ARCHIVO NARIÑO

Guillermo Hernández de Alba
(Compilador)

TOMOS I, II, III, IV, V y VI (Obra completa)

ISBN: 958-643-000-6 (Obra completa)

Nota de la Edición: Tomado de la Edición de la Fundación para la Conmemoración del Bicentenario del Natalicio y el Sesquicentenario de la Muerte del General Francisco de Paula Santander. Biblioteca de la Presidencia de la República. Administración Virgilio Barco. Santafé de Bogotá, 1990.

Nota de la Publicación Digital: Este documento digital contiene únicamente las partes del documento que se encuentran en el dominio público, de acuerdo con la legislación colombiana. Las partes que se especifican a continuación fueron retiradas en tanto se aclaran sus respectivos derechos de autoría y/o edición y se tramitan los permisos de publicación correspondientes.

TOMO I

Presentación, por Virgilio Barco (pág, XIII)
Don Antonio Nariño y Alvarez, por Guillermo Hernández de Alba (pág, XV)
Nota Metodológica (pág, XLIX)
Índice Onomástico (pág, 311)
Índice Toponímico (pág, 342)
Índice Temático (pág, 348)
Cronología (pág, 355)

TOMO II

Nota metodológica (pág, XI)
Imagen (Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano) (pág, 52)
Índice Onomástico (pág, 365)
Índice Toponímico (pág, 382)
Índice Temático (pág, 390)
Cronología (pág, 397)

TOMO III

Nota metodológica (pág, XIII)
Imagen (Antonio Nariño, Oleo sabre tela) (pág, 8)
Índice Onomástico (pág, 387)
Índice Toponímico (pág, 407)
Índice Temático (pág, 416)
Cronología (pág, 425)

TOMO IV

Nota metodológica (pág, XIII)
Imagen (El general Nariño. Grabado por Leveille, según dibujo de Espinosa) (pág, 6)
Imagen (Doña Magdalena Ortega y Mesa, esposa del general Nariño, con su hijo Gregorio en brazos) (pág, 22)
Imagen (Plazuela de San Victorino en 1856) (pág, 120)
Índice Onomástico (pág, 403)
Índice Toponímico (pág, 415)
Índice Temático (pág, 424)
Cronología (pág, 431)

TOMO V

Nota metodológica (pág, XIII)
Imagen (Carta de Antonio Nariño a José Ramón Leyva) (pág, 332)
Imagen (Antonio Nariño. Grabado de Rodríguez) (pág, 396)
Índice Onomástico (pág, 409)
Índice Toponímico (pág, 426)
Índice Temático (pág, 440)
Cronología (pág, 451)

TOMO VI

Nota metodológica (pág, XIII)
Imagen (Carta de Juan O'Evereux a Antonio Nariño) (pág, 128)
Índice Onomástico (pág, 391)
Índice Toponímico (pág, 405)
Índice Temático (pág, 414)
Cronología (pág, 423)

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TABLA DE CONTENIDO

TOMO I

1 Certificación de estudios de Manuel Bernardo Alvarez
2 Partida de bautismo de Catalina Alvarez
3 Nombramiento de Vicente Nariño como contador de Santa Fe de Bogotá
4 Disposiciones sobre la posesión de Vicente Nariño como contador
5 Dote de Catalina Alvarez del Casal
6 Inventario de la hacienda "La Milagrosa" de Fucha. Año 1767
7 Petición de Vicente Nariño para que se informe al rey sobre su desempeño como contador
8 Nombramiento de Vicente Nariño como contador del tribunal de cuentas de Santa Fe de Bogotá
9 Certificación de entierro de Vicente Nariño
10 Memorial de Catalina Alvarez del Casal al rey
11 Testamento de Vicente Nariño
12 Batallón de milicias urbanas de Santa Fe. Antonio Nariño, abanderado
13 Destacamento de capital del virreinato
14 Información matrimonial de Antonio Nariño con Magdalena Ortega
15 Carta dotal de Magdalena Ortega
16 Partida de matrimonio de Antonio Nariño con Magdalena Orteg
17 Información de nobleza de los hijos de Manuel Bernardo Alvarez y María Josefa del Casal y Freyria
18 Carta de Antonio Nariño a José Celestino Mutis
19 Testamento de Catalina Alvarez del Casal
20 Antonio Nariño solicita el avaluo de su casa
21 Certificación de propiedad de una casa de Antonio Nariño
22 Petición de Antonio Nariño como alcalde de Santa Fe de Bogotá
23 Petición de Antonio Nariño como alcalde de Santa Fe de Bogot
24 El virrey sugiere el nombramiento de Antonio Nariño como tesorero de diezmos
25 Aclaración del virrey al cabildo eclesiástico sobre la elección del tesorero de diezmos 
26 Disposición para que Nariño asuma la tesorería de diezmos
27 Escritura y decreto sobre la posesión de Nariño como tesorero de diezmos
28 Entrega de los caudales de la tesorería de diezmos a Nariño
29 Reconvención a Ricaurte y a sus herederos
30 Antonio Nariño compra la estancia de Fucha
31 Cédula real sobre la prerrogativa del dean en el nombramiento del tesorero de diezmos
32 Sobre los fondos entregados por Ricaurte a Nariño
33 Nariño expresa su disposición para presentar el informe de tesoreríav
34 Diligencia de reconocimiento de caudales
35 El contador de diezmos revisa las cuentas de la tesorería
36 Disposición del arzobispo sobre los caudales existentes en la tesorería 
37 Solicitud de Nariño para su nombramiento como tesorero de diezmos
38 Oficio del virrey al cabildo sobre la elección de Nariño
39 Condiciones señaladas a Nariño como tesorero de diezmos
40 El cabildo eclesiástico informa al virrey sobre la elección del tesorero de diezmos
41 Constancia sobre las firmas en la escritura de fianza y abono
42 Solicitud del contador de diezmos al cabildo
43 Cesión de empleo de alcalde provincial a favor de Antonio Nariño
44 Antonio Nariño solicita permiso para extraer y exportar quina
45 Aviso por el cual se informa sobre la imprenta de Nariño
46 Vale a favor de Antonio Nariño
47 Expediente relacionado con el vale a favor de Nariño y otorgado por su hermano
48 Requerimiento y finiquito de cuentas
49 Carta de Nariño a Pedro Fermín de Vargas
50 Carta de Nariño a sus fiadores
51 Testimonios sobre la reimpresión clandestina de "Los Derechos del Hombre"
52 Denuncio del soldado español contra Nariño
53 Confiscación y embargo de bienes de Nariño
54 Comunicación del virrey a los gobernadores de provincia sobre el impreso "Los Derechos del Hombre"
55 El cabildo eclesiástico solicita la entrega de sus caudales y bienes
56 Secuestro y remate de la casa de Nariño
57 Embargo de libros en el convento de capuchinos
58 Certificación de las sesiones del cabildo efectuadas en 1794
59 Nariño solicita excarcelación para responder personalmente por sus deudas
60 Protesta y exclamación de Nariño

TOMO II

61 Defensa de Nariño
62 Oficio del virrey Ezpeleta al príncipe de la paz
63 Memoriales de la esposa de Nariño al monarca español
64 Petición de Nariño al príncipe de la paz
65 Referencia de Nariño sobre la sentencia dictada en su contra
66 Memorial de la esposa de Nariño al príncipe de la paz
67 Informe del arribo de prisioneros a Cádiz
68 Informe sobre la fuga de Nariño del navío San Gabriel
69 Memorial de Nariño al rey
70 Carta de Nariño a su esposa
71 Solicitud de retención de sueldo a deudor de Nariño
72 Relación de cuentas sobre el período de ejercicio de Nariño como tesorero de diezmos
73 Se advierte sobre la presencia de Nariño en la Nueva Granada
74 Oficio del virrey Mendinueta al arzobispo
75 Memorial del arzobispo al virrey Mendinueta
76 Instrucciones del virrey para la captura de Nariño y Vargas
77 Descubren proyecto de sublevación en Venezuela
78 Informe al rey sobre la situación socioeconómica del Nuevo Reino de Granada
79 Oficio del virrey Mendinueta al príncipe de la paz
80 Informe sobre la nueva prisión de Nariño
81 Nariño responde al interrogatorio del oidor Hernández de Alba
82 Respuestas de Nariño complementarias al interrogatorio ya contestado
83 Oficio del virrey Mendinueta sobre Pedro Fermín de Vargas
84 Memorial de Nariño al virrey Mendinueta
85 Medidas del virrey Mendinueta con posterioridad a la prisión de Nariño
86 Papeles, libros y bienes de Sebastián López Ruiz en poder de Nariño
87 "Ensayo sobre un nuevo plan de administración en el Nuevo Reino de Granada". Escrito por Nariño
88 Balance de cuentas entre Nariño y José Antonio Valdés
89 Oficio del secretario de estado al virrey del Nuevo Reino de Granada
90 Memorial de Nariño al virrey Mendinueta
91 Concepto de los ministros del consejo de Indias sobre el proceso seguido a Nariño 
92 Memorial de Nariño al virrey Mendinueta
93 Resumen de los procesos contra Nariño y Ricaurte
94 Carta de Nariño al virrey Mendinueta
95 Carta al padre Francisco Mesa
96 Carta de Nariño al padre Francisco Mesa
97 Diagnóstico de médicos sobre la salud de Nariño
98 Carta de Nariño al padre Francisco Mesa
99 Carta de Nariño al padre Francisco Mesa
100 Carta de Nariño al padre Francisco Mesa
101 El rey ordena cobrar las costas a Nariño y a Ricaurte
102 Cláusula testamentaria relacionada con los bienes de Nariño
103 Informe al virrey que denuncia a Nariño y otras personalidades como conspiradores
104 Gobernador de Santa Marta informa de la captura de Nariño
105 Memorial de Nariño a la junta provincial de gobierno de Cartagena
106 Informe del gobierno de la provincia de Cartagena sobre la prisión de Nariño
107 Carta de la esposa de Nariño a Antonio Villavicencio
108 Magdalena Ortega pide la libertad de Nariño
109 Carta de Nariño a Manuel Bernardo Alvarez

TOMO III

1 Nota de Nariño antes de su fuga
2 Licencia de matrimonio a Vicente Nariño Ortega
3 Elección de secretarios del congreso
4 Certificado de defunción de Magdalena Ortega de Nariño
5 Comunicado de Nariño sobre su elección como presidente de Cundinamarca
6 Oficio del presidente Nariño a la Junta Suprema de Popayán
7 Balance de ventas de La Bagatela en Cartagena
8 Decreto sobre nombramiento de editores y redactores de la Gaceta Ministerial de Cundinamarca
9 Sobre Jorge Tadeo Lozano
10 Pronunciamientos sobre la elección de Nariño
11 Gobierno de Caracas honra a Nariño
12 El presidente Nariño concede el grado de Brigadier a José María Lozano
13 Acogida a La Bagatela en Cartagena
14 Carta de Lorenzo Plata al presidente de Cundinamarca
15 Presidente de Cundinamarca expide un bando
16 Tratado de Cundinamarca con la provincia de Mariquita
17 Independencia de Cartagena
18 Oficio del presidente Nariño al gobierno de Casanare
19 Oficio de Joaquín Camacho al presidente de Cundinamarca
20 Oficio del gobierno de Cartagena al de Cundinamarca
21 Bando del presidente Nariño
22 Disposición para el pago de sueldo a Nariño
23 Representantes solicitan pasaporte
24 El presidente Nariño concede indulto general
25 Representantes solicitan auxilios para Cartagena
26 Oficio del presidente Nariño a la Junta Suprema del Socorro
27 Resolución sobre la anexión de San Gil al estado de Cundinamarca
28 Oficio del presidente Nariño a la Junta Suprema del Socorro
29 Representantes reiteran solicitud de auxilio a Cartagena
30 Contestación de Nariño a petición de representantes del congreso
31 Comunicación de los representantes al presidente Nariño sobre el auxilio a Cartagena
32 Discurso de Nariño en el colegio electoral
33 Acuerdo del cabildo de San Gil
34 Carta a Andrés Rosillo
35 Memorial de Francisco José Otero
36 Conflicto entre el Socorro y San Gil
37 Festejos en honor del nuevo presidente de Cundinamarca
38 Oficio del cabildo de Ambalema
39 Ingreso de Baraya a Popayán
40 Carta sobre la "Chispería" y la elección de Nariño como presidente
41 Alocución del presidente Nariño en el congreso
42 Contestación a carta anónima publicada en El Argos de Cartagena
43 Oficio de Manuel Bernardo Alvarez al gobierno de Cundinamarca
44 Oficio del gobierno de Cartagena al de Cundinamarca
45 Documentos relativos al manifiesto del presidente del estado de Cundinamarca.
46 Análisis del acta de la federación
47 El colegio electoral y la renuncia de Nariño
48 Carta de Custodio García Rovira
49 Contestación al Argos
50 Situación de España y desavenencias entre Santa Marta y el estado de Cundinamarca
51 Oficio de Villa de Leiva al presidente de Cundinamarca
52 Purificación se une al estado de Cundinamarca
53 Acuerdo del gobierno de Neiva
54 Oficio del gobierno de Cundinamarca al de Venezuela
55 Oficio del cabildo de Neiva al presidente de Cundinamarca
56 Oficio de representantes al congreso dirigido al presidente de Cundinamarca
57 Escrito sobre la situación de la época
58 Efectos de los letreros de la calle real
59 Oficio de Nariño al presidente del colegio electoral
60 Carta de Antonio Baraya a Nariño
61 Contestación del gobierno de Cundinamarca al de Pamplona
62 Tratado entre Cundinamarca y los comisionados del congreso
63 Noticias sobre Bailadores
64 Conjura de Tunja contra Santafé
65 Oficio a Baraya y comunicado del presidente de Tunja al de Cundinamarca
66 Oficio de representantes del congreso al presidente de Cundinamarca 
67 Desavenencias con Baraya
68 Carta de Francisco José de Caldas, Francisco de Paula Santander y otros al gobernador de Tunja 
69 Situación en Popayán
70 Nariño sale en expedición al norte
71 Papeles del ejército federal
72 Oficio del presidente Nariño al poder ejecutivo de Cundinamarca
73 Fragmentos del diario de la expedición al norte
74 Carta de Nariño al poder ejecutivo del estado de Cundinamarca
75 Oficio de los representantes al congreso dirigido a Nariño
76 Documentos sobre el presidente de Cundinamarca
77 Informe sobre eventual conferencia de Nariño con Baraya
78 Oficio del brigadier Ricaurte al mariscal de campo Baraya
79 Oficio de Nariño al poder ejecutivo de Cundinamarca
80 Oficio de Baraya al gobernador de Tunja
81 Oficios del poder ejecutivo de Cundinamarca
82 Oficio de Felipe Antonio Mazuera al vicepresidente de Cundinamarca
83 Sitio para reunión del congreso
84 Carta del presidente Nariño al senado
85 Nombramiento de Manuel Benito de Castro en la presidencia
86 Oficio de Nariño al senado
87 Carta de Enrique Rodríguez a Eusebio M. Canabal
88 Petición popular para restitución de Nariño a la presidencia
89 Decreto del presidente de Cundinamarca sobre sueldos y empleados
90 Oficio del cabildo de Chiquinquirá al presidente Nariño
91 Instrucción para el tribunal de seguridad pública
92 Oficio de representantes al congreso dirigido al presidente de Cundinamarca
93 Oficio del gobierno de Cundinamarca al diputado de Casanare
94 Oficio del presidente de Antioquia al presidente de Nariño
95 Oficio del cabildo de Vélez al presidente Nariño
96 Providencias del gobierno de Cundinamarca
97 Plan de la fuerza armada del estado de Cundinamarca

TOMO IV

98 Bando del presidente Nariño a los habitantes de Santafé
99 Movimientos militares de Baraya
100 Mariquita y el estado de Cundinamarca
101 Instrucciones del presidente de Cundinamarca
102 Carta de la Abadesa de la Concepción dirigida al presidente Nariño
103 Carta de la priora de Santa Inés al presidente Nariño
104 Oficio de José París al presidente de Cundinamarca
105 Oficio de representantes al congreso por Cundinamarca dirigido al presidente Nariño
106 Sucesos en Santafé
107 Actas y documentos del congreso reunido en Villa de Leyva
108 Carta de Manuel Alvarez
109 Oficio de representantes al congreso de Cundinamarca dirigido al presidente Nariño
110 Oficio del cabildo de Vélez al presidente Nariño
111 Oficio de los prelados del clero regular de Santafé al presidente Nariño
112 Oficio del presidente Nariño a los emigrados de Barinas
113 Disposiciones del gobierno dictadas por Nariño
114 Encuentro de tropas en Ventaquemada
115 Fuerza de la primera compañía de milicias de infantería de Santafé
116 Oficio al ayuntamiento de Cali
117 Anónimo contra el presidente Nariño
118 Oficios entre el presidente de Cundinamarca y el presidente del congreso
119 Ataque a Santafé
120 Relato del ataque de las tropas de Baraya a Santafé de Bogotá
121 Oficios del congreso y del presidente de Cundinamarca a todas las provincias de la Nueva Granada
122 Oficio del presidente Nariño al presidente del congreso
123 Carta a Manuel Bernardo Alvarez
124 Oficio de Camilo Torres a Nariño
125 Oficio de José Acevedo al gobierno de Tunja
126 Oficio de Camilo Torres al presidente de Cundinamarca
127 Sobre el acta del congreso
128 Medidas para el mejoramiento de la junta de represalias y justicia militar
129 Oficio del gobernador de Casanare al presidente de Cundinamarca
130 Oficios del presidente de Antioquia al de Cundinamarca
131 Parte del coronel Bolívar al presidente del congreso
132 Medidas de Cundinamarca a favor de la unión de las provincia
133 Oficio del presidente Nariño a Camilo Torres
134 El impresor y la libertad de imprenta
135 Manifiesto de Nariño sobre la conducta del gobierno de Cundinamarca
136 Oficio del gobierno de Popayán al de Cundinamarca
137 Tratados entre Popayán y Cundinamarca
138 Oficio de José Joaquín Bonilla al presidente Nariño
139 Tratados entre el congreso y el estado de Cundinamarca
140 El árbol de la libertad
141 La convención
142 Oficio del brigadier Bolívar al presidente Nariño
143 Cartas de Camilo Torres a Custodio García y a Nariño
144 Escaramuza entre tropas de Cartagena y las de Santa Marta
145 Providencias y comunicaciones sobre la expedición al sur
146 Carta de Custodio García a Pombo
147 Oficio de Rodríguez Torices al presidente de Cundinamarca
148 Instalación del colegio electoral
149 Resoluciones del colegio electoral revisor
150 Oficios del presidente Nariño sobre sobre la expedición al sur
151 Carta del presidente Nariño al gobernador de Santa Marta
152 Carta de Joaquín Lee a Nariño
153 Oficio del presidente de Antioquia dirigido al de Cundinamarc
154 Independencia de Cundinamarca
155 Carta de Rodríguez Torices a Nariño
156 Informe del presidente Nariño al poder ejecutivo de la unión
157 Independencia absoluta de Cundinamarca
158 Oficio de Montes al gobierno de Cundinamarca
159 Carta de Francisco Montalvo a Nariño
160 Oficio de Nariño al presidente del congreso
161 Cambio de insignias del estado soberano de Cundinamarca
162 Obligaciones recíprocas entre el gobierno y los ciudadanos
163 Carta de Nariño al presidente del congreso
164 Instrucción para la comisión de vigilancia y seguridad pública
165 Oficios cruzados entre el presidente del congreso y el de Cundinamarca
166 Carta de Nariño al gobernador de Cartagena
167 Oficio de Nariño al congreso de las provincias
168 Decreto del congreso sobre amonedación
169 Oficio de Nariño al poder ejecutivo de Cundinamarca
170 Noticias de Nariño desde el sur
171 Oficio de Nariño al poder ejecutivo federal
172 Oficio del presidente del congreso dirigido a Nariño
173 Informes al gobernador y a los consejeros de estado
174 Nombramiento como dictador a Manuel Bernardo Alvarez
175 Manifiesto del congreso a los pueblos de la Nueva Granada

TOMO V

1 Oficios de los jefes militares del Socorro y su contestación
2 Boletín de noticias al día
3 Méritos del capitán Ignacio Salcedo
4 Noticias de Caracas
5 Oficios del comandante de la expedición del norte y del presidente del Socorro
6 Comandante de la expedición del norte contesta al presidente del Socorro
7 Informe del comandante de la expedición del norte
8 Oficio del cabildo de Vélez al presidente Nariño
9 Informes del comandante de la expedición del norte
10 Informe del comandante de la expedición del norte
11 Oficio del presidente de Quito al de Cundinamarca
12 Informe de Antonio Villavicencio al poder ejecutivo de Cundinamarca
13 Oficio del cabildo de Vélez al presidente Nariño
14 Carta a Pedro Lastra
15 Oficio de Lorenzo Plata al comandante Ricaurte
16 Oficios del Brigadier Baraya
17 Ingreso del enemigo a Popayán
18 Oficio del gobierno de Popayán al cabildo de La Plata
19 Ocupación de Pasto por los rebeldes
20 Oficio de alcaldes de Chiquinquirá al presidente Nariño
21 Noticias del brigadier José Miguel Pey desde el Socorro
22 Informes sobre Chiquinquirá
23 Oficios del gobernador de Tunja al presidente Nariño
24 Oficio del vicepresidente de Popayán al presidente Nariño
25 Oficio del vicepresidente de Popayán al presidente Nariño
26 Planes de Baraya contra Santafé
27 Noticias de Cúcuta
28 Instalación del Congreso
29 Mariquita y Cundinamarca
30 El Congreso nombra comisión militar
31 El presidente Nariño dicta medidas de gobierno para Santafé
32 Parte militar de sucesos en Popayán
33 Declaración del desertor Domingo Díaz, procedente de Tunja
34 Conceptos de Crisanto Valenzuela
35 Disposiciones del presidente Nariño sobre la venida del Arzobispo Juan Bautista Sacristán
36 Fallecimiento de José Antonio Gómez, presidente de Antioquia
37 Oficio del gobierno de Cundinamarca al Congreso
38 Certificación del comandante de Zipaquirá
39 Arribo a Santafé del diputado de la provincia de Casanare
40 Parte de Tadeo Vergara
41 Oficio del presidente Nariño a la Junta de Gobierno de Cundinamarca
42 Boletín del ejército del norte
43 Oficio y proclama del presidente Nariño
44 Oficio del general Leyva al presidente Nariño
45 Carta del presidente Nariño al brigadier Baraya
46 Replica al efímero
47 Oficio del presidente Nariño al general Baraya
48 Oficio del gobernador interino de Tunja dirigido al gobierno de Cundinamarca
49 Sobre el árbol de la libertad
50 Noticias desde Cartagena
51 Parte del coronel Bolívar al presidente del Congreso
52 Oficio de Monteverde al comandante de Armas de Barinas
53 Noticias del ejército del norte
54 Noticias favorables a la libertad del reino
55 Ejército español que obra contra Santafé
56 Motivos del retraso del correo
57 Nombramiento de comisión para administrar empréstito
58 Compañía de forasteros
59 Repliegue de tropas de Sámano
60 Triunfo de tropas de Atanasio Girardot
61 Oficio del gobernador del Socorro
62 Armas en Cartago
63 Oficio de Camilo Torres al presidente Nariño
64 Oficio de Simón Bolívar al presidente Nariño
65 Oficio de Sámano al gobierno de Santafé
66 Relación de la fuerza de la provincia de Popayán
67 Tropas de Labatut atacan a Santa Marta
68 Carta de Nariño al presidente del Congreso
69 Himno a la Campaña del sur
70 Oficio del general Nariño desde Neiva
71 Oficio del poder ejecutivo de la unión
72 Oficio del presidente Nariño al Congreso
73 Oficios entre Nariño y Sámano
74 Ejército del sur
75 Ocupación de Cartago
76 Campaña de Nariño en el sur
77 Oficio del general Nariño al gobierno de Cundinamarca
78 Batalla de Calibío
79 Oficio del General Nariño al ayuntamiento de Cali
80 Oficio del general Nariño a Toribio Montes
81 Oficios entre el general Nariño y Toribio Montes
82 Oficio del cabildo de Pasto a Juan Sámano
83 Oficio del Cabildo de Santafé a Nariño
84 Marcha en honor del general Nariño
85 Conversación de un campesino en la plaza de Bogotá
86 Oficio del general Nariño al poder ejecutivo de Cundinamarca
87 Oficio del corregidor de Santafé al poder ejecutivo
88 Soneto por triunfo de Calibío
89 Oficio de Nariño al presidente del Congreso
90 Pasos del Río Juanambú
91 Oficio de Nariño al poder ejecutivo de Cundinamarca
92 El general Nariño contesta oficio de Toribio Montes
93 Oficio del general Nariño al ayuntamiento de Pasto
94 Informe de José María Cabal al general Nariño
95 Oficio del general Nariño al brigadier José de Leyva
96 Oficio de José de Leyva al general Nariño
97 Oficio de Toribio Montes al ayuntamiento de Pasto
98 Oficio del ayuntamiento de Pasto al general Nariño
99 Oficio del general Nariño al ayuntamiento de Pasto
100 Oficio del ayuntamiento de Pasto al general Nariño
101 Oficio del general Nariño al ayuntamiento de Pasto
102 Oficio del ayuntamiento de Pasto al general Nariño
103 Testimonio sobre la campaña del general Nariño en Pasto
104 Organización y logística de la Campaña del sur
105 Batalla de Juanambú
106 Oficio de Bolívar a Nariño
107 Oficio del general José de Leyva
108 Carta de Estanislao Merchancano a Toribio Montes
109 Oficio de Melchor Aymerich
110 Relación del batallón fijo de Popayán
111 Oficio de Toribio Montes al ayuntamiento de Pasto
112 Oficio de Andrés Ordoñez y Cifuentes al general José Ramón de Leyva
113 Bando del poder ejecutivo de Cundinamarca
114 José de Leyva escribe sobre la situación de Popayán
115 Oficios de Nariño al gobierno de Cundinamarca y al presidente del Congreso
116 Oficio del gobierno de la unión al de Cundinamarca
117 Oficios entre Toribio Montes y el hijo de Nariño
118 Oficio del gobierno de Cundinamarca a Toribio Montes
119 Oficios entre Toribio Montes y el gobierno de Cundinamarca
120 Noticias de Chile y Buenos Aires
121 Oficios cruzados entre Simón Bolívar y Manuel Bernardo Alvarez
122 Relatos militares de José Miguel Montalvo
123 Itinerario de las operaciones del ejército de la unión
124 Noticias de Casanare 

TOMO VI

1 Situación de Nariño en el año 1817
2 Carta de José María Vergara al general Nariño
3 Diario de Angostura para Cúcuta
4 Carta de Nariño al canónigo Fernando Caycedo y Flórez
5 Carta de Nariño a Francisco Antonio Zea
6 Carta de Nariño a su hijo Antonio
7 Carta de Nariño al general José María Vergara Lozano
8 Carta de Nariño al general José María Vergara Lozano
9 Carta de Nariño al general José María Vergara Lozano
10 Carta de Roscio a Francisco Carabaño
11 Carta de Nariño al general Bolívar
12 Carta de Peñalver al general Bolívar
13 Carta de Francisco Antonio Zea al general Bolívar
14 Carta de Francisco Antonio Zea al Libertador
15 En Bogotá se publica la noticia sobre libertad de Nariño
16 Carta de Roscio al general Bolívar
17 Carta de Zea al ministro de relaciones exteriores de la República
18 Carta de Nariño desde París
19 Carta de Nariño a José María Vergara
20 Carta de Nariño a Rivas
21 Carta de Nariño al general Santander
22 Carta de Nariño al general Bolívar
23 Oficio de Bolívar al general Azuola
24 Oficio de Bolívar al general Nariño
25 Oficio de Bolívar al general Nariño
26 Carta de Bolívar a Peñalver
27 Carta de Nariño al general Bolívar
28 Carta de Nariño al general Páez
29 Oficio del vicepresidente Nariño al general Bolívar
30 Carta de Bolívar a Guillermo White
31 Discurso de Nariño en la instalación del Congreso de Cúcuta
32 Observaciones al texto del discurso
33 Acta de instalación del primer Congreso general de Colombia
34 Resolución de los secretarios del Congreso de Cúcuta
35 Informe sobre el Congreso de Cúcuta
36 Carta del vicepresidente Nariño al Libertador
37 Oficio del personal de la oficina general de correos al vicepresidente Nariño
38 Carta de Santander al general Nariño
39 Carta del vicepresidente Nariño al Libertador
40 Oficio del cabildo de Bogotá al vicepresidente Nariño
41 Boletín del gobierno sobre las sesiones del congreso
42 Carta de Nariño a su hija Mercedes
43 Oficio de Bolívar al vicepresidente Nariño
44 Boletín del gobierno sobre el Congreso de Cúcuta
45 Oficio de Bolívar al vicepresidente Nariño
46 Oficio de Briceño Méndez al vicepresidente Nariño
47 Oficio de Nariño dirigido al congreso
48 Acusación de Juan D'Evereux contra el vicepresidente Nariño
49 Carta del vicepresidente Nariño al general Bolívar
50 Oficio del ministro de guerra al vicepresidente Nariño
51 Oficio de Briceño Méndez al vicepresidente Nariño
52 Oficio de Bolívar al vicepresidente Nariño
53 Carta de Nariño a su hija Mercedes
54 Carta de Nariño a Estanislao Vergara
55 Carta de Nariño al Libertador
56 Carta de Nariño al Libertador
57 Oficio de Bolívar al vicepresidente Nariño
58 Boletín del gobierno sobre asuntos militares
59 Oficio del vicepresidente Nariño al congreso
60 Carta de Nariño al Libertador
61 Oficio del vicepresidente Nariño al Libertador
62 Oficio de Bolívar al vicepresidente Nariño
63 Oficio de Briceño Méndez al vicepresidente Nariño
64 Carta del vicepresidente Nariño al cabildo de Bogotá
65 Certificación del vicepresidente Nariño sobre Ignacio Torres
66 Carta de Peñalver al general Bolívar
67 Oficio del vicepresidente Nariño al congreso
68 Carta de Peñalver al Libertador
69 Carta de Nariño al general Santander
70 Testimonio del obispo en el senado sobre Antonio Nariño
71 Oficio de Nariño al secretario de hacienda
72 Carta de Nariño al cabildo de Chiquinquirá
73 Oficio de Nariño al ministro de guerra y marina
74 Carta de Nariño al editor del Correo de Bogotá
75 Oficio del general Castillo al general Nariño
76 Oficio de Nariño al vicepresidente de la República
77 Oficio de Nariño al ministro de hacienda
78 Carta de Nariño a Franciso Rivas
79 Oficio de Nariño a Pedro Briceño Méndez
80 Oficio de Nariño al general Santander
81 Carta de Nariño al Libertador
82 Oficio de Nariño sobre la suspensión de la guardia
83 Oficio de Nariño al general Santander
84 Oficio de Nariño al secretario de estado
85 Oficio de J. Manuel Restrepo al general Nariño
86 Oficio de Nariño al general Santander
87 Oficio de Briceño Méndez al general Nariño
88 Otro oficio de Briceño Méndez al general Nariño
89 Oficio de Nariño al secretario de marina y guerra
90 Oficio del juzgado ordinario de Bogotá a Nariño
91 Oficio de Nariño al secretario de marina y guerra
92 Los toros de Fucha
93 Oficio de Nariño al general Santander
94 Oficio de Nariño al general Santander
95 Nota de Nariño dirigida al impresor Bruno Espinosa
96 Otra nota de Nariño dirigida al impresor Bruno Espinosa
97 Defensa de Nariño ante el senado
98 El teniente Barrionuevo desafía a duelo al general Nariño
99 Dictamen sobre el asunto de Barrionuevo
100 Carta de Nariño al vicepresidente Santander
101 Carta de Santander al general Nariño
102 Carta de Nariño a su hija Mercedes
103 Carta de Nariño a su hija Isabel
104 Carta de Nariño a Manuel M. Quijano
105 Diario de los últimos días de la enfermedad de Nariño
106 Entierro de Nariño
107 Contestación de Antonio Nariño a Ortega al artículo publicado en el Correo de Bogotá
108 Carta de los hijos de Nariño al Libertador
109 Certificación sobre el nombramiento del general Nariño
110 Certificación del Arzobispo Caycedo sobre prisión de Nariño en Cádiz
111 Certificación del presbítero Rodríguez sobre prisión de Nariño en Cádiz
112 Carta de los hijos de Nariño al general Urdaneta
113 Certificación de Francisco Pardo sobre batalla de Pasto en 181
114 Certificación de Joaquín París sobre conducta de general Nariño en la batalla de Pasto
115 Oficio de Rafael Urdaneta
116 Carta de los hijos de Nariño al Libertador
117 Oficio de José de Espinar
118 Carta de Antonio Nariño Ortega al ministro de estado
119 Carta de Mercedes Nariño al presidente
120 Invitación a una suscripción voluntaria
121 Carta de su tío a Pedro María Ibañez
122 Versión de Josefa Acevedo de Gómez sobre acusaciones del general Nariño en el senado



TOMO I


1
CERTIFICACION DE ESTUDIOS DE MANUEL BERNARDO ALVAREZ

TESTIMONIO DE DIEGO GARCIA DE PAREDES, SECRETARIO DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA. Madrid, 4 de febrero de 1727.

Relación de la literatura, títulos y grados del licenciado don Manuel Bernardo Alvarez, profesor de leyes de la Universidad de Salamanca.

   Por testimonio dado por Diego García de Paredes, secretario de la Universidad de Salamanca, en 10 de abril del año próximo pasado de 1726: consta, que don Manuel Bernardo Alvarez recibió en ella el grado de bachiller en la facultad de cánones en 2 de junio de 1722, habiendo empezado sus cursos por San Lucas de el año de 1717; por donde parece tener nueve años de estudios mayores.

   Que en 2 de abril de 1724 presidió públicamente en aquella universidad un acto mayor de conclusiones, por mañana y tarde, en que se comprenden dos de toda la materia de emptione y benditione, a que fue argüido de profesores de aquella escuela, y procuró responder con general aplauso y satisfacción del concurso.

   Que en dicho tiempo arguyó varias veces en aquellas escuelas, y en los actos de conclusiones que se ofrecieron y le habían sido encomendados.

   Que leyó públicamente en las escuelas de dicha universidad, y en lección de extraordinario, desde mediados de noviembre de 1722, hasta pascua de resurrección de 1723, el título de testamentis ordinandis, libro 3° de la Instituta in voce. Y desde mediados de diciembre de aquel año, hasta la quinta semana de cuaresma del año de 1724, el título y materia de contractibus, libro 3° de la misma Instituta. Y desde San Martín del propio año, hasta 9 de marzo de 1725, el título de tutelis, hasta el de rerum divisione, libro 1o. de la dicha Instituta. Y desde San Martín del mismo año, hasta el de 1726, el título de actionibus, libro 4° de la referida Instituta.

   Que sustituyó la cátedra de vísperas de cánones más antigua, por enfermedad de don Pedro Valledor, colegial que fue del mayor de Cuenca, y nombramiento de el rector de la universidad, dos meses en el curso del año de 1724; y en el de 1725, habiendo hecho papel propio, y explicándole a sus oyentes.

   Que también sustituyó la cátedra de decretales mayores en su vacante, por nombramiento de el rector, desde 12 de enero de 1726, hasta 10 de abril de él, haciendo asimismo papel propio in scriptis, como en la primera, para explicarlo a sus oyentes, teniendo mucho número de ellos, respondiendo a las dificultades y dudas que le fueron puestas, con grande acierto, aplauso y comprensión, en fuerza de su lucido ingenio y capacidad.

   En 4 de julio de dicho año de 1726, fue examinado y aprobado para abogado en el consejo real de Castilla; y después de haber hecho el juramento que se acostumbra, y pagado la media anata, le concedieron dichos señores licencia para usar y ejercer este ministerio.

   Ultimamente, hallándose vaca una relatoría de dicho consejo real, por muerte de don Fernando Rodríguez de la Viña, se opuso a ella; y habiéndole dado pleito el día 15 de enero próximo pasado de este año, leyó el día siguiente, con aceptación y aplauso de todo el consejo pleno.

   Formóse en esta secretaría del consejo y cámara de Indias la negociación de el Perú. Madrid, 4 de febrero de 1727.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

2
PARTIDA DE BAUTISMO DE CATALINA ALVAREZ

PARTIDA DE BAUTISMO DE CATALINA JOSEFA ALVAREZ, HIJA DE MANUEL BERNARDO ALVAREZ, OIDOR FISCAL DE LA REAL AUDIENCIA Y DE MARIA JOSEFA DEL CASAL. Santafé, 6 de mayo de 1739.

Simón Vinans S. J.

   "En la ciudad de Santafé, en 6 días del mes de mayo de 1739 años, yo, Simón Vinans de la Compañía de Jesús, con licencia del doctor don Juan Esteban de Saucedo y Cortázar, cura rector de esta iglesia catedral metropolitana de esta dicha ciudad, bauticé, puse óleo y crisma a una niña a quien se le puso por nombre Catalina Josefa, hija legítima de legítimo matrimonio del señor licenciado don Manuel Bernardo Alvarez, oidor fiscal de la real audiencia de este reino, y de la señora doña María Josefa del Casal, y dijeron haber nacido el día 30 de abril de este presente año. Fue su padrino el señor licenciado don José Joaquín Martínez Malo, oidor y alcalde de corte más antiguo de esta dicha real audiencia, y para que conste lo firmo.

"Simón Vinans."

Es fiel copia, salvo la ortografía.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo de la catedral. Bogotá, Parroquia de San Pedro. Libro 20 de bautismos, 1 de bautismos españoles, folio 59 vuelto.

3
NOMBRAMIENTO DE VICENTE NARIÑO COMO CONTADOR DE SANTAFE DE BOGOTA

SEPARACION DE IGNACIO MESA Y JUAN ANTONIO NORZAGARAY DE LOS EMPLEOS DE CONTADOR Y TESORERO DE LAS CAJAS REALES DE SANTAFE DE BOGOTA, Y NOMBRAMIENTO POR ORDEN REAL DE VICENTE NARIÑO COMO CONTADOR OFICIAL REAL. Santafé, 19 de mayo de 1751.

Enrique José de Montefrío
(contador del tribunal de cuentas).

   Sobre la separación de los oficiales reales Norzagaray y Mesa.

   Don Fernando, por la gracia de Dios rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias, islas y tierra firme del mar océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, Brabante y Milán, conde de Asburg, de Flandes, Tirol y Barcelona, señor de Vizcaya y de Molina, etc.

   Por cuanto habiéndome representado el virrey de Santafé, don Sebastián de Eslava, los justos motivos que había tenido para separar a don Ignacio de Mesa y a don Juan Antonio de Norzagaray de los empleos de contador y tesorero de mis reales cajas de la ciudad de Santafé de Bogotá, y haber puesto sujetos que los sirviesen interinamente, he venido por mi real decreto de 28 de octubre próximo pasado conformándome con la separación de los referidos oficiales reales sin perjuicio de mayor castigo que merezcan por los cargos que contra ellos resulta, en conferir el empleo de contador a vos don Vicente Nariño en atención a vuestra idoneidad y circunstancias; por tanto, quiero y es mi voluntad que vos, el dicho don Vicente Nariño, seáis contador oficial real de las referidas cajas de Santafé, y que sirváis este empleo según y de la manera que le usó, pudo y debió usar vuestro antecesor, y lo hacen y deben hacer los demás contadores oficiales reales de las cajas de mi real hacienda de las demás ciudades de las Indias.

   Y por este título mando al presidente y los de mi consejo de las Indias que luego que le vean tomen y reciban de vos el juramento con la solemnidad que se acostumbra y debéis hacer de que bien y fielmente usaréis el expresado empleo, y guardaréis lo que por cédulas, provisiones, ordenanzas e instrucciones mías se ha prevenido y mandado y se previniere y mandare para su buen uso y ejercicio, y que habiéndole hecho y puesto testimonio a espaldas de él, ellos, el virrey y presidente y oidores de mi real audiencia de la dicha ciudad de Santafé y los demás oficiales de mi real hacienda, tribunales de cuentas, los caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos y todas las otras personas de cualquier estado o calidad que sean de la mencionada audiencia de Santafé y Nuevo Reino de Granada vos hayan, reciban y tengan por tal contador oficial real de las cajas de ella y usen con vos y os dejen usar y ejercer este empleo según se acostumbra, guardándoos y haciéndoos guardar todas las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, preeminencias, prerrogativas e inmunidades y todas las otras cosas y cada una de las que por razón de él debéis haber y gozar y os deben ser guardadas bien y cumplidamente sin que os falte alguna, y que en ello ni en parte os pongan ni consientan poner embarazo ni contradicción, pues yo por el presente os recibo y he por recibido a su uso y ejercicio, y os doy poder y facultad para usarle y ejercerle con tanto que primero y ante todas cosas hayáis de dar y deis fianzas legas, llanas y abonadas a satisfacción de dicho mi virrey y audiencia y de los demás oficiales de mis reales cajas de la expresada ciudad de Santafé, hasta en cantidad de 8.000 ducados para la seguridad de la buena recaudación de mi real hacienda y de que en todo guardaréis las dichas instrucciones, cédulas y provisiones mías.

   Y es mi voluntad hayáis y llevéis de salario en cada un año con el dicho empleo todo el tiempo que le sirviereis 400.000 maravedís y que los cobréis de cualquiera renta y provechos que me pertenecieren en la referida ciudad, y mando que con vuestras cartas de pago, traslado signado deste título y testimonio del día en que tomaréis posesión se reciba y pase en cuenta sin otro recado alguno, y que este despacho se siente en mis libros, y sobrescrito y librado os le devuelvan original para que le tengáis en vuestro poder, todo lo cual ordeno asimismo se guarde y cumpla con calidad de que antes de que toméis posesión deis satisfacción en una sola paga de los 200.000 maravedís que debéis al derecho de la media anata por esta merced, y la tercera parte más de su importe que se os carga por razón de aprovechamientos si los hubiere, respecto de que como lo tengo mandado debe satisfacerse en esta forma y entrar efectivamente en mis cajas reales con más el 18% que se os carga por la costa de traerlo a España a poder de mi tesorero general que reside en esta corte, y del presente se tomará razón en las contadurías generales de valores y distribución de mi real hacienda dentro de dos meses de su data, y no ejecutándolo así quedará nula esta gracia y también la tomarán los contadores de cuentas que residen en mi consejo de las Indias y los enunciados mis oficiales de las cajas de dicha ciudad de Santafé. Dado en Buen Retiro a 22 de diciembre de 1749.

   Yo el rey,

José de Carvajal y Lancaster
El marqués de la Regalía.
Don José de la Quintana.

Razón

   Yo don Joaquín José Vásquez y Morales, secretario del rey nuestro señor, le hice escribir por su mandado. Registrado. Francisco del Mello. Por el gran canciller, Francisco del Mello. Tomóse razón en las contadurías generales de valores y distribución de la real hacienda, y la de valores previene quedar asegurada la media anata con lo que se ordena en este título respecto de mandarse por él haya de satisfacer en Indias en una sola paga y antes de tomar posesión del empleo que se le concede. Madrid, 7 de enero de 1750.

Don Salvador de Querejezu.
Don Antonio López Sauces.

Razón

   Tomaron la razón del real despacho de su majestad escrito en las tres hojas con ésta sus contadores de cuentas residen en el real y supremo consejo de las Indias. Madrid, y enero 9 de 1750. Don Tomás de Castro y Cocona. Don Eugenio Joaquín de Alfaro. Don Antonio de Salazar y Castillo, secretario del rey nuestro señor y secretario de cámara, propietario del real y supremo consejo de las Indias, certifico que ante los señores de él, hoy día de la fecha se presentó por parte de don Vicente Nariño real título que tiene de su majestad (que Dios guarde) para servir el empleo de contador oficial real de las cajas de la ciudad de Santafé, el cual visto, oído y obedecido por dichos señores, mandaron hiciese el juramento, que por él se previene, y el expresado don Vicente Nariño le hizo y yo se lo recibí en presencia del consejo con la solemnidad que en tales casos se acostumbra, y para que conste y obre los efectos que haya lugar en derecho, doy la presente en Madrid a 14 de mayo de 1750.

Don Antonio de Salazar y Castillo.

   En la contaduría principal del tribunal de la casa de contratación de las Indias se tomó la razón del real despacho escrito en las cuatro hojas con ésta. Cádiz, 9 de octubre de 1750.

Don Carlos Valencia.

   Tomóse razón de este real título en esta contaduría de mi cargo y en conformidad de lo que su majestad manda en él, el señor don Vicente Nariño enteró en estas reales cajas 1.156 patacones, 6 reales y 10 maravedís por la media anata, tercio de emolumentos y 18% de gastos de conducción correspondiente al empleo de contador oficial real de ellas. Santafé y mayo 19 de 1751.

Don Enrique José de Montefrío.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Real Audiencia de Cundinamarca, t. 13, folios 176 vuelto - 182 recto.

4
DISPOSICIONES SOBRE LA POSESION DE VICENTE NARIÑO COMO CONTADOR

DISPOSICIONES EN RELACION CON LA POSESION DE VICENTE NARIÑO EN EL EMPLEO DE CONTADOR; SOBRE LA ASISTENCIA AL INVENTARIO DE LIBROS Y PAPELES, Y SOBRE LA SUSPENSION DEL MEDIO SUELDO DE IGNACIO DE MESA, CONTADOR ANTERIOR.

Enrique José de Montefrío,
contador oficial interino.
Martín de Sarratea y Goyeneche,
tesorero oficial real interino.

Excelentísimo señor:

   Por decreto de 14 del corriente se sirvió vuestra excelencia mandar que otorgando don Vicente Nariño las fianzas respectivas y satisfaciendo en estas reales cajas el real derecho de media anata correspondiente, se le dé la posesión del empleo de contador oficial real, en propiedad, de ellas, que su majestad (Dios le guarde) se dignó conferirle, por su real título, su fecha 22 de diciembre del año pasado de 1749. Y hallándose fenecidos los mencionados requisitos, siendo del agrado de vuestra excelencia, se le dará la posesión; y mediante fue verificada ésta, cesó don Enrique José de Montefrío, que ejerce interinamente el expresado empleo y que se hará preciso proceder a la entrega formal que por inventario se debe hacer de todos los caudales y demás efectos existentes pertenecientes a la real hacienda, al referido don Vicente Nariño, quien queda en el manejo de estas reales cajas, en compañía del tesorero oficial real interino don Juan Martín de Sarratea y Goyeneche, entre tanto que llega el caso de que entre en igual posesión don Antonio de Ayala, que por otra real cédula de su majestad se halla nombrado en propiedad para el citado empleo de tesorero oficial real, para que se ejecute dicha diligencia, con intervención del señor juez que vuestra excelencia elija. Se servirá vuestra excelencia nombrar a la persona que fuere de su satisfacción.

   Debiendo representar al mismo tiempo a vuestra excelencia, en cumplimiento de nuestra obligación, que hallándose hasta lo presente con el goce de medio sueldo, que por orden del excelentísimo señor virrey, antecesor de vuestra excelencia, se les dejó a los oficiales reales suspensos, contador don Ignacio de Mesa y tesorero don Antonio de Norzagaray; y respecto de verificarse la posesión de contador propietario, si en esta ocasión se deberá cortar el medio sueldo de don Ignacio de Mesa, desde el día de la posesión de don Vicente Nariño, a fin de que podamos arreglarnos a la resolución de vuestra excelencia.

   Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia los muchos años que necesitamos.

   Santafé y mayo 19 de 1751.

Don Enrique José de Montefrío.
Don Juan Martín de Sarratea y Goyeneche.

   Santafé, 19 de mayo de 1751. En vista de lo que se representa, los oficiales reales admitirán a la posesión de su empleo a don Vicente Nariño; para la asistencia del inventario de libros y papeles, y entrega de caudales, se nombra al señor don Benito Casal; y por lo respectivo al medio sueldo de don Ignacio de Mesa, se entenderá cortado, desde el día de esta dicha posesión.

   Está rubricado de su excelencia y de su asesor.

Pereira.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia. Fondo Real Hacienda. Tribunal mayor de cuentas. Estados, ajustamientos, finiquitos y apuntes generales y particulares, etc. Años 1731-1779.

5
DOTE DE CATALINA ALVAREZ DEL CASAL

DESCRIPCION DETALLADA DE LA DOTE DE CATALINA ALVAREZ DEL CASAL, COMPROMETIDA EN MATRIMONIO CON VICENTE NARIÑO, PADRES DE ANTONIO NARIÑO. Santafé 6 de septiembre de 1758.

   En el nombre de Dios Nuestro Señor Todopoderoso, amén. Sépase cómo yo, don Vicente de Nariño, natural de la ciudad de Santiago en el reino de Galicia, contador oficial real de la real hacienda y cajas de este Nuevo Reino de Granada, digo: que por cuenta mediante la voluntad de Dios y para su santo servicio y de su bendita madre la siempre Virgen María, está tratado y concertado el casarme por palabras de presente que hagan verdadero matrimonio según orden de nuestra santa madre Iglesia con doña Catalina Alvarez del Casal, hija legítima de los señores don Manuel Bernardo Alvarez, fiscal jubilado de la real audiencia de este reino y doña María Josefa del Casal Freiría; y porque los dichos señores, para ayuda a las cargas del matrimonio, me dan por vía de dote con la dicha doña Catalina y por caudal conocido de la dicha el dinero, plata labrada, vestidos y demás alhajas que aquí se expresarán, que todo a excepción del dinero ha sido apreciado por personas de ciencia y conciencia a satisfacción de dichos señores y mía, por la presente, en la mejor forma que proceda en derecho, otorgo que recibo el dinero y demás bienes, alhajas que constan de las partidas siguientes:

Que me obligo a mantener por dote conocido de la dicha mi esposa y no obligarlo a mis deudas ni crímenes, y a que en caso de que el matrimonio fuere disuelto por muerte u otro cualquiera de los casos permitidos en derecho, volveré y restituiré a la dicha doña Catalina Alvarez o sus herederos la cantidad de esta dote y arras, sin réplica ni excusa alguna, luego que lo tal suceda, sin embargo de la ley que dice que la dote mueble se pueda retener un año después de disuelto el matrimonio, cuyo beneficio renuncio y a su cumplimiento, me obligo con mis bienes y rentas que tengo y tuviere, y doy poder cumplido a las justicias de su majestad de cualesquiera partes que sean, que de mis causas puedan conocer, para que a lo dicho me obliguen como por sentencia pasada en cosa juzgada y dada a entrega, sobre que renuncio todas las leyes, fueros y derechos de mi favor con la que prohibe general renunciación. Que es fecha en la ciudad de Santafé a 6 de septiembre de 1758 años, y el señor otorgante a quien yo el escribano doy fe conozco, lo firmó, siendo testigos presentes los señores don Juan José Malo, alguacil mayor de esta real audiencia, don Antonio de Ayala, tesorero de la real hacienda y don Santiago Martínez, y en este estado recibió el señor otorgante un sillón de terciopelo bordado con ropaje y su recados, barreteado de plata, en $80. Fecha ut supra.

Vicente de Nariño.

Ante mí,

José Vélez de Guevara.

   Sin derechos (rúbrica de Guevara).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4°. Notaría Tercera. Protocolo de los años 1742-1758. No. 183, folios 148 a 151.


6
INVENTARIO DE LA HACIENDA "LA MILAGROSA" DE FUCHA. AÑO 1767

INVENTARIO DE LA HACIENDA DE FUCHA, EL ASERRADERO Y EL TEJAR, QUE FUERAN DE PROPIEDAD DE LA COMPAÑIA DE JESUS, EXPULSADA DEL VIRREINATO POR MANDATO REAL. Santafé, agosto de 1767.

Gregorio Vázquez Pose,
Sebastián Forero,
Joaquín de Llanos,
Vicente Nariño.

   Compañía de Jesús. Jesús, María y José, año de 1767.

Jesuitas.

Fucha

   Testimonio de los inventarios hechos por los señores oficiales reales en virtud de decreto del excelentísimo señor virrey de este reino, de la hacienda de Fucha; venta de El Tiñidero; El Aserrío; Molino y tejar a él anexos; tenería de enfrente de la carnicería grande, molino del Cubo y tejar de Belén, pertenecientes a los religiosos de la sagrada Compañía de Jesús.

   Santafé, 1° de agosto de 1767

   Como a consecuencia del extrañamiento y ocupación de temporalidades que sobre la religión de la Compañía y todos sus individuos se ha dignado su majestad mandar hacer en sus reales dominios, se ha previsto dar providencia para la administración de las haciendas de campo que poseía, seguridad de los esclavos, ganados y demás bienes que en ellas se hallaren, siendo una de las que como propias manejaba el colegio máximo de esta capital la nombrada de Fucha con el aserrío del propio nombre, el molino del Cubo y el tejar y tenería, próximo todo a sus inmediaciones; teniendo atención a su celo y buena conducta, he resuelto en virtud del presente decreto comisionar a vuesas mercedes los oficiales reales de estas cajas para que sin la menor dilación, con asistencia del escribano de la real hacienda y testigos de buena opinión, pasen a unos y otros parajes, y entregando en el de Fucha al hermano administrador Gaspar Reytter la adjunta carta de su provincial, le requieran para que luego, luego, les franquee las llaves de la casa, todas sus oficinas y escritorios, y hagan inventario de cuanto en ella se encontrare, con el número de esclavos, ganados de todas especies y bienes que consten de los libros y papeles que se inventariarán igualmente.

   Y concluido lo pondrán al cuidado y administración de José Guerrero, a quien por ahora tengo nombrado para este fin; haciendo antes convocar a los esclavos para que reconociéndolo por su jefe y superior a nombre del rey, le presten la misma obediencia, respeto y sumisión que se debe a los propios dueños y dándoles a entender con suavidad que no se les intenta causar el menor daño; cuidando en observancia de las órdenes de su majestad de custodiar por los términos de la mayor urbanidad, decencia y atención, si sus operaciones no dieren motivo a otra cosa, la persona del mencionado hermano Gaspar Reytter, remitiéndolo en la misma conformidad a este referido colegio, permitiéndole traer, si ahí la tuviere, su ropa, bienes usuales, comestibles y libros devotos, y por lo que respecta al tejar y tenería, precediendo en iguales términos el advertido inventario, encargar de su administración a Ventura Salgado, llamando por lo que concierne al molino que se dice de el Cubo al sujeto que lo tenga arrendado, para que dando razón de los arrendamientos vencidos se le prevenga la entrega que debe hacer a vuesas mercedes. Igualmente, de los que en lo futuro fueren venciendo, de cuyas cantidades se harán cargo por cuenta separada, del propio modo que de todas las demás que relativas a este asunto se vayan verificando en esas cajas. En la inteligencia de que todos los gastos que se ocasionaren en la práctica de estas diligencias se han de satisfacer prontamente por hora de cualesquiera ramos de real hacienda, abonándose por su relación jurada los que no estén sujetos a tasación, prometiéndome de su fidelidad y vigilancia hacia el real servicio, lo desempeñará todo con acierto, dándome aviso puntual de lo que resulte luego que se halle evacuado.

El bailío Cerda.

   Carta. Mi hermano Gaspar Reyter.

   P.C.

   Luego que mi hermano reciba ésta, y sin la menor dilación, entregará al dador de ella las llaves de esa casa y sus oficinas, papeles, libros, caudal y generalmente todo lo que corresponde y existiere en esa hacienda, y observará puntualmente lo que le previniere, poniéndose en camino para donde y como le ordenase, sin poner embarazo, réplica, ni excusa, antes sí acreditando con su resignación el exacto cumplimiento de esta orden.

   Nuestro Señor guarde a mi hermano muchos años.

   Santafé, agosto 1° de 1767.

   Muy servidor de mi hermano,

Manuel Balsategui.

Diligencia de inventario de la hacienda de Fucha

   En observancia de lo prevenido en el superior mandato del excelentísimo señor virrey, los señores don Vicente de Nariño y don Antonio de Ayala y Tamayo, asociados de mí el escribano de la real hacienda y testigos que abajo se nominarán, habiendo venido a esta hacienda de Fucha una de las pertenecientes a la religión de la Compañía de Jesús, para efecto del inventario, embargo y depósito de ella y demás bienes conexos, y preguntado por el padre Gaspar Reyter de la misma Compañía que la estaban administrando, se dio por noticia de Javier de Mora, arrendatario de la venta que llaman el Tiñidero, perteneciente a esta dicha hacienda, que el día de hoy, como a las diez de él, había salido de este sitio y seguido para el colegio máximo, por lo cual y no haberse encontrado persona que franquease las salas o cuartos de las casas para reconocerlas, se le pasó recado urbano al reverendo padre provincial para que preceptuase al padre Reyter volviese a ellas para que hiciese la entrega que le tenía preceptuada en papel de este mismo día, [y] en su inteligencia dio por respuesta no había comparecido en el colegio, y en esta atención se pasa a hacer el inventario de lo que se halló en algunas de las salas que están abiertas, en la manera siguiente: Primeramente se inventariaron 80 mazos de velas color moreno con 32 velas cada uno, que se hallan colgados debajo del balcón que cae al patio principal.

   Item, se inventariaron 142 mazos de velas blancas con el mismo número de velas cada uno de las de arriba, que se hallaron en el tránsito de la escalera.

   Item, en la primera sala alta se hallaron 250 mazos de velas blancas con 32 cada uno.

   Item, en el corredor alto que cae al patio principal y a la puerta, 62 mazos dichos con el mismo número cada uno.

   Item, una mesa de truco con 16 tacos y dos más pequeños y diez países de papel de diferentes tamaños.

   Item, en la pieza del oratorio, un retablito de madera dado de bermellón y dorado con una imagen de María Santísima de la pura y limpia Concepción con su frontal de brocatel verde guarnecido de una punta falsa de plata, con su mantel palia y paño de lavatorio.

   Item, ocho macetas de pasta plateadas, las seis con jarras doradas y dadas de bermellón.

   Item, una crucecita de madera dorada.

   Item, un atril de madera.

   Item, dos candeleros de madera plateados.

   Item, una mesa con su cajón, y dentro de él el ara del mismo altar.

   Item, tres bancos toscos de madera en el corredor.

   Item, dos pares de angarillas.

   Item, en una alacena debajo de la escalera se encontraron las herramientas siguientes: dos balaustres de albañilería, dos palas, dos azadones, un martillo, un hacha, una almuasa, seis enjalmas viejas. Item, en el patio principal, una carretilla con su rueda herrada.

   En este estado, de orden del excelentísimo señor virrey se trajeron las llaves que respectan a los cuartos cerrados, y abierto uno de ellos, que es el de más adentro de la mesa de truco, y que contiene lo siguiente: 725 mazos de velas blancas, con 32 velas cada uno.

   Item, un velero de madera lleno de sebo.

   Item, dos fondos de cobre; se ignora su peso.

   Item, se abrió otro cuarto alto, en el cual se hallaron, detrás de la pieza principal, 101 mazos de velas blancas, con el mismo número de velas cada mazo que las antecedentes.

   Item, en dicho cuarto principal se encontraron los muebles siguientes: una imagen de María Santísima con su hijo Santísimo en los brazos y el señor San José.

   Item, dos sillas de sentar.

   Item, una mesa con su cajón de madera.

   Item, una cuja.

   Item, dos cortinas verdes de sarga con sus respectivas varillas de fierro.

   Item, cuatro Yisquez [sic].

   Con lo cual, y por ser tarde, se concluyó por hoy con esta diligencia para proseguirla cuando convenga, y los bienes así inventariados se entregaron con las llaves respectivas a los cuartos que se abrieron a José Guerrero, como se ordena en dicho superior decreto, quien los recibió a su satisfacción por vía de depósito, el que se hará formal concluido que sea el inventario de los demás bienes que se hallaren. A todo lo cual fueron presentes por testigos don Gregorio Vázquez Pose, Joaquín de Llanos y Sebastián Forero, y los señores lo rubricaron y el dicho depositario lo firmó por ante mí el escribano, de que doy fe en esta dicha hacienda de Fucha, a 1° de agosto de 1767 años. Hay dos rúbricas.

José Guerrero.

   Ante mí,

Agustín Vélez de León.

Diligencia

   A 2 días del mes de agosto del año de 1767, en prosecución del inventario mandado hacer, concurrió acompañado de mí el escribano a esta hacienda de Fucha el señor don Vicente de Nariño, solo, por quedar el señor su compañero ocupado en las reales cajas, y siguiendo el mismo orden se ponen por inventario los bienes que se hallaron, y son en esta forma:

   Primeramente, habiendo abierto el cuarto del dormitorio del padre Reyter, se hallaron: una cuja.

   Item, dos mesas forradas en vaqueta.

   Item, cuatro sillas de sentar aforradas en vaqueta.

   En el cuarto o pieza del refectorio, se hallaron: un armario de madera.

   Item, siete mesas ordinarias.

   Item, una pintura con la advocación de Santa María la mayor con San Ignacio y San Javier a los lados.

   Item, otra dicha de David con la cabeza de Goliat.

   Item, seis países de papel.

   Habiéndose abierto el cuarto que sirvió de fragua, se hallaron: nueve pedazos de sebo negro.

   Item, una moya de sebo blanco.

   Item, se ponen por inventario 174 carneros.

   Item, dos caballos rucios, dos morcillos y un castaño, todos de silla, marcados con el hierro del margen.

   Item, dos mulas de carga, una parda y otra negra, y un macho retinto, todos tres de carga y marcados con dicho hierro.

   Item, una yunta de bueyes de tiro señalados con dicho hierro.

   Item, siete reses de ceba con dicho yerro.

   Item, una campana que está colgada en el corredor que cae al patio principal.

   Item, la casa alta y baja con todas sus oficinas construidas de tapia y teja.

   Item, las huertas y en la grande una glorieta cubierta de teja y en ella una silla de sentar y una mesa de comino.

   Item, la venta que llaman El Tiñidero de tapia y teja perteneciente a esta hacienda.

   Item, los solares o territorio a ella anexos, que constarán por los papeles o escrituras que pararán en el Colegio Máximo.

   Y por no hallarse en esta hacienda otros bienes, se concluyó con esta diligencia, entregándose los en ella expresados al citado José Guerrero, como los del día de ayer.

   Siendo testigos don Gregorio Vázquez Pose, Sebastián Forero y Joaquín de Llanos, vecinos de esta ciudad, el señor oficial real lo rubrica y el depositario lo firma, por ante mí el escribano, de que doy fe. Hay una rúbrica.

José Guerrero.

Ante mí,

Agustín Véléz de León.

Inventario de El Aserradero.

   Luego incontinenti, con el mismo orden se pasó a la casa del Aserradero que es de tapia y teja, dentro de la cual se halló lo siguiente:

   Primeramente se pone por inventario la dicha casa.

   Item, el ingenio de aserrar, descompuesto por defecto de la rueda principal.

   Item, 166 tablas.

   Item, nueve cuartones.

   Item, siete chaflones.

   Item, en la casa o almacén de la madera que es de tapia y teja baja se pone por inventario lo siguiente:

   Primeramente la dicha casa.

   Item, dos mesas medianas, ordinarias.

   Item, 17 cuartones.

   Item, cuatro cuartones arqueados de palo de Tibar.

   Item, una biga ordinaria.

   Item, un cajón para un carro con su eje herrado.

   Item, una escalera.

   Item, 13 tercios de cal.

   Y habiendo pasado a otra casa de habitación de tapia y teja baja con su corredor que mira a la ciudad, nuevamente construida, se hallaron en ella los bienes siguientes:

   Primeramente la dicha casa.

   Item, un armario de medio cuerpo.

   Item, dos sillas de sentar de vaqueta.

   Item, un taburete de lo mismo.

   Item, dos taburetes de tijera.

   Item, dos sierras, una bracera y otra de mano con sus armazones.

   Item, una hoja de sierra bracera.

   Item, un pedazo de otra de mano.

   Item, un serrucho.

   Item, cinco limas con sus cabos de madera.

   Item, unas tenazas.

   Item, dos escoplitos y una gurbia.

   Item, un rascador grande con su cabo de cacho.

   Item, un trabador de hierro.

   Item, una cantonera de la rueda principal del aserrío.

   Item, una llave de hierro de armar dicho ingenio.

   Item, una garlopa.

   Item, un cepillo.

   Item, dos azadones viejos.

   Item, un pico.

   Item, una cuja rota.

   Item, un taburete roto de vaqueta.

   Item, cinco gaveras, tres para tablón y dos para ladrillos.

   Item, dos galápagos para hacer teja.

   Item, otras dos gaveras, una para ladrillo y otra para tablón.

Tejar

   Y pasándose al tejar, se inventarió el horno con dos ramadas a los lados cubiertas de teja, la una con su puerta y candado que encierra una porción de teja cocida que por estar apilada y no haber peones para moverla, se suspendió el contarla hasta otra ocasión en que haya peones y lugar para ello, quedando encerrada sin hacer entrega de ella por ahora.

   Item, una ramada cubierta de paja sobre sus estantillos.

   Item, se contaron 1.430 ladrillos.

   Item, 1.532 tablones.

   Item, cuatro pares de angarillas de madera de cargar material.

   Con lo cual, y por no hallarse otros bienes que inventariar, se concluyó por ahora con esta diligencia, y los aquí contenidos se entregaron a José Guerrero en virtud del nombramiento referido (a excepción de La Venta, que ésta queda en poder de Javier de Mora, quien la posee en arrendamiento pagando diez reales en cada mes), y dicho Guerrero los recibió con toda cuenta y razón por el orden que están inventariados y se obligó a tenerlos en ser cuidados, y no disiparlos, y dar cuenta y razón de ellos y sus productos cada y cuando se le pida, y de no entregarlos a persona alguna sin expreso mandato del señor juez o jueces, que para ello tengan facultad, so pena de incurrir en la que por derecho le corresponde, a lo cual se obliga con su persona y bienes con renunciación de las leyes necesarias que sobre ella hablan. En cuyo testimonio así lo dijo, otorgó y firma, y el señor oficial real lo rubrica en estos autos, siendo testigos don Gregorio Vázquez Pose, Sebastián Forero y Joaquín de Llanos, vecinos por ante mí el escribano, de que doy fe. Hay una rúbrica.

José Guerrero.

Ante mí,

Agustín Vélez de León.

Inventario del Aserradero

   En el día 2 de agosto del referido mes y año, concluidas las diligencias que anteceden, se bajó a la casa del Molino de este sitio del Aserradero para el mismo efecto, y poniéndolo en ejecución se hizo el inventario siguiente:

   Primeramente, una casa baja de tapia y teja.

   Item, el molino corriente con todos sus aperos y la casa de tapia y teja baja.

   Item, una barra.

   Item, un macho de hierro.

   Item, una barrena.

   Item, unas tenazas.

   Item, una romana.

   Item, una suela.

   Item, una gurbia.

   Item, un escoplo.

   Item, una picadera.

   Item, dos sierras.

   Item, un escaparate de medio cuerpo.

   Item, una cuja vieja.

   Item, una mesa quebrada.

   Cuyas casas, molino y herramientas se entregaron a Javier de Mora, quien los estaba poseyendo con la venta de El Tiñidero perteneciente a la hacienda de Fucha, una y otra en arrendamiento por los padres de dicha Compañía de Jesús, el molino y casa en precio de $50 por año y la venta en $15 en cada un año, por cuyo precio se le dejó en posesión por ahora, entregándole dichos bienes con la obligación de tenerlos en ser cuidados y reparados y de no entregarlos a persona alguna sin expresa orden del señor juez o jueces, a quien pertenezca su conocimiento, y siéndose así ordenado los entregará con los productos de sus arrendamientos vencidos y que se vencieren, a lo cual se obliga con su persona y bienes, so pena de las impuestas a los que no ocurren a tiempo con los arrendamientos y bienes de su cargo, poderío a los señores jueces que de ellos deban conocer, renunciación de sus leyes y fueros y lo más bastante en derecho, en cuyo testimonio así lo dijo y otorgó, no firmó porque dijo no saber escribir. Fírmalo a mi ruego uno de los presentes testigos y el señor oficial real lo rubrica, que lo fueron don Gregorio Vázquez Pose, Sebastián Forero y Joaquín de Llanos, vecinos de esta ciudad. Nariño. A ruego de Javier de Mora. Gregorio Vázquez Pose. Ante mí, Agustín Vélez de León.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTA:
Se advierte que con las posesiones antecedentes, de Molino, Aserrío y Tejar, por cuanto los moradores de aquellos alrededores aseguraron no tenían tierras propias, no se hace mención de ellas en estos inventarios, y para que en todo tiempo conste y no depare perjuicio a cualesquiera derecho que les pertenezca, se pone esta razón. Hay una rúbrica del señor oficial real. Vélez.

7
PETICION DE VICENTE NARIÑO PARA QUE SE INFORME AL REY SOBRE SU DESEMPEÑO COMO CONTADOR

VICENTE NARIÑO SOLICITA QUE POR INTERMEDIO DE LA REAL AUDIENCIA SE INFORME AL REY DE SU MERITO Y CONDUCTA EN DESEMPEÑO COMO CONTADOR OFICIAL REAL. Santafé, 14 de diciembre de 1768.

Vicente Nariño.

Año de 1768

   Don Vicente Nariño, oficial real de las cajas de esta capital, solicitando que por esta real audiencia se informe a su majestad de su mérito, conducta y puridad.

Muy poderoso señor:

   Don Vicente de Nariño, vuestro contador oficial real más antiguo de estas cajas y de la superintendencia general y tribunal de cruzada, deseoso de acreditar su conducta y servicios en desempeño de uno y otro, ante vuestra real persona ocurre a la notoria acostumbrada justificación de vuestra alteza, como que le es bien patente sus operaciones desde la posesión del primero que fue en 21 de mayo del año pasado de 1751, que han sido y son dirigida de la mayor pureza, desinterés y limpieza, ejerciéndolo con continua asidua asistencia, no sólo en horas ordinarias de ordenanza, sí también en extraordinarias, y aun en los días feriados y festivos por mañana y tarde, cuyo fatigoso desvelo ha conducido para el mejor régimen y método que está establecido en las cajas de su cargo, y al puntual cobro de la hacienda real, promoviendo en cuanto le es posible el floreciente aumento que experimentan estas reales arcas, debiéndose a su aplicación verlas sin ningún atraso y sin riesgo de que cantidad alguna se pierda por omisión suya, antes sí bien embolsada la que a su ingreso estaba adeudada, recaudándola con puntualidad a los plazos debidos, observando así en esto como en su legítima distribución la conveniente moderación, procediendo con todo desinterés sin incomodidad ni gravamen a sus interesados como es notorio, e igualmente la integridad con que sirve la contaduría de cruzada desde principio de 1752 hasta lo presente, despachando con brevedad cuanto en uno y otro tribunal ocurriere, sin llevar a las partes derechos algunos, y siendo como es verídico lo relacionado, suplica a vuestra alteza se digne informarlo a vuestra real persona con lo demás que estime de su agrado, por principal y duplicado, para que con tan superior influjo se incline la real piedad a remunerar el mérito del exponente.

   A vuestra alteza rendidamente suplica lo informe así, en que recibirá especial bien y merced.

Vicente Nariño
(firmado).

   Vista al señor.
(Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente y oidores de la audiencia y cancillería real de este reino, en Santafé a 10 de diciembre de 1768 años.

Rocha
(firmado).

Muy poderoso señor:

   El fiscal de su majestad ha reconocido este pedimento de don Vicente Nariño, vuestro contador oficial de las cajas de esta capital, sobre que se informe a vuestra real persona del mérito y exactitud con que ha ejercido este empleo, y siendo constante y notorio su celo y aplicación e inteligencia y desinterés, y que se halla adornado con todas las cualidades que requieren las leyes y cédulas para el uso de estos ministerios su incesante vigilancia aun en los días que por ordenanza están excusados de la asistencia, despachando sólo en las ocasiones que su compañero se ha hallado enfermo, podrá vuestra alteza deferir a su pretensión que es justicia. Santafé y diciembre 12 de 1768.

Peñalver
(firmado).

Infórmese a su majestad.
(Hay cinco rúbricas).

   Proveyóse por los señores virreyes, presidente y oidores de la audiencia y cancillería real de su majestad en Santafé a 13 de diciembre de 1768.

Rojas
(firmado).

   Hízose el informe en 14 de diciembre de 1768 por principal y duplicado, y ni por papel sellado ni común ni por el trabajo de escribirlo se le satisfizo por el interesado al oficial mayor un cuartillo.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Real Audiencia, t. 67, folios 207 recto, 210 recto.

8
NOMBRAMIENTO DE VICENTE NARIÑO COMO CONTADOR DEL TRIBUNAL DE CUENTAS DE SANTAFE DE BOGOTA

NOMBRAMIENTO Y DISPOSICIONES SOBRE SU POSESION Y SALARIO. Santafé, 16 de marzo de 1770.

Vicente Nariño.

 Real título de contador del tribunal y real audiencia de cuentas a don Vicente Nariño.

   Don Carlos, etc. Por cuando atendiendo al mérito y servicios de vos don Vicente Nariño, contador oficial real de mis cajas de Santafé, he venido en promoveros por mi real decreto de 22 de junio de este año al empleo de contador del tribunal de cuentas de aquella capital, vacante por jubilación de don Ignacio José de Arce y Zabala. Por tanto, quiero y es mi voluntad que vos, el referido don Vicente Nariño, seáis contador del expresado tribunal de cuentas y que ejerzáis este empleo según y en la forma como lo hacen y deben hacer los otros contadores del mismo tribunal, arreglandose a las ordenanzas que están dadas para su gobierno.

   Y mando a mi virrey, presidente y oidores de mi real audiencia de la propia ciudad de Santafé, tomen y reciban de vos el juramento con la solemnidad que se requiere y debéis hacer, de que bien y fielmente ejerceréis este empleo, y que habiéndolo hecho y puéstose testimonio de él en el mismo título, ellos los contadores del mencionado tribunal y los mencionados oficiales reales y todas las personas, estantes y habitantes en la jurisdicción de dicho tribunal, os hayan, reciban y tengan por tal contador.

   Y es igualmente mi voluntad que hayáis y llevéis de salario en cada un año de los que sirviéreis este empleo, 1.500 ducados, que es el mismo que tienen los demás contadores; y que se os pague desde el día en que por testimonio signado de escribano público constare tomado posesión, pues con vuestras cartas de pago el expresado testimonio y traslado, asimismo signado de este título, mando se reciba y pase en cuenta sin otro recaudo alguno; todo lo cual quiero se guarde y cumpla con la precisa calidad de que antes que toméis posesión justifiquéis no deber maravedises algunos a mi real hacienda, por lo que os toca a aquellos reinos como por lo que mira a éstos ha constado no deberlos, y de que deis satisfacción en una sola paga de lo que correspondiente al derecho de la media anata por el salario que habéis de gozar y tercera parte más por los aprovechamientos, si los hubiere, respecto de que según lo que últimamente he resuelto debe satisfacerse en esta forma y su importe entrar efectivamente en mis cajas reales, con más el 18% que se os carga la costa de traerlo a España a poder de mi tesorero general y del presente se tomará razón en la contaduría general de la distribución de mi real hacienda a donde está agregado el registro general de mercedes, y en la de mi consejo de las Indias dentro de dos meses de su data, y no ejecutándolo así quedará nula esta gracia, y también se tomará por los oficiales reales de las cajas de Santafé. Dado en San Ildefonso a 25 de julio de 1769. Yo, el rey. Yo, don Nicolás de Mollinedo, secretario del rey nuestro señor lo hice escribir por su mandato1.

El marqués de San Juan de Piedras Albas.
El marqués de Albento.
Don Marcos Jimeno.

Razón

   Tomóse razón en la contaduría general de la distribución de la real hacienda. Madrid, 31 de julio de 1769.

Cristóbal Zabala y Ulloa.

OTRA

   Tomóse razón en la contaduría general de las Indias. Madrid, 1°. de agosto de 1769. Tomás Ortiz de Landázuri. Está rubricada. Registrado por el gran canciller. Juan Angel de Cerain. Tomóse la razón de este real título en esta real contaduría de mi cargo. Santafé y marzo 12 de 1770.

Manuel Revilla.

   Certifico: que hoy, día de la fecha, el señor don Vicente Nariño entregó $1.220, 1 real y 1 maravedí por el real derecho de media anata y 18% de los gastos de su conducción a España, correspondiente a $2.068 de sueldo anual con el empleo de contador del tribunal y real audiencia de cuentas en que ha sido provisto por su majestad. Santafé, 12 de marzo de 1770.

Manuel Revilla.

   Excelentísimo señor:

   Don Vicente de Nariño, contador oficial real de las reales cajas de esta corte, con el mayor obsequioso rendimiento parezco ante vuestra excelencia y hago solemne presentación del real título que su majestad (a quien Dios guarde) por puro efecto de su real piedad se ha dignado despachar en San Ildefonso a 25 de julio del último pasado año, por el cual se sirve proveerme al empleo de contador del tribunal de cuentas de esta capital, que vacó por jubilación del señor don Ignacio José de Arce, para que en consecuencia y dándole vuestra excelencia el pase correspondiente que fuere de su superior agrado, atento a que el consabido mi empleo es destinado con título que ya obtiene don Manuel Revilla, y siendo del beneplácito de vuestra excelencia se ha de servir mandar se formalice la entrega de estas dichas reales cajas, y no resultando falta en ellas ni alcance contra mí, habilitarme para la posesión de mi ascenso, para lo que protesto cumplir a su tiempo con los demás requisitos que su majestad preceptúa, lo que espero de la justificación de vuestra excelencia en que recibiré merced con justicia, ella mediante a vuestra excelencia suplico rendidamente que habiendo por presentado el mencionado real título se sirva mandar como pido. Hay dos rúbricas.

Olarte.
Vicente Nariño.

Razón del juzgado de bienes de difuntos

   Yo, Ambrosio Vicente Villalobos, escribano de su majestad y que despacho en este juzgado de bienes de difuntos, certifico: que en los protocolos, autos y papeles de este juzgado no consta que el señor don Vicente Nariño sea deudor en manera alguna ni como principal ni como fiador a esta caja general, y para que conste de su requerimiento doy la presente y firmo en Santafé a 10 de marzo de 1770 años.

Ambrosio Vicente Villalobos,
escribano de su majestad.

Otra de cruzada

   Don Luis de Azula, tesorero general del tribunal de la santa cruzada de la diócesis de esta ciudad de Santafé de Bogotá, etc., certifico que el señor don Vicente de Nariño, contador oficial real de las reales cajas de esta ciudad no es deudor en cosa alguna al ramo de la limosna de la santa bula, y que en esta tesorería no ha tenido cuenta alguna por donde pueda serlo. Y para que conste donde convenga, doy la presente. Santafé, marzo 4 de 1770.

Luis de Azula.

Petición

   Excelentísimo señor: don Vicente de Nariño, contador oficial real que he sido de estas cajas y nombrado contador del tribunal y real audiencia de cuentas de este reino en el expediente sobre la presentación de mi real título de tal contador, digo: que la superioridad de vuestra excelencia, en decreto de 2 del corriente se sirvió mandar cumplir el citado real título, y que hecha la entrega de la real caja y evacuadas las demás circunstancias que previene, sea recibido al uso y ejercicio de mi nuevo empleo; y habiéndome hecho el tribunal liquidación de mi última cuenta y tenido presente todas las antecedentes, y no resulta de unas ni otras alcance alguno contra mí y no ofrecérsele reparo en mi entrada y posesión al mencionado destino, y teniendo satisfecho el real derecho de media anata, como hace constar de la certificación del contador oficial real de estas cajas que manifiesto acompañada de otras de cruzada y bienes de difuntos de no ser deudor de maravedís algunos a la real hacienda, en esta atención se ha de servir vuestra excelencia, y lo suplico, franquearme su superior beneplácito para prestar en la real audiencia el debido juramento y hecho que se me dé posesión y ejercicio del referido empleo. A vuestra excelencia suplico que, en vista de los instrumentos que presento, informe del tribunal de cuentas y demás practicado, se sirva mandar como pido, en que recibiré especial merced.

Vicente Nariño.

Decreto

   Santafé, 15 de marzo de 1770. Respecto de haber hecho constar este suplicante tener satisfecha la media anata respectiva y cumplidos todos los demás regulares requisitos sin que se manifieste por ahora resultar deudor de cantidad alguna a la real hacienda, acuda a la real audiencia para que le reciba el juramento prevenido por la ley y se le dé la posesión y uso del empleo de contador del tribunal de cuentas a que su majestad se ha dignado promoverle.

El bailío Cerda.
Rojas.

Petición

   Muy poderoso señor: Vicente de Nariño, contador oficial real que ha sido de vuestras reales cajas de esta capital, ocurre reverente ante vuestra alteza y con la debida venia hace manifestación del real título en que la piedad del rey le confiere plaza en el tribunal de cuentas de este reino, y cumplido con los requisitos que manda su majestad y haber hecho constar en el superior gobierno no ser deudor de maravedís algunos a la real hacienda como el mismo tribunal lo tiene informado, tanto en la entrega que ha ejecutado a su sucesor en 9 del corriente, como en ninguna de las cuentas anteriores que tuvo presente, ni tampoco al juzgado de bienes de difuntos y tesorería de cruzada; en vista de lo cual y mandársele por vuestro virrey prestar el juramento en la forma acostumbrada, hace presentación de los correspondientes documentos para que, siendo del agrado de vuestra alteza y no ofreciéndose reparo, se digne mandar que se reciba; en esta virtud, a vuestra alteza rendidamente suplico se sirva proveer como pido en que recibirá merced.

Vicente Nariño.

Auto

   Por presentado el real título y documento, y mediante a constar de ellos haber cumplido esta parte con lo en él prevenido, comparecerá a hacer el juramento acostumbrado, y quedando copiado dicho real título en el libro donde corresponde, devuélvasele original.

   Hay cuatro rúbricas.

Proveído

   Proveyóse por los señores virrey, presidente y oidores de la audiencia y cancillería real de este nuevo reino, presente el señor fiscal de su majestad en Santafé, a 16 de marzo de 1770.

Rocha.

Juramento

   En la ciudad de Santafé, a 16 de marzo de 1770, estando en el real acuerdo de justicia los señores virrey, presidente y oidores de la audiencia y cancillería real de este Nuevo Reino de Granada, presente el señor fiscal de su majestad en cumplimiento del auto antecedente, compareció don Vicente Nariño, y teniendo puestas las manos sobre los santos evangelios y real sello de su majestad (que Dios guarde), juró por ellos de usar fiel y legalmente el empleo de contador del tribunal y real audiencia de cuentas de las de este reino en que ha sido nombrado por la real persona, y que guardará las ordenanzas de los tribunales de ellas y las demás reales órdenes, cédulas y leyes de su majestad dadas y que se dieron acerca de la ejecución y cumplimiento de dicho oficio, y el secreto en los negocios y cosas que se trataren en dicho tribunal y juntas a que concurriere, y que en todo hará cuanto debe y es obligado por dicho ministerio, sin faltar en cosa alguna a todo lo en él perteneciente; y habiéndole dicho: si así lo hiciéreis Dios te ayude, y si no te lo demande, respondió: sí juro y amén. En cuya virtud los dichos señores lo rubricaron, la parte lo firmó, de que yo el infrascrito de cámara doy fe. Hay cuatro rúbricas

Vicente de Nariño.

Fui presente,

Ignacio Francisco de la Rocha.

FUENTE EDITORIAL:.
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia. Fondo Empleados Públicos de Cundinamarca, t. 17, folios 625 recto, 627 recto.

NOTA
1   Está rubricado. Refrendata y secretaría, 22 reales de plata.

9
CERTIFICACION DE ENTIERRO DE VICENTE NARIÑO

ENTIERRO EN LA IGLESIA DE SAN AGUSTIN EN SANTAFE DE BOGOTA. Santafé, 13 de julio de 1778.

García
(doctor).

   El día 13 de julio de 1778 se dio sepultura en la iglesia del señor San Agustín, al cadáver del señor don Vicente Nariño, contador; casado con doña Catalina Alvarez, recibió los santos sacramentos; dio poder para testar; y de derechos $29 se sacó uno para misa; y otro de fábrica, y para que conste lo firmo.

Doctor García.

   Libro de difuntos de esta santa iglesia Catedral de este año de 1755. Comienza desde 1° de mayo de este año de 1755, siendo curas rectores el doctor don Agustín Cogollos y el doctor Juan de Ricaurte. Folio 105 vuelto.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo de catedral.
Bogotá, Libro de Difuntos de 1755, folio 105 vuelto.

10
MEMORIAL DE CATALINA ALVAREZ DEL CASAL AL REY

   EL VIRREY MANUEL ANTONIO FLOREZ REMITE AL MINISTRO JOSE DE GALVEZ UN MEMORIAL Y UNA CARTA ENVIADOS POR CATALINA ALVAREZ DEL CASAL, VIUDA DE VICENTE NARIÑO, AL REY Y A DICHO MINISTRO, RESPECTIVAMENTE, EN LAS QUE, HACIENDO MENCION DE LOS MERITOS Y SERVICIOS DE SU ESPOSO, SOLICITA SE LE CONCEDA A SU HIJO JUAN NEPOMUCENO NARIÑO LA PRIMERA PLAZA DE CONTADOR ORDENADOR QUE VAQUE EN EL TRIBUNAL DE CUENTAS DE ESTA CAPITAL. Santafé, 15 de agosto de 1778.

Manuel Antonio Flórez
(virrey).
Catalina Alvarez del Casal.

   Duplicado
   Número 865.

   El virrey de Santafé acompaña un memorial para el rey y carta para vuestra excelencia que le ha presentado doña Catalina Alvarez viuda del contador mayor que fue de aquel tribunal don Vicente Nariño, a fin de que su majestad, en consideración a la miserable constitución [situación] en que ha quedado, se digne atenderla.

Excelentísimo señor:

   Muy señor mío. La viuda de don Vicente Nariño, contador que fue de este tribunal mayor de cuentas, me ha presentado el memorial para el rey, y carta a vuestra excelencia, que acompaño, por la que manifiesta la infeliz situación? en que ha quedado constituida por muerte de su marido.

   Es constante cuanto manifiesta en aquellos documentos, y la exactitud que este ministro observó en lo que fue a su cargo del real servicio. A mí particularmente me es notorio el buen pie en que puso la fábrica de pólvora, encargada a él, antes de posesionarme de este mando; y la que yo le comisioné de la del Salitre, también me consta su conclusión y adelantamiento provisional, desde los cimientos de ella sin haber gozado gratificación alguna por este encargo.

   Con este último motivo iba a informar a vuestra excelencia para que el rey se dignase asignarle alguna gratificación, lo que no tuvo efecto por la muerte que le sobrevino; pero creyendo conforme a justicia el que su majestad dispense a su mujer e hijos alguna gracia, lo manifiesto a vuestra excelencia para que resuelva lo que fuere de su real agrado.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años, como deseo.

   Santafé, 15 de agosto de 1778.

   Excelentísimo señor.

   Besa la mano de vuestra excelencia su más atento, seguro servidor,

Manuel Antonio Flórez.

   [rubricado].

Excelentísimo señor don José de Gálvez.

   (Folios 1, 1 vuelto, 2 y vuelto en blanco).

   Señor:

   Doña Catalina Alvarez del Casal, natural de la ciudad de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, hija legítima de don Manuel Bernardo Alvarez, vuestro fiscal que fue de esta real audiencia, puesta a los reales pies de vuestra majestad, con el mayor rendimiento dice: que después que don Vicente Nariño, mi marido, desempeñó la ocupación de caballero paje de bolsa en el ministerio que obtuvo el conde del Montijo, y la de su secretario en las embajadas que a aquél hizo, fue promovido al empleo de contador oficial real de estas cajas, en cuyo servicio, habiendo acreditado su celo, limpieza y vigilancia, como se ha informado a vuestra majestad, se le ascendió al de contador mayor de este tribunal de cuentas. Estas obligaciones, lejos de embarazarle el servicio en otros distintos, supo desempeñarlas junto con las de superintendente o director de las fábricas de pólvora y salitre, asistiendo diariamente a su construcción y labores sin gratificación alguna y posponiendo hasta su propia salud en obsequio de su fidelidad.

   Con sólo sueldo de sus referidos empleos de cont6ador hemos mantenido el crecido número de 14 hijos que tuvimos durante el tiempo de nuestro matrimonio, y de los que habiendo muerto seis, me han quedado ocho menores huérfanos rodeando mi viudedad, que lloro desde el día 12 de julio de este presente año, en que falleció aquel buen ministro; cuyos hijos se miran sin caudal ni arbitrios capaces a darles carrera correspondiente con que haciéndose útiles, así mismo, puedan adquirir la gloria de servir como sus antepasados a vuestra majestad. En este desconsuelo se acoge mi esperanza a los piadosos oficios de vuestro católico pecho en los que cifra el alivio de su desamparo, y en los que justamente busca su remedio.

   Los méritos de mi difunto marido, de mi propio padre, y demás parientes, todos celosos ministros en servicio de vuestra soberanía, corona y reales intereses se hallan en mucha parte anticipadamente informados a vuestra majestad con justificación bastante; la piedad de vuestra majestad ha llenado de mercedes a mis progenitores en honor de sus casas, y alivio de sus obligaciones; la presente tribulación mía ofrece a vuestra benignidad nuevo objeto de compasión, y esperanzada en que no ha de ser desatendida mi súplica y que aquella generosidad que ha ilustrado a mis allegados ha de ser el amparo de quien afligida solicita su real amparo, me anima a suplicar a vuestra católica real persona se digne conceder a don Juan Nepomuceno Nariño la primera plaza de contador ordenador que vaque en el tribunal de cuentas de esta capital, confiriéndole la futura para que entre a obtenerla en la primera vacante, con cuyo auxilio podrá aliviar mi trabajosa viudedad y socorrer a sus menores hermanos, siendo esta merced propio afecto de vuestra liberal mano, y de vuestra real piedad a que me acojo.

   Señor.

Catalina Alvarez del Casal
[rubricada].

   (Folios 1, 1 vuelto, 2, 2 vuelto, 3 y 3 vuelto).

   Excelentísimo señor:

   Muy señor mío: el día 12 del mes de julio de este año murió mi marido don Vicente Nariño, dejándome con la carga de ocho hijos, y sin otro caudal ni auxilio que la viudedad de $500 anuales que me corresponden por viuda de un contador mayor del tribunal de cuentas de esta capital, en cuyo destino estaba después de años que fue oficial real de estas cajas, y como tal renta apenas me alcance para mantener tan dilatada familia, ocurro en esta ocasión a su majestad por medio de memorial, que creo dirigirá con su informe el virrey de este reino, en cuyas manos al intento lo he puesto, para que la real piedad le confiera a don Juan Nariño, uno de mis hijos, algún destino con que me ayude a poner en carrera los otros, para que así prosigan como sus pasados sirviendo al soberano y haciéndose acreedores a sus beneficios.

   Como para que pueda lograrse aquel intento se hace forzoso que su majestad destine a dicho mi hijo en esta capital, pues siendo fuera de ella difícilmente se verificará, ruego al rey en mi memorial que le dé la primera plaza que vaque en la contaduría de ordenación de este tribunal de cuentas, y la futura desde luego para que en la vacante entre a su ejercicio, uso y posesión; y siendo como es vuestra excelencia el conducto por donde he de lograr este alivio, espero de su piedad me atienda, con la consideración de mirarme viuda, pobre y cargada de hijos, a quienes, si su caridad no los protege, como que no tengo para darles carrera, se verán abatidos, descarriados, y sin ser capaces de proseguir el mérito de sus mayores.

   Mi padre, don Manuel Bernardo Alvarez, murió de fiscal de esta real audiencia; considero a vuestra excelencia instruido de sus circunstancias, con particularidad del desinterés y la exactitud con que desempeñó tal empleo; mis cuñados, tíos y primos obtienen varios distinguidos destinos en los tribunales de esta capital, cuyos actos positivos son razones de equidad y justicia para que vuestra excelencia la ejerza conmigo como lo ha hecho y está haciendo con otros varios en repetidos ejemplares que me hacen esperar la feliz suerte de mi solicitud.

   Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años, como deseo. Santafé, 15 de agosto de 1778.

   Excelentísimo señor.

   Besa la mano de vuestra excelencia su más atenta, segura servidora,

Doña Catalina Alvarez del Casal
[rubricada].

Excelentísimo señor don José de Gálvez.

(Folios 1, 1 vuelto, 2 y 2 vuelto).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo General de Indias.
Estante 116, cajón 7, legajo 13 (signatura antigua). Santafé, legajo 590 (signatura moderna).

11
TESTAMENTO DE VICENTE NARIÑO

PODER Y COMISION OTORGADOS POR VICENTE NARIÑO A SU ESPOSA CATALINA ALVAREZ DEL CASAL PARA DICTAR SU TESTAMENTO. Santafé, 9 de noviembre de 1778.

Catalina Alvarez del Casal.

   En la ciudad de Santafé, a 9 de noviembre de 1778 años. Ante mí, el escribano real del juzgado de provincia y comercio de esta capital, y testigos infrascritos que se nominarán, pareció presente en las casas de su morada, la señora doña Catalina Alvarez del Casal, vecina de esta ciudad, a la que doy fe que conozco, la cual, en nombre y en voz del señor don Vicente Nariño, su legítimo marido difunto, vecino que fue asimismo de esta dicha ciudad, y en virtud de su poder y comisión que le otorgó estando enfermo, para que por él y en su nombre pudiese hacer su testamento y última voluntad, como por el dicho poder parece, que pasó por ante mí el presente escribano, su fecha: 5 de julio pasado de este presente año, que corre en este registro a fojas 240 y es el siguiente: [aquí el poder]. Y de él usando y en virtud de la comisión de su uso incorporada; habiendo pasado el dicho señor don Vicente Nariño de esta vida a la eterna el día 12 del citado julio, en cumplimiento de su voluntad y de la facultad por él dada, dijo: que quería hacer y otorgar, como por el presente hace y otorga, el testamento y última voluntad del mencionado su difunto marido en la forma siguiente:

   1. Primeramente ofrece y encomienda a Dios Nuestro Señor el alma del dicho señor don Vicente Nariño, que la crió y redimió con el precio infinito de su santísima sangre, y le suplica a su Divina Majestad la haya perdonado y llevado a la gloria eterna con sus escogidos. Y en cumplimiento de lo comunicado y también de su voluntad, su cuerpo fue amortajado con el hábito de San Nicolás de Tolentino y sepultado en la iglesia del convento del gran padre San Agustín, en la bóveda principal, haciéndole antes las exequias correspondientes y siguiendo el novenario, honras y demás sufragios, que todo importó, según consta de la cuenta, que por menor se ha llevado, la cantidad de $697,5 ¼ reales.

   2. Item, declara que dicho difunto le declaró haber sido natural de la ciudad de Santiago, en el reino de galicia en los de España; hijo legítimo de don Juan Nariño, y de doña María Vásquez, lo que así declara para que conste.

   3. Item, manda que dicho difunto mandó se diesen y pagasen a la santa casa de Jerusalén y demás mandas forzosas a dos reales a cada una, lo que así tiene cumplido, como consta de recibo que tiene en su poder.

   4. Item, declara que dicho difunto le ordenó y mandó declarase haber sido casado y velado según orden de nuestra santa madre Iglesia, con la señora otorgante, y que para ayuda y carga del matrimonio, se le dieron y entregaron en dinero efectivo, alhajas de oro, plata, perlas, piedras preciosas, ropas y otros bienes, la cantidad de $7.633,7 reales, como consta de la carta e instrumento dotal, que pasó por ante don José Vélez de Guevara, escribano de su majestad; su fecha: 6 de septiembre del año pasado de 1758; en cuya dote se incluyen 1.200 patacones, en que la dotó, por razón de arras propternupcias, como se deja ver del mencionado instrumento a que se remite y se remitió el señor difunto. Y en el tiempo de su matrimonio, tuvieron y procrearon por sus legítimos hijos, a don José, don Juan, don Antonio, don Joaquín, don Cayetano, don Manuel, doña María Dolores y doña Benita Nariño y Alvarez, los que el dicho difunto declaró y la señora otorgante declara por tales sus hijos legítimos, para que en todo tiempo conste.

   5. Item, declara que dicho señor difunto le declaró no se acordaba deber a persona alguna, ni en este reino ni en los de España, poca ni mucha cantidad, y que si se demandare contra sus bienes alguna cosa hasta dos pesos, se satisfaciese con su simple juramento, y siendo más, que justificase su acción y probada, que se satisficiese de sus bienes, lo que así mando y la otorgante declara para que conste.

   6. Item, declara que dicho señor difunto le declaró que no le debían cosa alguna, a excepción del sueldo devengado como contador mayor del tribunal y real audiencia de cuentas de este reino, que se prorratearía hasta el día de su fallecimiento, a razón de $2.000 que anualmente gozaba, lo que así declara para que conste.

   7. Item, declara que dicho señor difunto le declaró tocar y pertenecer así los bienes siguientes: Primeramente, las casas de su morada altas y bajas, que son bien vistas y conocidas, en la colación de esta catedral y calle de la carrera; en la sala principal la colgadura de damasco carmesí, con cuatro pares de cortinas de lo mismo. It., la colgadura de la cama con sus cortinas en la boca alcoba, colcha rodapiés, todo igual. La cama de barandillas de granadillo con sus cantoneras de bronce, toda dorada. Un sitial de madera dorado con un crucifijo. Cuatro cornucopias grandes con sus marcos de cristal. Cuatro láminas romanas de marcos de ébano y bronceadas. Una araña de cristal. Tres mesas doradas. Seis sillas forradas en damasco carmesí doradas. Doce cojines de terciopelo viso carmesí con su galón de oro fino mosquetero y sus borlas de hilo de oro iguales. Una alfombra quiteña al igual de la sala y otras dos pequeñas. Diez cristales de a media vara cada uno, de la ventana.

   En la segunda sala, una colgadura de calamaco amarillo viso. Cinco pares de cortinas de philipichín nácar. Cuatro cornucopias de cristal medianas. Un espejo de vara y cuarta, con su marco y copete dorado. Cinco láminas doradas romanas, con sus marcos. Diez y ocho taburetes forrados en perdurable nácar y claveteados de tachuelas doradas y pintados de azul y sus perfiles amarillos. Una mesa igual a los taburetes dada del azul y perfiles amarillos. Un canapé forrado en calama o amarillo y claveteado de tachuelas doradas. Dos ventanas de vidriera ordinaria.

   Sala tercera. Una colgadura de zaraza azul y blanca. Tres pares de cortinas de persiana azul y blanca. Cuatro cornucopias con sus marcos dorados. Una lámina romana, con marco y copete dorado. Cuatro láminas ovaladas con sus cristales, marco y copete dorado. Una araña de cristal. Seis sillas doradas, forradas en persiana azul y blanco, claveteadas de tachuelas doradas, y 12 taburetes iguales de la misma persiana y dorados. Una mesa azul y dorada. Una ventana de vidrieras ordinarias.

   Sala cuarta. Una colgadura de angaripola colorada y blanco y tres pares de cortinas de lo mismo. Cuatro cornucopias de cristal medianas, y dos láminas romanas, con marcos dorados. Un espejo grande de vara y cuarta, con su marco y copete dorado. Una docena de taburetes forrados en damasco carmesí. Una mesa pintada de azul y amarillo. Una ventana de vidrieras ordinarias. Un cuarto pequeño de junto a la alcoba, con una colgadura de angaripola, con dos pares de cortinas de calamaco amarillo y seis taburetes forrados en calamaco amarillo, con sus tachuelas doradas. Un reloj de campaña con su repisa. Una alfombrita de Nápoles. Una ventana de vidrieras ordinarias.

   Sala quinta: siete pinturas quiteñas, con sus marcos dorados. Una lámina de Nuestra Señora de Belén, con su cristal y marco dorado. Dos espejos de a vara, con sus marcos y copetes dorados. Una papelera inglesa. Doce taburetes de tripe. Una cama de granadillo, con su colgadura de damasco carmesí y cortinas de damasco de la boca alcoba. Cuatro pares de cortinas de philipichín con sus cintas amarillas. Una mesa ordinaria. Una ventana de vidrieras ordinarias. Un biombo pintado. Un cajoncito de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Un sitialito de terciopelo azul con un Santo Cristo y cuatro Agnus.

   Cuarto de pasadizo: tres pares de cortinas de Granilla. Una lámina bordada de Nuestra Señora de la Concepción. Ocho cojines de calamaco amarillo. Una alfombrita. Seis sillas ordinarias. Una mesita de color de ébano. Dos docenas de esteras de chingalé. Doce mesas ordinarias.

   Cuarto del estudio: una colgadura de listado de estambre y seda. Cuatro pares de cortinas de lo mismo. Una cama de madera, dada de bermellón y perfiles dorados con colgadura de sarga imperial colorada. Seis sillas quiteñas. Una mesita con su papelera embutida con sus cantoneras de bronce. Un reloj de campana de sobremesa mediano. Otra papelera ordinaria. Veinticuatro pinturas apaisadas sin marco. Ocho pinturas con sus marcos de ébano. Seis sillas ordinarias con sus bordaditos amarillos. Seis pares de cortinas de bayeta colorada. Dos de sarga imperial colorada. Dos baúles grandes. Docena y media de países ordinarios. Un cristo de indulgencia. Un estante con los libros siguientes: libros místicos en pasta: Mística ciudad de Dios, en tres tomos. Obras de Santa Teresa de Jesús, en cuatro tomos. Gobernador cristiano, en un tomo. Engaños y desengaños del amor profano, en dos tomos. Oficio de la semana santa, en un tomo. Dos obras del oficio parvo, la una en tres tomos y la otra en uno.

   En pergamino, sobre lo mismo: Año virgíneo, en cuatro tomos. La corte santa, en cuatro tomos. Flox Sanctorum, en dos tomos. Las cartas de San Francisco Javier, en dos tomos. Misión historial de Marruecos, en un tomo. Pensamientos o reflexiones cristianas, en un tomo. Confesiones de San Agustín, en un tomo. Villa Castín, en un tomo. Verdades eternas, un tomo. Cartas de Valero, en un tomo. Noticias de la otra vida, en un tomo. Ejercicio espiritual, en un tomo. Siete tomitos de devociones. Vida de San Vicente Ferrer, en un tomo. De doña María de Escobar, en dos tomos. De San Juan Bautista, en un tomo. Del Rosario de Chiquinquirá. Discursos espirituales, en dos tomos.

   Libros del derecho: El cuerpo del derecho civil, en dos tomos. Las decretales, en tres tomos. Vinio, en dos tomos. Dos obras de Meneses, en dos tomos. La Recopilación de Indias, en un tomo. Curia filípica, en un tomo. Pérez sobre la Instituta, en un tomo. La Instituta de Justiniano, en un tomo.

   Libros de filosofía: Fortunato de Brisia, en cuatro tomos. Tosca, en ocho tomos. Theografía de Murillo, en cinco tomos. Corsini, en un tomo. Escolapia, en cuatro tomos. Obras de Torres, en 14 tomos. Michielis et Mulieri opera omnia, en un tomo. De generatione et corruptione, en un tomo.

   Libros de gramática: Dos calepinos, cada uno en uno. Tres concilios, dos encuadernados y el otro sin encuadernar. Tres epístolas de Cicerón, en tres tomos. Selectas de Cicerón, en un tomo. Dos Ovidios. Quinto Curcio, en tres tomos. Dos San Gerónimos. Virgilio, en un tomo. Cicerón de oficis, en un tomo. Fábulas de Esopo, en un tomo. Siete cuadernos de generosa de pretéritos, cuarto y quinto. Dos ortografías de Mañex Nepote, en un tomo.

   Libros de historias: La del establecimiento de la Iglesia, en seis tomos. Feijoó, en 19 tomos. Castelfon, en siete tomos. Discursos políticos, en dos tomos. Historia de Carlos Quinto, en dos tomos. Solís, historia de México, en un tomo. Origen y caballería de Santiago. Historia de las aventuras de Don Quijote de la Mancha, en tres tomos. Viajes del mundo, en un tomo. David perseguido y el hijo, en cuatro tomos. Quevedo, en un tomo. Notas para el fácil uso, en un tomo. Compendio histórico, en un tomo. Historia de la vida del segundo Pablo, San Francisco de Paula, en un tomo. Sólo Madrid es corte, en un tomo. El capuchino escocés, en un tomo. Vida del duque de Useda, en dos tomos.

   Historias en pasta: un tomo de Carlos Quinto. Sobrino, Diccionario española y francesa, en dos tomos. Historia de Filipe Segundo, en tres tomos. Historia de Teodosio el Grande, en dos tomos. Historia de Mauricio Conde de Caxe, dos obras, en cada una dos tomos. Diálogo español, en un tomo. Secretario español, en un tomo. Historia de España, en 16 tomos. Compendio de España, en dos tomos. Monarquía hebrea, en cuatro tomos. Historia del cardenal don Francisco Jiménez, en un tomo. El arte de bien hablar, en un tomo.

   Libros de poesía: Sor Juana Inés de la Cruz, en dos tomos ¿Actas? sacramentales, en seis tomos Don Juan de Tarcis, en un tomo. Don Gerardo Lobo, en un tomo.

   En francés: Di hurnal, en un tomo. Resfoursan sansés.

   En pasta: Memoy del fereu, en un tomo. Aventuras de Telémaco, en un tomo. Diccionario geografique, en un tomo. Letres et negociatione, en un tomo. Elemens vellides, en un tomo.

   Obra alemán en pasta: El padre Grillfanten, en cuatro tomos. Un librito de montar a caballo. Arte universal de la guerra, en un tomo. Catecismo histórico, en un tomo. Reglamento del montepío y militar, duplicado. Otro del ministerio, en un tomo.

   Ropa de uso: 12 vestidos entre nuevos y viejos. Tres peluquines. Tres sombreros. Una espada. Dos espadines, uno de plata, otro de cobre. Un juego de hebillas de tumbago y de zapatos, charnelas y corbatín. Dos relojes de plata de faltriquera. Una botonadura de oro de chaleco. Dos biricues. Dos sillas de montar con sus aderezos, estribos, frenos y cabos de plata. Un estuche de afeitar, palangana y jarro de plata. Una escribanía, salvilla, tintero, salvadera, obleario y campana y sello de plata. Unas espuelas de plata.

   Cuarto de costura: tres laminitas de marco colorado y vidrieras. Tres pares de cortinas de Granilla. Seis sillas ordinarias. Cuatro bufetes de terciopelo carmesí. Una alfombrita. Una mesita de color de ébano. Una cama de tablas con su pabellón. Dos colchas de seda.

   Cuarto de los niños: seis cujas con sus pabellones y ropas de cama correspondientes.

   Ajuares de cocina: una caja de toda batería de cocina, a más de ésta suelta hay cuatro pailas, dos asadores. Una parrilla. Nueve sartenes. Dos ollas. Cinco olletas. Dos almireces. Dos machetes. Un armario. Dos braceros de cobre. Un garabato para la carne y una romana grande de fierro. Un pesito de cobre y una hacha. Una barra y una pala. Dos almofreces. Una cama de viento. Dos quitasoles. Tres frasqueras de cristal, grandes. Una mesa redonda.

   Esclavos: una negra, en $280. Y una mulata blanca, en $150.

   Plata labrada: dos bandejas. Seis platones. Dos salvillas. Una bandejita. Dos salseras. Dos cucharones. Cuatro saleros. Una angarilla. Dos jarros. Once candeleros. Cuatro tachuelas. Cuatro vasitos. Nueve platillos de dulce. Veinticuatro platos grandes. Veinticuatro cucharas y 24 tenedores. Dieciséis cuchillos con cabo de plata. Cuatro despabiladeras. Una tachuela grande con su tapa. Dos olleticas con sus tapas. Dos bacinicas. Todos los cuales bienes declaró dicho señor su marido, y la señora otorgante declara ser suyos propios para que así conste.

   8. Item, declara que en virtud de lo comunicado por el dicho señor su marido percibió $450 por razón del sueldo que hasta el día de su fallecimiento había devengado, por razón de tal contador mayor. Asimismo percibió $108 del sueldo devengado en el tiempo que como contador oficial real administró los correos, pues aunque fueron $216, la mitad tocó y se entregó a la señora doña Josefa Vergara, mujer del señor don Antonio Ayala, por la misma razón. Lo que así declara para que conste.

   9. Item, declara que dicho señor difunto le declaró que a su hijo don Antonio le dio su padrino don Pedro Escobedo las alhajas siguientes: una silla de montar, con estribos y freno de plata, con su aderezo de grana con galón de plata y las pistolas con las cantoneras de cobre. Una mesita con su cajón. Un baúl de copa. Una laminita de marquito de ébano y vidriera de San Juan. Una escopeta. Un juego de hebillas de zapatos y charnelas. Un espadincito. Una botonadura de doce botones para chaleco. Dos pares de puño iguales. Un rosarito de coco engastado, todo de oro. Un reloj. Un catre con su toldillo y maletón. Y una silla de montar de criado. Las que declaró dicho difunto y la señora otorgante declara ser propios del citado su hijo, sin que en ellas tengan parte los demás sus hermanos, por ser como va referido.

   10. Y para cumplir y pagar este testamento y lo en él contenido, el dicho señor don Vicente Nariño dejó y nombró por su albacea testamentaria, fideicomisaria tenedora y administradora de sus bienes, tutora y curadora de sus dichos hijos por ser todos menores de edad, a la señora otorgante. En esta virtud se nombra por tal, tomándose como se toma poder cumplido, el que en derecho sea bastante y se requiera; para usar del dicho albaceazgo, con general administración, tomándose el año fatal de él, y en caso necesario se prorroga el más que necesitare para sus disposiciones y demás prevenido en este dicho testamento.

   11. Y cumplido y pagado este testamento, mandas, legados y lo en él contenido en el remanente que quedare de todos los bienes, derechos, acciones y futuras posesiones que tocaren y pertenecieren al mencionado señor don Vicente Nariño, éste nombró, y la señora otorgante desde luego nombra y señala por legítimos y universales herederos a los enunciados don José, don Juan, don Antonio, don Joaquín, don Cayetano, don Manuel, doña María Dolores y doña Benita Nariño y Alvarez, sus legítimos hijos, para hacerlos y heredarlos por iguales partes con la bendición de Dios y la del dicho señor difunto. Precediendo ante todas cosas sacar del cúmulo la cantidad importe líquido de la escritura y carta dotal, y en parte los bienes y efectos en ella se mencionan y se hallaren existentes, y lo que faltare se reponga; y saque de lo más bien parado; lo que así declara, por habérselo comunicado y así preceptuado el mencionado señor su parte, lo que ejecuta para que en todo tiempo conste.

   12. Y por el presente revoca y anula, que dicho señor difunto revocó y anuló y da por nulos de ningún valor, ni efecto, otros cualesquiera testamentos, codicilos, mandas, legados, disposiciones y poderes para testar, que antes de éste haya hecho u otorgado, por escrito, de palabra, o en otra forma, para que no valgan ni hagan fe en juicio, ni fuera de él, salvando el otorgado en virtud del poder que va citado; cuyo testamento quiso el señor difunto y quiere la señora otorgante, se guarde, cumpla y ejecute en todo y por todo, según la forma que en este testamento va expresada por la vía y forma que más haya lugar de derecho, por ser así la única disposición y postrimera voluntad del referido señor don Vicente Nariño, difunto.

   En cuyo testimonio, del que me requirió le diese las copias auténticas que pidiese, sin ser necesario citación ni mandato de juez, así lo dijo, otorgo y firma, siendo testigos Francisco Javier de Silva, Joaquín Galindo y Rafael Ramírez, vecinos.

Doña Catalina Alvarez del Casal.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección 4a., Protocolo de la Notaría Tercera, t. 248, año 1778.

12
BATALLON DE MILICIAS URBANAS DE SANTAFE. ANTONIO NARIÑO, ABANDERADO

   Estado que manifiesta los oficiales, sargentos y soldados del expresado batallón en el mes de la fecha.

Abanderados Don Luis de Asula, Don Antonio Nariño
Visto bueno,
José Bernet.

OFICIALES, SARGENTOS Y SOLDADOS DEL BATALLON DE MILICIAS URBANAS DE SANTAFE. Santafé, 30 de diciembre de 1781.

Santafé, 30 de diciembre de 1781.
Francisco Portillo

Francisco Portillo

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo de Milicias y Marina, t. 10, folios 229-231 vuelto.

13
DESTACAMENTO DE LA CAPITAL DEL VIRREINATO

CATALINA ALVAREZ EXCUSA A SU HIJO ANTONIO NARIÑO DEL SERVICIO DE LA "SUBTENENCIA DE BANDERA DE MILICIAS". Santafé, 23 de marzo de 1782.

José Bernet.

   Indice que comprende las órdenes originales del excelentísimo señor virrey don Manuel Antonio de Flores que entrega don José Bernet, coronel del Regimiento de Infantería de Cartagena, como comandante general de la expedición a don Anastasio Cejudo, teniente coronel de dicho cuerpo que por disposición de dicho señor excelentísimo le sucede en el mando.

   Extracto de lo que contiene:

   1. ...

   71. Su excelencia me remite decretado un memorial en que da doña Catalina Alvarez excusa de su hijo don Antonio Nariño para el servicio de la subtenencia de bandera de milicias que se le había conferido para que se le entregue original.

   ...

   De manera que los 80 oficios comprendidos en este índice los he entregado originales a mi sucesor el señor don Anastasio Cejudo.

   Santafé, 23 de marzo de 1782.

José Bernet.

   Es copia de su original. Santafé, 15 de abril de 1782.

Anastasio Cejudo.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo de Guerra y Marina, t. 31, folios 229-231 vuelto.

14
INFORMACION MATRIMONIAL DE ANTONIO NARIÑO CON MAGDALENA ORTEGA

CERTIFICADOS DE BAUTISMO DE ANTONIO NARIÑO Y DE MAGDALENA ORTEGA; INFORMACION DE LOS PADRES, DE LOS CONTRAYENTES Y DE LOS TESTIGOS ANTE EL NOTARIO; Y PERMISO ECLESIASTICO PARA REALIZAR EL MATRIMONIO. Santafé, 17 de marzo de 1785.

Marcelino Egea
(notario).
Mazústegui
(doctor).

   El doctor don Fernando Camacho Rojas y Lago, cura rector más antiguo de esta santa iglesia catedral metropolitana de Santafé, examinador sinodal del arzobispado.

   Certifico que en el libro décimo tercio de bautismo de españoles de dicha iglesia, a hojas 175 se halla una partida del tenor siguiente:

   En 14 de abril de 1765. Yo el reverendo padre provincial teólogo Ignacio López, del orden de nuestro padre San Agustín, con licencia del propio, bauticé, puse óleo y crisma y di bendición a un niño de cinco días de edad, que se llamó Antonio Amador José, hijo legítimo del señor don Vicente Nariño, oficial real de su majestad y de la señora doña Catalina Alvarez. Fue su padrino el señor don Antonio Ayala, tesorero oficial real. Testigo, don José Antonio Doncel, de que doy fe.

Mestre
fray Ignacio López.

   Es copia fiel de su original a que me remito, y para que conste, doy y firmo la presente en Santafé, a 14 de marzo de 1785.

Doctor don Fernando Camacho y Rojas y Lago.

   El doctor don Fernando Camacho Rojas y Lago, cura rector más antiguo de esta santa iglesia catedral metropolitana de Santafé, examinador sinodal del arzobispado.

   Certifico que en el libro decimotercio de bautismos de españoles de dicha iglesia, a hojas 118 se halla una partida del tenor siguiente:

   En Santafé, a 25 de julio de 1762.

   Yo, el infrascrito cura rector más antiguo de esta santa iglesia catedral, bauticé solemnemente, puse óleo y crisma, y di bendiciones según el rito de Nuestra Santa Madre Iglesia, a una niña a quien puse por nombre María Magdalena, que había nacido el día 22 de este dicho mes de julio, hija legítima de legítimo matrimonio del señor alcalde ordinario don José Ignacio de Ortega y de doña Petrona Mesa, mis feligreses. Fue su padrino el doctor don Francisco Moreno, catedrático de prima en sagrados cánones de esta Universidad Javeriana; y para que conste lo firmo.

   Doctor don José Antonio Isabella.

   Es copia fiel de su original a que me remito, y para que conste doy y firmo la presente en Santafé, a 14 de marzo de 1785.

Doctor don Fernando Camacho y Rojas y Lago.

   Don José Ignacio Ortega y doña Catalina Alvarez, viuda del contador mayor don Vicente Nariño, decimos que condescendemos en el matrimonio que quieren contraer nuestros hijos legítimos don Antonio Nariño y doña Magdalena Ortega; en atención a que no tenemos motivo para impedirlo, o contradecirlo, y para que así le conste al señor ordinario, damos la presente y firmamos en esta ciudad de Santafé, a 14 del mes de marzo de 1785.

José Ignacio Ortega.
Catalina Alvarez.

   Señor provisor vicario general

   Don Antonio Nariño y Alvarez, hijo legítimo del contador mayor don Vicente Nariño y de doña Catalina Alvarez, y doña Magdalena Ortega y Mesa, hija legítima de don José Ignacio Ortega y doña Petrona Mesa, vecinos de esta ciudad, ante vuestra señoría parecemos y decimos que tenemos ánimo de contraer matrimonio según orden de nuestra santa Iglesia, y para poderlo hacer suplicamos a vuestra señoría se sirva mandar se nos reciba información de nuestra soltería y libertad y resultando de ella ser, como somos, solteros libres y sueltos de matrimonio, concedernos su licencia para que, corridas las tres moniciones, el cura a que tocare pase a presenciar nuestro matrimonio, para cuyo efecto presentamos nuestras fes de bautismo y, en su consecuencia, a vuestra señoría suplicamos proveer como pedimos en justicia, etc.

Antonio Nariño.
Magdalena Ortega.

   Santafé y marzo 15 de 1785.

   Por presentada con las partidas de bautismo procédase al exploro de las voluntades, y de la correspondiente información de libertad y soltería de los pretendientes, se comete todo, y evacuado dése cuenta. Lo decreté y firmó el señor provisor gobernador. Doy fe,

Doctor Mazústegui.
Rafael Araos,
notario mayor

En la ciudad de Santafé, a 15 de marzo de 1785.

   Pareció en este juzgado don Antonio Nariño, a quien yo el notario le recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz derecho, y en cargo de él ofreció decir verdad de lo que se le fuese preguntado, y siéndolo dijo: que es oriundo de esta ciudad, feligrés de Santa Bárbara, hijo legítimo del contador mayor don Vicente Nariño (ya difunto) y de doña Catalina Alvarez; que de esta ciudad se ha ausentado dos ocasiones: la una estuvo en la villa de Honda cuatro meses de convalecencia, y en la ciudad de Cartagena residió por causa de comercio como siete meses, poco más o menos; que el demás tiempo ha estado en esta ciudad; que hará como dos años, poco más o menos, que es feligrés de la parroquia de Santa Bárbara, y que antes lo era de la catedral; que se halla libre y soltero, sin impedimento para contraer el matrimonio que pretende con doña Magdalena Ortega, asimismo oriunda de esta ciudad, con quien no tiene parentesco de consanguinidad, afinidad, ni espiritual ni tiene otro algún impedimento, dirimente, ni impediente, ni ha hecho voto de castidad, ni de religión, y que lo lleva dicho y confesado es la verdad en fuerza del juramento que tiene prestado. Siéndole leída esta su confesión, en ella se afirmó y ratificó, que es de edad de 20 años no cumplidos, y lo firmó, de que doy fe.

Antonio Nariño

Ante mí,

Marcelino Egea,
notario.

   En el mismo día, mes y año, yo, el notario, pasé a las casas de la morada de don Ignacio Ortega, administrador de las rentas reales de aguardiente de esta capital, y estando en ellas pareció ante mí doña Magdalena Ortega, a quien yo el notario le recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, so cuyo cargo ofreció decir verdad de lo que se le fuese preguntando, y siéndolo, dijo: que es oriunda de esta ciudad, feligrés de la parroquia de las Nieves, hija legítima de don José Ignacio Ortega y de doña Petrona Mesa (ya difunta); que se halla libre y soltera, sin impedimento para contraer el matrimonio que pretende con don Antonio Nariño, con quien no tiene parentesco alguno, y que para ello no ha sido inducida ni atemorizada por ninguna persona, sino que lo hace de su libre y espontánea voluntad; que no ha hecho voto de castidad, ni de religión. Y que todo lo que lleva dicho y confesado es la verdad en fuerza del juramento que hecho tiene; siéndole leída esta su confesión, en ella se afirmó y ratificó. Dijo ser de edad de 22 años y meses, y lo firmó. De que doy fe.

Magdalena Ortega.

Ante mí,

Marcelino Egea,
notario.

   En la ciudad de Santafé, a 15 de marzo de 1785.

   Para la información mandada dar, las partes presentaron por testigo a don Bernardino de Ricaurte, tesorero mayordomo de la fábrica de esta santa iglesia catedral, a quien yo el notario le recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, y en cargo de él ofreció decir verdad de lo que supiere y se le fuere preguntado, y siéndolo, dijo: que es oriundo de esta ciudad, feligrés de la catedral, de estado soltero; que hace más de diez años conoce y trata a don Antonio Nariño, sabe es hijo legítimo de don Vicente Nariño (ya difunto) y de doña Catalina Alvarez; sabe fueron feligreses de la catedral, y que en la actualidad es feligrés de Santa Bárbara; que el contenido don Antonio Nariño, de esta ciudad se ha ausentado dos ocasiones: la una estuvo en Honda, poco tiempo, y la otra en Cartagena; que el demás tiempo le ha visto en esta ciudad; sabe y le consta se halla libre y soltero, sin impedimento para contraer el matrimonio que pretende con doña Magdalena Ortega, a la que también conoce de vista y comunicación hace más tiempo de doce años, siempre en esta ciudad; sabe es hija legítima de don José Ignacio Ortega y de doña Petrona Mesa (ya difunta); sabe fue feligrés de la catedral, y que hará poco más de dos años se halla en el feligresado de Nuestra Señora de las Nieves; y que en el tiempo que ha la conoce, no ha visto ni oído decir que de esta ciudad haya salido ni mucho ni poco tiempo, sino que siempre ha vivido al lado de sus padres; sabe y le consta se halla libre y soltera, sin impedimento para casarse con don Antonio Nariño, y que lo que lleva dicho y declarado es la verdad en fuerza del juramento que hecho tiene. Siéndole leída esta su declaración, en ella se afirmó y ratificó; dijo no tocarle las generales, y que es de edad de 30 años, poco más o menos, y lo firmó, de que doy fe.

Bernardino Ricaurte.

Ante mí,

Marcelino Egea,
notario.

   En el mismo día, mes y año para seguir esta información, las partes presentaron por testigo a don Feliciano Otero, a quien yo el notario le recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, so cuyo cargo ofreció decir verdad de lo que supiere y se le fuere preguntado y, siéndolo, dijo: que es oriundo de la Villa de Santa Cruz de Mompós, residente en esta ciudad hace siete años, poco más o menos, comerciante en ella, de estado soltero; que es feligrés de la catedral; que el espacio de seis años hará conoce y trata a don Antonio Nariño, sabe de público que es hijo legítimo de don Vicente Nariño, oficial real y contador mayor que fue de esta ciudad (ya difunto), y de doña Catalina Alvarez; sabe es feligrés de Santa Bárbara y que antes lo fue de la catedral, y que el que le presenta estuvo en la ciudad de Cartagena, por causa de comercio, como cosa de siete meses, y en Honda oído decir estuvo a mudar de temperamento unos dos o tres meses, poco más o menos, y el demás tiempo le ha visto en esta ciudad; sabe y le consta se halla libre y soltero, sin impedimento para contraer el matrimonio que pretende con doña Magdalena Ortega, a la que también conoce y trata hace sobre [ya] cinco años, en esta ciudad; sabe es hija legítima de don José Ignacio de Ortega, administrador de la real renta del aguardiente de esta ciudad, y de doña Petrona Mesa (ya difunta); sabe es feligresa de las Nieves, hará dos años, y que antes lo fue de la catedral, y que en el tiempo que la conoce no ha visto ni oído de esta ciudad haya salido a otro lugar; sabe y le consta se halla libre y soltera, sin impedimento para contraer el matrimonio que pretende con don Antonio Nariño; sabe de público que ambos los dos contrayentes de esta ciudad son oriundos. Que lo que lleva dicho y declarado es la verdad en fuerza del juramento que hecho tiene, en el que se afirmó y ratificó. Y habiéndole leído esta su declaración dijo estar conforme, que en ella se afirmaba y ratificaba, que en manera alguna le tocaban las generales, y que es de edad de 33 años, y lo firmó, de que doy fe.

Feliciano de Otero.

Ante mí,

Marcelino Egea,
notario.

   En el mismo día, en prosecución de esta información, las partes presentaron por testigo al doctor don Andrés de Otero, a quien yo el notario le recibí juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz según derecho, y en cargo de él ofreció decir verdad de lo que supiere y se le fuere preguntando y, siéndolo, dijo: que es natural de la villa de Santa Cruz de Mompós, residente y vecino de esta ciudad, hace el espacio de 16 años; que es de estado casado, comerciante; que hace el espacio de más de 12 años conoce, trata y comunica a don Antonio Nariño, sabe de público que éste es oriundo de esta ciudad, feligrés de la parroquia de Santa Bárbara hará dos años, poco más o menos, y que antes lo fue de la catedral; sabe es hijo legítimo de don Vicente Nariño, contador mayor de la real audiencia y tribunal de cuentas de esta capital (ya difunto) y de doña Catalina Alvarez. Sabe y le consta que se halla libre y soltero, y que en el tiempo que ha le conoce, de esta ciudad se ha ausentado, una [vez] a la villa de Honda, en cuyo lugar residió cosa de cuatro meses, poco más o menos; y otra a la ciudad de Cartagena, con motivo de comercio, en donde permaneció cosa de ocho meses; sabe no tiene impedimento para contraer el matrimonio que pretende con doña Magdalena Ortega, a la que conoce y comunica hace más de diez años; sabe y le consta es oriunda de esta ciudad, feligresa hace el espacio de dos años, poco más o menos, de la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, y antes lo fue de la catedral, como es público y notorio; sabe y le consta es hija legítima de don José Ignacio Ortega, administrador general de la real renta de aguardiente de esta capital, y de doña Petrona Mesa (ya difunta); sabe que el tiempo que ha a la referida conoce de esta ciudad, mucho ni poco tiempo ha salido; sabe y le consta se halla libre y soltera, sin impedimento (y que jamás ha salido del lado de sus padres) para contraer el matrimonio que pretende con el referido don Antonio Nariño; y que lo que lleva dicho y declarado es la verdad, en fuerza del juramento que tiene prestado, en el que se afirmó y ratificó. Siéndole leída esta su declaración, dijo estar conforme y que no le tocan las generales de la ley; que es de edad de 25 años, y lo firmó, de que doy fe.

Doctor Andrés de Otero.

   Ante mí,

Marcelino Egea,
notario.

   Santafé y marzo 17 de 1785

   Vista esta información: apruébase cuanto ha lugar en derecho y en su virtud despáchense los mandamientos en la forma ordinaria, para que su propio párroco los amoneste en tres días festivos, como dispone el santo concilio de Trento; y no resultando impedimento canónico, ni de las que igualmente se correrán en la santa iglesia catedral y en la parroquial de [Nuestra] Señora Santa Bárbara, los case y vele en tiempo debido. Lo decretó y firmó el señor provisor gobernador del arzobispado. Doy fe.

Doctor Mazústegui.


15
CARTA DOTAL DE MAGDALENA ORTEGA

DETALLE DE LOS BIENES QUE JOSE IGNACIO ORTEGA ENTREGA A ANTONIO NARIÑO COMO DOTE DE SU HIJA MAGDALENA ORTEGA. Santafé, 22 de marzo de 1785.

José Ignacio Ortega.
Antonio Nariño.

Carta dotal de $2.113

   En el nombre de Dios Nuestro Señor Todopoderoso, amén. Sea notorio cómo yo, don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad, hijo legítimo de don Vicente Nariño, contador mayor que fue en el tribunal mayor y real audiencia de cuentas de las de este reino, ya difunto, y de doña Catalina Alvarez, digo: Que por cuanto a mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor tengo celebrado contraer el santo matrimonio según orden de nuestra santa madre Iglesia con doña Magdalena de Ortega, vecina de esta ciudad, hija legítima de don José Ignacio de Ortega y de doña Petrona de Mesa, ésta difunta, para en parte de las cargas de tal matrimonio se me han entregado por el citado su padre todos los bienes que constan en el apunte y razón que para este fin y efecto se han justipreciado por personas de inteligencia y constan del citado apunte, que su tenor dice así:

   Apunte y razón de los bienes que yo don Ignacio de Ortega, vecino de esta ciudad, doy y entrego a don Antonio Nariño, quien tiene celebrado contraer matrimonio con mi hija legítima doña Magdalena de Ortega y Mesa, mediante el favor de Dios, para ayuda de las cargas del matrimonio y que en todo tiempo tenga el privilegio que por derecho corresponde y es debido a la dote, y que su monto de ellos se tenga desde ahora para siempre por tal, y yo el dicho don Antonio firmo la referida entrega y confieso haber sido apreciados todos los efectos que aquí se expresarán por personas de inteligencia y conciencia, y son en la forma siguiente:

Primeramente, un aderezo de diamantes en $340............................................ $ 340
Item, unos zarcillos de perlas, en $20......................................................... $ 20
Item, otros de amatistas, en $16 ................................................................ $ 16
Item, otros de piedras, en siete pesos ........................................................ $ 7
Item, otros de piedras y perlas, en ocho pesos ............................................ $ 8
Item, dos polisones de piedras finas, en ocho pesos ..................................... $ 8
Item, unas manillas de perlas en $90 .......................................................... $ 90
Item, otras de cuentas de oro y mermelletas, en $50 ..................................... $ 50
Item, un hilo de perlas, en ocho pesos ........................................................ $ 8
Item, otro de perlas y granates, en ocho pesos ............................................ $ 8
Item, un lazo de esmeraldas y zarcillos, en $90 ........................................... $ 90
Item, una sortija de esmeraldas, en $20 ...................................................... $ 20
Item, dos pulseras de piedras, en cinco pesos .............................................. $ 5
Item, dos rosarios con cruces y patena de oro, en seis pesos.......................... $ 6
Item, otro de oro con dieciséis castellanos a veinte reales, $40 ................... $ 40
Item, un cautivo de oro, en tres pesos ........................................................ $ 3
Item, unos botones de oro, en cinco pesos ................................................... $ 5
Item, unas hebillas de plata y oro, en $25................................................... $ 25
Item, dos abanicos, en seis pesos .............................................................. $ 6
Item, por unas tijeras con ojos y vaina de plata, tres pesos.......................... $ 3
Item, una papelera con guarnición de plata, en $50........................................ $ 50
Item, dos baulitos pastusos, en ocho pesos................................................... $ 8
Item, una caja, en seis pesos...................................................................... $ 6
Item, un baúl, en seis pesos....................................................................... $ 6
Item, dos láminas de señor San José y San Joaquín, $50................................... $ 50
Item, un cuadro grande de San Juan, en $40................................................... $ 40
Item, otro de Santa Teresa, en $30.............................................................. $ 30
Item, una canastica de charon, en cinco pesos............................................... $ 5
Item, unos zarcillos de piedras, en siete pesos............................................ $ 7
Item, por cuarenta y ocho marcos, dos onzas, a plata labrada, a diez pesos $480 $ 480
Item, un salterio, en $25........................................................................... $ 25
Item, media docena de pozuelos de China, en seis pesos................................... $ 6
Item, media docena de platicos de cristal, en $12 ........................................ $ 12
Item, seis camisas de tibe y encajes de Flandes, a $14 cada una, importan $84.. $ 84
Item, por seis naguas, a cinco pesos cuatro reales, importan $33..................... $ 33
Item, por dos pañuelos de holán Batista, con encajes de Flandes, en $12........... $ 12
Item, por cuatro delantales de holán, a seis pesos ....................................... $ 24
Item, por tres pares de sábanas a trece pesos, importan $39............................ $ 39
Item, por cuatro pañuelos de holán a tres pesos, cuatro reales....................... $ 3 - 4
Item, por cuatro sobrefundas de almohadas de Bretaña con encajes, en seis pesos .... .....
Item, tres pares de medias de seda, en $12................................................... $ 12
Item, por tres pañuelos de narices, en cuatro pesos, cuatro reales................. $ 4 - 4
Item, por un sombrero, en $18...................................................................... $ 18
Item, por una mantellina, en seis pesos........................................................ $ 6
Item, por un vestido de terciopelo, en $78................................................... $ 78
Item, por una saya de terciopelo, en $54...................................................... $ 54
Item, por un traje de tapiz, en $30............................................................... $ 30
Item, por un traje de zaraza tina, $35......................................................... $ 35
Item, por unas naguas de espumillón, en $13.................................................. $ 13
Item, por un colchón y almohadas, en $26....................................................... $ 26
Item, por cuatro jubones de zaraza fina, en $24............................................ $ 24
Item, dos paños de manos finos, en $12.......................................................... $ 12
Item, por una colcha de zaraza, en $20.......................................................... $ 20
Item, por una bata, en $150.......................................................................... $ 150
Item, unos vuelos, en seis pesos.................................................................... $ 6

   Suman y montan las partidas antecedentes $2.113, los cuales bienes entrego yo, dicho don Ignacio, al nominado don Antonio Nariño y a mi hija doña Magdalena, para que como bienes dotales pertenecientes a ella gocen de aquel derecho que por privilegio les es permitido. Y lo firmamos en Santafé en 22 de marzo de 1785.

José Ignacio Ortega.
Magdalena Ortega.
Antonio Nariño.

   En la ciudad de Santafé, a 17 de diciembre de 1788 años, ante mí, el escribano de su majestad, público, del número y testigos que se nominarán, pareció presente don Antonio Nariño, marido y conjunta persona de doña Magdalena Ortega, a quien doy fe conozco, y dijo: que por cuanto en 22 de marzo del año de 85 otorgó instrumento dotal en favor de la dicha, que es el que antecede, importando los bienes de ella $2.113, después de haber otorgado la referida carta de dote, ha recibido de mano de don Ignacio Ortega, a los cuatro meses de su otorgamiento, la cantidad de $587, más en dinero efectivo, usual y corriente a toda su satisfacción, que por no estar ahora de presente la entrega, renuncia la excepción y ley de la non numerata pecunia, prueba y entrega del recibo, por lo que otorga el necesario en favor de la dicha esposa, para que, unida esta cantidad con la de la carta dotal, goce de aquel privilegio que por derecho le corresponda. En cuyo testimonio así lo dijeron, otorgaron y firmaron dicho don Antonio Nariño y don Ignacio Ortega, siendo testigos don Ignacio Melo, don Jerónimo Porras y Nicolás Llanos, vecinos. Doy fe.

Antonio Nariño.
José Ignacio Ortega.

Ante mí,

Joaquín Sánchez,
escribano real, público, del ayuntamiento.

   Los que suman y montan la cantidad de dos mil ciento trece pesos que yo, confieso haber recibido realmente y con efecto a toda mi satisfacción, en presencia del presente escribano de que yo el escribano doy fe, haberse hecho la dicha entrega y recibo por ante mí y los testigos de este instrumento, y en virtud de él otorgo que me obligo en toda forma de derecho a tenerlos, conservarlos y aumentarlos entre mis bienes por dote y caudal de la dicha doña Magdalena, mi esposa que ha de ser, y que no los disiparé en manera alguna ni los hipotecaré ni obligaré a ninguna deuda, crímenes ni excesos que tuviere. Y si —lo que Dios Nuestro Señor no quiera ni permita— nuestro matrimonio sea disuelto o separado por cualquiera de alguno de los motivos prevenidos en derecho, luego que tal suceda, entregaré a la dicha doña María Magdalena Ortega los dichos $2.113 o a quien por ella fuere parte legítima en los propios bienes y efectos y alhajas en que los he recibido, y lo que faltare a su cumplimiento, en moneda acuñada usual y corriente, sin embargo de la ley real que dispone que la dote y bienes muebles se retengan un año, porque este beneficio lo renuncio para no aprovecharme de él en manera alguna por haberlos de entregar llanamente y sin pleito alguno con costas de la cobranza. A cuya paga y cumplimiento me obligo con mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las justicias de su majestad de la parte y lugar que sean para que a ello me compelan, obliguen y apremien por todo rigor de derecho y vía ejecutiva y como por sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada y dada a entrega, y renuncio mi propio fuero, domicilio y vecindad y la ley sit convenerit de jurisdictione omniam judicium y última pragmática de sumisiones con todas las demás leyes, fueros, derechos y privilegios de mi favor y la regla general del derecho que prohibe la general renunciación de leyes. Y los otorgantes, a quien yo el escribano de su majestad doy fe que conozco, así lo dijeron, otorgan y firman, siendo testigos don Antonio Ortiz, Antonio Mariano Lozano y Antonio Serrano. Que es fecha en la ciudad de Santafé, a 22 de marzo de 1785 años, de todo lo cual doy fe.

José Ignacio Ortega.
Antonio Nariño.

   Ante mí,

Joaquín Sánchez,
escribano de su majestad.

   Derechos: 272 maravedís.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección 4a. Notaría Tercera, Protocolo del año 1785, t. 1, N° 169, folios 127 vuelto - 130 recto.

16
PARTIDA DE MATRIMONIO DE ANTONIO NARIÑO CON MAGDALENA ORTEGA

   En 27 de marzo de 1785, el ilustrísimo señor doctor don José de Isabella, con mi licencia asistió el matrimonio al señor don Antonio Nariño, feligrés de la parroquia de Santa Bárbara, y doña María Magdalena de Ortega, habiéndose corrido las proclamas en la catedral y en Santa Bárbara y en esta iglesia, de las que no resultó impedimento alguno. El primero, don Antonio, hijo legítimo de don Vicente de Nariño, ya difunto, contador mayor, y de doña Catalina Alvarez, feligresa de la parroquia de Santa Bárbara, y la doña María Magdalena Ortega, hija legítima de don José Ignacio de Ortega, administrador de la renta de aguardiente, y de doña Petrona de Mesa, ya difunta. Fueron testigos el señor don José Ignacio Ortega, el doctor Manuel del Castillo y don Ignacio Santamaría. Cinco enmendado, vale.

Diego Díaz de Arcaya
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Santafé, 27 de marzo de 1785. Parroquia de Las Nieves, Bogotá. Libro segundo de casamientos, folio 73 vuelto.

17
INFORMACION DE NOBLEZA DE LOS HIJOS DE MANUEL BERNARDO ALVAREZ Y MARIA JOSEFA DEL CASAL Y FREYRIA

INFORMACION QUE DA CUENTA DEL MATRIMONIO DE CATALINA ALVAREZ CON VICENTE NARIÑO Y DE LOS EMPLEOS OFICIALES QUE ESTE DESEMPEÑO. Santafé, 17 de julio de 1785.

Rita Alvarez.

   Señor alcalde ordinario:

   Doña Rita Alvarez del Casal, natural de esta capital de Santafé y mujer legítima del señor don Francisco Robledo, oidor nombrado para la real audiencia de la ciudad de Guatemala, en la vía y forma que más haya lugar parezco y digo: que me hallo próxima a emprender mi viaje en seguimiento de mi marido, y conviniendo para ello a mi dicho, que con citación del procurador general de este ilustre cabildo se actúe mi información para agregar a los instrumentos de mi calidad y descendencia; se ha de servir usted mandar que a continuación de éste y su judicial decreto, se me reciba dicha información y que los testigos que presentare sean examinados al tenor del interrogatorio siguiente:

   Primeramente digan si conocieron de vista, trato y comunicación a don Antonio del Casal y Freyria y a doña Leonor López de Rojas, mis abuelos, y si el dicho don Antonio era del Reino de Galicia, y la referida doña Leonor de las Islas Canarias, y si de allí se trasladaron a este Nuevo Reino, con el destino de venir a servir el mencionado mi abuelo el corregimiento de la provincia de Tunja.

   2° Item, digan si saben, les consta y es público y notorio que los referidos don Antonio y doña Leonor, mis abuelos, durante su matrimonio tuvieron por hijos legítimos y como tales los procrearon, al doctor don Antonio del Casal, don Cristóbal del Casal, y a las señoras doña María Josefa y doña Bárbara del Casal.

   3° Item, digan si es cierto y les consta y es público y notorio que el dicho doctor don Antonio del Casal sirvió la beca del colegio mayor y seminario del señor San Bartolomé, cursó allí las facultades mayores obteniendo en ellas los grados correspondientes de bachiller, maestro y doctor, y después fue cura de los pueblos de Capacho y Cáqueza de este arzobispado, y si el referido don Cristóbal del Casal, mi tío, ha obtenido en este ilustre cabildo los empleos de procurador general y alcalde ordinario.

   4° Item, digan si la expresada señora doña Bárbara del Casal, mi tía, casó con el señor don Juan Gil Martínez Malo, alguacil mayor que fue de esta real audiencia, y hermano legítimo del ilustrísimo señor don Nicolás Gil Martínez Malo, obispo que fue de la diócesis de Santa Marta de este Nuevo Reino de Granada y después obispo electo para el obispado del León de los reinos de España.

   5° Item, si es constante, público y notorio, que la expresada señora doña María Josefa del Casal, mi legítima madre, fue casada con el señor don Manuel de Bernardo Alvarez, fiscal que fue de esta real audiencia de Santafé, y antes de esto auditor de guerra de la provincia de Caracas, y si dicho señor es el primero que han conocido en este reino de los de su familia y el único que ha venido de España.

   6° Item, si los expresados señores don Manuel y doña María Josefa, mis legítimos padres, tuvieron y procrearon por hijos legítimos durante su matrimonio a los señores don Manuel y don Juan de Dios Alvarez, y a don José, don Ignacio y don Juan Nepomuceno, y a las señoras doña Catalina, doña Antonio Alvarez del Casal, a doña Josefa, doña Joaquina, doña Manuela, doña Angela y doña Bárbara Alvarez del Casal, hermanos enteros y legítimos míos.

   7° Item, si es constante que los referidos doctor don Manuel y don Juan de Dios Alvarez fueron colegiales del colegio real mayor y seminario del señor San Bartolomé, y si uno y otro cursaron las facultades mayores y obtuvieron los correspondientes grados, y si después el expresado doctor don Juan de Dios fue cura de la parroquia de Moniquirá, y si mi hermano don Ignacio obtiene el empleo de teniente de caballería de las milicias disciplinadas de esta ciudad, por nombramiento del excelentísimo señor virrey y aprobación de su majestad.

   8° Item, diga si el mencionado doctor, mi hermano don Manuel, es abogado de esta real audiencia, si obtuvo el empleo de contador ordenador del tribunal y real audiencia de cuentas, y en el día por nombramiento de su majestad está sirviendo el de contador de la real casa de moneda de la ciudad de Popayán, y si casó con doña Josefa Lozano, hija legítima de doña María Tadea González Manrique y de don Jorge Lozano, a quien se le tiene hecha la gracia de marqués, y si también es cierto que la expresada Tadea fue hija legítima del presidente que fue de este reino, don Francisco Manrique.

   9° Item, digan si la señora doña Catalina Alvarez del Casal, mi hermana, fue casada con el señor don Vicente Nariño, oficial real que fue de estas cajas y después contador mayor del tribunal y real audiencias de cuentas de esta capital de Santafé; y si la señora doña Antonio Alvarez del Casal es casada con el señor Benito del Casal y Montenegro, oidor de esta real audiencia y cancillería de Santafé; si doña Josefa Alvarez del Casal, mi hermana, es casada con don José López Duro, contador ordenador del tribunal de cuentas; si doña Joaquina Alvarez del Casal casó con don Manuel García Olano y doña Bárbara Alvarez con don Manuel Revilla, oficial real de estas cajas, y doña Petronila Alvarez, que ya es difunta, con don Jerónimo de Mendoza, que fue teniente de la guardia del excelentísimo señor virrey don Pedro Messía de la Zerda, y si después obtuvo el referido don Jerónimo el empleo de comandante de la provincia de Riohacha; si don José Alvarez del Casal, mi hermano, es casado con doña Flora Suescún, y si don Juan Nepomuceno se mantiene soltero, y si doña Manuela Alvarez y doña Angela Alvarez no han sido casadas sino solteras, y si yo, la expresada doña Rita, soy casada con el señor don Francisco Robledo, asesor general que fue de este virreinato y en la actualidad es oidor nombrado para la real audiencia de Guatemala, y si dcho señor es el primero que de su familia ha pasado a estos reinos, y si durante nuestro matrimonio hemos tenido y procreado por hijo legítimo a don Luis Robledo, que se halla de tierna edad.

   10° Item, digan si es cierto que todos los puntos contenidos en las preguntas antecedentes han obtenido y servido los empleos que en ellos se citan.

   11. Item, digan si a todos aquéllos se les han guardado y guardan en este reino los honores, privilegios y ascensiones que se guardan a los nobles de primera jerarquía, como a hijos-dalgos de sangre, naturales de Castilla, no precisamente por los empleos que han obtenido y obtienen, sino por su distinción, calidad y nobleza.

   12. Item, digan si a todos ellos por esta razón se les ha convidado y visto asistir a todas aquellas funciones donde se acostumbra convidar y asistir las gentes de la primera distinción, como es a las procesiones, entradas de los señores virreyes y arzobispos, y otras semejantes concurrencias que demuestran acto positivo.

   13. Item, si por la misma nobleza e hidalguía de su sangre a ninguno se le impuso nunca contribución, pecho ni derrama, de aquellos que se acostumbra poner a los pecheros y gente plebeya.

   14. Item, digan si así a los expresados don Antonio del Casal y a su mujer doña Leonor López, que fueron corregidores de Tunja, como también a los señores fiscal don Manuel de Bernardo Alvarez y la señora su mujer doña María Josefa del Casal, hija de los primeros, los tienen y han tenido por de la mayor distinción, nobleza e hidalguía, como se acredita en ver los enlaces que todos sus hijos que van referidos han contraído con las gentes de la mayor distinción, nobleza e hidalguía de estos reinos.

   15. Item, digan si es cierto que ninguna de sus descendientes ni parientes de los que han contraído con los hijos de los señores don Manuel de Bernardo Alvarez y doña María Josefa del Casal, mis padres, han casado con otros que tengan mala nota de negros, indios ni otros semejantes.

   16. Item, digan si es cierto que tampoco han contraído con gente plebeya, pecheros ni que hayan caído en casos de menor valer, ni tenido oficios por donde hayan perdido el privilegio de la nobleza, antes bien lo han conservado en su mayor lustre y estimación, ni menos han sido castigados ni penitenciados por el Santo Tribunal de la Inquisición.

   17. Item, que digan de público y notorio lo demás que supieren, dando razón de su dicho y fecha, que sea la información con citación del procurador general, que la original quede protocolizada en el protocolo del presente escribano y se me dé testimonio de ella, autorizado en pública forma y de manera que haga fe, que así es justicia la que mediante a vuestra alteza suplico se sirva proveer como solicito, etc.

   Otrosí digo: que para la dicha información se actúe con sujetos de toda autoridad y veracidad y de la mayor distinción, como son: el señor regente del tribunal y real audiencia de cuentas, don Francisco de Vergara, y el señor contador mayor del mismo tribunal, don Ignacio de Arce, que son sujetos de antiguo conocimiento y dignos de todo crédito, se ha de servir usted mandar que recibidas que sean las declaraciones de los testigos que presentaré, que con el oficio de estilo acostumbrado se les pase a dichos señores y que en la forma acostumbrada y con la solemnidad de derecho, certifiquen sobre cada uno de los particulares comprendidos en dicho interrogatorio que así es de justicia. Ut supra, etc.

Rita Alvarez.
Luis de Ovalle.

   Sobre cada uno de estos puntos, y afirmando lo que en ellos se contiene, certificaron los siguientes testigos: don Santiago Martínez Recamán, don Francisco Javier Bautista, don Juan Agustín de Ricaurte, don Nicolás de la Lastra, doctor don Javier de Moya, el contador mayor del tribunal y real audiencia de cuentas, don Ignacio de Arce, y el señor regente del mismo tribunal, don Francisco de Vergara.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4a. Notaría Primera, Protocolo del año 1785, folio 259.

18
CARTA DE ANTONIO NARIÑO A JOSE CELESTINO MUTIS

INFORMA DE SU ELECCION COMO ALCALDE DE SEGUNDO VOTO, Y ASI MISMO MENCIONA SU PROPOSITO DE ORGANIZAR EN SU CASA UNA "TERTULIA O JUNTA DE AMIGOS". TAMBIEN DA CUENTA SOBRE EL GUSANO DE SEDA Y LAS CARGAS DEL TE DE BOGOTA. 15 de enero de 1788.

Antonio Nariño.

   Señor doctor José Celestino Mutis.

   Amigo y muy señor mío:

   Aunque no puedo escribir a vuesamerced despacio como quisiera, pero no puedo menos que participarle que este cabildo me ha hecho el honor de elegirme alcalde de segundo voto, y aunque con este motivo nos ha impedido por ahora seguir nuestros pensamientos, pero puede ser adelantemos otras ideas que también sean útiles; y por lo que respecta a lo de México, en el correo que viene le diré a vuesamerced de los sujetos que tengo pensados, y que lo desempeñarán con honor, pues tengo otros motivos que me impiden el irme, contra mi genio, pero no lo puedo remediar. No obstante, no me desentiendo sobre el particular, pues si se verifica yo quedaré con el encargo de la siembra de los Nopales, y si el señor virrey, como me parece piensa en que este reino se adelante, hay mucho, como vuesamerced sabe, en qué ocuparse; se me ha entorpecido con la ocupación de la vara, el pensamiento que tenía de tener en casa una especie de tertulia o junta de amigos de genio que fuésemos adelantando algunas ideas, que con el tiempo pudiera ser de alguna utilidad, pero veremos en adelante.

   El tiempo no me da lugar a detenerme; incluyo esta madejita de la seda que han hilado los gusanos que, aunque de mal color, es porque he cuidado más de los gusanos que de la seda. No me olvido de su encargo de la uvilla, que por no haber llegado a tiempo no ha ido.

   Con motivo de tener un sujeto licencia de vuesamerced para que remitiese el Bogotá que quisiera, no quise molestar a vuesamerced sobre el particular sino que lo remitía en compañía, pero ahora me ha mandado suspender, y se me han quedado enfardeladas y a tiro de cargar 48 cargas del Bogotá de Chinga, bien limpio y bueno; si vuesamerced no tuviese inconveniente en permitirme las ramitas me hará gran favor, aunque no me dé de pronto el dinero.

   Vuesamerced vea en qué puedo yo servirle y mándeme, seguro de que para mí es mucha satisfacción y complacencia, ínterin ruego a Dios guarde su importante vida muchos años.

   Su seguro servidor y amigo,

Antonio Nariño.

   Somos, 15 de enero de 1788.


19
TESTAMENTO DE CATALINA ALVAREZ DEL CASAL

TESTAMENTO DE LA MADRE DE ANTONIO NARIÑO, DONDE CONSTA LO QUE TESTO EN SU FAVOR Y EN EL DE SUS OTROS HIJOS. Santafé, 22 de enero y 19 de mayo de 1788.

Catalina Alvarez.

Testamento.

   In Dei nomine, amén. Sepan cuantos esta carta de testamento, última y postrimera voluntad vieren, cómo yo, doña Catalina Alvarez del Casal, vecina de esta ciudad de Santafé, hija legítima de los señores licenciado don Manuel Bernardo Alvarez, fiscal que fue de esta real audiencia, y de doña Josefa del Casal, ambos ya difuntos; hallándome enferma en cama, de enfermedad natural que Dios Nuestro Señor ha sido servido de darme, pero en mi sano y entero juicio y entendimiento natural, creyendo, como firmemente creo, en el altísimo misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todo lo demás que tiene, cree y confiesa nuestra santa madre Iglesia católica, apostólica romana, en cuya fe he vivido y protesto vivir y morir con la divina gracia, tomando por mi intercesora y abogada a la siempre Virgen María, Madre de Dios y Señora nuestra, el santo de mi nombre, ángel de mi guarda y todos los demás santos de la corte celestial para que intercediendo con su Divina Majestad se digne de perdonarme mis culpas y pecados, y temiéndome de la muerte, cosa natural y cierta a todo viviente, deseando salvar mi alma para mayor honra y gloria de Dios y que mis cosas queden bien dispuestas y ordenadas para la paz, quietud y sosiego de mis herederos, hago y ordeno este mi testamento en la forma y manera siguiente:

   1a Primeramente mando y encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que la crió y redimió con el infinito precio de su santísima sangre en el árbol de la verdadera cruz, y suplico a su Divina Majestad la lleve a su santísima gloria para donde fue criada, y el cuerpo a la tierra de que fue formado.

   2a Item, mando que cuando la voluntad de Dios Nuestro Señor fuere servido llevarme de esta presente vida a la eterna, mi cuerpo sea amortajado con el hábito que fuere voluntad de mis albaceas y sepultado en la iglesia y lugar que fuere de la misma voluntad, pagándose mi entierro y demás exequias; se pagará de mis bienes, lo que declaro para que conste.

   3a Item, mando se dé a la santa casa de Jerusalén y demás mandas forzosas a dos reales a cada una, todo por una vez y no más, lo que aparto de mis bienes.

   4a Item, declaro que no me acuerdo deber a persona alguna poca ni mucha cantidad, y si alguien demandare contra mis bienes alguna cosa, hasta un peso, se le pagará con su simple juramento, y siendo más, que justifique su acción, y probada, mando que lo que así fuere se le pague de mis bienes, lo que así declaro para que conste.

   5a Item, declaro que he tenido cuentas con mis dos hijos, don José y don Antonio, mando que se liquiden, y si resultase de ellas deberles, se les pagará lo que así fuere de mis bienes, lo que así declaro para que conste.

   6a Item, declaro que fui casada y velada según orden de nuestra santa madre Iglesia con el señor don Vicente Nariño, oficial real y contador mayor del tribunal y real audiencia de cuentas, y que en el tiempo de nuestro matrimonio tuvimos y procreamos por nuestros legítimos hijos, a don Juan, don Antonio, don Joaquín, doña Dolores y doña Benita, que hoy se hallan vivos; don Manuel, don Cayetano, don Ignacio, don Mariano, doña Mariana, otra doña Mariana y don Francisco de Paula Alvarez que fallecieron en su menor edad, lo que declaro para que conste.

   7a Item, declaro que el poco caudal que quedó y bienes del dicho marido, junto con lo que me han sufragado anualmente por razón del montepío, se ha convertido en mi manutención, la de dichos mis hijos y demás que ha sido necesario, lo que así declaro para que conste.

   8a Item, declaro por bienes míos todos los que se hallan en esta casa de mi morada, de los que son bien sabedores todos mis referidos hijos, lo que así declaro para que conste.

   9a Item, declaro que a mi hijo don José le he dado por razón de legítima en dinero y alhajas, $2.107, 7 reales; a don Antonio $1.000 en plata y un aderezo de diamantes en otros $1.000, que ambas partidas hacen 2.000; a don Juan, $3.000, poco más o menos, en dinero, y varios efectos de Castilla y de la tierra para que emplease en la provincia de Antioquia, los $2.000 de cuenta de su legítima, y el resto a partir de ganancias; mando se liquide la cuenta y, sacados los $2.000, el sobrante se agregue a mis bienes, y si hubiere habido ganancias se dividan por iguales partes, y lo mismo si hubiese pérdidas para que sean de cargo de uno y otro; a don Joaquín, doña María de los Dolores y doña Benita, no les he dado cosa alguna hasta lo presente, lo que así declaro para que conste.

   10a Item, declaro que mi hijo don José me tiene $3.000 que le di en dinero, mi hijo don Antonio $2.500 que le di en la misma forma, y don Cristóbal González, de Frade $500, dimanados de la venta de la hacienda llamada El Salitre, cuyas tres partidas componen la cantidad de $6.000, que son y pertenecen a don Joaquín, doña María de los Dolores y doña Benita, a cada uno $2.000, y en caso de fallecer, el producto de sus réditos será para los dichos, su manutención y vestuario.

   11a Item, declaro fui albacea del citado mi marido y tengo cumplido en todo y por todo con el tenor del testamento, sus mandas y legados, y antes bien, pagué a don Mateo Molinos cierta deuda de pesos que en dicho testamento no constaba, lo que así declaro para el descargo de mi conciencia.

   12a Y para cumplir y pagar este mi testamento, mandas, legados y lo en él contenido, nombro por mis albaceas testamentarios, fideicomisarios y tenedores de bienes a mis dos hijos, don José y don Antonio para que, entrando en ellos como por bien tuvieren, cumplan y paguen en todo y por todo las mandas y legados de este mi testamento, aunque sea pasado el año y día que el derecho previene a los tales albaceas, que por el más tiempo que necesitaren, desde luego se lo subrogo y otorgo sobre que les encargo las conciencias, y lo que obraren valgan como si yo lo otorgase.

   13a Y cumplido y pagado este mi testamento según va ordenado, en el remanente de mis bienes, derechos, acciones y futuras posesiones instituyo y nombro por mis legítimos, únicos y universales herederos a los dichos don José, don Juan, don Antonio, don Joaquín, doña María Dolores y doña Benita Nariño y Alvarez, mis legítimos hijos y del citado don Vicente Nariño, para que lo que así fuese lo dividan por iguales partes entre los dichos, trayendo a cúmulo lo que cada uno ha recibido, para que de este modo queden enteramente igualados, sin que uno lleve más ni otro menos; y solo sí, siendo mi ánimo el gratificar por razón de mejoras de tercio y quinto a las dos niñas, doña Dolores y doña Benita, se les dará, a más de lo que les tocare de legítima, a cada una un rosario de oro engarzado, a la una un aderezo de diamantes y a la otra el de esmeraldas, para [que] lo que así le tocase a cada uno lo goce con la bendición de Dios y la mía.

   14a Y por cuanto don Joaquín, doña María Dolores y doña Benita se hallan en la menor edad, les nombro por su tutor y curador a don José Nariño, su hermano, a quien le suplico y encargo las cuide y mire como a sus propias hermanas del mismo modo que hasta lo presente; y si por algún motivo no aceptase dicha tutoría el dicho don José, nombro por tal en la misma forma al referido don Antonio Nariño, lo que así declaro y mando para el descargo de mi conciencia.

   15a Item, declaro ha algunos años que por devoción he cuidado de la capilla e imagen de Nuestra Señora de Belén, a quien he dado uno u otro vestido y hecho en su obsequio, una y otra cosa de mejora, le suplico a los dichos mis hijos por amor de Dios sigan con dicha devoción, que Nuestra Señora les recompensará su servicio y asistencia, y si por alguna causa no pudieren verificarlo, entregarán a su capellán lo que se halla en mi poder perteneciente a dicha imagen y ermita, expresando no ser de mi cargo cosa alguna, lo que así declaro para que conste.

   Y por el presente revoco y anulo, doy por nulos, de ningún valor ni efecto otros cualesquiera testamentos, codicilos, poderes, mandas o legados que antes de éste haya hecho u otorgado por escrito, de palabra o en otra forma, que quiero no valgan ni hagan fe en manera alguna, y sólo se esté a éste que al presente otorgo por ante Pedro Joaquín Maldonado, escribano de su majestad, que quiero se guarde, cumpla y ejecute en todo y por todo en mi testamento, codicilo, última y final voluntad por la vía y forma que más haya lugar en derecho. Y la dicha señora otorgante, a quien yo el escribano doy fe que conozco, al parecer se halla en su entero y sano juicio y entendimiento natural, según las razones formales con que se explica. En cuyo testimonio así lo dijo, otorgó y firma, siendo testigos don Francisco Javier de Silva, don Lorenzo de los Ríos y Juan Tomás López, vecinos de esta ciudad de Santafé donde es fecho, a 22 de enero de 1788 años.

Catalina Alvarez.

   Pasó ante mí,

Pedro Joaquín Maldonado.

   Derechos: 170 maravedís foja.
   (rúbrica de Maldonado).

Codicilo.

   En la ciudad de Santafé, a 19 de mayo de 1788, ante mí, el escribano real y testigos que se nominarán, pareció presente la señora doña Catalina Alvarez del Casal, vecina de esta ciudad y viuda del señor contador mayor don Vicente Nariño, a la que doy fe conozco, y dijo: que el día 22 de enero del corriente año otorgó por ante mí el presente escribano y en registro de instrumentos públicos su testamento nuncupativo con todas las cláusulas del derecho necesarias, y porque en el tiempo que ha mediado hasta este día ha recorrido mejor su memoria y ha consultado el descargo de su conciencia con personas prácticas de toda satisfacción, para mejorar asegurarse ha deliberado que el haber en la cláusula decimatercia de su testamento mejorado en tercio y quinto a sus dos hijas, doña Dolores y doña Benita, mandando que a más de lo que les toca de su legítima, se les diese, a la una un rosario de oro engastado y un aderezo de diamantes, y a la otra otro aderezo de esmeraldas y otro rosario de oro engastado; y que para evitar todo escrúpulo y asegurar mejor su salvación, quiere y es su voluntad que trayéndose a cúmulo lo que a cada uno de sus hijos tiene dado por razón de legítima y los bienes que al presente existen, pagándose lo que adeuda, según tiene comunicado a sus albaceas, sacándose el importe de su entierro y exequias, el sobrante se divida por iguales partes entre sus herederos, con sólo el aditamento de que se les prefiera a las dichas dos sus hijas, doña Dolores y doña Benita, en darles a aquella alhajas o bienes que ellas eligiesen por su legítimo avalúo, y para que en todo tiempo conste, así lo declara y, siendo necesario, lo otorga en forma de codicilo o en la vía y forma que más haya lugar en derecho, y en lo que es conforme este codicilo a dicho testamento lo aprueba y ratifica, y en lo que es contrario lo revoca y anula. En cuyo testimonio así lo dijo, otorgó y firma, siendo testigos el muy reverendo padre fray Raimundo Acero, de la orden seráfica, don Ignacio Ortega y Fermín Lugo, vecinos.

Doña Catalina Alvarez del Casal.

   Pasó ante mí,

Pedro Joaquín Maldonado.

   Derechos: 170 maravedís foja.
   (hay una rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4a. Notaría Tercera, Protocolo del año 1788, N° 276, folios 25 recto 26 - 26 vuelto y 220.

20
ANTONIO NARIÑO SOLICITA EL AVALUO DE SU CASA

CASA DE SU PROPIEDAD UBICADA EN LA PLAZUELA DE SAN FRANCISCO, EN EL BARRIO DE LAS NIEVES. Santafé, 6 de noviembre de 1788.

Antonio Nariño.

   Señor alcalde ordinario:

   Don Antonio Nariño, vecino y del comercio de esta ciudad, ante usted conforme a derecho, digo: que a mi derecho conviene se avalúe una casa mía propia que tengo y poseo en el barrio de Nuestra Señora de las Nieves, en la plazuela de San Francisco; y para que se efectúe dicho avalúo suplico a usted se sirva mandar que los maestros mayores de albañilería, carpintería y herrería pasen a dicha casa, la reconozcan y avalúen en debida forma, y que hecho se me devuelva todo original en justicia, por la cual a usted suplico provea como solicito, etc.

   Otrosí: igualmente se ha de servir usted mandar que los escribanos de esta ciudad, con reconocimiento de sus respectivos protocolos, certifiquen si dicha tiene otros gravámenes que el de $2.005 en favor de una capellanía de Nuestra Señora de Monserrate, de que es capellán el doctor don Andrés Rosillo, y que hecho igualmente se me devuelva en justicia. Ut supra.

Antonio Nariño.
José Antonio Maldonado.

   En lo principal y otrosí, como lo pide, aceptando y jurando los maestros nombrados y se comete.

Domínguez.

   Proveyóse por el señor doctor don Gregorio Domínguez, capitán de milicias y caballería y alcalde ordinario de primer voto en Santafé, a 5 de noviembre de 1788.

Sánchez.

   En Santafé, a 6 de noviembre de 1788, yo, el escribano o receptor, le hice saber el decreto de arriba al maestro mayor de carpintería José Antonio Suárez, quien aceptó bajo juramento, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, y prometió cumplir fiel y verdaderamente con su obligación según su leal saber y entender, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

Suárez.
José Ignacio Ortiz.

   En el mismo día, mes y año, le hice saber el mismo decreto al maestro mayor de artesanos Alonso Morales, a quien le tomé juramento conforme a derecho, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, y prometió cumplir con su obligación fiel y verdaderamente según su oficio y su leal saber y entender, y lo aceptó y firmó por ante mí, de que doy fe.

Alonso Morales.
José Ignacio Ortiz.

   Incontinenti le hice saber el mismo decreto al maestro mayor de herrería Baltasar Manzanares, quien aceptó y le tomé su juramento conforme a derecho, que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, bajo el cual prometió cumplir con su obligación fiel y verdaderamente según su leal saber y entender, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

Manzanares.
José Ignacio Ortiz.

Avalúo del herrero

   En la ciudad de Santafé, a 11 días del mes de noviembre de 1788 años, yo, el escribano de su majestad, público, del número, en conformidad de lo man[da]do, pasé con Baltasar Manzanares, maestro mayor de herrería, a la casa de don Antonio Nariño, sita en la plazuela de San Francisco, y por lo perteneciente a su oficio dicho maestro dijo que, según su leal saber y entender, la avaluaba en la cantidad de $262, 7½ reales, y que con efecto era su justo valor y precio, en fuerza del juramento que hecho tiene, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

Baltasar Manzanares.

Ante mí,

Joaquín Sánchez.

Avalúo del carpintero

   Incontinenti, estando en dicha casa con José Antonio Suárez, maestro mayor de carpintería, avaluó lo perteneciente a su oficio, y dijo que lo apreciaba, según su leal saber y entender y en fuerza del juramento hecho, en la cantidad de $2.380, para lo que midió sus tramos, así altos como bajos, puertas y ventanas, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

José Antonio Suárez.

Ante mí,

Joaquín Sánchez.

Avalúo del albañil

   En dicho día por ante mí, el presente escribano, Alonso Morales, maestro mayor de albañilería, habiendo medido la casa ya referida, su frente y fondo y su edificación, y que por lo respectivo a esto, dijo: que según su leal saber y entender y en fuerza del juramento que hecho tiene, lo apreciaba en la cantidad de $7.100, poco más o menos, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

Alonso Morales.

Ante mí,

Joaquín Sánchez.

   Yo, José Rodríguez Molano, escribano de su majestad, en virtud de lo mandado, certifico: que en los registros de mi cargo no se halla gravada la casa que se refiere. Santafé y noviembre 12 de 1788.

José Rodríguez Molano,
escribano de su majestad.

   Don José Mariano Sánchez, escribano público numerario de los de esta ciudad, certifico: que en mi registro de instrumentos y contratos públicos no está otorgado ninguno en que esté gravada ni hipotecada la casa que se menciona. Santafé, noviembre 12 de 1788 años.

José Mariano Sánchez,
escribano público del número.

   Yo, Remigio Antonio Valiente, escribano de su majestad, certifico: que en mi registro de instrumentos no se ha otorgado ninguno en que se agrave ni hipoteque la casa que se expresa. Santafé, noviembre 12 de 1788.

Remigio Antonio Valiente.

   Yo, Joaquín Sánchez, escribano de su majestad, certifico: que en mi registro corriente de instrumentos públicos que ante mí pasan y se otorgan en este presente año, consta desde la foja 210 vuelta hasta la 222, que don José Antonio Ugarte, vecino de esta ciudad, vendió a don Antonio Nariño una casa de tapia y teja baja, en la parroquial de Nuestra Señora de las Nieves y plazuela de San Francisco, en cantidad de $7.500, sobre la cual está obligado a reconocer $2.005 de una capellanía del doctor don Andrés Rosillo, como consta del testamento dado en la curia por el notario mayor, y se halla a fojas 41 de los autos que se agitaron sobre el permiso y licencia que se concedió para la expresada venta por la justicia ordinaria y vistas del padre general de menores, cuya escritura hasta ahora no se ha verificado por dicho don Antonio, y me remito a dicho instrumento. Y para que conste pongo la presente en Santafé, a 12 de noviembre de 1788.

Joaquín Sánchez.

   El infrascrito escribano real certifico, para que conste, cómo por ante mí no ha otorgado don Antonio Nariño instrumento alguno que como principal y fiador haya hipotecado la casa que refiere en su pedimiento; y para que conste, en virtud de lo mandado pongo la presente en Santafé a 13 de noviembre de 1788 años.

Pedro Joaquín Maldonado.

   En mi registro como escribano real actual no se halla hipotecada, pignorada ni enajenada la finca que se expresa, y en cumplimiento de lo mandado doy ésta en el día, mes y año que el anterior certificante.

Manuel de Aranzazugoitia.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4a. Notaría Segunda, Protocolo del año 1789, N° 176, folios 960 recto - 963 recto.

21
CERTIFICACION DE PROPIEDAD DE UNA CASA DE ANTONIO NARIÑO

EL ESCRIBANO HACE CONSTAR QUE ANTONIO NARIÑO COMPRO UNA CASA A ANTONIO UGARTE, UBICADA EN LA PLAZUELA DE SAN FRANCISCO, EN EL BARRIO DE LAS NIEVES1. Santafé, 12 de noviembre de 1788.

Joaquín Sánchez,
escribano.

   Plazuela de San Francisco, N° 14. Casa de Nariño.

   Yo, Joaquín Sánchez, escribano de su majestad, certifico: que en mi registro corriente de instrumentos públicos que ante mí pasan y se otorgan en este presente año, consta desde la foja 210 vuelta, hasta la 222: Que don José Antonio Ugarte, vecino de esta ciudad, vendió a don Antonio Nariño una casa de tapia y teja, baja, en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves y plazuela de San Francisco, en cantidad de $7.500, sobre la cual está obligado a reconocer $2.500 de una capellanía del doctor Andrés Rosillo, como consta del testimonio dado en la curia por el notario mayor, y se halla a fojas 41 de los autos que se agitaron sobre el permiso y licencia que concedió para la expresada venta por la justicia ordinaria y vistas del padre general de menores, cuya escritura hasta ahora no se ha verificado por dicho don Antonio, y me remito a dicho instrumento. Y para que conste pongo la presente en Santafé, a 12 de noviembre de 1788.

Joaquín Sánchez.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Sección de Libros Raros y Curiosos, Sala de Seguridad, manuscrito N° 330, folios 137-138 vuelto.

NOTA
1   Es copia auténtica, expedida y rubricada por el escribano Franqui.

22
PETICION DE ANTONIO NARIÑO COMO ALCALDE DE SANTAFE DE BOGOTA

ANTONIO NARIÑO Y JOSE MARIA LOZANO, ALCALDES ORDINARIOS DE SANTAFE DE BOGOTA, SOLICITAN AL CABILDO CONTRIBUCION ECONOMICA PARA SUFRAGAR LOS GASTOS POR EL RECIBIMIENTO DEL VIRREY EZPELETA. Santafé, 22 de junio de 1789.

José María Lozano,
alcalde.
Antonio Nariño,
alcalde.

   En la ciudad de Santafé, a 22 de junio de 1789, se juntaron los señores muy ilustre cabildo, en su sala de ayuntamiento, como lo han de uso y costumbre, a tratar y conferir los negocios pertenecientes al bien público [y] se despachó lo que ocurrió: en este estado, dijeron los señores alcaldes ordinarios que habiéndose adquirido noticia pública de hallarse el excelentísimo señor don José Ezpeleta nuevamente nombrado para virrey de este reino en la ciudad de Cartagena y próximo a subir a esta capital, se hallaban en el caso del nuevo recibimiento; y que habiendo, en el precedente desempeño de su obligación, gastado no sólo las cantidades asignadas por este cabildo, para ayudar de costa, sino otras muchas de su propio peculio, parecía era llegado [el momento] asimismo de que el cabildo contribuyese con todo el gasto que ofrezca el insinuado nuevo recibimiento, por no ser sus facultades en el día capaces de sufrir nuevos, asegurando que si pudieran hicieran lo mismo que la vez pasada. En cuya consecuencia acordó este cabildo se consultase al superior gobierno, con testimonio de esta acta, con lo que se concluyó y los señores lo firmaron.

   Doy fe.

José María Lozano, Antonio Nariño.
José María Lozano, Francisco Zapata,
Pedro de Ugarte, Joaquín Bernal,
Justo Castro, Pedro Romero Sarachaga,
Francisco Tobar y Buendía, Juan Salvador Rodríguez de Lago.

   Ante mí,

José Angel Marzan.

   Concuerda con el acta original a que me remito, y de orden del muy ilustre cabildo pongo y firmo el presente en Santafé a 22 días del mes de julio de 1789 años.

José Angel Marzan,
secretario del cabildo.

   Excelentísimo señor:

   Por testimonio que recientemente pasó este cabildo a vuestra excelencia, vendrá su superior integridad en inteligencia de lo que exponen los alcaldes ordinarios, que ha tenido por conveniente consultar a vuestra excelencia para la superior resolución.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala capitular de Santafé y junio 22 de 1789.

   Excelentísimo señor.

José María Lozano, Francisco Zapata.
Pedro de Ugarte, Joaquín Bernal.
Justo Castro, Pedro Romero Sarachaga.
Francisco Tobar y Buendía, Juan Salvador Rodríguez de Lago.

   En la ciudad de Santafé, a 6 de julio de 1789, yo, el escribano receptor, pasé a la sala capitular del ilustre cabildo y, captada la venia de estilo, noticié a su señoría lo determinado en la junta general de tribunales, y los señores que se hallaron presentes la rubrican por ante mí, de que doy fe.

   (Hay ocho rúbricas)

Cortés.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 81, folios 833-834 y 836.

23
PETICION DE ANTONIO NARIÑO COMO ALCALDE DE SANTAFE DE BOGOTA

PETICION DE ANTONIO NARIÑO Y JOSE MARIA LOZANO, ALCALDES ORDINARIOS DE SANTAFE DE BOGOTA, PARA QUE SE LES AUMENTE LOS FONDOS PARA PODER SUFRAGAR LOS GASTOS POR EL RECIBIMIENTO DEL VIRREY EZPELETA, Santafé, 23 de junio de. 1789.

