificio tiene 3 órdenes: el de abajo, de pilastras, el segundo y tercero de columnas acanaladas y capiteles corintios: tiene 50 arcos. El otro edificio tiene 36, aunque no es del gusto del otro. Frente a la basílica de San Marcos están los 3 mástiles sobre pedestales de bronce con excelentes relieves, obra de Leopardo, los cuales hacían alusión al poder de Venecia sobre los reinos de Chipre, de Candia y la Morea. Las dos columnas sobre las cuales está el león alado de San Marcos y la estatua de San Teodoro, son de granito oriental, transportadas del archipiélago, en el siglo XII, por el dux Michele, reconquistador de la Tierra Santa; la una es roja y la otra gris. Por la noche estuve en el teatro de San Benedicto, que, aunque es más pequeño que el de San Lucas, es más elegante.

1830. Octubre 8.

   Viernes: Subimos a la torre de San Marcos, que, como he dicho, sirvió a Galileo para sus observaciones astronómicas. Desde allí se goza de la mejor vista; a un tiempo se ve la ciudad, todas las islas inmediatas y muy pobladas, las montañas del Tirol y el mar Adriático.

   Ayer estuvimos en el jardín público que por orden de Napoleón se hizo a un extremo de la ciudad, teniendo el trabajo de traer la tierra desde el Tirol.

   Visitamos el palacio ducal, edificio magnífico que sorprende por la singularidad, atrevimiento y magnificencia en su construcción, y que él solo manifiesta la riqueza de Venecia y la perfección de las bellas artes. En este edificio se reunían todas las corporaciones de la República veneciana. En el patio principal hay dos cisternas de bronce. La escalera llamada de los gigantes es de mármol y de un trabajo exquisito; está adornada de dos estatuas colosales de Sansovino: Marte y Neptuno.

   Sobre esta escalera se verificaba la coronación de los dux. Al frente están los agujeros por donde se echaban los avisos secretos al gobierno; en. lo alto sobre ellos hay una inscripción que atestigua la venida de Enrique III, rey de Francia, a esta ciudad. Empezamos por la sala del Gran Consejo, hoy Biblioteca Real de San Marcos, decorada de pinturas alusivas a la historia de Venecia, por varios artistas afamados; la sala tiene 154 pies de largo y 74 de ancho: aquí está el cuadro de Tintoretto La gloria del Paraíso, que se dice haber empleado 7 años en hacerlo. Todos los retratos de los dux desde principio del siglo IX; el lugar donde debía estar el de Marino Faliero tiene pintado un paño negro y sobre él este epitafio: Hic est locus Marini Phaletri, decapttati pro criminibus. La biblioteca tiene 70 mil volúmenes y 5 mil manuscritos; ella data del tiempo de Petrarca, que donó la suya a Venecia. Se conserva el mapa-mundi de Fra Mauro dibujado en 1460; uno igual envió el autor al rey Alfonso IV de Portugal en el cual estaba indicado ya el Cabo de Buena Esperanza, que no estaba descubierto. Hay una gran colección de estatuas, bustos, medallas y bajorrelieves en mármol y en bronce de los mejores tiempos de Grecia: Leda y Júpiter, el soldado muerto, el robo de Ganimedes, etc. De esta sala se pasa a la del escrutinio, donde se hacía la elección del dux: aquí hay un arco dedicado al dux Morosini, llamado el Peloponesiano por haber conquistado el Peloponeso: la pieza está adornada de cuadros excelentes, entre ellos el juicio universal por Palma, la victoria de los venecianos en los Dardanelos por Liberi. Se continúa aquí la colección de los retratos de los dux. Se pasa después a la sala llamada de cuatro puertas por un corredor donde se ve el retrato del célebre Fr. Paolo Sarpi. La dicha sala tiene cuatro soberbias puertas de estilo romano decoradas con bellas estatuas y columnas: aquí hay cuadros afamados y especialmente la Fe, de Ticiano; de aquí se va a la sala anti-colegio o ante-cámara (la sala del colegio). La sala del colegio tiene también cuadros estimables de Tintoretto y de Pablo Veronés. Luego se llega al gran salón del senado o Pregadi, adornado igualmente de pinturas de los mismos artistas. Hay aquí a un lado una pequeña tribuna desde donde los senadores o pregadi, emitían sus opiniones. Después fuimos a la sala del Consejo de los Diez, a las de los Jefes del Consejo de los Diez y a la del Tribunal de los Inquisidores de Estado: todas están adornadas con cuadros de los mejores profesores y obras de mármol excelentes.

   Recorrimos las prisiones, situadas en el edificio más sólido que pueda imaginarse: cada prisión es como de 3 varas de largo y 2 de ancho, con doble puerta y un pequeño agujero para respirar el aire, da horror verlas; en una de ellas se distinguen todavía los salpiques de sangre de los decapitados; es preciso entrar por los angostos corredores con luces y por consiguiente a ellas. Las prisiones están unidas al Palacio Ducal por un puente cubierto llamado del Suspiro; por él atravesaban los presos que iban a ser decapitados: vimos el lugar de la ejecución dentro de las bóvedas, colocándose el verdugo de un lado donde no era visto de la victima, y cerca estaba una boca del canal que pasa por debajo del pavimiento (Sigue Nota del Editor...) donde era arrojado el cadáver. El gobierno ha hecho cerrar este puente y Napoleón la boca del dicho canal. Estremecido salí de este lugar de horror tan renombrado en la historia de Venecia.

   Fuimos seguidamente al palacio de la familia Grimani, donde hay una excelente colección de pinturas de la escuela italiana, estatuas, bustos, relieves, y de tapices gobelinos de la última perfección. En el patio principal está una estatuta colosal romana de Agrippa; en las salas, la de Demóstenes envuelto en una capa, los bustos de Vitelio y Caracalla, un fauno de Miguel Angel y los bustos de Julio César, Mario, Cicerón, Nerón, Tiberio, Berenice, Helena, Octavia y Livia, todo antiguo y de una perfección maravillosa; cuadros de Salviati, de Guido Reni y de Durero.

   Por la noche al teatro de San Benedicto.

1830. Octubre 9.

   Sábado: Tomamos la góndola y fuimos al arsenal, establecimiento vastísimo que tiene 2 millas de circuito y que fue trabajado en diversas épocas. Dícese que estaba tan provisto de obreros y de útiles para el servicio de la marina, que en 24 horas se construyó una góndola cuando Enrique III visitó esta República. Al entrar se ven cuatro leones de mármol del Monte Hymeto, cerca de Atenas, transportados de Grecia por Morosini. Dos de ellos de figuras colosales son muy estimados: el uno, que descansa sobre las piernas, estaba en el Pyreo de Atenas; el otro, que está acostado, estaba en el camino del puerto del Pyreo a la ciudad de Atenas. En el interior del edificio hay dos grandes salas con armas antiguas de fuego, y blancas para el ejército y la marina, y tres para la artillería. Entre lo más notable, el monumento de mármol al general almirante Emo, por Canova, que es alabado: la Fama escribe sobre la columna en que está el busto, Emo... y la victoria lo corona; el antiguo belitre para arrojar el dardo que rompía la coraza y la maza de hierro para romper el casco; la armadura de Enrique IV que él presentó a Venecia cuando solicitó ser nombrado patricio; una bandera turca tomada en la batalla de Lepanto, dos estandartes de embajadores turcos; uno de los primeros cañones hecho de cuerno y cuero y una bala de piedra; dos espadas regaladas a Venecia por los papas Pío II y Nicolás V; las llaves de esta ciudad, que fueron presentadas a Napoleón en la guerra de Italia; varios instrumentos de tortura o tormento, un casco que se dice haber pertenecido a Atila y un candado con que el señor Carrara, de Mantua, se aseguraba contra cualquiera infidelidad de su mujer. En el arsenal hay todas las oficinas correspondientes para el servicio militar, pero ninguna máquina de vapor mueve las máquinas, como en Wobesch.

   La sala para trabajar el cordaje tiene mil pies de largo. En otra sala están los modelos de las antiguas barcas venecianas y se conserva el del barco llamado Bucentauro, en el cual el dux celebraba el matrimonio con el mar, conforme a un establecimiento original en que un papa regaló al dux un anillo en señal de que Venecia era la señora del mar. En la sala donde antiguamente se guardaba dicho barco están hoy guardados los barcos de lujo en que el emperador y los reyes visitan esta ciudad, y también el que sirvió a Bonaparte para ocupar a Venecia cuando mandaba el ejército de Italia.

   Pasamos a la isla de San Lázaro, donde está el convento de los armenianos, frailes de San Benito que tienen por instituto difundir los conocimientos en Armenia; sólo pueden ser frailes los armenianos o los hijos de ellos. Un fraile nos condujo a la iglesia, a la biblioteca, a la sala de manuscritos orientales, donde hay un pequeño gabinete de historia natural y de instrumentos de física experimental, y a la imprenta, donde se imprimen todas las obras en la lengua armeniana. Dícese que los manuscritos son muy preciosos.

   Seguimos a la isla de Lido, donde hay una fortaleza y donde puede irse a pie hasta Malamoco, puerto principal de Venecia; de la orilla opuesta de esta isla se ve una gran parte del mar Adriático, y la costa que va a Trieste. Ultimamente fuimos a la isla de San Jorge Mayor, donde está la escuadra marítima; la iglesia es sencilla, pero magnífica; sus principales cuadros son de Tintoretto; el altar mayor de mármol y bronce es superior. En esta iglesia fue inaugurado papa Pío VII y se conserva su retrato en conmemoración. La portada del templo pasa por una obra maestra de arquitectura de orden compuesto.

   Por la noche fui al teatro Samuel, a la ópera La Semíramis de Rossini; el teatro es como los dos que he visto anteriormente.

1830. Octubre 10.

   Domingo: Habiendo tomado la gondola, fuimos al palacio Barbarigo, donde hay cuadros excelentes, principalmente de Ticiano; su Magdalena es ponderada; la Venus es muy buena; de allí a la iglesia de Santa María de la Salud, edificada en virtud de un voto de la República con motivo de una peste desoladora en 1630; la figura del templo es redonda con una nave que la circunda, la arquitectura es de orden compuesto y todos los altares de mármol de Carrara: los más notables, un gran candelabro de bronce, los cuadros de Ticiano, las bodas de Caná de Tintoretto, que dan frente por todos lados al observador, y algunas pinturas de Salviati. El techo de la sacristía tiene tres afamadas pinturas de Ticiano: la muerte de Abel, el sacrificio de Abraham y la victoria de David sobre Goliat. En este mismo edificio está establecido el seminario patriarcal.

   Pasamos luego a la Academia de Bellas Artes establecida en tiempo de la República y mantenida hoy con liberalidad por el gobierno austríaco; aquí se enseña de preferencia la arquitectura, escultura y pintura, y al efecto se han reunido en estos géneros los modelos más preciosos de los mejores maestros. En la sala de pinturas están el magnífico cuadro de la Asunción por Ticiano, que se estima como su obra maestra, y en cuanto puedo juzgar, creo que merece este aprecio; también son notables la Resurrección de Lázaro, de Bassano; el San Lorenzo Giustiniani, de Pordenone, que igualmente se estima como su obra maestra; el rico Epulón, de Bonifacio; el milagro de San Marcos para libertar un esclavo, obra clásica de Tintoretto; las Bodas de Caná, de Padovanino y el pescador que presenta al dux el anillo, obra clásica de Bordone; en la sala de escultura una numerosa colección de modelos de yeso de lo que hay de más notable en los museos de Roma, Nápoles, Florencia y Londres, y ahí están todas las obras de Canova; aquí se conserva en un vaso de pórfido la mano derecha de este célebre artista y el cincel de que se servía para perfeccionar sus trabajos; son notables un San Juan Bautista de pórfido, una puerta de tabernáculo esculpida en bronce por Donatello, tres candelabros de bronce de Leopardo, que servían para tener las tres urnas donde se echaban los votos para la elección del dux. En otro salón hay una colección de dibujos de Rafael, Miguel Angel y Leonardo, algunas pequeñas figuras en bronce, medallas y aun en piedras. En uno de los nuevos salones están los dos cuadros celebrados; el gran cuadro de la cena en casa de Levi, por Paulo Veronés, y el que representa la plaza de San Marcos y una procesión por Bellini; debo advertir que todos los cuadros y estatuas de artistas famosos fueron transportados a París por Napoleón y restituidos a sus respectivos lugares por el ejército aliado que lo arrojó del trono de Francia.

   Otra vez al teatro Samuel a la misma ópera, La Semíramis.

1830. Octubre 11.

   Lunes: Volví a la basílica de San Marcos a verla nuevamente. Por la noche al teatro San Benedicto.

1830. Octubre 12.

   Martes: He escrito a Pacho a París, y al señor Rougemont. Repetición de ver algunos establecimientos.

PADUA

1830. Octubre 13.

   Miércoles: Está tomada la diligencia hasta Ferrara por 16 florines, u 8 pesos, por dos personas. (La cuenta del alojamiento y subsistencia ha costado 96 francos de Francia). El pasaporte está visado por los cónsules del papa y de Toscana para ir a Florencia por Bolonia. A las doce de la noche nos embarcamos (Mr. Lynne y yo) para Mestre, donde llegamos a las dos y sucesivamente tomamos la diligencia para Padua, donde llegamos a las siete y media de la mañana. Yo he estado fuertemente atacado de vómitos y evacuaciones toda la noche.

FERRARA

1830. Octubre 14.

   Jueves: Padua es una ciudad grande aunque sólo poblada de 24 mil almas. Dícese que fue fundada por Antenor; ella es la patria de Tito Livio. Tiene universidad y varios establecimientos públicos. La iglesia de San Antonio es magnífica. El jardín público está decorado de muchas estatuas de los hombres célebres de Padua en todo género. Seguimos en este día nuestro viaje, comimos en Rovigo, ciudad de 10 mil habitantes, y llegamos a Ferrara a las siete y media de la noche. Antes de llegar a Rovigo se pasa el Adige en un barco, y el Po, antes de llegar a Ferrara, en donde por esta parte termina el reino Lombardo-Véneto. El Po es uno de los mayores ríos de Europa.


ESTADOS PONTIFICIOS

BOLONIA

   

1830. Octubre 15.

   Viernes: Ferrara, antes de los duques del mismo nombre, hoy legación de Roma, tiene 24 mil habitantes. La ciudad es grande y bastante hermosa; la catedral es gótica. El teatro se dice que es excelente. Yo visité con placer y respeto el calabozo donde el duque Alfonso tuvo encerrado al Tasso por el espacio de siete años y dos meses y del cual salió el año de 1586. Sobre la puerta hay una inscripción que refiere el hecho. Fui también a la universidad a ver la biblioteca, que contiene además de una gran colección de libros, los manuscritos de los poetas más ilustres de Italia; vi con admiración el original de la Gerusalemne liberata con las correcciones que le hizo Tasso en su prisión; el original del Pastor Fido de Guarini, cartas del Tasso al duque de Ferrara desde el supranombrado calabozo, algunas comedias escritas por Ariosto, su silla y su tintero. La tumba de este célebre ferranés está en la biblioteca, decorada de un monumento sencillo aunque elegante, con seis versos latinos de Guarini. No tuve tiempo de ver la casa que habitaron el Ariosto y Guarini porque partí a las diez del día para Bolonia en un coche particular que me costó dos escudos romanos. (Un escudo romano se divide en diez pauls y un paul en diez basochii, un sequin tiene dos escudos y el escudo equivale a un peso fuerte nuestro).

   El tránsito de Ferrara a Bolonia lo hice acompañado de dos jesuitas que me hicieron diferentes cuestiones sobre Colombia, sobre la religión, las órdenes monásticas, sus antiguos colegios, etc., y se manifestaron contentísimos de que la religión católica fuese exclusiva.

   Yo les toqué varios puntos en calidad de desear instruirme y les oí hablar de las persecuciones injustas contra la Compañía, de la gloria que de ello les resultaba, de la necesidad de la Inquisición, del poder temporal del papa sobre todas las potencias y de todas las doctrinas estrictamente ultramontanas; me preguntaron por la suerte de Bolívar y por su competidor; yo, a lo último, dije que no era uno solo el competidor del que había pretendido arrogarse la autoridad perpetua del país; ellos me repusieron que era uno el principal de ellos, el que había gobernado junto con él. A esto no quise descubrir quién era yo, por no entrar en cuestiones en un país donde se ejerce una rigurosa policía sobre el pensamiento y la palabra.

   Llegamos a Bolonia a las siete de la tarde y posé en el Gran Albergo Reale.

BOLONIA

1830. Octubre 16.

   Sábado: Bolonia es una ciudad de 70 mil habitantes, grande, bastante buena, legación del papa y situada al pie de los Apeninos, junto al río Rin; deriva su nombre de los galos boionenses que la llamaron Boiona, que después cambió en Bononia Felsina. Esta ciudad es la patria de Benedicto XIV y de los célebres pintores Aníbal Caracci (tío), Agustín y Luis Caracci (sobrino), de Guido Reni, de Dominiquino y Albano, que forman la celebrada escuela bolonesa y de quienes hay en la ciudad una abundante y preciosa colección de cuadros.

   El antiguo pintor Francia pertenece a la ciudad. He visto lo siguiente: la iglesia de San Petronio, edificio vasto en el cual se ve la famosa meridiana de Cassini; aquí fue coronado Carlos V por Clemente VII; la iglesia catedral, edificio pequeño pero elegante donde se ve la Anunciación de Luis Caracci al fresco, última de sus obras; la fuente de mármol con un Neptuno de bronce de Juan de Bolonia, la iglesia de San Pablo, bastante elegante, cuyo tabernáculo es de ágata, y la de Santa María Mayor. La galería de pinturas de Zanbeccari, que contiene cuadros excelentes de la escuela italiana, algunos de la flamenca y uno u otro del Españoleto. La universidad, donde se halla un regular establecimiento de preparaciones anatómicas en cera y al natural, una abundante colección de instrumentos de física experimental, y una sencillísima máquina para observar el movimiento de la tierra en los terremotos (esquema) que se mantiene fijada a la pared; un gabinete de antigüedades, bustos, vasos, bajorrelieves, medallas, etc., esta universidad ha tenido grande reputación. En uno de los corredores está el busto y un pequeño monumento de Galvani, el médico que inventó lo que se llama galvanismo. Visité también la Academia de Bellas Artes, donde se ha reunido una selecta colección de cuadros de la escuela bolonesa; son notables la Madona del Rosario, de Dominiquino, la Santa Inés por el mismo, San Andrés Corsino, el asesinato de los inocentes y Cristo en la cruz por Guido Reni, Santa Cecilia de Rafael. Esta es una colección famosísima.

   Por la noche fui al teatro comunal (uno de los tres de la ciudad), a la ópera El pirata de Bellini, en la cual cantó el afamadísimo Rubini (J. Bautista), y me sorprendió, no obstante que sabía la sublimidad de su voz; es lo que no se puede oír de semejante. El teatro es magnífico, ordenados los palcos en forma de balconcitos, bien iluminado, con 5 órdenes de palcos, y colgado como todos los de Italia. Dícese que es uno de los mejores de este país. También hubo baile, Baccanali di Roma; Abolitti, un bailarín y una bailarina me parecieron excelentes.

   En esta ciudad hay también músicos que tocan por las calles y en las posadas para pedir limosna, pero son los mejores que he oído; ejecutan una obertura de Rossini como cualquier orquesta.

1830. Octubre 17.

   Domingo: He continuado viendo la ciudad. Sus calles son angostas y poco limpias. En las ciudades de Italia, he reparado que las más de las calles tienen corredores con arcadas. Estuve en el paseo llamado Montagnola, que es un jardín público bastante regular; compré dos piedras fosfóricas que se encuentran en la montaña Paterno, que tienen la propiedad de brillar en la oscuridad como un carbón encendido. Esta montaña está a una legua de la ciudad. Por la noche volví al teatro a la misma ópera y baile, y siempre me pareció Rubini eminentemente superior a cuanto he oído hasta ahora. Anoche además de los aplausos que recibió al fin de cada escena, lo hicieron salir tres veces y después de concluida la función, a recibir nuevos y abundantísimos.

1830. Octubre 18.

   Lunes: Aquí hay dos torres de las cuales la una tiene más de 300 pies de altura y se llama Armelli. La otra de 140 pies está inclinada hacia una parte y tiene de desnivel 8 pies; llámase Torre Mota. Aquí se permite leer los papeles franceses; El Constitucional se halla en los cafés. No hubo teatro. Los viernes es prohibido abrirlos. El camposanto, magnífico. Las arcadas de la Madona de San Lucas.

1830. Octubre 19.

   Martes: Ajustado el viaje de aquí a Francia en coche particular (porque en Toscana no son permitidas las diligencias); por 7 franciscones o 7 pesos nuestros.

   Por tercera vez he oído a Rubini.

1830. Octubre 20.

   Miércoles: Por cuarta vez he estado en la ópera y cada vez me parece que Rubini es el mejor tenor que existe actualmente. Mezzofanti, bibliotecario, conoce 70 idiomas sin haber salido jamás de Bolonia.

CAFFAGGIOLO

1830. Octubre 21.

   Jueves: Salimos de Bolonia a las cinco de la mañana, almorzamos en Sarzana y dormimos en Caffaggiolo, adonde llegamos a las nueve de la noche, porque además de que las posadas son raras, la de Covigliajo estaba toda llena de pasajeros. Al salir de Bolonia se empieza a subir los Apeninos, que son montañas un poco menos elevadas que los Alpes, y poco pobladas en esta dirección.

   En Pietramala comienza la Toscana y aquí mismo está la aduana. Entre este lugar y Covigliajo hay un volcán que se llama el Monti di Fuoco, que constantemente arde y parecen dos candeladas; cuando llueve o que el tiempo no es sereno, aparecen más encendidas.

FLORENCIA

1830. Octubre 22.

   Viernes: Salimos a las siete de la mañana y almorzamos en Tagliaferro; llegamos a Florencia a las tres de la tarde. Nos alojamos en la Villa de Londres. Desde Tagliaferro el país es pintoresco porque está plantado de viñas y olivares por todas las colinas, hay muchas casas de campaña y un pequeño río. La entrada a Florencia es hermosa y la puerta de San Gallo es magnífica, a cuyo frente hay un jardín.


TOSCANA - FLORENCIA

   Florencia, capital del Gran Ducado de Toscana, está dividida por el Arno, situado en medio de pequeñas colinas del Apenino, y tiene más de setenta mil almas. La vista de la ciudad es hermosa, buenos y aun magníficos edificios la decoran, calles todas enlosadas, plazas con columnas y fuentes de mármol, iglesias del mejor gusto y habitantes afables que hablan con pureza el italiano.

   Boccaccio ha dicho de esta ciudad que es la más bella de las bellas de Italia. Ella es afamada por el depósito que contiene de bellas artes y por haber sido la patria de Galileo, Dante, Maquiavelo, Boccaccio y otros hombres ilustres. Américo Vespucio es florentino y Petrarca es toscano.

   Reina actualmente Leopoldo II, sobrino del emperador de Austria, y aunque no hay ninguna constitución, el gobierno es suave y liberal. La moneda es la siguiente: (en oro sequines y raspones, en plata, franciscones y paulos; un sequín tiene dos franciscones; un ruspone tres, un franciscone diez paulos, un paulo cuatro gracias). La moneda española tiene curso y estimación.

1830. Octubre 23.

   Sábado: He empezado a visitar a Florencia por el vasto y magnífico edificio llamado Galería Real, donde se han depositado muchas obras maestras de pintura y de escultura. He visto en lo que se llama La Tribuna: la Venus de Médicis, que se dice obra de Cleomenes, el Apolo, el Remouleur, los luchadores, el Fauno que se atribuye a Praxiteles. Aquí mismo hay cuadros de los mejores artistas italianos; son notables San Juan en el desierto, de Rafael; la Fornarina, del mismo; dos Venus de Ticiano, la Virgen de Andrés del Sarto y otros varios de Correggio, Caracci, Perugino, etc. En diferentes salas están colocados por escuelas los cuadros más selectos; hay de la escuela francesa, de la holandesa, flamenca, alemana, y de todas las italianas. Es imposible describir esos famosos cuadros. Los grandes corredores contienen sarcófagos, bustos y estatuas griegas, romanas e italianas del mejor gusto y perfección; son más notables la copia de Laocoonte, de Bandinelli; el Amor y Psyche, Ganimedes, dos Agripinas, Baco y un Fauno; el Baco de Miguel Angel, Diana, Venus saliendo del baño, Hércules luchando con el centauro, Augusto arengando, Trajano armado, un jabalí, dos perros y varios otros que sería molesto enumerar.

   Cerrada la galería pasé por la plaza del palacio, donde hay varías estatuas de mármol y de bronce; son afamadas: David vencedor de Goliat por Miguel Angel, Hércules y Caco de Bandinelli. Una fuente que se compone de un Neptuno de mármol adornado de ninfas y tritones por Juan de Bolonia. La estatua ecuestre de bronce de Cosme I por el mismo. La iglesia de San Juan Bautista, de figura octógona incrustada exteriormente de mármoles de diferentes colores, enladrillada de mármoles, tiene todas sus columnas de mármol y la bóveda adornada de conchas nácares.

   Anoche estuve en el teatro llamado Pérgola a la ópera El barbero de Sevilla de Rossini. El teatro es sencillo, de una especie de yeso que se llama scagliola, adornado con gusto, principalmente el palco del gran duque, y bien iluminado. Es una sala muy elegante y graciosa. El gran duque y su mujer asistieron al espectáculo.

1830. Octubre 24.

   Domingo: Estuve en la iglesia de San Cayetano, que es excelente. Por la tarde en el parque llamado Cascine: es el paseo de moda y, en efecto, se junta mucha gente a pie, a caballo y en carruajes, todos vestidos con elegancia y cuidado. El parque es grande y hermoso. Por la noche al teatro Pérgola, a la ópera La extranjera de Bellini, y al baile titulado La mona reconocida. El baile no es gran cosa.

1830. Octubre 25.

   Lunes: He visitado segunda vez la Galería y por consiguiente la sala llamada la Tribuna. En la plaza del mercado hay una fuente hecha de un jabalí de bronce que arroja el agua por la boca. Escribí al señor Fenzi para quien traje carta de recomendación, y vino inmediatamente a visitarme. También estuvo un compañero, el señor Horacio Hall, y me trajo una carta del señor Geller de Puerto Cabello del 1° de julio.

   Estuve en la catedral, edificio magnífico todo incrustado de mármol exteriormente, así como la torre; su forma es una cruz latina; tiene pintadas las ventanas y algunos mosaicos. En ella se han celebrado algunos concilios; uno presidido por Eugenio IV para reunir las dos iglesias latina y griega: una pintura hace alusión a este suceso. Otro en 1055 presidido por Víctor II asistiendo el emperador Enrique III, y otro en el pontificado de Pascual II. Entre otros monumentos se halla el de Dante, muy sencillo, con una inscripción latina. En Ravena se dice que existe un gran monumento dedicado a este célebre restaurador de la lengua italiana. Estuve también en la Academia de Bellas Artes, donde se enseña el dibujo, la pintura, la arquitectura, la escultura, el canto y la música. Por supuesto hay aquí modelos de todo género de los mejores maestros. Aquí está la manufactura de scagliola de que ya he hablado; también hay escuelas de grabado en piedra y en cobre. El gobierno protege con esmero las bellas artes.

   Por la noche fui al Teatro Nuevo o Gli intrepidi, a una comedia; el edificio y la sala son menos grandes y elegantes que los de la Pérgola; pero es excelente y decente.

1830. Octubre 26.

   Martes: He estado nuevamente en la Galería. Allí mismo he visitado las salas de Níobe y vi bronces antiguos y modernos. La primera consiste en diez y seis estatuas de mármol que representan la historia desgraciada de Níobe; la de la madre que acoge a su hija menor y la del hijo moribundo se tienen por obras maestras. En esta sala hay también famosos cuadros de todas las escuelas. La sala de bronces contiene estatuas, bustos y relieves de los mejores maestros, así originales como copias de estatuas célebres, como de la Venus de Médicis, los luchadores, el Fauno, etc. Aquí está el célebre Mercurio de Juan de Bolonia. En otra pieza está todo lo antiguo en bronce, a saber: estatuas pequeñas de dioses y sobre todo de Venus, ninfas, amores genios, bacantes, divinidades secundarias como la Victoria, la Fortuna, etc.; divinidades etruscas, animales de toda especie, donde hay un águila romana que se dice haber servido a la legión XXIV, altares, trípodes, candelabros, lámparas, cascos, espuelas, anillos, collares, espejos de metal blanco, inscripciones grabadas en bronce, un díptico de marfil del cónsul Basilio, del año 541, un manuscrito en cera de una cuenta de Felipe el Hermoso, año de 1301; utensilios de vajilla, llaves y cerraduras. Toda esta colección es numerosa. Son afamados una cabeza de caballo, un hombre arengando, la quimera, un joven y una Minerva.

   Pasé por el palacio Pitti, hoy residencia del gran duque, que perteneció a una familia particular: es un edificio vasto, gracioso y magnífico, construido de piedra bruta que sale del nivel de la pared (Boscaje). Cerca está la casa donde vivió Maquiavelo, lo cual se sabe por una lápida que se conserva en la puerta con el aviso. Estuve en la iglesia de Sti. Spiritus que pertenece al convento de agustinos calzados; es un templo regular y por supuesto sus altares son de mármol. Los frailes agustinos no cargan hábito blanco dentro del convento, ni los dominicanos capa negra fuera de él; todos los frailes y clérigos cargan sombrero de tres picos.

   Por la noche fui al teatro Pérgola, donde cantó Mme. Grisi en la ópera La extranjera.

1830. Octubre 27.

   Miercoles: Recibí del señor Fenzi un convite para comer en su casa de campo. Me aboné por quince días en el gabinete literario del señor Vieusseux, palacio Buonatelli, por quince pauls. Hice mi visita a la Galería y además visité la sala llamada Baroccio, donde hay cuadros de diferentes artistas (la Magdalena, de Carlos Dolci) y cinco mesas incrustadas de piedras preciosas; es la más grande, de figura octógona, se dice que trabajaron veinte obreros durante 25 años. La sala de inscripciones griegas y latinas donde hay además diferentes bustos antiguos, relieves, Isis en mármol e ídolos egipcios; aquí está el famoso hermafrodita dormido, estatua de mármol; la cabeza colosal de Alejandro y el busto de Bruto, que empezó y dejó sin concluir Miguel Angel. En otra pieza accesoria hay multitud de estatuas pequeñas egipcias. La sala de gemas y piedras preciosas: riquísima colección de figuras, bustos, cabezas, relieves, vasos, etc., de más de 400 clases de piedras duras, la mayor parte engastadas en oro y guarnecidas de diamantes. Hay objetos de ágata, de cristal de roca, de cornalina, de granate, esmeralda, amatista, jacinto, calcedonia, lapislázuli, jaspe sanguíneo, etc., todo trabajado en tiempo de la familia de Médicis.

   Escribí a Pacho a París, a Carlos Wilthew a Londres y al señor Meyer a Munich. Por la noche fui al Teatro Nuevo a una comedia.

   La ópera tuvo su origen en Florencia en el siglo XVI (después que los griegos cantaban sus tragedias en los teatros); la primera que se representó fue la Dafne de Octavio Rinuccini en una casa particular; después se vio la Eurídice y al fin la Arianna. Primero se introdujo cantar los aires, después el diálogo. Peri es el creador del recitativo, Cavalieri de los aires que perfeccionó Julio Caccini, vulgarmente llamado Julio Romano.

1830. Octubre 28.

   Jueves: La Galería está cerrada hoy como día de fiesta. Visité la iglesia de Santa Cruz, situada en la plaza del mismo nombre; es un templo vasto donde además de los cuadros hay una porción de monumentos consagrados a la memoria de los grandes hombres del país, entre ellos el de Galileo, reducido a una media estatua que tiene en la mano derecha un telescopio y por delante un globo, y a sus costados están de pie dos matronas que tienen en sus manos jeroglíficos propios de este célebre matemático; el del famoso trágico Alfieri, esculpido por Canova, el de Dante por Ricci, y consiste en la estatua del poeta sentado, una matrona en actitud de desesperación llorando su muerte, otra de pie mostrando al Dante; todas son más grandes que el natural; el de Miguel Angel Buonarroti por tres emblemas, el busto está en lo alto del sarcófago, al pie están sentadas tres matronas representando la arquitectura, la escultura y la pintura; el de Maquiavelo, que fue hecho 266 años después de su muerte por una sociedad particular de Florencia; el de Aretino (Leonardo Bruni) y varios otros como el de Lami. Es muy sencillo y muy elegante el que levantó la viuda del polaco Skotniski a su marido; una joven sentada sobre el sepulcro llora la muerte de éste y en lugar del busto del difunto hay un gran vaso medio cubierto por un paño. Todos estos monumentos son de mármol. La capilla de Niccolini contiene dos monumentos de esta familia, cuatro estatuas, y algunos buenos cuadros; toda ella está incrustada de mármoles de diferentes colores; los franciscanos que habitan el convento unido a la iglesia fueron los inquisidores cuando Urbano IV estableció en Florencia la Inquisición. Leopoldo, gran duque, la suprimió en 1782. Estuve en el Teatro Nuevo.

1830. Octubre 29.

    Viernes: Estuve en la Galería. Visité el museo de física e historia natural, en el cual vi lo siguiente: un globo terrestre y una esfera armilar de gran dimensión, dispuesta según el sistema de Tolomeo. Quince salas con diferentes preparaciones anatómicas en cera hechas con una perfección asombrosa y colocadas con orden y gusto, teniendo cada figura su diseño correspondiente que la explica; las tres primeras contienen las piezas anatómicas que representan los músculos; la 4a los huesos, dientes, etc.; en la 5a los órganos que sirven a la circulación de la sangre, como el corazón, las venas, arterias, etc.; en la 6a la estructura del corazón, los vasos sanguíneos, los órganos de la voz, del oído, las vísceras, los vasos linfáticos y la oficina del quilo; en la 7a. esqueletos, la placenta, el estado de preñez, etc.; en la 8a. todo lo perteneciente a los partos, los órganos de la generación y de la reproducción, el feto, el útero, etc.; en la 9a. los órganos de la digestión y de la respiración, el cráneo, el cerebro y sus dependencias. En la 10a., los nervios, el órgano de la vista, el espinazo etc.; en la 11, la distribución de ciertos vasos linfáticos y sanguíneos; en la 12, los vasos linfáticos más profundos de la cabeza, de los miembros, del tórax y del vientre; en la 13, el sistema de las venas; en la 14, el sistema nervioso y arterial; en la 15, varias preparaciones de anatomía comparada. En otra pieza está representada la desolación de una peste, la putrefacción de los cadáveres, etc. Todo esto hecho de cera con una perfección de que sólo Florencia es poseedora.

   El gabinete zoológico contiene varias salas con aves y pescados clasificados según Linneo. Otra contiene los reptiles, otra los insectos, otra los crustáceos y las arañas; otra con toda especie de conchas, la cual se dice que es de las más célebres de Europa. El de botánica contiene tres salas donde se conservan las colecciones de semilla, palos, resinas y plantas, frutos y herbario, todo imitado en cera. El de mineralogía contiene una rica colección de minerales distribuidos según los métodos modernos en ocho salas. Aquí se ven innumerables muestras de minerales de platina, de oro, plata, plomo amarillo, cobre nativo y cobre dependencias. En la 10a. los nervios, el órgano de la vista, el espinazo, rojo fibroso, de zinc, bismuto, cobalto, arsénico, antimonio, diferentes combustibles, sales, cal carbonada, piedras, fósiles, petrificaciones, etc., no vi el gabinete de física porque están reparando las piezas, ni el de química porque estaban trabajando los catedráticos. A la entrada del edificio está la estatua de Américo Vespucio al lado de la de Galileo. En el gabinete de mineralogía está la piedra llamada scagliola transparente, que reducida a polvo sirve para formar una pasta semejante al yeso.

   Por la noche estuve en el teatro a la representación del Mahoma, de Voltaire.

1830. Octubre 30.

   Sábado: Visita a la Galería. Todos los días anteriores he ido al gabinete literario a leer los diarios ingleses, franceses y belgas y algunas otras cosas útiles.

1830. Octubre 31.

   Domingo: A las tres tomé el coche para ir a la quinta del señor Fenzi que está a seis millas de la ciudad. La quinta es magnífica, había convidadas cincuenta y dos personas entre hombres y mujeres; la mesa estuvo servida con esplendidez y gusto, en los postres cantaron varios señores diversos retazos de óperas de Rossini (aquí todo el mundo de alguna educación conoce la música), después de la mesa continuaron la orquesta, se bailó seguidamente y algunas otras personas jugaban a los naipes o al billar. Yo salí de la casa a las doce de la noche y dejé una parte de la sociedad todavía divirtiéndose. Fui presentado a la señora Fenzi, que tiene una amabilidad encantadora; al barón Poerio, napolitano, miembro de las cortes de su país en 1820; al príncipe Corsini; a su nuera la condesa de Casigliano; al príncipe Borghese, cuñado de Napoleón; al ministro de Austria conde Bombelles, que me hizo muchos cumplimientos; al ministro prusiano barón Martens, sobrino del publicista; al duque de Dino, sobrino del príncipe Talleyrand, y a otras personas menos notables. El príncipe Borghese me convidó a su soirée el sábado próximo. Me tocó estar en la mesa al lado del secretario de la embajada austríaca que habla español y se ocupó de informarse del estado de Colombia, de la posibilidad de mantener la República o de establecer una monarquía. Quedé perfectamente satisfecho de la sociedad del señor Fenzi, y del carácter amable y obsequioso de los habitantes de este país.

1830. Noviembre 1°.   

   Lunes: Estuve en el paseo Cascine y en el cosmorama, que es una cosa parecida al panorama. Llevé billete de visita al señor Fenzi como es costumbre después del día de un convite. También a su compañero el señor Hak.

1830. Noviembre 2.

   Martes: Llevé billete de visita al príncipe Borghese y visité su palacio con el artista genovés Remondini. El palacio es un edificio vasto, magnífico, y de arquitectura rústica: tiene 32 piezas adornadas con lujo y elegancia, con la particularidad de que cada una está adornada con sedas de diferentes colores arregladas de diversas maneras. Tiene 3 salas para baile, la más grande, en donde están copiadas en yeso las estatuas de la tribuna en la galería real, es magnífica. Todos los techos tienen pinturas al fresco. El príncipe vive en otras piezas. Estuve en el teatro.

1830. Noviembre 3.

   Miércoles: Tomé 750 francos del señor Fenzi. Recibí un billete de visita del príncipe Borghese y convite de Fenzi para el próximo domingo. Estuve en la Galería y en la iglesia de San Lorenzo, donde se sepultan los duques de Toscana. El edificio es vasto y magnífico, el altar mayor de mosaicos de piedras finas, y la capilla llamada de Médicis es un octágono incrustada toda de jaspes de diferentes colores: también se ven alrededor de las paredes las armas de todas las ciudades de la Toscana en piedras finas. La capilla no está concluida; el pintor que está encargado de pintar la cúpula gana 36 mil franciscones, es Benvenuti. Dos estatuas de bronce de los duques Cosme II y Fernando I están colocadas en dos nichos. En la mitad de la iglesia está la piedra del sepulcro de Cosme de Médicis, a quien se le dio el título de Padre de la Patria. No se ha levantado ningún mausoleo a este soberano benéfico porque dicen los toscanos que el corazón de sus súbditos es el solo monumento de que sea digno el que mereció un título tan justo y tan glorioso. Por la noche fui al teatro Cocomero, donde se representaron dos actos de la ópera Otelo y otros de La extranjera. Además de los tres teatros que he mencionado en este diario, hay seis más pequeños.

1830. Noviembre 4.

   Jueves: Anoche oí tocar un concierto de bandola en el teatro, que fue bien aplaudido. Estuve en la galería viendo los sarcófagos romanos, los cuadros de los corredores y los retratos de una gran parte de los soberanos de Europa y de los hombres ilustres, o por las armas o por las letras, o por las artes. Teatro de la Pérgola: hay retratos de Scipión, Aníbal, Atila, Totila, de los papas y algunos cardenales. El de Colón y Américo Vespucio.

1830. Noviembre 5. 

   Viernes: Me ha visitado el barón Poerio. He conocido al señor Bucelli, empleado en Madrid. He estado en la Galería; he visto las dos salas donde están todos los retratos de todos los mejores pintores de Europa y he concluido de examinar los cuadros de los corredores. No me falta ya por ver en este establecimiento sino la sala de dibujos, grabados, medallas y monedas antiguas y de camafeos, las cuales se ven previo permiso del gobierno. En el teatro la Pérgola se ha dado el nuevo baile titulado El triunfo del amor; visité en su palco al príncipe Borghese; los italianos hacen vanidad de ser vistos en estos lugares rodeados de muchos amigos y conocidos. Los ingleses también las tienen en sus soirées o partidas.

1830. Noviembre 6.

   Sábado: He escrito a Pacho y a M. Jullien a París.

   Observación: después de lo que he visto de bellas artes en Europa, estoy persuadido de que un viajero recorriendo las galerías de cuadros y estatuas, y asistiendo a los teatros con personas de alguna inteligencia en bellas artes, aprende a conocer generalmente la pintura, la arquitectura, escultura y música. Además se instruye de la historia de los pueblos, sus usos y costumbres, de la mitología, y de otra porción de conocimientos útiles. Un viajero, además, si hace algún estudio serio, si trata algunos hombres célebres y frecuenta las buenas sociedades, y si visita los establecimientos de ciencias naturales, exactas y metafísicas, nada podrá serle tan útil como el viaje. Yo por mí sé decir que [en] estos viajes en que he recorrido la Francia, la Inglaterra, parte de la Alemania y de Italia, he aprendido más que en todo el tiempo pasado.

   Fui a visitar con el español Bucelli el palacio Corsini, familia muy distinguida a que perteneció Clemente XII; el palacio es un edificio vasto y magnífico aunque adornado interiormente a lo antiguo; hay en él una preciosa colección de cuadros de todas las escuelas (La poesía, de Carlos Dolci y La última noche de Troya, de Benvenuti) y algunas estatuas. La familia Corsini hizo gran papel en las guerras de los güelfos y gibelinos, y un príncipe estuvo a la cabeza de los primeros. Estuve en seguida en la iglesia de San Marcos, que pertenece a los padres dominicanos, cuyo convento fundó aquí San Antonino; el convento tiene dos claustros, en el uno está pintada al fresco la vida del santo, en el otro la de Santo Domingo; los retratos de los santos de la orden y de los papas y cardenales que ella ha tenido, también están aquí. El P. Fr. Jerónimo Savonarola predicó a fines del siglo XV la reforma que Lutero introdujo veinte o treinta años después; Savonarola era republicano, lo que le atrajo mil persecuciones de la familia de Médicis y al fin en 1498 fue quemado como hereje.

   En la plaza de la Annunziata está la estatua ecuestre del gran duque Fernando I.

   Visité la manufactura de piedras duras, que es una especie de mosaico. En todas las salas hay muestras de todas las piedras finas propias para el trabajo, mármoles de todas las especies, ágatas o calcedonias, granitos, pórfidos, alabastros, jaspes, etc., y la piedra de que se forma la scagliola, que es una especie de alabastro. Se trabaja con una cosa que parece lima para amoldar las piedras, y con un alambre se asierra la parte que ha de embutirse. La arena muy fina se aplica para facilitar la aserradura y limadura; el mosaico propiamente dicho consiste en pedazos de vidrio coloridos con que se imitan todos los objetos que se quieren representar para que parezcan pintados; el de piedras duras y finas no es menester darles color porque lo tienen naturalmente del color que se necesita. Con la scagliola ya he dicho que también se imita un mosaico de piedras duras, aunque es mucho más fácil ejecutarlo.

   A las nueve de la noche fui a la soirée del príncipe Borghese, que estuvo muy concurrida y elegante. Un gran número de personas eran ingleses o rusos, de ambos sexos. Yo fui presentado a varios de ellos cuyos nombres no recuerdo; al gran chambelán, marqués de Corsi y a su señora; al conde ruso Wittenstein, a un sobrino del conde Pozzo di Borgo, a la baronesa de Ponckembol, española; al encargado de negocios de Inglaterra, Bligh; al lord Normanby y a la marquesa de Corsi, sobrina del chambelán, que me convidó a verla en su palco a la Pérgola.

1830. Noviembre 7.

   Domingo: Entre las personas que vi anoche fueron la Catalini, famosa cantarina, y la amante de lord Byron. Hoy hace dos años que se pronunció mi injusta sentencia de muerte.

   La soirée del príncipe Borghese difiere de las de París en que es más elegante porque hay baile; ordinariamente las de París semanales se reducen a conversar y algo de música. Las de Londres, partys, son semejantes a las de Florencia; en unas y otras se hace ostentación de reunir el mayor número de convidados. A las 3 fui con el barón Poerio a comer en casa de Fenzi; fui presentado a la condesa Aldobrandini y a la condesa Rudolfi, mujer del ministro de Nápoles en Petersburgo; al señor Giordani, célebre literato florentino, y al caballero Quartara de Génova, banquero. Después de la comida fui con la señora Fenzi (mediante previa invitación) a la casa de campo del príncipe Corsini, donde éste había reunido un número considerable de campesinos y campesinas del contorno a bailar. Me parece que esta función popular debe atraer el afecto del pueblo a la nobleza, la cual se muestra en el campo muy popular. Así es que bailan mezclados unos y otros, al punto de que el duque Casigliano, hijo de Corsini, bailó con la camarista de su mujer y ésta con el ayuda de cámara del príncipe. El baile se reduce al valse y cuadrillas y al baile nacional llamado morfrino. También se baila el cotillón, que sirve para hacer diferentes pruebas simples de explorar la voluntad de las señoras sobre las parejas que eligen. Fui presentado al hermano del príncipe, que es secretario de Estado y del despacho del interior.

   Regresé a las dos de la mañana.

1830. Noviembre 8.

   Lunes: Visité al gran chambelán y le dejé un billete suplicándole me presente al gran duque, quien recibe todos los extranjeros que desean ser presentados. Estuve en la Pérgola y visité al príncipe Borghese y a la marquesa de Corsi; como los palcos son grandes y no se alquilan por el número de plazas que tienen, es costumbre visitarse recíprocamente los conocidos y amigos, cosa que me parece muy agradable, tanto más cuanto que durante un mes por lo menos se da en el teatro una misma pieza. El gran chambelán me dijo donde Borghese que sería presentado al gran duque el miércoles próximo con motivo del gran baile que da la corte, al cual debía ir. Conocí al príncipe Pignatelli, que es hermano menor del verdadero príncipe napolitano.

1830. Noviembre 9.

   Martes: Visité al barón Poerio. Me visitó el gran chambelán, marqués de Corsi, también el coronel inglés Milner. Por la tarde a la Galería y por la noche a la Pérgola, donde hice las visitas de costumbre.

1830. Noviembre 10.

   Miércoles: A las 8 y media fui al palacio del gran duque al baile que éste daba a la ciudad; un señor me presentó a la gran duquesa reinante, que me hizo algunas preguntas sobre si estaba contento en Florencia y por dónde había viajado. Presentado a la gran duquesa, viuda del último gran duque, me preguntó casi la misma cosa. El gran duque después de conversar conmigo largo rato sobre Colombia, su situación geográfica, caminos, poblaciones, etc., me habló de mi viaje por Europa; si ella me había asombrado, cuándo pensaba volver a América, si había nacido allí y si se podía mantener un gobierno sólido que inspirase confianza a todos. Ultimamente me dijo que había visto a Iturbide, que había hecho una locura en volverse a Méjico. El duque me pareció muy amable y muy popular; él como su mujer y hermanos bailaron toda la noche confundidos con las demás personas. La sala estaba bien iluminada, se sirvieron refrescos por criados en uniforme y espada y en una gran sala había diferentes cosas para cenar. La orquesta se coloca en una galería. Yo fui presentado a varios señores; me acuerdo sólo del primer ministro Fossombroni, quien es generalmente querido por sus principios liberales y por su prudencia. Dícese que se debe a él en mucha parte el que no se hayan admitido tropas austriacas en el ducado como ofreció Metternich. En el baile estaba el duque de Lucca, joven que tiene el aire de ser un poco alegre y disipado. El es sobrino del rey de España y heredará el ducado de Parma a la muerte de la archiduquesa María Luisa, pasando el de Lucca a la Toscana. Me retiré a las dos de la mañana.

1830. Noviembre 11.

   Jueves: Estoy un poco indispuesto. Fui a la Pérgola, a la ópera El pirata. Hice las visitas de costumbre.

1830. Noviembre 12.

    Viernes: Visité al señor Fenzi y al coronel Milner. El rey de Nápoles ha muerto y su hijo le ha sucedido con el nombre de Fernando II. Estuve en la Pérgola; la Corsi me presentó al príncipe romano Gaetani, que me hizo innumerables cumplimientos lisonjeros. Quedé convidado para ir mañana a la soirée de Mme. Corsi, mujer del chambelán, porque la muerte del rey de Nápoles suspende la del príncipe Borghese.

1830. Noviembre 13.

   Sábado: Estuve por la noche en la soirée de la marquesa de Corsi. Allí vi al marqués de Fontera (Sigue Nota del Editor...), portugués, que había visto en París en casa de Lafayette. Escribí a Pacho sobre mi presentación al gran duque. Vi algunas monedas egipcias que son delgadísimas y tienen jeroglíficos.

1830. Noviembre 14.

   Domingo: He leído gacetas de Grecia en francés. El gobierno a cargo de Capo d'Istria ha tomado el más vivo interés en la educación pública, en el arreglo de las rentas, del ejército, de la administración interior y en el establecimiento de un museo y gabinete de historia natural. A la Pérgola como de costumbre.

1830. Noviembre 15.

   Lunes: Hoy hace dos años que salí desterrado de Bogotá por amigo de la libertad, abandonando amigos, familia, bienes y patria. Vi la iglesia de Santa María Novella, donde se ha colocado en la fachada un cuadrante solar de mármol y la esfera armilar de Tolomeo. Por la noche a la Pérgola y además de las visitas de costumbre, hice la de Mme. Fenzi, donde fui presentado a la princesa..., napolitana, al marqués de Torrellana y su hijo.

 

1830. Noviembre 16.

   Martes: Ayer se ha ido para Roma el inglés Lynne con quien he vivido desde Munich. Por la noche estuve en la soirée de Mme. Fenzi. También en el teatro Ogni-Santi, que es un espectáculo para el pueblo, donde se dan óperas y bailes.

1830. Noviembre 17.

   Miércoles: El barón Poerio sale hoy para París desterrado de los dominios de Toscana; ignoro la causa. La Pérgola. También han desterrado al literato Giordani.

1830. Noviembre 18.

   Jueves: Llegaron mis amigos de La Habana. Estuve por la noche en casa de Fenzi; es mal visto que las niñas concurran a los bailes de las sociedades, porque en lo general en ellos hay poca delicadeza y ocasiones de corrupción.

1830. Noviembre 19.

   Viernes: Nada particular. A la Pérgola.

1830. Noviembre 20.

   Sábado: Por la noche a la soirée de Borghese. Allí fui presentado al conde Saurau, ministro de Austria en esta corte y antes secretario de hacienda y del interior y del Imperio. A la marquesa Geroni y al principe Gortschakof, ministro de Rusia, quien solicitó ser introducido conmigo por medio de Mme. Fenzi. El conde Saurau me hizo mil cumplimientos lisonjeros. El ruso me hizo muchas preguntas sobre Colombia, sobre la posibilidad de una monarquía, sobre el infante don Francisco de Paula, sobre Bolívar y la clase de sistema colonial que nos regía antes de la revolución; yo respondí a todo como republicano y hablando la verdad; al fin me dijo que luego que la tranquilidad se restablezca en Colombia bajo un gobierno que inspire confianza aunque sea republicano, sería reconocido por todas las potencias.

1830. Noviembre 21.

   Domingo: Comí en casa de Fenzi y estuvo allí el ministro austriaco. Por la noche a la Pérgola y visité a la marquesa de Genori.

1830. Noviembre 22.

   Lunes: He recibido carta de Bogotá del 14 de julio de Arrubla, del padre González y de mi hermana; otra de Cartagena del 5 de septiembre que contiene las más tristes noticias de Bogotá sobre la guerra civil y la suerte de mis amigos. Temo mucho por mis intereses según esta carta. A la Pérgola por la noche. Núñez ha recibido ya mi carta de 5 de julio sobre dinero.

1830. Noviembre 23.

   Martes: Visité al secretario de la legación austriaca, Franqui. He sido presentado al encargado de negocios de Francia, M. De la Noüe. Escribí a Núñez a Cartagena sobre envío de dinero, a Arrubla, a Cuéllar y a mi señora Nicolasa. Todas estas cartas las he remitido a Prompt a París para dirigirlas a Cartagena. Todos tienen orden de mandarme dinero por conducto de Núñez y éste por el de Perquer, Hartmann, Darthez o Baring de Londres, a quienes se debe advertir que lo pongan a disposición de Rougemont de París. También escribí a Pacho. Me visitó el encargado de negocios de Francia vizconde De la Noüe. No salí por la noche porque estuve enfermo.

1830. Noviembre 24.

   Miércoles: Hice avisar a Darthez y Cía., por medio del señor Luz, que podía enviársele algún dinero a su consignación para que lo tenga a disposición del señor Rougemont de París.

1830. Noviembre 25.

   Jueves: Estuve en el jardín Boboli, accesorio al palacio Pitti. Es un jardín bellísimo por sus alamedas, estanques, fuentes, situación, anfiteatros, estatuas y bustos. Tiene varias fuentes graciosas y particulares con estatuas de bronce y de mármol. Una gruta rústica, un anfiteatro de seis gradas rodeado de veinticuatro nichos donde están colocadas doce estatuas y doce vasos. Dominando el anfiteatro hay otro compuesto de gradas de césped al natural, en medio una fuente y estanques, alrededor de las gradas varios viñedos y en parte más dominante una estatua de la abundancia. Invernáculos donde se conservan los naranjos y otras plantas de países cálidos. Calles cubiertas de árboles pequeños que forman la bóveda, bosques, etc. Todo el terreno es quebrado, lo cual da una elegancia al jardín y proporciona descubrir desde lo más elevado la planicie de Florencia cubierta de casas, palacios y jardines que presentan la más bella vista. Se ha trabajado mucho en este jardín para hacerlo magnífico. Por la noche fui al baile de nobles, dado por una sociedad de la nobleza; fui convidado a él por el marqués de Corsi.

1830. Noviembre 26.

   Viernes: Volví a escribir a Cartagena al señor Núñez sobre remisión de dinero conforme a lo que le escribí el 23, y también a Arrubla y a todos mis apoderados, en una carta circular que he incluido a Núñez. Esta carta va a New York, a don Tomás Gener, recomendada por don Francisco García, de La Habana.

1830. Noviembre 27.

   Sábado: El teatro ha dado una ópera en beneficio de la Casa de Beneficencia.

   El duque de Wellington ha dado su dimisión a consecuencia de que en la cámara está pronunciada la mayoría contra el ministerio. El dos del corriente fue también cambiado el ministerio de Francia y entró Laffitte. El congreso de la Bélgica ha admitido el protocolo de las potencias Austria, Francia, Inglaterra, Prusia y Rusia, hecho en Londres a consecuencia de la revolución de Bélgica. Por la noche al palacio Borghese.

1830. Noviembre 28.

   Domingo: Nada particular. Por la noche se ha dado un concierto de música vocal e instrumental en la Pérgola. La Grisi ha cantado una famosa aria, y ella y tres más, el cuarteto de Bianca y Faliero, de Rossini.

1830. Noviembre 29.

   Lunes: He estado en el interior del palacio Pitti. Hay diferentes salas con cuadros exquisitos de todas las escuelas. Hay cuadros de Rafael, como la Madona de la Silla, la Madona de la Gran Duquesa, la Sacra familia, etc., las tres parcas de Miguel Angel, dos madonas de Murillo, el San Jerónimo de Correggio, la Magdalena de Ticiano, los horrores de la guerra, de Rubens, y varios otros de Allori, Dolci, Dominiquino, Caracci, Frati, Salviati, Rosa, Van Dyck, Perugino, Veronés, Tintoretto, Velásquez, Spagnoletto, etc., vi la famosísima Venus de Canova. Dos grandes columnas de alabastro oriental. Ocho cuadros de piedras duras de un trabajo exquisito. Varias mesas de lo mismo. La magnífica mesa de malaquita de Rusia que un ruso le regaló al gran duque, piedra verde jaspeada muy fina. Un soberbio baño de mármol que hizo trabajar Napoleón. Varios frescos de Benvenuti de una perfección admirable. Las piezas de este palacio están adornadas con lujo y gusto. Por la noche fui al Cocomero, a la ópera de Rossini La Gazza ladra.

1830. Noviembre 30.

   Martes: Estuve a ver el gabinete de física compuesto de una multitud de instrumentos de estática, aerometría, hidráulica, mecánica, etc. Hay todas las especies de termómetros conocidos, lo que forma la historia de este instrumento que descubrieron los académicos del Cimento, la primera sociedad científica de Europa. El cardenal Leopoldo de Médicis para merecer el capelo, destruyó los termómetros de Galileo. Vi el telescopio inventado por este astrónomo y la lente de que se sirvió.

1830. Diciembre 1°.

   Miércoles: He visto por segunda vez la Academia de Bellas Artes y la iglesia de Santa María. He sido presentado al barón Even, maestro de ceremonias del gran duque de Baden.

1830. Diciembre 2.

   Jueves: He estado en Fienzola (dos millas de la ciudad), antigua ciudad murada; se ven todavía restos de las murallas y del anfiteatro. La iglesia de San Alejandro fue edificada en el siglo VI; sus columnas son de mármol cipolino. Desde esta eminencia se descubre la pintoresca campiña de Florencia. He visto el palacio llamado Poggio Imperiale (una milla de la ciudad), que es magnífico y bien amueblado. Tiene algunos cuadros, excelentes frescos, bustos y el Adonis de Miguel Angel, estatua entera. Cerca está la casa que habitó Galileo por espacio de 10 años desterrado por sus opiniones astronómicas.

   Por la noche fui a la soirée de Fenzi. Catilina, acusado de conspiración, hizo de Fienzola una de sus plazas de armas.

1830. Diciembre 3.

   Viernes: Fui a Pratolino, casa de campo del gran duque, a seis millas de la ciudad. Este jardín está muy deteriorado. Hay de notable una gruta artificial y la estatua de piedra del Apenino, que tiene 60 pies.

1830. Diciembre 4.

   Sábado: El papa Pío VIII murió el 30 del pasado.

1830. Diciembre 5.

   Domingo: Comí en casa de Fenzi (he gastado dos pesos diarios en Florencia en alojamiento y manutención).

1830. Diciembre 6.

   Lunes: He comprado una carroza para viajar por ciento cincuenta y cinco franciscones, que son ciento sesenta pesos. He tomado mi pasaporte para Roma y he convenido viajar con don Francisco García, de La Habana. En efecto, hemos salido de Florencia a las tres de la tarde por el camino de Siena, dejando a la izquierda el de Perugia que también va a Roma. A las doce de la noche llegamos a Siena, ciudad que tuvo antiguamente cien mil habitantes, que fue en la Edad Media una República y que hoy sólo tiene diez y siete mil habitantes. Aquí se habla bien el italiano. Hay algunas sociedades de Bellas Artes.

   En Florencia además de la Academia Florentina, antiguamente de la Crusca, hay una sociedad de georgófilos o agrarios, una de mendicidad, donde se trabajan diferentes cosas, dos famosos hospitales, una casa para recoger los viejos menesterosos, un colegio de educandas y varios conventos de monjas donde también educan a las niñas.

1830. Diciembre 7.

   Martes: Anduvimos toda la noche anterior y hoy hasta las fronteras de Florencia, hemos pasado por poblaciones pequeñas y por un país cultivado aunque no muy poblado.

   El terreno sigue siempre desigual. A las cinco llegamos a Pontecantino, donde está la aduana de los Estados Pontificios, por la noche pasamos por Acquapendente, San Lorenzo Nuevo, Bolsena (antiguamente Volsinium, capital de los Volscos), Orvieto, Montefiascone, Viterbo, ciudad de doce mil almas y fortificada. El terreno es muy desigual y en partes fértil.


ROMA Y ESTADOS PONTIFICIOS

ROMA

1830. Diciembre 8.

   Miércoles: Anduvimos igualmente toda la noche y llegamos a Roma a la una de la tarde, habiéndonos costado el viaje a los dos, 63 pesos. Los alrededores de Roma son generalmente estériles. Antes de llegar a Pontemolle se ve el sepulcro de Nerón, de piedra bruta. En Pontemolle tuvo lugar la batalla de Constantino y Majencio y más antes el arresto de los embajadores alobrogues implicados en la conjuración de Catilina. Del fuerte a la ciudad se anda por la vía Flaminia. La entrada de Roma por la plaza del pueblo es magnífica; he dado un paseo por la ciudad y he visto el sepulcro de Adriano, hoy castillo de San Angelo, la Plaza de España, el puente de San Angelo sobre el Tíber, y el asombroso y magnífico templo de San Pedro, de que hablaré después, según que lo vaya examinando. Habiendo comprado el itinerario de Roma, me refiero a él en todos los pormenores de los monumentos que viere.

1830. Diciembre 9.

  Jueves: He tomado en la policía la carta de permanencia por tres meses; he buscado alojamiento particular en la calle del Corso N° 92, 3 piezas por 26 pesos mensuales. He estado en la gran plaza Navona, donde se tiene un mercado; hay aquí tres fuentes: la del medio tiene un obelisco sobre una roca, alrededor de la cual hay cuatro grandes estatuas que representan los ríos Ganges, Nilo, la Plata y el Danubio. Pasé por la plaza llamada del Pasquino, donde existe una vieja estatua de Menelao sosteniendo el cuerpo de Patroclo, sobre el cual se ponían los pasquines. Vi nuevamente la basílica de San Pedro. El puente del Angel tiene doce estatuas de los ángeles, y cada una un instrumento de la pasión de Jesucristo, y los dos apóstoles San Pedro y San Pablo.

   Aquí se empiezan a contar las horas del día desde las seis de la tarde y se sigue hasta 24, de manera que la primera de la noche por ejemplo, viene a ser la octava, y las siete de la mañana las tres. La basílica de San Pedro mirada con justicia como el primer templo del mundo ha sido hecha en tres siglos y ha costado 50 millones de pesos. Frente al templo hay una famosa plaza circular rodeada de columnas de a cuatro en fila, las cuales están decoradas de multitud de estatuas de santos. En medio de la plaza hay un gran obelisco sobre cuya pirámide está una cruz; a los lados hay dos fuentes que arrojan el agua hacia lo alto formando chorros muy graciosos. El obelisco fue consagrado por Calígula a Augusto y a Tarquino. El papa Sixto V lo colocó donde está. La fachada de la basílica es asombrosa; ocho gruesísimas columnas corintias la decoran; tiene 6 puertas que corresponden a igual número de entradas a la iglesia. Una de estas puertas es la que se llama Puerta Santa, que está murada y sólo se abre cada 25 años en tiempo del jubileo; otra es de bronce con relieves exquisitos que representan el martirio de San Pedro. La iglesia tiene de largo 575 pies y de ancho 417; por consiguiente es más grande que la de San Pablo de Londres, 106 pies y 166 de ancho, y que la de Milán, 158 pies. Su figura es una cruz latina, la cúpula o media naranja es magnífica. Sus columnas embebidas en las paredes son todas de mármol blanco y las de los altares de diferentes mármoles; está toda incrustada también de mármoles, decorada de grandes estatuas de santos fundadores de órdenes religiosas, de bustos de papas, de monumentos magníficos de algunos pontífices, de cuadros famosos y de mosaicos muy celebrados. El enladrillado es también de mármol. La bóveda es dorada sobre estuco, de una obra perfecta. El altar mayor se compone de 4 disformes columnas espirales de bronce doradas que cubren el sepulcro de San Pedro, delante del cual arden diariamente 112 lámparas; debajo de este altar está lo que se llama la confesión de San Pedro, donde se conserva el cadáver del apóstol; al pie está de rodillas la estatua de Pío VI, de Canova. La testera de la iglesia tiene el altar donde se conserva la cátedra o silla de San Pedro sostenida por cuatro doctores de la iglesia griega y latina de figura colosal; San Atanasio, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio y San Agustín. La verdadera silla de San Pedro, que es de madera, está cubierta con la de bronce, que es la que se ve. El altar es de bellísimos mármoles de diferentes colores. Siendo imposible hacer el pormenor de los altares, capillas, monumentos, cuadros, etc., sin dejar de escribir un volumen, me refiero a la guía que conservo entre mis libros.

   El palacio llamado Vaticano está pegado a la basílica de San Pedro. Olvidaba que a un lado de la iglesia está una estatua de bronce de San Pedro en actitud sentada, por la cual se tiene una gran veneración. Dícese que esta estatua era de Júpiter, y a mí me parece que la cara tiene bastante semejanza con las que he visto de este rey de los dioses del paganismo. (Hay de Canova el monumento de Jacobo III de Inglaterra y el del papa Clemente XIII).

1830. Diciembre 10.

   Viernes: He estado donde Torlonia, banquero, y he tomado 200 pesos; me ha invitado a asistir a sus soirées los jueves.

   Roma moderna tiene 140 mil habitantes y está edificada sobre una parte de la Roma antigua; casi 25 pies está elevada la primera sobre la segunda; esta capital del mundo cristiano puede mirarse bajo diferentes aspectos: como la señora del mundo en tiempo de la República, como la corte de los Césares, como la silla del papa. En cuanto a bellas artes, ella ofrece monumentos interesantes de todas las tres épocas. Hoy he hecho una recorrida y he visto lo siguiente:

   Exteriormente grandes y magníficos palacios y suntuosos templos; de los primeros el palacio Doria, Venecia, Chigi, Torlonia; de los segundos: la iglesia de San Ignacio, la de Jesús donde reside el general de los jesuitas y la casa de profesión, la de San Marcelo, etc. En la plaza Colonna está la columna de Marco Aurelio de mármol, rodeada toda de relieves que representan sus hazañas militares en Alemania. Su altura, incluso la base de 88 pies y medio, y la altura total incluso el pedestal es de 148 y medio pies. En lugar de la estatua de Marco Aurelio que estaba en la cúspide, Sixto V puso la de San Pablo. La Columna Trajana levantada a este emperador por las victorias que alcanzó sobre los dacios, es la más bella que existe y el más célebre monumento de la antigüedad. Es un pie y medio más alta que la de Marco Aurelio. La estatua de San Pedro ha ocupado el lugar de la del emperador. Los relieves que representan las hazañas militares de Trajano contra los dacios y su rey Decébalo, son vistos como una obra maestra. Rafael, Polydoro, Julio Romano, se han servido de ellos como de los mejores modelos de escultura. La columna está en medio del Forum Trajanum, de que sólo hay vestigios de algunas columnas y de pedazos de estatuas. Había aquí una basílica donde se administraba la justicia, y la célebre Biblioteca Ulpiana; de todo esto sólo queda señalada el área de los edificios. El capitolio moderno es un conjunto de tres edificios magníficos debidos a Paulo III bajo la dirección de Miguel Angel. En la plaza está la magnífica e imponderable estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio. Al terminar la gran rampa por donde se sube hay dos estatuas de Cástor y Pólux, algunos trofeos de mármol que unos dicen son de Mario, otros de Trajano y algunos de Septimio Severo. Se ven allí dos columnas, la una era la que señalaba la primera milla de la Vía Appia, la otra se ha colocado por conservar la simetría. Este edificio está sobre el monte Capitolino, en el cual estuvo el capitolio antiguo; he subido por la escalera por donde pasaban los reos presos de la Mamertina a ser expuestos muertos al pueblo.

   El templo de Júpiter Capitolino, que estaba donde hoy está la iglesia de Aracoeli. La prisión Mamertina del tiempo de Anco-Marcio, donde se dice que estuvieron 9 meses presos San Pedro y San Pablo y donde murieron Yugurta de hambre, los cómplices de Catilina, Seyano y Simón, hijo de Jonás, jefe de los judíos tomados por Tito. En esta prisión se muestra la fuente que sirvió para bautizar a los alcaides que seguidamente recibieron el martirio. El arco de Septimio Severo, el de Tito y el de Constantino sobre la Vía Sagrada; la columna del emperador Focas, los restos del templo de Antonino y Faustina, el de la Fortuna o la Concordia, el de la Paz, el de Roma y Venus, el palacio de los Césares sobre el monte Palatino, los baños de Livia, revestidos todos de mármol con dorados y pinturas, el grande anfiteatro o Coliseo del tiempo de Vespasiano, donde cabían cerca de 100 mil personas, el templo de Vesta, y el de Rómulo y Remo, edificios todos que están en el célebre Forum Romanum, que hoy se llama Campo Vaccino porque sirve de mercado para vender el ganado. ¡Cuántas reflexiones y memorias me hizo recordar este lugar respetable!

   En el monte Palatino habitaron los primeros reyes, los Gracos, Fulvios, Flaccos, Catulos, Hortensio, Cicerón, Clodio, Catilina, Marco Antonio, el padre de Tiberio y el de Augusto. Todo lo he recordado hoy, entregado a consideraciones de la historia romana que me hacían mirar con santo respeto estos lugares. Por la noche nada.

1830. Diciembre 11.

   Sábado: Hoy comienzan en la basílica de San Pedro, los funerales del papa y he ido. El túmulo era magnífico y asistieron los cardenales, los canónigos de la iglesia y las comunidades religiosas. El concurso fue numeroso. Me gustó mucho el canto del oficio de requiem; hay dos sopranos castrados. No hay música. Los funerales duran tres días, en el último día se dice la oración fúnebre y se abre el cónclave seguidamente. Para los últimos responsos se revisten cinco cardenales del orden de obispos. Conocí al cardenal Pacca, al cardenal Fransoni, que fue el que pontificó, y al capuchino último general de su orden que conserva su hábito y sólo se pone el gorro rosado. Recibí ayer cartas de Pacho y del señor Enet de Hamburgo.

1830. Diciembre 12.

   Domingo: Estuve en la iglesia de San Carlos, que es muy buena y grande; sus cuadros de mosaico son excelentes. En mi excursión hoy he visto las ruinas del Forum y todo lo que diré: la iglesia de San Ignacio, una de las más magníficas de Roma; tiene tres naves y gruesas pilastras corintias. Las pinturas de la bóveda son exquisitas, del pintor Pozzi. Las dos capillas de la cruz de la iglesia son bellísimas por sus mármoles diferentes, bronces dorados y cuatro columnas espirales de verde antiguo, en una de estas capillas se conserva el cuerpo de San Luis Gonzaga en una urna de lapislázuli guarnecida de oro. Tiene famosos relieves y el mausoleo de Gregorio XV, de Le Gros. A esta iglesia está unido el Colegio Romano, donde los jesuitas enseñan latinidad, humanidades, lenguas orientales, filosofía y teología.

   El Panteón, hoy iglesia de la Rotonda, edificado por Agrippa el año 26 antes de la era vulgar, es de los monumentos antiguos el más insigne que haya quedado. El pórtico tiene 16 columnas de granito oriental de una sola pieza, de 38 y medio pies de altura sin incluir la base y el chapitel, y 14 de circunferencia. La fachada tiene ocho columnas. Pegado al pórtico está el templo de forma redonda decorado de columnas de mármol y de granito rojo. La altura de este edificio es igual a la del diámetro, a saber, 132 pies, la luz entra por una abertura circular que se ha hecho en la cúspide de la bóveda; este templo estaba revestido de bronce dorado, que es el que ha servido para hacer el altar mayor de San Pedro. Agrippa consagró el edificio a Júpiter Vengador. Aquí está un monumento muy sencillo consagrado al cardenal Consalvi, y las lápidas de los sepulcros de Rafael y Aníbal Caracci.

   La plaza del Panteón tiene un obelisco sobre una fuente. La plaza de Minerva tiene otro obelisco sobre un elefante. La iglesia de Minerva está sobre ruinas del templo que Pompeyo dedicó a esta diosa a causa de sus victorias. Además de los cuadros y de una multitud de bustos que tiene, se admira la capilla Aldobrandini, por sus mármoles y por dos monumentos de la familia de este nombre. La bella estatua de Jesucristo en pie con la cruz, es de Miguel Angel.

   El capitolio moderno lo he visto dos veces exteriormente. El arco de Septimio Severo. He examinado despacio con la guía en la mano las ruinas siguientes en el Forum Romanum: el edificio que está en el medio de los otros dos que forman el capitolio, está levantado donde estuvo el Tabularium, que era donde se guardaban las tablas de bronce que contenían los Senadoconsultos, y los decretos del pueblo relativos a los tratados de paz y de alianza y a los privilegios que había concedido. El templo de Júpiter Tonante erigido por Augusto a su vuelta de España, donde un rayo mató a su criado; quedan de él tres columnas corintias acanaladas de 4 pies y 2 pulgadas de diámetro, de mármol que hoy se llama de Carrara y antiguamente de Luni. El templo de la Fortuna; quedan de él 8 columnas de granito oriental de 40 pies de alto y doce de diámetro.

   Del templo de la Concordia, dedicado por Antonio Geminus, prefecto del tesoro militar, no quedan sino pocas reliquias. La Grecostasis o la sala para recibir los embajadores, de la cual quedan tres columnas de mármol acanaladas y de orden corintio. Se dice que estos restos sirven de modelo para arreglar las proporciones y adornos del orden corintio. La iglesia de San Lucas está edificada sobre las ruinas del Secretarium Senatus, donde el senado juzgaba las causas criminales que el emperador le enviaba. La columna dedicada al emperador Phocas.

   El templo de Vesta, sobre cuyas ruinas está la pequeña iglesia de San Teodoro: el edificio es circular y está dominado por el monte Palatino; pegado a este templo estaban el Lupercal, consagrado a Pan, y el higo ruminal, donde Fáustulo encontró a Rómulo y Remo.

   La Vía sagrada, hecha cuando la paz entre Rómulo y Tacio, pasa por debajo del arco de Constantino y cerca del anfiteatro; allí se reunían 4 calles. Yo me he paseado por esta vía, pensando en los ilustres romanos; sobre ella están las ruinas de la fuente Moeta Sudans, que existía desde el tiempo de Séneca; es de ladrillo y tiene la figura de un pan de azúcar. El pedestal del coloso de Nerón hecho por Zenodoto, que tenía 120 pies de alto y era de bronce. El templo de Antonino y Faustina, de que hay 6 columnas de 43 pies de alto, el templo de Rómulo y Remo, de figura circular, sobre cuyas ruinas se ha levantado la pequeña iglesia de San Cosme y Damián, cuyos cuerpos se conservan debajo del altar mayor. La basílica de Constantino, comúnmente llamada templo de la Paz; quedan de él tres grandes arcos y un pedazo de las bóvedas. Al lado está la iglesia de Santa Francisca Romana, donde se conserva el cuerpo de la santa en una urna adornada de mármoles preciosos y de bronces dorados. El mausoleo del papa Gregorio XI, obra de Oliveri, es magnífico; en la pared están embebidas dos piedras ordinarias donde se dice que se arrodilló el apóstol San Pedro para orar y hacer caer a Simón Mago. El templo de Venus y de Roma, dedicado y dirigido por el emperador Adriano; pocos son los restos que quedan de él. El Forum Romanum se comprendía entre el capitolio y el Palatino y era de forma cuadrada oblonga, estaba rodeado de un pórtico de dos altos, en el primero había tiendas, en el segundo se cobraban los impuestos. Al lado del Palatino estaba la sala del senado o curia, y a la derecha el Comitium, lugar destinado a las asambleas populares y a los procesos; a la izquierda el templo de Vesta, el de Cástor y Pólux y el pequeño lago de Saturno; al lado occidental tenía el templo de Julio César, la basílica Julia y el Keops y Saturno; el septentrional, donde está el arco de Septimio Severo, tenía el templo de Saturno, donde estaba el tesoro, el arco de Tiberio, el templo de Vespasiano, la escuela Xantha y el dicho arco, que es lo que existe. El lado oriental contenía el Secretarium Senatus, las dos basílicas emilianas y las tiendas donde Virginio tomó el puñal para matar a su hija. El medio de la plaza contenía la tribuna desde donde se arengaba al pueblo, llamada Rostra.

1830. Diciembre 13.

   Lunes: He ido a ver el palacio Quirinal o de Montecavallo, donde reside el papa en el verano, y que está sobre el monte Quirinal. El edificio es muy bueno y tiene hermosos jardines por el estilo francés. En la plaza llamada Montecavallo hay un obelisco de granito rojo de 45 pies de alto sin el pedestal. A sus lados están los dos famosos grupos griegos representando a Cástor y Pólux domando dos caballos. Dícese que son obra de Fidias y de Praxiteles y, por consiguiente, se consideran como obras maestras del arte.

   En este palacio se juntarán mañana los cardenales en cónclave para proceder a la elección del nuevo papa. He visitado las celdas donde habitarán ellos, que son pequeñas, la capilla donde se celebra la elección, donde cada cardenal tiene su asiento debajo de una especie de solio y cerca de una mesita.

   Todos los asientos están alrededor de la sala en la cual hay en medio una gran mesa cuadrada. En otra sala hay seis u ocho altares para que los cardenales digan la misa. Cada celda tiene un torno para recibir la comida de fuera, porque se ponen en incomunicación con la ciudad, para lo cual se muran las puertas del palacio y se levantan palizadas en la calle. Asegúrase que no irán los cardenales en procesión como es costumbre, porque se teme una revolución; así es que se han desterrado las personas nobles y se han arrestado otras. En una sala de este palacio hay una inscripción que atestigua que en ella recibió órdenes menores el infante de España don Francisco de P.

   Prosiguiendo mis excursiones en la ciudad he visitado a Santa María Mayor, una de las siete basílicas de Roma y de las cuatro que tienen la puerta Santa. Es un edificio magnífico, en la plaza hay una famosa columna de mármol acanalada de orden corintio, de 43 pies de alto, que se dice haber pertenecido al templo de la Paz; en el pórtico está la estatua ecuestre de Felipe IV de España. El interior de la iglesia es de 3 naves, sostenidas por 36 columnas de mármol blanco que se cree haberse tomado del templo de Juno, además de 4 de granito que sostienen los arcos de la cúpula. No tiene arcos ni bóvedas, sino cielo raso que se ha dorado con el primer oro traído del Perú. El altar mayor es compuesto de cuatro columnas de pórfido, rodeadas de palmas de bronce doradas; ellas forman un baldaquín magnífico: allí hay una urna de pórfido sostenida por cuatro ángeles pequeños de bronce dorado. La capilla del Sacramento erigida por Sixto V es suntuosa por sus mármoles, sus columnas de verde antiguo, relieves, estatuas, y por los monumentos del dicho papa y del de San Pío V. La capilla de la Virgen no es menos magnífica; el altar mayor es de lapislázuli, tiene igualmente bellos mármoles, mosaicos, pinturas, estatuas, relieves, y los monumentos de Paulo V y de Clemente VIII.

   Cerca de la puerta principal de esta iglesia están los monumentos de Clemente IX y de Nicolás IV. En otra plaza de este mismo edificio hay un obelisco aunque sin jeroglíficos. En la iglesia de San Martín presidió el papa San Silvestre dos concilios a que asistieron Constantino y Helena: tiene tres naves sostenidas por 24 columnas antiguas de mármol de diferentes colores. Por debajo del altar mayor se va a un subterráneo que se dice ser la iglesia de Constantino. La iglesia de Santa Lucía, que nada tiene de particular, pertenece a las monjas del mismo nombre. Pasamos por la calle Urbina, antiguamente Vicus patricius, nombre que se tomó de que Servio Tulio alojó allí los patricios para impedir que tramaran alguna sedición. La iglesia de Santa Pudenciana, pequeño edificio, está edificada donde estuvo la casa del prefecto Pudente, que alojó en ella a San Pedro: se conserva el altar de madera donde se cree que este apóstol celebró la misa. La capilla llamada Gaetani, rica en mármoles y bellas columnas de lumachela, contiene los pozos donde la santa conservó la sangre de tres mil mártires enterrados en dicha iglesia. La iglesia del Niño Jesús pertenece a las monjas que educan las niñas, principalmente para disponerlas a la primera comunión. Las fuentes: se llaman así porque quedan, en efecto, 4 que están en 4 esquinas; cada una tiene una estatua acostada.

   Observaciones: La población de Roma se compone de un gran número de gente pobre y miserable. La afluencia de extranjeros mantiene toda la que se dedica a postillones, cocheros, cavadores, y a los que tienen casas o cuartos para alquilar. Sin esto no podría subsistir esta población. Observan personas de toda condición que la frecuente muerte de papas arruina al Estado porque además de los gastos que ella causa, obliga a suspender las diversiones, los teatros, etc., de lo cual subsisten muchas personas. Los gastos de los funerales de León XII aún no se han pagado. El pueblo es generalmente ignorante; la carrera que se les abre es o la eclesiástica o la de lacayos o pintores, escultores y músicos. El estado eclesiástico es numerosísimo. El pueblo es supersticioso, tolerante, y no tiene un respeto servil por los eclesiásticos. Los que se dedican a la pintura usan generalmente el pelo a lo Rafael.

1830. Diciembre 14.

   Martes: He visto hoy lo siguiente: el monte Citorio, en cuya plaza está el obelisco solar que erigió Heliópolis a Psammético, primer rey de Egipto; Augusto lo transportó a Roma; tiene 68 pies de alto, sin el pedestal, que es moderno. En la misma plaza está el palacio llamado Curia Inocenciana, donde reside el Tribunal de la Rota, el cardenal camarlengo, el tesorero del Estado, y donde se verifica la lotería dos veces al mes. La iglesia de los padres de la misión que instruyen a los jóvenes que abrazan la carrera eclesiástica. En la plaza di Pietra están los restos del magnífico templo de Antonino, erigido por el senado y el pueblo romano; quedan de él once columnas corintias de mármol bastante maltratadas que forman uno de sus costados, y un pedazo de la bóveda; aquí está hoy la aduana. En la plaza de los Apóstoles, rodeada de grandes palacios, está la iglesia de los apóstoles que pertenece a los padres dominicanos. Tiene tres naves sostenidas por pilares corintios, en el pórtico está un monumento muy sencillo de Canova consagrado a su amigo el grabador de Venecia, Volpato; la amistad, representada por una mujer, llora delante del busto del difunto. En el interior del templo hay otro monumento de Canova, el sepulcro de Clemente XIV: la Templanza y la Clemencia están representadas en dos matronas y la estatua del papa. La fuente de Trevi o del agua virgen, toda es de mármol, figurando una gran roca, y la adornan varias estatuas. Es una obra graciosa y magnífica. He visto la procesión de los cardenales que han ido al palacio de Montecavallo a reunirse en cónclave; para esta función se reúnen las tropas en la plaza, se llevan coches de gala, asiste una gran porción del clero secular y regular cantando y concurre un inmenso pueblo. Se hizo la función a las 4 de la tarde. Recibí esquela de visita del caballero Torlonia.

1830. Diciembre 15.

   Miércoles: He visto lo siguiente: la iglesia de San Agustín, unida al convento de agustinos, que es un edificio excelente, un poco gótico. Conserva el cuerpo de Santa Mónica; en una pilastra pintó Rafael al profeta Isaías. La iglesia de San Apolinar, pequeña, levantada sobre las ruinas del templo de Apolo. Cerca está el Seminario Romano, en el cual los jesuitas enseñan a los jóvenes que se dedican a la carrera eclesiástica. Frente a la iglesia de San Salvador está la casa de las hermanas francesas que enseñan gratis a leer, escribir, contar y costura. La iglesia de San Andrés del Valle es magnífica: tiene altares bellísimos por sus mármoles y arquitectura, cuadros y estatuas. Aquí está un monumento dedicado a una señora hecho por Fabres, el cual parece de un gusto exquisito. Alrededor de esta iglesia estaba la Curia Pompeya, donde se reunía el senado cuando había espectáculos en el teatro Pompeyo, situado igualmente cerca de este lugar; fue en esta curia que César fue asesinado; una parte de la iglesia era la escena del mencionado teatro. Ninguna de las noches anteriores he salido de casa.

1830. Diciembre 16.

   Jueves: He visto el museo del capitolio y la Protometheca. El museo contiene en el pórtico varias estatuas y bustos antiguos de mérito; es notable la estatua colosal de Pirro. La sala Canope, donde se han reunido varias estatuas egipcias encontradas en Canope de la casa de campo de Adriano en Tívoli; se ven el doble Hermes, Anubis con cara de perro y diferentes Isis. La sala de inscripciones, colocadas en orden cronológico pertenecientes a los emperadores desde Tiberio hasta Teodosio, algunas estatuas y relieves. La sala de la urna, donde está el magnífico sarcófago en que se ha representado una parte de los hechos de la guerra de Troya, el mosaico antiguo que representa a Hércules vestido de mujer. En la gran escalera están incrustados los fragmentos del antiguo plan de Roma encontrados en las ruinas del templo de Remo. La sala del vaso, donde está el soberbio vaso grande de mármol blanco, otro vaso de bronce dado por Mitrídates al Gimnasio de los Eupatricios, dos hermosos sarcófagos: en el uno se ha representado la formación y destrucción del hombre según el sistema de Platón, en el otro los amores de Diana y Endymion, el relieve llamado Tabla Helíaca y el celebrado mosaico de las palomas de Furietti, elogiado por Plinio.

   En la galería hay varias estatuas y bustos: están el de Junio Bruto, de Catón el Censor, Escipión el Africano, el de Foción, una estatua de Marco Aurelio, etc. En la sala de los emperadores están los bustos de los emperadores y de sus mujeres, la estatua que se llama de Agripina y algunos relieves. En la sala de los filósofos están los bustos de ellos; allí se ven Tucídides, Sófocles, Homero, Epicuro, Sócrates, Arquimedes, Lisias, Asclepíades, Aristóteles, Sapho, Demóstenes, Diógenes,etc. En el salón, entre varias obras antiguas son notables dos centauros de negro antiguo, un Hércules joven de basalto, dos amazonas, la estatua de Mario, un gimnasiarca, una vieja que se cree ser Hécuba, y un bello Harpócrates. La sala del Fauno tiene entre otras cosas el Fauno de rojo antiguo, un muchacho que juega con una máscara y otro con una paloma. El sarcófago representando la batalla de Teseo y los atenienses con las amazonas, y la Ley Real, que es una tabla de bronce (figura) que contiene el decreto del senado revistiendo a Vespasiano de la autoridad imperial. Y en la sala del Gladiador se han reunido las estatuas antiguas y los bustos más estimables, a saber: el gladiador moribundo, la Venus del Capitolio, el Fauno de Praxiteles, Antinoo, Flora, Juno, Electra o la tristeza, y Apolo.

ITALIA - ROMA

   El famoso busto de Marco Bruto y el de Alejandro Magno. En todas estas salas sólo hay moderno un busto hecho por Miguel Angel.

   La Protometheca es la reunión de los bustos de los hombres famosos en las letras, en las artes y en las ciencias, hijos de Italia, cuya mayor parte han sido hechos a costa de Canova. Allí están: Dante, Petrarca, Tasso, Metastasio, Miguel Angel, Ticiano, Sarto, Donatello, Galileo, Colón, Muratori, Rafael y muchos otros, incluso el del mismo Canova. Al pie del de Rafael hay estos versos:

    Ille hic est Raphael timuit quo sospite vinci
    rerum magna parens et moriente mori.

   Por la noche fui a la soirée de Torlonia, que estuvo muy concurrida. El palacio donde vive es magnífico; tiene estatuas y cuadros.

1830. Diciembre 17.

   Viernes: Mi excursión comenzó por la basílica de San Juan de Letrán, una de las más magníficas de Roma, llamada así porque está situada donde tuvo su casa Plancio Laterano. En esta iglesia se han celebrado varios concilios generales y a ella está anexo un palacio hermoso. La iglesia tiene 5 naves sostenidas por pilastras corintias. Los doce apóstoles están situados en la principal, en estatuas colosales de mármol. La capilla Corsino es magnífica por sus mármoles, estatuas y monumentos del papa Clemente XII y de su tío. En el primero está la famosa urna antigua de pórfido que estaba en el pórtico del panteón de Agrippa. El altar del Sacramento es suntuoso; el tabernáculo es de piedras preciosas y las gruesas columnas de bronce doradas que forman el altar, se dice que son las mismas que Augusto hizo fundir después de la batalla de Actium y dorar con el oro de los buques egipcios que estaban en el capitolio. La fachada de esta iglesia es famosísima. En la plaza está colocado el más grande obelisco de Roma, de 93 pies de alto sin el pedestal. Anexo a esta basílica está el que se llama el palacio de Constantino, que consiste en un claustro de columnas pequeñas de mármol, o lisas, o espirales, o acanaladas y muchas incrustadas de mosaicos. En los corredores se muestran un brocal de pozo que dicen ser el de la Samaritana, la piedra de granito en donde se jugaron al dado los vestidos de Jesucristo, la piedra donde cantó el gallo de San Pedro, la medida de la talla de Jesucristo y dos columnas del templo de Salomón rotas en la muerte del Redentor.

   En la plaza de San Juan de Letrán está igualmente la Santa Escalera, es decir, 28 escalones de mármol blanco de la casa de Pilatos, que para conservarlos se han revestido de madera y se suben de rodillas; la basílica, y la urna de basalto donde fue bautizado Constantino. La basílica de Santa Cruz en Jerusalén es una iglesia muy regular, llena de las reliquias de la Pasión de Jesucristo y varios santos. Entre las primeras un clavo, la esponja, parte de las vestiduras, etc., también un poco de maná y la vara de Aarón. A la izquierda de esta basílica están las ruinas del templo de Venus y Cupido. A la derecha las del anfiteatro castrense, llamado así porque estaba destinado a los combates de los soldados contra las fieras y a celebrar las fiestas militares (véase el día quince de enero). La puerta mayor sirvió para formar el acueducto claudiano, que se mira como uno de los mejores de Roma. Cerca están las ruinas de los arcos neronianos, continuación del mismo acueducto; uno de los conductos por donde pasa el agua fue hecho por Marco Curio Dentato el año 482 de Roma, con los despojos tomados a Pirro. Llámase el conducto Anno Vellio. Las ruinas del pretendido templo de Minerva Médica se ven en la dirección a Santa María Mayor; y los trofeos de Mario, que son restos de la fuente Julia y el Arco de Galieno bastante maltratado. En la iglesia de Santa Práxedes, que pertenece a los benedictinos, vi la columna en que azotaron a Cristo; es de jaspe, de 3 pies de alto. En la de San Pedro ad vincula, que pertenece a los canónigos regulares, está la cadena con que fue aprisionado San Pedro y el famoso monumento de Julio II, hecho según los diseños de Miguel Angel; este mismo escultor hizo la estatua de Moisés que se ve en dicho monumento y que pasa por una obra maestra de escultura de los tiempos modernos.

1830. Diciembre 18.

   Sábado: El día ha estado tan malo que no he podido salir, sino a dar una carta al conde Juan Giraud. Escribí a Fenzi y a Pacho.

1830. Diciembre 19.

   Domingo: He estado en el monte Pincio, que es el paseo de moda; en medio de este paseo hay un obelisco. La plaza del Pópulo es la más hermosa, porque además de un grande obelisco de 74 pies de alto que se ha colocado en la mitad, hay dos fuentes graciosas adornadas de estatuas y de esfinges; los edificios del recinto son uniformes y bellos. Cerca del monte Pincio está la villa de Médicis y la Academia de pintura que costea el gobierno francés, fundada por Luis XIV, la cual no es sola, porque la Austria, Nápoles, el Piamonte y algunos otros gobiernos de Alemania pagan las suyas. El Estado Pontificio tiene la Academia Real de San Lucas. Se enseñan en la Academia francesa: pintura, escultura, arquitectura y mosaico.

1830. Diciembre 20.

   Lunes: El conde Giraud ha estado a visitarme. He visto hoy la iglesia de Santa Inés, que por sus mármoles y sus columnas, sus relieves y estatuas, merece ser considerada como hermosa. Tiene la figura de una cruz griega. He pasado por la casa en donde se recogen y se educan gratis los huérfanos. Por el antiguo campo de Marte, donde se hacían los ejercicios militares y se reunía el pueblo romano para elegir los magistrados. He visto las ruinas de los famosos baños de Tito, estos establecimientos que primero se dedicaron a servir de baño al pueblo, se extendieron poco a poco, de modo que sirven también para paseos, ejercicios gimnásticos, y para reunirse los filósofos y oradores es una especie de sesión amistosa.

1830. Diciembre 21.

   Martes: El Journal du Commerce de París ha publicado mi asistencia a la corte del gran duque de Toscana en el artículo que añado a este diario:

    On nous écrit de Florence:
    Le 9 novembre, le grand duc a donné une superbe soirée a laquelle ont été invités les étrangers de distinction qui se trouvaient dans la ville. Nous y avons remarqué le général Santander: c'est avec plaisir, mais non sans étonnement, que nous avons vu le souverain de la Toscane, le neveu de l'Empereur d'Autriche, converser amicalment avec l'ex-vice-président de la Colombie".

    He visto algunas otras iglesias de menor importancia, la plaza de Farnesio, donde hay dos fuentes, y el hermosísimo palacio Farnesio que pertenece al rey de Nápoles. El palacio Spada, donde está la estatua colosal de Pompeyo a cuyo pie se dice fue asesinado César, y una estatua de Aristides sentado, y algunos excelentes cuadros de la escuela italiana y flamenca. El gran circo donde desde el tiempo de Rómulo se tenían juegos magníficos en honor de Neptuno, llamado Consus, por lo que se llamaron Consualia; aquí acaeció el robo de las Sabinas. Se hacían carreras de carros y de caballos, por lo que se denominó circo, y a los juegos circenses.

   Los emperadores agrandaron el terreno de modo que si en tiempos de César cabían ciento cincuenta mil personas, en el de Constantino cabían trescientas ochenta mil. El circo no tenía la forma del anfiteatro, pero estaba decorado de pórticos. La iglesia de Santa María in Cosmedin, levantada sobre las ruinas del templo de Ceres y Proserpina. Al frente estaba otro templo de Vesta (no en el que se conservaba el fuego sagrado) del cual se conserva lo principal: es de figura redonda con 19 columnas corintias de mármol blanco acanaladas; según las leyes de Numa cada curia debía tener un templo dedicado a Vesta. Cerca están los restos del templo de la Fortuna viril, mandado hacer por Servio Tulio en acción de gracias de haber sido elevado a la monarquía habiendo nacido esclavo; un cuadrado oblongo es su figura, cuatro columnas de frente y siete de costado componían su adorno; son de orden jónico y acanaladas; hoy es una iglesia de la Virgen. Al frente está la casa de Nicolás Rienzi, que en 1347 quiso resucitar la República romana, haciéndose tribuno. Inmediato está el puente Palatino, hoy llamado puente roto, porque en efecto lo está.

   El puente Fabricio, hoy Quattro Capi, conduce a la isla del Tíber llamada de San Bartolomé; esta isla fue formada por una gran cantidad de haces de trigo perteneciente a Tarquino, que el pueblo arrojó al río, no queriendo disfrutar cosa alguna de este tirano después de su expulsión. El puente Graciano conduce de las islas al lado derecho del Tíber, hacía el monte Vaticano, a la parte llamada Trastevere. Cerca está la puerta de Ripa Grande, que es el lugar donde Porsena acampó cuando Mucio Scévola intentó matarlo y se quemó la mano en su presencia, y como el senado le cedió este terreno en recompensa, se llamó Prata Mucia, prados de Mucio. Aquí fue también donde Clelia atravesó el río a nado para escaparse de los etruscos. Casi a la cabeza del puente Quattro Capi hay una fuente que imita una cascada.

1830. Diciembre 22.

   Miércoles: Nada de particular.

1830. Diciembre 23.

   Jueves: Me ha visitado segunda vez el conde Giraud, que es poeta bastante distinguido. Me ha escrito Fenzi, de Florencia, comunicándome que había vendido el dinero que le dejé a razón de ochenta y dos francos, treinta céntimos la onza española, cuyo producto estaba a mi disposición; su carta es de 21. Estuve donde Torlonia a la soirée, allí fui presentado a la sobrina de Giraud, Mme. Cowell, al duque Crochiano y al conde Sagaroli.

1830. Diciembre 24.

   Viernes: Por la noche estuve en la sociedad de la marquesa Cenci, y fui presentado al señor Gaetani, a la condesa Bandini, a la marquesa Piazzi y al encargado de negocios de Francia, M. (Pellouck). Hoy se ha presentado al cónclave el embajador extraordinario de Francia, marqués de Latour-Maubourg, y lo había hecho ya el de Austria; estas dos cortes y la de España hacen esta presentación en virtud de que son las tres potencias que tienen veto en la elección del papa.

1830. Diciembre 25.

   Sábado: He conocido a don José de Jesús Herrera, habanero.

   La marquesa de Bandini me dio anoche una medalla que sirve para poder entrar al palacio del cónclave a ver el registro de la comida de los cardenales.

1830. Diciembre 26.

   Domingo: He visitado a la señora Lorenzana, natural de Guayaquil, que tiene familia, lo que ejecuté por haber conocido uno de sus hijos.

1830. Diciembre 27.

   Lunes: He recibido carta de Arrubla del 14 de septiembre en que me dice su destierro a Antioquia y que Raimundo Santamaría queda encargado de mis negocios junto con Telésforo Rendón. También de Alcázar de Cartagena, del 5 de octubre. He estado en los tres talleres de Thorwaldsen, célebre escultor danés, y entre las obras que hemos visto han sido el monumento de Pío VII, la estatua ecuestre del príncipe Poniatowski, y la estatua de Copérnico, que deben ser colocadas (las dos últimas) en Varsovia; por la noche estuve donde la marquesa de Cenci.

1830. Diciembre 28.

   Martes: Recibí cartas de M. Jullien de París del 8 y 10 de diciembre, muy amistosas. Hoy he visto lo siguiente: la iglesia de Santa Susana, la fuente de Moisés o del agua feliz, que es una de las más hermosas de Roma; la iglesia de San Bernardo, hecha de uno de los edificios redondos que había en las termas de Diocleciano; en el huerto de este convento se ven restos del teatro que tenían las termas; estos edificios redondos contenían agua tibia o caliente para los baños; las termas de Diocleciano eran un vastísimo edificio donde se podían bañar a la vez tres mil doscientas personas; su forma era cuadrada y se componían de pórticos, patios, salas magníficas, teatros, nadaderos, alamedas, bosques, etc.; se hacían juegos gimnásticos, se estudiaba en la biblioteca Ulpiana que se trasladó del Foro de Trajano y había, en fin, la Pinacoteca donde estaban las estatuas y bustos de los hombres ilustres. Sobre esta sala se ha edificado la iglesia de Santa María de los Angeles, que pertenece hoy a los frailes cistercienses; su forma es una cruz griega, y se conservan 8 columnas de granito rojo de una grande dimensión que pertenecían a los Thermes. En ella hay un buen fresco de Dominiquino: el martirio de San Sebastián. Quedan de los Thermes algunos restos, que manifiestan su magnificencia. Detrás de ellos está el Castra Pretoria, es decir, los cuarteles de los soldados pretorianos desde los cuales daban muchas veces la ley a los emperadores: se ven algunos restos fuera de la puerta Pía. Por aquí queda también el baluarte de Servio Tulio, compuesto de murallas y fosos. En la iglesia de los Angeles está la meridiana de Bianchini hecha en 1701, y los monumentos de los dos famosos pintores Salvador Rosa y Carlos Maratta. A doce millas de la puerta Pía está el puerto de Lamentana, que era del territorio de los Sabinos. El Monte Sagrado queda hacia esta parte, dos millas de la puerta Pía.

1830. Diciembre 29.

   Miércoles: Me ha visitado en nombre de Tejada su actual secretario Lòrenzana.

   He escrito a Alcázar a Cartagena incluyéndole cartas para Arrubla, Raimundo Santamaría, Telésforo Rendón, mi cuñado Briceño, el doctor Antonio Amaya y mi señora Nicolasa Ibáñez, a todos los cuales hablo sobre intereses. Este pliego lo recomienda don José de la Luz a New York, a don Santos Suárez, y por el mismo conducto deben venir las respuestas dirigidas a París o a la casa de Chanviteau y hermanos o a la de Rougemont de Löwemberg. Volví a escribir a Núñez a Cartagena.

   He hecho cuarta visita a la basílica de San Pedro y he subido a la cúpula hasta la linterna, desde donde se goza de la vista de Roma y de una gran parte de la campiña. Esta noche debí haber ido a casa del señor Eynard, el generoso socorredor de los griegos, si hubiera recibido la invitación más temprano.

1830. Diciembre 30.

    Jueves: Recibí un paquete de gacetas de Bogotá hasta octubre que me inspiran tristeza por la suerte de aquel país. Conocí al marqués Potenziani, hombre instruido y liberal: me hizo mil cumplimientos; por la noche estuve en casa del señor Herrera de La Habana, a invitación suya.

   Hoy he recorrido el Vaticano, que es un grande e inmenso palacio donde ordinariamente habita el papa, adornado de jardines y fuentes y donde se ha reunido una inmensa colección de estatuas y bustos, inscripciones, sarcófagos, vasos, etc. Es imposible absolutamente dar una idea detallada de todo esto. La Capilla Sixtina tiene dos frescos de Miguel Angel y su famoso del Juicio Universal, que ha sufrido bastante de la humedad. La Capilla Paulina donde se hacen las cuarenta horas y se deposita el sepulcro, es pintada por Zuccari, Buonarroti y Sabotini, que ha padecido mucho del humo. Las logias de Rafael son corredores pintados por este pintor insigne y por sus discípulos; hay 30 arcadas y los pasajes son tomados del Antiguo Testamento: tienen arabescos. El Padre Eterno desembrollando el caos, pintura admirable, es de la mano de Rafael. Salas de Borgia, contienen frescos de Perino del Vaga y Pinturicchio, algunos relieves, vasos, un trepie de mármol, y los frescos antiguos que se creen griegos llamados las bodas de Aldobrandini y que pasaron por las más bellas pinturas hasta el descubrimiento de las de Herculanum. En la 4a. de estas salas hay fragmentos de tierra cocida antigua y un carro de bronce.

   El corredor de las inscripciones contiene un número considerable de ellas, paganas y cristianas sacadas en parte de los antiguos cementerios cristianos, y algunos sarcófagos y pedazos de estatuas muy buenas.

   Museo Chiaramonte, primera parte: contiene bustos y estatuas, columnas de mármol y sepulcros; lo más notable es Apolo sentado, algunos gladiadores, etc. Brazo nuevo del museo es una soberbia galería adornada de bellas columnas de mármol e iluminada por claraboyas, entre lo que contiene es notable: las estatuas de Lucio Severo, la nombrada de Minerva Médica, la colosal que representa el Nilo, Venus Anadyomene, una Amazona, Demóstenes, Eurípides, Ganimedes, etc. Segunda parte del museo: contiene innumerables estatuas, bustos, relieves, etc. Museo Egipciano: Hemycles de Belvedere, compuesto de diferentes salas donde se ha reunido una porción de monumentos egipcios y los modelos de las antigüedades del Partenón de Atenas existentes en Londres.

   Museo Pío Clementino: es un edificio elegante y bien adornado, el vestíbulo cuadrado es pintado de arabescos por Volterra; en medio está el nombrado torso de mármol llamado Torso de Belvedere, fragmento de una estatua de Hércules, esculpida por Apolonio. Vestíbulo del norte, tiene un gran bassin de mármol. Sala de Meleagro, así llamada porque su decoración principal es un Meleagro. Pórtico del patio: contiene muchos trozos de estatuas antiguas y bellos sarcófagos; en el primer gabinete están el Perseo y los dos pugiladores de Canova, obras de gran mérito; en el segundo gabinete está el célebre Mercurio de Belvedere, conocido con el nombre de Antinoo; en el tercero el imponderable grupo del Laocoonte; en el cuarto, la afamada estatua de Apolo de Belvedere. Sala de los animales: así llamada porque contiene todas las especies de animales preciosamente ejecutadas en mármol. Galería de las estatuas, que se compone de un gran número de ellas así griegas como romanas; son notables las de Clodio Albino, una Amazona, Posidipo y Menandro sentado, el grupo de Esculapio e Hygia, una Danaide, la bella de Ariadna abandonada, vulgarmente llamada de Cleopatra. La sala de los bustos contiene una porción de ellos. El gabinete destinado a varias estatuas o bustos: hay aquí una famosa silla horadada de rojo antiguo, y una taza de lo mismo, un Ganimedes, relieves exquisitos sobre Hércules, una Venus que sale del baño, el Apoteosis de Adriano en relieve. Sala de las Musas: así llamada porque se han colocado todas ellas en estatuas que forman la más rara colección. Esta sala está adornada con 16 columnas de mármol de Carrara. Se encuentran aquí un Hermes de Aspasia, otro de Pericles, otro de Salón, de Pitaco, Bias, una estatua de Licurgo arengando, un Hermes de Periandro. La sala redonda contiene estatuas y bustos colosales y un gran bassin de pórfido de cuarenta y un pies de circunferencia. La sala de cruz griega, magnífica, contiene la estatua de Augusto, un ídolo egipciano y algunos relieves y estatuas. Dos estupendas urnas sepulcrales de pórfido que sirvieron de sepulcro a Santa Constanza y a la emperatriz Helena, con famosísimos relieves. La escalera principal del museo es de mármol de Carrara, decorada de veinte columnas de granito, balaustradas de hierro y entablamento de mármol; aquí hay también estatuas. La sala de la Bighe: tiene varias estatuas, entre ellas la de Apolonio Thyaneo. La galería de los candelabros: contiene monumentos egipcios, vasos, candelabros y estatuas. (Siguen aquí dos otras salas que no se pudieron ver porque se reparaba el piso). Salas de Rafael: son las que todos los viajeros y todos los inteligentes admiran con mucha justicia; son cuatro pintadas al fresco por este insigne artista; en la una está el incendio de un pueblo con una naturalidad asombrosa, en la segunda la Escuela de Atenas, obra de un mérito singular, la disputa sobre la Eucaristía, el Monte Parsano y la Jurisprudencia; en la tercera, Heliodoro en el templo de Jerusalén, el milagro de Bolsena y la prisión donde el ángel liberta a San Pedro, obra que se dice ser la producción más estupenda del arte; la cuarta tiene la batalla de Constantino y otros pasajes de este emperador. La colección de cuadros en el Vaticano está reducida a veinte o veinticuatro solamente, pero ellos son los más asombrosos que se conozcan en la pintura moderna; las Tres virtudes teologales, de Rafael; la Transfiguración del mismo y la Madona de Foligno; la Piedad, de Caravaggio; Santa Helena, de Veronés; la Comunión de San Jerónimo, de Dominiquino; la Virgen, Santo Tomás y San Jerónimo, de Guido; la Magdalena de Guercino; el Nac imiento de la Virgen de Albano; la Crucifixión de San Pedro, por Guido; el gran cuadro del Ticiano representando la Virgen, Santa Catalina, San Francisco, San Sebastián, San Pedro y San Ambrosio; la Resurrección, por Perugino; la Coronación de la Virgen dibujada por Rafael y ejecutada por Julio Romano y Fattore, sus discípulos. No hubo tiempo de ver la biblioteca ni los jardines.

1830. Diciembre 31.

   Viernes: Estuve a ver a Tejada y comí con él, habiéndome convidado a ir a comer cuando quisiera. Por la noche estuve donde la Cenci. Hoy se canta un solemne Te Deum en la iglesia de Jesús, por el fin del año, al cual asisten el senado y los conservadores (cuatro) en gran procesión y los cardenales cuando no están en cónclave como ahora.

1831. Enero 1°.

   Sábado: Hoy se visita personalmente o por esquelas a todos los conocidos y amigos como en pascuas, por ser principio de año. Me visitó el marqués Potenziani. El embajador español se presentó al cónclave y vi la comitiva procesional muy brillante.

   Por la noche estuve en la Sociedad Filarmónica protegida por jóvenes y señoras aficionadas a la música; se cantaron varios trozos de óperas de Rossini y de Pacini; una de sus cantarínas fue la condesa Survaylof, joven rusa riquísima.

   Conocí allí a Pacini y al escultor Baruzzi, discípulo de Canova, que me ha ofrecido acompañarme a visitar el Museo Vaticano.

1831. Enero 2.

   Domingo: He comido en casa del marqués Potenziani y he conocido a su esposa.

1831. Enero 3.

   Lunes: He estado dos veces en el Museo del Vaticano con Baruzzi y habiéndome éste proporcionado conocer al caballero Visconti, secretario de la Sociedad Arqueológica, éste me explicó científicamente una porción de estatuas. He comido en casa del habanero Herrera. Tuve esquela de visita del señor Tejada y carta de Fenzi, del primero de enero, sobre intereses.

   Por la noche fui presentado por el señor Visconti al embajador de Austria, conde Lützow, y a su señora en la soirée que dan los lunes. También al señor Bischi, al señor Horacio Vernet, director de la Academia francesa de Roma y al señor Eynard, protector de los griegos, quien me invitó a sus sociedades por la noche.

1831. Enero 4.

   Martes: He comido con Tejada segunda vez; he escrito nuevamente a Raimundo Santamaría y a Rendón a Bogotá, sobre intereses, y la carta irá por conducto de Tejada.

   También escribí a Pacho a París. He estado por la noche en casa del señor Eynard, donde fui presentado a su amable señora, al embajador francés conde de Latour-Maubourg, y a la viuda del barón Staël, autor de las Cartas sobre Inglaterra.

1831. Enero 5.

   Miércoles: Fui con el señor Visconti al Monte Sagrado y eran de la partida el señor de Fresne, subsecretario de Polignac, y el ex par de Francia conde de D'Esturbel.

   De la Porta Pía al dicho monte, vimos lo siguiente: las bellas casas de campo Albani, Torlonia, y Pamphili. La iglesia de Santa Inés, muy elegante por sus columnas de granito, y la Porta Santa; hay en ella un busto del Salvador, de Miguel Angel, y un bello candelabro antiguo. La iglesia de Santa Constanza, de figura esférica, con columnas corintias dobles. Se ven las ruinas del hipódromo de Constantino, sobre lo cual dudan algunos; el columbario, donde se depositaban las cenizas de los muertos en huecos semi-circulares como nidos de palomas; esto era del tiempo de Augusto. Hay epitafios al pie de cada nicho; he aquí dos que copié: una madre a un hijo tierno:

       "Sanctus vixi quamdiu potui, sine lite, sine rixa, sine controversia, sine aere alieno, amicis, fidem bonam praestiti, peculio pauper, animo divitissimus, bene valeat is qui hoc titulum perlegit meum".
       Quod tu mihi debebas facere ego tibo facio mater pia.
      
    (Sigue Nota del Editor...)"

   El puente llamado Narses sobre el Anio y antes Nomentano, que fue destruido por los godos, y reedificado por Narses. Inmediatamente está el Monte Sagrado, colinas suaves y cubiertas de grama, adonde se sabe que dos veces se retiró el pueblo romano disgustado con los patricios. En el camino que parte estas colinas hay dos ruinas de sepulcros, uno de los cuales se dice que es el de Menenio Agrippa, el mismo que sosegó al pueblo con el apólogo del cuerpo humano. Diciendo yo al conde de D'Esturbel que el apólogo era ingenioso, me respondió: il n'est plus le temps de ramener un peuple avec un apologue.

   Más lejos están las ruinas de la casa de campaña de Phaon, liberto de Nerón, donde este monstruo se mató. Los romanos hacían sus sepulcros en los lugares más elevados de los caminos públicos, para dar seguridad a los viajeros, porque el pueblo temía las sombras de los muertos.

   Por la noche fui a la plaza de San Eustaquio, donde se venden mil juguetes que se compran para los niños en la Epifanía y se llaman Befana, con cuyo nombre los entretienen o los asustan para impedirles que sean traviesos. Luego estuve donde la Cenci.

1831. Enero 6.

   Jueves: El día lluvioso. Por la noche casa de Torlonia a la soirée.

1831. Enero 7.

   Viernes: Por la noche casa del marqués Potenziani.

1831. Enero 8.

   Sábado: Recibí carta de mi hermana de siete de octubre por conducto de los Darthez. La excursión de hoy fue por la Vía Appia, mandada hacer por Appio Claudio censor, de la cual se conserva una gran parte. Vi el primer convento que fundó Santo Domingo; el Arco de Druso, padre de Claudio, muy sencillo; el Trivium, una especie de garita con tres nichos que miraban a tres caminos diferentes, donde un muchacho esperaba el agüero bueno o malo según lo primero que veía venir hacia él; la puerta de San Sebastián, antiguamente puerta Appiana; el valle de Egeria, donde se supone que Numa conversaba con la Ninfa; la iglesia Domine Quo Vadis, nombre tomado de la pregunta que uno hizo a San Pedro fugitivo de Roma, y desde donde regresó a sufrir el martirio; el pequeño río Almón, donde según Ovidio los sacerdotes de Cybeles lavaban todos los años la estatua de la diosa y los instrumentos de su culto; el sepulcro de Priscilla, donde hoy vive una familia pobre. Al dividirse la Vía Appia de la Vía Adreática, hay varios sepulcros desconocidos; un columbarium o sepulcro de familia; la basílica de San Sebastián, donde se halla una estatua del santo, de un discípulo de Bernini; aquí están las catacumbas o subterráneos donde los primeros cristianos hacían el servicio divino, enterraban a los mártires y a los pontífices; son vastísimos y se ve todavía el lugar donde eran enterrados los papas y las señales de los mártires que eran o un vaso con su sangre o esta marca. El circo de Rómulo, hijo de Majencio o de Caracalla, del cual se conserva el meta o término de la carrera de los carros, la espina o calzada divisoria, los lugares donde tocaban los flautistas, donde se colocaba el emperador y donde se mantenían los carros y las famosas caballerizas. Cuatro partidas había en estos espectáculos según el color de los jinetes, a saber: blanco, verde, azul y rojo; el circo tiene mil quinientos sesenta pies de largo y doscientos cuarenta de ancho.

   El famosísimo sepulcro de Cecilia Metella, de forma circular, de ochenta y nueve pies y medio de diámetro, muy bien conservado; ella era mujer del triunviro Crasso. El sepulcro de Servilio Quadratus, descubierto en 1808 por Canova.

   Por la noche estuve en la Sociedad Filarmónica y donde la ex reina de Holanda Hortensia, hija de Josefina, mujer de Luis Bonaparte; allí fui presentado al príncipe de Musignano, hijo de Luciano Bonaparte, príncipe de Canino, y a su señora la hija del ex rey José Napoleón.

1831. Enero 9.

   Domingo: Hoy la excursión fue al monte Palatino, donde empezó a fundarse Roma, donde habitó su fundador, donde él fue encontrado, y el cual ha dado lugar a que se llamasen palacios las casas de los jefes de los Estados. Los cinco primeros reyes habitaron aquí. He visto el palacio de los Césares, el templo de Apolo dedicado por Augusto, las salas donde este emperador habitó, que hoy están adornadas de yedras, porque la luz entra por en medio del techo. Vi la cámara del inglés Mills, que ha comprado lo que se llama la villa Mattei. Fuera del recinto del Palatino están las termas de Caracalla y dentro de Roma los restos del teatro de Marcelo. Recibí convite del embajador de Austria para una soirée el martes inmediato. Fui presentado al señor Colyar y a su señora, ingleses. Estuve donde la marquesa (Cenci).

1831. Enero 10.

 Lunes: Introducido al profesor de arqueología Gherard, prusiano, me condujo a ver una colección de vasos etruscos recientemente descubiertos en los alredores de la Toscana e hizo una porción de explicaciones curiosas sobre sus pinturas, jeroglíficos, etc. Después proseguí con Visconti las excursiones por las ruinas de Roma; estuvimos en el Coliseo o anfiteatro Flavio y se nos explicó su composición, el lugar destinado al emperador, a los patricios, al pueblo y a los extranjeros; aquel por donde entraban las bestias feroces y donde se retenían como en un toril y todo lo demás conducente a formar una idea de este magnífico establecimiento. Pasamos a la Casa de Oro de Nerón, sobre la cual Tito hizo edificar las termas que tienen su nombre; de lo uno y de lo otro se conservan restos famosos que dan una idea de la magnificencia del edificio, y sobre todo una especie de arabescos perfectamente conservados, que se dice haber servido a Rafael para pintar los del Vaticano. Vimos también los restos del foro Palladium o del foro de Domiciano edificado de una parte del templo de Palas.

   Por la noche estuve donde la Cenci y fui presentado a la condesa Guiccioli, amante de Lord Byron. Me visitó el señor Colyar.

1831. Enero 11.

   Martes: Hice una segunda visita al Museo del Capitolio. Por la noche estuve donde el embajador de Austria, y fui presentado al escultor Thorwaldsen, al doctor Glasgow y su señora, ingleses, y a Lady Mary Deerbant, inglesa también.

1831. Enero 12.

   Miércoles: Me visitó Mr. Glasgow y su señora me convidó a la soirée de hoy, a la cual asistí. En ella fui presentado al secretario y al agente de doña María da Gloria.

   La excursión de hoy fue a las termas de Caracalla, edificio vastísimo donde como en los demás establecimientos de esta especie, no sólo había baños para el pueblo, sino bibliotecas, ejercicios gimnásticos y lugares para los gimnosofistas, que eran los que entretenían a los espectadores contándoles historias y respondiendo a las preguntas que les dirigían. Las termas tuvieron en mira un objeto político: Agrippa fue el primero que las hizo, Augusto se propuso distraer al pueblo de las reuniones del foro donde discutía los intereses nacionales y hacerle olvidar poco a poco la República. Las termas de Caracalla son las mejor conservadas.

   Pasé por el monte Aventino: en un paraje estaba la cueva de Caco, en otra el almacén de trigos a orillas del Tíber; en frente está hoy el puerto. Más adelante sobre la vía Ostiense está la pirámide de Cayo Cestio, un particular rico; tiene la figura de las de Egipto y está revestida de mármol blanco; su altura es de ciento trece pies y cada lado tiene sesenta y nueve de ancho. El puente Sublicio, el primero que se hizo en el Tíber por Anco Marcio y en el cual Horacio Cocles hizo su brillante defensa contra Porsenna; no existen hoy sino pequeñísimos restos.

   Una capilla edificada en el lugar donde San Pedro y San Pablo se separaron para recibir el martirio. La famosa basílica de San Pablo destruida por el incendio de 1823, y que hoy se reedifica a expensas de las ofrendas de toda la Europa.

1831. Enero 13.

   Jueves: Llevé esquelas de visita donde Mr. Glasgow, Mme. Mary, príncipe de Musignano, Mr. Hunskins.

   Visité el museo del Vaticano por la noche con antorchas; es imposible describir el efecto que hace la luz sobre las estatuas: se ven personas vivas en lugar de figuras de mármol. Después fui a la sociedad de M. Horacio Vernet, donde fui presentado al señor Morier, embajador de Inglaterra en Persia y comisionado a Méjico para celebrar el tratado de comercio con esta República.

1831. Enero 14.

   Viernes: He recibido convite para baile donde la duquesa Torlonia. Visité una rica colección de objetos chinescos pertenecientes al señor Martucci; allí se ven cuadros pintados en cartón representando las costumbres de la China, útiles para el servicio religioso y para las casas, vestidos de los habitantes, en fin, cuanto se puede desear para hacerse cargo de aquel país. Todo está en bronce o piedras preciosas. Una colección de plantas, aves y peces pintados, y cerca de cuatro mil columnas manuscritas en idioma chinesco. El examen de esta colección comprueba dos cosas: primera, que la China es un país muy antiguo, donde las ciencias y las artes no son desconocidas; segunda, que la religión católica tiene muchos usos en el culto idénticos a la de Confucio y unos principios, por ejemplo la encarnación, la Virgen, incensarios, etc. Dícese que el uso de la brújula fue descubierto en China mil cincuenta años antes de la era cristiana.

   La excursión fue del lado de la Vía Appia hacia el vallecito de la Caffarella, donde está la gruta de la ninfa Egeria; aquí hay una fuente. Augusto revistió de mármoles esta gruta, teniendo la pretensión de ser respecto de los césares lo que Numa fue después de la fundación de Roma. Juvenal se queja en un hermoso verso de que se hubiera así profanado la virginidad de aquel lugar. Cerca de la gruta, sobre una pequeña eminencia, hay un bosquecillo para recordar la memoria del bosque donde Numa se paseaba cuando venía a consultar su ninfa.

   A media milla de distancia hacia Roma, está el templo del dios ridículo, el cual fue dedicado al genio de la vuelta o del retorno (Génie du retour) por haber levantado Aníbal el sitio de Roma; está construido de ladrillo, así como el templo del dios Baco o de Camenas, que eran las musas que inspiraban a los legisladores; aquí se muestra el ara de los sacrificios de Baco, que es una media columna, y dos ánforas grandes para el vino (esquema). Desde aquí se ven a corta distancia los templos dedicados al dios de los caminos y a la victoria que obtuvo Veturia sobre Coriolano, haciéndolo desistir de atacar a Roma; se llama de la fortuna Muliebre. El sepulcro de los Scipiones, en forma de catacumbas, descubierto en 1780. El monte Celio, así llamado porque un capitán etrusco, Cele Vibonna, se alojó aquí viniendo en auxilio de los romanos. Sobre él están la iglesia de San Juan y San Pablo, que es bonita y pertenece a los padres de la Pasión; en el jardín se ven los magníficos restos del Vibarium o el parque donde se mantenían las bestias feroces destinadas al anfiteatro; cerca está la iglesia de la Navicella, en cuyo espacio estaban los alojamientos de los soldados extranjeros, castra peregrina.

   También está en esta montaña la iglesia de San Esteban de la Rotunda, de figura redonda, que se dice haber sido el templo de la buena diosa que Clodio profanó. En las paredes que rodean la columnata que está al medio, se han pintado los horrores del martirio de algunos cristianos.

   Por la noche fui a la Sociedad Filarmónica.

1831. Enero 15.

   Sábado: He escrito nuevamente a Santamaría y a Rendón a Bogotá, por conducto de Núñez, de Cartagena, sobre remisión de intereses. Estas cartas van a New York dirigidas al señor Tomás Gener. También he escrito a mi hermana.

   La excursión fue al monte Esquilino; allí están las ruinas de una gran sala que impropiamente se llama el templo de Minerva Médica. Pasé por el circo castrense segunda vez y por la pirámide de Cayo Cestio, en la cual entramos. Nos paseamos por encima de los restos de las antiguas murallas de Roma del tiempo de Aureliano. Alrededor de la pirámide enunciada está el cementerio de los protestantes. Vi los restos del Forum de Augusto.

   Por la noche estuve en el teatro del Valle a comedia y ópera; el edificio es malo y la sala sucia.

1831. Enero 16.

   Domingo: Por la noche estuve en la sociedad de la princesa Colonna, señora tan amable y tan buena conmigo que sin que yo lo advirtiese me retrató, ella misma, poniéndome a aprender un juego. Me convidó al teatro el jueves a ver la galería de su magnífico palacio.

1831. Enero 17.

   Lunes: Recibí esquela de visita del príncipe Musignano, de Mr. Ingram, inglés, y de Vernet. He visitado la Biblioteca del Vaticano, compuesta de diferentes salas de gusto y de un gran salón dividido en dos naves. Esta biblioteca es la más grande de Italia por el número de manuscritos griegos, latinos, italianos y orientales. El gobierno mantiene varios intérpretes; 2 para la lengua latina, 2 para la griega, 1 para la hebrea y otro para la siriaca y árabe. En la gran sala hay una colección de vasos ítalo-griegos y etruscos. En todas las demás se ve lo siguiente: un calendario ruso pintado en madera, un pedazo de tela de amianto, un gran vaso de Sèvres regalado por Carlos X de Francia, 2 candelabros de la misma fábrica regalados por Napoleón; varios utensilios y pinturas de los antiguos cristianos, algunos instrumentos para darles martirio, muchos escritos antiguos sobre papiro, frescos famosos de Mengs, estampas antiguas y modernas, medallas, una colección de tierra cocida, varias antigüedades profanas de bronce de que usaban los antiguos y la historia de los concilios generales pintada al fresco. También se ha pintado al fresco la vida de Pío VI y de Pío VII. Hay un cuadro excelente que representa al arquitecto Fontana presentando a Sixto V el plan de la biblioteca, pintado por Escipión Gaetano. Por la noche fui presentado al príncipe de Montfort, Jerónimo Bonaparte, ex rey de Westphalia, y a la princesa su esposa, hermana del rey de Wurtemberg y prima hermana del emperador de Rusia, señora amabilísima; el príncipe conversó largamente conmigo, paseándonos en la sala, sobre los usos de Colombia, y me invitó a volver a verlo en cualquiera de las noches siguientes, pues en todas recibe. El príncipe me pareció joven todavía, alto, trigueño, delgado y con algunas facciones parecidas a Napoleón.

1831. Enero 18.

   Martes: He estado en el palacio Colonna, donde hay una numerosa colección de cuadros, salas amobladas con lujo, y una de ellas hermosísima por su magnitud y adornos. Los jardines son grandes y bonitos, ellos están en una parte de las termas de Constantino.

   Aquí se ven dos disformes pedazos de mármol del templo del sol. Recibí un convite para comer en casa de Jerónimo Bonaparte. Estuve por la noche en la sociedad del príncipe Musignano.

1831. Enero 19.

   Miércoles: La excursión de hoy fue al Foro. He recorrido nuevamente los restos de los monumentos de este célebre lugar y me he hecho cargo del lugar donde estuvo el templo de Saturno, que era donde se guardaban los tesoros de los dioses, la Curia Hostilia después se llamó Julia, la tribuna o rostra, que se cambió después a otro lugar en consecuencia de la conjuración de los Gracos, y que fue donde realmente se expuso al pueblo la cabeza de Cicerón; la roca Tarpeya, el templo de la Concordia, el Tabularium, las prisiones Mamertinas, en cuyos calabozos entramos y vimos la fuente y la columna donde estuvieron atados los apóstoles San Pedro y San Pablo; la parte de la Vía Sacra por donde subían al capitolio los triunfadores, la Grecostasis y el templo de Vesta. Después visitamos el teatro de Marcelo, sobrino de Augusto, y el pórtico de Veturia su madre, que se construyó para que los espectadores pudieran guarecerse de la lluvia: hoy sirve de pescadería.

   Fui a comer con el príncipe de Montfort, que junto con su señora me distinguieron mucho y se ocuparon de informarse de las cosas de Colombia; me senté a la izquierda, seguidamente a la princesa. Después estuve donde Potenziani y donde Mr. Glasgow. Conocí al príncipe Braschi, comandante de la guardia noble, y a la condesa Marcolini. El día de San Antonio Abad se bendicen en la iglesia de este nombre, que es de monjas, todos los caballos de los coches y carros.

1831. Enero 20.

   Jueves: Visité las termas del Trajano, iguales a todas las demás, y de las cuales se conservan las salas donde se depositaba el agua para inundar el Coliseo cuando se querían dar funciones de barcos; estas termas están unidas a las de Tito.

   Recorrimos nuevamente el Foro y la columna de Trajano, a cuya cúspide subimos, el Foro de Augusto y su sepulcro, convertido hoy en anfiteatro.

   Finalmente estuve segunda vez en la villa de Borghese y vi las estatuas, bustos, frescos y demás trabajos de escultura que contiene; de Bernini hay trabajos excelentes, como los tres amores dormidos. También está aquí un famoso hermafrodita.

   Por la noche fui a la soirée de Torlonia, que ha sido la más brillante que he visto en Europa, no sólo por el concurso, sino por el magnífico local en que se dio el baile.

   El palacio estaba bien iluminado y todas las salas decoradas de estatuas. El Hércules y Lycas de Canova.

1831. Enero 21.

   Viernes: He comido con Tejada y he visitado al canónigo Vásquez, agente del gobierno mejicano en esta capital.

   No salí por la noche.

1831. Enero 22.

   Sábado: Fui presentado a la princesa Gabrielli, hija de Luciano Bonaparte, príncipe de Canino, y después estuve en la soirée de Hortensia.

1831. Enero 23.

   Domingo: Estuve en la bendición de caballos en San Antonio Abad y después a vísperas de San Pedro.

   Comí en casa de Potenziani. Después fui donde la señora Colonna, donde me mostraron el retrato que me había hecho. Recibí convite para el baile del embajador de Austria.

1831. Enero 24.

   Lunes: Fui otra vez al museo del capitolio y visité las salas llamadas de conservadores, que contienen cuadros de artistas distinguidos; los más notables son el de Santa Petronila de Guercino, copiado en mosaico para San Pedro; la Sibila Pérsica del mismo, la Magdalena de Tintoretto, la Comunión de San Jerónimo por Aníbal Caracci; la Sibila Cumana de Dominiquino; Rómulo y Remo mamando de la loba por Rubens, la presentación de Jesús por Fr. Bartolomé de San Marcos; la inocencia por Romanelli; San Sebastián de Guido; el rapto de Europa por Paulo Veronés. Por la noche estuve en la soirée de Mr. Ingram, que tiene su señora e hijas.

1831. Enero 25.

   Martes: Estuve en el teatro de Apolo o Fordinone, a la ópera de Pacini Le corsaire y al baile de Barbe blue. El teatro es nuevo y bastante regular; cantaron bien la Mariani y la Cornati. Poco bien la Albini.

1831. Enero 26.

    Miércoles: Visité el estudio del señor Camuccini, primer pintor de Roma que merece una gran reputación por su colorido, dibujo y propiedad de los vestidos. Sus principales cuadros son pasajes de la historia romana, el cuadro de un milagro de San Francisco de Paula es admirable. Pasé después al palacio Rospigliosi, donde está el famoso fresco de Guido Reni, la Aurora, precediendo al carro del sol; hay algunos cuadros buenos, entre ellos Adán y Eva, de Dominiquino y los apóstoles de Rubens. Seguí al palacio Sciarra, donde entre otros buenos cuadros se ven en la galería una copia de la Transfiguración, de Rafael, por Valentín; Roma triunfante por el mismo, Moisés por Guido; una virgen de Albano, otra hermosa de la escuela de Buonarroti, otra del Sarto, una Santa Familia de la escuela de Rafael, una Fornarina de Rafael, los jugadores, obra bellísima de Miguel Angel Caravaggio, y la vanidad y la modestia, de Vinci, cuadros admirables. Una Magdalena de Guido, otra del mismo llamada de las Radices, el martirio de San Erasmo, que es el borrón del Poussin del cuadro que está en el Vaticano. Me ha visitado el príncipe Gabrielli. Por la noche estuve en la soirée del embajador de Austria.

1831. Enero 27.

   Jueves: Visité los salones donde vive el papa en el Quirinal, que están modestamente adornados de gobelinos, frescos y muebles sencillos. Allí mismo vi los salones destinados al emperador de Austria, los cuales están amoblados y adornados con gusto y lujo. Hay cuadros buenos y frescos. Hice otra recorrida al museo y galerías del Vaticano. Conocí al general B. Leppel, prusiano.

   Por la noche fui presentado al ministro de Prusia, M. Bunsen.

1831. Enero 28.

   Viernes: He visitado el palacio Borghese, que además de ser uno de los mejores de Roma posee la mejor galería de pinturas. Entre los cuadros más notables he visto los siguientes: una Virgen con el Niño Jesús y San Juan, bosquejado por Rafael, una Sibila de Guido Cagnari, la adoración de los magos de Bassano, el incendio de Troya, de Baroccio; la casa de Diana, obra maestra de Dominiquino; la deposición de la cruz, grande obra de Rafael; la Sibila Cumana, de Dominiquino; una media figura de Vinci; la Fornarina de Rafael, pintada por Julio Romano; el hijo pródigo, de Ticiano; el teatro de César Borgia, de Rafael; las tres gracias, obra maestra del Ticiano; el amor divino y profano, del Ticiano, y dos Vírgenes por Andrés del Sarto. En una cámara está el sarcófago de Adriano.

   Comí con Tejada. Por la noche estuve en la soirée de la Hortensia en obsequio de Jerónimo Bonaparte, en la cual no hubo inglés alguno; bailaron todos los príncipes y princesas, no sólo los bailes del día, sino una porción de bailes antiguos franceses, el nacional de Roma y el cotillón. Me pareció que todos estaban muy alegres.

1831. Enero 29.

   Sábado: He visitado los subterráneos de San Pedro, donde fue la antigua basílica y donde están los sepulcros de muchos papas. En el altar llamado la Confesión de San Pedro, está una urna donde se depositan los palios de los arzobispos que hacen las monjas de Santa Inés con la lana de los cordones que se bendicen el día de la santa.

   Visitamos segunda vez la Biblioteca del Vaticano con el señor Mai, custode de ella y hombre eminentemente instruido, que acaba de hacer publicaciones interesantes sobre los manuscritos que ha descubierto de Cicerón. Nos mostró uno de los antiguos manuscritos en pergamino de La República de este famoso orador, sobre el cual se había escrito en el siglo IV un comentario de los salmos de San Agustín; otro de algunas leyes anteriores al código teodosiano, sobre el cual se había escrito la vida de algunos padres de la Iglesia. Otro de Terencio del segundo siglo, según el parecer de Policiano; otro de cartas de Fronton a Marco Aurelio y a Lucio Vero, su hermano. Como en aquellos tiempos no había papel suficiente (porque no estaba descubierto) los pocos pergaminos que existían con algunos escritos eran borrados para escribir encima asuntos religiosos; ahora se procura hacer revivir lo borrado por medio de la nuez de agalla, y se logra saber lo que contiene a fuerza de trabajo y de estudio. Vimos también un Virgilio escrito en pergamino con figuras pintadas. Vimos una sola hoja del Virgilio manuscrito que tenía Petrarca.

   Por la noche estuve en la Academia del Nudo, que es la escuela de dibujo y de relieves, presentándose un hombre desnudo de modelo, el cual es pagado por el gobierno. Después estuve en la soirée de la princesa Gabrielli.

1831. Enero 30.

   Domingo: Hace tres días que se siente bastante frío. Por la noche estuve donde la señora Colonna.

1831. Enero 31.

   Lunes: Ha caído hoy bastante nieve. Me han visitado el general Leppel y el conde Wallwitz, sajón. El señor Bunsen también. Por la noche estuve donde M. Eynard y donde Montfort.

1831. Febrero 1o.

   Martes: Comí en casa de Musignano. Estuve en la soirée de lady Mary Dierkwit.

1831. Febrero 2.

   Miércoles: El cañón de San Angelo ha anunciado a las diez y media la elección del papa; todo el pueblo se dirigió inmediatamente hacia el Quirinal, y yo también, a ver la publicación que hace el primer cardenal del orden de los diáconos, Albani, acompañado de otros cuatro. El cardenal electo es el señor Cappellari, de edad de sesenta y cuatro años, veneciano, de la clase media de la sociedad, que ha tomado el nombre de Gregorio XVI.

   Poco después de la publicación salió el papa al balcón del Quirinal y dio tres veces al pueblo la bendición. Lo hace vestido de muceta carmesí, grande estola y nada más; lo acompañan cuatro arciprestes, y uno de ellos con la cruz; el pueblo manifiesta mucho contento. Comí en casa de Torlonia.

1831. Febrero 3.

   Jueves: Hoy he visto la solemne procesión del tránsito del papa a la basílica de San Pedro desde el Quirinal. La carroza del papa, de gran lujo en medio de las tropas, llevó al papa con dos cardenales de una a otra parte; por todo el tránsito, el papa daba la bendición al pueblo. Primero pasó a la capilla Sixtina, donde fue adorado de los cardenales, y después entró en la basílica sentado en una silla lujosa cargada por ocho personas; llegado al altar principal, se sentó sobre él con la cara vuelta hacia el altar de la catedral de San Pedro, y allí por tercera vez los cardenales le besaron el pie, la mano, y recibieron dos ósculos y un abrazo del papa. Después dio él la bendición al pueblo y regresó al Quirinal. El gentío fue inmenso y todos los embajadores asistieron de gala. El castillo de San Angelo hizo dos salvas al paso del papa de ida y regreso. La ciudad se ha iluminado esta noche.

   Yo fui al brillante baile de Torlonia.

1831. Febrero 4.

   Viernes: Comí con Tejada. Llevé esquela de visita al embajador de Francia. Por la noche estuve en la soirée de Mme. Glasgow, donde hubo baile y cuadros vivos.

   Por la mañana han paseado ocho lacayos montados, las ocho banderas que deben darse en premio al dueño del caballo que en el carnaval llegue primero al puesto señalado como término de la carrera.

1831. Febrero 5.

   Sábado: El carnaval comienza hoy; se reduce a lo siguiente: desde las dos de la tarde recorren los coches toda la calle del Corso, yendo y viniendo a la plaza del pueblo, y se tiran unos a otros y a los balcones confites y flores, lo cual forma una diversión alegre. Todas las ventanas y balcones se cuelgan de cortinas de seda. La tropa de infantería y caballería recorre la calle y ocupa diversos puestos para mantener el orden público. A las cuatro pasa en una brillante carroza el gobernador de la ciudad, y poco después los senadores vestidos elegantemente y con acompañamiento. Gentes vestidas de máscaras pasean la calle. A las cinco se hace la corrida de caballos, reducida a soltar algunos para que corran la misma calle solos, y el primero que llega gana una bandera y algunos escudos; el segundo la mitad de la cantidad solemne. Los caballos deben ser de raza italiana. Estas diversiones atraen a la dicha calle un gentío inmenso. Por la noche estuve en la soirée de la condesa de St. Leu.

1831. Febrero 6.

   Domingo: Hoy se ha consagrado de obispo el papa y se le ha coronado en San Pedro. El gentío que ha concurrido ha sido inmenso. Primero se hizo la consagración por el cardenal Pacca en la forma acostumbrada; después pontificó el papa, cuya función es particular, ya por las ceremonias y ya por la multitud de asistentes de las diversas jerarquías de la Iglesia. La coronación se hizo en el balcón de San Pedro y, concluida, dio el papa la bendición. (Me refiero al cuaderno que trata de esta solemnidad). Siendo domingo no hubo carnaval. Por la noche hubo la hermosa iluminación de San Pedro; primero se ilumina toda la cúpula, torres y fachada de un modo, y a las seis se ilumina repentinamente de otro, de una manera brillante y singular, de tal modo que sorprende. A las siete se ejecutaron los fuegos artificiales en San Angelo, bastante graciosos y hermosos por las diversas ideas que representaban. Se llaman Girandola. Concluido todo, fui al teatro de Apolo a la ópera de Pacini Los árabes en las Galias, y el baile Fernando e Isabel, asunto americano. El día antes de la coronación se han distribuido cuatro mil escudos a los pobres, a razón de un paulo por persona, y se repite lo mismo en cada aniversario. Además se ha señalado la cantidad de cincuenta escudos para cincuenta jóvenes pobres que se casan en Roma, y diez para quinientos de los Estados Pontificios.

   Se ha ofrecido vestuario o cama para quinientos pobres de Roma y para cinco mil de los dichos Estados.

1831. Febrero 7.

   Lunes: Continuó el carnaval lo mismo que el sábado. El embajador de Francia ha dado una fiesta brillantísima esta noche, a la cual he concurrido.

   Recibí carta de Londres, de Tato, del 18 de enero.

1831. Febrero 8.

    Martes: Escribí a Acosta a París. El carnaval ha seguido lo mismo. Nada hice esta noche.

1831. Febrero 9.

   Miércoles: El carnaval ha estado lo mismo y yo anduve en carroza. Por la noche fui al teatro Argentina a la tragedia Aristodemo, de Monti.

 1831. Febrero 10.

   Jueves: Todo lo mismo que ayer, estuve en el teatro Aliventi, al baile de máscaras, y después a casa de Mme. Starke, donde hubo también baile y disfraces.

1831. Febrero 11.

   Viernes: Hoy se suspende el carnaval. La revolución ha comenzado en los Estados del papa por Bolonia, el día 5 del corriente. En Módena fue antes. Las cinco potencias reunidas en Londres han declarado la neutralidad de la Bélgica.

   Por la noche estuve en la soirée del príncipe de Montfort.

1831. Febrero 12.

   Sábado: Hoy se ha publicado la absoluta prohibición del carnaval a consecuencia de la revolución de los Estados Pontificios, y de que se temía que Roma fuera revolucionada; las tropas han permanecido formadas en diversos puntos y por la noche hubo un alboroto que no tuvo resultado. Comí con Tejada.

1831. Febrero 13.

   Domingo: Se toman diferentes medidas de precaución y de seguridad por el gobierno.

1831. Febrero 14.

    Lunes: Todos los establecimientos públicos están cerrados. Por la noche estuve en la sociedad de lady Airey.

1831. Febrero 15.

   Martes: Me despedí del príncipe Musignano.

1831. Febrero 16.

   Miércoles: Me despedí del príncipe de Montfort. Vi la fuente de las tortugas y la iglesia de Santa María in Capittuli.

1831. Febrero 17.

  Jueves: Me despedí de Vernet y de Potenziani. En la casa de éste conocí al cardenal Nembrini, arzobispo de Ancona.

1831. Febrero 18.

   Viernes: Comí con Tejada. Me despedí de Mme. Hortensia.

 1831. Febrero 19.

   Sábado: Fui a Frascati, pueblo situado a doce millas de Roma, en montaña, que en la primavera es deliciosísimo. El antiguo Túsculo estaba en la cima de la colina, patria de Catón el censor y morada de Cicerón. Vi la villa Aldobrandini, que tiene graciosos chorros de agua (jets d'eau). Vi los restos de la academia que tenía Cicerón, los de su casa tusculana, los de un anfiteatro, baños y un acueducto.

   Desde este punto se domina la explanada de Roma y se ve el lago Gabirio, cerca del cual estaba la antigua Gabia, que gobernó el hijo de Tarquino, la cima donde acampó Aníbal después de Cannas y el palacio de verano del papa, Castelgandolfo.

   Visité la Ruffinella, casa de campo que pertenece hoy al rey de Cerdeña. Grotta Ferrata es un lugarcillo donde está un convento de monjes griegos de San Basilio; la iglesia tiene cuatro frescos de Dominiquino, de una composición y propiedad admirables.

1831. Febrero 20.

   Domingo: He continuado despidiéndome. Por la noche estuve donde la Sra. Colonna.

1831. Febrero 21.

   Lunes: Habiendo visado el embajador de Austria mi pasaporte para Nápoles, el ministro napolitano no quiso firmarlo, por lo que he determinado irme a Florencia.

   He visto la galería del palacio Fesch (Falconieri), que contiene un gran número de cuadros de todas las escuelas; es muy notable el de los soldados jugadores, de Guerard Wotte. He comido en casa del general Leppel, prusiano. He recibido cartas de Bogotá, de Arrubla del 7 de agosto y de Alcázar, de Cartagena, de 22 de septiembre y de cuatro de diciembre, interesante.

1831. Febrero 22.   

    Martes: Nada particular. Despedida.

TERNI

  1831. Febrero 23.

   Miércoles: Salí de Roma a las seis y dejé a la izquierda el camino de Viterbo para tomar el de Perugia. Hasta Civittá Castellana, donde hay una fortaleza, se extiende la autoridad del papa después de la revolución de Bolonia y la de la Marca de Ancona; los puestos avanzados de la guarnición estaban en Borghetto. Frente, en Otricoli, estaban las de los insurrectos, compuestas de guardia nacional armada con toda especie de armas de fuego y decoradas de una cucarda tricolor, colorada, verde y blanca. Dormí en Terni.

   Por todos los lugares del tránsito estaban armados los ciudadanos. Dicen que Civittá Castellana era la antigua Veyes (otros dicen que era Falari). Otricoli, Narni, Terni, pertenecen a la Sabina.

   Terni es la patria de Tácito, está situada en un vallecillo. Los Apeninos forman por toda esta ruta muchos valles. Cerca está la cascada de Marmora; las aguas del Vellino tienen la virtud de petrificar las plantas.

MAGIONE

1831. Febrero 24.

   Jueves: Salí a las seis, almorcé en Foligno y dormí en Magione. Pasé por Spoleto, ciudad regular. Foligno, ciudad bonita de quince mil almas, situada en un valle hermoso, bañada por el antiguo Clitumnus, en cuyas orillas se criaban los bueyes más blancos para servir de víctimas; la Madonna degli Angeli (un pequeño lugar) es la iglesia que tiene las indulgencias de la porciúncula; al frente, en una colina, está Asís, patria de San Francisco y ciudad de cuatro mil almas. Perugia es una ciudad considerable de quince mil almas, la patria del maestro de Rafael, Pedro Vannucci. Está situada sobre una colina. El país todo presenta mucho cultivo. En todas estas ciudades estaba la guardia nacional haciendo el servicio.

INCISA

1831. Febrero 25.

   Viernes: Salí de Magione, almorcé en Arezzo (Arezzo es una ciudad bonita, manufacturera, de diez mil almas de población y la patria de Petrarca. Los pueblos de Montevarchi y de Figline son bastante regulares). Y dormí en Incisa.

   Del pueblo de Camuccia se anda a orillas del lago de Perugia, el antiguo Trasimeno, donde Aníbal destruyó al cónsul Flaminio; el lago es hermoso y grande. En Orsuja comienza la Toscana; aquí hay una aduana. Dícese que en Orsuja fueron destruidos los diez mil romanos muertos en la batalla de Trasimeno. La ciudad de Cortona está al frente de Camuccia; era una de las principales ciudades de Etruria. No lejos está Chiusi, la antigua Clusium, corte de Porsenna. Allí termina el Estado Pontifício; más adelante, de Magione hasta Camuccia, el país es bello, bañado de ríos y cortado por valles fértiles.

 FLORENCIA

1831. Febrero 26.

   Sábado: Salí a las siete y llegué a Florencia a las diez del día, atravesando un país delicioso, poblado y cultivado, y caminando por la orilla derecha del Arno. Hoy he visto en Florencia a Southerland, que viene de Londres. Visité a Fenzi.

1831. Febrero 27.

   Domingo: Se me ha dicho que los extranjeros no pueden permanecer aquí sino tres días, y aunque Fenzi me ha ofrecido fiarme, he resuelto seguir viaje para Génova y Milán, para donde he conseguido pasaportes.

   Comí en casa de Fenzi y fui a la Pérgola, donde se dio la ópera de Bellini Monteschi e Capulletti o Romeo y Julieta. Visité a los Corsis, a la Casigliano y a Borghese.

1831. Febrero 28.

   Lunes: Visité la galería. Fui al mismo teatro y a la misma ópera.

1831. Marzo 1°.

   Martes: Escribí a Pacho a París. Hoy he leído en el Journal du Commerce del 21 de febrero la muerte del general Bolívar acaecida cerca de Santa Marta el 17 de diciembre de 1830. Pérdida para la Independencia.

1831. Marzo 2.

    Miércoles: He recibido carta de M. M. Núñez, de Cartagena, del 5 de enero de 1831, en que me comunica la muerte del general Bolívar. También me dice haber recibido de Arrubla 4.184 pesos, de los cuales me ha remitido por New York a la casa de Perquer de El Havre 3 mil pesos en escudos y pesos colombianos; y por la de Hartmann de Londres 1.120 pesos, que todo hacen 4.120 pesos, quedando los 64.00 restantes para gastos. He escrito un artículo para Londres sobre la muerte de Bolívar. He comido con Southerland. He estado en el teatro de la Pérgola.

PISA

1831. Marzo 3.

   Jueves: Salí de Florencia a las 7 del día, almorcé en la Scala y llegué a Pisa a las 3 de la tarde, habiendo atravesado un país hermoso, poblado, cultivado, en partes plano, y en donde se ven las regulares poblaciones Empoli y Pontadera.

   Pisa (República en la Edad Media), tiene veinte mil almas de población y está dividida por el Arno; su apariencia es hermosa, su temperatura es muy benigna aun en el invierno. La catedral (gótica) es hermosa y de mármol. El interior está adornado de relieves y buenas pinturas. La torre, que está desunida del edificio, tiene de raro el estar desnivelada de 13 pies; toda es de mármol y su altura es de 190 pies. Desde el último cuerpo se ven Liorna, los baños de San Julián, la Cartuja y una gran extensión del país. El Bautisterio es raro, porque todo es de mármol y gótico. En el interior hay excelentes relieves griegos y romanos. El camposanto, hoy llamado mausoleo, es un edificio singular: está lleno de objetos de antigüedad, sepulcros y frescos de Giotto, Orcagna y Memmi. Allí está un monumento de Thorwaldsen, relieve representando la curación del ciego Tobías. La iglesia y plaza de San Esteban son buenas. Hay en Pisa jardín botánico, biblioteca perteneciente a la universidad, observatorio, seminario y teatro muy regular. Liorna es uno de los primeros puertos de Italia, tiene 60 mil habitantes, de los cuales son 20 mil judíos a quienes se permite su sinagoga. He tenido el gusto de encontrar aquí a los señores Rafael Arboleda y Manuel María Mosquera, mis compatriotas. Por la noche estuve en el teatro, a la ópera Romeo y Julieta, de Vaccari.

1831. Marzo 4.

   Viernes: He permanecido aquí por estar con los dichos señores, mis compatriotas, y he comido con ellos a su invitación.

SPEZIA

1831. Marzo 5.

   Sábado: Salí a las siete y llegué a Lucca a las nueve del día, de donde continué y llegué a dormir a la Spezia a las ocho de la noche. El Arno desemboca entre Liorna y Viareggio, que es un puertecito de Lucca. Lucca es la capital del ducado del mismo nombre que pertenece al infante de España Carlos Luis, heredero presuntivo del de Parma, Guastalla y Plasencia. Es una ciudad bastante hermosa y de treinta y cinco mil almas de población, situada en una bella llanura bañada por el Serchio. Todo el país está cultivado con esmero; el mejor aceite se produce aquí. Entre Montramis y Monza se pasa a Pietra Santa, lugar grande que pertenece a la Toscana. Después se entra en el ducado de Modena, al cual pertenece la ciudad de Monza, pequeña pero linda ciudad. El duque es Francisco IV, hoy fugitivo de sus Estados por causa de la revolución, aunque Monza no ha tomado parte; seguidamente se llega a Carrara, donde hay una academia de escultura, y se producen los mármoles de este nombre. Todo el camino se aproxima a la costa del mar y en partes es llano y en partes montañoso


PIAMONTE Y REINO DE CERDEÑA

1831. Marzo 4.

   Viernes: El reino de Cerdeña (Carlos Félix es el nombre del rey, con cuya muerte se acaba la casa reinante de Saboya), empieza en Sarzana, lugar bastante grande y que pertenece al ducado de Génova, antiguamente Liguria. Sarzana era de Toscana, pero en el siglo XV se cambió por Liorna el gobierno de Génova. Se puede ir embarcado a Genova desde Lerici en quince horas. La Spezia está situada en el golfo del mismo nombre. La moneda piamontesa es la misma francesa. El golfo dicho era el antiguo puerto Luni.

 GÉNOVA

1831. Marzo 6.

   Domingo: Salí a las seis, almorcé en Materana y llegué a Génova a las diez de la noche a la Croce di Malta. El camino se acerca absolutamente a la orilla del mar, está hecho sobre roca viva, bien conservado y defendido de cualquier descuido en los carruajes; en algunos parajes el camino atraviesa las montañas por medio de galerías. El país es muy montañoso y bastante poblado.

   Chiavari es un lugar bastante regular. El pueblo bajo se viste de paño ordinarísimo, medio morado y, en vez de sombrero, usa gorro de lana y una capucha con un medio capote para defenderse del agua. Los caseríos en los cerros hacen bella vista.

1831. Marzo 7.

   Lunes: Génova, patria de Colón, fue la capital de una República poderosa durante muchos siglos, hasta que en 1805 fue incorporada al imperio francés. La población actual es de noventa mil almas y su situación es al pie de unas colinas. Los edificios y grandes palacios la hacen una ciudad hermosa; en lo general las calles son angostas, excepto la de Balbi, la Nuova y la Nuovíssima, que son anchas y hermoseadas por edificios excelentes. El pueblo es en parte manufacturero y en parte marinero. La gente femenina de media clase y la baja usan un paño blanco o de color sobre la cabeza, como en nuestros países cálidos, para ir a misa. No se permiten en los gabinetes de lectura sino los periódicos franceses realistas. He recorrido la ciudad y he visto lo siguiente: el exterior del palacio del rey, antes de la familia Durazzo, el de la reina viuda, el de los antiguos dux y los de las familias Doria y Spinola. La iglesia metropolitana o de San Lorenzo, que es de estilo gótico, revestida de mármoles interior y exteriormente. La capilla de la nave de la derecha tiene un grupo de dos ángeles en mármol sosteniendo un cuadro de la Virgen; la capilla de la nave de la izquierda tiene otro grupo de dos ángeles adorando un vaso que contiene el Sacramento: este me parece mejor que el otro; es obra de Gagnini, discípulo de Canova. El altar mayor contiene una estatua de bronce de la Virgen, obra de Bianchi. Se conserva en la sacristía un gran vaso de esmeralda llamado Sacro Latino, hallado en Cesarea en 1101, en que se dice haber tomado Jesucristo el cordero pascual: es de cuarenta centímetros de magnitud y un metro veinte centímetros de circunferencia. La capilla de San Juan Bautista contiene las cenizas del santo y un sarcófago antiguo. Las mujeres no pueden entrar en esta capilla en pena de que una mujer hizo cortar la cabeza del Bautista.

   La iglesia de San Ciro, rica en mármoles y con pinturas de diferentes artistas.

   La iglesia de Nuestra Señora de las Viñas, de tres naves con columnas de granito agrupadas de dos en dos. La iglesia de la Anunciación es bella por sus mármoles, pinturas y dorados. La iglesia de San Ambrosio, que pertenece a los jesuitas, de tres naves, está incrustada de mármoles. Hay aquí dos cuadros de Rubens: la Circuncisión y el milagro de San Ignacio con una endemoniada, y una Asunción de Guido Reni. La iglesia de San Esteban, gótica; hay aquí un bello cuadro en que Rafael trabajó la parte superior y Julio Romano la inferior: el martirio de San Esteban protomártir. La iglesia de Santa María de los Remedios, cuya fachada es hermosa. Los paseos de la ciudad son los antiguos baluartes y el que llaman Acquasola, que es un bien pequeño jardín en que se trata de imitar en parte el gusto inglés. Las colinas que circundan la ciudad están fortificadas con varios reductos.

   Vi al señor De la Rue, banquero, y me entregó dos cartas de los señores Meyer y Meissel de Munich en que me avisan la muerte de Bolívar.

   Por la noche estuve en el teatro de marionetas, donde se representa la toma de Argel y la pantomima de Judit y Holofernes; me agradó esta diversión y sobre todo ver los muñecos bailando como las danzarinas de la ópera.

1831. Marzo 8.

    Martes: El pueblo habla un jergón italiano que es difícil de comprender y desagradable al oído. El temperamento es poco sano a causa de la variación continua de los aires. En mi excursión hoy he visto lo siguiente: una colección de cuadros de venta de todas las escuelas, entre los cuales hay excelentes de Ticiano, de Vinci, de Rubens y uno de Rafael. El teatro Real llamado Carlos Félix, de arquitectura bella, de mármol de Carrara, con escaleras magníficas, atrio y foyer soberbios. Es uno de los mejores de Italia. El interior está dorado con simplicidad y adornado por el gusto italiano con bastante elegancia. El gran palco del rey está en el medio. Los órdenes de palcos son seis. La iglesia de Nuestra Señora de Carignan, que pertenece a la familia Sauli, paga todos los gastos incluso el Capítulo. Su arquitectura es una imitación de San Pedro de Roma; su forma, la de una cruz griega. Aquí dos estatuas de mármol más que naturales de Puget, la una de San Sebastián y la otra de San Sauli, son bellísimas; hay cuadros de Piola, de Maratta y de Guercino. Frente a esta iglesia está el puente de Carignan, que une dos colinas: debajo del puente hay casas altas y calles.

   El palacio del rey, que además de estar adornado con bastante gusto y elegancia contiene una pequeña galería de estatuas, un teatro y una colección de cuadros, entre los cuales son muy notables la Cena copiada por Valentín, del de Veronés, el amor fabricando un arco, copia de Caracci; del Correggio, la Dolorosa y el Salvador de Carlos Dolci; la Santa conversación de Van Dyck, San Bernardo, de Ribera, el Descendimiento, de Miguel Angel Caravaggio, copia del martirio de San Pedro del original de Guido Reni; Pandora, de la escuela de Rubens, una Santa Familia de la escuela de Rafael, la Casta Susana, de Rubens, el famosísimo cuadro de Paulo Veronés la Magdalena a los pies de Jesucristo en casa del fariseo, el cual se reputa una obra maestra.

   Hay en esta ciudad universidad donde se enseñan las ciencias, la medicina y las bellas letras, a ella están unidos un pequeño jardín botánico, y un gabinete de historia natural. Además de la Biblioteca de la Universidad, que tiene 40 mil volúmenes, hay dos más. En establecimientos de beneficencia hay una escuela de sordomudos, un Conservatorio para niñas llamadas fieschinas, una casa de pobres, otra de locos e incurables. La de sordomudos fue fundada por el padre Assarotti, y la de pobres sirve a un tiempo de corrección; la mitad del trabajo es para los recogidos; las muchachas cuando se casan reciben de doscientos a cuatrocientos francos de dote. Las fieschinas se llaman así del nombre del fundador de la casa, Domingo Fieschi; en este establecimiento se hacen las primorosas flores de mano bien conocidas en el comercio. Hay también una academia de pintura, dibujo y escultura, grabado y arquitectura, donde se enseña gratuitamente a los genoveses.

   Una casa de moneda, arsenal y puerto franco.

1831. Marzo 9.

   Miércoles: La excursión de hoy ha sido como sigue: al palacio Brignoli, que se llama rojo, que es de excelente arquitectura y con columnas de mármol: hay en él una buena colección de cuadros entre los cuales son notables de Van Dyck, un San Sebastián de Guido Reni, una Anunciación de Caracci (Luis), pintada sobre cobre, una Virgen de Guercino, un San Juan Bautista de Vinci, una Asunción de Correggio, el magnífico cuadro pintado en cobre por Carlos Dolci, representando a Jesucristo en el Huerto de los Olivos sudando sangre, y las Sibilas, de Guido Reni. El palacio Serra, decorado al gusto moderno: hay en él una sala riquísima por sus dorados, la arquitectura, muebles y adornos; es de un gusto y de una magnificencia sin igual. Dupaty lo ha admirado en sus cartas sobre Italia. El palacio de la familia Durazzo, magnífico por sus muebles, por su arquitectura y por sus escaleras; la colección de cuadros es excelente: los más notables son la Magdalena de Ticiano; los Fariseos que muestran a Cristo la moneda, por Guercino; la mujer adúltera de Procaccini; la caridad romana de Guido, San Eustaquio del mismo, Cleopatra del mismo; Porcia, un niño dormido, este cuadro es magnífico; San Sebastián del Dominiquino y otros de Spagnoletto.

   La iglesia de San Felipe Neri, que es bellísima y tiene una estatua de mármol de la Virgen, obra de Pouget. La casa de pobres donde se recogen los pobres, los incapaces de trabajar y aun los de mala vida. Hay hombres como mujeres. El establecimiento está bien arreglado, con separaciones correspondientes para los dos sexos, y muy aseado todo. He visto los dormitorios, la cocina y las salas de los talleres, y todo me ha parecido excelente.

   Ayer he hablado de esta casa que tiene hoy cerca de mil mujeres de todas edades y setecientos del otro sexo. Puede contener dos mil doscientas personas. He tomado mis pasaportes para seguir a Milán, y cien franciscones de la Casa La Rue, por cuenta de Fenzi.

VOGHERA

1831. Marzo 10.

   Jueves: Salí a las siete de la ciudad; almorcé en Ronco y dormí en Voghera.

   El camino está bien cuidado y de cuando en cuando se suben y bajan algunas colinas, la más elevada es la Bochetta. Por todo él, hay caseríos, poblaciones y cultivos.

   Se pasa por Nevi, ciudad situada en una hermosa llanura, de población de siete a ocho mil almas, y el depósito del comercio de Levante para la Alemania y la Lombardía.

   Fontone, otra ciudad de ocho a nueve mil almas que tuvo fortificaciones; el camino hasta Voghera es una sola llanura.

   Voghera es otra ciudad de once mil almas situada entre Alejandría y Plasencia, dos plazas fuertes que están sobre el Po.

   El principal cultivo por aquí es la morera.

1831. Marzo 11.

   Viernes: Salí a las seis y media, almorcé en Pavía y llegué a Milán a las tres de la tarde. Antes de llegar a Pavía se pasa el Po por un puente de barcas y luego un brazo del Tecino, lo mismo.

   El camino continúa perfectamente llano cubierto de moreras, cortado por canales y dominado por los Alpes, que se ven distantes con sus cimas blancas de nieve.


LOMBARDIA

    Pavía es una ciudad grande, antigua corte de los reyes lombardos, con una universidad afamada desde los más remotos tiempos y con más de veinte mil almas de población.

   Por uno de sus arrabales pasa el Tecino, el cual se atraviesa por un gran puente cubierto que tiene trescientos cuarenta pies de largo.

   Al salir de la ciudad hacia Milán se ve el célebre campo de batalla donde fue hecho prisionero Francisco I por las tropas de Carlos V en 1527.

   Tres millas antes de llegar a Milán se ve la famosa catedral que termina en el camino, que en esta parte va en línea recta.

   Me alojé en el Albergo Reale.

   Milán, capital del reino lombardo-véneto, y antes del reino de Italia, es una hermosa y gran ciudad cuya población pasa de 130 mil habitantes; hoy es gobernada por un virrey que depende del emperador de Austria. La ciudad está atravesada por tres canales que son los conductos por donde hace comercio con el Adriático. He estado esta noche en el teatro Cárcamo, a la ópera de Bellini La sonámbula y al baile I furori dell'Amore. Han cantado el imponderable Rubini y la celebradísima Pasta: ésta la he oído por primera vez con sorpresa, pues corresponde justamente su voz, su estilo y su alma en la acción, a la inmensa reputación de que goza como la primera cantarina de Europa.

1831. Marzo 12.

   Sábado: La visita por la ciudad me ha proporcionado ver lo siguiente: la magnífica catedral de estilo gótico de cinco naves y toda de mármol. Tiene más de dos mil estatuas interior y exteriormente y su perspectiva es asombrosa. Las ventanas son de vidrios pintados. San Ambrosio y San Carlos Borromeo han sido sus arzobispos. La capilla donde se conserva el cuerpo del segundo es magnífica por sus relieves de plata maciza y por la gran caja que conserva los despojos del santo, que es de pedazos de cristal de roca montados en plata, la cual fue regalada por Felipe IV, rey de España. Las armas del rey que adornan el monumento son de oro puro. Una estatua bastante buena de San Bartolomé desollado, obra de Marco, tiene esta inscripción: "Non me Praxiteles sed Marcus finxit ignotus". A lo largo de la iglesia se ha hecho una meridiana. El edificio es un poco oscuro. El rito que se observa es el ambrosiano, por el cual se conserva el bautismo por inmersión, media cuaresma, etc.

   La biblioteca ambrosiana fundada por un Borromeo, contiene preciosos manuscritos y modelos de los mejores escultores y pintores.

   Se conserva el famoso cartón de Rafael, de la escuela de Atenas, y varios bosquejos y pinturas de Vinci, Lubi y Ticiano, en el patio hay una palma (palmier) de bronce muy graciosa y tan natural que M. Lalande la ha creído natural.

   En el palacio real he visto en un cuarto medio abandonado todos los bustos y cuadros en que se ha representado a Napoleón, el famoso cuadro de David en que lo pinta pasando los Alpes, la silla y el trono que sirvieron al príncipe Eugenio cuando residía en esta ciudad. ¡O tempora!

   Se me ha concedido sin ninguna dificultad un permiso para permanecer aquí veinte días, y el Comisario General de Policía deseando conocerme me ha introducido a su oficina y ha conversado un poco sobre Colombia.

   Estuve en el famoso teatro llamado la Scala, a la representación de la ópera de Meyerbeer El cruzado en Egipto, y al baile gracioso de Emma princesa del Norte, que tiene excelentes decoraciones. El teatro por su magnitud y elegancia es de los primeros de Europa; tiene seis órdenes de palcos adornados con cortinas de sedas azules, y cada orden tiene cuarenta y tres palcos. Sus adornos son dorados.

1831. Marzo 13.

   Domingo: Los ducados de Módena y de Parma han sido pacificados sin resistencia de parte de los revolucionarios por las tropas de Austria, en virtud de que perteneciendo a la familia del emperador y debiendo en cierto caso incorporarse al Imperio, no se faltaba al principio de la no intervención.

   La pequeña iglesia del Paraíso, donde el apóstol Bernabé plantó una cruz y predicó el Evangelio. La iglesia de San Esteban, de tres naves, donde fue asesinado Galeas Visconti, de los señores de Milán. La de San Nazario, edificada por San Ambrosio; aquí hay una inscripción al famoso Juan Jacobo Trivulzio, muy afamado por su proezas militares: "Qui nunquam quievit, quiescit. Tace". Me acordé de Bolívar.

   La iglesia de San Fidel, que fue de los jesuitas, es pequeña pero hermosa y de arquitectura elegante. Por la noche estuve en el Cárcamo a oír a Rubini y la Pasta en La sonámbula. Vi el baile anterior y otro precioso llamado Tutto al contrario.

1831. Marzo 14.

   Lunes: He tenido cartas de Roma y de París. Mi visita por la ciudad se ha limitado a lo siguiente, que además me ha acabado de persuadir de que Milán es una hermosa ciudad donde las calles tienen menos irregularidad que en otras partes y sobre todo hay buena policía, que falta en las demás.

   He visto la iglesia pequeña de San Bartolomé, la de San Francisco de Paula y la de San José; esta última es bonita. La de San Marcos, que tiene cuadros y frescos muy buenos. La de la Virgen del Carmen. Generalmente todas las iglesias son hermosas y de buena arquitectura. He comenzado a visitar la Academia de Ciencias y Artes, donde se enseña dibujo, escultura, arquitectura y grabado. He visto la galería de pintura que contiene bastante número de cuadros de las escuelas italianas y algunas de las otras; se admira de Rafael, el matrimonio de la Virgen; del Dominiquino, la Virgen con algunos santos; de Guercino, Abraham y Agar; de Albano, la danza de los amores; de Guido Reni, San Pedro y San Pablo; de Bellini el viejo, la predicación de San Marcos en Alejandría; de Paulo Veronés, la adúltera, etc.

   Las salas donde existen dichos cuadros son hermosísimas, iluminadas por arriba y divididas por columnas imitando el mármol. El edificio es un palacio soberbio donde reinan la solidez y el gusto. En Milán hay para la instrucción pública dos liceos donde se enseñan bellas letras latinas, ciencias naturales, filosofía, física, matemáticas, química y alemán, y escuelas públicas llamadas gimnasios, donde se enseña gramática, literatura italiana, latina y griega, geografía, historia y matemáticas. Además de las escuelas públicas las hay particulares con la aprobación del gobierno, y al fin de cada año escolástico hay un concurso general de escolares para la distribución de premios. Hay escuelas de sordomudos, de mosaico, de veterinaria; hay casa de huérfanos, un seminario eclesiástico, un colegio militar de huérfanos, en gran parte hijos de militares que están adoptados por el gobierno; hay otros colegios para niños y tres para niñas debidos a fundaciones particulares; el de San Felipe está destinado en parte a las hijas de los que han hecho importantes servicios al Estado. Si a esto se agregan las manufacturas de seda y la platería, joyería y bordados, las fábricas de coches, de instrumentos matemáticos, de música y muebles, una fábrica de porcelana, algunas refinerías de azúcar, etc., se verá que Milán es una ciudad importante en Italia.

   Por la noche fui al Cárcamo a la ópera Ana Bolena, de Donizetti, en la cual interpretaron divinamente Rubini y la Pasta.

1831. Marzo 15.

   Martes: He enviado a Gavoty a París una libranza de dos mil francos contra Rougemont para indemnizarle de los gastos hechos a Pachito González y Pepe. He escrito a Munich a los señores Meinel y Meyer, y a Hamburgo a Enet.

   He visto lo siguiente: los dos grandes cuarteles de San Francisco y del Castillo, la inmensa plaza de armas de figura cuadrada, en la cual están el último de los dos dichos cuarteles, el arco de la paz que no está concluido, y la Arena o Circo. El Arco quedará famosísimo; tiene semejanza con el de Constantino de Roma, y está dedicado a la paz de 1814.

   El circo es un vasto edificio empezado en tiempo de Napoleón, donde se hacen corridas de caballos, de carros y de barcos porque se puede inundar; tiene diez graderías y caben 36 mil personas. El pulvinar es de orden corintio y de columnas de granito; la arena en su mayor longitud tiene cuatrocientas brazas milanesas y doscientas en la mayor anchura. La iglesia de San Alejandro, que es muy buena por sus mármoles y arquitectura, es de la forma de una cruz griega; el altar mayor y el púlpito están incrustados de piedras preciosas. La iglesia de San Lorenzo, de figura octógona y de arquitectura excelente; frente a esta iglesia hay diez y seis columnas corintias que pertenecían a las termas herculanas construidas en tiempo de Maximiliano Hércules: son de tres pedazos de mármol blanco. La iglesia de Nuestra Señora de las Gracias es un edificio sencillo donde hay frescos muy buenos de Ferrari y cuadros de Campi. En el refectorio del convento que pertenecía a esta iglesia (hoy cuartel de gendarmes y bomberos) está el afamado fresco de la Cena, de Leonardo de Vinci, que aunque bastante deteriorado deja sin embargo conocer su gran mérito. La iglesia de San Ambrosio, donde ha oficiado este doctor de la iglesia latina, y cuyas puertas hizo cerrar el emperador Teodosio por el asesinato de Tesalónica, es un edificio gótico de tres naves a cuya entrada hay un claustro rodeado de galerías. En esta iglesia se coronaba a los emperadores con la corona de hierro; en las paredes de este claustro están encajadas varias inscripciones antiguas encontradas en el fondo del área de la iglesia. Dentro de ellas hay una serpiente de bronce (Sigue Nota del Editor...) que dicen unos ser la del desierto, y otros el símbolo de Esculapio, a quien estaba consagrado un templo en este lugar; el pulpito está montado sobre un gran sarcófago de mármol; en el pulpito se ven un águila y una figura humana de bronce que por su irregularidad indican ser muy antiguas; el altar mayor es singular por su antigüedad; el baldaquín descansa sobre cuatro columnas de pórfido. Cerca de esta iglesia se halla la pequeña de San Pedro de Caminadella, en cuyo bautisterio se dice que fue bautizado San Agustín. Es de notar que una gran parte de los conventos suprimidos sirven hoy de cuarteles, casas de beneficencia o educación pública. Estuve en la Scala, a la ópera de Pacini El condestable de Chester, que me gustó poco.

1831. Marzo 16.

   Miércoles: He tenido un verdadero pesar con la derrota del ejército polaco acaecida a fines de febrero en Praga. Hoy he visitado lo siguiente: los baluartes antiguos convertidos en paseo, el colegio de huérfanos, la mayor parte hijos de militares. La iglesia de Santa María de San Celso, es una de las mejores de Milán por su arquitectura y buen gusto. La estatua de mármol de la Virgen es de Fontana. Los pilares corintios tienen los chapiteles de bronce. La fachada tiene varios relieves y estatuas y el interior de la iglesia tiene tres naves. Los frescos de la cúpula son de Appiani y tienen mucho mérito. La portada tiene un pequeño pórtico. La iglesia de San Eustorgio tiene una torre bien elevada, algunas capillas de una arquitectura exquisita, bellos mármoles y mausoleos de poco gusto; en la puerta hay una especie de púlpito cuadrado de piedra donde dicen que predicaba San Pedro Mártir contra los herejes. En una capilla existe una gran urna de mármol revestida de yeso donde dícese que fueron depositados los tres reyes magos; este sepulcro tiene esta inscripción: Sepulchrum Trium Magorum. Antiguamente se hacía en Milán una representación a lo vivo de estos tres reyes que se dirigían a Belén a adorar al Niño Jesús. Aquí existen las cenizas de San Pedro Mártir, gran sostenedor de la Inquisición. La iglesia de Santa María de la Porta es regular y de muy buena arquitectura. La de San Sátiro es igualmente muy regular; ésta tiene la particularidad de formar la figura de una (T) y para suplir la cabeza de la cruz, se ha figurado por medio de una perspectiva excelente.

   Por la noche estuve en el teatro Cárcamo a La sonámbula, y como de costumbre Rubini y la Pasta han hecho prodigios con sus voces sonoras, melodiosas, flexibles y bien dirigidas. Hay en el baile un tal Molinare que es un pantomímico muy celebrado.

1831. Marzo 17.

   Jueves: He estado en el jardín público hacia la Puerta Oriental, el cual es bastante regular; hay una gran sala para dar bailes en las fiestas públicas y un pequeño teatro. El virrey tiene también aquí una hermosa casa de campo. El virrey es el príncipe Reiner, hermano del emperador de Austria, casado con la hermana del príncipe Carignan, heredero presuntivo del trono de Cerdeña. La capilla de la iglesia de San Bernardino es particular porque las paredes y los adornos de los arcos y puertas son de calaveras y huesos incrustados simétricamente. Fui al Cárcamo a oír a Rubini y la Pasta.

1831. Marzo 18.

   Viernes: Estuve a ver los trabajos de fundición de las estatuas colosales de bronces con que debe adornarse el arco de la Paz o del Simplón. Fui segunda vez a la galería de pinturas y a la academia de pintura, arquitectura y escultura; allí están todas las obras premiadas cada año, tanto en las dichas artes como en dibujo, y cada una de ellas tiene escrito al pie el nombre del que la hizo. En la sala de yesos hay varios monumentos sencillos dedicados a Costa, Casti y Appiani; este último es de Thorwaldsen, y consiste en un relieve de las tres gracias graciosamente colocadas. Por la noche como de costumbre, al Cárcamo. Hay una famosa copia de la Cena de Vinci, por Bossi, ya muerto. El cartón de la escuela de Petrarca, excelente, es del mismo.

1831. Marzo 19.

   Sábado: He visto algunas cosas de nuevo. Por la noche fui al teatro Re a la comedia de nota El benefactor y la huérfana. Representaron los famosos actores Vestris y la Marchioni, de la compañía al servicio del rey de Cerdeña.

1831. Marzo 20.

   Domingo: Estuve en el paseo de la Puerta Oriental, que es muy concurrido y la nobleza ostenta su riqueza con magníficos carruajes. Vi allí al virrey. Comí con los mejicanos Maneyro y Negrete; por la noche al Cárcamo, a la ópera de Ana Bolena.

1831. Marzo 21.

   Lunes: Recibí dos mil francos de la casa de Mariette, por cuenta de Rougemont. Comí con Offensamt, de Bremen, a quien conocí en Hamburgo. Fui al teatro Re, a la comedia de Goldoni, El poeta fanático, que estuvo grandemente ejecutada por Vestris.

1831. Marzo 22.

   Martes: He tomado mi pasaporte para Ginebra. He estado en el hospital a ver lo que llaman la exposición, y consiste en colgar por todos los claustros en ciertos días de la semana los retratos de los que han beneficiado considerablemente el establecimiento.

   He subido al techado y duomo de la catedral, donde se conoce mejor el bello trabajo de este hermosísimo edificio. Por la noche a la comedia Carlos Goldoni en París.

DOMODOSSOLA

1831. Marzo 23.

   Miércoles: Salí de Milán a las siete y media de la mañana, almorcé en Sexto Calendas, y dormí en Domodossola. El camino es todo llano, cultivado y poblado; en Milán comienza la famosa calzada del Simplón. Cerca de Soma, antes de Arona, se cree que tuvo lugar la derrota de Escipión. Arona es la patria de San Carlos Borromeo, cuya estatua colosal de bronce está sobre un cerro. En Sexto Calendas acaba la Lombardía: aquí se pasa el Tecino en barca y comienza el hermoso Lago Mayor. El territorio desde el otro lado del Tecino pertenece al Piamonte. El lago tiene cincuenta y nueve millas de norte a sur y cinco a seis de este a occidente, las aguas son claras y producen excelente pescado; en él están las bellas islas Borromeas, que son Isla Madre, Isla Bella y otra; la segunda es una casa de campo con una numerosa galería de cuadros y un lindo jardín. Dicho lago se llamaba Lacus Verbanus.

1831. Marzo 24.

   Jueves: Salí a las seis, almorcé en el Simplón y dormí en Fourtemagne. El camino continúa por la llanura treinta y nueve millas distante de Domodossola, y luego se empieza a subir los Alpes.

   A poco se encuentra la primera galería, es decir, el camino que se ha hecho horadando las rocas y haciéndoles aberturas a los lados para que entre la luz. Esto es admirable. Las galerías en este asombroso camino del Simplón son seis. El Piamonte acaba en Iselles, de manera que el pueblo del Simplón pertenece al Valais, en Suiza. Del Simplón hay que caminar en traîneaux, desmontado el coche, porque la nieve es tanta y el camino tan pendiente que no se sabría por dónde se debía andar si no se fijasen estacas largas de trecho en trecho. Cerca de la barrera donde se cobra el peaje a razón de seis francos por caballo de tiro, se encuentra el hospicio de los padres de San Bernardo, donde se da comida y alojamiento gratis a los pasajeros; hay otro hospicio nuevo. En Berissal se vuelve a remontar el coche y se empieza a descender los Alpes hasta cerca de Fourtemagne. El camino tiene ocho metros de ancho y en las galerías seis. Por todo el camino del Simplón a Berissal se encuentran solamente de trecho en trecho casas de madera llamadas de refugio. Es imponderable el esfuerzo que se ha hecho para construir este camino cómodo y lleno de pilastras para impedir cualquier estrago al borde de los precipios, de galerías para penetrar por entre las rocas, de murallas para contener el desplome, de puentes para unir las montañas y evitar los torrentes. Dícese que se emplearon tres mil trabajadores, y que se gastaron ciento setenta y cinco mil libras de pólvora.


SUIZA

VEVEY

1831. Marzo 25.

   Viernes: Salí a las siete, almorcé en Martigny y dormí en Vevey. Como he dicho, el Valais comienza en el Simplón y acaba cerca de Ginebra, quedando entre su término y esta ciudad, la Saboya. El Valais es un valle a orillas del Ródano que se va ensanchando por entre altas montañas. El país parece poco poblado, se habla generalmente alemán, el pueblo parece pobre, las figuras de los dos sexos son desagradables, hay cotos, y las mujeres cargan un sombrero pequeño, envuelta en la copa una cinta anchísima plegada.

LAUSANA

   Hay maíz. Los puentes son de madera y el camino no es muy bueno. La religión es la católica. Sien es la capital. El lago Leman o de Ginebra empieza en Villeneuve, antes de Vevey. En St. Maurice se toma el camino para Ginebra sobre la izquierda del lago, y para Lausana hacia la derecha.

1831. Marzo 26.

   Sábado: Sali a las siete y llegué a Lausana a las nueve. Posé en el Falcon. Lausana es la capital del cantón de Vaud; ella tiene quince mil almas de población y el cantón ciento sesenta mil. Está situada a orillas del lago, es bonita y las mujeres son bellas. No se ve todavía aquí el traje suizo. También se ha revolucionado este cantón, como casi todos los de la confederación, para mejorar su constitución; así es que en todos los lugares he visto plantado el árbol de la libertad donde flamea la bandera nacional.

   Habiendo tenido necesidad de consultar un médico, vino el doctor Scholl, que se mostró tan fino, que después de haberme hecho mil cumplimientos me condujo a introducirme al gabinete de lectura y me hizo pasear la ciudad. En el jardín público hay un juego para tirar el arco. La religión del cantón es la reformada o de Calvino.

1831. Marzo 27.

   Domingo: La Confederación Helvética, o Suiza, tiene de población dos millones de almas, poco más o menos, y está dividida en 22 cantones cuya población está repartida con mucha desigualdad porque Berna, por ejemplo, tiene doscientos noventa mil habitantes y Vri once mil doscientos. El gobierno general reside dos años en Berna, dos en Lucerna y dos en Zürich. El Congreso de Viena de 1815 había declarado la neutralidad perpetua de Suiza,, y la Dieta General ha hecho después de los sucesos de París de julio de 1830, igual declaración. Cada cantón contribuye con su contingente de hombres para el ejército y una suma de dinero. Los empleados están pagados con una economía que toca en mezquindad. El cantón de Vaud tiene su constitución democrática, el poder legislativo reside en un consejo nombrado por los electores de los lugares y el ejecutivo en un consejo compuesto hoy de 13 personas. Después de la revolución de París, casi todos los cantones han mejorado sus constituciones, haciéndolas más liberales. La constitución se somete a la sanción de la mayoría del cantón. La moneda se divide en batz; un batz equivale a tres sueldos de Francia; los francos de Suiza son triples de los de Francia. Así, mil francos suizos que son veinte mil batz, equivalen a tres mil francos franceses, o sesenta mil sueldos.

   He estado en el gabinete de lectura o círculo literario, y me he detenido hoy aquí a causa de la irritación que me atacó en Milán.

GINEBRA

1831. Marzo 28.

   Lunes: Salí a las diez del día, almorcé en Coppet y llegué a Ginebra a las cuatro de la tarde, por un camino lleno de caseríos, pueblos, alamedas y casas de campo, el cual viene por la orilla del lago de Ginebra. Esta ciudad es capital del cantón del mismo nombre; ella tiene veinticuatro mil habitantes y el cantón cuarenta y cuatro mil. Está situada en una punta de dicho lago, donde sale otra vez el Ródano. Rousseau ha hecho célebre a Ginebra. Daunou, después de él. Cerca está Ferney-Voltaire, donde residió Voltaire, y el lugar donde habitó Mme. Staël. Se usan en estos cantones unos coches de dos asientos con ruedas muy pequeñas que los tiran uno o dos caballos, pero quedan los viajeros sentados de costado hacia el tiro. Me parecen muy ligeros, y respecto de los demás carruajes de Europa muy republicanos. El lago se navega en buque de vapor, es decir, los viajeros para ir de una ciudad a otra de las situadas a sus orillas. En la revolución de Vaud los cocheros y arrieros intentaron quemar el barco como perjudicial a sus intereses particulares; lo mismo han hecho en algunos condados de Inglaterra los obreros con las máquinas que han disminuido los operarios. ¡Y estamos viendo esto en la Europa culta en el siglo XIX! Por la noche no salí.

1831. Marzo 29.

   Martes: He visitado al señor Sismondi, que es de opinión que yo debía irme inmediatamente para Colombia. He visto la catedral, que es gótica, grande y hermosa. La casa de la ciudad (Hôtel de Ville), los paseos, la máquina hidráulica, y el Museo y gabinete de Historia Natural. El museo tiene cuadros, algunos de los cuales son de pintores de Ginebra; tiene los modelos de las mejores esculturas conocidas y algunas originales de escultores del país. En el gabinete de Historia Natural hay una sala de medallas antiguas y modernas. Por la noche volví donde el señor Sismondi a invitación suya.

CAMPAGNOLE

1831. Marzo 30.

   Miércoles: Salí acompañado del señor de Kay, americano que hace un año que salió de Bogotá y ha tenido relaciones con todos mis amigos. Almorcé en St. Cirque y dormimos en Campagnole. De St. Cirque a Les Rousses (una posta y tres cuartos) se pasa la parte más alta del Jura, que estaba tan llena de nieve que nos costó trabajo pasar sin arrastrarnos. Aquí en Rosies está la aduana de Francia y se empieza a ver el pabellón tricolor, árboles de la libertad y blousses o sacos azules que usan todos los paisanos. Hasta Campagnole pasamos por tres aduanas.


FRANCIA

DIJON

1831. Marzo 31.

   Jueves: Salimos a la seis y media, almorzamos en Montsous-Vaudrey, pasamos por las ciudades de Poligny, Dole, Auge, fortificada, y llegamos a las siete a Dijon, capital del departamento Cote D'Or, antiguamente de la Borgoña, que tiene 21 mil habitantes, en una situación agradable. El monte Jura termina en Poligny, el camino de León se reúne cerca al puente del Saona entre Poligny y Mont-sous-Vaudrey. Cerca de Dijon se halla el pueblo de Genlis, a cuyas inmediaciones está el chateau de la célebre Mme. la condesa de Genlis. He visto la guardia nacional haciendo ejercicio, los arrieros leyendo las gacetas montados en sus carros y todos llenos de entusiasmo por la libertad de Francia.

CHÂTILLON-SUR-SEINE

1831. Abril 1°.

   Viernes Santo: El americano ha seguido anoche para París por la Malle Post. Yo salí a las diez de Dijon y dormí en Châtillon-sur-Seine. Todo el país está cultivado y poblado, el terreno es desigual.

NANGIS

1831. Abril 2.

   Sábado: Hoy es día de mi santo y cumplo años. Salí a las seis, almorcé en Troyes, ciudad de veinte mil almas, capital del departamento de Aube, y dormí en Nangis, habiendo pasado por las ciudades de Bar-sur-Seine, Nogent-sur-Seine y Provins. El país está más poblado.

PARÍS

1831. Abril 3.

   Domingo de Pascua: Salí a las seis, almorcé en Charenton, y llegué a París a la una del día, habiendo tenido el gusto de ver a Pacho. No salí por la noche.

1831. Abril 4.

   Lunes: De Roma a París, por Florencia, Génova y Milán hay ciento noventa y dos postas de mil ciento ochenta y dos millas. Las millas de los estados de la iglesia, de Toscana y de la Lombardía no son iguales. El transporte por la diligencia cuesta cincuenta pesos.

   Visité al señor Vásquez, que conocí en Roma y es hoy obispo de Puebla. Estuve en la Academia Real, a la ópera La muette de Portici. Pacho está bastante malo. Recibí carta de Josefíta, del 21 de noviembre y siete de diciembre, de Arrubla del 29 de octubre de Antioquia, y de Alcázar del 26 de diciembre. También de Cuéllar, Crespo, Teresa Suárez. Yo he escrito con fecha de ayer a Josefíta, a Rendón y a Alcázar, acusándole el recibo de todas sus cartas hasta la dicha fecha del 26. Este pliego va por conducto del americano G. C. de Kay, que he conocido en Ginebra.

1831. Abril 5.

   Martes: He escrito a Mr. Perquer de El Havre preguntándole si no ha recibido tres mil pesos de mi pertenencia. He puesto tres mil francos donde Rougemont. Por la noche estuve en la ópera italiana, La gazza ladra de Rossini, en la cual ejecutaron admirablemente Lablache, David y la Malibrán-García. He recibido convite de Rougemont para el domingo.

1831. Abril 6.

   Miércoles: Me han visitado don Jerónimo Torres, Acosta, Delgado y el general Herrán. Estuve en el Circo Olímpico a la representación de 18 pasajes muy importantes de la vida y muerte de Napoleón; famosa cosa.

1831. Abril 7.

   Jueves: He tomado alojamiento en el Hôtel de Berlín, para todos, por ciento cincuenta francos al mes. Estuve en la ópera italiana, al Tancredo de Rossini. La Malibrán y la Vesperman ejecutaron bien.

1831. Abril 8.

  Viernes: Me han visitado Leidersdorf, el señor don Lorenzo Zavala, ex ministro de hacienda de Méjico, y el señor Pérez, cónsul general de Chile en París. Estuve en Varietés, donde se representaron cuatro vaudevilles de las circunstancias presentes, muy graciosos.

1831. Abril 9.

   Sábado: Visité a Santa María; estuve en la ópera El barbero de Sevilla de Rossini, en la cual Lablache y la Malibrán hicieron maravillas.

1831. Abril 10.

   He visto la revista pasada por el rey a un cuerpo de seis a ocho mil hombres, la mayor parte de guardias nacionales. Por consiguiente he visto al rey, al duque de Orleans, al de Nemours, al general Gérard, al mariscal Soult y al conde Lobau. Recibí aviso de El Havre de haber llegado a mi disposición tres mil sesenta pesos en monedas colombianas. ¡Gracias a Dios! Fui a comer donde Rougemont.

1831. Abril 11.

   Lunes: Recibí cartas de Bogotá del 14 de enero, de R. Santamaría, avisándome que remitía dinero a Cartagena; de mi señora Nica y de B. Pardo. De Antioquia del 12 de enero, de Arrubla, y de Cartagena, de Núñez del l° de febrero, en que me avisa la remisión a Londres de 2 mil pesos más. No salí de noche.

1831. Abril 12.

   Martes: Estuve en la comida de la Sociedad de la Revista Enciclopédica y conocí allí al diputado García, al español Beltrán de Lis, y al célebre Lablache. Después estuve donde el general Lafayette y conocí al general Pepé, napolitano que mandó las tropas constitucionales contra los austriacos en 1820.

1831. Abril 13.

   Miércoles: He escrito a Bogotá a Rendón, Santamaría (respuesta de la suya del 14 de enero), a Josefita, a mi señora N., y una larguísima al doctor Soto y Azuero. A Antioquia, a Arrubla, en respuesta de la de 29 de octubre. A Núñez a Cartagena en respuesta de la suya de 5 de enero y 1° de febrero sobre intereses; a Alcázar en respuesta a las de 14, 4 y 26 de diciembre. Este paquete lo lleva don J. J. Negrete a New York, a entregar al señor don Tomás Gener. También he escrito a New York a éste y a Madiedo y al ex-presidente Mosquera. He preguntado a Hartmann de Londres cuál es el líquido montante que tengo en su poder según los avisos de Núñez. Estuve en la Cámara de Diputados. Por la noche al teatro Nouveautés.

1831. Abril 14.

    Jueves: Recibí carta de mi señora Nicolasa del 7 de enero, con los apuntes de los trastos que se han vendido. No salí por la noche.

1831. Abril 15.

   Viernes: Habiendo recibido de Perquer & Fils dos letras valor de quince mil francos a cuenta de tres mil sesenta pesos que he recibido para mí de parte del señor Núñez de Cartagena, he cobrado hoy la dicha cantidad de quince mil francos. Estuve en la Cámara de Diputados y conocí a los ministros Périer, Montalivet, Barthe, Sebastiani y Argout, y a los diputados Royer-Collard, Odilon Barrot, Dupont de L'Eure, Lamarque, Salverte, Corcelles, Bérryer, y otros menos distinguidos. Por la noche estuve en la gran ópera a oír al célebre violinista Paganini. Después de sus conciertos se dio el baile Flora y Céfiro.

1831. Abril 16.

   Sábado: He acusado recibo a Perquer de los quince mil francos. Estuve en la ópera italiana al Matrimonio Segreto de Cimarosa. Lablache, David, la Tadolini y la Conradi ejecutaron muy bien. Antier y ayer ha habido reuniones del pueblo en las cuales se han oído los gritos de ¡Viva la República!

1831. Abril 17.

   Domingo: Estuve en el Odeón a la tragedia de Marino Faliero y al Napoleón, de Duval.

1831. Abril 18.

   Lunes: Estuve en Vaudeville, a la comedia Madame Du Barry y Luis XV. He recibido carta del señor Hartmann de Londres con la cuenta de lo que le debo por seguros de seis mil pesos, porte de cartas, comisión, etc., y según ella me quedan líquidos en su poder ciento cuarenta y ocho £, 17 chelines 5, producto neto de mil veinte pesos enviados por el paquete Gold Finch, de Cartagena, en enero último.  

1831. Abril 19.

   Martes: Recibí de Perquer & Fils de El Havre libranza por 361 francos, 80 centavos, resto líquido de 3.600.00 pesos recibidos de Cartagena, los cuales produjeron en francos 15.634.60 pesos. Es decir, que he recibido 15.361 francos, 80 céntimos.

   Estuve donde el general Lafayette, y allí se comunicó la noticia de una gran victoria obtenida sobre los rusos mandados por Diebitch.

1831. Abril 20.

   Miércoles: Estuve en la ópera italiana el Don Juan, de Mozart. Recibí carta de Mosquera.

1831. Abril 21.

   Jueves: He visitado a Humboldt, y aprueba mi resolución de permanecer en Europa todavía. He escrito sobre esto un artículo a los diarios de París. Con fecha 15 he dirigido una representación al congreso de Colombia pidiendo se publique mi causa y mi representación a Bolívar enviada de Bocachica.

1831. Abril 22.

   Viernes: He estado en el Circo Olímpico, a la representación de los Leones de Mysore, lo que se reduce a una pieza en la cual salen leones, un tigre, un búfalo, dos culebras buios, dos llamas del Perú, un pelicano, un canguro, monos, guacamayas y caballos.


PARIS

1831. Abril 22.

  Todo esto es gracioso, y es singular que Mr. Martin se encierre en la jaula con los leones y los provoque con un palo y se acueste sobre ellos.

1831. Abril 23.

   Sábado: Estuve en el Diorama y en el Panorama con Santamaría; en el primero se ven tres cuadros representando la vista de París desde Montmartre, el sepulcro de Napoleón en Santa Helena y el 28 de julio delante del Hôtel de Ville. En el segundo, el navío Scipion en el combate de Navarino del 20 de octubre de 1827 entre la escuadra turco-egipcia y la combinada rusa-inglesa y francesa, mandadas por Heydem Codrington y De Ryny. La escuadra turca tenía 130 velas y la combinada 27, de las cuales eran 10 navíos. Es inexplicable la ilusión del Diorama y del Panorama. Hoy se publicó en Le Constitutionnel un artículo que yo dirigí sobre mi resolución de no ir todavía a Colombia; lo agrego aquí. (No está en el cuaderno original).

1831. Abril 24.

   Domingo: Estuve en el teatro de los jóvenes de M. Comte.

1831. Abril 25.

   Lunes: Mr. Hartmann me avisa en carta del 22 del corriente que el producto líquido en mi favor de la remisión de $2.040.00 por el Emulous es de £399,9-3, que reunidas a la cantidad anterior de £148,18-15 hacen el total de £548,7-8 (salvo yerro). Este es el producto de $3.060 en doblones recibidos de Cartagena.

1831. Abril 26.

   Martes: He escrito hoy por El Havre y conducto de Perquer a Núñez, acusándole recibo del dinero remitido a Londres y El Havre; a J. M. Arrubla sobre lo mismo; a Telésforo Rendón y a Alcázar a Cartagena. Comí en casa del barón Bludanski, militar prusiano, y allí conocí al redactor general del Méssager des Chambres. Recibí una carta de Azuero de Bogotá, del 28 de julio y 6 de agosto.

1831. Abril 27.

   Miércoles: Estuve en la ópera italiana, a la Semíramis de Rossini y la Proba d'una opera seria de Grocco. Consulté a Dupuytren sobre mis males.

1831. Abril 28.

   Jueves: Me ha visitado el general español Quiroga, compañero de Riego. He recibido carta de Arrubla de 6 de octubre y de mi señora Nica de 7 de febrero de Bogotá. Estuve en la ópera italiana.

1831. Abril 29.

   Viernes: He recibido carta de New York de Rojas y de Gener de 31 de marzo avisándome que ha empezado una reacción en Colombia en favor del régimen constitucional. Gener ha recibido mis cartas de 23 de noviembre y de 15 de enero. Queda saldada mi cuenta con la Casa de Rougemont hasta el 27 del corriente abril y resulta que me quedan en ella 39.716 francos, ganando un interés anual del 3%, según resulta de sus avisos y cuentas.

1831. Abril 30.

   Sábado: He escrito a Josefita, a doña Manuela Ibáñez y a mi señora Nica, por El Havre, acusando recibo de sus cartas hasta enero último.

1831. Mayo 1°.

   Domingo: Recibí carta de Kingston, de Núñez, de 14 de marzo, avisándome remitir por el paquete Elizabeth a la casa de Hartmann 500 pesos, y que estaba desterrado de Cartagena por consecuencia de la revolución de las sabanas, que dice haber sido sofocada. Con motivo de ser hoy el día del rey ha habido ayer teatros gratis y distribución de víveres a los pobres. Hoy ha habido diferentes juegos en los Campos Elíseos: marionettes, sombras chinescas, etc., iluminación general, fuegos artificiales, paseo como en Long Champs y varias otras diversiones, pero nada de juegos prohibidos.

1831. Mayo 2.

   Lunes: Hoy he visto la revista de las tropas de línea, pasada por el rey en Campo de Marte; había de 40 a 45 mil hombres de toda arma, bien vestidos y bien disciplinados.

1831. Mayo 3.

   Martes: He sido presentado a la princesa de Belgiojoso, milanesa, muy liberal e instruida. Allí fui también presentado al conde Lasteyrie y al célebre diputado de la cámara Odilon Barrot, que me hizo muchas preguntas sobre las cuestiones políticas que han dividido a Colombia. Conocí al general Sercognani, romano, que tomó parte muy activa en la última revolución del Estado Pontificio. Ha muerto el rey de Cerdeña y ha sucedido al trono el príncipe de Carignan, Carlos Amadeo, de la casa de Saboya.

1831. Mayo 4.

   Miércoles: Estuve en Louvre, donde se han expuesto todos los trabajos de los artistas franceses en pintura, escultura, grabado, litografía, arquitectura, etc. Sólo de pintura hay 3.600 cuadros, aunque no todos son superiores. Tengo el catálogo de todos.

   Por la noche estuve en la soirée de la princesa de Salm, donde fui presentado al célebre escritor de economía política Juan Bautista Say.

1831. Mayo 5.

    Jueves: Asistí a una sesión del Instituto con motivo de la recepción de los nuevos académicos Cousin y Viennet; el primero, filósofo profundo, hizo el elogio de Fourier a quien reemplazaba, y el segundo, poeta, hizo el del conde Ségur cuya vacante ocupaba.

1831. Mayo 6.

   Viernes: Nada particular.

1831. Mayo 7.

   Sábado: Estuve en el teatro francés, a la tragedia Francesca de Rimini y a la comedia de Picard La Petite Ville.

1831. Mayo 8.

   Domingo: No ha muerto el abate Grégoire. Estuve en el teatro francés, a la tragedia Demetrius, y a la de Carlota Corday.

1831. Mayo 9.

   Lunes: Recibí carta de Hartmann del 16 del corriente en que se me avisa tener a mi disposición 97 libras, 12 chelines y 5 peniques, producto líquido de 34 onzas de oro (496 francos) que le remitió Núñez por el paquete Elizabeth. Así tengo hasta hoy en la casa de Hartmann de Londres 646 libras esterlinas y 1 penique. Por la noche fui a la ópera El conde de Ori de Rossini y al baile La Belle au Bois Dormante.

1831. Mayo 10.

   Martes: Acusé recibo a Hartmann de su carta. Comí en la reunión mensual de la Revista Enciclopédica. Estoy resfriado.

1831. Mayo 11.

   Miércoles: Nada particular. Continúo resfriado. Atrouppements en la plaza de Vendôme, porque la policía quitó las coronas de flores que desde el 5 habían depositado muchas personas al pie de ella. Ayer también hubo de estas reuniones peligrosas.

1831. Mayo 12.

   Jueves: Un poco mejorado. Todo tranquilo. Fui al Vaudeville.

1831. Mayo 13.

   Viernes: Recibí carta de Hamburgo de Enet, de 4 del corriente. Sigo bien. He escrito a Gener a New York incluyéndole carta para Núñez de Cartagena, acusándole recibo de la suya de 14 de marzo de Jamaica y de las 31 onzas de oro enviadas por el paquete Elizabeth. He escrito a mi hermana, a mi señora Nicolasa, y a Cuéllar pidiéndole un estado de productos de la hacienda en el tiempo de mi ausencia. También he escrito a R. Santamaría y a Madiedo a New York, incluyéndole mi representación al congreso de Nueva Granada pidiendo la publicación de mi causa.

   Estuve en Varietés al Amphigouri.

1831. Mayo 14.

   Sábado: Comí en el Rocher de Caneal, convidado por Leidersdorf; estuvimos en la mesa don Jerónimo Torres, Southerland y Domingo Acosta.

1831. Mayo 15.

   Domingo: Hoy ha pasado revista el rey a la guardia nacional de París y de la banlieu en el campo de Marte; fue la función magnífica, había como 100.000 hombres bien armados y vestidos, de cuyo número había poca caballería y artillería.

   Por la noche estuve en el teatro francés, a la Fille d'honneur, comedia de Duval, y a la de Bonjean, Naissance, Fortune et Mérite, ou L'épreuve électorale.

1831. Mayo 16.

   Lunes: He estado con Acosta en Versalles. Esta es una ciudad de 25.000 almas, a cuatro leguas de París. Aquí está el famoso palacio y parque de Versalles cuyos jardines, estatuas, estanques, fuentes, cascadas, naranjería, etc., lo colocan en la clase de los primeros palacios de Europa. Los salones están desmantelados desde la revolución de 1790; se conservan algunos cuadros de pintores afamados, como Paulo Veronés. El interior del palacio es de mármol. El exterior de piedra de sillería y de arquitectura magnífica. Dentro del parque están los pequeños palacios llamados Grand et Petit Trianon, el primero edificado por orden de Luis XIV para su querida Mme. de Maintenon, y el segundo para otra querida, Mme. de Montespan; este último es muy gracioso y el parque es bellísimo. Se han edificado cabañas suizas, lecherías, grutas artificiales, ruinas, etc. Aquí pasaba la reina Antonieta algunos días jugando con la corte, de aldeana. A las 6 volvimos a París.

1831. Mayo 17.

   Martes: Nada particular.

1831. Mayo 18.

   Miércoles: Lo mismo.

1831. Mayo 19.

   Jueves: Estuve en la escuela de sordomudos, fundada a sus expensas por el abate L'Epée en 1760 y convertida en escuela real por la ley de 1791.

1831. Mayo 20.

    Viernes: He escrito a mi hermana a Bogotá remitiéndole mis retratos y algunas chucherías para los niñitos, todo lo cual va por conducto de M. Mathieu, vecino de Santa Marta. Estuve donde la princesa de Salm.

1831. Mayo 21.

   Sábado: Nada particular. Estuve en el teatro francés a la tragedia titulada Camille Desmoulins.

1831. Mayo 22.

   Domingo: Nada particular. Por la noche estuve en los jardines de Tívoli, donde hay iluminación de colores, fuegos artificiales, maroma, alcides, baile, orquesta, etc. Es mucho menos que el Vaux-Hall de Londres.

1831. Mayo 23.

   Lunes: Tomé mi pasaporte para Londres; voy con Pacho y Acosta y dos criados. La diligencia hasta Calais me ha costado para todos, inclusos 6 francos al conductor, por persona 267 francos, 50 céntimos. Cada plaza en el coupé cuesta 53 francos, 10 sueldos, y en la imperial 38 francos, 10 sueldos. Pago el viaje a Acosta por gozar de su compañía en Inglaterra. Estuve por la noche en el teatro Gymnasio a los vaudevilles La pensión bourgeoise, La favorita y Le buffon du Prince.

1831. Mayo 24.

   Martes: Recibí carta de Bordeaux, de M. Lavignac, y la contesté inmediatamente. Comí con el general Devereux, que me convidó. Estuve donde la princesa Belgiojoso. Me despedí de M. Rougemont.

1831. Mayo 25.

    Miércoles: Fui presentado al célebre abogado M. Mauguin, que me comprometió a verlo después para que le impusiera de todos los negocios de América. Me pareció fort obligeant. Estuve en la ópera cómica, a la Zampa, o La estatua de mármol, de Herold.

1831. Mayo 26.

   Jueves: Recibí carta de Alcázar, de Cartagena, del 4 de abril, y de Rojas, de New York, del 14 ídem. Por la noche fui a la ópera alemana Don Juan, de Mozart.

1831. Mayo 27.

   Viernes: Salimos para Inglaterra a las 8 de la mañana, D. Acosta, Pacho, mis dos criados y yo. Comimos en Beauvais, cabecera del departamento del Oise, y anduvimos toda la noche. El terreno es un poco desigual, el país cultivado y poblado.  

CALAIS

1831. Mayo 28.

   Sábado: Pasamos por Abbeville, plaza fuerte, por Montreuil, donde almorzamos, por Boulogne-sur-Mer, que es una ciudad muy regular y situada en la costa, y llegamos a Calais a las 7 de la tarde; posamos en el hotel Bourdon de Rignolly.

DOUVRES

1831. Mayo 29.

   Domingo: Visados que fueron los pasaportes, nos embarcamos en el buque de vapor a las 10 y ¾ del día y llegamos a Douvres a la 1 y ¼ siguiente. El pasaje costó 10 chelines por cada uno de nosotros y 5 chelines y medio por cada criado.

   Posamos en el Hôtel de York. Vimos los cuarteles de la tropa sobre la eminencia que domina la ciudad y la triple escalera subterránea que se hizo cuando el ejército francés en Bolonia amenazaba con un desembarco en las costas de la Gran Bretaña.


INGLATERRA

LONDRES

1831. Mayo 30.

   Lunes: Tomamos la diligencia para Londres a las 10 de la mañana. Pasamos por Canterbury, Rochester, Gravesande, Dafort y Chatham y llegamos a Londres a las 7 y media de la tarde. El pasaje cuesta 28 chelines el interior, y 15 fuera por persona; nosotros tomamos el exterior.

1831. Mayo 31.

   Martes: Tomamos alojamiento en Duke Street, St. James 27, a razón de 3 guineas por semana, por una cámara y alcoba para mí, una pequeña cámara para Acosta, otra para Pacho y otra con dos camas para los criados. Recibí carta de Núñez de Kingston del 15 de abril, dándome noticia de la revolución del departamento del Magdalena. He recibido de la casa de Hartmann & Cía., la suma de 641 libras esterlinas y 7 pequines que estaban en su poder, de mi pertenencia hasta hoy, día de la fecha. Nada me queda en ella hasta hoy l° de junio. Estuvimos en la ópera La Medea de Meyer, en la cual ejecutaron la Pasta, Rubini y Lablache.

1831. Junio 1°.

   Miércoles: Es hoy que he recibido de Hartmann & Cía., las 641 libras y 7 chelines. Hoy empieza el alojamiento a contarse.

1831. Junio 2.

    Jueves: Hemos paseado por la ciudad con Pacho y por los parques. Fui al teatro italiano, a la Semíramis, en que la Pasta ejecutó divinamente.

1831. Junio 3.

   Viernes: Vista a la ciudad. Por la noche a Drury Lane, a la comedia de Sheridan La escuela del escándalo, y la Escuela de Brienne o Napoleón.

1831. Junio 4.

  Sábado: Visité a Gorostiza y tomé mi papel de residencia.

    Por la noche a soirée a casa del doctor Bowring, donde entre diferentes personas a quienes fui presentado (incluso dos miembros del parlamento) fue una un bramán de Mogol, el primero que ha salido de su país para Europa, hombre instruido y gran reformador en materia de su religión. El color de este hombre es excesivamente bronceado, gordo, alto, con bigotes, y habla sólo inglés. Por medio de Bowring me hizo mil preguntas sobre la población de Colombia, el influjo del clero, la tolerancia religiosa, la conducta de Bolívar (que desaprobó) y sobre lo que harían con él si allá se pusiera a ganar prosélitos para su religión.

1831. Junio 5.

   Domingo: Nada particular. Comí en casa de Wilthew.

1831. Junio 6.

   Lunes: Nada particular ni de día ni de noche.

1831. Junio 7.

   Lunes: Fui a visitar la escuela o casa de educación donde está el hijo del señor Manuel Fenzi, por encargo especial de su madre. La casa está a cargo del doctor Jameson en Wyke School, Lyon Hill, de Brent Fort. Vi al joven, y el director me mostró todo su establecimiento, que es sencillo, arreglado y limpio. Por la noche estuve en la ópera, al Tancredo, y cantaron la Pasta y Mme. Mary Lalande, que cantó muy bien.

1831. Junio 8.

   Miércoles: Visité a los Darthez. He recibido convite de Gorostiza para comer el 15 del corriente. Tuve carta del general Herrán de París del 1° de junio. Vi otra vez a San Pablo y la bolsa.

1831. Junio 9.

   Jueves: Fui a Hampton, a las carreras de caballos, que estuvieron muy concurridas y brillantes aunque no como las de Ascot. Pasé por el parque real Bushy-Park, que es hermoso.

1831. Junio 10.

   Viernes: Vi dos orangutanes de la isla de Borneo, de dos a tres años de edad; es el mono que más se asemeja al hombre: parecen dos negritos. Por la noche fui a oír segunda vez al asombroso Paganini. Me visitó Mr. Logan Envers.

1831. Junio 11.

  Sábado: Estuve en la sociedad real asiática, donde hay reunidos una porción de objetos curiosos de aquella gente, como armas, estatuas de Buda, relieves groseros, minerales, pinturas, papiros, cartas del príncipe real de Persia a la sociedad, un firmán aprobando la elección del patriarca de Constantinopla, un alcorán, esqueletos de animales, reptiles y varios otros de los objetos que componen un museo.

1831. Junio 12.

   Domingo: Paseamos en Hyde Park y comimos con Carlos en su casa.

1831. Junio 13

   Lunes: Estuve en el Museo Británico y en la hermosa biblioteca, donde hay una sala vastísima que contiene la librería regalada por Jorge IV. Vi por segunda vez los famosos restos de estatuas y grupos del Partenón de Atenas (Sigue Nota del Editor...), el ave ibis de que hacían uso los egipcios en sus jeroglíficos junto con el ganso, el búho, la serpiente y el escarabajo; algunos útiles sacados de Herculanum (Sigue Nota del Editor...), etc. Me visitó el señor Moreno, encargado de negocios de Buenos Aires. Recibí carta de Cartagena, de Alcázar, de 29 de abril, informándome de la capitulación de la plaza y de la caída de Urdaneta. De Núñez, de Jamaica, del 2 de mayo, confirmando dichas noticias. Estuve en el teatro Adelphi, donde Potier representó El burgomaestre de Zardam y El beneficiado.