   En la ciudad de Santafé, a 23 de junio de 1789 años: Hallándose congregados en la sala del dosel del palacio virreinal a efecto de tratar y conferir asuntos tocantes a real hacienda y correspondientes a junta de tribunales, mandó el excelentísimo señor virrey se hiciese presente en las que en este acto se trataban, la representación y acta del cabildo de esta ciudad, dirigida a que a los actuales alcaldes ordinarios don José María Lozano y don Antonio Nariño se les aumentase alguna más cantidad de la que se destina del ramo de propios para los gastos y costos del recibimiento del excelentísimo señor virrey sucesor, por no ser capaces de erogar y sufrir con ella los que se causan; y en vista de todo, acordaron no haber lugar a la pretensión por considerarse suficiente la que está asignada por dicho cabildo y que se les diese noticia de esta determinación para su inteligencia; y lo rubricaron por ante mí el infrascrito escribano mayor de gobernación de este reino, de que certifica1.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 81, folio 833.

NOTA:
1   Hay diez rúbricas. (El autor).

24
EL VIRREY SUGIERE EL NOMBRAMIENTO DE ANTONIO NARIÑO COMO TESORERO DE DIEZMOS

CONSIDERANDO QUE ANTES QUE SE PRODUZCA LA DETERMINACION REAL SOBRE LA ELECCION DEL NUEVO TESORERO DE DIEZMOS PUEDE OCURRIR EL FALLECIMIENTO DEL ANTERIOR, EL VIRREY FRANCISCO GIL Y LEMOS INSINUA AL CABILDO EL NOMBRAMIENTO DE ANTONIO NARIÑO. Santafé, 22 de julio de 1789.

   En el expediente que se ha formado sobre la duda ocurrida a don Juan Agustín de Ricaurte, actual tesorero general de diezmos de este arzobispado, acerca de ante quién deberá hacer dejación de su empleo respecto a no poderlo ya servir por sus enfermedades y avanzada edad, constan los dictámenes de dos ministros de la junta de dicha renta y el del ministerio fiscal, en que fundan claramente y asientan como cosa inconcusa, que corresponde el nombramiento de tal tesorero a su majestad y a mí conferirlo interinamente como vicepatrono real. En esta virtud, atendiendo el peso de las razones expuestas por dichos ministros y a la posesión en que está ese cabildo de nombrar tesorero, he suspendido dar providencia en cuanto a este asunto y consulto a su majestad con testimonio de las diligencias para la conveniente decisión, proponiendo a don Antonio Nariño para en caso de que el rey se avoque, como es regular, este nombramiento.

   Pero pudiendo suceder que antes de la real determinación fallezca don Juan Agustín Ricaurte o se aumenten sus enfermedades en términos que no pueda continuar en el ejercicio de la tesorería, prevengo a vuestra señoría que para esta ocurrencia nombre desde ahora al insinuado don Antonio Nariño, para evitar cualquiera complicación que pudiere haber, viniendo este nombrado de la corte, como es de esperar sucederá, en vista de los sólidos fundamentos que hago presentes a su majestad para que recaiga sobre ellos su real declaración que ponga término a las sucesivas disputas a que da margen este asunto según su actual estado. Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Santafé, 22 de julio de 1789.

   Señores venerable deán y cabildo de esta iglesia metropolitana.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Empleados Públicos, Miscelánea, t. 28, folio 958.

25
ACLARACION DEL VIRREY AL CABILDO ECLESIASTICO SOBRE LA ELECCION DEL TESORERO DE DIEZMOS

RAZONES POR LAS CUALES EL VIRREY NOTIFICA AL REY DEL NOMBRAMIENTO DEL TESORERO DE DIEZMOS. SOBRE LA ELECCION DE ANTONIO NARIÑO. EL RESPETO Y EL ESPIRITU DE ARMONIA DEL VIRREY PARA CON EL VENERABLE CABILDO. Santafé, 29 de julio de 1789.

Virrey Gil y Lemos
(rúbrica).

   He tenido muy presentes las razones que vuestras señorías me exponen en su oficio de 27 del que acaba, cuando determiné consultar a su majestad sobre el nombramiento del tesorero de diezmos, y sin ser nunca mi ánimo defraudar al venerable cabildo de las facultades que legítimamente le competan por la erección de esta santa iglesia, por los ejecutoriales que se citan y, últimamente, por la pacífica posesión que han gozado en hacer estas elecciones, he creído muy propio de mi obligación elevar a la noticia del soberano esta ocurrencia para que, pesando con la meditada justificación que corresponde, los fundamentos y razones que por una y otra parte se expenden, recaiga su real resolución, con que vuestras señorías y yo nos debemos conformar con la ciega sumisión que es característica a buenos y fieles vasallos.

   Conducido de estos sentimientos, deseando conservar hasta el fin la armonía y buena correspondencia que desde el principio me he propuesto observar con tan respetable cuerpo y sus individuos, no quise, desde luego, acceder a la dimisión propuesta por don Juan Agustín de Ricaurte, no obstante su avanzada edad, quebrantada salud y demás causas que representa y harían en otras circunstancias indispensables su separación; pero, temiendo que llegase el forzoso lance de su muerte o total imposibilidad, creí debía consultar de remedio nombrando sujeto que fuese capaz de cumplir esta confianza, pues una vez controvertido el punto no podía permitir acto alguno contrario a las regalías.

   En su elección tampoco he procedido sin el informe y examen que corresponde y deber preceder para conferir los empleos. Conozco la responsabilidad en que se constituye el tesorero de diezmos, así para con la mesa capitular y demás partícipes, como para con el rey, y a la verdad es muy distante el concepto que he formado de don Antonio Nariño del que merece el venerable cabildo. No obstante, en prueba de mi buen deseo por el acierto y de la imparcialidad con que me manejo en asuntos del servicio, puede vuestra señoría estar asegurado de que siempre que se hagan constar las nulidades opuestas, no tendré el menor embarazo variar de sujeto; pero entretanto no me parece regular ni justo desposeerlo del derecho que tenga adquirido, con grave quebranto de su honor y crédito, que hacen el principal fondo de un comerciante y de un vecino honrado.

   Desde luego me persuado que vuestras señorías estarán penetrados de las mismas buenas intenciones en su representación, que ésta no tendrá otro objeto que la mejor seguridad de los intereses que se deben confiar al tesorero; pero, igualmente, quedo satisfecho de que el venerable cabildo conocerá mis sanas intenciones y ajustado proceder en esta parte. Dios guarde a vuestras señorías muchos años. Santafé, 29 de julio de 1789.

   (Rúbrica del virrey Gil y Lemos).

   Señores venerables deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Fondo Empleados Públicos, Miscelánea, t. 28, folio 957 recto y vuelto.

26
DISPOSICION PARA QUE NARIÑO ASUMA LA TESORERIA DE DIEZMOS

DISPOSICION DEL VIRREY EZPELETA DIRIGIDA A LA REAL JUNTA DE DIEZMOS PARA QUE ANTONIO NARIÑO ASUMA DE MANERA INMEDIATA EL CARGO DE TESORERO DE DIEZMOS. ACEPTACION A LA RENUNCIA DE JUAN AGUSTIN DE RICAURTE. Santafé, agosto 7 y 8 de 1789.

José de Ezpeleta
(virrey).

   Santafé, 7 de agosto de 1789

   Atendiendo a la renuncia que hace don Juan Agustín de Ricaurte de su empleo de tesorero de diezmos por no hallarse en estado, según su avanzada edad, y achaques, de poderlo servir por más tiempo, se le admite desde luego, y siendo llegado el caso contenido en la orden de 22 de julio último, librada por mi antecesor al venerable deán y cabildo de esta iglesia metropolitana, entrará inmediatamente don Antonio Nariño a ejercer la tesorería provisionalmente, mientras su majestad, a quien se ha dado cuenta, lo aprueba o determina otra cosa. Líbresele por la escribanía el correspondiente título en forma, para que en su virtud, precedidos los requisitos necesarios y afianzando el manejo de los caudales que deben entrar en su poder a satisfacción de oficiales reales, sea recibido al uso y ejercicio del citado empleo de tesorero, y dése noticia con órdenes por secretaría a la junta general de diezmos, al venerable cabildo y demás interesados, para la inteligencia y puntual cumplimiento de esta resolución en la parte que a cada uno respectivamente le toca.

Ezpeleta.
Zenón Alonso.

   (Es copia)

Alonso.

   Habiéndome representado don Juan Agustín de Ricaurte no poder continuar sirviendo el empleo de tesorero general de diezmos de este arzobispado, en cuya virtud hacía dimisión de él, he proveído el decreto cuya copia acompaño a ustedes para su inteligencia y puntual cumplimiento en la parte que le corresponde.

   Dios guarde a ustedes muchos años.

   Santafé, 8 de agosto de 1789.

José de Ezpeleta.

   Señores

   De la real junta de diezmos de esta capital.

   Santafé, y agosto 8 de 1789

   Por recibido con el documento que acompaña, y contéstesele al excelentísimo señor virrey.

   (Hay cuatro rúbricas).

Maldonado.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 97, folio 537 recto y vuelto.

27
ESCRITURA Y DECRETO SOBRE LA POSESION DE NA RIÑO COMO TESORERO DE DIEZMOS

ANTONIO NARIÑO SE PRESENTA CON SUS FIADORES ANTE EL ESCRIBANO REAL DE HACIENDA, EN CUMPLIMIENTO DE LOS TRAMITES PARA SU POSESION COMO TESORERO DE DIEZMOS. ACEPTACION DE LOS FIADORES. SE OTORGA ESCRITURA Y SE EXPIDE DECRETO AL RESPECTO. Santafé, 8 de agosto de 1789.

Antonio Nariño.
Pedro Ugarte
(fiador), Gregorio Domínguez (fiador),
José Tomás Ramírez
(fiador), Juan Jiménez (fiador),
Andrés Otero (fiador), Miguel de Rivas, (fiador),
Miguel Fulgencio de Medina
(escribano de la real hacienda).

   En la ciudad de Santafé, a 8 de agosto de 1789, ante mí, el escribano de real hacienda y de los testigos que después se dirán, parecieron presentes los señores don Antonio Nariño, alcalde ordinario de segunda nominación en esta capital, el doctor don Miguel de Rivas, don Gregorio Domínguez, don Pedro Ugarte, don Juan Jiménez, don Tomás Ramírez y don Ignacio Santamaría, todos vecinos de esta misma ciudad, a quienes doy fe conozco, y dijeron: el primero, que por cuanto con fecha 7 de agosto del corriente año se ha dignado el excelentísimo señor virrey, gobernador y capitán general del reino, con respecto a la renuncia que hizo de su empleo de tesorero de las rentas decimales de este arzobispado don Juan Agustín de Ricaurte, por no hallarse en estado para ejercer este encargo con motivo de su avanzada edad, y además era llegado el caso de admitir la renuncia de este empleo, en cuya virtud el excelentísimo señor virrey eligió al dicho señor don Antonio Nariño, y por tanto lo nombró teniendo presente la orden de 22 de julio último, expedida por el excelentísimo señor su antecesor al venerable deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana para que entrara inmediatamente a ejercer la tesorería provisionalmente mientras su majestad, a quien se le había dado cuenta, lo aprobaba o determinaba otra cosa.

   Y que en esta inteligencia se le había expedido en forma para que, precedidos los requisitos necesarios y afianzando el manejo de los caudales que entraran en su poder a satisfacción de los señores oficiales reales de estas cajas matrices, se les recibiese al uso y ejercicio del citado empleo de tesorero, precediendo pasar noticia a la junta general de diezmos, al venerable deán y cabildo y demás interesados para su inteligencia, según más claramente consta de la copia de esta superior providencia, que dice así: "Santafé, 7 de agosto de 1789. Atendiendo a la renuncia que hace don Juan Agustín de Ricaurte de su empleo de tesorero de diezmos por no hallarse en estado, según su avanzada edad y achaques de poderlo servir con más tiempo, se le admite desde luego, y siendo llegado el caso contenido en la orden de 22 de julio último librada por mi antecesor al venerable deán y cabildo de esta iglesia metropolitana, entrará inmediatamente don Antonio Nariño a ejercer la tesorería provisionalmente mientras su majestad, a quien se ha dado cuenta, lo aprueba o determina otra cosa. Líbresele por la escribanía el correspondiente título en forma, para que en su virtud, precedidos los requisitos necesarios y afianzando el manejo de los caudales que deben entrar en su poder a satisfacción de oficiales reales, sea recibido al uso y ejercicio del citado empleo de tesorero, y dése noticia con órdenes por secretaría a la junta general de diezmos, al venerable cabildo y demás interesados para la inteligencia y puntual cumplimiento de esta resolución en la parte que a cada uno respectivamente le toca.

Ezpeleta.
Zenón Alonso.

   "Es copia.

Alonso"

   Y cumpliendo con su tenor se presentó en estos reales oficios con escrito el expresado señor don Antonio Nariño, proponiendo por sus fiadores a los últimos sujetos que vienen mencionados, los cuales, admitidos que fueron en decreto de esta misma fecha por los señores oficiales reales, y que a su consecuencia se otorgará la correspondiente escritura por ante mí el presente escribano, como consta del pedimento y decreto a su continuación, que uno en pos de otro agregado dice así: "Señores oficiales reales. Don Antonio Nariño, alcalde ordinario de esta ciudad, ante vuestra señoría conforme a derecho digo: que el excelentísimo señor virrey se ha servido nombrarme de tesorero interino de diezmos por renuncia que hizo el propietario don Juan Agustín de Ricaurte, mandando que otorgue la correspondiente fianza a satisfacción de vuestras mercedes; y para que esto tenga su debido efecto, estoy pronto a su otorgamiento y doy por mis fiadores al doctor don Miguel de Rivas, don Andrés de Otero, don Gregorio Domínguez, don Pedro Ugarte, don Juan Jiménez y don Tomás Ramírez, quienes cada uno me fía en $1.000, y don Ignacio de Santamaría en 2.000, estando todos prontos a obligarse con mis tales fiadores; y siendo todos vecinos de conocidos abonos, suplico a vuestras mercedes se sirvan, admitiéndolos, mandar se proceda a otorgar la correspondiente escritura en justicia, por la cual a vuestras mercedes suplico provean como solicito, etc.

"Antonio Nariño
(firmado).

   "Santafé, 8 de agosto de 1789. Por presentado: siendo, como son, todos los sujetos que relaciona este escrito de conocido caudal y abono, desde luego se admiten en la fianza que deben dar cada uno en favor del suplicante, en resguardo de la tesorería de diezmos en que está nombrado por el excelentísimo señor virrey. El escribano de estas reales cajas pasará (a) hacer la escritura de resguardo para ello.

   "(Hay dos rúbricas).

   "Fui presente,

   "Medina".

   Y poniendo en ejecución la escritura prevenida y ofrecida por el señor otorgante con los fiadores propuestos, así los señores principal y fiadores, unos y otros otorgan en la vía y forma que más haya lugar en derecho, que fían realmente y con efecto en favor del expresado señor por lo que hace a los caudales que hayan de entrar en su poder y correspondan a la tesorería decimal, en las cantidades siguientes: El señor doctor don Miguel de Rivas, en $1.000; don Andrés Otero, en otros 1.000; el señor don Gregorio Domínguez, en otros 1.000; el señor don Pedro Ugarte, en otros 1.000; don Juan Jiménez, en otros 1.000 y don Tomás Ramírez, en otros 1.000, las cuales cantidades que ascienden a la de $6.000, la imponen, sitúan y cargan cada uno de por sí en la parte que le toca sobre sus rentas, bienes raíces, muebles, semovientes y futuras sucesiones, herencias y derechos que en cualquiera manera les puedan pertenecer; y a mayor abundamiento y seguridad del presente instrumento, se obligó también como propuesto en el pedimento don Ignacio Santamaría en la cantidad de $2.000, en los mismos términos que los demás obligados, constituyéndose, como se constituyen todos juntos y cada uno de por sí en la parte que le toca, fiadores del referido don Antonio Nariño, para que entre en posesión y manejo de los caudales que deben entrar en su poder como empleado de esta dicha tesorería decimal, haciendo, como hacen, de deuda y obligación ajena suya propia, sin ser visto hacer ni que se haga contra dicho señor don Antonio Nariño diligencia alguna de fuero ni de derecho, cuyo beneficio, con el de las auténticas que sobre ello hablan, expresamente renuncian las leyes de la mancomunidad, división, excursión y expensas, y la auténtica presente hoc ita codice de fide jusoribus de duobus rex de vendi, como en ello se contiene. Y al cumplimiento y firmeza de esta escritura se obligan todos juntos, cada uno de por sí y por su parte que le toca, con sus bienes y rentas en general, con sumisión a las justicias de su majestad, para que a lo dicho les obliguen por todo rigor de derecho, por vía ejecutiva como por sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada, consentida y no apelada, sobre que renuncian su propio fuero, domicilio y vecindad y otro que ganen, y la ley sit convenerit de jurisdictione omnium judicium, última pragmática de sumisiones con la general que prohíbe toda renunciación. En cuyo testimonio así lo dijeron, otorgaron y firmaron, siendo testigos el doctor don Diego de Aguirre, don Tomás Bravo y don Domingo Nieto, vecinos.

Antonio Nariño,
Pedro de Ugarte, Gregorio Domínguez,
José Tomás Ramírez, Juan Jiménez,
Andrés de Otero, doctor Miguel de Rivas,
don Ignacio Santamaría,
(firmados).

   Ante mí,

Miguel Fulgencio de Medina,
escribano de real hacienda.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4a., Protocolo de la Notaría Segunda, año de 1789, N° 176, folios 66 vuelto - 70.

28
ENTREGA DE LOS CAUDALES DE LA TESORERIA DE DIEZMOS A NARIÑO

EL VIRREY EZPELETA DISPONE QUE MARTIN JOSE DE URDANETA, TESORERO OFICIAL REAL, ACOMPAÑADO DEL NOTARIO, PRESENCIE LA ENTREGA DE LOS CAUDALES Y PAPELES DE LA TESORERIA DE DIEZMOS A ANTONIO NARIÑO. EJECUCION DE LA DISPOSICION: ENTREGA DE CAUDALES, PAPELES Y DE ALGUNOS IMPLEMENTOS DE ESCRITORIO A NARIÑO, 12 de agosto, 9 de septiembre de 1789.

Antonio Nariño.
Juan Agustín de Ricaurte.

   Para que la entrega que debe hacerse a don Antonio Nariño de los caudales y papeles existentes en la tesorería de diezmos se ejecute con la debida formalidad, pasará vuesamerced a presenciarla acompañado del notario de dichas rentas, poniendo una diligencia que califique la intervención que ha tenido en este acto.

   Dios guarde a vuesamerced muchos años.

   Santafé, 12 de agosto de 1789.

 José de Ezpeleta.

   Al tesorero oficial real,

don Martín José de Urdaneta.

   En la ciudad de Santafé, a 12 de agosto de 1789 años. En conformidad de la antecedente superior orden del excelentísimo señor virrey gobernador y capitán general de este reino, el señor don Martín José de Urdaneta, tesorero oficial real de las reales cajas matrices de esta capital, en compañía del señor don Antonio Nariño, alcalde ordinario de esta ciudad, asociados de mí, el presente escribano real y notario mayor del juzgado general de diezmos, pasaron a la casa morada de don Juan Agustín de Ricaurte y Terreros, y héchole presente la superior orden y diligencia a que se iba, en cumplimiento de ella y del nombramiento de tesorero de las rentas decimales, hecho en el dicho señor Nariño; poniendo en ejecución la entrega de caudales, papeles, libros y demás correspondiente a dicha tesorería, se verificó haciéndolo y recibiendo la cantidad de $1.850, que se venían a enterar, como pertenecientes al juzgado particular de la ciudad de Neiva, de que se dio por entregado el enunciado señor Nariño. Y para que conste de diligencia y de haberse dado principio a la dicha entrega de la tesorería, y lo a ella perteneciente, se pone la presente, que firman por ante mí, el presente notario mayor, de que doy fe; y así, por ser tarde, como por la enfermedad del citado don Juan Agustín de Ricaurte, dijeron, proseguirían, siempre que diese parte de poderlo verificar.

Martín José de Urdaneta.
Antonio Nariño.
Juan Agustín de Ricaurte y Terreros.

   Ante mí,

Pedro Joaquín Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 17 de agosto de 1789 años. El señor don Martín José de Urdaneta, tesorero oficial real, en compañía del señor don Antonio Nariño, alcalde ordinario y tesorero de las rentas decimales de este arzobispado, asociados de mí, el escribano real y notario mayor de diezmos, pasaron a la casa de don Juan Agustín de Ricaurte, tesorero que fue de las mismas rentas y para proseguir la entrega de caudales al nuevo tesorero; se contaron y entregaron $9.000 en moneda de plata usual y corriente, de que se hizo cargo el citado nuevo señor tesorero, conduciéndolos a su casa. Y para que conste se pone por diligencia, que rubrica el señor oficial real; las partes firman por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
Ricaurte.
Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 18 de agosto de 1789 años, los señores don Martín José de Urdaneta, don Antonio Nariño, pasaron conmigo el escribano, a la casa de don Juan Agustín de Ricaurte, y en prosecución a la entrega de caudales, se contaron y recibió el dicho señor Nariño, en moneda usual y corriente, a satisfacción, $21.800, de los que se hizo cargo y condujo para su casa; y para que conste de diligencia, se pone la presente que rubrica y firman por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
J. Ricaurte T.
Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 21 de agosto de 1789 años. En prosecución de esta entrega de caudales, ha recibido en este día el señor don Antonio Nariño la cantidad de $10.000, en moneda de plata usual y corriente, contados a su satisfacción, los que se condujeron a casa de dicho señor Nariño. Y para que conste se pone por diligencia y firman por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
J. Ricaurte T.
Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 22 de agosto de 1789 años. En prosecución de esta entrega de caudales, ha recibido en este mismo día, y se le han entregado al citado señor don Antonio Nariño, la cantidad de $37.750, en moneda de plata usual y corriente, contados a su satisfacción, los que se condujeron a la casa de dicho señor Nariño. Y para que conste se pone por diligencia y firman por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
Ricaurte.
Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 29 de agosto de 1789 años. En prosecución de la entrega, recibió y se hizo cargo el señor don Antonio Nariño de varios recibos, de suplementos hechos a los señores prebendados y subalternos que tienen renta en la masa de diezmos, los cuales importaron, según que por menor se hizo la cuenta, $8.546, 2 reales, 24 maravedís. Igualmente se le entregó y recibió un escaparate grande de madera con cuatro puertas y cerraduras. Una caja ídem, grande, con tres cerraduras corrientes. Dos cajas de fierro con sus cerraduras, la una corriente y la otra no, todo perteneciente a la tesorería. Y para que conste lo firman por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
Ricaurte.
Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 7 de septiembre de 1789 años. En este día se contaron, recibió el dicho señor don Antonio Nariño y se le entregaron $16.000 en dinero corriente a su satisfacción, que hizo conducir a la casa de su morada. Y para que conste se pone por diligencia, y firma por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
Ricaurte.
Maldonado.

   En la ciudad de Santafé, a 9 de septiembre de 1789 años. En adelantamientos de esta entrega, se contaron y recibió dicho señor Nariño la cantidad de $4.860, 7 ½ reales, que unida esta partida con las siete antecedentes, hacen el total de $109.807, 2 reales, 24 maravedís, cuya cantidad es perteneciente a la masa de diezmos; y por lo que respecta a ellos, se concluyó esta entrega y recibo, que firman por ante mí, de que doy fe.

   (Hay una rúbrica).

Nariño.
Ricaurte.

   Lo mismo en este día se le entregaron, y recibió el dicho señor Nariño, $6.300 pertenecientes a la cesión del ilustrísimo y excelentísimo señor don Antonio Caballero y Góngora, de que tiene dado recibo por separado el citado señor Nariño y dicha cantidad corresponde a la distribución número 192. Y se obliga a tenerlos a disposición de los señores diputados.

   Igualmente se le entregaron y recibió el consabido señor Nariño $2.436,5 reales, pertenecientes al ilustrísimo señor Camacho, de que tiene dado recibo con separación; y se obliga a tenerlos a disposición de los señores de la real audiencia.

   Ultimamente se le entregaron $358, 6½ reales, pertenecientes a fábricas; pues en la distribución número 183, en virtud de decreto del señor regente visitador general que fue don Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, se le descontaron a la fábrica de esta catedral $1.608,5 reales, 9 maravedís, para satisfacción de distintas fábricas de iglesias por lo respectivo a españoles, y se tienen librados y entregados $1.249, 6 reales, 23 y ¾ maravedís, y sólo se restan debiendo los $358, 6 reales, 19¼ maravedís. Y se obligó a tenerlos a disposición de las iglesias, luego que ocurran y se les fueren librando según su pertenencia. Con lo cual, y por haber dicho el referido don Juan Agustín de Ricaurte no tener más caudal perteneciente a diezmos que entregar, se concluyó esta diligencia, que firma por ante mí, de que doy fe.

Martín José de Urdaneta.
Antonio Nariño.
Juan Agustín de Ricaurte y Terreros.

   Ante mí,

Pedro Joaquín Maldonado.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

29
RECONVENCION A RICAURTE Y A SUS HEREDEROS

RECONVENCION POR PARTE DEL CABILDO ECLESIASTICO A JUAN AGUSTIN RICAURTE, TESORERO ANTERIOR, PARA QUE ENTREGUE LOS CAUDALES Y CUENTAS A ANTONIO NARIÑO, NOMBRADO TESORERO DE DIEZMOS. AL FALLECER RICAURTE, LA RECONVENCION SE DIRIGE A SUS HEREDEROS. ALEGATO JURIDICO POR PARTE DE ESTOS. PRONUNCIAMIENTO DE LAS AUTORIDADES CIVILES AL RESPECTO. Santafé, 22 de agosto de 1789, 17 de agosto de 1791.

Ignacio Javier de Rojas
(secretario del venerable cabildo).

   Sello: Ciento ochenta y seis y ochenta y siete.

   En la ciudad de Santafé, a 22 de agosto de 1789 años. El señor don Martín José de Urdaneta, tesorero oficial real de las reales cajas de esta capital y comisionado por el excelentísimo señor virrey gobernador y capitán general de este reino, para la entrega de caudales que debe hacer don Juan Agustín de Ricaurte, tesorero que fue de las rentas decimales, a don Antonio Nariño, nuevamente nombrado; no obstante hallarse enfermo dicho Ricaurte, pero atendiendo a la lentitud con que se va haciendo dicha entrega, y que de ella puede resultar el hacerse cargo al señor comisionado, no haber cumplido con lo que por su excelencia se le preceptuó; para evitar cualquier inconveniente, mando: que inmediatamente se le haga saber, que con la mayor prontitud haga entrega de todos los caudales que parasen en su poder pertenecientes a diezmos, para de no verificarlo dar parte al excelentísimo señor virrey, y que su excelencia providencia [provea] lo que fuere de superior agrado. Así lo proveyó, mandó y firmó, por ante mí, el presente escribano real y notario mayor, de que doy fe.

Urdaneta.

Ante mí,

Maldonado.

   En Santafé, a 22 de agosto de 1789 años: yo, el escribano real y notario mayor de diezmos, hice saber el auto antecedente a don Juan Agustín de Ricaurte, en su persona. Doy fe.

Ricaurte.
Maldonado
.

   Consiguiente de lo proveído por el excelentísimo señor virrey en el superior decreto de 2 de mayo último, acompaño a vuestra señoría el adjunto expediente, para que con su vista y la posible brevedad evacue el informe que se manda, y lo remito como se ordena.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Santafé y junio 23 de 1789.

Domingo Caicedo.

   En la ciudad de Santafé, en 28 de julio de 1791. En virtud de la comisión, que consta de la certificación antecedente dada por el secretario del venerable deán y cabildo, se previene al mismo secretario que pase a las casas de la morada de los herederos y albaceas de don Juan Agustín de Ricaurte, tesorero que fue de diezmos de esta santa iglesia catedral, les intime y haga saber la real cédula de 18 de abril del presente año, en que su majestad (que Dios guarde), conservando al venerable cabildo la facultad y regalía de proveer la tesorería de diezmos, y declarando por nula la renuncia que de ella hizo el citado don Juan Agustín de Ricaurte ante el superior gobierno el año pasado de 89, le previene la formalice nuevamente ante el venerable cabildo. Y como al presente no pueda ni sea necesario verificarla por haber fallecido, solamente resta, para formalizarse, que sus herederos y albaceas den la correspondiente cuenta. Por tanto, para que tenga efecto les ordenamos y mandamos que, con la posible brevedad den la referida cuenta, con pago de todos los caudales de décimos desde la última cuenta aprobada y fenecida por el venerable cabildo hasta lo presente. Así lo proveyeron, mandaron y firmaron los señores comisionados por ante mí, el presente secretario, de que doy fe.

Doctor Ignacio Manuel de Alarcón.
Pedro de Echavarri.

   Fui presente,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   Yo, el infrascrito secretario del muy venerable deán y cabildo, en cumplimiento del auto antecedente, pasé a la casa de morada de los albaceas de don Juan Agustín de Ricaurte, tesorero que fue de los diezmos de este arzobispado, y les hice saber dicho auto y real cédula, en cuya virtud dijeron: que por ella no son partes ni se contemplan obligados a dar cuentas al venerable cabildo por haberlas rendido y ser aprobadas de orden superior que le separó del empleo. Esto dijeron y firmaron conmigo en Santafé, a 8 de agosto de 1791.

Doctor Ricaurte.
Ricaurte.
Ricaurte.
Rojas.

   Santafé, agosto 9 de 1791

   Aunque son infundadas las excepciones que oponen los herederos de don Juan Agustín de Ricaurte para dar cuenta con pago de los caudales de diezmos de su cargo, pues no pueden dejar de ser partes siendo herederos; y representando la persona de su difunto padre, y el haber dado las cuentas en otro tribunal no impide, antes bien facilita darlas ante el venerable cabildo donde corresponden; no obstante, para excusar diligencias infructuosas y detenciones molestas, y considerando que para que don Antonio Nariño de las que corresponden al tiempo de su administración, ha de ser preciso ocurrir al excelentísimo señor virrey para que lo mande; en esta atención, consúltese al ilustrísimo señor arzobispo y señores muy venerable deán y cabildo, para que resuelvan lo que juzgaren más conveniente.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

   Excelentísimo señor: Reconvenidos los herederos de don Juan Agustín de Ricaurte, tesorero que fue de esta mesa decimal, para la exhibición de las cuentas de la tesorería del cargo de su difunto padre, por los comisionados que a este efecto se nombraron por este venerable cuerpo, se excusaron a exhibirlas so pretexto de no ser partes, y de tenerlas anteriormente dadas y hallarse aprobadas de orden superior, en cuyo estado dichos comisionados, deseosos de obrar con la mayor seguridad en el asunto, han informado a este dicho cuerpo de la respuesta de dichos herederos, para que se disponga lo que se estimare más conveniente.

   Y aunque a este cabildo parezcan infundadas dichas excepciones, pues declarándose por su majestad, en su real cédula de 18 de abril de este presente año, expedida en esta razón y mandado guardar y cumplir por vuestra excelencia deber dicho don Juan Agustín haber renunciado dicha tesorería en manos de este cabildo, y ordenándose que la ejecute en esta forma, por este mismo hecho se entiende repuesta la causa al estado que tenía antes que dicha renuncia se hubiere efectuado y, por consiguiente, todos los actos posteriores a ella deban igualmente entenderse por ilegítimos, como consecuencia, o incidencias de dicha renuncia, y por otra parte, sea incontestable que los herederos de todo administrador deban dar las cuentas de sus finados, y responder a los cargos que por razón de ella resultaren.

   Bajo de años supuestos juzga este mismo cabildo que pudiera usar contra dichos herederos de el derecho que le concede la administración que está cometida de dicho ramo, y compelerlos a la exhibición de dichas cuentas por los términos, modo y forma como hasta aquí lo ha ejecutado; pero esto no obstante, deseando evitar demoras y molestias, ha adoptado el temperamento de ocurrir, como lo ejecuta, a vuestra excelencia, suplicándole reverentemente se digne proveer que las cuentas que por dichos herederos se suponen estar de orden superior dadas y aprobadas, se entreguen a este cabildo para su revisión y reconocimiento en la forma acostumbrada, y ordenar al mismo tiempo que desde el día en que dichas cuentas finalicen hasta el día de la fecha, exhiba las suyas o las de el tiempo de su administración don Antonio Nariño, acompañando a vuestra excelencia dicha real cédula y diligencias obradas a su consecuencia, en que se comprende la contestación de dichos herederos, para que con presencia de todo se sirva vuestra excelencia proveer como este cabildo lleva suplicado o sea del superior agrado de vuestra excelencia. Nuestro Señor guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años. Sala capitular y agosto 17 de 1791. Excelentísimo señor. Baltasar Jaime, arzobispo de Santafé. Doctor don Vicente de la Rocha. Doctor don Francisco Javier de Aquino. Doctor Agustín Manuel de Alarcón. Doctor Cristóbal Manuel Palacio. Doctor Pedro de Echeverri. Doctor don Ignacio de Moya. Doctor don Juan Bautista Pey Andrade. Doctor don Francisco Felipe del Campo. Excelentísimo señor virrey don José de Ezpeleta.

   Es copia del oficio que se escribió en la sala capitular al excelentísimo señor virrey, y yo, el presente secretario, entregué en el día de su fecha. Así lo certifico para que conste.

Rojas.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

30
ANTONIO NARIÑO COMPRA LA ESTANCIA DE FUCHA

ANTONIO NARIÑO COMPRA A JUAN IGNACIO FORERO LA ESTANCIA DE FUCHA. Santafé, 23 de febrero de 1791.

Antonio Nariño.
José Ignacio Forero.

Venta de estancia

   En la ciudad de Santafé, a 23 de febrero de 1791 años, ante mí, el escribano real y testigos que se nominarán, pareció presente don Juan Ignacio Forero, vecino de esta ciudad, al que doy fe conozco, y dijo: que por el tenor de la presente escritura y en la vía y forma que más haya lugar, por sí y en nombre de sus herederos y sucesores y quien su título y causa hubiere, da en venta real por juro de heredad y señorío desde ahora y para siempre jamás a don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad y tesorero general de las rentas decimales de este arzobispado, quien compra para sí y sus herederos y sucesores, y quien su derecho representare es, a saber, lo que así le vende y da en esta dicha venta: una estancia que llaman Fucha y Muzú, que linda por una parte con una chamba que sale del río de Fucha y sigue hasta una cerca de palos parados que deslinda las tierras que en el día posee don Juan Agustín de Ricaurte hasta Muzú, que antiguamente llamaban la Puente de Fitatá, con el camino real de Bosa; de aquí cogiendo cañada abajo corriente del agua por el pantano hasta una chamba que sale de dicho río de Fucha, que linda con tierras de la Chamicera, que hoy posee el doctor don Miguel de Rivas, y sigue río abajo hasta las Juntas; de ahí río arriba, que es el que baja del Molino de Orejuela, hasta encontrar una chamba que por ella baja agua del río de San Francisco y deslinda dicha chamba con tierras de la Chamicera; de aquí siguen unos mojones de piedra y cerca de hoyos y palos parados que mandó poner el señor oidor don Juan Francisco Pey Ruiz en las medidas que hizo el año pasado de cincuenta y siete, que deslindan las tierras de ejido de esta ciudad, cuya cerca remata en una chamba que sigue y divide las tierras de don Cristóbal González del Frade con las de la Estanzuela pertenecientes al dicho doctor Rivas, rematando dicha chamba en el río de Fucha; y río abajo deslinda con la estancia y tierras del citado Ricaurte, hasta encontrar con la primera chamba, primer lindero de la división de esta estancia de Muzú, cuya estancia es la misma que hubo por compra que de ella hizo al dicho don Cristóbal González del Frade, según consta de la escritura que pasó por ante mí el presente escribano, su fecha 16 de julio del año inmediato pasado de 90.

   Que con los demás instrumentos de su propiedad entrega al comprador, y se la vende con todas sus tierras, casas de teja y de paja, cercas de vallados y hoyos, cerca de palo parado de madera de tuno, potreros, trastos de casa y oratorio, y con todas sus entradas y salidas, pastos, abrevaderos, aguas vertientes y corrientes y demás derechos de servidumbre, y por libre de derechos reales, hipoteca, empeño ni otro gravamen (a excepción de los que se expresarán) en precio y cuantía de $11.200; los $3.900 que confiesa haber recibido de mano del comprador en moneda de plata usual y corriente, contada y ajustada a su satisfacción; y porque la entrega no parece de presente para que de ella yo el escribano diese fe, la confiesa y renuncia la non numerata pecunia, leyes de la entrega y prueba de que otorga recibo en forma, dándose por entregado a su voluntad; $5.300 que ha de reconocer a favor del convento de la Candelaria de esta ciudad, y 2.000 a favor de la madre María Josefa de la Concepción, religiosa en el convento de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de esta misma ciudad, los mismos que se hallan cargados en dicha estancia, de los que ha de otorgar las correspondientes escrituras a favor de cada interesado, con hipoteca de la misma estancia y sacando a paz y salvo al vendedor de las obligaciones que eran de su cargo.

   Y confiesa que el justo valor y verdadero precio de la dicha estancia son los $11.200 mencionados, que en lo presente no vale más, y en caso de que más valga, de la demasía y más valor en cualquier cantidad que sea hace al comprador y los suyos gracia y donación pura, mera, perfecta e irrevocable de las que el derecho llama intervivos, con insinuación en forma, sobre que renuncia la ley del ordenamiento real fecha en cortes de Alcalá de Henares, que trata de lo que se compra, vende o permuta por más o menos de la mitad de su justo precio y valor, y los cuatro años en ella declarados que tenía para repetir dolo y pedir rescisión del contrato con las demás leyes que con ella concuerdan, por lo que desde hoy en adelante para siempre se desapodera, desiste, quita y aparta de la acción, propiedad, dominio, señorío, posesión, título, voz, recurso y otro cualquier derecho que tenía y le pueda pertenecer a dicha estancia; y todo ello lo cede, renuncia y traspasa en el comprador y en quien sucediere en su derecho para que como propia la posea, venda, cambie y enajene a su voluntad como dueño absoluto. Y en señal de posesión se la tiene entregada y le otorga esta escritura para que por todo sea visto haberla adquirido con justo derecho y legítimo título. Y como real vendedor se obliga a la evicción, seguridad y saneamiento de esta venta, en tal manera que siempre le será cierta y segura, y sobre ella no se le pondrá ni moverá pleito ni contradicción alguna, y en caso que se le mueva siendo requerido o sus herederos en cualquier estado de la causa saldrán a la voz y defensa y en todas instancias, grados y recursos, lo seguirán y fenecerán a su costa y mención hasta dejar al comprador y los suyos en quieta y pacífica posesión, y no cumpliéndolo así y constándole el testimonio del despojo, le dará y volverá los $3.900 recibidos y las demás cantidades (si las hubiere redimido) junto con las costas, costos de la incertidumbre de esta venta sobre su cobranza se causaren, todo por la vía ejecutiva, diferida la liquidación de su importe en el simple juramento de quien fuere legítima parte, relevándole de otra prueba, aunque por derecho se requiera.

   Y es declaración que en la actualidad se está siguiendo causa por el ilustre cabildo de esta ciudad sobre un pedazo de tierra de las vendidas de esta misma estancia, y en caso de que salga la sentencia de propiedad a favor de dicho cabildo, regulándose su importe por peritos, inmediatamente lo entregará al comprador, sucesores o herederos sin otro requisito que el de hacerle saber la sentencia y el valor. Y al cumplimiento y firmeza de lo contenido se obliga con su persona y bienes que tiene y tuviere y da poder a los jueces y justicias de su majestad para que le obliguen y apremien por todo rigor de derecho y vía ejecutiva como por contrato y sentencia pasada y no apelada sobre que renuncia todas las leyes, fueros y derechos de su favor, domicilio, vecindad, ley sit convenerit de jurisditione omnium judicum con la última pragmática de las sumisiones y general del derecho que lo prohíbe. Y estando presente el citado don Antonio Nariño, a quien asimismo doy fe que conozco, habiendo oído esta escritura de venta a su favor otorgada, dijo que la aceptaba y aceptó por estar entregado de la estancia a su satisfacción y pronto a otorgar las dos escrituras de reconocimiento a su favor de cada uno de los interesados que van mencionados, y sacar a paz y salvo al vendedor de la obligación de su cargo. En cuyo testimonio así lo dijeron, otorgaron y firman, siendo testigos don Francisco Javier de Silva, don Felipe Pérez y don Pedro de Esparza, vecinos.

Juan Ignacio Forero.
Antonio Nariño
(firmados).

   Pasó ante mí,

Pedro Joaquín Maldonado.

   Derechos: 170 maravedís foja
   (rúbrica de Maldonado).

   (Al margen dice: En la ciudad de Santafé, a 12 de diciembre de 1791 años, ante mí, el escribano real y testigos que se nominarán, parecieron presentes don Antonio Nariño y don Juan Ignacio Forero, a los que doy fe que conozco, y dijeron: que habiendo el dicho Forero vendídole la estancia contenida en esta escritura al citado don Antonio, con la obligación de que había de reconocer a favor del convento de la Candelaria de esta ciudad la cantidad de $5.300, y que no habiendo tenido efecto el hacer dicho reconocimiento, le ha exhibido de contado hoy día de la fecha con sus correspondientes réditos la citada cantidad al dicho Forero, quien confiesa haberla recibido en moneda de plata corriente a su satisfacción, por lo que en esta parte del mencionado Forero da por rota y cancelada esta escritura, dejándola viva en su fuerza y vigor en cuanto a la venta, para que el citado don Antonio Nariño use de la dicha hacienda como suya propia a su arbitrio. En cuyo testimonio así lo dijeron, otorgaron y firman, siendo testigos don Francisco Javier Silva, don Felipe Pérez y don Pedro de Esparza, vecinos.

Antonio Nariño.
Juan Ignacio Forero
(firmados).

   Ante mí,

Pedro Joaquín Maldonado.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4a. Notaría Tercera, Protocolo del año 1791, N° 290A, folio 1.

31
CEDULA REAL SOBRE LA PRERROGATIVA DEL DEAN EN EL NOMBRAMIENTO DEL TESORERO DE DIEZMOS

REAL CEDULA QUE DISPONE SE CONSERVE AL DEAN Y CABILDO DE LA IGLESIA METROPOLITANA DE SANTAFE LA PRERROGATIVA DE NOMBRAR AL TESORERO DE DIEZMOS. SEÑALA QUE ANTE EL CABILDO Y NO ANTE EL VIRREY DEBIO HACER SU RENUNCIA EL TESORERO JUAN AGUSTIN DE RICAURTE. OFICIO DEL VIRREY EZPELETA DIRIGIDO AL DEAN Y CABILDO DE SANTAFE EN QUE DA CUENTA DE DICHA CEDULA REAL. Aranjuez, 18 de abril de 1791; Santafé, 26 de julio de 1791.

Silvestre Collar
(por mandato del rey).
José de Ezpeleta
(virrey)

   Sesenta y ocho maravedís.

   Sello tercero, sesenta y ocho maravedís, año de mil setecientos noventa y uno.

   El rey

   Virrey gobernador y capitán general de las provincias del Nuevo Reino de Granada y presidente de mi real audiencia de Santafé. En carta de 30 de julio de 1789 dio cuenta acompañando dos testimonios, vuestro antecesor don Francisco Gil y Lemos, de que don Juan Agustín de Ricaurte y Terreros, tesorero general de diezmos de este arzobispado, bastante achacoso y de edad avanzada determinó renunciar su empleo, y para verificarlo le consultó ante quién debería hacer la dimisión, pues habiendo dimanado su nombramiento del cabildo eclesiástico de esa iglesia que se le confirió había más de 30 años, y estando erigida una junta real en quien residían las facultades que antes tenía aquel cuerpo, había lugar a la duda que se proponía para la conveniente resolución.

   Que no siendo fácil determinarla sin el debido conocimiento para adquirirlo, pidió informe al cabildo y a la junta y su parecer al ministerio fiscal, a cuya consecuencia expuso el cabildo estaba en posesión de nombrar tesorero, confirmada por una ejecutoria de mi consejo de las Indias; la junta dijo que correspondía a mi real persona, del mismo modo que se había declarado por lo respectivo a los empleos de contador y notario, según las últimas reales cédulas que tratan de la materia, y el fiscal apoyó este dictamen para que se me consultase sin hacer novedad, y que en estas circunstancias era más difícil la decisión y no pudiendo, ni debiendo dicho vuestro antecesor permitir acto alguno contrario a las regalías, una vez que se había manifestado fundadamente el derecho de ellas, tomó el arbitrio de suspender la determinación hasta mi real declaración; pero previendo al mismo tiempo que Ricaurte podría morir o llegar a tal estado que no pudiese continuar ejerciendo la tesorería, nombró a don Antonio Nariño para sucederle, con el fin de evitar toda competencia a que en su concepto podía dar lugar la consulta que determinó se me hiciese con manifestación de las sólidas razones que la junta y el ministerio fiscal habían hecho presentes y resultaban de los citados testimonios.

   El cabildo de la iglesia metropolitana de esa ciudad de Santafé manifiesta, en representación de 13 de enero de 1790, con expresión de lo referido, que como el gobierno del mencionado mi virrey Lemos fue tan transitorio, y os le entregó en 31 de julio de 1789, antes que el cabildo hubiese podido representar sus derechos, se halló con un decreto vuestro de 13 de agosto, en que atendiendo a la dejación hecha por Ricaurte, citando una orden de 22 de julio del expresado vuestro antecesor, nombrabais de nuevo a don Antonio Nariño en la tesorería de diezmos provisionalmente, ínterin obtenía mi real aprobación, mandándole librar título, y afianzar el manejo de los caudales a satisfacción de los oficiales reales, con cuyo requisito fuese recibido al uso y ejercicio de su empleo, y se pasase noticia por secretaría a la junta general de diezmos, al deán y cabildo y demás interesados para la inteligencia y puntual cumplimiento de vuestra resolución en la parte que a cada uno respectivamente le tocase.

   Que viendo el cabildo seguíais la misma senda de vuestro antecesor, con cuyas providencias fundabais las vuestras, produjo en 9 de dicho mes de agosto una breve representación diciendo que los efectos de unas y otras providencias no podían verificarse sin derogar o suponer la inobservancia de la ley 23, título 16, libro 1o. de Indias, en la parte que manda se deje al prelado y cabildo el gobierno y administración de los diezmos, cuando sus cuartas bastan a cubrir los fines de la erección sin gravamen de mi real hacienda, alzando en ello la mano los virreyes y oficiales reales, lo cual corroboraba la ley 29 del mismo título y libro, en que se previene que desde el día en que así se verifique, corra esto por cuenta y riesgo del prelado y cabildo, y que por la erección le estaba concedido a éstos el nombramiento de su mayordomo; todo lo cual se derogaba quitándole al cabildo esta facultad y debía en su virtud ser relevado y exonerado de la cuenta, riesgos y responsabilidades de la administración, y en su consecuencia habíais de dictar otras reglas relativas a su régimen y seguridad, a no ser que os sirvieseis con previo discernimiento resolver las dudas y amparar al cabildo, dándole el favor necesario a fin de que se guardase e hiciese guardar la erección catedral, como lo mandaba la real cédula de su aprobación y la ley 9, título 2°., libro 1°. de Indias, y refiriendo difusamente el cabildo las razones y fundamentos en que se apoya el derecho que le asiste para el nombramiento de tesorero de diezmos, concluye con la súplica de que en atención a ellos me digne ampararle en la posesión y derecho de nombrar tesorero conforme a la ejecutoria del año de 1688 y a lo establecido en la erección, mandando reponer las cosas al estado que tenían antes del nombramiento hecho por mi virrey vuestro antecesor a favor de don Antonio Nariño, y que para la cabal restitución formalice don Juan Agustín Ricaurte la dejación de la tesorería ante el mismo cabildo.

   Y habiéndose visto en dicho mi consejo de las Indias con lo informado por su contaduría general, expuesto por mi fiscal y consultádome sobre ello, he resuelto se conserve al deán y cabildo de esa iglesia metropolitana de Santafé la regalía de nombrar tesorero de diezmos del mismo cuerpo, como que es inmediatamente responsable de sus operaciones, declarando que ante éste y no ante mi virrey debió hacer su renuncia el último nombrado don Agustín de Ricaurte, y que admitida por el cabildo la renuncia del tesorero de diezmos, puede y debe proceder a nombrar para este empleo el sujeto o persona que sea de su mayor satisfacción, en los mismos términos que lo ha ejecutado, dando noticia a mi virrey únicamente para su inteligencia o por si hallare reparo; lo que os participo para que, como os lo mando, tenga el puntual debido cumplimiento la referida mi real resolución. Fecha en Aranjuez a 18 de abril de 1791.

   Yo el rey.

   Por mandato del rey nuestro señor,

Silvestre Collar.

   (Hay tres rúbricas)

   Para el virrey de Santafé, sobre lo resuelto acerca de que se conserve al cabildo de aquella iglesia metropolitana la regalía de nombrar tesorero de diezmos con la declaración que se expresa.

   He recibido el oficio de vuestra señoría de 22 de este mes, con la real cédula que acompaña dada en Aranjuez a 18 de abril último, la que obedezco en la forma ordinaria, para que su tenor se guarde, cumpla y ejecute como en ella se contiene. Y a fin de que vuestra señoría pueda proceder en su consecuencia al nombramiento de tesorero de diezmos la devuelvo original y me remitirá vuestra señoría copia autorizada de ella para que conste en mi secretaría.

   Como en las expresiones insertas en dicha real cédula se infiere que hubo equivocación u omisión en la relación que se hizo a su majestad de mis providencias, tengo por conveniente insinuar a vuestra señoría: que el motivo de no haber yo suspendido o variado la resolución tomada en este asunto por mi inmediato antecesor, jamás debió atribuirse a otro principio que al de hallarme con las manos ligadas para ello, por haber dicho mi antecesor dado cuenta a su majestad antes de entregarme el mando de este reino, como lo manifesté a vuestra señoría en oficio de 12 de agosto de 89; en cuyas circunstancias, mediando ya entonces el soberano respeto, no tenía yo arbitrio para innovar lo que estaba resuelto, sin exponer mis determinaciones al vicio de un atentado y de un irrespeto.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 26 de julio de 1791.

José de Ezpeleta.

   Señores venerable deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana.

   Santafé, 27 de julio de 1791.

   Por recibido el oficio del excelentísimo señor virrey de este reino, su fecha 26 del corriente, y visto, sáquese por el secretario de este cabildo testimonio de la real cédula de 18 de abril de este año y con el correspondiente oficio se remitirá a su excelencia. Y para que se pase la correspondiente noticia al ilustrísimo señor arzobispo se disputa al señor chantre doctor don Miguel José de Mazústegui como presidente de este cabildo, a fin de que su señoría ilustrísima determine lo que tuviere por conveniente sobre la ejecución de dicha real cédula.

Doctor Rocha, doctor Eguino,
doctor Alarcón, doctor Palacio,

   Fui presente,

Echavarri, doctor Moya,
doctor Pey, doctor Campo.
Ignacio Javier de Rojas,

secretario.

   En conformidad del oficio de vuestra señoría, fecha de ayer, he expedido las órdenes convenientes para que el notario de diezmos pase a vuestra señoría las cuentas que haya en aquel juzgado relativas al tesorero difunto don Juan Agustín de Ricaurte, y para que don Antonio Nariño verifique ante vuestra señoría la presentación de las cuentas de su cargo, si ya no lo ha practicado. Lo que aviso a vuestra señoría para su inteligencia, devolviéndole el expediente del asunto.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 18 de agosto de 1791.

José de Ezpeleta.

   Señores

   Venerable deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana.

   Santafé, agosto 19 de 1791

   Por recibido con el expediente que expresa: pásese a los señores comisionados para su inteligencia.

   (Hay cinco rúbricas).

   Fui presente,

Rojas,
secretario.

   Santafé y agosto 22 de 1791

   Por recibido con los dos cuadernos de cuentas que se refieren: pase todo a los señores comisionados y contéstese.

(Hay cinco rúbricas).

Fui presente,

Rojas,
secretario.

   Por oficio del excelentísimo señor virrey, se previene pase a vuestra señoría las cuentas dadas por don Juan Agustín de Ricaurte, tesorero que fue de las rentas decimales, lo que verifico en dos cuadernos: el de las cuentas en 24 fojas, y el de la entrega de caudales hecha a don Antonio Nariño, en 10 fojas.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé y agosto 19 de 1791.

Joaquín Inclán.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

32
SOBRE LOS FONDOS ENTREGADOS POR RICAURTE A NARIÑO

EL CONTADOR DE LAS RENTAS DECIMALES RINDE INFORME SOBRE LAS ULTIMAS CUENTAS PRESENTADAS POR EL TESORERO JUAN AGUSTIN DE RICAURTE. HACE REFERENCIA A LA SUMA QUE DICHO TESORERO ENTREGO A ANTONIO NARIÑO, LA FECHA EN QUE ESTE SE HIZO CARGO, LA RAZON DE LA PROCEDENCIA DE TALES FONDOS, Y SE PRECISA LA CUANTIA A CARGO DE NARIÑO, ASI COMO EL MONTO TOTAL DEL DESCARGO A SU FAVOR. Santafé, 29 de julio de 1791.

Miguel Romero Martínez
(contador de las rentas decimales).

   El contador de las rentas decimales de este arzobispado, en orden de precepto verbal del ilustrísimo señor arzobispo, por medio del señor penitenciario, doctor don Agustín Manuel de Alarcón, certifico: en la manera que debo y puedo, que habiendo reconocido la última cuenta y distribución N° 191, que dio a los señores muy venerable deán y cabildo el difunto tesorero de diezmos don Joaquín Agustín de Ricaurte (la que se halla aprobada por dichos señores), importó $250.380, 7 reales, 31½ maravedís, de la que se descargó, según el cuaderno de libramientos [la suma] de $157.361, 1¾ maravedís, la que, compensada de la primera, quedó de existencia efectiva, a favor de la caja, $93.019, 7 reales, 29 y ¾ maravedís, de la cual se le hizo cargo a dicho Ricaurte en la siguiente distribución N° 192, aprobada por los señores de la real junta general de diezmos; a cuya cantidad de $93.019, 7 reales, 29 y ¾ maravedís se aumentaron $176.803, 5 reales, 4½ maravedís, que importa dicha distribución N° 192, que las partidas en suma valen $269.932, 7 reales, 4¼ maravedís; y $16.959, 2 reales, 25½ maravedís, que sólo cobró dicho Ricaurte de la distribución N° 193, año de 1788.

   Importa el total cargo que se le hizo a dicho Ricaurte, $286.892, 1 real, 29¾ maravedís, de cuya cantidad se descargó [la suma] de $177.084, 7 reales, 5 ¾ maravedís, y quedó a favor de la caja $109.807, 2 reales, 24 maravedís, los mismos que en dinero efectivo entregó a don Antonio Nariño. Don Antonio Nariño se hizo cargo de $109.807 , 2 reales, 24 maravedís, en 9 de septiembre de 1789, en la cual están incluidos los $16.949, 2 reales, 15, digo 25½ maravedís, pertenecientes a la distribución N° 193, cobrados por Ricaurte del año de 1788, los que, bajados de la primera cantidad, quedan de existencia en dicha caja desde el año de 1776 hasta el de 1787, $92.857, 7 reales, 32½ maravedís. Igualmente son de su cargo $358, 6 reales, 19¼ maravedís, pertenecientes a fábricas de pueblos, que se le descontaron a esta santa iglesia catedral. Igualmente son de su cargo $181.810, 5 reales, total valor de la distribución N° 193 del año de 1788.

   Asimismo son de su cargo $188.981, 25½ maravedís, importe de la N° 194 del año de 1789. Son de su cargo $14.142, 4¼ reales, 17 maravedís, cobrados para la presente distribución N° 195 del año de 1790, en siete partidas. De modo que el cargo total de dicho Nariño es de $478.151, 27¼ maravedís, de la que se debe descargar dicho Nariño, según los libramientos que se le han despachado y tiene en su poder. Todo lo cual consta y parece de las dos últimas distribuciones fenecidas, y su libro de entradas N° 18, a todo lo que en caso necesario me refiero, y para que conste a los señores que la presente vieren, la doy y firmo en esta real contaduría de diezmos de Santafé, a 29 de julio de 1791 años.

Miguel Romero Martínez.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.


33
NARIÑO EXPRESA SU DISPOSICION PARA PRESENTAR EL INFORME DE TESORERIA

NARIÑO, EN CUMPLIMIENTO DE LA ORDEN RECIBIDA DEL VIRREY, EXPRESA AL DEAN Y CABILDO SU DISPOSICION INMEDIATA PARA PRESENTAR LAS CUENTAS DE LA TESORERIA DE DIEZMOS. SIGUEN DISPOSICIONES DEL CABILDO AL RESPECTO. Santafé, 20 de agosto de 1781.

Antonio Nariño.

   Santafé y agosto 20 de 1791.

   Señores
   muy venerable deán y cabildo

   Con fecha 18 del corriente mes me previene el excelentísimo señor virrey que forme y presente a vuestra señoría muy venerable las cuentas del tiempo que he manejado los caudales correspondientes a la masa decimal, y estándolas yo formando de antemano en los términos prevenidos, lo hago presente a vuestra señoría muy venerable para que con este conocimiento se digne disponer lo conveniente en cuanto a la presentación de dichas cuentas que verificaré ante quien, cómo y cuándo vuestra señoría muy venerable, se sirviere ordenarlo.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra señoría muchos años.

Antonio Nariño.

   Santafé y agosto 22 de 1791

   Pásese esta carta a los señores comisionados doctor don Agustín Manuel de Alarcón, canónigo penitenciario y don Pedro Echavarri, racionero de esta catedral metropolitana, para que en su vista provean lo que estimaren conveniente en orden a la exhibición de cuentas de don Antonio Nariño.

   (Hay cinco rúbricas).

   Fui presente,

Rojas,
secretario.

   Santafé y agosto 23 de 1791.

   Agréguense al expediente el oficio del excelentísimo señor virrey, el de el señor presidente de la junta de diezmos con los dos cuadernos de cuentas que acompaña, y la carta de don Antonio Nariño que han pasado a nosotros los señores muy venerable deán y cabildo, y tráiganse a la vista para proveer lo conveniente.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

Ante mí,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo

   Santafé y agosto 26 de 1791

   Vistas las últimas cuentas dadas por don Juan Agustín de Ricaurte, lo informado sobre ellas por el contador y la aprobación de la real junta de diezmos, no se nos ofrece reparo alguno para que el ilustrísimo señor arzobispo y el venerable cabildo las pueda dar por fenecidas. Y por lo que respecta a las que debe dar don Antonio Nariño, notifíquesele dé cuenta, con pago de todos los caudales de diezmos que constan, por la certificación del contador que corre a foja 7 del expediente, haber entrado en su poder.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

   Ante mí,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   En la ciudad de Santafé, a 26 de agosto de 1791, yo, el infrascrito secretario de los señores muy venerables deán y cabildo, en virtud del decreto de los señores comisionados hice saberlo a don Antonio Nariño; e inteligenciado, firma. Doy fe.

Nariño.
Rojas.

   Santafé y agosto 29 de 1791

   Por presentada la cuenta de don Antonio Nariño con los comprobantes que se refieren y libros de tesorería, pasen estos rubricados del secretario al contador de diezmos, para que los coteje y compare con los de la contaduría, informando a continuación lo que resultare.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

   Ante mí,

Rojas,
secretario del cabildo

   En cumplimiento del decreto antecedente, yo, el infrascrito secretario, rubriqué los libros de tesorería como se previene y los entregué a don Miguel Romero, quien inteligenciado firma conmigo. En Santafé, a 31 de agosto de 1791.

Romero.
Rojas.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

34
DILIGENCIA DE RECONOCIMIENTO DE CAUDALES

EFECTUADA EN LA CASA DE ANTONIO NARIÑO. LOS COMISIONADOS INFORMAN A SATISFACCION POR NO FALTAR CANTIDAD ALGUNA EN LA TESORERIA. Santafé, 6 de septiembre de 1791.

Ignacio Javier de Rojas
(secretario del cabildo).
Alarcón
(doctor).

   Septiembre 6 de 1791.

   Visto lo informado por el contador de diezmos sobre las cuentas dadas por don Antonio Nariño y siendo, desde luego, justos los reparos que observa sobre algunas partidas de ellas, se declara no debérsele pasar en cuenta como parece al mismo contador y, por consiguiente, ser legítimo el alcance a favor de la tesorería, de la cantidad de $174.222, 3 reales, 25¼ maravedís, y debiendo estar existentes estos caudales en la caja de diezmos, procédase hoy día de la fecha al reconocimiento de ellos.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

Ante mí,

Ignacio Javier Rojas,
secretario del cabildo

   Diligencia de reconocimiento de caudales

   En la ciudad de Santafé, en 6 días del mes de septiembre de 1791, habiendo nos los comisionados pasado a la casa de la morada de don Antonio Nariño, a efecto de reconocer los caudales existentes en el arca de diezmos, con asistencia del secretario del venerable cabildo, le hicimos saber resultar de alcance a favor de la tesorería la cantidad de $174.222, 3 reales, 25¼ maravedís, y que debía hacernos constar su existencia en la dicha caja de diezmos. A lo que el referido don Antonio Nariño contestó que sin dificultad estaba llano y pronto a ejecutarlo; advirtiendo, ante todas cosas, que a buena cuenta de la corriente distribución N° 195, había pagado adelantadas varias cantidades, así a los oficiales reales, como a otros partícipes, y que después de dadas sus cuentas, había satisfecho algunos libramientos que tenía en su poder y no los había presentado, los que manifestó ante nos con los recibos de los referidos suplementos. Y habiéndolos visto y reconocido prolijamente uno por uno y sumado sus partidas, montaron éstas la cantidad de $107.927, 3 reales, 13¾ maravedís, salvo yerro, y salva también cualquier equivocación, que se declara quedar pendiente hasta el fenecimiento de la cuenta de la citada distribución N° 195. Procedimos después al reconocimiento del dinero existente y se halló en la caja la cantidad de $66.297, 2 reales, aunque sólo se contaron $36.500 y de la restante cantidad se hizo un prudente tanteo. Y como estas dos partidas compongan el total de el alcance, formado por el contador, resulta no faltar cantidad alguna en la tesorería. Y respecto a estar concluidas las diligencias a nos cometidas, devuélvase el expediente al ilustrísimo señor arzobispo de esta diócesis y señores muy venerable deán y cabildo, para que en su vista determine lo que juzgare más conveniente.

Doctor Alarcón.

   Ante mí,

Ignacio Javier Rojas,
secretario del cabildo.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

35
EL CONTADOR DE DIEZMOS REVISA LAS CUENTAS DE LA TESORERIA

EL CONTADOR DE DIEZMOS RINDE INFORME SOBRE LA REVISION DE LOS LIBROS Y LEGAJOS DE CUENTAS PRESENTADOS POR EL TESORERO ANTONIO NARIÑO. Santafé, 6 de septiembre de 1791.

Miguel Romero Martínez
(contador de las rentas decimales).

   Señores diputados por los señores muy venerable deán y cabildo.

   En cumplimiento de lo preceptuado por vuestra señoría en decreto 29 de agosto de este presente año, informo: que habiendo visto y reconocido los libros, cuentas y legajos de libramientos que ha presentado el tesorero don Antonio Nariño, de todo lo que ha sido a su cargo desde la entrega que se le hizo por don Juan Agustín de Ricaurte, en virtud de superior orden, resulta ser la cantidad de $482.351, 26¾ maravedís, desde la distribución N° 192 hasta la presente que se está cobrando N° 195. Y a su cuenta tiene pagado en conformidad de los citados libramientos $308.128, 5 reales, 1½ maravedís, por lo que resulta existencia efectiva en la caja de $174.222, 3 reales, 25¼ maravedís, como todo resulta y aparece de la cuenta que he formado y presento solemnemente para que en su vista resuelvan lo que tuviesen por conveniente. Real contaduría de diezmos de Santafé, a 6 de septiembre de 1791 años.

   Otrosí digo: que devuelvo cuatro libramientos separados de todos los demás que no se le pasan al tesorero, los dos del hospital de Pamplona y los otros dos de los acólitos, para que vuestras señorías se sirvan mandar se le devuelvan para que use de su derecho contra dichos interesados en ellos contenidos. Ut supra.

Miguel Romero Marz.

   Señores diputados por los señores venerables deán y cabildo.

   Cumpliendo con el proveído por vuestras señorías en decreto 29 de agosto de este presente año, informo: que habiendo reconocido con toda reflexión los libros y cuentas del tesorero don Antonio Nariño, y equiparado la del cargo general, que ha presentado de las distribuciones Nos. 192, 193, 194 y 195, con las de esta contaduría, resulta estar conformes en todas sus partes en esta forma:  


Real contaduría de diezmos de Santafé, a 6 de septiembre de 1791 años.

Miguel Romero Marz.

   Santafé, y septiembre 6 de 1791.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

36
DISPOSICION DEL ARZOBISPO SOBRE LOS CAUDALES EXISTENTES EN LA TESORERIA

 EL ARZOBISPO DE SANTAFE, EN OFICIO DIRIGIDO AL VENERABLE CABILDO, SEÑALA LA CONVENIENCIA DE QUE LAS CUENTAS DE RICAURTE SE ENTREGUEN AL CABILDO PARA SU RECONOCIMIENTO; ASIMISMO, QUE NARIÑO EXHIBA LAS QUE CORRESPONDEN A SU EJERCICIO, DEBIENDO LOS COMISIONADOS RECIBIR LAS EXISTENCIAS DE CAUDALES QUE HAYA EN PODER DEL TESORERO. SIGUEN RECIBOS DE LA ENTREGA POR NARIÑO DE DICHAS EXISTENCIAS DE CAUDALES, Santafé, 7 de septiembre de 1791.

Baltasar Jaime
(arzobispo).
Agustín Manuel Alarcón
(comisionado).
Pedro de Echavarri
(comisionado).

   Santafé, 7 de septiembre de 1791.

   Venerable deán y cabildo.

   Por recibido el oficio del ilustrísimo señor arzobispo de fecha de este día, y habiéndose conformado este cabildo con el superior dictamen de su señoría ilustrísima: devuélvase el expediente a los señores comisionados para que procedan a recibir las existencias de los caudales de diezmos que les entregare don Antonio Nariño, o en dinero efectivo o en recibos de cantidades pagadas a buena cuenta de la corriente distribución N° 195 a los partícipes.

   (Hay siete rúbricas).

   Muy señor mío: con el oficio de vuestra señoría de este propio día recibo el expediente que en él se cita y devuelvo. Instruido del contexto de dicho oficio, reproduzco en su contestación lo que anteriormente creo haber privadamente insinuado a algunos de los señores constituyentes de ese venerable cuerpo; y es que bajo la comisión conferida para la recepción de las cuentas del tesorero de la mesa decimal de este arzobispado, debía entenderse comprendida la de recibir los dos señores comisionados las existencias, si resultase haberlas en poder de dicho tesorero, por habérseles encomendado; primero, el que recibiesen dichas cuentas con pago de los herederos de don Juan Agustín Ricaurte del tiempo que no las hubiese dado su difunto padre y en la misma forma las del suyo de don Antonio Nariño, si voluntariamente se convenía a darlas; y hacerse después de la respuesta dada por dichos herederos, negándose a la exhibición de las cuentas de tiempo de su padre y por consiguiente a las del de dicho don Antonio Nariño, instaurado a dichos señores diputados la comisión y encargo que anteriormente se le había hecho, para que viesen y reconociesen las cuentas que dicho Ricaurte había exhibido en la junta general de diezmos; y para que asimismo tomasen a dicho don Antonio Nariño las cuentas con pago de tiempo de su administración, con arreglo a lo proveído por el excelentísimo señor virrey, sobre que las cuentas de dicho Ricaurte se entregasen al cabildo para su reconocimiento y que dicho Nariño exhibiese las que correspondían a su tiempo.

   Sobre cuyos supuestos de que consta a vuestra señoría y más en particular a los señores capitulares con quienes dejo dicho haber hablado en alguna o algunas conversaciones privadas del asunto, juzgo que aun cuando la naturaleza de la causa y sus circunstancias no lo pidiesen, deban dichos dos señores comisionados recibir en su poder las existencias si las hay, y dar a ese venerable cabildo cuenta de haber tomado dichas cuentas y de lo que de su inspección y reconocimiento creyesen resultar, a fin de que el cabildo provea por la parte que le toque lo que en justicia estimase que corresponda; añadiendo a lo dicho lo que antecedentemente también me acuerdo haber indicado a uno de dichos comisionados, y es que para evitar molestias y ahorrar tiempo, podría el señor penitenciario custodiar en su poder dichas existencias por el corto tiempo que se tardase en proveer la tesorería, concurriendo ambos al recuento de la plata y constituyéndose dicho diputado que no recibiese a responder junto e igualmente que dicho señor penitenciario de las faltas si las hubiese, y por vuestra señoría no se les exonerase de dicha responsabilidad, mediante a su probidad y fidelidad y al trabajo impendido en esta comisión y haberse hecho cargo de ella en servicio y obsequio del cabildo y demás interesados en dicho ramo; como yo no sólo los exonero desde ahora por mi parte por las razones que dejo insinuadas, sino que con proporción a mi cuarta me constituyo a responder de cualquier falta que hubiese y de que a dichos señores pudiese por alguna negligencia, u otra semejante causa, hacérseles cargo.

   Sólo resta, pues, que este asunto se evacue cuanto antes para que se abrevie los cuidados de vuestra señoría y los de dichos señores diputados, y se ponga expedita y corriente la administración de dicho ramo. Es cuanto en la materia me ocurre decir a vuestra señoría.

   Nuestro Señor guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, septiembre 7 de 1791.

   Venerable deán y cabildo.

   Besa la mano su muy apasionado seguro capellán y servidor,

Baltasar Jaime,
arzobispo de Santafé.

   Señores

   Muy venerable deán y cabildo de la santa metropolitana iglesia de este Nuevo Reino.

   En la ciudad de Santafé, en 7 días del mes de septiembre de 1791 años, nos los comisionados, en virtud de lo mandado por el ilustrísimo señor arzobispo de esta diócesis y venerable cabildo, en el oficio y decreto que anteceden, procedimos a recibir los caudales existentes de diezmos, de mano de don Antonio Nariño, y en este día se contaron $35.000 en doblones de cordoncillo, y 3.500 en moneda de plata usual y corriente, y una y otra partida componen la cantidad de $38.500, la que damos por recibida. Y para que conste por diligencia la firmamos, presente el secretario del venerable cabildo.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

   Fui presente,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   En la ciudad de Santafé, en 9 días del mes de septiembre de 1791 años, nos entregó don Antonio Nariño en moneda de plata usual y corriente la cantidad de $11.500, la que damos por recibida, y para que conste por diligencia firmamos en presencia del secretario del venerable cabildo.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

Fui presente,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   En la ciudad de Santafé, en 10 días del mes de septiembre de 1791 años. En continuación del recibo de existencias de diezmos, nos los comisionados recibimos de mano de don Antonio Nariño $2.000 en doblones de cordoncillo, con protesta, que así éstos como los que antecedentemente tiene entregados, se le hayan de cambiar en moneda de plata usual y corriente, siempre que pase a otro sujeto la tesorería de diezmos, por no estar obligado a exhibir doblones, respecto a que en el tiempo de su administración no se ha verificado pagamento alguno en esta moneda. Y por ser justa esta protesta accedimos a ella. Item, entregó en este día en diversas monedas de plata $14.203, 6¼ reales, que juntas a las partidas percibidas en los días antecedentes componen el total de $66.203, 6¼ reales, la que damos por recibida.

   Procedimos inmediatamente a recibir los papeles que comprueban lo que ha pagado el referido don Antonio Nariño a buena cuenta, de la corriente distribución número 195, a los partícipes de diezmos, que se reducen a varios libramientos, que le han llevado después que dio la cuenta general, y a muchos recibos y sumadas las partidas de uno y otros componen la cantidad de $107.931, 3¾ reales, salvo yerro. Y para que conste con mayor especificación, los libramientos son 31, los recibos 112. En éstos se advierten algunas faltas. V. gr., en los de los reales, que mandando entregar al citado don Antonio Nariño varias cantidades, o a sujetos, no se hallan en algunos a la vuelta el correspondiente recibo de ellos, y en los recibos de las misas también puede haber alguna equivocación; por lo que, en caso de haberse de formalizar con mayor exactitud la cuenta, es necesario que pasen al contador. No habiendo otras existencias se concluyó esta diligencia, dando por recibidos los referidos papeles, y para que conste firmamos.

Doctor Alarcón.
Echavarri.

   Fui presente,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   En la ciudad de Santafé, en 12 días del mes de septiembre de 1791 años. Nos los comisionados, reconociendo nuevamente el libro de la tesorería de la corriente distribución N° 195, que se había devuelto por orden del venerable cabildo a don Antonio Nariño interinamente para que asentase las cantidades de los deudores que ocurriesen a pagar, y las percibiese y retuviese en su poder, hasta nueva orden, hallamos haber pagado el juez particular hacedor de diezmos de Honda y Mariquita, la cantidad de $2.705, 1¾ reales los que exhibió en dos libramientos y dos recibos que componen la cantidad de $832, 1½ reales, y se les puso nota para que no se confundan con los demás y la restante cantidad en dinero efectivo, que uno y otro damos por recibidos. Y para que conste por diligencia firmamos,

Doctor Alarcón.
Echavarri.

   Fui presente,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   Digo yo, el doctor don Agustín Manuel de Alarcón, canónigo penitenciario de esta santa iglesia catedral metropolitana, que en cumplimiento de lo mandado por el ilustrísimo señor arzobispo de esta diócesis y venerable cabildo, he trasladado a la casa de mi morada los caudales y papeles que se refieren recibidos en las diligencias antecedentes y me constituyo depositario de ellos, obligándome a custodiarlos fielmente con aquella diligencia que según derecho corresponde. Y para que conste firmo por ante el presente secretario del venerable cabildo, en Santafé, en 14 de septiembre de 1791 años.

Doctor Agustín Manuel de Alarcón.

   Ante mí,

Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

   Santafé, 14 de septiembre de 1791

   Vistas y reconocidas las cuentas dadas por don Antonio Nariño de los caudales de diezmos que han entrado en su poder, desde 9 de septiembre de 1789, en que se le hizo entrega de la tesorería por orden del superior gobierno, hasta 12 de septiembre de este año; y resultando de ellas ser de su cargo la cantidad de $485.061, 2 reales, y ser la data por lo perteneciente a las distribuciones números 192, 193, 194, la cantidad de $308.128, 5 reales, 7½ maravedís, en orden a las referidas distribuciones se aprueban cuanto ha lugar y dan por fenecidas dichas cuentas. Y en su consecuencia, se archivaron los libramientos relativos a dicha data en la oficina de la contaduría. Y en orden a la distribución corriente N° 195, resultando de alcance la cantidad de $176.922, 5 reales; y habiendo exhibido en dinero efectivo $68.170 y la restante cantidad en varios libramientos y recibos de pagamentos adelantados, se halla igual el cargo con la data y en esta virtud se aprueba provisionalmente la cuenta de la referida distribución número 195, reservando el correspondiente fenecimiento para su tiempo. Así lo decretaron el ilustrísimo señor arzobispo y señores muy venerable deán y cabildo por ante mí el presente prosecretario, de que doy fe.

Baltasar Jaime,
arzobispo de Santafé.

Doctor don Francisco Martínez deán, doctor Vicente de la Rocha,
doctor Diego Terán, Juan de Dios Pey Andrade,
doctor Agustín Manuel de Alarcón, doctor Cristóbal de Palacios.

Pedro de Echavarri, doctor Ignacio Moya,
doctor Juan Bautista Pey, doctor Francisco Felipe del Campo.

   Ante mí,

Juan Agustín Matallana,
prosecretario del venerable cabildo.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

37
SOLICITUD DE NARIÑO PARA SU NOMBRAMIENTO COMO TESORERO DE DIEZMOS

 ANTONIO NARIÑO SOLICITA AL DEAN DEL CABILDO SE LE NOMBRE NUEVAMENTE COMO TESORERO DE DIEZMOS, TENIENDO EN CUENTA SU DESEMPEÑO ANTERIOR Y EL HABER ENTREGADO "LOS CAUDALES EXISTENTES EN TERMINOS DE NO ENCONTRARSE FALTA ALGUNA...". NARIÑO PRESENTA LOS NOMBRES DE SUS FI ADORES. Santafé, 15 de septiembre de 1791

Antonio Nariño.

   Señores muy venerable deán y cabildo:

   Don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad ante vuestra señoría muy venerable, con mi mayor rendimiento y como a más haya lugar en derecho, parezco y digo: que a consecuencia de haberse servido vuestra señoría muy venerable comisionar a los señores canónigo penitenciario doctor don Agustín Manuel de Alarcón, y prebendado don Pedro de Echavarri para que me tomasen las cuentas del tiempo que estuvo a mi cargo la tesorería de diezmos, lo he verificado puntualmente sin que se les haya notado defecto, ni tacha alguna, y seguidamente hice a los citados señores comisionados entrega formal de los caudales existentes en términos de no encontrarse falta alguna; en esta virtud suplico a vuestra señoría muy venerable que si contempla por conveniente ya el nombramiento de tesorero en uso de sus facultades, se digne verificarlo en mí, como lo tengo suplicado en mi anterior escrito; y para cumplir con lo que en él tengo ofrecido, procedo a hacer a vuestra señoría muy venerable presentes los sujetos que me fían, que son los siguientes: el alcalde ordinario; don Antonio Cajigas, en cantidad de $2.000; don Pedro de Ugarte, en la de 4.000; el doctor don Miguel de Rivas, en la de 1.000; don Primo Grot, en la de 2.000; el doctor don Miguel Galindo, en la de 2.000; don Tomás Ramírez, en la de 4.000; don Silvestre Trillo, en la de 1.000; don Francisco Manrique, en la de 1.000; don José María Santa Cruz, en la de 2.000; don Felipe de la Masa, en la de 1.000; don José Sanz de Santamaría, en la de 2.000; don Bruno Otero, en la de 2.000; don Antonio Horcacitas, en la de 2.000; don Pedro Rodríguez, en la de 1.000; don Juan Ramírez, en la de 1.000; don Fernando Ricaurte, en la de 2.000; don Matías Abondano, en la de 1.000; Bernardo Melo, en la de 1.000; Javier González, en la de 2.000; José Antonio Sánchez, en la de 2.000; Pablo González, en la de 2.000; Nicolás Santos en la de 2.000; que todas estas cantidades componen la de $40.000. Y para cualquier descubierto que haya más de los $40.000, ofrezco en fianza abierta al señor alférez real don Luis Caycedo, a don Andrés de Otero, a don Dionisio Torres y a don José Caycedo; y suplico a vuestra señoría muy venerable que, teniendo por cumplida mi oferta mediante [respecto] a que todos los sujetos expresados son de notorio conocido abono y caudal, se sirva proceder a la elección, o a lo que estimare conveniente en justicia, ella mediante el pedimento más útil y conforme.

   A sus señorías muy venerables atentamente suplico provea según solicito, juro y protesto lo necesario.

Antonio Nariño.

   Santafé, 15 de septiembre de 1791.

   Por presentado; guárdese y téngase presente para el tiempo de la resolución en el asunto; lo decretaron y firmaron, su señoría ilustrísima y señores del muy venerable deán y cabildo, de que doy fe.

   El arzobispo de Santafé.

Doctor Martínez, doctor Rocha,
doctor Terán, Doctor pey,
doctor Alarcón.
doctor Palacio, doctor Echavarri,
doctor Moya, doctor Campo.

   Ante mí,

Matallana,
prosecretario del venerable cabildo.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

38
OFICIO DEL VIRREY AL CABILDO SOBRE LA ELECCION DE NARIÑO

EL VIRREY EZPELETA SE DA POR ENTERADO DE LA ELECCION DE NARIÑO COMO TESORERO DE DIEZMOS POR EL CABILDO, SEÑALANDO QUE NO TIENE NINGUN REPARO EN EL SUJETO ELECTO, santafé, 17 de septiembre de 1791.

José de Ezpeleta
(virrey).

   Santafé, 19 de septiembre de 1791. Por recibido, agréguese a los autos de su materia. Así lo decretaron y firmaron los señores del muy venerable cabildo, de que doy fe.

   Señores
   Venerable deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana.

   He recibido el oficio de vuestra señoría y por el que quedo enterado de que habiendo procedido vuestra señoría a la elección de sujeto para tesorero de diezmos, recayó ésta por pluralidad de votos en don Antonio Nariño. Y no ofreciéndoseme reparo en cuanto al sujeto electo, lo aviso a vuestra señoría para su inteligencia y en contestación a su citado oficio.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 17 de septiembre de 1791.

José de Ezpeleta.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

39
CONDICIONES SEÑALADAS A NARIÑO COMO TESORERO DE DIEZMOS

CONDICIONES QUE EL VENERABLE CABILDO APLICA A ANTONIO NARIÑO COMO TESORERO DE LAS RENTAS DECIMALES. ACEPTACION DE DICHAS CONDICIONES POR PARTE DE NARIÑO. Santafé, 19 de septiembre de 1791.

Juan Agustín Matallana.
Antonio Nariño

   Condiciones bajo de que los señores del venerable deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana, en el que celebraron antes de ayer 17 del corriente, nombraron a don Antonio Nariño tesorero de las rentas decimales de este arzobispado.

Primera:

   Dicho don Antonio Nariño ha de reasumir los $68.996, 4 ¾ reales, 25 maravedís, exhibidos por él en plata por alcance de las cuentas de la administración de dicho ramo, que acaba de presentar; dándose por enterado en forma de dicha cantidad y poniendo dicha partida por cabeza de las del cargo de las primeras cuentas que diese.

Segunda:

   Deberá presentar anualmente las cuentas de la tesorería de su cargo a los tiempos y en la forma y modo como se ha practicado por sus antecesores.

Tercera:

   Se obligará bajo escritura en forma a responder de los caudales del ramo, que entrasen en su poder, con su persona y bienes, habidos y por haber, y lo mismo ejecutarán todos los fiadores comprendidos en el índice o memoria por él presentada, cada uno en los términos y con la distinción que de ella consta.

Cuarta:

   Si alguno de dichos fiadores muriese o viniese a tal fortuna, que prudentemente se recele que en caso necesario no pueda responder efectivamente de la cantidad que por él se hubiese afianzado, dicho don Antonio deberá subrogar en lugar de dichos fiadores otros, a satisfacción de los ilustrísimos señores arzobispo y su venerable deán y cabildo, sin otra formalidad ni diligencia que la de insinuarle por medio del secretario capitular, haga dicha subrogación o facilite el que se ejecute.

Quinta:

   Debiendo estar cerrada la cuenta del año pasado de 790 el día último del mes de diciembre del presente de 91; y en poder de dicho don Antonio todo lo que se hubiese cobrado perteneciente a dicho ramo en el referido de 90; y siendo por otra parte líquida la cuota que corresponde a diferentes interesados, antes que por el contador de diezmos se forme el cuadrante para la distribución, como las cuartas arzobispal y capitular y el importe de la casa excusada consignado para la fábrica de esta santa iglesia; bajo de estos supuestos dicho don Antonio deberá entregar al contado dichas cantidades y cualesquiera otras, de que constase líquidamente antes de la formación de dicho cuadrante, a cada uno de los interesados, desde el día 2 hasta el 5, uno y otro inclusive del mes de enero del año próximo venidero de 1792; todo en virtud de la instrucción y libramientos que dichos señores arzobispos y su venerable deán y cabildo le dirigiesen, con presencia de las razones del importe de los arrendamientos del ramo y cantidades que hubiesen entrado en poder de dicho don Antonio en el referido año, que deberán presentar los señores hacedores, o con presencia de las certificaciones del notario del tribunal sobre uno y otro punto; y con arreglo a ellas, con advertencia de que del importe de la cuarta capitular deberá quedar en su poder la quinta parte para cubrir las fallas de coro, si por el cuadrante del apuntador resultase haberlas, como también por si en las asignaciones que se hiciesen a los señores capitulares de las cuatro restantes, cuartas partes, con respecto a sus prebendas, se hallase alguna equivocación o yerro.

Sexta:

   Lo mismo que queda dicho por lo respectivo a la distribución de las rentas del año de 90 se deberá observar por dicho tesorero en los años siguientes. Y si como se desea, pudiese facilitarse el que a los interesados se paguen sus rentas por mesada, formado que vea el plan, deberá sujetarse a él dicho tesorero y pagar a cada interesado según y como por dicho plan se prescribiese.

Séptima y última:

   Será facultativo a los ilustrísimos señores arzobispos y a su venerable deán y cabildo remover a dicho don Antonio de la tesorería, cuando lo estimaren conveniente, sin tener que darle causales, ni derecho él para pedirlas, ni poder oponerse, ni contradecir su remoción so pretexto de deshonor, ni ningún otro.

   Las cuales condiciones se ha mandado por los señores de dicho venerable deán y cabildo, en el que en este propio día de la fecha han celebrado, se hagan por mí el infrascripto prosecretario capitular por enfermedad del que lo es en propiedad, presentes a dicho don Antonio Nariño, para que instruido de su tenor las acepte, si le conviniese, y aceptadas y puesta por diligencia su aceptación, y firmada por dicho don Antonio, se proceda a despachársele el nombramiento correspondiente con inserción de dichas condiciones y al otorgamiento de la escritura o escrituras que sean necesarias con intervención de los señores doctor don Agustín Manuel de Alarcón, canónigo penitenciario y don Pedro de Echavarri, prebendado de esta dicha santa iglesia, diputados para este efecto según que todo consta de los cabildos celebrados en esta razón, a que me refiero.

   En Santafé, a 19 del mes de septiembre de 1791.

Juan Agustín Matallana,
prosecretario del venerable cabildo.

   En la ciudad de Santafé, a 19 días del mes de septiembre de 1791, yo, el infrascrito prosecretario del muy venerable deán y cabildo, pasé a la casa y morada de don Antonio Nariño, y habiéndole leído y hecho presentes las condiciones antecedentes, bajo las que ha sido nombrado tesorero de las rentas decimales, para ver si aceptaba el referido nombramiento, con las condiciones expresadas, dijo que las aceptaba y aceptó en toda forma de derecho y para su cumplimiento lo firmó conmigo, de que doy fe.

Antonio Nariño.

   Ante mí,

Juan Agustín Matallana,
prosecretario del venerable cabildo.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

40
EL CABILDO ECLESIASTICO INFORMA AL VIRREY SOBRE LA ELECCION DEL TESORERO DE DIEZMOS

EL DEAN Y CABILDO INFORMAN AL VIRREY DE LA ELECCION DE ANTONIO NARIÑO COMO TESORERO DE DIEZMOS Y PIDEN SU CONCEPTO SOBRE DICHA ELECCION. Santafé, 19 de septiembre de 1791.

Doctor Francisco Martínez
(deán).

   Excelentísimo señor:

   A consecuencia de lo prescrito en la real cédula de su majestad para dar noticia a vuestra excelencia, a fin de que sirva a su superior justificación de inteligencia por si hallase algún reparo: Hemos procedido, estando la cosa ya en estado y el expediente en términos, a la elección de tesorero de la mesa decimal que se ha verificado en don Antonio Nariño por pluralidad de votos. Y para proceder a que éste acepte según los acordados de este capítulo, espero que vuestra excelencia se sirva manifestarle su concepto, o si halla en este sujeto electo algún reparo; para cuya aceptación se ha señalado el día 19 del corriente, quedando entre tanto secreta la elección hasta saber lo que vuestra excelencia se sirva comunicar a este cabildo.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala capitular, y septiembre 19 de 1791.

   Excelentísimo señor.

Doctor don Francisco Martínez,
deán.
Doctor Diego Terán, Juan de Dios Pey Andrade,
doctor Agustín Manuel de Alarcón,
doctor Cristóbal de Palacio.
Pedro de Echavarri, doctor Ignacio Moya,
doctor don Juan Bautista Pey, doctor don Francisco del Campo,

   Excelentísimo señor virrey,
   don José de Ezpeleta.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Empleados Públicos, Miscelánea, t. 31, folio 80.

41
CONSTANCIA SOBRE LAS FIRMAS EN LA ESCRITURA DE FIANZA Y ABONO

CONSTANCIA SOBRE LAS FIRMAS DE LOS FIADORES EN LA ESCRITURA Y FIANZA Y ABONO DE ANTONIO NARIÑO EN SU CONDICION DE TESORERO DE DIEZMOS. Santafé, 28 de septiembre y 6 de octubre de 1791.

Pedro Joaquín Maldonado.
Ignacio Javier de Rojas,

secretario del venerable cabildo.
Miguel Romero Martínez,
contador de las rentas decimales.

   Se halla otorgada la escritura de fianza y abono de diezmos y su tesorería, según lo pedido y mandado, y para que conste se anota. Santafé y septiembre 28 de 1791.

   Aunque por la razón antecedente consta el día, mes y años en que se extendió la escritura de fianza de diezmos y posteriormente se firmó por los fiadores, como nunca se hubiese firmado por el doctor don Miguel Galindo, ni se verificó, hecho por mí presente y los señores canónigos diputados para su aceptación tampoco la firmaron hasta hoy día 11 de marzo de 1793, en que bajo del concepto de que no la había firmado el dicho doctor Galindo, la firmaron dichos señores y yo la autoricé; y esto mismo consta por nota puesta al pie de dicha escritura. Y para que conste lo firmo.

Pedro Joaquín Maldonado.

   Yo, don Ignacio Javier de Rojas, secretario de los señores del muy venerable deán y cabildo, en virtud de orden de dichos señores, que se me avisó por el señor juez hacedor general de diezmos, doctor don Diego Terán, dignidad tesorero de esta santa iglesia que, como consta de la nota antecedente, se halla otorgada la escritura de fianza y abono que ha hecho don Antonio Nariño para entrar nuevamente en la tesorería general de diezmos, percibir los caudales de ella y despachar todos los libramientos y ejercer todas las funciones correspondientes a su empleo; y que así lo haga saber yo, dicho secretario, a don Miguel Romero, contador de las rentas decimales de este arzobispado para su inteligencia, y para que conste haberlo hecho saber lo firmó conmigo. Así lo certifico en la contaduría general de diezmos de esta ciudad de Santafé, a 6 de octubre de 1791 años.

Miguel Romero Marz.
Ignacio Javier de Rojas,
secretario del venerable cabildo.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

42
SOLICITUD DEL CONTADOR DE DIEZMOS AL CABILDO

MIGUEL ROMERO MARTINEZ, CONTADOR DE RENTAS DECIMALES, SOLICITA AL VENERABLE CABILDO EL CUADERNO DE CUENTAS QUE PRESENTO JUAN AGUSTIN DE RICAURTE. CERTIFICACION POSTERIOR DEL MISMO CONTADOR DE HABER RECIBIDO DICHO CUADERNO. Santafé, 20 de diciembre de 1791; 18 de septiembre de 1793.

Miguel Romero Martínez
(contador de rentas decimales).

   El contador por su majestad (que Dios guarde) de las rentas decimales de este arzobispado, con el debido respeto ante vuestra señoría muy ilustre, parezco y digo: que a consecuencia del expediente obrado por vuestra señoría muy ilustre a efecto de que el tesorero don Antonio Nariño diese cuenta de la caja de diezmos que fue a su cargo hasta la distribución N° 194, se agregó a dicho expediente la cuenta que dio don Juan Agustín de Ricaurte de la N° 192 y se ha quedado en esta contaduría descubierto el cuaderno de libramientos que presentó en data de dicha cuenta, y para precaver cualquier resulto en lo sucesivo, suplico a vuestra señoría muy ilustre se sirva mandar se devuelva a esta contaduría original o testimonio fehaciente de ella por el presente secretario para su agregación y resguardo de la contaduría; por tanto, a vuestra señoría muy ilustre pido se sirva de proveer y mandar como solicito, etc.

Miguel Romero Marz.

   Santafé, 20 de diciembre de 1791

   Como lo pide y está mandado por decreto.

   (Hay 13 rúbricas)

   Fui presente,

Rojas,
secretario.

   Yo, don Miguel Romero Marz, contador de rentas decimales, recibí de mano de don Ignacio Javier de Rojas, secretario de los señores muy venerables deán y cabildo, el cuaderno de cuentas que tengo pedido en mi antecedente escrito y se me manda devolver en el decreto del proveído, y consta de 24 fojas útiles, y para que conste lo firmo en esta real contaduría de diezmos de Santafé, a 18 de septiembre de 1793 años.

Miguel Romero Marz.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

43
CESION DE EMPLEO DE ALCALDE PROVINCIAL A FAVOR DE ANTONIO NARIÑO

JOAQUIN RICAURTE Y TORRIJOS, EN RAZON DEL CAMBIO DE SU VECINDAD, CEDE, RENUNCIA Y TRASPASA EL EMPLEO DE REGIDOR ALCALDE MAYOR PROVINCIAL EN FAVOR DE ANTONIO NARIÑO, QUIEN POSTERIORMENTE RENUNCIA EN FAVOR DE ANTONIO UGARTE. Santafé, 23 de diciembre de 1791 y 20 de noviembre de 1793.

Joaquín de Ricaurte.
Antonio Nariño.
Antonio Ugarte.

   Excelentísimo señor:

   Don Joaquín de Ricaurte y Torrijos, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con el debido respeto parezco y digo: que se me ha hecho saber la superior providencia para que acredite mi idoneidad para entrar en el oficio de alcalde provincial que renunció en mí don Joaquín Bernal, como también haber enterado en cajas la parte que pertenece a su majestad y el real derecho de media anata. Para lo primero acompaño los documentos Nos. 1 y 2 que, a más de la notoriedad de mi familia, hacen ver que fui colegial en el Colegio Mayor del Rosario, que goza del privilegio de los de estatuto conforme a la real cédula de 3 de mayo de 68. Y para lo 2°. manifiesto la certificación del contador oficial real de estas reales cajas, don Joaquín López de Quintana, haber satisfecho las dos partidas que devenga el erario; en cuyo estado es llegado el caso de que se me ponga en posesión del empleo, respecto a que no ocurre otro impedimento; pero como he deliberado mudar de situación y de vecindario, desde ahora hago renuncia del citado empleo en manos de su majestad y a favor de el tesorero don Antonio Nariño, protestando formalizarla conforme a derecho, para que dignándose vuestra exclencia de mandar que admitida la dicha renuncia se proceda por el renunciatario a satisfacer lo que corresponda a su majestad y a facilitar lo que es necesario para la posesión de dicho empleo, en cuyos términos con el útil pedimiento.

   A vuestra excelencia suplico se sirva, habiendo por presentados los documentos, proveer como solicito, juro, etc.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos
(firmado).

   596.

   Santafé y octubre 22 de 1791.

   Al señor fiscal.

   (Hay dos rúbricas).

Caicedo
(firmado).

   Excelentísimo señor:

   El fiscal dice: que habiendo enterado en reales cajas don Joaquín de Ricaurte la parte correspondiente a su majestad en el oficio de alcalde mayor provincial que en él renunció don Joaquín Bernal, y satisfecho igualmente la media anata según lo acredita con la certificación que presenta, no ocurre embarazo para que pueda renunciar el derecho adquirido en don Antonio Nariño, por lo que podrá formalizar la renuncia en los términos ordinarios de derecho para que a su consecuencia, presidiendo el nuevo entero en cajas reales y la calificación de idoneidad de Nariño, se provea lo conveniente. Santafé, octubre 25 de 1791.

Berrío.

   Santafé, 26 de octubre de 1791

   Autos.
   (Hay dos rúbricas).

Caicedo
(firmado).

   En la ciudad de Santafé, a 21 de octubre de 1791, ante mí, el escribano de su majestad, y testigos, pareció presente don Joaquín de Ricaurte y Torrijos, de esta vecindad, a quien doy fe conozco, y dijo: que por cuanto el difunto doctor don Joaquín Bernal renunció en favor del otorgante el empleo de regidor, alcalde mayor provincial de este ilustre cabildo, y que en fuerza de dicha renuncia satisfizo el real derecho correspondiente a su majestad con el de la media anata, por cuya razón se le ha notificado un superior auto en que se le previene proceda a tomar la posesión correspondiente. En esta virtud, teniendo deliberado variar de vecindad, en cuyo hecho no puede ejercer su empleo, usando del derecho que le compete en la vía y forma que más haya lugar, otorga que cede, renuncia y traspasa el enunciado empleo en favor del señor tesorero general de las rentas decimales don Antonio Nariño, para todos los días de su vida y con las mismas exenciones y privilegios que lo han obtenido sus antecesores y en que hubiera de suceder el otorgante, constituyendo al referido señor don Antonio en su mismo lugar y grado, para que practicadas las competentes diligencias para la superior aprobación de esta renuncia, pueda pedir la misma posesión del empleo y ocurrir a su majestad dentro del término prescrito por la real confirmación; y en estos términos aprueba y ratifica en la parte que le toca esta renuncia, protestando no reclamar contra ella en tiempo alguno, porque a su firmeza obliga todos sus bienes y rentas que tiene y tuviere y da poder a las justicias de su majestad para que a su validación le compelan por todo rigor de derecho y vía ejecutiva sobre que renuncia su fuero, domicilio y vecindad, la ley sit convenerit de jurisdictione omnium judicium, con todas las demás leyes, fueros y derechos de su favor hasta la general que prohibe toda renunciación. Y estando presente el señor don Antonio Nariño, otorga que acepta esta referida renuncia y por su parte ofrece cumplir con las obligaciones que le competan, en cuyo testimonio así lo dijeron, otorgaron y firmaron, siendo testigos don Francisco Moreno, Joaquín Ibarra y Santiago Bermúdez, vecinos. Doy fe.

Antonio Nariño.

   Ante mí,

José Ramón Sánchez,
escribano de su majestad.

   Concuerda con la renuncia original que se halla en el registro de instrumentos públicos que pasan y se otorgan en este presente año por ante el escribano de su majestad, público del número de esta corte don Joaquín Sánchez, en cuyo lugar y por su asistencia despacho interinamente esta su oficina. Con dicho original corregí y concerté este testimonio, y está cierto y verdadero, en cuya fe, remitiéndome al citado registro y de requerimiento de la parte, lo franqueo signado y firmado en esta ciudad de Santafé en el mismo día, mes y año de su otorgamiento.

   En testimonio [hay un signo] de verdad.

José Ramón Sánchez,
escribano de su majestad
(firmado).

   Derechos de arancel
   (rúbrica de Sánchez).

   Corregido
   (rúbrica de Sánchez).

   Yo, el infrascrito escribano público del número y cabildo de esta Villa de Leiva y su jurisdicción, certifico en toda forma y manera que haga fe, que ha el tiempo de un mes, algo más, que conozco a don Joaquín de Ricaurte y Torrijos, y de residente en esta villa más de 20 días, y hasta hoy día de la fecha se halla vivo. Y para que conste a su requerimiento doy la presente, que firmo en esta misma villa a 14 del mes de diciembre de 1791 años.

José Gregorio Sánchez,
escribano público y de cabildo
(firmado).

   Derechos: 136 maravedís
   (rúbrica de Sánchez).

   Excelentísimo señor:

   Don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con mi mayor respeto parezco y digo: que don Joaquín Ricaurte hizo renuncia en mí del regimiento de alcalde provincial de el cabildo de esta ciudad, como consta del documento que con la debida solemnidad presento y juro; y respecto a que por igual documento que con la misma solemnidad presento, resulta la supervivencia prevenida por la ley.

   A vuestra excelencia suplico se sirva declarar por bien hecha la renuncia para en su consecuencia poder pasar a ejecutar el pago del real derecho de media anata y demás que sean de mi cargo, y que se me libre el correspondiente título, que protesto y juro lo necesario, etc.

Antonio Nariño.
Juan José Caballero
(firmado).

   Santafé, 22 de diciembre de 1791

   Autos y vistos: Se declara por bien hecha la renuncia hecha por don Joaquín Ricaurte a favor de don Antonio Nariño, quien enterará en cajas reales los derechos que correspondan a su majestad, y acreditando su idoneidad, líbresele el título correspondiente.

   (Hay dos rúbricas)

Caicedo
(Firmado).

   Don Joaquín López de Quintana, contador oficial real de las reales cajas de esta capital, y comisario de guerra por su majestad, etc.

   Certifico: que en el libro real común del presente año, a fojas catorce, se halla una partida que dice así:

Partida 38.

   "En la ciudad de Santafé, en 22 de diciembre de 1791, nos hacemos cargo de $266, 5¼ que entregó don Antonio Nariño, tercera parte de $800 en que se avaluó el oficio de alcalde mayor provincial del ilustre cabildo de esta capital y le renunció don Joaquín Ricaurte con aprobación del superior gobierno, como consta de la certificación en el legajo 119, a fojas 1.096, cuya exhibición se hace por ser de tercera renuncia, conforme a la ley 1a., título 21, libro 8o. de la Recopilación, y lo firmo.

"Martín de Urdaneta.
Joaquín López de Quintana".

   Igualmente certifico: que en el mismo libro, a fojas 99, se halla otra partida que dice así:

Partida 97.

   "En la ciudad de Santafé, a 22 de diciembre de 1791, nos hacemos cargo de $20 que entregó don Antonio Nariño por el real derecho de media anata de los $800 en que se avaluó el oficio de alcalde mayor provincial de esta capital al respecto de 2½%, cuyo oficio le renunció don Joaquín Ricaurte, como consta de la certificación en el legajo 119, a fojas 1.096, y lo firmamos.

"Martín de Urdaneta.
Joaquín López de Quintana ".

   Así constan y parecen las citadas partidas del expresado libro y fojas. Santafé, 22 de diciembre de 1791.

Joaquín López de Quintana
(firmado).

   Excelentísimo señor:

   Don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con el debido respeto digo: que a consecuencia de haber aprobado vuestra excelencia la renuncia hecha en mí por don Joaquín Ricaurte del empleo de regidor alcalde provincial del cabildo de esta ciudad, enteré en cajas reales el importe de lo que corresponde a su majestad por razón de dicho oficio, con más el real derecho de media anata, etc., como todo consta del documento que con la debida solemnidad presento y juro, para que en virtud de él y de ser notoria en esta ciudad mi calidad e idoneidad constante y de satisfacción del cabildo que en el año de 89 me eligió para alcalde ordinario, cuyo empleo desempeñé a satisfacción de dicho cabildo y del público, y siempre que lo notorio de uno y otro no se tenga por suficiente, estoy pronto a producir por ello cualquiera información que se me pida; por tanto, a vuestra excelencia suplico que habiendo por presentado el documento, se sirva declarar por suficiente la calidad e idoneidad notoria para que en su virtud se libre el título como está mandado y se me ponga en posesión del referido empleo; protesto y juro lo necesario, etc.

Antonio Nariño
(firmado).

   Santafé, y diciembre 23 de 1791

   Autos y vistos: mediante ha haberse enterado en cajas reales los derechos que corresponden a su majestad por don Antonio Nariño y tener acreditado por los documentos presentados su idoneidad, líbresele el título de regidor alcalde mayor provincial del cabildo de esta capital en la forma ordinaria y devuélvansele los documentos que al intento tiene presentados.

   (Hay dos rúbricas).

Caicedo
(firmado).

   En 2 de los mismos se libró el título en fojas 10.

   En la ciudad de Santafé, a 20 de noviembre de 1793, ante mí, el escribano de su majestad, y testigos, pareció presente en las casas de su morada el señor don Antonio Nariño, vecino de ella, y dijo: que estando en actual ejercicio del empleo de regidor alcalde mayor provincial de este muy ilustre cabildo, justicia y regimiento, por renuncia que de él hizo a su favor don Joaquín Ricaurte, y en virtud del correspondiente título que se le despachó, usando del privilegio y facultad concedida por las leyes, en la mejor vía y forma que por derecho haya lugar, otorga que renuncia el mencionado empleo de regidor alcalde mayor provincial en manos de su majestad y a favor de don José Antonio Ugarte, vecino de esta ciudad, persona en quien concurren todas las circunstancias y calidad que son necesarias para el ejercicio de este empleo, para que presentándose con testimonio de este instrumento ante el excelentísimo señor virrey de este reino, solicite su aprobación y el competente título y pueda tomar la posesión de dicho oficio y lo use y ejerza en propiedad como el señor otorgante lo ha usado y ejercido, en virtud de la renuncia que de él hizo a su favor el citado don Joaquín Ricaurte, con declaración que si por algún caso no se sirviese el excelentísimo señor virrey aprobar esta renuncia o que antes de su aprobación o después de ella fallezca el renunciatario, sin haber cumplido con las cualidades y condiciones a que es obligado, reserva en sí y en sus herederos la propiedad, posesión y derecho que tiene a dicho empleo para ejercerlo del mismo modo que hasta ahora y ha de ser visto no haberlo renunciado. En cuyo testimonio así lo otorga y firma a quien doy fe conozco, siendo testigos don Joaquín Montoya, don José María Carranza y don Antonio Aranzazugoitia, vecinos. Doy fe.

Antonio Nariño.
José María Mutienx.

   Concuerda con su original de donde se sacó y corrigió, que queda en el registro de mi cargo y al que me remito. Y para que conste doy el presente de requerimiento de la parte, que signo y firmo en Santafé a 12 de diciembre de 1793.

   (Hay un signo).

José María Mutienx
(firmado).

   Derechos: a 75 maravedís foja y 40 del signo
   (rúbrica de Mutienx).
   Corregido
   (rúbrica de Mutienx).

   Yo, el infrascrito escribano de su majestad y vecino de esta ciudad, certifico: que hoy día de la fecha he estado con el señor don Antonio Nariño, regidor, alcalde mayor provincial de este ilustre cabildo, con quien he comunicado, y lo he hallado en su entera salud. Y para que conste de requerimiento verbal de don José Antonio Ugarte, doy y firmo la presente en esta ciudad de Santafé, a 12 de diciembre de 1793.

José María Mutienx
(firmado).

   Excelentísimo señor:

   Don José Antonio de Ugarte, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con el mayor respeto parezco y digo: que don Antonio Nariño ha obtenido con título bastante el oficio de regidor alcalde mayor provincial del ilustre ayuntamiento de esta ciudad, del cual ha hecho renuncia en manos de su majestad y a mi favor el día 20 de noviembre próximo pasado por ante el escribano de su majestad José María Mutienx, según consta del documento que solemnemente presento, para que en su virtud y en la de haber sobrevivido el renunciante los 20 días que previene la ley, como lo acredita la certificación que acompaño, se sirva vuestra excelencia, declarando válida, firme y presentada en tiempo dicha renuncia, mandar se proceda al avalúo de dicho oficio en la forma ordinaria para el pago de la parte que corresponda a su majestad, la que satisfaré de contado, y que se me libre el correspondiente título para entrar al uso de dicho oficio con las mismas distinciones, preeminencias y facultad que lo han usado y debido ejercer los antecesores en él, que así es de justicia, ella mediante.

   A vuestra excelencia suplico provea como solicito, etc.

José Antonio de Ugarte.
Juan José Caballero
(firmados).

   Santafé, 14 de diciembre de 1793.

   Al señor fiscal.
   (Hay dos rúbricas).

Caicedo.
(firmado).

   Excelentísimo señor:

   El fiscal de su majestad dice: que estando en tiempo y forma la renuncia del empleo de alcalde mayor provincial del cabildo de esta capital hecha por don Antonio Nariño a favor de don José Antonio Ugarte, y constando por certificación la supervivencia, podrá vuestra excelencia aprobarla y mandar se pase el expediente a los ministros de real hacienda de esta capital para que hagan el avalúo conforme a las leyes, devolviéndose posteriormente a la fiscalía. Santafé, diciembre 16 de 1793.

Berrío
(firmado).

   Santafé, diciembre 17 de 1793

   Autos y vistos: Como parece al señor fiscal en su antecedente vista.
   (Hay dos rúbricas).

Caicedo
(firmado).

   Santafé, y diciembre 18 de 1793

   Para proceder el avalúo prevenido en el superior auto que antecede del oficio de regidor alcalde provincial del ilustre cabildo de esta ciudad, solicítense por la escribanía tres sujetos de verdad, integridad y conocimiento para que éstos, bajo la religión del juramento, expongan el legítimo valor del citado oficio, y hecho dése cuenta para proveer lo que convenga con audiencia del señor fiscal de lo civil.

   (Hay dos rúbricas).

   Ante mí,

Franqui
(firmado).

   En la ciudad de Santafé, a 18 de diciembre de 1793, a efecto de recibir la información prevenida en el auto de la vuelta, compareció en estos reales oficios don Juan Salvador Rodríguez de Lago, regidor depositario general del ilustre cabildo de esta ciudad, al que por ante mí el presente escribano los señores oficiales reales recibieron juramento, que hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, bajo del cual ofreció decir verdad en lo que supiere y le sea preguntado, y siéndolo en qué cantidad aprecia el oficio de regidor alcalde provincial del ilustre cabildo de esta corte, dijo: que en virtud de los conocimientos y práctica que le asisten lo aprecia en la cantidad de $600, por no gozar este empleo emolumentos algunos; que lo que lleva dicho y declarado es la verdad en fuerza del juramento que hecho tiene, en el que se afirmó y ratificó, con lo que se concluyó esta diligencia, que los señores rubrican y la parte firma por ante mí, de que doy fe.

   (Hay dos rúbricas).

Juan Salvador Rodríguez de Lago.

   Ante mí,

Juan Nepomuceno Franqui
(firmados).

   En la ciudad de Santafé, a 19 de diciembre de 1793, en prosecución de esta información compareció en estos reales oficios don Primo Groot, regidor, fiel ejecutor del ilustre cabildo de esta ciudad, al que por ante mí el presente escribano los señores oficiales reales recibieron juramento, que hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, bajo del cual ofreció decir verdad en lo que supiere y le sean preguntado, y siéndolo en qué cantidad aprecia el oficio de regidor alcalde provincial de esta ciudad, dijo: que según su leal saber y entender, el precio que daba al citado oficio era el de 600 patacones, por no ingresar en él emolumento alguno y sólo ser apetecible por lo honorífico de él y preferencia de asiento que en dicho cabildo tiene a los demás regidores. Y que este es el justo precio que al citado oficio da en virtud de las razones expuestas, con lo cual se concluyó esta diligencia, que los señores rubrican y la parte firma por ante mí, de que doy fe.

   (Hay dos rúbricas)

Primo Groot.

   Ante mí,

Juan Nepomuceno Franqui
(firmados).

   En la ciudad de Santafé, a 19 de diciembre de 1793, en prosecución de esta información pareció en estos reales oficios el doctor don Juan Fernando Vergara, regidor del ilustre cabildo de esta corte, a quien los señores oficiales reales por ante mí el presente escribano recibieron juramento, que hizo conforme a derecho por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, bajo del cual ofreció decir verdad en lo que supiere y le sea preguntado, y siéndolo en qué cantidad aprecia el oficio de regidor alcalde provincial del ilustre cabildo de esta ciudad, dijo: que según su leal saber y entender y a la práctica que le asiste, aprecia el citado oficio en cantidad de $650, por no ingresar en él lucro ni emolumento alguno, y sólo es apetecible por lo honorífico de él y preferencia de asiento que en dicho cabildo tiene, con lo cual se concluyó esta diligencia que los señores rubrican y la parte firma por ante mí, de que doy fe.

   (Hay dos rúbricas).

Juan Fernando Vergara.

   Ante mí,

Juan Nepomuceno Franqui
(firmados).

   Santafé, y diciembre 19 de 1793

   Vista la información que antecede y a lo que de ella resulta con reflexión al avalúo anterior, se aprecia por estos reales oficios el empleo de regidor alcalde provincial del ilustre cabildo de esta corte en 800 patacones.

   (Hay tres rúbricas).

   Ante mí,

Franqui.

   Se dio certificación para el entero con fecha 19 de los mismos.

   Don Joaquín de Quintana, contador, ministro de ejército y real hacienda de las cajas matrices de esta capital y comisario de guerra por su majestad, etc.

   Certifico: que en el libro real común del presente año, a fojas 13 vuelta, se halla una partida que dice así:

Partida 38.

   "En la ciudad de Santafé, en 20 de diciembre de 1973, nos hacemos cargo de $266, 5¼ reales que entregó don José Antonio de Ugarte, tercera parte de $800 en que se evaluó el oficio del alcalde mayor provincial del ilustre cabildo de esta capital, que le renunció don Antonio Nariño, con la aprobación del superior gobierno, como parece del documento a fojas 1.327 del legajo 121, cuya exhibición, con respecto a ser cuarta renuncia en conformidad de la ley 1a., título 21 del libro 8o. de las Municipales. Y lo firmamos.

Martín de Urdaneta.
Joaquín de Quintana.

   Igualmente certifico: que en el mismo libro, a fojas 86 vuelta, se halla otra partida que dice así:

Partida 102.

   "En la ciudad de Santafé, en 20 de diciembre de 1793, nos hacemos cargo de $23, 4¾ reales que entregó don José Antonio de Ugarte por la media anata y su 18% de conducción correspondiente al avalúo del oficio de alcalde mayor provincial del ilustre cabildo de esta capital, que le renunció don Antonio Nariño con aprobación del superior gobierno, como parece del documento a fojas 1.327 del legajo 121, y lo firmamos.

"Martín de Urdaneta.
Joaquín de Quintana ".

   Así parecen las dichas partidas del citado libro y fojas. Santafé 20 de diciembre de 1793.

Joaquín de Quintana
(firmado).

   Pide se le libre título de regidor alcalde mayor provincial en atención a tener cumplidos todos los requisitos legales.

   Excelentísimo señor:

   Don José Antonio de Ugarte, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con el mayor respeto parezco y digo: que aprobada por vuestra excelencia la renuncia del empleo de regidor alcalde mayor provincial del ilustre cabildo de esta ciudad hecha a mi favor por don Antonio Nariño, se procedió por los ministros de real hacienda de estas cajas del avalúo de dicho empleo, que se hizo en cantidad de $800, cuya tercera parte corresponde a su majestad, tengo satisfecha de contado con más el real derecho de media anata en la misma conformidad, según consta de la certificación que acompaño; por lo que teniendo calificada mi persona y no faltando requisito alguno por evacuar para entrar al uso y posesión del expresado oficio, sólo resta se expida el título en la forma ordinaria con declaración de deber gozar en su virtud las mismas facultades y preeminencias que por ley, costumbre u otra justa causa estén anexas al empleo y hayan gozado y debido gozar mis antecesores en él, y siendo de justicia que así se verifique.

   A vuestra excelencia pido y suplico se sirva mandar se me libre el título y se me franqueen los testimonios que pida del expediente para ocurrir por la real confirmación en los términos prevenidos por reales disposiciones; juro y protesto lo necesario, etc.

José Antonio de Ugarte.
Luis de Ovalle

(firmados)

   Santafé, 23 de diciembre de 1793.

   Autos y vistos: líbrese el título de regidor alcalde mayor provincial de este cabildo a favor de don José Antonio de Ugarte, con todas las preeminencias y facultades que como a tal alcalde mayor provincial le corresponden por derecho, y según las que hayan gozado hasta aquí sus antecesores.

   (Hay dos rúbricas).

Caicedo
(firmado).

   En 23 de diciembre se libró en fojas 9.

   En 5 de febrero de 1794 se sacaron testimonios, principal y duplicado, cada uno en fojas 13, de las que corren en este expediente, desde la 13 hasta la 43, para el ocurso a Madrid por la real confirmación del empleo de regidor alcalde mayor provincial de esta capital, renunciado últimamente en don José Antonio Ugarte.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia: Sección Colonia, Fondo Empleados Públicos de Cundinamarca, t. 12, folios 738 recto - 753 vuelto.

44
ANTONIO NARIÑO SOLICITA PERMISO PARA EXTRAER Y EXPORTAR QUINA

ANTONIO NARIÑO SOLICITA PERMISO PARA EXTRAER, DE LOS MONTES DE FUSAGASUGA, 3.000 ARROBAS DE QUINA PARA REMITIRLAS A ESPAÑA. PARA TAL EFECTO LAS AUTORIDADES SOLICITAN CONCEPTO DEL BOTANICO Y NATURALISTA JOSE CELESTINO MUTIS. CONCEPTO QUE SE INCLUYE EN EL EXPEDIENTE. Santafé, 17 de diciembre de 1792 y 11 de mayo de 1794.

Antonio Nariño.
José Celestino Mutis.

   Don Antonio Nariño, vecino de esta capital, sobre que se le conceda licencia para extraer, de los montes de Fusagasugá, 3.000 arrobas de quina para su exportación a España, etc.

   Excelentísmo señor:

   Don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con el mayor respeto parezco y digo: que necesito extraer de los montes de Fusagasugá 3.000 arrobas de la quina que producen para remitirlas a España, a fin de hacer algunas especulaciones de comercio con este precioso fruto del país; y como necesito el superior permiso de vuestra excelencia para su corte y extracción, a vuestra excelencia suplico rendidamente se sirva concedérmela, franqueándome al efecto el documento correspondiente, para que no se me ponga embarazo, en lo que recibiré gracia y merced.

Antonio Nariño.

   Santafé, y diciembre 17 de 1792.

   Autos y vistos: líbrense las órdenes necesarias a Cartagena, Santa Marta, Honda y Mompós para que se pregone la quina que se halla almacenada en Honda, en los términos que pide el señor fiscal, a cuyo efecto se inventaría la antecedente vista. Igual diligencia se practicará en esta capital poniéndose en los lugares públicos cedulones para que llegue a noticia de todos, y verificados que sean los pregones con la mayor brevedad y con citación de los postores, se remitirá lo que resultare a esta superioridad, para tomar las providencias convenientes, según las proposiciones que se hicieren. Bien entendido que se les permitirá a los postores extraer este específico para colonia, bajo la calidad que el retorno ha de ser precisamente en negros, o demás utensilios que comprende la real orden de 24 de noviembre de 91, que deberán introducirse por los puertos habilitados por dicha real orden. Y por cuanto se advierte el desorden y grave perjuicio que resulta a la humanidad y verdadera estimación de la quina, con el abuso de cortarla a discreción de los que se emplean en este género de negociación, sin tener los conocimientos que se necesitan para distinguir la buena de la mala, de cuyo exceso, sin duda, resulta, como advierte el ministerio fiscal, el descrédito y poco aprecio que se tiene en el día de este tan importante específico. Se prohibe estrechamente sin embargo de cualquier licencia que se haya concedido el cortar y sacar la quina, bajo la pena de $500, que se le exigirán irremisiblemente a cada uno de los contraventores, con más la pérdida del género. Para todo se despacharán las órdenes correspondientes a Neiva, Fusagasugá, Ocaña y demás parajes donde se produce esta planta, a cuyos jueces se les encarga el puntual cumplimiento de esta determinación, bajo toda responsabilidad, y en caso de que alguna persona quiera cortar y sacar quina, precisamente ha de ocurrir a esta superioridad, para que con conocimiento de causa se le franquee la licencia e instrucción necesaria.

   (Hay dos rúbricas).

Caicedo.

   Concuerda este traslado con el superior decreto que se halla en los autos, promovidos a instancia de don Juan Blas de Aranzazu, vecino de la ciudad de Mariquita, sobre las varias porciones de quina que remitió de orden superior, por orden del director de botánica, doctor don José Celestino Mutis, de donde se compulsó viene cierto y verdadero a que me remito. Y para agregarlo al escrito y solicitud de don Antonio Nariño, en virtud de lo mandado, yo don Domingo Caicedo, escribano mayor de gobierno, lo firmo en Santafé, a 9 de octubre de 1793 años.

Domingo Caicedo.

   1793

Santafé, 7 de octubre de 1793. Con copia del decreto expedido por escribanía sobre el asunto, pase a informe del doctor don José Celestino Mutis. Leyva.

   Excelentísimo señor:

   Enterado en el superior decreto de vuestra excelencia de 17 del año próximo pasado, por el cual se prohibieron los cortes y acopios de quina en estas provincias, para evitar la ruina del precioso específico en nuestros montes, y el descrédito que le resultaba por falta de inteligencia, no menos en los cosecheros que en los compradores, me hallo justamente en el caso de reproducir las mismas ideas que se van publicando en el periódico de esta capital. Compendiaré en este informe las necesarias para que puedan hacerse en adelante los acopios con utilidad y economía, siempre que vuestra excelencia se digne conceder algunas licencias a los que intentan hacer a su costa unas tentativas de comercio no poco arriesgadas por el infeliz concepto que le merece al comercio de Cádiz toda la quina de ese reino.

   En los posteriores acopios hechos en estas inmediaciones por cuenta de los particulares, se ha seguido la idea común de aprovechar solamente las cañas delgadas, dejando perder las cañas gruesas y cortezones, que son las suertes más estimables. Esta pérdida, que sería de poca consideración por ahora en las especies roja, amarilla y blanca, es irreparable en la rara y exquisita naranjada. Me causaba gran sentimiento ver agotar una especie que no supieron distinguir comisionados ni cosecheros, y me fue preciso darla a conocer con el nombre de Tunita, en el valle de Fusagasugá, de donde se va propagando su conocimiento a las demás provincias. Siendo, pues, ésta la estimadísima quina primitiva, agotada por las mismas causas en la provincia de Loja, y recientemente descubierta en la provincia de La Paz, en el Perú, con el nombre de Calisaya, o el más correcto de Collisalla, según la pronunciación y etimología de aquellos provincianos, se debería cuidar aquí con la mayor vigilancia, conservando en nuestros montes esta rarísima producción.

   En esta inteligencia deben estar obligados los pretendientes a pedir sus licencias, determinando las especies que intentan acopiar, a fin de que el superior gobierno pueda ampliar o restringuir el número de arrobas de la quina naranjada, según los informes que se tomarán acerca de su mayor o menor escasez. Igualmente se les debe obligar a los compradores a que reciban del cosechero toda la corteza que pueda producir cada árbol, cortado al alto de una vara del suelo; pues debe así ejecutarse, y no de otro modo, por la esperanza del retoño.

   El cosechero deberá beneficiar los cortezones y cañas gruesas, cortando las tiras de una cuarta de largo y una pulgada de ancho, sin necesidad de más anchura, como se practicaba, por llevar adelante la preocupación de presentar en el comercio cañas enrolladas a imitación de la canela, siendo cierto que semejante aspecto nada contribuye a la bondad del género, antes bien se reponen mejor de aquel modo en los cajones. Otra precaución más importante es la de raspar el envés de estas dos suertes, para limpiarla de las basuras inútiles pegadas a las cortezas de los árboles, proporcionándoles así mejor y más pronto beneficio; y conciliándoles al mismo tiempo aquel recomendable aspecto, con que se han familiarizado los comerciantes y médicos de Europa, para distinguir a su modo la aplaudida collisalla.

   Toda la mira del superior gobierno se ha de dirigir, en mi concepto, a economizar, por todos los arbitrios posibles, la conservación de esta rarísima especie; pues por lo que mira a las tres restantes, es tal la abundancia de ellas, que no las podrían agotar tan fácilmente en todas las provincias de este reino, cualesquiera reglas de antojo o de capricho, que se formasen los traficantes. Esto es lo que me parece conveniente informar a vuestra excelencia, para que se sirva tomar las providencias que fueren de su superior agrado.

   Santafé, 24 de octubre de 1793.

   Excelentísimo señor.

José Celestino Mutis.

   Santafé, 9 de noviembre de 1793. Al señor asesor, con el expediente en donde se halla el decreto de 17 de diciembre de 92. Leyva.

   Santafé, y noviembre 13 de 1793. Al señor fiscal con el expediente que se cita en el antecedente decreto. Caicedo.

   Excelentísimo señor:

   El fiscal de su majestad dice que si vuestra excelencia fuere servido, podrá mandar que se le corra traslado a don Antonio Nariño de lo informado por el director de la Expedición Botánica, acerca del método con que se ha de verificar el corte de la quina, a fin de que arregle la petición conforme a lo informado.

   Santafé, y noviembre 29 de 1793.

Berrío.

   Santafé, y diciembre 9 de 1793. Como parece al señor fiscal.

Caicedo.

   En la ciudad de Santafé, a 7 de diciembre de 1793, yo, el señor receptor, notifiqué el decreto que antecede a Clemente Robayo, apoderado de don Antonio Nariño, que dijo ser impuesto de su contenido. Firma.

   Doy fe.

Robayo.
García.

   Excelentísimo señor:

   Don Antonio Nariño, vecino de esta ciudad, respondiendo al traslado que se me ha mandado correr en los autos sobre licencia para cortar en los montes de Fusagasugá 3.000 arrobas de quina, con mi mayor respeto digo: que el informe del doctor don José Celestino Mutis contiene tres puntos que se deben guardar en el corte de la quina, a saber: las calidades que se intentan cortar, que no se desperdicie el cortezón y que vayan las cañas raspadas. En cuanto al primero, mi solicitud se dirige a sacar de las cuatro especies conocidas con los nombres de tunita, roja, blanca y amarilla; en el segundo, los cosecheros a quienes tengo encargado el corte de las quinas desde el año de 91, están instruidos del modo como la han de cortar, sin desperdiciar del árbol sino la vara que deben dejar para que retoñe, y habiéndome enseñado la experiencia que el sacar la corteza sumamente enrollada trae el gravísimo inconveniente de que jamás seca bien, y que por esta razón se mancha su cara interior, y pierde algún tanto de su calidad, la hice cortar un poco sesgada, para que de este modo, no pudiéndose enrollar, seque al sol perfectamente; en el tercero sí se entiende aquí por raspar el envés de la corteza, el quitarle las basuras que tienen pegadas, me obligo igualmente, y lo he así verificado en las que tengo remitidas; pero si en este punto se quiere que se raspe el envés de la misma corteza, a más de lo mucho que aumentaría su valor esta penosa operación, traería para mí el gravísimo inconveniente de que habiendo remitido varias porciones a distintas partes de Europa y América, sin habérsele hecho esta operación, y habiendo hecho los mayores esfuerzos para darle crédito y estimación, si llego a conseguirlo en aquélla, me vería luego en la precisión de hacer muchos esfuerzos y especulaciones para acreditar esta misma quina con distinto semblante, por lo que suplico a vuestra excelencia se sirva, en caso de entenderse así el tercer punto del informe del doctor Mutis, permitirme se saque la quina sin esta operación, por las razones que llevo expuestas.

   A vuestra excelencia suplico se sirva proveer como solicito, etc.

Antonio Nariño.
Manuel García.

Santafé, y diciembre 18 de 1793
Vuelva al señor fiscal.

Caicedo.

   1794

   Excelentísimo señor:

   El fiscal de su majestad dice que siendo incontestable que el descrédito en que ha caído la quina de este reino en Europa, debiendo atribuirse a la ignorancia o a la codicia de los comerciantes, se debe tratar con escrúpulo la extracción de los montes; pero como en el día, por la instrucción que se ha comunicado al público y por el mayor cuidado que tienen los que comercian en este ramo son más sólidas las nociones que deben preceder a la práctica de su corte, no halla inconveniente en que vuestra excelencia conceda la licencia que solicita don Antonio Nariño, supuesto que no hay prohibición para ello, y que manejada esta negociación por sujetos inteligentes en ella, dará crédito al ramo y ventajas a la que se ha descubierto en este reino.

   Santafé, mayo 5 de 1794.

Berrío.

   Santafé, y mayo 6 de 1794. Autos. Caicedo.

   Santafé, 11 de mayo de 1794. Vistos: concédese permiso a don Antonio Nariño para que pueda extraer de los montes de Fusagasugá 3.000 arrobas de quina, para remitirlas a España, en los términos expuestos por el director de la Expedición Botánica, doctor don José Celestino Mutis.

   En 27 del mismo se dio certificaciones a la parte con inserción de lo necesario.

Caicedo.

FUENTE EDITORIAL:
Posada, Eduardo e Ibáñez, Pedro María: El precursor. Documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio Nariño. Biblioteca de Historia Nacional, vol. II, Bogotá, 1903, p. 16-22.

45
AVISO POR EL CUAL SE INFORMA SOBRE LA IMPRENTA DE NARIÑO

EN LAS PAGINAS DEL PAPEL PERIODICO DE SANTAFE DE BOGOTA APARECE UN AVISO QUE INFORMA SOBRE LA INSTAURACION DE LA IMPRENTA PATRIOTICA QUE HA ESTABLECIDO EN LA CAPITAL EL REGIDOR NARIÑO. Santafé, 1° de abril de 1793.

Advertencia

   "Nos parece podemos asegurar al público con entera satisfacción, que desde este número ya no habrá motivo para quejarse de las muchas erratas de la imprenta. La que con el título de Patriótica ha establecido en esta capital el regidor don Antonio Nariño en la plazuela de la iglesia de San Carlos, es la que estrenamos hoy, con el gusto de saber el exquisito cuidado que se pondrá en la impresión de este papel, y que el carácter de la letra, la bondad de la tinta y limpieza de la edición no puede menos sino agradar mucho al público. Igualmente avisamos a todos los señores suscriptores de esta ciudad que para excusarles la molestia de que se quejaban antes, se les llevará a su casa cada viernes el número que indispensablemente saldrá en dicho día.

   Con licencia del superior gobierno".

FUENTE EDITORIAL:
Papel periódico de Santafé de Bogotá, N° 86, viernes 1° de abril de 1793, p. 268

46
VALE A FAVOR DE ANTONIO NARIÑO

VALE OTORGADO POR SU HERMANO JUAN. Santafé, 6 de noviembre de 1793.

Juan Nariño.

   Testimonio del vale otorgado por don Juan a favor de su hermano don Antonio Nariño, y diligencias subsecuentes de los originales que se hallan en su respectivo expediente en el concurso del segundo.

   Santafé, y noviembre 6 de 1793.

   Tengo en mi poder, pertenecientes a Antonio mi hermano, la cantidad de $6.286 líquidos, ajustadas todas nuestras cuentas hasta esta fecha, sin que de hoy en adelante sirva ningún otro papel que cite, y debiendo Antonio pagar $175 al señor Terán, o abonármelos si yo los pago, y para su resguardo y claridad de nuestras cuentas, firmo éste.

Juan Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Posada, Eduardo e Ibáñez, Pedro María, El precursor. Documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio Nariño. Biblioteca de Historia Nacional, vol. II, Bogotá.

47
EXPEDIENTE RELACIONADO CON EL VALE A FAVOR DE NARIÑO Y OTORGADO POR SU HERMANO

TESTIMONIO RENDIDO POR EL PROCURADOR APODERADO DE FIADORES. JURAMENTO Y DECLARACIONES DE JUAN NARIÑO. ASUNTO RELACIONADO CON LA COMPRA Y VENTA DE LA HACIENDA CASTILLO, UBICADA EN SOPO, Y OTRAS TIERRAS. Santafé, 6 de noviembre de 1793, 1° de septiembre de 1798.

Juan Nariño, Tomás Tenorio de Carvajal,
Luis de Ovalle, procurador, Aguilar, doctor,
Francisco José de Aguilar, corregidor.

   Testimonio del vale otorgado por don Juan a favor de su hermano don Antonio Nariño, y diligencias subsecuentes de los originales que se hallan en su respectivo expediente en el concurso del segundo.

   Santafé, y noviembre 6 de 1793.

   Tengo en mi poder, pertenecientes a Antonio mi hermano, la cantidad de $6.286 líquidos, ajustadas todas nuestras cuentas hasta esta fecha, sin que de hoy en adelante sirva ningún otro papel que cite, y debiendo Antonio pagar $ 175 al señor Terán, o abonármelos si yo los pago, y para su resguardo y claridad de nuestras cuentas, firmo éste.

Juan Nariño.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Luis de Ovalle, procurador apoderado de los fiadores de don Antonio Nariño, ante vuestra alteza, como más haya lugar por derecho, y con el debido respeto, digo: que en el expediente que pende en este superior tribunal, sobre los bienes y dependencias del citado don Antonio Nariño, corre presentado un vale de $6.000 y más pesos, otorgado por su hermano don Juan, y para que se haga efectiva esta cantidad a beneficio de la masa de diezmos, a vuestra alteza rendidamente suplico se digne mandar que el referido don Juan reconozca su firma bajo de juramento, y hecha que sea la diligencia que se me entregue para pedir en justicia, sobre que juro y protesto lo necesario, etc.

Tomás Tenorio Carvajal.
Luis de Ovalle.

   Como lo piden.
   (Hay una rúbrica)

Decreto

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino en Santafé, a 27 de agosto de 1795.

Camacho.

Declaración

   En la ciudad de Santafé, a 5 de octubre del corriente año, yo, el receptor, en cumplimiento de lo mandado, recibí juramento a don Juan Nariño, el que hizo conforme a derecho por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz, so cuya gravedad ofreció exponer verdad, según lo que le sea preguntado. Y siendo por el vale de fojas 25, dijo que la firma que en él se halla es suya y la que acostumbra; pero que esta cantidad la recibió en pago de la hacienda nombrada Castillo, en Sopó, como lo hará constar por documentos que lo acreditan, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

Juan Nariño.

Ante mí,

José Ignacio Admiñaorta.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Luis de Ovalle, procurador apoderado de los fiadores de don Antonio Nariño, ante vuestra alteza, como más haya lugar por derecho, y con el debido respeto, digo: que en cumplimiento del superior decreto de 27 de agosto próximo [pasado], se ha practicado la diligencia pedida por mis partes, y mediante a que don Juan Nariño ha reconocido y confesado por suya la firma del instrumento que corre a la foja 25 del expediente, a vuestra alteza suplico se digne mandar que dentro de tercero día, con apercibimiento de ejecución, pague los $6.286 que resulta deber a su hermano don Antonio, y éste, con mayor cantidad, a la maza de diezmos, es justicia, sobre que juró y protestó lo necesario, etc.

Tomás Tenorio Carvajal.
Luis de Ovalle.

   Autos.
   (Hay una rúbrica)

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino en Santafé, a 9 de octubre de 1795.

Doctor Aguilar.

Auto

   Vistos: Mediante el reconocimiento hecho por don Juan Nariño del vale, hágasele saber que dentro de tercero día pague la cantidad de $6.286, con apercibimiento de ejecución.

   (Hay tres rúbricas)

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 9 de octubre de 1795.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En Santafé, a 19 de octubre del mismo año, pasé a la casa de don Juan Nariño y le hice saber el superior auto, quedó enterado y firmó. Doy fe.

Nariño.
Admiñaorta.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Don Juan Nariño, vecino de esta ciudad, ante vuestra alteza, en la vía y forma que mejor haya lugar por derecho, y con el respeto debido, parezco y digo: que desde el año pasado de 90 celebré contrato de venta con Francisco de Vargas de las tierras nombradas Barbosa y Castillo, sitas en jurisdicción de Sopó. Después de perfeccionado aquel contrato, pretendió deshacerlo Vargas, valido de varios inútiles pretextos. Al efecto ocurrió a vuestro superior gobierno, en donde se siguió el asunto por todos los trámites de un juicio ordinario, y en 13 de octubre de 1791 se determinó definitivamente a mi favor, despreciándose las pretensiones del citado Vargas. Este, en su consecuencia, apeló ante vuestra alteza, en cuyo superior tribunal, seguido el recurso, se confirmó la sentencia apelada por auto de 22 de marzo de 1792. Suplicó Vargas de tan justa determinación, y habiéndosele admitido la súplica desde el 28 de abril del expresado año de 92, que se le hizo saber en 11 de mayo, en más de tres años que han corrido no ha expresado agravios ni adelantado cosa alguna, de manera que, conforme a lo dispuesto en vuestras leyes, el negocio, por ministerio de ellas, se halla ejecutoriado, atendida la deserción voluntaria de Vargas. Así es que yo jamás he dudado del verdadero y seguro dominio que me asiste en las enunciadas tierras de Barbosa y Castillo. No obstante, ha llegado a mí noticia que son reputadas entre los bienes de don Antonio Nariño, mi hermano, y que, como tales, se han mandado subastar. Jamás habría dado asenso [asentimiento] a esto, a no habérmelo asegurado así vuestro alguacil mayor de corte, comisionado para el efecto por vuestra alteza y el doctor don Andrés Otero, apoderado del citado mi hermano, e inteligente en sus negocios y papeles. Con él he tratado extrajudicialmente para que se me entregue la hacienda, y sobre lo mismo he hablado también con el referido vuestro alguacil mayor, pero ambos me han dado por razón que mi hermano la numeró e incluyó entre sus bienes, a la verdad, sin título alguno que lo haya hecho dueño, pues no ha precedido más que lo siguiente:

   Después de haber comprado yo aquella hacienda, obtuve también por compra la de Serrezuela, que aún es mía. La experiencia me enseñó serme no sólo dificultoso, pero hasta imposible atender personalmente a ambas. Con este motivo resolví asistir por mí mismo la de Serrezuela y dejarle a mi hermano la de Sopó, para que administrándola, se usufructuase de ella, pero pagando los réditos de los censos y ocurriendo a los costos de su subsistencia. Esto ni remotamente puede interpretarse venta, por no ser otra cosa que un convenio, para que administrándola en aquellos términos fuese un mero usufructuario y yo el verdadero dueño y señor.

   De esta verdad no puede darse prueba más evidente que la de que por parte de don Antonio Nariño no se exhibirá documento alguno que lo acredite dueño de la finca referida, ni se dará prueba capaz de convencerlo tal. Su palabra, desnuda de todo otro adminículo, es enteramente despreciable cuando en el tribunal de vuestra alteza existen los documentos que purifican mi dominio en los autos que he insinuado, seguidos con Francisco Vargas. Vive este vendedor y viven los otros que intervinieron en la venta que me hizo de las renombradas tierras de Barbosa y Castillo, de las cuales ni aún he pensado desprenderme.

   A no ser así, no me atrevería yo a producir estas especies, ahora que por la potestad eclesiástica se han fulminado y se están publicando las censuras paulinas contra todos aquellos que tengan o sean sabedores de caudal o bienes pertenecientes al recitado don Antonio Nariño, y cuando en mérito de tan terrible sentencia denunciaría yo prontamente si algo supiese, no había de pretender quitarle lo que era suyo para hacerlo mío.

   Por tanto, suplico rendidamente a vuestra alteza que decretando el desembargo de las tierras de Barbosa y Castillo, se digne mandar que inmediatamente se me entreguen con todos los bienes muebles que tenían (y justificaré) cuando don Antonio Nariño se hizo cargo de administrarlas. Mi pretensión es de rigurosa justicia, y la manifiestan las razones expuestas, conforme a ellas con el pedimento más útil.

   A vuestra alteza pido y suplico provea, según llevo pedido; juro no procede malicia, y protesto lo necesario con costas, etc.

Doctor Manuel Santiago Vallecilla.
Juan Nariño.
José Antonio Maldonado.

   Traslado al procurador de los fiadores, sin perjuicio de la continuación de las diligencias.
   (Hay una rúbrica)

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 10 de noviembre de 1795.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En la ciudad de Santafé, a 11 de noviembre de 1795, yo, el escribano receptor, hice saber el superior auto que antecede al procurador de esta real audiencia, Luis de Ovalle, como apoderado de los fiadores que se expresan en el antecedente escrito; queda impuesto. Firma. Doy fe.

Ovalle.
Vargas.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Luis de Ovalle, apoderado de los fiadores de don Antonio Nariño en el expediente de don Juan su hermano, sobre la oposición a la hacienda de Sopó, como más haya lugar, ante vuestra alteza, con el debido respeto, digo: que vuestra alteza se ha de dignar despreciar la solicitud del citado don Juan y condenarlo en las costas, en mérito de lo siguiente:

   No tiene duda que el don Antonio era el dueño de aquella hacienda. Como tal, él pagaba los réditos. El disponía por sí solo. El trató de venderla a don Andrés Pinzón. El, en fin, la declaró entre sus bienes y en todo el tiempo de su prisión don Juan Nariño no habló palabra alguna, cuya taciturnidad observada, hasta que marchó el don Antonio, es un fundamento muy digno de consideración y perjudicial al propósito del referido don Juan; pero lo que acaba de disipar toda duda, es la confesión que él hizo cuando reconoció el vale y se practicó la diligencia de fojas 52 vuelta, en que consta que recibió la cantidad de dicho vale en pago de la hacienda nombrada Castillo en Sopó, que es la de la sujeta materia. Luego se la vendió a su hermano don Antonio, y hubo, por lo tanto, real y verdadera traslación de dominio, pues de lo contrario no habría habido ajustamiento de precio y pago, como él ha dicho. En esta virtud, con el más conforme pedimiento, a vuestra alteza suplico provea y mande, según solicito. Juro y protesto lo necesario, etc.

Tomás Tenorio Carvajal.
Luis de Ovalle.

   Corra el traslado.
   (Hay una rúbrica).

Decreto

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la real audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 15 de diciembre de 1795.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En 17 de diciembre de 95, yo, el escribano receptor, pasé a la casa de don Juan Nariño y le hice saber el decreto antecedente; quedó enterado y firma. Doy fe.

   En este estado se me dio razón hallarse ausente.

Martínez.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Luis de Ovalle, apoderado de los fiadores de Antonio Nariño, ante vuestra alteza, como más haya lugar en derecho y con el debido respeto, digo: que hace mucho tiempo que se hizo saber a don Juan Nariño la justa providencia de vuestra alteza para que pagase dentro de tercero día, con apercibimiento de ejecución, la cantidad del vale reconocido por él, y hasta ahora no ha satisfecho ni un maravedí. Por lo tanto, con el pedimento más conforme, a vuestra alteza.

   Pido y suplico se digne mandarme despachar el competente mandamiento de ejecución por la cantidad de dicho vale, décima, si se causare, y costas de la cobranza, pues así es de justicia, sobre que juro y protesto lo necesario, etcétera.

Tomás Tenorio Carvajal.
Luis de Ovalle.

   Autos.
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 8 de enero de 1796.

Doctor Aguilar.

Auto

   Vistos: Líbrese el correspondiente mandamiento de ejecución contra los bienes de don Antonio Nariño por la cantidad de $6.286, su décima y costas procedentes del vale reconocido de 6 de noviembre de 1793; y notándose que en 8 de enero del corriente se pidieron autos por el tribunal para dictar esta providencia y que los fiadores de don Antonio Nariño, que promovieron este expediente, no instaron por que se hiciese relación, con grave demora y perjuicio del muy venerable deán y cabildo de esta santa iglesia, interesado en la ejecución y teniendo este apoderado instruido en el tribunal, que lo es el doctor Manuel Benito de Castro, se entenderán con éste las diligencias de la causa, a quien se le hará saber para que promueva lo que al derecho de su parte corresponda.

   (Hay cuatro rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 26 de septiembre de 1796.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En Santafé, a 28 de septiembre de 96, yo, el escribano receptor, hice saber el superior auto que antecede a Juan José Caballero, como apoderado del tesorero de rentas decimales. Firma. Doy fe.

Caballero.
Vargas.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Luis de Ovalle, procurador de los del número y apoderado de los fiadores de don Antonio Nariño en el expediente ejecutivo contra su hermano don Juan, ante vuestra alteza con el debido respeto, parezco y digo: que en cumplimiento del mandamiento de ejecución librado por vuestra alteza contra el referido don Juan Nariño, por la cantidad de $6.286, se van a embargar los bienes de su pertenencia, entre los cuales se comprende la hacienda de campo que tiene en el pueblo de Serrezuela, que se ha de depositar en el depositario general de esta ciudad, pero como éste tenga hecha renuncia de su oficio y está próximo a ausentarse de esta capital, siéndole por lo mismo casi imposible poder cuidar de los muebles de que se compone una hacienda de campo, que después de hecho cargo de ella tendría que entregarla a su sucesor con considerables gastos que son indispensables en las recogidas de los ganados y demás derechos en que vendrían a perjudicarse notablemente los interesados, suplico a vuestra alteza se sirva mandar que el depósito de los enunciados bienes se haga en el corregidor del partido de Bogotá, quien, como que reside en aquellos contornos, cuidará de que no se deterioren y antes sí se aumenten; así es justicia, y por ella, a vuestra alteza reverentemente suplico se sirva proveer como solicito que en lo necesario, etc.

Doctor Dionisio Antonio de la Torre.
Luis de Ovalle.

   Autos a primera audiencia
   (Hay una rúbrica).

Decreto

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 21 de octubre de 1796.

Doctor Aguilar.

Auto

   Vistos: Puesta certificación por la escribanía de cámara, relativa a la persona que agitó el despacho del mandamiento de ejecución, tráiganse para la providencia a que haya lugar.

   (Hay cuatro rúbricas)

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 22 de octubre de 1796.

Doctor Aguilar.

Certificado

   Certifico que la persona que agitó el mandamiento de ejecución librado contra don Juan Nariño fue el doctor don Andrés Otero, el mismo que pagó sus derechos. Y para que conste en virtud de lo mandado en el superior auto que antecede, doy y firmo la presente en Santafé, a 22 de octubre de 1796.

Doctor Francisco José de Aguilar.

Auto

   Vistos: Traslado al apoderado del venerable deán y cabildo.
   (Hay tres rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 25 de octubre de 1796.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En 26 de octubre de 96, yo, el escribano receptor, hice saber el antecedente superior traslado a Juan José Caballero, apoderado del doctor don Manuel Benito de Castro, tesorero de diezmos. Enterado, firma. Doy fe.

Caballero.
Martínez.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Juan José Caballero, procurador apoderado del tesorero de diezmos, don Manuel Benito de Castro, respondiendo al traslado que se me ha conferido de la ejecución intentada contra don Juan Nariño por el apoderado de los fiadores y abonadores de don Antonio Nariño, ante vuestra alteza, con el debido respeto, digo: que el referido tesorero, mi parte, sólo ha obrado en la causa contra fiadores y abonadores en calidad de cesionario de vuestro deán y cabildo, mediante el trapaso y endoso que el mismo vuestro deán y cabildo le hizo de la escritura de fianza, abono, según la diligencia que consta en el testimonio presentado cuando pidió la ejecución contra fiadores y exordio las diligencias judiciales para la recaudación y reintegro del descubierto de la caja general de diezmos; y como ni en la recordada escritura, ni en la diligencia anexa se hace mención, ni se encuentra palabra o cláusula que denote o incluya obligación de don Juan Nariño a la caja de diezmos, es visto que el mencionado tesorero en ningún modo es parte en la ejecución intentada contra dicho don Juan Nariño.

   Por otra parte, en los autos consta, a fojas 5 vuelta, que por auto de 12 de diciembre de 1794 mandó el tribunal entregar a los fiadores y abonadores de don Antonio Nariño los bienes manifestados por éste, y en efecto se entregaron a don Andrés de Otero y don Antonio de las Cajigas, comisionados del cuerpo de fiadores y abonadores, todos los referidos bienes, papeles y obligaciones. En virtud de esta entrega, han administrado y están administrando hasta ahora dichos bienes: han hecho y están haciendo las gestiones conducentes tanto a la venta de ellas como a la recaudación de los débitos, sin que ni para lo uno ni para lo otro se haya contado jamás, ni necesitándose de la intervención de vuestro deán y cabildo, ni de mi parte como su cesionario, y particularmente en esta ejecución contra don Juan Nariño, el apoderado del cuerpo de fiadores y abonadores es el que en ella ha hecho personería, y don Andrés Otero el que agita, según el certificado de fojas 63; consta, pues, en los autos, que en ellos otro ha sido el que ha hecho personería, y que el tesorero ni la ha hecho, ni puede, a lo menos por ahora, manifestarse como parte de un negocio a que no se extiende la cesión y endoso, limitado a la recaudación del descubierto contra fiadores y abonadores, y vuestra alteza así se ha de servir declararlo y proveer lo más que estimare de justicia, por la cual a vuestra alteza suplico provea y mande, como solicito, que en lo necesario sea, etc.

Andrés José de Iriarte.
Juan José Caballero.

   Autos.
   (Hay una rúbrica).

Mandamiento

   Nos el virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino de Granada, etc., por el presente [mandamos] al señor alguacil mayor de corte, asociado de escribano, requiera a don Juan Nariño, que en el acto de la intimación dé y pague la cantidad de $6.286, que por vale reconocido adeuda a su hermano don Antonio Nariño, y no verificándolo, trabe ejecución en los bienes muebles y raíces de dicho don Juan, hasta cubrir la citada cantidad, su décima y costas, que por auto de 26 de septiembre último así lo tenemos mandado, y despachar el presente.

   Dado en Santafé, a 17 de octubre de 1796.

Joaquín Indán.
Juan Hernández de Alba.

   Por su mandado.

Doctor Francisco José Aguilar.

   En la ciudad de Santafé, a 18 de octubre de 1796, para dar cumplimiento al anterior mandamiento, el señor alguacil mayor de corte, asociado de mí, el escribano, pasó a la casa de don Juan Nariño, y no fue hallado en ella, cuya diligencia se repitió en los días siguientes, y tampoco fue hallado, hasta que por disposición de dicho señor se le dejó boleta, haciéndole entender el mandamiento, y que pasaba a embargar la hacienda de Serrezuela, conocida por de su pertenencia, y para que conste lo firmo.

Juan Nepomuceno Camacho.

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 5 de noviembre de 1796 años.

Doctor Aguilar.

Representación

   Muy poderoso señor:

   Habiendo sido requerido con un mandamiento de ejecución librado por vuestra alteza contra don Juan Nariño, por cantidad de pesos que adeuda a su hermano don Antonio, suspendí el embargo de la hacienda Serrezuela, por haber tenido noticia de que por parte de los fiadores del don Antonio se promovía artículo pidiendo que el depósito de dicha hacienda no se hiciese en el depositario general de esta ciudad, sino en el corregidor del partido de Bogotá, y como hasta esta fecha no se me haya avisado por los interesados de las resultas de la referida pretensión, no he procedido a dar cumplimiento al citado mandamiento de ejecución. Lo que hago presente a vuestra alteza con el objeto de que en ningún tiempo se me arguya de omiso en el particular, pues siempre estoy pronto a obedecer los soberanos preceptos de vuestra alteza.

   Dios guarde a vuestra alteza muchos años.

   Santafé, y diciembre 13 de 1796

   Muy poderoso señor

José Malo.

Decreto

   Santafé, 14 de diciembre de 1796.

   A sus antecedentes y tráiganse como está mandado.
   (Hay una rúbrica).

Doctor Aguilar.

Auto

   Vistos: Hágase el depósito de la hacienda y bienes de don Juan Nariño en el corregidor de Bogotá, quien llevando cuenta formal de sus productos, los entregue al depositario general.

   (Hay cuatro rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 12 de enero de 1797.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En 12 de enero de 1797, yo, el escribano receptor, hice saber el antecedente superior auto a Juan José Caballero, apoderado de don Manuel Benito de Castro. Firmado. Doy fe.

Caballero.
Martínez.

Otra

   En el mismo día hice otra a Luis de Ovalle, apoderado de los fiadores de don Antonio Nariño. Firma. Doy fe.

Ovalle.
Martínez.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Don Juan Nariño, vecino de esta ciudad, en el expediente sobre demanda de 6.000 y pico de pesos, puesta por parte del muy venerable deán y cabildo, ante vuestra alteza, con el acatamiento debido, y como mejor haya lugar, parezco y digo: que el estado actual de la insinuada demanda, es el de procederse a trabar ejecución en mi hacienda de Serrezuela, en cumplimiento del mandamiento despachado por vuestra alteza.

   Como mis deseos no han sido otros que pagar a todos mis acreedores que por hipoteca de sus créditos tienen aquella hacienda y satisfacer juntamente la cantidad de esta demanda, he practicado las más eficaces diligencias para vender con reputación la hacienda referida, y antes no lo he conseguido, a pesar de mis esfuerzos, que no se han ignorado por las mismas partes demandantes. Pero ahora se me ha presentado la ocasión de tratar de su venta con un sujeto de abono que está inclinado a tomarla, y me ha pedido de plazo el limitado de ocho días para pasar a reconocerla por sus ojos y con conocimiento ajustarse en el precio.

   Las circunstancias del negocio, que según he dicho, es el de trabarse próximamente la ejecución en la finca, me tienen sin arbitrio para concederle ese corto término, y así le he protestado que a la mayor brevedad ocurriría a la piedad de vuestra alteza, que es quien únicamente me lo puede dispensar, en cuyas consecuencias ésta mi representación reverente se reduce a rogar otra soberana justificación, que por efecto de equidad, se digne darme el término de los ocho días para el fin que llevo manifestado, jurando, como juro, por esta cruz (+), que es la verdad.

   Y porque acaso los interesados en la demanda no lleguen a recelar que mi solicitud es excitada de algún motivo torcido, como el de extraer muebles de la hacienda, denuncio desde ahora que los que en ella hay son: 85 reses de cría, 25 caballos y 20 yeguas, todos los cuales protesto desde luego afianzarlos, para que cese todo recelo que pudiera embarazar mi pretensión. En cuya virtud, con el más conforme pedimento, a vuestra alteza suplico provea según solicito, juro y protesto lo necesario, etc.

Tomás Tenorio Carvajal.
Juan Nariño.
José Antonio Maldonado.

Decreto

   No ha lugar.
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 16 de enero de 1797.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En 19 de enero de 97, yo, el escribano receptor, hice saber el antecedente superior auto a don Juan Nariño. Quedó enterado y firma. Doy fe.

Nariño.
Martínez.

Diligencia

   En la ciudad de Santafé, a 16 de enero de 1797, el señor doctor don José Gil Martínez Malo, alguacil mayor de corte de esta real audiencia, pasó a la casa de habitación de don Juan Nariño, a quien en su persona, por ante mí el infrascrito escribano receptor, intimó el anterior mandamiento y le previno exhibiese la cantidad de $6.286 que en él se expresan, y enterado dijo: que aunque no es más la cantidad que adeuda que la de $6.000, no tenía derecho alguno con qué poder verificar su exhibición, y en su seguimiento le recibió juramento, que hizo según derecho, y bajo de él le preceptuó manifestase bienes en qué trabar la ejecución, y en su inteligencia expuso no tener otros que la hacienda con sus muebles que posee, en jurisdicción del pueblo de Serrezuela, sobre la que reconoce varios principales. Por lo que quedando encargado de las 72 horas que previene el decreto, para su décima y costas que se causaren, le citó para que el día de mañana, 17 del que corre, compareciese en la citada hacienda a efecto de proceder a su embargo, y que entre tanto no extrajere de ella bienes algunos, y firma dicho señor con el ejecutado, por ante mí, de que doy fe.

José Malo.
Juan Nariño.

Ante mí,

José Antonio Martínez.

Otra

   En la hacienda Serrezuela, a 17 de enero de 1797, el señor alguacil mayor de corte, doctor don José Gil Martínez Malo, asociado de mí, el infrascrito escribano receptor, habiendo llegado a ella en prosecución de la diligencia antecedente, preguntó por el ejecutado don Juan Nariño, que quedó citado para este día, y como no pareciese, aunque para el efecto se le estuvo aguardando, mandó el expresado señor al mayordomo de ella, Juan Páez, pusiese de manifiesto éste los muebles y bienes de la hacienda, y en su consecuencia, bajo la religión del juramento, que se le tomó, manifestó los siguientes:

   Primeramente las tierras por los linderos que constan de la escritura de compra hecha por el corregidor don Andrés Pinzón. Item, las casas de paja que entonces tenía, y la de teja con dos piezas altas que tenía principiadas don Juan Nariño. Item, las cercas de zanja, piedra y madera que tenía esta misma hacienda, cuando él la compró. Item, 83 cabezas de ganado vacuno, cuyo número se compone de 21 grande, cinco sin fierro, y 57 mediano, en que están incluidas tres, que dijo el mayordomo pertenecían al diezmero. Item, 18 yeguas y potros, chico y grande, incluso uno sin fierro recién nacido. Item, un burro hechor. Item, 24 caballos. Item, en el cuarto del corredor, una imagen de bulto de Nuestra Señora del Rosario. Item, dos imágenes de bulto de San Francisco y Santo Domingo. Item, seis sillas de vaqueta. Item, siete esteritas de caña. Item, un tablón y una mesa. Item, un bastidor con dos vidrieras cristalinas. Item, la estera del suelo. Item, la chapa de la puerta sin llave. Item, un tintero de vidrio verde y una salvadera de lata.

   Segundo cuarto: dos cajones de sacristía. Item, un par de petacas viejas. Item, cuatro zurrones. Item, una caja de garlopas. Item, cinco piezas de una cama de viento. Item, un banco de poner sillas. Item, cuatro cajones.

   Tercer cuarto: Item, una alacena. Item, un escritorio sin tapa. Item, seis frascos verdes. Item, una mesa con su cajón. Item, tres botijas. Item, un tablón. Item, la puerta con su cerradura corriente. Item, un tinajero con dos tinajas. Item, un farol forrado en lienzo.

   Cuarto cuarto: Item, el tabernáculo del oratorio. Item, cuatro cuadros de marco dorado de una vara de alto. Item, otro grande con velo. Item, dos cuadros grandes sin marco. Item, una mesa del mismo oratorio sin una tabla. Item, 20 maceticas de pasta plateadas muy traídas. Item, una caja sin tapa. Item, nueve jarritas doradas. Item, siete cuadritos de estampas. Item, dos atriles, dos candeleros de madera. Item, cinco países grandes, viejos. Item, una barra despuntada. Item, dos azadones inservibles. Item, una pala dañada. Item, tres machetes de rozar. Item, tres hoces. Item, un hacha. Item, el fierro de herrar. Item, una pala de barra.

   Quinta pieza: Sala de en medio. Item, tres escaños. Item, cinco sillas de vaqueta, viejas. Item, dos mesas, la una con cajón, y en él un frontal de tapiz amarillo con su cenefa colorada, unos manteles del oratorio viejo, una palia azul, cinco purificadores viejos y un ara forrada. Item, una mesa de cuatro varas de largo, forrada en vaqueta.

   Sexta pieza: Item, un friso de papel nácar. Item, tres tabureticos forrados en tripe. Item, una cuja con su pabellón, del Socorro. Item, una silla de vaqueta. Item, una con sus botones de poner sombreros. Item, otra cuja con pabellón y un colchoncito viejo. Item, una estampa del Angel de la Guarda. Item, otra chica de San Juan Nepomuceno. Item, tres esteritas de chingalé. Item, un Señor Crucificado de plomo. Item, la estera del suelo.

   Casa vieja: una cuja vieja. Item, dos puertas de table. Item, una ventana vieja. Item, una media de medir. Item, dos ejes de carro y la puerta con su llave.

   Cocina: Item, tres mesas. Item, dos artesas. Item, una pieza de moler. Item, una artesa de amasar.

   Cuarto de quesera. Item, la prensa. Item, un fondo sin orejas, con peso de dos arrobas, poco más o menos. Item, seis artesas y entre ellas dos chicas. Item, un medio almud. Item, 14 cuartones. Item, 48 varas de corredor. Item, 22 vigas.

   En cuya hacienda y sus muebles expresados, se trabó la ejecución prevenida y en su consecuencia se embargó y depositó todo, con arreglo al auto de 12 del presente enero, en el corregidor de Bogotá, don Andrés Pinzón, quien se obligó a tenerlos en depósito y administrar la hacienda, llevando cuenta formal de sus productos, para entregarlos al depositario general, como se previno en dicho auto. Con lo cual se concluyó esta diligencia, que firma dicho señor alguacil mayor, con el citado corregidor, y Leandro Benítez, que firmó a ruego del mayordomo Juan Páez, por ante mí, de que doy fe.

José Malo.
Andrés Pinzón y Zaylorda.

   A ruego de

Juan Páez.
Leandro Benítez.

   Ante mí,

José Antonio Martínez.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Don Andrés Otero, ante vuestra alteza, con el debido respeto, digo: que vuestro alguacil mayor de corte me ha entregado las diligencias practicadas en virtud del mandamiento de ejecución librado por vuestra alteza contra don Juan Nariño, por las cantidades que adeuda a su hermano don Antonio, y teniendo yo hecha dimisión de la administración de los bienes de éste, hago manifestación de dichas diligencias, para que vuestra alteza se digne proveer lo que estime arreglado a justicia, por la cual a vuestra alteza suplico provea y mande como solicito, que en lo necesario, etc.

Andrés de Otero.
Luis de Ovalle.

   Autos
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 31 de enero de 1797 años.

Doctor Aguilar.

Auto

   Vistos: Respecto de que no está admitida la dimisión que se expresa por esta parte conforme a la naturaleza y estado de la causa, pida lo que a su derecho convenga.

   (Hay tres rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 1°. de febrero de 1797.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En 7 de febrero de 97, lo hice saber al doctor don Andrés Otero. Firma. Doy fe.

Doctor Otero.
Martínez.

Escrito

   Muy poderoso señor:

   Don Andrés Pinzón y Zaylorda, corregidor del partido de Bogotá, ante vuestra alteza, en la vía y forma que mejor haya lugar, y con el debido respeto, parezco y digo: que por disposición de vuestra alteza se depositó en mí la hacienda de Serrezuela, que es de don Juan Nariño, y como yo, por las ocupaciones de mi empleo a que no debo desatender, no puedo atender al cuidado y subsistencia de dicha hacienda y de aquí sea consiguiente el perjuicio de los acreedores a los réditos de los principales que la gravan; para ocurrir a tan considerables daños, he solicitado persona de satisfacción y de abono, que se haga cargo de dicha hacienda, obligándose a pagar, mientras cuide de ella, los réditos de $19.000, que son los principales con que está gravada, y para caminar con toda seguridad, no obstante ser ventajosa la proposición, la manifiesto a vuestra alteza, solicitando su superior permiso, puesto que el depósito hecho en mí fue decretado por vuestra superioridad, y por tanto, con el más reverente pedimento, a vuestra alteza suplico, que habiendo por manifestada la propuesta, se digne impartirme la competente facultad para adelantarla; juro no proceder de malicia y protesto lo necesario, etc.

Andrés Pinzón y Zaylorda.
Luis Francisco Lamprea.

Decreto

   Con los antecedentes, dése cuenta.
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 21 de abril de 1797.

Doctor Aguilar.

Auto

   Vistos: No ha lugar.
   (Hay cuatro rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 24 de 1797 años.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En el día del proveído, solicité por don Andrés Pinzón, el que no fue hallado, dándoseme noticia estar en el campo.

Admiñaorta.

   En Santafé, a 18 de mayo del citado año, yo, el escribano receptor, pasé a la casa de don Andrés Pinzón y Zaylorda, a quien no encontré, pero lo hallé en la calle, y se impuso del superior auto que antecede, y se dio por notificado de ello. Doy fe. Admiñaorta.

   Concuerda con el vale y diligencias subsecuentes, originales que se hallan en el cuaderno que se expresa y corre agregado a los autos del concurso de don Antonio Nariño, y se agrega éste al formado a la hacienda Serrezuela perteneciente a don Juan Nariño, en virtud de lo mandado en auto de 29 de agosto último, a que me remito.

   Santafé, l°. de septiembre de 1798.

Doctor Francisco José Aguilar,
corregidor.

   Derechos a seis o más fojas.

FUENTE EDITORIAL:
El precusor, Op. cit., p. 23-43.

48
REQUERIMIENTO Y FINIQUITO DE CUENTAS

ANTONIO NARIÑO SE DIRIGE AL VENERABLE CABILDO EN SOLICITUD DEL FINIQUITO DE CUENTAS. EXPEDIENTE DEL CABILDO AL RESPECTO. Santafé, 23 de noviembre, 6 de diciembre de 1793, 15 de marzo de 1794.

   Señores muy venerable deán y cabildo:

   Don Antonio Nariño, tesorero general de las rentas decimales, ante vuestra señoría muy venerable, con el debido respeto digo: que en la última presentación que hice ante vuestra señoría muy venerable, respondiendo al cargo que se me hacía de no haber presentado las cuentas por no habérseme dado el finiquito de las pasadas, se sirvió vuestra señoría muy venerable decretar que por mi parte se requiriese al contador, y aunque conocí que sería sin fruto mi requerimiento, lo hice no obstante por cumplir con el citado decreto, y me significó el contador no poderlo dar a requerimiento mío, aunque así se previniera, que estaba pronto a darlo siempre que por el venerable cabildo se le mandara, lo que hago a vuestra señoría muy venerable presente para que se sirva determinar lo que tuviere por conveniente.

   A vuestra señoría muy venerable suplico se sirva proveer y mandar lo que estimare en justicia, etc.

Antonio Nariño.

Santafé, y noviembre 23 de 1973.

   Para el primer cabildo el contador de diezmos traerá las últimas cuentas dadas por don Antonio Nariño, con el informe que se supone evacuado para proveer sobre el finiquito que se solicita.

   (Hay seis rúbricas).

   Fue presente,

Rojas,
secretario.

   En 29 de noviembre de 1793, yo, el infrascrito secretario de los señores muy venerable deán y cabildo, hice saber a don Miguel Romero, contador de diezmos, el decreto antecedente, y en su inteligencia firmo.

Romero.
Rojas.

Señores muy venerable deán y cabildo:

   El contador por su majestad (que Dios guarde) de las rentas decimales de este arzobispado, ante vuestra señoría muy venerable, con el debido respeto, digo: Que cumpliendo con el superior decreto de vuestra señoría muy venerable de 23 del expirado noviembre, el que se me hizo saber en 29 del mismo, hago solemne presentación de las cuentas que tiene dadas el tesorero don Antonio Nariño, cuyo fenecimiento de ellas que di en 6 de septiembre del año pasado de 91, se halla en ese muy venerable cabildo.

   Real contaduría de diezmos de Santafé, a 2 de diciembre de 1793 años.

Miguel Romero Marz.

   Santafé, y diciembre 3 de 1973

   Visto el antecedente informe del contador y el expediente a que se refiere: désele al tesorero de diezmos don Antonio Nariño testimonio del decreto de 15 de septiembre de 1791, en que se contiene el fenecimiento de cuentas que solicita.

   (Hay seis rúbricas).

   Fui presente,

Rojas,
secretario.

   En 6 del corriente diciembre hice saber a don Antonio Nariño el decreto antecedente y le entregué la copia que se expresa. Quedó inteligenciado y firmó.

Nariño.
Rojas
1.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo de la catedral, Bogotá.

NOTAS:
1   En 15 de marzo de 1794 se dio testimonio de las condiciones con que entró a servir la tesorería de diezmos don Antonio Nariño y de la aceptación de ellas, a los fiadores que lo pidieron, y por decreto de 18 de febrero de dicho año de 94, se mandó dar por los señores muy venerable deán y cabildo, y yo el presente secretario lo entregué a don Juan Ramírez Pérez, que es uno de los fiadores que firmaron el pedimento y los otros son: don Antonio de las Cajigas, don Felipe de la Maza, don Silvestre Trillo y don José María Santa Cruz, por medio de su apoderado dicho Pérez. Con citación de dicho don Antonio Nariño, que se le hizo y firmó en 7 del mismo febrero de 94.
Rojas,
secretario del venerable cabildo.

49
CARTA DE NARIÑO A PEDRO FERMIN DE VARGAS

NARIÑO ESCRIBE DESDE SU CASA DE FUCHA Y COMENTA SOBRE LA SALUD DE SU MUJER Y EL CLIMA PROPICIO PARA SU RESTABLECIMIENTO. DESCRIBE EL BELLO PAISAJE DEL LUGAR. (Sin fecha).

Antonio Nariño.

   (De una copia de la época)

   (A don Pedro Fermín de Vargas)

   Quisiera escribir a vuesamerced mi amantísimo Vargas varios pensamientos en orden a la pasión dominante; pero aguardo ciertas noticias para discurrir sobre fundamentos ciertos y no tener el trabajo de mudar de dictamen variando las circunstancias, y sólo me contentaré con escribir cuanto me ocurra en este rato que sin las salutaciones de los capellanes de coro, puedo tomar la pluma con alguna libertad.

   Con motivo de las calenturillas de mi mujer ha sido preciso retirarla al campo, para que respire un aire libre de las impregnaciones mefíticas que nuestra sucia ciudad nos suministra, y dándose algunos años, pueda restablecer sus debilitadas fuerzas. Se escogió la casa de Fucha, asilo en otro tiempo de los Góngoras, por estar inmediata y poder yo hacer algunas retiradas sin perjuicio de mis obligaciones. Aquí, amigo mío, hago algunos paréntesis a la vida ordinaria; lo delicioso de este ameno pedazo me arrebata los sentidos. Salgo en la mañana serena, recorro aquellas fértiles campiñas, visito tanto número de arroyos, trepo a las colinas, y cuando me hallo cansado, me recuesto en una loma a las orillas del risueño Fucha en compañía del inmortal Buffon, nos acordamos del suelo en que estamos sentados y de lo que se creía en el siglo de San Agustín, de las opiniones de este santo filósofo, de las bulas y decretos pontificios condenando por herejes a los que creían habitable nuestro clima1. Corremos la vista por las cordilleras y vemos que efectivamente tienen su dirección de norte a sur; que sus ángulos entrantes corresponden a los ángulos salientes; que mirados a un punto de vista, se ven retratadas las olas del mar en la figura y posición que guardan los montes medianos y manifiestan claramente haber sido en otro tiempo fondo del mar. Rompimos varias piedras, y en una encontramos producciones marinas petrificadas; observamos en las excavaciones hechas por los arroyos, y en los derrumbaderos la positura de las capas horizontales de la tierra y hallamos que en Fucha hay tres pies de tierra o de limo que sirve para la nutrición de las plantas, que se sigue otra capa de arcilla de tres pulgadas, otra de cascajo y piedra berroqueña de dos pies y medio; hasta esta profundidad nos manifestó por sí la naturaleza sus entrañas; pero como a Fucha no le faltan cataratas, me fue preciso con este motivo decirle a mi amigo que teníamos en Tequendama la mayor del mundo, que aunque no tanto como dice el cándido Julián2; pero que tenía de descenso 264 varas y el pozo o receptáculo 46 varas nuestras, que aunque se descolgaba perpendicular, tenía tres escalones de piedra donde chocaban las aguas y hacían más agradable su vista, que a uno y otro lado está guarnecida de fuertes murallas de piedra, y que aunque no se ha calculado el agua que se exhalará, me parecía, será durante el día una decimaséptima parte de su volumen en verano. De este modo paso la mañana; me retiro a su casa y si la comida no está pronta, juego un rato al tángano, que es muy buen ejercicio para excitar el apetito; como, y si algún amigo de los...

   ...Es equivocación el decir que hubo bulas y decretos pontificios, porque no lo sé de cierto; pero sí es cierto que en el siglo octavo, queriendo mantener la afirmativa un obispo de Salzburgo llamado Vigilio, tuvo contra sí al obispo de Maguncia, Bonifacio, y Vigilio fue declarado hereje por llevar otro mundo que el conocido.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño. Bogotá, Ediciones Sol y Luna, 1966, pieza 5.

NOTAS.
1   Aventino, libro 3 de la Historia de Baviera. San Isidoro, en su libro 9, A. VII, cap. 2, Nulla ratione credendum est: quia nec soliditas partitur, nec centrum terre sed hoc Poete quasi ractiocinando coniectan. Plinio, libro 2, cap. 65, Ignes hic pugna literarum (El autor).
2   Antonio Julián, S. J., en su Perla de América (El autor).

50
CARTA DE NARIÑO A SUS FIADORES

CONTESTACION A LA CARTA DE SUS FIADORES, ANEXA, EN LA QUE ESTOS SOLICITAN A NARIÑO QUE LOS EXIMA DE LA FIANZA. Santafé, 9 de enero de 1794.

Antonio Nariño.

   (De una copia)

   Señores don Felipe de la Maza, don Antonio de las Cajigas, don Silvestre Trillo, don José María Santacruz y don Juan Ramírez Pérez.

   Muy señores míos:

   Contesto a la estimada de ustedes fecha de ayer, que he recibido anoche, y que me han causado no poca admiración las razones que ustedes suponen tener para que yo los exima de una fianza que otorgaron por hacerme favor y voluntariamente. Las razones o causas que se suponen son tres, a las que contestaré separadamente.

   La primera es que yo dije a cada uno de ustedes que tenía $60.000 de fianza: no me acuerdo de tal cosa; pero suponiendo que así hubiera sido, las firmas de don José Caicedo, don Andrés de Otero, don Luis Caicedo y don Dionisio Torres, que están a más de los $40.000, me parece no sólo pueden cubrir $20.000 que faltan a los $60.000, sino mucho más; pero esta no es la razón principal. Cada uno de ustedes se obligó por $1.000 o 2.000 determinadamente; que la fianza de 40 o $60.000 ustedes nunca están obligados sino a 1.000 o $2.000; con que es claro que esta razón no aumenta ni disminuye la primera obligación con que ustedes entraron.

   La segunda es que yo dije igualmente que daría las cuentas de la tesorería mensualmente. Estoy cierto que no lo dije, ni lo pude decir con el conocimiento que ya tenía del manejo de este empleo, por muchas razones. La primera era porque las distribuciones se hacen de año a año y no se puede dar cuenta antes de haberse cobrado o pagado el total; segunda, porque lo que se paga fuera de distribución son suplementos que hace el tesorero voluntariamente y que los puede hacer o no hacer, según los acomode, y por consiguiente no pueden estos documentos presentarse en cuenta hasta que no se cambien por libramientos en forma; tercera, porque aun suponiendo todo posible, se necesitarían seis oficiales en tesorería y otros tantos en contaduría para formar y recibir semejantes cuentas mensuales; y como la masa de diezmos no había de pagar esos oficiales que yo sólo había ofrecido, es claro que para semejante oferta había de contar yo con una salida cuatro tantos mayor que mi sueldo, lo que no es creíble.

   La tercera es que debía haber dos llaves; que la una debía tenerla un señor prebendado. Esta es otra cosa imposible, por muchas razones que omito por no ser difuso; pero quiero suponer que no hubiera una imposibilidad; ¿para qué hubiera yo entonces tenido que molestar a ustedes? ¿Sería cosa regular que teniendo entre dos una igual responsabilidad, el uno diera fianza y el otro no? ¿Sería porque era yo de menos condición que un señor prebendado? No, señores, porque en clase de hombre honrado no cedo a ningún otro, por condecorado que sea. Conque sacamos en limpio que el mismo hecho de haber yo solicitado fianza y dádola, prueba que nunca se ha pensado en tales dos llaves.

   En vista de estas razones, que parece deben convencer, espero que no dando ustedes oídos a ciertos hipócritas que me aborrecen de balde, y que bajo la capa de celo y de virtud despedazan a cuantos cogen por delante, desistan ustedes de esta solicitud, por serme imposible por ahora sustituir otros en su lugar y porque será igualmente difícil el que les admitan a ustedes judicialmente esta pretensión, por haberse obligado sin tiempo determinado.

   Dios Nuestro Señor guarde a ustedes muchos años.

   Santafé, y enero 9 de 1794.

   Besa la mano de ustedes su más atento y agradecido servidor.

Antonio Nariño1

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño. Ediciones Sol y Luna, Bogotá, 1966, pieza 4.

NOTAS:
1   La siguiente es la carta que originó la respuesta antecedente. Véase además la carta de don Antonio Nariño a don Juan Ramírez, de fecha 17 de julio de 1811.

   Muy señor mío:

   Los suscritos en ésta debemos manifestar a usted lo violento que nos es la fianza que a su favor y de la tesorería general hizo cada uno. El convenio nuestro se fundó en las condiciones que usted expuso a cada uno habrían de preceder infaliblemente a dicha fianza, siendo la primera habernos dicho tenía $60.000 de fianzas que por apunte nos manifestó, de que sólo se hallan 40.000, faltando 20.000 de lo tratado.
   La segunda condición que nos resguardaba fue ofrecernos daría mensualmente las cuentas del estado del fondo de la tesorería, y que en ésta habría dos llaves, de las que debía custodiar la una un señor prebendado, con cuyas condicones expusimos nuestras firmas, en el concepto de que se verificasen próximamente. Y con reflexión a que nuestra fianza es ninguna, porque han faltado todas las condiciones que la movieron, con cuyos justificados motivos hemos deliberado prevenir a usted nos saque de la notada fianza en un breve término, pues de lo contrario estamos de acuerdo para presentarnos y pedirlo en justicia, cuya respuesta esperamos para nuestra resolución.
   Dios guarde a usted muchos años.
   Santafé, enero 8 de 1794.
   Señor tesorero de diezmos don Antonio Nariño2.

2    Los firmados en la copia de esta carta son: don Felipe de la Maza, don Antonio Cajigas, don Silvestre Trillo, don Juan Ramírez Pérez, por sí como apoderado de don José María Santacruz.  

51
TESTIMONIOS SOBRE LA REIMPRESION CLANDESTINA DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE
1

TESTIMONIOS DE CARTAS Y PAPELES HALLADOS EN EL ESTUDIO DE ANTONIO NARIÑO, RELATIVOS A LA REIMPRESION CLANDESTINA DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE. Abril, mayo, junio y agosto de 1794.

Antonio Nariño.
Francisco Antonio Zea.
Luis de Rieux

   (Archivo Histórico Nacional de Madrid. Sección de Consejos Suprimidos. Legajo 21.250)

N° 1

   Fusagasugá, 15 de junio de 1794. Cabal(2) ha extrañado que yo no te haya escrito en estos días. Yo mismo lo he extrañado. Hasta tres veces me he puesto a ello; pero no he podido pasar de la primera palabra. Al nombrarte amigo se conmovían mis entrañas, el mayor dolor que la amistad ha hecho sentir, me traspasaba el corazón. No sabía por dónde comenzar ni qué decirte. Había resuelto hacer una fuga y presentarme a ti a que leyeras en mi semblante, en la acción de acercarme, en el abrazo, en un suspiro, este dolor que yo no puedo expresar. A este fin me afané por mandar a mi jefe las flores que me tenía encargadas, persuadido a que contento con ellas me dejaría unos días libres que destinar para ti; pero la cosa no salió como pensé, antes me veo constituido en la obligación de hacerle una remesa todas las semanas. Así ya no podré tener la satisfacción de que conozcas sensiblemente que quizá tú mismo no has sentido tanto este golpe. Tu corazón, que todos lo dicen y es ciertamente de romano, fuerte por organización, tranquilo por filosofía, me dicen se ha presentado esta vez en toda su grandeza.

   Yo confieso mi debilidad: el dolor me rinde, y siento vivamente aun las desgracias menos acreedoras a mi dolor. Yo no traté jamás a don Juan José Caballero, no concurrí con él a parte alguna, no se ofreció saludarle; con todo, sin más motivo que haberle conocido, su desgracia me conmovió, lo sentí, y ya sabes que no era de aquellos hombres que tienen derecho a las lágrimas del género humano. Cabal, Gómez, Cortecito, cuando me visitaron, fueron testigos del pesar que me causó la muerte de este hombre, que sólo tenía derecho a las lágrimas de su tío. Ahora Joaquín, en la flor de sus años, robusto, dentro de cuatro días: Joaquín que me amaba, con quien trataba familiarmente todos los días, con quien comí la víspera de venirme, Joaquín, hermano tuyo, a quien amabas tiernamente, a quien tenías a tu lado, morir en tus brazos, estando tú enfermo, sólo, a medianoche, ¡ah! esta escena que la funesta elocuencia de Cabal me ha presentado en toda su tristeza, me ha hecho tanta impresión, que no he acertado a escribirte(3). Al fin ha sido preciso hacerlo, no sea que cuando el mismo sentimiento no me lo permite, llegues tal vez a sentir, en que miro con serenidad tus aflicciones. Como no tienes ni es posible tengas idea completa de lo que yo te amo, del interés con que miro hasta las paredes de tu casa, sería disculpable en atribuir a insensibilidad lo que sólo es aturdimiento y consternación por el exceso mismo de un dolor tan inesperado. El modo como Suárez me dio la noticia casi me trastornó el juicio. Al verlo le pregunté ante todas cosas: ¿Cómo queda Nariño? —Muy malas nuevas te traigo de él. ¡Qué exordio! Pensé en el momento que había perdido otra vez a mi padre. Luego me refirió toda la historia de tu desgracia y es tan lamentable, que aun quitadas todas las razones que me hacen tan sensible, me hubiera lastimado. Desde entonces no ceso de pensarte; tan presto consolando a mi comadre y a tus hermanas, cuanto tú necesitas de consuelo; tan presto entregado a tu propio sentimiento; a ratos disgustado del mundo; a ratos procurando consolarte con la filosofía; alguna vez volviendo los ojos a Fusagasugá para ver la parte que tomo en tu dolor. Es mucha mi querido Nariño, es más de lo que piensas y de lo que yo puedo expresar. Te he compadecido, he deseado llorar junto contigo, he suspirado más que otras veces por tu compañía. Si la deseas, si quieres ver hasta dónde siento yo tus aflicciones, puedes señalar un día y salir hasta Sibaté adonde iré a verte. ¿No sería yo el más vil de los hombres si lo que aflige a Nariño no me afligiera a mí? Te debo un amor que con nada se puede pagar, te debo una amistad que será el eterno modelo de la verdadera, beneficios que nadie debe sino a su padre; no puedo abrir un libro donde no lea mis deberes para contigo, que no me recuerde tus bondades; mira si podré yo sentir tus pesadumbres. Pero prescindiendo de todo, yo te soy afecto por inclinación natural, y mi alma recibe todas las impresiones de la tuya, como si fueran hechas para ella. Nada me animo a decir a mi comadre ni a mi Antoñito. Soy tu amante amigo.

Zea.

   Tiene las cuatro rúbricas del señor juez, del apoderado de don Antonio Nariño, doctor don Bernabé Ortega, y de los dos testigos de la actuación.

N° 3

   Fusagasugá, 25 de agosto de 94. Mi querido Nariño: Jamás he sentido tanta terneza al escribirte, no sé qué expresiones te haga, porque la grandeza y fuerza de mi amor sofoca todas mis ideas. Yo pensaba que ya no podía amarte más; que ya había apurado toda mi sensibildiad; que en vano buscaría en ti nuevas prendas para quererte más, ni en mi corazón un vacío que llenar. Pero ¿quién conoce tu alma?, ¿quién puede asegurarme que aun después de los descubrimientos que he hecho en ella estos días pasados, que son ciertamente los más bellos de mi vida, no me queda todavía mucho que explorar? Yo un necio, creía conocerte a fondo; pensaba que no había en mi Nariño más de lo que había descubierto en la amistad de la capital. ¡Pero cuánto más grande me ha parecido en Fusagasugá! ¡Qué nuevas virtudes desplegó a mis ojos! ¡Qué abismo de amistad, de sencillez, de franqueza, de generosidad!... Incomparable amigo, perdona a mi corazón estas expresiones que te disgustan, pero que yo no puedo contener.

   Dichoso Fusagasugá ¡qué bien me has consolado de aquellos días pesarosos, en que tus alegres campos no ofrecían a mis ojos sino sombras; en que a cada paso se me presentaba la imagen de un padre exhalando el último suspiro, ¡oh días de mi dolor!, qué distintos de los que acaban de correr tan dulces, tan serenos, todos de amistad, de sencillez, de amor. Los sabrosos placeres del campo llevaban todo nuestro tiempo. He aquí un retazo de carta bien ajeno de la sencillez de nuestra amistad, pero créeme que lo he escrito sin pensar en ello. Son sentimientos que están siempre deleitando mi corazón y han salido voluntariamente.

   Liévano entró en casa al escribir estas palabras y me entregó tu carta. Tienes razón en decir que la esperaba muy larga y admito la disculpa de la prisa del conductor, con calidad de no valerse otra vez de la misma. Estoy alistando todas mis cosas, ordenando todos mis papeles y completando mis descripciones para marchar cuanto antes. Mi detención en Santafé no será de mucho tiempo. Deseo con impaciencia volver a ver a mi madre, único consuelo que me ha quedado en mi país. También es preciso poner en orden mis intereses, y saber si tengo alguna cosa, o bien si no debo contar más que con mis manos y mi corazón.

   El cura de Pasca te remite esas espigas de su sementera. Está empeñado en propagar este ramo de agricultura. Me parece que el terreno es demasiado fecundo; aunque las espigas son escogidas, me parecen demasiado robustas y el grano muy bueno. Si la calidad de la harina correspondiere a las esperanzas, este pueblo tendrá por ti un ramo para enriquecerse. Los algodones han entrado en moda, y no hablo con persona que no quiera sembrar esta preciosa planta por complacerte. Aquí ha quedado muy bien establecido tu crédito, no hay quien no me haga de ti las expresiones que merece tu beneficencia. Todos me encargan te salude; a nadie veo que no pregunte por ti. La Camila, las de Bellavista, y las hijas de Díaz con particularidad. La Cleopatra se ha manifestado muy sensible, y remite esas cucharitas para el más querido de tus hijos, expresión que me ha caído en gracia, y aunque conozco los derechos de Antoñito, estoy impaciente ya por saber si se le adjudican. Buscaré el despacho sobre el camino para mandarlo mañana con el alcalde que va en solicitud de licencia para su romería a Nuestra Señora. Espero te empeñes con el señor regente para que se le conceda. A los favores que harás en tu casa, añade alguna cosa en mi memoria. Expresiones, abrazos, mil caricias a mi comadre, mil besos a Antoñito, a doña Inés memorias muy expresivas, como también a Gregorio y a Pachito(4). Esperaba con Liévano las botas y qué sé yo qué otros encargos que vengan cuanto antes. Tenme cuidado con la conducta de mis muchachos, y acuérdate de tu querido.

Zea.

   Una libra de pólvora y otra de munición para divertir los ratos de descanso.

N° 10

   Cartagena, mayo 10 de 1792. Estimadísimo amigo: Aguardaba en el correo de ayer su última resolución en orden a su venida en ésta, pero no he recibido carta de vuesa merced, por lo que estoy en duda si le habrán concedido la licencia que pensaba pedir o si habrá vuesa merced mudado de parecer, pues la estación de navegar en estos mares, y los del norte, se concluye a fines de julio, fuera de que es posible remitir su quina en Londres, si acaso lo juzgase vuesa merced conveniente. Tengo correspondencia en Jamaica que la puede dirigir a esa capital, dudando de que en Jamaica vuesa merced pueda salir de ella por no ser un renglón en que se han acostumbrado a tratar. En este correo sigue arriba el expediente en virtud del cual se me ha despojado, sin oírme, del empleo de médico del hospital, y suspendido de la facultad de curar en la ciudad, de que estaba en posesión seis años hace, en virtud de una licencia del señor Góngora, de quien sin duda este tribunal se considera superior en facultades, cuando ha suspendido el efecto de dicha licencia, así como el título de médico del hospital conferido por el señor Gil. Hágame vuesa merced el favor de entregar la inclusa. Y quedo como siempre su servidor amigo,

Luis de Rieux.

   Hay las mismas cuatro rúbricas que en las anteriores.

   Plan de ideas que debo seguir. Se pondrán todos los medios posibles en ir ingresando todo el dinero que se halla regado, dejando sólo los ocho mil pesos en poder de Chauveau(5) para las negociaciones del cacao a Veracruz y las cantidades invertidas en quina que se hallan en Cádiz, Cartagena, y aquí existentes y por cobrar, las que así que se vayan recibiendo se irán enfardelando y guardando. Si siguieren las guerras, y por el excesivo flete de las embarcaciones no se pudieron remitir los $8.000 invertidos en Veracruz, se pedirán también a Chauveau en cacaos para ésta una parte si estuvieren comprados a precios cómodos, y la otra en dinero. La negociación de azúcares se podrá concluir en este año, para cuyo efecto se pensará el modo más acertado, tratándolo con Otero, y si convendrá mandar a Cancino hasta Honda o Cartagena para este efecto. La estancia de Sopó se seguirá cercando y componiendo, llevando una cuenta prolija para cuando se encuentre comprador, que al instante se venderá; pero entretanto se sembrará y se echarán algunos ganados a cebar; cuando esté en estado, se pedirá un avalúo judicial, y según el precio que resulte, se solicitarán $8.000 para redimir los principales de Arcaya y Delgadillo, que son ambos $4.900, y el resto para ingresar en caja, para cuyo efecto se irán desde ahora tomando algunas medidas para solicitar el citado principal. Se hará la factura de los libros, exceptuando sólo los que se contemplen necesarios para el uso, y el resto se harán diligencias activas para su venta a precios moderados, recogiendo todos los que están regados, y recuperando algunos útiles de los vendidos y que no se han pagado. Igualmente se irá haciendo un apunte de la casa y sus muebles con separación de los necesarios y los que no lo son. Se ajustarán las cuentas con Pepe y Juanito, haciéndoles firmar un papel ínterin cada uno da providencia de transar con la brevedad posible. Se sacarán dos apuntes en limpio de las deudas, uno de las efectivas cobrables, y el otro de las de difícil cobranza para hacer las diligencias que se hagan efectivas.

   La imprenta.

   Hay las mismas cuatro rúbricas que en los documentos que anteceden.

N° 19

   Instrucción. Cada uno la da a su modo. Yo también quiero darla; también soy gente; por mil razones: la primera, porque estoy a los pies del laurel por no decir del arrayán; la segunda porque estoy con vuesas mercedes, que son más gentes que aquellas a quienes fue a predicar San Pablo, por más que Rivera lo niegue; la tercera, porque ayer unos zánganos nos dijeron que estábamos colocados en el altar; sería porque vio en nuestro tablado un padre en Otero, un hijo en Azula, y un Espíritu Santo en Montúfar. Todos los demás éramos cuadros: yo, moldura de espejo; Juan Pablo sacristán; Ayala hisopo, y Berenguer acetre; dos cornucopias, un medio dosel; un medio paño de alfombra; Zea de aguamanil, y nuestras vecinas retablos de ánimas en pena. Pero vengo a mi instrucción y no puedo darla sino de sólo un día, esto es, el martes que sólo debe ser día de retiro. Tampoco puede ser sino con lección espiritual, porque yo de nada apetezco más que del dulce librito y de la fecunda lectura.

   Empezaré por horas distribuidas esta enseñanza. Hora primera de las cinco. Propósitos de pasarlo bien. Luego lectura de día lleno, y porque nada valdría si está vacío, y si alguno piensa zanganear por los barrios de su desmedida imaginación. Nuestra alma no ha de estar, ni en todo el cuerpo, como quiere el rector Bartolomé, ni en el cerebro, y la glándula pineal, como intenta el cartesiano Martínez; ni en el espinazo como pretende Otaola, ni en el corazón, como persuade Espejo, ni en los ojos, como lo pide el rey y el tiempo. Ver han de ser nuestros sentidos, nuestras pasiones, nuestras potencias y nuestra alma. Véase y aunque sea con el telescopio natural, pues Hurtado, buen físico, nos ha dicho ya que de balde se aumentan los sentidos, cuando todo no es más que palpar. Palparemos pues, o veremos aunque sea por los anteojos sin lentes, por la cámara oscura, por los observatorios más ciegos. Ya he dicho: esta hora es de propósitos con el librito de día lleno, y en compañía de la hermana portera, esto es, esa diestra llavera que cierra y abre a los hermanos.

   Hora segunda de las seis: levantar los ojos al cielo al beber el chocolate, conociendo que otros más felices no beberán esa tinta de las Américas, sino el blanco licor de la napolitana o el de la moscatela parra. No es esta fortuna para hermanos tan retirados, y un día de retiro.

   Vamos a mi hora sexta de reloj, y segunda de distribución. El librito acomodado para esta hora sus cuartos campanadas y tomines ha de ser, el pecador sin excusa pero no del padre Señeri sino del abate Almorsamini, docto y piadoso genovés longanicista (¡oh el diablo de la lengua!) dije longanimista; porque trata de las virtudes y de los dones, y en particular de la longanimidad de Otero, del soldado del colegio tomasino, y de otros longanimes de esta tierra. Será en compañía de Alonso Barba, que da metales.

   Hora tercera de las siete a ocho: ponerse en cruz para desterrar la pereza, bostezar, alzar un pie, tirar una patada y un cuesco. Aquí te quiero alma bendita; esta es hora de perfumes para estómagos débiles, y a veces es tanto el fervor, que como cuáqueros se ponen a temblar y predicar. La consideración será de la muerte, se tomará por calavera a Rafael de Vega, por ataúd o caja de respecto a Aranzazugoitia; por candeleros a Iriarte y Gastelbón, por bujías a la Pacha y a la Filetta. Con triste consideración, ella aparecerá la muerte, ella por ella, y saldrá por la puerta del notario mayor eclesiástico; vendrá horrorosa y vestida de negro con el luto de la gualdrapa de Zapata. Otra vez ponte en cruz y examina cómo tras los días vienen las noches, tras de la luna el sol, y tras de los amores los cuernos. Todo el mundo se muda; las cosas se alteran; el tiempo lo acaba todo, y la muerte nos mete en el hoyo más profundo, siendo la muerte chiquita del ramillete. Ahora que le nombré, este será el librito de esta hora, en junta del Molina de la administración (¡labios orejunos!) de la oración. El otro librito de piénsalo bien. Nos acompañaremos en esta hora con Rivera, porque nadie mejor que él puede avivar las consideraciones de la muerte, y temer que se le acerque tío Goyo y que se la causen las moscas.

   Hora cuarta de nueve a diez: como se acercan fíeles los encantos de esta vida, a desplegar todas sus inglesas, polonesas y desavillés, como va a salir debajo de un castillo de pelo, de cofia, de rizos, una cara bonita toda rosadita y vertiendo perlas; nada conviene más que acogernos al Contemptus Mundi; fuera pues de nosotros toda vanidad; despreciemos a esas mujeres; ajemos esas flores; deshojemos esas rosas; cortemos esos retoños, esos pimpollos, esos renuevos; arranquémoslas desde sus raíces y hagamos que desde las plantas vaya subiendo la mano agotadora y cegadora, hasta donde se dividen los ramos. Paremos aquí; paremos, que es demasiado subir con la consideración. Mas volviendo hacia otro objeto la vista, consideremos que despreciando el mundo, nada debemos hacer más que reír, ver, pasear. No se haga caso de que nos oigan, nos observen, nos critiquen, nos murmuren. Con capa o sin ella, con vuelos o sin rizos, sea todo dar vueltas por la plaza sin dejar nuestro retiro hasta que se canse y sosiegue la santa curiosidad. Nos acompañará en esta hora un cuarto de hora Otaola, otro cuarto José María Prieto, otro cuarto de hora y hasta las diez en punto, el santo viejo Hoyos con cuatro caballos de retaguardia, y un ejército entero de perros por la vanguardia. Si no se hallase presente, haremos composición de lugar y nos figuraremos que en la mitad de la plaza están juntas dos estatuas: una de Zacarías levantándose su casaca verdegay, bajándose los greguescos, y haciendo la necesaria para todo el mundo que lo sufre; y la otra de nuestro buen Hoyos en pie con una piedra en la mano derecha, y en la izquierda un lazo. Habrá, o se imaginará toda alma retirada, que ve un lema, epígrafe, jeroglífico o letrero que diga así:

   Ya la oración va larga y fervorosa; vamos a la hora quinta: como no todo ha de ser de trabajo espiritual, bajaremos al jardín, y considerando las hojas, las flores y frutos de la naturaleza, tomaremos el azadón a la mano, y a la planta lozana quitaremos tierra; a la débil la aporcaremos; haremos correr el agua y regaremos, mas no como el marqués, que sea inundar el jardín para luego quedar en seco: niños, poco a poco. Esta consideracioncita es de sólo media hora; no dejará de haber su librito, y leeremos en Ruche. Espectáculo de la naturaleza, en el capítulo siempre viva, en la conversación de la marquesa y el abate. Y como se acerca la hora de comer, daremos un recorderis al distributor, porque su imaginación no sabe variar bien las meditaciones, y le diremos:

   Con esta jaculatoria, once y media, a comer, a descansar, al tablado, a la carrera, a la risa y a la perseverancia, con el librito del Encomium Moria del juiciosísimo Erasmo, repitiendo en toda la tarde esta letrilla:

   Hay las cuatro rúbricas que en los demás documentos anteceden.

N° 21

   Me ocurre el pensamiento de establecer en esta ciudad una suscripción de literatos, a ejemplo de las que hay en algunos casinos de Venecia; ésta se reduce a que los suscriptores se juntan en una pieza cómoda y sacados los gastos de luces, etc., lo restante se emplea en pedir un ejemplar de los mejores diarios, gacetas extranjeras, los diarios enciclopédicos y demás papeles de esta naturaleza, según la cantidad de la suscripción. A determinadas horas se juntan, se leen los papeles, se critica y se conversa sobre aquellos asuntos, de modo que se pueden pasar un par de horas divertidas y con utilidad. Pueden entrar don José María Lozano, don José Antonio Ricaurte, don José Luis Azuola, don Luis Azuola, don Juan Esteban Ricaurte, don Francisco Zea, don Francisco Tovar, don Joaquín Camacho, el doctor Iriarte 6. Hay las cuatro rúbricas que en los documentos anteceden.

N° 25

   Diálogo. Lord North un filósofo. Filósofo: Vuesa merced, milord, ha desdeñado frecuentemente mis saludables consejos. Yo le habría abandonado en la desesperante situación a que vuestros funestos consejos han reducido la Inglaterra, si mi amor a la patria no fuese superior a mi propio amor filosófico. North: A lo menos tendremos el gusto de aterrar nuestros enemigos en una hermosa memoria justificativa que haremos circular por todas las cortes de Europa. Filósofo: ¿Y de qué servirá todo esto? North: Pues ¿qué debemos hacer nosotros cuando ellos tratan de desacreditarnos en todo el mundo? Filósofo: Callarnos y atacarlos. North: El genio de vuesa merced, amigo mío, ha penetrado lo más profundo de las ciencias abstractas: Vuesa merced ha juzgado a los mismos reyes en sus escritos inmortales, como también a los hombres y casi todas las cosas. Dígnese vuesa merced manifestarme con la franqueza que acostumbra, sus ideas relativas a la presente guerra. Filósofo: Hace gran tiempo que yo os las he dicho, milord; ella es bárbara y desnaturalizada, y sus autores han hecho traición a su rey, a su patria; a la humanidad. Hay no obstante un medio de salvar nuestro honor en una crisis tan peligrosa ¿qué digo yo? de salvar al mismo tiempo nuestro honor y nuestros intereses. North: ¿Qué medio es ese tan precioso?, vuesa merced ha excitado toda mi curiosidad, estoy impaciente por conocerlo. Filósofo: Comenzad proclamando la independencia de las trece provincias sublevadas de La Florida y del Canadá. North: ¿Este era el bello proyecto de vuesa merced? Filósofo: Después renunciad de un modo solemne la Jamaica, las Barbadas, y todas las islas de Sotavento. North: Vuesa merced está loco. Filósofo: Cuando hayamos declarado todos estos países por independientes, hecho alianza con sus habitantes, que ellos hayan establecido su gobierno sobre una base firme, y que su neutralidad les ponga al abrigo de las empresas de nuestros enemigos, entonces proclamaremos nosotros con el mismo derecho y solemnidad la independencia de todos los establecimientos de América que tienen las demás naciones. North: Pero si los colonos, vasallos de la España y de la Francia rehusasen la libertad que les ofrezcamos, ¿qué debemos hacer entonces? Filósofo: Les obligaremos a recibirla; nuestros antiguos covasallos americanos serán nuestros aliados o permanecerán neutrales. Con las fuerzas que actualmente empleamos contra los insurgentes, unidas y dirigidas contra la Martinica, Santo Domingo, Granada, Cuba, el Perú, México, la Luisiana, etc., podemos prometernos sucesos tanto más fáciles, cuanto estos países tienen motivos mucho más poderosos que nuestras colonias para sacudir el yugo. Este partido es el único que nos queda: mi único temor es que no tengamos que recurrir a él demasiado tarde, y que los franceses, los españoles y nuestras colonias rebeldes no nos echen enteramente del otro hemisferio. North: Pero Portugal, la Holanda y aun la Dinamarca, ¿no merecerán la misma suerte que los españoles y franceses? Filósofo: Nosotros no los atacaremos. Cuando la América inglesa, española y francesa estuviere en libertad, entonces propondremos a los holandeses, portugueses y dinamarqueses o que dejen igualmente independientes sus propias colonias o que renuncien todo comercio libre con las otras colonias que hubiésemos libertado. Es verdad que sería difícil sujetarlas a esta última alternativa; pero el miedo de ver adelantar sus colonias por sí mismas a la independencia, a ejemplo de las demás, no contribuiría poco a determinarlas a un sacrificio que sería ampliamente recompensado con el comercio libre de las colonias de los otros pueblos. La Holanda consagraría tanto más voluntaria a esta proposición, cuanto este pequeño Estado no puede contribuir a la independencia de sus colonias sino a costa de sus habitantes. North: Ese proyecto presenta buenos rasgos. Confiéseme vuesa merced, no obstante que no hay filosofía que obligue a degollar los hombres para hacerles aceptar la libertad. Filósofo: Yo dudo que llevando la libertad a los establecimientos extranjeros de América fuese necesario recurrir a esta extremidad. Se podrían dar golpes en Europa que se hiciesen sentir en los países que se quisiese libertar. Después de todo esto, el bien de la humanidad es preferible al de una nación. Se trata de cortar de una vez para siempre la raíz de las guerras futuras, y yo no veo medio más eficaz. Hace 200 años que la sangre no corre sino por viles intereses de comercio. Durante muchos siglos aun la sangre francesa, inglesa y americana teñirá la superficie de los mares, si la América no queda enteramente libre: un odio inveterado, un resentimiento implacable no cesará de armar estas tres naciones, y de causar a cada instante incendios generales y funestos; traed a la memoria solamente una de las últimas escenas que han producido esta desgraciada guerra, poned a la vista el reencuentro de nuestra fragata la Quebec con la fragata francesa la Surveillante. No creo haya espectáculo más interesante para un verdadero filósofo ni más tierno para un corazón sensible; figuraos dos hombres igualmente valerosos que respetan acaso su mérito recíproco ardiendo de furor y de rabia a vista uno del otro por un vano pundonor nacional. Ellos son, con corta diferencia, iguales en fuerza, y no pueden prometerse ventaja el uno sobre el otro; no dejan, con todo, de arrojarse al fuego, al hierro y la muerte. Veréislos en medio de una multitud de cuerpos tendidos sin vida, mutilados y exhalando el último suspiro. Acordaos cuántos cuidados han costado estas frágiles máquinas a la madre que los crió, a los maestros que han perfeccionado sus facultades intelectuales o físicas, a la patria que velaba por su defensa; pensad después que los frutos amargos de la victoria no serán sino para algunos ambiciosos que no se han expuesto al peligro; en vano procuramos disimular; los franceses miran la muerte en estos terribles momentos con los ojos tan secos como los ingleses. La sed de vengar sus antiguas injurias, les inspira tanto coraje como la animosidad nacional puede inspirarnos contra ellos. ¿Hasta cuándo los infelices humanos, víctimas insensatas de sus locuras, caminarán alegremente a la muerte para servir a la ambición, o vanagloria de algunos jefes de nación, que las más veces no han conocido. Escuchad milord: cuando las naciones no puedan disfrutar sobre los mares sino la industria y emulación, ¿no veis desaparecer las semillas emponzoñadas, fecundas y continuamente renacientes de aquel horrible estado que constituye al hombre el mayor enemigo del hombre? En una palabra, si la paz perpetua pudiera ser algo más que el sueño de los hombres de bien, ¿qué acontecimiento la podría acelerar más que la independencia de las dos Américas? Si vosotros no podéis extinguir la rabia de tener colonias, transportadlas a las tierras incultas de vuestros países, y antes de derramar vuestra población por fuera, atended si por dentro está tan pujante como conviene. Limitémonos a los términos que nos ha fijado la naturaleza. Todos nuestros esfuerzos para mantener nuestro poder exterior no son otra cosa que convulsiones mortales. North: ¿Conque vuestro proyecto sería de reducir nuestro imperio a la isla de la Gran Bretaña? Filósofo: Sí, milord: la naturaleza ha formado evidentemente cada isla para que se baste a sí misma y ser la silla de la libertad, y la Gran Bretaña, que es la más grande de todas, para ser el modelo y protectora de las otras. Así la Irlanda no debía estar dependiente de nosotros sino por una alianza estrecha a la que la empeñan su situación y sus intereses. Así nosotros podríamos abandonar a Menorca y forzar a los españoles a evacuar la isla de Mallorca, y a Córcega a los franceses. North: Vuestro proyecto respira el entusiasmo de un hombre honrado, de un buen patriota, de un amigo de la humanidad. Pero los tiempos aún no han madurado para un proyecto tan sublime. También os confesaré que vuestro proyecto se presenta con un aire de grandeza que me le hace respetar; conozco vuestro desinterés, y por lo mismo no me atrevo a proponeros las recompensas públicas que merecen vuestros talentos. Filósofo: Nada quiero, aún no espero los aplausos del siglo actual. Mi corazón me dice que tengo la aprobación de todas las almas libres y compasivas, y el voto de la posteridad.

   Hay las cuatro rúbricas que en los anteriores documentos.

N° 26

   Honda, abril 12 de 1794. Mi estimado amigo, hemos llegado con mil trabajos pero con salud a esta villa, de donde me ofrezco a toda su familia y a vuesa merced principalmente. Por el correo que ha llegado hoy de ésa aguardaba con ansias lo reservado que me anunció en la que me dirigió a Facatativá y contestación a la esquela que de mi parte le entregó Vidal el día de mi salida de ésa, pero de todo me he quedado en ayunas con bastante sentimiento mío, pues estoy deseoso de saber cuanto haya ocurrido después de mi salida en todas materias. Ya habrán vuesas mercedes recibido el correo de España; no deje de participarme las noticias particulares que hubiere traído. Por el hermano de don Andrés Urquinaona, que llevará ésta, remito una llavecita que lo es de un cajón que contiene algunos libros que me quedaron en ésa; entre ellos va un diccionario inglés, gramática inglesa y un tomo en inglés de la Historia universal. He de merecer a vuesa merced los saque de su prisión y me los remita por primera ocasión, siendo mi ánimo en los muchos ratos de ocio que tengo en esta, dedicarme al estudio del idioma.

   No dije a Vidal nominativo que llevase a su casa el molino, pero viendo, conociendo lo incomodaba la preferencia que daba a la casa de vuesa merced por el depósito de los trastes que dejaba, le dije lo hacía porque, conociendo lo reducido de su casa, temía de incomodarle, y así que tomase lo que quisiere, y lo demás lo enviase a su casa, y habíamos quedado que llevaría solamente dos tercios de quina, que pondría en un cuartito que tiene inmediato al horno. Si acaso necesitase o quisiese ver con comodidad el molino de despepitar algodón M. Vidal, con enseñarle este capítulo no hará dificultad en entregarlo.

   Mi mujer me encarga de muchas memorias para vuesa merced y para sus madamas, a cuyos pies me ofrezco, por cuanto juzguen a propósito mandar. A su efecto servidor,

Luis de Rieux.

   A Cancino que no se olvide de mi encargo, y que si lo hubiere conseguido, me lo dirija, que ya me va haciendo falta. El escribano que le recomendó Cancino está con mil enredos, y dudo llegue a posesionarse de su empleo, lo que le participo por lo que puede convenir. Si el amigo Zea hubiere llegado, dele vuesa merced muchas expresiones de mi parte, y manifiéstele el sentimiento que tengo de no poder encerrarme con vuesas mercedes en el Santuario.

   Hay una rúbrica. Hay las cuatro rúbricas que en los precedentes documentos.

N° 30

   Fusagasugá, 9 de abril de 94. Querido amigo: he comprendido ya perfectamente la disposición de la pieza: me alegro que a Newton le haya tocado un lugar en que no cabe otro. Para la mutación de los retratos de Franklin y Montesquieu, me fundaba en la conveniencia de los sujetos. Franklin y Solón, legisladores; Platón y Montesquieu, autores de bellos pensamientos, profundos pensadores, dos antorchas del mundo que abrió demasiado los ojos sobre sus desgracias a la luz de sus escritos. Yo no sabía que Aratuz escribió; con esta circunstancia el lugar que le diste es propio de él; si otro lo hubiera ocupado sería una usurpación. La filosofía hubiera dado un grito a vista de tanto desarreglo. Ilustre Aratus: tu nombre me transporte; ¡los resortes de mi alma, flojos y sin acción, recobran su fuerza y comienzan a obrar!, ¡cuántos siglos dejó pasar la naturaleza para producir un hombre que se te pareciera!... Perdona mi querido amigo este rasgo de locura. Mi pasión a los hombres grandes en cualquiera línea me arrastra hasta olvidar que no escribo más que una carta.

   Tengo unos pies de bálsamo en sus ollas, van bien, y creo que no se frustrará el pensamiento de que sirvan para tu jardín. Quisiera saber si habrá terreno para cuatro quinos; es árbol que viene de estaca y nos sería fácil plantar un renuevo de cada especie; aunque no fuera la planta que es, por la belleza y suavísimo olor de sus flores, merece muy bien lugar en un bosque de delicias.

   Continúa la indiferencia de mi amigo y su insensibilidad en mis asuntos. Yo estoy pereciendo y mi sueldo durmiendo en cajas. Teniendo semejantes conciudadanos, ¿reprendes mi pensamiento de preferir el campo a la ciudad? ¿Cómo es posible vivir entre estos hombres? Yo voy aborreciendo la patria de estos monstruos; quiero más bien vivir entre tigres y leones. Quizá me he engañado en el concepto tan bajo que he hecho de él, y créeme que me alegraría como si resucitase mi padre. Lo he amado y esto mismo aumenta al infinito mi sensibilidad. Me dicen que hace de mis expresiones entusiásticas, que mientras lo juzgo infiel aumenta mi cólera. Quiera Dios que yo me engañe. No me puedes perdonar el que hubiera hecho confianza de él. Te aseguro que jamás le abrí mi corazón, no porque no hiciera de él un gran concepto, sino porque no me gusta franquearme sino a aquella persona con quien ligan mis ideas. Qué bien dijo Cicerón que la amistad entre personas cuyas ideas y pensamientos no convienen, por más buenas prendas, servicios, amor y generosidad que haya de una y otra parte, al fin se ha de romper. El mismo asegura que habiendo esta circunstancia, la amistad será eterna.

   Cabal viene, con otros jóvenes, a hacerme una visita. Tendré mucho gusto, porque sabré de tu casa y hasta la ínfima cosa. Me acuerdo que me prometiste una visita, y sería tanto el gusto que tendría en verte, cuanto yo no puedo tener otro en mi vida. Pero considerando el disgusto, al mismo tiempo me daría verte pasarlo mal en esta parroquia donde hay Tedéum el día que entra un tercio de arroz, te dispenso bien a mi pesar. Por lo demás, protesto que te agradaría mucho este lugar, donde eres conocido y admirado. Tus cosecheros, a quienes has tratado con humanidad, te han pintado como el verdadero amigo de los hombres, cuyas ideas todas van dirigidas todas al bien de los pobres. Este concepto es aquí general, y muchos vienen de Santafé con la noticia fresca de que te conocieron como los que vienen de Roma contándonos que vieron al papa y la iglesia de San Pedro. Del precio de los libros no sé, hasta que el doctor Mutis, a quien en medio de mi pobreza escribí avisara de su valor para satisfacerlo, no se digne responderme. Ves cómo ya sé atreverme a cualquier cosa dejando al tiempo el cuidado del suceso.

   Como te vi hacer un barómetro, se me ha puesto hacer otro, y he pedido tubos a Cabal. Avísame cómo he de purificar el azogue, la cantidad, las divisiones de los grados, etc., y sobre todo, la cajita de abajo que recibe el tubo, qué disposición y proporciones ha de tener. Pienso huirme un día de estos a hacerle una visitas, dar mil abrazos a mi comadre, Gregorio, Pachito y doña Inés. Mil besos a mi Antoñito, y volverme. Te ha de coger de repente tu afectísimo y constante,

Zea.

   Si no tienes ocupado el microscopio, yo lo necesito, y puede traerlo Cabal.

   Hay las cuatro rúbricas que en los anteriores documentos.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño. Colección Presidencia de la República, administración Turbay Ayala, t. 1, Imprenta Nacional, 1980, p. 131-163.
FUENTE DOCUMENTAL:
Archivo Histórico Nacional de Madrid. Sección de consejos suprimidos. Legajo 21.250.

NOTAS:
1   En este texto se publica una selección de las piezas más pertinentes del expediente.
2   Don José María detenido con Nariño y prisionero en Cádiz hasta el año de 1802. (El autor)
3   Alude a la muerte inesperada de Joaquín Nariño y Alvarez, hermano de El Precusor. Había nacido en Santafé el 1° de junio de 1766. (El autor).
4   No figura la nota de pie de página. (El editor).
5   Don Pedro, vecino de la Villa del Rosario de Cúcuta. (El autor).
6   No figura la nota de pie de página. (El autor).

52
DENUNCIO DEL SOLDADO ESPAÑOL CONTRA NARIÑO

TEXTO DEL DENUNCIO PRESENTADO POR JOSE ARELLANO "DE LO QUE ALGUNOS SUJETOS DE ESTA CAPITAL HAN TRAMADO EN DESERVICIO DEL REY" Y NOTA AMPLIATORIA DEL MISMO. Santafé, 23 de agosto de 1794.

José Arellano.

Denuncio

   De resultas de la amistad que he tenido con el doctor don Luis Gómez he adquirido, por mi desgracia, varias noticias de lo que algunos sujetos de esta capital han tramado en deservicio del rey nuestro señor.

   No puedo negar que, en cierto modo, he adherido a sus pensamientos, pero ha sido porque, incautamente, me pareció que ellos no se encaminarían a los fines que ahora he llegado a comprender, y estando ya enterado de sus perversos intentos que se me han confiado en la satisfacción de que mi modo de pensar pudiera ser igual al suyo, no puedo menos en cumplimiento a la obligación que me impone el ser español y fiel y buen vasallo y soldado distinguido de milicias, de delatarme ante vuestra excelencia y ofrecer dar las declaraciones que conduzcan a la averiguación de esta trama, para lo que se me citará hora.

   Santafé, 23 de agosto de 1794.

José Arellano.

   Declaración dada por mí en dicha fecha ante el señor oidor Inclán.

   Comprendidos en ella: doctor don Luis Gómez, don Pablo Uribe, don José María Durán. Estos tres pusieron los pasquines por las esquinas. Don José María Lozano, don Antonio Nariño, don José María Cabal, el doctor Zea, don Umaña y Escandón. Estos ofrecieron plata y gente. El doctor Gómez, de Popayán, Maestro Perry, el portuguesito y Maestro Rieux, médico.

   En el colegio de Santo Tomás (Mayor del Rosario) se hicieron varias juntas, en las que sólo se trataba del asunto, a las cuales asistió Gómez, que fue quien me hizo sabedor. En casa de don Antonio Nariño sucedía lo mismo y de lo determinado por dichos señores me dio cuenta y el que sería el asalto dentro de tres meses o tres años, o luego que el señor virrey actual se fuese y su sucesor llegase a esta ciudad premeditaban dar el asalto una noche de este modo: prender fuego a una casa en el extremo de la ciudad y echarse sobre las armas del cuartel y luego dar muerte a todos los que fueren al fuego y a los que no quisieren seguir el gobierno republicano. Esta es la copia de la declaración, bien que dice Arellano va con distintas voces".

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño. Op. cit., t. I, p. 11-14.

53
CONFISCACION Y EMBARGO DE BIENES DE NARIÑO

EL OIDOR JOAQUIN MOSQUERA Y FIGUEROA DA LA ORDEN AL ALGUACIL MAYOR DE CORTE DE EMBARGAR LOS BIENES DE PROPIEDAD DE ANTONIO NARIÑO. Santafé, 3 de septiembre de 1794.

José Ortega.
José Malo.
Juan Nepomuceno Camacho.

   No siéndome posible entender en el embargo de bienes de don Antonio Nariño, sin notable y perjudicial atraso de las diligencias en que me hallo entendiendo relativas a la misma causa, doy a vuesa merced la comisión necesaria para que proceda a evacuarlo con la actividad que es propia de su celo.

   Dios guarde a vuesa merced muchos años. Santafé, 29 de agosto de 1794.

Joaquín de Mosquera y Figueroa.

   Señor alguacil mayor de la corte.

   En la ciudad de Santafé, a 29 de agosto de 1794, el señor alguacil mayor de corte, en virtud de la comisión antecedente del señor oidor, don Joaquín Mosquera y Figueroa, pasó, asociado del infrascrito escribano de su majestad, a la casa, morada de Antonio Nariño, a efecto de verificar el embargo de sus bienes, y para ello le previno los pusiese de manifiesto, lo que verificó en la forma siguiente:

   Primeramente, la casa alta de su habitación, sita en la plazuela de San Francisco de esta corte; ítem, dos cornucopios de marco de cristal de vara de alto; ítem, siete cornucopios de marco, media vara de alto; ítem, siete láminas marcos dorados, pintadas sobre bronce, de más de vara de ancho y tres cuartas de largo; ítem, seis canapés de nogal forrados en damasco, los cinco de tres y media varas de largo, y el otro de cuatro; ítem, dos mesas forradas en bayeta verde; ítem, tres pares de cortinas de damasco de dos paños de ancho, y cada una de cuatro varas de largo; ítem, una colgadura de papel, pintada verde y amarillo, que cubre toda la sala primera; ítem, un cuadro, marco dorado, con un Cristo en medio, de concha de nácar y remate de bronce; ítem, cinco baúles con sus cerraduras y llaves.

   Segunda sala: doce mapas de papel; ítem, un friso de lienzo pintado, con medias cañas doradas; ítem, taburetes de vaqueta.

   Recámara: seis láminas de cristal y marcos de lo mismo; ítem, dos cornucopios, marcos de cristal y cuatro candelejas; ítem, cuatro canapés de nogal, forrados en filipichín amarillo, de cuatro varas de largo; ítem, un friso en lienzo pintado, con sus medias cañas, también pintadas; ítem, dos mesas de nogal, de vara y cuarta de largo y tres cuartas de ancho; ítem, dos láminas de San José y San Joaquín, con su cristal y marcos bronceados; ítem, un armario o guardarropa, de dos varas y media de alto; ítem, casaca y calzón de paño blanco, bordado de oro, y chupa de raso, liso, blanco, bordado de oro; ítem, casaca y calzón de terciopelo azul, de vivo forrado en raso liso, blanco, y chupa de lama de plata, bordada de oro; ítem, un vestido entero de terciopelo, buche de paloma, forrado en raso liso, verde.

   Comedor: Una mesa para comer, de tres varas de largo y vara y cuarta de ancho; ítem, otra vieja de dos y media varas de largo y una de ancho; ítem, seis sillas para sentarse, de guardamano; ítem, cinco cucharas y cinco tenedores de plata, con peso 27½ onzas; ítem, cuatro platos de ídem, con peso 52½ onzas; ítem una taza grande de ídem, con peso de 22 onzas; ítem, dos tacitas chiquitas de ídem, con peso de 12 onzas; ítem una marserina de ídem, con peso 16½ onzas; ítem, dos cocos de ídem, con peso de ocho onzas; ítem, un jarro de ídem, con peso 15½ onzas; ítem, un platón y una bandeja de ídem, con peso 93 onzas; ítem, una palangana de afeitarse de ídem, con peso 27 onzas; ítem, tres candeleros de ídem, con peso 73½ onzas; ítem, 25 platos de loza fina, blancos; ítem, dos soperas de loza y dos bandejas de ídem, blancas, con borde azul; ítem, seis platicos de loza, para dulce; ítem, una cuchillera con 12 cuchillos, de cabo de japa. Un cuartico interior: un friso de papel, pintado; ítem 12 laminitas de papel, picado, con cristal y marco negro; ítem, una mesa con su papelerita de nogal y sus manijas y chapas de bronce; ítem, otra forrada en vaqueta, con su cajón, de vara de largo y tres cuartas de ancho; ítem, un vestido con dos pares de calzones de terciopelo negro, nuevo, forro de tafetán nácar; ítem, una frasquerita cerrada; ítem, un baúl con cerradura y llave.

   Otra pieza en donde solamente se halló una mesa, de vara y media de largo y una de ancho, pues aunque hay un armario, se dijo pertenecer a doña Inés Ortega, que no se embarga, por esta razón, como tampoco los muebles que hay en el cuarto de su habitación; ítem, una mulata esclava, llamada Nicolasa, de edad de 28 a 30 años; y aunque dijo tener otra en su poder llamada Luisa, que compró a don Juan Vergara, ni ha hecho escritura ni la ha pagado. Y preguntado por el dinero de su pertenencia, dijo no tener otro que el perteneciente a diezmos, y que sus demás derechos y acciones constan de su libro de cuentas que quedó encerrado en la tesorería a que se remite, cuya llave llevó el señor oficial real, don Martín Urdaneta. Y en este estado se suspendió esta diligencia por no haberse podido embargar la librería y demás bienes que quedaron en el cuarto, cuya llave llevó el señor doctor don Joaquín Mosquera, ni los que se hallan en los almacenes bajos, por haberse quedado casualmente encerradas sus llaves en el mismo cuarto, cuya llave se llevó el señor oidor don Joaquín Mosquera, lo que se practicará el día de mañana, y firmó su merced con el citado don Antonio Nariño, y con el subteniente de Granaderos del batallón auxiliar, don Miguel de Céspedes, que se halló presente a todo, por ante mí, de que doy fe.

José Malo.
Antonio Nariño.
Miguel Céspedes.

   Ante mí,

Juan Nepomuceno Camacho.

   En la ciudad de Santafé, a 30 de agosto de 1794, el señor alguacil mayor de corte, doctor don José Gil Martínez Malo, en prosecución de esta diligencia, asociado de mí, el presente escribano, pasó a la casa de don Antonio Nariño a efecto de continuar el embargo de sus bienes, y lo verificó en los siguientes:

   Primeramente, una obra del Martínez, Introducción a las artes, pergamino, en cuarto, 39 tomos; ítem, dos tomos, Catecismo romano, en castellano, en pergamino; ítem, un tomo en pasta, en octavo, Semana Santa; ítem, un tomo en pasta, Tamburino de Gratia Christi, en cuarto; ítem, un tomo, de pergamino, en cuarto, Bramneyer de teología; ítem, un tomo, en cuarto, de pergamino, La religiosa instruida, por el padre fray José Quiles; ítem, un tomo, en pergamino, Septenario doloroso de María Santísima, por el padre fray Antonio Andrés, en cuarto; ítem, cuatro tomos, de pasta, en octavo, por monsieur Guachad, Accord du Cristianisme et de la raison; ítem, cuatro tomos, de pasta, en octavo, Diccionario filosófico de la religión, por el abate Nonnotte; ítem, seis tomos, de pasta, en octavo, Historia de los sacramentos, por el padre Chardon; ítem, dos tomos, de pasta, en octavo, Sermones du Père de Segaud; ítem, el tomo tercero, de pasta, en octavo, Oraciones fúnebres, por le Pre Delaure; ítem, un tomo de pasta, en octavo, Pensamientos y sentimientos de piedad, por el padre de Segaud; ítem, un tomo, de pasta, en octavo, de Cirugía, por el monsieur Eliecol de Vilars; ítem, 7 tomos, en octavo, de pergamino, Instituciones teológicas, por Gaspar Juenín; ítem, dos tomos, de pasta, en cuarto, Diccionario de cirugía, por monsieur Suelejdunne; ítem, dos oficios de Semana Santa, de pasta, en octavo; ítem, tres tomos, de pasta, en cuarto, sobre el Sacrificio de la misa, por monsieur Pirre Badoire Ptre; ítem, el segundo y tercer tomos de las Meditaciones de la pasión, por monsieur l'Abbé Clemet, de pasta, en octavo; ítem, dos tomos, de pasta, en octavo, de El alma elevada a Dios por las reflexiones y sentimientos, francés, par Chaquet par Du Mois; ítem, un tomo, de pasta, en octavo, el Alma santificada, por el mismo autor de El alma elevada a Dios; ítem, un tomo, de pasta, en octavo, El alma fiel, por el mismo autor; ítem, cinco tomos de pasta, en octavo, de Oeuvres Spirituelles, de M. l'Abbé; ítem, 11 tomos de pasta, en octavo, Sermones, por le Pre Pêtre; ítem, dos tomos, de pergamino, en folio, Cobarrubias, obra jurídica; ítem, dos tomos, pergamino, en folio, Jaria, adiciones al Cobarrubias; ítem, dos tomos, de pergamino, en folio, Solórzano, Política indiana; ítem, dos tomos, de pergamino, en folio, Solórzano, De jure indiarum; ítem, un tomo, de pergamino, en folio, Solórzano, Obras postumas; ítem, un tomo, de pergamino, en cuarto, Instrucción a los nuevos predicadores, por el padre José de la Concepción; ítem, cuatro tomos, de pasta, en cuarto, por monsieur el abate de Bairac, Historia geográfica de España; ítem, tres obras, compuesta cada una de cuatro tomos, de pasta, en cuarto de los Viajes de Enrique Antón, por don Joaquín Guzmán y Manrique; ítem, un tomo, de pergamino, en cuarto, Guerra de Granada que hizo don Felipe II, por don Diego Hurtado de Mendoza; ítem, tres tomos, de pergamino, en cuarto, Proemiales de la jurisprudencia, su origen y progresos, por don José Maimo Ribes; ítem, un tomo, de pergamino, en cuarto, Catecismo romano, de Pío V; ítem, dos tomos, de pergamino, en cuarto, Catecismo romano, en castellano; ítem, dos tomos, de pergamino, en cuarto, Memorias de las reinas católicas, por el padre fray Enrique Flórez; ítem, un tomo, de pergamino , en cuarto, Política real y sagrada, por el licenciado don Juan Vela; ítem, dos tomos, de pergamino, en folio, Vicies Jus. Canónico; ítem, un tomo, de pergamino, Colección de los reales decretos, para el establecimiento de la contaduría general de propios y arbitrios; ítem, tres tomos, de pergamino, en octavo, Oraciones y cartas de Isócrates, por don Antonio Sanz Romanillo; ítem, dos tomos, de pergamino, en cuarto, Varias profecías sagradas y profanas, de don Antonio Solís y Rivadeneira; ítem, un tomo, de pergamino, en cuarto, obras de don Juan de Tarsis; ítem, dos tomos, de pergamino, en cuarto, Poesías y obras líricas, de don José Joaquín Benegasi y Luján; ítem, dos tomos, en cuarto, de pergamino, las Eróticas, de don Esteban de Villegas; ítem, el segundo tomo del Filósofo solitario, en octavo, de pergamino; ítem, un tomo, de pasta, en octavo, Fundamentos de la materia médica, por Tarteuse; ítem, un tomo, de pasta, en octavo, Semana Santa, por don Joaquín Castellot; ítem, tres tomos, de pasta, en octavo, Compendio de toda la medicina práctica, por don Lorenzo Eister; ítem, tercero y cuarto tomos del Año Virginio, pergamino, en cuarto; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Tratado de los funerales, por el padre Miguel Acero; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Pintura de Inglaterra, por monsieur Brembille; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Gramática castellana; ítem, dos tomos, pergaminos, en octavo, Compendio de la historia de España, por el padre Bucheme; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Concordia de la geografía, de monsieur Punchre; ítem, un tomo, pasta, en octavo, El imperio otomano, por monsieur Burquing; ítem, el tercer tomo del Diccionario de Sobrino, en pergamino; ítem, siete tomos, pasta, en octavo, Bibliothèque ascetique, por el reverendo Pre Jeronime; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Idea de un príncipe cristiano, por don Diego de Saavedra; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Obras poéticas, de sor Juana de la Cruz; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Las costumbres de los israelitas, traducida por don Manuel Pingarrón; ítem, un tomo, en pasta, en cuarto de La salud del hombre, por don Benito Arias Montano; ítem, cinco tomos, pergamino, en cuarto, Historia del viejo testamento; ítem, 13 tomos, pergamino, en cuarto, Obras del padre fray Luis de Granada; ítem, cinco tomos, pergamino, en octavo, Cartas de Clemente XIV; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Vida de Clemente XIV; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Elementos de la historia universal; ítem, 11 tomos, pasta, en octavos, Sermones del padre Simón de la Vierge; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Obra de monsieur Phiquet; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Obras de monsieur Gouland; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Pensamientos de las más importantes verdades de la religión, en francés; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, en francés, de la Conformidad interior, por monsieur de Bernieres Louvigny; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Obra de monsieur Blanchard; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, que trata de la Disciplina de la Iglesia, en francés; ítem, un tomo, en octavo, Cicerón; ítem, cuatro tomos, pasta, en octavo, Sermones del padre Simón de la Vierge; ítem, cuatro tomos, pasta, en cuarto, Sermones del padre Pêtre; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Sermones panegírico s, por monsieur Parisire; ítem, un tomo, pasta, en octavo, El filósofo moderno, por monsieur l'Abbé; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Sermones Perusseaut; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Sermones du Père Elisée; ítem once obras de la Vida de Santa Gertrudis; en pasta, en cuarto y cada una de ellas un tomo; ítem, cuatro tomos, pergamino, en octavo, Cartas morales, militares y civiles, por don Gregorio Mayans; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Resumen del nuevo y viejo testamento, por don José Serrano; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Memorial literario e instructivo de la corte de Madrid; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Epítome de la historia fabulosa de los dioses, por el padre Gautruche; ítem, cuatro tomos, en pergamino, en octavo, obras de Liguori, Confutación de herejías; ítem, tres tomos, pergamino, del mismo, Práctica de confesores; ítem, otro, del mismo, Vía de salute; ítem, otro, del mismo, La Mónaca santa; ítem, otro del mismo, Novela del santo Natale; ítem, otro, del mismo, Práctica de amar a Jesucristo; ítem, otro, del mismo, Amore de anime; ítem, otro, del mismo, Reflexiones sobre la pasión de Cristo; ítem, otro del mismo, Apercibimiento para la muerte; ítem, otro, del mismo, Obra espiritual; ítem, otro, del mismo, de la Pregiera; ítem, otro, del mismo, Traducción de los salmos del oficio divino; ítem, un tomo, pergamino, su autor, Ludovico Antonio Muratorio; ítem, un tomo, pasta, en octavo, del Sacrificio de la misa, por Honoratas Tourneli; ítem, 14 tomos, de pasta, en octavo, obras de Britase; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Historia de la religión, por monsieur Ivon; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, de la Espiritualidad e inmortalidad del alma, por el padre Hubert; ítem, seis tomos, pasta, en octavo, La religión, defendida por el autor de Le dú Bonheur. Con lo cual, y por ser tarde, se concluyó esta diligencia, que se proseguirá en este mismo. Su merced la firma por ante mí de que doy fe, y también firma don José Ortega, como que ha asistido en nombre de doña Magdalena Ortega.

Malo.
José Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En la tarde de dicho día se continuó el embargo de los libros en los términos siguientes:

   Primeramente, se embargaron cuatro tomos, pasta, en cuarto, por monsieur de Cook; ítem, siete tomos, pasta, en cuarto, Viajes de Cook; ítem, cinco tomos, pasta, en cuarto, Viajes, del mismo autor; ítem, tres tomos, pasta, en cuarto, mayor, Estampas y países, del mismo Cook; ítem, cuatro tomos, pasta, en octavo, de la Verdad de la religión cristiana, por Jacques Abbadie; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Consejos de una madre a sus hijos, obra en francés; ítem, siete tomos, pasta en octavo, Sermones de Neubill; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, sobre las Verdades fundamentales de la religión, por el padre Valois; ítem, seis tomos, pasta, en octavo, Sermones de Sicerit; ítem, cinco tomos, pasta, en cuarto, Sermones de Hubert; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Sermones de Sagaud; ítem, cinco tomos, pasta, en octavo, Sermones, por el padre Pietre; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Sermones de Dupay; ítem, un tomo, pasta, en octavo, de Medicina, por monsieur Goudon; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, sobre las Verdades fundamentales de la religión, por el padre Valois; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, de Madame Veomont; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Sermones de Dupay; ítem, tres tomos, pasta, en cuarto, Principios de matemática; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Diccionario de Heresies; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Memorias de Chirur; ítem, cinco tomos, pergamino, cuarto mayor, Viajes de don Jorge Juan; ítem, un tomo, pergamino, cuarto mayor, Biblioteca de Pindo; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Concordia de la biblia; ítem, un tomo, pergamino, cuarto mayor, Teoría y práctica de comercio de marina, por don Jerónimo Ustaris; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Cicerón, De oficios; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, General sistema de la cirugía, por el doctor Lorenzo Heister; ítem, tres tomos, pergamino, folio, Berti, Teología; ítem, un tomo, pergamino, folio Noris, Teología; ítem, cinco tomos, pasta, en folio, Noris, Teología; ítem, un tomo, pergamino, cuarto mayor, Vocabulario eclesiástico; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Riberius, Practis medica; ítem, un tomo, pergamino, cuarto mayor, Calepino, de las nueve lenguas; ítem, tres tomos, pergamino, en cuarto, Teología, Santi Augustini; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Biblia sacra; ítem, dos tomos, pergamino, en octavo, Compendio de España; ítem, dos tomos, pergamino, en octavo, Estafeta de Londres; ítem, tres tomos, pergamino, en cuarto, Rudimentos históricos; ítem, 11 tomos, en octavo, Viajes de la razón; ítem, tres tomos, pergamino, en octavos, Rudimentos históricos; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, El príncipe cristiano, en francés; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Catecismo de Pío V; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Versión parafrástica, por el padre Ricardo Balsalobre; ítem, dos tomos, pergamino, cuarto mayor, Cuerpo de derecho civil; ítem, dos tomos, pasta, en cuarto mayor, Biblia sacra; ítem, obra en pergamino, en cuarto, de Flórez, de España sagrada, 29 tomos; ítem, otra ídem, con 27 tomos; ítem, un tomo ídem; ítem, cuatro tomos, pergamino, cuarto Flórez, La Cantabria; ítem, 15 tomos, pergamino, en cuarto, Risco, continuación del Flórez; ítem, do s tomos, pergamino, en cuarto, Salvaje, Instituciones canónicas; ítem, dos obras, en cuarto, tomos, pergamino, cuarto, el Charri ilustrado; ítem, dos obras, en cuatro tomos, pergamino, cuarto, Catecismo romano, em castellano; ítem, cinco tomos, pergamino, en cuarto, Catecismo de Pío V; ítem, dos tomos, segundos, pergamino, en cuarto, Catecismo romano; ítem, dos obras, en cuatro tomos, pergamino, en cuarto, Cartas pastorales de Benedicto XIV; ítem, dos tomos, pergamino, en cuarto, Noticias del padre Flórez; ítem, cinco tomos, pergamino, en octavo, Cartas de Clemente XIV; ítem, dos tomos, pergamino, en octavo, las Noches Clementinas; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Píntara de la muerte; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, El verdadero mentor; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, El universo enigmático; ítem, ocho ídem, del mismo autor, Marqués de Caracciolo, a quien pertenecen los tres tomos antecedentes; ítem, dos tomos, pergamino, en cuarto, Compendio de la historia sagrada; ítem, ocho tomos, pergamino, en cuarto, Teatro crítico de Feijoo; ítem, cinco ídem, Cartas eruditas; ítem, dos ídem, del Teatro crítico; ítem, dos ídem, Indice y apología; ítem, cuatro tomos, pergamino, en octavo mayor, Natal Alejandro, Teología; ítem, seis tomos, pergamino, en cuarto, Filosofía, de Roselli; ítem, dos tomos, pasta, en cuarto, Especies plantarum, de Carlos Linné; ítem, cuatro tomos, pergamino, en cuarto, Vida de Santa Gertrudis; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Expedición de catalanes y aragoneses; ítem, ocho tomos, pergamino, octavo mayor, Lineo, Práctica botánica; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Curso de botánica, por el doctor don Casimiro Gómez; ítem, dos tomos, pergamino, en octavo, Quintiliano; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Filosofía, de Estay; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, El hombre práctico; ítem, tres tomos, pasta, octavo mayor, Sermones, de Darcier; ítem, tres tomos, pasta, en cuarto, curso, Politique; ítem, cuatro tomos pergamino, en octavo, Intereses de la Francia; ítem, cuatro tomos, pasta, folio, Herrera, Décadas de Indias; ítem, nueve tomos, pasta, en octavo mayor, La religión vengada; ítem, 14 tomos, pasta, en cuarto, Viajes de Corps; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Rues, Sermones panegíricos; ítem, 13 tomos, pasta, en cuarto, Montarcón, Diccionario Apostólico; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, La corona del año cristiano, por monsieur Apellí; ítem, cuatro tomos, pasta, en octavo mayor, La religión cristiana, por el abad Houtteville; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Connaissance de Jesuchrist; ítem, 12 tomos, encuademación papel, Historia de Cristo paciente; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, de los Viajes de Enrique Ubanton; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Regla de las costumbres; ítem, seis tomos, pergamino, cuarto mayor, Bails, Elementos de matemática; ítem, cinco tomos, pasta, cuarto mayor, Volfio, de Matemática; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Introducción a la historia natural; ítem, un tomo, pergamino, folio, Viajes de Morales; ítem, cuatro tomos, pergamino, cuarto mayor, Viajes de don Jorge Juan; ítem, ocho tomos, pergamino, en cuarto, Suárez, Memorias instructivas; ítem, un tomo, pergamino , en octavo, Cultivo de moreras; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Arte de pensar; ítem, cuatro tomos, pergamino, cuarto, Comercio de la Europa; ítem, seis tomos, pasta, en octavo, Lógica, de monsieur de Croutsaz; ítem, cuatro tomos, pasta, en cuarto, Filosofía, del padre Vipre; ítem, cuatro tomos, pasta, cuarto, Elementos matemáticos, por don Juan Bautista Orbath; ítem, un tomo, pergamino, octavo, El verdadero mentor; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Lógica, de Leguy; ítem, dos tomos, pasta cuarto mayor, Elementos de Buerhaar; ítem, ocho tomos, pasta, en octavo, Diccionario manual; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Tonti, Sermonis; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Sermones de Soanen; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, El triunfo de la fe; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Discursos patéticos sobre la moral cristiana; ítem, dos tomos, pergamino, en octavo, Discursos sobre varias materias; ítem, un tomo, en cuarto, Diccionario filosófico y teológico; ítem, un tomo, pasta, en cuarto mayor, obra del padre Segismundo Negredi; ítem, un tomo, pasta, cuarto mayor, De resolutione fidei christianae; ítem, tres tomos, pasta, cuarto mayor, Sermones de Badia; ítem, tres tomos, pergamino, cuarto, Historia del nuevo y viejo testamento; ítem, un tomo, pergamino, Instituto de Castilla; ítem, tres tomos, pasta, en cuarto, Los fundamentos de la fe, por monsieur Ayme; ítem, seis tomos, pasta, en octavo, Teología moral; ítem, dos tomos, pasta, en cuarto mayor, Examen de los sermones del padre Eliseo; ítem, tres tomos, pasta, octavo, Teoría y práctica de los sacramentos; ítem, cinco tomos, pasta, cuarto, Carácter del cristianismo, por el padre Gabriel Martel; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Año Virginio; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Geografía de los niños; ítem, un tomo, pasta, en octavo, La directeur des Ames affligées; ítem, dos tomos, pasta, octavo mayor, Leve de la raison; ítem, tres tomos, pasta, en octavo mayor, Instituciones, de Ipures; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Entretenimientos filosóficos; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Instrucción pastoral, por el arzobispo de León; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Histoire de sperrunes; ítem, dos tomos, pergamino, en cuarto, Arte de pensar, por don Antonio Arnaldo; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, Tableau de la religión; ítem, dos tomos, pasta, en octavo mayor, Elementos de derecho público, por don José de Olmeda; ítem, cuatro tomos, pergamino, cuarto mayor, Enedut, Teología moral; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Historia de Polivio; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Epístolas de San Jerónimo.

   Con lo cual, y por ser tarde, se suspendió esta diligencia, para proseguirla el día de mañana. El señor alguacil mayor la firma por ante mí, de que doy fe y el dicho don José Ortega.

Malo.
Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En la ciudad de Santafé, a 31 de agosto de 1794, el señor alguacil mayor de corte, en prosecución de esta diligencia, prosiguió el embargo en los términos siguientes:

   Primeramente, cuatro tomos, pasta, en octavo, Institución de un príncipe, por monsieur Duguet; ítem, cinco tomos, pasta, octavo, El conde Valmón; ítem, cuatro tomos, pasta, octavo, Cartas curiosas de Melibeo Sampognad; ítem, dos tomos, pasta, en cuarto, Diccionario antifilosófico; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Los errores de Voltaire, por monsieur el abate Nonate; ítem, tres tomos, pasta, en octavo, Obras espirituales de Fenelón; ítem, 29 tomos, pasta, en octavo, Biblioteca eclesiástica, por el abate Dinovart; ítem, 12 tomos, pasta, en octavo, Tratado histórico y dogmático, por el abate Bergier; ítem, cuatro tomos, pergamino, octavo, Compendio del derecho público y común de España, por don Vicente Vizcaíno Pérez; ítem, 12 tomos, pergamino, cuarto mayor, Consina, Teología moral y aparato; ítem, un tomo, pergamino, cuarto mayor, Consina, Historia del probabilismo; ítem, dos tomos, pergamino, cuarto, Villavicencio, Recte formandis estudio; ítem, tres tomos, pergamino, cuarto, Consiones adventuales, por el padre fray León de San Lorenzo; ítem, dos tomos, pergamino, cuarto, Orazione y prédica cuadragesimal, por el padre Serafín Davisenza; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Duamel, Siembra y plantíos de árboles; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Principios del orden esencial de la naturaleza, por don Antonio Javier Pérez y López; ítem, un tomo, cuarto mayor, Razonamiento moral, por el padre Serafín Davisenza; ítem, un tomo, pergamino, un cuarto, Proyecto económico, por don Bernardo Ubarb; ítem, dos tomos, pergamino, cuarto, Observaciones acerca de las enfermedades del ejército, por monsieur Plingue; ítem, un tomo, pasta, octavo, Diccionario portátil de Santé; ítem, un tomo, pasta, octavo, Sermones du Père Elisée; ítem, dos tomos, pasta, octavo, Panegíricos del padre de la Rue; ítem, un tomo, pasta, octavo, Sermones de Hubert; ítem, un tomo, pasta, octavo, Sermones de Neubilt; ítem, cinco tomos, pasta, octavo, Sermones de Dupay; ítem, un tomo, pasta octavo, Semana Santa; ítem, tres tomos, pasta, octavo, Sermones de Neube; ítem, cinco tomos, pasta, octavo, Sermones del padre Yard; ítem, tres tomos, pergamino, octavo, Orationis sacris, del padre Mariano Jacco; ítem, un tomo, en pasta, en cuarto, Lauthent, de los libros santos; ítem, cuatro tomos, pasta, octavo, Teología moral y resoluciones de casos de conciencia, en francés; ítem, un tomo, pasta, octavo, Testamento espiritual del padre Mourant; ítem, cuatro tomos, pasta, octavo, El libertinaje combatido por un padre benedictino, en francés; ítem, seis tomos, pasta, octavo, Instituciones teológicas, por León; ítem, dos tomos, pasta, octavo, Sermones de Saraire; ítem, dos tomos, pasta, octavo, Triunfo de la fe, en francés; ítem, un tomo, pasta, octavo, Las costumbres de los cristianos, traducidas por don Manuel Martínez Pingarrón; ítem, un tomo, pasta, cuarto, Compendio de navegación, por don Jorge Juan; ítem, un tomo, pasta, octavo, La cultura universal de árboles y flores, en francés; ítem, un tomo, manuscrito, pasta, cuarto, que intitula Adiciones a las ordenanzas de marina; ítem, dos tomos, pasta, octavo, Compendio de la religión, por don José Pinto; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Abré gé de la disciplina de la Iglesia; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Ensayo de la sociedad vascongada de los amigos del país; ítem, un tomo, pasta, cuarto mayor, Elementos de matemáticas, por don Benito Bails; ítem, un tomo, pasta, cuarto, Arte de pensar, por don Antonio Arnaldo; ítem, un tomo, pasta, octavo, Diccionario teológico, en francés; ítem, un tomo, pasta, octavo, Obras de monsieur l'Abbé; ítem, un tomo, pasta, cuarto mayor, Monitor; ítem, un tomo, pasta, octavo, Devoción a la Santa Virgen, por el padre Degaliffet; ítem, un tomo, pasta, octavo, Pensamientos de un alma penitente, en francés; ítem, un tomo, pasta, octavo, Lógica, en francés; ítem, un tomo, pasta, octavo, Pastos, de la Academia Real de las Historias; ítem, un tomo, pasta, octavo, Biblioteca parafrástica y crítica, por don Felipe de Serf; ítem, dos tomos, pasta, octavo, Versión parafrástica del oficio parvo y de difuntos, por don León de Arroyal; ítem, un tomo, pasta, octavo, Paralelo de Moeures, por el padre Juan Croiset; ítem, un tomo, pasta, octavo, Versión castellana del oficio parvo, por don León de Arroyal; ítem, un tomo, pasta, en octavo mayor, Química, por monsieur Nicolás Lemeli; ítem, un tomo tercero, pasta, en cuarto, Las veladas de la quinta, traducidas por don Fernando de Guiguemand; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Ejercicio cuotidiano, por don Manuel Martínez; ítem, un tomo, pasta, octavo, Breves meditaciones sobre los novísimos, por el padre Juan Pedro Pinamonete; ítem, un tomo, pasta, en folio, Diccionario español e inglés; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Amato luntano de medicina; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Principios de matemática, por don Benito Ruiz; ítem, un tomo, pergamino, en octavo mayor, London magazine, cronología; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Pensamientos teológicos, por el padre Jamín. Y por ser tarde, se suspendió esta diligencia que firma su merced y don José Ortega que a ella asistió, por ante mí, de que doy fe.

Malo.
Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En este dicho día, en prosecución de esta diligencia, se embargaron los bienes siguientes:

   Primeramente, un tomo, pasta, octavo, La lógica o arte de pensar, en francés; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Sistema económico, político, moral, para el régimen de los párvulos; ítem, un tomo, manuscrito, en pasta, octavo, que intitula, Algunos tratados de aritmética; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Varias poesías, de don Agustín Salazar y Torres; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, El siglo pitagórico y vida de don Gregorio Saldaña, por Antonio Henríquez Gómez; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Censura sobre el arte de pensar, por don Eusebio Amart; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Ordenanzas de Madrid, por don Teodoro Ardemans, arquitecto; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Llave de la lengua francesa, por don Antonio Galmase; ítem, un tomo, pergamino, octavo, El manejo del arma; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Athenacy Dipnoesphistarum; ítem, un tomo, pergamino, octavo, La perfecta casada, por fray Luis de Granada; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Arte del romance castellano, por el padre Benedicto de San Pedro; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Artimética de Taboada; ítem, un tomo, pergamino, octavo, La devoción arreglada del cristiano, por don Luis Antonio Muratori; ítem, segundo y tercer tomos, pergamino, en octavo, de las Ordenanzas militares; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Discurso sobre la astronomía, por don Carlos Le Meaur; ítem, dos tomos, pergamino, octavo, El establecimiento de las fábricas, por don Bernardo de Ulloa; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Discurso sobre la astronomía, por don Carlos Le Meaur; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, las obras de Tito Livio; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Homilías y oraciones latinas e italianas, por Juan Bautista Ritono; ítem, un tomo, pergamino, octavo de La devoción cristiana, por Muratori; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Retórica, del padre Francisco Pomey; ítem, nueve tomos, a la rústica, octavo, Memorial literario de la corte de Madrid; ítem, un tomo, a la rústica, cuarto, Estatuto para gobierno de la real sociedad vascongada; ítem, otro tomo, ídem, Carta misiva del doctor Fulgencio de Rojas, sobre la defensa de la historia literaria; ítem, otro ídem, Oración apologética por la España, por don Juan Pablo Fornet; ítem, otro ídem, Preservación de las viruelas, por Francisco Gil; ítem, otro ídem, Nueva máquina para elevar el agua, traducida por don Miguel Jerónimo Suárez Núñez; ítem, otro ídem, Plan de educación, por don Juan Antonio González; ítem, otro ídem, La política natural o discursos sobre los verdaderos principios de gobierno, escrita por un inglés y confutada por el padre Ricardo Richard; ítem, otro ídem, Discurso dirigido a la sociedad patriótica de Quito; ítem, otro ídem, en octavo, Reglamento del montepío de Santafé; ítem, otro ídem, en cuarto, Oración del excelentísimo señor don Pedro de Luján, en la junta pública celebrada por la Real Academia de San Fernando; ítem, otro ídem, cuarto menor, real cédula de erección de la Compañía de Filipinas; ítem, un cuadernito forrado, papel, Carta segunda, del crítico madrileño, dada a luz por don Miguel Cobo Mogollón; ítem, dos tomos, a la rústica, octavo, Le Spectateur François, por monsieur de Maribau; ítem, dos ídem, La marquise de los valientes, o La dama Cretiène; ítem, otro ídem, Arte de pronunciar, de don Juan Antonio González; ítem, otro ídem, Carta sobre la educación, escrita en francés, por madame de Genlis, y traducida por don Bernardo María de Calzada; ítem, otro ídem, Carta pastoral del ilustrísimo señor don Bernardo de Lorca; ítem, otro ídem, Lección crítica a los lectores de la memoria de Cosme Damián, por don Vicente García de la Huerta; ítem, otro ídem, El padre de familias, comedia por don Lorenzo Villarroel; ítem, otro ídem, La simpatía, historia moral, sacada del idioma francés; ítem, otro ídem, forrado en badana, manuscrito, que intitula, Sucesión de los prelados de este nuevo Reino de Granada; ítem, otro ídem, octavo, a la rústica, Observaciones sobre el artículo Exp.a de la nueva enciclopedia; ítem, dos ídem, Memorias curiosas e instructivas, por don Mariano de Anaya; ítem, cuatro ídem, Memorial literario de la corte de Madrid, y son las memorias 37, 38, 39 y 41 ; ítem, cuatro, Mercurios de España; ítem, 29 obras sin encuadernar, de La fuerza de la fantasía humana, por don Luis Antonio Muratori, y traducidas por el señor deán don Francisco Martínez; ítem, cinco tomos, pasta, octavo, Apocalipsis de San Juan; ítem, tres tomos, pasta, cuarto, Viajes de Enrique Ubantón; ítem, cinco tomos, pasta, octavo, Octavario del corpus; ítem, tres tomos, pasta, octavo, Libro de los macabeos; ítem, cuatro tomos, dos terceros y dos segundos, pasta, octavo, La mujer feliz, y uno primero; ítem, seis tomos, pasta, octavo, Epístolas de los apóstoles; ítem, dos tomos, pasta, octavo, Semana Santa; ítem, cuatro tomos, pergamino, octavo, Tesoro de protección, por el padre Teodoro de Almeida; ítem, cinco tomos, pergamino, octavo, Serrano, Viejo y nuevo testamento; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Compendio de las meditaciones del padre Luis de la Fuente; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Manual de ejercicios de Villacastín; ítem, dos tomos, pergamino, cuarto, Muratori, Filosofía moral; ítem, dos tomos, pergamino, en cuarto, Lárraga ilustrado; ítem, dos tomos, pergamino, cuarto, Parras, Regulares de indios; ítem, 15 tomos, pergamino, cuarto, Viajes de España; ítem, primero y segundos tomos, Viajes fuera de España; ítem, un tomo, pasta, en octavo, Reflexiones morales, por el señor de Rayaumont; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Método de la oración, por el padre Nepuea; ítem, dos tomos, pasta, cuarto, Cronología de la historia de España y Portugal, en francés; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, Rúbricas del misal; ítem, un tomo, pasta, en cuarto, La pintura, por monsieur Lamierre; ítem, tres, Oficios de difuntos, en pasta, en octavo; ítem, dos, Asistencia de los fieles al templo, pasta, octavo; ítem, cinco ídem, Epístolas católicas; ítem, dos ídem, Hechos de los apóstoles; ítem, tres ídem, Epístolas de San Pablo; ítem, uno ídem, Salmos de David; ítem, uno, pasta, cuarto mayor, Arte de escribir; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Torres, Sueños morales; ítem, tres tomos, pasta, cuarto, Los santos evangelios; ítem, tres tomos, pasta, cuarto, Los libros de los macabeos; ítem, un tomo, pasta, octavo, La jornada del cristiano; ítem, dos, pasta, octavo mayor, Historia crítica de la vida civil, traducida por don Alonso Ruiz de la Piña; ítem, dos tomos, pasta, cuarto, Colección de pláticas para el uso de los curas, traducida por don Joaquín Castellot; ítem, un tomo, pasta, cuarto, Diccionario sagrado, por don Vicente Lasarte; ítem, once, Viacrucis; pasta, octavo; ítem, un tomo, pasta, octavo, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, por don Luis José Velásquez; ítem 16 tomos, pasta, cuarto, Sermones, de Burdalue; ítem, un tomo, pergamino, folio, Soto, De justitia et jure; ítem, dos obras de Muratori, en cuatro tomos, pergamino, en cuarto; ítem, un tomo, pergamino, en cuarto, Martínez, Introducción a las bellas artes; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Flórez, Clave historial; ítem, uno ídem, Mendoza, Guerras de Granada; ítem, dos tomos, ídem, Agudezas, de Juan de Oben; ítem, tres tomos, en octavo, Rudimentos históricos o Método para instruirse a la juventud; ítem, tres tomos, pergamino, en octavo, La mujer feliz; ítem, un tomo, pergamino, en octavo, La secretaría moral, por Antonio López; ítem, uno ídem, Guía de forasteros de Nápoles; ítem, uno ídem, Regula Cleri, por Jacobo Planat; ítem, uno ídem, Introducción a los nuevos predicadores, por el padre José de la Concepción; ítem, otro ídem, Doctrina cristiana, por San Carlos Borromeo; ítem, otro ídem, Beccani, Analogía Vet. et Novi Testamenti; ítem, otro ídem, Manual de confesores, por el padre Enrique de Villalobos; ítem, otro ídem, El universo enigmático; ídem, otro a la rústica, en cuarto, Diccionario a las bellas artes; ítem, otro ídem, Arte de enriquecer por la agricultura; ítem, un tomo, pasta, octavo, Fábulas de Samaniego; ítem, otro ídem, Letras polémicas; ítem, otro ídem, Idea sucinta del probabilismo, por don Juan López del Rodo; ítem, otro ídem, El producto del derecho de las comunidades; ítem, seis, Oficios parvos, en romance, pasta, octavo, y un tomo ídem, Sentimientos cristianos; ítem, seis países y una estampa de papel, de vara de largo; ítem, dos estantes de madera, separados de los del almacén, de dos y media varas de alto cada uno; ítem, tres sillas de sentarse, de vaqueta; ítem, cuatro cajones de madera, arpillaos, y el uno de ellos cerrado por todas partes a modo de alcancía; ítem, un termómetro roto; ítem, una papelera con cerradura; sin llave y sin naveta; ítem, un baúl chico, viejo, con cerradura y sin llave, y dentro de él algunos papeles, que, reconocidos, se hallaron correspondientes a la mortuoria de don Francisco Abillafaña.

   Con lo cual, y por ser tarde, se suspendió esta diligencia, su merced la firma y don José Ortega, que ha asistido, de que doy fe.

Malo.
Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En la ciudad de Santafé, a 1° de septiembre de 1794, el señor alguacil mayor de corte, en continuación de esta diligencia pasó a la casa de don Antonio Nariño, asociado de mí, el presente escribano de su majestad, y embargó los bienes siguientes:

   Primeramente, seis estampas de papel, de cuarta de largo de los sacramentos; ítem, 14½ docenas cordobanes negros; ítem, un vestido de casaca y calzón de grodet, azul celeste, bordado de plata; ídem, una casaca de paño negro; ítem, 19 platos de macerina, sin tacita, si no fue una, todo de peltre, que dijo Salvador Cancino ser pertenecientes a los efectos que le vendió don Antonio Nariño; ítem, un barómetro de bronce, partido el vidrio; ítem, 11 frazadas de coro, de marca mayor; ítem, 33 docenas, nueve cueros cordobanes en blanco, de cabra; ítem, dos docenas y media de tafiletes amarillos de cabra; ítem, nueve zurrones de cuero vacíos; ítem, un par de petacas vacías; ítem, una artesa grande de baño y dentro de ella 98 tarros de barro de la tierra; ítem, tres tarros de tabaco, en polvo de la tierra, con peso cada uno de dos libras; ítem, otro ídem, de a libra, con un poco de tabaco; ítem, otro ídem, de a libra que se halla comenzado; ítem, dos ídem de rapé, también comenzado; ítem, diez botes de lata vacíos; ítem, cinco limetas con poquitos de rapé inútil; ítem, siete ídem, con licor enteramente despreciable, y por lo mismo no se supo lo que era; ítem, una ídem, que manifiesta ser aguardiente de España; ítem, una máquina con 20 piezas, de plata, entre estrellas y hebillas; ítem, dos y media piezas de papel pintado, la una amarilla y la otra verde; ítem, medio pretal, con tres estrellas y un mascarón de plata, y otro medio con dos estrellas; ítem, un par de estribos de aro de fierro; ítem, seis piezas de cristal para arañas; ítem, tres mecheros y una alcayata de bronce; ítem, en un canasto, varios fierros, nuevos y viejos; ítem, una salvilla de peltre, vieja; ítem, tres libras jabón mejicano; ítem, una jeringa de estaño; ítem, un estante de madera, pintado, tres varas largo, dos ancho; ítem, una silla de manos, forrada en damasco; ítem, una ídem, de montar, vieja, con su pico de plata y dos pares estribos palo y fierro; ítem, una máquina de molino; ítem, una puerta de madera con su marco y pasador de fierro; ítem, tres tablones, de tres varas de largo y una de ancho, con sus correspondientes patas para formar mesas; ítem, tres bancos o alfapias para poner tercios; ítem, 53 tercios de quina, forrados en costal, con peso de cinco arrobas; ítem, 13 fierros de herrar; ítem, 32 zurrones de cuero vacíos; ítem, 21 costales de fique; ítem, una petaca de quina, con peso una arroba y 23 libras; ítem, otra ídem, con peso de una arroba 24 libras; ítem, otra ídem, con peso de tres arrobas siete libras; ítem, otra ídem, tres arrobas nueve libras; ítem, otra ídem, con peso tres arrobas una libra; ítem, otra ídem con peso de dos arrobas; ítem, otra ídem, con peso tres arrobas 13 libras; ítem, otra ídem, con peso una arroba 22 libras; ítem, otra ídem, con peso cuatro arrobas; ítem, otra ídem, con peso dos arrobas 21 libras; ítem, otra ídem, con peso dos arrobas 24 libras; ítem, otra ídem, con peso dos arrobas ocho libras; ítem, otra ídem, con peso dos arrobas seis libras; ítem, otra ídem, con peso una arroba 20 libras; ítem, un cajón de madera con quina, que pesó cuatro arrobas; ítem, otro ídem, que pesó cuatro arrobas tres libras; ítem, otro ídem, que pesó tres arrobas; ítem, un costal con té, de Bogotá, que pesó una arroba y 18 libras; ítem, una romana gr ande; ítem dos cajones de madera, vacíos.

   Y por ser tarde, se suspendió esta diligencia, que firma su merced don José Ortega, que a ella se halló presente, por ante mí, de que doy fe,

Malo.
Ortega.

Juan Nepomuceno Camocho.

   En el mismo día se continuó el embargo de los bienes siguientes:

   Primeramente, una mesa ordinaria, de dos varas de largo y vara y cuarta de ancho; ítem, otra ídem, vara y media de largo y otro tanto de ancha; ítem, otra ídem, de cajón, para jugar trompo, de dos varas y media de largo; ítem, dos cornucopios de cristal, marco dorado, media vara de largo, con una candileja; ítem, un molinito de madera y cobre, para moler canela; ítem, dos ollas cobre, a especie de cafeteras, la una grande y la otra chica; ítem, una sartén pequeña, estañada; ítem, una sopera de camino, de estaño, con seis piezas; ítem, un farol de cristal, de media vara de largo; ítem, una cuna de madera, forrada, con sus cuatro varillas de fierro; ítem, un escritorio de madera, con sus navetas, de vara de largo y tres cuartas de ancho; un sillón de criada, forrado en tripe azul; ítem, una mesita pequeña, pies torneados, forrada en vaqueta; ítem, una frasquera grande, vieja, con 21 frascos de cristal, con chapa y sin llave; ítem, 27 limetas vacías; ítem, una ídem, con cerveza pasada, dos de aceite de castilla; ítem, otra ídem, de cristal, vacía; ítem, 13 frascos bocones; ítem, una cajita pastusa, con chapa y sin llave; ítem, dos mesas ordinarias, la una de tres varas de largo y la otra de dos y media.

   Con lo cual y por no haber más bienes fuera de la pieza que se halla cerrada por el señor oidor don Joaquín Mosquera, sin saberse cuáles son los que pertenecen a don Antonio Nariño, fuera de su casa, por hallarse el libro de cuentas en que consta esto, encerrado en la pieza de tesorería, cuya llave tiene el señor oficial real don Martín Urdaneta, se suspendió esta diligencia para continuarla siempre que convenga o se le prevenga, y lo firma su merced con don José Ortega, por ante mí, de que doy fe.

Malo.
Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En la ciudad de Santafé, a 1° de septiembre de 1794, el señor alguacil mayor de corte, doctor don José Gil Martínez Malo, para efectos de verificar el depósito de los bienes contenidos en esta diligencia, hizo solicitar por el señor depositario general, don Juan Salvador Rodríguez de Lago, y con noticia que se dio de no hallarse en esta capital, tuvo a bien nombrar a don Antonio Cajigas, actual procurador general del ilustre cabildo, quien, habiendo aceptado el cargo, se dio por entregado de todos los citados bienes, según se contiene en estas diligencias, y se obligó a mantenerlos en su poder a ley de depósito, y no entregarlos a persona alguna, hasta que por su merced u otro señor juez se le mande, y lo firma con su merced, por ante mí, de que doy fe.

Malo.
Antonio de las Cajigas.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En la ciudad de Santafé, a 2 de septiembre de 1794, en prosecución de estas diligencias, habiendo abierto la pieza de estudio el señor alguacil mayor de corte, con asistencia del doctor don Bernabé Ortega, en lugar de su hermano, embargó los bienes siguientes:

   Primeramente, 12 sillas de sentarse, quiteñas, de guadamacil; ítem, una máquina eléctrica, con su mesita y demás anexos correspondientes; ítem, una papelera o cómoda de guardar ropa, de nogal, con sus chapas, llaves y manijas de bronce; ítem, un tocador o peinador, de media vara de largo, con sus dos navetas; ítem, una lámina de San Francisco Javier, con su vidriera y marco de cristal, con sus chapas de bronce, de una cuarta de largo y otra de ancho; ítem, 17 países negros, de tres cuartas de ancho y media vara de largo; ítem, una estampa de San Agustín, negra, de cuarta de ancho y poco más de largo; ítem, un Agnus redondo; ítem, una mesa, de pies torneados, de vara y tres cuartas de largo, y poco más de vara de ancho; ítem, un guardapolvo de cortinas, pintado y dorado, de dos varas de largo; ítem, un estuchito de afeitar, con dos navajas; ítem, un bracerito de plata, de dar candela, que pesó ocho onzas, con la manija de palo; ítem, una mesa de pies torneados, de tres varas largo y vara y media ancho; ítem, una papelera de escribir, con todas sus gavetas correspondientes; ítem, una silla poltrona, forrada en tafilete colorado; ítem, una mesa de nogal con su cajón, que tiene chapa y dos manijas de bronce; ítem, un reloj de sobremesa, ovalado, con pie de palo dorado; ítem, un barómetro de más de vara de largo; ítem, un termómetro, de más de cuarta de largo.

   Con lo que, y por ser tarde, se concluyó esta diligencia para continuarla el día de mañana, y la firma su merced y el doctor don Bernabé Ortega, por ante mí, de que doy fe.

Malo.
Doctor Bernabé Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En Santafé, a 3 de septiembre de 1794, el señor alguacil mayor, con asistencia del doctor Bernabé Ortega y de mí, el presente escribano, continuó el embargo en los términos siguientes:

   Primeramente, un sombrero negro, nuevo, de pelo, de primera; ítem, un violín; ítem, la esfera; ítem, un bastoncito, con puño de similor; ítem, un par de espuelas, de acero plateado; ítem, diez laminitas ovaladas de retratos, con marcos de palo dorado, las cuatro grandes y dos de ellas con vidrieras y las seis chicas; ítem, una caja de tumbago, de polvo, con peso 23 castellanos; ítem, otra ídem, de carey, con embutidos de plata; ítem, otra ídem, con reloj de plata; ítem, otra también redonda, de cuerno; ítem, otra ídem, larga, de tumbago, con peso 18 castellanos; ítem, un mono de oro, hechura de indios, un peso, 20 castellanos, tres tomines; ítem, una sortija de diamantes, con su correspondiente cajita; ítem, tres anteojos pequeños, de cobre, con un vidrio quebrado; ítem, un cajoncito largo, con 11 cilindros, de vidro; ítem, un estuche de matemáticas, con sus correspondientes piezas; ítem, unas tijeras largas de cortar papel; ítem, don laminitas de marco negro y sus vidrieras; ítem, otra ídem, de San Antonio; ítem, otro ídem más grande, de San Francisco Javier; ítem, una especie de paso, chico, de nogal; ítem, tres tomos, a la rústica, en octavo, El derecho público de la Europa, por el abate Mabli; ítem, un tomo, pasta, octavo, Anécdotas francesas; ítem, dos ídem, Anécdotas españolas; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Método de mandar los caballos, por Blubinet; ítem, un tomo, a la rústica, en octavo, Piezas curiosas sobre el negocio de los jesuítas en Francia; ítem, un tomo, pasta, octavo, Geografía manual, por el abate Expille; ítem, dos tomos, pasta, en octavo, Oficio parvo; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Muñoz, Economía política; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Mejoramiento de los terrenos; ítem, dos tomos, pergamino, octavo, Agricultura, de Herrera; ítem, un tomo, pasta, octavo, Introducción a la sabiduría; ítem, un tomo, ídem, Heronanismo, por monsieur Grigot; ítem, otro ídem, Anécdotas de José Segundo; ítem, dos ídem, Pensamientos y reflexiones morales, por monsieur Ogestrina; ítem, tres tomos, pergamino, octavo, Cartas filosóficas, traducidas por don Claudio José Vialt; ítem, cuatro tomos, pasta, octavo, de las Obras de Molière; ítem, dos ídem, Historia del conde Saxii; ítem, dos ídem, Testamento político, de monsieur de Vauban; ítem, dos ídem, Revoluciones de los imperios, por monsieur Renaudot; ítem, uno ídem, Discurso sobre las penas, por Ladizábal; ítem, uno ídem, Década epistolar sobre el estado de las letras en Francia, por don Francisco María de Silva; ítem, otro ídem, Carta del abad Juan Andrés; ítem, otro ídem, Leyes de un padre a sus hijos, por monsieur Gregorí; ítem, otro ídem, El eradismo de la amistad, por el abate Prute; ítem, cuatro ídem, Quintiliano, en francés; ítem, dos ídem, Aumento de la razón; ítem, cuatro ídem, Essai sobre diversos sujetos de literatura, por el abate Rublet; ítem, un tomo, pergamino, octavo, Muratori, Reflexiones, el buen gusto de las ciencias; ítem, cinco pasta, octavo, Cornelio Tácito; ítem, dos ídem, Pon mey; ítem, dos ídem, Lecciones filosóficas, por el abate Juinot; ítem, uno ídem, Rectoría, de Sabans; ítem, tres ídem, poema, El paraíso, por monsieur Milton; ítem, uno ídem, Retórica, de Colonia; ítem, diez ídem, Poesías varias, por Ramón Fernández; ítem, tres, pasta, cuarto, La Iliada, de Homero; ítem, ocho, pasta, cuarto, Horatio en francés; ítem, cuatro ídem, Diccionario químico, por monsieur Macquell; ítem, cuatro, pergamino, octavo, Recreación filosófica, del padre Almeida; ítem, pasta, octavo, Cartas, del padre Almeida; ítem, 37 tomos, pasta, octavo, Historia natural de Bufón; ítem, otro ídem, Genio, del mismo Bufón; ítem, otro ídem, Arte de hacer las indianas de Inglaterra, por monsieur Delormois; ítem, dos ídem, El donado hablador, por don Jerónimo de Alcalá; ítem, otro ídem; Gramática inglesa, por el padre Tomás Ponelli; ítem, otro ídem, por Berri; ítem, otro ídem, por monsieur Marterplint; ítem, otro ídem, en pergamino, por el mismo Ponelli; ítem, otro, pasta, octavo, Gramática francesa, por monsieur Estau; ítem, otro, pasta, octavo, Juvenal; ítem, otro, pergamino, octavo, Arte de sombrerero, por el abad Norsez; ítem, dos ídem, Instituciones de Quintiliano; ítem, otro ídem, Gramática francesa, por Minet; ítem, otro ídem, Sejudo; ítem, otro ídem, Terensio; ítem, otro ídem, Gramática griega, por el padre José Petisco; ítem, otro ídem, Comentarios, de Julio César; ítem, otro ídem, Virgilio; ítem, otro ídem, Cicerón, De oficis; ítem, otro ídem, Epístolas, de Cicerón; ítem, otro ídem, Aquiles Tacio; ítem, otro ídem, Tácito; ítem, otro, pasta, octavo, Horacio; ítem, otro ídem, Marcial; ítem, otro ídem, Virgilio; ítem, otro ídem, Plinio; ítem, trece, pasta, cuarto, Rollín, Historia Antigua; ítem, cuatro ídem, Millot, Elementos de historia; ítem, dos ídem, Flabio Josefo; ítem, dos ídem, Vida de Cicerón; ítem, cuatro, pergamino, cuarto, Comercio de la Europa; ítem, uno ídem, Riqueza de la Inglaterra; ítem, otro ídem, Pintura de Inglaterra; ítem, dos ídem, a la rústica, en cuarto, Consideraciones sobre el estado presente de la colonia francesa; ítem, dos, pergamino, cuarto, Letras americanas, por monsieur Carie; ítem, cuatro, pasta, octavo, Historia de la América francesa y española; ítem, cuatro, pasta, octavo, El espíritu de la enciclopedia; ítem, otro ídem, Letras familiares de Montesquieu; ídem, cuatro, pasta, cuarto, Diccionario del comercio; ítem, cuatro, ídem, Historia de la literatura; ítem, ocho ídem, Diccionario histórico; ítem, cuatro, pasta, octavo, Los tres siglos de la literatura; ítem, doce ídem, Vidas de hombres ilustres; ítem, otro ídem, Historia de los progresos del espíritu humano; ítem, diez ídem, La física, de Loret; ítem, tres ídem, El arte de experiencias, por el mismo Loret; ítem, dos ídem, Mecánicas de la electricidad; ítem, uno, pasta, cuarto, Medicina de Buchán; ítem, seis, pasta, octavo, Medicina de Bouddon; ítem, dos ídem, Obras de monsieur Kubrages; ítem, cinco ídem, Tratado de las enfermedades de las mujeres, por Astrug; ítem, uno ídem, La Lógica de Contillag; ítem, cuatro ídem, Curso filosófico del abate Sauri; ítem, tres ídem, Elementos lógicos, del mismo Sauri; ítem, uno a la rústica, en cuarto, Conversaciones instructivas sobre la agricultura; ítem, otro ídem, octavo, Descripción de la máquina eléctrica; ítem, el segundo y quinto tomos de la Medicina de Buchand, pergamino, cuarto; ítem, otro ídem, Boules, Introducción a la historia natural; ítem, otro, pergamino, octavo, Navarro, Física eléctrica; ítem, otro ídem, Nuevas utilidades de la quina, por don José Aslet; ítem, uno, pasta, octavo, Esay; ítem, otro, pasta, octavo, Prácticas observaciones sobre la física, por monsieur Masson; ítem, uno pasta, cuarto, Principios de jurisprudencia, de Escotrán; ítem, dos, pasta, octavo, Longet; ítem, uno ídem, Aritmética inglesa; ítem, otro ídem, Sermones ingleses; ítem, otro ídem, Monitorio, de Freeholder; ítem, otro ídem, en inglés, por Learnet; ítem, otro ídem, Antorney; ítem, otro ídem, de Escolaint; ítem, otro ídem, Abriment; ítem, otro ídem, Officert; ítem, otro, pasta, octavo, Cicerón; ítem, otro ídem, Justini; ítem, otro ídem, Meditaciones sobre la virtud; ítem, otro ídem, Experiencias físicas de monsieur Aubuton; ítem, otro ídem, El arte de pintar, por monsieur Gautier; ítem, dos ídem, Historia de los egipcios, por monsieur Rollin; ítem, otro ídem, Las cuestiones de Cicerón; ítem, otro ídem, Esay; ítem, dos, pergamino, octavo, Calendario inglés; ítem, un tomo, pergamino, cuarto, Compendio histórico de Europa, por don Manuel Pintado; ítem, dos ídem, Comentario de Julio César; ítem, cuatro, pasta, cuarto, Vida de José Segundo; ítem, seis ídem, Memorias políticas y militares, por el abate Millot; ítem, 26 ídem, Historia general de viajes, por el abate Brebot, y uno de los mapas, en cuarto mayor; ítem, uno, pergamino, cuarto, Viajes de los nodales; ítem, otro ídem, Viajes del comandante Birón; ítem, uno, pasta, octavo, Belisario; ítem, otro ídem, Muratorio sobre el buen gusto de las ciencias, Atlas; ítem, uno, pergamino, cuarto, Los eruditos a la violeta; ítem, otro ídem, Proyecto económico, por Ugart; ítem, 15 tomos, ídem, de la Ruga, Memoria de España, falta primero y segundo; ítem, tres, pasta, octavo, Observaciones filosóficas, en francés; ítem, uno, pergamino, octavo, Almeida, Física experimental; ítem, dos pasta, cuarto, Contemplaciones de la naturaleza; ítem, dos ídem, Exposición de los gerónimos; ítem, dos, ídem, Disertación sobre la incertidumbre de la muerte; ítem, cuatro ídem, Diccionario histórico y teológico; ítem, tres pergamino, octavo, Ester, compendio; ítem, uno, pergamino, cuarto, Martínez, Introducción a las artes; ítem, tres, pasta, cuarto, Curso matemático, de Boult; ítem, uno, pergamino, cuarto, Aritmética, de Paulino; ítem, dos ídem, Principios de matemáticas, de Bails; ítem, uno, pasta, cuarto, Instituciones matemáticas, de Roselit, ítem, dos pasta, octavo, La sana filosofía; ítem, tres ídem, Curso matemático, del abad Para; ítem, cinco ídem, Física, del mismo; ítem, uno ídem, Elementos de física, traducido por don Melchor de Gaullo; ítem, cinco a la rústica, Curso metafísico, de Besaut; ítem, uno pasta, octavo, Lecciones morales, de monsieur de Guiert; ítem, cuatro ídem, Eusebio; ítem, uno ídem, Ovidio; ítem, dos ídem, Sinónimos franceses; ítem, uno, pergamino, octavo, Educación popular; ítem, otro ídem, Cartas familiares, de Juan Andrés; ítem, otro, sin forro, en inglés; ítem, un cuaderno, Instrucción para el uso del optante; ítem, una Guía de forasteros, en pasta, del año de 23; ítem, 26 tomos, pasta, en cuarto mayor, Enciclopedia metódica, y seis ídem a la rústica, de la misma obra; ítem, uno, pasta, en folio, Cayo Salustiano, Conjuración de Catilina; ítem, cuatro ídem, de don Don Quijote; ítem, otro ídem, Paulini, Historia de Cumaná; ítem, dos, pasta, en cuarto mayor, Iriarte, Obras sueltas; ítem, otro ídem, Tratado filosófico, de Richare; ítem, otro ídem, La Araucana, de don Alfonso; ítem, otro ídem, en pergamino, Tito Livio; ítem, otro ídem, pasta, Lecciones químicas, de Pièrre; ítem, otro ídem, Vida de hombres ilustres, de Plutarco; ítem, dos ídem, Recreación política, de don Nicolás de Ritibas; ítem, seis ídem, de Los mejores diarios; ítem, uno, pergamino, Comercio de Holanda; ítem, otro a la rústica, el Comercio y gobierno, de Condillac; ítem, dos ídem, El error y la verdad; ítem, otro ídem, El amigo de la paz; ítem, 12 tomos, pasta, cuarto, Memorias de Suárez, falta el sexto tomo; ítem, siete ídem Elementos de física experimental, De la Fond; ítem, dos, en pasta, cuarto mayor, Economía general o Habitación rústica; ítem, dos ídem, Instrucción para los jardines; ítem, uno, en pasta, octavo, Ornamentos pertenecientes al comercio; ítem, cuatro ídem, Cursos sobre la historia, por monsieur Delgoio; ítem, uno ídem, Buyen, Elementos de Medicina; ítem, tres, pasta, octavo, La mujer feliz; ítem, otro ídem, Fábulas de Pedro; ítem, otro ídem, Industria popular; ítem, otro ídem, Colecciones de papeles críticos, apologéticos, del padre Islas; ítem, otro ídem, Semana Santa.

   Y por ser tarde, se suspendió esta diligencia, que firma su merced y el dicho doctor Ortega, por ante mí, de que doy fe.

Malo.
Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

   En el mismo día se continuó el embargo en los términos siguientes:

   Primeramente, un tomo, pasta, en cuarto, de los Viajes de Enrique de Ubantón; ítem, un tomo, pasta, octavo, Educación de infantes, por monsieur Poste; ítem, uno ídem, Esay, sobre el comercio; ítem, un tomo, pasta, cuarto, El templo de Guida; ítem, otro ídem, Llanto sagrado de la América meridional; ítem otro, pergamino, cuarto, Viajes al mundo, de Descartes; ítem, otro ídem, Lárraga, segunda vez, ilustrado; ítem, otro ídem, Tratado de comercio con las villas anciáticas [anseáticas]; ítem, otro ídem, sin forro, en octavo, Educación física de infantes, por monsieur Balleriet; ítem, un cuaderno en cuarto, Manifiesto para los teatros españoles, por Manuel García Villanueva; ítem, un Mercurio de España, de 91; ítem, uno ídem, en octavo, forrado en papel, Prospecto de la nueva enciclopedia metódica; ítem, otro ídem, Calendario y guía de forasteros, de Guatemala, de 94; ítem, uno, pergamino, en octavo, Marpuley; ítem, seis tomos, pasta, folio, Diccionario de monsieur de la Martiniere; ítem, uno, pergamino, cuarto mayor Vitaris, de Comercio; ítem, tres ídem, Barcia, Historia de Indias; ítem, otro ídem, Viajes a Constantinopla; ítem, otro ídem, Historia general de la conquista de Nueva Granada, por Piedrahita; ítem, cinco tomos, pasta, cuarto mayor, Ulloa, Viaje a la América; ítem, otro, pasta, cuarto, Boyeres, Diccionario; ítem, dos, pergamino, en cuarto, Diccionario, de Sobrino; ítem, dos, pasta, cuarto, Diccionario inglés y español; ítem, dos ídem, en folio, Duxiños, Diccionario; ítem, uno ídem, Barretis, Ispanis et Dictionarium; ítem, uno ídem, pergamino, Legi, con Manuale, de Cornelio Sprebeli; ítem, tres ídem, pergamino, del padre Esteban Terreros y Pando; ítem, uno, pergamino, en cuarto mayor, Arte de escribir; ítem, otro ídem, Farmacopea, de Palacios; otro ídem, Agricultura general, de Herrera; ítem, otro ídem, Ordenanzas de intendentes; ítem, otro ídem, Barba, Beneficio de metales; ítem, otro ídem; Política española; ítem, dos, pergamino, folio, Moseo, de Antonio de Comitibus; ítem, uno, sin forro, en cuarto, Legislación oriental; ítem, otro, forrado en papel, en cuarto menor, La religión considerada como la única base de la verdadera filosofía; ítem, otro ídem, Tratado químico del aire y del fuego ítem, otro, sin forro, de Meteorología; ítem, otro, con pergamino, cuarto, Observaciones generales sobre los hospitales, por monsieur Liberti; ítem, uno, pasta, cuarto, Obras, de monsieur Mariotte; ítem, otro, ídem, Observaciones sobre la agricultura, comercio de las artes; ítem, uno, pergamino, cuarto, Disertación sobre la inoculación de las viruelas; ítem, otro ídem, Arte de ensayar oro y plata; ítem, otro ídem, Pastoral, del ilustrísimo señor Armaña; ítem, el tomo 15, pergamino, cuarto, de Fray Luis de Granada; ítem, otro, pergamino, octavo, Escuela del mundo, por monsieur Lenoblet; ítem, uno, pasta, cuarto, Morton, de Medicina; ítem, uno, pergamino, en octavo, Disertación medicinal, de fray Diego Bersebal; ítem, otro ídem, Gramática castellana; ítem, otro ídem, Poema de Plauto; ítem, otro, pasta, octavo, Catecismo, de Poutpit; ítem, otro ídem, Oficio de la Semana Santa; ítem, uno, pasta folio, Conaus, de navegación; ítem, uno, pergamino, octavo, Memorias literarias; ítem, otro ídem, Mercurio de España, de 92; ítem, otro ídem, Guía del estado eclesiástico, de 89; ítem, otro, pergamino, en octavo, Doctrina de Belarmino; ítem, tres estantes de poner libros, de tres varas de alto; ítem, otro ídem, de vara y cuarta; ítem, un escaparatico, nuevo de dos varas de alto, y su chapa suelta dentro; ítem, 407 pliegos de papel, marca mayor, ordinario; ítem, diez ídem, más ordinario; ítem, de marca mayor, fino; ítem, cuatro ídem, de marquilla fina; ítem, diez ídem, marca mayor, fino, cosido, para libro de cartas; ítem, una salvilla de escribir, de estaño, sin tinteros; ítem, tomo, pasta, folio, Diccionario de la lengua castellana; ítem, otro, pasta, cuarto, tomo primero de las Obras de elocuencia y poesía; ítem, otro ídem, Diario eclesiástico, del año 70, por Dinorart; ítem, otro, pasta, cuarto menor, Entretenimientos, de Phocion; ítem, dos cajones de madera de la máquina eléctrica; ítem, un par de cortinas, de filipichín amarillo; ítem, un cajoncito con 23 piezas de herramienta de carpintería; ítem, dos cuchillos de monte con sus vericues de ante, y sus chapetas; ítem, un par de espuelas de acero plateadas; ítem, un par de hebillas de estaño, con antejuelas de metal; ítem, una mesita ordinaria, de vara y cuarta de largo; ítem, un paraguas verde, nuevo; ítem, una silla brida, de montar, con todos sus adherentes y los estribos de plata, que pesaron cuatro marcos cinco onzas y cuatro ochavas, y la jáquima unida al freno, con siete hebillas de plata, con sus pasadores y remates, y cinco piezas más en la testera; ítem, una jáquima y freno de rejo, trabado, con 33 canutos de plata, hebilla y argolla.

   Con lo cual, y por no haber más bienes que embargar en las piezas que últimamente se han abierto, se concluyó esta diligencia. Su merced la firma y el enunciado doctor don Bernabé Ortega, que ha asistido a ella, por ante mí, de que doy fe.

Malo.
Ortega.
Juan Nepomuceno Camacho.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, op. cit., t. I, pp. 177-207.

54
COMUNICACION DEL VIRREY A LOS GOBERNADORES DE PROVINCIA SOBRE EL IMPRESO LOS DERECHOS DEL HOMBRE

EL VIRREY EZPELETA AL PRESIDENTE DE LA AUDIENCIA DE QUITO, GOBERNADORES DE LAS PROVINCIAS Y CORREGIDORES DEL VIRREINATO DE LA NUEVA GRANADA DANDOLES CUENTA DE LOS SUCESOS POLITICOS OCURRIDOS EN LA CAPITAL DEL VIRREINATO E INSTRUYENDOLOS ACERCA DE LAS MEDIDAS QUE DEBEN TOMAR EN LA DESCRIPCION MATERIAL DEL IMPRESO TITULADO LOS DERECHOS DEL HOMBRE. Santafé, 5 de septiembre de 1794.

José de Ezpeleta.
(virrey)

N° 5

   Con motivo de haberse fijado hace días en los parajes públicos de esta ciudad, unos pasquines sediciosos y de resultas de las pesquisas hechas sobre ellas y sus autores, se tiene noticia de que se ha esparcido por este reino un papel impreso, cuyo título es: Los derechos del hombre; y su objeto el de seducir a las gentes fáciles e incautas, con especies dirigidas a favorecer la libertad de religión y a turbar el buen orden y gobierno establecido en estos dominios de su majestad. Y como igualmente se recela que haya algunos sujetos de espíritu inquieto que se emplean en difundir y propagar semejantes máximas, lo aviso a usía para que en este concepto esté muy a la mira así para atajar y cortar el daño en sus principios tomando las medidas de precaución que exijan las circunstancias, como para recoger los papeles de aquella clase que ahí puedan correr y averiguar los sujetos, por cuyo medio se hayan esparcido, practicando a este fin, si fuere necesario, alguna indagación de los que tengan correspondencia en esta capital, principalmente con motivo de los papeles periódicos que se imprimen en ella y remiten por el correo; procurando saber de ellos, si con dichos periódicos o de otro modo se les ha dirigido el impreso perjudicial de que se trata; recogiéndolo  en caso de ser hallado, con las copias que pueda haber de él y obligando en tal caso a manifestar la carta de su remisión e incluirlo todo a mis manos. Y respecto a que pudo suceder, como es creíble, que dichos impresos se comunicasen inmediatamente de haberse dado a luz, en cuyo concepto podrá, no sólo tenerse pública noticia de ellos, sino también ser fácil recoger algunos de los originales, se procurará verificar esto; y si no pudiere ser y hubiese persona que los haya visto o tenido noticia de ellos, se averigurará mediante formal y reservada información, quienes la hayan tenido y de donde la tuvieron hasta recogerlos si se hallan, o que de las mismas diligencias se haga ver no haberse podido adelantar más. Las señales del impreso son hallarse en un papel grande, grueso y prieto, en cuarto, con mucha margen, todo de letra bastardilla y de tres clases de mayor a menor, siendo la más chica la de una nota, o especie de adición con que finaliza la cuarta y última hoja.

   Sobre todo velará usía al mismo tiempo acerca de la tranquilidad de los pueblos de su jurisdicción, comunicando a este superior gobierno las novedades que ocurran para expedir con vista de ellas las providencias que correspondan.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Santafé, 5 de septiembre de 1794.

José de Ezpeleta.

   Señor presidente de Quito; señor gobernador de Guayaquil; señor gobernador de Cuenca; señor gobernador de Popayán; señor gobernador del Chocó; señor gobernador de Neiva; señor gobernador de Girón; señor gobernador de los Llanos; señor corregidor de Tunja; señor corregidor de Sogamoso; señor corregidor de Zipaquirá; señor teniente del Socorro; señor gobernador de Mariquita; señor gobernador de Antioquia; señor gobernador de Cartagena; señor gobernador de Santa Marta; señor gobernador de Riohacha; señor gobernador de Panamá.

   Es copia.

   Santafé, 19 de septiembre de 1794.

José de Leyva.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, op. cit., t. I, pp. 23-25.

55
EL CABILDO ECLESIASTICO SOLICITA LA ENTREGA DE SUS CAUDALES Y BIENES

OFICIO DIRIGIDO AL OIDOR JOAQUIN MOSQUERA EN EL QUE SE SEÑALA QUE EL CABILDO ECLESIASTICO, TENIENDO EN CONSIDERACION EL ARRESTO Y EMBARGO DE BIENES DE ANTONIO NARIÑO, ACORDO VELAR POR LA SEGURIDAD DE LAS EXISTENCIAS DE SUS CAUDALES, ASI COMO POR LOS PAPELES PROPIOS DE LA TESORERIA DE DIEZMOS, Y EN CONSECUENCIA PIDE SE LE HAGA ENTREGA DE TODO LO ANTERIOR. SIGUEN OFICIOS, DECRETOS Y NOTIFICACIONES AL RESPECTO. PEDIMENTO DE LOS FIADORES Y DECLARACIONES DE NARIÑO. Santafé, 6 y 25 de septiembre de 1794.

Cristóbal de Palacios, Pedro Echavarri,
Antonio Nariño (diputados del honorable cabildo).
Joaquín Mosquera y Figueroa (oidor).
Francisco José de Aguilar (doctor).

Oficio

   Señor doctor don
   Joaquín Mosquera

   Arrestado don Antonio Nariño, tesorero de diezmos de este arzobispado, por usía, o de su orden, el día 29 del mes próximo pasado, con noticia de arresto el ilustrísimo señor arzobispo, nuestro dignísimo prelado, hizo su señoría ilustrísima convocar inmediatamente a su venerable cabildo, y habiéndole comunicado dicha noticia, para que se acordase lo que le pareciese conveniente para afianzar la seguridad de las existencias que pudiese haber de dichas rentas en poder de dicho tesorero o en el de cualquier apoderado suyo o deudor de dicho ramo, como también los libros de cuentas, escrituras y papeles a él pertenecientes, se nos diputó así por su señoría ilustrísima como por dicho venerable cabildo a este efecto; y aunque a su consecuencia concurrimos inmediatamente a casa de dicho tesorero, hallamos que usía se había ya retirado a la suya, dejando encerrados los papeles en un cuarto, y en otro cuarto hallamos, asimismo, a dicho Nariño con el tesorero oficial real de estas cajas, don Martín de Urdaneta y el escribano Franqui y un amanuense de éste, y cuatro o cinco soldados a la puerta de dicho cuarto, en el que habiéndosenos permitido la entrada, recibimos a presencia de los susodichos, de mano de dicho Nariño, un libro en folio titulado Libro de distribuciones, con más $533 en moneda útil corriente, y $213 en 12 medios y reales falsos. Y siendo el descubierto en que dicho tesorero se halla a favor de los interesados en el ramo de diezmos de muchos millares de pesos, y no pudiendo, por consiguiente, ser embargadas dichas existencias, obligaciones y papeles, según derecho, como usía muy bien sabe; bajo de estos supuestos hacemos a usía presente nuestra comisión, suplicándole se sirva disponer se nos haga entrega de todo lo referido, así por dicho Nariño como por cualquiera otra persona, en cuyo poder se hallasen algunas dichas especies, bajo el correspondiente recibo o carta de pago, mandándose por usía se le haga previamente saber, que no pudiendo por sí personalmente intervenir en dicha entrega, nombre la persona que sea de su agrado que intervenga por él, y que caso de que por el actual estado de su causa haya tropiezo para hacerle saber si dicha notificación, se facilite esta diligencia por usía en la forma y modo que le dictase su notoria ilustración y justificación.

   Nuestro Señor guarde la vida de usía muchos años.

   Santafé, septiembre 6 de 1794.

Doctor Cristóbal de Palacios.
Pedro de Echavarri.
Señor doctor don Joaquín Mosquera,
oidor de esta real audiencia.

Decreto

   Santafé, 8 de septiembre de 1794

   Recibido en esta fecha y pase a la real audiencia, de donde dimana mi comisión.

   (Hay una rúbrica).

Oficio

   Muy poderoso señor:

   Acompaño a vuestra alteza la representación que me han hecho los diputados del venerable deán y cabildo de esta santa iglesia catedral, nombrados para entender en las diligencias relativas a la exacción y cobro de las rentas decimales, que se hallan a cargo del tesorero de ellas don Antonio Nariño, a fin de que impuesto de ellas, se sirva vuestra alteza resolver lo que fuere de su superior agrado.

   Dios guarde a vuestra alteza muchos años.

   Santafé, y septiembre 9 de 1794.

   Muy poderoso señor.

Joaquín Mosquera y Figueroa.

Decreto

Recibido en 10 de septiembre de 1794.

   Hágase saber a los fiadores de don Antonio Nariño la solicitud de los diputados del venerable deán y cabildo, para que exponga lo que tenga por conveniente dentro de segundo día, y no verificándolo, tráigase para proveer.

   (Hay cuatro rúbricas).

Doctor Aguilar.

Notificaciones

   El mismo día notifiqué el superior decreto que antecede al doctor don Andrés Otero, como abonador de los fiadores; quedó impuesto y firmó conmigo, de que certifico.

Doctor Otero.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra igual notificación al señor alcalde ordinario don Pedro Rodríguez; firmó, de que certifico.

Rodríguez.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra igual a don José Caicedo; firmó conmigo, de que certifico.

Caicedo.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra igual a la antecedente a don Antonio de las Cajigas; quedó enterado y firma conmigo, de que certifico.

Cajigas.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra igual a don Bruno Otero; firmó conmigo, de que certifico.

Otero.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra como la antecedente al doctor don Francisco González Manrique; quedó impuesto, de que certifico.

Manrique.
Doctor Aguilar.

   Inmediatamente hice otra a don Francisco González; firmó, de que certifico.

González.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra como la antecedente a don Juan Ramírez Pérez; quedó impuesto y firmó, de que certifico.

Ramírez Pérez.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra igual a la antecedente a don Silvestre Trillo; quedó impuesto y firmó, de que certifico.

Trillo.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra igual al doctor don Dionisio de Torres, como abonador de los fiadores; quedó impuesto, y firmó, de que certifico.

Dionisio Antonio de la Torre.
Doctor Aguilar.

   En el día hice igual notificación a don Felipe de la Maza, firmó conmigo, de que certifico.

Maza.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra a don Fernando Ricaurte; firmó, de que certifico.

Ricaurte.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra igual a las antecedentes a don Tomás Ramírez, como fiador de don Antonio Nariño; quedó enterado y firmó conmigo, de que certifico.

Ramírez.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra al doctor don Miguel Rivas, quien expresó no ser fiador de don Antonio Nariño, y no firmó, de que certifico.

Doctor Aguilar.

   En el día hice igual notificación a la antecedente a don Matías Abondano; firmó, de que certifico.

Abondano.
Doctor Aguilar.

   En el día hice igual notificación al doctor don José Santamaría; quedó impuesto y firmó conmigo, de que certifico.

Santamaría.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra a don José María Santacruz; quedó impuesto, y firmó, de que certifico.

Santacruz.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra a don José Antonio Sánchez; firmó conmigo, de que certifico.

Sánchez.
Doctor Aguilar.

   En el día hice otra a don José Antonio Orcasitas, y se excusó de firmar, de que certifico.

Doctor Aguilar.

Pedimento

   Muy poderoso señor:

   Los infrascritos fiadores de don Antonio Nariño, vecinos de esta ciudad, ante vuestra alteza, como más haya lugar por derecho, y con el debido respeto, parecemos y decimos: que consiguiente a la persona del citado Nariño, hemos sabido que de orden también de esta superioridad, se le han embargado sus intereses, casas y bienes que se hallan depositados.

   Nosostros, señor muy poderoso, nos obligamos al ingreso de Nariño en la tesorería, hasta en cantidad de $40.000, respectivamente, y otros nos constituimos abonadores y juntamente fiadores de lo demás que resultase deber demás de los $40.000, y con estas seguridades tan amplias quedaron afianzadas las rentas decimales, en términos de no sufrir descubierto. Se ruge ya que lo hay, y en considerable cantidad de miles, con cuyas noticias debemos nosotros atender a que el gasto que hayamos de soportar sea menos excesivo. A este fin hemos acordado ocurrir a vuestra alteza y suplicarle rendidamente que, usando de su acostumbrada justificación, se digne dar providencia para que se nos entreguen los bienes, intereses y papeles relativos a ellos, de don Antonio Nariño, haciendo que ése, para nuestra mejor inteligencia, forme un estado de su giro y dependencias, otorgándonos juntamente vuestra alteza una moratoria competente con respecto a las distancias de los lugares en donde tiene regado el caudal.

   Esta determinación parece, desde luego, muy justa y equitativa, porque ni el rey ni el venerable deán y cabildo exponen cosa alguna cuando sus rentas se ven excesivamente aseguradas, y por otra parte se precave el perjuicio de un crecido número de vecinos que lo recibirían, si en defecto de esta providencia se subastasen los bienes y se aventurase la recaudación de los intereses regados. En cuya virtud, con el pedimento más útil, a vuestra alteza pedimos y suplicamos provea, según solicitamos, juramos y protestamos, lo necesario, etc.

Pedro Rodríguez.

Como abonador,
   José Caicedo.
   Francisco González Manrique.
   Francisco Javier González.
Como abonador,
   Andrés de Otero.
   Antonio de las Cajigas.
   Juan Ramírez Pérez
   Silvestre Trillo

Como abonador,
   Dionisio Antonio de la Torre.
   Felipe de la Maza
   José Sáenz de Santamaría.
   José María Santacruz.
   José Tomás Ramírez.
   Primo Antonio de Otero.
   Juan José Caballero.

Decreto

   Traslado a los diputados del venerable deán y cabildo. Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 12 de septiembre de 1794.

Doctor Aguilar.

Notificación

   En el mismo día notifiqué el traslado antecedente a los señores don Cristóbal Palacios y don Pedro Echavarri; quedaron impuestos y firmaron conmigo, de que certifico.

Doctor Cristóbal Palacios.
Pedro Echavarri.
Doctor Aguilar.

Pedimento.

   Muy poderoso señor:

   Los diputados de vuestro venerable deán y cabildo de esta santa iglesia metropolitana, para recibir de don Antonio Nariño las cuentas, caudales y papeles pertenecientes a la tesorería de diezmos, en el expediente que mueven los fiadores de dicho don Antonio Nariño, pretendiendo se les entreguen los bienes, intereses y papeles relativos a ellos, un estado de su giro y dependencias, y juntamente se les otorgue, por vuestra alteza, una competente moratoria, decimos: que en cumplimiento de nuestro encargo remitimos con fecha 6 del corriente septiembre, a vuestro oidor comisionado para el arresto del citado Nariño, el oficio que consta en el expediente, del que se dio traslado a los fiadores, y no ha llegado el caso de que se ejecutase lo que en él pedimos. Por tanto, lo reproducimos ante vuestra alteza, suplicando al mismo tiempo, con la veneración debida, el que vuestra alteza se digne mandar que don Antonio Nariño dé las cuentas, haga la entrega a caudales y papeles pertenecientes a la tesorería de diezmos; y en el caso, que no debe presumirse, de tener algunas cantidades invertidas, o en giro, forme un plan claro y manifiesto de todo.

   Ni el cabildo, ni la mitra, intentan perjudicar a don Antonio Nariño ni a sus fiadores, pero no pueden omitir esta diligencia, en cumplimiento de la precisa administración que por vuestras leyes tiene en esta materia, y para evitar omisión que cause responsabilidad. Cuya diligencia evacuada, como reverentemente pedimos, podrán los fiadores entenderse con el cabildo, en cuyos términos, etc. A vuestra alteza suplicamos se digne prover como llevamos pedido, juramos y protestamos lo necesario, etc.

Joaquín Pedreros.
Cristóbal de Palacios.
Pedro de Echavarri.

   Autos con preferencia.

   (Hay una rúbrica).

   Provéyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 20 de septiembre de 1794.

Doctor Aguilar.

Decreto

   Vistos: Hágase la entrega de las existencias, caudales y papeles pertenecientes a las rentas decimales que han estado al cargo de don Antonio Nariño, como tesorero de ellas, según se pide por los diputados del muy venerable deán y cabildo, ejecutándose con la intervención del apoderado que tiene nombrado para los actos de esta naturaleza, y con noticia de los fiadores en el mismo ramo, facilitándose los medios conducentes por el señor ministro comisionado, para que dé la cuenta de su cargo, y las noticias oportunas que se le pidan para el debido conocimiento del estado del expresado ramo, a cuyo fin, y para que se conteste a los citados diputados, entréguese al citado señor ministro el expediente.

(Hay cinco rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 24 de septiembre de 1794.

Doctor Aguilar.

Auto

   Santafé, 25 de septiembre de 1794.

   A fin de proceder al debido cumplimiento de lo prevenido por los señores de esta real audiencia en el antecedente decreto, pásese a tomar de don Antonio Nariño la correspondiente y circunstanciada razón de los caudales, papeles y existencias de diezmos, mediante [por] a haberse hallado en la tesorería de su cargo sólo la corta cantidad de $533, cuando se consideraba debía ser muy crecida la existencia de dicho ramo, y no venirse en conocimiento de su paradero e inversión del embargo de bienes, practicado en el expediente del asunto.

Mosquera.
Doctor Aguilar.

Manifestación

   En la ciudad de Santafé, a 25 de septiembre de 1794, su señoría en cumplimiento del antecedente decreto, pasó al lugar donde se halla don Antonio Nariño, y habiéndole recibido su juramento, que hizo en debida forma, de dar razón circunstanciada que se le pide en orden a los caudales, papeles, y existencias de diezmos, dijo: que a más de los $533 hallados en la tesorería de su cargo, da y hace manifestación como tales existencias de diezmos, de las negociaciones e intereses que se hallarán en su libro de cuentas corrientes con diversos sujetos a que se refiere, con más una obligación de don Tomás Ramírez, que en virtud de orden del señor juez de diezmos, otorgó a favor de la tesorería y se halla entre sus papeles; que aunque en poder del doctor don Juan de Mata se hallan como unas 36 cargas de azúcar; éstas se hallan comprendidas en la negociación que consta en su citado libro; que asimismo, en lo que mira a la negociación de quina, a más de lo que sobre ella consta en el mismo libro, tiene que aclarar y añadir algunas partidas; que lo que tiene que aclarar se reduce a manifestar, como lo hace, que las partidas remitidas a Cádiz no se hallan ya en poder del sujeto que se expresa en su libro, sino en el de don Manuel de Cortés Díaz, como constará de su correspondencia, cuya cantidad ascenderá como a eso de £30.000, y que las partidas que tiene que añadir y no se hallan en su libro, son las remitidas a La Habana a don Manuel de Quintanilla, por mano de don José Antonio Valdés, vecino de Cartagena, cuya cantidad podrá ascender como a eso de ñ2.000 a 15.000, y constará la que sea, con certeza, de su correspondencia con el citado Valdés y Quintanilla; que a más de los sujetos que le son deudores y constan en el mismo libro, no es acreedor a otros, ni tiene dada ni prestada alguna que no conste de él; que en orden a papeles relativos al ramo de diezmos, a más del libro de la tesorería, que consta ya entregado con unos libramientos encontrados en la misma pieza, se hallan también en su estudio los demás libramientos y recibos para la cuenta de su cargo, que desde luego recomienda a don Felipe Pérez, oficial de la contaduría de este ramo, como que se halla instruido para su formación, y nombra para que asista en su lugar a los actos que se ofrezcan en orden a este asunto, al doctor Andrés Otero. Y que esto era cuanto se le ocurría por ahora de exponer, protestando añadir después cualquiera cosa que le ocurriese, o aclarar lo que se le preguntase. Y habiéndole leído esta diligencia, dijo ser lo mismo que tenía expuesto, y la verdad en fuerza del juramento hecho, y lo firma con su señoría, de que certifico.

Mosquera.
Antonio Nariño.
Doctor Francisco José de Aguilar.

Auto

   Santafé, y septiembre 25 de 1794

   En atención a la razón antecedente dada por don Antonio Nariño, procédase a la entrega mandada hacer por los señores de esta real audiencia de los papeles y existencias respectivas al ramo de diezmos, en que deberá incluirse el libro de cuentas corrientes y cartas de correspondencia que hablen sobre las negociaciones e intereses comprendidos en él, y a este fin, avísese a los señores diputados del muy venerable deán y cabildo; señalándose para el efecto la hora de las tres de la tarde de este día, haciéndose a saber a don Andrés de Otero el nombramiento hecho por el citado Nariño, y citándose a los fiadores para su concurrencia, si lo tuviesen por conveniente.

Mosquera.
Doctor Francisco José de Aguilar.

Citaciones

   En dicho día, mes y año, yo, el infrascrito escribano de cámara, di noticia del superior auto que antecede y demás conducente, a los señores diputados del muy venerable deán y cabildo; quedaron impuestos y firmaron conmigo, de que certifico.

Doctor Palacio.
Echavarri.
Doctor Aguilar.

   Inmediatamente cité e hice saber al doctor don Andrés de Otero, el superior auto que antecede y nombramiento de contador hecho en él por don Antonio Nariño y también como abonador y fiador de dicho Nariño; quedó enterado de todo, y firmó conmigo, de que certifico.

Doctor Otero.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice saber el superior decreto que antecede a don Bruno Otero, como fiador de don Antonio Nariño; firmó conmigo, de que certifico.

Bruno Otero.
Doctor Aguilar.

Notificaciones

   En el mismo día hice otra igual notificación que la antecedente a don Javier González, como fiador de don Antonio Nariño; firmó conmigo, de que certifico.

González.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra notificación a don Antonio de las Cajigas, como fiador de don Antonio Nariño; firmó conmigo, de que certifico.

Cajigas.
Doctor Aguilar

   En el mismo día hice otra a don Silvestre Trillo, como fiador de don Antonio Nariño; firmó conmigo, de que certifico.

Trillo.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra a don Pedro Rodríguez, como fiador de don Antonio Nariño; firmó conmigo, de que certifico.

Rodríguez.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra igual notificación al doctor don José Santamaría; firma conmigo, de que certifico.

Doctor Santamaría.
Doctor Aguilar.

   En el mismo día hice otra a don Fernando Ricaurte; quedó enterado, y firmó conmigo, de que certifico.

Ricaurte.
Doctor Aguilar.

FUENTE EDITORIAL:
El precursor, ob. cit., op. 201-211.

56
SECUESTRO Y REMATE DE LA CASA DE NARIÑO

SECUESTRO Y REMATE DE LA CASA DE HABITACION SITUADA EN LA PLAZUELA DE SAN FRANCISCO Y OTROS BIENES DE PROPIEDAD DE ANTONIO NARIÑO1. Santafé, 19 de septiembre de 1794

   Plazuela de San Francisco, N° 14

   Sobre el seguro de $5.200 que reconoce don José Nariño a favor del ramo de temporalidades, de que es fiador don Antonio Nariño, para cuyo seguro hipotecó la casa de su morada, sita en el barrio de Las Nieves, en la plazuela de San Francisco.

   $8.000.
   Escribanía de real hacienda.
   Año de 1794.
   Cuaderno N° 9°.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, op. cit., t. I. p. 253.

NOTA:
1   Biblioteca Nacional Sección de Libros Raros y Curiosos. Bóveda. Manuscritos. Documentos sobre el general Antonio Nariño, 12.058, folios 134 a 187.

57
EMBARGO DE LIBROS EN EL CONVENTO DE CAPUCHINOS

DILIGENCIA DE EMBARGO DE LIBROS EFECTUADA EN EL CONVENTO DE CAPUCHINOS, Y LISTA DE ELLOS. Santafé, 20, 21 y 22 de septiembre de 1794.

Joaquín Mosquera y Figueroa,
oidor.
Andrés de Jijona,
fray.
Francisco José de Aguilar,
doctor.

   En la ciudad de Santafé, a 20 de septiembre de 1794, el señor don Joaquín de Mosquera y Figueroa, oidor y alcalde de corte de la audiencia y cancillería real de este nuevo reino, en cumplimiento del decreto antecedente, pasó al convento de padres capuchinos de esta ciudad, y habiendo hallado al padre presidente, fray Matías de Callosa, le dijo le condujese a la celda del padre fray Andrés de Jijona para practicar cierta diligencia del real servicio, y habiéndolo verificado se halló estar cerrada la puerta, por haber salido fuera dicho padre, y habiéndole su señoría esperado con el citado padre presidente y con asistencia de mí, el presente escribano de cámara, de que certifico, sin perder de vista la puerta de dicha celda, a fin de que no fuese en el intermedio abierta por otra persona, luego que el citado padre fray Andrés de Jijona, verificó su llegada, se le requirió para que abriese la puerta como lo hizo, y habiendo entrado, se le previno por su señoría que manifestase cualesquiera libros que tuviese y se le hubiesen dado a guardar por cualquier persona, a lo que contestó que efectivamente tenía unos libros que estaban en otra distinta celda, y habiendo en el mismo acto ido a ella y abriéndola con la llave que tenía en su poder, se reconocieron en la expresada celda, que a la sazón no se hallaba habitada de algún religioso, varios libros en pasta, al parecer recién venidos, puestos a secar y todavía algo húmedos, diciendo que esos eran los libros que tenía que manifestar y que parte de ellos se hallaban en la lista que estaba asimismo en el suelo, y se agrega a estas diligencias, habiéndose rubricado, y que algunos de ellos no se habían aún sentado en ella; y preguntado por su señoría si a más de los que se hallaban en la expresada celda tenía otros dentro o fuera de casa, para lo cual su señoría le recibió su juramento, que hizo en debida forma tacto pectore et corona, dijo: que a más de los manifestados no tiene otros algunos, ni dentro ni fuera de casa.

   Preguntado a quién pertenecen los libros manifestados y con qué motivo se hallaban en su poder, dijo: que para este lance tenía un documento, y sacando del pecho una representación hecha por el declarante al actual padre presidente arriba citado, con fecha de 13 del presente mes, reducida a hacer presente el asunto de dichos libros y pedir se mantuviesen en depósito y ocultos por algunos días para hacer a su tiempo el legítimo uso de ellos, entregándolos todos cuanto antes pudiese, cuya representación se reconoce decretada en el mismo día por el citado padre presidente y los dos padres decanos fray José de Salsadella y fray Domingo de Bocayrente, manda su señoría quedase asimismo agregada a estas diligencias, y para lo que mira a la pregunta, expuso el declarante que todavía no podía manifestar de qué sujeto o sujetos eran; que algunos de ellos tenían el nombre y otros no, como se podría reconocer. Preguntado qué motivo podría tener para no manifestar ahora el dueño o dueños de los libros, cuando asegura que lo ha de hacer después, y que aclarase el motivo que podía asistirle, según pueda estar obligado de derecho, dijo: que las actuales circunstancias no le permitían, en conciencia, descubrir el motivo que tenía para no decirlo al presente, pero que después lo haría, siempre que se removiesen los estorbos que ahora le asistían. Preguntado explicase, según pudiese o debiese de derecho, qué estorbos eran los que le asistían para no manifestar ahora lo que dice hará después, dijo: que porque era padre y capuchino y que solicitaba hacer algún mayor servicio a Dios y a nuestro católico monarca, en continuar los oficios que tiene principiados en el tribunal de la penitencia, y fuera, según ha dado a entender en su citada representación. Y habiendo en este estado pasado al reconocimiento de los libros, se hallaron los siguientes:

   Primeramente un tomo en octavo, en pasta, intitulado Le gouverneur ou Essai sur l'education, par M. D. L. T.

   Otro en ídem, Les pensées, de M. de Voltaire, premire partie.

   Otro en ídem, Deison revealed ox, the attack on cristianity.

   Otro en cuarto, a la rústica, Essai sur le dspotisme, seconde édition, en el cual se halla en la primera foja la palabra Franco y más abajo Vargas, ambos de letra manuscrita.

   Otro en cuarto mayor, en pasta, intitulado Enciclopedie methodique, que comienza en la letra A y acaba en la H.

   Otro en cuarto, intitulado Oeuvres de monsieur de V. Histoire de l'Empire de Rusie.

   Con lo cual, y por ser tarde, se suspendió esta diligencia para continuarla después, y tomando su señoría la llave de la celda en que se hallan los libros, la firmó con los citados padres presidente y Jijona, por ante mí, de que certifico.

Fray Mathias de Callosa.
Mosquera.
Fray Andrés de Jijona.
Francisco José de Aguilar.

   En la tarde del mismo día, su señoría, acompañado de mí, el presente escribano de cámara, pasó al convento de capuchinos a continuar el inventario de los libros, como se hace en la forma siguiente:

   Primeramente diez tomos en pasta en cuarto, intitulado Histoire philosophique et politique des etablissements et de commerce des Europeens dans les deux Indes.

   Item, 11 tomos, en octavo, Collection de heroides et pieces fugitives de Dorcet, Colardeau, Pezat, Blin de Saint Mo.ue et autres; de cuya obra falta el tomo V.

   Item, cinco tomos, en cuarto, en ídem, Histoire du regne de l'empereur Charles V. De cuya obra falta el tomo primero.

   Item, seis tomos, en octavo, en ídem, La vie de Philipe II, Roi d'Espagne.

   Item, dos tomos, en cuarto, en ídem, Vida de Federico II, impreso en Madrid.

   Item, cuatro tomos, en ídem, Storia di America, del doctore Guglielmo Robertson.

   Item, otros cuatro en ídem, Historia de la América, por el mismo.

   Item, un tomo, en octavo, ídem, Les provinciales ou letres escrites, par Louis de Montalte a un provincial, de ses amis et aux RR. PP. Jesuites sur la morale et la politique de ses pères.

   Item, un tomo, a la rústica, Recueil des lois constitutives des ?ats Unis de l'Amérique.

   Item, otro, en pasta, con el mismo título que el antecedente, el cual, en la foja de la dedicatoria al doctor Franklin, tiene las palabras manuscritas, que dicen: de Franco.

   Item, otro, en cuarto, Verités philosophiques, par M. de M.

   Item, cuatro tomos, en cuarto, en ídem, De L'esprit des lois, de los cuales falta el segundo, por lo que quedan sólo tres, registrándose en el tercero y cuarto, al principio, la palabra Vargas.

   Item, tres tomos, en ídem, Recherches philosophiques sur les americains, par M. de P.

   Item, otro, en ídem, en octavo, Les amours de madame Lavariere.

   Item, otro, en ídem, en octavo, L'Espion du grand seigneur et relations secretes envoies a Constantinople.

   Item, otro en idem, Letres persanes, par M. de Montesquieu.

   Item, otro, en idem, La morale universelle ou les devoirs de l'home fondes sur la nature, tome premier, y faltan los otros.

   Item, otro, en cuarto, a la rústica, Etocratic ou le gouvernement fondé sur la morale.

   Item, otro, en octavo, Ovidio, el tomo quinto de amores.

   Item, otro, en octavo, a la rústica, De l'importance des opinions religioses, par M. Necker, con el nombre en la primera foja, que dice: Vargas.

   Item, otro, en ídem, Abrégé de la Revolution des ?ats Unis d'Amerique.

   Item, doce tomos, pergamino, en cuarto, de la Historia del pueblo de Dios.

   Con lo cual se concluyó esta diligencia, exponiendo el padre fray Andrés de Jijona, que aunque del apunte que había exhibido esta mañana constaba que en la obra intitulada d'Heroides et pieces fugitives de Dorcet, y en la de la Historia del reinado de Carlos V, había puesto como completos el número de tomos, era porque había visto en la primera el tomo 12 y en la otra el sexto, por lo que creyó no faltaría alguno de los intermedios y que no estarían incompletos como lo están, y se han reconocido en este acto, y mediante a haberse advertido, que los más de los expresados libros hallan tan mojados, como si los hubiesen metido en el agua, de modo que cuesta trabajo, en no pocos, desunir sus hojas para leerlas; mandó su señoría que luego fuesen conducidos para ponerlos en paraje seguro y que, abiertos, puedan secarse, con lo que se conformó el citado padre Jijona y lo firmó con su señoría, por ante mí, que certifico.

Mosquera.
Fray Andrés de Jijona.
Doctor Francisco José de Aguilar.

   En el mismo día, a las siete de la noche, se pasaron los libros que constan en estas diligencias a la casa del señor ministro comisionado, donde se pusieron en una pieza retirada y abiertos para que se sequen, de que certifico.

Doctor Aguilar.

   Santafé, y septiembre 21 de 1794

   Dése cuenta a la real audiencia, con estas diligencias, el día de mañana, lunes 22 del corriente.

Mosquera.

   Santafé, septiembre 22 de 1794

   Continúese por el señor ministro comisionado, a indagar, por los medios legales, la persona o personas que puedan haber entregado los libros de que se trata, examinando al efecto las que puedan tener noticias del hecho.

   (Hay cuatro rúbricas).

Doctor Aguilar.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de alba, Guillermo. Proceso de Nariño, op. cit., t. I, p. 222-226

58
CERTIFICACION SOBRE LAS SESIONES DEL CABILDO EFECTUADAS EN 1794

CERTIFICACION SOBRE LAS CESIONES EFECTUADAS POR EL VENERABLE CABILDO METROPOLITANO DE SANTAFE EN EL AÑO DE 1794 Y LAS REFERENCIAS EXISTENTES EN LAS ACTAS A LA TESORERIA DE DIEZMOS A CARGO DE ANTONIO NARIÑO.

   El infrascrito vicario general del arzobispado de Bogotá

Certifica:

   Que en el libro 10° de acuerdos del venerable capítulo metropolitano de Santa Fe de Bogotá, libro que principia el 5 de junio de 1794, aparece que dicho venerable capítulo celebró sesiones los días 5, 12 y 24 de julio; 8 y 22 de agosto; 1°, 9 y 12 de septiembre de dicho año de 1794;

   Que en las actas respectivas de 5 de julio a 1° de septiembre, no aparece referencia alguna a cuestiones relacionadas con la tesorería de diezmos a cargo de don Antonio Nariño, y que en la primera de las actas citadas en que se trata este negocio, es en la de 1° de septiembre, en la cual, después de anotar el nombramiento de juez general de diezmos recaído en el doctor don Juan Bautista Pey, se lee:

   "Después de esto, por incidencia se trató sobre las diligencias previas que se habían de tomar sobre las rentas de la tesorería general de diezmos, y los enteros que se fueren haciendo por los inquilinos o deudores, y quien los había de percibir, y se dijo que sobre ellos hiciesen los señores diputados don Pedro Echavarri y doctor don Cristóbal Palacios, lo que pudiesen, pues tenían toda la facultad que pudiere menester y percibieren lo que fuere cayendo".

   Finalmente, que en el acta de 9 de septiembre no hay referencia alguna al mencionado asunto de diezmos, y que la de 12 de septiembre es del tenor siguiente, salvo la ortografía:

   "En la ciudad de Santafé, a 12 de septiembre de 1794, se congregaron en la sala capitular los señores del muy venerable deán y cabildo, a saber: el señor doctor don Diego Terán Chartre, el señor maestre escuela doctor don Vicente de la Rocha, el señor tesorero doctor don Francisco Javier de Eguino, el señor penitenciario doctor don Agustín Manuel de Alarcón, el señor doctoral doctor don Joaquín Pedreros, los señores canónigos doctor don Cristóbal Palacios, doctor don Pedro Echavarri y doctor don Juan Bautista Pey, los señores racioneros doctor don Felipe del Campo y doctor don Juan Ignacio Gutiérrez, los señores medio racioneros doctor don Fernando Camacho y doctor don Antonio Nicolás Martínez Caso [Cano ?], con excepción del señor deán, por enfermo, el señor arcediano, por hallarse enfermo, y el señor magistral, por impedido de enfermo, y el señor doctor don Manuel Andrade, por excusado y ausente.

   "Y hallándose, como lo han de estilo, en una sala capitular, los dos señores doctor don Gabriel Palacios y don Pedro Echavarri, comisionados para tomar los intereses, papeles y de más razones, e instrumentos pertenecientes a la tesorería de rentas decimales, mediante [por] lo acaecido en la actualidad al tesorero de ellas don Antonio Nariño, hicieron presente, por relación in scriptis, el estado en que se hallaban las cosas y las diligencias practicadas en orden a la seguridad de los diezmos exhibidos; concluyendo con un escrito de los fiadores y abonadores del citado don Antonio Nariño, en virtud del traslado que de él hace al venerable capítulo la real audiencia, mediante a que los fiadores dichos por él pretenden se les entreguen todos los papeles, rentas, créditos y demás accesorios a la tesorería, concediéndoles la moratoria correspondiente y oportuna para poder cobrar y obrado pagar y cubrir las cantidades en que se han obligado según el alcance que resulte a la tesorería, apuntadas cuentas y tomadas las razones de cargo y descargo, para que de este modo salgan o sean menos perjudicados los citados fiadores en sus rentas y bienes. E inteligenciados todos los señores de su contenido, dijeron: No se puede contestar al traslado según se pretende, hasta que don Antonio Nariño dé razón invididual de todos los papeles, obligaciones, finiquitos, cargos, descargos, deudas y pagos, caudales y rentas y demás accesorios de la tesorería, con individual declaración de todo lo que hubiese, cómo están, en dónde se hallan y en qué poder y con qué poder y con qué seguridad existen todos los principales, que por haber entrado en su poder son de su cargo. Y para que eso se haga con más eficacia, los señores comisionados, sin dilación o morosidad alguna, procedan a tomar las cuentas y practicar todas las diligencias más oportunas y concernientes a efectuar con seguridad de las rentas, el asunto a que son dirigidas. Y que el señor doctoral doctor don Joaquín Pedreros se presente en forma ante la real audiencia y pida en justicia a puro y debido efecto, con todo el rigor de ella, se mande al citado don Antonio Nariño que dé la razón individual y el plan claro y distinto de todos los caudales, sus salidas, existencias y el cómo y con qué seguridad y en dónde; y todos los papeles concernientes a las referidas rentas de su cargo en la tesorería, sin excusas ni disculpas ni excepción alguna; y practicadas estas diligencias y de ellas enterado el venerable capítulo responderá al traslado corrido del escrito mencionado de los fiadores del expresado Nariño. Y de todo esto se dará parte al ilustrísimo señor arzobispo por los comisionados en el asunto; y con esto concluyeron esta acta capitular y firmaron todos los referidos señores.

"Doctor Terán, doctor Eguiño,
doctor Alarcón-Pedreros, doctor Palacios-Echavarri,
doctor Pey, doctor Campo,
doctor Gutiérrez, doctor Camacho-Martínez-Caso
.

   "Por mandato de su señoría el venerable capítulo.

"Juan Agustín Matallana,
prosecretario capitular ".

   (Sello del arzobispado)

Emilio Brigard,
vicario general.


59
NARIÑO SOLICITA EXCARCELACION PARA RESPONDER PERSONALMENTE POR SUS DEUDAS

   ANTONIO NARIÑO SOLICITA SU EXCARCELACION CON EL FIN DE PODER CUBRIR LOS FONDOS FALTANTES EN LA TESORERIA DE DIEZMOS, APERSONANDOSE DEL COBRO A LOS DEUDORES, DE LA VENTA DE SUS BIENES EMBARGADOS Y DE SUS NEGOCIOS DE EXPORTACION DE QUINA Y CACAO. LOS ABONADORES Y FIADORES SE MANIFIESTAN A FAVOR DE LA ENTREGA DE LOS BIENES EMBARGADOS A SU DUEÑO PARA SU HABIL MANEJO, A FIN DE QUE ESTE PUEDA CANCELARLES LO QUE LES ADEUDA. EL OIDOR JUAN HERNANDEZ DE ALBA RECHAZA LA PETICION DE NARIÑO. NUEVA SOLICITUD DE NARIÑO PARA EL PAGO DE LAS COSTAS Y DERECHOS CAUSADOS, ASI COMO PARA EL PAGO A SUS ACREEDORES. CONSIDERACIONES DEL OIDOR JUAN HERNANDEZ DE ALBA AL RESPECTO DE ESTA ULTIMA SOLICITUD. Santafé, 16 de mayo de 1795, 16 de noviembre de 1807.

Antonio Nariño.
Juan Hernández de Alba

(oidor).

Triplicado. Representación.

   Excelentísimo señor:

   Don Antonio Nariño y Alvarez, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia con el mayor respeto y como más haya lugar en derecho, parezco y digo: que a consecuencia del superior permiso de vuestra excelencia para que pudiese agitar y promover por medio de procurador los asuntos de mis cuentas pendientes con la tesorería de diezmos y mis fiadores, he hecho distintas gestiones ante el tribunal de la real audiencia, a la renta de diezmos y ante el superior gobierno mismo; pero una triste experiencia me ha hecho conocer que es poco menos que imposible que los asuntos de cuentas se puedan terminar con la brevedad y pureza que exigen las mías, si el mismo interesado no las maneja personalmente.

   Hace más de dos años que intenté este asunto, y después de tanto tiempo no he logrado todavía el primer paso de que los apoderados del venerable deán y cabildo y de los fiadores rindan la cuenta, ni den razón del estado de mis bienes y dependencias; de modo que en el día aún ignoro cuánto es lo que se debe, si se han pagado o no algunas partidas con el producto de las crecidas cantidades que se me entregaron.

   Desde agosto del año pasado, conociendo mis fiadores y abonadores la verdad de lo que llevo referido, esto es, que sólo manejando el mismo interesado las cuentas y bienes existentes, podrían verse reintegrados de los que se le había hecho gastar, me otorgaron los dos instrumentos que con la solemnidad debida presento y pido se me devuelvan por los que me hacen suelta y traspaso con absoluto dominio de todos los bienes, efectos y dependencias, sin exigirme fianza alguna para que con ellos le fuese pagado.

   En el tiempo que ha mediado no ha hecho uso de ellos, aguardando a que se rindiese la cuenta para, en vista de ella, admitir y entrar en la nueva obligación con entero conocimiento del estado de mis bienes; pero hallándose en el día gravemente enfermo don Antonio de las Cajigas, que es uno de los que ha manejado la mayor parte de ellos, y no logrando el que éste rinda la cuenta, me veo precisado a ocurrir a vuestra excelencia y suplicarle con el más profundo respeto se digne ampararme y concederme la gracia de que pueda hacer uso de las adjuntas obligaciones, ampliándome la habilitación que ya me tiene concedida para que pueda personalmente agitar mis cuentas, recaudar mis bienes y dependencias, y pagar con sus productos a mis fiadores y abonadores.

   Tres razones me obligan a hacer esta solicitud, y son las mismas que deben mover el piadoso corazón de vuestra excelencia para otorgármela: la primera, la poca esperanza de ver fenecidas las cuentas, mientras se manejen por un procurador cargado de otros asuntos que le traerán mayores utilidades, lo que el tiempo ha comprobado.

   Segunda, el estado deplorable de la salud de don Antonio Cajigas, que si muere antes de fenecerse mis cuentas, tendré que sufrir nuevos litigios porque este sujeto tiene a su cargo varias testamentarias bastante complicadas, y de que tampoco ha dado cuenta; y la tercera, y más poderosa, el beneficio que va a resultar a una multitud de vecinos que han lastado por mí; a mis pobres hijos, que jamás podrán contar con su subsistencia mientras no se me permita desenredar este laberinto y poner en claro la verdad; y, últimamente, a mi honor, que en esta parte se ha vulnerado injustamente, pues los mismos que me han atacado suponiéndome de mala fe, confiesan ahora voluntariamente y bajo sus firmas que prefieren mi simple palabra a los mismos bienes existentes en poder de mis apoderados; confesión gloriosa para un hombre que en la desgracia y en la prosperidad siempre ha conservado la mayor delicadeza en materia de intereses.

   Estas razones, con el ningún inconveniente que parece debe resultar en que vuestra excelencia, en virtud de sus altas facultades, de la lastimosa situación en que me hallo, del conocimiento de mis procederes después que vuestra excelencia felizmente nos gobierna, me amplió una habilitación -que ya me tiene hecha-, me hace esperar que no serán infructuosas mis súplicas; por tanto, a vuestra excelencia humildemente suplico se digne franquearme su superior permiso para agitar personalmente y de un modo que tenga efecto las anteriores piadosas providencias de vuestra excelencia, la recaudación de mis bienes esparcidos y antiguas atenciones, formalizando previamente la cuenta para el cumplimiento de las mismas obligaciones que presento, y para cubrir los propios intereses que debieren reclamar mis fiadores, que en lo necesario, etc.

Instrumento

   Nos, los abonadores de las fianzas que otorgó don Antonio Nariño al ingreso del empleo de tesorero general de las rentas decimales, que abajo suscribimos, decimos que teniendo presente que no podemos reembolsar con la mayor brevedad que deseamos las cantidades que exigimos por el alcance que nos resultó, y que los bienes embargados con este fin se van deteriorando cada día más, hemos convenido en que éstos se entreguen a don Antonio Nariño para que con absoluto dominio pueda disponer de ellos, bajo la precisa condición de pagarnos a cada uno lo que nos corresponda, dentro del término perentorio de diez años, cuya espera le concedemos en ciertos términos: que al fin de los primeros cuatro años nos ha de entregar la tercera parte del total de la cantidad, a los siete la otra tercera parte, y al concluirse los diez, el resto; y para que el interesado use francamente de su derecho, expresamos también que es nuestra voluntad que no se le exijan fianzas, para que de este modo pueda con más libertad adelantar los bienes y proporcionarnos el pago. Y para que así conste lo firmamos, en Santafé, a 22 de agosto de 1805.

   Luis Caicedo. Como apoderado de don José Ignacio Caicedo, Fernando Caicedo. Manuel Caicedo. Andrés Otero. Dionisio Antonio de Torres. Como curadora de mis cinco hijos, Ana María Bastidas.

Instrumento

   Nos, los fiadores de don Antonio Nariño a su ingreso en el empleo de tesorero general de las rentas decimales, que abajo firmamos, decimos: que teniendo presente que no podemos reembolsar con la brevedad que deseamos las cantidades que exhibimos por el alcance que nos resultó, y que los bienes embargados con este fin se van deteriorando cada día más, hemos convenido en que éstos se entreguen a don Antonio Nariño para que con absoluto dominio pueda disponer de ellos, bajo la precisa condición de pagarnos a cada uno lo que nos corresponda, dentro del término perentorio de diez años, cuya espera la concedemos en estos términos: que al fin de los primeros cuatro años nos ha de entregar la tercera parte del total de la cantidad, a los siete la otra tercera parte, y al concluirse los diez, el resto. Y para que el interesado use francamente de su derecho, expresamos también que es nuestra voluntad que no se le exijan fianzas, para que de este modo pueda con más libertad adelantar los bienes y proporcionarnos el pago; y para que así conste, lo firmamos en Santafé, a 22 de agosto de 1805.

   José Sanz de Santamaría. Francisco González Manrique. Primo Groot. Felipe de la Maza. Nicolás de Ugarte. José Antonio Sánchez. Esteban Santos. José Rodríguez, como acreedor a los bienes de Nicolás Santos, de que nos ha hecho cesión Gabriel Melo.

Oficio de su excelencia

   Acompaño a vuestra señoría la adjunta instancia de don Antonio Nariño, en que acompañando los instrumentos originales de sus fiadores, quienes determinan que se le entreguen los bienes embargados, solicita permiso de esta superioridad para agitar personalmente el asunto que expresa, a fin de que impuesto vuestra señoría de su contenido, me informe lo que se le ofreciese y pareciese.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 30 de junio de 1806.

Antonio Amar.
Señor oidor decano,

don Juan Hernández de Alba.

Informe. Reservado.

   Excelentísimo señor:

   He visto la solicitud que hace don Antonio Nariño; y después de una seria meditación, en mi concepto, no se puede acceder a ella. En el año de 94 se le siguió por la real audiencia causa en cuanto a la reimpresión clandestina del papel de Los derechos del hombre, cuya condenación no tuvo efecto por haberse profugado de Madrid, donde se hallaba. Trató después de sublevar a este reino, a donde se condujo con semejante deplorable conato.

   Sin lograr estos intentos se presentó bajo salvoconducto que se le ofreció, y en fuerza del cumplimiento de sus ofertas hizo confesión de sus delitos. De todo cuanto se ha actuado en esta reservadísima causa se ha dado cuenta a su majestad por estado, y hasta ahora no ha venido su final resolución. La que conduce en el presente caso es la que se contiene en la real cédula del 1° de diciembre de 1800. Por ella se previene, entre otras cosas, que Nariño continúe en prisión con los demás cómplices, sin comunicarse, y que verificada la paz dispondrá su majestad de ellos lo que crea oportuno.

   La solicitud de Nariño se opone a la naturaleza de la causa que se le ha seguido. En las de esta clase jamás se accede a la libertad de los reos, y si se diera lugar a lo que propone, por este medio indirecta lograría lo que de ningún modo se le puede conceder. La gravedad de estos asuntos no permiten otra cosa que la observación de la ley, sin incurrir en las fatales consecuencias que la misma procura evitar con la seguridad de los reos. El estado de la presente causa es otro inconveniente legal que no deja arbitrio alguno para condescender con la solicitud de Nariño, aunque para ello ofreciere las mayores seguridades. Su majestad quiere que permanezca preso hasta su soberana resolución; y de aquí es que no se puede acceder esa solicitud alguna que directa o indirectamente [se refiera] a esta resolución. A mi juicio, la que promueve Nariño es absolutamente opuesta a ella, en términos que es imposible conciliarias. De esta causa se ha dado cuenta a su majestad; de suerte que, conforme a principios de derecho, es indispensable esperar su resolución.

   Si estas consideraciones, a mi entender, son urgentes, hacen mucho más fuerza en las presentes circunstancias en que, según las noticias corrientes, el perverso Miranda anhela atacar e invadir las provincias de Caracas. Esto es lo que puedo informar a vuestra excelencia, cuya superior penetración resolverá sin embargo lo que juzgue más acertado.

   Santafé, 16 de agosto de 1806.

   Excelentísimo señor.

Juan Hernández de Alba.

Oficio. Reservado.

   Excelentísimo señor:

   Devuelvo a vuestra excelencia la solicitud que hace don Antonio Nariño sobre que se le permita manejar por sí sus bienes, con el informe de lo poco que alcanza mi cortedad, y se ha servido pedirme vuestra excelencia.

   Dios guarde vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 16 de agosto de 1806.

   Excelentísimo señor.

Juan Hernández de Alba.

Excelentísimo señor,

virrey del reino.

Representación

   Excelentísimo señor:

   Don Antonio Nariño y Alvarez, con mi mayor respeto, en la vía y forma que más haya lugar y como mejor proceda, ante vuestra majestad parezco y digo: que por providencia de la real audiencia se me ha hecho saber lo resuelto por su majestad en real cédula de 20 de marzo de 1806, en que se me manda que mi abogado doctor don José Antonio Ricaurte, y yo, paguemos mancomunadamente las costas y derechos causados en el real y supremo consejo de las Indias por el relator, escribano de cámara y demás subalternos de él.

   En el caso en que me hallo, de un embargo general de bienes procedente de la causa principal, que da motivo a la real resolución, me sería muy fácil la contestación de que se sacase de los mismos bienes el importe de la tasación y demás gastos que se previenen en la real cédula; porque no tengo otras facultades ni fondos que me pongan en el concepto de pudiente que excitó la solicitud del pago de aquellos derechos; ni puede constituirme tal la pensión que la piedad del rey me pasa para mantenerme con mi familia, por ser esta precisa y esencialmente alitaria, que no sufre el menor desfalco sin grave perjuicio del objeto a que quiso aplicarla su majestad, y es el mayor comprobante de mi actual escasa situación.

   Este sería el medio regular, único y ordinario de realizar la satisfacción; pero sujeto indispensablemente al desmedro que los mismos bienes padecerían, sobre el que ya tienen después de su larga existencia, en un secuestro de venderse por un tercio menos en subasta pública.

   Ellos en su totalidad no alcanzan ya en el día a cubrir los créditos de justicia graduados por sentencia de la real audiencia, y sería para con éstos mayor el descubierto y perjuicio si, como es muy conforme, se prefieren y ponen en el primer lugar las costas y derechos que deben pagarse a los subalternos del real supremo consejo de las Indias.

   Con esta consideración fue que mis fiadores en la tesorería de diezmos me han hecho suelta y traspaso de los mismos bienes embargados, siendo su crédito el mayor por el gasto que ha sufrido para reintegrar la masa de aquellos cargos que, tumultuariamente y sin las debidas formalidades, se me hicieron, y para cuyo esclarecimiento en una cuenta formal y audiencia necesaria del que se constituyó deudor, he debido a la grande justificación y bondad de vuestra excelencia la habilitación de mi persona, y en uso de ella he practicado las diligencias y gestiones que continuó y estimo convenientes. Y si para esta habilitación influyó principalmente la industria personal, el conocimiento propio de mis negocios en la tesorería, incapaz de suplirse por otro, ni manejarse por ajena mano, este mismo conocido principio debe mover la equidad y la justicia para que, como rendidamente lo tengo suplicado a vuestra excelencia, se me dispense y extienda la misma al manejo, recaudación y administración de los bienes embargados; lográndose de este modo el restablecimiento de ellos y su mejor estado para poder cumplir yo con mis deudores de justicia y demás responsabilidades que contra ellos se presenten.

   Mis fiadores claman por esta habilitación y la esperan como único medio de reponerse en sus gastos, si sacados los bienes fuera de la inacción y abandono en que se miran, se ponen a la mano y dirección del mismo interesado que quiere desempeñar sus obligaciones.

   Este y no otro podrá realizar el cobro y recaudación de más de $60.000, que por su dispersión van a perderse, si como causante de las dependencias no las requiere y demanda por sí mismo con todo aquel conocimiento y seguridad que es capaz de resistir y desvanecer de pronto las negativas, confusiones y efugios con que los deudores maliciosos quieran eludir o dilatar la satisfacción: hallando cuanto ocurra, sin artículos ni contestaciones sobre sus particulares cuentas, y practicando todo lo conveniente con diligencia y actividad y con aquel interés que le demanda el propio honor y la rectitud. Estos mismos fiadores están enteramente llenos de la confianza con que esperan corresponda yo a la que de mí hacen, disponiendo de un caudal propio, que se pierde absolutamente sin la utilidad de algún tercero, si no se ocurre a su reparación en todo; y por unos medios que eviten la ruina de tantas familias que se hallan en descubierto por la mala versación de mis bienes.

   Se conoce muy bien que estos acreedores, desengañados por sí mismos de lo infructuoso de toda diligencia que aspire a impedir la aniquilación de mis bienes, eligen este partido como el más razonable, y moralmente seguro en el éxito, para atajar la entera ruina a que caminan.

   Mi solicitud, excelentísimo señor, no perjudica ni hace novedad en la causa principal. Mis bienes en su actual situación no alcanzan a su fin las responsabilidades que están graduadas en justicia y por acreencias particulares. Mi persona no varía de estado; mis fianzas de carcelería subsisten las mismas, y mi conducta ha sido irreprensible en más de cuatro años que llevo fuera de la prisión a la vista del gobierno y de todos los tribunales superiores e inferiores de la capital y en su numeroso vecindario. Sin que sea inconveniente el que entren en mi poder aquellas cantidades procedentes del manejo de mis bienes, porque éstas mismas saldrán inmediatamente para el pago a que se destinan.

   De este modo seré un hombre que, sin mejorar su fortuna, trabaja solamente para sostener y aumentar aquel concepto de honor y estimación que siempre mantuve y mantengo como fruto indefectible de mi cuna y educación.

   Por tanto, a vuestra excelencia rendidamente suplico provea como llevo pedido, juro lo necesario, etc.

Antonio Nariño.

Oficio

   Incluyo a vuestra señoría el nuevo recurso que sobre el asunto de que se le habilite para el manejo de sus bienes y pago de sus acreedores, me ha hecho don Antonio Nariño, alegando el reciente motivo de la real cédula que expresa, expedida para la satisfacción de costas causadas en el real y superior consejo de Indias, a fin de que en punto de esa solicitud exponga vuestra señoría lo que considero justo, atendido el conocimiento que tiene en esta causa. Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Santafé, 14 de septiembre de 1807.

Antonio Amar.
Señor oidor decano.
don Juan Hernández de Alba.

Informe

   Excelentísimo señor:

   La solicitud que nuevamente hace a vuestra excelencia don Antonio Nariño es la misma sobre la que propuse mi dictamen en informe de 16 de agosto próximo; ratifico el propio concepto entonces manifestado; mas, como Nariño hace mérito en su representación de la buena conducta que ha observado, por lo que este punto pueda influir en el real ánimo de su majestad, me creo obligado a exponer lo siguiente: Es constante que don Antonio Nariño ha sufrido las penalidades de su dilatada prisión con tolerancia y conformidad, en términos que en tan prolongados tiempos no ha dado lugar a reconvención o prevención alguna, siendo su porte regular y uniforme desde el primer día de su arresto.

   Esta continuada experiencia me hace creer que los trabajos y quebrantos precisos a esta situación, han producido en el ánimo de Nariño la enmienda y corrección que se puede desear en sus pasados yerros.

   Por las forzosas incomodidades de su prisión se quebrantó tanto su salud, que a juicio de los facultativos que le reconocieron fue preciso trasladarlo al campo con las más prolijas precauciones, de que se dio cuenta a su majestad, y su soberana piedad tuvo a bien aprobarlo. En esta situación más favorable, la conducta de Nariño ha sido la misma, de suerte que a mi noticia no ha llegado alguna que haya sido capaz de inducir la más mínima desconfianza relativa a sus anteriores ideas y pensamientos. Este hecho, constante a mi inteligencia, persuade que el corazón de Nariño no abriga ya los perjudiciales proyectos que en otros días había concebido.

   En una u otra época ha continuado la guerra, y los enemigos de la nación han procurado perjudicarla por todos los medios.

   El perverso Miranda, valiéndose de esta favorable oportunidad, ha excitado los cuidados y atenciones del gobierno, según consta a vuestra excelencia. Esta era una oportunidad de ocasión para Nariño, que pudiera muy bien haberse valido de los arbitrios que antes había procurado para sí mismo. Se ha celado sobre su conducta; se han observado sus movimientos, y sin embargo no se ha descubierto en ellos méritos para contenerlos.

   Verdad es que Nariño cometió los delitos que resultan de los expedientes remitidos a su majestad; mas también lo es que, según sus posteriores operaciones, a mi corto juicio se halla con un arrepentimiento que puede conmover la piedad y misericordia de su majestad, así como de la misma consiguió perdón don José Antonio Ricaurte, su defensor y correo. Los errores y yerros cometidos por Nariño se concibieron en los ardores de su inconsiderada juventud. Ahora tal vez, en la madurez de sus años, su curso lo habrá ya desengañado.

   Su majestad ha resuelto decidir la causa de nariño, al tiempo de la paz que, según noticias, se ha verificado. En este supuesto, creo, que será el tiempo crítico de informar a su soberanía acerca de la suerte de Nariño. La inmensa distancia que nos separa de su majestad excita mi obligación a manifestar mi concepto en los términos expuestos, así como en otro caso la ejecutaría igualmente, si hubiere advertido que la conducta y operaciones de Nariño merecían acriminarse. Bien comprendo que en materia de concepto cabe mucho engaño y habilidad. También conozco que los senos del corazón humano son incomprensibles, pero los sentimientos del mío me estimulan a informar así a vuestra excelencia para que, si fuere de su superior agrado, lo haga presente a su majestad.

   Santafé, 3 de noviembre de 1807.

   Excelentísimo señor.

Oficio

   Devuelvo a vuestra excelencia la segunda solicitud que hace don Antonio Nariño sobre que se le permita manejar por sí sus bienes, con el informe de lo que alcanza mi certedad y se ha servido pedirme vuestra excelencia. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 3 de noviembre de 1807.

   Excelentísimo señor.

Juan Hernández de Alba
excelentísimo señor virrey del reino.

   Es copia de sus originales.

   Santafé, 16 de noviembre de 1807.

   Firmado,

Alba

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

60
PROTESTA Y EXCLAMACION DE NARIÑO

DOCUMENTO AUTOGRAFO DE NARIÑO, ESCRITO EN LA CARCEL. Santafé, 15 de julio de 1795.

Antonio Nariño.

   Digo yo don Antonio Nariño, preso en este cuartel de caballería, que habiéndose fijado en esta ciudad unos pasquines en las noches 18 y 19 de agosto del próximo pasado año de 94, como se procediese a averiguar sus autores, receloso José Arellano, como uno de ellos, de ser descubierto, para libertarse de la pena que mereciese por ello, inventó el levantar la calumnia de que en esta ciudad se tramaba una conjuración en que entraban sus principales habitantes, lo que así denunció al regente de esta audiencia, expresando que en mi casa se hacían las juntas para ello, por habérselo dicho así el doctor don Luis Gómez, que entonces se hallaba ya fugitivo como otro de los cómplices de los pasquines, por cuyo falso denuncio comenzaron a conocer y actuar dichos señores de la audiencia, procediendo a la prisión de varios sujetos en el día 29 de agosto de 94, motivando mi prisión, no el denuncio de Arellano, sino el que dio Francisco Carrasco, expresando haber visto y tenido en su poder siete meses antes un papel titulado Los derechos del hombre, impreso en mi prensa, y que en su concepto era muy malo; y este papel, cuya impresión se me hace el principal cargo, no corre en los autos ni original ni copia.

   Mas como después de 10 meses hayan resuelto el seguimiento de mi causa por cuyo motivo, puesta la acusación formal, se me ha corrido traslado entregándoseme los autos, en cuya vista he observado las nulidades de hecho y de derecho que contienen. Entre ellos la falta de jurisdicción en el conocimiento, por ser éste privativo a las justicias ordinarias, conforme a lo dispuesto por la real pragmática del señor don Carlos 3°. La actuación con testigos, habiendo en esta ciudad sobre 14 escribanos reales, con otras varias, como las tergiversaciones en las respuestas dadas por mí en la declaración y confesión que se me tomaron, como de los defectos que éstas contienen, principalmente la que se me tomó estando cuasi moribundo.

   Conociendo la violencia con que se me ha tratado, y con la que se pretende quitarme todo recurso de defensa que me es permitida por derecho natural, divino y humano y que, antes bien, por ellos debían franqueárseme para ella todos los auxilios; haciéndome cargo ya del contenido del papel sin que éste aparezca en los autos como cuerpo del delito y cuya falta infiere nulidad, y del mismo por otros varios cargos que se dice resultarme de la actuación general hecha por el señor oidor don Juan Hernández de Alba, sin que se me entreguen estos autos; y aunque para el efecto de mi defensa pedí se sacase copia del papel que se halla en el libro de su excelencia, el mismo de donde se sacó para su impresión, y se agregase a los autos, como el que se me entregasen los de la actuación general en donde se dice me resultan los demás cargos de que me acusan los fiscales, se me ha negado uno y otro. Del mismo modo, y en uso de mis derechos para la defensa que me corresponde y debo poner, debía objetar por mi parte otros varios defectos de la actuación, tratar y proponer varios hechos, principalmente como el excelentísimo señor virrey introdujo la Historia de la Revolución Francesa, y lo mismo de los procederes de cada uno de los ministros de la audiencia y sus fiscales, lo que no puedo ejecutar sin exponerme a alguna mayor violencia y tropelía por estar aquél con el mando y éstos con el conocimiento de la causa y sin proceder con arreglo a derecho y sin querer cumplir aun las reales órdenes que sobre estas mismas causas se les han comunicado, y por cuyos motivos, viéndome indefenso y que no podía usar aquí de la que me corresponde, solicité y pedí en esta audiencia se me remitiese a España en partida de registro, y la misma solicitud tengo hecha ante su majestad, al efecto sólo de usar con toda libertad de mis defensas ante su real persona y en atención a no haberlo conseguido hasta la fecha, y serme ya forzoso entrar en la defensa de mi causa por el traslado que se ha corrido de la acusación de los fiscales, yo, para cuya defensa he sufrido igualmente la violencia de que se me hiciese elegir abogado y procurador recibiéndoseles juramento de no comunicar los asuntos de mi causa y defensa si no es conmigo, para quitar con ello el recurso de no poder consultar con nadie punto tan preciso permitido por todo derecho, como el que mi abogado y procurador se recelaran igualmente de sufrir las mismas violencias siempre que en mi defensa se pusiere alguna cosa que fuese contra ellos o no les acomodase para sus fines, cuyo miedo y recelo lo tienen igualmente los escribanos, por lo que se excusan a hacer cualesquiera diligencia de su oficio y por cuyo motivo me recelo justamente que no me autorizarán ninguna exclamación que haga en su registro y que, de hacerlo alguno, a la menor noticia de ello quedaba ya expuesto a las violencias de que me recelo, he tenido a bien verificarla del modo presente, por mí solo, y que puesta en un pliego cerrado con cinco sellos, la autorice en su cubierta con tres testigos y se guarde por mi esposa o por otra persona de mi confianza, para hacer el uso de ella cuando se juzgue necesaria. Por tanto, poniéndolo en ejecución, exclamo de las violencias que sufro y van referidas, como por lo que tengo y me recelo para no poder usar de las excepciones de nulidad y demás que en uso de mis defensas podía proponer, razones y pruebas que debía dar, protestando que el omitirlas es por recelarme justamente de mayor violencia y no porque consienta de ninguna en el contrario, pues las propondré y usaré de ellas siempre que el conocimiento de mi causa se siga ante nuestro soberano u otro juez imparcial y que, por tanto, no me corra término en la propuesta de las excepciones ni me perjudiquen de ningún modo las pruebas y razones de hecho y derecho que omitiere durante el conocimiento de mi causa en esta real audiendia en el actual virrey.

   Santafé, y julio 15 de 1795.

Antonio Nariño.