1831. Junio 14.

   Martes: Visité al ministro de Buenos Aires, Moreno, y al general Tomás Mosquera.

1831. Junio 15.

   Miércoles: Escribí a Alcázar y a Núñez en respuesta a sus cartas recibidas el 13. A Raimundo Santamaría sobre las cuentas de Cuéllar e indemnización de los daños hechos en mi hacienda. Al doctor Soto. Todas estas cartas van a Gener, a New York, a quien le he escrito también. Al joven Lorenzo Lleras he respondido hoy su carta de New York, y comí en casa de Gorostiza y fui presentado al embajador de Holanda, el barón Falk; al ministro de Prusia, barón Bülow y a su señora; al subsecretario de relaciones exteriores de Inglaterra, Mr. Backhouse; al encargado de negocios del Brasil, señor Matos. Comieron además el ministro de Suecia y el de Hannover.

1831. Junio 16.

   Recibí carta de Alcázar, de Cartagena, del 7 de marzo, y de Vallarino. Por la noche fui al Covent Garden.

1831. Junio 17.

    Viernes: Nada particular. Recibí carta de Alcázar, de Cartagena, del 27 de marzo, y de Vallarino. Estuve en Adelphi, a ver a Potier en Les Plaideurs de Racine, L'Homme de 60 ans y Le cuisinier du Comte Buffon.

1831. Junio 18.

   Sábado: Nada. Por la noche estuve en el anfiteatro o circo olímpico, donde se corren caballos, se baila maroma, y se representa; esta noche dieron Mazeppa, tomado de un cuento de lord Byron. El teatro es bonito, aunque menos grande que el circo de París. Hay un caballito tan pequeño que parece un carnero negro; dicen que es de raza danesa.

1831. Junio 19.

   Domingo: Esta tarde he visto en el paseo de Hyde Park al rey confundido con los demás y en la manera más simple y sencilla. Comí con Carlos.

1831. Junio 20.

   Lunes: Habiendo visitado a Darthez, él me llevó a la casa de moneda, a Katherine Dock, a una fábrica de rapé y de tabaco para pipa y a otra de hacer cigarros. Con este motivo supe que el año de 1825 había producido la importación de tabaco de La Habana 1.000 libras y que en este año el producto había sido de más de 50.000 libras; que el total de la renta había sido de cerca de 3.000.000 de libras. Una libra de tabaco en hoja, cualquiera que sea su procedencia, paga de derechos 3 chelines, y una libra de cigarros 6 chelines. Cada bulto de tabaco debe tener más de 100 libras. Con motivo de visitar los almacenes de vinos en Katherine Dock, supe también que un galón de vino de Francia paga 7 chelines de derechos, y de España solamente 3 chelines, 7 pequines. Por cada barrica o pipa de vino se paga un penique por semana a la compañía del establecimiento y 3 peniques por cada vez que se va a probar el vino para venderse. Hablando de puertos francos, supe que esta franquicia significaba que se podía importar allí toda clase de mercaderías sin pagar derechos ni a la entrada ni a la salida, y que la ventaja era el proporcionar surtido a los cargamentos para países extranjeros con los géneros y efectos del país del puerto franco; los géneros prohibidos llegan sólo hasta el puerto y no se introducen en el interior.

1831. Junio 21.

   Martes: Se abrió hoy el parlamento por el rey en persona; vi la comitiva del rey y todo el lujo de su acompañamiento, carrozas, caballos, coraceros, policía etc., etc. Comimos donde Miss Stuart, con Caro.

1831. Junio 22.

   Miércoles: Hoy da la Sociedad Horticultural un gran almuerzo (por billetes que cuestan una o dos guineas) en el cual presenta toda especie de frutas cultivadas en Inglaterra. Yo he asistido por una guinea. El lugar de reunión es un hermoso jardín de la sociedad en el cual se forman tiendas de campaña para servir la comida y las frutas; había de 3 a 4.000 personas elegantemente vestidas que paseaban por el jardín o bailaban en la sabana. Cuatro bandas de música tocaban alternativamente, una de ellas era rusa, que tocaba los cuernos rusos solamente. Me ha parecido la función brillante y popular. Por la noche me despedí de los señores Luces que se van para su país, La Habana.

1831. Junio 23.

  Jueves: Nada. Por la noche a la ópera La italiana en Argel de Rossini, en la cual ejecutó Mme. Rambaux muy bien, La proba d'un opera seria, y a Paganini.

1831. Junio 24.

   Viernes: Hoy ha habido recibimiento por la reina (Drawing room); toda la nobleza y caballeros han ido al palacio, las señoras elegantemente vestidas, y es de etiqueta que se adornen la cabeza con plumas blancas. Comí con Mr. Logan, oficial escocés que me convidó hace cuatro días.

1831. Junio 25.

   Sábado: Nada particular. El ex emperador del Brasil ha llegado a esta ciudad.

1831. Junio 26.

   Domingo: Comí en casa de Carlos. He sido convidado a comer por Bentham y por Mr. Brown.

1831. Junio 27.

   Lunes: Escribí a Mme. Fenzi a Florencia un informe detallado sobre su hijo Horacio, que está aquí en una casa de educación y lo visité al efecto.

1831. Junio 28.

   Martes: Nada particular. Visité la galería llamada British Institution, que se compone de 172 cuadros de particulares de las escuelas italiana, flamenca e inglesa. Tengo el catálogo.

1831. Junio 29.

   Miércoles: Comí con Jeremías Bentham y me regaló varios folletos y obras que está publicando; la carta a los franceses sobre la cámara de los Pares, un folleto sobre la pena de muerte, su código militar y su codificación. Nuestra conversación, que duró cuatro horas, rodó principalmente sobre política en general, jurisprudencia, Francia, Inglaterra y Colombia.

1831. Junio 30.

    Jueves: Visité la exposición de retratos en miniatura de los personajes más notables de la historia de Inglaterra desde el siglo XVI. Comí con el señor Guillermo Brown, que conocí en Roma. Recibí carta de New York de Joaquín Mosquera, y de Gener, del 1° de junio corriente. Estuve en la sociedad de artes donde se conservan todos los modelos e invenciones de toda especie de máquinas, manufacturas, etc., y hay cuadros y estatuas de yeso. También hay, en pequeño, famosísimos relieves del Partenón de Atenas.

1831. Julio 1°.

   Viernes: Nada particular.

1831. Julio 2.

   Sábado: Vi un disforme y rico vaso hecho en Birmingham, es de hierro revestido de cristal con ricos y primorosos esmaltes, tiene 15 pies de alto y 14 de diámetro y le caben 5.400 botellas de vino. Su precio es de 10 mil libras esterlinas. Por la noche estuve en la ópera Otelo, en la cual la Pasta y Rubini ejecutaron muy bien.

1831. Julio 3.

   Domingo: Nada particular. Noticias interesantes. Un caballo de los que arrastran los carros con cerveza cuesta aquí de 80 a 150 guineas. Se ha descubierto que el humo que sale del horno de cocinar el pan produce alcohol, y al efecto se coloca sobre el pan un tubo que salga por el agujero del horno. Un preso en Francia que se propuso no tomar alimento, murió a los 62 días, su complexión era robusta, pocos días antes de morir su cuerpo exhalaba un hedor insoportable.

1831. Julio 4.

    Lunes: He escrito a Mosquera, a los sirvientes y a Lleras, enviándole copia de mi última representación al congreso pidiendo la publicación de mi causa para que él la publique en los diarios de los Estados Unidos. Estuve a ver la refinería de azúcar de Mr. Winder, que es un establecimiento considerable. Todo se hace por el vapor. El azúcar bruta negra se derrite con agua, la cual se le extrae por evaporación en calderas aparentes aplicando un método particular que ha merecido el brévet de la invención. No se usa de barro para tapar la boca de la vasija donde se hace el depósito del azúcar, sino de una especie de miel. Se refinan diariamente 15 mil libras de azúcar y se vende el quintal de la ordinaria ya refinada a 35 chelines; un quintal tiene 112 libras. Pasamos luego a visitar la famosa cervecería de Barclay & Perquin que tiene un extenso establecimiento, en el cual se hacen diariamente 800 barricas de cerveza de 650 pintas cada una. Vimos las grandes vasijas donde se revuelve la cebada con el agua, los toneles donde se echa el lúpulo hervido con aquella composición, que es como un horno, las piezas para enfriar la cerveza, para fermentarla y depositarla. El vapor hace andar las máquinas y por diversos canales se pasa de una parte a otra. Los toneles de depósito son 170 y los más grandes contienen mil barrilles. Las piezas de fermentación son grandísimos cajones contenidos con vigas y puntales de hierro para impedir que la fermentación los rompa.

1831. Julio 5.

   Martes: Fui a visitar la Casa de Moneda. El vapor mueve en ella todas las máquinas de adelgazar los rieles, de cortar y acuñar. Hay de las primeras 3 dobles para comenzar a adelgazarlos. Dos dobles para estirar las láminas y ponerlas en estado de cortar la moneda. En dos pequeñas máquinas manejables por un hombre se prueba la lámina para ver si está con el diámetro legal, cortando una pieza de moneda; luego se pasan las láminas a donde se cortan por el vapor en una máquina que tiene 12 cilindros, que cortan cada uno 60 piezas por minuto. El cordón de la moneda se hace en el acto de acuñarla, poniendo sobre la hembra del cuño una cosa redonda que contiene el cordón y que lo comunica a la moneda por la acción del macho del cuño. Los volantes son 8 y una faja de cuero que recibe las monedas, las coloca en el cuño y las retira a un tiempo (Sigue Nota del Editor...). El número primero es un canuto donde se colocan las monedas, las cuales caen por el lugar cuatro sobre la fajita de acero 5, colocándose en el círculo 2. Esta fajita se mueve para adelante y para atrás por el vapor; al ir para adelante retira la moneda entrada en los cilindros 3 y coloca la que ha recibido cuando vuelve para atrás. Las medidas están hechas con tal exactitud que no desmienten una línea. La fundición de los metales se hace en hornos bajos de hierro y en vasijas de piedra lápiz; los rieles se forman en cajas de hierro cerradas al efecto. Se nos mostraron monedas de cobre de un cuarto de penique y de plata ligada de 1, 2, 3, 4 y 5 peniques. La casa puede elaborar en un día 500 mil monedas o piezas. Los cuños se hacen con las matrices, del mismo modo que las monedas. Por la noche estuve en casa de Mr. Hynde. He tomado la diligencia para Cambridge a razón de 12 chelines por persona fuera y somos tres, Acosta yo y mi criado Juan. Por la noche estuve en la sociedad de Mme. Hynde.

CAMBRIDGE

1831. Julio 6.

   Miércoles: Salimos a las 2 de la tarde, y pasamos por Royston y llegamos a Cambridge, ciudad de 40 mil habitantes y una de las primeras universidades del reino. El país está muy poblado y perfectamente cultivado de cereales y legumbres. La universidad se compone de 17 colegios, de los cuales visitamos el de la Trinidad, que es vastísimo, el de San Juan, el de la Magdalena y el del Rey; éste, como los demás y las iglesias, es de arquitectura gótica. Vimos la librería, en la cual hay algunos manuscritos orientales, un facsímil en latín de la magna carta, algunos edictos chinos y turcos. El museo de Fitz-William tiene algunos cuadros de la escuela italiana y flamenca. Los más son de la escuela alemana e inglesa. Tengo en mis papeles el cuaderno que instruye lo correspondiente sobre los colegios y la universidad y me refiero a él. De Londres a Cambridge, 51 millas.

STANFORD

1831. Julio 7.

    Jueves: Salimos a la 1 de la tarde para Huntington, ciudad regular donde se reúne la diligencia de Londres para Stanford, donde llegamos a las 7 y media de la tarde (millas de Cambridge a dicha ciudad, 38), pasaje afuera 11 chelines y medio por persona. El país, tan cultivado como el de ayer, menos plano y hay bastantes rebaños.

DONCASTE

1831. Julio 8.

   Viernes: Salimos de Stanford a las 8 de la mañana, pasamos por las ciudades regulares de Grantham, Newark, Tuxford, Retford, Bowting Noor, y llegamos a Doncaster a las 8 de la tarde (millas 73 y pasaje afuera 15 chelines por persona). El país igual a los anteriores.

YORK

1831. Julio 9.

   Sábado: Salimos a las 3 de la mañana, pasamos por las regulares ciudades de Pontefract, Tadearter, y llegamos a York a las 8 del día (millas 38, pasaje 9 chelines por persona fuera). El país idéntico aunque ayer y hoy hemos visto mayor número de rebaños y vacadas y parques de la nobleza. Hasta aquí hemos observado que los caminos son excelentes, las diligencias bien servidas, el país perfectamente cultivado y dividido en pequeñas porciones, las poblaciones aseadas, ninguna guarnición de tropas en todo el tránsito, en ninguna parte se pide el pasaporte y en todas las ventas de licores y de cerveza se vende tabaco.

   York tiene una importancia política en la historia de Inglaterra. Se dice que residió aquí el emperador Severo. Hemos visitado la famosa catedral gótica, cuyo interior es el más magnífico que he visto y corresponde a la reputación que tiene. El río Ous atraviesa la ciudad, es navegable, y por el steamboat se va a Liverpool en 15 horas. La ciudad tiene 30 mil almas más o menos. Hay algunas manufacturas. Este es el mayor condado de Inglaterra.

NEWCASTLE

1831. Julio 10.

   Domingo: A Newcastle, condado de Northumberland (75 millas y 20 chelines de pasaje por persona fuera), cerca de Doncaster vimos un campo dispuesto para carreras de caballos. Ahora 50 años se iba de York a Londres en 4 días en la diligencia en que se va hoy en 30 horas; lo mismo sucedía en casi toda Inglaterra a causa de que los caminos no se habían mejorado tanto. En la sacristía de la iglesia catedral de York nos mostraron varias curiosidades, entre ellas un cuerno de elefante que pertenecía a Alfredo el Grande, los libros de oración de Carlos I y Carlos II, la silla más vieja donde se coronaban los reyes y antiquísimos anillos de los arzobispos. Para ir a Newcastle pasamos por los lugares regulares de Easinwold, Thwosh, Allerton, Darlington, Durham, capital del condado del mismo nombre. El país es en todo idéntico al anterior.

BERWICK

1831. Julio 11.

   Lunes: Hoy hemos visitado una de las muchas minas de carbón de piedra de que abunda el condado de Northumberland. Ella está laborada a favor de una máquina de vapor de fuerza de 80 caballos, la cual sirve para sacar de la mina afuera los canastos de carbón y reconducirlos vacíos, operación que se ejecuta en un minuto. El carbón se extrae del mineral tal cual se usa, y para separar el grueso del que se reduce a casi polvo, se cierne por entre rejas delgadas de hierro. En todas las minas hay caminos de hierro para facilitar el transporte de los carros y de las ruedas de hierro en que se colocan las canastas. La mina tiene 145 yardas de profundidad y bajamos a ella a examinarla; consiste en diversas bóvedas por donde pasan carros tirados por caballos con el carbón extraído de la parte más lejana de la bóveda al punto por donde se saca fuera, que es un agujero de 2 varas de diámetro, que fue por donde nosotros bajamos vestidos de mineros. Dentro de las minas hay caballerizas para los caballos, agua en fuente y ventiladores artificiales con una serie de ruedas así (Sigue Nota del Editor...) de tela que recíprocamente se comunican el aire hasta llegar a un horno encendido. La mina se llama Elswyel. Salimos a las 10 de la mañana, pasamos por Morpeth, Alnwick, Belfort, y llegamos a Berwick a las 8 de la noche (73 millas y 12 chelines dentro, y 7 fuera en coche de oposición). Berwick es ciudad marítima de 9 a 10 mil almas de población. El río Tyne, navegable, atraviesa a Newcastle. Newcastle es la mejor ciudad que hasta ahora hemos encontrado en esta ruta.

1831. Julio 12.

   Martes: Salimos a las 6 de la mañana (51 millas y 15 chelines dentro y 10 fuera). Pasamos por la ciudad marítima de Dumbar, por Haddington, y llegamos a Edimburgo a las 2 de la tarde. El país, mucho más quebrado que el anterior y cultivado lo mismo. No hemos visto ninguna persona vestida a la escocesa y la gente del común del pueblo anda en lo general sin zapatos. Posamos en el hotel Falconer.

   Edimburgo, capital de Escocia, tiene 161 mil almas, incluso el puerto llamado Leith; está situada en terreno desigual: se compone de antigua y nueva ciudad, unidas estas dos partes por puentes, debajo de los cuales hay edificios a causa de que la antigua ciudad es más alta, y edificada toda la nueva de piedra de sillería; las calles son anchas y rectas, los edificios grandes y simétricos, alumbrados por gas, plazas hermosísimas con jardines e iglesias góticas. Hay también edificios públicos de arquitectura griega, como el colegio o universidad y la Sociedad Real. Edimburgo es considerada como la primera ciudad científica de la Gran Bretaña, su universidad es afamada principalmente en ciencias metafísicas y medicina. Tiene la ciudad diferentes establecimientos científicos, y de beneficencia y caridad. Hemos visto hoy la mayor parte de la ciudad nueva y vieja, exteriormente el Banco, el Real Exchange o la Lonja, el Registro y diferentes iglesias. El monumento levantado por suscripción a lord Melville, lord del almirantazgo, el cual consiste en una columna acanalada modelada sobre la de Trajano de Roma, de piedra coronada con la estatua del lord. De noche, nada.

1831. Julio 13.

    Miércoles: Visité al profesor de Historia Natural, doctor Jameson, para quien traje carta de introducción. Hemos visto el palacio de Holyroot, donde reside hoy el ex rey de Francia Carlos X y el duque de Bordeaux. Visitamos la iglesia o abadía que está arruinada y se dice haber sido edificada en el siglo XII. Se nos mostró la torre donde estuvo presa la reina María Stuart y las piezas donde vivió; en ellas se conserva su cama y la de Carlos I, las sillas, un bordado de su mano, un pequeño retrato suyo, la armadura de su marido lord Darnley. Un cuadro de la Concepción, pintura italiana, que fue despedazado por el célebre Knox, escritor en favor de la religión reformada; en una de las salas tuvo él una conferencia con dicha reina. Allí se muestra la pequeña escalera por donde entraba Darnley y el lugar donde fue asesinado el italiano Rizzio, favorito de la reina. Para ir a ver dos salas con retratos, pasamos por la antecámara del duque de Bordeaux, donde estaban dos criados sin libreas. Visitamos la universidad, edificio cuadrado magnífico, donde se dan lecciones de ciencias exactas, naturales y metafísicas. Las piezas para las clases son pequeñas y ordenados los asientos en anfiteatro. Vi el museo de la universidad, en el cual hay una numerosa colección de pájaros (3 mil especies), de minerales, conchas, cuadrúpedos, vestidos de indios, plantas marítimas, etc. Hay tres ladrillos tomados en las ruinas de Babilonia, de 15 pulgadas de longitud y latitud y 3 de profundidad, y 3 pedazos de una columna de granito de la cueva de Fingal en la isla de Stafford. Al salir del museo encontré al doctor Jameson, que después nos mandó convites para soirée mañana a las 10 de la noche. Estuvimos en la gran sala donde se reúnen los tribunales y que sirvió para el parlamento de Escocia. Por la noche estuvimos en el teatro Caledonians, que es pequeño, y se dieron 3 piezas graciosas y ridículas.

1831. Julio 14.

   Jueves: Visitamos la Institución Real, que se compone de esculturas en yeso de las más célebres estatuas conocidas y de antigüedades escocesas, egipcias, asiáticas y americanas. Entre éstas se muestra la especie de guillotina inventada por el Regente Morton, con la cual fueron ejecutados el marqués y el conde de Argyle, Montrose, Gordon y él mismo, en 1581. El original de la representación dirigida a George III en el principio del siglo pasado y que produjo la revolución de 1715; una copia del solemne contrato religioso llamado Covenant: fue hecho en 1588 para conservar la religión de Escocia y con ocasión de la Armada Invencible; el pulpito donde predicaba Knox; el mango de paja que sirve para extraer el yare de la yuca y hacer el casabe en América, y otras curiosidades. En la sala de la Sociedad de Anticuarios, cuyo número es de 400 entre propietarios y corresponsales, están los retratos de Watt, que perfeccionó la aplicación del vapor; de Walter Scott, célebre romancista e historiador de Escocia, y de Murdoch, que aplicó el gas a la iluminación de las ciudades. En el museo hay una vasta colección de grabados de Volpato de todas las mejores pinturas y esculturas de todas las escuelas. Estuvimos en la soirée de Mr. Jameson, que estuvo concurrida y se cantó y bailó. Fui presentado a varios profesores y señoras; me acuerdo sólo del doctor Pillams, catedrático de humanidades.

   Edimburgo es patria de hombres muy distinguidos en las ciencias y en la literatura como Hume, Smith, Robertson, Smollet, Scott, Byron, Mackintosh, Jeffrey, Mackenzie, etc. Fergusson, historiador de la República romana; Napier, inventor de los logaritmos; Cullen y Munro, médicos. En lo general el pueblo escocés es amigo de la reforma parlamentaria, a causa de que el derecho de elegir está contraído a un número pequeño de electores. Hemos visto la casa donde vivió Hume, y se conservan la del profesor Robertson y la de Smith. Yo he dejado mi nombre en un libro en casa del profesor Jameson. Los escoceses son corteses, y menos fríos que los ingleses.

1831. Julio 15.

   Viernes: Nos visitaron los profesores Jameson y Pillams y nos condujeron a visitar lo siguiente: High School, donde se enseñan las lenguas latina, griega, y la geografía antigua y moderna; está dividida en cinco clases, de las cuales se ha aplicado a las dos primeras el sistema de Bell y Lancaster, o el monitorial, según lo llama el doctor Pillams, que ha hecho la aplicación. La enseñanza se reduce a traducir el latín, explicar las partes de la oración, reducir la construcción indirecta, hacer oraciones y leer correctamente la prosa y el verso. El Register Office, donde se conservan los archivos del reino; el edificio es vasto y hermoso, compuesto de una rotunda donde están los archivos depositados, de una gran sala y de cuadros. Vimos entre otras curiosidades y tratados originales la amistad o alianza de los reyes de Francia y Escocia, una bula del papa Urbano V, un acto del Parlamento de Escocia reconociendo los derechos del rey Roberto, una representación de los Pares de Escocia al Papa, el acto de unión de Escocia a Inglaterra en 1707, en el reinado de la reina Ana. Las dos coronas se habían unido en Jacobo I en 1603. Cartas autógrafas de Carlos I al conde de Argyle, de Carlos II, de la reina María Stuart, de la reina Isabel, de Jaime VI o I, de Catarina de Médicis, de Enrique II y IV de Francia, de la reina Ana de Austria y de otros hombres célebres de Inglaterra y de Francia.

    La biblioteca de la Universidad, colocada en una gran sala revestida de columnas de madera y de tablas; se dice que aquí se conserva el acto de esponsales entre María de Escocia y el delfín de Francia; la sala del antiguo parlamento, donde despachan los tribunales de Justicia, y fuimos introducidos a la alta Corte que estaba actualmente reunida, por un joven abogado que vimos anoche en la casa del doctor Jameson. Eran cuatro los jueces, vestidos de ropa talar encarnada de seda, con una especie de muceta blanca y corbata larga también blanca; el acusado estaba sentado frente entre dos hombres de la policía que conservaban puestos sus sombreros; a un lado del tribunal estaban quince jurados que debían decidir del hecho; como el acusado se confesó culpable, el jurado no falló y el tribunal pronunció públicamente la sentencia. Se siguió otro juicio y vimos hacer el sorteo de los 15 nuevos jurados. El resumen del proceso se imprime y se reparte a los jurados. Ultimamente vimos la biblioteca de los abogados, de 70 mil volúmenes; nos mostraron una de las primeras biblias impresas en Maguncia por Gutenberg y una copia manuscrita de la Vulgata de San Jerónimo. Aquí en el oficio de registro (que es donde se anotan todas las propiedades territoriales y las hipotecas), vimos también el acto original de juramento de Jorge IV y el del actual rey Guillermo, que prestaron al subir al trono, de conservar y respetar los derechos y privilegios de la Iglesia de Escocia. Esta Iglesia es presbiteriana y fue reconocida por un acto del parlamento escocés en 1592. Hemos visto la casa donde vivió Adam Smith y el monumento levantado a Hume. A Nelson también le han levantado otro sin ser escocés, y en el camino de Barych a Dumbar vimos una pirámide levantada al mismo por un amigo suyo.

   Además de los establecimientos científicos de que he hablado, hay aquí un jardín botánico, observatorio e institución astronómica, colegio real de médicos, sociedad de historia natural llamada werneriana en honor de Werner, de Freiberg, destinada a promover el estudio de ella, la sociedad de anticuarios, la sociedad especulativa dedicada a mejorar la composición de los discursos. La Real Sociedad Médica compuesta en gran parte de cirujanos, la Real Sociedad Física, compuesta en la mayor parte de jóvenes, en la cual se estudia química; la Sociedad Frenológica, para sostener las doctrinas de Gall, la Sociedad Pliniana, la Sociedad Highland, para promover las mejoras de las montañas en agricultura, inventos, etc., la Sociedad Caledoniana Horticultural, escuela de artes.

1831. Julio 16.

   Sábado: Hoy hemos sido igualmente conducidos por los profesores Jameson y Pillams a visitar los siguientes establecimientos: el hospicio de George Herriot (el nombre del fundador), para educar los hijos de los artesanos de Edimburgo; se les enseña un poco de latinidad, escribir, leer, aritmética, geografía y dibujo. Hacen ejercicios gimnásticos muy graciosos que los agilitan y robustecen. Son admitidos desde la edad de siete años hasta la de diez y seis, que salen a aprender algún oficio o alguna ciencia a expensas de la casa. Hay actualmente 182 jóvenes; otro establecimiento igual para las niñas hijas de mercaderes, a quienes se les enseñan los oficios de su sexo, música vocal e instrumental, geografía y francés; hay actualmente 92 niñas y entran desde la edad de 9 años y permanecen hasta los 17.

   El hospital u hospicio llamado de Watson, su fundador, para muchachos hijos de negociantes cuya educación es idéntica a la del primero. En éste son notables los baños y los útiles de lavarse la cara y las manos por su sencillez y economía.

   La escuela y asilo de los ciegos, donde aprenden a leer por medio de caracteres en relieve, a escribir, a contar por medio de caracteres que cambian de valor según el lado en que se colocan (Sigue Nota del Editor...) y que se clavan en agujeros; la geografía, por medio de globos que tienen marcados los países en relieve, los ríos en bajo, las capitales con cabezas de clavos y el mar en una superficie plana, y varios oficios mecánicos como hacer canastos, sillas, colchones, telas de lana y de algodón. Un ciego ha inventado un abecedario por medio de una cuerda de nudos y lazadas; en nuestra presencia ha examinado en geografía un ciego a otro ciego, preguntándole la latitud de algunos lugares y haciéndole buscar algunos países y ciudades. Las telas son excelentes y las hemos visto tejer. Otro ciego viejo nos ha asombrado diciendo de memoria el principio de cualquier capítulo del Antiguo y Nuevo Testamento que le citaba uno de los visitadores; su memoria feliz le ha hecho aprenderlo, de oírlo leer por más de treinta años. Otra escuela y asilo también de ciegos para las niñas y mujeres, donde aprenden los oficios de su sexo, geografía, astronomía y música instrumental y vocal. En nuestra presencia una joven arregló el sistema planetario en el plano de metal que sirve para la enseñanza de la escuela, y explicó la geografía en el globo en relieve, y otra tocó el piano y cantaron las demás. Ultimamente visitamos la escuela sesional que sirve para la educación de los jóvenes pobres de ambos sexos, a quienes se les enseña a leer, escribir, aritmética y principios generales de geografía. Hay actualmente 600 jóvenes cuyos exámenes presenciamos. El director se emplea de balde en esta ocupación por afecto a la educación pública.

   Estuvimos en el jardín botánico, que sirve también de paseo. En los invernáculos entre varias plantas de América vimos el café, el plátano, la caña de azúcar y las granadillas, pero no el cacao. En la colina llamada Carlton se hallan el monumento levantado a Nelson (Sigue Nota del Editor...), el Observatorio, otro monumento al profesor de filosofía Playfair y el llamado monumento nacional, que se está fabricando actualmente y consiste en una perfecta imitación del Partenón de Atenas, edificio cuadrilongo con ocho columnas de frente acanaladas, orden dórico. 

   Además de las escuelas enunciadas, hay de sordomudos, un hospital de locos, un asilo para mujeres que desean cambiar de vida mejorando su moral, y una casa de caridad, fuera de otros establecimientos para promover el trabajo y la moral.

1831. Julio 17.

   Domingo: Siendo hoy día de fiesta, las calles están desiertas y las iglesias pobladas. Se observa aquí con más rigor el domingo que en Londres, pues no hay abierta tienda de ninguna especie ni salen hoy diligencias ni ómnibus, excepto los coches del correo. Me visitó Mr. Bodenham, cuñado del cardenal Wells.

   En la Universidad de Edimburgo, fundada desde 1598 y aumentada progresivamente, hay las cátedras siguientes: humanidades, por el doctor Pillams; griego, matemáticas por el doctor Wallace, que he conocido; lógica por Ritchie; filosofía moral, filosofía natural por Leslie; retórica y bellas letras, historia universal, historia natural por el doctor Jameson. Teología, historia eclesiástica y hebreo. Leyes civiles, Instituta y Pandectas, leyes de Escocia, derecho público y el oficio de notarios. En medicina, que se considera esta universidad como la primera de Europa, hay las siguientes clases: dietética, materia médica y farmacia; práctica de física y química y farmacia química, teoría de física; anatomía y cirugía; teoría y práctica de partear; jurisprudencia médica, medicina clínica, cirugía clínica y cirugía militar. En el verano hay también clases de botánica, de historia natural, de partear y de clínica médica y quirúrgica. La universidad tuvo en 1828 a 1829, 2.110 estudiantes.

GLASGOW

1831. Julio 18.

   Lunes: Salimos a las 12 del día (12 chelines por persona dentro) y atravesando un terreno suave, cultivado y poblado de pequeños lugares, llegamos a Glasgow a las 5 de la tarde (41 millas). En Glasgow presenté mi carta de introducción a Mr. Easton, e inmediatamente vino al hotel a ofrecerme sus servicios y nos sacó a pasear la ciudad.

   Glasgow está situado cerca del mar (canal de San Jorge) con el cual comunica por el río Clyde, que siendo navegable hace de la ciudad un puerto de mucha consideración. Ella tiene cerca de 200 mil habitantes, el río la atraviesa y es manufacturera de tejidos de algodón. Los edificios son de piedra, aunque no tan elegantes como los de Edimburgo, ni las calles tan anchas y limpias. En el paseo público está un monumento muy sencillo consagrado a Nelson, cerca de la catedral la estatua del predicador Knox, en la calle principal la estatua ecuestre en bronce de Guillermo III, y en una plaza la del general Moore, muerto en la Coruña en 1809.

1831. Julio 19.

    Martes: Fuimos a ver una manufactura de carlaneanes ordinarios que está movida por el vapor. Examinamos desde las primeras operaciones de juntar el algodón bruto en un cajón para que por medio de 4 cilindros vaya reuniéndose y formando como una tela; de aquí pasa a otros cilindros con alfileres para ser escarmenado y al mismo tiempo reducido a copos. Luego pasa a los diversos husos donde se hila desde grueso hasta delgado. En todo obra el vapor, así es que hay máquinas con 80 husos de hilar en que una mujer o un muchacho basta para atenderla. En las salas donde están los telares basta una muchacha para atender a dos telares, porque la lanzadera va y viene de una a otra parte y suben y bajan los peines en fuerza del movimiento del vapor. Con él se envuelven los hilos en un grueso cilindro para disponerlos a ser colocados en el telar, y al mismo tiempo se tiñen por medio de dos cilindros elásticos, y se limpian con cepillos. Es prodigioso ver la aplicación del vapor al movimiento de todas estas máquinas, en donde la más pequeña cosa que necesitaría de la mano del obrero es hecha en fuerza de dicho movimiento.

   Visitamos la catedral, que es gótica y bastante buena. La universidad, donde se enseñan casi las mismas ciencias que en Edimburgo; el edificio está compuesto de varios cuerpos. En ella hay un museo que no vimos porque había que pagar un chelín por persona, así como en Edimburgo se pagan dos. Estuve en el teatro real; edificio pequeño pero bonito donde se hicieron representaciones de diferente género.

1831. Julio 20.

   Miércoles: Vimos la Bolsa o Exchange, que se está concluyendo, edificio grande de arquitectura corintia donde hay un gran salón dividido en tres cuerpos por columnas hermosas que sirve para leer todos los diarios y periódicos ingleses. Una suscripción mantiene el establecimiento. Paseamos por la parte nueva de la ciudad, que se está fabricando a semejanza de Edimburgo. Hay aquí otra estatua que es la de Guillermo Pitt. A las 8 de la tarde nos embarcamos en el steamboat para Belfast y a las 11 llegamos a Greenock, puerto marítimo en las bocas del río Clyde, por donde bajamos.

   De allí continuamos atravesando el canal del norte o mar de Irlanda en 18 horas, a causa del mal viento, y llegamos a Belfast a las 6 de la tarde siguiente.

   Antes de dejar la Escocia repetiré que los escoceses me han parecido más afables y tratables que los ingleses, y que me ha admirado el ver que sea tan poco general el conocimiento de la lengua francesa aun entre gentes de buena sociedad. El termómetro en Glasgow a la sombra estaba hoy en 64 de Fahrenheit.


IRLANDA

BELFAST

1831. Julio 21.

   Jueves: Llegamos a Belfast a las 6 de la tarde. Belfast es la tercera ciudad de Irlanda, regular, construida de ladrillo, manufacturera de lino y con más de 60 mil almas de población. Es puerto.

DUBLÍN

1831. Julio 22.

   Viernes: Salimos a las 5 de la mañana (30 chelines dentro por persona, 80 millas a Dublín) y pasando por un país bastante cultivado, con valles y montañas, con caseríos cuyas paredes se blanquean como en América, y por las ciudades de Dromore, Newry, Dundalk, Duntser y Drogheda, los cuatro últimos puertos. Llegamos a Dublín a las 6 de la tarde.

1831. Julio 23.

   Sábado: Dublín es la capital de la Irlanda, situada al pie de una cadena de colinas, y se extiende por una hermosa llanura. Sus edificios son de ladrillo aunque tiene bastantes de piedra, sus calles anchas, su extensión considerable, y la población de 200 mil almas. El pueblo bajo manifiesta su pobreza y los mendigos son en gran número. En la calle principal hay una gran columna levantada a Nelson, cuya estatua corona el monumento. El banco, antes el parlamento, es un edificio grande de arquitectura griega, y el de la universidad es vasto. El río Ana Lilfey atraviesa la ciudad y la constituye un puerto para buques menores.

   La Irlanda fue reunida a la Inglaterra en 1800, desde cuya época cesó el parlamento, compuesto de dos cámaras, la de los lores y la de los comunes. La unión se hizo en 1800 y el primer parlamento del Reino Unido se tuvo en Londres en 1801. La Irlanda fue conquistada por los ingleses en el siglo XII bajo Enrique II, favorecido por las disensiones civiles en que estaba el país, pues los reyes de Inglaterra tuvieron sólo el título de señores de Irlanda hasta el siglo XVI, que el parlamento irlandés les dio el de reyes, empezando por Enrique VIII. Desde la conquista de este país ha ocurrido una serie no interrumpida de conjuraciones contra la autoridad del rey de Inglaterra. Actualmente hay muchas peticiones para revocar este acto. Justamente está la parte del pueblo del Oeste muriéndose de hambre y desnudez, cuya calamidad creen hacer cesar en mucha parte revocando dicho acto.

   Dublín tiene diferentes establecimientos científicos, de caridad y beneficencia y manufacturas de seda, algodón y lana. La universidad, compuesta de dos colegios, recibe tres especies de estudiantes llamados en inglés fellow-commoners, que son los que pagan mayor suma y se distinguen en el vestido; pensioners, que pagan menos, y dizars, que nada pagan y sólo pueden ser treinta. Se enseña teología, derecho civil y público, griego, lenguas orientales, matemáticas, historia, filosofía natural, astronomía, anatomía y cirugía, química y botánica. Hay academia de pintura y de arqueología. Sociedad real, escuela dominical para los trabajadores, escuela para los muchachos pobres, y escuela de sordomudos. Un asilo para los viejos inútiles, otro para mujeres ciegas, otro para hombres, dos casas de corrección, una de las cuales se llama penitenciaría, tres para recibir mujeres de mala conducta que quieran enmendar su vida, una escuela para los hijos de los soldados y otra para los de los marineros irlandeses. Hay una sociedad para promover la educación de los muchachos pobres y otra para mejorar las prisiones. Para atender el socorro de los pobres hay otra, que hace mucho bien en un país donde es casi anual la calamidad del hambre. Entre las bellas plazas de Dublín debe tener un lugar preferente la de San Esteban, por su magnitud; allí está la estatua ecuestre de Jorge II. En otras calles están la de Guillermo III y Jorge III, también ecuestres, y la de Jorge I, pedestre. La catedral de San Patricio (iglesia protestante) es de arquitectura gótica pero está muy maltratada. Hay allí varios monumentos excelentes, entre ellos el del deán Swift. Se tienen igualmente depositados en ella los yelmos, espadas y banderas de los caballeros de San Patricio, de los cuales el rey es presidente. El parque del Fénix es hermoso; allí está el monumento levantado a Wellington muy sencillamente; en una pirámide están escritos los nombres de las batallas que ha ganado. En el parque hacía ejercicio de fuego una división de infantería, caballería y artillería ligera. El edificio llamado de las Cuatro Cortes, es hermoso por su arquitectura y por su extensión. Allí despachan las cuatro cortes, a saber: la de la cancillería, la de King's Bench, la de Common Pleas, y la del Exchiquier. La rotunda interior y la exterior de este edificio son famosas; en la interior están en relieve las estatuas de la sabiduría, la elocuencia, la justicia, el castigo, la misericordia y la libertad. Por la noche estuve en el teatro real, al beneficio de la célebre cantatriz inglesa Mrs. Wood en Les noces de Fígaro, de Mozart. La sala del teatro aunque pequeña, es tan elegante como la de Drury Lane de Londres.

1831. Julio 24.

   Domingo: Visitamos exteriormente el castillo, hoy el palacio del lord Lieutenant o virrey; es un edificio grande y bastante hermoso; tiene una capilla gótica y conserva lo que fue castillo en tiempos anteriores. La aduana situada a orillas del río, es un edificio elegante de arquitectura griega con estatuas exteriormente. En el muelle se han hecho diques para facilitar la carga y descarga de los buques. Habiendo tomado puestos para salir hacia Liverpool por la isla de Anglesey, Bangor y Chester, salimos de la ciudad a las 3 de la tarde, para embarcarnos en Kingstown, que es el puerto marítimo, en el steamboat cuyo precio es de 21 chelines en el gabinete por persona y 10 y medio para criados. El steamboat salió a las 4 de la tarde para Holyhead. El puerto está a 9 millas de Dublín (1 y medio chelines el pasaje). El mar estaba tranquilo y llegamos a Holyhead después de 6 horas y media de navegación. Holyhead es un pueblo en una pequeña isla que por medio de una calzada está unida a la isla de Anglesey.

BANGOR

1831. Julio 25.

   Lunes: Salimos a las 7 de la mañana para Bangor (26 millas y 6 chelines fuera, por persona). Atravesamos la isla, y dos millas antes de llegar al pueblo de Bangor pasamos el magnífico puente suspendido, que está en el estrecho de Menay que separa la isla de Anglesey de la Inglaterra. Nos quedamos en Bangor por ver y examinar dicho puente que con razón pasa por una obra atrevida de los modernos. El puente se empezó en 1819 y se concluyó en 1826, la parte que está entre los dos gruesos pilares sobre que descansan las cadenas de hierro que sostienen el puente tiene 240 pasos, y de uno y otro lado tiene arcos entre el agua. La anchura del canal y la obra del puente lo constituyen una obra admirable. Bajamos a las bóvedas que se han hecho en la roca para prender las cadenas y contenerlas a la misma roca. Bangor es un pequeño puerto que sirve para la exportación de... en que abunda este condado. El paisaje es pintoresco; el mar, las colinas cultivadas y pobladas, una ciudad en la punta de abra del puerto frente a la del Bangor; los buques que se ven a la vela, un río y el parque y castillo de lord Pewyns. No se permite entrar a los extranjeros en el parque.

LIVERPOOL

1831. Julio 26.

   Martes: Salimos a las 8 para Liverpool (20 chelines y medio fuera, por persona, y 79 millas), pasamos por Holywell, puerto en un río; por Chester, ciudad grande y antigua, y habiendo atravesado el río Mersey, llegamos a Liverpool a las 8 y media de la noche. El país de Anglesey y Bangor hasta Chester es una parte del principado de Wales donde se habla el idioma bretón antiguo, y cuya religión es en lo general de la llamada de los disidentes. Abundan las minas de cobre y de plomo. Cerca del estrecho de Maine está un monumento levantado al lord Douglas, y cerca de Deby, sobre una alta colina, otro a Jorge III. Como el país desde Bangor a Chester, está cubierto de sementeras, rebaños, valles, colinas y montañas, ríos y la costa del mar, presenta una vista muy interesante que se realza por algunas excelentes casas de campo de ricos propietarios. Cerca del lugar de Coway hay un puente suspendido de hierro.

1831. Julio 27.

   Miércoles: Liverpool es la segunda de las ciudades mercantiles de Inglaterra. Está situada a orillas del río Mersey, a 4 millas del mar, tiene cerca de 200 mil almas de población y es el conducto de la exportación de los productos de las grandes manufacturas de Manchester, Leeds, etc. Tiene hermosos edificios públicos de arquitectura griega, como el Liceo, el Exchange y la Lonja, y las iglesas de arquitectura gótica, entre las cuales es notable la de San Lucas, recientemente construida. En el patio de la Lonja está un excelente monumento de bronce levantado a Nelson, que consiste en un grupo de la muerte: Nelson, un soldado, un genio y una matrona, y al pie cuatro prisioneros. Los docks o bassins son 9, aunque no tan grandes como los de Londres. Por la noche estuvimos en el teatro, que es regular, a ver al célebre cómico Mathews.

MANCHESTER

1831. Julio 28.

   Jueves: Salimos de Liverpool a las 10 y andando por el camino de hierro en coches tirados por el vapor llegamos a Manchester en hora y media, habiendo recorrido 32 millas. Es admirable este género de transporte; 8 coches cada uno con 18 personas y sus equipajes, son tirados por la máquina de vapor que anda 30 millas por hora. El camino es todo plano, y los carriles de hierro son en relieve. Se han levantado puentes y calzadas para aplanar el terreno y aun se ha penetrado por entre la roca. Dícese que costó 900 mil libras esterlinas y todavía se trabaja en él. El pasaje cuesta 5 chelines por persona y es el único pedazo de camino donde no hay que pagar al guardián del coche, al cochero, al que coloca el equipaje, al que lo baja de las diligencias, etc.

   Manchester, situada sobre el río Irvel con una población casi igual a la de Liverpool, es la primera ciudad manufacturera de Inglaterra; sus manufacturas consisten principalmente en algodón, aunque hay también de seda. Vimos dos de una y otra especie. En esta ciudad hay edificios públicos excelentes, sociedades y establecimientos de beneficencia. Hay un canal que comunica con el Támesis y otro con el río que pasa por Liverpool. De Manchester a Birmingham el país continúa muy cultivado y poblado.

BIRMINGHAM

1831. Julio 29.

   Viernes: Salimos a las 7 y media de la mañana (15 chelines fuera, por persona y 84 millas a Birmingham) y pasando por las ciudades de Stokport, Macclesfield, Newcastle, Stafford y Hove, llegamos a Birmingham a las 6 y media de la tarde. Esta es una ciudad muy importante por las manufacturas de hierro, cobre y plata que tiene; su población es de 125 mil almas. En el contorno hay una gran abundancia de minas de hierro, a cuyo trabajo está aplicado el vapor. Hemos visitado la celebrada manufactura de Thomason, y hemos presenciado los trabajos para fabricar candeleras, platos, palanganas, cuchillos, botones, medallas, etc.; lo principal que hacen es de cobre plateado. También visitamos sus manufacturas de fusiles, sables e instrumentos de hierro y acero para la agricultura y las artes. Ultimamente vimos una fábrica de cristales. En todas estas fábricas hemos visto ocupadas las mujeres, muchachos y niños hasta la edad de 7 años.

1831. Julio 30.

   Sábado: Hoy es que hemos visto todas las manufacturas de que queda hablado.

OXFORD

1831. Julio 31.

   Domingo: Salimos a las 7 menos cuarto de la mañana para Oxford (15 chelines por persona fuera y 64 millas) y pasando por las ciudades de Stratford, Shipton, Woodfrock, llegamos a Oxford a las 2 de la tarde. La ciudad es bonita, tiene campiña alegre y un buen parque; ella tiene 24 colegios que componen la universidad, que se dice fundada por Alfredo el Grande. Los edificios son viejos y góticos. Así es que los colegios de Cambridge son más hermosos y la ciudad menos bonita que Oxford.


LONDRES

1831. Agosto 1°.

   Lunes: Salimos de Oxford a las 9 del día (55 millas a Londres y 14 chelines por persona), y pasando por Henly y cercanías de Windsor llegamos a Londres a las 3 y media de la tarde, habiendo alcanzado a ver la famosa función de la apertura del nuevo puente de Londres a que asistió el rey, la cual se redujo a una procesión real por el río desde Sommerset House y almuerzo à la fourchette sobre este dicho magnífico puente. El concurso fue inmenso y por todas partes fue saludado el rey de un modo afectuoso y entusiasta. El palacio de Windsor, que es magnífico, está a poca distancia del camino de Oxford a Londres y 26 millas de Londres. Pegado a él está el colegio de Eton.

   Recibí cartas de Alcázar, de Cartagena, de 26 de mayo, y de los Arrublas, de Antioquia, de 26 de febrero.

   Al terminar mi viaje por Inglaterra, Escocia e Irlanda, consigno las siguientes observaciones: este país es el mejor cultivado de Europa en cereales; tiene minas abundantes de carbón que hacen una gran riqueza, de pizarras, cobre, hierro, etc. Las ciudades se asemejan unas a otras, son tan aseadas como el interior de los hoteles y casas; todos los habitantes procuran vivir del mejor modo posible; los hábitos y costumbres son tan generales que caracterizan la nación; los caminos son todos excelentes por el sistema de Mac Adams, las diligencias y postas son servidas con prontitud, el alumbrado de todas las ciudades es con gas, la navegación es por vapor, los canales de comunicación son innumerables, los ríos navegables atraviesan casi todas las principales ciudades, y las máquinas de vapor están aplicadas en todas partes, así a las manufacturas como a la explotación de minas. Todo esto constituye a la Inglaterra la nación más adelantada de Europa, y como la instrucción pública está tan difundida, como la imprenta goza de la más completa libertad y todo el mundo tiene derecho de reunirse a discutir los negocios de la nación, el condado, la comunidad, etc., puede decirse que la Inglaterra es el primer país del viejo mundo. Es de observar que los ingleses propiamente conservan cierto aire de desdén o desprecio hacia los escoceses, y mayor hacia los irlandeses, y en represalias éstos y aquéllos miran a los ingleses con rivalidad y desafecto.

1831. Agosto 2.

  Martes: Nada. Estuve en el teatro a la representación de la ópera El barbero de Sevilla, La sonámbula, y al baile de Massaniello.

1831. Agosto 3.

   Miércoles: Nada. Estuve en el teatro a la representación de Las danaides y de otros vaudevilles franceses. He escrito pero no remitido, a Arrublas (los dos), a Alcázar, a mi hermana y a mi señora Nicolasa.

1831. Agosto 4.

   Jueves: Nada. Tuve cartas de Garro y de Santamaría.

1831. Agosto 5.

   Viernes: Vimos un indio de Manila enano que tiene 24 pulgadas de alto y 45 años de edad. Estuve en el teatro Artes donde, entre otras cosas, se vio el camino de Liverpool a Manchester y los coches tirados por la máquina de vapor railroad.

1831. Agosto 6.

  Sábado: Estuve en la ópera Ana Bolena. Como se cerró esta noche el teatro, se cantó a gran coro God save the king.

1831. Agosto 7.

   Domingo: Por la noche estuve en casa de Gorostiza.

1831. Agosto 8.

   Lunes: Recibí cartas de Rojas de New York, de 25 de junio, de Gener de 30 íd., de Núñez de Jamaica, del 16 de mayo. Estuve en Regent's Park, en el jardín zoológico, y por la noche en Vaux Hall.

1831. Agosto 9.

   Martes: Recibí carta de Aranzazu, de Maracaibo, del 12 de mayo.

1831. Agosto 10.

   Miércoles: Hoy hemos comido García, Carlos, Acosta y yo en conmemoración del 10 de agosto de 1819.

1831. Agosto 11.

   Jueves: Comimos con Carlos, su madre y hermana.

1831. Agosto 12.

   Viernes: Estuve en una fábrica de telas pintadas o estampadas a 3 millas de Londres y vi donde se confeccionaban los colores, donde se lavaban las sedas en un torno manejado por un hombre y donde se estampaban los pañuelos, los calicones, las medias de color, las muselinas, etc. Se estampa de dos modos: o con la mano o por el vapor. Con la mano se hace por medio de tablas en las cuales se colocan en cobre los dibujos que se hacen sobre la tabla misma, y ésta se empapa en las tintas. Los tintes están en vasijas y sobre ellos se coloca primero un cedazo de hule y encima otro de paño, que es sobre el que moja la dicha tela. También se estampa por medio de cilindros que pasan sobre una plancha de cobre donde están grabados los dibujos; esta plancha se empapa de tintes gruesos y al pasar por debajo del cilindro una especie de navaja limpia el tinte dejándolo sólo pegado al grabado. Lo mismo se estampan las medias, las marsellas, o géneros de seda para chalecos. Se ha introducido ya que vengan de la India las sedas blancas para estamparlas en Inglaterra. Por la noche fui a la cámara de los lores y la sesión ya se había levantado.

1831. Agosto 13.

   Sábado: Hemos tomado nuestros pasaportes para París.

1831. Agosto 14.

   Domingo: Nada particular. Estuve en el paseo de Hyde Park.

1831. Agosto 15.

   Lunes: Mandé hoy a Bogotá, Antioquia y Cartagena las cartas que escribí el 3 del corriente, que saldrán en el paquete de septiembre, primer miércoles.

DOUVRES

1831. Agosto 16.

   Martes: Salimos a las 10 del día para Douvres por el camino de Cantorbery, y llegamos a las 7 de la tarde. Esta noche han llegado aquí a Douvres, el ex embajador del Brasil, su mujer e hija.

BOLONIA-SUR.MER

1831. Agosto 17.

   Miércoles: Nos embarcamos para Calais y atravesamos el canal en menos de 3 horas. Comimos en Calais y pasamos a dormir en Bolonia-sur-Mer. Esta noche hemos visto en Bolonia la estimable familia de Mr. Henderson, que fue cónsul general de Inglaterra en Bogotá, y nos dieron minuciosas noticias de aquella ciudad, hablando siempre como amigos de la libertad.

1831. Agosto 18.

   Jueves: Salimos en la diligencia a las 9 del día, comimos en Abbeville, (plaza fortificada) a las 5 de la tarde, y amanecimos en Beauvais.


PARIS

1831. Agosto 19.

   Viernes: Continuando, almorzamos en Beaumont, y llegamos a París a las 12 del día. Me ha parecido París en esta vez triste, más sucio y feo. Por la noche estuve en el teatro francés, a la comedia de Delavigne L'école des vieillards y a la nueva de Depagny y Vigny titulada Dominique le possedé, que es muy graciosa.

1831. Agosto 20.

   Sábado: Ayer arreglé el alojamiento a razón de 130 francos mensuales si lo tomo hasta el viernes y de 150 si sólo es por un mes. Alojamiento para Pacho, yo y dos criados. Fui al teatro de los jóvenes, de M. Comte.

1831. Agosto 21.

   Domingo: Estuve en el teatro Nouveautés a los dramas Une nuit de Marion Delorme y Le voyage de la liberté.

1831. Agosto 22.

   Lunes: He escrito al señor Enet a Hamburgo avisándole haber pagado a la casa Rougemont 288 francos, 88 céntimos de la cuenta del Atlas de Europa. Comí con don José Alfonso, habanero. Visité a la familia de Depau, de New York, que conocí en Italia.

1831. Agosto 23.

    Martes: Nada.

1831. Agosto 24.

   Miércoles: Nada.

1831. Agosto 25.

   Jueves: He firmado una fuerte representación al gobierno de Bogotá pidiendo la publicación de mi causa seguida después del 25 de septiembre de 1828. Estuve en el teatro Vaudeville, donde, entre otras piezas, el celebrado actor cómico Montrier hizo cuatro papeles desfigurando la voz de tal manera en todos ellos, que era difícil conocer que fuera el mismo actor.

1831. Agosto 26.

   Viernes: Por la noche estuve en la ópera o academia de música, a la representación de Philtre, ópera de Auber, y del baile L'orgie, en la cual se ridiculizan no sólo las costumbres españolas, sino las cosas de la religión católica romana.

1831. Agosto 27.

   Sábado: Hoy he recibido cartas de Bogotá del 14 de junio, de Cartagena del 28 y de New York del 30 de julio, en que incluyéndome la gaceta de Colombia del 19 de junio, se encuentra en ella un decreto del poder ejecutivo del día 10 del mismo restituyéndome en los términos más honoríficos mis destinos y derechos, privados por la sentencia del 7 de noviembre de 1828. Igualmente hay en la misma gaceta dos representaciones en que se solicitaba este paso de justicia, la una de la Villa de San José de Cúcuta y la otra de más de 300 vecinos de la capital de Bogotá. En consecuencia retiro la representación de que he hablado el 25 como ya inútil. En el teatro francés vi Jacques Clément, pieza excelente, y otra titulada 1760 o Les trois chapeaux, costumbres de tiempo de Luis XV.

1831. Agosto 28.

   Domingo: Nada particular.

1831. Agosto 29.

   Lunes: Estuve con Alfonso en la cámara de diputados. En el teatro de Varietés.

1831. Agosto 30.

   Martes: Recibí cartas atrasadas de Bogotá de doña Nica de marzo l°, de Alcázar de 19 de mayo y de Arrubla de 6 de abril. Comí con el general Mosquera.

1831. Agosto 31.

   Miércoles: Nada.

1831. Septiembre 1°.

   Jueves: Recibí carta de Arrubla de 22 de junio y las comunicaciones oficiales del gobierno de que he hablado el día 27. Por la noche estuve en el teatro italiano, a la Ana Bolena, en la cual la Pasta, Rubini y Lablache ejecutaron maravillosamente. Comí con Alfonso.

1831. Septiembre 2.

   Viernes: Nada.

1831. Septiembre 3.

   Sábado: Recibí carta de don Joaquín Mosquera encareciéndome mi ida a los Estados Unidos. El Daily Advertiser habla de mí de un modo eminentemente honroso.

1831. Septiembre 4.

   Domingo: He escrito a Bogotá, a mi hermana, mi señora Nica, general Obando, general López, general Moreno, coronel Gaitán y Arrubla; a Cartagena, a Núñez y a Alcázar; a New York, a Gener y Lleras, avisándoles mi próxima partida para New York.

1831. Septiembre 5.

   Lunes: He contestado al secretario de la guerra y al mismo vicepresidente sobre el decreto de mi rehabilitación. También escribí a Mosquera a New York.

1831. Septiembre 6.

    Martes: Estuve en el teatro italiano con Mme. Angela Causici.

1831. Septiembre 7.

   Miércoles: Nada en particular. He tomado plazas para New York por El Havre, en el paquete Francisco I, a razón de 750 francos los tres, y 375 los criados.

1831. Septiembre 8.

   Jueves: Nada de particular.

1831. Septiembre 9.

    Viernes: Hoy he convidado a comer a los generales Herrán y Mosquera, a don Jerónimo Torres, a Manuel María Mosquera y a Acosta, y hemos comido en casa de Lantier, Richelieu 104.

1831. Septiembre 10.

    Sábado: Estuve en la ópera italiana, al Matrimonio secreto.

1831. Septiembre 11.

   Domingo: Estuve con M. Gavoty en Versalles a ver jugar las grandes aguas, cosa que merece verse por la variedad de vistas que eso presenta y por la reunión considerable de gentes que concurren. Las aguas son las que corren en las famosas fuentes del jardín del palacio real.

1831. Septiembre 12.

   Lunes: Nada en particular. Estuve en la academia al Conde de Ori, de Rossini y a la ópera y baile Le Dieu et la bayadère, de Auber.

1831. Septiembre 13.

   Martes: Estuve en la ópera italiana, a la Ana Bolena.

1831. Septiembre 14.

    Miércoles: Nada en particular. En la academia al Guillermo Tell, de Rossini, y al baile Manon Lescaut.

1831. Septiembre 15.

    Jueves: Al teatro italiano, al Tancredo, en el cual Mme. Pasta superó todo cuanto podía esperarse de su reputación.

1831. Septiembre 16.

    Viernes: He sido presentado al rey en su palacio de Neuilly por el conde Saint Maurice; fui en gran uniforme militar, y el rey, la reina y Mme. Adelaida, hermana del rey, me hicieron diferentes cuestiones sobre la geografía de Colombia y sobre su estado político. El rey me dijo que no teníamos que temer ataque ninguno de España y que lo que era necesario era formar un gobierno que inspirase confianza a la Europa y mantuviese el orden público.

1831. Septiembre 17.

    Sábado: Comí con Mosquera, Torres y Herrán. Ha habido émeutes, por la noticia de la capitulación de Varsovia.

1830. Septiembre 18.

   Domingo: He salido de París para El Havre a las 5 y media de la tarde. Pasé por Pontois.

EL HAVRE

1831. Septiembre 19.

    Lunes: Almorzamos en Ruán, capital de la Normandía, ciudad grande, manufacturera, situada a orillas del Sena, con famosa catedral gótica, comí en Ivetot y llegué a El Havre a las 7 de la noche.

1831. Septiembre 20.

   Martes: El Havre es una ciudad de 25 mil habitantes, bastante agradable y dividida en parte nueva y vieja; es muy comercial.

1831. Septiembre 21.

   Miércoles: Habiendo viento contrario, el buque no salió. Por la noche estuve en el teatro, a El barbero de Sevilla.

1831. Septiembre 22.

   Jueves: Salimos en el paquete Francisco I, a las 10 del día con dirección a New York; éramos 36 pasajeros. El buque tiene todas las comodidades posibles, y se cuida bastante regular a los pasajeros. Capitán Skiely. Desde el 22 de septiembre hasta el 9 de noviembre que fondeamos en la entrada de la bahía de New York, hemos hecho la travesía, habiendo experimentado 32 días de vientos contrarios o temporales hasta poco antes de llegar al Banco de Terranova.


ESTADOS UNIDOS - NUEVA YORK

NEW YORK

1831. Noviembre 10.

   Jueves: Entramos en la bahía por un estrecho a cuyos dos lados se han construido dos fortificaciones; más hacia la ciudad donde concurren los ríos del este y del norte, hay una segunda línea de tres fortificaciones, más adentro está New York, ciudad de 200 mil almas, bella, de apariencia holandesa e inglesa, construcciones de ladrillo, bastante limpia, y la primera ciudad mercantil de este país. Me alojé en el American Hotel, e inmediatamente vi a mis compatriotas Lleras, González, de Serrezuela, Avendaño, de Santa Marta, el coronel Medina, Maury, de Popayán, y otros. Al señor Gener (Thomas), al doctor Fortique, de Caracas, y a varios americanos que me han sido presentados y para quienes he traído introducciones.

1831. Noviembre 11.

   Viernes: Han continuado las visitas. Por la noche el cónsul de Suiza, Mr. De Rham, me ha llevado a un círculo semiliterario de que es miembro Mr. Gallatin.

1831. Noviembre 12.

   Sábado: Nada en particular. He recibido cartas de Bogotá hasta el 14 de septiembre, de Cartagena y Maracaibo; oficio del gobernador de Pamplona avisándome haber sido electo diputado a la convención, otro de congratulación de los vecinos de San José de Cúcuta, otro de los vecinos de Soatá, y un triplicado del decreto del poder ejecutivo.

1831. Noviembre 13.

   Domingo: Nada, fuera de aquellos informes generales sobre el país.

1831. Noviembre 14.

   Lunes: Nada. Nuevas comunicaciones como la del antigua maire de la ciudad, Mr. Hone; del actual, del de Albany, capital del estado, Mr. Bloodhood; el general de la milicia del circuito, Mr. Morton, que es al mismo tiempo secretario del concejo municipal de la ciudad; el distinguido general Scott; el teniente gobernador del estado, Livingston; el profesor del colegio colombiano, Moore, etc.

1831. Noviembre 15.

   Martes: He comido en casa de Mr. De Rham, secretario de M. Iselin, negociante suizo que pasa por de grande inteligencia y probidad.

1831. Noviembre 16.

   Miércoles: Estuve en el Teatro Americano Bowry, a instancias del director, y se representó el Virginius de Sheridan, los diarios y los carteles anunciando anticipadamente mi intención de ir a él.

1831. Noviembre 17.

   Jueves: Asistí con Mr. Depau al estreno del paquete Albany, donde hubo un convite presidido por el maire y asistido por una comisión de la capital de Albany, al cual fui invitado. Por la tarde comí en casa de M. Iselin y después fui a un baile en casa del señor Say, hijo del célebre Say, compañero de Hamilton en tiempo de la revolución de este país. Ya había estado en otro baile en casa de Mr. Prime, banquero.

1831. Noviembre 18.

   Viernes. Nada de particular. He visitado la Casa Municipal, edificio bastante hermoso y de gusto, donde tienen su despacho todas las corporaciones de la ciudad, y es de mármol blanco ordinario sacado de las canteras del país. Allí hay una sala donde se colocan los retratos de los maires y de todos los hombres que han servido al país; allí están los valerosos marineros, los gobernadores Lewis y Clinton, Jackson, Van Buren, Livingston, actual secretario del Estado, etc. Lafayette está allí también.

1831. Noviembre 19.

   Sábado: He escrito a Bogotá a mi familia y a todos mis amigos, y contestado las cartas oficiales que he recibido.

1831. Noviembre 20.

   Domingo: Hoy se ha embarcado Pacho González para Bogotá en el Medina. Lleva letras por 300 pesos para Cartagena. Comí con Depau.

1831. Noviembre 21.

   Lunes: Estuve en Tarry Town, a ver a la futura esposa de Joaquín Acosta. Es un lugar situado a la izquierda del Hudson, 30 millas de New York; 6 millas más arriba (hasta donde subimos el río en vapor) está la prisión de Sing-Sing, grande, fuerte y hermosa, en la cual los condenados trabajan las canteras de mármol de que hay gran consumo en New York. No conozco bien el sistema de detención, pero sé que hay mil presos a quienes es prohibido hablar entre sí, que habitan cada uno una celda y todo el día trabajan sin cargar hierro alguno que los asegure. Por la noche al teatro, que es bastante regular; hablo del del Parque.

1831. Noviembre 22.

   Martes: Nada en particular.

1831. Noviembre 23.

   Miércoles: Idem.

1831. Noviembre 24.

   Jueves: Idem.

1831. Noviembre 25.

   Viernes: Hoy se ha celebrado el aniversario de la evacuación de esta ciudad por los ingleses en la guerra de la revolución. La función se redujo a reunir la milicia de toda arma, pasarle revista Mr. general, que manda la del condado, desfilar después delante del corregidor y del cuerpo municipal de la ciudad, hacer fuego, tocar la música, poner transparentes de noche con algunas pinturas alusivas a la festividad, etc. Yo fui convidado por el Mr. general Morton, y por el cuerpo de artillería, y acompañé al general y al maire a las revistas. Después comí en casa de dicho general.

1831. Noviembre 26.

   Sábado: Nada de particular.

1831. Noviembre 27.

   Domingo: Nada de particular.

1831. Noviembre 28.

   Lunes: He visitado dos escuelas de niños de ambos sexos de 2 a 6 años y una de pobres, también de ambos sexos, que paga el estado. Hay 12 de esta clase Common School, y es una de las pruebas de la protección que se dispensa a la educación primaria. A los niñitos se les enseña a leer, geografía y escritura; todo lo demás lo aprenden cantando y jugando. En estas escuelas se ha adoptado el sistema de enseñanza mutua. Las de los pobres son excelentes. Hay cierto orgullo en que los padres paguen algo a los maestros por la enseñanza. En el estado de New York la educación primaria es de uno a tres, de modo que actualmente la tercera parte está en la escuelas. Por la noche soirée en casa de Mr. Hone.

1831. Noviembre 29.

   Martes: Visité la casa de refugio (dos millas fuera de la ciudad) donde se corrigen los jóvenes de ambos sexos condenados por los jueces a cierto número de años de encierro. Hay 241 muchachos y 42 muchachas; se les enseña a leer, escribir, moral, constitución, etc., y todos los oficios de carpintería, ebanistería, y platería. El estado contribuye en parte para sus gastos. Una comisión administra y supervigila el establecimiento. Cada joven tiene un cuartico pequeño, cerrado y aislado, y con proporción de hacer sus necesidades. En invierno tienen la escuela en el corredor, que está delante de los cuarticos de dormir (que tiene catres o coyes), y en verano en el comedor. Por la noche al teatro, La muette de Portici.

   También estuve en la casa de locos, donde son tratados con dulzura. El edificio es grande y limpio en extremo.

1831. Noviembre 30.

   Miércoles: He visitado el arsenal, donde actualmente se construyen dos hermosas fragatas de 64, una se llama Savannah. Este establecimiento de construcción y reparo de buques, corre por cuenta del gobierno. Las maderas se traen de la Florida, de bosques pertenecientes a él, y se trabajan y se depositan en almacenes aparentes; las unas están dentro del agua. El cordaje se adquiere por contrato. Los cañones se funden cerca de West Point. Todo lo demás de hierro se hace en el arsenal. Hay cuatro arsenales como éste en cada uno de los cuales se pueden construir a la vez dos fragatas o navíos y dos goletas.

1831. Diciembre 1°.

   Jueves; 2 viernes; 3 sábado: nada de particular.

1831. Diciembre 4.

   Domingo: He visitado las escuelas dominicales en las cuales se enseña a leer a todos los niños pobres y a los adultos que no pueden asistir a otras en el resto de la semana. Cuando ya saben leer se hacen ejercicios de lectura en la Biblia, con la particularidad que en el mismo día se lee en todas las escuelas dominicales la misma lección. La ventaja de estas escuelas consiste en que se hace la enseñanza de balde por personas que quieren hacer este servicio a su país, así es que en cada escuela hay 6 u 8 de ellas (hombres o mujeres) que en medio de un círculo de 8 ó 10 educandos, desempeñan el oficio de monitor. La escuela dura 3 horas en el día, a mañana y tarde, y se tienen claves de la hora de los oficios y regularmente en la misma iglesia. En Filadelfia existe una sociedad para toda la Unión que se ocupa de hacer imprimir y repartir libros de enseñanza; los gastos se cubren por suscripciones. También hay infants schools los domingos. Los niños de la gente de comodidad que van a esta clase de escuelas tienen cuidado de buscar los niños pobres y conducirlos. Comí donde Depau.

Diciembre 5. Lunes; 6 martes: soireé en casa de Mr. Rufus Prime.

Diciembre 7. Miércoles: Nada.

Diciembre 8. Jueves: Nada.

1831. Diciembre 9.

   Viernes: He visitado lo que se llama High School, cuya dirección está confiada al doctor Griscon. Ella sirve para la enseñanza de los dos sexos, los cuales están divididos en tres clases o salas, donde se aplica el sistema lancasteriano. En la primera se enseña a leer y escribir en pizarra, contar, y principios de moral; está añadida una clase para los niños de 3 ó 4 años, los cuales se ocupan en ejercicios gimnásticos para robustecerse y agilizarse; en cantar los himnos sagrados, marchar, hacer palmadas con compás, etc., todo para enseñarlos a una rigurosa disciplina que los prepare para ser buenos ciudadanos. En la segunda clase se enseña a escribir sobre papel, geografía, aritmética y gramática inglesa. En la tercera se enseñan principios generales de química, mecánica, historia natural, astronomía, francés, griego y sobre todo latín. En las clases de las niñas se enseña además bordado, dibujo, pintura de flores y francés solamente. Aquí las clases están reunidas con su monitor en asientos de herradura (Sigue Nota del Editor...). Los números uno son los taburetes de las niñas. El 2 el del monitor.

   He visto también una fábrica de gas; la resina de pino derretida que cae sobre los cilindros de hierro encendidos y se descompone, produce el gas para iluminar una parte de la ciudad.

1831. Diciembre 10.

   Sábado; 11 domingo; 12 lunes; 13 martes, nada de particular. El domingo comí en casa de don Pedro Harmony (Sigue Nota del Editor...).

1831. Diciembre 14.

   Miércoles: He estado en la americana de comunicación, American Tract Society, destinada a imprimir libritos morales, religiosos y de ciencias para repartir a todas las escuelas de la Unión; se publican en francés, inglés, español e italiano.

1831. Diciembre 15.

   Jueves. Soirée en casa de Mr. Sidney Brooks.

1831. Diciembre 16.

   Viernes: Estuve por la noche en la sesión anual de Young Men Society contraída a mejorar la moral de la juventud, precaviendo a los jóvenes extranjeros de ser víctimas de la inmoralidad y a cultivar el entendimiento. Esta sociedad que comenzó con 8 miembros, tiene ya hoy 700. Varias personas pronunciaron o leyeron discursos morales y una de ellas hizo ver los progresos que debían los Estados Unidos a la Unión y a la Session. Se proyectó y propuso redactar un periódico titulado All men advocate, y se recogieron suscripciones al efecto, del auditorio, que era numeroso.

1831. Diciembre 17.

   Sábado: (Hasta el jueves, nada).

1831. Diciembre 23.

   Viernes; 24 sábado; 25 domingo: comí en casa de Mr. Fox y Mr. Livingston,

1831. Diciembre 26.

   Lunes; 27 martes: comí con el general Pedraza y su señora.

1831. Diciembre 28.

   Miércoles; hasta el sábado. Hace tres semanas que hay todos los sábados una sociedad de aficionados a la música por suscripción, donde se toca y se canta. Yo he sido suscriptor.

1832. Enero 1°.

   Es costumbre en este país visitarse todos los conocidos y amigos hoy, para desear el año nuevo feliz. Entre las familias se hacen regalos pequeños, pero siendo domingo hoy, se transfieren para mañana.

Enero 2. Soirée en casa de Mr. De Rham.

Enero 3. Martes: Llegaron de Bogotá los Silvas y Portocarrero.

Enero 4. Miércoles: Soirée en casa de Mrs. Cutting. Cena en casa del general Lewis.

Enero 5. Jueves; 6 viernes: soirée en casa de Mrs. Boggs.

Enero 7. Sábado; 8 domingo: he escrito a Colombia a todos mis amigos.

Enero 9. Lunes: Hasta el jueves, nada.

Enero 12. Jueves: Comí en casa de Buckle (13, 14, 15, nada).

Enero 16. Lunes: Gran soirée musical en casa de Mr. Hone (17, 18, 19 nada).

Enero 20. Viernes: Soirée en casa de Mrs. Leslyard. 21 sábado: concierto (22 domingo).

1832. Enero 23.

   Lunes: Casamiento de mademoiselle Depau. Este matrimonio se hizo por un clérigo católico. Los novios son acompañados de un número indeterminado de padrinos y de madrinas, los unos y las otras solteros, vestidos todos uniformemente, regularmente de blanco. Los padrinos llevan al lado izquierdo de la casaca al pecho, un lazo de cinta blanca, y las madrinas un ramillete de flores en la mano que les regalan los padrinos. A los ocho días la novia recibe por la noche las visitas de sus amigos en la casa en donde vive, y si el novio tiene casa de sus padres, él los recibe de día allí. El oficio de los padrinos en casa de la novia es presentarle sus amigos y amigas. Es obligación de las madrinas dar un baile a los novios.

1832. Enero 24.

   Martes, 25, 26.

1832. Enero 27.

   Viernes: Partida musical en casa de Davis.

1832. Enero 28.

   Sábado: Concierto. 29 domingo: Ayer recibí una carta de las primeras personas de esta ciudad (entre ellas el general Lewis, Gallatin y Hone) en que empleando las expresiones más honrosas y satisfactorias en aprobación de mi conducta pública en Colombia, me convidan a un banquete en City-Hotel. Yo acepto y mañana daré la respuesta.

1832. Enero 30.

   Lunes: Respondí que el convite sería el 9 de febrero. Gran soirée en casa de Mme. Coster, antes mademoiselle Depau.

1832. Enero 31.

   Martes: Nada.

1832. Febrero 1°.

   Miércoles: Gran baile público de la primera sociedad de New York: me pareció europeo por la elegancia de las señoras, señoritas, adornos de la sala, espléndida cena, música, etc.

1832. Febrero 2.

   Jueves: Fui a la sociedad bíblica americana, donde pasaron una resolución muy honrosa a mí y me nombraron unánimemente vicepresidente de la sociedad. Por la noche soirée en casa de Mr. Brooks.

1832. Febrero 3.

   Viernes: Estuve en el Club de Amigos, donde tuve el gusto de conocer al señor Gallatin, secretario de hacienda de Jefferson, ministro en Inglaterra y diputado para la paz de Gand. Me habló largamente de la revolución de los Estados Unidos, de lo preparado que estaba el pueblo para el gobierno republicano, del buen juicio y rectitud de corazón de Washington, del amor que tenía a la verdadera gloria, del estado actual de Colombia, de la libertad de la Suiza, y de otras materias políticas. Es un hombre de cerca de 70 años, de estatura regular, color trigueño, robusto, risueño y desembarazado en sus maneras.

1831. Febrero 4.

   Sábado: Concierto vocal e instrumental.

1831. Febrero 5.

   Domingo; 6 lunes: gran soirée en casa de Mrs. Cutting (7 martes, 8 miércoles).

   Fui al teatro, a la ópera La Cenerentola, a oír cantar a Miss Austin.

1831. Febrero 9.

   Jueves: Hoy ha tenido lugar el convite que me han dado algunos distinguidos señores de esta ciudad, el cual fue presidido por el mayor general Morgan Lewis, oficial del tiempo de la revolución, juez en la corte superior de estado, miembro del senado y gobernador del mismo estado. Vice-presidentes fueron, el señor Hone, el señor Richard Lawrence y el señor Boggs. Al entrar yo en el salón donde estaban las mesas y ya sentados los convidados (casi 140) fui saludado con un palmoteo general. Tomé la derecha del presidente y algunos de mis compatriotas fueron colocados en lugares preferentes. Un clérigo hizo una deprecación a Dios antes de sentarnos, así como otro dio gracias concluida que fue la mesa y antes de los brindis. Hubo la mayor cordialidad y alegría y todos se esmeraron en obsequiarme. Dados los brindis de obligación por el presidente, yo tomé la palabra y expresé la efusión de mi gratitud por aquel obsequio. En el Daily Advertiser adjunto se verá todo el catálogo de brindis y mi discurso. A las 10 de la noche me retiré y la mesa continuó su alegría.

Febrero 10. Viernes; 11 sábado: Concierto vocal e instrumental.

Febrero 12. Domingo: Nada.

Febrero 13. Lunes: Soirée en casa de Mr. Hagerty.

Febrero 14. Martes; 15 miércoles: soirée en casa de Mr. Rogers.

Febrero 16. Jueves: Tertulia en casa de Mrs. Moore.

Febrero 17. Viernes: Tertulia en casa del reverendo doctor Wainewright.

Febrero 18. Sábado: Concierto vocal e instrumental.

1832. Febrero 19.

   Domingo: Asistí al entierro de Mr. Moore: aquí se usa que las personas que toman las borlas del ataúd lleven una faja de tela blanca terciada del hombro izquierdo al costado derecho, que regala la familia del difunto. Los parientes inmediatos del muerto asisten.

1832. Febrero 20.

   Lunes: Soirée en casa de Mr. Neal. 21 martes.

1832. Febrero 22.

   Miércoles: Hoy se celebra en todos los Estados Unidos el centésimo año del nacimiento de Washington. Aquí en New York se ha hecho lo siguiente: la víspera ha tocado por la noche una banda de música en el parque. Por la mañana de hoy los fuertes han tirado 101 cañonazos. Los buques han empavesado y todos los edificios públicos han enarbolado la bandera de la nación. Una procesión pedestre de los empleados civiles, de algunos militares, gremios, empleados diplomáticos y particulares extranjeros salió de la casa de ayuntamiento a una iglesia donde un clérigo hizo una oración fúnebre, se cantaron algunas piezas análogas al asunto y posteriormente el general Lewis (oficial de la Revolución), hizo otra oración. Después hubo refresco servido en el ayuntamiento. Se expuso al público la tienda de campaña de que se sirvió Washington en la guerra de la independencia y la bandera que se enarboló en 1783 cuando fue tomada esta ciudad. Por la noche todos los edificios públicos fueron iluminados y se dio un gran baile cívico y militar por suscripción, cuya sala estaba adornada de banderas; el retrato de Washington, su busto, el de Lafayette y algunos cuadros de las batallas de Trenton y Bunkerhill. Un ciudadano mostraba a los concurrentes la espada que Federico II de Prusia regaló a Washington de parte "del más antiguo soldado, al más grande".

Febrero 23. Jueves: Bailé el Charriers-room.

Febrero 24. Viernes: Soirée en casa de Mr. Schermorhout.

Febrero 25. Sábado: Nada.

Febrero 26. Domingo: Comí en casa de Mr. Depau.

Febrero 27. Lunes: Soirée en casa de Mr. Goodhue.

Febrero 28. Martes: Nada.

Febrero 29. Miércoles: Brillante soirée en casa del Señor Parish.

Marzo 1°. Jueves: Nada. 2 viernes: soirée en casa de Mr. Gallatin.

Marzo 3. Sábado: Soirée en casa de Mr. Moller.

Marzo 4. Domingo: Convite para comer en casa de Mr. Barbey.

Marzo 5. Lunes: Soirée en casa de Mrs. Boggs.

Marzo 6. Martes: Soirée en casa de Mr. James Murray.

Marzo 7. Miércoles: Opera de retazos de música de Rossini llamada "La Doncella de Judá" sacada del Ivanhoe, de Walter Scott.

Marzo 8. Jueves: Nada.

1832. Marzo 9.

   Viernes: Fui introducido al conde de Survilliers ("alias") José Bonaparte, que después de preguntarme sobre mi viaje en Italia y Francia habló de España como de un pueblo fácil de ser gobernado y de las preocupaciones que existían contra él (el conde); habló del sitio de Tolón con motivo de hacer una biografía honrosa del doctor Arganil, y siempre que nombraba a Napoleón decía "mi hermano" o el emperador; habló de su familia y particularmente del cardenal Fesch, su tío, de la autoridad absoluta que ejercieron Luis XIV en Francia y los borbones en España, de la dulzura del gobierno de Toscana y de otras materias generales de la historia moderna. Al despedirme me insinuó por tres veces que fuera a visitarlo a sus tierras. De Bolívar habló bien, y de Joaquín Mosquera y de Salazar. Lo acompaña siempre el capitán Sarry, que fue el que mandó el buque en que Napoleón fue de la isla de Elba a Francia en 1815. Después fui a una soirée donde el señor Goodhue.

1832. Marzo 10.

   Sábado; 11 domingo: Nada.


FILADELFIA

FILADELFIA

1832. Marzo 12.

   Lunes: Salimos (José M. Portocarrero y yo) para Filadelfia, embarcándonos en un buque de vapor a las 6 de la mañana, que navegó hasta las 10, parte en la bahía de New York y parte en el río Ravitam hasta el lugar de Nueva Brunswick (estado de New Jersey) en donde tomamos la diligencia hasta Trenton (30 millas) y aquí, embarcándonos nuevamente en buque de vapor en el Delaware, llegamos a Filadelfia a las 7 de la noche. Trenton es la capital de New Jersey. El viaje todo cuesta 6 pesos por persona fuera de almuerzo y comida.

   Todo el país está poblado de pequeños pueblos, y aunque la estación es todavía de invierno se deja ver que hay mucho cultivo y bastantes rebaños. New Brunswick es un lugar de 5 a 6 mil almas. Antes de Trenton está Princeton, donde hay un colegio; en sus inmediaciones ganó Washington una batalla. Cerca de Trenton hay un famoso puente cubierto sobre el Delaware; las orillas de este río, cultivadas y pobladas, tienen una apariencia hermosa. Vimos el paraje donde vivió el general Moreau y el en donde vive el conde de Survilliers, José Bonaparte.

1832. Marzo 13.

   Martes: Filadelfia es una ciudad hermosa, edificada de ladrillo, y cuyas calles anchas, rectas, con aceras de ladrillo y alamedas le dan un hermoso aspecto. Está situada entre el Delaware y el Skulky; las calles del uno al otro río tienen nombres, las que atraviesan sólo tienen números: 2a, 3a, etc. El Banco de los Estados Unidos es un edificio de mármol cuya fachada imita al Partenón de Atenas; el Banco de Gerard es de orden compuesto; la nueva casa de moneda, también de mármol, es de orden jónico. He visitado la sala donde se declaró la independencia de los Estados Unidos en 1776, pequeña en dimensiones pero grande en resultado. Allí está una estatua de Washington de yeso con esta inscripción: "El primero en la guerra, el primero en la paz y el primero en los corazones de sus conciudadanos". Me han visitado varias personas y he tenido ya convite para una soirée el 20 donde Mrs. Burd.

   Como he indicado ayer, hemos venido de Brunswick a Trenton por el estado de New Jersey y ahora estamos en el de Pennsylvania. Me refiero en población y demás, a mis observaciones generales sobre los Estados Unidos.

1832. Marzo 14.

   Miércoles: Filadelfia tiene 160 mil habitantes con los suburbios. La calle del mercado se llama así porque todo el medio de ella, en una extensión de 10 cuadras, está ocupado por un largo corredor cubierto que sirve de mercado. Es una idea excelente y única.

   Anoche estuve en casa de Mrs. Blight, née Fulton, y la oí cantar, y esta noche donde las señoritas Carroll, nietas del que únicamente queda vivo de los que declararon en 1776 la independencia americana.

1832. Marzo 15.

    Jueves: Como una inclinación hacia la aristocracia de parte de algunas familias es de notar que en las puertas de sus casas no tienen ni el número ni el nombre de la familia.

   Visité la penitenciaría o New Prison, situada fuera de la ciudad. Es un gran edificio de piedra de sillería sólido y dispuesto para recibir los delincuentes debidamente condenados. Su costo, así como la manutención de los presos es de cuenta del estado; su figura de estrella, y todas las celdas de los presos, viviendas de los sirvientes y del warder o custodio, constituyen el establecimiento digno de visitarse. Me refiero al cuaderno de estatutos, informes, etc. Hay actualmente 86 presos de ambos sexos que trabajan en diferentes oficios, como zapatería, tejería, y están separados y solitarios, reducido cada uno a una celda pequeña donde tiene la cama, las necesarias, agua permanente, un pequeño patio para pasearse una hora al día, una Biblia y un agujero para recibir la comida. Al paseo salen uno sí, y otro no, dejando una celda vacía. Para oír los sermones que predican en los corredores, se asoman al dicho agujero y para no verse los de enfrente se pasa una cortina doble a lo largo del corredor. No hablan por consiguiente entre sí los presos jamás, no tienen relación con sus familias, ignoran cuanto pasa, se alimentan y visten de un mismo modo sean cuales fueren sus proporciones y delitos. Pueden ser perdonados por el gobernador del estado. Nosotros hablamos con tres presos, con previo permiso del presidente de la inspección y observamos su melancolía; no es la soledad lo que más les atormenta sino el ignorar siempre de sus familias. Preguntado uno por mí, si creía que la prisión podría enmendar las costumbres de alguna persona, dijo que no siempre. Caben 514 presos y no está concluido el edificio. Se prueba actualmente el sistema de permitirle trabajar a los presos, porque es más dura la prisión dejándolos ociosos. No les es permitido ni fumar tabaco ni beber licor ninguno.

   Vimos lo que se llama Water works, que es la máquina para proveer de agua la ciudad, del río Skulky. Cinco grandes ruedas movidas por el agua hacen entrar y salir un émbolo en otras tantas pipas de hierro, a cuyo impulso sube el agua a una grande elevación donde hay estanques que la reciben y de los cuales se reparte a la ciudad, (Sigue Nota del Editor...) cero (0) es el eje de la rueda que se mueve circularmente, (1) es una gruesa manija que también se mueve circularmente, y que dando movimiento horizontal al hierro (2) hace entrar y salir los émbolos, (3) es el punto que une (1) y (2), de manera que se pueden mover ambos circularmente. Estuve en un gran concierto vocal e instrumental de la sociedad fundada para mantener los músicos pobres e inválidos.

 1832. Marzo 16.

   Viernes: Visité la casa de moneda, edificio pequeñísimo y viejo que pronto será reemplazado por uno nuevo (fachada de mármol, orden jónico). El vapor mueve las máquinas para adelgazar los rieles y cortar las piezas: se acordonan a mano. No vi acuñar. Para cortar las piezas hay una máquina cuyo principal movimiento circular produce otro perpendicular constante que hace cortar las monedas; un cilindro desigual al medio, produce dicha operación. (Sigue Nota del Editor...). Este cilindro pasado de A a B se mueve circularmente y un cilindro como éste (Sigue Nota del Editor...) colocado perpendicularmente y ensartado en el ojo (3), el cilindro (1) hace la operación. En 1829 se amonedaron 2.306 millones de pesos, un tercio en oro, y lo demás en plata.

   Por la noche fui a una sociedad de solo hombres, casa del señor Coxe. Visité también el arsenal, donde está en construcción el más grande navío que existe en la marina; debe tener 140 cañones y 4 baterías. Se llama Philadelphia. El museo, perteneciente a una sociedad particular, es bastante regular y más numeroso en pájaros. Tiene minerales, conchas, insectos, objetos asiáticos y de los indios de países americanos, y un pedazo del árbol debajo del cual Guillermo Penn hizo el primer tratado con los indios. El museo tiene todos los retratos de personas notables de los Estados Unidos y de algunos naturalistas extranjeros.

1832. Marzo 17.

   Sábado: En el museo hay también un esqueleto del mammout, casi un tercio más alto que el elefante y con dedos en las patas. En 1705 se encontraron los primeros huesos en Albany y se creyó que eran de gigante. El naturalista Cuvier es el que ha hecho una exacta y científica descripción de este gigante de los cuadrúpedos.

   Visité la academia de bellas artes, en donde hay modelos de las mejores estatuas antiguas que se conservan en Italia. También visité otro pequeño museo de otra sociedad particular. Por la noche estuve en una soirée de la señora Greland, francesa emigrada de Santo Domingo.

1832. Marzo 18.

   Domingo: Este es un día más triste aquí que en New York. Por la noche fui a casa del señor Cuesta, familia de Méjico. Filadelfia tiene 12 bancos fuera del de los Estados Unidos.

1832. Marzo 19.

   Lunes: Visité una escuela pública, que es de las que paga el estado; había en dos diferentes salas una escuela lancasteriana de niñas y otra de niños. Se les enseña a leer, escribir, contar, la geografía de los Estados Unidos; a las niñas a coser, y bordar tres veces en la semana. Hay escuelas privadas donde pagan los educandos, escuelas de niñitos y dominicales. La educación pública está más difundida en el estado de New York que en este de Pennsylvania. Hay aquí establecidas escuelas para negros y negras. Comí en casa de Mr. Chew. Me visitó Mr. Brown, ministro que fue en Francia. Estuve en una soirée muy bonita de Mr. Borie, donde conocí una porción de señoritas hermosas.

1832. Marzo 20.

   Martes: Visité la casa de refugio donde se reúnen los jóvenes de ambos sexos para corregirlos y castigarlos. Hay actualmente 124 varones y 40 hembras: todos hacen algún oficio, como zapateros, cartoneros, plateros, hacedor de clavos de cobre, devanadores de hilo, etc. Se divierten en ejercicios gimnásticos; tienen dos horas de escuela todos los días. Los vimos comer con orden y disciplina: uno de ellos en cada mesa, que tiene 12 ó 16 muchachos, sirve la sopa. Todos los días se les da carne y pan moreno, café al almuerzo y sopa a la cena. Cada uno duerme en un cuarto separado que se cierra y la puerta tiene un agujero para observar al que está adentro. Esta casa se fundó hace tres años y la sostiene el estado. El año de 1829 los costos subieron a 13 mil pesos y las utilidades a 22 mil.

   Visité igualmente la casa de pobres Alms house, donde hay 1.500 de ambos sexos; aquí se reciben los inválidos y los que no tienen de qué vivir; los cuales trabajan y aprenden algún oficio. Uno de los castigos que se impone a los perversos o de mala conducta, es dar vuelta con los pies a una gran rueda que hace mover diferentes husos para hilar.

   Por la noche fui a un famoso baile donde Mme. Bourel y conocí una porción de personas. Filadelfia tiene 4 teatros.

1832. Marzo 21.

   Miércoles: Hice con el cónsul de Suecia, Lorich, varias visitas: a Miss Robert, a Miss Makoe, la sobrina del señor Brown, Mrs. Rush, Miss Kierk, etc. No salí por la tarde sino a ver la sociedad filosófica americana que fundó Franklin; la librería es selecta. Vi el borrador que hizo Jefferson en 1776 para declarar la independencia de este país, la silla en que presidía la sociedad Franklin (muy ordinaria), la carta concedida a Chester por Guillermo Penn, en pergamino con su firma, y un volumen de las Memorias presentadas al congreso de Colombia en 1823 por los secretarios de Estado; no pude menos que enternecerme de ver este monumento del tiempo de mi administración en los días gloriosos de Colombia. Por la noche no salí a causa de un fuerte constipado que me impide hablar.

1832. Marzo 22.

   Jueves: Visité la escuela de sordomudos, que tiene educandos de ambos sexos, cuya permanencia allí dura sólo 3 años. Por la noche estuve en la brillante soirée de Mrs. Sergeant.

1832. Marzo 23.

   Viernes: Visité una fábrica de cortar o labrar el cristal, en la cual se hace el corte por medio de tornos movidos por el vapor. Por la noche estuvimos en una pequeña soirée de las señoritas Kneakles.

BALTIMORE

1832. Marzo 24.

   Sábado: Salimos a las 6 de la mañana por el buque de vapor para Baltimore, navegamos en Delaware hasta Newcastle (9½ del día); aquí tomamos la diligencia por un camino de hierro (rail-road) tirada por un solo caballo hasta French-Town (11½ del día) y embarcándonos en otro vapor bajamos el hermoso y ancho Chesapeake hasta Baltimore, adonde llegamos a las 5 de la tarde, habiendo pasado por el estado de Delaware y el de Maryland, a que pertenece Baltimore.

   Por la noche estuvimos en el teatro, que es pequeño y malo, se llama Adelphi, y hay otro más.

1832. Marzo 25.

   Domingo: Baltimore es una ciudad hermosa por la regularidad de sus calles y limpieza; tiene 80 mil almas de población, muchas manufacturas y buen puerto; dos pequeños teatros y colegios y sociedades útiles.


WASHINGTON

WASHINGTON

1832. Marzo 26.

   Lunes: Salimos a las 8 y media del día y llegamos a Washington a las 3 de la tarde por un camino bastante malo y en una diligencia estrecha, cargada de gente y mal forrada. El viaje de New York a Filadelfia cuesta $ 6.00. (De aquí a Baltimore 4 y a Washington 3, que hace todo 13 pesos fuera de subsistencia).

   Habiendo estado en una soirée de Mrs. Barry, mujer del administrador general de correos de la Unión, conocí al senador Daniel Webster, hombre de grandes talentos y de luces; habla sólo inglés; a Mme. Livingston, mujer del secretario de Estado, señora excelente; a los encargados de negocios de Suecia y del Brasil (Riveiro) y a otras muchas personas. La casa era pequeña.

1832. Marzo 27.

   Martes: Webster me llevó al senado, donde fui presentado al señor Enrique Clay, al vicepresidente Calhoun, y a otros tres. Hablamos los cuatro sobre los sucesos de Colombia y habiéndome preguntado Clay la causa principal de ellos, respondí "que era la suma ignorancia del pueblo, y la desmedida ambición del jefe que había dirigido la guerra de la independencia". Respuesta que la repitió otra vez diciéndosela a Calhoun como que la encontraba exacta. Nuestra conversación fue en inglés porque ellos no hablan otro idioma. Pasé a la cámara de representantes y conocí a Mr. Huntington, miembro de ella. En una y otra me fue permitido entrar. Las cámaras son de figura semicircular y los asientos de sus miembros están duplicados y triplicados sin formar anfiteatro. Cada uno tiene por delante una mesa, papel y tintero. El presidente de la de representantes está bajo un solio. El del senado no lo tiene. Para llevar papeles con mociones u otra cosa de los miembros al presidente o secretarios, hay jovencitos dentro de las salas que hacen ese servicio. Los senadores se mantienen sin sombrero y los diputados lo conservan puesto, pero al hablar, unos y otros se ponen en pie, así como el presidente del senado (que no era el vicepresidente) para dirigirse a los senadores,

   Hay más circunspección en el senado que en la cámara de representantes, y en ésta más, en mi opinión, que en la de Francia y que en la de Inglaterra. El material de la de representantes es hermoso porque tiene buenas columnas de mármol jaspeado que sostienen las galerías para el público, inclusas las señoras.

   Las cámaras están en el capitolio, así como los tribunales. Este es un edificio situado en una colina, todo de piedra de sillería muy blanqueado, orden corintio. Dos frentes tienen columnas pareadas y los dos lados pilares embebidos. El edificio está rodeado de una hermosa reja de hierro. Frente está un monumento de mármol compuesto de una columna rostral y tres estatuas dedicadas a varios oficiales de marina muertos por la patria. Washington tiene de 25 a 30 mil habitantes.

1832. Marzo 28.

   Miércoles: He recibido convite para comer de parte de Mr. Webster y de Mr. Clay. Visité al secretario de Estado y de relaciones exteriores, Livingston, y entre otras cosas le hablé largamente del proyecto de monarquía de que se ocupa la España, dándole todos los datos que yo tengo en el particular. También visité a la viuda del ex emperador Iturbide. Por la noche estuve en tertulia, casa del señor Montoya.

1832. Marzo 29.

   Jueves: Estuve a visitar al presidente Jackson, introducido por el secretario Livingston; el presidente me hizo muchas atenciones y protestas de amistad hacia Colombia, de deseos de que nos unamos y gocemos de paz y de libertad. Las maneras del presidente son francas y sin etiqueta ninguna. Su casa no tiene guardia; él habla sólo inglés. El secretario Livingston me dijo que no me comprometiera para el martes próximo. Por la noche estuve en tertulia donde la señora Iturbide. Visité la librería del congreso de 17 mil volúmenes.

1832. Marzo 30.

   Viernes: Visité al speaker de la cámara, Mr. Stevenson. Comí en casa del coronel Green, redactor del Telégrafo.

1832. Marzo 31.

   Sábado: Visité el Patent Office, que es el salón donde se depositan los modelos de las invenciones o mejoras que son patentadas por el congreso general.

   Sólo los americanos inventores o mejoradores de cualquiera cosa que tenga relación con la industria, pueden ser patentados.

   Comí en casa de Mr. Clay, donde vi reunidos a los dos senadores antagonistas suyos, los señores Hayne y Miller y al vicepresidente Calhoun. En la conversación familiar en la mesa, de cuando en cuando se hacía mérito de las diferentes opiniones que sostenían. Se habló bastante de Colombia y de Bolívar y yo aproveché la coyuntura para informar a Clay y a Calhoun de los proyectos de monarquía que se tienen actualmente en Europa y de los pasos que yo sé que se están dando en el particular. Hablando Calhoun de Bolívar me preguntó si tenía él pasión por el dinero. Respondí que no, porque eran dos sus pasiones dominantes: la gloria y el poder. Clay dijo: "y aun tres, pues era muy apasionado del bello sexo".

   Todas las personas que he tratado han manifestado deseos ardientes de que Colombia aparezca nuevamente bajo alguna forma de unión. Por la noche estuve donde la señora Iturbide.

1832. Abril 1°.

   Domingo: Comí en casa del señor Montoya. Estuve en la iglesia católica y reparé con admiración que la gente mulata o negra tiene lugares señalados para reunirse separados de los blancos; lo mismo es para comer en los hoteles y en los steamboats.

1832. Abril 2.

   Lunes: Día de mi santo. Hoy he ido a visitar la tumba de Washington en Monte Vernon. Se va a Alejandría (bonito lugar) por el Potomac, y después se andan 7 millas por tierra para llegar a la casa de la familia de Washington, donde él se retiró y murió. La tumba es una cosa demasiado sencilla porque se reduce a un gran nicho formado en un terreno elevado en el frontispicio, que es de ladrillo, hay incrustadas dos lápidas; la una con un texto de San Juan y la otra con esta inscripción: Washington family. Por la noche, de regreso, estuve en la soirée de Mrs. Livingston.

1832. Abril 3.

   Martes: Hoy no he salido a causa de un fuerte constipado que tengo desde Filadelfia. A las 5 y media de la tarde fui a comer con el presidente, donde estaban los principales miembros de su gabinete. El presidente come y bebe poco; su mejor plato es arroz con leche y azúcar. Me ha parecido triste. No tiene más familia que un hijo adoptivo, que ya es casado.

1832. Abril 4.

   Miércoles: Tampoco he salido hoy por mi enfermedad.

1832. Abril 5.

   Jueves: Vino un médico. He continuado enfermo el 6 viernes y 7 sábado, 8 domingo, 9 lunes.

BALTIMORE

1832. Abril 10.

   Martes: Salí enfermo para Baltimore, donde llegué muy malo. Permanecí el 11 miércoles.

 FILADELFIA

1832. Abril 12.

   Salí muy malo para Filadelfia, donde he estado en cama del 13 al 22, pascua de resurrección.

1832. Abril 23.

   Lunes: Me he levantado, mejorado bastante.

1832. Abril 24.

    Martes: Nada.

1832. Abril 25.

   Miércoles: Hoy comí con el cónsul Lorich, de Suecia; sigo mejor.

1832. Abril 26.

   Jueves; 27 viernes, y 28 sábado: bueno.

1832. Abril 29.

   Domingo: Salí para New York, pero antes he visitado al conde de Survilliers (José Bonaparte) en su casa de Borden Town (New Jersey), quien me alojó perfectamente, lo mismo que a Domingo Acosta, y me hizo mil atenciones y obsequios, hasta darme sus coches para mí, mi criado y equipaje para seguir mi viaje. La casa de José está montada por el estilo italiano; galerías de pinturas, bustos de mármol de toda su familia, abundante librería, etc. Nos mostró algunas cartas interesantes de Napoleón, así del tiempo de la República Francesa como del imperio en 1814. Conserva el manto imperial con que Napoleón se presentó en el Campo de Marte después de su venida de Elba, el chaleco, un escritorio de oro, varias cantinas de primer gusto, etc. Me regaló una obra sobre América que no se ha publicado y que él extrajo de los archivos de Madrid. José tiene 65 años, es afable, obsequioso, recuerda tiernamente a su hermano Napoleón y está encaprichado con los derechos del duque de Reichstadt al trono de Francia, y espera ser regente durante su menor edad. Permanecimos allí el 30 lunes.

1832. Mayo l°.

   Martes: Continuamos el viaje por tierra hasta un pueblo llamado Washington, y de aquí por agua a New York, adonde llegamos a las 5 de la tarde.

1832. Mayo 2.

   Miércoles; 3 jueves; 4 viernes; 5 sábado.

NEW YORK

1832. Mayo 6.

   Domingo: Hoy y no el día 29 fue que salí de Filadelfia y que llegué donde el conde de Survilliers, donde estuve el lunes 7 y salí el 8 martes y llegué a New York.

1832. Mayo 9.

    Miércoles; 10 jueves; 11 viernes: nada.

1832. Mayo 12.

   Sábado: Hoy he recibido la noticia de haber sido nombrado presidente de la Nueva Granada por la convención de Bogotá. Llegaron de Bogotá comisionados del gobierno, Joaquín Acosta y Honorato Rodríguez.

1832. Mayo 13.

    Domingo: Nada.

1832. Mayo 14.

   Lunes; 15 martes; 16 miércoles; 17 jueves; 18 viernes; 19 sábado; 20 domingo: Nada.

1832. Mayo 21.

  Lunes: El gobierno de estos estados me congratula por mi elección a la presidencia y me ofrece un buque de guerra existente en Pensacola, adonde debo ir a embarcarme de aquí al 20 de junio; yo he rehusado tan mezquino ofrecimiento.

1832. Mayo 22.

   Martes; 23 miércoles: Fui a visitar las prisiones nuevas de Long Island pertenecientes a la ciudad, el hospicio, que contiene mil setecientas personas enfermas, de ambos sexos, la sala de partos de mujeres pobres, la escuela de muchachas pobres, el asilo de locos, etc. Todo me ha parecido excelente. Conocí hoy al célebre escritor americano Washington Irving.

1832. Mayo 24.

    Jueves; 25 viernes; 26 sábado; 27 domingo; 28 lunes; 29 martes: Nada.

1832. Mayo 30.

   Miércoles: Asistí al convite público dado al célebre escritor Washington Irving.

1832. Mayo 31.

   Jueves: Asistí al casamiento de Joaquín Acosta en el pueblo de Terry Town.

WEST POINT

1832. Junio 1°.

   Viernes: Fui por el río Hudson al establecimiento militar de West Point y a la fundición de cañones, etc., en hierro de Mr. Kemble, en cuya casa comí y dormí.

NEW YORK

1832. Junio 2.

   Sábado: Visité el establecimiento de West Point, cuyo director, el coronel Thayer, me recibió de la manera más atenta, en uniforme, reunidos los oficiales y empleados, que me fueron presentados individualmente. Allí se enseña física o filosofía natural, matemáticas, dibujo, química aplicada, fortificación e instrucción de campaña, junto con la táctica militar. Hay doscientos sesenta jóvenes alimentados, vestidos y pagados por cuenta del gobierno, quienes permanecen allí cuatro años; cada 6 meses hay exámenes por una comisión nombrada por el gobierno. Los cadetes marcharon en batalla muy bien, después de haberse presentado en revista y desfilado por delante de mí. El coronel me dio de comer. Es notable que un pueblo tan esencialmente civil pague 120 mil pesos por un establecimiento militar; pero es de advertir que los cadetes no toman todos el servicio de las armas, sino que se ocupan de las artes, arquitectura, etc. Regresé hoy a New York.

1832. Junio 3.

   Domingo: Nada.

1832. Junio 4.

   Lunes: Es increíble que hasta hoy sea el tiempo tan frío que es menester tener lumbre. Dícese que hace muchos años que no se veía una cosa semejante.

1832. Junio 4.

   Lunes: Nada.

1832. Junio 5.

   Martes: Visité las cárceles de Sing-Sing, pertenecientes al estado, situadas a 35 millas de New York, sobre la orilla izquierda del Hudson. Había 950 presos cuyas condenas se extienden desde 6 meses hasta 20 años; su principal oficio es trabajar el mármol de la cantera que rodea la prisión; también trabajan en zapatería, carpintería, cerrajería y tejidos para vestirse ellos mismos. Los productos del establecimiento todavía no cubren los gastos. Cada preso vive solo en una estrecha celda perfectamente segura, viste y come igual a todos los otros y no puede hablar absolutamente con nadie. Tengo un informe circunstanciado del establecimiento al cual me refiero.

1832. Junio 6.

   Miércoles.

1832. Junio 7.

   Jueves: Comí en casa de Mr. Richard, propietario de minas de oro.

1832. Junio 8.

   Viernes: Visité el establecimiento del mismo señor Richard, en el cual separa el oro de los otros minerales por un nuevo método bastante sencillo. Molida la piedra con pilones de hierro movidos por vapor, se pasa a una vasija como taza que está metida entre otra, ambas de hierro, quedando una pequeña ánima entre una y otra; se llena de agua la primera y allí se deja el polvo del mineral, el cual con el movimiento circular de las vasijas nada en el agua y va largando el oro por medio del azogue colocado en la vasija de debajo; de aquí se hace una segunda operación en otras dos vasijas; y de ellas a otras que van disminuyendo en ánima, para reducir el polvo de la piedra a un estado, el más fino, y poder separar mejor el oro.

1832. Junio 9.

   Sábado; 10 domingo; 11 lunes; 12 martes; 13 miércoles; 14 jueves.

1832. Junio 15.

   Viernes: Comí en la casa de campo de Mr. De Rham.

BORDEN TOWN

1832. Junio 16.

    Sábado: Salí para Borden Town a despedirme de José Bonaparte. Estuve allí el 17 domingo y regresé a New York el lunes 18.

NEW YORK

1832. Junio 19.

   Martes: Nada.

 1832. Junio 20.

   Miércoles: Preparativos para mi regreso a la Nueva Granada y despedida de los amigos y conocidos.

1832. Junio 23.

   Me embarqué para Santa Marta con Acosta y su mujer y Honorato Rodríguez.

   Adiós, Estados Unidos.

SANTA MARTA

   17 de julio de 1832: Llegué a Santa Marta a las 7,30 de la mañana y comienza mi carrera en la Nueva Granada.

Santander


OBSERVACIONES SOBRE LOS ESTADOS UNIDOS

   Hoy tiene esta República 24 estados y 3 territorios, llamados así porque no tienen ni legislatura propiamente dicha, ni representación en el congreso, ni acción propia en el nombramiento de sus gobernadores. He aquí el nombre de los estados y el de su población en 1830:

   El total de esta población, 12.855.907, la cual desde 1820, es decir, en 10 años, ha crecido en 3.218.414 habitantes. En esta población hay dos millones de esclavos repartidos en los estados del sur (Virginia, Norte y Sur Carolina, Georgia, Alabama, Louisiana, Tennessee y Kentucky). Hay estados donde no hay ni un solo esclavo, todos los del norte, como Vermont, Massachusetts (Ohio, Indiana al Oeste), New York que tiene 46 y Pennsylvania 386.

   Esta diferencia en la esclavitud, en las profesiones y manufacturas y en la educación forma de los Estados Unidos una división de intereses muy notable, que actualmente ha dado lugar a la cuestión llamada de la tarifa, es decir, al comercio libre o a las restricciones. Así es que los estados del sur están por la primera y todos los del norte por las segundas. La historia de la federación de esta República es sabida: cada estado tiene su constitución particular, más o menos liberal. Rhode Island, por ejemplo, conserva la constitución o carta que le concedió Carlos II de Inglaterra. Las capitales de los estados no son precisamente grandes ciudades, sino las más centrales; allí se juntan el gobernador y las cámaras legislativas. En las otras ciudades hay corregidor (mayor) y municipalidad, divididos en dos cámaras.

   La capital de Maine es Hallowell; de New Hampshire, Concordia; de Vermont, Billington; de Massachusetts, Boston; de Rhode Island, Providence; de Connecticut, New Haven; de New York, Albany; de New Jersey, Trenton; de Pennsylvania, Harrisburg; de Delaware, Wilmington; de Maryland, Annapolis; de Virginia, Richmond; de North Carolina, Raleigh; de Sur Carolina, Columbia; de Georgia, Milledgeville; de Alabama, Tuscalusa; de Mississipi, Jackson; de Louisiana, New Orleans; de Tennessee, Nashville; de Kentucky, Frankfort; de Ohio, Columbus; de Indiana, Indianápolis, de Illinois, Bandasia; de Missouri, Jefferson.

   El país primariamente fue dividido en los dos partidos políticos llamados federalistas y demócratas; los primeros querían un gran poder en el gobierno federativo; los segundos más poder en los estados particulares. Sabidas son las reyertas de estos dos partidos durante las elecciones de presidente de la Unión, y los esfuerzos mutuos que han hecho para apoderarse de la administración. Actualmente esos dos partidos se denominan del sistema nacional americano, y republicanos demócratas, quienes llaman al primero aristócratas; seguramente porque pertenecen a él muchas familias que en su trato particular y en las sociedades se portan como los europeos, sin quererse mezclar con las clases bajas del pueblo o gente pobre. Llámase sistema nacional americano el interés de proteger las manufacturas y productos americanos poniendo restricciones al comercio exterior de productos o manufacturas iguales. Es muy común denominar también los partidos políticos con el nombre de sus jefes, por ejemplo, jacksonistas, calhounistas, clayistas y nulificadores; estos se llaman así porque un estado del sur ha pretendido que su estado tenía el derecho de anular una ley general que le fuera perjudicial, doctrina que una gran mayoría de los Estados Unidos ha reprobado como disociadora. Estos partidos, que cuentan miembros más o menos propensos a animosidades, no alteran la marcha de los negocios, ni amenazan trastornar la sociedad. Su respeto a la ley es racional y religioso; los periódicos las critican, hacen acusaciones a los legisladores y a veces hasta calumnian al gobierno, pero jamás las autoridades y las leyes cesan su respectiva acción. La libertad de discusión es completa en este país; todos los ciudadanos se pueden reunir sin permiso de la autoridad y sin ser observados por fuerza de ninguna especie a manifestar su opinión sobre todo acto del gobierno, sobre toda cuestión local o nacional y sean cuales fueren las resoluciones que se tomen en los meetings (reunión donde hay un presidente escogido por los ciudadanos y oradores ad hoc), la unión del gobierno sigue su marcha y ningún trastorno siente el estado. Recientemente el senado de la Unión ha negado su consentimiento al nombramiento del señor Van Buren para ministro en Inglaterra, y los ciudadanos se han reunido en meetings en New York, Filadelfía, etc., para manifestar sus opiniones en el particular; unos han dicho que el senado habría obrado con violencia y con espíritu de partido, y que en este acto no había representado dignamente a la nación; otros han dicho que el senado ha obrado rectamente y que ha sabido representar la verdadera opinión nacional. Todo ha quedado reducido a estas explicaciones; la tranquilidad no ha sido turbada ni la unión del gobierno ha sufrido en nada.

   Es menester confesar en honor de la verdad que estos partidos obran por todos los medios imaginables excepto con dinero sonante para obtener el triunfo, y que, aunque muchos pertenecen a ellos por sentimientos de buena fe, no faltan quienes los sigan por especulación e interés privado. Tan cierto es que la condición humana aun bajo gobiernos eminentemente honrados, es movida por intereses particulares de preferencia al general.

   En los Estados Unidos es donde se ve más difundida la libertad de la imprenta, la educación pública y el amor al trabajo; así es que puede decirse que el pueblo norteamericano es el más ilustrado, porque es donde circulan mayor número de gacetas y donde hay mayor número de escuelas primarias. Agréguese a esto la naturaleza de sus instituciones, por las cuales todo ciudadano puede tomar parte en los negocios públicos. Los estados fundados por los ingleses exceden a los demás en pureza de costumbres, educación, industria y amor a la libertad. Fue la primera ventaja para esta dichosa nación el haberse compuesto de habitantes cuya primera base era la libertad religiosa. Hablaré de los estados particulares que he visitado y fuere visitando.


NEW YORK

   Este es el estado más poblado y donde el número de negociantes extranjeros es mayor, porque su situación lo hace el primer puerto de estos estados y el tercero del mundo comercial. La influencia de New York en los negocios políticos es inmensa y en los mercantiles casi decisiva. La forma de su gobierno es democrática y la más liberal de todas. New York se llamó antes Nueva Amsterdam a causa de que fue poblada por holandeses; la población actual es de 200 mil almas. Los usos y costumbres son más ingleses que holandeses. La mayor parte de las casas son edificadas o de ladrillo o de madera; esta última circunstancia hace que sean muy frecuentes los incendios, pero como casi todos los edificios están asegurados, las pérdidas no son considerables. El servicio de bombas está muy bien establecido. La aduana de New York produce los 2 tercios de las rentas destinadas al servicio de la Unión; los géneros extranjeros que se reexportan gozan del privilegio de no pagar derechos ningunos.

   La educación pública está en el mejor pie y, en general, por el sistema de enseñanza mutua. Una parte de la educación primaria es pagada por el estado y otra por los particulares; hay escuelas de niños de ambos sexos, de jóvenes y dominicales. Según el informe del gobernador del estado a la presente legislatura había en las escuelas 600 mil niños. Hay un colegio y multitud de sociedades de beneficencia, dos museos particulares, una casa de fieras, un liceo y cuatro teatros, uno de los cuales sirve para ópera y otro para circo.

   Hay templos de todas las creencias, entre ellos cinco son católicos dependientes de un obispo. Hay trece bancos fuera del de los Estados Unidos, y diferentes compañías de seguros; una lonja, una hermosa casa de ayuntamiento, y dos famosas prisiones, la de Sing-Sing y la de Long Island. New York pertenece al sistema nacional o la restricción del comercio. Se ven en este estado dos cosas muy notables: la primera que no hay una ley que arregle las quiebras fraudulentas; segunda, que está establecida la lotería pública, ambas indignas de un pueblo justamente celebrado por sus instituciones liberales y útiles.

   El gobernador Clinton ha dejado entre las buenas memorias de su administración un famoso canal de más de 300 millas que va hasta el lago Eire en el Canadá. Los medios de comunicación por buques de vapor son infinitos, quizá por esta razón los caminos en este país no son tan buenos como en Europa.


PENNSYLVANIA

    Filadelfia fue fundada por Guillermo Penn en 1684, comprando el terreno a los indios. Se ha levantado una estatua a Penn en el mismo lugar donde hizo el tratado. La educación pública no está aquí en tan buen estado como en el estado de New York. El sistema lancasteriano es el que se usa. En los Estados Unidos hay 6.600 escuelas dominicales, donde se enseñan gratuitamente 400 mil personas por sesenta mil maestros.

Lista de las personas a quienes he merecido en Europa diferentes consideraciones de benevolencia durante mi proscripción de la República de Colombia, mi patria, en 1829-1830 y 1831.

Rúbrica

NOTA:

   Esta marca * indica los convites, que me han hecho para comidas.

   Esta otra β las tertulias (soirées) o bailes a que me han convidado.

   Y esta Ξ las visitas que he recibido.

   He llevado esta lista porque mi situación de proscrito por el general Bolívar, Libertador de Colombia, me daba derecho de lisonjearme de mi acogida en Europa, y en América.

   ¡Viva la libertad!

        
        
        
        
        

     
        
        
     
      
     
     
 
               
     
       
       
     
       
       
          
               
     
      
        

CARTAS DE VIAJE

TOMO III


1
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 10 DE NOVIEMBRE DE 1829

Al encargado de negocios de Méjico en Londres.

    Señor:

    Ruego a vuestra excelencia se sirva dirigir el adjunto papel al supremo gobierno mejicano por la primera ocasión segura que se presente, y participarme su resultado al lugar que yo me tome la libertad de indicarle a vuestra excelencia después de mi arribo a París.

   Me aprovecho de esta ocasión para ofrecer a vuestra excelencia las seguridades de mi distinguida consideración, y repito que espero tenga vuestra excelencia la bondad de asegurarme de usted obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2759, p. 31.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 166.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 331.

2
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 10 DE NOVIEMBRE DE 1829

Al presidente de la República mejicana.

   Excelentísimo señor:

   Acontecimientos funestos para mi patria, la República de Colombia, me han arrancado de ella, y traídome a Europa. Ellos han sido bastante notorios para que me detenga a explicarlos, y aun cuando las pasiones los han desfigurado imputándome crímenes, que he estado muy distante de cometer, los hombres justos de Colombia no me han negado justicia y espero que al fin me la concedan aun los mismos que ahora me han perseguido. En mi conducta pública durante los siete años que goberné a Colombia, y aun en las mismas disensiones que la han despedazado, no me aparté un ápice de los deberes que me impuso la nación; sostuve su constitución hasta el último momento, resistí la elevación de un poder absoluto, defendí las leyes y los derechos del pueblo, sacrifiqué a mis principios y a la confianza de Colombia mi fortuna, mi destino, mis amistades y hasta mi honor. Este era mi deber, y en cumplirlo no hice sino lo que correspondía que hiciera un magistrado popular elevado por las leyes para el servicio de la nación.

   Una conjuración acaecida en Bogotá el 25 de septiembre de 1828 puso el colmo a mis persecuciones. Sin haber sido conspirador, se declaró que lo era en virtud de un sumario, dictándose sentencia sin permitirme defenderme, suponiéndome cargos que no resultaron, tergiversándose las declaraciones de algunos testigos, no consintiéndose la confrontación de otros conmigo, y negándoseme el derecho de apelación o de queja contra tan inicua sentencia. Los anales de la arbitrariedad no presentan un procedimiento más violento e injusto, y quizá habría perdido la vida por este asesinato judicial, si el general Bolívar, presidente de la República, por consideración que no me toca examinar, no hubiera modificado el rigor y unidad de la sentencia. Todo consta en documentos que felizmente conservo, y que procuraré publicar para vindicarme, luego que pueda arreglarlos y copiarlos.

   He hecho a vuestra excelencia este bosquejo del último período de mi vida pública porque lo he creído necesario para proceder al objeto de este memorial. El se reduce a ofrecer mis servicios a la República mejicana en las precisas circunstancias en que un cuerpo de tropas españolas ha osado pisar su suelo consagrado a la libertad. La causa del pueblo mejicano es la mía, porque la independencia y la libertad de un pueblo americano me interesan tanto como la de la misma tierra en que nací. Bien preveo yo que la expedición española, desembarcada en Tampico, será destruida mediante las sabias medidas adoptadas por vuestra excelencia y apoyadas en el espíritu público de la nación y en el acreditado valor del ejército; pero sin embargo, no tengo por honroso quedarme en Europa de espectador de esta contienda, mucho menos cuando ella tiene lugar en esa tierra que tantos derechos tiene a cualquier género de sacrificios. No puedo yo ofrecer a la República que vuestra excelencia dignamente preside, talentos, luces ni servicios de consideración; sólo me es posible ofrecerle un soldado más en las filas de sus guerreros, pero un soldado amante de las leyes y de la libertad, fiel a su constitución, y ojalá logre llevarlos a satisfacción del gobierno y del público.

   Si vuestra excelencia creyere útil mi ofrecimiento, y pudieran los españoles por alguna casualidad alcanzar sucesos en sus primeras operaciones, espero que por medio del encargado de negocios en Londres me haga el gobierno conocer su voluntad. En caso contrario, estimo mi permanencia en Europa por algún tiempo de inútil al bien de Colombia, y quizá de los otros Estados americanos. No desespero de visitar los Estados Unidos antes de mi vuelta a Colombia, y me aprovecharé entonces de esta oportunidad para tributar los homenajes de mi admiración y respeto a los ilustres patriotas de la libertad mejicana, entre quienes vuestra excelencia ocupa un eminente lugar.

   Quiera el cielo conservar los esfuerzos de vuestra excelencia en el gobierno en la total destrucción de los invasores, con el triunfo de la libertad política y civil, y en la unión y concordia de todos los ciudadanos.

   Lo deseo ardientemente para bien de la causa americana, en honor de esa opulenta República y para gloria de vuestra excelencia,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2760, p. 32-33.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 164-166.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 331-333.

3
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 12 DE NOVIEMBRE DE 1829

Señor Juan Manuel Arrubla.

   Amigo de mi primera estimación:

    Todavía estoy en esta ciudad, que parece tener para mí una violenta fuerza de atracción. Ciertamente que no espero recibir en ninguna otra parte tantas consideraciones y tantos obsequios, como los que recibo aquí diariamente. Por curiosidad le incluyo una lista de las personas principales que he conocido y tratado y de las que han tenido la bondad de convidarme a comer. Leidendorf, que es hamburgués y nuestro amigo, puede decir a usted qué clase de personas son éstas en este país.

   Mil enhorabuenas me doy de haber venido a Hamburgo. Todas las casas me han ofrecido cartas de introducción para Bruselas, Francfort, París, Londres, etc., y una de ellas será dada por Baur, riquísimo negociante de Altona, para la famosa casa de Rostchild. Este señor Baur es un hombre de maneras amabilísimas; me acuerdo que su convite ha sido de los más magníficos y finos que espero ver: nos sirvieron trece especies de vinos de los más exquisitos de España, Francia, Alemania, Portugal y Cabo de Buena Esperanza. Mucho me acordé este día de nuestro Manuel, que no estaba contento con las comidas europeas.

   He visto todos cuantos establecimientos útiles y benéficos hay aquí; son pequeños y proporcionados a la ciudad, pero me parecen algunos muy excelentes. Estos señores han tenido interés en que vea todas las cosas de su pequeña República, según la llaman ellos.

   Si todos los europeos son tan amables y atentos en su país, como los hamburgueses, es una delicia visitar la Europa. Yo tengo nuevas visitas todos los días, porque parece que desean tantear al hombre que ha gobernado a Colombia, cuya extensión admiran. Así es que lejos de tener que cambiarme el nombre o esconderme, según escribía a Londres uno de los extranjeros residentes en Bogotá, tengo muchas veces que hacerme negar, para que me dejen escribir o leer. Mas no pueden nunca figurarse de qué manera se me ha tratado aquí.

   Una maldita partida de cacería a pie por un terreno húmedo me ha enfermado un poco. Estoy medicinándome con suceso, y esta indisposición ha influido mucho en que me detenga aquí aguantando un frío de los demonios, casi insoportable. El médico me ha dicho que puedo marchar dentro de doce días y marcharé por Hannover a Bruselas y París. El ministro de Francia me ha asegurado que seré bien tratado en París y no sufriré la menor molestia. Esto es importante porque, después de las jaranas colombianas, sería muy desagradable sufrir otras de cuenta de insurgente y republicano.

   Estoy casi al negociar una letra contra usted por $10.000, que es la cantidad que supongo puede usted tener de mi pertenencia, incluso los $ 8.000 del padre Durán. Si me costase mucho la letra, dejaré de concluir el negocio hasta que vaya a París, pues mi situación me exige andar con muchas economías. He gastado aquí muchos reales en proporción al modo con que me han tratado. De ninguna manera puedo resistir en lo sucesivo iguales gastos. Por fortuna me alienta la confianza de que tengo amigos que no me dejarán morir de hambre en mi destierro, y por sobre todo de que allá está una amiga que quizá hará hacer por mí cualquier sacrificio.

   Mucho pienso a Bogotá aun en medio de los placeres de Hamburgo. El vacío de mis amigos no se llena con nada, y usted sabe que mi alma y mi corazón han quedado allá para no recogerme sino cuando la desgracia quiera condenarme a que se completen mis pérdidas perdiendo también el ídolo de mi amor.

   He ofrecido al gobierno de Méjico mis servicios en circunstancias de estar invadido el territorio mejicano por el enemigo común. He creído propio de mi honor hacer esta oferta, que realizaré si el gobierno la admite. Pero esto no quiere decir que yo renuncie a ser colombiano, no, mi amigo; yo amo a Colombia cordialmente y 18 años de servicios no se pueden renunciar por una o más injusticias que he recibido, no del pueblo colombiano, sino de un partido innoble y vengativo. De Colombia sólo sé que Guayaquil ha sido devuelto a nuestro gobierno y que había esperanzas de concluir la paz con el Perú. Ojalá que se verifique de una manera durable y permanente. No quiero pensar en el próximo congreso de Bogotá, porque ya supongo cuál será el resultado.

   En Europa cree todo el mundo que allá nada se hace libremente, sino que todo es dirigido y ordenado por el Libertador según sus designios, sus miras y proyectos.

   Felizmente ya no tengo necesidad de publicar ningún género de manifiesto para justificarme, porque afortunadamente todos los hombres de peso creen que se me ha perseguido en venganza de haber hecho frente al general Bolívar en la abolición de la constitución. Mi moderación ha contribuido mucho a que se forme de mí un buen concepto: todavía no me he permitido la menor expresión ofensiva al general Bolívar, no obstante que no hay tertulia donde no se me toque la tecla. Por aquí conocen poco los hombres de Colombia; sólo he oído nombrar a Soto, a Restrepo, a Gual, a Hurtado y a los generales Páez, Sucre y Urdaneta. A Castillo lo he oído nombrar a dos negociantes que compraron letras giradas por él contra Goldsmith y que fueron protestadas. ¡Cuánto me duele oír hablar contra la gloria de Bolívar! Siempre oigo llamarlo el dictador de Colombia; el enemigo de la libertad.

   Saludo afectuosísimamente a nuestro Manuel y a su señora, cuyos pies beso. A los Montoyas, señoritas Santamaría, Carrascos, Vélez, Aranzazu, Mosquera, Rubio y demás amigos que merezcan este bello título. No olvide usted hacer mis insinuaciones afectuosas al arzobispo, a Domingo Caicedo, a Baralt y al señor Restrepo.

   Recomiendo a usted haga una visita a mi señora Manuela, saludándola con todo mi afecto. A Bernardina dígale que la pienso mucho y que desearía verla en Europa para que honrase nuestro país y luciera gallardamente, pues todavía no he visto quién se le asemeje; pero que no se envanezca por esto; que sea siempre amable y buena amiga. A la Piconcita muchos dengues. A Manuelita Caro muchas finezas de su maridito.

   Hágame el favor de hacer entregar la adjunta para mi hermana y la otra para mi señora Norberta, si es que todavía tiene interés en recibir mis cartas. Dispense usted tantas confianzas, y créame invariablemente su mejor y más reconocido amigo que besa su mano,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2761, p. 34-36.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 166-169.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 335-338.

4
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 13 DE NOVIEMBRE DE 1829

Señor José Fernández Madrid, Londres.

    Mi apreciadísimo y distinguido señor:

   Permítame usted que introduzca a su conocimiento al portador de esta carta, doctor J. Bowring. Este caballero inglés es suficientemente conocido en el mundo literario para que yo haga su apología; considero como una grande adquisición la fortuna que he tenido de tratarle aquí en las más respetables sociedades. Estoy muy seguro de que se complacerá usted mucho de tratar a ese hombre cuyas luces, modales, interés por la causa americana y su amor a la literatura española, interesan a todos los que profesan las ciencias. Nada más debo decir a usted, cuyo carácter no me dejará qué desear respecto del doctor Bowring.

   Desde ahora anticipo a usted mis debidas gracias por la manera como usted tratará a mi recomendado, y me repito sinceramente de usted muy apasionado compatriota y buen amigo que besa su mano,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2762, p. 37..
FUENTE DOCUMENTAL:
Martínez Silva, Carlos. Biografía de José Fernández Madrid, s.l., s.f., p. 398. Del original
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 624.

5
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 21 DE NOVIEMBRE DE 1829

Mis queridos Briceño y Josefita:

    Esta es la cuarta carta que les escribo desde esta agradable ciudad y bien quisiera estar escribiéndoles todos los días para saciar la gana que tengo de conversar con ustedes después de un año de ausencia. Les dije en mis anteriores que estaba un poco malo de resultas de haberme humedecido en una cacería de liebres; ahora puedo decir que estoy ya bueno y que me hallo en vísperas de dejar esta ciudad para París. Espero que Pacho se reponga un poco de la indisposición que le ha causado el frío. Estamos en invierno y no se pueden ustedes figurar cuánto es el frío que sentimos, no obstante que tenemos todos los medios de mitigarlo. Esta Europa es muy agradable en las otras estaciones, mas no en invierno.

   Nada tengo que añadir sobre mi continuo pensar en ustedes en Bogotá y en mis amigos y amigas. En todo el día casi no hablamos Rojas y Pacho que de Bogotá y de nuestras familias. Mis queridos sobrinitos y ahijados están continuamente en mi pensamiento; cuantos niños veo se me parecen a la rucita o al cabezón, pero no a la ex capitana, porque aquí no hay niñas tan negras y tan zalameras como ella. No pierdo la esperanza de verlos a todos y abrazarlos con toda mi alma; ni de pasarlo en Hato Grande viendo las vacas y los terneros y comiendo carne gorda y papas. No ha de ser tan inhumano el gobierno que me tenga perpetuamente desterrado de la patria que yo he ganado para vivir en ella con 18 años de continuos y siempre fíeles servicios, sin ningún género de debilidad y de traición. Entre tanto, pues, que yo alcanzo el placer de verlos, es del cargo de ustedes hacerlos a los señores ahijados Manuelita, el cabezón, la rucia, la ex capitana y la angustiada mil agasajos de mi parte, y cuidarlos mucho, y que no olviden jamás los padecimientos de su tío y padrino para que se honren de ser sobrinos de una víctima de su amor a las libertades colombianas.

   Jamás acabaré de ponderar la acogida atenta y distinguida que he tenido aquí en la ciudad inmediata llamada Altona, perteneciente a Dinamarca. Ustedes no pueden formar una idea exacta de las distinciones que he recibido. Entre los innumerables convites que he tenido, asistí a uno en casa de uno de los secretarios de estado que aquí se llaman síndicos, donde se reunió una sociedad de ambos sexos. Allí fui presentado al ministro de Prusia, el conde Goethe, viejo muy amable y gran cortesano, al ministro de Austria, el caballero Von Binder, al ministro de Francia y a otras personas no menos respetables. Conocí a las mujeres de los dos últimos ministros, señoras de mucho talento y finísimas, particularmente la del ministro de Austria. Por fortuna toda la gente de educación habla francés y yo puedo entenderla y hacerme entender, pues la lengua alemana me parece muy difícil de aprender. Las niñas de familias distinguidas tienen una educación muy esmerada: tocan el piano, dibujan, bordan, hablan tres o cuatro idiomas y bailan aunque mal, según el estilo del país. En las sociedades de poca etiqueta, mientras los hombres conversan, las señoras se ocupan de bordar o de tejer bolillos tomando parte en la conversación, costumbre que me ha agradado mucho, porque nuestras paisanas en lo general aman mucho la ociosidad. Me parece por lo que he visto y por lo que he oído a otros, que Hamburgo es una de las buenas ciudades europeas: tiene una población de 120.000 almas, un comercio muy extenso, caudales de consideración, buenos edificios, una política excelente para el ornato y limpieza, regulares establecimientos de beneficencia, buen teatro, colegios, paseos hermosísimos y un gobierno republicano. Para mí tiene además de todo esto, el que le he merecido mil consideraciones muy distinguidas.

   Para que ustedes se entretengan, les voy a hacer la cuenta de los convites que me han dado. El senador Merck, rico negociante, me dio uno de etiqueta el 19 de octubre, después almorzamos Rojas y yo con su familia en su hermosa casa de campo y después comimos Pacho y yo, también con su familia, en su casa. El señor Baur, de Altona, nos dio un convite magnífico, al cual asistimos, Rojas, Pacho y yo; me acuerdo que sirvieron 14 especies de vinos de los más selectos de Europa y Africa. El senador Benecke me dio un convite y fui a él con Rojas. El secretario de estado Sievecking, otro y fui solo. El senador Dammert otro y fui con Rojas. El secretario Von Sienen otro, y fui también con Rojas. El vicecónsul del Brasil Hyrnsch otro primero y fui con Pacho, y después dos más, solo. El presidente de Altona, conde Blücher, otro y fui solo. El ministro de Dinamarca, señor Bockelmann, otro y fui con Rojas y Pacho. El rico negociante de Altona, Donner, que es consejero de Dinamarca, otro y fui solo. El señor Gorrissen otro, y fui solo. En todas estas reuniones he conocido una gran porción de personas respetables, lo cual me sirve para poder adquirir conocimientos e introducción en las otras ciudades importantes a donde debo ir. He guardado moderación respecto de mis padecimientos, que no he querido hablar nada, contentándome con decir que el tiempo revelará lo que yo no debo revelar. Esta conducta ha agradado mucho, porque por lo menos me creen con un poco de educación y de decoro. Es de suponer que yo he sufrido aquí exámenes, porque era muy natural que tanteasen qué casta de hombre era el que había gobernado a Colombia. No me parece que he deshonrado a mi país. Dios quiera que nunca venga a Europa ningún colombiano de representación que no sepa algo del mundo, porque hará un papel muy ridículo. Ya se me acaba el papel y, por lo tanto, concluyo encargándoles den mis afectuosas expresiones a los tíos, primos y primas de toda especie, a los amigos de ambos sexos, de todas condiciones y estados; en una palabra, a cuantos conserven por mí alguna estimación y me hayan hecho algún servicio en mi infortunio. Les deseo a ustedes tanta felicidad, como para mí mismo. Los abrazo cordialmente y les aseguro que deseo verlos buenos, gordos y alegres en unión de los niñitos y de su querido hermano,

Francisco de Paula Santander

   (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 338-341.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado de original.

6
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 21 DE NOVIEMBRE DE 1829

A la señorita Manuela Briceño y Santander y a sus hermanos.

    Mi señora doña Manuelita Briceño, mi ahijada querida. Su padrino está bueno, pensándola todos los momentos del día. Su padrino cree que ya sabrá su ahijada escribir bien, coser y bordar, para que después aprenda a tocar piano y a bailar. Tenga mucho juicio, cuide mucho a su papá y a su mamá y también a sus hermanitos. Quiera mucho a su mamá Cacha y piense sin cesar a su padrino que sólo es desgraciado porque está ausente de su familia y de sus ahijados. Por lo demás, su padrino es dichoso de padecer por la libertad.

   Señor cabezón: usted debe tener mucho juicio porque ha de ser el báculo de su papá y de su mamá cuando estén viejos. Aprenda pronto a leer y escribir para que se venga a Europa a aprender a ser hombre. Déle un abrazo a su mamá Cacha y cuídela mucho.

   Señora ex capitana vagamunda: mientras pasa usted el día en zalamerías y bachilleradas podía estar aprendiendo a cocinar, a hacer dulces. Su padrino la quiere mucho aunque tan fea, y espera que ha de ser la que más ha de cuidar a su mamá Pepita y a su papá barrigón. Dentro de pocos días le mandaré muchas muñecas y muchas cositas bonitas con Cruz.

   Mi rucita loca es muy hermosa; la abrazo y le mando muchos besitos.

   A angustiada, mil agasajos, los cuales quiero que se los haga a la señora ex capitana.

   Adiós ahijados míos: tengan a mucha honra ser sobrinos de una víctima de la libertad de su patria, que todo lo ha sacrificado por ser consecuente, fiel y hombre de bien, y que está contento con su suerte al verse estimado de los hombres justos y sensibles de Europa.

Su padrino

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 341-342.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado de original.

7
Firma: SANTANDER

BRUSELAS, 8 DE FEBRERO DE 1830

Al señor general don José de San Martín.

    Dos veces he estado en casa de usted y no he tenido la fortuna de encontrarlo; usted ha estado otras dos en mi posada y tampoco me ha encontrado.

   Mañana pienso salir de aquí para Amberes y de allí para París, si es que el gobierno francés quiere permitirlo.

   Yo me creía bien satisfecho de poder hacer a usted algún servicio en cualquier parte porque, debo expresarlo nuevamente, el haber conocido a usted personalmente me ha sido de un gran placer.

   Lo conocía a usted por las comunicaciones que mantuvimos, usted desde las costas del Perú, y yo en el gobierno de Bogotá; le conocía por sus importantes servicios a la causa americana; por las batallas de Chacabuco y Maipú, por la empresa de libertar al Perú, por tantas otras acciones ilustres que no olvidará la historia de la independencia americana.

   No creo que el tiempo haya cerrado las puertas a usted para prestar nuevos servicios a la América; por el contrario, espero que un día usted le hará nuevos sacrificios por su amor a la patria y por una benéfica experiencia. Si el cielo quiere protegerme allanándome el camino de volver a Colombia y allí puedo ser útil a la causa general de los americanos, usted no dude que entonces como ahora será decidido apreciador suyo y amigo, su afectísimo compatriota, seguro servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta 2763, p. 39.
FUENTE DOCUMENTAL:
Documentos del Archivo de San Martin, t. 9, p. 502.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 599.

8
Firma: SANTANDER

PARIS, 24 DE FEBRERO DE 1830

Señor Juan Manuel Arrubla.

    Amigo muy querido y el mejor de los amigos:

    Ya me tiene usted, ha ocho días, en la hermosísima capital de la Francia, bien restablecido de mi salud, descansando del riguroso invierno que tanto me ha maltratado, relacionado con las personas más respetables, tratado con distinción, y tranquilo con el testimonio de mi conciencia. Aunque por ninguna parte encuentro cartas de ustedes, he logrado saber por una carta de Jamaica, del 21 de diciembre, que usted se mantenía en Bogotá, que mi hermana y Briceño, estaban buenos y que mi señora Nicolasa había regresado de Guaduas a su casa. Desesperado me tenía la incertidumbre sobre la suerte de todas las personas nombradas, después de haber sabido que los acontecimientos de Córdova habían dado lugar a otros destierros. Quiera Dios que las nuevas ocurrencias de Caracas, de que estoy informado, no causen desórdenes, nuevos perjuicios y disgustos. Quedo en ascuas acerca de dichos acontecimientos, que se pintan como una cosa seria y general. Si hay prudencia de parte del nuevo congreso, y deferencias de parte del general Bolívar, pueden arreglarse las cosas a gusto de todos, y evitando el peor mal de la guerra civil. Yo doy gracias a Dios de encontrarme lejos del teatro de operaciones. Nadie dirá ahora que mi influencia, mi rivalidad, mi ambición y mis caprichos contribuyeron a la perturbación de que es víctima nuestra pobre patria. Bien resuelto estoy yo a abstenerme de toda intervención en las diferencias políticas; he sufrido mucho, se me ha perseguido de muerte, y se me ha ultrajado sin tener en consideración 18 años de servicios y una conducta siempre guiada por la mejor buena fe y el más desinteresado patriotismo.

   Temo que no lleguen a sus manos tres cartas que le he escrito de Hamburgo, y una de Bruselas. En ellas, entre otras cosas, le hablaba de intereses. Mis gastos con tres criados y con Pachito han sido y son considerables: mientras más distinciones me hacen, más tengo que gastar, de manera que bajo este aspecto quisiera que nadie supiera que vivo en Europa. Estas insinuaciones se dirigían para que usted apurase a mis deudores, y para que Cuéllar se esmere en cuidar y hacer producir la hacienda. No he dispuesto de ningún dinero porque todavía no he hallado un modo seguro de hacerlo, y porque no sabía si usted por casualidad había encontrado modo de mandarme. La siguiente carta espero que sea relativa a esto, porque he conseguido excelentes cartas de recomendación para Rostchild y otras casas fuertes de aquí, por cuyo medio espero allanar toda dificultad. No he encontrado los millones que decían tenía yo en Europa, el diablo se los ha llevado. Ojalá él se lleve a los que inventaron semejante calumnia. Soy hombre que si me quitasen mi hacienda me quedo a perecer. Así es que estoy reducido a vivir económicamente en cuanto pueda sin gastar, sin gastar absolutamente nada superfluo o de puro lujo.

   Aquí he encontrado muchos colombianos que me tratan cariñosamente, incluso don Jerónimo. Hemos tenido la desgracia de perder a Salazar, quien murió de pulmonía hace tres días. Ha sido generalmente sentido de cuantos le trataron; deja su viuda con cinco niñitas. Ha sido una pérdida lamentable; ayer lo enterramos, y tuve el gusto de ver que en el acompañamiento del féretro iban el general Lafayette, Mr. Julien, dos miembros del instituto y otras personas de distinción.

   De aquí pasaré a Londres dentro de tres meses. Escríbame largamente por conducto de don Jerónimo, dándole la carta a Cárdenas o enviándosela a Amador, de Cartagena, con encargo de remitírsela a don Jerónimo, que es seguro conducto según toda apariencia. El me ha hecho este ofrecimiento al oírme lamentar de la incomunicación en que estoy con mi casa.

   Saludo al ilustre Manuel, a Rubio, a los Santamarías, a Mosquera, a los Carrascos y demás buenos amigos. A Montoya, Pacho, José Manuel y al Boyacá. Una visita a mi señora Manuela y dos a la amable Bernardina, reina de Cundinamarca.

   Envíe inmediatamente la adjunta para Josefita. Escribiendo desde Europa debe, o decirse todo lo que se ve o se observa, o no decirse nada para no hacer las cosas a medias. Por eso yo no digo nada: todo lo reservo para cuando tengamos el gusto de vernos en Hato Grande o en Santa Catalina. Entonces hemos de hablar mucho, mucho. Dígale a Bernardina que he visto el sepulcro de Eloísa y Abelardo en el cementerio del padre La Chaise de esta capital, y que al instante me acordé de ella, no sé por qué; que llevo un diario muy curioso, el cual la divertirá mucho cuando yo se lo lea sentado bajo un arboloco.

   Adiós, querido amigo mío. Suyo con todo el afecto de que es capaz su amigo,

Francisco de Paula Santander

    Al entrar en Francia la primera ciudad que toqué fue Valencinnes. El Maire me escribió una carta diciéndome que tenía una cosa importante que comunicarme; fui a la casa municipal y lo hallé con dos señores más. Después de las ceremonias de etiqueta me dijo que iba a cumplir con el precepto de su gobierno leyéndome la orden que había recibido. En efecto, leyó una orden en que se le prevenía me advirtiese que el gobierno sólo me permitía estar en Francia bajo todas las garantías, si yo rehusaba admitir homenajes públicos, como ovaciones, triunfos, etc. (son sus palabras exactas), que pudieran comprometer la tranquilidad pública. Yo respondí que me sorprendía de oír que en Francia, donde no era conocido, se me presentasen tales homenajes; que esperaba vivir en este país con la quietud y seguridad que mi buen comportamiento me había dado en Prusia, en los Países Bajos y demás Estados que había visitado; que si como colombiano tomaba una parte activa en los negocios de mi patria emitiendo opiniones republicanas, en los países extranjeros no tenía que hacer sino respetar las leyes y las autoridades, de lo cual tenía dado pruebas muy notorias; y que el gobierno francés podía estar seguro de que mi conducta jamás le sería sospechosa ni desagradable, fueren cuales fueren los negocios políticos que se ventilasen. Mi respuesta parece que le agradó al Maire, y supongo que la refirió literalmente al gobierno, puesto que se me ha permitido libremente vivir en París sin trabas ni fianzas de ningún género. Cuento esto para que usted vea cuál es el estado de recelo que hay aquí, y qué temores tan ridículos ha inspirado mi presencia, como un hombre víctima de su amor a la libertad y de su odio a la dictadura. Así es que guardo una circunspección muy meditada, y procedo de modo que jamás pueda proporcionárseme un disgusto. La primera vez que he visto al venerable Lafayette quedé helado de admiración y de respeto; este señor me ha hecho una acogida tan benévola y tan distinguida, que estoy confuso. He ido al instituto; pero la particularidad es que he sido buscado y llevado por Mr. Julien y otro miembro de él: distinciones son éstas que si parecen a otros pequeñas, a mí, que estoy desterrado, calumniado y desgraciado para el Libertador de Colombia, me parecen cosas de importancia.

   De Hamburgo le remití una lista de todas las personas de consideración por sus destinos o por sus talentos con quienes estaba en relación, y de todos los convites que me dieron en Hamburgo y en Altona. En Francfort también se portaron con igual generosidad. El duque de Montebello se ha portado mal con Acosta y con Rocha, después que en Guaduas y en Honda tanto lo obsequiaron sus familias. Estos extranjeros debemos tratarlos como merecen: el que en su país es caballero y se porta como tal, es justo tratarlo como caballero; pero al que no, no. El orgullo es inherente a la nobleza europea, ¿por qué con ella no hemos de ser orgullosos los republicanos de nuestra patria sin ser groseros? Démonos importancia para que nos respeten y no nos crean hotentotes.

   Suyo siempre, 

Santander

   Al cerrar he recibido por los Estados Unidos una carta suya del 21 de septiembre pasado, en respuesta a la primera mía de Puerto Cabello. Quedo en cuenta de cuanto usted me dice relativo a mis intereses y al estado de contento en que estaba usted al verme próximo a embarcarme para Europa. Usted es muy excelente amigo, muy generoso y muy digno de la amistad de su amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta 2764, p. 40-43.

FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 208-211.

OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1829-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 386-389.

9
Firma: SANTANDER

PARIS, 20 DE MARZO DE 1830

Al señor Joaquín Acosta (Rue de l'Ouest, 9).

    Mi querido Acosta:

    No puedo salir hoy porque estoy enfermo, y el médico me ha prohibido dejar el alojamiento. Tampoco puedo salir mañana; así es que dejaremos para otro día el paseo al Luxemburgo y, por consiguiente, el placer de tomar helados en la calle de Rívoli, como estaba convenido.

   No siendo dueño de mi salud, tengo que pasar por la incomodidad de privarme de la compañía de usted mañana y pasado mañana; pero queda prorrogada (Sigue Nota del Editor...) para cuando yo le avise.

   Salude a su hermano afectuosamente. Dígame dónde es el nuevo alojamiento de madame Salazar.

   Siempre decidido amigo de usted, su antiguo estimador,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 397-398.

FUENTE DOCUMENTAL:
Acosta de Samper, Soledad. Biografía del general Joaquín Acosta. Bogotá, Librería Americana, 1901, p. 236.


10
Firma: SANTANDER

PARIS, 27 DE MARZO DE 1830

Señor don Juan Manuel Arrubla.

    Amigo muy querido y amigo excelentísimo:

    Ya he perdido la cuenta de las cartas que le he escrito desde Europa; pero recuerdo poco a poco que de Hamburgo escribí tres o cuatro, de Bruselas una o dos y de aquí tres, fuera de la presente. Yo no he recibido de usted ni de nadie de Bogotá, sino una atrasadísima del 21 de septiembre, contestación a la primera mía de Puerto Cabello. Nada sé de Colombia, sino lo que dicen los diarios de la nueva convulsión de Venezuela. No me admiro de ella; cuando se siembra buena semilla en terreno fértil, la cosecha es abundante. Este es el resultado de las anárquicas doctrinas de 1826-1827 y 1828 a que yo me opuse tan fuertemente y por las cuales me denominaron faccioso, ambicioso, enemigo del general Bolívar, de la felicidad de la patria, etc. El tiempo me está justificando. En Ocaña pudimos haber hecho pacíficamente lo que hoy se exige violentamente, y que quién sabe lo que costará a Colombia. Que recuerden Montoya, Aranzazu y su hermano lo que cien veces les dije en Ocaña; que recuerden mis opiniones en la convención y que digan si eran temeridades mías o si procedía porque el doctor Soto era mi mentor. Jamás les perdonaré la injuria de haberme creído tan niño, que pensara y obrara por mano ajena. Dios permita iluminar al general Bolívar y al congreso, de modo que todo se arregle en paz y para la felicidad pública. Es un escándalo en Europa tanta agitación en todos los nuevos Estados americanos; lo peor es que la España renueva sus esperanzas de reconquista, y que los gabinetes europeos nos desprecian altamente. Lástima me da oír en las tertulias cómo se habla del general Bolívar, y vergüenza lo que dicen de nuestras aspiraciones desmedidas, a que atribuyen las revoluciones de esos países.

   Yo he tenido aquí una acogida muy distinguida, no obstante que soy desterrado y malhechor. Parece que se me quiere indemnizar en Europa de los ultrajes que he recibido en mi patria. Me basta mi conducta y el haber gobernado a Colombia conforme a sus leyes para poder estar seguro de las atenciones de las personas de alguna notabilidad, excepto la corte, que sólo se mete con los cortesanos. He sido convidado a comer en diferentes partes, entre ellas donde el diputado barón Ternaux, y donde el conde de Rochechouart; me han visitado diferentes personas distinguidas, entre ellas los pares de Francia, conde D'Tracy y el conde San Auraile, varios miembros de la Academia de las Ciencias y todos los americanos existentes aquí. Por esto he conocido a Rivadavia, ex presidente de Buenos Aires, y al ministro Agüero, al nombrado Vidaurre, del Perú, al general Morán, mejicano, al general Pedraza, ex presidente de Méjico, y otros. Yo he sido introducido en muchas sociedades y en casa del lord Stuart Rotzay, embajador de Inglaterra. Las noches son pocas para asistir a las soirées a que he sido convidado, y puedo escoger entre ellas. Los domingos voy a donde el conde D'Tracy o donde Brogniard, miembro del instituto. Los lunes donde el conde de San Auraile y donde la princesa de Salm, alemana. Los martes, donde el respetable general Lafayette. Los miércoles o donde Jomard, miembro del instituto, o donde Andrieux, secretario perpetuo de la academia francesa y antiguo miembro del tribunal. Los jueves donde el barón de Ternaux. Los viernes donde madame O'Reilly. Los sábados donde madame Montgolfier, viuda del célebre físico que inventó los globos aerostáticos. Conozco y trato a Sismondi, el escritor de economía y de historia; a Constant, diputado, al vizconde Chateaubriand, al célebre astrónomo Arago, al respetabilísimo obispo Gregoire, etc. Infiera usted de aquí, si habré tenido que esconderme o cambiar de nombre para evitar desaires, como escribía uno de mis enemigos a Londres el año pasado. Yo quisiera que estuvieran aquí estos señores que me han perseguido tan de balde para que viesen cómo se trata a un americano liberal, que ha mostrado su honradez y fidelidad a las leyes en las más difíciles circunstancias. Todo esto, aunque satisface mi corazón, no me engríe, porque hartos golpes de la patria he recibido yo para dejarme deslumbrar por nada. He visto al abate D'Pradt, pero no he querido hablarle, porque me repugna entrar en conversación con quien ha cantado la destrucción de nuestras libertades.

   Cuando usted reciba ésta, yo estaré ya en Londres, pues pienso ir a aquella capital en mayo a gozar de este mes y del de junio. Allí pensaré para dónde tiro, si para Rusia, a conocer a San Petersburgo, o para Italia. Entre tanto que yo ando por aquí de la ceca a la meca, ustedes se arreglarán y se aquietarán. Los toros los veo desde lejos y ya libre de que me echen la culpa de cuantas revoluciones se formen. La experiencia está comprobando que no era yo el que turbaba la tranquilidad pública, ni el que quería federación para separar a Nueva Granada y repartírmela. El germen era otro, y cuando la tierra se carga de vapores y se reprimen las salidas, hay terremoto tarde o temprano. A una acción de la fuerza sigue una reacción. Le he dicho que me escriba por Burdeos, rotulando a la casa de Foclke et Branndemburg Bourdauz, o a París a la de Subervielle et Cia., que es mejor, o por la de Darthez et Cia., de Londres. Cualquiera, incluso la de Rotschild frères de París, me sirve para el caso. Nada digo de dinero, porque hasta ahora me sale costoso el trato o cambio. Sirva a usted de gobierno que con un compañero y tres criados gasto muchísimo. Es preciso estar a la dernière en las soirées, en los convites, en los paseos de Longchamps, ir en coche, etc. Usted es mi padre: sobre usted pesa todo este gasto. Que mis deudores paguen y que Cuéllar cuide mucho la hacienda y la haga productiva. De otro modo me lleva el diablo en esta Europa y tendré que huir, porque después de todas las consideraciones que merezco, salir con que no tengo para comer en una fonda decente y que he de echar mis criados, compañeros fíeles de Bocachica, es la mayor de las desdichas. La mejor dirección de mis cartas es la de Subervielle, y puede ponerse así: A Monsieur de Subervielle et Cia. Rue Clery n. 13-A, París. Este es un sujeto muy estimable y que me muestra el mayor cariño y deseos de hacerme este servicio; ha vivido ocho años en Méjico bajo el gobierno patriota. También es buena esta otra: A Monsieur Rotschild frères Rue d'Artois n. 15, París. Usted verá si las cartas vienen mejor por Bourdeaux, Havre o Marsella, que por Inglaterra. Dejo esto al cuidado de usted con tal que vengan seguras, pues se pierden mucho. Así, sería mejor enviar unas por un conducto, otras por otro, y otras por las casas de Darthez et Cie., que me ha hecho desde antes mil ofrecimientos.

   Saludo afectuosamente a nuestro ilustre Manuel, a todos los Montoyas, Rubio, Mosquera, los Carrascos, etc. Una visita a mis excelentes amigas doña Manuela y Bernardina. Escríbame largo y detalladamente, pues tengo hambre de recibir pormenores de por allá. Desde ahora recomiendo a la amistad de usted a los Acostas, Domingo y Joaquín, que pronto volverán para Colombia. Son excelentes jóvenes, bastante aprovechados y que conmigo se han portado aquí magníficamente. ¡Quién pudiera pasar con usted el tiempo en Santa Catalina, en Hato Grande o en el Salitre! No oiría cantar a la divina Malibrán, ni tocar 300 instrumentos sin oírse más que una cuerda, no vería el Museo del Louvre, la guardia real, Versalles, etc., pero gozaría de las delicias de nuestra campiña, respiraría el aire benigno de nuestra deliciosa temperatura, pisaría la tierra de mi corazón, y sobre todo disfrutaría de los encantos de una verdadera amistad.

   Adiós, amigo mío. Todo soy de usted con el mayor afecto y gratitud,

Francisco de Paula Santander

   Hoy he tenido el gusto de ver a Carlos, que ha venido de Londres a verme. Reciban usted y Manuel sus expresiones.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1985, t. 8, carta 2765, p. 43-47.

FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander, Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 228-232.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 395-397.

11
Firma: SANTANDER

PARIS, 2 DE ABRIL DE 1830

    Mis pensadísimos Briceño y Josefita:

    Después de mi llegada a París, que fue el 16 de febrero, les he escrito cuatro veces dándoles cuenta de mi vida y quejándome de no haber recibido de ustedes, ni de persona alguna de Bogotá, una carta en ocho meses. Así es que estoy como en el limbo sin saber nada nada de mi casa, de mi familia, de mis amigos, de mis intereses. De Colombia sé lo que los periódicos publican: insurrecciones, revoluciones, agitaciones y diabluras. Gracias a Dios que estoy bien distante de todo y que ya no me echarán la culpa de todo cuanto sucede por allá en contra del actual gobierno, de sus funcionarios, etc. Los que esperaban gozar de tranquilidad y de paz así que me encerraran en un castillo o me desterraran para Europa, se han llevado un buen chasco. Ya esos señores se han querido engañar por orgullo y amor propio. Yo viendo los toros desde lejos no digo más que si la constitución no mantuvo el orden público y la unión de Colombia, la dictadura ha mantenido menos. Dios se apiade de ese pobre país a quien todavía podía hacerle grandes servicios el general Bolívar tomando otro rumbo y abandonando sus proyectos irrealizables. No sabe el general Bolívar todo lo que ha perdido en Europa después de la caída de la constitución, y esta pérdida ha sido un fraude que él ha hecho a Colombia y a la América entera de la gloria que le resultaba de la reputación del general Bolívar. Si el general hubiera mantenido la constitución y hecho el papel de verdadero conciliador, no hubiera en Europa un modo bastante adecuado para admirarlo y elogiarlo. Es menester estar aquí para conocer este negocio.

   Mi salud sufre alternativas, unas veces atacada de irritaciones, otras de fuertes catarros, (Sigue Nota del Editor...) el cólico me ha hecho el favor de no acordarse de mí, gracias a Dios. Dentro de un mes me voy para Londres a conocer la Inglaterra; de allí no sé todavía si me dirigiré a Holanda, a Berlín y Viena, o si iré a Dinamarca y San Petersburgo. Me gusta viajar por este país que tiene tantas comodidades para los viajeros, y que ofrece tantas cosas curiosas y admirables. El invierno lo pasaré en Italia. Entretanto ustedes se podrán arreglar y tranquilizar, y si para entonces yo ya no soy peligroso ni Bolívar quiere portarse más duramente que Fernando VII, pensaré volver a mi patria. Yo no solicitaré jamás ni pediré gracia ninguna, porque no soy ni he sido delincuente, digan lo que quieran en su sentencia o dictamen los señores Urdaneta, Castillo, Vergara, Tanco y el pobre Córdova. Tengo proporción de irme a servir a un Estado de los de América; así se me ha prometido y lo haré cuando vea que para mí ya no hay más Colombia.

   Abrazo tiernamente a mis queridos ahijados, y encargo a ustedes les hagan mil cariños en mi nombre a Manuelita, al cabezón, la ex capitana charlatana, la rucita y la angustiada. Mil memorias afectuosísimas a los tíos, a las catiras, Fortoules y demás amigos y amigas, conocidos y conocidas. Iguales memorias a Polo, Cuéllar, Honorato y demás que se dignen acordarse de mí. Yo lo paso regularmente; he contraído relaciones con personas respetables cuya sociedad frecuento. Toda la semana la tengo ocupada por la noche desde las ocho. Los domingos voy donde el conde de Tracy, par de Francia, y donde Brongniard, miembro del instituto, célebre mineralogista; los lunes donde el conde Saint-Aulaire, par de Francia, que tiene dos bellas hijas; los martes donde el general Lafayette; los miércoles donde el señor Andrieux, secretario perpetuo de la academia francesa, y donde el señor Jomard, miembro del instituto y conservador de la biblioteca del rey. Los jueves donde el barón Ternaux. Los viernes donde madame O'Reilly y donde el conde Mironi, que reúne músicos y cantarinas excelentes. Los sábados donde la princesa de Salm y donde madame Montgolfier, viuda del que inventó los globos aerostáticos. En esas sociedades [roto] todo se conduce con la mayor circunspección; cuando hay en el teatro alguna pieza selecta, entonces prefiero el teatro. También suelo comer en algunas buenas sociedades, así es que he estado donde el rico negociante Rothschild, el conde Rochechouart y algunos negociantes de menos notabilidad, como Chanviteau, Gaboty, etc.; por aquí inferirán ustedes que gozo de bastantes consideraciones, y aunque malhechor y desterrado, la buena sociedad de París me acoge con distinción. No obstante todo esto y de que esta capital como casi toda la Europa ofrece grandes atractivos, grandes cosas admirables, yo suspiro por Bogotá y deseo vivir en mi Hato Grande con mi familia.

   Supongo que hoy se habrán acordado ustedes de mí por ser día de mi santo. Otros años lo hemos pasado bastante alegremente reunidos. El demonio quiere que estemos separados hace dos años.

   Encárguenle mucho a Cuéllar que cuide la hacienda. Gasto mucho y estoy temeroso de encontrarme un día sin recursos. Yo no tengo ya más nada que mi hacienda; los millones de pesos que dicen que tenía yo en qué sé yo cuántos bancos no parecen. Ojalá tuviera algo más que Hato Grande. Entreguen la adjunta; no le escribo a Arrubla porque me han avisado muy tarde que había ocasión para Colombia y me apuran por la carta. Encargo a Briceño que lo salude y que junto con Josefita le hagan una visita a mi señora Manuela y Bernardina, y otra a tu madrina.

   Adiós. Su hermano que los ama de veras y desea verlos y abrazarlos.

Francisco de Paula Santander

 (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 398-401.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original.

12
Firma: SANTANDER

PARIS, 10 DE ABRIL DE 1830

Señor coronel José Concha. En donde se halle.
Colombia

    Mi querido amigo, y mi pensadísimo primo: Escribo a usted con Vicente, y le doy la enhorabuena porque va a tener a su lado a su hijo. Aquí me han dado sus maestros excelentes informes sobre él: es muy juicioso y muy aplicado; sabe francés e inglés, dibuja y toca flauta. Es lástima que usted no pueda acabar su educación en este país. Yo he estado frecuentemente con él desde que llegué a esta ciudad, y he observado su buena conducta.

   Nuestros padecimientos han sido terribles. Conmigo han hecho mis enemigos lo que les ha dado la gana. Se valieron de la loca tentativa de 25 de septiembre en Bogotá para arruinarme. Hicieron un proceso a su antojo, no carearon conmigo todos los testigos, no me permitieron defenderme, supusieron todo lo que les pareció conducente a sus miras, y al fin dictaron una sentencia que ni Morillo la dictó contra los desgraciados patriotas que llevó al patíbulo. Así fue que me declararon conspirador sin haber tenido parte ninguna en la conspiración, me desterraron, me encerraron en Bocachica, y me han causado cuantos perjuicios han podido. Es un escándalo todo este procedimiento: la venganza y el odio más encarnizado han sido los móviles de mis persecuciones. A pesar de todo, estoy todavía vivo, sufriendo mi desgracia con resignación, siempre animado de los principios que me han guiado hasta aquí, siempre amante de la libertad de mi patria, nunca arrepentido de lo que he trabajado por ella, sacrificándole mi reposo, mi fortuna, mi honor, y por poco hasta mi vida. La rectitud de mis procedimientos, mi buena fe y lealtad a mis deberes, y una conciencia pura me sostienen y me inspiran tranquilidad, entretanto que dando las pasiones su debido lugar a la razón, llega el día en que se me haga justicia.

   Hace seis meses que estoy en Europa, y he gozado de infinitas consideraciones. He adquirido relaciones importantes, y por todas partes he sido tratado con distinción, y aprecio. Esta conducta me ha arrancado la pluma de la mano para no publicar un manifiesto de la injusticia y violencia con que se me ha maltratado en Colombia bajo la ominosa dictadura sólo porque he seguido constantemente el camino de la ley, oponiéndome a la elevación de un poder absoluto.

   Procuro ver lo que hay de más interesante en este continente, y observarlo todo para aprovecharme en parte de mi desgracia. He viajado ya de Hamburgo por una parte de Dinamarca y de Prusia, por el Hannover, el gran ducado de Hesse, el de Darmstad, los Países Bajos, y el norte de Francia. De aquí pensaré el camino que tomaré antes de volver a Colombia.

   Nada sé de nuestra patria después de siete meses. Los papeles públicos han comunicado la empresa de Córdova en Antioquia y su resultado, y ahora la tentativa de Venezuela que parece seria y popular. Ya se acordará usted de nuestros votos en Ocaña sobre forma de gobierno, y verá que Venezuela está justificándonos. En Ocaña debimos haber hecho lo que hoy piden los venezolanos con las armas en la mano. Entonces habría sido fácil restablecer el orden público y por medios pacíficos y de común acuerdo; desgraciadamente la ambición frustró nuestras patrióticas miras, y hubo diputados tan viles, que traicionando a sus comitentes se vendieron infamemente al poder. No sabemos cuál sea el pensamiento del general Bolívar en las presentes circunstancias: si él medita un poco sobre la suerte del país, y la suya particular, no debe encender la guerra intestina entre Venezuela y Nueva Granada.

   Es una cosa ya indubitable que se habían tomado ya todas las medidas convenientes para establecer una monarquía. Aquí he tomado informes y datos que me han ilustrado mucho en la materia. El general Bolívar no sabe cuánto ha perdido en Europa, y a qué punto se ha rebajado su antigua reputación. Hablan de él en las sociedades con escarnio los hombres amigos de la libertad, y con desprecio los que nunca han amado los principios liberales. "Qué dice su Washington", es la pregunta que me hacen frecuentemente. Es un dolor oír y ver esas cosas, porque ellas traen consigo una idea ridícula y depreciable del pueblo colombiano, que se ha dejado conducir como manada de carneros, y ha recibido el yugo dándole las gracias al que se lo imponía. En lo general el pueblo europeo es amante de las leyes y de la libertad. Los periódicos no respiran sino principios liberales, elogios a los firmes sostenedores de las instituciones, y execraciones a los que las violan o desprecian.

   No he sabido más nada de usted, sino que estaba en Curazao guardando su destierro, que por supuesto fue decretado sin forma ninguna de juicio, a lo sultánico. Es un primor ver que después de tantos años de sacrificios por derrocar la arbitrariedad, hayamos sido víctimas de insoportable despotismo, y que unas medidas tan escandalosas hayan sido dictadas por el que tanto se vanagloria del título de Libertador. Cuando escriba a su familia, a Fortoul; la negra, y a su mujer, hágame el favor de ponerlas finas, afectuosas expresiones de su parte. Si Colombia tiene cerradas para mí sus puertas, pienso aceptar el partido que se me ha propuesto de ir a servir a uno de los Estados americanos: yo jamás pediré gracia ninguna al gobierno de Colombia, porque gracia no piden sino los delincuentes, y yo jamás he delinquido contra la patria. Si se me niega siempre hacerme justicia, será preciso renunciar a un país semejante y buscar otra patria donde haya justicia y equidad.

   Ignoro cómo estará usted de recursos. Yo no he recibido nada de mi casa, ni sé cómo está mi hacienda. Mucho se gasta en Europa, y yo desgraciadamente traje 3 criados y sostengo a Pachito, que tuvo la bondad de acompañarme en mi prisión de Bocachica sufriendo mil penalidades. Todo el mundo se admira de ver que después de mis 18 años de servicios, no me ha dado el gobierno un real siquiera para mantenerme en el destierro. ¡Ah! que don Simón me ha tratado indignamente, como yo nunca lo hubiera hecho con él.

   Goce usted de salud, que es lo importante, sufra con resignación y constancia, y jamás retroceda una línea del camino que tan honradamente ha seguido en las convulsiones políticas. Por mil y mil títulos es usted acreedor a mi amistad y a todas las mayores pruebas de mi cariño: viva usted persuadido que lo amo ardientemente, y que mi mejor título es el de llamarme su amigo verdadero y su amantísimo primo.

Francisco de Paula Santander

   Es copia fiel de su original, que se halla en poder del suscrito.

   Bogotá, marzo 10/914.

José Vicente Concha

FUENTE DOCUMENTAL:
Es copia fiel de su original, que se halla en poder de José Vicente Concha. Bogotá, marzo 10 de 1914.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2766, p. 47-50.
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-18.12. Bogotá, Kelly, 1976, p. 404-406.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.


13
Firma: SANTANDER

PARIS, 13 DE ABRIL DE 1830

A su excelencia el Libertador presidente de Colombia.

    Excelentísimo señor:

    Un silencio profundo que he estimado conveniente al restablecimiento de la paz interior en mi patria, la República de Colombia, es cuanto hasta ahora he opuesto a las violentas e injustas persecuciones que he padecido y aún padezco en odio de mi oposición franca y legal a la elevación de un poder absoluto sobre las ruinas de nuestra constitución. Tranquilo, con el testimonio de una conciencia pura, y con la acogida distinguida y benévola que he merecido en la parte de Europa que he recorrido, he esperado a que el curso de los acontecimientos, más bien que mis quejas y mis discursos, fuera el que me justificase ante la opinión pública. Pero ya me veo forzado a romper mi silencio en vista del mensaje que vuestra excelencia ha dirigido el 20 de enero al congreso de Bogotá. En él, hablando vuestra excelencia de las disensiones domésticas, asegura que muchos de los parricidas y quizá los más criminales habían sido perdonados. Una expresión tan general referente al suceso del 25 de septiembre de 1828, que ha servido de pretexto para llenar la medida de mis padecimientos por la causa de la libertad, puede creerse que también me comprende, y en este caso mi honor exige que yo aclare la verdad.

   Al efecto, pues, ocurro a vuestra excelencia con el respeto debido suplicándole se sirva mandar publicar íntegro, y a mi costa, el proceso que se formó contra mí a consecuencia del enunciado acontecimiento del 25 de septiembre y la representación que dirigí a vuestra excelencia el 13 de diciembre siguiente desde las fortalezas de Bocachica, en la cual he demostrado que la sentencia pronunciada contra mí no sólo era notoriamente injusta, porque se habían supuesto cargos que no existieron y tergiversado todas las declaraciones de los testigos, sino porque había sido pronunciada en sumario por un hombre solo que estaba caracterizado de enemigo mío personal en las disputas políticas anteriores, porque no se habían permitido ni aun el consuelo de defenderme o de nombrar defensor, porque no se habían confrontado conmigo todos los testigos, porque no se había cumplido con la ordenanza general del ejército, porque se habían violado todas las fórmulas y todas las garantías que sólo se permitiera violar el odio, la venganza y la inmoralidad. Los documentos cuya publicación exijo son los que deben poner delante de los ojos del mundo, o mi verdadera culpabilidad, o la atroz injusticia de que soy víctima. Yo los publicara hoy si vuestra excelencia hubiera querido permitir, a mi salida de Bogotá, que se me diese una copia, como la pedí diferentes veces, y como debía haberse ejecutado francamente, supuesto que el gobierno estaba bien seguro de que era justo el procedimiento.

   Lanzado, señor excelentísimo, de una patria a quien he servido 19 años sin un solo día de interrupción, y lo mismo en sus días prósperos que en los de su adversidad, privado de mi familia y de mis amigos, despojado violentamente de lo que debí a las leyes y a la nación colombiana, calumniado y vejado con encarnizamiento, me queda sólo el honor heredado de mis mayores y que he procurado conservar en mi carrera pública guardando fidelidad a las leyes, cumpliendo religiosamente mis promesas, respetando los derechos de los colombianos y consagrándome a la causa pública con lealtad y desinterés. Si la justicia y la imparcialidad presiden en los consejos de vuestra excelencia como debo creerlo, yo espero que vuestra excelencia acogerá esta petición favorablemente y que hará publicar íntegros y con la más grande fidelidad, los documentos que he mencionado. Así, Colombia y la historia podrán juzgarnos sobre documentos auténticos y sobre hechos incontestables.

   Excelentísimo señor,

Francisco de Paula Santander
Ex vicepresidente de Colombia

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 407-408.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2767, p. 50-52.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomada del original.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1932, t. 24, p. 287.

14
Firma: SANTANDER

LONDRES, 28 DE JUNIO DE 1830

Señor don Francisco Soto.

   Mi pensado y venerado amigo:

    Esta es la segunda carta que escribo a usted desde Europa. Escribí la primera en Bruselas en enero de este año, cuando se comenzó a rugir el movimiento de Caracas, y la envié a nuestro amigo Arrubla por la vía de Nueva York. Escribo ésta en la capital de la opulenta Inglaterra, después de haber leído con interés una carta de usted concluida el 17 de diciembre en vísperas de salir de Caracas para Cúcuta a reunirse a su desconsolada familia. Recibí en París dicha carta, y ella me instruyó de lo que tanto deseaba saber: cuál era la suerte de usted y cuál la de nuestra afligida patria. Yo le doy a usted mil gracias por ello y por la amistad con que continúa favoreciéndome. Quiera el cielo conservarlo a usted en el seno de su familia, libre de nuevas persecuciones y siempre dispuesto a hacer frente al despotismo con las poderosas armas de la elocuencia, de su sincero patriotismo, de una virtud inimitable.

   Hace cerca de un mes que vine de París a esta ciudad, de donde saldré pronto para ir a visitar la famosa ciudad de Pedro el Grande, que es siempre considerada como digna de verse. En París he estado cuatro meses bastante contento: vivía con pocos gastos, tenía facilidad de visitar y examinar los establecimientos importantes, y me relacioné con personas muy respetables que se esmeraban en hacerme agradable mi estancia en aquella capital y olvidar las persecuciones de mis enemigos en Colombia. Allí he tratado al venerable Lafayette, el hombre de más popularidad en Francia; a Constant, acérrimo enemigo de dictaduras; a D'Tracy, al conde Segur, Chateaubriand, Dupin, D'Argenson y algunos otros miembros de la cámara de los pares y de diputados que deploran con nosotros los acontecimientos de Colombia desde 1826 en adelante, como sinceros amigos de la libertad. También he tenido relaciones con muchos sabios del instituto, que como Andrieux, Arago, Broguard, Geoffroy Saint Hilaire, Cuvier, se hacen un deber de ser atentos y accesibles a los extranjeros. Si yo hubiese tenido un corazón menos colombiano, podría haber sido fácil que París me hubiese hecho olvidar de ese país; tantas han sido las consideraciones que he recibido, pero es imposible que yo prefiera nada en el mundo a esa tierra colombiana, siempre que esté regida por leyes dignas de nuestros sacrificios a la libertad y por magistrados fieles a sus deberes y verdaderamente consagrados al bien de la humanidad. No quise hablar al abad D'Pradt, aunque lo encontré dos veces en sociedad, porque no podía ver con placer al hombre que ha causado la destrucción de nuestras libertades, y denigrado a Colombia, sólo por justificar la irregular conducta del general Bolívar de 1827 en adelante.

   Ya que toco este punto diré a usted dos cosas importantes: 1a. No he oído a nadie hablar bien de la constitución boliviana. Todos la tratan como ella merece ser vista políticamente, y ello sirve de argumento para sospechar de la libertad y desinterés de su autor. 2a. Los pocos liberales que en Francia quieren todavía defender al general Bolívar, no lo hacen porque estén persuadidos de que él no haya dejado de mostrar su gran ambición burlándose de las leyes constitucionales y de la buena fe de los pueblos; lo hacen sólo porque con los realistas deprimen la conducta del Libertador para deprimir la causa de la libertad y echarnos en cara la rebelión de las colonias españolas contra su metrópoli; no quieren los liberales convenir en que Bolívar es ambicioso y enemigo de los liberales colombianos para no dar armas a sus contrarios contra la causa general del espíritu humano. Aquí encuentra usted descifrado el misterio y los elogios de algunos diarios de París, y me atrevo a dar esta razón porque yo la he oído de la boca de los editores de El Constitucional y de El Tiempo y el Courier français, donde escribe D'Pradt, agente del gobierno, y Rullen, es el que más se excede en aplausos; pero todo el mundo ríe porque sabe el origen y motivo de tales alabanzas. La Quotidien, porque es realista, nos trató a todos un poco mal con motivo de que Bolívar dijo en su mensaje al congreso de Bogotá que después de 20 años de revolución y de sacrificios, sólo habíamos ganado la independencia.

   Yo entonces escribí un largo artículo titulado: "Sobre los progresos que hizo la República de Colombia en los seis años que rigió la constitución decretada en Cúcuta y abolida en 1828". Procuré recordar todos los adelantamientos que se hicieron en los departamentos de relaciones exteriores, interior, guerra y marina; confesé los errores en que incurrimos como novicios en la ciencia del gobierno, hablé de las leyes que decoraron las legislaturas y traté de presentar un cuadro exacto y positivo del Estado de Colombia en 1821, que se publicó en la constitución de 1827, en que se abolió. Este artículo se publicó en la Revue Encyclopedique, y seguramente tengo motivo para creer que ha gustado. El está publicado con mi firma.

   Después he publicado otro artículo con que he procurado probar, primero, que el general Bolívar cometió en 1827 y 1828 una falta gravísima en no sostener la constitución de Cúcuta y sostener la convención de Ocaña; segundo, que no hubo ninguna necesidad imperiosa de abolir la constitución de 1821, sustituyéndole una dictadura militar; las pruebas las he tomado de hechos notorios e incontestables, y los alegatos los he hecho con la más grande moderación en escritos de esta naturaleza, sin tocar para nada las persecuciones que he sufrido. Yo siempre he amado la moderación en asuntos de esta naturaleza, y mi posición me aconsejaba ser excesivamente moderado. Las personas con quienes pude hablar de este papel, me manifestaron una agradable opinión acerca de él, aplaudiendo la delicadeza con que estaba escrito. De aquí debe usted deducir que yo he tratado de defender el honor colombiano, nuestras libertades y nuestros principios, satisfaciendo así el deber que me imponen la patria y las necesidades de ilustrar ciertas cuestiones que no son bien conocidas en Europa. Me propongo escribir alguna otra cosa después de los últimos sucesos de Venezuela, y la reduciré a dos cosas principalmente: a enumerar los decretos absurdos emanados de la dictadura, reformando una porción de leyes benéficas que había decretado la legislatura constitucional, y a preguntar cuáles son los bienes que ha reportado Colombia de haber destruido las leyes constitucionales y creado una dictadura.

   Hasta ahora he guardado silencio acerca de mis persecuciones, ya porque no sé cómo escribir de ellas sin decir cosas amargas que puedan atribuirse a efecto de resentimiento, y ya porque el tiempo, que es el mejor juez, ha empezado a descubrir los arcanos de la infernal política que ha querido completar mi ruina. Yo pienso dirigir al congreso un memorial en que desenvolveré la historia de mis persecuciones y las iniquidades ejecutadas conmigo con motivo de la inoportuna y loca tentativa del 25 de septiembre de 1828. No pediré gracia ninguna sino que sólo me servirá para publicarlo en Europa como la mejor defensa de mi honor ultrajado en odio de mis principios y de mi conducta pública en favor de las leyes. Día llegará en que se pueda publicar la historia de los sufrimientos de Colombia desde 1827. Entonces aparecerán las memorias que yo tengo escritas en el particular con todos los documentos justificativos que felizmente he salvado y conservo conmigo. Bueno fuera que usted escribiera algo de la materia, yo se lo suplico amistosamente y me atrevo a indicar que el escrito debiera abrazar la historia del período de la dictadura, desde el 1° de septiembre de 1827 en adelante. Usted está más al alcance que otros para consultar las épocas, los hechos, los decretos, las intrigas, etc. Haga usted este servicio a Colombia, que es vista hoy en Europa como un pueblo indigno de la libertad, desde que tan fácilmente se ha dejado arrebatar sus leyes y someterse sin limitación alguna.

   Hablemos de Inglaterra. Esta nación es sin duda la más adelantada en su industria y en la ciencia administrativa. Veteranos los ingleses en materias legislativas y políticas, saben perfectamente dirigir la máquina y deliberan sobre los verdaderos intereses. Es la Inglaterra un compuesto raro de contrastes y anomalías. Cuando en ciertos ramos se hacen adelantamientos progresivos, en ciertas leyes hay una superstición extraordinaria que impide tocarlas en manera alguna. La aristocracia tiene todo el poder, la influencia, los respetos, la riqueza, pero la democracia se deja percibir en las asambleas populares y tiene abierta la puerta a los más altos y elevados destinos. Un cervecero rico, honrado e instruido, es marido de la hermana de un lord que desciende de sangre real. Las libertades inglesas consisten principalmente en una ilimitada libertad de imprenta, en el derecho de reunirse y tener parte en los negocios públicos y en el de concurrir a votar los impuestos. No hay cosa que no se publique: la vida pública como privada de los funcionarios del Estado y de los particulares, todo está sujeto al dominio de la imprenta. La libertad de reunirse a discutir cualquier cosa, forma del pueblo inglés un pueblo instruido. El cochero y el dueño del carruaje, el operario y el que dirige la manufactura, el arrendador y el señor de la tierra, pueden discutir en una asamblea los negocios y cuestiones del común. No hay infeliz, sea quien fuese, que no tenga la persuasión de que su voz sea oída y publicada a la par de la del primer dignatario del reino. Hay una práctica de todo acto y de la marcha del gobierno tan sólida y tan generalmente conocida, que no se necesitan las leyes para darles dirección. Por eso es por lo que se cree en justicia que hay en Inglaterra más luces que en ninguna otra parte, y que ellas son tales, que forman el poder moral de la nación y su civilización. En Francia, por ejemplo, hay mejores geómetras, pero en Inglaterra hay mejores mecánicos. Allá hay naturalistas eminentes, pero aquí hay agricultores más instruidos. Del otro lado del estrecho hay políticos teóricos convencidos; de este otro lado hay más inteligencia y práctica de la administración, mejores garantías y más espíritu público.

   Los usos de las cámaras son raros, y se respetan tanto como la mejor carta arrancada al rey en el siglo XIII. Empiece usted por ver el local de las cámaras y hallará en una sala pequeña sin ningún adorno y con muy poca capacidad para el público. Parecióme esta sala un mal coro de canónigos. Los diputados mantienen el sombrero puesto, se acuestan, conversan y entran y salen frecuentemente: se diría que éste era club de jacobinos al verlos tan familiarmente reunidos. Y estos mismos hombres que en la cámara de los comunes se portan con tan poca educación, en las sociedades particulares, en cualquier reunión pública, son los más elegantes caballeros. El orador o presidente está vestido del modo más ridículo, pero se le tributan grandes respetos. Se vota a un mismo tiempo por sí o por no, lo que hace una confusión deforme, que a veces obliga al presidente a hacer salir a otra cámara los del no, para poder valuar los votos. Cuando se presentan peticiones a la cámara (lo cual no se hace sino por medio de un diputado), éste entra con su rollo de papel firmado por una o más personas: como cansado, lo deja caer en el suelo y lo arrastra hasta la silla del presidente por medio de una cinta. Dice que este uso indica el peso de la opinión emitida por los firmantes. Este derecho de petición, que nosotros creemos ilimitado, tiene sus trabas y sus reglas, así como lo tiene la facultad de reunirse en asamblea para deliberar sobre algún punto. No toda petición se lee en la cámara, ni cualquiera puede convocar una asamblea. Es tal la manía, si esto puede merecer tal nombre, de reunirse a discutir, que se tienen las juntas y arengas para saber qué obras de caridad se deben hacer de preferencia; se reúnen los zapateros para tomar en consideración el bueno o mal estado del arte; se reúnen los criados para saber si pueden exigir mayor o menor salario; se reúnen todos los que desean tratar un punto que pueda tocar a más de dos personas. En estas reuniones, y sobre todo en las que se llaman de caridad, es donde aparecen los oradores y comienzan a darse a conocer al público hasta llegar al parlamento o al consejo; aquí es también donde se amaestran en el arte de hablar, de tratar los intereses nacionales y de conocer la máquina administrativa.

   Por supuesto que esta máquina tiene defectos, pero cualesquiera que ellos sean, ella ha logrado formar del pueblo inglés un pueblo ilustrado, opulento y poderoso, apoyado fuertemente a las instituciones y respetuoso de las autoridades y con un carácter particular. Yo he estado poco tiempo aquí para poder juzgar de otras mil cosas interesantes, y desearía estudiar realmente esta nación, la francesa y la americana del norte. El estudio de estos tres Estados me parece que sería suficiente para formarse un hombre útil a su país. Usted disimulará pormenores de que no le supongo ignorante, pero que se complace uno en comunicar a sus amigos.

   ¿Qué dirá usted de la administración de justicia, cuando recuerde que trece jueces solamente la administran en Inglaterra en materias civiles y aun criminales? Seguramente que nuestro país no puede imitarlo porque ni nuestras comunicaciones ni nuestro terreno permiten la recorrida anual del país. Pero es Francia muy susceptible de imitar de la Inglaterra los 330 tribunales de primera instancia, 26 cortes ordinarias o reales y una de casación o suprema. La dignidad de juez en Inglaterra es eminente: son los hombres más independientes del mundo. Un rey, Jorge I, tapó una puerta que por tolerancia se había abierto en uno de sus jardines particulares y como el camino a cierto pueblecillo; un quidam promovió una reunión, obtuvo el permiso de formarla, sometió el asunto a discusión, se resolvió que era perjudicial la obstrucción de aquel camino de que se estaba en posesión después de largo tiempo; entabló el pleito y lo ganó, habiendo tenido su majestad que volver a cubrir la puerta. ¿Se podría hacer esto en otra parte de Europa o de Colombia? Seguramente que no. Ya usted sabe que el juicio por jurados es el baluarte de los derechos civiles de los ingleses, institución admirable que resiste a todas las intrigas del poder. En cuanto a su hacienda, no he adquirido bastantes conocimientos. En general, se sabe que es el pueblo el que paga mayor número de contribuciones, pero la mayor parte sobre objetos de lujo o de comodidad. El gobierno no se mezcla en las empresas útiles que nuestros políticos aristarcos querían que el gobierno colombiano dirigiese y aun pagase. Todo se deja a los particulares, al espíritu de empresa y de especulación. Todo (Sigue Nota del Editor...) caminos, diligencias bien servidas pasan por magníficos puentes, por calles hermosas bien alumbradas, adornadas con plazas deliciosas a manera de jardines, y nada ha costado al gobierno un chelín. Los particulares lo hacen todo pronto, bien hecho y barato, y después se reembolsan en el transcurso de largos años. Hemos oído decir que un décimo de la población de Inglaterra es tan pobre, que es preciso mantenerlo a costa del resto de la nación. Esto es cierto y es una de las (Sigue Nota del Editor...) que presenta el país de la enorme riqueza de la aristocracia. ¿Pero dónde está el pueblo?, preguntaban los soberanos aliados de Europa cuando visitamos a Londres. Ciertamente que no se ve ni se palpa esta inmensa cantidad de pobres que demanda socorro diario a los ricos: esto es asombroso e inexplicable.

   El gobierno de Prusia he hallado que es absoluto, como usted lo sabe, y sin embargo, el pueblo goza de muchos bienes reales porque emanan de la ley, de las instituciones, debido sólo al personal carácter del rey actual, e instituciones que son tan inconmovibles como las rocas de las riberas inglesas. Esta es la ventaja del gobierno constitucional; las personas honradas pasan, las reemplazan los malvados, y la libertad política de la nación y la civil de los asociados no padecen el menor deterioro, en vez de que en los gobiernos absolutos o en los que se quiere fundar, como en Colombia, sobre las virtudes reales o imaginarias de un hombre, se vive sujeto al riesgo de una variación de la voluntad o al de que, muerto él, se acaben las garantías. El gobierno de los Países Bajos mereció hasta cierto tiempo el título de liberalísimo; pero en el día, aunque tiene una constitución, es verdaderamente tiránico. Los jueces son amorales, y en los tribunales persigue el ministerio a los amigos de la libertad, en despecho de la libertad de imprenta. Las cámaras no son perfectamente independientes. En Francia tiene el gobierno un gran poder sobre las elecciones de los diputados; el día en que gana la mayoría puede echar abajo la libertad de imprenta y todas las leyes garantes de la libertad. Actualmente se ventila una gran cuestión en Francia: la de saber si las elecciones que deben verificarse en estos meses serán o no en favor del ministerio. Este toma un gran interés en ganárselas por medio de promesas, destituciones y mil otros manejos. El partido liberal tira a sacarlas en favor suyo por medio de la imprenta, de raciocinios luminosos y del poder de la razón de este poder, siempre débil delante de las bayonetas y de las intrigas de la autoridad. Para mí tengo que los liberales ganarán la mayoría de los diputados en los colegios electorales, pero que el ministerio disolverá nuevamente la cámara, reformará por ordenanzas la ley de elecciones y tratará de que se hagan nuevas para ganarlas. Esto puede traer alguna perturbación interior que no tendrá grandes consecuencias. Todos los gobiernos del continente detestan las instituciones liberales, al paso que todos los pueblos las desean y las aman; mas el poder militar de los gobiernos y las columnas del clero y la aristocracia son muy grandes.

   Las cuestiones que ocupan la Europa actualmente son las elecciones de Francia, la enfermedad grave del rey de Inglaterra, la Grecia y la expedición francesa contra Argel. La primera tiene en alarma a los reyes y a los pueblos. La segunda deja temer un cambio de ministerio o una modificación de la política de Washington, que influirá mucho en la suerte de los gobiernos constitucionales, es decir, en favor de ellos. La otra se reduce a elegir el soberano de la Grecia, después de la renuncia del príncipe Leopoldo, lo cual produce embarazos, ya respecto al asentimiento de los griegos, ya a la influencia que puede ejercer en el archipiélago la Rusia, la Inglaterra, o la Francia. La cuarta cuestión referente a la expedición de Argel, se reduce a saber si la Francia se apodera de aquel territorio, si se conserva para la Turquía o qué se hace. Los intereses de Inglaterra están heridos profundamente en el primer caso, y se teme su rompimiento. En el segundo, la Rusia se cree ofendida conservando en Africa el poder de su enemigo. Los franceses, por su parte, creen que la Francia debe conservar el territorio del Bey como una colonia. Quién sabe cuál será el resultado.

   Ya esta carta va prolongándose demasiado; voy a concluirla informándole que Rojas está en París, ignorante todavía de la muerte de su madre. Yo lo he decidido a que se vaya para Colombia. Es lástima que sus recursos no le hayan permitido instruirse en París en un colegio. A Pacho González lo dejé en París estudiando el dibujo y el comercio; no pude recompensarle sus finezas sino proporcionándole este género de educación que él desea. Si hay facilidad, hágame el favor de decírselo así a su familia. Yo debo reunirme a él en octubre para ir a Italia.

   Mi salud tiene alternativas, aunque el cólico me ha dejado descansar. El invierno fue tan fuerte que me hizo grande impresión. Ya llevo consultados cinco médicos. Nada puedo decir sobre mis ulteriores designios. Colombia, bajo gobiernos privilegiados, no me verá en su seno: bastante he sufrido de su arbitrariedad y de la envidia. Gracias o favores yo no estoy resuelto a pedir a nadie, porque yo no me creo delincuente. Por otra parte, yo no sé si tendré de qué subsistir aquí por mucho tiempo, pues todos mis intereses están casi destruidos. Así, pienso pasarlo en Europa mientras Hato Grande me da siquiera $3.000 libres, pues yo no tengo necesidad de gastos superfluos. Si nada me diere, admitiré el partido de irme a servir a uno de los Estados americanos para donde se me ha invitado. Duro es expatriarme, pero más duro es vivir bajo la arbitrariedad y sin honor. Que disfruten de Colombia los que han tenido para transigir con los godos y con los usurpadores; los que saben traficar con sus opiniones; los que aún mantienen su espada teñida en la sangre colombiana; los que poco o nada han hecho por la existencia de Colombia, en tanto que yo vivo ultrajado, perseguido, después de 19 años de servicios a la independencia y a la libertad. Esto es más honroso que tener la presidencia de Colombia por medios reprobados o después de una conducta infame y escandalosa. Si yo fuera un parvenu en Colombia, pudiera no ser gloriosa mi suerte actual, pero habiéndola tenido desde el primer día de la revolución, sin que jamás haya cometido un acto de infamia ni de traición, habiéndola gobernado en la época de sus instituciones liberales, habiéndola defendido vigorosamente sin miras particulares y sólo para granjear para la nación un gran bien; habiendo sido harto conocido en el mando político, me es honrosísimo andar vagando desterrado de mi país por los medios más arbitrarios e inicuos de que haya ejemplo en los anales de la tiranía.

   Sensible me ha sido la muerte de su hija, quizá más por la aflicción de mi señora Juana y de usted, que por ella misma. Espero que Phoria se haya restablecido. Sírvase usted saludar a mi señora Juana, a toda su familia y parientes. Mis expresiones a Sánchez, a los hermanos de usted, a Sotico (Francisco Antonio), a nuestros amigos y conocidos. Reciba usted el muy fundado afecto de su íntimo amigo y compañero de persecuciones,

Francisco de Paula Santander

   Posdata. Si hay ocasión desearía que Armero viese esta carta. Si no la hay, salúdelo a él y al clérigo, nuestro inexorable republicano, a Gómez, Liévano, Gómez Plata, en fin, a toda la facción santa, previsora, constante, firme y bien digna de las bendiciones de los amigos de la libertad. También quisiera saludar a la virtuosísima mujer de Azuero, modelo de esposas y de republicanas a toda prueba. Adiós, adiós, que El nos conceda abrazarnos en Colombia.

   Esta carta tiene más desorden que nuestra patria. Ello es por mis amigos, no por hacer ningún género de ostentación; por tanto, es excusable el desorden con que está escrita. Santamaría hace de usted las mejores ausencias, y lo creo muy amigo suyo. Recomiendo su amistad a los dos Acostas (Domingo y Joaquín), excelentes jóvenes que han aprovechado bastante y son muy amigos de la libertad. Don Jerónimo anda por aquí, y se ha portado muy bien conmigo en Europa, pero no tiene opiniones propias, aunque parece bastante liberal. Madrid está muriéndose y yo pienso verlo antes de irme.

   He conocido a Rivadavia y lo he tratado bastante. Es un hombre lleno de conocimientos y muy liberal. He tratado al general Sanmartín. Me parece un buen soldado, muy vivo y sagaz, pero amigo de monarquías. He tratado a Pedraza, ex periodista de Méjico; tiene talento y mucha liberalidad; es aferrado a las leyes por deber. He tratado, en fin, a Vidaurre; es hombre vivísimo y enemigo acérrimo de Bolívar. El se ha ido ya para el Perú. En París nos reunimos todos los regionarios desterrados de nuestros países. Qué deshonra para ellos. Adiós.

(Francisco de Paula Santander)
(firmado)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 18, carta No. 2768, p. 52-62.

FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1932, t. 24, p. 322.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 409-419.

15
Firma: SANTANDER

LONDRES, 1° DE JULIO DE 1830

51 Terrington Square

A Mons. Jeremy Bentham Esq.

   Monsieur:

   Permettez qu'un colombien votre éléve, et votre admirateur ait l'honneur de vous presenter ses homages et ses respects. En arrivant à Londres je n'ai pas pu resister à l'envie de vous ecrire cette lettre, d'abord pour acquitter un devoir auquel ont tant des droits votre caracter, vos lumieres, votre immense reputation, ensuite pour vous prier de vouloir bien me permettre de connaître personnellement le createur de la science de la legislation, et l'ami sincere de la cause des peuples et de l'humanité.

   Je serais bien hereux si vous voulez m'accorder cette permission. Aprés que j'ai été le premier qui a ordenné aux proffeseurs des colleges de la Colombie de se servir de vos ouvrages pour l'enseignement des principes de législation, et de la tactique des asemblées representatives comment pourrai-je étre privé del l'honneur et du plaisir de faire votre connaissance personelle? Non, j'espere de votre bienveillance que je ne quitterai pas l'Angleterre sans avoir vu accomplis mes ardens desirs.

   En attendant, je vous prie, Monsieur, d'agréer l'assurance de ma consideration la plus distingué, et de mon profond respect, et très sincère admiration.

   Votre très-humble
   et très obeissant serviteur

Francisco de Paula Santander

Ancien Vice President de la Republique de Colombia

Traducción:

Al señor Jeremías Bentham. Esq.

   Señor:

   Permitid que un colombiano, vuestro alumno y admirador, tenga el honor de presentaros sus ofrendas y sus respetos. Al llegar a Londres no he podido resistir al impulso de escribiros esta carta, desde luego para cumplir con un deber que me obliga tanto por vuestro carácter, vuestra ilustración, vuestra inmensa reputación, y finalmente para que me permitáis el conocer personalmente al creador de la ciencia legislativa y al amigo sincero de la causa de los pueblos y de la humanidad.

   Estaré feliz si deseáis concederme esta autorización. Después de que yo fui el primero que ordenó a los profesores de los colegios de Colombia, utilizar vuestras obras para la enseñanza de los principios de legislación, del método de las asambleas representativas, ¿cómo podrá privárseme del honor y del gusto de conoceros personalmente? No, espero de vuestra benevolencia que no partiré de Inglaterra sin satisfacer mis ardientes deseos.

   Mientras, os ruego, señor, aceptar la seguridad de mi más distinguida consideración y de mi profundo respeto y muy sincera admiración.

   Vuestro humilde y muy obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

Antiguo vicepresidente de la República de Colombia

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 542-543.

FUENTE DOCUMENTAL:
British Museum. Bentham Papers. v. X Cat.: Add. 33.546.

16
Firma: SANTANDER

LONDRES, LE 3 JUILLET 1830

A Mons. Jeremías Bentham Esq.

   Monsieur:

   Je suis extrémément flatté de la letre dont vous avez bien voulu m'honorer, et de l'invitation dont vous me favorisez pour diner chez vous lundi prochain á ¼ passé de 7 heures. Je tacherai d'y me trouver le jour, et l'heure indiquée avec tout la plaisir imaginable dont est capable un coeur avide de faire votre connaissance personnelle.

   Agréez, Mons. mes remercimens pour votre immense bonté, et l'assurance de ma très-distingué consideration, et de mon profond respect.

   Votre très-humble
   serviteur

Francisco de Paula Santander

Traducción:

LONDRES, 3 DE JULIO DE 1830

Al señor Jeremías Bentham
Esquire

    Señor:

    Estoy extremadamente lisonjeado por la carta con la cual habéis tenido a bien honrarme y de la invitación con la que me favorecéis para cenar en vuestra casa el lunes próximo a las 7.30 p.m. Procuraré encontrarme el día y a la hora indicada con todo el gusto imaginable de que es capaz un corazón ávido de conoceros personalmente.

   Admitid señor mis agradecimientos por vuestra inmensa bondad y la seguridad de mi muy distinguida consideración y de mi profundo respeto.

   Vuestro muy humilde servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 543-544.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

17
Firma: SANTANDER

EXPOSICION

   Exposición que el ex vicepresidente de Colombia, general Francisco de Paula Santander, dirige a los representantes de su patria en que manifiesta, que ha sido perseguido injusta, arbitraria y violentamente bajo la dictadura del Libertador general Simón Bolívar, en odio de su firme y leal conducta en sostener las constituciones colombianas y defender sus libertades desde 1826.

[Número 88]

    Esta exposición no pude enviarla porque supe en parte muy pronto la conclusión del congreso de 1830, instalado en enero y terminado en mayo inmediato, pero servirá de documento histórico.

Francisco de Paula Santander

PARIS, 4 DE JULIO DE 1830

A los representantes del pueblo colombiano.

   Honorables representantes:

    Otras veces me he dirigido a vosotros desde el primer asiento de Colombia para presentaros el cuadro fiel de sus adelantamientos y necesidades; hoy me dirijo desde una tierra extranjera, para trazaros rápidamente el de mis persecuciones. Entonces el deber de magistrado me llevaba al santuario de la ley a reclamar de la sabiduría y del patriotismo de los diputados del pueblo, leyes conducentes al bien y dicha de los colombianos; ahora el derecho de vindicar mi honor ultrajado me fuerza a presentarme delante de vosotros para reclamar la justicia a que tiene derecho un antiguo colombiano que jamás abandonó las banderas de la independencia, ni transigió con sus enemigos en los días infelices de su patria. Entonces, como ahora, yo tengo la esperanza de que encontraré en los diputados de Colombia imparcialidad y justicia para oír y juzgar la exposición de un patriota, que tiene la gloria de contar tantos días de servicio a su país cuantos él cuenta de existencia política. No pretendo ni aspiro a otra cosa que a poner de manifiesto la injusticia con que se me ha perseguido. Persuadido de que he llenado mis obligaciones con fidelidad, sin traficar vilmente con mis opiniones y deberes, sacrificando honores, amistades, tranquilidad y fortuna, honrado con el testimonio de la opinión pública, y sastisfecho de que en mi larga carrera militar y política no se me puede tachar de acción ninguna infame ni traidora, estoy resignado a morir en el retiro de la vida privada, haciendo votos por la felicidad de mi patria.

   Lejos de mí entrar en el examen del origen y progreso de los últimos ultrajes y persecuciones que he sufrido desde que tuve que luchar en defensa de las leyes constitucionales de la República, contra el criminal proyecto de destruirlas para fundar un poder omnipotente, o cualquiera otra especie de gobierno nada análogo al espíritu del siglo y a los sacrificios de los colombianos. Reservo a la historia imparcial el deber de hacer este examen y el de juzgarme competentemente.

   A mi objeto, basta indicarlo, y limitarme a hablar del último golpe que experimenté en 1828, después de la revolución de Bogotá del 25 de septiembre. Habiendo servido este suceso de pretexto para consumar mi ruina y desahogar pasiones verdaderamente innobles, a él sólo contraeré esta exposición y llamaré hacia él la atención y justicia de los representantes de mi patria. Procuraré olvidarme de los autores de mis persecuciones, para no entrar en el dominio del resentimiento; referiré los hechos tales cuales han existido; explicaré las circunstancias, señalaré las leyes que debieron favorecerme, combatiré los procedimientos ilegales e inicuos, y me apoyaré siempre en razones incontestables y en los principios de la eterna justicia.

   Toca a vosotros, honorables representantes, pesarlas imparcialmente y decidir.

   Notorio es que el 25 de septiembre de 1828 estalló en Bogotá una revolución, cuyo objeto, según aseguraron los cómplices, era establecer la constitución de 1821, abolida por un decreto del general Bolívar, expedido el 27 de agosto anterior, y preservar a la República de una dictadura militar, que se creía tanto más insoportable, cuanto que se vio que ella favorecía un partido a expensas del que había sido constantemente sostenedor de las leyes constitucionales.

   Desde que se notó que el restablecimiento de la constitución de Cúcuta era el objeto del movimiento revolucionario, y que en él habían tomado parte algunas personas de mi amistad, creyó el gobierno yo era el agente o director del plan, y se propuso hacer recaer sobre mí su venganza. Se procedió por tanto a arrestarme, se me mantuvo un mes estrechamente privado de comunicación, sin hacerme cargo alguno, y al fin se tomó una confesión tan ridícula y extravagante, que los anales criminales no presentan otro ejemplar. Me refiero al proceso formado contra mí. Allí están consignados los cargos que me hizo el abogado Pareja; ellos manifiestan el punto hasta donde pueden llevarse el encono y el espíritu de partido, donde no hay ninguna garantía para el honor y la vida del hombre. Lo que se soñó alguno de los conjurados, lo que otro habló con personas extrañas, lo que pensaba un tercero, sirvió para reconvenirme de haber dirigido la conjuración.

   Mis más simples relaciones domésticas, mis más indiferentes conexiones sociales, mis pasos ordinarios e inocentes, hasta mi fidelidad a la constitución, quisieron convertirlos en acciones criminales dirigidas a matar al Libertador la noche del 25 de septiembre, y proclamar nuevamente el imperio de la ley. No era el entendimiento el que juzgaba en mi proceso para descubrir la verdad; era el corazón prevenido a hallar delito a cualquiera costa. Ni se trataba tampoco de aclarar un hecho, o de averiguar un crimen, sino de arrancarme la confesión del delito para no tener el trabajo de violar fórmulas, ni de cohonestar mi asesinato judicial. ¡Espantosa época para un pueblo aquella donde no hay leyes ni garantías, y donde la voluntad del magistrado ofendido es la ley suprema! Con muy justa razón había dicho el general Bolívar delante del congreso de Cúcuta «que la espada de un soldado no era la balanza de Astrea de que necesitaba Colombia».

   Esto mismo que aseguro hoy a 2.000 leguas distante del teatro de tamaña iniquidad, cuando una parte de Colombia juzga que la conjuración del 25 de septiembre fue un acto de heroico patriotismo, y cuando el alzamiento glorioso del pueblo francés ha sancionado el derecho de resistencia a mano armada contra el despotismo y el perjurio, le dije al Libertador presidente desde Bocachica en una representación que le dirigí el 13 de diciembre de 1828, en la cual me propuse refutar la sentencia pronunciada por el comandante general de Bogotá el día 7 de noviembre del mismo año. Creí entonces que el Libertador prestara atención a la exposición fundada de un colombiano, que no sólo había sido por la voluntad nacional el segundo magistrado de la República, que la había gobernado durante siete años, y que contaba 18 de no interrumpidos servicios a su país, sino que tenía derecho por ser hombre a ser escuchado en un negocio sobre su honor, su vida y su fortuna, el honor y la gloria de Colombia, y del mismo presidente.

   Pero parece que mi voz fue despreciada, y que los clamores de la justicia y de la equidad no penetraron en el alma de quien se había mostrado más sensible a las súplicas y clamores de los acérrimos y encarnizados enemigos de la independencia. Sea lo que fuere, yo voy a emprender nuevamente el examen de aquella célebre sentencia para refutarla con los mismos hechos que resultaron del proceso, y comprobar a la faz del mundo que ella ha sido injusta, violenta e inicua, y que por consiguiente los efectos que me ha hecho sufrir son inicuos, violentos e injustos. Si logro esta comprobación, habré logrado el objeto de este memorial, y podré también decir con orgullo «que yo lo he perdido todo por la libertad, menos el honor».

   Supuesto que se me creía agente principal o cómplice de la conjuración, debió habérseme franqueado todos los medios legítimos de defenderme. Se interesaban en ello el honor del gobierno y el del general Bolívar, y si se quiere también la eterna justicia. Blanco de los ultrajes y calumnias del partido contrario a la constitución, desairado públicamente por el Libertador, calumniado y amenazado en papeles públicos dictados por sus partidarios y amigos, fusilado en estatua en una quinta de su excelencia cerca de la capital, despojado violentamente de la vicepresidencia del Estado en despecho del contrato sinalagmático que existía entre la nación colombiana y yo, sin garantías para mis comunicaciones epistolares, sin derecho de quejarme contra mis calumniadores, yo estaba condenado a ser víctima del partido triunfante después de la precitada conjuración. En vez de hacer reunir para juzgarme un consejo de generales, se me juzgó por comisión especial conferida a un hombre solo, aconsejado por un auditor sin probidad, se omitió la confrontación de varios testigos, en cuyos dichos se apoyó el juez para condenarme como culpable, se me negó el imprescindible derecho de defenderme o de nombrar un defensor, se despreciaron todas las pruebas conducentes a patentizar mi inculpabilidad, se tergiversaron las deposiciones de los testigos, se alteraron los hechos y se aplicaron leyes en desuso y contrarias entre sí. Con un juicio semejante, donde no se respetaron las fórmulas, donde no hubo jueces, ni defensa, ni imparcialidad, ni verdad, ni nada más que deseos de consumar mi ruina, y vengarse de mi oposición a trastornar las instituciones, se dispuso de mi fortuna, de mi vida y de mi honor. Más dichosos los Torres, Camacho, Pombo, Rovira, Baraya, Caldas, Lozano, Gutiérrez, Cabales, Toledo, Castillo, y tantos otros ilustres mártires de la libertad, siquiera fueron oídos delante del simulacro de consejo de guerra que Morillo formó para castigarlos de haber procurado libertar a su patria de la arbitraria dominación del rey de España, siquiera pudieron hablar y defenderse.

   Para mí no hubo en Colombia, bajo el gobierno del que obtuvo el titulo de Libertador, sino violencias e injusticias y persecuciones. Sentada la venganza en el trono de la justicia, revestida de un respetable manto, empuñando la espada con que castiga el crimen, pero no la balanza en que pesa la inocencia, y empleando su augusto lenguaje, pronunció un juicio digno de ella y de las execrables ideas de iniquidad. La sentencia del 7 de noviembre pronunciada por el comandante general de Bogotá empieza afirmando ¡que el proceso se ha formado contra mí por la conspiración intentada la noche del 25 de septiembre! Por consiguiente, los cargos por los cuales pudo legalmente condenarme debían resultar de que yo fuera director, aconsejador, auxiliador o ejecutor de la dicha conjuración. Cualquiera otro hecho era extraño en ese particular. El primer fundamento de esta famosa sentencia es que yo había negado en mi declaración indagatoria, y después en mi confesión, el que se tramaba aquella conspiración. Esto en parte es falso, y en parte ridículo, y aun ilegal. Dije en la declaración que llaman indagatoria, que el señor Florentino González había tenido conmigo una conversación, que me dio motivo de temer una revolución, y lo repetí en la confesión que me recibieron en 22 y 30 de octubre, añadiendo además todos los antecedentes que las nuevas leyes del gobierno dictatorial habían producido, aumentando el descontento general. Como testigo yo no podía hablar de lo que se había proyectado y ejecutado la noche del 25 de septiembre, ya porque nada sabía, y ya porque estando presos varios de los cómplices, era de ellos y no de mí que se debía recabar lo que ilegalmente quería saberse por mi propia confesión; que yo no sabía lo que iba a ejecutarse la citada noche, ni quiénes lo ejecutarían, es un caso plenamente justificado con las deposiciones de los que se confesaron conspiradores. Uno sólo hubo que asegura lo contrario, y apelo en testimonio de ello a los procesos formados entonces, que espero sean consultados para juzgar de la verdad de esta exposición. Que yo no debía declararme culpable aun cuando hubiera pertenecido a los conjurados, es un procedimiento que aconseja el derecho natural y lo sanciona toda legislación fundada en razón. A mí, como a cualquiera otro a quien se supone culpable, debió habérseme hecho el cargo con hechos comprobados, en vez de querer arrancárseme la confesión de la culpa, en forzarme a ello por medios legales. No puedo prescindir de recordar que al Divino Legislador de la ley de gracia que rehusó responder ante el tribunal del gobernador de la Judea quiénes eran sus discípulos, es decir, sus cómplices, no se le acriminó por esta omisión, y es bien raro que en el tribunal de Pilatos no fuera delito rehusar descubrir la complicidad del supuesto crimen de sedición, y que en Colombia se me juzgase delincuente porque no confesé lo que no sabía a ciencia cierta, o que legalmente podía callar.

   El segundo fundamento de la sentencia es que de las declaraciones del comandante Silva, del teniente López y de los capitanes Briceño y Mendoza, resulta que cada uno de ellos tenía convencimiento íntimo de que yo era el primer agente de la conjuración y que dirigía el plan según lo habían asegurado González, Carujo y Guerra. El convencimiento íntimo de una o más personas, debe ser el efecto de hechos evidentes, que no pueden dejar la menor duda en el particular, de modo que si faltan estos hechos no hay tal convencimiento. Los testigos, pues, debieron manifestar los fundamentos que produjeron en su ánimo la persuasión íntima de que yo fuera el agente de la conjuración, y ellos debían ser hechos claros y positivos, no conjeturas débiles y vagas.

   La sentencia ha debido expresarlos menudamente para hacer palpable a todo el mundo la justicia del pronunciamiento, y omitiéndolos, como los ha omitido, ha dado lugar a que se sospeche de la verdad de sus aserciones. Examinemos las declaraciones de los mencionados testigos para buscar las premisas de donde el juez dedujo la consecuencia de que resultaba de sus dichos estar íntimamente convencidos de que yo era el principal agente.

   Silva dijo terminantemente que no sabía que yo tuviera parte en la conjuración, pero que lo infería porque Vargas Tejada era mi amigo, y nos íbamos juntos a la legación de los Estados Unidos. Este ha sido el fundamento de su inferencia, no el de un convencimiento íntimo, ni pudiera conciliarse jamás el estar convencido íntimamente de que yo fuera agente del plan, con el ignorar más o menos si yo tenía parte o no en él. Bien claro es que entre una mera conjetura más o menos fundada y un convencimiento íntimo hay tanta distancia como entre el de asegurar, por ejemplo, que la luna está habitada de seres animados y que ella gira alrededor de la tierra.

   López también declaró que no sabía que yo tuviera parte en el negocio, pero que como había defendido la constitución y era amigo de las leyes, se me tenía destinado a encargarme del gobierno, verificada que fuera la conjuración. Nada hay aquí de convencimiento íntimo y ni aun de conjeturas. Si los conjurados me creían capaz de continuar defendiendo las leyes, me hacían justicia, y si querían encargarme del gobierno, yo no veo en esto ningún delito de mi parte.