   En este estado y después de haber cerrado y sellado el pliego, supliqué al señor doctor don José Caycedo me solicitase un escribano para autorizarlo en su cubierta, expresando en ella únicamente ser una protesta y exclamación mía. Me dio aviso dicho don José Caycedo de haber requerido al escribano de cabildo don José Angel Marzán, a Pedro y José Narciso Maldonado y a Juan Bautista Lora y haberse excusado el primero, expresando que sólo autorizaba los asuntos de cabildo, y aunque los otros tres inmediatamente le dijeron no tener reparo, luego que supieron que era yo el que la hacía, se excusaron expresando tenían miedo, y como don José Caycedo les dijese que tenía yo que hacer igualmente mi testamento cerrado, que me lo autorizase, se negaron del mismo modo diciendo que tampoco lo harían por ser cosa mía; en cuyo estado, no pudiendo valerme ni aun del pretexto de testamento y siendo creíble que se excusen igualmente los otros escribanos y que requiriéndolos a todos se haga público este mi pensamiento y que se me seguirán los daños que procuro evitar y, principalmente, que se me embarace esta mi protesta y exclamación, en uso y defensa de mis derechos...

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, op. cit., t. I, p. 322-325.

TOMO II


61
DEFENSA DE NARIÑO

DEFENSA DE ANTONIO NARIÑO, SUSCRITA CON EL POR SU ABOGADO DEFENSOR EL DOCTOR JOSE ANTONIO RICAURTE Y RIGUEYRO. INAPRECIABLE PIEZA JURIDICA CONSIDERADA POR LOS MIEMBROS DE LA REAL AUDIENCIA COMO MAS PELIGROSA QUE LOS MISMOS DERECHOS DEL HOMBRE. FUE MANDADA RECOGER "A MANO REGIA" Y EL DOCTOR RICAURTE SENTENCIADO A PRISION PERPETUA EN UNO DE LOS CASTILLOS DE LA PLAZA DE CARTAGENA DE INDIAS. Santafé, julio-agosto de 1795.

Antonio Nariño.

Defensa

   Muy poderoso señor:

   Don Antonio Nariño, preso en el cuartel de caballería, respondiendo al traslado que se me ha corrido de la acusación fiscal en los autos criminales sobre la impresión, sin licencia, de un papel intitulado Los derechos del hombre, con otros cargos que resultan del proceso, ante vuestra alteza premiso lo necesario y en la vía y forma que más haya lugar en derecho, parezco y con el debido respeto, digo: que vuestra alteza se ha de servir absolverme de la acusación intentada contra mí, darme por libre de los delitos imputados y hacer que se me restituyan mis bienes y todos mis derechos, mi honor, mi libertad, mis hijos, mi esposa, mi sensible esposa, cuyas lágrimas derramadas tantas veces al pie de los altares, espero hayan movido al Soberano Tutor de la inocencia, para que inspire hoy a vuestra alteza un sentimiento de benevolencia, digno del tribunal, y proporcionado al celo que a vista de vuestra alteza y de público he manifestado constantemente por el rey y por mi país.

   2° Hay ciertas apariencias impostoras, y tal vez la casualidad suele reunir sucesos y circunstancias que prestan un aspecto disforme, muy diverso del que las cosas tienen en sí mismas. Vemos a cada paso los amigos mejores quebrar de repente, ofendido alguno de ellos con razón, en su concepto, pero realmente sin motivo y en vano. Un procedimiento inconsiderado, un mal paso dado sin malicia, otras varias circunstancias, siniestros informes y el soplo de los malos, hacen que el hombre de más candor y buena fe, llegue a consentir en que su mejor amigo, el que más le ama, el que más se interesa por él y por sus cosas, en una palabra, que su verdadero amigo es un ingrato, un pérfido, que merece odio y execración en lugar de amistad y beneficios; pero si este amigo es accesible a la razón, si es hombre que sepa deponer una preocupación, por más fundada y justa que le parezca, si oye racionalmente los descargos de su amigo, y examina los hechos, no con los ojos de la malicia sino con los de la razón, entonces las sombras se disipan, la ilusión se desvanece y la amistad recobra todos sus derechos.

   3° Tal es puntualmente la idea que se debe formar de mi proceso. Antes que la calumnia tronara contra mí, era yo reconocido por vuestra alteza y el público, por verdadero amigo del gobierno, vasallo no sólo fiel, sino también amante y entusiasta de mi soberano, como lo tengo acreditado desde mi juventud en cuantas ocasiones he podido. Después de un paso inconsiderado, pero nada malicioso, abultado extraordinariamente, me ha hecho parecer criminal. Pero es una ilusión, porque el delito mismo de que se me acusa tan sangrientamente, es un monumento incontestable de mi fidelidad. Parece paradoja, pero si vuestra alteza se digna oírme con agrado y benevolencia, espero de la fuerza de la verdad hacerlo demostrable con fuertes argumentos y razones, tan claras como la luz del día.

   4° Ya mi corazón, 11 meses oprimido, comienza a dilatarse, ya respiro un aire suave, lágrimas de sangre corren de mis ojos, llegó el día de la verdad y de la razón. El concepto que tengo hecho de la imparcialidad del tribunal, ha producido en mi alma esta dulce satisfacción. Al hombre preocupado, al tenaz y malicioso, al que no conoce la buena fe ni la verdad, es imposible convencerlo jamás con la razón, aunque se la metan por los ojos; pero hablando a un tribunal ilustrado, justo e imparcial, que oye igualmente la defensa que la acusación, sin preocuparse sino por la verdad que resulte de la comparación bien meditada de cargos y descargos, bien puede un inocente contar desde el principio con el suceso. Es cierto que, como somos naturalmente inclinados a oír acusaciones e inventivas, creemos fácilmente una impostura calumniosa, y es preciso un extraordinario esfuerzo de la razón para ponernos en estado de oír una defensa con imparcialidad. Por eso la Escritura llama dioses a los magistrados, porque para oír a un acusado, sin preocuparse contra él, a fuerza de tanto abultar la sombra de su delito, los delatores, los testigos, el acusador, es preciso a ser como un Dios, o por su extraordinario esfuerzo hacerse superior a los hombres. Yo no dudo que vuestra alteza hará los mayores esfuerzos para oír mis descargos con imparcialidad, a pesar de esta pasión tan natural al hombre de creer fácilmente cualquier acusación y resistir a la demostración de la defensa más sensible y racional.

   5° Pero antes de entrar en la discusión de los cargos a que deseo contestar, pido permiso a vuestra alteza para dar gracias a la Providencia por haberme hecho nacer en esta capital, en donde están tan arraigados los buenos sentimientos de fidelidad y amor al rey, que no sólo es celoso todo vecino de conservar por su parte este glorioso timbre de nuestra ciudad, sino que todos, hasta el bajo pueblo, sienten como una injuria propia y personal, cualquiera tacha que sobre este punto quiera poner la calumnia a algunos de nuestros conciudadanos. La ventaja de haber nacido en una ciudad donde la opinión pública, las costumbres y las ideas comunes fomentaron la buena educación que recibí de mis padres, me ha hecho vivir y obrar, de suerte que ahora puedo decir con satisfacción lo que acusado de semejantes delitos decía Demóstenes en Atenas: Si vosotros me conocéis, tal cual me ha pintado Esquines, puesto que yo no he vivido en otra parte sino entre vosotros, tapadme la boca. Sí, atenienses: aunque mi ministerio haya sido irreprensible, pronunciad y condenadme. Con la misma satisfacción puedo decir que si vuestra alteza me conoce como me pintan mis calumniadores y la acusación fiscal, sin más examen, sin pasar adelante, pues yo renuncio al derecho de mi defensa y el favor de las leyes pronuncie y me condene. Pero si yo he vivido de manera que he merecido a vuestra alteza el más ventajoso concepto; si hasta que se levantó esta borrasca que sopló Arellano, no sólo no he sido reputado por desafecto al gobierno, por seductor y amigo de la novedad, sino por buen vasallo y amante de la paz, celoso del bien público y sinceramente adicto a nuestro muy amado monarca, parece que esto debe de influir poderosamente en mi favor, cuando trate de hacer ver que mi intención, cuando imprimí el papel de que se me hace cargo, no era criminal. Este es el punto esencial de mi proceso. En haciendo yo ver con razones convincentes, que fue sana mi intención cuando imprimí el papel, queda, según entiendo, desvanecida toda acusación, pues aunque hay otros cargos que el ministro fiscal se contenta con tocar de paso, éste sólo se ha llevado la atención; sin embargo, contestaré a todos los puntos de la acusación, dando para ello primero, para mayor claridad, un breve extracto de ella.

   6° Vuestros fiscales, en vista de todo lo que se ha actuado contra mí, por comisión de vuestra alteza, de la impresión, sin licencia, del papel intitulado Los derechos del hombre, su original francés, me acusan grave y criminalmente, poniéndome por culpa y cargos lo que del sumario y mi confesión resulta, ya que dicen no se ha satisfecho ni en las respuestas o excepciones que en ella di, ni en el escrito que presenté exonerándome de los cargos. El ministerio fiscal no determina cuáles son estos cargos y culpas que del sumario me resultan, y a que no he satisfecho, y sólo habla expresamente de la impresión del papel, discurriendo sobre la gravedad de los delitos en general, sobre la cualidad de éste en particular, sobre la naturaleza del papel, de sus máximas anticatólicas subversivas de todo el orden público, asegurando que ellas sustraen a todo buen vasallo de la justa obediencia al soberano, que niegan su legítima autoridad y augustos derechos, que atentan directamente contra la misma soberanía de los monarcas, que son opuestos al dogma y sagrados preceptos de la más santa y cierta de todas las religiones, cual es la que profesamos, y en cuya creencia dichosamente vivimos (apoyándose, dicen, para hacer estas justas censuras), en los más sólidos principios del derecho público universal o de gentes, en los gobiernos de todos los pueblos, en la sabiduría y justicia de nuestras leyes, en la santidad de los cánones y concilios, en los sentimientos de los padres de la Iglesia, y, en una palabra, dice, en el dictamen de todos los hombres que cedan a la santa razón.

   7° Tal es el concepto que han formado vuestros fiscales de las detestables máximas del citado papel, y tan respetables son las autoridades en que se fundan para graduar la gravedad de mi delito, en haberle impreso. Ellos mismos confiesan que este papel es el cuerpo del delito, pero no corre en los autos. Ignoran su verdadero contenido, pero piden se me impongan las graves y correspondientes penas en que por las leyes y reales disposiciones he incurrido, puesto que don Francisco Carrasco, que ha visto el papel, dice que sentaba que el poder de los reyes era tiránico.

   8° Después entran vuestros fiscales a discurrir sobre el grado del delito, hablando de la impresión clandestina del papel, y dicen que la confianza o prudente condescendencia que merecí del gobierno para imprimir sin licencia, no me puede rebajar en nada el conocimiento que tuve de lo perjudicial y malo del papel para imprimirlo, que al contrario me obligaba y debía obligar a corresponder a ella con el mayor esmero, no permitiendo de ningún modo sudase mi imprenta semejantes tareas.

   9° Gradúan luego los conocimientos que yo debía tener respecto a nuestro gobierno. Discurren que no pudo haberme movido a imprimir el papel el interés de ganar ciento o doscientos pesos, porque tenía a mi disposición muchos miles, como tesorero de diezmos. Hablan después de la feliz invención de la imprenta para el gobierno humano, de la publicación de este papel en esta capital, donde llegó a propagarse este libro, dicen, delatado hasta seis sujetos, que consta en los autos que lo vieron, y haciéndose cargo de que según consta en los demás del reino, no se llegó a ver. Concluyen el grado del delito con hacerme el honor de compadecerse del mal uso que hice en esta ocasión de mis conocimientos, instrucción y buenas luces.

   10° Tratan luego de las circunstancias del delito, no de las que mudan la cualidad, sino de las que lo hacen más o menos grave, y contemplan el tiempo en que se hizo esta impresión como agravante tiempo, dicen, en que amenazada la Europa entera con sediciones, calamidades, escenas de sangre y carnicería, parece el más propio para asustar a los incautos y su poca ilustración.

   11. Pasan después a tratar de los demás cargos que se me hicieron y sobre que se me amplió la confesión, pero dicen que con la buena fe que debe ser propia e inseparable de su delicado ministerio, dudan con fundamento si alguno o algunos por sí solos y separados del cuerpo de la causa, podían producir la sustanciación de un juicio o proceso criminal; pero que forman el concepto de que unidos todos juntos y hallándose en una persona cómplice principal, confeso y convicto del cargo de la impresión clandestina, dan de sí algún margen para no graduar de enteramente infundadas las sospechas que arguyen.

   12. Luego hablan de la carta escrita por don José Ayala, señalada con el número 29, y dicen que no satisfaciéndoles la explicación que yo hago de las palabras de dicha carta, y dejando sin respuesta la reconvención, resulta un convencimiento bien sencillo de que queda vivo y firme y no satisfecho este cargo. Finalmente, concluyen la acusación, con citar la circular de 16 de mayo de 1767, las leyes 24 y 33 del título 7°, libro V de la Castilla y la real cédula de 20 de abril de 1773, que manda se guarden los capítulos 2° y 4° de la ley 24 citada, exponiendo que el caso presente exige, sin duda, una demostración grave. Pero con respecto a las circunstancias de este asunto, a las reflexiones que suministra el proceso y a las otras consideraciones que tendrá presente el tribunal, se determine como llevan pedido los señores fiscales, dándose cuenta a su majestad para que se sirva determinar lo que fuere de su soberano agrado.

   13. Este es el resultado de la acusación en toda mi causa. Debo contestar a todos los puntos que comprende, pero como creí que para responder como debía el cargo principal de la impresión del papel citado, no me eran suficientes las palabras que Carrasco le atribuye, como lo hubiera sido para que se me pusiese una acusación sangrienta, me presenté ante vuestra alteza, pidiendo se agregue el libro de donde consta de los autos que se sacó este papel o copia legalizada de él, supuesto que no ha parecido el que hace el cuerpo del delito. Vuestra alteza no tuvo a bien concederme lo que pedía y sólo me ha permitido que pase el abogado a la casa del señor ministro comisionado y allí se imponga de su contenido. Así lo ha practicado, y por el conocimiento que tomó de su lectura, y uno y otro pasaje que se le permitió copiar, se hablará en el curso de esta contestación.

   14. Pero antes de entrar en ella, pido a vuestra alteza que para lo que haga a mi defensa, y sin que se entienda a renunciar cualquier otro derecho que me favorezca, se sirva considerar el tiempo y circunstancias en que se me tomó la parte de confesión sobre que se me hace la acusación principal. Es de notar que comenzó y concluyó estando en cama gravemente oprimido de una enfermedad, que a más de la extenuación del cuerpo, ataca los nervios, viene acompañada de calentura, e influye particularmente sobre el espíritu; enfermedad cruel y tan peligrosa en las circunstancias en que yo me hallaba, que el sabio Bosquillón, en sus notas a Cullen, dice que las violentas pasiones del alma son todavía más fuertes que el ejercicio, por lo cual se debe evitar cuidadosamente todo lo que pueda agitarla y conmoverla.

   15. Una prisión inesperada, la pérdida del honor y los bienes, la memoria de la esposa desconsolada y de los tiernos hijos, la idea inexpresable de una muerte cercana, dejando su nombre en execración, y por herencia a sus hijos la miseria y la infamia, ¿habrá otra cosa que pueda agitar y conmover más fuertemente el alma?; pues tales eran las convulsiones que experimentaba en la mía.

   16. No se debe contar con un juicio sano en ciertas enfermedades, dice el célebre Saurri, porque trastornándose la circulación de la sangre hasta cierto punto, la secreción del fluido nervioso se encuentra turbada, su actividad no es la misma, y los movimientos del sensorio son irregulares. Habla luego de la que a mí me afluía, y después de varias razones, concluye que de allí viene la imposibilidad de juzgar y razonar. Sigue hablando de un hombre de calidad a quien curó, y dice que tiene intervalos en los cuales derramaba lágrimas con gemidos y suspiros que venían a parar en convulsión, y que todo era ocasionado por la inacción y el abatimiento.

   17. Las pasiones, dice el mismo Saurri, tienen una grandísima influencia sobre la salud que alteran más o menos, según su naturaleza, su duración y su violencia en la tristeza, ocupándose el alma fuertemente de un solo objeto en que piensa de continuo, no hay más que una pequeña parte del sensorio que esté en acción, y lo restante del cerebro permanece en una inacción más o menos fuerte, según que los afectos del alma son más o menos violentos. La secreción de los espíritus se turba luego, son poco activos los de mala calidad y en pequeña cantidad. De aquí viene el relajamiento general en la fibra del cuerpo, los movimientos son débiles, las digestiones son malas, los humores se espesan y se forman obstrucciones e ictericias, hipocondrías y enfermedades soporosas. El temor ocasiona los mismos efectos.

   18. De modo que yo me hallaba combatido por todas partes. Las enfermedades atacaban el espíritu y aumentaban mis justas aflicciones, las agitaciones del alma aumentaban las enfermedades del cuerpo. El médico, don Honorato Vila, llamado a mi prisión para que me reconociera, dice en su declaración de 8 de septiembre, fojas 81 vuelta, "que a más de las enfermedades que actualmente expuso el doliente estar padeciendo, reconoció se hallaba con un afecto de espíritu, manifestándose éste por el abatimiento de ánimo, temores convulsivos, todos producidos de la agitación e irregularidad de los espíritus animales, síntomas propios de dicha enfermedad"; añadiendo que la enfermedad, por su naturaleza, es de difícil curación, respecto de ser propia del espíritu, que resistiendo a los más eficaces remedios, frecuentemente perecen los enfermos.

   19. El día 11 se dio principio a mi confesión, estando yo en el mismo estado, en términos que el 12 fue necesario interrumpir todo el día la actuación (fojas 104 vuelta), y llamarme un sacerdote para que me confesara. El 13 se siguió la actuación y el 14 se acabó, habiendo dicho el médico (fojas 113), que aunque me había hallado bastante abatido, se podía continuar.

   20. ¿Se podría haber escogido un tiempo menos a propósito para tomarme confesión y una confesión de tal naturaleza? ¿Estaría yo en este estado para responder concertadamente a los cargos de unos hechos que habían pasado ocho meses antes? ¿Podría responder a unas reconvenciones que obligaban a determinar los grados de amistad en medio de la seriedad judicial? ¿Podría ser justo concepto del papel sobre los derechos del hombre, de un papel que habla sobre principios de derecho natural, y de que dice el doctor don Faustino Flórez, en su declaración (fojas 41), que no es posible recomendar a la memoria sus particulares cláusulas, pues al tiempo de leerlo es menester mucha atención para penetrar su espíritu? ¿Podría en este estado, determinar las fechas o colocar en su lugar los hechos, cuando éste pide la atención de la memoria? ¿Podría decir mi concepto sobre unos puntos tan concisos de derecho natural, siendo esto obra del entendimiento y de la sana razón? ¿Podría, en fin, satisfacer a unos cargos y reconvenciones que necesitan buena lógica aun en estado de salud? ¿No será más creíble que el concepto que aparece en los autos de que el papel por su naturaleza era perjudicial y que no convenía que anduviese en manos de todos, es un concepto sólo formado por una cabeza vacilante como yo tenía la mía? ¿Quién no ha visto, quién no ha observado que un enfermo en tales circunstancias habla y responde maquinalmente lo que oye, lo que le dicen? La misma confesión es una prueba real del estado lastimoso en que se hallaba mi razón. Si se lee con imparcialidad y atención, se conocerá cómo estaba mi cabeza sin necesidad de ocurrir a la declaración del médico. Los pasajes se encuentran unas veces antepuestos, otras pospuestos, repetidos, inseguros y se hallan respuestas sin preguntas y contradicciones muy groseras para quien tiene el juicio y la razón en su lugar, mucho más siendo un hombre de conocimientos, instrucción y buenas luces, como dice el ministerio fiscal.

   21. He alegado la doctrina de grandes médicos y un célebre físico, para hacer ver que la confesión se me tomó en un tiempo en que tenía turbada la razón. El profesor nombrado, dando razón de mi enfermedad, coincide con los sabios médicos que cito. Encuentro en el proceso pruebas de esta misma verdad, no hallo en mi confesión otra cosa que la expresión del delirio; todo descubre un juicio trastornado, incapaz de discernimiento y reflexión. Si es admirable en este punto su propio testimonio. Si también un infeliz perseguido y calumniado puede decir verdad, protesto a Dios y al universo que todo lo que pasó entonces, confesión y cuanto se quiera, desapareció al recobrarme, como la ilusión de un sueño. Uno u otro cargo que debió conmover extraordinariamente las fibras del sensorio, fue todo el fruto de mi confesión. Pero basta haber indicado lo preciso sobre el punto. Haría demasiado difusa esta contestación, si me propusiera alegar las doctrinas al intento, y las razones médicas con otras pruebas que convencen, que cuando se me tomó la confesión tenía trastornado el juicio, y no era capaz de algún acto racional. Pero reservándome el derecho de hacer, si fuese necesario, una demostración más completa, creo que por ahora me basta suplicar a vuestra alteza se digne tener presente estas consideraciones, en todo el curso de mi defensa, para poder hacer uso cuándo y donde me convenga, en cuanto me lo permite vuestra ley de Partida por estas palabras: pero si el abogado o el defensor del pleito dirige un juicio alguna cosa por yerro que sea a daño de aquel por quien razona, bien la puede enmendar en cualquier lugar que cite el pleito, antes que sea dada la sentencia definitiva, probando primeramente el yerro; sentados estos principios, entro a tratar de la materia principal que hace el cuerpo de la acusación.

   22. Vuestros fiscales comienzan a hablar de la calidad de mi delito, haciéndose cargo de que el cuerpo de él, que es el impreso citado, no corre agregado a los autos. Pero dicen de él y su contenido les da bastante idea don Francisco Carrasco en su declaración, a fojas 28 vueltas, y sobre esta declaración, propia sólo del ánimo perverso y corrompido de Carrasco, está fundado todo cuanto dice el ministerio fiscal de la naturaleza del papel; de mi delito conforme a su naturaleza y del castigo que merezco.

   23. Es cosa de admirar cómo estando en los mismos autos la declaración del doctor don Faustino Flórez, sujeto idóneo, tanto por su facultad y profesión de abogado como por sus luces y talento, se haya estado a las palabras y declaración de Carrasco y no a la de Flórez. Carrasco, un mozo libertino, un jugador de profesión, este infame adorador de Baco, este corsario de las mujeres prostituidas, ¿merecerá más fe que Flórez, a quien conocen todos por el menos a propósito para ser comparado con Carrasco? He aquí uno de estos momentos críticos en que necesita un hombre de toda su razón para no olvidarse que debe a vuestra alteza, a vuestras leyes, al público, a sí mismo y abandonarse todo a su dolor; pero me haré violencia y dejaré para su tiempo un tropel de reflexiones, que ahora no podría menos de excederme si dejara correr mis justos sentimientos.

   24. Imploro aquí la humanidad del tribunal, le ruego, le suplico por el rey, por las leyes, por la virtud, por todo lo sagrado que hay entre los hombres se digne amparar mi inocencia, que en ninguna parte se cree segura sino a los pies del mismo tribunal que la debe juzgar. Acogido a vuestra alteza, aquí donde la buena fe puede a todas las deliberaciones, podré decir que si el papel que imprimí es tan malo como yo no pensé jamás, si es seductor, si es execrable, se examine su malicia por él mismo, pues que existe el original, y no por la declaración de Carrasco, sobre todo habiendo otra en el proceso, que habla también del contenido del papel, que por todos sus títulos merece más fe que la de aquel malvado; ¿cómo no? Pero antes, con estarme ardiendo el corazón todavía, examinaré tranquilamente la declaración de Flórez.

   25. Dice: "que aunque el papel se hallaba reducido como a tres fojas en cuarto, poco más o menos, contenía cuanto se podía decir sobre la libertad del hombre en su origen, en un estilo tan conciso, y con una propiedad de palabras tan rigurosa, que no es posible recomendar a la memoria sus particulares cláusulas, pues aun al tiempo de leerlo era menester mucha atención para penetrar su espíritu". Un letrado, que tiene más obligación que Carrasco para distinguir lo malo de lo bueno, teniendo el papel en la mano, necesita de mucha atención para leerlo y entenderlo; ¿y Carrasco, al cabo de meses, lo expone como si acabara de leerlo? Carrasco, a quien no se le conoce otro talento que aquel exquisito tino para conocer las cartas de un naipe, ¿este Carrasco tendrá mejor penetración que un abogado del crédito de Flórez? ¿Tendrá más memoria Carrasco, porque retiene tantas maldades, cuando tal vez ha olvidado el catecismo, que Flórez que retiene tantas ideas científicas y las leyes? ¿Una expresión tan chocante como la de que el poder de los reyes era tiránico, se le había olvidado a Flórez, un hombre de bien, cuando la retiene Carrasco, un corrompido? Pero cuando hubiere razón para pensarlo así, quedaría el hecho dudoso, y no habiendo tenido por conveniente el ministerio fiscal ver el original de donde se tradujo este ruidoso papel para salir de la duda, por la comparación, debió absolverme en esta parte y no pedir grave y criminalmente contra mí, pues en caso dudoso el derecho cede a mi favor.

   26. En esta parte me parece que con sólo decir que es falsa la parte criminal que contiene la declaración de Carrasco, y probarlo, está satisfecha la acusación fiscal sobre la naturaleza del papel que hace la cualidad del delito y sobre que recae la pena que vuestros fiscales piden se me imponga. Pero como me es conveniente para en todo tiempo tratar sobre la verdadera naturaleza del papel que hace la cualidad del delito, paso a ejercitarlo, protestando antes que sólo la necesidad de mi defensa puede obligarme a tratar esta materia con alguna atención, sin que se entienda que en nada de lo que me veré precisado a decir, va contra el concepto y fines que el santo tribunal de la inquisición haya tenido que prohibir este papel, si acaso es el mismo de que se habla en su edicto de 27 de mayo de este año, publicado siete meses después de mi prisión y a los quince de haberlo yo quemado. Me es muy sensible verme en la necesidad de hablar sobre un asunto que la decisión de tan respetable tribunal ha eximido de toda disputa; pero vuestras leyes, las leyes de todos los siglos y de toda la tierra, el derecho divino, el natural, un grito del género humano dice que al hombre se le deje defender por todos los medios legítimos y de un modo racional. Se me acusa de haber conocido la malicia de un papel, se me alegan sus máximas anticatólicas, sus principios subversivos de todo el orden público, se me prestan luces y conocimientos para hacer mi error inexcusable. ¿Y no tendré yo facultad de demostrar que tuve este papel por indiferente, exponiendo las razones que me lo persuadieron así? Tanto más cuanto yo no lo hago sino por justificar mi proceder de un modo sumiso y respetuoso, sujetando a la censura del santo tribunal cualesquiera expresión o concepto que en esta parte de mi defensa se pudiese notar.

   27. Para tratar el asunto con la debida claridad, lo dividiré en todos los puntos sobre que debo discurrir con arreglo a las luces que vuestra alteza me ha permitido tomar del papel para mi defensa. Primero: Aunque el papel fuera sumamente malo, la forma como está concebido y su título, me eximen del delito. Segundo: Estando publicados los mismos principios de este papel en los libros corrientes de la nación, no se le puede juzgar como pernicioso. Tercero: Comparado con los papeles públicos de la nación y con los libros que corren permitidos, no debe ser su publicación un delito. Cuarto: El papel sólo se puede mirar como perjudicial en cuanto no se le dé su verdadero sentido, pero examinado a la luz de la sana razón, no merece los epítetos que le da el ministerio fiscal.

   28. Primera. El papel está escrito en forma de preceptos, y tiene por título Los derechos del hombre, publicado por la Asamblea Nacional de Francia. Todo hombre que sea capaz de leerlo, sabe que la Asamblea Nacional de Francia no tiene derecho ni facultad de imponer preceptos a las demás naciones; por consiguiente, cualquiera que lea el papel, suponiéndolo lleno de errores, no ve en él otra cosa que los errores que la Asamblea Nacional de Francia ha preceptuado a la nación de Francia, así como cuando leemos el diccionario de las herejías, no vemos en él otra cosa que los errores que en distintos tiempos y naciones han abortado los hombres en punto de religión, sin que por eso dejemos de ser los mismos católicos que éramos antes. Supongo por un momento que el papel contribuyera la expresión que le atribuye Carrasco; supongo que dijera que el poder de los reyes era tiránico; un disparate de esta naturaleza, que choca, que repugna; una proposición tan absoluta sin adorno, sin disfraz, presentándose desnuda en todo el horror de su deformidad natural, ¿podrá seducir al más incauto? Ante todos los que saben leer, ¿habrá alguno tan estúpido, tan simple que se deje persuadir de una proposición absoluta, sin más pruebas ni razones? ¿Cuando lo haga será preciso que su estupidez sea la regla del género humano? Convengamos en que el hombre tan incauto que se dejara persuadir por esta proposición execrable no habrá libro que no le seduzca. Tomará, por ejemplo, uno de estos libros respetables, en que se refutan los errores de los impíos y no acertando a separar el oro de la escoria, se hará impío. Tomará el periódico de Santafé, que anda en manos del público, y leyendo en él retazos horrorosos sobre la actual revolución de Francia, se hará un entusiasta libertino, por no acertar a hacer un juicio de las cosas, confundiendo la verdad con la mentira, porque las halla juntas. Tomará las gacetas de España y le sucederá lo mismo. Un libro de mitología, en donde se habla de tantos dioses, y en sus personas canonizados todos los delitos, ¿no deberá correr, porque algún simple no vaya a tomar las cosas a la letra y se haga politeísta? Discurriría sin término si hubiera de exponer todos los principios a que está expuesta la gente sencilla, no por la naturaleza de las cosas, sino por su propia ceguedad. Aún si los Derechos del hombre estuvieran concebidos en un estilo seductor, si no fueran unas decisiones áridas y concisas, si fuera un discurso elocuentísimo lleno de cavilaciones y sofismas, imágenes gallardas, cuadros llenos de interés, la gracia del estilo, el encanto de la expresión, lo grande, lo sublime de los pensamientos; si para hacer probable la proposición de Carrasco, se alegara de mala fe los hechos atroces de los tiranos, las violencias de Tarquino, el parricida de Nerón, callando las virtudes de los reyes, la beneficencia de Tito, las lágrimas de Trajano, la humanidad de Augusto, Vespasiano, Marco Aurelio; si el papel estuviera concebido así, entonces bien podría seducir a los incautos. Pero una declaración monótona y sombría, contenga los absurdos que tuviese, a nadie puede perjudicar ni seducir; si el lector está ya corrompido, nada le perjudica su lectura; y si no lo está, como no hay en el papel cosa que deslumbre, que acalore y que persuada, lee sus decisiones con la misma indiferencia que se oyen tantas proposiciones absurdas que corren por el mundo. Y a la verdad, sin una expresión de esta naturaleza pudiera seducir los ánimos incautos y trastornar una forma de gobierno porque lo dijo la Asam blea Nacional de Francia, sería preciso convenir que podían trastornar, humanamente hablando, de las verdades de nuestra santa religión, tantas expresiones estúpidas que corren del Alcorán, porque las dijo Mahoma. Luego es menester confesar que estando concebido el papel en los términos que está, y con el título que tiene, aunque está cargado de errores, inclusos los de Carrasco, su forma, su estilo, su título, que nada tiene que pueda seducir, me exime de delito.

   29. Segundo. Estando publicados los mismos principios de este papel en los libros de la nación, no se le puede juzgar como pernicioso.

   30. Para sostener esta proposición, parece que era indispensable tener el mismo papel a la vista. Entonces podría ir contraponiendo a cada rasgo suyo, otro u otros muchos de los libros corrientes. Habría otro orden en mi defensa siguiendo el papel, rasgo por rasgo, expresión por expresión, le iría contraponiendo otros principios semejantes, los mismos o peores que corren impunemente en infinitos libros. Pero faltándome este auxilio, me veo precisado a hacer lo que un hombre, acometido en una noche oscura, que no sabiendo cuál golpe ha de aparar, tira tajos a todas partes para librarse del que le pueda coger. Amontonaré pasajes de varios escritores, traeré doctrinas y rasgos de los libros que corren en esta capital y en toda la nación libremente, alguno dado a la juventud, otro oído con respeto en el santuario, ninguno prohibido. También he visto en vuestras leyes muchos de los principios del papel, y citaré una u otra, porque la estrechez del tiempo que me ha concedido vuestra alteza no me permite registrarlas. Por la misma razón no he podido arreglar con el orden conveniente los pasajes que cito, pues apenas me basta este tiempo para transcribir los apuntes vagos que tengo hechos para esta contestación. Yo suplico a vuestra alteza tenga la bondad de comparar con el papel de que se me acusa los pasajes que voy a alegar de los libros corrientes y de papeles públicos; en ellos se encontrarán los mismos principios que en el papel de Los derechos del hombre, con esta diferencia: que en ellos están esparcidos en bellos discursos, donde se han derramado las gracias y el hechizo de una elocuencia encantadora. De suerte que si son perjudiciales, más bien seducen en estos libros que en el papel cuestionado, así como el hombre feo, vestido con ingenioso lujo, atrae y aficiona mucho mejor que desnudo de todo adorno.

   31. Teniendo que citar autores latinos o extranjeros, que anden en manos de todos, para no interrumpir el discurso con relatos de otra lengua, los pondré traducidos. El Espíritu de los mejores diarios, obra publicada enn Madrid, y que aquí anda en manos hasta de los niños y mujeres, trae pasajes que no sólo comprenden los principios del papel, sino otros de mayor entidad, teniendo al frente, entre los sucriptores, a nuestros augustos monarcas y principales ministros de la nación, y se verá, por los retazos que se irán citando, la naturaleza de ellos.

   32. "No hay otros lazos, caro amigo, para cortar la emigración, sino hacer la felicidad del pueblo. El hombre nace libre, y sólo está sujeto, mientras su debilidad no le permite entrar a gozar los derechos de su independencia: al punto que llega a hacer uso de su razón, es dueño de elegir el país y el gobierno que le conviene mejor a sus ideas; si los hombres se han reunido en sociedad, si se han sometido a un jefe, si han sacrificado una parte de su libertad, ha sido por mejorar su suerte". (Espíritu de los mejores diarios, número 158, página 615).

   33. "Lo primero que aconsejo a vuestra majestad es que reconcentre toda su atención para penetrarse de la verdad más importante, y es que todos los derechos de propiedad, libertad y seguridad, son los tres manantiales de la felicidad de todos los estados. Por derecho de propiedad entiendo aquella prerrogativa concedida al hombre, por el Autor de la naturaleza, de ser dueño de su persona, de su industria, de sus talentos y de los frutos que logra de su trabajo. Por derecho de libertad entiendo la facultad de usar, como uno puede o quiere, de los bienes adquiridos y de hacer todo aquello que no vulnere la propiedad, la libertad, la seguridad de los demás hombres. Y por el derecho de seguridad entiendo que no puede haber fuerza ninguna que me oprima por ningún tiempo, y que jamás puedo ser víctima del capricho o del rencor del que manda".

   34. "En estos principios está cifrado el acierto de los gobiernos: ellos son los elementos de las leyes; el Monarca de la naturaleza los ha escrito sobre el hombre, sobre sus órganos y sobre su entendimiento, y no sobre débiles pergaminos que pueden ser despedazados por el furor de la superstición o de la tiranía". (Espíritu de los mejores diarios, número 155, páginas 592 a 593).

   35. "Habiendo el Creador del mundo formado a todos los hombres iguales, es interés de ellos mismos consultar y llevar a efecto su mutua felicidad, como individuos de una misma especie, por más que se diferencien en color y en otras cosas poco esenciales fundadas en el capricho. Las personas que hacen profesión de mantener por su propio bien los derechos del género humano, de estar sujetas a las obligaciones del cristianismo, de no omitir medio alguno para que todos participen de las delicias de la libertad, y en particular sus semejantes que tienen derecho a ellas por las leyes y constituciones de los Estados Unidos, y que actualmente gimen en los grillos de la más dura esclavitud, son los que con mayor razón deben facilitar los medios para que se consiga este fin. Convencidos plenamente de la verdad de estos principios, animados del deseo de generalizarlos en todas partes en donde reinan las calamidades de la opresión, y llenos de la mayor confianza en el favor y protección del Padre universal, se han juntado los suscriptores en esta sociedad establecida en Filadelfia, para promover la abolición de la esclavitud". (Espíritu de los mejores diarios, número 67, página 7a).

   36. "La igualdad natural es la base de todos los deberes de la sociabilidad; ella es el fundamento de la equidad. Séneca Espir., 30. Los hombres son iguales entre sí, porque la naturaleza humana es la misma de todos. Ellos tienen una misma razón, las mismas facultades, un solo y mismo fin; ellos son naturalmente independientes el uno del otro. Ellos están en una misma dependencia de Dios y las leyes naturales... Debe existir en todos los cuerpos políticos una igualdad que se puede llamar igualdad legal, que se contiene en aquella en que la ley pone todos los hombres de un mismo estado, con relación a lo que ella ordena o prohíbe. Todos los ciudadanos deben ser sometidos indistintamente a las mismas obligaciones, y no es permitido al legislador cargar a unos de un peso que no impone a los otros". (Encic. metod., artículo igualdad, página 213, tomo 4°).

   37. Esta ley común, así para varones como para mujeres, de cualquier edad y estado que sean, y es también para los sabios como para los simples "Ley 1a, título V, libro 2° de la Recopilación...". Me parece que esta ley conviene con el principio del papel que todos los hombres son iguales a los ojos de la ley.

   38. Heinnecio es el libro de la juventud; sus elementos del derecho natural y de gentes se explican en los colegios por los profesores de derecho público; se sigue la 2a edición de Madrid, expurgada por Marín y dedicada a un ministro sabio. De ella tomaré algunos rasgos, pues para traer todo lo que hace al intento casi sería preciso transcribirlo. Cualquiera que lo haya leído, verá que deriva los derechos de los hombres para consigo mismo, de la igualdad natural que establece por principio.

   39. "Puesto que todos los hombres son iguales por naturaleza, exigen los mismos deberes de amor". Es consiguiente de Heinnecio, elementos jurídicos naturales, libro V, capítulo 3°, página 67. "Hemos observado que todos los hombres, sin embargo de que unos pueden ser más perfectos que otros, son iguales por naturaleza. ¿Y quién lo dudará cuando todos constan de las mismas partes esenciales alma y cuerpo?". (Idem, página 300).

   40. "Por lo que hace al derecho natural, todos los hombres son iguales" (libro 23 de Reglas jurídicas). A cada paso nos repite Heinnecio que el estado de la naturaleza es el de la igualdad y de la libertad. En los pasajes 5 y 6 del libro 2° establece este principio de que hace uso en todo el libro. Las reglas generales o principios de nuestros derechos establecidos en la Partida 7a, título 34, tiene fuerza de ley; no se le oponen. Dice la primera regla que el juez debe siempre favorecer la libertad, porque conviene con la naturaleza, que aborrece la servidumbre.

   41. En el compendio de las Leyes de Partida, publicado por don Vicente Pérez Vizcaíno, tomo V, página 51, se dice que los hombres deben considerarse los unos a los otros como iguales en la naturaleza.

   42. "La ley es el órgano saludable de la voluntad de todos, con el fin de restablecer el derecho de la libertad natural entre nosotros. Es una voz para dictar a cada ciudadano los preceptos de la razón pública. Es, en fin, la ley la que da a los hombres la libertad con la justicia". (Capmany, Filosofía de la elocuencia, página 220).

   43. "Ningún hombre ha recibido de la naturaleza el derecho de mandar a los hombres. La libertad es un presente del cielo y cada individuo de la misma especie tiene el derecho de gozarla desde el instante que puede usar de la razón". (Encic. metod., Juris., tomo V, artículo autoridad, página 643).

   44. "Los jurisconsultos romanos definen la libertad una facultad natural de hacer todo lo que se quiera, a menos que no sea impedida por la ley o por la fuerza". Ley 1a, título 2° de la Partida 4a, adopta esta definición.

   45. "Por la ley de la naturaleza, todo hombre es dueño de hacer lo que quiera, con tal que no quiera nada que no sea justo; porque hacer lo que no sea justo, es libertinaje, y el libertinaje es destructor de la libertad. El hombre que obedece la razón es libre, y en tanto es libre en cuanto obedece a la razón. Lo mismo el hombre que obedece a la ley, es libre, y no es libre sino en tanto que obedece la ley. No obedecer sino a la razón y a la ley, es libertad civil". (Enciclop. metod., tomo V, artículo libertad).

   46. "Así como muchos compañeros no pueden acertar con el fin y medios y adoptarlos sin encargar a uno o a muchos del cuidado de meditar este fin y medios, es consiguiente que convenga lo mismo en las ciudades. Pero siendo lo mismo hacer este encargo a otros que sujetar su voluntad a la voluntad de otro o de otros. Es constante que todos los ciudadanos de una república deben sujetar sus voluntades a uno o muchos, y que manden aquél o aquéllos, a quien o quienes sujetaron sus voluntades los ciudadanos".

   47. "De este poder de los ciudadanos para sujetar su voluntad a uno o a muchos, o a toda la multitud, se sigue que de aquí no pueden resultar sino tres formas de gobierno [República en el texto]. Porque siempre que todos los ciudadanos sujeten sus voluntades a la voluntad de una persona física, resulta una monarquía, reino o principado; si a la voluntad o decreto de muchos, aristocracia; si, en fin, lo que toda la multitud de los ciudadanos decrete por voto común, se tiene por la voluntad de toda la ciudad o república, esta forma de gobierno se llama popular o democrático".

   48. "Pero bien sea uno solo, o muchos, o todos los que manden, comoquiera que no presiden en el gobierno sino por haber sujetado los otros ciudadanos sus voluntades a la suya. Es consiguiente que manden injustamente aquellos a quienes los demás ciudadanos no sujetaron su voluntad". (Heinnecio, castig., libro 4°, capítulo 6°, de Societat civi, orig. SS. 115, 116, 117).

   49. Parece que, según la doctrina de Heinnecio, el poder de los reyes dimana de los pueblos. Este es el mismo publicista que está mandado seguir en nuestras escuelas. "El príncipe recibe de sus súbditos mismos la autoridad que tiene sobre ellos, y esta autoridad es limitada por las leyes de la naturaleza y del Estado... El príncipe no puede disponer de sus súbditos sin el conocimiento de la nación, e independientemente de la elección notada en el contrato de su misión. En una palabra: la corona, el gobierno y la autoridad pública, son bienes de que el cuerpo de la nación es el propietario, y de que los príncipes son usufructuarios, ministros y depositarios". (Enciclop. metod. Juris., tomo V, artículo autoridad, páginas 649 a 650).

   50. "Mas a mí me parece que hay un medio entre robar y asesinar las gentes y mandarlas sentar a la mesa: un protestante, un turco, un genovés, un judío tiene derecho de vivir tranquilamente en todas partes, siempre que se esté quieto. La policía no debe informarse si en su casa canta salmos, en un mal articulado francés, en alemán o inglés; si hace sus obligaciones vuelto así a la Meca, si adora el fuego, si pone su pañuelo sobre el sombrero y si canta en caldeo haciendo extraños gestos. Una vez cerrada la puerta de su casa y que no turba la tranquilidad pública con ninguna de las frases que nutren su piedad, conviene respetar su error y su secreto; pero si sale a dogmatizar, si predica, si quiere hacer adeptos, si niega los objetos del culto dominante, las señales de respeto de que le da ejemplo la nación, entonces hiere a la ley, que quiere la quietud y la unidad exterior, es reo y merece que se le arreste y castigue". (Espíritu de los mejores diarios, número 130, página 138).

   51. Me parece, si no me engaño, que es lo mismo que decir: que a ninguno se debe inquietar por sus opiniones, aunque sean religiosas, con tal que su manifestación no turbe el orden público establecido por las leyes. Concluiré la propuesta de esta proposición, con un rasgo pronunciado, en una de las sociedades del reino, por un ilustre español, en que no sólo se dice como proposición extranjera: que se debe hablar y escribir libremente, quedando obligado a responder del abuso de esta libertad a las plumas, en los casos determinados por la ley; sino que con sentimientos propios quiere persuadir a la nación que para hacer la felicidad del reino, es necesario dar libertad a las plumas, haciendo la restricción a la religión y al gobierno, que es lo mismo que a los casos determinados por la ley. Como el autor trata de Los derechos del hombre, tomaré un poco arriba este rasgo para que juzgue vuestra alteza de la proposición, omitiendo cuanto me sea posible, para no molestar la atención del tribunal.

   52. "Ilustre sociedad: Conozco la obligación con que nací de ser útil a mi patria, y creo que de ningún modo cumpliré mejor con un deber tan sagrado, como haciendo todo lo que está de mi parte para desempeñar la disertación que me tomo la libertad de remitir a esa junta de sabios. Los asuntos que me propongo en ella son hacer ver que el error ha sido admitido infinitas veces por los hombres como una verdad infalible. Que los que han querido descubrirlo han sido perseguidos. Que si no hay libertad de escribir y de decir cada uno su parecer en todos los asuntos, a reserva de los dogmas de la religión católica y determinaciones del gobierno, todos nuestros conocimientos yacerán en eterno olvido... Por eso vemos, señores, que las acciones más loables parecen, en ciertos países, reprensibles, y que las más negras pasiones pasan por honestas y santas. Por eso vemos familiarizarse nuestro espíritu con las ideas más absurdas, los usos más bárbaros, con las acciones más detestables y con las preocupaciones más contrarias a nosotros mismos y a la sociedad en que vivimos. Por eso vemos en todas las edades admitido el error como una verdad inconcusa, y perseguido y despreciado a todo aquel sabio que se ha determinado a correr el velo a la mentira: sí señores... lo que acabo de decir es tan terrible como cierto".

   53. Hace luego el autor la relación de las torpezas de los hombres en tal punto, que si el ver escritas las cosas fuera bastante para seguirlas, sería corta la duración de nuestra vida para llenar el número de tantas maldades y desatinos, como de este solo discurso podíamos sacar para imitar a todos los pueblos de la tierra, tanto en materia de religión como de gobierno. Luego entra el autor hablando de los sabios que han sido perseguidos, y después de relatar los profetas, los apóstoles y al mismo Redentor del mundo, el primero de los sabios, pasa a hablar de los filósofos. Para que vuestra alteza juzgue de la libertad del autor español, inserto aquí sus palabras, cuyo relato lo pone en el número de Los errores de los siglos.

   54: "Vespasiano desterró a los filósofos como enemigos del gobierno monárquico. Elvidio Prisco, sujeto irreprensible en su conducta, fue desterrado porque predicaba el amor a la libertad. En una palabra, fueron en la Grecia aborrecidos del pueblo y mirados como perturbadores del sosiego público, todos los filósofos que quisieron explicar los truenos, los rayos y demás fenómenos que el público atribuye a causas fantásticas".

   55. Pasa a nuestros tiempos y trae los ejemplos de Virgilio, Galileo, Rogerio, Bacón, el papa Silvestre II, Juan Tristenio, Bieta, el marqués de Villena, Pedro Ramón Descartes, Malebranche, etc. "Pero ¿cuál es el motivo, dice, de este lamentable trastorno? ¿Cuál es la causa que desordena tan monstruosamente los pensamientos de los hombres? La prohibición de decir la verdad; sí, señores, no hay que dudarlo. ¡Ah!, ¡qué felices seríamos si no se oprimiese con tantas cadenas!... Desengañémonos y convengamos de buena fe, que mientras no haya libertad de escribir (a excepción de los asuntos que miran a las verdades reservadas a los asuntos de nuestra santa religión, que no admiten discusiones; de las determinaciones del gobierno, acreedoras a nuestro respeto y silencio), y de manifestar con franqueza aquellas opiniones extravagantes y primeras ideas que ha identificado con nosotros la educación, las cuales conservamos toda la vida y no nos chocan, porque las hemos mamado en nuestra infancia, y las vemos autorizadas por el ejemplo, por la opinión pública, por las leyes, y particularmente cuando las vemos pertrechadas con el sello de la antigüedad, permanecerán siempre los reinos en un embrutecimiento vergonzoso".

   56. "Sin la noble libertad de decir cada uno su parecer y oponerse al torrente de las ideas admitidas en nuestra educación, todos nuestros conocimientos se mantendrán en un estado deplorable... ¿Es creíble, señores, que hemos de ser tan orgullosos y tan adictos a nuestro modo de pensar, que no podamos ver con indulgencia al que lleva una opinión contraria y trabaja en destruir preocupaciones? Alegrémonos, señores, con la agradable reflexión de que tarde o temprano la necesidad hace conocer a los hombres la verdad, que querer luchar con ella, es querer luchar contra la naturaleza universal, que fuerza al hombre a buscar su necesidad en cada instante de su duración. Así, a pesar de los esfuerzos de la tiranía, a pesar de las violencias y estratagemas de los impostores, a pesar de los cuidados vigilantes de todos los enemigos del género humano, la raza humana se ilustrará, las naciones conocerán sus verdaderos intereses; una inmensidad de rayos esparcidos, formarán algún día una masa inmensa de luz, encenderán todos los corazones, ilustrarán los espíritus, reducirán a los mismos que pretenden apagarla, se difundirán de unos a otros y acabarán produciendo un abrazamiento general, en el cual todos los errores humanos se abrazarán".

   57. No creamos que esta esperanza es quimérica; la impulsión ya se ha comunicado tras del ardimiento en que las tinieblas de la ignorancia han tenido sumergidos los talentos. El hombre se despertará, cogerá el hilo de las experiencias, se deshará de una porción de preocupaciones, será activo, tratará con los seres de su especie, en virtud del comercio, hará con ellos un tráfico de sus ideas y de sus descubrimientos; la imprenta las hará circular prontamente y transmitirá a la posteridad un sinnúmero de descubrimientos útiles; una multitud de obras inmortales han sacudido y a golpes a la mentira. El error vacilante por todas partes. Los mortales llaman con ahínco a la razón, la buscan con codicia, hartos de las producciones con que se divertían en su infancia, desean un pasto más sólido; su curiosidad se dirige insensiblemente hacia objetos útiles. Las naciones, forzadas por sus necesidades, piensan por todas partes en reformar abusos, en abrirse muchas veredas, en perfeccionar su suerte. Los derechos del hombre se examinan, las leyes se simplifican, la ignorancia se va debilitando, y los pueblos aun más razonables, más libres, más industriosos, más felices, en la misma progresión que sus preocupaciones políticas se van disminuyendo".

   58. "No nos opongamos, pues, a los que nos quieren desengañar de nuestros errores; demos pábulo a los que trabajan en instruirnos, dejemos a sus plumas libertad, levantemos momentos literarios que depongan que hemos hecho más que gravitar sobre la tierra; no fomentemos la censura de la ignorancia, no protejamos los furores de la envidia, no temamos abrir los ojos para ver la luz, y mucho menos permitamos el que la ignorancia confunda la sabiduría". (Espíritu de los mejores diarios, 173, hasta la página 14).

   59. Santo Tomás, cuya Summa, justamente considerada como el tesoro de la sana moral, anda en manos de la juventud que sigue por la Iglesia, en las de todo el clero secular y regular y de infinitos otros. Santo Tomás es quien trae uno de los principios más notables del papel, no sé si me engaño, pero el texto me parece terminante. Propone el santo la cuestión de si la ley antigua obró bien en el establecimiento de los reyes, y decidiéndose por la afirmativa, pone primero las objeciones en contrario, según su método imparcial y modesto. La 2a objeción en esta cuestión, que es la del artículo 1° quest. los. prima secunde, se reduce a probar que la ley debió dar rey al pueblo y no dejar su elección a su arbitrio, como se lo permite, por aquello del Deuteronomio: Cuando digas: yo pondré un rey, lo pondrás, etc. A este argumento, fundado, a mi entender, en la naturaleza de la teocracia, responde el santo: "Que Dios no dio rey desde el principio a su pueblo, porque aunque el gobierno monárquico es el mejor, mientras no degenera, con todo eso está expuesto a caer fácilmente en tiranía, a no ser el que se elija de una virtud perfecta; pero como ésta se encuentra en pocos, no quiso Dios al principio dar a su pueblo sino un juez o gobernador, hasta que a petición del mismo pueblo le concedió, como indignado (cuasi indignatus), que estableciera su rey bajo las condiciones que trae el santo".

   60. He compendiado su respuesta para alegar el pasaje en donde habla más de positivo. Es la prueba de su conclusión citada, y dice así: "Respondo que debe decirse que para el buen establecimiento (ordinationen) de los principios en alguna ciudad o nación, han de atenderse dos cosas: la una, que todos tengan parte en la soberanía (principatu), porque así se conserva la paz del pueblo, y todos aman y observan tal establecimiento, como se dice en el 2° de los políticos. La otra cosa es lo que se entiende, según la especie de gobierno o establecimiento de la soberanía, porque siendo diversas sus especies, como dice el filósofo en el tercero de los políticos, hay una principalmente que, según su virtud, manda uno; y la aristocracia, esto es, el poder de los buenos, en que unos pocos mandan, según su virtud. De aquí es que el mejor establecimiento de los príncipes es en alguna ciudad o reino, en que según su virtud, se pone uno que presida a tantos, ya porque entre todos pueden elegirse, ya porque también son elegidos por todos, porque la tal es una excelente política o policía bien mezclada de monarquía (exregno); en cuanto uno prende de aristocracia, en cuanto mandan muchos según su virtud; y democracia, esto es, el poder del pueblo, pertenece al pueblo, la elección de los príncipes, y esto se establece según la ley divina".

   61. "Ordenar alguna cosa por el bien común, es propio de toda la muchedumbre o de alguna que haga sus veces, y por tanto hacer una ley, o pertenece a toda la muchedumbre o a la persona pública que tiene el cuidado de toda ella"; (Id. cuestión 90, artículo 4°, Prima secunde.

   62. Después en la cuestión 97, artículo 3°, tratando el santo de la abolición de la ley, por la costumbre, se opone al argumento de que siendo privativo de las personas públicas el establecimiento de las leyes, no parece pueden abolirse por los actos de los particulares, y responde así: "Debe decirse a lo tercero, que la multitud, donde se introduce la costumbre, puede ser de dos condiciones: si es un pueblo libre que pueda darse leyes, más vale el conocimiento general para observar alguna cosa que se manifiesta por la costumbre, que la autoridad del príncipe que no tiene potestad de hacer ley, sino en cuanto representa la persona de la muchedumbre".

   63. El compendio de vuestras leyes de Partida ya citado, extractando la ley 1a título 1°, dice: la dignidad o el imperio. "El que logra ésta es el rey y emperador. A éste le compete, según el derecho y consentimiento del pueblo, el gobierno del imperio". Tomo 3°, página 1a, en la cuestión 95, artículo 4°, Prima secunde. Después de hablar Santo Tomás de las diversas formas de gobierno, concluye: Hay cierto gobierno compuesto de éstos, que es el mejor; con cuya ocasión nota su comentador, el cardenal Cayetano, que el santo prefiere entre los gobiernos sencillos el monárquico, pero hablando absolutamente el mixto.

   64. Me parece que este santo padre no entra en el número de los que cita el ministerio fiscal, pues no sólo no se opone a las máximas del papel, sino que las suyas son más decisivas, más claras, mucho más fuertes, y llevan a su frente la autoridad de tan respetable doctor. No sólo se hallan en el santo algunos de los derechos más notables del papel, sino otros que no hay en él; como aquello de que un gobierno mixto de los otros es el mejor. Aquello de que el gobierno monárquico, a no ser perfectamente virtuoso el soberano, degenera en tiranía. Proposición que si hubiera estado en el papel, tendría Carrasco alguna razón para equivocarse, pero no está allí sino en Santo Tomás.

   65. Estos son los pocos rasgos que, para no molestar la atención del tribunal, y por dar alguna prueba de mi proposición, he tenido a bien copiar. Vuestra alteza conocerá en ellos los mismos principios, aunque con la notable diferencia de estar tratados, no en confusos y concisos preceptos, sino en discursos y tratados que explican los puntos que los quieren probar y persuadir. Conocerá igualmente que estando tratados en los diarios de la nación, en los publicistas, que enseñan a la juventud en nuestras aulas, en los autores españoles y extranjeros, que corren en la monarquía, y que los puede leer cualquiera que guste, no puede juzgar el papel de Los derechos del hombre como pernicioso. Porque, ¿cómo había de juzgar que era pernicioso este papel, cuando por lo que llevo referido se ve que contiene los mismos principios que corren en los autores de la nación, que habiéndose examinado por el consejo nos los ha creído perniciosos? ¿Cuándo, conforme a lo dispuesto en vuestra ley de Indias, el sólo hecho de haber recibido el libro de donde lo saqué, sin ninguna reserva, me obligaba a creer que todo era correcto? El papel no contiene proposiciones nuevas. El no trae reflexiones que quieran persuadir a los ciudadanos de todas las naciones a que sigan su contenido. El, aun para la misma Francia, restringe los más puntos a las determinaciones de las leyes. Y él, finalmente, por la moderación de sus palabras, por lo conciso de sus pensamientos y por las limitaciones que hace en los demás puntos a las determinaciones de las leyes, no sólo es igual a los que corren en la nación, sino que es menos malo que otros que corren en ella, como lo haré ver en el punto siguiente.

   66. 3° Comparado con los papeles públicos de la nación y con los libros permitidos, no debe ser su publicación un delito.

   67. Antes de entrar a tratar este punto, capto la venia al tribunal y protesto, que sólo mi defensa a la criminalidad con que me acusa el ministerio fiscal, me hace tratar esta materia con toda la extensión que creo necesaria para vindicarme, sin que se entienda que ningún pasaje indecoroso a la nación española, al tribunal, a las leyes, lo pongo con otro fin que el de presentar al tribunal los rasgos que hagan al intento de mi proposición, sin contentarme con sólo las citas que traerían a mi honor el gravísimo inconveniente de que pareciese en los autos la acusación fiscal, no pareciesen las pruebas que hacen mi defensa, y que sería quizá difícil las registraran todos los que pueden ver tan sangrienta acusación. En esta inteligencia comienzo a tratar este punto con los ejemplos siguientes:

   68. "La naturaleza no nos destinó a coger a mano armada nueces moscadas en el océano oriental, ni vainillas en el sur de la América; pero ya que el arte, ayudado de los vientos, nos ha hecho dueños de estos preciosos alimentos del epicureísmo, los primeros que llegaron a las regiones que los producen, los primeros usurpadores, que después de haberlas azotado con sus asesinatos, plantaron en ellas sus estandartes, debieron conservar la posesión. Sin otro título para con sus habitantes, fuera del de la intrepidez o del valor, lo tenían muy justo, para con los demás conquistadores. Un asesino no hubiera creído tener razón alguna para atacar a Cartuche cargado de los despojos de los pasajeros, haciéndole un discurso sobre la iniquidad de sus acciones. Habiéndose cuatro o cinco naciones marítimas de Europa asegurado una muy decente porción de los primeros descubrimientos de los navegantes, y teniendo, a proporción de su actividad, de su antigüedad y de su audacia, toda las colonias que bastan para un florido comercio, era al mismo tiempo inútil e imprudente hacer de estos establecimientos pacíficos otros tantos teatros de envidia, de usurpación y de estragos... Sus armamentos, su profusión de gastos, sus victorias y los mismos tratados, frutos de esta victoria, no han hecho otra cosa que retardar una revolución preparada por la naturaleza de las cosas, que la política y la violencia pueden detener sin destruirla... Esto de perseguir la Europa a sus colonias, a fuerza de gastos y de prohibiciones, no podrá resistir mucho tiempo al impulso de la necesidad y de la fortuna. Obligar a dos mil leguas de distancia a un número prodigioso de habitadores a que no dispongan de los frutos de sus trabajos sino a favor de los traficantes de tal grado de latitud, sujetarles a no recibir sino de estos traficantes todos los géneros de necesidades o de lujo, es un despotismo mercantil, cuyo oprobio debería avergonzar a unas naciones civilizadas. Fundar imperios y establecer la prosperidad del comercio, es propio de una nación que no conoce el despotismo; pero el consumirse en armamentos, en escuadras, en establecimientos, y hacer códigos para mantenerlos, es el proyecto más incomprensible de la ambición. Tan contrario es esto a la naturaleza como a la razón, y sus cimientos caerán bajo de la una, si la otra no se ilumina suficientemente para romperlos.

   69. "Es absurdo imaginar que en Méjico y el Perú comprarán mucho tiempo de verdaderos revendedores los productos, por cuyo medio alimenta su ocio y su pereza el resto de la Europa. Preguntamos a los españoles si las minas de América les han facilitado la prosperidad de aquellos tiempos en que sólo conocían las de su país, si ellos y su monarca se han enriquecido, habiendo hecho bajar de precio los jornales de los operarios que les fabrican sus vestidos, sus calzados, etc. Con los esclavos criollos que sacan el oro del Perú y recogen la cochinilla". (Espíritu de los mejores diarios, número 169, página 932 hasta 938).

   70. En el Mercurio Peruano, de 6 de enero de 93, se encuentran las siguientes palabras: "El señor conde Juan Reinaldo Carli, derramó nueva luz sobre nuestra historia para hacer la apología de los americanos". También el abate Molina, en el prólogo de su Historia natural y civil de Chile, habla de Carli con expresiones encarecidas, y manifiesta hacer mucho aprecio de sus cartas americanas.

   71. "Por lo que hace a las cartas americanas, se advierte en el tomo 1°, que es puramente histórico, un gran número de conocimientos que hacen mucho honor al señor conde Carli, y le aseguran en la república de las letras un lugar tan distinguido como el que ocupa en la sociedad". Año literario, Diario de los sabios, Diario de física, Espíritu de los mejores diarios, número 183, página 112.

   72. Léase ahora un rasgo del tan célebre señor conde que anda en manos de todos: "Pizarro, como inspirado por el demonio de Cortés, medita al instante el golpe pérfido que quiso dar. Hizo ocultar sus caballerías, asentar sus cañones y aprontar sus soldados. Luego que estuvo el emperador en la plaza, preguntó por el capitán español y prohibió hacer ningún mal a los extranjeros, porque eran enviados de parte de Dios. Entonces se presenta un fraile dominicano nombrado Vicente Valverde. Este, entusiasta feroz, poseído del más ciego fanatismo, como todos los de su ropa, comienza a predicar el evangelio en verdadera sibila a esas gentes que nada entendían de sus discursos absurdos. El presenta un Breviario a Atahualpa, que en su vida había oído hablar de semejante derecho, y que a más de esto no lo comprendía; toma el Breviario y lo bota por tierra, con razón, aunque para su desgracia, el fraile furioso grita al instante: 'Pareced, cristianos, matad estos perros que pisan el evangelio'. Al ladrido de este fanático atroz, los malvados cristianos que él llama cargan con sus arcabuces, truenan, fulminan con su artillería. Este fracaso no acostumbrado, estas hostilidades inesperadas de la parte de esos pérfidos, con quienes no había tenido sino discursos de paz, derraman el terror en esta nación india. Ella toma la huida, abandona su príncipe, que es hecho prisionero y que no podrá, ni aun con su suplicio, saciar la rabia de esos lobos hambrientos. Fraile infame, vil insecto, que como tus semejantes no te arrastras sobre la tierra, sino para devorar el más bello fruto y aniquilar la especie humana. ¡He aquí tu obra! El Perú va a humear en sangre de todos sus habitantes. La carnicería que los bárbaros españoles cometieron este día, es increíble. ¿Y callaremos, cuando es preciso descubrir los horrores, las atrocidades de estos malvados, que se han honrado con el título de conquistadores, bajo los auspicios de un demonio fraile, que sin duda habían vomitado los infiernos? El dios de esta tropa de bestias feroces, era el oro, el oro solo; Atahualpa les ofrece más de lo que ellos se hubieran atrevido a desear, en vasos, en barras, en láminas, cuales eran aquellas que adornaban los muros de los templos y los sepulcros. Desde que esos bárbaros supieron en dónde estaba este oro, fueron a pillarlo, a robarlo, y para poner el sello a su buena fe, mataron al emperador que habían prendido y pretendían cristianizar; pero ésta era sin duda, de su parte, una obra de caridad. Le envían al reino de los cielos, mientras ellos circunscriben toda su eternidad a pillar los reinos de la tierra" (Carli 1°, carta 6a, página 78).

   73. "La humanidad debía haber llorado las funestas consecuencias de dicha conquista, hasta la época precisa, hasta el tiempo para siempre memorable, en que la América llegase a ser el santuario de la razón, de la libertad y tolerancia. ¡Oh patria de los Franklin, de los Washington, de Hancock y de los Adams! ¿Quién es el que desea que no hubiera existido ni para ellos ni para nosotros? No hay francés alguno que no deba bendecir aquel país, en que se manifestaron los primeros auspicios del reinado más feliz, y en que se vio crecer el primer laurel que ciñó las respetables sienes de su amo en una edad tan tierna.

   74. "El mérito de este discurso [son las palabras del diarista] hace desear con ansia el nombre de su autor, quien no tiene motivo alguno de ocultarse" (Espíritu de los mejores diarios, número 48, hasta la página 53).

   75. "Cada vez que me pongo a reflexionar sobre la extraña revolución que causó en el mundo antiguo el descubrimiento y conquista del nuevo. Cada vez que considero la alteración extraordinaria que desde aquella época se nota en el poder, en la riqueza, y fuerza de las naciones de Europa y aun de Africa y de Asia. Cada vez que considero que nuestra monarquía, al tiempo del descubrimiento de América, mantenía poderosísimos ejércitos en la península, en Italia, en Flandes, Alemania y aun en el Africa, que se resentían los mares, conmovidos del enorme peso de nuestras armas navales, que el nombre español era, si no temido, respetado en todas partes... Y que toda su grandeza, todo su esplendor, todo su poder, fue decayendo hasta el miserable estado en que se vio el siglo pasado, hecho el juguete y el desprecio de las demás naciones...

   76. "Sí, señores, yo sostengo que para restaurar la monarquía española su antiguo poder, lustre y esplendor, conviene que permita el establecimiento de todas las fábricas que sean susceptibles a las colonias de América; y añado más: que permitida y fomentada la industria y la agricultura en nuestras colonias, la monarquía española será el más poderoso y opulento imperio que han conocido los siglos...

   77. "Pero, ¿quién podrá contar, dirán ustedes, con la seguridad de que, enriquecidas nuestras colonias y aumentada grandemente su población con el establecimiento de fábricas, no quieran erigirse en estados independientes y soberanos, a ejemplo de sus vecinas las del norte? Y si tal pensasen e intentasen ¿quién será bastante a impedírselo? Esta 2aobjeción, cuya sola consideración infunde el espanto en nuestros ánimos y que se mira como indisoluble por algunos políticos, creo yo haber dado lugar al sistema que hemos seguido en el gobierno de nuestras colonias; pero ella es más fantasma política si bien se mira, que una dificultad insuperable. ¿Por qué las colonias han de estar gobernadas según las reglas de equidad, de justicia y de razón, según aquellas reglas que han unido a los hombres en sociedad, para su propia conservación, seguridad y bienestar, o al contrario, se quieren gobernar por principios y reglamentos opuestos a sus intereses? En el primer caso nada hay que temer; jamás pueblo sacudió el yugo de la autoridad soberana, cuando ésta no haya faltado a las reglas de equidad, de justicia, de igualdad y de razón. En el 2°, siempre que esperó el pueblo un momento favorable para romper las cadenas de la opresión. Los hombres viven en política sociedad por sus propios intereses. Desde que faltó éste no están seguros los lazos que las unen. El hombre a quien la unión con otro no le priva de su propiedad, de su libertad y de su seguridad, antes bien, la afianzan más estos sagrados y primitivos derechos, debe por necesidad estar contento con ella, y deseará mantenerla en cualquier distancia; pero si esta unión le priva de alguno de ellos, no puede durar ni en la mayor inmediación".

   78. "Luego discurre el autor español sobre que los ingleses perdieron sus colonias de América, por falta de igualdad y de justicia que observaba la metrópoli. Que la Irlanda hubiera seguido el mismo ejemplo, si la Gran Bretaña no hubiera cedido en sus designios de desigualdad. Que Roma no perdió a España por sus riquezas y distancias, sino por las tiranías y opresiones de sus presidentes y procónsules; y concluye con decir: que las colonias americanas de España conservarán su sociedad con la metrópoli, siempre que gocen de un gobierno que, conservando la propiedad, la libertad y la seguridad que se les debe, los iguale con los ciudadanos de la ilustre patria. Pero si se sigue con ellos el sistema contrario, el ejemplo y la proximidad de los nuevos republicanos, las estimularán a desear y abrazarán otro gobierno que más les convenga". (Espíritu de los mejores diarios, número 172, hasta la página 997).

   79. "Ahora le hablaré a vuestra majestad sin profundizar la materia sobre las alcabalas. En este supuesto suplico a vuestra majestad no dé entrada en su principado a un tributo tan horrible y bárbaro, como el tiempo en que tuvo origen, y contra el que han declamado con vehemencia -los Ustariz, Ulloas, Arsequibares y otros políticos muy apreciables". (Espíritu de los mejores diarios, número 158, página 622).

   80. "Sea cual fuere la influencia que tendrá un día el destino de la América sobre las demás naciones del globo, y en particular sobre la Europa, aún están muy remotas las catástrofes que de ello resultarán, y nosotros no tenemos qué temer. ¿Pero estamos libres de los desastres que ocasiona la legislación? No. ... tengamos el valor de no disimularlo; estamos muy lejos, no sólo de su perfección, que aún no divisamos sus crepúsculos, luego tenemos derecho de decir que no existe en Europa.

   81. "No hay nación alguna, si exceptuamos a la inglesa y danesa, que tenga la menor idea de la administración de la ciencia, que fija los derechos de los pueblos y el poder de los soberanos. Esta que todo lo concede a sus reyes y aquélla que les disputa hasta las cosas más mínimas, saben a lo mismo lo que es en ellos la corona, ¿qué consideraciones merece el que las lleva? ¿Pero hay cosa más vaga e incierta en las demás naciones?

   82. "Los soberanos, entre pérdidas y usurpaciones, siempre tienen derecho que pretender o que invadir, viven con súbditos, como con sus enemigos, y lo peor es que éstos no pueden reclamar cosa alguna. Consideran el establecimiento de una imposición como un despojo y la destrucción de un privilegio como un trofeo, formando esto una especie de guerra intestina que sofoca en ambas partes la confianza; y el amor, de lo que resultan mil abusos.

   83. "Si en la materia criminal se han atrevido algunos a revocar la jurisprudencia, ha sido para hacerla a un tiempo tan atroz como criminal; lo cierto es que la tortura, invención del despotismo republicano, se abolió poco ha por dos mujeres en dos dominios vastos del hemisferio republicano, mas con todo eso no deja de hallar apologistas en algunos y observadores en otros; y a pesar de los escritos luminosos que se han publicado sobre este punto y sobre otras materias del proceso criminal, sin embargo conserva, aun cuasi en todas partes, una imperfección escandalosa y bárbara.

   84. "Es indubitable que la tortura es la prueba de la paciencia, pero no de la verdad ni de la mentira... No me admira que hayan empleado semejante barbarie los Calígulas, los Tiberios, en una palabra, todos aquellos tiranos y déspotas formados con entrañas y uñas de tigre; pero me admiro mucho de que esté consagrada por las leyes de algunos príncipes muy humanos... El deseo de indagar la verdad hizo creer a algunos legisladores poco reflexivos, que la tortura que se emplea en Roma para el sostenimiento de la tiranía, sería favorable para el fin que se proponían". (Espíritu de los mejores diarios, número 28, página 94; número 160, página 197).

   85. "¡Qué acogida dio Trajano al mérito! En su reinado era permitido hablar y escribir con libertad, porque los escritores, creídos del esplendor de sus virtudes, no podían dejar de ser panegiristas. ¡Qué diferentes fueron Nerón y Domiciano! Estos tapando la boca a la verdad, impusieron silencio a los ingenios sabios, para que no transmitiesen a la posteridad la ignominia y horror de sus delitos". (Capmany, Filosofía de la elocuencia, página 230).

   86. "Asegurado por sus juramentos y por los medios que convienen empleen los príncipes para evitar los alborotos y sediciones, me dirigiría a los obispos y sacerdotes y les diría: 'A vosotros os toca hacer lo que falta. Los príncipes de la tierra han convenido en no usurpar los derechos sobre las conciencias. Tienen su religión: unos son católicos, otros protestantes, pero todos han dicho a sus vasallos: sed buenos ciudadanos, buenos franceses, buenos ingleses, buenos prusianos, pagadnos el tributo que nos toca, reconoced los derechos del cetro, fuera disturbios, fuera rebelión del Estado, y seguid la religión que os parezca; servir a Dios, con el corazón sincero, y gozad todos de una misma libertad'". (Espíritu de los mejores diarios, número... página...).

   87. Estos rasgos son demasiado libres y aun impíos, heréticos positivamente, pues nadie puede servir a Dios con un corazón sincero, siguiendo la religión que le parezca.

   88. "Si el que las Indias produzcan escasamente consistiera en la benignidad del trato que se da a los naturales, no queriendo cargarlos demasiado de tributos, sería cosa tolerable; pero bien al contrario, la suerte de aquellos infelices es la miseria y la opresión, sin que ceda en beneficio del soberano, y bajo los reyes más piadosos del mundo y de las leyes más humanas de la tierra, están padeciendo los efectos de la más dura tiranía".

   89. "Sin salir de la América, sabemos que el Méjico y el Perú eran dos grandes imperios en manos de sus naturales, en medio de la barbarie; y bajo una nación discreta y política, están incultas, despobladas y casi totalmente aniquiladas unas provincias que pudieran ser las más ricas del mundo. Pues ¿en qué consiste esta enorme contradicción? Consiste, sin duda, en que nuestro sistema de gobierno está totalmente viciado, y en tal grado, que ni la civilidad, celo y aplicación de algunos ministros, ni el desvelo ni toda la autoridad de los reyes, han podido en todo este siglo remediar el daño y desorden del antecedente, ni se remediará jamás, hasta que se funde el gobierno de aquellos dominios en máximas diferentes de las que se han seguido hasta aquí". (War., Proyecto económico).

   90. Pero ¿a dónde voy? ¿Para qué me detengo en citar ejemplos, aunque de autores españoles, si tengo en esta ciudad, en el mismo tribunal, en vuestros ministros, en uno de vuestros fiscales mismos que han firmado mi acusación, uno de que no se puede comparar con el papel acusado? Imploro aquí toda la atención imparcial del tribunal.

   91. En el Espíritu de los mejores diarios, que se publica en Madrid, número 140, página 243, se encuentra el discurso siguiente:

   "Discurso sobre los medios de promover mayor número de matrimonios, P. D. M. M. de B. y B.

   92. "Ilustrísimo señor: El asunto que yo me propongo examinar es el de todos los hombres. No lo tienen más interesante o necesario en la sociedad, fuera de la cual no pueden vivir, y poner en duda su utilidad, parece, al primer golpe de vista, sería el equivalente de no atreverse a resolver 'que dos veces cuatro son ocho'. En una palabra, voy a responder: ¿Cuáles son los medios de promover mayor número de matrimonios? que es la pregunta que vuestra señoría hace a nuestro plan de ejercicios el día 13 de mayo. Ella es la causa de la humanidad que da voces reclamando sus justos derechos. En los libros de tantos grandes políticos, que han movido, para decirlo así, todos los resortes y contrarresortes que puedan facilitar una numerosa población. Pero como la buena filosofía no ilustra sino insensiblemente a los hombres, no tiene igual acogida en todos los pueblos, casi nada o muy poco se le han concedido de sus sagrados derechos, si exceptuamos tres o cuatro pequeñas partes de este infeliz globo que habitamos, ofrece toda su inmensa extensión otra cosa que copierales [sic] desiertos y una general despoblación? Yo encuentro después de este examen, que solas dos son las causas que disminuyen considerablemente los habitantes de esta parte del globo, si exceptuamos de ella a uno u otro pequeño rincón más poblado. Voy a decirlo: La dureza de gobierno que experimentan casi todos sus reinos, y el numeroso celibato, nada necesario, que domina en ellos.

   93. "Estas causas perseguidoras de nuestra propagación son y serán siempre obstáculos los más poderosos para que no haya hombres. De ellas son hijas todas las demás, cuya infeliz reunión trae necesariamente la esterilidad de la especie.

   94. "Consideremos si no la primera bajo el negro aspecto que presenta a los infelices vasallos que viven en él, y encontraremos el origen, el principio de tantas miserias, como todas a una quieren hacerlos parecer. ¡Miserable condición de los hombres! La administración de la causa pública, que debía mostrar toda su influencia en allanar el camino por el cual los hombres corriesen a su felicidad, el gobierno de los que nos dirigen reducido a sostener y velar incesantemente sobre esta gran máquina cuyo movimiento se debilita a cada instante, el régimen de nuestros administradores, cuyo fin no ha de ser otro que procurar la misma felicidad al último de sus vasallos, proporcionándola a su estado, a su mérito, a sus talentos, al ciudadano más distinguido y aun al mismo soberano, la administración, digo, separándose de tan saludables principios, es casi en todas las naciones la causa de su miseria, la destructora de los hombres y la fuente más fecunda de obstáculos para que se reproduzcan. De donde verse tantas veces quebrantada aquella firmísima máxima de toda buena sociedad, que nadie siente en ella gravamen mayor que la utilidad que percibe".

   95. Discurre luego el respetable autor de este discurso sobre su proposición, y en división de sus dos puntos comienza el primero sobre la dureza de gobierno de Europa, de este modo: "Sería mucha debilidad llegar a persuadirse que sea un delito manifestar los defectos de los gobiernos. Esto sólo cabe allá en el despotismo oriental, donde tan afrentosamente se trata a la humanidad, diga lo que quiera el célebre Linguet, y donde una política ignorante y misteriosa dirige todas las miras de aquellas sociedades monstruosas. Es virtud muy laudable y justa obligación de todo buen ciudadano, acelerar el tiempo de la corrección. Quien sienta lo contrario, ultraja a las claras la moderación de los príncipes y entrega impunemente a la verdad a una miserable adulación. Lejos de mí estos sentimientos vergozosos a la patria, que habiendo de descubrir los obstáculos a la población necesaria de Europa, me hiciera callar los más fuertes causados por una mala administración.

   96. "Con efecto, si el gran secreto de la población, como he dicho, consiste en hacer felices a los vasallos, ¿a quién podremos acusar de disminuir a nuestros semejantes sino a un gobierno vicioso?". Habla luego de todos los gobiernos de Europa y acaba así: "...Consideremos los efectos unidos a estas administraciones de hierro, que traen la ruina de la especie, para a los impuestos. Ni los hombres pueden vivir sin sociedad, ni ésta subsistir sin hombres que la sostengan y dirijan. Así fue necesario un cuerpo que se llama el de la nación, para gobernarla en lo interior y defenderla en lo exterior. Este cuerpo, que para decirlo de una vez, en todas las partes es la autoridad pública... Ningún individuo de la sociedad está obligado a contribuir más que según el benefìcio que de ella recibe y con respecto a sus fuerzas. Estos son los primeros principios, los dogmas más sagrados de toda buena sociedad, y para saber cuánta es su extensión, registremos el pacto social, observemos al hombre y al Estado con relación de uno a otro, y los servicios recíprocos que se hacen.

   97. "El Estado protege al padre que le da un hijo, un ciudadano, a la madre que lo alimenta y le facilita la educación que necesita. Los defiende de toda invasión enemiga y los libra de la opresión que unos a otros podrán causarse en su misma casa. Ved, dice el Estado, los beneficios de que yo lleno al ciudadano, desde la cuna hasta su muerte. Pero, ¿a cuánta costa compra estas comodidades el infeliz vasallo? Díganlo los clamores de los pueblos, las miserias de las provincias, la violencia de exigirse este precio, y más que todo, tanta multitud de contribuciones, tasas, capitaciones, tributos sobre los fondos, sus productos, sobre los géneros, las manufacturas, los brazos, tributos cuando se conducen peajes; yo no acabaría, en fin, si quisiera decir todo el valor de una infeliz subsistencia. Mi dinero, puede responder el ciudadano, mis trabajos, mi sangre, son el precio a que me vende su protección el Estado. Yo pago al hombre que me custodia, al hombre que me juzga; pago al Estado por el pan que me alimenta, por el vestido que me cubre, por el aire que respiro y por la luz que me alumbra; pago todo y en todas partes no vivo ni un solo día que no esté señalado por un tributo. Desde el momento que vine al mundo hasta el día en que me vea expirar, no hay ni un solo instante, un solo lugar, donde yo no pague mi salario al Estado para que me proteja. Niño, adulto, hombre viejo, en todas edades pago. ¡Ah! ¡si a cada hora examinara sus cuentas el vasallo con el Estado, cuán alcanzado resultaría éste!

   98. "Estas verdades, que ojalá no lo fueran, espantan más, horrorizan más, reflexionando el modo violento de exigirse semejantes derechos. Casi es lo menos que el pobre vasallo se prive de lo necesario a su precisa subsistencia para satisfacer tanta cargas. A sus mismos hijos, tiernos servidores del Estado, les quita el pan de la boca no pocas veces, para pagar a un comisionado y receptor del fìsco, que con la autoridad del gobierno parece va anunciando la desolación de los pueblos. No hay año estéril, necesidad, ni miseria la más grande, que lo excepcionen contra la ley de pagar. El fìsco ha de ser satisfecho, sea como quiera. Cuando más se le concede una corta espera de algunos días o meses. En este tiempo el infeliz redobla su trabajo y fatiga, acorta más y más el escaso alimento de su familia, y no bastando esto, precisado de la necesidad, vende hasta los viles muebles de su pobre choza, hasta aquel pobre vestido destinado para presentarse de tiempo en tiempo a la mesa de Jesucristo, hasta aquel pobre lecho donde su consorte, su amada compañera, en los trabajos pocos días antes, había dado uno o muchos ciudadanos al Estado que acaso algún día lo han de hacer feliz y han de ser sus mejores padres; a este precio se compran a la sociedad sus beneficios en casi todas las naciones europeas. No son estas ideas propias sólo de una república imaginaria de Platón.

   99. "Ahora pregunto yo a las naciones de Europa, a todos los príncipes que las gobiernan, si sus vasallos satisfacen tantos excesivos impuestos a costa de su propia subsistencia, sin la cual es imposible la población, ¿cómo quieren aumentar el mayor número de matrimonios para conseguirla? Convencidos que ella es la vara de su poder, buscan el fomentarlos y multiplican para ellos reglamentos, creyendo que con las leyes se multiplica la especie. Hacen de ello un artículo de fe, religioso y civil a sus vasallos, como si esto pudiera hacer que se reproduzcan en una numerosa posteridad. Pero ¿de qué sirven estas leyes, si echamos [de] menos los medios de subsistir? ¿Semejante sistema de población es absurdo, erróneo e infructuoso? ¿Estoy yo obligado a poblar un Estado donde vivo con tanta infelicidad? Poblar un gobierno de hierro, es hacer criminal a mi posteridad; esto sería cargar yo mismo a mis hijos de pesadas cadenas. Yo, que siendo padre, debo más a mi descendencia que al gobierno, donde una casualidad me hizo nacer, si tengo certeza que mis hijos serán, como yo, agobiados de impuestos y miserias, obligados como yo a regar con lágrimas el pan de dolor para alimentarse, ¿no sería yo un monstruo el más bárbaro en exponerlos dándoles el ser? Más vale no sacarlos de la nada, donde nada sienten, que reducirlos naciendo a la nada, donde no tendrán otra cosa que miseria y opresión. No, de ninguna manera puedo yo ser padre".

   100. Así piensa el autor de este discurso. Vuestra alteza conocerá si esta es la pintura de los suaves gobiernos de Europa, conocerá los principios sobre que está fundada su despoblación y verá los remedios para este daño, si gusta de traer a la vista el original; y si éste hubiera sido parto de Nariño, original o traducido, como lo es de tan respetable autor; si su imprenta hubiera sudado semejante tarea, ¿qué nombre se le daría a este discurso? ¿Qué hubiera pedido el ministerio fiscal contra su autor? Yo dejo a la imparcialidad y justicia de vuestra alteza el que lo considere.

   101. He presentado a la consideración del tribunal rasgos de escritores nacionales y de los más bien admitidos extranjeros, para que se juzgue por comparación, quién merece mejor los epítetos que prodiga el ministerio fiscal al papel de Los derechos del hombre, un papel que nada contiene, que ya no esté impreso y publicado en esta corte, donde se han impreso y publicado otros infinitamente peores, y todos corren libremente por el espacio inmenso de la monarquía. Vuestra alteza se dignará comparar, juzgar y decidir si a vista de los papeles que corren en la nación, será un delito la publicación de Los derechos del hombre. Y si yo, por haberlo sólo querido publicar, habré merecido la dilatada prisión que ha cerca de once meses que estoy padeciendo, y los infinitos daños que he sufrido en mis intereses, en mi familia, mi salud, mi honor, cuando los autores y redactores de semejantes se hallan libres de tantas calamidades como a mí me afligen y quizá con aceptación y fortuna por haberlos publicado.

   102. Uno es el piadoso monarca que a todos nos gobierna; unos mismos somos todos sus vasallos, unas son sus justas leyes; ellas no distinguen para el premio ni el castigo a los que nacen a los cuatro grados y medio de latitud, a los que nacen en los 40; abrazan toda la extensión de la monarquía; y su influencia benéfica debe comprender igualmente a toda la nación; pero, hay más: no sólo corren los mismos principios en los libros y papeles de la monarquía, no sólo corren otros infinitamente peores, sino que el mismo papel en sí mismo, sólo puede ser comparable o semejante a los citados, en cuanto no se le da una sana inteligencia, como lo haré ver en el punto siguiente:

   103. 4° El papel sólo se puede mirar como perjudicial, en cuanto no se le dé un sano sentido; pero examinando a la luz de la sana razón, no merece los epítetos que le da el ministerio fiscal.

   104. Yo no sé cómo vuestros sabios y respetables fiscales han podido juzgar este papel como anticatólico, subversivo del orden público y opuesto a la obediencia debida a los soberanos, a no ser que sólo se contraiga este concepto al supuesto de que el papel contenga las expresiones que Carrasco le atribuye maliciosa y descaradamente; pues no conteniendo, como no contiene, semejantes disparates, sólo debieron haber visto en él unos principios del derecho natural primitivo y unos principios de derecho natural, modificado por el derecho positivo. Yo quiero suponer por un momento que la sola lectura de este papel fuera bastante para que se siguieran sus principios; aún en este caso, si se le diera una sana inteligencia, no sería perjudicial, porque en nada se opone a nuestras leyes. El papel asienta un derecho de primitivo natural, y luego lo modifica, contrayéndolo a las determinaciones de las leyes, que es decir en general, al derecho positivo y particular, al derecho civil de la nación. Es lo mismo que decir: que el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que le determinan las leyes; que todo hombre puede, tal o cual cosa, si no se opone a las leyes. Esta modificación de los principios naturales son nuestras leyes, como todo derecho positivo. Una mirada reflexiva e imparcial que se eche sobre el papel, manifiesta y persuade la verdad de mi proposición; nada más sencillo que este modo de ver y examinar las cosas.

   105. Por las palabras, pues, de que toda soberanía reside esencialmente en la nación, y que ningún cuerpo o individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella, yo no he entendido jamás, ni creo que entienda nadie, sino el corrompido corazón de Carrasco, que el pueblo puede quitar y poner reyes a su antojo; si lo que Hinnecio y otros muchos publicistas dicen sobre el asunto; sigamos a Hinnecio.

   106. Comoquiera, pues, que toda ciudad o reino haya un príncipe soberano, como que los ciudadanos han sujetado su voluntad a uno o a muchos, o a todo el pueblo. Es consiguiente: que cualquiera a quien los ciudadanos hayan su voluntad sujetado, y goce de aquel imperio soberano, y por ninguno sino por Dios sea juzgado; y mucho menos castigado por el pueblo con suplicio y otras penas. Es, pues, muy pestilente aquel dogma de los monarchomacos, que el pueblo es superior al rey o al príncipe; que en él reside la verdadera majestad y el príncipe la personal.

   107. Por las expresiones de que a ninguno se le puede inquietar por sus opiniones, aunque sean religiosas, con tal que su manifestación no turbe el orden público establecido por las leyes, no se entiende como quiere Carrasco, que es lícito en punto religioso pensar libremente y manifestar sus pensamientos, y que en esto consiste la libertad. Lo que yo he entendido, lo que todo lector de buena fe me parece que entiende, es aquella tolerancia limitada que no se opone a las leyes, que no es anticatólica ni perjudicial.

   Me explicaré con un ejemplo, por ser la materia delicada. Cuando viene un embajador de Constantinopla a nuestra corte, trae la numerosa familia que es correspondiente a su persona. El y su familia son mahometanos, cismáticos, etc., y como no salgan a dogmatizar, como no turben a los demás miembros de la sociedad con la manifestación de sus opiniones religiosas, el gobierno no los inquieta ni les exige juramento de ser cristianos. Cuando vienen los ingleses y demás extranjeros protestantes a Cádiz, como no inquieten a ninguno con sus opiniones religiosas, el gobierno respeta su silencio y no les exige juramento de ser cristianos. Pero si unos u otros salieran a dogmatizar, si quisieran persuadir a los cristianos católicos algún error, si se excedieran a manifestar sus opiniones religiosas, entonces serían castigados conforme a las leyes. Esta es la tolerancia permitida entre nosotros y cuyos límites no pasa este artículo, aun en el caso de que su lectura fuera bastante para seguirla, pues se restringe en todo a los casos de la ley.

   108. Por estas palabras: que todos los ciudadanos deben dar gracias a la asamblea por haber destruido el despotismo, no se entiende que el poder de los reyes es tiránico, como lo dice Carrasco. Yo no sé con qué lógica pero sí con qué alma, ha sacado Carrasco de este principio una consecuencia tan absurda como execrable. La asamblea ha destruido el despotismo. Luego el poder de los reyes era tirano. Si se entiende, como se debe entender, que bajo estos principios no se puede formar un gobierno despótico, en este aspecto yo no sé cómo puede ser perjudicial. Carrasco deja bien traslucir su verdadera patria y sus ideas, por el sentido que ha dado a este papel. Le ha sucedido lo que a la gente corrompida y disoluta, que en las más serias conversaciones no faltan dichos y palabras a que den un sentido infame para cebar su torpe imaginación. Ninguno conoce la verdad de esta comparación como Carrasco mismo. Este Carrasco, que ha querido confundir las ideas tan opuestas de rey y déspota, conoce toda la verdad de mi comparación. ¿Si le parecerá a este salteador de la inocencia, que por haber unas manos sacrílegas, como las suyas, atentado contra el trono de Francia, con escándalo y horror del universo, es que se dice en el papel que la asamblea ha destruido el despotismo? Yo no dudo que él haya entendido así, ni menos que al tiempo de firmar su declaración contra mí, haya levantado sus ojos torvos y criminales al cielo, al cielo, que no oye los votos del impío, porque oye los del inocente, para que tuviera suceso el vasto y horroroso plan que me parece veo pintado en su imaginación. Porque no hay que pensar a Carrasco tan malo que me haya calumniado sólo por el placer de perderme. Ni tan bueno que lo haya hecho por los fines que aparenta. Este nuevo Caifás creyó necesario mi sacrificio. Me calumnia por necesidad, sus ideas lo exigen así, pero la Providencia, que confunde los caminos de los malos, ha inspirado a vuestra alteza tanta prudencia y tales sentimientos de humanidad y de dulzura, cuales él no se prometió jamás, y han echado por tierra la inmensa mole de sus pensamientos. El siente que vuestra alteza destruya su obra, la obra maestra de la malicia y la iniquidad; pero aún respira, tiene en su dolor un lenitivo; la acusación sangrienta que se ha puesto contra mí, mantiene su esperanza; pero vuestra alteza consumará, a despecho de Carrasco, para satisfacción y alegría del reino, gloria y crédito del tribunal, la grande obra de prudencia y sabiduría que tiene comenzada, y cuyo suceso va a fijar la opinión pública que vuestra alteza no ignora hasta qué extremos se halla dividida. Pero voy tocando puntos que reservo para el gran día de mi causa; cortemos el hilo y concluyamos que habiéndose hecho y publicado el papel de Los derechos del hombre el año 89, y sido sancionado por el cristianísimo rey Luis XVI, es un absurdo pensar que la destrucción del despotismo alude a la destrucción del trono que ni en el presente frenesí de aquella nación desgraciada se puede llamar destruido, mucho menos entonces que estaba floreciente.

   109. He presentado el papel de Los derechos del hombre por cuantos aspectos se puede mirar, considerándolo en sí mismo, comparándolo con los que corren en la nación, suponiéndolo malo, perverso, detestable, y después de todo, después de admitir graciosamente cuantas suposiciones se quieran hacer, el comentario de Carrasco, las reflexiones del ministerio fiscal; después de acriminarlo al infinito, después que hasta los sumos pontífices, los concilios y Saavedras se han explicado contra él, aún no se ve que yo haya cometido delito en imprimirle. Pero en quemarle sí hice un acto de virtud, y di una prueba relevante de mis buenos sentimientos y de mi amor al rey, al gobierno y a la patria.

   110. Yo no sé si es la misma tranquilidad de mi conciencia, la buena conciencia, este muro de bronce, como dice Horacio: Yo no sé si es ella la que me inspira tanta confianza y una satisfacción casi indolente, aun viendo casi que truenan contra mí los sumos pontífices, los concilios, las leyes de toda la tierra y el respetable político Saavedra. Pero ello es que no sólo estoy satisfecho de haber obrado bien, sino que me parece que no puede haber hombre tan inaccesible a la razón, que por sola la exposición sencilla de mi procedimiento no se lo persuada.

   111. Yo tenía una imprenta y mantenía a mi sueldo un impresor. Vino a mis manos un libro y vino de las manos menos sospechosas que se puede imaginar. Fuera de eso se me dio sin reserva. Encontré en él Los derechos del hombre, que yo había leído, esparcido acá y allá en infinitos libros y en los papeles públicos de la nación. El aprecio en que aquí se tiene al Espíritu de los mejores diarios, en donde se encuentran a la letra los mismos pensamientos, me excitó la idea de que no tendría mal expendio un pequeño impreso de Los derechos del hombre trabajado por un gran número de sabios. Esto es hecho: tomo la pluma, traduzco Los derechos del hombre, voíme a la imprenta, y usando de la confianza que para imprimir sin licencia he merecido al gobierno, entrego delante de todos el manuscrito al impresor que lo compuso aquel mismo día, y yo mandé por el papel a un muchacho de la misma imprenta. En estos intermedios me ocurrió el pensamiento de que habiendo muchos literatos en esta capital que compran a cualquier precio un buen papel, como que he visto dar una onza de oro por el prospecto de la Enciclopedia, sacaría más ganancia el impreso suponiéndolo venido de fuera y muy raro. Vuelvo a la imprenta con esta misma idea, y encerrado con el impresor, tiro los ejemplares que me parecieron vendibles, ciento poco más o menos, encargo al impresor el secreto que era regular para dar el papel por venido de España, salgo con unos ejemplares de la imprenta y encuentro al paso comprador para un ejemplar, doy otro a un sujeto, y aquí paró la negociación, porque un amigo me advirtió, que atendidas las delicadas circunstancias del tiempo, este papel podía ser perjudicial. Inmediatamente, sin exigirle los fundamentos de su correción, no obstante estar yo satisfecho de que todo lo que el papel contenía se había impreso ya en Madrid y corre libremente por toda la nación, traté de recoger los dos únicos ejemplares que andaban fuera de mi casa y los otros los quemé al momento.

   112. Examinemos ahora en qué está mi delito. ¿En la impresión sin licencia? No, pues años enteros he estado imprimiendo sin licencia por la confianza que debí al gobierno. ¿En qué el papel es perjudicial, execrable, impío? Tampoco, porque no contiene un solo pensamiento que ya no esté impreso en Madrid y corra en varios libros y en los papeles públicos que lee todo el mundo. No importa, se me dirá, por eso no deja de ser perjudicial. Bueno, respondo. ¿Con que este papel es perjudicial y otros muchos que contienen lo mismo no lo son? Lo son, se me replica, pero eso antes agrava la malicia de éste, es un mal añadido a otro mal, una herida sobre una llaga y por lo mismo más perjudicial. Pero pregunto: ¿son perjudiciales otros papeles, esos libros y corren impunemente? ¿Será por indolencia del ministerio que se han publicado en Madrid y se dejan correr? Ya se ve que no se me responderá. Pero ello es que sus autores, puesto que han escrito los mismos pensamientos de este papel execrable, no pueden menos de haber cometido un delito, y los delitos ajenos no disculpan a nadie. Respondo: que esos escritores no cometieron delito, porque el señor fiscal D. M. M. D. B. y B. fue uno de ellos1. Pero tal vez, diría, no se hallarán en los escritos citados todos los pensamientos del papel. Diga cuál es el que falta, y protesto mostrárselo en lengua castellana.

   113. Después de esto, ¿habrá todavía quien no hallándome delito por el papel, pues ya todos sus principios han corrido impresos, ni por licencia, pues tenía la prudente condescendencia del gobierno, quiera buscarme un delito de intención, un delito metafísico, un delito que no conocen las leyes, ni la razón humana, habrá quien me diga todo eso, está bien, pero la intención fue depravada, depravada? ¿Por qué? ¿De dónde? ¿Cómo? ¿Quién abortó esta lógica original para sacar del corazón del hombre sus más secretas intenciones? ¿Se me dirá que la manifieste por el hecho de haberme encerrado para la impresión del papel? Respondo: que si no hay delito por ser tal papel determinado e impreso sin licencia, el encierro no hace el caso, pues me encierro a leer la sagrada Biblia y esta es una virtud. Pero quiero satisfacer completamente a esta cuestión abstracta y digo: que me encerré, no para cometer un delito, sino porque era consecuente el secreto a mi proyecto, el hacer pasar el papel por venido de España para venderlo mejor. En vista de tantos libros y papeles públicos que solía leer en los momentos de mi reposo, tuve el papel por inocente. Las luces que supone en mí el ministerio fiscal, fueron precisamente las que me hicieron creer que nada malo contenían unos principios tan conformes con los que se han publicado en la corte de la monarquía, a vista de un ministerio ilustrado y celoso. Nada sospeché del papel, y sólo porque a un amigo le pareció perjudicial, contra el testimonio de mi experiencia, a despecho de mis ojos, que veían todos los principios del papel corriendo en tantos libros y papeles públicos, tomo todos los ejemplares, los arrojo al fuego; aquel humo es un incienso para mi corazón, que creía hacer un sacrificio grato a Dios, al rey, a vuestra majestad y al público.

   Yo gustaba de aquel placer inexplicable que siente un hombre cuando obra bien, aunque nadie lo vea, y después de esto, yo soy un criminal, yo he cometido un delito atroz... Mi sangre se enciende, lágrimas de indignación corren ardiendo de mis ojos, rebosa en mi corazón el más profundo sentimiento, todo el dolor de que es capaz el que se horroriza hasta de la sombra del delito, oprime mi alma en este instante... ¿Cuál es mi delito? ¿Haber impreso el papel sin licencia? La confianza del gobierno, su prudente condescendencia de dos años me autoriza a ello. ¿Haber sido un papel de tal naturaleza? Otros habían impreso el mismo sustancialmente y no eran criminales. ¿La diferencia del estilo? Este era más sencillo y, por consiguiente, menos perjudicial. ¿Haber quemado el papel porque a otro le pareció malo? ¿Esta es una acción de honor y de virtud? ¿Haberlo impreso en secreto? Fue por la idea de la ganancia, y el haberlo quemado en el momento que a un amigo le pareció mal, prueba que no hubo intención perversa. ¿El haber confesado que era perjudicial? Yo no he dicho tal cosa, no, no fui yo el que lo dijo, fue la enfermedad, la turbación de mi cabeza fue la que lo dijo. En un estado en que un hombre suele estar muriendo y se le preguntan, cómo está, dice que bueno. En este estado dije que el papel era perjudicial. ¡Santo Dios! ¿En qué está mi delito? Me quiebro la cabeza después de sana, y no lo puedo hallar.

   Yo no sé si era porque la misma inocencia me hace el delito incomprensible, o porque estas razones son fuertes porque persuaden, porque convencen. Pero ello es que yo no puedo creer haya hombre tan preocupado, que al leer esto no quede desengañado de que no tengo delito. Quisiera tener aquí a Benítez, a Umaña, a Arellano, a Manzano y leerles esto y preguntarles si quedan convencidos de que estoy inocente? Cien veces he estado intentando de llamar a Carrasco, al hombre más incapaz de razón y buena fe, para hacerle confesar en fuerza de estas reflexiones, que procedí con las mejores intenciones del mundo a la impresión del papel, y que en quemarlo hice una acción de que él no es capaz, y yo me gloriaré toda mi vida; pero no me he resuelto a hacer esta injuria a la verdad, exponerla a aquellos ojos somnolientos, a los ojos torvos de este aguerrido jugador; la expondré a otros ojos dignos de mirarla: castos, inocentes, llenos de amabilidad y buena fe; a los ojos de vuestra alteza siempre abiertos sobre la virtud y favorables a la inocencia. A los ojos de vuestra alteza, que representando dignamente a un soberano, verdadero padre y verdadero amigo de su pueblo, se ha dignado oírme hasta aquí con agrado, con mansedumbre y con benevolencia; a tales ojos sí presento yo con gusto la verdad, y siento el mayor placer del mundo en presentarla en toda su belleza. Satisfacer a un padre, hacerle conocer que no se la ha ofendido, que todo ha sido unas apariencias engañosas, es mucho gusto para un hijo y para el padre mismo. Vuestra alteza experimenta en este momento esta dulce expresión, que sólo parecía propia de la naturaleza, pero lo es también de los magistrados, que, considerándose padres de los vasallos, como lo es el rey, adoptan todos los sentimientos de tales. Un padre se deja persuadir de la razón, no es un malicioso, un preocupado, un tenaz, tiene gusto en que sus hijos le hagan conocer que no le faltaron, ni son capaces de pensar en ello. Por eso yo, disipadas ya las primeras sombras de mi delito, con más confianza, con más desembarazo y sencillez, voy a acabar de hacer presente a vuestra alteza mi inocencia siguiendo los mismos principios que siente el ministerio fiscal para determinar la cualidad de los delitos.

   114. La cualidad del delito, su mayor o menor gravedad, dicen vuestros fiscales, es con respecto al pacto que viola, ¿y cuál es el pacto que he violado yo en esta impresión? Dos son los modos de conocerlos: o por el daño que ha traído a la sociedad o por el objeto; que el papel no ha traído ningún daño a la sociedad, queda demostrado. Primero, porque estando concebido en forma de preceptos dados por la Asamblea de Francia, aun cuando estuviera lleno de errores, nunca se vería en él otra cosa que los errores de la Asamblea de Francia.

   115. Segundo, porque sus mismos principios están publicados en los escritos de la monarquía. Tercero, porque están publicados otros peores. Cuarto, porque el papel, dándole un sano sentido, no es en sí perjudicial. Agréguese a esto, que consta de los autos, que el papel se quemó a poco tiempo de haberse impreso, y que igualmente consta que sólo unos seis sujetos de esta ciudad lo vieron, sin que se haya encontrado un solo ejemplar a pesar de las diligencias exquisitas que se practicaron en todo el reino, y constan de los cuadernos números 7 y siguientes; se concluirá: que ningún daño se siguió a la sociedad en su impresión.

   116. El objeto queda también desvanecido con los mismos puntos tratados arriba. Porque si el papel no es malo, si corren en la monarquía sus principios, si corren otros peores. ¿Qué otro objeto puede tener en imprimirlo, sino el interés de la ganancia? Esta objeción, bien conocerá vuestra alteza que no tiene ninguna fuerza, porque lo primero, los caudales que tenía como tesorero de diezmos, no eran míos; lo segundo, que aunque lo fueran, esto no probaba que yo no quisiese ganar ciento o doscientos pesos más, porque entonces sería necesario graduar los delitos o acciones sospechosas todas las negociaciones que emprenden los ricos. Es cierto que si yo hubiera juzgado que era un delito, no era de creer que me expusiera a sus consecuencias por ciento o doscientos pesos ni por todos los caudales del mundo; pero no creyéndolo, ¿qué extraño es que teniendo caudales en mi poder como tesorero, quisiera ganar ciento o doscientos pesos, como un hombre cargado de familia y con sólo $800 de renta? Mucho más no produciendo la imprenta que ya tenía establecida ni para los costos que me ocasionaba la impresión del Papel Periódico, que por sólo condescender con el gobierno y servir al público mantenía en ella. Esta fue, y no otra, la causa por que se hizo la impresión con reserva, porque el único modo de darle valor al papel era suponerlo raro y venido de afuera. Yo he tenido comercio de libros, conocía el lugar, sabía que hay sujetos que pagaban bien un buen papel; pero que no había muchos que lo compraran aunque fuera a bajo precio. Con este conocimiento era preciso sacar de pocos, con que no se conociera que era impreso aquí, lo que era difícil sacar de muchos si se sabía que podía tener cuantos ejemplares quisiera. Este es un arbitrio de la pura negociación, y de ningún modo un arbitrio de malicia, por el conocimiento de lo malo de la acción, como cree el ministerio fiscal.

   117. También dicen vuestros fiscales que la confianza o prudente condescendencia que merecí del gobierno me obligaron a no permitir que sudase mi imprenta semejantes tareas. Es cierto que si yo hubiera juzgado el papel como lo juzga el ministerio fiscal, hubiera faltado a la confianza o prudente condescendencia del gobierno, haciendo que salieran de mi imprenta semejantes producciones, y que en este caso hubiera delinquido contra la buena correspondencia; pero no habiéndome merecido este concepto el papel, no hice en este caso sino usar de la misma confianza que había merecido al gobierno. No falté, pues, ni aun a las leyes de la buena correspondencia. Agregaré a esto, que pudiéndose imprimir sin licencia, todo folleto que no pase de un pliego de papel de marca, no era preciso, para su impresión, hacer uso de la confianza que merecía al gobierno, estando el papel de Los derechos del hombre en menos de un pliego de papel. Ya veo que se me objetará que en mi confesión tengo dicho, como me hacen cargo vuestros fiscales, que el papel por su naturaleza era perjudicial y que no convenía que anduviese en manos de todos; pero a más del estado en que se me tomó la confesión, y que tengo demostrado arriba, en la misma confesión se halla satisfecha esta objeción en la respuesta de fojas 101 vuelta, y que el motivo de haberlos impreso, sin embargo de ser de la naturaleza que llevo dicho, fue porque no formó ese concepto al principio y sólo lo hizo después de haberlo impreso, porque al haber advertido con reflexión desde sus principios lo perjudicial que le parecieron después, así como entonces los quemó, hubiera excusado la impresión de ellos.

   118. También se me objeta el secreto que desde el principio encargué al impresor, y que está tantas veces confirmado y renovado en las diferentes ocasiones que resultan del proceso. Que se examine con imparcialidad el orden que llevar debió la impresión, y se verá que el secreto nada prueba contra mí. El mismo Espinosa, en su declaración voluntaria, a fojas 48, dice: "Que se lo mandé a imprimir delante de todos, un sábado, que lo compuso el mismo día y que mandé a un muchacho de la imprenta por el papel para imprimirlo". Todo lo que prueba que la primera advertencia que le hice entonces de secreto fue como el mismo Espinosa dice, un secreto sólo de imprenta, esto es, no porque no quisiera que se viera el papel, sino porque no convenía al interés que yo me había propuesto, el que se supiera. Pasados algunos días le hago otra advertencia, mandándole ya expresamente que no fuera a decir de tal impresión. Y no se viene a los ojos que esta segunda advertencia fue al mismo tiempo que recogí y quemé el papel cuando ya no quería que se supiera. Refiere luego Espinosa otra advertencia que le hice poco antes de mi prisión, y aunque no me acuerdo de tal cosa, ésta no sería más que una precaución por la advertencia del mismo Espinosa contra cualquiera siniestra intención o interpretación que se le quiera dar a mi procedimiento, con motivo de la turbación que Arellano acababa de actuar.

   119. A más de todo lo expuesto, el hecho de haber quemado todos los impresos en el momento en que se me advirtió podían ser de algún perjuicio, por la mala inteligencia que se les podía dar, es el testimonio más relevante de mi inocencia, de mis intenciones al tiempo de imprimirlo, y de mi modo de pensar en orden a la tranquilidad pública. Este solo hecho, tan completamente justificado en los autos, debió no sólo moderar las plumas de vuestros fiscales, para poner tan sangrienta acusación, sino también hacer se me absolviese, se me pusiese en libertad desde el momento que se justificó, y aun darme el gobierno una señal de aprecio y benevolencia, pues según la doctrina de un sabio y práctico jurista, la sola impresión clandestina no es todo el delito, sino el fin con que se hace de propagar lo impreso. Si este fin no tiene efecto, porque el mismo delincuente destruya la impresión espontáneamente, quedamos en el caso de que no hubo tal impresión, y en el de que el hecho es más digno de alabanza que de castigo. Este es el mismo pasaje de mi impresión. Por eso decía yo al principio de mi contestación, que este mismo delito de que se me acusa tan animosamente es una nueva prueba de mi fidelidad, de mi buen modo de pensar y de mi amor al respeto público. Porque a la verdad, el hombre a quien no se le presenta un caso en que manifieste su modo de pensar, aunque piense arreglado y noblemente, jamás será digno de alabanza. Pero aquel que, como yo, hace ver por un hecho justificado que cuando se trate del interés y sosiego público, aun sin bastante fundamento, sólo por una vaga reflexión, no se para a considerar en pérdida o ganancia, en el interés, que es el móvil de las acciones humanas. Este vasallo, este ciudadano, parece que no es acreedor a la suerte que yo he experimentado por un hecho que me debía haber granjeado aplausos y estimación. Y si no que se me diga en mi caso: ¿qué hubiera hecho el hombre más honrado, más virtuoso y más amante de su soberano y del bien público? Nada más hubiera hecho ni podía hacer. ¿En el mismo día, en el mismo instante que creía que los impresos podrían traer algún daño, los tomo, y sin reparar si valían o no dinero, los entrego a las llamas? ¡Cuándo yo hubiera creído, al ver consumirse mi dinero en el fuego por amor del rey y de la patria, que después de esta acción me esperaba un calabozo! Pero esta es la suerte de los hombres. Después de una acción que me hace honor, que me justifica, que manifiesta claramente mi modo de pensar en orden a la tranquilidad pública. Después de una acción plenamente declarada y justificada, no sólo por las declaraciones que aparecen en el cuaderno número 1°de mi actuación, no sólo por las serias y exquisitas diligencias que se practicaron por el gobierno y que aparecen en los cuadernos número 7 y siguientes, sino lo que es más, por una censura, que no hay lugar tan oculto donde no pueda penetrar. Después de todo esto, todavía le queda materia de duda al ministerio fiscal, todavía inquiere si podrá amalgamarse este cargo con los otros, para que resulte de todos una buena masa criminal; pide las penas de las leyes; su celo se exalta; dice que este hecho da margen a que no se miren como enteramente infundadas las sospechas que en los otros cargos resultan contra mí; sospechas enteramente infundadas y que no entiendo cómo se compadezcan bien con la buena fe, propia e inseparable de su delicado ministerio. Si alguno o algunos de los otros cargos que se me han formado hubieran sido ciertos y se me hubieran justificado, entonces no fue ra extraño que vuestros fiscales dudaran si la impresión del papel era delito. Pero de la impresión y destrucción de éste ¿sacar materia de duda? Yo no sé qué criminalista, no sé quién pueda tal derecho sobre la tierra.

   120. En toda la actuación sobre que no se me amplió mi confesión, no se encuentra un solo cargo contra mí sobre que pueda recaer la menor duda. Sospechas infundadas, cálculos sobre supuestos falsos, imputaciones descaradas; esto es todo lo que hay, todo lo que se ve en los principios. Denuncia don Luis Martínez que hable contra el donativo, y buscando el origen de su dicho, se encuentra que es falso por sus mismas citas. Denuncia don Joaquín Umaña que yo trabajaba la soñada legislación para la nueva forma de gobierno, se busca el origen de su dicho y se halla ser falso por los mismos a quien él se remite. Don Enrique de Umaña, en una declaración me nombra como uno de los que había oído decir que quería levantarse, se evacua su cita, y se encuentra ser falsa. El mismo don Joaquín de Umaña dice que yo era uno de los conspiradores, refiriéndose a Cifuentes, que por carácter creo que no desmiente a nadie, aunque diga el mayor absurdo, y éste desmiente la impostura atrevida de Umaña. Denuncia Manuel Benítez, que las tres cuartas partes de la ciudad estaban prontas a aclamar la libertad y que yo era del número de aquéllas, y de 16.000 almas que compondrían las tres cuartas partes de la ciudad, sólo a Mutis se lo había oído, y éste a Uribe; Mutis y Uribe destruyen sus dichos culpándose el uno al otro, y todos los otros a quienes se remiten para aclarar sus dichos, dicen que es falso. Carrasco denuncia que don José María Lozano y yo mandamos y costeamos a un tal Caicedo, de Popayán, esparciese las perversas máximas de que estamos imbuidos, se halla de que no hay tal Caicedo de Popayán, y Arellano dice que fue don Miguel Gómez, remitiéndose a don Luis Gómez, a Durán y a Uribe, y los dos a una voz hacen ver la falsedad e impostura de Arellano y Carrasco. Sigue Arellano refiriéndose a los mismos, dice que yo era uno de los coligados, y ellos vuelven a desmentir su calumnia. Apura su maldad y dice que en mi casa había juntas, refiriéndose a don Luis Gómez. Este lo convence de impostor, como si esto fuera hacer almanaques. Un tal Manzano, vendedor de ropas de la calle real, y don Francisco Gravete, éste celoso y valiente oficial que en la conquista del Darién no pudo sufrir la presencia de un puñado de indios, que abandonó las tropas de su mando y que después de la escaramuza fue necesario que lo sacaran despavorido y turbado de entre unas cureñas donde se había escondido. Este es el que se presenta ahora descaradamente a denunciar juntas para una conspiración, remitiéndose al cadete don Bernardo Pardo. Pero así este muchacho, como el Manzano, tienen la candidez de descubrir su impostura, dando unas causales tan frívolas como ellas, como en parte lo tengo hecho ver en mi representación de 4 de mayo, a la que me remito y reproduzco en todas sus partes, reservándome apurar la materia en el curso de la causa.

   121. Es de notar como cosa muy esencial en todas estas declaraciones, que Uribe, Mutis y Cifuentes, que según tengo de noticia han diferido ciegamente a cuanto se les ha preguntado, no sólo no dicen nada contra mí, sino que niegan lo mismo que otros me imputan, remitiéndose a ellos estos hombres que no han perdonado sujeto a quien le supieron el nombre que no haya nombrado. La integridad de mis costumbres y el testimonio público de mi fidelidad y honradez, les tapa la boca; cuando se les nombra a Nariño no pueden resistir a una verdad tan notoria y dan testimonio de ella. No me detendré en apuntar siquiera el pasaje de las siembras de tabaco en Fusagasugá. Está demasiadamente declarado este punto, y es demasiado público el verdadero hecho de donde dimanó esta equivocación para detenerme ni un momento. Paso a hablar de la carta de don José Ayala, que corre con el número 29, por ser el único cargo sobre que se detiene el ministerio fiscal después del de la impresión. Pero si los cargos que llevo referidos sobre que se me amplió mi confesión, no parecen suficientemente desvanecidos con sólo la actuación, con las respuestas de mi confesión y con lo poco que tengo dicho sobre ellos en mi citada representación de 4 de mayo, las pruebas que daré en el término de esta causa los acabarán de desvanecer y pondrán en toda su claridad mi inocencia y mi honor.

   122. La carta de don José Ayala, dicen vuestros fiscales que es sospechosa por sus expresiones que no pueden concebirse en términos que manifestasen más este concepto, asegurando que no satisface mi declaración sobre el verdadero sentido; y dejé sin respuesta la reconvención que se me hizo sobre el particular. Yo haré ver por qué no me extendí en la satisfacción de la reconvención; haré ver que la carta no es sospechosa, y que mi declaración debe satisfacer por no ser opuesta al sentido de la carta y por estar conforme con la declaración de Ayala.

   123. La reconvención recae sobre la transición que hace Ayala cuando dice: a otra cosa; y sobre el encargo de que la queme. No se me había hecho la reconvención cuando se me presentaron todos los argumentos y reconvenciones con que se me había urgido, para que determinara el grado de amistad con don Miguel Cabal y no me quedó otro arbitrio, a las cinco y media de la tarde, cuando ya no tenía alientos para contestar a la borrasca de reconvenciones que esperaba sobre las transiciones epistolares, que remitirme a mi declaración que sabía había hecho en mi juicio y asegurar, como es verdad, que no había tenido asunto grave con don José Ayala sino los que tenía referidos, y decir que no me hacía fuerza la reconvención para librarme de la tormenta que ya veía venir sobre mi cabeza. Pero ahora que estoy en mi entero juicio y tengo la carta en la mano, veo que la otra cosa de que habla la carta recae inmediatamente sobre un librito, sea el que fuere este librito, en esto no se viola ningún pacto. Yo no me acuerdo ahora, ni me acordaré tampoco al tiempo de mi declaración, qué libro fue; pero es regular que fuera alguno de filosofía moral, cuando me dice Ayala que inflamaba el corazón, sin que se entienda por esta expresión cosa de armas ni de guerra, porque ni mis ocupaciones, ni mi oficio, ni mi genio, han dado nunca motivo para que se sospeche que las cosas marciales son capaces de inflamar mi corazón. Sigue inmediatamente las expresiones de ánimo a resistir, fuerzas para emprender, hermanable voluntad es lo que falta, que en habiendo esto sobra caudal. ¿Quién verá con imparcialidad estas palabras, después de la memoria de un libro, que no conozca en ellas un consejo cristiano? El animarme cuando me creía abatido, a resistir a las persecuciones que sufría en mi empleo, el esforzarme para que no me desmayara en la empresa que teníamos entre manos. El expresar que habiendo hermanable voluntad sobra caudal, ¿qué otra cosa es? Menester es una anticipada preocupación contra mí para darle otro sentido a cosas tan claras. Sigue la carta con esta palabra: ¿a dónde voy?, que demuestra bien que el mismo Ayala se admira, como lo significa más abajo, del modo arrogante como me aconseja, y luego, como avergonzado, concluye: basta, basta, cuando leas ésta acércate a la cocina, y concluyéndola, sin repasarla, arrójala al fuego; pero, ¿para qué repetir una cosa que tantas veces se ha dicho? A mí se me toma declaración, y sin manifestarme la carta de Ayala, expongo a lo que me hacen alusión estas palabras; lo mismo hace él, la carta lo comprueba. ¿Qué otro arbitrio hay sobre la tierra para aclarar una cosa dudosa? No hay otro que citar a la declaración de aquel de quien nace la duda, como lo sienten igualmente Decio, Bartulo, Albense, Surdos y Simón de Petris. Es, pues, necesario obstinarse en querer que esto sea delito, para no convencerse de que éste es su verdadero sentido, sin detenerse en los preceptos de la dicción epistolar, porque así esta carta, como la otra, es la que corre en el número 32, en el mismo cuaderno, manifiestan el estilo que sigue don José Ayala en sus cartas.

   124. Por otra parte, yo digo en mi declaración el objeto con que había ido Ayala a Tequia, de comprar azúcares y expender una memoria de ropas; la carta trata por menor de estos asuntos, y cualquiera que la vea verá que el asunto principal y único a que se dirige esta carta, no es otro que a darme cuenta del precio de los azúcares, o de su escasez o abundancia; del modo de enfardelarlas, del camino por donde deban ir, con otras cien menudencias que no pueden dejar de dudar un momento quien la lea, que este era el asunto principal a que me dirigía. Habla también de las ropas, de los apuros y afanes que ya tenía en aquel tiempo por dinero para hacer los pagos de la tesorería y otros afanes de que también se nos tomó declaración, están expresados antes de la transición. No sé, pues, cómo tratando antes de mis apuros y pasando a tratar de compras de azúcares y otros asuntos, parezca extraño que diga a otra cosa, si efectivamente era otra cosa. Todo el contenido de la carta da una bien clara idea de los asuntos que tratábamos, de la verdad de nuestras declaraciones dichas en distintas prisiones, sin que nos pudiéramos haber acordado antes sobre lo que debíamos decir, porque más sencillo hubiera sido se nos hubiera ocurrido que tal sentido se le podía dar a la carta el haberla quemado. También es de advertir, que habiéndose encontrado entre mis papeles reservados el que corre en el cuaderno 2°, número 18, con el título de plan de ideas que debo seguir, tratándose en el párrafo 3°de la negociación de azúcares, nada se ve allí de estos otros asuntos de la menor gravedad, como se supone en la reconvención que se me hace a fojas 119 vuelta, cuando era muy natural que siendo este apunte una memoria de los principales asuntos que debía tener presentes, no dejara de poner en él los de la menor gravedad. Esta sí es la presunción bien fundada, que no sólo me favorece en este caso particular de la carta de Ayala, sino en todo lo demás de esta causa, pues siendo un apunte reservado en que expresamente manifiesto mis ideas y están tratados en él todos los asuntos que para mí eran de la menor gravedad, no se encuentra una sola palabra que dé indicios, ni remotos, de las imputaciones y calumnias con que se ha querido manchar mi nombre y mi reputación tan bien establecida en la ciudad. Pero si este documento, si nuestras declaraciones y confesiones sobre el sentido de esta carta, y las razones que así Ayala y yo llevamos alegadas, no satisfaciesen todavía al tribunal, protesto dar a su tiempo pruebas que acaben de confirmar completamente mi inocencia.

   125. Me parece que sobra con lo expuesto para que vuestra alteza conozca mi inocencia; es verdad que no habiendo tenido vuestra alteza a bien concederme el término que solicité como absolutamente necesario para mi defensa, no he podido otra cosa que amontonar a la ligera parte de las razones y pruebas que tenía prevenidas para esta contestación. Tengo el dolor de no haberlos podido presentar con el orden conveniente y con toda su energía hacer conocer el mérito que tiene su fuerza, su vigor, la verdad y sencillez que los caracterizan, en términos de que fuera imposible dejar de sentir todo el peso de la convicción, que según el método geométrico que yo me proponía, necesariamente había de producir en todo entendimiento capaz de la razón, por más envenenado que estuviera el ánimo contra mí. Era el caso que yo no sólo pensaba justificarme con el tribunal, cuya imparcialidad y rectitud me dispensan de todo esfuerzo extraordinario, sino también desengañar a la parte del público preocupa contra mí, y aun a mis mayores enemigos; de suerte que, disipando tantas ideas funestas a la paz de la ciudad y fundadas por la mayor parte en la opinión de mi delito. Pero me consuela la idea que tengo de la integridad del tribunal, en cuyo ánimo, libre de pasiones y demasiado ilustrado, no puede haber hecho impresión la acusación fiscal a que contesto, como que no se funda en el mismo papel, que es el cuerpo del delito, sino en una declaración calumniosa, cuando hay otras más acreedoras por todas circunstancias a la fe del ministerio fiscal, y más siendo más fácil conocer la que se acerca más a la verdad. Pero pasando por todo, ¿no es cierto que el delito que tanto horror ha inspirado al ministerio fiscal, examinado sin odio ni preocupación, es una verdadera virtud? ¿No sería preciso trastornar todas las ideas de honor y probidad para poder pensar que yo, recogiendo con afán los dos ejemplares que habían salido de mi mano, y quemado los otros, hice una acción digna de un hombre de bien, digna del mejor vasallo, digna del hombre más amante de su soberano y del reposo público? ¿No es cierto que no hay sombra de razón para juzgar depravadas las acciones de un hombre que tiene acreditada su conducta, su hombría de bien, su amor al soberano y a la patria, cuando hace ver que tuvo razones poderosas para juzgar el papel inocente? Haber visto todos los principios del papel en los papales públicos y en libros que corren libremente por la nación; haber visto otros infinitamente peores; haber muchos de aquellos principios en las leyes; ver que en los libros que se dan a la juventud, los que parecen más duros, ¿todos éstos no eran bastantes fundamentos para creer el papel inocente? El mismo hecho de haberlos quemado prontamente a la primera advertencia de un amigo, ¿no convence a cualquiera [de] que procedí a la impresión de buena fe? El haber hasta entonces impreso sin licencia alguna en virtud de la confianza que merecí del gobierno, ¿no convence que si no se pidió licencia no fue por malicia sino porque jamás la pedía? El hecho de haber entregado a vista de todos el papel al impresor y mandado pedir con un muchacho el papel en que se debía imprimir, ¿no se descubre que en haberlo después querido ocultar, no hubo malicia sino puramente la idea de la negociación que me propuse? Sería preciso cerrar los ojos a la razón, obstinarse en hacer al hombre criminal, a despecho de la verdad y de las leyes, cerrar el corazón con tres fajas de bronce, oponer a la verdad una resistencia formal para no dejarse persuadir de estas razones. Yo no dudo que vuestra alteza se halla convencido d e mi inocencia; en este momento me parece que estoy viendo la alegría prender en el tribunal, y que vuestra alteza comienza a tener para conmigo los sentimientos de amor y benevolencia que, imitando a un rey verdadero, padre de sus vasallos, ha manifestado siempre a los que se glorían, como yo, de no ceder a nadie en fidelidad y amor al soberano. Yo siento que me apure el tiempo, porque quería detenerme aquí a manifestar a vuestra alteza toda la impresión que hace a mi alma la idea de que vuestra alteza me ha de mirar con ojos benignos y amorosos, con que me miraría el rey, este padre tan tierno y tan amable. Si yo tuviera la dicha de exponer a su majestad mi inocencia y las desgracias que me oprimen, su majestad se dejaría persuadir de mis razones, porque es padre de sus vasallos, y un padre jamás se obstina, no es de bronce para con sus hijos, oye con benignidad, no busca refugios maliciosos para no dar lugar a la razón, entra en los intereses de sus hijos, derrama lágrimas de terneza, recibe en su seno al hijo que creyó indócil y halla que es de los más afectos a su padre, de los que se esmeran más en su servicio. Estas ideas me enternecen; las más dulces lágrimas que he derramado en mi vida corren ahora de mis ojos... creí que hablaba al mismo soberano. La imagen de un padre se representó a mi imaginación. Como yo tengo tan alta idea de sus bondades, me pareció llegado el momento en que cesaran todos mis males, que mi esposa y mis hijos cesaban de padecer, que no los oía gemir y suspirar noche y día mis desgracias. Pero mi alegría no será en vano. Vuestra alteza se dignará mirarme, como me miraría el rey, con ojos de padre y haciendo justicia a mi inocencia, remediará todos mis males; pido justicia a vuestra alteza, llamo en mi socorro al magistrado justo, imploro en mi favor las leyes protectoras de la inocencia y del honor.

   Que hablen ellas por mí, que digan si el vasallo a quien no se prueba delito, sólo por conjeturas maliciosas, debe padecer; y si no es mejor conservar a un hombre que tantas pruebas ha dado de bueno y fiel vasallo, restituyéndole sus bienes, sus derechos, sus hijos y su esposa, para que vuelva con nuevo ardor a dar pruebas de su afecto y adhesión a un gobierno que de nada cuida tanto como del honor y seguridad del vasallo. Esto imploro, y usando de la ritualidad y pedimento más conforme a justicia, ella mediante, a vuestra alteza rendidamente suplico: que dando por satisfecho el traslado a los cargos y acusaciones que se me han hecho por calumnioso el denuncio, se sirva proveer, como solicito en todo el cuerpo de mi defensa, imponiendo a los falsos calumniadores las penas que merecen conforme a las leyes; que pido costas, daños y perjuicios, y juro no proceder de malicia, y en lo demás necesario, etc.2

José Antonio Ricaurte.
Antonio Nariño.
Manuel Guarín.

   Auto. Visto: "A reserva de proveer lo demás que convenga, recójase a mano regia el borrador del escrito que antecede y cuantos ejemplares se hallan esparcidos sobre cuyo particular, recíbase declaración a don Antonio Nariño y su abogado don José Antonio Ricaurte, a quien se remita a uno de los castillos de Cartagena a disposición de aquel gobernador hasta la resolución de su majestad, a quien se dará cuenta con testimonio, previa la participación del excelentísimo señor virrey. Proveído por los señores virrey, presidente, regente y oidores de esta real audiencia de Santafé, en ella a 29 de julio de 1795. Hay cinco rúbricas.

Ezterripa3.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. I, p|p. 375-437.

NOTAS:
1   Se refiere al entonces fiscal de la audiencia don Manuel M. de Blaya, uno de sus acusadores (El autor).
2   El precursor, op. cit., pp. 51-110.
3   Con esta misma fecha se libró al excelentísimo señor virrey el correspondiente oficio. Libróse el oficio con fecha 31 de julio. Hay un rúbrica.

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OFICIO DEL VIRREY EZPELETA AL PRINCIPE DE LA PAZ

EL VIRREY INFORMA DE SU DISPOSICION DE ENVIAR A ANTONIO NARIÑO PRESO A ESPAÑA, CON LOS DEMAS REOS, EN LA FRAGATA GUERRA O EN EL PRIMER CORREO QUE SE EMBARQUE PARA LA HABANA. Santafé, 19 de diciembre de 1795.

José de Ezpeleta,
virrey

Principal

   Excelentísimo señor:

   Habiéndome pasado esta real audiencia copia de la sentencia consultiva pronunciada en la casa de don Antonio Nariño, sobre la reimpresión del papel intitulado Los derechos del hombre, y pedídome la auxiliase para su cumplimiento, he dispuesto que el expresado Nariño siga a España junto con los demás reos en la fragata Guerra que debía conducirlos, o en caso de haber salido ya este buque, se embarque en el primer correo para La Habana, a cuyo gobernador he dado el aviso conveniente, para que le remita a esos reinos; lo que pongo en noticia de vuestra excelencia para su superior conocimiento, en la inteligencia de que por este correo dará cuenta a su majestad este tribunal de la sentencia que ha dictado en dicha causa.

   Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de diciembre de 1795.

   Excelentísimo señor.

José de Ezpeleta.

   Excelentísimo señor príncipe de la paz.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 81, folio 587.

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MEMORIALES DE LA ESPOSA DE NARIÑO AL MONARCA ESPAÑOL

MAGDALENA ORTEGA DE NARIÑO SE DIRIGE AL REY DE ESPAÑA SOLICITANDOLE INTERCEDA EN JUSTICIA POR LA SUERTE Y DESTINO DE SU ESPOSO ANTONIO NARIÑO. Santafé, 19 de diciembre de 1795.

Magdalena Ortega.

   Señora:

   Habla con vuestra majestad una mujer desgraciada que ha sido presa de todos los males, una mujer que no tiene otro recurso que las lágrimas, una mujer que después de haber visto la ruina de su marido y de su casa, precipitada de repente en la miseria del estado de fortuna y comodidad en que se hallaba, se ve precisada a mendigar el pan con que debe conservar la existencia y la de cuatro hijos pequeños que la rodean, comprendidos infelizmente en la caída de su padre, víctimas inocentes de su mala suerte; doña Magdalena Ortega, mujer de don Antonio Nariño, es la que habla a vuestra majestad desde un rincón de la América, en donde distante de sus soberanos, ha tentado inútilmente todos los medios que le ha dictado la prudencia para apartar de sobre sí la tormenta que le ha oprimido y que sólo pudo haber formado la fatalidad de los tiempos.

   No cansaré a vuestra majestad con la relación de nuestros sucesos, que por desgracia han sido tan ruidosos y que tal vez habrán ya interesado en nuestro favor el corazón de vuestra majestad. Sólo diré a vuestra majestad que después de un año de rigurosa pasión en que ha estado mi marido sufriendo las mayores desdichas, ha sido últimamente trasladado a la plaza de Cartagena, de donde se asegura debe seguir a esa metrópoli. Ansioso por ponerse a la sombra de sus soberanos, bajo su protección, él mismo ha pretendido con tesón y ha importunado a los jueces para que se le conduzca a su real trono, donde espera que se le oiga en justicia, donde se le mirará con compasión, se le juzgará con desinterés e imparcialidad. Esto mismo pide a vuestra majestad su infeliz mujer que desde el abismo de su miseria levanta su voz, ya débil por los trabajos, para rogar a vuestra majestad que se interese en la suerte de su marido. Dígnese vuestra majestad arrojar sobre él, sobre mí, sobre mis hijos, sobre mi casa, una mirada de compasión, y esto bastará para aliviar nuestros males y para que Dios oiga los votos que hago incesantemente por la prosperidad y buenos sucesos de vuestra majestad y de su real esposo.

   Dios guarde la importante vida de vuestra majestad los años que necesitamos para nuestra felicidad.

   Señora.

   Puesta a los reales pies de vuestra majestad su más humilde y reverente súbdita.

Magdalena Ortega.

   Señor:

   Se presenta hoy a los reales pies de vuestra majestad una infeliz americana, que no le ha quedado sobre la faz de la tierra más refugio ni otro apoyo que el que solicita y espera de la real clemencia de vuestra majestad. La desolación de una familia benemérita, la orfandad de sus tiernos hijos, y en fin, las lágrimas de una mujer que se ve privada de su esposo, han de excitar precisamente en el compasivo corazón de un monarca religioso todos los efectos que necesita para reparar su desgracia.

   Por otra parte, jamás me atrevería a elevar hasta el augusto trono de vuestra majestad una pretensión que no fuera honesta, razonable y justa. Por un reo a quien se procesa con toda severidad de un crimen que jamás se le pasó por el pensamiento; por un hombre a quien se le han estrechado los medios más importantes a su defensa: por don Antonio Nariño, mi marido, preso, desterrado, embargados sus bienes, difamado y verdaderamente oprimido, ocurro a vuestra majestad y le suplico con toda la veneración que debo, se digne concederle que se le pase a la corte y se le oigan sus defensas con la libertad que previenen las leyes del reino, y se hace tanto más indispensable por la misma naturaleza y circunstancias de su causa.

   El proceso, señor, es el mejor comprobante a que puedo recurrir para manifestar su opresión. Los defectos, los vicios de que está lleno, atestiguan que no se han observado los trámites de una legítima sustanciación. Vuestra majestad echará menos el cuerpo del delito. Vuestra majestad hallará que no se quiso calificar la verdad, reconociéndose si el impreso tiene las mismas expresiones que le atribuye el denunciador. Vuestra majestad conocerá que se le negaron las principales pruebas que articuló para fundar su inocencia o su culpabilidad. Vuestra majestad ha de ver que se procedió al arresto de mi marido y embargo de sus bienes, únicamente en virtud del denuncio, y aun cuando los denunciadores se contradicen.

   Desde luego no estaba suficientemente comprobado el delito, cuando el mismo comisionado no se atrevió a verificar la prisión sin consultar con el real acuerdo si había mérito suficiente para ejecutarla. Esta duda que encontrará vuestra majestad propuesta en los autos, manifiesta que no había aquella justificación precisa, que da a los jueces la autoridad para disponer de la propiedad y libertad del hombre, de su honor, de su reputación y de sus bienes.

   Siendo la contestación una parte principalísima y esencial de la causa, ésta se ha seguido sin este fundamento; porque el escrito de contestación que dio, nunca se quiso agregar, y no produjo otro efecto sino fue el mandar al letrado que lo suscribió a uno de los presidios de la plaza de Cartagena. Yo quiero suponer que aquel pedimento prestará mérito para toda esa vigorosa demostración; con todo, antes de dejar indefenso al reo, parece que se debió mandar que contestara conforme, a derecho; ¿será creíble que no tenga aquella representación ni un solo punto interesante y útil a la defensa del procesado? ¿Pues cómo no se separó lo favorable de lo impertinente o perjudicial, y se le dejó siquiera este asilo en los autos?

   Yo estoy en la inteligencia que en aquel escrito se discurrió con mucha cordura sobre el verdadero mérito de la confesión. Esta se le tomó a mi marido con la violencia que indican las certificaciones que tiene dadas el médico que lo reconocía. En aquel estado moribundo se le hacían preguntas artificiosas y reconvenciones muy estudiadas, capaces de trastornar y alucinar a los mismos profesores del foro.

   Con todo, no se le puede hacer más cargo que el que confesó cuando se reconoció legítimamente preguntado, que es el haber impreso sin las correspondientes licencias el papel intitulado Los derechos del hombre. Lo hizo sin expreso permiso del gobierno, porque con noticia del mismo gobierno había impreso otras piezas sin aquel requisito.

   Este papel no lo reputó por sospechoso, habiéndolo habido por un conducto en que no podía presumir que se le comunicase lo que no era lícito. Así fue que apenas se le insinuó que podía tener malas resultas, recogió dos o tres ejemplares que había comunicado y los quemó con todos los que mantenía en su poder; de suerte que por exquisitas diligencias que se han hecho en todo el reino, ni uno solo ha aparecido después. ¿Y no es ésta una prueba perentoria de la arreglada conducta de don Antonio Nariño y su juicioso modo de pensar? ¿Habría bastado la única reconvención de un amigo para desistir de sus designios, si fueran ciertos los que se le imputan?

   Pero, señor, nunca pudo esforzar su defensa don Antonio Nariño con aquella energía y libertad que necesita para manifestar la intriga de los delatores; las tachas que éstos sufren justamente en su persona, y malos procedimientos; la seducción de los testigos; la precipitación en lo actuado; el rigor de las providencias, y finalmente, la pasión de los jueces. Sólo puesto bajo la soberana protección de vuestra majestad hará patentes las leyes, que se han quebrantado en la sustanciación de este proceso; las nulidades a que está sujeto; los excesos que se han cometido en odio al reo, y los medios que se han aplicado para sofocar la verdad. Entonces se hará el verdadero discernimiento de los autos, se juzgará con imparcialidad y rectitud de esta causa. Entonces vuestra majestad como dueño de nuestras personas, de nuestras vidas, y de todo cuanto somos, podrá disponer de nosotros y de nuestra suerte, como fuere de su soberano real agrado; que no puede ser de otro modo, como haciendo conocer a todo el mundo la inmensa piedad que deposita ese augusto corazón, para oír con benignidad al más humilde vasallo.

   Dios Nuestro Señor guarde la católica real persona de vuestra majestad los muchos años que la cristiandad desea.

   Santafé, y diciembre 19 de 1795.

   Señor.

Magdalena Ortega.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño. ob cit., t. 1. pp. 435-499.

64
PETICION DE NARIÑO AL PRINCIPE DE LA PAZ

OFICIO DE ANTONIO NARIÑO AL PRINCIPE DE LA PAZ, ACOMPAÑANDOLE UNA NUEVA REPRESENTACION, EN LA CUAL SOLICITA SEA TENIDA EN CUENTA. Cartagena de Indias, 30 de diciembre de 1795.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Imploro el favor e indulgencia de vuestra excelencia en un punto del que depende mi felicidad o mi entera ruina y oprobio para toda mi vida.

   Le ruego a vuestra excelencia, le suplico por todo lo más grande que hay sobre la tierra, por Dios, por mis amados monarcas, por las virtudes que adornan el sensible corazón de vuestra excelencia, se digne pasar la vista con su acostumbrada bondad por la adjunta representación y no permitir el que sea sacrificado este desgraciado vasallo con su esposa y sus tiernos hijos al odio y al interés de los que lo quieren perder.

   No permita el Todopoderoso que sea yo el único que salga desconsolado habiéndose acogido al amparo de vuestra excelencia. No señor, espero que vuestra excelencia, impuesto de las razones que alego en mi solicitud, lo hará presente a su majestad y me otorgará lo que en ella solicito por tan poderoso como sensible medianero.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años. Cartagena de Indias, 30 de diciembre de 1795.

   Besa la mano de vuestra excelencia su más atento y humilde servidor.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor duque de la Alcudia, príncipe de la paz.

   Suplica rendidamente a vuestra majestad se lea por lo interesante y ejecutivo del asunto.

   Señor:

   Don Antonio Nariño, tesorero general de las rentas decimales de la diócesis de Santafé de Bogotá, postrado a los reales pies de vuestra majestad hace presente: que comprendido por su desgracia en el denuncio de la pretendida conspiración de aquella capital, fue arrestado en un calabozo, suspenso de su empleo y sueldo, despojado de la posesión de sus bienes y privado de comunicación y toda industria para subsistir; y habiéndosele seguido causa a instancia del exponente y a consecuencia de real orden de vuestra majestad, aunque no le resultó cargo relativo a la imaginaria conspiración, como se vio precisado a confesar de buena fe el ministerio fiscal, ha tenido que sufrir todos los malos tratamientos y el rigor que no hubiera experimentado un verdadero reo de lesa majestad.

   Como habiendo aparecido los pasquines, que fueron el origen de los recelos del gobierno, comenzaron vuestros oidores a hacer grandes promesas a los que delatasen los cómplices de la formidable conspiración que se había figurado, se levantó una multitud de denunciantes, hombres de malas costumbres, vagos y sin oficio que impulsados de su miseria y atraídos por el interés, determinados a forjar en cualquier cuento las calumnias más atroces, informaron lo que quisieron, o lo que les abultó su imaginación exaltada en la consternación general. Entre ellos un disfrazado francés, acordándose que ocho meses antes había visto un papel que se dijo ser del suplicante, se aventura a denunciar que había publicado un papel que contenía las proposiciones más libres y escandalosas, de las cuales expresó algunas que forjó de pronto o que le suministró su memoria infiel. Por este papel y sobre la simple delación de este hombre desalmado se le pone la más sangrienta acusación.

   Pero vea vuestra majestad en toda su inocencia y verdad, como resulta de los autos. Ocho meses antes de su arresto, siendo director de la Imprenta Patriótica de aquella capital, de una imprenta que subsistía hacía dos años sin licencia, con un impresor sin título, y hallándose encargado por vuestro virrey del tiro de la edición de los papeles periódicos que ejecutaba sin otras licencias especiales, a ciencia y paciencia del gobierno, mandó imprimir un folleto o papel suelto en menos de medio pliego, traducido de una pequeña historia de Francia del mismo vuestro virrey, que le había facilitado para leerla su sobrino el capitán de su guardia, don Cayetano Ramírez. Vendió de él un ejemplar y regaló otro; y habiéndolo visto el oficial primero de la secretaría del virreinato, le advirtió que podía parecer malo por ser cosa de Francia. Con esta sola advertencia, sin más examen y sujetándose a la opinión singular de aquel amigo, recogió los dos únicos ejemplares que habían salido de sus manos, y con los restantes los arrojó al fuego. Nadie volvió a acordarse ni a hablar de semejante papel ni hasta ahora se ha encontrado un solo ejemplar que pueda servir de cuerpo del delito. De modo que aunque el papel fuese el más execrable, aunque en su edición hubiese procedido sin licencia, aunque se le quisiera argüir malicia en su impresión, su docilidad a la primera advertencia, su prontitud en recoger los ejemplares enajenados, la buena fe con que procedió a quemarlos y destruirlos todos, y la ninguna trascendencia que tuvieron, son otras tantas pruebas de la sencillez con que los imprimió, de la sinceridad de su procedimiento, de su escrupulosa fidelidad y de su constante empeño en no desmentir la honrada conducta que siempre ha observado como esposo, como padre, como ciudadano y como persona pública.

   No obstante, señor, se propone contra el suplicante la acusación más sangrienta de haber hecho imprimir un papel sedicioso perjudicial a la religión y al Estado, sin más antecedentes que las proposiciones de que el denunciante aparentaba acordarse después de ocho meses en una materia tan delicada, en que cualquiera circunstancia, cualquier particular omitido por olvido o por malicia podía darle un sentido menos odioso. Tal es el fundamento con que se procede, y no es posible conseguir de vuestra real audiencia que mande agregar copia del original francés que se halla en poder de vuestro oidor don Joaquín Mosquera.

   Hace el exponente una secreta protesta antes de contestar que no pudiendo usar de todos los medios de su defensa, ya por consideración, ya por recelo de vuestros oidores, lo reserva para mejor ocasión, y finalmente contesta. Hace ver que se acusa bajo un supuesto falso; expone el sentido del papel, las intenciones con que lo imprimió, el juicio que debió hacer de él, la ninguna trascendencia que tuvo por haberlo destruido al instante que salió de la prensa. Representa los méritos de sus mayores y sus servicios personales hechos en los empleos de alcalde ordinario de aquella capital, en el de regidor alcalde provincial de aquel cabildo; en lo de vocal de las juntas de policía y hospicios; en haber recibido a dos de vuestros virreyes por su empleo con infinitos gastos; en haber suplido, por puro amor a vuestra majestad, sin que lo llevara ningún interés, todos los caudales que fueron necesarios para celebrar con públicos regocijos la exaltación de vuestra majestad al trono; en haber contribuido a la corona, por los inmensos gastos de la guerra contra Francia, no sólo con dinero sino con el encargo de recoger los donativos de los cuerpos y comunidades. Recuerda las dos reales órdenes en que vuestra majestad recomienda a vuestros virreyes se atienda al mérito del suplicante. Pero a los seis días de haberse presentado esta contestación por el defensor, doctor don José Antonio Ricaurte, uno de los hombres más hábiles del reino, que ejerce la abogacía ha más de treinta años, sin haber sido siquiera reprendido, y que desempeña hace más de 16, con el mayor aplauso, el empleo de agente fiscal de vuestra majestad en lo civil, a los seis días, digo, de haber presentado este letrado en su defensa, se le sorprende en la mitad de la noche, y sin hacérsele saber en lo que había faltado, con el mayor estrépito e ignominia, se le remite a uno de los castillos de esta plaza, donde permanece. Era necesario que continuase la defensa otro abogado; pero a vista de lo sucedido, con una persona de tanto respeto y estimación, como lo es en aquella ciudad Ricaurte, ninguno quiso seguirla, porque sus mujeres e hijos les suplicaban que no se expusiesen a experimentar igual suerte. Fue necesario, señor, que la misma real audiencia obligase por providencias y apercibimientos al doctor don José Ignacio de San Miguel, que no pudiendo librarse de tal encargo, lo tomó con un temor que asombra, sin atreverse a dar paso que antes no hubiese avisado a vuestro regente. A tal extremo los redujo la providencia contra mi primer defensor. Pero instando el suplicante para que se apurase su defensa, se toma el partido (quién sabe con qué pretexto) de remitirlo a la plaza de Cartagena, ínterin se concluya su causa. Hácesele saber que en el término de sólo tres días, en el perentorio término de sólo tres días, dé sus instrucciones al abogado y dentro del mismo se disponga a seguir a Cartagena hasta segunda orden, no admitiéndole ninguna representación de las que hizo en este corto tiempo. Llegado el término salió de aquella ciudad, con otros nueve sujetos de los que estaban también presos, todos bajo su palabra, con el permiso de llevar sus mujeres e hijos, y entregados a precaución a un oficial joven y 12 soldados que los condujeron con tanta franqueza y satisfacción, que el exponente durmió varias noches en los pueblos del tránsito en posada separada, y solo, sin ninguna custodia, y alguna vez a más de cuatro leguas, como lo acreditará con documentos cuando pueda; pues apenas llegaron a esta plaza, se les encerró en el cuartel del Fijo, se les puso centinelas de vista, y se les privó absolutamente de toda comunicación.

   En este estado, señor, sin permitírsele al suplicante que hablase personalmente en su defensa, como lo previenen vuestras leyes, sin cuerpo de delito, negándole al tímido abogado las pruebas más sustanciales, con cien nulidades en el proceso, que protesta hacer ver cuando se le permita, se determina y sentencia su causa por vuestra real audiencia, y sin hacérsele saber esta determinación se le manda remitir a Cádiz bajo partida de registro y que permanezca en aquella plaza, hasta que vuestra majestad confirme la sentencia, impidiéndole de este modo que pueda hacer presente a vuestra majestad sus defensas y sus quejas y logrando quizá con siniestros informes y con unos autos diminutos como los que dirigió por la competencia con el alcalde ordinario don Rafael Araoz en el año de 90, la aprobación de vuestra majestad, y ponerse a cubierto de los resultos que con su presencia en la corte les pueden sobrevenir, porque allí a los pies del trono, cubierto con el amparo de vuestra majestad y sin temor de nuevos sufrimientos, podrá hacer ver por qué se le ha tratado tan mal por los ministros de vuestra real audiencia, por qué le impiden o tratan de impedir el que llegue a la corte, los fundamentos de su odio contra el suplicante y las razones por que han querido sostener como cierta una conspiración que en sus conciencias saben que ni en sombra ha habido, siendo el interés y no el celo por vuestro real servicio el que los ha llevado tan ciegamente a arruinar y difamar tantos vasallos honrados.

   En estas circunstancias, viendo que se trata nada menos que de impedirle el acceso a vuestra majestad para que no vea los autos, para que no se defienda, para que no dé sus justas quejas y para arrancarle para siempre de los brazos de una mujer sensible y virtuosa y de cuatro hijos tiernos que hacen sus delicias y sus esperanzas, no puede menos que suplicar humildemente a vuestra majestad se digne permitirle pasar a la corte a usar de las defensas que se reservó en tiempo, bien sea con las seguridades que vuestra majestad tenga por convenientes, o bajo su palabra, que se consideró suficiente caución para transitar por los interiores del reino, de que tiene tanto conocimiento y donde no le faltan amigos y deudos. Pide igualmente a vuestra majestad que por ahora se digne mandar se le retengan a los ministros de aquella audiencia una parte de sus sueldos para que a su tiempo pueda con ella indemnizarse de los enormes perjuicios que ha sufrido por sus providencias, como lo espera el suplicante con la mayor confianza del piadoso y paternal corazón de vuestra majestad, cuyo real ánimo no puede ser que subsista una resolución que puede reclamarse, tomada contra un hombre absolutamente indefenso.

   Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de vuestra majestad muchos años. Cartagena de Indias, 30 de diciembre de 1795. Señor.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. 1, pp. 487-493.

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REFERENCIA DE NARIÑO SOBRE LA SENTENCIA DICTADA EN SU CONTRA

ANTONIO NARIÑO ATRIBUYE AL ODIO QUE LE PROFESAN LOS MINISTROS DE LA AUDIENCIA DE SANTAFE LA SENTENCIA QUE ESTOS DICTAN SOBRE SU CAUSA. SIGUE UNA CERTIFICACION DE UN CONDISCIPULO QUE DA TESTIMONIO DE SUS ESTUDIOS EN EL COLEGIO DE SAN BARTOLOME. La Habana, 14 de enero de 1796.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   No obstante que desde Cartagena de Indias tuve noticia de la sentencia que los oidores de la real audiencia de Santafé han consultado a su majestad en la causa que por aquel tribunal se me ha seguido y que en ella me condenan a perdimiento de bienes, destierro por diez años a los presidios de Africa y para siempre del Nuevo Reino de Granada; como no veo en tal providencia sino el último documento del odio que me profesan aquellos ministros y la consumación de los atentados que han cometido en aquella ciudad, he descansado sobre el testimonio de mi conciencia y la justificación de vuestra excelencia. Así es que habiendo tenido en esta ciudad proporción de eludir con la fuga tan atroz sentencia (como lo acredita la adjunta certificación que dirijo a vuestra excelencia), sólo traté de hacerme a este documento, para que en su vista no tenga vuestra excelencia embarazo alguno en concederme la gracia de pasar libremente de Cádiz a la corte a establecer mis defensas y dar mis quejas como lo tengo representado a su majestad con fecha de 30 de diciembre de 95, interponiendo para ello el respeto de vuestra excelencia por cuyo medio no dudo alcanzar esta gracias.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años. Habana, enero 14 de 1796.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor duque de la Alcudia, príncipe de la paz.

Certificación principal

   Don Cayetano Pontón, escribano del número de esta ciudad de La Habana, como mejor puede y debo, certifico haberse presentado ante mí y en el archivo de mi cargo, este día a las once de la mañana con corta diferencia, don Antonio Nariño, natural y vecino de la ciudad de Santafé en el Nuevo Reino de Granada, a quien doy fe conozco de vista, trato y comunicación, con motivo de haber cursado conmigo las clases de gramática y filosofía en el real mayor, y seminario colegio de San Carlos (sic)* de dicha ciudad de Santafé, expresándome que por convenir a su derecho quería le certificase su supervivencia, como también de que andaba en esta referida ciudad solo, libre y sin custodia alguna; en efecto, habiendo tratado y conferido con el recordado don Antonio sobre varios particulares, a todos me contestó con puntualidad, y así mismo he notado que el antedicho se me presentó en calidad de persona libre, sin que trajese sujeto alguno que le custodiase, y como tal le he visto pasearse por los portales de las casas de gobierno y correo, no solamente en la mañana citada sino también por la tarde, a las cuatro de ella, poco más o menos, lo que certifico en toda forma a pedimento del mismo Nariño, quien suscribe de su puño este documento. La Habana y enero 14 de 1796 años.

   En testimonio de verdad.

Cayetano Pontón.
Antonio Nariño.

   Damos fe que don Cayetano Pontón, de quien la certificación antecede parece signada y firmada, es escribano de su majestad, público del número de esta ciudad y a sus semejantes siempre se les ha dado y da entera fe y crédito en ambos juicios y fuera de él. Habana, fecha ut supra. En testimonio de verdad.

José María Pliecho.
Rubricado.

   En testimonio de verdad.

Inocencio de Cabrer.
Rubricado.

   En testimonio de verdad.

Manuel Reinoso.
Rubricado.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. I, pp. 501-503.
El proceso de Nariño a la luz de documentos inéditos. Biblioteca de Historia Nacional, vol. XCI, Bogotá, Editorial ABC, 1958. pp. 283-284.

NOTA:
*   Quiso decir San Bartolomé (El autor).

66
MEMORIAL DE LA ESPOSA DE NARIÑO AL PRINCIPE DE LA PAZ

MAGDALENA ORTEGA DE NARIÑO PIDE AL PRINCIPE DE LA PAZ SE APIADE DE ELLA Y DE SUS HIJOS, REDUCIDOS PRACTICAMENTE A LA INDIGENCIA, Y ORDENE LA LIBERTAD DE SU MARIDO, A QUIEN CONSIDERA INOCENTE. Santafé de Bogotá, 19 de enero de 1796.

Magdalena Ortega.

   Excelentísimo señor:

   Aunque ha de ser ya constante a vuestra excelencia el estado deplorable a que me veo tristemente reducida con cuatro hijos menores, por la aprehensión y violencias que don Antonio Nariño mi marido ha experimentado de los ministros de esta real audiencia por un delito que la malicia ha pretendido atribuirle y que desde luego no pudo tener lugar aun en su imaginación; con todo, sin el temor de cansar la paciencia de vuestra excelencia que entre tan innumerables prendas le ha hecho conocido en todo el mundo, dirijo a vuestra excelencia esta representación reverente. Su objeto es el de interesar los altos respetos de vuestra excelencia para que al citado mi marido se le dispense la gracia de que pase a esa corte a promover e instruir por sí mismo la defensa de su inocencia, que aquí no ha podido producir, a pesar de los clamores suyos y míos, a pesar de lo prevenido en las leyes y a pesar, en fin, de tenerse ordenado por el soberano el seguimiento de su causa conforme a derecho.

   En efecto, cuando por los justos ojos de vuestra excelencia se reconozca el proceso, al paso que se advertirá comprobada mi exposición, se llenará vuestra excelencia del mayor asombro, porque reparará que don Antonio Nariño, sin mérito legal, fue repentinamente reducido a un arresto estrepitoso y escandaloso; que se le despojó de todos sus bienes; que se le confesionó cuando se veía moribundo; que reducida entonces su causa a un letargo de que en mucho tiempo no se pudo despertar, cuando se aparentó que se oía fue para dificultarle más sus defensas. Así es que el abogado que eligió se remitió a uno de los presidios de Cartagena y se separó de los autos íntegra la contestación, que es lo más esencial en todo el pleito. Recibida la causa a prueba con tan insanable defecto, se le niegan los artículos principales que suscita, para afianzar y hacer ver su inculpabilidad. No se le consiente alegar de buena prueba, y los letrados todos, con la sensible demostración que habían visto en el abogado que contestó, preocupados de temor, a una se excusaban a defender a mi marido.

   Habiendo conseguido estos ministros que en el proceso no aparezcan las excepciones deducidas en el escrito de contestación, que como he dicho, repelaron; que se quedasen sin justificarlas por haber desechado las probanzas, y que, en fin, no hubiese alegado, han preferido contra él (así se dice de público y notorio) la sentencia más injusta, y que solamente debería recaer sobre delitos calificados y contra un reo de evidente malicia.

   Nada de esto, excelentísimo señor, concurre en mi marido. El jamás desmintió en su conducta las honrosas obligaciones que heredó de sus progenitores. Los mismos jueces, autores de su persecución y de su ruina, podían ser testigos de esta verdad. La impresión del papel, que es el delito de que se le acusa, fue hecha sencilla e inocentemente, de que es el mejor comprobante la docilidad con que redujo al fuego los ejemplares por sola la insinuación de un amigo, que no habría bastado para convencer a un corazón corrompido, cual han juzgado el de mi marido. Sin embargo, él es tratado como reo el más capital. Su familia benemérita es infamada. Yo me veo reducida a la viudedad más dolorosa y vergonzosa. Mis tiernos hijos conmigo, en la precisión de perecer; mas estos efectos sensibles durarán tan solamente hasta que vuestra excelencia, con su elevado discernimiento, tome conocimiento de la causa y haga que en ella recaiga la justa sentencia, que sea capaz de repararnos en la reputación, en el honor y en los intereses.

   Así lo espero de la integridad heroica de vuestra excelencia, cuya interesante vida, para felicidad del Estado, prospere el cielo los muchos años que le pido.

   Santafé de Bogotá, y enero 19 de 1796.

Magdalena Ortega.

   Excelentísimo señor duque de la Alcudia y príncipe de la paz.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob cit . t. I, pp 509-511.

67
INFORME DEL ARRIBO DE PRISIONEROS A CADIZ

EL JUEZ DE ARRIBADAS DEL PUERTO DE CADIZ DA CUENTA DE LA LLEGADA DE TRES BARCOS PROCEDENTES DE LA HABANA, EN LOS CUALES ARRIBARON LOS PRISIONEROS DEL NUEVO REINO. Cádiz, 18 de marzo de 1796.

Laureano Sánchez Berrad.

   En el navio de su majestad, nombrado San Juan Bautista, que ha entrado en este puerto del de La Habana a cargo de su comandante el brigadier de la real armada don Francisco Herrera y Crusat, contador don Bartolomé Guilló y maestre don Antonio Rufo, han sido conducidos bajo partida de registro y remitidos por el excelentísimo señor virrey de Santafé a disposición del excelentísimo señor príncipe de la paz, los presos siguientes:

   Don Francisco Zea. Don Sinforoso Mutis. Don José María Cabal. Don Pedro Padilla. Don Enrique Umaña.

   En el navío también de su majestad nombrado San Gabriel, que ha llegado igualmente de La Habana, su comandante el brigadier de dicha real armada don Manuel Pando, contador don Alonso del Diestro y maestre don Diego Rendón, han venido otros presos en la propia conformidad, y son a saber:

   Don José de Ayala, teniente de milicias de Santafé de Bogotá. Don Ignacio Sandino, abogado de la real audiencia de la misma capital. Don Manuel Antonio Froes, médico. Don Bernardo Cifuentes. Don Antonio Nariño, tesorero de diezmos.

   En el navio igualmente de guerra llamado Santiago la España, que ha entrado así mismo de La Habana a cargo de su comandante el capitán de esta clase don Miguel de Orozco, contador don Eduardo Gardin y maestre don Francisco de Rada y Rabago, ha venido también en la propia conformidad, don Luis Rieux, nacional francés, de profesión médico y cirujano, al cual se puso en la cárcel pública, y los 10 anteriores permanecen a bordo de los respectivos buques, en que han llegado, ínterin se les destina el sitio a que deben ser conducidos.

   Cádiz, 18 de marzo de 1796.

Laureano Sánchez Berrad.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob cit., t. I, pp 527-528

NOTA
La carta con que el presidente juez de arribadas envió esta relación está colocada en el expediente sus resultas de franceses en N. E.

68
INFORME SOBRE LA FUGA DE NARIÑO DEL NAVIO SAN GABRIEL

MANUEL GONZALEZ GUIRAL DA CUENTA DE LA FUGA DE NARIÑO, QUIEN VENIA A BORDO DEL NAVIO SAN GABRIEL. Cádiz, 22 de marzo de 1796.

Manuel González Guiral.

   Marzo 28 de 96.

   Sépase cómo ha sido la fuga de Nariño.
   Fecho en dicho sin minuta.

   Excelentísimo señor:

   En carta de 18 del corriente di cuenta a vuestra excelencia de los individuos que bajo partida de registro de los navios de guerra San Juan Bautista, Santiago, la España y San Gabriel remitieron a disposición de vuestra excelencia los virreyes de Santafé y Nueva España, participando también al mismo tiempo a vuestra excelencia quedar puestos en la cárcel pública de esta ciudad todos los franceses y que en el día siguiente se trasladarían los españoles a uno de sus castillos, y habiéndose verificado así, a excepción del nombrado don Antonio Nariño, que se había fugado del navío San Gabriel en que venía; lo noticio a vuestra excelencia para su inteligencia.

   Nuestro señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cádiz, 22 de marzo de 1796.

   Excelentísimo señor.

Manuel González Guiral.

   Excelentísimo señor príncipe de la paz.

   (Como dirección dice) Cádiz, 22 de marzo de 1796.

Don Manuel González Guiral.

   Llegada de reos en partida de registro y fuga de don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. I, p. 529.

69
MEMORIAL DE NARIÑO AL REY

MEMORIAL DE ANTONIO NARIÑO DIRIGIDO AL REY, DESPUES DE SU FUGA DE CADIZ, FECHADO EN MADRID, INVOCANDO SE LE HAGA JUSTICIA ANTE TANTO ATROPELLO SUFRIDO DESDE EL MES DE AGOSTO DE 1794. Madrid, marzo 19 de 1796.

Antonio Nariño.

Secretaría de Estado

   Marzo 30 de 96.

   Dése noticia al señor gobernador del consejo para que se ponga en prisión.

   Fecha en dicho.

   Señor

   Don Antonio Nariño y Alvarez, a los reales pies de vuestra majestad. Señor.

   Don Antonio Nariño y Alvarez, injustamente acusado de la criminalidad, que resultará de los testimonios y representaciones dirigidas por vuestro virrey y real audiencia de Santafé, me postro rendidamente a los reales pies de vuestra majestad, habiendo experimentado todos los atentados hechos a mi indefensión y peregrinado la inmensa distancia de 2.000 leguas por los riesgos inminentes de las navegaciones espantosas del río de La Magdalena y mares de Cartagena a La Habana de esta isla a Cádiz y el camino penoso de este puerto a la corte de vuestra majestad. En ella espero el soberano consuelo de que vuestra majestad, como mi rey y señor, oiga mis defensas con la imparcial justicia de vuestra suprema rectitud y amor paternal; estando pronto a obedecer ciegamente vuestras soberanas resoluciones.

   Mi presente situación, señor, es la más desgraciada a que puede venir un infeliz, alejado a tanta distancia de mi patria, hijos, amigos y conocidos; me hallo sobre un terreno desconocido con todos mis bienes embargados, con sola la ropa que traigo en el cuerpo y sin tener medios de qué subsistir, ni amigos de quiénes esperar mi socorro y subsistencia; en tan amarga situación apenas puede consolarme la esperanza fundada en el testimonio de mi conciencia, en mi fidelidad y en la soberana justicia de vuestra majestad.

   A pesar de esta complaciente satisfacción, debo temer verme reducido a una dura carcelería, sobra la que he sufrido de 19 meses continuos con los ultrajes y descomodidades que espero manifestar a vuestra majestad, vindicando en justicia mi conducta y procedimientos leales. Por ellos he arribado finalmente a la corte de vuestra majestad, pudiendo haberme profugado en cada jornada de tan larga peregrinación; pues he tenido ocasión para hacerlo; pero mi propio honor y conciencia ha preferido el testimonio más claro de mi inocencia ocurriendo personalmente a mi rey y señor, siguiendo la apelación personal per arreptionem itineris. Y cumpliendo con lo dispuesto por vuestra ley real me he presentado a vuestro gobernador del consejo de Indias y a vuestro primer ministro príncipe de la paz a dar cuenta y razón de mi personal existencia.

   En estas circunstancias, señor, acreditadas en parte por los testimonios exhibidos por mi apoderado, implorando la soberana clemencia.

   Suplico a vuestra majestad se digne mandar dejar mi persona bajo la segura fidelidad de mi comparecencia diaria a vuestro gobernador del consejo de Indias o al ministro que sea del soberano agrado de vuestra majestad, y mandar que mi causa se vea por los testimonios de derecho prevenidos por las leyes en la sala de justicia del consejo de Indias o en consejo de dos salas, o cometerla a la sala de vuestros alcaldes de corte, donde guardándose el orden público de los juicios, atropellado por vuestros ministros de Santafé, quede el público satisfecho de mi inocencia, o castigando mi delito para público escarmiento de justicia.

   Madrid, 29 de marzo de 1796.

   Señor.

Antonio Nariño y Alvarez1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. I, pp. 531-533.

NOTA:
1   Archivo general de Indias. Sevilla. Sección 9. Papeles de Estado. Santafé. Ley 55.

70
CARTA DE NARIÑO A SU ESPOSA

NARIÑO ESCRIBE A SU ESPOSA MAGDALENA ORTEGA Y MESA, NARRANDOLE LOS EPISODIOS Y AVENTURAS DE SU VIAJE EN BARCO DESDE LA HABANA HASTA ESPAÑA. Madrid, 19 de abril de 1796.

Antonio Nariño.

Madrid, y abril 19 de 1796.

   (A su esposa doña Magdalena Ortega y Mesa)

   Mi amada Matica: desde Cádiz y desde aquí te he escrito de mi llegada, ambas muy de prisa. Ahora quiero darte razón de todo lo que me ha sucedido desde mi última de La Habana, en donde nos fue una orden del gobernador el día 25 de enero para que con un solo oficial nos fuéramos a bordo de los barcos que se nos tenían destinados. Marchamos en barcas con nuestros oficiales al ponerse el sol, y nos embarcamos de noche para ir a los navíos, en donde subimos, siendo los del San Gabriel los últimos [...] que entramos. Tomaron nuestros nombres y nos condujeron a lo más profundo del barco, y en el espacio de tres varas de ámbito pusieron nuestros equipajes y sobre él a nosotros, entre dos cañones y un centinela. Considérame, hija mía, colocado como un fardo en un lugar sin ventilación, donde dormían más de 50 marineros, el ganado, los puercos, los enfermos, sin cama, sin poderme desnudar, ni moverme, y en la idea de una peligrosa y larga navegación; pero a pesar de todo esto, una secreta esperanza de mejorarme de suerte y el no cogerme de nuevo el trato que se nos había siempre proporcionado por esos buenos ministros, me hizo dormir toda la noche sobre mis baúles. Al otro día nos mantenían del mismo modo, pero habiendo bajado el segundo comandante me arrimé a él, le entregué una esquelita de recomendación, y le hice presente el modo como nos tenían y el ningún riesgo que había de que nos botásemos al mar. Este hombre adusto y de pocos amigos me contestó que sentía no estar en ocasión de poderme servir, pero que saliéramos de allí y anduviéramos por el barco, supuesto que éramos personas de nacimiento. No quería yo más de su generosidad; salimos y comencé a trabar conversación con cuantos se me venían a las manos y con [...] me di a conocer desde el comandante hasta el último oficial; mas no por esto dejábamos de bajar a dormir a unas redes a manera de hamacas con palos que nos pusieron en el mismo lugar, unos sobre otros, de modo que a mí me tocaba debajo de Cifuentes y no podía, no digo sentarme, pero ni moverme, según lo encima que lo tenía. Así fue que al tercer día ya estaba yo con calentura y concibiendo que de aquel modo no podía llegar a la mitad del viaje, con los conocimientos que me había adquirido, logré que un oficial me vendiera su camarote por $100, haciéndome cargo que si allí me moría, esta cantidad no me servía ni para el entierro. Ya comprenderás que este ajuste sería contando con Pepe Ayala y que, de acuerdo con él, cambié con Urdaneta por $25 que nos dio, y nos bajamos a la cámara en donde, a más de estar bien, nos proporcionaba los jardines, porque yo he sido tan escrupuloso con todos los marineros a cara descubierta y que quizá me hubiera costado un cólico. Pasamos nuestras camas al instante y comenzamos a vivir desde este momento. Ya no éramos sino unos pasajeros, y a pocos días unos amigos de todos los oficiales, que por [...] eran muy buenos y los había de ilustración. No... con ellos porque yo tenía mi [...] mayordomo por $100 y Pepe con los otros [...] destable por 60 cada uno; pero jugábamos, comíamos y estábamos juntos día y noche. Estas amistades me proporcionaron el saber que yo no venía asentado en la partida de registro, y que en el barco no había más razón de mi venida que la que yo mismo había dado la noche que nos embarcamos. Con este conocimiento, viendo que a nadie comprometía, me propuse ponerme en salvo para la corte en el momento que se me proporcionara ocasión.

   Seguimos nuestro viaje en estos términos, sin más incomodidades que las indispensables en la navegación, a pesar del buen tiempo que trajimos, y que son mayores de lo que yo me había figurado; son el verdadero espejo en que se conoce lo que puede la codicia del hombre y su atrevimiento. El día de la Candelaria tuvimos uno de los espectáculos que ofrece esta terrible invención. Uno de los barcos que nos acompañaban hizo seña de hacer agua, y al medio [...] pedía pronto socorro: se le mandó arriara velas y con una bocina dijo estaba haciendo cuarenta [...] de agua por hora al [...] demás barcos que arrimaran, y en señas y providencias llegó la noche que fuera ponernos a todos en la consternación de contemplar perdidos a nuestra vista tanto número de infelices! Qué noche tan larga para nosotros y tan angustiada para los que comenzaban ya a hundirse. Vino el día y a los primeros rayos de luz ya estábamos sobre el alcázar a ver si existían y los reconocimos cerca de nosotros, y respiramos todos .............1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas de Nariño, ob. cit., pieza 6.

NOTA:
1   Del original. Casa-Museo del 20 de Julio de 1810. Sala Nariño.


71
SOLICITUD DE RETENCION DE SUELDO A DEUDOR DE NARIÑO

EL PROCURADOR APODERADO GENERAL DE FIADORES DE ANTONIO NARIÑO DA CUENTA QUE JERONIMO DE MENDOZA, GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE GIRON, DEBE AL TESORERO DE DIEZMOS $250, Y POR CONSIGUIENTE SOLICITA PARA QUE SE AUTORICE EL EMBARGO DE UNA TERCERA PARTE DEL SUELDO HASTA QUE CANCELE LA DEUDA. Santafé, 26 de septiembre de 1796.

Luis Ovalle,
(procurador).
Andrés José de Iriarte.

   Excelentísimo señor:

   Luis de Ovalle, procurador apoderado general de los fiadores de don Antonio Nariño, cuyo poder tengo presentado y aceptado en este superior gobierno, ante vuestra excelencia, en la mejor forma de derecho y con el debido respeto, digo: que don Jerónimo de Mendoza, actual gobernador de la provincia de Girón, es deudor al referido Nariño de la cantidad de $250 que le suplicó en dinero con plazo de cuatro meses, como consta del vale que solemnemente presento; pues aunque él solo reza 216, pero según la nota del acreedor, posteriormente le completó hasta la referida cantidad de $250, y habiéndose cumplido el plazo desde el año de 792, sin haber dado providencia para el pago, ni quedando esperanza de que lo verifique si a ello no se le compele por esta superioridad, mis partes, urgidos de la necesidad en que se hallan de recoger los intereses de dicho Nariño para cubrir, en lo que alcancen, el crecido descubierto de las rentas decimales a que se hallan estrechados, les es indispensable acudir a la superior justificación de vuestra excelencia, como a su nombre lo ejecuto, suplicándole rendidamente se sirva mandar librar despacho cometido al alcalde ordinario de aquella ciudad, el que fuere requerido, para que precediendo el correspondiente juramento en que no difiero con protesta de estar a él en lo favorable, reconozca el deudor aquel instrumento (devolviéndoseme para ello original) y declare por ante el comisionado si la firma que en él se halla es de su puño y letra, y si la deuda de los $250 es cierta y legítima; y en caso de confesarla, le notifique que en aquel acto la consigne con la costa de la cobranza y apercebimiento de ejecución, y no verificándolo, remita las diligencias que practicare con la mayor brevedad y se me entreguen para pedir lo conveniente al derecho de mi parte en justicia, por la cual a vuestra excelencia reverentemente suplico provea y mande como solicito que en lo necesario juro, etc.

   Otrosí, suplico igualmente a vuestra excelencia se sirva mandar que para asegurar esta dependencia se pase orden a los ministros de real hacienda para que del sueldo que goza el deudor le retengan la tercera parte, con arreglo a la real orden del asunto, hasta la íntegra satisfacción de este crédito y costas de la cobranza en justicia. Ut supra.

Andrés José de Iriarte.
Luis de Ovalle.

(firmados).

   Santafé, y septiembre 26 de 1796.

   En lo principal y otro sí, autos.

   (Hay dos rúbricas).

Caicedo.
(firmado).

   Santafé, y octubre 4 de 1796.

   Vistos: en lo principal líbrese el despacho que se solicita, y en cuanto al otrosí, de las diligencias que el comisionado practicare resultará el embargo del sueldo que se enuncia.

   (Hay dos rúbricas).

Caicedo.
(firmado).

   Fecho en 13 del mismo, fojas 4, y se devolvió el documento presentado fojas 1, puso el documento presentado en 1a foja.

Ovalle.
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 56, folio 619 recto y vuelto.

72
RELACION DE CUENTAS SOBRE EL PERIODO DE EJERCICIO DE NARIÑO COMO TESORERO DE DIEZMOS

CUENTA GENERAL QUE SE FORMA DEL DESCUBIERTO DE LA CAJA DE DIEZMOS DURANTE EL PERIODO EN EL QUE ANTONIO NARIÑO EJERCIO LA TESORERIA DE DIEZMOS. Santafé, 26 de noviembre, 26 de diciembre de 1796.

Miguel Romero Martínez,
(contador de las rentas decimales).

   Cuenta general que se forma del descubierto de la caja de diezmos, por el tesorero que fue, don Antonio Nariño, desde el día de su ingreso a dicho empleo, que fue el 15 de septiembre de 1789, hasta el 29 de agosto del año pasado de 1794, día en que se entregaron de dicha tesorería los señores diputados nombrados por los señores muy venerable deán y cabildo, doctores don Cristóbal de Palacio y don Pedro de Echavarri, prebendados de esta santa iglesia catedral, y a ella procedo en la manera siguiente:

   Con respecto a la cuenta que di a los enunciados muy ilustre deán y cabildo con fecha 6 de julio de 1795, le resultó de alcance líquido a dicho Nariño, sus fiadores y abonadores, la cantidad de $92.140, 6 reales, 7¼ maravedís, y comprendiéndose en dicha cantidad $24.376, 7 reales, 8½ maravedís que había cobrado dicho Nariño de los remates del año de 1793, que se repartió dicha cantidad a todos los partícipes en su respectiva distribución N° 198, en el concepto de 85 que el tesorero, que lo es el doctor don Manuel Benito de Castro, se repondría de dicha cantidad de lo primero que se cobrase, así de los bienes de Nariño como de sus fiadores y abonadores, y, por tanto, queda el descubierto contra los dichos en la cantidad de $67.764, 3 reales, 32¾ maravedís, cuya cantidad pertenece a los interesados, que haré presente según sus clases, que resultan por el exacto y prolijo examen practicado en 314 iglesias, comprensivas en este arzobispado, conteniéndose cada una 17 años, contados del de 776 hasta el de 792, inclusive, con tres interesados y además los señores prebendados difuntos, y otros de que se hará mención; en virtud de lo mandado por los señores de la real junta general de diezmos, que se me hizo saber el día 1° de agosto de este presente año 67.764, 3, 32¾
   A favor de la caja $533 que enteró dicho Nariño en dinero efectivo a los señores diputados, que se hace mención en 29 de agosto de 794 533, 00, 00
   Resulta más a favor de la caja, $2.597, 3 reales, 8¼ maravedís, que deben don José Tomás Ramírez, por abono que le hizo dicho Nariño, y a éste se le pasaron en cuenta, en la partida de $13.099,2 reales, 17 maravedís que tiene suplidos a varios interesados en la masa general de diezmos 2597, 3,
   Resulta más a favor de la caja $46, 2 reales, 25% maravedís, que debe doña Manuela Gálvez, los que le resultaron de deuda en la liquidación de cuentas con dicho Nariño de la renta perteneciente a su tío el señor prebendado que fue, doctor Rafael del Pulgar 46, 2, 25¾
   Resulta más a favor de la caja, $35 que debe José Antonio Jurado, los mismos que le suplió don Antonio Nariño a buena cuenta de la renta que gozaba en la distribución N° 198 del año de 1793 y se le pasaron en cuenta a dicho Nariño, y se los descontará el presente tesorero de la renta que goza como portero de los señores muy ilustre deán y cabildo del libramiento que se le ha de dar en el mes de agosto de 1797 35, 00 00
    70.976, 1, 33
   Cuya cantidad de $70.976, 1 real, 33 maravedís es la misma que resulta a favor de los interesados que se harán presente en esta cuenta
TOTAL PARA LOS INTERESADOS

70.976, 1, 33
   Se procede a hacer presente a los interesados y se da principio por los ilustrísimos señores arzobispos acreedores en este descubierto.

Al ilustrísimo señor arzobispo

Doctor don Baltasar Jaime.


   A Martínez Compañón se le quedó debiendo del año de 792 en la distribución N" 197, la cantidad de $6.977, 6 reales
6977, 6,
   Al ilustrísimo y excelentísimo señor don Antonio Caballero y Góngora, en la distribución N" 197, se le quedaron debiendo $431, 5 reales 431, 5
   Cajas reales 7409, 3
   Se proceda a hacer presente a los señores prebendados difuntos acreedores en esta cuenta.
   Al señor prebendado doctor don Juan José de los Reyes, en la distribución N" 197, se le quedaron debiendo $75,3 reales, 31 maravedís 75, 3,31
   Al señor prebendado que fue de esta santa iglesia, y hoy de Córdoba, don Diego de Ugalde, se le quedaron debiendo $38,2 reales, 27½ maravedís 38, 2, 27½
   Al señor prebendado Olarte, en la distribución N" 181, se le quedaron debiendo 7, 1 23
   Al señor Molina, en dicha distribución, se le quedó debiendo 3, 5, 25
   Al señor Maza, en dicha distribución, se le quedó debiendo 10, 2, 13¾
   Al señor Manrique se le quedó debiendo, en dicha distribución 10, 2, 13¾
   Al señor García, en dicha distribución, se le quedó debiendo 11, 5, 11
   Al señor Alea, en dicha distribución, se le quedó debiendo 13, 3,
   Al señor Barasonda se le quedó debiendo en dicha distribución 13, 3,
   Al señor deán Cabrera se le quedó debiendo en dicha distribución 15, 3, 21¼
   Al señor chantre Camacho, en las distribuciones N° 181 Y 183, se le debe 14, 7, 26¼
   Al señor Barasar, desde la N°182 hasta la 188, se le deben 94, 1, 26½
   Al señor Torderillas, en la distribución N° 195Y196, se le deben 11, 4, 14
   Al señor Ricaurte, en las distribuciones N° 189, 194 Y 196, se le deben 5, 1, 27½
   Al señor Tello, en las N° 189, 194 Y 196, se le deben 7, 3, 14¼
   Al señorSalazar,desde la N° 181 hasta la 196, se le deben 78, 4, 3
   Al señor deán que fue de esta santa iglesia, el ilustrísimo señor obispo de la ciudad de la Paz, doctor don Francisco Campos, en la N° 196 se le deben 9, 5,
   Al señor Fajardo, en la N° 183, se le deben 3, 2, 14
   Al señor Cogollos, en la N" 197, se le quedó debiendo 3, 7,
   Al señor maestrescuela Ramírez, en la N" 197, se le quedó debiendo 26, 7, 2
   Al señor deán Osorio, en las distribuciones N° 192, 196 Y 197, se le quedó debiendo 13, 6, 32¾
   Al señor medio racionero Groot, desde la distribución N° 190 hasta la 197, se le deben 8, 7, 20½ 477, 5, 32½
    477, 5, 32½
   Siguen los cuatro novenos de ciudades, villas y parroquias.
   Al cura interino que fue de esta santa iglesia catedral doctor don Marcos Antonio de Rivera, se le debe del año de 792 182, 5, 32¾
   Al cura rector de dicha santa iglesia, doctor don Santiago de ... de dicho año, se le deben 4, 5, 25½
   A los curas que hubiesen sido en la ciudad de San Juan del Puerto, desde el año de 766 hasta el de 792, por no haber ocurrido el muy reverendo padre procurador de la sagrada religión de San Francisco , a quien corresponde pedir por sus partes, se le deben por sus cuatro novenos 566, 1, 18½
   Igualmente a los curas de San Martín que están bajo de dicha religión por dicho tiempo, se les debe 869, 7, 6
   Al albacea o heredero del doctor don Juan Justo Valdivieso, cura que fue de Tenza, se les debe de los años de 791 y 792 . 463, 7, 14¾
   Al doctor don Vicente de la Rocha, como cura que fue de la parroquia de Somondoco del año de 792, se le debe 111, 6, 11½
   Ciudad de Tunja, su parroquial de Santiago.
   Desde el año de 776 hasta 6 de julio de 783 sirvió este beneficio el señor prebendado que fue el doctor don Agustín Manuel de Alarcón, y por dicho tiempo solamente se le debe 14, 0, 14
    2.213, 2, 21

   Estado en que se comprenden los doce ramos de interesados por menor en esta cuenta comprendida en el descubierto de la caja de diezmos, por el tesorero que fue don Antonio Nariño, y se hace presente que el número que contiene cada casilla es la foja en que termina cada uno de dichos ramos.

Real contaduría de diezmos de Santafé, a 26 de noviembre de 1796 años.

Miguel Romero Marz.

   A la real junta general de diezmos.

   El contador general de las rentas decimales de este arzobispado, ante vuestra señoría con el respeto debido, parece y dice: que en atención a lo preceptuado por vuestra señoría a fin de que formase la cuenta del descubierto de la caja por el tesorero que fue de dicha renta, don Antonio Nariño, que se me hizo saber en 1° de agosto del presente año; en su cumplimiento ha formado la que solemnemente presenta, por la que vuestra señoría se impondrá haber sido dicho alcance de $92.140, 6 reales y 7¼ maravedís, de la que deducidos $24.376, 7 reales, 8½ maravedís, relativos al año de 93, que había cobrado dicho Nariño, se repartieron en la distribución N° 198 a sus respectivos interesados, en el concepto de que de lo primero que se cobrase de los bienes fiadores y abonadores de dicho Nariño se repondría de dicha cantidad el actual tesorero doctor don Manuel Benito de Castro, y en esta virtud, solamente quedaron a favor de los interesados que constan por menor en la citada cuenta, $67.764, 3 reales, 32¾ maravedís, a que están obligados los mencionados fiadores y abonadores, y a dicha cantidad se deben aumentar $3.211, 6 reales, ¼ de maravedí; en esta forma: 533, que enteró en dinero efectivo don Antonio Nariño a los señores diputados, que en nombre de los señores muy venerable deán y cabildo se hicieron cargo de dicha tesorería; $2.597, 3 reales, 8½ maravedís, que debe don José Tomás Ramírez por abono que le hizo el dicho a éste y se le pasaron en cuenta en partida de $13.099, 2 reales, 17 maravedís, que tenía suplidos a los interesados a buena cuenta de lo que les tocase en la distribución N°198 del año de 793; $46, 2 reales, 25¾ maravedís, que debe doña Manuela Gálvez, de resultas de la cuenta que tuvo con el expresado Nariño a la renta de su tío el señor prebendado doctor don Rafael del Pulgar; y $35 que debe José Antonio Jurado, portero de los señores muy venerable deán y cabildo, cuyas cinco partidas en una suma ascienden a la cantidad de $70.976, 1 real, 33 maravedís, la misma que consta repartida en la cuenta manifestada; y en ella resulta deben entrar en reales cajas $21.089, 4 reales, 14½ maravedís. Como se hace ver a foja 36 y del estado que a su final aparece, para que en su vista determine vuestra señoría lo que hallare por más conveniente.

   Real contaduría de diezmos de Santafé, y noviembre 26 de 1796.

   Otrosí digo: Que no se le esconde a vuestra señoría que su majestad (que Dios guarde) es patrono protector universal de todas las iglesias y sus ministros; y en su consecuencia tiene en vuestra señoría refundido todo su directo real dominio en los diezmos, a fin de que no se pierda un cuartillo, y muchísimo menos en la presente tentativa.

   Vale ut supra,

   Real contaduría de diezmos de Santafé, a 26 de diciembre de 1796.

Miguel Romero Marz.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Fondo de Diezmos, t. 15, folios 826-829, 862-863.

73
SE ADVIERTE SOBRE LA PRESENCIA DE NARIÑO EN LA NUEVA GRANADA

MANUEL DE MENDOZA DENUNCIA AL OIDOR JUAN HERNANDEZ DE ALBA LA PRESENCIA DE ANTONIO NARIÑO EN EL NUEVO REINO DE GRANADA. DILIGENCIAS CONSIGUIENTES HASTA SU NUEVA CAPTURA EL 19 DE JULIO DE 1797. Santafé, 3 de julio de 1797.

Manuel de Mendoza.

   Señor oidor don Juan Hernández de Alba.

   En cumplimiento de lo que vuestra señoría me ha ordenado en este día, y estimulado de las obligaciones de buen vasallo de su majestad (Dios le guarde), no puedo menos de poner en su noticia: que habiendo salido yo y otro hermano mío de esta capital para la villa de San Gil, el día 7 del pasado junio, encontramos en el camino del monte que llaman del Moro (y al que hay de esta ciudad cuatro días de distancia), a un hombre que venía en una bestia mular, muy pequeña, adornado de una ruana blanca, bota fuerte y sombrero blanco de primera; y al tiempo de saludarle alzó el rostro, por el cual, y no obstante de traerle tapado hasta la nariz con un pañuelo blanco, hallé que era don Antonio Nariño, que por tenerlo toda mi vida conocido, no me quedó duda de ser este sujeto, quien después de haber contestado en voz baja, trató de ocultarle más con el mismo pañuelo, y pasando por junto de mi hermano (que iba a pie por habérsele fatigado la bestia), lo alzó hasta cubrirse los ojos y aun inclinó y ladeó la cabeza para no ser conocido, y siguió camino con un peón que llevaba, y éste iba a caballo con otro de diestro.

   Quise ratificarme en este conocimiento, y habiendo posado en el sitio que llaman Mata redonda, donde una mujer Bárbara, de cuyo apelativo no me acuerdo, le pregunté a ésta si por allí había pasado aquel sujeto, dándole para ello las señas, a que contestó que sí, y que aun había llegado a su venta a buscar chicha, que por no haberla tomó aguardiente únicamente, y aunque le hice varias preguntas dirigidas a si sabía cómo se llamaba y de dónde venía, me dijo que todo lo ignoraba.

   Al siguiente día, antes de seguir viaje, le encargué a esta dicha mujer que cuando volviese por allí el peón que llevaba, se informase de él qué sujeto era, de dónde venía y a dónde lo dejaba, quedó de practicarlo así; y al regreso de mi viaje llegué a su casa y le recordé lo que le había encargado. Díjome que no se le había olvidado, pues que habiéndole preguntado al peón lo mismo que yo le encargué, le había respondido que no llegó a saber cómo se llamaba dicho sujeto, que juzgaba que venía de muy lejos, que llevaba mucho dinero; que al pasar por algún lugar o parroquia contrariaba el camino y daba la vuelta para otra parte; que al pasar por Puente Real de Vélez había hecho la misma diligencia de tomar otro camino y pasar el río a nado; y finalmente, que había llegado a esta ciudad de noche, en donde lo dejó en una de las tiendas de la calle real, en donde le dijo el sujeto que se volviese, pagándole bien su trabajo. Y aunque esforcé el examen para con la mujer, siempre se refirió a lo mismo que va expuesto, diciéndome ser lo único que el peón le había referido.

   Esto es lo que con sencillez y verdad puedo informar a vuestra señoría, estando como estoy pronto a declarar bajo la religión del juramento, lo mismo que va expuesto en servicio del rey nuestro señor.

   El del cielo guarde la vida de vuestra señoría muchos años.

   Santafé, y julio 3 de 1797.

   Besa la mano de vuestra señoría

   su rendido súbdito.

Manuel de Mendoza.

   Santafé, 3 de julio de 1797.

   Con el denuncio antecedente original, dése cuenta inmediatamente al excelentísimo señor virrey del reino, así por la gravedad del asunto, como también porque no se pierda tiempo en las diligencias, medidas y precauciones que vuestra excelencia se sirva tomar en él.

Alba.

   Santafé, 4 de julio de 1797.

   Considerando este asunto de la mayor reserva e importancia, comisioné para su descubrimiento, y cuanto pueda ofrecerse en él al señor don Juan Hernández de Alba, de cuya actividad y celo espero que, sin perdonar fatiga, practicará cuantas diligencias sean conducentes, entendiéndose en ellas conmigo sólo, a fin que todo se verifique con el mayor sigilo.

Mendinueta.

   De acuerdo con su excelencia se nombra a don Andrés Barros y don Francisco Carrasco, para que celen con vigilancia las operaciones de la mujer de don Antonio Nariño, y sus principales amigos y favorecedores, dirigiendo su esmero a descubrir el paradero del mismo Nariño, para lo cual se les comunique las convenientes instrucciones, de forma que con oportunidad participen las noticias que adquieran interesantes al caso, dándoseles el paso necesario, en términos que ningún juez, ronda o patrulla les ponga embarazos, antes bien, les presten todo auxilio.

Alba.

   Siendo conocida la utilidad que puede resultar de evacuarse las citas comprendidas en el antecedente denuncio, se comisiona para ello a don José Tovar, corregidor de Tunja, quien por sí breve, cautelosa y exactamente recibirá declaración a la mujer llamada Bárbara, dirigiendo su cuidado principalmente a la averiguación del conocimiento y paradero del peón que se asegura condujo a esta ciudad a don Antonio Nariño; en términos que, purificada esta diligencia, y habido el peón con algún honesto pretexto, le remitirá inmediatamente a disposición del excelentísimo señor virrey, si no se considera más conveniente conducirle preso acompañando original todo lo que actúe, dando los avisos y noticias que estime conducentes.

   Si por algún accidente no pudiere hacer la remisión de las diligencias con la prontitud que se desea. Para lo cual se libre la orden correspondiente.

   Santafé, 5 de julio de 1797.

Alba.

   Don Andrés Barros y don Francisco Carrasco, en cumplimiento de su obligación han velado y rondado, sin adquirir noticias particulares, pues las que han podido haber han salido infructuosas.

   Santafé, 7 de julio de 1797.

   (Hay una rúbrica).

   Hasta la fecha, sin embargo de haber acompañado a las espías y con ellas haber practicado varias diligencias en solicitud de Nariño, no se ha podido averiguar su paradero.

   Santafé, 9 de julio de 1797.

   (Hay una rúbrica).

   Las interesantes noticias que al anochecer de este día me comunicó el señor arzobispo para que se las diese al señor virrey, inmediatamente lo ejecuté, y en caso necesario se extenderán en este expediente.

   Santafé, 10 de julio de 1797.

   (Hay una rúbrica).

   Con las noticias de la diligencia antecedente, se ha aumentado el esmero y cuidado, pero no ha sido posible saberse el paradero de Nariño.

   Santafé, 13 de julio de 1797.

   (Hay una rúbrica).

   En la ciudad de Santafé, a 13 de julio de 1797 años, juntos y congregados en el palacio virreinal para celebrar acuerdo extraordinario los señores virrey, presidente, regente y oidores y fiscal del crimen de esta real audiencia, comunicó su excelencia las importantes noticias que en calidad de reservadas le había comunicado el ilustrísimo señor arzobispo al señor don Juan Hernández de Alba y a don Anselmo Bierna y Mazo, asesor del virreinato, relativas en sustancia a que don Antonio Nariño, prófugo de Madrid, se condujo a París y propuso a monsieur Talien el proyecto de sublevar este reino constituyéndolo en República, a cuya propuesta le contestó: que aunque en lo público no se podía proteger la idea por la paz con España, en lo secreto se auxiliaría por los medios posibles, disponiendo que los españoles no condujesen armada capaz de impedirla, y que en la Inglaterra se podría adoptar mejor por la presente guerra. Que con esta confianza pasó Nariño a Londres, donde despreciado por Pitt, logró de otro ministro la admisión del proyecto, concertando sus operaciones en la forma siguiente: que se presentaría en la plaza de Cartagena una pequeña escuadra con los designios de un ataque fingido para llamar allí la atención y fuerzas del reino, y que el verdadero sería por la Guayana, río del Orinoco y el de Meta, por donde facilitarían a los naturales todos los auxilios necesarios; que con esta confianza volvió Nariño a París, y manifestando el concierto a Talien, le facilitó éste en Burdeos embarcación que le condujo a las costas de Caracas, por donde se introdujo en este reino vestido de clérigo, seduciendo a las gentes y en particular a los curas; que estas noticias eran seguras; así como también se sospechaba que don Pedro Fermín de Vargas se hubiese restituido aquí para obrar de acuerdo con Nariño. Igualmente manifestó su excelencia que después de algunos recados verbales por medio de su asesor al señor arzobispo últimamente, le había respondido que por extenso daría las noticias que había adquirido y adquiriese, ofreciéndoselo, en nombre de su majestad, no proceder criminalmente, de suerte que resultase pena de sangre o de aflicción de cuerpo. En estas circunstancias, meditado tan grave asunto con la reflexión que corresponde, acordaron se dirigiese oficio al señor arzobispo para que bajo la seguridad pedida, franquease luego cuantas noticias hubiese y consiguiese; que su excelencia continuase con la eficacia que había comenzado las precauciones, medios y disposiciones necesarias que en general indicó dirigidas a impedir semejante proyecto y resistirle con la fuerza en caso necesario; que a los jueces del reino de entera confianza se le dirigiese orden para la prisión de Nariño y Vargas, formándose al intento la correspondiente instrucción. Así lo dijeron, rubricaron y firmaron.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 25-29.

NOTAS:
En la misma fecha se libró al corregidor de Tunja la orden prevenida en el auto antecedente. (Hay una rúbrica).
En 19 de julio de 97 se dirigió copia por principal, y en 19 de agosto del mismo por duplicado.

74
OFICIO DEL VIRREY MENDINUETA AL ARZOBISPO

TENIENDO CONOCIMIENTO DE QUE VARIOS CURAS PARROCOS DE PUEBLOS HAN AUXILIADO A PEDRO FERMIN DE VARGAS Y ANTONIO NARIÑO EN SUS ACCIONES DE SUBLEVACION GENERAL, SOLICITA AL ARZOBISPO LE INFORME DE LAS NOTICIAS QUE TENGA AL RESPECTO. Santafé, 14 de julio de 1797.

Pedro Mendinueta,
virrey

   Habiéndoseme dado noticias muy seguras de que se han introducido en este reino don Antonio Nariño y don Pedro Fermín de Vargas, sujetos bien conocidos por sus anteriores causas y de que promueven con vivas sugestiones una sublevación general para la que esparcen la voz de que están acordes con los enemigos de la corona y cuentan con su auxilio, y añadiéndose a estas especies la de que entre las personas con quienes habían tratado y procurado seducir se cuentan algunos eclesiásticos especialmente párrocos de los pueblos de afuera, entre otras providencias anticipadas determiné oír el parecer de los señores ministros de esta real audiencia sobre asunto tan importante, de cuya resulta se determinó en real acuerdo que respecto a la circunstancia insinuada de haber los promotores hecho partícipes de su proyecto a varios eclesiásticos y por tanto considerar probable que vuestra señoría ilustrísima pueda tener algunas noticias que suministren luz para proceder en la materia, se soliciten de su celo por el real servicio, causa pública e interés de la religión, que no peligra menos en estas revoluciones, esperando manifieste cuanto sea conducente, bajo la promesa que hago a vuestra señoría ilustrísima a nombre de su majestad, de que las noticias que comunicare no influirán en modo alguno para la formación de causa en que pueda venir pena aflictiva, o de sangre, ni se hará uso que desdiga del respetable conducto por donde se trata de adquirirlas; exponiéndome vuestra señoría ilustrísima su dictamen en todo lo demás que juzgue oportuno en esta ocasión y sirviéndose ejecutarlo con la brevedad que exige tan importante asunto en que interesa no desperdiciar los momentos.

   Dios guarde a vuestra señoría ilustrísima muchos años.

   Santafé, 14 de julio de 1797.

Pedro Mendinueta.

   Excelentísimo señor arzobispo de esta diócesis.

   Es copia.

El conde de Torre Velarde.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 33-34.

75
MEMORIAL DEL ARZOBISPO AL VIRREY MENDINUETA

INTERMEDIACION Y ENTREGA DE NARIÑO. MEDIDAS COERCITIVAS ADOPTADAS POR EL OIDOR DECANO JUAN HERNANDEZ DE ALBA. Santafé, 17 de julio de 1797.

Baltasar Jaime, arzobispo, Pedro Mendinueta, virrey
Antonio Nariño. Juan Hernández de Alba,
oidor.

   Excelentísimo señor:

   Con mi mayor veneración y aprecio recibí, cerca de las dos de la tarde del 14 del corriente, el superior oficio de vuestra excelencia la propia fecha, dirigido a que yo le comunicase las noticias que tuviese y prontamente le informase lo que se me ofreciese sobre el asunto a que se refería, bajo la promesa a nombre de su majestad, de que las noticias que comunicasen no influirían en modo alguno para la formación de causa en que pudiese venir pena aflictiva o de sangre, ni se haría uso que desdijese del conducto por donde se trataba de adquirirlas.

   Y no habiéndolo contestado hasta aquí, por las razones y causas que constan a vuestra excelencia; habiendo ya cesado éstas, con no poco dolor y pena de mi corazón, voy a ejecutarlo ahora en que están dando las dos de la tarde y acabo de levantarme con un gran destemple de cabeza y algo de calentura, con sólo el objeto de evacuar esta diligencia.

   Y a su consecuencia aceptado ante todos casos o ratificando la aceptación que por separado tengo hecha en toda forma de la promesa que dejo trasladada a vuestra excelencia, por mí y a nombre de todos y cada uno de los que en cualquiera manera pudiesen tener algún interés en el literal cumplimiento de ella, y confiando asimismo de la notoria humanidad, generosidad y cristiandad de vuestra excelencia y de sus largos y profundos conocimientos del ser de los hombres enemigos interiores y exteriores que continuamente lo combaten y de su fragilidad, debilidad y flaqueza, en todas edades, constituciones y lugares, que no contentándose con cumplir por su parte dicha promesa, resultando algunos culpados, recomendará a su majestad sus causas, suplicándole que como universal y amoroso padre de sus vasallos, se digne no sólo aprobar y confirmar la providencia o providencias de vuestra excelencia, sino también emplearlos en aquel ministerio, u oficio que estimase pueda expedir sin riesgo de reincidencia y con satisfacción, complacencia y edificación de regnícolas o extranjeros bajo de dicha aceptación, o su ratificación y confianza que llevo insinuada, digo en contestación de dicho superior oficio lo siguiente, a saber: que los dos sujetos nominados en él se hallan en este continente. Que el nominado en primer lugar pasó desde Madrid por el de junio del año anterior de 96 a París y a Londres, desde donde regresó a París, que dejando ajustadas ciertas negociaciones relativas a proteger una insurrección general en este reino, y prevenido de que podía dejar un apoderado que reclamase el cumplimiento de cierta ley o constitución concerniente a dicho objeto, se embarcó en Burdeos, y desembarcado en la costa de Caracas hizo su camino por tierra hasta esta capital vestido de clérigo, imponiendo a las personas que pudo de sus intentos, y de la justicia que envolvía por emplear nuestro soberano las rentas de estas iglesias en hacer guerra al papa, dejando a muchos seducidos.

   Estas noticias todas las comunicó dicho sujeto a otro de esta capital o residente en ella, con el fin, sin duda, de fascinarlo y seducirlo, y oídas éste las comunicó a otro la noche del 8 del corriente bajo de dos condiciones: una, que con la posible brevedad las denunciase en la forma que mejor le pareciese, y otra, que por ningún motivo hubiese de revelar, ni descubrir su persona, el cual, bajo de las mismas dos condiciones por lo respectivo a su persona, me las comunicó cerca de las dos o tres de la tarde del día 9 inmediato, porque aunque hubo de venir a mi casa a las nueve de la mañana con este designio, y se mantuvo en el corredor de ella hasta más de las doce, en que me levanté, sabiendo que iba a decir misa, dijo a mi secretario: Yo tengo que hablar una palabra de conciencia muy urgente con su ilustrísima, pero voy a mi casa, porque no me echen menos, y entre dos y media y tres volveré sin falta; según que cerca de las oraciones de aquella propia tarde informé de todo a vuestra excelencia por el conducto que le consta, y con la contestación e insinuaciones de éste, repetí personalmente esta diligencia y la de exponer verbalmente a vuestra excelencia la mañana del día siguiente lo que por entonces, y sin demora, me parecía podría ejecutarse en la materia, y la tarde de aquel mismo día impuse de todo, también de palabra, a la persona que me señaló vuestra excelencia posteriormente, y señaladamente el 15 del corriente supe que el mismo sujeto nominado en primer lugar en el oficio de vuestra excelencia había sentado que sus viajes a París o a Londres habían sido ciertos, pero motivados de las noticias que se le habían comunicado de que iba a imponérsele la atroz sentencia de destierro a los presidios de Africa. Que en Londres se había detenido un mes, y otro tanto en París a su regreso de Londres, no habiendo sido mayor su detención por haberse mudado su nombre para su mayor seguridad, y sabido que por aquellos mismos días había sido aprehendido otro y lo que se celaba sobre los emigrados. Que se embarcó en Burdeos en un navío neutral y desembarcó en las Antillas, y que desde allí, con pasaporte neutral, pasó y desembarcó en la costa de Caracas, y que desde allí, por Maracaibo, sin separarse del camino real, con sola la precaución de un pañuelo en la cara y la de no dejarse ver de personas que lo conociesen, había hecho su viaje a esta capital con el fin de ver a su mujer y a sus hijos y el de presentarse a vuestra excelencia así que llegasen los correos que esperaba de España, y supiese si se hubiese pronunciado su sentencia y los términos de ella; pues aunque desde Burdeos había escrito a Madrid para que le participasen lo que hubiese, la pronta salida del barco no le había dado lugar para esperar la respuesta. Y finalmente, que había sabido que se daban como ciertas algunas negociaciones ajustadas con los ingleses para proteger la alteración o sublevación de estas provincias, pero que para pensar de este modo era preciso ignorar enteramente el gobierno y la conducta de los gabinetes, y más en las circunstancias del tiempo en que él estuvo en Londres; y que sobre todo no había en aquella corte mantenido trato y comunicación sino con sólo españoles, y que no habiendo podido conseguir pasaporte para regresar a Francia por la proximidad de la declaración de la guerra con nuestro soberano, sólo pudo proporcionar en calidad de criado de los españoles que se retiraron a aquel reino; teniendo plenos comprobantes de todo.

   Y omitidas las reflexiones y reparos que dichas noticias ofrezcan ya consideradas de por sí, ya careadas las unas con las otras, por tener verbalmente indicadas las más principales a la persona que vuestra excelencia me tenía señalada para tratar de estas materias, y por habérseme levantado después que me he puesto a escribir, un dolor de estómago sobre lo que yo me temía de antemano, que no me deja gusto ni disposición para nada; concluiré esta contestación diciendo: que yo, en lugar de vuestra excelencia, procuraría saber por todos los medios posibles el paradero de ambos sujetos y especialmente el del nombrado en primer lugar; y sabido que con la correspondiente seguridad, pero sin estrépito ni cosa que oliese a violencia ni prisión, fuese enviado a esta capital, imponiéndole antes del indulto de vuestra excelencia, que llegado aquí él oficiosamente, se presentase informando a vuestra excelencia con toda verdad y sinceridad, de todo lo ocurrido desde su salida de Madrid, y en lo conducente de lo que hubiese ocurrido antes de ella, hasta la fecha de su presentación, acompañando los comprobantes que tuviese de su narrativa, y que negándose a practicar por sí este oficio, se le recibiese su confesión al tenor de un interrogatorio ajustado a la causa y sus circunstancias; que siendo necesario que tanto en los lugares del camino como en esta capital haya conversado, conferido y tratado con deudos y conocidos, informase de buena fe y bajo de la seguridad de dicho indulto, lo que sobre su viaje, ideas, medidas y disposiciones le hubiesen oído. Y últimamente me informaría de todo lo que pudiese conducir para un conocimiento claro, distinto y cierto de la geografía de estas provincias, censo y circunstancias de sus ríos, consultando, y siendo necesario, llamando a los más prácticos y expertos en el asunto, y en la misma conformidad indagaría si dentro o fuera de esta ciudad hubiese algunas personas que bajo de cualquier respeto me pudiesen ilustrar y coadyuvar con gusto, buena voluntad a mis intenciones, no sólo de precaver cualquiera alteración por ligera que pudiese ser, y de inspirar a todas las provincias una general y sólida idea de seguridad y tranquilidad, porque aunque yo conozca el natural despego, buenas inclinaciones, fidelidad y cristiandad de las gentes de estos reinos en general, y esté bien persuadido de que ningún libertino originario de extranjero sea capaz de pervertir sus ánimos ni hacerles creer que sus proyectos o designios se encaminasen a mejorar la condición de las provincias, pueblos ni familias, sino sólo la suya personal, ensalzándose sobre todos y poniéndolos bajo de su férula o de sus pies; y aunque tampoco juzgue que las primeras noticias sean como se han dado, y me haga cargo de que aunque lo fuesen, de un momento a otro varían las circunstancias o las deliberaciones; pero al mismo tiempo reconozco las obligaciones de un gobierno ilustrado, prudente y celoso en precaver los menores motivos de inquietud o público desasosiego y en promover la conservación y mayor seguridad de la común paz y tranquilidad, y bajo de este concepto emplearía, constituido en el lugar de vuestra excelencia, los medios que dejo indicados, sin omitir ninguno de los demás que igualmente tengo insinuados de palabra y a vuestra excelencia y a dichas dos personas, deseoso del servicio de ambas majestades y del mayor bien y prosperidad de estas provincias, conversión de cualesquiera personas preocupadas o ilusas a su corazón, consuelo, edificación y gozo de las timoratas y fieles, que serán las más o casi todas, y descargo de mi conciencia, vuestra excelencia resolverá lo que mejor y más oportuno y acomodado le parezca p ara el logro de dichos fines; dispensando mis borrones con consideración a mi actual constitución, y ocupándome siempre con toda confianza en cuanto estimare pueda contribuir al servicio de Dios y del rey, al de los pueblos de su mando y especialmente a los de este mi arzobispado, y al de su propia persona. Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 17 de julio de 1797.

   Excelentísimo señor.

Baltasar Jaime,
arzobispo de Santafé.
Excelentísimo señor virrey don
Pedro Mendinueta.

   19 de julio de 1797.

   En la ciudad de Santafé, después de las oraciones de este día 19 de julio de 1797, don Antonio Nariño, conducido por don Pedro Chavarri, secretario del ilustrísimo señor arzobispo de ella, hasta la puerta principal del palacio virreinal, donde lo recibió el señor don Juan Hernández de Alba, y condujo a una de sus salas, compareció ante el excelentísimo señor don Pedro Mendinueta, virrey del reino, y dijo: que bajo del seguro prometido a su ilustrísima, manifestaría cuanto supiese desde que salió de Madrid hasta el día, sin faltar en nada a la verdad, sus ideas y proyectos, el estado actual de ellos, los efectos que hubiesen producido, y finalmente, cuantas noticias le pidiese su excelencia, quien ratificó de nuevo el seguro referido, en la firme inteligencia de que no se ocultase, ni disimulase cosa alguna de cuanto pudiese servir para la tranquilidad pública, pues de otro modo, a pesar de su piedad y conmiseración, usando de las altas facultades que las leyes le franquean, se vería en dura, pero precisa necesidad, de usar, con el referido Nariño, del rigor que las mismas previenen para iguales casos.

Pedro Mendinueta.
Antonio Nariño.
Juan Hernández de Alba.

   Inmediatamente conduje a don Antonio Nariño al cuartel de caballería, en donde quedó arrestado con los encargos correspondientes de vigilancia para su seguridad.

Alba.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 39-44.

76
INSTRUCCIONES DEL VIRREY PARA LA CAPTURA DE NARIÑO Y VARGAS

INSTRUCCION QUE SE HA DE CONSERVAR PARA LA PRISION DE ANTONIO NARIÑO Y PEDRO FERMIN DE VARGAS. Santafé, 18 de julio de 1797.

Mendinueta,
virrey.

   Sabido el paradero de Nariño o Vargas, se tomarán todas las medidas necesarias para su captura, de modo que no se malogre ésta, escogiendo personas de toda confianza con los auxilios oportunos, teniendo en consideración que por la noche se practican estas diligencias, por lo común, con mayor seguridad.

   Verificada la captura, se dará aviso de ella al instante por el conducto que sea más pronto, comunicando al mismo tiempo el camino o parajes de su conducción a esta capital.

   En seguida se dispondrá su remisión con la correspondiente seguridad de prisiones y hombres que puedan resistir cualquier acontecimiento de otros para quitársele.

   En lo posible se evitará pasar por los pueblos, y en los parajes de tránsito o descanso no se le perderá de vista a ninguna hora ni se le permitirá comunicación con persona alguna.

   Su remisión no será con el nombre de don Antonio Nariño o de don Pedro Fermín de Vargas, sino con el de monsieur Lebruc, dando a entender que es un reo de consideración.

   Será una de las principales precauciones recogerles cualesquiera papeles, cifras, apuntes o libros, practicando exacto reconocimiento hasta del vestido que lleven.

   Si con ellos se hallare alguna persona que los acompañe, se hará lo mismo en captura, reconocimiento y remisión.

   Si pasare por alguna parte donde se sospeche que puede haber inconveniente, se variará el camino, tomándose la precaución de enviar adelante una persona de confianza que, adquiriendo noticias, comunique las que sean conducentes.

   Si en la jornada se necesitare algún auxilio de armas, gente o dinero, lo pedirá a las justicias, o cualesquiera persona, las cuales se lo franquearán con prontitud y sin excusa, quedando responsables en caso de no hacerlo, de que se les impondrá las rigurosas penas que merezcan.

   Un día antes de entrar en esta ciudad dará aviso el conductor para que se le comuniquen las órdenes oportunas en términos que sin detenerse en el camino llegue con anticipación el aviso.

   El juez o persona a quien se dirija esta instrucción tomará con reserva cuantas noticias sean imaginables para descubrir el paradero de Nariño y Vargas y, cuando sea imposible su captura, a lo menos avisará lo que supiese.

   A el que hiciese esta prisión se le ofrece, a nombre de su majestad, la recompensa proporcionada a las circunstancias en que sea, o de un destino proporcionado, o $4.000.

   Si se viese que de la prisión de Nariño resultara conmoción en el pueblo, se suspenderá y comunicará lo conveniente sin perder tiempo.

   Si para los gastos de captura y conducción no hubiese de penas de cámara, se suplirá de cualquier modo, en inteligencia de que se pagará sin demora.

   Las señas de Vargas son las siguientes: buena disposición de cuerpo, como de seis pies; color trigueño, pelo negro grueso; ojos y cejas negros, pobladas y arqueadas; nariz larga y algo corba, abultados los juanetes de los pies, y un poco estevado, de 34 a 38 años.

   Y las de Nariño en la forma siguiente: buen cuerpo, blanco, algunas pecas en la cara, ojo cuencudo o saltado, pelo rubio claro, boca pequeña, labios gruesos y belfo, habla suave, tono bajo y algo balbuciente, de 34 años.

   Asimismo el comisionado obrará muy reservadamente y dará puntuales noticias si por desgracia advirtiere alguna cosa, producción, medios o disposiciones dirigidas a turbar la tranquilidad pública; procediendo con prudencia a cortar en su origen, si fuere posible, semejantes perjudiciales novedades.

   Santafé, 18 de julio de 1797.

Mendinueta.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 35-37.

77
DESCUBREN PROYECTO DE SUBLEVACION EN VENEZUELA

EL CAPITAN GENERAL DE VENEZUELA PEDRO CARBONELL, INFORMA AL VIRREY DE SANTAFE EL PROYECTO DE SUBLEVACION DESCUBIERTO EN VENEZUELA EN CONNIVENCIA CON LOS PROYECTOS DE ANTONIO NARIÑO. Caracas, 19 de julio de 1797.

Pedro Carbonell,
(capitán general de Venezuela).

Reservada N° 2.

   Excelentísimo señor:

   Ha sido descubierta una gran revolución general en estas provincias, dirigida a trastornar el orden público, erigirse en república independiente. Asegurado uno de los reos, don Manuel Montesinos y Rico, se hallaron entre sus papeles la instrucción o plan para los generales y jefes, el decreto convocatorio, una canción titulada Soneto americano, y otro papel con varias cifras, de las cuales ha podido entenderse una que dice así: "En Santafé se cree ya todo listo, en España no se duda, y los anuncios provistos no dejan la menor duda". Es presumible mantengan correspondencia con ese reino, y principalmente con su capital, máxime hallándose acusado don Manuel de Ayala, capitán de infantería retirado, primo hermano de don José Ayala, natural de esa ciudad, y uno de los reos complicados en el grave suceso del esparcimiento del papel Los derechos del hombre, de que me dio aviso el excelentísimo señor don José de Ezpeleta, antecesor de vuestra excelencia, quien con estas luces podrá tomar las providencias que a su perspicacia parezcan oportunas a contener el mal, si como recelo hubiese contagiado a algunos malos españoles. Entre los reos descubiertos son don Miguel Gual, capitán de infantería retirado, y don José de España, que han hecho fuga; las señas del primero: estatura regular, bien formado, aire marcial, color trigueño, ojos vivos, boca grande, labios belfos, cerrado de barba, y con hoyo natural en ella, frente espaciosa, pelo propio con entradas, piernas bien formadas y su aspecto de 40 años, antes más que menos, habla bien y con propiedad, es hombre de modales cultos, ha servido más de 30 años desde la clase de cadete hasta la de capitán del batallón Veterano de esta provincia; ahora estaba retirado, llevaba el vestido de tal, pero verosímilmente usará el de paisano; le acompaña un criado. Las del segundo: alto de cuerpo, un poco cargado de espaldas, color trigueño, ojos chicos y sumidos, cerrado de barba, los juanetes de la cara bastante sacados y chupado de carrillos. Por si la aprehensión de don Manuel de Ayala que tengo mandada hacer no se lograse, mediante a que se halla ausente de esta capital y no tengo aviso ninguno del comisionado al intento, e importando su captura como vuestra excelencia puede conocer, especialmente por la relación de parentesco indicada en ese reino, le hago presente que sus señas son éstas: pequeño de cuerpo, bastante fornido, color trigueño que tira a amarillo, lleno de cara, cerrado de barba, ojos algo grandes y bizco especialmente del uno, cargado de espaldas, nariz afilada, frente un poco esparcida, pelo propio, bien empernado, y por accidente, manchado el cuerpo y las manos, por lo cual suele usar guantes; su clase y uniforme como Gual, aunque debe inferirse se disfrace de los modos más extraordinarios; su voz es algo ronca; se explica medianamente y sus modales agradables y de una regular estatura; su edad 40 años, y su aspecto algo menos. Vuestra excelencia conoce, también como yo, cuánto interesa al bien del Estado la aprehensión de estos delincuentes, y así no me detengo en encargársela y, conseguida, se servirá hacerlos mantener en seguridad, dándome aviso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Caracas, 19 de julio de 1797.

   Excelentísimo señor.

Pedro Carbonell.

   Excelentísimo señor virrey de Santafé.

   Es copia. Santafé, 19 de septiembre de 1797.

José de Leyva.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo, Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 53-54.

78
INFORME AL REY SOBRE LA SITUACION SOCIOECONOMICA DEL NUEVO REINO DE GRANADA

INFORME RESERVADO, DIRIGIDO AL MONARCA ESPAÑOL POR EL CONDE DE TORRE VELARDE, EN EL CUAL DESCRIBE EL PANORAMA SOCIOECONOMICO DEL NUEVO REINO DE GRANADA; LOS CONATOS DE SUBLEVACION A PARTIR DE 1781, PARTICULARMENTE EL PROYECTO PROMOVIDO POR NARIÑO Y LA NECESIDAD URGENTE DE AMPLIAR LAS TROPAS DE ORIGEN EUROPEO EN EL INTERIOR DEL REINO. Santafé, 19 de julio de 1797.

El conde de Torre Velarde.

Reservada.

   Señor:

   Este reino, situado en el extremo por el cual la América meridional se une a la septentrional, abundante no sólo de minas de oro y plata sino de ríos en cuyas arenas se encuentra en granos el oro: enriquecido de tantas producciones de la naturaleza, que por sí solas bastarían a hacerlo feliz, es el más pobre que se conoce en el nuevo mundo.

   La general desidia e inaplicación al trabajo de sus habitantes es el que no logren de las proporciones con que los ha dotado la naturaleza. Les cuesta muy poco el mantenerse: viven casi desnudos (por ser en lo común los climas ardientes) y así contentos, como no se les altere la ociosidad que logran y apetecen. No es esto por indiferencia o despego a los bienes; sino porque quieren lograrlos sin trabajo; por lo que son siempre que pueden ladrones y continuamente borrachos, de la chicha que tampoco les cuesta. Fáciles de seducir y soberbios aunque inconstantes en sus pasiones: distinguiéndose mucho las mujeres, de las cuales en ninguna parte he visto tan crecido número de homicidas que los ejecutan aun en sus hijos con la mayor barbaridad, de la que pudieran citarse ejemplares pasados y presentes, no raros sino por desgracia demasiado frecuentes.

   La gente que se dice de honor y tiene ascendiente sobre el pueblo, participa en mucha parte de estos defectos; y aunque no faltan personas fieles y de probidad, que los detestan, son éstas en menor número. Ellos son inconstantes, cavilosos, intrigantes, desidiosos e inaplicados a solicitar, trabajando su adelanto en las tierras propias o ajenas que poseen. Sin amor, o con muy poco (por lo común) a la mujer e hijos; que son las rémoras que suelen contener, aun a los más malvados; y propensos como la gente popular (que sólo movida obra) a la rebelión; así porque conocen estar indefenso el reino como porque los jueces carecen de medios para contenerlos y dar puntual cumplimiento a las leyes.

   Y como en las revoluciones pasadas (de que se hace recuerdo, por la conexión que tienen con la presente) han logrado la impunidad, lejos de contenerlos la blandura excesiva con que se los ha tratado, los ha hecho más insolentes, y en vez de ahogarse y extinguirse su espíritu de rebelión, parece sólo ha aumentado la piedad.

   Desde que llegué a este destino, observé que en estas partes no reinaron aquellos sentimientos que generalmente tienen las gentes que aprecian el honor. En todos se experimenta, como el primer deseo de los hombres, el adquirir calidad y logrado, el que ponen sus miras en ilustrarse; de modo (si pueden) que en algo se distinguen de los demás, no excusando los gastos y diligencias que considerasen oportunos, para conseguirlo. Este universal y honroso modo de pensar no ha florecido en estas partes. Después de dos y medio siglos de ocupado este reino y establecida su capital, sólo se encuentran, fundados por sus vecinos, dos mayorazgos, tan deteriorados en poco tiempo, que no pasará mucho sin que se aniquilen del todo. Y a sus poseedores, que los poseían (aun sin el trabajo de pretenderlos), se les confirieron dos títulos; los que por no querer pagar lanzas, o redimirlos, caducaron. Ninguna insignia militar entre sus vecinos; hasta que el alférez real don Luis Caycedo se condecoró con la de real orden de Carlos III que es la única, y el único hijo de ésta, que la tiene; de modo, señor, que sabiendo que en una ciudad subalterna como Quito, hay varios titulados, 16 mayorazgos y cruces militares, me causó la mayor extrañeza faltasen estos distintivos en la capital del reino, por ser en las que siempre excede el número con respecto a las ciudades subalternas; y comprendí no reinasen en sus naturales aquellos estímulos honrosos que en otras partes [porque] era corto el número de los que los tenían, concepto en que el mayor conocimiento de cosas me ha fijado; y las diversas sublevaciones que ha habido, me lo acreditan; como también la poca fidelidad que por lo general se halla en sus naturales, de los cuales, como he dicho, aunque entre los de esta ciudad hay leales vasallos, no considero sean en mayor número, ya por los sucesos que han ocurrido y ya por los enlaces de parentesco con que entre sí están estas gentes unidas y ligadas.

   La sublevación del año de 781 ha sido la más ruidosa y considerable; y se puede decir que se continúa hasta ahora; porque sofocada y no extinguida, ella renació en 1794 y ahora en 1797. En 781, el muy reverendo arzobispo la sofocó por unos medios que la necesidad obligó a adoptar. Los de la provincia de Vélez y sus inmediatas, que son las más pobladas, se encaminaron a esta capital con el objeto de atacarla. La Inglaterra fomentó la sublevación por medio de emisarios; y so pretexto de que en la visita que se hacía del reino se imponían ciertos derechos, declararon su conmoción; fiados en los auxilios que se les prometieron remitir por el río de la Hacha y La Guaira, que no pudieron realizar; o porque en la guerra de aquel tiempo no lograban las ventajas que en otras habían conseguido; o porque ya se trataba, o pensaba en la paz, que tuvo efecto a principios de 783.

   En 794 revivió el espíritu de insurrección que, oportunamente descubierto, se tomó el medio de remitir a España a los reos, con sus causas; entre los cuales fue don Antonio Nariño, quizás el más perverso y culpado en ella. Este ha logrado hacer fuga de Madrid; y según los denuncios que se tienen, se halla en el reino con las miras de sublevarlo.

   El prenuncio de la actual insurrección, más temible y de mayores consecuencias que las anteriores, fue la llegada a Santa Marta, en un barco neutral, de Bárbara Forero, que, abandonando a su marido, se ausentó con don Pedro Vargas, a fines de 1791, desamparando también éste a su mujer; fuga en que se quisieron encubrir otros designios, con llevarse a dicha Bárbara, porque poseyéndola sin que el infeliz marido tuviese aliento ni aun para quejarse, ni ninguno se le opusiese a la pacífica posesión que de ella tenía, no hacía causa para la fuga que hizo; y sólo fue un pretexto por cubrir otros designios y desvelar los cuidados del gobierno, con la apariencia de rapto de una mujer casada.

   El intempestivo regreso de ésta al expresado puerto, con diverso nombre en una embarcación neutral, excitó la curiosidad e hizo recordar la requisitoria despachada a principio de 792 en la que hallaron se prevenía el mismo nombre fingido con que cubría el verdadero, que estrechada hubo de confesar.

   Mandada remitir a esta capital, sólo se halló entre sus papeles (que en el camino se le tomaron) ser de alguna atención, un cuaderno en que traía escrita su vida, y aun pintado su viaje y entrada en esta capital; asunto prevenido, porque se le había quitado el cuaderno mucho antes de su llegada, y pieza escrita con designio, y en que se refiere su fuga, el extraordinario viaje que hicieron, y ser los estímulos de la religión los que la resolvieron a separarse de su amante Vargas; pero al mismo tiempo, a nada está menos dispuesta que a propender a su unión con el marido, que públicamente resiste.

   Si a su llegada a Santa Marta se hubiese tenido presente la requisitoria, que se recordó después, y se la hubiesen tomado los papeles, que con el tiempo que intermedió pudo salvar, y dirigir por los correos, quizá se hubieran descubierto en su principio los designios de la intempestiva venida de Jamaica de esta mujer, que no debía dudar la causa que tenía formada por su fuga; y sabía hallarse en un presidio el compañero cómplice de ella, aun siendo menos criminal que ella.

   Al extraordinario viaje que emprendieron desde esta capital, dio mérito el hallarse Vargas empleado en la secretaría del virreinato, con la confianza y estimación de secretario, desde el tiempo del muy reverendo arzobispo virrey, donde logró ver, y se cree, copiar las noticias y plan formado para la sublevación del año 781, y el modo como la Inglaterra debía auxiliarla.

   Dicho plan fue remitido por el conde de Aranda, siendo embajador en París, y reservadamente comunicado al virrey con real orden de 1° de diciembre de 793, a fin de que se tomasen las oportunas medidas, de modo que en lo sucesivo no pudiese tener efecto. En la secretaría de Indias, entre los papeles reservados correspondientes a aquellos años, deberá encontrarse.

   A pocos días de venida esta mujer, y entendiendo en su causa vuestro ministro don Juan Hernández de Alba, con la actividad, inteligencia y celo que le asiste del servicio de vuestra majestad, se le dio en 3 del presente el denuncio de haberse encontrado el que lo daba en Puente Real con don Antonio Nariño, y con la mejor reserva procedió a dar las providencias correspondientes, a fin de ratificar y afianzar el denuncio, y prenderlo, si como se recelaba, estaba en la ciudad, descubrir sus parciales y vigilar su conducta.

   Cuando este ministro trabajaba más eficazmente en el asunto, se halló llamado con reserva por el muy reverendo arzobispo, que le dijo: sabía hallarse en el reino don Antonio Nariño: había desembarcado en las costas de Caracas; viajaba en traje de clérigo; venía persuadiendo los pueblos a la insurrección, trabajando en corromper los ánimos de los curas y feligreses para el efecto. Que huyó de Madrid, luego que supo que se había aprobado su sentencia; pasó a París, donde se abocó con M. Talien, y que éste le dijo (lo que me parece no es creíble) que aunque las ideas de la Francia eran se formasen repúblicas, los actuales empeños con la España no permitían tomar parte en el asunto; porque le aconsejó pasase a Londres. Que míster Pitt desechó su propuesta, mas ocurriendo a otro ministro, logró se aceptase, y se acordó el que se le suministrarían armas y provisiones para la sublevación del reino. Que se atacaría y tomaría la Guayana, situada a orillas del río Orinoco, para por él, internándose al Meta, que es navegable hasta la provincia de Vélez (que dista cinco o seis jornadas de esta capital) fomentar y auspiciar la rebelión, haciéndose al mismo tiempo una diversión por Cartagena, a fin de llamar a su socorro la gente de lo interior y que quedase indefensa la capital. Que don Pedro Vargas (sujeto tan malo como Nariño y más perjudicial por su mayor talento, y los conocimientos aun prácticos que posee), desembarcó por Santa Marta, y que se tomasen las medidas correspondientes a evitar el mal que amenazaba. Y aunque confusamente, insinuó podrían tomar temperamento las cosas a común satisfacción. Esto es lo que de palabra dijo al citado ministro, que ratificó al siguiente día al virrey, y repitió al asesor; se acordó sirviese de internuncio para que no se notase por el pueblo la frecuente personal comunicación de ambos; habiendo pedido tres o cuatro días para descubrir más en el negocio. Y como esta audiencia da cuenta de lo ocurrido u obrando por su parte, y el virrey de las providencias que ha tomado, con copia de la contestación que ha tenido del muy reverendo arzobispo, en que aparecen ser dos los denuncios que se le dieron diversos en cuanto al objeto, pero contestes en lo demás, aunque con algunas circunstancias, menos que las referidas y que dijo de palabra; y también del denuncio hecho por el alcalde de Anolaima, de dos sermones sediciosos predicados por el cura de aquel pueblo, con razón de las providencias tomadas, me remito a dichos documentos, por no molestar la soberana atención de vuestra majestad.

   Este es, señor, el estado que tienen las cosas. No se duda la existencia en el reino de estos reos, especialmente de Nariño. El plan de sublevación, ataque y fomento de la Inglaterra, es el mismo que se formó en 781, y que aunque entonces no tuvo todo su efecto, ahora se pretende que lo surta; por la propensión tan conocida y reiterada en estas gentes para sublevarse. ¿Qué fuerzas hay para resistir dos enemigos: uno doméstico, y otro extraño; temibles ambos y mucho más el primero? Ningunas, señor, ningunas; pues la indefensión en que se halla el reino so pretexto de ahorro de gastos, lo tiene expuesto no sólo a ser presa del primero que lo ataque, sino a que sus mismos naturales emprendan sublevarse movidos de Nariño y sus parciales, que llenos de las desgracias máximas del tiempo, piensan y empreden la loca y temeraria resolución de formarse república; lo que no se atrevieron a imaginar, si los que le han mandado hubiesen atendido a guarnecerlo de modo (conociendo como debían, el carácter de sus habitantes), que éstos no pudiesen osar el emprender unos designios tan viles, cuyo fruto sólo sería al fin la desolación de la tierra, pero no la sustracción del dominio de vuestra majestad, el más benigno y benéfico que puede desearse y no merecen estos pérfidos corazones.

   Las fuerzas, señor, que tiene esta ciudad, y todo el reino interior, están reducidas hoy, según me he informado, a poco más de 300 infantes, 30 caballos y pocos artilleros. No hay milicias, y si algunas, como es necesario, se forman precipitadamente, ni dejará de tenerse recelo de la mayor parte de ellas, ni tendrán la instrucción correspondiente para ser útiles, en la ocasión, si llega el caso de que verifiquen sus traidores designios Nariño y Vargas.

   Es, señor, no servir a vuestra majestad el no hablarle con la claridad correspondiente en los asuntos en que se interesa su real servicio; y aunque algunas veces podrá ser excesivo, el celo y fidelidad que la motiva servirá de disculpa en el benigno corazón de vuestra majestad.

   Son necesarios, señor 1.500 hombres de tropa europea, en lo interior de este reino; para que en algún modo se pueda decir tiene defensas, distribuidas del modo siguiente: 300 en la provincia de los Llanos, que es la puerta por donde los que penetren por la Guayana y río Orinoco, deben entrar; y en esta provincia, siempre de gobernador un oficial de conocida fidelidad y experiencia y valor; 200 en la villa o ciudad del Socorro, de la provincia de Vélez, a donde se llega muy cerca por el río Meta, entrando a él por el del Orinoco que lo recibe; 200 en Tunja, cuyo corregidor debe ser (como hoy lo es don José Jover), de conocida fidelidad; 100, repartidos en Honda y Guaduas, seis leguas distante, una de otra población; y los 700 restantes en esta capital, cuyos habitantes prestan el influjo a los demás pueblos.

   Cada año deberán mudar de lugar estas tropas, saliendo las de la capital a aquellos destinos, y residiendo las de ellos en la capital. Pero cada dos años deberán bajar los 1.500 hombres a Cartagena y subir a esta plaza otros tantos, a reemplazarlos. Como también el número de artilleros, que juzgo serán suficientes en ésta 60.

   Para la manutención de estas tropas, de modo que por lo que respecta al real erario de vuestra majestad quede (al menos) en el mismo pie que se halla, será, pienso, buscar arbitrios, que es de absoluta necesidad traigan gravamen a sus habitantes. Este es un mal a que ellos dan causa y es preciso que lo padezcan. Es una pena de su repetida infidelidad, y es forzoso la sufran. De ellos mismos debe salir el costo de unas tropas que su perfidia obliga a aumentar y mantener en este reino.

   Del modo expuesto se logrará el que haya tropa útil en la ocasión, porque no arraigándose en un lugar no adquiere aquellos enlaces que la enervan y ligan de tal modo a los terrenos, que las reducen a la clase de los paisanos contra quienes no obran en los casos que es necesario sujetarlos como en la ocasión se requiere; pues teniendo a la vista la mujer que los cuida y aun les contribuye lo que adquiere; los hijos, que en larga mansión le procrea; los parientes de ésta, con quienes ha tenido una larga comunicación y amistad, es forzoso que, sino se les caen las armas de la mano, a la vista de estos objetos, obren de apariencia y sin el vigor que se requiera.

   Las gentes del reino son buenas, conducidas para el servicio de Cartagena, plaza cerrada, en la que distantes de sus hogares, no tienen motivos que los retraigan de ser útiles; y estos conocimientos dieron mérito a que se ordenase sean las tropas de esta capital de solos europeos.

   Pero aún sería conveniente que las de Cartagena fuesen europeas; lo que se podía verificar sin disminución de la gente y tropa de España, mandándose de este reino otro tanto número de hombres como el que viniese. Tiene de inconveniente el que la gente de lo interior haga el servicio en Cartagena, de que cumplido su tiempo, se regresan al lugar de su origen, no sólo perdido el miedo a las armas, sino ejercitado en ellas; y sirve de maestro de los demás, enseñándoles su uso, lo que es muy perjudicial y daños en las sublevaciones, a que son tan propensos; inconveniente que se evita, remitiéndoles para reemplazo de los que vienen, que cumplido su tiempo, se avecindarán en esos reinos, siendo muy pocos los que tengan oportunidad y medios para regresarse.

   La poquísima tropa que he referido existe, con no moverse nunca de esta capital y haber sido necesario agregarle número de reclutas del país, por falta de europeos, para reponerla, no sólo es poca sino de poca confianza; y aún tiene otro defecto, que muchos oficiales (de cuya fidelidad no desconfío) son ineptos, y han obtenido los destinos por beneficio; de modo que sería conveniente mandarlos para que sirviesen en Cartagena, donde la mejor y más exacta disciplina que se observa en las plazas de armas los formase e hiciese útiles, lejos del abrigo de sus casas.

   Como los brazos militar y político se auxilian mutuamente, resultan del infeliz estado del primero la debilidad del segundo. Tanto, señor, que no es posible ejercer la justicia donde faltan los medios para comprimir los malhechores. Este es el triste estado a que se hallan reducidos en ésta los jueces. Les faltan los brazos para obrar y la impunidad hace ilusoria y no respetada la justicia. En ninguna parte he visto circunden a los jueces, ministros tan infieles como en ésta. Ellos los venden y reducen a ilusorias las más justas providencias. Apandillados entre sí, hacen trabajar el ánimo de los jueces, tanto o más que los mismos reos. Las cárceles lo son más en el nombre que en la realidad. En ellas no se encuentra un lugar seguro en qué custodiar un reo de cuidado, quien no quiere, no facilita, con alguna contribución corta, el tratar aun con los privados de comunicación. A más del general carácter de infidelidad de estas gentes, concurre la cortedad de sus dotaciones, punto en que no tocara, si al mismo tiempo que ésta no solicitase (por representación separada) de vuestra majestad el que me traslade su piedad a otro destino, me jubile, asignándome lo que sea de su real agrado para sustentarme, o me exonere del destino para apartarme de este reino con tanto horror como Lot de las ciudades proscritas.

   Esta audiencia, señor, necesita de una sala de crimen. Con un solo ministro más, está formada. Se compondrán dos salas, una civil y otra criminal, cada una de tres sujetos. Así como las audiencias de Lima y México se regulan de ascenso, es necesario constituir de la misma clase las de este virreinato y de Buenos Aires. Que a ellas asciendan los que en las menores hayan aprendido el oficio, ejercitando la judicatura y adquirido las experiencias que son tan necesarias en las capitales de los virreinatos, que es donde ocurren los negocios más graves. Para hacerlas apreciables, si como parece necesario para el servicio de vuestra majestad, se constituyen de ascenso, es preciso aumentar los sueldos; pues con los actuales, según el estado a que han subido las cosas, no es posible subsistir sino con miseria, y tal vez molestando a algunos vecinos; pues puedo con verdad asegurar a vuestra majestad que si no más, tan cara es esta ciudad como la de Lima, a excepción de las casas, aunque en ésta han subido al doble sus arrendamientos, de diez a doce años a esta parte. Ninguna de la América exige tanta atención como ésta, porque se halla como cercada de un ejército de islas, poseídas unas por vuestra majestad y otras por diversas naciones: las que comienzan en la isla de la Trinidad, situada casi en las bocas del río Orinoco, que hoy nos ocupan los ingleses y terminan en la de Cuba, que da su costado, o largo, por el norte, a la costa de la Florida. Esto hace más expuesto este reino por la proporción que dan a los enemigos para atacarlo, las islas; y es lo que fomenta el espíritu de rebelión tan repetidamente manifestado en este reino, que exige, por las circunstancias expresadas, la mayor vigilancia y todos los esfuerzos correspondientes para mantener la presión, no sólo por lo que es en sí, sino porque su pérdida, por su situación, podría ocasionar la del resto de las Américas.

   Esto es, señor, lo que por ahora me ha parecido poner en noticia de vuestra majestad, escrito con la aceleración y poco sosiego que permiten las circunstancias del tiempo presente y la próxima partida del correo. Pongo a Dios eterno por testigo de que no me mueve a poner esta representación en la real consideración de vuestra majestad otro motivo que su divino servicio, el de vuestra majestad, el bien común, el cumplimiento de las obligaciones del destino en que la divina Providencia y la piedad de vuestra majestad me colocaron: los estímulos de mi honor y fidelidad; y el haber en parte de la América, con compatriotas tan leales y amantes a su soberano que saben sacrificarse por él como lo han acreditado en cuantas ocasiones han ocurrido, motivos que me hacen ver con el mayor horror la perfidia de aquí, cuanto estoy acostumbrado a verla tan distante de los demás de esta parte meridional. Pero repito, señor, que no faltan fieles honrados y virtuosos naturales de aquí que sienten los extravíos de los corrompidos corazones de sus paisanos, y desean se separen de su cuerpo unos miembros cancerados que lo dañan e infaman.

   Por último, señor, reitero a vuestra majestad mi súplica de que su piedad se digne trasladarme a otro destino, como en memorial separado se lo ruego por las razones que en él expreso; o si lo tuviese a bien, jubilarme, dejándome su bondad del sueldo lo que sea de su agrado, o exonerarme del empleo, a fin de separarme de un país tan ominoso para mí; y también que esta representación o informe que sirva de luz cuanto expongo, pero no pueda penetrarse por los de este reino, los que no sólo podrían satisfacerse en mi vida, como no dudo lo intentarán, sino en mi honor, arbitrando medios para que lo perdiese, pues son sabios para llevar a efecto los medios de la iniquidad.

   Dios guarde la católica real persona de vuestra majestad muchos años, como se lo piden sus leales vasallos.

Santafé, y julio 19 de 1797.

El conde de Torre Velarde.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillenno. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 55-64.

79
OFICIO DEL VIRREY MENDINUETA AL PRINCIPE DE LA PAZ

INFORME SOBRE LAS INSTRUCCIONES QUE HA IMPARTIDO A LOS GOBERNADORES Y CORREGIDORES CON EL FIN DE CAPTURAR A PEDRO FERMIN DE VARGAS Y ANTONIO NARIÑO. DA CUENTA DE LAS MEDIDAS DE TIPO MILITAR QUE HA ORDENADO. PRECAUCIONES TOMADAS EN LA PROVINCIA DE LOS LLANOS. Santafé, 19 de julio de 1797.

Pedro Mendinueta,
virrey

Muy reservada.

   No. 1 Principal.

   El virrey de Santafé, referente a lo que con igual fecha informa a vuestra excelencia, con el real acuerdo sobre haber vuelto a aquel reino don Antonio Nariño, reo de las causas anteriores y profugado de España a donde fue remitido y estar también don Pedro Fermín de Vargas contra la tranquilidad pública, da cuenta de las providencias gubernativas y militares que ha tomado y expone el riesgo en que se halla y necesidad de prontos auxilios.

   Excelentísimo señor:

   Con esta fecha informo a vuestra excelencia, junto con el real acuerdo, la novedad ocurrida en este reino de haberse sabido el regreso a él y aun a la misma capital de don Antonio Nariño, reo comprendido en los pasados recelos de alteración, habiéndose profugado de España, a donde fue remitido con otros de la misma causa; de las vehementes sospechas de que también se halle en el país don Pedro Fermín de Vargas, reo de otras varias por las que, y por diversas circunstancias, se hace tan sospechoso como Nariño; y del peligro inminente con que estos sujetos, mediante sus intrigas y maquinaciones, amenazan la quietud y seguridad de estos dominios.

   Como en dicho informe se relaciona lo ocurrido, se reflexionan las circunstancias peligrosas de este caso, no menos por lo respectivo al reino que por el riesgo de contaminarse el daño y mal ejemplo a las demás posesiones de su majestad en este continente, y se expone la crítica situación actual con la urgente necesidad de prontos socorros, no me parece a propósito cansar la atención de vuestra excelencia repitiendo lo que verá al propio tiempo que esta carta y sólo en cumplimiento de la obligación a que como jefe de estos reinos, que su majestad se ha servido confiarme, estoy constituido, paso a informarle de lo que en este apuro he tenido por preciso providenciar. Entre las exquisitas diligencias practicadas en la misma capital para la averiguación del paradero de estos sujetos y principalmente Nariño, así por medio de la actividad del oidor don Juan Hernández de Alba, como por los oficiales de mi inmediación y confianza, y otros sujetos de que me he valido, he pasado las más estrechas órdenes requisitorias a todos los gobernadores y corregidores de las provincias, no sólo para que busquen y arresten en caso de ser hallados los nominados reos, sino para que celen y estén en el correspondiente cuidado sobre la introducción de cualesquiera otros emisarios suyos y sobre el progreso con que pueda manifestarse desde el principio su seducción; añadiendo a los de las provincias marítimas las prevenciones respectivas para que celen la entrada y salida de todo extranjero y persona sospechosa. Estas providencias no se han limitado a los gobernadores y corregidores, sino que tomando noticias de otras personas seguras y de respeto de varios pueblos, las he comisionado para que entiendan en los mismos asuntos y me participen cuanto pueda convenir para mi inteligencia. En este mismo aviso he pasado a los gobernadores confinantes de fuera de la dependencia del virreinato y pasaré también al virrey de Lima en el correo de la mañana.

   He dispuesto se recorran y tengan listas las armas y pertrechos que existen en el reducido parque de esta capital, haciendo construir cartuchos, balerío y otras cosas que faltaban para el servicio de varias pequeñas piezas que, si llegare la ocasión, pienso reservar inutilizando las restantes y aprontando lo demás que puede ser de provecho en una urgencia. A las compañías de mi guardia y al batallón auxiliar he mandado estén con la vigilancia que conviene, redoblando en ciertos casos en que parece más precisa; pero como el número de esta tropa está ya tan reducida según tengo representado varias veces, no puedo prescindir de contar con la parte del vecindario que se mantuviese fiel si las cosas llegasen a prorrumpir abiertamente; al efecto tengo anticipadas listas que se han formado y van formando con reserva, porque el punto es en sí delicado, en esta clase de ocurrencias los más ocultan su verdadero modo de pensar y tanto riesgo se corre de armar a un enemigo como de separar a los que serían fieles y mediante la exclusiva podrían volverse contrarios; por eso no he procedido hasta ahora a un aislamiento y arreglo formal esperando que el tiempo y acaecimiento sucesivos den luz más clara en el asunto.

   Para evitar en parte esta clase de apuro y dificultad, he mandado al gobernador de Cartagena haga venir a esta capital un destacamento de 200 hombres de aquel regimiento fijo, número que agregado a lo que a este batallón auxiliar le resta, apenas lo pondrá en el completo de su limitado pie.

   Pero la importancia de aquella plaza en esta guerra y otras muchas razones me han decidido a contentarme por ahora con él, dejando prevenido a dicho gobernador y al marqués de Torre Hoyos, coronel que fue del extinguido regimiento de milicias de la villa de Mompós, lo conveniente para más activas providencias y considerable auxilio si se manifestase una sublevación decidida en estas provincias interiores. Queda siempre el recelo de que si al propio tiempo se presentasen los enemigos con fuerza por aquellas costas y, sobre todo, si efectivamente atacase la plaza, no hay recursos para acudir a ambas partes y en tal caso se obraría según dictase la imperiosa ley de la necesidad, sin otro arbitrio.

   También, a precaución de un lance semejante he participado mi situación a los gobernadores de La Habana y Puerto Rico, solicitando algún refuerzo, aunque sea corto, de tropa veterana; dudo si el estado de aquellas plazas y sus guarniciones permitirá a dichos jefes condescender con mi instancia, y si saliese cierto mi recelo no hallo más recurso para mejorar esta desagradable situación hasta que su majestad, informado de vuestra excelencia, se sirva dar sus soberanas providencias.

   Para la provincia de los Llanos, objeto de cuidado, como manifesté a vuestra excelencia en el correo anterior, he nombrado un oficial de este batallón que, según informes, me ha parecido a propósito, al cual he conferido interinamente y en comisión el gobierno de ella, haciendo retirar al propietario por no ser militar como se requiere ahora y porque las conexiones de parentesco y amistad que tiene en el reino y varios informes que reservadamente me han dado, le constituyen sospechoso; basta decir que es hermano de uno de los principales amigos y compañero de interés de Nariño. Dicho oficial encargado de la interinidad, lleva todas las órdenes e instrucciones convenientes con respecto a las circunstancias, dichas y demás de aquellas provincias que por su comunicación al Orinoco puede dar ingreso hasta lo más interior de este reino a los enemigos que, situados por su conquista de la Trinidad a las bocas de aquel río, están en posibilidad de verificarlo sin otro obstáculo que el débil y amenazado establecimiento de Guayana aunque por esto exija otra clase de auxilios en tropa y pertechos, son éstos tan escasos y absolutamente necesarios aquí, según inferirá vuestra excelencia del contexto de este oficio, que no me he determinado a franqueárselos ahora, fiando en los recursos de que con la gente del país pueda facilitarse al mismo oficial sobre el terreno.

   Por todo lo dicho y el citado informe del real acuerdo a que me refiero, comprenderá vuestra excelencia el estado actual de este reino, las dificultades que nos cercan, la falta grande que ha hecho el auxilio de gente veterana que, sabiamente determinado por el ministerio de vuestra excelencia y verificado por el de guerra, se malogró en la isla de Trinidad; y la necesidad absoluta de acudir al remedio con la urgente brevedad que manifiesta la misma naturaleza de la cosa, su majestad determinará lo más acertado, seguro entre tanto de que no omito ni omitiré medios de cuantos alcancen mis fuerzas y constante ánimo de sacrificarme en su real servicio, seguridad y defensa de los dominios que se han servido confiarme.

   Nuestro Señor guarde la vida de vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de julio de 1797.

   Excelentísimo señor.

Pedro Mendinueta.

   (Un calco de la firma y rúbrica).
   Excelentísimo señor príncipe de la paz.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba. Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 45-48.

80
INFORME SOBRE LA NUEVA PRISION DE NARIÑO

OFICIO RESERVADO SUSCRITO POR EL VIRREY MENDINUETA Y LOS MIEMBROS DE LA REAL AUDIENCIA POR EL CUAL PARTICIPA AL PRINCIPE DE LA PAZ LA NUEVA PRISION DE ANTONIO NARIÑO Y LAS DILIGENCIAS ADELANTADAS PARA CONSEGUIR LA DE PEDRO FERMIN DE VARGAS. Santafé, 19 de julio 1797.

Pedro Mendinueta, Joaquín Inclán
Juan Hernández de Alba, Francisco Javier de Ezterripa
El conde de Torre Velarde, Manuel Mariano Blaya.

Reservado

   Triunfó por fin la perfidia de los suaves respetos de la benignidad y clemencia. Don Antonio Nariño sacrificó a su maldad los deberes a Dios, al rey y a la humanidad. Es él la causa de los sentimientos de esta real audiencia, de los cuidados del público y de los fundados temores que aún sospechan justamente la inquietud universal del reino en que tanto se interesa. En el día tres del corriente mes se denunció bastante circunstanciadamente su llegada a estos dominios a don Juan Hernández de Alba, ministro togado del tribunal. Los fundados temores de una novedad al parecer increíble, estimularon su celo, para dar parte de ella inmediatamente al excelentísimo señor virrey y, enterado, tuvo a bien comisionar al mismo, interesándole en el descubrimiento de una noticia, que siendo cierta produciría infaliblemente perjudiciales resultas. No convenía que el público se instruyese de este suceso, tanto que extrajudicialmente se practicaron exquisitas diligencias en busca de Nariño por espías de entera confianza, rondas e investigaciones secretas, sin adelantarse en el asunto cosa particular; en la tarde del día 9 por el ilustrísimo prelado de esta capital, se dieron al señor ministro comisionado las noticias que comprende la copia del acuerdo extraordinario que se acompaña, con encargo especial de que al instante las comunicase a vuestra excelencia, lo que verificó sin pérdida de tiempo, de suerte que al momento se principiaron a tomar algunas providencias. Al siguiente día lo pasó su ilustrísima a palacio, instruyó al señor virrey de lo mismo y después a su asesor general, encargando a todos que, por la gravedad del asunto, se tomasen cuantas precauciones fuesen imaginables, ofreciendo que en la forma que pudiese las ratificaría por escrito para que así no se notasen en lo público las visitas que en otras circunstancias eran precisas. En este estado se esperaba que su ilustrísima verificase la oferta, pero con la confianza de que tenía proporción para componer el asunto con honor y satisfacción, avisó que por dos días no se hiciese novedad alguna en lo exterior. Poco satisfecho ya de que surtiesen favorables efectos sus buenos oficios, participó que extendería las noticias bajo del seguro que pidió y se le concedió por el acuerdo a que convocó al señor virrey, porque a la sazón ya se habían pasado tres días, y en desempeño de su obligación no podía menos que manifestarse al fiscal, que estimó conveniente se le pasase el oficio que contestó en los términos que manifiestan las copias.

   En el día, dos cosas son las que pide principalmente el Estado de este asunto: seguridad pública por las disposiciones, medios y arbitrios que sean capaces a los escasos recursos en que se halla el reino actualmente; prisión y castigo de Nariño y los cómplices en su infernal proyecto. Aquélla incumbe al excelentísimo señor virrey y la está desempeñando completamente en cuanto le es posible. Esta es propia del fiscal, y en ella se interesa tan de veras, que no se perdona fatiga, diligencia ni esmero que no se emprenda en su consecución. Para la audiencia es una certeza moral que Nariño está en el reino, y de este antecedente deduce fatales consecuencias, porque conoce su carácter emprendedor de cuantas maldades son imaginables. Bien lo manifestó en la inicua defensa de su causa sobre lo que en tiempo oportuno hizo el fiscal a su majestad la censura que merecía. Ya empieza a experimentarse el fruto de su semilla sediciosa por la predicación impía que el cura de Anolaima hizo a sus feligreses en el santo templo de Dios, según el denuncio de los alcaldes pedáneos de que asimismo se acompaña copia. Si como se sospecha con fundamento, don Pedro Fermín de Vargas ha venido también, será más fácil la empresa de estos perversos hombres. Este sujeto, tan malo cuando no peor que Nariño, es de superiores luces, tiene más altas ideas, ha tenido por mucho tiempo comunicación con los extranjeros, está imbuido en sus máximas y viene recientemente de Jamaica, habiendo enviado a estos países a Bárbara Forero, con quien se ausentó de ellos llevando consigo exactos planes y cuantas noticias sean precisas por la facilidad que tuvo de adquirirlas en la secretaría del virreinato cuando era oficial de ella. Los daños que amenazan a la República pudieran precaverse por la fuerza, mas ésta, señor excelentísimo, es tan débil y escasa, que no puede resistir los impulsos superiores de los contrarios, aunque éstos no sean de la mayor consideración. No es, no, el auxilio que se dice de los ingleses el que causa los cuidados y recelos. Poco importaba éste si en los naturales hubiera aquella confianza que debiera. Será corto el número de los que en una necesidad urgente favorezcan las intenciones del gobierno. En estas tristes circunstancias es indispensable acudir a los arbitrios de la industria y prudencia por si es posible sofocar en su origen la maquinación que se procura. No sería tal nuestra situación cual la puede comprender vuestra excelencia, si los socorros que venían destinados a este reino no se hubieran perdido en la isla de la Trinidad. Por esta razón nada interesa tanto como socorrer la necesidad por aquellos medios que sean más prontos y eficaces, de suerte que pueda la pública autoridad, en el lugar que le corresponde por los respetos de la fuerza, se cortarían después de raíz los males que ahora no se pueden. Son ya muy repetidos los ejemplares de esta naturaleza para que se dejen correr y repetir cada día. Llegará a crecer la epidemia a tales términos, que cuando se intente sea tal vez imposible su curación.

   Verdad es que este reino presta pocas ventajas por su escasa utilidad, mas también lo es que por otros respectos tiene grandes intereses y conveniencias. Es la llave de todo el Perú y, prendido en el fuego de la libertad, correría como una llama sin impedimento. A pesar de que la audiencia cumplirá hasta lo sumo sus deberes, no llenaría sus obligaciones y ofendería gravemente los respetos de la soberanía si en el grave asunto de que se trata no dijera con claridad su dictamen y concepto. En esta virtud, observando la real orden que se le comunicó en los anteriores sucesos, para que en ellos se entendiera con vuestra excelencia, lo ejecuta así por medio de este informe, esperando que en vista le comunique su majestad las que sean de su real agrado. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, y julio 19 de 1797.

   Excelentísimo señor.

Pedro Mendinueta, Juan Hernández de Alba,
Joaquín Inclán, El conde de Torre Velarde,
Francisco Javier de Ezterripa, Manuel Mariano Blaya.

   Excelentísimo señor príncipe de la paz.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II. pp. 49-52.

NOTAS:
En el mismo 19 se dirigió por principal este informe, acompañando las copias que en él se expresan.
En 19 de agosto se sacó y dirigió el duplicado de esta representación.

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NARIÑO RESPONDE AL INTERROGATORIO DEL OIDOR HERNANDEZ DE ALBA

NARIÑO CONTESTA EL INTERROGATORIO PROPUESTO POR EL OIDOR HERNANDEZ DE ALBA, ACERCA DE CUANTO PRACTICO DESDE SU AUSENCIA DE MADRID HASTA SU PRESENTACION EN ESTA CIUDAD Y AMPLIACION DEL MISMO Santafé, 30 de julio de 1797.

Antonio Nariño.
Pedro Mendinueta,

virrey.

   En virtud de lo que tengo ofrecido a vuestra excelencia por medio del ilustrísimo señor arzobispo, y que consta de la diligencia practicada en la noche del 19 del corriente, con anuencia del señor oidor doctor don Juan Hernández de Alba, paso a exponer sencilla y verídicamente cuanto contemplo conducente al mejor servicio de su majestad (que Dios guarde). Declarando, con la confianza que me debe inspirar su soberana bondad, todo lo que he practicado desde mi ausencia de Madrid hasta mi presentación en esta ciudad; para que la noticia de mis yerros pueda concurrir al mantenimiento del buen orden y seguridad de estas provincias.

   Después que me presenté en Madrid solicitando el que se me oyese en la causa que por esta real audiencia se me había seguido para dar mis descargos, viendo que pasaba tiempo y que no podía conseguir ninguna providencia que siquiera me pusiese a cubierto de la sentencia que contra mí se había pronunciado en esta ciudad, comencé a temer. No sabía qué partido tomar, porque desamparar la corte en un tiempo en que no podía hacer ver mi inocencia, no era un partido prudente, y exponerme a que por algunos acontecimientos, que no puede prever la prudencia humana, se me fuera a confirmar una sentencia peor que la misma muerte, era temeridad. Yo consideraba mi honor ultrajado, mi familia en el último desamparo y expuesto a pasar el resto de mis días en un presidio y en el abandono. Así vivía agitado con tan tristes consideraciones cuando se comenzó a rugir la guerra con los ingleses. Asaltóme el terrible pensamiento de haber encontrado en esta noticia un remedio desesperado, y así me propuse pasarme a Francia, aguardar allí la determinación de la causa sin riesgo, y en caso que se confirmara la sentencia seguir a Inglaterra y, uniéndome a una nación enemiga, abrirme por fuerza una puerta, que la injusticia a mi ver me había cerrado. El pensamiento era demasiado desesperado para ponerlo al instante en ejecución, y de una naturaleza, que no me permitía consultarlo con ningún viviente; pero viendo que pasaba tiempo y aumentándose mis recelos por algunas noticias que tuve, determiné de pronto el ponerme en salvo pasándome a Francia. Había antes solicitado dos mil fuertes, y con algunos cortos reales más que me quedaban de lo que había llevado, me puse en camino.

   Desde Francia escribí a Madrid suplicando que instaran a mi apoderado para que no dejase de pedir continuamente sobre el curso de mi causa, que yo esperaba que en la corte no se notaría mi falta, y que así podía volver a la primer noticia favorable que tuviese. Pasé en Francia cerca de dos meses sin recibir ninguna noticia, siempre vacilando en la suerte de mi familia y en mi desesperado proyecto. Todo este tiempo lo empleé en correr los tribunales, en examinar algunas de sus nuevas leyes, su constitución y la historia de su revolución, procurando adquirir cuantas noticias pudieran ilustrarme sobre estos puntos. La proximidad de la declaración de la guerra y la noticia que tuve de que a un guardia de corps que estaba allí con licencia lo habían puesto preso por ir sus cartas con otro apellido, me hizo anticipar mi marcha a Londres, por hallarme en el mismo caso que el guardia, y por si me cogía en Francia la declaración de la guerra, me sería muy difícil el pasar a Inglaterra. Antes de partir escribí a Madrid, diciendo que pasaba a aquella corte por curiosidad, ya que estaba tan cerca y sin tener qué hacerme.

   En Londres me presenté como un comerciante español, y por tal pasé con los españoles que estaban allí. Escribí a mi llegada a nuestro embajador, visité al cónsul y viví con un americano, y ninguno llegó a trascender mis ideas, ni los pasos que di. Al principio seguí como en Francia, instruyéndome del modo posible en la constitución inglesa, sus fuerzas de mar y tierra, sus fondos, su deuda nacional, etc. Publicóse el tratado de alianza entre Francia y España, y al instante se tuvo este tratado por una pública declaración de guerra contra la Gran Bretaña, por uno de sus artículos, en que sólo se exceptúa esta nación de la neutralidad de España. Supe en este tiempo que se daban providencias para atacar las Filipinas, cuya noticia comunico, por si acaso llega todavía en tiempo que pueda ser de alguna utilidad.

   Estando las cosas en este estado, creí que debía comenzar a dar algunos pasos, y con este fin pasé una esquela al ministro Pitt, diciéndole, en sustancia, que era un americano español que tenía que tratar asuntos de entidad por el ministerio, y que para esto solicitaba tener una audiencia privada con él. No tuve contestación. Repetí otra y tuvo el mismo éxito. Entre tanto había adquirido amistad con dos ingleses, el uno llamado Campbell y el otro Chort, negociantes muy distinguidos de Londres. Descubríme con ellos para conseguir por su medio la audiencia que solicitaba del ministro y convinimos en hacer juntos un paseo al campo para tratar el asunto con madurez y desembarazo. Después de muchas conferencias quedamos en que la cosa no se había de tratar con Pitt sino con lord Liverpool, ministro de Estado, con quien ellos tenían amistad, y que por primera vez sólo se había de hablar al ministro en estos términos: que había en aquella ciudad un americano español que estaba sumamente resentido de su nación, según les había dicho; que ellos le habían fondeado su disposición, y que creían que en las circunstancias actuales no sería un paso fuera de propósito el que el ministro lo hablase. Hízose la cosa en estos términos, y el ministro recibió muy bien la noticia y el pensamiento; pero les dijo que este paso no se podía dar hasta la declaración de la guerra, porque podía ser alguna espía que iba a tentar las disposiciones del ministerio. Quedé tranquilo con esta respuesta, pero no lo quedaron los dos ingleses que me veían diariamente, sin perder ocasión de hablarme sobre el asunto. Para no cansar con la relación de todo lo que me pasó con ellos, sólo diré: que conocí que sus miras se extendían a sacar de mí todo el partido posible, aun cuando no tuviera efecto mi solicitud. Con todo, no pude prescindir de manifestarles un estado de las fuerzas del reino, de su población y de sus frutos; lo primero, para hacerles ver que procedía con conocimiento y que mi plan no era aventurado; y lo segundo, para moverlos con el interés de las grandes ventajas que se ofrecían a su comercio, a que accedieron a mi solicitud. Les hice ver también, que estando acostumbrado a las producciones de Europa y no teniendo fábricas ni manufacturas, era indispensable que una nación de Europa nos proveyese de todo, y que así, aun cuando yo procediese de mala fe, la necesidad nos había de obligar a comprarles todos los géneros manufacturados y a venderles las materias primas que no podíamos manufacturar. Pero al mismo tiempo les pintaba las grandes dificultades que tendría cualquier nación de Europa que nos quisiese tomar por fuerza, así por lo áspero y penoso de los caminos y lo mortífero del clima, como porque reuniéndose las tropas veteranas a las milicias y a los paisanos y retirándole los víveres, era imposible el que pudiesen penetrar.

   Vino, en fin, la noticia de la declaración de la guerra, y se me propuso abiertamente en nombre del ministro, que siempre que redujera mi solicitud a entregar el reino a la Gran Bretaña, tendría todos los auxilios necesarios; que propusiera por escrito todo cuanto contemplara conducente a este efecto, bien fuera para que se hicieran los armamentos en Europa, o bien en las colonias, adonde se darían las órdenes convenientes al gobierno y se aprontaría una fragata de 40 cañones para que me transportara con seguridad; que en caso de un mal éxito, tendría un asilo en la Inglaterra, y si la cosa salía bien, podía prometerme una fortuna brillante. Neguéme enteramente a esta propuesta, porque jamás fue mi ánimo solicitar una dominación extranjera, y reduje mi solicitud a sólo saber si en caso de una ruptura por la metrópoli nos auxiliaría la Inglaterra con armas, municiones y una escuadra que cruzase en nuestros mares para impedir el que entrasen socorros de España, a condición de algunas ventajas particulares que se les ofreciesen sobre nuestro comercio. Precedieron algunas pequeñas circunstancias y apurando yo con que me iba a marchar, se me respondió, que siempre que se pusiera en ejecución la ruptura con España, durante la guerra contásemos con todos los socorros de armas, municiones y una escuadra, que no sólo cruzaría nuestros mares, sino que bombardearía a Cartagena, si era menester, pero que atacándolos al mismo tiempo por dentro, se rindiera y sirviese para socorrer el interior con anticipación. A este fin se me dieron las direcciones siguientes: por Hamburgo Herman, doctor Goverts; por Guernvey, Juppon y Broch; por Jerey, Ricardo Budo; a Londres, míster Cambelland Aderson, Warnfort-eg-Torgonorton-St. número 4., míster Bartolomé Choit-eg-id. En todo tiempo que estuve en Londres, no recibí carta ninguna, porque se perdieron los correos.

   Inmediatamente partí para Francia con deseo de saber en qué estado estaba mi causa, y con ánimo de detenerme muy poco en París, y seguir para Burdeos; pero el haber enfermado en el camino, me hizo detener algún tiempo en esta ciudad, de donde escribí a España, diciendo me contestaran a Burdeos, porque no creí detenerme tanto como me detuve. En esta ciudad adquirí conocimiento con un sujeto, quien me comunicó que iba para Londres con el designio de solicitar el auxilio de Inglaterra para el Perú; que estaba de inteligencia con algunos sujetos principales de Lima, me nombró algunos, de que absolutamente no hago memoria; que era hijo de La Habana, su estatura es regular, de color trigueño, y como de edad de 50 años. Persuadílo a que se uniera a mí, porque muchas solicitudes a un tiempo podían impedir la ejecución; que yo tenía adelantado mucho, y consiguiéndose primero mi solicitud, luego podía él conseguir la suya. Yo temía justamente que este hombre, quizá mejor documentado que yo, y hablando por el Perú, que es más conocido que esto y de mucho más nombre, se llevara la preferencia y me perjudicara; él tenía interés de mis noticias y recomendaciones, y no sé si sólo accedió por aprovecharse de ellas, pues hasta ahora no he tenido ninguna noticia suya. Le di cartas de recomendación, y quedó de marcharse al otro día de mi salida para Burdeos y de escribirme con sobreescrito a don Francisco Simón Alvarez de Ortú, que es el mismo que tengo dado a todos los demás. Jamás he llevado este nombre, y por lo mismo lo di de dirección para que por ningún camino se llegase a traslucir quién era.

   Antes de salir de París dejé entablada correspondencia para que en llegando el tiempo se presentara al Directorio haciendo ver que los ingleses no invadían sino sólo auxiliaban a los americanos, y que conforme a un capítulo de su constitución, no podían en este caso dar auxilio a la España contra ellos. Nada más traté en esta ciudad, ni hubo más personas que supiesen mis designios.

   Páseme a Burdeos, y aunque tenía las cosas en este estado, no por eso dejaba de anhelar por saber el de mi causa. El camino más fácil, más honesto, más regular y más seguro, debía siempre preferirlo a un medio tan desesperado y tan expuesto; y así, no habiendo encontrado cartas a mi llegada, escribí desde allí, siempre con el mismo fin, y se me contestó, que por los mismos presos que estaban en Cádiz se había sabido, con fecha de noviembre que se les había puesto en libertad prohibiéndoles volver a América; que a los de los pasquines se les remitía a Africa, y que por lo que hacía a mí, nada se sabía, porque aunque mi apoderado había estado con el oficial de secretaría, nada le había dicho. Puede ser que en esta noticia hubiera alguna equivocación por lo que después he sabido, pero es cierto que se me comunicó. Estaba para salir en este tiempo un barco neutro, nominado La Sicilia de Bastón, que hacía viaje para San Bartolomé y admitía pasajeros, lo que era muy difícil conseguir en los demás neutros, por el temor de que encontrando a los ingleses no los detuviesen so pretexto de que alguno de los pasajeros era dueño de la carga, de lo que había muchos ejemplares, omito el referir todas las reflexiones que hice en este tiempo, y sólo diré: que a esta determinación atropellada e imprudente, según mis planes, es a la que debo mi felicidad actual, porque si me aguardo en Burdeos, como debía, hasta saber la determinación de la causa y no ha sido favorable; me embarco ya con una determinación decidida, y sin tener que llegar a esta ciudad, quizá pongo en ejecución mi detestable proyecto. Antes de salir de Burdeos escribí a esta ciudad, cuyas cartas no han llegado, sin hablar una sola palabra sobre mis proyectos ni mi venida, y ni antes ni en este tiempo había escrito a ninguna persona de esta ciudad ni del reino cosa alguna sobre ellos. Escribí también a Madrid diciendo que me pasaba a Bretaña y que dirigieran mis cartas a míster Seironaburcher, míster Gramont, con quien también dejé correspondencia para dirigir mis cartas.

   En la embarcación adquirí amistad con míster Coulon, negociante de Filadelfia, con quien traté que en compañía de su hermano tomasen las medidas correspondientes para hacer un buen acopio de armas, que aquí era una excelente negociación, pero que no pasasen a comprarlas hasta no tener razón mía. La dirección de éste es: Filadelfia, P. Coulon, Atnotnaquil Montmollin, número 64, North Front Street. También dejé correspondencia con míster du Peyron, negociante a la Basseterre en la Guadalupe.

   De San Bartolomé pasé a Thomas con recomendación, entre otras, para míster Toulousan, quien me obsequió, y habiéndome llevado un día a comer en casa de míster Petiton, rodó la conversación sobre este reino, y como el tal Petiton hablase de algunas particularidades sobre su fertilidad, sus frutos, etc., me movió a preguntarle si había estado por acá, me dijo que no, pero que había vivido en su casa un tal don Fermín, que era de aquí, quien le había dado algunas noticias. Al instante me ocurrió que el tal don Fermín podía ser Vargas. Examinélo con más particularidad y no me quedó duda. Supe que estaba en Jamaica, por haberlo apresado los ingleses, que antes se había empleado en algunas pequeñas negociaciones de comercio y que en el día se mantenía de médico o cirujano. Nada supe de otros proyectos que tuviera. Desde allí le escribí diciéndole que si quería volver a su patria, se detuviese allí, no obstante que míster Petiton les instaba para que volviesen allí, que aguardara a lo menos hasta que yo le escribiese de aquí, y que si quería escribirme lo hiciese con la dirección que tengo dicha. En esta isla dejé correspondencia con la primera casa que hay en ella; la dirección es: por la Trinidad a míster Cipriani, incluyéndole para míster Isaac López, negociante, a San Thomas. Míster Toulousan, ches, míster Levy et Gómez cadet. De aquí escribí a Londres y también había escrito desde Burdeos.

   De San Thomas pasé a Curazao, con recomendación, entre otras, para un tal don Pedro, conocido por Pedrote, que ha servido en Cartagena de Indias, y que después, habiéndose armado en corsario enemigo, nos ha hecho muchas presas. Díjele que pasaba a este reino, que quizá se me presentase ocasión de hacer alguna negociación bien fuera en géneros de contrabando o en frutos del país, que si él se hallaba en disposición de entrar en ella conmigo, le escribiría desde aquí. Convino gustoso en que le escribiera, y quedamos en que lo haría por medio de un tal Palé, en cuya casa viví. Nada comuniqué a este hombre de mis ideas. Pero como siendo su disposición y resentimientos contra la nación, no dudé que cuando lo hubiera ocupado contra ella me hubiera servido. Paséme luego a Coro en barco español y con mi correspondiente pasaporte de Curazao, como tal español de allí a las puertas de Maracaibo, y sin tocar en aquella ciudad, navegué por la laguna hasta Santa Rosa; de allí seguí a Chiriguaná. En este pueblo, que está cerca de la hacienda de Estanques, me refirió el cura que había estado en la tal hacienda un hombre con una gran maleta a cuestas, con barba como capuchino, pero sin hábito; que era sumamente instruido, que había hablado de países extranjeros, y que no habían podido sacar en limpio quién era ni con qué motivo andaba de aquel modo, porque tenía astucia para eludir cualquier pregunta que se le hacía sobre el particular. La verdad de este raro personaje me hizo examinar al cura con bastante particularidad, y aunque muchas señales convienen con el semblante de Vargas, lo largo de la barba lo desvanece, pues él sólo hacía un año que faltaba de San Thomas.

   Seguí mi viaje por Bailadores, La Grita, Cúcuta, Pamplona, Tequia, Cerinza, Tunja, Chocontá, hasta llegar a esta ciudad; en todo este tránsito no dejé de sondear la disposición de los pueblos, sin adelantar idea alguna. Llegando aquí, supe que no había razón de mi causa por no haber llegado el correo, y así con sólo seis días de descanso, me volví a marchar con ánimo de pasar el tiempo en acabar de conocer los caminos y la disposición de los pueblos que comprenden los corregimientos de Tunja, Vélez y Girón. Pasé dos meses en esta expedición con el más crudo invierno, sin armas ni escolta, ni otra compañía que la de un mozo que comúnmente era el dueño de las mulas. Mi primer pensamiento fue verme con D. N. Bol y sacar de él todo el partido posible según la disposición en que lo hallara, bien fuera declararme enteramente o bien disfrazando el motivo de mi venida, para sacarle algunas noticias que me diesen luz sobre las personas de quienes me podía confiar; pero como no he tenido comunicación con este sujeto, traté de indagar el concepto que merece en el pueblo de su residencia, y habiendo examinado a las gentes de las inmediaciones de esta villa, supe que estaba generalmente aborrecido, y que entre otros motivos es el de creer aquellas gentes que él salvó su persona después de la revolución del año 82, sacrificando a los pobres, conocí que iba a dar un paso no sólo inútil sino muy aventurado, y así me resolví a no contar sino con el pueblo y a no aventurarme sino a un solo paso que decidiese de mi vida o de mi muerte. Con esta firme resolución seguí mi viaje por todos los pueblos que hay desde aquí hasta Pamplona, por el camino del Socorro, y desde Pamplona hasta aquí, por el camino de Girón, habiendo antes andado el camino de Tunja, que son los tres caminos principales que comprenden los tres corregimientos dichos y por donde están la mayor parte de los pueblos y los más principales. El resultado de este viaje fue haber conocido que los pueblos están generalmente descontentos, y que por fortuna juntan a este descontentamiento [sic] una ignorancia grande de lo que es gobierno; esto es, que aun cuando quisieran hacer alguna novedad, esta ignorancia los ha de embarazar para saberse conducir.

   Volvíme a esta capital resuelto a aguardar tranquilamente el correo; habiendo sabido que por el de Caracas se daba noticia que venían las correspondencias de octubre, noviembre, diciembre y enero, el día 18 del corriente, y como por la llegada de éste se hubiese sabido que desde Cúcuta se había dirigido a Cartagena por venir rotulados los cajones para aquella administración, pensé seriamente en presentarme, habiendo antes interpuesto la más reverente súplica, por medio de mi mujer, con el ilustrísimo señor arzobispo de esta capital, para que se dignase presentarme a vuestra excelencia, por conocer desde su llegada a este arzobispo su paternal caridad, bondad y amor hacia la paz y sus diocesanos, y saber el distinguido justo concepto y estimación que merece a vuestra excelencia, como porque desde el día 9 del corriente mes, en que hubo de tener noticia de que yo paraba en esta capital o en alguno de los pueblos de este su arzobispado, no será fácil explicar los patentes oficios que practicó para disuadirme de cualquier torcido interés que tuviese, poniéndome a la vista mis obligaciones, intereses de mi familia, piadoso y cristiano carácter de vuestra excelencia y de su majestad y su alto ministerio, asegurándome que así vuestra excelencia como el real acuerdo, me ofrecían una entera seguridad de mi persona en nombre del soberano y que, instruido de la verdad de los hechos con toda claridad, no eran otras sus miras que las que se olvidase lo pasado y lo presente, y se tomasen las medidas o providencias más oportunas para la general paz y tranquilidad de estas provincias en lo sucesivo, todo sin autos, procesos ni diligencias judiciales. Bajo cuyo seguro concepto efectué mi presentación a vuestra excelencia el 19 del corriente, y cumpliendo con lo que por mi parte ofrecí, presento a vuestra excelencia, con la más sumisa reverencia, la confesión sincera de cuanto he practicado, protestando ampliar o explicar por escrito o de palabra cualquier punto que se me prevenga, como también si por olvido se me hubiere escapado alguna cosa, declararla a vuestra excelencia en cualquier tiempo que me ocurra o se me advierta.

   ¿Cuál sería, señor excelentísimo, mi desesperada situación? ¿Vuestra excelencia puede conocerlo por la enormidad del pensamiento que me hizo concebir? El honor mismo hace muchas veces cometer a los hombres crímenes terribles cuando se ven despojados de esta preciosa prerrogativa, que es la mayor que se puede dispensar sobre la Tierra. Yo me veía asaltado de las más funestas ideas, y la desesperación me rodeaba por todas partes; todo lo que es capaz de exaltar la imaginación y de hacer concebir al hombre los más atroces pensamientos, estaba encerrado en mi angustiado corazón. Mi honor, mi patria, mi familia, mis amigos, mis intereses y mi comodidad personal se me habían arrancado en un solo día. Cada uno de estos motivos solo es bastante para desviar a un hombre de la razón. ¿Qué sería en mí que los tenía a todos juntos y a un mismo tiempo? No trato, por esto, señor, de justificarme; todo lo contrario, conozco la enormidad de mi crimen; el remedio de mis males sólo lo aguardo de la soberana piedad de nuestro amado monarca; y de los piadosos y caritativos oficios de vuestra excelencia, y sólo los refiero para mover más la compasión de vuestra excelencia y de su majestad y de su alto ministerio. Yo espero que, restablecido a la soberana confianza del rey por medio de vuestra excelencia, podré emplear el resto de mis días en reparar lo pasado y en dar una prueba auténtica y nada equívoca de mi arrepentimiento, ocupando todos los momentos de mi vida en servicio de ambas majestades. Y si el resentimiento me condujo hasta los bordes del precipicio, yo aseguro a vuestra excelencia que de hoy en adelante mi obligación y el reconocimiento de sus grandes bondades me conducirían hasta derramar la última gota de mi sangre en servicio del rey, a cuyos reales pies humildemente postrado y con el más profundo respeto imploro su soberana piedad, para que por un efecto de su paternal bondad se digne no solamente concederme el perdón de mis pasados yerros, sino que, restituyéndome a su real confianza, que es a lo que anhela mi corazón, quede yo en estado de poder dar con mis obras un testimonio de arrepentimiento y de poder subvenir a la subsistencia de mi desgraciada familia. Suplicando rendidamente a vuestra excelencia interponga su mediación y piadosos oficios para mover e inclinar más la piedad del monarca a mi favor, contribuyendo de este modo al restablecimiento de este infeliz vasallo que por otra parte había dado tantas pruebas de fidelidad y amor a su soberano.

   Santafé, y julio 30 de 1797.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño.

   Lista de personas y lugares a que hace llamada el papel de la confesión que con esta fecha presentó al excelentísimo señor virrey.

   Número 1. Con pasaporte que a su nombre sacó don Lucas Palacio, vecino de Madrid.

   Número 2. Por medio de don Joaquín de Urrutia, pagando premio de la demora, y lo libré contra el doctor don Andrés de Otero, vecino de esta ciudad, suplicándole los pagara, que de ello pendía el buen éxito de mi causa.

   Número 3. Antes de salir de Madrid supieron que iba para Francia don Isidoro García Vicente, que me dio dos cartas de recomendación, una para el cónsul de Bayona, que no entregué, y otra para un comerciante de París, que no hizo aprecio de ella.

   Don Lucas Palacio me dio su pasaporte.

   Don Francisco Silvestre, a quien se lo comuniqué el mismo día o la víspera de mi partida. Ninguno de éstos supo mis designios.

   A don Joaquín de Urrutia fue el único a quien comuniqué en Madrid mis ideas; pero no me descubrí con él sino después de haber conseguido el dinero.

   Número 4. A don Francisco Silvestre y a don Joaquín de Urrutia.

   Número 5. A los mismos; y esto que refiere es en sustancia lo que les digo, porque es imposible retener en la memoria las formales palabras.

   Número 6. Llamado don Esteban Palacio, que sólo supo de mi causa; pero nada trascendió de mis designios.

   Número 7. Llamado don José Caro.

   Número 8. Con monsieur de Aldamar por medio de monsieur de la Serré.

   Número 9. Por don Francisco Silvestre. A don Andrés de Otero, don José Caicedo y mi mujer.

   Número 10. Don Salvador Plata.

   Número 11. En este viaje estuve en Vélez, Aratoca, Pamplona, Cácota y Barichara.

   En la ciudad de Vélez vi al cura, pero nada traté con él, y sólo llegué para solicitar caballerías.

   En la parroquia de Aratoca me descubrí con el cura, pero éste se asustó, y buscó varios pretextos para que me marchara pronto. Su nombre es don Fulano Silva.

   En la ciudad de Pamplona me alojé en casa del doctor don Antonio Gallardo, a quien hablé en general de lo que todos debían de hacer y no de lo que yo tenía proyectado. Me parece que este eclesiástico al principio no tenía ningunas malas ideas. Dejé en su poder con mucho sigilo un papel manuscrito y tres tomitos en francés, cuyo idioma no entiende; estos tomitos son el Contrato social de Rousseau y la Constitución francesa.

   En la parroquia de Cácota hablé con el cura doctor Parra y encontré en él disposición, me dio algunas noticias que le pregunté sobre caminos, sobre población de su curato y algunos otros pueblos, y dejé en su poder otro papel de igual naturaleza que el de Pamplona y con la misma reserva. Este papel lo guardaba yo con el designio de publicarlo si llegaba el caso de poner en práctica mi execrable pensamiento.

   En la parroquia de Barichara no sólo me descubrí con el cura doctor Pradilla (no pongo los nombres porque los ignoro), sino que le dije más de lo que en realidad había, para animarlo más a que se descubriese enterado conmigo, como lo verificó, dándome una idea de los pueblos, y particularmente del suyo, que me aseguró no faltaría, siempre que no se tocase en la religión. En este curato me conocieron algunas personas de su familia; pero sólo un pariente suyo, que no estoy cierto si se llama Navarro, fue el que supo la verdad de mi viaje.

   Número 12. En esta ciudad sólo me había descubierto con el doctor Gómez Plata, cura de la catedral; pues aunque dije algo a don José Caicedo, fue ya cuando se comenzaron a hacer diligencias por mi persona, hasta cuyo tiempo ni me había visto, ni sabía que estaba en esta ciudad, y con este motivo él fue el conducto por donde me llegaron las piadosas exhortaciones del ilustrísimo señor arzobispo.

   Santafé, y julio 30 de 1797.

Antonio Nariño1

MEMORIAL

   que presentó Nariño al virrey de Santafé,

   Excelentísimo señor:

   El adjunto documento (que es el que ha precedido) expresa por su número los nombres y apellidos de las personas indicadas en mi adjunta relación por no haber tenido por conveniente el hacerlo en el cuerpo de ella, por las razones que vuestra excelencia echará de ver sin que yo se las indique y por haber sido yo el único tentador de ellas, y no haberles sido posible, si no a todas, a lo menos a la mayor parte, el cerrar los oídos para no oírlas. Con lo que conocerá vuestra excelencia la verdad y sinceridad de mi confesión, y fiel y literal cumplimiento de lo que tengo ofrecido a vuestra excelencia, suplicándole con las mayores veras de mi corazón que a serle posible reserve sólo dentro de su pecho el índice de dicho documento, sirviéndose únicamente de él para el mayor servicio de ambas majestades y el de estas provincias, en descargo de su conciencia y gloria de su gobierno, y que, de todos modos, a todas y cada una de las que aun muy remotamente pudieran ser sospechosas en el asunto, se digne impartirles aquí todo el lleno de su protección, y recomendarlas a su majestad para la condonación de cualesquiera cargos que contra ellos pudiesen resultar.

   Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, y julio 30 de 1797.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor.

   Excelentísimo señor virrey del reino.

   1797, agosto 4.

   Don Antonio Nariño, para hacerse acreedor a la confianza que implora de su majestad, explicará con verdad algunos pasajes de su relación por las preguntas siguientes:

   1° Sentenciada su causa por esta real audiencia, se determinó por la misma su remisión a España en partida de registro desde el puerto de Cartagena. Explique: ¿de qué medios se valió para eludir esta providencia? ¿Quién le auxilio para ella? ¿Por qué conductos adquirió en Cádiz a su desembarco todo lo necesario para huirse? ¿Qué disposiciones anticipadas había tomado a este fin y de quién las fio?

   2° Don Antonio Nariño, por algunas noticias que tuvo de su causa, desamparó a Madrid, y con pasaporte que a su nombre sacó don Lucas Palacio, pasó a Francia. Explique: ¿qué noticias fueron éstas? ¿Cuándo y quién se las comunicó? ¿Qué destino u ocupación tiene en Madrid don Lucas Palacio, don Isidoro García Vicente y don Francisco Silvestre y don Joaquín de Urrutia? ¿Qué pretexto tomó con los tres primeros para ausentarse de Madrid y pasar a Jamaica?

   3° Don Joaquín de Urrutia, a quien Nariño comunicó sus ideas antes de partir de Madrid, le prestó 20 pesos que libró contra don Andrés Otero, suplicándole los pagase porque de ello pendía el buen éxito de su causa. Explique: si a Otero no le manifestó otra cosa en su carta. ¿Cuánto caudal llevó a España? ¿Quién y por qué causa se lo franqueó? ¿En qué lo ha invertido? Si de aquí se le ha remitido plata propia o ajena, ¿quién se la ha dirigido? ¿Qué correspondencia ha mantenido con personas de este reino desde que salió de él y sobre qué asuntos?

   4° Don Antonio Nariño, desde Francia, escribió a don Joaquín de Urrutia. Explique: ¿Si sobre su proyecto le continuó algunas noticias u otras de las que adquiera, perjudiciales a nuestro gobierno y su constitución? ¿Qué carácter, talento, correcciones, caudal e ideas son las de Urrutia en estos asuntos, y su modo de pensar en ellos? ¿Si recibió con gusto el tal proyecto y le prometió auxiliarle en él? ¿Con qué género de auxilios?

   5° En Londres vivió Nariño con un americano don Esteban Palacio. Explique: ¿De dónde es natural? ¿Qué ocupación tenía? La causa de su residencia allí con todo lo demás que sepa y sea conducente del asunto de que se trata.

   6° Don Antonio Nariño escribió a nuestro embajador en Londres su llegada, visitó al cónsul y pasó entre los españoles por comerciante de esta nación. Aunque en general se comprende el pretexto de Nariño para con ellos, conviene, sin embargo, su explicación más extensa. A saber si dijo su verdadera naturaleza. ¿De qué provincia o ciudad de España salió? ¿Qué género de negociaciones emprendió? ¿En qué términos escribió al embajador y las de su visita al cónsul?

   7° Cuando explicó su proyecto a los dos comerciantes ingleses, lo mismo que aquél expone, era casi preciso el rompimiento con España, en cuyas circunstancias parece increíble que ellos, perdiendo tiempo, se acomodasen sólo a manifestar al ministro por primera vez lo que asegura Nariño, para en uno y otro caso abrazar el partido más ventajoso en aquellos primeros interesantes instantes en que por política y utilidad se proporcionan medios o disposiciones que después tal vez son difíciles o imposibles. Los comerciantes tenían confianza y satisfacción con el ministro, y no se presenta razón para que ellos abrazasen una ficción, ocultando la verdad para mejor ocasión. Si al fin habían de comunicar al ministro la idea sencilla, el primer paso era inoportuno y capaz de que él mismo desconfiase después de Nariño y los comerciantes. Explique las razones particulares que hubo para proporcionar aquel primer paso, manifestando también los fundamentos que asistían a Pitt para no darle audiencia, cuando de ella, en vez de perjuicios, parecía que podían resultar ventajas al ministro inglés, según el contenido de las esquelas que le pasó.

   8° Para mover Nariño a los ingleses les manifestó un estado de las fuerzas, población y frutos del reino. Al mismo tiempo les pintó las graves dificultades que tendría cualquier nación de Europa para tomarlos por fuerza, así por los caminos y clima mortífero, porque reunidas las fuerzas militares a los paisanos y retirados los frutos, era imposible que pudiesen penetrar. Explique con toda ampliación las noticias que participó a los ingleses de las fuerzas, población y frutos del reino. Si los ingleses pretendían sujetarle a su dominación por medio de Nariño, las dificultades que les propuso son fuera de propósito, y así en este particular llevaría otras miras. Manifieste cuáles fueron, pues, aunque para su pretensión, cuando no todas, algunas o las más habían de subsistir o servir de embarazo a los ingleses para no acceder al proyecto de Nariño.

   9° Declarada la guerra se le propuso abiertamente a Nariño que si entregaba el reino se darían todas las disposiciones y auxilios necesarios en

   Europa o en las islas, ofreciéndole para ese caso ventajosa recompensa, ya saliese bien, ya mal el proyecto. Explique qué razones tuvo para no acceder a esta propuesta, pudiendo lograr por ella para sí mejor partido que sacaría aunque lograse su peculiar intento. En el primer caso venía con toda seguridad, los auxilios eran seguros, con ellos podría facilitar la insurrección del reino; las dificultades serían menores. En el segundo de su peculiar proyecto, carecería de estas proporciones; expondría su vida a muchos peligros y si no conseguía su intento, sería eterno su sacrificio y perdición.

   10° Desechada por Nariño esta propuesta, se acordó que verificada la ruptura con España, durante la guerra se contase con todos los socorros de armas, municiones y una escuadra que no sólo cruzara estos mares sino que bombardearía a Cartagena, porque atacando al mismo tiempo por dentro se rindiera y sirviera para socorrer el interior; todo este auxilio a beneficio de algunas ventajas particulares que se les ofreciesen sobre el comercio. Este punto necesita más explicación, manifestando Nariño si este concierto lo verificó inmediatamente con el ministro o por interposición de otros sujetos y quiénes fueron éstos. ¿Qué seguridades o resguardos intervinieron de parte a parte? ¿Qué ofrecimientos se hicieron a los ingleses para ofrecer su socorro? ¿De dónde había de venir si de Europa o de sus islas? ¿En qué estado cree Nariño que se hallen estas disposiciones?, ¿de cuántos navíos o buques se había de componer la escuadra inglesa que viniese sobre Cartagena, si había de traer gente de desembarco y en qué número? ¿Qué señales o noticias se habían de comunicar a los ingleses para que proporcionasen el socorro? ¿Por dónde se habría de introducir éste en el reino? Si Nariño desde que vino a él ha escrito a los mismos ¿por qué dirección, con qué noticias del concertado proyecto? ¿Qué especie y número de armas y municiones quedó concertado? Si Nariño creyó firmemente que los ingleses cumpliesen sus ofrecimientos y si de parte de ellos ha recibido algunas cartas desde que salió de Londres.

   11. Evacuando el concierto con los ingleses, partió Nariño inmediatamente para Francia con deseo de saber el estado de su causa, y desde París escribió a España, diciendo le contestaran a Burdeos. Explique qué objeto llevaba en saber de su causa, cuando ya no sólo había abrazado su proyecto, si también le había dejado concertado con los ingleses. A quiénes escribió desde París, y en qué términos. Qué contestacionesa ha recibido de ellas.

   12. En París adquirió Nariño conocimiento con un americano, que iba a Londres, en solicitud de auxilios para el Perú. Que estaba en inteligencia con algunos sujetos principales de Lima y que era hijo de La Habana. Este interesante punto necesita mayor extensión, explicando Nariño los antecedentes que hubo, para que uno a otro se confiesen sus ideas. Cuáles eran en particular las del americano. Si llegó a comprender el estado en que dejó a los parciales de Lima con respecto al intento, trayendo a la memoria algunos de sus nombres. Qué carácter es el de este hombre, su capacidad, disposición, conexiones y demás circunstancias que pudieran ilustrar al gobierno.

   13. En París dejó Nariño entablada correspondencia para que en un caso se presentase al Directorio ejecutivo, haciendo ver que los ingleses no invadían, sino auxiliaban, de suerte que conforme a su constitución no podían dar auxilio a la España. Explique la representación y dignidad que míster de Aldarian y míster de la Pene tienen en París para hacer representaciones por él al Directorio. Qué instrucciones y poderes les dejó. Las conferencias que con ellos tendría al intento. Qué fundamentos o razones tuvieron presentes para admitir un encargo que no les incumbía, pues en su caso cualquier reclamación correspondía a Inglaterra. Si Nariño en Francia trató con otras personas de su proyecto. Si le abrazaron los franceses, y con ellos dejó entablada secreta o públicamente alguna negociación.

   14. Pasó Nariño a Burdeos y escribió a don Francisco Silvestre, deseoso de saber de su causa, y le contestó que de ella nada se sabía. Nariño manifiesta que si la resolución de ésta era favorable, como camino más fácil le preferiría a su proyecto tan desesperado y expuesto. De aquí se deduce: O que no había dejado cosa cierta concertada con los ingleses, o que no les cumpliría la oferta, saliendo bien de su causa, o que había sido condicional su concierto con ellos, o que conseguida sentencia favorable, se aquietaría en lo público para asegurar mejor su proyecto, obrando ocultamente en su consecución. Manifieste con claridad, sin contradicción ni ambigüedad el fondo de sus ideas, según el testimonio de la propia conciencia. También dice que desde Burdeos escribió a don Andrés Otero, don José Caicedo y su mujer. Explique, si puede, con qué fecha; sobre qué asunto; si fue con sus nombres o con algunos supuestos.

   15. En Burdeos se embarcó en buque neutro, que venía para San Bartolomé, cuya ocasión aprovechó para evitar los riesgos de los ingleses. Estando concertado con ellos, cómo no facilitó de los mismos: pasaporte, carta, guía o seña que le pusiese a cubierto en cualesquiera riesgos. Por qué causa no salió de uno de sus puertos sin la necesidad de volver a Francia con los peligros que se dejan discurrir de la guerra entre franceses e ingleses. Explique también con qué licencias pasó a Francia, a Inglaterra y volvió después.

   16. En la embarcación adquirió amistad Nariño con míster Coulon, con quien trató acopio de armas, pero que no pasase a comprarlas hasta su aviso. Igual diligencia hizo en Guadalupe con míster du Peiron. Explique si a estos comerciantes les comunicó su proyecto, si les ha escrito o recibido de ellos alguna correspondencia.

   17. De San Bartolomé pasó Nariño a San Thomas y adquirió noticias de que Vargas estaba en Francia, a quien escribió con lo que refiere, pero es preciso añada si le comunicó sus ideas y el estado, como también si ha recibido respuesta, manifestando con sinceridad si sabe su paradero o tiene algunas otras noticias que sirvan de guía para su aprehensión.

   18. De San Thomas pasó a Curazao, en donde trató con Pedrote y entabló negociación. Explique si le ha escrito después, en qué términos y si ha recibido contestación.

   19. Pasó luego a Coro en barco español, de allí a los puertos de Maracaibo, navegando por la laguna hasta Santa Rosa y demás pueblos que expresa. Que no dejó de conocer la disposición de ellos, sin adelantar idea alguna. Explique de qué medios se valió para sondear los pueblos, sin omitir circunstancia alguna; en qué disposición halló a éstos, si buena o mala para su proyecto, y con qué personas trató de él, manifestándolas con individualidad, sean de la clase y estado que quieran. Exponga menudamente sus circunstancias, su aceptación o repugnancia a estas ideas, y de quiénes se debe tener desconfianza por sospechosos.

   20. Llegado a esta ciudad, estuvo en ella seis días, supo que no había razón de su causa por no haber venido los correos y se volvió a marchar con ánimo de acabar de conocer los caminos de Tunja, Vélez y Girón, trató de averiguar de la disposición de las plazas y no tuvo por conveniente manifestarse; en cuyas circunstancias se resolvió a no contar sino con el pueblo y habló a las personas que refiere. Es necesario manifieste en dónde permaneció en esta ciudad los seis días que refiere, con qué personas trató y sobre qué asuntos. Por qué razón volvió a preguntar por su causa, si fue efecto de curiosidad, si con el ánimo de separarse de sus ideas o con algún otro fin. Cuál fue el fruto que sacó del reconocimiento de los pueblos, en qué disposición los dejó para el intento, explicando circunstanciadamente todos los pasajes, para que sus noticias puedan servir de norte al gobierno. Manifieste también con toda claridad de qué provino el descontento de los pueblos en general y particular para tomar las medidas convenientes; si serán capaces por sí de hacer alguna insurrección.

   21. Volvió Nariño a esta capital resuelto a esperar el correo, pero como se demorase por lo que expone, pensó seriamente en presentarse por el conducto que expresa. Si para decidirse Nariño esperaba el correo sin haberse verificado su venida; parece que otros motivos impulsaron su presentación. Explique, en verdad, cuáles fueron, sin rodeos. Puesto que se descubrió con el doctor Gómez, exprese si éste adoptó el pensamiento; si le ha comunicado alguno o tomado alguna medida y cuáles, también si don José Caicedo le abrazó y qué concertaron entre ambos. Si se ha manifestado con algunas otras personas de esta ciudad, en qué términos; quiénes son, y qué disposiciones habrán tomado; en qué casas ha estado; quiénes lo han visitado y contribuido a su ocultación. Todo lo cual es indispensable sepa el gobierno para su inteligencia.

   22. En el concepto de que el papel que dejó Nariño para publicarse en su caso, comprenderá forzosamente las especies, ideas, máximas y noticias conducentes al intento, opuestas precisamente a nuestra actual constitución; y que ahora y para lo sucesivo produciré perjudiciales consecuencias, es indispensable que se recoja por los medios más suaves que se estimen conducentes, facilitándolos el mismo Nariño.

   23. Nariño ha hecho una peregrinación desde Madrid a este reino, que se debe saber mas circunstanciadamente, señalando las épocas de ella con individualidad por fechas, que ajusten el tiempo a lo menos en lo más principal, pues de estas circunstancias que al parecer son de poca monta, conducirán indubitablemente al fin que se desea de descubrir la verdad; como también saber con qué auxilio ha proporcionado tan dilatado y costoso viaje; quién se los ha franqueado y en qué concepto.

   24. Para el vasto proyecto de la sublevación de este reino era preciso un plan bien concertado de operaciones, conocimientos prácticos del terreno, inteligencia del carácter e ideas de sus habitantes; noticias exactas de aquellos con quiénes podía contar en la ocasión, elección de sujetos que en calidad de superiores o jefes les mandasen medios, providencias y disposiciones para vencer las urgentes dificultades que resultarían, armas y municiones, a lo menos aquellas precisas a sostenerse hasta recibir los socorros de los ingleses, caudales efectivos para el mantenimiento de las gentes y demás gastos necesarios. En este concepto manifestará Nariño el plan de estas operaciones, satisfaciendo la justa atención del gobierno en lo que se le pregunta y comprende este párrafo.

   25. Por el contexto de su relación se evidencia que el intento principal fue seducir a los eclesiásticos, considerándolos a propósito para facilitar mejor la conmoción de los pueblos; y aunque generalmente indica lo que con ellos trató, es indispensable que por lo menos lo manifieste, especificando a todo, sin distinción alguna y el concepto que de ellos hubiere formado.

   26. En esta capital subsisten todos sus parientes e íntimos amigos a quienes no pudo menos de comunicar sus pensamientos, obrando con ellos de acuerdo por las mayores proporciones, causas y motivos que en ellas hallaría por tan estrechos respetos. Es forzoso que en el particular manifieste cuanto haya ocurrido.

   27. Resuelto Nariño a verificar su proyecto, sin disputa le creería accesible, y así expondría los fundamentos y razones de su seguridad o probabilidad abiertamente, su concepto relativo, principalmente a la disposición en que considere al reino para semejantes novedades, así en el día como para lo sucesivo. Estas noticias interesan demasiado al gobierno para prescindir de ellas, y principalmente podrá prever con oportunidad los riesgos que ofendan la tranquilidad pública. Si en ellas se interesa don Antonio Nariño. Si su relación es oscura. Y de buena fe, si desea hacer este servicio soberano conforme a sus protestas, no puede menos de contestar categóricamente al gobierno bajo las seguridades ofrecidas.

   Santafé, 4 de agosto de 1797.

Pedro Mendinueta2.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II., pp. 71-83.

NOTAS:
1    Publicado en El Precusor, documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio Nariño. Bogotá, 1903, Imprenta Nacional, p. 223 (El autor).
2    Las cartas de Londres y de París vienen escritas con pauta, la que estoy pronto a exhibir.

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RESPUESTAS DE NARIÑO COMPLEMENTARIAS AL INTERROGATORIO YA CONTESTADO

"SATISFACCION A LAS PREGUNTAS Y REPAROS QUE SE ME HACEN POR EL EXCELENTISIMO SEÑOR VIRREY, CONCERNIENTES A LA RELACION QUE LE TENGO PRESENTADA". Santafé, 13 de agosto de 1797.

Antonio Nariño.

   A la 1a: Aunque este punto no está comprendido en la oferta que tengo hecha a vuestra excelencia, y que por otra parte, habiéndome presentado a mi llegada a Madrid al excelentísimo señor príncipe de la paz, allí se tiene conocimiento de él; para que vuestra excelencia conozca más mi obediencia y buena fe, lo satisfago. El medio de que me valí fue aprovecharme de uno de los faluchos que llegaron a bordo cerca de Cádiz y valiéndome de la confusión que hay en tales casos en los barcos, me largué, habiendo sabido antes que no estaba en la partida de registro, y, por consiguiente, que no comprometía a ninguna persona. Esta noticia la adquirí por casualidad, habiendo visto el estado del maestre de registro cuando se estaba poniendo en limpio. En Cádiz me presenté con una libranza a don Esteban de Amador, del comercio de aquella ciudad, quien me facilitó el dinero y licencia para seguir en posta. No había tomado ninguna disposición anticipada.

   A la 2a: Don José María Vagoaga, una tarde en el Prado, me llamó aparte y me dijo que el señor ministro de Estado había tenido la pluma en la mano para confirmar mi sentencia, y como este sujeto me hubiese hablado antes de algunas cosas muy menudas de mi causa, no dudé que tenía demasiado conocimiento en el particular por algún conducto. Sucedióme también que habiendo pasado al sitio mi apoderado don Sebastián Martín de Rojas, hablando a un oficial de la secretaría sobre mi asunto, se enfadó éste y le dijo al apoderado: que en qué pensaba yo, que diera gracias de verme paseando en Madrid. Había adquirido conocimiento con el señor conde del Piñal, del consejo y con su mujer; los visitaba y era bien recibido, y de repente se me negaron tan claramente, que me vi precisado a retirarme, y conocí que había alguna novedad particular, porque no había habido ningún motivo ni antecedente para esta mutación. Todo esto reunido a lo que tengo dicho en mi relación, y a algunas otras pequeñas circunstancias que no es fácil retener ni explicar, pero que en el caso dan indicios de la disposición de las cosas, fueron los que me causaron los temores dichos. Don Lucas Palacio ha sido guardia de corps, y entonces estaba retirado de comisario de guerra. Don Isidoro García Vicente, ignoro su destino. Don Francisco Silvestre estaba en Madrid con motivo de un pleito con un tal Viturro. Don Joaquín de Urrutia creo que ejerce la abogacía. A Palacio le expresé que por temor de los recelos de mi causa, y a don Isidoro García y a Silvestre les dije que me importaba pasar a Francia, pues aunque a Silvestre le dije que después le hablaría, no lo volví a ver, y le escribí después desde Francia diciéndole los temores que había tenido para ausentarme en Madrid.

   A la 3a: Nada manifesté a Otero en mi carta ni concerniente a mis ideas, ni a mi partida a Francia. De aquí sólo llevé 400 y tantos pesos que mi mujer había juntado de un sillón y algunas otras cosas de su uso que había vendido, y de algunas pequeñas limosnas que nos habían dado. Estos los invertí en mi manutención. De aquí sólo se me remitieron cosa de $600 por Otero, creo que serían de su propio caudal, los que no recibí por estar ya en Francia. Sólo he tenido correspondencia con mi mujer y Otero, y alguna otra vez con don José Caicedo, sólo sobre darles razón de mi salud y causa.

   A la 4a: No comuniqué a Urrutia noticias perjudiciales a nuestro gobierno ni su constitución. Tampoco le manifesté un plan de ideas, pues sólo le dije que si mis cosas salían mal, pensaba pasarme a Inglaterra y ver si de los ingleses podía sacar algún partido, ya que no lo podía conseguir en España. Con él sólo había tenido conversaciones sobre nuestra causa, en que pensaba como yo y estaba impresionado de las mismas ideas en esta parte, y un día, acalorados en esta conversación, fue cuando le dije lo que tengo referido, a que sólo me contestó con palabras generales, diciéndome que cuidado, que no fuera a hacer algún disparate, etc., en que sin reprobar el pensamiento no me dio una idea justa de su modo de pensar. Después le escribí desde Francia diciéndole que me había arrepentido de haber desamparado a Madrid y que pensaba volverme, como fue la verdad, pues hasta pasaporte tuve para el efecto. En lo sucesivo no le volví a hablar sobre el particular, y sólo a mi vuelta de Inglaterra me acuerdo haberle dicho algunas expresiones en que le daba a entender que había sacado algún partido de los ingleses; pero sin especificarle cuál, ni en qué materia. Es de muy buen talento. Ignoro sus conexiones y caudal. No me prometió ningún género de auxilios, pues aun en el dinero que me facilitó me llevó crecidos premios. En lo demás queda satisfecha ya la pregunta.

   A vuestra excelencia le parecerán algunas cosas increíbles y que me contradigo; pero si por otra parte hace vuestra excelencia alto en lo grave de la materia, conocerá que es sólo efecto de su naturaleza. Que se me dirá, por ejemplo, que cómo después de los temores de Madrid, apenas llego a Francia, ya me arrepiento y sólo tengo que decir que es verdad que me arrepentí y que después que me arrepentí mil veces, y que siempre fui conducido por la necesidad y como de por fuerza. Lo mismo sucede en orden a los sujetos de quienes hablo, no puedo aventurar una opinión absoluta sobre sus caracteres, ideas y pensamientos en un asunto tan grave, porque su misma gravedad o los hace dudar o el temor y la cautela hace que se porten de un modo que no es fácil descubrir todo el fondo de sus ideas. Si éste hubiera sido un plan concertado de mucho tiempo y en que hubieran precedido muchas conferencias, no dudo que podría satisfacer a las preguntas que se me hacen en el particular; pero en una cosa que se ha hecho con tanta precipitación, ¿cómo podré yo satisfacer tan menudamente como se desea? No sucede lo mismo en el concepto de los pueblos: si yo oigo una opinión aquí, la misma en distintos parajes y a distintas personas, ya puedo creer que es una opinión general.

   A la 5a: Don Esteban Palacios, natural de Caracas, estaba en Londres sólo de paseo o por curiosidad. Nada supe de él conducente al asunto de que se trata, ni creo para mí que llevara ningún designio en su viaje1.

   A la 6a: Sólo dije mi verdadera naturaleza a los dos ingleses Campbell y Chort y a don Esteban Palacios, sin decirle mis designios. Al cónsul y demás españoles dije que era de Madrid. No emprendí ninguna negociación. Al embajador escribí a mi llegada a Inglaterra para que se me remitiese pasaporte para pasar a Londres, diciéndole era una negociación que iba a evacuar algunos asuntos. Al cónsul lo visité sólo como un español.

   A la 7a: En mi relación expongo los hechos como me pasaron, y en este punto expresamente digo: que después conocí que sus miras se extendían a sacar de mí todo el partido posible aun cuando no tuviese efecto mi solicitud. Pero ahora, para aclarar este punto, es menester ponerse en dos casos: o los comerciantes se declararon enteramente con el ministro ocultándomelo a mí, o cumplieron con lo que me ofrecieron. Si lo primero, que es lo que yo he creído más cierto, el no declararse conmigo fue por política y utilidad; porque los ingleses, según entendí, no deseaban la guerra con España, y aunque parecía inevitable, no se había declarado: ya no tenía ningún documento por dónde probarles que no era un hombre del gobierno; si acaso lo era y el ministro trataba conmigo, era dar motivo a una nueva queja a la España; en lugar que con la respuesta que me dieron, si era verdadera mi propuesta, me daban esperanzas sin declararse, y si no era, nada perdían. En el segundo caso de que cumplieran conmigo, tampoco es inoportuno este paso, porque al ministro no se le decía una ficción sino una verdad, con sólo la diferencia de presentársela como pensamiento suyo o como propuesta mía; si el ministro la recibía bien, aunque no se adaptara de pronto, ya me daba esperanza de ser oído y de ser mejor recibido viniendo de él la propuesta; y si lo recibía mal, diciéndoles, por ejemplo, que la Inglaterra no estaba en estado de pensar de este modo por sus atenciones actuales, ya me desengañaba y no tenía que aguardarme allí hasta la declaración de la guerra. Por lo que hace a Pitt, no puedo saber por qué no me quería dar audiencia.

   A la 8a: En Inglaterra las noticias de las fuerzas las saqué allí de una guía. Las de la población, les dije que cerca de dos millones. Los frutos que teníamos: algodones, cacaos, añiles, azúcares, tabacos, quina, café, maderas y bálsamos preciosos, oro, platino, etc. Aunque los ingleses pretendían sujetar éste por mi medio, yo jamás lo pensé, y así no son fuera de propósito las dificultades que les propuse. Las miras que llevé en proponerles estas dificultades, era desviarlos cuanto fuera posible del que pensaran en apoderarse de esto. Por una parte les movía, a mi ver, el deseo de aprovecharse de las ventajas que esto ofrece; por otra, les oponía dificultades para poderlo tomar por fuerza, y de este modo los conducía a mi intento, de que ellos pensaran en sacar las ventajas, sin sujetarla a su dominación. Estas dificultades no podían servirles de embarazo a mi pretensión; yo no les pedí tropas; en mi caso debía contar con las gentes del país y por consiguiente, no hacían las tropas la fuerza que reunidas a ellos: las gentes del país están acostumbradas al clima, a los caminos y a los alimentos, y los ingleses no.

   A la 9a: En el caso de cometer un atentado contra la metrópoli, no me parecía que podía cohonestarlo con vender mi patria a otra nación: me parecía un doble crimen, no sólo a los ojos de la España, sino de todo el mundo. Sacarla de la dominación de España para entregarla al duro yugo de los ingleses, con otra religión, otro idioma y otras costumbres, era, en mi concepto, la acción más vil que podía cometer. Antes hubiera preferido la muerte que consentir en ella; y así, aunque respecto de mi persona y de la empresa, parece que había más seguridad, preferí la incertidumbre y los riesgos a su propuesta. Por lo que hace a los partidos o particular interés que yo podía sacar de ellos, a más de lo dicho, estaba impresionado que jamás me podrían dar lo que yo por mí mismo me podría adquirir.

   A la 10a: No verifiqué el concierto inmediatamente con el ministro, sino por medio de los dos comerciantes referidos. No intervinieron resguardos algunos; la cosa era de una naturaleza que, si yo no ponía en ejecución lo que ofrecía, nada perdían los ingleses; no ofrecían sobre mi palabra sino sobre un hecho; y si la ponían, las ventajas que resultarían a su nación son bien notorias, no sólo para su comercio en lo sucesivo, sino debilitando las fuerzas de España, dándole esta nueva atención, y contando como una ganancia lo que perdía una nación enemiga. No creo que esperaba tanto la Francia en auxiliar a los americanos ingleses, y estoy en que hasta el día deben a aquella nación 30 y tantos millones de libras. Yo debía avisar a Europa, y a ellos tocaba disponer de dónde debía venir. No he tenido razón ninguna; pero según lo tratado, no creo se haya dado paso en el particular; el número de buques tocaba a ellos el disponerlo, como que a ellos tocaba el defenderse. No se trató de gente de desembarco. Que yo escribiría la noticia pública de la insurrección del reino y tengo dicho que por Cartagena; pero si el éxito de la cosa daba antes otro puerto, es claro que yo avisaría. No he escrito desde que llegué a este reino; pero escribí desde las islas avisando mi llegada, sin más noticias. En mi propuesta pedí, por la primera vez, 40.000 fusiles, 20.000 sables o armas blancas, alguna artillería ligera y las municiones correspondientes; pero en la respuesta se me dijo generalmente que se nos auxiliaría con todas las armas y municiones que hubiésemos menester. Creí que cumplirían en cuanto creía que les traía utilidad, y por lo que pudiera acontecer fue por lo que hablé a los otros sujetos referidos. No he tenido cartas desde que salí de Londres.

   A la 11a: El objeto que me llevaba en saber de mi causa era preferir este camino, si salía bien, no obstante de lo tratado con los ingleses, como lo tengo dicho, y me ratifico, y que jamás me hubiera valido de ningún paso de los que tenía dados en perjuicio del Estado. Escribí a los mismos solicitando noticia de mi causa, y la contestación fue la que tengo dicho que recibí en Burdeos, pues de las especies que escribí a Urrutia y tengo dicho a la 4a pregunta, no tuve contestación.

   A la 12a: En París es fácil conocerse los españoles, como sucede en cualquiera otra parte, a los que son de una nación, y allí mucho más, por comer casi todos en casa de los restauradores. El acabar yo de venir de Londres y el estar él para seguir a la misma parte, nos interesó más al uno y al otro, comenzamos a hablar, nos visitamos e insensiblemente vinimos al asunto. El pensaba ir más despacio a Londres, pedir auxilio de armas, etc., y también tropas; no sé qué ventajas pensaba ofrecerles, ni en qué términos hacía su propuesta, y sólo que, en caso de encontrar algunas dificultades, pensaba permanecer allí, y escribir a los de Lima, de cuyos nombres no conservo la menor idea. Es un hombre que habla poco, me pareció de buen talento, pero no de muchos conocimientos políticos, e ignoro sus conexiones y demás circunstancias.

   A la 13a: Aldemar y la Serré no tienen ninguna dignidad ni representación en París, pero cualquier simple ciudadano autorizado con poder, puede, a nombre de los que presente éste, presentarse al Directorio. No les dejé poder sino que quedé de remitírselo en el caso. Para satisfacer el resto de la pregunta explicaré este pasaje. La constitución francesa habla, en sustancia, de que no se puede dar socorro contra ninguna nación que quiera ser libre; la Francia, por el tratado de alianza con España, está obligada a socorrerla: si los ingleses invadían esto, estaba en el caso del tratado; pero si sólo auxiliaban según su constitución, no podían dar socorro contra nosotros, y esto fue lo que dejé instruido que reclamasen a su tiempo. Nada más dejé tratado, secreta ni públicamente.

   A la 14a: Que según todo cuanto tengo expuesto, bien claro está que mi propuesta fue condicional, porque digo: que si en caso que nosotros rompiéramos con la metrópoli, nos auxiliaría la Gran Bretaña, y ésta es una propuesta condicional. Así, si mi causa se hubiera determinado favorable, no hubiera puesto en ejecución mis designios y nada hubiera faltado a los ingleses, porque no rompiendo con la metrópoli a nada estaban obligados. Protestando delante del Dios verdadero que me tiene presente y que me ha de juzgar, que en ningún modo, ni remotamente me pasó por la imaginación el valerme de ningún paso de los que tenía dados en perjuicio del Estado, si mi causa se determinaba a mi favor. Escribí a mi mujer, a Otero y Caicedo, con fecha de diciembre, dándoles noticia de mi salud y de lo que sabía de mi causa, con sus propios nombres y apellidos.

   A la 15a: Aunque estaba concertado con los ingleses, no les dejé un documento que les asegurase de que yo era un espía; y así, después de sus ofertas, si yo les hubiese pedido pasaporte, carta, guía, etc., para navegar, seguro que no me lo hubieran franqueado; porque en lo primero, como tengo dicho, nada aventuraban; y en esto se exponían a que yo visitara sus posesiones en tiempo de guerra con España. A más de esto, aunque me lo hubieran franqueado, siempre habría preferido el barco neutro, porque con el pasaporte habría estado segura mi persona pero no me hubiera visto libre de ser conducido en el barco, ni sufrir las molestias de una navegación penosa e inútil. La causa porque no salí de sus puertos fue por la misma que tengo dada cuando me volví a Francia. Sin más licencias que los pasaportes que se sacan para Hamburgo.

   A la 16a: A monsieur Coulon, con quien traté acopio de armas, no dije mi proyecto; tampoco a monsieur du Peyron, con quien no traté acopio de armas. No les he escrito ni recibido cartas suyas.

   A la 17a: No le comuniqué a Vargas estado ni plan de ideas. No he recibido contestación suya, y no tengo más noticia que añadir que la que tengo comunicada al señor oidor don Juan de Alba: de que el capuchino que tengo dicho habló en Pamplona con los alcaldes, y que por su medio se podría tener alguna noticia que aclarase si era Vargas o no.

   A la 18a: No he escrito después a Pedrote, ni he tenido carta suya.

   A la 19a: Los medios de que me valí para sondear la disposición de los pueblos, fue moverles siempre alguna conversación que me trajese al asunto; unas veces preguntándoles alguna cosa sobre los alborotos del año 82; otras, sobre los derechos que pagaban, valiéndome de las circunstancias particulares que se me presentaban, como, por ejemplo: en la provincia de Girón, sobre la siembra de tabacos, por lo que después diré; en los pueblos inmediatos al Socorro, cómo les iba con Plata, y si se acordaban del padre Finestrad; esto se aclarará adelante. Los hallé en buena disposición para mi proyecto. No traté con más personas que las que tengo referidas.

   A la 20: Permanecí en casa de mi mujer los días que refiero. Traté con mis dos hermanas y sus maridos, mi cuñada doña Inés Ortega y mi mujer, a quienes no dije mis designios, ni creo que llegarán a trascender que yo era capaz de tales pensamientos. Sólo me visitaron don Ignacio Umaña, su mujer y don José Caicedo, por haberse declarado con ellos mi mujer temerosa de que notasen que había alguna persona encerrada en la pieza en donde yo estaba, porque estos sujetos le hacen favor y la visitan con frecuencia. No les declaré mis designios, y sólo les dije que me había venido a las islas, que venía a ver a mi mujer y que me volvía a Curazao hasta que se concluyese mi causa. A Umaña le añadí la noticia de que su hijo estaba ya en libertad.

   Parece que me contradigo en este punto, porque en mi relación tengo dicho que don José Caicedo no sabía que estaba yo en esta ciudad, ni me había visto hasta que se comenzaron a hacer diligencias por mí; y ahora digo que me había visto la primera vez que estuve aquí; pero esto dimana de la súplica que hice a vuestra excelencia la noche que me presenté, de que no se me obligara a nombrar a las personas que no tenían conocimiento del asunto, en cuya inteligencia no hablo en mi relación de la primera vez que vine, por no haber entonces comunicado con nadie mis designios, y en la segunda vez es cierto que no me había visto ni sabía que estaba en esta ciudad hasta el tiempo dicho. Volvíme resuelto a aguardar el correo para saber de mi causa, no por curiosidad, sino porque esta noticia era la que me debía decidir, y aunque me presenté sin haberla tenido, fue por la razón que tengo dada. El fruto que saqué del reconocimiento de los pueblos, fue haber conocido su disposición para una novedad y la situación de los caminos como punto que me parecía muy esencial en el caso.

   No es fácil, señor, el manifestar con ejemplos el concepto que se forma de los pueblos en general, y así expondré primero las circunstancias particulares de que hago memoria, y después diré el concepto que yo tengo formado.

   Durante la travesía de la laguna de Maracaibo, me dijeron las gentes del barco que si acabarían de venir los franceses o los ingleses. Preguntéles qué motivo tenían para desearlos; y me respondieron que con ellos estarían más aliviados; porque al presente estaban de tal modo, que de seis u ocho arrobas de carne que llevaban en su barco para su gasto, si les sobraba alguna y no llevaba guía, se la daban por decomiso. Que en los puertos de Altagracia, de donde eran, se pagaban derechos hasta por dar una puñalada a una res, y que había ejemplares de reses que antes de este derecho habían ya pagado más de lo que valían.

   En la provincia de Mérida tienen un vicio particular de una composición del tabaco que llaman chimú. Se me dijo que con sólo el valor de medio real de esta composición que encontraran los guardas de rentas sin guía, era bastante para quedar arruinados.

   En la provincia de Girón, que es una de las factorías principales que abastece de tabacos, se me aseguró que las violencias que cometen los dependientes de rentas en la recepción de este ramo, es la causa de que la dirección se haya visto este año en estado de proveer las administraciones del tabaco de Ambalema, porque los cosecheros han preferido el abandonar las siembras. Se me refirió que llegaba un cosechero con dos cargas de tabaco de igual naturaleza, que le admitían la una, y le desechaban la otra, que la de derecho no se la devolvían ni la quemaban, sino que las encerraban en una pieza o almacén que llaman el cuarto del olvido, y que después la cargaban en cuenta como tabaco útil. Que a más de quitarles el tabaco los trataban muy mal si quería alegar alguna cosa en su favor.

   La providencia que tomó el excelentísimo señor Góngora, después de los alborotos del año de 82, de purgar algunos pueblos enviando una colonia a la provincia del Darién, no dudo que sería muy acertada; pero el modo como se verificó tiene los ánimos muy irritados, por el abuso que hizo de su comisión y ministerio el referido capuchino encargado por el gobierno. Aseguro a vuestra excelencia que el nombre del padre Finestrad es bastante para poner en movimiento una casa entera en los pueblos donde estuvo.

   El concepto que se tiene de Plata no deja de influir en la materia. Me acuerdo haber oído en una de las casas inmediatas al Socorro, que si hubiera ahora una novedad, el primero que la pagaría sería Plata, y que muchos entrarían sólo por vengarse de él.

   De estos particulares pasan a quejarse generalmente del gobierno, atribuyendo su miseria a los derechos que pagan, y particularmente en las alcabalas que me dijeron les hacían pagar hasta de las cosas más pequeñas y con el mayor rigor, que no podían transportar de un lugar a otro dos pares de alpargatas, que valen tres cuartillos de nuestra moneda, si no iban selladas.

   Si yo pensara sólo en aparentar fidelidad para salir del estado presente, no hablaría a vuestra excelencia sino de la perfidia de los pueblos y los particulares, pintándolos con negros colores, pero no pienso de este modo. Creo que debo reparar mis yerros empleando en servicio del Estado los mismos conocimientos que había adquirido para perjudicarle. Así, hablaré a vuestra excelencia con sinceridad lo que pienso, sin que se crea que yo pretendo dar lecciones al gobierno, sino estimulado a satisfacer lo que se me pregunta y en cumplimiento de lo que tengo ofrecido; para que vuestra excelencia con su alta penetración tome las medidas que estime más acertadas.

   Yo creo, señor, que el mal es general, que no proviene de tener los pueblos éstas o las otras ideas de independencia, etc., sino de su miseria, y de creer que el gobierno se las ocasiona; pues las contribuciones que aquí se hacen al erario son nada si se ve lo que éste percibe; pero el modo con que éstas se exigen las hace, en mi concepto, onerosas: el pueblo no es capaz de hacer esta distinción, y así se queja del gobierno, creyéndolo autor de su miseria, sin culpar a los autores de las ordenanzas superiores. En este supuesto no ve en los dependientes sino los ejecutores de órdenes superiores, y así se queja del gobierno, creyéndolo equivocadamente autor de su miseria. En este supuesto, parece que está en estado de que se remedie el mal en cuanto permiten las circunstancias, no con providencias que aumenten sus quejas, sino que las sofoquen, por dos razones: la primera, porque algunas de sus quejas no son enteramente infundadas; y segunda, porque todo procedimiento en el día, cuando no ocasionara una novedad, remediaría a una pequeñísima parte y empeoraría del todo, como vuestra excelencia lo conocerá a proporción que vaya adelantando sus conocimientos en el reino. Es cierto que si vuestra excelencia pregunta a otros, quizá no encontrará este lenguaje: unos dirán que los pueblos están felices y contentos, por temor de que se crea que censuran las disposiciones del gobierno, y otros, que su descontento proviene de la holgazanería y de no querer contribuir a las cargas del Estado, creyendo con esto hacer un mérito; pero yo, que por unas circunstancias tantas raras, me he puesto en estado de conocerlos, y de decir precisamente lo que siento, hablo a vuestra excelencia desnudo de todo miramiento, y sólo con el fin de contribuir al mejor servicio del rey, y al alivio y seguridad de estas provincias.

   Permítame vuestra excelencia, por un efecto de su bondad, hacer aquí una pequeña observación, para afianzar más lo que dejo dicho. Vuestra excelencia está recién llegado a este reino: las gentes, como es natural, están en expectación de las providencias que vuestra excelencia comenzará a tomar en su nuevo gobierno, y los primeros pasos suelen comúnmente decidir del concepto que se forma de los superiores, y disponer los ánimos a recibir con más gusto o repugnancia sus providencias. Lo que yo expongo en todo mi asunto creo que jamás saldrá al público, por las muchísimas razones que vuestra excelencia no ignora. Si vuestra excelencia en este estado comienza a reformar algunos de los abusos que ocasionan las quejas de los pueblos, no sólo les dará una idea favorable de su modo de pensar, sino que calmarán sus clamores, y los dispondrá a recibir con más gusto las providencias de mayor entidad que vuestra excelencia tenga a bien dictar en lo sucesivo. El resto de la pregunta lo contestaré a la última.

   A la 21: Los motivos que tuve para presentarme aun sin haber venido el correo, los tengo expuestos en mi relación, me ratifico en ellos, y añado que esto mismo confirma la verdad en cuanto tengo dicho en orden a mis ideas, pues apenas se me abrió un camino seguro por donde poder separarme de mis torcidos designios, al instante los abracé, y que sólo un verdadero arrepentimiento pudo en tales circunstancias haberme conducido voluntariamente a una prisión. Al doctor Gómez como a los otros eclesiásticos me descubrí, cohonestándole mi pensamiento cuanto me era posible, y así no es mucho que seducido verdadera y aparentemente adaptara el pensamiento. Me aseguró que a nadie lo había comunicado; don José Caicedo no sólo no lo adoptó, sino que, como tengo dicho, fue el conducto por donde me llegaron las piadosas exhortaciones del ilustrísimo señor arzobispo, y así él, como don José María Lozano y don Andrés Otero, contribuyeron por su parte a desviarme de mis designios y abrirme este feliz camino. No me he manifestado con ninguna otra persona. Llegué a esta ciudad la segunda vez el día 13 de junio a las cinco de la mañana, y habiendo encontrado cerrada mi casa por estar mi mujer en casa de su hermana doña Luisa, que se hallaba enferma, me fui a casa de mi hermano José, en donde permanecí aquel día, y sólo me vieron él, su mujer, mi hermana Dolores, mi cuñada doña Inés Ortega y mi mujer, que nada supieron de mis designios. Por la noche me dijo Dolores que me fuese a su casa, que estaba sola, porque su marido estaba ausente, y que allí estaría con más desahogo; me fui con ella y permanecí en su casa 24 o 25 días. En todo este tiempo sólo me visitaron el doctor Gómez dos o tres veces y una don Jorge Lozano, a quien no me acuerdo lo que le dije, porque estuvo muy poco tiempo, muy desazonado, y al fin se despidió diciéndome que lo aguardaba su familia, y no lo volví a ver más. De casa de Dolores me pasé una noche solo en su compañía a casa de doña Magdalena Cabrera, con quien dicha mi hermana tiene amistad, por haberse ya notado espías y temer que se tuviese alguna noticia de que yo estaba allí. En casa de doña Magdalena Cabrera sólo me visitaron don José Caicedo y una vez el doctor Gómez, permanecí cosa de ocho días y después pasé una noche a casa de mi hermana Benedicta, temiendo que por el conducto de don José Caicedo se me fuera a descubrir antes de hacer mi presentación. En casa de Benedicta permanecí sin que me vieran más personas que ella, su marido y mi mujer y don Andrés Otero, que estuvo dos veces el mismo día 19, con quien fui hasta presentarme a vuestra excelencia en compañía del doctor don Pedro Chavarri, que fue a nombre de su ilustrísima.

   A la 22: estoy pronto a concurrir por mi parte con cualquier medio que se estimase oportuno al intento. A mí me parece, según lo que vuestra excelencia me indica, que el mejor medio será el que yo dé dos esquelas al ilustrísimo señor arzobispo para estos eclesiásticos, diciéndoles los remitan a dicho señor en calidad de reservado, y sin ningún temor.

   A la 23: Salí de Madrid para Francia el día 13 de junio de 96. Permanecí en Francia hasta el 29 de julio, en que me pasé a Londres, en donde permanecí hasta el 4 de octubre, que me volví a Francia, y permanecí hasta el 12 de diciembre, que me embarqué para acá. Llegué a Coro el 4 de marzo, y a esta ciudad el 5 o 6 de abril. No he tenido más auxilios que el dinero que tengo referido, con el que he hecho todo el viaje. Mi equipaje en la Europa se redujo a una pequeña maleta, en la que llevaba media docena de camisas, otros tantos pares de medias y dos vestidos. Y en mi peregrinación en este reino estaba compuesto de una hamaca o chinchorro de pita, que me costó un peso; un jarro de hoja de lata, un pocillo de madera y dos mudas de ropa.

   A la 24: Mi plan era tan desesperado como mi situación, pero a mi ver el que debía seguir. No tenía tiempo para conocer éste o el otro sujeto; no podía descubrirme imprudentemente por mi situación, y por la naturaleza del asunto aventuraba dos cosas. Conocía que todo el pueblo es amigo de novedades, y que el de aquí estaba dispuesto a ellas. Conocía prácticamente los principales caminos. La capital no la contemplaba aparente, así por estar en ella las tropas, como porque el pueblo es distinto del de afuera; y porque me parecía que un asunto de esta naturaleza no se debía de tratar en donde está la silla del gobierno, por ser más fácil de descubrirse. En este caso mi idea era la que tengo indicada en mi relación; no contar sino con el pueblo, y no aventurarme sino a un solo paso que decidiese de mi vida o de mi suerte. Así pensaba retirarme hacia los pueblos inmediatos al Socorro, y en un sitio que llaman Palogordo, entre Barichara y Simacota, juntar un corto número de hombres y, escoltado con ellos, presentarme en un día de fiesta en uno de los pueblos que están al otro lado del río que divide a San Gil del Socorro, y hablar al pueblo en medio de la plaza. De este paso, a mi ver, dependía el éxito de la empresa. En el sitio de Palogordo hay cuadrillas de hombres temibles en aquellas inmediaciones; son gente viciosa, y, por consiguiente, fáciles de ganar con promesas. El conocimiento y las noticias que había adquirido en mi viaje, me daban una probabilidad de que el pueblo me seguía, y en este caso apoderándome de las cabuyas del río quedaba atrincherado de la parte de allá, para poder, con más seguridad, juntar y ordenar las gentes de los pueblos inmediatos que a distancia de mediodía hay más de 70.000 habitantes. Puesto en este estado, pensaba escribir a los pueblos, a los cabildos, a los curas y también a la tropa, haciéndole ventajosas promesas; ya nada aventuraba con estos pasos y podía ganar con ellos. Por lo que hace a jefes o personas que tuvieran mando, creía que se me vendrían a las manos, que todos los que tuvieran estas ideas y que ahora ignoro, se descubrirían en ese caso, y los que les pareciese después que debían seguirlas. De armas no pensaba valerme de las de fuego al principio, sino convertir en lanzas cuanto hierro encontrara, de cualquier uso que fuese, y de las ondas, en cuyo manejo son diestrísimas aquellas gentes.

   En cuanto a dinero no me había embarazado: las rentas, la sobriedad de las gentes, a quien no es necesario dar zapatos ni hacer ropa; a lo menos en los principios, y el creer que después de conseguido el intento se me irían allanando algunas dificultades. El conocimiento de los caminos y de la poca tropa que hay en esta ciudad, y las circunstancias actuales en que se hallan los puertos, para poder proveer de ellas al interior, parece que debía después prometerme el éxito favorable. Los caminos son de una naturaleza que excede a toda expresión: precipicios, montañas que se pierden en las nubes, desfiladeros por donde sólo cabe una persona de frente, leguas enteras de piedra o cascajo; ríos, la mayor parte que se pasan por cabuyas o cuerdas, por donde es preciso pasar colgados uno a uno. Las gentes del país están acostumbradas a estos caminos, se han creado traficándolos, casi todos nadan y pasan las cuerdas solos, y sin el socorro que necesitan otros. La tropa no está acostumbrada a traficarlos, no los conoce, no puede maniobrar en ellos, ni servirse de gruesa artillería, y aquí no hay artillería ligera. Yo tenía la ventaja de conocer por mí mismo los caminos, y el gobierno tendría quizá que valerse de alguna persona sospechosa que lo engañase. Lo demás dependía del éxito y de las providencias que aquí se tomasen.

   A la 25: El concepto que me he formado de los curas de Cácota y Barichara, que son los únicos en quienes encontré disposición, es que adoptaron el pensamiento, no por ideas de ambición ni otras, sino porque deslumbrados creían que redundaría en alivio de los pueblos; que tienen mucho influjo en sus vecinos, que no son capaces por su ministerio de hacer ninguna novedad, pero que no se opondrían si llegase el caso, y que, por otra parte, son de una conducta irreprensible y de avanzada edad. Este es el resultado de todo lo que traté con ellos.

   A la 26: Tuve muchos motivos para no descubrirme con mis parientes e íntimos amigos. Lo primero y más principal, porque por lo mismo que lo son conocía su modo de pensar, y a más de no sacar ningún fruto, no hubiera encontrado asilo en sus casas. Segundo, porque nada pensaba hacer en la capital donde residen. Tercero, porque siendo mi empresa de la naturaleza que era, no quería que por ningún evento tuvieran que padecer por mí, por lo mismo que los estimo.

   A la 27: Considero al reino en el día en estado de hacer una novedad al primer motivo que se les dé, que les pueda servir de pretexto para comenzar sus quejas; pero que tomándose algunas providencias, aunque sean de poca entidad, como tengo dicho a la 20 pregunta, me parece que no hay que temer al presente; y para lo sucesivo, mi concepto es: que variando las circunstancias actuales de Europa, es menester un remedio más serio de lo que se ha creído hasta ahora. Esta opinión la fundo en que el erario saca muy poco de tan fértiles provincias, y que el pueblo está descontento. Si el descontento de los pueblos es infundado, supuesto que contribuyen tan poco, no hay fuerzas suficientes para contenerlos y reducirlos a la justa obediencia; si sus quejas son fundadas, no puede estar la causa en la cantidad de lo que contribuyen, sino en el modo, y en este caso es necesario una reforma en la administración. Yo pienso que se necesita lo uno y lo otro; pero vuestra excelencia, con su celo y actividad, adqurirá noticias más amplias: oirá a personas de mejor juicio y conocimientos de los que yo tengo; conocerá por sí mismo la situación del reino, su disposición y medios que ofrece, y juzgará lo que sea más acertado para el servicio de ambas majestades.

   Tengo cumplido enteramente con cuanto ofrecí a vuestra excelencia. He dicho cuanto he hecho y cuanto he pensado; he referido los pasos que di en Europa y en este reino; la disposición en que están estos pueblos y las causas de su descontento: he indicado los remedios que me parece se deben tomar al presente y lo que creo para lo sucesivo. Espero que vuestra excelencia, por su parte, lo informará así a su majestad, y que en su consecuencia se me proporcionarán, entre tanto, todos los alivios posibles, para que la continuación de mis sufrimientos no quite al piadoso monarca la satisfacción de emplear en mí su beneficencia; y aun la de comprobarle con mis obras mi arrepentimiento, mi amor y fidelidad.

   Dichoso yo, señor, mil veces, si un yerro tan enorme me proporciona el contribuir al mejor servicio del rey y al alivio de estos pueblos y de mi desgraciada familia. Todo puede conseguirse si se me cree de buena fe, y espero que la sinceridad de mi relato y la satisfacción que ahora doy a las preguntas y reparos que se me hacen por vuestra excelencia, no dejará el menor género de duda, y que no será esta la última, prueba que yo dé al gobierno de que mi alma está en el día enteramente apoderada de estos objetos: en ellos encuentro todo lo perdido, y sólo contribuyendo a ellos puedo reparar lo pasado. El cielo piadoso quiera concederme esta satisfacción en premio de las lágrimas de mi mujer, y de los infinitos trabajos y aflicciones que yo he sufrido, y mover el compasivo corazón de vuestra excelencia a contribuir a su logro, que no será este el paso menos glorioso de su acertado gobierno.

   Santafé, y agosto 13 de 1797.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 95-110.

NOTAS:
1   Se trata de uno de los tíos maternos del futuro Libertador, Simón Bolívar, y su acudiente en Madrid. (El autor).

83
OFICIO DEL VIRREY MENDINUETA SOBRE PEDRO FERMIN DE VARGAS

OFICIO DEL VIRREY MENDINUETA AL GOBERNADOR DE LA HABANA ACERCA DEL REVOLUCIONARIO PEDRO FERMIN DE VARGAS Y SUS RELACIONES CON NARIÑO. Santafé, 19 de agosto de 1797.

Mendinueta,
virrey.

   Al señor gobernador de La Habana.

   Excelentísimo señor:

   Don Pedro Fermín de Vargas, corregidor de Zipaquirá en el año de 91, se huyó de este reino, llevando consigo a Bárbara Forero. Las perversas máximas de este hombre dieron bastante margen para creer que su ausencia llevase ideas perjudiciales a la tranquilidad pública de este reino, lo que se confirmó por algunos indicios y presunciones que resultan de la causa que contra él se siguió entonces.

   Estos mismos temores se han aumentado después con haber regresado aquí esta mujer, la cual se halla presa; y declara que dejó a Vargas en Jamaica, deseoso de pasar a Madrid en solicitud de indultarse de su delito. A esto se agrega que don Antonio Nariño, uno de los reos principales comprendido en las novedades y turbulencias que experimentó este virreinato en el año de 94, también se ha venido, y está preso, de forma que por fundamentos bien probables se deduce que ambos podrían obrar de acuerdo en una insurrección general, que Nariño tenía premeditada. Ahora se ha recibido en esta administración principal de correos una libranza de 31 de mayo de este año, dirigida por la de esa ciudad, a favor de la misma Bárbara Forero, de cantidad de 800 reales, por igual suma que se recibió en esa tesorería de don Fermín Sarmiento; y como Vargas, en su salida de este reino usase para mayor ocultación del mismo nombre y apellido, no será extraño que se halle en esa isla. Cuando no sea así se habrá valido de algún amigo para facilitar la libranza, el cual no podrá menos de saber su fijo y verdadero paradero. El mismo Vargas tuvo amistad con el administrador de correos, don José Fuertes. Por lo que pueden interesar estas noticias al real servicio en materia de tanta importancia, me veo en la precisión de comunicárselas a vuestra excelencia para que en su inteligencia, se sirva tomar las providencias que estime conducentes a purificarlas y asegurar, si es posible, a un hombre tan perjudicial, a cuyo efecto acompaño copia de la instrucción que al intento se formó, y espero de la justificación de vuestra excelencia los oportunos avisos de lo que resulte de ellas, en el concepto de que conducirán al acierto que tanto deseo en los asuntos de esta clase en que me hallo entendiendo.

   Dios guarde a usted.

   Santafé, 19 de agosto de 1797.

(Mendinueta).

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 111-112.

84
MEMORIAL DE NARIÑO AL VIRREY MENDINUETA

REPRESENTACION DE NARIÑO SUSCRITA EN LA CARCEL EL 3 DE SEPTIEMBRE DE 1797. AUTO DEL VIRREY Y CONTESTACION DE NARIÑO. Santafé, 3, 11 y 13 de septiembre de 1797.

Antonio Nariño.
Pedro Mendinueta,
virrey.

MEMORIAL

   Excelentísimo señor:

   Cuando esperaba haber mejorado de suerte poniendo en manos de vuestra excelencia mi corazón, me veo, con bastante dolor, no ya en calidad de detenido ínterin cumplía, sino en la de un verdadero preso, habiendo cumplido. No permita Dios que jamás me pase por la imaginación el dudar de la palabra que vuestra excelencia me dio; pero como mi estado actual es un verdadero sufrimiento, no puedo prescindir de sentirlo y representarlo a vuestra excelencia. No creo, señor, que el haber presentado a vuestra excelencia, con la mayor ingenuidad, la historia de mis desaciertos dé motivo a ello; esto fue lo que ofrecí, esto lo que he cumplido, y por lo que se me ofreció que se olvidaría todo lo pasado, y por consiguiente que mejoraría de suerte. Nada más tengo que agregar a vuestra excelencia, sino que deseo comprobar cuanto tengo dicho con mis obras, hasta derramar la última gota de mi sangre, y que espero de la notoria integridad de vuestra excelencia el que el testimonio que he dado de arrepentimiento y buena fe, no se convertirá contra mí, haciéndome sufrir después de haber cumplido, lo que hubiera merecido, si no hubiera presentado verdad.

   Suplico a vuestra excelencia, con lágrimas en los ojos, se duela de mis desgracias; no son de ayer, ha más de tres años que padezco, y ya no me queda otro arbitrio sobre la tierra que la piedad de vuestra excelencia o morir agobiado bajo el peso de mis trabajos.

   Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, y septiembre 3 de 1797.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor virrey don

Pedro de Mendinueta.

AUTO DEL VIRREY

   En vista de la segunda relación de don Antonio Nariño el 13 del mes próximo antecedente y de su representación de 3 del corriente, dirigida a este superior gobierno, no se comprende la causa que le mueva para manifestarse sentido, creyendo haber empeorado de suerte. Ni la gravedad del asunto de que se trata, ni las críticas circunstancias del tiempo, ni el importante beneficio de la tranquilidad pública, ni el interés peculiar de Nariño, permiten hacer novedad alguna que pueda perjudicar tan altos respetos. La pública autoridad hasta ahora ha cumplido exactamente las ofertas que le hizo, y proporcionará llevarlas hasta el fin, según la medida de sus facultades.

   El medio seguro de que se verifiquen depende del mismo don Antonio Nariño, quien conforme a el literal contexto de presentación por ahora satisfará a continuación a lo que interesa y desea saber el supremo gobierno.

   Dice en su citada relación "que se le permita hacer una pequeña observación para afianzar más lo que deja dicho. Vuestra excelencia está recién llegado a este reino; las gentes, como es natural, están en expectación de las providencias que vuestra excelencia comenzará a tomar en su nuevo gobierno, y los primeros pasos suelen comúnmente decidir del concepto que se forma de los superiores, y disponer los ánimos a recibir con más gusto o repugnancia sus providencias. Si vuestra excelencia en este estado comienza a reformar algunos de los abusos que ocasionan las quejas a los pueblos, no sólo les dará una idea favorable a de mi modo de pensar, sino que calmará sus clamores y los dispondrá a recibir con más gusto las providencias de mayor entidad que vuestra excelencia tenga a bien dictar en lo sucesivo".

   El gobierno desea con ansia la felicidad de los pueblos, proporcionará sus alivios en lo posible, evitará sus quejas y reformará los abusos que lleguen a su noticia. Permitiéndole, pues, a don Antonio Nariño, en el particular, cuanta confianza apetezca, manifestará con la pureza e ingenuidad que debe, los abusos que se deben corregir, los medios más a propósito al intento y las providencias que convengan, contrayéndose en particular a los que sean más dignos de corrección.

   Expone también: que para lo sucesivo "variando las circunstancias actuales de la Europa", es menester un remedio más serio de lo que se ha creído hasta ahora.

   Esta opinión la funda en que el erario saca muy poco de tan fértiles provincias, y que el pueblo está descontento; si el descontento de los pueblos es infudado, supuesto que contribuyen, tampoco hay fuerzas suficientes para contenerlos y reducirlos a la justa obediencia; si sus quejas son fundadas, no puede estar la causa en la cantidad de lo que contribuyen, sino en el modo, y en este caso es necesaria una reforma de la administración. Yo pienso que se necesita lo uno y lo otro. Parece que don Antonio Nariño comprende la enfermedad del pueblo; entiende que es gravísima; considera que para ella es necesario un serio remedio, y lo indica en la reforma de la administración. Es indispensable que con extensión y prolijidad explique su concepto en la materia.

   Don Antonio Nariño, en la sucesiva conducta de sus operaciones, vincula la prueba de su fidelidad, y el gobierno, deseoso de proporcionársela, le presenta ocasión y oportunidad de verificarlas, exponiendo con sinceridad su concepto en lo que se le pregunta.

   Santafé, 11 de septiembre de 1797.

Pedro Mendinueta.

CONTESTACION

   En cumplimiento de la antecedente superior orden de vuestra excelencia, paso a contestar los puntos que en ella se contienen.

   Primero: El contenido de mi representación de 3 del corriente, sólo debe mirarse (supuesto lo que vuestra excelencia me manifiesta) como un yerro de mi concepto, y de aquel deseo natural a todo hombre de solicitar alivio en trabajos. No creo, señor, haber empeorado de suerte respecto al tiempo anterior a mi presentación, y sólo digo que pensaba haber mejorado después que cumplí, creyéndome antes sólo como detenido ínterin satisfacía y después como preso habiendo satisfecho. No creí tampoco que a pesar de la gravedad del asunto y de las críticas circunstancias del tiempo se expusiese la tranquilidad pública, ni mi particular interés en que se me aliviase en la prisión que sufro; creí, al contrario, que ignorándose la causa de mi venida, y habiendo dado una prueba relevante de buena fe, sería una providencia oportuna en que el gobierno hiciese una demostración de confianza conmigo, para calmar las sospechas y habladurías del público, siempre perjudiciales, y mucho más en el día, por las mismas circunstancias del tiempo y la pública tranquilidad. Cuantas providencias se vayan tomando que hagan entender al público que hay un grave asunto y que procedo de mala fe, serán otros tantos motivos de conversaciones, de críticas y de novedades que ocasionan a vuestra excelencia cuidados y molestias infructuosas. En el día se toman nuevas medidas para asegurar más mi persona, no habiendo yo dado el menor motivo para ello, y como no puedo estar en las interioridades del gobierno, aunque lo siento como es natural, las recibo y venero como que vienen de la superioridad que así lo tendrá por conveniente. Ignoro igualmente en qué pueda depender de mí el que la pública autoridad lleve al fin las ofertas que me tiene hechas; yo he cumplido lo que ofrecí y no he dado nuevo motivo que pueda servir de obstáculo para que se verifiquen. Si vuestra excelencia hubiera encontrado en mi citada representación alguna expresión o concepto que sea impropio de la veneración y respeto que por todos títulos debo a vuestra excelencia, estoy pronto a borrarla con la misma mano que la escribí, y protesto a vuestra excelencia que en mi conciencia no pensé faltar en nada, y que sólo la hice movido por las razones que dejo expuestas.

   En el segundo punto expuse a vuestra excelencia mi concepto en cuanto me permiten mis cortas luces, creyendo dar con ello una prueba de lo penetrado que está mi corazón del deseo de concurrir al orden y tranquilidad pública, pero no por esto me contemplo en el día en estado de poder exponer igualmente en particular los abusos que se deben corregir, los medios más a propósito al intento y las providencias que convengan, como vuestra excelencia me ordena. Esto necesita otros datos, otra situación y otros conocimientos de los que yo tengo; yo no estoy impuesto en los reglamentos y ordenanzas de rentas; yo no estoy en estado de informarme ni de adquirir noticias; no sé cuáles quejas de los pueblos puedan chocar directa o indirectamente contra algún principio fundamental de alguno de los ramos, y así me expondría a hacer un juicio vago y aventurado, que cuando no ocasionase algún trastorno perjudicial en las rentas, sería infructuoso para los grandes fines que vuestra excelencia se propone.

   El tercero es de mucha más entidad y, por consiguiente, mucho más difícil de satisfacer por ahora. Es verdad que parece que comprendo la enfermedad del pueblo; que entiendo que es grave; que considero que para ello es necesario un serio remedio, y que lo indico en la reforma de la administración; pero la razón de este juicio la expongo en el mismo punto, y aunque conozco el mal, no he tenido las mismas proporciones para conocer y aplicar el concepto sobre el remedio. El vasto y delicado plan de una reforma en la administración no es para que lo medite un hombre angustiado, encerrado en una prisión, lleno de sobresaltos y temores, y desproveído de todo auxilio para poder formar un juicio cuando no acertado, a lo menos racional y con algún fundamento.

   Concluyo, señor, con dar a vuestra excelencia las más sumisas y reverentes gracias por los deseos que vuestra excelencia me insinúa, que tiene el gobierno de proporcionarme ocasiones en que pueda afianzar más las pruebas de mi fidelidad, y con manifestar igualmente a vuestra excelencia el dolor que me queda de no hallarme en el día en estado de poder satisfacer en la presente como vuestra excelencia me ordena y yo deseo.

   Santafé, y septiembre 13 de 1797.

Antonio Nariño1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, oh. cit., t. II, pp. 123-128.


NOTA
1 El Precursor, cit. pp. 213 a 275. Estos documentos han sido cotejados con sus originales. Se han hecho las correcciones y adiciones pertinentes. de acuerdo con los documentos de propiedad de la Biblioteca Nacional (El autor).

85
MEDIDAS DEL VIRREY MENDINUETA CON POSTERIORIDAD A LA PRISION DE NARIÑO

EL VIRREY MANIFIESTA SU SATISFACCION POR LAS RESPUESTAS DADAS POR NARIÑO AL INTERROGATORIO PROPUESTO POR EL OIDOR HERNANDEZ DE ALBA. SE REFIERE A LA INFORMACION SUMINISTRADA Y SEÑALA ALGUNAS DISPOSICIONES AL RESPECTO. Santafé, 19 de septiembre de 1797.

Pedro Mendinueta,
virrey.

Reservado.

   Excelentísimo señor:

   Los asuntos públicos de este reino, que fueron toda la atención de mis anteriores oficios, conservan por ahora el mismo aspecto. Resuelto a manejarles por medios prudenciales y políticos, no hallo razón para variar este sistema que ha producido buenos efectos, por los perjudiciales que tal vez hubiera experimentado con el estrépito forense en el seguimiento de las causas criminales, que desde los principios se indicaban. Feliz instante aquel en que don Antonio Nariño hizo su presentación. Dichosos momentos los que se consumieron en su relación en las reconvenciones y sus respuestas. En virtud de estas diligencias parece ociosa cualquiera otra actuación criminal; por ella se hubiera empleado inútilmente mucho tiempo. Por ella se hubieran multiplicado sin fruto infinitas declaraciones. Por ella se hubieran proporcionado crecido número de prisiones. Por ella se hubieran recibido frecuentes confesiones. Por ella se hubieran estampado en el papel tantas delicadas y escrupulosas diligencias, cuantas requería por su naturaleza la gravedad de las causas y diferencia de reos que se presentaban a la vista. Supuesto este cúmulo de actuaciones precisas en su caso estaríamos en el día aún a los principios, y al final de todas ellas no se hubiera sacado cosa sustancial sobre el contenido de las relaciones de Nariño. Aun cuando hubiera sido feliz su éxito, se puede asegurar, sin temeridad, que no se hubiera sacado en limpio lo que ahora sabe el gobierno. Se hubiera confundido la verdad y embrollando el asunto de esta manera, era forzoso caminar a ciegas en su dirección.