   Mendoza declaró que Carujo le había asegurado que el general Páez y yo teníamos parte en el plan, sin añadir cosa alguna respecto de su convencimiento íntimo. Si porque se dijo con razón o sin ella que yo conocía la empresa, he resultado delincuente, el general Páez también ha debido ser juzgado como yo. La justicia es igual para todos...; pero me olvidaba de que en este juicio por la conjuración del 25, sólo se trataba de hacer triunfar un partido a costa de la vida y del honor del partido contrario.

   Briceño, en fin, aunque expresamente aseguró que no sabía positivamente que yo fuera agente de la conjuración, añadió que tenía el convencimiento íntimo de que lo fuera porque siempre había yo sido el jefe del partido constitucional, y porque Guerra se lo había asegurado.

   Tal es el fundamento en que el capitán Briceño apoyó lo que llama convencimiento íntimo y que tanta fuerza hizo en el ánimo de mi juez para condenarme como culpable. ¡Qué importaba un despropósito en vez de una razón, ni una necedad en lugar de un raciocinio! Decidida mi suerte en los consejos de la venganza, cualquiera conjetura era suficiente para darse por comprobado mi delito. La declaración de Briceño ofrece a los ojos menos perspicaces, aunque desapasionados, una manifiesta contradicción. El dijo que habiéndose propuesto en la parte que tuvieron los conjurados del 25, que se me diese noticia de lo que se había acordado, él había sido uno de los que se habían opuesto a ello, porque temió que yo impidiera la ejecución del acuerdo. Ahora bien, ¿podía temer mi oposición estando íntimamente convencido de que yo era el agente principal del proyecto? Concurriendo a una reunión donde veía que se proponía instruirme de lo que se trataba, ¿no percibía que ella había tenido lugar sin el consentimiento del que creía agente o director del plan? Yo no lo comprendo, señores. Mi razón me dicta el siguiente raciocinio: si Briceño estaba íntimamente convencido de que yo era agente principal del proyecto, debió estarlo igualmente de que la junta se haría con mi anuencia, y no debió temer en consecuencia que yo me opusiera a la ejecución de la empresa; luego si temió mi oposición, y que por consiguiente se frustrara el golpe meditado, no pudo ser sino porque no estaba convencido íntimamente de que yo lo dirigía o lo aprobaba.

   Quedan existentes ya solamente las aserciones de que Guerra y Carujo habían asegurado a Briceño y Mendoza que yo tenía parte en el proyecto. Si Guerra y Carujo en sus declaraciones lo aseguran también, no hay duda alguna de que los dichos de los dos primeros testigos son concluyentes; pero si lo niegan, entonces quedan del todo destruidos. Guerra y Carujo declararon que yo, lejos de haber aprobado el proyecto, había ofrecido oponerme a su ejecución; por consiguiente, destruyeron lo que los antes mencionados testigos habían afirmado y me libraron del cargo de haber sido agente, director, aconsejador o ejecutor de la conjuración.

   Resulta, por tanto, falsa y calumniosa la aserción del segundo fundamento de la sentencia, y es, además, injusta o ilegal porque se omitió la confrontación conmigo de los cuatro testigos: Silva, López, Mendoza y Briceño. Fácil me hubiera sido hacer resaltar la verdad en el careo, y mi inculpabilidad, si se hubiera cumplido con esta fórmula desconocida sólo en los famosos y sangrientos tribunales de la Inquisición.

   El tercer fundamento de la sentencia consiste en que el coronel Guerra sostuvo en el careo haberme hablado de la conjuración, a la cual me había opuesto. Este es un hecho tergiversado estudiosamente contra mí. Lo que se supone que Guerra sostuvo en el careo fue lo que él expuso en una declaración anterior, que reformó en dicho careo, según lo hice observar en mi prisión al abogado Pareja delante de su secretario. Después que reparé que no se habían extendido en la diligencia las mismas palabras del desgraciado Guerra, éste dijo en la confrontación conmigo que de lo que me había hablado no era de una conjuración, sino de la probabilidad que había de que se hiciera un bochinche (ésta fue su propia expresión), y que no se acordaba de que hubiera nombrado a persona alguna. Bien diferente de hablar de una conspiración formal a mencionar el riesgo de un bochinche, palabra a la cual se ha dado siempre la significación de una cosa de poca entidad. Por otra parte, en días de agitación, cuando a cada hora se hacía un acta, una petición, una reunión, un bochinche (según el lenguaje de que usábamos los amigos de la constitución) para echar abajo las leyes constitucionales, nada tenía de extraño ni de criminal que Guerra, en cualquier conversación amistosa relativa al estado de nuestra patria, me dijera lo que aseguró haberme dicho. Pero esta exposición de Guerra justifica más mi honrado proceder, porque él ha añadido que yo manifesté repugnancia a toda especie de perturbación, que le aconsejé se empeñase en rectificar cualquiera idea que hubiera en particular, y que ofrecí oponerme al trastorno del orden establecido. ¿Debía hacer más sin incurrir en la infamia de ser un bajo delator, y cuando puede decirse que el proyecto de atacar al gobierno existente estaba sólo en embrión, y cuando esperaba que mi oposición podía influir en desbaratarlo?

   El cuarto fundamento se toma de la declaración del comandante Carujo, aunque alterando el sentido de lo que él ha dicho. En la diligencia de careo, que es a la que el juez ha debido atenerse, resulta que habiéndolo informado Florentino González, que yo era opuesto a todo proyecto de revolución, quiso cerciorarse de la verdad, y al efecto procuró hablar conmigo en mi casa; que habiendo pasado a ella y habiéndome encontrado positivamente opuesto a sus ideas, intentó intimidarme y rendirme, ponderándome la obstinación de los que habían resuelto emprender el restablecimiento de la constitución, lo cual había llegado al punto de estar dispuestos a ir a Soacha a matar al general Bolívar. Esta exposición, en los términos referidos, forma un sentido muy diferente de como se expresa la sentencia. Según ella, Carujo me ha comunicado el proyecto de matar al presidente-dictador como quien lo participa a un cómplice, en vez de lo que resulta, que yo lo supe por la casualidad de querérseme hacer variar de opinión, informándome de un hecho ya decidido y pronto a ser fácilmente ejecutado. Y gracias me sean dadas por esta feliz casualidad, porque júzguese como se quiera al general Bolívar, y repruébese sin misericordia su conducta política, yo jamás convendré en que el asesinato de un hombre sea una acción patriótica, ni que la muerte del que ha servido con gloria a la causa de la independencia fuese meritoria ni justificable delante de la moral pública. Yo salvé entonces al general Bolívar de ser apuñalado en Soacha, por un principio de honor y de moralidad, que me conducirá siempre a proceder del mismo modo en cualquier caso en que se trate de llegar a un fin santo por medios reprobados por la moral y la razón.

   El quinto fundamento se apoya en la exposición de Florentino González, testigo de mucha importancia en el negocio de la conspiración, y cuyos dichos es menester analizar y meditar sin pasión. González, a quien siempre traté con muy particular amistad por sus relevantes cualidades y por su fervoroso amor a la libertad, declaró haber estado en mi casa por consejo de Carujo a sondear mi opinión acerca de la conveniencia de trabajar en restablecer la constitución de 1821, y que había oído de mi boca que la tentativa era inoportuna, perjudicial y expuesta, en cuyo concepto, muy lejos de mezclarme y tomar parte en ella, estaba resuelto a oponerme a su ejecución, no menos que a alejarme de Colombia, decidido a no volver jamás al gobierno. Añadió González que yo le había dicho, en prueba de la inoportunidad y riesgo del proyecto, que no se debía intentar el restablecimiento de la constitución sin conocer cuáles eran las reformas que ofrecía el Libertador, y sin saber si ellas contentarían o no a los pueblos; que antes de todo era prudente sondear la opinión pública y contar con ella para cualquier variación del sistema, y que el medio de llegar a conocerla me parecía indicado en el establecimiento de sociedades patrióticas en los departamentos y provincias. Tal es la exposición que González ha hecho en el careo, en el cual, habiendo rectificado sustancialmente su primera declaración, debe fundarse cualquier cargo contra mí.

   Yo deduzco de la dicha exposición las siguientes consecuencias: primera, habiendo aconsejado Carujo a González que sondeara mi opinión acerca de la conveniencia de restablecer el gobierno constitucional, yo no tenía conocimiento del proyecto, y por consiguiente, no era su director o agente. Segunda, habiendo calificado de inoportuno y peligroso el proyecto, yo no he tenido complicidad en su formación. Tercera, no habiendo aprobado, yo era inculpable en la conjuración estallada el 25 de septiembre por la cual se me estaba juzgando. Cuarta, no habiendo formado ninguna de las sociedades que indiqué como medios, no de conspirar, sino de indagar la verdadera opinión nacional, la conjuración del 25 no fue efecto de ellas, y por consiguiente ni de mis consejos e influencias. Consecuencias todas favorables a mi conducta e inculpabilidad.

   La sentencia hace gran caso de mi opinión sobre la formación de sociedades patrióticas para estimar la opinión pública, y la califica de crimen y de complicidad en la conspiración. ¿Cuál es la ley, pregunto yo al juez de mi causa, que ha convertido en delito la acción de manifestar en una conversación confidencial, que la reunión pacífica de los ciudadanos es aparente para observar y avaluar los sentimientos del público respecto del nuevo régimen establecido? ¿Existía en Colombia alguna ley, decreto o firma que convirtiera en delito digno de pena capital lo que en todo gobierno liberal se estima como medio necesario para dirigir los negocios del común? En las legislaciones que emanan del código de la razón, no hay delito donde no hay ley anterior que lo determine. Si, pues, mi indicación a González no está determinada anteriormente como una acción criminal, como una conspiración, el cuarto fundamento de la sentencia cae en tierra irremediablemente.

   Repárese, además, que el dicho de González es único en el proceso; que ni Guerra ni Carujo han hecho mención de él, y que habiéndose referido Carujo a González, el testimonio queda reducido a una sola persona. Observación interesante para convencerse más y más de que en mi proceso no sólo han tenido fuerza de pruebas las más necias e infundadas conjeturas, las palabras más insignificantes, los desahogos confidenciales de la amistad, sino hasta los dichos singulares. Para decidir de la propiedad de un pedazo de tierra, se necesita por lo menos de dos testigos que estén acordes en los puntos esenciales de la cuestión; para decidir de la suerte de un antiguo general, antes magistrado de la República, siempre constante y fiel patriota, defensor de los derechos del pueblo, ha bastado el dicho de una sola persona, aunque ella no califique positivamente la culpabilidad del acusado. Pero así debía procederse; el fin era condenarme de cualquier modo. La manera de ejecutarlo era indiferente con tal que se me ejecutase.

   Montesquieu ya lo había dicho con mucha previsión.

   El sexto fundamento es verdaderamente peregrino. Que porque no hubiera día prefijado para la conspiración, yo debía ser agente o cómplice de ella, es la consecuencia más absurda que el espíritu de partido podía deducir para satisfacer sus pasiones. Mi complicidad debía resultar de que yo la hubiera promovido, aconsejado, dirigido, aprobado, auxiliado o ejecutado, tuviera o no tuviera plazo preciso o conocido. Pero es así que ningún testigo ha dicho que yo la promoviera, ninguno que yo la dirigiese, ninguno que yo la aconsejara, y todos, por el contrario, que desaprobé el proyecto, que traté de frustrarlo, y que ofrecí oponerme a su ejecución; luego mi inculpabilidad es más clara que la luz, no obstante que no hubiera día fijo para ejecutarlo.

   Todavía hay datos en el proceso que corroboran la consecuencia que acabo de asentar y que hubiera tenido algún valor en la conciencia de jueces imparciales, que buscan la verdad desapasionadamente para absolver al inocente y castigar al culpable. Apelo al testimonio de González, consignado en las diligencias del careo. El ha dicho que me habló sobre el número de oficiales que había de tener la legación de los Estados Unidos (que se me había conferido) con ánimo de irse conmigo. Primera circunstancia que debía hacerme concebir que, estimándose fundadas mis razones contra el proyecto primitivo de conspirar, se abandonaba la empresa, puesto que deseaba salir del país uno de los que me parecía ser agente de ellos. El ha declarado también que habiendo estado conmigo en un paseo fuera de Bogotá, seis días antes de la conjuración del 25 de septiembre, nada me había hablado en el particular. Segunda circunstancia, que debía ratificarme en la idea de que el proyecto estaba abandonado. El, en fin, ha asegurado que, preguntado por mí pocos días antes de la conjuración, si todavía insistían en el consabido proyecto, me había respondido «que la cosa se había enfriado». Tercera circunstancia, que debía acabar de convencerme que ya no se pensaba en llevar a cabo la tentativa expresada.

   Estas tres aserciones me favorecen más de lo que a primera vista parece, porque ello es cierto que si yo me había podido persuadir de que el proyecto de atacar el gobierno existente se había abandonado, ya no tenía que hacer otra cosa como ciudadano y como general, que felicitarme de haber evitado un golpe prematuro, inútil y peligroso aun para la misma causa de la libertad que se quería sostener, y de haber procurado ahorrar el derramamiento de una sangre preciosa, que pudo ofrecerse a las libertades colombianas con más suceso. Supongamos que yo hubiera sido capaz de delatar a mis compatriotas y hacerle este servicio a un gobierno fundado contra mis principios y contra los sacrificios de Colombia. ¿Qué era lo que debía delatarle? ¿Un proyecto apenas concebido y prontamente abandonado? ¿Un deseo de tener instituciones en vez de dictadura? ¿Un ahínco de ser gobernados por leyes decretadas por los representantes del pueblo en lugar de serlo por la voluntad de un hombre, que en cada paso dirigido a sostener las leyes veía una grave ofensa a su persona, y en los que se dirigían a destruirlas una acción patriótica, meritoria y laudable? Juzgadlo, honorables representantes. Decididlo en el silencio de las pasiones.

   Los seis fundamentos en que se apoya la sentencia, que acabo de examinar, no suministran la clase de prueba que pudiera convencerme del delito de que se me supone autor o cómplice. Ellos producen, al contrario, razones positivas de que yo no tuve ánimo de conspirar, ni de quebrantar las leyes que se cree haber infringido. Si hay delito donde no hay un ánimo deliberado de cometer una acción reprobada por la ley, yo soy delincuente en la conjuración del 25 de septiembre; pero entonces es menester borrar del diccionario de la razón la calificación de una acción criminal. Si se puede condenar por conjeturas débiles, aisladas e inconexas en despecho de datos positivos y claros, yo he sufrido justamente la condenación que pronunció la sentencia del 7 de noviembre de 1828; pero entonces es forzoso despedazar los códigos fundados en el derecho natural. Pretender que hay prueba suficiente de un hecho, cuando en vez de reunirse todos los motivos que persuadan de su existencia, hay varios que lo ponen en duda, es querer invertir el orden de las cosas y cambiar los principios de la jurisprudencia criminal. Cuando la claridad de todos los hechos y de todas las circunstancias de un caso nos induce a creer que ha existido la cosa de que se trata, entonces hay prueba completa, y nuestro juicio se inclina a decidir en consecuencia; mas si queda alguna duda muy fundada en el particular, si existen circunstancias que impidan ver el hecho con evidencia y certidumbre, nadie dirá con justicia que hay pruebas suficientes para juzgar. Sobre estos principios está fundada la legislación universal, como que ellos solos pueden garantizar la vida y el honor de los hombres en sociedad contra la arbitrariedad y el poder. De aquí emanan las fórmulas protectoras delante de las cuales callan las pasiones, triunfa la inocencia y sufre el crimen su condigno castigo.

   Buscad ahora, honorables representantes, en mi proceso ese conjunto de hechos claros e incontestables, que formen la prueba de mi delito; examinad si existieron incidentes y circunstancias que dejaban en duda la convicción del juez, y convenid conmigo en que el procedimiento ejecutado en Bogotá en 1828 es de lo más violento, arbitrario e injusto de que hay ejemplo en los anales de una vengativa persecución.

   Pasemos a examinar los considerandos de la misma sentencia, que son como las razones fundamentales de mi condenación. Primer considerando: que aunque me opuse a la revolución, mi oposición fue sólo para mientras residiese en Colombia. ¿Qué es lo que el juez pretende deducir contra mí de esta suposición? ¿No es bien claro, por el contrario, que si ofrecí oponerme a la conjuración que estalló el 25 de septiembre mientras estuviese en Colombia, no he tenido la menor parte en ella? Si el juez da por cierto el ofrecimiento de oponerme a toda conjuración, la consecuencia que yo deduzco es más justa que la que él ha deducido. Por otra parte, cuando yo he dicho en una conversación familiar que mientras residiera en Colombia me opondría a toda revolución, he empleado una expresión sencilla muy común, sin dar a entender por eso que la patrocinaría después de mi salida de la República. Es tan natural fijar plazos cuando se promete hacer o no hacer alguna cosa, que el primero que me ocurrió fue el que va expresado. Pero veo ahora que si como pudo ser cierto que dijera a González, mientras yo esté en Colombia me opondré, hubiera dicho, mientras respire, me hubieran hecho cargo de que aprobaba la revolución, y la patrocinaba después de muerto.

   Asegura también la sentencia que ofrecí mis servicios para una conjuración, y de esto forma un cargo contra mí. Observo en primer lugar que no es fácil comprender cómo se ofrecen servicios para una empresa que no se aprueba. En segundo lugar, mi oferta fue al gobierno que se restableciera en el país, en reemplazo del que existía, y en ello estoy muy lejos de pensar que he cometido el delito de conspirador el 25 de septiembre. Que un individuo ofrezca sus servicios a un gobierno de hecho establecido en su país, es un deber reconocido por el derecho público de las naciones; ofrecerle sus servicios nada tiene de criminal, aunque pudiera tener mucho de deshonroso. Esta es la marcha del mundo político; sin ella el orden público desaparecería, y la sociedad sería un infierno. ¿No obedeció el general Bolívar a Monteverde después de la pérdida de Venezuela en 1812? ¿No le prestó sus servicios cooperando a la prisión del general Miranda? ¿No han obedecido y servido a Morillo mil patriotas que no pudieron prescindir de este penoso deber? Ciertamente que sí, y a ninguno se ha estimado delincuente. Yo sólo debía serlo en la conspiración del 25 de septiembre, porque hubiese dicho en conversación con mi amigo que el gobierno republicano y constitucional que se estableciera sobre las ruinas de la dictadura, podía estar seguro o contar con mis servicios. Horroriza, señores, leer las razones que el juez de mi causa ha consignado en su sentencia del 7 de noviembre como fundamentos legales para pronunciar las penas más terribles contra mí. Cuando se lea esto a la sombra del árbol de la libertad y bajo la égida de leyes protectoras, costará trabajo creer que en Colombia se ha podido proceder de un modo tan escandaloso, cual procedió la Audiencia de Santa Fe en 1810 con las ilustres víctimas de la libertad, Rosillo y Cadena, justificando con este procedimiento la gloriosa revolución del 20 de julio, que nos encaminó a la independencia de España.

   No puedo pasar en silencio la irregularidad de quererme hacer cómplice de un acto ejecutado contra mi opinión, porque yo opinara que pudiera llegar el caso de derribar con justicia en lo sucesivo el régimen dictatorial. Si se trataba de averiguar cuáles eran mis opiniones respecto de la subsistencia de tal gobierno, y cuáles mis pensamientos para castigarlos como crímenes positivos, como acciones dirigidas a conspirar, se convendrá en que el juez ha acertado a asentar sus principios y deducir las consecuencias contra mí; pero si de lo que se trataba era de indagar si había tenido o no parte en la conjuración del 25 de septiembre para castigar mi cooperación positiva, no sé entonces qué conexión tuviera lo que yo pensaba para lo futuro con lo que sucedió en aquella noche sin mi conocimiento. Es bien claro que cuando yo manifestaba a González que era necesario conocer la verdadera opinión pública respecto del sistema establecido, no tenía ánimo de que se marchase contra ella, sino, al contrario, de que se obrase según sus deseos. Si la opinión pública aprobaba la existencia de un gobierno ilimitado, que ultrajaba los principios constitucionales, y disponía a su arbitrio de Colombia, visto es que debía sobreseerse en el proyecto de destruirlo; pero si la opinión pública reclamaba una revolución contra tan monstruosa autoridad, entonces debía emprenderse, seguro de que se ocupaban de una acción patriótica en que el interés nacional estaba comprometido, y que el bien de Colombia reclamaba imperiosamente. Medítese sobre la diferencia de situaciones, y véase que lo que en el primer caso era una conspiración que yo desaprobaba, en el segundo era un derecho imprescriptible sancionado por las leyes reguladoras del orden social y puesto en práctica por los Pelópidas, Trasíbulos, Junios, Decios, Brutos, Tells, Oranges, Washingtons y Lafayettes.

   El segundo considerando declara que no he cumplido con mis deberes impidiendo la conspiración y asesinato premeditado contra el jefe supremo de la nación, y que he sido reo de alta traición por no haber denunciado la revolución. Ciertamente que yo no impedí la conjuración del 25 de septiembre; pero, ¿pude impedirla? Si pude, y no lo hice, habrá delito; si no pude, no tengo cargo alguno. Yo traté de impedir cualquier especie de conjuraciones; éste es un hecho confesado en la misma sentencia en los párrafos 3, 4 y 5, de los cargos tomados del proceso. No sabía que se iba a efectuar el 25, ni ningún otro día determinado: otro hecho reconocido en la misma sentencia. Tenía antecedentes para creer que el proyecto se había abandonado: tercer hecho plenamente averiguado en el careo de González conmigo el 1° de noviembre. Luego no estuvo en mi mano impedir el acontecimiento del 25 como había impedido el de Soacha; luego es falso que haya faltado a mis deberes, si es que es un deber del ciudadano de una República impedir la destrucción de un orden de cosas absurdo, introducido por medios ilegítimos y destructor de los derechos y garantías de los asociados.

   Reo de alta traición he sido según el comandante general de Bogotá y su ilustrado auditor, porque no denuncié la revolución. Si hubiera sido porque la había emprendido, aconsejado, auxiliado o ejecutado, sería más disimulable; pero porque no he denunciado un proyecto que yo no sabía si estaba maduro, un proyecto que tuve razones para creer abandonado, es lo más estupendo que puede oírse bajo un gobierno que se dice republicano. Y vuelvo a preguntar a mi juez, a su auditor, al consejo de gobierno, a todos los que tengan alguna noción de legislación colombiana, ¿cuál es la ley, el decreto u orden que declara delito de alta traición el no denunciar un proyecto dirigido a restablecer las leyes abolidas, las garantías destruidas, el orden constitucional y la libertad por la cual los colombianos han hecho tan costosos sacrificios? ¿Si es lo mismo conspirar contra el rey de España, a cuya persona llaman las leyes sagrada, inviolable, infalible, vicario de Dios en la tierra, etc., que contra el jefe de un estado republicano que ha tomado y ejerce una autoridad desconocida en nuestras leyes fundamentales, y la cual está en oposición con el fin a que los colombianos hemos consagrado todos nuestros esfuerzos por más de 20 años? ¿Si es idéntico faltar a los deberes para con su patria, reuniéndose a sus enemigos, tomando las armas contra ella, o destruyendo sus instituciones, que tratar de restablecer un orden de cosas en el cual la nación tenía fundadas sus esperanzas de dicha y de libertad? Reos de alta traición fueron declarados los que en 1810 dieron impulso a la transformación política de la Nueva Granada y Venezuela, y reos de alta traición los que se opusieron a ella. Reos de alta traición los que destruyen las instituciones establecidas por la voluntad general, y también los que tratan de restablecerlas después de que por medios ilegítimos y violentos se han abolido. La sana razón condena con mucha justicia este contradictorio lenguaje. Si es verdad que la traición es lo contrario de la lealtad, yo puedo decir, delante del mundo entero, que no he sido traidor. Lealtad, dice un célebre escritor inglés, es una adhesión firme y fiel a las leyes y a la constitución de la sociedad de que uno es miembro. ¿Y se me puede negar que yo siempre he vivido adherido firme y fielmente a las leyes y a la constitución de mi país? ¿Que por esta adhesión he sido ultrajado, perseguido y despojado de la vicepresidencia de la República?

   Aparte de esto, yo no sé verdaderamente qué es a lo que he hecho traición, aun suponiendo que hubiera tomado parte en la conjuración. Yo no ayudé a crear la dictadura; yo no le presté obediencia voluntaria, ni fidelidad; yo no estimé legal el nuevo régimen, o, como lo han llamado, la regeneración de la patria; yo no prometí sostenerlo, ni defenderlo; en una palabra, yo era respecto de él lo que éramos los americanos respecto del gobierno de España, obediente pasivo por el impulso de la fuerza física. El abogado auditor quiso hacer retumbar el ruidoso dictado de reo de alta traición para llamar toda la execración del pueblo colombiano contra mí, sin cuidarse de averiguar si había ley, razón o motivo para cohonestarlo. Así pues, por un epíteto tan gastado en la historia de las usurpaciones, yo llevo el título con que honraran los Tarquinos a Bruto, Felipe II al príncipe de Orange, el príncipe Mauricio a Barnevelt, Carlos II a Sidney, y Fernando VII a los Torres, Camacho, Ustaris, Roscios, Ascásubis, Quirogas, Morales, y al mismo general Bolívar.

   En el tercer considerando se me da el carácter de aconsejador y auxiliador de una revolución (aunque ya no de la del 25 de septiembre, de que en otra parte me supone agente) por medio del establecimiento de sociedades republicanas. A este cargo he respondido suficientemente en el cuerpo de este memorial desenvolviendo el objeto de tales asociaciones, y la legalidad del consejo. Nótese bien que González, único testigo de las sociedades, al declarar el objeto de ellas, usa terminantemente de la voz observar la opinión pública, y no de otra alguna. Ahora bien: observar ni es ni ha sido nunca sinónimo de conspirar, conjurarse, o seducir, de donde se deduce que ni yo he pretendido hacer una revolución por medio de sociedades republicanas, ni he cometido delito en indicar que era el modo de conocer la verdadera opinión general nacional en circunstancias de que, suprimida la libertad de imprenta y privados de medios de publicación y aun de comunicarse con seguridad por los correos, no quedaba otro recurso razonable para no dejar sacrificar impunemente nuestras libertades.

   Cansado el juez de buscar motivos para condenarme, concluye la lista de los cargos diciendo que de lo más que resulta de autos está comprobada mi criminalidad. Esta fórmula española sería buena para asesorar a los alcaldes de parroquia bajo un gobierno donde el hombre carece de la facultad de examinar la conducta de sus magistrados; pero es indigna de un juez republicano, que va a decidir de la vida y del honor de un antiguo servidor de la patria, cuyo juicio debe ser fundado en leyes, en hechos incuestionables y en razones evidentes. Bien seguro estoy de que nada más resultaba de autos, puesto que, de lo que muy poco de que pudiera servirse para condenarme, se tuvo gran cuidado de formar cargos alterando unas cosas y faltando a la verdad en otras.

   Después del examen de los hechos y del resultado del proceso me es forzoso examinar las leyes que se aplicaron, y para ello os ruego, honorables representantes, que continuaréis prestándome vuestra atención. Nunca ella puede ser inútil para el pueblo colombiano. Quizá de este memorial depende que ningún otro hombre nacido en esta tierra ilustre sufra las violencias y persecuciones que yo he sufrido. Quiera el cielo haber decretado que yo sea para siempre la última víctima de la venganza, de la arbitrariedad y de las facultades dictatoriales. La sentencia ha hecho aplicación de tres leyes, a saber: de la ordenanza general del ejército; de un decreto del poder ejecutivo, expedido en 1826, que prohíbe las reuniones clandestinas, y de otro decreto del mismo poder ejecutivo, llamado vulgarmente de conspiradores. Debo confesar mi asombro de no ver aplicadas también las leyes de partida, las de Castilla y de Indias, en todo lo concerniente a delitos de lesa majestad, alta traición, asonada, sedición o motín. La ordenanza general del ejército y el famoso decreto de conspiradores están en oposición. La primera exige un consejo de guerra de generales y una porción de fórmulas para juzgar a un militar; el segundo no reconoce fórmula alguna, ni más de un juez para juzgar los delitos de conspiración. La primera señala pena capital a los que emprendieron cualquier sedición, conjuración, o indujeron a cometer estos delitos, o que sabiéndolo no los denunciaron; el segundo no tiene tal pena contra los que saben la existencia de una conjuración.

   Así pues, la ordenanza general del ejército fue buena para condenarme a la última pena como militar, pero no lo fue para juzgarme según las fórmulas que ella establece. El decreto de conspiradores fue aparente para juzgarme sin fórmula, pero no para aplicarme la pena de destierro a que únicamente podía estar sujeto, no siendo yo agente ni cómplice de la conspiración. Con estas dos leyes se hizo un juego escandaloso, tomándose de ellas solamente lo que podía perjudicarme y desechando cuanto debía favorecerme. Tomóse el decreto de conspiradores sólo para enjuiciar y libertarse de emplear las fórmulas protectoras, que habrían arrancado la víctima de las manos enemigas, pero se prescindió de él al tratarse de la aplicación de la pena. Es increíble este procedimiento, y lo es todavía más cuando se observe que un decreto del Libertador presidente, expedido pocos días antes de la conspiración del 25, había declarado que la ordenanza general del Ejército sería en lo sucesivo la única ley para juzgar los delitos de los militares. Quedó, por tanto, abolido para los que pertenecíamos al ejército el decreto de conspiradores, y no se debió, por consiguiente, traer a cuenta semejante disposición.

   Quiero corroborar todavía más y más la irregularidad escandalosa de juzgarme por tal decreto. El fue expedido en febrero de 1828 por el poder ejecutivo, en consecuencia de la agitación política de Venezuela y extendido a todo Colombia después del movimiento de Cartagena en los primeros días de marzo. En aquella época existía todavía la constitución de 1821, como que de ella tomó el poder ejecutivo las facultades extraordinarias para expedirlo, y cabalmente el objeto único que tuvo en mira fue el de conservar la misma constitución y las autoridades que emanaban de ella. El decreto ha dictado penas para castigar la rebelión contra las instituciones y las autoridades constitucionales, tratando por este medio el gobierno de llenar el deber de mantener el orden público establecido por el código colombiano. Y es este mismo decreto el que ha servido, después de abolida la constitución, para juzgar y castigar a los que pretendían restablecerla atacando un régimen político de que ella jamás pudo haber hecho mención. Monstruosidad tan disforme debe irritar al hombre menos sensible, y mucho más si, fijando su atención en la historia de las agitaciones de Colombia, ve todas las perturbaciones y motines que se han ejecutado impunemente desde 1828 para destruir el código fundamental y derribar las autoridades constitucionales, a despecho del decreto de conspiradores y del que prohibió las reuniones clandestinas.

   Para reprimir y castigar las tumultuarias reuniones de militares y de pueblos que destruyeron nuestras instituciones, no se hizo alto en que existía una ley que las prohibía y las condenaba; por el contrario, atacar las autoridades constituidas y las leyes se miró como una acción de grande patriotismo. Al comparar esta conducta en aquella época con los juicios dictados en octubre y noviembre de 1828, debe repetirse la observación del pirata a Alejandro: «Porque recorro los mares con un buque soy digno de muerte: tú que recorres el mundo con un ejército, pillándolo y vejándolo, eres héroe».

   La historia imparcial tendrá, por otra parte, el cuidado de declarar este contraste y decir por qué razón no se aplicó el decreto de conspiradores a los que lo infringieron, reuniéndose ilegalmente para trastornar y destruir las leyes constitucionales y crear una dictadura; y por qué se juzgó por él con tanta severidad a los que trataron de atacar un régimen de arbitrariedad introducido por la intriga y la violencia.

   El artículo de la ordenanza del ejército pudo servir para condenarme si yo hubiera emprendido alguna sedición o rebelión o si yo hubiera sabido positivamente que iba a ejecutarse; pero no estando justificado que dirigiera o aconsejara la conjuración del 25 de septiembre, ni que hubiera sabido ciertamente que estaba pronta a ejecutarse, la fuerza del artículo penal disminuye considerablemente. La pena capital prefijada en el decreto de conspiradores no señala sino a los autores de conspiraciones, y yo no he resultado haberlo sido de la que produjo mi proceso y condenación. En fin, el decreto del año de 1826, que prohíbe las reuniones clandestinas, menos puede comprenderme, porque no ha resultado que que yo asistiera a ninguna de ellas, ni que se reunieran por mi autoridad o consejo. De todo lo cual deduzco que la aplicación de las tres referidas leyes, además de haber sido arbitraria y monstruosa, ha sido violenta e injusta. Basta leerla sin prevención para convenir en esta triste verdad, y basta recorrer el proceso y fijarse en las razones que llevo expuestas para persuadirse de que no sólo se han supuesto cargos que no resultaron contra mí; se han tergiversado las declaraciones de los testigos, y se ha omitido hacer mérito de los descargos que presenté, sino que se echó mano de leyes diversas para proceder y condenarme, de leyes derogadas y en desuso, de leyes extemporáneas cuyo literal sentido se forzó violentamente para satisfacer los deseos de despojarme de todo lo que la patria me había dado por mis servicios, para después encerrarme siete meses en una fortaleza rigurosamente tratado, y al fin expatriarme indefinidamente. ¿Puede negarse a vista de este cuadro que la sentencia pronunciada contra mí, honra los anales criminales de los Jefferies y Sámanos? ¿Será temeridad asegurar que en el juicio pronunciado contra mí no han obrado sino el resentimiento, la venganza o la rivalidad? La atrocidad del procedimiento es más grande que el mismo delito que se supone haber yo cometido. Nunca podrá ponerse en paralelo y mucho menos disculparse una manera tan inicua de proceder. La historia ha vituperado al salvador de Roma la muerte de los conjurados de Catilina, privándolos del derecho de apelar al pueblo, no obstante que recibiera del senado romano la facultad de castigarlos por vías extraordinarias; ¿cómo no vituperar la condenación de unos ciudadanos a quienes se ha privado en la República de Colombia de todos los medios de defenderse?

   ¿Y ésta es la sentencia que los cuatro ministros del consejo de gobierno calificaron de justa en su dictamen? Si Morillo los hubiera juzgado a ellos en 1816 como mis compatriotas me juzgaron en 1828 sin permitírseme defensa, sin carear todos los testigos, sin dejar hablar la verdad, a buen seguro que los señores del consejo de ministros hubieran podido llegar al estado de juzgar de mi suerte con tan poca firmeza e integridad. En los días de Tiberio no faltó un magistrado recto que se atreviera a hablar la verdad al tirano y reprimiera su arbitrariedad; en los infaustos días de la dictadura del Libertador de Colombia no hubo entre los suyos quién arriesgara una palabra justa para detener la venganza exterminadora.

   Prescindo de discurrir sobre la monstruosa desigualdad a que se me ha sujetado en la sentencia con los verdaderos autores de la conspiración. El mundo culto ha reprobado las leyes absurdas que castigan con pena igual delitos o faltas diferentes. Yo, que lejos de haber contribuido a fomentar y ejecutar la conspiración del 25 de septiembre y a clavar el puñal en los guardianes del dictador, me opuse al proyecto e ignoré su tiempo y la hora de su ejecución, he sido tratado de la misma manera que los que formaron el plan, le ganaron prosélitos y lo ejecutaron. Prescindo, repito, de discurrir en la materia y paso a examinar las facultades que tuviese el gobierno para proceder de un modo tan arbitrario.

   Los partidarios del régimen dictatorial sostienen que todos esos juicios en que en lugar de sujetarse el tribunal a las fórmulas protectoras de la vida y del honor del ciudadano, ha procedido violentamente, están autorizados por el uso de facultades extraordinarias e ilimitadas conferidas al Libertador presidente en 1828. Yo no puedo convenir en tan pavoroso principio destructor del orden social. Enhorabuena que los Estados, en ciertas y muy críticas circunstancias, puedan investir a un magistrado de toda la autoridad necesaria para salvarse de grandes e inminentes peligros; enhorabuena también que las repúblicas suspendan el imperio de las leyes ordinarias para salir del riesgo positivo de perder su existencia política. Pero yo niego al pueblo, cualquiera que sea, la facultad de investir a persona alguna del derecho de disponer arbitrariamente de la vida y del honor de los asociados. Quiero conceder, en gracia de los partidarios de la dictadura, que Colombia en 1828 estaba en absoluta necesidad de crear esa tremenda autoridad, saludable en otro tiempo en las manos de su excelencia el general Bolívar; que no existiera la constitución, que los medios empleados para inducir al pueblo y conferirle el poder absoluto hubiesen sido legales y legítimos, y que el pueblo hubiese podido reunirse y deliberar en asuntos tan graves sin ninguna previa discusión ni urgencia. Todo lo quiero suponer, a gusto de los adversarios del régimen constitucional; todavía, sin embargo, asiento que el juzgar a un hombre sin fórmula alguna hasta privarle del derecho de defenderse, y condenarle a la última pena, no ha podido estar en la esfera de las facultades extraordinarias del presidente de la República, y por consiguiente ha abusado enormemente de la confianza de sus conciudadanos.

   Siendo el objeto con que los hombres se reúnen en sociedad el de proteger sus personas, sus propiedades, sus opiniones y su honor, el gobierno que mirara con desprecio este deber faltaría absolutamente a su objeto y debería ser considerado como tiránico, aunque hubiese sido establecido por la voluntad de todos. Cada sociedad es un ser colectivo de individuos en el cual ninguno tiene el derecho de cometer un crimen por su propia conservación. ¿Con qué sofisma, pregunta el académico Jouay, pudiera pretenderse probar que el todo de la sociedad poseía lo que no posee ninguna de sus partes? Si todo el cuerpo social no tiene derecho de asegurar su conservación a costa de un crimen, ¿cómo podrá transferirse este derecho a los magistrados? El gobierno, cualquiera que sea, tiene derecho de castigar a los culpables y de indagar escrupulosamente quiénes son los que han cometido el crimen; pero el acusado también tiene por su parte el derecho de que se le oigan libremente sus descargos, de que se le admitan sus pruebas y de que no se le castigue injusta ni violentamente. En mi caso pudieron a lo más haber disminuido el tiempo ordinario de proceder, aligerado las fórmulas, arrestado sin necesidad de pruebas, supervigilándome, y todo lo demás que contribuyera a preservar la República de ser turbada por mi influencia o complicidad en la conjuración; pero nunca hacer alterar la verdad, nunca privarme del ejercicio del derecho natural, jamás tolerar que se cometieran crímenes para declararme culpable. Ningún colombiano tenía entonces ni tendrá en lo sucesivo este derecho. La República carecía de él; ¿cómo, pues, se pretende que haya podido delegarlo al presidente del Estado?

   Estos principios, que algunos llamarán ideología para burlarse de las garantías individuales, han reglado siempre mi conducta. Dos veces expedí un decreto de conspiradores durante mi gobierno; el primero en 1823, a tiempo que Morales tomó posesión de Maracaibo; el segundo en 1825 con acuerdo y consentimiento del congreso en ocasión de un motín sedicioso contra la independencia en un pueblo de la provincia de Caracas. En ninguno alteré las fórmulas substanciales de proceder, en ninguno me atribuí la facultad de aprobar o reformar las sentencias; en todo me incliné ante el sagrado deber de oír a los acusados y de respetar la verdad dejando obrar libremente a los tribunales.

   La dictadura de 1828, ignominia del pueblo colombiano, que yo quisiera hacer olvidar a costa de mi sangre, en honor de mi patria, fue más lejos de lo que debiera haber llegado por decoro del país. Roma no tuvo jamás un poder semejante, aun cuando el pueblo romano por sus mismas leyes había autorizado la creación de esa autoridad. Dictadura indefinida, que no respeta cosas ni personas, a la cual todo está sujeto, lo sagrado y lo profano, el derecho natural y el positivo, la vida y el honor de los colombianos, los pensamientos y los desahogos de la amistad, no hubiera sido nunca establecida en la patria de Cincinato, ni los romanos habrían abdicado ilimitadamente sus derechos y su soberanía en persona alguna, fuera cual hubiese sido su virtud y su amor a la justicia. Reservábase a los colombianos suministrar a la historia el escándalo de un pueblo que habiendo combatido por la libertad y gozado por seis años de instituciones liberales y del ejercicio de sus derechos, se deja seducir y guiar por senderos tortuosos a encorvar su cuello bajo una autoridad absoluta que, sin producirle un solo bien, le ha acarreado desgracias incontables.

   La sangre derramada en los días de la dictadura, el luto de las familias, el encarnizamiento de los partidos, la desunión del Estado, el ultraje de las leyes, la relajación de la moral, el descrédito de la nación, la guerra civil, son males que Colombia llorará perpetuamente. Se creyó que el violento despojo de la vicepresidencia que yo ejercía por la voluntad de la nación, restablecería la paz interior y colmaría de bienes a Colombia; se cohonestaron mis persecuciones con la necesidad de mantener la unión y la integridad nacional; se pensó que mi destierro de la patria acallaría para siempre la voz de los oprimidos y dejaría que ellos sufrieran contentos la pérdida de sus leyes y de sus garantías; se esperó, en fin, que el éxito podría justificar los inicuos medios que se habían empleado para quitar a Colombia su constitución y su gobierno constitucional. ¡Qué falaces son los cálculos del orgullo! Colombia nunca ha estado tan agitada como después del establecimiento de la dictadura; nunca han aparecido tantas insurrecciones patrióticas como después de mi ostracismo; nunca ha estado tan expuesta a la guerra civil como en estos últimos tiempos, y nunca hubo menos esperanza de conservar la integridad nacional que en la época presente. Y si siquiera el despotismo dictatorial hubiera tenido algún brillo; si siquiera conservara Colombia el honor que adquiriera por sus heroicos esfuerzos en fundar un gobierno liberal; pero desgraciadamente se ha visto sustituir un régimen militar a una constitución liberal legítimamente sancionada por la nación, destruidas las garantías individuales, ultrajados los principios de derecho político, desnaturalizado el derecho representativo, administrada la justicia por comisiones especiales, violadas las formas protectoras del hombre, suprimida la libertad de imprenta, sancionado el perjurio, establecidos la delación y el espionaje, guerras emprendidas para vengar ofensas personales, patriotas venerables desterrados o destituidos, batallones que disponían de la suerte del pueblo, el patriotismo insultado, la adulación convertida en único servicio... No quiero continuar trazando la deshonra de mi patria.

   En fin, a despecho de una sentencia tan inicua, yo vivo por ocultos juicios de la Providencia, que sugirió al general Bolívar el deber de no consumar mi asesinato judicial. El general Bolívar ha sido clemente, y sin detenerme a indagar el móvil de su procedimiento, mi gratitud no será menos sincera, ni yo negaré a su excelencia el mérito de haber ahorrado a la patria un grave crimen.

   Mi antiguo respeto hacia el Libertador, el convencimiento íntimo de sus importantes servicios y el recuerdo de las relaciones que un día existían entre los dos, me hacen desear que su excelencia hubiera sido antes justo que clemente. Justo debió haber sido franqueándome todos los medios de defensa, abriéndome el santuario de la ley para poder llegar a justificarme libremente, nombrando jueces imparciales e impidiendo que se aplicaran leyes contrarias entre sí. Un procedimiento tan franco para con una persona que suponía ser su enemigo o su rival, de quien tenía quejas reales o imaginarias, habría sido eminentemente honroso al general Bolívar, y si realmente hubiera resultado culpable, su clemencia entonces hubiera realzado el triunfo de sus pasiones y me habría impuesto eterno silencio.

   Sí: la justicia en tales circunstancias no sólo habría sido un deber sino una acción heroica. Vencer sin recursos y rodeado de obstáculos a los enemigos de su patria, no desesperar jamás del triunfo de su causa, salvar un país entero de la servidumbre, hacer arbolar la bandera tricolor en una inmensa extensión de territorio, son ciertamente acciones brillantes y gloriosas, pero que otros las han ejecutado o que pueden reproducirse. Pero vencer la pasión de la venganza, sofocar el resentimiento y el encono, ser justo pudiendo ser arbitrario, es un triunfo sólo de la virtud y tan singular y tan glorioso y tan sublime que la historia ha reservado su página más bella a la magnánima generosidad de Augusto.

   He concluido, honorables representantes, el deber que me impone el honor haciendo notoria la injusticia con que he sido perseguido sólo porque no quise ser instrumento de la servidumbre de mi patria. Las persecuciones que he sufrido me honran delante del mundo liberal y algún día la patria, libre de la influencia de las pasiones, honrará también mi nombre. Colombia al fin levantará su voz para juzgar su causa y calificará los servicios patrióticos y desinteresados de sus hijos. No está lejos ese día; pocos años han corrido aquí desde que el imperio y las restauraciones habían ahogado los principios de libertad y calumniado a los patriarcas de las ideas liberales, y ya la Francia, enarbolando su símbolo de gloria, tributa los debidos homenajes a la firmeza, rectitud y persecuciones de los fundadores de la libertad. ¿Por qué no ha de llegar para Colombia la época en que se levanten altares donde Piar, Padilla, Córdova, Guerra, Zuláibar, Azuero, Silva, han derramado su sangre bajo la espada de la tiranía y se condene al desprecio la memoria de los que, traficando con sus deberes y violando sus promesas, prestaron sus luces, sus brazos y sus servicios para derribar el edificio a costa de esfuerzos tan heroicos? Sí: llegará ese tiempo de vergüenza para los abyectos, de gloria y de honor para los que, posponiendo sus intereses, su reposo, su fortuna y hasta su vida a las libertades colombianas, fueron víctimas del espíritu de partido, de la envidia, de la ambición y de la venganza. Entre tanto, yo que tengo la gloria de contarme en el número de las víctimas sacrificadas al poder dictatorial, viviré en tierra extraña, pero tranquilo al considerar que todos los honores y las riquezas del mundo no son tan valiosas como el consuelo de vivir sin un remordimiento.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2769, p. 62-88.

FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 260-288.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 409-419.

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Firma: SANTANDER

HAMBOURG, LE 28 JUILLET, 1830

A monsieur Julien de París.

    Mon cher monsieur:

    C'est pour moi un grand plaisir de vous écrire ma première lettre après mon départ de Paris. C'est un devoir que m'impose votre immense bonté envers moi. J'ai fait à Londres un séjour de 40 jours assez agréablement, et j'ai taché d'en profiter en observant le peuple anglais, ses institutions, ses moeurs et caractère Mr. Berthan, qui m'honore de son amitié, voulut bien se charger de m'instruire à ce sujet. Le jour où j'ai eu le plaisir de diner avec lui, il me parla de vous de la manière la plus satisfactoire. Mr. Boernay lui avait donné à lire la lettre que vous l'aviez écrite avec moi. Mr. Berthan est un homme extrêmement gai, extrêmement complaisant, et affable. Il me donna quelques lettres pour S. Petersbourg, et j'ai été infiniment flatté de la manière dont il y parle de moi. Cette faveur est d'autant plus estimable, qu'elle est moins méritée.

   En quittant Londres, je suis débarqué à Ostende, et de là j'ai parcouru les villes de la Hollande jusqu'a Amsterdam. J'ai vu a mon grand étonnement les prodigieux efforts que les hollandais ont opposés à la nature pour se créer une patrie où la culture, l'industrie, la civilisation sont élévées à un haut degré de perfectionnement. C'est l'effet de la liberté, et d'une perseverance extraordinaire.

   Je crains de ne pouvoir reussir dans mon projet de visiter S. Petersbourg. Il y a encore des difficultés pour obtenir un passeport puisque les ministres de la Russie dans les pays étrangers pensent l'accorder seulement aux latines des nouveaux états de l'Amérique dans les cas qu'ils se rendent en Russie pour des affaires commerciales; du reste il faut attendre les ordres du cabinet. Je ne me decide pas a les attendre, parce que le temps passe, et l'hiver s'approche avant que je puisse visiter la Prusse, et la Saxe et peut être Copenhague.

   Je vous félicite de la prise d'Alger comme d'un événément intéressant á l'humanité, et à la civilisation et très glorieux pour la France. Votre patrie, qui a combattue en Amérique pour la liberté, qui a prêtée des puissants secours aux malhereux grecs, porte maintenant dans l'Afrique la civilisation et la liberté du commerce. Puisse la gloire de cette expedition aider au maintien des libertés nationales dans la défense desquelles vous autres français avez montré tant d'energie et de patriotisme. Ce sont les voeux que m'inspirent d'une part mon amour même à la cause de la liberté des peuples, et de l'autre ma profonde reconnaissance à 'accueil bienveillant dont les français m'ont favorisé.

   Je sais très peu de la sort de la Colombie. Les journaux anglais parlent, tantôt de que Bolívar a repris l'autorité suprême, tantôt qu'il avait quitté Bogotá pour s'embarquer à Cartagena pour Londres. Le premier parti, à mon avis, peut être funeste dans les circonstances où se trouve Venezuela parce que alors la guerre semble être inevitable; le parti de quitter la Colombie est plus sage, du moins pour essayer si l'ont peut arriver à une transaction favorable à l'integrité de Colombie entre Venezuela et la Nouvelle Grenade. ¡Que mon pays est malhereux!

   Je conserverai à jamais avec gratitude les souvenirs de Paris; je n'oublierai jamais les bontés dont j'y ai été comblé. Vous, monsieur Julien, avez droit à ma profonde reconnaissance. Je vous, prie de presenter mes respects à Mme. Julien, et a votre estimable famille, et de me rappeller aux souvenirs de mes amis, et de mes connaissances, a Mesdames O'Neylli, Mongolfier, baronne de Cambry, etc. J'esperè avoir le plaisir de les offrir personnellement mes respects à mon retour dans votre savante, hospitalière, et illustre capitale.

  Veuillez agréer l'assurance de ma parfaite considération, et de ma profonde estime.

   Votre très dévoué,

Francisco de Paula Santander

   29. Je viens de lire dans les gazettes la retraite de Bolívar des affaires publiques, et sa résolution de quitter la Colombie. C'est un parti très sage. En cédant aux circonstances, et à l'opinion publique, Bolívar s'est montré digne de l'indulgence de nous autres les colombiens qui avons été persecutés pendant sa malhereuse dictature pour avoir soutenu les libertés de notre patrie. J'aurais voulu pour l'honneur de Bolívar et de mon pays, qu'il s'etait retiré des affaires sans être entrainé par les circonstances, et en laissant la Colombie tranquille, et unie. La retraite de Sylla eut le caracter d'être tout à fait volontaire: celle de Bolívar est l'aeuvre de l'opinion publique prononcée contre lui.

   Monsieur Mosquera nouvellement elevé à la presidence est un colombien très eclairé, riche, d'une probité à toute epreuve,et très estimé. Il est á esperer de son caractére et de ses vertus patriotiques qu'il reussira dans l'entreprise de ramener le calme et la liberté dans la Colombie. Je suis extrêmement content de l'election de monsieur Mosquera et de celle de monsieur Caycedo. L'un et l'autre ont été en Europe. Ils appartient à la cause de la liberté colombienne, et j'ai l'honneur d'être extrêmement lié d'amitié avec eux. Je ne doute pas que en quittant Bolívar la Colombie, la guerre civile n'aura pas lieu, et tout marchera avec prudence, calme et union.

   Toujours votre devoué,

Francisco de Paula Santander

   Traducción:

HAMBURGO, 28 DE JULIO DE 1830

Al señor Julián de París.

   Calle del Infierno N° 18 en París.

    Mi querido señor:

    Es para mí un gran placer escribirle mi primera carta después de mi salida de París. Es un deber que me impone la inmensa bondad de usted hacia mí. En Londres permanecí 40 días bastante agradables, y procuré aprovecharlos observando el pueblo inglés, sus instituciones, sus costumbres y carácter. El señor Berthan, quien me honra con su amistad, quiso encargarse de instruirme a ese respecto. El día en que tuve el placer de comer con él, me habló de usted de la manera más satisfactoria. El señor Boernay le dio a leer la carta que usted le había escrito conmigo. El señor Berthan es un hombre sumamente alegre, sumamente complaciente y afable. Me dio algunas cartas para San Petersburgo, y me he sentido infinitamente halagado por el modo como habla de mí. Este favor es tanto más de agradecer, cuanto menos merecido es.

   Al salir de Londres, desembarqué en Ostende, y de allí recorrí las ciudades de Holanda hasta Amsterdam. Vi, con gran sorpresa, los esfuerzos prodigiosos que los holandeses han opuesto a la naturaleza para crearse una patria donde la cultura, la industria, la civilización, están elevadas a un alto grado de perfección. Es el efecto de la libertad, y de una perseverancia extraordinaria.

   Temo no poder realizar mi proyecto de visitar a San Petersburgo. Todavía existen dificultades para obtener un pasaporte, porque los ministros de Rusia en los países extranjeros piensan concederlos solamente a los latinos de los nuevos Estados de América en los casos en que vayan a Rusia para asuntos comerciales; fuera de esto es necesario esperar las órdenes del gabinete. No me decido a aguardarlas, porque el tiempo pasa, y el invierno se aproxima antes que logre visitar a Prusia y la Sajonia y tal vez a Copenhague.

   Lo felicito por la toma de Argel como de un suceso que interesa a la humanidad y a la civilización, y muy glorioso para Francia. Vuestra patria, que ha combatido en América por la libertad, que ha prestado poderosa ayuda a los desgraciados griegos, lleva ahora al Africa la civilización y la libertad del comercio. Pueda la gloria de esta expedición ayudar al mantenimiento de las libertades nacionales, en cuya defensa vosotros los franceses habéis mostrado tanta energía y patriotismo. Son estos los votos que me inspiran, de una parte, mi amor mismo a la causa de la libertad de los pueblos, y de la otra, mi profundo agradecimiento por la benévola acogida con que me han favorecido los franceses.

   Sé muy poco de la suerte de Colombia. Los diarios ingleses hablan unas veces de que Bolívar ha reasumido la autoridad suprema, y otras, que ha salido de Bogotá para embarcarse en Cartagena, rumbo a Londres. La primera resolución, en mi concepto, puede ser funesta en las circunstancias en que se encuentra Venezuela, porque entonces la guerra parece ser inevitable; la resolución de salir de Colombia es más prudente, a lo menos para ensayar si se puede llegar a una transacción favorable a la integridad de Colombia entre Venezuela y la Nueva Granada. ¡Qué desgraciado es mi país!

   Conservaré siempre con gratitud los recuerdos de París: no olvidaré nunca las bondades con que allí se me ha colmado. Usted, señor Julien, tiene derecho a mi profundo agradecimiento. Le ruego presentar mis respetos a la señora Julien y a su estimada familia, y dar recuerdos a mis amigos y conocidos, a las señoras O'Neilly, Mongolfier, baronesa de Cambry, etc. Espero tener el placer de ofrecerles personalmente mis respetos a mi regreso a vuestra sabia, hospitalaria e ilustre capital.

   Sírvase aceptar la seguridad de mi perfecta consideración, y de mi profunda estimación.

   Su muy devoto,

Francisco de Paula Santander

   29. Acabo de leer en las gacetas el retiro de Bolívar de los asuntos públicos, y su resolución de salir de Colombia. Es una resolución muy prudente. Cediendo a las circunstancias y a la opinión pública, Bolívar se ha mostrado digno de la indulgencia de los colombianos que hemos sido perseguidos durante su desgraciada dictadura por haber sostenido las libertades de nuestra patria. Yo habría querido, por el honor de Bolívar y de mi país, que se hubiera retirado de los asuntos sin verse arrastrado por las circunstancias, y dejando a Colombia tranquila y unida. El retiro de Sylla tuvo el carácter de ser completamente voluntario: el de Bolívar es obra de la opinión pública pronunciada contra él.

   El señor Mosquera, elevado recientemente a la presidencia, es un colombiano muy esclarecido, rico, de una probidad a toda prueba, y muy estimado. Es de esperar de su carácter y de sus virtudes patrióticas que tendrá éxito en la empresa de devolver la calma y la libertad en Colombia. Estoy sumamente contento por la elección del señor Mosquera y la del señor Caycedo. Uno y otro han estado en Europa. Pertenecen a la causa de la libertad colombiana, y tengo el honor de que me una a ellos la más profunda amistad. No dudo que saliendo Bolívar de Colombia, no habrá guerra civil, y todo marchará con prudencia, calma y unión.

   Siempre su devoto,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta 2770, p. 89-93.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado de la biblioteca del congreso de Washington.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 635-636.

19
Firma: SANTANDER

HAMBURGO, 7 DE AGOSTO DE 1830

Mi siempre pensado y querido amigo doctor Soto:

   Comienzo ésta mi tercera carta para usted, felicitando a Colombia de que esté ya libre de la dictadura militar que tantas lágrimas le ha arrancado, de que tenga una constitución que por imperfecta que sea, vale más que el célebre decreto orgánico de 27 de agosto de 1828, y de que haya elegido magistrados que no tendrán la imprudencia de subvertir el orden público y destruir las leyes para apoderarse del poder absoluto. De aquí inferirá usted que estoy impuesto de lo que ha pasado en Colombia hasta junio, bien que sólo por los papeles públicos.

   Ignoro si el Libertador ha llevado adelante su resolución de embarcarse para Europa o si desde su cuartel general de Turbaco habrá dirigido otra nueva campaña de actas y peticiones para echar abajo la nueva constitución. Por fortuna, parece que el congreso o el gobierno de Venezuela han puesto por condición sine qua non, para entenderse con Bogotá, el que Bolívar salga positivamente de Colombia. Esta condición parece sabia, porque ya don Jerónimo Torres había anunciado en 1827 que su excelencia era el monte sagrado, y yo añado que es monte con talento, lengua, manos y un corazón devorado de ambición.

   Para mí tengo que Venezuela quedará definitivamente separada y que se reunirá la convención de Nueva Granada. Es de esperar que entonces se reformen las imperfecciones de la nueva constitución colombiana, que todavía se resiente de haber sido hecha bajo la influencia del genio que quiso presidir los trabajos de la convención de Ocaña. Yo desearía que Nueva Granada conservara el nombre de Colombia.

   La elección de Mosquera a la presidencia me ha parecido prudente, en razón de que es hombre estimado de todos los partidos, y de luces. Si él demuestra firmeza de carácter y justicia, espero que las leyes volverán a tomar fuerza y vigor. Es deber de todos los amigos de la libertad ayudar al gobierno con todas nuestras fuerzas a plantar la bandera de la ley y reprimir los atentados que se proyectan contra las libertades públicas. Desmintamos la imputación de que no somos capaces de gobernarnos por principios republicanos, y destruyamos el pernicioso error de que Bolívar es él solo capaz de presidir nuestros destinos. Que la imprenta sea perfectamente libre para ilustrar al pueblo sobre sus derechos; que la educación pública se difunda y se contraiga a ilustrar el espíritu y a disponer el corazón hacia la verdadera libertad; que la milicia sea reducida a sus límites y que los hombres que han hecho traición a sus deberes o sometido a Colombia a un poder ilimitado, sean reducidos a vivir en la oscuridad bajo la garantía de las leyes que no quisieron defender vigorosamente. Perdóneles la nación el tráfico vil que hicieron de sus deberes y de sus opiniones; perdonémosles nosotros los males que nos han causado; pero que el pueblo no vuelva a fiarles ningún puesto en que puedan quedar comprometidos de nuevo sus derechos, su honor y sus libertades. La vida política de las naciones vale infinito, y los sacrificios por la causa del género humano no pueden exponerse al capricho de espíritus llenos de perfidia y ambición...

   Respecto de la elección de Caycedo diré que la supongo de aceptación general, y ha sido prudente en las circunstancias en que se hizo. Caycedo es un excelente ciudadano, incapaz de querer ser dictador jamás.

   Dije que ésta era la tercera carta que le escribía a usted y he dicho bien. De París le dirigí la primera y de Londres la segunda, ambas por vía segura y bajo la cubierta de mi excelente amigo Arrubla. Espero le hayan llegado y que ellas le hayan servido de nuevo comprobante de mi sincera e invariable amistad. En París recibí con gran placer su larga e importante carta de Caracas. Después me han escrito el doctor Arganil y el buenísimo del padre Méndez. Cuando usted escriba a Arganil, a los Azueros, a Concha, a Gómez Durán, a Gómez Plata, a Liévano, a Vallarino, a Fortoul, en fin, a nuestros compatriotas y a nuestros amigos, hágame el favor de expresarles mis sentimientos de amistad. He oído decir que Concha ha cooperado en la frontera a libertar nuestra tierra; lo celebro mucho y quiero creer que ya sea general, grado que vale más haberlo recibido tarde por trabajos realmente útiles y gloriosos, que haberlo tomado como precio de sus deberes y opiniones. He visto también que Obando ha hecho su papel correspondiente y me ha complacido infinito.

   Aquí estamos también en revolución; París ha sacudido el yugo que le quería imponer el gobierno y se presenta en actitud imponente. Quién sabe cuáles serán los resultados, pero generalmente se cree que triunfará la causa pública, la causa de la libertad. Los franceses han demostrado que son dignos de un gobierno constitucional. Bien diferente de Colombia, la Francia no ha encorvado su cuello bajo un régimen arbitrario. Los colombianos buenamente se dejaron quitar su constitución, pacientemente prestaron obediencia a un dictador militar, y tranquilamente nos vieron sacrificar defendiendo su honor y sus libertades. ¡Qué vergüenza! ¡Qué deshonra!

   Yo desearía que las provincias de Colombia declarasen por medio de un acto solemne que fueron conducidas por la fuerza y el engaño a los pasos vergonzosos de destruir las constituciones y arrojarse en los brazos de una dictadura. En Europa ha hecho una impresión muy desfavorable este acontecimiento, y generalmente nos creen incapaces de manejarnos por nosotros mismos para poder tener un gobierno republicano. Es necesario que se reúna usted con sus amigos y vean el partido que se pueda tomar en el particular. Acuérdense de aquel manifiesto en Panamá sobre la comisión de Leocadio Guzmán, que hizo tan favorable impresión. Me duelen los oídos de oír censurar los pasos de renunciar los derechos políticos en el general Bolívar, abdicar la soberanía, abolir la constitución, elegir un dictador, etc. Por mi parte, he procurado influir a rectificar en Europa algunos errores, publicando dos artículos: el uno sobre los adelantamientos y progresos que hizo Colombia durante el imperio de la constitución; el otro sobre las graves faltas e ilegales medidas tomadas por Bolívar a su regreso del Perú y después de la pacificación de Venezuela. Trabajo de lidia (Sigue Nota del Editor...)con los diarios de Londres y de París, y que Wilson y de Pradt escriben panegíricos del Libertador. Gracias a los periódicos de los Estados Unidos que no han perdonado nada al segundo Washington y a los hombres influyentes de París, como Constant, Lafayette, De Tracy y Segur, que han visto su conducta política por el lado que debe verse para juzgar con acierto.

   En lo general estoy contento con mi mansión en Europa. Me han tratado con mucha consideración. He procurado tomar algunas nociones útiles de este continente, me he divertido y trato de aprender bien francés, inglés e italiano. Cuando nos veamos lo entretendré algunos ratos contándole todo lo que he visto, oído, admirado, criticado, etc. Mal hace de no venir a Europa quien tiene algunas proporciones. Se cree por allá que el viaje cuesta mucho y es un error; más cuesta ir de Bogotá a Guaduas que de París a Londres y más de Bogotá a Cúcuta que de París a San Petersburgo, etc.

   Yo vago por Alemania hasta ver en qué para lo de Francia. Inglaterra cuesta mucho para vivir. Deseo ir a Italia y procuraré satisfacer mis deseos si la revolución francesa no lo impide. Si ella cunde y se empeña una guerra, me iré para los Estados Unidos, si puedo. Mis enemigos continúan creyéndome enriquecido con el empréstito y yo vivo tan económicamente que casi a veces toco en miserable, contra mi genio. Si yo hubiera sido más apegado al dinero, tendría hoy de qué vivir muy cómodamente; pero no me pasó por la imaginación antes del año de 1826 que me viese arrojado de mi patria y privado de cuanto ella me dio en recompensa de mis servicios. No puedo acordarme de Castillo y de los malvados que ayudaron a privarnos de nuestras leyes y garantías, sin indignarme. Bolívar es más digno de perdón porque al fin había hecho mucho por la independencia y es capaz de hacer todavía. Pero nuestros liberales, que han traficado vilmente con sus opiniones y estimulado la ambición del otro y fomentado la dictadura y perseguido los buenos patriotas y hecho el elogio del gobierno arbitrario y restablecido los principios del gobierno español, son indignos de perdón. Mañana será Castillo presidente, y García del Río vicepresidente o Juan de Francisco, y se aprovecharán del fruto de nuestros sacrificios por la libertad, como se han aprovechado de los que hemos hecho por la independencia. Canabal es... (Sigue Nota del Editor...) lo habría sido también si la monarquía pega.

   De París le escribí el 13 de abril reclamándole la publicación de mi proceso. Le mando copia del memorial para que tome el mayor interés en hacerlo publicar por la imprenta. Ahora mando al congreso una representación manifestándole que se me ha perseguido injusta, violenta y arbitrariamente, sólo por vengarse de mi conducta firme en favor de la constitución y de la libertad colombiana. Rojas llevará una copia, y le suplico que mande imprimirla pidiendo a Arrubla o a mi cuñado el importe de su impresión. Eso es todo lo que quiero. Yo no apetezco nada, nada. Estoy contento con mi suerte y renuncio a todo cuanto pudiere dárseme. Mi honor es todo lo que me queda después de 18 años de consagración a Colombia, y quiero defenderlo.

   Supongo a usted en Bogotá. Si el gobierno es justo y no obra como agente de Bolívar, debe haberlo llamado y satisfécholo. Rojas es un excelente joven que será utilísimo al país; los Acosta son excelentes, conmigo se han portado muy bien. Deseo vivamente que usted y su familia gocen de salud; saludo a toda ella y particularmente a Foción. Sea usted feliz, mi amigo, sostenga a la patria con sus luces y su firmeza de costumbre.

   Soy de usted con todo cariño,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta 2771, p. 93-97.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 252-256.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 4.

20
Firma: SANTANDER

12 DE NOVIEMBRE DE 1830

(Reservadísimo)

    He sido introducido, y he comenzado a tratar al doctor Baring, hijo del famoso Baring de Londres, tan opulento en riquezas. Este joven ha viajado por toda Europa, sabe todas las lenguas vivas, conoce la literatura española y parece un hombre lleno de conocimientos y de relaciones con las más respetables personas. Le he oído hablar de Colombia y del general Bolívar del modo más grato a mi corazón, porque con reflexiones las más juiciosas ha desaprobado la conducta de nuestro Libertador. Todo esto lo decía en una tertulia en casa del ministro de Dinamarca, en presencia de los señores Canning, del ministro de Francia, de uno de los secretarios de estado, de un consejero de Altona y de otras personas notables. Rojas, Pacho y yo estábamos presentes. Baring dijo, entre otras cosas: "Bolívar por su ambición en elevarse al poder absoluto destruyendo la constitución que había jurado, y persiguiendo a los amigos de la libertad, ha perdido las tres cuartas partes de la opinión que gozaba en Europa. Ya no oirá más sus elogios en el parlamento de Inglaterra. Burgham, Makintosch, Lusintong, Laundavo, están bien desengañados; sólo Wilson le queda adicto".

   He oído las mismas expresiones a muchos extranjeros literatos y editores de periódicos. El general Bolívar está muy engañado respecto de la opinión que goza aquí en Europa: todo el mundo lo llama el dictador de Colombia, título que no se parece en nada al de Libertador, que es tan bello y tan admirable. Es cosa digna de observación que casi todos los europeos son amigos de la libertad, aun cuando pertenezcan a estados monárquicos; sólo los nobles son enemigos de la libertad y, como este número es pequeño respecto de la población, el mayor número desaprueba todos los pasos torcidos de nuestro antes muy amado Bolívar. Ya no es una cosa dudosa que Bolívar ha sido el que ha trastornado a Colombia y creado las necesidades y peligros para hacerse conferir la autoridad absoluta. La guerra con el Perú también lo ha desacreditado.

   Si pudiera hacer con mi sangre que las cosas volvieran al estado anterior, no lo ahorraría. Soy colombiano, he tenido parte en la gloria del Libertador, por consiguiente no puede menos que dolerme ver cómo se ha perdido por capricho y presunción. Sin embargo, aplauden la moderación que ha tenido con los conspiradores después del 25 de septiembre. Gracias a que hizo sacrificar su venganza a su propia seguridad y al triunfo de su causa. Yo jamás seré más amigo de Bolívar, pero tampoco seré su enemigo personal.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2772, p. 98-99.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 259.

21
Firma: SANTANDER

ROMA, 12 DE DICIEMBRE DE 1830

Señor don Francisco Soto

   Mi estimadísimo y muy particular amigo doctor Soto:

   Héteme ya en la ciudad eterna donde parece que las ruinas físicas atraen las ruinas morales. Desde la dominadora del mundo en tiempo de los romanos, y cabeza del catolicismo en el de los papas, escribo a usted esta carta que creo que es la quinta que le escribo desde Europa. Espero que las otras cuatro hayan llegado a sus manos, particularmente la que le escribí de Londres, en que le hablé menudamente de Inglaterra. Esta será una carta larguísima, muy desordenada; pero que al lado de algunas majaderías, puede usted encontrar algo que merezca interés. Si no lo hallare, cuento con que usted disculpará mis deseos de conversar con usted a la inmensa distancia que nos separa. Yo en su caso me alegraría de recibir una larga carta de un amigo sincero que no aspira ya, sino a conservar sus buenas amistades, su honor y su tranquilidad. [...].

   Razón teníamos sin duda los amigos de la libertad colombiana, de renunciar a todos los beneficios que de gracia nos ofrecía Bolívar en cambio de que le permitiéramos revestirse de la dictadura militar; nosotros entonces no queríamos, ni yo querré nunca otra cosa que un sistema fundado en los principios eternos del orden social al cual se sometan de grado o por fuerza gobernantes y gobernados, libertadores y libertados, generales y soldados, eclesiásticos y seculares, en una palabra, todos los asociados, y del cual deban emanar de la justicia todos los bienes que sean capaces de hacer feliz la nación. Esto era lo que dictaba la razón, lo que exigían los sacrificios de Colombia y su verdadera felicidad y lo que, si se hubiera ejecutado, nos habría ahorrado una deshonra bien merecida, tanta sangre y tantas lágrimas derramadas bajo la dictadura, y una posición sumamente difícil y precaria... suspendamos estos amargos recuerdos para continuar nuestro viaje por Italia.

   En cuanto a mi persona, yo he merecido en Florencia las más distinguidas consideraciones. He concurrido a la brillante sociedad del príncipe Borghese, cuñado de Napoleón, donde se reúne lo más florido de la ciudad. Fui presentado al gran duque y a su mujer en la corte. El gran duque me pareció afable y popular. Me hizo varias preguntas sobre Colombia. He tratado todos los ministros extranjeros; los de Rusia y Austria se han ocupado de tomar informes sobre la posibilidad de mantener el gobierno republicano. El conde Sarán, ministro de Austria, me dijo, comiendo en una sociedad, estas preciosas palabras: "Mr. Le General, dans les colonies espagnoles parle-te on-bien la langue espagnole?" Yo respondí: "Oui, Mr. le Comte, dans les cidevant colognes espagnoles on parle cette langue-lá aussi bien qu' en Castille". El se sonrió y continuamos nuestro diálogo. Cada día tengo motivos de vivir reconocido a la acogida que he merecido en Europa. Mi amor propio está satisfecho y quizá concedo mucho a esta vanidad refiriendo los pormenores que me son personales. Pero soy excusable. Bolívar y sus secuaces tuvieron la necedad de creer y divulgar que yo vivía oscuramente en este país en castigo del delito de no haber coadyuvado a sacrificar las libertades colombianas; todo lo contrario ha sucedido, y ello debe serme excesivamente satisfactorio. ¿Cómo no envanecerme de verme no sólo tratado con distinción, sino aprobada mi conducta por un Lafayette, por un Constant, D'Tracy, Bentham, Humboldt, Sismondi, etc. [...].

   Los italianos de los estados del papa son supersticiosos, pero no intolerantes. El pueblo es ignorante y pobre; los artistas abundan porque Roma subsiste de la pintura, de la escultura, del grabado, de los extranjeros, que frecuentemente visitan el país en gran número, y de la religión.

   Yo querría que nuestros Margallos y Saavedras vinieran a los dominios del papa y viesen cómo se trata la religión de Jesucristo. ¿Quién pretende hacer de ellos una Tebaida? ¿Quién habla nunca de intolerancia? Gusto me daba en Bolonia ver al cardenal legado concurrir al teatro vestido de casaca negra, rodeado de extranjeros y de señoras. Yo sé que San Pedro no lo hacía así, pero ya que sus sucesores han tomado otro rumbo, es consolador y agradable ver que se porten como habitantes de la tierra, y que en vez de llevarle a uno a ejercicios de San Ignacio, lo conduzcan al teatro a oír un trozo de música de Rossini, cantado por Rubini o La Pasta.

   Yo he llegado a Roma en la muerte del papa Pío VIII, por consiguiente he disfrutado de todas las funciones de funerales, cónclave, nueva elección, etc. Todo esto sirve para que los cardenales y los obispos hagan gala de un lujo asiático, y para repartirse los destinos públicos. El cardenal que ofrece mejores ventajas a los que influyen en la elección, ese es elegido papa. El pueblo no está contento con la frecuente muerte de sus soberanos, porque se aumentan los gastos, y la hacienda pública está extenuada. Así es que aún no se han satisfecho todavía los que se hicieron en los funerales de León XII. De poco tiempo a esta parte se han ido secando las fuentes por donde venían a Roma grandes sumas de dinero. Los progresos de la razón han causado esta esterilidad. En medio de tantas cosas absurdas que los papas de estos últimos siglos han hecho, es justo elogiar a los que, como Pío VI y VII, han procurado conservar los restos de los monumentos antiguos y fomentar las bellas artes.

   En establecimientos de beneficencia y de caridad y en los de educación eclesiástica, Roma ofrece una gran abundancia, pero casi todos están a cargo del clero secular y regular, y sobre todo de los jesuitas. A propósito diré a usted que viajé de Ferrara a Bolonia con dos jesuitas, hombres tan afables y tan finos que por poco me reducen a tomar plaza en la Compañía de Jesús. Me hicieron muchas preguntas sobre Colombia, el estado en que se hallaba la religión católica, qué quedaba de los bienes de la extinguida Compañía y si se acordaban de los jesuitas, y si los deseaban. Yo acordándome que don Camilo Manrique es un entusiasta acalorado de los benditos padres, les respondí que sí había todavía quienes los pensasen con ternura, aunque en lo general nadie se ocupaba de tal cosa. Para dar [...] a sus paternidades, les propuse mis dudas acerca de las acusaciones de que ellos eran atacados sobre la utilidad de la inquisición, y sobre el poder temporal del papa. ¡Ah!, eso fue para alquilar balcones, el oírlos hacer su defensa, defender al santo oficio y demostrar la autoridad del pontífice romano sobre toda la tierra y todos sus habitantes. Me pareció que estaba oyendo algunos de nuestros frenéticos ultramonteros en una de las ferias de cuaresma. Lo gracioso es que dos días antes hablando con un clérigo, justamente el bibliotecario de Trento, que, preguntado por mí cuál era su opinión sobre los jesuitas, me había respondido estas preciosas palabras: que eran los mayores enemigos que tenían los religiosos y el Estado.

   Basta por ahora de Italia, y hablemos de los negocios políticos de Europa. Ya usted sabe el gran acontecimiento de París que ha valido a la Francia su libertad, y a Carlos X y sus descendientes la expulsión del trono. El pretendido derecho de legitimidad ha sido abrogado y el de la soberanía del pueblo ha sido nuevamente proclamado. Un suceso tan extraordinario ha despertado el espíritu público adormecido durante quince años de paz y comprimido con los diques que la santa alianza había levantado después de la caída de Napoleón. Los pueblos se han recordado que sus soberanos les ofrecieron una constitución cuando los llamaron a las armas para hacer la guerra al emperador de los franceses, y la victoria del pueblo de París en 1830 los ha enseñado a reclamar justicia a mano armada. Ella ha despedazado los principios políticos de la santa alianza, y hoy no se respeta otro que el de no intervenir en los negocios de una nación. Casi no ha habido Estado que no se haya conmovido después del suceso de París, los unos con más energía que los otros. La Bélgica ha roto la unión con la Holanda, y las potencias parece que no se opondrán de miedo a que la Francia tome cartas en favor de los belgas, y contagie la Alemania. La Irlanda hace esfuerzos legales por romper la unión con la Inglaterra. Stone-Casel ha forzado a su soberano a pensar en dar al pueblo una constitución. Brunswik ha arrojado al suyo de sus estados, reclamando igualmente una constitución. La Sexonia pide reformas en su organización política. Algunos cantones suizos han exigido a mano armada la mejora de sus leyes constitucionales. La Polonia comienza a conmoverse para recobrar su antigua independencia. La Europa entera presenta un estado alarmante para los tronos absolutos.

   Los pueblos aspiran por todas partes a mejorar de condición, de modo que donde los gobiernos han atendido a los intereses materiales de sus súbditos, se solicitan garantías contra la arbitrariedad o, mejor dicho, una constitución; y donde los han descuidado, se piden reformas para salir del estado miserable en que yacen.

   En el conflicto de que los soberanos no se resuelvan a gobernar con sus súbditos, ni éstos a dejarse mandar como bestias , es de temer que se empeñe una sangrienta contienda, no obstante las repetidas protestas de paz que hacen todos los gabinetes.

   Este espíritu popular, y el miedo de que sea aguijoneado por la Francia, explica la prontitud y la uniformidad con que las potencias europeas han reconocido el nuevo rey de los franceses. Y sin duda tienen razón de temer; que si la Francia imita los gobiernos de 1790 y 92, toda la Europa será jacobina, porque demasiado se ha tocado, a no quedar la menor duda, que las tropas creyéndose ya parte del pueblo, rehúsan tirar contra él, y éste está demasiado desengañado de lo que puede esperar de promesas que no se cumplen, y de una aristocracia que pretende exclusivamente componer el Estado.

   Por consiguiente con el reconocimiento del nuevo rey de Francia y con la adopción de la no intervención, los soberanos han comprado la seguridad de sus tronos. ¿Pero durará este estado violento? se preguntan todos. La respuesta no es fácil al ver que de una y otra parte hay motivos para temer la guerra y para desear la paz. Lo único que puede decirse es que si la guerra al fin se declara, todas las probabilidades están en favor de que la libertad obtendrá el triunfo, y si la paz subsiste, ella se afirmará donde quiera que ha sido ya proclamada. ¡Qué fortuna la de esta Europa!, marchan constantemente hacia la libertad por entre obstáculos casi insuperables en vez de que allá, en nuestro país, por una indolencia inexcusable y por una timidez vergonzosa marchan en sentido contrario.

   Vea usted un bosquejo del estado actual de Europa. El ministerio de Wellington, que se consideraba como una rama de la antigua santa alianza, ha desaparecido a impulsos de la opinión liberal de los ingleses, que en aquel país es más poderosa que un grande ejército; le ha sucedido un ministerio liberal que detesta la guerra, que ama la libertad racional, que marcha de acuerdo con la Francia y que refrenará la política de la Rusia, de la Austria y de la Prusia. La Francia es toda liberal, si se exceptúa un pequeño número de adictos a los Borbones expulsados; los antiguos bonapartistas, los republicanos y los constitucionales, están de acuerdo en lo sustancial, en mantener el trono recientemente establecido, sostener la libertad y abstenerse de mezclarse en los negocios interiores de otro Estado. El gobierno está fuerte y bien aconsejado; su actitud militar actualmente es imponente; quinientos mil soldados sobre las armas y medio millón de guardias nacionales, con una hacienda pública bastantemente bien organizada, componen su fuerza material. La Rusia tiene que temer siempre sublevación de la Polonia, la enemistad de la Turquía y los celos de la Inglaterra y la Austria, esto sin contar con que ya en San Petersburgo se descubrió en 1824 una extensa conspiración para popularizar el gobierno. La Austria tiene que temer la orgullosa e indomable Hungría, que no ha cesado de dejar conocer sus deseos de recobrar su independencia, y la Lombardía, que sufre un despotismo pesado en medio de los recuerdos de su antiguo estado de libertad. La Prusia, aunque señora del más bello ejército, no puede menos que temer la parte de Polonia que le tocó en el repartimiento, a las provincias del Rin que pertenecieron a Francia y a las luces que tantos progresos han hecho en aquel país, es decir, en Prusia. Nápoles, el Piamonte, España y Portugal están dominados por gobiernos absolutamente despóticos, y deben tener presente que perdieron sus libertades en 1823 por la política infernal proclamada en Troppau, Leyback y Verona. Stone Cassel, Darmstad, Brunswik, están actualmente agitados junto con la Sajonia. Potencias todas estas que presentan una gran cantidad de combustibles. Así es que no es prudente encender, por la misma mano de los soberanos que pueden arder en el incendio. La razón pública ha marchado al través de las trabas del despotismo, y ahora que acaba de obtener un brillante triunfo en Francia y en Bélgica, no puede ni retroceder ni detenerse. Feliz la nación que tenga un soberano gobierno tan ilustrado y tan dócil que oyendo los consejos de la razón, ceda a ellos y abrace el partido de ponerla en el camino de la libertad. Por este motivo la Baviera y Burstemberg se preservarán del incendio; estos pueblos tienen soberanos que, con la mayor buena fe, se ocupan de cumplir y observar las constituciones liberales que los rigen.

   Es ciertamente un gran espectáculo para un viajero, amigo de la libertad, asistir a los triunfos que ella alcanza en el viejo continente. Yo contemplo con placer esta contienda; y si de una parte me suele aterrar el ejercicio de la legitimidad, que se esfuerza por desacreditar los principios eternos del orden social, y destruirlos, de la otra me consuela ver que el pueblo entiende mejor sus intereses y que ya no existe la ambición de Bonaparte, contra la cual se ligó la Europa ostensiblemente, para luego comprimir la libertad. Con cuánto regocijo veo que se proclaman los principios más luminosos y más sanos en favor de las constituciones liberales, que se cargan de execraciones a los usurpadores y perjuros, que se consagra en axioma el derecho de resistencia contra la tiranía, en fin, que mis ideas y los principios que yo he sostenido en Colombia contra Bolívar, son aplaudidos y justificados. No puedo menos de congratularme al ver que en las presentes agitaciones de Europa, en vez de dictadores o gobiernos absolutos, quieren los pueblos monarcas sujetos a un código liberal, en lugar de decretos emanados de la soberana voluntad del príncipe; quieren leyes dictadas con anuencia de sus representantes, garantías fundadas en la ley en vez de serlo en el carácter personal del soberano, jueces inamovibles, juicio por jurado, libertad de discusión, responsabilidad ministerial, economía en los gastos, etc. Esto es lo que desean los dos tercios de los europeos y yo espero que más tarde o más temprano lo obtendrán al través de tantas dificultades. Este triunfo será un gran bien para la América, tanto más si nosotros, quiero decir colombianos que están allá en su patria, si con prudencia, aprovechándose del tiempo que se empleará en Europa para decidir la cuestión. Prudencia digo, para procurar todas las mejoras del país sin pretender hacer prodigios en un día, pero mucha energía y mucha firmeza contra los perturbadores, mucho celo en difundir la educación pública, mucha libertad para ilustrar al pueblo por medio de la imprenta, y mucha justicia para dar a cada cual lo que merece. Que acaben de persuadirse nuestros compatriotas de que las garantías fundadas en el carácter personal de un hombre son ridículas y efímeras y por consiguiente insuficientes; que deseaba no saber escribir para no firmar una sentencia de muerte, cantó después el incendio de Roma al son de su lira; que reparen, en fin, que Cómodo fue hijo de Marco Aurelio.

   Invenciblemente he venido a parar a Colombia. Bien poco sé del verdadero estado de ese país. Las gacetas inglesas publican noticias comunicadas por los partidarios de Bolívar y por sus enemigos, y no se puede confiar absolutamente ni en unos ni en otros. Nadie se asusta ya de la separación de Venezuela, y ni aun de las agitaciones de la República. La carta que el presidente Mosquera escribió al ex dictador empeñándolo a salir de Colombia ha hecho mucho bien, porque teniendo Mosquera la reputación de moderado, y amigo personal de Bolívar, ella ha dado a conocer que la presencia de este hombre en el país es perjudicial a su tranquilidad. La reputación de Bolívar está aniquilada en Europa, tanto por su permanencia en Cartagena después de todas las protestas que ha hecho de alejarse de Colombia, como porque los sucesos de Francia no han sido otra cosa que la insurrección de los amigos de las leyes, y de la libertad contra la usurpación. Así es que ni De Pradt, ni Wilson se atreven ya a escribir en favor de su ídolo. Pasó la ilusión, la opinión de Constant ha triunfado, los ingleses no han recibido un solo peso de los intereses de la deuda como lo esperaban de la dictadura, todo el mundo lo está viendo intrigar desde Turbaco para recuperar la autoridad por medios ilegítimos, y es muy raro el que a vista de tantas pruebas no esté persuadido de que nuestro Libertador es un orgulloso (Sigue Nota del editor ...), devorado de ambición que pretende pagarse de sus servicios haciéndose el amo del país empleando ostensiblemente palabras de libertad, y haciendo protestas de desinterés. Podemos en esta parte vivir tranquilos los que hemos defendido los principios y la constitución; nuestra conducta está aprobada por la Europa culta, y por los acontecimientos que acaban de pasar en este continente.

   Yo puedo declarar a usted y a toda Colombia, que ha existido el plan de hacer de Colombia una monarquía para Bolívar. Prescindo de las cartas de Urdaneta y de Briceño, que bastarían para comprobarlo; prescindo también de la reunión que Castillo hizo en su casa para tratar el asunto seriamente, y prescindo, en fin, de los impresos que publicó García del Río para formar la opinión en favor del proyecto. Yo sé, a no quedarme la menor duda, que el duque de Montebello acogió en Bogotá el plan con placer, y vino a París encargado de proponerlo al gobierno; que solicitó una audiencia del rey, que éste lo envió a Polignac, y que Polignac rehusó oírlo a pretexto de sus ocupaciones y realmente porque sólo quería que la América volviese al yugo de España. Sé que Palacio, acalorado agente de Bolívar en París, tuvo órdenes de hacer iguales indicaciones; que al efecto pidió una audiencia a Polignac; que éste se la negó respondiéndole que le dijera por escrito lo que tenía que comunicarle, y que Palacio no se atrevió a hacerlo. Sé que Madrid estaba igualmente iniciado en los misterios y que no se cuidó de reprobarlos en público. Sé que don Jerónimo Torres recibió una carta de Vergara comunicándole el proyecto y pidiéndole su opinión, que, dicen, no fue favorable, aunque yo lo dudo. Sé, finalmente, que llegó a oídos del duque de Orleans el pensamiento de casarse Bolívar con una hija suya, sobre lo cual Castillo y García del Río contaban con toda seguridad. Si todos estos datos no son capaces de producir la certidumbre del hecho, es preciso negar que la tierra es esférica. Gracias a la revolución de Venezuela que hizo romper el cántaro de la leche. Los fautores del plan estaban seguros de su ejecución, y de que vencerían la repugnancia del futuro monarca, que era regular que por un patriotismo eminente se resolvieran a hacer este nuevo sacrificio a la patria. Ya habían logrado sofocar el alzamiento de Córdova, habían desterrado a cuantos podíamos oponernos con firmeza, habían ganado con charreteras, empleos, dineros, halagos y portefeuilles a los que con o sin este precio habrían conservado sus opiniones liberales sin venderlas al poder, y habían obligado a Quito y a Guayaquil a manifestar ideas favorables a la monarquía boliviana. Todo parecía concluido y los Castillo, García del Río, etc., formaban sus planes de engrandecimiento sobre las ruinas de nuestras libertades. ¡Bendita sea la Providencia que sugirió a Páez la resolución de desencadenarse y unirse al movimiento de los ilustres patriotas de Venezuela!.

   Ya que Bolívar se ha retirado del mando dictatorial (aunque sin el mérito de haber sido voluntariamente), dejándonos en herencia la anarquía, la inmoralidad, odios y desorden, sin que siquiera pueda decir como Augusto: "que encontró a Roma edificada de ladrillo y la dejaba edificada de mármol", ¿qué partido toman ustedes para restablecer el orden, la paz, la confianza y la libertad? Parece bien decidido que la separación de Venezuela y del sur es irrevocable si se lograse formar de los tres estados, ya que no un gobierno federativo, como lo pensamos en Ocaña, a lo menos un algo de confederación que mostrase a la Europa esos tres estados unidos por algún lazo político, sería sumamente importante. El nombre de Colombia importa conservarlo, así como el reconocimiento in solidum de la deuda nacional. En Europa se cree ya que la separación es útil al país; pero nadie piensa que cada uno de los tres estados sea bastante fuerte y civilizado para mantenerse aislado de los otros como una nación absolutamente independiente. Quisiera yo que esta idea ocupase a los patriotas de Colombia, y que persuadidos de ella trabajasen porque no desaparezca el nombre glorioso de Colombia ni alguna apariencia de unión. La Suiza, como usted sabe, dividida en cantones independientes, tiene un lazo general que los une menos estrechamente que a los Estados Unidos del Norte, pero que es lo bastante para las relaciones exteriores, la defensa de la Helvetia y la deuda nacional. Me dispenso de desenvolver este pensamiento, porque hablando con usted debo hacerle justicia de que ha pensado en ello y ha penetrado todos los pormenores.

   Aunque yo no he visto la constitución del Admirable, juzgo por los extractos publicados que tiene defectos sustanciales, que ustedes deben empeñarse en reformar. El artículo de la religión ha escandalizado y nos ha desacreditado. Ya que no se puede decir solamente que "el gobierno protege la religión católica", al menos que se guarde el prudente silencio que guardó la constitución de Cúcuta. ¿Ha visto usted el artículo que en la materia contiene la nueva constitución francesa? Se lo pregunto para recordarle que cuando yo pensaba en Ocaña que se dijera algo semejante en la constitución, se escandalizaron algunos de nuestros amigos estimando la cosa como una mancha deshonrosa. ¿Qué dicen ahora al ver que una nación tan civilizada no ha creído prudente hacer una omisión en el particular? Entonces, como ahora, estaba yo persuadido que la liberalidad de algunos se limitaba a cuestiones religiosas para no perder el fruto de la lectura de Voltaire, dándoseles poco cuidado de que políticamente fuésemos o no esclavos.

   Cuando recorro los días de mi administración o, con más justicia, los días del régimen constitucional, y veo la Europa, me convenzo más y más de que hacíamos adelantamientos prodigiosos. Ahora puedo apreciar más los esfuerzos del país en mejorar de condición, y la brillante posición que teníamos. ¿A dónde estaríamos hoy sin la malhadada revolución del 30 de abril en Valencia, y sin la conducta pérfida del presidente del Estado? Gracias a Dios que nada me acusa mi conciencia en puntos sustanciales.

   Llegué al gobierno sin ambición; lo administré sin aspiraciones personales, y lo dejé conservando siempre mis más puros sentimientos. Creí entonces que las mejores cualidades de un gobernante eran la buena fe, la fidelidad a sus promesas y el celo en cumplir las leyes; creo lo mismo hoy. Me pareció entonces que debíamos avanzar lentamente en las mejoras del sistema, sin pretender edificar en un día lo que requería tiempo y experiencia; nada más he adelantado ahora. Pensé que las bases de nuestras ulteriores reformas, así como las de la consolidación del sistema constitucional, eran la educación e instrucción públicas y la libertad de imprenta, y conservo en el día el mismo sentimiento. Tal fue mi sistema, usted lo sabe bien, y para ejecutarlo no perdoné esfuerzos, ni ahorré fatigas, ni dejé de consultar a los hombres ilustrados del país. Pero no calculé que se premeditaba poner a prueba mis principios y erigirme en instrumento de la servidumbre de mi patria, ni que ella debía sucumbir al poder de un prestigio que nosotros, y yo más que nadie, habíamos contribuido a engendrar, alimentar y robustecer. Erré en vivir persuadido que Bolívar trabajaba para Colombia y no para su propia gloria; erré en elegir ministros, algunos débiles, que el día del combate arrojaron la espada y desertaron al enemigo; erré en favorecer a muchos, de cuyo influjo quise servirme para bien de la libertad, y que emplearon en su contra; erré... pero, ¿quién es el que puede decir que no ha incurrido en errores más o menos graves? Leamos entre lo más moderno las memorias de Napoleón, y veamos en ellas cómo se lamenta este genio del siglo de la perfidia de los que creía más fieles. Y si Napoleón que tenía miras y una experiencia, fue engañado en sus esperanzas y cálculos, yo, que he procedido con la mejor buena fe y sinceridad, ¿cómo no he de haber sido víctima del doblez y de la debilidad? Bolívar mismo, con todo su orgullo, ha recibido día tras día desengaños amargos que la Providencia ha querido convertir en utilidad común. Si el pecho del hombre fuera de cristal, no estaríamos expuestos a semejantes chascos.

   La elección de Mosquera me ha parecido muy prudente. Aunque yo tengo la más ventajosa idea de sus talentos y de su juicio, no dejo de temer que le falte energía en cualquiera caso crítico en que el partido servil-boliviano pretenda contrariar su administración. El respetuoso silencio que el gobierno ha guardado sobre las arbitrariedades, y persecuciones de la dictadura, no hace ningún honor a Mosquera, ni a Colombia. Y no crea usted que esta opinión sea hija de que yo soy una de las víctimas; no, esta es la opinión de todos los hombres imparciales. La Francia después de su gloriosa revolución de julio ha vindicado el honor de todas las personas perseguidas por los Borbones. Los vivos y los muertos por la libertad han sido satisfechos. Todos los desterrados por conspiradores, por bonapartistas y por regicidas en tiempos de Luis XVI han sido llamados al seno de su patria con honor; los decapitados han recibido homenajes públicos, y la resistencia y las conspiraciones contra el trono de Carlos X han sido colocadas en el número de las acciones patrióticas. Esto ha hecho una nación civilizada luego que ha recobrado su libertad. El gobierno colombiano parece que tiembla todavía delante de Bolívar, y que sacrifica la justicia a la política más vil.

   Yo para mí nada quiero del gobierno; si hoy tuviera pasaporte para ir a Colombia, no iría. Tengo más orgullo y amor propio que el que a veces me suponen. Vivo aquí tranquilo y contento, recibiendo distinciones que allá no recibiría; donde quiera que me presento soy saludado como un hombre de honor, que ha sufrido la venganza de Bolívar por no faltar ni a sus principios ni a sus comprometimientos. Cuando la justicia es pospuesta a la política, no hay garantías, y yo no quiero ser colombiano si mi patria adopta esta infernal máxima. Patria es para mí cualquier rincón de la tierra donde se respete la justicia y se viva con seguridad. Soy de la opinión de Bruto. Gocen enhorabuena el fruto de mis servicios los Castillo, García del Río, Juan de Francisco, etc., que nada han hecho por la libertad y mucho han trabajado contra la libertad. Que gocen de nuestros esfuerzos los egoístas que abandonan la causa pública el día del peligro, y se presentan luego a participar del botín el día del triunfo.

   Perdone usted, amigo mío, si me acaloro demasiado al tocar esta materia. Sería menester ser héroe para no sentir dolores agudos al pasar la mano por la crueles heridas que he recibido en Colombia, y yo jamás he tenido aspiraciones a la heroicidad. He sufrido con resignación, por la patria, mil peligros y angustias, mil persecuciones y ultrajes; no me pesa nada de esto; al contrario, estoy contento y sufriría todavía más si fuera preciso, por tener la complacencia de llenar mi deber, satisfacer mi conciencia y merecer el voto de la opinión pública. Me creo más honrado con sufrir lo que he sufrido, que si estuviera de presidente de esa República. Yo no quiero honores, ni rentas, ni comodidades, sacrificando mi honor, y mi honor estriba en ser amigo fiel de las leyes y de la libertad, y leal a mis promesas y desinteresado en mis servicios.

   Como yo jamás desespero del triunfo permanente de la libertad en ese desgraciado país, quiero decirle algo que quizá pueda contribuir al bien general. Desearía que se escribiese mucho para que se adoptase la útil costumbre que he visto practicar en los gobiernos constitucionales para la elección de diputados. Usted sabe que en la época de elecciones los candidatos se presentan a cara descubierta solicitando la diputación, y hacen una profesión pública de sus principios, es decir, manifiestan a los electores cuáles serán las opiniones que sostendrán en el cuerpo legislativo respecto de las reformas que deben hacerse en las leyes en bien del país. En Inglaterra lo hacen de palabra, porque el pueblo es el elector, en Francia por escrito en las gacetas; y de este modo me gusta mucho más. De esta manera los electores saben a quién han de elegir, sus opiniones, que pueda emitir la opinión de la provincia en la asamblea legislativa, y el voto de la asamblea es positivamente la expresión de la voluntad de la nación. Nosotros hemos procedido ciegamente. Cien veces la opinión de un diputado no ha sido la de su interés particular, contraria a los verdaderos intereses del país o de la provincia que lo nombró. Por eso en la convención de Ocaña manifestaba yo mis opiniones con confianza y seguridad, porque las provincias que me eligieron diputado, sabían de antemano cuáles eran mis principios e ideas y digo lo mismo de usted, de Azuero, Gómez, etc.

   Bien considero que nuestros pueblos no están al nivel de los de Europa para conseguir el resultado que deseo; pero considero también que ellos tienen la mejor disposición para dejarse encaminar poco a poco al término. En los Estados Unidos, como usted lo sabe igualmente, luego que empieza a tratarse de elecciones de presidente y vicepresidente, los que desean ser electores dicen francamente por quiénes votarían en caso de ser nombrado, y el pueblo nombra, en efecto, a aquellos que son favorables a la persona que él desea elevar a la presidencia; de aquí resulta que el electo reúne la voluntad nacional. Lo mismo aconsejaría yo que se hiciese en Colombia, como una práctica franca, análoga al sistema y que evitaría mil intrigas viles y vergonzosas.

   Sería muy útil y honroso al país que se publicara un papel contraído en gran parte a las ciencias y a las letras. De esto hace muchísimo caso la Europa. Hay mucho que escribir en el particular. Aquí no se sabe casi nada de la estadística de Colombia y esta materia es suficiente para llenar muchos pliegos con grandes ventajas. Se ignoran las producciones literarias de nuestros compatriotas por ejemplo las poesías de Madrid, de Salazar, de Vargas Tejada, etc. No se sabe casi la geografía del país. Una reunión de usted, Azuero, Vélez, el Padre Céspedes, Boussingault, Restrepo, Quijano, Vargas Tejada y algunos otros podría ensayar este proyecto. Yo me empeñé en fundar la Academia Nacional, que habría debido comenzar esta clase de trabajo, pero desgraciadamente creía entonces que Castillo era bueno para todo, y la experiencia me ha desengañado. Aseguro a usted que me daba vergüenza en París, en Londres y Alemania, tener que responder a cada paso: No tenemos de eso; no se conoce; lo ignoramos; no se ha hecho. Me acuerdo que conversando con Arago, uno de los primeros astrónomos de Europa sobre la elevación de algunas montañas del Ecuador en comparación de las recientemente descubiertas en Asia le hablé de pies, y él me dijo: "por Dios, general, no me hable de pies sino de metros". El mismo rubor he pasado en Italia hablando de bellas artes, donde frecuentemente he dicho que no teníamos un solo escultor, que nuestros pintores eran unos pobres retratistas, y que la música estaba en pañales. Gracias a que todo este atraso me ha servido para hacer ver cuál era el estado de ignorancia y de servidumbre a que nos tenía reducidos el gobierno de España, y cuánta es la justicia con que hemos sacudido su dominación. Y ya que toco este punto, debo confesar con orgullo que mi viaje por Europa ha hecho más efecto, que un libro, porque he procurado vindicar a Colombia de injustas imputaciones, he defendido la causa de la libertad por la cual he sido sacrificado, he presentado el país, y los hombres tales cuales son realmente, y he bosquejado la suma de felicidad a que puede aspirar y alcanzar bajo un gobierno liberal y nacional. Bolívar temía que yo viniese a Europa a escribir contra él, y no temió que yo podía adquirir relaciones interesantes y vindicarme por una conducta prudente y circunspecta, refiriéndome en todas mis opiniones a hechos incontrovertibles. Si hubiere publicado cien manifiestos no hubieran conseguido lo que he logrado con presentarme en París, Londres, Hamburgo, Berlín, Munich, Florencia y Roma.

   Las indicaciones precedentes, como cualesquiera otras que me permito hacer sobre Colombia, nacen de un acendrado patriotismo, porque sean cuales fueran los ultrajes que yo haya recibido, no puedo menos que amar ese país con entusiasmo, y desearle todo género de felicidad. Si usted se acuerda de lo que yo pensaba acerca de lo que se llama oposición cuando tenía las riendas del gobierno, y lee lo que voy a decir, hallará que tenía entonces ideas rectas en el particular. Todo gobierno sea cual fuere su fuerza sufre una oposición, porque ni es posible que todos los hombres vean de un mismo modo en materias políticas, ni que deje de haber intereses particulares contrariados. Pero en un gobierno republicano donde la nación es la que gobierna por medio de sus representantes, la oposición difiere sustancialmente de lo que debe ser en monarquías constitucionales. En éstas el ejecutivo tiene un gran poder y mil prerrogativas, que no tienen los ejecutivos de las repúblicas; es por consiguiente, necesaria una oposición ilustrada en los cuerpos legislativos que refrene el poder real y ministerial, y solicite las mejoras o reformas de que el país tiene necesidad. Un gobierno a quien se concede la facultad de proponer exclusivamente las leyes, de detener la acción legislativa por un veto absoluto, de declarar la guerra, de hacer tratados sin anuencia de los parlamentos, de dirigir, en una palabra, la administración según sus propias ideas, llegaría fácilmente a traspasar la línea de sus deberes, y comprometería el estado, si no se le opusiera una masa ilustrada y juiciosa. Pero, ¿puede temerse lo mismo en el gobierno republicano? Estoy persuadido que no. La oposición que yo experimenté no merece este nombre; ella fue la expresión del resentimiento, de enemistades personales, de un orgullo necio. El clérigo Pérez, por ejemplo, porque no lo hice arcediano de Caracas, Juan Francisco, porque no lo comisioné para el empréstito, otro por vanidad, otros por mostrar firmeza, otros por ganar votos para la vicepresidencia o por cualquiera otro motivo no menos miserable. He tocado este punto porque yo desearía que la oposición fuera en lo sucesivo menos ridícula, limitándome en el congreso a velar sobre la inviolabilidad de las leyes y de los desvelos de la nación, dejando a la imprenta el deber de indicar el camino mejor que el gobierno debe tomar, y las infracciones de la ley que puedan cometerse por descuido o en ciencia cierta. El arma de la imprenta es terrible; ha aterrado y aun destrozado en Europa el principio de la legitimidad hereditaria, volviendo a poner en su lugar el de la soberanía del pueblo. Lo demás, me parece que sólo sirve a embarazar la acción del gobierno y a ridiculizarlo con riesgo de que pierda su fuerza moral. En Francia y en Inglaterra la imprenta se dirige con más particularidad a los diputados para exponerles las necesidades del país, y criticar sus opiniones cuando ellas están en desacuerdo con el estado las exigencias de la nación.

   Como yo he dicho que esta carta sería muy desordenada quiero decirle algo de la Grecia, de donde he leído algunas gacetas publicadas en francés, y he hablado con varias personas que han visitado recientemente el país. Usted está al cabo que la Grecia es ya un estado independiente con el consentimiento de la Turquía por los esfuerzos de Rusia, Inglaterra y Francia, que por intereses propios han ayudado a sacar los griegos de la horrible dominación de la Puerta Otomana. El Presidente Capo de Istria ha procurado organizar el país poniendo el mayor esmero en la educación pública, en refrenar la licencia del ejército y en crear una hacienda pública. Poco habría adelantado en tan loable empresa si la Francia no le hubiera auxiliado con un cuerpo de ejército, y con dinero, porque el Estado está sumamente pobre, y sus tropas siguen la voz de sus jefes, que en lo general son hombres ambiciosos, que mantienen el país en disturbios. Sólo las personas de una mediana educación saben que hubo una Atenas que brilló por sus luces, y una Esparta su digna escuela; la ignorancia de su propia historia es muy general en el pueblo. Las potencias protectoras de la Grecia se ocupan hoy de darle un rey después de la renuncia del príncipe Leopoldo. Si los griegos admitirán o no con placer este monarca de fábrica extranjera, es cosa dudosa, tanto más que actualmente han consentido las mismas potencias en que la Bélgica elija su rey constitucional. Pero sea cual fuere el resultado, jamás quedará comprometida la paz europea, ni los buenos principios. La Grecia es un punto imperceptible en el mapa político de la Europa.

25 DE DICIEMBRE

   He leído en una gaceta inglesa la noticia de que en Bogotá ha habido una reacción en favor de Bolívar, después de haberse dado algunos combates entre las tropas del gobierno y las disidentes. ¡Qué fatalidad! Puede usted considerar el estómago que esto me habrá hecho; pero no me entrego a la desesperación. Es imposible que la causa de la libertad sucumba; ella sufrirá. Sufrirá reveses, habrá persecuciones, se derramará sangre, padecerán los buenos patriotas, mas al fin la libertad se sentará permanentemente en su trono.

   ¡Pobre Colombia! ¡Desgraciados los colombianos, víctimas de las intrigas de un hombre vengativo y ambicioso! Supongo que se habrán renovado los destierros, las proscripciones, el terror, todo el séquito de la dictadura de 1829. Mis intereses por otra parte se acabarán de arruinar, y yo al fin me veré expuesto a mendigar. Esto es tanto más de temer que en dos años de destierro no he recibido un solo real de Bogotá, ni sé si me queda de qué hacerlo. Todas las desgracias han venido sobre mí, y Dios quiera que no tenga que sufrir la de la miseria en un país extranjero. He escrito cien cartas pidiendo auxilios a mi casa, y a Arrubla, y o no han llegado (Sigue Nota del Editor ...) o se han obstruido los medios de socorrerme. Se necesita una resignación de héroes para sufrir tantas penas, ya por lo que la patria padece, ya por la suerte de los buenos amigos, y ya por lo que toca a la persona del paciente.

   Como sabía que usted estaba en comisión por Venezuela, casi no temo que la reunión de Bogotá refluya contra su persona; ojalá que sea así porque al menos tendrá usted el consuelo de llorar los males públicos al lado de su mujer y de sus hijos, y no en países lejanos ausente de objetos tan queridos. Dicen que Bolívar ha tomado el mando de las tropas, pero no sé de qué modo, ni con qué autoridad. Dicen que ha dado una proclama, que no he podido leer, pero que doy por vista. Las noticias sobre el particular son tan concisas que no se puede sacar jugo. Aquí no he querido ver a Tejada, porque he sabido que ha sido bolivianista de miedo de perder su empleo, y yo nada quiero con gente semejante; lo mismo me ha sucedido con D'Pradt en París y con Wilson en Londres. Nada tengo que hacer con los amigos de Bolívar, ni necesito de ninguno de ellos hasta ahora.

   Desgraciadamente ha muerto Constant, el defensor de las libertades colombianas. Su entierro en París ha sido un apoteosis; cien mil personas han asistido a él, se le han acordado los honores de ir al Panteón, y Lafayette hizo un magnífico discurso fúnebre. Ya supongo que usted habrá visto que Constant escribió contra la dictadura de Bolívar, refutando a D'Pradt, Bentham, Humboldt, Segur, D'Tracy, Lafayette, Sismondi y otros hombres ilustres de Europa tienen en el particular las mejores opiniones de Constant. Consolémonos con esto.

10 DE ENERO DE 1831

   Mis cartas de Bogotá de octubre confirman la noticia de la reacción, de las persecuciones, destierros, etc.; ya supongo a Bolívar sentado de nuevo en la silla del gobierno, y renovados los días de la dictadura fatal. ¡Pobres colombianos! Esta carta no podrá ir hasta que haya una ocasión muy segura. Ojalá que al cerrarla tenga yo noticias más favorables de nuestro país.

   Vi por fin a Tejada, que me hizo visitar por su secretario. No me parece tan amigo de las ideas bolivarianas como me habían dicho; está viejo, medio ciego, y tiene una vastísima instrucción. Dos veces he comido con él.

   Frecuento todas las sociedades de Roma, a excepción solamente de la del embajador de España, don Pedro Gómez Labrador. Conozco ya personalmente toda la familia de Napoleón, y aun el príncipe Jerónimo, ex-rey de Wesphalia me ha convidado a comer. Toda esta familia es histórica. La ex-reina de Holanda, Hortensia, es una señora amabilísima. Es increíble todas las consideraciones que me dispensan en Roma las personas notables; yo mismo me admiro, y no sé a qué atribuirlo.

 15 DE FEBRERO

    La revolución está ya en Italia. Todo el Estado pontificio se ha separado de Roma, formando sus gobiernos constitucionales. Todo el ducado de Módena ha hecho lo mismo; y el gran duque ha huido y se ha refugiado en los estados de Austria. Es imposible contener el espíritu liberal. Aquí en Roma se ha intentado igualmente una insurrección, y la han sofocado; pero se cree no será fácil libertarse de que la capital sucumba al ejemplo de las provincias. La Polonia llena de entusiasmo por la libertad, se prepara a sostener una terrible lucha con la Rusia de cuyo éxito dependerá en mucha parte la suerte de Europa. He aquí la lucha de los principios contra la legitimidad, o, como dicen los franceses, la contienda de la soberanía del pueblo contra el derecho divino de los reyes. De aquí a que yo envíe a usted esta carta sucederán otras muchas cosas importantes.

8 DE MARZO DE 1831. EN GENOVA, PATRIA DE COLON

   La revolución de una parte de Italia me impidió ir a Nápoles; y he procurado salir de este país para alejarme del teatro en que probablemente se hará la guerra. En Pisa he visto a Rafael Arboleda y a un hermano menor de Mosquera. Arboleda reconoce todos los males de Colombia, debidos, a no haberse sostenido la constitución de 1821 contra los esfuerzos de Bolívar.

   El día 2 de este mes he sabido la muerte de Bolívar. Me sorprendió este acontecimiento ciertamente. No digo nada de ello por respetar el cadáver todavía frío de un hombre a quien amé con entusiasmo, de quien la patria recibió grandes e importantes servicios durante la lucha por su independencia, de quien su innoble persecución contra mí me ha causado tantos padecimientos y cuya conducta política juzgará severamente la imparcial historia. Limítome a decir que es menester empeñarnos todos en hacer cesar la discordia, y en ver de qué modo se forma un lazo de unión entre los tres estados de Colombia. Esto es lo importante. Tres puntos son los principales que deben tratarse, ya para procurar el bien del país, y ya para inspirar confianza a la Europa: 1° Conservar el nombre de Colombia a la masa del Estado antes República colombiana. 2° Formar cualquier cosa que aparezca ser una confederación que tenga a su frente un jefe con facultades para la guerra y las relaciones exteriores. 3° Asegurar la deuda pública. Esto último me parecía fácil adoptando el medio de señalar rentas destinadas al pago de los intereses, en vez de contingentes a los estados federados, lo cual causaría celos y disputas. Si por un milagro de la Providencia se logran estas tres cosas y cesan los disturbios intestinos, habremos dado un golpe terrible a la anarquía y al despotismo, y yo aseguro, que habremos también recuperado nuestro honor e inspirado una gran confianza al mundo europeo. Por Dios, esfuércense todos para obtener este resultado. Si se puede obtener a costa de que yo permanezca desterrado de mi patria, ofrezco solemnemente mantenerme en Europa, haciendo este sacrificio a la paz y a la libertad y al honor de Colombia. Dígalo usted así, si fuere menester, y asegúrelo en mi nombre.

   Algunos me aconsejan que vuelva a Colombia; yo opino de otro modo. Es menester que los partidarios de Bolívar se persuadan que yo no abrigo deseos de venganza, ni aspiro a heredar la autoridad del difunto Libertador. Mi permanencia fuera del país es una garantía para ellos; y yo espero que si estos señores no temen ningún género de venganza de mi parte, ni de la de mis amigos, podrán resignarse a marchar sumisamente con las leyes, bajo un gobierno constitucional. Nunca he tenido aspiraciones ambiciosas. Hoy tengo menos. He creído siempre que yo no era un hombre inútil, porque lo contrario sería una hipocresía chocante, pero he deseado llegar a los destinos por el camino derecho, por los medios legales, y sólo para poder trabajar en bien de la patria. Todavía puedo ser útil, mas es preciso que todos los colombianos indistintamente tengan la confianza de que yo en cualquier puesto no seré sino el ejecutor de las leyes y amigo de la libertad; que, como magistrado, no reconoceré amigos ni enemigos y que como particular debo distinguir a los que han sido mis amigos, conservando ilesos sus sentimientos liberales. Esta confianza no puede producirla sino el tiempo y mi alejamiento actual de la tierra colombiana. Me alegraría saber que usted opina lo mismo.

GINEBRA, 29 DE MARZO

   He estado en la famosa y bella ciudad de Milán, capital del reino actual Lombardo-Véneto; y escribo esto en la ciudad que Rousseau nos ha hecho celebrar. Usted sabe que ella es un cantón republicano, pero la aristocracia tiene gran parte en su forma de gobierno. Sus inmediaciones son célebres por Ferney, morada de Voltaire, y por la otra la baronesa de Staël. Esta carta la firmaré en París dentro de ocho días para que se embarque llevando consigo los deseos de que llegue a sus manos. Si usted quiere dejarla leer por nuestros amigos de confianza, no tengo inconveniente alguno; me confío en usted en cuanto a la elección de ellos; lo que usted haga está bien hecho, pues no conteniendo sino desahogos amistosos debo ser cauto. Por lo demás, de las cosas generales que ella contiene, nada importa que se fije en la mitad de un plaza.

   La Polonia se defiende heroicamente de las hordas rusas; pero abandonada de las naciones constitucionales, al fin sucumbirá bajo el poder colosal del zar. La Austria está empeñada en contener la revolución de Italia y la Francia lo ve tranquilamente. En España han ocurrido últimamente sucesos de consideración para la libertad, y quién sabe si tendrá consistencia. Por todas partes el espíritu de libertad se deja ver, y los pueblos luchan para destruir el absolutismo. Si la Francia quiere, o mejor si el ministerio toma una marcha decidida en favor de la libertad de los demás pueblos; los tronos absolutos temblarán. El pueblo francés lo pide; pero su ministerio ha cerrado los oídos. Pueda ser que tenga razón.

   Por Dios y por honor del país, que Colombia imite a los pueblos europeos, que pidan constituciones liberales y la abolición de la arbitrariedad y el despotismo. Muerto Bolívar, ya no queda ni pretexto para estar echando abajo las constituciones y nombrando dictadores. Que se pongan los colombianos al nivel de la época presente y quieran tener honra y patria con libertad.

   Bolívar para no dejar ni en su muerte de pretender hacer el papel de Napoleón nos ha dejado un testamento lleno de legados a sus amigos, a su Bolivia, y la declaración de que muere pobre. Dios lo tenga en su santa gloria.

   Por honor de la causa que hemos defendido, y por la cual nos sacrificó la dictadura bolivariana, y por honor mío y por amistad, le suplico que si hay ya libertad de imprenta, haga publicar que Lafayette se empeñó en que me reconciliase con Bolívar, que yo en presencia de los señores Miguel Santa María y Leandro Palacio, le respondí que nuestras diferencias nacían de la oposición de nuestros principios políticos, y no de personalidades, y que era preciso que uno de los dos abandonase los suyos; que yo no podía renunciar a los míos porque eran los de la libertad por lo cual había hecho Colombia grandes sacrificios, y ni mi honor ni mi conciencia me permitían traficar con ellos; que si Bolívar dejaba que Colombia se constituyese en gobierno federal y republicano, si abandonaba el espíritu de partido con que había estado gobernando desde 1827, y me daba una competente satisfacción, yo sacrificaría mis quejas y reclamos en aras de la unión y de la felicidad de la patria. Lafayette halló que yo tenía razón y abandonó el proyecto de reconciliación. El general Wilson en Londres, con ocasión de responderme una esquela de cumplimiento, me dijo que estaba pronto a emplear sus oficios para levantar un altar a la concordia entre Bolívar y yo; no quise responderle a semejante indicación. En París no he querido ser presentado al abate D'Pradt porque ha cantado la destrucción de nuestras libertades aplaudiendo toda la conducta de Bolívar. Todo esto me parece conveniente que lo sepa la nación colombiana, así como que desde abril del año pasado dirigí a Bolívar mismo una reclamación solicitando encarecidamente que se publicase mi proceso, para que vieran todas las iniquidades cometidas conmigo.

PARIS, 4 DE ABRIL DE 183l

   La Francia se prepara a la guerra con Austria a consecuencia de la intervención de ésta en los negocios del Estado pontificio. El ministerio comienza a hablar un lenguaje digno del pueblo que echó abajo el despotismo en los gloriosos días de julio de 1830. Dentro de dos meses pienso ir a visitar y estudiar la Inglaterra, país digno de ser estudiado y lo mejor hoy en el continente europeo.

   Adiós, amigo mío. Soy de usted eternamente y de corazón,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 453-474.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2773, p. 99-114.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 332.

22
Firma: SANTANDER

(SIN FECHA)

   Mi querido general:

   Necesito precisamente el coche mañana martes para ir a la ópera con una señora. Dé usted la orden de que venga aquí a mi casa (Hotel Berlín, rue des Trondeux) a las 7 en punto, o un poco antes. Suyo muy de veras,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2804, p. 176.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo particular de Hermann Mosquera Wallis.

23
Firma: SANTANDER

PARIS, 2 DE ABRIL DE 1831

   Amadísima Josefita:

   Acabo de llegar de Italia a esta capital, donde he tenido el gusto de encontrar a Pacho y a Pepe, y reunirme a ellos. Yo estoy bueno, gracias a Dios. Entre las ganancias que he hecho en Europa es la más importante la de que el cólico me haya dejado en paz. La última carta que tengo tuya es de octubre, en la cual me dices que José María había vuelto a Venezuela y que te hallabas sola. Espero que haya ya regresado y que sean menores tus penas. No ceso un solo momento de pensarte y de pensar en los niñitos: daría cualquier cosa por verlos, abrazarlos y conversar con ellos. Ya que no me es permitido este placer, te encargo que uno a uno les hagas a mi nombre mil caricias y agasajos. Supongo que Benilda habrá sido restituida a su capitanía, que Manuelita estará muy formal, Pachito muy juicioso, Atilia menos loca y Agustina siempre graciosa.

   En Italia supe la muerte del general Bolívar, que te aseguro me hizo impresión. Cualquiera que sea la gravedad de mis persecuciones y su injusticia, no pude resistir a la idea de que en un tiempo fuimos amigos íntimos, y él el apoyo y la esperanza de los patriotas oprimidos por los españoles. Ojalá que su muerte sea el término de la discordia de los colombianos.

   No tengo ánimo de irme para allá todavía por mil razones. En primer lugar no quiero privar a Colombia de los bienes que disfruta y ha disfrutado desde que yo he sido perseguido como enemigo público y desterrado del país natal; en segundo lugar, no tengo aspiraciones ningunas, ni quiero que digan que voy a vengarme de mis enemigos. Después de que he figurado en los primeros puestos de Colombia en los días de su verdadera gloria, y por todos los medios legítimos, no me queda sino el deseo de vivir retirado disfrutando de mi libertad, la cual cada día me parece más sabrosa. Hasta ahora no sabía yo después de más de 12 años, qué cosa era vivir independiente sin tener que dar cuenta de su conducta a nadie ni cargar con los pecados ajenos.

   En cuanto a venganzas, yo las he desconocido siempre: en mi mano ha estado muchas veces vengarme de algunos y, lejos de eso, he sido generoso. Yo antes de estar para morirme he perdonado a todos mis enemigos, y aunque es muy duro vivir lejos de su patria, de su familia y de sus amigos, yo prefiero mi tranquilidad, y sacrifico a la paz de Colombia todos los placeres que pudiera tener allá. Aquí vivo contento, distinguido y estimado, y para mí es más estimable la sociedad de Lafayette, de Tracy, etc., que los homenajes interesados de los que adoran al sol que nace, dando la espalda al que se pone. Así, mi querida hermana, es menester resignarnos a vivir un poco más de tiempo ausentes. Yo iré a verte cuando nadie se acuerde más de mí y que no teman que yo pueda disputarles los empleos públicos. Entretanto que yo pueda servir de pretexto o motivo de turbaciones, mi honor y patriotismo me imponen el deber de alejarme de mi país. Sea Colombia feliz y yo, lejos de ella, bendeciré su felicidad.

   He entrado en toda esta profesión de fe, porque es regular que haya grande curiosidad de saber lo que pienso, y para que puedas decir a todo el mundo cuál es mi pensamiento. Y que se acuerden que yo obro de acuerdo con mis palabras y que jamás he prometido cosa alguna que no la haya cumplido a cualquiera costa.

   Este es el capítulo de las memorias. Empiezo por el incomparable José María, a quien abrazo con la ternura de hermano y amigo. Saludo afectuosamente a los tíos, a las catiras, las Durán y Ontiveros, la familia de Suárez y de Calvo, las Centenos y Poliana, las de Tindal, las Caycedos, las Ibáñez, etc. Polo, Honorato, doctor González, Deán, etc. A Cuéllar mil y mil expresiones.

   He adquirido en Roma algunas reliquias con sus correspondientes auténticas que enviaré en primera ocasión oportuna, a saber: para ti, un pedacillo del vestido de la Virgen, para mi tía, otro pedacillo del hábito de San Francisco de Paula, para mi señora Manuela Ibáñez otro del hábito de San Antonio. A Bernardina le mandaré un poco de tierra de la sepultura de Eloísa; a mi señora Nicolasa algunos limones del lago de Como en Milán.

   Vuelvo a encargarte que hagas mil caricias a los niñitos de mi parte.

   Acuérdate siempre de tu amante hermano,

Francisco de Paula Santander

   Hoy precisamente es día de mi santo. Espero que ustedes se habrán acordado de mí. Pacho pinta ya en miniatura de una manera prodigiosa. Pepe gordo y grande, trabaja como ebanista muy regularmente. Creo que no se arrepentirán de haberme acompañado. Esteban sigue lo mismo. Todos me encargan que te salude y salude a Briceño en sus nombres. Yo lo hago a Antonia.

   ¡Con cuánto pesar he sabido que han muerto Concha y su hijo! Mucho cuesta la libertad de Colombia. Lo que los españoles no pudieron matar, lo ha hecho la discordia. Así es que los españoles no pierden las esperanzas de reconquistarnos. Dios quiera que no se aparezca de nuevo Morillo.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Gómez Hoyos, Rafael. "Santander ante la muerte de Bolívar" en: Lecturas Dominicales. El Tiempo. Bogotá, 17 de diciembre de 1967, p. 1.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Martínez Briceño.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 484-487.

24
Firma: SANTANDER

PARIS, 13 DE ABRIL DE 1831

   Señor don Vicente Azuero

   Amigo mío: 

   Una carta larguísima recibí de usted el año pasado y la respondí inmediatamente. Después he sabido que usted volvió a Colombia, que estuvo por el ministerio del interior, que sucumbió al batallón Callao, que lo han perseguido y que al fin estaba en Bogotá. Ignoro cuál es la suerte del impertérrito republicano hermano de usted; lo supongo ya en Bogotá y le suplico a usted que lo salude con todo mi afecto. Yo he andado paseando un poco esta Europa que hoy presenta el aspecto más halagüeño para la libertad. He estado por Inglaterra, Holanda, Países Bajos, Prusia, Sajonia, Baviera, Austria e Italia. Mucho he visto, algo he aprendido y bastante me queda por aprender. Felizmente he tratado a los hombres célebres de la libertad: Lafayette, Constant, D'Tracy, Segur, Bentham, Chateaubriand, Simond, Humboldt, etc., todos, excepto el abate D'Pradt han hecho justicia a nuestra conducta política contra las ideas liberticidas de Bolívar. Yo he publicado algo en el particular para defender a Colombia, para justificar nuestros procedimientos y para desengañar a los ilusos, que no son pocos. Yo respecto a mis padecimientos y persecuciones he guardado silencio porque así lo exigía mi propio honor, y debía esperar a que el tiempo me libertase de la nota de apasionado o de que hablaba por resentimiento. Es menester saber cuál es la opinión que Bolívar tenía en Europa para pesar esta conducta de mi parte: ha sido menester [analizar] acto tras acto de los que él ha hecho contra la libertad para que los hombres sensatos pensasen de otro modo.

   Conque ¿al fin murió don Simón? El tiempo nos dirá si su muerte ha sido o no útil a la paz y a la libertad. Para mí tengo que ha sido no sólo útil sino necesaria. La adjunta larguísima carta la había escrito para nuestro doctor Soto y ella contiene un espacio de cuatro meses. Como casualmente he sabido que usted está en Bogotá, deseo que usted la lea confidencialmente porque es la expresión franca de un amigo a otro, y después hágame el favor de remitírsela a Soto. Dije la adjunta, equivocadamente, porque ella va directamente a Rendón para que la entregue a usted.

   Me permito la libertad de saludar con todo mi afecto a mi ahijada, a la ilustre bogotana modelo de esposas y de patriotas. Saludo también a Diego Gómez, a Vargas, Gaitán, a las cuñadas de usted, en fin, a los que fueren nuestros compañeros de opinión y amigos.

   Deseo a usted paz y tranquilidad como frutos de un gobierno republicano, federativo, estable y capaz de respetar las leyes. Abrazo a usted con las veras de compañero de persecuciones y de amigo verdadero,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2774, p. 115-116.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 487-488.
FUENTE DOCUMENTAL
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 189.

25
Firma: SANTANDER

PARIS, 15 DE ABRIL DE 1831

Honorables representantes de la antigua Nueva Granada,
reunidos en congreso

    Honorables representantes:

    Perseguido atrozmente en odio de los esfuerzos que hice como vicepresidente de la República, como diputado a la convención de Ocaña y como ciudadano, para sostener la constitución de 1821 contra el plan de una dictadura militar y de instituciones indignas de los sacrificios de los colombianos, en vano he solicitado la publicación de la causa que puso término a mis persecuciones. Lo solicité a mi partida de Bogotá en noviembre de 1828, y el Libertador, entonces jefe del Estado, negó redondamente mi solicitud. Insté nuevamente a su excelencia el general Bolívar en 13 de diciembre del mismo año desde las bóvedas de Bocachica, por conducto del benemérito general Montilla, y ni aun se me acusó el recibo de la representación. Volví a instar desde esta capital en 13 de abril de 1829, dirigiéndome al mismo general Bolívar por medio del coronel Palacios, agente del gobierno, y tampoco he recibido contestación. Así es que se me han tenido cerradas todas las puertas legales para hacer la justificación de mi conducta con la publicación del proceso que me suscitaron con motivo de la conjuración de Bogotá del 25 de septiembre de 1828.

   Esperando a que el tiempo y la calma de las pasiones dejasen oír la voz de la justicia, he sabido con indecible placer que el orden legal empieza a restablecerse en mi patria, y que hay esperanzas de que cesen las disensiones que desgraciadamente la han despedazado. Aprovechando tan feliz coyuntura, me apresuro a elevar a vuestras manos este memorial, para pediros en justicia que interpongáis vuestra respetable voz, a fin de que se publique por la imprenta el enunciado proceso y la representación que he dicho haber dirigido desde Bocachica al Libertador. Esto sólo satisface mis deseos y mi ambición, porque la publicación de estos documentos manifestará a todo el mundo las iniquidades cometidas en un país a quien se daba el nombre de República, y bajo un régimen en que se había prometido respetar los derechos individuales, contra un ciudadano que había consagrado a su patria sus servicios durante diez y ocho años sin un solo día de interrupción; que había merecido dos veces los votos nacionales para la segunda magistratura del Estado, y que lo había gobernado los primeros seis años del régimen constitucional. La publicación de este proceso hará ver hasta qué punto ha podido llevarse el encono y la arbitrariedad contra un magistrado, que, fiel a sus principios, a sus promesas y a sus juramentos, había tenido que oponerse firmemente a proyectos que, entonces como ahora, he creído contrarios a la libertad de mi país: ella pondrá de manifiesto un procedimiento violento y arbitrario, donde se prescindió de reunir el tribunal militar que las leyes prescribían; donde se omitió la confrontación de todos los testigos con el acusado; donde no se permitió ni hacer una simple defensa, y ni aun nombrar un defensor; donde, en fin, se tuvo la audacia de alterar todos los hechos y de inventar cargos que no resultaron; ella, por último, servirá para decidir que las víctimas de la libertad, inmoladas por el ejército español en 1816, fueron juzgadas con más regularidad porque siquiera se les permitió defenderse ante el tribunal designado para sacrificarlas.

   Yo no pido más, honorables representantes, sino que la imprenta, largo tiempo muda para elevar las justas quejas de cuantos hemos sido víctimas de la dictadura, publique ya el procedimiento en virtud del cual fui condenado a las penas más crueles e injustas. Después de que por todos los medios legales y en los días de la verdadera gloria de Colombia, llegué a los últimos puestos de la milicia y del poder civil, nada ambiciono sino la dicha de mi patria, bajo un gobierno nacional digno de ella y del siglo, y comprobar a la faz del mundo que mis persecuciones han sido obra de un espíritu de venganza, guiado por arbitrariedad la más escandalosa, y no de una conducta depravada.

   Yo quedaré completamente satisfecho si vosotros, conducidos por una recta justicia, accedéis a la presente solicitud.

   Honorables representantes,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2775, p. 116-118.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 488-491.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del Congreso Senado. Informes de comisiones, t. 74, folio 17. Del original.

26
Firma: SANTANDER

PARIS, 21 DE ABRIL DE 1831

Al señor redactor de El Constitucional

    Señor:

    Habiendo leído en algunos diarios que yo me disponía a regresar a Colombia, creo deber a mi país y a mi honor declarar que no tengo tal intención en el momento en que la muerte del Libertador Bolívar comienza a dejar que se manifieste la verdadera opinión nacional. Temería que mi regreso en medio de estas circunstancias, lejos de ser útil a mi país, contribuya a prolongar las disensiones interiores.

   He sufrido una persecución encarnizada por haber, como vicepresidente, sostenido vigorosamente la constitución de 1821, por haberme opuesto a su trastorno, a la dictadura militar, a la constitución boliviana y a todos los otros proyectos que entonces, como hoy, he creído contrarios a la libertad de mis conciudadanos y absolutamente opuestos a mis principios, a mis deberes y a mis juramentos. Esta persecución se redobló al tiempo de la convención de Ocaña, en donde di mi voto por el gobierno federativo. Si me presentara en Colombia actualmente que las pasiones parecen querer ceder a la razón, alarmaría el partido de Bolívar, que no dejaría de imputarme deseos de venganza y pretensiones al poder, y que, en consecuencia, podría arrojarse a nuevas agitaciones.

   Si, al contrario, continúo permaneciendo en Europa, estos temores serán disipados y se me hará la justicia de creer que estoy pronto a sacrificar a la paz y a la felicidad de mi patria todo resentimiento por las horrorosas persecuciones que he sufrido. Por otra parte, mi honor fuertemente atacado en un proceso arbitrario y escandaloso, exige de mi parte esta conducta. Mis enemigos han atribuido a la ambición y a la rivalidad todo cuanto he hecho por defender la constitución de 1821 y las libertades públicas: si me abstengo de presentarme en Colombia cuando Bolívar ha desaparecido de la escena, cuando sus amigos y partidarios comienzan a dividirse entre sí, aun por rivalidades anteriores, y que algunas provincias de la Nueva Granada no han querido reconocer las autoridades sustituidas en Bogotá al gobierno constitucional y legítimo de Mosquera, ¿aún tendrán un pretexto para asegurar que el móvil de mi conducta ha sido la ambición y la rivalidad contra el Libertador Bolívar?

   Yo deploro vivamente la suerte actual de un país que estaba llamado a la más grande felicidad posible, y que realmente gozó de libertad y tranquilidad durante los primeros años del régimen constitucional. Deploro también la imperiosa necesidad que me condujo a oponerme al general Bolívar, de quien había sido amigo íntimo y compañero en el ejército y en el gobierno, y a quien haré siempre justicia por los importantes servicios que ha hecho a la causa americana. Pero no negaré jamás que en tiempo de mi vicepresidencia he estado a la cabeza del partido constitucional contra el proyecto de desnaturalizar el sistema político y de engañar las esperanzas del país, fundadas sobre tantas promesas solemnes, juramentos y sacrificios. Quizás soy yo uno de aquellos a quienes se acusa de no haber sabido comprender y apreciar las miras sublimes del general Bolívar; así será. Pero es fuera de duda que habiendo prometido a la nación colombiana observar y sostener la constitución de 1821, que habiendo prestado juramento de defenderla y de someterme a las sabias disposiciones que ella contenía para proveer a su reforma, he sabido comprender y apreciar mis deberes sin que me fuese permitido discutir y decidir si ella convenía o no a los colombianos. Sobre esto nada tengo que vituperarme. Yo tenía reglas fijas que seguir y deberes sagrados que llenar, y traté de cumplirlos con riesgo de la vida, sacrificándoles empleos, honores, fortuna, tranquilidad, afecciones y el derecho de vivir en mi patria.

   Debo a mi honor hacer la presente declaración, que es absolutamente conforme a las seguridades que he dado a personas respetables de Alemania y de Italia.

   Quered, señor, insertarla en vuestro estimable diario, y aceptar, etc.,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2776, p. 118-120.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca Nacional, t. 14.645. Gaceta de Colombia, No. 527. La Gaceta toma esta carta de Le Constitutionnel de París.

27
Firma: SANTANDER

PARIS, 20 DE MAYO DE 1831

   Amadísima Josefíta:

   Aprovecho la ocasión de irse para Santa Marta el señor Mathieu para escribirte y que sepas que estoy bueno, gracias a Dios. Después de que he llegado de Italia te he escrito cuatro veces por diferentes conductos. Las últimas cartas que tengo tuyas son del mes de enero último; mucho siento la nueva ausencia de Briceño.

   Con el mismo señor Mathieu te remito un cajoncito que contiene lo siguiente: una reliquia de Roma para ti, otra para mi tía Nicolasa, otra para mi señora Manuela Arias Ibáñez y tres para las Cetinas y la Patiana; un retrato grandecito para el cabezón y un relojito con sus sellos de oro. Un retrato chiquito con su cadena de oro para Manuelita y unos zarcillos. Otros tres pares de zarcillos para Benilda, Atilia y Angustias; tres botoncitos para la camisa del cabezón. Si estuviera menos atrasado les mandaría otras cositas; pero ya no tengo renta, no tengo patria, ni mi hacienda me produce nada.

   Estoy sumamente reconocido a Arrubla, que a pesar de sus persecuciones ha tomado interés para enviarme algunos recursos. Lo mismo Raimundo Santamaría y otros amigos de Cartagena.

   Mil cariños a todos los niñitos. Mil cosas afectuosas a Briceño y mil memorias a los tíos, las Cetinas, Cleofe, etc. Iguales a Polo, Romero, padre González, Cuéllar, etc.

   Pacho te saluda. Juan y Pepe están buenos y los piensan siempre. He escrito a mi señora Manuela. A tu madrina, cinco veces después de mi llegada de Italia le he escrito también.

   Adiós, tu amante hermano que te piensa sinceramente,

Francisco de Paula Santander
(rúbrica)

   Las inclusas son para los ahijados.

   A la señora Josefa Santander de Briceño.

   Bogotá

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 495-496.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del doctor Rafael Martínez Briceño. Cortesía del historiador Guillermo Hernández de Alba.

28
Firma: SANTANDER

PARIS, 20 DE MAYO DE 1831

   A la señorita Manuela Briceño y Santander.

   Mi pensada sobrinita y mi amadísima ahijada de mi corazón:

    En tres años de ausencia quizá no se ha pasado una sola hora del día sin pensar en ti y recordar todas tus acciones. Estos recuerdos me han atormentado más que lo que pudieran consolarme. Si no tuviera la esperanza de verte un día y ver a todos tus hermanitos, a tu papá y a tu mamá, estaría loco de desesperación.

   Te mando mi retrato en un pequeño medallón. Lo ha hecho Pacho González, el compañero fiel de mis prisiones y destierro.

   Supongo que a medida que creces en cuerpo crecerás también en juicio y en instrucción y educación.

   Lo principal es que ames como debes a tu papá y a tu mamá, que seas obediente, humilde y muy aplicada.

   Yo te encargo que cuides mucho a tu papá, a tu mamá y a tus hermanitos y a tu mamá Cacha. Hazle a Benilda y a la rucita mil caricias de mi parte, y lo mismo a Angustias. Cuando les mande a cada una un retrato mío, les escribiré también.

   Dile a tu mamá que te permita ir a hacer una visita en nombre mío a tus madrinas Nicolasa y Manuelita.

   Adiós Manuelita querida: el cielo te bendiga y te haga feliz. Si yo estuviera con ustedes yo sería completamente feliz; esto sólo deseo y a esto sólo aspiro.

   Tu padrino y tío que te ama,

Francisco de Paula Santander

   En el medallón va un poquito de pelo mío.

   A la señorita Manuela Briceño y Santander de su padrino

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horácio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 496.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del doctor Rafael Martínez Briceño. Cortesía del historiador Guillermo Hernández de Alba.

29
Firma: SANTANDER

PARIS, 26 DE MAYO DE 1831

    Mi apreciado general:

    Parto decididamente mañana temprano para Londres, de donde tendré el gusto de escribir a usted. Deseo que usted se mantenga sin novedad alguna. Un negociante francés me ha dicho que ha visto hoy una carta de Cartagena, del 16 de marzo, en la cual le comunican las noticias siguientes: Carmona, al frente del pueblo de Santa Marta, se declaró contra Cartagena, como lo habían hecho Sabanilla y Soledad; Luque, que había sido enviado por el general Montilla a apaciguar a Santa Marta, tomó partido a favor de la revolución, a causa de que los militares de Cartagena con que debía obrar se declararon también por los revolucionarios liberales; en consecuencia, Luque marchó contra Cartagena e intimó la plaza a que se entregara. Montilla lo rehusó y se preparaba a defenderla, aunque temía que allí hubiera un partido favorable a la causa de los pueblos. Carreño salió positivamente para Jamaica. Entretanto las tropas mandadas por Urdaneta contra Bogotá, y Obando con Flores, se disponían a marchar para Bogotá. He aquí el estado de nuestro pobre país.

   Saluda a usted con sentimientos de aprecio, su afectísimo servidor,

Francisco de Paula Santander

   Acabo de recibir cartas de Cartagena, del 4 de abril, que confirman todo lo anterior, y añaden que el general Portocarrero está de parte de los revolucionarios, y que Lima, que traía milicias para la plaza, fue derrotado por aquél. Flores derrotó a Urdaneta.

   Santa Marta, los pueblos de Cartagena y del sur piden el recibimiento de Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2777, p. 120-121.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 498-499.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 3, p. 366.

30
Firma: SANTANDER

LONDRES, 4 DE JUNIO DE 1831

Señor doctor Vicente Azuero

    Mi pensadísimo y querido amigo:

    He venido a este país por segunda vez con ánimo de visitarlo despacio y aprovecharme de la ocasión favorable de estarse ventilando la importante cuestión de la reforma constitucional, que sin duda alguna se verificará en el próximo parlamento. En ninguna parte del mundo ejerce la opinión pública un poder e influencia irresistibles como en Inglaterra, debido sin duda alguna a la libertad de imprenta, a la libertad de discusión y a la calma y detención con que se tratan todas las cuestiones de interés común. Lentas son aquí las mejoras políticas; pero una vez que el pueblo ha llegado a manifestar la necesidad o utilidad de alguna de ellas después de discusiones repetidas en diferentes épocas, no hay poder humano que se oponga. He aquí por qué cayó el ministerio Wellington, y por qué se realizara la reforma parlamentaria solicitada tanto tiempo ha, mal que le pese a la omnipotente aristocracia.

   Al salir de París recibí su estimable carta del 28 de julio, que se retardó infinito en llegar a mis manos. El 13 de abril escribí a usted rápidamente incluyéndole un legajo que escribí al doctor Soto desde Roma, es decir, que comencé en aquella ciudad en el año pasado y lo terminé en París en abril. Posterior a la remisión de estas cartas, he recibido noticias de la reacción de los pueblos contra el gobierno de Urdaneta y solicitud de restablecer el de Mosquera junto con la constitución de 1830. Si he de juzgar del éxito de la empresa por las primeras ventajas de las provincias del Magdalena y de las tropas de Obando, debo creer que a la fecha haya desaparecido el gobierno ilegal que abortó el batallón Callao, y que el imperio de las circunstancias sólo puede haberlo conservado hasta la muerte de su verdadero padre natural. Yo para mí tengo que el nombramiento del gobierno constitucional de Mosquera es lo que la justicia exige, lo que demanda el honor nacional, y lo que la política indica. El gobierno de Mosquera es un gobierno nacional que fue destituido a mano armada y que por su legalidad y por el carácter de los magistrados, debe inspirar más confianza a los gobiernos de Venezuela y del sur para entenderse sobre la unión de Colombia que la que les inspirarían arboledistas y monarquistas, Urdaneta, García del Río, etc. Por otra parte, cuatro años de dictador, procónsules, facultades extraordinarias, persecuciones, destierros, inquisición política, deben tener fatigados a los pueblos y hacerles desear un régimen legal permanente con todas sus garantías. El informe del consejo de gobierno a Urdaneta después de la muerte de Bolívar, me hace creer que no se ha pretendido otra cosa que engañar a la nación con palabras dulces y continuar el sistema a la boliviana. Porque, ¿qué quiere decir eso de restablecer el imperio de la constitución en lo que fuere exequible? ¿No es un tira y afloja (perdóneme la expresión) que sirva al gobierno para reclamar obediencia ciega de los pueblos, y para hacer de ellos lo que más crea conveniente a sus miras e intenciones? No puedo capitular con esa nueva política constitucional que a juro quieren hacernos tragar, en que el gobernante puede castigar como rebelión todo acto, resistencia o reclamación del pueblo contra el exceso del poder, y en que el poder puede impunemente quebrantar hasta las reglas de la moral pública y de la justicia eterna.

   Yo expresé en mi carta al doctor Soto algunas ideas nuevas acerca del porvenir de nuestra querida patria. Es aventurado decir lo que pueda hacerse en las circunstancias actuales, cuando ha transcurrido algún tiempo de ausencia material del país y que se carece de frecuentes comunicaciones; pero es siempre patriótico ocuparse del estado y de la suerte de la tierra que nos pertenece por tantos títulos. Bajo de esta implícita protesta yo me atreveré a decir lo que pienso en el particular. Mis pensamientos nacen de un alma toda colombiana, toda consagrada a la libertad y al bienestar de la patria. Una conducta a toda prueba me parece que es la mejor garantía.

   El restablecimiento del gobierno constitucional de 1830 debía ser el primer acto del congreso convocado por Urdaneta; pero una vez que los pueblos se han adelantado a solicitarlo, la cosa estará ya ejecutada. Yo siento solamente que la fuerza armada se mezcle en estos negocios y que la dirijan algunos de los jefes a quienes tanto debe el absolutismo boliviano. Temo malas consecuencias para lo futuro.

   La organización de la sección central de la República supongo que será el objeto principal del congreso, y yo diría que se adoptase aquel pensamiento de usted en Ocaña de desunir las provincias de los departamentos y dejarlos solamente dependientes del gobierno seccional del Estado granadino o cundinamarqués. Tal sistema es útil al bien de las provincias y es político igualmente. Así se acabarán los celos del doctor Acosta en Cartagena, los de Antioquia con Bogotá, etc. No hablo de la reforma de la constitución, es decir, de los defectos que tiene, porque usted está más al corriente de ellos que yo. La edad para ser diputados y senadores es excesiva y la base de renta o propiedad para iguales destinos, lo es también. Lo primero es bueno para Europa, donde la razón se desarrolla tarde, y lo segundo para las monarquías constitucionales.

   El congreso mismo debía entablar negociaciones por medio del gobierno con las secciones del norte y sur, para decidir de la forma de gobierno de Colombia. Creo que siendo el congreso el que toma la voz entendiéndose con los otros congresos por medio de sus ejecutivos, se inspira recíprocamente más confianza, y se allanan más dificultades. Esta indicación le hará ver a usted que yo soy partidario de la unión federal de tres estados con los límites que tenían en 1810, en los cuales incluyo a Pasto, perteneciente al centro. El gobierno nacional colombiano (es indispensable conservar el nombre de Colombia) debe organizarse: 1°, con mucha sencillez y economía en hombres y sueldos; 2°, de modo que acalle los celos de los confederados; 3°, dar facultades bastantes para mantener la paz entre ellos, y con todas las necesarias e indispensables para dirigir las relaciones exteriores, la deuda nacional y la guerra. Por consiguiente debe haber un congreso colombiano compuesto de dos cámaras para hacer las leyes que tocan al común de la nación; el ejecutivo podría por transacción componerse de tres personas, una a cada Estado, entre las cuales escogido un presidente anual, sería éste el que llevase la voz y el que firmase como presidente de la República. La deuda nacional no debe ni puede partirse matemáticamente entre los confederados; es, pues, necesario mantenerla solidariamente y aplicar a su pago ciertas rentas de toda la confederación.

   El primer acto del gobierno nacional debe ser la deuda, sobre lo cual haré las siguientes observaciones que me indican los informes que he recogido. Es bastante fácil hacer una redención del interés actual para lo sucesivo, y el gobierno debe emprenderla francamente aquí en Londres por medios amigables con los tenedores de vales. Debe, de acuerdo con ellos, tratar de formar un capital sin interés de los intereses adeudados que no podemos pagar, y señalar una renta para amortizarlo poco a poco. Y respecto de los intereses futuros, debe disponerse que mes por mes se entregue el producto de las reservas aplicadas al efecto a las personas designadas por los acreedores mismos. Esto inspira más confianza general y evita el que en cualquier urgencia se gasten los fondos en perjuicio del crédito público.

   La eliminación del ejército es otra medida indispensable para tener rentas y libertad; pero es preciso ganar la voluntad o el entendimiento de los militares influyentes para que no hagan otra revolución como el batallón Callao. Digo ganar decentemente y sin bajezas ni debilidades de parte del gobierno. Aturdido estoy de ver la cápita de generales y coroneles que han brotado las discusiones y que la guerra con nuestros enemigos nunca habría creado con tanta prodigalidad.

   El gobierno debe cuidar de que los que tanto han contribuido a los males actuales del país no sean empleados en los destinos públicos. Yo no quiero persecuciones ni proscripciones. Siempre las he detestado, y la experiencia me ha convencido que a nadie se le persuade con ultrajes, ni se destruye un partido político persiguiéndolo. El partido de Bolívar debe morir por sí mismo a proporción que el tiempo transcurra y que la Europa camine hacia la libertad. Pero tampoco se debe confiar la suerte del país a personas notoriamente enemigas de la libertad, notoriamente intrigantes, perjuros y traficadores con sus deberes. Ojalá fuera posible enviar a sus respectivos países a esos oficiales superiores extranjeros que tanto mal nos han hecho, y de quienes felizmente no necesita Colombia.

   En cuanto a economías, para no recargar tanto a los pueblos de impuestos después de tantas agitaciones, las extiendo a que se fijen a los empleados sueldos moderados, a que se supriman todas las legaciones extranjeras, a que se disminuya el número de empleados de hacienda, etc. Las legaciones son superfluas y, además, nuestros ministros o encargados de negocios hacen un papel desairado. En Europa valen infinito las exterioridades, el lujo, las decoraciones, etc. Y si acaso se agrega que nuestros ministros ignoren el idioma del país, su papel es ridículo. Nosotros no debemos solicitar el reconocimiento de ninguna potencia si no es el de España, que es el importante. La nación que quiera hacer tratado, que nos busque y mande allá sus comisionados a hacerlo, como lo hicimos con Inglaterra y los Estados Unidos. Bastan cónsules inteligentes para proteger nuestro poco comercio. La legación de Roma en ocho mil pesos es lujosa e innecesaria. Allí es suficiente tener un comisionado con dos mil pesos, que reciba las comunicaciones del gobierno y las presente al secretario del papa.

   Usted sabe mejor que yo que el pueblo tiene una verdadera necesidad de una administración de justicia recta, pronta, fácil y económica. En esta parte ningunos cuidados y atención me parecen excesivos. Las asambleas departamentales que la convención de 1830 decretó... (Sigue Nota del Editor ...).

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2778, p. 121-126.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 499-503.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 191.

31
Firma: SANTANDER

LONDRES, 18 DE JUNIO DE 1831

Señor general P. A. Herrán.

   Mil gracias doy a usted por su estimable del 1° del corriente. Llegué bueno y seguiré para Escocia el 6 u 8 del entrante. Las portentosas noticias de Colombia están en los diarios. Las cartas que tengo de Colombia son hasta 29 de abril. Luque ocupó a Cartagena, Obando y López estaban en la provincia de Neiva. El coronel Córdova derrotó a Castelli y se apoderó de la provincia de Antioquia, que sigue ya a Obando. De Casanare ha venido una fuerza que ha insurreccionado a Bogotá. Se dice que Urdaneta dejó al fin el gobierno, entregándolo a Caycedo: esto me lo escriben de Jamaica, en donde para el 8 de mayo habían ya llegado Montilla, O'Leary, general Carreño y general Silva, con otros que no se mencionan. El general Mosquera, que está aquí, me ha asegurado que su hermano volverá a Bogotá si todas las provincias lo llaman, pero no si es un pequeño partido o las tropas solamente. Si Mosquera va al gobierno, yo tengo mucha esperanza de salvación para nuestra patria.

   Flores derrotó a Urdaneta (Luis) y lo fusiló también. He leído Gacetas de Caracas hasta 23 de abril. La insurrección de oriente está ya al concluirse a favor de las operaciones del general Bermúdez, Cumaná y Barcelona estaban ya en su poder. El gobierno venezolano ha triunfado y la paz está al punto de restablecerse. Páez ha sido nombrado presidente por una fuerte mayoría de los colegios electorales.

   Urdaneta, vicepresidente del Estado. No quiso el congreso oír la comisión de Canabal porque era procedente del gobierno ilegítimo de Urdaneta, el cual desconocía el gobierno de Venezuela. Hay disposiciones para formar una expedición, aunque quizá no como yo lo deseo, para Colombia, y que me parece es el voto de los buenos patriotas.

   Comunique estas noticias a nuestro don Jerónimo.

   He hecho personalmente la diligencia sobre la casa de educación para su hermano, y después de haber visitado varias, yo, si tuviera que poner alguna cosa mía a estudiar, preferiría el establecimiento llamado Bruce Castle School, a 5 millas de esta ciudad, donde enseñan griego, latín, francés e inglés, geografía e historia, matemáticas, aritmética comercial, navegación, modo de formar mapas, escribir, gimnástica y tiro de fusil o pistola. También hay lecciones de varios ramos de filosofía natural.

   Se paga por edades: un joven de diez años paga anualmente 68 libras, y por cada año más de edad, 3 libras más; de modo que su hermano, teniendo diez y ocho años, al entrar pagaría 87 libras, obligado también a pagar una libra más cada año de los que esté en la casa. Ella da todo, menos vestido, médico o cirujano, en su caso.

   Hay dos vacaciones en el año, cada una de cinco semanas: la primera por Navidad y la segunda por el verano. Si permanecen los jóvenes en la escuela, pagan 6 libras más por dicho tiempo de asueto.

   Si quieren aprender italiano, se pagará 6 libras más y 6 chelines cada año. Por el alemán, lo mismo. Baile, 5 libras, 5 chelines, y 1 libra, 1 chelín el canto. Florete, lo mismo. Dibujo, lo mismo, menos la entrada. Música, 6 libras, 6 chelines, si es de cuerda, y si de viento, sólo la mitad.

   Hay actualmente 60 educandos: se habla sólo inglés, y en cuanto a la educación moral, la escuela está acreditada. Se necesita absolutamente tener aquí una persona encargada de asistir al joven y de responder por él. El pago se hace de seis en seis meses.

   Tales son los informes que puedo dar a usted, y usted será puntualmente servido si usted consigue aquí una persona arraigada en el país que cuide de asistir a su hermano, hablar al director de la escuela, etc. Los señores Darthey y Compañía me parecen excelentes: yo los conozco, y los conoce Chairteau, de París, por cuyo medio podría usted allanarlo todo, valiéndose de don Jerónimo que hable a los Chairteau.

   Ojalá que usted quede satisfecho de esos ligeros informes; tengo interés en la educación de nuestra juventud, y en servir a usted y a toda su familia. Espero ver a usted para agosto en París. Mi partido de no ir todavía a Colombia es invariable.

   Hemos tenido en Londres un tiempo magnífico, que no es cosa muy común, y aquí sabemos muy frecuentemente de nuestra Colombia, cuyas agitaciones hacen poca impresión al lado de las grandes cuestiones europeas. Más vale así.

   Quedo de usted, con sentimientos de amistad, su apreciador compatriota, y servidor que besa su mano,

Francisco de Paula Santander

   Los Azueros estaban en Casanare, también Gaitán y Pablo Durán, que hizo una revolución en el Socorro contra Justo Briceño. El general Moreno no ha muerto. El general Rojas, de Maturín, fue asesinado por su tropa en Cenarca, y se pasó a Páez. Barriga estaba en Puerto Cabello junto con Florentino González. El coronel José María Vargas estaba en Casanare. Posada, que mandaba una columna de tropas de Urdaneta, se pasó con ella a Obando. Antonio Obando manda las tropas de Tunja contra el gobierno de Urdaneta. Los que decidieron a Luque fueron dos jefes granadinos, un tal Vesga, de Ibagué, y otro de que la Gaceta no habla por su nombre. El doctor Soto estaba en Maracaibo, de donde ha escrito. Parece que todo el mundo ha abandonado a Urdaneta.

   ¡Viva el sol que vence!

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2779, p. 126-128.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 3, p. 367.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly 1976, p. 506-509.

32
Firma: SANTANDER

LONDRES, 5 DE JULIO DE 1831

Señor general Pedro A. Herrán.

   Apreciable compatriota y señor mío:

   En vísperas de partir para Escocia he recibido la estimable de usted del 30 último, incluyéndome una carta para los señores Darthey, que he remitido inmediatamente. Ellos son los mismos para quienes usted ha traído introducción de Calvo, y no tengo por qué dudar que no se presten gustosos a encargarse de atender a la educación de su hermano. Usted recibirá pronto su respuesta. Como dejo indicado, me voy mañana para Edimburgo, y de allí vendré por Liverpool y Mánchester para estar en París en todo el mes de agosto, para cuyo tiempo me prometo ver allí a usted sin falta. Para ir a Italia es buen tiempo el mes de octubre, y acaso el más bello, porque el calor ha disminuido, y se hace la vendimia. También puedo servirle para hacerle un derrotero del viaje hasta Roma, como que soy ya veterano de viajar.

   Convendré con usted respecto a Colombia en las dificultades que hay que vencer para matar la anarquía, y hacer convencer a la fuerza armada de que "el sable que no es dirigido por la ley, asesina la libertad de un país"; pero esto no quiere decir que sea imposible restablecer el orden y la calma, que es la primera necesidad de Colombia. Todo tiene dificultades en la vida, y cuando yo veo que Méjico ha podido enderezarse, no puedo desesperar de nuestra patria, donde hay más elementos de orden, porque hay más luces y se han dado más pruebas de patriotismo. El señor Mosquera me ha escrito de Nueva York con fecha 1° de junio, y aunque no trata nada acerca de sus disposiciones para ir o no ir a Bogotá, sus ideas son menos melancólicas que las de usted. Hay cuestiones delicadas actualmente, pero debo decirle francamente: la muerte del general Bolívar ha allanado los dos tercios del camino para resolverlas sin acudir a las armas y sin perjudicar los principios liberales. La razón marcha de una manera que ni el hombre con todas sus pasiones puede detener su progreso. Ya verá usted que no nos moriremos sin ver restablecida la paz y el régimen de la ley en lo que fue Colombia. Para mí poco importa el volumen de un Estado después de que he visto los estaditos de Alemania y de Italia: lo que importa es que haya orden, paz y libertad. Estos bienes nos darán riqueza, consideración exterior y civilización. Si la integridad nacional colombiana no se puede restablecer bajo un gobierno federal, estoy porque se sacrifique este bien a los bienes mayores de tener leyes, tranquilidad, orden y paz. El Asia, con todo su inmenso territorio y sus riquezas, no merecía la consideración que la reducida Atenas.

   La Suiza con sus instituciones liberales, vale más en el mundo moral que la Rusia con su despotismo.

   Aprecio infinito las expresiones de su hermano: sírvase usted saludarlo de mi parte afectuosamente; igualmente a González. Cuando usted escriba a su madre, hágame el favor de ponerle mis recuerdos.

   Quedo de usted, con sentimientos de afecto particular, su afectísimo compatriota y apreciado servidor que besa su mano,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955. t. 8, carta No. 2780, p. 129-130.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 509-510.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 3, p. 370.

33
Firma: SANTANDER

LONDRES, 3 DE AGOSTO DE 1831

   Mi amada Josefita:

   No he tenido carta tuya hace mucho tiempo y lo atribuyo a las jaranas de que han estado ocupados los libertadores de Colombia. Espero que no haya novedad algunas en casa y que José María se haya ya reunido a ti para no volver a viajar. Yo estoy perfectamente bueno, gracias a Dios, contento y consolado de ver que la libertad parece que vuelve a erigir su trono en Colombia. Ya bastaba de experimentos, de luto y de lágrimas; ya han visto que nada hay sólido ni estable sin leyes que se cumplan, sin magistrados íntegros y desinteresados, ni sin garantías que se respeten. Dictaduras, facultades extraordinarias, monarquías, todo no sirve allá sino para fomentar discusiones, guerra civil y arruinar la pobre República. Si Caycedo tiene energía y tino, las cosas pueden marchar bien y enderezarse en honor del país y para la felicidad común. Yo lo deseo ardientemente, no porque yo disfrute nada de lo que usted pueda hacer dichosos a los colombianos, sino porque amo a Colombia. Para mí todo es indiferente. Lo mismo he estado cuando Bolívar me hizo condenar a muerte que cuando Mosquera fue presidente. Para mí todos los gobiernos de Colombia han sido iguales después de que se propusieron arruinarme por venganza y por envidia. Estoy muy conforme por ello: nada necesito del gobierno, nada quiero de él. Mi honor está a cubierto y la experiencia de tres años de desgracias en Colombia me ha vindicado completamente. Se han realizado todos mis pronósticos y cuanto anuncié en Bogotá y en Ocaña se ha cumplido. Ahora los mismos que me persiguieron y me llamaron traidor, faccioso, ingrato, proclaman para su bien las mismas doctrinas y principios que yo proclamé. Yo no he cambiado nunca de principios, ni he traficado con mis deberes, he sido siempre igual y mi camino ha sido uno mismo siempre, siempre.

   Dentro de ocho días me voy para París, donde permaneceré algún tiempo disfrutando de seguridad y de libertad, de consideraciones y de amistades muy respetables. Allá hay leyes y hombres patriotas que pueden instruirme, en tanto que en Colombia no hay para mí sino persecuciones, envidia, celos, venganzas e ingratitudes. Sean ustedes todos felices en su patria, que yo, celebrando sus felicidades, también lo soy en tierra extranjera.

   Mil cariños a todos los niñitos, a quienes cada vez pienso más y más y deseo ver y abrazar. Mis memorias a los tíos, a las catiras, Cleofe, Cetinas, Patina, las Caycedos, la Neivana, etc. No se te olvide saludar a Polo, a Romero, al padre González y a los demás que hayan sido y sean mis amigos. A José María mil abrazos cordiales: siento no vivir mucho tiempo cerca de él para servirle como hermano y amigo. Muchos besitos a los niñitos menos a la ex capitana, que quiero que me le des cuatro nalgadas por perra.

   Adiós, tu hermano que no te olvida,

Francisco de Paula Santander

   Memorias a Cuéllar y que me tiene muy olvidado. Pacho te saluda, lo mismo Juan y Pepe. Dile a Antonia que Pepe todavía no se ha muerto de hambre ni de desnudez.

   Carlos, que está conmigo actualmente, me encarga que te salude y a Briceño igualmente. Siempre ha estado muy fino conmigo. Manda a tu madrina inmediatamente la adjunta.

Francisco de Paula Santander
(rúbrica)

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 514-516.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del doctor Rafael Martínez Briceño. Hasta hoy inédita. Cortesía del historiador Guillermo Hernández de Alba.

34
Firma: SANTANDER

PARIS, 4 DE SEPTIEMBRE DE 1831

Señor Juan Manuel Arrubla.

   Amigo querido:

   Apenas puedo respirar del gozo que me ha causado el triunfo decisivo de la causa popular. Grandes esfuerzos se han hecho para alcanzar este suceso; pero serán infructuosos si no hay tino para apreciar y aprovechar las circunstancias, firmeza para sofocar el espíritu de partido, energía para plantear firmemente el trono de la ley y justicia para proteger igualmente todas las opiniones con tal que no sean hostiles al gobierno legítimo con actos positivos. Felicitémonos recíprocamente por tan dichoso acontecimiento y aprendamos el porvenir en lo pasado. Yo no puedo prescindir de contribuir con cuanto esté de mi parte a la regeneración de la patria, y así es que el 20 del corriente me embarco en El Havre para New York, donde espero conocer claramente si mi entrada en la Nueva Granada puede ser útil y conveniente. De lo contrario, renunciaré al placer de ver mi país, mi familia y mis amigos a trueque de no servir de obstáculo a la organización y tranquilidad de mi patria. Ahora dejo las dulzuras y consideraciones que disfruto en París por acercarme a mi país y ayudar en lo posible a todos los buenos patriotas que se ocupan de sacarlo del abismo y darle vida, orden y libertad.

   He recibido el decreto del gobierno reparando mi honor ultrajado. Lo aprecio como un acto de justicia; pero me es mucho más satisfactorio el pronunciamiento de algunas ciudades en solicitud de este paso. Por lo menos no dirán de ese pueblo virtuoso, que es uno de los ingratos con quien lo ha servido, como en lo general se dice de las repúblicas. Agradezco a usted mucho todos los pensamientos que usted tenía en la materia, y que me expresa en su carta del 22 de junio, de Antioquia, que queda en mi poder.

   Sobre intereses no digo nada ahora de cuanto tengo dicho en todas mis anteriores. Esta carta llegará a sus manos en octubre o noviembre y poco después debe recibir la noticia, o de mi positivo embarque para los Estados Unidos, o la de mi arrepentimiento y permanencia en París. Entonces recibirá usted nuevas órdenes en el particular. Continúe escribiéndome por medio de Alcázar o Núñez.

   Mil felicitaciones y memorias a mi ilustre Manuel, a Rubio, Mosquera, los Carrascos, al prefecto Montoya, a José Manuel, a J. Antonio, al viudo Luis María, a Antonio María Santa María, a Raimundo, a Rendón (de quien he recibido una sola carta que aprecio), a las Ibáñez, a todos los verdaderos amigos y patriotas.

   Estoy sumamente ocupado escribiendo mi despedida a todos los amigos y conocidos que dejo en Europa, y dando mis disposiciones por si vienen los 3.500 pesos que usted me anuncia iba a remitir. Desearía estar en el próximo congreso de Bogotá, en Caracas y en Quito para decir a todos esos señores los riesgos que se corren si no ceden de sus pretensiones y se organiza el país. La Europa no tolerará por más tiempo la anarquía de los estados americanos, y la voz de la Europa es respetable y poderosa, digan lo que quieran los que no conocen el estado de los negocios públicos ni la historia de este último año.

   Adiós, amigo. Parece que el cielo nos permitirá ya vernos en nuestra patria, abrazarnos, y a mí el manifestarle mi gratitud por su buena amistad. Usted ha dado pruebas de ella en las más difíciles circunstancias. Usted es el amigo por excelencia de su apasionado y servidor,

Francisco de Paula Santander

   Posdata. Remita usted a Núñez el dinero que tenga mío, lo que Cuéllar pueda tener, lo que se recoja de acreedores, etc., pues le escribo a Núñez que me lo mande a los Estados Unidos. Escarmentado he quedado de tener intereses en moneda lejos de donde yo estoy. Unas veces hay destierros de mis apoderados, otras el mayordomo emprende mil especulaciones, otras mis amigos me envían sólo promesas, etc. Lo mejor y más seguro es que yo tenga conmigo todo cuanto pueda.

   Indico a usted una cosa importante para mí: sería bueno que el congreso aprobase por su parte el decreto de Caycedo. Vea usted a los diputados que fueren nombrados de entre nuestros amigos.

(rúbrica)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 278, p. 130-132.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del Libertador. Del original. Sección Pérez y Soto.
OTRAS EDICIONES:
Lecuna Vicente, compilador. Cartas de Santander. Caracas, Imprenta y Litografía del Comercio, 1942, t. 3, p. 169.

35
Firma: SANTANDER

PARIS, 4 DE SEPTIEMBRE DE 1831

Señor doctor Vicente Azuero.

    Amigo apreciadísimo:

    Mil enhorabuenas por el triunfo de la libertad en nuestra querida patria, mil más por la felicidad de que tantos buenos patriotas hayan escapado salvos de la desecha tempestad que parecía engullirnos a todos y que hoy podrán consagrarse nuevamente a reorganizar el país y consolidar el sistema republicano. Usted tiene un particular lugar en esta sincera congratulación porque sus luces, experiencia y notorio carácter son la mejor garantía para lo futuro. Yo he leído el decreto del gobierno en que ha reparado mi honor indignamente ultrajado, y me abre las puertas de la patria: estoy contento pero me satisface mucho más las representaciones de los patriotas de Cúcuta y de Bogotá que he leído en una Gaceta. Cuando hay una opinión en favor de los principios de una persona, hay esperanza de poder hacer algo en bien del país. Reciba usted mis sinceros agradecimientos por lo que usted contribuye a reparar mi honor.

   El decreto del gobierno, las insinuaciones de usted y de otras personas de aquí, respetables para mí, me han decidido a cambiar de plan, dejando la tranquilidad, las consideraciones y los placeres de París que pensaba gozar en estos seis meses, por un viaje penoso, en mala estación, y por una vida expuesta nuevamente a disgustos y cuidados. Pienso embarcarme el 20 del entrante en El Havre con destino a New York (única ocasión segura para América) y allí determinar el partido que debo tomar, o si el de entrar por Cartagena a Bogotá, o ir a Caracas, donde acaso podré hacer algo útil a Colombia hablando cara a cara con los señores que dirigen los destinos de Venezuela. Podré llegar a New York a fines de octubre, y cuidaré de escribir a usted contando con que usted me escribirá largamente sobre el estado de ese país. Voy a dar la última prueba de patriotismo dejando mi vida europea por servir a la causa de la libertad, aunque no sea más que de socio en un periódico. Difíciles son las circunstancias, difícil también que se extinga el odio que me juraron los enemigos de las leyes; pero no debo vacilar entre ser espectador de una regeneración que puede asegurar los destinos del país y tomar parte con los buenos patriotas en favor de ella. Creo que ya puedo estar libre de nota de ambicioso: he pasado cuatro años fuera de toda función, sé qué es la vida privada y he gustado sus dulzuras, al paso que ya sabía bien lo que es el cuidado y la responsabilidad de un funcionario público; pero si aún se temiese que yo tenga ambición de poder, deseos de venganza, rencores, etcétera, estoy dispuesto a volver a continuar mi régimen actual lejos de las playas colombianas. Hablo a usted de esta materia porque yo deseo saber por usted lo que se piensa acerca de ella.

   Antes de que yo recibiese la noticia de la caída del absolutismo, había escrito a usted y al doctor Soto largamente manifestándoles algunas ideas respecto del porvenir de nuestra patria. Poco más puedo adelantar hoy que no conozco perfectamente el verdadero estado del país. Diré en pocas palabras mis pensamientos: en nuestra constitución, que será hecha en el próximo congreso, deben quedar garantías y por consiguiente aseguradas las libertades públicas y la estabilidad del poder, objeto verdadero de los gobiernos representativos. En estas pocas palabras comprende usted que está encerrado todo cuanto hay que decir: si los gobernados deben tener garantías para ejercer sus derechos políticos y no ser ultrajados en sus derechos civiles, los gobernantes deben tenerlas para ser obedecidos y respetados. Ni el despotismo ni la anarquía deben acercarse por ningún lado a destruir el edificio. Yo creo que por ahora a beneficio de la economía es preciso reducir nuestras asambleas a un número corto de miembros y a una indemnización mediocre: digo lo mismo de los empleados de los otros poderes. La economía es indispensable: estamos muy empeñados y entrampados, se ha dilapidado el fondo común en sostener la tiranía, y los pueblos deben estar exhaustos. Justo es reducir los gastos y procurar desempeñarnos. No estoy por presidencia de 8 años ni por consejo de estado en que el presidente tenga exclusivamente el nombramiento de todos los miembros. No estoy por departamentos sino por provincias que dependan del ejecutivo inmediatamente y cuya dependencia remueve todo celo y espíritu de localidad con sus capitales y las proveerá de medios de atender a sí mismas. Estoy porque se deje abierta la puerta a reformas posteriores federativas que puedan verificarse por medios regulares o por esfuerzos pacíficos. Ustedes saben mejor que yo lo que debe hacerse, pues además de que no pueden desconocer "que las lecciones de lo pasado deben ser nuestro estudio del porvenir", se hallan en el mismo teatro de los acontecimientos.

   Respecto a mí y a lo que yo pueda servir al país, diré que aspiro a ocupar un puesto en el congreso constitucional, donde podré defender la libertad, apoyar un buen gobierno y suministrar algunas luces prácticas adquiridas en mis correrías. Mi sistema es: todo para el pueblo en cuanto pueda necesitarlo para su felicidad; mucho para el poder en todo cuanto sea indispensable para mantener el orden, hacer respetar las leyes y defender al país de un enemigo exterior. Para los empleos públicos debe atenderse a la capacidad y a la conducta anterior, de manera que ninguna capacidad sea superior a la conveniencia de no ser traicionados nuevamente. Protección legal para todos, severidad para los perturbadores aunque sujetándolos siempre a una ley preexistente, reforma del ejército, economía, educación pública, libertad de imprenta claramente definida, tolerancia en las opiniones que no se conviertan en seductoras y sediciosas. Todo me parece posible, y ustedes serán muy imprudentes si no se aprovechan de los Obandos, López, Morenos, etc., para reorganizar el ejército poniendo los cuerpos militares, las provincias y las plazas en manos de oficiales de honor y de principios que nunca empleen las armas contra las leyes y la libertad. El ejército ha dado la independencia a Colombia; pero también ha contribuido una parte de él a quitarle su libertad. Respecto de las medidas que pueden volver a colocarnos en donde estábamos en la parte religiosa, me parece que por ahora debemos dejar a un lado la materia. Aseguremos la paz y la libertad política, establezcamos un gobierno nacional firme y respetable dentro y fuera, pongamos en uso la libertad de la imprenta y esperemos a que el tiempo haga lo demás. La libertad religiosa es hija de la libertad política, del orden y de un gobierno fundado sobre bases indestructibles. Bolívar bajo este respecto ha hecho más males que con sus tribunales revolucionarios, y los hombres de luces no se lo perdonan de manera alguna.

   Sensibles me son en gran manera las enfermedades del doctor Gómez y de nuestro impertérrito cura de Soatá. Espero que el buen estado del país haya contribuido a restablecerlos. No quiero, por ningún modo, consentir en la funesta idea de que se haga desgraciado. Al doctor Soto ruego que tenga esta carta por suya: le escribiré de New York largamente. D. Acosta se va conmigo y lo saluda afectuosamente. Nada me admira el acendrado patriotismo de mi ahijada. Ella ha dado pruebas admirables de esta virtud, como de un amor conyugal muy digno de elogio y de ser admirado. Me prometo verla pronto y renovarle personalmente mis afectos.

   El general Tomás Mosquera, don Jerónimo y el general Herrán se van para Italia dentro de un mes. De todos estos generales se puede sacar partido después de su viaje en Europa por países libres y esclavos. Arboleda tal vez no volverá a Colombia porque está enfermo. Palacio (Leandro) y Miranda no deben ser empleados de ese país ni de Colombia.

   Es ya preciso dejar esta carta y la dejo despidiéndome de usted hasta otra ocasión y repitiéndome su amigo íntimo y de corazón que le desea felicidades,

Francisco de Paula Santander

   Memorias muy afectuosas a todos mis amigos. No me gusta don Félix para ministro de lo interior. Dígale a Vélez que lo creo buen ministro del exterior, si tiene energía para aconsejar medidas dignas de la época y para no dejarse influir por ningún ministro extranjero. Sobre esto hay bastante qué hablar. Saludo al doctor Márquez, que me parece siempre excelentísimo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2782, p. 132-136.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 525-528.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 194, tomada allí original. 

36
Firma: SANTANDER

PARIS, 4 DE SEPTIEMBRE DE 1831

Al señor secretario de la guerra del gobierno de Colombia.

   Señor secretario:

   Permítame vuestra señoría que antes de expresar mis sentimientos por su nota oficial del 14 de junio y decreto que la acompañaba, felicite al ejército nacional por los esfuerzos y ayuda que ha prestado bajo la dirección de jefes valerosos y amigos de la libertad, a un pueblo virtuoso que cansado de sufrimientos se alzaba contra la usurpación y la arbitrariedad. Vuestra señoría, que tanto ha cooperado a derrocarla, tiene una parte principal en las congratulaciones de un viejo soldado de la patria, cuya vida fue y será siempre consagrada al bien común.

   Respecto del decreto enunciado, ruego a vuestra señoría presente al poder ejecutivo mis debidas gracias por este acto de justicia en que, respetándose las fórmulas, se ha corroborado la opinión pública delante de la cual estaba yo completamente vindicado. El 20 del corriente pienso embarcarme para Nueva York, a donde se servirá vuestra señoría comunicarme las órdenes del gobierno, seguro de que, quien a la cabeza de la administración del país supo respetar las leyes y obedecer a la nación, mejor las respetará y obedecerá en calidad de ciudadano privado. Todas mis facultades están a disposición de mi patria.

   Con sentimientos de alta consideración y respeto, soy de vuestra señoría obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2783, p. 136-137.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 528-529.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Nacional, Sección Guerra y Marina, t. 160, folio 30.

37
Firma: SANTANDER

PARIS, 4 DE SEPTIEMBRE DE 1831

Excelentísimo señor presidente.

    Excelentísimo señor:

    Celebraba en mi corazón el triunfo de la libertad en mi querida patria, bendecía a la Providencia que había inspirado al pueblo colombiano la resolución de reclamar sus leyes, y lo felicitaba por sus heroicos esfuerzos, cuando ha llegado a mis manos el decreto del gobierno de 10 de junio en que vuestra excelencia repara de un modo satisfactorio mi honor cruelmente ultrajado. Honrosa es, sin duda alguna, la manera con que el gobierno me abre las puertas de la patria para ofrecerle nuevos servicios; pero crece mi satisfacción cuando veo que la opinión nacional empezaba a reclamar una reparación a los ultrajes y persecuciones de que he sido víctima. Si el gobierno, pues, tiene derecho a mi gratitud por este acto de justicia, mis conciudadanos son acreedores a ella en grado eminente.

   Pero por grande que sea mi regocijo al verme tan ampliamente vindicado sin previa solicitud de mi parte, nada puede igualar al que siento al ver derrocado el poder absoluto y restablecido el imperio de la verdadera libertad. Este es el más interesante suceso que puede satisfacer el corazón de un colombiano cuya vida entera ha pertenecido a la causa del pueblo. Soportable era vivir expatriado, lejos de objetos queridos y reducido a la condición de extranjero si, por otra parte, una conciencia pura, una vida toda de libertad, y la memoria de largos y desinteresados servicios a ella daban derecho a la consideración pública y a la tranquilidad interior; pero, ¿cómo soportar la esclavitud de un pueblo digno por sus sacrificios de 20 años y por sus virtudes, de ser regido por un gobierno de leyes de su propia elección? ¿Cómo sufrir la arbitrariedad más escandalosa donde debían regir la justicia y la voluntad escrita del soberano? ¿Cómo sobrellevar la deshonra y descrédito de un país de quien se esperaba una conducta correspondiente a los esfuerzos que había hecho por el orden, la paz y la libertad? Y estas consideraciones eran tanto más graves cuanto más se apresuraban algunos pueblos europeos a corregir sus instituciones, haciéndolas emanar del saludable principio de la soberanía popular.

   Mas al fin Colombia ha vuelto a colocarse en el punto de donde debe partir hacia su felicidad bajo instituciones análogas al progreso de la razón pública, capaces de alcanzar el fin que se propusiera al sacudir la dominación española. Ojalá que los esfuerzos de la ilustre Venezuela y los del venturoso pueblo granadino, no sean contrariados por pasiones innobles o deseos prematuros. Ojalá que todos mis conciudadanos se persuadan de que los desgraciados sucesos anteriores son la sola lección del porvenir, y que estudiando en ellos, gobernantes y gobernados trabajemos de común acuerdo en bien de la patria y sólo en bien de la patria.

   Presento al gobierno mis debidas gracias por el acto de justicia que contiene el decreto de que he hecho mención, en el cual están comprendidos todos los colombianos que sufrieron los furores de un gobierno perseguidor. Ya que no es posible reanimar las cenizas de los mártires de la libertad, cuya memoria nos será siempre querida, al menos que pueda la patria recibir en su seno a los hijos que le hicieron el sacrificio de su reposo y bienestar. Mis servicios, aunque muy débiles, siempre han pertenecido a ella, y el gobierno puede emplearlos como a bien tenga. Mi carácter y mi conducta son garantes de que he pertenecido exclusivamente a la patria desde 1810, sin transigir nunca con sus enemigos, ni traficar jamás con mis principios y deberes. La libertad ha sido siempre mi ídolo, las leyes la regla de mi conducta, y el honor la base de todas mis acciones. Invariable así en la buena fortuna como en la adversidad, ningún poder humano me hará desviar de estos principios.

   Excelentísimo señor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2784, p. 137-139.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 529-530.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Nacional. Sección guerra y marina, t. 160, folio 28.

38
Firma: SANTANDER

PARIS, 6 DE SEPTIEMBRE DE 1831

   Santander saluda afectuosamente a sus compatriotas los señores general Tomás Cipriano Mosquera y Manuel María Mosquera, de quienes espera le den el placer de comer juntos el viernes próximo 9 del corriente a las 5 y media de la tarde reuniéndose en el Hotel Berlín Rue des Trondeux.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2785, p. 139. 
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo particular Hermann Mosquera Wallis. Del original. 

39
Firma: SANTANDER

PARIS, 14 DE SEPTIEMBRE DE 1831 

Al señor redactor de El Constitucional 

   Próximo a dejar la Europa para regresar a mi país, creo de mi deber manifestar los sentimientos de gratitud que me animan por la benévola acogida que se me ha hecho en la parte de Europa que he visitado. Desterrado de mi patria después de haber sido condenado a muerte por un juicio inicuo en el cual la prohibición de defenderme o de nombrar siquiera un defensor, fue la menor infracción de las fórmulas del procedimiento, he tenido el honor de ser acogido en las principales ciudades europeas de una manera obligante y de haber sido recibido en varias sociedades distinguidas. En Londres, Edimburgo, Berlín, Francfort del Main, Nuremberg, Ratisbona, Munich, y sobre todo en Florencia, Roma, París, Altona y Hamburgo, he recibido atenciones y urbanidades cuya memoria conservaré siempre. Hamburgo, la primera ciudad de Europa que he visitado, merece por esto una mención particular. Me felicito de haber recorrido la parte más interesante de Europa y de haber permanecido por más tiempo en París, donde se me ha colmado de bondades por gran número de personas, sin distinción de clases y de opiniones, lo mismo bajo el gobierno de Carlos X como bajo del gobierno de Julio. Lleno de gratitud, me limito a manifestarla por medio de su apreciable periódico, esperando las ocasiones favorables que me proporcionen el acreditarles que mi reconocimiento y gratitud son sinceros.

   Reciba, etc.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2786, p. 139-140.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander, Bogotá, Aguila Negra, 1913, t. 1, p. 68.

40
Firma: SANTANDER

HAVRE, 20 DE SEPTIEMBRE DE 1831

Señor general Tomás Cipriano Mosquera, París.

   Mi apreciable general:

   Hasta mañana no saldrá el paquete para New York. No pasa minuto que no me acuerde de París, y que no extrañe la sociedad colombiana.

   He recibido cartas de New York, de Cartagena, de Bogotá y de Caracas. Don Joaquín insistía en no ir a Bogotá a pesar de que el gobierno de los Estados Unidos le había ofrecido un buque para llevarlo. En Nueva Granada todo continuaba bien, esperando la reunión de la convención. El deseo general en Venezuela es sin duda alguna el de unirse con el resto de Colombia bajo pactos federativos. De Caracas me excitan a ir a aquel país, donde algunos de mis antiguos enemigos son ya afectos o por lo menos empiezan a hacerme justicia. Un tal Level de Goda, y otro, Escuté, son los que todavía escriben contra mí. Sé de un modo positivo que Páez le escribió al general Moreno aconsejándole que luego que libertaran a Bogotá me llamaran al país, lo que quiere decir que él (Páez) no me rehusará un pasaporte para ir a Caracas. Si he de juzgar del estado de Colombia por todas estas cartas que alcanzan hasta julio, las cosas prometen de día en día más esperanzas de arreglo, de paz, de unión y de libertad. ¡Qué fortuna tan grande sería que nuestra patria volviera a aparecer unida, tranquila, fuerte y organizada de un modo satisfactorio, y que todos los antiguos colombianos volviéramos a uniones de afecto pensando sólo en trabajar por el bien común! Deliro con este pensamiento, y debo decir que nunca lo creo una ilusión. O logramos al fin este proyecto, o es mejor expatriarnos de una tierra incapaz de orden y de organización. Tal es mi resolución.

   A mi querido amigo don Manuel mil cosas afectuosas; ¡Bien haya el que se queda! Tantas memorias al general Herrán y a nuestro don Jerónimo.

   De usted afectísimo compatriota y servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2787, p. 140-141.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 533-534.
FUENTE DOCUMENTAL:
Copia enviada por don Vicente Lecuna, de carta hallada en los papeles de Pérez y Soto, y que no publicó por no tener certeza de su exactitud.

41
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 13 DE NOVIEMBRE DE 1831

Benemérito general José Antonio Páez.

   Mi apreciable general:

    Espero que esta carta no sea desagradable a vuestra merced, atendiendo que en mis circunstancias, enteramente independientes, me ponen fuera del alcance de toda sospecha de pretensiones. Quiero decirle a vuestra merced hoy que a mi llegada a Hamburgo en 1829 escribí a usted manifestándole mis sentimientos de gratitud por su conducta conmigo en los amargos días de mis persecuciones; vuestra merced me escribió una carta a Bocachica que no olvidaré jamás, y yo he tenido el placer de divulgarlo en Europa para tributar un homenaje a la justicia, y a su corazón.

   Los recientes sucesos de Venezuela son altamente satisfactorios a los amigos de la libertad y honrosos a vuestra merced, de lo cual los felicito. En París y Londres se ha procurado desfigurarlos con mengua de usted y del país, y yo tengo la satisfacción de haber contribuido a hacer conocer la verdad en honor de todos.

   Este no ha sido un servicio personal a usted; ha sido un tributo que yo le voy a pagar a todos los que han salvado las libertades públicas, a las cuales yo he dado algunos sacrificios. Nada hay que agradecerme; quizá, quizá me resuelvo a ir a Caracas antes de pasar a Bogotá. Tal vez pueda ver usted en esos países mi presencia, en esos lugares donde desgraciadamente se ha desfigurado mi carácter y donde puedo dar informes de Europa interesantes a la formación y mantenimiento de una agresiva política. Los informes del señor Arganil me inspiran mucha confianza sobre el porvenir, él habla con ventajoso concepto de Venezuela, de su actual gobierno y muy particularmente de vuestra merced.

   La posición en que vuestra merced se halla hoy lo va a desengañar mejor de las dificultades que tiene que vencer un alto magistrado, de las sospechas a que está expuesto cualquiera que sea su buena fe.

   Persuádase vuestra merced, mi apreciado general de que usted va a granjearse enemistades, y que serán mal interpretados hasta sus más patrióticos pensamientos y que encontrará obstáculos a los deseos de hacer el bien; pero marche vuestra merced siempre por el camino derecho de la ley, ponga sus obras en armonía con sus palabras, y deje usted que las pasiones se desfoguen. Al fin llega el día de la calma y de la justicia. Aunque todos los tiempos no nos enseñan esto, bastará verme a mí, que he pasado por todas las vicisitudes. Yo he recibido en Europa una parte de la indemnización de todas las persecuciones que he experimentado, y actualmente oigo con placer que generalmente se emplea ya en mi patria el mismo lenguaje de que yo usé en los días aciagos de los años anteriores, que entonces me arrancó tantos disgustos.

   Yo dije en Cúcuta en 1821 "Que me sometía ciegamente a la constitución y que ella haría el bien y el mal según lo dictara": El resultado ha justificado la sinceridad de mi promesa. Deseo a vuestra merced, no las contradicciones en que yo estoy, sino un resultado semejante después de su presidencia. Que digan en hora buena de usted que no tuvo acierto, que se equivocó en sus cálculos, que erró en sus designios; pero que no se diga jamás: "Que ofreció sostener las reglas que le dieron para gobernar el pueblo, y las violó con designio de oprimirlo".

   Perdone vuestra merced estos descargos a un patriota de 1810, que no cree desmerecer el enumerarse entre los veteranos de la libertad. Yo aprecio a vuestra merced verdaderamente: nunca he sido su enemigo; soy testigo de sus servicios y conservo la memoria de las atenciones para mí en los días fatales de 1816. Deseo la felicidad de Venezuela, la libertad de Colombia y el bien de todos, amigos y enemigos. Libre de aspiraciones, orgulloso de las distinciones y opiniones que he merecido en países extranjeros, no pienso sino en que exista de nuevo Colombia bajo otro régimen más conveniente a la situación geográfica del país, a las necesidades de las diferentes secciones y aun a su propia dignidad, y que no se vuelva a oír hablar de centralización, dictaduras, discordias, partidos, etcétera. Esta es mi ambición y a esto consagraré mis débiles esfuerzos patrióticos hasta sacrificar el derecho de vivir en mi país.

    Cuento con la indulgencia de usted al leer esta carta, así como usted debe contar con los servicios personales y adhesión sincera de un antiguo compañero, antiguo amigo, y siempre obediente servidor de usted.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL.
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

42
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 14 DE NOVIEMBRE DE 1831

A la autoridad de la villa de Soatá.

   He tenido el honor de recibir aquí una carta de fecha 24 de junio firmada por el dignísimo párroco y vicario superintendente, J. N. Azuero, y de los respetables vecinos de esa villa, en la cual colmándome de expresiones altamente satisfactorias, me encarecen la utilidad de mi regreso a nuestra querida patria. Sensible a tamañas demostraciones de confianza y honor, no puedo expresar bastante los sentimientos de mi corazón. Ellas son superiores a lo que yo realmente puedo merecer e imponiéndome el nuevo deber de no desmentir nunca el concepto de mis conciudadanos, yo lo acepto con placer y voluntad.

   Sírvase usted como órgano del vecindario de Soatá presentar estos débiles votos al respetable patriota vicario superintendente y a los honrados vecinos de esa villa, asegurándoles que si mi conducta anterior puede servir de garante del porvenir, yo no perteneceré nunca sino a la causa de la verdadera libertad, nunca seré dominado sino por la ley, y nunca tendré otra mira que el bien y la dicha real y positiva de mis conciudadanos. He venido de Europa decidido a entrar en nuestra patria a servirle con desinterés y la más absoluta consagración, uniendo mis débiles esfuerzos a los de los virtuosos granadinos para que no se pierda el fruto de tantos sacrificios, ni de la asombrosa reacción liberal que acaba de verificarse. Séame permitido valerme de esta ocasión para decir al pueblo de Soatá que la libertad y el orden público son nuestras únicas necesidades, que a ellas todo debe ser sacrificado y que la primera ley de la sociedad es respetar y obedecer las leyes.

   Acepte usted los sentimientos de consideración y respeto de su compatriota y obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2789, p. 143-144.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander, Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 95.

43
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 14 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al señor gobernador de la provincia de Santa Marta.

   He recibido aquí el oficio de vuestra señoría del 29 de agosto próximo pasado en que con las expresiones más lisonjeras a mi corazón me incluye un pliego del gobierno de nuestro país. Vuestra señoría eleva al más alto grado mi conducta política, que no habiendo sido más que el deber de un agente popular para con sus mandatarios, sólo tuvo el mérito de haberse preservado del contagio de la seducción, de la timidez y la ambición que destruyó nuestras libertades. Ellas han triunfado ya, sin duda, para no perecer jamás, y yo he debido felicitarme, no precisamente porque mejore mi posición, sino porque mis conciudadanos van a recoger el fruto de sus patrióticos esfuerzos.

   La venturosa ocasión del oficio de vuestra señoría me facilita satisfacer el ardiente deseo de tributar mis homenajes al pueblo de Santa Marta, que tan oportunamente ha concurrido a destruir la tiranía, y a todos los demás que auxiliaron la empresa laudable de los jefes de las armas libertadoras. Sírvase vuestra señoría, como órgano de la provincia, presentar a todos esta débil pero muy sincera expresión de mi sentimiento.

   Nada me sería tan agradable como pisar las playas de esa ciudad donde, en días bien amargos para mí, he recibido pruebas de afecto de parte de muchos de sus habitantes. Pero no habiendo aún deliberado mi partida para Nueva Granada, no puedo saber cuál será el puerto de mi arribo. De cualquiera manera que fuese yo estimo altamente las generosas ofertas de vuestra señoría.

   Acepte vuestra señoría las sinceras protestas de distinguida consideración con que se dice usted humilde, obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2790, p. 144-145.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander, Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 94.

44
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 14 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al señor gobernador de la provincia de Pamplona,
coronel Juan Nepomuceno Toscano.

   Con indecible placer he recibido aquí la carta de usted en que transcribiéndome otra del presidente de la asamblea electoral de esa provincia, me hace saber que ella me ha honrado nombrándome diputado a la convención granadina. Esta prueba de confianza de parte de la provincia donde nací, me es altamente apreciable y satisfactoria, aunque no sea la primera que yo haya recibido en mi carrera pública. Siento que el tiempo y la distancia no me permitan concurrir a la convención para unir mis esfuerzos a los de mis conciudadanos en favor de la reorganización permanente de nuestra patria; pero no temo que ellos se echen de menos en una asamblea compuesta de lo más florido que la causa de la libertad ha visto en sus banderas.

   Mas, como en el curso de los años sucesivos ha de haber todavía trabajos para que los patriotas sirvan a la causa pública, yo me atrevo a presentarme de candidato para diputado del congreso constitucional, y solicito en consecuencia los votos de mi provincia. Mis principios están consignados en veinte años de revolución, de guerra, de orden y anarquía. Mi carácter está probado en los días aciagos de intrigas y ambiciones. Mi patriotismo no ha sido vulnerado ni aun por mis enemigos. Yo seré representante de la Nueva Granada sin olvidar los intereses de la provincia de Pamplona. He aquí mi única profesión de fe que puede guiar a los futuros electores para encargarme de una diputación en el futuro congreso constitucional.

   Sírvase usted aceptar por sí, como jefe de la provincia y como amigo de la libertad, las consideraciones distinguidas y el particular afecto de su compatriota y obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2791, p. 145-146.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 699.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta de la Nueva Granada, No. 12, de 9 de febrero de 1832, en Biblioteca Nacional, sala 1, t. 14.631.

45
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 14 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al ciudadano José Antonio Páez, general en jefe y presidente del estado de Venezuela.

    Señor:

    Amigo sincero y constante de la verdadera libertad, a la que el mundo me ha visto sacrificar consideraciones, amistades, honores y un porvenir lisonjero, quisiera felicitar a cada uno de los patriotas venezolanos que han contribuido al triunfo, sin duda permanente, de los principios republicanos proclamados desde 1810. Pero no siéndome posible satisfacer este vehemente deseo, no puedo escoger mejor órgano para presentarles mis votos, que el de ciudadano a quien los pueblos han confiado el difícil encargo de sostener su razón escrita.

   Confío en que vuestra excelencia quiera aceptar esta comisión y acoger en nombre del pueblo venezolano la expresión de mi regocijo al verlo árbitro de su propia suerte, regido por leyes de su libre voluntad, y presidido por un ciudadano que a sus títulos de valeroso soldado de la independencia, va a añadir el de magistrado fiel y leal a sus comprometimientos legítimos. Que Venezuela sea feliz bajo un régimen digno del siglo y de sus sacrificios, que ligada con las otras secciones del cuerpo nacional que el mundo ya ha saludado con el nombre de Colombia, contribuya a restablecer el honor colombiano, la paz, la concordia y la libertad de todos, y que gobernada por magistrados de su corazón, correspondan ellos siempre a la confianza pública en despecho de toda especie de tentaciones ambiciosas y de negras calumnias. La felicidad de los venezolanos será entonces una realidad, todos los pueblos de la gran sociedad colombiana gozarán de igual beneficio, y la Europa confesará al fin que somos capaces de vivir bajo instituciones republicanas. Un gran problema debe resolverse hoy en Colombia, después de las agitaciones y partidos en que desgraciadamente hemos estado envueltos: el de si nuestra existencia política es posible bajo un régimen conforme con el progreso de la razón pública. Vuestra excelencia está llamado a contribuir a esta famosa resolución, y yo tengo la confianza de que la buena fe, la fidelidad y un verdadero patriotismo de parte de gobernantes y gobernados de todos los estados de nuestra común patria, decidirán favorablemente la cuestión.

   Reciba vuestra excelencia particularmente mis felicitaciones por su conducta en las difíciles circunstancias en que la causa de la libertad ha triunfado, sin duda para no perecer jamás.

   Con sentimientos de alta y distinguida consideración y profundo respeto, soy de vuestra excelencia obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2792, p. 146-147.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 700-701.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta de la Nueva Granada, No. 1, de 1° de enero de 1832. Biblioteca Nacional, sala 1a, t. 14.631.

46
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 15 DE NOVIEMBRE DE 1831

   Mi distinguido y apreciable amigo doctor Azuero:

   Al fin estoy ya en América dejando la interesante Europa sólo porque prefiero los votos de mis conciudadanos. Hace cuatro días que he llegado aquí y necesito un poco de reposo. He visto a Lleras, el campeón que aquí ha sostenido nuestras libertades, al inmutable doctor Argan, al caraqueño doctor Fortique; he recibido innumerables cartas de la Nueva Granada, entre ellas la de usted del 18 de agosto, y he leído muchos papeles públicos de Caracas, Bogotá, Antioquia, Popayán, Cartagena, etc. Todo esto me ha hecho formar alguna idea del estado de las cosas en nuestro país. Yo no desespero de que se forme un cuerpo de nación aunque débil, porque Venezuela quiere mucha independencia; pero formemos cualquier cosa con tal que no peleemos, y que no continuemos siendo la befa del mundo liberal. Hay cuestiones espinosas para las circunstancias, como, por ejemplo, lo de las provincias del Cauca; mas es preciso que nos transemos de cualquier modo decente y pacífico. Yo he dicho en Europa lo siguiente: "después de la muerte de Bolívar, Colombia va a reorganizarse y a vivir en paz; nosotros vamos a comprobar que somos capaces de gobernarnos". Vea usted si estuve comprometido y si lo estará todo el país en no desmentir este pronóstico.

   Volviendo a lo del Cauca y sur, yo digo que se acuerden ustedes del modo con que ha quedado transada la cuestión de Montevideo entre el Brasil y Buenos Aires, lo cual satisfizo a todos. Adóptese en todo caso semejante, igual partido, que es el que las circunstancias dictan. En otras cosas es menester no hacer transacciones, como en principios y garantías sociales, energía en el gobierno, firmeza en los magistrados, etc.; pero en cuanto a unión entre las partes dislocadas es prudente ceder y tomar partidos medios, hasta que un poco más de calma y de experiencia nos conduzcan al punto preciso. Una guerra actualmente sería el colmo de nuestros males; si hay temores de ello, no voy a Bogotá. Me moriría primero antes que presentarme delante de la Europa de espectáculo de deshonra y de vergüenza. Yo escribo a Caracas a Tobar, Páez, Piñango, Guerrero, Muñoz, Narvarte, Espinal, Olivares, etc., y a todos les digo esto mismo para que no estén pensando que quiero mando a toda costa y que abogo por la unión porque aspire a presidirlos por pura ambición o miras depravadas. Envío a usted un oficio al presidente Páez y mi carta particular; el primero puede publicarse; la segunda, no, pero muéstrela usted a quien crea usted que convenga imponérsele.

   La lista de diputados para la convención me tranquiliza completamente: leo en ella los respetables nombres de los sinceros y constantes amigos de la verdadera libertad. Yo no hago falta ninguna porque espero que no haya a quién imponer como en Ocaña: ya son otros tiempos. No olviden ustedes que el ejército y el pueblo están relajados y que es menester templar los resortes y hacer que las leyes vuelvan a tomar fuerza y vigor. Los medios son muchos y ustedes lo saben: una excelente ley para conspiradores es necesaria para que no tenga el gobierno poderes discrecionales. Es necesario que el congreso estatuya sobre los emigrados y expulsados del país para que el gobierno no tenga una autoridad discrecional para admitir su entrada a su voluntad o mantenerlos desterrados sin utilidad pública. No dejen de hacer en esta ley la distinción de extranjeros e hijos del país. Con los primeros no hay capitulación. Economía, economía en las dotaciones y en el número de empleados para que el pueblo se alivie y pueda comparar este estado con las dilapidaciones de los dictadores y para que demos muestras de atender a la deuda nacional. Obando es una alhaja que todos los liberales deben cuidar; Márquez es utilísimo en su destino de hacienda y aparente para todo. Es una calamidad que Gómez haya renunciado a la vida pública y que sufra lo que debía sufrir la verdadera causa de sus disgustos domésticos.

   Observo que hay mucho calor en los papeles públicos; el Republicano me parece excelente. Están ahora los liberales como leones que desencadenan. Quiera Dios que siempre estemos unidos cordialmente los liberales y que la división entre nosotros mismos no sea motivo de otras amarguras. Es menester trabajar mucho para enseñar a todos el modo de discutir las cuestiones, contradicciones y refutaciones sin calumniarnos, sin declararnos la guerra y sacrificarnos. Aquí era donde yo quería tener tiempo de dar el ejemplo de subordinación al gobierno, de respeto a las leyes, de interés por la educación pública, por la discusión, las asociaciones, etc. Así es que yo de particular en Bogotá haría, sin duda alguna, servicios útiles a la suerte futura del país. Ustedes piensan que yo debo ser jefe de nuestra Nueva Granada, y sobre esta cuestión no sé qué deba decir francamente, estando lejos del teatro donde debo hacer mi papel. Debo confesar que estoy completamente desagraviado al ver las expresiones voluntarias y satisfactorias con que los pueblos hablan de mi conducta, y que nada más exijo de mis conciudadanos. Por consiguiente, la presidencia no puede servir de indemnización ninguna de lo pasado. Ella sólo puede ser una señal de confianza en mis fuerzas o una necesidad de las circunstancias, y en ambos casos yo debo juzgar de mí mismo, pulsarme y tantearme si soy capaz de lanzarme en el océano que está por delante. Para ello sería preciso estar allá y esto haré si el caso llegare. Nada me arredra, nada quiero sino tranquilidad y libertad. Cualquier destino me honra. Yo siempre he escrito que el vicepresidente de Colombia debía pasar a ser regidor de un puesto municipal. Si me siento capaz de tomar el gobierno y ustedes como diputados del pueblo lo ponen en mis manos, pueden contar mis conciudadanos con que nada haré contra su libre voluntad y que procuraré desempeñar mi comisión fiel y lealmente. Si otro es elevado a la presidencia, yo estaré siempre del lado del gobierno en tanto que él marche netamente por el camino legal, y le haré oposición en caso contrario, no formando un sistema de guerra de descrédito o de calumnia, sino atacando todo acto contrario a la ley, estudiando el interés público para presentarlo a la autoridad y vigilando sobre las libertades de todos.

   No puedo resolver mi partida de aquí todavía. Escribiré a usted frecuentemente y espero la retribución de parte de usted. En este país he sido recibido divinamente; tiempo me falta para atender a mi correspondencia. Esta carta servirá al doctor Soto de recuerdo, o mejor de señal de que jamás lo olvido. El día que yo abrace en mi patria a mis amigos verdaderos y compañeros de persecuciones, quedaré enteramente indemnizado de las privaciones pasadas. Yo los amo quizá más por lo que la patria tiene que esperar de ustedes que por cualquier otro sentimiento. Soto es para mí un nombre tierno. Azuero es nombre que me llena el corazón. Gómez, etc., son amigos en la verdadera significación de la palabra. Saludo a Gómez Plata, Liévano y demás patriotas. El hermano de usted me ha escrito de Soatá una carta oficial muy patética. Le he contestado. A mi virtuosa ahijada mis afectuosos respetos. Espero verla más tranquila que en Ocaña y acreditarle de todas maneras cuánto la aprecio y cuánto respeto sus virtudes.

   Adiós, amigo muy querido. Pronto abrazará a usted su apasionado compatriota y fiel amigo,

Francisco de Paula Santander

   Mosquera se ha ido para Francia, en parte porque creía que yo no venía aquí hasta el año entrante.

   ¿No sería mejor que el pueblo nombrara presidente y el vicepresidente conforme a la constitución que ustedes van a hacer? Esto parece más derecho y popular y quienquiera que fuese nombrado entraría con una fuerza de opinión muy ventajosa al gobierno y al país. Pensando en esto después de escrita esta carta me parece que yo de diputado tomaría este partido.

   19 DE NOVIEMBRE

   Acabo de recibir carta del doctor Soto del 5 de agosto, y de Aranzazu, de Maracaibo, del 6 ídem.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2793, p. 148-151.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 701-704.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 197.

47
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 15 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al doctor Joaquín Suárez, Bogotá.

   Amigo de toda mi estimación:

    Su única carta que he recibido de usted en tres años es la apreciable de 14 de agosto, que me ha complacido infinitamente, así porque toda su familia se halla sin novedad, como porque ya se trata de publicar mi proceso. Gracias sinceras doy a usted por sus oficios amistosos en el particular. Yo no necesito en Europa ni aquí de esta publicación porque mi honor está a cubierto; lo interesante únicamente es que se vea en documentos auténticos cuál ha sido la justicia del gobierno paternal de Bolívar.

   ¡Ha triunfado la libertad! ¡Acontecimiento honroso al país y digno del siglo! Mi contento es grande y mis esperanzas inmensas (no obstante que hay dificultades de magnitud) de que no se pierdan los sacrificios hechos por la libertad. No es la debilidad o complacencia de ciertos magistrados lo que me hace temer; es que nosotros mismos, liberales, nos desunamos, nos sacrifiquemos y demos armas al despotismo doméstico para reanimarse. Así, mi amigo, éste debe ser un temor común y persuadirnos de ello es preciso para que estemos alerta y nos preservemos. A esto contribuiré yo por cuantos medios estén a mi alcance. Puedo ser útil al país todavía siendo un ciudadano particular, más bien que en la magistratura. Un gobierno necesita tener de ciudadanos privados a los que por toda una vida anterior y otras peculiares circunstancias podemos dar el ejemplo de la obediencia a la ley, de la prudencia para discutir las cuestiones políticas y legales, en fin, de un verdadero interés por el triunfo de la verdadera libertad. Ustedes piensan que yo debo ser magistrado; no sé si esto será o no conveniente cuando aún subsisten celos, rencores, desconfianzas, etc. Véanlo ustedes bien y estén persuadidos de que yo me creo completamente desagraviado con todo lo que mis conciudadanos han hecho conmigo después de "que se puede pensar libremente lo que se dice y hablar libremente lo que se piensa". Un grande honor sería para mí vivir en mi casa sujeto a la ley, sosteniendo al gobierno y discutiendo legalmente con todos mis conciudadanos los medios de que el país sea feliz.

   Hace tres días que he llegado, después de una navegación de cuarenta y siete días bastante penosa; necesito reposo. No sé, por tanto, cuándo podré salir para Bogotá. Además, quiero ir a Washington a conocer al presidente (aunque fue bolivarista) y a todos los hombres públicos del país. Me han acogido aquí de una manera tan distinguida que estoy lleno de orgullo, pero entiéndase que es el orgullo que produce la convicción de que todas estas distinciones son tributadas a la libertad colombiana de quien yo he sido amigo, defensor y víctima.

   ¡Cuánto me duele la suerte de primo Pedro! ¡Ah patria! ¡Cuánto cuestas! Hágame el gusto de escribirle saludándolo con las expresiones de mi mayor afecto. Espero verlo, porque hasta ahora no estoy decidido a remontar el Magdalena. El gobierno debe ser generoso si no quiere ser justo con sus fíeles servidores. Fortoul es digno de toda consideración bajo todos respectos. Escríbale usted también a la monja de Leyva diciéndole muchas cosas afectuosas y ofreciéndole que iré a verla sin falta.

   A Cleofe mil cariños, a Rosarito y a los demás niñitos de usted. A los dos Silvas mis afectos, sabía ya que eran jóvenes de provecho. Ansío por verlos a todos, abrazarlos y servirles. Llegará este día pronto, y entretanto créame usted apasionado suyo, amigo verdadero y afectuoso pariente,

Francisco de Paula Santander

   Mándeme un ejemplar de la carta impresa que dirigí a Tovar desde París, y no la he visto todavía.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2794, p. 151-153.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 704-705.
FUENTE DOCUMENTAL:
Banco de la República. Fondo García Ortiz.

48
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 15 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al ciudadano jefe político municipal de la villa
de San José de Cúcuta.

   Ciudadano:

   Al pisar otra vez el suelo de la América, he recibido las pruebas más inequívocas de afecto de parte de los patriotas vecinos de esa villa, consignadas en una carta de fecha 1° de julio, cuyo principal y duplicado han llegado a mis manos a un tiempo mismo. Al tocar al término de mi destierro y de mis sufrimientos, esta carta ha sido uno de los bálsamos que han empezado a cicatrizar mis heridas, y mi gratitud hacia la provincia de mi nacimiento no conoce límites. Sus habitantes me han colmado de títulos que juzgo exagerados y que desearía con todo mi corazón merecer para siempre. Sin embargo, yo les doy las más expresivas gracias, suplicando a usted me sirva de órgano para transmitirlas a todos y a cada uno de ellos, con las voces más ardientes de mi gratitud y mi cariño.

   La villa de San José de Cúcuta puede alegar desde ha mucho tiempo demasiados derechos sobre mí, para que me haga sordo a los clamores de sus virtuosos vecinos. Ellos me llaman a contribuir con mis cortas fuerzas a sostener el grandioso templo de la libertad, que ha salido más bello y duradero de entre los escombros del despotismo. Ellos me llaman, me llaman igualmente los dignos patriotas de la Nueva Granada y me llama también su legítimo gobierno. Este llamamiento es para mí una ley, y habiéndome siempre preciado de ser el apoyo de todo lo que lleva este nombre, no puedo desobedecerla; y mi propio corazón, que sólo respira el puro amor de la patria, me impele a la obediencia. Volveré, pues, a pisar sus playas; sacrificaré en sus aras, como hasta aquí, mis conveniencias, mi fortuna y aun mi vida; y si alguna vez pudiera mi presencia turbar su tranquilidad, le sacrificaría gustoso hasta el derecho de vivir en su seno.

   La pura satisfacción que ahora disfruto podrá sólo describirla el silencio, y éste es el que empleo para dar las gracias a los vecinos de San José de Cúcuta por su generosa compasión durante mis padecimientos, y por las lisonjeras palabras de que hacen uso para honrarme, cuando han llegado a su término.

   Pero mientras el cielo me concede el que pueda hacerlo personalmente, suplico a usted que sea el vehículo para comunicarles los sentimientos de gratitud, afecto y consideración con que tengo el placer de suscribirme de ellos y de usted su compatriota y obsecuente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2795, p. 153-154.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 705-706.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta de la Nueva Granada, No. 1°, de 1° de enero de 1832. Biblioteca Nacional, Sala 1a, t. 14.631.

49
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 19 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor don Francisco Soto

   Amigo de mi mayor estimación:

   Tenía escrito ya a nuestro excelente amigo Azuero encargándole que comunicara a usted mi carta, cuando recibo la estimable de usted del 5 de agosto, junto con la famosa carta de los vecinos de San José, que he contestado. Celebro infinitamente la resolución de usted de ir al congreso granadino, donde hay tantas cosas delicadas que la prudencia y juicio de usted deben contribuir a decidir. Yo me he metido a predicador y a catedrático confiado en que mi posición política me da cierto derecho a ser escuchado sin prevención. Para no repetirme tanto, me refiero a cuanto escribo a Azuero y a Rojas.

   El nombramiento de diputado por Pamplona me satisface mucho, tanto más cuanto que ninguna otra persona se acordó de ello. Es imposible asistir al congreso, pues he recibido aquí el nombramiento, y marchando seguidamente a Bogotá apenas llegaría por enero, a tiempo de cerrar la sesión. Fuera de esto, he llegado fatigado en 47 días de navegación y es justo descansar y aprovechar el tiempo en observar este admirable país. Ustedes también pueden libremente obrar en las elecciones lejos de mi influencia y dejarme a mí libremente elegir mi partido.