   Por la relación de Nariño se han descubierto sus proyectos, se sabe el estado de ellos, no se ignoran, cuando no todos, algunos cómplices de sus designios. No hubieran sido tan dichosos los procedimientos judiciales que por ellos se hubiera conseguido tanto. Por breves instantes se han adquirido noticias, que después de mucho trabajo, tiempo y dificultades no se hubieran conseguido. Sábese, pues, lo principal e interesante a la tranquilidad pública, de suerte que importa poco o nada la averiguación de algunas pequeñas circunstancias. En otras el seguimiento de causas sería casi infinito, porque vivo persuadido de que es muy común el contagio en estos naturales, de suerte que por las diligencias judiciales resultaría multitud de delincuentes: un procedimiento llamaría a otro; esta actuación pediría a aquélla y por todas resultarían unos reos principales, otros cómplices, otros participantes, otros auxiliadores, otros ocultadores. Este crecido número de delitos por necesidad impediría su castigo en la mayor parte; se descubriría la enfermedad, pero se haría imposible la aplicación del remedio. Las prisiones entonces serían precisas y de ellas dimanarían los clamores de todos; se aumentaría por fuerza el descontento y de él se originaría, acaso, la sublevación que se ha impedido a la sazón. Los primeros judiciales pasos serían contra eclesiásticos. En todas partes se miran como invencibles las dificultades que se presentan en la ejecución de cualesquiera providencia en perjuicio de los individuos del estado eclesiástico. Aquí son mucho mayores por el predominio y sujeción con que tienen a sus feligreses. Es tal, que si los párrocos estuvieran a favor de la debida obediencia para con el soberano, sobre esta sola confianza se podía prometer seguramente perpetua tranquilidad pública. En donde por fortuna hay buenos y fieles operarios, jamás se han conocido las ideas de insubordinación. Esta es una de las cosas que necesita indispensable reforma por medio de la primera educación de la juventud, que después ha de gobernar los pueblos en la enseñanza cristiana. Estos eclesiásticos, en nuestro caso, con la persecución de algunos levantarían la voz, seducirían, con pretexto de felicidad, la bondad de sus súbditos, acalorarían las ideas de los pervertidos y todos se conducirían hasta un precipicio. No pretendo por esto ofender la opinión de aquellos eclesiásticos que cumpliendo sus deberes son obedientes a su soberano y mantienen el buen orden de los pueblos; trato únicamente de los que abandonan estas obligaciones.

   Dos son los fines que se tendrían presentes para las actuaciones judiciales; a saber, el descubrimiento de la verdad y castigo por ella de los delitos. El primero serviría al gobierno para tomar sus providencias relativas al sosiego público; el segundo para el escarmiento sucesivo. Uno y otro están comprendidos bastantemente en las relaciones de Nariño. Es evidente por ella el daño que amenaza a la república y por él se ha de medir el remedio, como efectivamente se ha procurado por las medidas y disposiciones que se han tomado; y por la misma relación se puede proceder al castigo económicamente, según manifestaré adelante. Supuesta la actuación judicial, no hubiera habido en ella otra prueba que el testimonio de Nariño, y por él se ha de gobernar la decisión que corresponda a el presente asunto. En el procedimiento criminal por dos únicos medios, se podría intentar descubrir la verdad. Sería uno el juramento en las declaraciones y éste infructuoso. Es presunción que se acerca a la evidencia, que ninguno de los delincuentes en nuestro caso diría la verdad por su declaración para perjudicarse a sí propio. Todos reconvenidos únicamente por el testimonio de Nariño sin otro comprobante ni documento, cuando menos ocultarían la verdad y, siendo necesario, increparían su conducta aquellos que en otras circunstancias favorecerían sus proyectos abiertamente. Este es el orden regular de las cosas en las variaciones de los sucesos; fuera de que estos naturales viven firmemente persuadidos de que en estas materias no hay obligación de decir la verdad en fuerza del juramento. Sólo restaba valerse de los apremios judiciales y a el fin de la violencia, cuyo medio jamás sería acomodado a las circunstancias, antes bien produciría fatales resultas en unos países en que apenas se conocen semejantes modos de descubrir los delitos; se miraría con tal horror esta diligencia, que se renovaría en su memoria la serie de crueldades que los enemigos de la nación nos suponen en estas conquistas y se creen como artículos de fe ajenos de la discreción y crítica que merecen tales exageraciones. En el supuesto de ser cierta, como no lo dudo, la disposición general de los pueblos a estas novedades, según el concepto práctico de Nariño, los procedimientos judiciales surtirían el efecto seguro de exasperar los ánimos, aumentar el número de los descontentos, renovar sus sentimientos, radicarlos más y más en sus ideas, acrecentar el odio hacia los españoles, aborrecer su gobierno, procurar sacudir con más empeño su dominación, no remediar el presente daño, ni precaver los futuros. En una palabra, todas las ventajas que pudieran proporcionar las actuaciones no son comparables con las que resultan de sofocar en su origen estas ideas y proyectos.

   La prisión de Nariño; la reserva y sigilo con que se procede en el asunto; el trabajo incesante de las disposiciones y preparativos para su caso; omitir por ahora el procedimiento contra los que sean culpados; no practicar diligencia alguna pública judicial, velar de noche y día sobre la conducta del público; manifestar valor y firmeza para lo que pueda sobrevenir; todo esto conduce para tener el pueblo en una expectación que los inocentes se contienen y los delincuentes, entre la esperanza y el temor, se mantienen sin resolución perjudicial. Si hubiera abrazado el partido de las actuaciones criminales, se destruiría este buen orden, se quebrantaría la reserva; se sabrían, como en otro tiempo, aun las cosas más mínimas. El gobierno perdería los respetos que le sostienen; se aborrecerían sus providencias, y lo más sensible sería que no se aclararía la verdad. Esto parece increíble, pero es constante y proviene de que no hay confianza y fidelidad en los sujetos que practicarían forzosamente estos pasos. Tienen tanto interés como los mismos delincuentes y hacia este fin dirigen sus acciones, de modo que no basta diligencia alguna a contener en la ocasión semejantes excesos; se conocen, pero es indispensable disimularlos con honestos pretextos.

   La triste experiencia de los sucesos pasados enseña estos conocimientos. En el año de 81 hubo procedimientos judiciales y se castigó a algunos delincuentes, mas no se precavieron por eso las resultas de el de 94. En éste vino a suceder lo mismo puntualmente y tampoco se remedió el mal del día. Estos experimentales antecedentes indican bastante que no es éste el remedio de la enfermedad que padece el pueblo. Los males extraordinarios no se curan con medicinas comunes. Ni todos los negocios son de una misma clase, de manera que sus variaciones sustanciales esfuerzan a variar los medios comunes y generales en singulares y extraordinarios para los casos que lo pidan. El presente es uno de ellos, que por las suyas parece exento de las reglas comunes; si de seguirse en él las actuaciones, se proporcionasen las fatales consecuencias que dejo manifestadas y por ellas se originase la insurrección que al parecer se ha precavido, no sé cómo respondería a Dios y al rey en los gravísimos males y daños que se ocasionarían.

   La necesidad es otro de los fundamentos que he tenido presentes para resolverme a omitir diligencias judiciales. La escasa fuerza militar que hay ni sirve para resistir, ni puede poner la autoridad en el respeto que corresponde en términos que una vez despreciada los procedimientos jurídicos no sólo serían inútiles, sino perjudiciales. Las críticas actuales circunstancias de la Europa: las en que se halla nuestra nación con tantas importantes atenciones. La falta de correspondencia pública que nos hace ignorar su estado es otro poderoso motivo que estimula a dirigir estos asuntos con prudencia y sin precipitación. Así es que hasta ahora ha producido buenos efectos la lentitud y suavidad, pues no se sabe que en alguna provincia del reino haya habido novedad capaz de hacer variar de concepto. El tiempo abrirá camino y enseñará el que se deba seguir con acierto seguro, si los sucesos mejoran de semblante. Entre tanto suplan los medios industriosos los arbitrios que en otros casos proporcionaría el orden común y regular.

   La fe y palabra prometida a Nariño en su presentación por mano del prelado eclesiástico lega en cierto modo la de la autoridad pública para emprender causas criminales. No se me oculta que semejantes promesas, hijas de la necesidad y violencia, no puedan ni deban cumplirse absolutamente. Conozco que apenas de consentimiento legal pueden quebrantarse principalmente cuando se opongan a el bien común; con todo, si es compatible un extremo con otro, su observancia producirá buenos efectos y evitará para lo sucesivo las malas consecuencias que se presentan a la consideración del que cometa semejantes delitos, desengañado de que aunque los descubra no mejorará su suerte. La novedad de Caracas confirma en gran manera mi modo de pensar, y no será extraño que esté enlazada con las miras de Nariño: él hizo su entrada en este reino por aquella parte, dejaría sembrada en él la cizaña y a eso pueden aludir las expresiones: En Santafé se cree ya todo listo. Por éstas y otras varias reflexiones me he propuesto desentenderme de procedimientos judiciales, porque en la sazón los considero inútiles y perjudiciales. No es mi ánimo no dejar por esto correr el mal y sin castigo a los delincuentes. Antes bien todo mi esmero, todo mi cuidado, toda mi atención se ocuparán en uno y otro objeto.

   Deseo corregir el mal. Quiero castigar estos delitos por los medios políticos que explicaré precisos en el estado actual de las cosas. Para el primero, repito a vuestra excelencia que con las precauciones remitidas por esta real audiencia y otras que oportunamente se meditarán, cuando no se corte de raíz el daño, se remediará en lo posible. Para el segundo, en la firme inteligencia de que no conviene seguir formales causas a los delincuentes, se proporcionará su castigo, separándolos de este reino, de suerte que extraños en otra cualquiera parte, no tengan facilidad de comunicarse sus ideas, ni proporción de verificarlas. Aunque los pueblos en general tengan disposición o propensión a estas turbulencias, las gentes que pueden sostenerlas no tienen por sí carácter, resolución y firmeza para iguales empresas. Es decir, que los pueblos jamás las intentarán, a menos que los muevan hombres de otros conocimientos. Estos son los sujetos con quienes ha de entenderse la separación que se debe verificar con discreción y oportunidad. No será un crecido número de hombres, pero sí bastantes para causar siempre recelos al gobierno. Admitido este arbitrio, se proporcionará casi insensiblemente la separación en términos que ahora salgan unos y después otros. También es preciso tener presente que para este procedimiento económico, no se requiere una inquisición, averiguación y prueba concluyente. Los sucesos del año de 81, los del de 94 y los del día, prestan abundantes méritos para la resolución. Lo que manifiesta Nariño, las enunciativas de las causas anteriores y las sospechas que tenga el gobierno de algunos sujetos, bastarán para su reparación. No será conveniente estimar a estos hombres en un mismo grado de delincuencia y, por tanto, se pueden dividir en tres clases. Para los que indica Nariño no será proporcionado castigo la separación sola: a más de ella deberá aumentárseles alguna pena. Los que resultan sindicados por las anteriores causas sufrirán la pena de la separación. Y aquellos de quienes sospecha el gobierno, conforme a sus circunstancias, se les puede proporcionar colocación en otra parte, o mudarlos a otros destinos. Sin embargo de que al presente no hay fundado recelo que incline a esperar de pronto la sublevación, se considera oportuna precaución no hacer novedad con estos sujetos y principalmente con Nariño, fuera de que la guerra actual impide cualquiera determinación. A lo sumo se les podría remitir a Cartagena, pero no se adelantaba cosa alguna. Si se les conducía a España, podían ser apresados y entonces más temibles sus proyectos y casi seguros, en vista de que no se les había cumplido la oferta hecha a todos en nombre de Nariño. Si se hace la paz o se presenta ocasión segura en Cartagena, según las circunstancias, se hará lo más conveniente.

   La remisión de Nariño a España es indispensable, ya por su anterior causa, ya también por la del día. Muchas más preguntas y reconvenciones se le pudieran haber hecho en inteligencia de lo que ha manifestado, pero en sustancia poco se adelantaría. Los vínculos de su mujer, hijos y familia; los de sus íntimos amigos: los de la patria y paisanos; la incertidumbre de su suerte, favorable o adversa, le impiden aclarar todo lo que abriga en su corazón. Separado de todos estos respetos en España y tratado con la confianza que permitan sus excesos, no dudo que descubrirá lo que aquí por temor ha dejado de explicar. Sábese por su relación el proyecto, su estado y los participantes de estas máximas. En España sin duda se adelantaría la cosa hasta lo sumo en estos tres puntos, señaladamente en el último, y con estas noticias se puede proporcionar mejor la separación y castigo de los culpados. No es fácil formar juicio cabal de las verdades o falsedades contenidas en la relación de Nariño. Seguro este hombre del mal éxito de su causa anterior, puede haber figurado su proyecto para hacerse acreedor a la indulgencia. Pudo haberla abrigado y no haber hallado para su ejecución la facilidad con que le creía. Puede haber hecho su presentación al parecer voluntaria, por pura necesidad. Pueden ser los auxilios extranjeros con que contaba, una quimera y ficción. Pueden su peregrinación, conciertos de armas, reconocimientos de caminos y disposiciones para el proyecto, ser una fábula. Cuando no hay pruebas; cuando faltan documentos; cuando no se pueden adquirir por diligencia humana, todo es conjetura; todo presunción; todo sospecha. En este conflicto se halla mi juicio para el grave negocio presente. En él, por una y otra parte, abundan las dudas; sin embargo, hay algunos datos en las relaciones de Nariño que hacen creíble su narración. Separado este hombre de Madrid, pudo ocultar su malicia entre los extranjeros y vivir con ellos todo el tiempo que quisiese. Su venida a estos dominios con sus circunstancias no pudo verificarla con otro fin que el que insinúa. La miseria de los tiempos en todas partes le facilitaba oportunidad para el intento. La disposición e inclinación de estos naturales es y será siempre a propósito para semejantes novedades. Cargarse Nariño sobre sus culpas pasadas de otras peores. Descubrir todo su plan. Indicar los remedios del mal. Ofender la fama de su patria y manifestar delincuentes; parece increíble: todo puede ser, pero en medio de la incertidumbre me inclino más a que procede de buena fe. Sea lo que quiera, lo cierto es que resuelto Nariño a proporcionar la sublevación general, tenía muchas proporciones para verificarla; y si no la hubiera conseguido en su cumplido efecto, a lo menos se hubieran experimentado muchos daños. Crecidos gastos del erario en las precisas expediciones; muertes, robos, incendios y otros desastres hubieran sido las consecuencias forzosas de aquel antecedente. Todo hasta se ha evitado con su presentación. Por este medio ha hecho a la patria aquel servicio que las leyes estiman conveniente para la indulgencia de los reos de esta clase. Si el arrepentimiento de Nariño es sincero y por él merece la confianza que había perdido, puede tal vez en lo sucesivo con su enmienda hacer otros servicios. El asunto es de suma gravedad e importancia, y su majestad resolverá en él con más acierto lo que sea de su soberano agrado. Y entre tanto que vuestra excelencia me comunica estas resoluciones, vivo firmemente resuelto a continuar el sistema que he principiado y dejo expuesto, a no ser que su majestad quiera otra cosa, o las sucesivas circunstancias que no se pueden prever me hagan varia r de dictamen.

   Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de septiembre de 1797.

   Excelentísimo señor.

Pedro Mendinueta.

   Excelentísimo señor príncipe de la paz.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 129-136.

86
PAPELES, LIBROS Y BIENES DE SEBASTIAN LOPEZ RUIZ EN PODER DE NARIÑO

EXPEDIENTE INSTAURADO POR SEBASTIAN LOPEZ RUIZ SOBRE UNOS PAPELES, LIBROS Y BIENES QUE DICE ANTONIO NARIÑO RECIBIO DE MARIA BEGOÑA ALDANA, LEGITIMA MUJER DEL SOLICITANTE. Santafé, 17 de octubre de 1797, y 9 de mayo de 1799.

Sebastián López Ruiz.
Antonio Nariño.

   Expediente instaurado por don Sebastián López Ruiz sobre unos papeles, libros y bienes que dice haber recibido don Antonio Nariño de doña María Begoña Aldana, legítima mujer del solicitante.

   Escribanía del doctor Aguilar.

   Copia de la lista de libros y muebles del uso de don Sebastián López, que cuando se ausentó a la corte dejó en su casa, y en confianza se los entregó su mujer doña María Begoña Aldana a don Antonio Nariño sin saberlo, y repugnándolo cuando lo supo en Madrid don Sebastián, quien por repetidas cartas le dio órdenes a su expresada mujer que todos los recobrara de Nariño, a quien por fin se los embargaron junto con sus bienes.

Pesos Reales
   Diccionario de la salud, francés, pasta, 2 tomos 4° 16
   Hallen, Compendio de medicina, id, 7 tomos 8°, pasta 20
   Método de la naturaleza, francés, 2 tomos 8°, pasta 08
   Astrue, Enfermedades de mujeres, francés, 5 tomos, pasta 20
   Goulard, Enfermedades venéreas y de la uretra, francés, 2 tomos 8°, pasta 10
   Brugier, Señales de muerte actual, francés, 2 tomos 8° 06
   Memorias de cirugía, francés, 2 tomos 8°, pasta 04
   Curso de cirugía por ViIlards, francés, I tomo 8°, pasta 02
   Bourru, Enfermedades venéreas, 1 tomo 8°, pergamino 02
   Lebret, Partos, francés, 4 tomos 4°, pasta 20
   Gorter, 1 tomo en 4°, pasta 03
   Id. Cirugía expurgada, 1 tomo 4°, pergamino 03
   Cirujano instruido, 1 tomo 4° pergamino 02 02
   Wansurieten, Aforismos de cirugía castellana, en pergamino, 5 tomos 4° 20
   Pringlé, Enfermedades del ejército, 2 tomos 4°, pergamino 08
   Embriología sagrada, 2 tomos 4°, pergamino 08
   Tisot, Aviso al pueblo, 1 tomo 4°, pergamino 04
   Calmet Riverio reformado, 1 tomo 4°, pasta blanca 00
   Farmacopea matritense, 1 tomo 4°, pergamino 12
   Geofrai, Materia médica, 5 tomos 4°, pergamino 02
   Hipócrates, 1 tomo folio con el texto griego, pergamino 02
   Aforismos del mismo, comentados, 1 tomo 4°, pergarmino 0
   Diccionario anatómico, 2 tomos 8°, pasta 0
   Pressavin de vapores, 1 tomo 8°, pasta 0
   Raulin, Enfermedades de paridas, 1 tomo 8°, pergamino 0
   Boherave de morbis oculorum, 1 tomo 8°, pasta blanca 0
   Lemeri, Chymica, 1 tomo 4°, pasta 0
   Espallarosa, Inoculación de las viruelas, 1 tomo 4°, pasta 0
   Gil, Preservación de las viruelas, 1 tomo 4°, rústica 0
   Buchos, Diccionario de historia natural, cuyos 6 tomos con parte láminas, y los otros 6 disertaciones de las mismas 0
   Diccionario botánico y farmacéutico, 1 tomo 8°, pasta 0
   Buffon, Manual del naturalista, 2 tomos 8°, pasta 0
   Tournefort, Botánica, 2 tomos en 4°, pasta, láminas 0
   Feville, Viaje a Lima, Chile, etc., láminas, 2 tomos 4°, pasta 0
   Martiniere, Diccionario de geografía, 6 tomos, folio pasta 0
   Herrera, Décadas 4 tomos, folio pasta 0
   Buils, Compendio de matemáticas, 3 tomos, 4°, pasta 0
   Fundición de minas, 2 tomos en 4° mayor, pasta, con láminas 0
   Jardinero florista, 1 tomo 8°, pasta láminas 0
   Bouganville , Viajes con Solander, 3 tomos 4°, pasta 0
   Vallerius, Mineralogía, 2 tomos 4°, pasta 0
   Kirwan, Elementos de mineralogía, 1 tomo 4°, a la rústica 0
   Pará, Elementos de metafísica sagrada y profana, 1 tomo 4°, pasta 003
   Barba, De metales, 1 tomo 4°, pergamino 003
   Arte de cerero, duplicado, 1 tomo 8°, pesos cada uno 012
   Diccionario francés de Sobrino, 3 tomos 4° mayor, pergamino 020
   Ulloa, Viaje a la América, 5 tomos, folio pergamino 030
   Calepino, De 7 leguas, 1 tomo 4°, pergamino 008
   Losada, Filosofía, 5 tomos 4°, pergamino 008
   Virón, Viaje, 1 tomo 4°, rústica 002
   Tratado de aguas termales de Trillo, 1 tomo 4° 002
   Casani, Historia del Nuevo Reino de Granada,1 tomo, folio pergamino 003
   Caracciolo, Sus obras completas, 20 tomos 8°, en pergamino 025
   Comercio libre, 2 tomos, folio 004
   Segaud, Sermones 7 tomos 8°, pasta 025
   Newillc, Sermones, 8 tomos 8°, pasta 025
   L'ieunc, Sermones \O tomos 8°, pasta algo averiado 012
   Dufay, Sermones, 9 tomos, pasta 028
   Trubert, Sermones, 6 tomos 8°, pasta 020
   Jard, Sermones 5 tomos 8°, pasta 016
   La Rue , Sermones 3 tomos 8°, pasta 012
   Sermones nuevos anónimos, 3 tomos 8°, pasta 010
   Ciceri, 6 tomos, id. 012
   Houteville, Religión cristiana, 4 tomos 8°, pasta 016
   Bergier, Deísmo refutado, 2 tomos 8°, pasta 006
   Bergier, Apología de la religión cristiana, 2 tomos 8°,pasta 006
   Lexicon, Polemicum, 2 tomos, folio, pasta blanca 012
   Biblia con concordancias, 2 tomos 4°, pasta 012
    10.340 -4

Muebles
 
   Una silla poltrona nueva forrada en tafilete encarnado que también sirve de cama, con su caja y llave 025 ps.
   Dos estantes grandes para libros 012
   Una resma y algo más de papel de estracilla demarca mayor 012
    149
   Total 1.489 -4

Sebastián José López Ruiz.
(firmado)

   Con presentación de la lista que insinúa pide que trayéndose a la vista el expediente que cita se dé en ella la providencia que expresa.

   Muy poderoso señor:

   Don Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, ante vuestra alteza en la vía y forma que más haya lugar por derecho, parezco y digo: que al tiempo de mi partida a España dejé en poder de mi mujer, doña María Begoña Aldana, los libros y algunos muebles de mi uso para que los vendiese, y con su producto ocurriese en parte a los gastos de su manutención y de la de nuestros hijos. A poco tiempo ocurrió a ella don Antonio Nariño, y habiéndole expresado la mayor comodidad que podrían tener en su casa para venderse, por la frecuencia de gentes, principalmente eclesiásticos que entraban en ella por razón de su empleo de tesorero de diezmos, y porque con ocasión de otros muchos libros suyos que tenía de venta era más fácil que los viesen los sujetos que podían comprarlos, se los pidió y ofreció vendérselos o facilitarle así mejor su salida. Mi mujer accedió a una propuesta que le pareció desde luego útil y propia de la buena armonía que había llevado conmigo Nariño, y en su consecuencia le entregó los libros y muebles que constan de la adjunta lista que debidamente presento y juro. Yo, cuando supe esto en Madrid, se lo improbé a mi mujer en las cartas que al efecto le escribí, dándole orden que los recogiese, pero cuando llegó este caso ya a Nariño se le habían embargado todos sus bienes, y con ellos los citados libros y muebles míos. Reclamó al instante mi mujer por ante vuestro oidor comisionado para el citado embargo, don Joaquín de Mosquera y Figueroa, haciendo presente cuanto llevo expuesto. Vuestro oidor recibió declaración, según se me ha dicho, sobre el particular, al citado don Antonio Nariño, quien expuso ser cierto todo, pero que teniendo cuentas pendientes conmigo sobre cierta contrata de quina, suplicaba se retuviesen mis libros y muebles hasta su liquidación. Instó mi mujer, pero ya fuese por lo ajenos que son semejantes asuntos de su sexo, de su ninguna instrucción en estas materias, y de su carácter naturalmente pacífico y abstraído, ya porque no tuviese quien hiciese por ella, finalmente, porque objetos más importantes distrajeron la atención de aquel señor ministro, lo cierto es que mi mujer no pudo recaudar los citados efectos, y que el expediente se quedó en ese estado, según la razón que me ha podido dar ella misma.

   Yo supongo que mis libros y muebles estarán existentes y que no habrán entrado en la venta que se ha hecho de los bienes de Nariño, supuesto que ya constaba judicialmente a aquel señor ministro que no eran suyos. En estas circunstancias es llegado el caso de que vuestra alteza se sirva mandar se me entreguen.

   Si alguna cosa pudiera impedir la citada entrega, sería la pretendida excepción de pendencia de cuentas de Nariño, pero ésta no, porque aun cuando fuese cierto, ¿quién ha visto compensación de una deuda líquida y aun improbable con efectos de un depósito o con fianza que conforme a vuestras leyes de Partida se deben mirar como una cosa sagrada? Ni la excepción de dolo malo, ni el derecho que compete en la misma cosa depositada, ni aun los mismos gastos hechos por el depositario en ella lo autorizan para retenerla, y las leyes que quieren sea inviolable la buena fe en un contrato que estriba todo en ella, sólo le han concedido al depositario la acción contraria de depósito para conseguir su indemnidad.

   Yo, es verdad, tenía y aún está pendiente en vuestro superior gobierno el juicio de cuentas sobre la contrata de quina con Nariño, pero cuando le debiese alguna cosa por esta razón, sería quina y no dinero, y mucho menos los libros y muebles de mi uso, que sólo la necesidad me obligaba a vender cuando le debiese alguna cosa, digo, tengo bienes conocidos, tengo un sueldo fijo por vuestra real persona, con que le podía pagar. Por esta razón vuestro citado gobierno acaba de mandar se me entregasen 1.000 y más pesos que los fiadores del citado Nariño me habían hecho retener también so pretexto de esta deuda en mi ausencia.

   En esta virtud yo suplico a vuestra alteza que, mandando traer a la vista el citado expediente promovido por mi mujer, se sirva resolver en ella como tengo pedido, previniéndole al sujeto en cuyo poder existan los citados efectos me los entregue al tenor de la lista presentada, que así es justicia, la cual mediante, a vuestra alteza suplico provea como solicito.

Doctor José Camilo de Torres.
Sebastián José López Ruiz.
José Antonio Maldonado.
(firmados).

   Venga con los antecedentes.

   (Hay una rúbrica)

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 17 de octubre de 1797 años.

Doctor Aguilar.
(firmados).

   Suplica se lea.

   Muy poderoso señor:

   Don Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, ante vuestra alteza en la forma que más haya lugar por derecho, digo: que hace más de seis meses me presenté solicitando la restitución de muchos libros y algunos muebles de mi uso que sin noticia mía y en mi ausencia le pidió don Antonio Nariño a mi mujer doña María Begoña Aldana para vendérselos y ésta se los entregó en una pura confianza; y habiéndose mandado por vuestra señoría agregar ciertos antecedentes que justifican más mi demanda, hasta ahora no lo ha verificado la escribanía, causándome vejación y graves perjuicios; en esta virtud, a vuestra alteza suplico se sirva mandar se agreguen dichos antecedentes y hecho que sea, que se provea como tengo pedido.

Sebastián José López Ruiz.
José Antonio Maldonado.
(firmados).

   Informe la escribanía, y hecho, dése cuenta. (Hay una rúbrica).
   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 17 de abril de 1798.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   Muy poderoso señor:

   En cumplimiento de lo mandado en el superior auto que antecede, lo que puedo informar es: que en 17 de octubre último, Sebastián López solicitó la devolución de ciertos libros que tenía en poder de don Antonio Nariño, sobre cuyo asunto la mujer del dicho López ya había practicado varias diligencias sobre probar la verdad de este relato, y este expediente se halla en poder del señor juez comisionado don Juan Hernández de Alba, como uno de los cuadernos escritos de la causa de dicho Nariño, por cuyo motivo no se ha agregado y pasado al relator; y porque la parte hasta esta fecha no lo ha promovido por mi conducto, ni menos exhibido los derechos de relator y papel para la providencia. Santafé, abril 18 de 1798.

Doctor Francisco José de Aguilar.
(firmado).

   Vistos: Traslado a don Antonio Nariño, quien le evacúe por medio de procurador de esta real audiencia que contribuya e instruya en forma dentro de segundo día perentorio, y para su notificación en el estado en que se halla hágase el oficio extrajudicial, y atento que corresponde al excelentísimo señor virrey por medio del presente escribano de cámara.

   (Hay cinco rúbricas).

   Vistos: Hoy 14 de agosto de 98, por los señores regente, Inclán, Alba, Ezterripa y Torre Velarde.

   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 17 de agosto de 1798.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   En 18 de los mismos, yo, el escribano de cámara, en cumplimiento del superior auto que antecede, hice el oficio extrajudicial que se previene al excelentísimo señor virrey del reino, y en su consecuencia me franqueó el permiso de ver a don Antonio Nariño por medio del capitán de alabarderos don Hilario Mendinueta, que me condujo al cuartel donde se halla, y en su vista le notifiqué el traslado antecedente que contiene el auto superior citado, quedó enterado en todo su contenido y firma, de que certifico.

Nariño.
Doctor Aguilar.
(firmados).

   A sus antecedentes y autos como está mandado. (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 1° de septiembre de 1798.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   Vistos: hoy, 4 de octubre de 98, por los señores regente, Inclán, Alba, Ezterripa y Torre Velarde.

   (Hay una rúbrica).

   Vistos: El escribano de cámara pase a la posada del señor ministro don Juan Hernández de Alba, y previa la debida venia y cesando toda razón de inconveniente, pondrá testimonio de la solicitud de doña María Begoña Aldana sobre cierta exposición que había de hacer don Antonio Nariño en cuanto a los libros que tomó de su casa, con lo que baste a llenar lo pedido por esta parte, y hecho dése cuenta.

   (Hay cinco rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 4 de octubre de 1798.

Doctor Aguilar.

   Certifico que, en cumplimiento del superior auto que antecede, pasé a la casa del señor ministro don Juan Hernández de Alba, y previos los requisitos que previene, se solicitó por el mismo señor ministro citado en mi presencia el cuaderno que se refiere a doña María Begoña Aldana, en los autos seguidos contra don Antonio Nariño, foja por foja, y no se halló en ellos sin embargo de haber otras solicitudes contra el citado Nariño, como la de doña Ignacia Galavís sobre la satisfacción de los arrendamientos de una casa. Y para que conste pongo y firmo la presente en Santafé, a 17 de octubre de 1798.

Doctor Francisco José de Aguilar.
(firmado).

   Vistos hoy 24 de octubre de 98 por los señores regente y Torre Velarde.

   (Hay una rúbrica).

   Vistos: Hágase notorio a la parte para que promueva lo que le convenga.

   (Hay dos rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 24 de octubre de 1798 años.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   En el mismo día hice saber el auto que antecede a don Sebastián López, quedó enterado y firma, de que certifico.

López.
Doctor Aguilar.
(firmados).

   Pide que para suplir en parte la falta del expediente que expresa o averiguar si es posible su paradero, se pongan por los escribanos de cámara y real que nombra, las certificaciones que insinúa, y hecho se le entreguen los autos para deducir en vista de ellas.

   Muy poderoso señor:

   Don Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, en autos sobre devolución de ciertos libros y muebles de mi uso que sin mi noticia y en mi ausencia le pidió don Antonio Nariño a mi mujer doña María Begoña Aldana para vendérselos, como que su producto estaba destinado para la subsistencia de ella y de nuestros hijos, y en efecto se los entregó en esta pura confianza y se hallaron existentes al tiempo del embargo de bienes del citado Nariño, ante vuestra alteza, como mejor proceda en derecho, digo: que no habiéndose encontrado entre los papeles que existen en poder del señor ministro don Juan Hernández de Alba el expediente relativo a este asunto y en que consta la oportuna reclamación de la citada mi mujer para que se separasen dichos efectos y se le entregasen como de su absoluta e innegable pertenencia, según la diligencia puesta por el escribano doctor don Francisco José de Aguilar, para suplir en la parte posible esta falta, se ha de servir vuestra alteza, como lo suplico, mandar que el dicho escribano certifique a qué se reducía dicho expediente, cuál era la solicitud que contenía, qué diligencias se practicaron en él con don Antonio Nariño, qué resultó de ellas, si confesó llanamente haber entrado del modo dicho en su poder los libros y muebles pertenecientes a mí y a mi mujer, con sola la adición de que tenía cuentas pendientes conmigo por una contrata de quinas que se decretó en virtud de esto, en qué estado quedó el citado expediente y por qué razón. Que en los mismos términos certifique don Juan Nepomuceno Camacho, escribano real, oficial mayor de la escribanía de dicho doctor Aguilar, y con quien según entiendo actuó vuestro ministro don Joaquín de Mosquera y Figueroa como comisionado por este superior tribunal para el embargo de bienes del citado Nariño, si es cierto el contenido de mi escrito en fojas tres y del presente en la parte que le pueda tocar, absolviendo las mismas preguntas que su principal, el doctor don Francisco José de Aguilar y añadiendo, como que manejó estos papeles, si sabe, infiere o presume dónde puede existir el expediente de la demanda de libros y muebles de mi mujer, si se separaron o inventariaron éstos juntos con los de Nariño, y si existen o se han vendido y en qué poder ha entrado su producto, para qué fines y qué inversión se les ha dado, y que evacuadas estas certificaciones se me entreguen con los autos para deducir en vista de ellas lo que tenga por conveniente en justicia, la cual, mediante a vuestra alteza, pido y suplico provea como solicito.

Doctor José Camilo de Torres.
Sebastián José López Ruiz.
José Antonio Maldonado.
(firmados).

   Como lo pide con citación.

   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 9 de noviembre de 1798.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   En la ciudad de Santafé, a 13 de noviembre del mismo año, cité a Manuel Guarín, como apoderado del muy venerable deán y cabildo y colector de manuales, y enterado firmó, doy fe.

Guarín.
Admiñaorta.
(firmados).

   En el mismo día hice otra a Luis de Ovalle, apoderado de los abonadores y fiadores de don Antonio Nariño, firmó, doy fe.

Ovalle.
Admiñaorta.
(firmados).

   Inmediatamente cité a doña María de los Dolores Nariño, firmó, doy fe.

Nariño.
Admiñaorta.
(firmados).

   Incontinenti pasé a la casa de doña Magdalena Ortega y, como consorte de don Antonio Nariño, le cité y quedó enterada de su cometido, de que certifico.

Admiñaorta.
(firmado).

   Certifico, en virtud de lo pedido y mandado en el escrito y superior auto que antecede, que el expediente promovido por doña María Begoña Aldana en ausencia de su marido don Sebastián López, que recuerda este escrito, se reducía, según hago memoria, a acreditar que en poder de don Antonio Nariño tenía varios libros y algunos muebles de su pertenencia que pretendía se separasen de los embargados a dicho Nariño y se le entregasen como suyos propios. Que a consecuencia de este pedimento y mandado de esta real audiencia recibió el que expone declaración al expresado Nariño, que confesó tener en su poder los bienes expresados, aunque no hace memoria si los individualizó por menor, añadiendo que no debían entregarse sin embargo de ser propios de López, porque tenía cuentas pendientes con él, que no hago memoria qué se decretó en vista de esta diligencia, aunque sí creo, por sola conjetura, que se entregaría a la parte para que por su mérito promoviera lo conveniente a su derecho. Ni sé tampoco ni me acuerdo el estado en que quedó el expediente. Y para que conste pongo la presente, que firmo en Santafé, a 4 de diciembre de 1798.

Doctor Francisco José de Aguilar.

   Yo, el infrascrito escribano del rey nuestro señor, oficial mayor de una de las escribanías de cámara de la real audiencia de este reino, en virtud de lo pedido por don Sebastián José López Ruiz en sus escritos de fojas tres y ocho de este expediente, y en cumplimiento de lo mandado por el superior auto de 9 de noviembre último, lo que puedo certificar es: que después de hecha la prisión de don Antonio Nariño y el embargo de todos sus bienes, inclusos cuatro libros se encontraron en su casa, se presentó doña María Begoña Aldana, legítima mujer de don Sebastián López, exponiendo que en poder de Nariño se hallaban varios libros y una silla poltrona que había llevado so pretexto de venderlos, estando ausente el citado su marido, y pidió se le recibiera declaración a aquél para comprobar lo cierto de su relato y poder usar de su derecho, la que efectivamente se le recibió por el señor oidor don Joaquín de Mosquera y Figueroa, y en ella expuso, según hago memoria, que era corriente haber tomado los libros y silla pertenecientes a don Sebastián López, pero que a la mujer de éste la había asistido con cierta cantidad de pesos, y además tenía cuentas pendientes con aquél sobre contrata de quinas. En el embargo y venta de libros no se separaron los que se dicen corresponder a don Sebastián López, así porque todos los que había en casa de don Antonio Nariño estaban juntos, sin división ni especificación alguna de sus dueños, como porque en aquel tiempo no se sabía cuáles fuesen aquéllos ni sobre el particular había recaído providencia, por lo cual se procedió a la venta de libros indistintamente, bajo la inteligencia de que todos eran de Nariño, y en ella entrarían los de López en el todo o en parte, porque algunos quedaron sin rematarse, lo que puede verse de las respectivas diligencias, y el producto de los vendidos, junto con el de los otros bienes embargados entró en poder de don Antonio de las Cajigas, depositario de ellos. El paradero del expediente formado por doña María Begoña Aldana lo ignoro, y sólo puedo decir que éste y otros de igual naturaleza rodaban en la causa principal del citado Nariño. Y para que conste, doy y firmo la presente en Santafé, a 26 de enero de 1799.

Juan Nepomuceno Camacho.
(firmado).

   Derechos: ocho reales.
   (Rúbrica de Camacho).

   Pide que para suplir la falta del expediente perdido que expresa, se reciba la declaración que insinúa, previo el oficio correspondiente a vuestro virrey, y que hecha se le entregue para deducir lo que tenga por conveniente.

   Muy poderoso señor:

   Don Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, en el expediente sobre entrega de ciertos libros y muebles que en mi ausencia llevó don Antonio Nariño de casa de mi mujer, en confianza y para venderlos, ante vuestra alteza, como mejor proceda, digo: que por subsanar la falta del expediente promovido con esta ocasión por dicha mi mujer ante vuestro ministro comisionado para el embargo de los bienes de Nariño, don Joaquín de Mosquera, luego que se procedió a la captura de él, y cuya existencia o paradero se ignora, según lo expuesto últimamente por el secretario de cámara doctor don Francisco José de Aguilar y su oficial mayor escribano que fue de esta actuación, don Juan Nepomuceno Camacho, se ha de servir vuestra alteza, como lo suplico, mandar que, previo el oficio correspondiente a vuestro virrey para que franquee la entrada a dicho secretario a donde se halla preso Nariño, se le reciba, con reconocimiento de la lista de libros y muebles que da principio a este expediente, declaración al tenor de las preguntas siguientes:

   Primeramente, si está conforme esta lista con los dichos libros y muebles que llevó de casa de mi mujer doña María Begoña Aldana a la suya, en mi ausencia y sin expreso consentimiento ni noticia mía.

   2. Si para esto le movió o hizo alguna instancia dicha mi mujer, o por el contrario nació de propia voluntad suya, a que la otra defirió porque le ofreció vendérselos en su casa, como que tenía mayor proporción para que su producto sirviese para auxilio de su manutención y la de nuestros hijos, a cuyo fin quedaron destinados por mí.

   3. Si cuando se arrestó su persona y se le embargaron sus bienes existían o no todos los dichos libros y muebles en su poder, en su casa, y si lo hizo presente o no al señor ministro comisionado para su captura y demás diligencias de la causa, don Joaquín de Mosquera y Figueroa.

   4. Si es verdad que inmediatamente reclamó mi mujer, como que a petición suya se le recibió una declaración sobre este mismo asunto en que expuso ser cierto cuanto he dicho, con sola la advertencia o adición de que tenía cuentas pendientes conmigo por cierta contrata de quinas, y que hecho que sea, con protesta de estar solo a lo favorable, que se me entregue para el uso que tenga por conveniente en justicia, la cual mediante y con el pedimento más útil y conforme, a vuestra alteza suplico provea como solicito.

Manuel Camacho.
Sebastián José López Ruiz.
José Antonio Maldonado.
(firmados).

   Autos.
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real de este reino, en Santafé, a 20 de febrero de 1799.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   Vistos: Como se pide por ante el escribano de cámara, previa la venia y permiso que solicitará el señor virrey.

   (Hay tres rúbricas).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 21 de febrero de 1799.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   En la ciudad de Santafé, a 1° de marzo de 1799 años, yo, el infrascrito escribano de cámara, en virtud de la comisión que se me confiere, previo el oficio y licencia correspondiente del excelentísimo señor virrey del reino, pasé, en compañía del capitán don Hilario de Mendinueta, al cuartel de caballería donde se halla don Antonio Nariño, de quien recibí juramento, que hizo conforme a derecho de decir verdad en lo que supiere y fuere preguntado, y siéndolo conforme al escrito que antecede, dijo a la primera que no puede tener presente si la lista con que principia este expediente y que tiene a la vista está conforme con los que le entregó la mujer de don Sebastián López, que sólo hace memoria de haberle devuelto las obras de Barruten, la Farmacopea matritense, y de haberle entregado el valor de la silla poltrona que se hallan inclusos en la lista que tiene a la vista, que tampoco se acuerda si lo cargó en cuenta de mayor cantidad que le adeudaba dicho López, y responde.

   2. A la segunda dijo: que no reportándole utilidad alguna al que responde, es claro que recibió los libros a instancia de su mujer y por hacerle favor solamente, y responde.

   3. A la tercera dijo: que si existían o no al tiempo de su prisión resultará del inventario judicial que entonces se haría, y que aunque individualmente no se acuerda si de ello dio noticia al señor ministro comisionado, pero que es muy regular la diese, como lo hizo de todos los demás asuntos que se hallaban a su cargo, y responde.

   4. A la cuarta dijo: que sí hace memoria que la mujer de López reclamó este asunto, pero lo que respondió resultará de los autos de la materia, que lo que lleva dicho es la verdad en fuerza del juramento hecho en que se afirmó y ratificó, leída que le fue esta su declaración, que es mayor de 25 años, y lo firmó ante mí, de que certifico.

Antonio Nariño.
Doctor Francisco José de Aguilar.
(firmados).

   Para los fines que insinúa, pide se reciban las declaraciones que expresa.

   Muy poderoso señor:

   Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, en el expediente sobre entrega de ciertos libros y muebles que en mi ausencia llevó don Antonio Nariño de casa de mi mujer doña María Begoña de Aldana en confianza y para venderlos; ante vuestra alteza, como más haya lugar por derecho, digo: que para suplir la falta del expediente promovido por dicha mi mujer con motivo de la prisión y embargo de bienes del referido Nariño para que se le entregasen los de su pertenencia por ante vuestro ministro comisionado, que fue para aquel efecto don Joaquín de Mosquera y Figueroa, se ha de servir vuestra alteza, como lo suplico, mandar que el doctor don José Camilo de Torres, abogado de esta real audiencia, y don Eugenio Melendro, declaren al tenor de las preguntas siguientes:

   1a Primera, de la noticia de la causa y generales de la ley.

   2a Digan sobre el modo con que saben fueron llevados mis libros y muebles a casa de don Antonio Nariño de la de mi mujer, sin mi noticia, en mi ausencia, y si aún lo improbé desde España luego que lo supe.

   3a Si inmediatamente que fueron embargados los bienes de dicho Nariño y entre ellos mis libros y muebles, reclamó dicha mi mujer por ante el señor juez comisionado don Joaquín de Mosquera y Figueroa, y qué curso tuvo este negocio o qué éxito y resolución se dio a esta instancia, con lo más que supieren en el particular, y que hechas que sean dichas declaraciones se me entreguen para los usos que tenga por convenientes con el resto de los autos, que así es justicia, la cual mediante, a vuestra alteza suplico provea como solicito.

Manuel Camacho.
Sebastián José López Ruiz.
José Antonio Maldonado.
(firmados).

   Como lo pide con citación.
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 28 de marzo de 1799.

Doctor Aguilar.
(firmado).

   En el mismo día cité con el superior auto que antecede a Luis Ovalle, como apoderado de los abonadores y fiadores de don Antonio Nariño, y quedó enterado, de que certifico.

Ovalle.
(firmado).

   Incontinenti hice otra al igual a Manuel Guarín, como apoderado del muy venerable deán y cabildo y su colector de manuales, y quedó enterado, de que certifico.

Guarín.
(firmado).

Excelentísimo señor:

   Don Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, ante vuestra excelencia digo: que necesito aprovecharme del dicho de don Eugenio Martín Melendro en cierta causa pendiente en esta real audiencia, y siendo dicho Melendro dependiente de la secretaría de cámara de vuestra excelencia, suplico a vuestra excelencia se sirva franquearle la licencia correspondiente, que en ello recibiré merced con justicia, la que mediante, a vuestra excelencia suplico provea como solicito.

Sebastián José López Ruiz.
(firmado).

   Santafé, 10 de abril de 1799.

   Como lo pide.

   (Hay una rúbrica).

Leyva.
(firmado).

   En la ciudad de Santafé, a 17 de abril de 1799 años, yo, el escribano de cámara y acuerdo de esta real audiencia, en virtud de lo mandado en el superior auto que antecede y licencia dada por el excelentísimo señor virrey para esta diligencia, habiendo comparecido don Eugenio Melendro, vecino de esta ciudad y oficial de la secretaría, le recibí su juramento, que hizo por Dios Nuestro Señor y una santa cruz, bajo cuya gravedad prometió decir verdad en lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo al tenor del interrogatorio del escrito presentado que lo motiva, fojas quince, el que le fue leído, dijo:

   A la primera, que tiene noticia de la causa que se expresa, que es mayor de 25 años y que no le tocan las generales de la ley, y responde.

   A la segunda dijo: que sabe, por habérselo oído a la esposa del presentante, que don Antonio Nariño estuvo en la casa de la señora María Begoña Aldana en solicitud de unos libros, que por habérselo comunicado esta misma señora, supo que el citado Nariño mandó por ellos y que se los entregó, junto con unos estantes y un poco de papel de estraza y una silla poltrona, la cual no puede asegurar el exponente si la pagó o no dicho Nariño, y responde.

   A la tercera pregunta dijo: que por el mismo declarante, a nombre de la expresada señora, se agitó expediente ante el señor oidor comisionado don Joaquín de Mosquera, a fin de que no se incluyesen los referidos libros y demás bienes entre los del citado Nariño que se trataban de rematar; que el paradero del expediente lo ignora, y añade que el predicho don Sebastián, desde España, por sus cartas improbó la entrega de los libros y le instaba a su consorte por su recaudación, la que solicitó el declarante a nombre de la señora con dicho Nariño, y no la pudo conseguir, ni aun la lista de ellos firmada por el Nariño. Que es cuanto sabe y puede declarar sobre el particular y la verdad en fuerza del juramento hecho, en el que se afirmó y ratificó, habiéndosele leído esta su declaración, y lo firmó, de que certifico.

Eugenio Martín Melendro.
Francisco José de Aguilar.
(firmados).

   En la ciudad de Santafé, en 22 días del mes de abril de 1799 años, yo, el escribano de cámara y acuerdo de esta real audiencia, en virtud del decreto antecedente recibí juramento al doctor don José Camilo de Torres, abogado de dicha real audiencia, que hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz en toda forma de derecho, y bajo el cual prometió decir verdad en lo que supiere y fuere preguntado, y siéndolo al tenor del interrogatorio presentado en el escribano que da motivo a esta diligencia, respondiendo a la primera pregunta, dijo: que conoce a la parte que lo presenta y a la de don Antonio Nariño; que sabe de esta causa, como que ha hecho escritos en ella por don Sebastián José López Ruiz, y no le tocan con ninguna de las dos las generales de la ley, y responde.

   A la segunda dijo: que el modo como fueron llevados los libros de dicho don Sebastián López a casa de don Antonio Nariño, fue por insinuación que le hizo éste a la mujer de aquél, doña María Begoña de Aldana, en ausencia de dicho López, que en su casa se podrían vender mejor, en atención a estar entrando allí clérigos y otros sujetos como tesorero que era de diezmos, y porque tenía otros libros para vender, según así se lo dijo la misma doña María Begoña Aldana al declarante; que cuando esto precedió lo envió a llamar para comunicárselo, y le preguntó que qué haría, si se los entregaría o no; que ella entendía que lo que pretendía don Antonio Nariño era tener estos bienes y otros muebles que le pedía para asegurarse de una deuda de su marido; pero que, por otra parte, veía que si le demostraba ésta desconfianza y se denegaba a darle los libros, le suspendería la mesada que había ofrecido contribuirle durante la ausencia de su marido para su manutención y la de sus hijos, y que no contaba con otra cosa; que entonces le dijo el declarante que desde luego se persuadía de que no llevaba otro fin Nariño en aquella oficiosa diligencia, pero que tampoco reputaba prudencia que se denegase a entregarle los libros, siendo así que era el único sujeto que debía contribuirle sus alimentos y una cantidad considerable, como $50 al mes; que, por otra parte, su mismo marido había dejado esos libros para que se vendiesen y se supliese con su producto; que en cuanto a la improbación, le parece que se la hizo efectivamente dicho López en sus cartas, y cree que aun desde Habana, por haber sido éste recién ido y no sólo desde España, y responde.

   A la tercera, que reclamó efectivamente doña María Begoña Aldana por sus libros y muebles luego que fueron embargados los bienes de don Antonio Nariño por ante el señor oidor juez comisionado para esta causa, don Joaquín de Mosquera y Figueroa, como que el mismo que declara hizo el borrador de algún escrito, y aun se acercó a la escribanía de cámara a saber de Juan Nepomuceno Camacho, escribano de aquella actuación, el estado de dicho expediente, y se le contestó por éste que no se cansase, que por entonces no se daba providencia sobre ello; que don Eustaquio Galavís también había reclamado una barrita de oro que tenía en poder de don Antonio Nariño y no se le había entregado; que después no supo el éxito o resolución que tuvo este negocio, porque, como se manejó este asunto con reserva y después se multiplicaron las incidencias, prescindió de todo el declarante, pero siempre creyó que al fin se haría la separación y se le entregarían a dicha doña María Begoña Aldana los efectos que eran suyos; que es cuanto le consta y puede declarar en fuerza del juramento que tiene hecho, en que leída que le fue esta declaración se afirmó y ratificó; que es mayor de 25 años, y lo firmó por ante mí, de que doy fe.

Doctor José Camilo de Torres.
Doctor Francisco José de Aguilar.
(firmados) 1.

   Pide se mande practicar la diligencia que expresa, entregándosele con los autos, para en vista de ella deducir lo que tenga por conveniente.

   Muy poderoso señor:

   Don Sebastián José López Ruiz, vecino de esta ciudad, en el expediente sobre entrega de ciertos libros y papeles que en mi ausencia para los reinos de España, llevó de casa de mi mujer, doña María Begoña Aldana, don Antonio Nariño, para venderlos y en pura confianza, y se hallaron existentes al tiempo de su embargo de bienes por vuestro oidor juez comisionado para esta causa, que fue, don Joaquín de Mosquera y Figueroa, ante vuestra alteza, como más haya lugar por derecho, digo: que en continuación de la información que me he propuesto de este expediente perdido, promovido desde el tiempo de dicho embargo por la referida mujer para recaudar los efectos y libros de mi pertenencia que no debían ser confundidos con los de Nariño; y para justificación o averiguación de la existencia y paradero de dichos libros y muebles al tiempo del inventario de los bienes de Nariño, y después de su expendio, suplico a vuestra alteza se sirva mandar que por el escribano de cámara, por ante quien corre este expediente o por el actuario que lo fue de la comisión de dicho vuestro oidor don Joaquín de Mosquera y Figueroa para el embargo e inventario de los bienes de Nariño, don Juan Nepomuceno Camacho, con presencia de dichas diligencias, las de avalúo y remate de libros y muebles y cotejo de la lista que tengo presentada y da principio a este expediente, exponga qué libros y muebles de los en ella apuntados se inventariaron y existían en aquel entonces en poder de Nariño, y cuáles y en qué personas se remataron, cuáles finalmente quedaron por vender y en qué poder paran; y hecha que sea esta diligencia, que se me entregue con los autos para deducir en vista de ella lo que tenga por conveniente, que así es justicia, la cual mediante, a vuestra alteza suplico provea como solicito, juro en lo necesario.

Don Ignacio José Quevedo Murillo.
Sebastián José López Ruiz.

(firmados).

   Como lo pide y hecho, entregúense.
   (Hay una rúbrica).

   Proveyóse por los señores virrey, presidente, regente y oidores de la audiencia y cancillería real del reino, en Santafé, a 9 de mayo de 1799.

Doctor Aguilar.
(firmados).

   No hay más muebles y libros, que los siguientes:
   Hay varios estantes; los míos son dos, uno pintado de colorado y otro a la chinesca.
   El papel de estraza, de marco mayor, falta el de marquilla fino.
   La silla poltrona que se remató en $64, en el doctor don Luis Torres.
   Un estante que se remató en 22 reales, en el doctor don Vásquez.

Libros.

   El viaje de Ulloa, 5 tomos folio, se remató en 8 pesos, en don Juan Ferro, me costó $25. Así va todo.
   Calepino de 7 lenguas, en 4 pesos, en don Pedro José Muñoz.
   Testamento espiritual, en 3 pesos, en don Ignacio Herrera.
   La Biblia, en 9 pesos, 4 reales, en don Benito Salgar.
   La verdadera religión, en $13, en el doctor Manrique.
   Prinole, Enfermedades de los ejércitos, en 26 reales, en Aguiar. Pensamientos de Segaud, en 8 reales, en el señor Iriarte.
   De estos son varios tomos predicables, pero no hay más que éste.
   Memorias de cirugía, en 2 pesos, en Aguiar.
   Chymica de Lemery, en 10 reales, en el mismo, está en francés.
   Otra ídem, en 28 reales, en don Jerónimo Sánchez.
   Décadas de Herrera, en $16, 4 reales, en don Juan Ferro.
   Sermones de Neuville, 8 tomos en 10 pesos, en don Francisco José Caldas.

   Nada más hay en el inventario.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Sección de Libros Raros y Curiosos, Sala de Seguridad, manuscrito No. 330, folios 110-129, 186-195 vuelto.

NOTA:
1   Biblioteca Nacional, Manuscritos documentos sobre el general Antonio Nariño, Fondo Quijano Otero (Bóveda), folios 110 recto a 129 recto.

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ENSAYO SOBRE UN NUEVO PLAN DE ADMINISTRACION EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, ESCRITO POR NARIÑO

CARTA DEL VIRREY MENDINUETA AL PRINCIPE DE LA PAZ, CON LA CUAL ACOMPAÑA UN ENSAYO SOBRE UN NUEVO PLAN DE ADMINISTRACION EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, QUE LE FUE PRESENTADO POR NARIÑO EL 16 DE NOVIEMBRE DE 1797. Santafé, 19 de diciembre de 1797.

Antonio Nariño
Pedro Mendinueta,

virrey.

   Excelentísimo señor:

   Entre las causas que don Antonio Nariño propuso para hacer ver el descontento general del reino fue la principal la administración de rentas reales, en cuya exacción aseguró que por los inferiores dependientes se cometían algunos excesos. Manifestó igualmente que este ramo en su manejo admitía ciertas restricciones y modificaciones capaces de aumentar los intereses de su majestad con el alivio de sus vasallos; como este punto se considerase de tanto interés se le previno a Nariño que propusiese los medios y arbitrios de que se podía valer el gobierno para facilitar el remedio de semejantes daños, y aunque al principio indicó algunas dificultades, acaba de hacerlo en el día por medio del papel que ha presentado. Por esta circunstancia no ha sido posible copiarle para su remisión, la que se verificará en el inmediato correo, y entre tanto repito a vuestra excelencia que por ahora no se presentan señales de turbación en la tranquilidad pública, sin embargo de lo que no dejo por eso de estar en el cuidado que es regular, sin haber suspendido tampoco aquellas precauciones que me han parecido convenientes.

   Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de diciembre de 1797.

   Excelentísimo señor.

Pedro Mendinueta.

   Excelentísimo señor príncipe de la paz1.

   ENSAYO SOBRE UN NUEVO PLAN DE ADMINISTRACION EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, presentado al excelentísimo señor virrey para que dirija a su majestad, en 16 de noviembre de 1797.

ENSAYO SOBRE UN NUEVO PLAN DE ADMINISTRACION EN EL NUEVO REINO DE GRANADA

"Yo no puedo responder sino de la pureza de mis designios, decía el consejero de un rey de Persia. La ejecución depende comúnmente de otras personas, y sobre todo de la fortuna, que de nadie depende".

   Sin entrar en el pormenor de la generalidad del reino, de sus producciones preciosas y ricas minas; sin detenerme en la pintura de su estado actual, y de las ventajas que ofrece en general, sólo diré: que por rico que sea un país en minas y otras producciones, si sus habitantes son pobres, el Estado no puede sacar grandes ventajas; el que nada tiene no puede contribuir, y el único modo de que contribuya es proporcionarle medios de que adquiera. Qué medios son los que se pueden adaptar en este reino para que sus habitadores adquieran y puedan cómodamente contribuir, son los que voy a hacer el ensayo de proponer. Si mis esperanzas no correspondieren a mis deseos, yo repito lo del consejero del rey de Persia...

   La población de este reino, a pesar de lo que aparece en los defectuosos padrones que hasta ahora se han hecho, monta a 1.880.000 almas, sobre poco más o menos, en una extensión de terreno descubierto de más de 100.000 leguas cuadradas. Su fertilidad es prodigiosa en todo género de producciones de ambas Américas y de las Indias Orientales en los países que se hallan bajo las mismas latitudes. Posee también renglones exclusivos al resto del universo, o a lo menos desconocidos hasta ahora en todo lo descubierto. Los caudalosos ríos que desaguan al este, al norte y al sur en ambos mares, proporcionan la salida de sus frutos; y la variedad de temperamentos, el cultivo de todo género de producciones extranjeras.

   Aunque el reino ofrece, por su situación en tanta variedad de temperamentos bajo la zona tórrida, un comercio ventajosísimo a la monarquía y a sus habitadores, no obstante vemos todo lo contrario. El comercio es lánguido: el erario no corresponde ni a su población ni a sus riquezas territoriales; y sus habitantes son los más pobres de la América. Nada es más común que el espectáculo de una familia andrajosa, sin un real en el bolsillo, habitando una choza miserable rodeada de algodones, de canelos, de cacaos y de otras riquezas, sin exceptuar el oro y las piedras preciosas.

   La riqueza sigue en todas partes a la población, aquí es en sentido inverso: a proporción que se multiplican los hombres, se aumenta su pobreza y la decadencia se anuncia por todas partes. Tunja, Mariquita, Vélez, Muzo, La Grita, Tocaima y un sin número de otras ciudades, que se hallan en el día casi desiertas, prueban bien la necesidad en que se han visto sus pobladores de retirarse a una choza, para ocultar su miseria en medio de los bosques.

   Si el erario no se resiente de esta decadencia, es porque todo el trabajo del día se refunde en él. Pero la pobreza, junto con la necesidad de contribuir, es la causa de que el reino esté amenazado, si no se atiende a su remedio.

   Hay un género de contribuciones que son más gravosas por los obstáculos que oponen al adelantamiento de los vasallos, que por la cantidad que de ellos se exige, o por lo que el erario reporte. Tales son en este reino las alcabalas interiores y los estancos de aguardiente y de tabaco.

   Los estancos y alcabalas en este reino parece que han sido la piedra fundamental sobre que se ha querido estribar la prosperidad del erario. Pero si es indubitable que todo vasallo está obligado a contribuir a las cargas del Estado, no lo es menos que todo género de contribución no es igualmente aparente en todas partes. El producto que aquí dejan al erario los estancos y alcabalas interiores no corresponde al atraso que causan y al riesgo en que ponen continuamente al reino; pudiendo sustituirse en su lugar otro género de contribuciones que, sin deteriorar la real hacienda, no traigan estos inconvenientes.

   El tabaco es aquí un ramo de primera necesidad, si ramo de primera necesidad puede llamarse a aquél sin el cual las gentes no se pueden pasar. La administración está muy mal servida: obliga a tomar bueno y malo a un mismo precio: los dependientes pillan, atropellan y maltratan con la autoridad de que se ven revestidos; y así no es extraño que el público se queje. El estanco limita las siembras al consumo interior, y no sólo esta limitación trae grandes escaseces los años que se pierde la cosecha en una provincia, sino que prohibiéndose la cultura en un ramo que prospera por todas partes, se hace más sensible su privación. Permitiéndose la siembra y extracción del tabaco, se hará un ramo fortísimo de comercio, que contribuyendo a la salida del reino con un tanto por ciento, estoy cierto que en pocos años balanceará una parte muy considerable del producto que ahora deja líquido al erario. El tabaco no paga hoy diezmo y debería continuar del mismo modo, pero pagándolo a su majestad en el mismo fruto; que aumentándose, como es de creer su cultura, no será este renglón de poca consecuencia, si hacemos atención que sólo Marilandia y Virginia pagaban el año de 723 al tesoro real de Inglaterra en este ramo, de 300.000 a 400.000 libras esterlinas, y que se cosechaban de 60 a 70 mil barricas, de a cuatro quintales.

   Del producto de este diezmo real en materia, se puede establecer una fábrica de rapé, cedida a una compañía que reciba el tabaco en hoja al precio corriente, y que pague un corto derecho por la exportación o el expendio. Yo estoy pronto a comunicar las luces que poseo en la materia, si se adapta el pensamiento; sin que sirva de obstáculo la tentativa que se hizo años pasados, porque si no se sintieron sus buenos efectos, fue por la impericia del director encargado de su laboreo y composición.

   Si no se adaptare el pensamiento del rapé, se puede remitir a España en hoja, de cuenta de su majestad para las fábricas de tabaco en polvo, etc. Y si tampoco se creyere esto conveniente, se puede recaudar este ramo por arrendamiento, en los mismos términos que están hoy los diezmos, esto es, por medio de simples cobradores, y con la misma denominación.

   La supresión del estanco del aguardiente parece que no debe traer ninguna ventaja al público; pero no es así: va a influir poderosamente sobre otro ramo de mucha importancia como son los azúcares. Uno de los mayores obstáculos para la prosperidad de este ramo es el no poder los dueños de los ingenios o trapiches emplear la miel que llaman de purga, y que así en La Habana como en las islas francesas se convierte en el aguardiente de caña de tanto consumo en el día. Suprimido su estanco, se sacarán tres ventajas: el fomento de los azúcares que abundan en el reino y que nunca merecen tanta atención como en el día, por la destrucción o atraso de las islas francesas; el producto que deben dejar al erario los derechos, que así el azúcar como el aguardiente deberán pagar a la salida; y el remedio del reino de que se trata.

   Se me objetará, quizá, que la sal es de más necesidad y que no obstante nada digo contra su estanco, mientras me limito a los que sólo son de los que se llaman vicios. Estoy muy lejos de hablar contra los estancos, sólo porque son estancos; y sólo creo éstos perjudiciales con atención a las circunstancias locales. El de la sal no sólo no lo creo gravoso, sino útil al público; y aquí se notará la diferencia que hay en saber elegir los ramos que convienen igualmente al público y al erario. Las salinas, que aquí se trabajan de cuenta de su majestad, están limitadas a ciertos terrenos que producen el mineral; el público está bien servido; se le provee de toda la que necesita, de buena calidad y a precio cómodo; y después de comprada a su majestad puede traficarse libremente con ella, lo que no sucede con el tabaco y el aguardiente. Si su majestad abandonara el trabajo de las salinas, se haría un daño manifiesto al público; porque éste no es un ramo que puede hacer florecer la industria y el trabajo, sino que está limitado a ciertos terrenos particulares, que cayendo en poder de algunos individuos, alzarían el precio a su antojo, sacarían más o menos sal, según sus fuerzas y actividad y el público estaría expuesto a sufrir sus caprichos y alteraciones; mientras que ahora la tienen a precio fijo, cómodo y en abundancia.

   No sólo no creo los estancos en general perjudiciales, sino que éstos, como las compañías, los creo sumamente útiles, siempre que se sepa hacer elección de los ramos y que sean temporales. Como este punto no sólo puede conducir al remedio presente, sino que puede ser de mucha importancia en lo sucesivo y puede también aplicarse en otras partes, me detendré en él un instante, sin pasar los límites que me he prescrito en este papel.

   El establecimiento de estancos y compañías sobre renglones que produce el suelo de una colonia y que permanecen dormidos por falta de conocimiento y de industria en sus naturales poseedores, es el medio de darles movimientos y sacarlos de la inacción, sin quebranto del público, que no los disfruta y con notoria utilidad. Veamos un ejemplo que aclare este pensamiento. La quina de Santafé no se conocía en esta parte del reino ahora 20 años, hasta que los desvelos del sabio Mutis, de este hombre cuya memoria pasará con gusto y admiración a nuestra posteridad, la sacó del caos en que estaba; y habiéndose establecido un estanco de un ramo en que el público no tenía conocimiento, se hizo universal la idea de sus ventajas; por el precio a que su majestad la tomaba a los particulares: todo el mundo se animó y la quina de Santafé entró a ser un nuevo ramo de riqueza. Supongamos que hubiera continuado prosperando su estanco; que su majestad no sólo hubiera reembolsado los costos de su establecimiento, sino que hubiera continuado algunos años de utilidad, hasta dejar bien entablado su despacho y consumo, y que entonces lo hubiera abandonado al público con un derecho de salida. Pregunto ahora ¿si este estanco temporal y en un ramo desconocido, no habría sido útil a esta colonia, al erario, a la nación y al mundo entero? Pero ya veo que se me dirá, que en este mismo ejemplo manifiesto los inconvenientes de mi pensamiento; porque el ramo no prosperó y su majestad sufrió quebrantos en su real erario. No está el daño en el estanco, ni en el ramo: está en una enfermedad que padece la nación. Yo la comparo a un hombre opulento que goza grandes rentas y que esta abundancia le hace despreciar la economía y la constancia, que sólo forman la riqueza de otros hombres que no gozan tan ricas posesiones. Los holandeses no se habrían desmayado por el mal suceso que tuvo la quina al principio: hubieran examinado la cosa en su origen; hubieran hecho nuevas tentativas, y al fin hubieran logrado un ramo más ventajoso, sin disputa, que el de la canela. Pero nosotros, que por todas partes se nos presentan ricas posesiones, no queremos tener esta paciencia y economía que habrían salvado aquellos inconvenientes. La quina que se remitió al principio a Cádiz había experimentado los inconvenientes que tienen todas las cosas en su origen. Se mezclaron cortezas extrañas, que el amargo y las señales exteriores hacen parecer a la quina; se empaquetó en cajones húmedos, que con el calor de los distintos temperamentos por donde tuvo que pasar, alteraron su naturaleza; el señor Mutis no podía formar en un día hombres inteligentes. Estos inconvenientes se hubieran remediado; pero apenas se vio que las primeras remesas no correspondían a las esperanzas, se suprimió el acopio de cuenta de su majestad, y este ramo sufrió la suerte de otros muchos, de morir en su nacimiento por falta de paciencia. Yo, que conocía todas sus ventajas, emprendí el restablecimiento por mi cuenta; y si mi desgracia no me hubiera cortado el camino en la mitad de la carrera, ya se habrían conocido sus utilidades con mi constancia. Pero ya me aparto demasiado: volvamos al asunto principal.

   Parecerá una paradoja el que se diga que para la prosperidad de las alcabalas conviene suprimirlas en lo interior del reino; pero si se examina maduramente este punto, se verá que no lo es. Las alcabalas producen en razón del consumo y de la extracción; y así producirán más o menos, según que el consumo y la extracción fueren más o menos abundantes. Las alcabalas interiores son un obstáculo invencible para la prosperidad del reino, que limitan la extracción y el consumo, y, por consiguiente, la prosperidad del mismo ramo.

   No entro a demostrar por menor este punto, incontestable a mi ver, porque así éste, como los dos anteriores, los miro más como remedio del público, que como aumento del erario, no obstante las ventajas que ofrecen en su reforma; y así concluyo, que aun cuando el erario pierda, se deberían suprimir; así para quitar de raíz las quejas que ocasiona su administración, como porque, sustituyéndose otro ramo que los repare y no sea gravoso, parece que quedan llenas las miras del gobierno enteramente.

   Como la supresión de unos ramos ya establecidos que producen una renta cierta, y la creación de otros nuevos en su lugar, podría hacer temer que las esperanzas, o no correspondiesen en la práctica, o que en caso de corresponder dejarían un vacío en el erario, ínterin se establecen y toman incremento, es necesario, para quitar todo temor y remediar este último inconveniente, sustituir un ramo, que independiente de las esperanzas que dan los otros, los llene desde su origen sin ningún género de duda. Este debía ser una capitación. Ya sé que este pensamiento ha sido propuesto en distintos tiempos, y en varias naciones; y que se ha despreciado, o imposibilitado su ejecución en unas; y que otras lo han adoptado en todo o en parte como la Rusia [tachado]. Mas sea lo que fuere del fundamento que en otras partes se ha tenido para adoptarlo, o despreciarlo, lo cierto es que aquí es fácil su ejecución; es útil, no es gravosa; y de ningún peligro su establecimiento, siempre que se adopten los pensamientos anteriores.

   Haciéndose el establecimiento de este ramo al mismo tiempo que se supriman los otros; para que su imposición se reciba, no como una nueva carga, sino como un alivio; y para que comience a llenar el vacío que al principio dejarían la supresión de los otros ramos, creo que no habrá persona sensata que conociendo este reino, no convenga en que su imposición, de este modo, será recibida con los brazos abiertos y que esparcirá por todas partes el contento y la alegría, que deben asegurar la tranquilidad.

   Antes de entrar en materia sobre el modo de recaudar este ramo, es necesario decir una palabra sobre las cuartas que pagan los curas a los obispos; que aunque parece este punto ajeno del asunto, no obstante tiene una íntima ligazón con él. En el reino no hay padrones exactos, sino los que los curas forman en sus distritos para la percepción de sus derechos; pero como el ramo de las cuartas, que los curas creen que no deben pagar, les hace formar otros padrones diminutos para presentar a los obispos y visitadores y librarse por este medio de una parte de los derechos, de ahí viene que la población parezca menos de lo que en la realidad es; cuyo inconveniente no será fácil de remediar mientras subsistan aquéllas. Si la opinión de los curas es fundada, supuesto las crecidísimas rentas que gozan en el reino los obispos y arzobispos, sería conveniente suprimir esta contribución que tantos murmullos ocasionan a los curas. De este modo no sólo tendríamos padrones exactos, como yo he visto que los tienen los curas, sino que debiendo ellos concurrir a este nuevo ramo, a su establecimiento y recaudación, lo harán con más gusto y actividad, si se les impone esta pequeña carga al mismo tiempo que se les dispensa de las cuartas.

   Como la recaudación de la capitación podría traer los mismos inconvenientes que se quieren remediar, y que quizá sería más gravosa que la misma contribución, yo voy a hacer ver el modo. Los curas, como dejo dicho, tienen padrones exactos con distinción de sexos, edades y condiciones, divididos por cuadrillas, y en cada una un hombre que ellos conocen bien por su probidad, al que encargan la recaudación de sus derechos, sin más sueldo que la excepción personal de la contribución. De este modo están bien servidos y sus vecinos no sufren los inconvenientes que en la administración de los ramos reales se experimentan.

   La sencillez en todas las cosas aclara y facilita la ejecución. Este principio con el ejemplo de los curas me parece que es el que se debe seguir en la recaudación de la capitación. No creo que a pesar de las cuantiosas sumas que debe producir este nuevo ramo sea necesario ahora comenzar por la creación de nuevos tribunales, cuya complicación suele muchas veces detener los progresos de un ramo y no deja conocer comúnmente en quiénes consiste su malversación. Me parece que con sólo la creación de corregidores de partido, haciendo unas divisiones arregladas con los gobernadores y corregidores de provincia, con los oficiales reales, con la intervención o auxilio de los curas, y el nombramiento de cuadrilleros cobradores, estará este ramo perfectamente servido.

   El nombre de corregidor de partido que adopto aquí, hace ver que hago atención hasta en los términos; yo llevo por delante siempre el carácter de los pueblos de que hablo; el de administrador quizá no sería tan aparente, y sin mudar los términos la naturaleza de las cosas, suelen ser de mucho recurso en la ocasión. Así, los corregidores deberían ser los administradores o recaudadores de cada partido, sin necesidad de más dependientes arrentados que dos oficiales que le ayudasen a llevar los libros, a recibir el dinero y que firmasen las cuentas alternativamente uno cada año.

   Los gobernadores o corregidores de cada provincia con dos oficiales reales, podrían formar el tribunal de que deberían depender inmediatamente los corregidores de partido y a cuyo centro deberían hacer sus remesas, para que de allí pasasen a los oficiales reales de la capital.

   Los curas libres de las cuartas no tendrán embarazo en entregar a los corregidores de partido los padrones verdaderos, ni en remitir al gobernador de la provincia una copia firmada. Deberían también pasar noticia circunstanciada de los que nacen o mueren, para que sirviese de arreglo y claridad en la recaudación y formación de las cuentas.

   Los cuadrilleros cobradores, en los mismos términos que los tienen ahora los curas, se les debería aumentar un pequeño tanto por ciento sobre lo que cobrasen. Los corregidores de partido y los gobernadores de provincia, de que se hablará en adelante, también deberían tener sus sueldos sobre este ramo, pero no fijo, sino sobre un tanto por ciento de lo que cada uno recaudara proporcionalmente. El sueldo de tanto por ciento trae la ventaja, en este caso, del interés que resulta al recaudador de no dejar partidas atrasadas y no trae inconveniente para el público, porque siendo fijos la cantidad de la contribución y el tiempo, no da lugar a extorsiones y otras violencias que el interés personal haría cometer a los recaudadores.

   Vista la facilidad que hay para la recaudación de este ramo, los ningunos inconvenientes en su imposición y las ventajas que deben resultar al público por la supresión de los otros ramos, sólo nos resta hacer ver la utilidad que traerá al real erario.

   Aunque esta demostración pedía tener padrones exactos a la vista, yo me contentaré con dar un cálculo, sobre poco más o menos, para hacer sensibles las utilidades que promete al erario.

   Las mujeres en unas partes del reino exceden al número de hombres y en otras, como en Guayaquil, por ejemplo, exceden los hombres al de las mujeres; y así, haciendo una compensación, daremos número igual. Si de 1.880.000 almas rebajamos 18.000 esclavos de ambos sexos que tiene el reino, quedarán 1.862.000. Partamos el número de hombres y de mujeres, y nos dará 931.000 hombres. Rebájase una tercia parte de párvulos varones y una quinta de ancianos, religiosos y mendigos y quedará un total de hombres útiles, desde la edad de 15 hasta 60 años, de 434.467. De esta cantidad se deben rebajar un 2% para los cuadrilleros cobradores, y resultará un líquido en estado de pagar la capitación, sin incluir las tropas, de 425.768 hombres; que a razón de ocho pesos al año, producirán $3.406.224.

Census erat brevis comune magnum.

Horatio

   Para que se vea que no hay arbitrariedad en este cálculo, he aquí mi cuenta. Los consumos interiores, se cree que son el termómetro o la base de la aritmética política, sobre que se deben reglar los impuestos: 1.880.000 almas me dan 376.000 familias, que consumiendo una con otra a $73, componen una renta de $27.448.000. Regulo que aquí los consumos interiores deben contribuir con una octava parte, y me dan 3.431.000, cuya cantidad se uniforma bastante con la de la capitación.

   También pongo indistintamente una cantidad determinada de ocho pesos sobre cada hombre útil desde 15 hasta 60 años. Es un error creer que una misma cantidad repartida sobre todos los contribuyentes igualmente, es una desigualdad perjudicial a los pobres y en favor de los ricos que tienen más comodidad de contribuir. El pobre vive a expensas del rico y no le trabaja sino en cuanto le contribuye con lo necesario para su subsistencia. En el día se regula que un hombre necesita para su subsistencia de $73 y que por esto se da en arrendamiento al rico en esta cantidad; pero al instante que se le grave con ocho pesos su subsistencia se regulará valer $81, y él no se dará por menos en arrendamiento al rico; de donde resulta que esta desigualdad es aparente y que la necesidad equilibra la contribución, haciéndola recaer sobre el que tiene; viniendo de este modo a pagarla las rentas en lugar de las personas, que es cuanto se puede desear en la materia.

   Se podrá quizás objetar que este aumento de salario será un perjuicio para la agricultura que se pretende animar. Pero no es así: porque el propietario se ve recompensado de este aumento de gasto, con la excepción de los derechos interiores y con la salida de sus frutos. A más de esto, el derecho de capitación anima el trabajo; mientras que los derechos interiores sobre los frutos, lo desalienta. El hombre que por una parte se ve obligado a pagar las indispensables cargas del Estado y que por otra no se le ponen límites ni embarazos a su trabajo, sino que se le anima y se le presenta un vasto campo en qué ejercitarlo, es imposible que no trabaje. En lugar de que el derecho sobre los frutos detiene el cultivo y atrasa el erario; porque absorbiéndose lo que debía quedar al propietario, oponiéndole también obstáculos a su adelantamiento, lo desanima y abandona un trabajo de que no reporta utilidad, con cuyo abandono queda libre de contribuir; lo que no sucede en la capitación que le obliga a trabajar para poder contribuir, porque la ociosidad no lo exime de la contribución, como sucede en el día.

   Este impuesto se puede aumentar hasta cierto grado, a proporción que el reino vaya tomando incremento; y el aumento de esta contribución, que no ataca al manantial, aumentará la industria y el trabajo de los que la pagan. "En donde el terreno es fértil y el pueblo no es numeroso —dice el caballero Temple—, las cosas necesarias a la vida se hallan tan baratas, que un hombre puede ganar en dos días de trabajo con qué alimentarse toda la semana. Considero esto —añade— como el origen de la pereza atribuida a los habitantes, porque es natural al hombre preferir el descanso al trabajo, darse a la ociosidad y vivir sin afán. Al contrario sucede cuando la necesidad ha hecho contraer el hábito del trabajo; el hombre hecho laborioso por precisión, no puede vivir sin trabajar".

   Que se compare la cantidad que debe producir la capitación con lo que ahora producen a la real hacienda los ramos del tabaco, aguardiente y alcabalas interiores, y se conocerá la utilidad que ofrece, sin contar las esperanzas que estos mismos ramos prometen en lo sucesivo.

   Es preciso que en esta comparación se rebaje el producto actual de los tributos, o el número de indios que lo pagan, si se quiere excluir de la capitación, supuesto que el tributo excede comparativamente. Pero sería de desear que esta raza miserable de hombres saliera del estado en que se halla en el día. A pesar de los privilegios y especial protección que les acuerdan nuestras leyes, los que los estamos viendo, palpamos su miseria. Yo creo que reduciendo los indios a la clase de los demás vasallos, el Estado ganaría y haría una acción muy conforme a las piadosas máximas de nuestro gobierno y a sus intereses.

   No rebajo del número de los contribuyentes a los empleados ni a los eclesiásticos, porque pagándoles el Estado su trabajo, no hallo razón para excluir a unos ni a otros de las cargas a que todo vasallo está obligado, cuando ellos disfrutan como los demás de la protección de las leyes2.

   Otra de las cosas que necesita remedio en el reino, es la moneda macuquina. El gobierno se ve precisado todos los días a expedir órdenes para obligar al público a que reciba toda la que no estuviese cortada; pero está ya tan diminuta y tan usada, que casi son infructuosos los desvelos del gobierno. Se ha pensado varias veces en recogerla; pero los muchos quebrantos que debe ocasionar su refundición ha hecho suspender esta providencia con bastante fundamento, pues no baja de un 25% la diferencia de esta moneda en su peso respecto a la de cordoncillo. En una palabra, el gobierno, como los particulares, convienen en la necesidad de su refundición; mas en el modo de efectuarla sin un grave quebranto del público o del erario, es en lo que no convienen. Yo voy a hacer el ensayo de proponer uno que salve estos inconvenientes y que procure otras comodidades al público, al erario y al comercio nacional. Tal es en mi concepto la creación de vales reales, la amonedación del cobre y la introducción de papel moneda.

   Para aclarar este pensamiento, en cuanto permiten los límites de este papel, asentemos primero sin contestación que es de necesidad suma el recoger la moneda macuquina: así porque su poco peso da lugar a la mucha moneda falsa que corre en el día, como porque siendo de figura irregular, se corta con facilidad, sin riesgo evidente de que se note. Bajo este principio, la sola refundición de la moneda va a ocasionar una pérdida a los particulares de un 25% en su caudal numérico; va a disminuir una cuarta parte de la masa de la circulación de esta moneda y va a abrirse su salida, reduciéndola a moneda corriente fuera del reino.

   Todo el numerario que entra en el día en la circulación de este reino por el trabajo de sus minas y el poco comercio con las demás partes de la América, vuelve a salir para España y de contrabando, y no queda más moneda para los cambios interiores que la moneda macuquina, que reducida, como acabo de decir, a moneda de cordoncillo corriente fuera del reino, saldrá también como el oro de las minas y los duros que nos vienen de México y se quedará el reino sin signos con qué representar sus cambios interiores. Se dirá que se acuñe moneda provincial de menos peso. Esto es hacer un círculo para volver a los mismos inconvenientes. A más de esto, en el día está ya sumamente escaso el numerario; no es proporcionado a la circulación interior de los cambios; y aun cuando no saliera la moneda reducida a cordoncillo; cuando no se disminuyera en un cuarto la masa de su circulación actual, siempre hay necesidad de un aumento de signos para sólo el cambio interior y de unos signos que no tengan valor fuera del reino, esto es, que no tengan valor intrínseco como el papel.

   Introducido el papel en una justa proporción, el aumento de los signos facilitará los cambios. Los primeros años el aumento de la salida del numerario, que facilitará la refundición de la moneda macuquina, aumentará la introducción y el consumo de los géneros de Europa; y como el aumento de esta moneda es momentáneo, su disminución en los años siguientes obligará a los negociantes a cambiar una parte de sus mercaderías por papel, que no teniendo valor fuera del reino, se han de ver precisados a cambiarlo por frutos para poder exportar su valor; y he aquí que el papel que a primera vista parece que va a destruir el reino, es el que va a forzar, digámoslo así, su prosperidad.

   Por lo que hace a las ventajas que esta sola parte ofrece a la metrópoli, la cuenta es bien sencilla: las cantidades que ahora entran de esta colonia continuarán lo mismo y los primeros años se aumentarán con la refundición de la moneda macuquina. Pero esto no es nada: un millón de pesos, por ejemplo, sólo aumentan su riqueza en una riqueza pasajera de un millón de pesos; en lugar de que recibiendo también materias primeras, un millón de pesos en algodón, aumentan su riqueza en una riqueza permanente de cuatro o cinco millones después de manufacturado: con el empleo de muchos brazos nacionales y de la marina.

   El cobre, como el papel moneda, debe entrar en parte para saldar las pérdidas que la refundición de la macuquina debía ocasionar y para facilitar las compras en el menudeo, quebrados y gasto diario. Pero no circunscribamos su utilidad a tan estrechas miras; veámosla en grande.

   Es cierto que el mayor volumen de la moneda de cobre hace que su tráfico en grande no pueda ser tan usual como el oro y la plata; pero también es cierto que en la Europa circula hoy un número inmenso de esta moneda. Acúñese al principio sólo la necesaria a nuestro intento del finísimo cobre de Moniquirá, con un tanto más de su peso respectivo a las monedas de Europa, y permítase su salida, no sólo para España, sino para los países extranjeros; désele un valor en España correspondiente a su peso respectivo a la que corre en el día: y las inagotables minas de Moniquirá van a ser un nuevo Potosí.

   La Suecia paga una parte de las mercaderías del mediodía con su cobre. Las minas de este metal en Hungría se calculan como un manantial de riquezas, que harían circular muchos millones si su cobre fuera más manejable. ¿Por qué no lo serán las nuestras, que son más ricas, y su metal dulce, más manejable y cargado de plata, lo que sube naturalmente su ley?

   El cobre bajo la forma de moneda no deja de ser fuera del reino una mercadería que compra, no sólo el que tiene necesidad de este metal, sino el que tiene necesidad de signos. En una palabra, el cobre bruto lo compra el comerciante que quiere traficar con él; y el cobre moneda lo compra el comerciante, el artesano, el labrador y todo el mundo.

   Ya se conoce que no es aquí el lugar donde yo debo entrar a detallar el método de recoger la moneda macuquina, y de hacer el cambio del papel y del cobre.

   Hablaré del empleo de los fondos; del pago de los réditos de los vales y de la caja de descuentos para su extinción.

   Los fondos deberían emplearse en la compra de negros para darlos en arrendamiento a los particulares. Aunque este pensamiento parezca a primera vista no muy acertado, no obstante es, en mi concepto, de muchísima importancia; con él se van a asegurar los réditos de los vales y la caja de extinción. El erario va a formarse un nuevo fondo; la agricultura y las minas van a tomar un nuevo incremento y el Estado va a criar una milicia sin costo, que en caso urgente puede ser de mucha utilidad, empleándola, cuando no todos en las armas, a los menos en el transporte de municiones y bagajes y en el trabajo de fortificaciones, etc. Veamos si será fácil su despacho.

   Los hombres que se reciben en arrendamiento, computando los salarios que varían algo en el reino, cuestan al año, sin incluir los días festivos, $73, 2 reales; y no en todas partes es fácil conseguirlos, lo que retarda y atrasa el cultivo. Los negros, por los gastos de transporte, etc., los pondremos, unos con otros, a $300, que comparándose con el fondo de los vales, que deben correr a un 3%, cuesta al año cada negro nueve pesos. Póngaseles el precio de arrendamiento, unos con otros, a $21 al año; agréguense siete pesos que cuesta su mantenimiento y tres del vestuario, y le costarán al arrendatario $31. Quiere que la tercera parte de los que recibe le sean inútiles y que se cargue a los útiles; le vendrán a costar $46, 4 reales, que rebajados de $73, 2 reales, que le cuesta el hombre libre, quedarán a su favor $26, 6 reales y la incomparable ventaja de tener todo el año trabajadores prontos.

   Se dirá que, supuestas las ventajas de los esclavos sobre los hombres libres, tendrá más cuenta a los particulares el comprarlos por sí, que el recibirlos en arrendamiento. Es verdad que les tendría más cuenta; pero no todo el que tiene $2.100 para recibir en arrendamiento 100 negros tiene $30.000 que le costarían comprados. A lo que se agrega que los $2.100 los desembolsa después de un año de servirse de los negros, en lugar que los $30.000 tendría que desembolsarlos de contado y antes de haber sacado ningún provecho de sus brazos.

   El erario recibe, como queda dicho, $21 al año por cada negro, que multiplicados por 20.000 negros, que es el número que regulo que se pueden comprar, hacen la cantidad de $420.000. Rebájense nueve pesos por cada negro, para el pago de los réditos de los vales, a razón de un 3%, y quedarán líquidos $240.000 cada año para la caja de extinción, que asegurará su majestad un fondo de seis millones de pesos, que dentro de 30 años redituarán $420.000; con las notorias ventajas que seguirán a este reino y al comercio nacional.

   Quizás esta especie de préstamo es único en su clase y el solo en que se encuentren todas las utilidades, sin ninguna desventaja ni inconvenientes. La necesidad de recoger la moneda macuquina es su origen o la causa de la introducción del papel. Los réditos se ven asegurados con el mismo fondo que los ocasiona; la hipoteca es el mismo fondo, y el mismo fondo el que extingue el papel dentro de un número fijo de años, vivificando la agricultura, las minas, el comercio, la población; y asegurando al Estado una milicia y un fondo independiente del papel; pero producido de su creación. Semejante establecimiento sólo tendría que temer los excesos. La misma humedad que fecundiza la tierra, si es excesiva pudre las raíces de las plantas y las destruye.

   Aunque he apuntado, hablando de las alcabalas, que los frutos que deben pagar a la salida, recompensarán las pérdidas que la supresión de los derechos interiores debían causar, no creo que deba entrar a tratar de las tarifas. Este importante punto pide un plan bien meditado, y formado sobre buenos principios; esto es, sobre el conocimiento práctico de los frutos del reino y de las distancias de los puertos en que se cultivan con mejor suceso; su estimación respectiva en los mercados de Europa; en su mayor o menor competencia; y finalmente, los que merecen fomentarse con preferencia, distinguiendo los que entran en nuestro consumo y manufacturas, de los que sólo entran en el comercio con las otras naciones. Sin estos conocimientos particulares en cada ramo; sin esta atención en equilibrar la utilidad del erario, con las ventajas del comercio y de la nación en general, siempre se encontrarán en las tarifas una porción de inconvenientes que se entrechocarán para destruirse mutuamente. El cacao, por ejemplo, paga hoy derechos crecidos y el añil no los paga, sin otra razón que un principio demasiado general, de que es un ramo nuevo, y que libre de derechos se animará su cultivo. ¿Pero se ha examinado si conviene el cultivo del añil en este reino? ¿Se han pesado los inconvenientes que puede traer en los sucesivo este fomento? El añil, de menos volumen que el cacao y sin derechos, va destruyendo su cultivo, que para restablecerlo se necesita de siete a 10 años. El añil es destructor de la población; es un ramo ya muy común en los mercados de Europa; la química va sustituyendo otros colores en su lugar y la competencia del añil no puede durar largo tiempo sin decaer mucho de su valor. En lugar que el cacao se hace cada día de un uso más universal; su cultivo no ataca a la población, ni hace temer la competencia; es una de las producciones que más convienen a este suelo; ésta es su patria, y su consumo en algunas partes de España y en toda la América se puede mirar como de primera necesidad. Así el añil debería pagar derechos en este reino, que quizá no convendría que pagase en Guatemala; y el cacao debería pagar menos de lo que paga en el día.

   Por lo que queda dicho hasta aquí, se ve que mi idea ha sido sólo presentar mis pensamientos a un golpe de vista, sujetándome a lo que he creído sumamente preciso para que se conozca su utilidad, sin entrar en detalles ni reflexiones que ofuscan muchas veces el fondo del asunto principal; pero si se creyese que merecen toda la atención que yo pienso, estoy pronto a levantar las dificultades que ocurran, y a dar un plan detallado de cada punto en particular y de todos en general, con los auxilios necesarios. Sólo me tomo la libertad de suplicar que no se decida, a primera vista, de su utilidad o inconvenientes, sino que antes bien se examinen con un sabio pirronismo; porque no es extraño el encontrar oposición cuando se trata de reformar abusos inveterados, por más esfuerzos que se hagan para correr el velo que los cubre. Newton, el primer calculador del universo, tuvo que ceder en un asunto de cálculo al imperio de la preocupación, cuando se trataba de reformar la moneda de plata en Inglaterra; así, yo repito lo que decía el caballero Bernard tratando del mismo asunto: "Convido —decía— a todos los que conocen el daño presente a que en lugar de desaprobar mi proposición hagan otra mejor: servirán a la patria, y yo se lo agradeceré de todo corazón".

   Es necesario tener presente que hablo de una colonia y que me contraigo a los principios que me parecen le convienen en particular, sin detenerme en que estén o no recibidos generalmente, ni en examinar si son convenientes en otras partes. Con tal que sigan el interés recíproco de la colonia con la metrópoli.

   Es necesario también advertir, que todo cuanto digo es sacado del fondo de mis meditaciones en un encierro, destituido de todo auxilio; que no he tenido otra guía que mis deseos de acertar, y que mi situación me disculpa de los defectos que quizás en otra hubiera podido evitar. Mas en política como en matemática, el conjunto de muchas verdades produce casi siempre un uso inútil; si yo he acertado a presentar algunas, aunque no haya atinado en el modo, me doy por satisfecho. Nada me presagia tan fuertemente mi suerte futura, como la complacencia que experimenta mi corazón cuando traslado al papel el fruto de mis meditaciones y desvelos.

   No he creído conveniente el mezclar en este papel otros puntos igualmente útiles, aunque no de tanta importancia y que se pueden mirar en parte como pertenecientes a la policía del reino; como son los árbitros para aumentar las rentas de propios y para la composición de caminos; el modo de dar salida a ciertos renglones particulares y el de fomentar otros que no entran en el día en el comercio; los medios de proveer el reino de algunos utensilios de suma necesidad; el establecimiento de una fábrica de riquísimas porcelanas en Pamplona; el trabajo de las minas de platina y del metal; los fondos para mantener y adelantar las misiones, etc. Sobre todo esto hablaré, si se adopta lo que llevo propuesto y que ha de servir de base a estos objetos menores. Pero dejaría sin llenar la idea que me he propuesto, si concluyera sin decir una palabra sobre la administración de justicia.

   Una de las enfermedades más destructoras de este reino es la manía de los pleitos, que junto a la lentitud y embarazo de los procesos y al pillaje de los escribanos, etc., causa un atraso increíble en la fortuna de los particulares. Nada es más común que ver a un propietario abandonar sus posesiones, hacer un viaje de 20 y 30 días de camino, permanecer años enteros en la puerta de los tribunales y consumir finalmente la parte de hacienda que tiene cultivada en litigar otro terreno inculto, que ni él ni sus hijos podrán cultivar. ¿Quién creería, si no lo estuviéramos palpando, que en donde nada está más de sobra que las tierras, la mayor parte de los pleitos sean por un pedazo de tierra? Pero no se limita a este punto su manía y el desorden de los procesos. Todos los días vemos comenzar un pleito por los linderos de unas tierras y acabar por la honra y la hacienda de los litigantes. Homero habría encontrado aquí en qué emplear su fecunda imaginación, si hubiera querido limitarse a cantar las guerras de los particulares que han comenzado por un capricho y acabado por la ruina de ambas partes. Podemos asegurar sin exageración, que los pleitos en este reino son un azote más destructor que los huracanes y los terremotos en las Antillas. Yo conozco una población entera en la provincia de Mérida, que años atrás estaba floreciente y que en el día no conoce más riqueza que los legajos de los pleitos que la han destruido. ¿No se podrá oponer un dique a este torrente impetuoso que arrastra tras sí la desolación del reino?

   Como este punto no me es enteramente propio y, por otra parte, temería excederme si quisiese profundizarlo demasiado, me contentaré con apuntar lo que me parece más necesario para su remedio.

   Todo el celo y actividad de los ministros de la real audiencia no puede dar abasto a la multitud de pleitos y causas criminales que ocurren diariamente, y así sería conveniente crear un tribunal criminal enteramente separado de la audiencia, o una sala de alcaldes del crimen como la tiene México, para que de este modo se facilitara el despacho; pues si los litigantes sufren en sus haciendas, no sufren menos en sus personas los infelices a quienes su desgracia conduce a una prisión.

   El adoptar aquí el establecimiento de jueces de paz, me parece que sería otro remedio para cortar de algún modo la manía de los pleitos. Si por una parte se obliga a los litigantes a que no puedan ocurrir a los tribunales sin haberse presentado antes a los jueces de paz, y oído verbalmente las proposiciones de acomodo; y por otra se les asigna a los jueces de paz una cierta cantidad sobre los litigantes, en el caso que terminen sus querellas, para animarlos con el interés que les resultará en el acomodo de las partes, creo que bien presto se harían sentir los buenos efectos de su establecimiento.

   El pie sobre que están montados algunos de los gobiernos, corregimientos y tenencias en este reino, es el menos a propósito para mantener la tranquilidad, la justicia y el buen orden; el tráfico con sus súbditos es permitido a unos, ordenado en otros y tolerado a casi todos. Este punto me arrastraría demasiado lejos si quisiera pintar las extorsiones, las injusticias y desórdenes que ocasiona esta tolerancia o abuso; bástame decir con un poema:

   He oído decir muchas veces que estos desórdenes son inevitables en América; pero lo cierto es que si hay desórdenes inevitables en todo el mundo, éstos no lo son absolutamente en América. ¿Por qué ha de ser inevitable que, como lo vemos todos los días, parta un gobernador o teniente sin camisa y vuelva al cabo de tres o cuatro años cargado de los despojos de los pueblos que se le confiaron para que les administrase justicia y promoviese su adelantamiento? Me parece que esto necesita remedio y que lo tiene; el escoger personas de luces y de probidad para estos empleos; el asignarles rentas proporcionadas y prohibirles el comercio; el promoverlos al fin de sus gobiernos, si han llenado las intenciones del soberano y el castigarlos irremisiblemente si han abusado del poder que se les confirió, son, en mi concepto, verdaderos remedios para un mal tan contagioso en América y que puede al fin ocasionar muy malas consecuencias, por la ignorancia y arbitrariedad de los que llenan comúnmente estos empleos.

   No sé si será fuera de propósito el apuntar aquí, que sería conveniente la formación de un pequeño código criminal americano. ¿Por qué los distintos climas que producen la palma y el moscatel no producirán variedad en los delitos y exigirán un método distinto de castigarlos y precaverlos? Además de esto, su formación simplificaría las fórmulas, abreviaría los procesos, haría sensible el terror que trae la pronta ejecución del criminal y aliviaría al inocente de una larga prisión mil veces peor que la muerte. Me parece que ésta no es una obra de muchos años. Los modelos que en esta clase ofrece hoy la Europa y el conocimiento del hombre y de las costumbres de estos países, para poder hacer justas aplicaciones, creo que son todos los materiales que se necesitan para facilitar su pronta formación.

   Estos son, en mi concepto, los remedios que la necesidad, la justicia y el interés de la monarquía exigen por ahora en estas provincias. Estos son los medios de hacer florecer el erario, el reino y el comercio nacional; estos son, finalmente, los muros de bronce que deben asegurar una perpetua paz, a pesar de cuanto han dicho respetables políticos que conocían la América por anteojo de larga vista. Yo no propongo el que se establezcan fábricas o manufacturas, que harían decaer el comercio nacional y que perjudicarían en una colonia naciente, abundante en frutos y escasa de brazos; no me olvido de que las riquezas de una colonia deben ser diferentes de las de la metrópoli, y que esta diferencia es la que debe entretener el comercio recíproco. No propongo la impunidad de los delitos, sino el que se castiguen sin demora y que se reformen los abusos en la administración de justicia. No presento pensamientos metafísicos e impracticables, sino fáciles y accesibles. No me olvido del interés de los pueblos cuando trato del fomento del erario, ni de éste cuando hablo de los medios de fomentar el reino; y finalmente, en el conjunto de todas estas cosas, más bien que en la fuerza de las armas, creo que consiste la seguridad y la paz de estos dominios.

   Bendito sea mil veces el sabio ministro que a la sombra de un gran monarca podrá decir: "Yo planteé la paz en uno y otro mundo; por mí respiran millares de vasallos al otro lado de los mares; y en mis días la abundancia y el contento se han derramado en uno y otro hemisferio, como el rocío de la mañana sobre las flores marchitas".

   Presentado al excelentísimo señor virrey para que lo dirigiese a su majestad, en 16 de noviembre de 1797.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 157-180.

NOTAS:
1   Archivo General de Indias. Sección 9. Papeles de Estado. Santafé. Leg. 53.
2   Es decir, que los fueros son gravosísimos a los pueblos, porque constituyen una multitud de derechos que pesan como doble carga sobre los no exceptuados, para poder formar equilibrio. Claro está que si las contribuciones valen como 500, los contribuyentes son 1.000, pero entre éstos hay 300 empleados y eclesiásticos, los 700 individuos restantes pagarán como 1.000. (Nariño).

88
BALANCE DE CUENTAS ENTRE NARIÑO Y JOSE ANTONIO VALDES

BALANCE CONTABLE QUE MANIFIESTA EL MOVIMIENTO DE LOS NEGOCIOS Y ACTIVIDADES COMERCIALES QUE REALIZA NARIÑO EN LA EPOCA INMEDIATAMENTE ANTERIOR A SU PRIMERA PRISION OCURRIDA EN AGOSTO DE 1794. Cartagena, 30 de diciembre 1797.

Valdés.

El señor don Antonio Nariño, vecino de Santafé, su cuenta corriente con don José Antonio Valdés de Cartagena

(S.Y.U.O.)

   Cartagena, 30 de diciembre de 1797.

Valdés.
(rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 89, folio 27.

89
OFICIO DEL SECRETARIO DE ESTADO AL VIRREY DEL NUEVO REINO DE GRANADA

TRANSCRIBE LAS NOTICIAS COMUNICADAS POR EL EMBAJADOR DE ESPAÑA EN PARIS ACERCA DE LAS ANDANZAS EN FRANCIA DE NARIÑO, DEL CUBANO CARO Y DEL GENERAL MIRANDA. San Ildefonso, 21 de agosto de 1798.

Alvarez.

Reservada.

   Excelentísimo señor:

   El embajador del rey nuestro señor en París, con fecha de 25 de julio último, ha participado al ministerio de Estado lo siguiente.

   "El año pasado se apareció aquí un cierto Nariño de Santafé en América, que parece venía huyendo de la justicia. Se presentó a este gobierno proponiendo revolucionar aquellos países y mostrando las conexiones y amistades que tenía allí con varios sujetos traidores y enemigos del rey y de su gobierno. Aquí, no obstante las máximas de propagar la democracia, no le dieron oídos y se fue a Londres, proponiendo a Pitt que si le ayudaba con dinero, municiones y alguna escuadra, haría levantar toda la provincia de Tierra Firme. Parece que dicho ministro no hizo mucho caso de él.

   "Poco después compareció aquí otro aventurero semejante llamado Caro, que fue complicado en la conjuración de Caracas. Este propuso el mismo proyecto que Nariño con más medios y habilidad que él; pero tampoco fueron admitidas sus proposiciones, y siguiendo los pasos de su antecesor fue a Londres con su proyecto de su insurrección. Como sus planes eran mejor comentados, admitió el gobierno inglés sus proposiciones y resolvió enviar algunas fuerzas navales con armas y auxilios para aprovecharse de los movimientos internos que procuraría Caro; pero cuando se estaba disponiendo esta expedición sucedió la insurrección de la marina inglesa y fue menester suspenderla.

   "Caro volvió a París y conversó mucho con las cabezas exaltadas que aquí abundan. Se juntó con Nariño, y uno y otro en los meses pasados han hecho varios viajes a Inglaterra, entendiéndose allí con el famoso rebelde general Miranda, que sirve allí de centro a todos los conjurados contra España. Caro últimamente fue visto aquí en París, y se sabe que ha partido para la América resuelto a introducirse en el reino de Santafé con un disfraz muy singular. Ha encontrado quien le ha hecho una peluca de negro tan al natural que imita perfectamente la lana de los negros; y se ha embarnizado la cara y el cuerpo del mismo color con un ingrediente tan tenaz que el agua ni el sudor no lo pueden alterar. Con esta rara máscara se habrá introducido en su país, predicando ocultamente la rebelión, y me supongo que tiene infinitas inteligencias allí".

   Lo aviso a vuestra excelencia de real orden para que, haciendo el uso conveniente de estas noticias, tome las precauciones oportunas contra los fingidos negros y las providencias que le dicte su celo, a fin de precaver cualquier movimiento turbulento que puedan suscitar estos aventureros, sorprenderlos en sus perversos designios e impedir las funestas resultas que pudiera originar su seducción y los infames medios de que se valiesen.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   San Ildefonso, 21 de agosto de 1798.

Alvarez.

   Señor virrey de Santafé.

   Es copia. Santafé, 19 de enero de 1798.

Alba1

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 181-182.

NOTA
1   Archivo General de Indias. Sección 9. Papeles de Estado. Santafé, Ley 53.

90
MEMORIAL DE NARIÑO AL VIRREY MENDINUETA

NARIÑO SOLICITA QUE, MIENTRAS SE RESUELVE SU SITUACION REFERENTE A SU LIBERTAD, SE LE PERMITA PASAR EN SU CASA EL TIEMPO DE RECLUSION QUE LE FALTARE, CON LA OBLIGACION DE PRESENTARSE DIARIAMENTE O BAJO CUALQUIERA OTRA CONDICION QUE SE ESTIME CONVENIENTE. Santafé, 4 de noviembre de 1798.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Representación de don Antonio Nariño.

   Después de más de 15 meses de un estrecho encierro, en que sólo se sabe que existo por mi sumisión y mi silencio, espero que vuestra excelencia no tendrá a mal el que yo me dirija con el más profundo respeto a vuestra excelencia recordándole mi situación y solicitando de su acreditada justicia el cumplimiento de las ofertas que se me hicieron en atención de haber corrido suficiente tiempo para que vuestra excelencia haya recibido las contestaciones de la corte; o para que, en caso de no haberse recibido por algún accidente extraordinario, se digne vuestra excelencia, en virtud de sus altas facultades, concederme el alivio que solicito, en fuerza de la justicia que me asiste y de las poderosas razones que voy a exponer a vuestra excelencia lo más sucintamente que me sea posible.

   Habiendo expuesto en mi primera relación cuanto había ofrecido a vuestra excelencia y contestado de un modo satisfactorio a las preguntas y reparos que sobre algunos puntos se me hicieron, creí que era llegado el tiempo de que cesaran las formalidades de mi detención y en esta inteligencia lo representé a vuestra excelencia con fecha de agosto del 97. Mas, como sólo había corrido desde mi presentación el corto tiempo de un mes, vuestra excelencia, queriendo que algunos consiguientes y el tiempo comprobaran mi relato, como efectivamente sucedió, se dignó contestarme con fecha de 11 de septiembre del mismo año, que la gravedad del asunto, las críticas circunstancias del tiempo y mi peculiar interés no permitían hacer por entonces novedad; que se llevarían al fin las ofertas que se me habían hecho y que el medio seguro de que se verificasen dependía de mí, contestando a lo que se me preguntara y deseaba saber el superior gobierno. No sólo contesté a lo que se me preguntaba, sino que tomándome algún tiempo trabajé, según mis cortos alcances y en cuanto me permitieron las circunstancias en que todavía me hallo, un papel con el título de Ensayo sobre un nuevo plan de administración en el Nuevo Reino de Granada, en que satisfice por extenso a cuanto en el particular se me había preguntado por vuestra excelencia. Pasado algún tiempo se recibieron cartas de don José Caro con fechas de Londres y de París, bajo el mismo sobreescrito que tenía yo dicho en mi relación y cuyo contenido confirmó de un modo auténtico y nada equívoco la pureza y sinceridad con que yo había procedido.

   Todo el tiempo que se me ha mantenido en el mismo encierro desde que se recibieron las últimas cartas de Caro, parece que ya no podía tener otro objeto que el de aguardarse de un día a otro la leal aprobación, que la morosidad de los correos ha alargado tanto tiempo. Pero, como a pesar de que llegan estos correos y de que se han recibido contestaciones de seis meses después de mi presentación, siempre veo correr el término de mis esperanzas, como la sombra delante del cuerpo, sin poderlo alcanzar; y que, después de 500 días de encierro, me hallo como el primer día, sin más esperanza que la que entonces tenía de ver llegar este término prometido, vuestra excelencia me ha de permitir que en la perplejidad en que me hallo me ponga en todos los casos que la pueden ocasionar y que, satisfaciéndolos con razones convincentes, funde en ellos mi solicitud.

   Para juzgar con acierto en un asunto de esta naturaleza, debo ponerme en tres casos.

   Primero. Que ha venido la real aprobación y que vuestra excelencia, por las mismas razones que se me opusieron en 11 de septiembre de 97, no ha tenido por conveniente ponerla en ejecución.

   Segundo. Que no subsistiendo, como a la verdad no subsisten, las mismas razones que en septiembre de 97, el motivo es el haber faltado alguna explicación o documento que acaso vuestra excelencia aguardaba.

   Tercero. Que vuestra excelencia no ha recibido contestación de la corte por algún accidente extraordinario y que hay que dar cuenta y aguardar otro tanto tiempo hasta que resuelva.

   En el primer caso, sólo la gravedad del asunto y las circunstancias del tiempo pueden ser el obstáculo; porque mi peculiar interés creo que no se expone ya en que vea el término de mis trabajos después de 50 meses de un continuo padecer.

   El asunto no hay duda que es en sí de mucha gravedad; pero tampoco hay duda en que toda su gravedad consiste en la verdad de lo que he expuesto a vuestra excelencia. Y si he expuesto la verdad, he cumplido con lo que ofrecí y, por lo mismo, este grave asunto no sólo no me debe perjudicar, sino que al contrario, cuanto mayor sea su gravedad tanto más acreedor me hace a la confianza del gobierno y tanto más derecho me da para pedir el cumplimiento de las ofertas que se me hicieron; porque no hay medio, señor excelentísimo, o no hay asunto grave, o si lo hay es porque he dicho la verdad y habiéndola dicho, la gravedad del asunto, muy lejos de ser un obstáculo para que vuestra excelencia le dé cumplimiento a la real aprobación, es el fundamento y apoyo de mi solicitud.

   No siendo un obstáculo la gravedad del asunto, tampoco lo pueden ser las circunstancias del tiempo; pues lo uno es consiguiente de lo otro. Para que las circunstancias del tiempo pudieran influir contra mí, sería preciso suponer que no he procedido de buena fe, o que habiendo procedido de buena fe soy sospechoso al gobierno, lo que es una contradicción. Ahora que he procedido de buena fe es una cosa de que no se puede dudar: mi verdad comprobada con las cartas de Caro; mi sinceridad en haber referido hasta las más menudas cosas, que moralmente era imposible que se supiesen, si yo no las hubiere dicho; mi candor en referir hasta mis pensamientos; mis desvelos y ardientes deseos de concurrir al orden y mejor servicio del rey en estas provincias, comprobados con el papel que voluntariamente presenté a vuestra excelencia; mi sumisión y respeto a cuanto vuestra excelencia ha tenido a bien ordenarme; y el no haberse notado en mis producciones, ni en mi conducta presente la menor contradicción, la menor cosa que pueda dar motivo a sospechar de mi conducta futura, son otros tantos garantes de mi buena fe y todos los que humanamente es posible de dar en las circunstancias en que me hallo.

   En vista, pues, señor, de estas poderosas razones, deducidas de la naturaleza del mismo asunto, he de merecer a vuestra excelencia que en el caso de haber venido la real aprobación y de ser éstos los motivos por que vuestra excelencia ha suspendido su ejecución, se ha de dignar, por un efecto de su notoria justicia y de la bondad de su piadoso corazón, de dar la última providencia que ponga fin a mis trabajos y que vea yo llegar este día tan deseado, este término prometido en que mis hijos recuperen a su padre, mi mujer a su esposo y vuestra excelencia un vasallo fiel a su soberano y sumiso a las órdenes de vuestra excelencia.

   El tiempo, señor, que es tan precioso para todos los hombres, es para mí de un valor incalculable. Vuestra excelencia no ignora las pérdidas y atrasos que han sufrido mis intereses y mis fiadores y el desamparo en que quedarán mis hijos si no aprovecho todos los momentos de mi vida en reparar lo pasado, imponiendo al mismo tiempo un eterno silencio a la boca emponzoñada de la calumnia.

   El día que vuestra excelencia me restituya a mis antiguos derechos será un día de bendiciones del nombre de vuestra excelencia y del soberano; no sólo mis votos y los de mi mujer y mis hijos se dirigirán al cielo en este día; mi numerosa familia que se interesa en mi honor, todos mis fiadores que con la habilitación de mi persona verán renacer las esperanzas bien fundadas de resarcir sus intereses y cuantos tengan sentimientos de humanidad y de religión se unirán a mí para bendecir tan respetables nombres.

   En los otros dos casos que dejo sentados de que vuestra excelencia no haya recibido las contestaciones o de que las haya recibido incompletas, bien sé, señor excelentísimo, que no depende absolutamente de vuestra excelencia determinar enteramente mi asunto; pero, como sí depende de vuestra excelencia el estado de mi persona, a este solo punto limito la segunda parte de mi solicitud.

   La continuación de mi encierro en estos casos parece que no puede tener otro objeto que la de aguardarse la aprobación de su majestad, o el no tenerse todavía una entera confianza en mi conducta futura, como dejo insinuado arriba; pero este caso, que sólo le he asentado como una mera suposición, queda enteramente demostrado que es infundado y no creo tenga lugar en el ánimo de vuestra excelencia, por cuanto no ha habido la más mínima circunstancia que pueda haber hecho nacer ningún recelo contra mí.

   El que aguardara yo en este estado la aprobación de su majestad pareció indispensable en el curso ordinario de los correos, para que el tiempo y algunos consiguientes corroborasen la verdad de mis relatos y la sinceridad de mis sentimientos como verdaderamente se ha verificado, pero en el día, cuando ya nada queda que hacer, ni aclarar, parece que mi detención en este encierro es, no solamente inútil, sino también sumamente dura en los términos que tardan hoy los correos. Quince meses y medio no han sido suficientes para que vengan las contestaciones de la corte. Si vuestra excelencia tiene ahora que dar aviso, o pedir algún documento o explicación, ¿qué conflicto no será para mí si se me obliga a pasar otros dos años más en el estrecho recinto de diez pasos?; ¿cómo será posible que mi salud resista, cuando para mantenerla en el tiempo que llevo encerrado, sin haber tomado siquiera una hora de sol, ha sido preciso sujetarme a un rigurosísimo ayuno, en que hasta el agua ha sido necesario escasearme?

   Si se compara, señor, mi situación en el caso de tener que permanecer más largo tiempo en el mismo estado, con el juicio que forzosamente debí formarme al principio, se conocerá que tengo sobradísima razón para que me parezca sumamente dura en los términos que tardan hoy los correos; porque puesto cualesquiera otro en mi lugar haría el mismo raciocinio que yo hice entonces; el jefe del reino, me decía yo mismo, que a la majestad de su representación junta un carácter propio de justicia y de verdad. Un prelado de una virtud conocida y el real acuerdo a nombre del soberano me han empeñado su palabra; las leyes están a mi favor y corroboran lo que se me ha ofrecido; yo he cumplido por mi parte con pureza y con verdad cuanto ofrecí, y mi corazón está en el día penetrado de los más sanos sentimientos; luego mis trabajos se han acabado y nada tengo que temer ni que sufrir. Este raciocinio es de una verdad y de una fuerza que es imposible poderse remitir a él. Ahora bien, si después del tiempo que ha corrido desde mi presentación se me quisiera mantener del mismo modo en este caso, no podría decir que mis trabajos se habían acabado y que nada tenía que sufrir; esto sería quererme inútilmente engañar yo mismo, porque no puedo dudar que la continuación de mi estado presente es un sufrimiento y un verdadero trabajo; luego espero, con muchísimo fundamento, que no continuaré del mismo modo.

   En esta inteligencia, excelentísimo señor, por el real nombre de nuestro augusto soberano, que hoy celebramos y que Dios conserve para consuelo de sus vasallos y en consideración a cuanto llevo expuesto en toda esta representación, suplico humildemente a vuestra excelencia que, en el caso de no haber venido la aprobación de su majestad, o en el de faltar alguna circunstancia para poner en ejecución mi entera libertad, el que se me permita pasar en mi casa el tiempo que faltare para que la pública autoridad lleve al fin las ofertas que me hizo; bien sea con la obligación de presentarme entre tanto diariamente a vuestra excelencia, o bien bajo cualquiera otra condición que vuestra excelencia estimare conveniente.

   No creo, señor, que vuestra excelencia me niegue este consuelo que con tanta justicia solicito, cuando interpongo para conseguirla hoy el nombre de nuestro amado monarca; ¿acaso, me podré persuadir que ese carácter de bondad, de humanidad y de clemencia que distingue a vuestra excelencia sólo para conmigo no ha de tener lugar? No, señor, no puedo persuadírmelo y protesto a vuestra excelencia por todo lo más sagrado que hay en los cielos y en la tierra que jamás tendrá vuestra excelencia que arrepentirse de haberme otorgado esta súplica. Yo llamo en este momento a Dios mismo por testigo de la pureza de mis intenciones; perezca yo si profano el nombre de Dios, pero merezca la compasión de vuestra excelencia y el buen despacho de mis súplicas, si sólo tomo en mi boca este nombre santo para sellar con él cuantas razones tengo alegadas a mi favor.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, y noviembre 4 de 1798.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor virrey del reino.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 203-208.

91
CONCEPTO DE LOS MINISTROS DEL CONSEJO DE INDIAS SOBRE EL PROCESO SEGUIDO A NARIÑO

CONCEPTO DE LOS MINISTROS DEL CONSEJO DE INDIAS, DIRIGIDO AL REY DE ESPAÑA, CARLOS IV, CON EL RESUMEN CUIDADOSISIMO DE LOS PROCESOS INICIADOS EN SANTAFE DE BOGOTA EN 1794. ACEPTAN EL DICTAMEN DE LOS FISCALES, DANDO POR CONCLUIDAS LAS CAUSAS Y SATISFECHA LA CULPA DE LOS REOS DESTERRADOS A ESPAÑA EN EL AÑO 1795. Madrid, 21 de julio de 1799.

Señor:

   En oficio de 1° de noviembre de 1798 participó al consejo, de orden de vuestra majestad, don Mariano Luis de Urquijo, por indisposición de don Francisco Saavedra, que en el mes de agosto del año de 1794 aparecieron fijados en los parajes públicos de la ciudad de Santafé de Bogotá pasquines sediciosos; se descubrió la impresión clandestina de una obra titulada Los derechos del hombre, escrita [sic] por don Antonio Nariño, y ante el regente de aquella audiencia, por estar ausente el virrey, se hicieron varias delaciones de una mediata sublevación. Que para formar y sustanciar la causa sobre este último punto comisionó la audiencia al oidor don Juan Hernández de Alba, y aunque dicho tribunal, y también el virrey, manifestaron los inconvenientes que podía tener la prosecución de una pesquisa general sobre mediata sublevación, se comunicaron órdenes para que prosiguiera la causa; previniendo, entre otras cosas, que si los delitos de algunos reos merecían ser examinados más de cerca, remitiera sus personas a estos reinos. Que la audiencia insistió no obstante en la suspensión de la citada causa sobre mediata sublevación, en cuyo estado, ajustada la paz con la Francia, determinó vuestra majestad que sobreseyera en ella, pero que se celara la conducta de los sospechosos, sin manifestar desconfianza, y que con maña y disimulo se procurara separar a los indiciados; pero antes de recibir la audiencia esta orden, tenía ya remitidos a estos reinos diez reos de la expresada causa, cuyos nombres y circunstancias expresa la lista que acompañaba, fundándose para ello en la citada primera orden, y en la carta con que remitía la sumaria añadía la audiencia que si ésta no se consideraba bastante para imponerles el debido castigo, podía continuarse en España. Y que de todo había dado cuenta a vuestra majestad, y enterada de la corta resultancia de este proceso, de cuyas miles fojas sólo se colige que los reos habían hablado del nuevo sistema de Francia y manifestado algún deseo de que si se extendieran aquellas máximas produjesen el mismo efecto en aquellas provincias. Considerando vuestra majestad que la causa se halla en el imperfecto estado de sumario y que es tan embarazoso concluirla aquí como expuesto a muchos inconvenientes remitirla a Santafé para que se concluya, en atención al estado de la opinión pública en aquel país, se había servido mandar se remitiesen a este supremo tribunal los autos, como lo ejecutaba, para que con la mayor brevedad consultase a vuestra majestad el modo de cortar enteramente esta causa, atendiendo a las referidas circunstancias, a la calidad de los reos, y a haber sufrido ya todos ellos más de tres años de prisión; y atendiendo también a que la misma audienda de Santafé mandó poner en libertad bajo fianza a los demás reos que no remitió a España, permitiéndoles ir a los pueblos de su naturaleza hasta recibir la real resolución.

   En la citada lista de los diez reos remitidos a España bajo partida de registro por la audiencia de Santafé, se dice lo siguiente:

   "1° Don Luis de Rieux, francés, de edad de 44 años, casado en América y médico de profesión. Este se hallaba enfermo en el hospital de Cádiz, desde donde hizo fuga. Se cree haya pasado a la costa de Africa, pues consta en esta primera secretaría de Estado que el cónsul de Inglaterra en Tánger le ha hecho varias ofertas en nombre de su gobierno, para que pasase al servicio británico; pero don Luis Rieux no las ha querido admitir, por no emplearse contra España, o Francia: lo cual ha mandado su majestad se tenga presente.

   "2° Don Manuel Froes, francés de la isla de Santo Domingo, de edad de 25 años, soltero y doctor en medicina de la Universidad de Montepellier.

   "3° Don José Ayala, americano, soltero, de edad de 36 años, teniente de milicias.

   "4° Don Sinforoso Mutis, americano, soltero, de edad de 21 años, estudiante en el Colegio del Rosario de Santafé.

   "5° Don Francisco Zea, americano, soltero, de edad de 24 años, destinado a la Comisión Botánica en el virreinato de Santafé. Este ha sido enviado no tanto por lo que resulta contra él, cuanto por la travesura de su ingenio y considerar que no era conveniente el estar allí.

   "6° Don Ignacio Pablo Sandino, americano, casado, y de edad de 29 años.

   "7° Don Pedro Pradilla, americano, abogado y catedrático, de edad de 28 años.

   "8° Don Bernardo Cifuentes, americano, casado, de edad de 35 años, de ejercicio tendero.

   "9° Don José María Cabal, americano, soltero, de edad de 22 años, estudiante.

   "10° Don Enrique Umaña, americano, soltero, de edad de 22 años, estudiante. Este se huyó del hospital de Cádiz con Rieux".

   Publicada en el consejo la referida real resolución de vuestra majestad, la mandó pasar con los autos a los fiscales, quienes en respuesta de 16 de diciembre del mismo año de 98, pidieron se pasasen al relator para que formase un puntual extracto de ellos, a fin de exponer su dictamen sin la repetición de los hechos, a lo que accedió este supremo tribunal por acuerdo del 22 del propio mes.

   Formado el apuntamiento por el relator con la debida exactitud y cotejado por los fiscales, se ha instruido el consejo muy por menor, no sólo de lo que consta la causa sobre la meditada sublevación y su estado, sino también de lo que resulta de las otras dos sobre pasquines e impresión clandestina del papel francés titulado Los derechos del hombre, por la conexión que tienen, conceptuando necesario dar una sucinta idea de las expresadas tres causas, contrayéndose últimamente a la de sublevación para proponer a vuestra majestad el modo como deberá cortarse.

   De las tres causas resulta que antes de su formación y en ocho de febrero de 1794, en cumplimiento de una orden verbal del virrey que fue de Santafé don José de Ezpeleta, le expuso por escrito don Pablo Ignacio Rangel la conversación sediciosa que había tenido el médico don Luis Rieux, de nación francesa, en casa del doctor don Juan Dionisio Gamba, vecino de Santafé, en el mes de abril de 1793. A consecuencia de esta denuncia se evacuaron las citas que hizo Rangel y, en vista de lo resultado de ellas, por providencia de ocho de marzo del mismo año de 94, conformándose el virrey con el dictamen de su asesor, determinó que se mantuviese este expediente con la mayor reserva. En 17 y 25 de julio escribió dos cartas al virrey don Joaquín de Umaña, diciendo en la primera que sobre el asunto que le tenía comunicado conducido por don Bernardo Cifuentes y don Enrique Umaña en casa del doctor Pradilla, advirtió estar y vivir allí don Luis Sarmiento, oficial de la secretaría del virreinato, quien lo vio hablar con el mismo virrey el día anterior, lo que creía influyó a los demás coligados algunas sospechas contra él, con cuyo motivo se persuadía se recelaron tratar. Y a excepción de algunas proposiciones algo conducentes, no dijeron otra cosa hasta que él se retiró; y en la segunda carta expuso Umaña, entre otras especies, que en el día anterior (24 de julio) le aseguraban don Enrique Umaña y don Bernardo Cifuentes que don Antonio Nariño y don José Caycedo trabajaban arreglándose a las constituciones de Filadelfia.

   En el día 19 de agosto del mismo año de 1794 aparecieron fijados pasquines sediciosos en los parajes públicos de Santafé de lo que en el día 20 dio cuenta el regente al virrey, que se hallaba en el pueblo de Guaduas, acompañándole uno y participándole las providencias que había dado, las que aprobó el virrey. En el mismo día 20 denunció don Manuel Benítez a don Sinforoso Mutis ante el regente, sobre la conversación que dice tuvo en casa de una mujer llamada La Culebra, expresando que Mutis le había referido varias expresiones sobre meditada sublevación. También en el propio día denunció al regente don Francisco Carrasco la impresión hecha por don Antonio Nariño del papel titulado Los derechos del hombre, que había tenido en su poder el denunciante hacía ocho meses, añadiendo igualmente diferentes especies sobre meditada sublevación; y con la propia fecha hizo Carrasco otra denuncia al regente de haber llegado a su noticia que en el colegio de Santo Tomás de aquella capital se habían celebrado juntas, en las que se trataba de proporcionar la total subversión de aquel reino. El regente dirigió al virrey en 21 las citadas denuncias; y restituido a Santafé, pasó con oficio de 25 a la audiencia la sumaria actuada a consecuencia de la denuncia de Rangel, las cartas de Umaña, oficios del regente y denuncias que éste le remitió para que impuesto el tribunal de las noticias que hasta entonces se habían podido tomar sobre los rumores de una preparada seducción contra el gobierno, reuniéndolas y combinándolas todas y teniendo presente lo que importaba sofocar en sus principios las más pequeñas semillas que pudiesen perjudicar la tranquilidad pública, procediese desde luego a tomar conocimiento de este grave asunto, a fin de castigar con todo el rigor de las leyes a los que resultasen delincuentes; y que suponiendo debería nombrarse algún ministro para que entendiese en la indagación y pesquisa de los hechos, si le correspondía el nombramiento elegía desde luego a don Juan Hernández de Alba, y que si el tribunal graduase conveniente para la más pronta averiguación y lo permitiere legalmente la naturaleza del asunto, podría distribuir la comisión en los demás ministros, dividiéndola en distintos ramos, según le pareciese.

   La audiencia, en su vista y de la denuncia que en 23 del referido mes de agosto entregó al regente don José Fernández de Arellano, dándole noticia de los autores de los pasquines y de las máximas de algunos sujetos de aquella capital, acordó en 26 que se formasen tres cuadernos de autos: el primero, sobre la conspiración denunciada, cometiéndole a don Juan Hernández de Alba; el segundo, sobre la impresión y divulgación de papeles sediciosos tocantes al sistema de la Francia, se encargó a don Joaquín Mosquera y Figueroa: y el tercero, sobre fijación de pasquines, se acometió a don Joaquín de Inclán, dándoles a todos facultad para que procediesen según su justificado arbitrio y urgencias que ocurriesen a prisiones, embargos, confiscaciones y otras providencias prontas y oportunas, actuando con testigos de asistencia, conforme a las circunstancias de tan reservado negocio, exonerándoles de la asistencia al tribunal y comisiones, para cuya expedición y despacho quedaban el regente y los oidores Messía y Ezterripa.

   También acordó la audiencia se pasase oficio al virrey, para que dispusiese que inmediatamente se asegurasen las personas de don Francisco Zea y don Luis de Rieux, que se hallaban el primero en Fusagasugá y el segundo en Cartagena, reconociendo sus papeles y libros, embargándole sus bienes y remitiendo a Zea a Santafé, quedando Rieux a disposición del gobernador de Cartagena, en uno de aquellos castillos sin comunicación, y que todos los papeles pasasen al oidor Alba, a fin de que instruido de ellos se sacasen las copias correspondientes a cada una de las comisiones, para que las agregasen a su expediente, acordándose y comunicándose los ministros en las noticias e instrucciones, en que conviniesen conforme a este acuerdo, y pasados por el oidor Alba los papeles respectivos a los comisionados, procedieron a la formación de causas, con la debida separación, arrestando a los indiciados y recibiéndoles las declaraciones correspondientes. Y así el virrey, como la audiencia, en cartas de 19 de septiembre, dieron cuenta al consejo de lo ocurrido, y a vuestra majestad el virrey por el ministerio de Estado, acompañando testimonio de todo lo actuado en las sumarias; en cuya vista acordó este tribunal se acusase el recibo, manifestándoles quedaba confiado en que la actividad y celo del virrey atajaría las fatales consecuencias que pudieran seguirse de tan sediciosos principios.

   Con fecha de 19 de octubre remitió la audiencia las dos sumarias sobre pasquines e impresión del papel de Los derechos del hombre, de las que aparece estar completa la pesquisa y cargos de la primera, y para cerrar la confesión de los comprendidos en la segunda, sólo restaba la conclusión de la pesquisa general sobre meditada sublevación, de la que podrían deducirse nuevos cargos; que considerando la audiencia que el consejo querría reservar a su arbitrio la publicación y demás trámites de la causa o su fenecimiento por vía de providencia económica, había deliberado sobreseer en la prosecución de los dos expedientes remitidos y verificar lo mismo en el de pesquisa sobre sublevación, luego que se concluyesen las confesiones de los reos y sus incidencias, hasta que se comunicasen las órdenes que fuesen del real agrado de vuestra majestad. En su inteligencia acordó el consejo en 6 de febrero de 95 se pasase oficio al ministerio de Estado, con inserción de lo contenido en la representación de la audiencia, a fin de que vuestra majestad resolviese lo que tuviese por conveniente, en el supuesto de que quedaban los autos en este tribunal, que pasaría a sus reales manos si se le previniese. A este oficio contestó el duque de la Alcudia, en 14 del propio mes de febrero, que en 10 de enero anterior había aprobado vuestra majestad las providencias del virrey y audiencia de Santafé, y resuelto se advirtiese a aquél que en semejantes causas, atendidas las actuales circunstancias, convenía valerse del rigor, con preferencia a cualquier otro medio, y que lo ejecutase así con los que resultasen reos; remitiendo a España a aquéllos cuyos delitos mereciesen ser remediados más de cerca, entendiéndose con el ministerio de Estado en el particular; y que también se le había advertido de orden a vuestra majestad no sosegase aunque le pareciese estar todo concluido, pues había agentes que moverían el proyecto, cuando viesen que cesaban las averiguaciones.

   En cartas de 19 de marzo y 19 de abril volvió a dar cuenta la audiencia de las diligencias aumentadas a las causas de pasquines e impresión y divulgación de papeles sediciosos, y también se recibieron dos representaciones de don Ignacio Umaña y de su hijo don Enrique, y otra de don José Antonio Ricaurte, abogado de aquella real audiencia, defensor nombrado por ésta de uno de los reos y preso en uno de los castillos de Cartagena, de resultas de la defensa que hizo, quejándose de los procedimientos violentos de aquel tribunal, todo lo que se pasó al ministerio de Estado. En otra carta de 19 de diciembre de 95, haciéndose cargo la audiencia de las reales órdenes comunicadas al virrey, manifestó, entre otras cosas, que en su cumplimiento no había hallado inconveniente en la agitación, conclusión y determinación de las dos causas sobre pasquines e impresión del papel titulado Derechos del hombre que estaban ya para fenecerse; pero que en la general sobre conspiración sustanciada en sumario y contestados en confesión los cargos, se presentaron a la consideración de aquel tribunal urgentísimos motivos para suspender la publicación en plenario en aquella capital, y que creyó más conforme a la intención de vuestra majestad que en este estado se remitiesen a España con los autos los reos principales, para que más de cerca se escudriñasen sus delitos, si vuestra majestad no tenía por suficiente para imponerles el castigo la justificación que resultaba de lo actuado, según el método de los juicios privilegiados o quería descubrir todo el fuego que indicaba el negro humo de conversaciones, escritos y designios sediciosos que arrojaba el proceso, para apagarlo totalmente y cortar de raíz el daño en lo sucesivo, purgando aquellos dominios de la cizaña de parientes, autores y auxiliadores de los mal afectos al gobierno de vuestra majestad por el tenor de la ley municipal que lo prescribe literalmente con encargo a los virreyes de que lo practiquen sin nota y con honestos y especiosos motivos.

   Que este concepto de la audiencia se había confirmado con la fijación de pasquines (que no remitió) en 21 de septiembre del mismo año en un paraje público, amenazando al virrey y ministros de la audiencia con la muerte y a vuestra majestad con la pérdida de aquellos dominios, si no se daba prontamente libertad a los reos, sobre lo que estaban practicando diligencias para el descubrimiento de su autor, acelerándose el envío a Cartagena de los diez reos contenidos en la lista, para que se embarcasen en partida de registro, sin haber ocurrido novedad posterior al 3 de aquel mes en que salieron de Santafé, los que en dictamen de la audiencia estaban convictos y algunos confesos de adhesión a las máximas de libertad, no habiendo propuesto en su descargo excepción capaz de enervar su culpa, y que aunque respecto a don Francisco Zea no se había comprobado tan plenamente la que le resultaba de las declaraciones de los cómplices, con todo, atendida su instrucción e íntima amistad con don Antonio Nariño y el francés Rieux, se había estimado como nocivo y perjudicial en aquel reino.

   Que los inconvenientes en plenario en esta causa eran tan patentes como inevitables si se preveía que en él se hubieran retractado los reos como se había verificado en las publicadas, variados los cómplices confesos y amilanados los testigos y denunciantes para su ratificación, en fuerza de la mano y poder de los amigos y paniaguados de los delincuentes que había dentro del cabildo secular, empeñados en ofuscar la verdad de la sumaria, donde lucía libre de los artificios y amaños que tiraban a oscurecerla en plenario, mayormente en la dificultad de mantenerse a los reos con la estrechez y separación necesaria, por falta de lugar a propósito y custodia competente, no debiéndose estimar tal la de los cuarteles, mediante a los enlaces de algunos militares patricios y aun parientes de los reos, que se manifestaba por las conclusiones y confabulaciones que ya se advertían en las causas recibidas a prueba, no siendo de despreciar el recelo de que con sus conversaciones se corrompiese la tropa si permaneciesen allí los reos por el tiempo que requería su amplia defensa.

   Y que en este conflicto de variación y perjurio de los deponentes era llegado el caso legal de la tortura, cuyo violento aunque necesario medio de que se había osado con uno de los autores de los pasquines con poco fruto por falta de aparentes instrumentos, podría exasperar los ánimos y ocasionar perjudiciales consecuencias que no eran de temer si se practicasen en la cárcel de esta corte cuando vuestra majestad lo juzgare conveniente, para consolidar la tranquilidad pública, bien que aquel tribunal consideraba que por el carácter de aquellos naturales les causaría más impresión el extrañamiento de aquellos dominos y la incertidumbre de la suerte de los presos, que el rápido y pronto castigo que allí se ejecutase, y que esta detención contendría cualesquiera trama o proyecto que hubiesen concebido con respecto a los remitidos, con quienes intervenían tantas relaciones dentro y fuera de aquella capital, y que había sido preciso valerse de dos oficiales europeos para actuar la pesquisa sin escribano, relator ni curial alguno, y comprobar los acuerdos con la fe del ministro más moderno.

   Cuando la audiencia de Santafé remitió la anterior representación con la causa y reos principales, no aparece hubiese recibido la real orden que se cita en la de 1° de noviembre de 98, reducida a haber resuelto vuestra majestad se sobreseyese en dicha causa; pero que se observase la conducta de los sospechosos, sin manifestarles desconfianza, y que con maña y disimulo se procurase separar a los indiciados. Y por último, con la expresada real orden de 1° de noviembre se acompañó una representación que con fecha de 30 de abril del mismo año de 98 dirigieron a vuestra majestad los ocho presos que se hallaban en el castillo de San Sebastián de Cádiz por haberse huido del hospital don Enrique Umaña y don Luis de Rieux; pasándose posteriormente al consejo un oficio de don Mariano Luis de Urquijo, de 26 de enero último, recordando de orden de vuestra majestad el más pronto despacho de este expediente, y en otro de 11 de marzo instando por el ejecutivo despacho de esta consulta, se previno al consejo dijese a los indiciados reos que existían tres años hacía en el castillo de San Sebastián de Cádiz, se les podría ampliar la prisión a dicha ciudad y sus arrabales, con tal que se presentasen diariamente al gobernador juez de arribadas de aquella plaza, en cuya vista acordó el consejo que por medio de su gobernador —el marqués de Bajamar— se hiciese presente a vuestra majestad por medio de don Mariano Urquijo el curso del expediente para el más pronto cumplimiento de las reales resoluciones, atendidas las circunstancias, y que este tribunal había formado el concepto de que podría ampliarse a los reos la prisión que sufrían en los expresados términos, sin perjuicio de lo que resultase de la vista formal a la causa.

   La precedente idea que se ha dado del origen, sustanciación y estado de las tres causas, manifiesta que las dos primeras sobre fijación de pasquines e impresión clandestina del papel titulado Los derechos del hombre se hallaban en Santafé en 17 de diciembre de 1795 en estado de fenecerse, de cuyas resultas no ha dado noticia la audiencia; y la tercera, acerca de la meditada sublevación, se hallaba en el estado de sumario y contestación a los reos en sus confesiones a los cargos que se les formaron, suspendiendo la publicación en plenario por las razones que hizo presentes en la citada representación de 19 de diciembre, en la que se concluye con el dictamen de que los diez reos que remitía con los autos eran plenamente convictos y algunos confesos de adhesión a las máximas de libertad, sin haber propuesto en su descargo excepción capaz de enervar su culpa.

   Además de los diez reos remitidos por la audiencia que gradúa de principales en la causa de sublevación, se comprendieron en ella otros siete, que son: el primero, don Antonio Cortés, de edad de 18 años, colegial del Rosario y natural de la ciudad de Ocaña. 2°, don Juan José Hurtado, de edad de 21 años, natural de Popayán, colegial también del Rosario. 3°, don Nicolás Hurtado, de 23 años, hermano del don Juan y del mismo colegio. 4°, don Miguel Valenzuela, de 27 años, natural de Girón en aquel reino y catedrático de filosofía de dicho colegio del Rosario. 5°, don Miguel Gómez, de edad de 25 años, natural de la villa de San Gil, colegial que fue en el mismo colegio y oficial primero de las cajas de Popayán. 6°, don Pablo José Uribe, de 23 años, natural de San Gil, cursante en leyes, y el 7°, don José María Durán, de la propia edad, naturaleza y estudios. De estos reos, los cinco primeros son los que como menos principales mandó la audiencia poner en libertad bajo fianza, permitiéndoles retirarse a los pueblos de su naturaleza hasta la resolución de vuestra majestad, según se insinúa en la real orden de 1° de noviembre de 1798; y de los dos últimos, don Pablo José de Uribe y don José María Durán, se hallan comprendidos y confesos en la causa de pasquines que se está siguiendo en Santafé.

   Pasado el expediente a los fiscales con el apuntamiento del relator, se hacen cargo en su respuesta de 15 de mayo próximo pasado no sólo del origen expresado de las tres causas, sino de cuanto resulta de las declaraciones y confesiones de los diez reos remitidos a España, deduciendo de cada una de ellas obvias reflexiones que convencen no se hallan convictos y confesos en los cargos formados sobre meditada sublevación, como juzgó la audiencia de Santafé en su citada carta de 19 de diciembre y refiriendo muy por menor la confesión recibida a Uribe a su instancia en 16 de octubre de 1794, como que fue la que sirvió de principal fundamento para la formación de cargos a los demás reos, exponen: que combinadas las especies que resultan de la referida confesión, con las satisfacciones dadas por los demás reos en sus respectivas confesiones y en las que los más están negativos, y aun dando por cierto lo declarado por Uribe, resulta que en el colegio del Rosario, en las casas de Pradilla y Sandino y en los paseos a donde concurrían ya unos, ya otros, se movieron conversaciones sobre las revoluciones de Francia y sus máximas, tratándose, según les ocurría, sobre si podrían extenderse a aquellos dominios, manifestando Uribe y otros la inclinación al sistema republicano, indicando él mismo a este fin los medios con que podría establecerse en aquel reino, a lo que no consta hubiesen accedido los concurrentes a dichas conversaciones. Apareciendo únicamente que siendo los más que las presenciaron y asistieron a ellas jóvenes de corta edad, sin experiencia ni reflexión, y fáciles de seducir y abrazar la novedad, oían con gusto estos discursos de Uribe, a quien se supone afluente y locuaz, sin que de aquí se pueda inferir (pues no consta ni lo confiesa Uribe) que para estas conversaciones se verificasen juntas con el fin y objeto de tratar directamente de la subversión de aquel reino y de los medios y modo de ponerla en ejecución; para lo que no se advierte por los fiscales proporción alguna en los concurrentes a las conversaciones, por la corta edad de éstos, sus destinos y no ser naturales de Santafé, en cuya capital, además de los magistrados superiores de aquel reino, se halla un número considerable de personas de honor y distinción que tienen acreditada su lealtad y amor a vuestra majestad.

   Que confirma todo lo referido el no resultar de esta causa que por parte de los comprendidos en ella se hubiere puesto en ejecución medio alguno para que se verificasen las ideas sobre que recaían las conversaciones, a excepción de los pasquines a que sólo concurrieron, como lo tienen confesado, dicho Uribe, don José María Durán, don Luis Gómez y don José Arellano, que se delató en 23 de agosto, cuatro días después del en que amanecieron fijados, y de cuyo delito no tuvieron noticia los otros 15 reos, que únicamente fueron procesados sobre la causa de meditada sublevación, de la que efectivamente se colige, atendidas sus circunstancias, que lo más que de ella aparece en su actual estado y en audiencia formal de los reos, es que habían hablado del sistema de gobierno de Francia y manifestado algún deseo de que se extendiesen sus máximas y produjesen el mismo efecto en aquellas provincias, que es lo propio que indica la real orden de 1° de noviembre de que se hace expresión al principio de esta consulta, cuyo concepto, en el de los fiscales, no se adelantaría aun cuando se procediese a la sustanciación de esta causa por todos los trámites de derecho, y tal vez se confundía más y más y causarían mayores perjuicios que los que han sufrido los procesados por ella en sus dilatadas prisiones y remisión a estos reinos, con lo que han purgado suficientemente y satisfecho lo que contra ellos resulta del proceso, atendida su edad, falta de reflexión y experiencia, y no haber resuelto ni deliberado llevar a ejecución sus pensamientos.

   Y que así, hallándose prevenido por vuestra majestad que el consejo le consulte el modo de cortar enteramente la causa atendiendo a sus particulares circunstancias, a la calidad de los reos y a lo que han sufrido, son de parecer los fiscales que teniéndose en consideración el origen, sustanciación y estado de las tres causas, se debe declarar que el virrey y audiencia de Santafé procedieron con celo, justificación y fundamento a la formación de todas ellas, considerando las circunstancias, el sobresalto que debían causar los pasquines y la combinación que suponía la impresión del papel de Los derechos del hombre, habiendo trabajado los ministros comisionados con mucho empeño en sus encargos. Lo que se podrá avisar a la audiencia para su satisfacción, previniéndola dé cuenta con la posible brevedad de las resultas de las dos causas que quedaba sustanciando en plenario sobre pasquines e impresión de dicho papel. Y que por lo respectivo a lo de sublevación se declare cortada y concluida en el estado en que se halla, sin admitir instancia ni recurso alguno, dándose por compurgados los indicios que resultaban sobre ella contra los 15 reos procesados con la prisión y atrasado que han sufrido. Que a todos se ponga en libertad, con expresión de quedar hábiles para que puedan continuar sus estudios y profesión sin nota y como si no se hubiere procedido contra ellos. Que se les devuelvan los bienes que se les hayan embargado, sin costas, restituyéndose a Santafé o pueblos de su naturaleza los que se hallan en estos reinos y tienen legal domicilio en aquél, y no teniéndole, como no lo tiene el médico Rieux, quede al arbitrio de vuestra majestad ocuparle según sea su superior agrado, atendidos los atrasos que ha sufrido y circunstancias que concurren en este sujeto, sin que por esto pueda volver a los dominios de Indias como extranjero que es sin permiso de vuestra majestad, auxiliándosele por equidad para que recaude sus bienes por medio de apoderado, a quien se entreguen íntegramente y sin dilación por los que los tuvieren. Y que convendrá se repita a la audiencia lo prevenido en la real orden que se cita en la de 1° de noviembre del año último.

   El consejo, habiendo examinado y reconocido esta causa con escrupulosidad y meditación que exige su gravedad, se conforma con el dictamen de los fiscales en su mencionada respuesta, menos en cuanto a costas que deben pagar los reos, las procesales, siendo de parecer se omita manifestar a la audiencia de Santafé la aprobación o desaprobación de sus actuaciones en esta delicada y grave causa.

   Madrid, 21 de julio de 1799.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 247-259.

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MEMORIAL DE NARIÑO AL VIRREY MENDINUETA

NARIÑO PROPONE QUE SE ANALICE SU CONDUCTA DURANTE SUS DOS AÑOS Y MEDIO DE CAUTIVERIO, Y SI SE COMPRUEBA SU CONSECUENCIA Y BUENA CONDUCTA CON SUS OFRECIMIENTOS INICIALES, QUE SE LE CUMPLA CON LO QUE SE LE OFRECIO, QUE NO SE LE TENGA SEPULTADO EN SU ENCIERRO, PRIVADO DE LA COMUNICACION DE LAS GENTES E INHABILITADO PARA PODER ATENDER LA SUBSISTENCIA DE SU FAMILIA. Santafé, 6 de febrero de 1800.

Antonio Nariño.

Principal

   Excelentísimo señor:

   No creo que es necesario pintar aquí a vuestra excelencia los sobresaltos, las angustias y congojas de que está cargado mi afligido corazón. Vuestra excelencia es justo, es sensible y debe conocer que mis temores no son infundados. Treinta meses de encierro, sin la menor noticia del éxito que han tenido los buenos oficios de vuestra excelencia; 30 meses de expectación y de silencio; 30 meses de aquel sobresalto continuo que trae consigo la indecisión, son más que suficientes para abatir el ánimo más sereno y menos reflexivo; y si no me viera sostenido por las esperanzas que me infunden la virtud de vuestra excelencia, ya el tiempo hubiera puesto fin a mis trabajos, ya hubiera visto acabarse esta miserable existencia.

   Pero cuando reflexiono que este mismo tiempo es más que bastante para que en la corte se haya determinado y para que hubieran venido duplicadas contestaciones. Cuando reflexiono esto y veo llegar unos y otros correos sin saber la más mínima cosa que sostenga mis esperanzas... Póngase vuestra excelencia en mi lugar, ¿tendré razón para temer? Por más reflexiones que me haga para sostenerme en mi desgracia presente, ¿cuáles haré que no me aflijan de mi suerte futura? ¿Cómo me disuadiré de la que anuncia a mis hijos este silencio? ¿En qué apoyaré mis esperanzas? En una sola cosa, señor, en la virtud de vuestra excelencia, éste es el único asilo, el único apoyo que me queda.

   No crea vuestra excelencia que por esto quiero ahora exigir de su piedad una injusticia o una temeridad. Esto sería contradecir la idea que tengo formada del carácter de vuestra excelencia; su justicia, su integridad son las que imploro. Si no me he portado con sinceridad, si he dado motivo para que se sospeche de mi conducta futura, si he dado el menor paso que contradiga mis sentimientos y, en una palabra, si no he cumplido con lo que prometí a vuestra excelencia, que se me diga en qué he faltado y se me castigue. Mas, digo señor excelentísimo, si mi existencia sola se puede contemplar perjudicial al orden público, estoy pronto a sacrificar mi vida, estoy pronto a morir, no de una muerte infame que jamás tendré la bajeza de desear, sino de cualquier otro género de muerte. Sólo por dos motivos apetezco yo la vida: por hacer ver con una conducta irreprensible a todas luces que no fue mi corazón sino mi desgracia la que me trajo tantos males, y por sustentar con el sudor de mi rostro una mujer y unos hijos que el cielo me destinó por su infelicidad. Este es el círculo de mis deseos; si no es posible el que consiga ninguno de estos objetos, muera yo, señor; la muerte me será dulce y empuñaré con gusto la copa fatal.

   Pero si, por el contrario, me he portado consecuente, si han correspondido mis acciones a mis palabras, si en el dilatado tiempo de dos años y medio no se ha notado el menor indicio de mala fe en mis procedimientos y, finalmente, si he cumplido religiosamente con lo que ofrecí, que se me cumpla con lo que a mí se me ofreció; que no se me tenga sepultado en mi encierro, privado de la comunicación de las gentes e inhabilitado para poder atender a la subsistencia de mi familia.

   Es imposible, señor, que se me pueda mirar bajo otro aspecto que los que dejo presentados a vuestra excelencia; o he cumplido, o no; si no he cumplido, pido justicia contra mí; si he cumplido, pido justicia a mi favor, de uno y otro modo; siempre lo que pido es justicia. De este modo no puedo errar en la súplica que, humildemente y con todo mi respeto, hago a vuestra excelencia, porque yo me dirijo a un jefe justo, íntegro, compasivo, que está palpando mi situación; me dirijo solicitando una de las dos cosas que por fuerza ha de ser una de ellas justa; con que debo necesariamente esperar que de uno u otro modo con su superior determinación ha de poner fin a mis trabajos.

   Aquí tiene vuestra excelencia delante de los ojos mi corazón; yo lo abro a vuestra excelencia como puede un hijo a un padre; ¿porque a quién si no a vuestra excelencia debo dirigirme en mi tribulación? En su seno paternal derramo mis sentimientos, en su virtud fundo mis esperanzas y en su justicia el término de mis males. Si vuestra excelencia no obstante, encontrare con su alta penetración y prudencia algún medio que pueda conciliar mi suerte actual y mis aflicciones con unas esperanzas mejor fundadas, espero que vuestra excelencia tendrá la bondad de conceder siquiera este alivio a mis tormentos.

   Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, y febrero 6 de 1800.

   Excelentísimo señor,

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor virrey, don Pedro Mendinueta1.

   1800, febrero 19.

Reservado. Principal

   19 de octubre de 1800. Unase al expediente.

   Excelentísimo señor:

   Acompaño a vuestra excelencia la representación que me ha dirigido don Antonio Nariño. No tengo qué añadir a lo expuesto anteriormente a su majestad. Su situación actual la pinta con tan vivos colores, que no deja que desear cosa alguna. En su conducta no he notado hasta ahora que se haya separado de lo prometido; en estas circunstancias, no espero más que la resolución de su majestad, que siempre será la más acertada, y de vuestra excelencia que se sirva contribuir a ella cuanto antes lo permitan los gravísimos asuntos de su ministerio.

   Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de febrero de 1800.

   Excelentísimo señor,

Pedro Mendinueta2.

   Excelentísimo señor don Mariano Luis de Urquijo.

   (como dirección dice): Santafé, 19 de febrero de 1800.

   Reservado. Principal. El virrey Mendinueta.

   Incluye copia de una representación de don Antonio Nariño en que pinta su lamentable estado.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II., pp. 299-302.

NOTAS:
1   Es copia, Santafé, 19 de febrero de 1800. Alba.
2   Causas célebres a los precursores. (Cit.), t. II, p. 508.

93
RESUMEN DE LOS PROCESOS CONTRA NARIÑO Y RICAURTE

RESUMEN DE LOS PROCESOS INCOADOS CONTRA ANTONIO NARIÑO Y JOSE ANTONIO RICAURTE Y LOS CATEDRATICOS Y ESTUDIANTES DEL COLEGIO MAYOR DEL ROSARIO EN 1794, DESTINADO AL REY CARLOS IV DE ESPAÑA. 8 de Agosto, 19 de noviembre de 1800.

Marqués de Bajamar.
Jorge Escobedo.

   Miembros del Consejo de Indias: Bajamar, Torre, Escobedo, Manquino, Ayala, Acebedo, Alcedo, Urizar, Riva, Horé, Valenzuela, Requena, Torre, Márquez, Omulryan, Soto, Porcel.

   Señor:

   Con oficio de 25 de noviembre de 1799 remitió al consejo don Mariano Luis de Urquijo el expediente relativo a las causas formadas contra don Antonio Nariño y don José Antonio Ricaurte, por la audiencia de Santafé, a fin de que se enterase de ellas con la mayor brevedad posible, en atención a lo mucho que hace dura este expediente y la incertidumbre en que se hallan los reos, de los cuales el don José Ricaurte ya hace tiempo que fue sentenciado, aunque no ha tenido efecto lo resuelto por vuestra majestad, a causa de un reparo de la audiencia y del virrey; y el don Antonio Nariño está ya acaso en estado de recibir una determinación decisiva; y que había resuelto vuestra majestad le consultase este tribunal la última resolución que le pareciese más justa.

   Publicada en él la anterior real determinación, y teniendo presente la inmediata conexión que tienen las citadas causas con la de intentada sublevación en el reino de Santafé, ya resuelta por vuestra majestad, mandó pasarlo todo a los fiscales.

   De los referidos antecedentes resulta: que habiéndose denunciado al virrey de Santafé, y al regente de aquella audiencia, en los meses de febrero, julio y agosto de 1794, varias especies sobre premeditada sublevación de aquel reino y sobre la impresión clandestina, hecha por don Antonio Nariño, de un papel titulado Los derechos del hombre, y fijados pasquines sediciosos en los sitios públicos de la ciudad, acordó la audiencia, en 26 de agosto, que se formasen tres cuadernos de autos: el 1°, sobre la conspiración denunciada, se cometió al oidor don Juan Hernández de Alba; el 2°, sobre la impresión del papel de Los derechos del hombre, se encargó al oidor don Joaquín Mosquera; y el 3°, sobre pasquines, se cometió a don Joaquín de Inclán, dándoles facultad para que procediesen, según su justificado arbitrio y urgencias que ocurriesen a prisiones, embargos, confiscaciones y otras providencias prontas y oportunas, actuando con testigos de asistencia conforme a las circunstancias de tan reservado negocio, exonerándoles de la asistencia al tribunal y comisiones, para cuya expedición y despacho quedaban el regente y los oidores Messía y Ezterripa.

   Dichos ministros comisionados procedieron a la formación de las tres causas, y con carta de 19 de octubre de 94, remitió la audiencia los dos sumarios sobre pasquines e impresión del mencionado papel; pero en cumplimiento de varias reales órdenes expedidas en el asunto no siguió la actuación, y en 19 de diciembre de 1795, manifestó estaban las dos expresadas causas para fenecerse, y la general sobre intentada sublevación sustanciada en sumario y contestados en confesión los cargos, en cuyo estado se presentaron a la consideración de aquel tribunal urgentísimos motivos para suspender la publicación en plenario en aquella capital, creyendo más conforme remitir a España los reos que graduó de principales para la conclusión aquí de la causa y castigo de ellos, los cuales fueron don Luis de Rieux, de nación francés; don Manuel Froes, también francés, de la isla de Santo Domingo; don José Ayala, teniente de las milicias de Santafé; don Sinforoso Mutis, estudiante en el colegio del Rosario; don Francisco Zea, destinado a la comisión de botánica; don Ignacio Sandino, abogado de aquella real audiencia; don Pedro Pradilla, abogado y catedrático; don Bernardo Cifuentes, casado y de ejercicio comerciante; don José María Cabal, estudiante, y don Enrique Umaña, también estudiante; todos naturales de aquel reino, dando libertad bajo fianza, con permiso para que restituyesen a los pueblos de su naturaleza hasta la resolución de vuestra majestad, a los demás iniciados en dicha causa que lo fueron don Antonio Cortés, don Juan José y don Nicolás Hurtado, don Miguel Valenzuela y don Miguel Gómez, colegiales del Rosario, y aunque tuvo también la audiencia por reos menos principales en esta causa a don Pablo José de Uribe y a don José María Durán, cursantes en leyes, no les dio libertad como a los cinco anteriores, por hallarse comprendidos en la causa de pasquines que se estaba siguiendo.

   Vuestra majestad se dignó resolver se remitiese la enunciada causa de intentada sublevación al consejo, como se ejecutó con real orden de 10 de noviembre de 1798, para que examinándola consultase los medios de cortarla; y después de haber oído a los fiscales, hizo presente a vuestra majestad su dictamen, en consulta de 21 de junio de 1799, reducido a que, atendidas todas las circunstancias de la causa, lo más que de ella parecía en su actual estado y sin audiencia formal de los reos, era que habían hablado del sistema del gobierno de Francia, y manifestado algunos en varias conversaciones deseo de que se extendiesen sus máximas, y produjesen el mismo efecto en aquellas provincias, pero sin haber resuelto, ni deliberado llevar a ejecución sus pensamientos; en cuya consideración a la poca edad, falta de reflexión y experiencia de los más de los iniciados, y a la dilatada prisión que han sufrido, se dignase vuestra majestad declarar cortada y concluida esta causa en el estado en que se hallaba, sin admitir instancia ni recurso alguno, dándose por compurgados los indicios que resultaban sobre ella contra los 15 reos procesados con la prisión y atrasos que habían padecido. Que a todos se pusiesen en libertad, con la expresión de quedar hábiles para que pudiesen continuar sus estudios y profesiones, sin nota, y como si no se hubiera procedido contra ellos. Que se les volviesen los bienes embargados, satisfechas las costas procesales, restituyéndose a Santafé o pueblos de su naturaleza los que se hallaban en estos reinos y tienen legal domicilio en aquél; y mediante a que no le tenía don Luis de Rieux, se sirviese vuestra majestad ocuparle, según fuese de su real agrado, en atención a los atrasos que se le habían seguido, trabajos de la prisión, y las circunstancias que concurrían en su persona, prohibiéndole, por ser extranjero, volver a aquellos dominios sin expresa real licencia, pero auxiliándole para que por medio de apoderado recaudase sus bienes. Y por último que se previniese a la audiencia diese cuenta a la mayor brevedad de las resultas de las dos causas que quedaban sustanciando en plenario sobre pasquines e impresión del papel titulado Los derechos del hombre.

   Cuando se acordó la última prevención a dicho tribunal, ya se hallaban en la escribanía de Estado (según aparece de los documentos que se han pasado al consejo con la real orden de 25 de noviembre próximo pasado) las citadas dos causas remitidas en cartas de 19 de febrero, 19 de septiembre y 25 de diciembre de 95, con las sentencias pronunciadas por el virrey y audiencia, y confirmadas por vuestra majestad en reales órdenes de 26 y 27 de octubre de 1796, y también, con igual fecha, resuelto el incidente de la impresión del papel Los derechos del hombre contra el agente fiscal de la expresada audiencia y abogado defensor de don Antonio Nariño, don José Ricaurte.

   De la causa remitida a este tribunal sobre la referida impresión, resulta sustancialmente que en 20 de agosto de 1794, compareció don Francisco Carrasco, natural de estos reinos, ante el regente, y precedido juramento de decir verdad y guardar secreto, denunció que hacía ocho meses tuvo en su poder un papel impreso, de letra bastardilla, sobre las leyes establecidas por la Asamblea Constitucional de Francia, fundadas sobre los deberes, privilegios e igualdad de los hombres, con una nota posdata, también de letra bastardilla más chica, en aplauso de las ideas de aquellos legisladores. Que este papel se lo prestó para que lo leyese don Juan Nepomuceno Muñoz, lo tuvo en su poder un día, y entre otros sujetos lo enseñó a don José Primo González, en cuya compañía, para cerciorarse de la sospecha en que estaba de que fue trabajado en la imprenta de don Antonio Nariño, pasó a ella, y preguntando al impresor lo negó; pero de resultas de la pregunta, se le pidió el papel al día siguiente por don Miguel Cabal, manifestándole al efecto una carta de Nariño, en que le decía se lo remitiese inmediatamente, de lo que infirió el denunciante que Nariño lo había dado a Cabal, y éste a Muñoz, que se lo prestó. Evacuadas las citas y resultando que habiendo visto Cabal en el estudio de Nariño el papel con el título, según le parecía, de Discurso sobre los derechos naturales del hombre, se lo pidió y no lo leyó, por haber salido al otro día para Zipaquirá, y dejándole entre sus papeles le tomó su compañero Muñoz y se lo dio a Carrasco, de quien se recogió para volverlo a Nariño, como lo hizo, sin que supiese si era propio de éste; haciendo sólo memoria, contenía tres o cuatro hojas en cuarto. Presos Nariño y don Diego Espinosa, impresor, y los oficiales de la imprenta (a éstos se les dio después libertad) se les recibieron declaraciones, y así de éstas como de otras que se tomaron en diferentes sujetos que se citaron, y de las confesiones, cargos y recargos hechos en ellas a los dos primeros, aparece que habiendo prestado a Nariño don Cayetano Ramírez de Arellano, capitán de la guardia del virrey, don José de Ezpeleta, el tomo 3° de la Revolución de Francia, tradujo de él el citado discurso, el cual imprimió sin licencia y con reserva, con ánimo de venderlo con estimación, y hacerlo pasar por remitido de España como cosa singular y rara, no obstante que le pareció no muy corriente, y que no convenía que anduviese en manos de todos; que imprimió en papel desconocido como 100 ejemplares; que vendió uno a Cabal por ocho reales y otro dio a don Luis de Rieux; que a pocos días, noticioso de que por el virrey se recibían ciertas declaraciones sobre asuntos de la Francia, recogió de Cabal el papel, y con los demás impresos los quemó en la huerta de su casa, y habiéndole advertido don Ignacio Tejada, oficial de la escribanía del virreinato, se decía haberse impreso en su imprenta el citado papel que podía ser perjudicial, quemó el único ejemplar que se había reservado, y previno a Rieux hiciese lo mismo con el que tenía, como lo habría hecho, ignorando si se sacó alguna copia de los que dio a Cabal y Rieux.

   En cuanto a los cargos que se le hicieron a Nariño de que en la clandestina impresión no tendría el solo fin de venderlo, sino el designio de esparcirlo para hacer comunes y populares sus ideas hasta conmover las gentes y poner el reino en combustión, dijo que no había tenido tal designio en haber impreso el papel, aunque había incurrido en la imprudencia de hablar con poca cautela de la libertad con motivo de los asuntos de la Francia con los sujetos que citó. En este estado pidió Nariño se suspendiese su confesión, y se le permitiese hablar con el virrey, y conducido a su presencia manifestó, después de algunos preámbulos dirigidos a sincerarse de los delitos que se le imputaban, y que el solo pensar en ellos le causaba horror, le dijo que hacía toda la justicia que se merecía al oidor Mosquera, pero que estaba tan preocupado de que sus fines e ideas habían sido dirigidas a conmover una sublevación, que esta misma preocupación, juntamente con su rectitud, le hacían seguir el expediente con una escrupulosidad y criminalidad que le causaban horror, y temía que le había de sacar reo de delitos que no había cometido y complicar a sujetos del todo inocentes, porque en el proceso aparecía la más mínima cosa con un aspecto de gravedad que le daba miedo; que como hacía tantos días estaba sin comunicación, no sabía si tenía derecho o estaba la cosa en estado de poderlo recusar, y que así lo que únicamente le pedía era que se le nombrase otro ministro que continuase la causa.

   En el siguiente día, que fue el 14 de septiembre de 1794, dio aviso el virrey a la audiencia de lo expuesto, para que constase en los autos, y habiendo pasado el oidor Mosquera a la cárcel en el mismo día, con los testigos de la actuación, le llamó Nariño y le manifestó que le vivía agradecido, pero que no llevase a mal el que quería recusarlo, porque no estaba en su mano el dejar de hacerlo; y habiéndole dicho el juez que no tuviese reparo en exponer cuanto le pudiese conducir, dijo que aunque sabía que la recusación debía hacerse por escrito, no pudiéndolo hacer en el día, por ser domingo, desde luego lo recusaba en debida forma; pero dado parte al regente, y juntos en su casa los ministros de la audiencia en el mismo día, previo el permiso del virrey, con presencia del oficio de éste y del proceso, graduaron de frívola y maliciosa la recusación, dirigida sólo al fin de entorpecer el pronto curso de una causa de esta gravedad, y se acordó continuarse el comisionado la confesión. Hecho saber a Nariño el acuerdo de la audiencia se continuó la confesión en el propio día, domingo, en que expresó: no podía señalar lugar determinado, ni manifestar en particular lo que hubiese hablado de la libertad, por haber sido conversaciones que se habían tenido según las ocurrencias; y habiéndole puesto presente el libro entregado por el capitán Ramírez, dijo ser el mismo de que había traducido el papel que imprimió. En el escrutinio que se hizo de los papeles de Nariño fue uno del tenor siguiente: "Me ocurre el pensamiento de establecer en esta ciudad una suscripción de literatos, a ejemplo de los que hay en algunos casinos de Venecia: ésta se reduce a que los suscriptores se juntan en una pieza cómoda, y sacados los gastos de luces, etc., lo restante se emplea en pedir un ejemplar de los mejores diarios, gacetas extranjeras, los diarios enciclopédicos, y demás papeles de esta naturaleza, según la cantidad de la suscripción; a determinadas horas se juntan, se leen los papeles, se critica, y se conversa sobre aquellos asuntos; de modo que se pueden pasar un par de horas divertidas y con utilidad: pueden entrar don José María Lozano, don José Antonio Ricaurte, don Francisco Zea, don Francisco Tobar, don Joaquín Camacho, el doctor Iriarte".

   Preguntado Nariño con qué formalidades pensaba establecer la suscripción, y si los sujetos que en el papel nombraba estaban hablados para ella, y habían prestado su consentimiento, dijo: que este papel lo puso un día con el motivo de leer, no se acordaba si los viajes de Pons o las cartas del abate Andrés; que habiendo sido sólo una especie de apunte para recomendarlo a la memoria, no pensó en las formalidades de que deberían usar, y que de los sujetos que en ella nombraba sólo se acordaba haberle tocado esta especie por una conversación rodada a don José Luis Azula.

   También se encontró entre sus papeles un diseño para formar la pieza de un estudio con varias inscripciones a la libertad, razón, filosofía y otras, de las cuales la más notable es la siguiente: Quitó al cielo el rayo de las manos, y el cetro a los tiranos; y por cima: el dios, no Platón y Franklin; y una cadena en el pedestal. Preguntado Nariño sobre este diseño e inscripciones, dijo: que todo era de su puño y letra; que el diseño era un borrador que formó para por él disponer la pieza de su estudio, hacía ya siete u ocho meses; que las inscripciones que se hallaban puestas a la filosofía, a la razón y a Minerva eran producción suya, y las demás, de los autores que citó. Los testigos de actuación con reconocimiento de la casa y estudio de Nariño certificaron que la pieza más interior se hallaba formada, al parecer, por el mismo diseño agregado a los autos; que en lo tocante a arquitectura, se hallaba perfectamente acabada, y por lo que miraba a adorno, se hallaban ya varias pinturas puestas en los plafones; faltaba continuar otras que estaban principiadas, y llenar los demás blancos, poner las inscripciones, etc.

   Y preguntado Nariño en su confesión, cómo pensaba poner en su estudio al pie del retrato de Franklin la inscripción que decía: ¿Quitó al cielo el rayo de las manos, y el cetro a los tiranos, siendo en sí tan escandalosa en su segunda parte, como ofensiva a todos los monarcas legítimos y consiguientemente a vuestra majestad?, dijo: que el motivo fue haberle llamado la atención la primera parte de la inscripción que aludía a la electricidad de las nubes, a que era pública su afición, y que no tuvo embarazo en que se pusiese la segunda parte, por haber sabido se puso en Francia públicamente y sin oposición del gobierno real, sin que jamás hubiese pensado el confesante que se le pudiera censurar ese hecho como ofensivo a vuestra majestad, a quien tenía por el rey más piadoso y justo; y reconvenido como decía haber sido aquellos los motivos que tuvo cuando en un capítulo de declaración de don Gabriel José Manzano en la causa de intentada sublevación que en aquella fecha se había mandado agregar a los autos, contaba que hallándose un día el confesante en la tienda de Manzano, con motivo de comprarle cierto género, le había expresado éste, en punto a la calidad, que se le podía poner el rey, a que había contestado Nariño: quítese vuesamerced de eso de reyes, diciéndoselo como con desprecio, lo que había disonado en extremo a Manzano, y le hacía creer, unido con la determinación de poner en su estudio la inscripción de Franklin, y la que así mismo se hallaba en el diseño, puesta a la estatua de la Libertad, y decía: Aquél es verdaderamente libre, que no necesita poner los brazos de otro al fin de los suyos para hacer su voluntad. 77, Rousseau: Que el confesante adoptaba y sostenía sentimientos y principios opuestos a la legítima autoridad de los monarcas, y consiguientemente a la de vuestra majestad. Contestó que era falsa y calumniosa la deposición en que el cargo se fundaba, de que no conservaba la más remota especie; que en orden a la inscripción de Franklin se remitía a lo dicho, y por lo que miraba a la de la Libertad, la de que hablaba la inscripción, era la de un hombre en particular, y no a la libertad del gobierno.

   Otro de los papeles que se le encontraron fue un triunfo u obelisco dibujado en la cara de un pliego de papel de marquilla, en cuya base se dice: libertas nullo venditur auro. Este papel, dijo Nariño, que le había dibujado él mismo, copiando otro obelisco que se hallaba en una estampa de la pieza de afuera, de su estudio, y que la inscripción de la Libertad que se hallaba en él era también puesta por el declarante, con el motivo de que estándola dibujando una tarde por diversión, entró don José María Prieto, y preguntándole qué inscripción le pondría, le contestó que pusiera libertas nullo venditur auro, como lo hizo, haría año y medio a su parecer. Y examinado Prieto por la cita, manifestándole el obelisco, dijo que lo había visto, aunque no se acordaba dónde ni tampoco de la pregunta que decía Nariño haberle hecho, ni de la respuesta que expresaba de que pusiera la inscripción referida; pero aunque Nariño se ratificó en esta declaración, no se le hizo cargo en su confesión sobre este punto, ni sobre otros papeles hallados en su estudio.

   Agregada a los autos una instrucción formada por el oidor don Juan Hernández de Alba, de lo que resultaba contra el mismo Nariño en la sumaria sobre intentada sublevación, se le reconvino por los dichos de algunos testigos y reos para argüirle de cómplice en ella; pero negó los cargos que sobre esto se le hicieron, expresando ser falso lo que se decía. Aunque al principio estuvo negativo el impresor don Diego Espinosa, por no perjudicar a Nariño, de quien dependía, declaró después, voluntariamente, haberse ejecutado la impresión en un domingo por la mañana, desde las ocho hasta las 12 menos cuatro; que se tirarían como 80 ejemplares, de los cuales se llevó Nariño dos o tres en el propio día; que al fin de la obra se elogiaba ésta; y que cuando se empezó a hablar del asunto en el público lo avisó Espinosa a Nariño, y éste le contestó: vuesamerced guarde el secreto de la imprenta, que eso nada importa, yo respondo.

   En 17 de noviembre se presentó Nariño a la audiencia, que estando 89 días arrestado, y evacuada su confesión hacía 63, no se le había concedido alivio alguno, y se habían aumentado sus achaques habituales, y pidió que evacuada la acusación fiscal se pusiese el expediente en estado de darle audiencia, sin embargo de tener entendido haberse dado cuenta a vuestra majestad, pues se había requerido a sus apoderados por el costo de los testimonios. Mandado agregar este escrito al expediente para los efectos que hubiere lugar, pidió Nariño testimonio para ocurrir a vuestra majestad y se decretó sin lugar en el día 20. Lo mismo se acordó en 23 de diciembre a otro escrito en que pidió fuese remitida su persona con el expediente a vuestra majestad, allanándose a afianzar la seguridad de su presentación. Por otro escrito de 4 de mayo de 95 discurrió sobre los cargos que se le habían hecho, diciendo acerca del primero, de la impresión sin licencia del papel titulado Los derechos del hombre, que desde el año de 1791 puso su imprenta pública, ni para esto ni para la impresión de los papeles periódicos que salían a vista del gobierno había habido licencia, sucediendo lo propio en todos los demás papeles que se habían impreso, y sólo una traducción intitulada Historia de la historia natural se hizo con licencia del gobierno; infiriendo de aquí [que] en el imprimir sin ella el citado papel, no hubo delito. Que tampoco lo hubo por la naturaleza del papel, que sólo contenía unos principios de derecho natural, o los derechos del hombre en su estado primitivo, publicados en una nación extranjera, como los puntos cardinales de donde debía dimanar toda su legislación, conforme a sus actuales circunstancias; y su publicación en otra nación era sólo una noticia historial que no podía perjudicar a la forma de gobierno establecida; mas ni aun esta noticia historial se llegó a publicar por su papel, resultando de los autos y de las exquisitas diligencias que se habían hecho por todo el reino, que sólo le vieron poquísimos sujetos en aquella ciudad, y no se había encontrado un ejemplar. Que tampoco hubo delito en la intención con que lo imprimió, porque si hubiese sido aquella la de seducir, hubiera esparcido el papel bajo cubiertas sin nombre, o de otro modo, y no le hubiera recogido y quemado hasta el original, a sólo la amigable advertencia de don Ignacio Tejada, con cuyo hecho, aun cuando el papel fuera infinitamente seductor, quedaba su intención libre de toda sospecha, dando al mismo tiempo una prueba nada equívoca de su respeto, amor y fidelidad a vuestra majestad, y que con leer el mismo papel se acredita que apenas lo entendían las personas de luces, y si fuera seductor no se había de dirigir a éstas.

   Fue después, tratando de los cargos siguientes que se le habían hecho sobre las inscripciones a la estatua de Franklin y de la Libertad, y acerca de lo que en la causa sobre intentada sublevación resultaba contra él por las declaraciones de varios sujetos, pintando la conducta de éstos y la suya, y de sus ascendientes, entre los que su bisabuelo fue pacificador en algunos pueblos en el corregimiento de Tunja; su abuelo fue fiscal de aquella real audiencia; su padre oficial real y contador mayor del tribunal de cuentas, y él, a los 23 años, fue alcalde ordinario de aquella capital, en cuyo destino recibió a dos virreyes, y concurrió a celebrar la exaltación al trono de vuestra majestad, habiendo desempeñado otras comisiones en servicio del Estado y del público con eficacia y aceptación por lo que, y su arreglada conducta, había merecido en todo el pueblo una general aceptación; y concluye pidiendo que cuando no fuese posible accederse a su solicitud, atendido el mérito de la causa, se le concediera el que siguiese ésta con actividad. Decretado no haber lugar, volvió a instar, en 16 del mismo mes de mayo, sobre su excarcelación bajo fianza de seguridad de su persona y de juzgado, y sentenciado; alegando para ello la necesidad de su asistencia personal al manejo de sus negocios y cuidado de sus bienes para cubrir el alcance que después de su prisión le había resultado como tesorero de diezmos de aquel arzobispado, y que sus bienes no experimentasen mayores quebrantos que los sufridos hasta el día, pero también se decretó no haber lugar; y lo mismo en 6 de junio a otro escrito en que pidió se asegurase la persona de don Francisco Carrasco, uno de los denunciantes, que estaba próximo a hacer viaje con el objeto de libertarse de las resultas de su falsa delación. Con copia del escrito de 16 de mayo y del anterior ocurrió Nariño a vuestra majestad en 19 del mismo mes, suplicando se le permitiese pasar a esta corte, donde pudiese, sin temor de nuevas persecuciones, hablar y poner en claro lo injusto del procedimiento contra su persona; y antes había representado su apoderado, con fecha 23 de abril, para que inhibiéndose al actual comisionado Mosquera se nombrase persona imparcial que conociese de la causa hasta ponerla en estado, en cuyo caso se le permitiese venir, dándole entretanto libertad, bajo fianza, pero no se tomó providencia.