   Sobre esto diré francamente que ninguna dificultad me arredra fuera de la división entre los liberales. Estoy decidido a servir al país con todos mis esfuerzos sin reserva alguna, siempre que los liberales de influencia se reúnan conmigo a trabajar y, adoptando mis ideas, me auxilien con todo su poder. De otro modo, yo no puedo engañar la expectación pública sin comprometer mi reputación. Ya ha pasado la época de las ambiciones pueriles; ya he figurado en el teatro político y felizmente mereciendo la aprobación de mis compatriotas y de los hombres distinguidos de Europa. No debo lanzarme en un mar borrascoso sin probabilidad de resistir la tormenta y salvar la nave. Si yo acepto un mando, será sólo para hacer el bien de mi patria y aumentar la reputación de hombre honrado y patriota, correspondiendo a ello intenciones puras. He aquí mi resolución irrevocable. Para mí nada sería tan glorioso como vivir de particular dando el ejemplo de la obediencia a la ley, y de una oposición calmosa y moderada a cuanto se separara del camino legal y del de la utilidad pública. Como usted me conoce, confío en que entiende mi lenguaje y lo sabrá hacer valer para con todos mis amigos y compañeros de opinión.

   He tenido en esta ciudad una acogida muy amigable y distinguida. Los diarios han hablado de mí del modo más honroso. He encontrado a Lleras ardiendo de fuego patriótico, y buen amigo de usted.

   En Europa quedaron: don Jerónimo, calculando tristemente sobre nuestra suerte; el general Mosquera, viviendo lo mejor posible; Arboleda, gravemente enfermo; Herrán, decidido ya por el partido liberal sin negar sus pasados servicios al contrario, y el (Sigue Nota del Editor...) que es excelente. Don Joaquín está allá también. Cuando yo llegué aquí (que fue el 10 del corriente), ya hacía cuarenta días que había salido para Francia. Todos estos señores me han tratado bien y con mil consideraciones. Todos ellos pueden servir con más o menos utilidad, digo todos, menos don Joaquín Mosquera, que es de otra especie que no debo poner ni al nivel de su propio hermano, el antiguo intendente de Guayaquil. Mucho tenemos que hablar de estos señores.

   Cuánto siento los males de (Sigue Nota del Editor...), cuánto la penuria de usted; los recuerdos de mi señora Juana y de toda su familia por todos cuatro costados, los aprecio debidamente y los retorno con todo mi afecto. Respecto a usted, puntualmente yo tengo el placer y el deber de decir que soy su verdadero amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2796, p. 155-156.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1932, t. 24, p. 333.

50
De: SANTANDER

NUEVA YORK, 19 DE NOVIEMBRE DE 1831

   Mi pensada y amada Josefita:

   Ya estoy en América y más cerca de ustedes. He llegado el 10 del corriente fatigado de una larga navegación en que corrimos algunos riesgos. Necesito descanso antes de volver a embarcarme para Bogotá. He sido recibido aquí de una manera distinguidísima, los diarios me han colmado de elogios y en cuatro días no he tenido vacía la sala. ¡Qué placer es haber sido hombre de bien y padecido por la causa de la libertad!

   Aquí he recibido 11 cartas tuyas, la última es del 14 de septiembre en que me dices que habías recibido carta de Briceño. Yo supe aquí que estaba en Caracas, donde lo había visto bueno un caraqueño que ha llegado a esta ciudad. Gracias a Dios, que estás ya tranquila. Hubiera preferido no ir a Bogotá si había de encontrarte viuda del mejor de los maridos. No: espero verte con tu barrigón siempre contenta y espero abrazar a ese cuñado ejemplo de amigos y modelo de hermanos. ¡Ah, cuánto quiero yo a Briceño! Es mi ídolo y por él haré cuanto no haría Perucho ni Juancito.

   ¿Conque mi pobre Manuelita está encerrada en las monjas? ¡Pobre cachaca! Dale mis memorias tiernas y dile que su cartica me ha enternecido, que se aplique mucho y que (Sigue Nota del Editor...) a las monjas. Al cabezón, la capitana que ahora debe subir a comandanta, la rucia, Angustias y Betsabé, mil cariños afectuosos y mis esperanzas de abrazarlos tiernamente bien pronto y aguantarles sus bullas y rochelas. Sé que recibiste mis retratos y chucherías; ahora llevo otras para la gente grande para hacerles ver que vengo de París, pero yo mismo quiero entregarlas y verlas usar.

   He visto todos los papeles públicos de Caracas, Cartagena, Popayán, Bogotá, Antioquia, etc. ¡Qué diferencia de lenguaje el de hoy al de ahora cuatro años! Y qué satisfacción tengo al leer y ver que hoy hablan como yo hablé entonces y a lo cual llamaban facción, ambición, intriga, etc. ¡Ah tiempos, cómo se mudan! Pero yo no me cambio; yo soy el mismo para la patria y el mismo para mis amigos. Una carta tuya en que vas calificando a todos los conocidos me ha gustado infinito. Esto me es importante, porque aunque yo no soy capaz de tratar mal a nadie ni hacerle ningún mal a mis enemigos, quiero saber quiénes han sido fieles a la libertad para tratarlos con mi particular distinción. Esto es justo y yo soy amigo verdadero.

   No temas por tus cartas; veinte años de revolución deben hacerme cauto. No creo que Vicente González haya dicho que soy ladrón; él me conoce mucho; habrá sido badulaque e ingrato, cosa que no me espanta, no necesito de él para nada. Pacho va antes que yo a Bogotá, porque temo que el invierno aquí lo mate, según me dijeron los médicos en París. Trátalo bien, y muy bien; mira que en Bocachica ha contraído él un mérito muy particular conmigo. Siempre le supliqué que se fuera para Bogotá y nunca quiso. Si él quiere ser ingrato, que lo sea; yo no debo serlo con él. Juan está loco por llegar a Bogotá. Pepe trabaja con provecho. Si los vieras cómo están de petimetres y decentes te habría de dar gusto. Yo los tengo así porque me sirven y porque es honor mío en países extranjeros.

   Demasiado he calculado yo cómo se exponen mis intereses, pero es preciso sufrir, me ha escrito francamente sus embarazos y yo estoy contento de que mi dinero le sirva. Yo le escribo a Cuéllar sobre todo. Dile a Cuéllar que su carta me ha tranquilizado, que estaba indignado con él porque no sabía de su paradero, pero que ya estoy contento y siempre su amigo.

   He recibido aquí un diluvio de cartas que es imposible contestar ahora. Así te ruego que le digas a la vieja Gadea y a las Cetinas que recibí sus esquelitas con aprecio. A los tíos mil expresiones, que ansío por abrazarlos. A la catira Juana muchos abrazos. A Cleofe mil cariños. A las Cetinas, la Patiana, Caycedos, Sánchez, etc. Al señor oficial Honorato muchas memorias y que lo quiero tener de edecán. Al formal Polo mis afectos, al famoso Romero, al cojo Gómez, a Zabalita que les llevo música para que cantemos en Hato Grande, a los frailes buenos, a todos, todos y todas mil expresiones.

   Aquí he visto al viejo Arganil, siempre el mismo en todo. El joven Lleras, hijo de la Casis, es de lo más estimable que tiene la causa de la libertad, mi defensor, mi amigo. Cuando se ofrezca, desearía que su madre supiera cómo estoy de encantado con este excelentísimo joven. Grandes servicios nos ha hecho aquí este colombiano. Mosquera se ha ido a París antes de mi llegada.

   No te exaltes; usa de prudencia. Ahora que estás ya vencedora, modérate y sé generosa sin ser confiada (Sigue Nota del Editor...).

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 708-710.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo de Rafael Martínez Briceño. Cortesía del historiador Guillermo Hernández de Alba. Hasta hoy inédita.

51
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 20 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor Joaquín Mosquera.

   Mi distinguido y muy apreciado amigo:

   ¡Qué chasco tan completo me he llevado al desembarcar en esta ciudad y encontrarme con que usted había desembarcado ya en El Havre! No sé qué juzgar del viaje de usted, porque sería preciso que usted mismo oyese mis observaciones. La verdad es que la ausencia de usted deja en mí un vacío que ningún otro puede llenar.

   He recogido todos cuantos informes me han sido posibles sobre el verdadero estado de la antigua Colombia, y por ellos y la multitud de cartas que he recibido de Bogotá, Maracaibo, Cartagena, etc., de fechas de septiembre, veo confirmado de un lado, que hay muchos y grandes obstáculos para la recomposición de Colombia bajo un régimen que inspire confianza y asegure el orden público, y del otro, que no es imposible sacar el país del estado en que se encuentra. No rebajo en nada mis esperanzas de ver restablecida la paz y enfrenado el espíritu de revolución que ha relajado la disciplina militar y la moral del pueblo. Quizá usted como nuestro don Jerónimo me creerá visionario, y se reirá de la confianza que muestro; pero sea que no alcance a medir las dificultades, o porque no estoy presente en el teatro, o por cualquiera otra razón; sea porque el amor de la patria me tape los ojos, yo creo que el desconfiar o desesperar de la salud del cuerpo moribundo colombiano no corresponde a patriotas después de 20 años que han pasado por todas las vicisitudes de la guerra y de la revolución. Una desconfianza semejante nos deshonra y nos impide al mismo tiempo aplicar nuestros esfuerzos en bien del país. En política como en la guerra, la desconfianza de no alcanzar un resultado favorable hace encallar cualquier empresa e inutilizar los mejores esfuerzos. Yo no olvido en estos casos que el senado romano después de la batalla de Cannas le dio las gracias al cónsul Varrón porque no desconfió de la salud de la República.

   No sé cuándo podré salir de aquí para la Nueva Granada, porque debo consultar una multitud de circunstancias, que no está en mi mano facilitar. Ninguna dilación aquí la creo perdida para el bien de nuestro país.

   He hablado largamente con el doctor A. Fortique sobre el estado de Venezuela, y sus informes y lo que Aranzazu me escribe de Maracaibo me inspiran bastante confianza sobre una futura unión más o menos débil que por lo pronto comience a mejorar la situación del país. La cuestión de Casanare está terminada con su reincorporación a la Nueva Granada; queda la del Cauca, sobre la cual los pueblos de aquel departamento están divididos en opiniones y en la que están de por medio la petulancia y ambición de Flores; pero no faltan medios de transar provisionalmente la dificultad para evitar un rompimiento. Yo he dicho a Venezuela que si el gobierno teme que mi presencia en la Nueva Granada sirve de obstáculo a la reunión de las secciones en Colombia, estoy pronto a volverme a Europa, y crea usted lo hago con sumo placer porque la patria y mi propio honor ganan mucho.

   El próximo congreso granadino se compone de los liberales más acreditados: Soto, Azuero, Gómez Plata, Márquez, Vélez, Aranzazu, etcétera, pertenecen a él y yo puedo reunírmeles en virtud de que también me han nombrado diputado. No hay duda que habrá acaloramientos y pretensiones, quizá exageradas, pero, ¿dónde no los hay?, éste no es mal peculiar a nosotros. Si yo he de creer lo que me escriben de Bogotá, mis ideas sobre la reorganización del país han agradado, y ahora vuelvo a repetir que yo no me encargaré de nada en contradicción con ellas, ni tampoco si los liberales no se comprometen a marchar de común acuerdo. Yo ni he sido ni seré nunca jefe de facciones, y por consiguiente tampoco presto mi nombre para persecuciones inútiles. Yo quiero energía para mantener el orden público haciendo respetar las leyes; quiero justicia para castigar a los perturbadores, tolerancia a todo género de opiniones y protección a cuantos vivan sometidos a la ley.

   Espero que usted visitará la bella Italia en este invierno y que allá y en Francia dejará las favorables impresiones que aquí ha dejado, de las cuales oigo hablar de una manera que me da mucho placer; espero también que en la primavera próxima se venga usted para Colombia, uniéndose a todos nuestros compatriotas.

   Quería escribir al general y a don Tomás, pero estoy tan ocupado con el próximo viaje de González para Cartagena, que temo no me alcance el tiempo. Yo suplico a usted que transmita esta carta a dichos señores junto con las expresiones de pesar (Sigue Nota del Editor...) de mi amistad, y lo mismo al general Herrán y al señor Arboleda. A mi querido don Manuel María mil recuerdos afectuosos y que desearía saber de su vida parisiense. Escribiré después todo cuanto sepa de nuestro país, donde hasta ahora hay tranquilidad y guerra de papeles en que todos tenemos nuestra parte. Esto no es nada; Caycedo hace cuanto puede por templar la exaltación de los liberales: allá como en Francia hay extreme gauche y juste milieu; allá como en todas partes los que han andado de prisión en prisión por liberales temen una reacción y miran con desconfianza a los perseguidores del absolutismo. Se necesita para calmar esta efervescencia el ejemplo de un hombre (no me atrevo a decir que como yo) que no sea tachado de bolivianista, urdanetista, amigo de dictaduras, etc., y que haya padecido más que los que hacen valer sus padecimientos políticos. Yo soy patriota de 1810 y liberal de toda revolución, sin que jamás haya cambiado de causa por ninguna circunstancia. Esto puede servir en Nueva Granada para que se atienda a mis opiniones.

   Adiós, amigo mío muy distinguido. Yo lo soy de usted de todas veras e invariablemente,

Francisco de Paula Santander

   Unos libritos que me dio para usted su hermano, pienso encargárselos a Maura, que se irá pronto para Popayán, para que los ponga en manos de la señora Mosquera, a menos que usted no disponga de otro modo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2797, p. 156-159.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 710-713.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 102.

52
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 25 DE NOVIEMBRE DE 1831

Conciudadanos de la Nueva Granada.

   Compatriotas:

   Permitidme que desde la tierra clásica de la libertad os enderece mi voz para expresaros mi profunda gratitud, así por los nobles esfuerzos que habéis empleado en el restablecimiento del gobierno nacional, como por vuestros votos en mi favor. Una persecución encarnizada, que será siempre mi mejor título de honor, me privó de mis derechos y de mi patria. Arrojado a tierras extrañas, no me quedó sino lo que la violencia y la venganza no podían arrebatarme: el testimonio de una conciencia pura, la memoria de mis largos servicios al país y el amor a la verdadera libertad.

   Con estos bienes y las consideraciones con que he sido favorecido, yo he pensado poco en mí mismo; nuestra querida patria absorbía todos mis pensamientos. Defender su honor, vilmente ultrajado, vindicarla de cargos injustos y procurar su bien han sido un deber sagrado que yo he cumplido con celo y lealtad. Felizmente vosotros, mis respetables conciudadanos, dabais valor a mis palabras, levantándoos en masa a reclamar las leyes y el gobierno que habíais establecido, mostrando al mundo con tan laudable conducta que comprendíais vuestros derechos, que amábais la libertad y que deseábais vivir bajo un régimen de vuestra propia elección, donde se consultasen vuestros sacrificios de 20 años, el progreso de la razón, las necesidades del país y el espíritu del siglo. ¡Honor al pueblo que tan heroicamente se ha hecho justicia! ¡Gloria a los militares patriotas que lo han sostenido y llevado al triunfo! Ya no se dirá más que los americanos del sur son indiferentes al despotismo, ni que con igual placer besan la mano que los encadena y la que les da la libertad. Venezuela, Nueva Granada y el Ecuador han comenzado a vindicar a Colombia de la humillación en que circunstancias fatales la sumieron, y han concurrido con otros de los nuevos estados americanos a salvar el honor del nuevo mundo.

   Pero vosotros comprendéis que el triunfo de los principios sociales no basta, por sí solo, a poner en vuestras manos el fruto de vuestros espléndidos sacrificios. Nada se ha hecho en favor de la felicidad del país si no os esforzáis en reorganizarlo sin dilación, y en preservar el nuevo régimen de ser destruido. Después de que el campo ha quedado en poder del pueblo es menester asegurarle la posesión contra todos los enemigos que le concitan, en Europa el absolutismo y entre nosotros mismos la ignorancia, las preocupaciones, los rencores y la ambición. Obra fue del pueblo arrojar la tiranía del asiento que sólo debe ocupar la libertad: obra es del mismo pueblo sostenerla vigorosamente y afirmarla para siempre. La unión que produjo el primer bien, debe producir el segundo. La unión de esfuerzos y de intereses es nuestra verdadera salud.

   Disimulad, mis respetados compatriotas, que yo me atreva a hablaros de la suerte de nuestro país, repitiéndoos verdades que no podéis desconocer. Mi antigua y leal consagración a la causa del pueblo, los recientes sacrificios que voluntariamente le he hecho y mi peculiar posición política, me dan cierto derecho a confiaros francamente mis ideas, mis opiniones y deseos. Comprometida mi palabra delante de muchos hombres respetables del mundo culto, no debo omitir ocasión alguna de comunicaros mis pensamientos y la confianza que me inspiran vuestro patriotismo, vuestro buen sentido y vuestro carácter dócil y pacífico. Yo he alentado la esperanza de los que desean que Colombia aparezca de nuevo tranquila bajo instituciones liberales que, modificando el anterior régimen político, faciliten a cada sección los medios de gobernarse por sus propias leyes. Yo he asegurado que el pueblo colombiano ama el orden y la verdadera libertad, y que es capaz de sujetarse a instituciones republicanas. Yo he hablado por vosotros, yo he dicho lo que vosotros mismos habríais prometido por vuestro honor y vuestra felicidad.

   Al decidirme a abandonar la tranquilidad, las dulzuras y consideraciones de que gozaba en Europa, para entrar en mi país, he escuchado la voz de mi conciencia y la vuestra. Convencido de que la patria necesita de los servicios de todos sus hijos, yo estoy pronto a unir los míos a los vuestros. Por una honrosa circunstancia yo estoy relevado de la obligación de hacer mi profesión de fe política: ella os es conocida y está ya consignada en los anales contemporáneos de Colombia. La libertad ha dictado siempre mis palabras, ha reglado mi conducta e inflamado mi corazón. A ella he sacrificado grandes bienes personales; ella me ha consolado en el infortunio. Nunca más amigo del orden y de la verdadera libertad que después de que he visitado las monarquías, que he visto las cortes y acercádome a los soberanos. Si otros han podido deslumbrarse y cambiar sus principios, yo he permanecido invariable, sin dejar por eso de pagar el homenaje debido a la majestad del trono, a la autoridad, a la ilustración y a la virtud. Superfluo, es, pues, declararos que yo nunca serviré sino a la causa nacional.

   Yo espero que las diferentes secciones en que la fuerza de las circunstancias ha dividido a Colombia se liguen de nuevo bajo pactos que, dando unidad, dignidad y poder al cuerpo social, dejen a cada Estado la facultad de disponer de su suerte interna, ahora y en lo futuro, según que el tiempo lo exija. Yo tengo la confianza de que vosotros obtendréis una constitución que produzca a un tiempo libertad, igualdad y orden, y de que confiaréis el cuidado de plantearla y ejecutarla a personas que por su capacidad y probidad puedan corresponder a vuestra confianza. Sobre estas bases es que los hombres ilustrados creen que debe fundarse nuestro edificio social, para que el honor del país quede completamente vindicado, para que se restablezca permanentemente la paz interior, se difunda la confianza en el extranjero y puedan los gobiernos europeos favorecer la terminación del estado de guerra en que todavía nos hallamos con la antigua metrópoli.

   Sentados estos principios fundamentales, fácil es percibir que el desarrollo de los bienes que ellos encierran nos asegurará la libertad de imprenta y de discusión, un buen sistema de enseñanza primaria y de educación pública, las mejoras y protección que demanda nuestra riqueza territorial, una severa economía en los gastos comunes y el religioso cumplimiento de nuestros empeños con el extranjero.

   Si la ley debe privarnos de la licencia de examinar la vida privada de los ciudadanos y de convertir contra las personas el ataque que debe hacerse a los hechos y a las cosas, la generosidad y la decencia reclaman cierto respeto a las cenizas de los muertos, y cierta indulgencia con las debilidades y descarríos pasados. Si ella nos desagrada porque no satisface nuestros intereses personales, o porque no protege suficientemente los del común, censurémosla y reclamemos su reforma, pero nunca obremos en sentido contrario, ni mucho menos provoquemos a la desobediencia. Si el magistrado no se presta a nuestras exigencias, ataquemos su conducta sin difamarlo; pero demos el ejemplo del respeto debido a la autoridad. Lancémonos en la carrera de la libertad decididos a ser esclavos sólo de la ley y a hacer uso de nuestra razón y de nuestros derechos, sin minar la sociedad ni destruir nuestra propia obra. Marchemos por la senda constitucional que nos han abierto otros pueblos.

   En la delicada posición en que se halla el país, es de absoluta necesidad que la ley proteja a todos los ciudadanos, cualquiera que haya sido su conducta anterior. Tolerancia de todas las opiniones debe ser la divisa de los magistrados y del pueblo, en tanto que ellas no tiendan a trastornar el sistema, infringiendo leyes preexistentes. La capacidad debe ser llamada a los destinos públicos, sin sacrificarse la prudente desconfianza de no exponerse a que el que una vez convirtió contra las leyes la espada que debía defenderlas, o desertó del puesto que se le había encargado, repita este crimen. Una persecución sistemática nos arruina y desacredita; por el contrario, un sistema de moderación y de firmeza en el gobierno desarmará a sus enemigos y mantendrá intactas las libertades públicas. La unión de todos los ciudadanos que han hecho frente al poder arbitrario y conservado el fuego de la libertad es la sola fuente del bien y de la dicha futura.

   He aquí, compatriotas, todas mis ideas. Nada nuevo hallaréis en ellas, pero tampoco nada que desdiga de los principios saludables del orden social. No transijamos nunca ni con el despotismo, ni con la anarquía, pero seamos indulgentes con los errores de otros; no olvidemos que si hemos diferido en opiniones y si ha habido hombres tímidos o perversos que han faltado a sus deberes, todos somos hijos de una misma madre, cuya vida o muerte está en nuestras manos. La unión y la obediencia a la ley le darán la vida; la discordia la matará sin remedio.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2792, p. 159-163.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 713-716.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta de la Nueva Granada, No. 24, de 22 de marzo de 1832, Biblioteca Nacional, Sala 1a, t. 14.631.

53
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 30 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al ilustre general Lafayette.

   General:

   Mis compatriotas de la capital de Colombia me han favorecido encargándome poner en vuestras manos la sincera expresión de sus homenajes respetuosos a vuestros servicios a la libertad en todas las épocas de vuestra vida, y particularmente en los memorables días de julio de 1830. Soy muy feliz en desempeñar tan agradable y honrosa comisión, que si no ha podido conferírseme más antes, debe atribuirse solamente al estado de discordia en que se hallaba mi patria. Los habitantes de Bogotá, como los de toda la República de Colombia, han admirado los esfuerzos del pueblo de París en salvar las libertades públicas y han tributado sus respetuosos homenajes a su valor y a sus virtudes. Los colombianos que por espacio de veintiún años han hecho grandes sacrificios por la libertad, han celebrado el triunfo del principio de la soberanía del pueblo en una nación que les inspira simpatía, admiración y respeto. Ellos han deseado entablar y mantener relaciones amistosas con todos los pueblos cultos, bajo el principio de respetar todos los gobiernos y todas las instituciones; pero no podemos ocultar nuestro interés y regocijo por el establecimiento de instituciones que reconocen en la voluntad libre de la nación el verdadero y legítimo origen del poder.

   Siento el más puro placer al dirigirme en nombre de mis conciudadanos al gran patriota de dos mundos, que habiendo consagrado sesenta años al servicio de la causa de los pueblos, deja un modelo de patriotismo, de desinterés y de probidad a los que se ocupen de hacer el bien a su país. La amistad con que vos, general, me habéis distinguido y la benévola acogida que tuve en la ciudad de París, son motivos bien poderosos para que me felicite de ser el órgano de los votos de mis compatriotas de Bogotá.

   Dignaos aceptarlos con indulgencia por sí y en nombre del pueblo parisiense. Su felicidad, la de Francia entera y la de su virtuoso e ilustrado monarca serán siempre para Colombia un motivo de júbilo y congratulación.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2800, p. 165-166.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 609.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta de la Nueva Granada, No. 8, de 26 de enero de 1832. Biblioteca Nacional, Sala 1a, t. 14.631.

54
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 30 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor general Tomás Cipriano Mosquera.

   Apreciabilísimo compatriota y amigo:

   Mil gracias por su carta del 6 de noviembre, por los obsequios hechos a la señorita Angelita y por el mal rato que le proporcionó usted en palacio al conde de Otalia. Yo sigo bien de salud y contento con la acogida afable y distinguida que he tenido en esta ciudad. Iré a Filadelfia y a Washington dentro de pocos días. Yo espero que cuando reciba usted esta carta ya habrá comenzado a gozar de la bella Italia y de la sociedad de las afables florentinas y romanas.

   ¡Qué chasco me he llevado con la ausencia de su hermano Joaquín! Diré a usted que ha sido el más desagradable disappointment. El me hace mucha falta, grande, grandísima. ¡No tengo a quién fiar aquí mis más recónditos pensamientos para oír una opinión colombiana y patriótica. Por otra parte, su sociedad me indemnizaría de la privación de los amigos a quienes yo deposito toda mi alma! En fin, tengo paciencia.

   No resolveré mi viaje ni a Caracas ni a Bogotá hasta que no reciba de la primera ciudad indicaciones sobre la utilidad de mi viaje allí, adonde ya he escrito desde mi llegada, y hasta que no se hayan hecho las elecciones. Según me ha dicho Marín, sus cartas le anuncian que los dos candidatos para presidente que tienen más opinión son, don Joaquín y yo, y para vicepresidente, Obando (J. M.) y el doctor Félix Restrepo. Por mi parte, cedo todo derecho a su hermano por mil y una consideraciones: yo, como lo he escrito al doctor Soto, hago más bien al país de particular que de empleado, porque el gobierno lo que necesita es de quién dé ejemplo de obediencia y amor al orden, y por mi posición peculiar, mi ejemplo es de gran peso en las presentes circunstancias. Yo de funcionario tendré siempre enemigos y rivales personales; de particular gozaré de las consideraciones que merece un patriota de 1810, un veterano de la libertad, una víctima del despotismo, que se somete ciegamente a la ley y sostiene las autoridades legítimas. Por fortuna mía y de mi patria, no tengo ninguna aspiración, y ya he probado que la vida de París, es agradable. Pero sin ambición, como sin hipocresía, a nada pretendo, y a nada me rehúso cuando hay esperanza de suceso.

   Como escribo a don Joaquín sobre las cosas de Colombia, y él ha de recibir cartas de allí, me ahorro el trabajo de repetirlo a usted.

   Hágame el favor de saludar afectuosamente a nuestro don Jerónimo, al general Herrán y al señor Arboleda por cuya salud hago mis sinceros votos. González se ha ido para Colombia el 20 del presente y con él han seguido las cartas que me dio Herrán para Bogotá y la de don Jerónimo para Tirador.

   Diviértase usted mucho, aproveche el tiempo y vuelva pronto a la patria a ayudar a sostenerla. Será para mí muy agradable reunir a usted en Hato Grande en otra corrida de terneros, gozando de paz, de libertad y de una mediana felicidad.

   Soy de usted con sinceridad su apreciador y amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, carta No. 2799, p. 163-165.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 718-719.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo particular de T. C. Mosquera Wallis.

55
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 1° DE DICIEMBRE DE 1831

Señor Joaquín Mosquera.

   Mi apreciabilísimo amigo y señor mío:

   He recibido aquí su importante carta del 31 de agosto con que usted contestaba a la mía de 4 de julio dirigida de Londres. Ella me ha sido muy agradable por las amistades que usted me renueva, por las expresiones honrosas con que me favorece y porque acordándose usted que es patriota de 1810 no rehúsa contribuir con su contingente de servicios a nuestra querida patria. Yo no puedo creer que los viejos patriotas la abandonen en su crítica situación actual, pero yo sólo quiero la ayuda de los patriotas desinteresados, que no necesitan de revoluciones ni de anarquía para figurar con honor y atraerse las consideraciones debidas. Reunámonos las pocas personas influyentes que estamos libres de la tacha de anarquistas y revoltosos y trabajemos por el orden legal, por la dignidad y la libertad de la patria. Vuestra merced nos hace muchísima falta en las presentes circunstancias.

   Parece que el congreso no ha podido reunirse el 15 de octubre, porque no estaba completo el número de diputados reunidos en la capital, pero estará reunido a la fecha. Panamá estaba nombrando los suyos el 7 de octubre para enviarlos inmediatamente al segundo congreso. Usted sabe ya que el istmo ocupado por Herrera depende de Bogotá nuevamente. Argote, nombrado prefecto, debía llegar a Panamá en los primeros días de este mes. Flores tiene sus aspiraciones a que el istmo se incorpore al Ecuador, pero no se temía que tuvieran éxito ni creo yo que los panameños prefieran ser ecuatoriales a ser granadinos. Sin embargo, el tal Flores es impertinente y travieso, aunque para mí no son sus impertinencias y travesuras lo que más dificultades opone a la reorganización del cuerpo social y a la paz interior.

   El Cauca, como lo habíamos imaginado, presenta actualmente un punto espinoso. Parece que la provincia de Popayán y Pasto han decidido volver a unirse al centro y, al efecto, de Bogotá han marchado tropas con López a protegerlo. Si Pasto positivamente se decide por Bogotá, la cuestión está terminada por la posición militar de aquel punto y la cosa termina con notas oficiales y gacetas. Yo no tengo cartas de Bogotá que me impongan bien del negocio; todo lo que he visto sobre la materia es una carta de Cartagena que anuncia la expedición de López y la retirada de un batallón de Quito que venía al Cauca, un oficio de Valdivieso sosteniendo la anterior incorporación del Cauca al Ecuador, y un decreto de Caycedo abriendo el puerto del Chocó. Yo aconsejaría que cuando se corriera el peligro de un rompimiento inevitable, se adoptara con el Cauca el partido que se adoptó con Montevideo en la guerra del Brasil y Buenos Aires. Mejor es en el actual estado un lenitivo que un cáustico y, como dicen los abogados, más vale una mala composición que un buen pleito. En fin, dificultades hay por nuestro país. ¿Pero usted no las está viendo también en Francia, en la Bélgica, en la Grecia y en Inglaterra? Ellos no pueden sorprendernos y menos arredrarnos. Yo al menos no me doy por vencido de que Colombia esté perdida sin esperanza. Cada dificultad que observo me alienta más a empeñarme en concurrir a la reorganización de la patria; hallo en ello el verdadero honor para un ciudadano. ¿Qué gracia tiene servir a un país donde todo está organizado y dispuesto maravillosamente? El mérito, el honor, la gloria consisten en hacer esfuerzos para sacar del abismo al que se ha precipitado en él. Para mí el gran mérito de Bolívar ha consistido en su perseverancia en la adversidad y en sus esfuerzos inauditos en las mayores dificultades; por lo demás él no era ni militar ni hombre de estado.

   Aquí iba cuando he recibido mis cartas de Bogotá, que me inspiran nuevas esperanzas de composición. Una persona de las que por miedo o por cualquier otro motivo declara la neutralidad en todas las divergencias políticas, escribe lo siguiente: "los hombres honrados empiezan a obtener el dessus y el gobierno anda mejor".

   En las gacetas del 15 y 18 de septiembre (de Bogotá) leerá usted la opinión de Azuero sobre liga colombiana. Hago justicia a la sinceridad del autor, pero yo (como se lo estoy escribiendo actualmente a él) no quiero ahora una unión tan débil, que, por lo mismo que lo es, es fácil de romper sin que recabemos las ventajas que la federación nos traería, aunque no fuera sino por cierto tiempo. Ignoro cuál es la opinión del doctor Soto, a cuyo juicio Azuero suele diferir con gusto, pero de todo veo que habrá asociación colombiana. El proyecto de Azuero tiene la ventaja de que Venezuela reconozca que para nosotros granadinos no es una cosa de andar mendigando de por Dios la unión federativa, y que con este conocimiento ceda de sus inoportunas pretensiones de independencia. A Fortique no le ha agradado la opinión de Azuero porque él quiere una unión más fuerte y así parece que lo escribe a sus amigos de Caracas. Otra persona que deberá asistir a la convención granadina me dice lo que sigue: "Aunque la opinión del doctor Azuero tendrá mucha influencia y será sostenida con el talento que usted le conoce, el nombre de República de Colombia tiene mucho atractivo todavía, no sólo en la Nueva Granada, sino en Venezuela, y no es fácil prever si la federación prevalecerá o la liga colombiana".

   El gobierno ha nombrado cónsul general encargado de negocios a Domingo Acosta, relevando al servilón de Medina. También ha retirado a Miranda.

   Espero que esta carta sirva para nuestros amigos Torres, Herrán, Arboleda y sus hermanos. A mi apreciable señor Manuel María lo saludo con el mayor afecto.

   Vergara se ha retirado a vivir con toda la familia fuera de Bogotá, Tanco con la suya se ha establecido en Guaduas. Ahumada ha sido mandado salir de la Nueva Granada. Poco o nada me gusta que en Venezuela estén recibiendo a todos los expulsos de allí y de Nueva Granada. No faltan por ir allí sino Urdaneta, Montilla, O'Leary, Juan de Francisco, Carreño y su hermano.

   Me despido de usted hasta otro paquete en que pueda escribirle nuevas noticias de la patria, que espero sean mejores, y me repito siempre de usted su mejor y más apasionado amigo y servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
De Mier, José María. Testimonio de una amistad: Francisco de Paula Santander y Joaquín Mosquera. Bogotá, Plaza & Janés, 1983, t. 2, p. 151-155.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Mosquera. Del original.

56
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 9 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Pedro Alcántara Herrán.

   Querido general:

   He agradecido infinitamente su carta del 1° de octubre, así por sus expresiones amistosas que yo sé apreciar, como por la franqueza con que me habla de los negocios de nuestro país. Así quiero yo que se me haga saber el pensamiento ajeno; durante mi administración jamás deseché las observaciones de mis compatriotas, y a esto llamaron dejarme influir, como si la razón, dondequiera que estuviese, no fuera digna de ejercer su benéfica influencia.

   Ciertamente que la marcha de las cosas en lo general da grandes esperanzas para lo futuro en nuestro país. Yo tengo cartas de Bogotá, Maracaibo, Caracas, Cartagena y Santa Marta, que todas manifiestan el interés que existe de reconstituir el Estado, de mantener la paz, de dar garantías fuera y dentro de la República y de reunir las gentes dislocadas. No está conocida aún la opinión general de los tres estados sobre el modo de verificar la unión; dos opiniones son las reinantes. La una es la de constituir un gobierno federal poco más o menos como en estos estados, y ésta es la mía como usted sabe, y que ya envié desenvuelta a Bogotá. La otra, de formar una liga colombiana presidida por una asamblea común de nueve diputados. Esta es la opinión del doctor Azuero. Los diputados de nuestro congreso, así como los del de Venezuela, están divididos en estos dos. El resultado, como usted lo ve, es que generalmente hay deseos e interés de formar una unión colombiana, lo que debe ser para nosotros muy plausible bajo todos respectos. Ignoro cuál es la opinión del doctor Soto y del doctor Márquez, que sin duda alguna ejercerán mucha influencia en el congreso.

   Estamos de acuerdo en que la organización del ejército es el punto capital de nuestra reforma. Sin el ejército no se habría introducido la anarquía ni sostenido el régimen constitucional. Por eso quería yo ponerme al frente del departamento de la guerra sin temer las enemistades y contradicciones que son la recompensa de quien trata de refrenar los desórdenes. Yo no soy de los que desprecian las enemistades; por el contrario, deseo no tener un solo enemigo, pero tampoco me arredra el temor de creármelos cuando juzgo que debo abrazar un partido razonable. Siempre he tenido confianza de que el tiempo hará justicia a las intenciones rectas, y de que hay una opinión pública que juzga imparcialmente los hechos. La organización del ejército es simple porque todo está reducido a poner las armas y las plazas en manos de aquellos militares que tienen bastante honor o principios para no faltar a sus juramentos o deberes, y de éstos no faltan algunos actualmente. Ellos son el apoyo del gobierno y de toda reforma. Usted sabe bien que el soldado no piensa y que el subalterno sigue la voz de su jefe. No han sido los soldados los que se han sublevado, ni tampoco los pueblos.

   Graciosas son las acusaciones que se me han hecho acerca de la preponderancia de los militares: los abogados decían que yo la fomentaba demasiado; los militares, que yo deprimía el ejército. Páez, por ejemplo, escribiendo al general Bolívar al Perú, me hacía esta acusación, que el mismo Libertador apoyaba cuando proclamaba que las leyes militares eran inicuas y que los libertados eran unos ingratos hacia sus libertadores. Yo tengo derecho de inferir de estas dos imputaciones contrarias que mi sistema estuvo en un milieu juste. Me basta citar la ley orgánica del ejército, expedida en 1825 ó 26, para defenderme del cargo de haber querido oprimir la República con el sistema militar. Mis ideas en esta materia son hoy las mismas que antes, a saber: que el soldado debe ser obediente al poder civil, y que sólo en las funciones propias de su profesión debe ser considerado de distinta especie de un ciudadano; que el ejército debe tener una rigurosa disciplina y el ciudadano una amplia libertad; éste delibera y aquél obedece.

   Pero las observaciones de usted no me parecen inexactas. Si se puede hacer el bien sin aparecer en la escena, así se debe emprender. Mosquera en la presidencia me tendrá a mí pronto a servir cualquier ministerio, cualquier plaza de consejero, cualquier prefectura. Estoy dispuesto a servir hasta de alcalde de cuartel, porque yo quiero mostrar con hechos que soy capaz de prestar mis servicios en los puestos de menos consideración, y que mi ejemplo de una ciega obediencia a la ley es el mejor servicio que puedo hacer a un país perdido por falta de sumisión y de respeto a las autoridades legítimas. Hay quienes piensan que yo puedo ser magistrado de la Nueva Granada. Tal vez se equivocan, porque no se necesita ahora tanto de quien gobierne como de quien obedezca. Mi ausencia actualmente de estas pretensiones la creo útil. Yo no aspiro ya a otra cosa que tener una patria libre, tranquila, fuerte y dichosa. Pasó el tiempo de querer figurar; tampoco huyo de servir. En cualquier evento yo pulsaré mis fuerzas y estimaré el peso de los votos en vez de contarlos.

   Hay, en efecto, persecuciones que yo apenas disculpo: una reacción trae siempre estas fatales consecuencias, y era de temerlas ahora en Nueva Granada, después de lo que sucedió a Mosquera. Pero yo espero que esa tempestad ha de calmar, así como calman las borrascas en el mar, por fuertes y largas que sean. La organización del país es el principio de la calma. En Venezuela, después de tanto destierro, empiezan a permitir el regreso de algunas personas, bajo ciertas precauciones, luego que han terminado el negocio de Monagas. Yo he predicado a todos mis amigos moderación y tolerancia, y en una especie de alocución que he dirigido desde aquí a mis compatriotas he hecho una explícita consignación de mis principios. Esto ha tenido dos objetos: el uno, influir en los liberales sensatos y moderados para que ellos templen la exaltación de los demás; segundo, para que nadie se llame a engaño conmigo. Envío al señor Mosquera dicho papel con encargo de que lo pase a usted y demás colombianos. Tengo la confianza de que gustará a ustedes y de que ratificará el concepto que hayan hecho de mí. En Cartagena es donde hay más exaltación. Dicen que Luque se ha reformado mucho desde que está en el partido liberal; un francés (Leperrier) que ha venido de Bogotá, me lo ha asegurado. Parece que Obando (el de Popayán) tiene tanta opinión que es el principal candidato para la vicepresidencia. Mosquera y yo somos para la presidencia de Nueva Granada. Me honra tener un competidor de tamaño calibre y por quien yo tengo una pasión de entusiasmo.

   He escrito al doctor Jiménez hablándole de usted y de Eugenio, suplicándole que me recuerde a su señora madre y familia. Usted no debe creerse proscrito: esta es la palabra que debe borrarse del diccionario de la República. Usted tuvo sus comprometimientos de buena fe y debe ya creerse libre de ellos y servir también de buena fe a la causa de la libertad republicana; más claro: debe seguir la causa de los principios y no la de las personas. Aquéllos no perecen jamás, ni son caprichosos, en tanto que éstas mueren y cambian sin fundamento. En cuanto a mí, personalmente, creo que puedo ser creído de que yo he estimado a usted por su valor, por sus cualidades y por su apreciable familia, independientemente del pesar que me daba el ver un granadino de talento apoyando ideas que no podían ni convenirnos ni honrarnos. Luego si usted es ya de la causa de la verdadera libertad, ¿cuál no será mi estimación? El tiempo lo dirá, y entretanto no deje usted de escribirme todo cuanto le ocurra respecto de nuestra patria y cuanto sepa de Europa que pueda importarme.

Francisco de Paula Santander

    Memorias afectuosísimas a los compatriotas sus compañeros de viaje.

    Je suis bien aise d'apprendre que le pavillon colombien flotte sur la rue Lafayette. Lorsque j'y presentai nos deux amis, mon intention no fut que de laisser la place a celui qui est devenu mon successeur. Mais je ne crois pas qu'elle puisse inspirer a notre excellent ami une si folle passion. Pour tuer le temps la chose ne peut etre meilleure. Preferer cet amusement au plaisir d'aller en Italie je ne l'approuve pas du tout et je ne lo croirai jamais de toi*.

   Espero que al recibo de esta carta hable usted ya italiano y guste de las dulzuras de esta lengua. Nienti di piu dolce que la favella italiana nella bocca delle donne romane. Yo tengo por la Italia una verdadera pasión, así como la Inglaterra me ha inspirado admiración. A propósito de Inglaterra, aconsejo a usted que vaya a Birmingham, Manchester y Liverpool; de allí a Bangor para ver el Maine Bridge, y luego por Chester a Londres. La Universidad de Cambridge merece visitarse. Si puede ir a Edimburgo por York y Leed, hará un viaje interesante; pero debe ser en estío. Las orillas del Rin después de la primavera, de Francfort sobre el Mein a Colonia, son deliciosas y pintorescas.

   Hasta cierto punto apruebo el noble deseo de usted de hacer una campaña en Europa; no soy del todo decidido por el permiso. Hay los inconvenientes trascendentales contra nuestra patria. Me alegro que no haya habido ocasión de combatir contra los polacos. Mejor es que usted estudie y aproveche su tiempo para sí y para nuestro país. Usted le puede servir de mucho y sus servicios le granjearán las consideraciones y gloria que puede apetecer un ciudadano. Un hombre de bien y un valeroso instruido es útil en todas circunstancias.

   Excuse usted mis consejos amistosos,

Francisco de Paula Santander

   Recomiendo la adjunta para Tejada. Lleras se ha ido para Jamaica el 1° de éste. Si aquí vinieran cartas para usted, yo cuidaré de mandarlas a París donde Palacios. Domingo Acosta ha sido nombrado cónsul general, encargado de negocios cerca de este gobierno; ha salido ya para Washington. Pacho Barriga ha sido nombrado comandante de artillería en Cartagena. El ejército de López y su estado mayor han sido disueltos y nombrado subjefe del estado mayor. El general Obando realmente ha procurado hacer bien en la parte militar reduciendo las fuerzas y poniendo las que quedan en manos de confianza.

   A Castelli lo han encerrado en Cartagena, digo en Bocachica. Hasta ahora en toda esta reacción sólo han sido fusilados cuatro en Panamá (Luis Urdaneta, Alzuru, un Araújo y un paisano), que no sé si habrá sido necesario. A mí no me cuadran tales ejecuciones por motivos políticos. Yo, en lo del 25 de septiembre en Bogotá, habría fusilado solamente a los que mataron a Bolívar y a Fergusson. Ahora están haciendo homenajes a Padilla y a Guerra, etc., y si el partido dominante hoy organiza la República y permanece en el poder, Padilla y los demás pasarán por héroes sacrificados inicuamente. Este es el peligro de castigar severamente hechos políticos que mudan de aspecto según los tiempos y las circunstancias. Es menester persuadirnos que se puede castigar sin matar, así como se puede vigilar el orden público sin perseguir.

* Traducción
   Estoy muy contento de saber que la bandera colombiana flota sobre la calle Lafayatte. Cuando presenté a nuestros dos amigos mi intención no fue otra que ceder el puesto al que se ha convertido en mi sucesor. Pero no creo que ello pueda inspirar a nuestro excelente amigo una tan loca pasión. Para matar el tiempo, la cosa no puede estar mejor. Preferir este entretenimiento al placer de ir a Italia, no lo apruebo en absoluto y no lo creería jamás de ti.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2801, p. 166-171.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 3, p. 371.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 720-724.

57
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 20 DE DICIEMBRE DE 1831

Al redactor del Morning Courier.

   Señor:

   Largo tiempo he sido yo el blanco de las calumnias en el diario de usted. Privado de los medios de vindicarme, he guardado silencio esperando a que el tiempo me hiciera justicia y me proveyera abundantemente de documentos que pusiesen en claro mi conducta en Colombia. Ya ha llegado este día a favor del restablecimiento del legítimo gobierno nacional en mi país. El cuaderno que tengo la honra de acompañarle es el célebre proceso que me siguieron en Bogotá bajo la dictadura del general Bolívar con motivo de la conjuración del 25 de septiembre de 1828. Ruego a usted que lo examine detenidamente para que se persuada de que yo no he sido asesino, ni conspirador, ni pérfido, como su diario lo ha publicado. Examine usted con ojos imparciales dicho papel, busque usted en él las fórmulas protectoras de la vida y del honor de un ciudadano, busque las pruebas del delito de que se me acusaba, busque la defensa que se me haya oído, busque el tribunal reunido conforme a la ley, busque la confrontación de todos los testigos, busque, en fin, imparcialidad y justicia en todo este procedimiento. Usted en vez de hallar todas estas garantías y formalidades, encontrará solamente arbitrariedad, odios, venganzas y tiranía.

   Estoy muy ajeno de creer que el diario de usted haya ultrajado mi nombre por mala voluntad, y mucho menos por odio a la causa de las leyes que yo he defendido en Colombia. Yo he creído lo que usted mismo ha confesado francamente en estos últimos días, que fue mal informado y que no se detuvo a considerar que en el furor de los partidos es muy común y muy fácil acriminar a los vencidos. Además, usted debió reparar que desde 1828 el gobierno sólo tuvo libre la imprenta en que publicaba lo que le convenía divulgar, cerrando a las víctimas de su arbitrariedad todas las vías para quejarse. Que dicho gobierno y sus partidarios debían tomar el mayor interés en desfigurar los hechos pintando a los amigos de la libertad como facciosos, y a mí como el hombre más criminal; que si yo hubiera sido realmente asesino o malvado, el gobierno de Bolívar se habría apresurado a publicar todas las pruebas convincentes en vez de limitarse a divulgar una sentencia aislada sin acompañarle los documentos que la justificasen; en fin, si usted hubiera conocido la historia de las desavenencias y discordias de Colombia, habría sabido que yo fui ultrajado y perseguido de cuantos modos imaginaron los que trataban de desacreditar la causa de las leyes, calumniándome y persiguiéndome atrozmente; y que el suceso del 25 de septiembre no fue sino el pretexto para saciar anteriores resentimientos. Entonces, al ver usted la suerte que me tocó y las acusaciones que se me hacían, pudo decir de mí lo que el historiador inglés dijo de un patriota sacrificado bajo Carlos II: «We only know that the condemnation of a man who was as that time pursed by the court, forms no presumption of his guilt».

   Yo espero de la imparcialidad y franqueza de usted que se sirva insertar en su diario esta carta y, a su debido tiempo, el juicio que usted haya decidido formar.

   Amigo sincero de la verdadera libertad, debe ser celoso de merecer el buen concepto de un pueblo que tiene la incomparable dicha de disfrutar de todos los goces de que el hombre y el ciudadano son dignos. Unos mismos principios han guiado y guiarán siempre mi conducta, por la cual aspiro así a corresponder a las ideas favorables que de mí se formen, como a desmentir injustas prevenciones que la precipitación o el espíritu de partido pueden abrazar. Veinte años de carrera pública están sometidos al juicio de la historia, y si ella puede acusarme de faltas, hijas de la inexperiencia e incapacidad intelectual, nunca dirá que yo he sido traidor a mis deberes, ni criminal. Ciudadano, he obedecido las leyes; soldado, he estado sometido a la disciplina militar; magistrado, he respetado la razón escrita del pueblo. La independencia de mi patria como el único medio de darle leyes protectoras de los derechos del hombre en sociedad, ha sido constantemente el ídolo de mi corazón. En el ejército he hecho la guerra a los enemigos sin violar las leyes que nos regían; en el gobierno la he hecho por todos los medios legales a cuantos pretendieron sujetar el país a un régimen de despotismo organizado. He aquí mis procederes, de que no habría tenido que hacer mérito en esta ocasión si el diario de usted no los hubiera desfigurado.

   Acepte usted las protestas de alta consideración de su humilde, obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2802, p. 171-173.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 724-726.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 125.

58
Firma: SANTANDER

DICIEMBRE DE 1831 (Sigue Nota del Editor ...)

   

A los editores del Courier y Enquirer.

   Señores:

   Yo he sido largo tiempo víctima de la calumnia, y muchos dardos de ella me han sido lanzados por las columnas del papel de ustedes. Yo he guardado silencio, confiado en que el tiempo me daría los medios de probar mi inocencia, poniendo a mi alcance documentos que aclaren de una manera satisfactoria mi conducta pública en Colombia.

   Ha llegado el día del restablecimiento del gobierno constitucional de mi querida patria, y tengo el honor de acompañar a ustedes un cuaderno que contiene el proceso formado contra mí bajo el gobierno dictatorio de Bolívar, a consecuencia del famoso decreto de 28 de septiembre de 1828.

   Séame permitido ocupar por un momento la atención de ustedes con este bosquejo, para convencerlos de que yo no he sido ni asesino, ni conspirador, ni traidor, como equivocadamente se me ha presentado en varios papeles. Suplico a ustedes lean imparcialmente este cuaderno; que busquen en él el desarrollo del corazón humano y lo que pudiera proteger la vida y el honor de un ciudadano; que busquen en él las pruebas de los crímenes que se me han atribuido, la defensa que era natural esperar, la confrontación de los testigos, la legalidad del tribunal y, finalmente, la justicia e imparcialidad de los procedimientos. En vez de estas garantías y formalidades, Ustedes sólo encontrarán declaraciones contradictorias, odio, tiranía y venganza.

   Lejos de mí la idea de que el periódico de ustedes hubiese calumniado mi nombre intencionalmente, y mucho menos la de que hubiese podido ser motivo para ello el haber yo juzgado de mi deber sostener las leyes de Colombia. Yo he creído que ustedes han confesado francamente lo último, a saber: que ustedes estaban informados con equivocación de las circunstancias, y que en las furiosas y desenfrenadas pasiones de reuniones tumultuarías, el vencido lleva siempre el peso de la indignación popular y de la calumnia. Pero ustedes debieron haber traído a su consideración que desde 1828 la libertad de la prensa sólo era tolerada para publicar lo que era del agrado del gobierno. Este vehículo estaba destinado a extraviar la opinión pública con respecto a las desgraciadas víctimas de esos sus arbitrarios señores que cuidaron de privarles de todos los medios de presentar los hechos, sosteniendo un número de partidarios cuyo solo interés era concitar el odio general contra todos los amigos de la libertad, presentándolos como facciosos, y a mí como el más criminal. Si yo hubiera realmente sido tan malo, es justo suponer que el gobierno de Bolívar se habría apresurado a publicar todas las pruebas de mis maldades en lugar de contraerse a pronunciar una sentencia aislada y desnuda de los documentos que debieran haberla acompañado. En efecto, si ustedes hubieran conocido la historia de los disturbios y desavenencias que agitaban entonces a Colombia, ustedes hubieran fácilmente conocido por qué he sido yo vejado y perseguido por tantos medios como el odio y la perversidad pueden sugerir, haciendo los mayores esfuerzos por desfigurar mis aserciones con desprecio de las leyes, acumulando sobre mí la calumnia y la cruel persecución, y habrían sabido que el acontecimiento del 25 de septiembre sólo fue el pretexto que se tomó para colmar la medida de amargos y antiguos resentimientos. Si ustedes, señores, hubieran visto la suerte que me aguardaba y las terribles y falsas acusaciones que se me hicieron, hubieran ustedes sin duda exclamado con el historiador inglés que refiriendo el cruel sacrificio de un patriota, víctima de Carlos II, dice «Solamente sabemos que la sentencia de un hombre perseguido en aquel tiempo por la corte, no da presunción de culpabilidad».

   Espero, señores, de la imparcialidad de ustedes que no rehusarán dar a esta carta un lugar en sus apreciables columnas, y que cualquiera que sea el concepto que la sabiduría de ustedes forme con respecto al asunto de ella, se servirán oportunamente manifestarlo con su acostumbrada franqueza e ingenuidad.

   Como un sincero amigo de la verdadera libertad, debo naturalmente estar animado del deseo de merecer la opinión favorable de una nación que goza el bien incomparable de poseer todos estos dones preciosos que ha dado la naturaleza al hombre; y que en un grado eminente dividen los conciudadanos de ustedes, habiendo acreditado que son dignos de ser libres.

   Sí: los principios de los norteamericanos han sido mi única guía y serán siempre la base de mi conducta. Yo confío que ella merecerá un favorable concepto en este país, y que desvanecerá cualesquiera erróneas impresiones que haya producido un juicio precipitado, formado por el espíritu de partido, o las propalaciones de las injustas y falsas relaciones de mis procedimientos.

   Veinte años de servicios públicos están abiertos al juicio de la historia, y si estos registros pueden ofrecer faltas cometidas por errores, inexperiencia o incapacidad intelectual, nunca podrá probárseme que haya sido un traidor, criminal o enemigo del orden. Como ciudadano yo he observado las leyes de mi patria, como soldado he prestado siempre dócil obediencia a la disciplina militar, y como magistrado, me he conformado al buen sentido y al juicio del pueblo.

   La independencia de mi país, el solo medio de que él obtuviese leyes provechosas, protegiéndose los derechos del hombre, ha estado constante e indeleblemente grabada en mi corazón. En el ejército he hecho la guerra a los enemigos sin violar las leyes que me han gobernado, y cuando he estado en la administración me he esforzado por todos los medios legales a contrariar los ataques de ese despotismo organizado que ha reinado, subvirtiendo el orden establecido.

   Este es un breve bosquejo de mi carrera y de mi conducta, que yo no hubiera tenido necesidad de dar al público si ellas no hubieran sido tan desfiguradas en el diario de ustedes.

   Acepten ustedes, señores, las seguridades de la alta consideración y respeto con que tengo el honor de suscribirme de ustedes obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2803, p. 173-176.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 726-729.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta de la Nueva Granada, No. 22, de 15 de marzo de 1832. Biblioteca Nacional, sala 1a, t. 14.631.

59
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 30 DE DICIEMBRE DE 1831
(Sigue Nota del Editor ...)

Al benemérito coronel Tomás Herrera

   Amigo muy estimado:

   Tengo el mayor placer en presentar a usted y recomendarle muy particularmente al señor don Juan de Dios Cañedo, ministro plenipotenciario de Méjico a las repúblicas meridionales de América, y al señor coronel Juan Nepomuceno Almonte, su secretario. Es superfluo hablar de sus particulares cualidades, puesto que han merecido la más alta confianza de parte de su gobierno. Básteme decir a usted que todo cuanto usted haga en obsequio de estos señores para facilitarles todas las comodidades posibles en su tránsito por ese departamento, permanencia en él y partida, lo veré como hecho a mí mismo. Yo deseo que ellos encuentren en el importante departamento que usted manda, las menores dificultades para el desempeño de su misión, y todas las atenciones que el mérito demanda.

   Anticipo mis debidas gracias por lo que usted haga por dichos señores, y me repito constantemente de usted afectísimo apreciador, compañero y particular amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2805, p. 177.
FUENTE DOCUMENTAL:
Correspondencia de T. Herrera, t. 1, p. 115.

60
Firma: SANTANDER

NEW YORK, 7 DE ENERO DE 1832

   Mi querido amigo doctor Azuero:

   Pensaba escribir a usted largamente, pero he visto que no haría más que repetir lo que escribo a nuestro doctor Soto. En consecuencia le remito a usted la carta, con tres condiciones: primera, que se la dirija si ya no estuviere en Bogotá; segunda, que en este caso se haga usted cargo de hacer en esa todo lo que yo le encargo a Soto que él hiciera hallándose en Bogotá, y tercera, que usted salte por cualquier parte donde yo hable de usted, pues hablaba sin intención de que usted lo leyese.

   Pronto podré irme para ésa. Estoy contento de este país, excepto del frío. Ansío abrazar a todos mis amigos. Me ofrezco cordial y respetuosamente a mi apreciabilísima ahijada, y saludo a Gómez Plata, al famoso hermano de usted y a todos los conocidos.

   Yo soy invariablemente su mejor amigo y estimado compatriota,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955. t. 8, carta No. 2806, p. 179.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 200.

61
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 7 DE ENERO DE 1832

Benemérito coronel J. Manuel Montoya.

   Amigo muy querido:

   Con mucho placer doy yo este título a hombres que fueron siempre amigos de la libertad, y míos. Usted no lo ha desmerecido nunca. Al contrario, en el renacimiento de la libertad usted ha hecho lo que su honor y su patria le exigían. Reciba usted mis felicitaciones más cordiales.

   Estoy escribiendo a usted después de haber recibido su estimable del 6 del pasado con Portocarrero. Si la patria tiene necesidad de mis servicios, como de un viejo patriota que jamás ha transigido con sus deberes ni traficado con sus opiniones, yo la serviré sin reserva alguna; pero iré a servirla cuando vea que todos los patriotas están prontos a reunir sus esfuerzos en bien del país, olvidando antiguos resentimientos y disensiones, y adhiriéndose sinceramente al sistema que la convención decrete. No quiero yo exigir el imposible de que todos estemos perfectamente de acuerdo en nuestras opiniones: no, esto es delirio. Exijo solamente acuerdo en vivir sometidos a las leyes y obedientes al gobierno, en amar las instituciones liberales y en ser enemigos acérrimos de la anarquía y del despotismo. Si diferimos en opiniones, podemos discutirlas decentemente; pero no odiarnos ni perseguirnos: si hay quien perturbe el orden, la ley debe decretar su castigo, y no las pasiones; si todos obedecen las leyes y a las autoridades, aunque sus opiniones sean monarquistas, centralistas, etcétera, todos deben gozar de igual protección legal, aunque no de iguales recompensas. He aquí mi sistema y la base de mis nuevos servicios al país.

   Ansío igualmente por abrazar a usted y a todos sus hermanos. Mándele esta carta a Pacho, a quien saludo muy afectuosamente: he oído que ha sido prefecto de Antioquia por la verdadera patria. Salude a su hermano Juan Antonio, y al viudo Luis María. Pronto nos veremos no ya como aquel funesto día en que escoltado como un facineroso me sacaron de Bogotá, sino en libertad y gozando de la facultad de ensanchar nuestros corazones en el seno de la amistad.

   De usted antiguo apreciador, y fino, constante amigo, compañero,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2807, p. 179-180.
FUENTE DOCUMENTAL:
Lecuna, Vicente, compilador. Cartas de Santander. Caracas, Imprenta y Litografía del Comercio, 1942, t. 3, p. 172.

Archivo del Libertador. Del original. Sección Pérez y Soto.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 730-731.

62
Firma: SANTANDER

NEW YORK, 19 DE ENERO DE 1832

Señor doctor Vicente Azuero.

   Amigo muy apreciado:

   Al principio de este mes escribí a usted de carrera incluyéndole una larga carta para el doctor Soto. Como usted y él son dos personas a quienes yo hablo francamente sin temor de ser mal interpretado, no he querido ni quiero aun duplicarles mis cartas. Lo que escribo al uno siempre es para el otro. Así, usted pasará ésta a mi querido amigo el doctor Soto, junto con mis recuerdos tiernos, invariables y afectuosos.

   Por casualidad he visto aquí una circular del gobierno de Bolívar, después de la conjuración del 25 de septiembre, contraída especialmente a mí. El oficio es de 14 de noviembre de 1828 al cónsul general residente en estos estados. En ella explícitamente confiesa el gobierno mi inocencia en dicha conjuración y supone que sólo fui reo de consejos dados para hacer una revolución. Hágame usted el favor de solicitar dicho oficio y de publicarlo en todos los periódicos de la ciudad para comprobar más y más la justicia del decreto de la convención y el escándalo de una persecución violenta y desconocida aun en los anales de Morillo. Pero hágame también el favor de añadirle algunos comentarios, por ejemplo: que el proyecto que se me supone de aconsejar una revolución, no se toma sino de una conversación privada con un amigo, pues no resultó que yo anduviera haciendo prosélitos ni difundiendo el pensamiento; por consiguiente, la ley que castigó en mí los desahogos de la amistad fue más cruel que la ley de lesa majestad publicada por Augusto, pues como dice Tácito: «facta arguebantur, dicta impune erant». La circular anunciada sólo habla de que delinquí contra el decreto de conspiradores de 1828, decreto que estaba abolido por sí mismo y por otro decreto del dictador de fines de agosto de 1828 en que previno que los militares serían en adelante juzgados por sola la ordenanza del ejército. Digo que el decreto estaba abolido por sí mismo, porque habiendo sido expedido en febrero de 1828 en virtud de las facultades del artículo 128 de la constitución, tuvo por objeto castigar a los conspiradores contra la constitución y las autoridades que de ella emanaban. La conjuración del 25 de septiembre cabalmente tenía por objeto el restablecimiento de la expresada constitución.

   No quiero que se publique el dicho documento en hoja o cuaderno separado sino en los periódicos, sea de la clase que fueren, y si fuera posible, en la misma gaceta del gobierno. Dejo a la amistad de usted el cuidado de hacer esta cosa de la manera más satisfactoria. Yo por honor a mi país, por deber hacia la justicia y por amistad, estoy aquí defendiendo a ustedes de las atroces invectivas de las gacetas de Jamaica. Sirvo a mi país últimamente defendiendo a sus viejos servidores que hoy la representan dignamente en la convención granadina.

   Yo quisiera que cada granadino, venezolano, etc., estuviera tan persuadido, como yo lo estoy, del riesgo que corremos de una seria intervención europea si no nos unimos y nos mantenemos en paz bajo el imperio de la ley. Antes de la revolución de París de 1830, las grandes potencias estuvieron decididas a intervenir en la pacificación de los gobiernos americanos, a pretexto: 1°, de que hallándose ellos en anarquía, como estaban, los intereses mercantiles de Europa padecían infinitamente y quedaba ya sin objeto el reconocimiento que la Inglaterra había hecho y el que podrían hacerle las demás potencias; 2o, de que la España no tenía fuerzas para reconquistarlos, ya que acababa de acreditarlo la malograda expedición de Barradas a Méjico. Esta intervención tenía por objeto establecer monarquías que asegurasen la independencia de los nuevos estados americanos, su tranquilidad y sus relaciones con Europa. Después de la revolución de París, este proyecto sólo ha sido suspendido y tengo datos para creer que se trata hoy de renovarlo con interés, tanto más cuanto que sé que la España se decide a reconocer la independencia americana a trueque de colocar dos infantes de su familia que están de más después de que Fernando tiene dos hijos y ha abolido la ley sálica. No me es permitido confiar a una carta los datos que actualmente tengo para temer esta intriga; pero basta saber que el proyecto ha existido bajo las mismas bases que se ha realizado el de la Grecia, que yo he oído algo en una conversación que tuve con un ministro de Austria y otro de Rusia en Europa, y que el conde de Puñonrostro ha estado recientemente en París y Londres y ha hablado de la materia. Usted comprende fácilmente el riesgo que corre nuestra querida libertad si por desgracia nuestras disensiones continúan y no se organiza el país de una manera estable. Una intervención de la Europa, sea amigable o sea del modo que fuere, es temible en nuestros países donde hay tanta corrupción, tantas animosidades, y hubo ya un proyecto de monarquizarlos. La Europa obrará con intrigas que nos será difícil resistir con el oro, con promesas, y sobre todo con el proyecto de un porvenir tranquilo y dichoso bajo la base de la independencia. Nos toca en este caso a nosotros, patriotas puros, ilustrar al pueblo, clamar por la unión, impedir el trastorno del orden público, fomentar la educación republicana y estar muy alerta contra las intrigas exteriores, y he aquí el objeto con que yo hablo a ustedes tan francamente de esta materia después de que bastante lo he dado a entender a mis compatriotas en mis actos oficiales y públicos que les he dirigido desde que supe que iba a reunirse la convención. En Venezuela, en Quito y en Nueva Granada hay partidarios del gobierno monárquico, y lo peor es que un estado de perpetua agitación, de inestabilidad y anarquía, corroboran fácilmente esta opinión y la propagan sin esfuerzo. Qué de males ha hecho Bolívar a nuestra pobre patria.

   El poco tiempo que he estado en esta ciudad me ha permitido observar la facilidad con que las simples costumbres republicanas se corrompen. Hay aquí en la sociedad tanta aristocracia como en las monarquías absolutas: la aristocracia del nacimiento y del dinero es la preponderante, y abominan a los que se titulan demócratas o jacobinos, que no tienen grandes fortunas. La igualdad está en la ley: en el trato ordinario no hay republicanismo ninguno, y se atribuye a las relaciones de estas ciudades mercantiles con Europa y a los viajes que los jóvenes americanos sin experiencia hacen a París y Londres, donde adquieren hábitos de corte. Infiero de aquí cuánta es la facilidad que se brinda a los que nos quieren regenerar para hacer desear un orden de cosas que alimenta el orgullo y la aristocracia. No ha delirado el que ha pronosticado un cambio en este admirable país. El lujo es un gran corruptor, y aquí se va introduciendo a grandes pasos (hablo de las grandes ciudades marítimas): en Roma empezó a introducirse en las mesas de los virtuosos republicanos, y entonces quizá no se temió que éste fuera el origen de la decadencia de tan antigua república. Nosotros tenemos la más grande inclinación al lujo, y Dios me libre de que hubiera oro extranjero que nos proveyese de palacios suntuosos, de coches, lacayos, grandes convites, óperas, etc.: la libertad estaba entonces arruinada. Por eso es que los franceses no pueden formar una república; aunque ellos tienen ilustración en lo general, sus costumbres no podrían avenirse con un sistema semejante. Predíquese, pues, un santo horror a ese lujo europeo que corrompe las costumbres y crea la aristocracia. Quizá algunos de mis compatriotas se reirán de oírme clamar contra el lujo, puesto que él es, por otra parte, un poderoso móvil para hacer la riqueza de un pueblo: enhorabuena que se rían. Yo quiero ciudadanos con virtudes republicanas y medianas fortunas, aunque la Nueva Granada no llegue jamás al nivel de la Inglaterra. En estos Estados Unidos los pueblos internos dicen que son rudos, sin maneras y casi groseros; pero todos tienen que comer, todos aman sus leyes, todos viven contentos, todos llenan sus deberes para con su país, para consigo mismo y para con el Creador. En ningún pueblo de Ohio o Kentucky hay ópera italiana, ni grandes soirées, ni carruajes lujosos; pero hay escuelas, alegrías, sociedades de beneficencia, caminos, canales y leyes impasibles. He aquí lo que yo quiero para mi país.

   Se ha corrido aquí que Bermúdez ha sido asesinado en Cumaná. Es increíble el mal efecto que estas cosas hacen en el exterior. A la idea general que tienen los extranjeros de nuestra barbarie, añaden ahora la de que somos vándalos incapaces de gobierno, y por desgracia los asesinatos en personas notables les dan armas para ratificarlos.

   Inquietos estamos sobre la contienda europea, sobre la que nadie se atreve a predecir. Unos aseguran que habrá paz y otros que habrá guerra. Entretanto yo quisiera que la cuestión del Cauca con el Ecuador se decidiese sin apelar a las armas, y que Venezuela dijese explícita y prontamente si quiere o no alguna unión con los otros estados. La incertidumbre y el provisorio en política es un mal de graves consecuencias.

   Aunque usted y todos saben mejor o tanto como yo cuáles son los objetos primarios a que debe atender el congreso actual, después de concluida la constitución, no quiero empacharme con guardar silencio en lo que me ocurre en el particular. Repito lo que dije en otra carta al doctor Soto: que debe haber una ley clara y liberal y proceder contra los conspiradores; la de Venezuela es bastante buena. Otra, en que se fijen al poder ejecutivo ciertas reglas para la admisión o inadmisión de los expulsados y emigrados, como motivo de la reacción popular en favor de la libertad. Otra, que fije el número de tropas que deben quedar existentes en el servicio activo y el que debe crearse a tiempo de peligro o más o menos, porque todo depende de la magnitud del peligro, que un congreso no puede medir con exactitud, y no por mucha desconfianza debe exponer la suerte del país en el caso de una invasión o conmoción interior. La ley de aduanas es vital en el estado de penuria en que quedó el país. Por Dios, abandonen las teorías del comercio libre, quiero decir, de que todos los productos y manufacturas extranjeras deben ser introducidas sin restricciones ni recargos de derechos. La práctica de todas las naciones maestras en comercio está en oposición a tales teorías. Aquí mismo se ventila hoy esta gran cuestión. La mayor parte de los estados de la unión convienen y con ellos hombres muy respetables como Wesber, Clay, etc., "que los artefactos y productos extranjeros que se puedan producir y fabricar en el país deben ser recargados de derechos para proteger los intereses nacionales"; y a esto llaman National System. Entre mil razones que alegan, la principal es una experiencia de 50 años que ha sido ventajosa al país. Otros estados sostienen lo contrario: libertad de comercio; pero es una minoría. El congreso hasta ahora ha decretado de conformidad a la primera opinión, y se ocupa de hacer mejoras en la tarifa, porque quedando pagada la deuda pública en el año entrante, se deben rebajar los impuestos y dejar sólo el montante de lo que necesitare la administración. Protejan, pues, nuestras miserables fábricas y artes, no excluyendo absolutamente sino poniendo restricciones a los artefactos y productos extranjeros que nosotros también producimos o podemos a poca costa producir. Que me perdone el doctor Soto. Yo he hablado con Say sobre su economía política y le he dicho que él veía los hombres como debían ser en cuanto a producir, reproducir y consumir, y no como efectivamente eran, por millón y cien mil circunstancias. El ramo de privilegios necesita aclaraciones, porque como usted sabe, hay privilegios exclusivos que impiden a otras personas ocuparse del ramo privilegiado y éstos no deben concederse sino a cosas de muchísimo costo y que son únicas; por ejemplo: caminos, puentes, canales, etc. Hay otros privilegios que se conceden solamente para que se haga una cosa según cierto método, sin prohibir por eso que los demás ciudadanos hagan la misma cosa según otros métodos, y éstas son las patentes que creo que se pueden conceder con utilidad del país a imitación de Inglaterra, Francia, Alemania y los Estados Unidos. Yo por ahora no tocaría nada de diezmos: tiempo queda para ello con esperanza de buen suceso. Hay otras reformas de esta naturaleza que hoy alarmarían y podrían ser perjudiciales y que otro día se podrían verificar tranquilamente. Para reformar hábitos inveterados que se presume corregir con la conciencia, se necesita o de fuerza moral o de fuerza física; la primera es menester crearla poco a poco con la imprenta, la educación, la probidad de los magistrados y la influencia de l os buenos patriotas; la segunda es peligrosa y lo que se hace hoy con ella se desbarata después fácilmente. No hablo de la protección que demanda la instrucción pública porque usted es entusiasta de ese ramo. Que haya menos colegios y más escuelas primarias, esto es lo importantísimo, y ojalá que todas esas sociedades bautizadas con nombres griegos, latinos o castellanos se dedicaran exclusivamente a este ramo como la base de todo el edificio social. No digo yo que tales sociedades sean malas o inútiles; no, doctor. Digo que yo prefiero el grano a la corteza, y que primero quiero echar los cimientos de un edificio que adornar las salas. En este país es admirable el estado de la educación pública. En el estado de New York, que tiene dos millones de habitantes, hay en las escuelas 600.000 niños de ambos sexos. En Francia, con tantas sociedades científicas, literarias, de beneficencia, etc., hay ciudades de dos mil almas donde sólo se encontraban en el año de 1830, cinco personas que sabían leer. ¿Y qué decir de Italia con todas sus academias, museos, institutos, colegios y universidades? Usted sabe el atraso de aquel desgraciado país.

   ¿Cómo haremos para tener caminos medio regulares y una navegación menos costosa e incómoda? Esta es otra de las palancas indispensables para mover la máquina social con utilidad común. En vano trabajan las sociedades de agricultura y comercio si no inventan medios de tener caminos menos malos, y que se convenzan todos de que el gobierno no hace caminos en ninguna parte. Dense a la Nueva Granada el camino de Honda a Bogotá, siquiera menos peligroso y largo, y la navegación del Magdalena menos costosa, y la agricultura y el comercio prosperarán rápidamente sin que tenga el gobierno que intervenir sino con leyes que protejan las personas y las propiedades. Mucho he pensado en el particular, y por todos lados encuentro obstáculos casi invencibles. Un bien grande haría al país el que resolviera este programa: cuáles son los medios más adecuados de componer perfectamente el camino de Honda a Bogotá y de acelerar y disminuir los costos de la navegación del Magdalena en las circunstancias presentes de la Nueva Granada. Ofrezco $ 100.000 al que desempeñe mejor el asunto a juicio de tres personas que me reservo nombrar. Si usted quiere haga el anuncio en los términos que le parezca y fije el plazo.

   Ha salido ya el cuarto tomo del American Annual Register en que se trata de los negocios de Colombia en 1829 y 30. Me parece escrito con exactitud e imparcialidad. Si hubiere tiempo antes de la salida del barco, se lo remitiré. Bolívar está juzgado con decencia y justicia seca. Oiga usted lo que dice el artículo al concluir: «Had Bolívar adhered to his original purpose of leaving Colombia, his life might have been spared his fame certainly. As it was, he died the chief of party in arms against the constitutional government of the country». Aquí mismo se ha publicado que Castillo presento a Bolívar en 1828 un proyecto de constitución que debía darnos, en el cual el presidente era irresponsable; debía nombrar todos los miembros del senado y removerlos a su voluntad, y la cámara de diputados debía componerse de un diputado por cada provincia. Todos los miembros del consejo de gobierno en agosto de 1828 aprobaron este infame proyecto, a excepción de Mosquera cuyo voto adoptó Bolívar. En cuanto a la monarquía, hay datos exactos que todos sabemos; pero se asegura allí que Bolívar fue opuesto a que se llamara a la corona un príncipe francés, y que tuvo conocimiento del proyecto de monarquía en que Castillo, Vergara, Urdaneta y Restrepo trabajaban con interés y empeño. He escrito largamente hasta fastidiar. Dispénseme usted. Presento mis respetuosos afectos a mi dignísima ahijada, y suplico a usted salude de mi parte al doctor Juan Nepomuceno y a todos los amigos y antiguos compañeros.

   Quedo de usted apasionado servidor y su mejor amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955. t. 8, carta No. 2808, p. 181-187.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 731-737.
FUENTE DOCUMENTAL
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 201.

63
Firma: SANTANDER

NEW YORK, JAN 30, 1832

To messers Morgan Lewis, Albert Gallatin,
Frank Depan, James Roggs, W. B. Astor, etc.

   Gentlemen:

    I have received with much pleasure and with deep gratitude your letter of the 24-th inst, in which you have the goodness to invite me, in the name of a number of your fellow citizens, to a dinner which you offer me in testimony of the favorable opinion you have formed of my public and private character.

   Your opinion, gentlemen, and that of your fellow citizens, in whose name you address me, I regard with the highest estimation and respect. It would be sufficient of itself to give me a title to the highest honor of which I could boast. The opinion of persons so distinguished, in one of the most important cities of this fortunate country, has great weight in the judgment which my public conduct may deserve; and it is with the highest satisfaction that. I see it approved by you, and by a respectable part of your fellow citizens.

   Your letter, gentlemen, and the feelings by which it was dictated, add weight to the duty which I acknowledge with pleasure of never rendering myself unworthy of your favorable regard, nor of that of your fellow citizens. I shall always seek to deserve it, not only by studing the institutions of your country, by observing their influence on the happiness of man, by receiving instructions from the wise men who are the boast of this part of America, but also by studing the practical morality of its fortunate inhabitants and by imitating their virtues. Happy shall I be, and still more happy my native land, if my visit to this country should prove useful to her by promoting the introduction of some of those numerous benefits which Providence has bestowed on you and your fellow citizens, by means of public and domestic education, institutions which protect the liberty of man and upright magistrates who regard them with sincere respect. We might then, with noble pride, to the title of your younger brethren, add that of your worthy disciple; felicitating ourselves as having formed the prototype of our happiness in our own American Continent.

   Please, gentlemen, receive my sincere professions of profound respect and gratitude for your kind invitation which I accept with pleasure availing myself of the privilege you allow me, by fixing on thursday the 9th of february next.

   With assurances of high consideration and regard I am, gentlemen, your obedient humble servant,

Francisco de Paula Santander

Traducción:

   Señores:

   Con la más profunda gratitud y aprecio he recibido vuestra carta del 24 del corriente, en que tenéis la bondad de invitarme en nombre de una porción considerable de vuestros conciudadanos a una comida que ellos me ofrecen en testimonio de la opinión ventajosa que han formado de mi carácter público y privado.

   Vuestra opinión, señores, y la de vuestros conciudadanos en cuyo nombre os dirigís a mí, es a mis ojos de la más alta estimación y respeto y bastaría ella sola para formar el mejor título de honor de que puedo gloriarme. La opinión de personas tan distinguidas en una de las más importantes ciudades de este venturoso país, tiene un gran peso en el juicio que mi conducta pública puede merecer y es de la mayor satisfacción para mí verla aprobada por vosotros y parte notable de vuestros conciudadanos.

   Vuestra carta, señores, y el motivo que la ha producido, me imponen un nuevo deber que yo acepto con gusto, el de no desmerecer nunca vuestro ventajoso concepto ni el de vuestros conciudadanos. No, yo procuraré siempre hacerme digno de él, no sólo estudiando las instituciones de vuestro país, observando su influencia en la felicidad del hombre, tomando lecciones de los hombres sabios de que puede gloriarse esta parte de la América, sino estudiando la moral práctica de sus dichosos habitantes e imitando sus virtudes. Dichoso yo y más dichosa mi patria, si mi visita a este país pudiere serle útil por la imitación de algunos de tantos bienes como la Providencia ha derramado sobre vosotros y vuestros conciudadanos por medio de la educación doméstica y pública, que se impone protectora de la libertad del hombre y de magistrados íntegros que los respetan religiosamente. Nosotros entonces añadiremos con noble orgullo al título de vuestros hermanos menores el de vuestros discípulos, felicitándonos de haber encontrado el tipo de nuestra dicha en el mismo continente americano.

   Dignaos, señores, acoger las sinceras protestas de mi más profundo aprecio y magnitud por vuestra generosa invitación, que acepto con placer para el martes 9 del próximo mes, y las seguridades de la distinguida consideración, y respeto con que soy de ustedes, señores, vuestro humilde, obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2809, p. 188-190.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 764-766.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander, Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 196.

64
Firma: SANTANDER

NEW YORK, 1° DE FEBRERO DE 1832

Señor doctor don Vicente Azuero.

   Mi estimadísimo y querido amigo:

   Si yo hubiera de juzgar de ese país por lo que publican las gacetas de Jamaica, pensaría que los cafres eran más felices que los granadinos; pero demasiado sé que aquellas gacetas son la oficina donde trabajan los espectros residentes en la isla para calumniar la causa de la libertad en cabeza de todos los liberales. La mejor refutación que puede dárseles está en manos de las autoridades y del pueblo de Nueva Granada sujetándose escrupulosamente a la ley, conservando el orden público, reorganizando el país, respetando la seguridad de toda persona y obedeciendo al gobierno establecido. Si se renuevan las actas y pronunciamientos, si las leyes son violadas, si los ciudadanos no tienen seguridad, si todos mandan y ninguno obedece, las gacetas de Jamaica tendrán razón y el país quedará desacreditado para siempre. Estas verdades las sabe usted, las saben casi todos; sí, pero es menester practicarlas y predicarlas día y noche, que es el objeto con que yo hablo de ellas a usted que es un ciudadano cuyo patriotismo es inmaculado.

   Empieza a turbarse Méjico y son las tropas las que han dado el grito en Veracruz. Supongo que sea cierto lo que alegan: no apruebo el hecho. Soldados deliberando es un absurdo en el gobierno representativo, y es además una mina preparada a volar todo gobierno legítimo. Temo que pueda en nuestro país volverse a imitar el ejemplo de Veracruz y de ese general Santana que se halla siempre en toda revolución. Somos más dispuestos a hacer lo malo que vemos, que lo bueno. Dios nos preserve de ello porque no queda esperanza de orden y paz.

   Con motivo del cuaderno que contiene mi proceso, un periódico redactado por ingleses torys, The Albion, con quienes tuvo íntima amistad Wilson, edecán de Bolívar, y nuestro cónsul Medina, dijo que no estaba convencido de mi inocencia. Otros periódicos americanos dijeron lo contrario, y el Daily Advertiser que siempre ha sido defensor de nuestra causa, ha sostenido con El Albión una polémica en la materia, y al fin yo le he escrito una carta al mismo Albión. Remito a usted todo esto en las adjuntas gacetas para que haga el uso que crea conveniente en el caso que usted lo juzgue oportuno.

   Esta polémica ha producido en mi favor una pública manifestación de parte de las personas más distinguidas de esta ciudad, como lo verá usted en las copias que le acompaño para que las haga publicar precisamente. Si de aquí a que se fuere el buque para Cartagena publicaron los diarios de aquí dichas piezas y tuviere lugar el convite, mandaré a usted todo para que publicándolo ustedes allá se regocijen los amigos de la libertad de ver aplaudida su conducta en cabeza mía y se avergüencen los enemigos de verse severamente juzgados por hombres tan respetables como Galatín, Lewis, etc. Participe usted esta carta y todo lo demás a mi estimadísimo doctor Soto. He visto con mucho placer que Gómez está con una secretaría. Gómez es hombre necesario en el partido de la libertad en todas circunstancias. Salúdelo usted en mi nombre; igualmente a Liévano, Flórez, Cuenca, Gómez Plata, López, Rojas, etc. A su hermano mil afectos de cariño particular y a mi respetada ahijada mil expresiones de mi afecto. Ansío por tener cartas de ustedes. Dentro de un mes iré a Filadelfia y a Washington a conocer los hombres del gobierno y de la oposición. Quién sabe cuándo me embarcaré para Cartagena.

   Quedo de usted invariablemente su fino amigo y apasionado compatriota,

Francisco de Paula Santander

   El último editorial de la Gaceta del 4 de diciembre está magnífico. Estoy empeñado en hacerlo publicar íntegro en los diarios de aquí. Los extranjeros juzgan mal y ligeramente de nuestros negocios porque ignorando el idioma español, no pueden leer nuestras gacetas, y sólo ven cartas de partido publicadas en los diarios de Londres y París. ¡Cuánto influiría en nuestro buen concepto una gaceta publicada en una de nuestras ciudades por cuenta del gobierno! Pero desgraciadamente estamos muy pobres.

   Ruego a usted dirija inmediatamente la inclusa con un criado para mi hermana.

   Por si ustedes no han recibido el paquete de Londres de diciembre, comunicaré que el parlamento se abrió nuevamente el 6 por el rey en persona y que su discurso es aflictivo por la pintura que hace del estado de penuria del país, los desórdenes gravísimos que han ocurrido en diferentes ciudades y el progreso de la cólera morbus. Da esperanzas de que la paz europea se conservará, habla favorablemente de los últimos arreglos respecto de la Bélgica y da a entender que cooperará a la destrucción del usurpador de Portugal. En Francia no hay novedad de consideración. En la segunda lectura del Bill de reforma en la cámara de los comunes ha habido una gran mayoría en favor de él: 326 votos pro, y 154 contra. Orden mi amigo, orden en la Nueva Granada y somos salvos.

(rúbrica)

   En la cámara de representantes de estos estados se ha discutido si existía o no la República de Colombia, en consecuencia del decreto de Caycedo de igualar los derechos de mercaderías extranjeras importadas en buques americanos a los que pagan los productos de otros estados. Mr. Adams ha sostenido que no existía Colombia. ¡Qué discusión tan triste para un patriota que se enorgullece de llamarse colombiano!

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2810, p. 190-192.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 742-744.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 209.

65
Firma: SANTANDER

NEW YORK, 1° DE MARZO DE 1832

Señor doctor Vicente Azuero.

   Amigo muy apreciado:

   Su carta del 7 de enero es muy interesante, ya porque contiene puntos cuyo interés excita conocerlos, y ya porque me consuela el saber que la convención, aunque compuesta de opiniones heterogéneas, trabaja con buenos deseos y sin animosidades. Ansío ver la constitución: como sea clara aunque no sea perfecta. El tiempo sólo es el perfeccionador de las obras del hombre. Sé que trabajan una ley de conspiradores; me alegro y ojalá que no sea tan infame como el decreto de Bolívar. Sé que en la cuestión del Cauca y el Ecuador había prudencia: esto es importante, importantísimo. Reclamemos siempre el derecho que tiene la Nueva Granada a Pasto, etc., pero de hecho; antes que meternos en una guerra expuesta, hagamos lo que España con la América y lo que Colombia hizo con Páez. Tiempo llegará en que se reclame la posesión del derecho de otro modo. Flores es un loco, ignorante, presuntuoso y lleno de ambiciones, y los quiteños son unos pobres diablos que tiemblan de su actual presidente. Organicémonos, robustezcámonos, demos reposo al pueblo, reafirmemos la confianza adentro y afuera, descansemos de tanta reyerta y pongamos de un lado, provisoriamente, la cuestión del Cauca y el Ecuador. Que la imprenta trate diariamente la cuestión sin animosidad ninguna a fin de que ilustrada perfectamente tenga el gobierno la opinión nacional para obrar a su debido tiempo. Al general Obando escribo largamente en el particular por si no fuere tarde oír mi concepto.

   He escrito al istmo para conservar aquel país a la Nueva Granada, y aquí he hablado con dos panameños que siguen para su país, en términos muy claros sobre la inconveniencia, la impolítica y la inutilidad del proyecto de anseatismo. A Caracas he escrito demostrando la necesidad de salvar la nacionalidad de Colombia, y según me dice don M. Tobar, la opinión generalmente es favorable a una confederación o liga; pero Páez y Peña, y creo que Navarrete, son opuestos. Quieren independencia absoluta y completa. Yo soy de la opinión de usted en cuanto a dejar abierta la puerta a una liga que nos una en alguna manera. Si ahora que están en las bodas del matrimonio no se alcanzan a percibir los bienes de una unión, ellos se verán claros el día en que truene la Europa a nuestras puertas con alguna intervención. Nada se pierde y mucho se puede ganar con dejar abierta la puerta a un futuro convenio.

   En las gacetas adjuntas verá usted el famoso y patriótico obsequio que he recibido en esta ciudad de las personas más respetables de ella. Observe usted el brindis del señor Galatin, y qué bello título para nuestro cuerpo político. Yo he dicho lo mismo al señor Tobar a Caracas. Cuando usted publique el convite en una gaceta, haga usted un bello y fraternal apóstrofe al pueblo americano y a la ciudad de Nueva York. En cuanto a los brindis del convite, usted vera qué delicado es el del señor Roggs, qué patriótico el del general Morton y qué liberal el del señor Wordell. El séptimo brindis de obligación es digno de este pueblo.

   Sensible sobre manera me ha sido la muerte del señor Suárez. Veo que han muerto muchos buenos ciudadanos y ningún malvado. R. Arboleda murió en Pisa en diciembre.

   Me iré para esa muy pronto. Concluido el invierno, que me hace mucho mal, me embarcaré abandonando el proyecto de ir a Boston, Niágara, lagos del río San Lorenzo y Canadá. La patria es primero, y vamos a experimentar lo que se puede hacer por ella. Tengo ahínco de pisar la tierra natal y tengo un miedo pánico. ¡Si yo fuera a ser simple ciudadano! ¡Cuánto no sería mi placer! Ustedes me quieren arrebatar la gloria inmortal de vivir como ciudadano sosteniendo las leyes y las legítimas autoridades.

   Aquí trabajamos por refutar las calumnias de los emigrados de Jamaica, y también he escrito a Londres y a París; pero ustedes son los que pueden refutarlos mejor conservando el orden y la paz y disminuyendo las persecuciones. Destituir de empleos a los pérfidos no es perseguir.

   Aprecio como debo las memorias de la virtuosísima ahijada mía y del inexorable republicano Azuero. Las retorno a ambos e igualmente a sus cuñadas y a los buenos amigos como Gómez Plata, etc.

   Lo es de usted muy cordialmente su apasionado compatriota,

Franciso de Paula Santander

   Incluyo original mi discurso en el convite: corríjale cualquiera falta gramatical que tenga, pues yo no sé escribir mi idioma. Le remito la deprecación que hizo un clérigo protestante antes de sentarnos a la mesa, costumbre que me parece laudable y digna de imitarse. Publíquela por una nota en la gaceta que inserte el dicho convite.

   Me ocurre indicar a usted la conveniencia de señalar dos mil pesos siquiera para gastos exteriores destinándolos a gratificar decentemente algunos editores de París, de Londres y de aquí, para que inserten en sus gacetas nuestros negocios e informen a la Europa de lo que se hace. Es increíble la indiferencia e ignorancia que hay allá de las cosas de América y la necesidad de hacerlas conocer minuciosamente. Este es un gasto utilísimo al país y necesario también porque nadie quiere llenar sus columnas con largos artículos sobre los estados americanos sin recibir una indemnización. Usted sabe que la publicación de periódicos en Europa es una verdadera especulación, como la de montar una fábrica de paños, y los periódicos en lengua castellana se leen muy poco. Le mando un impreso que trata de la sociedad de la templanza que en este país ha comenzado a hacer un buen efecto en las costumbres.

   El general Wilson está publicando horrores contra la Nueva Granada en represalia de lo que dijo de él una gaceta de Bogotá. ¿No se pudieran evitar estos ataques omitiendo nombrar las personas? Hace mucho daño Wilson en Europa mientras nuestro país esté en un estado provisorio y expuesto. Las animosidades contra los extranjeros en general nos desacreditan mucho aquí y en todas partes. Que no tengan empleos, enhorabuena; eso es justo. Pero insultarlos en los papeles, perseguirlos, aburrirlos, etc., eso es indigno de un pueblo que quiere llamarse civilizado. 

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2811, p. 193-195.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 744-746.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 211.

66
Firma: SANTANDER

FILADELFIA, 16 DE MARZO DE 1832

Al señor secretario de guerra del gobierno de Nueva Granada.

   He recibido la orden del 18 de enero en que vuestra señoría me dice de orden del vicepresidente del Estado que inmediatamente me ponga en marcha para esa capital. Muchas causas han influido hasta ahora en abstenerme de entrar en mi patria, causas que yo manifestaré al público si el gobierno o la mayoría de la nación lo exigen; pero no han sido las menores la falta de ocasión segura para embarcarme, y el temor de que mi presencia pueda despertar celo y animosidades adormecidas, crear nuevas rivalidades y frustrar cualquiera ambición. Cargado de sufrimientos y de persecuciones, mi patriotismo me ha dictado detenerme en este país algún tiempo; cargado también de servicios a la patria, en cuyo particular sabe vuestra señoría que no tengo que envidiar la suerte de ninguno de mis compatriotas, mi vida no me ha pertenecido y alguna vez debo contraerme a mí mismo.

   Sin embargo de todo, luego que vaya a Washington, donde seré positivamente útil a mi patria, como lo informé al gobierno a su tiempo, me pondré en marcha para Santa Marta o Cartagena en la primera ocasión segura que se presente. He dicho que mi voluntad es de la patria y debo obedecer a los que la representan; he protestado cumplir los mandatos legales de los magistrados y cumpliré el del actual vicepresidente del Estado que para mi reúne otras cualidades de respeto y estimación.

   Aprovecho la presente oportunidad para ofrecer a vuestra señoría personalmente los homenajes debidos a un antiguo y fiel soldado de la independencia y de la libertad.

   De vuestra señoría muy humilde y obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8. carta No. 2812, p. 196.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 750-751.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Nacional. Sección guerra y marina, t. 160, folio 26. Del original.

67
Firma: Ilegible

PHILADELPHIA, MAY 7 - 1832

To his excellency F. de Paula Santander

   My dear general:

    I beg leave to offer you my cordial congratulations upon the recent intelligence of your election as president of New Granada.

   All who have enjoyed the opportunity of appreciating your character and of estimating the qualifications you possess to establish domestic tranquility and to command the respect of foreign nations for your country, as well as to furnish to history and fame the renown of another American hero, must be convinced that your constituents have acted wisely and have selected the person best calculated to reunite and to secure the prosperity of Columbia.

   Your residence among us has had the beneficial effect of making us acquainted with your value, and you will leave behind here kindly feelings towards the people over whom you are called to preside and towards their executive, which will tend to cement the friendship between the two nations.

   I am a citizen of a country different from that you are about to govern these expressions cannot be adulation –they proceed from the personal regard and respect which you have acquired.

   With an earnest desire for the prosperity of your career and your happiness I remain.

   Very truly and obediently your friend and servant,

(Signature illegible).

Traducción:

FILADELFIA, 7 DE MAYO DE 1832

A su excelencia F. de Paula Santander.

   Mi estimado general:

   Al conocer la noticia sobre su elección como presidente de la Nueva Granada, le ruego me permita ofrecerle mis cordiales congratulaciones.

   Todos los que han tenido la agradable oportunidad, de apreciar su carácter y de valorar las cualidades que usted posee para lograr la tranquilidad nacional y de gozar del respeto de las naciones extranjeras por su país, además de darle a la historia y a la fama el renombre de otro héroe americano, tienen que estar convencidos que sus constituyentes han actuado sabiamente y han escogido la persona mejor preparada para unir y para asegurar la prosperidad de Colombia.

   El haber vivido entre nosotros, ha tenido el beneficioso efecto de darnos a conocer sus valores y deja usted una estela de aprecio hacia ese pueblo sobre el cual usted ha sido llamado a presidir y hacia su ejecutivo, lo que llevará a cimentar la amistad entre las dos naciones.

   De un ciudadano de un país diferente al que usted está a punto de gobernar, estas expresiones no pueden ser tomadas como una adulación. Ellas vienen del cariño personal y el respeto que usted se ha ganado.

   Con un sincero deseo por el éxito en su carrera y por su felicidad quedo, de usted obsequente,

   Amigo y servidor,

(Firma ilegible)

FUENTE EDITORIAL:
Academia Colombiana de Historia. Saldo Archivo Santander.

68
Firma: SANTANDER

NEW YORK, 15 DE MAYO DE 1832

Señor general Pedro Alcántara Herrán.

   Apreciable general y amigo:

   Estos no son más que cuatro renglones para repetirle a usted que los negocios de nuestra patria siguen muy bien. Voy a tener el placer de haber acertado a profetizar sobre la futura suerte de aquel país. A nuestro amigo el señor Joaquín Mosquera escribo largamente todo, encargándole lo ponga en conocimiento de usted para su satisfacción. Lo menos importante es que he sido nombrado provisoriamente presidente de ese gobierno. Ya allá saben todos cuáles son mis principios actuales, y tengo la satisfacción de que los protocampeones del partido liberal están de acuerdo conmigo. El doctor Azuero y el mismo Obando han abogado por una ley de olvido. Yo, magistrado o ciudadano, aprecio a usted con mis fundados motivos, y si la ley no protegiera a su familia, yo la protegería con todas mis fuerzas. Cuento con usted como con un ciudadano honrado, un granadino amante de la libertad y un general intrépido y de conocimientos. Usted hallará siempre en mí la franqueza, la amistad y la sinceridad que usted ha penetrado en mí cuando nos hemos visto en París. Espero verlo pronto en Bogotá, escríbame francamente. Yo me iré de aquí dentro de un mes para Santa Marta y Cartagena. Disfrute usted de salud. Saludes de mi parte al amigo Tejada y a su hermanito de usted.

   Créame sinceramente afectísimo compatriota suyo, compañero y amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2814, p. 199.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 3, p. 377.

69
Firma: SANTANDER

NEW YORK, 15 DE MAYO DE 1832

Benemérito general Tomás Cipriano Mosquera.

   Apreciable general y amigo:

   Sufriendo en la cama un fuerte constipado, acompañado de ciática, recibí su estimable del 18 de enero, de Pisa, con particular gusto. Yo me he puesto ya bueno, pero su hermano me dice últimamente que usted estaba en Roma bastante enfermo, lo cual he sentido, prometiéndome que la primavera haya contribuido a su restablecimiento, y la visita de los ilustres monumentos de la ciudad eterna a consolidarlo. Nuestra patria marcha muy regularmente, mejor que lo que podía esperarse de tantas animosidades, partidos, odios, pobreza y embarazos de la guerra con Flores. Es un prodigio ver que poco a poco se ha ido apagando ese espíritu de persecución en términos de que el mismo Obando pide ya amnistía a la convención para los granadinos desterrados solamente por precaución. Esa furia de papeluchos incendiarios y provocativos que inundaba el país ha ido aplacándose, y ya se predican unión, olvido y paz. Ya verá usted cómo componemos la patria, y cómo logramos hacer alguna unión entre las partes ahora divididas. Esta cuestión es menester tratarla con calma y buena fe: hay muchos celos y rivalidades locales, y es menester que el tiempo por un lado y la prudencia por otro, hablen a las pasiones y les impongan silencio. Yo puedo decir a usted que si en París tenía un treinta por ciento de esperanza de ver tranquila nuestra patria bajo un gobierno nacional y protector de todos los ciudadanos pacíficos, cualesquiera que hayan sido sus opiniones, hoy tengo un noventa por ciento. Yo tengo cartas de todos los partidos, así de Venezuela como de la Nueva Granada; leo todos los papeles, oigo a los que vienen de por allá, comparo, observo y juzgo que las cosas van bien, no obstante algunos defectos y faltas de que no están libres ni los pueblos más viejos y experimentados. Espero, pues, que usted, sus hermanos, don Jerónimo, el general Herrán, vuelvan decididos a unir sus esfuerzos a los de todos nosotros. Ustedes cuentan con la amistad y la confianza del que por su destino estuvo al frente del partido liberal, porque sostuvo las instituciones legítimas y se opuso tenazmente a toda idea de dictadura, constitución boliviana, poder absoluto, etc. Todo eso ha pasado ya, y ahora quedamos granadinos amigos de la independencia y de la verdadera libertad.

   A mi distinguido y buen amigo don Joaquín he comunicado todo cuanto sé de nuestro país, y como supongo que él lo habrá hecho a ustedes, me abstengo de repetirlo. Creo que estará ya en Italia gozando de los placeres que ella ofrece a todo hombre que ama la gloria, la virtud y las bellas artes.

   Agradezco a usted mucho la fineza de la caja de polvo con su mosaico representando la fidelidad. La estimo como una dádiva de usted.

   Siento el despecho de Tejada. La convención ha arreglado ya esa legación señalando los diezmos para pagarla: acaso en lo sucesivo será mejor atendida, y se podrá ir pagando poco a poco la atrasada. Es muy graciosa nuestra lista diplomática: todos mueren de hambre. Aquí han puesto a Acosta, y si yo no le doy para pagar el alojamiento, estaría viviendo en alguna cárcel o casa de misericordia.

   Respecto de la situación de usted, me parece que usted es considerado, como todos nosotros que no estamos en servicio actual, como de cuartel, con la tercera parte de sueldo. Esto creo yo al ver que ninguna gaceta ha mencionado a usted para nada, ni a Herrán, no obstante que han publicado las listas de los generales borrados de la lista militar. Usted debiera dirigirse al gobierno solicitando una declaratoria, y lo mismo Herrán, después de que ya no es secretario de la legación de Roma.

   Si me alcanza el tiempo escribiré a nuestros amigos don Jerónimo y general Herrán: por si acaso, encargo a usted que les asegure de mi sincera estimación. Cuando vea la familia de Femi, sírvase expresarle cuánto me acuerdo de ella, y con reconocimiento y aprecio. Mis memorias al Panteón, al Coliseo, a la columna Trajano, a los cuadros de Rafael y Dominiquino, a San Padre (es decir, a la iglesia), al galo moribundo del capitolio, al Laocon, la fuente felice, el Pincio, Frascati, Tívoli, etc. ¡Qué interesante es Roma!

   Adiós, mi querido general, es de usted siempre amigo,

Francisco de Paula Santander

   A su hermano don Joaquín envío todas las noticias de Nueva Granada, entre ellas la de que he sido nombrado provisoriamente presidente.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2813, p. 197-199.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 751-753.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo particular de T. Mosquera Wallis. Del original.

70
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 22 DE MAYO DE 1832

Señor Edward Liwingston, secretario de Estado de los Estados Unidos.

   Señor:

   La carta que vuestra excelencia ha tenido la bondad de dirigirme el 19 del corriente, congratulándome, en nombre del presidente de esta República, por la elección que ha hecho en mí la convención de Bogotá para desempeñar la presidencia de la Nueva Granada, me ha sido altamente satisfactoria. Las expresiones que vuestra excelencia emplea para ello son muy honrosas, y mi solo deseo es poder merecerlas por una buena conducta. Vuestra excelencia me hará un particular servicio en asegurar al presidente de mi gratitud por su generosidad para conmigo y del profundo respeto que siempre me ha inspirado el actual jefe del gran pueblo americano. Mi país y su gobierno se harán siempre un deber el conservar las relaciones amistosas que felizmente existen con estos estados.

   Siento, señor, tener que concluir esta carta rehusando el ofrecimiento que vuestra excelencia me hace de un buque de guerra existente en Pensacola para conducirme a la Nueva Granada. El estado de mi salud, después de una enfermedad de cuarenta y cinco días, lo dilatado del viaje desde aquí a Pensacola, que casi es igual a ir de Nueva York a Cartagena, me obligan a no admitir este generoso ofrecimiento. Demasiado hubiera yo celebrado aprovechar la oportunidad de algún buque de guerra que tuviera que dirigirse hacia las costas colombianas, pues navegaría entonces con la más completa confianza contra cualquier tentativa de parte del enemigo común de mi país y de los míos particulares; pero no puedo resolverme a exponer mi salud y emplear un largo tiempo haciendo viaje a La Florida en la presente estación. Yo aprecio la oferta que el gobierno me hace según las circunstancias de que puede disponer. Yo trato de embarcarme en todo el mes entrante en cualquiera de los buques que hacen el comercio con Cartagena.

   Estimo altamente las particulares congratulaciones de vuestra excelencia con motivo de la precitada elección.

   Ruego a vuestra excelencia que acepte las protestas de mi distinguida consideración con que soy de vuestra excelencia su humilde, obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2816, p. 201-202.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 777-778.
FUENTE DOCUMENTAL:
National Archives, Washington.

   

71
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 30 DE MAYO DE 1832

Al ciudadano José Ignacio de Márquez, vicepresidente del Estado de Nueva Granada.

   Señor:

   Vuestra carta oficial del 12 de marzo me ha impuesto de que os halláis gobernando el Estado de Nueva Granada, en consecuencia de haberos elegido vicepresidente la convención de Bogotá. Esta noticia me ha complacido mucho, ya porque vuestro nombramiento procede del verdadero origen del poder popular representativo, y ya porque tengo una fundada confianza en vuestras luces, patriotismo, actividad y sincera adhesión a las leyes, de que habéis dado pruebas en tiempos difíciles. Por mucho que hayáis querido encarecer la necesidad de mi presencia en ese nuestro querido país en calidad de presidente de la Nueva Granada, yo estoy persuadido de que el buen sentido y patriótica rectitud del congreso del Estado y vuestra propia capacidad e interés por la causa pública, harán todo el bien posible y todo lo que yo podría hacer aunque poseyera todas las cualidades que vuestra generosidad quiere atribuirme.

   Inmensa es la confianza que la mayoría de los representantes del pueblo granadino me muestran al encargarme de la presidencia del Estado en circunstancias para mí tan delicadas que no sé hasta dónde me permitirán ellas corresponder a sus esperanzas. Es verdad que mi ambición está limitada a llenar fielmente mis deberes arreglando mi conducta, bien como magistrado o como particular, a la voluntad escrita del pueblo, expresada libremente y en la forma legal; mas no siempre se hace el bien público con estas aspiraciones. Esta es la cuarta vez que mi patria me llama por la voz de sus legítimos representantes a ocupar las primeras magistraturas del Estado, y me consuela en esta ocasión el testimonio público de que en las anteriores yo he correspondido a las esperanzas del pueblo, que confiaba en mi fidelidad a la causa de la libertad y en mi resolución de sacrificarlo todo al triunfo de las leyes.

   Permítaseme valerme de esta comunicación para hacer a la Nueva Granada una declaración franca y sincera; después de mi carrera pública, una sola gloria me queda a qué aspirar: a la gloria de merecer realmente el bello título de Hombre de las Leyes, por una conducta toda conforme a ellas, toda en consonancia con los progresos de la libertad y con el sistema que felizmente ha adoptado la Nueva Granada. Si una conducta semejante, además de satisfacer los votos de mi corazón, puede atraerme la estimación reflexiva e ilustrada de mis compatriotas y de los amigos de la humanidad, yo ni puedo apetecer más, ni debo envidiar la suerte de ningún mortal.

   Os ruego, señor, que seáis el órgano para presentar al virtuoso pueblo granadino mi profunda gratitud por la ventajosa opinión que le merezco y mis nuevas protestas de consagrarme a su servicio sin reserva alguna. Su independencia, su libertad, su honor, su gloria y su dicha tendrán siempre en mi corazón un lugar preferente a mis comodidades, a mis intereses, a mi fortuna y hasta a mi propia vida.

   Aceptad, señor vicepresidente, las seguridades de mi mayor respeto, particular aprecio y distinguida consideración con que soy vuestro humilde, obediente servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2817, p. 203-204.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 753-754.
FUENTE DOCUMENTAL:
Registro Municipal de Bogotá, Nos. 175-189, p. 550.

72
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 31 DE MAYO DE 1832

Al señor gobernador de la provincia de Santa Marta.

   Señor gobernador:

   Es mi deber informar a vuestra señoría que a mi regreso al seno de la patria es muy probable que desembarque en ese puerto para proporcionarme el placer de conocer alguna parte de esa provincia, sus necesidades y medios de repararlas, independientemente del regocijo que debe inspirarme el trato de un pueblo tan acreedor a la consideración pública por sus servicios a la causa de la libertad. Estoy muy lejos de exigir ningún género de obsequios que reagraven las necesidades del país, y recuerdo aquellos días desgraciados en que la adulación hizo gala de sus recursos contra los verdaderos intereses del país. Yo soy un ciudadano acostumbrado a estar alojado simplemente y nutrido con sobriedad, y por ningún caso permitiré que a costa del pueblo se me quiera forzar a cambiar de hábitos, ni a recibir honorarios que degradan a quienes los hacen y pierden a quienes los reciben. Yo me contento con el mejor homenaje que un fiel servidor de su patria puede exigir: "la estimación reflexiva y fundada de mis compatriotas".

   En esta virtud, ruego a usted que se omitan todos esos gastos dispendiosos que una fatal costumbre introdujo al recibir a los magistrados, ya en autoridad o llamados a ella; que a ninguna persona se le pida la menor contribución para tales obsequios y que se me proporcione solamente a mis expensas un alojamiento decente. Todo lo que se quiera hacer, así en esa ciudad como en los pueblos por donde transitare, más allá de lo que exijo, estoy dispuesto a rehusarlo.

   Vuestra señoría se servirá dirigir a su tiempo una circular por el territorio que podré recorrer en la jurisdicción de su mando, para que las parroquias se arreglen en el caso actual a los vehementes deseos que acabo de manifestar, deseos que tienen siempre el honor de nuestro país, el estado ruinoso en que se halla, mi carácter particular, mi propio honor y la consideración de que la experiencia nos ha costado caramente.

   Acepte vuestra señoría, señor gobernador, las particulares consideraciones y respeto de su humilde servidor.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2818, p. 204-205.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 791-792.
FUENTE DOCUMENTAL:
Registro Municipal de Bogotá, Nos. 175-189, p. 551.

73
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 1° DE JUNIO DE 1832

Señor doctor Vicente Azuero.

   Amigo muy estimado:

   Aunque usted no me ha escrito con Acosta, lo atribuyo a sus quehaceres en estos días de la convención. Pensaba escribirle a usted más largo que lo que voy a hacerlo porque estoy muy recargado de cartas, y ya otra vez he cumplido con usted enviándole abierta la carta para nuestro doctor Soto, como lo hago ahora. Celebro en mi corazón que usted sea consejero y presidente. Gran falta hace usted en un ministerio, y yo creo que sus servicios serían mucho más útiles en él porque abraza más objetos interesantes. Pero esto tiene ser capaz para todo, que pueden ser elegidos para cualquier servicio.

   Particularmente felicito a usted también por el decreto de la convención fijando las bases de la unión. Esta ha sido una grande obra de patriotismo y de previsión. No puede usted figurarse todo lo que ha ganado nuestro país con este decreto. Las gacetas han hablado magníficamente de este paso y de las elecciones de presidente y vicepresidente y del consejo de Estado. Estoy seguro que en Europa hará un efecto prodigioso. Remito la Gaceta Nacional de Filadelfia que en este país goza de la primera reputación, para que ustedes vean lo que ha dicho: es regular que la haga usted reimprimir en la nuestra.

   Respecto a mi elección, yo agradezco infinito el ventajoso concepto que debo a ustedes y la inmensa confianza que depositan en mí. Ignoro hasta cuándo dura este destino. Yo procuraré irme en todo este mes. Corto es el plazo que me queda para ver y abrazar a usted con todo mi afecto y ternura cordial, y para presentar personalmente a mi apreciable e inimitable ahijada mis afectos particulares. Saludo con la mejor amistad a nuestro doctor Juan Nepomuceno, a Gómez Plata, Angel, Flórez, Cuenca, Florentino, etc.

   Su fiel amigo y apasionado compatriota,

Francisco de Paula Santander

   La Gaceta Nacional de Filadelfia va al gobierno en la colección que le envía el consulado, así como el Diario del comercio: procure usted verlas y hacerlas publicar. La primera es del 12 de mayo y el segundo del 15 ídem. Sirva de gobierno que durante la administración de Bolívar el Diario del Comercio nos fue muy hostil por sostener las locuras del dictador. Le mando el Redactor que ya se sabe que es papel español absolutista.

   Es difícil conseguir aquí números sueltos de estos periódicos diarios que se acaban de un día para otro; pero conseguí actualmente la Gaceta de Filadelfia que le remito al fin.

   Sé que Caicedo ha sido nombrado secretario de hacienda, lo que me hace creer que renunció la plaza de consejero. La noticia importante que acabo de recibir por Jamaica es que Flores ha rebajado mucho de su arrogancia y quiere negociar. Eso me indica cuál será su verdadera posición. Nunca cedamos a Pasto porque es punto importantísimo para la defensa del sur. Quizá sobre esta parte de la Buenaventura se pudieran hacer algunas concesiones en favor de la paz. Considérenlo ustedes y no olviden que el único apoyo que queda al difunto partido bolivariano es Flores, quien también puede ser atraído al partido contrario sabiéndolo manejar. Montilla es, del lado del norte, el baluarte de este fatal partido: por eso es que debemos halagar cuanto se pueda a Páez y a los caraqueños demócratas, que es el partido de Fortique y Quintero. La posición geográfica de la Nueva Granada es fatal en disensiones internas y cuestiones locales. Un gran tino necesita el gobierno y mucha discreción el uso de la imprenta, tanto más cuanto las pasiones apenas se puede decir que comienzan a amortiguarse.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2820, p. 207-208.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 755-757.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 214.

74
Firma: SANTANDER

NUEVA YORK, 1° DE JUNIO DE 1832

Señor Luis M. Azuola, Bogotá.

   Mi apreciado amigo:

   Mucho me ha complacido la carta de usted del 4 de marzo, única que he recibido de usted durante mi ausencia. He agradecido mucho el que mi señora Dolores, sus tíos y sus hermanas hubieran firmado dicha carta: yo miro esta circunstancia como una prueba de cariño que estimo debidamente. Había pensado escribirles, pero después he reflexionado que si lo hacía a cada una en particular, tendría que poner una circular, y si a todas juntas, no podría con facilidad emplear un mismo lenguaje para con personas de diferente edad y carácter; por ejemplo: ¿cómo había de usar para con Encarnación y Joaquín el mismo estilo que para con su mamá y mi señora Manuela? ¿Cómo había de hablar a Dominguito de tesorería, que era lo que podía tratar de paso con don Juan de Dios? Así, pues, yo he tomado el partido de elegir a usted de órgano e intérprete de mis sentimientos de particular afecto y amistad para con toda su familia, incluso Jesusito, cuya firma faltó para autorizar la carta. Dígales usted mil cosas de mi parte, principiando por asegurarles que yo soy invariable en mis afecciones, y que las Olanos y Azuolas serán siempre para mí personas de mi particular estimación. Después de esto, usted les hará saber que hace cuatro años que no como dulces bien hechos, y aquellas cositas delicadas que tienen tanta reputación, de las manos de las Olanos: esto quiere decir que estoy obligado a ir a que me den de refrescar (ya se me había olvidado este verbo bogotano) alguna tarde.

   Pronto tendré el placer de verlos a todos. Dios permita que los encuentre buenos y que nos conceda paz, orden y libertad. Su apreciador compatriota y amigo,

Francisco de Paula Santander

   Salude usted de mi parte a don Pacho, su tío y su familia.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2819, p. 205-206.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 754-755.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo de la Academia de Historia de Bogotá.

75
Firma: Charles Reston

PATTERSON, NEW JERSEY, 4 JUNE 1832

To his excellency Francisco P. Santander, president of New Granada

    Most excellent sir:

    I implore your kind indulgence and attention while I take the liberty of presenting you with the following narration and trust your excellency will design to use your generous influence in behalf of an individual who has subjected himself to heavy pecuniary losses by performing an act of humanity to citizens of the State of which your excellency is and ever has been so bright an ornament.

   In the year 1814 messrs. J.G. Roscio, F. Castillo Ayala and José M. Cortés were captured by general Monteverde at Caracas and by him sent to Spain, where the government of that country ordered them to be imprisoned at Ceuta. On learning of their distressed situation and that their pressing solicitation, I employed Mr. Thomas Richards of Cadiz to assist me in procuring their enlargement. After surmounting innumerable difficulties incurring considerable expense I effected my object and obtained the release of these gentlemen. They were conveyed to Gibraltar, where after a few days the governor gave them up again. I then forwarded a remonstrance to his Royal Highness the prince regent of Great Britain and after repeated delays and much additional expense all paid by me, they were finally restored to liberty in 1816, I received fifteen hundred dollars from that government to take them to their own country. These gentlemen then came under an engagement signed by each to remunerate me liberally for my services which they have not yet fulfilled. I have not even been repaid the money I advanced for their release. To effect which I was compelled to employ a schooner three months besides boat hire and cash supplied them at Ceuta amounting to upward of six thousand dollars.

   Being now in great distress, having a wife and four children to support and I much afflicted with the rheumatism afflicting recollections of past losses and the most fearful anticipations of future want crowd upon my mind urge me to lay the unfortunate circunstances of my life before your excellency.

   In addition to the foregoing account of loss I beg to inform your excellency I lost the Brig Gibraltar Packet in 1814, she being captured by a Spanish Privateer on a passage from La Guaira to Cartagena called the Valiente Bovis and condemned in Cora.

   My residence is in Patterson, in the state of New Jersey, a few miles from the city.

   Should your excellency, reply here to at such time as may be convenient, will confer a special favor upon yours.

   Your excellency's most obedient and humble servant,

Charles Reston

Traducción:

PATERSON, NEW JERSEY, 4 DE JUNIO DE 1830

A su excelencia Francisco P. Santander, presidente de Nueva Granada.

   Excelentísimo señor:

   Ruego a usted su amable indulgencia y su atención mientras yo me tomo la libertad de presentarle la siguiente narración y espero que su excelencia se sirva utilizar su generosa influencia a favor de un individuo quien ha sufrido fuertes pérdidas pecuniarias al hacer un acto humanitario para con ciudadanos del país al cual usted, excelencia, es y siempre ha sido tan lúcido representante.

   En el año 1814 los señores Juan Germán Roscio, Francisco Castillo Ayala y José M. Cortés fueron capturados por el general Monteverde en Caracas y enviados por él a España, donde el gobierno de ese país ordenó su encarcelamiento en Ceuta. Al enterarme de su infortunada situación y atendiendo sus apremiantes solicitudes, contraté al señor Thomas Richards de Cádiz para que me ayudara a obtener su excarcelación. Después de superar innumerables dificultades e incurrir en gastos considerables logré que liberaran a los señores. Ellos fueron enviados a Gibraltar donde el gobernador los entregó a los pocos días. Entonces envié una protesta a su alteza real el regente de la Gran Bretaña. Después de mucha demora y gastos adicionales, todos pagados por mí, recuperan su libertad en 1816, recibí mil quinientos dólares de ese gobierno para llevarlos a su país. Estos caballeros luego se comprometieron, firmado por cada uno, a remunerarme liberalmente por mis servicios, cosa que aún no han hecho. No me han pagado ni siquiera los dineros que yo les adelanté para obtener su libertad. Para el efecto yo tuve que utilizar un barco por tres meses, el arriendo de un barco, y dinero dado a ellos en Ceuta –suma que llega a más de seis mil dólares.

   Estando ahora en una situación angustiosa, con esposa y cuatro hijos que sostener y estando afectado por el reumatismo, recuerdos afligidos del pasado, y miedoso de las necesidades del futuro agobiando mi mente, esto me llevó a presentarle, a su excelencia las circunstancias de mi vida.

   Además del anterior recuento de un préstamo, le informo a su excelencia que perdí "Big Gibralter Packet" en 1814, ella fue capturada por un pirata español en un viaje de La Guaira a Cartagena, llamado el Valiente Bovis y condenado en Cora.

   Mi residencia queda en Patterson, en el estado de New Jersey, a pocas millas de la ciudad.

   Si su excelencia llega a recibir ésta, una respuesta a ella, en el momento que le sea conveniente, será un favor especial concedido al más obediente y seguro servidor,

   De su excelencia,

Charles Reston
(Firmado)

FUENTE EDITORIAL:
Academia Colombiana de Historia. Saldo Archivo Santander.

76
Firma: SANTANDER

SANTA MARTA, 16 DE JULIO DE 1832

   Mi querido amigo doctor Azuero:

   Aquí he recibido su apreciable del 14 de mayo, y Quintana me ha mostrado otra más fresca que me ha dado una idea del estado del país y del mal suceso de la comisión al sur. ¡Qué de dificultades tiene nuestro país! ¡Pobre de mí en medio de ellas! Pero nada me arredra si hay cooperación. No he venido más pronto porque no he tenido buque seguro ni recibí la noticia de la presidencia sino dos meses después de hecha. Voy a Cartagena, donde puedo hacer algo contra los proyectos locos de los federalistas imitadores de los de 1812. Allí cuento con hombres de peso en contra de tal proyecto. Recorreré los pueblos hablando a todo el mundo y predicando unión y obediencia a la constitución granadina. Yo les diré a todos lo que he dicho aquí al pueblo: "aquí vengo a serviros, confiando en que me ayudaréis a sostener el orden legal para que haya paz, dicha y prosperidad: he dejado las dulzuras de la independencia privada para venir a recibir ingratitudes y dicterios de los enemigos del orden, persuadido de que la mayoría de los granadinos desean paz bajo el reinado de la ley: si me engañare yo volveré a abandonar mi patria para llorar en tierras extranjeras su ruina y su muerte".

   Saludo a mi apreciable ahijada, al doctor Juan Nepomuceno, Gómez Durán y Gómez Plata, Florentino, los cuñados de usted, etc.

   Soy su mejor amigo,

Francisco de Paula Santander

   Mando a usted una proclama para que la haga imprimir o hable a alguno para que se haga en El Constitucional o en la Gaceta del gobierno. Celebraré que ustedes la aprueben.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2821, p. 208-209.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 795-796.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, t. 71, p. 215.

77
Firma: SANTANDER

SANTA MARTA, 16 DE JULIO DE 1832

Al señor príncipe Pedro Napoleón Bonaparte.

   Señor príncipe:

   Tengo la honra de informar a vuestra majestad que le he admitido en el ejército granadino, con el grado y las insignias de sargento mayor de caballería, hasta que el poder legislativo, en ejecución de la ley, compruebe su nominación.

    El presidente electo del Estado,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2823, p. 212.
FUENTE DOCUMENTAL:
Copia suministrada por Pablo García Pombo.

78
Firma: SANTANDER

SANTA MARTA, 16 DE JULIO DE 1832

   Mis respetables compatriotas:

   Al pisar otra vez las playas de nuestra querida patria, mi primer deber es adorar la mano suprema que ha protegido mis días y sostenido vuestros patrióticos esfuerzos en el restablecimiento del reino de las leyes. Desde las bóvedas de Bocachica protesté al gobierno que me encerró en ellas, que si me permitía salir de Colombia para ir a vivir lejos de sus riberas, ni las volvería a pisar sino con su consentimiento. "El juramento, añadí entonces, de un hombre que ha sabido cumplir cuantos ha prestado, arriesgando sus comodidades, sus intereses, su tranquilidad y su vida, es una garantía completa". El tiempo ha hecho nuevamente justicia a la religiosidad de mi palabra. Yo vuelvo al seno de la patria después de que el gobierno nacional me lo ha ordenado, y de que vosotros me habéis franqueado las puertas. No vuelvo a vengar mis agravios personales, ni a indagar quiénes han sido mis perseguidores. Vengo a prestarle todos los servicios de que sea capaz con el desinterés y patriotismo con que la he servido sin interrupción desde el 20 de julio de 1810. Cualquiera que sea el valor de mis esfuerzos, yo cooperaré con vosotros a la dicha de la Nueva Granada, dicha que sólo puede encontrarse en la obediencia a las leyes y a las autoridades constitucionales. Vosotros conocéis toda mi vida pública en las épocas prósperas y adversas de la patria: vosotros sabéis si yo soy capaz de llenar mis deberes y de cumplir mis promesas en todas circunstancias.

   Una prueba muy grande de confianza acabo de recibir de vuestros legítimos representantes, llamándome a presidir temporalmente los destinos de la Nueva Granada. En mi situación actual, en el estado en que se encuentra el país, y en circunstancias de haber gobernado seis años la República central de Colombia, mi nombramiento a la presidencia de este Estado me colma de honra y me impone una deuda inmensa de gratitud. Espero que vuestros representantes no se arrepentirán jamás de haberme preferido para ocupar un puesto honrado ya con las virtudes de uno de los patriarcas de la libertad de la Nueva Granada, víctima ilustre de su consagración a la patria.

   Compatriotas de todos estados y opiniones: yo os declaro nuevamente que magistrado o ciudadano privado, soldado o labrador, la libertad bajo un gobierno republicano continuará siendo mi ídolo, las leyes la única regla de mi conducta, y la utilidad de la mayoría, el objeto de mis investigaciones y de mis sacrificios. Yo depongo en las aras de la patria todos mis resentimientos particulares, perdono a todos mis enemigos, y me consagraré sin reserva al establecimiento de la paz interior y de la concordia general, bajo el reinado de la ley. Haced todos lo mismo como una ofrenda digna de la civilización y de los principios liberales que hemos proclamado. No más injurias, no más rencores por los errores y faltas pasadas. Velemos todos en que nuestra constitución política sea exactamente cumplida, llamemos la atención de las autoridades hacia las maquinaciones que pudieran tramar sus enemigos, observemos la conducta de los que por perversidad destruyeron nuestras instituciones, pero no nos insultemos más, no frustremos los efectos saludables que un código de leyes protectoras y un gobierno imparcial y justo deben producir. Convenzámonos de que la persecución a nadie desengaña de sus errores, ni evita las reacciones políticas. Por el contrario, la moderación, la tolerancia y la justicia corrigen el corazón y desarman el descontento. La firmeza y la vigilancia castigarán al incorregible sin que el honor del país ni la civilización sufran lesión alguna.

   Tengo la confianza, mis respetables compatriotas, de que estas ideas merezcan vuestra aprobación. Pertenecemos al mundo social, hemos entrado en la carrera de la civilización y somos observados por todos los pueblos cultos; no podemos, pues, obrar como bárbaros, aislados de la comunicación de la sociedad civilizada. Nuestro primer deber es ciertamente asegurar la existencia de nuestro país y la conservación del sistema político, empleando contra sus enemigos aquellas medidas represivas que dictan nuestra común seguridad, la razón y las leyes; pero todo lo que se aparte de esta regla es injusto, innoble y deshonroso, y vosotros, estoy seguro que no podéis querer atraeros la deshonra que produce la injusticia, ni los males que acarrea una constante persecución. ¡Qué mayor dicha ni qué mayor gloria que la de pertenecer a un país donde se respetan las leyes, la equidad y el juicio de la opinión pública!

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2822, p. 209-211.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 793-795.
FUENTE DOCUMENTAL:
Gaceta extraordinaria de la Nueva Granada, de agosto 7 de 1832, en Biblioteca Nacional, sala 1a, t. 14.631.

79
Firma: SANTANDER

SANTA MARTA, 17 DE JULIO DE 1832

Al señor ministro secretario de hacienda.

   Señor:

   Tengo el honor de participar a usted que he recibido en Nueva York dos mil pesos por cuenta de lo que me adeudaba la tesorería nacional, de lo que doy las gracias al gobierno.

   Pero yo deseo saber (y es el objeto de esta comunicación) cuál es la deuda que tengo contra el Estado, quién, cuándo y en dónde me la pagan. Yo tengo derecho de reclamar una declaratoria explícita en el particular, aun cuando fuera dueño de una inmensa fortuna; pero es mucho más fuerte este derecho después de todos los perjuicios que he sufrido desde 1828, arbitraria privación de los sueldos que la ley y mis servicios me habían dado, costos en mi expatriación y regreso al país, saqueo e injuria de mis bienes raíces y todos los males de la persecución. Yo no quiero gravar al Estado, ni pensionar a los ciudadanos en los gastos que tengo que hacer hasta llegar a mi casa, si el gobierno, consultando sus circunstancias, me hace pagar los sueldos que por delicadeza hasta el funesto 7 de noviembre de 1828, y los que, como general fuera de servicio activo, me corresponden desde junio del año pasado.

   Sírvase usted darme una contestación clara en el particular, distinguiendo el sueldo adeudado como vicepresidente de la República de Colombia en ejercicio del poder ejecutivo y fuera de él, el sueldo de general de división en servicio activo, después que fui destituido de la vicepresidencia, hasta la famosa sentencia de 7 de noviembre, y el sueldo que actualmente disfruto.

   La resolución del gobierno y esta comunicación deseo que se publiquen, para que pueda juzgar la nación de la justicia de mi solicitud y de la del gobierno.

   Con sentimientos de alta y distinguida consideración me digo de usted muy obediente y humilde servidor,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2824, p. 212-213.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 796-797.
FUENTE DOCUMENTAL:
Henao, Jesús María. Los últimos días del general Santander, 54, nota.

80
Firma: SANTANDER

CARTAGENA, 28 DE JULIO DE 1832

   Mi querido amigo Herrera:

   La carta que usted me contestó a la mía de Nueva York, me fue altamente satisfactoria por las seguridades que usted me da de que el istmo será siempre fiel a sus juramentos, siempre amigo de la libertad y siempre granadino. No me ha cogido de nuevo saber esto: yo creo haber conocido el carácter de usted, su honradez y sus principios. Jamás, mi amigo Herrera, libertador de su tierra natal, podrá ser desleal a su conducta anterior, ni a su palabra.

   El 16 llegué a Santa Marta y el 28 a ésta, por tierra. Me voy para Bogotá pasado mañana. Estas provincias del Magdalena son perfectamente granadinas, patriotas y liberales, sin que obste que media docena de vagabundos estén inquietando el país con libelos y proyectos ridículos. La opinión seria del país, el pueblo, está por la constitución, por la paz y por la unión.

   Salúdeme usted a Arango, cuyos recuerdos he agradecido mucho, así como he agradecido su cooperación por medio de la imprenta en el movimiento de la (Sigue Nota del Editor...) y a la conservación de los buenos principios. Usted escríbame a Bogotá siempre, diciéndome todo lo que crea usted que debo saber por el bien general del país y particular del istmo. Usted sabe que lo he estimado particularmente desde que lo conocí, y que su conducta posterior me ha admirado y me ha inspirado el más grande afecto y amistad.

   Usted debe creerme su verdadero amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2825, p. 213-214.
FUENTE DOCUMENTAL:
Biblioteca de Historia Nacional, Panamá. Correspondencia y otros documentos del general Tomás Herrera, t. 1, p. 49.

81
Firma: SANTANDER

CARTAGENA, 30 DE JULIO DE 1832

Señor coronel Tomás Herrera, Panamá.

   Mi querido amigo:

   El dador de ésta será el señor Joaquín Rodríguez, que va destinado a esa plaza de jefe del estado mayor. Aunque yo estoy seguro de que usted al conocerlo no podrá menos que apreciarle sobremanera, quiero recomendárselo a usted muy particularmente como un oficial que agrega a sus virtudes militares el más exaltado patriotismo. Yo estoy seguro que usted no se disgustará con él y que se hará digno de su confianza, haciendo presto conocer a usted que no es capaz de corresponder mal a la confianza que en él se deposite.

   Estoy tan ocupado como usted podrá calculárselo, y reservando ser más largo para otra ocasión, concluyo con repetirle que soy de corazón,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2826, p. 214.
FUENTE DOCUMENTAL
Biblioteca de Historia Nacional, Panamá. Correspondencia y otros documentos del general Tomás Herrera, t. 1, p. 49.

82
Firma: SANTANDER

MOMPOS, 10 DE AGOSTO DE 1832

   Mis amados hermanos:

   Sigo mañana para Ocaña con felicidad hasta ahora y en triunfo. ¡Qué diferencia de tiempos! Pero no por esto me engrío ni me alucino con lo que se me espera en el gobierno. Hasta ahora todos los colegios electorales de las provincias del Magdalena me han elegido unánimemente presidente. Joaquín Mosquera y el doctor Azuero han tenido mayor número de votos para vicepresidente en estas tres provincias.

   Van conmigo Honorato, Lleras y su hermano, y un sobrino de Napoleón que es loco por mí. Acosta con su excelente mujer irán hasta el puerto de Ocaña y de allí seguirán a Honda. Con Acosta mando todo mi equipaje.

   No deseo que se componga mi casa porque me costará mil pesos que no tengo por ahora. Si me pagaran lo que me deben la compondré y si no que se quede así. Este viaje me cuesta mil quinientos pesos que por fortuna me mandó Cuéllar. Dios sabe si tendré sueldo para vivir porque dicen que la miseria está por allá jugando garrote.

   Mil cariños a todos los niños; mil memorias a los tíos, Cleofe, catira, etcétera, a mi Polo muchas cosas y que allá se las haya con la Virgen de Mercedes y conmigo.

   Ardo en deseos de abrazarlos como su amante hermano,

Francisco de Paula Santander

   Memorias a Marquesitos. Manda inmediatamente la adjunta.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 810.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del doctor Rafael Martínez Briceño. Cortesía del doctor Guillermo Hernández de Alba.

83
Firma: SANTANDER

MOMPOS, 10 DE AGOSTO DE 1832

Señor don Santiago Arroyo.

   Muy apreciado señor mío:

   Con particular satisfacción he leído la honrosa carta con que usted me ha favorecido; nada ambiciono tanto como merecer por mi conducta el concepto de mis conciudadanos, de los hombres de mérito y de peso en la opinión pública. Doy a usted infinitas gracias por sus felicitaciones y por las amistades que me dispensa. Procuraré no hacerme indigno de ellas.

   Aquí voy para Bogotá, abrumado ya de considerar el enorme peso que va a cargar sobre mis hombros, pero no desanimado de consagrarme al servicio de mi patria con desinterés y buena fe. Yo haré por ella cuanto cabe en un antiguo patriota que cifra la gloria en ser verdaderamente útil a sus conciudadanos. No sé hasta dónde pueda corresponder a las esperanzas que el país tiene de mí: mis fuerzas intelectuales, la miseria pública, los rencores y opiniones contrarias son grandes obstáculos para hacer la dicha de Nueva Granada y de Colombia. Prometerla sería exponer mi honor y engañar al país si el suceso no correspondía, y sería responder del buen efecto de causas que no está en mi mano para dirigir: lo que puedo ofrecer, porque puedo cumplirlo, es olvidar mis quejas y resentimientos particulares, dar el ejemplo de la tolerancia política, respetando ciegamente las leyes, sacrificar al interés común el mío personal, y gobernar según la constitución. Si con esto puede ser feliz la Nueva Granada y reaparecer Colombia, la Nueva Granada será feliz y Colombia volverá a existir aunque sea federativamente.

   Cuento para llenar mis deberes con la cooperación de todos los buenos patriotas, y por consiguiente con la de usted, de quien me digo amigo y apasionado servidor.

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2827, p. 215.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo particular de José María Arroyo.

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Firma: SANTANDER

OCAÑA, 17 DE AGOSTO DE 1832

Señor Juan Antonio Piñeres.

   Mi estimado compadre Piñeres:

   Sentí mucho no haber visto a usted al tiempo de mi partida de esa, porque deseaba darle un consejo que acaso le sería útil, si usted lo adopta. Voy a satisfacer a mi corazón, consignándolo aquí, y espero que usted que me conoce franco, sincero y amigo de mis amigos, crea que procedo por estimación hacia usted y hacia su excelente familia.

   En la posición de usted, cualesquiera que hayan sido las causas de sus desgracias políticas, necesita usted de dos cosas: de una resignación laudable para sufrir su estado actual y de una circunspección a toda prueba para no empeorarlo y dar un grave disgusto a su familia. El tiempo cura todos los males; pero no es sólo el transcurso de los días, sino que es menester de nuestra parte ayudarlo. La prudencia de parte de usted es una ayuda indispensable y yo le suplico, por amistad, que usted sea muy prudente; en la desgracia todas las ocasiones son mal interpretadas, y una mala interpretación en las circunstancias actuales comprometería al gobierno contra usted de un modo que me sería muy sensible. Usted puede tener todas las opiniones que crea convenientes; éste es un acto de libertad que yo garantizaré siempre; pero vea usted bien delante de quién las emite y, sobre todo, observe que en la época de (Sigue Nota del Editor...) los gobiernos liberales nunca castigan las opiniones, sino sobre los actos que dimanan de ellos. Yo jamás reconvendré como autoridad pública a ninguno porque juzgue que una monarquía es mejor que una república, ni que un régimen militar es más a propósito que un sistema de leyes; tampoco reconvendré a nadie porque conserve sus afecciones por Bolívar, Urdaneta, etc. Yo tengo mis opiniones también, y mis afectos; yo juzgo de hechos y no de pensamientos. He dicho lo bastante para quien como usted tiene talento. Algún día me agradecerá usted estos consejos.

   Créame usted afecto suyo, porque es hijo de una colombiana respetable para cuantos pertenecemos a la causa de la libertad, y hermano de dos señoras que no desmienten en nada su casa y procedencia. Añada a esto la antigua amistad que he tenido por usted y que yo no soy amigo en la prosperidad solamente.

   Su afectísimo que lo aprecia,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2828, p. 216-217.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander, Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 343.

85
Firma: SANTANDER

OCAÑA, 17 DE AGOSTO DE 1832

Señor coronel Francisco Martínez Troncoso.

   Amigo muy estimado:

   El 20 continuaré mi viaje por Cúcuta, donde permaneceré muy poco. Espero que la irritación haya cedido y que usted goce de buena salud, como yo gozo. Nada sé de Bogotá ni de ninguna parte desde mi salida de esa ciudad. Yo he querido siempre a Mompós, y ahora lo amo: las atenciones que he recibido allá y lo que he visto me inspiran este amor. Ojalá que yo pueda acreditarlo de un modo que la ciudad logre los efectos y los sienta.

   Me ofrece a la disposición de mi señora, su esposa, suplico a usted salude al doctor Ribón, su yerno, y a los demás patriotas de Mompós; usted no tiene por qué dudar que yo soy siempre su verdadero e inolvidable amigo,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955. t. 8, carta No. 2829, p. 217.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomada de una copia.

86
Firma: SANTANDER

SAN JOSE, 7 DE SEPTIEMBRE DE 1832

   Mi querido y pensado amigo doctor Soto:

   Llegué aquí el 2 casi bueno del ataque furioso de cólico que me acometió en Salazar: los aires del suelo natal, la acogida que he tenido en esta villa, la asistencia asidua del padre Bermúdez y el esmero de Herreros, todo ha contribuido a restablecerme de tal modo que puedo decir: "Estoy perfectamente bueno". Así pues, seguiré mi marcha por Bucaramanga el 9 ó 10 inmediato y no me detendré sino en Pamplona, Bucaramanga y Floridablanca, Socorro y Vélez, un día a lo más en cada uno de dichos lugares, así para descansar como para complacerlos, tomar informes y hacer mi feria patriótica republicana.

   Mi entrada a esta patriótica villa la contaré como uno de los mejores días de mi vida. ¡Qué entusiasmo!, ¡qué afectos!, ¡qué patriotismo! Yo no lo puedo expresar: las lágrimas me corrían por las mejillas de gozo y gratitud hasta el punto de que no pude continuar hablando al pueblo para expresarle una parte de la sensibilidad de mi corazón. ¡Ah! ¡Si la Nueva Granada tuviera cien pueblos como San José de Cúcuta! Aquí hay verdadero patriotismo comprobado, no haciendo el acta de 21 de abril ni obrando en consecuencia con laudable constancia, sino sufriendo con resignación esta maldita aduana que tendrá con el tiempo peores resultados que la mancha y el gusano. Mucho, mucho me he acordado de ustedes. ¡Cuán no habría sido mi gusto el haber visto a usted en medio de los patriotas habitantes de este lugar!

   Gran sentimiento me ha causado las desavenencias entre el gobierno mismo por la carta al casanareño. Ellas refluyen contra el país y los enemigos saben aprovecharse de todo. He leído el manifiesto de Azuero y me parece victorioso: todo lo que él escribe es bello y vigoroso. En parte me ha alegrado que Márquez haya sufrido un ataque tan furioso, para que sepa a lo que sabe el puesto que ocupa. Hay hombres aparentes para todo hasta que los ponen en algún destino, y hay quienes en sus corrillos o en las asambleas públicas gobiernan a las mil maravillas. Yo he formado un bosquejo de una especie de alocución que haré a la Nueva Granada cuando tome el gobierno, no proclama, sino un cuadro que delinee mi ulterior conducta según hacen los presidentes de los Estados Unidos: en él me hago desde ahora cargo de la resistencia y oposición que sufriré de parte de tantas aspiraciones malogradas y de tantos proyectos frustrados. Digo esto para que usted vea que voy a encargarme del gobierno sin la ilusión de que conservaré esa popularidad de que parezco favorecido hasta ahora.

   ¡Qué bochinche en las elecciones! Risa me da leer algunos votos para presidente y vicepresidente. ¡Falta de experiencia! Ella se adquirirá a costa de disgustos y aun de injusticias. Ignoro las elecciones de la provincia de Antioquia, Chocó y casi las de Tunja. No hay duda que he recibido en esta vez una inmensa mayoría de votos, que debo llamar opinión pública. Con ella me lanzaré en el piélago tempestuoso que debemos navegar, resuelto a llegar al puerto o a perecer como se debe.

   Quisiera que ustedes, los secretarios me tuvieran reunidos en un cuaderno todas las leyes y decretos urgentes. Desconozco nuestra legislación orgánica y deseo tenerla reunida para estudiarla. Aunque yo siempre tuve gran confianza en mis secretarios, siempre he querido ver por mí mismo todas las cosas y saber por qué era que se disponía tal o cual cosa. Ruego, pues, a usted que haga reunir dicho cuaderno del modo mejor y que haga de mi parte igual insinuación a López, a Vélez, por sus respectivos negociados.

   Escribo la adjunta al general Obando, que le mando abierta a usted para que la vea y la cierre, poniéndola inmediatamente a su destino.

   No sé qué hacer con Bogotá y su recibimiento. Los extremos son peligrosos con esa gente. Por otra parte, yo he recibido en mis desgracias pruebas de afecto e interés de parte de las mayorías de Bogotá, y quien influyó mucho esto en Bolívar para que hiciera del clemente. Pensaremos este particular de aquí al Socorro: (Sigue Nota del Editor ...) ustedes sobre ello en inteligencia de que yo no puedo dispensar cualquier fiesta posterior a mi llegada, y de que la cuestión, es "Si debo entrar precipitadamente de noche a mi casa, o si debo entrar contando con acompañamientos, arengas, gritos, cohetes, campanas, etc.".

   Recibí aquí su carta del 1° de agosto. Piense usted mucho de qué manera podremos tener dinero: me aflige el pensar que sin él no podemos consolidar el orden político acallando el descontento de los que viven de sueldos, principalmente el soldado. Venezuela parece que está un poco más mal que la Nueva Granada en este particular y el Ecuador peor que ellos. Consolémonos.

   Saludo a los doctores Azueros, Gómez, general López, etc. Mis expresiones a mi señora Juana y Foción. Soy siempre su amigo de corazón,

   Firmado:

Francisco de Paula Santander

(Reservado)

   Por si no le hubiere ocurrido, que sí le habrá pasado ya por la cabeza, quiero indicarle que es conveniente, más a usted que a ninguno otro, que después de mi posesión dirijan reunidos los 3 secretarios un memorial en que digan "que para no servir de óbice a la composición del ministerio ponen sus destinos a disposición del presidente. Nada más deben decir: nada de incapacidades, nada de enfermedades, nada, nada más que lo dicho. Si a usted le parece oportuno, indique la cosa a sus compañeros. Una manifestación aislada de cada uno, la mirarían los enemigos como señal de no querer servir conmigo. Usted sabe por quiénes lo puedo decir.

   El joven Bonaparte que viene conmigo dice que de Santa Marta hasta aquí nada ha visto que le guste tanto como San José. Es el entusiasta más grande que tengo yo.

   Entre las muchas cartas chocantes que he recibido de algunos bolivianos tengo una del padre Blanco felicitándome por mi regreso a la patria y llamándome héroe, ilustre, veterano de la libertad, etc. ¡Qué hombres, Dios mío!

   Saludo con las expresiones del mayor afecto al indomable patriota republicano doctor Arganil.

   Lleras saluda a usted por mi conducto del modo más cordial: es entusiasta por San José desde que ha visto y sabido cuál ha sido la conducta de este pueblo, y por usted muy particularmente. El pronunció en un baile de sopo soropo donde había un inmenso gentío la inclusa poesía, que deseo procure usted publicar en algún diario en honor de los cucuteños. No es menester decir que la hizo Lleras. A los cucuteños agradará infinito leer en letra de molde esta producción.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 814-816.
FUENTE DOCUMENTAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 267, p. 506-507.

87
Firma: SANTANDER

7 DE SEPTIEMBRE A LAS 5 DE LA TARDE DE 1832

   Mi querido doctor Soto:

   Acaba de recibirse la noticia de que el gobierno de Venezuela ha declarado a Maracaibo puerto de depósito para todas las mercaderías que se importen por la Nueva Granada, sobre las cuales se cobraría solamente un 3 por ciento. Esta noticia ha zanjado perfectamente la cuestión de aduanas; (Sigue Nota del Editor...) llenado de contento al pueblo cucuteño. Me alegra infinito, infinito.

   Mañana voy al Rosario y saldré de allí el 10 sin falta para Pamplona.

   De usted siempre su mejor amigo,

   Firmado:

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 817.
FUENTE DOCUMENTAL:
Copia de carta suministrada por el historiador Guillermo Hernández de Alba.

88
Firma: SANTANDER

PAMPLONA, 13 DE SEPTIEMBRE DE 1832

   Mi querido amigo doctor Soto:

   Como hoy mismo sigo para Bucaramanga dejo cerrada ésta para el correo. Estoy bueno, aunque temiendo la marcha del invierno o algún alimento indigesto me haga daño. Estoy inservible con esta repetición de cólicos tan fuertes.

   Sé que Flores intenta romper las hostilidades (Sigue Nota del Editor...). Lo siento mucho, mucho. Flores está intrigado fuertemente por todos los bolivianos existentes en Jamaica y en Venezuela, quienes le ofrecen villas y castillos en favor de sus miras. Quiera Dios que Obando no vaya a tener algún (Sigue Nota del Editor...). Flores es activísimo, intrépido y de una gran firmeza. Un mal suceso en las tropas de Obando pondría al gobierno en apuros de consideración. Ignoro las fuerzas de Obando, su moral, disciplina, etc. De las de Flores, he oído hablar bien de su caballería.

   Así será por estas (Sigue Nota del Editor...) de alguna utilidad que todos se acerquen al primer magistrado y lo oigan hablar. Bolívar con sus malditas correrías nos hizo mucho daño.

   A Venezuela la comprendo poco. Las noticias de allí son contradictorias en lo general.

   Muchas atenciones a su familia y a los amigos de todos. Usted reciba el corazón de su antiguo y leal amigo,

Francisco de Paula Santander

   Posdata. Dígale al doctor Azuero que aquí he tenido el gusto de recibir su carta del 7 de agosto último.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2830, p. 217-218.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1932, t. 24, p. 336.

89
Firma: SANTANDER

VELEZ, 29 DE SEPTIEMBRE DE 1832

   Mi amada Josefita:

   Hoy seguimos para Puente Nacional, mañana a Chiquinquirá y el 4 estaremos en Bogotá.

   Aquí tuve el inmenso placer de abrazar a mi querido José María, que me ha parecido robusto aunque no tan gordo como antes.

   Por mí solo nunca pensé apearme en otra sino en tu casa, porque eso era regular y justo; temía que tu casa fuese estrecha y que te fuera trabajoso prepararnos lo mejor, pero por tu carta veo que lo has facilitado todo. Sin embargo como los extranjeros son tan delicados y Bonaparte está acostumbrado[...] bien he pensado lo siguiente: yo iré a tu casa y Bonaparte irá a la de Montoya convidado por él mientras yo me traslado al palacio, comeremos todos en tu casa el día de la llegada si el gobierno no tuviese preparada comida, pues en este caso él prefiere en nuestras circunstancias.

   Deseo mucho que Bonaparte haga buen concepto de Bogotá y de nosotros y, por lo tanto, voy a advertirte lo que has de hacer según se usa en Europa. Nosotros somos de mesa [16 ?] personas: el lujo en Europa consiste más en el servicio de la mesa que en la comida, por lo cual debes preparar manteles (Sigue Nota del Editor...) para lo demás, copa grande para agua[...] larga de champaña. Manda hacer [...] buen pescado si se encuentra, pastelitos[...] un pavo grande bien asado y ensalada. Con esto basta [...] Dos o tres postres solamente, dos o tres dulces y frutas. Café después. Mis criados saben servir y disponer la mesa. La profusión que se acostumbra en nuestras comidas es chocante a los europeos y costosa. Tú debes asistir a la mesa con nosotros y componerte como si fueras a un baile. Bonaparte habla ya un poquito el castellano.

   Recibí una cartica de Manuelita que tanto deseo ver [...] de su encierro. Mis cariños a todos los niñitos: José María [...].

   [...] mil memorias a los tíos, a Juana, Cleofe y demás que pronto veré. Envía la adjunta a tu madrina. Convídala a que vaya a tu casa a verme el día de mi llegada porque yo no voy de manera ninguna a su quinta. Reserva esto (Sigue Nota del Editor...) .

   Hasta dentro de ocho días en que te abrazará tu amante hermano,

Francisco de Paula Santander

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 820-821.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del doctor Rafael Martínez Briceño. Cortesía del historiador Guillermo Hernández de Alba.
 

90
Firma: SANTANDER

PUENTE NACIONAL, 29 DE SEPTIEMBRE DE 1832

   Mi pensado y muy querido amigo doctor Soto:

   Su carta del 24 es la más consoladora que he recibido de usted; lo del sur ya no tenía más remedio que marchar a Pasto; lo de economías y esperanzas futuras es muy lisonjero; las elecciones de diputados y senadores por esa provincia las estimo como una verdadera victoria; todo me parece que debe animar las esperanzas de los patriotas. Esta provincia de Vélez es patriota, dócil, y no dará qué hacer al gobierno. Tobar es muy estimado y hay personas de influencia que han sido siempre liberales.

   Mañana sigo a Chiquinquirá, el 1° a Ubaté, el 2 a Zipaquirá, el 3 a mi hacienda, el 4 a Bogotá y a apearme a mi casa, porque necesito de reposo y de holgarme con mi familia antes de acercarme al potro del tormento. Escribo oficialmente al presidente del consejo.

   Las elecciones de Tunja han salido muy regulares; Ezequiel y Landínez son diputados y los demás que usted sabe. Las de Vélez y del Socorro han sido buenas. Temo algo por las de Pamplona, aunque yo he hablado claramente a algunos miembros de la cámara. Las provincias todas están muy contentas con sus cámaras.

   Véngase siquiera a Torca, para verlo fuera del bullicio de recibimiento. Sin embargo de lo que usted me dice sobre entrada a Bogotá, no me arrepiento de haber escrito al gobierno pidiéndole que se omitiera ese gasto. El acta de la municipalidad sobre el particular, que leí en El Constitucional, me abrió campo para manifestar ese deseo, que no pueden en justicia atribuir a remilgue.

   Siento que Vélez no firme la representación consabida. Esta misma circunstancia muestra al público que hay un no se qué de discordancia en el ministerio. Yo no he pensado remover a Vélez; esto sería impolítico ahora, y necesitamos de consolidar el gobierno, y cuando Vélez se ha declarado segundo jefe de un partido. Conmigo, por nuestra anterior amistad, creo que podrá andar bien; si así no fuere, yo tengo bastante carácter para decirle que renuncie. Por otra parte, yo estimo a Vélez.

   Hasta dentro de seis días que abrazará a usted su mejor amigo,

Francisco de Paula Santander

   Posdata. Que mi señora Juana se vaya a casa de Josefita el 4.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 821-822.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2831, p. 218-219.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

91
Firma: JOSÉ ANTONIO PÁEZ

PUERTO CABELLO, 20 DE AGOSTO DE 1829

Al señor Francisco de Paula Santander.

   Mi estimado señor:

   He leído la carta de usted fecha de ayer a bordo de la fragata de guerra Cundinamarca, en la cual se sirve honrarme con las esperanzas de alivio en su presente infortunio, y hace justicia a mis sentimientos, siempre inclinados a hacer menos amarga la suerte de un desgraciado. Doy a usted las gracias más expresivas por este concepto, que si bien me lisonjeo merecer, siempre me honrará su convencimiento.

   Afortunadamente ha arribado usted a las playas de Venezuela a tiempo en que estoy competentemente autorizado por el gobierno para hacer menos desgraciada su situación: los deseos que me manifiesta usted en su primera carta desde el castillo de Bocachica en Cartagena serán satisfechos, y yo tendré el gusto de cumplir a un mismo tiempo con mis deberes respecto al gobierno y con respecto a usted.

   Por un efecto de casualidad he llegado a este puerto hace tres días, y si mi cercanía puede serle útil en cualquiera otra cosa, conducente al alivio de sus males y a hacerle menos penosa la mansión y el viaje que va a emprender, confio en que usted me lo dirá, seguro de que haré todo lo que me sea posible.

   Queda de usted obsecuente servidor,

José Antonio Páez

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 10, carta No. 3367, p. 192-193.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 128.

92
Firma: TOLY

AL ANCLA DE LA BAHIA DE PUERTO CABELLO, 21 DE AGOSTO DE 1829

Al excelentísimo general Francisco de Paula Santander.

   Su excelencia el jefe superior civil y militar de Venezuela, con fecha 20 del actual y bajo el número 851, me dice lo siguiente:

   "A la representación del señor ex general Francisco de Paula Santander, que usted me incluye en oficio de este mes, número 197, ha recaído el decreto siguiente:
   "Cuartel general de Puerto Cabello a 20 de agosto de 1829. Estando acordado por el supremo gobierno, con fecha 8 de julio próximo pasado, que al que representa se le franquee pasaporte para seguir a Europa, conforme al derecho de su excelencia el Libertador presidente de 12 de noviembre del año último, hágasele saber, expídasele el pasaporte necesario y ordénesele que permanezca a bordo de la Cundinamarca hasta que se trasborde, al buque que deba conducirlo a Europa. Lo trascribo a vuestra excelencia para noticia del interesado, repitiéndole que el pasaporte queda en poder del comandante de armas de esta plaza".

   Y lo comunico a usted para su inteligencia, devolviéndole el documento con que acompaño aquella representación.

   Dios guarde a vuestra excelencia,

Toly

   He recibido del señor general Santander la cantidad de $ 600 corrientes, valor de su pasaje para Hamburgo.

   Puerto Cabello, 26 de agosto de 1829.

   Por el capitán,

J. J. Ney-Carlos Agosto Celler

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4483, p. 56-57.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18.

93
Firma: VICENTE AZUERO

KINGSTON DE JAMAICA, 16 DE OCTUBRE DE 1829

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido compatriota y pensadísimo amigo:

   No es fácil explicar a usted la alegría extraordinaria que hemos experimentado los expulsos y otros amigos de usted en esta isla, cuando supimos su salida de Colombia en un buque hamburgués. Por fin los crueles verdugos de usted se movieron siquiera a este acto de humanidad; aunque parece que bien pronto se arrepintieron, si, como se escribió en días pasados de Cartagena, hubiese sido positiva la llegada a Puerto Cabello de una segunda orden para detenerlo, la que aseguran llegó tarde.

   Supongo a usted descansando de tantos padecimientos en Berlín, París o Londres. Así lo deseamos ardientemente todos sus compañeros de trabajos y todos sus amigos, a cuyo número pertenecen cuantos aman la libertad. No dudo de que estará usted disponiendo alguna manifestación al mundo para vindicar su conducta, y revelarle la larga serie de negros crímenes y perfidia, por medio de los cuales los traidores y los opresores de nuestra triste patria han logrado sepultarla en un abismo impenetrable de males. Esto será indispensable no solamente para reparar su honor tan indignamente vilipendiado, sino para desimpresionar a los extranjeros de sus falsas creencias en que están respecto a Colombia, a Bolívar y a nosotros.

   Generalmente se piensa que todas las revoluciones que han trastornado el país, han sido obra de un partido de anarquistas falsamente llamados liberales, que han pretendido dar al país instituciones inadaptables, que el pueblo colombiano es un pueblo indómito y feroz sin ilustración y sin costumbres, que necesita de ser refrenado por un gobierno dictatorial y vitalicio, que Bolívar es el ángel de paz que ha subyugado todas las facciones y el único de quien debe esperarse algún bien. Tal es el fatal concepto que los más se han formado de nuestra patria; nadie tiene sino ideas muy erróneas de los acontecimientos de los últimos tres años y medio; todo lo tergiversan, y nosotros, después de haber malogrado nuestros esfuerzos por la conservación del sistema constitucional y republicano que había hecho la felicidad de Colombia y que era amado del pueblo; después de haber sido inicuamente perseguidos y expatriados, estamos condenados aun al más insoportable de todos los suplicios, el de que se nos imputa a nosotros lo que sólo y exclusivamente han hecho nuestros enemigos, al de ser tenidos por unos grandes criminales y perturbadores del orden social precisamente por haber hecho frente a los verdaderos criminales y perturbadores. Este es el último extremo a que puede llegar la injusticia de los juicios humanos, o más bien diré, la pereza de los hombres en pensar a fondo de las cosas, antes de pronunciar sobre ellas.

   Yo he tenido poderosos fundamentos para guardar silencio. La condición única para permitirme salir de Colombia ha sido la de observarlo, usted sabe mi pobreza, después de dos años de destierro de mi domicilio, y no sé cómo es que me sostengo, sin tener cómo ganar un pan. Si yo fuese solo no hubiera vacilado en renunciar para siempre a mi patria, si siempre había de ser esclavo, aunque ya arrastrase la vida más miserable; pero debo mucho a mi querida mujer que me acompaña, ella suspira constantemente por su familia y su país, y he visto que no podía tomar la pluma sin condenarme a perpetua expatriación. Ahora se presenta un fuerte destello de esperanza, de que hablaré a usted más adelante, y entonces puede ser que me ponga en estado de servir de algo.

   Supongo a usted instruido de la deposición del general Lamar por el general Gamarra, de la invasión y ocupación del gobierno peruano por el general Lafuente, removiendo al vicepresidente Salazar, y de que en consecuencia se abrieron negociaciones de paz con Bolívar; en cuya consecuencia Guayaquil fue evacuado por los peruanos y ocupado por los colombianos; digo que le supongo informado de todo esto, porque creo que por efecto de ello fue por lo que se le permitió su salida. Se asegura que ya está reunido el congreso peruano para tratar de las condiciones de la paz y de la elección de presidente, entre los generales Gamarra y Lafuente, y que el comisionado por Bolívar, cerca del gobierno peruano, es el doctor Gual. En Bolivia manda el señor Santa Cruz. Aquí hemos sabido que el general Lamar, expulsado del Perú, llegó a Costa Rica, donde fue magníficamente acogido. Se me escribió igualmente con referencia a Madiedo, quien regresó de Méjico a Cartagena, que el congreso mejicano había acordado una resolución para que en cualquier punto de la República donde usted tocase, fuese recibido con la hospitalidad digna de sus merecimientos y servicios a la causa americana, y asignándole también una pensión anual de $3.000. Usted en esos lugares podrá tal vez adquirir noticias más circunstanciadas sobre ello.

   Acompaño a usted copia de las capitulaciones concedidas a Obando, a quien sin embargo se asegura que Bolívar ha pasado por las armas. También le remito copia de dos capítulos de carta del prefecto Herrán de Bogotá a un amigo suyo en la costa, en que él hablaba de los planes de gobierno que circulan en las cabezas montadas a la boliviana. He visto en las gacetas de Colombia las elecciones para el congreso constituyente, que han resultado como era de preverse.

   Puede ser que no se realice ya semejante reunión, y que todo el mal construido edificio se les venga a tierra, en consecuencia de la sublevación del general Córdova y de su pronunciamiento por la constitución de Cúcuta, en Antioquia, como lo reconocerá usted en el adjunto impreso que le acompaño y que nos ha causado una sorpresa extraordinaria, pues no teníamos antecedentes ningunos, y de contrario creíamos que este hombre sería uno de los más terribles enemigos de la libertad.

   Yo no sé positivamente ni aun en donde se hallaba él. Algunos aseguran que estaba en el sur, que había tenido disgusto con Sucre, el que Bolívar había decidido a favor de éste y que a Córdova lo había remitido para Bogotá nombrándolo ministro de marina. Ello es que dicho nombramiento, hecho en 13 de julio, aparece en la Gaceta de Colombia.

   Córdova hizo su pronunciamiento en Rionegro el 11 de septiembre y en Medellín el 12. Pacho Urdaneta, comandante de armas, parece que mandó de Medellín a Rionegro una partida para aprehenderlo, fue dispersada, y por una buena composición se le dio su pasaporte, y desde Nare participó Urdaneta a Bogotá el acontecimiento. Dicen que el día 19 tenía Córdova ya 800 hombres y que cuenta con las fuerzas que hay en el Cauca, lo que parece probable, de otra manera no es verosímil que se hubiese pronunciado. Algunos agregan que el general Obando, que se halla en el Socorro, se había sublevado igualmente. Ello es que no se sabe sino lo que el gobierno de Cartagena no ha podido ocultar.

   De Cartagena han salido el batallón de Tiradores para Tolú con una compañía de artilleros, y el batallón Boyacá para Mompós. Del istmo debía salir igualmente para el Tolú el batallón Apure, de manera que éste queda desguarnecido, y Cartagena sólo con milicias. El comandante de esta expedición, que debe reunirse en Magangué, es Urreta, el cual se hallaba en Cartagena por asuntos de comercio. Aldercreutz debe situarse en Ocaña y quedar de su segundo en Mompós Juan Antonio Piñeres. Montilla ha marchado igualmente. De Bogotá aseguran en Cartagena que han salido 700 hombres al mando de O'Leary. Allí no había otro cuerpo que el batallón Occidente. Bolívar está en Guayaquil, lo mismo Flores; Sucre está en Quito. Yo no dudo de que si Córdova cuenta con el Cauca, y obra rápidamente para ocupar a Bogotá, se pronuncian a su favor todos los departamentos y provincias de la Nueva Granada. El gobierno es cada vez más arbitrario y opresor; el sistema de contribuciones es muy opresivo, las expulsiones todavía no cesan; y si los pueblos malogran esta oportunidad, no se les presentará otra. De Venezuela todo lo que se sabe es que hay buenas disposiciones, y que en Cumaná y Barcelona están casi independientes y no obedecen orden ninguna del gobierno. Se asegura que Bermúdez, los Monagas, etc., conservan sentimientos muy liberales. El general Gómez parece que está en La Guaira. Mi hermano Nepomuceno me habló del arribo de la Cundinamarca a Santa Marta y de las noticias que con este motivo supo de usted. El acababa de recibir permiso para pasar a Ocaña; tal vez se lo habrán revocado con motivo de la sublevación de Córdova.

   En estos últimos días han llegado expulsos de Panamá Argote con su familia, sin más motivo que su antiguo liberalismo; de Puerto Cabello por la vía de Curazao el teniente coronel Tomás Herrera y de Cartagena, en último paquete, un Simeón Núñez maracaibero, vecino de Riohacha, de los denunciados por el célebre tuerto Muñoz, el cual ha sido también expulsado y ha seguido para Haití.

   A virtud de informes de Gual a Bolívar contra Madiedo, vino orden a Cartagena para que lo prendiesen y lo expulsasen. Después de preso aún no ha salido y se cree ser la causa, porque va a casarse con la Mercedes Orrantia, cuñada de Juan de Francisco. Aquí existen desterrados, además de los ya nombrados, Rojas, Benito Santamaría, Alejo Pérez, un Gutiérrez, un hijo de Elorga, Noriega de Cartagena, un Muñoz de Mompós, González, Berrío, también de Cartagena, Arias, de La Habana, Ballesteros, Sinforoso Hernández. Permanece aquí también el doctor Uribe y Pacho Campuzano, que me encargan, con especialidad el último, haga a usted expresivas memorias.

   Indalecia, su ahijada, que lo piensa a usted constantemente y que ha tomado el más vivo interés en todas las desgracias de usted, se halla en el mayor grado de aflicción porque ha tenido ayer la noticia dolorosa de la muerte inesperada de la Juanita Marroquín, mujer de Manuelito, que ha fallecido de parto dejándole una niñita. Con todo me recomienda darle a usted manifestación de sus afectuosos recuerdos.

   Vivimos aquí con mi señora Vicenta Narváez, madre de Vicente y Germán Piñeres; no ha querido regresar a Cartagena, a pesar de que ha cosa de tres meses que le mandaron salvoconducto. Su marido se fue y a ella la acompañan una hija y una sobrina. Es señora muy apreciable y sobre todo extremadamente liberal; ni su amistad con el doctor Castillo, ni las consideraciones de su familia, han podido hacerla variar un punto de sus buenos sentimientos, ella me ha encargado muy particularmente que haga a usted memorias suyas.

   Del doctor Soto sé que permanece en Caracas y el doctor Gómez en Valencia. Según entiendo se han propuesto no escribir a nadie; así es que a mí no me han contestado la que les escribí por la vía de Curazao.

   En Curazao hay una multitud de expulsados. Allí están Pablo Durán, Rodríguez, los coroneles Concha y Toscano, don Martín Tovar, Rivas, Romerito y otros muchos. Con don Martín Tovar nos escribimos cuando se proporciona. El siempre está lleno de las mejores esperanzas en favor de la libertad, y cuando sepa la insurrección de Córdova, se llenará de gozo y hará los mayores esfuerzos porque lo imiten sus paisanos.

   Iribarren parece que se halla en Méjico. En los Estados Unidos están el coronel Muñoz y José María Gaitán. A éste y a Salazar les escribí en días pasados a Nueva York. He visto dos periódicos de allí en castellano muy bolivianos. Sospecho que serán del padre Medina (porque los frailes nunca dejan de serlo) y de Santiago Rodríguez. En Bogotá está escribiendo las Meditaciones colombianas el famoso García del Río, por orden de Bolívar. No he visto sino las primeras páginas en que aprueba el senado hereditario propuesto por Bolívar al congreso de Angostura. Tengo muy malas noticias de este aventurero que va a hacer fortuna a Colombia, después de haber hecho varias fechorías en el Perú y Buenos Aires.

   En el paquete de hoy sigue por Inglaterra a París el duque de Montebello, hijo del ilustre general francés. Parece que va hablando muy bien del actual gobierno colombiano y asegurando que el movimiento de Córdova es una cosa insignificante. Yo creo que ha llenado de satisfacción a este hombre la idea predominante del gabinete boliviano, que dicen ser la de que se confiera el gobierno vitalicio a Bolívar y la facultad de nombrar su sucesor.

   También sigue en este paquete para Londres un Icaza, de Guayaquil, hermano de nuestro consabido enano de la convención. Es boliviano declarado y salió de Guayaquil después de la entrada de Bolívar allí. Aseguran que Bolívar se disgustó mucho con Sucre porque no persiguió a los peruanos después de la batalla de Tarqui, y porque faltó o se excedió de sus instrucciones en los tratados de Girón; que Bolívar le dijo que sólo por consideración a sus servicios no lo hacía juzgar por un consejo de guerra, y que de estas resultas Sucre se separó del ejército y se halla en Quito de prefecto del Ecuador.

   La expedición peninsular contra Méjico tendrá el resultado que merece. Los mismos españoles están desesperanzados y confiesan que Barrada, hombre sin ninguna educación, era el menos a propósito a quien se podía encargar tal empresa. Carecen de dinero; no tienen seguridad de nuevos refuerzos, y Méjico se arma por todas partes. Probablemente ésta será la última intentona de los godos, con la cual abandonarán por fin sus quiméricos proyectos de reconquista.

   He tenido mucho gusto al saber que acompaña a usted el doctor Ezequiel Rojas, de quien he recibido las memorias que me ha dirigido por conducto de su hermano, a quien me hará usted el favor de tributarle mis enhorabuenas por saberlo libre de sus padecimientos. El desde luego sabrá aprovecharse muy bien de su viaje a Europa. Saludo asimismo a Gonzalitos y al célebre Wilson, antiguo edecán de usted, que no dudo habrá corrido a encontrarle a dondequiera que se halle.

15 de noviembre

   Esta se ha retardado infinitamente con mucho pesar mío, por causa de haberse ausentado precisamente en los días en que debía seguir, el amigo que debía recomendármela para que no se perdiese. La dejo como estaba, y continúo manifestándole que han desaparecido, con la velocidad del relámpago, las esperanzas que nos había hecho concebir el intrépido y malogrado general Córdova, cuya muerte será a usted sensible como a todos los colombianos que amen su país, y generalmente al considerar la noble causa que nos lo ha arrebatado infructuosamente. El día 17 de octubre fue destrozada en el sitio del Santuario, contiguo a Rionegro, la pequeña fuerza que mandaba de gente colecticia, que no pasaba de 300 hombres según los mismos partes de O'Leary, que lo atacó con 700 veteranos y el apoyo de toda la provincia de Antioquia, que se conjuró contra Córdova tal vez creyendo su empresa desesperada. Parece que sólo encontró apoyo en alguna parte de la juventud, que sin duda alguna peleó denodadamente, pues no sólo pereció Córdova en el combate, sino 200 hombres, y casi todos los restantes estaban heridos. La ciudad de Antioquia, con el pérfido obispo, se puso en estado de resistencia y a su cabeza un oficial Corral parapetándose con el río Cauca, del que se retiraron todas las embarcaciones. El cura de Marinilla había reunido 160 hombres para auxiliar a O'Leary, a quien ofreció montar toda su caballería y cuantos víveres necesitase; las gentes huyeron a los montes por no tomar las armas. Es natural que a la fecha hayan fusilado a Jaramillo, que era gobernador, a Salvador Córdova, comandante de armas y a algunos otros. Córdova aseguraba contar con el departamento del Cauca y con Bogotá, pero seguramente le faltaron o lo vendieron, pues en el día se pagan en Colombia agentes provocadores. Aseguran que el coronel Espina, el mismo que condujo a mi hermano y a Wilson (Sigue Nota del Editor...) a Cartagena, fue el encargado por Córdova de llevar a Bogotá el plan de una conjuración que debía efectuarse en el aniversario del 25 de septiembre. Este oficial estuvo preso y aseguran estar ya absuelto.

   El cónsul británico había recibido una carta de Córdova en que le avisaba lo que iba a hacerse para que saliese de Bogotá, y en efecto se había retirado a Tocaima, en donde después el gobierno lo mantenía confinado; Leidendorff ha recibido la orden de salir; dicen también que Marcelo Tenorio y doña Nicolasa Ibáñez habían sido desterrados para Venezuela; en fin, apenas sabemos los primeros rumores; yo no he recibido carta alguna de mis corresponsales, ni gacetas; pero recelamos un sinnúmero de desastres no sólo en Antioquia sino tal vez en Bogotá y el Cauca. En una proclama a los colombianos que varios han visto, descubría Córdova las bases de la nueva constitución de Bolívar. Todo en ella debe ser vitalicio; el presidente sin responsabilidad, con la facultad de nombrar su sucesor, de dar todos los empleos y de remover de ellos aun los de la judicatura, y el veto absoluto; el senado debe ser hereditario; los sufragantes o electores deben tener un capital de $6.000. Ya los diputados están marchando para la capital; no se ha quedado ningún jefe de los trastornos que no haya sido nombrado, a excepción de Montilla, que no sé por qué causa no habrá querido ser diputado.

   Bolívar, después de celebrada la paz con el Perú, cuyas bases no hemos visto aún, regresaba para Bogotá; es natural que antes le dé tentación de dar su vuelta por Antioquia. El presidente del Perú es provisoriamente Gamarra, y Lafuente vicepresidente, mientras se reúne una convención que está convocada, no sé para qué objeto.

   Acabo de leer la segunda meditación colombiana, que me ha causado un hervor en toda la sangre. ¡Cuánto me desespero de no poder escribir ni una palabra! Nada es tan intolerable como la insolencia de uno de estos aventureros, que se aparecen después de concluida la lucha por la independencia, solamente a medrar por medio de la más baja adulación, de las más descaradas calumnias, y sosteniendo las máximas erradas de la tiranía. Ya que no me es dado contestarle, incluyo a usted dichas meditaciones, porque no dudo que usted tomará la pluma en esos países para vindicarse y para desmentir tantas imposturas contra la causa de la razón y de la libertad... Tal vez usted no sabrá que García del Río es hijo natural de una mulata hija de una esclava que salió de Cartagena desde mucho antes de la revolución, que volvió a Portobelo el año de 13 a recoger la herencia de su padre, emigrado o expulsado de Cartagena por godo, y que de consiguiente no ha conocido a Colombia hasta noviembre de 1828, en que ha venido. Tal es el apóstol que viene a Colombia a predicarnos aristocracia y herencia como cosas conformes a nuestros hábitos y costumbres, olvidándose de que esos mismos hábitos y costumbres resistían que los mulatos y los hijos tuviesen ninguna suerte de consideración, ni de empleos.

   El señor Castillo, en carta dirigida a mi señora Vicenta Narváez, me ofrece que en éste o en el siguiente mes me vendría permiso para regresar a Colombia, y que aun seria considerado por el gobierno como merezco serlo (son sus expresiones). Yo no había hecho la más mínima insinuación para que se me permitiese volver, y estoy muy perplejo sobre el partido que deba tomar. Ya no es posible sostenerme aquí más, ni menos trasladarme, como lo pensé, a los Estados Unidos. Ultimamente me he determinado a contestarle que mi deseo es irme a vivir a Cúcuta, y que el gobierno no me emplee en cosa alguna, porque estoy persuadido de que sólo me conviene vivir lejos de las capitales, aun las de provincia, y sobre esto le hago reflexiones bien fuertes, para capitular desde ahora que no me destinen ni me molesten, si es posible. Yo estoy convencido de que las turbaciones no cesarán, y que los liberales vamos a hacer en Colombia un papel más lastimoso que el que hacían los españoles en tiempo de la guerra de la independencia. El ostracismo se ha vuelto tan trivial, que todavía continúan desterrando por el constitucionalismo antiguo, o por cualquiera friolera, todos los jefes de departamento. Puede ser que en Cúcuta me dejen vegetar y allí me sostendré de cualquier manera.

   Madiedo ha salido últimamente expulsado de Cartagena para los Estados Unidos, y un Manuel Daza, de Santa Marta, para San Thomas.

   Si es que me mandan salvoconducto para volver a Colombia, mi viaje no será nunca sino hasta enero o febrero. Usted puede contestarme a ésta bajo cubierta de don Manuel Bonis.

   Hago los más ardientes votos porque se distraiga usted mucho en esa Europa, porque sea feliz, y más que todo, porque renaciendo la libertad en nuestra patria, vuelva usted pronto a ella a promover su prosperidad, y a recoger las bendiciones y recompensas de que es digno. Acepte usted los sentimientos de la eterna afección con que soy su apasionado amigo y servidor, que besa la mano,

Vicente Azuero

   Creo que usted podría sacar muy pocos papeles y que acaso le harán falta muchos documentos si es que ha de escribir. Yo he recogido aquí colecciones incompletas de la Gaceta de Colombia, de la Bandera, Conductor y de muchos cuadernos impresos por usted y por otros; de Santa Marta también conseguí varios documentos. En caso de que siga para Colombia, ellos quedarán en poder de Pacho Campuzano, y haré una separación de todos los que le puedan servir, los que si los necesita puede avisar para remitírselos.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta 176, p. 332-341.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 320-329.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 154-164.

569
1829


94
Firma: [ilegible]

   Monsieur le Général,

   Je le juge mon devoir de vous faire part d'un article qu'une feuille publique de ce jour contient sur vous, ce qui vous convaincra que même dans notre petite république on sait aprécier votre valeur. Le voilà:

   Le Général F. de P. Santander vient d'arriver dans la Maria de Puerto Cabello pour se rendre à Paris. Ce noble colombien (né à Rosario de Cucuta, 1792) jouait un des principaux rôles dans l'histoire de liberté de sa patrie pour laquelle il a acquérie les plus grandes mérites. Il s'est montré comme un des plus courageux guerriers, plein de talent, pendant le combat contre les Espagnols. Sa valeur comme homme d'état le recommendait à Bolivar qui le nommait Vice-Président en 1821.

   Il régnait pendant le tems de la guerre que Bolivar faisait, pour délivrer Pérou et Bolivia et se distinguait pour son impartialité et sa haine contre le despotisme militaire.

   La langue énergique et plein d'esprit dans laquelle il parlait au Congres des ans 1822-26 a attracté la plus grande attention en Europe.

   Le Général S. ne voulant pas soufrir la révolte de Paez á Venezuela, ce fit la cause qu'il se brouillait avec Bolivar en Sept. 1827 a son retour du Pérou.

   Comme la révolte contre le Dictador Bolivar éclatait à Bogotá, le Général S- appellé le Moreau de la Colombiefit arrêté et condamné de souffrir un long captivité (Sigue Nota del Editor...): près de Cartagène et a Puerto Cabello.

   Ce n'est qu'au mois d' Août qu'il reçut la liberté de laisser la patrie qui lui doit autant!

   Plût au ciel qu'il trouvera dans l'Europe la tranquilité et la compensation pour tant des souffrages qu'il ne doit qu'a sa constance.

   (Nos lecteurs trouveront plus de détails sur ce hero de la liberté dans le Colombus de Riding).

   J'ai 1' honneur de vous Saluer.
   Monsieur le Général,
   Votre dévoué (Sigue Nota del Editor...) No. 93
   17 Oct. 1829

(Sigue Nota del Editor...)

Traducción:

 Señor general,

   Juzgo mi deber hacerle conocer un artículo que un periódico de hoy publica sobre usted, y que lo convencerá de que aun en nuestra pequeña República sabemos apreciar su valor. He aquí su texto:

   "El general Francisco de Paula Santander acaba de llegar en 'la María' de Puerto Cabello, en un viaje hacia París".

   Ese noble colombiano (nacido en Rosario de Cúcuta en 1792) ha jugado uno de los papeles principales en el proceso de liberación en su patria, que ha sido testigo de sus grandes méritos. Se mostró como uno de los más valientes guerreros, lleno de talento, durante la lucha contra los españoles. Su valor como hombre de estado fue su recomendación ante Bolívar quien lo nombró vicepresidente en 1821. Reinaba mientras Bolívar hacía la guerra para liberar el Perú y Bolivia, distinguiéndose por su imparcialidad y su odio hacia el despotismo militar.

   El lenguaje enérgico y lleno de ingenio que utilizaba en el congreso de los años 1822-26 ha llamado muy ampliamente la atención en Europa. El general Santander no quiso tolerar la rebelión de Páez en Venezuela: esa fue la causa de su desavenencia con Bolívar, en septiembre de 1827, cuando este volvió del Perú.

   Como la rebelión contra el dictador Bolívar estallaba en Bogotá, el general Santander –llamado el Moreau de Colombia– fue arrestado y condenado a sufrir un largo cautiverio en el (Sigue Nota del Editor...): cerca a Cartagena y a Puerto Cabello.

   ¡Sólo hasta el mes de agosto recibió la libertad de abandonar la patria que le debe tanto!

   Quiera Dios que encuentre en Europa la tranquilidad y la compensación de tantos sufrimientos debidos únicamente a su constancia.

   (Nuestros lectores encontrarán más detalles sobre ese héroe de la libertad en el Colombus de Riding).

   Tengo el honor de saludarlo,
   Señor general,
   Su devoto, (Sigue Nota del Editor...)
   17 de octubre de 1829

(Sigue Nota del Editor...)

Al señor general
Francisco de Paula Santander
Hotel de Rusia

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original No. 127/6 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República. Bogotá.

95
Firma: KLIEVE KING

HAMBOURG, A 28 OCTOBRE 1829

   Monsieur le Général:

   Je me trouverai extrêmement flatté de la visite de votre excellence de premiers jours de la semaine prochaine. Je regrette seulement que les assemblées du sénat ne me permettent de rester chez moi que jusqu'a onze heures du matin et qu'ordinairement je me rentre de la campagne que vers les neuf heures et demie. Aussitôt que ma famille sera en ville je prierai votre excellence de fíxer le jour ou je pourrai jouir plus librement de sa société en reunissant un petit nombre de personnes à diner. Agréez, je vous prie, les assurances de ma haute consideration,

Klieve King

FUENTE EDITORIAL:
Archivo de don Diego Suárez Costa.

96
Firma: KLIEVE KING

Traducción:

HAMBURGO, 28 DE OCTUBRE DE 1829

   Señor general:

   Me consideraré altamente honrado con la visita de vuestra excelencia en los primeros días de la próxima semana. Lamento solamente que las sesiones del senado no me permitan permanecer en casa sino hasta las once de la mañana y que ordinariamente sólo vuelva del campo a eso de las nueve y media. Tan pronto como mi familia esté en la ciudad, rogaré a vuestra excelencia fijar el día en que me será dado disfrutar más tranquilamente de su compañía, reuniendo para ello un reducido número de personas para cenar.

   Dignaos aceptar, os lo ruego, el testimonio de mi profunda estimación,

Klieve King (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2194, p. 443.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 329-330.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

97
Firma: FRANCISCO SOTO

CARACAS, 26 DE NOVIEMBRE DE 1829

   Mis queridos amigos:

   Ha llegado por fin el momento de que pueda escribir a vuestras mercedes ¡Cuánto había deseado hacer esto en los tiempos anteriores, pero cuántas dificultades se me habían presentado! La más terrible de todas era que la policía, tan exacta como puede serlo en Madrid, debía leer mis cartas y ponerle su pase; y bajo tal restricción, ¿qué pudiera haber dicho a vuestras mercedes en ellas?, menos malo era privarme de escribir y tal fue el partido que adopté. Hoy tocamos ya un nuevo orden de cosas, y por eso empieza ya la presente que será muy larga y que dirijo a mi amigo coronel Concha, para que la pase a mi querido amigo en Jamaica, a quien ruego la remita a nuestro ilustre amigo, el mártir de la libertad colombiana, el virtuoso general Santander. Esta carta, pues, quedará dividida en dos partes, una que se refiere a mi persona porque supongo que vuestras mercedes tendrán interés en los pormenores, y otra que se contrae a lo que a todos nos importa, la causa de la libertad de América.

   Comienzo por nuestra llegada a la bahía de Puerto Cabello, grandes eran nuestros temores en aquella época. Comprendía yo que si en Cartagena se me había negado el pasaporte para fuera de Colombia y se me remitía a dicha ciudad, no era por compasión, sino porque se había creído que mis enemigos personales tendrían el cruel placer de saciarse en mi persona, y se aumentaban mis recelos con la noticia que tuvimos de que seríamos deportados en la vigía y encerrados en estas bóvedas, luego que saltásemos a tierra. Verificóse esto el 3 de marzo y tuvimos que hacerlo escoltados, por una guardia que nos condujo a la casa del general Valero, que, por fortuna, era el comandante de la plaza. ¡Cuán feo será el crimen cuando sólo sus apariencias son tan lúgubres y melancólicas! Valero nos trató a Gómez, a Durán y a mí con urbanidad y aun con compasión; a mí en particular me indicó que debía contar con los alivios que estuvieren de su parte. En seguida nos metimos los tres en una lancha en Pontón, donde estuvimos algunos días. Jurado, el mismo Valero y algunos otros pasaron luego a visitarnos y a ofrecernos sus servicios. A los tres días el general comandante dio orden de ir a su casa a pasar el día, y desde entonces estuvimos recibiendo convites en tierra, debido a la civilidad de varios sujetos, hasta que al fin del mes salimos del Pontón.

   Entre tanto yo recibí cartas del general Páez en que me protestaba sería bien tratado en Venezuela, del general Soublette, que me ofrecía su amistad, y del señor arzobispo, que me aseguraba había obtenido del primado orden para que Gómez y yo siguiéramos a Caracas. El general Soublette volvió a escribirme anunciándome que ya se prevenía se nos permitiera marchar a Valencia, y, en efecto, el día primero de abril llegué a la capital de Carabobo. Lo que me hizo concebir la más alta idea de Puerto Cabello y Valencia es que ninguno de sus habitantes llegó a insultarnos al tiempo de nuestro desembarco y entrada, las gentes en sus semblantes indicaban ternura antes que ferocidad o vanagloria.

   Permanecí en Valencia hasta el 11 de julio, durante cuyo tiempo observé que casi todos sus vecinos son amantes de la libertad, y recibí demostraciones de benevolencia del comandante coronel Cala y de algunas otras personas. El doctor Peña fue el único que dejó de visitarnos; pero tampoco me causó el más pequeño mal. En Valencia, Gómez y yo que vivíamos juntos nos vimos ya libres de soldados, de guardia y de la opresión que antes habíamos tenido. Mesita, Pedro García y el Chato zipaquireño Pedro Peña, ayudantes de plaza y desterrado de Bogotá, eran nuestros contertulios. A cada momento nos confirmábamos en el temor de que el general Santander sería muerto en Bocachica y nos acordábamos de nuestros amigos Concha y Azuero, ¡cómo habíamos de olvidar tampoco a mi señora Indalecia!

   Por fin llegó a Valencia la orden para mi venida a Caracas que me había ofrecido el señor Méndez. En su virtud emprendí mi viaje del 11 de junio. Maracay me recordó la libertad que teníamos en Bogotá antes de 1827, pues me encontré con los Michelenas y sus parientes que forman aquel pueblo.

   El 14 de junio entré a Caracas, y a vivir en el palacio arzobispal a expensas del caritativo arzobispo, quien me recibió como un amigo antiguo, olvidándose de la diversidad de nuestras opiniones en legislación. Los generales B. Méndez y Soublette fueron los primeros que me visitaron, Revenga y algunos otros empleados y favorecidos del gobierno lo hicieron después. Los conocidos como liberales me veían por la noche, a hurtadillas, y me manifestaban deseos de servirme. Sólo Yánez ha dejado de venir a casa. Todos los liberales me preguntaban con ansia por el general Santander, y con particularidad especial me hacían interrogatorios muy largos sobre los Azueros, sobre Uribe (el senador) y sobre casi todos los proscritos.

   Cuando llegué a Caracas me encontré con el doctor Guzmán, empleado en la tesorería, y con Marquesitos, que tenía la mesa del general Soublette que, por habérsele negado después de tal recurso, goza de la del arzobispo hace más de tres meses.

   Desde mi desembarco en Puerto Cabello recibo cada diez días noticias de mi familia que se halla en San José de Cúcuta, muy pobre y miserable y sufriendo además de su proscripción trabajos muy grandes de otro género. Nuestra hija mayor murió el 2 de septiembre después de nueve meses de una enfermedad muy grande procedente del pesar que tuvo cuando me expulsaron: Foción ha estado y estaba el 2 de este mes bastantemente enfermo y probablemente no se alentará. Por fortuna, personas de quienes menos debía esperarlo, como el doctor Caycedo y el doctor Eloy Valenzuela, la han socorrido con algún dinero que ha llegado muy oportunamente.

   He aquí en resumen lo que tiene relación con mi persona. Sólo me resta añadir que según carta que recibí de Gómez Plata, salió de Mérida para su casa en compañía de Liévano el 1° de septiembre, de modo que ya el uno estará muy descansado en San Gil y el otro estará marchando para Mariquita, a donde se le impuso la confinación, hablaré ya de mi patria. A mi llegada a esta ciudad conveníamos en esperar Espinal y yo en que no había esperanzas de su resurrección. La pacificación (así la han llamado en Pasto), a la recuperación de Guayaquil y paz con el Perú indicaban, que se afianzaba más y más la tiranía. Peña, de quien algo podía esperarse, no estaba en armonía con el general Páez y lo había medio suplantado el abogado. Sanaría el joven tan decidido por la monarquía. Del centro nada podía aguardarlos y todos parecían resignados a sufrir el yugo. Viene en estas circunstancias el general Páez, que estaba recorriendo el Llano, y por la marcha de Soublette a Bogotá se da orden de que venga Peña a servir su secretaría. Se hace público entonces que Urdaneta había escrito a Páez una carta proponiéndole descaradamente la monarquía y asegurando que para ello se contaba con el apoyo de la tiranía.

   Castillo y algún otro de los ministros escriben protestando que todo estaba hecho y que del Táchira a Guayaquil no se pensaba sino en monarquía y en Bolívar como jefe de la primera dinastía, y que sólo se aguardaba la adhesión de Perú y Venezuela. Los muy pocos adictos que hay en Caracas al primer candidato y a esta forma de gobierno ya creían todo hecho, y aun predecían que todos los obispos debían concurrir a la coronación que se verificaría el próximo mes de enero o febrero. Tal era el estado de las cosas a principio de octubre cuando Páez repentinamente convocó a los jesuítas a su casa, les manifestó lo que se pretendía y les dijo que él no sería súbdito del rey, pero que si Venezuela quería tal gobierno a él no tocaba oponerse sino abandonar la tierra. Así empezó a desmoronarse el edificio, o más bien a desquiciársele el andamio al inocente marino (Altaceros), Carabaño y no sé qué otros se pronunciaron en contra; y esa noche, la víspera de San Simón, empezaron a ponerse pasquines ridiculizando el proyecto y concitando a los venezolanos a recuperar sus derechos. Derramándose también por toda la ciudad una multitud de los impresos dados en Curazao contra el usurpador y que habían sido a su introducción sepultados en los débiles cajones de la policía. Este era el aspecto de la revolución, o más bien de sus antecedentes, cuando se recibió la inesperada noticia del santo alzamiento de Córdova. Con ellos se exaltó mucho la opinión y más cuando se trascendió que Páez, a presencia de Ibarra, Clemente y otros partidarios del poder, había bendecido el movimiento de Antioquia, elogiado a su jefe y condenado a O'Leary. Retirado Páez a Valencia en unión de Peña, empezó a pronunciarse que allí tomaría cuerpo el incendio.

   Entretanto la noticia de que Bermúdez combate en Maturín, había circulado la proclama de Córdova añadiendo que iguales eran sus votos, y la publicación de una (...) de Restrepo (el miserable no entendía que iba a sacrificar a su ídolo) reducida a que por la prensa se emitiese la opinión sobre forma de gobierno, y (...) carta de Bolívar, loco orgulloso que no conocía pisaba sobre un abismo en que recomendaba se hicieren juntas para que cada uno dijese cuál era el gobierno de su elección, estas circunstancias alentaron a muchos para escribir y publicar por la imprenta. Estaba el pueblo tan deseoso de libertad que antes de dos horas se habían expandido más de 900 ejemplares de un papel titulado el farmacópola No. 1, a pesar de que hablaba enigmáticamente y no tiene un mérito particular.

   Mariño ha obrado muy activamente, y acompañado de Arizmendi ha logrado entorpecer los manejos de Revenga, Briceño Méndez y otros que son de la oposición.

   El 24 por la noche ha tenido Arizmendi, como jefe de alta policía, una gran reunión en su casa para cumplir la orden de Restrepo y los deseos de Bolívar: de ella resultó emplazamiento para el 29 en San Francisco, adonde realmente se han reunido desde las 10 de la mañana todos los sujetos principales, en número de más de 2.000 personas. Presidía la asamblea el general Clemente: primero, hubo sus dudas sobre si continuaría presidiendo, y por fin se decidió afirmativamente, como que es el prefecto departamental; en seguida se indicó que el objeto era el de que cada uno manifestase su opinión sobre forma de gobierno, a cuyo fin se leyeron los documentos anteriormente citados, de éstos se valieron algunos para pedir la manifestación de la carta de Urdaneta sobre monarquía: no se presentó, pero los generales Arizmendi y Mariño y el consejero Pelgrón testificaron que la habían visto y leído. Entonces fijó no sé de quién la proposición de: Venezuela se declara de hecho separada del gobierno de Bogotá, y fue aprobada después de una muy larga discusión. Durante ella se dijo que esta no era revolución ni menos traición contra el gobierno, sino al contrario, que el gobierno traidoramente había hecho revolución contra los pueblos. El nombre de Bolívar no fue increpado en la sesión que terminó a las 9 de la tarde, habiendo reinado en toda ella el (...) posible en una asociación de tantos hombres, y manifestado el pueblo todo el respeto que debía. La tropa estaba acuartelada, no se vio un soldado en toda la manzana y cada uno de los mercaderes y artesanos continuó sus ocupaciones. Al levantarse la sesión quedaron emplazados para adelantarla el día de hoy. Con mucho gusto observé que el público aplaudía cuantas palabras llegaban a decirse en favor de la libertad y de los tiranos; y más aún, que el señor Méndez tuviese la prudencia de asegurarse luego que empezó el debate, que como tantos no debía abrigar otra opinión que la de sus ciudadanos, y que no debería pertenecer a ningún partido sino prepararse a socorrer al desgraciado, consolar al triste y ser ángel de paz, si por ventura se suscitasen disensiones entre sus fieles. Dicho esto se retiró.

   27 de noviembre. Ayer a las 11 continuó la junta sin sesiones. Por fortuna cuando me acerqué a la barra oí un discurso pronunciado por el señor Fortique, abogado, que me arrebató a los cielos. "La proposición apoyada ayer, decía el elocuente orador, exige otras que la expliquen y manifiesten nuestras justas intenciones. Caracas, Venezuela no pretende romper sus vínculos que la unan a sus desgraciados hermanos los granadinos, ¿qué culpa tienen los infelices de sufrir junto con nosotros el peso horrible que nos oprime? Ellos son dignos de lástima, nosotros debemos procurar que sacudan el yugo. Venezuela conoce el origen de los males y es el general Bolívar. El Libertador desde 1813 ha manifestado que aspira a la monarquía y siempre ha ofrecido el más cruel despotismo. En Angostura ya descubrió un poco más sus ideas; porque la mayoría de aquellos ilustres diputados no les dieron gusto, intrigó para que la constitución se declarase simple proyecto. Porque en Cúcuta encontraron sus agentes una resistencia invencible, desertó de Colombia, y tomando el aire de conquistador, marchó al Perú antes que someterse a las leyes de su país. En 1826 regresó para descubrirlas con las armas y engendró que una convención sería el medio de ceñir la corona, la convoca lleno de alegría. Hallando una constante oposición en la mayoría de sus miembros, la asedia por hombres y tropas, la disuelve, persigue de muerte a esos varones virtuosos, fusila a unos, expulsa a otros, destierra a muchos de ellos, y se hace proclamar jefe supremo. De las autoridades, de la tiranía de Bolívar, es que nosotros nos separamos, y para lograrlo depositamos nuestra confianza en su excelencia el general Páez". Este discurso fue aplaudido con un palmoteo de dos minutos a lo menos.

   Después de muchas divagaciones se aprobaron estas proposiciones: desconocimiento de la autoridad por el general Bolívar, y paz, unión y fraternidad con nuestros hermanos de la Nueva Granada, Quito y demás provincias de Venezuela para entrar a pactar y a establecer lo que convenga a nuestros comunes intereses.

   En seguida se acordó que se redactase un acta comprensiva de las dos sesiones y a las 5:30 de la tarde se levantó la sesión.

   ¿Durante todos los días qué hacía yo? No concurría a la reunión a casa del general Arizmendi, a que fui convidado, ni a las de San Francisco, sino en calidad de mero espectador, y por pocos momentos porque así lo exigían muchas razones, unas generales a Colombia y otras particulares a mi familia y a mí propio. Si alguna vez llegase a ser reconocido tendría mucho gusto en manifestarlas. Creo haberme conducido por las reglas de la más exacta prudencia.

   Es probable que en el oriente haya un pronunciamiento contra Bolívar e igualmente en Barinas y Apure. No es imposible que el fuego cunda en el Zulia y penetre a la Nueva Granada. El tiempo nos lo dirá.

   Lo que aturde en medio de todo esto es: primero, que aquellos mismos que hacían antes alarde de adhesión a Bolívar, ahora han sido los más encarnizados, como fue D° B° y B° hizo la proposición de desconocer su autoridad; quien dijo que la experiencia acreditaba que el Libertador no era el hombre destinado para regir a Colombia, a pesar de sus talentos y servicios; y qué sé yo que más hablaron otros de los que se vendían por sus amigos. Revenga, Clemente, Palacios e Ibarra guardaban silencio. Segundo, que es grande el influjo del general Páez, y la confianza que merece a la mayor parte de los caraqueños.

   30 de noviembre. El 28 por la noche han seguido para Valencia en calidad de comisionados del público de Caracas los señores coronel Stoffort, los abogados Fortique y Alfonso, y A. L. Guzmán. Su comisión es cerca del general Páez y tiene por objeto pedir que en cumplimiento de lo acordado, el 25 se encargue provisionalmente de los destinos de Venezuela, apoye con las armas el pronunciamiento que se ha hecho y promueva que la explosión se difunda para todas partes. Se augura para todos que la comisión tendrá un resultado, y ayer se me ha dicho por un sujeto iniciado en los misterios que el general Páez había tomado ya todas sus medidas.

   Se me asegura después que el primer acto de nuestro gobierno será llamar a todos los expulsados y con distinción muy particular al señor Tovar, nuestro bueno y excelente amigo. Se desea con ansia que vengan igualmente el coronel Concha y los tenientes Toscano y Durán, porque cree habrán de ser muy útiles para obrar en la Nueva Granada, y es probable que se les llame inmediatamente.

   Ayer ha llegado de Barcelona procedente de Angostura nuestro paisano el coronel P. A. García. Desgraciadamente está muy enfermo. Me dice que Guayana es un pueblo decidido por la libertad pero que en Barcelona no tiene opinión ninguna (...) ni contra de ella.

   Ruego al coronel Concha aluda en mi nombre y con el mayor afecto a los granadinos residentes en Curazao, nuestros compañeros de infortunio; y con particularidad a Durán, a los señores Mérida y Arangure, y a mi respetable señor M. Tovar. Diga usted mi querido amigo a estos dos últimos que no les he escrito separadamente porque todavía no sé quién será el conductor de esta carta, y al señor Tovar que ya he tenido el placer de conocer a mi señora su esposa y de tratar de cerca a su apreciable hijo.

   Ruego a mi querido y tierno compañero Azuero salude a Miguel Uribe; a A. Santana, al Chato Rojas y a todos nuestros paisanos.

   Por último comunico al respetable general Santander que José M. Briceño salió de aquí el 19 de noviembre, que en aquel tiempo no había novedad en su casa de Bogotá, que tampoco parece haya habido en la de Gonzalitos hasta el 7 del mismo noviembre, y que en Caracas cuenta muchos amigos el prisionero de Bocachica. También le ruego de mi mensaje más afectuoso a mi querido Rojitas.

   27 de diciembre. Varias causas han impedido la conclusión y remisión de esta carta. La principal era la de querer saber y poder comunicar la resolución de Páez, sobre lo cual se dudaba tanto en esta ciudad. Digo pues que Páez acogió muy favorablemente la diputación y ofreció solemnemente que su causa sería la de la libertad del pueblo, pero que sus comprometimientos le ligaban con el gobierno de Bogotá hasta el 2 de enero; por fin, Páez ha regresado de Valencia, ha obtenido de la ciudad de Caracas demostraciones de grande aprecio, y la revolución va afianzándose, como que Mariño va a destinar a relevar a Lara, y han ido convirtiéndose al oriente, y a Maracaibo, comunicado sin carácter público pero con el encargo de obtener el sentido del movimiento.

   El 15 por la noche he recibido salvoconductos del gobierno de Bogotá firmado por Urdaneta para regresar a mi casa. Por el correo anterior lo había recibido ya nuestro doctor Gómez. Probablemente se ve de nuevo perseguido luego que llegue a Caracas, pero no puedo omitir ni diferir el viaje por multitud de razones, de modo que voluntariamente marcho al matadero. Hay (...) en que el hombre está en la necesidad de escoger no el mayor bien, ni el bien con respecto al mal, sino el mal (...) y esta es una de ellas.

   He visto ta carta de nuestro general, su fecha en Hamburgo, a 16 de noviembre; al ver su carta (lo cual fue el mismo día 15) sentí iguales impresiones a las que recibí con el salvoconducto, que sea feliz tanto como yo mismo es lo que ardientemente deseo.

   Esta carta va en derechura para Hamburgo, y ni aún espero ni debo tener contestación. ¡Que calamidad! Mi saludo a mi querido Ezequiel. Sigo para Cúcuta luego que consiga dos bestias de carga, que será de aquí a la noche.

   Adiós mi querido y virtuoso amigo. Suyo,

Francisco Soto

 

 

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

98
Firma: VICENTE AZUERO

KINGSTON, 21 DE DICIEMBRE DE 1829

Contestada 24 de febrero de 1830

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido y respetable amigo:

   En noviembre escribí a usted largamente, y le incluí algunos papeles, instruyéndole juntamente de la insurrección del general Córdova en Antioquia. La carta fue dirigida por un judío Lucas, comerciante de ésta, que tiene un hermano en Londres, a quien se encargó que la remitiese a usted dondequiera que fuese su paradero, y siguió por un buque mercante. Después he sabido, con referencia a una gaceta de Londres, la llegada de usted a Hamburgo, y que se encaminaba para París.

   En aquella ocasión informé a usted del pronto término de la empresa de Córdova; después hemos sabido algunos detalles. Francisco Carrasquilla, uno de los oficiales que se batieron en El Santuario, ha llegado a ésta con pasaporte concedido por O'Leary. Córdova no alcanzaba a tener catorce veteranos; menos de 400 hombres que apenas había logrado reunir eran todos gente colecticia que no había tenido el tiempo necesario para disciplinarse; por esto prefirió recibir al enemigo en un llano, a fin de que no se le desertasen sus soldados, como le había sucedido ya con varios destacamentos, en los desfiladeros; peleó con un valor extraordinario, y lo mismo una gran parte de los jóvenes decentes que lo acompañaban, pero era imposible arrollar a 700 veteranos que lo atacaban. Pudo salvarse y no quiso hacerlo, él murió asesinado y con la mayor serenidad después del combate; se cree con fuertes fundamentos que el mismo O'Leary lo mandó asesinar, el primer comandante Guson (Sigue Nota del Editor...), quien fue quien lo ejecutó. El gobernador del Chocó, un coronel Vargas, se rebeló igualmente y hasta ahora no sabemos si será o no sometido. O'Leary se ha comportado con mucha política en Antioquia; a nadie ha hecho nada, ni aun a Jaramillo y Salvador Córdova; sólo sí se han impuesto 50 mil pesos a la provincia. Aquella conducta tan benigna seguramente ha procedido del mal estado de los negocios para don Simón.

   En 14 de agosto expidió éste una orden del consejo de gobierno para que fuesen restituidos a sus casas todos los expulsados y confinados por medidas de precaución. Rojas y yo hemos recibido a principios del presente año nuestro salvoconducto expedido por Urdaneta, con fecha de 12 de noviembre, de manera que nos lo han entretenido mucho tiempo. Montilla también ha expedido algunos salvoconductos a sus expulsados con condición de que no usen de ellos sino hasta fines de enero. Castillo había escrito indicando que yo sería empleado en algún alto destino; con este motivo le había yo dirigido una carta manifestándole mi firme resolución de no ir a Bogotá, ni de admitir destino alguno, me estaba preparando para regresar en el mes entrante y fijarme o en Cúcuta o en algún lugar de las provincias del Socorro.

   Pero después he sabido la transformación que acaba de tener en Venezuela; y por la cual, sin duda alguna, ha venido a tierra el trono que se estaba levantando a toda prisa a Simón I antes de haber podido subir a él. El cielo ha dispuesto que nos viniese el bien, del mismo origen de donde se derivaron todos los males, del general Páez y de Caracas.

   Incluyo a usted un artículo de la Corriente de aquí, del jueves 17 del presente, una copia de las proposiciones votadas en la asamblea de Caracas, a la que, según me dice don Martín Tobar, concurrieron más de 5.000 personas, y un extracto del acta de la misma asamblea, que siento no mandar a usted impresa porque no he recibido más que un ejemplar, que voy a remitir al interior de nuestro país, donde seguramente tratarán de ocultar, o de tergiversar todo, para evitar un pronunciamiento semejante.

   El almirante de esta estación, que se hallaba en Caracas con el gobierno de Trinidad, presenció la junta popular, y ha tratado varios papeles. Se presume que ellos estaban obrando por orden del gobierno inglés, con el objeto de frustrar el proyecto de una monarquía que iba a crearse para sólo el favor de la Francia.

   El señor Tobar me dice que todos los generales habían entrado en este movimiento, a excepción de Ibarra, y por supuesto de Briceño Méndez, que ya se habían pronunciado Puerto Cabello, Valencia, Cumaná, Margarita y Guayana junto con el Apure, y en una palabra, que toda la antigua Venezuela había desconocido de un modo formal y categórico la autoridad del general Bolívar, privándolo del título de Libertador, y declarándolo indigno de ser jefe de la República, ni de ninguna de sus secciones; que se habían quitado las trabas de la imprenta, y removido la odiosa política que había establecido; que del Apure habían enviado cintas encarnadas al general Páez con la inscripción Libertad o muerte; que el voto general era por la división de la República en tres Estados federados (mi moción en la convención), y que el 2 de enero, o más antes, si ya hubiesen acabado de llegar las actas de todo Venezuela, tomaría el general Páez el carácter de presidente del Estado de Venezuela. El entusiasmo, añade, es universal y extraordinario. Soublette también estaba haciendo el papel de muy liberal. Leocadio Guzmán se salvó con dificultad de ser asesinado en la sesión de la asamblea por una expresión en que trató al pueblo de soez. Briceño Méndez, Aranda, un hermano del Gual y el clérigo Pérez, no se atrevieron a hacer su viaje a Bogotá como diputados al congreso, por tierra, según lo habían resuelto primero; han venido por Cartagena; y Briceño Méndez se detuvo para asistir ocultamente a la sesión de la noche del 25 de noviembre, y a eso de las 11 ó 12 de la noche todo atemorizado envió a pedir un buque de guerra al almirante inglés para embarcarse a toda prisa. En Cartagena han guardado mucho misterio, y han seguido para Bogotá con los diputados de Cartagena. Se trasluce que el objeto es siempre llevar a efecto el congreso, con cualquier número, y obrar de manera que salven su pellejo, conserven en la autoridad al general Bolívar y mantengan deslumhrados y engañados a los pueblos de la Nueva Granada y Quito, y valerse de maña y de intrigas para someter a Venezuela; pero no tengo la menor duda de que se llevarán chasco, pues el pronunciamiento de Venezuela es demasiado popular y general; y es verosímil que en la Nueva Granada, apenas sepan a fondo lo que allá pasa, hagan otro tanto.

   Don Martín Tobar me dice:
   "Si pudiéramos conseguir hacer venir de Hamburgo a Santander sería útilísimo. Yo creo que si los granadinos entendiesen que andaba por estas colonias sería bastante para que hiciesen una revolución general, pues hace mucho tiempo que estoy observando en cuantos hablo que lo aman y desean con toda sinceridad. Si se le proporciona escribirle, hágaselo saber así, y que venga a ayudarnos con su influjo. Yo por acá haré lo mismo"

   Yo creo igualmente que usted no debe perder un momento en venirse y que sólo su aproximación contribuirá infinito a reanimar a los granadinos, al propio tiempo que con su influencia cooperará altamente a que no vayan a descarriarse demasiado las opiniones, a fijar en la mayoría el pensamiento de formar un gobierno federativo de sólo tres Estados (porque el centralismo de todo Colombia me parece ya absolutamente imposible), como que es el más fácil de verificarse, el que bastará para satisfacer los deseos tanto de venezolanos como de granadinos y ecuatoriales, y el que inspirará más respeto y confianza dentro y fuera, proporcionando a cada una de las tres porciones concretarse y organizarse de una manera sólida para que si algún día se disuelve la federación, cada una por sí presente un todo bastante respetable por el número de habitantes, por los recursos y por la extensión del territorio. Infinito sería el gusto que tendría yo y recibirían todos sus amigos si volviésemos a verlo muy pronto, ayudándonos a recobrar la gloria de nuestro país, y a afianzar sobre bases estables y justas su bienestar.

   Don Martín Tobar pensaba regresarse a Caracas en los primeros días de enero. Concha y Toscano esperaban saber el pronunciamiento de Maracaibo para dirigirse allí a influir sobre la provincia de Pamplona. Pablo Durán se había ido ya para Puerto Cabello. El señor Tobar me insta con los mayores encarecimientos a que me vaya a Caracas a escribir y trabajar allí en favor de la patria. No me determino a hacerlo porque en todo caso este punto, desde donde hay tanta comunicación con la Nueva Granada, me parece más a propósito y porque mi mujer se halla enferma y en extremo débil para resistir una navegación de diez días en esta estación. Probablemente yo me mantendré aquí algún tiempo más, hasta saber que puedo seguir con toda seguridad a mi casa, y que haya acabado de triunfar la causa de la razón.

   Reciba usted muy finas expresiones de su ahijada, de mi señora Vicenta Narváez y del doctor Uribe; Campuzano tuvo que seguir precipitadamente para Colombia en el último paquete. Diríjame sus cartas bajo la cubierta de don Manuel María Bonis, español, residente aquí, muy amigo mío, y muy relacionado en Antioquia, donde tiene sus hijos. Aun cuando yo no me hallase aquí, él me las dirigirá con toda seguridad a cualquier parte.

   Mi hermano había recibido licencia para trasladarse de Santa Marta a Ocaña, donde lo supongo, y donde tal vez habrá recibido su salvoconducto para volver a su casa. Sé que a los doctores Soto y Gómez se los habían emitido igualmente; es probable que se mantengan ahora en Venezuela hasta saber el último resultado. Doña Nicolasa Ibáñez, mandada salir de Colombia, hizo su viaje hasta Guaduas, desde donde volvió a Bogotá.

   Hágame el favor de saludar a González y doctor Rojas, igualmente que a mi amigo el doctor Salazar, que se siguió para Francia y por lo mismo no recibirá una carta que le dirigí a Nueva York.

   Si tuviere ocasión, moléstese también en hacer mis memorias al doctor Madrid, a los dos Acostas y a Roche. Desde antes de esas últimas cosas ya me estaba ocupando de escribir algo, ahora lo verificaré con más veras, para contribuir a que tenga su cumplido efecto la obra comenzada con tan brillantes auspicios.

   Reitero a usted las seguridades de la particular amistad con que soy su apasionado compatriota y servidor,

Vicente Azuero

   Esperaba que publicasen hoy los documentos a que se refiere la carta de la Corriente, pero no lo han hecho todavía, por lo cual no los incluyo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta 177, p. 341-348.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 194-198.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 342-346.

99
Firma: JOSÉ DE SAN MARTÍN

BRUSELAS, MARTES 19 DE 1830 (Sigue Nota del Editor...)

   Amigo y señor:

   En El Constitucional del 28 de diciembre, que verá usted subrayado, se encuentra el extracto de que hablé a usted ayer; ruego a usted que en el momento de leerlo o copiarlo tenga la bondad de devolverme el libro, pues pertenece a la biblioteca de la Sociedad de Comercio, y el bibliotecario se expondría a perder su plaza si se notase la falta o que se supiese se había extraviado del local de la sociedad.

   Se repite de usted con sentimientos de sincero afecto, su amigo y paisano,

José de San Martin

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3795, p. 356.
FUENTE DOCUMENTAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 598.

100
Firma: RAMÓN, ARZOBISPO DE CARACAS

CARACAS, 20 DE ENERO DE 1830

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi buen amigo y pensadísimo padrino y señor:

   He recibido dos apreciables de usted, la de Puerto Cabello y la de Hamburgo de 16 de octubre último. No puede usted figurarse el desahogo que ha recibido mi corazón, mi buen amigo, al saber el buen éxito de su navegación aunque tardía, pero mucho menos podrá comprender mis angustias pasadas por usted hasta que tuve positiva noticia de que el buque se había dado a la vela; ay, mi buen amigo, ay, ay, valga por todo este desahogo de mi pecho; yo no he hecho por usted sino lo que es debido a la amistad, a la que no sé faltar en ningún extremo, mucho menos cuando lo demanda la justicia y la compasión; pero dejemos estos tristes recuerdos para dar gracias al Todopoderoso a quien lo debo todo: bendito El sea para siempre, bendito El sea y usted no se canse de dar gracias a su soberano bienhechor y de vivir constantemente agradecido. Por su tragedia conocerá lo que da de sí el mundo, lo que es el hombre, y que sólo Dios debe ser servido porque no paga de este modo.

   Usted tiene sus podridas que las está pagando, entre otras el estar yo aquí; algunas leyes que sancionó contra la Iglesia como la del patronato que estoy batiendo con todo el vigor que me suministra el ministerio apostólico que brinda la materia, ojalá pueda remitir a Roma mis dos últimas exposiciones sobre el particular y que usted las viese allí; también he representado sobre la usurpación de los diezmos y representaría sobre mil y más cosas que por doctrinas paupérrimas (Sigue Nota del Editor...) tomadas en las corrompidas fuentes de los herejes, han inquietado a toda la Iglesia sobre que han escrito admirablemente los obispos de Francia y España en las épocas de las novedades, sosteniendo los derechos de la Iglesia; tengo encargada la colección de España sobre esto y quisiera adquirir la de Francia, que creo corre en doce tomos, pero mi pobreza, pues apenas me ha dado en este mes $200, no me permite encargar esta y otras obras a Francia y a Roma. Si usted a su venida, que no la considero muy larga, pudiera traerme algo de estas cositas, pagaderas cuando mejore de fortuna, se lo agradecería mucho, pero que sean en latín o en castellano, pues entiendo poco el francés, como el Claudio Francisco Nomoto, Errores de Voltaire y el Diccionario de la religión del mismo, y en fin otros de primer orden sobre estas cosas como el Mamocho, Zacarías y otros de que usted tendrá noticia o adquirirá por allá entre los sabios de la religión; vamos a otra cosa.

   Desde que tuve noticia de mi nombramiento para esta iglesia pedí $2.000 a Pulido, que los puso a mi disposición inmediatamente, en San Tomás, a Mendoza que encargué este negocio; ocurrieron algunas dudas que me consultó y resolví prontamente; no tomó providencia hasta mi venida porque se corría que el señor Tejada era muerto; yo escribí a Madrid, a Londres para saber lo cierto y ver si me facilitaba modo de girar letra, me contestó y no me da razón de la existencia de Tejada; tampoco he tenido contestación del cardenal presidente de la Congregación del Tridentino, a quien escribí sobre lo mismo y preguntando lo que subía mi deuda; recibí por último por la vía de Bogotá el duplicado de una del señor Tejada en que me increpa al parecer con razón sobre mi descuido; tomo inmediatamente providencia para el pago y remito 300 tangos de cacao al señor Garicochea haciéndole otros varios encargos con lo que creía pudiera sobrarme; mas éste me ha mandado los encargos que estoy al recibir y por la cuenta veo que casi todo el producto se ha invertido en dichos encargos; en este estado, estando para remitir el dinero en derechura a París, he visto la carta de Garicochea, que indica va a hacer el pago poniéndose de acuerdo con Tejada y para saber también cuál es la cantidad sobre que nada ha dicho el señor Tejada ni él presume que gana; con este motivo he suspendido la remisión a Francia y voy a invertir el dinero en cacao (que no produce la menor utilidad) porque considero haciéndose ya el pago de Cádiz y porque no tengo fondos para hacer la remisión por dos vías, y porque después me costaría mil pasos si ya estaba pago para reintegrar a Garicochea. Usted puede insinuar esto mismo al señor Tejada para que no crea que yo he faltado pues más bien ha faltado él por no darme noticia ni de la cantidad principal ni del premio con que la recibí, en cuya incertidumbre y con la noticia de su muerte no tenía con quién entenderme, como es claro. En fin, no pasará mucho tiempo, aun cuando no se haya pagado, en que reciba este dinero, pues dentro de tres o cuatro meses saldrá buque con el cacao y entre tanto se escribirá a Garicochea para que haga el pago si no lo ha hecho o está haciendo, o cuando no lo haga antes, lo hará seguramente luego que llegue el cacao.

   El dinero que pueda correr por allá es aquí dificilísimo conseguirlo y así es que la letra que iba a girar me importaba un dineral. Usted podrá escribir al señor Tejada preguntándole por la deuda principal y el tiempo de sus réditos y luego dármele razón al señor Juan Francisco Garicochea de aquel comercio para que esté al cabo de lo que deba pagarle, por estar usted en más contacto con estos señores.

   La carta que me remitió para Pepita la mandé en el mismo correo; José María sí estuvo algo aquí, mas lo considero ya llegando a su casa, en la que no hay novedad, al padre José María por último le dieron una ración.

   Los pueblos de Venezuela (aunque no sé si todos) se han declarado independientes del gobierno de Bogotá; su régimen está encargado provisionalmente al general Páez, entre tanto se reúne el congreso que está convocado para el último de abril; aún no sabemos cómo se reciba esta medida por allá; lo que parece no deja duda es que las incitaciones que se han hecho a Caracas desde allá han dado margen a esta provincia según me han dicho, pues yo no he visto los documentos que haya habido para, el efecto aunque los dan por positivos, especialmente cartas de Urdaneta; estamos en este estado de incertidumbre, mas lo que fuere sonará, lo que parece cierto es que los ingleses han tomado parte en este negocio; como la religión que yo presido aquí es de todos los gobiernos, yo no tomaré parte en estos asuntos civiles, sentiré sí muy mucho que haya rompimiento, en cuyo caso yo mediaré como ministro de paz para que no lleguen a las manos; quiera Dios concedernos tranquilidad, que es lo que deseo para el bien de estos pueblos.

   Usted, que me anuncia va a la fuente de la cristiandad, verá las gracias y reliquias que pueda conseguirme para estos pueblos con quienes estoy forcejeando para que vuelvan a su primitivo estado de religiosidad; sin religión no hay costumbres ni sosiego en los pueblos que han gustado el libertinaje, bautizado con el nombre de libertad; quien falta a Dios a nadie guarda consecuencias; el espíritu privado quiere sobreponerse a todo, nada le agrada que no sea muy conforme a sus miras e intereses, a todo acomete y no puede haber orden, subordinación ni tranquilidad. Los jansenistas y filósofos han tratado de despojar a la Iglesia de su autoridad para trasladarla a los reyes, éstos han entrado actualmente en tales ideas porque les aumentan su poder y fomentan sus pasiones; han logrado abatir a la Iglesia que sostenía su autoridad o la de cualquiera otra especie de gobierno, y careciendo de este apoyo han concluido por no respetar institución alguna humana y miran con desprecio toda autoridad, y esto es lo que se llama luces del siglo. Este lastimosísimo estado de la Iglesia es el que ha escaseado a sus ministros, pues nadie aspira a un estado en que va ser el blanco de toda la malignidad del siglo, empobreciendo hasta dejarlo reducido a la mendicidad y mirado con el último desprecio; una parroquia antes de esta ciudad tenía más clero que el que tiene ahora toda ella; son infinitos los curatos que tengo vacantes y sin medios de poderlos socorrer, caminando presurosamente al paganismo; de un clero tan sabio y respetable que conocí yo aquí, apenas queda reliquia; una junta de bárbaros, son los pocos curas que hay, excepto muy pocos; en fin, esto está en un estado lastimoso; yo por sacar el único partido que se puede en este fatal estado he hecho abrir cuatro clases de latinidad en los lugares de más representación y menos corrompidos para ver si logramos algunos jóvenes para el ministerio, porque mi seminario, convertido en una universidad en que han quitado toda autoridad al obispo, en que se enseña lo que les da gana como sea de moda, apenas me dará uno que otro clérigo, y en esta situación, ¿podré yo responder a Dios y a mi conciencia? Mientras la instrucción pública no corra a cargo de los obispos no habrá unidad de doctrina y todo andará desordenado; las doctrinas de los hombres son varias, la de Dios y de su Iglesia es una. En las ciencias naturales podrán adelantar los hombres; mas en las divinas no harán sino desbarrar cuando no se someten al juicio de la Iglesia. ¡Ay, mi amigo!, cuánto habríamos ahorrado de males si hubiesen oído a los pastores y principalmente a la cabeza de la Iglesia.

   Concluyo, mi amigo, con encarecerle que vea cuanto hay de bueno por allá para que nos traiga; pero nada de malo. Usted está en proporción de ver y aprovechar para traernos después; entretanto reciba usted el invariable afecto de su más apreciador amigo, capellán y...

   De usted como siempre,

Ramón, arzobispo de Caracas (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2395, p. 249-253.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 347-351.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 203-207.

101
Firma: M. E. DE GOROSTIZA

LONDRES, 29 DE ENERO DE 1830

A su excelencia el señor general Santander.
Bruselas.

   Muy señor mío de todo mi aprecio:

   Recibí a su debido tiempo la representación que usted se sirvió dirigirme para el excelentísimo señor presidente de los Estados Unidos Mejicanos, y la que apresuré a trasmitir a su excelencia por el primer paquete; no habiendo entonces acusado a usted su llegada a mis manos porque le creí en vísperas de viaje y temí extravío. Ahora, pues, lo hago con tanto más gusto cuanto que esta ocasión me proporciona la de ofrecer a usted mis respetos y el justo tributo que le debe todo americano por su acendrado patriotismo y por mil servicios prestados a la causa de la independencia del nuevo mundo, así como a la de su libertad.

   El suceso glorioso de Tampico ha puesto por ahora un término a la reciente agresión española, y suspendido de consiguiente sus efectos inmediatos; pero ni esto rebaja el mérito de la oferta que usted hizo a mi patria cuando la suponía invadida, ni cercena nuestra deuda de gratitud hacia usted. Por eso me lisonjeo de que mi gobierno habrá apreciado en todo su valor un hecho tan americano, y que quizá seré yo bastante dichoso para ser pronto el intérprete escogido de sus sentimientos.

   Entre tanto, vea usted si quiere ocuparme en su obsequio, ya en mi posición pública, ya como su amigo y servidor.

   Nada me podrá ser más grato, ni nada le agradecería a usted tanto como el que dé así un medio de obtener derecho a su aprecio y estimación.

   De usted atento y seguro servidor que su mano besa,

M. E. de Gorostiza

FUENTE EDITORIAL.
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2050, p. 224-225.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 333-334.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

102
Firma: DESFONTAINES

VALENCIENNES, 13 FEVRIER 1830

   Le général Santander est invité à se rendre immédiatement a l'Hôtel de Ville au cabinet de M. la Maire qui a quelque chose d'important à lui communiquer.

   Le Maire

Desfontaines

VALENCIENNES, 13 DE FEBRERO DE 1830

   Se ruega al general Santander presentarse inmediatamente en el Hotel de Ville, despacho del corregidor, quien tiene algo importante que comunicarle.

   El corregidor,

Desfontaines

   Santander en su diario anota haber recibido esta carta y haber concurrido a la cita. El corregidor le leyó una orden del gobierno en la cual le previene que le daría asilo en Francia siempre que por su conducta se hiciera acreedor a él, reduciéndose la orden a no mezclarse en los partidos que agitaban al país y a rehusar toda demostración pública, como triunfos, ovaciones, etc., que pudieran dársele; en caso contrario, el gobierno se vería obligado a echarlo fuera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1754 B, p. 308.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 386.
FUENTE DOCUMENTAL
Tomado del original de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

103
Firma: J. DE D. ARANZAZU

BOGOTA, 21 DE FEBRERO DE 1830

   Mi apreciado general, mi distinguido y particular amigo:

   Dos ocasiones he escrito a usted y ninguna de mis cartas llegó a su poder, pues que ambas regresaron al mío; hoy se me presenta una oportunidad, que aprovecho gustoso para renovar a usted los sentimientos de mi siempre ingenua, profunda e inalterable amistad.

   Cumpliendo con el penoso deber que me impusieron mis conciudadanos, he venido a representarlos en el congreso constituyente; aquí he sabido por algunos de nuestros amigos que usted me recuerda y me saluda, se lo agradezco en extremo.

   Dentro de pocos días me prometo escribir a usted más largo; hoy sólo me he propuesto decirle que mi corazón lo ha seguido con interés particular en todas sus desgracias, que su suerte me interesa sobre manera, y que en todas las situaciones a que pueda conducirnos la fortuna en sus caprichos, debe usted estar seguro de que soy el primero, el más afectuoso y más fiel de sus amigos.

J. de D. Aranzazu

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 77, p. 155.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 23, p. 246.

104
Firma: JULIAN BOWRING

LONDRES, 25 DE FEBRERO DE 1830

(Contestada 5 de marzo 1830)

Señor Francisco de Paula Santander, París.

   Mi estimado amigo:

   Inmediatamente después de mi llegada a Londres, publiqué en el Herald (que sin duda podrá usted ver en París) los pormenores que usted me dio. Causaron mucha sensación aquí y sir Roberto Wilson, Gorostiza y otros, hicieron cuanto pudieron para que más no saliera. Me he penetrado de lo que pasa en Colombia y no he dejado de hacer de tiempo en tiempo lo que conviene para desengañar nuestro pueblo en cuanto a las miras de Bolívar. La publicación de la carta a O'Leary ha hecho mucho disfavor. Inmediatamente después de recibir su carta de usted, escribí al Morning Chronicle una carta para comunicar lo que usted me dice, pero no la insertaron, 1° porque los debates parlamentarios ocupan todo el terreno por grande que sea, y 2° porque ningún periódico inglés había copiado el extracto del Courrier Français —y esta última razón me parece muy suficiente—, no necesitando usted justificación donde no hay acusación. Aguardaré con ansia noticias de la llegada de usted, para entonces tratarle de lo que convenga hacer en el interés de la verdad y de la libertad.

   De usted afectísimo y seguro servidor,

Julián Bowring

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta 4956, p. 178-179.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

105
Firma: LUCAS ALAMAN

PALACIO FEDERAL DE MEJICO, 26 DE FEBRERO DE 1830

Excelentísimo señor don Francisco de Paula Santander.

   Excelentísimo señor:

   El excelentísimo señor vicepresidente de la República, en ejercicio del supremo poder ejecutivo, ha leído la manifestación que vuestra excelencia dirigía al señor presidente desde Hamburgo, fecha l° de noviembre del año último, ofreciendo sus servicios con motivo de la invasión española que en julio del mismo año tuvo el arrojo de profanar nuestras costas. Los mejicanos habrían visto con un sumo placer brillar entre sus bravos una espada como la de vuestra excelencia, tan acostumbrada a triunfar de los mismos enemigos; habrían también tomado ejemplos de valor, amor a la independencia y entera sumisión a las leyes, virtudes todas que han ilustrado la vida pública de vuestra excelencia.

   Afortunadamente cuando vuestra excelencia suscribía sus votos, estaban ya tiempo había anonadados los atrevidos invasores de la República, que sin perder siquiera de vista las aguas del punto de su desembarco, sólo mancharon el suelo de los mejicanos 48 días, tiempo indispensable para que se reuniesen y llegasen las primeras tropas, ante las cuales humillaron sus banderas. Por esta razón no pueden tener ya lugar los deseos de vuestra excelencia y el vicepresidente no duda, como vuestra excelencia se sirve anunciar al terminar su exposición, que su presencia en Europa sea de suma utilidad a la causa americana. Su excelencia se complace al mismo tiempo de que tendrá pronto efecto la promesa de vuestra excelencia de visitar estos estados antes de su regreso a su país, acontecimiento que al proporcionarle conocer uno de los hijos ilustres de Colombia, le satisfaría doblemente por ser un indicio de que volvía al seno de la patria porción de ciudadanos beneméritos que como vuestra excelencia han sido victimas de las discusiones domésticas.

   ¡Pluguiese al cielo que llegase el día en que, unidos los americanos, fuese el solo norte de sus sentimientos el sostén de su independencia y la conservación de la paz!

   Reciba vuestra excelencia estos votos, que son los de mi gobierno, y al mismo tiempo las protestas de mi profundo respeto y distinguida consideración.

Lucas Alamán

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta 4954, p. 177.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 334-335.

106
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 1° DE MARZO DE 1830

(Contestadas. París)

Señor Francisco de Paula Santander.

   Apreciado señor:

   Se me ha dirigido y no sé por quién, la adjunta, suplicándome le dé dirección a donde sepa que usted se halle y teniendo entendido que permanece usted después de algunos meses ha en París, aprovecho la oportunidad del paquete americano para dirigírsela por Nueva York.

   Creo a usted ya instruido por los papeles de Caracas y porque algunos amigos lo habrán hecho, de las ocurrencias de Venezuela. Venezuela toda usando de los mismos medios que se adoptaron para destruir la convención, se ha pronunciado hoy por la federación, y aún pretende separarse absolutamente para figurar como Estado soberano: en todas partes se han celebrado actas, y las de Caracas y Cumaná presentan en apoyo de su pronunciamiento cartas que les han sido dirigidas a los generales Páez y Bermúdez para contribuir al establecimiento de una monarquía. Esas manifestaciones han producido una gran sensación en los que han dudado de los planes que se fraguaban; el resultado de todo es que así el congreso que se halla reunido como el general Bolívar están en la mayor perplejidad de los medios que deban adoptarse para salvar la República de la borrasca que la amenaza. El general Bolívar solicitó del congreso que se le permitiese ir a Mérida a tener una entrevista con Páez y se acordó que fuera en unión de una diputación del mismo congreso, compuesta de los señores general Sucre, el obispo de Santa Marta y de García del Río, diputado por Cartagena. Se ha dicho que por la llegada de un edecán del general Páez a Bogotá se había suspendido la idea del general Bolívar y la de la comisión, pues dicen que Páez avisaba que era inútil pensar en otra cosa que no fuese conforme con el pronunciamiento, pero no sabemos lo cierto de todo eso. Maracaibo se ha pronunciado también y agregádose a Venezuela, a lo cual ha contribuido su gobernador o prefecto, el coronel Borrás, hoy dicen general hecho por el Libertador ha dos meses. Aquí se están reuniendo tropas de las venidas del sur, y lo mismo en Cúcuta. Ya han salido los batallones Boyacá, Apure y Tiradores, y hoy saldrá Pichincha y dos escuadrones de caballería. El batallón Boyacá, que lo manda el coronel Vargas y que fue destinado a ocupar a Riohacha, que es el punto de reunión, después de haberse hecho pagar los sueldos que se le debían se pasaron a Maracaibo llevándose 50.000 cartuchos y 14.000 pesos y su buen armamento. Esa inesperada ocurrencia al paso que ha mortificado mucho a varios, ha intimidado, pues se teme que los demás cuerpos vayan haciendo lo mismo. Ayer ha llegado aquí el general Carmona de Bogotá para ser empleado como comandante de la plaza de armas, y se asegura que Carreño y Sardá deben venir también. Se dice que el general Montilla debe salir a mandar la división. Parece que el general Bolívar no está dispuesto a que se haga la guerra a Venezuela y lo mismo muchos congresistas, aunque al principio sí lo pensaron.

   He tenido la satisfacción de oír muchos de los que han contribuido a desacreditar a usted confesar que el general Bolívar ha hecho muy mal de deshacerse de usted, quien le habría servido de mucho y le habría evitado los malos ratos que sufre ahora.

   Siento que aún no haya llegado el correo de Bogotá para comunicar a usted alguna otra cosa más.

   Esta va recomendada a Mr. P. Perquieer e hijos, del Havre, encargándoles tomen interés en que vaya a sus manos.

   Deseo lo pase usted bien y que mande a su invariable amigo que besa su mano,

M. M. Núñez

   Adición. El señor Baena saluda a usted respetuosamente.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3007, p. 72-74.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 212.

107
Firma: A. VÉLEZ

BOGOTA, 4 DE MARZO DE 1830

   El presidente Bolívar vino del sur a esta capital hacia mediados de enero, después de firmada la paz con el Perú, y el 20 del mismo abrió él e instaló el congreso constituyente, bajo los más siniestros auspicios. De los 45 miembros con que comenzaron las sesiones, los 38 son monarquistas, y unos más decididos y determinados que otros; y los siete son o somos republicanos. De manera que tiene usted la tercera parte de la República con las armas en la mano, resuelta a darse por sí instituciones democráticas, y el resto aguardando ocasión para hacer lo mismo porque no quiere gobiernos perpetuos; y al mismo tiempo una representación nacional compuesta de aristócratas llamados por el poder para legalizar los planes de monarquía que estaban formados de antemano por cuatro pretendientes de ducados y baronías. ¿Qué podrá resultar de elementos tan encontrados y de semejante conflicto de opiniones e intereses? Nada, sino rompimiento de la unión, la disolución de la República, desorden, anarquía, guerras civiles, y quién sabe cuántos desastres. Tales son los resultados espantosos a que conduciría a esta pobre nación la ambición de los militares y los atentados contra las instituciones legítimas, y la defección vergonzosa y traicionera de muchos civiles que abandonaron la causa pueblo por congraciarse con el poder, quedar siempre en los primeros puestos. Tal vez por su desgracia y la nuestra, la revolución que prepararon los hundiera en su torbellino con quién sabe cuántos inocentes.

   Entretanto, el congreso sobrecogido de terror al aspecto imponente de la opinión nacional, armada o amenazante, ha sancionado muy a su pesar unas bases para la constitución, que son republicanas, aunque están llenas de ambages y arterías en la redacción. Sobre ellas ha trabajado una comisión el proyecto de constitución, y aunque no lo he visto aún, sé que sus principales caracteres son: presidencia de la República de ocho años, no reelegible; senadores y representantes de ocho años, renovables por mitades cada cuatro; el ministerio responsable de los actos de la administración, y el presidente sólo en los casos de alta traición que se detallan; asambleas de distrito en cada uno o dos departamentos con facultad de deliberar y resolver en todo lo municipal y local y de representar en lo general; tres obispos y tres generales por precisión en el consejo de estado; religión católica, apostólica, romana del Estado, con exclusión de otro culto público, etc. Todo esto, si es que al fin se sanciona, sufrirá sus alteraciones probablemente.

   Para conservar la integridad nacional, resolvió el congreso mandar una comisión de su seno a Venezuela, a ofrecerles unión, paz y República constituida en las bases. Nombró para ello al presidente y vicepresidente del cuerpo; general Sucre y el obispo Estévez. Partieron hace 15 días, pero nadie, ni el congreso mismo, espera resultado alguno favorable a la unión de tal misión. Los republicanos, ni lo desean, porque dicen que si el gobierno logra someter a Venezuela y subyugarla bien, esta constitución republicana y estas bases se echarán a rodar bajo cualquier pretexto, y volveríamos a las andadas; y tendremos corona indefectiblemente, si no nos resolvemos a correr todos los azares de una revolución. Qué penoso conflicto para los ciudadanos honrados, que ya comenzaban a sentir algún orgullo en la nacionalidad de la patria, al verla depender del sacrificio de la libertad republicana que es el querer del pueblo, o la conservación de esto sólo conseguida con la continuación de las turbaciones que han comenzado y que acabarán por disociarnos. Tal es, sin embargo, el estado de cosas a que nos han reducido la dictadura y los gobiernos de actas —nuevo principio constitutivo introducido a bayonetazos en el derecho público colombiano.

   El ministerio que usted dejó a su partida de Colombia ha sido ya cambiado casi en su totalidad. El señor Domingo Caycedo despacha las relaciones exteriores y es también presidente del consejo, porque los señores Castillo y Vergara están en el congreso. El señor A. Osorio sucedió al señor Restrepo en el despacho del interior, y el general Pedro Alcántara Herrán al general Urdaneta en el de guerra y marina. Al doctor Ignacio Márquez, que ahora quince días le habían hecho admitir casi a fuerza la prefectura de este departamento, lo ha nombrado ministro de hacienda en lugar de Tanco; pero él no aceptará, según me ha dicho. El presidente Bolívar parece que no está muy satisfecho de la situación de la República y del estado de la opinión. También está malo de la salud, y se ha ido a Fucha a tomar los aires del campo, y tiene allá consigo 300 hombres bien armados. A un amigo mío le ha dicho que tiene que hacerlo así porque teme que lo asesinen. Dejó entretanto encargado al consejo de gobierno; pero siempre para que gobierne a su nombre, y consultándole en los negocios graves.

   El general Urdaneta se halla en estado de enemistad con el presidente Bolívar. Ni se ven ni se oyen, y antes de la llegada del último a esta capital se habló de una revolución dirigida por el primero y los señores Parises aquí, contra el gobierno de aquél y su continuación en el mando supremo. Dicen que no se efectuó porque, aunque todo estaba preparado para un cambio sustancial, nadie quiso entrar en empresas acaudilladas por aquellos señores. No sé lo que haya de cierto sobre esto, porque en semejantes tramas nunca me mezclaré.

   Dícese que la causa de la enemistad de los generales Bolívar y Urdaneta es que el primero escribió del Cauca una carta al consejo recomendándole que fuese formando la opinión en favor del general Sucre para la vicepresidencia de la República, y que el segundo se creyó con más derecho a tal destino. Pero yo no entiendo esto, porque público es que ambos en aquel tiempo trabajaban en el plan de una monarquía.

   El señor García del Río, cuyo nombre no le es desconocido a usted, vino a Colombia de los Estados Unidos en el mismo buque en que yo vine. Subió a esta ciudad, y sus opiniones sobre el gobierno se hallaron muy de acuerdo con las del consejo y otros aristócratas que se han situado aquí. Comenzó desde luego a publicar unos cuadernos con el título Meditaciones Colombianas, y en el cuarto propuso ya sin rodeos que lo que convenía era la monarquía, y que el general Bolívar fuese el primer rey de Colombia. Se dice, pero yo no lo sé, que él recibió dinero del tesoro público por sus escritos y que ellos fueron publicados por cuenta del gobierno. Si las relaciones extranjeras estaban ya "convertidas", no sería extraño que se emplease el dinero de la nación en pagar quien preparase la opinión pública para que los señores del consejo no quedasen deslucidos.

   Aquí hay una fermentación en los ánimos que no puede dejar de producir tarde o temprano algún resultado violento, y tal vez sangriento. Dios quiera que no sea así, porque semejantes sacudimientos inmoralizan cada día más los pueblos, y los acostumbran a ocurrir a vías de hecho en todo caso de descontento. Lo deseable es que se establezca la República, que se asegure toda especie de libertad racional, y que no manden aquellos de quien la nación no tiene confianza, todo conseguido por medios legales y pacíficos.

   Tal es en globo, mi querido general, la situación actual de nuestra patria. De la ojeada que antecede parece resultar que no hay por ahora ninguna esperanza racional de que se calme la agitación de los espíritus, y se establezca un gobierno permanente y sólido. La ambición desenfrenada de algunos militares, habituados largamente a no someter su voluntad a nada escrito, y el espíritu demagógico que se ha apoderado de algunas almas, suficientemente ilustradas para hacer el mal, son obstáculos poderosos que retardarán por muchos años la pacificación y organización completa de este desgraciado país. Mucho se habla aquí ahora de la federación de los tres grandes departamentos, o de seis u ocho, como remedio contra los conatos de separación; y dicen que este sistema contentaría las ambiciones locales, y curaría los males de la centralización de que se quejan las extremidades de la República. Pero yo creo que los mayores o verdaderos males de Colombia son aquellos obstáculos de que he hablado, y yo no veo, por ahora, sino el poder de Dios que sea capaz de removerlos.

   Sin embargo, si como no es de esperar, Venezuela propone a los comisionados del congreso, que bajo aquella forma de gobierno continuará en la unión, se cree que accederá a ello, y deshaciendo lo ya hecho, se establezca la federación, por conservar la integridad de Colombia.

   Esto tiene para los republicanos el inconveniente de que, unida la nación, volverán sin duda a aparecer las pretensiones monárquicas.

   Si por el contrario, antes de terminar este congreso los trabajos, adquiere alguna legalidad la separación de Venezuela por la reunión de su congreso, y su organización como Estado independiente, entonces es mi opinión, y la de muchos hombres de juicio de aquí, que el congreso debe declarar nulo todo lo que se haya hecho, y disolverse; y los diputados del resto de la República que estén en la capital, deben juntarse y convocar una convención granadina, pero dentro del más breve término, para que constituya el país, y nombrar un gobierno también provisional granadino, compuesto de hijos de su territorio, y no extranjeros, y que éste rija los pueblos, hasta que se establezca la constitución de esta parte, que continuará llamándose Colombia. Si llega el caso no será esto sin duda lo que se hará, porque esto es lo que se debe hacer, y aquí nunca se hace lo que se debe. Quién sabe qué será lo que hacen.

   Basta por esta vez, mi general, de noticias y de especulaciones. Muy difuso he sido, y le diré lo que Voltaire a uno de sus amigos: "perdone usted que no he tenido tiempo de ser más corto". He escrito calamo currente lo que me ha venido al pensamiento, y de ahí la incoherencia y desorden de ideas que se nota en toda la carta. Siempre que se me presente ocasión tan segura como ésta escribiré a usted muy largo. Ahora, si el señor Ayala pudiese hacerse cargo de un pequeño paquete de impresos, enviaré a usted con él los más importantes. En ellos hallará usted más extensamente detallados algunos de los negocios de que le hablo.

   Le hablaré a usted ahora de lo que nos es personal. Aguardaba yo en los Estados Unidos el resultado de la convención, para si no era favorable a la causa de la libertad, pedir mi retiro renunciando ambos destinos. Pero la interceptación de aquella carta que usted sabe, hizo que el gobierno se me anticipase. Me fueron mis letras de retiro, y en la bahía de Santa Marta supe los sucesos de septiembre. La escasez de medios para subsistir en país extranjero me obligaron a resolver internamente; a pesar de que muchos creían, y yo temía con razón, que no me lo permitieran. En todo mi viaje para Antioquia vine creyendo a cada momento encontrar la orden para retroceder, y después la aguardé en Medellín, hasta que el señor Vergara me dijo que no me desterraría.

   He permanecido en mi provincia ocupado en algunas empresas de minas y en plantar un molino de aserrar maderas, cuyos utensilios traje conmigo del norte. He estado en todo este tiempo enteramente ajeno de los negocios públicos, hasta que por la muerte del general Córdova, que era diputado por Antioquia, me han hecho venir aquí, como primer suplente que fui nombrado. Sabiendo, como usted sabe, mis opiniones, y siendo ellas invariables, puede usted figurarse cuán violento y fuera de mi lugar me hallaré en un congreso como éste. Sin embargo, como el derecho de separarse a voluntad lo tuvieran otros, y no lo tenemos nosotros ahora, sufriré hasta el fin; siempre silencioso y siempre por la negativa en cuanto yo crea contrario a mi conciencia y a las voluntades de mis comitentes.

   Supe en Santa Marta que estaría usted ya en Cartagena, y no atreviéndome a ir por allá, mandé a mi hermano para que lo viese y hablase a mi nombre, si podía. El sólo pudo ver a su cuñado, y algunas cosas le habló de mi parte para que se las dijese a usted. Supongo que así lo haría. Después no me atreví a escribir a usted sino dos cartas, de que le hablé a usted en la mía en días pasados. La una la llevó el señor Urrueta, que llegó a Cartagena dos días después que usted había salido para Venezuela, y tanto ésta como la otra, ambas volvieron a mi poder.

   Fue para mí un día de gran placer cuando supe de fijo que usted había salido ya del territorio de Colombia, y más cuando he visto letras suyas de Hamburgo. Ya está usted salvo y en aptitud de adquirir por estudio y observación nuevos y muy útiles conocimientos, en todos los ramos, principalmente en los que forman y están relacionados con las ciencias públicas. Con ellos, y con la experiencia y conocimiento del mundo que dan los reveses y las adversidades, hará usted algún día nuevos e importantes servicios a su patria. El nombre de usted está ya identificado entre nosotros con los principios de la libertad republicana, que es lo que les conviene y lo que desean estos pueblos. Le aconsejo que cuando vuelva a Colombia, porque usted vendrá, se venga por los Estados Unidos, porque allí hay mucho qué ver, qué admirar y qué aprender.

   Reciba usted mil finas expresiones de mi hermano y recuerde siempre que es uno de sus más fieles amigos,

A. Vélez

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4838, p. 10-15.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro,1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 389-393.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 214-219.

108
Firma: MANUEL CORTÉS Y CAMPOMANES

BRUSELAS, 8 DE MARZO DE 1830

   Muy señor mío y amigo:

   Ayer he recibido la de usted fecha 1° del corriente, me alegro infinito que se halle usted agradablemente en esa ciudad, pero le deseo un pronto regreso a Colombia, pues aunque allí no hay tan bellas producciones de las artes, ni ese brillo fastuoso que corrompe a los que le usan y a los que le ven, hay las producciones grandiosas de la naturaleza y la simplicidad sencilla y llana que conviene a un hombre que aún no se ha degradado. Temo sin embargo que los usos y formularios de los ingleses que ocupan empleos distinguidos y de los muchos que habitan y frecuentan el país hayan hecho alterar en algo los que antes existían y eso seria grandísima desgracia, porque no hay cosa más a propósito para automatizar a los hombres que las costumbres inglesas, y ni tampoco hay hombres más aristocráticamente presuntuosos como los ingleses, por eso Bolívar se sirve de ellos para sus extravagantes proyectos. Perdóneme usted esta digresión, porque en verdad que cuando hablo de Colombia me vienen tantas cosas a la cabeza que me vuelvo un parlanchín.

   Me comunicó Garro las noticias de Caracas, hubiera querido ya publicarlas pero se fue el día después a La Haya, en donde aún está, si recibo otras las haré insertar en los papeles públicos.

   Si alguna provincia de la Nueva Granada siguiese el ejemplo de Venezuela podríamos esperar la pronta solución del problema; pero Bolívar, que estaba en Popayán el 20 de diciembre, había enviado tropas de Guayaquil a Panamá y Cartagena, y tal vez comprimirá el espíritu público en aquellas provincias; Tunja y el Socorro están muy cerca de Bogotá y tienen pocos medios de resistencia, Popayán es poco republicano y Quito pusilánime, Pasto enemigo de la independencia, así me parece que no hay mucho qué esperar; pero Venezuela basta para llevar a cabo la empresa, si hay resolución.

   Hágame usted el favor de decirme si podría usted remitir con seguridad algunas cartas a Caracas, si pudiese usted, escribiré a Ribas, a Loinar y a Piñango, no sé qué partido han tomado los antiguos generales como Mariño y Bermúdez, pero es de presumir que se conducirán como republicanos, cuando se muestren tales los escribiré también.

   Mucho gusto tendría en que nos diésemos un abrazo por allá, aunque para eso tuviere que sacrificar la carbonera, mi mujer que ya no habla más que del viaje, aprecia infinito las memorias de usted, Elisa está buena, se acuerda de usted y también quiere ver el país de su mamá.

   De usted expresiones mías a sus dos compañeros de viaje y mande usted a su afecto servidor y amigo,

Manuel Cortés y Campomanes

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/7 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

109
Firma: MARIANO GARRO

LA HAYA, 10 DE MARZO DE 1830

(Contestada 26 de marzo de 1830)

Monsieur le général Santander, Hotel de Berlin,
Rue de Frondieurs, número 6, París.

   Mi apreciado general y amigo:

   Para contestar a la carta de usted, fecha 26 de febrero, que recibí en medio de los preparativos de mi viaje y de los males que me dejan un día para afligirme cuatro, esperaba saber su dirección que había pedido al general Pedraza. Felizmente no tengo ya necesidad de aguardarla, pues hoy ha llegado a mis manos la apreciable carta de usted del 1° del corriente.

   Agradezco a usted infinito el amistoso interés que manifiesta y le aseguro que en el día no es la falta de régimen lo que influye en mi salud. Excesos anteriores, agitación de espíritu casi continua, y sobre todo un carácter de todos los diablos, son la causa que deben hacer que éstos carguen conmigo, si las plegarias de mis devotos amigos no la remedian. Favorézcame usted, pues, con las suyas.

   Antes de salir de Bruselas leí al general Cortés lo que usted me decía en su primera carta, y di sus memorias a Mercado, quien entonces y ahora se las devuelve afectuosas. No me fue posible ver al general San Martín, pero a la vuelta le diré lo que usted me encargaba.

   Muchísimo celebraré que en Venezuela triunfe la causa de la libertad y que los beneficios de ésta sean trascendentales a Colombia entera. En este deseo, ya se hará usted cargo, está comprendido el de ver feliz en medio de su patria a mi amigo el ciudadano Santander.

   Nada más sé de la mía que lo que usted habrá leído en los periódicos, y aseguro a usted que no sé aún de positivo el juicio que debo formar de la revolución actual. Los principios que han proclamado sus autores son buenos. Veremos si su conducta es conforme a ellos. Lo que embaraza mis cálculos es que veo unidos hombres de ideas diametralmente opuestas en política. Quiera el cielo que el bien de su patria y no el interés personal hayan motivado tan extraña alianza.

   Espero con la mayor ansia recibir noticias directas de Méjico. La más funesta de todas será que la nación se haya dividido por y contra el presidente. En este desgraciado caso es difícil prever el término de la guerra civil, que debe haber comenzado, etc.

   Hace tres o cuatro días que escribí al general Pedraza, pero si usted lo ve, tenga la bondad de darle mis expresiones e igualmente a los ciudadanos Rojas y González.

   Desea que usted se conserve bueno y que la policía lo deje tranquilo, su afectísimo y amigo que lo estima de veras,

Mariano Garro

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 1997, p. 141-142.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 220-221.

110
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 11 DE MARZO DE 1830

   Apreciado señor y amigo:

   Por el paquete americano, el Athenia, que salió de este puerto el 1° del corriente, escribí a usted por la vía Nueva York, incluyéndole una carta que me fue dirigida, sin saber por quién, para que se la remitiese. En dicha carta noticié a usted cuanto creí útil y aquí sabíamos. Por el correo de ayer hemos recibido la Gaceta de 28 del pasado febrero, en que se insertan las bases para la nueva constitución y una alocución del congreso, que a la verdad no puede menos de irritar al hombre que como yo esté persuadido de que si no hubiese sido por el pronunciamiento de Venezuela y de todos los patriotas que con su silencio han manifestado muy claramente la opinión al nuevo sistema que se quería establecer, se habría llevado a cabo a pesar de que la opinión pública estaba muy de antemano pronunciada. ¿Y qué dirán los diputados para la comisión de bases que en la convención de Ocaña reprobaron esas mismas y causaron tantos males por su temeridad en chocar o contrariar a los que más penetrados que ellos querían satisfacer los deseos de los pueblos? ¿Y no habría sido mejor para ellos y para el principal móvil que desde entonces hubieran constituido la República y se hubieran evitado tantos males?

   Las últimas noticias que se han podido traslucir de Venezuela son que para el 10 de abril se reuniría el congreso o convención venezolana: que se hacían grandes preparativos para defenderse y aún para tomar la ofensiva. Se dice que los generales Bermúdez, Salom y Gómez se hallan con tropas situadas en línea desde Maracaibo hacia la frontera de Pamplona. El general O'Leary está situado con una división de 600 a 700 hombres en un lugar cerca de Pamplona. La deserción que sufren las tropas del gobierno es escandalosa. El batallón Boyacá, que lo manda el coronel Vargas, fue destinado a Riohacha a componer la división de operaciones que por este punto debía de dirigirse y que compondría también de Apure, Tiradores y Húsares del Magdalena, Pichincha y dos escuadrones venidos del sur. Boyacá rompió la línea y se pasó con todas las municiones y dinero a Maracaibo. El batallón Apure y los Húsares que le han reemplazado sufren mucha deserción y la oficialidad se pronuncia con libertad, en términos que Aldecreux y Beroiz han avisado al general que no tienen la menor confianza. La división de O'Leary sufre lo mismo: y el batallón Pichincha y los dos escuadrones que están en esta plaza, no se atreven a echarlos fuera porque están persuadidos que va a ser lo mismo que Boyacá, pues sus oficiales y aun la tropa dicen que no se batirán con sus hermanos.

   De Bogotá escriben que el general Bolívar no tiene ya aquella energía y que es mucha la apatía con que obra. La diputación del congreso compuesta del general Sucre y del obispo de Santa Marta siguió para Venezuela para ver de transigir con el general Páez: se cree que no obtendrán mayor cosa; sin embargo, yo presumo que el resultado será convenir en la federación de tres estados. Ya en el sur se solicita el mismo sistema y aun se ha asegurado que han hecho su acta.

   Aquí han ocurrido varias chispas que nos han alarmado. Se ha dicho que Urdaneta formaba partido para deponer al general Bolívar y que había mucha fermentación; que se dirigió una petición al congreso firmada por treinta individuos para que no se hiciese la guerra a Venezuela. En fin, las cosas están en una posición que si los venezolanos, acompañados de algún jefe granadino de crédito de influjo, se internan, todos los militares se les reunirán, pues los pueblos ansian por sacudir el yugo que sufren.

   Incluyo la Gaceta, único papel que medio dice algo. Ayer por la vía de Santa Marta vinieron algunos impresos de Venezuela y cartas, pero se interceptaron.

   Deseo a usted perfecta salud y mande a su invariable amigo,

M. M. Núñez

   Mr. Lefranc saluda a usted.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3008. p. 74-75.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 221.

111
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

POPAYAN, 13 DE MARZO DE 1830

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy apreciado señor y mi distinguido amigo:

   Hacía mucho tiempo que no sabía nada de usted, cuando he tenido el placer de recibir su muy estimable carta de 23 de octubre de 1829, escrita en Hamburgo. Celebro infinito que haya sido usted tan bien recibido y que los conocimientos que usted se ha proporcionado en aquella ciudad le faciliten la adquisición de conocimientos útiles para nuestra patria. Usted me hace un cumplimiento muy apreciable y aun lisonjero, cuando me recuerda una indicación mía de esta clase en el almacén de Arrubla. Permítame usted que exprese el sentimiento que me ha inspirado en esta vez. Yo me he acordado que manifesté a usted con empeño mi deseo de que partiese usted de Colombia sin demora; y ojalá usted lo hubiese hecho así, pero no quiero extenderme más sobre este punto.

   El viaje que usted piensa hacer de allí a Berlín, luego a Holanda y después a París, puede considerarse que va gradualmente a lo mejor, y en este concepto me parece que ha hecho usted bien de dejar para lo último a Londres, pues creo que puede considerarse como lo mejor de Europa. No por esto niego algunas ventajas que tienen los franceses a los ingleses, sobre todo en las bellas artes. Ojalá usted quisiera decirme al concluir este viaje, dónde es más ventajoso el gobierno representativo, entre Amsterdam, París y Londres. Un ensayo sobre esta comparación podía ocupar a usted muy útilmente. El mundo nuevo está esperando las imaginaciones de sus hijos, que independientes de hábitos envejecidos y ficticios pueden ver con más imparcialidad que los europeos sus propias instituciones. Los bancos de Hamburgo, Amsterdam y París pueden ser otro objeto digno de ensayar usted algún proyecto para Colombia.

   No me admiro que hayan hecho a usted preguntas que indican el poco concepto que se tiene de nosotros en Europa; a mí me sucedieron varios casos de igual naturaleza, y ahora he leído el discurso de Chateaubriand, en la cámara de diputados, sobre los Estados americanos, que nos pinta muy inferiores a lo que realmente somos. Esos europeos se están ocupando de examinar nuestros errores de la infancia, y no se acuerdan del oprobio de la Francia en el tiempo de la revolución. Si esos señores alemanes examinasen nuestras leyes, hallarían que aunque defectuosas, van con el espíritu del siglo, y no recuerdan la degradación del entendimiento humano como la bula de oro que se conserva en Francfurt. Me acuerdo que aquí en Popayán me molestó el señor Hamilton con observaciones de algunos defectos de nuestro gobierno comparándonos con su país; pero yo le molesté el orgullo inglés observándole que cuando los romanos habían concedido espontáneamente su independencia a los ingleses, casi sometidos a los escoceses, porque se había caído la muralla que los separaba en el istmo o estrecho de Severers (?), y no sabían levantarla de nuevo; pues según lo dice Hume en la historia de Inglaterra, enviaron diputados a Roma pidiendo albañiles que les hicieran de nuevo la muralla. Después de referirle este hecho le dije que las comparaciones debían hacerse en iguales épocas; y no me volvió a molestar. Por desgracia han venido muy pocos hombres filósofos como Humboldt, y esos sibaritas europeos, que pasan la vida en el lujo y los bienes artificiales de las pasiones, no saben observar al hombre de la naturaleza. Yo espero que llegará un día en que los americanos retribuyan a los europeos las luces que les deben con mejoras. Mientras usted los admira porque son todavía nuestros maestros, déjeme usted tener este poquito de orgullo nacional aunque busque fundamentos en el porvenir.

   Ya he leído la paz entre Rusia y Turquía; y los sucesos del oriente prueban que el duque de Wellington no podía reemplazar al inmortal Caning. Dios quiera que la Grecia sea libre con un gobierno representativo, y no bajo un Mayordar (?) como lo quería el maquiavelismo inglés para fomentar el poder odioso del sultán contra la Rusia.

   Cuando escribo a usted no sé qué decirle de nuestra desgraciada patria. Venezuela ha roto de hecho la ley fundamental separándose de la Nueva Granada. Entre tanto el congreso se ocupa en una constitución para esta tierra que se llama Colombia, como si ese hecho pudiera variarse con una constitución escrita. Yo creo que marchan contra la naturaleza de las cosas, y que no queda otro arbitrio que convocar un congreso granadino para que decida de sus destinos.

   Concluiré por donde usted comienza su carta, dando a mis pequeños servicios por usted un valor muy superior al que realmente tienen. Yo creo que no he hecho nada de alguna importancia, y sólo me creo con derecho al concepto de hombre honrado y deseoso de acertar. También he profesado a usted y le profeso la más buena voluntad, y con la misma me suscribo siempre de usted su verdadero amigo y servidor que besa su mano,

Joaquín Mosquera

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2828, p. 307-309.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del Libertador. Casa Natal. Caracas. Sección Pérez y Soto, t. 17, folio 246 v - 247 v.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 393-394.

112
Firma: JOSÉ A. TORRENS

NUEVA YORK, 16 DE MARZO DE 1830

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciadísimo general:

   Tengo el honor de incluir a usted las adjuntas cartas que sus amigos me han encargado entregarle, informándole pormenores de los acontecimientos ocurridos en Bogotá algunos días antes de mi partida, en el concepto de que usted se hallaría en este país, según se había dicho allí. Yo también esperaba tener el gusto de dar a usted un abrazo de congratulación por la escapada milagrosa que ha dado de entre las manos de sus declarados enemigos personales, muchos de los cuales no me deben el concepto de caballeros.

   Sería muy largo cumplir por escrito con el encargo de informar a usted de acontecimientos que llenarían volúmenes; y así, lo reservo para cuando podamos hacerlo verbalmente, como lo espero, creyendo probable que usted tenga intención de venir a este país o a Méjico, o que yo sea destinado a Europa; por ahora, pues, sólo diré a usted con respecto a mi expulsión, que aunque ha sido con pretexto de haberme mezclado en los negocios del país, todos los colombianos que me conocen están persuadidos (y así me lo han asegurado muchos) de que no hay otro motivo sino el no haberme mezclado en favor del general Bolívar, como lo hicieron la mayor parte de los agentes de las otras naciones.

   El depósito que usted me hizo el honor de confiarme está aún en mi poder, y puede usted disponer como quiera, en inteligencia de que no lo entregaré a mi gobierno sin nueva orden de usted, sino llegando el caso que usted me señaló.

   Yo voy a Méjico a dar cuenta de mi comisión y espero que recibiré otra nueva para fuera; pero probablemente permaneceré lo menos cinco o seis meses en el país, y usted me puede escribir en este tiempo a Veracruz o aquí a Mr. Buckler, que es quien se encarga de dirigir a usted ésta, y será siempre informado de mi destino.

   No digo a usted nada de mi país, porque no me puedo formar una idea exacta de las últimas ocurrencias no estando al cabo de las miras de los partidos, habiendo estado ausente tanto tiempo.

   Tengo el honor de renovar a usted las seguridades de mi más sincera amistad con que quedo su apasionado servidor que besa su mano,

Jose A. Torrens (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto; compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4491, p. 75-76.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 226-227.

113
Firma: M. G. VIDAURRE

PARIS, 16 DE MARZO DE 1830

   Mi ilustre general y señor mío:

   Estoy cierto de los anuncios de usted sobre el reconocimiento de las libertades de la América por la Francia, y de los disgustos que me causará mi nueva obra eclesiástica. Lo primero producirá un fruto más pronto que lo segundo. Rara vez los inventores tuvieron el placer de la aprobación en vida. Pero si todos temen, la ignorancia sostendrá la superstición y el despotismo.

   Estaré en casa de usted mañana a las doce (17), es para mí del mayor honor su introducción a las respetables personas. Esta noche seré en la soiré del general Lafayette.

   Mi conversación con el señor Pradt fue en un mal francés. Sin embargo, fue acalorada. Nuestras opiniones se acercan más de lo que pensé.

   Ofrezco a usted los respetos de la más alta consideración como su eterno amigo y compatriota que lo ama, admirador de sus virtudes y besa su mano,

M. G. Vidaurre

   Remito a usted otro volumen del código en reemplazo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4889, p. 70-71.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 225-226.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 401.

114
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

POPAYAN, 17 DE MARZO DE 1830

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy apreciado señor y distinguido amigo:

   Mañana partirá de esta ciudad con destino a Europa mi hermano Manuel María, y deseando proporcionarle conocimientos importantes, usted es el primero a quien escribo para recomendarlo. Esta carta, pues, servirá de introducción, y yo espero que usted le favorezca con sus consejos para que el viaje que él haga por Europa le sea tan útil como yo lo deseo. Su principal objeto es el de curarse de una hepatitis crónica que le molesta demasiado. Al mismo tiempo se aplicará en adquirir todos aquellos conocimientos que sean posibles en un viaje rápido y de pocos años. A su regreso espero que sea muy útil a su patria, y por esa consideración, confío en que usted le favorezca en cuanto sea posible en un mundo tan complicado y tan nuevo para un joven colombiano.

   Con fecha 13 del corriente escribí a usted por conducto de nuestro amigo Juan Manuel Arrubla, en contestación a su muy estimable y aun lisonjera carta de 23 de octubre, escrita en Hamburgo. Después de tanto tiempo que no sabía de usted, me fue sumamente agradable, y he agradecido a usted mucho los finos sentimientos que usted me expresa en ella.

   Mi hermano Manuel María lleva el encargo de visitar a usted en mi nombre y darle un abrazo. De cualquier cosa que haga usted en su favor, el obligado y el reconocido será su muy afecto, decidido amigo y servidor que besa su mano,

Joaquín Mosquera

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2829, p. 309-310.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 227-228.

115
Firma: LORD STUART DE ROTHESAY

 

SABADO, 20 DE MARZO DE 1830

Mons. Le général Santander.

   Rue des Frondenzol, hotel de Berlin

   Lord Stuart de Rothesay ha recibido el billete que el señor Cooper le ha dirigido, y en su respuesta se apresura a informar al señor general Santander que le recibirá con mucho gusto a la una menos cuarto cualquier día que le convenga presentarse en la embajada, si no prefiere venir mañana domingo después de la una.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3709, p. 264.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 402.

116
Firma: ROUSINO

LONDRES, 27 DE MARZO DE 1830

   Mi estimado general:

   He recibido su apreciable de usted de 5 de este mes: por lo que veo usted no ha visto más que un artículo en el Herald. Hay tres que tratan de usted.

   Yo pensaba y aún lo pienso escribir un artículo largo sobre la historia entera de Bolívar. Yo apreciaré mucho el que usted me dé todos los pormenores. Trataré de hacerlo valer en el interés de la libertad; la opinión aquí se mejora todos los días y aunque estamos muy dispuestos a reconocer los grandes servicios hechos a la independencia de su patria en otros tiempos por Bolívar, no se pierde de vista lo acontecido últimamente. La carta suya a O'Leary le ha hecho mucho perjuicio y creo que hay muy pocas personas ya que no entienden sus miras personales e intereses siniestros. Espero que usted me ayudará en cuanto pueda. Gálvez no demorará mucho su visita. El estado de las cosas en Francia es sumamente interesante para este país. Igualmente no dejará de traerle a usted algunas atracciones.

   De usted afectísimo,

Rousino

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3710, p. 264-265.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 232.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 402.

117
Firma: J. G. BAUR

ALTONA, 3 DE ABRIL DE 1830

   Querido general:

   Nada podría serme tan halagüeño ni tan agradable como recibir noticias de la propia mano de usted y tendré el mayor interés en conocerlas y saber de su bienestar personal.

   La señora Baur y yo agradecemos muy sinceramente sus recuerdos y aprovecharemos de todo cuanto benévolamente dice usted de su permanencia en Hamburgo, pero sentimos verdaderamente que nuestros esfuerzos por hacer a usted agradable su permanencia en esta ciudad, hayan sido cortos en comparación de nuestros deseos.

   Con verdadero placer acabo de informarme de que los señores Rothschild, vista la acogida que a usted han dispensado, han correspondido realmente a lo que yo esperaba, de lo cual no podía dudar dado el interés que ellos tienen en relacionarse con los extranjeros de alta distinción. Al partir de París en dirección a Londres aconsejo a usted que se haga presentar por ellos a su hermano N. M. Rothschild en Londres, que es el verdadero sultán de los negociantes de Europa al par que de una extremada cortesía con los extranjeros.

   Usted nos hace esperar que una vez salido de Inglaterra volverá a Alemania y en este caso nos lisonjeamos de volverle a ver, pero más tarde quizá no le convenga a usted detenerse mayor tiempo en Europa. Las circunstancias de la patria de usted nunca han sido tan favorables a la libertad como en el momento actual. Tal vez las noticias que le lleguen de allá le comprometan a usted a volver a embarcarse hacia su país.

   Aunque lamentaríamos no tener el placer de verlo de nuevo entre nosotros, quedaremos compensados con la satisfacción que tendrá para usted la vuelta a su país y de encontrarse de nuevo entre sus compatriotas.

   Persuádase usted querido general, de que mis votos y los de toda mi familia le seguirán a dondequiera que se encamine.

   La amistad de usted y las bellas prendas que en usted hemos podido reconocer, han quedado tan impresas en nuestra memoria que su recuerdo será indeleble para nosotros.

   Dígnese usted aceptar, querido general, con la expresión de mi más alta consideración el testimonio de mi sincera y permanente amistad,

J. G. Baur

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 207, p. 406-407.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo del doctor Rafael Martínez Briceño.

118
Firma: JULLIEN

PARIS, SAMEDI MATIN-AVRIL 10

A monsieur le général Santander

Rue des Frondeus - Hôtel de Bubier

   Monsieur le général:

   J'espérais vous rejoindre chez M. Oveilley et vous acompagner ensuite chez M. le Comte Mivoni ou j'aurais eu l'ocasión de vous faire connaissance de M. le Baron Charles Dupier, membre de la Chambre des deputés, qui aurait lui-même été charmé de vous connaître.

   Je crains que vous n'ayez été indisposé. J'envoye savoir de vos nouvelles, et j'espére que vous viendrez me prendre ce soir, entre 8 et 9 heures pour que nous allions ensemble chez Madame Montgolfier.

   J'aurai à vous proposer aussi d'employer utiliment et agréablement vos soirées des cinq premiers jours de la semaine prochaine, savoir:

   1° Lundi soir à l'Anthenée des acts et a la Societé de la Moral Chrétienne.

   2° Mardi soir après notre dîner de la Revue, chez de Général Lafayatte.

   3° Mercredi soir chez Mrs. Dudiviuse et J'Oniand.

   4° Jeudi soir, chez un de mes amis M. Praganel, qui m'a prié de vous inviter de sa part, qui est mon proche voisin, et chez lequel vous entendrez d'excellente musique.

   5° Vendredi soir, à la Societé de Geographie; puis chez M. de la Stupie, ami de M. Lafayette, qui m'a beaucoup prié de vous conduir chez lui, et enfin chez M. de Comte Mivoni, ou l'on entendra aussi de la bonne musique.

   6° Samedi soir chez M. le Comte de Segur, s'il est moins souffrant que depuis quelques jours.

   Je n'ai que l'honneur de vous renouveler, Monsieur le général, l'assurance de mes sentiments les plus distingués,

Jullien

Traducción:

PARIS, SABADO MAÑANA 10 DE ABRIL (Sigue Nota del Editor...)

Al señor general Santander.

Calle de Frondeurs, Hotel de Bubier

   Señor general:

   Espero encontrarlo donde el señor Oveilly, y luego usted se dignará acompañarme a casa del señor conde Mivoni, donde tendré oportunidad de ponerlo en contacto con el señor barón Charles Dupier, miembro de la cámara de diputados, y quien tendrá el placer de conocer a usted.

   Si ninguna indisposición acompaña a usted, agradeceré saber de usted y espero me recoja esta noche entre 8 y 9 para ir a casa de Madame Montgolfier.

   Me permito igualmente sugerirle el empleo útil y agradable de los cinco primeros días de la semana próxima, a saber:

   1° Lunes por la tarde: Ateneo de artes y Sociedad de la Moral cristiana.

   2° Martes por la tarde: después de nuestra comida de la revista, a casa del general Lafayette.

   3° Miércoles por la tarde: visita a los señores Dudiviuse y J'Oniand.

   4° Jueves por la tarde: a casa de uno de mis amigos, el señor Praganel, mi vecino más cercano, y quien me ha rogado que invite a usted de su parte, y en donde gozará usted de música excelente.

   5° Viernes por la tarde: en la sociedad de geografía; después a casa del señor De la Stupie, amigo del señor Lafayette, quien mucho desea le lleve a usted a su casa, y finalmente visita al señor conde Mivoni, en cuyos salones se goza de la buena música.

   6° Sábado por la tarde, a casa del señor conde de Segur, si es que no está indispuesto como estuvo hace algunos días.

   Tengo el honor de asegurar a usted, señor general, mis sentimientos muy distinguidos,

Jullien

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 631-632.
FUENTE DOCUMENTAL:
Original. Archivo de don Diego Suárez Costa. Nueva York.

119
Firma: CUSHING

RUE D'ARTOIS NUMERO 12 AVRIL 21 - 1830

   To general Santander

   Hotel de Berlin

   Mr. Cushing, author of the chapter on Colombia and two other chapters of South America and Foreign History, in the American Annual Register, begs permission to present his respects to General Santander.

   Original. Archivo de don Diego Suárez.

Traducción:

RUE D'ARTOIS N° 12, 21 DE ABRIL DE 1830

   Al general Santander:

   El señor Cushing, autor del capítulo sobre Colombia y de otros dos sobre Suramérica e historia en general, en American Annual Register, quiere tener el honor de presentar sus respetos al general Santander.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1704-A, p. 221.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

120
Firma: M. E. DE GOROSTIZA

Legación de los Estados Unidos Mejicanos cerca
de su majestad británica

LONDRES, MAYO DE 1830

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander.

   Paso a manos de vuestra excelencia con la mayor satisfacción el pliego que le dirige por mi conducto el señor secretario de estado de relaciones de la República y que patentiza el justo aprecio que ha merecido a mi gobierno la americana oferta de vuestra excelencia en los momentos de nuestro pasado peligro; así como toda la consideración con que lo distingue por sus hechos, opiniones y servicios en favor de la causa de la emancipación del nuevo mundo.

   Dios y libertad,

M. E. de Gorostiza

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2051, p. 225.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 245.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 333.

121
Firma: GREGOIRE, OBISPO DE BLOIS

PARIS, 8 MAI 1830

Monsieur le général Santander

   Monsieur le général:

   Je vous envoie des lettres pour des amis et connaissances de Londres, Copenhague, Lettenbourg, etc., avec quelques imprimés.

   Vous doutez si le cours de votre vovage vous conduira en Autriche, mais en cas que vous y attire, je vous prie de faire visite de ma part a Vienne ou a Baden, près Vienne, a la célèbre et verte use madame Caroline Sichler. II y a près deux ans que je n'ai reçu de ses nouvelles: ma dernier lettre lui été transmis l'été dernier par madame Kerstof de Munich, que je vous engage à voir également si vous passez en cette ville: Soyez près de lui et madame Sichler l'interprète de mes sentiments affectueux. Il me reste a souhaiter que votre voyage soit heureux, en vois

Gregoire
Obispo de Blois

Traducción:

PARIS, 8 DE MAYO DE 1830

   Señor general Santander:

   Le envío cartas para amigos y conocidos de Londres, Copenhague, Lettenbury, etc., con algunos impresos.

   Usted duda si el curso de su viaje lo llevará a Austria, pero en el caso de que decida ir allá le ruego visitar de mi parte en Viena o en Baden, cerca de Viena, a la célebre y virtuosa señora Carolina Sichler. Hace cerca de dos años que no recibo noticias de ella; mi última carta le fue entregada en el verano pasado por la señora Kerstorf de Munich, a quien le ruego visitar de igual manera en caso de pasar por dicha ciudad. Sea ante ella y ante la señora Sichler el intérprete de mis sentimientos afectuosos. Me resta desear que su viaje sea feliz, envía,

Gregoire
Obispo de Blois

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2053, p. 227.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 627.

122
Firma: APPER

(Contestada el 1° de junio de 1830)

PARIS, LE 1° JUIN 1830

   Général:

   J'ai l'honeur de vous adresser une partie de brochure que j'ai publiée dans l'espérance d'être util aux classes malhereuses de la société. Je serai bien heureux si vous agréez avec bonté cet hommage de l'admiration que j'ai pour votre noble caractère, et je joins à cette expresion sincère de mes sentiments l'assurance du profond respect avec lequel j'ai l'honeur d'être, général, votre tres humble et tres obeissant serviteur.

Appert
Membre de la société royal des prisons, etc.

Traducción:

   General:

   Tengo el honor de enviar a usted una parte del folleto que he publicado, en la esperanza de ser útil a las clases desvalidas de la sociedad.

   Me será muy grato saber que usted recibe bondadosamente este homenaje de la admiración que tengo de su noble carácter, y a esta expresión sincera de mi sentimientos quiero unir la seguridad del profundo respeto con el cual tengo el honor de ser, general, su muy humilde y obediente servidor,

Appert
Miembro de la sociedad real de prisiones

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4955, p. 178.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

123
Firma: JEREMY BENTHAM

QUEEN SQUARE, PLACE WESTMINSTER,
LONDON, 9 JUILLET 1830

Jeremy Bentham a monsieur le général Santander,
ci-devant viceprésident de l'état de Colombie

   Ci-joint, Monsieur, je prends la liberté de vous envoyer un paquet pour mon ami l'amiral Mordvianoff à Petersburg, dont le nom officiel qu'il porte à présent n'est pas a ce moment présent à ma mèmoire; car, de temps á temps il a presque fait le tour de toutes lès premieres places officielles de son empire.

   Au cas que dans ma lettre à lui il puisse se trouver quelque chose qui pourrait vous déplaire our vous être préjudiciable, j'ai fait tiret la copie, qui vous mettre à même de jeter au feu l'óriginal au lieu de la remettre à son adresse.

   A ma presse, vous avez eu la bonté, je crois, de me marquer le nom de l'individu auquel nous sommes redevables de cette belle constitution bolivienne, avec, quelques particularités à son sujet: j'en ai pris note, mais si à la hâte, que ce que j'ai griffonné n'est pas lisible. Si ce n'est pas trop prendre sur votre temps, peut-être que vous m'obligerez en m'y envoyant avant votre départ quelques lines à cet égard.

Pour ce qui regarde la lecture, notre langue anglaise a l'avantage de ne pas vous être inconnue: voilá si je ne me trompe pas vous m'avez fait savoir. Cela était pour suppléer à l'edition imparfaite de la traduction espagnole, ainsi que pour servir de correctif aux faute que l'on dit qu'elle renferme j'ai pris la liberté d'y ajouter un exemplaire de l'óriginal en anglais.

   Recevez, monsieur le général, avec la declaration le plus sincère du respect que vous ests due à tant de titres, les voeus egalement sincères pour votre rétablissment le plus prompt dars la position éminente et illustre dont la tyrannie vous a chassé, et où à haute voix le bien de votre patrie souffrante vous rappelie.

   Lors de votre arrivée, à Petersbourg vous m'obligerez en me donnant quelque avis de ce qui se sera passé entre vous et mon amie Mordvianoff. Mais si vous n'avez pour cela d'autre que le poste à lettres, vous ne laisserez pas d'être sur vos gardes, sachant la jalousie de ce gouvernement, et la probabilité, pour ne pas dire la certitude, que votre lettre, avant de partir aura a passer à travers la censure des employés à cet effet.

   Au point de firmer cette lettre j'ai recu votre billet d'aujourd'hui.

   Quant au paquet adressé au docter Olderman j'avais desiré de l'envoyer peut-être, car n'ètant qu'un peut-être, par quelque autre voie; mais il m'est venu à l'esprit, que cet avocat, êtant un homme repectable et avantageusement connu dans son pays, pouvait bien vous être de quelque utilité dans ce petir état où vous allez arriver pour la première fois en qualité d'ètranger.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, p. 412-413.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 246-247.

Traducción

QUEEN SQUARE, PLACE WESTMINSTER,
LONDRES, 9 DE JULIO DE 1830

Jeremy Bentham a
Su excelencia, el general Santander,
Ex vicepresidente del Estado de Colombia

   Me permito, señor, adjuntar a esta carta un paquete para mi amigo en Petersburgo, el almirante Mordvianoff, cuyo título oficial actual no recuerdo, ya que, en el curso del tiempo, ha ocupado casi todos los primeros puestos oficiales de su imperio.

   En la eventualidad de que mi carta al almirante contuviera algo que pudiera desagradarle o serle perjudicial, he sacado una copia de ella, lo que le permitirá quemar el original, en vez de remitirlo.

   Si no me equivoco es usted quien ha tenido la bondad de anotar en mi periódico el nombre del señor al cual debemos esa bella constitución boliviana, además de algunos datos acerca de él: he anotado todo eso pero tan de prisa que lo que he garrapeatado es ilegible. Si esto no le quita demasiado tiempo, tal vez sería tan amable de enviarme algunas líneas a ese respecto, antes de su partida.

   En cuanto a su lectura, nuestra lengua inglesa tiene la fortuna de no ser desconocida por usted: eso es, según parece, lo que me hizo saber. De esta manera, para remediar la edición imperfecta de la traducción española, así como para servir de correctivo a los errores que, según se dice, contiene, me tomé la libertad de adjuntarle un ejemplar del original en inglés.

   Tenga la bondad de aceptar, señor general, con la manifestación más sincera del respeto que le es debido por tantas razones, los votos igualmente sinceros, que hago por su restablecimiento lo antes posible, en la posición eminente e ilustre de la cual la tiranía lo ha sacado, y a la cual el bien de su patria doliente lo llama a gritos.

   Cuando llegue a Petersburgo, le agradecería me diera alguna luz acerca de su entrevista con mi amigo Mordvianoff. Pero si para hacerlo no dispone de otro medio que el del correo, tenga mucho cuidado ya que, conociendo el celo de este gobierno, existe la probabilidad, por no decir la certeza, de que su carta antes de salir pase por la censura de los empleados destinados a este efecto.

   En el momento de firmar esta carta recibo su nota de hoy.

   En cuanto al paquete dirigido al doctor Olderman, había deseado enviarlo, tal vez (aunque no era sino "tal vez") por alguna otra vía; pero se me ocurrió que ese abogado, hombre respetado y favorablemente conocido en su país, podía, con toda seguridad, serle de alguna utilidad en ese pequeño estado en donde va a llegar por primera vez en calidad de extranjero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, p. 412-413.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 246-247.

124
Firma: EZEQUIEL ROJAS

PARIS, 3 DE AGOSTO DE 1830

   Mi apreciado general:

   Después de una borrasca tan terrible como la que acaba de pasar sobre esta ciudad, creo de mi obligación avisarle que las personas de su conocimiento no han tenido novedad: Pacho y Pepe están buenos.

   Como los diarios que usted debe haber ya visto le han impuesto de todo lo que ha pasado en París, no lo molesto haciéndole una relación de cosas que ya sabe. Yo habría deseado que usted se hallase en París en este tiempo para que admirase el patriotismo, el desinterés y la parte que toma cada francés en la conservación de su libertad; yo he tratado de verlo y de saberlo todo, y me daban ganas de ser francés cuando en los días 27, 28 y 29 veía la juventud parisiense huirse de los colegios y pensiones, armarse y ordenarse para combatir. Hasta las mujeres en las calles desempedrándolas para formar barricadas y subir piedras a las casas para dejarlas caer sobre los suizos y la guardia real. Todos estos días las paredes de las casas estaban llenas de proclamas compuestas de palabras eléctricas que leían en alta voz, y cuyo efecto era demasiado sensible. El tiroteo entre el pueblo y las tropas comenzó el 27 por la noche y acabó el 29. Las tropas reales fueron perdiendo terreno sucesivamente, sus últimos atrincheramientos fueron en el Louvre y Tullerías, mientras que el pueblo tenía en cada cuadra dos o tres trincheras y en cada casa una fortaleza. Los diputados desde el 28 se reunieron y nombraron a los generales Lafayette y Gerard como encargados del gobierno provisorio. Los ministros ya no encontrarán este día. En lo sucesivo ya comenzaron a organizarse mejor; el gobierno y la guardia nacional estaban en pie. Todos los días los diputados se reunían y últimamente nombraron al duque de Orleans teniente general. Mi diario ha revivido, y yo podía darle más detalles, pero creo que ya sean noticias atrasadas.

   Ayer supe que no le habían mandado las cartas que le han venido de Colombia y he sentido mucho esto porque son cartas que deben serle muy interesantes para usted. Sin embargo, el señor Gavoty me ha dicho que una cartita que últimamente yo había escrito la había mandado. Yo aguardo sólo sus órdenes para irme. En Burdeos hay una fragata que se marcha el 15; pudiera ser que en esa me vaya. La señora Salazar es probable que se vaya conmigo.

   Estoy muy contento con todo lo que pasa en Francia, tanto más cuanto que veo todo el bien que tiene que esperar Colombia de usted por razón de sus relaciones en París; sobre esto pienso mucho y cada vez estoy más alegre.

   En mi anterior le dije que esperaba de su bondad que me franquease doscientos pesos, pero como puede suceder que no haya llegado a sus manos, se lo repito ahora, y le auguro que su reembolso será pronto y mi gratitud eterna. Como la tranquilidad está restablecida desde el 30, espero que mi general escribirá pronto y me dará todas sus órdenes.

   Adiós, mi querido general; cuídese mucho para satisfacción de sus amigos, para bien de Colombia y para la felicidad de quelques unes.

Ezequiel Rojas

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 446-447.

125
Firma: ALEJANDRO HUMBOLDT

A BERLIN 1830

   Je ne fais point encore parti avec le Roi.

   Voulez vouz faire l'honneur, Monsieur le général, de venir déjeuner chez moi demain, dimanche, a neuf heures du matin, et de transmettre en mon nom la même invitation a D. I. de La Luz.

   Mille hommages d'admiration et de respect,

Alejandro Humboldt

Traducción:

BERLIN, 1830

   Aún no he estado con el rey.

   Agradeceré, señor general, si se sirve venir a almorzar conmigo, mañana domingo a las 9 de la mañana, y hacerle extensiva esta invitación a nombre mío a Dn. I, de la Luz.

   Mi homenaje de admiración y respeto,

Alejandro Humboldt

Sábado

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2140, p. 356.
FUENTE DOCUMENTAL
S. I.

126
Firma: LE PRINCE PUKLER MUSKAN

BERLIN, 24 AOÛT 1830

   Mon général:

   J'ai communiqué au général Branse, gouverneur de l'école militaire, votre désir de voir cet etablissement et il m'a répondu verbalement que si vous aviez la permission du ministere de la guerre de voir les etablissements militaires en Prusse, il vous attendrait à midi l'heure de la parade. Je m'en vais de ce pas chez le ministre de la guerre pour prendre des informations, et vous prie, mon général, de vouloir bien m'attendre chez vous jusqu'a midi, où je viendrai vous faire mon rapport. J'ai l'honneur d'être avec la consideration la plus distinguée.

   Mon général.

   Votre très humble et très obeissant serviteur,

Le Prince Puckler Muskan

Traducción:

BERLIN, 24 DE AGOSTO DE 1830

   Mi general:

   He transmitido al general Branse, gobernador de la escuela militar, vuestro deseo de ver este establecimiento y me ha respondido verbalmente que si teníais la autorización del ministerio de guerra para visitar los establecimientos militares de Prusia, os esperaría a medio día, a tiempo del desfile.

   Salgo en seguida hacia el ministerio de guerra para informarme y os ruego, señor general, os dignéis esperar mi regreso, hasta mediodía, cuando yo iré a rendiros mi informe.

   Quedo de vos con todo respeto, mi general, vuestro humilde y obediente servidor,

Le Prince Puckler Muskan

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2947, p. 499.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 782-783.

127
Firma: M. M. Núñez

CARTAGENA, 5 DE SEPTIEMBRE DE 1830 20°

(Contestada el 23, de Florencia, 1830)

Señor Francisco de Paula Santander. Londres.

   Muy señor mío y amigo:

   He recibido su apreciable con fecha 5 de julio e igualmente la que en ella se incluye, a la que no he dado dirección por hallarse la capital sitiada, como lo verá usted por la continuación de la presente.

   Las noticias políticas son las siguientes. Hallándose en Bogotá el batallón Callao, el gobierno lo mandó de guarnición a Tunja; después de su salida se unió con varios descontentos, sublevaron las milicias del Llano y atacaron la capital, intimando antes al ejecutivo que mudase el ministerio; mas el presidente se opuso al cambio, de que resultó haber sitiado a Bogotá. Ayer vino un extraordinario, por el que se sabe que habían tenido lugar dos acciones entre las tropas del gobierno y las contrarias, y en las que las últimas se apoderaron de dos cañones y se hallan situados en San Francisco por el norte y San Agustín por el sur.

   El gobierno y sus contrarios estaban determinados en entablar negociación el día después de la salida del extraordinario, con el objeto de no derramar más sangre colombiana. Se sabe también que hallándose en el Socorro el general Obando con 500 hombres, dispuesto a marchar a sostener el gobierno, se los quitó el general Justo Briceño, y al momento dispuso que marchasen a sostener al general Urdaneta, que es el que se dice se halla a la cabeza de los descontentos.

   Se dice más: que el batallón Vargas, que estaba en Pasto a las órdenes del general Antonio Obando, se ha pasado íntegro al general Flores, y los habitantes de esta provincia le han declarado que no debe contar con ellos para nada.

   En esta ciudad se ha celebrado un acta, primero por las tropas y después por los padres de familia, y por la que se declara sostener la integridad de la República, la constitución del año de 30, se pide el cambio del ministerio, la expulsión de los allegados al gobierno, de todos aquellos que estuviesen complicados en la revolución del 25 de septiembre, y el que se encargue el general Bolívar de las tropas de la República para que con ellas establezca el orden, pero bajo las órdenes del presidente, y otros puntos menos interesantes. El general Bolívar declaró a los comisionados que le presentaron las actas, que desconocía la autoridad de los que las habían hecho, y que no se emplearía en el servicio público mientras que el gobierno no lo llamase u ocupase.

   Estas son, mi querido amigo, las noticias que hay en ésta; considere usted cuál se hallará mi espíritu con estos disturbios, pues al fin es la sangre de mis compatriotas la que se derrama; ¡la monstruosa guerra civil se ha manifestado de nuevo en mi infeliz patria, ella nos despedazó en el año de 12, ella fue la causa de nuestra destrucción el año de 15 y aún no escarmientan mis conciudadanos! ¡Quiera Dios que esta fiera se ahogue al nacer!

   Por las razones expuestas habrá usted visto que no he podido remitir la carta que me incluye; pero en el próximo correo, si se puede, lo haré bajo otra cubierta.

   Deseo lo pase usted bien y que mande a su respetuoso amigo y servidor que besa su mano,

   Adición. Septiembre 8

   Por los impresos y boletines que se recibieron hoy de Bogotá por el correo, se sabe que las tropas del gobierno obtenían ventajas sobre las del batallón Callao y milicias del Llano en dos acciones que se dieron fuera de la ciudad; pero que en la tercera, por mala dirección del jefe o porque los estrecharon de manera que no podían obrar, fueron concluidos por los contrarios.

   En este estado el presidente obtuvo una transacción por medio de los señores Castillo y Baralt con el coronel Jiménez, comandante del Callao y demás tropas, bajo las condiciones de que se depusiera el ministerio, que el corto resto de Boyacá y de Húsares se refundiese en el Callao, que éste compusiera la guarnición de la ciudad, que las milicias gozaran su fuero, esto es, las del Llano de Bogotá, y últimamente que se hicieran salir dentro de tercer día a los señores Azueros, Arrublas, Montoyas, general Mantilla, coronel Gaitán, coronel Joaquín Barriga, doctor Ignacio Márquez, doctor Juan N. Vargas (no se sabe si hay más), todos a Cartagena, a la disposición del general Montilla. Algunos dicen que el presidente deseaba esta transacción, o más bien, que él es partidario.

M. M. Núñez

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3009, p. 76-77.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Editorial Kelly, 1976, p. 451-453.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 257.

128
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 29 DE DICIEMBRE DE 1830

(Contestada el 13 de abril de 1831)

   Estimado amigo y señor:

   La pasión de ánimo que las circunstancias poco favorables a Bolívar evaporizaron en su espíritu, trastornó su extenuado físico que no pudo sobrellevar más allá del 17 de corriente la aparente vida que sus amigos entretenían, de que Colombia no podría esperar tantas ventajas como males, y cuyo fin por tanto, si no el de nuestras calamidades públicas, es al menos una victoria que la paz y libertad han obtenido de la anarquía. Sí, un enemigo de menos, una fuerte caída del parapeto que cubría tiros y planes liberticidas, una deserción del abominable servicio que algunos patriotas habrán prestado por sólo estímulo de la gratitud, y otras consecuencias funestas para los infames secuaces de Bolívar, ¿no son paladinamente otras tantas victorias?

   El Ser Supremo, que no puede revocar sus sentencias, no quiso que Colombia inmortalizara un hombre no exento de ellas: no quiso que Colombia prodigara por más tiempo honores a un hipócrita que con dulce sonrisa la alejara de sus siniestras negras intenciones: no quiso su alta sabiduría que Colombia con pasos desiguales e inadecuados al siglo alcanzara lo que la uniformidad de los colosales de Europa entera en sus revoluciones obtendrá en favor suyo, la libertad, don del cielo. 

   Ya nuestra tutela es fenecida, su arbitrario administrador está rindiendo ante el Eterno cuentas que jamás formó. ¡Qué de horribles atentados de usurpación no confesará! ¡Qué de intrigas para traspasar facultades extorcicidas! Al borde del precipicio, inermes e incautos pupilos, se vieron tus derechos, tus haciendas, tus vidas mismas que condujeron allí la ambiciosa impetuosidad de visires, de generales. Prefectos más tiranos que los subdelegados, pues que es cierto que el tirano más duro es el esclavo que llega a ser señor.

   Si Bolívar en los tiempos de su gloria, es decir, hasta el año 26, fue amado de sus súbditos, porque prescindiendo de hipocresía se condujo con prudencia, desde esa época hasta la presente, en que manchó indeleblemente su reputación, en que manifestó un espíritu inefable de ambición por el mando; de innovación, pues las más sabias leyes del congreso discutidas en la calma sufrieron alteraciones, y lo que es más, la forma de gobierno; en fin, de despotismo, pues no respetaba las sagradas garantías individuales: desde esa época, repito, ¡qué de execraciones bien merecidas! ¡Qué de maledicencias tan justas le increpan todos los pueblos hasta la hora misma de su muerte!

   Si por una parte miramos a Bolívar desnudo de pasiones, veremos en él un hombre poco común, esforzado en constancia por libertar a la patria de los enemigos exteriores que hollaron nuestro territorio; pero vistámosle como es, veremos multitud de contradicciones en su conducta pública y privada, él nos engañaba haciéndonos creer y aun jurando que jamás había pensado en coronación, al paso que consentía en que sus satélites (entre ellos Juan García del Río, el presbítero José María Roche, difunto) exhortasen impunemente al pueblo a que admitiese la monarquía, presentándole como el único capaz de ocupar el trono; todo esto a despecho de las leyes fundamentales y códigos de la nación. ¡Qué condescendiente es la historia en inmortalizar el nombre del tirano Bolívar!

   Por los impresos de esta ciudad se impondrá usted de las proclamas de las autoridades y diligencias practicadas en Santa Marta para probar la autenticidad de la de Bolívar, que conforme a las reglas de crítica y con demasiado fundamento es apócrifa, y aún se afirma que ha sido fraguada por Montilla, y presentada al moribundo para que la firmara.

   Examinemos algún tanto esta cuestión que puede reducirse a la siguiente disyuntiva sin admitir medio; o la proclama es auténtica o no. Lo primero no puede sentarse como cierto, pues que choca el estado en que su autor haya podido darla con su contenido mismo. Sí, repugna que un hombre en sus últimos alientos respire rencor, repugna y se contradicen sus últimas palabras "de que bajaría contento al sepulcro" si su muerte pudiera contribuir a la felicidad de los pueblos, al mismo tiempo que los invita a obedecer al actual gobierno para evitar la anarquía. Sería imperdonable semejante injuria en Bolívar, en Bolívar a quien no se escondía la ilegitimidad de ese gobierno que recomienda, cuando llamado a ocupar el primer puesto entre ellos prefirió permanecer y morir en el Magdalena, en donde unos pocos amigos suyos se hicieron el deber de inspirarle la esperanza de que el tiempo y los ocultos manejos subsanarían los defectos de la violencia más abierta. No, no es ese lenguaje de Bolívar, no lo es sino de sus viles comensales que quieren continuar en su muerte los triunfos que han obtenido en su vida.

   Lo segundo es tanto más evidente cuanto que jamás Bolívar ha hecho mérito de que abandonó su fortuna por servir a la patria, pues que él sabía muy bien que no necesitaba de bienes particulares, cuando los públicos y tesoros nacionales le estaban sujetos. Además de esto, en los momentos de la muerte ningún hombre recuerda servicios, y los culpables como él sólo recuerdan sus faltas, para ser perdonados por compasión.

   Amigo, aún no se había tocado lo más importante de esta farsa. Sus imbéciles herederos están persuadidos, y con razón, de que con la misma facilidad con que se priva a un pueblo del uso de sus derechos se le priva del de la razón, pues con la mayor imprudencia se amenaza con la sombra de Bolívar al desgraciado en que han quedado convertidos, al desgraciado ciudadano que no cumple con su última voluntad. ¡Pueblo sufrido, no asentiste expresamente una monarquía en Colombia, ni que la voluntad de un hombre fuese ley, mientras que tácitamente lo apruebas! ¿Qué importa que la voluntad de los pueblos sea expresa o tácita?

   Las tropas del Magdalena se retiran del Hacha, por no poder sufrir las enfermedades y continuos ataques de los habitantes, cohonestando esta vergonzosa retirada con la impostura de que es concluido todo. No puedo extenderme más en noticias, por estar sumamente ocupado con el despacho de dos paquetes, americano e inglés.

   Hasta la fecha sólo he recibido de los señores Arrublas por cuenta de usted la suma de $3.489, los mismos que voy a remitir al señor Perquieer e hijos por la vía de Nueva York, y tan luego como reciba otras sumas haré el envío a los señores M. M. Harman y Cía. de Londres.

   Soy de usted con la más alta consideración su afectísimo y sincero amigo que besa su mano,

M. M. Núñez

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3010, p. 78-80.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 315.

129
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 5 DE ENERO DE 1831

(Contestada el 13 de abril de 1831)

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy señor mío y amigo:

   En esta fecha remito a los señores M. M. Harman y Cía. de Londres la suma de $1.120 en oro, en escudos y onzas colombianas, cuya suma es parte de $4.184 que es la total que he recibido hasta esta fecha para remitir según las órdenes de usted, y hoy mismo dirijo al señor Perquieer por la vía de Nueva York, $3.000 también en escudos y onzas colombianas, quedando el resto para los gastos, según me previene el señor Arrubla; y hubiera remitido todos 4.000 a la casa de Londres, pero las reflexiones siguientes me lo han impedido.

   La primera orden que usted me dio sobre la remesa fue para Perquieer, y la ocasión que se presenta ahora para El Havre por la vía de Nueva York, no es tan fija como la de los paquetes para Inglaterra.

   Ya tengo a usted anunciada por otra anterior con alguna extensión la muerte del general Bolívar, de cuyas resultas se ha transigido de algún modo con los del Hacha, retirándose de allí los hospitales, que era en donde estaba la masa de la fuerza, pues la intemperie a que fueron reducidos por los habitantes los aniquiló, pudiendo asegurarse que los riohacheros se han portado con tanto heroísmo como los parisienses, si se contempla que aquel corto pueblo, inclusive algunas mujeres y (parientas de Padilla), sin auxilio de un soldado de Venezuela, hicieron frente al mando de Carujo a cuatro batallones veteranos de infantería, un escuadrón de caballería, y dos columnas más de milicias de infantería y caballería, cuya total fuerza atacó en dos divisiones, pero que jamás dejaron unirlas los riohacheros. Pasto y Popayán se han unido al sur y Obando y López marchan sobre el resto del Cauca, y aún amenazan a Bogotá.

   La Gaceta de Cartagena, es decir, su editor, opina debe convocarse una convención colombiana para convenir en el sistema federal, que es en substancia mi opinión emitida en abril del año pasado, que me ha causado tantos disgustos.

   No puedo ser más extenso por no darme lugar la precipitada salida del presente buque, así concluyo repitiéndome de usted afectísimo amigo y servidor que besa su mano,

M. M. Núñez

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3011, p. 81-82.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 321.

130
Firma: P. VISCONTI

CASA, 8 GENNAIO 1831

A monsieur le general Santander

   Sig. generale:

   Pare che la bella giornata inviti a percorrere la regina delle vie antiche, 1' Appia: dove non e' sasso che non abbia nome, e non é nome che non risvegli una grande memoria. Se piacerá dunque alia gentile e distinta societá americana compiere questa archeologica peregrinazione, si compiaccia, sig. generale, rendermene inteso.

   Mi é intanto ben caro il rassegnarle in questa occasione i sentimenti di affettuosa osservanza, e di ammirazione sincera con li quali sono,

Il suo, P. Visconti

Traducción:

CASA, 8 GENNAIO 1831

Al señor general Santander

   Señor general:

   Parece que el día hermoso nos invite a recorrer la reina de las vías antiguas, el Appia: donde no hay piedra sin nombre y no hay nombre que no despierte una gran memoria.

   Si a la gentil y distinguida sociedad americana le gustara pues emprender esta arqueológica peregrinación, le ruego al señor general se sirva manifestármelo.

   Aprovecho de esta oportunidad para expresarle una vez más mis sentimientos de cariñosa observancia y sincera admiración, con que me suscribo de usted,

Suyo, P. Visconti (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4897, p. 77-78.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 481-482.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

131
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

ANTIOQUIA, 12 DE ENERO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimadísimo señor y amigo más querido:

   Con suma desconfianza tomo la pluma para escribirle a usted, pues parece que por todas partes hay agentes pagados para interceptar mis cartas dirigidas a usted, que por conducto de los señores Núñez y. Alcázar van mensualmente en los paquetes ingleses. Ellas salen todas o casi todas de Colombia, porque estos señores así me lo aseguran, y sin embargo ellas no llegan a sus manos, supuesto que en las suyas no me acusa recibo de ellas y, lejos de esto, se queja usted de la falta de mi correspondencia. Por este motivo no extrañe, pues, usted, que sean menos extensas de lo que yo querría y de lo que deseo.

   Según sus órdenes de fecha 26 de junio, de París, y 5 de julio, de Londres, del año próximo pasado, han sido remitidos al señor M. M. Núñez $4.200 a pesar de mis grandes temores por las ocurrencias del Río del Hacha, movimientos de Santa Marta y expediciones salidas de Cartagena bajo las órdenes del señor general Montilla. Yo ignoro todavía el resultado de estas novedades, y hasta tanto y saber que los $4.200 dichos han llegado a manos del señor Núñez, no aventuraré otra suma, pero cuente usted que luego que se disipen mis temores, irán los $6.000 que usted dispone vayan a la casa Harman & Cía. de Londres, y por el mismo conducto que usted me ha ordenado. Esta suma, como la anterior, irá con lo suficiente para los gastos de conducción, etc., para que llegue íntegra a sus manos. Quizás a esta fecha sabrán en Bogotá que ya no hay riesgo evidente de que se pierdan los intereses y mandarán todo o parte de ellos por el correo que sale de allí el 14 de éste y que alcanza al paquete que debe salir de Cartagena para Londres a fines de éste o a principios del próximo. Mucho me alegraré que así sea para que usted no carezca por más tiempo de las sumas que desea. Los 4.000 remitidos si no han sufrido algún extravío, deben haber ido por el paquete que saldría de aquella plaza a fines del pasado o principios de éste. Yo ansío por saber si así ha sido, pues desde que los pusieron a bordo del paquete estando asegurados, como usted me dijo, ya no hay ningún riesgo. Rondón, a quien dirigí sus cartas para que las entregara a mi señorita Pepita y N. y otra para don Bernardo Pardo, escribirá a usted sobre el resultado de sus órdenes para que entregasen la plata labrada, dinero y colgadura. También le mandé la carta que me escribió con fecha 26 de junio en París, para que se leyese a Cuéllar y a dichas señoras los artículos que les corresponden, y de todo informará él a usted. Igualmente le manda cuenta de sus intereses luego que haya acabado de remitir los $10.000 y sus gastos, porque así se lo he ordenado.

   A Raimundo Santamaría dejé algún dinero de su pertenencia de usted en onzas viejas, y como creo que habrán mandado nuevas, usted me cargará la diferencia que le resulte de este cambio para abonarlo. Usted me dijo en una de sus apreciables que las onzas viejas tenían un premio de dos francos sobre las nuevas, y hasta que usted me avise me cargaré yo de esta diferencia, que después podremos rectificar si al momento que usted reciba el dinero fuese más o menos la pérdida.

   En una de mis anteriores dije a usted que Salvador Córdoba se había insurreccionado con ocho o diez hombres más. Este necio hombre después de un paso tan loco se mantuvo a las inmediaciones de Barbosa y se ha dejado sorprender, y lo han traído preso a Medellín. Cogieron también su cartera con su correspondencia y por la que han resultado cómplices una porción de gentes de alguna importancia, entre ellos Manuel Antonio Jaramillo, Vicente Córdoba, hermano de aquél, don Lorenzo Isaza, Joaquín Escobar, sobrino del general Córdova, joven que usted conocería en Bogotá, y un señor Estrada; han salido presos para Cartagena. Los reos de más culpabilidad dicen que son Salvador Córdoba, Eusebio Isaza y Valentín Jaramillo, hermano de Manuel Antonio. Todos temen por la vida de éstos, pero las circunstancias no están para matar a nadie y yo creo que no morirán.

   Por el correo de hoy hemos sabido la muerte del Libertador. Cuando usted lea ésta ya la sabrá y habrá calculado cuáles sean las consecuencias de esta novedad. La muerte fue natural el 17 de diciembre, en una hacienda de don Joaquín Mier a una legua de distancia de Santa Marta. Esto dicen por varios conductos y yo aún lo dudo. Si fuere cierto, ¡cuánto sentiré que la anarquía nos devore y justifique la opinión de muchos de que este hombre era necesario! Usted sin duda prevé lo que puede suceder y conoce mejor que nadie lo que se debería hacer... ¡Cuántos males evitaría usted si estuviese entre nosotros y cuántos bienes podría proporcionarnos! Yo no me atrevo a suplicarle que venga, yo no puedo calcular los males o los bienes que su venida podría proporcionarle y me abstengo de decirle una palabra, a pesar de que aquí muchos amigos quieren que le hable de esto. En fin, esperemos a ver si se despeja el horizonte y de todo informaré a usted.

   El correo se marcha y no hay tiempo para más.

   Reciba usted mil y millones de recuerdos de Manuel y de Juan A. Montoya, que está aquí y suspira por verlo, y yo... quiera Dios darme vida hasta que vea la luz de este día memorable y lograr verlo como lo desea su afectísimo y obsecuente amigo,

Juan Manuel Arrubla

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 148, p. 258-261.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 322.

132
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 1° DE FEBRERO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimado amigo:

   Aprovecho la ocasión que ofrece el paquete de su majestad, nombrado Emoulus, para remitir a los señores Harman y Cía. la suma de $2.040 en onzas colombianas, sin embargo de que la última remesa que se me ha hecho sólo fue de $2.000, aumentándole yo los cuarenta para que lleguen los 2.000 después de pagados los fletes; creo que ahora las remesas las harán con más frecuencia porque se han aminorado los temores que en mi concepto antes las impedían.

   Mucho debiera decir a usted sobre asuntos políticos, pero por una parte mi vasta ocupación y por otra la seguridad que me ha dado un amigo de instruir a usted sobre el particular, me impiden hacerlo.

   Deseo lo pase usted bien y mande a su atento amigo y servidor que besa su mano,

M. M. Núñez

Posdata. La adjunta la he recibido para usted.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3012, p. 82.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 324.

133
Firma: ELIE MATHIEU

SAINTE MARTHE, 2 FEVRIER LE 1831

   Monsieur le général Santander

   Je me fais un devoir de vous écrire quelques lignes pour vous annoncer mon heureuse arrivée ici, et de vous prier de m'excuser si je n'ai pas été prendre vos ordres en prennant congé de vous.

   J'étais parti de Paris pour la province avec l'intention d'y revenir, mais les choses n'ayant pas été comme je les desirais, et le départ du navire ayant été precipité, je me suis rendu au Havre sans passer par Paris; voilà monsieur le général ce quio été la cause queje n'ai pu vous aller voir avant mon départ.

   J'espére, monsieur, que nous ne tarderons pas a avoir l'honneur de vous posséder en Colombie; tout le monde vous desire, et je puis vous dire que l'on n'a qu'une pensée, qui est que vous seul, monsieur, pouvez sauver votre pays d'une guerre continnuelle et que vous êtes le seul homme capable de prendre les rennes du gouvernement de Colombie. Je suis parfaitemente de leur avis et il et bien à desirer que vous soyez promptement à la tête des affaires, car il me semble que tout ne se passe pas comme cela devait être. Il est vrai que chacun regarde l'état present comme provisoire, c'est vous qu'on attend pour tout consolider.

   Ce qui me fait plaisir c'est que les partis se sont rapprochés avec franchise et bonne foi, ceux qui ne goutaient pas vos opinions et qui se sont montrés contre vous dans le temps de Bolívar sont maintenant eux-mêmes convaincus, qu'ils doivent vous tendre les bras. En fin, je crois pouvoir vous l'affirmer, par tout ce queje vois, vous n'aurais pas un seul ennemi en Colombie et vous y trouverez beaucoup d'amis.

   Rappelez vous ce que nous vous avons dit mon frère et moi, tachez de passer par Sainte Marthe, nous serions bien heureux d'avoir l'avantage de vous revoire et surtout dans un moment aussi solennelle reçu par les acclamations de la joie la plus pure d'un peuple reconnaissant et libre qui vous fera oublier les souffrances et les injustes persecutions du despotisme.

   J'espere que Mr. Santander reviendra par ici et que justice lui sera rendue. Je l'apprendrai avec un sensible plaisir.

   Recevez monsieur le général mes salutations amicales et respectueuses.

Elie Mathieu

Traducción:

SANTA MARTA, 2 DE FEBRERO DE 1831

   Señor general Santander:

   Es para mí un deber escribir algunas líneas y anunciarle mi feliz llegada a este lugar, y presentarle excusas por no haber ido a recibir sus órdenes al separarme de usted.

   Salí de París para la provincia con la intención de volver, pero no todo fue como yo deseaba, pues habiendo salido el navío precipitadamente llegué al Havre sin pasar por París. Vea usted, señor general, cuál fue la causa para no verlo antes de mi salida.

   Espero, señor general, que no tardaremos en tener el honor de que esté usted en Colombia; todo el mundo desea ver a usted, y puedo decirle que no hay sino un pensamiento: de que usted solamente, señor, puede salvar su país de una guerra continuada, y que usted es el hombre capaz de tomar las riendas del gobierno de Colombia. Estoy perfectamente enterado de ello, y es muy natural el deseo de que usted esté a la cabeza de todos los negocios públicos, porque me parece que no todo está como debe ser.

   Es cierto que todos consideran la época actual como transitoria, y es a usted a quien se espera para consolidarla.

   Lo que me complace es que los partidos se han acordado con franqueza y buena fe: aquellos que no gustaban las opiniones de usted y que se mostraban en contra suya en el tiempo de Bolívar, están ahora convencidos de que deben tenderle a usted los brazos. En fin, yo creo poder afirmar por todo lo que veo, que no tendrá usted un solo enemigo en Colombia y sí muchos amigos.

   Acuérdese usted lo que le dijimos mi hermano y yo: trate de pasar por Santa Marta. Seríamos muy felices de recibir a usted los primeros, sobre todo en este recibimiento tan solemne por las aclamaciones y la alegría la más pura de un pueblo reconocido y libre que nos hará olvidar los sufrimientos y las injustas persecuciones del despotismo.

   Espero que el general Santander regresará por aquí y que la justicia le será reconocida. Lo veré con indecible placer.

   Reciba mi general los saludos amigables y respetuosos,

Elie Mathieu

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2386, p. 237-239.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 325.

134
Firma: MEINEL

MUNICH, 25 FEVR. DE 1831

   Monsieur le général

   Bolívar est mort le 17 Dec. et je vous en felicite de tout mon coeur, parce que sa mort enleve tout obstacle que jusqu'a present s'était opposé a votre retour dans votre patrie cherie.

   Comme vous avez eu la bonté de fair mention de moi dans une lettre adressée à Mr. Meyer, je prends la liberté de vous rappeller mon nom par ces lignes et de vous prier de passer par notre ville en retournent en Amerique.

   Nous nous rappellons ici sans cesse les jours aussi heureux qu'interessants qu'il nous a été permis de passer avec vous et nous ne desirons rien avec plus d'empressement que d'avoir l'honneur et le plaisir de vous revoir encore une fois.

   La revolution vous a atteint aussi en Italie; ici nous sommes tout à fait tranquilles et vous ne devez pas craindre qu'arrivé a Munich ne voyez qu'un peuple irrité ou le renversement de l'ordre constitutionel.

   Je form les voeux les plus ardens pour votre bonheur et celui de votre patrie et je serais vraiment heureux si je pourrais esperer que vous pensez quelques fois même au dela de l'Atlantique à moi.

   Agreez, monsieur le général les assurances de ma haute consideration,

Meinel Advochv
A la Cour D'App

Traducción:

MUNICH, 26 DE FEBRERO DE 1831

Al señor general Santander, Roma.

   Señor general:

   Bolívar ha muerto el 17 de diciembre y yo felicito a usted de todo corazón, porque su muerte elimina todo obstáculo que, hasta el presente, se ha opuesto a vuestro retorno a su patria querida.

   Como usted ha tenido la bondad de hacer mención de mi persona en una carta dirigida a Mr. Meyer, me tomo la libertad de hacerle recordar mi nombre por medio de estas líneas y de rogarle pasar por nuestra ciudad al regresar a América.

   Sin cesar lo recordamos acá por los días tan felices que nos permitió pasar con usted, y nada tan grato para nosotros que volver a tener el honor y el placer de volverlo a ver otra vez.

   La revolución lo ha retenido en Italia; aquí estamos tranquilos y no debe usted creer que al llegar a Munich va a encontrar un pueblo irritado en contra del orden constitucional.

   Hago los más ardientes votos por su felicidad y la de su patria. Sería muy feliz en saber que alguna otra vez usted se decidiera a pasar el Atlántico y venir acá.

   Reciba, señor general, las seguridades de mi elevada consideración,

Meinel

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2391, p. 244-245.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

135
Firma: BARON DE MALZEN

ROME, LE 8 MARZ 1831

A monsieur le général Santander, Florencia.

   Monsieur le général:

   J'ai l'honneur de recevoir votre lettre de 2 ce mois, accompagnée de l'áutographe que j'avais prié la liberté de vous demander a votre départ d'ici. J'ai été extrement sensible a l'obligeance que vous avez eu de vous Le ressouvernir de mon desir et d'y satisfaire. Je vous en fais mes remerciments les plus empressés, et come je ne prévois point l'occasion de pouvoir, à recontre, faire quelque chose que puis vous être agréable, je ne vous en exprime par moins le désir, en vous priant d'agréer l'expression de mon sincere et haute considération.

Le Baron de Malzen
Ministre de Baviere

Traducción:

ROMA, 8 DE MARZO DE 1831

Al señor general Santander, Florencia.

   Señor general:

   He tenido el honor de recibir vuestra carta del 2 de este mes, acompañada del autógrafo que me tomé la libertad de pediros, antes de vuestra partida. He agradecido mucho la molestia que os habéis tomado de mi petición y de haberla cumplido. Os envío mis agradecimientos más expresivos y como no tendré ocasión de encontrar alguna cosa que pueda seros agradable, os expreso por lo menos el deseo, y os pido aceptar la expresión de mi sincera y alta consideración,

Barón de Malzen
Ministro de Baviera

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2305, p. 132.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 483.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

136
Firma: TOMÁS JENER

NUEVA YORK, 31 DE MARZO DE 1831

Señor don Francisco de Paula Santander.

   Mi muy estimado amigo:

   Llamóle a usted mi amigo porque la mejor prueba de amistad es la confianza, y usted me acaba de dispensar la suya; y mi muy estimado, porque hace años que estimo y venero los gloriosos servicios que usted ha hecho a la causa de la libertad, a expensas de riesgos y sacrificios capitales: está, pues, justificado el vocativo de esta carta. En la de usted del 15 de enero de Roma hay un ceremonioso "muy señor mío", que cambiaría de buena gana por un simple amigo mío. Yo bien sé que este tratamiento no se merece con sólo actos de justicia, pero usted que ha iniciado nuestra correspondencia con tanta generosidad y que me ha prodigado tantas honras en la carta a que contesto, ¿no podría fiarme el tratamiento que deseo, y exigirme todos los actos de amistad que quiera para merecerlo? A buena cuenta, el mismo día que recibí una carta de usted para Cartagena que me recomendó nuestro amigo García, la encaminé a su destino; y si la que usted me mandó directamente no ha salido hasta hoy es porque desde que la recibí hasta hoy no ha salido buque para aquel puerto. Decirle que si me mandan respuesta le daré la dirección que usted designa, es superfluo.

   Cuando usted me anunciaba que vendría a los Estados Unidos el año entrante, usted ignoraba que ya no existía el déspota que acrisoló el patriotismo de usted; mas ahora que ya lo sabe ¿no anticipará usted este plazo? Es verdad que la facción boliviana tiene todavía algún poder; pero ya la reacción ha estallado en varios puntos de Colombia, y según las cartas que Mosquera me ha enseñado, será muy pronto general y por consiguiente si el día de la justicia está tan cerca, usted debe venir cuanto antes a recoger lo que le toca. Aquí encontrará usted noticias que le convendrán y un orden de cosas más interesante para usted y tan digno de estudio como el de Europa. Aquí encontrará usted también algunos paisanos estimables y muchas personas que desean conocerlo; pero ninguna con tanto ardor como su apasionado amigo,

Tomás Jener

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2166, p. 397-398.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 330.

137
Firma: MANUEL MARÍA MOSQUERA

PISA, 7 DE ABRIL DE 1831

(Contestada el 26 de abril de 1831, París)

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy respetado general y señor:

   Tengo el placer de cumplir mi oferta de escribir a usted participándole las noticias que tengo de Joaquín. Ellas alcanzan hasta el 24 de febrero, de cuya fecha es la última de sus cartas que he recibido; y aunque en todas me manifiesta sus deseos de venir a Europa, no se había resuelto aún este viaje, aguardando a recibir cartas mías y las noticias más recientes del estado político de la Francia, donde debería permanecer en caso de determinarse a visitar segunda vez una parte de este continente. Yo espero que informado de la política del gabinete de Palais Royal, que después del último cambio del ministerio ha venido a ser bastante explícita en favor de la paz, no vacilará en tomar la resolución de dejar los Estados Unidos, con la esperanza de no venir a un país que sea teatro de una guerra encarnizada. Le he dado noticias muy circunstanciadas de usted y de su pensamiento de permanecer algún tiempo en París; y estoy cierto que podrá contribuir mucho a animarlo a un viaje que le proporcionará la satisfacción de ver a usted y de conversar largamente sobre nuestro país. Las noticias que yo tengo de él no son ni muy recientes ni tan detalladas como es regular que las reciba usted por el último paquete inglés, cuya llegada estaba anunciada en Londres para el 4 o el 5 del corriente. Pero diré a usted sumariamente lo que sé.

   Venezuela era aún turbada por propensiones parciales a la insurrección, pero su gobierno se ocupaba de sofocarlas y de ponerse cuanto antes de acuerdo con las dos secciones del centro y del sur. El general Fábrega despojó a Espinar del mando civil del istmo, pero éste quedó de comandante general subordinado. Pasto, Popayán y la Buenaventura se han agregado al sur, cuyo gobierno había resuelto prestar auxilio de fuerzas a Obando para resistir cualquier acontecimiento de parte de Bogotá sobre el Cauca; y entretanto estalló en Guayaquil una nueva revolución promovida por el general Luis Urdaneta, en favor del general Bolívar y Flores tuvo que convertir su atención hacia allá. No se dice aún el resultado de esa nueva campaña. Se aseguraba que aunque la asamblea de Buga estuvo en su mayoría por reconocer el gobierno de Bogotá, vendrían al fin los demás pueblos del Cauca a adherirse con Popayán al sur. De Bogotá escriben que el general Urdaneta trataba de convocar un congreso granadino o del centro.

   Deseo que el viaje de usted sea muy feliz. El pronto término de las revoluciones de Italia nos deja en libertad a Arboleda y a mí para dar nuestra vuelta proyectada y saldremos para Roma el 25 del corriente. Arboleda me encarga de presentar a usted sus respetos y asegurarle de su muy constante consideración y aprecio. Con iguales sentimientos me honro yo de protestarme de usted muy atento y muy obediente servidor,

Manuel M. Mosquera

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2876, p. 397-398.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 345.

138
Firma: ERNESTINE TENZE

S. ANDREA, 30 AVRIL 1831

   Je suis infiniment reconnaissante mon Général pour l'aimable et obligeante lettre que vous m'avez ecrit et pour les Sentimens d'amitié que vous conservez pour moi et pour ma famille. Je vous assure que vous en avez bien la réciprocité et pour mon compte, et celui de mon mari et de tous. Outre un Sentiment pur et sincère je vous avoue que j'ai même un peu de vanité de compter dans le nombre de mes amis un homme comme vous. Je ne pourrais cependant que faire de voeux pour votre prospérité et pour le bonheur de votre patrie auquel deshormais je m'intéresse et qui me sera encore plus cher si je vous verrai y figurer; en cas contraire je désire du moins de vous revoir dans la tranquille Florence.

   Je suis à la càmpagne avec ma famille depuis le commencement de ce mois, et nous y resterons jusque à la fête de Dieu; nous avons été jusque a présent bien contrariés par le mauvais temps, et particulièrement ma filie qui est empêchée par la saison de faire depromenades à pied, ce qu' Elle aime extrêmement.

   Rien au monde me sera aussi agréable qu'une visite que vous ferez à mon fils à Londres et une lettre dettaillée que vous m'envirez après l'avoir vu et examiné phsiquement et morallement. Son adresse la me voicy, M' Horace Tenzin, D' Jamieson School, Wykes-house, Sionhill près de Brentford à huit mille de Londres.

   Mon mari et toute ma famille me chargent de vous dire mille choses de leur part. J'attends votre lettre de Londres avec la plus grande anxiété; ne me cachez pas surtout quelque mauvais côté soit phisique soit moral, que votre oeil connaisseur des hommes pourrait découvrir. Je suis mon Général avec le plus grand attachement et considération la plus distinguée, votre très obéissante Servante.

Ernestine Tenzi

Traducción:

S. ANDREA, 30 DE ABRIL DE 1831

   Le estoy infinitamente agradecida, mi general, por la amable y atenta carta que me ha enviado y por los sentimientos de amistad que conserva hacia mí y hacia mi familia. Le aseguro que la reciprocidad es total, tanto de mi parte como de parte de mi esposo y de todos. Además de un sentimiento puro, debo confesarle que siento también un poco de vanidad al contar entre mis amigos un hombre como usted.

   Sin embargo no podría sino hacer votos por su prosperidad y por la felicidad de su patria; felicidad por la cual de ahora en adelante me intereso y que me será todavía más cara si lo veo jugar un papel importante en ella; en el caso contrario deseo por lo menos volverlo a ver en la tranquila ciudad de Florencia.

   Estoy fuera de la ciudad con mi familia desde el principio de este mes y nos quedaremos acá hasta la fiesta de Corpus Christi. Hasta ahora nos ha disgustado mucho el mal tiempo, particularmente a mi hija a quien la estación impide hacer las caminatas que tanto le gustan.

   Nada en el mundo podría serme más agradable que la visita que hará a mi hijo en Londres y la carta detallada que me enviará después de haberlo visto y examinado tanto física como mentalmente. Su dirección es la siguiente: Señor Horace Tenzi, Dr. Jamieson School, Wyke-house hill, cerca de Brentford, a ocho millas de Londres.

   Mi esposo y toda mi familia me piden enviarle mil saludos de su parte. Espero su carta de Londres con la mayor ansiedad; sobre todo, no me oculte ningún aspecto negativo, bien sea físico o moral, que su ojo, conocedor de los hombres, pudiera descubrir. Soy, mi general, con el mayor afecto y la más alta consideración, su muy obediente servidora,

Ernestine Tenzi

Verona
Para ser entregado
Al señor general Santander
por el señor Rougemont de Lowemberg
París

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original No. 127/8 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República. Bogotá.

139
Firma: GEO H. ENET

HAMBURGO, 4 DE MAYO DE 1831

Señor general Santander.

   Estimadísimo amigo y señor mío:

   Muchísimo gusto me ha dado usted por su apreciable carta de 13 de marzo, de Milán, de la cual le doy infinitas gracias. Esta carta ha ido de mano en mano, ha hecho la ronda con sus amigos y ha sido recibida según merece.

   Muy bien creo que usted está contento de su viaje en Italia; ha de ser un país a propósito para los conocimientos y los sentimientos: pero el carácter nacional me parece todavía tan poco establecido que, como se ha visto, no saben los italianos conseguir su libertad. Tiene el país y el clima alguna semejanza con la patria de usted; los menesteres son pocos y la tierra liberal, pero hay una diferencia muy grande, que no tiene caracteres altos y enérgicos para dirigir la fuerza y el espíritu nacional. Usted por su intención de no volver todavía a Colombia, da una prueba de que su patria no falta de hombres verdaderamente patriotas que saben sacrificar todo en interés del país.

   Los papeles públicos hablan de que se prepara usted a volver a Colombia; esta novedad me causa mucha pena, porque si usted volviera directamente de Francia, careceríamos aquí del gusto de verle otra vez y quien sabe si el océano no nos separará para siempre. Es un sentimiento muy particular de haber hecho el conocimiento de personas distinguidas que, como usted, saben granjear la amistad de todos: causa mucho gusto, pero cuando se trata de separarse para no más verse, seguramente es muy diferente. Pero así está el mundo, todo aparece para desvanecerse. Sin duda tomará usted mucho interés en las cosas de la Polonia; esta nación se muestra verdaderamente grande: no hay partidos, intereses particulares, ni celos opuestos. El celo es común a toda la nación, todos quieren ser libres o morir, si no vencen conocen su destino, y es un combate sagrado en que se lanzó la nación. Deseo de todo mi corazón que sean vencedores. Será bueno para la Europa entera y bien lo merecen los poloneses.

   Los motivos de los belgas no han sido tan puros, ni sus procederes tan libres de los males de que generalmente sufren las revoluciones; necesitan un rey que siendo amigo de la libertad tenga la fuerza de mantenerla en su limpieza. Hay muchos y poderosos partidos.

   Nuestro pequeño estado goza de un sosiego profundo, completamos el contingente de tropas según las prescripciones de la confederación alemana, pero dudo mucho que jamás marchará este ejército, sería un libro de muestras diferentes de traje y espíritu, y no podrá hacer algún bien.

   El gobierno francés sigue un plan, según mi parecer, muy sabio, y ya ocupa de nuevo el puesto que le conviene, no tendremos guerra. En mi familia todo está bueno: mi señora cuenta aumentar el número otra vez en algunos meses, aunque el último ya había de quedar el último. La señora Ruperti dio a luz un hijo que, aunque de hallarse bueno, murió algunos días después.

   Todos los amigos de usted se reúnen conmigo en los deseos más sinceros para su bienestar en cualquier respecto: y yo en particular le ruego que sea el que fuere su destino, se digne de honrarme con su memoria y su amistad lisonjera, haciéndome el favor de mandarme cuando mis servicios pudieran serle de alguna utilidad.

   Quedo como siempre de usted el más seguro servidor, venerador y amigo, que besa su mano,

Geo H. Enet

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1774, p. 336-337.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 493-494.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 349.

140
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

ANTIOQUIA, 22 DE MAYO DE 1831

 Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado y más querido amigo:

   Cuando ésta llegue a sus manos ya habrá tenido usted el gusto de saber la multitud de ocurrencias que han tenido lugar en varios puntos de la Nueva Granada por los cuales queda restablecido el orden constitucional y sus legítimos magistrados.

   ¡Qué momentos estos para que una cabeza como la suya emprendiese la organización de este país! Ningún momento se ha presentado tan favorable después del aciago año del 26; pero el señor Caycedo que se ha encargado de la administración, en ausencia del señor Mosquera (que se halla en los Estados Unidos del Norte) y ni este mismo son hombres para gobernar en estas circunstancias. En las capitulaciones que acaban de celebrarse entre los señores José Hilario López, coronel Joaquín Posada y Pedro Mosquera de parte del señor Caycedo, y de José María del Castillo, Juan García y José Jiménez por las del general Urdaneta se conoce bien que (...) estamos sin cabezas que sepan aprovecharse de las ventajas y triunfos del partido liberal. Las capitulaciones deshonrarán siempre a sus autores a los ojos de todos los que sigan las desventajas y absoluta debilidad moral y física con que se encontró al partido débil. Por ellas son garantizadas las propiedades, honores, empleos, vidas y grados de mil militares, y más (...) generalatos concedidos por el intruso gobierno, yo no creo que el vicepresidente esté autorizado constitucionalmente para tanto, pues sólo el senador puede conceder los grados superiores. Por las capitulaciones se dice que se reunirá la convención granadina; pero no se dice que deberá componerse de los diputados, electos ya bajo las intrigas y amenazas de los agentes de la tiranía que todos son más que admirables. Si esto es así una nueva guerra va a asegurarse, quizás más desastrosa. Córdova que manda este departamento, avista (...) prodigiosa revolución, acaba de convocar una nueva asamblea departamental que, mañana deberá instalarse en Medellín. Ella, en mi concepto, no tendrá por objeto sino desconocer las citadas capitulaciones y Dios sabe si también la autoridad del mismo doctor Caycedo que se asegura se ha encargado por nombramiento que hizo en él el, (...) consejo de Estado (del general...) y así es que Córdova que se ofrecía gustoso y muy voluntariamente el departamento y sus servicios luego que supo que como vicepresidente y por ausencia del presidente se había encargado constitucionalmente del mando supremo; ahora y después que se halla en Bogotá Rebellón por el citado consejo de la autoridad parece que trata de desconocerlo. Pronto sabremos la verdad y en otra ocasión le diré el resultado. Lo ocurrido en Cartagena ya usted debe saberlo; aquí por noticias bastante privadas pero no oficiales porque no ha venido correo de aquella plaza, se sabe que Montilla y Juan de Francisco la entregaron por capitulación al general Luque y éste ha reconocido al señor Caycedo como vicepresidente. Quién sabe si cuando sepa lo ocurrido en Bogotá hace lo mismo que Córdova, y Dios sabe dónde iremos a parar con estas jaranas. Si algo desagradable sucediese el vicepresidente Caycedo tendrá la culpa de todo, pues concedido lo que no pudo ni debió y en circunstancias que sólo Bogotá y (...) con pocas tropas no estaban por él en toda la Nueva Granada. Baste de noticias que sabrá mejor y más (...) cuando reciba ésta, pues no habiendo venido correo, hace muchos días, ni de Bogotá ni de ninguna otra parte que de Medellín nada puedo decir con exactitud.

   Por mi anterior sabrá de las persecuciones en Bogotá del general Urdaneta quien entre más de lo desterrado hizo salir para Cartagena a Rendón que estaba encargado de algunos intereses que deben mandar por (...). R. Santamaría a manos de Núñez a Cartagena y que no lo hicieron por los trastornos ocurridos en todos los pueblos al tránsito y también por el destierro del señor Núñez. Como hemos tenido correo de Bogotá no sé qué suerte habrá corrido Rendón que se vino hasta Nare y sabiendo allí que Honda se había pronunciado contra Urdaneta se volvió. Luego que sepa de él y de Núñez volveré a dar órdenes para que le manden todo el dinero que se pueda conseguir con el que por las ocurrencias dichas dejaron de mandar. Ya he dicho a usted en mi anterior que he mandado a Núñez $6.700, que tengo recibo de $6.200. La última remesa fue de $900 que son los que no sé si llegaron: pero creo que no se habrán perdido. Los que sí creo que se hayan perdido son $ 1.015 que me mandaron en pesos fuertes de Bogotá para entregar aquí por igual cantidad que me dieron allí en doblones dos individuos de esta condición de que fuese de mi suerte y costo la remisión de la plata; pero esta pérdida, en caso de que se realice, no es de cuenta de usted y yo debo reponer la cantidad. En mi anterior que seguramente se habrá perdido contesté a las preguntas de su apreciable fecha 23 de noviembre en Florencia: y por si así hubiese sucedido, repítole que siento que algunas de mis cartas en que he informado a usted de sus cosas se hallen extraviadas, si así no hubiese sucedido, usted estaría al cabo de los proyectos de hacienda en los años 29 y 30. Yo siento no estar en Bogotá para satisfacer sus deseos a satisfacción de usted y mía; pero sin embargo le diré que productos de los dos años dichos, sólo han entrado en mi poder $2.500, el resto de ellos lo debe Cuéllar, pues a pesar de que yo le cobré repetidas veces y después que me vine a ésta, lo han reconvenido Rendón y Santamaría nada han podido conseguir de él. Creo que debe como cinco mil y pico de pesos. Tiene sobrado con qué pagar; pero en las actuales circunstancias no es posible vender nada y es la razón porque dice que no le es posible pagar. Me ofreció un ganado gordo y trigo que sí tiene bastante; pero no es sino dinero lo que se necesita. Yo espero que pasados estos trastornos, podrá pagar al menos así lo ha ofrecido.

   De sus deudores sólo Miguel Ibáñez pagó el resto de su cuenta y Rosas dio los pesos. De resto nadie más ha dado nada, ni nada más he recibido para su cuenta.

   Ya he escrito a Rendón, por si mi carta le hallare en Bogotá para que recorte las cuentas y se las remita, y también para que disminuya la mesada de los señores Santanderes a la mitad de lo que se les ha dado. Anteriormente, he escrito a usted la ruina a que los señores Mares, Justo Briceño (...) y otros nos han reducido por haberse comido casi todo cuanto teníamos en el salitre; quinientos novillos gordos fue la primera presa. ¡Ay mi amigo sólo Dios sabe mi sentimiento por no tener dinero para mandárselo, y, que viajase sin escaseces!, como ha de ser, ¡paciencia!, se marcha el correo que no hay, hará como siete meses. Murió también la bella Teresita mujer de José Manuel y le ha dejado un hermoso niño. Pacho está en Rionegro y con todos sus mejores amigos. Se reúnen para suplicarle se acerque a tomar la parte de sus talentos, sus luces, su probidad, su patriotismo (...) le dan en nuestra regeneración. Reciba usted de todos la amistad más sincera y particularmente la de su verdadero, constante y agradecido amigo, su servidor, quien besa su mano,

Juan Manuel Arrubla

Al señor general Francisco de Paula Santander.
París de Francia.

FUENTE EDITORIAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 149, p. 261-264.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 326.

141
Firma: MARÍA DE SANTANDER

SAN JOSE, 22 DE MAYO DE 1831

   Mi apreciado compadre:

   En contestación a su apreciable digo que no sabía a qué atribuir su silencio, pues le tengo escritas tres cartas más, después de esta última que me acusa; no podía creer que vuesamerced ya se hubiese ido de esa capital porque los papeles públicos que constantemente he recibido venían sus rótulos de letra de vuesamerced, mas como la maledicencia está en todo su vigor, no extraño que conociendo mi letra les haya dado la curiosidad de saber su contenido, pues por esa carta que le incluyo verá hasta dónde llega la degradación de hombres que se afanan noche y día buscando medios de elevarse a costa de la destrucción de los hombres honrados y pacíficos, digo así, pero día llegará en que se aclare la verdad y cada uno mire las cosas en su verdadero punto de vista, y se le haga justicia que demanda la razón, pues hasta ahora no se ve más que mentiras apasionadas y farsas mal urdidas, como verá el anónimo que le acompaño, que de Pamplona lo mandaron a la administración del Rosario; algunos creen es obra de los García y también de los Peraltas y otros casi afirman, es de Barbosas y que la letra es de su mujer, pero ello es que de éstos no pasa, porque tienen datos muy positivos en qué fundarse.

   Varias familias de Maracaibo han llegado y he preguntado por su familia y todos dicen está sin novedad y en paz.

   Siento como es debido que a Luis le haya salido coto, opóngase vuesamerced absolutamente a que se le administre de el Yodín ni tomado, ni untado, mas la esponja bien calcinada el peso de un cuartillo en vino seco en ayunas, si este remedio está experimentado que es mejor que el otro, y que no causa malos efectos tomado con método, es decir, purgándose de cuando en cuando y refrescándose con aguas propias de dulcificar la sangre; este será el remedio que le aplicarán hasta que no le quede ni resquicios de tal coto, y que le hagan hacer ejercicio.

   Pepita Montovio y yo damos a vuesamerced las más afectuosas y sinceras gracias por sus buenos deseos en obsequio de ellos y ansiamos porque vuesamerced nos ocupe con la franqueza que debe.

   El trimestre de Lucito que vuesamerced nos anuncia ha pagado, irá en este o el otro correo, lo cubrimos pronto porque lo hay ahora, si no lo hubiera para después vuesamerced tendrá la bondad de aguardar.

   No sé si encontraré la constitución que vuesamerced me pide, estoy haciendo los más fuertes por conseguirla. Aquí nadie la tiene, pero su compadre, que está en San Antonio y a quien le ha mandado su carta, está empeñado buscándola, y creo que por medio del general Piñango, que es el que manda la fuerza que se halla en la línea, se la conseguirá, y la mandaré inmediatamente. Acaba de llegarme peón de Herreros; y en contestación al consejo que vuesamerced le da, de que se venga a su casa, me dice, así: Yo no debo pasar al Táchira, el consejo de mi compadre nace de su corazón, no de su entendimiento, conozco el espíritu que lo anima y lo agradezco como debo; mas mi resolución es a mi modo de ver las cosas, mucho más acertada; puede que yo me equivoque, pero hay muchos datos para que acierte. A más de que Venezuela... qué sé yo; me advierto que me extiendo a mi pesar sobre cosas que yo no acostumbro hablarte, y sin embargo añadiré una palabra, ¿tú crees que si yo estuviera en Cúcuta, y descubriera al autor del anónimo en que nos mezclan a nosotros, viviese en Pamplona, o en el Rosario o en otra parte, quedaba impune?

   Remito unos papeles de Venezuela, que si gusta la seguiré mandando. Reciba mil afectos de toda esta su casa con el invariable que le profesa su comadre,

Firmado:
Mª de Js. Santander

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 497-498.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Cartas y mensajes de Santander. Bogotá, Voluntad, 1955, t. 8, carta No. 2815, p. 200-201.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1932, t. 24, p. 334.

142
Firma: PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN

PARIS, l° DE JUNIO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general:

   Al momento que recibí la estimable carta de usted, fecha 26, pasé a su casa, pero eran las once de la mañana del 27, y ya usted se había ido. Sentí infinito no haber podido darle las gracias personalmente por la bondad que tuvo en comunicarme las noticias que recibió de nuestra pobre Colombia.

   Yo me había figurado que la cuestión entre Urdaneta y Flores se reducía solamente al departamento del Cauca, pero según lo que usted me dice y lo que han anunciado después los diarios, las pretensiones van más allá, y a mi modo de pensar, eso es lo que hay ahora de más consideración en la Nueva Granada. Estoy deseosísimo de adquirir algunos detalles que me expliquen las bases de estos dos partidos y sobre todo el pormenor de la alianza de Flores con Obando. Mientras tanto la sangre colombiana se derrama indignamente en el departamento del Magdalena y algunos de nuestros militares no se ruborizan de imitar fielmente a los pretorianos de Roma desentendiéndose enteramente de la voluntad soberana del pueblo.

   No me atrevo a prever cuál sea el desenlace de tantos partidos como se han formado escandalosamente y que no puedo decir que yo conozco porque su nacimiento o, mejor diré, sus alteraciones, modificaciones y subdivisiones han tenido lugar después que yo falto de Colombia; y aunque conocí bien a los hombres que las componen, tal vez sus opiniones no son hoy lo que eran antes. Todo se ha complicado tanto que nuestros cálculos no tendrán más probabilidades que la que uno tiene para preferir un número de bisbís o lotería. La suerte sola es la que va a decidir sobre la organización de nuestro país.

   La reacción de Venezuela está ya sostenida por la mitad de su territorio; el departamento de Guayanas se había sometido gustosamente y sin que se derramase una gota de sangre a la intimación de Monagas, y todas las cartas que han venido de allí están unánimes en anunciar una revolución en Caracas y la caída del general Páez.

   Consérvese usted con la mejor salud, mi querido general, dígnese aceptar los sentimientos de respeto y estimación con que soy su muy obediente servidor,

Pedro Alcántara Herrán

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2123, p. 320-321.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 352.

143
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

NUEVA YORK, 1° DE JUNIO DE 1831

(Contestada de Londres el 4 de julio de 1831)

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy apreciado amigo y señor:

   Desde mi llegada a esta ciudad había deseado saber la residencia de usted y aún más, que usted se resolviese a venir aquí para anticiparme el placer de verlo más pronto. Ahora por la muy estimable de usted de 13 de abril (de París) he tenido la satisfacción de saber de usted, aunque sin la esperanza de verlo en algunos meses, pues pensaba usted permanecer algún tiempo en París y pasar luego a Londres para estudiar las instituciones inglesas, después de haber visitado la más importante parte del continente. Deseo a usted que pueda cumplir sus deseos y que goce de salud y de cuanta felicidad es posible fuera de la patria.

   Usted dice que no quiere hablar de los sucesos que me han traído a Nueva York y yo no contrariaré la voluntad de usted por no molestarle hablando de mí mismo. Por otra parte, bien poco podría decir de la que yo llamé una desgracia, desde que me vi forzado a presidir una tempestad que casi acaba con mi existencia. Yo no podía variar ni dirigir los acontecimientos, que eran de suyo independientes del poder humano. Los colombianos amigos de un gobierno de leyes han aprobado mi conducta; y no habiendo perdido mi reputación de hombre de bien, he salvado lo único que tenía y lo único que puede ser objeto de mi modesta ambición.

   Por las últimas noticias de Colombia venidas por Jamaica, sabemos que Montilla se rindió por capitulación, entregando la plaza a Luque, y que Urdaneta se había visto obligado a dejar el mando en Bogotá, en cuyo caso había sido llamado a ocuparlo el señor Caycedo. Remito a usted el Morning Courier de ayer que las contiene aunque sin detalles. Con estos sucesos parece terminada la revolución que empezó en 1826. No puedo prever lo que harán ahora los hombres influyentes, ni adelantar más hasta que recibamos comunicaciones directas de Colombia. Hasta ahora lo que ha sido más generalmente aprobado es el proyecto de una federación o confederación de tres estados para salvar la integridad y el nombre de Colombia en la forma que sea posible. Otros opinan que esta unión no puede durar y que sería mejor una federación de cinco estados. Para estos proyectos sirve de obstáculo el partido de Peña en Venezuela, que parece aspirar siempre a formar una nación independiente de aquel país. El departamento del Cauca se ha unido al Estado del Ecuador. El Magdalena va a convocar una convención departamental, y hay muchos que opinan que deben separarse de Bogotá. El istmo está como don José Gabriel Pérez, que no sabe lo que quiere, y dominado por Espinar. Mucho temo que Colombia siga la suerte del Río de la Plata.

   Los desórdenes de América me han retraído de pasar a Europa, porque no me diga alguno en mi cara que nos falta la aptitud de gobernarnos por nosotros mismos. Me arredra la idea de confesar el estado de disolución en que estamos, y no puedo todavía anticipar nada favorable. Aún aquí en los Estados Unidos hay muchos que dicen que no merecemos la independencia, ni podemos ser gobernados sino despóticamente. Tengo a veces la idea de enterrarme en un país del interior. Sin embargo, no me quejo en cuanto a mi suerte personal, porque trato lo mejor del país y se conducen bien conmigo. Pero yo prefiriera hallarme en una choza en Colombia, con tal que me dejaran quieto en ella.

   Adiós, hasta otra ocasión. Me repito siempre de usted afectísimo amigo y servidor que besa su mano,

Joaquín Mosquera

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2830, p. 310-312.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 351.

144
Firma: FLORENTINO GONZÁLEZ

VALENCIA, 8 DE JUNIO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido general y amigo:

   Después de una separación tan larga, ésta es la vez primera que me dirijo a usted, no porque antes me hubieran faltado deseos de hacerlo, sino porque no sabiendo el paradero de usted, nunca me lisonjeé que mi carta llegase a sus manos. Cierto ahora de que sucederá, me es en extremo grato hacerlo, ya por ocuparme de usted a quien profeso la amistad más sincera, ya para darle noticia de mi existencia, y ya, en fin, por comunicarle el triunfo de la libertad en la Nueva Granada.

   Mi salida de Cartagena fue una de aquellas casualidades que suceden en las revoluciones. Cayó Bolívar, el nuevo gobierno me mandó poner en libertad, y Montilla creyó deber obedecer la orden. Hízolo así, y yo volví a ver el mundo después de diez y ocho meses de mortales agonías, en medio de las privaciones, de la incomunicación y de todo lo que usted sabe que me hicieron sufrir. Salí a Jamaica, vine después a Venezuela, marché luego (Sigue Nota del Editor...), cuando ya había pisado su territorio, una traición echó a tierra el gobierno legítimo y yo tuve que volver y tomar de nuevo el camino del destierro. Vine a ésta, y el gobierno me empleó en la redacción de la gaceta. Este destino me proporcionaba hacer algo en defensa de la libertad y yo hice cuanto pude mientras mi salud me lo permitió. Esta es muy mala de tres meses a esta parte: no puedo consagrarme a escribir y no es sino con mucha pena que trazo estas líneas. Creo, sin embargo, restablecerme antes de un mes, y me marcho inmediatamente para la Nueva Granada.

   Caycedo manda allí después de haber triunfado la libertad. Este triunfo no ha sido tan completo tal vez por debilidad de ese señor. Han quedado allí los mismos que promovieron los trastornos de agosto pasado, y no puede menos de haber en esto grandes peligros para la libertad. Creo, sin embargo, que ellos pueden evitarse si a la prudencia de Caycedo se agrega algún tanto de energía en el ministerio. La una no excluye la otra.

   Convendría mucho que usted viniera a este país. Usted tiene en él muchos amigos y se cuentan entre ellos a los que un día fueron sus mayores enemigos. El tiempo y los sucesos los han desengañado. Si aún aparecen en los papeles públicos algunas expresiones injuriosas, son de hombres sin concepto, como Level de Goda y Escuté; pero la parte sana lo ama a usted como al único hombre que ha hecho algunos bienes a Colombia. Yo he andado la mayor parte de Venezuela, he tratado a los hombres, yo conozco su modo de pensar. Si esto me basta para decir a usted que debe venir, creo que estoy autorizado a hacerlo.

   Lleras debe tener la colección entera de la Gaceta de Venezuela; yo le escribí para que la tenga a disposición de usted a fin de que se impongan del estado de este país. En esta última contienda entre los perturbadores y los amigos del orden, parece que triunfarán éstos: los facciosos de oriente tienen muy pocas fuerzas y Páez los ataca con un ejército brillante y entusiasta por las leyes. El gobierno tiene energía y está resuelto a extirpar a los amigos de la rebelión.

   Adiós, mi querido y respetado amigo; contésteme (Sigue Nota del Editor...) me causará más placer que ver una carta suya (Sigue Nota del Editor...) le soy aún deudor de su amistad e imponerme por usted mismo de lo que ha pasado por usted desde nuestra separación. Yo he profesado a usted siempre el más sincero afecto y aún en los días más amargos de mi tribulación jamás lo olvidé un momento. Reciba usted el afecto con que soy su adicto, apasionado amigo,

Florentino González

   Posdata. Creo que verá usted al señor Mosquera y me permito recomendarle se sirva saludármelo de mi parte. Soy reconocido y tengo motivos para serlo con este señor.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2021, p. 170-172.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 354.

TOMO IV


145
Firma: VICENTE AZUERO

BOGOTA, 14 DE JUNIO DE 1831

   Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido y pensadísimo amigo:

   Al fin cayeron nuestros tiranos y hemos vuelto a ser libres. El entusiasmo y alzamiento de los pueblos ha sido más general y más extraordinario que el año de 1819. El convenio de Apulo, y más que todo, la imbecilidad de Caycedo, su decidido empeño en amparar y aun recompensar a los enemigos de la patria, ha frustrado en una gran parte esta hermosa transformación, que en manos menos torpes debiera tener resultados tanto o más brillantes que la del año de 1819. Casi el mismo día en que se firmaba el convenio de Apulo, obtenía Moreno una inmortal victoria en Cerinza con la mitad menos de gente que sus enemigos Briceño y Patria y con todos sus llaneros a pie con lanza en mano. Aquí se distinguieron Calixto Molina, José María Gaitán, José María Vargas y Pablo Durán.

   Esta ciudad está plagada aún de casi todos los caudillos de la infame jornada del Santuario, y de mil traidores no sólo naturales, sino también venezolanos y extranjeros. Cuantos esfuerzos hemos hecho con Caycedo para que eche a estos malvados y tome unas medidas de justicia y seguridad, han sido completamente infructuosos. Largo tiempo han continuado despachando el mismo consejo y ministerio de Urdaneta, y, para mejor componerlo todo, se había encargado a Castillo el ministerio del interior. Siquiera a costa de mucho trabajo, hemos obligado a algunos de ellos a que renuncien.

   Obando, José María, está encargado del ministerio de la guerra, y este sujeto es de quien tenemos más esperanzas de que haga bien la cosa. López es el comandante general de la fuerza. El doctor Restrepo, don Félix, está encargado ha dos días del ministerio del interior, el que es inútil. Márquez está llamado al de hacienda. Yo al fin me resigné a admitir una plaza en el consejo, se me posesionó anoche. El doctor Diego Gómez, también consejero, está postrado en cama de un fuerte dolor de costado. Mi hermano, malo de disentería, saluda a usted afectuosamente. Ayer he sabido del doctor Soto por una que me ha escrito desde San José de Cúcuta, adonde acaba de llegar de Maracaibo. Voy a remitirle dos de usted para él, atrasadas, que por una fortuna llegaron a mi poder.

   Su ahijada Indalecia piensa a usted muchísimo; y es tan liberal y patriota como siempre. Todos mis cuñados saludan a usted.

   Viendo el silencio que se guardaba respecto de usted, ya había hecho dos borradores de peticiones, solicitando la venida y llamamiento de usted. La segunda ha sido firmada por una gran multitud de sus amigos; y Frigos me dice remite a usted una copia. También tuve la fortuna de que me encargaran un borradorcito de decreto llamando a usted y a todos los proscriptos ilustres. Sé que fue aprobado por Obando y Caycedo, y han quedado de que seguirá por el correo de esta noche. Desde el momento que usted lo reciba, no difiera un momento su viaje, es indecible la falta que nos hace: hay mil elementos de desorganización; los venezolanos tienen miras secretas respecto de este país; las tiene Flores y hay proyectos de estaditos miserables, etc.

   Los cortísimos alcances de Caycedo y la falsa marcha que ha emprendido dan pábulo a estos pensamientos, haciendo descontentos. Conviene, pues, que usted vuele, porque su nombre y sus consejos nos servirán infinitamente.

   Tengo carta de Pacho Campuzano en que me avisa que en Antioquia iba a reunirse una junta de diputados, que entre otras cosas delira pedir el llamamiento de usted. Esto mismo se está haciendo en el Socorro, Tunja, etcétera.

   No tengo tiempo para más. En el siguiente volveré a escribir a usted y también a mi buen amigo el presidente Mosquera, que nos ha hecho mucha falta en estos momentos y que es hombre excelente.

   Soy como siempre su apasionado amigo que lo abraza sinceramente,

Vicente Azuero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 178, p. 346-348.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 356.

146
Firma: DOMINGO CAYCEDO

BOGOTA, 14 DE JUNIO DE 1831 21°

República de Colombia ministerio de Estado en el departamento de guerra y marina, ramo de guerra, sección central.

Domingo Caycedo, general de brigada, vicepresidente de la República encargado del poder ejecutivo, etc.

Considerando:

   que el general de división Francisco de Paula Santander es uno de los ciudadanos más beneméritos de Colombia, que desde sus primeros años empleó su talento, y servicios en favor de la causa de su independencia, y que después la gobernó un largo período en calidad de segundo magistrado, encargado del poder ejecutivo con acierto, reputación y gloria.

Considerando:

   que después de una carrera sembrada toda de merecimientos y llena de servicios eminentes, fue solamente por la inflexibilidad y denuedo con que defendió los fueros y libertades del pueblo que se le despojó de los grados y honores en premio de sus servicios y fue condenado a los tormentos de la expatriación.

Considerando:

   que habiendo por fin triunfado a causa de los pueblos, es uno de los primeros deberes, no menos de justicia que de gratitud nacional, reparar tanto agravio y dar una satisfacción pública al que ha sido víctima de esta santa causa.

Considerando:

   que los propios motivos de justicia y de gratitud deben obrar respecto de todos los otros ciudadanos beneméritos que han sufrido proscripciones en consecuencia de su consagración a la libertad o de sus esfuerzos para resistir a la opresión y respecto de los que se han visto en la necesidad de abandonar su patria por temor a la tiranía.

Decreto:

   Artículo 1°. El general de división Francisco de Paula Santander queda restablecido a sus grados y honores militares y a todos los derechos de la ciudadanía, en los propios términos que los gozaba en el año de 1828, antes de su injusta proscripción, que sólo ha sido y será para él nuevo título de gloria.

   Artículo 2°. En consecuencia será invitado a restituirse al seno de la patria y se darán las disposiciones convenientes para su pronto retorno.

   Artículo 3°. Todos aquellos ciudadanos que han sido condenados a presidios a la confinación en alguna isla o provincia, o expulsados de la República en castigo de sus opiniones o de sus esfuerzos por la libertad, quedan igualmente restituidos a todos sus derechos y honores, y las respectivas autoridades les facilitarán los socorros que necesiten para que puedan cuanto antes restituirse a sus domicilios.

   Artículo 4°. El gobierno cuenta con la cooperación de todos los hijos de la patria para trabajar en la consolidación del glorioso imperio de las instituciones liberales y espera por lo mismo que se restituyan al territorio cualesquiera otros ciudadanos que hubieren emigrado de él huyendo de la opresión.

   Artículo 5°. El ministro secretario de Estado en el departamento del interior y justicia queda encargado de la circulación y ejecución de este decreto. Dado en Bogotá a 10 de junio de 1831 21°.

Domingo Caycedo.

   Por su excelencia el vicepresidente de la República. El ministro de guerra y marina encargado ocasionalmente del despacho del interior y justicia

José María Obando.

   Es copia

Obando
(rúbrica).

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/10 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República. Bogotá.

147
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 14 DE JUNIO DE 1831

República de Colombia. Ministerio de Estado en el departamento de guerra y marina, ramo de guerra, sección general, al benemérito señor general de división Francisco de Paula Santander

   Señor general:

   La heroica transformación que acaba de verificarse en casi toda la extensión de la República restableciendo el imperio de las instituciones liberales, ha puesto al hombre en el pleno goce de todos sus derechos; vuestra señoría, una de las ilustres víctimas de los furores del despotismo; vuestra señoría despojado de sus derechos y honores; vuestra señoría arrojado del suelo de su nacimiento; vuestra señoría, en fin, injustamente proscripto, ha sido más grande todavía que cuando al frente de la nación rigió tan sabiamente sus destinos. Hoy su excelencia el vicepresidente expidiendo el adjunto decreto de 10 de los corrientes ostenta al mundo civilizado la justicia que arregla su conducta, los principios que sostiene y el temple de la pública opinión.

   Vuestra señoría doctrinado ya en la escuela de la adversidad regresará a su patria lleno de experiencia a cooperar con sus demás conciudadanos a la consolidación de las mismas instituciones que han costado tanta sangre y tantos sacrificios. El gobierno y la patria se lo mandan: obedezca vuestra señoría y venga a ayudarla con sus consejos y luces.

   Yo al ser el órgano por donde se comunica a vuestra señoría el citado decreto, recibo una satisfacción que sólo puede compararse con la grandeza del objeto.

   Esta feliz oportunidad me hace presentar a vuestra señoría los sentimientos de distinguida consideración y respeto con que soy de vuestra señoría.

   Muy atento y muy obediente servidor,

José María Obando.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/9 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3060, p. 155.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 358.

148
Firmado: DOMINGO CIPRIÁN CUENCA

BOGOTA, 19 DE JUNIO DE 1831

(Contestada el 15 de noviembre de 1831).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy respetado y muy pensado amigo:

   Es con el placer más excesivo y con el interés más ardiente que pueda caber en un corazón verdaderamente republicano y poseído de los dulces afectos de la amistad, que tomo por quinta vez la pluma para saludar a usted y hablarle de esta fracción perteneciente a Colombia.

   ¡Qué vicisitudes, mi general, tan tristes y tan continuadas las que han afligido a este desgraciado país!

   Habíase creído restablecido el imperio de la libertad en mayo de ahora un año, cuando por virtud de los cubiletes del difunto tirano, se retiró éste a Cartagena dejando la dirección de la República en poder de los magistrados que su congreso admirable había electo, pero dejando al propio tiempo amontonado el combustible que con la noticia de su llegada al puerto, debía ser encendido por una mano atrevida. De esta manera fue como apoyados del primer pretexto que se les presentó, dieron el grito de alarma los facciosos; arrebataron y enrolaron en sus filas a ciertos perversos que tenían algún favor de los tribunales y a algunos pocos incautos; intimaron al gobierno legítimo y lograron al fin destruirlo en el infausto agosto pasado. El memorable general Urdaneta, que había logrado embaucar a los señores Mosquera y Caycedo, haciéndoles creer que estaba de su lado, corrió el velo de su proterva hipocresía y se presentó a la cabeza de la fracción triunfante, ocupando la silla presidencial, verdadero objeto de sus maquinaciones.

   Imposible es, mi querido amigo, que se pueda tener completa idea de lo que el general Urdaneta sabe tiranizar un pueblo y del vigor y energía con que hace cumplir sus providencias.

   La muerte, la deportación, la confiscación, la proscripción y las cárceles son palabras para él que, pronunciadas con todo el eco aterrador de un tirano, proporcionan en su interior una satisfacción más completa que la que le resulta a un hábil y acertado médico cuando ha logrado contener con sus aplicaciones los efectos de una fiebre que aproximaba al sepulcro a un pueblo entero. Se le conocía a este antropófago de los granadinos el deseo con que cuidaba de convertir este país en un explayado cementerio.

   Ni los que se han llamado indiferentes en los ministros del culto, y por fin ni la ternura de las mujeres, pudieron escaparse a su bárbara persecución. Todo, todo hubo de sufrir el golpe del hacha de su ferocidad, hasta los jornaleros se vieron precisados a correr a los montes para libertarse de la filiación y fornituras con que se les regalaba y se les obligaba a empuñar el fusil y enderezarlos al día siguiente contra sus hermanos, contra sus benefactores y en todos casos contra su misma patria. Yo, que desde mucho antes había sido con los de mi familia perseguido por el general Bolívar, continuamos siéndolo por Urdaneta, en términos de sepultarnos en un monte a esperar allí la oportunidad de hacerle fuego a este monstruo.

   Fatigados por último los pueblos, y ejemplarizados por la conducta de Popayán, a quien nunca pudo rendir el sátrapa, comenzaron a buscar los medios de sacudir un yugo todavía más ignominioso y pesado que aquel con el cual nos ultrajaron los españoles. La provincia de Neiva obligó por su parte a cantar la libertad al coronel Joaquín Posada, que con una columna de 450 hombres veteranos marchaba por esa villa con el destino de atacar a los generales Obando y López, mientras que Muquirza lo hacía por el Valle, según las instrucciones de Urdaneta.

   En estos mismos momentos nos pronunciamos nosotros en la villa de Ubaté con una fuerza de milicias que pudimos comprometer, y levantamos una guerrilla que jamás lograron batir, aun cuando diferentes ocasiones nos cercaron perfectamente. Se cortó toda correspondencia y logramos apoderarnos de Zipaquirá, desde donde se intimó la rendición a la capital con 500 hombres bien armados, porque se llegó el caso en que los verdaderos republicanos tomásemos las armas y abriésemos una enérgica campaña en defensa de nuestros derechos. A este tiempo se revolucionó la provincia de Mariquita, y fue tomado el punto de Honda sin dificultad alguna. La provincia de Antioquia fue libertada en los mismos instantes por el benemérito Salvador Córdova, hermano del bizarro general José María, de este apellido. Iguales movimientos y en las mismas horas se hicieron en el departamento del Magdalena, acaudillados, como se debe saber, por el famoso general Luque, el cual, viéndose sin patria y sin padre, después de la muerte de Bolívar, volvió caras y apoderándose de la revolución, la capitaneó con suceso para vindicar su reputación perdida y muy bien perdida.

   Con semejante tormenta le quedó a Urdaneta apenas tiempo bastante para pensar en una transacción que le prolongase una vida que por ningún título se debía conservar. Pero mientras que esto sucedía, el célebre general Moreno, a la cabeza de una división de Casanare, penetró en la provincia de Tunja, derrotó al tirano de aquellos pueblos (general Justo Briceño) y aseguró para siempre la libertad de todo ese departamento. Entonces Urdaneta, atolondrado con la multitud de golpes que diariamente recibía en sus estados (porque la batalla del Cauca ganada en Palmira por los generales Obando y López y la de Cerinza por un Moreno, eran dos punzones que habían taladrado su corazón) resolvió entregar la capital y lo verificó en efecto, reconociendo la legitimidad del gobierno en las personas que lo presiden y la santidad de las instituciones que él mismo había hollado ocho meses antes (Sigue Nota Editorial...) restaurada la causa sagrada de los pueblos, y por primera vez disfruta la Nueva Granada de sus derechos con un conocimiento pleno de sus verdaderos enemigos.

   El advenimiento del general José María Obando al ministerio de la guerra ha producido grandes y muy positivos bienes, y ha plantado la confianza en todos nosotros, porque es hombre que, consagrado exclusivamente al triunfo de los principios, se desvela y no piensa ni aun en su propia persona para trabajar por la seguridad de todos, dando con tal objeto tales medidas tomadas con rigor y energía que sin duda por ellas será afirmada la libertad entre nosotros.

   Por último, dentro de tres días se abren las elecciones primarias para el congreso que debe reunirse en septiembre de este año con el fin de dictar la constitución que debe regir a este desgraciado Estado de Nueva Granada: puede usted calcular hasta qué punto estaremos ocupados de actos tan importantes de que depende la estabilidad y la dicha de este suelo regado con tanta sangre.

   Tengo que confesar a usted que ha costado indecible trabajo convencer al señor Caycedo de la necesidad de hacer una convocatoria liberal espléndida no en sus bases, porque había dejado en su vigor la de Urdaneta que solo llamaba los caudales y la edad con exclusión de toda otra cualidad.

   Los viejos, por una desgracia nuestra, han sido el pedestal sobre que se paró el despotismo y han servido de objetos y comparación para dar en rostro a los jóvenes presentándoles por modelo la conducta de estos éforos del absolutismo.

   Por el contrario, son los jóvenes a quienes se les debe en gran parte el restablecimiento del gobierno, porque han tenido toda la firmeza bastante para estrellarse contra los embates del poder, y han sabido sentarse denodadamente en los patíbulos cuando el tirano les ha señalado este asiento en premio de sus esfuerzos por conquistar la libertad de su patria. Parecerá, pues, que debía tenerse alguna consideración por esta clase, principalmente en el conflicto de hallarse nuestras provincias tan escasas de hombres: con este motivo, apenas se ha podido conseguir que fijen la edad de 28 años para obtener esta confianza. Es de la primera importancia la elección de presidente y vicepresidente de la República y es demasiado interesante para que nosotros permanezcamos en inacción con respecto a ella; así como no lo estuvimos en la elección que para secretario del interior había hecho Caycedo en Castillo, primer bribón que no volverá a pararse de su caída mientras existan republicanos en Colombia.

   Todos los habitantes de estos pueblos, es decir, los grandes, los pequeños y los chicos, corrieron inmediatamente donde el señor Caycedo a pedir por medio de una representación que llamase a usted inmediatamente. Ya el gobierno instalado por el general Obando (José María), estaba redactando el decreto de 10 de junio en que se llama a usted de la manera honrosa que todos lo deseábamos y que es al propio tiempo satisfactorio para usted. Acto semejante de justicia y de gratitud era reclamado por los verdaderos republicanos y estaba claramente indicado por la transformación misma.

   No es posible explicar a usted el júbilo que todos hemos manifestado el día que se dio a luz una providencia, que a todos ha colmado de regocijos y que ha expresado la voluntad unánime de todos los pueblos de la Nueva Granada. En esta como en otras ocasiones he tenido la complacencia de poner el primero en manos de mi señora Pepita un ejemplar de este decreto autorizado por el ministro de la guerra para que lo remita a usted, no obstante el que se le ha enviado ministerialmente. Por esta razón yo me conceptúo comprendido como parte en la remisión del que por este correo remita a usted mi señora Pepita.

   Entrañablemente siento no tener palabras de una fuerza tan sentimental en sumo grado como propias de una armonía arrebatadora, para encarecer a usted de la necesidad, de la conveniencia y de la utilidad nacionales que hay en su venida. Pero es una conveniencia que se aumenta en razón de la presteza con que usted se presente en medio de sus compatriotas que deliramos ya, creyéndonos a su rededor.

   Demasiado hemos carecido de su presencia y no es justo que los enemigos de la libertad cumplan su deseo de tenerlo a usted a una distancia tan inmensa, por el maligno intento de anonadarlo. Véngase, pues, usted, mi general y después de haber recibido y palpado las demostraciones que todos los pueblos se atropellarán a hacer en su llegada, quedará usted mejor satisfecho que lo que podría estar el día del aniversario de sus triunfos. Venga usted a descansar de las penalidades de la expatriación en el lecho que para usted consta en su patria, guarnecido de los corazones de todos sus conciudadanos amigos.

   El día que su presencia nos acompañe, ese día, ni la sombra del despotismo osará acercársenos y podremos entregarnos a los encantos y enajenamientos que ofrece siempre la libertad.

   Mil y millares de expresiones sírvase usted recibir de todos los individuos de mi familia, a nombre de los cuales debe usted también recibir el contenido de esta carta, la cual va por duplicado para lograr el que no deje de recibirla, y porque en esta van algunas otras ideas que se me escaparon en la primera, aunque ambas llevan igual fecha. Exijo de usted su contestación para tener el gusto de saber que esta llegó por fin a sus manos.

   Reciba usted por último el afecto más inviolable y sincero que siempre le ha profesado su decidido y muy reconocido amigo de corazón.

Domingo Ciprián Cuenca.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1681, p. 184-189.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 360.

149
Firman: AZUERO Y OTROS

SOATA, 24 DE JUNIO DE 1831

Al señor Francisco de Paula Santander

   Señor:

   Cuando nos preparábamos los infrascritos vecinos de esta villa para dirigir al supremo gobierno nuestras plegarias a fin de que se sirviese reparar una de las más escandalosas injusticias del usurpador que invadió las libertades públicas, revocando la inicua proscripción que a pesar de vuestra inocencia, y sólo en castigo de vuestra incorruptible virtud, estáis sufriendo en países extranjeros, y restituyéndoos a los derechos que os habían granjeado vuestros altos merecimientos, tuvimos el gusto inexplicable de saber que ya el mismo gobierno había prevenido vuestros votos y que os invitaba a restituiros a los brazos de la patria.

   Sin embargo, no queremos privarnos del placer de ser los primeros que os presentamos los sentimientos del extraordinario contento y satisfacción que nos ha causado tan lisonjera noticia; con ella han renacido las más fundadas esperanzas de que esta tierra degradada y reducida a la miseria por el azote desolador de la bárbara tiranía, recobre muy pronto, con vuestra presencia, vuestros consejos y vuestros esfuerzos, su antiguo esplendor y gloria, encaminándose, como en otro tiempo bajo vuestra sabia dirección, por la senda de la virtud, de las instituciones libres y de la felicidad.

   No retardéis, pues, vuestra venida; apresuraos a dar un gran día de júbilo a vuestros compatriotas y muy particularmente a los infrascritos; y no malogréis los momentos de venir a continuar vuestros eminentes servicios a pueblos que os aman y os desean como a su mejor ciudadano.

   Servíos, en fin, aceptar la enhorabuena, los profundos respetos y la afectuosa gratitud de los infrascritos.

   El vicario superintendente del circuito y cura rector, doctor Juan N. Azuero; doctor José Scarpet; Bernabé José Ojeda, Aniceto Angarita, jefe político, Vicente Blanco; Gil Cerrito; el comandante Pedro Eslava; Raimundo Santos, miembro del concejo; Isidoro Sandoval; José Pastor Blanco; Rafael García; José Antonio Hernández; Cupertino Rodríguez S.; Francisco Angarita; Mariano González; Anacleto Ramírez; Pedro Villarreal, administrador de tabacos; José Miguel Díaz S., Hilario Leal; J. Tadeo García; Juan de la Mata Ramírez, miembro del concejo; Pedro A. López, miembro del concejo; Gabriel García, miembro del concejo; Juan de Dios Villarreal; J. Tadeo Gómez; Alejandro Reyes; Manuel Lobo G.; F. Higinio Cordón; Rafael Lago; José María Fernández; Ramón Sandoval; Víctor Vega; como personero público, por mí y por todo el resto de los ciudadanos del circuito,

Fernando Villanueva.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 2, carta No. 167, p. 299-301.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 366.

150
Firman: JOSÉ TIBERIO PÉREZ Y OTROS

SAN JOSE DE CUCUTA, 1° DE JULIO DE 1831

(Contestada el 18 de noviembre de 1831).

   Ciudadano:

   Si el amor más tierno a vuestra persona, si la admiración de vuestras virtudes, la verdadera compasión de vuestro prolongado martirio, la gratitud más intensa por los servicios que habéis prestado a la patria y la consagración más espontánea y más firme en todo un pueblo a la sacrosanta causa de la libertad son títulos que esta villa puede alegar en su favor cuando se dirige a vos, ciudadano, para rogaros que os restituyáis cuanto antes a la Nueva Granada; nosotros os presentamos estos indestructibles fundamentos en que se apoyan nuestros ruegos.

   Venid, pues, y continuad prestando, como lo habéis ejecutado, invariablemente desde vuestra más tierna juventud, vuestros importantes servicios a la libertad, a la dicha de vuestros conciudadanos.

   Si la fortuna fuese tan propicia a San José de Cúcuta, que al restituirse Santander al seno de la patria, fuese el primer pueblo de la Nueva Granada que pudiese recibirlo, entonces, ciudadano, veríais hasta dónde llega el entusiasmo patriótico y el amor que se os profesa por vuestras virtudes. En medio de la pobreza y de la desolación causada por el despotismo, percibirías el júbilo de todos vuestros compatriotas. Si cada uno de nosotros se hizo un deber de tener parte en la solicitud para vuestra restitución, si el santo decreto de 10 de junio ha sido motivo de regocijos públicos por muchos días, vos podréis comprender, ciudadano, que el tránsito del general Santander por Cúcuta, sería bastante para que hasta las víctimas del mes de noviembre sacrificadas por los absolutistas se conmoviesen en sus sepulcros.

   Entretanto que el cielo nos conceda la dicha de abrazaros, aceptad, ciudadano, la amistad que fundada en el patriotismo os profesan vuestros compatriotas.

   El jefe político municipal, José Tiberio Pérez; el alcalde municipal, Rafael Zoumalave; el síndico-personero, Román Jordán; el consejero municipal, Ramón Ramírez Patiño; el consejero municipal, Nazario Colmenares; el alcalde parroquial, José Pérez; Ignacio Baralt, Joaquín Castro H., José María Patiño, Francisco Antonio Soto P. Narciso Alvarez, Fr. Tomás Bermúdez, Cecilio Plata; el consejero municipal, Vicente Almeida; el consejero municipal, Francisco Ramírez Rangel; Clemente Aney, Andrés de Salas, Francisco Antonio Ramírez, Santiago Fraser, Juan Luciani, Víctor Lozada, Pedro Arenas, José Manuel Sánchez, Cruz López, Pedro María Reyes, Francisco N. Ramírez, Nepomuceno Becerra, José María Estrada, Francisco Soto, Felipe Romero, J. M. Ramírez, Pedro M. Rangel, José María Pérez, José María Núñez, José María Vergara, Francisco J. de la Prorella, Trinidad Cárdenas, Rafael Monroy, José Acisclo López, Trinidad Alvarez, Guillermo Alvarez, Pedro M. Soto, Fidel Torres, Nepomuceno Zamora, Manuel Vargas, Esteban Uribe, Mateo Uribe, Toribio Camacho, Lucas Vargas, Tomás Patiño, Gregorio Caballero, Cruz Rangel, Juan de Dios Quintero, Ramón Omaña, Mateo Ramírez, Juan José Yáñez, Manuel García Herrera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2912, p. 457-458.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 367.

151
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 2 DE JULIO DE 1831 21°

(Contestada 15 de noviembre, 1831, New York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy señor mío y amigo:

   Con inefable gozo sirvo hoy de órgano para dar la dirección más acertada al oficio que nuestro actual legítimo gobierno por medio del ministro de la guerra y marina envía a usted. Se ha asegurado y creo que contiene la orden para alzar el extrañamiento de usted a que con tanta violencia y con dolor de los verdaderos patriotas se le condenó; la reposición a sus honores, grados y bienes de que fue despojado tan escandalosamente. Si en los servicios particulares he procurado empeñar esforzadamente mi amistad y adhesión hacia usted, en aquellos en que el gobierno, la justicia y la necesidad de hombres de luces se interesan, asiste mayor razón para prestar mi exactitud. Bajo el rótulo del señor Leandro S. Suárez, por la vía de Nueva York, remito el citado oficio, encargando aprovechar la primera oportunidad para que usted lo reciba lo más pronto posible.

   Ya desde Kingston había indicado a usted se aproximase a Colombia, pues no se me escondía que restablecido el gobierno se seguiría indefectiblemente el llamamiento de usted y de los demás ilustres. Hoy y por el mismo buque sigue un oficio del poder ejecutivo al señor Mosquera para que venga a sentarse en la silla que le destinaron los pueblos.

   Al felicitar a usted cordialmente, me cabe la satisfacción de participarle que los colombianos han movido al gobierno por sus ardientes deseos a dar la orden, que con su realización de la parte de usted proporcionará el más completo júbilo a sus amigos, la vindicación más relevante de su pasada administración, la recuperación del crédito nacional y la confusión de sus enemigos. Séame permitido exigir de su amor a esta patria el sacrificio de cualesquiera satisfacciones que pueda gozar en esos países ilustrados para cooperar con sus luces y experiencia al acierto de las autoridades en la conducción de los intereses políticos y nacionales.

   También remito a usted la Gaceta en que se reiteran las reclamaciones hechas por los colombianos para la vuelta de usted al territorio de la República, y las disposiciones dadas por el gobierno al efecto. No habiendo podido conseguir más que un solo ejemplar de dicho impreso, lo he dirigido por conducto del señor Lleras, para que impuesto de su contenido, haga a usted su envío con la seguridad y brevedad posible.

   No me prive usted de su muy apreciable correspondencia antes de su regreso, dispensándome la libertad que me tomo en pedirle me indique desde Nueva York o el punto próximo donde arribe, la vía que usted tomará y desde qué puerto deberá ser su partida y la época aproximadamente.

   Deseo a usted salud muy cumplida y las prosperidades más agradables que apetecerse puedan, repitiéndome como siempre su más adicto, verdadero amigo y servidor que besa su mano,

M. M. Núñez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3013, p. 83-84.

FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18. p. 369.


152
Firma: FRANCISCO SOTO

SAN JOSE DE CUCUTA, 2 DE JULIO DE 1831

   Respetado y querido amigo mío:

   De Maracaibo, adonde me refugié el año pasado, cuando la Nueva Granada fue víctima de la conjuración más horrorosa contra la libertad y los derechos de un pueblo, escribí a usted dos cartas: una en la que le daba parte de aquellos tristes acontecimientos, remitida el mes de noviembre por la vía de los Estados Unidos; y otra en febrero de este año en que le rogaba encarecidamente se acercara a costa firme con el objeto de venir a ser el salvador de nuestra desconsolada patria. Me atreví a escribir también al señor Lafayette, suplicándole que por el amor que profesaba a la libertad del género humano y la compasión que debiera inspirarle un pueblo inocente, presa de las intrigas de Bolívar, del terrorismo de Urdaneta, del fanatismo predicado por los Ramírez, Guerras, Moras, Gallos, etc., y la ferocidad de Jiménez y Montilla y su execrable comparsa, excitara a usted a que imitando a otros héroes de la antigüedad o del mundo moderno, emprendiese la redención de sus hermanos. Es posible que mis cartas no hayan llegado a manos de usted, y lo sentiré mucho porque contenían noticias relativas a Cúcuta, Pamplona, y varias personas de quienes usted quería saber su comportamiento. Luego que murió el tirano en jefe y penetró a Venezuela el conocimiento de este suceso y obtuvimos que se dirigiera a la provincia de Mérida una columna de 6 a 700 hombres bajo las órdenes de Piñango, salí de Maracaibo camino de Trujillo, y me vine a Táriba con el objeto de reunirme a Hernández y los demás emigrados de San José y ver si allí podía prestar a mi país algún servicio, ya que en Maracaibo sólo pude hacer de redactor del Atalaya. En el cantón de San Cristóbal permanecimos hasta el 26 de mayo, en cuyo día pasamos el Táchira; después que Carrillo, el más insigne discípulo de B., había convenido en pasar a Venezuela con sus venezolanos, y en dejar a Cúcuta dueña de su propia suerte. Desde ese día, pues, me tiene usted en San José reunido a mi familia, habitando una población cuyas 19/20 partes se componen de patriotas los más exaltados, incapaces de ceder para nada sus derechos y su (Sigue Nota del Editor...). Nuestra primera diligencia fue reclamar la honrosa restitución de usted en una petición (Sigue Nota del Editor...) y por fortuna llegó a Bogotá el mismo día en que (Sigue Nota del Editor...) que ha sido causa en esta villa para fiestas realmente populares desde el 27 que terminarán el día de mañana.

   La época de los nueve meses del terror ha sido una consecuencia de diversos principios. Para tranquilidad mía, la conciencia me dicta que todo lo preví desde mayo de 1830; que nada omití para impedirlo, y que he practicado lo que estaba en mi capacidad para remediarlo. Mi poder ha sido ninguno, y por eso es que la patria sólo me debe, si con la patria puede haber cuentas, mis buenos sentimientos. Primero, la imbecilidad de Domingo Caycedo y después la inactiva política de Mosquera; y después la inmensa corrupción diseminada por B., en todos los venezolanos que había en la Nueva Granada; los manejos pérfidos de este hombre abominable y sus más allegados parásitos; la liga criminal de los diputados bolivianos del admirable, que partieron de Bogotá a realizar su conjuración; la apostasía del clero que con pocas excepciones predicó descaradamente la esclavitud; y la aristocracia enaltecida de algunos hijos de Bogotá, Pamplona, Tunja y otros pueblos que soñaban con marquesados y condados; todo esto indica las causas de nuestra ignominiosa catástrofe del mes de agosto. La masa popular quería la libertad, pero no sabía cómo buscarla. La constitución de 30 debió ser el arca de salvación; pero el pueblo la miraba con desconfianza, como obra del admirable; Mosquera y Caycedo debieron ser los jefes de los liberales, pero muchos de ellos aborrecían al presidente del consejo de ministros de B., y al que había dado aquella maldita proclama en que se decía que el Libertador iba a esconder sus laureles más allá del océano. El Socorro especialmente manifestó algo más que desconfianza, cuando el gobierno debía haberse rodeado de respetabilidad, y más que imprecaución y estupor cuando Briceño se alzó allí con el mando. Cúcuta pudo y debió haberse salvado, pero nos faltó un jefe aparente. Carrillo minó la opinión, y tuvimos que salir huyendo de nuestros enemigos. Agregue usted los imprudentes conatos del ministerio constitucional para extender la constitución al Ecuador y la política ambigua de Flores; la indiferencia y el placer que sentía el gabinete de Valencia al ver nuestras disensiones, como el medio de afianzar su independencia y de saciar sus celos de rivalidad; y todo esto explica más los motivos de la esclavitud de los ocho meses. Peña, Urbaneja y otros en Venezuela pudieron impedir muchos males, pero no lo quisieron porque en la antigua Colombia hay partidarios de la antigua política italiana y de la moderna inglesa. Parecía que largo tiempo hubiera de permanecer nuestra patria encadenada después de las infelices tentativas de Pablo Durán y otros en el Socorro; de Concha en Cúcuta (Sigue Nota del Editor...); pero fue tan cruel el despotismo de Urdaneta (Sigue Nota del Editor...) ya se desquició su edificio, y Moreno en (Sigue Nota del Editor...) tenemos ya patria y libertad afianzadas desde que Obando se encargó del ministerio de la guerra. Hasta el 4 de julio había corrido mucha sangre, mas sólo habíamos logrado que en lugar de Urdaneta, Caycedo fuera el primer magistrado, obrando por órganos injustos execrados de todos los buenos. De entonces para acá la revolución se ha hecho en las cosas y las personas, y si no retrograda el gobierno, o los pueblos no inciden con cualquier pretexto en motines, la libertad no será desterrada de la Nueva Granada. Quien pueda asegurarla es quien merece la opinión universal de los patriotas, y ese es usted. Venga, pues, volando a consolidar nuestros derechos y a escaparnos de los peligros que nos amenazan. Usted pudiera venir por Maracaibo, donde sería bien recibido, como que la mayor&i acute;a de la ciudad es muy patriota y de sentimientos granadinos, y usted es allí personalmente querido y estimado; a los dos o cuatro días debiera emprender su viaje por el Catatumbo a Cúcuta; y conceder a San José la recompensa de su patriotismo. No me parece oportuno que venga usted por ningún otro puerto de Venezuela, sin embargo del decreto del congreso constituyente que ofrece a todos los proscritos un asilo inviolable, y que Páez seguramente es el mejor de todos los venezolanos que pudieran ser empleados en altos destinos. Si usted desembarca en Cartagena o Santa Marta, debe venir a Ocaña, donde es usted universalmente querido, y de allí pasar a San José.

   Los despeñaderos del camino serán agradables cuando usted los transite, bajo la protección de las leyes, y con la confianza de coadyuvar eficazmente a su radicación e inviolabilidad en la Nueva Granada. Por Dios no desoiga usted los votos de los patriotas de San José.

   Estamos en elecciones. Si triunfa, como es notorio, el partido de la justicia, usted será el primer diputado de Pamplona. Herreros, el más denodado liberal de San José, será el segundo: Clímaco Ordóñez será el tercero, y si acaso yo seré el cuarto. Mutis siempre excelente; Toscano, Isidro Villamizar y Fortoul serán suplentes. Es posible que haya variación en el orden o que algunos seamos excluidos. En general, el resultado de las elecciones será bueno en la Nueva Granada.

   La miseria de la antigua Colombia es muy grande. En Venezuela ha tocado en el grado de extrema. En el interior de la Nueva Granada es mayor aún que en Cúcuta, porque aquí hay plátano, que ha venido a ser el consumo del pueblo. Las cosechas de cacao se han perdido, y la tiranía de Urdaneta había aniquilado el comercio. Sólo hay patriotismo exaltado entre nosotros y a excepción de Bs., a quien usted conoció, todos los demás se han comportado maravillosamente.

   Después de haber dado un medio bosquejo de nuestro estado, diré a usted que el 26 del pasado, día (Sigue Nota del Editor...) tuve el gusto de recibir dos cartas de usted: una de Londres a 28 de junio y (Sigue Nota del Editor...) 1830. Cuán expresivas, agradables, son estas piezas de la mano de usted. Las he leído varias veces y las he regado con lágrimas; las he comunicado a (Sigue Nota del Editor...) Fraser, Baralt y mis sobrinos y aún he procurado que vea la primera madama English, que vive aquí en una hacienda y que con su lectura ha tenido que variar la opinión que había concebido por las instigaciones de Campbell. ¡Oh, si tuviera imprenta a mi disposición y estuviese autorizado para publicarlas! Aquí no teníamos noticia siquiera de los artículos que usted me dice haber escrito y publicado en París; aquí nada hemos visto porque a Maracaibo sólo viene de cuando en cuando algún buque de los Estados Unidos o de San Thomas, y en la Nueva Granada extendían los urdanetistas la voz de que usted había muerto, de que no había podido obtener la mano de una francesa, de que había perecido la revolución de París en agosto. El nombre de usted no más era para ellos un azote.

   Me encarga usted que escriba la historia de los desastres de Colombia. ¡Cómo lo engaña la amistad sobre mi suficiencia! Si antes valía muy poco, ahora nada valgo. Olvidé lo que pude saber, y nada he podido aprender en mi destierro. Sinceramente digo que ya casi estoy decrépito; el haber estado en el teatro de los crímenes ha desvanecido mi memoria y me ha entorpecido el pulso, de modo que ya no sé materialmente escribir. Fuera de eso no tengo casi ningunos documentos, los he perdido en las traslaciones, viajes, emigraciones, etc. Los que dejaba a cargo de mi esposa, en la mayor parte fueron quemados, por el temor de registros, persecuciones, etc. Sólo conservo las dos primeras cartas de usted. Sírvase decir que ni la invasión de Morillo causó tantos males al país, y a mí en particular, como la dictadura de B. y la usurpación de Urdaneta. Los españoles han sido incomparablemente excedidos por nuestros tiranos.

   Estoy más pobre que nunca; hasta los libros han desaparecido; sólo me quedan las dos casitas de Bogotá, y eso invendibles, porque Bogotá tiene tanta o más pobreza como el resto de la Nueva Granada. Mi hijo mayor continúa enfermo de mal de orina, y yo pierdo la esperanza que hacía concebir la precocidad de sus talentos. ¿De quién daré a usted memorias? De Ner y su señora, de Baralt de... todos los de San José y con especialidad de Juana, de mis hijos y de mis sobrinos.

   Adiós, querido, estimable, muy querido amigo y protector. Quiera el cielo que esta carta llegue a manos de usted, que usted venga a la Nueva Granada y pase por Cúcuta para que aquí tenga la envidiable satisfacción de verlo.

Francisco Soto.

   No sería usted de tan pesada carta: recíbala como prueba de amistad y nada más.

   Arganil es cada vez más patriota, más granadino y aficionado a usted. El transcurso del tiempo y la variación de las circunstancias me inducen a no escribir a Bogotá sobre la publicación del memorial dirigido por usted a B., que me envió con su carta de 7 de agosto de 1830. Ya vendrá usted y entonces dará a luz la historia del más pérfido de los tiranos. En mí poder tengo una copia del proceso actuado contra usted, otra tiene Ner, quien la consiguió de J. M. Briceño ahora ocho meses cuando pasó para Barinas. Si usted ha sido heroico alguna vez, ha sido en su confesión; entonces era hombre: no era el vicepresidente de Colombia, era (Sigue Nota del Editor...), pensado y querido amigo.

   Suyo,

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4242, p. 150-155.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 370.

153
Firma: RAIMUNDO SANTAMARÍA

BOGOTA, 14 DE JULIO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander, París.

   Mi respetado general y amigo:

   Sin embargo de que ninguna carta de usted he tenido después de la estimable fecha en Roma el 29 de agosto del año pasado y que contesté a su debido tiempo, no puedo sin embargo ver partir un paquete sin poner a usted cuatro letras para noticiarlo que del 22 al 24 estarán aquí nuestros amigos Arrubla, pues salieron de Antioquia el l° del corriente.

   A pesar de que las fuerzas militares que salieron de ésta en persecución de las guerrillas que se levantaron en Ubaté y Chocontá transitaron por Hato Grande, tengo el gusto de anunciar a usted que nada han tocado de la hacienda, y sólo la columna del general Justo Briceño, que venía en retirada y pernoctó en las inmediaciones, tomó 5 reses y 2 caballos, y esto me fue imposible evitarlo. De resto puedo asegurarle que he cuidado de los intereses de usted como de los míos propios.

   Ya considero en poder de usted los fondos que he dirigido a usted por conducto del señor Núñez, de Cartagena. Al fin de este mes irá otra remesa, pues ya no habrá temores en el río.

   Acepte usted los sentimientos de amistad y respeto con que se suscribe de usted atento, humilde servidor.

Raimundo Santamaría.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3811, p. 376.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 375.

154
Firma: ORBEGOZO Y OTROS

ASAMBLEA ELECTORAL DE LA PROVINCIA
PAMPLONA, 27 DE JULIO DE 1831

Al señor general Francisco de Paula Santander.

   El adjunto registro es el del acto en que esta asamblea eligió a vuestra señoría para diputado a la convención constituyente de los departamentos del centro, convocada para el quince de octubre próximo en la capital de Bogotá, y la asamblea espera que vuestra señoría se servirá ponerse inmediatamente en camino a desempeñar la elevada confianza que vuestra señoría tan justamente ha merecido.

   Dios guarde a vuestra señoría.

   Francisco P. Orbegozo, elector presidente; Manuel García Herrera, escrutador; José María Navarro, escrutador; F. Mutis, escrutador; Eustaquio Mantilla, escrutador; Pedro Fortoul, José María Valencia Puyana, doctor Primo Gutiérrez, Esteban Rey, Juan Baltazar Jaimes, Gregorio José Mejía, Diego González, Antonio Canal, Juan Beltrán Jaimes, Marcelo Villamizar, José Nicolás Calderón, Gabriel Nava, Nepomuceno Suárez Romero, Ramón Wilches.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3217, p. 433-434.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 376.

155
Firma: AGUSTÍN LELAND

BOGOTA, 28 DE JULIO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy distinguido amigo y señor:

   Desde su partida de las playas de Colombia, siempre me he informado de su salud, viajes, etc. (Sigue Nota del Editor...) de las gacetas, de mis amigos en Europa y los Estados Unidos y por las cartas de usted a sus amigos más íntimos de este país.

   Me da infinito placer de saber que usted intenta visitar mi país natal y espero sinceramente que realizará la opinión favorable que había formado de ella antes de salirse de Colombia; vuestra majestad observará de golpe la grande diferencia que hay entre las cortes resplandecientes de Europa y el pueblo republicano de los Estados Unidos. Estoy seguro que el venerable Jackson tendrá la mayor satisfacción de encontrarse con el fundador y firme defensor de los derechos del pueblo colombiano, y que aunque escritores asalariados han querido difamarle allí, vuestra majestad hallará que la mayoría de los pueblos de los Estados Unidos son verdaderamente amigos suyos (Sigue Nota del Editor...) desean una oportunidad para manifestar todas las (Sigue Nota del Editor...) de los colombianos.

   Para formar una opinión de los Estados Unidos y sus instituciones es necesario viajar en el interior; las ciudades principales de la costa están llenas de extranjeros y sus costumbres muy corrompidas por la mucha comunicación que tienen con los europeos, ellos tienen todos los vicios de Europa sin sus atracciones.

   Mi pueblo natal, Boston, es verdaderamente merecedor de su atención, sus instituciones literarias son las primeras de los Estados Unidos particularmente las instituciones de educación pública, fundadas por Franklin, en donde tengo orgullo de decir que recibí los rudimentos que todo bostoniense puede adquirir. La universidad, colegios, academias, hospitales y casas de caridad, los establecimientos militares y de marina, las diferentes sociedades y la misma ciudad han merecido la atención de los más distinguidos extranjeros, y no dudo que sus observaciones sobre sus instituciones contribuirán a mejorar la suerte de Colombia. ¿Qué diferencia existe entre los felices pueblos de los Estados Unidos y Bogotá? Aquí el hermoso edificio de San Bartolomé ha sido convertido en calabozos, prisiones y cuarteles por los soldados del sanguinario Urdaneta. Los edificios dedicados a la caridad por siglos han sido tomados por el mismo fin, y sus desgraciados habitantes abandonados a acabar sus miserables vidas en las calles. Miles de familias reducidas a una extrema miseria, los labradores llevados de sus chozas pacíficas, en manadas como ovejas a la carnicería, sin la menor esperanza de volver a sus familias y hechos soldados (Sigue Nota del Editor...) entre los cerros y cuevas como bestias que buscan un asilo del cazador. Ni el talento, edad ni sexo fue respetado, las virtuosas y patrióticas matronas de Bogotá fueron llevadas adelante de sus infernales tribunales de despotismo, insultadas, encarceladas y desterradas. Las propiedades del labrador puestas a la disposición de los militares insubordinados, y las de las ciudades expuestas a empréstitos y toda clase de vejaciones. La agricultura y el comercio abandonados, y el laborioso artesano con su fusil, obligado a batirse contra su misma libertad y opinión, y en defensa del traidor y usurpador Urdaneta. El contraste, digo, es grande, pero todos ven un remedio en vuestra majestad, todos se acuerdan de su gobierno hasta el año 26 y todos esperan que bajo la administración de usted volverá Colombia a su antiguo ser y aún renacerá con más esplendor.

   El general José María Obando, general Moreno Montilla (Sigue Nota del Editor...), y en fin todos los jefes de consideración son unidos al voto del pueblo en nombrar a usted a la presidencia de la República. Las elecciones de representativos al congreso han sido excelentes y aun los partidarios del tirano Bolívar desean que venga vuestra majestad.

   He mandado al señor Divight algunas gacetas y papeles públicos suplicándole que se las presente a vuestra majestad. Deseo que vuestra majestad perdonará la libertad que me tomo en empezar esta correspondencia que es únicamente (Sigue Nota del Editor...) de servir a Colombia.

   Mi señora esposa saluda afectuosamente a vuestra majestad y el que suscribe desea servir a vuestra majestad en todo.

   Soy su atento servidor que besa su mano,

Agustín Leland.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/11 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 510-512.

156
Firma: JUAN A. TOSCANO

GOBIERNO DE LA PROVINCIA,
PAMPLONA, 28 DE JULIO DE 1831

Al señor general de división Francisco de Paula Santander.

   Por el presidente de la asamblea electoral de esta provincia, con fecha 27, se me dice:

   "De los actos de la asamblea que tengo la honra de presidir, han resultado electos diputados a la próxima convención constituyente los señores general Francisco de Paula Santander, doctor Francisco Soto, coronel Juan Nepomuceno Toscano y José Ignacio Ordóñez Salgar, a quien la asamblea ha avisado hoy; y los señores Manuel García Herreros, primer suplente; segundo, doctor Elias Puyana; tercero, doctor Gregorio Fonseca, y cuarto, el señor Facundo Mutis.

   Me toca el honor de participarlo a usted renovando la consideración y obediencia con que me profeso de usted obsecuente, humilde servidor, Francisco de Paula Orbegozo".

   Señor: al transcribir a usted esta comunicación siento una indecible satisfacción, constituyéndome también el órgano de ella, no sólo para presentarle los respetos y consideraciones de esta provincia, sino también la que ofrezco a usted como su más atento, obediente servidor,

Juan A. Toscano.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4626, p. 199.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, kelly, 1976, p. 512-513.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 377.

157
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

NUEVA YORK, 1° DE AGOSTO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy apreciado y distinguido amigo:

   Deseo que esta carta no lo halle a usted en Europa porque conviene que usted se acerque a Colombia, y porque querría que usted me anticipase el placer de verlo en esta ciudad. Pero no puedo dejar de escribir a usted en esta vez para felicitarlo por amistad y patriotismo, porque llegó la época en que el gobierno pusiera su término a la ansiedad de usted por verse justificado en la forma, pues la opinión ya no necesitaba del decreto que acaba de darse. Incluyo a usted el Daily Advertiser de esta ciudad de preferencia a la Gaceta, porque el artículo editorial es muy honroso a usted y porque yo también creo que usted puede hacer mucho bien y aún tal vez influir decididamente en la organización de Colombia. Véngase usted, pues, volando, y a nuestra vista me reservo para hablar con usted un millón de cosas que ahora no tengo con quién conferenciar aquí. Rojas me había indicado que usted creía que durante mi administración efímera podía haberse hecho lo mismo y aún creo que usted parecía quejoso. Se equivoca usted, mi amigo y aún le diré con la franqueza que acostumbro con usted, que ya creo tener derecho a que usted suspenda el juicio cuando se viese alguna idea dudosa acerca de mi rectitud y del interés de usted. El tiempo desengañará a usted y me remito a él.

   He recibido un oficio de Caycedo llamándome a desempeñar la presidencia y le contestaré dentro de veinte días, que será cuando salga buque para Colombia. Como usted debe conocerlo, el período de mi gobierno debe expirar al reunirse la convención de los departamentos del centro que ha convocado Caycedo para el 15 de octubre, y según su decreto en esa época deben elegirse nuevos funcionarios. Suponga usted que se confirmen los mismos hasta la sanción de la nueva constitución, pues en este caso apenas tendría yo tiempo de ir a hacer mi papel de gobierno por muy poco tiempo; y si yo me apresurase con tal designio daría una muestra de ambición pueril que debía deshonrarme. Tiene usted las principales razones por qué no iré a Colombia; y usted puede conocer mil más que me deciden a permanecer por acá hasta que haya un nuevo gobierno. Por otra parte, usted conoce algo mi vida y lo que he sufrido en veintidós años me tiene tan escarmentado, que no quiero ni pensar en política, que es la causa de todos mis males. Yo no tengo ni esperanzas de hallar justicia sobre la tierra, porque siempre he encontrado terribles escarmientos por no retirarme a la oscuridad, como estoy resuelto a hacerlo, aunque tarde.

   No tengo más tiempo. Consérvese usted bueno y véngase pronto como desea su afectísimo, antiguo amigo y servidor que besa su mano,

Joaquín Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2831, p. 312-313.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 513-514.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 378.

158
Firma: FRANCISCO SOTO

SAN JOSE DE CUCUTA, 5 DE AGOSTO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Respetado y muy querido amigo mío:

   Esta es la segunda carta que escribo a usted después de mi regreso de Maracaibo. En la primera anunciaba a usted la restauración del gobierno legítimo en la desgraciada Nueva Granada, y el llamamiento que así el gobierno como los vecinos de San José hacíamos a usted rogándole con el mayor encarecimiento que inmediatamente viniese a prestar sus servicios a esta desconsolada patria que tanto los necesita. Y con la presente acompaño a usted las credenciales de primer diputado de la provincia de Pamplona al próximo congreso, suplicándole a nombre de toda ella acelere su viaje, y lo emprenda para Bogotá, si es posible por esta vía, para que los cucuteños, tan dignos de recompensa por su exaltado patriotismo, tengan el premio de ser los primeros granadinos que abracen al hombre, objeto de su compasión en otro tiempo, y ahora el blanco de sus esperanzas para la consolidación de la libertad entre nosotros.

   Si lo que me escribe de Santa Marta con fecha 17 de julio nuestro excelente amigo Juan B. Quintana, con referencia a un buque procedente de Francia, es cierto, a saber, que usted salió de París para Londres el 26 de mayo, con ánimo de venir a Colombia, si era llamado por el gobierno libre, creo que cuando esta carta llegue a los Estados Unidos, usted ya estará en la patria de Washington, y que mi comunicación le habrá de obligar a caminar más aprisa de lo que usted había pensado a su salida de Europa; como que los deberes de diputado exigen su concurrencia al próximo congreso. Venga usted, pues, a consolar a su familia y a sus amigos, y a ver si con su cooperación logramos el renacimiento de la patria que Bolívar y Urdaneta condenaron a su inexistencia. Las circunstancias, bajo cierto punto de vista, son las más favorables. En la Nueva Granada arde el fuego sagrado del patriotismo: si no somos animales de una especie desconocida, el escarmiento nos debe haber ya amoldado para la libertad: los miembros del congreso serán en la mayor parte los que antes se arrastraban en prisiones, o gemían desterrados u ocultos, y una gran porción de granadinos ha llegado a creer que usted es el hombre aparente para sostener la regeneración. He aquí, pues, que el curso mismo de los acontecimientos compele a usted a prescindir de cualquiera otra consideración, y a restituirse a la Nueva Granada. ¡Ojalá que a usted fuera posible traerse a mi querido Rojitas! ¡Ojalá que yo tuviese el gusto de ver a los dos en un mismo día, para que el placer fuese más cumplido! Si las circunstancias, como acabo de expresar, son favorables en un respecto, ellas demandan en otro la más pronta venida de usted. Pisamos sobre un volcán, y no hay un conductor que merezca la confianza general. La anarquía o la disolución de la Nueva Granada nos amenazan muy de cerca. Desgraciadamente el benéfico D. Caycedo ha concitado contra sí el partido que él denomina de los exaltados, y no podrá ser muy querido por el de los juiciosos. Aquellos exigen medidas enérgicas, como la expulsión de los de la división Callao rendidos en Bogotá; la separación de los empleados bolivianos o urdanetistas; y aun el castigo de algunos criminales que pudieran alegar en su favor los tratados de Apulo. Y los llamados juiciosos, como que sólo están por el sol que nace y no por el que se pone, no serán capaces nunca de sostener al magistrado que si ahora protege su seguridad, alguna vez careciera de fuerzas para garantirlos de toda persecución o comprometimiento. Esta situación se hace más calamitosa, en razón de que el vicepresidente ha decretado la reposición de los que cayeron con Urdaneta cuando la reacción de los pueblos. Encontraban éstos un obstáculo para ella en muchos empleados: los removieron de hecho, porque entonces no había gobierno, y si alguno había, era el mismo que iban a destruir; y verificada la restauración del sistema constitucional y del primer magistrado legítimo, ahora se quiere que la restauración se extienda a los visires y mandarines del tirano. De esa lucha del gobierno con el torrente revolucionario, ha resultado la desopinión del vicepresidente, que casualmente no puede exponer haber sufrido en su persona una persecución tan feroz como la que cupo en suerte a otros exaltados; y esta desopinión puede llegar, según lo que se observa en las provincias del interior, hasta el extremo de un desobedecimiento o verdadera anarquía. La disolución es inminente, o ya está principiada, porque ni el Cauca ni Casanare han sido reintegrados a la Nueva Granada, y esta tierra flanqueada por nordeste y sur, con vecinos vencedores que conoc en tanto las ventajas de aquellos dos trozos de nuestro territorio, no será un Estado que podrá alternar con los de Venezuela y el Ecuador. Es posible que otras provincias, si continúa aquella mala situación del país, intenten locamente separarse, y es probable que restablecida la confianza, el Cauca y Casanare se reincorporen al centro a pesar de que en Quito y en Valencia se pretenda emplear la diplomacia para impedirlo cuanto sea posible. No quiero ni remotamente que usemos nosotros de manejos hostiles para lograr nuestra verdadera y natural circunscripción; y sólo deseo allanemos el inconveniente que ahora se hace valer, el de que el gobierno de Bogotá no inspira ninguna confianza. Para evitar, pues, cualquiera de los dos extremos a que caminamos, importa demasiado que venga usted a nuestro suelo.

   Bastante he hablado ya sobre esta materia, y ahora dando un brinco del Casanare y el Cauca a Cúcuta, voy a decir a usted que mi suerte individual y la de mi familia es muy triste, por la crónica e incurable enfermedad de nuestro hijo mayor, quien nos quita el tiempo hasta para comer, que a pesar de eso pienso concurrir al congreso de Bogotá en compañía de Herreros, que es el digno suplente de usted; y que la pobre ciudad de Pamplona continúa presa de la discordia más fatal, entre los Peraltas, el cotudo Valencia Rodríguez, etc., sostenedores del partido usurpador, y los Villamizares, Gallardos, Contreras, etc., amantes de la restauración; discordia que según me dicen los electores y Toscano, hace inhabitable aquella melancólica ciudad.

   Para concluir esta carta solo me resta dar a usted afectuosas memorias de Juana y de nuestros hijos, de mis hermanas y sobrinas, de mis suegros y cuñados, de Herreros y toda su familia, de todos los habitantes de San José patriotas, que son las noventa y nueve partes del vecindario.

   Adiós, querido y estimado amigo mío: venga usted con salud y muy dispuesto a trabajar: venga usted en compañía de Gonzalitos, Rojas y Acostas, a todos los cuales saludo amistosamente; y venga usted a contribuir a la felicidad de la patria, y a consolar a su familia y amigos. Sobre todo no olvide usted a quien tanto lo ama, lo aprecia y venera, como

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4243, p. 155-158.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 516-519.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 379.

159
Firma: J. DE D. ARANZAZU

MARACAIBO, 6 DE AGOSTO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado general y muy querido amigo:

   Ahora mismo me acaba de avisar el cónsul de los Estados Unidos, que hoy se presenta una ocasión para aquella parte, y que está encargado de remitir a usted dos pliegos que llegarán con seguridad a su poder. La aprovecho yo para recordar a usted mi amistad y para darle la más cordial enhorabuena por el acto solemne de justicia que ha ejercido el gobierno nacional reponiendo a usted en sus grados y honores, publicando su inocencia y los títulos que usted tiene al reconocimiento de sus compatriotas. Ellos reclamaban con urgencia este decreto, que no es más que la sincera expresión de sus sentimientos. En el triunfo de la libertad, ni podían desconocer a su caudillo, ni olvidar la consagración de usted a la noble causa que ha costado sangre y lágrimas y producido héroes y mártires. Volverá usted, pues, a la tierra que lo vio nacer, a servirla, a recoger en las pruebas de confianza y aprecio de sus conciudadanos, el fruto de sus honrosos padecimientos.

   Aunque me veo privado de correspondencia con la Nueva Granada, puedo decir a usted que aquella parte se está organizando, que el gobierno marcha con regularidad y obra con energía; se trata de limpiar el país, y a la fecha pueden haberlo desocupado trescientos oficiales, venezolanos y extranjeros la mayor parte. Curaçao es hoy un punto de reunión de los más empecinados, allí está el carnicero Urdaneta y una porción de estos genios malhechores. ¡Sabe Dios qué incendio estarán preparando!

   Casanare y el Cauca no se han llamado a la convención granadina por la agregación de la una a Venezuela y del otro al Ecuador; parece que la resolución de este punto se dejará a la convención colombiana, y no dudo que se resolverá satisfactoriamente, respetando el uti possidetis, en caso que no se quiera conservar la integridad de la tierra; de otro modo, y antes de permitir la desmembración de la nuestra, daría mi voto por la guerra, a pesar de sus horrores, y aunque ella consumiera hombres y cosas, pues todo es preferible a la ignominia.

   Ya estará usted impuesto del decreto expedido por el general Páez en el Valle de la Pascua el 24 de junio, que puso término a la guerra civil. Se me ha dicho que ha sido desobedecido por el general Gregorio Monagas y por otros oficiales de los comprometidos en la causa de su hermano, y que continúan asolando el oriente con su guerra de vandalismo. No respondo de la verdad de esta noticia, pero sí de las dificultades de Venezuela para organizarse sólidamente. Ya lo he dicho a usted y lo repito, son muchos y muy complicados los elementos de disociación y de ruinas.

   No sé por dónde pensará usted ir a Bogotá; creo que pudiera convenirle y convenirnos su viaje por Venezuela; lo conocerían en esta parte y sus enemigos no manejarían en adelante con tanto descaro el arma que están esgrimiendo en su contra desde el año de 23. Tiene usted, además, muchos amigos, contraería importantes relaciones con la parte liberal e ilustrada y observaría personalmente el país. Todo es de grande importancia para usted, que indudablemente mandará en la Nueva Granada, y para nosotros. En este caso, usted debería visitar esta ciudad, donde sería muy bien recibido.

   Si han llegado a sus manos mis anteriores, se habrá usted impuesto de que una enfermedad terrible y larga me detiene en Maracaibo. Ardientes son mis deseos por regresar a la tierra de mi corazón, y muy incómoda y difícil mi situación, pero en los grandes conflictos de la vida es que se necesita conformidad y valor; hasta hoy por fortuna no me falta ni lo uno ni lo otro.

   Adiós, mi apreciado general, mi muy querido amigo. Venga usted con felicidad, y créame siempre su amigo de corazón.

J. de D. Aranzazu.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 78, p. 156-157.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1923, t. 18, p. 382.

160
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

BOGOTA, 14 DE AGOSTO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimadísimo señor y amigo:

   En el pasado escribí a usted muy ligeramente anunciándole mi arribo a ésta y que estoy otra vez hecho cargo de sus asuntos.

   Mucho temía que se hubiese perdido su causa; pero felizmente no es así; existe y tengo pedido un testimonio auténtico y en el momento que me lo den lo haré imprimir con las dos representaciones dirigidas por usted en Bocachica a don Simón, cuyas copias he conservado con mucho cuidado. También se imprimirá con la causa, la representación que usted dirigió de París por conducto de Palacios al mismo don Simón pidiéndole el testimonio de dicha causa. Igualmente haré imprimir una contestación que ha escrito el doctor Vicente Azuero a un maldito papel que publicó contra usted Rafael Caro hará como un mes. Luego que llegué quise acusarlo; pero su autor estaba a la muerte y murió hace pocos días. Luego que se concluya la impresión de todas estas piezas las remitiré a Núñez para que remita a usted algunas y distribuya otras.

   Con mucho placer oigo que casi todos los hombres de importancia desean que usted venga, y que venga a gobernar este desventurado país. Es muy probable que usted sea elegido presidente por el próximo congreso que se reunirá dentro de dos meses. Si esto es así y usted no puede salvar y organizar esta Nueva Granada, estoy resuelto a irme a donde no oiga hablar de ella.

   Cuando usted reciba ésta ya habrá recibido el decreto del gobierno en que este llama a usted y una representación de multitud de personas de importancia en que pidieron al vicepresidente lo llamase, etc. ¡Cuánto siento no haber estado aquí para haberla firmado yo también, no con tinta sino con mi sangre! Yo no dudo que a fines de este año estará en Cartagena. ¡Ojalá que así sea y que a más tardar en enero tenga este su amigo el inexplicable placer de verlo, abrazarlo, tocarlo y oírlo! Este deseo me retendrá aquí hasta realizarlo y después de algunos días nos iremos a Antioquia Manuel y yo, pues ambos estamos resueltos a irnos a establecer allí. Estamos ya cansados de sufrir persecuciones en esta tierra y deseamos ir a descansar a nuestra pobre pero hermosa y pacífica patria; allí hemos comprado un pedazo de terreno donde plantaremos 25 ó 30.000 árboles de cacao que dentro de cinco años nos darán más de lo que allá se necesita para vivir con comodidad: al efecto tratamos de vender las tierras del Salitre, única cosa que queda, aunque sea por la mitad de lo que nos costó. Las casas que aquí tenemos y el Coliseo, nada valen en el día. ¡Quiera Dios que usted con sus luces y con su enérgica y justa administración les haga recuperar su valor! El señor Gavoty nos escribe que ha dado a usted algún dinero, y estoy agradecidísimo a este hombre. Ya habrá recibido usted algunos fondos, pero yo siento sobre mi corazón que estos últimos trastornos me hubiesen impedido hacer las remisiones con oportunidad; dispénseme usted y discúlpeme de faltas involuntarias y que he sentido más que usted.

   Cartagena, a pesar de su mil veces dichosa reacción, aún está gobernada por el general Luque, que usted conoce; no confío mucho en él y temo que de un momento a otro nos dé un disgusto, por esta razón siempre que mando intereses a Núñez quedo lleno de temores: a pesar de esto pienso completar la remisión de los $ 10.000. Hoy mismo le mandaré $ 1.000 y sucesivamente mandaré dos mil y pico que faltan; pueda ser que, si como creo, usted se viene, no necesite de otra suma; pero sin embargo de esto los remitiré para que Núñez los remese a Europa o los retenga según lo juzgue conveniente.

   Aún no he visto a Cuéllar, lo espero dentro de tres días, así me lo ofrece en una carta que recibí de él ayer, con la que me acompañó la cuenta que en copia le adjunto; por ella verá usted que en este año no resultan más que setecientos y pico de pesos de utilidad, pero hay cerca de 200 reses bastante gordas, que se venderán en estos días al señor Bernardino Alvarez, de dieciocho a veinte pesos, al menos las 100 no dudo que se vendan a este precio, aunque sí con un plazo de cinco o seis meses.

   Luis Montoya, que estuvo en el Hato hace ocho días, me dijo que el ganado estaba muy lucido y tan gordo que todo está de cuchillo. No estaba así el año pasado que yo lo vi. Estuvo tan ruin y flaco que me afligió. ¡Gracias a Dios que en esta todo ha mudado y para usted más que para ningún otro!

   Hoy he tenido el gusto de ver una carta de usted a Rendón, fecha 13 de abril próximo pasado, que me ha llenado de alegría y de placer. También he leído otra que para el doctor Soto dirige usted al doctor Azuero y este tuvo la bondad de dejármela leer. ¡Qué sabias y juiciosas cosas contiene y a qué buen tiempo ha llegado! Pero creo de absoluta necesidad que usted mismo venga a ejecutarlas con lo más que las circunstancias y sus luces le sugieran. Desde que llegué, trabajo en el arreglo de sus cuentas, y quizás en el próximo le mandaré una cuenta muy circunstanciada de todos los productos de la hacienda desde que usted se fue, lo que deben y lo que ha entrado en mi poder.

   Cuéllar aún no ha dado nada de lo que debe. Rendón le dirigió inmediatamente la carta que para aquél le incluyó usted. También entregó en el momento la de mi señora doña Pepita, y la de mi señora doña N., la mando a Santa Catalina, donde se halla hace muchos meses. Esta señora me acaba de escribir una carta acompañándome la que en copia le incluyo y que quiere que precisamente me haga cargo de algunos objetos y alhajas que tiene de usted, y yo le he contestado que yo no me resuelvo a esto hasta que usted me lo ordene. Dice también que ya es tiempo que se haga la escritura de la quinta de Santa Catalina porque fue comprada con el producto de unas ropas que pertenecieron a usted; por $7.000 de un documento de este valor que usted endosó a favor de don Antonio Caro y éste debía. Igualmente dice que la casa de San Juan de Dios pertenece a usted y quiere que haga un documento que acredite esta verdad. Como esta carta contiene todas estas cosas, la conservaré hasta que usted disponga lo que quiera que yo haga.

   Entretanto me encuentro muy embarazado y no sé cómo manejarme para complacer a usted.

   Manuel saluda y felicita a usted del modo más fino y amistoso, lo mismo Alejandro Vélez, que llegó ayer de Antioquia y viene a encargarse de la secretaría de relaciones exteriores. Luis Montoya, los Carrascos, Antonio Santamaría, Rubio, Suárez y el doctor y otros amigos y amigas suspiran por usted y todos conmigo le ruegan vuele a salvar este afligido país. ¡Qué largos me parecen los días que faltan para la reunión del congreso! Este don D... no es... ni sal, ni agua, ni nada, todos estamos atajando pollos y parados sobre un volcán. ¡Creerá usted que tiene pretensiones y un partidito del barrio de la catedral que intriga para que lo elijan en el próximo congreso! Pero no cuesta poco impedir que lo tumben antes de tiempo. Mil otros amigos le escribirán con más claridad y extensión este estado de cosas, que yo aún no puedo comprender, y nada más añadiré sino que soy y seré hasta la muerte su más fiel y constante amigo, que besa su mano,

Juan Manuel Anubla.

   Después de escrita ésta he tenido el gusto de recibir su muy apreciable y muy deseada carta fecha 13 de abril en París, que, aunque atrasada, me ha servido de una gran satisfacción y consuelo. Sentía una secreta envidia, mortificación o tristeza, que yo no puedo explicar: sin duda producida por ver cartas de usted dirigidas a otras personas y para mí ninguna. Esta falta a pesar de que yo me hacía la reflexión de que usted me supone en Antioquia, y que es allí donde usted me dirige las cartas, no me satisfacía y estaba desazonado.

   Por su citada me ordena que le mande una cuenta de los gastos y sus ganancias en dinero, etc., de la hacienda. Desde Antioquia recomendé al señor Rendón y como este pobre fue desterrado, me dice que por esto y otros disgustos no lo ha podido hacer; repito que irá en el próximo.

   He visto lo que mandó a mi señora Pepita, me parece que si tuviera el bigote y el pelo menos negro sería muy semejante. Yo voy a hacerlo copiar a Pío y le haré corregir este defecto y saldrá muy exacto.

   Varias veces he estado resuelto a empeñar su influjo y amistad con sus amigos en Roma a fin de que los interese usted en favor de Antioquia, de esta desgraciada ciudad que tantos males ha sufrido después de la revolución, a pesar de que sus habitantes abrazaron la causa de la independencia con más calor y entusiasmo que ningún otro pueblo de provincia. Muchas veces, repito, he deseado hacerle esta súplica, pero el temor de molestarlo me retuvo, y también porque esperaba que el gobierno, satisfecho con haber arrancado de allí la capital, no consentiría en quitarle la silla del obispado que ahora se empeñan en pasar a Medellín; pero desconfío de la justicia que esperaba del gobierno; Urdaneta en su tiempo por corresponder a los servicios que el señor Garnica le prestaba en su obispado, apoyó la traslación que este temerario obispo solicita de su santidad.

   Ahora don Domingo, que también se lo quiere atraer, me ha asegurado que favorece sus intenciones. Y si esto sucede, la República perderá uno de dos pueblos: Antioquia o Medellin. No exagero, mi general, si todos los antioqueños propiamente dichos miraran como yo este suceso, sería una ocurrencia de poca importancia que aun por el momento me alegraría, porque un hombre tan ingrato y tan pérfido con usted que lo sacó de su convento para hacerlo obispo a pesar de su invencible ignorancia, de su cuna, etc., cuanto más lejos está, es mejor. En fin, Antioquia representa a su santidad contra esta injusticia. Interésese usted por Dios en favor de ella; esto es justísimo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 150, p. 264-269.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 47.

161
Firma: JOSÉ J. SUÁREZ

BOGOTA, 14 DE AGOSTO DE 1831

(Contestada 5 de noviembre).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado y nunca olvidado amigo:

   No sé qué fatalidad ha acompañado mis cartas hacia usted para que ellas no llegasen a sus manos: porque yo escribí a usted después de su salida de Cartagena por conducto del señor Arrubla, le dirigí la segunda por la vía de Jamaica, y la tercera por los Estados Unidos; y tengo motivos para creer que ninguna ha recibido usted, no siendo el menor el no haber visto yo una letra suya para mí, cuando sé que varios individuos de esta ciudad y residentes en otras partes han tenido cartas de usted.

   Vamos a otra cosa. Usted sabrá que aquí salió un diálogo que le atribuyen a Rafael Caro (quien ya es muerto) inculpando la administración de usted. Para contestar de una manera decorosa se están imprimiendo algunas reflexiones que sirven como de preliminares a la carta aquella que usted escribió al señor M. Tovar que me vino a mí, impresa en Caracas, por conducto del señor Baralt. Le he dictado a Arrubla el escrito para pedir testimonio de la causa de usted. Lo presenté yo mismo al coronel V. Vanegas, que era el comandante general. Lo decretó al momento y he dado ya papel sellado al oficial encargado de la compulsa. El objeto es imprimir la causa con las representaciones de usted, cosa que no pudimos lograr mi compadre Briceño y yo en la primera época del señor Caycedo, porque fue paso muy alarmante para Urdaneta y todos sus prosélitos.

   A propósito del señor Caycedo diré a usted que tiene que venir inevitablemente, o renunciar y obligarnos a que renunciemos hasta del nombre granadino: porque la Nueva Granada es hoy para nosotros Colombia, está regida por un gobierno más débil que el de una mujer, y en los accesos de esta desesperación general no resuena otro grito que "el general Santander es el único invocado para constituirnos y darnos seguridad y leyes". No crea usted que exagero nada: es muy lastimoso el cuadro de nuestras debilidades y el dolor y la amargura suben de punto al ver que ya a perderse el fruto de la más bella reacción si un hombre como usted, o más claro, si usted mismo no vuelve en nuestro auxilio.

   Mi compadre Fortoul después de una larga peregrinación en Venezuela ha vuelto casi ciego, y su suerte me lastima mucho, porque la presente administración no es ni puede ser la garantía tutelar de los verdaderos patriotas, ni se nota un solo acto de estimación y de aprecio hacia los hombres que más se han distinguido por la firmeza de sus principios; de modo que la ineptitud, el egoísmo y la versatilidad, por no decir otra cosa, son los únicos motivos que merecen hoy premios y distinciones del actual jefe del Estado. Hablo a usted no para engañarlo y por lo mismo debo prescindir de disfraces.

   Cleofe, Antonio María, que ya es médico, montado por las doctrinas del señor Brousseap, a quien usted habrá conocido en París. José Asunción que sigue la carrera del comercio y piensa con el primero tener la satisfacción de abrazar a usted en los Estados Unidos, mis chiquillos y toda la familia saludan a usted muy afectuosamente, y se han enternecido a la vista de su retrato remitido de París, que llegó en estos días. Mi comadre Pepita y toda su familia están buenos.

   Adiós, mi respetado y querido amigo, hasta que tenga el placer de dar a usted tiernos abrazos este su muy afecto apreciador y pariente que su mano besa,

José J. Suárez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4302, p. 246-247.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 45.

162
Firma: VIECENTE AZUERO

BOGOTA, 18 DE AGOSTO DE 1831

(Contestada el 14 de noviembre en New York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi pensado amigo y querido compañero:

   He tenido en estos días el gran placer de recibir, con muy poca diferencia de tiempo, dos apreciabilísimas cartas de usted, la una de 13 de abril, de París, y la otra de 4 de junio, de Londres. También he abierto la dirigida al señor Soto que comprende su viaje por Italia. Una y otras las he manifestado a algunos de los primeros amigos de usted, que como yo hacen el más alto aprecio de cuanto viene de sus manos. Anteayer he remitido a nuestro Soto su carta a San José de Cúcuta, donde se halla.

   Suponemos aquí que habrá alcanzado a usted en Londres el decreto declarando la injusticia de su persecución y llamándolo al seno de su patria, que ha expedido este gobierno. Al dicho decreto acompañé a usted una ligera carta, porque no hubo tiempo para más. No dudamos que con este decreto se convencerá usted de que aquí deseamos todos ardientemente la venida de usted y que por lo mismo no retardará su regreso, porque faltan todos los motivos que podían hacerlo diferir. Yo estoy contentísimo porque me parecía que estaba en la dignidad de usted y en todo lo que había sufrido por este país, no regresar a él si no era expresamente llamado, y tenía por una iniquidad cada instante que se pasaba sin su llamamiento. Desde la efímera administración constitucional del año pasado, estaba yo muy indignado de que no se quisiese dar este paso.

   Usted habrá recibido la petición que sobre lo mismo hicimos una multitud de ciudadanos de esta capital, y habrá recibido o tendrá la noticia de que esto mismo se ha solicitado por casi todas las provincias del centro. Así, la llegada de usted a nuestras costas será una gran festividad para sus compatriotas y la garantía más fundada de que renacerán nuestros días y gloria pasada. En San José de Cúcuta hubo fiestas formales por algunos días cuando se recibió la gaceta que contenía el decreto: y usted acaba de salir electo primer diputado para la convención por la provincia de Pamplona. Es un dolor que usted no alcance probablemente a concurrir a dicha convención, donde su presencia sería de la mayor utilidad: porque ella debe reunirse el 15 de octubre próximo, y creo que usted no llegará a Cartagena sino hasta noviembre. Las elecciones de diputados para la convención han resultado muy buenas en todas las provincias. Con muy pocas excepciones, la gran mayoría de diputados es de lo mejor que podía nombrarse. Con eso está asegurada la suerte de los trabajos de este cuerpo. Yo he merecido ser nombrado por esta provincia y la del Socorro; y mi hermano lo ha sido por aquella última y por Tunja. Son también diputados el doctor Soto, Márquez, Vélez, Aranzazu (que aún se halla en Venezuela), Angel Flórez, Cuenca, Clemente Rojas, Joaquín Borrero, Céspedes, Gómez Plata, Liévano, López Aldana, etc. Sólo vamos a tener el gran dolor de no ver en esta asamblea al importante Diego Gómez, porque sus azares domésticos lo han puesto en la necesidad de retirarse de la vida pública, y de obligar a sus amigos, tanto aquí como en el Socorro, a que hagan desistir a los electores de su nombramiento.