   A instancia del oidor Mosquera expidió el virrey una circular a los gobernadores y jefes de aquel virreinato y provincias inmediatas para que averiguasen si se había esparcido el citado papel Los derechos del hombre, le recogiesen y remitiesen, y las contestaciones de todos fueron reducidas a asegurar no se tenía noticias en sus distritos de semejante papel, y que en ellos reinaba la mayor tranquilidad y obediencia a vuestra majestad y al gobierno. Sin resultar de los testimonios de autos otra acusación, pusieron los fiscales Berrío y Blaya su acusación, en 2 de julio de dicho año de 95, poniendo a Nariño por culpa y cargos los que del sumario y su confesión resultaban, y del mismo modo a don Diego Espinosa, cómplice con Nariño en haber impreso aquel papel sedicioso, haciendo el más delincuente uso de la imprenta, y pidieron se impusiese a uno y a otro las graves y correspondientes penas en que por las leyes y reales disposiciones habían incurrido. Para ello expusieron que en principal delito de la impresión se hallaban ambos confesos y convictos, sin excepción que les indemnizase ni minorase la naturaleza de un exceso tan punible ni la malicia con que lo cometieron, pues no pudo sólo haber motivado a Nariño a la expresada clandestina impresión el interés de ganar ciento o doscientos pesos, porque tenía a su disposición muchos miles como tesorero de diezmos. Que el cuerpo del delito, que era el citado papel, no corría agregado a los autos, pero de él y su contenido daba bastante idea en su declaración don Francisco Carrasco que lo leyó y tuvo en su poder, y decía que contenía un capítulo que trataba o enseñaba que era lícito a un hombre hacer todo aquello en que no había perjuicio de tercero; que era lícito, en punto de religión, pensar libremente y manifestar sus pensamientos, y que en esto consistía la libertad; que en orden al poder de los reyes sentaba, que dimanando su autoridad de los pueblos podían éstos ponerlos y quitarlos, y que su poder era tiránico, que era a lo que venía a estar reducido el papel. Que bastaría meditar un poco sobre semejantes expresiones o cláusulas para conocer lo atroz del delito de que se trataba: ellas eran contrarias a la misma fingida libertad; eran subversivas de todo el orden político; destruían la unión de los hombres, aspirando a una anarquía, sustraían a los vasallos a la justa obediencia al soberano; negaban a éste su legítima autoridad y derechos; atentaban directamente contra la misma soberanía de los monarcas, y eran anticatólicas. De esta censura pasan a discurrir sobre lo perjudicial del libro y de la gravedad del delito de Nariño y de Espinosa, que lo imprimieron clandestinamente; confesando éste, que desde luego comprendió que no era en sí corriente, que las especies que contenía eran las mismas que adoptaba la nación francesa, y Nariño, que formó el concepto de que por su naturaleza era perjudicial y no convenía que anduviese en manos de todos. Que era notable la circunstancia del tiempo en que se imprimió el papel, cuando amenazada la Europa entera con seducciones, calamidades, escenas de sangre y carnicería parecía el más propio para asaltar los incautos; cuando hallándonos sitiados por todas partes de peligros, se ocupaba vuestra majestad en salvar a sus vasallos de la más inaudita barbarie y de todos los horrores de la incredulidad.

   Después de haber tratado del primero y principal cargo de la impresión, dijeron los fiscales resultaban otros diversos, sobre que se le amplió su confesión a Nariño, y cerca de los cuales, de detenerse por extenso en cada uno, sería ser demasiado difusa la respuesta; pero que entre ellos los había de tal naturaleza, que los fiscales, con la buena fe que debía ser propia e inseparable de sus delicados ministerios, como debía serlo también la justicia y firmeza en perseguir los delitos, dudaban con fundamento si alguno o algunos por sí solo y separado del cuerpo de la causa, podría producir la sustanciación de un juicio o proceso criminal, aunque desde luego formaban el concepto de que unidos todos y hallados en una persona cómplice principal, confeso y convicto del cargo de la impresión clandestina, daban de sí alguna margen para no graduar enteramente de infundadas las sospechas que arguyeron, y concluyeron con que las particulares circunstancias de este asunto obligaban a que determinando la audiencia la causa, diese cuenta a vuestra majestad para su soberana resolución. Se mandó que Nariño eligiese abogado y procurador, y nombró al doctor don José Antonio Ricaurte y a Manuel Guarín, quienes juraron guardar secreto, aunque hicieron presente que la causa era pública, para que no les parase perjuicio.

   Por escrito del día 6 de julio, se expuso por Nariño, con la firma de su abogado, que en los autos no aparecía el papel que debía hacer el cuerpo del delito por no haberse encontrado un ejemplar, y rondando principalmente la acusación sobre la naturaleza de dicho papel, para responder y alegar; pidió que supuesto no se había aquél encontrado, se mandase que bajo la misma reserva con que se habían entregado los autos, se entregase el libro que se le hizo reconocer, de donde dimanó dicho papel y constaba de autos, o que sacándose copia legalizada al pie de la letra, de los capítulos contenidos en el papel, se lo entregasen para el efecto expresado. Mas se decretó no haber lugar, y que en caso que su abogado quisiese imponerse del tenor de dichos capítulos para instruir la defensa, ocurriese a la posada del ministro comisionado, que se los manifestaría. Por otro escrito del día 9 expuso: que este proceso, su confesión y acusación de los fiscales, estaban conexos con la causa principal de intentada sublevación en que se había inquirido sobre su conducta, y de que no había en estos autos sino una breve relación firmada del oidor comisionado Alba, y como ésta no expresase lo que pudiese hacer a favor de Nariño, pidió que con la reserva y sigilo correspondientes se entregasen a su procurador, protestando no hacer en dicha causa otro uso que el de su defensa, pero también se decretó no haber lugar.

   En el día 18, le acusaron los fiscales la rebeldía, y habiendo pedido Nariño 30 días más de término, se le concedieron 6 en el día 20. El escrito de contestación firmado por Nariño, el abogado y procurador, es reducido a hacerse cargo de la acusación de los fiscales: refiere la buena conducta que había observado conforme a su crianza e instrucción, sin haber dado motivo a la menor nota acerca de ella, y de su amor y fidelidad a vuestra majestad; expresa la grave indisposición que padecía cuando se le tomó la confesión, por lo que fue preciso suspenderla dos días, y que aunque dijo en ella que tuvo el papel que trabajó por perjudicial antes de imprimirlo, no fue así, sino que le creyó corriente respecto a que las máximas que contenía estaban manifestadas y esparcidas en diferentes obras que no estaban prohibidas, y que al haberlo tenido por pernicioso, no lo hubiera impreso, cuando a la advertencia de Tejada lo quemó; cita varios pasajes de autores médicos sobre la influencia que tienen las enfermedades corporales con el espíritu, deduciendo la nulidad de declaraciones, y otros actos judiciales en el caso en que se hallaba; hace una pintura muy expresiva de la desarreglada conducta de Carrasco y su ninguna instrucción y retentiva para poder expresar, como expresó, lo que contenía el papel, cuando el doctor don Fustino Flórez, que le leyó, sujeto de mucha instrucción, aseguraba en su declaración no era posible recomendar a la memoria sus particulares cláusulas, pues al tiempo de leerlo era menester mucha atención para penetrar su espíritu. Protesta que cuanto dijere y alegare es sólo con ánimo de defenderse, y sin agraviar a nadie, sujetando a la censura del santo tribunal de inquisición cualquier expresión o concepto que en esta parte de su defensa se pudiere notar. Esta la dividió en los cuatro puntos siguientes: Primero: Aunque el papel fuera sumamente malo, la forma en que está concebido y su título, me eximen de delito. Segundo: Estando publicados los mismos principios de este papel en los libros corrientes en la nación, no se le puede juzgar por pernicioso. Tercero: Comparado con los papeles públicos de la nación y con los libros que corren permitidos, no debe ser su publicación un delito. Y cuarto: El papel sólo se puede mirar como perjudicial, en cuanto se le dé su verdadero sentido, pero examinado a la luz de la sana razón, no merece los epítetos que le da el ministerio fiscal.

   Sobre el primer punto dice, que todo hombre que sea capaz de leer el papel de que se trata, sabe que la Asamblea Nacional de Francia no tiene derecho ni facultad de imponer preceptos a los demás reinos; y, por consiguiente, cualquiera que le leyese, suponiendo lleno de errores, no veía en él otra cosa que los errores que aquella Asamblea había preceptuado a la nación francesa, así como cuando se lee el diccionario de las herejías, no se ve en él otra cosa que los errores que en distintos tiempos y naciones han abortado los hombres en punto de religión, sin que por eso dejemos de ser los mismos católicos que antes. Para sacar la consecuencia del punto segundo, y sin embargo de no tener a la vista el contenido del papel, refiere varios retazos del periódico de Madrid, titulado Espíritu de los mejores diarios, y de otros autores, y principalmente la disertación sobre los medios de promover mayor número de matrimonios hecha por don Manuel Mariano de Blaya y Blaya, fiscal de lo criminal en la actualidad, de aquella real audiencia de Santafé, inserta en dicho periódico, número 140, página 243, en los que dice se hallan estampadas máximas más seductivas que en el expresado papel; con la diferencia de que en éste se hallan los mismos principios aislados, áridos y sin ninguna recomendación; y en los libros que cita y corren libremente, están esparcidos en bellos discursos donde se han derramado las gracias y el hechizo de una elocuencia encantadora. Acerca del tercer punto dice, que se haga un cotejo del papel con los rasgos de los escritores nacionales y extranjeros que copia, y corren impunemente, y se verá que nada contiene que no esté ya publicado en esta corte, con otros muchos peores; que si en vista de estos ejemplares, será un delito la publicación de Los derechos del hombre, y si por haberlo querido sólo publicar habría merecido la dilatada prisión de once meses, y los infinitos daños que había sufrido y estaba sufriendo en sus intereses, en su fama, en su salud y en su honor, cuando los autores y redactores de semejantes escritos se hallaban libres de tantas calamidades como le afligían, y quizá con aceptación y fortuna por haberlos publicado. En cuanto al cuarto punto, para deducir la proposición expresa, no sabe cómo aquellos fiscales pudieron juzgar el papel anticatólico, subversivo del orden político y opuesto a la obediencia debida a los soberanos, a no ser que contrajeran este concepto al supuesto de que el papel contenga las expresiones que Carrasco le atribuyó maliciosa y descaradamente, pues no conteniendo, como no contenía, semejantes disparates, sólo debieron haber visto en él unos principios de derecho natural primitivo, y otros principios de derecho natural modificativo por el derecho positivo.

   Supone por un momento que la sola lectura del papel fuera bastante para que se siguieran sus principios; aun en este caso, dijo, que si se le diera una sana inteligencia, no sería perjudicial, porque en nada se opone a nuestras leyes; el papel asienta (prosigue) un principio de derecho natural primitivo, y luego lo modifica contrayéndolo a las determinaciones de las leyes, que es decir en general, al derecho positivo, y en particular al derecho civil de la nación, siendo lo mismo que decir que el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que le determinan las leyes, que todo hombre puede hacer tal y tal cosa, si no se opone a las leyes, cuya modificación de los principios naturales son nuestras leyes, como todo derecho positivo; prosigue extendiéndose en reflexiones sobre lo insinuado, y hace otras relativas a la más sana inteligencia que debía darse a los capítulos del papel, enteramente opuestas a la que le dieron los fiscales.

   Después intenta persuadir que en imprimir dicho papel sin licencia no cometió delito, pues por aquel superior gobierno le estaba permitido no sacarla por la confianza que le merecía; que sólo le tradujo e imprimió reservadamente para aprovecharse del mayor interés que le reportaría, suponiéndole raro y remitido de fuera de aquellos dominios; que no tuvo otra intención, se prueba con que apenas se le hace una leve insinuación de que puede ser perjudicial en las críticas circunstancias del tiempo, cuando, posponiendo todo interés, recogió el único ejemplar vendido, y con todos los demás y el original los quemó: acreditándose en este heroico hecho los buenos sentimientos que siempre le asistieron de amor a vuestra majestad, a aquel superior gobierno, real audiencia y a la patria, acerca de lo cual y demás cargos que intentaban formarle los fiscales sobre sus sospechosas y siniestras intenciones para esparcir las máximas de dicho papel, se extiende con el fin de vindicarse y rebatir la acusación fiscal; y refiriendo sus méritos, concluyó pidiendo se le absolviese de todo, dándole libertad, entregándole sus bienes embargados para volver al seno de su familia, y continuar con ardor en dar nuevas pruebas de su afecto y adhesión a un gobierno que de nada cuida tanto como del honor y la seguridad de los vasallos.

   Presentado este escrito a la audiencia, proveyó auto en 23 de julio de 95, mandado recoger, como se ejecutó, el borrador y las copias que se hubiesen sacado, sobre cuyo particular se recibiese información a don Antonio Nariño y a su abogado don José Antonio Ricaurte, agente fiscal de lo civil de aquel tribunal, a quien se remitiese a uno de los castillos de Cartagena, a disposición de aquel gobernador, hasta la resolución de vuestra majestad, a quien se daría cuenta con testimonio. Preso Ricaurte, a las siete de la noche del 2 de agosto, se le remitió, a la una y media de la propia noche, a la plaza de Cartagena. En 4 de dicho mes se presentó a la audiencia don José Montero y Paz, yerno de Ricaurte, manifestando se había conducido a éste a dicha plaza con ocho soldados, sin aviso ni auxilio alguno; y haciendo presentes sus servicios, edad, nacimiento y crecida familia, pidió se le franquease testimonio de su prisión para implorar la benignidad de vuestra majestad en cualesquiera delitos que hubiese cometido; a lo que se decretó no haber lugar. La audiencia, con carta de 19 de septiembre siguiente, remitió testimonio de la citada defensa, e informó las razones que tuvo para su procedimiento, pues se reconocería que en aquélla se hallan execrables errores, impías opiniones, perversas máximas, sistemas inicuos, atroces injurias a los delatores y testigos, y reprensibles desacatos a aquellos ministros, cuya doctrina de semejante escrito, aun más perjudicial que la del papel Los derechos del hombre, es un veneno capaz de ofender gravemente la pública tranquilidad, y solicitó la aprobación de vuestra majestad. Con igual fecha dirigió el virrey una representación del fiscal Blaya, sincerándose de la mala inteligencia que Ricaurte dio a su disertación, y quejándose por ello, solicitó que se le mandase dar satisfacción, añadiendo el virrey, que por no tener presente dicha disertación, no podía informar de su contenido; pero manifestó que el expresado fiscal, en el despacho de su ministerio, y desde su llegada a aquella capital, se había conducido con la mayor aplicación, celo e integridad.

   Volviendo al curso de la causa, respondió Espinosa al traslado, en 5 del referido mes de agosto, diciendo era del todo inculpable en la impresión del papel, porque procedió por mandado de Nariño, dueño de la imprenta, de quien dependía, y no era más que un súbdito asalariado, porque desde que se estableció la imprenta corría Nariño con todas las impresiones que se hacían, sin que Espinosa tuviese sino un concurso material, porque a él no le tocaba solicitar, ni inquirir las licencias, ni examinar la naturaleza de las obras, pues él no era verdadero impresor, ni había impetrado licencia para establecer la prensa, y, por lo mismo, no estampaba su nombre al pie de las obras; que aunque hubiese sospechado que el papel contenía algo malo, la superioridad de luces de Nariño disipó la duda que concibió en el particular; a que se agregaba la buena opinión de este sujeto, su crédito y aceptación para con los superiores, con el imperio que tenía sobre él; y que Espinosa era un hombre falto de discernimiento, que no tenía otra habilidad que la de coordinar los caracteres; por lo cual las leyes que hablan sobre impresores no eran aplicables a Espinosa; y la prisión de casi un año que sufría era una pena más que suficiente de un hecho en que no hubo malicia, pues si la impresión se hizo en domingo, fue para poder seguir el lunes imprimiendo en más de 500 pliegos que estaban mojados y podían perderse; y si se hizo a puerta cerrada no fue de propósito, sino porque era de golpe y se cerró por dentro, concluyendo con la súplica de que se le absolviese, mandándole poner en libertad.

   Por la prisión de Ricaurte nombró Nariño a seis abogados, que sucesivamente se excusaron a defenderle, y hecho presente a la audiencia, en 8 de dicho mes de agosto, mandó que sin excusa le defendiese el doctor Ignacio de Sanmiguel, y habiendo pedido el procurador del propio Nariño se le excusase, no se accedió a ello y se le multó en cuatro pesos. Recibida la causa a prueba, se hizo por los fiscales, ratificándose los testigos de la sumaria sin variación sustancial. Espinosa probó su buena conducta y Nariño le acreditó con los sujetos más visibles de Santafé y un informe del cabildo secular de aquella capital. Y sin resultar otra diligencia, aparece pronunciada la sentencia por los ministros de la real audiencia, en 28 de noviembre de 1795, en la cual dijeron: que aunque por el sumo rigor de las leyes podía imponerse la pena ordinaria de último suplicio a don Antonio Nariño, sin embargo, habida consideración a las actuales circunstancias y a la piedad de vuestra majestad cuando no se arriesga la tranquilidad pública y se consigue el justo escarmiento de los demás, y con reflexión también a que estaba pendiente de la soberana voluntad de vuestra majestad el curso de la pesquisa general sobre meditada sublevación, que comprendía a Nariño, pesado todo con la debida madurez, condenaron al citado Nariño a diez años de presidio, en uno de los de Africa, en el que vuestra majestad eligiese, a extrañamiento perpetuo de los dominios de América y confiscación de todos sus bienes y utensilios de su imprenta para la real cámara, y a que fuesen quemados por el verdugo en la plaza mayor de aquella ciudad, el libro de donde se copió el de Los derechos del hombre, con el alegato, contestación a la acusación fiscal y todas sus copias. Y a Espinosa por tres años a las fábricas de Cartagena, a destierro perpetuo de Santafé e inhabilitación para el ejercicio de impresor. Y por último, acordaron consultar esta sentencia con vuestra majestad, remitiendo a Nariño a estos reinos, bajo partida de registro, y a Espinosa al destino de su condenación. Con carta de 19 de diciembre y varios testimonios dio cuenta la audiencia de todo a vuestra majestad para su soberana resolución, expresando que entretanto le había parecido remover los reos de los arrestos de aquella capital, y consignar en Cartagena a Espinosa, enviando a Nariño a España, en partida de registro, por la relación de sus cargos con los que se deducían de los otros reos remitidos, respectivos, a la causa de intentada sublevación.

   Durante la de la impresión clandestina del papel Los derechos del hombre, fueron repetidos los recursos que hicieron a vuestra majestad Nariño y su mujer, procurando aquél disminuir su delito, solicitando venir a la corte a defenderse y atribuyendo a los ministros de la audiencia odio y mala voluntad e implorando ambos la clemencia de vuestra majestad. Cuando el buque en que venía Nariño, bajo partida de registro, arribó a La Habana, envió una representación, de 14 de enero de 96, manifestando que, aunque en Cartagena supo la sentencia de su causa, y tenía proporción de fugarse por estar libre en dicha ciudad de La Habana, como resulta del testimonio que acompañó, sin embargo continuaría el viaje a estos reinos, confiado en que se le oiría, permitiéndole estar en libertad. Formado extracto por la escribanía de Estado, se notó que luego que llegó a Cádiz, Nariño, dio aviso de su llegada al presidente, juez de arribadas, pero que a muy pocos días le dio también de que se había fugado del buque en que venía, con cuyo motivo se comunicó orden al gobernador del consejo para que dispusiera la prisión de Nariño, que sin duda se habría dirigido a esta corte, a la cual ni aun había contestado el recibo, mandándose al mismo tiempo a dicho presidente de Cádiz informarse cómo había sido la fuga y contestó no haber sabido ni averiguado más que el haber desaparecido del buque en que venía, pero nadie daba razón del modo como lo ejecutó. Dada cuenta a vuestra majestad, se sirvió aprobar, en 22 de septiembre de 96, la sentencia de presidio a los dos, destinando el del Peñón para Nariño; que se renovase la orden al gobernador del consejo para su busca, y que se procediese contra el comandante del buque en que venía. El abogado Ricaurte representó desde su arresto, por medio de apoderado, que cuando se encargó de la defensa de Nariño había protestado no ser su intención que corriesen proposiciones contrarias a la religión y a la majestad, y que sin embargo, sin haberle oído se le condujo con precipitación a Cartagena; y concluyó, después de varias reflexiones, con la súplica de que se le pusiese en libertad; que se le desembargasen y entregasen sus bienes; que se le restituyese al empleo de agente fiscal de lo civil, y que se le concediese licencia para pasar a estos reinos, entregándosele todo lo remitido por la audiencia para poder entablar su defensa. Y enterado vuestra majestad de este incidente de Ricaurte, se dignó mandar con la propia fecha de 22 de septiembre, se le expulsase perpetuamente de sus dominios en España e Indias, confiscándole sus bienes con aplicación a su real cámara, y que ésta sería la satisfacción que podía apetecer el fiscal. Y, finalmente, en cumplimiento de ambas reales determinaciones , se expidieron las correspondientes reales órdenes al virrey y audiencia de Santafé, en 26 y 27 de octubre del propio año.

   De la orden comunicada al gobernador del consejo, ni de la que se acordó sobre formación de causa al comandante del buque no aparecen resultas, pero sí las contestaciones de la audiencia y del virrey, acusando el recibo de las reales órdenes en cartas de 19 de julio y 19 de septiembre de 97, recomendando el virrey el mérito del fiscal Blaya.

   Con la propia fecha de 19 de julio de 97 dieron cuenta por la escribanía de Estado, en sus respectivas contestaciones el virrey y la audiencia, de haberse restituido a aquel reino, y aun a su capital el don Antonio Nariño, y que había sospechas vehementes de que también se hallaba en aquel país don Pedro Fermín de Vargas, corregidor que fue de Zipaquirá, manifestando así el virrey como la audiencia el peligro inminente que por las intrigas y maquinaciones de ambos sujetos amenazaba la quietud y seguridad de aquellos dominios, con cuyo motivo se habían tomado las correspondientes providencias gubernativas y militares que se expresan en las mismas cartas y documentos, en los que añaden el riesgo en que dicen se hallaba la quietud y seguridad pública del reino, y la necesidad de que se remitan pronto auxilios de tropa.

   En otra carta de la misma fecha que las antecedentes dio cuenta el virrey de que puestos los oficios del real acuerdo consiguientes a las noticias reservadas que había comunicado el arzobispo, y a consecuencia del seguro que por medio de aquel prelado se le había ofrecido a Nariño, se le presentó éste personalmente, ofreciendo descubrir asuntos importantes al Estado, y que habiéndolo puesto en arresto seguro comunicaba el virrey esta noticia, por no dar lugar el tiempo a más.

   Posteriormente, en cartas de 19 de agosto, dio cuenta el mismo virrey, con documentos, de las resultas de la representación de Nariño, acompañando la relación que éste dio de todas sus operaciones, la lista de las personas y lugares citados en ella, el interrogatorio de preguntas y reflexiones que se le hicieron con vista de su relación y satisfacción que dio a ellas; resultando de todos estos documentos, que habiendo hecho fuga Nariño del buque en que venía, se presentó en esta Corte, e incierto el éxito de su causa, consiguiendo el pasaporte del sujeto que nombra, pasó a París y de allí a Londres, con el objeto de proporcionar auxilios para la insurrección del reino de Santafé, practicando a este fin cuantos medios y diligencias conceptuó convenientes, como lo sentó por menor en su relación que presentó al virrey, con fecha 30 de julio de 97 y en las respuestas que dio a las preguntas que sobre ella se le hicieron; con cuyo motivo manifiesta aquel jefe en sus citadas cartas, presentaba todo nuevos motivos para creer que los ingleses estuviesen de acuerdo con los sublevados, a fin de ejecutar alguna invasión, para favorecer sus intentos; todo lo que le obligaba a instar sobre la urgente necesidad del auxilio de tropa.

   Al margen de una de estas cartas del virrey se halla, con fecha 13 de enero de 98, la resolución siguiente: Con la causa anterior y para que unidos los antecedentes, consulte el consejo con más instrucción en la materia, pásese este oficio y testimonios, y entretanto contéstese para que lo conserve en prisión.

   A el de la carta señalada con el número 30, se halla otra resolución de la misma fecha, que dice: Muy cortos son los auxilios que pueden proporcionarse de Europa, pues el mal ha cundido y por desgracia estamos también contagiados, pero por si con este motivo el de Nueva España y La Habana quisiere el rey que se formalice un plan y de él resulten las ventajas de supresión de gastos en nuestro ejército de Europa, en el supuesto de quedar yo en enterar al rey de la continuación de la causa de Nariño y contéstese encargando el remedio a su celo, ínterin se le franquean otros auxilios.

   No resulta tuviese efecto la primera resolución sobre que se pasase el oficio al consejo con los antecedentes para que consultase en la materia; y sí que se contestó al virrey con fecha 21 de dicho mes de enero; apareciendo de la segunda, que por el ministerio de guerra se contestó al de Estado, en 28 del propio, ser indispensable la remisión de tropa a Santafé, como solicitaba el virrey, y que se trataba ya de plan que facilitase las ventajas de supresión de gastos en nuestro ejército de Europa.

   En este estado se hallaba el expediente cuando se recibieron las posteriores cartas del virrey con documentos, sus fechas 13 de septiembre, 19 de octubre, 19 de noviembre y 19 de diciembre de 97, y las últimas de 19 de enero, febrero, junio y julio de 98, con otra de la audiencia, de la misma fecha de 19 de junio.

   En las primeras dio cuenta el virrey de los medios prudenciales y políticos con que había procedido desde la presentación de Nariño, manifestando los que en su concepto deben tomarse, atendidas todas las circunstancias del estado de aquel reino, y noticias y hechos que resultan de los documentos que cita y acompaña; que tenía asegurada la persona de don Manuel Vicente Prieto, en la cárcel de Santafé, por haber regado en la provincia de Tunja las sediciosas máximas que comprenden las tres copias de los versos que compuso a este intento. Que había avocado así el conocimiento de esta causa para imponer a Prieto la pena que merezca, añadiendo en la de 19 de octubre, que estaba firmemente resuelto a no practicar otros judiciales procedimientos que los precisos a conservar la tranquilidad pública, reservándose para mejor ocasión practicar los indispensables al castigo de los delincuentes, de cuyas clases hace distinción en la de 19 de septiembre, a que se remite en ésta, en la que tocando las dudas que pueden ofrecerse sobre la relación de Nariño y su sinceridad, y la necesidad de su remisión a estos reinos, concluyó con que esperaba se le comunicasen las órdenes que fuesen del real agrado de vuestra majestad, permaneciendo firme en continuar el sistema que había principiado, a no ser que se le previniese otra cosa, o le hiciesen variar de dictamen las sucesivas circunstancias que no se podían prever.

   En la carta de 19 de diciembre se contrae el virrey a manifestar que habiendo expuesto Nariño en su relación que entre las causas de descontento general de aquel reino era la principal la administración de rentas reales, y que este ramo en su manejo admitía ciertas restricciones y modificaciones, capaces de aumentar los intereses de vuestra majestad en alivio de sus vasallos, considerando este punto de tanto interés, se previno a Nariño que propusiese los medios y arbitrios de que se podía valer el gobierno para facilitar el remedio de tantos daños, lo que ejecutó en el papel que presentó y acompañó el virrey con su carta posterior de 19 de enero de 98.

   En ella dice aquel jefe que Nariño, por el citado papel, procura hacer méritos y servicios, que cuando no merezcan recompensa sirvan a lo menos para borrar sus anteriores delitos. Que no es fácil resolverse a creer si sus ideas en tan críticas circunstancias son efectos de fidelidad o de necesidad, pero que sí se advierten en ellas algunos buenos pensamientos que para en lo sucesivo puedan traer favorables resultas, aunque por ahora cualquier novedad sería tal vez perjudicial, aun presentándose con todas las señales de favorable y benéfica; pues en estos días de turbación no conviene alterar los sistemas de gobierno, si una gravísima y urgente causa no lo pide forzosamente, y que aunque ésta no la contemplaba próxima, tampoco se apartaba de temerla, si eran ciertas las noticias que corrían de que los enemigos de la nación intentaban invadir nuestras posesiones.

   Posteriormente, y con la de 19 de febrero, acompañó el virrey copias de las que en el último correo de España se habían dirigido a Nariño con nombre y apellido supuestos, y cuyas cláusulas misteriosas había explicado el mismo Nariño, exponiendo el virrey que parecía que de algún modo acreditaban lo que antes había manifestado el propio Nariño, relativo a la negociación de don José Caro con los ingleses para los del Perú, y que aunque no sea una completa prueba de su actual sinceridad, las noticias que comunicaba convendrían tal vez a las ideas del ministerio en beneficio de aquel reino.

   En otra carta de la misma fecha, y en la posterior de 19 de julio, dio cuenta el virrey de las resultas de la comisión encargada al confidente don Manuel González, en la Jamaica, por cuyo medio se recibieron los papeles sediciosos y planes que dirigió con la de 19 de julio, que había recogido dicho confidente, expresando ser el autor de ellos y de las propuestas hechas al ministerio inglés, don Pedro Fermín de Vargas, corregidor que fue de Zipaquirá; haciendo presente el virrey, con este motivo, la necesidad de nuevos refuerzos, e insistiendo en que, para la separación de sujetos que sea oportuna, no la hay de procesos y diligencias judiciales, como ya tenía propuesto, pues muchas veces aun con premios se castigan los delitos, cuando son trascendentales a la pública felicidad.

   Cuando el virrey dirigió esta última carta, de 19 de julio, ya había manifestado en su anterior, de 19 de junio, acompañando otra de la audiencia, los motivos que se habían tenido presentes para suspender la resolución tomada por vuestra majestad en esta causa contra Nariño y Ricaurte, añadiendo el virrey, en otra posterior de 19 de agosto, se había proporcionado mantener en prisión a Ricaurte sin tocar las especies de su causa, y que había sido feliz el instante de la presentación de Nariño y dichosos los momentos que se consumieron en su relación, reconvenciones y respuestas, habiendo manejado este asunto por medios prudenciales, separándose del orden forense de las causas criminales, en el que hubiera empleado inútilmente por mucho tiempo multiplicando sin fruto declaraciones, prisiones y confesiones, sin haber sacado cosa sustancial sobre el contenido de las relaciones de Nariño, por las que en breves instantes se habrán adquirido noticias que después de mucho trabajo, tiempo y dificultades no se hubieran conseguido, ni tal vez otra prueba que la del testimonio de aquél.

   Y en carta de 19 de noviembre de 1798 recomendó el virrey el mérito extraordinario del oidor don Juan Hernández de Alba, para que recayese en él la regencia de aquella audiencia; pero teniendo noticia estaba provista en otro, solicitó se le concediesen honores, sueldos y antigüedad de oidor de México.

   Pasado el expediente a los fiscales con el antecedente sobre intentada sublevación, resultó por vuestra majestad a consulta de este supremo tribunal, de 21 de junio de 1799, en los términos manifestados al principio de ésta; se hicieron cargo en su respuesta de 28 de febrero del corriente año, de varios hechos y especies que resultan de las cartas y documentos expresados, por aparecer de todo, en su concepto, que en los delitos sediciosos y dirigidos a la subversión del reino de Santafé, sobre que se formaron a un tiempo las tres causas referidas de sublevación, impresión del papel Los derechos del hombre y fijación de pasquines sediciosos, no sólo se hallan complicados los procesados en ellas, sino también indiciados sus parientes y algunos otros auxiliares y mal afectos al gobierno, como ya lo tocó la audiencia en carta de 19 de diciembre de 1795, de que se hizo referencia en la causa de intentada sublevación, y se ha confirmado después con la relación de Nariño, noticias comunicadas por éste y las demás de que ha dado cuenta el virrey y le han obligado a insistir en la remisión de auxilios para sostener la autoridad del gobierno y precisándole igualmente a proceder en la presentación de Nariño y sus incidencias, absteniéndose de procedimientos judiciales y contenciosos y adoptando los políticos y económicos por las razones que expuso en sus cartas de 19 de agosto y 19 de octubre de 97, añadiendo en la de 19 de junio de 98, conforme con la de la audiencia de la misma fecha, los fundamentos que se habían tenido presentes para suspender la ejecución de la resolución de vuestra majestad contra Ricaurte en las críticas circunstancias en que el gobierno se hallaba, sin los competentes auxilios para sostener su autoridad.

   Que estas consideraciones y las demás que se hallan expuestas por menor en las citadas cartas del virrey y audiencia de Santafé, con presencia no sólo de los hechos, sino también de las cualidades y circunstancias de los sujetos procesados e indiciados en las mismas causas, con sus enlaces y conexiones, lo que es indispensable para formar el debido concepto del estado de aquel reino en tan críticas circunstancias, inclinaba a los fiscales a contraer a ellas, y su aplicación a este expediente, según su actual estado, las disposiciones de las leyes 2a y 61, título 3°, de las municipales, y la 7a, título 4° del mismo libro, deduciendo que en su concepto y en el día no puede el consejo consultar la última resolución que deba tomarse decisivamente en las causas de Nariño y Ricaurte, como tampoco sobre los demás indiciados en los mismos delitos por la relación de aquél y causas que se formaron, ni sobre el plan que presentó, relativo al manejo de las rentas públicas, y que si únicamente podía este tribunal consultar a vuestra majestad que por lo resultante del expediente se manifiesta el estado de aquel reino y la necesidad en que se halla su superior gobierno de que se le remita tropa de estos dominios para sostener la debida autoridad.

   Que en el ínterin, aprobándose por ahora todas las órdenes y providencias tomadas por el virrey y audiencia, de que respectivamente han dado cuenta y con atención a las críticas circunstancias en que se halla dicho reino, convendrá se encargue al virrey, que como que tiene la cosa presente, poniendo en ejecución las facultades que le corresponden por las citadas leyes, arregle a ellas sus sucesivos procedimientos, remitiendo a estos reinos los sujetos que tenga por conveniente, observando para ello lo dispuesto por la ley 61, y procediendo con los demás según lo prevenido en la 7a del título 4°, y que en los casos que ocurra duda y no se siga inconveniente, oiga el dictamen de la audiencia y su voto consultivo, según lo pidieren las circunstancias, dando de todo cuenta a vuestra majestad.

   Que también convendrá que por la vía reservada de hacienda se comunique orden al virrey para que reservadamente expida las convenientes más correctas y precisas a los ministros y dependientes de la real hacienda de aquel virreinato, previniéndoles y apercibiéndoles para que en el ejercicio de sus funciones y cargos eviten toda vejación y molestia a los naturales, porque de lo contrario y de verificarse algún exceso en sus operaciones no sólo les impondrá desde luego la pena de privación de sus empleos y oficios, sino es que además, en caso necesario, sufrirán la pena ordinaria irremisiblemente, si por su causa resultare alguna inquietud y sedición. Y acerca del informe que hace el virrey a favor del oidor Alba, dijeron los fiscales que lo único que en el día puede resolver vuestra majestad es que se pase a la cámara el citado informe para que cuando el estado del reino de Santafé haya variado circunstancias, tenga presente el mérito contraído por dicho magistrado para que sea premiado.

   Y finalmente, estándose dando cuenta de este expediente en el consejo, se recibió por el último correo representación del doctor don José Antonio Ricaurte, de 1° de abril, en la que expone que, fundado en las disposiciones generales que encargan la brevedad de las causas, ha solicitado que se le haga saber la de tan larga prisión como la que sufre, por el espacio de cinco años, sin que se haya verificado con él el más mínimo acto judicial, como lo tiene representado a vuestra majestad, que suplicado se le extiende la prisión a aquella ciudad de Cartagena y sus arrabales, para poder curarse, con el ejercicio, de sus enfermedades, interesando la real confianza que vuestra majestad tiene puesta en el actual virrey, y documentando con el voto de cuatro facultativos que la enfermedad que padece de escorbuto le conducirá pronto al sepulcro si no se le concede el desahogo de curarse en aires libres y separado de los que es preciso que respire un hospital de tropas, y después que le han hecho sufrir dilaciones muy ajenas de la brevedad que en las causas tiene vuestra majestad encargada, cogiendo escrupulosamente cuantos cabos pueden detener su alivio, han suspendido la determinación del expediente para que las enfermedades le causen la muerte, como lo testifican los médicos, consiguiendo llevar al último término la operación; que cubiertos con la distancia que tiene el recurso a vuestra majestad, con los estorbos que ofrece la dilación de los correos por la guerra, sin duda han mirado —dice— como una consecuencia necesaria de su actual situación, el que no se le dilate la muerte, quedando en olvido su nombre y su causa, sus hijos en miseria, y su inocencia en opiniones; que para este fin se dispuso el conducirlo de sorpresa a aquella plaza, cinco años ha, el no proveer cuantas representaciones ha hecho, no manifestarle su delito, oprimirle en una acerba prisión, encerrándole en un castillo sin permitirle salida, encargarse al castellanos que celase sus conversaciones, amistades e ideas, para ver si de este modo le cogían alguna palabra y encerrarlo en prisión más estrecha, y clavarle las ventanas del hospital y fijar un edicto en que se avisaba al público que había ido a él enfermo el doctor Ricaurte, a fin de que llegase a noticia de todos y nadie osase entrar a visitarle, sin embargo de que en el instante se le puso centinela de vista. Y que habiendo conseguido el que sus males hayan tomado mayor incremento, en vez de alivio, que su corto haber reciba detrimento cada día, y que su corazón se inunde en un mar inmenso de congojas, se acoge a la innata clemencia de vuestra majestad, suplicando que a lo menos se digne mandar ponerle en libertad bajo fianza, sin demora, ínterin se juzga la causa, para que de este modo pueda acudir a la conservación de su vida.

   Dictamen del consejo. Habiendo examinado y reconocido el consejo la causa de que se trata y sus antecedentes, con aquella escrupolosidad y meditación que le es propia y exige su gravedad, acompañando la respuesta de los fiscales y el extracto del relator con los documentos que cita y se han leído en este supremo tribunal, hace presente a vuestra majestad que aunque reconoce culpables a Nariño, Espinosa y Ricaurte en la causa de la impresión de Los derechos del hombre, no obstante que sobre la naturaleza y gravedad del delito de cada uno han opinado varios de los ministros del consejo de diferente modo, según el grado de malicia que han considerado en las acciones de los reos, conviniendo todos en que la conducta del primero de ellos, después que se ausentó de Madrid hasta que se presentó al virrey, es criminal en sumo grado; atendiendo a su arrepentimiento, que parece sincero, según ha conceptuado el virrey, a los muchos enlaces que Nariño y Ricaurte tienen con las familias y personas principales de aquel reino; a la tranquilidad y sosiego que por ahora se ha logrado restablecer por los medios suaves y prudentes adoptados por el expresado virrey, y sin perjuicio de tomar (verificada que sea la paz) medidas más vigorosas y adecuadas para desarraigar de todo aquel suelo el espíritu de sedición de que se halla contaminado, según se nota por la frecuente repetición de sucesos y causas de esta especie, combinación y enlace con las chispas que han saltado hacia otros puntos de ambas Américas, sin cuyo logro no se puede contar con una verdadera permanente tranquilidad. Conceptúa el consejo que conviene aprobar al virrey de Santafé cuanto ha practicado con motivo de la vuelta y presentación de Nariño a aquella ciudad, ratificándose y confirmándose el indulto que le concedió por mediación del muy reverendo arzobispo, y ampliando tanto respecto de Nariño como de Ricaurte, Prieto y Espinosa, y demás reos comprendidos en la causa de pasquines, a un olvido absoluto de todo lo pasado, y restitución de cada uno al estado que tenían antes de haber comenzado la causa, encargándose a dicho jefe, separada y reservadamente, que esté muy vigilante sobre la conducta y porte ulterior de estos sujetos, para proceder contra ellos con toda severidad, en caso de reincidir en algún exceso de esta clase.

   Que ni se aprueban ni desaprueben los procedimientos de la audiencia.

   Que tampoco se hagan a los empleados en los diferentes ramos de real hacienda las conminaciones que proponen los fiscales, pero que se encargue al virrey cele con mucha vigilancia su conducta, y a cualquiera que fuese convencido de delito con arreglo a las leyes, haga se le castigue prontamente con la correspondiente pena, haciéndose públicos estos ejemplares para escarmiento de los demás y satisfacción de la vindicta pública.

   Que el papel o ensayo escrito por Nariño en su prisión, sobre mejorar el sistema de la administración de real hacienda en aquel reino, se pase al ministerio que corresponde, para que teniendo en consideración las críticas circunstancias en que se halla, haga de él el uso prudente que considere oportuno.

   Que se prevenga al virrey que en cumplimiento de las repetidas órdenes anteriormente comunicadas por la vía reservada, prohibiendo el curso de todos los papeles concernientes a las turbaciones de la Francia, recoja y queme cuantos de esta clase se encuentren o circulen por aquellas provincias, imponiendo a las personas a quienes fueren aprehendidas, las penas correccionales que crea proporcionadas, atendida la cualidad de la persona y el grado de malicia que puede caber en la retención de estos papeles.

   Que por de contado haga publicar por bando la prohibición absoluta del periódico que se imprimió por algún tiempo en esta corte, titulado Espíritu de los mejores diarios y el libro de Capmani, Filosofía de la elocuencia, y proceda a recoger cuantos números y ejemplares de ambas obras se hallaren en aquellas provincias, conminando a los ocultadores para que de buena fe verifiquen todos la entrega de los que tuvieren.

   Que se prevenga al referido virrey que por ningún motivo se permita a persona alguna, sea de la clase y condición que fuese, imprimir libro ni papel por despreciable que parezca, sin la competente licencia como está mandado, a la cual ha de preceder indispensablemente y en cada caso, aunque sea de pura reimpresión de papeles u obras antiguas, el examen o censura de la persona de literatura, juicio y timorata a quien se cometa.

   Que se recomiende con el mayor encarecimiento a dicho jefe el descubrimiento y prisión de don Pedro Fermín de Vargas, si se hallase o aportase a aquellos países y disponga, si la consiguiere, que formalizándosele su causa, se le imponga y ejecute en él prontamente el castigo de sus delitos, dando sucesivamente cuenta de cuanto fuese adelantando.

   Que por lo que resulta contra don José Caro, cuyo sujeto, según todas las apariencias, debe hallarse en Europa y en países extranjeros, convendrá se encargue a los embajadores y cónsules españoles de Francia, Hamburgo, Holanda, Portugal y demás que corresponda, estén con cuidado y avisen si se presentare en alguno de dichos parajes, para que se pueda procurar su arresto; avisándose también al virrey del Perú de los designios con que anda por Europa, por si allí puede descubrir su paradero o las personas con quienes se corresponde, procediendo a la prisión de éstas y ocupación de sus papeles, formándoles causa si resultase mérito para ello conforme a derecho y dando cuenta de lo que adelantase en el particular.

   Que teniendo el consejo extrajudicial noticia de haberse conferido al médico francés don Luis Rieux la comisión de pasar al reino de Santafé con el objeto de hacer investigaciones tocantes a la historia natural, no puede este tribunal, por si fuese cierta la noticia, dejar de hacer presente a vuestra majestad, en cumplimiento de su obligación y del celo que le anima por su real servicio, que contempla muy arriesgado que los extranjeros recorran aquellos países con ningún motivo, y mucho más Rieux, procesado en la causa de premeditada sublevación en el mismo virreinato, en la que fue el consejo de dictamen, con que se conformó vuestra majestad de que no se le permitiese volver a América sin expresa real licencia, siendo en el día de grave momento para que no se le permita su regreso a aquellos dominios, las apuradas circunstancias en que se halla aquel reino, en cuyos habitantes, especialmente de la capital y en los cómplices de aquellas inquietudes, haría su presencia una sensación poco favorable al sosiego y tranquilidad que se trata restablecer.

   Y, finalmente, que es digno de consideración lo que dice Nariño en la exposición o glosa de las cartas que Caro le escribió desde París a Santafé, con dirección fingida, acerca de las conversaciones y trato que el primero tuvo en aquella corte con el ex convencional Tallien, dirigidas a fomentar la insurrección en el reino de Santafé, aun después de hecha la paz con aquella república, de cuya noticia podrá servirse vuestra majestad hacer el uso que fuese de su soberano agrado.

   El marqués de Bajamar, gobernador de este consejo, y don Jorge Escobedo, han hecho los votos particulares siguientes, adhiriéndose al último don Fernando José Mangino, don Francisco Requena y don Vicente Horé.

   Voto del gobernador del consejo. "El gobernador del consejo, remitiendo a cuanto resulta de estos autos, advierte que la real orden con que se dirigieron al consejo para que se expusiese su dictamen, está ceñida y tiene por objeto resolver y determinar la causa formada en Santafé, sobre la impresión del papel titulado Los derechos del hombre, sentenciada y remitida a su majestad para su final determinación, en cuya consecuencia sólo ceñirá su dictamen a manifestar el estado que en el día tiene, su enlace con la de intentada sublevación, y con la de pasquines, que se hallaron fijados por aquel tiempo en algunos parajes públicos de aquella ciudad, y los medios arbitrios de finalizarla, determinarla y concluirla, poniendo a este fin, sin inquietar ni perturbar el orden público y el estado de tranquilidad en que hoy se considera el reino de Santafé.

   "Para ello reflexiona que desde el 19 de junio y 19 de julio de 1798, que son las fechas de los últimos informes del virrey y audiencia, no consta haya habido movimiento, alteración, ni progreso en la causa de sublevación, ni de resultas de las de pasquines y Derechos del hombre. Esta tranquilidad, efecto de las prudentes providencias tomadas por el virrey, y manifestadas en sus dos citados informes, inclinan a seguir el mismo plan que ha adoptado; cualquier determinación ulterior que se tome por la superioridad, y que se desvíe de aquellos principios, puede ser arriesgada, y más en un negocio lejano de la vista del gobierno, y sólo familiar y proporcionado a la presencia de la perspicacia del virrey, que toca de cerca las cosas y el momento, y se reconcentran en su autoridad todas las facultades que le dan las leyes que citan los fiscales para acudir de pronto al remedio de los desórdenes públicos de estado y tranquilidad de la tierra, de las cuales debe esperarse que aquel magistrado use en las ocasiones que lo requieran con el tiento y prudencia que la pidan las circunstancias y diversidad de ocurrencias.

   "Nada inclina más a la subordinación que el uso prudente de la piedad y del perdón oportuno de los delitos y desvíos de los hombres, y más corazones ha conquistado la benignidad que la fuerza y el rigor. Si los ánimos están exasperados de antemano, el castigo irrita más y precipita a los mayores desaciertos, y muchas veces conviene tanto el disimulo como el más eficaz remedio del mal que se experimenta. Siendo bien conocida la máxima política de ahogar con el silencio un incendio que se prepara, sin publicar el mal con el estrépito de inquirirlo, averiguarlo y perseguirlo en el santuario público de la justicia.

   "Buen ejemplo de esto tenemos en la reciente proclamación de 27 de mayo de este año, resuelto por el congreso de los Estados Unidos de América. Por ella se perdona a todos los insurgentes contra el gobierno, en los condados de Norhanton, Mongoveri y Busken, en el Estado de Pensilvania, en atención a haber sido reprimida esta conspiración sin ninguna de las calamidades y horrores que trae siempre consigo la rebelión, y aunque la paz, el orden y la sumisión a las leyes ha sido restablecido en dichos condados, y que las personas sorprendidas o engañadas han vuelto en su acuerdo y a sus deberes; por tanto, es inútil ya para el bien público comenzar ninguna nueva persecución de causas contra ningún individuo por motivos de complicación en dicha insurrección.

   "Son las literales palabras de este indulto copiadas de uno de los recientes papeles públicos de Francia.

   "Así piensan en iguales circunstancias los que componen aquel congreso, cuyo gobierno no está todavía tan cimentado como el nuestro de Santafé, a pesar de cuanto ha recogido el papel sedicioso de don Pedro Fermín de Vargas, remitido desde Jamaica, por el confidente don Manuel González, en el cual se abultan los males, se exagera la opresión de los vasallos de su majestad establecidos en el reino de Santafé y pondera la facilidad de ser seducidos por nuestros enemigos, papel verdaderamente execrable, y cuyo autor debe ser perseguido hasta conseguir su arresto e imponerle la dura pena que merece su infidencia, ingratitud y perversidad.

   "Los complicados en esta causa son principalmente don Antonio Nariño y don José Antonio Ricaurte. El primero, después de la sentencia que se le impuso por la audiencia de Santafé y aventuras de sus viajes a España, París y Londres y regreso clandestino a Santafé, se ha denunciado bajo el salvoconducto de no imponerle pena aflictiva corporis; escudado de este indulto, ha manifestado todos los designios e ideas que concibió, viéndose prófugo de su patria y sin resultas de la sentencia fulminada contra él. Todos estos pasajes manifiestan un genio intrépido y fogoso, acompañado de una instrucción nada vulgar; y aun cuando se quieran disimular por ahora sus excesos, y llevar adelante los efectos del indulto que se le otorgó por medio del difunto arzobispo, debe, sin embargo, quedar sujeto a la vigilancia del virrey, para que a no portarse en todo como fiel y buen vasallo, tome aquel magistrado las providencias que pida la naturaleza de sus desvíos, consultando siempre a la quietud pública del reino, y a remover todo motivo de escándalo y mal ejemplo que pudiera causar este indulto.

   "Los padecimientos de don José Antonio Ricaurte son originados del contexto de un escrito presentado por Nariño, y firmado por aquél como su abogado, en satisfacción de los cargos, y acusación fiscal en la causa que se le formó sobre la impresión de Los derechos del hombre. Si de este escrito se hubiese omitido el tercer punto en que se intentó probar directamente que aquel papel nada contenía contrario a lo que en esta materia se hallaba escrito y sentado por autores de nota, por leyes recopiladas y otros raciocinios que en el discurso se extienden, hubiera cesado y se habría excusado la persecución que ha sufrido. Este abogado (o sea Nariño, el autor o colector de aquellos materiales) se desvió del punto principal de su defensa y se engolfó en un mar turbulento y proceloso, que le había de causar su pérdida; y aun cuando se quiera disculpar con la necesidad de la natural defensa de un reo procesado y acusado gravemente, no hubo necesidad para indemnizarle de echar mano de argumentos que traían consigo un aspecto tan odioso, tan mal sonante, en un país y en tribunal donde se estaba tratando de los graves delitos de sublevación y pasquines que inducían a aquel depravado fin. Esta inoportunidad y exuberancia causó en la superioridad la sorpresa y el justo recelo de que así el reo principal como su defensor estaban empeñados en llevar adelante las ideas sediciosas, y contribuir a ellas por un medio que conduciría a este fin, y ésta fue la causa de la rigurosa providencia que se tomó con él.

   "Si se prescinde de estos justos reparos, por lo demás del escrito-defensa se observa que en él se respeta la superioridad y autoridad del tribunal a quien se dirigía la palabra, usando de todas expresiones respetuosas y urbanas y de estilo en los tribunales superiores; por manera descartada de este escrito la empeñosa defensa de Los derechos del hombre, no parece podría resultar perjuicio alguno al abogado que lo autorizó con su firma.

   "Este fue condenado al encierro en uno de los castillos de Cartagena, desterrado de su patria, casa y familia, en virtud de providencia de la audiencia, sin reconocimiento previo del escrito de defensa, sin formación de causa, cargos y audiencia suya; desde entonces acá continúa incierto y vacilante en su suerte. Yo no puedo divertir mi atención de la triste situación de este hombre, contra quien no se ha probado dolo o malicia en la formación de aquel escrito, y sólo advierto una imprudencia, inoportunidad e indiscreción en haberse empeñado en esclarecer una materia delicada en aquella oportunidad escandalosa, y que podía haber sido muy perjudicial al verla apoyada y defendida por un letrado de crédito en aquella capital; pero para sufrir desde entonces acá una pena tan acerba como la que está padeciendo en la situación en que se halla, no encuentro fundamento que pueda apoyarla.

   "En fuerza de estas reflexiones y teniendo presente lo resuelto ya por vuestra majestad sobre consulta del consejo en la causa principal de intentada sublevación en el reino de Santafé, con la que está enlazada la presente de la impresión de Los derechos del hombre y con la de pasquines, creo no debe apartarse este tribunal, en el día, de los medios prudentes y pacíficos que propuso en aquella consulta; y en su consecuencia mi dictamen es: que esta causa se corte en el estado en que se halla, imponiendo perpetuo silencio en ella; que se pongan en libertad los que han sido procesados por este motivo, reintegrándolos en sus bienes y en el estado que antes tenían, precediendo el hacerles saber que la piedad y benignidad del rey les ha indultado de sus delitos y acogido bajo su soberana protección, siempre que no lo desmerezcan por sus desarreglados procederes o por reincidencia en sus pasados desórdenes.

   "Que al virrey se le prevenga reservadamente esté muy a la vista y cele la conducta así de don Antonio Nariño como la de Ricaurte y demás complicados en esta causa, teniendo en consideración no sólo lo que se ha experimentado en estos últimos tiempos en aquel reino donde se advierte hallarse los ánimos propensos e inclinados a comunicaciones y novedades, sino también a lo acaecido allí en el tiempo que gobernó el reverendo arzobispo don Antonio Caballero y Góngora, y también a las turbulencias experimentadas en los años 79 y siguientes, que duró la insurrección del Perú, todo lo cual exige de su parte la mayor atención y vigilancia, para salir al encuentro a cualesquiera novedades que se adviertan, por los medios de prudencia o rigor que exijan las circunstancias y pida el momento, los cuales deben quedar enteramente a su arbitrio, por ser muy arriesgado aventurarlos desde aquí y anteponerlos a los sucesos que puedan ocurrir, que por más justos y arreglados que parezcan al tiempo de dictarlos, pueden no serlo en el de su ejecución. Y así cree el gobernador del consejo que sin entrar en otras prevenciones individuales, se deje todo a la dirección del virrey de Santafé, para que usando en caso necesario de todas las facultades que le concenden las leyes citadas por los fiscales y particulares órdenes con que se halle conducentes al importante objeto de mantener el orden público, la subordinación y tranquilidad de aquel reino, en caso de averiguarse judicial o extrajudicialmente que alguno o algunos intenten perturbarla.

   "Que así mismo se aprueben al virrey y audiencia las prudentes medidas que han tomado posteriormente para conservar la quietud y tranquilidad de aquel reino, y todo cuanto vayan produciendo las resoluciones que su majestad tenga por conveniente tomar en este grave asunto, dé cuenta puntual para la inteligencia y satisfacción de esta superioridad.

   "Madrid, 8 de agosto de 1800.

"El marqués de Bajamar".

   Voto de Escobedo a que se adhieren Manquino, Horé y Requena. "Don Jorge Escobedo, en vista de las causas formadas en la audiencia de Santafé contra don Antonio Nariño y don José Ricaurte, y de la real orden de 25 de noviembre del año pasado, con que por la primera secretaría de Estado se han pasado al consejo, conviene desde luego en el indulto que deben gozar dichos reos y cualesquiera otros de su clase si los hubiera de aquel tiempo, en fuerza de la oferta que se les hizo por mediación del arzobispo de Santafé; pero como en su opinión no puede ni debe ocultarse toda la malicia y deliberadas intenciones con que obraron, ni tampoco los demás incidentes que de tanta gravedad y riesgo arrojan los papeles aprehendidos y sus noticias, cree inexcusable hacer algunas reflexiones que las aclaren y sirvan de fundamento al dictamen, que sin separarse del que al principio ha insinuado, propondrá últimamente.

   "Hay gran diferencia en examinar los sucesos y hablar de ellos después de pasados en tanta distancia, a presenciarlos o dirigirlos en los estrechos lances a que obligan, y por esta razón se reconoce muy loable y digno el aprobarse cuanto el virrey y audiencia han practicado, aunque en ello haya los defectos que se referirán, sin rebajar su mérito y sólo porque se reparen en lo que sea dable, con las precauciones que parecen oportunas.

   "Es indudable que la audiencia ha procedido con acuerdo y aprobación del virrey en todo, pues luego que se hicieron al regente las denuncias de la meditada sublevación, pasquines que se había fijado e impresión clandestina del papel titulado Los derechos del hombre, lo participó al virrey que estaba ausente, y se vino a la capital y contestó al tribunal procediera a contener y castigar severamente, y añadió que si no se hallaba reparo, podría ser conveniente, para la mayor prontitud y expedición, el dividir la causa, comisionando distintos ministros para que a un mismo tiempo actuara cada uno en la parte que se le señalara.

   "Esta división de la causa ha desfigurado de algún modo su aspecto, haciendo parezcan tres cuando en realidad no hay más que una, pues a un mismo tiempo se hicieron las denuncias de los pasquines, de la impresión del papel y de la sublevación, que era en realidad el objeto a que todos conspiraban, y con la separación se ha dado motivo a que se figuren cosas diferentes y que los reos tengan disculpas que quizá no darían, o hubieran quedado desvanecidas siguiéndose la causa como una sola; y de aquí, sin duda, ha provenido que aunque el consejo las tuvo todas presentes en su consulta de 21 de junio de 99, propuso se cortara la de sublevación dejando las otras pendientes, y que por el mismo principio en la secretaría de Estado se hayan resuelto y comunicado a Santafé en reales órdenes de 27 de octubre de 96, las providencias que en las de pasquines e impresión del papel tuvo a bien su majestad expedir.

   "Conviene también advertir que al virrey Ezpeleta se hizo antes una denuncia de conversaciones o juntas sediciosas que en meses anteriores se notaron, sobre que practicó algunas diligencias, y con dictamen de su asesor dejó reservado y sin curso este expediente, del cual resulta que Nariño y el regidor don José Caycedo eran unos de los sindicados, y que trataban de adoptar las constituciones de Filadelfia, por donde se ve que no es nueva su depravada intención y que no pudo ser inocente la de imprimir un papel tan análogo a aquella idea.

   "Es un defecto muy sustancial no hallarse en los autos el papel de Nariño, ni tampoco haberse tomado declaración ni hecho reconocer su firma a Ricaurte, a quien no se ha dado oído, pues fue trasladado al castillo de Cartagena luego que presentó el escrito en defensa de aquél; pero de lo primero se hicieron ya cargo los fiscales de la audiencia de Santafé, creyendo sobradamente suplido con las diligencias y confesión del reo, pues no siempre puede ponerse materialmente a la vista el cuerpo del delito, y lo segundo merece disculpa, porque a más de no haber negado Ricaurte fuese suyo, faltó al juramento que tenía hecho de guardar secreto en la defensa de Nariño, habiéndose recogido de Caycedo dos copias, y por otra parte, la audiencia remitió la causa en sumaria, y haciéndose cargo de su imperfecto estado, manifestó los inconvenientes de seguirla y que esperaba la real resolución; y por último, tratándose ya de indultar a Ricaurte, son de menos consideración estos defectos, que sólo se recuerdan por fundar en ellos su queja y pretendida defensa, habiendo tanto que decir contra él, como se apuntará luego para manifestar todo el artificio y depravado espíritu de su alegato.

   "Resultan en la causa reos muy principales y dignos de la mayor atención: don Pedro Fermín de Vargas, natural de Santafé [sic] de quien sin contradicción ni duda, se suponen son los papeles de que se dará después una ligera idea, y don José Caro, habanero, que trató con Nariño en París y le manifestó iba a buscar auxilios para la sublevación del Perú, y no se han hecho demasiadas diligencias y prevenciones para saber si regresan a América y asegurar sus personas como es justo y conviene; y aunque del regidor Caycedo hay anteriores sospechas y su nombre vuelve a sonar mezclado con los de Nariño y Ricaurte, tampoco consta que con él se haya dado paso alguno.

   "Aunque al arzobispo se previno el cuidado que debía tener de algunos curas, no consta otra diligencia y son muy terminantes las que cuando volvió oculto Nariño practicó don Lorenzo Ferreira, don Antonio Gallardo y los doctores Parra y Pradilla, pues el primero predicó sosteniendo sus ideas; en poder de los otros dos dejó los libros de la constitución francesa y Contrato social; y el último le aseguró no faltaría su pueblo, llegado el caso de la sublevación; y este doctor Pradilla debe ser el mismo de que se hace mención en aquel expediente, de la denuncia hecha al virrey Ezpeleta, que se pasó después a la audiencia; lo que comprueba no eran nuevas disposiciones, ni el trato, ni comunicación de ellas con Nariño.

   "Este cita como sus confidentes y corresponsales en Madrid a Palacios, natural de Caracas, que le facilitó el pasaporte para pasar a París, donde después fue él mismo, aunque sólo con el objeto de divertirse; cita a un tal Silvestre, que es bien conocido en el consejo por las causas que ha seguido, y Urrutia, que dice ser abogado, y que aunque no se declaró en favor de su pensamiento, lo oía sin desagrado; y también hace memoria de Laserre y Aldamas, sus amigos en París, y el primero debe ser el mismo francés que en este tribunal siguió aquel ruidoso pleito de cuentas e intereses cuantiosos con Quintana en La Habana, por lo que a todos éstos no hubiera estado de más hacerles algunas reconvenciones y preguntas, pero ya no es tiempo de ellas, ni esto puede culparse al virrey y audiencia, que no los tenían a la mano.

   "Más extraño es no se haya allí notado que en la declaración que de resultas de su presentación hizo Nariño por escrito, nada diga de lo que trató en París con Tallien, cuando en el acuerdo extraordinario o junta que en 13 de julio del mismo año se tuvo para deliberar sobre la mediación del arzobispo, e indultos que pedía, se da noticia de aquella conferencia, y de que con la seguridad que le dio Tallien, de que secretamente se le auxiliaría, pasó después a Londres.

   "Por último, el virrey y la audiencia se muestran más tímidos después del regreso y presentación de Nariño, que cuando sentenciaron la causa y remitieron la de Ricaurte, pues no repararon entonces en los enlaces de sus familias, desesperación a que se abandonarían y demás reflexiones que hacen ahora en las cartas de 19 de junio de 98, siendo en ambos tiempos las mismas para hacerles fuerza, si las consideran tan fundadas, y aun en esta parte parece que el celo del virrey se sobrecogió más, pues en su citada carta de 19 de junio de 98 pondera los inconvenientes de volver a Ricaurte a la prisión, como la audiencia lo había dispuesto, y siente al mismo tiempo el que por sus enfermedades se la hubiesen relajado antes, y en carta posterior de septiembre u octubre de mismo año avisa que el gobernador de Cartagena, valiéndose de otro pretexto había preso a Ricaurte, de lo que tenía la mayor satisfacción, pues siendo responsable a la quietud del reino no podía estar tranquilo hallándose aquél en libertad.

   "Todas éstas, que parecen menudencias no lo son, ni menos se dirigen a censurar la conducta del virrey y audiencia, que sólo quien se ha visto en iguales casos puede saber las amarguras que causan en América, pero se halle ahora de ellas mérito, porque dan señales nada equívocas de la malicia de los reos y estado de aquellas provincias, pues sea cual fuere el papel de Los derechos del hombre, es innegable que Nariño lo imprimió para contribuir a la sublevación premeditada, viéndose que meses antes ya trataba de ella, según el expediente de la denuncia hecha a Ezpeleta, y por más que desfigure sus viajes a París y Londres, atribuyéndolos a la incertidumbre de su suerte, no es posible creerlo, cuando sus pasos en aquellas cortes son tan conformes a los que había dado en Santafé, a las descripciones y adornos con que tenía dispuesta la formación de su gabinete o estudio, y a lo que se ve después recomendado en los papeles de Vargas.

   "Ricaurte, ex pariente de Nariño, aceptó su defensa que él mismo le encargó; formó el escrito que, tan perverso como el de Los derechos del hombre, merecía, si se publicara, la censura que ya ha sufrido el que casi con igual títulos dio a luz el ábate Mable y prohibió el santo oficio en su edicto de 13 de diciembre de 1789; y si dice que en defensa del reo pone las citas de autores permitidos donde se hallan iguales máximas que deben leerse, como el diccionario de las herejías, y no como aprobadas o adoptadas para su opinión, léase todo el escrito, y se hallará el ardor y complacencia con que las profiere y aun defiende en una de las cuatro partes en que divide su discurso.

   "Todos los de esta clase respiran irreligiosa insubordinación y máximas enteramente contrarias a nuestro feliz gobierno, y hay mucha diferencia en que un autor particular, hablando de materias económicas y otras semejantes, deje correr la pluma con alguna libertad que nunca debe aprobarse, a que ex profeso se trate de defender aquéllas y establecer una igualdad quimérica y otros principios eversivos de la obediencia debida al soberano, y que esto se haga en los pueblos y ocasión donde se piensa en otra insurrección y en sacudir aquel sagrado yugo.

   "Este último fue el tiempo y miras con que Nariño imprimió su papel, y Ricaurte, que no lo ignoraba, hizo su apología citando varios números del Espíritu de los mejores diaros, cuya obra está prohibida, y aunque no lo estén muchos de los papeles a que se refiere, si se leen separadamente se verá con qué diverso objeto y en qué distintas circunstancias lo formaron sus autores, y aun así no dejarán de notarse algunas de sus expresiones, que los bien intencionados desearían no ver impresas con el nombre de sujetos cuyo corazón y fidelidad están muy distantes del sentido a que pueden aplicarlas los menos instruidos.

   "La cita que hace de la carta 6a del conde Carli, a la página 78, en que se refiere el pasaje de fray Vicente Valverde, religioso dominico, con Atahualpa, no admite la disculpa de hallarse permitida y publicada en la nación, pues ninguna que se precie de católica podrá hablar en los términos que allí se hace, y la de la Enciclopedia en los artículos autoridad y libertad, no es más disculpable, como puede verse en el discurso preliminar de la obra de los tres siglos de literatura francesa, donde se descubren bien claramente la perversidad e ideas de estos pretendidos filósofos.

   "Sería necesario mucho tiempo y papel si hubiera de entrarse a examinar y refutar como merecen los de Nariño y Ricaurte, pero ellos prueban el aprecio con que se han divulgado por aquel país tan detestables principios, y nada les aclara más y evidencia esta verdad que los papeles que el confidente González remitió de Jamaica, y aunque no se sabe si lo hizo de oficio y propia voluntad, o por encargo que tuviese a que precisamente daría mérito algún antecedente que convendría no ignorar, lo cierto es que no se duda son de don Pedro Fermín de Vargas, y que en ellos se describen con particularidad, digo puntualidad, el reino y sus frutos, caudales, fuerzas militares y demás, conducentes a avivar los deseos de los ingleses y obtener su auxilio, facilitándoles la empresa que él detalla hasta en el costo que puede tener al año, se da razón del genio y estado de los habitantes y su disposición a abrazar la independencia porque suspiran; se traen a la memoria las ocurrencias de los años de 81 y 94, en que no se logró la empresa por falta de protección extranjera; se cita el mismo papel de Los derechos del hombre, publicado por un americano, y las ideas de libertad que están grabadas profundamente en los corazones de los habitantes de América, y lo que es peor, se halla entre dichos papeles uno con este título: 'Derechos del hombre y del ciudadano, con varias máximas republicanas y un discurso preliminar dirigido a los americanos. Madrid. En la imprenta de la Verdad, año de 1797'. El cual estaba preparado por Vargas para imprimirse y llamar la atención de sus paisanos, y no pueden leerse él y sus notas sin horror, ni sin verlos atentamente es dable hacerse cargo de su infernal veneno.

   "No estaría de más transcribir algunos de sus párrafos, para que por ellos se hiciese juicio de los demás, pero son tan execrables, que ni aun copiarlos deja aliento el dolor de ver tratado el mejor de los soberanos, nuestro augusto monarca, con un estilo y voces que llenarían de escándalo y ofenderían la piedad de cuantos le veneran y conocen, y así me abstengo de referirlas y me contento con señalar, entre otras muchas, las cláusulas de la foja 2a vuelta, y más, especialmente, las de la nota 5a, pues con ellas sobra para convencerse el insufrible arrojo, temeridad e imposturas de este discurso, peor que cuantos han abortado en estos desgraciados tiempos las plumas más sangrientas e impías.

   "¿Quién no se estremecerá al leer semejantes expresiones, ni qué disculpa podrá darse a los que las siguen y adoptan con sus hechos cuando no sea con sus palabras? No diré sean tan groseras las de Nariño, Ricaurte, Caro, ni que de los autos conste legal y plenamente justificada su colusión con Vargas; pero estoy bien seguro de que todos tres han hablado con igual espíritu y criminal empeño, y siendo los papeles de aquél muy posteriores a los de éste, no dejan duda de que siempre se llevan adelante los designios, contando con aquellos secuaces, que sin nombrarlos, se citan, refiriéndose a sus obras publicadas antes.

   "En todas, como ya se dijo, hacen llamada a las inquietudes anteriores, y sin recurrir a tiempos más remotos, si volvemos los ojos a las horrorosas del año de 81 en el Perú y Santafé, a las que en este último reino se meditaban en el de 93, según se denunciaron a Ezpeleta, y a las que después se descubrieron de Nariño y demás cómplices si se traen a la vista las últimas de Caracas, donde ya se anunciaban las de Santafé, si se tiene presente la conducta del racionero de México Vives, de que la cámara está bien informada; si se hace memoria de la causa de los franceses Berni y Gramuset, aprehendidos con sus papeles en Chile, y ahogados en el naufragio del navío San Pedro de Alcántara; si todos estos antecedentes se reúnen, es preciso convenir en que pide mucha atención la conservación de nuestras Américas, y que sin embargo de que por el indulto se fenezcan las causas particulares de Nariño y Ricaurte, queda siempre subsistente la raíz del mal y encubierto un fuego que podrá brotar a cada paso.

   "Así lo comunica don Juan de Urgatiria en su carta del número 172, página 997, del Espíritu de los mejores diarios, que es una de las citas de Ricaurte, y lo dice bien claramente el virrey Mendinueta, cuando en su carta de 19 de julio de 98, con que remite los papeles de Vargas, añade: son muchas las pruebas e indicios que allí se ven de sublevación, máximas de libertad, escritos venenosos, actos repetidos de inobediencia, formación de constituciones republicanas, juntas sigilosas, levantamientos efectivos, abandono de la religión, propuestas, planos, expediciones y conciertos con los extranjeros, y que todo esto se advierte desde el año de 81, con lo que sobran testimonios del delicado estado de aquellas provincias.

   "Cuando en igual caso se hablaba de Flandes, dijo el venerable señor Palafox que, aunque parecía inferiores a nuestras fuerzas, en figura de holandeses se peleaban con la emulación de Francia, con la herejía de Alemania, celos de Venecia, horrores de Inglaterra, y que si aquella centella se hubiera apaciguado al nacer, no hubiera cundido el mal; y de él también hablan Luis Valle de la Cerda y don Juan Bautista Valenzuela, manifestando la necesidad de ocurrir con prontitud a tales rebeliones, el modo de admitir los rebeldes a reconciliación, y de aconsejarla y dar dictamen al rey, sus ministros y tribunales, y aunque por lo respectivo a América es esto más importante, según lo recomienda don Juan de Solórzano en su política, es preciso confesar que allí es más difícil el remedio por la distancia, falta de proporciones y otros accidentes que hacen inútiles o impracticables muchos de los medios que generalmente podrían ponerse o estimarse como conducentes al acierto.

   "Ninguno es más obvio que el de poner competentes fuerzas militares que sostengan la autoridad y obediencia y el castigo, cuando sea indispensable, y éste mismo tropieza desde luego en el inconveniente de los enormes gastos que ocasiona, en el de la pérdida de tanta gente, pues apenas quedan reliquias de los regimientos que se envían cuando se trata de su regreso, y la relajación, falta de disciplina y demás vicios con que por la constitución de aquellas regiones se malogran estas tropas, es otro justo reparo para enviarlas, y no dejaría de haberlos si se adoptara el pensamiento que el virrey propone, de reemplazar con tropa del país la que se envíe.

   "Si se discurre por otros arbitrios que podrían aconsejarse, hallaremos iguales contradicciones en el gobierno político y espiritual de nuestra América; de modo que sólo tratando de una general reforma y variación, conforme al transcurso del tiempo y alteración de toda la Europa, podrían ser adaptables muchas providencias que, desnudas de tales respetos, se tendrían por absurdas, como opuestas al sistema antiguo, del cual no conviene separarse sin un detenido examen y profunda meditación de lo que haya de innovarse, y éste es un asunto delicado, y aunque tan conexo con el del día, pide otro motivo menos desagradable y más lisonjero para hablar de él; pero mientras se presente aquella ocasión, o su majestad dispone lo que fuere más conforme a sus santas y piadosas intenciones, es preciso decirlo con claridad y sin rebozo cuanto va expuesto, llamando su soberana atención a unos males que sólo se curan paliativamente si nos ceñimos a hablar de ellos con insinuaciones demasiado vagas y generales, tratando únicamente y con particularidad de los delitos de Nariño y Ricaurte, y aun buscando en éstos disculpas que desfiguran su malicia, por las consideraciones a que con facilidad nos arrastra la compasión que es natural con nuestros semejantes.

   "No me separo de ella, ni ignoro que la suavidad, dulzura y perdón suelen ser armas más poderosas que el ruido de los cañones y los suplicios para atraer a los que, por su desdicha, se desvían del camino seguro de la felicidad, fidelidad y obediencia, ni tampoco creo que éstas estén desterradas absolutamente de las americanas, donde hay no pocos habitantes que, sin salir de aquel feliz clima, han sido y serán siempre ejemplar heroico de aquellas y otras virtudes; pero siendo preciso un medio con que ni la benignidad se interprete flaqueza, ni el rigor aumente las quejas, convengo en el indulto, que creo justo y conveniente en el día, pero sin disculpar el delito, ni dejar de ponerlo a la vista con toda la malicia y consecuencias que tiene en mi concepto.

   "El mismo formó la primera secretaría de Estado cuando, desentendiéndose de los ápices y trámites legales, y con solas las sumarias que remitió la audiencia, dio cuenta a su majestad, que destinó a Nariño al Peñón, y a Ricaurte a perpetuo extrañamiento de España e Indias, y el digno jefe que entonces la gobernaba y puso de su puño las resoluciones que están al margen de las dos cartas del año 95, no pudo tener presentes los documentos que vinieron con las del 19 de febrero y julio de 98, que son infinitamente más graves, y éstos, con las noticias que arrojan y las que dictan la experiencia y propios conocimientos, me mueven a no dudar cuanto llevo expuesto, aunque en los autos se echen de menos algunas de las formalidades que conforme a derecho serían necesarias para decir que están plenamente probados los delitos y sospechas que en mi privado juicio y conciencia son indubitables.

   "Convencido de esta persuasión, desempeño la obligación en que me considero por mi ministerio, exponiendo francamente mi modo de pensar, y como la reflexión que antes hice no me permite detallar las providencias o remedios que podrían ser más eficaces, me contento con poner las generales y que no ofrecen reparo alguno, que son la observancia rigurosa de las leyes, que prohíben la entrada y establecimiento de extranjeros en América, y el cuidado de la elección de los que pasen a gobernarla, cuya prudencia, justificación y conocimientos, son aún más precisos que una consumada pericia militar, porque la naturaleza de los enemigos, los motivos en que de ordinario fundan sus quejas y las demás circunstancias locales, varían mucho de las que para otros países deberían considerarse.

   "Del mismo modo será muy conveniente se hagan las advertencias oportunas a todos los jefes y tribunales que ahora gobiernan, para que redoblen su atención y vigilancia, celen la conducta de sus subalternos, y sin causar novedades ni sospechas que puedan alterar los ánimos o manifestar recelo, contengan con suave dirección los motivos de quejas o inquietudes y aseguren los que puedan causarlas, y será bien extender estas advertencias a los prelados del clero secular y regular para que hagan lo mismo con sus respectivos súbditos, y especialmente los curas, cuyo ministerio e influjo son allí tan recomendables; y no estará demás prevenir al inquisidor general que estreche sus órdenes a los tribunales de América para que celen mucho la introducción de libros prohibidos o sospechosos en cualquier idioma y recojan los que hubiere, averiguando dónde paran, sin estrépitos y por medios extrajudiciales y prudentes.

   "Estas prevenciones no ofrecen el menor inconveniente y pueden en algún modo ocurrir a los riesgos y males que tan justamente se recelan; y por lo que hace a las causas particulares de que en el día se trata y han dado mérito a todo, podrá desde luego prevenirse al virrey y audiencia de Santafé hagan entender a Nariño y Ricaurte la paternal piedad de su majestad, y que confiado en que han de ser unos vasallos reconocidos, útiles y fieles los restituye a sus casas, honor y antiguo estado, sin que quede memoria de lo pasado, ni pueda perjudicarles, siempre que su conducta corresponda a esta confianza, y que si le pareciere al virrey, les dé algún destino proporcionado; pero advirtiéndole que todo esto es un mero permiso con que se le autoriza para obrar con libertad, pues igualmente se le da para que por el extremo contrario disponga de ambos si creyese más acertada esta resolución y hubiere mérito para ella, y según el estado de las cosas al recibo de las reales órdenes.

   "No deben ser de peor condición que Nariño y Ricaurte otros reos, si los hubiere de aquel mismo tiempo y delito, como parece serlo don Manuel Vicente Prieto, de cuya prisión habla el virrey en su carta de 19 de julio de 98, pues a todos es justo se extienda el salvoconducto que por mediación del arzobispo se les ofreció para que Nariño declarase sin temor, como lo hizo; pero ha de encargarse a aquel jefe la vigilancia con que conviene estar para saber las acciones, pasos y movimientos de cada uno, sin creerse jamás seguro hasta que una larga experiencia haya calificado su conducta, y esto mismo ha de entenderse para con los curas, especialmente aquellos cuyos nombres quedan ya expresados; y que con cualquiera que haya nuevo y justo motivo de recelo proceda inmediatamente a su prisión y castigo ejemplar, según corresponda.

   "Es también preciso advertir al virrey se ha notado la seguridad con que Nariño afirma estaba autorizado por el gobierno para imprimir sin licencia, pues sin ella nadie puede ni debe hacerlo, procediendo para darla el reconocimiento que corresponde de personas doctas, timoratas e instruidas según las materias de que se trate, y que esta general prevención no comprende a Nariño y el impresor Espinosa, pues han de quedar de todos modos perfectamente privados de su imprenta y ejercicio.

   "Aunque está bien manifiesto que don Pedro Fermín de Vargas y don José Caro nunca se han considerado inclusos en el indulto, será bueno expresarlo al virrey, y al mismo tiempo que se le encargue ponga toda su vigilancia, diligencia y cuidado en saber de ellos, y asegurar sus personas donde quiera que las pueda hallar, en lo que hará un servicio muy particular, y que se extienda esta prevención a los demás virreyes para los distritos de su mando, y que avisen las resultas sin detenerse para formarles causa, y darse unos a otros las noticias que sean oportunas.

   "Por lo que hace a Caro, parece necesario que el virrey de Santafé vuelva a examinar y estreche a Nariño a que diga, ¿cómo y por qué siendo aquél natural de La Habana, iba a París y a Londres solicitando auxilios para la sublevación del Perú? ¿Con quiénes la había tratado y se correspondía en aquel reino para ella? Pues no es verosímil le ocultase todo esto ni que él lo haya tan fácilmente olvidado; y diciéndole el mismo Caro en sus cartas de 97 que pensaba regresar al Perú, es más necesario el cuidado y que extendía a Miranda, de quien hace tantos elogios y son tan públicas las causas anteriores de su fuga.

   "No se ha hablado en los autos del médico francés Rieux, que fue comprendido en los de la sublevación premeditada, y el consejo, en su consulta de 21 de junio de 99, representó no debía volver a América; pero como posteriormente se ha sabido por noticias extrajudiciales que su majestad se ha servido destinarlo a Santafé con sueldo y algunos encargos de historia natural, será oportuno poner en su real consideración que en atención a lo que ahora nuevamente se ha descubierto con los papeles aprehendidos, y a que nunca conviene permitir extranjeros en América, mayormente cuando por su genio inquieto y acontagiado puede recelarse conmuevan aquellas provincias, sería tal vez más seguro suspenderle la comisión, y que sin salir de estos reinos disfrute los beneficios que su real piedad quiera dispensarle.

   "Este es mi dictamen, que no puedo concluir sin copiar a la letra las palabras de un sabio y religioso político que, hablando de los virreyes y de algunas reglas útiles para la felicidad de su gobierno, dice así: El virrey no haga mucha confianza de los que pueden tener más a mano el apoyo de la libertad o socorro de su rebeldía, y así en los reinos de frontera de enemigos, o que tienen mar y muchos puertos, o que están muy apartados y distantes, debe ser mayor el recelo que en los otros que no tienen por dónde les entren socorros ni se intenten fácilmente novedades; y siendo tan oportuna esta advertencia para el presente caso, la repito con la seguridad de que su majestad no llevará a mal se le haga presente cuanto llevo expuesto, y resolverá en todo cuanto sea más acertado.

   "Madrid, y agosto 8 de 1800.

"Jorge Escobedo".

   Sin embargo de los insertos votos particulares, el consejo insiste en su dictamen y vuestra majestad resolverá lo que fuese más de su real agrado.

   Madrid, 9 de septiembre de 1800.

   Real resolución. Tengo por conveniente que continúen en prisión y sin comunicación, tanto Nariño como los demás cómplices arrestados y el abogado Ricaurte, y a la paz dispondré de ellos lo que crea oportuno. He mandando pasar a hacienda el plan de Nariño para que se examine1, y he tomado las disposiciones convenientes por lo que hace a Caro, Vargas y demás ausentes. Mando, además, que por mi primer secretaría de Estado y del despacho, se encargue al virrey de Santafé el sumo cuidado en la introducción de libros y papeles y sus impresiones, y el más exacto cumplimiento de las leyes que rigen aquellos mis dominios, observándolas con la más prudente vigilancia. Téngalo el consejo entendido y expida a la real audiencia las órdenes que le competen en virtud de ésta, mi real determinación; pero le encargo que en lo sucesivo, en las causas que están a su cuidado, y sobre todo, en las que son de tanta gravedad por su naturaleza, me consulte siempre con arreglo a las leyes, sin proponer medios de arbitrariedad y composición por vía de gracia, pues el hacerlo con mis vasallos criminales y dispensar el rigor de las penas, es el atributo más noble de la soberanía, que de modo alguno puede ni debe ejercer, y cuya delicada ejecución pende, las más veces, de reconocimiento con que no se halla informado. No hay justo motivo para variar lo resuelto con el médico francés Rieux.

   Consejo de 19 de noviembre de 1800.

   Decreto. Guárdese y cúmplase lo que su majestad manda, y sobre la prevención que contiene esta real resolución, pase con los antecedentes a los señores fiscales.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 303-348.

NOTAS:
1   El precursor (Cit ), pp. 601-652.
2   Ensayo sobre un nuevo plan de administración en el Nuevo Reino de Granada.

94
CARTA DE NARIÑO AL VIRREY MENDINUETA

NARIÑO INFORMA AL VIRREY SOBRE SUS EXPERIMENTOS Y LA APLICACION SATISFACTORIA DE LA VACUNA EN UN MUCHACHO. Santafé, 30 de julio de 1802.

Antonio Nariño.

(Al virrey don Pedro Mendinueta).

Excelentísimo señor:

   Penetrado de los mismos sentimientos que han animado al superior gobierno desde que se tuvo noticia positiva de los laudables efectos de la vacuna, he procurado hacer cuantas tentativas me permite la estrechez de mi situación; y después de 47 días de trabajo, en que me han salido infructuosas varias experiencias, tengo hoy la satisfacción de presentar a vuestra excelencia un muchacho, en quien ha prendido un grano con todas las apariencias de verdadera vacuna, habiéndose seguido todos los períodos y síntomas que prescriben las dos únicas recetas que han llegado a esta capital, estando hoy precisamente en el día nono de la vacunación.

   Espero que vuestra excelencia, siguiendo sus benéficas miras, lo mandará reconocer por los facultativos, y que de cualquier modo que resulten los efectos, no mirará en este paso sino un testimonio de mi amor al bien público y de mis vivos deseos de cooperar en todo con las intenciones del gobierno, únicos motivos por que me he ocupado en un objeto que tanto interesa en las actuales circunstancias a la salud pública.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, y julio 30 de 1802.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño1.

   Excelentísimo señor virrey del reino.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, op. cit., pieza 8.

NOTA:
1   De una copia de la época. Jardín Botánico de Madrid. España. Archivo de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada. Leg. 30. Copia de letra de don José Celestino Mutis.

95
CARTA AL PADRE FRANCISCO MESA

ESTA MISIVA DA CUENTA DEL NEGOCIO DE COMPRA Y VENTA DE COSTALES REALIZADO POR NARIÑO EN COMPAÑIA CON EL CURA FRANCISCO MESA. 16 de septiembre de 1802.

Antonio Nariño.

   (Al padre Francisco Mesa)

   Mi cura: Acabo de recibir su esquela con las 100 cargas de costales y me pongo a contestar en el momento como me lo encarga.

   Supuesto a que los costales le cuestan a 3, a 3¼ y 3½ y que sólo se molesta porque yo tenga esta ayuda de costas en mi situación actual, los pagaré todos a 3½, que es el precio más alto; y las M., como buen algebrista, las pondremos a un término medio, que es a 18 reales, pues yo tendré cuidado de completarle las 100 de la cantidad y tamaño que se vendan todas a tres pesos, y de este modo nos saldrá por la mitad a cada uno, porque ya uno de los peones me instruyó de cómo debían ser; pero si, no obstante estos cálculos, vuestra merced quisiere determinarlo de otro modo, le repito lo mismo que me dice: que por interés no pelearemos, pues aunque soy pobre de bolsillo, no soy pobre de espíritu, sin ir contra las bienaventuranzas.

   Mi señora doña Teresa sigue con sus males, y se le va suministrando paulatinamente lo que necesita, sin que le falte nada, ni haya desperdicio.

   Los costales de la fábrica de casa, que sigan por ahora del mismo tamaño y calidad que los remitidos, hasta que vuelva a hablar con el que quiere las sacas; y por cantidad no se pare, pues aunque exceda el valor de las M., le remitiré en plata su importe.

   Los primeros costales sólo los vendí a 4 reales, pero ahora, con lo que me dice, apretaré un poco más.

   Le remito tres pesos de tabaco del mejor que se ha conseguido de mucho tiempo a esta parte.

   Le remito un paquetico de mis tabacos para que vaya chupando mientras le hacen los otros.

   Los novenos de 800 no han entrado; pero me dicen que dentro de 15 días ya se pueden pedir.

   El monigote está con viruelas, por eso no lo he visto.

   Siete millones de gracias porque contribuye con los costales a que una u otra noche se coma pollito en lugar de ajiaco.

   Llegó el correo de España en que esperaba la conclusión de mi tragedia, y hemos salido con que tengo que aguardar cuatro meses más para saber la resolución: por lo que en este tiempo es cuando más necesito que se moleste en costalearme para entretener el tiempo y la muela; pues en saliendo, ya Dios querrá que tomen las cosas otro rumbo más favorable.

   Magdalena, Inés, los muchachos y el amanuense muchísimas saludes a don Domingo, Chepa, Nepomuceno, María Luisa y a Pedro, que dice Pacho que si mucho miedo le tiene a las viruelas.

   Queda como siempre con el mayor cariño su

Antonio.

   Somos, 16 de septiembre de 18021.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, op. cit., pieza 9.

NOTA:
1   Del original. Archivo de Nariño. Colección de Guillermo Hernández de Alba.

96
CARTA DE NARIÑO AL PADRE FRANCISCO MESA

INFORMA SOBRE VARIOS PORMENORES DE SU VIDA COTIDIANA Y LE ANUNCIA LA COMPRA DE UNA CASA MAS HOLGADA. 14 de abril de 1803.

Antonio Nariño.

   (Al padre Francisco Mesa)

   Mi cura:

   Ayer tarde llegó el peón, y he sentido mucho la introducción de su papel, en que me comunica la muerte de Rueda y su caída sepulcral; el un golpe es de padre de familia, y el otro de cura celoso, por lo que es preciso sufrir con entereza el primero y no formar aprehensión del segundo. Vuestra merced sabe que en materia de caídas y golpes le habla una persona aguerrida que sólo le ha valido hacer frente para no morirse, y así tomar mi consejo, aunque de calavera: es preciso en esta vida andar siempre con un par de alforjas, como los capuchinos, echar los malos ratos en la de las espaldas, y los buenos solos dejarlos en el pecho. Estoy para conseguir una casa más desahogada que el actual pretorio de Pilatos, para que vuestra merced se venga a divertir unos días, y esté con comodidad. Tenemos una famosa lotería, que es juego de broma, muy divertido, y que con una peseta se pasa la semana, de modo que se puede sostener seguido sin quebranto.

   La prisa con que vino el peón me hizo mandar ayer mismo por todos sus encargos, y me temo que no vayan muy a su gusto, porque no están al mío, particularmente la pana que mandé donde el mismo mercader que me vendió la que mandé al marido de Chepa, y después de cortada no la quiso volver a recibir. Sólo conseguí me bajara dos reales en cada vara, que sale a 14 reales. Vuestra merced dígale a su compadre que si no le gusta la venda a algún orejón y me avise para mandarle otra escogida. Van los dos pañuelos de muselina a ocho reales, los tres de carmín a nueve reales, una pieza estopilla ordinaria siete pesos, cinco varas puntibi a cinco reales, 5.000 tachuelas, dos reales. Item. un tarrito de bacalao en escabeche, y un frasquito de pimientos, alcaparras y alcaparrones, que todo es bueno para tomar un taco a las once. Van los santos óleos como los pide.

   Capítulo de recepción: entregó el peón el cajoncito de bocadillos, los dos quesos y lo concerniente a Pedro. Todos nos endulzamos en el acto de la notificación porque eran las cinco de la tarde cuando llegó el peón. Es preciso que del queso redondo que vino con cáscara se me remita otro para ver si la fábrica es constante, porque nada le debe a los de Flandes.

   Capítulo de Magdalena: ésta dice que recibió en propia mano, sin ninguna restricción, una medalla que le mandó su tío Pachito para pascuas, que está como el muchacho que todo lo querría comprar con un real y que al fin lo perdió. Que nadie hasta ahora ha tenido ánimo para decirle cara a cara que es calavera, que sólo desde Turmequé pudiera atreverse el cura a decírselo, porque se habrá olvidado que sólo su alta figura infunde miedo; que en su nombre y el mío le diga muchas cosas a Chepa, que se consuele, que a las buenas mozas no faltan jamás maridos, y que en caso necesario vale más que sea ella la viuda.

   Capítulo del difunto: éste me encargó, como vuestra merced sabe, 4½ varas pana a dos pesos, dos pañuelos a ocho reales, y una vara bretaña en seis reales, que todo importa $11,6 reales. Me dice que a nuestras vistas me dará el dinero, y yo no estoy de humor de ir al purgatorio por una docena de pesos, sino que el señor cura en esta vida haga concurso de bienes, venda los dos marranitos y los dos caballitos y pague con antelación a su sobrino Antonio, que así es de justicia. Mucho más cuando los efectos habrán quedado en existentes. No me acomoda esto de que los difuntos me quieran pagar a nuestras vistas.

   Pepe me pidió en su nombre tres pesos para pagar unos marcos que vuestra merced dice que le encargó. Conteste a este punto, y al anterior.

   Cancino tronó como arpa vieja. Está preso en su casa. Dicen que debe 40.000. Que trabajó como un guarneta y gastó y jugó como un marqués.

   Las noticias por acá están mojadas y tristes. Moridera casi de repente. Don José Caycedo, Guardamino y doña Manuela Lozano. El correo suspirado aún no parece, y yo, aunque algo maluco, me mantengo como una vieja encina contra la violencia del tiempo y de las tempestades.

   Sólo se han encontrado 500 tachuelas, y de la bayeta nada, nada.

   Pedro, muy formal y contento, los saluda a todos, y lo mismo hacen Magdalena, Inés, Pacho, Antonio chiquito, Vicente, Mercedes, Isabel y su

Antonio1.

   14 de abril, a las 11 del día (1803).

FUENTE EDITORIAL:
 Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, op. cit., pieza 10.

NOTA:
1   Del original. Archivo de Nariño, citado.

97
DIAGNOSTICO DE MEDICOS SOBRE LA SALUD DE NARIÑO

DIAGNOSTICO EN JUNTA DE LOS MEDICOS JOSE CELESTINO MUTIS, SEBASTIAN JOSE LOPEZ RUIZ Y MIGUEL DE ISLA SOBRE LA SALUD DE ANTONIO NARIÑO, PRESO EN EL CUARTEL DE CABALLERIA. Santafé, 30 de abril de 1803.

Pedro de Mendinueta, José Celestino Mutis
Sebastián José López Ruiz, Miguel de Isla.

   Dirijo a vuesamerced el expediente original actuado sobre el estado de salud de don Antonio Nariño y urgente necesidad en que se halle de salir al campo a disfrutar de aires puros y hacer ejercicios, a fin de que, en conformidad de lo propuesto por el señor oidor-decano en su informe de esta fecha, proceda vuesamerced a celebrar junta con asistencia de los dos facultativos que han reconocido a Nariño y exponerme juntos o separados, en caso de no convenir en un mismo concepto, el que formen acerca de la urgente necesidad que representa el interesado y si lo es tanto que de no accederse a su solicitud se siga riesgo evidente de la vida, como también si en el lugar de su prisión se le puede asistir y curar; y si para el efecto quisiere vuesamerced antes reconocer al citado Nariño, podrá vuesamerced verificarlo, a la hora que le acomode, a cuyo fin está dada la orden conveniente.

   Dios guarde a vuesamerced muchos años.

   Santafé, 30 de abril de 1803.

Pedro Mendinueta.

   Señor doctor don José Celestino Mutis.

   Excelentísimo señor:

   En cumplimiento del superior decreto de vuestra excelencia, hemos procedido a celebrar la junta en que nos proponía examinar los tres puntos a que pueden reducirse los conocimientos médicos necesarios para que siga su curso la solicitud del enfermo don Antonio Nariño.

   Discurrimos, en primer lugar, acerca de su enfermedad, clasificándola por los síntomas que la acompañan, y en el supuesto de hallarse tan manifiesto el daño de sus pulmones en resulta de la copia de sangre arrojada anteriormente en varias ocasiones, recelamos una tisis pulmonar caracterizada con todos sus síntomas, adelantada en un segundo período y tal vez complicada con principios de empiema hidropesía de pecho o del pericardio, cuando no lo acompañan también algunos tubérculos esparcidos por los pulmones o finalmente alguna vómica. Lo cierto es que a tales conjeturas dan fundamento los varios síntomas que hemos reconocido y anuncian gravemente arruinados los órganos de la cavidad vital.

   De tales indicios hemos deducido, en segundo lugar, la gravedad de la enfermedad y por consiguiente el gran peligro de vida en que se halla constituido el paciente, en atención a que cualquiera de los daños mencionados, cada uno por sí solo y sin la complicación que recelamos, suele ser de tanta gravedad que no sólo admiten una curación paliativa sin la esperanza de perfecto restablecimiento, si en los principios del mal no se atajan sus fatales resultas.

   A pesar de las oportunas diligencias practicadas por Nariño, desde los primeros insultos en que arrojaba sangre, sujetándose al uso de los remedios apropiados y al régimen de la dieta vegetal que ha seguido a temporadas, no sólo se ha resistido la enfermedad primitiva, sino que ha continuado haciendo mayores progresos y complicaciones. No es de extrañar tanta rebeldía en consideración a las funestas circunstancias que han concurrido en el paciente, porque a su pecho mal conformado y predispuesto desde su infancia a tales enfermedades se le ha reunido la desgracia de su dilatada prisión que le ha privado en más de cinco años de los más poderosos auxilios del ejercicio moderado, la equitación y salubridad de los aires rurales, obligado al contrario a los funestos efectos de la vida sedentaria, impureza de los aires del cuartel y a las tristes imaginaciones de su dilatado encierro.

   De cuyas reflexiones hemos deducido finalmente la decisión del tercer punto, asegurando la necesidad absoluta de sacarlo de la prisión, conduciéndolo al campo, donde pueda ser socorrido con los últimos auxilios que prescribe la medicina y evitar al mismo tiempo el influjo de las causas que lo han perjudicado en su prisión.

   Muy lejos de haber procedido nosotros en este común y posterior dictamen consiguiente a las certificaciones anteriores con aquella benigna condescendencia que inclinan los males del prójimo, atendida por otra parte la responsabilidad en que nos constituyen las graves circunstancias del caso presente, no sólo reiteramos ser este nuestro dictamen el más arreglado a nuestros conocimientos, sino que también añadimos para su mayor prueba quedar compadecidos por la desconfianza de que el paciente pueda lograr su completo restablecimiento, a pesar de los mejores auxilios. ¡Tal es el estado de su corruinada salud!

   Así lo certificamos en Santafé, a 3 de mayo de 1803.

José Celestino Mutis.
Sebastián José López Ruiz.
Miguel de Isla
1.

FUENTE EDITORIAL:
Escritos científicos de don José Celestino Mutis. Compilación, prólogo y notas de Guillermo Hernández de Alba, t. 1, Bogotá, Editorial Kelly, 1983, pp. 130-132.

NOTA
1   Real Jardín Botánico de Madrid, Archivo de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, legajo 30.

98
CARTA DE NARIÑO AL PADRE FRANCISCO MESA

NARIÑO LE INFORMA SOBRE VARIOS ENCARGOS, ENTRE OTROS, LA ENTREGA DE UN PADRON Y LA CONSECUCION DE ALGUNAS MERCANCIAS Y OTROS OBJETOS QUE SE RELACIONAN CON SU COMUN INTERES COMERCIAL. 12 de julio de 1803.

Antonio Nariño.

   Montes y julio 12 de 1803.

   (Al padre Francisco Mesa)

   Cura mío: Hoy a las 7 de la mañana llegó Tomás, y en el momento se expidieron las órdenes necesarias para el cumplimiento de su voluntad en cuantos puntos contiene su carta, y el resultado es el siguiente:

   1° De abajo para arriba: que vino el señor Otero antes de ayer y trae sólo vino porque cera dice que había venido mucha y que en Santafé está con más cuenta que abajo; pero en recompensa me ha ofrecido un excelente reloj que, aunque es de péndolas, si sus acciones y figura corresponde a la pintura que se me ha hecho, no me dolerá largar $150 o quizá más, para que el cura viva arreglado con buen reloj.

   2° Que aún no han entrado los novenos en cajas; pero que mande las certificaciones para atraparlos en el momento que cuelen, que será muy pronto.

   4° Que van siete varas de filipichín amarillo a dos pesos vara. 600 tachuelas doradas a cuatro reales. 600 más de hierro a 2½ reales, tres piezas de medio listón carmesí a 18 reales pieza, que todo esto con su pelo y su lana me ha dicho el Tomás que se necesita para los dos canapés y por eso lo mando, con ganas de que esté a su gusto y no me regañe.

   5° Que Pedro está contento, y que le escribe de su propio puño y letra, sin intervención mía, pues cuando vi el papel fue al tiempo de cerrarlo.

   6° Que se entregó el padrón y carta al señor arzobispo, y que aún no sabemos cuándo contestará; pero que voy a dar un paso bajo de cuerda para saber si lo nombra colector de cuartas y avisárselo inmediatamente para que se venga y nos veamos y garlemos hasta que se le seque el gañote junto al río o a una frasquera de la más excelente chicha que humana boca ha probado.

   7° Extracontestación: que aquí dejo el caballo en que vino el Tomás, que llegó cansado, y que me dijo lo dejaba para que lo vendiera; que va en un zainito que era mío, y ahora es suyo porque es mansito, sin resabio (sino es el de ser de sillón), anda muy bien y es fuerte. Que se lo cuiden bien, y verá cómo le gusta.

   En este estado pasé yo mismo a Santafé a ver el reloj y lo dejo ajustado en $160, con la condición de verlo andar unos días para saber prácticamente sus buenas o malas mañas. Es digno de un obispo de Turmequé. Puede mandar un par de peones para que lo lleven.

   Me avisará cuánto vino quiere, en inteligencia que es botijambre grande, muy buen vino y que nos sale a siete pesos. También trae Otero un ajuar de altar de hoja de lata, blandones (creo que se llaman), macetas, sacra, evangelios, etc., todo muy bonito. Dígame si quiere que se lo compre; todo vendrá a importar unos $140.

   También di el paso para que se hable a su ilustrísima diciendo que siempre lo nombra a vuestra merced, y que si piensa hacerlo este año lo haga pronto para que se evite del mal tiempo que más tarde le cogería.

   En atención a todo lo dicho punto por punto, sólo queda en blanco lo de lienzos, porque es cosa de cajas que lo mandará uno con cada pregunta de Herodes para Pilatos, y aunque más he hecho, no le puedo mandar hoy una razón definitiva.

   Conclusión: si su bolsillo y el mío son uno mismo, vuestra merced es el que va ganando porque se descarga el suyo del peso y encuentra en el mío bastante buque para cargarme de medios reales, que ya dizque va a venir la moda de no quererlos, y por eso es que los andan juntando ahora a toda prisa para cuando llegue la moda tener que aborrecer. Basta de mechas que Tomás se quiere ir. Vuestra merced sabe que lo quiero, y todos los de casa me dicen que les repita lo mismo en su nombre, particularmente Mata, que está haciendo gestos porque le duele el dolor. Piénseme mucho, y se me olvidaba lo mejor del capítulo 1° Mande por ahora las vacas para la leche, y en cuanto a los bueyes, en el potrero caben hasta 100, pero ahora no es tiempo de meterlos; no obstante, si allá no tiene dónde tenerlos, váyamelos mandando, que los pondré en otra parte mientras el potrero está en sazón. Estos y las ovejas tienen en el día mucha cuenta. Se ven aquí vender bueyes gordos a unos precios que no conocieron nuestros mayores. Le vi hace ocho días vender a Umaña cuatro a $34, y ganaron los que se los compraron: con que no dejar buey grandotote que no se atrape y que venga pasito a pasito.

   Démele muchas saludes a Chepa y de sus tías, y a María que se recree con la carta de su hijo, que está muy formal y muy contento; y con esto y lo demás que le pudiera decir de que no hay más novedades que las ya referidas, voy a poner aquí clarito mi nombre.

su Antonio1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas de Nariño, ob. cit., pieza 11.

NOTA:
1    Del original. Casa-Museo del 20 de Julio de 1810. Sala Nariño.

99
CARTA DE NARIÑO AL PADRE FRANCISCO MESA

NARIÑO INFORMA DE VARIOS ASUNTOS DE NEGOCIOS, ENTRE LOS QUE SE HACE MENCION DE LA HARINA, QUINA Y LA SEMILLA DE GUINEA, ASI COMO DE BESTIAS DE CARGA, EL GALLINERO, PALOMAR Y AMASADERO. Fucha, 19 de septiembre de 1804.

Antonio Nariño.

Fucha, solus amore meo, 19 de septiembre 1804.

   (Al padre Francisco Mesa)

   Mi cura: Aunque le escribí que Pachito se fue el sábado, fue porque lo saqué filosóficamente adelante para evitar pucheros; pero Mariano salió hasta el lunes, y me fui con él, los muchachos y Pedro hasta la boca del monte, donde les cantamos trompa mañana, y siguieron ayer sin novedad. Dios los lleve con bien.

   Vamos a tratar de contestarle y de determinar un punto muy serio: la dependencia del orejón está agonizando, he hecho siete mil viajes a Bogotá hasta tener que sangrar al rosado, y por pocos a su dueño. He conseguido finalmente que me suelte un excelente potrero, con quince mulas para cargar quina, y todavía no sé cuantos más caballos de carga, las cercas, chambas y casas, que mañana debe quedar esto concluido, si no me vuelve a engañar, no obstante que ayer me firmó un papel. En este supuesto es preciso que su merced pague el primer plazo de Calvo, y que yo pague el segundo, pues a más de faltar los $1.000 del orejón y de debérseme todavía trigo del de su cuenta, quizá tendré que largar otros $1.000 más para no perder la dependencia; con que sáqueme de este susto con decirme que está muy bien, porque yo no quemo las harinas habiendo plata en Turmequé.

   La plata de don Juan Gómez está desde el viernes contada, pero por lo dicho se hará cargo que no la he podido entregar. Mañana quedará concluido este punto.

   Igualmente se pagará a Gregorio el sombrero y lo demás que deba para que no viva con escrúpulos.

   Dentro de tres días voy a tratar de colegio, y me parece que a Pedro será mejor ponerlo de capista para que el estudio se haga con formalidad, pues de otro modo estará como de prestado. Vuestra merced me dirá lo que le parezca, y se hará lo que me dijere.

   El doctor Galvis sigue estudiando, y me parece que está bien contento; hoy se fue a Santafé y aguardamos al doctor Moreno esta tarde, con cuyos peones escribirá si quisiere, porque el pobre peón, que se lastimó una mano, quiere irse, aunque yo quería se aguardara hasta que lo acabaran de curar.

   La harina no ha llegado, y espero se ponga muy cara, pero si la suya se ha de dañar, la venderé de pronto.

   La quina, después que le ha dado aquí el sol, se ha puesto excelente, y así apurar que saquen y sequen, que quizá la mandaré a Santa Marta si Mariano me hace un buen ajuste sin obligarse a número ni tiempo determinado.

   Conserve cuantos bueyes tenga para si logro el potrero, que engorden y aren.

   La semilla de guinea es la que va parte con ramitas, semejante a la muestra que le remito en esta carta; también le mando una pepa que me han traído de La Habana, para que la haga sembrar en tierra caliente.

   Me alegro mucho mucho que el señor Moro le haya agradado, y que no se perdiera la rifa.

   Dígame en la primera ocasión hasta cuántas bestias de carga habrá menester, en la inteligencia que mulas sólo hay 15, pero los caballos están acostumbrados a ir a Honda.

   Se acabó el gallinero, palomar y amasadera; pero hasta mañana no se hace el primer amasijo; por eso no van los bizcochos; y Magdalena, que su pesadumbre no se amasa, que teme se le corte el pan. Están hechas una mierda (con licencia de su merced) con el viaje de Pacho.

   Se recibieron los quesos y las gallinas con el medio gallo. A María, que con los peones del doctor Moreno le mandaré sus encargos. Reciba por junto las siete mil memorias de todos, inclusa la Patoja, y no dude del amor de

su Antonio.

   A Chepa mil cositas de todos y que ahí va su dedal, y que si le hago el rancho de concertado. A María Luisa, etc1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, op. cit., pieza 14.

NOTA:
1   Del original. Archivo de Nariño, citado.

100
CARTA DE NARIÑO AL PADRE FRANCISCO MESA

 NARIÑO INFORMA SOBRE ASUNTOS DE NEGOCIOS PENDIENTES Y ALGUNAS DILIGENCIAS POR ENCARGO PARA REALIZAR EN SANTAFE. Fucha, 12 de febrero de 1805.

Antonio Nariño.

   Fucha, y febrero 12 de 1805.

   (Al padre Francisco Mesa)

   Cura mío: Mucho me alegro que llegaran sin novedad y que los muchachos estén buenos y contentos. Inés sigue con sus altos y bajos y Magdalena aún no se ha resuelto a seguir el antiguo amasijo; bien que como perdió todos los marchantes, en el día se le quedaría la mayor parte del pan.

   Recibí los $800 que aún no he entregado porque la desgracia de Pepe está de por medio, y han ocurrido algunas dificultades que han puesto la cosa en mal estado. El viejo se ha resistido a entregar, y pide $1.000 de mejoras. Señor Maldonado con sus narices tomó las cosas con frialdad, y Ospina, creyendo que yo entregaba los 800 con la misma facilidad que los 200, estaba lo mismo; pero desde que le dije en buen castellano que el dinero había llegado, y que yo no lo entregaba hasta no ver todo transado, ha tomado el asunto con tal apuro, que me temo nos alcancen y seamos nosotros los que quedemos mal, pues aunque le mando los borradores de todo para que se despache inmediatamente, es imposible que el dinero esté sacado dentro de los 20 días en que quedamos, y de que ya sólo faltan ocho días. Ospina ha hecho 50 viajes en estos tres días para agarrar la plata, marcharse a Chiquinquirá, y quien ahí te puso ahí te dejo. El González, que es el arrendatario, es un poco caviloso y amigo de litis, y señor Narices no creo que es tan delicado como se pondera en esto de la formalidad, porque tengo mis sospechas de algunas herramientas de la estancia que nos negó, y si no he aclarado este punto es por el temor de que si no cumplimos, me dé con la misma en cara; pues yo le confieso que estoy tamañito, y nosotros quedamos mal con Maldonado y con Calvo; ya he ofrecido los bueyes a $18, y no hay quien los pague de contado; la harina también estoy haciendo diligencia, y veré si ferio alguna, pero todo esto es un pico para lo que hay que entregar.

   Va el borrador del acta que en medio pliego del papel del sello 3° la pondrá el alcalde por certificación, porque por testimonio necesitaría papel de a 12 reales. En la certificación incluye el acta al pie de la letra.

   En el otro medio pliego pone el poder, cuyo borrador también va; y en el otro pliego del sello 4° ponen la escritura de fianza, firmada del alcalde y de los mismos vecinos que firmen el acta, con la suya en su lugar. Cuidado con las fechas. Todos tres documentos han de venir: certificación del acta, escritura de fianza, y poder.

   Capítulo 2°. Tuve carta de Pacho y de Mariano (de Cuba), y Mariano me dice que le pagaban las quinas (reservado), en Santa Marta, a nueve pesos arroba de segunda y $12 arroba de primera, a cambalache de vino seco a tres pesos botija, y que no quiso aceptar porque piensa que las hemos de vender mucho mejor, y así que se las remita a un tal Peña comerciante de Santa Marta, para que éste las tenga a su disposición. Yo, no obstante, he escrito al comerciante que hizo la propuesta del vino, ofreciéndosela en los mismos términos que él la propuso a Mariano, y a éste se lo digo, advirtiéndole que habrá quinas para uno y otro. No sé qué le parecerá a vuestra merced ésta mi determinación, pero ojalá que el comerciante no se haya arrepentido. Mariano me encarga mucho secreto. Remito la carta de Pacho para que la lean y me la devuelvan; ya parece un hombre en su estilo, y me ha dado mucho gusto ver cómo va adelantando en tan poco tiempo.

   Lo de los curatos está en el mismo pie que vuestra merced los dejó. Su excelencia nada ha resuelto que se sepa, y la mayor parte opinan que de golpe repicarán, hete aquí al señor sacristán, y tan tan tan, los curatos ya no se dan. Al doctor Galvis que no lo olvido, y que sólo por él deseo que se provean.

   Dígamele a don Victorino que no obstante que no pone el precio de las quinas, busqué al García y me dijeron que se había ido para Guaduas; que me mande a decir el último precio a que las da, para cuando venga el García tratárselas; que nada me habían dicho de los quesos, pero que se los agradezco como si hubieran llegado hoy.

   En Fucha nada se ha adelantado desde su partida porque no es tiempo de gastar, y sólo tengo cuatro peones necesarios para la alfalfa diaria.

   Saludo a los muchachos, que escriban, lean y estudien; y Magdalena e Inés muchas muchas cosas de saludes, y chicha, y que hoy están amasando para el gasto, y Dios quiera que todo siga bien, y que sin disgustos por acá, no nos veamos en un apuro, sino que alegres y contentos, dueños de Fucha y del Refugio, cantemos trompa mariana y a Dios.

   Su amantísimo1,

Antonio2.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas deI general Nariño. op. cit., pieza 15.

NOTAS:
1   Va ese anuncio de cómo ha de ser lo del papel sellado.
2   Del original. Casa-Museo del 20 de Julio de 1810. Sala Nariño.

101
EL REY ORDENA COBRAR LAS COSTAS A NARIÑO Y A RICAURTE

EL REY EXIGE HACER EFECTIVO EL COBRO DE LAS COSTAS DEL JUICIO QUE DEBEN CANCELAR ANTONIO NARIÑO Y JOSE ANTONIO RICAURTE PARA SER ENVIADAS A LOS INTERESADOS POR MEDIO DE SU ESCRIBANO DE CAMARA. Aranjuez, 20 de marzo de 1806.

Yo el rey,
(rúbrica).

   Don Carlos por la gracia de Dios, rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Jaén, de los Algarves de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales, islas y tierra firme del mar océano; archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bravante y Milán; conde de Abspurg, de Flandes, Tirol y Barcelona; señor de Vizcaya y de Molina, etc. Mi virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada y regente y ministros de mi real audiencia que reside en la ciudad de Santafé: sabed que con real orden de 25 de noviembre del año pasado de 1799, tuve a bien remitir al mi consejo de las Indias la causa formada en esta capital contra don Antonio Nariño y don José Antonio Ricaurte, su abogado defensor, sobre impresión clandestina hecha por el primero del papel titulado Los derechos del hombre; y que vista por los de él, con lo que en su inteligencia expusieron mis dos fiscales a consulta que me hizo en 9 de septiembre de 1800, me digné (entre otras cosas) resolver continuasen en prisión y sin comunicarse los expresados don Antonio Nariño y don José Antonio Ricaurte, como los demás reos, de quienes dispondría lo que creyese oportuno, verificada la paz y mandada guardar y cumplir esta mi real determinación, expedida para su observancia mi real cédula en 1° de diciembre del citado año de 1800, se ocurrió al mencionado mi consejo por el doctor don Francisco García Verdú, relator de él, que como tal despachó la citada causa, haciéndolo presente y que no se le habían satisfecho las costas causadas por los citados reos; por lo que y ser pudientes, pidió que se mandasen tasar por la contaduría general los derechos que le correspondían como tal relator, y que se librase la real cédula o despacho conveniente a esa real audiencia, para que exigiéndolos de los enunciados reos mancomunadamente con más los derechos del despacho y costos de su conducción a España, los remitiese esa audiencia a disposición de dicho mi consejo, y que venidos que fuesen se le entregasen los que correspondiesen. Y mandados pasar los enunciados autos a la contaduría general para que ejecutase la tasación solicitada por el doctor Francisco García Verdú y que fuese y se entendiese también de las devengadas por la escribanía de cámara y demás subalternos del mismo mi consejo, la ejecutó con fecha de 22 de marzo del año próximo pasado de 1805, y reguló los derechos que se expresan en las partidas siguientes:

Al relator por el apuntamiento que formó de esta causa, en 28 pliegos, y corre unida a la sublevación, a 22 reales cada uno Rs.    616
Por tiras, vista y relación de 3.364 fojas de todas las causas, por venir unidas, a cuatro maravedís plata Rs.    862.4
A los agentes de los señores fiscales, por dos respuestas en 26 fojas, a 30 reales plata cada una, se le abonan 780 reales plata, y no se hace el del reconocimiento de autos por haberlo ejecutado en la de sublevación Rs. 1.560
A la secretaría del Perú, por dos cédulas expedidas al virrey y audiencia de Santafé por duplicado Rs.    330.
Rs. 3.368.4

   Y vista por los del referido mi consejo la insinuada tasación de costas, por auto que proveyeron en 4 de febrero próximo pasado, la aprobaron y acordaron se librase esta mi real carta y provisión, y yo lo he tenido por bien. Por la cual os mando que luego que la recibáis deis las órdenes y providencias convenientes para que de los dos reos que van expresados y sus bienes mancomunadamente se proceda a exigir y hacer efectivos los 3.368 reales, 4 maravedís de vellón a que ascienden las costas contenidas en las partidas que van insertas, con más 81 reales de plata de los derechos de ésta mi real carta, su principal y duplicado, y los del sello que irán notados al pie, a que deben aumentarse los que importare el flete, conducción y derechos reales de todo; y cobradas que sean dichas cantidades, providenciaréis igualmente que íntegras y sin que de ellas se haga descuento alguno, se remitan a estos reinos en primera ocasión segura y partida de registro, dirigiéndolas al presidente juez de arribadas y alzadas de la ciudad de Cádiz, dándole aviso con distinción y claridad de lo que proceden y en qué navio de bandera se remiten, para que a su llegada las perciba y traslade a poder de don Francisco Javier de Felipe, mi secretario escribano de cámara de dicho mi consejo, y que por éste se repartan y distribuyan entre los legítimos interesados que deben haberlas, por estar así resuelto y determinado en justicia por los del nominado mi consejo y ser mi voluntad.

   Dada en Aranjuez, a 20 de marzo de 1806.

Yo el rey,
(Rúbrica).

   Silvestre Collar, secretario del rey nuestro señor, lo escribí por su mandado.

(Rúbrica).

   (Rúbrica). Para que el virrey y real audiencia de Santafé hagan que se exijan y cobren mancomunadamente de los dos reos que se expresan, las cantidades de costas que se refieren y las remitan en la forma que se manda.

El marqués de Bajamar.
(Rúbrica).
Miguel Calixto Jiménez de Acevedo.
(Rúbrica).
José Pablo Valiente.
(Rúbrica).

   Registrado.

Juan Angel de Ceraín.
(Rúbrica).
Sello (ilegible).
Teniente de gran cancillería,
Juan de Angel de
(ilegible).

   Derechos: ocho reales de plata.
   A lo proveído en su principal.
   (Dos rúbricas).

Doctor Valenzuela
(rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 131, folios 805-810.

102
CLAUSULA TESTAMENTARIA RELACIONADA CON LOS BIENES DE NARIÑO

CLAUSULA TESTAMENTARIA DE ANTONIO DE LAS CAJIGAS RELACIONADA CON LOS BIENES SECUESTRADOS A NARIÑO. 14 de julio de 1806.

   Cláusula 24. Item: Declaro que me hice cargo del depósito de la casa y bienes de don Antonio Nariño, pero la entrega no se me hizo por inventario sino en globo, como estaba en la casa; estas cuentas se están liquidando con eficacia, y sin embargo tengo entregado de lo rematado $6.000 en la tesorería de diezmos. Mando que se entreguen las existencias que es lo único que está a mi cargo, pues yo no tengo en mi poder cosa alguna sino es una cuenta de cosa de $700 que con parecer y consentimiento del escribano fueron debiendo algunos sujetos a quienes se remataron algunas cosas, de quienes dicho escribano tenía satisfacción. Las existencias están en su casa, pues yo no he sacado nada; todo lo cual declaro para que conste.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección 4a. Notaría Primera Año 1806. Escribano Eugenio de Elorga, folio 49. vol.


103
INFORME AL VIRREY QUE DENUNCIA A NARIÑO Y OTRAS PERSONALIDADES COMO CONSPIRADORES

DENUNCIA HECHA AL VIRREY ANTONIO AMAR, CONTRA EL CANONIGO ANDRES ROSILLO, LUIS CAYCEDO Y FLOREZ, PEDRO GROOT, ANTONIO NARIÑO, MIGUEL TADEO GOMEZ, REGIDOR JOSE ACEVEDO Y LOS ABOGADOS IGNACIO HERRERA Y JOAQUIN CAMACHO, DE ESTAR CONSPIRANDO PARA IMPONER LA LIBERTAD EN EL NUEVO REINO DE GRANADA. DILIGENCIAS CONSIGUIENTES. Santafé, 15, 16 y 20 de octubre de 1809.

Antonio Amar, virrey. Carrión,
Pedro Salgar, Crisanto Valenzuela, doctor.

OFICIO

   del virrey de Santafé a la real audiencia.

Muy reservada

   Se me ha dado noticia, derivada de persona cuyo crédito no es de despreciarse, pero que interesa en reservar su nombre y circunstancias, que por el magistral de esta Santa Iglesia, doctor don Andrés Rosillo, se tratan cosas contrarias al buen orden y subversivas del gobierno actual; que en su casa se han juntado varios sujetos a conferenciar sobre el asunto, y probablemente en ella, y pieza reservada de su despacho, se encontrarán papeles conducentes a él. Que se intenta nada menos que sorprender una noche mi casa y el cuartel de la tropa (la que se lisonjean sobornar), apoderarse de las armas, caudales de cajas y demás depósitos y erigir una junta independiente, la que se supone deberían presidir alternativamente, de dos en dos años, don Luis Caycedo y Flórez, don Pedro Groot y Antonio Nariño, y que para la ejecución contaban con una porción de negros esclavos que han de traerse de la hacienda de Saldaña (a quienes se ofrece la libertad en recompensa), con gente que se recogerá y tiene seducida en La Mesa de Juan Díaz; con 600 hombres de Zipaquirá, bajo la conducta de su corregidor, y con 1.500 del Socorro, que se piensa recogerá allá el administrador de aguardientes, doctor Miguel Tadeo Gómez, quien al efecto se dice está de inteligencia con el regidor de esta capital don José Acevedo.

   Aunque todo este proyecto parece algo complicado, remoto y acaso improbable, no habiendo noticia de esos parajes que indiquen tan considerable movimiento de gentes, mayormente cuando en el Socorro hay anticipado especial encargo para estar en observación, y cuando, por otra parte, el denunciante se persuade de que el intento era para dentro de pocos días, o a más tardar antes que llegase a Honda el destacamento que sale de Cartagena, no es, sin embargo, de despreciarse la noticia por el mucho interés que envuelve; y así, habiendo tomado mis medidas en punto a la tropa de la capital y expedido órdenes a los parajes indicados de afuera para que se observe y dé aviso al menor movimiento, pongo por lo demás al cuidado y celo de vuestra señoría, lo demás que corresponda con respecto al denunciado doctor Rosillo, quien, se añade, ha tenido en estos últimos días conferencias, a puerta cerrada, con el abogado Ignacio Herrera, y otro, que no se afirma, pero se piensa que sea el doctor don José Joaquín Camacho.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 15 de octubre de 1809.

Antonio Amar.

RESOLUCION DE LA REAL AUDIENCIA

Reservada

   Santafé, 16 de octubre de 1809.

   Para proceder conforme a derecho en el asunto que expresa el antecedente oficio, diríjase el correspondiente al excelentísimo señor virrey, a fin de que el denunciante formalice el denuncio, dando razón de él y los datos que tenga, en el concepto de que su nombre se reservará absolutamente, de modo que en las diligencias se oculte a testigos y reos.

   Por ahora autorícese esta providencia por el señor ministro más moderno, quien queda encargado de celar la casa del magistral don Andrés Rosillo, para verificar en esta parte lo que dice la relación del denuncio.

   Pase al real acuerdo.

   (Hay seis rúbricas).

Carrión.

SEGUNDO OFICIO DEL VIRREY AMAR

   Como el sujeto que reveló la especie de que impuse a vuestra señoría en mi carta muy reservada de 15 del mes presente, no haya correspondido aún a las insinuaciones que se le han hecho para que ponga su denuncio por escrito, bajo la seguridad de que se le guardará sigilo; y como el estrecharle por medios coactivos y de jurisdicción, contemplo sería promover ruido y aventurar el secreto antes de tiempo, tengo por más acertado manifestar a vuestra señoría lo ocurrido, para que de ello haga el uso que le parezca justo y conveniente.

   Dicho sujeto es don Pedro Salgar, cura de la ciudad de Girón, y en la actualidad residente en esta capital; éste descubrió lo relacionado a don Andrés Rodríguez, oficial de la secretaría del virreinato, con objeto de que llegase a noticia de la superioridad, y con el mismo lo manifestó dicho Rodríguez a su jefe inmediato el secretario, porque sin otra interposición llegó a la mía. Es cuanto puedo decir a vuestra señoría en el asunto sobre que procederá como mejor estime convenir al real servicio y causa pública.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 20 de octubre de 1809.

Antonio Amar.

DECLARACION DEL DOCTOR PEDRO SALGAR

   En la ciudad de Santafé, a 2 de noviembre de 1809, compareció ante el señor regente el doctor don Pedro Salgar, abogado de esta real audiencia y cura vicario de la ciudad de Girón, e instruido de la licencia del discreto provisor, juró a Dios Nuestro Señor in verbo sacerdotis tacto pectore et corona, decir verdad y guardar secreto en lo que fuere preguntado, y siéndolo sobre los particulares a que se contraen las anteriores diligencias, dijo: que en primer hacía presente que por el riesgo de su propia persona pedía se ocultara su nombre y calidad de los demás que citara, poniéndolas en clave aparte para que de ningún modo pudiera ser descubierto, con cuya consideración se habían de practicar cualesquiera otras diligencias; que bajo de esta seguridad procedía a exponer lo que sabía, para que de todo ello se tomara lo que pareciere importante, y oído todo su relato, estimó el señor regente que se debía poner como lo había hecho, sin omitir nada, y le ratificó la seguridad de ocultar su nombre.

   Dijo, pues, que hará como 23 días fue por la tarde a la casa del magistral doctor don Andrés Rosillo a pedirle una casa en arrendamiento; que en la sala no estaba dicho magistral sino una niña. Don Carlos Salgar, sobrino del que declara, y un caballero, París (andaba afuera), cuyo nombre ignora; que preguntando por el magistral, le respondieron que estaba dentro, por lo que se sentó a esperarle, y luego entró de la calle don Antonio Nariño y preguntó por aquél, sentóse un rato y después se despidió, diciendo que volvería a las ocho; salió luego el magistral con don Sinforoso Mutis y otro caballero París (cuyo nombre ignora), y habiéndose noticiado al primero la entrada y salida de Nariño, tuvo a mal el que le dejasen ir; que el declarante comenzó a sospechar allí mismo alguna cosa, fundado también en la sospecha que desde el año de 94 le engendraron los sucesos públicos, de las personas de Nariño y Mutis; que con este motivo le hizo seña a su sobrino don Carlos de que le siguiera, y se despidió con él; y estando ya solos en la calle, le dijo: que cuidado cómo los iba a poner en algún calor o sentimiento, pues lo temía por verle metido allí; a lo que contestó dicho don Carlos que ahora era que él, su tío, había de cultivar la amistad del magistral, que lo podía colocar muy bien; que comprendiendo el declarante el fondo de estas y otras expresiones, le preguntó cómo tenían dispuestas las cosas, y si debía de haber vacantes, a lo que respondió que todo estaba hecho y que el provisor y el doctor Andrade serían excluidos; que por este estilo entró su sobrino a declararle la extensión del proyecto en estos términos: que Nariño consignaba 1.000 onzas para sobornar la tropa; que don Antonio Baraya, estando de guardia en palacio, intimaría prisión a su excelencia; que tenían 6.000 hombres del Socorro y 1.500 de Zipaquirá, y que contaban con muchos esclavos que había en el partido de La Mesa, a quienes ofrecían libertad; que el señor Miñano era el presidente de la junta, y que el mismo sobrino del declarante contaba, por lo menos, con una tenencia; que con esto se despidieron, quedando emplazados para el día siguiente, en el cual no se vieron, pero sí al otro en que don Carlos fue a las dos de la tarde a la casa del que declara y le refirió que ya no sería el señor Miñano el presidente; que se iba para Cartagena, pero con el objeto de ganar la tropa que venía de aquella plaza; que el presidente sería don Luis Caycedo los dos primeros años, y después lo sería don Pedro Groot o Nariño; que el mismo día en que estaban hablando, daría cuenta Groot de los caudales que había en cajas, y que no dejaría de haber $150.000; que también debía haber dinero en la casa de moneda; que a su excelencia no le dejarían $100.000 para retirarse, como había dicho la primera vez que hablaron, sino $10.000; que le quitarían a la señora virreina $80.000 que tenía de su peculio, en perlas y otras alhajas; y reconviniéndolo el declarante sobre por qué no estaban contentos con su excelencia, le respondió que el pueblo estaba descontento porque se daban empleos por dinero; que a un Canabal, de Cartagena, le habían dado una administración por $10.000, la cual le habían quitado luego por no haberlo aprobado la suprema junta, y aunque pedía su dinero no se lo volvían; que otro dio $1.000 por un empleo, y un segundo $1.500, y se llevó el empleo un tercero que dio $2.000, sin devolverles a los dos primeros su dinero, y todo esto por mano del mayordomo.

   Que el declarante comprendió que como que lo invitaba, pues aun en la primera vez que hablaron le proponía que le llevaría y oiría el oráculo del señor Miñano, pero lo que hizo fue ridiculizarle sus especies y manifestarle la imposibilidad del proyecto, por lo cual sería quizá que no ha vuelto a decirle nada, sino fue de paso en la calle que le dijo que ya contaba con una capitanía; que la vez que don Carlos estuvo en casa del que declara, le dijo también que los señores ministros no quedaban en sus empleos, y menos los señores Alba y asesor del virreinato, a quienes decapitarían. Que en la última vez que hablaron en la calle, le dijo también don Carlos que ya el señor Miñano tenía sumario a los señores de la real audiencia, y reconvenido sobre con qué jurisdicción, repuso que era para que hecha la cosa, estuvieran justificadas las causas. Que en todo se propuso el declarante retraer a su sobrino, despreciando y ridiculizando cuanto le decía, pero que no obstante, escrupulizado después, comenzó a meditar lo que haría, y por esto fue que consultó con don Andrés Rodríguez, y avisado luego por éste de que se lo había dicho al señor secretario de su excelencia le expuso el declarante, que creía cubierta su conciencia, lo que le ratificó Rodríguez; pero que no obstante, hablaron los dos sobre el modo de formalizar el denuncio, y el declarante se contrajo a excusarlo, mediante que por vía de declaración citándole el mismo Rodríguez, se cubriría mejor; que aparte de esto juzgó impracticable el proyecto, fundado también en las reflexiones que le hizo el propio Rodríguez; que por todo esto y no por cobardía, había diferido el denuncio. Preguntado si en cuanto ha referido le mueve en todo o en parte algún resentimiento, venganza, desafecto u otra pasión, respondió que lejos de tener alguno de estos motivos, se hallaba ligado por la sangre con su citado sobrino y por gratitud y amistad con el magistral y con las demás personas, no tiene el menor motivo de resentimiento o enemistad. Que ha declarado la verdad firmemente persuadido de que está obligado a hacerlo, como vasallo, como cristiano y como sacerdote. Y leída esta declaración, dijo estar fielmente escrita y en ella se ratifica su cargo del juramento y firma.

   (Hay una rúbrica).

Pedro Salgar.
Doctor Crisanto Valenzuela.

AMPLIACION DE LA DECLARACION

   En fecha del anterior decreto (5 de diciembre de 1809) y en su cumplimiento, el doctor don Pedro Salgar compareció ante el señor regente y juró in verbo sacerdotis tacto pectore et corona, decir verdad y guardar secreto en lo que fuere preguntado, y siéndolo sobre las especies que insinuó haber olvidado en su declaración anterior, dijo que en la segunda conversación que tuvo en su casa con su sobrino don Carlos, habiéndole preguntado con qué auxilios contaban, le respondió que con la tropa de aquí, que contaban con mucha de ella, ofreciéndoles dar una onza mensual de las 1.000 onzas de don Antonio Nariño; que contaba igualmente con los negros de estos lados de La Mesa y Villa de Purificación, a quienes había ido a ganar don Domingo Caycedo con ofrecerles libertad; que con el mismo objeto salió para este otro lado, hasta Charalá, el cadete sobrino de Rosillo; que el declarante creyó uno y otro, porque este cadete le trajo una carta de Charalá, y el doctor Caycedo (pidió licencia) dejó un sustituto en el vicerrectorado del Rosario, como se lo había anunciado don Carlos. Otra de las especies olvidadas fue que don Sinforoso Mutis ofrecía 400 fuertes al que matara al oidor Alba, verificado que fuera el proyecto del nuevo sistema de gobierno, cuyo particular ha declarado en otro expediente. Otra especie fue haberle preguntado el declarante que si había algún plan sobre el particular, a que le respondió don Carlos que si le aguardaba un poco, iría por una copia que tenía don Manuel Pardo del plan, el cual era una cosa buena, y luego salió, pero no volvió. Finalmente, añade que fuera de las personas nombradas en su anterior declaración, también dos niños Sernas, de la Villa de Leiva, estuvieron aquella tarde en casa del magistral, a donde entraron estando ya en ella el que declara. Que todo lo dicho es la verdad y lo que tiene que añadir a su anterior declaración, so cargo del juramento, y firma.

   (Hay una rúbrica).

Pedro Salgar.

REAL ACUERDO

   En la ciudad de Santafé, a 20 de octubre de 1809 años, juntos en acuerdo extraordinario los señores regente, oidores y fiscales de esta real audiencia pretorial, a saber: don Francisco Manuel Herrera, regente; don Juan Hernández de Alba, decano; don Francisco Cortázar; don Joaquín Carrión y Moreno, oidores; don Diego de Frías y don Manuel Martínez Mancilla, fiscales, aquél de lo civil y éste de lo criminal, dijeron: que sabida en esta capital la insurrección de Quito, temieron su propagación, instruidos de que sus asesores la procurarían por medios sediciosos; que estos temores se aumentaron con las observaciones que hicieron en las sesiones de 6 y 11 de septiembre próximo, en las que varios, tratándose de los medios de remediar los males de la citada insurrección, así de palabra como por escrito, vertieron especies poco conformes a nuestro sistema de nuestro gobierno, bajo la garantía que se les ofreció; que por esta razón se abstuvieron de proceder, estando a la mira con la mayor vigilancia de sus operaciones, hasta que el señor fiscal de lo civil, en el día 12 del corriente, en la posada del señor regente, donde se juntaron todos los referidos señores, por la noche, se manifestó que don José de Leiva, secretario del virreinato de orden de su excelencia le comunicó habérsele dado denuncio de una conspiración contra el gobierno, reducida en sustancia al establecimiento de una junta suprema, deposición de las autoridades constituidas y ocupación de los caudales de su majestad, siendo cabezas principales del proyecto el canónigo doctor Andrés Rosillo, el alcalde ordinario don Luis Caycedo, el oficial real don Pedro Groot y los abogados don Joaquín Camacho y don Ignacio Herrera, con otras particularidades contenidas en dos medios pliegos de papel de letra del mismo secretario a quien se lo había participado don Andrés Rodríguez, oficial de la secretaría del mismo virreinato; que en este punto se resolvió que por el mismo conducto del señor fiscal, se contestase al secretario que su excelencia diese providencia para que se remitiese el denuncio al acuerdo, pues que el asunto merecía toda atención y no se debía quedar en pura combinación; que en el mismo auto que el señor fiscal hizo la manifestación antecedente, recibida de boca del mismo señor secretario para el acuerdo, a saber: que en comprobación de las sospechas que había contra el canónigo Rosillo, éste, en uno de los días del mes de septiembre anterior, que se calcula el 25 ó 26, había estado con el mayordomo de los señores virreyes, preguntándole por las cosas de España y su estado, expresándole que no se decía cuál era el verdadero y qué quería hablar a la señora, quien le mandó entrar; que mirando con extraordinario cuidado a las puertas reducidas de la alcoba y gabinete, por si alguno entraba o escuchaba, muy zozobroso se expresó en estos o equivalentes términos: El señor Fernando VII ya habrá muerto por el acero, por el veneno o por la cuerda; es preciso tomar aquí partido: vuestra excelencia y el señor virrey están amados y queridos extremadamente; el pueblo o el reino los adora y proclamaría por rey a su excelencia, pues contaba con 40.000 hombres, armas y artillería que suministraría un amigo; que tenía cartas de muchos que aguardaban el suceso, sacando una cuyo apelativo era como de inglés muy retumbante, Charrorton; que escribiría, y antes de un mes vendría contestación; que la señora virreina, asombrada, le despidió, diciéndole que no quería más reino que el de los cielos; que evacuada esta relación, entonces el decano expuso: que le constaba lo mismo por la que le hizo el señor provisor vicario general y gobernador del arzobispado, don Domingo Duquesne, a quien se lo había confiado la propia señora virreina, de modo que este señor ministro persuadió al provisor volviese a ver a la señora virreina, para que hecha cargo de la gravedad del cuento no lo despreciase y diese forma de comunicarlo a quien correspondía, a fin de que, haciéndose uso de esta especie tan extraordinaria y horrenda, se procediese a lo que hubiese lugar; que en virtud de esta persuasión volvió el mismo provisor a palacio, hizo sus esfuerzos para con la señora virreina y no pudo recabar que hiciese lo que se la propuso, expresando que se lo había dicho al señor virrey, quien tal vez no lo había comprendido por su impedimento de oído; que en estas circunstancias los señores... por su excelencia se remitía el denuncio, encargaron al señor fiscal del crimen, que valiéndose de la amistad que tenía con el canónigo Rosillo procurase sacar de él lo que pudiera por medio de prudencia y sagacidad; que los dos señores fiscales cumplieron con exactitud sus respectivos encargos de que inmediatamente dieron cuenta en otra junta que se hizo también en la posada del señor regente, exponiendo el de lo civil haber expresado al propio secretario para que éste lo ejecutara con su excelencia; que se dirigiese el sumario al acuerdo, y el de lo criminal, que valiéndose de la oportunidad de pagar a Rosillo la visita de bienvenida, entabló conversación introduciéndose por las novedades de Quito, recayendo después a los temores de que ellas podrían producir aquí malas consecuencias; que con este motivo se explicó Rosillo, ponderando mucho la tiranía de los españoles en América, incomodándolas desde la conquista, por cuya razón lo estaban pagando ahora allá; que no querían dar empleos honoríficos a los americanos, y por miedo ahora los llamaban hermanos; que hacía mucho tiempo que el marqués de Selva-Alegre tenía formado el plan de la independencia de la América, temiendo que los quiteños1... la superioridad a esta capital; que habló muy mal de los excelentísimos señores virreyes, exponiendo, vendían los empleos; que él tenía mucha estimación en el pueblo y entre los principales, por cuya razón depusiera todo temor, pues en caso de alguna novedad pediría por él; que preguntándole al señor fiscal qué partido tomaría, le respondió, por salir de semejante inopinado apuro, que esperar encerrado en su casa, cuyo pensamiento aprobó, añadiendo contase con su intercesión hasta salvarle, porque sin embargo de que el pueblo era bueno estaba muy disgustado, concluyendo: "Belona se vino a América; es preciso que vuestra merced se haga popular"; que con estos antecedentes se esperaba la remisión del denuncio por el señor virrey, y verificada en 15 del corriente según su oficio; como en él se reservare la persona del denunciante, desnuda además de toda formalidad, se le devolvió al instante para que lo formalizase como convenía; y admitiéndose también que en el citado oficio no se intentaba cosa alguna relativa a la propuesta de Rosillo a la señora virreina, por el mismo conducto del señor fiscal de lo civil, por quien se recibió según ha expuesto; se hizo entender esta sustancial omisión, para que cuando volviese el denuncio formalizado se incluyese esta especie que hasta entonces no constaba al tribunal más que por relación; que el señor fiscal cumplió este nuevo encargo por medio del secretario, a quien requirió por dos o más veces, expresando que no había tenido oportunidad de hacerlo presente a su excelencia, hasta que por último contestó éste al señor fiscal, que el señor virrey había respondido, que como la conversación había sido con la señora y no con su excelencia, no le parecía regular hacer uso de la especie; que a este mismo tiempo, para no perder alguno en el asunto, se instó al señor fiscal del crimen continuase su encargo con el canónigo Rosillo, y habiéndose excusado, a causa de las peligrosas dificultades que le podrían sobrevenir en una materia tan delicada, en que tal vez se vería complicado por la malignidad de los culpados, propuso que seguiría en el encargo, siempre que por el acuerdo se le diese la seguridad y resguardo conveniente, expresándose en él los antecedentes que la audiencia había tenido presentes para hacer esta confianza. En fuerza de ellas, teniendo consideración, además, que por este medio se descubrirá la verdad que se desea con mayor brevedad y certeza; que por las diligencias judiciales y... a continuación del denuncio, en que hasta ahora no hay un dato, o principio seguro, acordaron que el mismo señor fiscal del crimen continúe en el mencionado encargo por los medios de prudencia y sagacidad que estime conducentes, sin hacer de su parte comprometimiento alguno que sirva a los delincuentes de fomento a sus perversas intenciones; y que de este acuerdo se le dé copia autorizada por el señor ministro más moderno. Así lo mandaron y rubricaron.

   (Hay seis rúbricas).

Carrión.

FUENTE EDITORIAL
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 393-402.

NOTA:
1    Esta roto el original.

104
GOBERNADOR DE SANTA MARTA INFORMA DE LA CAPTURA DE NARIÑO

   OFICIOS DE VICTOR DE SALCEDO, GOBERNADOR DE SANTA MARTA, EN QUE DA CUENTA AL VIRREY AMAR DE LA PRISION DEL REO PROFUGO ANTONIO NARIÑO Y SU REMISION A LOS CASTILLOS DE CARTAGENA. Santa Marta, 25 de diciembre de 1809.

Víctor de Salcedo,
gobernador de Santa Marta.

   Excelentísimo señor:

   Mi venerado señor: aunque sin carta de vuestra excelencia, veo por las de oficio con mi mayor satisfacción, que no es por falta de salud.

   Tengo bien asegurado en el cuartel de milicias, en un calabozo y con buena custodia, a don Antonio Nariño, que se profugó del sitio del Banco, al ir para Cartagena por disposición de vuestra excelencia a la de aquel gobernador y lo despacharé por mar, si sigue en estos días una goleta y si tarda más, irá por el camino de tierra; él me ha dado malos días y peores noches, pero al fin lo aprehendí en la casa de un clérigo; ahora doy parte a vuestra excelencia de oficio y en el inmediato correo irá testimonio de las diligencias judiciales que he practicado, pues en toda una noche, sobre meras declaraciones registré dos casas; se aterró un sujeto y denunció la casa en que estaba y a las tres y media le sorprendí y estoy bastante estropeado del cuerpo y cabeza de tantas malas noches.

   Hace tres días que pasó una fragata con rumbo para Cartagena; ojalá traiga buenas noticias, que nos saquen de confusiones, aunque yo jamás desconfío del buen éxito de nuestras armas.

   Doy a vuestra excelencia la enhorabuena por el feliz estado en que ya se hallan los asuntos de Quito, y a Dios las gracias pidiéndole me guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santa Marta, 25 de diciembre de 1809.

   De vuestra excelencia su más apasionado agradecido,

Víctor de Salcedo1

   Excelentísimo señor
   Don Antonio Amar.

   Excelentísimo señor:

   Mi venerado señor: En el mismo día que recibí el excelente edicto de vuestra excelencia sobre las ocurrencias de Quito, lo publiqué en esta ciudad y circulé a toda la provincia, pues no convenía perder instante en que una obra de tanto mérito se extendiese a la general complacencia de estos fieles vasallos, para que conozcan cuánto se debe a la divina Providencia y la protección que a vuestra excelencia ha dispensado en circunstancias tan críticas, pues, según noticias, también padeció algo el Perú y Chile, aunque se atajaron los males que se preparaban en sus principios. Démosle gracias por beneficio tan manifiesto y confiemos en que así la América, como nuestra amada península, han de conseguir un triunfo completo a pesar de la humana maledicencia.

   Ya sabrá vuestra excelencia por Cartagena, por gaceta de San Félix, que es de 2 de noviembre, que la escuadra inglesa del almirante Colingord quemó y echó a pique toda la francesa y convoy que salió de Tolón con dirección a Barcelona, debiéndose esperar que aquella importante plaza se halle ya recuperada por nosotros.

   Don Antonio Nariño, que remití a disposición del señor gobernador de Cartagena, quedaba ya bien asegurado en una bóveda del castillo de San José de Bocachica, y crea vuestra excelencia que cualquiera otro reo de su clase que venga por acá sufrirá la misma suerte, según las medidas y disposiciones que hace tiempo tengo tomadas en cumplimiento de mi obligación y por el afectuoso interés que tomo en que no se frustren las religiosas y sabias de vuestra excelencia dirigidas todas al servicio de Dios, rey y Estado.

   Santa Marta, 15 de enero de 1810.

   De vuestra excelencia más apasionado agradecido,

Víctor de Salcedo2.

   Excelentísimo señor don Antonio Amar.

   1810, febrero 5

   Excelentísimo señor.

   Mi venerado señor: Por la de vuestra excelencia, de 19 de enero último, tengo la satisfacción de saber disfruta de buena salud y tranquilidad, mediante la misericordia de Dios.

   Ya sabrá vuestra excelencia, por el señor gobernador de Cartagena, que Nariño llegó a aquella plaza y el mismo destino daré a cualquiera otro sujeto de su clase que aprehenda en estos territorios.

   Confiemos en Dios que nos ha de proteger, como hasta aquí, y que conservará la vida de vuestra excelencia para la felicidad de este reino, muchos años.

   Santa Marta, 5 de febrero de 1810.

   De vuestra excelencia su más apasionado agradecido,

Víctor de Salcedo3.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 405-407.

NOTAS:
1   Archivo Nacional. Salón de la Colonia. Miscelánea, tomo 18, folio 605.
2   Archivo Nacional. Colonia. Miscelánea, tomo 18, folio 596.
3   Archivo Nacional. Colonia. Miscelánea, tomo 18, folio 600.

105
MEMORIAL DE NARIÑO A LA JUNTA PROVINCIAL DE GOBIERNO DE CARTAGENA

PRESO EN UNA DE LAS CARCELES DEL SANTO TRIBUNAL DE LA INQUISICION DE ORDEN DEL GOBERNADOR DE LA PLAZA, SE DIRIGE A LA JUNTA PROVINCIAL DE GOBIERNO, RECIEN CONSTITUIDA, PIDIENDO SU LIBERTAD Y RECLAMANDO POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA. Cartagena, 27 de mayo de 1810.

Antonio Nariño.

   Señores gobernador, comandante general y muy ilustre cabildo, justicia y regimiento.

   Don Antonio Nariño, preso en una de las cárceles del santo tribunal de la inquisición, de orden del señor gobernador de la Plaza, ante vuestra señoría, con el mayor respeto, parezco y digo: Que cuando las aclamaciones públicas penetran hasta mi triste mansión por el feliz acaecimiento de haberse revestido este ayuntamiento, de acuerdo con el señor gobernador, el señor representante del reino, y el comisionado del supremo consejo de regencia, de todas las facultades que le conceden nuestras leyes municipales, que corrobora la real orden de 31 de julio de 1809, y que exige la imperiosa necesidad de los tiempos, parece debo expresar que no se despreciarán, ni mirarán con indiferencia los clamores de un hombre desgraciado, de un buen ciudadano, de un vasallo fiel, vilmente tratado, a la vista de este mismo vecindario, por delitos imaginarios, o que a lo mejor ignora; y que se los desmiente el testimonio de su propia conciencia. Lleno, pues, de esta confianza, imploro la atención y la justicia del ilustre cuerpo a quien me dirijo, seguro de que el simple relato de mis sucesos convencerá a nuestra señoría de la injusticia con que padezco, y lo obligará a concederme la gracia que solicito. Hace el espacio de seis meses que, sin ningún antecedente, se me arrancó repentinamente del seno de mi familia, se me desterró en la misma noche a esta plaza y se me embargaron mis bienes; y en tan dilatado tiempo en que no se me ha tomado una declaración ni se me ha hecho siquiera saber el motivo de semejante procedimiento, he sufrido todos los rigores que se pueden descargar sobre un facineroso convencido de enormes delitos. Sepultado en la bóveda de un castillo, cargado de grillos y cadenas, con centinela de vista, privado de papel y pluma, sin ninguna comunicación, no se me ha permitido ni el consuelo de saber de mi desgraciada familia; y lo que es más asombroso, que teniendo embargados mis bienes y privado absolutamente de comunicación en un castillo a tres leguas de la ciudad, no se me ha pasado un pan siquiera, ni un vaso de agua para sostener la vida. De modo que sin el auxilio de un hijo a quien la divina Providencia inspiró el deseo de acompañarme y que paga con honor el fruto de una educación verdaderamente moral, hubiera perecido de miseria. Yo hablo delante del señor gobernador presidente de la sala, a quien le consta cuanto llevo dicho y de cuya integridad y justificación espero que lo confirmará.

   Pregunto yo ahora: ¿Qué más se podía haber hecho conmigo en el Asia o Constantinopla? Sin el auxilio de mi hijo, que encontró un amigo caritativo que le prestó los socorros necesarios, una muerte cruel entre los horrores del hambre, de las enfermedades, del oprobio y del llanto, habría sido infalible y la desesperación y la infamia serían hoy la herencia de mi familia. Bajo un gobierno despótico, viviendo con el conocimiento de que no hay más leyes que la voluntad del tirano, nada habría tenido que extrañar. ¡Pero que a la sombra de nuestras leyes, bajo un gobierno equitativo, que no quiere que se condene a ningún hombre sin ser antes citado, oído y convencido, me haya yo visto tratar como es notorio a toda la ciudad! Esto sólo puede concebirse sabiendo el abuso que en tiempos tan calamitosos y a tanta distancia, hacen de la autoridad los depositarios del gobierno, que miran ya los recursos legales como nulos.

   Antes de pasar adelante es preciso destruir un pretexto con que tengo entendido se ha querido paliar este procedimiento: es el de mi causa pasada. Haré sólo dos o tres ligeras reflexiones para que se conozca si esto puede servir de motivo para lo que ahora sufro.

   La impresión de 17 artículos sobre Los derechos del hombre fue sólo esta ruidosa causa de estado; veamos ahora las circunstancias que le acompañaron. No se encontró un ejemplar que sirviese de cabeza de proceso; en éste consta que ocho meses antes de mi prisión los había recogido y quemado por sólo un consejo de un amigo. Las leyes, en la imposición de las penas, tienen dos objetos: la corrección del culpado y la satisfacción del público. En este caso se encuentra satisfecho por mí mismo todo el espíritu de la ley. Yo anticipé la enmienda, porque los quemé: el público no tenía que reclamar, porque no quedó ni un solo ejemplar que le pudiera perjudicar.

   ¿Pero deberé yo continuar hablando de Los derechos del hombre como de una cosa perjudicial al público, como de un delito que merece castigo, cuando el supremo gobierno de España los recomienda con estusiamo? ¿Cuando no hay papel público ni gaceta de la nación que no nos lo presente por modelo para la próxima convocación del cuerpo legislativo? ¿Cuando el mismo gobernador, de acuerdo con la razón, nos dice que sin el respeto por los sagrados derechos del hombre, y sin que éstos sirvan de base para la legislación, no puede haber gobierno justo? Apuremos la materia un poco más, retrogrademos al tiempo de su impresión: quiero que entonces fueran como delito, como debía serlo en el reinado de Godoy, hago yo ahora este raciocinio: o éste no es hoy un delito, o se sigue todavía el sistema de Godoy. ¿Y deberá el ilustre cabildo permitir que nos sigan rigiendo las máximas del detestable favorito? Yo dejo la respuesta a la consideración de vuestra alteza.

   No quiero aumentar aquí un sinnúmero de otras reflexiones poderosas, como la de llevar ya 16 años de prisiones... ¡Dios mío, Dios justo a quien el hombre no puede engañar, yo te presento mi corazón; y estoy seguro de que a tus ojos no he delinquido! Diez y seis años de prisiones, que ahora se han renovado en 16 años de oprobio y miseria, no han sido bastantes para castigar el delito, el enorme delito de... Los derechos del hombre.

   ¿Será esto creíble por el soberano gobierno de España? ¿Podrá persuadirse que en estas mismas Américas, que tan generosamente han contribuido a la defensa gloriosa de la causa común, se esté tratando así a sus habitantes? Pero lo más raro, lo más singular de mi situación es, que tengo que valerme de los mismos principios de Los derechos del hombre para solicitar justicia y reclamar mi libertad. Por lo dicho hasta aquí, se ve que he sido privado de mi honor, de mi libertad y de mis bienes sin conocimiento de causa, ni decisión de tribunal; esto es, que se ha quebrantado uno de los más sagrados derechos del hombre: que se han violado nuestras leyes y que se ha procedido conmigo arbitraria y despóticamente; y cuando vemos rayar la aurora de nuestra libertad y el renacimiento de nuestras leyes; cuando los supremos tribunales, que representan a nuestro desgraciado monarca, no cesan de repetirnos la igualdad de derechos, la igualdad de protección; cuando nos aseguran, finalmente, que ya no tenemos que temer la arbitrariedad de los favoritos, de los tiranos, ni de los hombres del gobierno, permitirá el ilustre cabildo que dentro del recinto de su jurisdicción haya un hombre de bien, sí, en toda la extensión de esta palabra, que diga: ¿yo me hallo ultrajado, oprimido, vilipendiado, se me priva hasta del pan y de la palabra y no encuentro protección ni amparo? No, esto sería desmentirse el ilustre ayuntamiento desde el primer paso, y hacernos perder las esperanzas que justamente todos hemos concebido de su sabiduría y prudencia.

   Se dirá quizá que mi causa pende de los superiores tribunales de la real audiencia y del excelentísimo señor virrey. Ignoro de qué pendo, ignoro si se ha formado, ignoro cuál es el juez que me ha condenado sin oírme y no hay para qué ponerme a adivinar quién es ese juez o tribunal; pero sé ciertamente que padezco, que estoy inocente; sé que se me oprime contra el tenor de las leyes y de la razón; y sé que el ilustre cabildo, conforme a la mente del soberano, no debe permitir que dentro del recinto de su jurisdicción se cometan violencias, ni se quebranten tan descaradamente las leyes por ningún juez ni tribunal. En esta virtud ocurro a vuestra señoría, suplicándole, con el mayor respeto, que en atención a cuanto llevo expuesto, a la notoriedad con que injustamente padezco y a la representación y autoridad de que en el día se halla revestido el ilustre ayuntamiento, se me mande poner en libertad, antes que las enfermedades de que adolezco tomen cuerpo y vea frustradas en un encierro las esperanzas de mi entera y completa justificación, ofreciendo permanecer en esta ciudad hasta que por la contestación de la capital se pueda saber si se me ha formado alguna otra causa para dar mis descargos, entablar mis defensas y que se determine conforme a las leyes. Y para que la malignidad de alguno no objete mi evasión del sitio del Banco con destino para España, a presentarme al supremo gobierno, diré: que no militan las mismas circunstancias: allí no comprometí ni mi palabra ni mi honor, no iba huyendo de delitos, sino de las violencias que he sufrido y que ahora no tengo que temer. Jamás me avergonzaré de este paso que desgraciadamente se me frustró. Antes que yo huyera, habían huido Aníbal, Temístocles, Alcibíades, Diágoras, Anaxágoras y Demóstenes, sin que estos grandes hombres hayan perdido nada de su reputación por haberse librado de la injusticia que los perseguía. Ojalá que aunque fuese por este medio lográsemos a nuestro cautivo monarca. ¿Dejaría de ocupar el primer lugar en nuestros pechos, porque se escapara de las manos de sus crueles opresores? ¿Diríamos que no podríamos poner en él nuestra confianza porque se había huido de Francia? ¿Sería esto proceder con buena lógica? No, no se deben ver sólo las acciones, sino los motivos y las circunstancias, y en este caso me hallaba yo.

   Pero si a pesar de mi inocencia, de la injusticia notoria de mi padecimiento, de las enfermedades que me aquejan y de la anterior reflexión, se quisiere que dé fianza de carcelería, están prontos a otorgarla por mí los sujetos que suscriben; en cuya virtud, a vuestra señoría suplico provea y mande como llevo pedido, que en lo necesario juro, etc.

   Cartagena, 27 de mayo de 1810.

Antonio Nariño.

   Otrosí, digo: que hago solemne presentación de la copia simple de la real cédula del 19 de febrero del año de 1775, para que se lea y tenga presente al tiempo de la determinación.

Don Enrique Somoyar, don feliciano Otero
doctor don Manuel Torices, doctor don José Benito Rebollo
doctor don José la Madrid, doctor don Manuel del Castillo
don Francisco Navarro, doctor don Eusebio Canabal
doctor don José Antonio Peñarredonda, don Juan Francisco Céspedes
don Gabriel Piñeres.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 417-421.

106
INFORME DEL GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE CARTAGENA SOBRE LA PRISION DE NARIÑO

EL GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE CARTAGENA DE INDIAS INFORMA AL CABILDO DE LA CIUDAD QUE IGNORA EL MOTIVO DE LA PRISION DE NARIÑO Y MIÑANO. Cartagena de Indias, 1° de junio de 1810.

   "Ningún conocimiento tenemos de los motivos que han impulsado a la real audiencia, con cuyo parecer se ha conformado el excelentísimo señor virrey, para confinar en esta plaza en los arrestos en que se hallan los señores oidor don Baltazar Miñano y don Antonio Nariño, a quienes yo el gobernador he procurado dar los alivios y auxilios que de mí han dependido, y el último, al del alojamiento en que actualmente se halla con respecto a su padecer para su mejor asistencia.

   Las últimas dos superiores órdenes reservadas que tienen igual conformidad de dicho señor excelentísimo, con el parecer de la real audiencia, recibidas en los dos últimos correos, tampoco dan conocimiento de la causa de los expresados individuos y sólo previenen su salida fuera de este reino, que es cuanto podemos contestar al oficio de ustedes de hoy.

   Dios guarde a ustedes muchos años.

   Cartagena de Indias, a 1° de junio de 1810.

Francisco de Montes.
Antonio de Narváez y la Torre.
Tomás Andrés de Torres.

   Señores del muy ilustre cabildo de esta ciudad1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, p. 423.

NOTA:
1   Corrales. Documentos para la historia de la provincia de Cartagena. 1°/78. Bogotá, 1883.

107
CARTA DE LA ESPOSA DE NARIÑO A ANTONIO VILLAVICENCIO

MAGDALENA ORTEGA DE NARIÑO ESCRIBE A ANTONIO VILLAVICENCIO CELEBRANDO SU PROXIMO ARRIBO A LA CAPITAL DEL VIRREINATO, Y SE MANIFIESTA ESPERANZADA EN SU INTERVENCION PARA RESTABLECER LA PAZ Y REMEDIAR LOS DAÑOS INFLIGIDOS A SU MARIDO Y A SU FAMILIA. SE ANEXA LA CARTA DE RESPUESTA DEL GOBERNADOR DE CARTAGENA A DOÑA MAGDALENA. Santafé, 9 de junio de 1810.

Magdalena Ortega de Nariño.

   Santafé, y junio 19 de 1810

   (Al señor don Antonio Villavicencio)

   (Carta de doña Magdalena Ortega de Nariño)

   Muy señor mío: Cuando el piadoso corazón de vuesamerced se ha dignado anticiparme al gusto de verle en ésta, los consuelos de que es capaz el mío en las presentes circunstancias, no será extraño que yo adelante también las sinceras expresiones del más vivo reconocimiento; vuesamerced vio las duras y extraordinarias prisiones en que ha peligrado la estimable vida de don Antonio Nariño, mi desgraciado marido. Puede vuesamerced inferir las penas en que habrá gemido mi espíritu con un suceso no esperado y con la noticia de aquella triste situación; para ella estoy, con razón persuadida, que el mayor mérito ha consistido en las prendas que adornan a mi marido y que en lugar de haberle hecho recomendable a la estimación, han servido de pretexto para temores y sospechas muy distantes de su noble ánimo y de sus propias luces. Quince años de persecución han precedido al último fallo que parece se le echaba con la inhumana dureza con que se le ha tratado sin la más leve consideración. Hasta ahora él, su familia y todos los suyos ignoran la causa porque ha sufrido todas las vejaciones de un convencido delincuente; tal vez vuesamerced ya lo sabe y yo reservo a mejor coyuntura manifestar a vuesamerced con mayor claridad y extensión la serie de acontecimientos que aun vistos y experimentados se hacen increíbles. Entre tanto yo repito a vuesamerced las gracias de un reconocimiento que nunca acertaré a explicar, con la firme esperanza de que vuesamerced continúe en la justa obra que comenzaron sus sentimientos de humanidad, los estímulos de la caridad a que nos obliga nuestra religión santa y la compasión de la infelicidad en que nos tenía constituidos el despotismo comenzado a establecer por el engañoso sistema del terror, del abatimiento y de la insensibilidad a toda queja contra el clamor de los más sagrados derechos. No son estas expresiones de una mujer afligida hasta el extremo de peligrar su vida; son verdades que vuesamerced ha de palpar y de que ya tendrá muchas puntuales noticias. Qué timbres tan gloriosos harán inmortal la memoria de vuesamerced si, como espero, la divina Providencia lo ha destinado para restablecer la paz que nos ha turbado el capricho de una injusta ofensiva desconfianza, para remediar los graves daños que yo no acertaré a ponderar y para consuelo de quien en compañía de dos hijas tiernas, y de sus más finos allegados, no ha tenido otro desahogo que el del llanto y de dirigir sus suspiros al cielo. Yo pido a Dios Nuestro Señor conceda a vuesamerced toda esta satisfacción con un pronto y en todo feliz viaje que deseo con ansia, como también ocasión y oportunidad en que acreditar a vuesamerced que soy,

   Su afectísima y muy reconocida servidora
   que besa la mano,

Magdalena Ortega1.

   Señor don Antonio Villavicencio y Verástegui2.

   Muy señora mía: Recibo la de vuesamerced, su fecha 19 de enero, y al paso que me son sensibles las desgracias del señor don Antonio Nariño, su esposo, se aumenta mi dolor por no poder aliviarlas, pues soy mandado y en la estrecha ley de la milicia es preciso obedecer.

   Quisiera socorrer la suerte de vuesamerced desgraciada por su ausencia, mas la distancia que media me lo priva, y compadecido de ella ruego a Dios la mejore y guarde la vida de vuesamerced muchos años.

   Cartagena, 3 de febrero de 1810.

Francisco de Montes3.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, op. cit., pieza 18.

NOTAS:
1    Del original. Casa-Museo de! 20 de Julio de 1810. Sala Nariño.
2    Por considerarla oportuna, insertamos a continuación la carta del gobernador de Cartagena don Francisco de Montes a doña Magdalena Ortega de Nariño, que tomamos del original.
3    Archivo de Nariño, citado.

108
MAGDALENA ORTEGA PIDE LA LIBERTAD DE NARIÑO

REPRESENTACION DE MAGDALENA ORTEGA A LA SUPREMA JUNTA DE SANTAFE DE BOGOTA, PIDIENDO LA LIBERTAD DE SU MARIDO, MANTENEDOR DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE. 31 de agosto de 1810.

Magdalena Ortega.

   Doña Magdalena Ortega, legítima consorte de don Antonio Nariño, preso en la plaza de Cartagena, cuya ciudad y arrabales tiene por cárcel, como mejor derecho proceda, y en la vía y forma que según él más haya lugar, ante vuestra excelencia parezco y digo: que entre los principios sobre que se ha erigido esta suprema junta y debe fundar su mayor gloria es particularmente señalado aquel que asegura el debido asilo a la inocencia perseguida, y la más religiosa protección a los derechos con que fue creado el hombre y que es indispensable guardar, cumplir y respetar en el ciudadano, para conservar el orden, decoro y recíproca correspondencia de la sociedad y cada uno de sus miembros, de la soberanía y del vasallo, del magistrado y del súbdito; a estos inconcusos preceptos del derecho de gentes son del todo opuestos los detestables arbitrios del despotismo y los criminosos medios con que muchos de aquellos a quienes había elevado la confianza pública o se les había encargado la recta administración de justicia, intentaban colocar su autoridad en aquella apoteosis que los distinguiese de los demás hombres, sus semejantes, considerándose en clase tan superior que hablando como oráculos para la veneración, pudieran disponer de la hacienda, honor y vida de sus inferiores, sin otra solemnidad que la de su solo pronunciamiento.

   Tal es el sistema en que un noble ciudadano, un compatriota honrado de esta capital, un... pero dejemos a boca de otro menos interesado las justas alabanzas que singularmente lo recomiendan, yo diré, tal es el sistema en que don Antonio Nariño, mi marido amable, ha sufrido las penas de una ignominiosa deportación, las angustias de la pena cuarta que entre las mayores numera la ley 4a, título 31, parte 7a. La cuarta dice: «E quando mandan echar algun ome en fierros que yaga siempre preso en ellos o en cárcel o en otra prisión e tal prisión como esta non la deben dar a ome libre, si non a siervo?. Es tan acerba esta pena, que no puede imponerse según derecho canónico sino subrogándose a la de muerte, en las llamas voraces de un horno, al destrozo de bestias feroces, a la laceración de miembros y semejantes a esta perpetua prisión, cargado de grillos y cadenas, fue condenado un hombre libre como Nariño, con el terrible aditamento de la privación de toda comunicación del papel y pluma y, lo que es más, del descuido en la contribución del preciso alimento y del refrigerio de un vaso de agua; esta triste situación la ha expuesto el mismo paciente al ilustre cabildo de Cartagena, citando como testigos de esta verdad al propio gobernador que lo presidía y había sido el tirano ejecutor de órdenes tan ímpias con que se disculpaba y se había negado a la condescendencia del más pequeño alivio, según lo califica la carta original que acompaño y con que contestó a mis ruegos y clamores, sin que obstase a esta conducta la real provisión despachada con el augusto nombre de nuestro rey Fernando VII, de que se deja ver el capcioso procedimiento de los ex ministros que la mandaron librar.

   Ya se manifiesta bien que a más de las penas referidas se le imponía también la de un último suplicio desconocido en las leyes de España, rechazado por la recta razón y del todo opuesto a los piadosos sentimientos y preceptos estrechos del cristianismo, de que se confesaban profesores; soterrado Nariño en la bóveda de un castilo, cargado de grillos y una pesada cadena, erisipeladas las piernas hasta el extremo de ulcerarse, rendido de la consiguiente fiebre, sin otro descanso, socorro ni auxilio que el de la conformidad y resignación, no podía aguardar este infeliz otro resultado que el de la muerte que pusiese fin a sus trabajos. Yo apenas acierto a referir el suceso y no hallo expresión ni para descifrar estas crueldades, ni para explicar las penas que con aquél han sobrevenido a mi corazón; él ha padecido así las diversas condenaciones que subrogan a la de muerte y al mismo ha sido entregado a los rigores de una muerte prolongada, entre las mayores angustias; ¿y cuál habrá sido el mérito y el grave delito, digno de estos padecimientos? Hasta ahora lo ignora el que ante todas cosas debió saberlo; no se le ha hecho otra intimación que la de los arrestos, de la extracción tan violenta como ejecutiva de su inocente familia y amada patria, y la de su conducción al castillo donde pensó perecer. ¿En qué bárbara nación podrá hacerse creíble este procedimiento judicial de españoles cristianos? Y ¿quién ha sido el juez de esta ignorada causa? Hasta ahora no ha salido su nombre. Nariño no puede dar otra razón que la de sus padecimientos, sin que se le haya hecho saber cuál ha sido el juez o tribunal que a ellos lo condenó. ¿Habrá en el mundo algún código que pueda comprender este orden y clases de juicios?; él parece estaba reservado en el corazón de nuestro último extinguido gobierno. Lo cierto es que aquellas providencias dimanaron de él y, por lo mismo, debe ser privativo de nuestra actual feliz constitución el conocimiento de ellas; el violento despojo que ha sufrido mi marido y su honrada familia no le han hecho perder su verdadero domicilio; la remisión a Cartagena no le puede sujetar a otro fuero incompetente; esta suprema junta es el soberano ante quien se debe calificar la justicia de aquella causa y la vindicación del causado; por tanto, yo me acojo dichosamente a la protección de vuestra excelencia. Yo reclamo la persona de mi marido para que venga a justificarse del crimen o delitos que se le hayan imputado. Yo clamo con toda la autoridad y fuerza del derecho natural y divino, que no permite condenar al indefenso y sentenciar sin citación de aquél de cuyo bien o perjuicio se trata; así quedaría mi marido si no se le franqueasen los medios para su defensa y para libertarse de toda opresión. Diez y seis años hace que la está padeciendo por un delito de que se ha aprovechado toda España para usar de sus derechos y establecer sus respectivos gobiernos, por un delito que favorece la presente revolución en este reino y por un delito que lo fue en idioma castellano, y no lo era en el idioma francés, es decir, por la traducción de Los derechos del hombre, escritos en este idioma y traducidos en aquél por mi marido, sin que haya bastado para borrar estas apariencias delincuentes el haber recogido él mismo los ejemplares impresos y haber embarazado así su comunicación y repartimiento. Todo es digno de la atención de esta suprema junta y de la providencia que solicito, para que mi marido, por sí y con sola la palabra de honor, se restituya a esta ciudad donde se le oiga y se le convenza legítimamente del crimen que se le hay a imputado, dando la correspondiente orden para que aquellas justicias no le pongan embarazo a su libre traslación y seguridad bastante en todo su tránsito, a este fin haciendo el pedimento más útil.

   A vuestra excelencia suplico se digne proveer y mandar como llevo pedido, etc.

Magdalena Ortega.
(firmado).

   Sección de justicia, agosto 31 de 1810. Tráigase a la vista con los antecedentes de su remisión a Cartagena y dése cuenta a la mayor brevedad.

   (Hay una rúbrica).

Morales,
fiscal secretario
(rúbrica)1.

FUENTE EDITORIAL
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, ob. cit., t. II, pp. 427-430.

NOTA:
1   Archivo Histórico Nacional, Salón de la Colonia, Historia, t. 11, folios 79 recto a 80 vuelto.

109
CARTA DE NARIÑO A MANUEL BERNARDO ALVAREZ

NARIÑO LE ANIMA A CONTINUAR EN SU EMPEÑO COMO VOCAL, PASANDO LUEGO A INFORMARLE DE UNA CARTA QUE LE ENVIA A DOÑA MAGDALENA Y CON REFERENCIA A OTROS PORMENORES DE INDOLE PERSONAL. Cartagena, 10 de septiembre de 1810.

Antonio Nariño.

   (Del original).

   Cartagena, 10 de septiembre (1810)

   (A don Manuel de Bernardo Alvarez)

   Para tío Manuel:

   Animo señor vocal, no hay que abandonar el puesto en la borrasca. Acuérdese vuestramerced del célebre conde de Chatan que con su muletilla fue al parlamento a defender la causa de los americanos. ¿Qué será de nosotros si vuestramerced, el padre Padilla, Luis y otros semejantes abandonan el puesto? Estos pequeños vaivenes son indispensables, y para sostener el barco es preciso expertos pilotos.

   A Magdalena le incluyo el oficio que he recibido ayer y mi contestación. En ellos verá mi modo de pensar y la necesidad que tengo de retardar el gusto de darles un abrazo, porque no he sido golilla.

   Miñano siguió ayer lleno de su señoría golilluna y muy persuadido de la necesidad que hoy tienen de él; no tuvo a bien decirme que se iba, ni despedirse de mí, a pesar de la buena inteligencia en que hemos vivido. Le advierto que como su Antonio siempre el mismo, así su señoría siempre el mismo, para que reservadamente le sirva de gobierno.

   A Pepe le incluyo lo que he podido sacar de ayer acá de las gacetas inglesas, para que lo lean y después se lo den a don Camilo. A nuestro Padilla le contesto, aunque no tan largo como quisiera, porque tengo un correo como si fuera yo persona, y se nos juntó la llegada de los ambigúes y gacetas en el mismo día, que ha sido preciso leer por si contenían algo importante.

   Estoy con dolorcillo de cabeza, y sólo le añado que salude a tía Chepa, a las popayanejas, al señor relator, a Mariano y Benjamín, y que cuente siempre con el amor de su

Antonio.

   Mi granadero lo saluda y sigue formal.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas de Nariño, ob. cit., pieza 19.

TOMO III


1
NOTA DE NARIÑO ANTES DE SU FUGA

EL 24 DE JUNIO DE 1809 NARIÑO SALE DE SANTAFE HACIA CARTAGENA, EN CALIDAD DE PRISIONERO. ENCONTRANDOSE LA COMITIVA EN LA POBLACION DE EL BANCO, DECIDE ESCAPAR EN LA NOCHE, DEJANDO UNA NOTA AL JEFE DE LA ESCOLTA, CON QUIEN EN EL TRAYECTO HABIA MANTENIDO UN DIALOGO AMISTOSO.

Antonio Nariño.

   "Con esta resolución desamparé a mi compañero y a mis guardas desde el sitio del Banco".

   Muy señor mío:

   La imperiosa ley de la necesidad me obliga a dar un paso contrario a mis sentimientos. La compañía de los ángeles es muy buena para ir al cielo, pero no para ir a un castillo a ser cargado de cadenas y de grillos. Esta razón me impele a separarme de su buena compañía.

   Su atento servidor,

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Fondo Quijano Otero.

2
LICENCIA DE MATRIMONIO A VICENTE NARIÑO ORTEGA

Cartagena, 10 de octubre de 1810.

Antonio Nariño.

   Concedo licencia para que mi hijo don Vicente Nariño pueda contraer matrimonio con doña Eugenia Salazar y Morales, vecina de Rionegro, e hija de don Diego de Salazar y doña Magdalena Morales.

Antonio Nariño

FUENTE EDITORIAL:
Ortega Ricaurte, Enrique. Don Vicente Nariño.

3
ELECCION DE SECRETARIOS DEL CONGRESO

EN REUNION DEL CONGRESO, INTEGRADO POR LOS REPRESENTANTES DE LAS PROVINCIAS, SE ELIGE COMO SECRETARIOS A CRISANTO VALENZUELA Y A ANTONIO NARIÑO. Santafé, 22 de diciembre de 1810.

Crisanto Valenzuela.

En el poder. Acuerdo del congreso. Nombrando secretarios.