   La regeneración de este país no ha sido tan completa como debiera ser porque Caycedo es demasiado incapaz y de muy cortos talentos. Su sistema ha sido proteger abiertamente a todos los facciosos y rodearse de ellos. Mucho tiempo tuvimos que soportar hasta los mismos ministros y consejo de estado de Urdaneta. Ya felizmente están, en el ministerio de la guerra el general José María Obando, en el de hacienda el doctor Márquez, en el del interior y relaciones exteriores, que están reunidos, Alejandro Vélez.

   Yo estoy en el consejo de estado con José Manuel Restrepo, Quijano, don Manuel Pardo, doctor Sotomayor, doctor Osorio, etc. El doctor Soto está también nombrado para el consejo, y me ha ofrecido venir. Tiene un hijo malísimo, y está en la mayor pobreza; aunque este es un mal común a todos los que hemos sido perseguidos, y aun a todo el país.

   Conforme al consejo de usted hemos hecho la felicitación al general Lafayette y pueblo de París, que tal vez no alcanza a salir por este correo, pues apenas están comenzando a firmarla.

   Estamos enteramente de acuerdo, tanto Soto como yo y casi todos generalmente en las ideas sobre nuestra organización futura que me manifiesta usted en su última carta. Las provincias de Santa Marta, Mompós y Riohacha reclaman altamente la destrucción del sistema departamental, como que han sido víctimas de él. Las provincias del interior están de acuerdo en lo mismo; hacemos los posibles esfuerzos por salir de tanto militar extranjero y venezolano. Todavía hay sus novedades por causa de esta gente. En Riobamba se sublevó el batallón Tiradores, cuya oficialidad es toda venezolana; pero el pueblo todo se armó y lo ha contenido. La última noticia que tenemos es de que iban a embarcarlos para afuera. En el istmo un tal venezolano, Alzuru, unido a Luis Urdaneta, después de haber reconocido el gobierno, había resuelto desconocerlo. Pero el pueblo estaba en el mejor pie aunque sin poder hacer frente a la fuerza que tenían aquellos malvados. Tomás Herrera acababa de desembarcar en Portobelo a favor del gobierno con 200 hombres, y seguirá más tropa de Cartagena para el istmo.

   En Venezuela se había insurreccionado Monagas y una parte del oriente contra el gobierno de aquel Estado. Mientras vivió Bolívar proclamaban la integridad de Colombia; luego que supieron su muerte pretendían hacer de aquello un estado independiente. Pero acabamos de saber que ya se han sometido a Páez todos los insurrectos, y que Venezuela está por ahora en paz, que no será duradera, porque la movilidad de aquella gente es incontenible.

   El Cauca, que por escapar a la usurpación de Urdaneta se agregó al Ecuador, aún permanece separado de esto y se dan pasos para su incorporación. Parece que el valle del Cauca y Pasto están por nosotros, y que los que están por el Ecuador son los que menos se pudiera creer, a saber: los Arroyos, Mosqueras, etc. Los generales Obando y López están por nosotros. Casanare permanece también separado, y tenemos también esperanzas de que se reincorpore. Desde los primeros días de nuestra regeneración y libertad, hubiéramos recobrado nuestra integridad granadina si hubiésemos tenido cualquier otro hombre que no fuese Caycedo; el más a propósito para descontentar a todo liberal, para disgustar a los que más han trabajado y sufrido por el restablecimiento del orden legal, y para descuidar las provincias más urgentes. Esto convencerá a usted que su venida es urgentísima y que puede ayudarnos mucho para salir de una multitud de conflictos. Yo no dudo absolutamente que usted será nombrado presidente de este nuevo Estado: todos los viejos patriotas estamos por usted y creemos que no habrá la menor oposición.

   La criminal tolerancia y protección que se dispensa a los malvados les da aliento todavía para hacer algunas de sus publicaciones infames contra los que hemos sido constantemente víctimas de sus tiros. En días pasados salió un diálogo en que usted era atacado. Pero se está publicando una victoriosa contestación que he formado yo. Va igualmente a imprimirse la causa de usted y sus representaciones desde Bocachica.

   Mi hermano agradece altamente sus afectuosos recuerdos y me encarga los corresponda con las expresiones de su invariable amistad. He dado asimismo las memorias de usted a todos sus fieles amigos, que todos las han apreciado mucho.

   Vargas Gaitán está de juez letrado en Tunja, buen republicano como siempre. El doctor Ignacio de Márquez, que se está manejando perfectamente, me encarga saludar a usted.

   Su ahijada se ha restablecido mucho después que ha vuelto a su país natal. Piensa a usted constantemente, le desea la más pronta y próspera venida y agradece cordialmente las distinguidas memorias con que la honra en todas sus cartas.

   Sí, mi querido general, venga a restablecer de nuevo todo lo perdido; venga a vivir en medio de un pueblo de amigos y de hermanos que todos lo aman y desean, pero nadie tan ardientemente como su amigo de corazón,

Vicente Azuero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 179, p. 348-351.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 519-522.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 51.

163
Firma: JOSÉ IGNACIO DÍAZ GRANADOS

GOBIERNO DE PROVINCIA
SANTA MARTA, 22 DE AGOSTO DE 1831

Benemérito señor general de división Francisco de Paula Santander.

   Yo he sido honrado con el encargo de dirigir a usted el pliego adjunto: y al evacuar esta comisión satisfactoria, no puedo menos que felicitar al mejor amigo de los pueblos por el triunfo de los principios de su causa. Usted fue una de las víctimas que la providencia salvó del sacrificio; y ahora es usted el colombiano más dichoso al regresar a su patria amada en medio de las aclamaciones de sus conciudadanos, que serían el desagravio más dulce del ostracismo escandaloso que acaba usted de sufrir.

   Si tuviera usted la bondad de preferir este puerto para verificar su ingreso al interior de la República, proporcionaría un día de gozo a un pueblo admirador de su civismo.

   Sírvase usted aceptar los sinceros sentimientos con que soy de usted con la mayor consideración y aprecio,

   Su atento servidor,

José Ignacio Díaz Granados.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

164
Firma: JUAN B. QUINTANA

SANTA MARTA, 23 DE AGOSTO DE 1831

Benemérito general Francisco de Paula Santander. Londres.

   Mi muy querido amigo y señor de todo mi respeto:

   Por Mr. Mathieu tuve la satisfacción de saber el mes pasado que usted disfrutaba completa salud, y que precisamente debió salir de París para Londres el 26 de mayo último, cuya noticia comuniqué a nuestros amigos del interior, y todos calculamos que ya debe estar usted hoy en los Estados Unidos, y que allí habrá recibido el llamamiento que le hizo el gobierno. Sin embargo, yo cumplo la orden de nuestro grande amigo el doctor Franscisco Soto, dirigiéndole el adjunto pliego a Londres, porque según me dice, él contiene el registro de las elecciones de Pamplona, por cuya provincia ha sido usted nombrado primer diputado a la próxima convención granadina, y que igual documento se le ha remitido por Maracaibo a los Estados Unidos.

   Puedo asegurar a usted sin equivocarme, que en Santa Marta como en todos los pueblos de lo que fue Colombia, no hay un patriota que no sea verdadero amigo de usted, y que no desee vivamente su pronta venida a este desgraciado país que tanto necesita en el día de los servicios de usted para que no se lo vuelva a llevar el demonio.

   Los buenos samarios y yo anhelamos porque usted elija este puerto para su regreso, y juzgo inoficioso ofrecer a usted lo poco que valgo, porque creo firmemente que usted no dudará del distinguido aprecio que me merece, y que soy su más obediente y humilde servidor, que besa su mano,

Juan B. Quintana.

   Posdata. Mi tío José de Quintana desde Ocaña no cesa de preguntarme y hacer siempre mil recuerdos de usted. El va a Bogotá como diputado por Mompós. Las elecciones son en lo general excelentes. El primero de los de aquí es el señor Estévez, que ya estará en el puerto de Ocaña: los otros son inmejorables. Mucho tenemos que esperar de esta convención, y tanto más será buena si se reúne fuera de Bogotá, y si empieza a obrar con energía desde el primer día de su instalación. Hay un clamor general por la remoción del señor Caycedo. Ya usted sabrá que Panamá, sofocada por Luis Urdaneta y otros expulsos de Guayaquil, se ha declarado Estado independiente y que de aquí y de Cartagena han marchado fuerzas suficientes para proteger la verdadera opinión de aquel departamento, que es buena. Venezuela está actualmente tranquila, y manda sus comisionados a la convención granadina para acordar el modo de resucitar a Colombia. El Cauca permanece aún perteneciendo al Ecuador y por supuesto no concurre a nuestra convención.

   Aquí está de comandante de armas el general Carmona, y de gobernador el señor José Ignacio Granados (Sigue Nota del Editor...). Troncoso, de Mompós, también va a la convención, y nada más tengo que noticiarle que usted no lo sepa ya.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 10, carta No. 3530, p. 436-437.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 55.

165
Firma: CUBET

PARIS, 29 AUT 1831

   Monsieur:

   Sur la demande de M. Jullien, de la Revue Encyclopedique, j'ai l'honeur de vous envoyer 2 billets pour la seance de la chambre des diputes d'aujourdui, qui ne commencera qu'a 3 heurs.

   J'ai l'honeur de vous saluter.

Cubet,
diputado.
Rue nve des Capucines N° 13-bis.

Traducción:

PARIS, 29 DE AGOSTO DE 1831

   Señor:

   A solicitud del Sr. Jullien de la Revista Enciclopédica, tengo el honor de enviar a usted 2 boletos para la sesión de la cámara de diputados, que se iniciará hoy a las 3 p.m.

   Tengo el honor de saludar a usted.

Cubet,
diputado.
Calle 9a de Capucines N° 13-bis.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4958, p. 181.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

166
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

NUEVA YORK, 31 DE AGOSTO DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Apreciable amigo y señor mío:

   Su carta de usted de 4 de julio escrita en Londres, es la más importante de cuantas he recibido en esta ciudad y usted ha movido todos los resortes en mi corazón de una manera tan noble, que me ha complacido mucho más de lo que yo podía esperar en el estado de amargura en que me hallo por las desgracias que me han arrancado del seno de mi familia y de mi patria. Todos los puntos de que usted se ocupa están tratados con el tino de la experiencia y animados por un patriotismo ardiente, y todos ellos son tan importantes que desearía que usted se hallare aquí para conferenciarlos detalladamente y en toda su extensión. Por tanto siento mucho que usted haya retardado su viaje y no se haya venido (Sigue Nota del Editor...) como yo esperaba, y como creo conveniente (Sigue Nota del Editor...) para nuestra desgraciada patria. Una de las causas que me decidieron a no seguir en Europa fue el deseo de verle (Sigue Nota del Editor...) pues se creía que usted viniese más pronto, según lo que usted había indicado en sus cartas.

   Con fecha 1° del corriente, escribí a usted por conducto de Mr. Allsopp, cónsul de Colombia, incluyéndole copia del decreto del gobierno que da a usted la más completa satisfacción que puede desear; y cuando su corazón de usted debe hallarse tranquilo (Sigue Nota del Editor...) en cuanto cabe de las penas pasadas, espero que vea (Sigue Nota del Editor...) esta cuestión respecto del gobierno li-(Sigue Nota del Editor...) usted tiene mucha experiencia y pre (Sigue Nota del Editor...) una minuciosa apología de la conducta de aquel gobierno con respecto a usted. Compare usted el poder del simulacro del gobierno liberal con el del general Bolívar; examine usted sus atribuciones y poniéndose usted en aquella época. Imagine usted el porvenir. Ahora en el día, considere usted si la reacción extraordinaria que acaba de suceder no será también la consecuencia de la inmensa moderación de ese simulacro de gobierno que para quitar todo pretexto al despotismo y a la arbitrariedad tuvo que resignarse a perecer. Suponga usted a este mismo gobierno destruido en el conflicto de vindicar a sus amigos y acriminado de parcial y de impolítico y adelante usted la imaginación hasta el tiempo presente, después sabrá usted más y yo apelo al juicio de usted mismo.

   Al expresar usted las razones que lo deciden a permanecer en Europa dice usted que si resolviese ir a Colombia, entre otros inconvenientes, sus amigos de usted lo creerían dispuesto a sostener hasta sus errores; despertaría celos y animosidades de todo pretendiente al poder y la desconfianza (Sigue Nota del Editor...) que le persiguieron. Sin embargo usted me aconseja que vaya a Colombia; que modere la exaltación de nuestros amigos; que reprima la tendencia de los contrarios, y que reconcilie a Flores y a Peña con Obando y López (que es lo que significa reconciliar al sur y al norte con el centro o como usted indica). Considere usted las dificultades que a usted le detienen (Sigue Nota del Editor...) para ir a Colombia como particular y mídalas usted con (Sigue Nota del Editor...) fuerzas y mi posición de presidente. Usted (Sigue Nota del Editor...) haber olvidado todo lo que presenta la (Sigue Nota del Editor...) esta crisis, cuando agrega que no ve (Sigue Nota del Editor...) dificultades que (Sigue Nota del Editor...) a presentarme el heroísmo con que se ganó la independencia de Colombia. Présteme usted el apoyo de los héroes de la independencia; venga usted mismo a ayudarnos, y yo entraré como uno de tantos con mi pequeño contingente. Quiero decir que si se necesita de un genio superior capaz de vencer o dominar los acontecimientos yo no soy ese hombre; y que si nuestra patria, aleccionada ya por la experiencia de tantos sacrificios y reveses, ha llegado a esa época en que la opinión pública se rectifica y sigue dócil al instinto del bien no me necesita como jefe. Pero no es mi ánimo evadir la dificultad ni excusarme al deber aunque me exponga al sacrificio; y en el año pasado probé que sabía presentarme al peligro y delante de un Colón que podía abrumarme. Hoy que ha triunfado la causa que yo defendía y a la que pertenezco, y cuando (Sigue Nota del Editor...) se le oponga se verán mis razones en (Sigue Nota del Editor...) sentido. Incluyo a usted una copia de la contestación que he dado al señor Caycedo y en ella verá usted los fundamentos sólidos en que apoyo mi denegación a regresar por ahora a Colombia, y espero que usted en su vista y considerando mil razones más que son obvias apruebe mi resolución. En otras ocasiones he tenido duda de lo que debería hacer, y en esta vez me hallo tan convencido de que no puedo ir a ocupar el puesto de presidente, como de que no debo aspirar a tocar la luna con el dedo. Tal vez fui (Sigue Nota del Editor...) necesario; pero no fui el candidato de (Sigue Nota del Editor...) ningún partido y hoy mismo no me (Sigue Nota del Editor...) nada.

   Todo lo que usted me dice sobre restablecer el crédito de Colombia y los medios que podrían emplearse es muy bueno. Sus ideas de usted para reconciliar los intereses locales son exactas y laudables. Y finalmente cuanto usted indica es bueno, como dictado por la experiencia de un antiguo patriota que ha presidido a Colombia y que le pertenece de coeur et dâme como usted dice. Pero según un proverbio es preciso comenzar por el principio, y el principio es fundar un gobierno que merezca el nombre. No es mi ánimo ponderar las dificultades, ni creo que me hallo dominado de melancolía; pero temo mucho que Colombia siga las huellas del Río de la Patria y aún me parece que ya veo el origen de males semejantes, no hay joven que no se crea apto para todo, ni coronel que no se juzgue (Sigue Nota del Editor...) de ser elevado a general. Todos quieren vivir (Sigue Nota del Editor...) público. Cada partido tiene su fuerza y la sostiene como la áncora de sus esperanzas. Entretanto (Sigue Nota del Editor...) quiere que se minore el ejército; que se supriman empleos inútiles; que se reprima la exaltación que quiere vacantes para ocuparlas. Yo convengo con usted de coeur et dâme en el santo objeto que usted se propone, pero repito que para llegar a este término es preciso comenzar por el principio y el preliminar de este principio es formar un convento (Sigue Nota del Editor...) todos los patriotas que merecen (Sigue Nota del Editor...) esta empresa usted hace falta. Véngase usted a Nueva York y desde aquí verá usted todo más de cerca y conocerá que desde aquí se puede hacer mucho. Usted tiene razón en creer que los que le han ofendido deben temerlo, que hay algunos entre los cuales me encuentro yo, que pueden influir bastante para disipar esos recelos y propender a lo que yo llamo el concierto general. Sus cartas de usted me han servido ya para hacer algo de esta clase y espero mucho de este tiempo que purifica tantas pasiones y tantos errores, y que nunca ha sido tan feraz en resultados asombrosos como al presente.

   Diré a usted por último con franqueza que creo que usted ha tenido razón para no regresar a Colombia, pero que ha debido venir a este país para acercarse a sus amigos y para ayudarnos en hacer algo que pueda (Sigue Nota del Editor...) nombre colombiano a su primitiva es (Sigue Nota del Editor...), yo hubiera de escribir a usted todo lo que (Sigue Nota del Editor...) y todo lo que pienso y se, no acaba (Sigue Nota del Editor...) en un volumen. Sin embargo, permítame usted recomendarle una circunspecta reserva en sus cartas cuando no sean escritas a amigos viejos de usted y muy colombianos. Usted no es ni puede ser un hombre privado y en cierto modo usted es una propiedad de la Nueva Granada y aun de Colombia, y sus apoyos y sus auxilios han de ser sin duda los viejos patriotas si se tiene el (Sigue Nota del Editor...) de (Sigue Nota del Editor...) conocer su positivo interés de (Sigue Nota del Editor...) no habrá sacrificio que no haga por la unión, por esta unión sin la cual nos perderemos sin remedio. Solamente me niego a ir a ejercer el poder ejecutivo porque no me creo capaz de hacer lo que se necesita hacer y porque no debo engañar a mi patria ni engañarme; por lo demás serviré en cualquier cosa y a cualquier costa en todo lo que sea la causa nacional. Muriera de pena si creyese que Colombia dejaba de existir estoy (Sigue Nota del Editor...) cualquier sistema con tal que exista Colombia de un modo que merezca llamarse existencia política de una nación. Ciertos liberales que no son colombianos viejos como nosotros ni de coeur et dâme combaten esta idea, o la miran con frialdad, algunos de ellos querrían que nos despedazáramos, y yo digo como nuestro famoso Jorge Lozano "Aquí de la regencia anda la gata". Crea usted que se nos tienden (Sigue Nota del Editor...) y que algunos colombianos inexpertos (Sigue Nota del Editor...) red como la mosca. Repito que usted debe venirse (Sigue Nota del Editor...) y que si no nos unimos todos nos perdemos.

   Tal vez me he excedido ya de lo que se puede fiar a una carta y usted me disculpará si conoce que usted es la causa. El final de la carta de usted es del antiguo general Santander; y me ha hecho recordar tan vivamente nuestros tiempos heroicos y nuestra antigua unión que me han salido las lágrimas al compararlas con el tiempo (Sigue Nota del Editor...). Me he acordado de nuestros famosos patriotas (Sigue Nota del Editor...) han desaparecido y al encontrarme con usted cuando Colombia también parece querer perderse, siento una sensación que sólo es comparable con la idea que tengo de la resurrección. Salvémonos como nuestras almas cuando perece el cuerpo, para sobreponernos a esta fatal cosa que se llama el aniquilamiento. Venga usted, que somos ya muy pocos los que quedamos y si no podemos salvarnos perezcamos juntos como Catón, para no sobrevivir a nuestra deshonra. Acuérdese usted de lo que fuimos y vea lo que somos y olvídese de toda idea que no influya para restaurar nuestra existencia política. Aquí me detengo porque no quiero dejarme arrastrar del impulso que ha dado usted a mis sentimientos por (Sigue Nota del Editor...) mi patria y a una amistad antigua y fundada sobre bases tan sólidas. Pero si usted estuviere pre (Sigue Nota del Editor...) hablaría hasta desahogar mi alma (Sigue Nota del Editor...) sin reservas.

   Adiós mi antiguo y buen amigo, venga usted volando y no olvide a su decidido, apasionado amigo y servidor que besa su mano,

Joaquín Mosquera.

   Aprecio y agradezco las memorias de doctor Domingo Acosta y se las (Sigue Nota del Editor...) de buena voluntad. Ojalá hubiera muchos jóvenes como él.

   Escríbame usted bajo cubierta rotulada a Thomas G. Gary Esquire, 90 Pine Street. New York. Si usted me dijera algo que merezca reserva, escríbame por separado, recomendando que se entregue la carta en mis manos.

   No alcanzo a enviar a usted la copia de mi oficio a Caycedo porque me ha dado un dolor al hígado y al brazo que me molesta mucho, irá después si pudiere escribir; pues me tiene este ataque con mucho cuidado. Rojas se fue ya para Cartagena el día 24 del corriente. Arganil esta aquí, no lo entiendo. Pensando que esta carta llegue a París cuando usted se haya venido, le remito la dirección de mi oficio bajo cubierta de mi hermano Manuel María, a quien escribo bajo cubierta (Sigue Nota del Editor...) y en su nombre Cher Churviteaux (Sigue Nota del Editor...) Rue Saint Joseph W. 3 a Paris.

FUENTE DOCUMENTAL
Del manuscrito original No. 127/12 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2832, p. 313-318.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 57.

167
Firma: JAMES HENDERSON

BOULOGNE, 13 DE SEPTIEMBRE DE 1831

   Estimado señor:

   Siento mucho que yo no hubiera estado aquí cuando usted me honró con su visita y ahora tengo que acusar con gran placer el recibo de su carta del 10 del presente mes desde París. Estimo en grado sumo las seguridades de su favorable opinión relativa a mi conducta como empleado público del gobierno británico durante mi residencia en Colombia. La buena opinión de un personaje que tiene la distinguida situación, como usted la tuvo, de primer magistrado de la República, por varios años de mi permanencia en Bogotá, es particularmente importante para mí. Fue la regla de mi conducta, y mi mayor deseo durante la desafortunada disensión que prevaleció en Colombia, no ofender a ningún partido, y creo que exitosamente cumplí mis deseos, no obstante las maquinaciones de algunas personas maliciosas que eran todo menos amigas de su gran y prometedor país.

   Yo recordaré con satisfacción, general Santander, hasta la última hora de mi vida, así como toda mi familia, la gran amabilidad que experimentamos sin excepción de los colombianos, quienes son amigables y bondadosos como ningún pueblo.

   Yo recordaré con igual placer su afabilidad como primer magistrado de un país a cuyo gobierno fui comisionado como funcionario público por el rey de Inglaterra; así como su invariable, amable protección de los súbditos de su majestad, y la debida atención a sus justos derechos e intereses.

   La señora Henderson y mis hijas sinceramente le agradecen sus muchas expresiones de gentileza hacia ellas, y se unen a mí deseándole de corazón un viaje a salvo y un feliz regreso a su tierra nativa y una larga vida de felicidad y de real satisfacción en el cariño de su país.

   Mis hijas querían pedirle el favor para que sea el portador de algunos insignificantes presentes para sus amigos en Colombia, pero su inmediata partida, las privará de esta oportunidad.

   Con distinguida consideración y estima tengo el honor de ser, mi estimado señor, de usted, fielmente,

James Henderson.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 531-532.

168
Firma: A. VELEZ

BOGOTA, 28 DE SEPTIEMBRE DE 1831

   Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi siempre querido general:

   Considerándolo a usted en los Estados Unidos le dirijo allí esta carta, cuyo principal objeto es manifestar a usted que mis sinceros sentimientos de afecto y amistad hacia su persona no han padecido alteración alguna por las vicisitudes de los tiempos; y que por el contrario, la larga ausencia no ha hecho sino radicarlos más, siendo ellos fundados sobre una estimación verdadera y una simpatía perfecta en nuestro modo de percibir el bien de nuestra patria.

   Largo e inútil sería decirle, mi querido general, todo cuanto ha sucedido entre nosotros en este año. Usted lo sabrá todo muy bien, y sólo me detendré en instarle que se venga. Véngase cuanto antes a contribuir con sus servicios y su influjo al sostenimiento de esta patria arrebatada últimamente con tantos sacrificios, de las garras del poder militar. Es muy probable que el congreso granadino necesite de usted, y sería mucho inconveniente, no sólo que no estuviese ya acá, sino que ni se supiese su verdadero paradero (Sigue Nota del Editor...). Véngase usted, que el gobierno mismo por un decreto muy honroso lo ha llamado y sus conciudadanos lo desean.

   El señor Caycedo me ha honrado demasiado encargándome como lo ha hecho de los ministerios del interior y relaciones exteriores, que actualmente desempeño. Sin duda esta es una carga muy superior a mis fuerzas y me consuela solamente saber que dentro de quince días la dejaré para tomar un asiento en el congreso, para el que he sido nombrado por mi provincia. A principios del año pasado escribí a usted desde esta ciudad una carta de cuatro pliegos de larga y que le remití con el señor Rafael Ayala. Este me ha dicho ahora aquí que la entregó en París al joven que viaja con usted, que estaba en aquella ciudad mientras usted andaba por Italia. Desearía saber si ella llegó o no a sus manos.

   Adiós, mi querido general. El saber que usted ha desembarcado en Colombia será un día de mucho placer para su fiel y antiguo amigo,

A. Vélez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4839, p. 16-17.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 62.

169
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 29 DE SEPTIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy señor mío:

   Por el paquete inglés que se halla en este puerto y debe salir dentro de ocho días por hallarse en cuarentena, remitiré a usted la suma de $2.416 que en las dos últimas remesas me envió para usted el señor Arrubla.

   Por los últimos partes oficiales recibidos del istmo, sabemos que el coronel Herrera se había posesionado de Panamá después de tres combates en que venció al coronel Alzuru. Este último, el general Luis Urdaneta, un capitán y un paisano han sido pasados por las armas en Panamá, a consecuencia de sus últimos crímenes cometidos después de la tranquilidad en toda la República, siendo el más notable el haber Alzuru asesinado a la vista del ejército protector a los paisanos que Herrera le mandó como parlamentarios.

   Con sentimientos de amistad soy de usted su afectísimo servidor y amigo que besa su mano,

M. M. Núñez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3014, p. 84.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 98.

170
Firma: PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN

PARIS, 1° DE OCTUBRE DE 1831

   Señor general Santander:

   Con el pie en el estribo quiero tener el gusto antes de partir para Italia de felicitar su llegada a Nueva York, que deseo y supongo sin novedad. Aquí seguimos con tranquilidad después de las pocas desgracias que ocurrieron en las últimas conmociones de que usted vio una parte. El ministerio, o, mejor diré, todos los gabinetes del continente se mantienen en una situación poco segura y rodeados de precauciones que hacen ver cuántos peligros los amenazan hasta que por último haya un buen sacudón para saber quién puede más y para renovar o sustituir los tratados de la santa alianza como resultado necesario.

   Las noticias que nos llegan del centro y del norte de Colombia son cada vez mejores, y esto asegura más mis esperanzas de que usted va a emplear sus servicios con muchas oportunidad. Del sur nada sabemos.

   Permítame usted, general, que le presente mis ideas sobre un proyecto que usted me manifestó la última noche que comimos donde Lointier, cuando nos retirábamos los dos solos para nuestras casas; me dijo usted que nombrado el señor Mosquera presidente de la República, usted serviría con gusto la secretaría de guerra. El pensamiento a mi parecer es muy bueno en una parte. Prescindiendo de que a usted lo nombren para una de las dos altas magistraturas, como lo creo cuasi sin duda, convendría que usted hiciera parte del gobierno, pero no en el departamento de la guerra. Allí tendría usted que contraer toda su actividad exclusivamente en la organización del ejército y en reformas y detalles militares que no le dejarían lugar ni para pensar en otra cosa, y además ¿no conoce usted que el que se haga cargo de semejante tarea debe arrastrar seguramente muchas enemistades? No se lisonjee usted con que las leyes lo salvarían de este inconveniente bajo un sistema constitucional; no señor, es preciso no conocer los hombres. Por otra parte, si usted defiende con mucho empeño los intereses del ejército, tendría usted de nuevo la acusación que tantas veces le han hecho de haber establecido o contribuido a establecer un sistema militar que oprimía la República. Hace mucho tiempo que le he dicho y lo repito ahora con más razón, que de la organización del departamento de guerra depende la estabilidad del orden en Colombia y por supuesto nuestra existencia nacional. Usted mejor que yo sabe de dónde han procedido nuestros males. Esta convicción me evita decir más sobre el particular. Contribuya usted con todos sus conocimientos para este importante trabajo, pero por lo mismo esté usted seguro que quien dirija todas las reformas que necesitamos con urgencia en el departamento de la guerra no debe ser quien las ejecute en detalle. Fuera de esto, ¿hay algún portafolio, excepto el de marina, que usted no pudiera tener con tanto lucimiento como el de la guerra? En mi concepto el de relaciones exteriores está calculado para usted, porque sirviéndolo perfectamente tendría usted sobrado lugar para dedicarse a la marcha del gobierno en general, y aun a darle movimiento en grande al de la guerra. Por último, no es por lo que usted haga en tal o cual ministerio que a mí me parece haría usted el mejor servicio a Colombia, sino porque aprovecharía la influencia que necesariamente obtendría allí para llevar a cabo sus ideas para constituirnos: lo demás es muy subalterno.

   Viene al caso y no me desentenderé de decir a usted que nos han venido noticias de muchas proscripciones, y esto no me gusta absolutamente. Esto es mantener una guerra continua entre los partidos y es obligar a los vencidos a que busquen medios de vengarse. No es justo hacer confianza de los hombres que de su vida pasada no dan suficientes garantías de su probidad, que no obtengan destino alguno, pero que no los persigan. Sin tolerancia política nada hacemos, esa tolerancia que no debe tener otros límites que la seguridad común cuando directa o indirectamente es atacada. Sin ella no habrá más libertad que para el partido dominante. Parece que sin ocurrir a otros países, el nuestro nos da bastantes lecciones que no debemos perder. ¿Me dirá usted que yo hablo así porque yo mismo estoy medio proscripto o proscripto temporalmente aunque por mi gusto? Pero ya usted sabe cuál es mi resolución. Yo no iré a Colombia antes del año 34 aunque me llamen, y de él en adelante no permaneceré fuera de mi país aunque me proscriban.

   Tengo mucha confianza en que la intervención de usted va a moderar muchísimo los partidos. Se le abre a usted una carrera de gloria que le envidiaría Washington. Urdaneta que firmó la sentencia de muerte de usted, absuelto de su destierro por mediación de usted, y su familia protegida por usted mismo, es una satisfacción que se puede envidiar más que la presidencia de la República. Diré a usted también que Urdaneta se ha lanzado mil veces de buena fe en los comprometimientos más delicados, y si no hubiera sido por la conducta que él observó últimamente con el Libertador en Bogotá, que lo alejó de sus antiguos amigos o, mejor diré, lo desacreditó sin ganarse la confianza de sus enemigos, él hubiera sido mirado después con mucha más consideración por todos los partidos. No pierda usted medio alguno, querido general, para hacer conocer desde Nueva York las intenciones que lleva porque en proporción a la confianza que usted inspire serán las ventajas que usted conseguirá. Yo por mi parte he escrito con este objeto a mi familia y a varios de mis amigos, seguro de que me creen lo que digo, y tal vez ninguno duda de mi buena fe entre los que no son mis amigos, aunque me atribuyan las opiniones que quieran.

   Cada vez estoy más contento con mi proyecto de hacer aquí una campaña porque se me proporcionan mil ventajas para verificarlo, y porque ésta es la mejor circunstancia de hacer algo que me recomiende a la consideración de mis compatriotas. Espero la licencia con desazón, pero en caso que me la nieguen, yo procuraré no perder mi tiempo. Mi retiro y el jardín de Luxemburgo son testigos que no son los teatros ni las diversiones lo que me retiene en Europa sino los medios de instrucción, pues aunque no soy muchacho creo que no es tarde para emplear todos mis medios en hacerme útil a mi país si alguna vez me necesita y a mí mismo en todas circunstancias.

   Vuele usted, mi querido general, sin dilación a llevar a cabo sus proyectos nobles y patrióticos. Que la fortuna lo acompañe a usted para que nos presente a Colombia constituida, libre y unida (en federación). ¿Quiere usted más recompensa? Nuestra gratitud no será un obsequio insípido para usted.

   Lo saluda a usted con los mejores sentimientos de amistad y respeto,

Pedro Alcántara Herrán.

   Le drapeau colombien toujours flotte sur... la rue Lafayette ¿por qué tuvo usted el capricho de presentar dos candidatos? Las dificultades se vencieron por fin y ya usted tiene sucesor. El está loco de contento porque se cree el hombre más feliz del mundo: no se ocupa más que de su nueva fortuna y quien sabe cuánto tiempo se detendrá en París. El candidato militar tuvo que retirarse, pero parece que para consolarlo le concedieron los honores de... la guerra.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2124, p. 321-324.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 63.

171
Firma: FRANCISCO DE P. VELEZ

BOGOTA, 5 DE OCTUBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general y amigo:

   Al tomar en esta vez la pluma para escribir a usted, no sé cómo explicar las diversas sensaciones que me causan la memoria de usted, los males de nuestra pobre patria, los recuerdos de gratitud y amistad y la distancia a que usted se halla.

   Quisiera hablarle a usted muy largo de cada cosa, en particular de aquellas que interesan a la patria; y aun de mí, de mis diversos acontecimientos en la parte que me ha tocado en este laberinto de partidos y alternativas de esclavitud y libertad. Pero no es posible detenerme en referir y hablar de sucesos que o bien ya son sabidos o me causa su relación, tormento y desesperación. No quiero sino saludar a usted y preguntarle si está ya resuelto a venir o si quiere ser una vez criminal negando sus servicios a la patria cuando le son de absoluta necesidad.

   Su amigo,

Francisco de P. Vélez.

Posdata. Pachita con toda la familia saluda a usted.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4850, p. 29-30.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 67.

172
Firma: SEGISMOND LEIDESDORF

PARIS, LE 18 OCTOBRE 1831

Monsieur le Général Francisco de Paula Santander.

   Mon cher Général:

   La lettre que vous m'avez écrite avant votre départ du Havre ne m'est parvenu que trop tard pour mes voeux, car ne vous trouvant plus à Londres et n'ayant pas la moindre idée que vous partirez si tôt, je serai venu exprés pour vous voir encore une fois. Mais ce sont a présent des regrets inutiles. J'ai d'abord à vous dire que le Constitutionel par l'organe de Mr. Bremont n'a pas voulu insérer la représentation que vous m'avez laissé, attendu qu'elle contenait un blâme contre le Général Bolivar dont il avait toujours defendu "le beau caractêre". Je me suis adressé depuis par un de mes amis le baron d'Est au Courrier Francais qui avait d'abord les mèmes scrupules, mais qui le proimit enfin, sans tenir parole... J'y étais plusieures fois et il me disait qu'il avait reçu des communications directes de votre part, mais que je n'ai pas rencontré non plus dans son journal. Je croyais donc qu'il ne valait pas la peine de trop prier ces messieurs et aprés tout, il n'y a rien de perdu prce que le fait de votre rappel honorable dit tout, et la verité ne tardera pas à se faire jour.

   J'espére que vous étes en bonne santé et je suis extrémement desireux d'avoir de vos nouvelles et de savoir comment vous vous plaisez aux Etats Unis, si remaquables sous tant de rapports. Les nouvelles de la Colombie laissent bien augurer et certainement ce ne sera pas un des moindres avantages de la pacification de vous a voir rappellé dans son sein. J'espère vous voir à la tête des affaires et je repête avec plaisir ce que j'avait dit a D. Gerónimo et au Général Herrán que ce qui doit vous donner de nouveaux titres à l'estime générale, c'est cet esprit de conciliation qui, ce qui est plus ne vous coûte aucun effort sur vous même. Je vous prie Monsieur le Général de n'en faire aucune exception; votre gloire m'est chère et comme j'espére que le temps des dechirement intérieurs est déja aussi loin que la guerre étrangère, rien doit manquer au lustre de vos vertus civiques. Je n'ai aucun doute que le rétablissement d'une administration sage et éclairée les feront briller dans tout leur éclat et que vous serez puissamment aidé par ce grand citoyen que je m'honore d'appeller mon ami, Spes alta Roma. Ai-je besoin de nommer te Docteur Soto?

   Je vous remercie infiniment des choses obligeantes que votre lettre contient et je me plais à croire que vous m'avez toujours compté parmi ceux qui vous son attachés et auxquels vos souffrances vous ont encore rendu plus cher. Les protestations sont inutiles et se refusent même à un sentiment profond et desinteressé. Je conserverais également mon affection pour votre pays et je tiens à coeur de lui être utile, où je pourria. Je me fixerai probablement à París et veuillez m'adresser vos lettres aux soins de Monsieur Jacques Lefebvre, Deputé, París.

   Il a peu de nouvelles. Depuis mon retour j'ai remarqué que les principes de la restauration ont gagné beaucoup de monde et qu'on est rassassié de parler politique. Les tribunes sont presque désertes et la Chambre des Deputés est extrémement discreditée par la faiblesse et l'inexpérience qu'elle a demontré dans les débats surtout sur l'heredité de la Pairie, que peut être regardée comme abolie. Dans cette question la Chambre a voté contré sa conviction a ce qu'il paraît et seulement pour satisfaire les engagements pris d'avance envers les committants, c'est-a-dire le mandat. On ne sait pas encore si les Paires consentiront a se suicider. Mais une espéce de compromis sortira probablement de tous ces conflits. Le Ministére Périer se maintiendra, sauf quelques changements partiels par moyen desquelles on se debarrasera des mediocrités inutiles tels que Barthe, Montalivet etc. La session actuelle s'occupera encore de lois Departementales et Municipales. Jusqu'a présent les Comunes ont fait de tres mauvais choix; la classe moyenne a été exclue au profit des gens du peuple qui a peine sachent lire et qui embarrasse par leur ignorance les autorités locales. Lafayette lui-même n'était que le cinquième élu dans sa commune oû il est toutpuissant, et tout paraît indiquer que la France jouissait precisément d'autant de droits politiques que sa civilisation peu avancée pouvait supporter.

   En Angleterre le succês de la reforme d'une manière ou d'autre est assurée et la paix sera mantenue en Europe. La Conférence de Londres a decidé la question entre la Hollande et la Belgique. La premiêre y adheré mais l'autre en est mecontente. Le seul service que la révolution de juillet jusqu'à présent a rendu a la cause humaine est d'a voir demontré l'inutilité des armées permanentes et d'avoir realisé en quelque sorte les beaux rêves de Henri IV et de l'abbé de St. Pierre.

   On m'a dit qu'on mettra en scene sous peu a la Porte St. Martin l'Histoire de Bolívar et la nui du 25 septembre où figurera comme de rigueur doña Manuela Sáenz. Un jeune colombien dont je n'ai pas pu découvrir le nom, ayant un collaborateur français en est l'auteur et l'on se promet un grand succés. Les mémoires de Decaudray d'Holstein viennent d'être traduites en français et allemand.

   Portez-vous bien mon cher Général et croyez moi.

   Votre tout devoué,

Segismond Leidesdorf.

Traducción:

PARIS, 18 DE OCTUBRE DE 1831.

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Querido general:

   La carta que usted me escribió antes de su partida de El Havre no me llegó infortunadamente a tiempo, porque no encontrándose usted ya en Londres y no teniendo yo la menor idea de que usted viajaría tan pronto, habría venido expresamente a ver a usted una vez más. Pero al presente estas lamentaciones son inútiles. Tengo que decir a usted que El Constitucional, por orden de Mr. Bremont, no quiso incluir la representación que usted me dejó, atendiendo a que ella contenía una calumnia contra el general Bolívar, del cual él había siempre defendido "el buen carácter". En seguida me dirigí, a través de uno de mis amigos, el barón d'Est, al Correo Francés, quien dijo tener los mismos escrúpulos, pero lo prometió sin cumplir palabra. Fui muchas veces y me decía que había recibido comunicaciones directas de usted, pero nunca las encontré publicadas en su periódico. Creí no valia la pena rogar demasiado a estos señores y que después de todo no se había perdido nada porque el retorno honorable de usted y la verdad no tardaría en brillar y esclarecerse.

   Espero que usted goce de salud. Estoy deseoso de tener noticias suyas y saber cómo le han agradado los Estados Unidos, tan notables en muchos aspectos. Las noticias de Colombia permiten buenos augurios, y ciertamente no sería una de las menores ventajas de la pacificación de los espíritus el haber llamado a usted a su seno. Confío verlo a la cabeza de los negocios públicos, y repito con placer lo que dije a don Jerónimo y al general Herrán, que lo que debía dar a usted nuevos títulos a la estimación general es el espíritu de conciliación, que no cuesta a usted mayor esfuerzo. Ruego a usted señor general no hacer ninguna excepción. Su gloría me es querida y como espero que los tiempos de desgarramientos internos están tan lejos como de una guerra extranjera, nada debe faltar al lustre de sus virtudes cívicas, y no dudo que una administración clara y juiciosa hará brillar en todo su esplendor la labor de usted y que usted será poderosamente ayudado por el gran ciudadano que me honro en llamar mi amigo. Spes alta Roma. ¿Tendré necesidad de recordar al doctor Soto?

   Agradezco a usted infinitamente las cosas obligantes que su carta contiene y me complazco en creer que usted me ha contado siempre entre sus amigos más cercanos y los que por sus sufrimientos los han hecho más apreciados. Las protestas son inútiles y se apartan igualmente de un sentimiento profundo y desinteresado. Conservaré igualmente todo mi afecto por su país y deseo de todo corazón de serle útil donde pueda. Me estableceré probablemente en París, y dígnese usted dirigir sus cartas al cuidado del señor Jacques Lefebvre. Diputado. París.

   Hay pocas noticias. Después de mi regreso he notado que los principios de la restauración han ganado mucho y que están saturados de hablar de política.

   Las tribunas están casi desiertas, y la cámara de diputados está en extremo desacreditada por la debilidad e inexperiencia que ha demostrado en los debates, sobre todo de la heredad de los pares, que está mirada como abolida. En esta cuestión, la cámara ha votado contra su convicción, según parece, y solamente por satisfacer los compromisos con los concomitantes, es decir el mandato. No se sabe todavía si los pares consentirán en suicidarse. Pero una especie de compromiso saldrá probablemente de todos estos conflictos.

   El ministerio Périer se sostendrá, salvo algunos cambios parciales por medio de los cuales se desembarazarán de mediocridades inútiles como Barthe, Montalivet, etc. La sesión actual se ocupará todavía de las leyes departamentales y municipales. Hasta el presente los comunes han hecho pésimos nombramientos; la clase media se excluyó, prefiriendo las gentes del pueblo que apenas saben leer y que complican con su ignorancia a las autoridades locales. El mismo Lafayette no fue sino el quinto elegido en su comuna donde él es influyente, y todo parecía indicar que Francia disfrutaba precisamente de tantos derechos políticos como su civilización poco avanzada podía soportar.

   En Inglaterra los resultados de la reforma de una u otra manera están asegurados y la paz será mantenida en Europa. La conferencia de Londres decidió la cuestión entre Holanda y Bélgica. La primera se adhirió, pero la segunda está descontenta. El solo servicio que la revolución de julio hasta ahora ha rendido a la causa de la humanidad es haber demostrado la inutilidad de ejércitos permanentes, y de haber realizado en alguna forma los bellos sueños de Enrique IV y del abate de St. Pierre.

   Me han dicho que pondrán en escena dentro de poco en la Porte St. Martín la historia de Bolívar y la noche del 25 de septiembre, donde figurará como de rigor doña Manuela Sáenz. Un joven colombiano, que no he podido descubrir su nombre, tiene un colaborador francés y es el autor, y promete un gran éxito. Las memorias de Decaudray d'Holstein acaban de ser traducidas en francés y alemán.

   Cuídese bien mi querido general y créame su devoto,

Segismond Leidesdorf.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2235, p. 7-11.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 67.

173
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 19 DE OCTUBRE DE 1831

   Venerado y muy querido amigo mío:

   La esperanza que he tenido del pronto regreso de usted y el viaje de San José de Cúcuta a esta ciudad, me han estorbado escribir a usted después de mis tres cartas remitidas en julio y agosto por Maracaibo y Santa Marta, con dirección alguna a los Estados Unidos y las otras dos en derechura a Londres. En ellas comunicaba a usted su nombramiento de representante por Pamplona y le incluía la súplica de la villa de San José para que viniese cuanto antes, y por aquel pueblo, que es el más patriota que yo conozco de Caracas a Bogotá. También le acusaba recibo de aquella famosa carta empezada en Roma y concluida en París, que tuvo usted la bondad de enviarme y que todos cuantos la han visto la tienen calificada de monumento indestructible del patriotismo de su autor, de sus grandes miras políticas, del gran fruto que ha sacado de su proscripción y de título el más relevante para que la patria deposite en usted su mayor confianza. Debiera publicarse dicha carta, asi como la otra en que me habla usted de la Inglaterra con respecto a la Francia; pero ya que no estoy autorizado para ello, la divulgo en cuanto me es posible, seguro de que hasta Madame English se ha visto en la necesidad de reconocer el mérito de usted. Decía que las circunstancias indicadas me han impedido escribir, y hoy empiezo a ejecutarlo dando recibo de la muy pequeña cartica que me dirigió con fecha 26 de abril, de la que escribió a Lleras y que se me ha entregado aquí hace cinco días, y por último de las que me acaba de dar, escritas el 15 de julio en Londres. No puede usted imaginarse cuánto es el alborozo que cada una de ellas me causa, y le aseguro que es la mejor recompensa de mis grandes padecimientos durante el régimen del terror.

   20 de octubre. Antes de hablar de otras cosas, diré a usted que hoy se ha instalado la convención granadina. El 15 nos habíamos declarado en comisión por falta del número requerido. Yo fui nombrado entonces director, y hoy lo ha sido Márquez de presidente provisorio, y Florentino de secretario permanente. Yo merecí de algunos que me eligieran de vicepresidente. Hubo todo el aparato oficial que se acostumbró, según dicen, para la inauguración del Admirable, concurrió bastante pueblo a la barra y galerías (Sigue Nota del Editor...): pero no hubo aquellas demostraciones de regocijo en que un vecindario más entusiasta o menos frío debiera haber prorrumpido. Bogotá se resiente de su clima, de las rigurosas lluvias que ahora sufrimos, de la maléfica influencia de Bolívar y Urdaneta, del fanatismo que ellos exaltaron y de la conducta inconsecuente del gobierno restaurado.

   He tenido la fortuna de que usted en sus cartas ha confirmado mis opiniones políticas. Usted ha visto por las mías que yo soy colombiano federalista de corazón, y ahora añado que no siendo posible el establecimiento de esta clase de gobierno, porque en Venezuela Páez en 1829, dirigido por Peña, extravió la revolución hacia una independencia absoluta; y Monagas en 31 vino a hacer execrable hasta la palabra integridad; porque en la Nueva Granada Urdaneta, Briceño, Carrillo y su complot de salteadores logró radicar el aborrecimiento a todos los venezolanos; debemos a lo menos aspirar a la conservación del nombre de Colombia, y a una confederación de los estados, de la cual sea una parte el de la Nueva Granada. Conozco que esto presenta el día de hoy sus inconvenientes. El gobierno o cuerpo diplomático, como quieren los del Ecuador que represente la confederación, será esencialmente débil, pero más débiles serán los estados en una absoluta separación. Exigirá algunos gastos, pero es menester erogarlos, so pena de que si no, desaparecerá nuestra respetabilidad como nación y esto para mí es tamaña desgracia porque aún no estoy convencido de que la Nueva Granada tan cercana a la Europa y con Venezuela de vecino, y con Flores de rival, pueda reducirse a la patria del doctor Francia. Mis deseos, pues, se limitan por ahora a que no digamos expresamente que ha cesado de existir Colombia, ni el gobierno de Colombia; sino que organicemos la Nueva Granada, omitamos toda declaración afirmativa o negativa de aquella naturaleza y presupongamos siempre que haremos nuevos esfuerzos para restablecer los vínculos nacionales más estrechos posibles con Venezuela y el Ecuador. Algunos de mis compañeros, y respetables por su influjo, piensan de contrario: mas yo preguntaré: ¿qué mal nos resulta de la conducta que aconsejo?, ¿los bolivianos del interior no se servirán de la circunstancia de ver despedirse a los agentes extranjeros (que son muy malos a excepción del de los Estados Unidos) para imputarnos que los jacobinos hemos destruido hasta la independencia nacional? En caso apurado, yo me valdré de la autoridad de usted, como que es venerable en todo sentido.

   Del Cauca se han recibido noticias desagradables. Las tropas que había mandado Flores de Quito, a pretexto de calmar los temores de una revolución haitiana en el Valle, fueron arrojadas de Popayán. En esta ciudad los aristócratas (porque también los hay en la Nueva Granada) son decididamente ecuatorianos y en Pasto los frailes, que todos son (Sigue Nota del Editor...) el resto de la población tiene sentimientos granadinos. Tal situación y el carácter (Sigue Nota del Editor...) rompimiento y este sería el colmo de nuestra desventura.

   Moreno, según dicen, disgustado con la administración; en Casanare hay tres o cuatro hombres influyentes que quieren la incorporación a Venezuela; pero es creíble que con la llegada de Moreno se allane esta dificultad y la Nueva Granada recupere una provincia sin la cual no se puede vivir tranquilo desde Bogotá a Cúcuta.

   21 de octubre. Por lo dicho conocerá usted mi modo de ver las cosas. En Caracas el año de 29 y en el Zulia en el pasado y el presente, he observado que la masa popular quería el restablecimiento de Colombia bajo el sistema federal; los comerciantes procedentes de Maracaibo sostienen esa opinión, como que en su concepto es necesaria para la conservación del tráfico interior. En Valencia por el influjo de Peña se querrá otra cosa; y en la provincia de Caracas habrá todavía muchos partidarios de aquel sistema, porque los caraqueños lo miran como una garantía de su libertad. Acá en Bogotá y aun en Tunja y Socorro piensan y quieren la separación absoluta. Fuera de la causa expresada anteriormente, creen nuestros políticos que ella nos importa demasiado, y aseguran que no hay ningún peligro de parte del extranjero. Usted recordará que la manía de los que habitan en Bogotá es suponerse infalibles, y por lo mismo desechan el concepto de los que residimos en las provincias. Por consiguiente es muy probable que se decrete la inexistencia de Colombia, la cesación del gobierno, y que empecemos la era de nuestra absoluta independencia. En esta materia he conversado con diputados que juzgan debe establecerse en Cúcuta una aduana, otra en Casanare y otra en Pasto para lo que pudiera venir de Quito. Es decir, que las pasiones todavía exaltadas nos quieren hacer retrogradar hasta el siglo XIV de la Europa y al año de 809 en América. Yo seguramente soy de los muy pocos que por fortuna aciertan, o he perdido el juicio con la persecución espantosa de Bolívar y Urdaneta.

   Hablemos de negocios particulares, que son menos fastidiosos.

   Al día siguiente de mi llegada he visitado a mi señora Chepita. Me ha parecido más robusta y más joven de lo que yo me había figurado. Por supuesto que nuestra conversación rodó sólo sobre usted. En Hato Grande, en cuya posada me quedé el 12 por la noche, supe el buen estado de la hacienda por boca del español, y que prodigiosamente sólo había perdido usted 20 ó 25 reses vacunas y 10 ó 12 caballos; pérdida muy pequeña, atendidas las circunstancias, y las que en el valle de Cúcuta han hecho algunos patriotas. Yo he admirado aquel milagro y lo comunico a usted para que no tema los males que se hacían varios bajo el régimen de salteadores que ha habido en la Nueva Granada. Respecto de usted, todos lo desean con ansia, aunque los pretendientes a destinos tal vez querrían que a usted le dieran la legación de la Persia o a lo menos de la Grecia.

   Aquí cada uno trabaja para sí propio o para el santo de su devoción. Antes oía decir que debiera usted viajar por Europa para conocer a Colombia, y ahora que ya dio gusto a tales favorecedores, ahora se asegura que usted no conoce a la Nueva Granada y menos a Colombia. Los pretendientes siempre están al corriente de las circunstancias y conocen exclusivamente lo que importa a la patria, y es una verdad si la patria es su estómago y su bolsillo.

   En cuanto a los demás republicanos de Bogotá, casi todos viven, están gordos y parecen más o menos contentos. Sólo Gómez F. (Diego) es desgraciado por un acontecimiento doméstico.

   Mi familia está en San José, para donde habré de irme con ánimo de vivir y morir allí al día siguiente de la disolución del congreso. Cúcuta es el país de la libertad, donde tiene menos sinsabores una familia pobre en extremo, como la mía, y allá debo yo radicarme para siempre. Nada pretendo por ahora, sino ser jefe político de mi cantón de aquí a cuatro años cuando cuente una subsistencia regular. Juana estaba buena el ocho del corriente, y Foción continuaba enfermo de su maldito mal de orina. Comunicaré a González la noticia que usted me da respecto a Pacho, y crea usted que es señal de mi deferencia hacia usted porque González ha pertenecido a los Peraltas y estos como casi todos los pamploneses nos han hecho guerra a muerte.

   Hay en Bogotá y aun en la Nueva Granada una prevención muy grande contra don Caycedo. La falta de energía, o diría yo más bien la falta de conducta consecuente en el gobierno, se atribuye solo al presidente, sin caer en cuenta que la constitución de 1830 ha variado en parte la naturaleza del ejecutivo y que especialmente los ministros son los autores del bien o mal que ahora experimentamos. Hasta ahora solo Castillo renunció porque la administración no iba en su sentido; los demás, puesto que no lo han hecho, o si lo ha hecho alguno ha sido por vana ostentación, son los responsables de las medidas adoptadas, y sin embargo de eso el consejo y el ministerio han convenido en el exequatur de las bulas de Sotomayor para obispo de Leuca y vicario apostólico de Cartagena. En el nombramiento del general Vélez para prefecto de Boyacá, y en otras provincias parecidas, el ministro y el consejo gozan de popularidad. En consecuencia de aquella prevención quieren algunos diputados que se declare a Caycedo cesante de su destino y se proceda a crear un gobierno provisorio. Tal vez una cuestión tan enojosa quedará pretermitida con la renuncia que ayer ha dirigido a la convención.

   Contaré a usted que ha venido a visitarme Restrepo, el que dio la orden de mi proscripción, y Vergara, el sostenedor de la monarquía Castillo, que está encerrado en su casa, no ha querido verme. ¡Cuán difícil es conservar la tranquilidad interior en el país donde se han cometido crímenes horrorosos! Vergara, despechado, vive en el campo, pero retiene su destino.

   23 de octubre. Ayer hemos tenido noticias agradables del istmo. Comunica Herrera que se ha restablecido el orden legal, que se han hecho las elecciones y que los diputados vendrán inmediatamente. Este acontecimiento puede tener su influencia en la suerte del Cauca.

   Obando me hizo el favor de visitarme inmediatamente después de mi llegada y he merecido la confianza de que me dé su memoria para corregirla en todo sentido. Me aprovecho de esta ocasión para hacer un grato recuerdo de Cúcuta y de Concha.

   La representación de usted de 15 de abril en París ha pasado a una comisión de que yo soy presidente, y Liévano y M. S. Uribe (del Socorro) los únicos dos compañeros. Haré que todo se publique en cuaderno separado, de orden de la convención. La dificultad que encuentro es la de ser compendioso. Desde ahora le ruego disimule los defectos en que pueda incurrir.

   Nada más ocurre de nuevo. Véngase usted pronto, por Dios, no me haga desesperar: véngase por Cúcuta que probablemente allí me encontrará y ofrezco acompañarlo hasta Soatá; y créame usted que soy su más afecto amigo y agradecido servidor,

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4244, p. 158-163.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 70.

174
Firma: A. VÉLEZ

BOGOTA, 24 DE OCTUBRE DE 1831

(Contestada el 1° de marzo de 1832).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi siempre querido amigo:

   Escribí a usted hace como un mes bajo la cubierta del señor Domingo Acosta, creyéndolos a ambos en los Estados Unidos. Ahora recibo carta de aquel amigo y veo que aún permanecen ustedes en Europa. Aunque es muy incierto que esta carta llegue a sus manos, no quiero perder la ocasión de la partida del señor Ayala, y me apresuro a escribirle con él, a pesar que la que el año pasado le dirigí con él mismo, de muchos pliegos, no la recibió usted, sin duda, pues que no me la ha contestado.

   Se ha reunido hace cuatro días la convención granadina, con 60 diputados. Aún no ha resuelto nada sobre los puntos principales a que está llamada a deliberar; pero puedo asegurar a usted que muy pronto declarará que la Nueva Granada es por sí Estado independiente, compuesto de las diez y ocho provincias que constituían el virreinato de aquel nombre y cuyos límites serán el Táchira y el Carchi. Se dejará sin embargo lugar para formar una confederación colombiana y hasta una federación, aunque todos la creemos impracticable. Colombia es otra cosa hoy, mi amigo, de lo que usted dejó en 1827. Las cosas han llegado a tal punto, que no hay más principio de salud, al menos para nosotros, que una absoluta separación. Mientras tengamos comunidad de intereses de cualquier especie que sea con Venezuela, no tendremos seguridad, reposo y, lo que es menos, libertad. De aquel país no podemos recibir sino generales y magistrados, alborotos y novedades, y trastornos y revoluciones sin término. Vale más ser pequeños y oscuros, como lo seremos quedándonos solos, que no vivir en continuas agitaciones y sin esperanza de plantar un orden de cosas estable. Esta es la opinión general y esta es la mía.

   Venga usted prevenido para hallar las cosas en una situación semejante, y persuádase que abogar por lo contrario es perder el tiempo y despopularizarse sin fruto.

   Le hablo con esta franqueza porque aquí no ha agradado nada saber que usted escribe que salven a Colombia y que por lo menos una federación debe quedar. Luego que usted se acerque a nosotros y vea por sus ojos el estado de los negocios y de la opinión, se persuadirá que le hablo la verdad y que no puede ser de otro modo que como le he expresado.

   He salido del ministerio y he tomado un asiento en la convención por haberme honrado mis compatriotas de Antioquia con su elección. El doctor Márquez ha sido nombrado presidente de aquel cuerpo, y el doctor Soto vicepresidente; hay en él mucho patriotismo y mucha liberalidad, pero no tantas luces como sería deseable.

   Deseamos mucho su venida y este deseo es general. Apresúrela usted, mi amigo, que usted puede ser muy útil a su país en estas circunstancias. Véngase usted cuanto antes, que el triunfo de la causa porque usted se sacrificó es completo, y usted puede ayudar a consolidarlo, con sus talentos, sus luces y su influjo.

   Créame siempre su amigo de corazón,

A. Vélez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4840, p. 17-18.
FUENTE DOCUMENTAL:
;Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 76.

175
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 31 DE OCTUBRE DE 1831

(Contestadas todas 1° de marzo, Nueva York 1832).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general:

   Vuelvo a repetir a usted que no vacile en venir a su patria, pues solo falta el genio de usted para coronar el triunfo de los principios.

   Noticias muy variadas son las que tenemos de usted, y las últimas me alejan la esperanza de ver a usted tan pronto como lo deseo, sin embargo estoy resuelto a esperar su venida hasta enero, por no volverme a Popayán sin llenar el deseo de conocer a usted.

   La convención está trabajando con mucho juicio en concepto general; la componen hombres muy respetables, y son todos de la patria. Jamás habrá habido tanta libertad para elegir representantes, ni para deliberar: el salón estando lleno de pueblo no se observa sino orden y admiración; los diputados parecen reunidos en el desierto de la naturaleza; el alma de cada uno de ellos da toda la expansión de sus sentimientos. Estoy encantado, mi general; al paso que no es posible creer que después de tanta desgracia sufrida, cuando parecía que se había consumido el gas republicano, haya renacido de las cenizas de la patria tanto patriotismo, tanto entusiasmo. No hay duda, señor, cuando el general Bolívar y sus feroces genízaros no alcanzaron a humillar esta tierra, ya no hay poder que haga de Colombia su patrimonio.

   No canso a usted con más relaciones, que otros lo deberán hacer con más exactitud; apenas me limito a rogarle se venga breve, pues todos lo desean y todos lo quieren; no tenga en más expectación a sus amigos.

   Me repito su muy atento servidor y amigo que besa su mano,

J. M. Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander, Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3061, p. 156.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 77.

176
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 1° DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Respetado y muy querido amigo mío:

   Esta es la segunda carta que remito a usted de Bogotá. No aguarde usted orden ni enlace en ella. Vendrá a ser por su cortedad el índice de las diversas materias que habrá de contener.

   Convención. Instalóse como usted sabe el 20 de octubre. Márquez y yo fuimos nombrados presidente y vicepresidente provisorios. Establecióse luego en el reglamento el método de elección y la duración de 19 días para los empleados, y hemos sido reelegidos dos veces cada uno para un destino. Florentino González es secretario y oficial mayor Telésforo Rendón.

   Miembros distinguidos de la convención. Por su saber Azuero, M. Uribe Restrepo, Márquez y algunos otros. Por su facilidad y gracia en el decir: los esperados y Angel, Flórez, Aranzazu, Lizcano, Suárez y algunos más.

   Por su desinterés: coronel José Vargas, Félix Restrepo y algunos más. Por su patriotismo aquilatado: Juan Borrero Toscano, clérigo Azuero y otros. Por su nulidad: Gutiérrez, Moreno, Marroquín, Larrarte y otros. Por vividores: Sotomayor y otros. Por charlatanes, Merizalde. Vélez no ha manifestado mucho saber, elocuencia, ni penetración política. Yo lo creía de una cultura gigantesca y ha resultado un hombre de tamaño común.

   Ejecutivo. Doctor Caycedo está despopularizado, y es el menos malo para vicepresidente en las circunstancias de hoy. Es débil, condescendiente y muy decidido bogotano. Pereira encargado interinamente de la secretaría del interior; ha sabido vivir con todos y en cuanto a conocimientos es el mismo de siempre. Obando, secretario de la guerra e interino de hacienda no conoce este último ramo, pero tiene a Burgos de oficial mayor. Es el hombre de los actuales que tiene mucho prestigio fuera de Bogotá hacia el norte a lo mejor. En esta ciudad lo aborrecen los bolivianos y algunos patriotas lo censuran de pródigo en conceder grados a los militares del Cauca y otros de que es ambicioso.

   Cauca. En Popayán los aristócratas que quieren continuar siendo lo que eran en la dominación española; (reedición) la incorporación al centro: en Pasto algunos frailes quiteños: la mayoría del Cauca está por la reunión. Flores entretanto ha mandado a Pasto cuatro compañías. El Cauca no ha nombrado ningún diputado para esta comisión; más si lo hizo para el primer congreso constitucional, él está por voto de los representantes de Popayán, el doctor Cornelio Valencia es el vicepresidente del congreso y Modesto Larrea el presidente, así como Valdivieso es secretario universal del ejecutivo.

   Ecuador: El mensaje de Flores al congreso es un momento de orgullo de aquel: todo lo hizo él solo cuando se rechazó la invasión de Luis Urdaneta: el pueblo es nada en el mensaje. Se aplaude de la incorporación provisoria del Cauca y de que sus enviados han sido bien recibidos en el Perú. Su comisionado el coronel de Palacios (de Cartagena) cerca de este gobierno ha pasado un mensaje sobre que se reconociera el Ecuador, la comisión ha informado que no se entre en ninguna clase de estipulación entretanto que no desista el gobierno que rige aquellos departamentos de toda pretensión sobre el Cauca y declare expresamente que ha cesado su agregación al Ecuador. Es probable que la convención apruebe este concepto.

   Casanare. El coronel Molina, hijo del viejo, con algunos otros venezolanos ha sostenido la agregación a Venezuela, la opinión general de ella la resiste. Por último, según cartas de Moreno, se han hecho elecciones de diputados para esta convención, han sido nombrados Molina de principal y Moreno de suplente y parece que ambos habían de venir. Venezuela públicamente rechaza la incorporación; pero se dice que algunos de aquel gobierno la fomentan bajo de mano.

   Colombia. Organización de la Nueva Granada. Cuando llegué a Bogotá, todos eran granadinos meros, es decir, querían que la Nueva Granada, con absoluta separación de Venezuela y el Ecuador se dirigiese en una república independiente eliminando el nombre Colombia, opúseme a esta idea. Sostuve la existencia de la nación y territorio colombiano y manifesté que Venezuela no había oficialmente hecho expresa renuncia del nombre colombiano. Mi opinión entonces fue mirada como una abstracción metafísica y despreciada. Al cabo de pocos días los dos ministros campeones del granadinismo puro (Márquez y Vélez) cambiaron absolutamente de principio, adjuraron la Nueva Granada, se volvieron rígidamente colombianos y pretendieron (contraer) la República de Colombia al territorio del centro. Tuve que oponerme a tal concepto y sostener que nosotros no podíamos hacernos esta apropiación con despojo de Venezuela y el Ecuador; y sostuve que debíamos sólo declarar que las provincias del centro de Colombia forman un Estado que se denominará "Nueva Granada": por último después de 18 días de un reñido debate, se ha aprobado la referida proposición por 31 votos contra 30. Liévano quien sometió la proposición. Me parece, pues, que conservamos nuestro carácter racional genérico colombiano: que no cerramos para siempre la puerta a la esperanza de nuevos vínculos, más o menos fuertes que nos constituyen como un todo: que los mismos extranjeros no tienen por qué retirarse; y si lo hicieren, no será por culpa nuestra que organicemos del mejor modo, si queremos, a la Nueva Granada, y en fin, que se ha tomado el partido menos malo en las actuales circunstancias. ¿Creerá usted que Castillo es quien desde su casa procuró difundir la opinión de que debiéramos atribuirnos exclusivamente la naturaleza o cualidad de colombianos? A mí no me aturde que él tenga cualesquiera opiniones: lo que me asombra es, que patriotas experimentados caigan todavía en sus redes. En cuanto a organización de la Nueva Granada diré a usted que apenas hemos dado dos pasos pero grandes: hemos decretado la supresión de la división territorial en departamentos y sólo hemos dejado las de provincias, cantones y parroquias; y hemos decretado la de las comisarías militares de departamento, de provincia, y de cantón, restableciendo el principio de que el mando militar afecte las personas y no el territorio. Respecto de lo último, se tocarán inconvenientes para la ejecución pero tendríamos constancia para superarlos.

   General Santander. La convención ha ratificado a nombre de la nación el decreto del vicepresidente de la República y lo invita a restituirse al seno de la patria. Liévano, M. Saturnino Uribe y yo presentamos el proyecto, y dimos un informe como miembros de una comisión, Azuero es quien lo ha sostenido con más empeño. Arrubla ha quedado en hacer imprimir todo el expediente. El triunfo de la inocencia y la verdad ha sido completo.

   Venezuela. Poco tengo que añadir de lo que dije con mi carta anterior sobre este país. Hay en él una grande opinión a favor de la integridad nacional y del sistema federativo en Colombia. Maracaibo especialmente abunda en este sentido. El oriente quiere lo mismo. Los enemigos personales de Páez, los de Peña; los que temen el influjo del color pardo, los que están persuadidos de la incapacidad relativa de cada una de las tres grandes secciones, algunos bolivianos honrados integralistas, todos estos opinan del propio modo. Pero Peña y muchos caraqueños que sólo hacen caso en dichas combinaciones políticas de Caracas, y de Valencia (...) más, y Páez que extiende las suyas hasta el Táchira, quieren una separación absoluta. Esta opinión como usted ve, no es la más poderosa en número; mas sí lo es por los hombres prominentes que la defienden. Mi juicio está reducido a lo siguiente. Venezuela no ha llegado a un punto de verdadero reposo. Es posible que la primera opinión triunfe legalmente, y entonces no sería justo ni político que la excluyéramos de la nación colombiana. Es más probable que se consolide la separación absoluta, y entonces en la calma amistosa y pacíficamente debemos acordar el desprendimiento conveniente. De este modo lograremos que Venezuela, con la cual no podremos (entrar) antes de veinticinco años en una lucha guerrera sin llevar el (...) de nuestra temeridad, Venezuela tiene la iniciativa en la decisión de su suerte colombiana: que la Nueva Granada se está consolidando en el camino de la libertad; y que cuando se declare el desprendimiento, no seamos niños sino jóvenes de veintinueve años.

   Bogotá. Esta ciudad no es comparable a la que conocíamos antes del año veintiséis. Hay positiva pobreza: los víveres han estado accidentalmente caros. Bolívar y Urdaneta ahuyentaron el (...). El 2% y hasta el 5% mensual es el interés del dinero en el comercio. Las mercancías extranjeras superabundan; pero casi no hay quien las compre; y el tráfico en grande está reducido a cambios. La ilustración ha retrogradado inmensamente: usted lo advertirá por nuestros impresos, a excepción de la gazeta del Granadino y del Constitucional, casi lo demás no debe leerse. Mozalbetes imberbes nos molestan o engañan con el filántropo. Tareas de la Sociedad Filológica y otros títulos retumbantes; ellos se han apoderado de la prensa, y los lectores perdemos el tiempo y nuestro dinero. La policía material está reducida a las lluvias. Aturde cómo es que después de haber robado tanto los amigos de Bolívar y Urdaneta bajo el pretexto de policía no han empedrado las calles, (...) las entradas de los caminos (etc.). ¡Qué descaro!

   Males principales de la Nueva Granada. Urdaneta expidió más de un mil quinientos despachos militares en el tiempo de la usurpación. Caycedo ha expedido cerca de ochocientos después de la restauración. Con todo esto no tenemos arriba de dos mil hombres en tropa. La marina nuestra está reducida al telégrafo; la Zulia, y otra goleta. No existe ningún dinero en tesorería: no se pagan íntegramente los sueldos; y hay sin embargo pretendientes de empleos.

   He aquí el bosquejo de nuestra patria. Ahora hablaré de mí propio. Estoy debiendo cantidades inmensas para mis fuerzas, cuyas deudas contraje durante mi proscripción y la emigración a Maracaibo. Para pagarlas en presente quiero vender mi casa en esta ciudad, y aunque rebajo la mitad de lo que me costó, no encuentro comprador. ¡Tal es la miseria general! Pienso vivir y morir en San José de Cúcuta; el mejor pueblo, el más universalmente patriota que hay desde Caracas a Bogotá, ambos inclusive.

   13 de noviembre. Ayer ha llegado parte de Popayán en que se anuncia que el l° de octubre hubo en Quito una revolución, que probablemente (variará) la faz del Ecuador, y aun forzará a los aristócratas de aquella ciudad a pensar en su reincorporación al centro. Dicho día a las siete de la noche cuatro compañías del batallón Vargas, compuestas de granadinos; se insurreccionaron, dieron el grito de viva el gobierno del centro. Whuisle, el coronel comandante trató de contenerlas y fue muerto. Flores quiso impedir que marchasen para la Nueva Granada, tuvo su caballo herido, y se fugó para Guayaquil. El resultado parece que es que continúan su marcha para la Nueva Granada: que en Pasto no encontrarán grande resistencia por las otras compañías que allí tenía Flores; y que éste puede creerse perdido para siempre, porque según se asegura su despotismo era ya insoportable para los quiteños. Todavía no han llegado los pormenores; no sabemos si será cierto lo que se anuncia de que Flores se (centró) en los primeros momentos en una (letrina); ni el tamaño de la revolución. Lo que yo sí digo desde ahora, es, que un mismo régimen para el sur y para nosotros no puede ser suficiente: que aunque haya caído Flores y nunca pueda levantarse, el Ecuador, Azuay y Guayaquil necesitan un gobierno aparte; y que la Nueva Granada se cubrirá de gloria dando el ejemplo de no admitir la agregación de aquellos departamentos, y declarando que su territorio sólo se extendía al Carchi. Temo sin embargo que los capitalistas de Bogotá, que son muchos, quieran ahora extender el maldito contrabando desde Cúcuta a Guayaquil; porque hay hombres para quienes la experiencia nada vale.

   Voy a concluir esta carta dando a usted memorias de mi amigo el excelente Herreros, del Chato Reyes, y de Juana y toda mi familia que me lo encargan en la carta que ayer he recibido de Cúcuta. Foción continúa padeciendo; mas él y todos los cucuteños rogamos a usted venga por aquel valle, y no se embarque de ningún modo en algún pequeño buque mercante, para evitar el riesgo de que Juan de Francisco y otros convertidos en piratas lo quieran conducir a Cádiz o La Habana.

   Adiós, mi respetado amigo suyo de corazón,

Francisco Soto.

   Mi general y mi amigo: el 6 del corriente llegué a esta ciudad después de una tormenta de diez y ocho meses en Venezuela; muchas veces he escrito a usted y ninguna contestación suya he recibido; el doctor Soto me permite expresar a usted aquí mi amistad, saludarlo muy cordialmente, suplicarle a nombre de la patria que venga a prestarle los servicios que hoy le exige, y aprovecho con gusto esta oportunidad con este objeto, y con el de asegurarle que soy siempre su muy verdadero y muy sincero amigo,

Juan de Dios Aranzazu.


177
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

PARIS, 8 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy apreciado amigo:

   La carta que usted me escribió de esta capital anunciándome su viaje a Londres, Dublín y Edimburgo, me hizo esperar que podría verle aquí de regreso y me lisonjeaba con esta esperanza. Inútil es agregar los muchos motivos de interés público y privado que me harían desear ardientemente ver a usted y tener largas discusiones; por lo mismo dejo a la consideración de usted cuánta habrá sido mi pena cuando he sabido que usted partió para Nueva York. Allí se habrá impuesto usted por nuestros amigos de los multiplicados y sólidos fundamentos que me obligaron a excusarme a ocupar de nuevo la presidencia, y que me decidieron a permanecer fuera de Colombia hasta que se nombrase nuevo gobierno. Habrá visto usted también mi respuesta de oficio al señor Caycedo fundada en lo que prescribe la ley y en el término que pone al gobierno de que yo estaba encargado; lo cual me releva de ser más largo en esta materia. Yo no dudo que usted como hombre de experiencia, como hombre que me conoce, y como amigo mío haya aprobado mi conducta; pero sin embargo ruego a usted que si fuere preciso me haga el favor de apoyar mi resolución.

   Yo pienso permanecer en París hasta el invierno, y en el momento que se nombre nuevo gobierno de Colombia, o sea, del centro, regresaré a mi patria.

   No digo a usted nada de los negocios políticos de Europa, porque allá verá usted cuanto hay por los papeles públicos.

   Si usted me hiciera el favor de escribirme su opinión sobre lo que debemos esperar o temer en nuestra patria, le agradeceré infinitamente, y usted puede estar cierto que si algunas opiniones pueden decidirme a hacer algo son las de usted.

   No tengo más tiempo; pero ofrezco a usted escribirle después con más extensión. Entretanto me suscribo siempre todo de usted.

   Su amigo afectísimo, constante y sincero,

Joaquín Mosquera.

   Chez Mrs. Hottinguer y Cie. Rue de Santier, número 20. París.
    Mi hermano Manuel María saluda a usted muy afectuosamente.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2833, p. 318-319.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 78.

178
Firma: FLORENTINO GONZÁLEZ

BOGOTA, 10 DE NOVIEMBRE DE 1831 21°

   

Al ciudadano general Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   La convención ha visto con el mayor interés la representación que le dirigisteis desde París, con fecha 15 de abril de este año, en la cual, después de mencionar las persecuciones que la tiranía os ha hecho sufrir, pedís se ordene la publicación del proceso que se os fraguó después del acontecimiento del 25 de septiembre de 1828.

   Condescendiendo con vuestros deseos ha resuelto: "Que en conformidad con la ley, para satisfacción de las ofensas que se os han hecho y lección de las generaciones futuras, se os deben conceder por las autoridades competentes todas las copias que pidáis de la causa que se os forjó a pretexto del suceso de septiembre de 1828 y de la representación que dirigisteis desde las bóvedas de Bocachica reclamando su publicación".

   Aunque ya el ejecutivo, en su decreto de 10 de junio, os había hecho la justicia que un gobierno despótico os negó, la convención, queriendo ratificar a nombre de los pueblos este acto que era razonablemente debido a los ciudadanos que han sido víctimas del amor a la libertad y de sus esfuerzos por ella, ha sancionado en su sesión de ayer el decreto que tengo el honor de acompañaros en copia. El será en todos tiempos un testimonio del alto aprecio que de vos hacen vuestros conciudadanos, de la alevosía de vuestros adversarios, y de que este pueblo no es indigno de ser libre, pues no olvida a los que supieron defender los fueros nacionales en los días aciagos en que una dictadura militar se atrevió a hollarlos.

   Por este acto la patria tiene derecho a esperar nuevos servicios de los hijos que siempre le han sido fieles. Ella aguarda con impaciencia vuestra vuelta; y yo al tiempo de comunicaros sus deseos, expresados por el órgano de la representación nacional, me permito también manifestaros mis fervientes votos por ella. Venid, señor, a cooperar con todos los patriotas a la fundación de instituciones que hagan la dicha de este país.

   Y entretanto dignaos aceptar la distinguida consideración y profundo respeto con que tengo el honor de ser vuestro obsecuente servidor.

   El secretario de la convención,

Florentino González.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2022, p. 172-173.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 534-535.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 87.

179
Firma: MATHIEU FRIE

SANTA MARTA, NOVIEMBRE 12 DE 1831

Monsieur le général Francisco de Paula Santander.

   New York

   Général

   J'ai l'honneur de vous confirmer ma lettre du 31 août que je vous adressais par l'entremise de mon frêre aîné à París et qui vous portait, outre que gazettes, un pli du Gouvernement que j'étais chargé de vous envoyer. Cette lettre ne vous sera pas parvenue puisque vous partites du Havre en (Sigue Nota del Editor...), mais je pense que mon frère vous l'aura acheminée aux Etats Unis.

   Je réponds maintenant, Général, à la lettre que vous m'avez fait l'honneur de m'écrire le 20 (Sigue Nota del Editor...) dernier et qui m'a été remise le 6 (Sigue Nota del Editor...) par Mr. Fco. González.

   Il loge chez M. Mussine où il a été depuis avant que j'eusse connaissance de son arrivée, ce qui m'a privé du plaisir de le recevoir chez moi; je me suis empressé de lui remettre la Somme que vous m'avez autorisé à lui compter, satisfait de pouvoir faire quelque chose qui vous soit agréable et désireux que vous me mettiez plus souvent à même de vous rendre mes faibles services.

   Je suis enchanté, Général, de l'espoir que vous me donnez et je vous assure que tous les Samarios vous verront parmi eux, avec le plus vif enthousiasme; il est peu de villes en Colombie aussi dévouées á votre personne que Santa Martha.

   Pour vous en donner une preuve je vous disai que dernièrement un navire ayant à bord un amiral étant entré dans le port a vec les signaux qui correspondent à un chef, le bruit courut en un instant que vous étiez à bord et chacun se préparait à vous faire les honneurs, lorsque cet amiral vînt nous désabuser et calmer notre joie.

   M. Jassossay, chargé de vous remettre la présente, vous remettra également un paquet de journaux dont la lecture pourra vous paraître intéressante. Le Général Obando a été nommé Viceprésident provisoire, jusqu'a la fin de la Session et la Convention, avant de se séparer, en nommera un autre jusqu'aux élections Générales.

   Je sais, Général, que si vous (Sigue Nota del Editor...) en Colombie par Santamarta chacun revendiquera l'honneur de vous recevoir, mais j'ai une grâce à vous demander et j'ose espérer que vous ne me refuserez pas, c'est de descendre chez moi et de vouloir bien considérer ma maison comme la vôtre.

   Mes appartements sont vastes et aussi commodes qu'aucun de la ville et quoique bien reçu partout vous ne le seriez nulle part avec plus de plaisir et de cordialité que chez moi.

   Veuillez, Général, me faire une réponse favorable et recevoir aves les (Sigue Nota del Editor...) de ma femme et de mon frère (Sigue Nota del Editor...) celles de votre plus sincère admirateur.

Mathie Frie

   Posdata. J'ignore, Général, si vous avez éprouvé du retard dans la rentrée de vos fonds, mais j'ose espérer que s'il en était ainsi vous auriez la bonté de me le dire franchement, parce que je m'empresserais alors de vous faire parvenir la somme que vous me fixeriez puisque vous devez séjourner qques mois aux Etats Unis.

M. Frie.

Traducción:

SANTA MARTA, 12 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   New York
   General:

   Tengo el honor de confirmarle mi carta del 31 de agosto, enviada por intermedio de mi hermano mayor desde París; este le llevaba, además de algunos periódicos, un sobre del gobierno que este me había pedido enviarle.

   Esta carta no le llegó puesto que usted partió del puerto de Le Havre en (Sigue Nota del Editor...), pero creo que mi hermano se la envió a los Estados Unidos.

   Contesto, ahora, general, la carta que me hizo el honor de escribirme el 20 de (Sigue Nota del Editor...) pasado y que me fue entregada el 6 de (Sigue Nota del Editor...) por el señor Francisco González. Este se está alojando donde M. Mussine; se encuentra allí desde antes de enterarme de su llegada, lo que me ha privado del placer de recibirlo en mi casa.

   Le entregué inmediatamente la suma que me autorizó a darle, con la satisfacción de poder hacer algo para complacerlo y deseoso de poder ofrecerle mi modesta ayuda con más frecuencia.

   Estoy encantado, general, por la esperanza que me da de su regreso y puedo asegurarle que todos los samarios lo recibirán aquí con el mayor entusiasmo; hay pocas ciudades en Colombia tan devotas a su persona como Santa Marta. Para darle una prueba de ello, le cuento que recientemente un navio inglés con un almirante a bordo, entró al puerto y todo parecía indicar que traía consigo a un jefe: en un instante se regó el rumor de que usted estaba a bordo; todo el mundo se preparaba a rendirle honores, cuando el almirante desembarcó, nos desengañó y opacó nuestra felicidad.

   M. Jassossay, encargado de entregarle esta carta le remitirá igualmente un paquete de periódicos cuya lectura podrá parecerle interesante. El general Obando ha sido nombrado vicepresidente encargado hasta el final de las sesiones y la convención, antes de disolverse, nombrará otra persona en el cargo hasta las elecciones generales.

   Sé, general, que si vuelve a Colombia por Santa Marta, todo el mundo reclamará el honor de recibirlo y hospedarlo, pero tengo un gran favor que pedirle y me atrevo a esperar que no me lo negará: es el de llegar a mi casa y considerarla como suya. Mis aposentos son amplios y tan cómodos como los que más en la ciudad y aunque sería bien recibido en todas partes, en ningún lugar con tanto regocijo y cordialidad como en mi casa.

   Le ruego, general, el favor de una respuesta favorable. Reciba las (Sigue Nota del Editor...) de mi esposa y de mi hermano así como las de su más sincero admirador.

Mathie Frie.

   Posdata. Ignoro, general, si ha tenido retrasos en el ingreso de sus fondos; de ser así, tenga la bondad de decírmelo con toda franqueza, ya que en este caso y en vista de que debe permanecer varios meses en los Estados Unidos, le haría llegar con la mayor diligencia la suma por usted indicada.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en el archivo de la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

180
Firma: JOSÉ ALFONSO

NAPOLES DE ROMAÑA, 14 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor general Santander.

   Mi muy querido y muy llorado general:

   Su finísima carta de usted del 17 de septiembre viene a renovarme el dolor que experimenté al separarme de usted. ¡Es tan terrible la idea de no volverlo a ver jamás! ¡Sobre todo cuando se ha vivido tan unidos como lo hemos estado nosotros: cuando se han visto en compañía tantos lugares célebres, cuando se ha simpatizado tanto, cuando hay tantas virtudes en unos, tanta admiración y respeto en otros! Pero sin embargo su carta de usted me consuela de tamaña pérdida. Recuerda usted en ella nuestra amistad de una manera tan tierna, que mi alma no puede menos de sentirse conmovida a manera de cuando conoce una dicha no esperada. Además, l'amour propre y est pour beaucoup. ¡Me siento tan dichoso de haber podido interesar a una persona como usted!... Pero dejemos por un momento estas efusiones de una amistad sincera y reconocida y esperemos solamente que un día feliz nos reunirá bajo un cielo más puro, a usted resplandeciente de la más bella gloria adquirida en el camino de la virtud, a mí tranquilo y satisfecho de haber alzado una piedra en el edificio común de la patria.

   Un rasgo heroico acaba de ilustrar a los regenerados descendientes de Leónidas, Nuevo Aristogitón y nuevo Harmodio, Constantino y Jorge Marromikales descargan el puñal de la venganza contra el tirano de la Grecia. Me he encontrado con esta gran novedad a mi arribo a Grecia: el senado, muerto Capo d'Istria, ha formado un triunvirato de imbéciles y ambiciosos, que sacrificarán su país a sus intereses personales si un rey europeo no viene inmediatamente a sacarlo de esta crisis funesta. Agustín Capo d'Istria, hermano del difunto, sin tener los pocos talentos y las pocas virtudes que éste poseía, tiene miras aún más ambiciosas unidas a varios otros vicios, y éste es el miembro principal del triunvirato. El otro es Colocotroni, el mayor ladrón que jamás conocieron los caminos públicos.

   Sin embargo de su crasa ignorancia, con la reputación de su sable y su gramática parda, cree servirse de la imbecilidad de su colega para robar a mansalva, como lo ha hecho durante el gobierno del último presidente. El tercero es Coleti, jefe de Rumeliotes, médico otro tiempo, que aunque no tiene una reputación sin mancha, ha hecho algo por su país y es el único de los tres que puede coordinar dos ideas. Inmediatamente comenzaron las persecuciones y arrestos: los pozos del palaide resuenan con los gemidos de innumerables víctimas, mientras que muchos otros ciudadanos pacíficos han ido a aumentar el número de refugiados en Hidra.

   Se ha convocado la asamblea nacional en Argos, donde se reúnen actualmente, sin embargo de que muchos de los puntos comprometidos, como Hidra, Sira Naxos, etc., temen mandar allí los diputados bajo la influencia tan inmediata de las fuerzas del gobierno. Según lo poco que he podido ver y juzgar, es mi opinión que de tal asamblea no saldrá otra cosa que el monstruo de la guerra civil.

   Entretanto, caro amigo mío, a pesar de la envidia que usted me pueda tener, me preparo a salir a mi jornada clásica. Veré a Argos, Micenas, Corinto, Megara, Salamina, Atenas, Tebas, las famosas Termópilas y probablemente iré más adelante, a Farsalia y al sublime Olimpo; luego volveré pasando por Platea, Delfos, y en Misolonghi me embarcaré para Patrás. Veré en seguida Ellis, Olimpia, Navarino, Mesenia y Esparta. De allí volveré a esta ciudad pasando por Tripolizzo y en seguida iré a Epidauro, Egina, Cabo Colona y las islas de Zea Andros, Micone, Delos y Sira, donde probablemente encontraré un buque que me conduzca a Alejandría. ¡Qué vasto y florido campo delante de un amigo de las musas! ¡Qué inmensas ruinas a los pies de un diletanti anticuario!. Estoy lleno de entusiasmo; la misma sacerdotisa de Delfos no sintió mayor inspiración. ¡Cuánto diera por conversar con usted dos días enteros, después de mi interesante viaje!...

   Entretanto el cólera morbus acaba de desaparecer a la vez de Rusia, Constantinopla, Esmirna y Alejandría, Dios quiera que no encuentre este cerbero largamente extendido en medio de mi camino.

   ¡Cayó por fin nuestra cara Polonia! ¡Quién creyera! Pero mucho menos hubiera creído lo que dicen de los rusos. ¿Darán los rusos una constitución y un rey polaco? Los rusos y la generosidad son para mí dos ideas opuestas, así no lo creo hasta que no lo haya visto.

   ¡Cómo se conoce en cada línea de su carta de usted el duelo que lleva consigo al dejar la Europa! Tiene usted muchísima razón. Y sobre todo París: ¿dónde encontrará usted una ciudad semejante? Pero callemos sobre esta materia, pues estoy expuesto a volverme sin ver la Grecia.

   Mi amiga Mad. Causin me escribe encantada de usted, como todos los que han tenido la forturna de tratarlo. Cuando llegue usted a Nueva York y encuentre en una gaceta un artículo sobre usted con las iniciales A. C., léalo usted y acuérdese de ella.

   Nada he dicho a usted de mi muy desgraciado viaje.

   Salimos de Marsella el 22 y por el mal tiempo tuvimos que volver a fondear dos veces en la rada. El 2 de octubre tuvimos un temporal que nos hubiera arrojado contra la costa de Cerdeña si no hubiésemos encontrado un asilo detrás de una isla al entrar del canal de Bonifacio. Aquí comenzó el viento favorable que nos puso en tres días entre Scila y Caribdis, después se volvió a cambiar y continuó siempre contrario. El 8 y 9 tuvimos un temporal, el más famoso que jamás me ha visitado; si tardamos dos minutos más en virar de bordo y dar la popa al viento, seguramente damos una voltereta, y a todas estas muriendo de hambre. Después de haber pasado el cabo Santángelo dos veces y haber retrocedido otras dos veces a fondear en Cerigo, donde pasamos cuatro días en cada ocasión, llegamos sin otro accidente a esta ciudad el 5 del presente. En Cerigo, que es la antigua Citeres y que poseen hoy los ingleses, nos divertimos bastante, cazando y viendo varias ociosidades que ofrece aquella cuna de la madre de los amores.

   En fin, carísimo amigo mío, espero que habrá quedado usted muy satisfecho de nuestros buenos amigos de Nueva York. Entretanto, viva usted persuadido del grandísimo cariño y verdadera amistad de su apasionado y grande admirador. Su afectísimo,

José L. Alfonso.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 55, p. 124-127.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 91.

181
Firma: RAIMUNDO SANTAMARÍA

BOGOTA, A 14 DE NOVIEMBRE DE 1831

   Mi respetado general y amigo:

   La que antecede es el duplicado de la que tuve el gusto de escribir a usted a su debido tiempo. Hoy tengo la satisfacción de corresponder a la estimable carta de usted del 15 de junio pasado diciendo a usted que desde julio, digo agosto, se acabaron de remitir por nuestro amigo Arrubla los $ 10.000 que usted nos tenía pedidos; omito hablar a usted sobre este particular, como del estado del resto de los negocios de usted, porque Arrubla me ha ofrecido hacerlo detalladamente.

   La calma y la tranquilidad principian a establecerse en nuestro país; a pesar de las convulsiones y desastres que hemos experimentado, el pueblo conserva su buena moral y costumbres; no falta más que un hombre que sepa dirigir tan buenas disposiciones, y todos opinan por usted. Yo el primero me atrevo a esperar que usted no se denegará a volver a su patria, y auxiliarla con sus luces y experiencia, para que se pueda construir bajo principios estables y duraderos. No se deniegue usted a este clamor y véngase cuanto antes, pues ella es de grande importancia para el completo arreglo del país que nos vio nacer.

   Dispense usted mis mal coordinadas ideas y júzguelas solo como el sentimiento sincero del corazón del que tiene el honor de ser de usted atento servidor y amigo,

Raimundo Santamaría

   Mi papá, tío Antonio, Carrasquillas y demás amigos corresponden los amistosos recuerdos de usted.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3812, p. 377.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 97.

182
Firma: ARGANIL

LA GUAIRA, 20 NOVEMBRE 1831

Au général Santander, New York.

   Mon cher général:

   Je vous ai écrit par voie Philadelphie; je n'ai pas encore été a Caracas, parce que le général Paez est dans 1'Apure et que mon bon ami Mr. Fleury Nestet cónsul français ici a exigé que je passe avec lui les fêtes de la Noel; cependant, a l'exception de votre lettre particuliére pour le général Paez, j'ai fait parvenir toutes les autres, ainsi que celles de l'ami Fortique à leur destination et aussitot qu'il se presentera une occasion pour Curaçao, j'ecrirais particulierment a l'Archeveque, pour lui donner avis que via Puertocabello je lui adressé votre lettre.

   Nous avous reçu hier la facheuse nouvelle que le brave général Bermudez, avait été assassiné a Cumana, par une decharge d'un trabuco a bout portant; du soulevement de Carupano, nous n'avous rien su, depuis le départ du bataillon Junin; Michelena, ministre des finances, fait suspendre de ses fonetions le gouverneur de la province de Caracas, pour avoir refusé d'assujettir les impositions municipales au 20 pour cent prescrit par une loi du congrês de Colombie de 1825 affectés au crédit public; d'autre part Michelena a fait mettre à l'arriere la dette du Venezuela jusqu'au premier juillet dernier, et lui a afecté en paiement les 300.000 dollars avancés par le goubernement de Colombie à l'agriculture du Venezuela. Toutes ces mesures revolutionaires ont fait jeter les hauts cris contra Michelena, et il est furieusement attaqué par la presse, aussi je suis fort aise de vous avoire dissuadé de lui écrire ainsi que Fortique semblait vous l'insinuer: il a contre lui d'autres charges non moins fortes, et a ma connaissance quelques unes sont vraies. En resumé, Venezuela ne me parait pas dans une meilleure situation que la N. Grenade; ainsi attendez encore quelque temps aux Etats Unis du moins jusqu' à ce que j'ai conferé avec le général Paez.

   Mes amitiés a notre bon ami Jenet, Lleras, Fortique, Moure et croyez moi toujours votre affectionné et devoué ami,

Arganil.

   P. S. De Caracas j'ecrirai à Mr. Jenet et autres amis. Vous pouvez adresser mes lettres sous ce couvert:

   A Mr. François X. Fleury Regoet, à la Guaira.

   Lui me les fera parvenir oû je pourrais etre lors qu'il les recevra.

Traducción:

LA GUAIRA, 20 DE NOVIEMBRE DE 1831

Al general Santander, Nueva York.

   Mi querido general:

   Le he escrito por la vía de Filadelfia; aún no he estado en Caracas, porque el general Páez está en Apure y mi buen amigo el señor Fleury Nestet, cónsul francés aquí, me ha exigido que pase con él las fiestas de Navidad; sin embargo, a excepción de la carta privada de usted para el general Páez, he hecho llegar a su destino todas las otras, así como las del amigo Fortique, y tan pronto se presente una ocasión para Curazao escribiré particularmente al arzobispo, para avisarle que le he enviado la carta de usted vía Puerto Cabello.

   Recibimos ayer la infausta noticia de que el valiente general Bermúdez había sido asesinado en Cumaná, por una descarga de trabuco a quemarropa; del levantamiento de Carúpano no hemos sabido nada, después de la partida del batallón Junín; Michelena, ministro de finanzas, suspendió en sus funciones al gobernador de la provincia de Caracas, por haberse negado a someter los impuestos municipales al veinte por ciento prescrito por una ley del congreso de Colombia de 1825, destinados al crédito público; por otra parte Michelena ha demorado la deuda de Venezuela hasta el primero de julio pasado, y le ha destinado en pago los 300.000 dólares adelantados por el gobierno de Colombia a la agricultura de Venezuela. Todas estas medidas revolucionarias han hecho poner el grito en el cielo contra Michelena, y la prensa lo ataca furiosamente, también estoy muy contento por haberlo disuadido a usted a escribirle, como parecía insinuárselo Fortique: en su contra existen cargos no menos importantes, y a mi juicio algunos son ciertos. En resumen, no me parece Venezuela en situación mejor que la Nueva Granada; de manera que espere aún algún tiempo en los Estados Unidos, al menos hasta que yo haya conferenciado con el general Páez.

   Mis saludos a nuestro buen amigo Jenet, Lleras, Fortique, Moure, y créame siempre su afectísimo y devoto amigo,

Arganil.

   Posdata. De Caracas escribiré al señor Jenet y a otros amigos. Usted puede dirigir mis cartas bajo este sobre:

   Al señor Francisco X. Fleury Regoet, en La Guaira.

   El me las hará llegar dondequiera que me encuentre apenas las reciba.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 104, p. 193-195.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 105.

183
Firma: DARTHEY Y COMPAÑÍA

LONDRES, 25 DE NOVIEMBRE DE 1831

Señor Francisco de Paula Santander.

   Muy señor nuestro y estimado amigo:

   Recibimos a su tiempo la apreciable de vuestra merced fecha en París 3 de septiembre, la cual ha quedado sin contestación, porque nuestro extraordinario tuvo el gusto de ver a vuestra merced posteriormente en aquella capital; sin embargo repetimos a vuestra merced nuestras más expresivas gracias por su atención en avisarnos su salida, y la buena disposición que nos manifiesta para seguir nuestra correspondencia, que celebraremos mucho sea bien activa. Vuestra merced sabe que nos tiene enteramente a sus órdenes y que en cualquier cosa en la que le podamos complacer puede contar con nuestra eficacia, discreción y buena voluntad.

   Mil gracias igualmente por el recuerdo de vuestra merced con respecto a la pequeña cuenta de portes de cartas, cuyo particular hemos descuidado, pero ya que estamos liquidando todas nuestras cuentas, si cuando vuestra merced escriba gusta pasarnos una ordencita contra sus banqueros aquí o saldar esta friolera de cualquier otro modo que le parezca, lo apreciaremos. Su importe es de 12.10 libras que servirá a vuestra merced de gobierno.

   El amigo Rafael Alvarez nos ha escrito desde que salió vuestra merced de Europa, parece que varias cartas suyas anteriores se han extraviado, nos ofrece remitir algo, y aunque se nos hace duro aguardar tanto tiempo, por fin este amigo da señas de vida y es preciso tomar paciencia. También nos ha escrito el señor Restrepo y seguimos en la esperanza de que nos cubra un pico que nos debe. Pero el señor Ricardo Santa María, a quien considerábamos tan recto y formal como el primero, no nos escribe, a lo menos más de dos años ha que no tenemos una letra suya. Sin embargo tenía que remitirnos dinero precisamente.

   Disimule vuestra merced le recordemos su promesa de favorecernos con sus buenos oficios cuando llegue la ocasión de aguijonar a los respectivos amigos citados para que arreglen de una vez sus cuentas con esta su casa. Para que vuestra merced no dude cuánto nos urge su liquidación, le diremos que son casi las únicas que nos quedarán pendientes a fines de este año, y que nos es de toda necesidad concluir con las cuentas de este establecimiento para formar otro mucho más interesante y del cual tendrá vuestra merced, noticia oportunamente.

   Esperamos con impaciencia saber la entrada de vuestra merced en su patria que le está aguardando, y desde luego estamos persuadidos de que ella empezará a disfrutar las mejoras que resultarán de la solicitud y experiencia de vuestra merced. Dios quiera que la tranquilidad y la armonía se conserven en Colombia, y entonces no faltará la prosperidad porque abundan los demás elementos. Sería por demás asegurar a vuestra merced de lo mucho que apreciaremos recibir de sus noticias y de los votos que entretanto hacemos para la conservación de su salud y de la mayor felicidad que le desean estos sus afectísimos servidores y amigos que su mano besan,

Darthey y compañía.

   El amigo y señor de Gorostiza que acaba de salir de este escritorio, nos ha encargado de recordarle a su amistad.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/14 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 717-718.

184
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 1° DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado general:

   Tengo el gusto de responder la estimada de usted fecha en Londres a 4 de junio último en que me detalla el recibo de las partidas que le tengo dirigidas por conducto de los señores Perquier de Havre y por la casa de los señores M. M. Harman de Londres, por la cual me previene continúe las remesas como lo verifico ahora enviándoles por este paquete de su mano B. Renald que sigue hoy para aquella capital la cantidad de dos mil cuatro cientos diez y seis pesos, remitidos últimamente en dos partidas por el señor Juan Manuel Arrubla para usted, y les encargo que tengan esta suma a la disposición de usted en ésa o donde se hallare.

   La pronta salida del paquete no me da más tiempo que para decir a usted que por las últimas comunicaciones recibidas del general Luque, sabemos que Panamá quedaba tranquilo y que este jefe se disponía a regresar con las tropas que llevó, dejando consolidado aquel gobierno en términos que no infunda sospechas de variación. Y sin más lugar en este momento, concluyo repitiéndome de usted su siempre considerado amigo y seguro servidor que besa su mano,

M. M. Núñez.

Adición

   Hoy remito a los señores M. M. Harman y compañía de ese comercio, algunos impresos interesantes, siendo uno de ellos las proclamas dadas por el coronel Herrera, después de haber triunfado del coronel Alzuru, que contaba con una fuerza respetable. Hubo tres encuentros y en todos ellos salieron victoriosos los demás protectores. Como no hubo capitulación fueron fusilados Alzuru, Luis Urdaneta y dos más como los principales cabecillas de esta facción, llegando a tal colmo la tiranía del primero, que después de haber cometido multitud de atrocidades (pues declaró guerra a muerte al ejército del coronel Herrera) e hizo fusilar a presencia del ejército protector un pescador que mandó Herrera en calidad de parlamentario.

   Con la conclusión total de esta abominable facción, disfruta hoy la República de una tranquilidad inalterable, sin que se deje siquiera traslucir un pueblo armado contra otro.

   La República creo será dividida en los tres grandes estados que usted sabe. Ellos quieren no depender de otro en ninguna forma excepto en caso de invasión exterior, que todos estarán ligados y armados para la defensiva y ofensiva. No hay otra cosa particular por ahora y me suscribo como antes su afectísimo (rúbrica).

   Nuestros diputados han marcado y no dudo se reunirá la convención a mediados del presente mes. No deje usted de venirse cuanto antes.

   Ya están en vía para Francia por Nueva York; sumas excedente a la que resto a los señores Perquier e hijos; y como he advertido por la correspondencia de estos señores como dudosos de las seguridades que presta su casa, celebraría que usted tuviese oportunidad de facilitarme otras relaciones que pudiesen serme más favorables, pues necesito aumentar mis especulaciones para cubrirme con los derechos de más de $60.000 de que hoy me es deudor el gobierno por valor del dinero suplido, raciones y vestuarios, y ni un peso de documentos comprados, pues aunque de estos tengo más de $200.000 espero para ser cubierto de cuando se disponga para los demás acreedores de esta clase, advirtiéndole que los $60.000 hay una parte considerable de dinero que he dado después de mi vuelta del destierro, de cuya época yo solo soy el prestamista.

(rúbrica)

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/15 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

185
Firma: J. MANUEL MONTOYA

CARTAGENA, 6 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimado general y amigo:

   Antes he escrito a usted por el paquete inglés y hoy aprovecho la ocasión del viaje del señor Portocarrero para remitir la que incluyo de nuestro común amigo el señor Arrubla.

   Espero tener el gusto de abrazar a usted aquí, pues mi regreso a la capital, que será muy pronto, me retardará más tiempo esta satisfacción.

   Yo no sabré encarecer bastantemente la necesidad que tiene esta patria del regreso de usted, todos vuelven sus miradas de esperanza hacia el general Santander, y los que antes se llamaron sus enemigos, confiesan ya lo que sabíamos sus amigos.

   Acepte usted los sentimientos de distinguida consideración y amistad con que me suscribo su muy atento y obediente servidor que besa su mano,

J. Manuel Montoya.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2776, p. 221.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 110.

186
Firma: ARGANIL

LA GUAIRA, 7 DECEMBRE 1831

Au général Santander, New York.

   Mon général:

   Nous sommes arrivé hier au soir: tout ce que j'ai pu savoir de Bogotá est que Mosquera a été élu président, Soto vicépresident exerçant les fonctions de Président; que l'organization de la Nouvelle Grenade s'active avec tranquillité et en bon ordre.

   Pour pacifier le rebelle Cisneros, le général Paez a été seul auprês de cet homme extraordinarie: ils se sont entendus au point que le général Paez est devenu son compêre et l'a nommé commandant du District du Thui; ou croit généralement que cette reconciliation sera sincere: Dieu le fasse.

   A Cumana il y a eu un petit mouvement contre lequel on envoyé d'ici le bataillon de Junin. J'ignore tout ce qu'on prétend faire; ce queje vois est qu'a l'exception d'Urdaneta et de Montilla, tous les monarquistes, sans en excepter le trop fameux doctor Vargas, sont rentrés, et en consideration; on m'a assuré qu'Urdaneta a sollicité sa rentrée, et qu'ou lui a donné des espérances prochaines.

   Je desire me tromper, mais ce pays pourrait fort bien être encore le theâtre de nouveaux troubles: cependant, il ne faut point trop anticiper son jugement, puisque moi-même, je n'ai pu me procurer que des données vagues et peu fondées: neanmoins je pense que votre permanence aux Etats Unis, est encore convenable.

   Comme le départ du batiment me presse, je ne puis écrire ni a M. Jenet, Fortique, Moure et autres amis, veuillez toute fois lui presenter mes civilités cordiales et croire que je suis votre affectionné et devoué ami.

Arganil.

Traducción:

LA GUAIRA, 7 DE DICIEMBRE DE 1831

Al general Santander, Nueva York.

   Mi general:

   Llegamos ayer por la tarde: todo lo que he podido saber de Bogotá es que Mosquera ha sido elegido presidente, Soto vicepresidente ejerciendo las funciones de presidente; que la organización de la Nueva Granada se activa con tranquilidad y en buen orden.

   Para pacificar al rebelde Cisneros el general Páez fue solo donde este hombre extraordinario: se han entendido a tal punto que el general Páez se ha vuelto su compadre y lo ha nombrado comandante del distrito del Tui; se cree generalmente que esta reconciliación será sincera: Dios lo haga.

   En Cumaná hubo un pequeño movimiento contra el cual enviaron desde aquí al batallón Junín. Ignoro todo lo que pretendan hacer; lo que veo es que, a excepción de Urdaneta y de Montilla, todos los monarquistas, sin exceptuar al demasiado famoso doctor Vargas, han regresado, y con consideración; me han asegurado que Urdaneta ha solicitado su entrada, y que le han dado esperanzas cercanas.

   Quiero equivocarme, pero este país podría ser aún teatro de nuevos trastornos: sin embargo, no se debe anticipar demasiado un juicio, puesto que yo mismo no he podido procurarme sino datos vagos y poco fundados: pienso sin embargo que la permanencia de usted en los Estados Unidos es todavía conveniente.

   Como la salida del barco me apremia, no puedo escribir ni al señor Jenet, ni a Fortique, Moure y otros amigos; sírvase presentarles mis cordiales saludos y creer que yo soy su afectísimo y devoto amigo,

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 105, p. 195-196.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 110.
 

187
Firma: VICENTE MICHELENA

CARACAS, 12 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Estimado señor y amigo mío:

   Hoy he tenido la complacencia de ver la que usted escribió desde esa ciudad a nuestro común amigo el señor coronel Manuel Muñoz; y por eso es que hoy también tengo el gusto de contestar la muy apreciada que usted tuvo la bondad de escribirme desde Florencia, en Italia, en 30 de noviembre de 1830, recomendándome al caballero don Manuel Fency, banquero de dicha ciudad.

   Esta carta la recibí en Puerto Cabello en septiembre del año presente y habiendo sufrido tanta demora, ignorando el paradero de usted y esperando que los prósperos y felices sucesos de los colombianos le acercaban a la patria, he diferido su contestación.

   Desde el año de 1828 abandonamos los negocios y nos retiramos a un pueblo del interior; y como se ha restablecido el orden legal y disfrutamos de paz, no por eso hay todavía aquella confianza que exige el comercio, nosotros no hemos recomenzado aún nuestro giro, sin embargo que confiamos que no permaneceremos mucho tiempo en inacción. Cuando nuestras esperanzas sean cumplidas, procuraremos relacionarnos con el señor Fency y sostendremos el comercio que permita la capacidad de nuestros respectivos países.

   ¿Conque vuelve usted al seno de la cara patria? Me complazco por este acontecimiento y doy a usted y a ella la enhorabuena, deseando que al llegar la encuentre libre y feliz, y buenos y sanos a todos los objetos de su amistad y afecto. Si usted pasare por aquí, tendría el gusto de verlo, mejor dicho, lo tendríamos muchos porque son muchos los amigos que usted tiene en este país, pues prescindiendo de los que hemos tenido el honor de tratarle, tiene usted por amigos a todos los que lo son de la libertad. Además, por una razón que no comprendo, ahora que Venezuela y la Nueva Granada son dos estados independientes, se estiman y aman con más cordialidad los granadinos y venezolanos. Por usted mismo se confirmaría esta verdad y tendríamos el gusto de que cuando llegare usted a la Nueva Granada, les dijese a sus conciudadanos que los venezolanos estaban del todo identificados con ellos, que les veían como a sus más íntimos amigos, como a sus aliados naturales, como a sus hermanos; y en fin, que aunque se han constituido en estado independiente, no dejan por eso de ser colombianos.

   Adiós le dice su amigo y servidor que besa su mano,

Vicente Michelena

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2432, p. 302-303.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 112.

188
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 14 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general:

   Supongo ya a usted en los Estados Unidos; y si no es así, lo tendré por una calamidad pública. Véngase, no espere a más tiempo, pues su patria lo padece, y no creo que usted le niegue los socorros que necesita de sus luces y conocimientos. Hoy tiene esta Nueva Granada todos los elementos disponibles para organizarla de un modo estable y grato a los principios generalmente adoptados. Sólo falta una mano diestra que le dé forma y sepa conservar la existencia política de nuestra pobre patria.

   He sido electo para reemplazar al general Caycedo a consecuencia de sus renuncias. Yo no sé lo que me ha sucedido a mí, aunque sí conozco el mal que le ha sobrevenido a la Nueva Granada. En fin, mientras termine sus trabajos la convención, ya habrá consultado mejor los intereses públicos para acertar en su elección por los magistrados constitucionales. No hay duda que el general Santander será el primer magistrado de la Nueva Granada y el doctor Ignacio Márquez. Este es el voto universal de la convención, y esto es lo que necesitamos para regenerar el país.

   Como entiendo que Soto, Azuero y otros amigos de usted lo han informado sobre todo el estado actual de nuestras cosas, me limito a solo hablarle del Cauca.

   Usted debe saber su agregación violenta al Ecuador en el año pasado después de los triunfos de Urdaneta. Hubo que unirse a Flores que, aunque tan pérfido como Urdaneta, se disputaba la presa, y era preciso hacerme al más dócil mientras triunfábamos del principal. Así sucedió, y hoy se ocupa el Cauca en buscar un medio decente y honroso para volver a esto. Pretender convocar una asamblea caucana para desatar el nudo gordiano no como Alejandro, sino de modo que queden relaciones y buenas inteligencias; pero si no lo permite Flores, como lo creo, sin duda lo hacen por pronunciamientos, que lo sentiré mucho, pues son máxime muy detestables. Sea lo que fuere, el Cauca vuelve a esto. Allá se encuentra el general López trabajando en ese fin.

   Nos ocupamos de entablar relaciones con Venezuela; se han puesto los medios; hay muy buenas disposiciones, y sin duda, Colombia presentará al mundo un frente igual al que tenía el año de 25, aunque con distinta forma.

   La última razón que hemos tenido de usted es que seguía para Francia, y venía a los Estados Unidos. Ezequiel Rojas me ha dado bastante idea de la peregrinación de usted, y en su relación pasaba frecuentemente de la aflicción a la alegría. De todo conozco, y nos vendrá un hombre a darle impulso a esta tierra digna de felicidad.

   Usted se vería en París con el señor Mosquera. Desearía que si tiene la bondad de contestarme alguna de mis cartas, me dé alguna razón de ese señor a quien aprecio infinito.

   Reitero a usted mis protestas de reconocimiento y amistad y que disponga de cuanto puede valer su atento servidor, que besa su mano,

J. M. Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3062, p. 157-158.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 115.

189
Firma: J. B. DALLA COSTA

BALTIMORE, 14 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

Nueva York.

   Mi estimado señor:

   Con el mayor placer recibí la carta que vuestra merced me ha hecho el honor de escribirme (en el diez) he agradecido mucho la manifestación que vuestra merced hace de sus sentimientos afectuosos a favor de un antiguo admirador de vuestra merced y me ha sido muy sensible saber que el rigor de la presente estación me prive ver a vuestra merced en esta ciudad. Yo me creía felicitar a vuestra merced personalmente después de su llegada a estos estados, pero motivos poderosos han contrariado mi viaje a esa.

   Respeto mucho la resolución de vuestra merced de quedarse por ahora en este país y la repugnancia que tiene de figurar, pero me parece que después de haber obtenido vuestra merced un completo triunfo del tiempo, juez imparcial de todas las cosas, no puede usted negarse a prestar nuevamente sus eminentes servicios a la desgraciada patria, y aunque convengo que la libertad, como vuestra merced ha dicho a vuestros amigos, no debe consolidarse por el influjo de personas y sí por los esfuerzos unánimes de los pueblos, aquella necesita en este momento de un impulso tal que vuestra merced está en caso de darlo sin que sea mal interpretada de nadie.

   Atribuya, vuestra merced, mi querido señor al deseo que tengo de ver feliz a su suelo, la libertad que me tomo de indicar los medios dictados de mi triste opinión. Doy a vuestra merced mil gracias por el interés que vuestra merced toma de los males de la (madre María Dalla Costa), la que se encuentra un poco restablecida y me encarga devuelva a vuestra merced sus finos recuerdos. Me alegré que vuestra merced pasa el frío con toda felicidad y que en la próxima primavera tengamos el gusto de saludarlo en persona en Baltimor.

   Mientras tanto tengo el honor de repetirme su apasionado y afectísimo servidor quien besa su mano,

J. B. Dalla Costa.

   Monsieur le général F. P. Santander.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

190
Firma: MANUEL MUÑOZ

CARACAS, 15 DE DICIEMBRE DE 183

(Contestada en febrero 1832. Nueva York)

   Mi distinguido y apreciable amigo:

   Con indecible placer acabo de recibir su estimable, fecha 13 de noviembre último, participándome su feliz arribo a esa ciudad, lo que he celebrado como es debido a la cordial y verdadera amistad que sabe usted le he profesado siempre. Sí, mi amigo, la borrasca que amenazó su existencia pasó dejándole en cambio de los crueles padecimientos a que estaba condenado, la dulce satisfacción de poder volver al seno de su casa libre y lleno de honor, que en mi concepto son los bienes mayores que puede desear el hombre de bien. Véngase usted pues a disfrutar de la amistad sincera con que le brindan todos sus verdaderos amigos, debiendo contarme usted entre el número de ellos. Algunos encontrará usted de menos, como el fiel e intrépido coronel José Concha, que murió en el campo de batalla con su amable hijo Vicente, defendiendo nuestras libertades, ¿pero qué cambiamento se hace sin estos grandes sacrificios? Toca a todos los que hemos tenido la dicha de sobrevivirlos ser útiles a sus viudas, hijos, etc., y entonces nuestra pena se hará más llevadera llenando un deber tan sagrado. He dicho a usted mis verdaderos sentimientos con respecto a usted. Vamos ahora a decirle algo sobre nuestra cara patria.

   Desde el 26 de noviembre de 1829 en que hizo Caracas su pronunciamiento, son increíbles los progresos que ha hecho en su nueva marcha; sin embargo algunos facciosos, contando con la ignorancia de nuestros pueblos, con el descontento de algunos militares y sobre todo con las intrigas de Bolívar y sus agentes por varias causas, en este tiempo han tratado de destruir la constitución establecida, mas no han podido lograr, como usted habrá sabido, sus maquinaciones; todas han sido desvanecidas como el humo. Así es que el gobierno sigue bien y lleno de tanta confianza que todo el mundo entra y sale libremente en todo el territorio de la República, aunque sea godo o boliviano, etc. Es un gusto ver a los esclavos en tanta armonía con los libres. En la Nueva Granada, que por ahora ha tenido que echar fuera de su territorio a casi todos los venezolanos, que no hay duda le han causado males inmensos con su despotismo, etcétera, me prometo que sucederá lo mismo, luego que se organice su gobierno, Dios lo quiera para que el viejo mundo se desengañe y convenza de que todos nuestros males y desórdenes tenían su origen en la ambición desmesurada de Bolívar, que para coronarse le era indiferente que la América se despedazase y arruinase. Sí, mi amigo, esta es una verdad que nadie podrá negar al ver la marcha con que siguen nuestras instituciones, aun en medio de las facciones y partidarios de aquél que nada puede contra la opinión de los pueblos, que son los que lo hacen todo.

   No hay duda de que Quito, Cundinamarca y Venezuela reunidos en nación como estaban antes, serán mucho más respetables y que podrán, como dice usted, restablecer el crédito que han perdido de resultas de nuestras desavenencias y guerra civil. Todo esto es una verdad, pero sin embargo tomando en consideración el estado en que se encuentran estos países, en que estudiosamente se ha procurado sembrar un odio implacable entre sus respectivos habitantes, atribuyendo a la unión los males que unos y otros han experimentado en todos los años pasados, no me atrevo a decidir esta delicada cuestión. Tal vez será el pretexto que tomarán los ambiciosos y malcontentos para hacernos nuevas revoluciones y acabar con lo poco que nos queda. Esta consideración a mi poco entender es de mucho peso porque, ¿qué haremos exteriormente en caso que resulte así y recobremos nuestro crédito, si interiormente la nación se abrasa y devora? Convengamos, mi amigo, que nuestra situación es muy penosa y difícil de enmendar, por todas partes no veo sino peligros. Los cundinamarqueses y quiteños se quejan a gritos de las violencias y vejaciones que han experimentado de los venezolanos y éstos de la misma manera atribuyen a la debilidad de aquéllos todos los desórdenes que se han experimentado. En semejante estado, ¿no cree usted que sería más prudente y acertado esperar a que cada país se organizase y que después tranquilamente entrase a arreglar sus intereses generales y comunes formando pactos, etc.? Yo juzgo que sí, mucho más cuando aun ahora mismo no sabemos aquí lo que harán Cundinamarca y Quito, que parece no están todavía de acuerdo; qué digo yo de acuerdo; se dice que actualmente se están disputando algunos territorios que el general Flores ha ocupado ya con sus tropas. Si esto es verdad, como parece, mire usted qué principios para formar una gran nación. La verdad, no tenemos juicio, es necesario lo vayamos adquiriendo poco a poco.

   He hablado a usted con toda la confianza de un verdadero amigo, puede que esté engañado, aunque no lo creo, si he de dar crédito a lo que con publicidad han dicho muchas veces nuestros principales, que como usted sabe no son por la unión y no siéndolo, ¿quién podrá dudar que el día que les dé gana nos revolucionarán? Dejemos pues que nuestras instituciones, que apenas son conocidas de los ciudadanos, vayan tomando consistencia, que después haremos lo mejor.

   Usted ha tenido por su citada carta la bondad de preguntarme si creo que sería conveniente su venida a este país. ¿Quién lo puede dudar? ¿No es demasiado sabido que el hombre ilustrado y de bien es como una antorcha que por dondequiera que pase no deja sino el bien y las luces? ¿Y con cuánta más razón usted que, uniendo a las de su experiencia en la ciencia de los gobiernos, la de haber recorrido varias cortes del viejo y sabio mundo, nos aconsejará mejor que ningún otro? La verdad, mi amigo, habiendo cambiado las cosas, como usted sabe, yo no veo que haya inconveniente para que usted deje de venir como lo han hecho todos, aun nuestros más acérrimos enemigos; por el contrario, veo grandes motivos para que todos los buenos patriotas se alegren y lo deseen. Véngase, pues, mi buen amigo, pero cuidado que no vaya a llegar a otra casa que a la mía, donde aunque no sea tan bien asistido como en otras muchas, sabe usted que será recibido con toda la cordialidad y amistad de uno de sus más verdaderos amigos que lo ama sin ningún género de interés.

   Dije a usted arriba mi modo de pensar acerca de la unión de Venezuela con Cundinamarca y Quito, y ahora por cartas que acabo de recibir de mis amigos de Bogotá, que también lo son suyos, puedo añadirle que el congreso o convención granadina acaba de resolver la cuestión habiendo en uno de sus primeros actos sancionado nuestra independencia absoluta y reconocimiento como de una nación separada; y esto sin embargo de que Venezuela había dejado por uno de los artículos de la constitución el campo abierto para entenderse en este punto hasta formar su unión. Parece pues que yo me engañaba cuando manifesté a usted los varios inconvenientes que tocaba para nuestra unión. Me dicen también por una de dichas cartas que el congreso constituyente de la Nueva Granada por uno de sus primeros actos ha declarado insubsistentes las sentencias pronunciadas después del 25 de septiembre de 1828 y asesinos a los jueces que las pronunciaron, y por otras, que se han suspendido las comandancias generales, como también que se ha abolido el sistema departamental. Igualmente me dicen que ya se había presentado el proyecto de constitución muy semejante al nuestro del año 30 y 21. Me aseguran que es excelente. El Cauca como dije a usted, lo tiene ocupado Flores, según me dicen su caída es ya inevitable. Dios lo quiera para que todo se componga y arregle sin el estrépito de las armas, que siempre es dudoso y ruinoso a los pueblos, que bastante han sufrido. El ejército granadino, que está en el mejor sentido, no respira sino libertad y orden, que es todo cuanto se puede apetecer.

   Adiós, mi querido amigo, hasta que tenga el placer de abrazarlo en esta su casa. Aunque mi mujer e hijas no tienen el honor de conocerlo a usted, saludan a usted y junto conmigo le hacen sus afectuosas expresiones de amistad como su invariable y verdadero amigo que lo ama,

Manuel Muñoz.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2940, p. 486-489.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 117.

191
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

PARIS, 18 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi distinguido y muy apreciado amigo:

   Acabo de recibir juntas dos cartas de usted, la una de París fecha 4 de septiembre y la otra de Nueva York del 20 de noviembre. Hasta entonces no había recibido usted la mía del 1° de septiembre que dirigí a usted aux soins de Messieurs R. de Lorrember en París y que parece regular que la haya remitido a usted. En vista de ella y de mi contestación al vicepresidente, y más aún de los últimos sucesos, es preciso que reconozca usted un hecho con respecto a mí: y es que he terminado mi efímera y azarosa carrera en ese simulacro de gobierno a que fui arrastrado por mi desgracia. En estas circunstancias y al acercarse la época de regresar a mi país, para no volver a emigrar jamás, no he podido resistir a la tentación de hacer otra visita a la Europa, comprar algunos libros, recoger algunas noticias útiles a mi patria y ver a mi hermano Manuel María. Si esta conducta no la juzga usted oportuna porque piensa que yo podía hacer actualmente algo útil a Colombia en Nueva York, agradezco a usted tal condenación por el honor que me hace; pero esta es la verdad expresada con el candor que acostumbro con usted. Del mismo modo satisfaría a las observaciones que dice usted podría hacerme verbalmente sobre mi viaje a París. Voy a dar a usted (como la daré siempre) otra prueba de franqueza. Me ha complacido usted altamente en recordar al cónsul Varrón para no desconfiar de la salud de la patria, y ciertamente usted es digno de emular tan heroico ejemplo: ¡tanto más cuanto aquel ilustre romano remitía a los funestos presagios de la batalla de Cannas, y a usted le apoyan los sucesos del siglo y de Colombia misma, en que se están expiando los errores de la ciega fortuna en Cannas y en Farsalia! Pero usted me ha desconocido al revelar que yo piense de otro modo desesperando de la patria como don G. F. Permítame usted que no convenga en esta comparación, porque usted sabe la diametral distancia que me ha separado de aquél en política y aun en legislación.

   Siempre creí que agradarían las ideas que usted me ha manifestado sobre reorganización de Colombia y por tanto no es para mí nuevo el que así se lo aseguren a usted en Bogotá. En mi concepto la dificultad no está en las cosas sino en las personas. Las disensiones pasadas han dejado rencores y desconfianzas difíciles de curarse; y no es dado a todos conducirse por la elevación de alma que usted está manifestando. Espero que el ejemplo de usted, por sus peculiares circunstancias, sea de una trascendencia muy feliz. No es posible dejar de aplaudir con toda la exaltación de buen patriota el bello resumen de la política de usted en la carta que contesto: "Energía para mantener el orden público, haciendo respetar las leyes, justicia para castigar a los perturbadores; tolerancia a todas las opiniones y protección a los que vivan sumisos a las leyes". Ha hecho usted magníficamente en escribir que no se encargará usted de nada si los liberales no se ponen de acuerdo. Los gobiernos representativos no tienen más vigor que el que les da la opinión pública; y esta no puede ser poderosa y eficaz si no es uniforme. Muy largamente escribiría si no fuera tan estrecho el tiempo; pero me han traído la carta de usted a las tres y media de la tarde y hay que llevarla a la posta general antes de las cuatro. Me reservo para continuar en el próximo paquete.

   Manuel María, que recuerda siempre a usted con mucho aprecio, corresponde a usted sus memorias muy afectuosamente. Mi hermano Tomás se fue a Italia antes de mi venida y llegó a Pisa pocas horas después de haber muerto R. Arboleda, a ver y a enterrar su cadáver sin haber podido servirle de nada. Es muy dolorosa y profunda la pena que ha causado esta desgracia y tristes las ideas de mi nublada imaginación.

   No digo a usted nada de Europa porque allá hay abundantes noticias en los muchos periódicos y que van y se copian luego.

   Sea usted tan feliz como deseo, consérvese usted bueno y créame como siempre su amigo de corazón,

Joaquín Mosquera.

   Adición. Apruebo el que remita usted a mi señora los tres ejemplares de la Journée Chrétienne con Moure, y agradezco a usted este servicio.
   Escríbame usted a mi nombre y aux soins Monsieurs Hottinguer & Co. Rue de Sentier, número 20, a París.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2834, p. 319-321.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 121.

192
Firma: J. RAFAEL MOSQUERA

POPAYAN, 20 DE DICIEMBRE DE 1831

(Contestada en Filadelfia el 14 de marzo de 1832).

   Muy apreciado y respetado general:

   Por cartas que hemos recibido de mi primo Tomás Mosquera, de 5 de septiembre pasado en París, he visto que usted pensaba embarcarse en el mes de octubre para Nueva York, de donde pasaría a Caracas a tratar con el general Páez, a fin de hacer todo lo que estuviese de su parte para arreglar los negocios públicos de esta nuestra Colombia.

   No me es posible manifestar a usted cuánto gozo me ha causado tan plausible noticia, ni encuentro expresiones suficientes para ello. Así usted me dispensará que no diga más, y que me tome la libertad de poner a usted ésta para darle mil enhorabuenas por tan feliz resolución y para felicitar a mi patria y a mí mismo por tan próspero suceso. Usted me ha conocido cuando se hallaba revestido del poder supremo, y esto basta para que vea usted que mis palabras no son lisonjeras ni adulatorias, sino la expresión sincera de mi corazón. La vuelta a Colombia de un antiguo patriota y de un hijo que la ha servido como usted, mayormente ahora que han desaparecido muchos de nuestros ilustres defensores, es un acontecimiento que debe llenar de júbilo a todo el que abrigue aún en su pecho algunos restos de amor a su patria. Pero ¡ah, mi general!, qué diferencia la que va usted a encontrar entre la República que usted gobernó y la que existe ahora. Aquella resplandeciente de dignidad y de gloria, orgullosa de los nobles sentimientos que respiraban sus hijos y respetada aún de naciones poderosas. Está triste, abatida y humillada por los extravíos de los mismos que debieran salvarla y hecha la burla y el escarnio aún de pueblos lo más insignificantes.

   Muchos opinaban que usted no querría volver a verla en semejante situación, y que hostigado de los padecimientos que le causaron sus émulos y enemigos, prefería pasar el resto de sus días gozando de paz y tranquilidad en Europa, pero yo he pensado y esperado lo contrario; usted se consagró al servicio de su patria y vino a ser propiedad suya; usted puede hacerle hoy día más bien que cualquier otro; usted está, pues, más obligado a prestarle sus servicios, que aquellos que no pudiendo remediar sus males nos vemos precisados a llorarlos en la inacción.

   Usted dirá acaso que los mismos enemigos que antes lo persiguieron serán un obstáculo para que usted pueda hacer el bien. Pero yo diré: que los más crueles y poderosos de entre ellos no existen ya, que los que han quedado se hallan reducidos a la nulidad, de donde no volverán a salir si no se les saca a fuerza de perseguirlos; y yo creo conocer a usted suficientemente para esperar con razón que usted nunca se abatirá hasta buscarlos en su obscuridad para vengarse. Ultimamente diré que todos los que fueron de opiniones contrarias a usted fueron sus enemigos; antes bien, entre ellos ha habido muy buenos y muy honrados patriotas, que desengañados por los acontecimientos, serán excelentes amigos de usted y de cualquiera hombre de bien y de luces como usted, a quien vean emprender la salvación de esta patria adorada.

   Venga usted, mi general, y venga pronto, para que tome el timón de esta nave que ya zozobra; y si no quiere usted tomarlo, venga a enseñar a los nuevos pilotos cómo han de gobernarla. Cuán distinta sería hoy nuestra suerte si hubiese quien, con la autoridad de usted, pudiese tomar la voz y decirles: si queréis adquirir gloria haciendo feliz a vuestra patria, acordaos de los únicos cuatro años en que ella ha gozado de orden y libertad aun en medio de la guerra que le hacían sus verdaderos enemigos.

   El jefe que entonces la gobernó no proclamaba e introducía la anarquía bajo el nombre de libertad; para establecer y sostener ésta, no oprimía a los ciudadanos, despojándolos de los derechos que les garantizaba aun el mismo gobierno español: no quebrantaba y hollaba las más santas leyes, so pretexto de mantener su imperio; en fin, sus obras y su conducta iban siempre acordes con sus palabras y con los principios que profesaba. Venga usted, pues, mi general, y cuente usted con todos los que aún conservamos algún amor a Colombia, nos pondremos alrededor de usted y uniendo nuestras débiles fuerzas haremos cuanto podamos para que sus trabajos y sacrificios no sean infructuosos.

   Reciba usted, mi general, los afectos de un colombiano reconocido a todos los que han trabajado por la independencia, gloria y libertad de su patria; y disponga como guste de este su apasionado.

   De usted muy obediente servidor,

J. Rafael Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2879, p. 402-403.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 123.

193
Firma: MANUEL MUÑOZ

CARACAS, 20 DE DICIEMBRE DE 1831

   Mi muy querido general y amigo:

   El 12 del actual tuve la satisfacción de recibir su apreciable del 13 del próximo pasado noviembre: la he enseñado a todos mis amigos y ha causado la sensación que debía esperarse, sabiendo disfruta de salud y se halla tan cerca de su patria el ilustre y patriota Santander. Pocos días antes de recibir su citada carta, había circulado impresa la causa de usted y esto ha contribuido mucho para que unos deseen conocer a usted y otros reiterarle su antigua y buena amistad. Usted hace bien en permanecer en ésa hasta que concluya el invierno, porque además de ser muy fuerte la estación para viajar a Cartagena u otro puerto de esta costa, tiene usted así más tiempo de descansar; tampoco le será a usted inútil el observar ese país, porque su gran establecimiento militar, su policía y costumbres pueden aumentar algo los muchos conocimientos que posee.

   Con particular gusto me he impuesto de hallarse usted enteramente libre del cólico; esta ventaja y el mundo que usted ha visto en una edad ya formada y adornada de conocimientos, va a ser de gran utilidad a la patria: ella puede sacar de usted gran partido; y así lo esperan los amantes de la libertad y el orden. Mucho me alegraría ver a usted. ¡Cuánto charlaríamos! ¡Cuántas cosas contaría yo a usted!

   Cuando recibí la carta de usted había marchado ya para Apure el general Páez: si él hubiera estado aquí, le hubiera enseñado su carta, y ahora podría decir a usted francamente lo que él me hubiera dicho acerca de su viaje a esta ciudad; sin embargo le he escrito ayer y le he remitido una copia de su carta; mas como su contestación debe dilatarse algunos días, y puede proporcionar alguna ocasión de escribir a usted, lo hago desde ahora adelantándole mi opinión particular. El gobierno no puede ni debe interrumpir a usted su paso por aquí; muchos se alegrarán conocerle y otros aunque se confundan con su presencia, tendrán que tragarlo y sujetarse a las leyes de civilidad y educación; además, si miramos esta visita en política es sumamente conveniente, porque estando usted abocado al mando de la Nueva Granada y mandando aquí el general Páez, podrían resultar muchas ventajas a la patria el que ustedes se avistasen, se entendiesen y afianzasen para siempre su amistad. Los charlatanes e idiotas odiarían sus ideas, y los indiferentes podrían hacer (Sigue Nota del Editor...) su espíritu público. Si a consecuencia de este pequeño bosquejo se decidiera usted a venir, espero que echará usted pie a tierra en mi casa; no tendría usted en ella gran habitación, ni mesa espléndida, pero sí una verdadera amistad que acompañará a usted por todas partes. Su hermano político de usted está aquí y también el general Briceño.

   Cisneros se ha presentado a beneficio de ofertas que le hizo el general Páez; el consejo lo ha reconocido en su empleo de coronel.

   En Carúpano ha habido una asonada proclamando a Bermúdez y el estado oriental; pero las autoridades de Cumaná y Barcelona con todos los habitantes de categoría están por la constitución jurada, y unos y otros han tomado medidas que aseguran la tranquilidad. El gobierno ha mandado al batallón Junín y al escuadrón Granaderos, y con fecha de ayer se ha recibido la noticia de que el comandante Carrera ha asesinado al dicho Bermúdez: todos los datos que hay hasta ahora confirman la noticia, y este hecho, que va a degradarnos más al frente de las naciones, no gusta aquí a ningún hombre de sentimientos e ilustración.

   El general Soublette me relevó en la secretaría de guerra, en la que sigo de oficial mayor. Ha habido en estos días una competencia entre el ejecutivo y el gobierno de esta provincia: el hecho rodaba sobre la inteligencia de una ley que, mirada a la luz de la razón, no debería haber excitado su duda, las pasiones y los resentimientos, pero desgraciadamente ha sucedido lo contrario: los redactores de la Gaceta Constitucional atacan al ministerio, y lo han atacado de un modo que debe perder su prestigio y opinión.

   A mi modo de ver conviene mucho que usted vea este país, que estudie su índole y costumbres, antes de meterse en Hato Grande; esto puede ser de la primera influencia para sus adelantos y para su bien.

   Adiós mi querido general, cuídese usted mucho y acepte los sentimientos de consideración, aprecio y amistad con que lo saluda su verdadero amigo,

Manuel Muñoz.

   Mis hermanos saludan a usted y le ofrecen su casa. En esa existe un amigo mío llamado (Sigue Nota del Editor...); si está ahí, tráigalo usted para acá.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2941, p. 489-491.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 128.

194
Firma: OSORIO

BOGOTA, 22 DE DICIEMBRE DE 1831

   Excelentísimo señor:

   Consulta la corte de apelaciones del centro, ¿quién deberá formalizar la acusación de un impreso que ataque al tribunal como cuerpo moral, con libelos infamatorios que comprometen el honor y la probidad de los ministros? ¿A quién deberá ocurrirse en los casos de los artículos 58 y 59 de la ley de imprenta en estos casos, y quién deberá franquear los documentos que puedan necesitarse para la acusación del impreso o defensa de los ministros, no pudiendo decretar la compulsa los mismos jueces? El fiscal que habla es de concepto que el tribunal, como cuerpo moral, jamás puede ser atacado por libelos infamatorios. Los jueces que lo componen pueden serlo, y en tal caso el que lo sea, debe ser el acusador; queda desde luego impedido para conocer en los casos de los artículos 58 y 59 de la ley, y los jueces no impedidos deben franquearles los documentos que pida. Si todos los ministros son a la vez atacados, como que la acción es personal, todos podrán acusar el impreso, o reunidos o separados, no como tribunal informado o injuriado, sino como magistrados atacados por un libelo que compromete su honor y probidad. En este evento, para los casos de los artículos citados y para la franquicia de los documentos que pidan los interesados se formará el tribunal, como en cualquiera otro caso en que todos los jueces resulten impedidos en alguna causa, por motivos diferentes. La duda de la corte seguramente consiste en el supuesto de que el cuerpo moral pueda ser atacado, lo que nunca podrá ser. Los ministros, como personalmente injuriados, persiguen o usan de una acción personal. Vista la cuestión por este aspecto, parece que no hay necesidad de dar curso a esta consulta, pues que la ley no ofrece duda o caso imprevisto.

   Sin embargo, vuestra excelencia podrá acordar lo que estime más conveniente,

Osorio.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3246, p. 477.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1925, t. 21, p. 141.

195
Firma: L. GUYET [?]

XIX, 130

   Monsieur le général:

   J'ai l'honneur de vous confirmer la lettre que j'eus l'avantage de vous remettre le jour de votre départ d'ici ainsi que tout ce que je vous ai dit au sujet des colons. Je pense que si le Gouvernement se décidait à prendre des produits que rendront leurs travaux on pourrait payer les intérêts et au fur et à mesure amortir la dette.

   A l'égard de la prière que je vous avais adressé de vouloir bien vous enquérir pour savoir où en restait la réponse aux lettres par lesquelles je sollicitais le Gouvernement de Colombie de m'accorder une prorogation de tems pour la prise de possession des terres qu'il m'a concédé cette réponse m'est parvenue au mois d'Octobre par Mr. Torres, la veille de son départ pour l'Italie. Elle m'accorde la prorogation pour le terme d'une année ainsi que je l'avais demandé, mais il est dit que c'était à compter de la date de la lettre, 7 Juillet 1831; ne l'ayant reçue qu'en Octobre, il y a déjà 4 mois de perdu, ce qui fait déjà 1/3 de réduction.

   J'ai voulu de suite reprendre mon affaire au point où je 1' avais laissée, attendant la prorogation lorsqu'à mon grand étonnement j'ai trouvé les dispositions changées. L'on m' dit généralement que dans ce moment-ci l'on ne pouvait songer à une affaire aussi lointaine, qu'on aurait de la peine à placer des actions pour une affaire industrielle en France même, ce qui serait bien plus difficile pour une opération d'outremer; quoique le ministère inspire de la confiance, les affaires ne reprennent pas aussi vite comme on l'avait espéré. L'affaire de la pairie donne encore de grandes inquiétudes et tous les partis s'agitent singulièrement.

   J'ai aussi renové avec le nouveau Gouvernement d'un canton Suisse une nègociation que déjà feu père avait entamé avec l'ancien, auquel les propositions plurent, mais qui objecta que la Colombie paraissait encore trop agitée pour songer à y faire un établissement. Aujourd'hui que dans les deux pays les choses ont changées de face j'ai renouvellé mes propositions, mais comme vous savez qu' avec les Gouvernemens d'Europe les affaires traînent en longueur et il y a nombre d'objections à lever et combatiré et que tout cela prend du tems, je crais encore d'être à court.

   D'ailleurs vous pouvez facilement comprendre, Monsieur le Général, que si même je rèussissais a traiter avec ce canton, ce qui vaudrait infiniment mieux qu'avec une compagnie et que le fus forcé de dire que le moment obligé de la prise de possession est si rapprochée que cela jetterait une prévention défavorable et pourrait nuire beaucoup. Par toutes ces considérations j'ose encore vous prier de m'aider de vôtre puissant crédit en m'obtenant près du Gouvernement un terme de prorogation de 2 ans au moins ou illimité, s'il était possible. II est de mon grand intérêt de hater, la prise de possession autant qu'il est en mon pouvoir.

   Lorsque Mr. Torres me remit la lettre, il trouva lui-même le tems trop court et me blâma fortement de n'avoir demandé qu'une année, me disant d'abord qu'il ècrirait au Gouvernement et tâcherait de l'obtenir illimitée pusqu'il voyait fort bien qu'il fallait du tems et qu'on ne pouvait pas forcer les choses. Comme il est en voyage je crains qu'il l'oublie et ne sais ou lui adresser une lettre. Dans cet embarras, je vous supplie, Monsieur le Général, de vouloir bien vous intéresser à moi; ce qui sans cet évènement, je nè me serais pas permis de vous demander, quoique je sois bien persuadé que si vous daignez vous en occuper, j'obtiendrais une solution prompte et favorable; car par moi-même je n'ose vraiment pas revenir a la charge près du Gouvernement. Si vous ne comptez pas vous rendre incessament à Bogotá, je vous prie d'écrire par duplicata, dans la crainte qu'une première lettre ne put s'égarer, et demander qu'on m'expédie la décision le plutôt possible.

   Suivant les nouvelles qui me sont parvenues, j'espère que ma première, si vous voulez bien permettre de vous l'adresser, vous saluera Président de la République, charge qui vous sera bien pénible mais adoucie par la conviction de faire le bonheur de votre patrie.

   Je m'estimerais heureux de recevoir de vos nouvelles et vous prie d'agréer mes excuses pour mon indiscrétion et l'assurance de l'estime distinguée avec laquelle j'ai l'honneur d'être,

   Monsieur le Général

   Votre tres obéissant serviteur

F. S. Guyet.

   Paris, le 27 Décembre 1831. Rue de Provence No. 19.

Traducción:

XIX, 130

   Señor general:

   Tengo el honor de confirmarle la carta que tuve la fortuna de entregarle el día de su partida de aquí, así como todo lo que le dije acerca de los colonos. Creo que si el gobierno se decidiera a recibir los productos del trabajo de estos, se podría pagar los intereses y poco a poco amortiguar la deuda.

   En cuanto al ruego que le hice, en el sentido de ser tan amable y de averiguar acerca de la respuesta a las cartas en las cuales solicitaba al gobierno de Colombia el otorgamiento de una prórroga para la toma de posesión de las tierras que me concedió, su respuesta me llegó, en el mes de octubre, a través del señor Torres, la víspera de su salida hacia Italia. Se me otorga la prórroga por el término de un año, así como lo había solicitado, pero se establece que la prórroga corre a partir de la fecha de mi carta, el 7 de julio de 1831, habiendo recibido respuesta sólo en octubre; como ya han pasado cuatro meses la prórroga se reduce de hecho en un tercio.

   Quise retomar inmediatamente mi negocio en el punto en que lo había dejado, a la espera de la prórroga; pero cuál no sería mi asombro cuando encontré las disposiciones cambiadas. En general se me dijo que en este momento no podía pensarse en un negocio tan lejano, que sería difícil vender acciones para un negocio industrial en la misma Francia y todavía más difícil para una operación de ultramar; a pesar de que el ministerio inspira confianza los negocios no se reactivan tan rápido como se había esperado. El asunto de los títulos de "par" provoca todavía grandes inquietudes y todos los partidos se agitan notablemente.

   También he reanudado con el nuevo gobierno de un cantón suizo, una negociación que mi padre [q.e.p.d.] había empezado ya con el gobierno anterior, al cual las propuestas gustaron pero que objetó que Colombia parecía todavía demasiado agitada para que se pudiera pensar en buscar establecerse en ella. Ahora que en ambos países las cosas han cambiado de aspecto, he renovado mis propuestas, pero como usted bien lo sabe con los gobiernos de Europa los asuntos demoran demasiado y son numerosas las objeciones que deben ser allanadas y combatidas y como todo eso es tan dispendioso, temo además que el tiempo me falte. Por otro lado puede fácilmente entender, señor general que, aun en el caso de que lograra tratar con ese cantón, lo que sería infinitamente mejor que con una compañía, si tuviera que decir que el momento forzoso de la toma de posesión es tan cercano, eso provocaría una prevención desfavorable y podría causar mucho daño.

   Por todas esas consideraciones me atrevo nuevamente a rogarle la ayuda de su poderoso crédito para obtener en mi beneficio, ante su gobierno, una prórroga de dos años como mínimo, o si fuera posible ilimitada. Mi interés es el de apresurar la toma de posesión tanto como esté en mi poder.

   Cuando el señor Torres me entregó la carta, él mismo encontró el tiempo demasiado breve, me reprochó fuertemente el no haber pedido sino un año, y me dijo inmediatamente que escribiría al gobierno y trataría de obtener una prórroga ilimitada ya que podía ver muy bien que se necesitaba tiempo y que no se podían forzar las cosas. Como está de viaje, temo que olvide el asunto y no sé dónde enviarle una carta. En este apuro, le suplico, señor general, el favor de interesarse por mí, lo que no me hubiera atrevido a pedirle sin esta novedad, a pesar de que estoy completamente convencido de que si se digna ocuparse de mi caso, obtendré una solución rápida y favorable; en efecto, por mi cuenta, francamente no me atrevo a volver a la carga ante el gobierno. Si no piensa ir pronto a Bogotá, le ruego escribir por duplicado, en caso de que una primera carta se pierda, y pedir que se mande la decisión lo antes posible.

   Según las noticias que me han llegado, pienso que mi próxima carta, si me permite enviársela, lo saludará como presidente de la República, cargo que será muy arduo pero matizado por la convicción de hacer la felicidad de su patria.

   Me consideraría feliz de recibir sus noticias y le ruego aceptar mis disculpas por mi indiscreción así como la certeza de la distinguida estima con la cual tengo el honor de ser, señor general,

   Su muy obediente servidor,

L. Guyet.

   Rue de Provence No. 19 París, 27 de diciembre de 1831.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en el archivo de la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

196
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

BOGOTA, 28 DE DICIEMBRE DE 1831

(Contestada en marzo de 1832).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimado amigo y señor:

   En este momento acabo de recibir su muy apreciable, fecha 15 de noviembre en Nueva York, que me ha sorprendido muy agradablemente porque ninguna noticia anterior había tenido de su venida a los Estados Unidos. Dicha noticia ha sido recibida de sus amigos y de todos los verdaderos patriotas como un triunfo en favor de esta pobre Nueva Granada que tanto necesita de su presencia, de sus luces, de su influjo, etc. Si usted no viene a ver y observar el país y darles dirección a las opiniones, éstas se descarrían y se pierden más y más cada día. Si sus esfuerzos fueren inútiles nos lo dirá a todos y nos resolveremos muchos a emigrar, no porque pocos o ninguno tiene medios para ir a vivir en un país extranjero, pero sí a abandonar la sociedad y meternos a los montes. También necesita venir a arreglar y disponer lo concerniente sobre sus intereses, pues yo y Manuel igualmente con Ignacita debemos irnos pronto para Antioquia, donde nos estableceremos por algunos años y quizá por todos los de nuestra vida. Deseamos alejarnos de esta tierra donde todo lo malo se nos atribuye y por otras mil y mil razones más. Pensábamos irnos en el próximo febrero, pero quizás yo tendré que marcharme de un momento a otro porque necesito ir a montar dos calderas que hemos comprado aquí para elaborar sal en Antioquia y la demora nos perjudica muchísimo y también porque quieren, según me han asegurado, hacerme alcalde. Si me fuera, luego que sepa su salida de Mompós, me vendré a Nare a verlo y oírlo, que es mucho tiempo ha mi primer deseo. De allí lo acompañaré hasta Honda y luego haré votos por sus aciertos en el puesto donde todos lo quieren ver y por su salud y felicidad.

   El congreso ha prevenido sus deseos, como lo habrá visto por el decreto que hice imprimir y de que le he mandado varios ejemplares.

   Haré mañana la representación preguntando al gobierno si después del decreto de 10 de junio goza usted de su sueldo y cuál sea éste.

   Yo para mí creo que es conveniente el goce de su sueldo después de la reposición a sus honores, empleos (Sigue Nota del Editor...), pero consultaré con el doctor Soto, como cosa que sale de mí, y obraré como me aconseje este amigo común suyo y mío.

   Las cantidades remitidas al señor Núñez para remitir a usted no son nueve mil pesos sino diez mil, y los gastos de remisión y embarque como trescientos más.

   Confiado en que usted no necesitaría dinero de pronto, dispuse para comprar las calderas de que he hablado, y como dije a usted en mi anterior, de $3.500 que tenía usted en mi poder, como lo demuestra la cuenta que le remití y mi carta de fecha 14. Pero en vista de la que contestó, quedo haciendo diligencias y sacrificios para mandarle dinero a Cartagena y por el próximo mandaré cuanto pueda.

   Como llegó tarde el correo, aunque mandé inmediatamente su inclusa a mi señora N., creo que no le contestará por esta razón y porque esperará a los correos del 7 y 14, que son en los que se escriben para que los paquetes de Inglaterra y Nueva York lleven las cartas.

   Aranzazu está en ésta enfermo con una inflamación en el vientre, lo veré mañana y lo saludaré en su nombre y le diré lo que me ordena. Vélez está en el congreso y no dudo sea siempre su amigo. Daré luego sus memorias a todos los amigos que me nombra, los que agradecerán infinitamente sus recuerdos.

   Se marcha el correo y no hay tiempo para más. Adiós hasta verlo pronto, sano, alegre y dichoso en los brazos de su patria y de su amigo,

Juan Manuel Arrubla.

   Adición. Manuel, que está en el campo y ha de llegar, ha visto su carta.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 151, p. 269-270.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1925, t. 21, p. 141.

197
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 28 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general:

   Cuando usted ha escrito a todos sus amigos, sólo a mí me ha negado el gusto de ver carta suya. No sé a qué atribuirlo, y sólo alcanzo a creer que no habrá recibido ninguna mía. Sin embargo extraño que refiriéndose usted en algunas cartas al llamamiento que le hizo a usted el gobierno, no se ha recibido contestación oficial de usted. Sé que se halla ya en Nueva York y es indecible el gusto que he tenido con esta noticia. Véngase usted pronto a ver a su patria y a sus amigos.

   Se me ha dicho que pensaba usted venirse por Venezuela, y efectivamente traería grandes bienes a la Nueva Granada el que de paso tocara algunos, particularmente alguno de los puntos importantes a la relación, buena inteligencia y armonía que debe haber entre ambos países para sostener mutuamente sus instituciones, su territorio y la unidad de acción que debe haber para sostener nuestra independencia, que acaso correría riesgo si fracasaran los principios en Europa; en fin, mil ventajas traería a la patria el viaje de usted por Venezuela; pero temo mucho de los asesinos de la patria con quienes Páez ha tenido muy poca precaución al darles acogida en aquel Estado tan propenso a revolución. Usted no ignora los enemigos que tiene en Jamaica, Curazao y todos los puntos en donde no tiene influencia este gobierno para que trabaje por guiar la sabia desconfianza. Los malvados temen la venida de usted como el último golpe a su desesperación. ¡Cuidado mi general!

   Ya habrá leído los infames papeles de Jamaica, obra exclusiva de los expulsados, generalmente de Jourán, Jaira, Juan de Francisco y el bárbaro Mantilla; aquí se les ha impugnado bastantemente y concluirá por una explicación satisfactoria que tendrá que dar al gobierno este ministro inglés de quien tenemos mucho que sentir. Sería muy conveniente que allí también se escribiera decididamente contra este club empeñado en desacreditar la República y a sus principales hombres; respecto de mí, poco cuidado tengo de esas invectivas: por el contrarío me hacen mucho honor y crear orgullo conociendo que valgo algo cuando se detienen en increparme; y crea usted que tienen razón porque ningún perdido se levanta de la mesa sin renegar de los tahúres; pero es preciso hacer ver que no se les ha ganado a las malas, y que sólo deben quejarse a su mala causa y a su mala suerte.

   La marcha de nuestros negocios tiene sus dificultades y sus imperfecciones y en mi concepto la convención no trabaja tan acertadamente como yo lo esperaba y se lo aseguré antes; sin embargo, creo que no nos dejarán muy a discreción de caprichos y de ideas exageradas que hoy son impracticables por la relación en que dejó esto el general Bolívar y sus secuaces. Todo está tranquilo, y el país se consolidaría perfectamente bien si por nuestra desgracia no hubiere quedado en el Ecuador su dichoso compañero Flores, última reliquia de los discípulos del general Bolívar. Realmente no vale nada ese hombrecito, pues que de la fuerza veterana que lo sostenía allí a despecho del sur se le ha rebelado la parte más importante. Debemos empeñarnos en arrancarlo de raíz, pues su presencia en el teatro es una continua amenaza a la Nueva Granada. Conviene que usted escriba a sus amigos influyentes de Panamá para que desistan de algunas quimeras que adolecen a consecuencia de los antojos locales que dejan las reacciones populares; temo mucho el istmo lleve adelante sus ideas de ausentismo cuando no caiga en la seducción de Flores, mayormente ahora que el Cauca se le está escapando de sus ávidas manos.

   Estoy bastante enfermo; la vicepresidencia me ha sentado muy mal: sólo la venida de usted podrá salvar la patria y redimirme a mí. Por mi enfermedad y porque otros amigos de usted le escribirán más extensamente sobre el estado de nuestras cosas políticas, no me extiendo más y me limito únicamente a repetirle mis quejas de no haber recibido de usted ni una sola letra.

   En ésa se encuentra el general Rafael Moure, primo mío y a quien aprecio mucho; le recomiendo le haga a usted una visita en mi nombre y a usted le suplico tenga aprecio por ese joven, muy patriota y muy digno de la estimación de usted. Repito mis ofrecimientos de amistad y las protestas de sumo respeto con que soy de usted amigo y servidor que besa su mano,

J. M. Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3063, p. 158-160.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 138.

198
Firma: J. J. PARÍS

BOGOTA, 28 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi general:

   Acabo de saber que llegó usted a New York. Lo conceptúo en Cartagena a la fecha.

   Sea mil veces enhorabuena; por usted y por mi patria. Llega usted al tiempo más crítico y más a propósito que pudiera imaginarse. Colocado usted en el punto más alto, desde donde no divise pequeñeces, hará la felicidad de esta patria agitada. Enseñará la casi extinguida tolerancia y, a mi juicio, curará tanta imaginación exaltada hasta los 90 grados.

   No se habla de otra cosa en la ciudad, todos los hombres de juicio creen la crisis de tamaños males con la llegada de usted. Ojalá sea pronto, y que lo respete a usted el Magdalena, los mosquitos y las calenturas.

   No sé cómo reciba usted esta carta mía; las grandes agitaciones, disturbios paréntesis al trato que usted me dispensaba. Ignoro también si usted tendrá alguna prevención contra mí, lo dudo mucho porque usted me conoce. Sin embargo, si hay algo de esto, en la primera conversación que tengamos, usted se desengañará, y desde ahora lo escojo a usted mismo de juez. Si tengo contestación a esta y si estoy en disposición de saber la llegada de usted a tiempo; según ella, iré bien lejos a recibir a usted.

   Adiós mi general.

   Soy de vuestra merced afectísimo y obediente servidor,

J. J. París.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

199
Firma: JOSÉ I. SUÁREZ S.

BOGOTA, 28 DE DICIEMBRE DE 1831

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi distinguido amigo:

   Hoy mismo acabo de recibir la apreciable carta de usted, fechada en Nueva York a 15 de noviembre último. Singular es el gozo que me ha causado, lo mismo que a mi Cleofe y resto de familia, y tanto mayor cuanto que esta es la única carta que he recibido en respuesta de varias que le tengo escritas, y que además considero que a esta fecha habrá usted visto a Antonio María y José Asunción, que zarparon de Cartagena el día 7 del presente, siendo uno de sus deseos el ver y abrazar a usted. En toda la familia no hay novedad y esta con Cleofe hacen a usted tiernas y afectuosas felicitaciones.

   Estamos en convención desde el 20 de octubre, y uno de sus primeros pasos fue variar el vicepresidente, que todo el mundo ha creído una rémora de nuestros adelantos porque ciertamente él no es calculado sino para Saldaña. Salió electo el general J. M. Obando, y aunque tampoco ha desplegado una actividad vital, ofrece mejores esperanzas; sin embargo de que en su consejo solo se encuentra a Diego Gómez, secretario de hacienda, y otros son Pereira y Antonio Obando, a quienes (Sigue Nota del Editor...).

   La convención ha dado en sentir de los (Sigue Nota del Editor...), a despecho del partido de oposición a cuya cabeza estaba Márquez, ha declarado que las provincias del centro de Colombia forman un Estado con el nombre de Nueva Granada. En esta declaración hemos querido hallar aquellos vínculos generales de común interés que nos presentan unidos al mundo civilizado, y no caer en la nota de demagogos o de locos anarquistas. Tal sentimiento está por lo menos en armonía con las instituciones de Venezuela, que es la fracción más respetable del resto de Colombia; porque el Ecuador a merced de Flores goza de una existencia precaria y no tiene hombres que le dirijan la nave. Fuera de esto, Flores es ambicioso y aun se presenta como punto de reunión de las ruinas del absolutismo.

   La convención trabaja constantemente en dar una buena constitución. En ella están Soto, el loco Uribe, Vélez, Márquez, los Azueros, el obispo Estévez y yo también estoy con otros granadinos, que por lo menos ardemos en deseos de hacer el bien. Usted vendrá a gobernar este Estado, y debe hacerlo muy pronto y sin vacilación porque en la tardanza está el peligro y caminamos de acuerdo en temer más que nada las locuras de la disociación. Cabalmente puede usted venirse con los muchachos, sin olvidar que en Jamaica están Montilla, De Francisco y otros.

   Haré a mi compadre Fortoul sus insinuaciones y entretanto reciba usted de Cleofe, mi comadre Chepa, mi señora Nicolasa, Catire y toda la familia mil afectos ardorosos y este nuevo testimonio de la singular e invariable estimación que le profesa su más fiel amigo.

José I. Suárez S.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4303, p. 248-249.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 132.

200
Firma: MIGUEL S. URIBE

BOGOTA, 28 DE DICIEMBRE DE 1831

Al respetable republicano Francisco de Paula Santander.

   Muy distinguido general y amigo mío:

   Lleno de placer con la noticia de la llegada de usted a los Estados Unidos, quiero no ser de los últimos en manifestarle a usted este gozo marcado con los entusiastas sentimientos patrióticos y los dulces afectos de la amistad. La patria y los amigos de usted lo esperamos para el común consuelo, y las noticias de su regreso excitan la alegría y reviven las esperanzas de los granadinos.

   Inútil fuera decir a usted que la incertidumbre de su paradero, apoyada con la inseguridad epistolar de nuestro país y más que todo las persecuciones de que también he sido víctima bajo el despotismo de Bolívar y Urdaneta, han impedido que yo hubiese manifestado a usted la parte que he tomado en sus infortunios. Lo saben, sin embargo, los amigos de usted residentes aquí y todos los amigos de la libertad. Me cabe la honra de haber dado una prueba de esto, procurando como diputado que soy al congreso constituyente granadino y como miembro de una comisión especial, que dicho consejo aprobase el decreto del poder ejecutivo sobre el restablecimiento de usted a sus grados y consideraciones anteriores a la dictadura de Bolívar, y repitiendo el llamamiento que aquel hizo a usted para que vuelva a Colombia a prestarle los importantes servicios que ella necesita de usted.

   Como el que más, deseo yo esta llegada que anhelan todos los patriotas, mirándola como la época del renacimiento de las glorias y prosperidad de la nación. Espero que entretanto tendrá usted la bondad de creerme su constante admirador y fiel amigo, ocupándome con toda la franqueza que inspiran estos títulos.

   Honrado con ellos concluyo repitiéndome de usted su más sincero, humilde y obediente servidor que besa su mano,

Miguel S. Uribe.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4702, p. 295-296.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 136.

201
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 29 DE DICIEMBRE DE 1831

(Contestada marzo, Nueva York).

   Sí esperado general y querido amigo mío:

   Ayer ha sido para mí un día de re(Sigue Nota del Editor...) porque en él he recibido la estimable carta de usted de 19 de noviembre en New York. (Sigue Nota del Editor...) Dios que ha concedido a usted un buen viaje, y a esta pobre patria la espe...(Sigue Nota del Editor...) mejorar de suerte.

   Celebro mucho que usted haya encontrado en esos Estados Unidos al doctor Fortique (Sigue Nota del Editor...) amigo mío en Caracas en tiempo de mi proscripción y cooperó mucho como dije a usted en 1829, a la caída del gran tirano en jefe. Puede reputarse como director del partido más ilustrado de Caracas y de la oposición de Peña. Cuando usted lo vea, le hará usted expresiones muy afectuosas de mi parte, y me excusará de que no le contesté la carta que me escribió el 24 de agosto, a causa de que temo haya regresado a Venezuela cuando esta llegue a manos de usted.

   Había empezado a escribir la que incluyo para nuestro excelente amigo Lleras, y porque temíamos aquí, según lo que nos dijo hace tres meses que ya no estuviese en New York, la había conservado en mi poder hasta saber de su residencia. Léala usted por si contiene algo de importante, y entréguela manifestando a su dueño el aprecio que hago de su persona y la gratitud que le profeso por los servicios eminentes que ha prestado a la patria; dígale usted que aquí hice reimprimir su canción, segunda edición, y que ha sido recibida como un (Sigue Nota del Editor...) ento celestial.

   Supongo ya en manos de usted el decreto de esta convención en honor (Sigue Nota del Editor...) cular de usted y de los demás proscriptos. Creo que el desagravio ha sido conveniente.

   No soy capaz de juzgar sobre la conveniencia de la carta oficial dirigida a Páez, o de aquella en que habla sobre la necesidad de restablecer la nación. Creo sin embargo hubiera sido mejor reservar todo esto para (Sigue Nota del Editor...) de palabra en Caracas; lo digo, amigo mío, porque en Venezuela hay personas que se llaman pensadoras que sostienen la independencia absoluta de aquella (Sigue Nota del Editor...) contraído al que hay de Petare a la Victoria; otros se extienden hasta San Carlos; y otros comprenden al Orinoco y el Táchira; así como en esta singular ciudad de Bogotá hay más de 50 parlanchines que enfáticamente llaman nación a esta provincia (Sigue Nota del Editor...) más comprenden en ella los barrancos de Tunja. Y a tal punto ha llegado el furor de nacionalizar, que hasta Márquez y Vélez ca... (Sigue Nota del Editor...) he manifestado francamente que quiero cosas más grandes y aun he (Sigue Nota del Editor...) en apoyo de mis deseos la opinión de usted. Me han contestado que (Sigue Nota del Editor...) de pensar es exótico y que pierdo mi reputación y que usted perderá la suya. A lo cual he replicado que no pretendo empleos, ni aun vivir en Bogotá, y que para ser vecino de mi pueblo y jefe público de mi caución el año de 35, sólo quiero tener mi conciencia tranquila y lanzarme oportunamente sin hacer caso de circunstancias en el teatro donde se defienda la libertad. Volviendo al nacionalizar, pocas esperanzas tengo de que recuperemos el juicio.

   Vayan algunas palabras de esta singular ciudad de Bogotá y su gobierno; Obando tiene patriotismo pero carece de conocimientos; su secretario de guerra (A. Obando) es torpe y aun más que torpe: su secretario del interior Pereira, sabe muy bien lo que llega a conocer, pero no sabe que es mucho lo que ignora, y Gómez, a quien arrancamos de su campo, es hombre que piensa mucho en su campo y sus desgracias. Le falta por otra parte el talento de atraer y dominar; su influencia, pues, no es grande en el gobierno. Con tales elementos nuestro ejecutivo provisorio no debe ser muy bueno. Obando resiente del militarismo y no consulta con hombres imparciales. La convención (Sigue Nota del Editor...) to contra mi opinión, hace pocos días que entretanto dictaba los arreglos convenientes al ramo de organización militar, no se diesen más ascensos ni creasen (Sigue Nota del Editor...) oficiales, porque pidió una lista de todos los que hay y no se le ha dado tod (Sigue Nota del Editor...) porque se sabe que se han librado de la restauración acá sobre mis derechos. Pues ahora he cometido la imprudencia de objetar la resolución (Sigue Nota del Editor...) concluir haciendo renuencia; y todo ha consistido en que hallándose ausente consultó con los señores Obando y Pereira que (Sigue Nota del Editor...) quedan (Sigue Nota del Editor...) ha tomado el partido de (Sigue Nota del Editor...) deber y en seguida manifiesta los inconvenientes que de ello resultarían todo habría quedado allanado y no estaríamos ahora complicados en esta muy desagradable cuestión.

   Lo particular que esto tiene para mí (Sigue Nota del Editor...) antes de voto negativo y ahora será lo contrario porque no (Sigue Nota del Editor...) recto que el cuerpo constituyente quede sometido a objeciones y objeciones infundadas y aun despreciables como ésta; yo querría una transacción amigable, y con el motivo de que Obando ha ido a la cama, en consecuencia de esta bagatela, yo iré a visitarlo y trataré de ver (Sigue Nota del Editor...) acomodamiento. La convención es todo lo que usted quiera, tiene algo de bueno y mucho de malo. Cuenta con un número de cerca de la mitad, compuesto (Sigue Nota del Editor...) hombres mudos, animados sólo de ideas puramente locales; tales son casi todos los tunjanos y bogotanos. El famoso Agustín Gutiérrez, a quien nunca he oído toser, ¡qué buen egoísta! ¡Cáspita! Que el hombre a pesar de sus viajes, ha venido a confirmar el sistema de Gali. Rieux es el mismo de siempre. La diputación de Cartagena se compone de patriotas, pero el patriotismo no es bastante. Sotomayor es el obispo de Leuca, pero no el representante de Cartagena. Estévez por el contrarío, es el ciudadano obispo de Santa Marta. Márquez generalmente es bueno, menos cuando se trata de nacionalizar, porque entonces en Venezuela ve gigantes o pigmeos enemigos o amos, y sólo en Tunja y Bogotá encuentra elementos para una na... (Sigue Nota del Editor...) así es que la convención tiene sus fases, sus oscilaciones y sus palabras deben resentirse de estos principios discordantes.

   Solamente nombraremos presidente y vicepresidente hasta la reunión de las próximas asambleas, es decir, por 12 ó 16 meses. Usted será el presidente, porque aunque la (Sigue Nota del Editor...) en su proyecto había exigido, no sé si por descuido o maliciosamente 4 años de inmediata residencia anterior, hicimos la adición correspondiente para no (Sigue Nota del Editor...) a los ausentes en servicio de la República o por su amor a la independencia (Sigue Nota del Editor...). Juzgo que a usted le faltarán muy pocos votos y que estas (Sigue Nota del Editor...) lo menos 27 para vicepresidente: No sé todavía quién obtendrá (Sigue Nota del Editor...) 1° de enero de 1832. Nada sabemos del istmo hace mucho tiempo. Es tal nuestra falta de administración que yo ignoro si es por falta de correos, o por (Sigue Nota del Editor...) como se ha temido los istmeños pretenden agregarse al Ecuador.

   Este Ecuador continúa dominado por Flores, y algunos aristócra(Sigue Nota del Editor...) todo lo quieren para sí y nada para el pueblo. Es probable que con (Sigue Nota del Editor...) ese andamio de tiranuelos, no tanto por el patriotismo de los ha(Sigue Nota del Editor...) cuanto por la miseria a que los han reducido. En el Cauca los Mos(Sigue Nota del Editor...)ras y otros aristócratas son ecuatorianos, porque en Quito es un (Sigue Nota del Editor...) amo de muchos esclavos. El resto de la población es granadina (Sigue Nota del Editor...) en el centro hay más liberalidad que en el Ecuador. Un tercer partido pretende erigir el departamento en Estado federativo con los demás de Colombia. En fin, López que está allí de comandante general nombrado por Flores, ha hecho que los notables dirijan a ésa una representación pidiendo se les permita decidir sobre su propia suerte, y se cree que si se les concede, la decisión será en favor del centro.

   Casanare no ha reconocido todavía este gobierno ni mandado su diputado, pero aguardamos se verifiquen pronto, ambos acontecimientos.

   La convención, durante mi presidencia por desgracia mía dio un decreto, contra mi opinión, sobre medidas de seguridad o de autorización a Obando para expulsar, confinar y borrar de la lista militar. Se confundieron las personas y las circunstancias en el decreto, y como yo pronostiqué, la convención se atrajo las consecuencias fatales de la proscripción, y el ejecutor del agradecimiento de los (Sigue Nota del Editor...) redimidos. Como los godos Bolívar y Urdaneta no lograron jamás (Sigue Nota del Editor...) me a su partido con persecuciones, yo creo que los demás hombres (Sigue Nota del Editor...)nen su corazón dócil para ceder a la dulzura y fuerte para resistir (Sigue Nota del Editor...) (Sigue Nota del Editor...)lencia.

   No por esto he querido que los empleos continuasen dejados en manos impuras ni que tuviésemos más generales y oficiales (Sigue Nota del Editor...) ruso.

   En fin, ya pasó todo esto.

   Reitero a usted mi ofrecimiento de que lo acompañaré desde Táriba hasta (Sigue Nota del Editor...) cá, si llega a venir por La Guaira o Maracaibo, pues en este último caso (Sigue Nota del Editor...) debe ser por Moporo a Escuque, Mucuchía, Mérida y la Grita (Sigue Nota del Editor...) por el Zulia, porque no le ataquen calenturas si desgraciadamente (Sigue Nota del Editor...) por Cartagena o Santa Marta, desembarcará usted en el puerto de Ocaña (Sigue Nota del Editor...) iré a Salazar o a Cócota, según el camino que usted tome (Sigue Nota del Editor...) estoy resuelto a radicarme para siempre en San José; mi pobre(Sigue Nota del Editor...) así lo exige, y los absolutistas, que me aborrecen de muerte, junto con los fanáticos y los nuevos patriotas, que no dejan de mirarnos con cierto asco, así lo exigen también. Es menester pues dar gusto a unos y otros, buscar la vida en una pulpería con honores de tienda y consagrar el último tercio de la existencia a la mujer y a los hijos.

   Usted sabe que lo ama de corazón y lo respeta como al defensor de esta tierra su fiel amigo,

Francisco Soto.

   Véngase pronto, pronto, por Dios.
    (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/16 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República. Bogotá.
OTRAS EDICIONES:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4246, p. 169-173.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 140.

202
Firma: FLORENTINO GONZÁLEZ

BOGOTA, 31 DE DICIEMBRE DE 1831

Al señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y distinguido amigo:

   Por la que usted escribió a Rojas con fecha 15 del pasado desde Nueva York, he tenido el gusto de saber su feliz llegada a esa tierra de libertad. Felicito a usted por su cercanía a la patria, felicito a ésta porque se aproxima el día en que va a verse de nuevo en su seno, y me felicito a mí mismo porque tendré la satisfacción de estrechar en mis brazos a un amigo muy querido y al caudillo de los defensores de la libertad colombiana.

   Por la misma carta he visto que usted no ha recibido otra mía que una que le dirigí desde Valencia. No es ésta la sola que he escrito; porque a pesar de los muchos achaques que han amargado mi existencia desde que salí de Bocachica, gracias al indigno tratamiento que recibí del feroz Montilla, siempre me he abstraído de mis dolores para consagrar algunos momentos a comunicar mi paradero y el estado de mi patria a una persona a quien he profesado la amistad más sincera, y que por sus servicios y padecimientos se ha hecho cada vez más querida a mi corazón. Hoy me ligan a usted a más de los antiguos lazos, los de la simpatía que inspira el ser compañeros de infortunio; así es que aunque yo nada valgo, puede usted contar con mi consagración a servirle bajo este doble aspecto.

   Creo que habrá ya usted recibido la comunicación oficial con que le remití el decreto de la convención llamando a los proscritos, a usted muy particularmente. Me parece que con él habrá quedado usted perfectamente desagraviado. Una declaratoria de la injusticia con que se le persiguió hecha tan solemnemente por los representantes de un pueblo, repara cualquiera ultraje que se haya recibido de la tiranía.

   El segundo debate del proyecto de constitución ocupa actualmente a la convención. Se procede con mucha lentitud porque se discute mucho. La experiencia de lo pasado hace que todos estén con el ojo avizor, y nada pasa sin que se haya masticado muy detenidamente. Sin embargo, no ha dejado de escapárseles algunas cosas, en que me parece que harán alto en el tercer debate. Entre las disposiciones ya admitidas se hallan las siguientes: para ser senador se necesita ser granadino de nacimiento y tener 35 años de edad; para ser representante se necesitan 25 años; el presidente de la República dura cuatro años y no puede ser reelegido hasta pasado un periodo constitucional; las asambleas electorales son ahora de cantón y no provincia, y en religión ha sido preciso poner el siguiente artículo: "Es un deber del gobierno proteger a los granadinos en el ejercicio de la religión católica, apostólica, romana". Esto es lo de más interés que puedo comunicar a usted de los trabajos de la convención: las gacetas le impondrán de algo más.

   Han sido borrados de la lista militar, además de los expuestos, Pey, Francisco Urdaneta, Lacroix, Aldercreutz, Piñeres, el viejo Arjona, Abondano, Montebrune y todos los militares que cooperaron a derribar el gobierno legítimo y a sostener el intruso: su número pasa de trescientos. También serán removidos de sus destinos todos los empleados civiles que se hallen en igual caso. Esta medida ha costado mucho trabajo recabarla; ha habido sesiones de doce horas empleadas solamente en discutir la conveniencia de ella, pero al fin pasó por una gran mayoría. Con ella han desaparecido los síntomas de revolución que empezaban ya a observarse; los facciosos se han aterrado y han perdido toda esperanza de restablecer en este país el absolutismo.

   No puedo decir a usted nada del Cauca; no podemos calcular qué partido triunfará de los tres que allá existen, que son: el de los ecuatorianos, el de los granadinos y el de los que quieren formar un Estado de aquel departamento y el de Antioquia.

   Terminaré mi carta porque ni mis ocupaciones ni mis males me permiten ser más largo. Reciba usted mil afectuosas expresiones de mi familia; sírvase darlas de mi parte a Lleras y acepte el cordial afecto con que soy siempre de usted sincero amigo y atento servidor,

Florentino González.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2023, p. 173-175.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 144.

203
Firma: JOSÉ IGNACIO DE MÁRQUEZ

(SIN FECHA ¿1832?)

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Honorable presidente:

   Habiendo llegado felizmente a la capital de la República y estando expedito para tomar la dirección de los negocios, debéis lo más pronto posesionaros del destino a que os llamó el voto nacional, tanto porque conforme a la constitución sois vos quien debe ejercer el ejecutivo, como porque la patria debe cuanto antes comenzar a disfrutar de las ventajas de vuestra sabia administración. En esta virtud, os invito para que mañana a las doce del día os presentéis al consejo de estado a prestar el juramento constitucional, pasando en seguida al palacio de gobierno a encargaros del mando.

   Tengo el honor de ofreceros los más sinceros sentimientos de aprecio, consideración y respeto con que soy vuestro muy humilde obediente servidor,

José Ignacio de Márquez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2372, p. 224.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 368.

204
Firma: DOMINGO ACOSTA

WASHINGTON, 5 DE ENERO DE 1832

Browns Hotel.

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy estimado y querido amigo:

   El 28 del pasado llegué a ésta; al día siguiente fui a ver al señor Montoya y preguntarle si había oído alguna cosa sobre la opinión que este gobierno pudiera tener sobre los negocios de Colombia; me dijo que nada había oído y que la opinión del Globo no la consideraba sino como particular. En consecuencia el 31 pasé un oficio al secretario de estado, pidiendo día y hora para entregar mis credenciales; el mismo día (que era sábado) recibí la contestación asignándome el lunes 2 de enero a las 11 de la mañana. Fui puntual a la cita, el secretario me recibió muy bien; me hizo algunas preguntas sobre el estado de Colombia; le satisfice conforme a la verdad y a mis instrucciones; me propuso que si quería ver al presidente aquel mismo día podía él presentarme; le respondí afirmativamente. En efecto, a las 12 fui introducido al presidente, quien recibía aquel día en grand levés, en lugar del 1° de enero que fue domingo. Dije a aquél que mi gobierno me encargaba manifestarle las mejores disposiciones de amistad, etc. El me respondía que él hacía votos por la felicidad y prosperidad de Colombia y que en el gobierno de este país (los Estados Unidos) no debíamos considerar jamás que un amigo, etc. Había en la sala casi todos los miembros del cuerpo diplomático (Sigue Nota del Editor...) no fui presentado a ninguno de ellos, pues que (Sigue Nota del Editor...) sabe esta presentación debe hacerse por una visita personal en sus casas. El presidente tiene un aire de comme il faut, y sus maneras son degagées, como ordinariamente lo son las de los militares. El secretario de Estado parece un hombre excelente; su aspecto es el de un antiguo y sumo jurisconsulto; viéndolo creí ver a Cusjaccio.

   La casa del presidente es un bello, aunque no de esos inmensos palacios de Italia, haría figura en cualquiera capital de Europa. Pero el capitolio es un edificio magnífico, y lo sería en todas partes y en todos los siglos. Será para usted un asombro como lo ha sido para mí, el encontrar en estas wildernesses el panteón de Agripa, o si usted quiere, la cúpula de San Pedro de Roma. Si no tiene las mismas dimensiones que aquellas rotundas, le faltarán pocas pulgadas. No busque usted sin embargo las enormes columnas de granito. La cámara de los diputados es el mejor edificio de este género que he visto. Una sesión de este cuerpo es más imponente que una de la cámara de los comunes en Londres, o de los diputados en Francia; no hay ni la movilidad y exaltación de estos últimos ni la frialdad de consejo de estado que tienen los primeros. La sala del senado es más pequeña que la de los diputados y no tan bella; pero es mejor que la de los pares de Francia. He visto allí a Calhoun y Clay; me han parecido dos individuos con todos los caracteres del género yankee, como yo me lo figuro; el primero es tan expeditivo en el despacho de su negociado (Sigue Nota del Editor...) que en menos que canta un pollo da curso a media docena de bills.

   He pasado al secretario de Estado el diploma de cónsul general, más aun no se le ha dado el exequatur, creo que esperan saber el lugar donde me propongo hacer mi residencia. Voy a decir que será Filadelfia, donde residió Vélez.

   No escribiré al gobierno hasta no poder dar cuenta de haber sido admitido también como cónsul general. Mas si entretanto se presentare ocasión de escribir para aquel país y usted quiere comunicar la noticia de mi reconocimiento como encargado de negocios, será una prueba (aunque supererogatoria) del interés que usted toma en todos los negocios de nuestra Colombia.

   Estoy alojado como la gente y usted sabe que a mí no todo me parece bien. Mas tendré que emigrar dentro de poco a Filadelfia, pues que esto cuesta $22 a la semana; no muy caro en sí, sino relativamente.

   De Filadelfia, con fecha 26 del último, escribí a usted y no sé si usted ha recibido mi carta; espero que ésta a lo menos no quede sin contestación, y que me diga muchas chisperías de nuestro Bogotá; es imposible que usted no haya recibido muchos detalles sobre lo que pasa por allá.

   Quedo de usted como siempre su más afecto amigo,

Domingo Acosta.

   (Sigue Nota del Editor...) expresiones a los señores (Sigue Nota del Editor...) Jener y Medina.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/18 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

205
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

BOGOTA, 7 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi siempre estimado y más querido amigo:

   En el pasado tuve el gusto de contestar a su muy apreciable, fecha 15 de noviembre, bastante de prisa porque la recibí poco antes de la partida del correo; por esta razón y porque las ocasiones serán más frecuentes para poder dirigirle mis cartas a Nueva York que a París o Londres, no quiero privarme del gusto de escribirle siempre que me sea posible.

   Por su citada me dice usted que el señor Núñez le ha avisado haber recibido dos mil y pico de pesos, y esta es una equivocación pues después de mi venida de Antioquia le mandé $ 3.504 que con el interés del cambio de la cantidad excedente de los $8.000 que me entregó en onzas el señor Durán y el porte de correo, alcanza a $3.590, como lo habrá visto por mi última carta, remitidos con fecha 14 de octubre, que celebraré no se haya extraviado. Si así no hubiere sucedido, por ella habrá visto que en aquella fecha quedaban en mi poder de su pertenencia $3.500, los que en el momento no me es posible mandarle como me lo ordena por haberlos gastado imprudentemente, como le dije en mi anterior, en la compra de unas calderas para llevar a Antioquia y meterme allí a salinero, única empresa que en el día me pareció de alguna utilidad. Pero por mi desgracia me engañé; usted necesita de su dinero y maldigo ahora de tal proyecto, por esto y porque es causa de que yo no cumpla con sus órdenes con la puntualidad que debo y también porque metido en la empresa debo irme con Manuel e Ignacia a las inmediaciones de la ciudad de Antioquia en el próximo febrero. Con un profundo sentimiento por no poder esperar a usted aquí y contribuir a solemnizar el día de su entrada, que tanto, tanto he deseado.

   Sin embargo volviendo a hablar del dinero, espero conseguirlo, no hay sacrificio que no esté dispuesto a hacer y de algún modo lo conseguiré y lo remitiré tan pronto como me sea posible.

   He sabido que Pacho González está en Santa Marta y que pronto llegará a esta ciudad; me alegraré que así sea para tener a quién recomendar sus asuntos a mi propartida (Sigue Nota del Editor...); he hablado al señor Diego Gómez sobre sus sueldos y me ha dicho le haga la solicitud como ministro de hacienda que es, que él la presentará al encargado y se declarará lo que solicito.

   Consulté como dije a usted en mi anterior con el doctor Soto y me dijo que no creía necesaria mi representación, pues es indudable ya que sus sueldos deben correrle desde el 10 de junio; pero estoy por lo que me ha dicho el señor Gómez, que está de acuerdo con lo que usted me ordena. Advierto a usted que aunque estos señores son sus amigos, a ambos les he consultado la cosa como que nace de mí.

   ¡Qué falta hace usted aquí, mi ilustre amigo! Yo no estoy nada contento con algunas cosas que están haciendo estos señores convencionistas; a unos le falta juicio, a otros luces y a muchos... desinterés y patriotismo. Si usted estuviese presente, qué diversa saldría la constitución. ¡Tiene usted tantos derechos para ser oído y tanto de lo que a la mayor parte le falta, que habría evitado algunos males y la regeneración de esta patria no sería hoy un problema! En fin, mi amigo, venga usted pronto a sacarnos de tantos temores e incertidumbres.

   Mi señora N. se mantiene en Santa Catalina, me ha asegurado que nunca ha visto maromas y que después del funesto 25 de septiembre a ninguna diversión ha concurrido. Actualmente están aquí unos volatines de a caballo y me consta que no los ha visto, a pesar de ser un espectáculo nuevo en Bogotá. Ella está buena y le escribe a usted.

   Me pregunta usted que si es verdad que Bernardina se casa, diré a usted que yo estaba en Antioquia cuando me escribieron de aquí la noticia; entonces no lo dudé; pero vine y a pesar de que el novio (Saturnino Uribe) la visita diariamente, yo lo dudo y lo que es indudable es que se quieren. Yo hace muchos meses que no las veo y por esta razón no he podido darle a ella y a su madre las memorias que usted me recomienda.

   Los Santamarías, Rubios, Carrascos, Luis Montoya, Mosquera y particularmente Manuel y su Ignacita corresponden sus expresiones de gratitud y singular aprecio; todos estos y otra porción de amigos suspiran por su venida y más que todo este su afectísimo verdadero y obediente amigo,

Juan Manuel Arrubla.

   Adición. Tengo el sentimiento de comunicar a usted la repentina muerte de nuestro verdadero amigo el doctor Joaquín Suárez, el día 4 del corriente a las seis y media de la tarde ¡qué desgracia! Mueren los buenos patriotas, los virtuosos ciudadanos y (Sigue Nota del Editor...) etc., viven para asesinar esta pobre patria. Murió también (Sigue Nota del Editor...) e Isidoro Carrizosa.

   En este momento acabo de recibir una cartica de Fontana, de Hato Grande y me dice que no hay novedad en la hacienda, que el ganado está muy lucido y las vacas pariendo mucho. Cuéllar todavía en Ycabuco.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 152, p. 271-273.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 154.

206
Firma: VIECENTE AZUERO

BOGOTA, 7 DE ENERO DE 1832

(Contestada el 1° de marzo).

Ciudadano Francisco de Paula Santander.

   Mi respetable y muy querido amigo:

   A un tiempo he recibido las últimas dos apreciabilísimas cartas de usted, la primera de 4 de septiembre de París y la segunda de 15 de noviembre de Nueva York. Ambas han sido vistas por nuestro común amigo el doctor Soto y por algunos otros individuos que son verdaderos amigos y apreciadores de usted.

   Su carta pública al general Páez y su respuesta a los ciudadanos de San José de Cúcuta han sido insertadas en la Gaceta. Yo no puedo explicar a usted la alegría que todos hemos sentido cuando hemos sabido que se hallaba usted ya en Nueva York dispuesto a volver a Colombia. Es general la persuasión de que la persona de usted es esencialísima en las presentes circunstancias a la cabeza de la administración. Bolívar y Urdaneta han dejado todos los ramos públicos en un verdadero caos; el pueblo y los hombres y las ideas han contramarchado; la dilapidación ha sido extrema; el país está agobiado por una deuda que todos los días crece; la lista civil y de hacienda son superiores a lo que el país necesita; respecto de la milicia no hay más que decir sino que desde el año 26 en adelante todos los trastornos y todos los desórdenes se han premiado siempre con nuevos y nuevos grados militares. Es verdad que últimamente han sido borrados unos cuantos de la lista militar; pero tanto el señor Caycedo como el general Obando los han reemplazado con nuevos, y tenemos jefes y oficiales para un ejército de medio millón de hombres. Aunque la convención decretara algunas reformas y economías, es difícil que se hagan todas las que demanda nuestra angustiosa situación; y sobre todo para llevarlas a cabo, para restablecer la moral y crédito perdido, para contener a los hombres avezados a vivir del desorden y de los movimientos, y finalmente para imponer todo el respeto necesario a Venezuela y al ambicioso Flores, necesitamos de toda la reputación e influencia que usted goza. Es tanto el concepto que se tiene de usted, que creo que bastaría que se supiese que usted había llegado a cualquiera de nuestras cosas para que se restableciera la confianza universal, para que acabasen de desmayar los que aún sueñan con la esperanza de volverse a sobreponer a las leyes, para que cambiase el aspecto de nuestros negocios políticos.

   Digo a usted esto para encarecerle la necesidad de que no difiera su venida un solo momento, para suplicarle que posponga cualquiera otra consideración al bien de su patria, cuya voz tiene tanto imperio sobre su corazón, y para que inmediatamente emprenda su marcha.

   El doctor Soto, yo y algunos otros de sus amigos hemos procurado arreglarnos en cuanto hemos podido a los sabios consejos que usted nos da en sus cartas, que son también conformes a nuestras opiniones y que son además de mucho peso, porque usted acaba de observar en Europa cuanto se piensa acerca de nosotros. Sin embargo, tengo el dolor de decir a usted que en parte nuestros esfuerzos han sido vanos. Con motivo de todos los males pasados se ha exaltado mucho entre nosotros la antipatía contra los venezolanos y se ha generalizado mucho el espíritu de una absoluta separación e independencia. Así es que en la cuestión de nuestra nueva ley fundamental hubo una grande obstinación porque se acabase de tal suerte toda relación con Venezuela; que esta parte de la Nueva Granada adoptase exclusivamente el nombre de Colombia; apenas logramos el doctor Soto y yo la mayoría indispensablemente necesaria para que estas provincias se organizasen con el nombre de Estado de la Nueva Granada, para dejar campo a alguna liga o federación con las otras partes de Colombia, de manera que siempre apareciesen todas como una sola nación. Aun esto se ha destruido en mucha parte, porque después, en el proyecto de constitución que estamos examinando, se ha introducido la palabra nación, la palabra república, etc., como aplicadas a sola la Nueva Granada. No sé si conseguiremos introducir en las disposiciones generales, como en la constitución de Venezuela, alguna que deje salva la facultad de poder volver a formar una sola nación con Venezuela y la de delegar en este caso algunas atribuciones del poder supremo a un gobierno común. Yo haré de mi parte todo lo que pueda por obtenerlo; así, por todo lo que usted me dice en sus cartas, como porque a la sombra de esta esperanza de que se restablezca la antigua Colombia, los extranjeros no nos desconocerán y entretanto iremos consolidándonos, recobrando nuestro crédito perdido.

   Estamos reunidos en convención desde el 20 de octubre. Creo que hay en ella menos caudal de luces que en Ocaña y que aun en Cúcuta. Los hombres nuevos, sin saber mucho, tienen bastante apego a sus ideas; sin embargo estoy muy contento porque existe mucha regularidad y moderación en el debate, no hay partido ninguno y en general sólo se trata del bien común. La constitución no es una obra acabada, ni su redacción es muy buena; pero sí tienen por ella más garantías el poder electoral, el legislativo y el municipal; y al propio tiempo el ejecutivo ganará en fuerza porque se le concede la libre facultad de remover a sus agentes ineptos o negligentes y la de poder tomar providencias prontas y eficaces con acuerdo de un consejo de estado en los casos de grave peligro.

   Como han entrado a la convención Márquez y Vélez, e Hilario López se halla en Popayán, son ministros puestos por el vicepresidente Obando el doctor Diego Gómez, de hacienda; el doctor Pereira, del interior y exterior; y el general Antonio Obando, de guerra. Al fin logramos que nuestro excelente doctor Gómez saliese de su hacienda y que se haya despejado un poco; él está desempeñando su secretaría con la integridad y habilidad que lo distinguen. Pereira no es cosa; y Obando no sirve para nada. Nos vimos en la necesidad de salir de Caycedo admitiéndole su renuncia; su extremada condescendencia con todos los malos o más bien su incapacidad absoluta nos hizo muchos males y al fin nos hubiera perdido. Preferimos al general José María Obando a Márquez por razones de circunstancias y porque a todos los buenos patriotas nos disgustó en extremo el modo con que el segundo quiso crearse un gran partido en el pueblo y en el seno de la convención; a saber, pronunciándose contra toda reforma útil y declarándose protector de los perversos y egoístas. No tenemos la menor duda ni discrepancia cuando se trate de la elección de presidente; pero es bien difícil saber qué partido adoptaremos al fin respecto al vicepresidente. Usted nos aconsejó, y esta era también la opinión del doctor Soto y mía, que era mejor dejar al pueblo que hiciera desde la elección de sus dos primeros magistrados: pero hay muy graves fundamentos para que se la reserve en esta vez la convención. Tenemos muchos enemigos interiores; los muchos que existen en las Antillas trabajan sin interrupción por trastornar el país; y unos y otros pudieran prevalerse de la ocasión de las elecciones para promover algún trastorno o causarnos algún mal, haciendo que la elección recayese en imbéciles o egoístas. Así, varios diputados son de opinión que la convención debe hacer la primera elección, y yo aún vacilo.

   Venezuela no ha admitido a Casanare, y Moreno ha ofrecido ya de oficio que aquella provincia reconoce a este gobierno y que enviará sus diputados; ignorábamos los pensamientos del istmo; pero esta noche he recibido carta de Argote, prefecto de allí, por la cual veo que allí también obedecen al gobierno. El Chocó ha muchos días que se pronunció también por nosotros; y se acaba de recibir una arrogante contestación de Flores en que haciéndonos muchas amenazas se desprende del Cauca, pero reservándose a Pasto con Iscuandé y Barbacoas, que ofrece defender a todo trance. No sabemos si al fin éste nos empeñará en una guerra, aunque estamos inclinados a seguir el consejo de usted de dejar a que estas cosas las madure el tiempo, evitando escándalo y descrédito de nuevas guerras. No dude usted: si los de Popayán y el Cauca se nos reúnen, como es probable, me parece que ellos nunca consentirán en la segregación de Pasto y Buenaventura. Contando con ellos todas las ventajas están en nuestro favor, y la grande influencia de Obando en Pasto, donde tenemos además muchos amigos, nos será de gran provecho.

   Estos días han sido amargos para nosotros por las pérdidas domésticas que hemos hecho. Han muerto varios apreciables ciudadanos como el doctor Juan Agustín de la Roche, constante amigo de usted y de la libertad; Pedro Ruiz Amaya, Isidoro Carrizosa, el doctor León Vargas, el arcediano don Nicolás Cuervo y nuestro virtuoso amigo y excelente republicano y diputado don Joaquín Suárez. La muerte especialmente del último nos ha sido en extremo dolorosa; él se hallaba perfectamente bueno y de vicepresidente de la convención, y murió de repente cuando menos lo pensábamos, por consecuencia de una fuerte cólera que le hizo crear un ayo; un ataque apoplético le arrebató la vida en algunos minutos. También ha muerto don Cristóbal Vergara. El célebre Raminoses y Perico Domínguez han sido expulsados con algunos extranjeros; otros facciosos sólo han sido confinados de un lugar a otro.

   Usted me llena al mismo tiempo de confusión, de orgullo y de gratitud con las expresiones lisonjeras que me tributa en sus cartas y con los distinguidos sentimientos de benevolencia, y especialmente de la benevolente y especial amistad con que me honra; los nobles motivos que la han formado y consolidado son el consuelo y la gloria de mi vida; y yo nunca puedo leer sus excelentes y amables cartas sin envanecerme.

   La ahijada de usted me encarga siempre de la manera más especial que le diga mil cosas a su nombre; y mi hermano Nepomuceno, mis cuñados, don Diego Gómez, el apreciable Gómez Plata, y todos, todos sus viejos amigos me previenen saludarlo de corazón, y que le inste encarecidamente por su pronta venida.

   He visto a Ezequiel Rojas y me ha parecido más apreciable que nunca. Hágame el favor de saludar a mi antiguo amigo Domingo Acosta, a González y al muy apreciable Lleras, cuyas excelentes producciones he visto y admirado, admirando y aplaudiendo todavía mucho más su ardiente patriotismo y los distinguidos servicios que ha hecho a su patria en ese país.

   Anhela por el momento de abrazar a usted estrechamente, su fiel y muy apasionado amigo y compañero,

Vicente Azuero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 180, p. 351-356.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 149.

207
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 7 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general y amigo:

   Hoy he recibido la primera carta de usted de 4 de septiembre desde París; ella contiene rasgos dignos de usted y me lisonjeo de tener esa pieza tan apreciable de manos del primer republicano, del primer granadino y de la más espléndida víctima del bárbaro despotismo.

   Ya habrá recibido algunas de mis cartas, y deseo que me las conteste de donde se encuentre. Cuando ésta llegue a su mano ya estará próximo a emprender su viaje a Colombia. Creo que debe venirse por Venezuela, salvando mis temores de la anterior que indiqué a usted. Páez es todo un hombre; tiene una grande alma; es el hombre y el fuerte de la libertad en aquel país. No dudo que usted hará mucho bien si se hace conocer entre los que no han tratado a usted, y se venga después de coordinar ambos estados para que consolidemos las interesantes relaciones.

   La cuestión del Cauca es la única incomodidad que hoy tenemos; pero es preciso ver con mucha serenidad aquel negocio. Si tal cosa se permite con el Cauca, ¡adiós Nueva Granada!, todo se vuelve voluntades y caprichos lugareños, pues es el resultado de la desmoralización pasada. El istmo se erigirá; lo hará el Magdalena y todo se volverá soberanías y pedazos, siendo el resultado que entre extranjeros y ambiciosos quedaremos hechos una propiedad a discreción del vandalaje.

   La convención será bien circunspecta en esto, y el gobierno será cuerdo y severo; todo consiste en que usted se venga pronto para poder irme yo a quitarle a Pasto a su maldito compañero Flores. De resto no hay novedad sino unas chispas de colores del Magdalena que en mi ver no merecen desvelos, andando ligeros como hasta aquí.

   No me canso en apurarlo para su venida pronta; importa mucho y lo desea su amigo que besa su mano,

José María Obando.

   Dígnese dirigirme la adjunta a donde se halle el doctor Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3064, p. 160-161.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 157.

208
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 7 DE ENERO DE 1832

(Contestada el 31 de marzo de 1832).

   Respetado y querido amigo:

   Dirijo a usted la presente carta por medio del señor Núñez, de Cartagena, a quien también remito $1.990 en ciento veinte y cuatro onzas de oro y seis pesos en escudos. El gobierno libró en mi favor $2.000, de los cuales he deducido el medio por ciento de conducción y ha quedado la cantidad expresada de $1.990.

   No puede usted imaginarse el trabajo que ha costado la consecución de este pago. Obando lo deseaba sinceramente, pero no permitió se verifícase de un préstamo que había logrado Gómez de la mesa de diezmos, ni tampoco de una anticipación de las salinas que yo había negociado y a que voluntariamente accedió Bernardino Tovar, porque ambas partidas las destinó Obando de preferencia para los gastos de tropas, que eran de suyo urgentísimos. Gómez entonces propuso echar mano de los fondos de moneda con calidad de reintegro y bajo de reserva; y contando con la connivencia de Restrepo así se ha verificado. Practicóse el ajustamiento de usted y como por fortuna suya la deuda de usted, del vicepresidente, estaba ya radicada en la Nueva Granada, en esta razón es que se hace el suplemento; la deuda de usted no es pues colombiana y podrá satisfacerse a proporción que lo permitan los recursos de este Estado. Me parece ventajoso el éxito de este negocio.

   Vamos concluyendo ya el tercer debate del proyecto de constitución. . Creo que el 20 estará ya firmada esta ley de los granadinos. Tendrá defectos, mas no serán muchos.

   Desgraciadamente para la organización de Colombia, Márquez y otros muchos insisten más o menos en la absoluta separación de Venezuela y al propio tiempo quieren la forzada reincorporación del Ecuador, Azuay y Guayaquil.

   Esta política a mi modo de ver contradictoria y pérfida nos va precipitando en tristes compromisos. No se da ni quiere darse un solo paso hacia los arreglos que debemos hacer con Venezuela, y lejos de ello se presentan proyectos que envuelven miras hostiles; cabalmente anoche por la primera vez se ha discutido un proyecto en que se fija el 20 por 100 de alcabala sobre las mercancías extranjeras que vengan por Venezuela, lo cual equivale a una prohibición absoluta y a la destrucción de Casanare, Mérida y Popayán.

   Como por haber rechazado el reconocimiento del Ecuador como un Estado, Flores ha consolidado su poder con la opinión de los quiteños y guayaquileños, que tanto aborrecen la independencia inmediata de Bogotá, ya lo tenemos muy bien equipado y en situación de emprender a lo Bolívar sobre Popayán y el Cauca; y al mismo tiempo aquí se dice en la convención que no se quiere la guerra. ¡El diablo que los entienda!

   Nunca había creído al país en riesgo más inminente de perderse para siempre, y todo nace de la ambición desesperada de nuestros políticos, no ya de los militares; usted es el único que puede salvarnos, porque estos Clodios no tienen todavía bastante atrevimiento para hablar en público y directamente contra usted. Véngase pues, volando, no lisonjeado de gozar de paz y tranquilidad en su casa, ni de un gobierno, si le toca, consagrado al fomento de la ilustración y la riqueza, sino de un gobierno consagrado a calmar las pasiones y a restituirnos el juicio.

   Repito a usted que me iré para Cúcuta en todo marzo, y que no aceptaré ningún destino, porque aprecio más a ser jefe de mi cantón que habitar en Bogotá.

   No hay más tiempo. Por el correo último escribí a usted largamente bajo cubierta del cónsul nuestro.

   Suyo de corazón y eternamente suyo,

Francisco Soto.

   Me han exigido el uno por ciento de porte, y por eso remito a Núñez $1.980 en onzas.

   Juan de Dios Olano y toda la familia, chicos y grandes, saludan afectuosamente al general Santander y deseamos el momento de verlo y abrazarlo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4247, p. 173-175.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 198.

209
Firma: JOQUÍN MOSQUERA

   [8 DE ENERO DE 1832]

  (Sigue Nota del Editor...) flagrante de aquel estado. El Cauca no se incorporó provisionalmente, como dicen, pues es falsa tal idea. Se puso bajo la protección del Ecuador para evadir la usurpación de Urdaneta y nada más. Por consiguiente, quitada la causa cesó el efecto y su protector natural es el centro.

   La gran dificultad que yo encuentro consiste en la división de la deuda nacional, y era una de las razones más fuertes que me inclinaban a que se formase del todo de Colombia un solo cuerpo de nación, por una federación más o menos estrecha, cuya dieta general de pocos plenipotenciarios o mandatarios, administrase el crédito público y las rentas de la confederación apropiadas a él. Pensando lo peor y si no ha de haber unión, ¿no sería bueno empezar por dividir la deuda nacional? Aquí tiene usted otro problema de grande entidad. Pero esto y todos los más que tenemos no pueden resolverse, ni hacerse nada si no nos entendemos. Sólo el ejemplo de usted creo que podrá llevarnos a un punto de contacto, pues de otro modo se convierte en partidos por una intolerancia sin objeto. Hablo así porque ya el pueblo es dueño de su suerte, está cansado y escarmentado, y la preponderancia de los liberales es decidida. No falta pues sino que se unan todos, porque así lo exigen sus intereses generales y particulares. Yo me creo con derecho a que me aprecien (hablo por mis opiniones y lealtad nada más) y tengo que sentir cosas que algún día sabrá usted muy injustas y temerarias de personas que he distinguido, y de aquí deduzco lo que pasará por otros que tienen sus pecadillos. Esto lo digo a usted por ejemplo y nada más: pues no me consideraré hombre honrado el día que por resentimiento de ninguna clase dejase de cumplir con lo que debo a mi patria honrado o perseguido.

   Hasta aquí he escrito suponiendo lo peor, para que me conozca usted bien: quiero decir mis pobres opiniones, porque usted creo que me conoce. Convengo también con usted en que es necesaria una unión más estrecha que la que pretende Azuero con el nombre de liga, si se quiere que la antigua Colombia forme un solo cuerpo de nación, aunque compuesta de estados diferentes.

   Ya se acaba el papel y no es posible hacer las disertaciones tan largas que ofrecen tantas hipótesis. Ni usted las necesita porque conoce prácticamente como nadie las dificultades y los medios de vencerlas.

   Por lo que hace a noticias públicas, van en tanta abundancia a los Estados Unidos y las copian en tantos periódicos, que debo remitirme a ellos.

   Celebro que haya sido nombrado cónsul en Nueva York el señor Domingo Acosta y ruego a usted le salude muy afectuosamente de mi parte. Desearía también su dirección para lo que pueda ofrecerse.

   Tomas y Torres están en Pisa. No sé de Herrán, que anda por Italia.

   Manuel María recuerda a usted con interés y alto aprecio y lo saluda muy amistosamente. Yo soy como siempre todo de usted. Su antiguo constante y de corazón amigo,

Joaquín Mosquera.

   El doctor Soto me sirvió divinamente cuando yo estuve en el gobierno, y con virtud, pureza, tino y desinterés. Sírvase usted saludarlo cuando le escriba en mi nombre. Ojalá esté en Bogotá. Vale.

FUENTE EDITORIAL:
De Mier, José Marta. Testimonio de una amistad: Francisco de Pauta Santander y Joaquín Mosquera. Bogotá, Plaza & Janés, 1983, t. 2, p. 167-169.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1918, t. 14, p. 200-201.

210
Firma: JOSEFA RICAURTE DE PORTOCARRERO

BOGOTA, 8 DE ENERO DE 1832

Señor general Santander.

   Muy apreciadísimo ciudadano y amigo siempre querido:

   Por el último correo supimos la llegada de usted a los Estados Unidos a tiempo que Pepe se había embarcado para Nueva York, y ciertamente no es lo que más le envidio el conocer esas dichosas regiones, sino el darle a usted el primer abrazo. Usted sabe muy bien que yo no acostumbro jamás cumplimientos, y que uno de los deseos más grandes que he tenido siempre antes de morirme ha sido verlo a usted, mi buen amigo, y ver al general Santander procurando la dicha de esta nuestra patria tan cara y tan difícil. A Pepe le recomiendo que le haga una visita en mi nombre, y una de las cosas que me hizo condescender en su viaje al norte fue que se reuniera a usted y lo acompañase de vuelta.

   Créame siempre su muy estimadora y amiga que lo ama,

Josefa Ricaurte de Portocarrero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3636, p.144.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 149.

211

   (Sigue Nota del Editor...) 10-1832

   Son Excellence
   Monr. le général Santander
   a Bogotá

   Monsieur le général,

   Pensant que vous rappellerez avec quelqu'intérêt votre voyage à Rome et en gardant nous mêmes le souvenir três présent, nous saisissions une occasion de venir nous rappeller au votre et de vous féliciter de votre heureux retour dans votre patrie et des brillans auspices sous lesquels il s'est effectué.

   Vous prites à votre passage connaissance de la position de Monr. Texada, Ministre de votre République près le St. Siège, de l'état d'abandon oû on l'avait laissé depuis qu'il occupait sa mission, et de la facilité, de la confiance, nous pourrions dire de la générosité que par estime pour lui, mais aussi par considération pour le Gouvernement qu'il représente, nous avions mises à lui avancer les moyens de le mantenir dans l'exercise de sa mission avec la décence digne du caractère dont il était revêtu.

   Vous avez déploré les retards qu'il éprouvait à recevoir de son Gouvernement justice a ses nombreuses et justes réclamations, vous suggérâtes vous même un expédient qui a été employé. Monr. Texada s'est décidé, au commencement de 1831, à tirer sur la Caisse du Ministère des Affaires Etrangères à Bogotá une Somme de 37.000 Dollars à valoir sur ce qui lui revenait et pour pouvoir se mettre à meme de nous rembourser ce que nous lui avions si généreusement avancé. Nous envoyâmes les traites à l'encaissement a Bogotá. Son Excellce Monsieur le Ministre des Affaires Etrangères, nous a fait l'honneur de nous répondre très obligeamment, en date du 26 Août dernier, que le Gouvernement n'attendait pour faire droit à la réclamation de Monr. Texada que de recevoir des comptes justificatifs, réponse surprenante, puisque Monr. Texada avait envoyé les comptes depuis le mois d'Octobre 1830. Au surplus il en a envoyé une seconde expédition en Septembre dernier.

   Mais pour écarter toute difficulté, attendu que le retard nous est du plus grand préjudice nous nous décidons, de concert avec Monr. Texada pour ce qui le regarde a envoyer Monr. Lorenzana a Bogotá avec une troisième expéditions de ses comptes, et nous le munissons de nos pleins pouvoirs pour procéder en notre nom par tous les moyens au prompt recourvrement de nos avances.

   Enhardis par les bons sentiments que vous nous avez montrés, Monsieur, dans votre séjour à Rome, pleins de confiance aux sentiments d'équité, d'honneur et de probité qui vous dintinguent, nous osons mettre sous votre égide la sainteté de notre réclamation; nous avons pris la liberté de munir Monsieur Lorenzana, qui nous représente dans cette affaire, de cette lettre pour Votre Excellence.

   Permettez que nous réclamions votre protection en sa faveur, et que vous prions d'appuyer de votre puissante influence les droits que nous le chargeons de faire valoir; personne ne sait mieux que vous, Monsieur le Général, que ce sont ceux de l'honneur et de l'obligeance la plus désintéressée; nous aimons a nous persuader que si vous voulez bien nous faire la grâce d'y prendre quelque intérêt, la justice que nous réclamons comme créanciers de Monr. Texada et par conséquent comme ceux du gouvernement de Colombia, ne pourra souffrir d'entrave ni de retard.

   Nous vous devons fort reconnaissance et nous saisissons cette occasion de vous offrir, Monsieur, avec l'hommage de nos respects l'assurance de notre reconnaissance et de la très haute considération avec laquelle nous avons l'honneur d'être,

   Monsieur le général
   De votre Excellence
   Le très Humble et très
   Obéissant Serviteur
   Rome, le - Janvier 1832

(Sigue Nota del Editor...)

Traducción

   Señor general:

   Pensando que se acordaría con algún interés de su viaje a Roma, y en vista de que conservamos muy presente su recuerdo, aprovechamos esta ocasión para hacernos presentes en el suyo y para felicitarlo por su feliz regreso a la patria así como por los brillantes auspicios bajo los cuales este se efectuó.

   A su paso por Roma se enteró de la situación del señor Ministro representante de su República ante la Santa Sede, del estado de abandono en el cual se lo había dejado desde el principio de su misión, así como de la facilidad, de la confianza, podríamos decir de la generosidad con la cual, por estima hacia él, pero también por consideración hacia el gobierno que representa, habíamos tenido a bien anticiparle los medios de mantenerse en el ejercicio de su misión con la decencia digna del carácter del cual estaba revestido.

   Había usted lamentado los retrasos de su gobierno en responder a sus numerosos y justos reclamos y usted mismo había sugerido un recurso que fue empleado; el señor Texada se decidió, al principio de 1831, a girar sobre la caja del ministerio de relaciones exteriores en Bogotá la suma de 37.000 dólares, como parte de lo que le correspondía para estar en capacidad de devolvernos lo que tan generosamente le habíamos prestado. Enviamos las letras de cambio para ser cobradas en Bogotá.

   Su excelencia el señor ministro de relaciones exteriores nos hizo el honor de contestarnos muy amablemente, con fecha del 26 de agosto del año pasado, que el gobierno no esperaba, para hacer justicia al reclamo del señor Texada, sino el recibo de justificación de las cuentas. Esta fue una respuesta extraña, ya que el señor Texada había enviado las cuentas desde el mes de octubre de 1830. Fuera de eso, hizo un segundo envío de ellas en septiembre del año pasado.

   Sin embargo para eliminar toda dificultad, ya que ese retraso nos perjudica muchísimo, hemos decidido, de acuerdo con el señor Texada, mandar al señor Lorenzana a Bogotá con un tercer envío de sus cuentas y en posesión de nuestros plenos poderes para proceder, en nuestro nombre y por todos los medios, al pronto cobro de los adelantos hechos.

   Alentados por la amabilidad que tuvo con nosotros durante su estadía en Roma, señor, llenos de fe en los sentimientos de equidad, de honor y de probidad que lo caracterizan, nos atrevemos a poner bajo su égida la santidad de nuestro reclamo; nos hemos tomado la libertad de entregar esta carta para su excelencia al señor Lorenzana quien nos representa en este asunto. Permítanos valernos de su protección hacia él y rogarle apoyar con su poderoso crédito los derechos cuya defensa le hemos encargado; nadie mejor que usted, señor general, sabe que son los del honor y de la amabilidad más desinteresada; queremos convencernos de que, si se digna hacernos el favor de tomar algún interés en nuestro asunto, la justicia que reclamamos como acreedores del señor Texada y por lo tanto del gobierno de Colombia, no podría sufrir ya impedimento o retraso alguno.

   De eso estaremos muy agradecidos. Aprovechamos la ocasión para ofrecerle, señor, con la manifestación de nuestro respeto, la seguridad de nuestro agradecimiento y de la muy alta consideración con la cual tenemos el honor de ser, señor general,

   de su excelencia,
   el muy humilde y muy obediente servidor (Sigue Nota del Editor...)
   Roma, el ... de enero de 1832.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en el archivo de la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

212
Firma: ARGANIL

CARACAS, 11 JANVIER 1832

Au général Santander, New York.

   Reservado.

   Comme tous vos amis et votre beau frère vous écrivent, j'aurai peu à vous dire, surtout, n'ayant pu encore voire le général Paez; cependant, par un pamphlet que viennent de donner la veuve du général Bermudez et le colonel Diego Vallenilla, que vous connaissez; il resulterait que les assassins de l'infortuné général Bermudez, sont deux monstres qui, sous les espagnols, out été des assassins impitoyables d'une infinité de patriotes. On assure que ces deux monstres out été excités a ce meurtre par des personnes ennemies de l'ordre actuel des choses, en leur insinuant que le général Bermúdez était leur ennemi particulier et mille autres noirceurs dont l'âme de ce héros était incapable de concevoir l'idée; enfin, j'ai eu la douleur d'entendre plus d'une personne s'applaudir de la mort de cet illustre guerrier citoyen; helas! quel pays, que Caracas! Je brûle de m'en voir eloigné. Ah! mon général, ne venez point cette fois, et peine parce que nos amis ne se croyent pas rationelle; et où toute espèce de corruption et de dissolution y sont a leur comble.

   Il me semble que nos amis de la Nouvelle Grenade marchent comme des hommes instruits par l'expérience et les bonnes observations. Il me parait que vous serez elu président, et cela me fait plaisir et peine; plaisir parce que je pense, que vous n'accepterez point cette fois, et peine parce que nos amis ne se croyent par encore assez forts pour pouvoir marcher seuls.

   Je pense, mon général, que vous ne doutez point de mon amitié pour vous; mais je le suis d'avantage de cette gloire inmortelle que vous acquerirez, en étant le premier qui dans l'Amérique du Sud, donnera le seduisant exemple d'une raisonable desintéresement. Je connais assez vos sentiments, pour être persuadé que mes idées sont en harmonie avec les votres, puisque nous desirons avec la même ardeur la prospérité et la gloire de Colombie. Croyez-moi, des Etats Unis même vous pouvez contribuer tres-eficassement au honeur de votre patrie; vous êtes jeune encore, semez la gloire qui fera les delices de vos vieux ans et vous obtiendra l'admiration des âmes magnanimes de l'Univers; ah! combien je m'honorerai alors, d'avoir été votre ami et affectionné serviteur,

Arganil.

Traducción:

CARACAS, 11 DE ENERO DE 1832

Al general Santander, Nueva York.

   Reservado.

   Como a usted le escriben todos sus amigos y su cuñado, tendré poco que decirle, sobre todo no habiendo podido ver todavía al general Páez; sin embargo, por un folleto que acaban de publicar la viuda del general Bermúdez y el coronel Diego Vallenilla, que usted conoce, resultaría que los asesinos del infortunado general Bermúdez son dos monstruos que bajo los españoles fueron asesinos inmisericordes de una infinidad de patriotas. Aseguran que esos dos monstruos fueron excitados a aquel asesinato por personas enemigas del orden actual de cosas, insinuándoles que el general Bermúdez era su enemigo particular y otras mil atrocidades de las cuales el alma de aquel héroe era incapaz de concebir; en fin, he tenido el dolor de oír a más de una persona aplaudir la muerte de este ilustre guerrero ciudadano; ¡ay!, ¡qué país!, ¡qué Caracas! Ardo en deseos de verme lejos. ¡Ah!, mi general, no venga a un país donde se medita la muerte de los amigos de la libertad racional; y donde toda especie de corrupción y de disolución están a sus anchas.

   Me parece que nuestros amigos de la Nueva Granada marchan como hombres instruidos por la experiencia y las buenas observaciones. Me parece que usted será elegido presidente, y esto me causa placer y me apena; placer porque pienso que usted no aceptará esta vez, y pena porque nuestros amigos no se sienten aún lo bastante fuertes para poder andar solos.

   Pienso, mi general, que no dude de mi amistad hacia usted; pero lo soy aún más de la gloria inmortal que adquirirá siendo el primero que en la América del Sur dará el seductor ejemplo de un desinterés razonable. Conozco lo suficiente sus sentimientos para estar persuadido de que mis ideas están en armonía con las suyas, puesto que deseamos con el mismo ardor la prosperidad y la gloria de Colombia. Créame, aun desde los Estados Unidos, puede usted contribuir muy eficazmente al honor de su patria; usted es todavía joven, siembre la gloria que hará las delicias de sus años ancianos y le obtendrá la admiración de las almas magnánimas del universo; ¡ah!, cuán honrado me sentiré entonces, de haber sido vuestro amigo y afectísimo servidor,

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 106, p. 197-198.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 159.

213
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 11 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy estimado señor y amigo:

   Recibí con sumo aprecio las cartas que usted me dirigió por el bergantín Montilla y la goleta Waterloo, y tuve el gusto de darles dirección, como usted me encargó por el correo último.

   Es cierto me parecen muy fundadas las razones que usted arguye para detener su venida a ésta, pero me parece también más poderosa la exigencia que hace este país de las luces de sus hijos para superar las apuradas circunstancias que le afligen. No hay duda, señor general, en que en los tiempos calamitosos son más grandes los servicios, y por estos no se entienden solamente los de las armas, sino aquellos que prestan un consejo a tiempo, un pronto recurso basado en la experiencia. El pueblo, que ha visto gozoso los felices resultados de su administración a que contribuyeron el patriotismo, los conocimientos adquiridos, y ahora que las mismas desgracias de usted le han aleccionado en la escuela de las cortes más sabias, ¿no tendrá la patria más derecho a su saber, y sus amigos más fundamentos en pedirle acelere su vuelta? Sin embargo, su mayor penetración le dará más acierto en su resolución.

   A veces presagiamos aquí una tranquilidad duradera por el favorable aspecto que presentan las cosas, y a veces suelen también correrse algunas chispas, aunque falsas, que no dejan de inquietar a los amigos del reposo.

   Quedo bien impuesto de las órdenes de usted con respecto a remesas de dinero, y hasta ahora ninguna se me ha hecho de Bogotá, después de la última que hice a los señores M. M. Harman y Cía., de $2.416 en doblones; por el paquete de su majestad británica el Renard en 10 de octubre último, como entonces se lo anuncié.

   Deseo goce usted de perfecta salud y mande a su afectísimo amigo y seguro servidor que besa su mano,

M. M. Núñez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3015, p. 85.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 158.

214
Firma: J. MADIEDO

CARTAGENA, 12 DE ENERO DE 1832

Señor general benemérito Francisco de Paula Santander.

   Mi querido amigo y señor:

   He recibido la apreciable carta de usted de 19 de noviembre advirtiendo por su contenido que no han llegado a sus manos cuantas le he dirigido de Port-au-Prince y Riohacha. Este paquete parte en el momento y apenas tengo tiempo para contestar, de suerte que no me es posible repetir a usted un romance que forma la historia de estos últimos días de mi vida.

   Yo estoy de acuerdo con los mismos principios políticos que usted me manifiesta; mas por desgracia el contenido de la carta de usted a que contesto, me persuade que no conoce los hechos posteriores; que se ha olvidado del carácter de los hombres que figuran en este teatro, y por último, que no se halla perfectamente instruido de la situación política de nuestra patria.

   El partido servil boliviano existe todavía con las mismas pretensiones, aunque bajo diferentes (Sigue Nota del Editor...) usted ha sido vencido pero no enteramente derrotado, no podían escaparse a mi vista los lobos con piel de oveja, y esta ha sido la campaña que sostiene la sociedad de veteranos que he presidido hasta el día 6 del presente. En Bogotá apareció un diálogo contra usted y lo batimos al instante. Aquí ha intentado levantar la cabeza y se la hemos hecho bajar. Algunos imbéciles, como Alcázar, se han dejado alucinar por estos egoístas porque también ellos han bailado la maroma, y este es sin duda uno de los partidarios de los mismos agentes de los opresores que se presentan ahora bajo el distintivo de moderados.

   La administración vacilante del señor Caycedo ha hecho males infinitos, y el mayor de ellos ha sido el de neutralizar el espíritu público e impedir los resultados felices de una revolución simultánea de los pueblos a favor de sus derechos. Si han adoptado algunas medidas de salud, se debe al ejercicio de esa imprenta que parece sediciosa en el exterior. Era necesario mover a estos hombres apáticos y se requería emplear los cáusticos para curar las enfermedades. Felizmente salimos de aquel magistrado, y Obando parece que no se duerme en las pajas.

   Si usted intenta venirse procure hacerse a un buque seguro, pues sabemos que en Jamaica se ha pagado un pirata para apresar el paquete en que usted debe venir. Por Dios, hágalo cuanto antes, que conviene mucho a los intereses de la República.

   Con sentimientos de la más distinguida consideración y amistad soy de usted.

   Su afectísimo compatriota que besa su mano,

J. Madiedo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2297, p. 123-124.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 161.

215
Firma: JUAN J. ROMERO

CARACAS, 12 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimadísimo amigo y colega:

   Con sumo placer he sabido por su apreciable de 15 de noviembre que se halla usted en esa ciudad y que se aproxima ya a nuestras playas después de la tempestad que le ha hecho vagar algún tiempo por Europa. Acabe, pues, amigo, de acercársenos, y ya que su gloria y su destino están tan ligados con el estado y suerte de nuestro país, es ya tiempo que venga a continuar en él sus servicios a la causa en que al fin han triunfado los pueblos y los principios que han atraído a usted la persecución con que se ha honrado. Nunca más que ahora nos serán útiles sus consejos, después de haber aumentado el caudal de sus luces estudiando y comparando las costumbres e instituciones de Europa y de esos Estados Unidos de América. Pero más me alegraría si usted antes de pasar a la Nueva Granada, nos hiciese una visita. Dice usted que dentro de algunos meses tendrá el placer de abrazar a sus verdaderos amigos, y como no creo que haga usted excepción de los muchos que aquí tiene, me prometo que seré yo también de los que tendrán el placer de abrazarlo.

   El 20 del presente abrirá aquí sus sesiones la próxima legislatura bajo los auspicios de la paz y el orden general que reinan en Venezuela al igual que en la Nueva Granada. La muerte que en Cumaná dio el 15 del pasado un tal Verresbeitia al general Bermúdez, no ha tenido ningún resultado. La extinguida facción de Carúpano, que se dice fomentaba aquel general, pretendieron algunos revivirla el 27 del pasado; pero fueron asesinados el mismo día Olivier, Urbáez y un tal Cachucha por los mismos individuos que en número de 15 habían reunido aquellos promotores del desorden. Los demás se han presentado a las autoridades legítimas y todo ha quedado en paz.

   Ofrezco a usted mis servicios en esta ciudad, y créame siempre su afectísimo servidor y amigo,

Juan J. Romero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3697, p. 238-239.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 160.

216
Firma: J. M. TRONCOSO

BOGOTA, 14 DE ENERO DE 1832

(Washington. Contestada 1° abril 1832).

Señor general Francisco de Paula Santander. Nueva York.

   Mi muy respetado señor y apreciado amigo:

   Por sus cartas a varios señores, de mediados de noviembre, he sabido con particular placer su buen arribo a esa ciudad, donde quiere permanecer algunos días para recorrer un país venturoso, verdadera mansión de la libertad; y en su virtud me anticipo a felicitarlo como nos hemos felicitado recíprocamente todos los que independientes de las consideraciones particulares, juzgamos a usted el único capaz de salvar el país que, aunque libre de la funesta dominación que legalizó tantos escándalos, tiene aún muchos vínculos de heterogénea naturaleza para fracasar.

   El que le habla es un ciudadano independiente, patriota desde la cuna de la independencia, por cuya causa sirvió diez años entre las rocas de una colonia, alimentando con el sudor de su frente su familia, después de haber perdido por la misma causa una fortuna desahogada que no ha vuelto a recuperar; que nada ha pretendido ni pretende; que jamás ha traicionado sus principios por la causa de la libertad; que ha mandado dos veces su provincia, una de ellas por aclamación general de todos sus pueblos, y con omnímodas facultades que le desconoció la administración usurpada del general Urdaneta; que ha venido a este congreso a llenar los votos de su país en la convención granadina y que sólo espera el cumplimiento de este deber para volver al cuidado de sus vacas, que si es bajo las bases de un sistema justo, libre, ilustrado y firme, será el colmo de sus deseos.

   Bajo tales principios mi lenguaje es puro y sincero, y Dios me conserve siempre en actitud de que jamás, cuando influya en negocios políticos, pueda hacer bajo otros principios.

   Cuando usted pasó por Mompós yo estaba reducido a los ángulos de mi casa para libertarme del espionaje de un sátrapa, del general Montilla, que se propuso humillarme por mis ideas y mi conducta política, y no pude por tanto acercarme a pedirle un permiso para pasar a ver a usted en San Zenón, como lo obtuvo el señor Pino, pero con él mismo le mandé un recado bien expresivo, y estuve en la plaza de San Francisco, donde creí que atracaría el champán, por si podía servirle de algo. Me hubiera sido muy fácil pasar clandestinamente donde usted pernoctó, y desde luego lo hubiera hecho a no haber tenido usted un Argos en su custodia, o de haber sido de alguna importancia a su persona mi ida. Estando usted en las bóvedas de Bocachica tuve intención de dirigirle una, sin más objeto en aquellas circunstancias, porque no podía haber en ellas otra, que contribuir en alguna parte a aquel alivio dulce que recibe todo hombre indignamente desgraciado y oprimido, de ver los recuerdos de sus amigos y de que sus semejantes se afecten de su suerte; pero el riesgo era sumo, y mi situación, sin medios, cargado de familia, no me ponían en actitud de un azar que hubiera puesto a aquella en el colmo de su desdicha, y era necesario considerar cómo estábamos en aquel país bajo una dominación sultánica, en toda la extensión de la palabra.

   Después, cuando ya supe había seguido usted para Europa, no sabiendo desde mi residencia a qué punto se dirigía, y sin los medios de hacerlo con seguridad, no tuve intención de escribirle por entonces, como infería lo hacían otros con más propiedad; puesto que había tomado por temperamento más seguro condenarme a un embrutecimiento y abnegación política a que me condujo mi radicalismo, porque la desconfianza, hija del temor de la desobediencia, infectó el carácter franco de muchos que con otra firmeza hubieran hecho bastante a la causa entonces, sin sacrificio mayor de ellos y en ahorro de la mitad de lo que ha costado después, no el triunfo de los principios sino su primera campaña; es decir, la caída del poder militar, que es lo que hasta el presente tenemos de positivo, pues no basta el que nada veamos que se oponga a dichos principios, sino que se acierte a fijarlos y que se extirpen radicalmente las gangrenosas impresiones de aquel mal cuyos restos se dejan bien sentir aún.

   Hay varios elementos heterogéneos que debemos graduar como el germen de otros tantos combustibles funestos, capaces de combinarse para causar un trastorno o de producirlo por sí solo, y es esto lo que ahora me impone el deber de escribirle después del gusto que no podía dispensarme de felicitarlo, pues aunque considero que desde allí alcanzará usted a hacer una inspección de nuestro valetudinario estado, el presentimiento de que él pueda inducirle a renunciar o retardar su venida me hace irresistible cumplir con este deber de mi conciencia; sin embargo de que no me asiste la necia pretensión de creer que mi concepto sea capaz de una influencia suficiente. La venida de usted en el concepto de todo hombre libre es el gran recurso del país, y aunque quizá lo hará por Venezuela no le faltarán medios de conocer por aquella ruta las heridas de su patria y el estado de ellas, pero creo más importante que entre usted por las puertas de su país y que conozca personalmente un departamento que es el antemural granadino y que tiene muchos clamores a qué acogerse y que no pueden ocupar a la convención, en la cual se ha perdido algún tiempo en porción de cuestiones que pudieron desde el principio relegarse al consejo de estado o a la próxima legislatura.

   Vamos por más de la mitad del segundo debate del proyecto de constitución, la que va saliendo buena pero no al gusto de todos, y aunque esto realmente es imposible, puede ser que haya alguna exactitud en el concepto de los que disienten en algunos puntos.

   En fin, véngase usted, mi amigo, porque de otro modo no puede formar juicio del estado del país, sea cual fuere la puntualidad y exactitud de las relaciones que se le hagan, en el mismo tendrá dificultades para sondear el fondo de las cosas y precaverse de sorpresas.

   El amigo don Azuero ha tenido la bondad de mostrarme dos cartas de usted que acabó de recibir y leer, la una de París de 4 de septiembre y la otra del 15 de noviembre, de Nueva York, que son bastante lisonjeras y dejan bien conocer el ilustre patriota que las escribe; vuelve usted, mi amigo, a ponerse al frente de los destinos de la Nueva Granada, insultada por el sur y resentida interiormente por alguna desarmonía de ideas y por algunos caprichos que pueden embarazar su consolidación. Usted debe venir por el Magdalena porque es en mi concepto de más interés.

   Si sus ocupaciones se lo permitiesen y quisiese contestarme, a la persona encargada para la dirección de sus cartas que dirija la mía a Mompós, concluyendo con desear a usted un feliz viaje y reiterarle un afecto inalterable como su apasionado amigo y servidor que besa su mano,

J. M. Troncoso.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4637, p. 211-214.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 163.

217
Firma: MANUEL SANTAMARÍA

MEXICO, 18 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general y muy estimado amigo:

   Aprovecho esta feliz oportunidad de la ida de nuestro amigo Fato, para enviar a usted en estas líneas la expresión afectuosa de mis amigables recuerdos, y repetirle que por íntimo testimonio de mi conciencia conozco y siento que quiero a usted y que me interesa cuanto concierne a su felicidad. Acepte usted esta manifestación, seguro de que tiene el mérito de ser sincera.

   Sabrosa me fue la carta de usted desde Nueva York del 2 de diciembre, porque en ella me da prueba de que se acuerda de mí, y porque habla usted de cosas sustanciales bien y a propósito, cosa que no es muy común.

   Tengo el gusto de anunciar a usted que coincido perfectamente con las opiniones y sentimientos de usted relativos a ese país, que en verdad puede llamarse el nativo de la libertad porque hasta hoy día es en el que la goza el hombre más plena y prácticamente. Su gobierno guatenus, gabinete as you know, tiene como todo otro algo más que puntos y collares de maquiavélico, y la ambición no es el último de los ingredientes que entran en su confección. Pero compensados bienes y males es preciso confesar que esa es la tierra donde puede ser feliz esto que llamamos la especie humana (Dios la purgue de tanta lepra como la infesta).

   Las noticias más recientes que usted debe tener en esa, tanto de Europa como de Colombia, hacen superflua toda conversación acerca de las unas y las otras. Lo cierto es que aunque por las que aquí tenemos (hasta noviembre) de la primera se sabe que la conferencia de Londres o concilio general diplomático se ocupaba del desarmamento de todas las grandes potencias de aquel continente, y que todas las apariencias eran de un tendencia (ostensible) a la paz, muy dudoso es que tal sea el objeto o el ultimatum. Por más que se diga, Francia no ha tomado su aplomo. ¡Desdichada y siempre amable Polonia! ¿Creerá usted que su infortunio me ha llegado hasta la médula de los huesos? Supongo sabrá usted igualmente que esa vieja y rotten máquina de la confederación germánica se ocupaba últimamente en restringir todavía más el coco de la libertad de la prensa.

   Mucho me han entristecido las últimas noticias que aquí tenemos de Colombia; bien que no me aseguro aún hasta qué punto sean exactas. Parece ser (por ellas) que la convención de Bogotá ha decretado la total y absoluta separación de los otros departamentos, sin ningún punto de contacto. Reputo esto por una verdadera calamidad, pues juzgo como usted que tal disposición es altamente destructiva y opuesta a los intereses y sólida organización de lo que en tiempos más venturosos haría la hermosa República colombiana.

   Por cartas de Panamá he visto que el mismo Herrera que la había pacificado, protege ahora el proyecto de asociación al sur y en tal cuestión quedaban. Sin embargo quiero conservar esperanzas de que se arreglará todo.

   Por lo que toca al statu quo de este país cuanto yo escribiera a usted no valdría tanto como un rato de entretien con el amigo Fato, quien sabe bien mi modo de ver y pensar en esta materia. La excéntrica sublevación de Santa Ana y el censurable modo con que la ha hecho según lo que ocurre hasta la fecha en que escribo ni tendrá consecuencia, y sí bajo cierto respecto ha sido perjudicial. Nada menos que aprobación mía tiene una gran parte de la presente administración, pero estoy convencido que el modo de atacar no es el de las bayonetas.

   Yo vivo en cuarteles y repito:

Yo no soy de por aquí, 
Yo soy de Barquisimeto 
Conmigo nadie se meta
Que yo con nadie me meto

   (esto lo aprendí en Colombia). Sin embargo, a manera del soldado inválido, no sé qué aflicción me da el olfato de la pólvora. Incluyo a usted unos cuantos renglones de mi puño en ese impreso. Mucho me recelo que con la cópula que usted contrajo con los cardenales; Rota y demás del laberinto de la ciudad de las siete montañas, no vaya usted a ponerse de parte de los capelos. Su amigo de usted, el venerable señor Vásquez, no me parece que haría fo a uno de ellos.

   Doy fe y testimonio, de que el general Morán estima a usted con afecto, y que hace de usted frecuente y honrosa memoria. Hemos imaginádonos que hemos de ver a usted por esta tierra de Juan Diego; ¿sabe usted que me gustaría esto mucho? ¡Cuánto me acuerdo de nuestras correrías en París!, anímese pues y dé una vuelta por este mundo. Envidio a usted los gustos intelectuales que goza en esa tierra, quiero mucho con especialidad a New York, nada digo de los sensuales, porque ya no entiendo de esa fruslería: et militavi non sine gloria, es el único memento que me ha quedado. Madame Morán (aunque el general escribe a usted) me pide le remita a usted en esta muchas y expresivas memorias.

   Por este estilo, he ido enfilando una carta insustancial, salvo (y dicho sea muy de veras) en la parte que aseguro a usted que soy su amigo.

   Un millón de pensaditos. Viva usted y beba feliz; impóngole la orden expresa y terminante de no olvidarme y, bajo pena de santa obediencia, la de escribirme,

Tout a vous: Manuel Santamaría.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/19 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

218
Firma: TOMÁS CIPRIANO DE MOSQUERA

PISA, 18 DE ENERO DE 1832

Benemérito y honorable señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy apreciadísimo general y amigo:

   Mucho he tenido que agradecer los recuerdos que usted ha hecho de mí en cartas a Joaquín y mucho más por la apreciable que tuvo usted la bondad de escribirme el 30 de noviembre de Nueva York. Yo emprendí mi viaje el 8 de octubre por Suiza, Saboya, Piamonte, Lombardía, Estado Veneto, Boloña, y vine a la Toscana para pasar aquí la fuerza del invierno, y desgraciadamente llegué pocas horas después de la muerte de mi cuñado Arboleda el 22 de noviembre. Este desgraciado suceso me ha causado tal impresión que mis antiguos males volvieron y he estado un poco malo, pero ya me voy mejorando y el 10 de febrero seguiré para Roma con don Jerónimo, que saluda a usted muy afectuosamente y agradece la remisión de la carta para Amador. Herrán está en Roma en trabajos con Tejada, como luego diré a usted. Tengo ya el fiat para ir a Nápoles y aprovecharé el tiempo antes que los negocios de Europa que van poniéndose críticos me lo impidan. Usted habrá tenido igual satisfacción que en Nueva York, en Filadelfia y en Washington. Positivamente he recibido la carta de usted en la bella Italia, que usted conoce y que es tan dulce. Fenzi se acuerda de usted y me han hecho en su casa recuerdos muy afectuosos de usted, tomando interés por saber su actual destino.

   Desde que supe que Joaquín había resuelto su embarque en un paquete para Francia, sentí que ustedes no se pudieran ver y que este inconveniente les sería muy desagradable a uno y otro. Yo considero que mutuamente se habrían ustedes convenido en algunas cosas muy útiles y así es que participo del disgusto que ha sufrido usted.

   Casi no queda que dudar según las últimas cartas que he tenido de Colombia que usted habrá sido electo de presidente en Bogotá, pues me dice Manuel José, mi hermano, lo siguiente: el general Santander es estimado por todos los hombres de bien, y rogamos a Dios porque abrevie el día de su venida, pues no hay otro capaz de gobernar como él. Esto me ha confirmado en lo que dije a usted en París, que usted era deseado por sus amigos, por los viejos patriotas y por los que por diversidad de opiniones creímos que se podía hacer esto o aquello, mas jamás hemos sido sino colombianos y patriotas, tan liberales como los demás, y entre los que se han mezclado como en los demás hombres de circunstancias. Nadie tiene la experiencia que usted que en todas las épocas de la República se ha encontrado, y así me felicitaré mucho que haya sido usted el escogido de mis compatriotas; aunque repetiré a usted que yo desearía que dejaran a usted paso el gobierno general, sea liga, sea federación, que usted estuviera en él. Los hombres nuevos tienen una desventaja sea cual fuere su mérito y los antiguos inspiran una confianza apoyada en la experiencia; por tanto esto apoya mi opinión o el concepto que he formado de que usted debe estar en el gobierno general. La franqueza con que usted me ha hablado sobre estos negocios y la persuasión que tengo de usted no tiene ni ambición, ni hipocresía, me permiten expresar mis sentimientos que les haría en otras circunstancias, para no aparecer usando de un lenguaje que, si está usted (como lo creo) electo presidente, se pudiera confundir con una vana lisonja.

   Mis hermanos me dicen de París lo que usted le escribe a Joaquín y lo que ellos sabían de Colombia. Hay sin duda fuertes motivos para esperar, pero igualmente existen unos gérmenes de disociación que no se extinguen con muertes, ni persecuciones, ni con una tolerancia absoluta en los que abiertamente han querido despedazar la patria y disfrutarla como su propiedad. La política que pueda conciliar estos objetos es la que nos puede dar esperanzas de orden y de libertad. Sentiré por tanto que usted no esté a la fecha en Colombia, sea en Caracas o Bogotá, sea como magistrado o como el general Santander. Si yo como colombiano tengo el derecho de petición, lo emplearé siempre en llamar a usted a la salvación del país, porque si la tiranía excita a los pechos republicanos a la vindicta pública y restaura la libertad, asimismo la anarquía causa y abate y las naciones mueren como todas las cosas creadas. Si usted está en Bogotá al recibo de esta carta, sin embargo de las muchas ocupaciones que usted tenga, le ruego que alguna vez me dé usted sus órdenes.

   Me acuerdo que usted había querido una caja de polvo para un amigo fiel, y a propósito le tengo a usted una con un perro símbolo de la fidelidad, en mosaico, y que tendré el gusto de remitírsela en la primera oportunidad para que usted haga el uso que deseaba o el que mejor le parezca. Tejada irá a presentarse como deudor fallido en la cárcel de Roma porque el pobre no tiene qué comer; ha despedido sus criados y estaba reducido a un pedazo de carne y arroz. Herrán, que se veía comprometido por varias razones y sobre todo por no estar asesorado de su secretario, logró impedirle un escándalo de despecho y nada más porque sería mejor darse un tiro que vejar el honor de Colombia. Me han visto para que yo supliera algo para sostener la legación, pero no he podido hacerlo, pues el gobierno de Bogotá no teniendo para Tejada no tendría para mí, y tampoco podía positivamente hacerlo sin que yo me expusiera a tener que andar también mendigando pan en Europa.

   Por tanto y sin entrar en explicaciones de conveniencias que usted conoce bien, le recomiendo la triste situación de Tejada. ¿No podría distribuirse en todos los obispados una suma de $6.000 sobre la masa de diezmos, sosteniendo vacantes algunas sillas para mantener las relaciones de Roma? Con los cuatro se pagaría la legación y los dos servirían para ir amortizando la deuda de Tejada o pagar los intereses mientras se arregla el país, etc.

   En el verano estaré de regreso en París, y de allí tomaré mi resolución de regresar a América volviendo por los Estados Unidos para concluir mis observaciones sobre establecimientos militares de que me ocupo, como dije a usted. Tendré muchísimo gusto de volver a tener una corrida de terneros en Hato Grande y aunque no pensaba ir a la capital por no tener que hacer allí, ofrezco a usted una visita siquiera para que recordemos la dolce memoria della patria del Japo e di Camilo. Oh! che ella e bella! Camilo. Oh! che ella e bella!

   Hablaré a usted de un asunto puramente personal. Cuando Urdaneta se tomó el poder ejecutivo yo hice solicitar pasaporte y licencia para viajar por dos años. Me dieron mis letras de cuartel y licencia, y salí con Joaquín para los Estados Unidos. ¿Se considerará válida esta licencia, para continuar fuera o no? Desearía saber la opinión de usted y en qué clase se me considerará. Ahora no deseo sino irme a casa a trabajar por mi familia y de allí saldré cuando la patria me lo exija.

   Poco puedo yo valer; pero al menos estoy hace muchos años consagrado a ella.

   Soy de usted con sinceridad su atento servidor y amigo,

Tomás Cipriano de Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida a! general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2898, p. 441-444.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 166.

219
Firma: PABLO DE ALCÁZAR

CARTAGENA, 19 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general:

   Por el paquete Montilla que salió por ese puerto hace cinco días, tengo escrita a usted contestación de sus cartas 4 de septiembre y 15 y 30 de noviembre.

   Por el correo de Bogotá que llegó ayer he recibido las inclusas para usted, dirigidas por los señores Arrublas, Soto, Azuero y Rendón.

   De noticias diré a usted las que hay. Empecemos por la convención.

   Esta asamblea continúa en sus trabajos con regularidad, pero lentamente: ha sancionado varios decretos que habrá usted visto en las gacetas que le he remitido y van hoy. Al artículo 105 del proyecto de constitución está en segundo debate. Parece que la convención pasó al ejecutivo, para que le diera su cumplimiento, un decreto por el cual se le suspendía la facultad de dar nuevos ascensos a los individuos del ejército, y el hacer nuevos oficiales, ínterin se hacen los arreglos militares; el ejecutivo lo devolvió objetado, y este acontecimiento hacía temer que se pusiesen en pugna los dos poderes y se interrumpiese la buena armonía que nos es tan necesaria, pero no ha sucedido así, pues la convención insistió, y el ejecutivo ha asegurado a la comisión que puso en sus manos el mensaje, su sumisión a los decretos del cuerpo soberano.

   Del sur tenemos una insolente comunicación del general Flores, dirigida por el ministerio del interior al general Domingo Caycedo, sin otros títulos que este y como si lo supiese su subalterno. En esta dice que permitirá a los pueblos del Cauca que celebren una junta para que deliberen lo que les convenga; pero que esto no se entiende con respecto a la provincia de Pasto y a algunos de Buenaventura que está resuelto a conservar viribus et armis. Este nuevo Filipo nos dará algunos malos ratos. El doctor Joaquín Suárez, vicepresidente de la convención, murió repentinamente el 5 del corriente en Bogotá.

   Nada más hay de particular, excepto mucha pobreza; lo demás marcha bien, y aquí han circulado papeluchos insolentes.

   Deseo a usted salud y que me crea siempre su apasionado y obediente servidor y amigo que besa su mano,

Pablo de Alcázar.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 36, p. 90-91.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 170.

220
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 20 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander, Nueva York.

   Muy señor mío y amigo:

   Como en sus anteriores me manifiesta usted deseos de conocer a su llegada las provincias de Santa Marta y Cartagena, yo le indico un modo que a mi parecer le puede proporcionar lo que desea, cual es el de que desembarque usted primeramente en Santa Marta y de ahí siga a esta el buque con su equipaje, molestándose usted en venir por tierra hasta esta plaza. Es verdad que sería más cómodo y pronto venir en el mismo buque, pues podría ponerse en esta en un día o día y medio, mientras que por tierra serían cuatro o cinco días; pero lograría usted conocer los pueblos de esta provincia y que ellos le conociesen; se aumentaría su popularidad, como yo lo deseo, y podría conseguir por la interposición de su influjo y respetos, que el pueblo de Santa Marta, es decir, sus principales, depusiesen ese odio y prevención que tienen contra Cartagena, y que no se absorbiesen todas las rentas nacionales que se recaudan allí, atendiendo a que los gastos de esta son cuádruplos y sus productos casi iguales, y a ser indispensables que aquellas rentas auxilien las de esta provincia.

   Por acá no hay novedad. Lo más importante de los trabajos de la convención, que se sepa, es el proyecto de constitución que se discute, la abolición de los días de misa y reducción de los de fiesta a seis de los más grandes misterios de la religión; y la libertad de cultos, protegiendo el gobierno la religión católica, apostólica, romana, que será la dominante.

   Acompaño a usted una carta que recibí de Bogotá; por el Montilla le remito varias otras.

   Deseo se mantenga usted bueno y mande como guste a su afectísimo amigo y servidor que besa su mano,

M. M. Núñez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3016, p. 86.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 190.

221
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 21 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general y amigo:

   No me cansaré de escribir a usted llamándolo amigablemente, y hoy le va una orden oficial. ¿Qué hace usted allá, mi general? Véngase, por Dios, que usted falta para todo. Yo no lo llamo para que reciba perfumes de ingratos que no están contentos mientras no se les llene de empleos, de ascensos y de plata, y eso han de ser onzas viejas: lo llamo cordialmente para que ayude a esta organización y a arreglarlo todo, que todo está viciado. Cuente usted con todos los hombres patriotas, cuente usted con todas las espadas y cuente usted con los deseos de todos, todos, todos, buenos y malos. ¿Qué mejor campo quiere usted? Hoy es el día de acreditar a ese mundo viejo que Bolívar, lejos de ser el hombre necesario, es el único elemento de sangre. Hoy es el día de la redención de la patria y hoy es el día de usted y de los que aun sin esperanza de un triunfo invocaban a usted. No se canse usted en caminar día y noche.

   Popayán está ya pronunciado por el centro, algunos pueblos del Valle lo están ya: lo será hasta Pasto, y la Nueva Granada será íntegra e importante. Para esto último tengo que ir yo mismo; y voy a repetir mi creencia para hacer este último servicio que resta a mis esfuerzos. Solo sentiré no conocer a usted tan pronto como lo he creído; pero cuando ya esté aquí daré mi paseo para cumplir ese último término de mis deseos.

   Creo haberle encargado el último atlas de Larbases; si no lo he hecho, lo hago ahora.

   Como otros lo informarán a usted del estado político de nuestra patria, omito hacerlo yo porque no tendré otra materia que llamarlo a que venga, y breve.

   Adiós, mi general; de todas partes escribiré a usted con la terneza y franqueza que debo al hombre más querido para mí. Ocúpeme como a su súbdito y amigo que besa su mano,

José María Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3065, p. 161-162.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 171.

222
Firma: A. OBANDO

BOGOTA, 21 DE ENERO DE 1832

Benemérito general de división Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y distinguido amigo:

   Con cuánto placer tomo hoy la pluma para felicitar a la patria, para felicitar a usted y para felicitarme a mí mismo. A la patria porque ya va a recibir en sus playas a su primer hijo, a su primer general y a la primera columna que tienen sus instituciones. A usted porque ha podido conservarse al través de los más terribles golpes de la adversidad y de las persecuciones que sus enemigos le declararon solo por el interés que tomaba en la dicha de esta tierra harto tiempo desgraciada, en que fluctuaba el renacimiento de la libertad en medio de riesgos continuos; y a mí mismo porque se acerca el feliz momento de estrechar a un jefe que he respetado como magistrado, he estimado como fiel a los principios, y a quien he sido consecuente como amigo.

   La incertidumbre de su paradero me había privado dirigirle mis cartas; pero hoy tengo el gusto de hacerlo con seguridad, ya que he visto las de usted a varios de sus amigos en que me transmite recuerdos que me son tan gratos como usted no puede figurarse, manifestándole el júbilo con que se han recibido las noticias de usted y el gran deseo que se tiene de ver restituido al seno de la patria la más ilustre de las víctimas del despotismo doméstico. Todos a la vez nos hemos dado la enhorabuena por tan fausta nueva y nos apresuramos a dirigir nuestras plegarias para que el cielo le facilite los medios de que llegue cuanto antes para colmar los ardientes deseos de sus conciudadanos, de sus verdaderos amigos y de sus antiguos compañeros de armas.

   Entretanto que tengo la dicha de abrazarlo, reciba, mi estimado general, el homenaje de mi consideración y respeto, con que he sido y soy y seré su afectísimo amigo y compañero,

A. O bando.

   Adición. Anoche a las diez se ha recibido la placentera noticia oficial de que la provincia de Popayán ha hecho su pronunciamiento reincorporándose a la Nueva Granada; se esperaba que secundarían ese paso las provincias de Pasto y Buenaventura, pues ya el Chocó lo había hecho anteriormente. De este modo queda íntegro el territorio del centro.

   Viva la libertad para siempre,

Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3051, p. 145-146.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 172.

223
Firma: A. VÉLEZ

BOGOTA, 21 DE ENERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi siempre querido amigo:

   He recibido la suya muy apreciable de 1° de diciembre, y creo con sentimiento que muchas que le he dirigido no han llegado a sus manos y menos la muy larga que le envié con Ayala. No se la entregó sin duda por la causa que usted expresa. Pero a bien que nuestra buena y antigua amistad no depende del recibo de cartas más o menos.

   Tal vez Acosta habría sido aquí más útil que en ésa, pero necesitábamos allí un hombre de sus cualidades y dotes y que además estuviera en esos Estados, para ahorrar los gastos indispensables en hacer ir a uno de aquí. También tuvimos presente que nombrándolo a él era el modo de relevar a Medina tan pronto como era necesario.

   He visto con sumo placer, mi amigo, sus opiniones, sobre el estado de nuestro país y la recomposición de Colombia, tanto en lo que usted me ha escrito como en varias que ha dirigido a nuestro amigo el doctor Soto y que se me han enseñado. Tanto hay que decir sobre todo esto que, tocando la cuestión, serían estrechos los límites de una carta para manifestar uno sus ideas y los fundamentos de ellas. Creo que no haya colombiano que sea, no digo instruido sino medianamente racional, que no desee en su corazón la reorganización de la gran República bajo el glorioso nombre con que ha sido conocida. Todos sabemos que la unión nos es recíprocamente necesaria: que unas y otras secciones tienen elementos tales de destrucción que no pueden ser dominados sino con el auxilio y apoyo de las otras; que con respecto a la España es menester presentar siempre el mismo cuerpo de nación unida bajo cuyo poder nos libertamos de su dominación, al menos mientras ella no nos reconozca; que ninguna de las secciones separadas puede aspirar a ser percibida siquiera en la sociedad de las naciones; que el honor de estos pueblos está altamente comprometido en Europa y en toda la América, en conservar la integridad y unidad nacional, pues de lo contrario se creerá que Colombia sólo podía existir bajo el dominio de Bolívar. Todas estas y muchas otras razones de conveniencia y necesidad para propender a la unión las percibimos todos. Pero ¿es posible por ahora esta unión? ¿Es realizable cualquier pacto que la establezca? Y si es realizable, ¿será duradero bajo la influencia de las mismas causas que en 1826 destruyeron la unión cuando teníamos instituciones y gobiernos obedecidos y respetados? Esta es la cuestión, y solo estando al corriente de las ideas y opiniones de nuestros compatriotas e indicando sobre el terreno la situación de los negocios, pueden apreciarse en conjunto las dificultades que se presentan para resolverla en favor de la unión actualmente. Usted como buen patriota se entregó sin reserva desde lejos a los deseos que todos alimentamos; pero estoy seguro que luego que venga a Colombia y vea y observe, reconocerá cuán difícil es hoy establecer una autoridad suprema de cualquier especie que sea, conocer a todas las secciones de Colombia, y si fuésemos bastante felices para establecerlas, ello sería por la disposición actual de las cosas, más inestable y menos duradera que la creada por la constitución del año 21.

   Después de esto voy a tomarme la libertad de manifestarle a usted mi pensamiento, que no sé si el grado de nuestra amistad me autorice para hacerlo; pero si ella no alcanzase hasta este punto, confío en su indulgencia y en la consideración de que usted reflexionará que no me mueve sino el deseo de que usted acierte y que esté siempre en aptitud de hacer a la Nueva Granada todos los servicios que ella tiene derecho de esperar de usted. Me parece, mi querido general, que convendría más a su popularidad que usted no aventurase la manifestación de opiniones muy decididas respecto a la inmediata unión de todos los pueblos de Colombia. Aunque esto le parezca muy necesario (como nos parece a muchos) es menester transigir hasta cierto punto con el juicio y las voluntades de la gran mayoría de nuestros conciudadanos, y estos en verdad no se inclinan ahora hacia aquella medida. Usted es hombre de importancia en este país, usted nos es necesario y puede hacer grandes servicios a este Estado; y su reaparición en la escena política, contrariando de un modo directo las ideas que hoy circulan, puede enajenarle algún tanto el aura popular de que está rodeado, y esto sería una pérdida no solo para usted sino para el Estado, que necesita de su influjo y sus talentos. La opinión puede ser dirigida y enseñorearse de ella los hombres de genio y de talentos; pero es lentamente y por medio de cuyo uso el mismo pueblo no se aperciba. Así es que yo no dudo que por medio de la prensa se pueda ir disponiendo 1a opinión y el querer nacional paulatinamente hacia la unión, y que al fin podamos conseguirla siendo ya el resultado de la voluntad de todos. Por otra parte, esta unión no puede ser sincera ni permanente si no es después que las partes disociadas hayan sentido prácticamente la necesidad de ella, y que hayan palpado, por decirlo así, la incapacidad para mantener una existencia política separada, y este resultado no puede ser obra de uno ni de dos años.

   Mucho deseamos saber de su venida y soy de parecer que convendría que pase por Venezuela. Usted podría allí hacerse conocer de cerca y cultivar muy buenas relaciones, que serían muy útiles a Colombia, y sobre todo a la Nueva Granada.

   Entregué al doctor Azuero la copia de su carta al general Lafayette, que ya está impresa en la Gaceta, y me parece muy buena.

   Muy oportuno creo que dé la actual convención el decreto de que me habla, dé gracias a varios personajes que han defendido la causa de la libertad colombiana en los países extranjeros. Lo mismo les ha parecido a varios diputados a quienes les he hablado de ello. Pero usted que nos dio tan oportuno consejo pudiera habernos mandado el proyecto de decreto, porque acá tal vez no conocemos bien la especie de servicios en que cada uno nos haya defendido, y cualquier error en esta parte nos ridiculizaría.

   Como sé que el doctor Soto le escribe muy largamente y le hablará de todo, no creo necesario informarlo del estado de los trabajos de la convención, de la marcha de la administración ni del estado de nuestra contienda con el Ecuador, esto es, con Flores.

   Aranzazu, que es también diputado de la convención, ha estado muy gravemente enfermo. Está ya de convalecencia y me encarga que lo salude muy cariñosamente.

   Siempre de usted sincero y fiel amigo,

A. Vélez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4841, p. 19-21.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 739-741.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 173.

224
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 22 DE ENERO DE 1832

   Respetado y muy querido amigo mío:

   Ayer recibí la carta de usted que alcanza hasta el 30 de noviembre en Nueva York. Probablemente será esta la última de mi mano que usted recibe en esos Estados Unidos, porque supongo que ya no se ensordecerá más a nuestros ruegos, dirigidos a que usted venga cuanto antes a ayudarnos a consolidar esta patria que todavía está en embrión, y que tanto necesita los socorros de usted.

   He leído hoy a presencia de Azuero, Gómez Durán, Gómez Plata y M. Saturnino Uribe la alocución de usted dirigida a los colombianos y a todos nos ha parecido excelente. Yo la he creído comparable a la de Washington cuando cesó en sus funciones. Pero todos hemos convenido en que no es oportuna por ahora la publicación porque nosotros no somos los norteamericanos, sino hijos de españoles y esclavos recientes de Bolívar que por la casualidad más bien que por otra cosa hemos podido sacudir su dominación. Azuero decía que el perverso Bolívar nos ha dejado sumidos en la codicia y la ambición; que estas dos pasiones no eran sólo de los libertadores militares, sino también de los particulares ciudadanos, o que han gangrenado a casi todos; que en Venezuela el partido exclusivo de Páez mira a usted de reojo como el que puede dar vida a Colombia; que en el Ecuador Flores y los suyos lo temen como el que puede manumitir a esos imbéciles; y que aun en Bogotá hay un pequeño partido en número, pero temible por su intriga y osadía, que en público no maldice a usted pero que ocultamente pretende inspirar la idea de que es hombre peligroso. Este partido es el de algunos noveles republicanos que intentan elevar a Márquez a la presidencia, que solo ven en su candidato virtudes y no defectos, y que tienen una vista de tal modo larga, que solo la extienden a San Victorino por el occidente y a los barrancos de Tunja por el norte. Son los que se figuran a la Nueva Granada tan poderosa como la Rusia; y llaman Nueva Granada a Bogotá, Tunja y Antioquia; son los que se exaltan al oír la palabra Venezuela y temen los pactos de unión más que a los españoles; y son en fin los que a pesar de todo eso se consideran con derecho y fuerzas para conquistar el Ecuador. Todos ellos se valdrían de la alocución para pintar a usted como un ambicioso que ya reclamaba la presidencia. Ellos son los que se han valido de una expresión inocente de una de las cartas de usted en que manifestaba el deseo que tenía de pintar sus servicios a la Nueva Granada como de una prueba de que aspiraba ya a mandarnos. El jefe de este partido fue el que en la convención, cuando yo presenté el decreto sobre usted, concluyó pidiendo que se abriese el juicio, para que la vindicación de usted fuese todavía más solemne, según expresaba; y con el objeto, según lo malicié, de que viniese usted a la Nueva Granada en calidad de reo y no pudiera tener lugar usted entre los elegibles para la presidencia. De aquí inferirá usted que hemos sido guiados por fuertes razones para suspender la impresión.

   Mas sí tendrá lugar la de la causa del gobernador de Pamplona porque ella es un tapaboca para los calumniadores. Saldrá en la Gaceta de la Nueva Granada el domingo 28 de enero.

   Gómez Durán (que es el secretario de hacienda) y yo hemos convenido en que se mande pagar a usted los sueldos que ha devengado desde el 10 de junio como general de división. Para ello será menester tomar la cantidad en empréstito, porque la tesorería no tiene nada y esto es tan cierto que nosotros los diputados no recibimos dietas y estamos algunos muertos de hambre. Tal es la pobreza que nos dejaron Bolívar y Urdaneta. En cuanto a la deuda de vicepresidente de Colombia y de general hasta el tiempo de la inicua sentencia pronunciada contra usted, nada puede hacer el secretario en vista de una ley dictada por la convención, y que verá usted en la Gaceta del 15 de enero, porque esta deuda se reputa colombiana. Y respecto del sueldo de usted durante su proscripción sucede otro tanto. No se moleste usted con Gómez ni conmigo. Queríamos al principio ocurrir a la convención para que exceptuase a usted de la indicada ley; pero después hemos conocido que era abrir la puerta para la maledicencia de los hombres a quienes anteriormente he bosquejado. Creo que usted está muy escaso, pero no hay otro recurso. Lo mismo dije a J. M. Arrubla, quien dirigido por mí ya se había presentado hace 10 días.

   Como Cuéllar y Rojitas se hallan ausentes, yo habré de percibir el dinero que se entregará en macuquina, lo reduciré a oro con un 6% de premio, que es a como salía en diciembre y no en este mes, porque no se encuentra a ningún precio a causa de que no ha despachado la casa de moneda, y lo remitiré a Núñez por el próximo correo.

   Lo que llevo dicho dará a usted una idea del estado del país. Voy a continuar algunas observaciones.

   Popayán, como usted verá por la Gaceta de hoy, hizo su movimiento a favor del gobierno del centro. Algunas ciudades del Cauca le habían precedido en él, según lo que dice López; su primera medida fue la de mandar cubrir la línea de Juanambú, porque Flores está empeñado en conservar el antiguo departamento del Cauca. El no temía ninguna contradicción de parte de Cali. En Pasto, según las cartas para Obando, hay la mayor decisión por la Nueva Granada, y por ese motivo Flores pensaba venir en persona a situarse allí. Me parece que no habrá guerra, porque aquel está muy débil y nosotros también; porque deseamos la paz muchos de los convencionistas y en ella contamos con la mayoría. Mañana voy a presentar un proyecto de decreto en consecuencia de un mensaje de Obando que hoy se ha impreso en el Granadino, reducido a reconocer los tres departamentos del sur como un estado de los de Colombia bajo la condición de que nos reintegre nuestro territorio y cumpla las obligaciones comunes a los pueblos de Colombia; y presentaremos en seguida otro proyecto para nombrar una comisión a Venezuela que promueva los pactos que den nueva vida a Colombia. Dios quiera que Márquez a su regreso del campo venga con ideas menos antivenezolanas, para que no se oponga a un paso tan necesario.

   24 de enero. Agradezco mucho el ofrecimiento de usted sobre libros; y voy a molestar a usted pidiéndole me consiga el Diccionario latino español de Valbuena; dos volúmenes en folio, la Vida de Cicerón traducida por Arava, y la de Washington en español. También ruego a usted me consiga alguna obra buena de educación. Pido a usted todos estos libros para mis hijos, a quienes pienso educar por mí propio en San José de Cúcuta, donde he resuelto vivir y aun morir.

   Bogotá me gusta muy poco, la vida pública me atormenta y solo deseo pasar el último tercio de mis días atendiendo a mi pobre y numerosa familia y sirviendo a la patria en calidad de vecino de mi pueblo.

   Si la fortuna me favoreciera tanto que me proporcionare una subsistencia y la salud de Foción, que cada vez sufre más y más, me tendría por dichoso; pero si la pobreza y las enfermedades como hasta ahora han de continuar después cebándose en mis más queridos allegados y en mí propio, tendré paciencia y aun podré contentarme acordándome de que peor era sin disputa mi situación en la Inquisición de Cartagena, en los pontones de Puerto Cabello y en las llanuras de Casanare y Apure. Es conveniente haber sufrido algunos trabajos porque la memoria de lo pasado, la reflexión sobre lo presente y aun la esperanza de un descanso eterno inspira la conformidad que sin estas circunstancias no se podría lograr.

   De aquí inferirá usted que no es casi imposible me encuentre en Bogotá y que solo que venga usted por Venezuela nos veremos desde La Grita hasta Soatá, o en Cácota o Bucaramanga, si llega a venir usted por Cartagena o Santa Marta y toma después el camino de Ocaña; porque en este último caso yo emprenderé viaje de Cúcuta al cantón de Girón, solo con el objeto de ver a usted, si anticipadamente tengo noticias de su viaje.

   A propósito de esto diré a usted que no tengo motivo de variar de opinión sobre la conveniencia colombiana de que usted lo hiciere por Maracaibo o La Guaira.

   27 de enero. Gómez me acaba de exponer que está haciéndose el ajustamiento de usted y que de $6.000 que va a tomar a préstamo para el movimiento del batallón Salamina sobre Popayán, tomará la cantidad que a usted corresponda por el sueldo desde el mes de junio, y que me entregará el dinero para el próximo correo. Entonces, pues, lo remitiré a usted.

   Hoy se ha concluido el segundo debate del proyecto de constitución. Quince o veinte días gastaremos en el tercero. Nada más hay de particular. En lugar de la obra de educación tráigame la Ideología completa de Tracci, comprendida la gramática de todas las lenguas.

   ¡Cuánto ansio por verlo! ¡Quién diera a usted un abrazo!

   Suyo eternamente,

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4248, p. 176-179.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 176.

225
Firma: RAMÓN, ARZOBISPO DE CARACAS

CURAZAO, 23 DE ENERO DE 1832

(Contestada en Nueva York. Mayo de 1832).

   Mi querido y pensado amigo

   general Francisco de Paula Santander:

   Con cuánto gusto he recibido su apreciada del 15 de noviembre último en que me comunica su feliz arribo a esa con mil demostraciones de su cariño. Llega usted cabalmente en las agitaciones de nuestro país, que necesitan una mano máxima para calmar los partidos. Colombia volcada es un espectro en vísperas de sepultarse en sus ruinas sus habitantes, después de haberse sepultado su nombre. La irreligión, la inmoralidad y las aspiraciones de un club jacobino hacen presa de ella sin que haya medio de salvarlo sino el de la religión, que es la única medicina que como celestial pueda hacerla revivir. Sí, mi buen amigo, las teorías demagógicas nos tienen al borde del precipicio, por no decirle sumidos en él. Su país y el mío están plagados de estos males, y aunque considero a usted quizás único capaz de salvarlo, me temo mucho que ni su mano alcance ya a curarlo, si se deja arrastrar de un partido declamador que se ha levantado en las dos capitales contra el sentimiento universal, y arrastran por la fuerza o por la seducción o por el disimulo, a los hombres de bien y a los sensatos y sencillos, que es el todo de los pueblos. Son cuatro los perturbadores, comparados con la masa que no aprueba y rechina interiormente con un estado tan violento que más tarde o más temprano ha de hacer una explosión tan violenta que no pueda calcularse su resultado; pero sí el que estos pierdan su existencia en medio de sus crímenes.

   En estas cortas cláusulas tiene usted comprendido el mal y su remedio y cuente que no hay otro, si es que se quiere gozar de quietud en algún tiempo, que es decir que tanto lo temporal como lo espiritual y eterno reclaman esta medida. El influjo sacerdotal es el que puede reducir a calma las pasiones desenfrenadas que han roto las cadenas del orden: el gobierno debe coadyuvarlo sin quererlo dominar. La inquieta y turbulenta filosofía lo sentirá por el odio que profesa a la religión. La guerra, que ha incendiado con sus máximas destructoras y que ha inmolado tantas víctimas en dondequiera que ha cundido, no cesará entre tanto no se aplique el único remedio que he anunciado: esas malditas reformas en todo han desquiciado toda regularidad.

   Para colmo de nuestra desgracia se ha procurado engendrar una odiosidad entre granadinos y venezolanos que no es fácil conciliar: la iniciativa se ha tomado en el gobierno de Bogotá por una lista de proscritos que hierven en deseos de tomar venganzas. Como el estado de Venezuela es tan precario, temo que al desplomarse lleve las armas al reino y no dudo que con suceso porque a su natural actividad se reunirán los esfuerzos de los descontentos de allí. Puedo asegurar a usted que si excluye a Páez, Peña y alguno otro rarísimo, todo Venezuela no quiere sino gobierno central porque conocen que divididos los estados que se han formado, no es posible se conserve ninguna y mucho menos que puedan divididos tener rango en el mundo, ni aun subsistir: tal división podrá acaso tener lugar de aquí a doscientos o trescientos años en que podrán contar con los elementos necesarios para constituirse en distintos gobiernos, pero aun esta idea será conveniente reservarla para que no sirva de incentivo de divisiones prematuras. Si no me engaño, Venezuela tomará la iniciativa en este negocio que es el voto general: yo creo que Bogotá debe excitarla para evitar rompimiento y desastres; nuestro gobierno por de contado resistirá, pero serán vanos sus esfuerzos y de este modo quizá será menos funesto el desenlace de nuestras cosas. Pueda ser que usted no esté de acuerdo con estos pensamientos, pero el tiempo los desenvolverá de una manera más terrible. Dios quiera que no. Sabe usted cuánto me repugna hacer el papel de político y que nunca tomo parte en estos asuntos; mas los veo tan indicados que me parece los estoy viendo.

   Me tomo la satisfacción de remitirle algunos de los papeles que se han dado a la prensa relativos a materias locales y expatriación: la noticia razonada es obra del viejo Yáñez, a quien usted conoce, que ha tomado voluntariamente y con calor mi cosa. Siento no poderle mandar dos más sobre patronato, que hay una del doctor Talavera a este congreso, si se juntare, y otra del señor Arias al pasado; este santo varón ha muerto en un pueblo o villa llamado San Juan, de la provincia de Riohacha, el 19 de noviembre; cuentan de varios modos su muerte, lo cierto es que ha sido víctima de los dos gobiernos, de Venezuela y Bogotá: del primero por haberlo expulsado inicuamente, y del segundo por haberle negado el tránsito para Pamplona, parte de su obispado donde trataba de refugiarse a buscar qué comer y cuidar desde allí de su rebaño, mandándole salir del territorio de aquella República, seguramente por contemporizar con la nuestra que lo había expulsado. La muerte de este justo me hace temer un torbellino de calamidades que se nos prepara en los dos estados, que deseo salgan fallidos. Siglos pasarán sin que veamos en nuestro suelo colocar una mitra en un sacerdote tan digno y edificante, reuniendo en su persona una inocencia bautismal, un saber profundo, con una humildad sin par; una mansedumbre y caridad que se atraía los corazones de cuantos le veían y trataban; una penitencia asombrosa, que no la gradúo en menos que la de San Pedro de Alcántara, si acaso no la excedía: perpetuo ayuno, exhausto su cuerpo de sangre por las continuas y espantosas maceraciones de su carne, que quedaba por las paredes colgada; un hijo, un modelo de la dulzura de San Felipe Neri; cuanta in uno facinore sunt crimina. Añadiré que era pródigo en hacer limosnas sin tener que dar, pues cuanto adquiría en su sacerdocio a que estaba única y exclusivamente consagrado, lo repartía entre los pobres; teniéndole en su obispado con la mezquina renta que le producía su prebenda. Teólogo consumado, pues a su estudio se agregó el haber estado enseñando por muchos años esta facultad, como también latinidad y filosofía; versadísimo en todo género de literatura eclesiástica; primer colegial y primer doctor del colegio de San Buenaventura de Mérida, a quien vistió la beca el ilustrísimo señor doctor don Fr. Juan Ramos de Lora y la primera borla el ilustrísimo señor doctor don Santiago Hernández Milanés. Este es el hombre que nos ha arrancado la temeridad, la injusticia y las libertades de un gobierno que se jacta de franco y republicano. En orden al juramento que se denegó a dar en absoluto como se le pedía, puede decirse que lo dio en los mismos términos que el mío, como también Talavera, sin haber tenido absolutamente tiempo para comunicarnos nuestras ideas, que salieron acordes por lo que el mundo llama casualidad; pero que reconoce un origen más elevado, que es la voluntad de Dios que supo reunirnos en sentimientos aunque a distancias enormes. Nació en Mérida y allí hizo su carrera toda y se consagró el año 27, no me acuerdo del mes y día, aunque me parece fue en julio o agosto, con dificultad habrá quien suministre más materiales para una necrología verdadera, que este justo. La apreciada y respetuosa respuesta que dirigió al consejo de gobierno cuando la amenaza sobre que el cabildo no había cumplido como se lo había mandado con elegirlo para vicario estando nombrado por el papa vicario apostólico del obispado de Mérida y su administrador, da una ligera idea de su saber y de su firmeza apostólica; en dos palabras, confundió a estos sabios del aer& oacute;pago del gobierno y les dio las lecciones más clásicas de su saber en materias eclesiásticas; otro tanto ha hecho en sus representaciones al gobierno de Venezuela; participo que es muerto también el señor Lazo. El señor Arias se ordenó en Guayana con el señor Ibarra e hizo un examen sinodal que dejó admirados a su señoría ilustrísima y a los examinadores, en términos de decir el obispo que ya tendría cuidado de no volver a examinar los que fuesen de Mérida con dimisorias, pues que los dos que habían llegado a ordenarse, Arias y Frías, podrían poner cátedra en muchas partes.

   En una gaceta de Puerto Rico de 28 de noviembre de 31 he leído un retazo de una obra, para mí nueva, del conde (Sigue Nota del Editor...) de Segur; dice así la Gaceta Variedades: "Traducción de las obras históricas del conde de Segur, con adiciones, notas y correcciones de modo que forman una segunda obra completa de historia universal, por don Alberto Lista. Tomo IX de la obra. Primero de la historia moderna y segundo de la historia del Imperio de oriente del conde (Sigue Nota del Editor...) Segur, Madrid, 1831". El retazo que he visto me parece bueno y desearía conseguir la obra, si a usted le parece que merece la pena y se halla en esa: se la encargo, pues. También sé que hay un surtido de obras españolas, que las anuncian en el Redactor, sin poner listas, que sería lo conveniente para que pudieran solicitarlas; puede usted ver las que le parezcan buenas para mí e insinuármelas o mandarme una lista de ellas con su juicio, porque debe saber usted que en España se escribe con sabiduría y gusto en materias eclesiásticas.

   Si usted lleva algún surtido de ellas a Bogotá hará un gran bien y sacará los costos del viaje, digo más, que si se detuviera un tanto e hiciera imprimir en esa los impresos que le acompaño, no se perderían, pues los anhelan; solo es de sentirse para la empresa que no vayan corregidas para purgarlas de los innumerables defectos en que abundan muchas de mis representaciones por no haberme dado lugar con la expulsión a corregirlas. La carta a Páez hecha aquí, está más correcta. Si usted me proporcionare en esa un sujeto de confianza a quien remitir cosas que imprimir para que corriera con ellas y aun se utilizara de las que pudiera remitir a Veracruz y otros puntos de América, se lo estimaría, porque creo hacer un bien a la religión y a la sociedad; nuestras prensas ocupadas de fruslerías o en propagar la impiedad, no se ven desocupadas y son muy costosas las impresiones; yo en medio de mis escaseces ahorraría para imprimir cosas útiles, pues aunque me faltan los medios me sobran los buenos deseos.

   Ha recorrido usted la Europa y vendrá abastecido de un caudal de conocimientos que tendrá para repartir. Dios quiera que sepa emplearlos en beneficio de nuestros pueblos para reducirlos al orden; mas si he de decir verdad, yo creo que la enseñanza pública debe correr bajo la inspección de los obispos y el clero; además de que a ellos les corresponde, son las manos en que puede ser fructuosa; entretanto no se tome esta medida de salud, todos los esfuerzos que se hagan para rectificarlas serán vanos; mucho hay que decir sobre esto y otras cosas que no caben en cartas pero que a usted le son demasiado conocidas; yo moriré pronto y Dios sabe que no lo pretendo para mí sino a vista de los azotes que experimentan los pueblos por las falsas doctrinas que saben diseminarse entre las buenas para que el veneno sea más mortífero cuanto más oculto y más vestido de celo por reformar abusos.

   Hace más de cuatro meses se fue Perucho estando José María aguardándolo en Caracas para marcharse a su llegada para Bogotá; desde entonces no sé de Pepita ni de la familia, que se mantenían sin novedad.

   Yo escribí y remití unos papeles al señor obispo de Nueva York hace como diez meses y no he recibido contestación; tal vez se habrán extraviado los papeles y por esto no he recibido contestación; pues no puedo persuadirme que a haberlos recibido me hubiese negado sus letras; sin embargo esto me ha detenido para continuar comunicándome porque no sé su gusto; entablada ya mi correspondencia con él, me sería fácil la impresión, etc.; puede usted tentar este vado y decirme el resultado.

   Considero a usted muy favorecido de su país; pero tenga cuidado de no dar oídos sino a los que no tratan de adularlo y que lo festejan con segundas intenciones para que haga en todo tiempo el costo. Si se coloca en mando busque hombres de bien que lo rodeen y que tengan sentimientos religiosos y descártese como pueda de la polilla que tratará de entrar en parte en su gobierno para derrocarlo cuando usted no convenga en sus designios. Soy viejo, lo amo, me creo con derecho, mejor diré, juzgo que es un deber mío darle estos consejos a fuer de buen amigo; si fuera desatendido no desmayaré mientras viva en decirle siempre con franqueza lo que siento.

   Tenía hambre de saber de usted y de verlo: he logrado la primera parte; la otra se verificará en la eternidad. Entretanto, ya sabe mi paradero por si tuviere a bien ocuparme en mi destierro que sufro gustoso por la causa que lo motiva; no me coge de nuevo, desde que acepté el obispado ya entreveía yo esta borrasca que no podía menos de sobrevenir a vista de los combustibles que se preparaban en el catálogo de leyes que se han dado para destruir el cristianismo; un pastor no puede hacerse insensible a estas cosas sin abandonar su ministerio; yo quedaré en el sitio antes, mediante la gracia del Señor con que cuento. Todo lo siento solamente por el rebaño que se me ha confiado y de que tengo que dar cuenta; por mí nada siento y nada temo; la persecución está más que declarada de día en día; se precipita más, el cisma está bastante indicado y lo llevarán a cabo; quisiera ser solo la víctima y que se multiplicasen mis padecimientos hasta morir en la demanda; quería sí que el rebaño se conservara ileso en su fe y costumbres, mas los lobos lo desgarrarán por todas partes.

   Dios lo mantenga próspero en ambas saludes y tanto cuanto se dilatan los deseos de su buen amigo, servidor y capellán,

Ramón, arzobispo de Caracas.

   Se me olvidaba decir de la oración del señor Arias que se puede llamar perpetua como buen hijo de Neri, y por la noche la prolongaba en términos que casi siempre estaba en vela y el rato que se reclinaba a dormir era en un catre de cuero poco menos que limpio con una sábana; su vestido de lana, y como estaba interiormente ceñido de cilicios, se mantenía permanentemente con chupa y sotana; yo pudiera decir mucho más como testigo de vista que he vivido con él mucho tiempo y no llegué a oírle ni verle una acción que pudiera graduarse de venialidad; así comenzó su carrera desde niño, pues cuando estaba estudiando latinidad ya era estimado como un santo en términos de haberle sacado el padre Justo, sacerdote ejemplar y cura actual de obispos en Barinas, unas lecciones como a santo que comenzaban: Buenaventura Natus in Arenale, campo de su familia a inmediaciones de Mérida; su particular estudio era ocultar sus virtudes y sus espantosas mortificaciones. Era tan severo consigo mismo que por lo común dejaba grandes pozos de sangre donde se disciplinaba y vi uno tan asombroso en la capilla del colegio de Mérida que parecía haberse degollado una res después de correr la sangre en varias direcciones formando pozos; fue tan copiosa una de sus disciplinas que siendo el coro de bastante capacidad o espacioso llegó a correr hasta abajo y formar un lago; su santidad era generalmente reconocida y por mí testigo y observador experto admirable. Fue promotor y cooperador activísimo en plantear en Mérida la congregación de San Felipe; se compró una casa de bastante capacidad y se convirtió en iglesia, entretanto se ponía por obra la que se pensaba construir, cuya primera piedra puso el señor Milanés; allí se celebraban los oficios divinos con tanta gravedad y edificación que atraía un concurso numeroso; los días festivos las misas eran solemnes, por la tarde después de vísperas se predicaba por él o por algún otro sacerdote; sus palabras eran de fuego celestial en este ministerio; se daban ejercicios espirituales todas las noches, en una palabra, se imitaban cuanto era posible las prácticas piadosas del oratorio de Caracas, con no poco fruto; destruida la iglesia por el terremoto del año de 12, tomó con calor llevar a cabo la que estaba principiada y aunque no tan espaciosa como se había pensado, la he dejado en estado de estar sirviendo en ella a muy poca costa. Es verdad que no ha sido solo él el de estas empresas, pero también lo es que él era el alma. Vale.

   Se consagró el 15 de agosto de 1827 de obispo auxiliar de Mérida.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2397, p. 257-263.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 181.

226
Firman: MORGAN LEWIS Y OTROS

NEW YORK, 24 OF JANUARY, 1832

To his excellency general Santander.

   Sir:

   A large circle of our fellow-citizens, desirous of testifying to vour Excellency the high opinion they entertain for your public and private character, have deputed us to invite you to portake with them of a dinner at the City Hotel at as early a period as may suit your convenience.

   In this testimonial of respect and regard they would manifest a recognition of that undeviating love of rational liberty and enlightened patriotism which marked your public career.

   They lamented the temporary preponderance of political principles which drove you from your country-principles which provid alike hostile to your Excellency, as they were allien to the best interests of your country.

   We rejoice, however, that your valuable services are again claimed by your fellow-citizens, and that an opportunity is offered you to be a personal witness of the practical benefits of our political institutions to note their moral influence and the general prosperity which springs from and owes its security to the existence of rational liberty. Such blessing we believe it was your desire to implant in your own country and we sincerely hope such efforts may result in complete success.

   We beg your Excellency to accept assurances of our personal esteem and respect.

   Morgan Lewis; Albert Gallatin; Philips Hone; France Depan; James Roges; C. Kiner; H. Sheldon; John Cravy; W. B. Astor; Sianey Boggs; Tra. Olmstes; Prie Wolsey; G. G. Howland; Henry Oguea; Rufus Prive; M. H. Grumiesm; Henry Dudlof; R. M. Lawrence; J. Rathbone, jun.; Charles C. Kuig; Arch. Gracie; C. Aug. Davis.

Traducción:

NEW YORK, 24 DE ENERO DE 1832

A su excelencia el general Santander.

   Señor:

   Un considerable grupo de nuestros conciudadanos, deseosos de testificar a vuestra excelencia la alta opinión que tienen de vuestro carácter público y privado, nos han dado el encargo de invitaros a participar en una comida en City Hotel el día que sea más conveniente y cómodo para usted.

   Con este testimonio de respeto y consideración, han querido nuestros amigos mantener el reconocimiento del constante amor a la libertad racional y al patriotismo ilustrado que han señalado vuestra carrera pública. Han lamentado igualmente la preponderancia temporal de principios políticos que lanzaron a usted de su país, principios que fueron considerados hostiles a vuestra excelencia como ajenos a los más altos intereses de vuestro país.

   Con todo, nos alegramos de que sus importantes servicios sean reclamados por vuestros conciudadanos y que se os presente una ocasión, al regresar de vuestro exilio, de ser testigo personal de los beneficios prácticos de nuestras instituciones políticas, y señalar su influencia moral y la prosperidad general que brota de ellas y cuya seguridad se debe a la existencia de la libertad racional. Creemos sea vuestro anhelo implantar tales favores divinos en vuestro país, y esperamos sinceramente que tales esfuerzos sean de éxito completo.

   Rogamos a vuestra excelencia aceptar las seguridades de nuestra personal estimación y respeto.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2238, p. 21-22.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 761-762.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del Archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

227
Firma: DOMINGO ACOSTA

FILADELFIA, 24 DE ENERO DE 1832, HOTEL NACIONAL

(Reservada)

Señor general Santander.

   Mi muy estimado y querido amigo:

   Antes de ayer he llegado a esta ciudad donde permaneceré viviendo modestamente mientras llega el dinero de Colombia. Recibí la de usted del 12 del presente, y hablé sobre su contenido al secretario de estado, quien me pareció tomar la cosa a pecho: me preguntó cómo había sabido las propuestas de España y yo le dije francamente (y para darle peso a la comunicación) que usted me lo había escrito; me dijo si yo creía que usted lo había sabido en Europa o en Nueva York, yo le dije que suponía eran noticias recientemente recibidas. Me pareció como que quería tomar nota de lo que yo le había dicho pero se abstuvo. Como yo iba al mismo tiempo a despedirme para el día siguiente, me dijo que retardara mi marcha de un día más y que volvería al otro día: volvió en efecto y entonces hizo como que no se acordaba de la conversación anterior y me hizo que le hablase sobre el estado actual de las cosas en Colombia; me preguntó si yo creía factible la reunión, le dije que sí, me dijo si yo estaba autorizado a decirle que él debía entenderse con el gobierno de Venezuela directamente, le respondí que no, que como el ministro de estos Estados Unidos estaba en Bogotá, en donde se hallaban los archivos de relaciones exteriores, aquel podía hacer las comunicaciones al ministro de dichas relaciones, quien las pasaría al de Venezuela con informe de los antecedentes y de la opinión para obtener decisiones uniformes, como deben serlo las de una República que si no está ahora reunida lo ha estado y lo estará después aunque tal vez bajo otra forma.

   Siendo que nada me decía del asunto de la anterior conferencia sobre los negocios de Europa con relación a nosotros y a la España, se lo recordé, y entonces como haciendo memoria me dijo: "ah, ah, c'est vrai, comment c'est cet affaire?". Yo le repetí cuanto le había dicho el día antes y él me dijo ¿que cómo el redactor había obtenido las instrucciones que publicó? Le dije que no lo sabía; me insinuó que quería verlas; yo le prometí enviarle una copia. Entonces ya para concluir le dije que deseaba saber si ahora, como en 1823, el gobierno de los Estados Unidos estaba dispuesto a no permitir que las grandes potencias de Europa intervengan en los negocios de América. El me respondió categóricamente que sí, y que esperaba que nosotros y nuestros vecinos del sur estuviéramos también dispuestos a resistir toda intervención. —Aquí acabó nuestra conversaciónâ€". Nada le dije sobre la agencia de comercio, porque Lorich que debe saber bien estas cosas, me ha asegurado que no se puede tener al mismo tiempo bien cónsul y agente comercial; que es necesario o lo uno o lo otro, pero no ambas cosas a un tiempo. Sin embargo consideraré como comprometimiento mío el que usted tiene con Depan y para satisfacerlo no espero sino comunicaciones del gobierno, quien del tenor de sus instrucciones creo no está bien con Medina; y si viene orden imperativa de relevarlo del consulado, no creo que pueda dejar de obedecerle, y entonces Livingston será su sucesor.

   Y a propósito de Medina, yo quisiera saber cómo fue que él le dijo a usted que nada tenía que escribirme, y que mis cartas de Colombia me las había enviado ya; él niega haber recibido carta ninguna para mí, y me hace un embrollo con el dolor de su ojo, pero yo no las tengo todas conmigo (como usted dice) que él no abra mi correspondencia y se la guarde si hay algo contra él. Yo voy a escribir a Borrows ponga en manos de usted la correspondencia que venga para mi. Supuesta la roña que Medina tiene contra el gobierno actual y sus temores concienzudos de no estar bien visto por él, es de su interés interceptar cuanto venga de allá; menos interés tenía en echarse sobre las cartas de Lleras y dicen que se echaba y los tenían a él y a otros en absoluta incomunicación.

   Ruegos y encargos: el número del redactor que contiene las instrucciones del emperador del Brasil a su representante en el proyectado congreso. ¿Es cierta la muerte de Bermúdez? Si lo es mi vincresce da vero. ¿Qué es de Tovar, el comparador. De Osorio, el abogado? ¿De Enrique Umaña? ¿De qué murió la Baraya y su hija, y cuál de ellas primero? ¿De qué murió Urquinaona? ¿Qué dice Lleras de Montilla y demás señores en Jamaica? ¿Cuándo vendrá usted para acá?

   Deseo la pase usted muy bien, se divierta con la novia (qué fue) de G. del R.: y no olvide a su muy afecto amigo,

Domingo Acosta.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

228
Firma: JOSÉ ANTONIO PÁEZ

HATO DE SAN JOSE DE LOS LAURELES, 26 DE ENERO DE 1832

Ciudadano Francisco de Paula Santander.

   La nota que usted se sirvió dirigirme desde Nueva York en 14 de noviembre próximo pasado, la he recibido en este lugar, y con tanta más satisfacción cuanto que usted me constituye el órgano para manifestar sus sentimientos al pueblo de Venezuela. Nada menos esperaban los patriotas venezolanos del que arrostrando todos los peligros hasta sacrificar las consideraciones y cuanto hay de precioso en la vida social, pudo mantener la firmeza de un verdadero republicano apoyándose de los principios por los que Colombia consiguió su independencia y proclamó su libertad.

   Por medio de la prensa se impondrá Venezuela de los sentimientos que animan a usted. Yo con gusto acepto esta comisión que me honra demasiado, así como aprecio el buen concepto que le merece el pueblo, cuya primera magistratura desempeñan mis débiles manos.

   Como soldado he procurado hacer mi deber, pero como magistrado yo no haré otra cosa que el voto de la mayoría. Venezuela se gobierna por la razón escrita y no quiere separarse de las luces del siglo; a mí ni me es permitido obrar de otro modo, ni después de haber superado dificultades y tropiezos obraré contrariando la voluntad del pueblo.

   Que estos sentimientos sean uniformes en todas las secciones que componían a Colombia; que cada una despojándose de su propio interés sólo consulte la libertad del nuevo mundo; entonces gozaríamos de una profunda paz y dejando para nuestros congresos la cuestión de si Colombia debe o no conservar su nombre, quedaría resuelto el problema de que es compatible nuestra existencia política bajo el régimen que demanda el progreso de la razón.

   Acepte usted las consideraciones con que me repito de usted atento, obediente servidor,

José Antonio Páez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 10, carta No. 3368, p. 193-194.
OTRAS EDICIONES.
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 738.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 191.

229
Firma: CH. AUGT. DAVIS

   Confidential.

   Dear Sir:

   With this you will receive an invitation to dine with a circle of and must respectable fellow citizens-on any day most convenient to you.

   Will you permit me to suggest to you-that in making the... arrangements to receiver you in a manner the most gratiying to them. The Committee of arrangement will requirre about a week or ten days. This it can be done in a shorter period.

   Cards of invitation and admission will be engraved for the purpose, and if you have no objection the invitation and your reply will be publish'd. And this point if you have and objection, please communicate it to me in confidence. This note is in confidence and I hope you will excuse the liberty I take in thus addressing you when I assure you that I entertain toward you the most cordial friendships regard.

   If you will have the fondness to send your reply to the invitation under cover to me, I will take care to have it communicated, to each individual whouse names are subscrib'd to the invitation. I take the liberty to hand you inclosed a list of the signatures, written out plainly merely because our signatures generally are not readily recogniz'd.

   I am, my Dear Sir, with great regard and high respect your obt serv.

Ch. Augt. Davis.

   365 Broadway 27 Jan. 1832

   To General Santander, etc.

   Morgan Lewis; Francis Depau; H. Sheldon; Francis Olmsted; Rufus Prime; John Rathbone Jun.; Chs. C. King; Albert Gallatin; James Boggs John S. Cravy; Wm. W. Woolsey; M. H. Grinnell; Wm. B. Astor; G. G. Howland; Henry Dudley; Philip Hone; Charles King; Sidney Brooks; Henry Ogden; Ru. Lawrence; Arch. Gracie; Ch. Augt. Davis.

   Traducción.

Confidencial.

   Estimado señor:

   Con ésta usted recibirá una invitación a comer con un círculo de los más respetables y representativos ciudadanos que algún día pueden ser muy convenientes para usted.

   Me permitiría a usted sugerirle hacer los arreglos para que sea usted recibido por ellos de la manera más grata. El comité de recepción requerirá una semana o diez días para hacer los arreglos. Esto podría ser en un período más corto.

   Las tarjetas de invitación y admisión serán impresas para esta ocasión y si usted no tiene objeción alguna la invitación y su respuesta serán publicadas. En este punto si usted tiene alguna objeción, por favor comuníquemelo confidencialmente. Esta nota es confidencial y yo espero me excuse la libertad que tomo en dirigirme a usted cuando le aseguro que mantengo hacia usted el concepto de la más cordial amistad.

   Si usted tuviera la bondad de enviarme la respuesta a la invitación dirigida a mí, yo tomaría cuidado para comunicarla a cada una de las personas cuyos nombres aparecen en la invitación. Yo me tomo la libertad de incluirle a usted la lista de las firmas escritas claramente porque nuestras firmas generalmente no son fácilmente legibles.

   Yo soy, estimado señor, con gran estima y altos respetos, vuestro servidor obediente,

Ch. Augt. Davis.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 763-764.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 192-193.

230
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

BOGOTA, 28 DE ENERO DE 1832

(Contestada 1° de abril de 1832. Washington).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi más querido y respetado amigo:

   Con el gusto que siempre me proporcionan sus apreciables, he leído su muy estimada, fecha 30 de noviembre próximo pasado, que tengo el placer de contestar a pesar de un fuerte dolor reumático que tengo en la cintura que casi no me deja respirar; por esta razón seré más corto de lo que acostumbro.

   Por su citada veo que llegó a sus manos la cuenta que le remití con fecha 7 de diciembre. Celebraré la haya encontrado corriente y si no, con su aviso será rectificada. El dinero que por ella resulta en mi poder lo estoy solicitando con el mayor empeño, y si algunos no me hubieren engañado ya lo habría remitido. De Antioquia espero de un momento a otro dos mil pesos y esto con lo más que aquí me han ofrecido y con lo que diese Cuéllar (que aún no ha venido de su hacienda) le mandaré muy pronto. ¡Por Dios, entretanto discúlpeme usted!

   Yo siempre me figuré y así lo dije a varios amigos, que usted no vendría hasta pasadas las elecciones de los nuevos magistrados, porque conocía su posición y conozco su carácter delicado y de esto infería las razones que usted me manifiesta en su citada. Ellas me hacen fuerza; pero la notable y muy visible conocida necesidad de su presencia en esta ciudad me hizo suplicarle que viniera volando si fuera posible. Su demora y alejamiento en estos momentos le es honrosa; pero la patria sufrirá y sufre muchísimo con su ausencia, y cuando usted venga conocerá que tengo mucha razón.

   Hay muchos exaltados en la convención, con ideas poco rectas y justas y solo usted podría corregirlos... En fin, quiera Dios que el mal no sea irremediable.

   Esta es época de desengaños y quizás los yerros y los males consiguientes sean de alguna utilidad.

   Muchísimo me alegro que se cuide mucho y viva del mejor modo posible; el recuerdo de un buen día siempre es agradable; así es que hoy que mi situación es bien triste, me consuelo con lo que he gozado anteriormente. Esta es mi filosofía y me reglaré por ella siempre que tenga o vuelva a tener proporciones.

   Ya tengo dicho a usted que me voy a establecer a las inmediaciones de la ciudad de Antioquia; pero si el país prospera y mis fincas vuelven a valer lo que me costaron y puedo vivir aquí como en los tiempos de su prosperidad, volveré; entretanto voy a vivir pobremente y trabajando constantemente para gozar más tarde de las privaciones que ahora estoy forzado a imponerme. Mi marcha se verificará con Manuel e Ignacita dentro de veinte días; por esta razón no tendré el gusto de atender a su recomendado el señor Barrot. Sin embargo, si viniese antes lo obsequiaremos de cuantos modos nos sea dable, pues para mi las voluntades de usted son mi regla y ejecutarlas mi mayor placer.

   Me había olvidado informar a usted de los nuevos arreglos que hemos hecho en nuestras propiedades. Vendimos el salitre de Paipa, que nos costó con los animales que se corrieron (Sigue Nota del Editor...) y otros, 90.000 pesos, por 50.000. De estos sólo 16 eran nuestros y nos los pagó el comprador (G. Carrizosa) con dos casas, las que con la que fue cámara de representantes, que acabo de construir y quedó mejor que la que fue biblioteca, la que fue de don Gregorio Domínguez y la de la Vieja Montes o de Frade, en la esquina de la plaza, que también compré y reedifiqué en parte, las cambiamos todas por tierra del Novillero, en cantidad de 90.000 pesos, agregando a las casas todos nuestros muebles de casa. Dichas tierras las dejamos arrendadas a varios por 3.500 pesos anuales. Estas, el coliseo y la casa arruinada que fue de las Ponces, es todo lo que dejamos en esta. La casa que fue de las monjas de La Enseñanza la devolvimos, pagándonos ellas las mejoras, y nos hemos pasado ínterin nos vamos a la que fue del difunto doctor Tenorio. Esta es en el día toda nuestra fortuna, que aunque tan disminuida, tengo el gusto de ofrecerla a usted con la más sincera voluntad.

   Entregué las adjuntas en el momento y no sé si contestarán. Di sus memorias a Aranzazu, que aún no está enteramente bueno, y a Vélez, ambos me dijeron que le escribirían. Manuel, apuradísimo con los arreglos el viaje, me encarga le diga que lo que más siente al irse es no ver antes a usted y hablar largamente de sus viajes, etc., comer juntos en cualquier parte y beber por la regeneración de esta patria, que moribunda van a poner en manos de usted. El y todos los amigos lo saludan con el más vivo interés y yo... nada puedo decirle que se acerque a los sentimientos amistosos de su mejor y más fiel amigo,

Juan Manuel Arrubla.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 153, p. 273-275.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 193.

231
Firma: EZEQUIEL ROJAS

SAN FERNANDO, 1° DE FEBRERO DE 1832

   Muy apreciado y pensado señor mío:

   No extrañe que desde el mes de diciembre del año pasado que le escribí de Bogotá no haya vuelto a escribirle hasta hoy. Retirado de la sociedad desde aquel mes, no he tenido ni noticias ni cosa importante de qué hablarle. Ahora le pongo estas cuatro letras con el objeto de saludarlo con el grande afecto que le profeso y de repetirle que jamás le olvido.

   Todos los que me han escrito de Bogotá, me dicen que para el mes de marzo lo aguardan; creo que habrá muchos extremos en todos los lugares por donde usted pase; es muy grande el entusiasmo y, como me dijo el general Obando, su venida hace una nueva revolución.

   Recibí su muy apreciable carta del 19 de noviembre y he tenido mucho gusto al saber que no ha tenido novedad. La carta la mandé inmediatamente a Florentino para que se impusiese de su contenido y viese de su mano las afectuosas expresiones que usted le pone.

   Creo que la convención nos dará las instituciones, y nada podrá hacer sobre las leyes orgánicas y reformas en la administración porque ya los diputados están cansados y sin dietas: esto será muy sensible.

   Hablaré a usted de mi suerte actual, por tener el gusto de escribirle más largo; ella es menos mala que los años pasados; me ocupo en trabajar en esta hacienda para poder pagar a mis acreedores que son muchos, y aunque el trabajo es poco productivo, tengo la esperanza de salir del bien desagradable estado de deber. Esto y una muchacha que parezca en sus cualidades tanto físicas como morales a M. Caro, es cuanto deseo, y cuanto me falta para ser perfectamente feliz.

   He leído con mucho gusto cuanto me dice de mi buen amigo Lleras; siempre esperé que hablase tan favorablemente de él porque sus cualidades son muy bellas. Por simpatía política principalmente era su muy sincero amigo desde antes que lo tratase. Conmigo se ha portado muy generosamente.

   Nada le digo del hato porque Cuéllar me ha dicho que le ha escrito a usted extensamente y que ha recibido cartas por las que usted manifiesta estar satisfecho.

   Nada le puedo decir de sus amigos. A Bernardina no la vi, de mi señora N. ya le dije cuanto podía, ahora le hablaré solo de su finca. Está casi como estaba antes, yo creí encontrarla algo cambiada, pero parece que el destierro no le hizo impresión.

   He recibido cartas de Herrera, de Panamá, me habla muy largo de usted y de la necesidad de que lo nombren presidente; es su apasionado amigo.

   Hasta su venida le pagaré los doscientos pesos porque ahora no tengo con qué. La casa donde vivía mi señora Chepita se ha quemado; hasta que se componga y se venda no tengo con qué pagar. Usted tendrá la bondad de tener paciencia y confianza como hasta aquí.

   Vea en qué puedo serle útil y mándeme con franqueza que deseo infinito servirle. En Bogotá siempre estará uno de nosotros y usted puede disponer de nuestra utilidad.

   Su apasionado amigo,

Ezequiel Rojas.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3695, p. 236-237.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 205.

232
Firma: NATHAN S. F. MOORE

COL. COLL. 4 FEB. 1832

To His Excel. Gen. Santander

   Sir:

   As you were pleased to take sufficient interest in our College to desire to see a copy of its statutes, I take the liberty to send you one, together with our catalogue, and the catalogues and plans of study or course of instruction in the other two colleges of our State. Since our statutes were published, a considerable attention has been made by the appointment of several new professors of the Spanish, German, and Hebrew languages, and an extension in other respects of our course of study. In the discourse of my cousin Mr. C. C. Moore you will find a summary history of our College, which was more interesting to the Alumni before whom it was pronounced, that it is likely to prove to you.

   Believe me, Sir, to be with high respect your obedient servant,

Nathan S. F. Moore.

Traducción:

COL. COLL. 4 DE FEBRERO DE 1832

A su excelencia el general Santander.

   Señor:

   En atención al interés de usted por nuestro colegio y al deseo de conocer un ejemplar de los estatutos, me tomo la libertad de enviárselo junto con nuestro catálogo y los que comprenden los prospectos de estudio y demás cursos de instrucción en otros dos colegios de nuestro Estado.

   Desde cuando nuestros estatutos se publicaron, se ha dado considerable atención a los puntos de vista de varios de los nuevos profesores de las lenguas española, alemana y hebrea, a más de otras consideraciones relativas al desarrollo de nuestros estudios. En el artículo de mi primo C. C. Moore, usted podrá ver un resumen histórico de nuestro colegio, más interesante para los alumnos ante quienes se leyó, como probablemente lo apreciará usted.

   Créame usted con el más profundo respeto su obediente servidor,

Nathan S. F. Moore.

FUENTE EDITORIAL.
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2779, p. 223-224.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 783.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del Archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

233
Firma: VICENTE AZUERO

BOGOTA, 7 DE FEBRERO DE 1832

(Contestada el 31 de marzo).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy excelente y buen amigo:

   Hace ya más de un mes que me hallo bastantemente enfermo del estómago, y en los últimos días he tenido que abstenerme de todo trabajo, que estarme encerrado en casa y guardar una dieta muy rígida. Hoy me hallo más repuesto y escribo a usted aunque sean cuatro palabras. He visto las últimas cartas de usted a Soto y a Acosta. Las reflexiones de usted siempre me parecen muy llenas de verdad y exactitud. Estoy y estamos muchos bien convencidos de la necesidad de que Colombia continúe, a lo menos por algunos años más, formando un solo cuerpo de nación bajo cualquier suerte de gobierno común. Pero hay otros desgraciadamente tan apegados a su modo de ver y que quieren darse hoy el tono de oráculo, que se oponen a toda suerte de unión y que frustran de hecho cualesquier pasos que nosotros demos en favor de ella. La convención tiene ya cerca de cuatro meses de sesiones, y todavía no se ha presentado en ella ningún proyecto de decreto que tienda a fijar ninguna suerte de bases o promover ninguna clase de negociaciones con el gobierno de Venezuela sobre este objeto. He suplicado al doctor Soto a que forme alguna y no se atreve y no carece de razón, porque es casi seguro que será combatido con mucha generalidad y será rechazado; en la constitución no se ha puesto ningún artículo que salve dicha unión, como en la de Venezuela. Yo sin embargo estoy resuelto a promoverla apenas pueda volver a concurrir a la convención.

   El hombre más pernicioso en ella es el doctor Márquez. Ha desplegado una ambición y un deseo de figurar desesperados. Es muy charlatán, muy intrigante y muy hipócrita. Una gran parte de la diputación de aquí y de otras provincias es mala o débil e ignorante; la diputación de Tunja es compuesta casi de discípulos y parientes suyos. Para acrecentar su partido defiende en todo caso la causa del fanatismo, la de los abusos y de las más perniciosas rutinas, y se opone casi a toda mejora. Así, nos ha hecho mucho mal en la convención y puede atribuirse casi exclusivamente a él el que muy poco bueno hayamos podido hacer. Muchas veces hemos triunfado pero ha sido a fuerza de tener mucha razón y mucha justicia de nuestra parte. Afortunadamente, aunque él charla mucho, sabe poco. Tiene hasta la insensata pretensión de que le hagan presidente, pero creemos que ni aun entre los mismos infatuados que lo siguen habrá muchos que lleven su demencia hasta el grado de darle su voto.

   Cada día se hace más urgente la venida de usted. Nuestra posición es demasiado crítica. Hay bastantes elementos de desorden; pero también hay muchos de orden. No tenemos absolutamente más piloto que todos confiemos que usted. Todos los hombres que calculan, que aman a este país, lo creen a usted indispensable. Dícese que Flores redobla sus preparativos para la guerra y que cuenta con los peruanos. A pesar de eso creo que poco mal nos podrá hacer, contando como contamos ya con todo el Cauca, Chocó y Popayán. El engruesa sus tropas en Pasto y la Buenaventura; pero en estos mismos pueblos tiene muchos enemigos. Si el Ecuador llama al Perú en su auxilio, esto será su ruina, porque entonces sí sería verdad que perdería su independencia; mientras que de nosotros nada tiene que temer, porque nosotros no admitiríamos, ni aun cuando se nos agregasen espontáneamente los departamentos del sur. Todo lo que queremos son nuestros antiguos límites y nada más. Yo no me persuado que llegue el caso de una guerra formal y mucho más si usted acelera su venida. Esto es todo lo que importa; porque repito a usted en dos palabras: que nuestra situación es bien crítica, mucho; pero que esto consiste en la falta de un buen piloto. Sin este es muy probable que nos perdamos y con él creo que infaliblemente nos salvamos.

   Entiendo que el vicepresidente Obando va a remitir a usted un edecán suyo para su pronta venida, y que seguirá dentro de muy breves días llevando algunos recursos pecuniarios. No debe usted entonces diferir un momento su marcha.

   Respecto de su viaje por Venezuela, diré a usted solo una palabra. Comprendo todas las ventajas que él puede traernos, pero es menester que no se olvide usted de la última suerte trágica que ha cabido al general Bermúdez. Sé que tiene usted allí muchos amigos y que generalmente goza de una gran reputación, pero tampoco pueden faltarle algunos enemigos, y en todo caso es menester que no omita usted alguna precaución.

   Su ahijada lo piensa a usted constantemente, le ruega también que se venga pronto. De este mismo sentimiento son mi hermano y nuestro don Diego Gómez, que está haciéndolo maravillosamente en el ministerio de hacienda, y uno y otro me encargan saludarlo a usted afectuosamente. Gómez me dice que no escribe a usted porque no tiene un momento desocupado; él ha hecho muchos esfuerzos para que se le envíe a usted alguna cosa.

   Merizalde es un badulaque, tan mal intencionado, tan chinche y tan pernicioso como siempre, y el taimado de Osorio es siempre el mismo.

   El general Mantilla se ha conducido muy bien y ha estado siempre con el buen partido y por usted. No deje usted de saludarlo en sus cartas.

   Mis expresiones amistosas a Domingo Acosta y a Lleras.

   Su siempre apasionado y tierno amigo,

Vicente Azuero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 181, p. 356-358.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 207.

234
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

PARIS, 8 DE FEBRERO DE 1832

(Contestada).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi distinguido y apreciable amigo y señor:

   Hace dos correos que tuve la satisfacción de recibir la muy importante carta de usted de 14 de diciembre último, y no había podido contestarla hasta ahora porque me he hallado gravemente enfermo en cama con una fuerte inflamación al pecho, fuerte ataque al pulmón y desgarrando sangre. Al fin me hallo ya convaleciente a beneficio de sangrías copiosas y de una dieta tan severa que en 14 días no he tomado más alimento que tisana de violetas con jarabe de goma. Sin embargo de todo, los médicos creen que me restableceré perfectamente.

   No es posible dejar de aplaudir altamente los sanos principios de libertad, orden público y política que usted presenta a nuestros conciudadanos en su alocución de 14 de noviembre. Los hombres de bien y de principios fijos son los que pueden consolidar los gobiernos y aparecer en la escena del mundo como fundadores de una nación; y la justicia de sus principios proclamada con franqueza en épocas de prueba, debe darles toda la benéfica y fuerte influencia de la opinión pública, que es lo único que tiene solidez. Si por desgracia no hay todavía en nuestro país esta opinión pública, que es la recta conciencia de lo que es justo, útil y conforme a la razón, no elegirían a usted de presidente, y usted se reservaría para mejor época; y si ella existe, como lo espero, entrará usted a dirigirla con la confianza de tener en su apoyo la aprobación anticipada de los principios políticos que van a fundarse.

   Aplaudo la generosa y política tolerancia que usted profesa de un modo tan público, porque me parece un axioma que en política el perseguir no conduce a otra cosa que a la necesidad de perseguir siempre. Creo también que la libertad de una nación, por lo general, es la obra de una voluntad fuerte que, poniendo en posesión de la libertad al pueblo, lo conduce por la virtud y el saber a su felicidad, que es sinónimo de libertad. Creo que usted anima actualmente las esperanzas de todos los granadinos que desean una patria constituida conforme a sus necesidades, medios y luces de nuestra época, cualesquiera que hayan sido sus opiniones anteriores. Cuando llegué al capítulo en que usted recomienda el régimen separado de las tres secciones que se han formado en Colombia, pero unidas en el cuerpo político para tener fuerza y dignidad, mi corazón palpitó de gozo. Me pareció ver fuera de riesgo de perderse el nombre histórico de Colombia y la gloria que le han ganado sus héroes. Dije aunque solo: ya no se anulará Colombia como la Italia por sus celos, rivalidades y división en pequeñas repúblicas; y exclamé con fuerza virtus in faedere. En seguida dice usted que tales son las bases para restablecer nuestro crédito exterior y que los gobiernos ilustrados de Europa puedan ayudarnos a terminar el estado de guerra en que nos hallamos con España. Tal idea me conduce a la esperanza de dividir la deuda nacional con provecho aun cuando la Nueva Granada cargare mayor parte. Entonces crearíamos valores y crédito y empezaríamos a valer más que las otras secciones. Entonces arreglaríamos con el papa los principios de disciplina de la iglesia colombiana; y el gobierno (emancipándola de la Europa en cierto modo) tendrá una inmensa influencia para adelantar la civilización y los progresos sociales más allá de lo que podrían producir do siglos en el orden regular. Pero yo estoy ya haciendo una disertación que no es necesaria, y lo dicho basta para expresar a usted mis sentimientos con el candor que debo y con aquel espíritu de viejo y ortodoxo patriota. Por otra parte, yo creo que usted me conoce bien, y esto basta.

   Reciba usted también mi pobre aprobación por la felicitación que dirige usted a Páez, pero desearía que no le hubiese usted dicho que ahora, en esta última época, va a ser fiel y leal a sus legítimos comprometimientos. Esta idea debe parecerle una tácita reprobación de los sucesos de 1826. Me acuerdo ahora que una sentencia de Platón dice: Reconciliatis lis non refricanda. Usted me dice que le hable con franqueza, y creo que haciendo usted justicia a la pureza de mis intenciones, oiga con benevolencia lo que yo opino. Por otra parte, si me ocupo de esta idea, es porque creo que por desgracia es muy cierto que en política los más pequeños accidentes suelen producir grandes resultados.

   No encuentro tampoco en este documento ninguna idea por la cual pueda usted llamarla una especie de protesta contra la separación absoluta de Venezuela. Esta observación no quiere decir que yo deseara tal protesta, pues no la creo oportuna. La unión del todo de Colombia en un solo cuerpo político, solamente puede ser el resultado del convencimiento y de la razón. No estoy por nada molesto ni que pueda irritar. Las historias de las repúblicas italianas y su actual inferior estado es una saludable lección que podría presentarse por una pluma diestra a nuestros conciudadanos. Los desastres de Inglaterra en la época de la heptarquía son del mismo género y la última unión de Inglaterra, Irlanda y Escocia en un solo cuerpo político, y el poder y gloria que resultaron de esta unión podrían darnos la evidencia de los medios que deban emplearse.

   Las ideas o sistemas de reparación absoluta, me parece el más funesto poder de nulificación. Nada sería más agradable a los agentes de Fernando VII o a los de la santa alianza que desearían vernos débiles para dominarnos como a la Italia; o divididos para que nos despedazáremos como naciones distintas. No debemos dar lugar a que se produzcan intereses separados e independientes porque vendría a ser muy difícil evitar el que se chocasen. Cuando más no se pueda, estoy por una confederación imperfecta como la de Alemania y dejar al tiempo la perfección de la grande obra de fundar una gran República, como debe ser Colombia. Yo no me puedo contentar con nada pequeño con respecto a mi patria. Desearía que pusiéramos los cimientos de una gran nación, de una República poderosa como la romana e ilustrada y moralizada por los principios del siglo XIX. Desearía que nuestro edificio social asombrase al mundo como la basílica del santo padre a los arquitectos. Emprendámoslo, mi buen amigo, y empeñémonos en probar al mundo antiguo que no está lejos la época en que la América presente a la poderosa Europa que estamos destinados para mejorar la ciencia social.

   La gran necesidad actual de la Nueva Granada es la de reconstituirse. Una vez constituida debe resolver cuál es la cuestión más importante y primera en orden, y tal vez sería la de dividir la deuda nacional. No me parece conveniente discutir cuál es el sistema de unión que convenga al todo en el actual congreso granadino, que no tiene la facultad de deliberar en esta materia. En mi concepto debe presentarse la importancia de la unión y abrir la discusión sobre los medios de realizarla. Esta discusión debe ser la obra de una convención general de las tres secciones. Los puntos de controversia (en cuanto a los medios o límites) podrían sujetarse al arbitramento de los Estados Unidos. Estas son las razones porque no apruebo que hombres influyentes como Soto, Azuero y Márquez, se dividan en sistemas y pretendan deliberar en el congreso. Hago justicia a sus intenciones y debe esperarse mucho de ello, pero debe previamente discutirse en abstracto de todo sistema la conveniencia de la unión del todo.

   Con fecha 9 de enero escribí a usted otra larga carta por medio de Mr. Castello.

   Son tantos los periódicos que van a los Estados Unidos, que creo poderme referir a ellos en cuanto a noticias de Europa.

   Durante mi enfermedad Manuel María copió los documentos que usted me remitió y los envió a Tomás a Florencia, para que los comunicara a Torres y a Herrán.

   Me está doliendo la espalda y el pecho y no puedo escribir más. Discúlpeme usted con el señor Divight y demás amigos. Probablemente pasaré a Italia en la primavera para acabarme de restablecer y poder emprender el viaje para Colombia.

   Concluyo rogando a usted que no me olvide y que me escriba siempre que pueda. Cuando esté usted muy ocupado escríbame una esquela que contenga lo más sustancial aunque sea de cuatro líneas.

   Me obligaría a usted mucho haciendo mis recuerdos a los señores Soto, Gómez, Azuero y Márquez.

   Soy siempre todo de usted su constante amigo y servidor,

Joaquín Mosquera.

   Sírvase usted enviar la adjunta por el conducto que le parezca seguro.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2835, p. 321-325.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 209.

235
Firma: J. M. CANCINO

BOGOTA, 15 DE FEBRERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi pensado general y amigo:

   No he contribuido más oportunamente con mis clamores a acelerar la venida de usted para que con ella queden colmados los deseos de todos los partidos, por las dificultades que desde mi retiro se me han presentado para lograrlo; mas ahora que afortunadamente se me presenta un conducto tan seguro para efectuarlo como el de nuestro amigo Acosta, uno mis súplicas a las de mil y mil colombianos que muy bien han podido con fruto emplear las suyas para decidir a usted a remediar nuestros males.

   Era imposible que a pesar de mi sistema de vida yo hubiese salido bien librado de la pasada borrasca; al cabo el capricho o la venalidad privaron a mis hijos de casi la totalidad de sus bienes; no obstante esto, yo no he faltado a mi costumbre, yo no he perdido de vista mis deberes para con la patria, y allá en mi desierto yo he hallado el medio de hacerle un bien muy positivo que acaso las generaciones venideras me lo agradecerán. Acosta informará a usted sobre los males que gratuitamente se me han irrogado, y sobre el bien real que yo me preparo a hacer en beneficio de la pública prosperidad.

   Quiera la fortuna proporcionar muy pronto el placer de abrazar a usted su amigo muy adicto,

J. M. Cancino.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 4, carta No. 1304, p. 263-264.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 213.

236
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

PARIS, 18 DE FEBRERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy apreciado amigo:

   Con mucha satisfacción he leído la estimable carta de usted de 12 de enero, que es ciertamente un compendio bien exacto del estado de nuestra patria, en Colombia, hasta las últimas noticias que se habían tenido en Nueva York. He recibido la gaceta de Bogotá y no contiene nada más sustancial de lo que usted me dice; aunque he leído con interés los pormenores, y me agrada mucho la erudición y buenas ideas del editor, con algunas pocas excepciones. Me parece justo y oportuno lo que había resuelto el congreso hasta aquella fecha; aunque desearía más circunspección y sangre fría en la controversia con el Ecuador sobre agregación del Cauca. No creo imposible el evitar una guerra civil si hay la firme circunspección que exigen los negocios nacionales, y el tino que debe esperarse de hombres de veintidós años de revolución.

   Dice usted que usted y yo estamos huyendo de elecciones; y en esta parte séame permitido expresar que no convengo, pues ni he imaginado que pudiera yo ser electo para gobernar, ni ahora mismo puedo pensarlo; lejos de eso sé por cartas particulares de Cartagena, Bogotá y Popayán que usted es el candidato en todas partes. Yo también convengo en las razones de los que así piensan, que son decisivas. La verdad en cuanto al motivo que me hizo venir a Europa creo que la he dicho a usted en otra carta, pero la repetiré. Viéndome en Nueva York no pude resistir el deseo de visitar otra vez la Europa, cuando me hallaba tan cerca, y cuando con toda probabilidad será ésta la última vez que salga de mi país. En cuanto al regreso, ya dije a usted en mi anterior de 8 del corriente (que fue bajo cubierta de M. Divight) que me hallo convaleciente de una terrible inflamación al pecho, y necesito reponerme bien para sufrir el mareo y los vómitos sin riesgo. Observaré también que usted me excita para que en marzo regrese a Nueva York, y seriamente para que siguiéramos juntos a Bogotá, pero al mismo tiempo me dice usted que en caso que no se vea que triunfan las leyes y que todos se resuelvan a vivir en orden, piensa ir a conocer a Méjico y regresar después a vivir en Europa negando ser colombiano. No dice usted los motivos que le causan este temor y celebraré que no existan y que usted se haya expresado en tales términos por el celo de patriota antiguo y amigo de un gobierno de leyes, como me inclino a creerlo; pues de otro modo usted no me reservaría los motivos de desconfianza.

   Por lo que usted me indica en cuanto a los medios de arreglar los intereses generales de los colombianos y de unirse para los intereses comunes, veo que usted piensa casi lo mismo que yo; y usted verá que estas ideas las tuve desde el año de 30 cuando se pensaba en someter a Venezuela por la fuerza de las armas, en el adjunto artículo del Meteoro, que yo escribí entonces en Popayán, para evitar la guerra y formar la opinión sobre otros puntos de mucho interés para Colombia y en particular para la Nueva Granada. Pequeño y diminuto es el tal artículo, porque la imprenta de Popayán, tan escasa, no me permitía amplificar ningún pensamiento; pero para indicar a usted lo que entonces pensaba es bastante. En el día tengo ideas más exactas después de que se han manifestado las opiniones de nuestros compatriotas, y por mi carta anterior verá usted que no soy lo que se llama caprichoso, ni me apego a mis teorías cuando no son el resultado de la experiencia, o teoremas de principios inconcusos. Tengo mis dudas en cuanto a ratificar los tratados existentes; pero hasta ahora no son más que dudas.

   A Tomás le ha vuelto el reumatismo con el frío del invierno: se halla en Florencia con Torres y les daré las saludes de usted cuando les escriba. El primero me dice que Herrán se ha hecho ya cargo de la secretaría de la legación de Roma, y que le ha dado 600 duros al señor Tejada porque ya se moría de hambre materialmente y aun pensaba presentarse en la cárcel como deudor fallido en la impotencia de pagar. Me encarga que lo recomiende para que le envíe algún dinero. Creo innecesario decir a usted lo que usted ha visto prácticamente, y sin duda es muy justo sacar a ese señor de semejante situación. Tal vez convendría separar la legación de Roma supuesto que el rey de aquel Estado ni la reconoce, ni la reconocerá. Si usted fuese de esta opinión tal vez podría enviarse un agente confidencial cerca del vicario de Jesucristo para ocurrir a las necesidades de la Iglesia de Colombia.

   Usted dirá que le escribo indigestamente porque me paso de indicaciones en algunos puntos; pero es porque no me hallo fijo en ellos y porque siento placer en conversar con usted como si estuviéramos presentes.

   Manuel María, que recuerda a usted constantemente con afecto, agradece y retorna las saludes de usted.

   Deseo a usted salud completa y prosperidad en todo. Por último acepte usted mis votos fervorosos para que usted salve a nuestra patria, y los de la antigua y sincera amistad con que soy todo de usted obediente servidor,

Joaquín Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2836, p. 325-327.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 214.

237
Firma: TOMÁS HERRERA

PANAMA, 19 DE FEBRERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido general:

   He tenido el gusto de recibir la de usted de 30 de diciembre último. Ella contiene particulares muy interesantes en diferentes direcciones. Usted comienza por aplaudir la conducta que he observado en este departamento, felicitándome a la vez por el buen éxito que ha tenido la campaña abierta contra los usurpadores, general L. Urdaneta y el coronel Alzuru, que tenían este pobre suelo en la más horrible subyugación. Confieso a usted que creo que he puesto todos los medios posibles para llenar mi deber; que he satisfecho los votos de mi corazón y que por último me ha cabido la satisfacción de haber correspondido a la confianza del gobierno de la Nueva Granada, dándole también a mi país natal el reposo y la paz que consecutivamente fueron turbados por los agentes de la tiranía, Espinar y Alzuru. Usted me consigna en su carta sentimientos generosos de amistad, que no sólo me dan una prueba irrefragable de la distinción con que quiere favorecerme, sino que además acredita que en ninguna distancia le son a usted indiferentes los servicios que se hacen por la causa de la libertad y las personas que los prestan.

   El buen concepto que me dispensa una persona tan respetable como usted por muchos títulos, es una de las cosas que más halagan a mi corazón y a mi conciencia patriótica, porque con sobrada justicia yo respeto el voto de usted como uno de los más respetables, tanto por su patriotismo como por sus elevados conocimientos, unidos a una larga experiencia. Mis pasos serán siempre dados por el camino de la ley en favor de la libertad. Yo se los protesto a usted, mi respetado general.

   Usted me pregunta, aludiendo a nuestros últimos esfuerzos en favor del sistema liberal, ¿se podrá recoger el fruto de tantos sacrificios? Si alguna vez, después de algunos años acá, ha habido motivos fundados para creer que se sistematizará el gobierno de la Nueva Granada, yo juzgo que existe en el presente, primero porque se han tomado providencias enérgicas para alejar de nuestra patria a los corifeos del absolutismo y del sistema terrorífico, de tantas raíces que llegó a echar en Colombia bajo la política abominable del desgraciado Bolívar; segunda, porque la experiencia de las revoluciones ha llegado a engendrar el temor a toda otra, y los pueblos como el ejército apetecen gozar de paz y de unión; tercera, porque para los puestos públicos se escogen hombres que han sabido servir con decisión y desinterés a la causa nacional; cuarta, porque los enemigos de las instituciones republicanas o del orden constitucional, en la impotencia y en la nulidad en que se hallan, sólo les ha quedado el recurso de calumniar y de dividir el país por arterias miserables, y, por último, actualmente el gobierno marcha con energía y circunspección, y se trata en mi concepto de buena fe de restablecer el reinado de las leyes, el bien de la Nueva Granada y el crédito nacional que tanto ha padecido.

   Con respecto al istmo usted está firmemente persuadido que sus excelentes pensamientos están exactamente de acuerdo con la opinión de la parte pensante aquí, y de ello es una prueba lo que se ha escrito en El Constitucional y el Gran Círculo, cuyos periódicos acompaño a usted, el primero del número 1° al 11 y el segundo de los números 43 a 46, y ya verá usted que el Gran Círculo, en el número 45 le ha recordado, pues usted en este país jamás ha dejado de tener la más alta opinión.

   Es verdad que en las vicisitudes políticas que ha habido en este departamento, uno que otro novador pensó en el anseatismo, pero este proyecto pereció en su cuna y en el día todos los istmeños no desean más que el régimen legal unidos a la Nueva Granada, porque están convencidos que es lo más prudente, lo que está, por decirlo así, en la naturaleza de las cosas mismas, atendiendo a las relaciones que este país conserva con el centro por su propia situación geográfica, y porque por ahora es la única medida que cabe bajo cualquier punto de vista que se considere este departamento en su actual situación.

   Respectivamente a la agregación del Ecuador, le diré a usted con el más perfecto conocimiento, que no se ha pensado aquí en tal cosa, y que tal proyecto no tiene siquiera un prosélito, puesto que todos estamos bien persuadidos de la marcha falsa del gobierno ecuatoriano, de la disolución que amenaza a ese Estado y de los principios deficientes de buena fe que sigue su jefe el general Flores, continuando en el ejercicio de las lecciones que recibió de su maestro Bolívar. Crea usted, mi querido general, que después de estos antecedentes yo puedo responderle positivamente de que en este departamento no hay opinión ni por el anseatismo ni por nada ecuatoriano; y al hablarle a usted así, no me dejo conducir de los deseos solamente sino que he consultado con atención el modo de pensar de toda la parte influyente.

   Estimulado por los editores del Gran Círculo de publicar la carta de usted, he convenido en ello, pero sin nombre por ignorar la voluntad de usted, porque en realidad ella presenta ideas luminosas y de provecho que son dignas de que se vean por todos. Además es tan ciega la veneración que tiene para los partidos de este suelo un concepto de usted, que todos los que han visto su carta original han creído que ella sola terminaría cualquiera cuestión que fuera incitada en favor del anseatismo. A usted se le espera. Su prestigio se ha multiplicado, se le cree necesario para la prosperidad del país. Tal pensamiento es general. Haga usted, pues, mi querido general, el último sacrificio que exige de usted su patria, la súplica de sus amigos verdaderos y la opinión nacional. Usted siempre será sostenido; yo con todos mis esfuerzos siempre seré de usted, porque usted ha probado que es un cordial amante de la libertad y de los principios.

   Los señores Argote, Tallaferro, general Fábregas y Arosemena, a quienes he manifestado los recuerdos de usted, los han apreciado infinitamente y me han encargado los retorne a usted del modo más afectuoso. El doctor Agustín Arango, íntimo amigo mío, me recomienda a usted por mi órgano los mejores sentimientos de amistad y aprecio; que no tiene el honor de conocerlo personalmente pero que se ha comunicado con usted por escrito cuando fue secretario de la legación peruana en la época del gran congreso americano. Este señor fue uno de los editores del Círculo desde el tiempo de su creación y lo es en la actualidad.

   También he recibido la carta en que usted me recomienda al señor Cañedo. He visitado a este señor inmediatamente y le he ofrecido todos mis servicios y deseo infinito me ocupe para complacerlo.

   Mi familia saluda a usted y yo me repito de usted, de todo corazón, su muy afectísimo servidor que le aprecia y besa su mano,

Tomás Herrera.

   Posdata. Al cerrar esta carta acaba de llegar un buque del sur y trae la noticia de que el general Flores, con el criminal designio de mantener al departamento del Cauca bajo su dominio, vino a Guayaquil a sacar algunos recursos para hacer la guerra al Estado del centro. Esta guerra, si la hay, es indudable que traerá algunos desastres, mas su resultado será muy favorable porque conseguiremos por medio de ella castigar al excelente discípulo de don Simón; daremos tranquilidad, seguridad y orden a los pobres departamentos del sur y nosotros nos libraremos de este mal vecino. El Cauca ha comenzado ya a moverse a favor del centro, por quien se ha pronunciado mucho tiempo ha la provincia del Chocó, y el 10 del pasado la ciudad de Popayán y otros pueblos del Valle después. A la cabeza de este movimiento está ya el general López, quien cubre una línea de mil hombres desde Popayán al Juanambú, habiendo salido además algunos auxilios de Antioquia y Bogotá, por si acaso insiste Flores, después de todo esto, en sostenerse en las provincias de Pasto y de Buenaventura, hacerlo escarmentar. Estas últimas noticias las he tenido oficialmente por el número de la gaceta en el correo que por casualidad acaba de llegar.

Vale.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2132, p. 346-350.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 217.

238
Firma: JUAN JOSÉ CABARCAS

PANAMA, 20 DE FEBRERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Señor de mi estimación y respeto:

   Tan luego como se esparció la noticia que vuestra señoría se acercaba al suelo de Colombia sus verdaderos amigos se exaltaron de gozo e impacientes por el día de su arribo, olvidaban la memoria de su cercanía, por dar lugar al deseo de verle. Todos a la vez se daban los parabienes y con razón.

   Después de una borrasca que todo lo ha trastornado, y que aún no se divisa la claridad, era preciso que los amantes de las leyes, del buen juicio, del mejor orden, suspirasen por el hombre que supo sacar de la nada la existencia de esta República, colocarla en el rango de las naciones, darle crédito bastante. Apresure vuestra señoría su marcha y no nos prive más tiempo de la satisfacción de ver la mano restauradora de nuestras glorias. Este es mi voto, señor, admítalo vuestra señoría como una efusión del convencimiento y la gratitud con que soy obediente servidor capellán que su mano besa,

Juan José Cabarcas

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/20 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango. Bogotá.

239
Firma: VALENTÍN ESPINEL

CARACAS, 20 DE FEBRERO DE 1832

Señor general, benemérito Francisco de Paula Santander.

   Muy estimado señor y amigo mío:

   Acaba de hablarme el señor Arganil y decirme que hay ocasión de escribir para esa ciudad y que usted permanecerá aún en ella; por esto tomo la pluma para tener el gusto de contestar la apreciable de usted, que recibí en meses pasados fechada ahí.

   Fue para mí de la mayor satisfacción su citada segunda carta después de nuestro conocimiento en Ocaña, porque ella me ha asegurado que no he sido olvidado de una persona que estimo y respeto mucho. Usted me congratula por la suerte de Venezuela, mas yo debo congratular a usted con más razón por la actual situación de la Nueva Granada, que a mi parecer puede suceder que se consolide más firme y pronto que Venezuela, porque su conducta ha sido más decisiva; ha sustituido unos hombres a otros al sustituir principios de libertad y justicia a la tiranía anterior; ha detestado de un modo explícito a sus opresores y marcado terminantemente un partido vencido y otro vencedor; pero entre nosotros todo se ha hecho con los mismos elementos corrompidos y todo ha quedado confundido, bien es que tampoco ha podido hacerse aquí otra cosa porque el mal había contagiado a todos los hombres de importancia.

   De Bogotá se nos convida a la formación de algunos pactos de unión que son indispensables para el arreglo de tantos negocios pendientes de la antigua Colombia; aquí se desean generalmente estas relaciones, pero ocurren dificultades en sus términos y extensión para no perjudicar la independencia y soberanía de los estados a que parece se aspira por ambas partes. De esta importante materia debe ocuparse en estos días nuestro congreso que está reunido desde el 31 del pasado y tiene en una comisión, para que presente concepto, las comunicaciones que se han recibido del gobierno de Nueva Granada.

   Díjose aquí cuando recibí su última carta que en algunas otras que usted había escrito manifestaba que pasaría con gusto por este país si las personalidades antiguas hubieran cesado. Yo me alegraría sinceramente de esta determinación por ver a usted y porque usted nos visitase. Espero que su presencia y conocimiento personal acabaría de disipar la animosidad que aún conservan contra usted algunos arrastrados por las declamaciones de sus enemigos.

   El general Páez creo que es hoy el mejor hombre de este país. Primero ha depuesto él las pretensiones que sus servicios y su poder pudieran inspirar a los que sólo a su sombra han manifestado con algunos gritos su patriotismo. Páez se halla a mi parecer resuelto sinceramente a vivir sometido a las leyes, aunque tiene razón para quejarse de que por temor a él se ha dejado en la constitución de Valencia al ejecutivo demasiado nulo.

   Yo me hallo ahora ocupado en el congreso y muy deseoso de concluir mi tiempo para hacerme, si puedo, olvidar de todos, porque mis conciudadanos tienen la fatal habilidad de desanimar el más puro patriotismo y apagar el mayor entusiasmo, con sus calumnias, con sus ambiciones rastreras y con su desprecio mortificante.

   Tengo motivos para estos sentimientos, así como los tuve de gratitud hacia todos los ciudadanos ilustres de la convención que me dispensaron un aprecio y consideración muy superiores a mi valor. Después de mi regreso de Ocaña yo he vivido de mi trabajo personal en mi taller, sin influjo ni parte alguna en negocio público, hasta ahora que estas elecciones me lanzan otra vez en los asuntos de Estado; algunos que desesperan por ser electos se irritan contra los que el pueblo les ha preferido, y otros que también han sido elegidos, aspiran a dominar a su arbitrio el congreso, lo logran con algunos de sus miembros; pero yo me resisto, conservo mi independencia, les hago frente y excito también su odio. Dispense usted que haya empleado este párrafo en hablar de mi persona.

   Deseo que su patria sea feliz, que premie a usted sus padecimientos por la buena causa, y que la providencia le conserve con salud.

   Desearía también que usted se determinase a visitarnos; y espero que en cuantas ocasiones se presenten me distinga usted con su correspondencia que tanto me honra y que yo sabré conservar. De usted atento servidor y cordial amigo,

Valentín Espinel.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1790, p. 358-360.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 220.

240
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 20 DE FEBRERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander. Nueva York.

   Mi apreciado general:

   Por el bergantín Athenian que sale hoy remito a usted 1.980 pesos en onzas colombianas que para este fin me remitió por el último correo de Bogotá el señor don Francisco Soto, y conforme a las órdenes de usted los remito a la casa de los señores de Rham, Senlino y Moure.

   Nada digo a usted de asuntos políticos por impedírmelo gran fluxión que me ha caído en la cara hace cuatro días, y estoy persuadido será usted impuesto de ellos por el mismo señor Soto y otras personas que le escriben.

   En esta plaza no hay nada de particular sino pequeñas chispas que nunca faltan.

   Celebraré que usted lo pase bien y mande a su afectísimo servidor y amigo que besa su mano.

   Posdata. En el bergantín Las dos Amelias que ha entrado hoy en este puerto, ha remitido el señor Perquier para usted cinco bultos que según infiero son cosas de muebles; he presentado la factura a la aduana y remito a usted la carta cerrada porque he considerado innecesario abrirla.

   Me repito de usted atento servidor,

M. M. Núñez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3017, p. 87.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 223.

241
Firma: J. N. MORENO

BOGOTA, 21 DE FEBRERO DE 1832

Benemérito general de división Francisco de Paula Santander.

   Mi querido amigo y compañero:

   A mi regreso de Casanare he tenido la indecible satisfacción de recibir la deseada suya, fechada en París el 4 de septiembre último, la cual me fue remitida por el señor Pablo de Alcázar de Cartagena, de cuyo órgano aprovecho para contestarle.

   Como usted sabe que yo nunca he sabido hablar el lenguaje de la adulación, espero que no atribuirá a lisonja la gratitud a que me constituye la expresión de los afectuosos sentimientos con los que en ella se digna honrarme; yo no he hecho otra cosa, sino obedecer a la voz de mi conciencia, a aquella de los pueblos, despotizados por la perfidia y los ominosos caprichos; en fin, el total abatimiento de las libertades públicas me compelió a desenvainar de nuevo la espada, que en compañía de la suya había servido para asegurar con la independencia el benéfico imperio de la libertad y de las leyes en esta patria querida. Creo, pues, que no he hecho otra cosa sino llenar un deber, al cual me hallaba comprometido en virtud del juramento de fidelidad que de 22 años atrás voluntariamente pronunciamos. Pero, mi querido amigo, mucho más queda que hacer, esta patria apenas comienza a respirar el aire vital de la libertad; ella necesita urgentemente de instituciones que acompañadas de las lecciones de la experiencia, le produzcan un bienestar permanente; necesita que todos, todos cooperemos a arrancarla para siempre de los precipicios que la abrumaron: el despotismo y la anarquía; necesita, en fin, que las leyes y la justicia reemplacen a las pasiones y a las venganzas que obran siempre en los tiempos de efervescencia.

   Yo fundo toda mi esperanza en la más pronta venida de usted y no soy el solo en este pensamiento; todos deseamos que vuele, si fuese posible, porque, y no es lisonja, la patria necesita que usted venga a enjugar sus lágrimas, venga a darle el consuelo de que carece, venga a auxiliarla con sus luces y sus importantes servicios. Sí, compañero mío, ¿de quién otro puede ella prometerse las inexplicables ventajas que usted puede consagrarle? Los pueblos saben por experiencia que durante la vicepresidencia que usted ejerció, reinó la ley; saben a punto fijo que usted ha permanecido constantemente y sin ninguna reserva a la santa causa de la libertad, ¿permitirá usted que ellos giman por más tiempo en tan aciaga orfandad? No, yo no lo espero.

   La dolorosa serie de vicisitudes que usted ha sufrido es ya el timbre más bello de sus glorias; y la patria agradecida, lo denomina ya como el primero de sus hijos predilectos; ella, pues, lo espera con ansia, porque con ansia desea volverse a encaminar en la senda de aquella felicidad que solamente gozó en los días de su administración que usted ejerció constitucionalmente.

   Confiado en los sentimientos que usted me expresa, yo me prometo con seguridad que tendrá la bondad de atender a mi súplica y que no tardará en venir a consolar a un millón y medio de granadinos que suspiramos por el momento de estrecharlo en nuestros brazos.

   He comunicado a todos nuestros compañeros casanareños las salutaciones y recuerdos con que se digna honrarlos, y estoy satisfecho que sabrán agradecerlos.

   Espero que tendrá la bondad de participarnos el momento en que desembarque en las playas de nuestra patria, para yo proporcionarme la satisfacción de volar a encontrarlo; mientras tanto, viva seguro que seré siempre, siempre su constante amigo y fiel compañero que lo ama sinceramente,

J. N. Moreno.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2810, p. 267-269.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 224.

242
Firma: ARGANIL

CARACAS, 22 FEVRIER 1832

Général Santander.

   Mon général:

   Après vous avoir écrit hier, nous avons reçu officieusement de Bogota, que le général Carmona, s'était mis a la tête des dens de couleur de Sainte Marthe, dans l'intention de soustraire le département du Magdalena et de l'Isthme du centre; que ses ramifications s'étendaient a Maracaibo, Mompox, etc. On ajoute que des agents de Flores on été arrêtés a Panama, avec le même objet, et qu'un plan général a été arrêté a la Jamaique. Une coincidence frappante, c'est que les boliviens d'ici, ont annoncé il y a deux semaines, la separation de Carthagéne, et l'entré de Flores dans Cundinamarca.

   Vous connaissez, mon général, qu'il n'est plus possible de songerà des projets de philosophie, avec des pareilles circonstances, et que votre présence a Bogota, devient de la dernière et urgente importance. Je ferai de mon mieux pour mettre dans une intelligence parfaite avec le général Paez, qui est devenu le point de mire contre qui tous les coups sout dirigés: heureusement qu'il est sur ses gardes, et que nous pouvous compter qu'il forcera ces messieurs a respecter la Constitutión et les lois. En son absence, le gouvernement me paraît decidé a faire respecter l'ondre public; mais malgré tout cela, les choses n'en iront que mieux, lors que vous pourrez aider le gouvernement de vous lumières et de l'influence de votre crédit.

   Recevez, mon général, l'assurance de mes sentiments affectueux et de la devotion avec laquelle je m'affirme,

   Mon général,

   Votre très humble et obeissant serviteur,

Arganil.

Traducción:

CARACAS, 22 DE FEBRERO DE 1832 General Santander

   Mi general:

   Después de haberle escrito ayer, recibimos oficiosamente de Bogotá noticias de que el general Carmona se había puesto a la cabeza de la gente de color de Santa Marta, con la intención de sustraer el departamento del Magdalena y del istmo del centro; que sus ramificaciones se extendían a Maracaibo, Mompós, etc. Añaden que en Panamá han arrestado a agentes de Flores, con el mismo objeto, y que le ha detenido en Jamaica un plan general. Una coincidencia sorprendente es que los bolivianos de aquí anunciaron hace dos semanas la separación de Cartagena y la entrada de Flores en Cundinamarca.

   Usted conoce, mi general, que ya no es posible pensar en proyectos de filosofía, en tales circunstancias, y que la presencia suya en Bogotá adquiere la más urgente importancia. Haré todo lo que esté a mi alcance para lograr una inteligencia perfecta entre usted y el general Páez, quien se ha convertido en el punto de mira al cual se dirigen todos los golpes; por fortuna está sobre aviso y podemos contar con que forzará a esos señores a respetar la constitución y las leyes. En su ausencia, el gobierno me parece decidido a hacer respetar el orden público; pero a pesar de todo esto las cosas mejorarán cuando usted pueda ayudar al gobierno con sus luces y la influencia de su crédito.

   Reciba, mi general, la seguridad de mis sentimientos afectuosos y de la devoción con la cual me ratifico,

   Mi general,

   Su humilde y obediente servidor,

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 107, p. 199-200.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 226.

243
Firma: JUAN MANUEL ARRUBLA

MEDELLIN, 27 DE FEBRERO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimadísimo señor y amigo muy querido:

   Me tiene usted ya en esta villa desprendido quizá para siempre de Bogotá, sintiendo solamente no estar allí el día de su arribo a la capital y vivir lejos de usted. Este solo sentimiento me hace desear volver, pero resueltos (tanto Manuel como yo, cansados de persecuciones) a establecernos para siempre en nuestra tierra natal, me parece casi imposible, en el estado a que nos vemos reducidos, cambiar de resolución. Sin embargo, si usted triunfa de los diferentes partidos que aún agitan esta tierra y los refunde, logrando establecer el orden y regularidad en sus instituciones, etcétera, entonces volveremos a admirar estos prodigios.

   Ya dije a usted en mi anterior que el gobierno le remitió por conducto del doctor Soto dos mil pesos, valor de sus sueldos devengados desde el 10 de junio próximo pasado, que reclamé según sus órdenes. Pedí también el pago de sus sueldos retenidos, que alcanzaron a cerca de cuatro mil pesos, y el gobierno dijo que este pago debe hacerse después de los arreglos con el norte y el sur para el pago de la deuda de Colombia.

   Todos sus negocios y papeles quedaron como en mi viaje anterior en manos del señor R. Santamaría y F. Rendón. Para pagar mi deuda a usted, dejé en poder del señor Rafael Alvarez un documento mandado pagar por el gobierno del valor de tres mil trescientos pesos, que no pudiendo cobrarlos en el momento, di orden lo vendiesen por dos mil, que me había ofrecido el señor Diego M. Peralta con un mes de término. Esta suma la pondrá el señor Alvarez, que es nuestro apoderado general en poder de dicho señor Santamaría para que la remita a usted. En Antioquia espero cobrar dos mil pesos más que ya debían estar en Bogotá y también los entregaré a Raimundo para que los remita a Núñez o los mandaré yo mismo de Antioquia.

   Por Dios, mi amigo, discúlpeme usted, y esté seguro que muy pronto estará cubierto de mi deuda a usted.

   Hoy o mañana estará la convención ocupada en hacer las elecciones de los magistrados: es seguro que usted será nombrado presidente, pero el vice será difícil resulte electo sino después de mil y mil votaciones. A mi salida los diputados estaban muy divididos, unos pensaban elegir a Márquez, otros están por Joaquín Mosquera, otros por Rafael su primo de éste, y algunos pocos por Obando (J. M. y por Uribe Miguel); tendrán quizás algunos votos el doctor Vicente Azuero y el doctor Diego Gómez.

   Mucho siento no estar en Bogotá luego que usted se encargue del gobierno: podría hacerle algunas advertencias sobre algunos hombres que no están nada bien con la opinión pública y que podrán extraviarlo si se confía mucho de ellos; pero espero que usted los conozca pronto y se servirá de sus luces con la precaución necesaria.

   Yo me atrevo a recomendarle a usted al doctor José Manuel Restrepo. El, mejor que ningún otro, instruirá a usted del estado del país y más del carácter, intenciones de algunos señores. Esto último será difícil, pero usted podrá comprometerle para que hable con franqueza; ojalá se lo dejen de consejero. También me parece bueno Gual; el doctor Ignacio Márquez le será de inmensa utilidad.

   En reserva diré a usted que algunos patriotas y amigos suyos han visto con sentimiento la carta que usted escribió al doctor J. N. Azuero, que se ha publicado en la Gaceta número 12, de 9 de febrero. En la misma corre otra también de usted dirigida al señor J. N. Toscano y dicen que su gratitud es excesiva por una ocurrencia que dicen sea de poca importancia para un hombre como usted que está llamado a representar no una provincia en el congreso, sino a mandar toda la República. Yo no he visto las cartas que he citado y no sé si la crítica es justa.

   Manuel e Ignacita, que están aquí, saludan a usted tiernamente; el primero dejó escrita en Bogotá una carta para usted y ahora le dice que de Antioquia le escribirá.

   Me marcho para Honda y no tengo tiempo para más.

   Adiós, El lo haga tan feliz como lo desea su mejor y más afectísimo amigo,

Juan Manuel Arrubla.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 154, p. 275-277.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 227.

244
Firma: GABRIEL SÁNCHEZ

BOGOTA, 1° DE MARZO DE 1832

Señor Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y amigo de mi mayor estimación:

   Feliz yo y mil veces feliz la Nueva Granada, cuando dentro de pocos días ha de ver en su seno al hombre más virtuoso y amado de sus conciudadanos; cuatro años desgraciados para la patria han transcurrido y ahora me parecen un momento cuando tengo las esperanzas de darle un abrazo, no como el de techo, tan amargo y tan sensible, y de acreditarle mi amistad y el deseo que me anima de ver renacer en sus manos nuestra antigua y querida patria, esta es mi fundada esperanza, y tanto más probable cuanto más que hay más disposición a efectuar sus sabias providencias que esperamos de la experiencia, conocimientos y acendrado patriotismo. Creo que no tardará su venida a no ser que sea sordo a los clamores de este pueblo que espera el ángel tutelar de las libertades públicas y en cuyos votos y deseos no influye ni el interés particular ni la adulación, sino el insaciable deseo del bien general.

   Mi familia toda lo saluda y felicita con su verdadero amigo que besa su mano,

Gabriel Sánchez.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/21 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

245
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 1° DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Respetado y querido amigo mío:

   Antier a las once he recibido la muy apreciable carta de usted, empezada en Nueva York el 16 de diciembre y concluida el 6 de enero. ¡Cuánto celebro que usted estuviese gozando de salud y que haya aprobado nuestro decreto de rehabilitación a favor de los mártires de la libertad, y declaratoria de que las provincias del centro de Colombia forman un Estado con el nombre de Nueva Granada! Ojalá que nuestros pasos posteriores merezcan también su aprobación porque ésta será señal de que están marcados con algún acierto.

   Queda aceptada la oferta de que usted vendrá por Cúcuta y ya la he comunicado a mis paisanos, que la recibirán con el mayor regocijo. Allá tendré yo el gusto de ver a usted, de abrazarlo y aun de mirarlo. Digo mirarlo, porque usted es un hombre que resucitó, no al tercer día, sino al cabo de nueve meses. Nadie creía, señor general, que usted escapase de las garras del gran sacrificador ni de su astuto carcelero. Desde ahora le pido no se moleste por la multitud de preguntas que habré de hacerle.

   Aunque esté más ocupado que el año de 19, debe usted coordinar y publicar su diario. No me intereso en ello por el honor de usted ni fomento su orgullo; me intereso por el honor de la América meridional y por el orgullo granadino.

   Acompaño a usted la última liquidación relativa a la deuda de usted; la remito para que le sirva de gobierno. Dudo mucho que por ahora se consiga algún pago porque aquí no hay más que miseria espantosa. Cada vez se hace sentir más y más el despotismo anterior.

   Hablemos de negocios públicos.

   Convención. El 27 de febrero hemos firmado la constitución: en ella aparecen las firmas de representantes de toda la Nueva Granada, a excepción de los de Popayán, Chocó y Buenaventura. Tendrá muchos defectos, especialmente de redacción, pero es menos mala que la de Cúcuta y la de 30; tal vez se apropia mejor a todas las circunstancias del país. Se promulgará precedida de una alocución que yo he redactado. Tenemos ahora entre manos las leyes sobre organización de hacienda, tabacos, sueldos, tributo, alcabalas, etc., faltan pocos días para terminar nuestros trabajos, pues que el día 10 de marzo es el designado al efecto.

   Ecuador. Dimos un decreto autorizando al ejecutivo para el reconocimiento del Ecuador bajo estas condiciones: que nombre diputados para que reunidos con los de Venezuela y Nueva Granada arreglen los negocios generales de Colombia; que entretanto se verifiquen dichos arreglos, se considere parte integrante de Colombia y por lo mismo no pueda entrar en tratados con ninguna otra potencia por los cuales se perjudique la integridad y los demás derechos de Colombia: que se comprometa a pagar la parte que le toque en la deuda de Colombia; y en fin, que desista de toda pretensión sobre el departamento del Cauca, a cuyo fin sus límites serán los señalados por la ley de 1824 a los departamentos del Ecuador, Azuay y Guayaquil. Yo creía que esta medida, contra la cual hubo oposición de parte de varios diputados, transigiría todas las desavenencias y nos daría la paz, porque como usted ve, ella es justa y eminentemente política, atendiendo el deseo manifestado por diferentes hechos que tienen los caucanos de pertenecer o más bien de volver al centro. Pero mis esperanzas han sido fallidas, pues B. Palacios, Urquijo el cartagenero, enviado de Flores, que se ha encargado de la dirección de Gual, se han denegado a todo y están suspensas o rotas las conferencias. Lo peor es que muchos diputados desean la guerra y ya les parece que se pierde el tiempo de hacerla. Obando había indicado que no la quería y ya se asegura que tampoco la teme.

   Hay, pues, un riesgo, tal vez un riesgo inminente de que vuelva a derramarse sangre y que la libertad no pueda afianzarse entre nosotros por estos nuevos entorpecimientos. Yo votaré siempre por la paz y por cualquier medida que sin comprometer los derechos de la Nueva Granada aleje todo motivo de guerra. Flores es perverso, Bolívar en compendio; nos amenazan con el Perú, quien, según dicen, le ha ofrecido protección; pero nosotros debiéramos dejar que él cayese en fuerza de la opresión que causa y no agotar nuestros recursos por la reincorporación de un país que más temprano o más tarde siempre habrá de ser granadino. De lo que acabo de expresar inferirá usted que la venida de usted a la Nueva Granada es la necesidad más imperiosa que tiene la patria, porque usted podría alejar la guerra y reducir a razón a los diputados que, porque no exponen su persona ni sus bienes, se recrean con la consideración de que nuestro ejército pisa ya las orillas del Carchi.

   Venezuela. La convención discute un proyecto presentado por una comisión compuesta de Márquez, Vélez, Azuero y yo para excitar a Venezuela a que nombre dos o más diputados que reunidos con igual número de los nuestros decidan sobre los arreglos futuros del país. Si Venezuela quiere federación se convocará una convención colombiana que la forme. Si quiere liga, alianza o por lo menos amistad, entonces los diputados celebran tratados y los aprueban los respectivos gobiernos. En todo caso, el nombre, el territorio, los derechos y cargos de la República de Colombia quedan comunes a las tres secciones, a cada una de la parte que proporcionalmente le toque.

   7 de marzo. El horizonte político se turba. El correo del sur llegado ayer trae una multitud de impresos de Quito y Guayaquil, en que la convención y Obando son tratados más indignamente que en los de Jamaica, que en los que lanzaban hace 20 años las prensas de Cádiz contra los americanos. Flores había llegado el 14 de febrero a Pasto, allí tenía como 600 hombres de infantería y a corta distancia como 100 caballos. Entre los primeros había reclutas y reclutas conducidos amarrados. Decíase que marcharía de Pasto a Popayán para castigarlos por su reincorporación. En el interior del Ecuador habían sido asesinados dos comisionados de Flores que iban a reclutar y a exigir dinero correspondiente al empréstito mensual forzoso. López estaba en Popayán y allí tenía como 300 hombres, y aguardaba cuando más tarde para el 8 de este mes a Córdova con 80 de Antioquia; 50 resto de un escuadrón de caballería y 400 del batallón primero del centro. ¡Permita el cielo que Flores no marche de Pasto para acá y de este modo evitemos un rompimiento! ¡Pobre tierra condenada todavía a experimentar males que han de causar siempre los sátrapas de Bolívar!

   Es muy probable que estos sucesos nos mantengan reunidos en convención hasta el fin del mes.

   No tengo más lugar, ¡quiera el cielo nos veamos pronto! Adiós mi respetado y querido amigo. Suyo de corazón,

Francisco Soto.

   Van a publicarse en la Gaceta los artículos que usted me remitió.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4249, p. 180-183.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 232.

246
Firma: LUIS M. AZUOLA

BOGOTA, 4 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio de 1832).

Señor general Francisco de Paula Santander, Nueva York.

   Mi muy apreciado general:

   El mucho interés que he tenido por usted me ha guiado a seguirle con mi imaginación en sus viajes en Europa y últimamente en esos Estados Unidos. Las noticias que he investigado respecto de usted han sido siempre satisfactorias desde su arribo al antiguo continente. La fortuna, mi general, lo ha conducido a usted por donde quiera y hasta los padecimientos en la prisión le proporcionaron a usted la ventaja de hacerle más agradable su residencia en Europa.

   Me han dicho que usted tiene un gran anhelo por volver a ver a Colombia, ¡pobre República!, ya no le ha quedado ni la imagen de lo que era cuando usted la presidía. Ha sufrido un gran trastorno y usted sabe que las oscilaciones políticas producen a veces más desorden que los movimientos o sacudimientos de la tierra. Usted va a hallar a muchos hombres en diversas posiciones de las que ocupaban, y para conocer el estado del país, tiene usted que olvidar lo que fue. El espíritu de partido ha producido bastantes animosidades; pero algo van desapareciendo. La convención ha firmado la constitución y se ocupa principalmente de algunas leyes orgánicas. Tiene que terminar sus sesiones, dejando una multitud de negocios pendientes.

   En enero del año próximo pasado escribí a usted bajo cubierta de la señora Manuela Arias de Ibáñez y creí debería llegar a sus manos porque iba a la vez un poco de dinero que remitían a usted. No he tenido la satisfacción de que fuese contestada. Como entonces lo hacía a usted en Italia o cercano a ella, me tomé la confianza de incluirle una para mi tío Ignacio Tejada que ignoro si la recibiría.

   En mi casa hemos tenido varias desgracias. Murió mi tía Juana y mi tío Mariano. A mi madre la tuvimos gravemente enferma y no lleva una buena salud; Joaquina dio a luz una muchachita que se llama María del Carmen. Mi familia siente un vivo interés por usted y por tanto ha tenido una pena al saber sus padecimientos de Cartagena y un placer al saber sus satisfacciones y buena salud en Europa.

   Por cada uno de los de mi familia saludo a usted muy expresivamente, reservándose para expresarle a la voz el resto de los sentimientos y el deseo que tienen por verlo restituido a su patria y de estrecharlo entre sus brazos. Mientras tenemos este placer congratulo a usted por haber pisado el continente americano, y por la proximidad de abordar a las playas de Colombia.

   Soy de usted, mi general, con sentimientos de consideración y del más distinguido aprecio su atento obediente servidor y amigo,

Luis M. Azuola.

   Mi general: repito cuanto le dice Luisito; y añado solamente que vuele a salvar si puede esta agonizante Nueva Granada; ya no nos queda otra esperanza que la de verlo entre nosotros; si la presencia de usted no nos vuelve el juicio, todos estamos locos y por momentos se aumenta nuestro frenesí. Todos los antiguos patriotas y los hombres de bien deseamos verlo entre nosotros, usted es toda nuestra esperanza. Todos, todos los de casa desean el momento de abrazarlo en unión de este su siempre afectísimo servidor que besa su mano.

   Juan de Dios Olano, Francisca Azuola, Dolores Olano, Manuela Olano, Encarnación Azuola, Joaquín Azuola, J. Domingo Azuola y Carmen Azuola.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 187, p. 363-365.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 238.

247
Firma: FRANCISCO MONTOYA

BOGOTA, 7 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general y amigo:

   Después de los sucesos de agosto del año de 30 escribí a usted largamente, y para repetirle la presente creo que mi carta no llegó a sus manos. ¡Cuántos sucesos, mi querido amigo, han tenido lugar después de este tiempo! Pero nuestra pobre patria despedazada y siempre víctima del poder arbitrario y de los partidos, no presenta ninguna esperanza lisonjera. Usted será electo presidente, la patria y sus amigos lo llaman; este llamamiento que lo forma la opinión pública y que es la voz de todos los pueblos, es el testimonio más verdadero del triunfo de los principios y la justicia vengados. ¡Qué satisfacción para usted y para sus amigos fieles y verdaderos! Usted vuelve a Colombia a presidir los destinos de la Nueva Granada, porque usted no puede dudar de sus votos. Usted encontrará mil dificultades para reorganizar este pueblo despedazado, pero su triunfo será muy grande y su gloria será mayor, ya no encontrará usted un pueblo dócil y obediente a la ley y a sus magistrados, sino un pueblo sin moral, las rentas aniquiladas y trozos de un ejército corrompido y deliberante; aspiraciones de dominación aún en la clase baja del ejército; una intolerancia escandalosa en muchos civiles que se consideran jefes de partido; la nación dividida en bandos y todos intolerantes; pero todos lo proclaman a usted, y si usted viene, salva y vuelve a organizar esta Colombia y destruye la anarquía, la intolerancia, los odios y las venganzas que nos dejó por legado don Simón en los funestos años de tiranía; usted será el benefactor de esta tierra.

   Nuestros amigos Arrublas, como usted sabe, pudieron poner término a un negocio en esta y marcharon a establecerse en Antioquia; yo he venido con el mismo objeto. Yo estuve algunos meses de prefecto en Antioquia, y si como ciudadano no pude soportar el régimen arbitrario e ilegal, mucho menos de sufrir como magistrado que se continuase gobernando por cartas particulares a voluntad de los miembros o del jefe de la administración y que las leyes estuviesen escritas sólo para adornar los estantes, burlar las esperanzas de los pueblos y que su práctica fuese ilusoria. Entré sosteniendo una competencia por la conservación de la renta de tabacos, y en seguida otra sobre usurpación de autoridad militar; en consecuencia dimití por dos veces la prefectura y me fue admitida. Venga usted pronto y establezca las leyes, aunque sean las más malas del mundo, como se practique su observancia.

   Soy de corazón su afectísimo amigo,

F. Montoya.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2772, p. 217-218.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 240.

248
Firma: J. MANUEL MONTOYA

BOGOTA, 7 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido general:

   A mi llegada a esta capital he recibido la muy estimable de usted de 7 de enero en Nueva York; las expresiones de amistad que ella contiene y la aprobación que usted ha dado a mi conducta pública son un nuevo motivo que aseguran más el aprecio y la consideración que hace muchos años tengo por usted.

   Soy, como usted decía, muy tolerante en política, oigo con calma todas las opiniones; pero no puedo tolerar las vías de hecho y me desespera un gobierno débil, una administración sin vigor, y es para mí igualmente detestable el déspota que el gobernante que por debilidad quebranta las leyes.

   Cada día es más necesaria la presencia de usted para salvar esta patria que tanto nos cuesta; la opinión pública lo designa como el único capaz en estas circunstancias de ordenar nuestro general desgreño que existe en todas las cosas; y esta opinión es el triunfo de sus amigos.

   Pacho está aquí y le escribe, Luis ha apreciado mucho sus recuerdos y a Juan lo saludaré por el correo de hoy como usted me ordena.

   Supongo que Portocarrero habrá contado a usted mi mala suerte, fui perseguido con encarnizamiento. ¡Dejó de existir mi adorable Teresa!

   Acepte usted, muy querido general, los afectuosos sentimientos de la más sincera amistad con que me suscribo su muy atento servidor y amigo,

J. Manuel Montoya.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2777, p. 222.
FUENTE DOCUMENTAL
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 241.

249
Firma: JOSÉ MARÍA, OBISPO DE SANTA MARTA

BOGOTA, 9 DE MARZO DE 1832

A su excelencia el general Francisco de Paula Santander,
presidente de la Nueva Granada.

   Señor:

   La convención que tengo el honor de presidir se ha ocupado el día de hoy de la elección de presidente de la Nueva Granada, y vos, señor, habéis sido el ciudadano escogido para este alto destino.

   Vuestro patriotismo, vuestros padecimientos por la libertad y el empeño que habéis tomado en sostenerla, aun durante vuestra expatriación, han hecho que los representantes del pueblo fijen en vos sus miradas como en la persona que puede cicatrizar las heridas que el despotismo y las agitaciones han abierto a la patria. Ellos esperan que tan luego como recibáis esta comunicación, volaréis a llenar sus esperanzas y las de todos los granadinos.

   Y yo al comunicaros vuestro nombramiento, me permito también añadir mis particulares votos por vuestra pronta restitución al suelo natal, y la expresión de los sentimientos de distinguida consideración con que tengo la honra de ser vuestro atento, obsecuente servidor,

   El presidente de la convención,

José María, obispo de Santa Marta (Sigue Nota del Editor...).

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1822, p. 381-382.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 747.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

250
Firma: JOSÉ F. MERIZALDE

BOGOTA, 9 DE MARZO DE 1832

(Contestada en Nueva York el 1° de junio).

Señor Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general:

   Felicito a la Nueva Granada porque usted ha sido elegido para presidir sus destinos. Los amigos de la libertad esperamos que usted le dé a su patria días de gloria y engrandecimiento, iguales a los que tuvo Colombia mientras que el código mereció la obediencia de los pueblos. Apresure su viaje, pues sus compatriotas lo aguardamos con los brazos abiertos.

   Quiera el cielo que llegue cuanto antes día tan dichoso, y que después de su muerte lo llamen los pueblos el dios tutelar de los granadinos.

   Mi mujer y mis nueve hijos han participado del contento general por su elección, y lo saludan cordialmente y con particularidad Dolores, que es amanuense, pues la vejez que me han anticipado los trabajos, me hace necesitar de escribiente.

   Le remito El Constitucional que me tocó en turno y en él verá mis consejeros de estado.

   Ya que no he merecido me conteste dos que dirigí por medio de Arrubla, siquiera dígame que ha recibido esta, pues me tengo la gloria que he sido su mejor amigo en sus desgracias. Dios quiera que estas lo abandonen y que siempre lo vea feliz.

   Su afectísimo amigo que besa su mano,

José F. Merizalde.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2427, p. 297-298.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 244.

251
Firman: FRAILES DOMINICOS

BOGOTA, 9 DE MARZO DE 1832

Al excelentísimo señor presidente del Estado de la Nueva Granada general Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   Los frailes dominicanos que otra vez han tenido la honra de reconocer en vuestra excelencia el segundo magistrado de la patria, y que lo han estimado personalmente en todos tiempos, tienen ahora el singular placer de saludarle como el primer mandatario del Estado, y de sentirle apresuradamente los homenajes y respetos debidos. Ellos, señor, ansian por verlo ya restituido a los suyos y a la República, a quien tanta falta ha hecho durante los días de turbación y de desorden; y ellos creen que vuestra excelencia trae consigo la paz, el reposo, la abundancia y la felicidad de este desgraciado país.

   Sírvase pues vuestra excelencia, recibir los obsequios y las felicitaciones de los que nos tomamos la confianza de suscribir ésta y quienes somos sus seguros servidores.

   Excelentísimo señor

   Fr. Joaquín Gálvez; Alejandro Díaz; Fr. Juan N. Rojas; Fr. Pacífico Gutiérrez; Fr. Jairo Sánchez; J. Luis Flórez; Fr. Juan Bta. Alharsánchez

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia, Fondo saldo Archivo Santander.

252
Firma: J. F. PEREIRA

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio de 1832).

Excelentísimo señor presidente del Estado

Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado señor:

   Hoy se me presenta la deseada oportunidad de escribir a vuestra excelencia felicitándolo por la acertada elección que la convención granadina ha hecho en la persona de vuestra excelencia para presidente del Estado. Este acto de justicia lo reclamaba imperiosamente el voto nacional para dar a vuestra excelencia la más condigna satisfacción por los agravios que tan inicuamente le infirió la administración del general Bolívar. Se llegó al fin el momento apetecido de que regrese vuestra excelencia a su patria con todo el honor de que se le había tratado de despojar aunque en vano, porque su nombre, sus virtudes y sus importantes servicios a la causa de la libertad estaban profundamente grabados en el corazón de sus conciudadanos. Todos los verdaderos patriotas ansiamos por ver a vuestra excelencia al frente del gobierno en este país que tanto necesita de su influjo para consolidar su existencia política.

   Después del restablecimiento del orden legal, los generales Caycedo y Obando encargados del ejecutivo me han honrado con su confianza nombrándome secretario del interior y relaciones exteriores, cuyo encargo aunque superior a mis fuerzas he tratado de llenar. Variada la administración, yo debo cesar en mis funciones políticas; pero como un simple particular y como todos los granadinos estaré siempre pronto a prestar a la patria mis pequeños servicios cuando ella me lo exija. Vuestra excelencia puede contar con mi entera consagración por la causa común y por el sostenimiento del gobierno y libertades públicas.

   Ruego a vuestra excelencia se sirva aceptar mis votos y congratulaciones no menos que la distinguida consideración y aprecio con que soy de vuestra excelencia. Su más humilde y obediente servidor,

J. F. Pereira.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 10, carta No. 3482, p. 373-374.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 253.

253
Firma: ANDRÉS M. ROSILLO

SANTA FE DE BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio en Nueva York).

Al señor general, al héroe triunfante
Francisco de Paula Santander.

   Mi amado dueño y señor:

   No hay cosa más desgraciada que mis cartas a usted. A todas partes las he dirigido, desde que salió de Bocachica para Venezuela, y por diferentes medios; pero como usted no se acuerda de mí en las que escribe a otras personas, he creído que ninguna ha llegado a sus manos. Puede ser que llegue esta que el general Obando me ha ofrecido remitir.

   En fin, después de tres años y medio que sus apasionados aguardamos a nuestro Mesías y suspiramos por su venida, pueda ser que tengamos el gusto y consuelo de verlo, obligado por la elección que se acaba de hacer. Aquí es usted deseado y esperado con entusiasmo. Sobre su modo de pensar hay diferentes opiniones; pero cada partido se imagina que es conforme a sus ideas el nuevo presidente y generalmente se conviene que usted es el único que puede componer el Estado descuadernado y lleno de aflicciones.

   El pensamiento es tan fundado que no se puede tener otro. Lo que importa es la pronta venida de usted porque su dilación puede ocasionar muchos males y de esto hay mucha probabilidad. El nuevo vicepresidente es mal mirado por la mayor parte de las gentes y peor su consejo. Si no se portan con la mayor política, tiemblo por las consecuencias. Solamente el tino y prudencia de un Santander puede ocurrir a las desdichas que amenazan, el tiempo las agrava y es llegada la ocasión de hacer el gran sacrificio por la salud de la patria. Tenga usted por infalible que viviremos en la mayor inquietud y sobresalto continuo hasta que veamos a usted en posesión de la presidencia.

   Ella acaba de perfeccionar el desagravio de las injusticias y maldades cometidas con usted. Por lo demás, los trabajos han colmado a usted de instrucción, de virtud y de gloria. Ellos le han descubierto el peligro de confiar de las ficciones artificiosas de los pícaros, le han presentado testimonio de la fidelidad de sus amigos, y le han hecho ver la acendrada de las personas que han querido a usted y que usted quería. La hombría de bien y la bondad de corazón, no podemos dudar que son partidos admirables, pero suelen conducir a una confianza ominosa. Usted lo ha palpado; Castillo y otros ingratos y pérfidos han sido para usted comprobantes nada equívocos.

   Marcelino, César, Teresa y todos los de casa me suplican haga a usted a nombre suyo tantas expresiones cuantas usted pueda colegir de los sentimientos de una familia que por una propensión como innata y natural, ha sido siempre decidida por usted. Yo siempre inútil pero siempre amante, no tengo más que ofrecer a usted que el gozo de su triunfo y el corazón de su más fino amigo, que besa su mano,

Andrés M. Rosillo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3707, p. 261-262.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 250.

254
Firma: DOMINGO CIPRIÁN CUENCA

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio de 1832, Nueva York).

Al señor Francisco de Paula Santander.

   Mi pensado y respetado amigo:

   Ayer ha llenado la convención granadina de que tengo la honra de ser miembro, uno de sus deberes más preciosos y ha llenado los deseos del pueblo comitente, es decir, ha nombrado a usted presidente constitucional del Estado. No diré a usted el aplauso con que semejante elección ha sido recibida, porque él estaba demasiadamente bien manifestado, ni diré tampoco la satisfacción que nos ha cabido por la parte que hemos tenido en este acto, porque usted tiene motivos para creer cuánta puede haber sido. La Nueva Granada, después de la conflagración general que la ha devorado, solo espera su reposición de la presencia de usted, bajo cuya dirección según todos los raciocinios y los hechos anteriores debe progresar. ¿Y cómo había usted de mostrarse indiferente al llamamiento general que le hacemos todos sus compatriotas y que últimamente le hace la representación nacional? Todos tenemos derecho a pedir de usted su pronta venida y a recibir los provechos que su patriotismo amaestrado en la adversidad debe derramar sobre estos pueblos que solo piensan en usted. Una cadena de males de diversos órdenes ha pesado constantemente sobre nosotros, y por una fortuna muy particular el objeto de nuestras esperanzas no desaparecía a pesar de los furibundos golpes que le fueron dirigidos por el más insolente de los dictadores.

   Tiempo es por lo tanto de que sin enemigos armados en el interior y con una constitución del todo granadina, formemos una masa de opinión y de fuerza impenetrable bajo cualquier sentido a toda pretensión que no sea justificada por la nación; pero para todo partimos del principio de que usted se halle con nosotros.

   El doctor Ignacio Márquez, que ha sido nombrado vicepresidente constitucional, ejercerá el poder ejecutivo mientras usted llegue.

   En fin, mi querido amigo, imposible sería estampar en esta carta tan pequeña todos los pensamientos que el entusiasmo me sugiere; basta repetir a usted que su llegada es para nosotros el más seguro anuncio de nuestra eterna prosperidad y que nada más deseo sino tener el placer de abrazar a usted muy pronto y acompañarlo en los paseos y recuerdos que nos va a ofrecer el campo de Bogotá.

   Reciba usted mil y mil afectuosas saludes de toda mi familia y el corazón de este su fiel y verdadero amigo.

Domingo Ciprián Cuenca.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1682, p. 189-190.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 251.

255
Firma: JOSÉ MARÍA, OBISPO DE SANTA MARTA

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy apreciado amigo:

   Los representantes de la Nueva Granada conformando sus deseos con los de todos los pueblos, eligieron a usted para presidente de este Estado. Ninguno se ha alegrado más que yo de esta acertada elección. Usted es llamado por la providencia para calmar los partidos y para conducir este país al grado de prosperidad y de gloria a que está destinado por la naturaleza. La sola presencia de usted calmará todos los males que sufrimos y los que nos amenazan.

   Véngase usted inmediatamente, todos deseamos verlo, y más los que tenemos la satisfacción de ser sus amigos y los que nos interesamos por esta patria que ha costado tantos sacrificios.

   No tengo tiempo de escribir a usted largo como deseaba. Reciba usted la felicitación que le hago por su destino a la presidencia; ella es muy cordial porque emana de mi gratitud y amistad constante hacia usted.

   Mande cuanto guste a su verdadero amigo y capellán que besa su mano,

José María, obispo de Santa Marta.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1823, p. 382.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 253.

256
Firma: JOSÉ IGNACIO DE MÁRQUEZ

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio en Nueva York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado señor y distinguido amigo:

   El nombramiento de presidente del Estado que la convención ha hecho en usted, ha llenado los votos de los verdaderos patriotas y colmado los deseos de los amantes de la libertad. Apenas podrá hacerse jamás una elección más popular. La opinión pública reclamaba imperiosamente que un ciudadano como usted presidiera los destinos de este nuevo Estado, para que él marche con tanta gloria como en días más felices marchó bajo el mando de usted la nación colombiana. La opinión pública no se equivoca, y la venida de usted deseada por todos los pueblos y mirada generalmente como el principio del bien y el término de nuestras desgracias, va a disipar los justos temores que sabe inspirar necesariamente el que por la ausencia de usted ejerce actualmente el ejecutivo.

   A la verdad la diferencia es infinita; es la misma que hay entre el gran Santander y un hombre que está desnudo de las brillantes cualidades que adornan a usted. Cuanto más contemplo mi incapacidad y reflexiono sobre la grande empresa en que se me ha comprometido; cuanto más medito sobre la importancia de los negocios nacionales que nos ocupan y sobre la necesidad de que el hombre de las leyes los dirija, a fin de que terminen de una manera digna y capaz de satisfacer la expectación pública, más y más deseo la venida la usted. La voz sacrosanta de la patria lo llama con urgencia. En la pronta venida de usted está comprendido el honor nacional y la existencia política de la Nueva Granada; y usted que ha sido el blanco de la saña de la tiranía, porque ha hecho profesión de llenar sus deberes, usted que ha trabajado siempre por la patria, sacrificando heroicamente sus propios intereses, usted no puede vacilar en venir, ni dilatar su marcha. La venida de usted salva la patria, lo cubre de gloria y aumenta su bien merecida reputación; su tardanza pierde al Estado, ¿será dudosa la resolución de un ciudadano como usted, que siempre ha estado pronto a inmolarse todo al desempeño de su obligación?

   Los pueblos se hallan en la mejor disposición; sólo necesitan de un jefe como usted, solo claman por el hombre que ha dado tantas pruebas de adhesión a su causa, de patriotismo y de amor a las libertades públicas, y que ha luchado constante y tenaz porque este suelo sea libre y feliz.

   El día más glorioso para mí será aquel en que tenga el inexplicable placer de abrazar a usted y de entregarle el gobierno. Ese día habré llenado todas mis ansias. Usted conoce mi carácter y sabe que esta es la expresión de mis sentimientos, porque aborrezco la adulación.

   Reitero a usted mis más fervientes súplicas de que venga volando a evitar a esta pobre patria la desgracia que puede producirle mi mala administración, a hacer el bien de los granadinos y a recibir las bendiciones de mis conciudadanos y los respetos de sus amigos, en cuyo número tengo la honra de contarme yo.

   Con todos los sentimientos de consideración y aprecio soy y seré siempre de usted cordial, obediente y fiel servidor,

José Ignacio de Márquez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2370, p. 221-223.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro. 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 748-749.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 247.

257
Firma: JUAN J. MOLINA

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio de 1832, Nueva York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciable jefe y amigo:

   Con cuánto placer tomo la pluma para felicitar a vuestra señoría por la acertada y justa elección del cuerpo de la nación granadina, depositando la suerte futura de la nación en las manos diestras de un antiguo y experimentado soldado en campaña y en el bufete. Nada diré a vuestra señoría de los últimos acontecimientos de nuestra regeneración, los dejo en el silencio, tranquilizado mi espíritu con la dulce esperanza de que dentro de un corto tiempo tendré el placer de verlo colocado a la cabeza de un pueblo que no ha omitido sacrificios para derrocar la tiranía.

   Reciba vuestra señoría los sinceros afectos de su atento y antiguo amigo y obsecuente servidor.

Juan J. Molina.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original No. 127/22 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango, del Banco de la República, Bogotá.

258
Firma: GERÓNIMO MONTEBRUNE

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente de la Nueva Granada.

   Excelentísimo señor y mi respetado general:

   Es a mi patria adoptiva a quien felicito por la acertada elección que los escogidos de la Nueva Granada han hecho en vuestra excelencia para que vengáis a presidirla constitucionalmente. Colombia, la despedazada pero siempre gloriosa Colombia, se promete toda dicha, todo bien de su veterano Néstor. No es lisonjera adulación la que hoy pone la pluma en mi mano para congratularme con vuestra excelencia; es sí, señor excelentísimo, el ardiente deseo de ver a mi patria consolidada bajo la dirección de sus luces experimentadas quien me compele a obedecer el grito más imponente de mi conciencia.

   Os saludo sacerdote mártir de la santa libertad nacional, y os conjuro a nombre de la misma que oigáis la voz de dos millones y medio de hombres que habitan el suelo de los héroes y que gimiendo en la orfandad que les causó la asquerosa hidra de la discordia, esperan de vuestra excelencia que vengáis a congregarlos de nuevo en el sagrado regazo que le edificasteis con el augusto nombre de Colombia. Una parte de mis vaticinios está cumplida: vuestra bondad me anima a esperar que vos, señor excelentísimo, vendreis a ocuparos de lograr la otra, la felicidad permanente de nuestra adorada patria.

   Me repito, señor excelentísimo, de vuestra excelencia el más fiel amigo y obediente súbdito,

G. Montebrune.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2442, p. 316.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 256.

259
Firma: A. OBANDO

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor presidente de la Nueva Granada.

   Mi respetado general y amigo:

   Ayer se han cumplido mis votos, los de todos sus amigos y, en una palabra, los de la mayoría de Nueva Granada, y puedo decirle aun de todos los colombianos. Ayer ha sido usted electo presidente de este Estado con 49 votos contra 14, aunque creíamos que la elección fuese por unanimidad; los 14 son de aquellos insignificantes, entre ellos algunos de los que se titulaban sus amigos.

   Ahora, pues, lo que conviene es que usted se apresure a venir, porque es el único que en estos tiempos de excitaciones y partidos puede calmar, los ánimos que aún permanecen inquietos: algunos porque temen y otros porque aún no están contentos con ninguna clase de gobierno, y solo les gusta aquel que puede regalar el sudor de los pueblos; pero no por esto crea usted que antes de que llegue haya novedades porque todos estamos con usted. Solo Flores nos inquieta por el sur, pero esto no dudo que se transija de un modo pacífico sin dejar de prevenirnos para la guerra y, según la máxima de algunos, es necesario prepararse para la guerra para conseguir la paz.

   Véngase, por Dios, y no la pase más en esos mundos de Dios; todos lo deseamos como nuestro ángel tutelar.

   Mientras tengo el placer de abrazarlo reciba el corazón del mejor de sus amigos,

A. Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3052, p. 147.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 249.

260
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor Francisco de Paula Santander,
presidente de la Nueva Granada.

   Excelentísimo señor:

   Es para mí una verdadera felicidad transmitir a las manos de vuestra excelencia el adjunto pliego que contiene el nombramiento que ayer ha hecho la convención granadina en la persona de vuestra excelencia para presidente de este Estado. Al terminar mis funciones, yo no podía hacerlo con un acto más solemne. El voto enérgico y simultáneo de los pueblos ha sido colmado victoriosamente por sus representantes. Vuestra excelencia, el Hombre de las Leyes, el de la patria, el de la libertad, colocado en la primera magistratura, en el corazón de cada granadino, será la égida tutelar de las instituciones, el protector de las garantías.

   Tranquilidad y orden renacerán: despotismo, guerra y ambiciones no profanarán de hoy más el suelo de los triunfos. ¡Tanta confianza inspira vuestra excelencia que amaestrado en los reveses, como en el bufete, reúne cuanto es preciso para la libertad pública!

   ¡Quiera vuestra excelencia pisar prontamente las riberas de su patria y venir a alborozar a sus compatriotas! Yo le ruego a vuestra excelencia en nombre de la libertad; vuestra excelencia jamás ha desoído este grito; por él ha sufrido ignominiosa ausencia; por él tornará triunfante para no separarse jamás.

   Dígnese pues vuestra excelencia acoger benignos los votos que hago al Eterno por la prosperidad perdurable de vuestra excelencia en el alto puesto que le han señalado sus virtudes.

   Excelentísimo señor,

José María Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3066, p. 162-163.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 747-748.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 245.

261
Firma: JOSÉ MARÍA OBANDO

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

(Contestada el 1° de junio de 1832 en Nueva York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general:

   Ni algún hombre ha conseguido triunfo más inmortal, ni algún pueblo se ha manifestado más justo que el granadino. Usted es el presidente de esta tierra adolorida, que en sus estremecimientos políticos arrojó a usted más allá del mar y se sumió en la lava que le prepararon algunos de sus hijos; arrostre usted todo inconveniente y venga a sellar con su obediencia al poder nacional la reputación que se merece nuestro primer hombre.

   He tenido el gusto de haber principiado mi carrera ministerial extendiendo el decreto primero que se dio en su justicia, y haber terminado mi administración provisoria firmando por mi último acto la remisión de la elección hecha en usted. Yo he concluido, pero no de servir a mi patria, estoy dispuesto para cuanto el gobierno necesite de lo poco que yo pueda valer; cuente siempre mi patria con mis servicios y usted con mi amistad.

   Pienso irme para Popayán el día 20 de este; y solo llevo el sentimiento de no haber conocido a usted personalmente. Restituido a mi casa, puede usted ocuparme del modo que usted quiera.

   Solo una carta de usted fecha 4 de septiembre pasado he recibido hasta ahora, y como he visto que a otros ha escrito, lo he sentido bastante. ¿Creerá usted que tengo el gran defecto de ser delicado? Pues es así; soy niño con los que creo tener derecho a llamarlos mis amigos; pero también le doy las treguas de la distancia.

   Otras veces le he dicho a usted que se venga, otras se lo he mandado, y hoy se lo ruego para el bien de este país que necesita impulso, y solo usted puede dárselo; pero no se envanezca por su feliz posición; aprovéchela usted en bien de todos como todos lo esperan, acordándose que solo un Rubicón puede pasarse.

   Verdaderamente insulto a usted cuando usted es nuestro maestro en firmeza y sufrimientos; pero ¿por qué no he de tener esta libertad?, y cuando venga usted a este país le rogaré otro asunto que me reservo para entonces, usted tendrá bastante indulgencia conmigo, pues debe persuadirse que desgraciadamente nuestros pueblos se afectan de los hombres y no miran las cosas. Este país va a ser nuevo para usted; usted lo conocerá.

   Reciba usted esta mi última carta, sin que para eso deje de ser su siempre amigo obediente, seguro servidor que besa su mano,

José María Obando.

   Adición. Honorato, que hasta ahora ha sido mi buen compañero como edecán, informará a usted de todo cuanto usted desee saber. Usted conoce su distinguida honradez y cualidades que lo recomiendan para ser querido.

Obando.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3067, p. 163-164.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 246.

262
Firma: ANTONIO MARÍA SANTAMARÍA

BOGOTA, 10 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido general:

   Aprovecho la ocasión de nuestro amigo Acosta para remitirle esta; hasta ahora no lo había hecho porque seguramente nuestra correspondencia hubiera sido secuestrada. Ayer vuestra excelencia ha sido presidente electo de la Nueva Granada con general aprobación de todos, hasta de sus enemigos. Qué triunfo tan lisonjero para todos los amantes de la libertad y del orden. Yo felicito a Colombia por tan importante suceso. Quiera el cielo, mi querido general, darle salud, para que la emplee en concluir la obra de sus manos, interrumpida por hombres cuyos nombres es necesario olvidar. Habiéndole francamente, vuestra excelencia es la única esperanza de Colombia y todos los hijos de la Nueva Granada lo desean como el ángel restaurador de la paz. Yo me atrevo a rogarle que apresure sus marchas, tanto para el bien de este país, como para consuelo de sus amigos; y muy justo será que haga este sacrificio en cambio de lo que nos han hecho sufrir los padecimientos de vuestra excelencia. Me es muy satisfactorio decirle que estos pueblos, al paso que han sufrido tanto como es indecible, ellos son tan generosos y compasivos que apenas hay hombre que no mire con dolor el extravío de sus compatriotas y no les extienda una mano generosa. La presencia de vuestra excelencia perfeccionará la paz y concordia entre todos los colombianos.

   Estoy haciendo de gobernador interino a impulsos de nuestros amigos, colocado entre mi insuficiencia y el vehemente deseo de hacer bien sufro mucho.

   Nuestro amigo Acosta le hablará de todos los pormenores de nuestro país y yo solo le diré que la presente convención debe tener la satisfacción que si el país no recibe grandes bienes será por una desgracia, porque todos se han comportado con el juicio y patriotismo más detenido.

   Las elecciones que han emanado de esta corporación han dejado satisfechos los deseos de los granadinos.

   Con Acosta le remito dos colecciones, una del Constitucional y otra del Cultivador Cundinamarqués. También le remito las muestras de la escuela de Zipaquirá, que son las primeras que han venido, para que vuestra excelencia vea que no nos olvidamos de promover la educación pública, siguiendo el buen ejemplo que vuestra excelencia nos dejó.

   Reciba expresiones de todos sus amigos y el muy sincero afecto de este su amigo que besa la mano de vuestra excelencia,

Antonio María Santamaría.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3803, p. 364-365.

FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 254.

263
Firma: ANTONIO VIANA

HONDA, 10 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor presidente de la Nueva Granada,
Francisco de Paula Santander.

   Mi querido general y amigo:

   Como dije a usted en mi tercera carta que le dirigí por mano de Lacroix, ha sido usted nombrado presidente de este Estado. Nada más tengo que decirle en este particular sino que veo cumplidos mis deseos. Como usted sabe, he sido de los pocos que no le han sido ingratos, debe conocer que de veras le doy parabienes y espero tenga usted la bondad de recibirlos.

   Temo mucho que el país se envuelva en el presente año en desgracias, ya con la guerra del sur que tal vez es inevitable, y con la costa. Para arreglar todas estas cosas creo que se necesita un Santander, y que solo usted puede enderezarlas. Por lo mismo, por mi parte le ruego que se venga en el momento sin detenerse.

   El memorable Barrionuevo, que consiguió lo hiciesen alcalde en Mariquita en este año contra la voluntad de todos sus vecinos, me ha perseguido de muerte en estos dos meses y me obliga a marchar a Bogotá dentro de dos días a reclamar un violento despojo que le ha hecho a mi hijo Mateo de unas tierras. Como es un asunto bien sencillo, espero concluirá pronto y volveré a tener el gusto de esperarlo a usted en esta villa.

   Mi familia que está buena, desea con ansia saludar a usted personalmente.

   Me repito de usted como siempre su fiel amigo y obediente servidor que besa su mano,

Antonio Viana.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4880, p. 60-61.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 270.

264
Firma: J. DE D. ARANZAZU

BOGOTA, 11 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy apreciable general y amigo:

   He recibido la importante carta de usted fechada en New York el 6 de enero pasado y usando de la facultad que en ella me concede, he mandado imprimir uno de sus capítulos, que habrá encontrado usted en la Gaceta del gobierno; no hice otro tanto con la parte relativa a Colombia y Nueva Granada, porque terminada esta cuestión, no era acaso conveniente volverla a poner en tren cuando se ha sostenido con tanto interés, y cuando entre las personas que querían para esta tierra el nombre de la antigua gran República, se encuentran muchas, muy distinguidas por su patriotismo, su capacidad y muy aferradas a su modo de sentir. Sobre esto consulté el dictamen del doctor Soto y estaba de acuerdo con el mío.

   Felicito a usted por su nombramiento al primer puesto del Estado, por muy grandes que sean las dificultades que usted toque para organizarlo; plantear el régimen constitucional; refundir todos los partidos en la causa nacional; acallar las pretensiones de tantos; sofocar los conatos a las revoluciones y afirmar de un modo estable y duradero la independencia de la República, la libertad del pueblo, y por mucho que pudiera serle agradable descansar en la vida privada de las borrascas pasadas, este nombramiento es el complemento de las satisfacciones que a usted debía la patria, la muestra de lo que aprecia su conducta pasada y de lo que espera de su patriotismo y capacidad. ¿Por todos estos fundamentos podrá un amigo de usted y de la República prescindir de felicitarlo cordialmente? Réstame solo encarecer a usted la necesidad de su pronta venida y el deseo de volverlo a ver, después que por algún tiempo vi abierta la tumba para engullírselo.

   No me ocuparé de los negocios públicos, porque más al corriente de ellos que yo el señor Acosta lo impondrá extensamente; tampoco de la constitución porque aunque ella lleva mi firma no me es conocida tanto cuanto se necesita para expresar una opinión sobre obras de esta clase, merced a una enfermedad de peligro que me llevó a la cama el 16 de diciembre y que todavía me hace sentir que usted estaba sobrado de razón cuando me dijo en noviembre pasado que se me había metido el diablo en el cuerpo, y no es esto lo peor sino que ya su señoría no hace caso de exorcismos, y hay por supuesto poca o ninguna esperanza de desalojarlo... Pero yo hablaba de la constitución y es preciso usar del da capo.

   Sea este código apropiado a las necesidades de la patria o no lo sea, tenemos que esforzarnos todos en reverenciarlo y sostenerlo viribus et armis, rodear al gobierno y ayudarle con todas nuestras fuerzas. Usted encontrará a todos los antiguos patriotas dispuestos a cumplir este deber y a cooperar con usted en la grande empresa que hoy tenemos todos entre manos.

   Si por sus cartas al doctor Soto su oposición a la guerra con Flores ella parece inevitable, pues que ese caballero, representante y legatario de la causa boliviana, usurpa nuestra tierra, viola con escándalo nuestros derechos, nos amenaza y nos reta y de pies a cabeza se arma de conquistador. Si todas las medidas prudentes y conciliatorias son ineficaces, si el prospecto de los inmensos males de la guerra civil no lo retrae de su intento criminal, ¿qué otro recurso nos queda sino el de apelar a las armas? Recurso triste aunque necesario.

   Aunque la convención terminara sus sesiones en este mes, yo no podré seguir a Antioquia a causa de mis achaques, así es que cuento ver a usted, pues aunque logre restablecerme, me demoraré cuarenta o cincuenta días para conseguirlo, y mientras llega este día, permítame usted asegurarle que soy siempre su muy adicto apasionado amigo,

J. de D. Aranzazu.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 79, p. 158-159.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 260.

265
Firma: F. M. LAYTON

BOGOTA, 12 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y muy querido amigo:

   No felicito a usted por el nombramiento de presidente, porque es a la patria a quien todo buen ciudadano debe congratular por la elección del hombre más digno de regir los destinos del pueblo granadino; por tanto limito mi carta a suplicarle se venga tan pronto como le sea posible. Usted ha recibido de la patria muchos motivos de complacencia, pero aun debe serle más grato ver a un pueblo libre manifestarle su admiración y respeto.

   Sí mi general, el pueblo granadino clama por verlo restituido a la patria, y la sinceridad de estos votos hacen harto disculpable la envidia.

   Su elección fue tan lúcida que en el primer escrutinio se consiguió lo que todos deseábamos. No sucedió así con el señor doctor Márquez, a pesar de la buena opinión de que goza. No hablo a usted sobre otras mil cosas porque Acosta y Rodríguez que han marchado para esa lo impondrán de todo.

   Mi mamita, Alejandro, Pachita y Zoyla lo saludan muy afectuosamente y le suplican se cuide mucho en el tránsito para que llegue a ésta sin novedad y tengan el placer de abrazarlo. Domingo no saluda a usted porque se halla en Popayán, y yo paso por el sentimiento de ser tan lacónico en esta vez porque no hace dos horas que he llegado del campo y la salida del correo es pronta. Solo tengo tiempo para reiterar a usted mis sentimientos de amistad y respetos aunque soy de usted un apasionado amigo. Quien besa su mano.

F. M. Layton.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

266
Firma: JOSÉ IGNACIO DE MÁRQUEZ

BOGOTA, 12 DE MARZO DE 1832

Al excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente electo del Estado de la Nueva Granada.

   Señor:

   Habiendo tomado posesión de la vicepresidencia del Estado, miro como uno de mis primeros deberes dirigirme a vos manifestándoos la urgente necesidad de que vengáis sin dilación a encargaros del mando. Los verdaderos patriotas, los amantes de la libertad, los que desean que esta nación se engrandezca y prospere, todos anhelan por veros ocupando el puesto que con tanto acierto os han señalado los pueblos, por medio de sus escogidos. Os cupo en otro tiempo la gloria de plantear aquellas instituciones que durante vuestra administración hicieron la felicidad de Colombia, y se juzga con sobrada razón que las que acaban de sancionarse no harán todo el bien que se han prometido los legisladores si no sois vos quien las ejecuta. Tanta es la confianza que vuestros conciudadanos han fincado siempre en vuestro saber, en vuestra experiencia, en vuestras virtudes y en vuestro patriotismo. Sois vos sin duda el que reuniendo los votos de todos los granadinos estáis destinado por el cielo para acabar de restablecer el orden, consolidar la paz y afianzar el imperio de la ley. La patria os llama, y vos debéis hacer el último sacrificio por obedecer sus órdenes sagradas y por evitarle cuanto antes los males consiguientes a mi incapacidad y a mi inexperiencia. Vuestra venida serenará los temores y fijará la época preciosa de los bienes.

   Dignaos, señor, aceptar los sinceros homenajes de respeto y consideración, con que tengo la honra de ser vuestro muy humilde y obediente servidor,

José Ignacio de Márquez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2371, p. 223.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 750.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 263.

267
Firma: JOSEFA RICAURTE

BOGOTA, 12 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado señor:

   Todos los verdaderos patriotas hemos felicitado a la patria porque sin duda se le espera una época de paz con el nombramiento de presidente en la persona de un hombre que gobernó en otro tiempo sus destinos con acierto.

   Yo hallo la mayor satisfacción en congratular a usted por un acontecimiento que le proporciona los medios de hacer la felicidad de su patria, que ha sido siempre el objeto de sus más ardientes deseos.

   Por las cartas de Pepe he tenido el gusto de saber que él trata a usted con frecuencia y que pensaban irse juntos a Filadelfia. Deseo acompañe a usted en su viaje para acá, pues nunca estoy más contenta que cuando veo a este querido hijo al lado de un hombre de quien tiene tanto bueno que aprender.

   Suplico a usted que si por desgracia tuviese alguna enfermedad o algún otro contratiempo, le dispense el interés con que en otro tiempo tuvo usted la bondad de distinguirlo.

   Deseo que sea pronta su venida para tener la satisfacción de verlo feliz, y mientras tanto mande lo que guste a su afectísima servidora y amiga,

Josefa Ricaurte.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3637, p. 145.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 264.

268
Firma: A. VÉLEZ

BOGOTA, 12 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy querido amigo:

   La convención lo ha elegido a usted presidente de la Nueva Granada, y todos los patriotas ansiamos por su llegada. Véngase usted volando a servir a su país, que reclama su experiencia, su influjo y sus talentos. Los hombres más prominentes e ilustrados de esta tierra ocupan los altos puestos del Estado, y en cada uno de ellos hallará usted una eficaz cooperación para trabajar en asegurar nuestra patria contra las multiplicadas calamidades que hasta aquí la han afligido. El vicepresidente es activo, inteligente, y goza de mucha popularidad.

   Una tempestad nos amenaza por el sur. El único representante del execrable partido de Bolívar intenta invadir nuestro territorio y vengar la memoria (como escriben en Quito) del héroe de la América. Mas el general Obando, diestro, hábil y muy popular en el Cauca, va a oponerse y no dudamos que muy en breve reintegre el territorio de Nueva Granada por aquella parte.

   Llevando esta carta nuestro amigo Acosta, ¿qué podré yo decirle en ella que él no le diga mejor de palabra sobre cuanto aquí hay digno de comunicarle? Concluiré volviéndole a manifestar mi viva solicitud por verlo entre nosotros y protestándole de la firmeza y sinceridad de mi amistad para con usted.

   Suyo de corazón,

A. Vélez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4842, p. 22.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 262.

269
Firma: J. M. GAITÁN

BOGOTA, 13 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y muy querido amigo:

   No felicito a usted por el nombramiento de presidente porque es a la patria a quien todo buen ciudadano debe congratular por la elección del hombre más digno de regir los destinos del pueblo granadino; por tanto, limito mi carta a suplicarle se venga tan pronto como le sea posible. Usted ha recibido de la patria muchos motivos de complacencia, pero aún debe serle más grato el ver a un pueblo libre manifestarle su admiración y respeto. Sí, mi querido general, el pueblo granadino clama por verlo restituido a su patria, y la sinceridad de estos votos hacen hasta disculpable la envidia. Su elección fue tan lucida que en el primer escrutinio se consiguió lo que todos deseábamos; no sucedió así con el señor Márquez a pesar de la buena opinión de que goza. No hablo a usted sobre otras mil cosas porque Acosta y Rodríguez, que han marchado para esa, le informarán de todo.

   Mi mamita, Alejandro, Pachita y Zoila lo saludan muy afectuosamente y le suplican se cuide mucho en el tránsito para que llegue a esta sin novedad y tengamos el placer de abrazarlo.

   Domingo no saluda a usted porque se halla en Popayán, y yo paso por el sentimiento de ser tan lacónico en esta vez porque no hace dos horas que he llegado del campo y la salida del correo es pronta. Solo tengo tiempo para reiterar a usted mis sentimientos de amistad y respeto con que soy de usted su apasionado amigo que besa su mano,

J. M. Gaitán (Sigue Nota del Editor...)

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 1961, p. 99.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 265.

270
Firma: FRANCISCO SOTO

BOGOTA, 13 DE MARZO DE 1832

   Respetado y querido amigo mío:

   Dos palabras no más escribo a usted porque siendo el señor Acosta conductor de la presente carta, él dirá a usted todo cuanto yo pudiera escribir. Solo exijo de usted que venga volando, como que esta es la primera necesidad de la Nueva Granada, y que venga por Cúcuta, como que es el ardiente ruego mío, de Hernández y de todos los cucuteños. Yo lo aguardo en San José, y hasta no hablar con usted no determino sobre mi suerte.

   Adiós mi querido, mi respetado, mi pensado general y amigo. Venga usted pronto a dar consuelo a su más constante amigo,

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4250, p. 183.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 264.

271
Firma: J. M. ESCOBAR

BOGOTA, 14 DE MARZO DE 1832

(Contestada 1° de junio de 1832)

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado general y muy distinguido amigo:

   Con mucho gusto he leído su estimable de 17 del último enero en que me avisa haber recibido la que le dirigí de Cartagena por febrero del funesto año de 1830, incluyéndole una de mi señora Pepita. Debo confesar a usted que había extrañado infinito la falta de contestación y mucho más cuando supe que mi señora Pepita la obtuvo de la inclusa, como ella me lo expresó, y yo le manifesté mi extrañeza entonces, pero también debo confesar que la amistad y estimación que sinceramente le profeso y la gratitud que sus servicios por la patria me inspiran, no han sufrido por esto la menor alteración, siendo por supuesto como usted lo expresa y como debía ser. Así es que como miembro de la presente convención me he creído tan justo como feliz dando a usted mi voto para presidente del Estado a fin de que tengamos con esto doble motivo, el gusto inexplicable de verlo entre nosotros y rigiendo los destinos de esta patria moribunda que todos los amantes de ella creemos resucitará en manos de usted. Por tanto, pues, mi estimado amigo y general, vuele usted a consolarnos y a trabajar por la resurrección de Colombia, que yo quise con mi débil voz conservar en este centro acordándome que Eneas conservó en su corazón a la nación troyana. Vuele usted pues, repito, a llenar los deseos y las esperanzas de sus conciudadanos y a satisfacer el corazón anhelante de sus amigos entre los cuales tiene la honra de contarse con mucha razón su afectísimo compatriota y muy obediente servidor que besa su mano,

J. M. Escobar.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1782, p. 348.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 267.

272
Firma: RAIMUNDO SANTAMARÍA

BOGOTA, 14 DE MARZO DE 1832

(Contestada 1° de junio. New York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y amigo:

   Aprovecho la ocasión de la partida de nuestro amigo Joaquín Acosta para saludar a usted y felicitarle, felicitando igualmente a mi patria por la popular elección hecha en usted para presidente de la Nueva Granada. Ya se han llenado los votos del pueblo granadino y solo anhelamos por la pronta venida de usted. Según me dice Mathieu, pensaba usted Venir por la vía de Santa Marta y ciertamente que por allí encontrará usted más comodidad y facilidad para subir el río y, lo que es más agradable, un pueblo suave y hospitalario. En Santa Marta encontrará usted de gobernador al coronel Juan Antonio Gómez, paisano mío y adicto a usted. Yo escribiré oportunamente para que mis amigos, los señores Joaquín de Mier, Evaristo de Ujueta y Mathieu le proporcionen a usted los fondos que pueda usted necesitar, y esto es todo lo que un negociante puede ofrecer.

   Acosta que es carta viva instruirá a usted del estado del país; a pesar de las repetidas convulsiones políticas, el pueblo conserva su moralidad y mansedumbre y no necesita más que un hombre que dirija estas bellas disposiciones por el camino de la libertad y de las leyes. Es usted el hombre llamado a regenerar nuestro país natal y todo lo esperamos de las luces y desinteresado patriotismo de usted.

   He sabido con mucho gusto que usted se había dedicado al estudio de la economía política, precisamente es lo que más necesitamos, un hombre entendido que sepa poner en acción todos los elementos de la riqueza pública. Con esta portentosa sustancia todo irá bien.

   Nuestros amigos Arrublas siguieron para Antioquia con ánimo de establecerse allí por algún tiempo. Juan Manuel me dijo que iba a encargarme de nuevo de los negocios de usted, pero ninguna instrucción me dejó sino promesas que del camino me las enviaría. Si me las manda, cumpliré con ellas. Antes de ayer estuve en Hato Grande, pero no estaba allí Cuéllar; no había novedad ninguna, pero estoy convencido que la presencia de usted es muy necesaria, pues ya Cuéllar está rico y atiende con preferencia sus propios intereses.

   Mi papá está en Antioquia. Actualmente ejerce las funciones de síndico municipal; me encarga decir a usted mil cosas amistosas, lo mismo que mi tío Antonio, los Carrasquillas, Julián y demás amigos.

   Acepte usted, mi respetado general, los sentimientos de cordial amistad que sinceramente profesa a usted su atento servidor y amigo,

R. Santamaría

   Posdata. He escrito a usted varias cartas en fechas 14 de julio y 14 de noviembre, que he dirigido por conducto de nuestro amigo Núñez de Cartagena. Espero que habrán llegado a poder de usted.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3813, p. 378-379.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 267.

273
Firma: ARGANIL

CARACAS, 16 MARS 1832

General Santander, New York

   Mon général:

   Quoique je n'ai pas manqué une occasion de vous ecrire, je n'ai pas recu une seule lettre de vous ni de personne autre que de notre ami comun Dn. Thomas Genet.

   Je vous repète ici ce que je vous ai dit dans mes precedentes, que je me repens enormement d'être venu a Venezuela, parce que je desespere d'y rien faire qui puisse être utile. Il est vrai que dés l'années passées j'avait cette opinion du congres et le général Paez n'est pas venu encore; selon quelques uns il n'y viendra qu'apres la session du congress. Il a eté abreuvé de tant d'amertumes que quoique j'ai un pressant besoin de le voir pour moi même, je ne puis que l'approuver d'être le moins possible ici.

   J'écris a nos amis de Bogota sur ce qu'ils doivent esperer et craindre des dispositions d'ici, a fin qu'ils soient sur leurs gardes; ces gens-ci, malgré qu'ils aient été chassés par le peuple de la Nouvelle Grenade, ils s'imaginent que les grenadiens ont peur d'eux, et qu'ils doivent faire à leur goùt a l'égard de Pasto et de Buenaventura, c'est-a-dire: que ces deux provinces doivent être cedées au sud, puisque Flores le veut ainsi. Cependant si vous voyez les êtres qui forment ces pretentions vous en ririez de pitié, j'en suis certain. Tout me fait redouter qu'a moins que la N. Grenade ne propose de s'en remettre a la décision des Etats Unis du Nord Amérique, ou du Méxique, vous serez pour tout temps a vous repentir des germes de discutions que Bolivar a semé.

   J'ai depensé beaucoup d'argent et perdu mon temps, et si le général Paez ne vient pas pour qu'il m'aide a faire rifer mon tableau, je me trouvarais-ici embarrassé, et ferai rire un peu les boliviens, qui seraient aisés de me voir en difficultés: cependant, je ne suis pas sans amis dans quelques-uns de mes compatriotes, car pour les gens du pays, ils sont tous venezolanos.

   Fortique donna une lettre de recomendation à une personne et en sous-main il ecrivit pour qu'on n'en fit aucun cas, vu qu'il ne l'avait donnée que par pure formalité, pour condescendre à un de ses connaissances; comme il m'en donna aussi a moi, je lui dit: si elles se ressemblaient à celles qu'il avait donné pour Puerto Cabello. Il m'assura que je ne devais point me comparer a un titiritero. J'ai été assez bien reçu par quelques uns de ses amis et de sa famille: mais je ne les ai mis a aucune epreuve, parece qu'a dire vrai, je ne compte pas que je doive le faire, et comme je suis encore le maître de disposer de moi, je mourrais libre et indépendant de certains gens. Ils ont compris, que le decret de la convention granadina, concernant les ètrangers, faisait allusion à moi, et cela est assez pour que je sois partisan de la N. Granada: conséquenment, pour qu'ou me voie en ennemi. Heureusement tous les membres du congrès ne sont pas d'ici de Caracas, et quelques uns d'entre eux sont mes amis; mais dans ceux d'ici je suis persuadé que leurs protestations sont des apparences sans realité.

   Voilá, mon général, une bien triste lettre, mais que voulez vous, je ne sait point me faire illusion jusqu'à faire tort à mon propre jugement. Si je puis, je suis en France, réparer la faute que j'ai fait d'être venu ici, car je ne me pardonnerais jamais d'avoir été assez bon pour croire que j'aurai pu faire quelque bien à Caracas. Si j'ai guéri quelques infortunés, et c'est le seul plaisir que j'ai rencontré, dans cette terre d'illustration par excellence. Oui, si comme on me le fait espérer une frégate française vienne a la Guyanne et qu'elle parte pour France, j'irai porter mes os dans-mon infortunée patrie, dans l'idèe d'y mourir les armes à la main pour la défense de la liberté et des droits de l'homme q'on y outrage.

   Votre affectionné et devoué serviteur,

Arganil.

Traducción:

CARACAS, 16 DE MARZO DE 1832

General Santander, Nueva York.

   Mi general:

   Aun cuando no he perdido una ocasión de escribirle, no he recibido una sola carta suya ni de nadie fuera de nuestro común amigo don Tomás Genet.

   Le repito aquí lo que ya le he dicho en mis anteriores, que me arrepiento enormemente de haber venido a Venezuela, porque desespero de poder hacer algo que pueda ser útil. Es cierto que desde años pasados tenía yo esta opinión del congreso y el general Páez no ha llegado todavía; según algunos no vendrá sino después de la sesión del congreso. Lo han colmado de tantas amarguras que aun cuando siento una apremiante necesidad de verlo, por mí mismo, no puedo menos de aprobarlo por residir aquí lo menos posible.

   Le escribo a nuestros amigos de Bogotá sobre lo que ellos deben esperar y temer de las disposiciones de aquí, a fin de que estén alerta; esta gente, a pesar de haber sido expulsados por el pueblo de la Nueva Granada, se imagina que los granadinos les tienen miedo, y que ellos pueden obrar a su gusto respecto de Pasto y de Buenaventura, es decir: que aquellas dos provincias deben cederse al sur, puesto que Flores así lo quiere. Sin embargo, si usted viese los seres que forman esas pretensiones se reiría de lástima, estoy seguro. Todo me hace temer que a menos que la Nueva Granada no proponga someterse a la decisión de los Estados Unidos de Norte América, o de México, tendría que arrepentirse siempre de los gérmenes de las discusiones que Bolívar ha sembrado.

   He gastado mucho dinero y perdido mi tiempo, y si el general Páez, no viene para que me ayude a hacer rifar mi cuadro, me encontraré aquí en posición embarazosa, y haré reír un poco a los bolivianos, que se complacerían al verme en dificultades; sin embargo, no carezco de amigos entre algunos de mis compatriotas, puesto que en lo que a la gente del país se refiere, todos son venezolanos.

   Fortique dio una carta de recomendación a una persona y luego escribió para que no le hicieran ningún caso, en vista de que la había dado por pura formalidad, para complacer a uno de sus conocidos; como a mí también me había dado le dije que si se parecían a las que había dirigido a Puerto Cabello. Me aseguró que yo no debía compararme a un titiritero. He sido bastante bien recibido por algunos de sus amigos y de su familia; pero no los he sometido a ninguna prueba, porque a decir verdad no considero que deba hacerlo, y como todavía soy dueño de disponer de mí, moriré libre e independiente de cierta gente. Han comprendido que el decreto de la convención granadina, concerniente a los extranjeros, hacía alusión a mí, y ello es suficiente para que sea partidario de la Nueva Granada: en consecuencia, me ven como enemigo. Por fortuna todos los miembros del congreso no son de aquí de Caracas, y algunos de entre ellos son amigos míos; pero estoy persuadido que las protestas de los de aquí son apariencias sin realidad.

   He aquí, mi general, una carta bien triste, pero, qué quiere usted, no sé hacerme ilusiones hasta el punto de perjudicar mi propio juicio. Si puedo, iré a Francia a reparar la falta que he cometido de venir aquí, porque jamás me perdonaré de haber sido lo suficientemente bueno para creer que podía hacerle algún bien a Caracas. Sí, he curado a algunos infortunados, y es ese el único placer que he encontrado en esta tierra de ilustración por excelencia. Sí, si como me lo han hecho esperar, viene a la Guayana una fragata francesa que parta para Francia, iré a llevar mis huesos a mi infortunada patria, con la idea de morir allá con las armas en la mano por la defensa de la libertad y de los derechos del hombre que allí se ultrajan.

   Su afectísimo y devoto servidor,

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 108, p. 200-203.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 268.

274
Firma: ARGANIL

CARACAS, 19 MARS 1832

General Santander, New York.

   Mon général et ami:

   Enfin aprés bien de peines pour faire entendre raison aux opinions exagerés, aux passions et aux intérets opposés; la comission chargée d'examiner les rapports susceptibles d'exister entre les sections de la Colombie a fait son rapport qui est sous presse, j'aurai soin de vous en faire parvenir un exemplaire par la première occasion. On a arreté de m'en donner un exemplaire, pour que j'y fasse mes observations, pour tout vous dire en un mot, on commence à croire que je suis complétement impartial dans le sujet, et en cela, ils me rendent la justice dont je me crois réellement susceptible, puisque je considére les points en question, comme une affaire absolument de famille.

   Par la force irresistible de mes raisonnements, on a assez bien compris, que votre administration avait été réellement paternelle, libérale, desinteressée et juste; puisque vous aviez laissé à Coro et Maracaibo la faculté de pourvoir de sel le Zulia et Boyacá, lorsque les mines de sel de Cundinamarca et autres points de la Nouvelle Granada, auraient pu y pourvoire, ce qui arriverait maintenant si la séparation était absolue. Je leur ai fait sentir que le douanes du Venezuela n'avaient été plus productrices que celles de la N. Granada, qu'en raison que les introductions étaient permises; mais qu'elles diminueraient sensiblement, aussi tòt que la N. Granada les imposerait, que les produits des douanes étaient toujours relatifs aux consommateurs, Venezuela ayant une population mineure à celle de la N. Granada, ne pourrait avoir d'excès de production, aussitòt qu'on la priverait des consommateurs; que cet événement arrivant non seulement le produit des douanes diminuerait, mais ceux des relations commerciales et industrielles, qu'avant les marchandises, que de Venezuela s'expediaient pour le Magdalena, l'Isthme et de là au Pérou et au Mexique, sur le Pacifique, le seraient desormais par les habitants de la N. Granada exclusivament; que leur commerce de long cours et de cabotage serait ruiné.

   Je leur ai fait sentir que par la nature de sa situation géographique Venezuela était destinée a être, non seulement agricole mais commerçante, et que ce serait contrarier le caractère entreprenant de ses habitants, si le legislateur negligeait de faire entre tous ces points essentiels dans la balance: que si, ainsi qu'on le proposait, on rendait Guayana et Maracaibo ports francs, Venezuela serait ruinée par le commerce qu'on ferait de ces deux points, sans attendre l'objet de soutenir la competition avec la N. Granada. Vous voyez, mon général, que j'ai touché des points de vitalité.

   Restait le cheval de bataille du trop fameux Pancho Riou, l'emprunt, au moyen duquel cet homme opéra la subversión de 1826. Il a eu l'impudence de dire en plein congrès que Venezuela n'avait à tenir compte que de 300.000 piastres de l'emprunt. J'ai montré que l'emprunt de deux millions de Zea, avait été contràité et consumé longtemps avant la reunion du congrès de Cucuta, ainsi qu'autres quatre millions: cela a baissé le caquet de ce perroquet du desordre.

   La question que la N. Granada, n'etait qu'un peuple mou, effeminé, sans valeur et sans énergie, qu'il avait traité horriblement ceux du Venezuela, militait encore contre l'intéret de l'Union: j'ai representé, que leur temple conservait les depouilles de Girardot; que Ricaurte avait electrisé le patriotisme de Venezuela, Cordova et Padilla n'avaient pas eu des egaux en vaillance; finalement, qu'avec les seules annes du désespoir la Nouvelle Grenade s'était affranchie des ses nombreux et rusés oppreseurs, qu'ayant eu des Salazares, des Madrides et des Vargas Tejada, elle ne cède en rien à Venezuela.

   Vous avez de votre propre aveu, de la peine à payer la peu d'employés particuliers de l'Etat de Venezuela, et plus de la moitié des employés civils et militaires de Colombie sont des citoyens de Venezuela, auxquels vous devez assistance et protection, pour leur faire obtenir la gratitude nationale que leurs services rendus les mettrai en droit de pretendre: votre clergé deviendrait encore una corporation hostile contre vous, si la N. Granada declarait que la religion catholique n'est la religion de l'Etat, et vous avez dix hommes de couleur contre un blanc; tandis que dans l'interieur de la N. Granada, ce n'est pour ainsi dire que des blancs; de cet apperçu, leur ai-je dit, jugez qui de vous, ou des grenadins, sont plus interessés à une union de sociabilité quelconque.

   Je conçois, mon général, qu'ils auraient pu m'opposer les avantages precieux qu'ils peuvent retirer de leur position geographique et l'esprit d'entreprise qui anime ses habitants, mais ils n'en ont rien fait; il est question de nommer des commissaires pour traiter de l'Union. Il y a beaucoup à faire encore sans doute, mais comme je suis absolument neutre dans la question, je me flatte que ça ira.

   On croit que le général Paez sera ici vers la fin du mois, je le desire, car j'ai plus d'espoir dans ses bonnes intentions et dans sa franchise guerrière, que dans tous les ecrivassiers de cette turbulanté cité, d'où je brûle d'être sorti, et de revoir mes bons amis de Bogota.

   Recevez, mon général, la confirmation des sentiments intimes avec lesquels je suis toujours tout a vous.

Arganil.

Traducción:

CARACAS, 19 DE MARZO DE 1832

General Santander, Nueva York.

   Mi general y amigo:

   Al fin, después de bastantes penalidades para hacer entrar en razón a las opiniones exageradas, a las pasiones y a los intereses opuestos, la comisión encargada de examinar las relaciones susceptibles de existir entre las secciones de Colombia ha elaborado su informe, que está en prensa. Tendré cuidado de enviar a usted un ejemplar en la primera ocasión. Han terminado por darme un ejemplar, para que haga mis observaciones; para decirlo todo en una palabra, comienzan a creer que soy completamente imparcial en el asunto, y en esto me hacen la justicia a la cual me considero acreedor, puesto que considero los puntos en cuestión como un asunto absolutamente de familia.

   Por la fuerza irresistible de mis razonamientos, han comprendido bastante bien que la administración de usted fue realmente paternal, liberal, desinteresada y justa; puesto que usted dejó a Coro y a Maracaibo la facultad de proveer de sal al Zulia y a Boyacá, cuando las salinas de Cundinamarca y otros puntos de la Nueva Granada habrían podido abastecerlas, lo que sucedería ahora si la separación fuera absoluta. Les he hecho sentir que las aduanas de Venezuela no habían producido más que las de la Nueva Granada sino en razón de que las introducciones estaban permitidas; pero que disminuirían sensiblemente tan pronto como la Nueva Granada les impusiera gravámenes, que los productos de las aduanas estaban siempre en relación con los consumidores y teniendo Venezuela una población menor que la de la Nueva Granada no podría tener exceso de producción tan pronto la privaran de los consumidores; que al acaecer tal acontecimiento no solamente disminuiría el producto de las aduanas, sino aquellos de las relaciones comerciales e industriales, que las mercancías que antes se expedían de Venezuela por el Magdalena, el Istmo y de allá al Perú y a México, sobre el Pacífico, lo serían en lo sucesivo por los habitantes de la Nueva Granada exclusivamente; que su comercio con países lejanos y de cabotaje se arruinaría.

   Los he hecho sentir que por la naturaleza de su situación geográfica Venezuela estaba destinada a ser, no solamente agrícola sino comerciante, y que sería contrariar el carácter emprendedor de sus habitantes si el legislador descuidara el colocar todos esos puntos esenciales en la balanza; que si, como lo proponían, hacían de la Guayana y de Maracaibo puertos libres, Venezuela se vería arruinada por el comercio que se haría de aquellos dos puntos, sin alcanzar el fin de sostener la competencia con la Nueva Granada. Usted ve, mi general, que he tocado puntos vitales.

   Quedaba el caballo de batalla del demasiado famoso Pancho Riou, el empréstito por medio del cual aquel hombre ejecutó la subversión de 1826. Ha tenido la impudencia de decir en pleno congreso que Venezuela solo tenía que resarcir trescientas mil piastras del empréstito. Demostré que el empréstito de dos millones de Zea había sido contraído y consumido mucho tiempo antes de la reunión del congreso de Cúcuta, igual que otros cuatro millones; esto ha moderado el cotorrear de este loro del desorden.

   La cuestión de que la Nueva Granada no era sino un pueblo flojo, afeminado, sin valor y sin energía, que había tratado horriblemente a los de Venezuela, militaba todavía contra el interés de la Unión; les hice ver que su templo conservaba los despojos de Girardot; que Ricaurte había electrizado el patriotismo de Venezuela, Córdova y Padilla no habían tenido igual en valentía; finalmente, que con las únicas armas de su desesperación la Nueva Granada se había librado de sus numerosos y astutos opresores, que habiendo tenido Salazares, Madrides y Vargas Tejada, no cede en nada a Venezuela.

   Según su propia opinión, usted tiene dificultades para pagar los escasos empleados particulares del Estado de Venezuela, y más de la mitad de los empleados civiles y militares de Colombia son ciudadanos de Venezuela, a los cuales usted debe asistencia y protección, para hacerles obtener la gratitud nacional que los servicios por ellos prestados les colocaría en derecho de pretender; el clero se volvería una corporación hostil contra usted, si la Nueva Granada declarara que la religión católica es la religión del Estado, y usted tiene diez hombres de color contra un blanco; mientras que en el interior de la Nueva Granada no hay sino blancos; por esto, les he dicho, juzgad cuál de vosotros, o de los granadinos, son los más interesados en una unión de sociabilidad cualquiera.

   Concibo, mi general, que habrían podido oponerme las ventajas preciosas que pueden lograr de su posición geográfica y el espíritu de empresa que anima a sus habitantes, pero no han hecho nada; se trata de nombrar comisarios para tratar de la Unión. Sin duda hay mucho que hacer todavía, pero como yo soy absolutamente neutral en el asunto, me digo que todo marchará bien.

   Se cree que el general Páez estará aquí hacia fines del mes: lo deseo porque tengo más esperanza en sus buenas intenciones y en su franqueza guerrera que en todos los escritorzuelos de esta turbulenta ciudad, de donde ardo en deseos de salir, y volver a ver a mis buenos amigos de Bogotá.

   Reciba, mi general, la confirmación de los sentimientos íntimos con los cuales soy siempre muy suyo,

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 109, p. 203-207.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 271.

275
Firma: JOSÉ DOMINGO ZIZERO

HONDA, 20 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor presidente de la Nueva Granada,
Francisco de Paula Santander.

   Post novila phebus, mi querido general, amigo y señor:

   Colocado usted en la primera magistratura del Estado por el voto general de sus representantes, estos han ejercido un acto de rigurosa justicia depositando toda su confianza en el ciudadano que tan religiosamente supo plantear y hacer observar el código precioso de sus libertades, que puso en sus manos el primer congreso constituyente de Cúcuta. Por sostenerlo y no faltar a sus juramentos, estuvo ya para ser inmolado; no recordaré días tan amargos en los que vuestra excelencia recibió lecciones importantes. Triunfaron los principios, ya viene vuestra excelencia a su patria, a esta patria que le es tan querida, enriquecido y para enriquecerla con la inmensa e inestimable suma de los preciosos y útiles conocimientos adquiridos en sus viajes por los países cultos de Europa; con ellos ha puesto el complemento a su felicidad y su ambición; nosotros lo esperamos ansiosos e impacientes para que cual otro Pedro el Grande vivifique y llene de esplendor y gloria con sus instituciones a la antigua Colombia; estos son mis votos, que vuestra excelencia recordará con placer; estos son los sentimientos de su antiguo amigo tan interesado en su felicidad.

   El señor Joaquín Acosta es el amigo que tendrá el gusto de abrazar a vuestra excelencia a mi nombre; hoy sigue para traernos a vuestra excelencia y se ha encargado de poner en sus manos la presente y de informarle de mi salud y de mi familia; tengo un hijo que conoció vuestra excelencia en esta, muy tierno, que está de segundo comandante y se distinguió en Juanambú, en 1829, cuando abandonó la carrera literaria y marchó. Se fue con el amigo, el señor J. M. Obando, y con los demás estudiantes, a pesar de las lágrimas de Manuelita, y últimamente está en Papayal. Que el cielo conserve para nuestra felicidad a vuestra excelencia como así se lo suplica su afectísimo amigo que le estima y besa su mano,

José Domingo Zizero.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4953, p. 174.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 273.

276
Firma: VICENTE GUTIÉRREZ DE PIÑERES

MOMPOS, 21 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor presidente, general Francisco de Paula Santander.

   Muy venerado general:

   Un antiguo y leal amigo de vuestra excelencia es el que tiene hoy el gusto de dirigir a vuestra excelencia esta respetuosa misiva felicitándolo por su exaltación de nuevo al primer puesto en la República de Colombia.

   Acontecimientos extraordinarios precipitaron a vuestra excelencia de la cúspide del poder, pero llevando consigo toda su inmarcesible gloria; y yo me glorío de haber sido uno de los que han sabido conservar a vuestra excelencia mi veneración y mi amistad ilesa a través de los infortunios. Hoy la razón y la justicia exigen imperiosamente el auxilio de la persona de vuestra excelencia en Colombia, y seré siempre el primero en sacrificarle todo obedeciendo y sosteniendo al Hombre de las Leyes.

   ¡Quiera el cielo darnos el consuelo de ver pronto entre nosotros al colombiano más ilustre! ¡Quiera el cielo preparar a vuestra excelencia un viaje feliz y sereno!

   Acepte vuestra excelencia los más cordiales sentimientos de cariño y respeto con que me suscribo de vuestra excelencia atento, obediente servidor y amigo de corazón, excelentísimo, señor,

Vicente Gutiérrez de Piñeres.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2107, p. 296.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 276.

277
Firma: MIGUEL MARTÍNEZ Y CARRANQUE

MOMPOS, A 21 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor presidente de la Nueva Granada,
general Francisco de Paula Santander.

   Excelentísimo señor:

   Tengo el gusto de felicitarme con mis conciudadanos por la acertada elección de vuestra excelencia para el alto mando del Estado de la Nueva Granada. En efecto, jamás han manifestado los representantes de la nación un juicio ni un tino más eficaz que al nombrar para presidirnos al hombre cuyas virtudes sólo pueden compararse con sus grandes persecuciones e infortunios. Infortunios que hablan muy recientemente al corazón de los buenos ciudadanos para poder olvidar al hombre clásico de las libertades patrias.

   Venga vuestra excelencia a hacer la dicha y la prosperidad de un suelo indigno de los males que le han aquejado. Venga a hacer renacer la paz y el orden en esta tierra desafortunada. Vuelva a ser las delicias de una nación que se enorgullece de haberlo producido, y mientras gozamos del placer de verlo, acepte vuestra excelencia las consideraciones de aprecio y consideración con que me suscribo de vuestra excelencia atento, obediente servidor y amigo.

   Excelentísimo señor,

Miguel Martínez y Carranque.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2382, p. 234-235.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 275.

278
Firma: JOSÉ M. PINO

MOMPOS, 21 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander, Nueva York.

   Mi muy apreciado general:

   En este día he tenido el placer de saber la acertada elección que acaba de hacer la convención en la persona de usted para presidente del Estado; esta noticia ha llenado de gozo a todos los amantes de la libertad y del orden, y yo aprovecho la ocasión del oficial conductor de los pliegos oficiales para usted, manifestándole el placer y regocijo que he tenido al saber la elección hecha en usted; el voto de los granadinos se ha cumplido y yo me atrevo a suplicarle active su viaje para revivir a esta desgraciada patria.

   Ofrezco a usted mis débiles servicios en esta, y uniendo mi voto al de mis conciudadanos quedo rogando al cielo por su pronto y feliz regreso que desea de corazón el que tiene el honor de repetirse atento y obediente servidor que besa su mano,

José M. Pino.

   Posdata. El joven González a su paso por esta me hizo la visita que usted tuvo la bondad de encargarle, la aprecié infinito y le doy las gracias por el recuerdo que ha hecho de mí.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 10, carta No. 3509, p. 401-402.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1918, t. 14, p. 275.

279
Firma: JOSÉ MARÍA PIÑERES

MOMPOS, 21 DE MARZO DE 1832

Benemérito señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido general, amigo y compadre:

   Me es bien grato tomar la pluma en esta ocasión, aprovechándome de la oportunidad que se presenta directamente así a usted. El pueblo granadino desde que logró romper las cadenas que le oprimían, señaló a usted para que dirigiese sus destinos, y la convención, correspondiendo a los deseos de la generalidad, le ha nombrado presidente del Estado, resta sólo que usted vuele a salvarlo, pues su presencia entre nosotros es la señal precursora de nuestra dicha futura. Después que usted tuvo la fortuna de escapar de las garras de la tiranía y de visitar el viejo mundo, nada es más justo que complacer a sus conciudadanos. El que gobernó a Colombia y la presentó brillante en el período constitucional, volverá a regenerarla, y es indudable que así suceda, porque este es el deseo universal.

   El comandante Honorato Rodríguez, que entregará a usted esta carta, le informará a usted a la voz de cuanto desea saber de vuestra querida patria. Yo en la ansiedad de ver y abrazar a usted, dirijo al cielo mis votos porque llegue cuanto antes.

   Reciba usted de parte de mi familia y mía las más cordiales felicitaciones y la sinceridad del afecto con que todos los estimamos. Deseo que usted se conserve bueno y que vuele al seno de sus amigos y de sus conciudadanos.

   Soy de usted de corazón su más atento servidor, amigo y compadre,

José María Piñeres

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/23 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

280
Firma: RAMÓN, ARZOBISPO DE CARACAS

CURAZAO, 24 DE MARZO DE 1832

(Contestada).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy apreciado amigo y señor:

   Son tres con esta las que le he dirigido, de las cuales en la primera me extendí prodigiosamente y le remití unos impresos, mas como han venido estos días tantos buques de ese puerto y no he vuelto a ver letra suya, me recelo se haya ido para Cartagena o anda recorriendo esos estados.

   En nuestro país de día en día crece el mal; listas de proscripciones salen cada día en Bogotá; está en guerra este Estado con el sur porque sostiene a Popayán que se le había agregado en las desavenencias pasadas, parece que ya se ha ido a atacar y que Flores se halla en Popayán con sus fuerzas; ignoramos cuál será el resultado: solo se sabe que Bogotá es un pueblo que nosotros mismos no conoceríamos si volviésemos allí porque la insolencia, la irreligión y la corrupción lo han reformado en términos que nos sería desconocido; la juventud se ha insolentado, reinan los principios desoladores, tiemblan los hombres de bien y todo es una Babilonia. Los Sotos, Los Azueros, etc., se desquitan a las mil maravillas y el pueblo está como absorto de lo que ve y palpa llorando sin consuelo: tal es la pintura que se hace de allí. El arzobispo a la muerte, el clero perseguido y envilecido todo, todo lamentable. Se espera su llegada para colocarlo en la presidencia, y es usted la única esperanza con que cuentan de tejas abajo, y mi juicio en este estado de cosas no me atrevo a manifestarlo, usted calculará y resolverá, pues para mí es un enigma; yo no hago sino apuntarle la antífona para que usted medite y entre con algunos datos, pues desde mi local no es fácil penetrar lo que haya de verdad, porque solo resuena el clamor y esto no es un buen presagio. Murió el doctor Suárez que era vicepresidente de la convención, que dicen era de los furibundos y su muerte fue de repente o casi. De José María ni de Pepita he sabido nada.

   Hago esta por mano del señor Manuel Domínguez, director de un colegio de ésa en donde se educó mi sobrino Wenceslao Briceño, que debe estar con Juancito, su padre, en Barinas. He tenido los mejores informes por este sujeto y así le estimaría que me le dé el importe de una obrita que le encargo y aun si mis impresos han llegado a sus manos le suplicaría que se los pase para que los lea y aun si quiere reimprima lo que le parezca para este efecto, pues así se lo digo con las miras de que corran por las regiones mejicanas.

   Tenemos perdidas las esperanzas los obispos expulsados de la reposición a nuestras sillas porque nuestros gobernantes están obcecados: los pueblos claman y ellos se han ensordecido; el disgusto es general y no será mucho si siga una explosión que ya se ruge; nada se adelanta con esto sino aumentar los males; la raíz del mal está en la irreligión y entretanto no se aplique aquí la Segur, todos los esfuerzos serán vanos. Veinte años de sacrilego robo de diezmos y de otras mil y mil cosas contra la Iglesia son los que nos tienen en tan lastimoso estado, sin esperanzas de rebasar, pues cada día se adelantan las reformas. Ya en Caracas habrán extinguido absolutamente los diezmos y subrogado un impuesto en las aduanas, que ni es medio equivalente para cubrir el gran déficit que había cuando se pagaban, ni verán un medio de las mezquinas asignaciones que hagan; porque todo se lo tragará el Estado y le sobrará bajeza para limpiar las iglesias. Yo no percibiré jamás un cuartillo aun cuando fuese efectiva e infinitamente suficiente y más que suficiente la asignación que se haga, porque yo no vendo mi ministerio ni lo subordino al poder civil por todo el dinero del mundo; yo no seré nunca un asalariado por el Estado para mantener mi ministerio en la independencia en que le dejó Jesucristo, que impuso a los fíeles la obligación de contribuir para el culto y sus ministros y al clero dio el derecho de exigirlo, no de los gobiernos sino de los pueblos que evangelizaban; lo contrario es variar la constitución de la Iglesia y yo no paso por ello. Viejo estoy e inutilizado, pero me mantendré con mis manos o pordioseando antes que sacrificar y prostituir mi ministerio; así será, el golpe está dado, el espíritu del siglo es no retrogradar en la impiedad; pero el de la Iglesia mantener a toda costa su independencia y libertad para obrar según lo exija la salud de las almas; desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo tengo de volver a la tierra, mas no cubierto de ignominia, ni envilecido y subordinado el sacerdocio, que no es mío, sino de Jesucristo que lo creó para salvar al hombre y para tener ministros que cuidasen de su culto con absoluta exclusión de otro poder profano, no tomada esta voz a lo masónico.

   Deseo que Dios lo mantenga bueno y que le asista con sus luces para que su resolución sea acertada y de su agrado, para que la proteja según los designios de su ilimitado saber y poder; bastante hemos visto cómo se evaporan todos los proyectos que no lo tienen por norte; esta es la fiebre que ataca al mundo desde su cuna y la que se revolverá más a sus anchas en nuestro siglo que quieren llamar de luces por las más densas tinieblas que nos rodean y que nos tienen todos desconcertados, discutiendo principios que nunca llegan a aclararse, sino que de día en día crece la embrolla, y hoy es herejía política lo que nuestros padres profesaban como un dogma. Después de nosotros vendrán otros que se vengarán y harán sus declaratorias. Dichosa la Iglesia que es siempre la misma por más que la acosen los enemigos; gloria sin fin a quien le tiene ofrecida su asistencia hasta la consumación de los siglos y la conservará ilesa en medio de las borrascas.

   Disponga usted como siempre de mi inutilidad como guste, pues sabe cuánto lo aprecio, contentándome con encomendarlo a Dios que es lo que hago y haré mientras me mantenga sobre la tierra por su verdadero amigo, servidor y capellán.

Ramón, arzobispo de Caracas.

   Advertencia. Se imprimió en Bogotá algo de los documentos de mi expulsión y del señor Talavera y se ha acusado el papel por sedicioso: mire cómo andamos. El señor Sotomayor estará en su iglesia de Cartana a fines de este o a principios del entrante; mas yo presagio no tardará contra él la persecución. El señor Garnica creo que de hostigado ha hecho su renuncia. Vale.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2396, p. 254-256.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1918, t. 19, p. 277.

281
Firma: F. LUQUE

CARTAGENA, 26 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor presidente del Estado,
Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   Lleno mi corazón del placer más puro por la digna elección que los pueblos de la Nueva Granada han hecho en vuestra excelencia para presidente del Estado, me dirijo a vuestra excelencia para felicitarlo por la confianza que los pueblos tienen en vuestra excelencia para que como padre de esta patria, venga a sostener sus garantías sociales, haciendo respetar sus leyes y manteniendo intacta la libertad que a vuestra excelencia mismo tantos sacrificios ha costado.

   Todos los amigos de la libertad y el orden nos damos el parabién por tan acertado nombramiento; todos estamos resueltos a ser incansables en trabajar por el bien común sosteniendo la dignidad nacional en el gobierno.

   Dichoso vuestra excelencia señor, que está llamado a hacer la felicidad de la patria; para esto debe contar vuestra excelencia que no estará solo, porque apoyado en la fuerza de la opinión y en la de las armas, puede vuestra excelencia trabajar con calma, pues nada debe temer. Los pueblos esperan de las manos de vuestra excelencia el fruto de sus sacrificios.

   Con la más alta consideración y respeto me suscribo de vuestra excelencia por su más obsecuente servidor que besa su mano,

F. Luque.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2286, p. 105-106.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1918, t. 19, p. 281.

282
Firma: M. M. NÚÑEZ

CARTAGENA, 26 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander. Nueva York.

   Muy señor mío y amigo:

   Tengo el placer de noticiarle que la convención granadina eligió a usted el 9 del presente mes para ocupar la primera silla del Estado, elección que ha llenado de regocijo y de esperanza y que ha sido recibida en esta plaza en medio de las vivas aclamaciones, repiques y músicas con que todos han querido manifestar su contento. Ciertamente lo esperamos todo de su acendrado amor patrio y de sus muchas luces.

   Hago a usted presente la opinión que le manifesté cuando me pidió le indicase el lugar que escogería para dirigirse a su regreso, y esta opinión fue de que desembarcara en Santa Marta, y en seguida, mandando su equipaje por mar, viniese a esta pasando por algunos pueblos de aquella provincia y de esta que tienen ardientes deseos de conocerle, con lo que me parece podrá satisfacerlos y granjearse su amor para hacerlos obedientes a las leyes, porque los pueblos suelen obedecerlas mejor cuando conocen y estiman al magistrado que se las hace cumplir.

   Acompaño a usted un ejemplar de la Gaceta en que constan los pormenores de las elecciones; y felicitando a la patria, felicito al digno granadino cuyos numerosos méritos para con ella han reunido en su favor los votos de la nación para depositar con acierto la suprema autoridad de que espera su dicha.

   Me repito de usted su afectísimo amigo y servidor que besa su mano,

M. M. Núñez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida a! genera! Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3018, p. 87-88.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1918, t. 19, p. 280.

283
Firma: ARGANIL

CARACAS, 28 MARS 1832

   Mon général:

   Quoique je n'ai pas reçu une seule réponse de vous aux diverses lettres que j'ai eu l'honneur de vous écrire, je continue de profiter de toutes les occasions pour vous donner de mes nouvelles.

   Je suis parvenu enfin a ce qu'on nomme des commissionés pour traiter de l'union avec la N. Granada. Il y a en ici un scandale manifeste: une session secrète du congrès a été revelé et publiée. Il pourrait que le général Mariño à la tête des militaires expulsés de la N. Granada, et autres, medite une subversion du gouvernement actuel, et que le gouverneur d'ici était du complot; l'executif en ayant été informé, a remplacé le gouverneur, et a demandé des facultés pour servir contre les conjurés, ce qui donna lieu a la session secrète dont j'ai parlé. D'aprés ce qu'on a publié, 19 membres du congrès auraient été pour qu'on donna a l'executif des facultés extraordinaires, et 21 contre; ainsi vous voyez, mon général, que ce pays est bien eloigné encore de presenter cette masse d'opinion qui constitue la quiétude qui doit préceder la consolidation d'un gouvernement naissant.

   On m'a dit, qu'on avait mandé au général Paez de venir; cependant, je ne pense pas qu'il fit bien de s'y rendre tant que le congrès sera reuni. Dans tous les cas, s'il vient je le verrais, et j'espère beaucoup de lui.

   Le gouverneur de Guayana, ayant voulu réduire à l'esclavage, ceux des négres qui avaient obtenu leur liberté, en conséquence du fameux decret de Bolivar, a excité une petite conmotion; l'affaire a été reférée au congrès.

   Dans le Maturin, il parait qu'on est disposé a une nouvelle levée de bouclier, sous pretexte de l'union intègre de Colombia, mais au fond, contre le général Paez duquel Mariño, Monagas et Arismendi sont mécomptents.

   D'après les papiers publics et ce que Narvarte m'a dit de la Nouvelle Granada, il parait que tout y marche avec ordre et regularité, que Flores consent a rendre Pasto et Buenaventura, aux conditions qu'on reconnaisse l'indépendence de l'Ecuateur, et en cela la N. Granada est d'accord. Telles sont, mon général, les nouveles que je puis vous donner et d'y ajouter qu'y est bien vieux, que sincerement je suis votre affectionné et devoué ami,

Arganil.

Traducción:

CARACAS, 28 DE MARZO DE 1832

   Mi general:

   Aun cuando no he recibido una sola respuesta suya a las diversas cartas que he tenido el honor de escribir a usted, continúo aprovechando todas las ocasiones para darle noticias mías.

   He logrado al fin que se nombren comisionados para tratar de la unión con la Nueva Granada. Ha habido aquí un escándalo manifiesto: se reveló y fue publicada una sesión secreta del congreso. Podría ser que el general Mariño a la cabeza de los militares expulsados de la Nueva Granada, y de otros, medite una subversión del gobierno actual, y que el gobernador de aquí hiciera parte del complot; al ser informado el ejecutivo ha reemplazado al gobernador, y ha pedido facultades para obrar con severidad contra los conjurados, lo cual dio lugar a la sesión secreta de que le hablo. Según lo que se ha publicado, 19 miembros del congreso fueron partidarios de que se concedieran al ejecutivo facultades extraordinarias, y 21 contrarios; así ve usted, mi general, que este país está bien lejos todavía de presentar aquella masa de opinión que constituye la quietud que debe preceder a la consolidación de un gobierno que nace.

   Me dicen que le habían pedido al general Páez que viniera; sin embargo, no creo que hiciera bien en regresar en tanto que el congreso esté reunido. En todo caso, si viene lo veré, y espero mucho de él.

   Al querer el gobernador de la Guayana reducir a la esclavitud a aquellos negros que obtuvieron su libertad, como consecuencia del famoso decreto de Bolívar, creó una pequeña conmoción; se refirieron al asunto en el congreso.

   En Maturín parece que están dispuestos a una nueva insurrección armada, bajo el pretexto de la unión íntegra de Colombia, pero en el fondo contra el general Páez del cual Mariño, Monagas y Arismendi están descontentos.

   Según los papeles públicos, y lo que Narvarte me ha dicho de la Nueva Granada, parece que todo allí marcha con orden y regularidad, que Flores consiente en devolver a Pasto y Buenaventura, en las condiciones en que se reconoce la independencia del Ecuador, y en esto la Nueva Granada está de acuerdo. Tales son, mi general, las noticias que puedo darle y de añadir lo que bien viejo es, que sinceramente soy su afectísimo y devoto amigo,

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 110, p. 206-210.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 281.

284
Firma: J. M. GÓMEZ

NEW YORK, 31 DE MARZO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Muy respetado general:

   Para felicitar a usted por su llegada a este país y la honrosa recepción que ha encontrado en él, tengo el honor de escribir a usted estas cuatro letras, y no para anunciarle mi arribo del Brasil en donde, como usted sabe, he sido agente de Colombia. Confieso a usted que he estado algo dudoso sobre si me debería o no dirigir a usted en esta ocasión, porque tal me han puesto la cabeza aquí con el diccionario de los partidos de Bogotá. Pero mis antiguas afecciones y mi nunca desmentida gratitud me han decidido a no hacer caso de pequeñeces, que por otra parte en la tierra que estamos, y para un hombre ilustrado que viene de pasar cuatro años en Europa, han de mirarse con compasión o desprecio. Se me ha dicho, mi general, que el haber servido a la República cuando era su jefe Bolívar es un título de exclusión en el actual orden de cosas, y lo que para mí es muy doloroso, que a tales empleados se les quiera confundir indistintamente con los perversos y execrables enemigos de usted.

   Como usted está ahora en remojo para jefe de la sección de Colombia que yo llamo con tanta satisfacción mi patria, me abstendré de explicaciones que pudieran ser mal comprendidas, reservándolo todo para discusión verbal para cuando tenga el gusto de ver a usted, aunque sepa ir a Washington si es que usted no viene antes de la salida del paquete para Cartagena en que pienso embarcarme con mi familia.

   Suplico a usted quiera dispensar el que haya mezclado cosas desagradables de partidos en la más cordial y respetuosa congratulación que ha sido mi intención dirigir a usted, así como los votos más sinceros para que usted viva largo tiempo para felicidad de nuestra patria que necesita nada menos que de un hombre como usted que la vivifique y restablezca.

   Entretanto, mi general, tengo el honor de ser de usted compatriota y muy obediente servidor, que besa su mano,

J. M. Gómez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2008, p. 154-155.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 283.

285
Firma: M. AROSEMENA

PANAMA, 1° DE ABRIL DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander,
New York.

   Mi querido general:

   Fiel amigo de usted y apreciador de su mérito, me he congratulado mucho con los buenos patriotas por el anuncio de la próxima venida de usted a la Nueva Granada. Después de haber salvado portentosamente de un huracán furioso la nave del Estado cuando iba ya a naufragar, solo nos falta el piloto experto que la condujo tantas veces al puerto de seguridad en los primeros años de la fundación de la República. Usted, general, es necesarísimo en Colombia y debe sacrificar su reposo para acudir volando a consolidar el gobierno granadino, a unir los ánimos divididos de sus compatriotas y a integrar a Colombia, cuya existencia, aun cuando sea bajo diferente forma administrativa, debe a mi entender conservarse a todo trance.

   Puedo hablar a usted con el lenguaje de la verdad porque yo no sé adular, y esta conducta me trajo una persecución atroz durante la dictadura. Usted tiene un grande influjo en las tres secciones en que se ha disuelto Colombia y puede lograr la unidad nacional arreglando amigablemente las diferencias suscitadas por razón de linderos o división territorial de los estados. Haciéndolo, dará usted consistencia a esta heroica República y fijará su bienestar futuro. Estas ideas las hallará usted más extendidas en un artículo que di en el número 45 del Gran Círculo istmeño en calidad de editor bajo la denominación "General Santander", cuando apenas se decía que usted vendría a este país.

   Agradezco infinito los recuerdos que hizo usted de mí en la carta de Herrera. Yo no le he olvidado durante nuestros largos padecimientos y tengo todavía la confianza de felicitarlo por el triunfo que ha obtenido de la opinión pública y de llamarme su afecto amigo, obediente servidor, que besa su mano,

M. Arosemena.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 134, p. 244-245.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 284.

286
Firma: JUAN JOSÉ ARGOTE

PANAMA, 5 DE ABRIL DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi distinguido general y amigo:

   Con la mayor complacencia he recibido la apreciable del 4 de marzo y que me impone de que usted se hallaba bueno y decidido a regresar a Colombia, que es lo que deseamos los amigos de la patria y de usted.

   Creo que la Nueva Granada se organizará regularmente, y que si se presentasen algunas inquietudes solo servirían para purificarlas de las [...] que pueda haber de antiguos disociadores. En cualquier caso es de primera importancia que usted venga sin pérdida de tiempo, ya que su larga ausencia y grandes padecimientos lo han colocado fuera de algunas opiniones y le han dado derechos y consideraciones capaces de admirarlas.

   Nada valgo, pero investido de mis intereses por la causa pública, me contemplo facultado para exigir a usted su pronto regreso, y hasta para anunciarle su responsabilidad a la patria por demora. Usted debe complacerse de sus pasados tormentos para que ellos contribuyan el día a que pueda usted hacer bienes que tal vez no podría proporcionar otro alguno. Véngase usted lo más pronto como se lo suplico.

   En el istmo hay tranquilidad y resolución para sostener los giros de la Nueva Granada. El Ecuador o, para mejor decir, su actual jefe tendrá que abandonar cualquier aspiración o esperanza de dominarlo.

   Los señores Herrera, [...] Arosemena, Ayala y todos los demás istmeños no solo aprecian a usted sino que recuerdan su nombre con entusiasmo.

   El día que sepa la llegada de usted a Cartagena, será un día de complacencia general. Mucho escribiría a usted, pero creo que esta no le alcanza a esa, lo haré cuando tenga el gusto de saber que ya pisa estas tierras ya que necesitamos mucho de imponer a usted de todo lo que convenga a este arruinado país.

   Tenga la bondad de contarme siempre por su antiguo apreciador y amigo a quien su mano besa,

Juan José Argote.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia, Fondo saldo archivo Santander.

287
Firma: ARGANIL

CARACAS, 7 AVRIL 1832

General Santander, New York.

   Mon général:

   Le départ du batiment ayant été suspendu, je vous écris encore. J'ai a la composition un opuscule qui coûtera $80; mais qui certainement achevera de resoudre definitivament la question concernant l'union; et qui mettra a sa juste valeur les pretentions exagerées de certains cosaques et de certains écrivassiers qui ont la suffisance de se croire seuls capables de tout, et qui ont eu l'impudente temerité de prêter leurs vices et leurs aspirations aux droits et pacifiques granadins. Enfin vous en serez content parce qu'il est tracé au coin de l'impartialité et de la justice; vous le recevrez par le premier batiment qui partira après le Soto: je n'ai encore rieu reçu de nos amis de Bogota.

   Le senat d'ici, delibera il y a quelque temps, que les reclamations des militaires expulsés de la N. Granada, seraient ajournées, jusqu'au traité ou union qu'on devait faire avec les autres sections de Colombia; cependant sur une representation du général Carreño la chambre des representants a discuté hier et resolu d'admettre tous ces officiers a l'instar de ceux de Venezuela, c'est-à dire de ceuz qui ont servi la patrie et la liberté; d'après la constitution, le senat ne peut revenir dans la presente session, contre sa deliberation, et fort heureusement le terme de la session s'opposera peut-être au scandale de voir violer la constitution. Où vous ne devez rien redouter des violations, c'est dans les sentiments avec lesquels je m'affirme tout a vous,

Arganil.

   P. S. Je vous ai ecrit sous le couvert de l'ami Domingo Acosta.

Traducción:

CARACAS, 7 DE ABRIL DE 1832

General Santander, Nueva York.

   Mi general:

   Como ha sido suspendida la salida del buque vuelvo a escribirle. Estoy componiendo un opúsculo que costará $ 80; pero que ciertamente acabará de resolver definitivamente la cuestión concerniente a la Unión; y que pondrá en su justo valor las pretensiones exageradas de ciertos cosacos y de ciertos escritorzuelos que tienen la suficiencia de creerse solos capaces de todo, y que han tenido la impudente temeridad de prestar sus vicios y sus aspiraciones a los rectos y pacíficos granadinos. En fin, le agradará porque está trazado con el sello de la imparcialidad y de la justicia; lo recibirá por el primer barco que parta después del Soto; aún no he recibido nada de mis amigos de Bogotá.

   El senado de aquí deliberó hace algún tiempo que los reclamos de los militares expulsados de la Nueva Granada serían aplazados hasta el tratado o unión que debe hacerse con las otras secciones de Colombia; sin embargo, la cámara de representantes discutió ayer sobre una representación del general Carreño y resolvió admitir a todos aquellos oficiales a ejemplo de los de Venezuela, es decir, de quienes han servido la patria y la libertad; según la constitución, el senado no puede volver, en la presente sesión, contra su deliberación y por fortuna el término de las sesiones se opondrá quizás al escándalo de violar la constitución. Donde nada debe temer usted de violaciones es en los sentimientos con los cuales me afirmo muy suyo,

Arganil.

   Posdata. Le he escrito bajo sobre dirigido a nuestro amigo Domingo Acosta.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 111, p. 209-210.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

288
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

PARIS, 8 DE ABRIL DE 1832

(Contestada el 31 de mayo en Nueva York).

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy estimado y distinguido amigo:

   Después de haberse despachado el paquete anterior recibí la muy estimable de usted de 16 de febrero que no sé por qué ha llegado retrasada. Ya había escrito a usted sobre el convite que le dieron en Nueva York y que he celebrado como habrá visto usted por mi carta anterior. No solamente he mirado esta demostración honrosa como una prueba de aprecio hacia usted y de aprobación de sus principios políticos, sino también como un signo de la simpatía que hay entre nosotros y los norteamericanos. El brindis que usted me recomienda de M. Gallatín es ciertamente lisonjero; pero yo estoy tan inclinado a creerlo más europeo que americano; y lo conozco tan jesuita que no me decido a recibirlo como sincero. Tampoco me ha parecido bien que se excusase de ir al convite a título de enfermo, por los motivos de aprehensiones que tengo. Aparte de estas sospechas, es un hombre de Estado de vastos conocimientos, de experiencia y de un juicio firme y exacto. Si no estuviera tan viejo deberíamos explorarlo más, y una vez persuadidos de que podría servir fielmente nuestra causa, deberíamos sacarlo de pobre para que nos estableciera el sistema de hacienda en nuestro país. Felicito a usted de nuevo por esta manifestación apreciable de Nueva York.

   Mucho, mucho he sentido la horrorosa alevosía con que ha sido asesinado el general Bermúdez. Las pruebas repetidas que se están dando en nuestro país de una tal ferocidad me parte el corazón porque temo que se repitan, y porque semejantes crímenes relajan la moral y acostumbran al pueblo a ver con frialdad estos actos de inhumana barbarie. No permita Dios que veamos otro acto semejante.

   Me parece bien que no vaya usted a Caracas porque usted no es ya solamente el general Santander, sino el jefe de la Nueva Granada por el voto de sus conciudadanos, aunque no se haya pronunciado aún en forma legal. Ninguna circunspección está por demás, y usted no podría aparecer en Caracas como le corresponde sin llevar por delante un grande objeto nacional y las probabilidades de hacer algo digno de un puesto en la sociedad humana. No estoy por la presunción altanera de la oligarquía europea; pero creo que nosotros pecamos por el extremo opuesto, y que conviene a los intereses de nuestro país darnos otra importancia, particularmente con los extranjeros.

   Se han trastornado en tal manera mis proyectos personales, que ya me demoro en Europa contra mi voluntad. Desde el 8 de diciembre estoy escribiendo a la casa de Messres Carys Co. de Nueva York para que me remitan la miseria de tres mil pesos que tienen míos en su poder y no recibo contestaciones; yo no puedo dudar de su honradez ni entender qué sucede a mis cartas. Moure está instruido de lo que ocurrió con el envío de esta suma a Nueva York, que anduvo vagando, porque como no esperaba dinero, cuando salí para esta no dejé ningún apoderado para este caso y porque Amado los envió por mi ausencia al señor Benedeti incluyéndome sin embargo el conocimiento para recibir el dinero que vino a dar acá. Benedeti no obstante hizo cuanto pudo, recobró el dinero y lo depositó en el banco. Yo que solo supe por Moure que había llegado dinero para mí a casa de Burrons y nada más, mandé mi poder al señor Tomás G. Cary. 90 Pine street Nueva York, para que recaudara la cantidad. Después se me apareció la carta de Benedeti avisándome lo que había hecho y por no ser inconsecuente con Cary le incluí libranza contra Benedeti para que recaudase la cantidad y en seguida le di orden que me enviara cien onzas y después más. Ni Benedeti ni Cary ni casi nadie me contesta. Protesto a usted que si me hubieran enviado el dinero ahora, regresaba; pero no puedo moverme mientras no me lo envíen, y molesto a usted a pesar mío con esta bagatela por si puede usted tomarse el trabajo de averiguar con Moure y Benedeti lo que haya ocurrido y decírmelo. Si usted lo creyese conveniente, podría aun preguntar en casa de Cary si han recibido mis cartas o cosa semejante. Yo les he escrito hasta por cuadruplicado y últimamente envío mis cartas por mano de Hottinguer, que tiene agentes en El Havre y Nueva York.

   Después de todo esto nos ha atacado ya en París el cólera morbus, y Manuel María, que se decidió a acompañar a Tomás y se le ofreció, me arrastra para Italia contra toda mi voluntad. El 10 del corriente seguiré para allá por la vía de Marsella. Usted podrá escribirme siempre por la casa de Hottinguer, a quien di últimamente una libranza contra Cary por ver si así puedo saber si reciben mis cartas porque no puedo esperar eternamente. Dispénseme usted esta pesada narración y permítame que le ruegue que si descubre algo que merezca informarme, me haga el favor de aconsejarme también el partido que deba tomar.

   El paquete de 1° de marzo, en el cual esperaba alguna razón, tampoco parece ni llegará para acabarme de mortificar con las incertidumbres.

   Usted sabe lo que hay que hacer en vísperas de viaje. Excúseme usted, pues, si no soy más largo, y créame usted siempre su constante verdadero amigo y deseoso servidor,

Joaquín Mosquera.

FUENTE EDITORIAL.
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2837, p. 328-330.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 287.

289
Firma: H. CLAY

WASHINGTON 11 APRIL 1832

   My dear general:

   I share with you in regret that I had not the satisfaction to see you at the moment of your departure from this City. The evening you did me the honor to call at my lodgings I was out, but returned in a few minutes after you had left them. The next morning I hastened to Gadsby's to see you and to give you an affectionate adieu but the stage had already borne you away.

   I have nevertheless been happy to have made your acquaintance and to have personally seen and conversed with one of Colombia's finest, most patriotic and enlightened sons. Cherishing a lively interest in the liberty and prosperity of your Country, and in your individual welfare, I shall be glad, my dear general, when you return home, to hear from you on both those subjects. Liberty, the most precious of all gifts, requires careful and constant vigilance to protect and preserve it. Let us hope that, in spite of ignorance, and ambition, it will be immortal.

   I pray you, general, to carry wiht you, and, in all vicissitudes, to be assures of the very great regard, esteem and admiration of

   Your obedient servant

H. Clay.

   General Santander

      P. S. The enclosed letter came to me this morning for you. H.C.

Traducción:

   Querido general:

   Comparto con usted el sentimiento de no haber tenido la satisfacción de ver a usted antes de su salida de esta ciudad. La tarde en que me hizo usted el honor de venir a mi casa, estaba yo ausente, pero regresé pocos minutos después de que usted se había ido. A la mañana siguiente me dirigí apresuradamente a la estación con ánimo de verlo y darle una afectuosa despedida, pero el carruaje había partido ya.

   A pesar de todo, estoy muy satisfecho de haberme relacionado y tratado personalmente con uno de los más delicados, patriotas e ilustrados hijos de Colombia.

   Con vivo interés de mi parte por la libertad y progresos de su país y por su bienestar personal, me será grato, querido general, saber de una y otra cosa cuando se halle usted de nuevo en su país. La libertad, el más precioso de los dones, requiere cuidado y constante vigilancia para protegerla y defenderla. Confiemos en que la libertad será inmortal, a pesar de la ignorancia y de la ambición.

   Ruego a usted, general, conservar este recuerdo, y saber, en medio de las vicisitudes, que cuenta usted con la simpatía, aprecio y admiración de su muy obediente servidor,

H. Clay.

   Posdata. La carta inclusa para usted, me llegó esta mañana.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4957, p. 179-180.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

290
Firma: LORENZO M. LLERAS

KINGSTON, 11 DE ABRIL DE 1832

(Contestada en New York).

Señor general Francisco de Paula Santander,
presidente electo de la Nueva Granada, New York.

   Respetado y muy querido amigo mío:

   El señor Joaquín Acosta, portador de esta, informará a usted menudamente de los asuntos políticos de nuestra amada patria, de la elección que en usted hizo la convención para presidente del Estado, y de la necesidad que hay de que usted vaya cuanto antes. En mi anterior di a usted los parabienes por suceso tan plausible, los que ahora repito añadiendo que no me hallaré contento (y mi tío y todos los viejos patriotas tampoco lo estarán) hasta que usted entre al manejo de los negocios. A usted sin duda será satisfactorio el que buenos y malos, grandes y pequeños, amigos y enemigos, le consideren como el único piloto capaz de conducir la nave del Estado por entre los escollos y bajíos que infelizmente la rodean. Ningún mortal se ha visto jamás bajo tan favorables auspicios para hacer el bien. Yo puedo asegurar a usted que si sus amigos lo aman (aunque dude que haya uno que me iguale) sus enemigos le estiman y al mismo tiempo que lo desean y temen, le miran como la única esperanza de la patria. Pero no se crea que hablo aquí de sus enemigos personales, como los señores que, en esta isla, tan cruelmente nos desacreditan y maltratan.

   Lo único que he sentido ha sido la no elección del doctor Soto para la segunda magistratura. Esto no quiere decir que me disguste la muy acertada de Márquez; pero me habría gustado más la del primero, porque le estimo y amo, si no tanto como al que debo la vida de mi padre, al menos puedo decir que ocupa el segundo lugar. En mi anterior anuncié a usted su elección, pero en esta vez mi fidedigno corresponsal de Cartagena no pudo obtener mejores informes, de modo que me he dado chasco.

   El señor Acosta dirá a usted igualmente cuántos y cuáles han sido mis padecimientos por la maldita carta en cuestión. Ya he hablado a usted lo bastante sobre este negocio y estoy tan harto, que quisiera que se me olvidara para siempre; pero una cantaleta continua me lo trae a la memoria sin cesar, por más que olvidarlo intento. Según soy de desagradecido, creo que esto no tendrá fin, pues quizá tendré que hacer una manifestación de mi conducta, y no faltarán hombres que me critiquen y hablen de los pasos que he dado, con la veleidad que es propia al que critica después de pasado el hecho, y sin estar al cabo de las causas que lo motivaron disputa como el ciego de los colores, arruinando así una reputación todavía joven y mal segura. Usted conoce demasiado el mundo político para saber que la menor cosa sirve de pretexto a la envidia y la calumnia, y que los hombres olvidan pronto los servicios de aquel que en la menor cosa se desvía de su modo de pensar, y que se hallan más dispuestos a transigir con un enemigo declarado que con un amigo de diversa opinión. Digo esto porque no faltará quien diga que hice mal en transarme con Montilla. Usted no ignora las razones que me acompañaron para obrar así.

   Ayer escribí a usted una carta que no remito por ser ya fuera de propósito. En ella le hablaba de los dos pleitos que tengo con Johnson y Ravile. Hoy hice mi declaración jurada, que fue enviada al gran Jury compuesto como usted sabe de 23 jurados. Estos hallaron, que the bills were true bills y en la semana entrante tendrán lugar ambos juicios. Les he metido tales monos con esto a los vagabundos que aquí nos desacreditan, que no creo que se atrevan, mientras yo esté aquí, a escribir contra nosotros del modo que lo han hecho hasta ahora; Mr. Bruce está sumamente asustado, y habla a mi abogado de transigir, pero este contestó que se transigiría con tal que se me pagase el último real de gastos (menos los del pleito de Montilla por supuesto) y se me diese una satisfacción por medio de la imprenta, que comprendiese igualmente a Obando y al actual gobierno de la Nueva Granada.

   En fin, no digo más porque Acosta le impondrá de mis pocas esperanzas de ir a Europa y de lo oscuro de mis prospectos futuros. Estos enredos me han arruinado.

   Sírvase usted saludar afectuosamente a don Tomás Gener, a Mr. Divight, doctor Fortique, al nuevo encargado de negocios señor doctor Acosta y aun al pobre padre Medina, a quien dirá usted en nombre mío que soy o he sido su enemigo, pero enemigo generoso, que estoy pronto a reconciliarme con él si él lo ha hecho con su patria, de todo corazón, etc.

   Adiós, mi buen amigo. No olvide usted y escriba, como antes lo hacía, a este su mejor, más sincero y más apasionado amigo,

Lorenzo M. Lleras.

   Adición. Hágame el favor de decir a Castello que me envíe las cartas que en su poder tenga para mí. Suyo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2288, p. 109-111.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 289.

291
Firma: ANTONIO M. AYARZA

PORTOBELO, 12 DE ABRIL DE 1832

Al excelentísimo señor vicepresidente
de la Nueva Granada.

   Señor:

   Días felices se esperan al Estado de la Nueva Granada. Después que la convención os ha nombrado depositario de los derechos de los ciudadanos, ellos en vuestras manos se conservarán ilesos. Vuestro amor , desinterés, patriotismo, lealtad, celo y la experiencia misma, nos han acreditado que el ídolo de vuestro corazón es la ley y que vuestras aspiraciones no han sido otras que la prosperidad del Estado, el orden y bienestar de vuestros conciudadanos.

   Es por esto, señor excelentísimo, que el comandante de milicia auxiliar de Portobelo que con el nombre de columna protectora de la libertad marchó a la gloriosa campaña del Istmo bajo el mando en jefe del benemérito coronel Tomás Herrera y en que tuvo una parte activa basada en los mismos principios, a su ruego os felicita y tiene el honor de ofreceros sus bayonetas para el sostén de la constitución, para mantener el orden y destruir los tiranos dondequiera que se erijan.

   Reciba, señor, este sincero ofrecimiento de la columna protectora de la libertad del Istmo, con cuyo valor y entusiasmo contó aquel intrépido jefe para emprender sus operaciones, y venció.

   Dios y libertad. Excelentísimo señor,

Antonio M. Ayarza.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 164, p. 297.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 292.

292
Firman: AYARZA Y OTROS

PORTOBELO, ABRIL 12 DE 1832

Colombia, Estado de la Nueva Granada, concejo municipal.

   Excelentísimo señor presidente:

   La obra de la división de Colombia en tres estados, estaba reservada al tiempo y a las circunstancias en que acercándose vuestra excelencia a esta tierra de la libertad, pudiesen los granadinos dirigir sus votos al hombre que encargado de la administración de toda la República la conservó en paz, y bajo cuyos auspicios marchó Colombia nueva como una nación antigua llena de poder y sabiduría que le dio nombre entre los gobiernos nacientes y llamó la atención de las naciones más ilustradas de la Europa.

   La convención, señor, en vuestra elección ha llenado su deber a la medida de los deseos de todos los libres; y este solo acto de grande importancia que marca la gratitud de los granadinos, es suficiente para exigir de vuestra excelencia como de rigurosa justicia acepte la presidencia del Estado para conservarla en paz y que marche en la carrera política de las naciones como quieren los pueblos y vuestra excelencia sabe.

   Dígnese vuestra excelencia aceptar el homenaje de gratitud, admiración y respeto que le dirigen los habitantes de Portobelo por el órgano del concejo municipal, en testimonio de su amor a las instituciones y de la entera confianza con que espera ver feliz al Estado, puesta su administración suprema bajo la sabia dirección de vuestra excelencia.

   Dios y libertad.

   Excelentísimo señor.

   Antonio N. Ayarza; José Meynen; Vicente Jiménez; Juan José Ami; Felipe Santiago de Fremista; Juan Francisco Cajar; Clemente de Larrea; José del Carmen Zenalnier; José Atanasio Inoza, secretario municipal.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 165, p. 297-298.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 293.

293
Firma: THOMAS BOYSEN

PORTOBELO, 14 DE ABRIL DE 1832

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   El que suscribe fue segundo comandante de la fragata Cundinamarca en que se transportó vuestra excelencia de Cartagena a Puerto Cabello y en la que tuve el honor de conocerle y tratarle durante el viaje; si en él admiré el sufrimiento y resignación de vuestra excelencia en sus padecimientos, ahora que vuestra excelencia ha sido elegido por la convención a ocupar la silla presidencial del Estado granadino, mi corazón rebosa de contento y por uno y otro suceso me tomo la libertad de felicitarlo y ofrecerle a vuestra excelencia mis cortos servicios en esta ciudad, en donde me tiene destinado el supremo gobierno de capitán de este puerto.

   Dígnese vuestra excelencia aceptar los cordiales sentimientos del mayor afecto y gratitud del que es su obediente y atento súbdito, que besa su mano,

Thomas Boysen.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 3, carta No. 675, p. 157-158.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 294.

294
Firma: ROBERT F. WUISLOW

AMERICAN BIBLE SOCIETY HOUSE-115
NASSAN ST. MAY 9 TH-1832

To general F. P. Santander, of the Republic of Colombia.

   Dear sir:

   I have the pleasure to inform you that at a meeting of the Board of Managers of the American Bible Society on the 2nd february last, you were unanimously elected one of the vicepresidents of that society. I shall be happy to be aprized of your acceptance of the appointment.

   With much respect obedient servant,

Robert F. Wuislow.

Traducción:

   Tengo el placer de informar a usted que en la reunión del comité de la sociedad de la biblia americana del 2 de febrero último, fue usted por unanimidad electo como uno de los vicepresidentes de dicha sociedad. Me sería muy grato saber su aceptación para dicho cargo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4931, p. 137.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 294.

295
Firma: PILAS E. BURROW

PHILADELPHIE, MAY 11TH 1832

His excellency general Santander, president New Grenade

   My dear friend:

   I am gratified and proud in being enabled to adress you as president of New Grenade.

   No man can benefit that nation in so important a manner as yourself. And I look forward to a state of better things under your administration in that country.

   The Mediner shall be despatched for you whenever you please and if I can beg any service to you, you can command my resources.

   Truly your obedient servant,

Pilas E. Burrow.

Traducción:

FILADELFIA, 11 DE MAYO DE 1832

A su excelencia el general Santander,
presidente de Nueva Granada.

   Querido amigo:

   Me considero muy satisfecho y orgulloso al poder dirigirme a usted como presidente de Nueva Granada.

   Nadie como usted es capaz de beneficiar a su nación de un modo tan importante, y creo que ella llegará a un estado de efectivo progreso bajo su administración.

   El Mediner estará listo para usted cuando guste, y si de mi parte puedo prestar a usted algún servicio puede usted ocuparme.

   Atento y verdadero servidor de usted,

Pilas E. Burrow.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 3, carta No. 951, p. 445-446.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 295.

296
Firma: SANTIAGO ARROYO

POPAYAN, 14 DE MAYO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Apreciado y respetable señor mío:

   Si hubiera seguido mis deseos habría sido de los primeros en felicitar a usted como me he felicitado a mí mismo y a nuestra patria por el acto de justicia con que fue usted llamado a nuestra destrozada Colombia. Una grave indisposición de nervios, debida acaso a las tristísimas ocurrencias que han tenido lugar en nuestro país y mi retiro con este motivo al campo, han retardado también mis congratulaciones que ahora reúno a la del nombramiento de nuestro antiguo jefe para presidente de la Nueva Granada.

   El contento general, el recuerdo de nuestra ventajosa situación hasta 1826, los sufrimientos de usted, la experiencia que ha adquirido en los países más ilustres de Europa y América; todo nos hace anhelar por el momento en que usted se ponga al frente de la administración. Tenemos un muy apreciable vicepresidente, pero la hacienda, la fuerza armada, origen de nuestros males, el crédito nacional, la educación pública, tantos otros objetos, piden al general Santander, para que reciban orden y que dé a los pueblos paz, honor y prosperidad. Sobre todo, la clase de unión que estreche pronto los tres estados (que ojalá fuesen uno solo) es urgentísima y de tanta importancia que necesita de un hombre despreocupado y lleno de la experiencia de usted. En vista de estos sentimientos para con el verdadero amigo de nuestras instituciones, conocerá usted que no han variado los míos un solo punto y en ninguna circunstancia para con usted, cuya estimación he merecido, con el más vivo reconocimiento por mi parte y con el aumento que debe tener para con un patriota veterano que tanto ha sufrido por su patria y por sus amigos. Venga, usted, señor, a darnos la dicha que esperamos todos para esta tierra desgarrada que debe reunir, restituyéndole su gloria, nuestro querido y deseado general Santander, de quien soy uno de sus verdaderos apreciadores y seré siempre su muy atento, respetuoso y apasionado servidor que besa su mano,

Santiago Arroyo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 145, p. 255-256.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 295.

297
Firma: JUAN JOSÉ ARGOTE

PANAMA, 17 DE MARZO DE 1832

Excelentísimo señor Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado general y amigo:

   No quisiera distraer a usted un momento de las satisfacciones que debe gozar entre dos buenos amigos, ni de los cuidados que también le ocuparán en esta patria cadavérica en el acto que ésta llegue a sus manos, pero tampoco quiero privarme de felicitarlo por su arribo y de reclamarle su atención sobre esta parte de la Nueva Granada que tanto necesita de su apoyo y de sus luces, y sobre sus buenos amigos que viven en ella.

   Herrera y yo estamos al frente de esta provincia, Fábrega y López al de Veragua, y creo que puede usted descansar sobre la fidelidad y sanas intenciones de todos.

   Permítame usted que concluya protestándole el complimento de mis satisfacciones en su regreso y el afecto más sincero con que soy de usted afectísimo servidor que besa su mano,

Juan José Argote.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/24 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

298
Firma: B. CHEW

PHILADELPHIA, MAY 17, 1832

To his excellence F. de P. Santander, etc.

   My dear general:

   I beg leave to offer you my cordial congratulations upon the recente intelligence of your election.

   All who have enjoyed the opportunity of appreciating your character and of estimating the justification you possess to stablish domestic tranquility and to command the respect of foreign nations for your country, as well as to furnish the history and time the renown of another american hero, must be convinced that your constituents have acted wisely and have selected the person best calculate to reunite and to secure the prosperity of Colombia.

   Your residence among us has had beneficial effect of making us acquainted with your value, and you will leave behind your kindly feelings toward the people over whom you are called to preside and towards the Executive, which will tend to cement the friendship between the two nations.

   I am a citizen of a country distant from that you are about to govern, these expressions can not be adulation. They proceed from the personal regard and respect which you have adquired.

   With an earnest desire for the prosperity of your career and for your happiness, I remain very truly yours,

B. Chew.

Traducción:

   Mi querido general:

   Permítame presentarle muy cordiales felicitaciones por la noticia reciente de su elección.

   Todos los que han tenido oportunidad de apreciar su carácter y de reconocer los procedimientos que han guiado a usted para establecer la tranquilidad pública y el respeto de las naciones extranjeras hacia su país, como también ilustrar la historia con el conocimiento de un nuevo héroe americano, deben vivir convencidos de que sus electores han procedido sabiamente al escoger la persona mejor calculada para reconciliar y asegurar la prosperidad de Colombia.

   Su permanencia entre nosotros ha tenido el efecto benéfico de vivir informados de su valer, y usted deja en pos de sí los finos sentimientos hacia el pueblo que va a gobernar y hacia nuestro poder ejecutivo que cuidará de asegurar la amistad entre las dos naciones.

   Siendo yo un ciudadano de un país muy distante de aquel que va usted a gobernar, estas expresiones no tienen ninguna mira de adulación; ellas emanan de la personal estimación y respeto a que usted se ha hecho acreedor.

   Con un vivo deseo por la prosperidad y felicidad de usted, quedo de usted muy obsecuente servidor,

B. Chew.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1706, p. 223-224.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 296.

299
Firma: EDWARD LIVINGSTON

DEPARTMENT OF STATE, WASHINGTON, 19TH MAY 1832

General Santander, President of the
Republic New Granada.

   Sir:

   I am directed by the president to express to you his great satisfaction in receiving from Mr. Acosta the official account, not only that the convention at Bogota had agreed in the formation of a wise constitution of republican representative government, but that they had elected you the administer the executive duties under it. He finds himself particularly fortunate in that your visit to his country has enabled him, by a personal acquaintance, to apreciate the wisdom of their choise, and it will be a source of additional pleasure to him in the task of cultivating the good understanding that happily subsists between the two countries, to have known, by the sentiments you expresed, that the endeavours, on his part, to that end, will be reciprocated on your's.

   I am also directe to offer to Your Excellency the accomodation of a public vessel to convey you to such port of New Granada as you may desire; but to express the President's regret that the state of our small navy will not permit him to direct the vessel to await your orders at any port that might be most convenient to you. Circunstances only permit the offer of one at the port of Pensacola, and oblige the President further to restric it as to time, to the 20th June. Should it suit convenience to embark there by the time it will give the President great pleasure to think he has had it in this power to offer you this slight testimonial of his respect and of that in which you are had by this country.

   Personally, I beg leave to add my congratulations on the high proof you have just received of the confidence of your felow-citizens, and I pray you to receive the assurance of my highest consideration,

Edw. Livignston.

Traducción:

DEPARTAMENTO DE ESTADO, WASHINGTON,
19 DE MAYO DE 1832

General Santander, presidente de la Nueva Granada.

   Señor:

   El señor presidente me encarga expresar a usted su gran satisfacción al recibir de manos del señor Acosta la noticia oficial no solamente de que la convención de Bogotá había acordado expedir una sabia constitución digna de un país republicano, sino que los miembros de ella han elegido a usted para ejercer el poder ejecutivo.

   Ã‰l presidente se considera particularmente afortunado al pensar que la visita de usted a este país lo ha capacitado, por percepción directa, para apreciar la sabiduría que entraña esta elección, siendo además muy placentero para él hallar ocasión de cultivar el buen entendimiento que felizmente subsiste entre los dos países, pues ha podido apreciar, por los sentimientos que usted ha expresado, que los esfuerzos de su parte en busca de ese fin serán recíprocos con los suyos.

   El presidente me autoriza para ofrecer a vuestra excelencia un pasaje en un buque no oficial que lleve a usted al puerto que desee de la Nueva Granada, y al propio tiempo lamenta que las circunstancias de nuestra pequeña marina no le permitan ordenar que el barco espere sus órdenes en el puerto que sea más conveniente a usted. Tales circunstancias apenas permiten ofrecer a usted un navío en el puerto de Pensacola, viéndose forzado el presidente a restringir este ofrecimiento hasta el 20 de junio.

   Si usted hallare conveniente embarcarse allí en el tiempo señalado, le será muy grato al presidente pensar que tuvo en su poder el ofrecer a usted una ligera muestra de su respeto como también el de este país.

   Personalmente permítame añadir mis felicitaciones por las elevadas muestras de confianza que usted ha recibido de sus conciudadanos, y ruego a usted aceptar las seguridades de mi distinguida consideración.

Edw. Livingston.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 775-777.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 297.

300
Firma: ARGANIL

LA GUAYRA, 22 MAY 1832

General Santander, Philadelphie.

   Mon général:

   Quoique je vous suppose parti pour Bogotá, la crainte seule que vous soyez retenu pour cause de votre indisposition, me determine à adresser la présente à notre ami Gener.

   En attendant ici mon départ pour Maracaibo et de là pour Bogotá, sont arrivés du Curaçao l'archevêque Méndez et l'évêque Talavera; je les ai visités, nous avons parlé de vous; ils desirent bien que vous soyez à la tête du gouvernement, et je ne doute point que l'un et l'autre ne contribuent de leur mieux à l'union de Colombie.

   Un certain negro Briceño, que par noir coeur sans doute on avait envoyé a Maracaibo, et qui s'y est conduit en forcené despote, en est revenu, et a repandu le bruit que Flores marchait sur Bogotá, et que bientôt il reunirait Colombie sous sa domination: je ne doute point, que dans Venezuela Flores trouve des nombreux partisans, mais je ne ferais pas à la N. Granada l'outrage de croire qu'ils secourvassent sous le youg de ce misérable assassin; je crois enfin que le negro Briceño a repandu ce qu'il desire, et non ce qui est en effet.

   J'ai fait ici la connaissance intime du général Carabaño, que Fortique et autres m'avaient depeint comme un des ennemis les plus invéterés; c'est l'homme le plus instruit et le plus raisonable que j'ai connu dans Venezuela. Il m'a dit: "Je sais qu'on vous à dit que j'étais ennemi de Santander; que Soublette, Revenga et autres m'ont dépeint à ce général sous des couleurs desfavorables. Ce que je puis dire, sans crainte d'être démenti, c'est que malgré les ordres rigoureux que Soublette m'avait donné contre le général Santander, s'il fut venu ici il y aurait été traité en camarade ainsi que je le fis envers le général Gomez; lui et moi, nous avous été trompés par ces hommes vils qui toujours ont rampé sous le pouvoir, et qui sacrifient tout ce qu'il y a de plus vénérable et sacré à leur avarice et à leur ambition; mais si nous étions assez heureux, pour que le général Santander passe par ici, il me serait fort facile de le detromper sur les mauvaises impressions, que les valets de Bolivar lui donnèrent de moi, je dirais plus: jamais je n'ai été adulateur ni le valet de personne; les circonstances me lièrent au sort du général Paez, et jamais je n'agirais contre lui, mais nous et le général Santander avons été également dupés de Soublette et de la faction aristocratique dont il était l'agent intermediaire entre elle et Miranda et succesivement avec Bolivar". Voilà en substance le langage que tient à peu près publiquement le général Carabaño.

   Dans son familier, j'y découvert des connaissances politiques et militaires fort au-dessus du comune et les idées de patriotisme éclaire que j'ai fortifié en lui de vos dispositions naturelles, ainsi que ce que je lui ai fait dire indirectement par d'autres personnes de sa consideration, me permettent de le compter parmis les hommes qu'avec discernement vous rendent la justice dont vous ètes susceptible.

   Chez le général Carabaño, j'ai vu et fait connaissance avec le général Mariño, plusieurs colonels et les representants de l'Orient, et avec tous, le général Carabaño dit que Venezuela ne peut subsister sans l'Union, et beaucoup d'entre eux pensent et avouent assez franchement, que vous êtes le seul qui reunisse le prestige et le pouvoir de faire ressortir Colombie de son état d'abaissement; enfin, si comme je l'insinue partout, une assamblée nationale des trois Etats est reunie, vous serez paisiblement et unanimement élu president de Colombie, et si ceux qui ont voulù faire leur patrimoine du Venezuela font de l'opposition, les peuples et les milices, ainsi que le clergé, les forcéraint à se démettre de leurs prétentions et de vous laisser consolider l'organisation et le bonheur de votre patrie.

   Salut, santé, amitié.

Arganil.

Traducción:

LA GUAIRA, 22 DE MAYO DE 1832

General Santander, Filadelfia.

   Mi general:

   Aun cuando supongo que habrá partido usted ya para Bogotá, el solo temor de que se vea retenido a causa de su indisposición me determina a dirigir la presente a nuestro amigo Gener.

   Esperando aquí mi salida para Maracaibo y de allí para Bogotá, llegaron de Curazao el arzobispo Méndez y el obispo Talavera; los visité y hablamos de usted; ellos desean que usted esté a la cabeza del gobierno y yo no dudo que el uno y el otro contribuyan lo mejor posible a la unión de Colombia.

   Cierto negro Briceño, que sin duda por su negro corazón había sido enviado a Maracaibo y allí se ha conducido como déspota loco, regresó, y ha hecho correr el rumor de que Flores marchaba sobre Bogotá y que pronto él reuniría a Colombia bajo su dominio; no dudo que en Venezuela encuentre Flores numerosos partidarios, pero no inferiré a la Nueva Granada el ultraje de creer que se dobleguen bajo el yugo de este miserable asesino; creo, en fin, que el negro Briceño ha propalado lo que él desea y no lo que es en realidad.

   He trabado aquí conocimiento íntimo con el general Carabaño, a quien Fortique y otros me habían pintado como uno de los más inveterados enemigos; es el hombre más instruido y razonable que he conocido en Venezuela. Me ha dicho: "Sé que os han dicho que soy enemigo de Santander; que Soublette, Revenga y otros me han descrito a aquel general con colores desfavorables. Lo que puedo decir, sin temor a ser desmentido, es que a pesar de las órdenes rigurosas que Soublette me había dado contra el general Santander, si hubiera venido aquí habría sido tratado como camarada, igual que lo hice con el general Gómez; él y yo hemos sido engañados por hombres viles que siempre se han arrastrado bajo el poder, y que sacrifican todo lo que hay de más venerable y sagrado a su avaricia y a su ambición; pero si fuéramos lo suficientemente afortunados de que el general Santander pasara por aquí, me sería muy fácil desengañarle de las malas impresiones que los validos de Bolívar le dieron de mí. Diré más aún: jamás he sido adulador ni valido de nadie; las circunstancias me ligaron a la suerte del general Páez, y jamás obraré contra él, pero nosotros y el general Santander hemos sido engañados igualmente por Soublette y la facción aristocrática de la que era agente intermediario entre ella y Miranda y sucesivamente con Bolívar". He aquí en sustancia el lenguaje que casi públicamente habla el general Carabaño.

   En su trato familiar he descubierto conocimientos políticos y militares bastante por encima de lo común y las ideas que en él he fortificado acerca del patriotismo esclarecido y de las disposiciones naturales de usted, así como lo que le he hecho decir indirectamente por otras personas de su consideración, me permiten contarlo entre los hombres que con discernimiento le rinden a usted la justicia que se merece.

   En la casa del general Carabaño he visto y hecho conocimiento con el general Mariño, varios coroneles y los representantes del oriente, y con todos, el general Carabaño dice que Venezuela no puede subsistir sin la unión, y muchos de entre ellos piensan y confiesan con bastante franqueza que es usted el único que reúne el prestigio y el poder de hacer resurgir a Colombia de su estado de abatimiento; en fin; si como lo insinúo por todas partes, se reúne una asamblea nacional de los tres estados, usted será elegido presidente de Colombia pacífica y unánimemente, y si aquellos que han querido hacer de Venezuela su patrimonio hacen la oposición, los pueblos y las milicias, igual que el clero, los obligarían a desistir de sus pretensiones y a dejar que usted consolide la organización y la felicidad de su patria.

   Saludos, salud, amistad.

Arganil.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 112, p. 211-212.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 298.

301
Firma: J. R. MOSQUERA

POPAYAN, 22 DE MAYO DE 1832

Excelentísimo señor Francisco de Paula Santander.

   Muy apreciado y respetado general y señor amigo:

   Indecible placer he recibido con la carta de usted de 14 de marzo al ver que se hallaba usted próximo a partir de los Estados Unidos para Santa Marta. Así me supongo que a esta fecha habrá usted pisado ya las playas de Colombia. La vista del suelo patrio y de una patria que tanto ha costado a usted, debe necesariamente haber causado en su corazón sensible y patriota sensaciones tan gratas que no las habrá recibido iguales de todo lo que el genio de las artes haya producido de más bello en Italia. Reciba usted, pues, mil enhorabuenas de mi parte por su arribo, que deseo haya sido con la más completa felicidad.

   Aunque por una parte me ha sido sensible el que se haya frustrado el viaje de usted a Caracas, que habría sido muy útil a los intereses generales de Colombia, por otra parte celebro que no se haya retardado por esa causa la venida de usted a Nueva Granada. Aquí hemos estado y aun estamos a punto de perdernos, y de usted y solamente de usted espero nuestra salud, porque solamente un hombre tan conocido de los pueblos y que tenga una respetabilidad personal como la de usted, puede sobreponerse a tantos hombrecitos y sofocar tantas desordenadas ambiciones. Los males de la Nueva Granada exigen tan pronto remedio que la pérdida de un día se hace irreparable.

   Estoy de acuerdo con todo lo que usted me dice y creo que siempre lo estaremos. Los principios de donde usted parte son los mismos de donde parto yo. Usted da a las veces el significado que tienen en castellano, que es el mismo que yo les doy; así debemos naturalmente entendernos e ir a parar en unas mismas consecuencias. Sobre todo estoy de acuerdo con la opinión de usted acerca de lo que se ha llamado la cuestión del Cauca, que es el punto sobre el que quiero hablar a usted particularmente porque es el que más de cerca me toca. Yo creo que usted deseará conocer la opinión del Cauca en el particular, y las causas que la determinan, por hallarse encargado de aplicar el remedio; diré a usted mi concepto: no sé si me equivocaré, pienso que no me sucederá así, pues ningún interés tengo en ver las cosas de este o de otro modo, ni ninguna pasión que me ofusque.

   Cuando se sublevó el batallón Callao en el año de 30 y antes de que se supiese aquí el suceso del Santuario, ya temimos que si era favorable a la facción de Bolívar, el valle del Cauca y particularmente Cali, se decidiría por los vencedores. Para entretener esos ánimos y ver si podía desviárseles de una resolución extrema y atraerlos al partido mejor que se pudiese, se propuso la asamblea de Buga; los sucesos confirmaron nuestros temores; la asamblea se reunió y los diputados, seducidos unos, atemorizados otros, resolvieron someterse al intruso gobierno de Urdaneta. Esta ciudad, donde la opinión contra Urdaneta y su partido era unánime, viéndose abandonada, resolvió someterse más bien al Ecuador, y lo hizo en los términos que usted ha visto, unánime, espontánea y libremente. La pasada de las tropas que mandó Urdaneta al Valle, que es lo que se ha llamado batalla de Palmira, aunque allí no hubo nada que tuviese apariencia de batalla, sometió entonces el Valle a las armas de los generales Obando y López, que se titulaban armas del Ecuador. Los pueblos sometidos hicieron mal de su grado actas agregándose al Ecuador, porque se las exigieron los generales que tenían la fuerza en sus manos. Estos marcharon a Bogotá. Urdaneta cayó como usted sabe; y los que parecían ser o se decían sus vencedores, ocuparon el puesto del vencido como sucede regularmente. Aquí se halla ya el motivo de un cambio absoluto en la opinión de los pueblos del Cauca. Esta ciudad y el valle de Patía, donde Obando tiene bastante partido, quisieron ser del centro porque Obando manda allí; el valle del Cauca, donde el mismo Obando es generalmente aborrecido, quiso ya depender del Ecuador por no depender de Obando; de manera que en todo esto no se hallan sino personalidades. Sin embargo, pienso también que es útil el que usted conozca igualmente el origen de estas personalidades, porque es el modo de saber el remedio que les conviene.

   Desde el principio de nuestra revolución, la mayor parte del pueblo bajo de esta ciudad, todo el del valle del Patía y de Pasto se declararon por el partido realista; el del valle del Cauca y muy particularmente Cali por la independencia. El río de Ovejas vino a ser pues la línea divisoria de los dos partidos en que se dividió esta provincia. En el año de 19, tomó Obando partido con los españoles y entró a servir en las tropas con que Calzada se retiró de Boyacá (así está en la copia); con este jefe y a la cabeza de los patianos bajó a hacer la guerra a los patriotas del valle del Cauca; y desde entonces le juraron el odio que aún le profesan, el que se ha aumentado después de los hechos posteriores. El año de 28 hizo él con los patianos la revolución conocida con el nombre de Revolución de la Ladera, por la pequeña acción de guerra que allí hubo; y los del valle del Cauca, viendo por una parte a Obando con los patianos, y por otra a Bolívar, juzgaron de las cosas por las personas, como juzga regularmente el vulgo de las gentes, y creyeron ver en los primeros la causa de los godos y en el segundo la de la patria; así su mismo patriotismo les hizo abrazar, sin conocerlo, la causa del opresor de la patria. Comprometido Obando en su resolución y teniendo ya que sostenerse de cualquier modo, se vio en la necesidad de revolucionar a Pasto; pero mover a los pastusos por ideas de patriotismo y libertad era imposible; tuvo pues que hacer sonar la única cuerda que siempre está templada en sus corazones, el amor de Fernando VII. Así es que pastusos y patianos tomaron las armas creyendo que las tomaban por el rey, decían públicamente viva el rey, y Obando no se atrevía a contradecirlos y a lo más les decía, que aún no era tiempo de proclamarlo y que se mantuviesen callados. A más de esto, los otros godos más advertidos que no veían en los movimientos de Obando la causa directa del rey, la veían indirectamente, porque veían allí un motivo de división entre nosotros o una ocasión de vengarse de la guerra que Bolívar les había hecho; así tomaron la máscara de liberales y se alistaron en las banderas de Obando. ¿Pero quién podrá sin reírse oír predicar patria y libertad a nuestro obispo, a su secretario, al fraile Racines, etc.? Yo no puedo persuadirme de que Obando sea godo de corazón, porque no le hallo motivo, razón ni interés para serlo. El puede haber empezado sus empresas muy de buena fe en favor de la libertad; pero sus circunstancias y sobre todo sus antecedentes, relaciones, lo han conducido acaso sin pensarlo ni quererlo a ser el jefe y visible cabeza de los godos. En este estado de cosas es imposible que los pueblos patriotas del valle del Cauca sigan una causa a cuya cabeza esté Obando; si este viniera con las tropas del Ecuador, los vería usted levantarse en masa para oponérsele.

   ¿Quién podrá pues atraerlos nuevamente y reconciliarlos con la Nueva Granada? Usted y nadie mejor que usted; esto es para mí indudable. Ellos pueden haber recibido momentáneamente algunas impresiones desfavorables a usted por los muchos papeles que contra usted publicó el partido de Bolívar; pero como no han visto ni sentido los males que se dice haber hecho usted, esas pasajeras impresiones deben haber desaparecido, mas no los recuerdos de que usted fue siempre patriota, de que combatió como ellos por la independencia, y de que bajo su administración gozaron de libertad y garantías.

   Tan cierto es esto para mí, cuanto he visto la consternación que ha causado la elección de usted a los godos liberales o liberales de Fernando VII como los llaman por acá; y la alegría que ha producido la misma noticia en todos los patriotas viejos y aun en aquellos que han llamado bolivianos. El pueblo de Cali, que ha sido de los más entusiastas por Bolívar, porque no veían en él el hombre nuevo, sino el patriota viejo; ha manifestado mucho júbilo el día en que han sabido la elección de usted; espontáneamente se han subido a las torres; han repicado las campanas, ha salido un gran concurso con música, cohetes, etc., por las calles vitoreándolo a usted; y por la noche han iluminado sus casas. En otros lugares del valle estaban opuestísimos a someterse al gobierno de Bogotá; mas luego que supieron que usted había sido electo presidente o que casi todos los diputados estaban resueltos a elegir a usted, acudieron y se reincorporaron a la Nueva Granada. Vea usted, pues, cuán fácil es para un hombre que sea conocido y que goce de la reputación de antiguo patriota, atraerse a sí y a un buen partido a gentes que yo no considero criminales en su corazón, sino extraviadas en sus opiniones por las apariencias que se han presentado a sus ojos. Las gentes del valle del Cauca son no solamente buenas sino las mejores de este departamento. Hay entre ellas uno que otro hombre malo, que han obrado mal con conocimiento; mas yo no trato de este o de aquel individuo sino de las masas.

   Otras dos causas hay que pueden aún turbar los ánimos de esas gentes y alejarlas de vivir contentas con el gobierno de la Nueva Granada. La una es el temor de ser perseguidos por los hechos pasados; la segunda, las imprudencias de los filósofos en materias de religión. La alocución de usted a sus compatriotas, que corre impresa, y lo que los amigos del orden les hemos dicho acerca de usted, les ha inspirado bastante confianza. Alguna cosa de usted cualquiera que sea, al entrar usted en su gobierno y que, hablando de ellos directamente, les haga ver que usted lejos de perseguirlos, está dispuesto a protegerlos, los acabaría de ganar enteramente. En cuanto a lo segundo, las discusiones de la convención en el artículo de la religión; la negativa de la adición propuesta por el señor Estévez, muy mal entendida por los que no saben lo que significa esa negativa en la táctica parlamentaria, y sobre todo, el filosófico discurso del señor Azuero publicado en la Gaceta, nos iba formando una tormenta horrorosa. Ahora ha venido un cuaderno del doctor Rosillo sobre la supresión de prebendas, y otros papelitos sobre ciertos excesos cometidos por algunos jóvenes en las iglesias de Bogotá y en Jueves Santo, que en manos de comentadores mal intencionados pueden causar mucho mal.

   Me parece que he dado ya a usted una idea bastante clara de la opinión en la provincia de Popayán. Usted la hallará minuciosa y cansada, pero es tanto lo que hay que decir, que insensiblemente he escrito mucho más de lo que creí al comenzar, y paso a hablar de Pasto. Creo que allí no hay opinión pronunciada por uno ni otro partido. Esto es lo que me dicen los que vienen de allá, y lo creo; porque los pastusos no se mueven sino por el rey, toda otra cosa les es indiferente, y así estarán ellos porque no les quiten sus mulas, sus papas y sus habas y porque los dejen en paz. Algunos opinan que Obando tiene mucho partido en Pasto, y que por este medio se podría recuperar fácilmente; pero lo dudo. Los pastusos entraron en la revolución de la Ladera, porque creyeron que Obando les llevaba el rey; el día de hoy no creerían lo mismo aun cuando volviese a ofrecérselo. Así me lo han asegurado muchos pastusos.

   ¿Deberemos o nos convendrá pues hacer la guerra para ocupar a Pasto? Yo opino que no, porque no me parece fácil hacerlo si los pastusos no ayudan, porque un revés, y un revés en toda guerra puede haberlo, nos alborotaría el Valle, mientras allí no esté cimentada la opinión, y porque los quiteños tienen tal antipatía por los bogotanos, que si ven amenazada su independencia de Bogotá llamarán a los peruanos y se entregarán a ellos, y los peruanos no perderán la ocasión por respeto al uti possidetis de llevarse a Guayaquil con todo el sur de Colombia, y pronto tendríamos a Juanambú de frontera peruana.

   Flores pensó al principio marchar para acá con sus fuerzas; con ese motivo le escribimos varios de aquí haciéndole ver que iba a envolverse y a envolvernos en una guerra desastrosa y que no debía contar con que los de este departamento lo sostuviésemos contra la Nueva Granada, como parece que él lo esperaba. Yo le insinué que usted iba a ser nombrado presidente y que de usted debía esperar que no quisiese humillarlo, ni humillar al Ecuador. En su contestación que remití al señor vicepresidente Márquez y que él remitirá a usted, manifiesta muy buenas disposiciones a favor de la paz; mas yo creo que los señores del Ecuador entrarían por todo siempre que la Nueva Granada renunciase a Pasto, pero esto tampoco sería conveniente hacerlo, y a ninguno perjudicaría tanto esto como a nosotros los de Popayán, que quedaríamos de frontera abierta. Sin embargo, como los quiteños no quieren con tanto anhelo a Pasto, sino como punto de defensa contra los ataques que temen de Bogotá, yo creo que si llega a unirse Colombia, como es de desearse bajo un gobierno general, aunque no central, pierde mucho de sí el interés que tienen con esta posesión y sin renunciar por nuestra parte a ella podríamos recobrarla. La guerra nos mata a los del Cauca y decretarla es decretar nuestro exterminio.

   El general Flores manifiesta en ella el deseo que tiene de reconciliarse con usted. Yo entiendo que ustedes tenían antes relaciones amistosas y que no tienen quejas personales, sino las que nacen de opiniones y partidos distintos. El me pone de mediador, y como la reconciliación y buena armonía entre dos colombianos y dos personajes que se hallan presidiendo los destinos de la patria, es cosa que puede interesar a la paz y felicidad común, suplico a usted muy encarecidamente, que si entre los sacrificios que tiene ofrecidos a la patria, puede caber el de olvidar algunos motivos de resentimiento entre los dos, lo haga usted; será favor de que quedaré a usted tan agradecido, como si fuese a mí mismo a quien usted perdonase alguna ofensa.

   La convención me nombró de consejero de Estado y aunque a mí me cuesta ya infinito moverme de mi casa, porque no digan que soy muy egoísta he resuelto ir a Bogotá, e iré en el mes entrante. Entonces espero tener el gusto de ver a usted. No pasaré allá mucho tiempo y no pasaré de la reunión del próximo congreso, ante quien haré mi dimisión. Allá podré decirle a usted muchas cosas verbalmente que no dejarán de servirle para acabar de conocer el verdadero estado de este departamento.

   Los señores Arroyo y Pombo han recibido con el más alto aprecio y corresponden con el mayor afecto los recuerdos de usted. Ellos como todos nosotros no desean cosa alguna con tanta vehemencia como la llegada de usted y que sea con toda felicidad.

   Reciba usted mi gratitud por todos los beneficios que como colombiano he recibido de usted, por todos los que espero recibir como granadino; y por todas las muestras de aprecio que me dispensa usted en su estimada carta, y disponga usted como guste de la buena voluntad que le profesa su apasionado y afectísimo obediente servidor,

J. R. Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2880, p. 404-410.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 301.

302
Firma: ¿G. N. FEATHERSTONHOUGH?

PHILADELPHIE MAI 23 1832

   Monsieur:

   Je vous suis très redevable pour m'avoir donné ocassion de faire la connaissance de M. Le Colonel Acosta, personne très instruit, et qui est tout à fait de mon gout. J'espère [que], quand il se trouvera tranquillement établi dans son pays, pouvoir profiter de la correspondance a laquelle nous nous sommes engagés.

   Je vous offre mes félicitations, M. le Général, sur ce que la préférence vous a été donné par vos compatriotes a les faire du bien: du côté de votre Expérience et de votre Coeur, ils ont lieu d'attendre un gouvernement paternel, et des mesures sagement conçues, et dignement et fermement éxecutés pour leur former un caractère tel qui convient a une brave nation qui a mérité toujours le respect del Etrangers. Ma peu d'Expérience m'a porté à chercher par l'étude de la nature et de ces voix immutables qui font les principes de toute science, ce contentement que d'autres cherchent dans les richesses et dans les distinctions des hommes.

   Je suis content parce que je ne désire que de pousser mes reconnaissances dans la nature, encore un petit peu tous les jours. Quand on sait inspirer du goût aux hommes pour l'amélioration de l'esprit, on les gouverne facilement; l'homme qui est toujours occupé de choses honnêtes n'a pas le temps d'être mécontent, et préfère être gouverné à être gouverneur.

   Ceux qui ont eu l'avantage de vous connaître, ont trouvé en vous un caractère digne du rôle que vouz allez remplir, quand votre loisir et vos resources le permettront, j'attends voir de ma part que les Sciences soient Chéries de vous; d'abord avec des buts utiles, et puis pour des résultats plus intellectuels. Ce sera la vraie manière de vous faire honorer a l'Etranger, et fera, comme vous savez mieux que moi, le vrai bonheur de vos concitoyens.

   Vous pouvez toujours me commander librement, et je vous prie, M. le Général, d'agréer mes Souvenirs et de croire au grand respect et considération que je conserve pour vous.

¿G. N. Featherstonhough?

Traducción:

FILADELFIA, 23 DE MAYO DE 1832

   Señor:

   Le estoy muy agradecido por haberme dado la ocasión de conocer al señor coronel Acosta, persona muy instruida y que es absolutamente de mi agrado.

   Espero que cuando esté establecido en su país pueda disfrutar de la correspondencia a la cual nos hemos comprometido.

   Le ofrezco mis felicitaciones, señor general, porque sus compatriotas lo han preferido a usted, por su propio bien: por su experiencia y su buen corazón pueden esperar un gobierno paternal y medidas sabiamente concebidas así como digna y firmemente ejecutadas, que contribuirán a formar su carácter según conviene a una nación valiente que siempre mereció el respeto de los extranjeros.

   La poca experiencia que tengo me ha llevado a buscar, gracias al estudio de la naturaleza y de sus leyes inmutables que constituyen los principios de toda ciencia, la satisfacción que otros buscan en las riquezas y en las distinciones de los hombres. Estoy contento porque no deseo sino avanzar en mis conocimientos de la naturaleza, cada día un poco más. Cuando uno sabe inspirar a los hombres el gusto por el perfeccionamiento del espíritu, puede gobernarlos fácilmente; el hombre que está siempre ocupado en asuntos decentes no tiene tiempo para sentirse descontento y prefiere ser gobernado a ser gobernante.

   Los que tienen el privilegio de conocerlo han encontrado en usted un hombre digno del papel que va a desempeñar. Cuando su tiempo libre y sus recursos se lo permitan, espero, por mi parte, ver que las ciencias sean privilegiadas por usted, primero con metas utilitarias y luego por resultados más puramente intelectuales. Será una verdadera manera de hacer que lo honren en el extranjero y logrará, como usted bien sabe, la verdadera felicidad de sus conciudadanos.

   Estoy siempre dispuesto a acatar sus órdenes; y le ruego, señor general, recibir mis recuerdos y aceptar la manifestación del gran respeto y consideración que siempre siento hacia usted.

¿G. N. Featherstonhough?

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original No. 127/25 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

303
Firma: CARMEN RODRÍGUEZ

1° DE JUNIO DE 1832 (SIN CIUDAD)

Señor presidente de la República, Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido y nunca olvidado amigo:

   Aunque usted no me ha contestado una sola de las muchas que en medio de mis trabajos le he escrito, mi cariño hacia usted es más que mi ofensa y me fue muy duro perder la ocasión de la bondad del señor Rodríguez que hoy parte para donde usted.

   Felicíteme usted que llegó el día tan deseado para mí y para todos mis hijos al ver las riendas del gobierno en manos del defensor de las leyes y del que ha salvado su vida por un milagro para la libertad. Dios lo proteja en todo. Le aseguro a usted que el día de las elecciones y que vimos que al primer escrutinio salió electo, José María se volvió loco de placer, decía: ya somos libres, hoy nació la libertad y leyes ya no hay que temer, y todos repetían lo mismo y a la vez cada uno le hacía justicia con sus votos.

   Aguardamos que se venga pronto y que no vacile en admitir la presidencia, que venga a realizar nuestras esperanzas, es verdad que el estado actual no presenta otra cosa que disgustos y dificultades, pero su patriotismo y amor a la libertad es mayor que los grandes obstáculos presentes, usted tiene todo el prestigio, hasta los enemigos de la libertad y suyos, que es una misma cosa, estos lo desean y les he oído decir que solo usted compone esto, el honrado general Obando ha trabajado mucho pero todos dicen: hasta que no esté aquí el general Santander no hay paz. Así, le ruego por Dios, por lo que usted más ama y por todos nosotros no renuncie, venga pronto, así se lo demanda la libertad y sus amigos, cuídese mucho, por el camino póngase un poco de solimán en la cintura y en los brazos bien envuelto, de modo que no se salga y yo le aseguro con mi cabeza que no le dan calenturas, se han librado de ellas cuantos saben este remedio.

   Tengo el gusto de decir a usted que sus amigos le desean como a la vida y que una de ellas no se ha quitado el luto y ni se ha puesto medias ni zapatos desde su partida ni tratado con otra gente que la muy precisa, es decir, se ha sepultado en vida, así es que usted debe abreviar su viaje para calmar tantas penas.

   José María no está en esta, se fue ayer a Zipaquirá a tener el gusto de llevar tan plausible noticia y congratularse allí, Alejandro y Cilita Pachita lo saludan y su siempre amiga lo desea,

Carmen Rodríguez.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/26 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

304
Firma: JOSÉ ANTONIO PÁEZ

VALENCIA, 6 DE JUNIO DE 1832

Al ciudadano Francisco de Paula Santander,
presidente de la República de Cundinamarca.

   Muy estimado señor:

   Al llegar a esta ciudad del Apure el 29 del mes pasado, tuve el gusto de recibir la apreciada carta que usted me dirigió desde Nueva York el 14 de noviembre del año último. En ella he visto los agradables sentimientos de gratitud que usted me tributa por mi conducta en los días penosos de su persecución. Considerando que la justicia universal debe estar siempre al nivel de los deberes del hombre en sociedad, nada creo que he hecho, y ojalá que hubiera podido hacer algo. Con todo, usted está satisfecho y yo estoy recompensado.

   En nombre de Venezuela sírvase usted aceptar por mi conducto las más expresivas gracias y los sentimientos más sinceros de agradecimiento por la bondad con que usted ha defendido su causa en los países extranjeros que ha visitado. En este servicio hay mucho que agradecer a usted.

   Hubiera sido para mí muy satisfactorio el que usted se hubiese determinado a visitar a Caracas como me lo dice, antes de pasar a Bogotá; sin duda habría sido bastante útil a nuestros países; hubiera usted conocido en presencia de los hombres y del lugar las opiniones de Venezuela. No hay cosa más importante ni más necesaria en mi concepto, que este conocimiento para consolidar la paz y las relaciones; mas por los papeles públicos me he informado que usted ha seguido y debe estar a esta fecha en Bogotá.

   Acepto y aceptaré siempre los consejos de usted con gusto y con gratitud; ellos son el fruto de la experiencia y de la meditación. No podré yo vanagloriarme de dirigir al pueblo con las luces y conocimiento de que otros hombres abundan en el peligroso punto en que se ha colocado Venezuela; mas como la senda de la voluntad general está siempre clara, sí podré asegurarle que seguiré por ella, ilustrado además por sus advertencias y por los sucesos y acontecimientos de los tiempos pasados.

   Los papeles públicos también me han informado que es usted el presidente de Cundinamarca; felicito a Cundinamarca y doy también mis felicitaciones a Venezuela; sea usted tan feliz en su administración como he merecido yo de sus generosos deseos en la mía; que no se diga jamás "que ofrecimos sostener las reglas escritas que se nos dieron para gobernar el pueblo y que las violamos con designio de oprimirlo".

   Tenga usted la bondad, mi estimado compañero, de creerme siempre su obsecuente amigo y obediente servidor,

José A. Páez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 10, carta No. 3369, p. 194-195.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 757-758.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 312.

305
Firma: MANUEL PEDRAZA

FILADELFIA, 8 DE JUNIO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi buen amigo:

   Creía a usted en Boston y por tanto cabalmente repuesto de sus males: su afectuosa carta del 4 del corriente que recibo hoy, me incluye de que aún padece del pecho, así como de un próximo viaje a Colombia, consecuencia de la elección hecha en usted para la presidencia de la Nueva Granada.

   Hace algunos días que supe del nombramiento de usted para ese destino honrosamente funesto, y si me alegré de que le hicieran a usted justicia, no me pareció muy aceptable el tal ofrecimiento. Ahora que exige usted mi opinión se la manifestaré a usted con la lisura que acostumbro. Examinando el estado de inquietud habitual de la América del Sur y de las escenas habidas después de su independencia (las mismas o muy semejantes en toda la vasta extensión de las nuevas repúblicas) he llegado a convencerme de que existe una causa general y poderosa del desorden, causa muy superior a la influencia ilimitada de los hombres que han figurado. El destino de todos los funcionarios públicos casi ha sido el mismo, y siendo difícil que todos hayan obrado mal resulta que las agitaciones derivan de otro principio, o de varios hasta ahora poco conocidos e irresistibles. Colombia ha sufrido lo mismo que las otras repúblicas y usted es el ejemplo y la prueba.

   Ahora bien, o en su país de usted ha desaparecido esa causa siniestra del desorden, o usted se cree poderoso a extremarla: en cualquiera de los dos casos acepte usted el mando supremo a que se le convida; pero solo en ellos, pues que de otro modo usted no hará el bien y se sacrificará. Aquí tiene usted mi respuesta, lacónica pero sobrada para un hombre que no necesita de explicaciones.

   Usted no ignora que siempre se juzga por los resultados: los buenos deseos nos llevan al cielo, pero acá en la tierra mil veces nos pierden. Sin un éxito feliz muy probable no se enrede usted en el laberinto de la política, pero si usted se juzga capaz de remover todos los obstáculos para hacer el bien, manos a la obra, pues entonces la excusa sería un crimen.

   Las cosas de México a la hora esta me parecen concluidas, y tal me lo hacen creer las últimas noticias. ¡Dios quiera que esta haya sido la última revolución! He leído el impreso que usted me mandó y adolece en efecto de los errores del traductor: esa clase de papeles deben imprimirse muy originalmente.

   Creo y mucho los generosos ofrecimientos de su amistad, y le aseguro que en dondequiera que me encuentren sus órdenes serán obsequiadas.

   [...] Juliana saluda a usted y le desea toda suerte de bienes: qué más podrá apetecerle a usted, su amigo y servidor,

Manuel Pedraza.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

306
Firma: JOSÉ MARÍA, OBISPO DE SANTA MARTA

IBARRA, A 13 DE JUNIO DE 1832

Excelentísimo señor presidente Francisco de Paula Santander.

   Mi muy querido amigo:

   Por carta de Santa Marta he sabido que usted debía desembarcar en ese puerto y siento infinito no estar en aquella ciudad para recibir a usted y darle nuevas pruebas de mi agradecimiento y de la invariable amistad que he tenido hacia usted. Me consuelo reflexionando que usted se ha visto en una posición que le ha hecho conocer quiénes eran sus verdaderos amigos, y que yo manifesté entonces que mi afecto era sincero, y que no varió en el tiempo de sus desgracias.

   Tengo la satisfacción de que se hayan realizado mis deseos y mis pronósticos de que usted volvería a nuestro suelo colmado de gloria, para emplear sus talentos en la consolidación de nuestras instituciones; ya que probablemente no estaré en Bogotá cuando usted llegue a esa ciudad, me anticipo a felicitar a usted y a la Nueva Granada porque tiene ya en su seno al hijo predilecto de la libertad, al magistrado que respeta las leyes y a mi querido amigo el general Santander. Quiera el cielo dar a usted la más completa salud para que pueda trabajar por la felicidad de los pueblos.

   Me ha sido muy satisfactorio el saber que usted desea que las diferencias entre la Nueva Granada y el Ecuador se terminen amigablemente y sin recurrir a las armas. Estos han sido también mis deseos y para conseguirlos hemos trabajado con el señor Restrepo cuanto nos ha sido posible. Ya hemos acordado un tratado justo y ventajoso para ambos estados; pero el artículo sobre límites está pendiente y aguardamos nuevas instrucciones del gobierno para terminarlo sin que haya un rompimiento, que sería funesto y contrario a las opiniones de los pueblos que desean la paz.

   Deseo la salud de usted y que me ocupe como a su verdadero amigo, estimador y capellán que besa su mano,

José María, obispo de Santa Marta.

   Adición. El señor Restrepo saluda a usted afectuosamente.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 5, carta No. 1824, p. 383.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 315.

307
Firma: JOSEPH BONAPARTE

POINTE BREGI, 17 JUILLET 1832

   Mon général:

   J'ai reçu la lettre que vous avez bien voulu m'ecrire avant votre départ, j'espère que mon neveu aura mérité par sa conduite la bienveillance que vous lui montrez. Je lui ai écrit pour lui annoncer la resolution que j'ai prise de partir pour l'Angleterre le 20 du courant; les nouvelles que j'ai reçu de ce pays me font esperer toute securité, et des passeports qui me servirant à me rendre en Italie où la santé de ma mère et de ma femme me fait désirer de me trouver le plus tôt possible. J'espère vous écrire de ce pays; en attendant je vous prie de continuer vos bontés à mon neveu, il ne tardera pas â connaître la volonté de son père a qui je parlerai de sa situation.

   Je vous prie d'agreer mes voeux pour le succès du grand ouvrage que vous avez entrepris, et de ne pas douter de l'attachement que vous savez si bien inspirer, ainsi que de la consideration la plus distinguée avec laquelle j'ai l'honneur d'être votre affectueux,

Joseph Bonaparte

Traducción:

POINTE BREGI, 17 DE JULIO DE 1832

   Mi general:

   Recibí la carta que usted se dignó escribirme antes de su partida. Espero que mi sobrino haya merecido, por su conducta, la benevolencia que usted le ha mostrado. Le he escrito para anunciarle la resolución que he tomado de salir para Inglaterra el 20 del corriente; las noticias que de aquel país he recibido me hacen esperar todas las seguridades, y los pasaportes que me servirán para irme a Italia, donde deseo encontrarme lo más pronto posible a causa de la salud de mi madre y de mi esposa. Espero escribirle desde aquel país; entretanto le ruego continuar sus bondades con mi sobrino. No tardará él en conocer la voluntad de su padre, a quien le hablaré de su situación.

   Le ruego aceptar mis votos por el buen éxito de la grande obra que usted ha emprendido, no dudar de la devoción que tan bien sabe usted inspirar, así como de la más distinguida consideración, con la cual tengo el honor de ser su afectísimo,

José Bonaparte

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 3, carta No. 655, p. 130-131.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 670-671.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 318.

308
Firma: J. F. BLANCO

LA GRITA, 19 DE JULIO DE 1832

Al benemérito general Francisco de Paula Santander.

   General:

   Veterano de la libertad, como vos, y vuestro antiguo y fiel amigo aun en vuestras desgracias mismas, yo me apresuro a felicitaros al saber que os restituís a vuestro patrio suelo. Tan firme en los días de las glorias de vuestro poder, como en medio de las persecuciones de vuestros enemigos, vos habéis dado un singular e inimitable ejemplo de constancia y de dignidad que os ha atraído los aplausos y las bendiciones de los hombres libres del orbe, y el voto general de ese Estado de Nueva Granada para presidir a sus destinos. ¡Tal es el premio debido a la virtud y al mérito! Aceptad, pues, ilustre general, mis congratulaciones por vuestro triunfo y el modo glorioso de vuestro regreso, como los votos más sinceros de mi corazón, porque vuestra presidencia sea feliz, venturosa y acertada al bien de los pueblos, vuestros comitentes, y acoged propicio mis respetos y fervientes deseos de ocuparme en vuestro servicio.

   Permitidme que aproveche además esta oportunidad para preguntaros como a caballero y magistrado supremo de ese Estado, si bajo vuestra presidencia le será concedido habitar en él a este veterano y hombre de bien, con todas las seguridades que deben dar al ciudadano honrado y obediente al gobierno las leyes protectoras de la virtud y del verdadero mérito.

   Por último: por si el genio del mal, que en los años 27 y 28 sopló la discordia entre los colombianos más unidos, hubiese podido influir en vuestro ánimo contra mí, permitidme la confianza de incluiros la adjunta copia de carta original, que deberá desengañaros, acreditándoos mis sentimientos de consecuencia y amistad.

   Tengo la honra de renovaros las protestas de la más distinguida consideración y respeto, con que soy, ilustre general, vuestro más obediente servidor y compatriota,

J. F. Blanco.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 267, p. 506-507.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 319.

309
Firma: JERÓNIMO TORRES M.

PARIS, 27 DE JULIO DE 1832

Señor presidente Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado señor y estimado amigo:

   En el camino de regreso de Roma para esta capital, tuve el gusto de recibir la apreciable de usted de 15 de marzo en que me participa su elección para la presidencia: yo contaba ya con ella; usted está llamado en el día exclusivamente a ocupar ese destino por mil consideraciones, y afortunadamente creo que reúne los votos de la totalidad. Al ver la firmeza con que usted se vuelve a encargar de la ardua empresa del restablecimiento del orden en ese país, y al oír la generalidad de la opinión que hay porque usted se ponga a la cabeza del gobierno, comienzan ya a renacer mis esperanzas, a pesar de las enormes dificultades que a mi ver hay que superar y que antes he manifestado a usted. Si las capacidades influyentes apoyan los esfuerzos y buenas intenciones de usted y los que no cooperen quieren a lo menos no oponerle obstáculos que entorpezcan; si los deseos que se anuncian de orden y paz son sinceros, generosos y desinteresados; si se adopta como indispensablemente necesaria la refusión general de todos los colores, y se olvida hasta la memoria, si es posible, de los disturbios pasados, no dudo que la constancia y energía de usted triunfarán de los principales embarazos, y que el tiempo y el reposo hallarán posteriormente lo demás.

   Celebro infinito las disposiciones pacíficas del centro para evitar la guerra con el sur: creo que deben hacerse cuantos sacrificios sean posibles para conservar la paz. Bien veo que las desmembraciones fraccionarias son injustas y obra por lo común o de la usurpación o del despotismo o de la anarquía. Creo también que el departamento del Cauca debería incorporarse íntegramente a aquel de los dos estados limítrofes que eligiese su mayoría, y que si prefería el centro, este necesitaba exigir suficientes garantías del de Ecuador para dejar en su poder la interesante frontera de Pasto, en vista de las anteriores aspiraciones del Perú y diversas opiniones del sur, que acaso podrían renovarse y turbar el equilibrio político que tienen ahora y deben conservarse entre los dos estados; pero si en el sur hay bastante dignidad y buen sentido para mantener su independencia, al del centro poco le importa la separación de Pasto y su provincia. Es verdad que el departamento del Cauca pierde en extensión, pero ganaría en tranquilidad, que no la tendría si la conservación de Pasto era forzada, contra la voluntad de esos pueblos; y al contrario, si Quito los desmembra por la fuerza no podrá conservarlos largo tiempo.

   Aunque no he visto la última constitución, la creo buena, porque la supongo adaptada a las actuales circunstancias del país. Se juzgan excesivas las atribuciones del consejo de gobierno; mas como no las puntualizaban, no puedo opinar sobre su estructura; si ese cuerpo no es un resorte adicional a la acción del ejecutivo sino más bien un contrapeso, vendrá a convertirse en un cuarto poder que entorpezca la administración. Las máquinas muy complicadas no obran comúnmente con la regularidad y se desarreglan muy fácilmente. Las precauciones minuciosas a que induce el mismo temor del despotismo, introducen muchas veces en las instituciones gérmenes de discordia que se desarrollan después. La renovación de los magistrados en el poder judicial, que es otra de las innovaciones, ha sido siempre mi opinión: la administración de justicia es lo que más interesa al pueblo en particular; y si la primera elección no ha sido acertada, hay un medio de mejorarla en las posteriores, porque se hará siempre justicia a la integridad y al saber que la experiencia haya acreditado: así se evitarán o corregirán los escándalos que hemos visto anteriormente, y la vindicta pública, el honor y la fortuna de los ciudadanos no permanecerán al arbitrio de una caprichosa ignorancia o de una venal inmoralidad.

   Cada día toman mayor incremento los combustibles que preparan una conflagración general en la Europa: usted ha observado ya en toda la Italia la agitación del espíritu público contra su régimen actual; el protocolo de Francfort, que ocupa actualmente las prensas, ha descorrido por último el velo con que se ocultaba la efervescencia de la Alemania; las diarias reacciones de París no dejarán consolidarse al presente gobierno, ni de atacarlo siempre hasta que el partido republicano logre un suceso; hasta en Inglaterra ha terminado ya el despotismo tory que ha dominado por dos siglos; comienza ahora la influencia popular con el bill de reforma; la enérgica simpatía por la libertad que acaba de manifestar el pueblo inglés, obligará en lo sucesivo a que su gobierno preste un apoyo positivo y menos equívoco a las libertades de la Europa; ya obra en este sentido en favor de la de Portugal; si don Pedro triunfa como se espera, luego seguirá la reacción de la España; en fin la clava de la libertad está ya levantada sobre las cabezas que restan de la hidra feudal; los pueblos y los gobiernos están en marcha para el campo de batalla, armados los unos de la fuerza numérica y moral, y los otros de la militar, servil y mercenaria; París dará la señal del combate; no será mañana, pero será indefectiblemente. Cuántas ventajas no sacarían los nuevos estados de la América del Sur si se condujeran bien y ofrecieran un refugio seguro en el nuevo mundo a los desgraciados del viejo, que irían con sus fortunas y conocimientos a buscar un asilo en aquel. ¡El aprecio y aun admiración con que la Europa vio los heroicos esfuerzos de nuestra transformación y los primeros pasos de nuestra marcha política, ha cesado enteramente en vista de nuestra retrogradación, ahora nos compadecen, cuando más, si no nos desprecian; hasta somos ya el objeto del sarcasmo del bufón de Fígaro; la vergonzosa ocurrencia del enviado de Guatemala, que han repetido todos los diarios, le han dado material para ridiculizar a esos gobiernos; y se me asegura que lo verán hasta en los teatros con esta ocasión. Yo pensé contestar algo a lo menos en defensa de Colombia; pero las dificultades anteriores de Méndez, Real y Revenga y las actuales de Tejada, que ha estado a punto de ofrecer otra escena no menos vergonzosa, que contribuí a evitar, me lo han impedido; influya usted en que no se piensen establecer ningunas legaciones en Europa; nuestras relaciones políticas con estos gobiernos son ningunas en el día; aun las de comercio son puramente pasivas respecto de nosotros; para estas bastan cónsules. En Roma solo se necesita un encargado de negocios exclusivamente para los asuntos de la Iglesia. Ningún tratado; todo el que se celebre será desventajoso para nosotros, como los concluidos hasta ahora.

   No tendré el gusto de ver a usted hasta después de haber visitado y permanecido algún tiempo en los Estados Unidos; entretanto seré siempre su afectísimo servidor y amigo que besa su mano,

Jerónimo Torres M.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4496, p. 80-83.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 320.

310
Firma: P. RODRÍGUEZ

CARTAGENA, 29 DE JULIO DE 1832

Al excelentísimo señor presidente de la República de Cundinamarca.

   El que suscribe se congratula por la feliz llegada a Colombia del ilustre presidente de la República de Cundinamarca, general Francisco de Paula Santander, y se complace en protestar a su excelencia los sentimientos de admiración y respeto que le inspiran la constancia y el mérito. El que suscribe apreciaría como un favor distinguido el que su excelencia el general Santander, le concediera una audiencia particular, en el día y hora que tuviera a bien designarle.

   Se promete el que suscribe que esta nota será bien acogida por su excelencia el general Santander, y que le será permitido ofrecer a su excelencia el homenaje de su profundo respeto.

P. Rodríguez.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/27 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, Bogotá.

311
Firma: LAFAYETTE

LAGRANGE, 29 JUILLET 1832 

   Mon cher général: 

   Je vous ai une double obligation pour votre lettre de New York et pour celle que me transmet les bontés de vous concitoyens.

   Craignant que vous n'ayez pas reçu de premiers remerciements je prie mon ami M. Pallacio de vous faire parvenir la nouvelle expression de mon hommage reconnaissant pour les patriotes de Bogotá et de mon amitié personnelle pour vous.

   Les nouvelles que vous me donnez de votre patrie, indépendamment de l'intéret que je lui porte depuis sa première et passionante insurrection, et des sentiments américains que feront toujours battre mon coeur, sont aussi pour moi des motifs de satisfaction européenne. Vous verrez dans les journeaux tout ce que s'est fait et tout ce que se prépare contre les Résultats Rationels et nécessaires de notre Révolution de juillet. En vrai, par la considération des circonstances environnantes, et par notre respect pour la volonté et même les préventions nationales, avons nous mis, comme vous l'avez vu, notre système d'institutions républicaines, sous la sauvegarde d'un alliage de trone populaire. Le principe aristocratico-monarchique ne se contente pas de cette concession, et quelque qu'aient été les condescendances et à mon avis les torts de la Royauté citoyenne, je crois qu'en définitive il y aura lutte declarée entre le droit divin et la souveraineté du peuple. Déja, mon cher général, l'Amérique du Nord a prouvé qu'il y avait dans ses institutions la meilleure garantie de liberté, de sécurité, de prosperité qui ai jamais existé sur la terre. Il faut au présent que votre portion de l'Amérique donne au monde un nouvel exemple du même genre: c'est la meilleure response que nous puissions faire aux arguments de l'intrigue de l'aveuglement des préjugés. Je vois para nos conversations que vous en avez le désir: votre popularité vous en donnera les moyens.

   Promettez-moi d'exprimer ici la recommendation qui m'a été demandée auprès de vous par le général Montilla: elle m'est d'autant plus précieuse que j'y vois un témoignage de plus de la confiance qu'on veut bien avoir dans votre amitié pour moi.

   Vous recevez sans doute tous les papiers de France, d'Angleterre et d'autres parties de l'Europe. La Bavière polonaise est abattue et sur des débris.

   Le despotisme moscovite exerce de cruautés inouies: trois douzaines de protocoles de la conférence viennent de se terminer misérablement. Les cours de Vienne et de Berlin, maîtrisant la diète de Francfort, se sont unies pour opprimer l'Allemagne. On laisse l'Autriche régenter l'Italie: les engagements de juillet ne sont pas remplis. Mais cette révolution de notre Hôtel de Ville a excité les peuples, et ébranlé les trônes. Elle a plus fait pour la représentation législative de l'Angleterre que pour celle de la France; la nationalité polonaise dispersée comme celle des Hébreus conserve par su nature les éléments de réunion: le principe constitutionel combat avec succés la tyrannie de San Miguel et menace celle de Ferdinand VII. Le patriotisme français est mieux conservé que ne le ferait croire la domination actuelle du juste milieu. La souveraineté nationale et l'armement du peuple nommant ses officiers sont au-dessus des attientes, la tribune et la presse sont indestructibles. Violà de grands motifs d'espérance pour la civilization et l'émancipation européennes.

   Donnez-nous de vos nouvelles, et des nouvelles de votre situation dans la belle partie du monde où la liberté républicaine et l'union des patriotes vont, j'espére, et grâce a vos soucis, s'affermir et nous fournissant d'heureux arguments, rempliront de joie l'âme américaine depuis près de soixante ans qui prend un intéret tout particulier au sort de votre patrie spéciale.

   Je vous renouvelle, mon cher général, l'expression de la haute considération et du bien sincere attachement que je vous ai voué,

Lafayette.

Traducción:

LAGRANGE, 29 DE JULIO DE 1832

   Mi querido general:

   Tengo para con vos una doble obligación por vuestra carta de Nueva York y por aquella otra que me transmite las finezas de vuestros conciudadanos. Temiendo que no hayáis recibido los primeros agradecimientos, he rogado a mi amigo M. Pallacio haceros llegar la renovada expresión de mi reconocido homenaje para con los patriotas de Bogotá y el testimonio de mi amistad personal hacia vos.

   Las noticias que me dais de vuestra patria, independientemente del interés que siento hacia ella desde su primera y apasionante insurrección, e independientemente también de los sentimientos americanistas que siempre han hecho palpitar mi corazón, son también para mí motivos de satisfacción europea. Leeréis en los diarios todo lo que se ha hecho y todo lo que se prepara contra los resultados racionales y necesarios de nuestra revolución de julio. En verdad, en consideración a las circunstancias ambientales, y por nuestro respeto hacia la voluntad y aun hacia los prejuicios nacionales hemos colocado, como lo habéis visto, nuestro sistema de instituciones republicanas bajo la salvaguardia de una alianza de la soberanía popular. El principio aristócrata-monárquico no se aviene a esta concesión y por grandes que hayan sido las concesiones y, a mi parecer, los errores de la realeza ciudadana, creo que, en definitiva, habrá una lucha declarada entre el derecho divino y la soberanía del pueblo. Ya, mi apreciado general, la América del Norte ha demostrado que había en sus instituciones la mejor garantía de libertad, de seguridad, y de prosperidad que haya jamás existido sobre la faz de la tierra. Es necesario, en la actualidad, que vuestra porción de América dé al mundo un nuevo ejemplo de esta clase: esta es la mejor respuesta que nosotros podemos dar a los argumentos de la intriga y a la obcecación de los prejuicios. He podido comprobar, por nuestras conversaciones, que vos tenéis ese mismo deseo: vuestra popularidad os dará los medios para ello. Permitidme expresaros aquí la recomendación que me ha sido hecha ante vos por el general Montilla: la que me es tanto más urgente cuanto veo en ella un nuevo testimonio de la confianza que se tiene en vuestra amistad hacia mí.

   Estaréis recibiendo sin duda los periódicos de Francia, Inglaterra y de otras partes de Europa. El despotismo moscovita realiza crueldades jamás oídas: tres docenas de protocolos de la conferencia acaban de terminarse de la manera más miserable. Las cortes de Viena y de Berlín, que han dominado la dieta de Francfort, se ha coligado para oprimir a Alemania. Se deja que Austria regente a Italia: los compromisos de julio no se han cumplido. Pero esta nuestra revolución de alcaldías ha despertado a los pueblos y ha derribado tronos. Ella ha hecho más por la representación legislativa de Inglaterra que por la de Francia; la nacionalidad polonesa, dispersa al igual que la de los hebreos, conserva por su propia naturaleza los elementos de unificación. El principio constitucional combate con éxito la tiranía de San Miguel y amenaza la de Fernando VII. El patriotismo francés se ha conservado mejor de lo que sería de esperar de acuerdo con el predominio actual del justo medio. La soberanía nacional y el armarse el pueblo para nombrar a sus oficiales está por encima de cualquier atentado; la tribuna y la prensa son indestructibles. Estos son los grandes motivos de esperanza para la civilización y la emancipación europea.

   Transmitidnos vuestras noticias y todas aquellas pertinentes a vuestra situación en esa bella porción del mundo en donde la libertad republicana y la unión de los patriotas van, así lo espero, y gracias a vuestra solicitud, a afianzarse y han de ser, para nosotros, motivos felices que henchirán de gozo el alma americana después de casi sesenta años de interés muy especial de nuestra parte por la suerte de vuestra patria.

   Os renuevo, mi querido general, la expresión de la profunda consideración y del sincero aprecio que siempre os he testimoniado,

Lafayette.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2195, p. 447-450.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 611-613.
FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del original del archivo de don Diego Suárez Costa, en Nueva York.

312
Firma: JOAQUÍN MOSQUERA

PARIS, 30 DE JULIO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi muy apreciado y distinguido amigo:

   En Roma recibí las estimables de usted de 15 de abril y 21 de mayo contestando a otras mías; y como me preparaba a regresar, me reservé a replicar de aquí con las más que fuesen dirigidas para mí y que había ordenado se reservasen en casa de Hottinguer. Efectivamente he hallado otras dos de usted de 10 de mayo y 10 de junio que agradezco a usted infinitamente por las noticias que se sirve comunicarme y por los sentimientos de benevolencia con que usted me favorece.

   Mucho deseo tengo de ver la nueva constitución de Nueva Granada para formar un juicio exacto, pero por ahora digo a usted que no me parece bien que el poder judicial deba ser alternativo.

   En cuanto a las elecciones de los primeros magistrados, ya eran sabidas, y yo parecería hombre de rutina si diera a usted parabienes por su elección de presidente de Nueva Granada. Tiempo ha que dije a usted que usted era el hombre de las circunstancias presentes; pero me es agradable reiterar a usted mis votos fervorosos porque usted haga tanto bien a nuestra común patria como ella necesita, y que usted gane aquella gloria pura que se debe a los fundadores de las naciones. Como colombiano y como amigo de usted deseo que usted se distinga entre todos los gobernantes del nuevo mundo y restituya a nuestra patria a la vanguardia de la civilización.

   Mucho placer he tenido con el decreto de la convención que pone las bases fundamentales para la unión que sea practicable entre los estados de la antigua Colombia. El decreto de amnistía es también importante porque era preciso hacer esto o perseguir siempre.

   Sería una injusticia dejar de conocer el conato de reparación de justicia y desprendimiento que domina en nuestros conciudadanos. Va usted en las más felices circunstancias; se ha cauterizado la gangrena; se han dejado en la impotencia a los enemigos de las leyes; y es usted llamado cuando el pueblo ha recobrado derechos y necesita de la presencia de un antiguo jefe para darles consistencia.

   Desearía escribir a usted una disertación entera y muchas cosas de diferentes géneros; pero me hallo estrechado por el tiempo y por otras muchas cosas, y así diré a usted en resumen lo que más me llama la atención.

   Allá verá usted el protocolo de la dieta de la confederación germánica de 28 de junio de este año, que es la restauración de la santa alianza compuesta de los 36 estados de Alemania. Muchos años ha que no ve la Europa un acto diplomático tan grave y de tanta trascendencia. Prescindiendo ahora de tantas consideraciones que se agolpan a la imaginación, por este esfuerzo del genio de Metternich para aniquilar en Alemania todo germen de transformación o mejora política, lo consideraré en lo más esencial, con respecto a la causa de la civilización. Supongamos fácil de arreglar la interminable cuestión de la Bélgica; la intervención de Austria y Francia en la dividida y degradada Italia, y todos sus celos mercantiles, políticos y locales de Europa; siempre venimos al conflicto de loados principios que la dividen y la agitan y entre los cuales no cabe medio: hablo del gobierno representativo y del gobierno hereditario de origen divino. Me atrevo a decir a usted que parece acercarse la época de que combatan a las claras estos dos principios y que solo puede haber paz sólida con el triunfo de uno de los dos. La posición de la Francia es cada día más difícil; y las medidas de la dieta germánica le han causado una alarma que toca en estupor, poniendo todos los estados pequeños de Alemania bajo la dirección y tutela de la Austria, Prusia y Rusia. La Polonia, que era una posición defensiva para la Francia, ha sido destruida y los restos de existencia que le quedaban han sido aniquilados completamente. Entretanto, los franceses se hallan divididos y aun el partido liberal se ha separado en dos fracciones que no dan por ahora esperanza de reconciliación. Sin embargo, la Francia sufre desde 1830 los gastos de la guerra y acaba de levantar un empréstito para cubrir el déficit de sus rentas; y sufre asi todos los inconvenientes de la guerra sin esperanzas de un combate. Yo había creído por algún tiempo que la complicación de los negocios de Europa haría durar por largo tiempo su estado violento, que no era ni paz ni guerra; por ahora creo inevitable un rompimiento, porque la Francia no puede reducir sus fuerzas ni exponerse; y las potencias del norte seguirán redoblando sus esfuerzos a la vista del poder del ejército francés. Tan violenta posición no puede ser duradera, y el primer choque será tan terrible como son largos y extensos sus preparativos. Es de sentir que la Francia aislada y sola sea el único apoyo del gobierno representativo. Tal vez se diría, como repiten muchos, que la Inglaterra se unirá a la Francia en el caso de una guerra general, y Dios quiera que así sea. Mas yo no estoy satisfecho de esta amistad que debe ser tan falsa como la de Roma y Cartago. Tal vez por esta razón llamaba Napoleón la guerra última, cuarta guerra púnica. Observe usted que el rey de Inglaterra en calidad de rey de Hannover ha adherido completamente y sin restricción al famoso protocolo de la dieta; y como dice muy bien el Morning Chronicle de Londres "no se puede servir a la vez a Dios y al diablo".

   Por los Estados Unidos enviaré a usted una colección de lo más importante sobre esta materia.

   Es un dolor ver cómo domina la discordia en el nuevo mundo y en el sur de Europa, al paso que las potencias del norte consolidan sus pactos de unión y reúnen todas sus fuerzas para marchar a su objeto. Aquí me he visto molestado (aunque no lo he dejado entender) viendo los celos y rivalidades de los chilenos y porteños y hasta del general San Martín contra los colombianos. El doctor Agüero decía que no podía haber unión entre los nuevos estados de Colombia y que debían ser del todo independientes, y entre otras razones aducía la inmensa extensión del territorio. Después hablando de Bolivia dijo que no podía ser un Estado y debía reunirse al Perú o a Buenos Aires. Aquí tiene usted cómo era buena la unión de Bolivia con su país y la nuestra imposible. San Martín siempre está ocupado de la suerte de Guayaquil, de Pasto y de Panamá y hallando en estos puntos males terribles para Colombia; sin embargo, a este lo disculpo por haberle enseñado los colombianos que era practicable la causa que él abandonó. Pero no le molesta solo esto sino también que todavía es monarquista de veras y pregunta con interés por García del Río. La Barro, agente de Chile, dice que Cartagena se separa del centro y opinaba que Obando no entregaría el mando, y cuando le he informado que no solamente ha entregado el mando sino que se ha convenido en obedecer a Márquez como secretario de guerra, ha puesto aquel semblante frío y antipático que le caracteriza. Deduzca usted de aquí cuánto habrá sido mi gozo al ver que aparece una esperanza fundada de que nuestra antigua, heroica, gloriosa y querida Colombia aparezca confederada. Esa sí que será la santa alianza.

   Vaya otro motivo de pena que me ha molestado mucho. Se halla aquí don Próspero Herrera, plenipotenciario de Guatemala, sin mando, sin conocimientos y derecho para hacer un tratado, como Juan Gómez estuvo por hacer una capitulación. Antes de irme a Roma me consultó sobre el proyecto de celebrar un tratado de comercio con la Francia y me dijo tantos desatinos que le tuve lástima a él y a su pobre país. Yo por el interés que tomo siempre por los estados nuevos de América, traté de demostrarle que lo mejor que podíamos hacer era abstenernos de tales tratados y más ahora que nos hallábamos tan abatidos, como todas las razones que son conocidas a usted. Todo fue predicar en el desierto, aunque le evité algunas vergüenzas. Al fin concluyó su tratado (que supongo sea tan famoso como el que hicieron el lobo y el cordero) y antes de regresar yo aquí; le citó día y hora el ministro Sebastiani para firmarlo y sellarlo; llegó el día y la hora y el enviado de Guatemala no aparecía; se pasaba el tiempo. Sebastiani no sabía qué pensar porque ni un recado ni un billete había recibido del señor Herrera; y pensando si le habría atacado el cólera envió a saber de él. En seguida se presentó Herrera en el ministerio de relaciones exteriores bueno y sano; pero más muerto que vivo; y de llano en plano expuso que la casera le había embargado sus bienes y entre ellos el tratado en cuestión por trescientos francos que le debía de alquileres de alojamiento; que no había podido pagar porque no le habían llegado fondos de su país. Entonces Sebastiani envió un oficial de su secretaría con los trescientos francos y desembargó los trastos de Herrera y firmaron y sellaron el ominoso tratado, que ha sellado con oprobio de los americanos el satírico Fígaro. El día 15 de este mes ha publicado El Fígaro esta anécdota con tantas ridiculeces, que por esto solo me iría de Europa. Dice que publica este suceso sin ejemplo para la historia diplomática de las nuevas repúblicas americanas, cuyos enviados vienen miserables, viven en un hotel garni por 150 francos al mes como un colegial y comen en un restaurante de a 3 ó 4 francos diarios; con otras tantas sátiras que nos pintan como unos vagabundos miserables; el día 20 puso otro artículo contra Buenos Aires por impobreza y entre otras cosas dice: que se debe quitar el nombre de República Argentina porque no tiene plata.

   Dejo al señor Tejada en Roma tan pobre que ha vendido ya cuanto tiene para comer y reducido al mínimum en sus pobres gastos. Me dijo que solo esperaba la contestación a las gestiones de Lorenzana para tomar un partido, y que si no le enviaban dinero se presentaba al juez como deudor quebrado y pedía su pasaporte entregando a los acreedores el archivo de la legación o pasando a la cárcel si lo mandaban preso. Yo le he presentado cuantas razones pueden imaginarse para que no dé tal paso; y creo que no lo haga, pero sí creo que entregue el archivo a los acreedores y se vaya, si antes no se lo lleva Dios, porque está muy arruinado y la retirada de todos los colombianos que había en Roma lo ha afligido en extremo. Aplaudió la elección de usted y espera mucho de usted para salir de sus cuidados; particularmente después que el congreso ha decretado que se pague la legación de Roma de las rentas de diezmos. Sería no ofender a usted el suplicarle que remediase este riesgo de una vergüenza para nuestro país.

   Las noticias de Portugal son satisfactorias. Don Pedro como usted sabrá, desembarcó en Oporto sin resistencia. Por los diarios ingleses se asegura con referencia a cartas de Lisboa del 14 del corriente julio, que el regimiento miguelista número 4° se había pasado a don Pedro y otra carta de Plymouth del 19 dice que el regimiento número 19 se pasó también a don Pedro. De Bayona dicen con fecha 27 del corriente julio que un batallón miguelista se pasó a don Pedro en Azurad. Sin embargo, los liberales de Francia no están contentos, porque dicen que las fuerzas de don Miguel son triples a las de don Pedro y cuenta con el apoyo de la España vencedor o vencido; entre tanto que don Pedro está solo. Yo no veo todavía otra cosa clara en esta contienda de los dos hermanos, que el que la Francia y la Inglaterra se oponen a la intervención de España, y nada más por ahora.

   Aunque con recelo de equivocarme diré a usted que en mi opinión las esperanzas del gobierno francés se fundan en que haya movimientos en Alemania para apoyarlos. El Diario de Debates, que es ministerial, dice hablando de Alemania: "ella puede contar con nuestro apoyo y nuestro interés le responde de ello". El mariscal Soult sigue tomando medidas que indican grandes preparativos para la guerra. Hay quien asegure que se piensa en movilizar trescientos batallones de la guardia nacional. El ejército de línea consta de 330.000 hombres.

   Ayer fue el grande aniversario y el rey pasó la revista en la Plaza de Vendome, como usted ha visto. Se presentaron 130.000 hombres, de los cuales 80.000 guardias; pero estos no presentaron ningún entusiasmo y no vitorearon al rey.

   Dentro de un mes o poco más me embarcaré para Nueva York y espero llegar a Colombia en noviembre. Está fuera de toda consideración el deseo que tengo de llegar a mi patria y de ver a mi familia que clama por mí.

   Por New York he contestado un oficio al señor Márquez, que no quiso agregar una esquelita de amistad. Es verdad que no le he escrito desde que salí, pero lo mismo he hecho con todos mis amigos. Mi silencio era necesario en las circunstancias, pero mi afecto no ha variado, y así ruego a usted que salude en mi nombre a los señores Márquez, Soto, Diego Gómez, Azuero, general López y todos, todos los amigos.

   Estoy con una jaqueca que no veo, y solamente por aprovechar el paquebote inglés del 1° de agosto, me esfuerzo a escribir a usted con el desorden que hallará usted en esta carta.

   Herrán se ha ido a Londres, pero le entregué la carta de usted. Tomás y Torres recibieron las otras dos para ellos. Ambos y Manuel María, que está conmigo, seguirán también conmigo para América en el mes de septiembre.

   Hoy estará usted muy cerca de Bogotá y tal vez entrará en esa capital el 7 de agosto. Si así fuese hará usted como es regular una honrosa mención y aniversario de la batalla de Boyacá. Ojalá hubiera esta coincidencia y ojalá tuviera usted nuevos sucesos (aunque no de armas) de igual trascendencia y resultados.

   Probablemente se me quedan sin contestar varios puntos de las cartas de usted por la prisa y por el dolor de cabeza; pero ampliaré en mi próxima carta.

   Adiós: consérvese usted bueno y sea tan feliz como lo deseo por el bien de mi patria y por la gloria de usted, de quien soy siempre amigo de corazón,

Joaquín Mosquera.

(Reservado)

   El ministro de hacienda Ballesteros le ha dicho a mi tía en Madrid, el 5 del corriente, que por qué no me inclinaba a pasar a Madrid, y ella le contestó que como yo había seguido el partido de la independencia hasta ser presidente y Tomás general, no lo consideraba posible. Ballesteros le replicó que si pedíamos un pasaporte se nos daría con cuantas garantías quisiéramos, y que él tendría mucho gusto en presentarnos al rey.

   Sé que el señor Cortina ha llevado el encargo a Méjico de resolverlos a enviar negociadores cerca de Fernando VII y es probable que un hijo del señor Pando vaya a Lima con el mismo objeto. Tengan ustedes cuidado con Quito que puede ser punto de apoyo para una monarquía borbónica, sobre todo si la santa alianza obtiene algunas ventajas. Usted dirá que veo fantasmas, pero es preciso pensarlo todo. Tengo en mi poder un curioso proceso de todo lo que se intrigó en Roma contra nosotros, y cuando tenga tiempo de copiarlo lo enviaré a usted. Se lo di a Tejada en Roma porque allí se ve todo lo que causó el entorpecimiento de su legación en tiempo de León XII.

   Visité al papa y me trató muy bien. Después tuve dos largas conferencias con el arzobispo secretario de Estado de negocios extraordinarios y lo combatí con franqueza, decoro y firmeza a la vez y creo que con buen suceso. De estas conferencias han resultado un obispo para Chile y otro para Buenos Aires en propiedad, que no se inclinaban a conceder. Crea usted que se podría hacer mucho más de lo que se piensa. Tuve mucha amistad con el cardenal Fech, y por él vine a descubrir con pena la víspera de mi partida que podía haber tenido una fructuosa conferencia con el mismo papa. Me dijo su santidad que estaba muy satisfecho de los colombianos y me regaló una gran medalla de plata de san Gregorio.

   Tengo en mi poder los tres rescriptos que usted me encargó para el padre Chaves, que no envío ahora por no exponerlos. Sus preces venían tan mal dirigidas que si yo no estoy en Roma no consigue nada. Por fortuna el arzobispo Fech me las entregó para ponerlas en orden, como lo hice, y se despacharon por la vía reservada y extraordinariamente, y todo gratis.

   Mucho es lo que tengo que decir pero me falta el tiempo. Ni para mi casa he escrito. Diga usted a mi mujer que estoy bueno y que ya el cólera no tiene riesgo, etc.

   Visité al general Bernard, edecán del rey, ayer; lo encontré con semblante disgustado que no tiene nunca, y me dijo triste: toda la Europa está contra nosotros, y nosotros divididos.

Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2838, p. 330-337.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 324.

313
Firma: TOMÁS CIPRIANO DE MOSQUERA

PARIS, 30 DE JULIO DE 1832

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente de la Nueva Granada, etc.

   Mi muy apreciado general:

   Muy satisfactoria me ha sido la noticia de que la elección de presidente de la Nueva Granada se haya hecho en usted, de acuerdo con la opinión pública manifestada en todo el país por las esperanzas que usted da a los pueblos después de una consagración a la causa de la verdadera libertad, tan antigua como Colombia. Felicito a usted por este acto de justicia de parte de sus compatriotas, que es sin duda la más agradable recompensa de un servidor de la patria viéndose llamar en circunstancias que cada uno calcula su suerte futura en la persona encargada de conducir los negocios públicos. Ahora no se ha querido recompensar a usted sus servicios, sino buscarlo como el remedio de los males que sufre la República. No va usted a desempeñar solamente el destino de presidente, sino a levantar un cadáver y hacer un milagro; tal es mi concepto al menos, y como juzgo con el voto de mis compatriotas que usted hará este bien, me congratulo con ellos y creo posible la regeneración de Colombia, cuyo nombre no puede borrarse de mi imaginación.

   Positivamente estuve enfermo en Roma del reumatismo y fiebres; pero con el opio y la quina me puse bueno. No obstante sufro una debilidad algunas veces, que me pone en cuidado. Sentí infinito saber que usted también había estado enfermo, pero luego supe su restablecimiento, que celebro infinito.

   En Florencia me preguntaron siempre por usted el príncipe de Monfort y la familia de Fenzi; lo mismo que otros sujetos a quienes usted conoció allí y entre ellos los ministros de Rusia y de Prusia.

   En Roma Patenziani, su señora y niños. La marquesa Erriglis Bandini, el general Lepell, prusiano, el príncipe y la princesa de Musignano y la buena marquesa Caucisi, que escribe a usted la adjunta. En su tertulia me recomendaba siempre algunas expresiones para usted. Como era regular cuando recibía noticias de usted o sus cartas, hice expresiones a su nombre a Potenziani, Fenzi, Monfort y a Caucisi, quienes me encargaron de contestarle asegurándole su respeto y recuerdos. Estoy encantado de las bellezas de la Italia; soy apasionadísimo de sus bellas artes como de su dulce clima; en Turín, Milán, Venecia, Bolonia, Roma, etc., recordé cuanto usted me dijo de cada uno de estos países. A Génova, patria de Colón, la vi con simpatía; pero en todas partes me ardía la sangre contra esos tiranuelos que desnaturalizan la tierra para vergüenza de la humanidad. Desearía hablar a usted de mis nueve meses de permanencia en Italia, pero el tiempo es estrecho y no es tampoco oportuno distraer a usted en medio de sus tareas, y me rese6rvo para que allá en Colombia hagamos recuerdos de los países más civilizados, pero no más felices que los nuestros. Si no me engaño es al menos una idea de patriotismo.

   El cuadro que usted me hace de las esperanzas que tiene de ver tranquilo el país y que todos los hombres estén dispuestos a ahogar todas las pasiones y hacer renacer la felicidad elevando un altar a las leyes, me es tan consolador que en el momento me habría embarcado para América con el deseo de ir a contribuir con mi grano de arena, pero varios asuntos me han detenido y no podré hacerlo antes de un mes. Saldré como usted ahora un año en septiembre, en compañía de mis hermanas y quizás de don Jerónimo. Herrán ha pasado a Inglaterra y me dice que escribe a usted. Agradezco infinito las buenas disposiciones que usted me manifiesta y la confianza que tiene en los que hemos sido antiguos patriotas y hombres de bien.

   Joaquín me ha manifestado las cartas de usted y cuanto usted nos dice de nuestro país. Convengo en que es posible nuestra regeneración y espero mucho de los esfuerzos de usted.

   Por los Estados Unidos escribiré a usted más despacio sobre los asuntos de Europa que están a la guerra. Don Pedro prospera en Portugal y esperamos de un momento a otro la noticia de la toma de Lisboa.

   Manuel María felicita a usted igualmente con muy cordial afecto por su elección y desea con ansia llegar a abrazar a usted en Bogotá. No le escribe sobre este particular por no distraerlo de sus altas ocupaciones, pero protesta a usted su amistad y afecto.

   Adiós, mi querido general, soy de usted siempre su apasionado amigo de corazón,

Tomás Cipriano de Mosquera.

   El general Obando me escribió comunicándome que yo era uno de los generales que se conservaban en el escalafón granadino y desde luego estuve considerado del cuartel. Esto es lo que deseo y por tanto me parece inútil hacer ninguna representación. Doy las gracias a usted por su indicación.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2899, p. 444-446.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 331.
 

314
Firma: PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN

LONDRES, 1° DE AGOSTO DE 1832

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general:

   A nuestro regreso de Roma recibió el señor Mosquera en Civita Vecchia la correspondencia de usted del mes de mayo, en donde me vino su muy apreciable de fecha 15. A mi paso después por París tomé las cartas de América que me habían detenido allí, y desgraciadamente estaba entre ellas la que usted tuvo la bondad de dirigirme el 9 de diciembre, es decir, que con diferencia de diez y seis días he recibido primero la de fecha más reciente. La lectura de ambas ha despertado en mí los más vivos sentimientos de gratitud hacia usted; sintiendo mucho no haber recibido a tiempo la de diciembre porque esta circunstancia me ha privado del gusto de haberle hablado en aquella ocasión sobre cada uno de los puntos que contiene. Sin embargo, ella en todo tiempo es sumamente importante para mí, como un testimonio de la benevolencia con que usted se ocupa de mi suerte. Yo procuraré no hacerme desmerecedor de la confianza con que usted me honra y le daré pruebas del interés con que recibo sus excelentes y amigables consejos.

   Cuando recibimos, tanto los señores Mosqueras como el señor Torres y yo las cartas de usted, de 15 de mayo, ya habíamos celebrado en Roma la elección de usted que habíamos estado esperando por muchos correos anteriores. La afección que tenemos por usted ha sido el motivo menos importante para congratularnos de este suceso. Nuestros votos han sido, como creo que serán los de la mayoría de los colombianos para que el cielo le conserve ese espíritu de tolerancia racional y de moderación que ha manifestado y de que lo creemos poseído, para que los hombres de bien, cualesquiera que hayan sido sus opiniones, le ayuden a usted con empeño y para que todos contribuyan a reorganizar, mejor diré a darnos una patria que hemos visto ya moribunda.

   No puede usted figurarse cuánto nos ha animado la confianza que usted siente en sí mismo sobre el buen éxito de su delicada misión, contando con que le ayuden a trabajar de buena fe. Usted ha querido inspirárnosla y es verdad que este es el mejor medio para conseguirla. En esta ocasión yo no quiero dar a usted la enhorabuena de la presidencia, porque me reservo hacerlo más ampliamente cuando tenga noticia de los buenos resultados que su administración en la Nueva Granada obtendrá en todo el territorio de Colombia. Son muy honrosas todas las circunstancias de la elección de usted, pero todo es nada en comparación de la satisfacción que se le prepara cuando haya llenado, como lo espero firmemente, la confianza cuasi unánime del pueblo granadino; entonces será que yo lo felicité no diré un millón de veces, sino todos los días de mi vida. Por Dios, ya que viene al caso, que no perdamos el glorioso nombre de colombianos. Por mi parte, es lo único que me queda de mis cortos servicios hechos a la causa pública.

   Esta carta solo tiene por objeto avisarle que han llegado a mis manos las dos apreciables de usted, de que he hablado, y manifestarle mi gratitud por ellas. Eugenio parte en estos días para Colombia por los Estados Unidos, y con él escribiré a usted más largo; creo que debo hacerlo así para responder a usted muy extensamente sobre varios puntos que me tocan. Si yo guardara reservas para con usted o le contestara a medias, correspondería malísimamente al modo con que usted me trata; así es que usted mismo me hace desechar el recelo que yo tendría de abusar de su bondad, principalmente ahora que no tendrá mucho tiempo de qué disponer.

   Me hago cargo que por este mismo paquete le escribirán los Mosqueras y don Jerónimo y que le hablarán algo de su querida Italia. Nosotros hemos estado todos juntos y tan familiarmente como hermanos, de suerte que su separación me ha sido sumamente dolorosa y más va a serlo cuando partan para América. Con muy justa razón es usted tan apasionado de don Joaquín, ahora más que nunca he reconocido de cerca todo lo que vale; Manuel María es digno hermano suyo, y Tomás tiene todas las buenas cualidades que uno puede buscar en un amigo, digo amigo; él lo es de usted muy cordialmente.

   A mi salida de Roma me dieron muchas expresiones para usted y aun de allí mismo me habían encargado que lo saludara si alguna vez le escribía. Permítame usted que le mencione las personas que por el momento me vienen a la memoria, pues un apuntico que hice de ellas no lo tengo a mano: el marqués Poteriani y su familia, la marquesa Caucci, la marquesa Errighi, siempre tan liberal y muy apasionada de usted, el marqués Herrera, la familia de Glascouno, los Tocliono y Chiaveri, todas las personas que he conocido de la familia Bonaparte, una familia inglesa, fuera de los que ya he nombrado, muchos más que no me acuerdo ahora y para mejor decir todo lo que se llama buena sociedad de L'alma-citta. Poco tiempo después de estar yo allí y antes de que llegaran mis compañeros, tuve por conducto de don Joaquín la alocución que usted dirigió desde Nueva York a Colombia, la traduje yo mismo en italiano e hice perfeccionar la traducción por un buen literato y con algunas copias de ella que circularon bastante quise hacer formar una idea de las mejores que se esperaban en el país, en bien de nuestro crédito perdido. Tales sentimientos de moderación y fraternidad de parte de la persona que más había sufrido en la administración pasada, hicieron formar muy buen concepto, no diré de usted que personalmente lo había adquirido, sino de nuestros negocios políticos. Tal vez el ser yo el órgano por donde circulaba era una pequeña circunstancia para hacer creer que la concordia y la confianza renacían entre nosotros, porque generalmente sabían los comprometimientos que tuve en la administración del Libertador, porque no es después de sus desgracias y de su muerte que yo debía ocultarlos. Quise también hacerla inspirar en el Diario de Roma, pero me dijeron que era muy larga para un periódico tan reducido; sería por no decirme otra cosa; pues conozco que en Roma era mucho exigir. Perdone usted mis digresiones.

   Por los papeles públicos sabrá usted el incremento que ha tomado el deseo de reformas de los pueblos de Europa; ya no solo son deseos, sino que las piden con energía; dentro de poco las exigirán; y poco después ellos mismos las harán si el poder absoluto no se pliega a las circunstancias particulares de cada país, o por mejor decir, a la necesidad de hacer justicia al género humano. El estado de civilización es el termómetro político para saber las concesiones que cada soberano tendrá que hacer a la nación que gobierna, pero no hay duda que, pocas o muchas, todas las piden con instancia y algunas con arrogancia. Hace un siglo que se podía dudar del éxito de esta lucha, pero hoy no hay otro peligro que el de creer más tarde lo que en realidad sucederá muy en breve, el triunfo general de la causa de la libertad en Europa. Nadie creía que se hubiese adelantado tanto en Alemania. En Rusia hay frecuentes conspiraciones en los mejores cuerpos militares del imperio. ¡Cosa increíble! En la Italia están hirviendo y no esperan otra cosa sino que llamen la atención a la Austria, por otra parte de un modo exigente, para hacer su deber cuando no se vean agobiados de tantos miles de soldados que no los dejan ni aun respirar. La península está en vísperas de reconstituirse toda, pues Portugal será el cuartel general de los liberales de España. Sobre todo lo que infunde más esperanza es la buena inteligencia que reina entre Francia e Inglaterra y el interés que tienen en este negocio. Nadie negará que la liga de estos dos pueblos es invencible, que será duradera cuando hay tan buen acuerdo entre sus gobiernos.

   Tenemos por desgracia la perversa epidemia del cólera morbus que está diezmando las poblaciones. Aquí hace estragos terribles, pero como los ingleses tienen presente antes que todo su interés, tratan de de ocultarlo con cuanta reserva les es posible. Principalmente el gobierno ha puesto las más grandes precauciones para que nadie sepa los centenares de víctimas que hace todos los días; sin embargo, a los que estamos aquí no se nos puede ocultar, aunque no fuera por otra cosa que por las personas que desaparecen de las que conocemos y porque el luto es casi general. Yo para salir de cuidados, a mi paso por París, cuando la epidemia tomaba nuevo incremento, estuve en algunos hospitales de coléricos, proponiéndome con esta experiencia o rendir mis cuentas con tiempo, sin necesidad de estarme cuidando inútilmente, o quedar seguro como lo estoy, que no tengo disposición para adquirirla. Los sobrinitos de Mosquera me encargan que salude a usted. Eugenio, a quien usted verá pronto, me encarga que presente a usted sus respetos y le dé las gracias por los bondadosos recuerdos que ha hecho de él. Me tomo la libertad de incluir una carta para mi hermano.

   Adiós, mi respetado general y amigo, que la salud sea buena y que sus nobles tareas correspondan a sus deseos y a nuestras esperanzas. De usted muy obediente y humilde servidor,

Pedro Alcántara Herrán.

   Recibidas y remitidas por su afectísimo servidor,

J. de D. Amador.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2125, p. 325-328.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

315
Firman: J. M. CATAÑO y J. M. LÓPEZ SIERRA

RIOHACHA, 2 DE AGOSTO DE 1832

Excelentísimo señor presidente del Estado,
Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   El gobernador y concejo municipal han visto la carta de vuestra excelencia del 19 del próximo pasado, fecha en Santa Marta, en la cual vuestra excelencia se sirve comunicarle que ha tenido indecible placer en pisar las playas de la Nueva Granada y de renovarle sus protestas de consagrarse sin reserva a su servicio; manifestando vuestra excelencia al propio tiempo cuán sensible le ha sido no haber podido saludar esta ciudad y abrazar a sus habitantes, cuya conducta ha merecido los encomios de vuestra excelencia porque la libertad y la gloria de su patria han sido el altar de sus holocaustos.

   La recepción de su citada nota, señor excelentísimo, ha excitado en el amor de sus compatriotas los afectos más tiernos y halagüeños, en ese amor que ha acompañado a vuestra excelencia en su prisión y en sus desgracias, cuando un déspota cruel privó a vuestra excelencia de su libertad y arrojó sus sublimes talentos y las virtudes cívicas de que vuestra excelencia se había valido noblemente para elevar la República al más alto grado de perfección. Empero, la injusta persecución de vuestra excelencia ha servido de confusión a los tiranos y de hacer a vuestra excelencia que aparezca en la escena política más grande, más interesante y más querido de cuantos aman lo bello y lo sublime.

   En fin: la patria de vuestra excelencia lo ha llamado con grito unísono para regir sus destinos, tan luego como recuperó sus libertades, porque en vuestra excelencia fija su dicha y prosperidad. ¿Habrá mayor gloria en la esfera de lo posible?

   Cumpla, pues, vuestra excelencia con los oráculos de sus compatriotas, para que un día la historia de los siglos recuerde con orgullo el nombre de vuestra excelencia y nosotros animados de los más puros sentimientos, bendecimos al cielo por habernos traído a nuestro compatriota y amigo; y tributamos a vuestra excelencia los excesos de nuestra gratitud y reconocimiento, suplicándole apenas que dirija vuestra excelencia una mirada compasiva sobre esta infortunada provincia.

   Dígnese vuestra excelencia aceptar los homenajes de amor, respeto y consideración, con que tenemos el honor de suscribirnos de vuestra excelencia muy humildes obedientes servidores y compatriotas.

   El gobernador,

J. M. Cataño.

   El presidente del concejo,

M. López Sierra.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 4, carta No. 1364, p. 354-355.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 338.

316
Firma: RUFINO CUERVO

BOGOTA, 7 DE AGOSTO DE 1832

Colombia.
Estado de la Nueva Granada, gobierno de la provincia.

A su excelencia el general Francisco de Paula Santander,
presidente del Estado.

   Señor:

   He tenido el honor de recibir la carta oficial de 17 del próximo anterior con que vuestra excelencia se ha dignado favorecerme, y en que estima de su deber remitir varios números de El Constitucional de París que contienen nuevas e importantes observaciones sobre la cólera asiática, por si la facultad de medicina de esta ciudad puede encontrar algo útil en ellas; esperando que de todas maneras el país admitirá a vuestra excelencia el vivo deseo de contribuir a su bien. Asimismo, ofrece vuestra excelencia que por el correo siguiente se remitirán a este despacho las dos lecciones públicas que el profesor [...] ha dado en París sobre esta terrible enfermedad.

   Permítame vuestra excelencia que antes que todo lo felicite por su feliz arribo a nuestras costas después de una ausencia tan larga, y que me congratule con mis compatriotas por las esperanzas que justamente nos hace halagar, más que todo, el amor que vuestra excelencia ha profesado a este suelo y un profundo respeto a aquellas instituciones que solas consultan su prosperidad, su dicha.

   Doy a vuestra excelencia las más expresivas gracias por el presente que ha tenido la bondad de hacernos, y que las actuales circunstancias hacen infinitamente más [...] tramitando todo a la facultad de medicina con la alta recomendación que corresponde, y desde ahora me prometo que producirá todo el fruto que debe aguardarme así de su origen como de la generosidad que la ha acompañado.

   Con sentimiento de perfecto respeto y consideración personal. Muy distinguido soy de vuestra excelencia [...] obediente servidor,

Rufino Cuervo.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

317
Firma: JOSÉ MANUEL MONTOYA

INSPECCION GENERAL. BOGOTA 7 DE AGOSTO DE 1832

Al excelentísimo señor presidente del Estado.

   Excelentísimo señor:

   Esta inspección se congratula hoy con el pueblo granadino y colombiano por el feliz arribo de vuestra excelencia sobre nuestras costas; tan fausto acontecimiento es el anuncio cierto de la desaparición de las discordias civiles que tan fuertemente aquejan nuestro territorio; y el orden y la paz y el imperio de la ley sucederán a la tormenta borrascosa que aflige a la nave del Estado; es al Hombre de las Leyes a quien está reservado tan glorioso triunfo. Vuele vuestra excelencia a obtenerlo contando con la cooperación del ejército granadino, siempre valiente, subordinado y dispuesto a sostener a todo trance las instituciones del Estado.

   Con la más alta consideración y respeto tengo el honor de suscribirme de vuestra excelencia, muy atento y muy obediente servidor,

   Excelentísimo señor,

José Manuel Montoya.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2778, p. 223.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 339.

318
Firma: BONIFACIO RODRÍGUEZ

BOGOTA, A 7 DE AGOSTO DE 1832

Colombia. Estado de la Nueva Granada. Ejército permanente.
Comandancia en jefe de la segunda división. Cuartel general en Bogotá.

Al excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente de la Nueva Granada.

   Excelentísimo señor:

   Acabo de saber la llegada de vuestra excelencia a Santa Marta ¡Qué coincidencia! Hoy recordamos también el aniversario de la gloriosa batalla de Boyacá en la que vuestra excelencia tuvo una gran parte como jefe de vanguardia del ejército vencedor; por esta razón y por el feliz arribo de vuestra excelencia al seno de la patria se ha enajenado de gozo la segunda división del ejército granadino que me ha cabido la honra de mandar. Ella misma espera conmigo ver a vuestra excelencia a la cabeza de la administración para cuyo destino ha sido vuestra excelencia libremente electo, y nos prometemos de tal suceso que las luces conocidas de vuestra excelencia, su acendrado y nunca desmentido patriotismo y su ardiente celo por la libertad, producirán en la Nueva Granada los bienes que todos anhelamos, a saber: la reconciliación de los partidos, el goce de la verdadera libertad, el orden legal que ellos producen y la prosperidad del país, que es la consecuencia necesaria de aquellos bienes. Que vuele vuestra excelencia a encargarse de los destinos del Estado para que tengan efecto tan halagüeñas esperanzas. Estos son los más sinceros y vehementes deseos de la división y del jefe que está a su cabeza.

   Me suscribo de vuestra excelencia con la más alta consideración y distinguido aprecio, atento servidor y consecuente amigo.

   Excelentísimo señor,

Bonifacio Rodríguez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3688, p. 227-228.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 341.

319
Firman: FRANCISCO MARTÍNEZ Y OTROS

MOMPOS, AGOSTO 9 DE 1832

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente electo del Estado de la Nueva Granada.

   Francisco Martínez Troncoso, Juan Antonio Gutiérrez de Piñeres, Juan Antonio Imbrech, Nicomedes Flores, Marcelino Martínez de Pinillos, Pío Castellanos, Antonio Baena, Agustín Casalet y Pablo Villar.

   Poseídos de un gozo explicable por el regreso de vuestra excelencia al suelo granadino a que ha sido llamado por el voto unánime de los pueblos, esperan de su bondad se digne favorecerlos asistiendo a una sopa que le ofrecen como una pequeña prueba de sus sentimientos, el día de mañana a las cinco de la tarde en la casa del señor Juan Antonio Imbrech.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 7, carta No. 2385, p. 237.
OTRAS EDICIONES:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 809.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 342.

320
Firma: FRANCISCO GÓMEZ

MARACAIBO, 10 DE AGOSTO DE 1832

Excelentísimo señor presidente del Estado granadino,
Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado y querido general:

   Cuánta complacencia siento al saber el arribo de usted entre nosotros y cuánto me prometo de su administración, después que amaestrado con tan aciagos y tristes acontecimientos, vuelve usted a ser útil a la patria, lleno de los conocimientos que el antiguo mundo habrá podido prestarle; a esta patria que más que nunca necesita de todos los esfuerzos de sus hijos. No tengo por objeto recordar lo pasado, de donde procuro alejarme lo posible y en donde habrá usted tomado lecciones muy importantes; pero dispense a mi amistad e interés por usted que le diga procure no olvidar cierta clase de hombres que so color de patriotismo y bien público no han tenido otro norte que su negocio y bien particular; egoístas eternos, ¡qué males proporcionan a la sociedad! Lejos de mí todo resentimiento, ningún mal les deseo; pero que no se pongan en proporción de volvernos a perjudicar.

   Por el señor doctor Luis Baralt supe que un tal señor Arganil, que anda entre nosotros, me tenía una carta de usted desde el norte, mas nunca ha llegado a mi poder; se lo advierto a usted por lo que pueda suceder, y para que no extrañe en este caso que no le haya contestado.

   No quisiera que fuera este el único medio de entendernos; apetezco vivamente poder abrazar a usted, poderle hablar e interesarle encarecidamente, como lo hago en esta, porque haga sus más denodados esfuerzos por la unión; sin ella, mi querido general, cuántos males van a refluir sobre nosotros, no podemos mantenernos de este modo y no veo más que desgracias.

   En Venezuela la opinión general está por ella a excepción de muy contados individuos; sin embargo, el país se mantiene en perfecta tranquilidad y no hay aspecto de turbarse. En esta ciudad esperan mucho de la llegada de usted porque creen que será abolido el decreto de aduana en Cúcuta, lo que ven como medida enemistosa y de provincialismo.

   Pablito está a mi lado desde el mes de abril y saluda a usted afectuosamente.

   Que usted sea feliz y haga el bien que desea uno de sus mejores amigos, muy atento y seguro servidor que besa su mano,

Francisco Gómez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2003, p. 147-148.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 342.

321
Firma: JOSÉ MANUEL RESTREPO

QUITO, 22 DE AGOSTO DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado señor:

   Me han asegurado de Popayán que usted llegó a Santa Marta en camino para Bogotá. Esta noticia me ha sido muy agradable; lo mismo que todos los antiguos y nuevos patriotas que miran en usted a uno de los primeros que siempre ha marchado por la senda del honor, de los principios y del verdadero amor a la patria. Veo a usted como el iris de la paz y de la concordia entre los diferentes partidos que han agitado a Colombia y dividido seriamente a la Nueva Granada. Si no me equivoco, cual más cual menos todos hemos cometido errores en esta borrasca política, aunque juzgo que todos, o la mayor parte, de buena fe, buscando la libertad y la felicidad de la patria por diferentes vías. Es muy hermosa la vocación en usted por los inmensos bienes que puede hacer; así lo felicito cordialmente y felicito a la patria por tener a usted al frente del gobierno nuevo que considero próspero en extremo.

   El señor Estévez y yo estamos para seguir a Bogotá después de haber concluido nuestra comisión sin haber podido hacer la paz como deseábamos ardientemente, por el bien de Colombia y felicidad de los pueblos que anhelan por conseguirla. En las comunicaciones oficiales se impondrá usted de las causas que han influido para que nuestro viaje haya sido infructuoso.

   Me ofrezco a usted en cuanto pueda valer mi inutilidad y le deseo un viaje feliz hasta la capital. Entretanto, soy de usted con el mayor respeto y consideración, su atento y obediente servidor,

José Manuel Restrepo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 11, carta No. 3588, p. 35.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Restrepo.

322
Firman: JUAN NEPOMUCENO TOSCANO Y OTROS

SOCORRO, 23 DE AGOSTO DE 1832

Excelentísimo señor Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   La incertidumbre en la distancia hacía ineficaz el deseo que nos animaba para felicitaros en la presidencia del Estado donde os llama el voto unánime y la voluntad general del pueblo granadino: es allí donde os elevan vuestras eminentes virtudes y un patriotismo singular. Es esto, señor excelentísimo, el triunfo de la justicia, el premio de la virtud y el término de la constancia. Dignaos, pues, acoger ahora los sentimientos de nuestro mejor homenaje y respeto.

   Si al dirigiros sobre la capital tenéis la generosidad de visitar estos pueblos, tendremos la satisfactoria ocasión de manifestaros la sinceridad de nuestros ofrecimientos y la honra de constituirnos tan de cerca en vuestros más obedientes servidores.

Juan Nepomuceno Toscano, gobernador de la provincia;

Francisco Vega, jefe político municipal;
Jacinto Angarita, alcalde primero;
Ignacio Lerema, alcalde segundo;
José Antonio Mejía, miembro primero del concejo;
José María Gómez, miembro del concejo;
Francisco Suárez, miembro del concejo;
Joaquín Delgadillo; doctor Braulio Camocho, procurador municipal

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4628, p. 200-201.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 345.

323
Firman: PEDRO GÓMEZ Y OTROS

CONCEJO MUNICIPAL. SAN GIL, 27 DE AGOSTO DE 1832

Al excelentísimo señor presidente del Estado,
general Francisco de Paula Santander.

   Excelentísimo señor:

   El concejo municipal que tiene la honra suscribir, no ha podido menos que llenarse de júbilo al ver colmada la esperanza de que el antiguo caudillo de los hombres libres, amantes de la ley y de la independencia de su país, haya logrado la satisfacción de volver al seno de sus compatriotas a cooperar en la grandiosa obra de su felicidad. Sus luces, su experiencia y servicios generosos lo habían colocado al frente de la administración; la tiranía y la ambición lo separaron con gran sentimiento de los pueblos. Nada más quedaba que desear a un pueblo que acaba de salir de la ignominiosa situación en que le yacían sumergido las miras detestables de algunos liberticidas, que ver presidiendo la nación al Hombre de las Leyes, al benemérito y antiguo compatriota nuestro, que constantemente ha luchado por las libertades patrias.

   Dígnese pues vuestra excelencia recibir (entretanto tenemos la dulce complacencia de estrecharlo en nuestros brazos) este corto homenaje que el pueblo y concejo de San Gil tiene justamente el honor de tributarle por medio de los comisionados señores Miguel Silva y José Ignacio Suárez; esperando tenga vuestra excelencia la bondad de llegar a esta si le fuere posible.

   Al dirigirnos a vuestra excelencia con esta manifestación de nuestros sentimientos, no hemos sido movidos (permítanos vuestra excelencia expresarnos de este modo) del espíritu que dominó en un tiempo, de adulación y lisonja respecto al magistrado que presidía la República; es hoy la emoción más pura de un entusiasmo en favor de nuestras instituciones patrias y de un afecto ilimitado a la persona de vuestra excelencia los que nos empeña en tributar a vuestra excelencia la efusión más sincera de nuestros corazones, la misma con que nos ofrecemos de vuestra excelencia sus humildes y obedientes servidores.

   Excelentísimo señor,

Pedro José Gómez Plata; Domingo Silva; Vidal Navarro;
José Mario Martínez Reyes; Valentín González; J. Manuel Gómez.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2913, p. 458-459.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 345.

324
Firma: RAMÓN VILLORIA

NEIVA, A 29 DE AGOSTO DE 1832

Al excelentísimo señor presidente electo de la Nueva Granada.

   Excelentísimo señor:

   El feliz arribo de vuestra excelencia a las costas de Nueva Granada que acaba de celebrar con entusiasmo la provincia cuyos destinos se me han confiado y en cuyo nombre felicito a vuestra excelencia en esta vez, será por siempre memorable para los granadinos. Ellos ven en vuestra excelencia al hombre que nada le arredró para sostener los derechos del pueblo, ya con su espada en los campos de batalla, ya con la pluma en el bufete el día de la contienda entre este mismo pueblo y el poder. Ellos son testigos de la resignación con que vuestra excelencia despreció los ultrajes de la tiranía doméstica en la época del luto, del terror y del espanto; de la firmeza con que rehusó vanas y pomposas ofertas de parte de un hombre mimado por la fortuna, que si un tiempo absorbió nuestra admiración, poco después se convirtió en objeto de nuestra justa indignación. Venga vuestra excelencia, excelentísimo señor, a ocupar el puesto que le han señalado la sabiduría, la justicia y una carrera pública sin mancha. Acérquese vuestra excelencia a la silla presidencial a que se ha hecho acreedor por tantas virtudes republicanas, desde donde podrá derramar sobre la Nueva Granada todos los bienes que ella pueda esperar del saber y de la experiencia.

   Acepte vuestra excelencia, señor excelentísimo, el más puro respeto y la muy distinguida consideración con que soy de vuestra excelencia obsecuente servidor,

Ramón Villoria.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1970, t. 14, carta No. 4895, p. 75.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 346.

325
Firma: JOSÉ OBREGOZO

PIEDECUESTA, 1° DE SEPTIEMBRE DE 1832

Al excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente del Estado.

   Señor: apenas hemos sabido que nuestras plazas han visto por fin a vuestra excelencia, los vecinos de esta villa concurrieron a porfía a honrarme con el encargo de felicitar tan deseado y venturoso arribo y de ofrecer a vuestra excelencia los más respetuosos homenajes de nuestro amor, admiración y gratitud a la cadena de servicios y de heroicos ejemplos con que vuestra excelencia ha decorado la historia de nuestra patria; cadena que no pudieron romper, ni los peligros y mortales privaciones de la sangrienta y desesperada guerra de la independencia, ni los seductores halagos del poder supremo, ni la encarnizada persecución de los enemigos de la razón pública, ni el tribunal de los de vuestra excelencia, ni la presencia de los suplicios, ni las afrentas, ni las mazmorras... En cada uno de estos medios se confiaba para quebrantar vuestra virtud y desacreditar los principios; pero no hacían sino, sin pensarlo, ofrecer a vuestra constancia nuevas pruebas, nuevos sacrificios a la causa de la libertad y más pura y brillante gloria a nuestra patria. Víctima ilustre de la felicidad pública, muy caro os ha costado, pero en recompensa nada queda a vuestra excelencia que desear, nada que envidiar a ningún mortal, pues, poseéis, excelentísimo señor, "la estimación reflexiva e ilustrada de vuestros compatriotas y de los amigos de la humanidad" y en ambos mundos habéis recogido solemnes testimonios de ella.

   No rehuséis, excelentísimo señor, el pequeño pero muy puro que en nombre de los vecinos de esta villa tengo el honor de representar a vuestra excelencia en los deseos que alimentan de que vuestra excelencia se digne dar en su ruta hacia Bogotá un lugar a nuestra población.

   Me es sumamente grato el honor de ser el órgano de un vecindario que abunda de sentimientos de justicia, de patriotismo y de adhesión a la persona de vuestra excelencia y suscribirme de vuestra excelencia muy humilde y obediente servidor,

   El jefe político,

José Orbegozo.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1967, t. 9, carta No. 3218, p. 434-435.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 348.

326
Firman: NEPOMUCENO VARGAS Y OTROS

MONIQUIRA, 2 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Al ciudadano Francisco de Paula Santander,
general en jefe y presidente del Estado de la Nueva Granada.

   Con el más vivo placer ha sabido este concejo municipal que vuestra excelencia ha regresado al seno de la patria, abatida por la diversidad de formas con que la profanó el absolutismo y la usurpación. El concejo municipal, párroco y vecinos de esta villa miran en vuestra excelencia el hombre de la ley, el terror de la tiranía y el defensor de las libertades públicas, y la historia de la Nueva Granada contará con noble orgullo entre sus fastos a vuestra excelencia como el héroe que a beneficio de las aguas del océano se libró de la horrible ejecución del decreto del faraón colombiano. La gloria con que vuestra excelencia vuelve cubierto a la patria, no es de aquellas que obtuvieron los falsos héroes, oprimiendo los pueblos, regando la tierra con la sangre de sus hermanos, sembrándola de horrores, de muerte, desolación y luto para levantar el funesto trono de su efímera grandeza sobre la desgracia y el envilecimiento de sus semejantes, sobre el exterminio, la ignorancia, el terror y el llanto. Esta patria abatida, víctima desgraciada de la barbarie de sus usurpadores, ha sufrido por largo tiempo la privación de los bienes inmensos que vuestra excelencia le prodigaba: se llena hoy de un perfecto placer porque al dirigir vuestra excelencia sus destinos, tornará a la marcha majestuosa en que se vio durante su anterior administración, ella respira un aire vital cuando vuestra excelencia la dirige, y nada habría hecho la convención granadina dando constitución y leyes al Estado si los pueblos, usando de su soberanía, no hubiesen puesto a la cabeza de su gobierno a un magistrado virtuoso, sabio y prudente, que consagrado al bien de la patria, ejecutase la constitución y las leyes. Vuestra excelencia se presenta en nuestros pueblos como un ciudadano que aspira a que disfruten libertad, paz y justicia, y la primera magistratura que va a ocupar le abre un camino para llenar la noble ambición de hacer buenos servicios a la patria.

   Dígnese vuestra excelencia aceptar las más cordiales congratulaciones con que este cuerpo municipal y vecinos del cantón mutuamente nos damos los más sinceros parabienes por el regreso de vuestra excelencia al seno de la patria, y recibid los más afectuosos votos de amistad con que tenemos la honra de suscribirnos sus muy atentos servidores.

Juan Nepomuceno Vargas; Leonardo Sotomonte; José Vicente Betis; Pedro Beltrán; José Azuero; Francisco Olarte; J. M. Pinzón; Isidro J. Gómez; Miguel Blanco; Juan M. Avila; Manuel Olarte, tesorero de rentas del cantón; José Manuel Triviño Beltrán; Braulio Navarro; Juan Bautista Vargas; Francisco Forero; Mateo Izquierdo; José Antonio Olarte.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2914, p. 460-461.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 350.

327
Firma: PEDRO ALCÁNTARA Y HERRÁN

KINGSTON, 4 DE SEPTIEMBRE DE 1832

(Contestada el 17 de diciembre de 1832).

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente de la Nueva Granada, etc.

   Mi querido general:

   Como tuve el honor de decir a usted por el paquete anterior, Eugenio mi hermano se embarcó en el mes pasado junto con González para Nueva York y con él he escrito a usted una larga carta, pero como esta llegará a manos de usted antes que ellos a Bogotá, me tomo la libertad de hacerle algunas indicaciones de lo que aquella contiene, lo mismo que de cuatro comunicaciones que dirijo oficialmente al gobierno, las cuales serán lo último que yo hable de oficio, sea cual fuere su resultado. Permítame usted que le diga antes de todo que no le hago mención de ellos con el objeto de recomendarme ni para interesarle a usted de un modo importuno en mi favor; lo que quiero principalmente es satisfacerlo de los motivos que me detienen en Europa y hablarle de mis asuntos con tanta franqueza como lo hago a mi familia.

   Uno de mis oficios es dirigido al secretario de relaciones exteriores reclamando contra la causal en que se fundó el gobierno para destituirme de la secretaría de la legación de Roma, que es: (haber tardado mucho tiempo en tomar posesión de ella). Yo fundo mi reclamación entre otras cosas: en haberme detenido en París no solo con permiso del señor Tejada, sino porque me escribió poco después de mi llegada a Francia diciéndome que permaneciera en París hasta que él me avisara, pues que en Roma no había legación de Colombia; en que el tiempo de mi detención fue precisamente cuando el gobierno constitucional no existía en la Nueva Granada, de él emanaba mi nombramiento e instrucciones que no podía hacer valer cuando aquel había sido ultrajado y destruido; en que me vi por cinco veces atacado de calenturas y me parecía más conveniente, cuando de nada iba a servir a Roma, curarme radicalmente en París, pues que yéndome enfermo iba a acabar de consumir mi salud sin provecho de la legación, que realmente no existía, ni de nadie. Allí manifesté también que en los mismos momentos en que el gobierno laboraba contra mí su decreto de destitución, yo estaba haciendo sacrificios por sostener su decoro en Roma y sacrificios que han tenido un resultado demasiado favorable. Crea usted, mi general, que si en lugar de aquella causal se me hubiera dicho que se me exoneraba porque pertenecí a la administración de Simón Bolívar hubiera agradecido porque me libraba honrosamente de un destino en que me he rebajado no sé si más al admitirlo que al dejarlo. No puedo negar a usted que estoy lleno de sentimiento por el modo como se me ha tratado, después de haber servido con honradez a mi país. Tal vez el ser bogotano ha sido uno de los delitos que me ha ocasionado este desaire.

   En otra comunicación digo al mismo secretario de relaciones exteriores, que estoy pronto a regresar a mi país cuando se me faciliten los medios que la ley me concede y ahora me son de absoluta necesidad, o una parte de mis sueldos caídos. Al secretario de guerra digo que puede considerar como no concedida la licencia que se me expidió para permanecer en Europa, etc., porque no he hecho uso de ella, ni ya puedo hacerlo. Al mismo secretario de guerra le digo que como no tengo la culpa de permanecer en Europa, sino el gobierno que me mandó y que no me ha conseguido recursos con qué regresar, con arreglo a la ley no se me debe considerar fuera de Colombia para mis goces, etc. Ahí tiene usted mis cuatro comunicaciones que Eugenio entregará luego que llegue.

   Esta carta, como casi todas las mías, va llena de importunidades, así es que le suplico se revista de paciencia para leerla. El señor Wattis, cónsul de Inglaterra en Cartagena, está en Londres esperando que el gobierno de la Nueva Granada no se oponga a su regreso a aquel país. Lord Palmerston ha aprobado enteramente su conducta, a pesar de haber sido despedido de allá, pero espera que el gobierno (nuestro) no ponga obstáculo en que él siga ejerciendo allá su destino, que aún conserva, para volverlo a mandar. Yo no sé, ni he querido averiguar qué motivos hubo para la expulsión de dicho señor, pero lo que sí puedo asegurar a usted es que aquí se ha manejado bien con respecto a Colombia y con respecto al mismo gobierno que lo despidió; y me consta igualmente que aquí ha tomado un interés muy decidido en favor del crédito de nuestro país. Si a esta consideración no se opone alguna otra, yo me alegraría que el gobierno de la Nueva Granada le permitiera su regreso, porque eso sería una prueba del buen estado de cosas de nuestro país y sería un paso que aumentaría mucho la confianza que ya comienza a tenerse de nuestro actual orden de cosas. A mí me han hablado por el señor Wattis entre otras personas de importancia, algunos del mismo ministerio, pero a él se puede decir que no le conozco porque no lo he visto más sino una vez en mi vida en casa del Libertador en Cartagena, cuando pasé por allí.

   El coronel Halloms está igualmente en Londres y desea saber qué puede esperar del gobierno de la Nueva Granada si regresa allí, o qué clase de retiro para permanecer en Europa. Hace dos años que vino con licencia y creo volvería con gusto si tuviera seguridad de ser colocado. El es buen oficial de infantería, estoy seguro que será siempre fiel al gobierno como lo ha sido, y sobre sus circunstancias no me atrevo a decirle más, porque es mi amigo, y mi informe no sería tal vez imparcial, pero usted puede preguntar por él al coronel Barriga, Pacho o a los demás jefes que lo conozcan.

   Por último, basta de recomendaciones, y Leoncio González, hijo de su compadre, que estaba conmigo, está ya en camino para Colombia junto con mi hermano, yo se lo recomiendo mucho, porque su conducta ha sido irreprensible en el tiempo que me ha acompañado, y merece por mil títulos ser protegido.

   No extrañe usted que le hable a lo último de lo que debía ocuparme primero, pues de intento he procurado desembarazarme de todas esas cositas, enfadosas sin duda para usted, con que he llenado mi carta, para hablarle con más desahogo de otras cosas de más importancia.

   El último paquete no nos ha traído aún noticias de la llegada de usted a Cartagena, pero José Bonaparte, a quien vi al día siguiente de su llegada a Londres, me dijo que usted había salido quince días antes que él de los Estados Unidos; hace muy buenas memorias suyas. Me dijo también que usted le había hecho dos visitas en su casa de campo, donde lo acompañó una de ellas cinco días, y tiene una gran satisfacción de que su sobrino esté con usted. Me encargó le dijera a usted, caso de escribirle, que piensa permanecer aquí tres meses, porque ha sido muy bien recibido, y que en seguida pasaría a Italia, si se lo permiten, a ver a su madre y a su mujer.

   La opinión se está mejorando aquí de una manera increíble en nuestro favor y yo puedo asegurarle que las personas que allá podrán creer dispuestas a escribir contra la actual administración de la Nueva Granada, están dispuestas a todo lo contrario, de modo que dentro de poco verá usted rebatidos en el Times, etc., algunos de los artículos que vienen de Jamaica, esto es si allá siguen las cosas en orden. No crea usted que le digo esto por conjeturas; digo porque he hablado sobre el particular con las personas a quienes me refiero y estamos en todo perfectamente de acuerdo. Yo he dado este paso porque sé cuánto vale la opinión de los diarios ingleses en todo el mundo y con razón.

   Me atrevo a suplicarle a usted que influya en que no mortifiquen más las cenizas del Libertador. Con todo el mundo ha habido clemencia, amnistía, etc., pero contra él hay todavía muchas acritudes, que podré llamar crueldad. Esto no hace honor al país, ni disminuye en nada la reputación del general Bolívar; lejos de esto nos inculpan de volubles y de ingratos. Yo le hablo así a la persona que más ofendida quedó de él y la persona que más conoció sus extravíos (pues yo nunca he negado ni negaré que los tuvo y grandes) y en esto yo espero que usted no creerá que yo falte en un ápice al respeto que usted por mil títulos me merece, muy al contrario, en ello doy pruebas de que estoy penetrado de toda su generosidad y patriotismo.

   No me acuerdo si le he dicho en una de mis anteriores que cuando hice mi primera visita al papa me habló sobre usted diciéndome que sentía mucho no haberlo visto cuando estuvo allí. Como él me preguntó quién era nuestro presidente, yo le dije la expectativa en que estábamos de que usted lo fuese y en seguida se ocupó de usted un rato.

   Yo me alegraría que usted le escribiese una carta avisándole su elección a la presidencia, pues es un hombre lleno de virtudes y más bien dispuesto en nuestro favor, de suerte que me parece que con él podemos arreglar perfectamente las relaciones de la Iglesia colombiana con cuantas ventajas podemos desear. El cardenal Gustiniani es siempre su favorito y usted sabe que aunque muy absolutista, le hará cuanto mal pueda al gobierno español por la partida que le jugó en las últimas elecciones. A propósito de Roma: el señor Tejada me ha escrito en estos días muy lleno de esperanzas por los asuntos de Colombia, que en él es extraño, porque ya creía que para nosotros no había salvación; es más incrédulo que don Jerónimo, que es cuanto puedo decirle. Me dice haber recibido la carta que por recomendación de usted le remití y se manifiesta muy satisfecho de ella. También me dice que comienza a tener esperanzas por el buen resultado de la misión de Lorenzana. Por mi parte yo le ruego a usted que me alegraría tanto de que sus esperanzas se realizasen como si fuera una cosa mía propia.

   Es ya tiempo que le deje descansar a usted de mi larga carta, rogándole siempre que admita los sentimientos de amistad y respeto con que soy de usted muy reconocido y muy humilde servidor,

Pedro Alcántara Herrán.

   Posdata. Si usted alguna vez me honra con sus órdenes, por conducto del cónsul general de Colombia en Londres o por conducto de los señores Darthey y Co., 16 Broad Street Building, recibo cuantas cartas me vienen a Inglaterra. También le estimaría que me dijese algo del joven Bonaparte que usted tiene consigo, para servir con tal aviso a lady S. Stuart que me ha hecho la recomendación.

   Con mucho sentimiento le aviso que los asuntos de don Pedro no van muy bien en Portugal y que por ahora no se espera muy buen resultado de su expedición.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1965, t. 6, carta No. 2126, p. 329-333.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 351.
 

328
Firma: J. RAFAEL MOSQUERA

POPAYAN, 6 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi apreciado y respetado general y señor mío:

   Con grandísimo placer he recibido la estimada carta de usted, de 30 de julio, datada en Cartagena, al ver por ella no solamente que ya usted había pisado el suelo patrio, sino que estaba en camino para la capital según el post scriptum de 5 de agosto. Dispénseme usted las felicitaciones y enhorabuenas que debiera darle en este caso, pues lo considero abrumado bajo su peso. Créame usted únicamente que soy verdadero amigo de usted porque siempre he visto en usted los procedimientos de un verdadero patriota y de un magistrado íntegro, y espero que siempre lo será porque espero que nunca desmentirá su buen nombre adquirido.

   La carta de usted tan interesante ha llegado ya tarde y cuando ni aun correo hay ya para el sur; pues de allá no ha venido el que aguardábamos, ni de aquí ha seguido el que debió partir ayer; parece, por lo tanto, que quedaremos ya incomunicados y que así no podré escribir al general Flores, ni decirle lo que usted me ha contestado. Usted se hallará impuesto del ningún éxito que ha tenido la misión de paz que mandó el gobierno de la Nueva Granada, lo que me ha sido sobremanera sensible; pero lo que me ha admirado más ha sido ver a Flores rehusar el convenio de una suspensión de toda hostilidad por tres meses, mayormente cuando acababa de sublevarse el batallón de más confianza, acontecimiento que para su situación y fuerzas me parece de gran magnitud. Yo siempre creí que el gobierno del Ecuador se denegaría a devolver llanamente la provincia de Pasto, y aun la remisión a una asamblea nacional de esta cuestión me parecería racional y moderada; porque cuando hay intereses y pretensiones encontradas, no sé que haya un medio mejor de transarlos que ponerlos en manos de un juez árbitro. Mas desconocer que el gobierno de la Nueva Granada estaba ligado por un decreto de la convención que le impedía celebrar sobre esta base un tratado definitivo y denegarse a dar tiempo a la reunión de los congresos, únicos que pudieran autorizar una transacción en otros términos que los del decreto de la convención, me parece una cosa muy fuera de razón. Por todo esto me parece ya la guerra inevitable y que ningún efecto surtiría la carta de usted después de rotas las negociaciones entabladas, o el general Flores quiere aventurarlo todo a un golpe de mano, o yo no sé con qué apoyo cuenta para abrir esta campaña en circunstancias que le son tan desventajosas.

   Creo que él cuenta con la opinión de todo el valle del Cauca en su favor y aun de un gran partido en las otras provincias de la Nueva Granada, y en mi concepto se equivoca. Acabo de recorrer parte del Valle y no he hallado sino repugnancia a toda guerra y anhelo por la paz. El pueblo de Cali, que es preciso confesarlo es algo "bochinchero", sería el único que acaso se movería y eso si le veía triunfar, pero no antes. La llegada de usted atraerá más de una voluntad de esta provincia a la Nueva Granada, y suponer que todos los que se dejaron arrastrar por el general Bolívar hayan de seguir ciegamente al general Flores, me parece mucha presunción. El segundo nombre no ha adquirido la brillantez del primero para deslumbrar como aquel. Sin embargo de que opino inútil e imposible ya todo esfuerzo de mi parte para evitar la guerra, tengo tanto deseo de la paz que si se presenta una ocasión cualquiera en que me parezca hacer uso de la carta de usted, escribiré y la remitiré al general Flores.

   Vergüenza me causa ya hablar de mi ida a Bogotá, después de haber dicho varias veces que la haría lo más pronto que pudiese y ver que se ha pasado tanto tiempo sin poderla efectuar. Yo me hallaba lleno de negocios pendientes, de negociaciones ajenas, de testamentarias que están a mi cargo, con intereses regados y deudas que cubrir; pensé poder transarlos dentro de un par de meses y hasta ahora no he podido conseguirlo; todos mis parientes a quienes pudiera haber encomendado la mayor parte de ellos, están ausentes; y no podía abandonarlos sino en perjuicio irreparable de parte mía y de otros interesados. Así lo dije al presidente del consejo y, según me escriben de Bogotá, lo ha llevado muy mal y dicho que iba a publicar mi comunicación. Ojalá lo haga y se verá que no he querido prevalerme del nombramiento a un destino en el gobierno para burlar a otros, como se habría dicho si me hubieran visto irme sin cumplir mis empeños. No obstante, tengo bastante adelantado en los principales y luego que pueda me pondré en marcha, aunque no sea sino para tener el placer de ver a usted, lo que deseo con ansia.

   Doy a usted las más expresivas gracias por los sentimientos no merecidos de parte mía que se digna usted manifestarme, y crea usted en la sinceridad y consideración con que me suscribo siempre de usted muy apasionado amigo, obediente servidor,

J. Rafael Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2881, p. 410-412.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 356.

329
Firman: VARGAS Y OTROS

CHARALA, 12 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Excelentísimo señor presidente del Estado,
general Francisco de Paula Santander.

   El jefe político y concejo municipal de Charalá que suscribimos, llenos del mayor júbilo, tenemos hoy la gloria de ver restituido al seno de la patria al más fuerte defensor de sus derechos y el más firme apoyo de la libertad. Os saludamos, señor, con todo el regocijo de nuestros corazones y a la Nueva Granada damos el parabién, congratulándonos por tan feliz y próspero suceso, dando gracias a la Providencia que dispuso maravillosamente la vindicta de nuestras virtudes infamadas y de nuestras instituciones ultrajadas. Sí, vos señor, fuisteis capciosamente calumniado, proscrito, destinado a los lugares propios para los más famosos criminales y finalmente arrojado más allá de los mares, desterrado de aquella patria a cuyo servicio consagrasteis vuestra vida; pero siempre firme a vuestros principios, constante a vuestras promesas y fiel a vuestros deberes, jamás cedisteis al yugo de la servidumbre ni temió vuestra constancia.

   Vuestro regreso, señor, da nueva vida al Estado, aguardando ser regido por aquel piloto diestro que en medio de un mar borrascoso en otro tiempo, libertó a Colombia de los escollos que la amenazaban, conduciéndola al deseado puerto que anhelaban. ¡Id, pues, magnánimo Santander, ocupad la silla presidencial que os aguarda; id a hacer nuevos servicios a la patria, colmadla de beneficios, ¡que las generaciones futuras bendigan vuestro nombre, como la presente admira vuestras virtudes!

   Dignaos, señor, admitir las sinceras demostraciones de respeto, amor y gratitud con que llenos de gozo tenemos la honra de suscribirnos de vuestra excelencia humildes servidores.

Francisco Vargas; José María Santos; J. Joaquín González; Pedro I. Torres; Miguel Vargas; Valentín Cote, secretario municipal.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2915, p. 461-462.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 361.

330
Firma: JOSÉ FÉLIX SOLANO

MERIDA, 12 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi respetado general y antiguo amigo:

   Permítame usted que entre los transportes de júbilo y tiernas emociones que ha causado en mi corazón la noble carta de usted de 6 del corriente, vuelva a usar el digno título de amigo, de que usted me honró una vez y que yo no he desmerecido; cuya confianza me inspira ya el contexto de ella misma, a más el testimonio de una conciencia pura y tranquila que me asiste.

   Sí, amado general: desde que usted me distinguió de su confianza, he sido un constante y fiel amigo de usted al través de vicisitudes, pasiones y partidos en que jamás entré; he sido siempre un apologeta de su administración, un entusiasta de su mérito y virtudes, porque así me lo dictaban mi conciencia, la gratitud y la evidencia; y nunca debió usted creer perdida mi amistad, aun en medio de la conflagración de aquellos mismos partidos, porque conocía bien mi carácter honrado y digno. Yo pude padecer algún error de entendimiento y de opinión sobre las conveniencias policivas del país en 26 y 27; pero jamás respecto del mérito y virtudes clásicas de usted, tampoco enfrente a la cuestionada enemistad contra el Libertador, como lo convence su carta, que ha leído usted en copia, y mucho menos en orden a la amistad de usted hacia mí, porque siempre tuve pruebas positivas de la distinguida confianza y consideraciones de que me favoreció desde el alto puesto del gobierno. Si mi correspondencia epistolar se cortó, permítame usted recordarle, que no fui yo el que primero la suspendió; pues de la suya que conservo aparece que mi última carta del 24 de abril de 17, desde Barinas, no fue contestada por usted; bien que lo atribuí a una medida de prudencia y de presunción en aquellas circunstancias en que los odios, las enemistades, las espías, las expediciones, todo aconsejaba cautela al hombre público y previsivo; y esta misma consideración me retuvo en involuntario silencio, hasta que un fatal desenlace de las cosas puso término a estas relaciones, a nuestra suerte y a la existencia del país... mas echemos un velo sobre el pasado, y vayamos de nuevo a la carga para hacer revivir esta exánime patria de los héroes. Por mi parte, como antiguo soldado de ella, ofrezco a usted mi débil cooperación, aunque en desgracia, porque nada valgo habiéndolo perdido todo menos el honor y el patrimonio; a pesar que un ministro de ese gobierno neófito de la libertad me comprendió en una lista de indios de Nueva Granada, dizque por traídos a ella; ¡compadezcamos los extravíos del corazón humano, más vehementes en las revoluciones que en tiempos de calma!

   Convengo en la razón que usted me expone para no contestarme ahora categóricamente sobre la pregunta de mi carta de 19 de julio, hasta ir a Bogotá e imponerse de lo relativo a la cuestión; mas no habiendo ley alguna que prohiba la concesión de que trato, y estando en favor la razón, la política y las relaciones que deben existir entre estados e individuos de una familia, yo espero que usted me favorezca en su resolución lo más breve posible. No será superfluo observar aquí: 1°, que yo no fui expulso, ni salí de ese territorio por decreto del gobierno, ni porque estuviese con armas en la mano al tiempo de la disolución, sino por una juiciosa previsión de los fatales resultados del tratado de Apulo; 2°, que estaba encargado de la dirección y arreglos de la renta de tabacos de Boyacá, en Girón, en la cual hice los progresos que el ministro de hacienda confesó en su memoria a la convención; 3°, que cuando escribí mi carta de 19 de julio para usted y aun dos meses antes que, sabiendo su próxima venida al país, consulté mi pensamiento de nuevo vecindario a un personaje de esa capital que tratara a usted sobre él, yo estaba propuesto por la dirección general de Caracas para la administración general del Zulia, como verá usted en la inclusa carta, pero prefería ir a sembrar cacao en Cúcuta en una hacienda de que propuse entonces arrendamiento y no se me concedió; finalmente, en cualquiera circunstancia me será muy satisfactorio residir en el territorio gobernado por usted y consagrarle mis servicios en cuanto me juzgue útil. De resto nada tengo que ofrecer ni protestar a quien me conoce, como que me puso en la carrera pública. Patriota de año 10, idólatra de la libertad racional, siempre sumiso a la ley obediente al gobierno, debe usted contar con que mi palabra y mi honor será siempre mi guía como ciudadano pacífico, en dondequiera que exista tributo a usted cordialmente los sentimientos de mi gratitud por sus generosos ofrecimientos.

   Concluyo esta carta presentando a usted la ocasión de comenzar a ejercer su beneficencia en favor de los infelices expulsos de Nueva Granada, los más por efecto de viles pasiones.

   Los compañeros Juan Antonio Cepeda y J. de los Santos Prados se han valido en Caraire de algunos amigos míos, en la persuasión unos y otros de que usted no desatenderá mi súplica y, lo que es más, los gritos de la justicia en favor de la humanidad doliente. Ruego a usted que los primeros rasgos de su beneficencia alcancen a estos dos infelices cuyas representaciones tengo la honra de acompañar. Parecerá audacia que cuando no cuento aún con el beneficio propio, solicite el ajeno; pero la persuasión de que la equidad y la justicia obrasen en apoyo de esta solicitud, y el conocimiento que tengo del carácter de usted propenso siempre a hacer bien, como por mí mismo lo tengo experimentado, son los fundamentos que me han inspirado tal confianza, ¡merezca yo comunicarle el consuelo!

   Adiós, mi amado general, que sea usted feliz en su nueva empresa, y que no olvide a sus fieles amigos del lado acá del Táchira, son votos del corazón del que se honra de serlo, y haberlo sido constantemente de usted.

   De quien me repito muy obediente servidor compatriota y amigo,

José Félix Solano.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo Archivo Santander.

331
Firma: VICENTE GUTIÉRREZ PIÑÉREZ

MOMPOS, 17 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Excelentísimo señor presidente
general Francisco de Paula Santander.

   Mi venerable general:

   La carta con que vuestra merced quiso honrarme desde Ocaña me impone una inmensa deuda de gratitud, tanto por los excelentes consejos que encierra, cuanto por sus indulgentes ofrecimientos; tan juiciosos y eficaces son los primeros que a su anticipada observancia debo, muy especialmente, mi residencia en esta ciudad, a pesar del ardiente empeño de mis enemigos por verme mendigar un pan en ajena tierra, pudiendo asegurar a vuestra merced que observo un sistema de vida de tal modo restrictivo, pacífico y asilado, que toca en la misma misantropía.

   Aprovechando los segundos, me veo en la extremidad de hacer a vuestra merced una súplica fundada en justicia. Es el caso que mi confinamiento y el despojo de mi empleo afectan de una manera penosa mi situación personal, que empeora diariamente; y así, estoy en la necesidad de abandonar mi patria. Iría gustoso a Europa, pero para un viaje semejante tendría que hacer esfuerzos que acabarán de arruinar mis cortos bienes de fortuna; y al cabo de dos o tres años, no veo que mi regreso me fuera ventajoso, y yo habría arruinado mis medios de subsistencia. Elijo en consecuencia, el Perú; y este es el punto a que se contrae mi súplica. Dígnese vuestra excelencia decirme, si habrá embarazo en que yo consiga un pasaporte para aquella nación, en enero o febrero de 1833, para cuyo tiempo estarán realizados mis asuntos; y espero que lo del sur esté también transado.

   Vuestra excelencia sabe que he hecho la guerra en aquel país y además tengo relaciones y motivos para esperar una acogida benevolente.

   Observo que esta carta peca de demasiado personal, pero vuestra excelencia debe tolerarlo. ¡Qué hará un desgraciado, sin atormentar, hablando de sí mismo y de sus infortunios!

   Supongo feliz el arribo de vuestra excelencia a esa capital y me congratulo por ello. También desearía que mi señora Josefíta y demás personas de la familia se mantengan buenas. ¡Qué júbilo habrá proporcionado la llegada de vuestra excelencia! ¡Cómo palpitaría ese corazón de gozo! Ese pueblo otro tiempo testigo de la más atroz persecución al Hombre de las Leyes le mira hoy de nuevo, en su seno, alentando como por milagro una vida que se vio casi arrancada de las garras de la tiranía. ¡Una vida que la providencia quiso conservar para curar las heridas de esta patria moribunda!

   ¡Qué vasto campo de meditaciones! ¡Qué ejemplo tan elocuente de las vicisitudes humanas! ¡Y para vuestra excelencia la comparación entre lo pasado y el presente será un manantial inagotable de reglas para el porvenir!

   Quiera el cielo que los esfuerzos de vuestra excelencia no se malogren, y que la vida de vuestra excelencia se conserve; como el único vínculo de unión que le resta a la desventurada Colombia.

   Por mi parte, forzado a abandonar esta tierra de mi corazón y mis sacrificios, mis votos serán siempre por su prosperidad y su dicha, no menos que por la conservación de vuestra excelencia, que es la última áncora de salvación para mi patria.

   Acepte vuestra merced los candorosos sentimientos de mi afecto, amistad y respeto, con que soy de vuestra excelencia sincero y fiel amigo.

   Quien besa sus manos,

   Excelentísimo señor

Vicente Gutiérrez Piñérez.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

332
Firma: JUAN NEPOMUCENO TOSCANO

SOCORRO, 19 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Señor general Francisco de Paula Santander,
presidente del Estado de Nueva Granada.

   Señor:

   Me tomo la confianza de dirigirme a vuestra señoría para anunciarle que los señores doctor Francisco Vega, jefe político de este cantón, y Antonio Uribe, secretario de esta gobernación, llevan cerca de vuestra excelencia el encargo, por parte de los vecinos de esta capital, su municipalidad y gobernador, de felicitar a vuestra excelencia y suplicarle se digne aceptar un hospedaje que se le prepara, aunque humilde, pero que es la indicación de su mejor aprecio.

   No dudo que vuestra excelencia tendrá la bondad de aceptar el homenaje de nuestro respeto y los mejores sentimientos de adhesión con que me constituyo muy obediente servidor,

Juan Nepomuceno Toscano.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4629, p. 201.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 367.

333
Firman: FRANCISCO ANGULO Y OTROS

20 DE SEPTIEMBRE DE 1832

   Excelentísimo señor:

   El concejo municipal de la ciudad de Vélez ha sabido con sumo placer la resolución de vuestra excelencia de venirse por esta vía y llegar en su tránsito a esta ciudad, en donde sus habitantes lo aguardan con transportes de alegría y ansia por el deseado momento de ofrecerle gustosamente alojamiento y las consideraciones de respeto y aprecio que siempre han tenido por la persona de vuestra excelencia. Sírvase, pues, vuestra excelencia aceptar este pequeño testimonio de amor y gratitud que le ofrecen los que tienen el honor de suscribirse de vuestra excelencia muy obedientes, atentos servidores,

Francisco Angulo; J. M. González;
Cosme Olarte; Ignacio Olarte;
Joaquín Vanegas.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 69, p. 141.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 364.

334
Firman: TOMÁS SERRANO Y OTROS

ZAPATOCA, 20 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Excelentísimo señor presidente de la República granadina.

   Señor:

   Los jueces municipales y el párroco del cantón de Zapatoca, unánimes con el pueblo, felicitamos la venida de vuestra excelencia al seno de su patria con el sublime timbre de primer magistrado, debido anteriormente a sus notorias y relevantes virtudes, cuya ocupación ha llenado los ardientes votos, así de nuestra provincia como de todo el Estado de la República granadina.

   Reciba vuestra excelencia el afecto cordial y sincero con que deseamos que el cielo dilate y prospere la vida importante de vuestra excelencia para beneficio de la República.

Tomás Serrano; Calixto Arenas; Sixto Mantilla; Liborio Rueda; Manuel Esteban Vega.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2916, p. 462.

335
Firma: FRANCISCO SOTO

DESPACHO DE HACIENDA
BOGOTA, 24 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Al señor general Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   A consecuencia de la solicitud que usted dirige al gobierno desde Santa Marta con fecha 17 del próximo pasado julio, reclamando una declaratoria explícita de lo que resultase deber a usted el tesoro nacional en razón de sueldos devengados ya como vicepresidente de Colombia en ejercicio del poder ejecutivo y fuera de él, ya como general de división en servicio activo, y ya por el que actualmente disfruta, igualmente del modo como se verificaría el pago de esta deuda, su excelencia el vicepresidente del Estado, previo el informe y liquidación respectiva de la tesorería general, con fecha 4 del corriente, dictó la resolución siguiente:

   Páguese por la tesorería general la cantidad de $2.552 que corresponden al general de división Francisco de Paula Santander, en los términos y por las razones que indica la liquidación anterior. Se declara que estando realmente impedido por haber cumplido el deber de la toma de razón de su despacho, no es un obstáculo semejante falta para llevar a efecto el pago decretado.

   Publíquese esta resolución con el informe, liquidación y petición antecedentes.

   Y de orden de su excelencia tengo el gusto de transcribirla a vuestra señoría para su conocimiento y fines convenientes incluyendo a vuestra señoría copia de la liquidación que forma la tesorería general.

   Soy de usted con perfecto respeto muy obediente servidor,

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio; proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 803-804.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 366.

336
Firma: SALVADOR CAMACHO

24 DE SEPTIEMBRE DE 1832

Colombia. Estado de la Nueva Granada.
Gobierno de la provincia de Tunja

Al excelentísimo presidente electo Francisco de Paula Santander.

   Las oscilaciones y revueltas que ha experimentado la patria de seis años a esta parte, han dejado a los pueblos cansados y arruinados, anhelando vivamente por llegar a un orden de cosas estables de libertad y paz. De un año acá su suerte ha sido mejor, aunque no tan segura como lo desean. Hoy caminó vuestra excelencia por la capital del Estado, llamado por el voto unánime del pueblo y sus escogidos, a posesionarse de la suprema magistratura de él. Este acontecimiento derrama en los corazones de todos contento, seguridad y esperanza de un porvenir feliz.

   No es dudoso que vuestra excelencia tenga que sufrir embates del espíritu de contradicción, de la maledicencia y de los interesados por fines siniestros en desopinarlo; pero vuestra excelencia siempre los desarmará, y continuará siendo el apoyo de los amigos del orden, de la quietud pública y del bienestar del pueblo, si siempre les contesta con una conducta imparcial en todo, desinteresada, patriótica y estrictamente legal. El gobierno y pueblo de Tunja bendicen la mano suprema que ha protegido los días de vuestra excelencia en su penosa e injusta expatriación, y la bendice más porque los presenta en momentos en que deben hacer crisis la reorganización de Colombia y las pretensiones interiores; felicita a vuestra excelencia, se felicita a sí misma por su afortunado regreso, asegurando a vuestra excelencia que les sería en extremo grato si se dignase pasar por esta capital, y que esta expresión de mis deseos no la dicta el espíritu de lisonja que antes de ahora se había hecho una necesidad para congraciarse con el déspota, sino la gratitud y el deber que exige se distinga y aprecie a los hombres que han expuesto su vida y sus intereses por la libertad pública y la dicha del pueblo.

   Dígnese vuestra excelencia aceptar los sentimientos de consideración y respeto con que tengo el honor de escribirme de vuestra excelencia su humilde, obsecuente servidor.

Salvador Camacho.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

337
Firma: JOSÉ IGNACIO DE MÁRQUEZ

   Honorable presidente:

   Habiendo llegado felizmente a la capital de la República y estando expedito para tomar la dirección de los negocios, debéis lo más pronto posible posesionaros del destino a que os llamó el voto nacional, tanto porque conforme a la constitución sois vos quien debe ejercer el ejecutivo, como porque la patria debe cuanto antes comenzar a disfrutar de las ventajas de vuestra sabia administración. En esta virtud, os invito para que mañana a las doce del día os presentéis al consejo de Estado a prestar el juramento constitucional, pasando en seguida al palacio de gobierno a encargaros del mando.

   Tengo el honor de ofreceros los más sinceros sentimientos de aprecio, consideración y respeto, con que soy vuestro muy humilde y obediente servidor,

José Ignacio de Márquez.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 823.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

338
Firma: VICENTE AZUERO

BOGOTA, 2 DE OCTUBRE DE 1832

Colombia. Estado de la Nueva Granada.
Presidencia del Consejo de Estado.

Señor general Francisco de Paula Santander

Al ciudadano general Francisco de Paula Santander, presidente electo de la Nueva Granada.

   Señor:

   Muy satisfactorio me ha sido recibir y poner en conocimiento del consejo que presido la nota de usted, fecha del 29 del próximo pasado, en la que expresa vuestra señoría su deseo de que se le permitan tres o cuatro días de reposo, sin encargarse del poder ejecutivo después de su llegada a la capital del Estado.

   El consejo tomó en consideración con preferencia hoy mismo dicha nota; y ha resuelto se conteste a vuestra señoría como tengo la honra de verificarlo, "que el presidente del consejo está pronto a recibir a usted el juramento constitucional el día que se presente a prestarlo, pero que el consejo desea que el actual encargado del ejecutivo sea el que indique en esta vez la oportunidad de verificar dicho acto, como que se halla más al cabo de las circunstancias que permiten o no, retardarlo, o cuyo fin se comunicará este acuerdo a su excelencia el vicepresidente del Estado".

   Lo transcribo a usted en respuesta de la sucitada nota, advirtiendo que con esta fecha lo pongo también en conocimiento del poder ejecutivo para los efectos del caso; y concluyo ofreciendo a usted los sentimientos de profundo respeto y alta consideración con que soy su muy humilde y obediente servidor,

Vicente Azuero.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 823-824.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

339
Firma: VICENTE AZUERO

BOGOTA, 6 DE OCTUBRE DE 1832

Colombia. Estado de la Nueva Granada
Presidencia del consejo de Estado

Al ciudadano general Francisco de Paula Santander,
presidente electo de la Nueva Granada.

   Señor:

   El poder ejecutivo ha avisado hoy a esta corporación, por el órgano respectivo, que mañana a las doce del día debéis prestar el juramento constitucional, a presencia del consejo de Estado, para encargaros del mando supremo.

   En consecuencia, el consejo ha resuelto que una comisión de su seno os conduzca a la sala de las sesiones para verificar dicho acto a la hora señalada y os acompañe después a la casa de gobierno.

   Tengo la honra de comunicaros este acuerdo para vuestro conocimiento, y de suscribirme vuestro humilde y muy obediente servidor,

Vicente Azuero.

FUENTE EDITORIAL:
Rodríguez Plata, Horacio. Santander en el exilio: proceso-prisión-destierro, 1828-1832. Bogotá, Kelly, 1976, p. 824.
FUENTE DOCUMENTAL:
S. I.

340
Firman: ANTONIO TOLEDO Y OTROS

TOCAIMA, 6 DE OCTUBRE DE 1832

El concejo municipal de Tocaima
al ciudadano presidente del Estado de la Nueva Granada,
general Francisco de Paula Santander.

   Excelentísimo señor:

   Habéis ocurrido al fin a los clamorosos empeños con que la Nueva Granada os ha llamado para aprovecharse de vuestros eficaces esfuerzos en su política de consolidación. Si aún encontráis esta patria llena de polvo, sudor y fatigas, es por la lucha en que desde vuestra proscripción se ha visto empeñada con la desventaja de carecer de vuestro inmediato auxilio para restituirse al circo de sus instituciones de que un espurio interés logró separarla por algunos meses.

   Hoy los pueblos, embriagados con el regocijo de teneros ya en su territorio, salen casi de tino por felicitaros, agotando las más tiernas expresiones de congratulación. Tocaima, correspondiendo al sistema puro, ahorra lastimar vuestros oídos republicanos con encomios que envileciendo al producente se vieron en otro tiempo convertidos en dogal de las verdaderas libertades; mas no sois vos, señor, el magistrado capaz de acoger homenajes de servilismo; la experiencia de más de cinco años en que la constitución que ocupaba vuestras manos era el primer consejero de vuestros acuerdos, es el garante de nuestra confianza.

   Hoy, señor, la Nueva Granada acaba de acordar una liberal constitución nombrándoos por alma de ella y cada ciudadano está comprometido a ser su custodio y centinela por el convencimiento de que en el bien común está fincado el particular. Ya las libertades patrias han comenzado a desarrollarse; aun todavía no le es lícito al granadino reclamar sus derechos sin padrinos ante los tribunales de la justicia; mas la esperanza del total desestanque de las emancipaciones políticas nada deja que pediros; a vos está reservado perfeccionar la senda de la constitución para que podamos gozar todo el bien que ella nos trazó.

   La municipalidad de Tocaima os saluda pidiendo al cielo auxilie con aciertos el período de vuestro encargo en el poder ejecutivo como lo exige la prosperidad del Estado.

 Antonio Toledo; José Ignacio Olarte; Francisco Castro; Aurelio Rubio; el procurador municipal, José Vicente Zárate; J. Valerio Gómez, secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2917, p. 463-464.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 370.

341
Firma: ANTONIO JOSÉ BENÍTEZ

PORE, 15 DE OCTUBRE DE 1832

Colombia. Estado de la Nueva Granada
Cámara provincial de Casanare

Al excelentísimo señor presidente del Estado granadino.

   La honorable cámara de esta provincia que tengo la honra de presidir ha resuelto en este día manifestar a vuestra excelencia por mi conducto los sentimientos de congratulación particular de cada uno de sus miembros y en general de los habitantes de esta provincia, por el feliz regreso de vuestra excelencia al seno de su patria, y por su colocación en la magistratura del Estado granadino. Acontecimientos imprevistos hicieron sufrir a este querido país la serie de calamidades que solamente basta recordar a vuestra excelencia.

   Fue víctima de ellas a expensas del poder arbitrario y más descarada usurpación; pero hoy el conocimiento del eminente patriotismo, grandes virtudes y seguro tino de vuestra excelencia para regir los altos destinos han hecho desaparecer de una provincia los temores de que el genio del mal cause nuevos disturbios, y les hace reposar tranquilos, confiados de que vuestra excelencia sabrá reprimir a los díscolos y perturbadores de la tranquilidad pública... Vuestra excelencia no debe dudar que Casanare, permaneciendo fiel a sus principios, sostendrá a todo trance la libertad, las instituciones y a vuestra excelencia como encargado de sostenerlas.

   Al dar cumplimiento a la referida resolución de la cámara me cabe la satisfacción de indicar a vuestra excelencia mi particular adhesión, suscribiéndome de vuestra excelencia con sentimientos de distinguida consideración, su más obsecuente servidor.

   Excelentísimo señor,

Antonio José Benítez.

FUENTE DOCUMENTAL:
Tomado del manuscrito original que reposa en la Academia Colombiana de Historia. Fondo saldo archivo Santander.

342
Firman: CONSTANTINO GUARNIZO Y OTROS

18 DE OCTUBRE DE 1832 22°

Colombia. Estado de la Nueva Granada.
Concejo municipal del cantón de La Mesa.

Excelentísimo señor presidente general Francisco de Paula Santander.

   Después de las violentas agitaciones que han combatido el edificio social; después de una serie de calamidades y sufrimientos, tócanos ya los días venturosos de la dicha y de la felicidad.

   Despojada la República de su más firme apoyo, todo presagiaba el exterminio; pero hoy que afortunadamente ha recobrado la patria su hijo predilecto, al héroe de las leyes, al jefe de la nación, justo apreciador de los principios, un nuevo orden de cosas va a correr un velo y cubrir para siempre los días de luto y de tristeza.

   Que vuestra excelencia volviese a la Nueva Granada, se restituyese a su patria y presidiese nuestros destinos, este ha sido, excelentísimo señor, el voto constante de la nación. Los miembros de que se compone este concejo, que tenemos el honor de suscribir, por nos y a nombre de todos los pueblos del cantón, llenos de contento y de la mayor alegría felicitamos a vuestra excelencia por hallarse restituido al seno de la patria; dignamente colocado en la silla presidencial, y ofrecemos la más fiel cooperación a los intereses del Estado.

   Con sentimientos de la más alta consideración y respeto, nos suscribimos de vuestra excelencia sus más obedientes y humildes servidores,

Constantino Guarnizo; Julián Gutiérrez;
Fermín Araque; Juan de Dios Correa; Ignacio Olaya;
José Landázuri; Juan Nepomuceno Caicedo;
Luciano Laverde; J. Mauricio Plata.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2918, p. 464.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 379.

343
Firma: AUGUSTÍN ÁLVAREZ Y OTROS

NEIVA, 20 DE OCTUBRE DE 1832

   Excelentísimo señor:

   Los miembros que componen la municipalidad del cantón de Neiva, animados, no del espíritu vil y bajo de la adulación, sino ardiendo de gratitud por el fuego santo que les ha inspirado vuestra excelencia por la constancia con que sostuvo franca y valerosamente los derechos del pueblo colombiano, llenos hoy de gloria y encantados de verlo ya rigiendo los destinos de la Nueva Granada, nos prometemos bajo sus auspicios los más felices resultados y ya casi presagiamos el más dichoso porvenir. Señor, no hay un neivano solo que en el momento que supo su arribo de vuestra excelencia a Bogotá no redunde de gozo; el sexo encantador, los ancianos y los niños gritan a una voz ¡ya tenemos al general Santander en la capital del Estado, ya tomó posesión del mando el día 7, y por consecuencia de un tan próspero suceso la paz será perpetuamente asegurada! ¡Ojalá que se realicen estas esperanzas!, y que los granadinos tengamos el justo orgullo de presentar al viejo y nuevo mundo un Santander que bajo el sistema liberal que proclamamos nos asegura paz y libertad.

   Dígnese, pues, vuestra excelencia, aceptar la sincera expresión de nuestro reconocimiento con que lo felicitamos por hallarse ya a la cabeza del gobierno, honrándonos altamente de ser el órgano por donde se transmiten a vuestra excelencia las consideraciones y respetos del pueblo neivano.

   Excelentísimo señor,

   El jefe político, Agustín Alvarez; el alcalde primero municipal, Pedro José Durán; el alcalde segundo municipal, Pedro Herrera; el procurador, Cayetano Perdomo; el secretario municipal, Vicente Antonio Cuenca.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1964, t. 1, carta No. 62, p. 134-135.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 380.

344
Firman: MANUEL DEL CASTILLO Y OTROS

20 DE OCTUBRE DE 1832

SALA DE ACUERDO DEL CONCEJO MUNICIPAL
DEL CANTON DE TUNJA,

Al excelentísimo señor presidente del Estado,
general Francisco de Paula Santander.

   Excelentísimo señor:

   El concejo municipal del cantón de Tunja llega hoy a cumplir con el tan grato como sagrado deber de presentar a vuestra excelencia sus más cordiales y sinceras felicitaciones por su próspera vuelta al seno de esta patria querida, en donde vuestra excelencia vio la luz, y a la que en los días de su mayor esplendor vuestra excelencia defendió con su espada, organizó con sus luces, engrandeció con sus talentos administrativos y gobernó con gloria y justicia. Este concejo esperaba y cada uno de sus miembros deseaba ardientemente que vuestra excelencia en su marcha hacia la capital del Estado, tocase en esta ciudad para que así pudiese recibir de cada uno de ellos el testimonio de los sentimientos que los animan con respecto a la ilustre víctima de los principios y de las libertades públicas; mas ya que no les cupo esta fortuna, ellos se apresuran a encomendar a esta carta la expresión de sus sentimientos, y así, señor excelentísimo, este concejo cree que vuestra excelencia ha adquirido una gloria inmarcesible y un derecho de primer orden a la gratitud nacional por los heroicos esfuerzos con que ha luchado contra la tiranía y defendido los principios, por mantener los cuales los pueblos de la Nueva Granada han hecho los sacrificios que son notorios a vuestra excelencia. Además, el concejo está bien persuadido que en las presentes circunstancias es vuestra excelencia el sol que ilumina este hemisferio, el piloto que puede mejor dirigir la nave del Estado, el iris de serenidad en medio de la borrasca política y el único puerto de salvación después del naufragio pasado.

   Por lo demás nada queda que hacer al concejo sino dirigir al cielo los más fervientes votos por la prosperidad y acierto de vuestra excelencia en el gobierno del Estado y esperar que vuestra excelencia se digne admitir benévolamente los sentimientos expresados, con los del profundo respeto, cordial aprecio y alta consideración con que somos de vuestra excelencia sus admiradores y mejores amigos,

   El presidente del concejo municipal, Manuel del Castillo; Juan G. Gutiérrez; Valentín García; J. Clemente Calderón de Silva; A. Niño; J. M. Buitrago; Manuel Caycedo; Juan Agustín Díaz, sindico personero; José Domingo Acevedo, secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2919, p. 465-466.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 382.

345
Firma: RAFAEL SOLANO

TUNJA, 21 DE OCTUBRE DE 1832

Colombia. Estado de la Nueva Granada.
Colegio provincial de Boyacá.

Excelentisimo señor presidente del Estado de Nueva Granada.

   Al poner el pie vuestra excelencia en este territorio y al encargarse dignamente del gobierno de él, me encuentra regentando este colegio, encargado del rectorado de él; destino que el gobierno ha querido confiarme sin mérito alguno y que yo he aceptado por desempeñarle y por servir al público y con particular a esta ciudad.

   Ha siete meses que me hallo en esta ocupación y las dificultades que encuentro para hacer marchar esta casa con regularidad, ya por falta de sujetos que ocupen los destinos subalternos que puedan desempeñarlos, con aprovechamiento de la juventud, y ya por falta de apoyo en las circunstancias dificultosas en que se halla esto, en estado de regeneración, con sus rentas demolidas y casi perdidos sus fondos.

   No obstante, por estas razones y porque vuestra excelencia puede llamarse con propiedad el creador de este establecimiento, por el antiguo conocimiento que tengo de su persona, la amistad que ha mediado entre nosotros y por otros mil motivos que paso en silencio, me congratulo a nombre mío y de este colegio, por el regreso de vuestra excelencia a este país, sano y salvo, ofreciendo a vuestra excelencia nuestros pequeños respetos y deseando a vuestra excelencia la mayor prosperidad y el mejor éxito en los negocios de Estado.

   Excelentísimo señor,

Rafael Solano,
rector.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1968, t. 12, carta No. 4239, p. 146-147.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 383.

346
Firma: MARIANO URRUTIA

POPAYAN, 22 DE OCTUBRE DE 1832

Cabildo eclesiástico de Popayán. Sala capitular

Excelentísimo señor general Francisco de Paula Santander,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor:

   Los individuos de esta corporación eclesiástica, que accidentalmente presido, han recibido con el mayor placer la noticia del arribo de vuestra excelencia a esa capital del Estado, y su colocación en el alto puesto para que tan dignamente fue elegido por el voto común de los pueblos. En él desean a vuestra excelencia con la más cumplida salud, el mejor acierto en el desempeño de sus delicadas funciones y ofrecen a vuestra excelencia sus debidas consideraciones y respetos.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

   Excelentísimo señor,

Mariano Urrutia.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1969, t. 13, carta No. 4703, p. 297.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1924, t. 19, p. 384.

347
Firma: MANEUL JOSÉ MOSQUERA

POPAYAN, 22 DE OCTUBRE DE 1832 22°

Colombia. Estado de la Nueva Granada.
Universidad del Cauca.

Excelentísimo señor presidente,
general Francisco de Paula Santander.

   Excelentísimo señor:

   Llamado vuestra excelencia por el voto nacional a presidir la administración pública, ha sido recibida con sumo placer la noticia de haber ocupado vuestra excelencia la silla del gobierno; pero cabe con este motivo un regocijo más particular a esta universidad, que recuerda su establecimiento en la feliz administración constitucional de usted, cuya acreditada fidelidad a las leyes y constante decisión por las letras, dan una nueva garantía a las casas de enseñanza pública.

   Dígnese vuestra excelencia de aceptar esta ligera manifestación con que los miembros de la universidad testifican su distinguido aprecio y alta consideración hacia la persona de vuestra excelencia.

   Excelentísimo señor.

   De vuestra excelencia muy atento y humilde servidor,

Manuel José Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2870, p. 391.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1925, t. 20, p. 13.

348
Firma: JOSÉ DE MEDINA Y OTROS

PURIFICACION, 1832 (?)

   Excelentísimo señor:

   Identificada la vida de vuestra excelencia con la de la República, el concejo municipal de la Villa de Purificación cree que sus votos al cielo han sido oídos, y que sus sacrificios del año antepasado por el restablecimiento del legítimo gobierno no han sido perdidos. Cuando este, atendiendo al clamor de los pueblos, ha tenido a bien invocar a vuestra excelencia como el genio tutelar de los derechos sociales, estos, ciencias, artes, comercio, agricultura, empresa y todos los bienes que el sol del mundo moral, la divina libertad reparte sobre la tierra, juzgó el concejo perdidos con vuestra excelencia. Pero hoy que en medio de la tempestad aparece tomando el timón de esta nave del Estado, el concejo estima este acontecimiento como un presagio seguro de que esta patria que vuestra excelencia encuentra fallida, dividida y agonizante, se presentará bien pronto otra vez a la vanguardia de las repúblicas de América viva, animada y gloriosa. Los eminentes talentos de vuestra excelencia, su noble amor a la causa de la humanidad, la experiencia adquirida en las vicisitudes a que lo expuso la tiranía, sus conocimientos y versación en la política de las cortes, todo promete al concejo municipal de esta villa que se renovarán más aquellos días de gloria y de felicidad pública en que gobernándonos vuestra excelencia por las leyes, mereció justamente llamarse el hombre del pueblo.

   Es penetrados de este encantador porvenir a que nos convida la prudencia y sabiduría de vuestra excelencia que suscribiéndonos sus más obsecuentes, sinceros servidores, nos atrevemos a ofrecer a vuestra excelencia los sentimientos de nuestra admiración y pura complacencia.

José de Medina, presidente del concejo municipal; Norberto Villaveces, alcalde primero municipal; Segundo Barrios, alcalde segundo municipal; Juan N. Chacón, consejero; Manuel Cuenca, procurador municipal; Ramón Manz del Busto, secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander. Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2921, p. 467.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1925, t. 20, p. 15.

349
Firman: JUAN ANTONIO DEL CASTILLO Y OTROS

LA PLATA, 23 DE OCTUBRE DE 1832

   Excelentísimo señor:

   Algún día el Dios de la Nueva Granada había de manifestarse propicio con este suelo desgraciado; algún día, los pueblos libres habían de volver a depositar sus confianzas en el héroe inexorable en sus opiniones, en el que encierra el imperio de las leyes, en el que es el eje de la paz y antemural de nuestros males; algún día, y ha sido el 7 del presente mes, día en que mirado por todos los aspectos que pueda presentar al mundo entero, es digno de admiración, él es en que tomó posesión vuestra excelencia de alto funcionario del Estado, y desde el cual nos prometemos ya poder respirar libertad, seguridad e igualdad. Estos son, señor, los sinceros votos con que este municipio a nombre del pueblo platense felicita a vuestra excelencia; ellos son nacidos de corazones sencillos que tributan respeto a las leyes y amor y gratitud a vuestra excelencia, lo que suplicamos acepte de sus muy obedientes y obsecuentes conciudadanos.

   El jefe P. N., Juan Antonio del Castillo, el alcalde M. 1°, Vicente Coronado; el alcalde M. 2°, Benito Sierra; Manuel A. León, escribano privado interino.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto, compilador. Correspondencia dirigida al general Santander, Bogotá, Voluntad, 1966, t. 8, carta No. 2920, p. 466.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Santander. Bogotá, Aguila Negra, 1925, t. 20, p. 13.

350
Firma: JOSÉ MARÍA GRUESO

POPAYAN, 6 DE NOVIEMBRE DE 1832

Excelentísimo señor presidente,
general Francisco de Paula Santander.

   Señor:

   Aunque oportunamente he felicitado a vuestra excelencia por el órgano de presidente de este cabildo del que soy eclesiástico inútil miembro, yo faltaría a un deber muy sagrado y siempre querido de mi corazón si no lo hiciera separadamente, manifestando a vuestra excelencia el placer que experimento de su feliz regreso a Colombia; y por la gloria que le estaba esperando para hacer más hermosos sus dilatados e injustos padecimientos. Al fin, señor, la justicia ha triunfado y yo bendigo a la divina providencia, que lo ha conservado en medio de tantos peligros para que vuelva a crear de nuevo, lo diré así, esta Colombia que fue feliz mientras que confió sus destinos a las manos expertas de vuestra excelencia; que el Dios protector de la República prosiga derramando su bendición sobre vuestra excelencia. Estos son los más ardientes votos de este su reconocido y muy humilde servidor y capellán que besa la mano de vuestra excelencia,

José María Grueso.

FUENTE DOCUMENTAL:
Del manuscrito original No. 127/28 que reposa en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República. Bogotá.