   En la ciudad de Santafé de Bogotá, del Nuevo Reino de Granada, a 22 de diciembre de 1810, siendo como las tres y media de la tarde, se juntaron en el palacio consistorial los señores representantes de las provincias de que actualmente se compone el congreso instalado en la mañana de este día y por ante el infrascrito secretario de cámara, llamado al efecto, dijeron: que no pudiendo entrar a sus operaciones sin el auxilio de secretario, era su nombramiento el primer paso por donde debieran principiar aquéllas, haciéndolo en personas de inteligencia, probidad y confianza; y procediendo a su elección la verificaron por uniformidad de votos en don Antonio Nariño y en mí el doctor don Crisanto Valenzuela, cada uno con la asignación de $1.500, sin perjuicio de aumentar cuando se hubieren reunido más provincias, quedando a cargo de dichos secretarios formar y presentar, para la debida aprobación, el plan de su manejo, con lista de los oficiales precisos y expresión de las personas que puedan desempeñar las plazas a su satisfacción y responsabilidad. Así lo acordaron y hecho por mí el correspondiente juramento, rubrican.

(Hay seis rúbricas).

Crisanto Valenzuela

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

4
CERTIFICADO DE DEFUNCION DE MAGDALENA ORTEGA DE NARIÑO

Santafé, 16 de junio de 1811.

Pablo Plata
(doctor).

   En Santafé en 16 de junio de 1811: se dio sepultura en la iglesia de agustinos descalzos al cadáver de doña Magdalena Ortega, casada con don Antonio Nariño; se le administraron los sacramentos. Lo que certifico.

Doctor Pablo Plata.

Margen: Ent. 0
Sac. 0
Fab. 0
FUENTE EDITORIAL:
Archivo de la catedral, Bogotá. Libro 4° de entierros. Año 1789, f. 174.

5
COMUNICADO DE NARIÑO SOBRE SU ELECCION COMO PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

MANIFIESTA LA ESPERANZA DE LOGRAR SU DESEMPEÑO EN ARAS DE LA UNIDAD DE LOS PATRIOTAS PARA ENFRENTARSE DE TAL MANERA A LOS ENEMIGOS Y ASI PODER ALCANZAR LA LIBERTAD. Santafé, 21 de septiembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Con motivo de haberse juntado la representación nacional de esta provincia para tratar sobre la renuncia de la presidencia de don Jorge Tadeo Lozano, recayó en mí la elección después de habérsela admitido. Si tan arduo como delicado encargo puede hacérseme llevadero en las circunstancias en que lo he admitido, es sólo con la esperanza de que las provincias, abriendo con franqueza sus propuestas para el importante punto de que nos unamos, hallarán en este gobierno la mejor disposición a concurrir por su parte al fin de que el enemigo no nos halle divididos y perdamos una libertad por que tanto hemos suspirado y padecido.

   Yo me ofrezco en particular a ese supremo gobierno con las consideraciones y respetos que mis sentimientos y amor a la patria me inspiran hacia los dignos miembros que lo componen.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 21 de septiembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Posdata. Sírvase vuestra excelencia comunicar esta novedad al señor brigadier don Antonio Baraya.

   Excelentísimo señor presidente y señores de la junta superior de Popayán.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Revolución de Santafé y Nariño. 1800-1825.

6
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO A LA JUNTA SUPREMA DE POPAYAN

NARIÑO INFORMA SOBRE LA RENUNCIA DE JORGE TADEO LOZANO Y SU ELECCION COMO PRESIDENTE. MANIFIESTA SUS ESPERANZAS Y DESEOS DE CONTRIBUIR A LA UNIDAD. Santafé, 21 de septiembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente y señores de la junta suprema de Popayán.

   Con motivo de haberse juntado la representación nacional de esta provincia para tratar sobre la renuncia de la presidencia de don Jorge Tadeo Lozano, recayó en mí la elección, después de habérsela admitido. Si tan arduo como delicado encargo puede hacérseme llevadero en las circunstancias en que lo he admitido, es sólo con la esperanza de que las provincias, cubriendo con franqueza sus propuestas para el importante punto de que nos unamos, hallarán en este gobierno la mejor disposición a concurrir por su parte al fin de que el enemigo no nos halle divididos, y perdamos una libertad por que tanto hemos suspirado y padecido.

   Yo me ofrezco en particular a ese supremo gobierno con las consideraciones y respetos que mis sentimientos y amor a la patria me inspiran hacia los dignos miembros que lo componen.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 21 de septiembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Posdata. Sírvase vuestra excelencia comunicar esta novedad al señor brigadier don Antonio Baraya.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

7
BALANCE DE VENTAS DE LA BAGATELA EN CARTAGENA

Cartagena, 30 de septiembre de 1811.

Juan José Urueta.

   Cuenta de las Bagatelas recibidas, vendidas y existentes en los meses de agosto y septiembre a saber:

   Cartagena, 30 de septiembre de 1811.

Juan José Urueta,
firmado.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Archivo personal.

8
DECRETO SOBRE NOMBRAMIENTO DE EDITORES Y REDACTORES DE LA GACETA MINISTERIAL DE CUNDINAMARCA

POR ORDEN DE NARIÑO, EN SU CALIDAD DE PRESIDENTE DEL ESTADO, SE NOMBRAN COMO EDITORES Y REDACTORES DEL PAPEL MINISTERIAL A MIGUEL MONTALVO Y JOSE MARIA GOMEZ DE SAL AZAR. Santafé, 3 de octubre de 1811.

Manuel de Santacruz.

   El supremo poder ejecutivo ha proveído el decreto siguiente.

   Santafé, 1° de octubre de 1811.

   Se nombra para editores y redactores del papel ministerial al doctor don Miguel Montalvo y don José María Gómez de Salazar, repartiendo entre los dos la asignación de $1.000 que ha hecho el supremo cuerpo legislativo, para que auxiliándose mutuamente y pudiendo suplir el uno el defecto del otro, no falte la publicación del papel. La extensión será por ahora sólo de un pliego semanal, que saldrá los jueves; sin perjuicio de aumentarlo si fuere necesario, y de los extraordinarios que puedan ocurrir y que son también de su cargo. Mandándose por separado imprimir las leyes formadas por el supremo cuerpo legislativo porque de hacerlo en el mismo papel no surtiría éste los efectos que el gobierno se ha propuesto. Comuníquese por la secretaría de hacienda a los ministros del tesoro público para el abono de sueldo a los interesados.

   Está rubricado.

Manuel de Santa Cruz.

   Y lo transcribo a ustedes de orden del excelentísimo señor presidente del Estado para su inteligencia y cumplimiento.

   Dios guarde a ustedes muchos años.

   Santafé, 3 de octubre de 1811.

Manuel de Santa Cruz.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

9
SOBRE JORGE TADEO LOZANO

CONSTITUCION DE CUNDINAMARCA. LA PRESIDENCIA. OBJECIONES A LOZANO. SU RENUNCIA.

CUNDINAMARCA

   El colegio electoral de Cundinamarca que se congregó en esta capital en febrero de este año, bien persuadido de las apreciables circunstancias que adornan la persona del señor don Jorge Tadeo Lozano, lo eligió para presidente del Estado: él había sido uno de los cuatro sujetos que el gobierno anterior comisionó para que formasen la constitución nacional que nos gobierna, y como es notorio, él fue el que tuvo más parte en ella; esta obra sola basta para honrar a su autor, pues como lo conocen los hombres de letras, no pudo ser hecha sino a consecuencia de una erudición muy variada y de meditaciones profundas. El mismo colegio electoral examinó y revisó la constitución y vio con sorpresa que el señor Lozano satisfacía con prontitud y sagacidad a la mayor parte de las objeciones, y a las dificultades que se suscitaron. Todo el mes de marzo se ocupó el colegio en el examen de la constitución y en este tiempo quedó el señor Lozano calificado por uno de los hombres más sabios que tenemos. Pero, para presidente de un Estado que acaba de nacer y que se está formando a contradicción de la Europa y sus emisarios, no basta ser un hombre docto sino el saber hacer las leyes; es necesario tener una firmeza de ánimo a toda prueba, para hacerlas observar. Desgraciadamente, el señor Lozano se hallaba entonces —y se halla ahora— acometido de enfermedades crónicas; todo el mundo sabe lo que éstas influyen en la conducta del hombre. El que mejor conoció y supo valuar sus fuerzas fue el mismo señor Lozano; él abdicó su empleo de presidente ante el colegio electoral en uno de los primeros días de su ejercicio; no se le admitió la renuncia. Continuando sus males, la reiteró por dos veces ante el ilustrísimo senado, pero nunca logró su solicitud. Entre tanto, el pueblo de Santafé y especialmente algunos celosos patriotas, notaban poca energía en el gobierno; imaginaban que aquellos a quienes tienen por enemigos domésticos, estaban ostentando demasiado orgullo y haciéndose un partido formidable. Efectivamente, no eran estos recelos mal fundados al ver que se imprimían, temerariamente, discursos en que se atacaban las bases de nuestro gobierno y se impugnaba la justicia de nuestra causa. Por momentos crecían los temores y ya parecía que amenazaba alguna conspiración semejante a las que han brotado en Caracas y Cartagena. Llegaron, a su más alto punto, cuando se esparcieron en esta ciudad las noticias de que había entrado un refuerzo de Santa Marta; que esta plaza era el lugar de reunión que se tenían asignado nuestros antiguos opresores y el que quiere ser virrey de este reino y, finalmente, que Cúcuta se había unido con Maracaibo en odio de Pamplona. En este conflicto, algunos nobles y celosos ciudadanos ocurren al ilustrísimo senado el día 19 de septiembre, a las once y media de la mañana, a pedirle remedio para remover el peligro que amenazaba y proveer a la seguridad de la patria. No explicaban qué providencia era la que exigían. El ilustrísimo senado, indeciso y perplejo, abrazó el partido que dicta la constitución, juzgando que el caso demandaba un golpe pronto y fuerte. Convocó la representación nacional. Entre tanto, el pueblo se acumulaba en la plaza mayor, no con el designio de oprimir, sino antes bien con el de sostener al gobierno y de saber el estado de los negocios y la suerte que debía esperar. Reunido el cuerpo, aquellos sujetos que tenían cargos que hacerle al señor Lozano se los manifestaron; él satisfizo y en el mismo acto dimitió por cuarta vez el empleo de presidente del Estado. Se le admitió la renuncia. Tan lejos estuvo en aquella ocasión el señor Lozano de temer al pueblo y éste tan distante de obrar por sí mismo, que en aquel momento se retiró él para su casa, sin escolta alguna, por en medio de la multitud, sin haber experimentado el más leve desaire. En su compañía salió el señor don José María Domínguez, que era entonces vicepresidente del Estado y acababa de renunciar voluntariamente. En las actas constitucionales se previene que en defecto del presidente tome las riendas del gobierno el vicepresidente; pero habiendo éste renunciado, quedó expedito el cuerpo para elegir un presidente interino, cuya duración se limitase hasta las futuras elecciones. La representación nacional y no el pueblo hizo en aquel día presidente al actual, excelentísimo señor don Antonio Nariño: la representación nacional, en quien reside la soberanía, la que está constituida no sólo por el pueblo de Santafé sino también por todos los del Estado de Cundinamarca que enviaron sus electores para formarla. Pero, no obstante, su excelencia, siempre desinteresado y siempre amante del orden, protestó que sólo se recibía en aquellos momentos de confusión por restablecer la tranquilidad pública. Mandó promulgar un bando prohibiendo toda reunión que excediese de diez personas y advirtiendo que si se verificase, se dispersaría con la fuerza de las armas. Fue obedecido y quedó la ciudad en la mayor tranquilidad. El día 21 mandó su excelencia citar la representación nacional y prohibió el ingreso al palacio a toda persona. Se juntó, efectivamente, con tal sosiego, que ni dentro, ni fuera, se veía cosa que pudiera turbarla ni interrumpirla. Habló el excelentísimo señor Nariño, intentando persuadir que se debían examinar de nuevo las renuncias de los señores Lozano y Domínguez y reclamando el cumplimiento de la constitución y de las actas constitucionales. Duró cinco horas la sesión; todo se trató con reposo y método; se envió una diputación al señor Domínguez. El no tuvo a bien concurrir e insistió en su renuncia. El excelentísimo señor Nariño dio el asiento de la presidencia al ilustrísimo señor prefecto de la legislatura y se retiró de la sala con solas las atribuciones de subpresidente que antes tenía. Entonces, la representación nacional, en su entera y plena libertad, volvió a hacer elección y resultó otra vez electo su excelencia. Lo llamaron e hizo nuevo juramento. El día 28 se volvió a juntar la representación nacional para leer y firmar las actas del 19 y 21. El pueblo presenció esta última sesión y nada se experimentó de desorden ni turbación.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 3 de octubre de 1811, t. I, No. 1, p. 2-3.

10
PRONUNCIAMIENTOS SOBRE LA ELECCION DE NARIÑO

GOBIERNO DE TUNJA Y LA JUNTA DE NEIVA SOBRE SU ELECCION COMO PRESIDENTE INTERINO.

TUNJA

   El gobierno de Tunja, con fecha 30 de septiembre último, en punto a la elección de presidente interino de este Estado, hecha en el excelentísimo señor don Antonio Nariño, se explica, con su excelencia, de este modo.

   "La junta de Tunja se ha llenado de la mayor complacencia al saber que la presidencia de este Estado ha recaído en la muy digna persona de vuestra excelencia. Ella está persuadida de que sólo un sujeto de las recomendables circunstancias del ilustre Nariño, puede dar el tono al gobierno de esta capital y principio a la regeneración del reino: él, que ha conocido todo el lleno de la tiranía de los antiguos déspotas; él que no ha podido resolverse a ser esclavo; él que se ha sacrificado por sacar a sus hermanos de una ignominiosa servidumbre y él que únicamente arde en deseo de la felicidad común, es el solo que puede ocupar el primer empleo de República en la capital del reino".

NEIVA

   La junta de Neiva, con fecha 28 de septiembre último, dice al excelentísimo señor presidente de este Estado:

   "Si esta junta recibió con agrado la noticia de que las provincias antes unidas pensaban aprovecharse de los talentos de vuestra excelencia para el gobierno del reino, y si celebró juntamente el que hubiese recaído en vuestra excelencia la alta representación del gobierno de Venezuela, mucho mayor ha sido el aplauso con que recibimos esta última noticia de la elección que hizo la representación nacional de su muy distinguido mérito para encargarle la dirección de ese gobierno. Y serán bien recibidas todas las ideas y proyectos que vuestra excelencia conciba para nuestra mutua felicidad y comunique a este gobierno".

   "El representante de la misma provincia doctor don Manuel Campos Cote, con igual fecha, dice al excelentísimo señor presidente del Estado que la provincia de Neiva tiene muchos y muy poderosos motivos para llenarse de la más completa satisfacción al ver colocado al frente de este gobierno al primer héroe de nuestra libertad".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 6 de octubre de 1811, t. I, No. 1, p. 3.

11
GOBIERNO DE CARACAS HONRA A NARIÑO

EXPEDICION MILITAR EN AUXILIO DE ZIPAQUIRA. NARIÑO COMISIONADO DEL ESTADO DE VENEZUELA. 7 de octubre de 1811.

CUNDINAMARCA

   Ayer, a las diez de la mañana, ha salido por orden del supremo poder ejecutivo, una expedición militar para la villa de Zipaquirá al comando del sargento mayor don Dionisio Tejada. Se compone de 50 hombres y lleva por objeto auxiliar la libertad de los pueblos de dicha villa, para que desembarazada ésta de los distintos partidos que se dice la oprimen, manifieste su voluntad en orden a los acontecimientos del 28 del pasado, en los términos que el gobierno apetece para proceder con la imparcialidad y justicia que exige un asunto de semejante naturaleza.

   Del resultado de las diligencias practicadas por el señor comisionado, don Primo Groot y por el juez pesquisidor, doctor don Joaquín de Hoyos, se dará noticia al público luego que nos las comunique el gobierno y lo mismo de lo que participe el comandante don Dionisio Tejada. Se advierte sí, desde ahora, que cuanto se ha dicho sobre muertes y prisiones, es todo falso, y que cualquier novedad que ocurra se publicará si lo mereciere su importancia.

   El excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño era, como todos saben, comisionado del Estado de Venezuela cerca de esta capital por sustitución del señor doctor José Cortés y Madariaga. Su excelencia sustituyó su comisión en el capitán de fragata don Antonio Villavicencio, arreglándose a las instrucciones de su comitente y a uno de los artículos del tratado de alianza, efectuado entre los dos Estados en 28 de mayo último. El referido Villavicencio, correspondiendo al aprecio y confianza que con este hecho le dispensa el señor sustituyeme, ha admitido gustoso tan honrosa comisión.

   Posteriormente se ha recibido un oficio del señor secretario de Estado del supremo poder ejecutivo de Caracas, en que con fecha 14 de agosto y con relación a la sustitución hecha por el señor Cortés en el señor Nariño, se explica con éste en los términos más expresivos. Oigalos el público y llénese de satisfacción al ver cómo honra el brillante gobierno de Caracas a uno de nuestros compatriotas.

   "Muy satisfactoria ha sido al supremo poder ejecutivo la sustitución hecha en vuestra señoría por el doctor don José Cortés y Madariaga, de la importante comisión que tenía a su cargo. No puede su alteza atribuir sino a una laudable modestia, las injustas reflexiones de vuestra señoría sobre su escasez de luces y conocimientos, para su difícil desempeño. Cuando la fama trae a nuestros oídos la desnuda relación de las felices disposiciones de vuestra excelencia para los asuntos diplomáticos, su patriotismo y adhesión a los intereses de Venezuela, ¿cómo puede creer el supremo poder ejecutivo, sobre el testimonio parcial de vuestra excelencia, que carezca de las luces políticas y de la eficacia necesaria para el desempeño del encargo de comisionado de Venezuela? Lejos de eso, ha celebrado su alteza el acierto del señor Cortés y está íntimamente persuadido de que las primeras gestiones de vuestra señoría justificarán plenamente el concepto que le ha granjeado su mérito...".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 7 de octubre de 1811, t. I, No., 2, p. 5

12
EL PRESIDENTE NARIÑO CONCEDE EL GRADO DE BRIGADIER A JOSE MARIA LOZANO

EN SU CONDICION DE PRESIDENTE DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA CONCEDE EL GRADO DE BRIGADIER A JOSE MARIA LOZANO, CORONEL DE MILICIAS DE CABALLERIA. Santafé, 9 de octubre de 1811.

Antonio Nariño.

   Don Fernando, por la gracia de Dios y por la voluntad y consentimiento del pueblo legítima y constitucionalmente representado, rey de los cundinamarqueses, etc., y en su real nombre don Antonio nariño, presidente constitucional del Estado de Cundinamarca.

   Por cuanto atendiendo al mérito y servicios de vos don José María Lozano, Marqués de San Jorge, coronel de milicias de caballería, he venido en concederos el grado de brigadier.

   Por tanto mando al jefe militar a quien corresponda dé la orden conveniente para que se os ponga en posesión del referido empleo, y a los oficiales y soldados del expresado cuerpo que os reconozcan y respeten por su brigadier graduado obedeciendo las órdenes que les dieseis de mi servicio, por escrito y de palabra, sin réplica ni dilación alguna; y que así ellos como los demás cabos mayores y menores, oficiales y soldados de mis ejércitos os hayan y tengan por tal brigadier graduado, guardándoos y haciéndoos guardar las honras, gracias, preeminencias y exenciones que os tocan y deben ser guardadas bien y cumplidamente, que así es mi voluntad; y que el ministro de la hacienda de mi Estado a quien tocare, dé así mismo la orden necesaria para que se tome razón de este despacho, en la contaduría principal, en la que se os formará asiento.

   Dado en Santafé, capital del Estado de Cundinamarca a 9 de octubre de 1811.

   A nombre del rey nuestro señor,

Antonio Nariño,
Gregorio José Martínez Portillo.

   Vuestra majestad concede el grado de brigadier al coronel de milicias de caballería don José María, marqués de San Jorge.

   Santafé, 9 de octubre de 1811.

   Cúmplase lo que su majestad manda en este real despacho.

José de Leiva, Joaquín de Ricaurte,
Francisco Morales, José María Lozano.

   Santafé, 18 de octubre de 1811.

   Cúmplase lo mandado en el antecedente real despacho tomándose las correspondientes versiones.

Andrés Otero.

   Tomóse razón de este real despacho en el libro respectivo a hojas 126 por esta contaduría de ordenación del tribunal de cuentas de Santafé, capital del Estado de Cundinamarca.

   18 de octubre de 1811.

Alejandro Villoría.

   Tomóse razón de este real despacho a hoja 79 libro corriente de cajas de Santafé. 30 de octubre de 1811.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

13
ACOGIDA A LA BAGATELA EN CARTAGENA

DIEGO ESPINOSA ESCRIBE DESDE CARTAGENA A SU HERMANO BRUNO, EL IMPRESOR DE LA BAGATELA, INFORMANDOLE SOBRE LA VENTA DE TODOS LOS EJEMPLARES ENVIADOS A DICHA CIUDAD. Cartagena, 10 de octubre de 1811.

Diego Espinosa.

La Bagatela. Exito editorial en Cartagena.

   Carta a don Bruno Espinosa de los Monteros.

   Cartagena, 10 de octubre de 1811.

   Mi estimado hermano: En este correo me ha sido muy sensible que no me hayas escrito por las circunstancias, pero ni aun las Bagatelas han venido. El número 10 y 11 que me mandaste el correo pasado fue visto y desaparecido, en cantidad de 50 que me remitiste, de modo que si te da gana de mandar 100, como hiciste en los demás, todas se te hubieran vendido; pero quién había de creer que tuviese tanta salida, en vista de que los anteriores apenas se han vendido de cada uno 30.

   En fin, así son las cosas de la imprenta, que no se atina con el número que se ha de tirar.

   No dejes de ir a darle el parabién a don Antonio Nariño como te tengo dicho, y manda a tu afectísimo hermano, que besa tu mano,

Diego Espinosa.


14
CARTA DE LORENZO PLATA AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

EL SOCORRO SALUDA A NARIÑO POR SU ELECCION COMO PRESIDENTE. Socorro, 24 de octubre de 1811.

José Lorenzo Plata.

SOCORRO

   La siguiente carta prueba la buena correspondencia que reina actualmente entre el Socorro y Cundinamarca.

   Excelentísimo señor:

   Las muchas ocupaciones y achaques repentinos que me han acometido, no me habían dado lugar a insinuar a vuestra excelencia el plausible gusto que me ha merecido la acertada elección de presidente de Santafé, en la digna persona de vuestra excelencia, que con mucha anticipación, y primero que otros héroes de la libertad, dio a conocer al continente americano los sagrados derechos del hombre, por cuyos tan importantes como divinos conocimientos, fue el mártir de la libertad contra quien los tiranos vomitaron las furias tan infernales como enemigas. El pueblo del Socorro, tan celoso en sostener su libertad, se congratula afectuosamente al ver al frente del gobierno de Cundinamarca a un hijo que por plantar el árbol de la libertad sufrió tantos padecimientos; cuántos sacrificios hará ahora por sostenerla. A nombre mío y de este generoso pueblo, repito a vuestra excelencia los más afectuosos y cordiales parabienes por la alta colocación de su elevado ministerio, deseoso al mismo tiempo de que rotos ciertos recelos infundados de ese pueblo para con éste, se verifique una mutua confianza, de modo que la noble provincia de Santafé haga una sola familia con la del Socorro para que los sentimientos de ambas sean uniformes y constantes.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Socorro, 24 de octubre de 1811.

José Lorenzo Plata.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 14 de noviembre de 1811, t. I, No. 10, p. 35.

15
PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA EXPIDE UN BANDO

AUTORIZACION PARA IMPONER LA PENA DE MUERTE. 31 de octubre de 1811.

Antonio Nariño,
Manuel de Santa Cruz.

BANDO PUBLICADO EN ESTA CAPITAL EL 19 DEL CORRIENTE

   Don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, por la representación nacional legítima y constitucionalmente congregada.

   Por cuanto por la representación nacional y el ilustrísimo senado, se le tienen suspensos todos los artículos de la constitución que pudieran embarazarle a afirmar la tranquilidad pública, hasta imponer la pena de último suplicio sin las formalidades que prescribe la constitución; por tanto, cree conveniente publicarlo por bando para que llegue a noticia de todos y que en las providencias que el gobierno se vea obligado a tomar con aquel laudable objeto, no se crea arbitrariedad o abuso de las facultades que se le han confiado.

   Fíjense, después de publicado, copias en los parajes acostumbrados. Dado en el palacio de Santafé a 19 de octubre de 1811.

Antonio Nariño,
Manuel de Santa Cruz.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 31 de octubre de 1811, t. I, No. 8, p. 27.

16
TRATADO DE CUNDINAMARCA CON LA PROVINCIA DE MARIQUITA

DISPOSICIONES SOBRE LA UNION DE MARIQUITA AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. 14 de noviembre de 1811.

UNION DE PROVINCIAS

   Ratificación del tratado definitivo concluido entre el excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca y el ilustrísimo señor consejero don Antonio Viana, en virtud de los poderes que éste tiene presentados en este gobierno, conferidos por los tres cabildos de Honda, Mariquita y Ambalema para este efecto.

   1. La provincia de Mariquita o la parte que ha conferido estos poderes, se une a la de Cundinamarca en los mismos términos que lo están ya los otros pueblos de su comprensión.

   2. Dará electores en los mismos términos y modo que los demás pueblos del Estado.

   3. Tendrá en el cuerpo legislativo tantos miembros cuantos correspondan a su población, en la misma razón que los demás pueblos del Estado. Y dichos miembros serán de su jurisdicción o de cualquiera otra de toda la comprensión de Cundinamarca.

   4. Un miembro del poder judicial y otro del senado, serán electos, precisamente, de entre los hijos de la provincia de Mariquita.

   5. Uno de los consejeros será precisamente electo, un año sí y otro no, de entre los hijos de la provincia de Mariquita.

   6. La provincia de Mariquita quedará representada en el congreso por el diputado y suplente de Santafé, mientras que el mismo congreso fija otra base para las representaciones; en cuyo caso, si conforme a ella correspondieren uno o muchos a dicha provincia, éstos serán electos de entre los hijos de su jurisdicción.

   7. Habrá un subpresidente director y un teniente asesor, cuyas elecciones y atribuciones serán en todo iguales a los de la capital, conforme al reglamento de tribunales.

   8. Todos los empleados de que se habla en los antecedentes artículos, gozarán los mismos sueldos, honores y preeminencias que los de igual naturaleza de la capital.

   9. La provisión de los demás empleos será conforme a la constitución y reglamentos que tienen en Cundinamarca; pero su número y dotaciones se arreglarán con vista de la necesidad y demás circunstancias que deben influir en ello.

   10. Reducido a los antecedentes artículos el tratado de 2 de abril del presente año, que en lo demás se ha visto ser inadaptable por no haber tenido efecto todo el sistema departamental, lo sancionamos y ratificamos, cada uno en la parte que nos toca, en Santafé, a 9 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño,
presidente del Estado.
Antonio Viana,
adjunto y apoderado para esta ratificación.
Manuel Benito de Castro,
consejero del Estado.
Manuel Santacruz,
secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. t. I., No. 10, p. 36.

17
INDEPENDENCIA DE CARTAGENA

SOBRE SU DECLARACION. 16 de noviembre de 1811.

Ignacio Cavero,
(presidente del Estado).

Otro

   Habiéndose puesto en movimiento el pueblo de esta ciudad en la mañana del 11 del corriente a causa de los clamores con que pedían se declarase la independencia de esta provincia, la suprema junta, conviniendo con sus deseos, tuvo a bien publicar solemnemente la declaratoria de su independencia de todos los gobiernos de la península y de cualquiera otra nación extranjera; en cuyo paso no ha hecho otra cosa, este gobierno, que adelantar lo que de antemano tenía premeditado y aun comunicado en su razón al diputado por esta provincia al congreso próximo del reino, prestase su allanamiento sobre este punto en el acta de federación. Felizmente se le ha conocido y jurado por todas las autoridades y corporaciones así civiles como militares y eclesiásticas, aquella solemne declaratoria que se está celebrando con las demostraciones correspondientes a su importancia, y no duda este supremo gobierno que lo será para vuestra excelencia y para estrechar los lazos que nos unen por el mayor éxito de la causa del reino, lo que le estimula a dar a vuestra excelencia este aviso adelantado, mientras la premura de las circunstancias permite hacer más extensas y documentadas comunicaciones.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 16 de noviembre de 1811.

Ignacio Cavero,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de gobierno de la ciudad de Santafé.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 3 de diciembre de 1811, t. I., No. 15, p. 51.

18
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO AL GOBIERNO DE CASANARE

SE INFORMA DE EXPEDICION REALISTA PROCEDENTE DE GUAYANA. 24 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño.

CASANARE

   El supremo gobierno de Cundinamarca se ha visto en la necesidad de dirigir al de Casanare el siguiente oficio, por las causas que en él se expresan.

   "Por el actual correo de Caracas ha recibido este gobierno un oficio del presidente de la junta de Barinas en que le avisa estar ya en las bocas del Apure una fuerte expedición de Guayana, destinada a subyugar lo interior de las provincias y, por cartas particulares de Caracas, no sólo se confirma esto mismo, sino que se agrega venir auxiliados de algunas tropas inglesas de la isla de la Trinidad. Una noticia de tanta importancia presenta, a primera vista, el inminente peligro que corre esa provincia, desnuda de todos los auxilios necesarios para hacer resistencia a una expedición de esa naturaleza y los peligros que correrían igualmente las provincias interiores, sin excluir la de Cundinamarca, si ésta por su parte y después de haber dado las pruebas más auténticas de su moderación y no de querer mezclarse en los asuntos interiores de las otras, no se viera, ahora, obligada por su propia seguridad a tomar medidas de defensa en todos los puntos por donde tema, con razón, poder verse privada de su libertad. Y, hallándose en este caso la provincia del mando de vuestra excelencia, espera este gobierno que admitirá las tropas y pertrechos de guerra que tienen dispuesto mandar para el auxilio y resguardo de esa, de cuya seguridad depende la de lo interior".

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 22 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente de la junta de Pore.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 24 de noviembre de 1811, t. I., No. 13, p. 44.

19
OFICIO DE JOAQUIN CAMACHO AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

JOAQUIN CAMACHO, REPRESENTANTE DE TUNJA, SE DIRIGE A ANTONIO NARIÑO, PRESIDENTE DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA, EN RELACION CON UN TRATADO SOBRE LA CESION A DICHO ESTADO DE LOS LUGARES DE MUZO Y CHIQUINQUIRA. SE ANEXA LA RESPUESTA DE NARIÑO. Santafé, 25 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño.
Joaquín Camacho,

(representante de Tunja).

Excelentísimo señor:

   En la Gaceta Ministerial de esta capital, número 12, se culpa al gobierno de mi provincia, diciendo que sin embargo del tratado que su diputado celebró con este gobierno por el cual se cedieron a Cundinamarca los lugares de Muzo y Chiquinquirá, por decreto de 18 de octubre los ha convocado para el colegio electoral que se debía celebrar en aquella capital el 20 del presente mes. El tratado concluido en 4 de julio no se ratificó por un gobierno, que antes bien lo rechazó expresamente en su acuerdo de 15 del mismo mes comunicado a esta presidencia, en el cual expone los sólidos fundamentos que tuvo para no acceder a lo convenido; y no pudiendo tener dicho tratado ningún valor sin la ratificación de aquel gobierno, según se estipuló expresamente, es demostrado que la resolución dictada para que los vecinos de Muzo y Chiquinquirá vengan al colegio electoral de Santafé se funda sobre un tratado inválido y deshecho por la improbación del gobierno de Tunja, de quien pendía su aceptación.

   Tampoco se confirieron poderes especiales para este efecto al diputado de Tunja que entró en la negociación invitado por este gobierno, y con el deseo que le asistía de evitar los funestos efectos que debía traer a todo el reino la expedición militar que se anunciaba contra Tunja, y a que se opuso constantemente.

   Mucho menos ha intervenido la expresa voluntad de aquellos pueblos para su agregación a Santafé cono he expuesto mil veces en mis representaciones, siendo todo obra de algunos facciosos que consultando sólo a sus intereses particulares, han levantado los lugares contra su capital. Esta ha creído tener derecho para sujetar y retener los partidos que le pertenezcan, supuesta la voluntad general de todo el reino, incluso Cundinamarca, a adoptar el sistema federativo, para el cual se deben conservar las provincias como unidades preciosas que deben componer el sistema, a que es contrario el engrandecimiento de una de estas provincias, contra la voluntad y tal vez en perjuicio de las demás que son parte formal, y se interesan en cualquier alteración que se quiera hacer de los territorios. Ni Muzo ni Chiquinquirá, ni ningún otro lugar se puede separar de su antigua provincia sin expreso consentimiento de todos los pueblos de la Nueva Granada que han proclamado el sistema de federación de todas las provincias conocidas al tiempo de la revolución. Por la misma razón se deben aislar estas provincias, hasta que se consulte la voluntad general sobre hacer nuevas demarcaciones en que se atienda al bien de todas las provincias, y no al de una provincia en particular. Por esto me he opuesto a toda innovación de este género, a que no se debe proceder sin que convenga la representación general del reino, si es que aspiramos a la felicidad común, si es que tratamos de hacer un todo armonioso, cuyas partes se liguen por la unanimidad y no por la fuerza como se unían a sus antiguos gobernantes. Me opongo, pues, como representante de una de las provincias respetables del reino a que los electores de Muzo y Chiquinquirá, pueblos que le pertenecen, vengan a componer el colegio electoral de Cundinamarca, esperando que vuestra excelencia se sirva revocar el decreto de 13 del corriente impreso en la Gaceta Ministerial, y de no acceder vuestra excelencia a esta revocación, mi provincia apela al congreso general de las provincias del reino, juez constituido por todas ellas para los asuntos generales y controversias que se puedan suscitar sobre los intereses comunes. El gobierno de Cundinamarca destruye su misma constitución, en que se adoptó el sistema federativo por el expreso y legal consentimiento de todos sus pueblos, cuando accede o aprueba las variaciones territoriales sin solicitar el consentimiento y aprobación de todas las provincias que han adoptado el mismo sistema. No dudo expresarme con esta claridad, teniendo en mi apoyo el juicio de todos los pueblos que componen este reino, que han mostrado constantemente su deseo de que se conserve la integridad de las provincias, cuya desmembración traería nuestra total ruina. Hemos visto los esfuerzos que hizo Cartagena para la reducción de Mompós, que intentó separársele; lo mismo hizo Pamplona respecto de Girón; el Socorro respecto de Vélez, Antioquia y Popayán respecto de sus lugares, y Tunja ha trabajado incesantemente en la reducción de los suyos, no habiendo llevado a efecto la de Muzo y Chiquinquirá para evitar escenas sangrientas, que mira con horror, y esperando que el deseado congreso pusiese remedio a estos males que debemos evitar por los medios que dicta la prudencia haciendo conocer a los disidentes sus deberes y la obligación que tienen de sujetarse a la voluntad general, a lo que espero propenda vuestra excelencia haciendo que los electores de Muzo y Chiquinquirá sean despedidos como se resolvió en este mismo caso en el primer colegio electoral por una sanción solemne publicada en el número 5 del semanario ministerial de esta capital.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 25 de noviembre de 1811.

   Excelentísimo señor,

Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Entre tanto que vuestra señoría no diga por qué especie de derecho de gentes se deriva al gobierno de Tunja su comitente la suprema potestad y dominio soberano que quiere ejercer sobre los pueblos de Chiquinquirá y Muzo contra su libre voluntad, o no se acredite que es falsa esta voluntad expresada tan repetidas veces por dichos pueblos, no puede este gobierno acceder a la revocatoria de su decreto de 13 de este mes, que vuestra señoría solicita en su oficio de hoy a que contesto.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 25 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño.
Señor representante de Tunja,
doctor don Joaquín Camacho.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

20
OFICIO DEL GOBIERNO DE CARTAGENA AL DE CUNDINAMARCA

DISPOSICION SOBRE FUSILES COMPRADOS EN NORTEAMERICA. RESPUESTA DEL PRESIDENTE NARIÑO. Cartagena, 10 de noviembre de 1811. Santafé, 29 de noviembre de 1811.

Ignacio Cavero,
Antonio Nariño.

CARTAGENA

Oficio del gobierno de Cartagena al de Cundinamarca.

   Cualquiera que sea el destino que las circunstancias exijan dar a los fusiles que por orden de ese gobierno se compraron en el norte de América y se hallan detenidos en esta plaza, para la defensa común del reino, en los puntos por donde se recela amenazada su seguridad, en ninguna parte se hallan en situación de poder ser dirigidos con más oportunidad para el efecto que en esta ciudad. Porque bien sea que los invasores de nuestra libertad intenten subyugarnos por las vecinas provincias de Santa Marta, como es casi evidente, o por la de Río de Hacha o Maracaibo, desde este punto se ocurrirá inmediatamente y con más facilidad que en cualquiera otro con los que se necesiten al afecto, ya llevándolos por el puerto del Pedral a Pamplona y Valle de Cúcuta, si la necesidad allí lo exigiese, o ya armándose con ellos en esta provincia las tropas que necesita para contener la invasión ya comenzada por Santa Marta. A la verdad que el peligro de Maracaibo es el menos probable, pues que su impotencia no ha sido capaz de subyugar ni aun a Mérida, perteneciente a su territorio. En este supuesto, ¿podrá vuestra excelencia dejar de reconocer que aunque no precisamente por el puerto de Cartagena, por el de Santa Marta, por donde ya activamente obran nuestros enemigos, es que tenemos todo el riesgo de ser acometidos? Y, en tal caso, ¿dónde si no en Cartagena pueden, con más prontitud, utilidad y eficacia servir las mencionadas armas? Estimulada, pues, de todas estas consideraciones, esta suprema junta y atendiendo a que por el acta de confederación que próximamente deben celebrar los diputados de las provincias del reino a que se ha convenido por nuestra parte en los términos que se insinúa al nuestro, para que todo el mundo conozca con cuánta sinceridad propende Cartagena a la deseada unión, debe quedar sancionado el que cada una de las provincias representadas ponga en disposición del congreso sus respectivas armas y fuerzas para destinarlas donde convenga a la defensa de la unión, no puede menos de manifestarlo a vuestra excelencia para que como tan interesado en ella, se sirva tomarlo todo en consideración y convenir, desde luego, en la justicia y utilidad de la permanencia de los expresados fusiles en esta plaza.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 10 de noviembre de 1811.

Ignacio Cavero,
presidente.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de gobierno de la provincia de Santafé.

Respuesta

   Queda impuesto este gobierno de que vuestra excelencia y esa suprema junta han determinado, con su soberana voluntad, quedarse con los 1.400 fusiles que conducía don Pedro de la Lastra de cuenta de este Estado, reservándose, para el futuro congreso, la aprobación de este procedimiento. No extrañará, pues, vuestra excelencia, que este Estado, reservándose también para el futuro congreso, tome, entre tanto, las medidas que crea le sean convenientes, sin consultar a la justicia ni al derecho de gentes como vuestra excelencia lo ha hecho.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Santafé, 29 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente y señores vocales de la suprema junta de Cartagena.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 3 de diciembre de 1811, t. I., No. 15, p. 49-50.

21
BANDO DEL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE HOSTILIDADES DEL GOBIERNO DE SANTA MARTA CONTRA EL ESTADO DE CUNDINAMARCA. 5 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño,
Manuel de Santa Cruz.

CUNDINAMARCA

   Bando publicado en esta capital en el día de su fecha, con motivo de las hostilidades que el gobierno de Santa Marta está cometiendo contra Cundinamarca y otras provincias del reino, desde los puntos que tienen ocupados en el río Magdalena, cuyo tránsito tiene impedido.

   Don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca por la representación nacional legítima y constitucionalmente congregada, etc.

   Por cuanto por las noticias oficiales y de particulares ha tenido este gobierno una certeza real, de que el de Santa Marta procede hostilmente haciendo presas, a usanza de guerra, de todos los caudales, cargamentos, barcos y personas que bajan de lo interior del reino, de que sería ocioso hacer enumeración individual; por tanto, es de la obligación de este gobierno prevenir a todos los individuos del comercio y a los demás a quienes tocarles pueda, se abstengan de remitir por el Magdalena intereses o efectos de cualquier naturaleza que sean. En inteligencia de que para usar del derecho de represalia propio del de guerra, los mismos estantes y habitantes de este Estado darán cuenta de cualesquiera intereses que tengan pertenecientes a la provincia de Santa Marta, tanto para indemnizar a las personas de este Estado que hayan sufrido perjuicios, como para los demás fines que convengan al gobierno.

   Y, aunque se había remitido una expedición para Ocaña, bien provista de municiones y pertrechos de guerra y se había tomado la providencia de reforzar el punto del resguardo de la angostura de Carare, en que la provincia de Mariquita tenía tan pocas armas y una guarnición tan débil que apenas habría sido suficiente para sólo reconocer los barcos mercantes, todo con el fin de asegurarnos por aquella parte y poner a cubierto el comercio de los riesgos y pérdidas que se han comenzado a experimentar; estas medidas no han llegado a tiempo de poderlos evitar, pero se espera producirán sus efectos en lo sucesivo.

   Para que llegue a noticia de todos, publíquese por bando y fíjense copias en los parajes acostumbrados.

   Dado en Santafé a 28 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño,
Manuel de Santa Cruz.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 5 de diciembre de 1811, t. I., No. 16, p. 56.

22
DISPOSICION PARA EL PAGO DE SUELDO A NARIÑO

DISPOSICION PARA ENTREGARLE A TRAVES DE SU APODERADO EL SUELDO CORRESPONDIENTE, DURANTE EL TIEMPO DE SU DESEMPEÑO EN LA SUBPRESIDENCIA. Santafé, 11 de diciembre de 1811.

Gregorio José Martínez del Portillo.

   Como en los 23 días corridos desde 29 de agosto hasta 20 de septiembre en que ejerció la subpresidencia directoría el actual excelentísimo señor presidente del Estado don Antonio Nariño, le correspondiesen de sueldo $150, ha dispuesto el supremo gobierno los entregue usted a don Eugenio Martín Melendro como apoderado de dicho excelentísimo señor presidente.

   Y lo comunico a ustedes para su inteligencia y cumplimiento.

   Dios guarde a ustedes muchos años.

   Santafé, 11 de diciembre de 1811.

Ignacio José Martínez del Portillo,
señor ministro de la hacienda del Estado.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Real Hacienda, t. 17.

23
REPRESENTANTES SOLICITAN PASAPORTE

LOS REPRESENTANTES DE LAS PROVINCIAS PARA EL CONGRESO SOLICITAN DESDE SANTAFE AL PRESIDENTE NARIÑO SE LES CONCEDA PASAPORTE PARA TRASLADARSE A IBAGUE, LUGAR DONDE RESIDE EL CONGRESO EN ESE MOMENTO. Santafé, 13 y 14 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Manuel Campos, Camilo Torres,
Joaquín Camacho, Antonio Nariño.

   Teniendo concluidos los trabajos que debían hacerse en esta capital, determinamos trasladarnos a la ciudad de Ibagué, señalada ha días para residencia del congreso por ahora, donde debemos estar a fines de este mes. Y lo avisamos a vuestra excelencia para que nos libre pasaportes y prevenga lo conveniente al diputado de este gobierno que allí es donde ha de reunírsenos.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 13 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Manuel Campos, Camilo Torres Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de este Estado de Cundinamarca.

   Al tiempo que se estaba leyendo el acta de federación de las provincias unidas de la Nueva Granada acordada en convención de diputados que vuestras señorías me pasaron para los fines que en ella se expresan, recibí el nuevo oficio de vuestras señorías fecha del día de ayer en que piden pasaporte para trasladarse a la ciudad de Ibagué, y conteniendo dicha acta puntos de la mayor importancia y trascendencia que el poder ejecutivo por sí solo no cree poder resolver, he deliberado reunir la representación nacional para que en ella se examinen y resuelvan. Bajo este concepto espero que vuestras señorías difieran su partida por los cortos días que serán necesarios para el examen y resolución de este asunto; pero si a pesar de estas consideraciones no fuere exequible esta demora, vuestras señorías se servirán contestar en el supuesto de no haber inconveniente en franquear el pasaporte que se solicita.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 14 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Señores diputados de las provincias para el congreso.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

24
EL PRESIDENTE NARIÑO CONCEDE INDULTO GENERAL

ACORDE CON SUS FACULTADES CONSTITUCIONALES DICTA UN INDULTO GENERAL. Santafé, 24 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño
(presidente).
Manuel de Santa Cruz
(secretario).

   Don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, legítima y constitucionalmente electo por los representantes del pueblo congregados en el serenísimo colegio electoral, etc., etc. La constitución del Estado, para imprimir sobre el ciudadano más desgraciado las señales sensibles de un gobierno liberal y patrio, da por el artículo 35, título 5°, al poder ejecutivo la preciosa facultad de conceder indultos generales, y para ejercitarla hoy tiene el plausible motivo de una elección que verificada por votos conforme al serenísimo colegio electoral, me ofrece la oportunidad muy agradable de acompañar las demostraciones honoríficas de un pueblo generoso, con esta de la humanidad y beneficencia, que según las disposiciones de mi corazón caracterizarán el gobierno que se me ha confiado. En su consecuencia, concedo indulto general, que se entenderá bajo los siguientes artículos.

    Serán puestas en libertad y sin costas todas las personas detenidas o arrestadas, o presas o confinadas por delitos cometidos hasta esta fecha, salvas las acciones civiles del fisco o de tercero, y exceptuados los crímenes de traición al Estado, malversación del tesoro o caudales públicos, resistencia formal con armas a la justicia, homicidio alevoso, o de sacerdotes, sodomía, bestialidad y todos los que legalmente se califiquen de atroces.

    Los rematados a presidio, o cualesquiera obras públicas hasta esta fecha, no siéndolo por los delitos exceptuados, gozarán del mismo indulto, aunque ya estén en su destino, o en camino para él.

    Serán igualmente comprendidos en este indulto los ausentes, fugitivos o rebeldes por delitos cometidos hasta esta fecha, no siendo de los exceptuados, y con tal que dentro de seis meses contados desde ella, se presenten personalmente en las cárceles, y lo imploren.

    Son también comprendidos en el indulto los reos de delitos no exceptuados cometidos hasta esta fecha contra quienes se haya procedido o hubiese de proceder a instancia de parte agraviada, precediendo el perdón de ésta y salva su acción civil.

    Todos los que sean capaces de gozar de este indulto, según los artículos anteriores, y lo quieran alcanzar, deberán implorarlo dentro de seis meses desde esta fecha.

    La comisión anterior de indulto queda encargada de la ejecución y cumplimiento del presente, que se le comunicará y publicará en todos los lugares de la comprensión del Estado, para que los jueces inferiores, recogiendo las solicitudes y procesos que en su distrito ocurran, los remitan a la expresada comisión, a quien privativamente toca la declaratoria correspondiente, menos cuanto a los militares que estuviesen en estado de disfrutar esta gracia en razón de los cuales se comunicará a la comisión militar del Estado.

   Dado en el palacio de gobierno de Santafé a 24 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Por mandado de su excelencia,

Manuel de Santa Cruz,
secretario.

   Es copia,

   Santafé, 28 de enero de 1812.

Santa Cruz.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca de Pedro María Ibáñez. Manuscrito, t. III, f. 149-150.

25
REPRESENTANTES SOLICITAN AUXILIOS PARA CARTAGENA

LOS REPRESENTANTES DE LAS PROVINCIAS AL CONGRESO SE DIRIGEN AL PRESIDENTE NARIÑO SOLICITANDO MEDIDAS DIRIGIDAS A AUXILIAR A CARTAGENA EN SU LUCHA CONTRA LOS REALISTAS. Santafé, 26 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo,
Henrique Rodríguez,
Camilo Torres, Joaquín Camacho.

   Cada día se hace mayor la necesidad de socorrer a la plaza de Cartagena en la guerra que ha más de tres meses sostiene sola contra los gobernantes de Santa Marta. Aun con haber usado de arbitrios muy onerosos, hasta rebajar el sueldo de sus empleados, tiene que reducirse a las operaciones, que verá vuestra excelencia por la adjunta copia, limitadas a proteger el comercio del reino, y prescindiendo de que este sistema no nos salva de los peligros que nos amenazan por aquella parte, que quizás no podremos evitar, si la próxima caída de la península arroja allí, como es probable, una emigración; tampoco podrá sostenerlo, dentro de dos o tres meses, no alcanzando sus cuantiosas rentas, con todas las reformas que ha hecho en sus gastos, para las atenciones de la misma plaza.

   Muy a los principios de esta guerra, en el mes de septiembre, manifestamos a vuestra excelencia el interés que debe tomar el reino en dar estos auxilios para acabar con ese peligroso enemigo, antes que cobre nuevas fuerzas, solicitando se nos facilitase un empréstito, bajo la hipoteca de las rentas de nuestras provincias, el depósito de la mitra, y vuestra excelencia se sirvió contestarnos no poder disponer de él, estando afecto a la congrua del prelado electo.

   Presentado en el día este inconveniente con la declaración hecha por este gobierno de su perpetua inadmisibilidad, esperamos nos facilite vuestra excelencia dicho depósito con las mismas calidades antes propuestas, o nos mande entregar, sin calidad alguna, la parte que en él tiene el erario de nuestras provincias, por razón de vacante mayor o de temporalidades ocupadas aquel prelado.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 26 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Camilo Torres, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente y consejo ejecutivo de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

26
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO A LA JUNTA SUPREMA DEL SOCORRO

EN RELACION CON LA UNION DEL DISTRITO DE SAN GIL AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Santafé, 27 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   A la junta suprema del Socorro sobre la anexión de San Gil a Cundinamarca

   "Disuelto por vuestra excelencia el colegio electoral de esa provincia, y dispersos los miembros de la junta que componía ese gobierno, los pueblos han vuelto a entrar en el libre uso de su soberanía, de la que indubitablemente pueden disponer, consultando a los fines de toda asociación que es la de buscar su propia felicidad en los términos y modo que lo crean más conveniente. Los del distrito de San Gil, persuadidos de los sentimientos liberales y francos que animan a este gobierno, y desengañados de los males que comienzan a ocasionar las inmaturas separaciones de las provincias de su antigua matriz, han ocurrido por medio de apoderado instruido solicitando su agregación a Cundinamarca bajo los mismos términos que lo están los demás territorios de su comprensión.

   No sería prudencia dejar abandonada a sí misma la suerte de una porción tan preciosa de ciudadanos laboriosos y activos, por sólo evitar algunas críticas infundadas y maliciosas que tienen por fin principal mantener entre nosotros la disociación. Este gobierno, pues, ha meditado con detención las propuestas hechas por el distrito de San Gil y lo ha admitido a formar una parte integrante del Estado de Cundinamarca bajo las capitulaciones que vuestra excelencia verá cuando se acaben de imprimir, conservándoles todos y cada uno de los preciosos derechos, que felizmente gozan hoy los pueblos que respiran al abrigo de nuestra constitución.

   En esta virtud espero que vuestra excelencia, respetando los pactos de los pueblos que vuestra excelencia mismo ha vuelto al uso de sus imprescriptibles derechos, mirará en adelante a los de San Gil como partes del Estado de Cundinamarca, y les guardará todas las consideraciones que a los restantes del Estado; en inteligencia de que este gobierno, religioso observador de sus empeños y palabra, sostendrá y defenderá el último de los pueblos de su comprensión como a su misma capital.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 27 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente de la junta suprema del Socorro.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Historia, t. 28.

27
RESOLUCION SOBRE LA ANEXION DE SAN GIL AL ESTADO DE CUNDINAMARCA

EXPOSICION DE MOTIVOS Y RESOLUCION ACEPTANDO LA SOLICITUD DE ANEXION DEL DISTRITO DE SAN GIL AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Santafé, 27 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   El 26 de diciembre de 1811 el apoderado de San Gil y su provincia, presbítero doctor don Francisco José Otero, dirige un oficio a Nariño exponiéndole las razones que tales pueblos han tenido para solicitar, espontáneamente, su anexión a Cundinamarca, entre otras la tiranía del presidente del Socorro, que disolvió el colegio electoral y ciñó sus actuaciones a Yo lo quiero y lo mando. (Lorenzo Plata). Nariño aceptó tal propuesta, así:

   "Santafé, 27 de diciembre de 1811.

   Por presentado con el acta, poder y capitulaciones que se acompañan, y en atención a hallarse en el día los pueblos del Socorro en un estado de completa disolución por haberse dispersado los miembros del colegio electoral; y de la junta que componía aquel gobierno se admite el distrito y pueblos de San Gil a formar parte integrante con el Estado de Cundinamarca en los mismos términos y forma que lo están los demás de su comprensión, con sólo las condiciones de que permanezca allí el estanco de aguardiente y se haga una subpresidencia separada del Socorro, cuyo empleo lo propondrán aquellos cabildos y lo confirmará este gobierno como se hace con el de capital; y al efecto, recíbase el juramento de agregación y obediencia a la constitución a nombre de aquellos pueblos al doctor don Francisco José Otero como su apoderado para el efecto".

Antonio Nariño, Manuel Benito de Castro,
Antonio Viana. Por ausencia del señor secretario,
Eugenio Martín Melendro.

   (El mismo día el doctor Otero prestó juramento).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Historia, t. 28.

28
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO A LA JUNTA SUPREMA DEL SOCORRO

INFORMA A LA JUNTA SUPREMA DEL SOCORRO SOBRE SU ELECCION COMO PRESIDENTE DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Santafé, 29 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   "Junto el serenísimo colegio electoral revisor, el día 23 de este mes, después de haber nombrado el presidente y otros funcionarios del mismo cuerpo, procedió el día siguiente 24 a la elección de presidente del Estado, cuyo nombramiento recayó en mí con totalidad de votos. Este delicado y arduo encargo lo he admitido en las presentes circunstancias sólo con la esperanza de que las provincias, abriendo con franqueza sus propuestas para el importante punto de que nos unamos, lo verifiquen en la inteligencia de que hallarán en este gobierno la mejor disposición a concurrir por su parte, a fin de que el enemigo no nos halle divididos, y perdamos una libertad por que tanto hemos suspirado y padecido.

   Yo me ofrezco en particular a ese supremo gobierno con las consideraciones y respetos que mis sentimientos y amor a la patria me inspiran hacia los dignos miembros que lo componen".

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 29 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente de la suprema junta del Socorro.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Gobierno, t. 28.

29
REPRESENTANTES REITERAN SOLICITUD DE AUXILIO A CARTAGENA

REPRESENTANTES DE LAS PROVINCIAS AL CONGRESO REITERAN SU SOLICITUD DE AUXILIO A CARTAGENA, DISPONIENDO PARA TAL EFECTO DEL DEPOSITO DE LAS RENTAS ARZOBISPALES. Santafé, 29 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Camilo Torres, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor:

   Cuanto más apuradas son las circunstancias en que nos vemos respecto de Santa Marta, tanto más sensible es la retardación de auxilios para impedir males funestos al reino, que después no sería tal vez tiempo de remediar. Nada sabemos de oficio en orden a la venida de algunos oficiales, o parte de la familia del pretendido virrey don Benito Pérez, a Santa Marta; pero sea lo que fuere de estas noticias esparcidas con la llegada del último correo, ellas siempre inquietan y turban los ánimos, y si hay enemigos en lo interior, cobrarán nuevo espíritu para maquinar contra nosotros. ¿Qué efecto no podría hacer un rumor de esta especie en Molina, Tacón y otros opresores de los pueblos, que procurarían hacerlo valer en su favor para sacar todo el partido posible? No queda otro arbitrio: es preciso apurar nuestros discursos para limpiar aquel punto de enemigos presentes y futuros y evitar hasta la posibilidad de que Santa Marta nos hostilice. Los españoles procurarán conservar con empeño un punto en el continente, que si no les asegura la conquista del reino, a lo menos les dé un asilo seguro. El tiempo es precioso, lo que hoy se haría con suma facilidad, después costará arroyos de sangre. Reiteramos a vuestra excelencia en nombre del reino que peligra, en nombre de la posteridad que juzgará nuestras operaciones las instancias que tenemos hechas, y principalmente la de nuestro último oficio de 26 del corriente, de que aún no hemos recibido contestación, para que se nos entregue o remita a Cartagena el depósito de las rentas arzobispales, que son la sangre de los pueblos, y que jamás pueden estar más dignamente empleadas que en su defensa, o por lo menos lo que es de nuestras provincias, y que Santafé no puede negar, protestando que la responsabilidad debe cesar de todo punto contra unos hombres que como nosotros no tenemos hoy otro arbitrio que clamar; pero que ella recaerá sobre los que pudiendo extender una mano benéfica, a favor del reino, no lo verificasen, como desde luego no lo esperamos del ilustrado gobierno de Santafé.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 29 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Camilo Torres, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

30
CONTESTACION DE NARIÑO A PETICION DE REPRESENTANTES DEL CONGRESO

DICE ESTAR IMPOSIBILITADO PARA DISPONER DE LAS RENTAS DEL ARZOBISPADO POR NO HABER ADQUIRIDO AUN EL DOMINIO Y DERECHO DE PROPIEDAD SOBRE LAS MISMAS. Santafé, 30 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   No he adquirido todavía el dominio y derecho de propiedad a las rentas de la mitra de este arzobispado, que es necesario para poder disponer de ellas a mi arbitrio. Así tampoco está en mi mano hacer empréstito de sus existencias al Estado soberano de Cartagena, que vuestras señorías solicitan o proponen en sus oficios de 26 y 29 del corriente, sin verificar el definido objetivo de aquella definición, que dice Contractatio rei alienae invito domino. Si vuestras señorías suponen en mí el susodicho derecho de propiedad a aquellas rentas, yo lo supongo en vuestras señorías, en cuya virtud, siendo igual el supuesto, no hay una precisión de que interponga yo providencia de mi resorte, bastando las gestiones de vuestras señorías para el logro del fin deseado.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 30 de diciembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Señores representantes de las provincias para el congreso.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

31
COMUNICACION DE LOS REPRESENTANTES AL PRESIDENTE NARIÑO SOBRE EL AUXILIO A CARTAGENA

SE REFIERE A LA CONTESTACION QUE LES DIERA EL PRESIDENTE NARIÑO. Santafé, 31 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Camilo Torres, Joaquín Camacho.

   Señor:

   Cuando compelidos de las graves necesidades del reino, que hemos sido llamados a defender, hemos escrito a vuestra excelencia en 26 y 29 del que expira, y lo habíamos hecho antes, solicitando el depósito de las rentas arzobispales, bien sobre la responsabilidad de nuestras provincias, bien como una propiedad que se vuelve a las que la han contribuido para un objeto, que no se ha verificado, no hemos pretendido ni jamas podía concebir ninguno, que ellas hubiesen pertenecido ahora ni nunca al excelentísimo señor presidente de este Estado. Así es que aun para su concesión precaria nos hemos dirigido, no a dicho excelentísimo señor presidente en particular, sino también a los ilustrísimos señores consejeros o a todo el poder ejecutivo, pareciéndonos así más arreglado a su constitución.

   Tampoco el ex virrey don Antonio Amar había adquirido derecho ni propiedad a unos bienes que no eran suyos, y con todo no mediando las circunstancias que hoy son notorias; existiendo entonces uno que se podía reputar señor, y no reclamando las provincias, dueñas legítimas de esta contribución de cualquier modo que se la mire bien como vacante mayor, bien como temporalidades ocupadas, hizo de las dichas rentas un suplemento para necesidades que no eran nuestras, ni del bien de las provincias, y que antes, en cierto respecto, estaban en contradicción con él, por habernos despojado de lo que podía hacernos falta, y en la realidad nos hace para nuestra propia defensa.

   Vuestra excelencia mismo, o el excelentísimo señor presidente de este Estado, nos ha dicho que están consumidos $70 u 80.000 del expresado virrey Amar, que deben responder de este cargo, o están afectos a varias reclamaciones de las provincias, y con todo este dinero estaban en calidad de depósito, e ignoramos que se hayan invertido en utilidad ninguna de dichas provincias, y mucho menos, que se haya gastado con su consentimiento.

   Pero aun cuando este fondo pudiese o debiese todavía conservarse, como perteneciente a un prelado a quien acaba de declarar esta provincia perpetuamente inadmisible, el depósito o la custodia no tocaría ya a ella, sino antes bien a las demás que están en el caso de admitirlo, si las acomoda, o no hallan por bastante justificadas las causas que Santafé ha estimado serlo, respecto de su territorio para su repulsa.

   Por esto, por la urgente necesidad del reino, en que no se ha de echar mano de otros arbitrios gravosos a los pueblos, cuando las provincias tienen estos fondos, que pueden y deben constar como suyos o sobre que por lo menos tienen el derecho de custodia mejor que Santafé, a lo menos de lo suyo, y de lo que han contribuido, hemos repetido y repetimos a nombre suyo la entrega de cuanto les corresponde, y han producido sus territorios, bajo su responsabilidad para cualquier evento, y no para invertirlo en usos propios, ni menos para hacer empréstitos a Cartagena, como vuestra excelencia expresa en su oficio, sino para erogarlo en la privilegiada, en la urgente, en la necesaria defensa del reino.

   Pero si a pesar de nuestras insinuaciones, que algún día presentaremos al mismo reino, a lo menos para que vea nuestros esfuerzos sin fruto, ya que no hemos podido hacer más, vuestra excelencia tuviese a bien insistir en su negativa, descansando en la rectitud de nuestras intenciones, aunque llenos del dolor que nos causa la consideración de los males que vemos acercarse, daremos cuenta a nuestras provincias del ningún efecto de nuestras tentativas en esta parte para que obren en consecuencia.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 31 de diciembre de 1811.

José Manuel Restrepo, Henrique Rodríguez,
Camilo Torres, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Es copia. Santafé, 5 de febrero de 1812. Corral (r.)

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

32
DISCURSO DE NARIÑO EN EL COLEGIO ELECTORAL

OBJETIVOS DE LA CONVOCATORIA. REVISION DE LA CONSTITUCION. LAS LEYES FUNDAMENTALES SOBRE EL SISTEMA POLITICO NORTEAMERICANO. NARIÑO ELEGIDO PRESIDENTE DE ESTADO. Santafé, 2 de enero de 1812.

CUNDINAMARCA

   Santafé, diciembre 23.

   Arenga que el excelentísimo señor Nariño, presidente interino, produjo este día ante el serenísimo colegio electoral. Revisor al tiempo de su instalación.

   "Antes de proceder a la solemne instalación del colegio electoral revisor, es preciso, señores, que fijemos las ideas sobre los objetos de esta convocatoria. Dos, únicamente, han sido éstos: elegir las personas que deben ocupar las plazas vacantes en la representación nacional, y rever la constitución. Bajo este supuesto, ni el colegio electoral es un tribunal de apelaciones, ni tampoco reasume en sí ninguna de las atribuciones del poder ejecutivo. Tiene, en sí, la soberanía del pueblo; pero sólo la tiene en la parte que se le ha confiado y para los fines que se le ha conferido. No basta el que algunos poderes o instrucciones particulares amplíen las facultades a sus apoderados para poder innovar los fines de la convocatoria; porque no ha medio, señores, o estamos aquí congregados constitucionalmente o no: si lo estamos, debemos sujetarnos a las reglas y fórmulas que la misma constitución prescribe; y si no lo estamos, ¿qué juramento es el que vais a prestar, ante quién y con qué motivo?

   La convocatoria es indubitable que se ha hecho constitucionalmente; este es el tiempo y forma que ella ordena para las elecciones; y en cuanto a revisar, se han guardado, en lo posible, las reglas que la misma constitución ofrece para semejante caso. Bien conozco, señores, que se presentan aquí dificultades casi insuperables; pero, también conozco que el mayor de los males es de entregamos a la confusión y a la anarquía. ¿Quién de nosotros estará seguro en sus personas y sus bienes desde el momento que se rompan los vínculos sagrados que nos unen y el temor de las leyes que nos contienen?

   Por otra parte, si está en vuestras manos hacer pacíficamente la felicidad de vuestra patria, no vais a precipitarla en un abismo de males por querer reformarlo todo; es preciso tolerar algunos abusos al tiempo de una transformación; es indispensable que los haya, y todo lo que está en las fuerzas humanas es irlos corrigiendo con lentitud y oportunidad. Vosotros conocéis muy bien lo arduo y delicado de la empresa que hoy confía la patria a vuestra prudencia y sabiduría. Si el encontrar sujetos de probidad, instruidos, desinteresados y virtuosos es una cosa difícil en las circunstancias actuales, por el estado en que quedan los hombres al salir de una vergonzosa esclavitud; el revisar una constitución no presenta menos embarazos; este es el asunto más grave, más importante y más serio que se puede presentar en la carrera de la vida, y jamás los conocimientos han llegado en esta parte a aquel punto de perfección que sería de desear para la felicidad de los pueblos. Todos los imperios del mundo han sido más o menos durables, más o menos felices según las bases sobre que se ha levantado el edificio de su gobierno. Cada período, cada cláusula, cada palabra de una constitución, es como el centro de un círculo de donde parten una infinidad de líneas hacia la circunferencia de las demás leyes.

   Es preciso distinguir lo que es una constitución de lo que son las leyes fundamentales; la primera es sólo el mecanismo o forma que se le quiere dar al gobierno; y bajo este aspecto, no sólo es variable, sino que se debe acomodar a las circunstancias. Las leyes fundamentales, al contrario, son inmutables; la libertad, la propiedad y la seguridad no se pueden destruir sin caer en la esclavitud; que el gobierno sea puramente democrático, que sea monárquico, aristocrático o mixto, el hombre deber permanecer libre, con sólo las restricciones de los pactos a que se haya querido sujetar y tener asegurada su persona y sus bienes contra los asaltos del despotismo.

   El mecanismo o forma de gobierno y las leyes fundamentales son, pues, las dos partes que únicamente deben entrar en la constitución de un Estado.

   Las leyes civiles, las criminales y todo lo reglamentario es del resorte del cuerpo legislativo, que debe, no obstante, sujetarse a formarlas con arreglo a los principios constitucionales. Todas las partes de un gobierno para que sea duradero y estable, deben ser unísonas; porque de la contradicción en los principios o en los medios, nacen los embarazos en la práctica. Soberanía con dependencia, republicanismo con leyes monárquicas, democracia con títulos y distinciones, aristocracia con igualdad son otros tantos absurdos incapaces de conciliarse, ni de manejarse por la mano más diestra.

   La contradicción de principios es la que nos ha llenado de dificultades al tiempo de formar nuestros gobiernos. Tendamos la vista sobre nuestro continente y veremos que ésta es la causa de los embarazos en que se hallan todos nuestros gobiernos; queremos adaptar unas formas republicanas con leyes monárquicas y es un principio incontestable que las leyes deben seguir la naturaleza de los gobiernos. Aquí se conocerá la imposibilidad en que estamos hasta en esta parte de poder abrazar rigurosamente el sistema de los norteamericanos. Estos, al tiempo de su independencia, se encontraron con leyes análogas al gobierno que establecieron y nosotros las tenemos enteramente contrarias al que queremos establecer.

   Yo me río, señores, cuando oigo a algunos sujetos vituperar abiertamente los tratamientos y distinciones en la forma de gobierno que hemos abrazado; conservamos las leyes monárquicas, y en las monarquías donde debe haber una porción de rangos que sirvan como de escala entre el monarca y el pueblo, estas distinciones no son arbitrarias ni quiméricas: son inherentes y propias de esta especie de gobierno.

   Los legisladores filósofos deben atender y examinar la naturaleza del clima, los usos, las costumbres y las preocupaciones en que la educación o la casualidad, ha mantenido a los hombres a quienes van a dar leyes. Yo tengo en mí mismo la experiencia de lo que puede el hábito de estas impresiones: la constitución me prohibe recibir tratamiento en particular y mi carácter y mis ideas lo resisten; y, no obstante, me cuesta más trabajo el impedir que se me dé, que le costaría a otro el exigirlo con injusticia. ¿De qué dimana esto?, de la educación, de la costumbre en que estamos de ver los tratamientos seguir siempre a los empleos; los creemos inherentes al puesto y lo son, efectivamente, en las monarquías.

   Detengámonos un momento a contemplar a Horacio Cocles sobre el puente del Tíber peleando solo contra un ejército para impedirle el paso; y comparémoslo con uno de nuestros indios postrado de rodillas en el atrio del templo recibiendo doce azotes en castigo de no haber pagado la demora o faltado a misa; y dígaseme si unas mismas leyes pueden gobernar a estos dos hombres. No, nos cansemos, señores, nuestros gobiernos serán vacilantes y débiles mientras nuestras constituciones no se acomoden a nuestro carácter y a la educación en que nos hemos criado; mientras las leyes no sigan la naturaleza del gobierno que definitivamente adoptemos y mientras estas leyes y esta constitución no se puedan establecer con facilidad desde el principio; porque si a los peligros consiguientes a una transformación y a la independencia de la metrópoli añadimos los de las divisiones interiores con querer arrancar de repente todos los abusos y preocupaciones en que nos hemos criado, nuestra pérdida no sólo será probable, sino cierta e inevitable.

   En vuestras manos pone hoy la patria, señores, una gran parte de su suerte futura; penetraos bien de la importancia de los asuntos para que sois convocados. Escoged, por una parte, personas de luces, de integridad y de conocido patriotismo, sin confundir la ambición con el mérito; y por otra, simplificad los principios; aclarad los puntos sobre que vais a decretar; fijad las ideas cardinales; estableced bases sólidas y duraderas y examinad con detención y madurez cuál de las formas de gobierno es la que nos conviene mejor para asegurar nuestra naciente libertad. Tened presente aquella máxima sublime del legislador de los atenienses: no nos deis la constitución más perfecta, sino la que nos sea más conveniente y más adecuada en las circunstancias en que nos hallamos".

   Concluida esta arenga, después de haber oído misa en el oratorio de palacio y precedida la exhortación de que habla el artículo 47, título 8° de la constitución, siguieron los señores electores para el salón que se les había destinado en la aulas altas del colegio de San Bartolomé hallándose la tropa tendida en todo el tránsito. Luego que llegaron a su destino, tomó la palabra el excelentísimo señor presidente electo y produjo un discurso breve y elocuente, exhortando a los miembros del colegio a que sofocasen cualesquiera resentimientos particulares, que se desnudasen de todas las pasiones, revistiéndose de virtudes políticas y morales para llenar con pureza el encargo que la patria les confiaba. Concluido dicho discurso, entraron a tratar algunos puntos relativos a la organización económica del cuerpo. Las dos guardias que tuvo este día el serenísimo colegio, la una en el palacio presidencial y la otra en San Bartolomé, fueron ambas de bandera; y al señor presidente electo se le puso guardia de oficial. En la plaza mayor saludó la artillería al colegio electoral con tres salvas de a 15 cañonazos cada una. Bajo el magnífico dosel que hay en el salón se ve un cuadro en que está pintada la LIBERTAD AMERICANA, figurada en una joven morena, de bella figura: en la mano derecha una lanza y sobre ésta la gorra de la libertad; tiene corona de plumas, carcaj, arco y flechas; está sentada sobre un caimán; a un lado se deja ver el cuerno de la abundancia derramando solamente frutos peculiares de nuestros países; al otro se ve un sol naciente y una esfera o mundo. En la mano izquierda tiene dicha joven un escudo, pintada en él la tiara y las llaves de San Pedro, con este mote: RELIGIÓN, PATRIA, LIBERTAD Y UNION.

CUNDINAMARCA

   Santafé, diciembre 24.

   Este día ha sido uno de los más satisfactorios que ha tenido hasta ahora el pueblo cundinamarqués. Reunido el serenísimo colegio electoral, se hizo moción sobre si debía o no procederse a elegir presidente del Estado, antes que a revisar la constitución; discutida la materia, resultó la votación por la afirmativa y en esta virtud se procedió a la elección de presidente. Esta recayó con plenitud de votos sobre el primer héroe de la libertad de nuestro suelo, a saber: el excelentísimo señor don Antonio Nariño, que había obtenido la presidencia interinaria por tres meses. Si no temiésemos que nuestras justas alabanzas fuesen malglosadas por algunos émulos, confundiéndolas con la lisonja y vil adulación, nosotros amontonaríamos elogios a favor de este hombre grande, que después de haberse sacrificado por la patria, ha sabido dar vigor a la opinión pública y energía a la causa de la LIBERTAD...

   El serenísimo colegio señaló una diputación para que participase la noticia a su excelencia y le condujese a prestar el juramento. Al entrar su excelencia en el salón del serenísimo colegio, resonaron los más alegres vivas entre un pueblo que se congratulaba con la presencia de su jefe. Este hizo presente al colegio electoral que el día señalado por la constitución para la recepción de los funcionarios públicos, era el 1° de enero y que por lo mismo era inconstitucional la prestación del juramento en ese día; pero al fin lo prestó, convencido de que la constitución hablaba del caso ordinario en que la elección recayese sobre un sujeto que actualmente no se hallase de funcionario público, y de ningún modo había previsto el caso extraordinario en que estaba la presente elección.

   Concluido el acto del juramento, pidió la palabra un joven1 y lleno de fuego y entusiasmo, felicitó, en nombre del pueblo, al colegio electoral por el acierto en dicha elección, produciendo una arenga tan insinuante y enérgica como breve y sencilla. Su excelencia, a las doce del día, en unión del mismo colegio, fue conducido a palacio en medio de la aura popular más agradable y al través de los vivas y expresiones más satisfactorias con que un pueblo entero manifestaba claramente su regocijo y alegría. A las doce de la tarde comenzó la artillería a saludar al nuevo jefe, y luego las repetidas descargas de fusilería de los provinciales, nacionales y milicianos, acompañadas de un golpe de música y de fuegos artificiales que costeaba el pueblo, acabaron de publicar una noticia tan interesante. A las 3 se condujo su excelencia a las cárceles públicas y dio libertad a los reos que, después de una averiguación exacta, resultaron ser de poca consideración, reservándose para después la soltura de algunos otros delincuentes de mayor momento, en uso de la preciosa facultad de conceder indultos generales, que le franquea el artículo 35, título 5 de la constitución. Ya había dado órdenes para que se pusiese en libertad a los presos que se hallasen en los respectivos cuarteles y que estuviesen comprendidos en el primer caso. Nos lisonjeamos de que lograremos un gobierno próspero y feliz, hallándose a su frente un hombre benéfico y desinteresado, que no se embriaga con los aplausos y aclamaciones; que en medio de ésta se acuerda de socorrer a los infelices y que comienza sus funciones por aliviar a la humanidad afligida.

   El 25, 26 y 28, ha habido corridas de toros en obsequio del nuevo presidente. Las noches del 26, 27 y 30, ha habido en palacio música y baile. La primera de estas funciones se dio a expensas del músico mayor del batallón Provincial; la segunda fue dada por el cuerpo de sargentos de milicias de infantería y la tercera, por algunos vecinos de Zipaquirá, agregándose, a este último obsequio, la corrida nocturna de toros con candiles.

   El 28 hubo misa solemne de acción de gracias por la pacífica instalación del colegio electoral; y las noches del 27, 28 y 29, hubo iluminación general por el mismo motivo.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 2 de enero de 1812, t. I., No. 20, p. 69-71; 71-72.

NOTA:
1   Don Antonio Ricaurte, teniente del batallón de Nacionales.

33
ACUERDO DEL CABILDO DE SAN GIL

SOLICITUD DE UNION CON LA PROVINCIA DE CUNDINAMARCA. CAPITULACIONES. 4 de enero de 1812.

CUNDINAMARCA

   El cabildo de la villa de San Gil, que antes correspondía a la provincia del Socorro, con fecha 7 de diciembre último, acordó lo siguiente: Que hallándose disuelto el gobierno de la provincia del Socorro por la mutua separación de los vocales de San Gil y Vélez que la componía, teniendo en consideración las ningunas ventajas que traía a aquellos pueblos la unión con los del Socorro, y los vergonzosos ultrajes que han recibido sus vocales por parte de aquel vecindario, llegando a pedir públicamente que los echaran del Socorro por no necesitarlos para nada y haber intentado asesinarlos en repetidas ocasiones, no habiendo esperanza ni la más remota de que el presidente don Lorenzo Plata convenga en la instalación de un colegio electoral constituyente, pues que con los hechos más patentes y manifiestos se ha opuesto a ello, y amenazado con la fuerza a los diputados de los pueblos que se hallaban congregados en la iglesia del Socorro el 27 de noviembre último; y queriendo no permanecer por más tiempo en el estado de anarquía en que se hallan aquellos pueblos desde el momento en que se disolvió la junta provincial con el retiro de dichos vocales; el mencionado cabildo, consultando el bien general de los ciudadanos, tuvo a bien solicitar su unión con la provincia de Cundinamarca como parte integrante de ella, adoptar y jurar la constitución adoptada y sancionada por ella y, en una palabra, reputarse en un todo como verdaderos cundinamarqueses. Para celebrar esta unión se diputó al cura de dicha villa, doctor don Francisco José de Otero con plenitud de poderes, para que a nombre de aquel cabildo y sus pueblos, hiciese y celebrase los tratados de incorporación y unión, a cuyo efecto mandaron los capitulares se le diese copia legalizada de esta acta y de las capitulaciones que se tuvo a bien presentar a la provincia de Cundinamarca y que hacen la base principal de la agregación.

Capitulaciones

   1. El cabildo de San Gil y sus pueblos se sujetan libre y espontáneamente desde hoy y en adelante a ser una parte integrante de la provincia de Cundinamarca, jurando para ello la constitución sancionada y exigiendo por cláusula expresa y de absoluta necesidad, la total independencia de la villa del Socorro y su gobierno.

   2. Que el subpresidente que ha de gobernar el cantón de San Gil, ha de ser propuesto en terna por el cabildo, hijo del dicho cantón, y su duración ha de ser la de dos años. Igual capitulación deberá entenderse con los demás empleados en las administraciones y empleos lucrativos. Los sueldos de dichos empleados serán proporcionados al producto de las rentas de dicho cantón.

   3. Tendrá el subpresidente un teniente asesor, asalariado del mismo modo.

   4. No obstante que en la provincia de Cundinamarca se han extinguido los estancos de aguardiente y tabacos, subsistirá en el cantón de San Gil el de aguardiente, mediante a que por ahora los pueblos no lo resisten y a que es el ramo más productivo que hay para los gastos públicos.

   5. Que el ramo de alcabalas, asignado al 2%, no puede aumentarse y sí disminuirse en aquellos ramos en que lo ha verificado el Socorro y cuyo beneficio logran ya los pueblos de San Gil.

   6. El ramo de aguardientes se establecerá o por remates o por administraciones según se tenga por más conveniente, consultando al beneficio del erario y del ciudadano.

   7. Admitido que sea en la provincia de Cundinamarca el dicho cabildo y sus pueblos, la provincia sostendrá los derechos de este cantón contra cualquier ataque de todo enemigo exterior o interior, siendo recíproca la obligación de sacrificarse dicho cantón en el sostenimiento de su provincia.

   8. El pueblo de San Gil, una vez agregado a la provincia de Cundinamarca, será sostenido por la provincia, como igualmente los pueblos que voluntariamente quieran agregarse.

   9. Quedará el cantón de San Gil en toda libertad para poder por sí descubrir minas, y beneficiar salinas en su territorio y trabajarlas, como igualmente la apertura de caminos y cualesquiera otros proyectos conducentes a la felicidad de dicho cantón.

   Presentado el apoderado Otero ante el supremo poder ejecutivo, se dictó el decreto siguiente:

   "Santafé, 27 de diciembre de 1811.

   Por presentado con el acta-poder y capitulaciones y en atención a hallarse en el día los pueblos del Socorro en un estado de completa disolución por haberse dispersado los miembros del colegio electoral y de la junta que componía aquel gobierno, se admite el distrito y pueblos de San Gil para formar parte integrante con el Estado de Cundinamarca en los mismos términos y forma que lo están los demás de su comprensión, con sólo las condiciones de que permanezcan allí el estanco de aguardiente y se haga una subpresidencia separada del Socorro, cuyo empleo lo propondrán aquellos cabildos y lo confirmará este gobierno, como se hace con el de la capital; y al efecto, recíbase el juramento de agregación y obediencia a la constitución a nombre de aquellos pueblos, al doctor don Francisco José Otero, como su apoderado para el efecto".

Antonio Nariño,
Manuel Benito de Castro,
Antonio Viana.

   El mismo día prestó el apoderado Otero el correspondiente juramento y el presidente del Estado ofició con el del Socorro noticiándole este acaecido, a fin de que aquel gobierno, respetando los pactos de los pueblos que habían vuelto al uso de sus imprescriptibles derechos, mire en adelante los de San Gil como partes del Estado de Cundinamarca y les guarde todas las consideraciones que a los restantes del Estado; en inteligencia de que este gobierno religioso observador de sus empeños y palabra, sostendrá y defenderá el último de los pueblos de su comprensión, como a su misma capital.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 4 de enero de 1812, t. I., No. 21. p. 75-76.

34
CARTA A ANDRES ROSILLO

ISIDRO MARTIN MORENO, SOBRINO Y CAPELLAN, ESCRIBE SOBRE SUCESOS DEL SOCORRO. SOBRE EL CURATO. TROPAS DE VELEZ CONTRA EL SOCORRO. Simacota, 5 de enero de 1812.

Isidro Martín Moreno.

   Carta dirigida al doctor don Andrés Rosillo y entregada por éste al excelentísimo señor presidente del Estado.

   Excelentísimo señor:

   Los acontecimientos de la presente época, ocurridos en la capital del Socorro, deben darse a la prensa para que conozca todo el mundo que los hombres honrados y nobles de ésta, no piensan en otra cosa que en sostener los derechos de su verdadera libertad. Vuestra excelencia, como tan interesado en nuestra causa, conoció de antemano la intriga y trama que fraguaba contra nosotros. He aquí el motivo de haberle sacado de aquella capital con la mayor iniquidad.

   Con Domingo tengo escrito a vuestra excelencia lo ocurrido respecto de la instalación del colegio electoral, o por mejor decir, infernal; y ahora demostraré, aunque de paso, los efectos que han causado su salida de aquella capital. Conocida que fue por los pueblos la trama de nuestros rivales, se alarmaron contra ellos como indica.

   El 25 del que expiró, congregados en la sala consistorial los apoderados de la metrópoli, los de sus respectivos pueblos y los agregados de Pinchote, Robada y Valle, se instaló el nuevo gobierno que se compone del señor presidente doctor don Lorenzo Plata por los años 812 y 813, el señor Rota por el año 812; el señor doctor don Jacinto Mar Ramírez y González por el mismo año, como don Domingo Niño, fiscal del supremo gobierno, quedando por lo respectivo a secretarios y demás oficiales a disposición de la suprema junta, nombrar los que sean de satisfacción del gobierno.

   Concluido que fue este respetable acto, se me comisionó por los señores apoderados de los pueblos soberanos para que le hiciese presente a la multitud de gentes que se hallaba en la plaza, el acto que se había celebrado, llamando en voz alta y por lista a todos los señores diputados; y habiendo respondido cada uno en su lugar, se arengó por mí cuanto me pareció del caso, a fin de cimentar y consolidar nuestro gobierno, como entusiasmar a los pueblos congregados. Después de haber concluido con lo indicado, se pidió a mí por todos los señores de la sala consistorial y demás circunstantes de la plaza, me hiciesen el honor de darme permiso para hablar cuatro palabras sobre la salida del señor representante de la provincia doctor don Andrés Rosillo, a que en voz alta se me contestó por todos los señores que se hallaban en los balcones de la sala consistorial de cabildo y plaza, que bien podía hablar el señor, comisionado de los pueblos soberanos, cuanto juzgase conveniente y del caso.

   Es imposible decir a vuestra excelencia lo que hice presente en el acto y sólo indicaré algunas palabras que me acuerdo, siendo su principio como sigue:

   Señores: en otro tiempo se pidió en esta sala consistorial garantía, no para tratar asuntos relativos que rodasen en beneficio de nuestra patria y verdadera libertad, sino para ultrajar la alta dignidad sacerdotal, para vejar a un hombre que ha sacrificado su salud, sus intereses y que ha expuesto su pecho a las balas y su garganta al cuchillo; a un señor magistral de una metrópoli, que por su infatigable trabajo y estudio ha conseguido tan alta representación, siendo como es la corona de nuestros conciudadanos; a un señor representante de esta provincia y a un hombre electo obispo, al que esos pícaros han sacado de esta capital como a un cochino, como a un facineroso y como a un reo de Estado. Sí señores, estos eran los patriotas que aprecian la paz, la quietud y la tranquilidad de las provincias; ya este ilustre pueblo y los más de su comprensión, estarán informados de todos los que se amotinaron para sacar nuestro representante del seno de su amada patria, por la que ha sufrido prisiones, hambres y cuantos trabajos puede un hombre padecer. En ese lamentable día para todos sus parientes y amigos, no se veía por todas estas calles sino a todos nuestros rivales, unos con trabucos, otros con pistolas y otros con sables desenvainados. En fin, este es un diseño de lo que hablé el día 25 del que expiró y algunos de nuestros compatriotas dicen me iba excediendo.

   Concluido que fue este acto, siguieron los vivas a nuestra Señora del Socorro, al señor presidente y vocales, al señor representante y al señor comisionado de los pueblos soberanos.

   A las dos de la tarde se dio principio al arresto de los integrantes, como a las tres se contaron como 14 en la sala de cabildo de todos los de la plaza, que vuestra excelencia sabe cuáles son. El 26 por la noche pidió el pueblo que los echaran fuera para asesinarlos, o que los bajasen a los calabozos y les pusieran grillos, y ofreciendo lo segundo, se retiró el pueblo. El 28 que salía la tropa para el Valle, como no se había cumplido lo que se ofreció, dijeron no seguían si no se ponía en prisión —y con un par de grillos— al alguacil mayor, e igualmente los intrigantes al calabozo, lo que en el acto se verificó. Ello es que han sido tantos los ultrajes y sobresaltos de los marchantes, que por momentos me han asegurado aguardaban su muerte; pero ¡pobres de nosotros si no hubiéramos ganado gallo! Hay mucho que decir de nuestra presente revolución y por eso sólo diré de lo principal.

   San Gil se hizo fuerte y gritaba que era la provincia independiente del Socorro. Que el que se decía presidente le había quitado sus pueblos con la fuerza armada; pero que ellos volverían a su cabildo y para verificarlo mandaron ciento y tantos hombres a que tomasen posesión de Pinchote. Cuando todos aquellos vecinos se hallaban fuera del lugar, entraron todos los secuaces y a un infeliz que estaba sentado en un alar, le quitaron la vida. El señor cura se hallaba en la iglesia con infinidad de mujeres rezando el rosario santísimo y aquellos malvados, atrevida e insolentemente, entraron al templo con sombreros, lanzas, machetes y armas de fuego a sacar de allí los hombres que había; como que a uno le arrastraron e hicieron sangre dentro de la iglesia; insultaron cruelmente al cura, le rompieron el vestido y alzaban los velos de los santos con las lanzas solicitando a don Carlos Fernández y a otros nuestros compatriotas; pero saliendo de la iglesia se vio claramente el ejemplar de las irreverencias cometidas, habiendo caído muerto de repente el que más había estropeado al señor cura.

   Con el parte que dio por el alcalde de aquel pueblo, volaron nuestras tropas en defensa de aquellos afligidos: tomaron la plaza y pasaron a fijar destacamento al frente de San Gil, entre tanto se les mandaba refuerzo para intimar se rindiesen y de no acometer. Vístose San Gil rodeado por todas partes de nuestras tropas, propone capitulaciones y el gobierno accede, mandando comisionados a Pinchote para que a la mayor brevedad se realicen; pero aquellos déspotas y soberbios, por no obedecer al gobierno, se profugaron rápidamente dejando en total desamparo al pueblo bajo. Entraron nuestras tropas a San Gil, tomaron plaza y dieron parte al gobierno. Entretanto, los nuestros estaban ocupando los puntos interesantes de San Gil, los secuaces de Charalá entraron al Valle prendiendo fuego a las casas y haciendo otras tantas iniquidades dignas de admiración; pero ¿qué se podía esperar de un pueblo insolente y rebelde, que trató de separarse de su metrópoli y agregarse a San Gil, sin otra causa que la de su capricho y tirantez? Sabiendo Charalá que los revolucionarios de San Gil se habían profugado, tomó las mismas medidas de éstos y el pueblo bajo gritó la obediencia a Socorro como lo indica la carta oficial del capitán Rengifo.

   Valle, Charalá, Confines, Simacota y Robada, se hallan sin párroco, según consta de los oficios al supremo gobierno. Yo, sin embargo de las críticas circunstancias en que nos hallamos, he venido a servir este beneficio por atender a las súplicas de los alcaldes y vecinos y por corresponder de algún modo los servicios que debemos a este noble y valeroso pueblo, quien se ha distinguido en nuestra defensa para conservar nuestra verdadera libertad.

   Dirijo a vuestra excelencia esos pliegos para el señor provisor y vicario general, para que impuesto en ellos se me libre el título de cura excusador, pues este generoso pueblo conociendo sus derechos se halla en el caso de no admitir otro cura que a mí, por haber padecido once años de tiranía y crueldad, llegando a tanto su desgracia que el presbítero Delgadillo, quien servía por el propio cura, consumiese todas las especies sacramentales y los dejase en tal abandono, previniendo al sacristán cerrase las puertas de la iglesia, no tocase las campanas a ninguna hora, ni pusiese ornamento a sacerdote que no fuese mandado por el cura Plata. Este marchante pensó con su despotismo intimidar a estos vecinos, pero fue muy de contrario porque después de haberle puesto guardia en todo el circuito de la casa, porque no la había dado franca para registrarla de orden de la suprema junta por varias sospechas, después de haberle tocado un cuerno, si no sale inmediatamente se le hubiera abocado el pueblo por el resentimiento que tenía de haber consumido las especies sacramentales. Vuestra excelencia, como benefactor de estos señores, espero tome las medidas más oportunas a fin de que no sufran más el pesado yugo y tiranía del cura Plata. Si habla con el señor provisor, hágale presente que este pueblo se halla resuelto a no admitir de modo alguno en este beneficio a su propio párroco ni otro que sea mandado por él, sino que ha de ser titulado por la curia metropolitana.

   Se me olvidaba hablar de Vélez; estos señores han mandado tropas contra el Socorro pedidas por don José María Durán y los sangileños; dicen se hallaban en Guadalupe y no sé si nuestras tropas los han rechazado o no. La brevedad de mandar este peón, no me da lugar para decir a vuestra excelencia lo más que hay respecto de las actuales circunstancias; pero lo haré en primera ocasión. Le suplico encarecidamente interponga todo su respeto para con el señor provisor en favor de este arrogante, distinguido y valeroso pueblo que tanto ha contribuido en la conservación de nuestros derechos.

   Mi primo don Francisco Rosillo, compañero inseparable mío en la revolución, me dice diga a vuestra excelencia que los charaláes le han incomodado demasiado y aun querido asesinarle; pero Dios le libró de tal desgracia; que no tenga cuidado que ya hemos respirado y que todos nuestros rivales se hallan en la petaca. Creo que se habrá recibido de alcalde ordinario de Charalá y los de nuestra metrópoli son: de primer voto don Antonio Acevedo, de segundo don Antonio Ardila, alías el Papa, procurador general don Vicente Uribe, alcalde ordinario de Pinchote, don Carlos Férnandez; su amado Miñano se halla en el calabozo con un par de grillos. Piñeres se fue para Mompós. Alcaldes de esta parroquia, don Dámaso Villarreal, don Gabino Rodríguez y apoderado del pueblo, don Lázaro Rodríguez.

   Páselo bien y mande cuanto guste a su atento sobrino y capellán que besa su mano,

Isidro Martín Moreno.

   Simacota, 5 de enero de 1812.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 16 de enero de 1812. t. I.. No. 24. p. 86-88.

35
MEMORIAL DE FRANCISCO JOSE OTERO

SITUACION EN SAN GIL. HORRORES DE CARLOS FERNANDEZ. ABANDONO DEL LUGAR, PRESIONES DEL SOCORRO. San Gil, 6 de enero de 1812.

Francisco José Otero.

CUNDINAMARCA

   Documentos presentados al supremo poder ejecutivo por el doctor don José Otero y llegados a esta capital en extraordinario el 15 del corriente.

   San Gil, 6 de enero de 1812.

   Mi amado primo:

   Con motivo de que varios de los emigrados se han dirigido, según tengo noticia, a esa capital, lo supongo a usted impuesto de todos nuestros funestos acontecimientos. Ya sabrá que este lugar quedó desamparado, no sólo de todos los capitulares, sino también de la nobleza del pueblo. Las adjuntas copias de los oficios que incluyo, impondrán a usted de esta verdad, como también de los afanes que nos eran consiguientes a los tres o cuatro individuos firmados en dichos oficios, que quedamos para ser el blanco de la ira amenazante de don Carlos Fernández, que con sus tropas no respiraba otro eco que el de saqueo, prostitución, incendio y ruina de este lugar. Tales eran las amenazas de este horroroso monstruo de la naturaleza, dirigidas no ya al fin de rendirnos, pues ya lo estábamos, sino de hacer que entrásemos por las más injustas capitulaciones, de que igualmente le remito copia, para que usted como nuestro apoderado pondere a ese supremo gobierno de quien ya dependemos, la tiranía con que este opresor de nuestra libertad trata de esclavizarnos. Remito copia igualmente de las capitulaciones que provisionalmente (en defecto de los capitulares) tuvimos a bien los firmados mandar al ex presidente que urgía que dentro de dos horas mandase el cabildo dichas capitulaciones, pero al tiempo mismo que fueron éstas, recibimos las suyas, en que como verá, dice que no conformándose el cabildo con ellas, seguirá el fuego y todos los movimientos de guerra. Los jueces comisionados por el presidente para celebrar dichas capitulaciones eran don Carlos Fernández y demás jefes destacamentados en el punto del otro lado; y estos bárbaros insistían en que se habían de hacer dichas capitulaciones, sin atender a que no había capitulares ni sujetos principales, y que el diminuto número de individuos existentes en el lugar, no podía por sola su voluntad (que era el principal fundamento que exponíamos) comprometer la general del pueblo.

   Ultimamente, como viesen que ya el lugar quedó abandonado, entraron a él algunos jefes y entre ellos don (N.) Niño, abogado, que dijo venía de juez comisionado para formar las capitulaciones, y este bruto me llenó de insultos diciendo que yo y todos éramos unos pícaros, que no estábamos tratando más que de engañar y de emporrar, etc. En este mismo día hicieron estos, a pesar de nuestras súplicas, que entrasen todas las gentes que serían algunos 150, que estaban apostados en el alto de los Vargas. Entraron como en triunfo, gritando vivas al Socorro, al presidente, etc. Dieron vuelta a la plaza y se posesionaron del cabildo, que hicieron cuartel. Al tiempo de esta entrada les vino noticia de que 500 charalaes habían caído al Valle y derrotaron 100 socorranos que se hallaban allí y corrieron a ésta a ampararse. A esta sazón asomaron por casualidad dos o tres paraguas en el alto de mi cuñado don Vicente, y los reputaron por banderas coloradas que les batían, se creyeron perdidos en este estado; y apuró su cuidado al último grado una carta que al propio tiempo recibió Carlos del presidente, en que le pide 200 hombres para auxilio de Culatas, que se hallaba acometido por Vélez. Todos estos acontecimientos evitaron el que dicho Carlos entrase a registrar la iglesia con el fin de solicitar las armas, lo que intentó por tres ocasiones y nunca lo consiguió. En fin, me alargo demasiado en exponer a usted estos pormenores que no importan tanto como lo siguiente.

   Ha de saber que don Isidro Hidalgo y mi hermano Juan José son los alcaldes que ha nombrado el presidente; y para el fin de ponérseles en posesión han ido hoy al Socorro por llamamiento del ex presidente; mañana estarán en ésta, y Dios sabe con qué órdenes malditas del tirano a consecuencia del oficio que se le mandó hoy dirigido por ese nuestro gobierno de Cundinamarca al expresado tirano. Este a la fecha lo consideró endemoniado, aunque entre un zapato; porque a más del soponcio que ha recibido con la amenaza de nuestro presidente de Cundinamarca, ha de haber sabido que hoy mismo se publicó bando en que se leyó al pueblo la presentación hecha por usted de agregación y decreto de admisión; y el pueblo gritó, entonces, con la mayor alegría, que esto era lo que quería. Se leyó a más de esto, copia del mismo oficio dirigido al ex presidente por ese supergobiemo y últimamente se leyó el acta que pusieron los únicos tres capitulares don Francisco Silva, don Luis Durán y don Juan de Dios Ferreira, que están en Cepitá y desde allí mandaron estos papeles dirigidos al doctor Uribe y a Sarmiento, a quienes estos señores daban su comisión para dicho efecto. Pero la gloria de esto sólo es debida al señor cura de la Robada, que tuvo esforzado valor para hacer la publicación sin decirle nada de antemano al doctor Uribe, y yo así se lo previne de que procediese por sí solo, pues debía estar seguro de que Uribe se oponía a la publicación y no salió errado mi pensamiento, pues después de que supo de la publicación parecía un demonio de bravo contra Sarmiento, a quien trató muy mal, y como yo estaba presente algo lo contuve. Este hombre nos ha sido sumamente perjudicial porque, a pretexto de alzar los fuelles a los socorranos, ha descubierto muchas cosas reservadas y no vive si no es sermoneando en las calles, intimidando a las gentes a quienes decía que los capitulares y todos los principales eran unos pícaros que no habían hecho otra cosa sino venderlos, y hablando públicamente con Carlos desde el balcón de doña Marcelina Ribero, le decía que sus mismos parientes le estaban tirando y que él era el único que tenía en su favor, que era socorrano y no sangileño y que contara con él. Si hubiese de referirle, en fin, todos los hechos P.... de este clérigo, no acabaría; pero usted ya le conoce su carácter, que es el más calavera y desconcertado; ojalá usted alcance de los señores gobernadores un Pax Christi dimisorial para su curato, y que quedemos libres de este pollo.

   Todo empeño hasta ahora del presidente es de exigir a este pueblo juramento de obediencia al gobierno del Socorro. Con este objeto mandó comisionados el día 2 del presente; se convocó por éstos el pueblo y estando ya para dar el juramento que exigían a presencia de 100 soldados, que hicieron entrar armados, no para otro fin sino para obligarnos a que a boca de cañón lo prestásemos; se eludió este acto sacrílego por un funesto acontecimiento. Uno de estos socorranos disparó a traición un fusil a un muchacho de Nepomuceno Afanador, que lo pasó por la barriga de parte a parte y no duró con vida más que media hora.

   He detenido la secuela de este informe hasta hoy que contamos 7 de enero, por aguardar a mayores resultos y comunicarlos igualmente. Ya dije que Hidalgo y mi hermano Juan José fueron llamados al Socorro por el ex presidente para constituirlos alcaldes; hoy han venido ya con esta investidura y trajeron título del mismo tirano, que se leyó; pero ninguno quiso asistir a su publicación a pesar de que se tocó la caja, porque decían que esos no eran alcaldes legítimos. En fin, ya usted comprenderá que la fuerza de este tirano sigue adelante. Con el oficio que se le mandó ayer podía haberse abstenido de semejante procedimiento y mucho más sabiendo que ayer mismo se había publicado bando anunciando nuestra agregación a Santafé. La fuerza seguirá siempre adelante y estos alcaldes traerán orden para exigir el juramento de obediencia al gobierno del Socorro, desentendiéndose así de la publicación hecha, como también del oficio del gobierno de Cundinamarca. Para detenerle el paso y cortar del todo las violencias con que procede y procederá, no hay otro remedio si no es que ese superior gobierno avance sus poderosas tropas sobre este tirano, y estando éstas, como dicen, a boca de cañón, hacerles la última intimación de que rinda las armas. Esto es lo que ya únicamente nos puede salvar después de que se haya rendido no sólo este cantón con sus pueblos, sino también Charalá, y que ya pronto seguirá Vélez. Pero debo advertirle que las gentes favoritas del presidente le han dicho a él mismo que ellos estarán firmes mientras se pelee contra San Gil, Charalá y Vélez; pero que viniendo las tropas de Santafé todos se retiran. Esto se lo comunico como cierto que lo han dicho así, y les servirá de gobierno a estos valientes soldados, para que vean que el Socorro es propiamente el enano de la venta. ¿Y que deberían detenerse en contrarrestar esos ilustres y valientes santafereños a los miserables socorreños, después de que rindieron a Tacón, que se hallaba presumido de las mayores fuerzas? Que caminen cuanto antes esos hércules a favorecernos. Nuestras fuerzas, aunque débiles, estarán prontas a reunirse y hechas un cuerpo formidable acabemos de una vez con este borrón y oprobio, no sólo de la provincia sino de todo el reino.

   Incluyo, últimamente, un certificado del escribano Zapata que remite mi primo Luis, como comisionado del cabildo, el que me parece muy conducente para que el superior gobierno forme un juicio formal de lo que llevo referido, y que no se detenga un momento en promediar con sus fuerzas para la destrucción del tirano, que ha regado la voz entre la gente común que el auxilio que venga de Santafé es en favor de él y que varios pueblos ha seducido de esta suerte, y según hay noticias ha puesto alcaldes en éstos, lo mismo que aquí. Apure usted por Dios que venga el auxilio.

   No tengo otra cosa sustancial que decir a usted... Estimaré lo pase sin novedad y que me mande como a su afectísimo primo, seguro servidor y capellán que besa su mano,

Francisco Fernández Silva,
señor doctor don Francisco José Otero.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 18 de enero de 1812, t. I., No. 25, p. 89-91.

36
CONFLICTO ENTRE EL SOCORRO Y SAN GIL

SE INFORMA AL PUEBLO DE SAN GIL SOBRE LA UNION AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. ALCALDES INTERINOS. EL SOCORRO PROPONE CAPITULACIONES A SAN GIL. San Gil, 7 de enero de 1812.

Nicolás Mariano Zapata
(escribano público de número).
José Lorenzo Plata, José Agustín De La Rota,
Ignacio Magno, Joaquín de Vargas.

PUBLICACION DE LA UNION DE CUNDINAMARCA

   Yo, el infrascrito escribano público del número de la villa de San Gil y su jurisdicción, por pedimento verbal del doctor don Luis José Vicente Sarmiento y Martínez, como comisionado del muy ilustre cabildo de esta villa, con residencia prófugo en la parroquia de Cepitá, certifico en debida forma de derecho para ante los señores que la vieren, que el día de ayer 6 del corriente a las nueve del día, el mismo comisionado hizo convocar el pueblo a son de caja, al que congregado ya, le hizo saber por sí mismo, en primer lugar un acta firmada por los señores capitulares que quedan referidos, en que consta hallarse esta villa y pueblos de su jurisdicción agregados a la provincia de Cundinamarca y, así mismo, leyó en comprobante de esta acta la copia del escrito presentado en la capital de Cundinamarca por su apoderado el doctor don Francisco Otero, en que consta la agregación solicitada por el cantón de esta villa y sus pueblos, y decreto de admisión proveído por ese nuestro superior tribunal de Cundinamarca, con la diligencia de haber prestado juramento solemne el mismo apoderado, ofreciendo la subordinación de estos pueblos a la misma capital, haciendo igualmente publicación del oficio que los expresados capitulares dirigieron al ex presidente del Socorro, en que acompañándole las referidas copias y pliegos, le hacían comprender que esta jurisdicción no dependía del Socorro, sino de la provincia de Cundinamarca, de donde es una parte integrante. Impuesto que fue el pueblo de todo lo referido, a una voz gritaban muchas vivas, expresando que eso era lo que querían. Concluido que fue este acto, me consta que sin pérdida de tiempo, cerró el citado comisionado el pliego, insertando el rotulado que manaba de aquel superior gobierno de Cundinamarca, con suscripción al ex presidente del Socorro, a quien lo dirigió con propio en la misma hora. Así mismo certifico que no habiendo recibido dicho comisionado contestación hasta hoy 7, sin embargo de haber pasado más de 30 horas; a las once de este día se presentaron en esta villa don Isidro Hidalgo y don Juan José Fernández con título de alcaldes ordinarios interinos, conferido por el ex presidente don Lorenzo Plata y recibidos por el cabildo del Socorro, con el cual se requirió al escribano de cabildo don Joaquín Fernández con orden expresa de que inmediatamente se publicase a este pueblo, el cual fue convocado a son de caja, y sin embargo de haber algún número considerable de gentes, aunque del pueblo bajo, no concurrieron sino fueron como doce muchachos y algunas mujeres, a cuya presencia se publicó el título por voz de pregonero. Y haciendo cuanto con verdad puedo certificar, doy y afirmo la presente en esta expresada villa a las 7 de la noche del 7 de enero de 1812, en este papel común por no haberlo sellado.

Nicolás Mariano Zapata,
escribano público del número.

Capitulaciones del presidente y dos vocales del Socorro que han venido testimoniadas.

   El supremo gobierno que reside en esta capital de provincia, conducido siempre por un sistema de prudencia, equidad, moderación y religiosidad patentes a la faz del universo, por más que los émulos y envidiosos del nombre y glorias del Socorro se empeñan en vano de su destrucción esparciendo ideas contrarias y atribuyéndole infamias ajenas, anhelando conciliar la paz que ni él ni sus pueblos han roto con el de San Gil, y sabiendo que éste ha propuesto capitular con el del Socorro ahora que tienen al frente nuestras valientes y esforzadas tropas, después de un fuego dilatado de una y otra parte, del que no han experimentado los nuestros la más mínima lesión en sus cuerpos; después que San Gil acometió a Pinchote y el Valle, parroquias unidas al Socorro cogiéndolas de sorpresa y sin prevención por no haberle aún declarado la guerra; después que se apoderaron de estas plazas, ejecutando en la primera el crimen público y uno de los más atroces como fue el de dar muerte a un anciano y a un niño inocente que reposaban tranquilos, y entrar en el santo templo con lanzas, en donde por encima de las barandillas del comulgatorio tiraban con ellas; conviene este supremo gobierno en que las capitulaciones sean las siguientes:

   1a. Que proponga el pueblo de San Gil las suyas dentro del preciso y perentorio término de dos horas contadas desde que reciba éstas.

   2a. Que inmediatamente se remitan a este supremo gobierno y que devueltas por él al pueblo sangileño dentro de otras dos horas perentorias han de convenir o denegarse a las proposiciones siguientes, y en el evento de no allanarse, se continuará el fuego y todas las acciones y movimientos de guerra.

   1. San Gil ha de quedar sujeto al Socorro, pero con la representación de un vocal y no más.

   2. Su cabildo será republicano, sujeto a las leyes de esta materia.

   3. Entregará todas las armas así blancas como de fuego a disposición de este supremo gobierno, en donde han de custodiarse para la seguridad y defensa de la provincia.

   4. Harán que el pueblo de Charalá como empeñado y seducido por el primero, entregue también en la misma conformidad las armas que tenga, se desprenderá de él como que ha sido una agregación injusta y se esforzará para que vuelva a su matriz.

   5. Los pueblos de San Gil que ya están agregados al Socorro y los que tengan hechos sus poderes para lo mismo, quedarán siempre y eternamente agregados a esta capital con absoluta independencia del cabildo de San Gil y su jurisdicción.

   6. Se obligará San Gil a la reposición de todos los gastos impendidos en esta convulsión hasta que sean concluidas estas capitulaciones; pero se le concederá un plazo equitativo para satisfacer lo que no pueda al contado, siempre que afiance, como debe, a satisfacción de este supremo gobierno.

   7. Los perjuicios de tercero los satisfará, justificados que sean, porque sobre éstos no puede capitular el gobierno ni condenar.

   8. Las rentas que constituyen el erario, correrán en el mismo sistema que hasta ahora se ha adoptado.

   En atención a que San Gil no ha propuesto sus capitulaciones, el supremo gobierno propone las que anteceden, que son las únicas en que puede convenir y a las que constestarán dentro del preciso y perentorio término de dos horas como se ha dicho, contadas desde que las reciban, dirigiendo la contestación a los jefes del destacamento existente en la parroquia de Pinchote.

   Socorro, 30 de diciembre de 1811.

José Lorenzo Plata, José Agustín de la Rota,
Ignacio Magno, Joaquín de Vargas,
socio.

   Es copia,

   Pinchote, 30 de diciembre de 1811.

Jacinto María Ramírez y González.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 18 de enero de 1812, t. I., No. 25, p. 91-92.

37
FESTEJOS EN HONOR DEL NUEVO PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

CORRIDA DE TOROS EN FONTIBON, SARAO Y REFRESCO. 9 de enero de 1812.

CUNDINAMARCA

   Han seguido los festejos en obsequio del nuevo presidente del Estado, El día 1° dieron los vecinos de Fontibón una corrida de toros en la plaza mayor de esta capital y hubo un grande concurso de gentes a caballo con máscaras. El 5, dio la oficialidad del batallón de Provinciales otra corrida de toros y, por la noche, en casa de su comandante don Joaquín Ricaurte, un famoso sarao y refresco, en que brilló el orden, la pompa y la magnificencia.

FUENTE EDITORIAL:
Gacela Ministerial de Cundinamarca. 9 de enero de 1812, t. I., No. 22, p. 80.

38
OFICIO DEL CABILDO DE AMBALEMA

SALUDA LA ELECCION DE NARIÑO COMO PRESIDENTE DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Ambalema, 14 de enero de 1812.

José María García Conde, Egidio Ponce,
José María Campuzano, Felipe Terreros,
Diego Franco, Pedro José Pérez.

CUNDINAMARCA

   Uno de los confidentes de la villa de Ambalema ha suplicado se publique el siguiente oficio que aquel cabildo dirigió al excelentísimo señor presidente del Estado.

"Excelentísimo señor:

   Este cabildo ha visto con extraordinaria complacencia el parte oficial del subpresidente de Honda, de 10 del presente, en que le comunica el acierto con que el serenísimo colegio electoral ha sabido escoger la digna persona de vuestra excelencia para presidente del Estado.

   "El cabildo de Ambalema ha llenado sus deseos y felicitando a vuestra excelencia se congratula de haber tenido parte en esta obra tan perfecta. Dichosos los pueblos de Cundinamarca que han logrado poner en la cabeza de su gobierno al héroe de la libertad. Desesperen ya los tiranos de ponernos otra vez las cadenas que hemos roto para siempre; y confúndanse los ambiciosos que han pretendido imponer sobre nuestros cuellos el naciente despotismo americano que va a ser colocado en su cuna. Desde este momento comienza a rayar en Cundinamarca la aurora de su felicidad. El gran Nariño ha despejado nuestro horizonte de las densas nubes que presagiaban la más horrenda tormenta. Los derechos de los pueblos de la provincia de Mariquita serán nivelados desde ahora por una justa igualdad con los demás de Cundinamarca. La paz y la concordia establecerán su trono en este feliz Estado y la abundancia se derramará en nuestro fértil suelo por los desvelos y la vigilancia de tan celoso jefe.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala capitular de la villa de Ambalema, 14 de enero de 1812.

   Excelentísimo señor.

José María García Conde, Egidio Conde,
José María Campuzano, Felipe Terreros,
Diego Franco, Pedro José Pérez".

   Excelentísimo señor presidente del Estado don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 6 de febrero de 1812, t. I., No. 28, p. 103-104.

39
INGRESO DE BARAYA A POPAYAN

ACLAMACIONES Y VIVAS DEL PUEBLO. 16 de enero de 1812.

   El 10 del corriente entró en esta capital el brigadier don Antonio Baraya en medio de las aclamaciones y vivas del pueblo, acompañado de cosa de 500 personas a caballo. La artillería saludó al héroe de Palacé, quien se presentó con dos escudos en el brazo. Uno de ellos es el concedido por este gobierno a los que se distinguieron en aquella célebre jornada, y el otro se lo ha concedido nuevamente el gobierno de Popayán, en recompensa del valor con que libertó aquella provincia. Este último, en fondo blanco orlado de laurel, trae el mote siguiente: libertador de la provincia de Popayán. El 11 por la noche, el excelentísimo señor presidente del Estado, festejó con un magnífico refresco al vencedor de Tacón.

FUENTE EDITORIAL:
Gacela Ministerial de Cundinamarca. 16 de enero de 1812, t. I.. No. 24, p. 88.

40
CARTA SOBRE LA CHISPERIA Y LA ELECCION DE NARIÑO COMO PRESIDENTE

NOTA DE LOS EDITORES DEL ARGOS AMERICANO SOBRE LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN SANTAFE Y PUBLICACION DE UNA CARTA QUE SE REFIERE A LA ELECCION DEL PRESIDENTE EN EL ESTADO DE CUNDINAMARCA Y A LA PRESION DE LA "CHISPERIA" A FAVOR DE LA ELECCION DE NARIÑO. Cartagena, 20 de enero de 1812.

   Los editores han recibido la siguiente carta de Santafé, por la que infieren que no está allí tan libre la imprenta, como dice el autor de La Bagatela, cuando para publicar una noticia como ésta se valen de la imprenta de una provincia extraña.

   "El 23 del corriente se instaló el colegio electoral revisor de Santafé, para rever la constitución que se había formado poco tiempo antes, y también para la elección de los gobernantes. El 24, estándose tratando de lo primero como correspondía, se apareció el chispero don Antonio Ricaurte, pidiendo a nombre del pueblo se tratase de elegir presidente al instante, y que el presidente, precisamente había de ser Nariño. Don Sinforoso Mutis sacó entonces una carta supuesta de Neiva, cuyo contenido se reducía a decir que aquella provincia se reuniría a Santafé si la elección recaía en Nariño. Siguióse a hablar el clérigo Panela, diciendo mil disparates sobre lo mismo.

   "El elector don Tomás Tenorio tomó la palabra en contra de esto, haciendo muy juiciosas reflexiones, sobre que no se podía ni debía procederse a elegir presidente sin haber sancionado la constitución que había de establecer los términos en que quedaría el poder ejecutivo y el método de las elecciones. Los doctores don Miguel Tobar, don Crisanto Valenzuela y algunos otros hablaron también sobre lo mismo, e hicieron ver el poco favor que haría a Nariño una elección forzada y prematura; pero a pesar de esto insistió la chispería en su pretensión irregular, y la apoyó el presidente del colegio don Pedro Groot y su hermano. En consecuencia de esto, y de instar cada vez más la chispería, se vieron los vocales precisados a darles gusto eligiendo con unanimidad a dicho Nariño" (etc.)

FUENTE EDITORIAL:
Argos Americano, Cartagena, 20 de enero de 1812, t. II., No. 70.

41
ALOCUCION DEL PRESIDENTE NARIÑO EN EL CONGRESO

CON MOTIVO DEL ACTA DE FEDERACION FORMADA POR LOS DIPUTADOS DE CINCO PROVINCIAS DEL REINO. Santafé, 21 de enero de 1812.

Antonio Nariño.

   El gobierno del estado de Cundinamarca a los pueblos con motivo del acta de federación formada por los diputados de cinco provincias del reino, en sesiones preliminares, para la formación del

Congreso

   Nada ha deseado más el gobierno desde los primeros momentos de su transformación, que el día feliz de ver reunidos en el seno de esta ciudad de Santafé los representantes de todas las provincias del reino. Las ha excitado con repetidas invitaciones; ha hecho por sí mismo la expulsión de los tiranos; ha enviado sus tropas en auxilio de los países oprimidos; no ha perdonado esfuerzo que conduzca al fin de sacarnos de la opresión; ha recibido con decoro a los representantes que vinieron de las provincias; ha celebrado con públicos aplausos la instalación del congreso que se había iniciado al concluirse el primer año de la transformación.

   Si desgraciadamente estas medidas sufrieron algunas alteraciones, Santafé, constante en sus principios, no ha dejado de cooperar al restablecimiento de la unión que para ella ha sido y es el objeto más deseado. Apenas se hallaron en esta ciudad algunos de los representantes de las provincias libres, cuando los provocó a que empezasen a obrar y ellos lo hicieron pacíficamente entrando en largas conferencias sobre los puntos que les pareció deben servir de principio y fundamento a sus operaciones, cuyo resultado fue el acta de la unión, con diversos pactos comprendidos en 78 artículos, contra algunos de los cuales hizo sus objeciones el representante de Cundinamarca, absteniéndose de suscribir a ello, y remitiendo una copia al gobierno con la exposición de las observaciones que había motivado su negativa.

   El gobierno, aunque hallaba fundadas, las observaciones del representante en artículos expresos de la constitución de este Estado, y que el 73 del título 8° no indica otra cosa que la facultad conferida al mismo gobierno para comunicar instrucciones al representante de la provincia, queriendo proceder con la más escrupulosa circunspección en asunto de tanta consecuencia, se sujetó gustosamente a oír el voto de la representación nacional, y la convocó extraordinariamente para este efecto.

   Veía el gobierno por una parte que siendo constitucionalmente necesaria la formación del congreso en conformidad del artículo 19 del título 1°, por otra no se estaba en el caso a que se refiere el artículo 20, al mismo tiempo que adjudicados a la unión los caudales que se exigen de esta provincia, y se la asignan por contingente con absoluta desigualdad respecto de lo que han de contribuir las otras, ella bien experimentada de que apenas puede subsistir por ahora con todo lo que tiene, no podía absolutamente sufrir el desfalco de los productos de la casa de moneda y otros ramos, sin exponerse con evidencia a perder el carácter de Estado independiente en que se halla constituida, no quedándole arbitrio de llenar los objetos necesarios para la conservación de su existencia política.

   En este conflicto de desearse y ser constitucional la formación del congreso al paso que imposible sustraer del tesoro público los fondos aplicados a la unión, el gobierno, bien cierto de que careciendo de ellos no puede comprometerse a sostener las cargas del Estado, ni cumplir con ninguno de sus deberes, manifestó a la representación nacional estas dificultades y que le parecía que era preciso abrazar uno de estos dos extremos. O bien aislarse dentro de sí mismo la provincia de Cundinamarca, sin entrar en la unión en que se han confederado las otras, o bien abdicar todos los derechos de su soberanía, gobierno y administración interior en manos del congreso, para que éste, absorbiendo en sí todos los ingresos, respondiese también de todas las cargas. Tal es la situación del Estado de Cundinamarca en concurso con las demás provincias hasta hoy confederadas, y con respecto a los gravámenes que le apareja el acta de unión, si hubiese de suscribir a ella, aprobarla y ratificarla. Su suerte, hablando con la ingenuidad y claridad que debe el gobierno, está reducida a darlo todo, o no dar nada: porque en el primer caso, no pudiendo subsistir, cualquiera que sea la parte que se la sustraiga, el congreso tomará a su cargo la existencia, seguridad y adelantamientos de esta preciosísima parte del reino; y en el segundo la provincia de Cundinamarca, sin dejar de considerarse aliada de las demás, e interesada en una misma causa con ellas, pensará en sí misma independientemente de los sistemas, proyectos y operaciones de las otras.

   Expuesta por el gobierno con tanta oportunidad y sinceridad la cuestión, y recomendada a la representación nacional por todos sus aspectos la importancia de sus resultados, este cuerpo augusto, no contemplándose con facultades para dictar la resolución, deliberó que se remitiese al juicio y dictamen de los pueblos, circulándose órdenes para que manifiesten su voluntad y elijan de los dos extremos el que crean convenirles por medio de representantes nombrados especialmente para el efecto, en los mismos términos y forma que se hace para los electores. Así no tendrán las provincias que extrañar que por ahora no se haya suscrito al acta de unión, y los pueblos del Estado de Cundinamarca delinearán por sí mismos lo que sea de su beneplácito y conduzca a su seguridad y felicidad, quedando la representación nacional a cubierto por el sagrado depósito que se le ha confiado, y el gobierno sin responsabilidad alguna delante de Dios y de los hombres.

   Santafé, 21 de enero de 1812.

Antonio Nariño,
Manuel Benito de Castro,
Manuel de Santa Cruz,
secretario1.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

42
CONTESTACION A CARTA ANONIMA PUBLICADA EN EL ARGOS DE CARTAGENA

ANTONIO RICAURTE LOZANO DIRIGE UNA COMUNICACION A LOS EDITORES DEL PERIODICO, EN LA QUE SE PRONUNCIA FRENTE A LA CARTA ANONIMA QUE SE PUBLICO EN EL NUMERO 70, EN LA QUE SE LE SEÑALA CON EL NOMBRE DE "CHISPERO". Santafé, 9 de febrero de 1812.

Antonio Ricaurte Lozano.

Contestación a la carta anónima inserta en el Argos de Cartagena, número 70.

   Santafé, 9 de febrero de 1812.

   Señores editores del Argos.

   Cuando ustedes han tenido la bondad de insertar en su papel, número 70, una carta anónima que descaradamente se me llama con el renombre de Chispero, atribuyéndose a intrigas mías la elección de presidente, hecha en el excelentísimo señor don Antonio Nariño creo que no mereciendo ésta un lugar distinguido, como el que han ocupado en el Argos cuantos papelotes han escrito autores tan ridículos como mi recomendante (cuyo embustero y ambicioso carácter es bien conocido en Santafé), con el objeto de desacreditar nuestro gobierno, que ha sido el blanco de la emulación y de las sátiras del egoísmo de los provincialistas, al menos tengan ustedes presentes las razones que me vindican de esta impostura. La moción hecha por mí el día 24 del próximo pasado diciembre, sólo se dirigió a que siendo las funciones del colegio elegir y revisar, decidiese el mismo colegio si conforme a la constitución podía dejar de elegirse en el tiempo prefijado los miembros que en este año deben variarse en la representación nacional. Es falso que yo hubiese tomado la voz del pueblo, cuando sólo hablé con la de un simple ciudadano. Como el carácter de los hombres no se muda cuando cambian de aspectos los gobiernos, el señor presidente del colegio restringió mi moción a sólo el presidente del Estado, a pesar de la reclamación con que a vista del pueblo allí reunido hice ver que mi propuesta no se dirigía a empleo ni persona determinada y sí sólo a que se cumpliese con lo prevenido en la constitución. También asegura el anónimo que don Tomás Tenorio y don Crisanto Valenzuela hablaron contra la supuesta chispería. Tenorio no dijo una sola palabra, como lo acostumbra siempre en estos casos, y Valenzuela lo hizo con su notoria energía en favor de la moción; motivo bastante para que el imparcial y benemérito presidente del colegio le llenase de injurias y le hiciese despedirse del cuerpo; y he aquí que el absurdo y embustero autor de la carta tiene otros tantos contradictores, cuantos testigos oculares el hecho. Dios guarde a ustedes muchos años.

Antonio Ricaurte Lozano1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Misceláneas. Fondo José María Quijano Otero, No. 254, f. 194.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

43
OFICIO DE MANUEL BERNARDO ALVAREZ AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

OBJECIONES A LA FIRMA DEL ACTA DE FEDERACION. Santafé, 24 de febrero de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez.
(representante del Estado de Cundinamarca).

Manifiesto de los motivos que obligaron al representante de la provincia de Cundinamarca a su detención en firmar el acta de federación y sus pactos, con los señores diputados que se hallaban en esta ciudad, consultando previamente a su gobierno, y esperando por su medio el voto común de toda la provincia.

   Oficio del representante de esta provincia de Cundinamarca al gobierno de ella.

   Excelentísimo señor:

   Entre las primeras atenciones en que justamente se ha ocupado la diputación de provincias, han tenido la mayor y principal parte los pactos a que deba extenderse la federación de ellas; este desde luego es el objeto a que primariamente se dirige la deseada organización del reino, y el acto más solemne que caracteriza la autoridad del congreso general; hasta hoy se compone este cuerpo de siete representantes, diputados casi todos por sus respectivas juntas o gobiernos; el restablecimiento del congreso interrumpido a pesar de su solemne instalación, no ha llegado todavía a verificarse con los debidos reconocimientos y recíprocas obligaciones a que deben uniformarse la voluntad de los pueblos y provincias, que necesariamente exige la independencia de toda extraña soberanía, y la federación para defenderla y conservarla; se han trabajado preliminarmente los artículos de aquella alianza y sus condiciones, y desde luego se ha conocido que sin noticia y expreso consentimiento de cada uno de los gobiernos interesados, no puede tener ni las obligaciones de un convenio aceptado, ni la autoridad de una ley general, así es que por mi parte se han reclamado algunos artículos, o porque he considerado perjuicio a nuestra provincia, oposición a otros de nuestra propia constitución, o porque necesita de alguna mayor declaratoria para evitar la ocasión de aquellos males, o el peligro de nuevas contiendas; yo juzgaba que comunicando cada diputado un tanto simple de los pactos conferidos a su respectivo gobierno, su resolución, advertencias, limitación o extensión en cada uno de sus puntos, instruyesen debidamente de su anuencia o repugnancia, para formalizar según ellas un tratado común que fuese a todas igualmente útil que obligatorio; pero se pretende que el acta que con este fin se ha extendido, se comunique firmada de todos los representantes que nos hallamos presentes, salvando por separado las reclamaciones o protestas que se han hecho en algunos de sus artículos; me parece que estas formalidades exceden a las de un acto emanado de conferencias privadas sobre materias preliminares, que debe acordar y resolver la legal autoridad de todo el congreso; la presentación a cada gobierno de un tratado aceptado por siete provincias, más tiene visos de una ley instituida, que de una pura consulta que no infiere obligación a su observancia; por tanto yo espero que vuestra excelencia me instruya lo que estime por conveniente, para acceder, o denegarme a la suscripción de dicha acta, y asegurar así mi acierto en el mejor servicio a toda la provincia, utilidad del reino y desempeño de mi encargo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 26 de noviembre de 1811.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor presidente del Estado don Antonio Nariño.

Contestación del gobierno al oficio antecedente.

   En vista de las reflexiones que hace vuestra señoría ilustrísima en su oficio de este día, en orden a la suscripción del acta de unión formada por los señores diputados para el congreso, le parece a este gobierno que antes de verificarse dicha suscripción debería pasarse a cada gobierno un tanto simple de los pactos o tratados, para que las advertencias, limitaciones o extensión que ellos diesen en cada uno de los puntos, instruyesen debidamente de su anuencia o repugnancia, para formalizar según ellas un tratado común que fuese a todas las provincias igualmente útil que obligatorio; porque de lo contrario sería ya presentarles más bien una ley instituida, que pura consulta que no induce obligación; por lo que vuestra señoría ilustrísima, entre tanto se abstendrá de poner su firma, mayormente cuando no se deja de traslucir que las provincias no dudarán suscribir a unos artículos que siendo en la mayor parte sólo gravosos a Cundinamarca, nada perjudican a las otras.

   Dios guarde a vuestra ilustrísima muchos años.

   Santafé, 26 de noviembre de 1811.

Antonio Nariño.

   Ilustre señor representante de esta provincia doctor don Manuel Alvarez.

   Reflexiones que han obligado al representante de la provincia de Cundinamarca a contradecir y reclamar ciertos artículos comprendidos entre los pactos que, como bases para el acta de federación de estas provincias han determinado proponer los señores diputados de ellas a sus respectivos gobiernos, para con sus peculiares advertencias, anuencia o repugnancia de lo que les perjudique, pueda formalizarse el acta de federación o de un gobierno general que legalmente los organice, y para constituir el Estado civil, político y feliz de todo el reino a que sin duda aspira el literal contexto de los tratados que hasta ahora no pueden tener la fuerza que debe darles la aceptación espontánea y bastantemente manifestada de todos aquellos que por ella queden obligados a su observancia, y por cuyo actual defecto el representante de Cundinamarca suspendió autorizarlos con su suscripción, consultó previamente como debía a su gobierno, y cumpliendo con la prevención de éste, se denegó a firmarlos, hasta que con vista de ellos, en una copia simple, se resuelva el convenio absoluto, o limitado por parte de este Estado.

Artículo segundo del acta.

   Este artículo previene que sean admitidas y parte de esta confederación, todas las provincias que al tiempo de la revolución de la capital de Santafé en 20 de julio de 1810, eran reputadas y consideradas como tales, y que en continuación y en uso de derecho, reasumieron desde aquella época su gobierno y administración interior...

   No es mi ánimo excitar ni promover la cuestión de cuáles hubiesen sido las provincias que legítimamente debieron considerarse tales en el día 20 de julio; pero ello es indubitable que las demarcadas y asignadas por las leyes hasta aquella fecha, no eran otras que las dos mayores a que se extendía el distrito de cada una de las dos audiencias de Santafé y Quito, y las divididas en aquellos gobiernos diversos de la gobernación del virrey con las facultades del real patronato; nunca se estimaron por tales las subdivisiones para el mejor gobierno y cómoda administración de justicia, en corregimientos y alcaldías mayores u ordinarias, y no sé por qué principio se deduzca la voluntad de todos los pueblos, para que el día 20 de julio se erigiese, según ella, tan crecido número de provincias, y resultase la obligación de quedar subordinados al gobierno y sanciones que cada una de las que se han llamado cabeceras de provincia, o de cada cabildo o junta erigida de pronto y en medio del conflicto, quisiera establecer y formar; bien sé que en aquel general trastorno era aceptable todo medio de evitar los daños terribles de la anarquía; pero también sé que los recursos provisionales para evitar un mal no hacen reglas de un gobierno estable, ni constituciones aprobadas y recibidas por la debida espontaneidad de los pueblos, o individuos que forman el cuerpo de una sociedad política; yo estoy firmemente persuadido de que disueltos los vínculos de nuestra subordinación, desconocidas justa y oportunamente las obligaciones de vasallaje para con aquellos cuerpos que arbitraria y viciosamente quisieron arrogarse y presentar toda la autoridad de la monarquía, recobrados los derechos de establecer un gobierno del agrado de los pueblos que componen el reino, es consiguiente y forzosa su libertad para elegirle y sancionarle; quedó libre al momento del reino; quedaron libres sus provincias, corregimientos y sus distritos; quedaron libres los pueblos, quedaron libres las familias, y quedaron libres todos los ciudadanos: ¿por qué pues solamente libres las que se han tenido o llamado cabezas de provincia, con derecho de sujetar a todo el resto de habitantes, y obligarle al gobierno que se erija y a la autoridad de los magistrados que se les nombren? Es preciso confesar que en la noche del 20 de julio quedó este reino, o bajo el sistema antiguo de su gobierno, o en la dependencia del que voluntariamente escogiesen, y adoptase la voluntad común legítimamente explorada y manifestada de los que lo habitan y componen; sin ella no puede haber la conveniente organización ni establecimiento de nuevos gobiernos; ellos concurrieron al logro de su independencia, y ellos mismos deben concurrir al de su verdadera libertad en el gobierno en que la crean mejor asegurada.

   Repito nuevamente que aplaudo las medidas que en las más estrechas circunstancias se hayan tomado para evitar la confusión y desorden que trae la falta de todo y cualquier gobierno; pero también repito que los remedios provisionales, o puramente de prevención y cautela, no pueden ser adecuados a la solidez, firmeza, y estabilidad a un gobierno justo y general. Los sucesos que han seguido después del 20 de julio, tienen bien calificada la necesidad de estas consideraciones, y la obligación de proceder según ellas; la desavenencia y las discordias, las desgracias, y guerras intestinas, y sobre todo la desunión de que justamente nos lamentamos, han tenido su principal origen en el empeño de sujetar los pueblos a su cabeza provincial, y en los esfuerzos de éstos para lograr su voluntaria agregación a donde más les ha parecido convenirles. Quédense muy enhorabuena todas estas cosas en el actual estado en que se hallan, únicamente sirva mi presente exposición de un preludio necesario para lo que haya de reparar y decir en alguno de los artículos de que me es preciso tratar en desempeño de las obligaciones de que me hallo encargado.

Artículo 6.

   Las provincias unidas de la Nueva Granada (dice este artículo) se reconocen mutuamente como iguales, independientes y soberanas, garantizándose la integridad de sus territorios, su administración interior y una forma de gobierno republicana.

   La garantía que en este artículo se promete parece deberse entender según el estado y territorio que en la actualidad conserva y mantiene cada provincia a voluntad de sus pueblos, sin que pueda el presente congreso de diputados, por sus respectivas juntas o gobiernos, extender el contenido de este artículo a la autoridad de subyugar los pueblos a sus antiguas cabeceras, ni de separar los que voluntariamente se han agregado a otros gobiernos por su propia utilidad y conveniencia; la provincia que intente esta violencia, no deberá ser oída ni auxiliada, y siempre deberá esperar al congreso formado por el censo de toda la población, en el que estará expedida la voz de todos los pueblos, y se explicará espontánea y libremente su voluntad, y en él será donde el número de legítimos sufragios haga ver la determinación que deba prevalecer, y la que el congreso deba tomar para la más cómoda, justa o equitativa demarcación.

   Las provincias, o por mejor decir, sus juntas y diputados, desde que cesaron las autoridades de los antiguos funcionarios, se han empeñado en sostener la integridad de aquellos territorios a su mando, se han opuesto a la separación de sus pueblos hasta llegar al extremo del uso de las armas, y de hostilizar como enemigos a sus hermanos, ¿cómo podrá el solo congreso de ellos mirar con la imparcialidad y con la indiferencia que exige la justicia la reclamación que hagan algunas cabezas de provincia por los pueblos que se les han separado, o por los que voluntariamente hayan querido por su mayor beneficio unirse a otros gobiernos? Los sentimientos de Cundinamarca han sido y son del todo opuestos a este sistema, tan contrario al de la libertad legal en el establecimiento de un nuevo gobierno. Cundinamarca ha tenido que sufrir alguna vez la oscuridad que han puesto a sus justos sentimientos algunos nublados que ya parece los va disipando un aire más benigno; pero Cundinamarca, en el fondo de su corazón, nunca ha pretendido sino el bien de todo el reino, y con la observancia de los derechos que a cada individuo, pueblo o mayor cuerpo, le pertenecen y deben respetarse. No faltará quién a mi opinión quiera tiznarla con el feo borrón de ambiciosa, con cuyo vicio se ha intentado desacreditar a su nobilísima provincia, acarreándole así el odio de las demás que han creído o supuesto creer esta impostura, para deprimirla y solicitar sus ruinas; pero la Providencia divina siempre ha puesto límites a las facciones que intentan sembrar la discordia en los pueblos y dividir a los hermanos. La expresión de mi modo de pensar en esta parte no tiene otro principio que haberlo juzgado arreglado a las leyes de la justicia, al verdadero bien del reino, y al desempeño de las obligaciones más graves y de responsabilidad para todo un reino; en fin, tengo por decoro lo que los enemigos de Santafé criticarán por ambición; poco me importaría su censura, siempre que mi patria se dé por bien servida, y el reino sano conozca la rectitud de unas intenciones que no tienen otro objeto, ni otro estímulo que su propio bien y felicidad.

Artículo 22.

   En este artículo se declara en beneficio común, y se asignan como parte de un fondo ordinario del congreso, las utilidades de la amonedación y productos en sus dos actuales casas de Santafé y Popayán.

   La razón en que únicamente se funda este artículo es la consideración de que siendo el valor extrínseco de la moneda excedente al de la ley y peso del mismo metal, todo el público sufre este preciso desfalco, que por consiguiente le deben ser comunes las utilidades que de aquella diferencia resultan al dueño de la Seca, y encargado de la construcción de la moneda; con el mismo fundamento podrían alegar igual derecho las naciones extranjeras, que en pago de sus géneros reciben nuestra moneda; ella es la especie común para el comercio, y la que se ha subrogado a cualquiera otra de aquellas con que se hacían los cambios; no hay moneda alguna cuyo valor exactamente corresponda al del metal de que se forma, porque si así fuese, nunca reportaría utilidad alguna su acuñación; bien advierto que se me repondrá que el extranjero tiene el arbitrio o de subir el precio de sus mercaderías, o de fabricar sus telas en inferior calidad; pero esto también puede practicarlo con las primeras materias que nos compra a buen precio, que recobra después de nosotros mismos en los géneros que de ellas ha fabricado, y nos revende con ventaja; no por esto se dirá que el común que sufre y cubre estos pagos y excesos de valor, tiene derecho al de las primeras materias sobre que ha recaído el mayor de las telas fabricadas con ellas.

   La casa de moneda de Santafé es una de las propiedades que adquirió con la de su libertad; ella le prestará un ramo para ocurrir a sus propias urgencias, y a los mismos contingentes a que se obliguen mutuamente las demás provincias; pero que Santafé ceda como las demás los ramos que se destinen al fondo ordinario del congreso, que se obligue a los contingentes, y a más haya de renunciar las utilidades y productos de la amonedación, es dejarla del todo exhausta para sus propias indigencias y para su debida justa subsistencia; si las demás provincias aceptan igual gravamen, no dudará entonces Cundinamarca hacer igual sacrificio.

   Mucho dudo de que Popayán convenga en este artículo, que tal vez será un obstáculo para que entre con este pacto en la confederación a que se convoca; ambas casas fueron establecidas con caudal de los particulares que como dueños de ellas disfrutaron de las utilidades de la amonedación, y cuando fueron incorporadas a la corona, quedó pensionada su tesorería en las cantidades que se contribuyen a sus respectivas familias; si el público, como se dice, sufre el perjuicio del mayor valor de la moneda respecto de su metal, también tendrá derecho para reclamar estas pensiones como dimanadas del monopolio con que se rechaza también la singular utilidad de la acuñación; ella sería una notoria injusticia, y así lo sería también la que se haría a toda la provincia de Cundinamarca; y lo cierto es que si la amonedación es un verdadero monopolio, él está recibido en todas las naciones, aceptado por todas las gentes, y practicado sin contradicción; el monopolio deberá ser abolido, pero que este pretexto sea fundamento para privar a Santafé de sus utilidades, y no lo sea para aplicárselas al fondo ordinario del congreso, es una opinión demasiado rara y extravagante.

   Todas y cada una de las provincias podrán establecer según y como les convenga sus casas de moneda, disfrutarán entonces de sus utilidades, y si desde ahora se adjudican al fondo del congreso, desde luego desistirán de este pensamiento, y únicamente Santafé y Popayan serán las privadas de sus adquiridas propiedades y derechos que le son anexos y peculiares, careciendo hasta del medio que se les proporcionaba para premiar el mérito de sus hijos con los empleos de aquel ramo, quedando éstos reservados al nombramiento del congreso, como previene el artículo 57, que por lo expuesto queda necesariamente reclamado. Mucho dudo de que alguna vez lograra el cundinamarqués su colocación en alguno de aquellos ministerios; ¿y por qué esta segura exclusiva?

Artículo 35.

   En este artículo se declara tocar al mismo congreso el arreglo del comercio interior entre provincia y provincia, etc; y a su consecuencia el 40 que deja a la privativa inspección del congreso todas las relaciones exteriores, ya sea con las naciones extranjeras, ya con los mismos gobiernos y Estados de América, sin que ninguna provincia en particular puede entrar en ellas; y el 43 previene que no puedan hacer las provincias entre sí tratadosm algunos de amistad, unión, alianza, comercio, etc., sin la expresa noticia y aprobación del congreso, que la otorgará si no fueren perjudiciales al bien común o a otra tercera, y los que se hubieren hecho hasta el presente desde el 20 de julio de 1810 se someterán igualmente a su sanción, sin que puedan tener ni tengan fuerza alguna en todo lo que sea contrario a los pactos de esta unión.

   Estos artículos los reclamó el representante de Cundinamarca por parecerle opuestos literalmente a los artículos 15, 20, 21 del título I de nuestra constitución; en el I se previene que la provincia cundinamarquesa no entrará en tratados de paz, amistad y comercio, en que directa o indirectamente quede vulnerada su libertad política, civil, religiosa, mercantil o económica, y estas dos últimas no se compadecen con la reserva del congreso del arreglo del comercio interior entre provincia y provincia, de no poder éstas hacer entre sí tratados de amistad, unión, alianza y comercio, y de someterse a la sanción del congreso por los pactos que después del 20 de julio haya celebrado con otras provincias; los dos artículos 20 y 21 citados de nuestra constitución, aunque dimiten a favor del congreso los derechos y prerrogativas de su soberanía que tengan íntima relación con la totalidad de las provincias, pero se reserva en particular el de negociar o tratar con las otras provincias, o con otros estados; el 21 advierte que la dimisión hecha en favor del congreso debe entenderse sin perjuicio de lo constituido en todo el título I, cuyas decisiones deberán ser respetadas por el mismo congreso como bases fundamentales de nuestra asociación civil. El contexto de unos y otros artículos manifiesta claramente la contradicción de los del acta de federación con los de nuestra constitución en la materia de que se trata; no hay necesidad de analizarlos.

Artículo 36.

   Este artículo en que el congreso se reserva la concesión de privilegios exclusivos a los descubrimientos útiles y grandes establecimientos de fábricas, y máquinas desconocidas en el reino, parece deberse comprender en los artículos anteriomente citados de nuestra constitución, a que desde luego tiene referencia el 3 del título 14, que prescribe que la ley debe fijar recompensa para los inventores, y velar en la conservación de la propiedad exclusiva por tiempo señalado de su descubrimiento o de sus producciones.

Artículo 44.

   Pertenecen (dice) al congreso todas las disputas hoy pendientes, o que en adelante se susciten entre provincia y provincia, sobre límites de su territorio, jurisdicción, comercio o cualquiera otro objeto en que siendo a un tiempo interesadas o partes, no pueden ser en el mismo árbitros o jueces, y mucho menos cuando semejantes disputas o pretensiones puedan tener cierta trascendencia, o perjudicar al bien general...

   Este artículo queda bastantemente refutado con lo expuesto sobre el artículo 2° y 6°, y a más es de considerar que si para este pacto se ha tenido por inconveniente que las mismas provincias que son interesadas o partes puedan decidir en los puntos de su controversia, también se halla el mismo obstáculo para con el actual congreso, que compuesto de representantes empeñados y decididos por la integridad y sujeción de aquellos territorios que imaginan deber ser inherentes a las cabezas de sus provincias, tampoco podrán decidir en las cuestiones de la separación de ellas y unión a otros gobiernos; este punto desde luego deberá pertenecer, como anteriormente tengo dicho, al congreso general, que debe componerse de los representantes que hayan de nombrarse según el censo de toda la población, o que de otro modo puedan hacer manifiesta la voluntad particular de los pueblos, cuya necesidad bien han reconocido y advertido los señores diputados con quienes se han tratado los presentes pactos.

   Estas son en suma las reflexiones que obligaron al representante de Cundinamarca a reclamar los artículos que se han expresado, y a su consecuencia a consultar a este supremo gobierno si debería suscribir los pactos en que se contienen aquéllos; en este procedimiento no ha tenido otro objeto que el de llenar las obligaciones de que se halla encargado por la confianza de esta ilustre provincia, y de manifestar los sentimientos con que ha creído cumplir con los religiosos deberes que respeta, y con la honradez de su conducta que ha procurado conservar, y parece tiene acreditada aun antes de ahora, y al frente de contradicciones bien extraordinarias.

   Santafé, 7 de diciembre de 1811.

Manuel Bernardo Alvarez.

Adición.

   Ciudadanos de Cundinamarca. Nadie ha dudado de la ventajosa utilidad de la unión general del reino, como que nadie duda de que las fuerzas unidas son mayores que las separadas y esparcidas; todos conocen la necesidad de un legítimo congreso no solamente proyectado, sino fielmente establecido por el voto libre y espontáneo con sentimiento de los pueblos; en él será donde observándose el derecho de gentes pueda la uniformidad lograr el justo concierto de todas las voluntades; pero la diputación de gobiernos formados en medio de la revolución, y que después con violencia han subordinado esos pueblos a que han creído tener derecho por haberse titulado cabezas de provincia, nunca puede ser apta, ni legalmente autorizada, para discernir y determinar sobre su suerte, ni la de aquellas provincias que reclaman derechos contra unas ideas que dejan verse ya como bases de la federación; es verdad que a imitación de Cundinamarca, ya se establecen algunos colegios electorales donde se elijan o confirmen los diputados para el congreso; pero la voluntad y sentimientos de esos lugares adquiridos por la tiranía de una injusta conquista, mantenidos por el rigor de un despotismo armado, y forzados a una obediencia involuntaria, ¿podrán descansar en la elección de uno o más diputados que representen un cuerpo de que ellos no han querido ser miembros, y una provincia de que han repugnado ser partes integrantes? Y en la asamblea de estos diputados, ¿podrán fijarse la universal confianza en que se asegure la verdadera unión de los pueblos, y con ella el concierto de las voluntades de todo el reino?... Pensadlo bien.

   Yo estoy persuadido eficazmente de que las primeras providencias de esta preparada convención serán las de la separación de los pueblos agregados espontáneamente y con repetidas reforzadas instancias a Cundinamarca, y la sujeción de ellas a las nuevas provincias. ¿Y podréis ver tranquilamente que se arranquen de vuestro seno unos pueblos cuya debida libertad protegisteis, a unos pueblos que afligidos hallaron vuestro auxilio para defenderse de la opresión, a unos pueblos que hostilizados buscaron vuestra beneficencia, que supo ocurrir al riesgo que los amenazaba, o a los males que ya sufrían, sin otra utilidad al común del reino que la multiplicación de provincias sin recursos, o la extensión de territorios sin fomento? La conducta de los norteamericanos en su gobierno, cuyo dechado se nos pone a la vista para su imitación, no ha formado su congreso de pueblos oprimidos, sino de provincias muy organizadas entre sí, y establecidas a voluntad de los países y puertos que las componen: el condado de Vermont fue parte de la provincia del nuevo Hampshire; después de grandes disturbios y debates, Nueva York dividió sus territorios, y agregó a Vermont a su gobierno contra la voluntad de sus habitantes, pero después se le separó, formó provincia, hizo su constitución, y Washington la reconoce y protege como tal; en todas partes hay desavenencias y empresas, pero al fin también suelen reconocerse los derechos de un pueblo libre. Cundinamarqueses, seamos justos y respetemos los derechos de nuestros semejantes, y así seremos amparados del cielo; seamos fieles y él nos hará felices.

   Fórmese desde luego, y con empeño, ese congreso general, donde se halle expedita la libre voz de los pueblos y del ciudadano; fórmese con la posible brevedad ese congreso, donde los diputados elegidos según la población o territorios, como previene nuestra constitución, se explique la voluntad general en la que podemos prometernos todas las ventajas de defensa importante y organización aceptable por todos; fórmese ese congreso a que ha convidado Cundinamarca, y a quien se dirige la renuncia de algunos de sus derechos; fórmese ese congreso a quien únicamente puede competir la decisión en las discordias provinciales; fórmese ese congreso donde no habrá rivalidad; fórmese ese congreso en que esté muy distante de sus ideas la depresión de Cundinamarca, y la denigrante emulación de su esplendor; ese congreso que, atento a la verdadera felicidad de todo el reino, no desdeñará conservar la que fue su capital con aquellas ventajas que adquirió, y de que han sido y serán participantes todas y cada una de las provincias; convóquese a este congreso por los actuales diputados, ya que por algunas provincias se embarazó el que ya lo hubiera verificado aquel congreso instalado con la mayor solemnidad; entonces celosas las provincias únicamente de la integridad de sus territorios, les fue indiferente la destrucción o conservación del congreso; ahora instan, conociendo la necesidad, pero no del todo se desiste de aquellos empeños que lo suspendieron.

   Decidme ahora, cundinamarqueses, si ha sido árbitro vuestro representante para firmar unos pactos que consideró tan perjudiciales a vuestros derechos, a vuestra conservación y a vuestra propia defensa; bien podéis aceptarlos, o convenir en ellos, si mis reparos os parecen débiles; pero yo nunca podía juzgarme autorizado para obligaros a un convenio que mañana podíais experimentar gravoso, perjudicial e inválido; no considero bastantes las reclamaciones salvadas en un libro secreto, cuando la firma suponía la aceptación de la pluralidad. Nadie ha visto hasta ahora firmar las obligaciones de una compañía antes de convenir en las condiciones y pactos de ella; nadie ha visto hasta ahora firmarse la paz de dos potencias o Estados, sin acordar primero los tratados sobre que se establece; y en fin, nadie ha visto hasta ahora otorgar una obligación sin estipular los artículos que la componen, ni mucho menos reservar los obstáculos para un convenio, al juicio de los interesados contratantes; firmar y reclamar no es para pactos voluntarios, ni para establecer las condiciones de una federación; estas deben ser admitidas, rechazadas, según la voluntad de los contrayentes, para que puedan ser un convenio por el cual queden legítimamente obligados. No os dejéis seducir de los folletos satíricos, ni de discursos capciosos, que a pesar del artificio con que se insinúan, se dejan ver en ellos las personalidades y las opiniones partidarias; honrad vuestro gobierno que intentan deprimir vuestros enemigos, y aun algunos de aquellos que... Pero lloremos en el retiro y secreto de nuestras casas lo que callo, y vosotros bien sabéis; no demos a nuestros adversarios la complacencia de hacer pública nuestra desgracia; más nos interesa cualquier gobierno que su entera falta; la procaz garrulidad todo quisiera confundirlo, pero nuestra provincia no tiene de qué quejarse, y únicamente oye contra su gobierno las opiniones de la temeridad, los sarcasmos del odio y las invectivas de la emulación; bien estáis viendo y experimentando su desvelo y vigilancia por vuestro feliz sosiego y vuestra tranquilidad, al mismo tiempo que la envidia, el encono, y el despecho forman en el descanso de la ociosidad calumnias seductivas, y publican las cavilaciones más subversivas del buen orden; esta verdad es notoria, y es preciso que todos la conozcan: en su expresión no tienen parte alguna aquellas relaciones con que querrá tacharla la crítica mordaz y temeraria, o la de aquellos Zoilos que han producido la revolución y su mal entendida libertad; pero es preciso la confiesen el reconocimiento, la experiencia y la buena fe de los hombres de bien interesados únicamente en la común felicidad de su patria, y en la posible seguridad de su provincia.

   Santafé, 24 de febrero de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez 1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Misceláneas. Fondo José María Quijano Otero, No. 254, f. 261-265.

NOTA.
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno de Espinosa de los Monteros, año de 1812.

44
OFICIO DEL GOBIERNO DE CARTAGENA AL DE CUNDINAMARCA

PROPUESTA DE REUNION DE LAS PROVINCIAS. NOTICIAS SOBRE DESEMBARCO DEL VIRREY EN PORTOBELO Y ARRIBO DE TROPAS REALISTAS. Cartagena, 26 de febrero de 1812.

José María del Real.
(presidente del Estado).

CARTAGENA

El supremo gobierno de Cartagena al de Cundinamarca

   El deseo de contener los grandes males que por todas partes amenazan al reino y le preparan su próxima ruina, ha obligado al Estado de Cartagena a ocuparse con el mayor empeño y con toda la madurez que exige la importancia del asunto, en los medios más eficaces para conseguir la pronta reunión de las provincias en un congreso general revestido de tan plenos poderes que le den un grado de vigor y energía, cual lo requieren las peligrosas circunstancias en que nos hallamos y sin lo cual es absolutamente imposible que nos salvemos. Si no queremos perderlo todo y si preferimos la libertad a cuanto hay sobre la tierra, es menester desprendernos de algunas facultades que en tiempos más tranquilos podremos recuperar. Ahora, debemos únicamente ocuparnos en nuestra salvación, y por este objeto no hay sacrificio por grande y costoso que sea, a que no debamos prestarnos con placer. Cartagena, que hasta ahora ha proclamado y sostenido el federalismo, conoce que es imposible adoptarlo al presente en toda su extensión, y que el estado crítico del reino exige que cedamos muchas más facultades al congreso general y nos reservemos por ahora sólo las absolutamente indispensables para nuestra felicidad.

   Nuestra resolución no debe, pues, parecer sospechosa a las provincias que saben muy bien cuánto hemos defendido sus derechos y sólo deben considerar que es hija del convencimiento íntimo que tenemos de que otro gobierno, con menos poderes, sería absolutamente ineficaz para vencer los peligros que nos rodean. Motivos tan poderosos han impulsado al Estado de Cartagena a dar a sus diputados en congreso los poderes más amplios para que se reúnan inmediatamente en el lugar y bajo la forma de gobierno en que convengan el mayor número de los diputados, salvo que se reserve a esta provincia lo siguiente:

   1°. El derecho de terminar los pleitos en último recurso, pues siendo una de las ventajas más preciosas que nos ha proporcionado la independencia, y hallándonos felizmente sin la imposibilidad y embarazos que tocarán otras provincias al querer usar de este derecho, por la escasez de sus recursos en hombres y rentas, quedará desde luego reservado.

   2°. El de hacer sus leyes interiores con independencia de toda autoridad.

   3°. El de nombrar los empleados de su gobierno

   4°. El de poner impuestos para sus gastos interiores, sin perjuicio de lo que determine la unión para los gastos generales que deben preferir.

   Este gobierno espera que vuestra excelencia aprobará como nosotros el acta de federación en cuanto no se oponga a las reservaciones ya indicadas y que, persuadido de las razones que se han expuesto, conferirá iguales poderes a sus diputados, para que inmediatamente puedan reunirse en congreso, y que este cuerpo tan suspirado e indispensable, empiece desde luego a dictar las providencias más eficaces para salvarnos. Cartagena confía que vuestra excelencia por su interés particular y por el general de todo el reino, no se denegará a una medida que reclaman tan imperiosamente nuestros males.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 26 de febrero de 1812.

José María Real,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de gobierno del Estado de Cundinamarca.

   El antecedente oficio, que vino en el último correo, se contestará, según lo ha mandado el supremo poder ejecutivo, diciendo que habiéndose tratado en la representación nacional sobre el acta de federación formada por algunos de los diputados al congreso, se acordó convocar a los pueblos del Estado, para que por medio de sus representantes deliberasen en el asunto; que la convocatoria está hecha para el 15 de mayo próximo venidero, y que de la resolución que se tome por esa asamblea depende el éxito del negocio de que se hace mención.

   Esto es publicar las correspondencias del gobierno de Cundinamarca, aun antes de dirigirlas a sus destinos. Tan distantes estamos de hacer un misterio de sus operaciones, que creemos que él solamente debe temer no ser bien conocido.

   Ya se ha visto en el anterior oficio que el supremo gobierno de Cartagena, con arreglo al artículo 78 del acta de federación y en uso de su independencia, ha resuelto no conformarse en todo con la misma acta, ponerle sus excepciones en aquello que ha juzgado que le conviene y no en puntos cualesquiera, sino en los de mayor entidad. Si esto lo puede hacer Cartagena, a quien se procuró favorecer en aquella acta, ¿por qué no podrá hacerlo Cundinamarca, a quien se intentó deprimir y arruinar? ¿Por qué se ha querido fingir que Cundinamarca está escandalizando el reino, cuando no ha hecho otra cosa que proveer a su conservación?

Otro

   Por la fragata de su majestad Británica Arethusa, que ha llegado a este puerto procedente de Portobelo, ha tenido este gobierno noticias fidedignas de que el 17 del pasado febrero había desembarcado allí el virrey nombrado para este reino don Benito Pérez con una multitud de oficiales emigrados o expulsados de la América libre, y por conductos seguros se sabe que vinieron a La Habana 2.000 hombres de tropas europeas, de los cuales siguieron para Méjico 1.500 y los 500 restantes se dice que son destinados para este reino. El comandante de dicha fragata ha comunicado confidencialmente a este gobierno que Pérez le dio su buque para que convoyase y aun llevase a su bordo algunos cañones de grueso calibre y otros pertrechos de guerra, que se destinan para Santa Marta, y que habiéndose negado a ello en virtud de la estricta neutralidad que tienen orden de observar los ingleses en los asuntos de América, determinó el nombrado virrey que los cañones y pertrechos se remitieran custodiados por el bergantín correo el Cazador y otro igualmente de guerra que está en Portobelo. Añade el mismo comandante que en el istmo de Panamá se estaban reclutando sobre 400 hombres, con los cuales vendría Pérez a Santa Marta, luego que se proveyese de dinero en Panamá, para donde seguía inmediatamente, y que a estas tropas se reunirían cerca de 800 hombres que reclutó en Puerto Rico en el tiempo que estuvo allí.

   Por exageradas que parezcan tales noticias, que no pueden serlo, según los datos antecedentes, convendrá vuestra excelencia en que es menester creer una parte de ellas y que en el funesto estado de división en que nos hallamos, cualquier esfuerzo extranjero será bastante para ponernos en el último peligro, cuando no lo sea para que sucumbamos. Este gobierno ha tomado todas las medidas de precaución y defensa que le permiten el miserable estado de sus rentas públicas; pero conoce que esto no basta a salvar el reino y que es necesario que todas las provincias tomen una parte activa en la defensa general y hagan los mayores esfuerzos para libertarnos de caer en el yugo español, que de nuevo nos amenaza terriblemente. Exhorto, pues, a vuestra excelencia, a nombre de la patria y de la libertad, para que ocupe seriamente su atención en tan importante negocio y que, en su consecuencia, tome las providencias prontas y enérgicas que le parezcan más oportunas. Una de ellas será, sin duda, la reunión del congreso, para cuyo logro espero que vuestra excelencia no omita medio alguno.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 10 de marzo de 1812.

José María del Real,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de gobierno del Estado de Cundinamarca.

Otro

   Cada día se aumentan más los peligros que amenazan la libertad de la Nueva Granada. Las noticias que comuniqué a vuestra excelencia en el correo anterior y que ahora duplico, por si acaso se ha extraviado el primer pliego, desgraciadamente se confirman por otros conductos y aun se añade que vienen 5.000 hombres más de tropas, lo cual tiene todas las apariencias de verdad, pues en una Gaceta Americana se asegura que un bergantín que entró en Baltimore había encontrado en altamar el navío de 74, español, y los transportes que conducían dichas tropas, las que entraron en Puerto Rico a hacer agua y volvieron a seguir después. Entre tanto el reino dividido y despedazado por la guerra civil y las facciones, presenta a nuestros enemigos el aspecto más favorable y los halaga con las esperanzas de una conquista segura. Cartagena, haciendo frente a todos los peligros, sola, abandonada a sus propios recursos, éstos totalmente exhaustos y sin esperanzas de que se aumenten, ¿qué fuerzas pondrá que sean capaces de contener el ímpetu terrible de las que combinan nuestros enemigos y de que ella será la primera víctima inmolada a su ferocidad?; considere vuestra excelencia bien las funestas consecuencias que seguirían a todo el reino de la subyugación de Cartagena y procure por los medios más eficaces alejar de nosotros el más desastroso de todos los males; ¿qué dirían nuestros contemporáneos, qué dirían las generaciones venideras, si nosotros por estar distraídos en rencillas miserables perdiésemos la libertad que hemos adquirido por uno de aquellos raros sucesos, de que la historia del género humano presenta pocos o ningunos ejemplares?; ¿qué idea tan baja y tan degradante formaría entonces la culta Europa de los pueblos de la Nueva Granada, a quienes creería, con razón, destinados a gemir bajo el yugo de la servidumbre e ignominia, como lo ha creído hasta ahora de los hijos desgraciados del Africa? Cesen, pues, señor excelentísimo, desaparezcan de entre nosotros esas discordias funestas, origen de todos nuestros males. La confianza doméstica es precursora segura del respeto y consideración exterior. Mostremos a los enemigos de la libertad que nuestras rivalidades y celos interiores se han extinguido y entonces ellos nos temerán. Sin esta recíproca armonía, fácilmente seremos presa de los tiranos. El tema del día de algunos políticos ha sido: dividir para reinar; séalo el nuestro: unámonos para ser invencibles. Que esta verdad sagrada corra de boca en boca hasta las extremidades del reino, que se grabe profundamente en todos los corazones, y convencidos de ella los pueblos de la Nueva Granada, vuelvan en sí de sus extravíos y corran presurosos a asirse de la única tabla que les resta para salvarse del naufragio.

   Las circunstancias son extremadamente apuradas, señor excelentísimo: necesitamos hacer los más grandes y costosos sacrificios para no ser subyugados por los españoles; y ha llegado, en fin, la época en que por un generoso desprendimiento de cuanto poseemos se ha de acreditar palpablemente cuán de veras estamos resueltos a defender nuestros derechos y la causa santa de la libertad que hemos proclamado. Seamos pobres antes que ser esclavos e imitando la conducta de los americanos del norte en una ocasión semejante, corramos a entregar nuestros bienes a los magistrados, para evitar la ruina de la patria y una eterna e ignominiosa servidumbre.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 20 de marzo de 1812.

José María del Real,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

MERIDA

   El secretario del gobierno a sus pueblos y a los de Pamplona

   El jueves santo a las 5 de la tarde, al salir el señor obispo de la catedral de celebrar el lavatorio, comenzó un espantoso terremoto que con la interrupción de poco más de un minuto, arruinó enteramente esta ciudad. En un mismo momento cayeron la catedral de San Francisco, el colegio y todas las demás iglesias, en donde perecieron infinidad de personas que aún se ignoran. En el mismo momento cayeron todas las casas y mataron en las calles a todos los que corrían. El señor obispo con los curas del Sagrario, del Llano, varios capellanes y colegiales, perecieron al llegar a su palacio, que les cayó encima; en una palabra, se conceptúa muertas más de 1.500 personas sepultadas bajo las ruinas y con el desconsuelo de que no es posible sacar alguno de los que aún se creen vivos, porque los restos de los edificios amenazan una próxima ruina y sería locura acercarse a ellos. No ha quedado absolutamente casa que no haya caído o esté para ello. Los temblores han continuado hasta la fecha, con interrupción de media hora más o menos. El jueves santo en la noche todos los vivos lo pasaron en la plaza y ayer viernes por la mañana se han pasado a la Mesa, en donde está la quinta del doctor Uscátegui y también las monjas. Todos están en la mayor miseria, porque todos están con la ropa con que los cogió el terremoto, y si de los pueblos no traen comida, quizá pereceremos. Hoy al amanecer se prendió fuego en esta ciudad, el que por fortuna logró apagarse. En fin, no es posible decir todas las ruinas y desgracias que han sucedido. Sirva este ligero bosquejo para que entienda vuestra señoría la general desolación de esta ciudad, en donde todos los vivos han quedado a pedir limosna, y sírvase comunicar este triste suceso a todos los pueblos y gobiernos de la confederación de la Nueva Granada, porque aquí no hay proporción para nada y que siquiera nos auxilien para salir de este desgraciado suelo. Son las 7 de la mañana del sábado santo 28 de marzo de 1812 y siguen los temblores.

Mariano de Talavera.

   A todos los pueblos de esta provincia y los de Pamplona.

   El supremo gobierno de Cundinamarca, penetrado del más vivo dolor por la desgracia de nuestros hermanos de Mérida, ha abierto suscripción en la aduana de esta capital, para que todas las personas piadosas que quieran aliviar con algunos donativos graciosos la deplorable suerte de los vecinos de aquella infeliz ciudad que han sobrevivido a tan lamentable suceso, entreguen la cantidad que gusten al administrador don Luis Sarmiento. Se dispondrá la remisión de los socorros que por este medio se recogieren, con toda la brevedad posible y se imprimirá en la Gaceta la lista correspondiente.

   Cundinamarqueses: Esta es la ocasión más propia de ejercitar vuestra generosidad y de manifestar el ardiente amor que tenéis a vuestros hermanos de cualquiera de las provincias de América. No ha quedado en Mérida piedra sobre piedra. En medio de tan horrorosa desolación se podría decir que son más infelices los que quedaron vivos que los que murieron. ¡Socorredlos!

FUENTE EDITORIAL:
 Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 18 de abril de 1812, t. I., No. 44, p. 159-161.

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DOCUMENTOS RELATIVOS AL MANIFIESTO
DEL PRESIDENTE DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA

CARTAS DE ANTONIO BARAYA A NARIÑO; OFICIO Y CARTA PARTICULAR. RASGOS DE LA ACUSACION DE JOAQUIN RICAURTE. OFICIOS DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA A LOS GOBIERNOS Y CABILDOS DE SANTA MARTA Y CARTAGENA. CONTESTACIONES. ADVERTENCIA AL PUBLICO. Febrero, marzo, abril, junio de 1812.

Antonio Baraya,
Joaquín Ricaurte,
Antonio Nariño.

DOCUMENTOS

Relativos al manifiesto del presidente del Estado de Cundinamarca.
Número 1.
Carta particular de don Antonio Baraya, fecha 22 de marzo.

   Mi querido Antonio: mientras entablaba con el gobierno las solicitudes de que se me instruyo, ocurrieron los vecinos de Leiva a averiguar si serían protegidos en caso de que libremente reclamen la incorporación que en junio habían hecho a ese Estado, se lo ofrecí, y a pesar de los temores que se les trató de inspirar por algunos malvados, acordaron por el acta que acompañé, formar un solo departamento con Cundinamarca. Hanlo intentado hacer otros varios pueblos como el de Sogamoso, en donde se halla la mayor considerable parte de la tropa de aquí, y en estas circunstancias, y en la de temer nosotros de los tunjanos, y ellos de nosotros con sobrados motivos todos, habiendo sido provocado por el gobernador, me determiné a conferenciar con él a solas sobre la unión a ese Estado, y en efecto lo verifiqué ayer habiendo tenido más de dos horas de conferencia; hallé al gobernador en la mejor y más sana disposición de verificarla, refiriéndome los pasos que anteriormente había dado para ello, manifestando papeles y contestaciones varias, y mostrándome una carta que escribió al cura de Sáchica cuando ahora querían ratificar los de Leiva su incorporación, en que le decía que tratase de inspirar a los leivanos, que sola la asamblea provincial que había constituido su gobierno podía unirse a otra provincia, y que procurase que el resultado de la junta de Leiva fuese el pedir se convocase el colegio electoral en que se concluyesen los tratados de unión de un modo legítimo, estable y decoroso. El gobernador está persuadido de que Cundinamarca no sujeta ni le da leyes a Tunja, sino que mutuamente las darán, y que en nada se degradan los derechos de los pueblos si esta unión se hace con perfecta igualdad y uniforme representación; en su consecuencia me ha ofrecido dictar providencia para retirar la tropa que mantenía destacada en Sogamoso, y expedir cuanto antes la convocatoria a los pueblos para que por medio de sus representantes verifiquen la incorporación a Cundinamarca, bajo pactos libres y francos, y cree que para que ninguno tenga que decir que Tunja ha sido conquistada, o que por medio de la fuerza hizo la unión, se debe retirar nuestra tropa fuera de esta ciudad. Yo espero el mejor resultado de esta conferencia, tanto para que se acaben los temores y desconfianzas que mutuamente tienen los de aquí con nosotros, como porque jamás puedan decir los enemigos del Estado que su presidente ha ambicionado pueblos, ni que ha usado de la fuerza armada para aumentar el territorio de su Estado.

   Me parece que estamos en el caso de no entregarnos a una confianza indiscreta. Ninguna precaución está demás, y el mismo paso que se dé para asegurarnos, sirve a ellos de estímulo y de freno. Si entras por el partido que se propone de que marchen nuestras tropas, y de que yo me quede aquí como plenipotenciario de ese Estado (lo que juzgo muy conveniente para observar la conducta de los funcionarios), creo que debes pedir el que este gobierno mande 80 ó 100 hombres armados unidos a nuestra expedición, y de este modo logramos quitarles esta fuerza; que se aumente la de la expedición, y que no sea solo Santafé el que lleve la carga. Yo, en caso de quedarme, trataré de que nuestras tropas no se alejen demasiado, hasta que quede concluido el asunto. Tú reflexiónalo bien, tómate tiempo para escribirme con toda claridad, pues yo deseo acertar.

   Apenas he tratado, como verás, el asunto de Saravia, cuya contestación dilataron, como advertirás por las fechas; y respecto a que entrarán días feriados, y a que pronto he de recibir tu contestación, me dirás si atendiendo a las circunstancias debo suspender la reclamación del dinero de cruzada y de los fusiles, de éstos hay seis en la Villa de Leiva que he dicho los mantengan allí, y de aquél ni sé las cantidades, ni las partidas de donde provienen.

   Creo sería más conducente para la opinión en esta provincia, que se tratase ya de algún modo de darle representación a la del Socorro y Vélez; he oído criticar sobre esto, y no dejan de decir que la incorporación de ésta y San Gil no han sido legales porque sólo la hicieron sus cabildos sin convocar los pueblos; bueno sería dieses un paso en el particular.

   Tengo noticias de que este administrador de correos quedó debiendo a ésa $2.500, según la cuenta de Tanco; bueno sería que tú lo supieses y reclamases.

   Dime qué hacemos para llevar dinero para socorrer la tropa y demás gastos hasta Pamplona. Te incluyo la carta del gobernador de que te hablé anteriormente, que hace formar buen concepto de las ideas de Niño.

   He escrito a Sogamoso para que se aquieten y nombren sus electores; si resulta la unión de toda la provincia, no tienen que hacer movimiento, y si se dividen los pueblos en opiniones, les queda su derecho a salvo para la agregación a Santafé.

   Han quedado en no convocar a la Villa de Leiva como admitida ya por mí nombre de ese gobierno, e incorporada a la provincia de Cundinamarca.

   Si determinas que sigan las tropas, juzgo de suma necesidad el que pidas vayan las de aquí con sus armas, municiones, y en este caso yo proporcionaré el que vayan en partidas unidas a las nuestras, para evitar todo motivo de recelo. Yo te confieso que no lo tengo; pero es bueno precaverlo todo.

   No tengo más que decir, pásalo bien, y manda a tu afectísimo amigo.

Baraya.

   Posdata. Me ocurre que propongas a este gobierno que para que los pueblos puedan obrar con entera libertad saliesen sus funcionarios luego que se convocara o reuniera el colegio, y para que no arguyesen que yo influía en sus determinaciones, saliese yo también, en cuyo caso me podría pasar a la Villa de Leiva. Rubira está en Soatá con 50 hombres. Este picaro es el mayor enemigo de Santafé, y tiene aquí mucho influjo. Ojalá pidas que este advenedizo no tenga voz en el particular.

   He visto a Santana, y me ha dado muchas pruebas de su honradez. Si sale tropa de aquí con la nuestra, pienso hacer que vaya.

   El administrador de correos debe también algunos pesos de diezmos: sírvate de gobierno.

   Me ocurre decirte que sería bueno tomar el pretexto de instruir milicias en la Villa de Leiva, para mandar un destacamento. Esto no dejaría de poner respeto a Tunja.

   Me acaban de decir que don José María Neyra, el clérigo aquel maldito que anduvo con los doscientos socorreños haciendo mil picardías, está metido en la hacienda del Rabanal, y tiene allí 37 fusiles. El ha procurado hacerse a dinero vendiendo a menos precio, y tiene aquí en casa de don Cayetano Vásquez $14.000, y en su hacienda cerca de otros tantos. Tiene a su devoción muchos hombres, y el dinero puede mucho. Yo creo que podrías hacer con el provisor que lo llamase: él no obedecería, y en ese caso podría auxiliarse con tropa la providencia.

   También me ocurre que respecto a que estos mandones piden que nuestras tropas se alejen para que los pueblos obren libremente, y se desentiendan de la salida de las suyas, podrías decir que algunos pueblos temen la opresión, y que mis tropas pasasen a la Villa de Leiva como territorio de ese Estado.

Número 2.
Capítulos de otra del mismo, fecha 14 de marzo.

   Mi querido amigo: un tal Toscano tiene los poderes de Chiscas para incorporarse a esa provincia, sería bueno que hablases con él. Sé que en Tunja quieren recibirnos con fachenda. Yo pienso soplarme quando no me esperen, y no admitir obsequio alguno. No quiero agradecerles nada. Don José Zapata tiene poderes del Cocuy, también me parece sería bueno que hablases con él.

Número 3.
Otra, fecha 25 de marzo.

   Señor don Antonio Nariño:

   Mi estimado amigo.

   En este momento recibo tu favorecida del 21, llena de verdades. En efecto, disputan los terrenos temerarios, que aún no se sabe a quién corresponden. También es una verdad que aquí estamos tan expuestos a una infamia, como lo estuvo Ricaurte en el Socorro. En mi interior no te manifesté todas mis sospechas, porque aún concebía que Niño conservase los sentimientos de honradez con que antes le conocí. Hoy dudo de él, y creo que tiene el camisón remangado como todos sus concolegas. No creo ya que proceda de buena fe, y a él mismo se lo he dicho hoy, como verás en las copias de los oficios que le he pasado y te dirijo por el secretario de guerra. Le hablo con entereza porque veo que conviene, y te aseguro con verdad que quisiera pillarlos en una picardía gorda para remitirlos a esa. No hay que dudarlo; esta provincia no será feliz mientras mantenga en su seno al cura de Pesca don Joaquín Malo, al doctor don Antonio Rojas, al doctor Umaña, al mulato Rodríguez, administrador de correos; y a otros tres o cuatro. Ellos mantienen a estos pueblos en la más dura esclavitud, ellos han protestado muchas veces (aunque me lo niegan) que se entregarán mil veces a los chapetones antes que depender de Santafé; y ellos, en fin, no han dado un paso hacia la felicidad del reino, y yo creo que muchos al contrario. Yo creía que solo en Santafé había chispas y pícaros; pero veo que aquí es el centro de los chisperos y bribones. No puede creerse lo que han hecho estos malditos. Temo mucho que se rompa el baile muy pronto; yo llevo las cosas con la mayor prudencia; pero si ellos resbalan, caen, y una vez caídos con dificultad levantan.

Número 4.
Otra del mismo, fecha 5 de abril.

   Mi querido Antonio:

   Al paso que más confianza hago de este gobierno y con más franqueza les he hablado, he encontrado un no sé qué de doblez y de engaño. No tengo un documento de ello, que si lo hubiera, ya les hubiera dado el correspondiente pago; pero así lo he inferido de la conferencia que ayer he tenido con Niño. Me expresó este que no se podía despachar la convocatoria acordada, hasta que mis tropas no se retirasen, pues se podía alegar en todo tiempo que ellas habían influido en las elecciones, y que no podía dar las de aquí, hasta que las mías no estuviesen en Pamplona, pues habiendo guardado esta provincia buena armonía y fraternidad con aquélla, se diría que Tunja había contribuido a la conquista de Pamplona. Semejantes especies infunden una sospecha contra estos mandones de querernos jugar alguna chatina de acuerdo tal vez con el mismo Pamplona, y los Llanos; mucho más cuando ya me han jugado la primera en los anteriores días, y cuando el gobierno de los Llanos ha impetrado de Caracas auxilios contra la ambición y hostilidades de Cundinamarca. Si me hubiesen despachado mis credenciales que les he presentado, yo trataría el asunto del modo con que lo tengo de tratar cuando los reconozcan y me las devuelvan; entonces, comenzaré a tratar sobre los artículos que me remitieron, y caso a que oficialmente se denieguen a reforzar mi expedición con sus tropas, reclamo a Sogamoso, pido que se haga retirar el destacamento que allí tienen, lo guarneceré con otro de mis tropas, y en todo caso lo desalojaré con la fuerza y lo perseguiré hasta donde sea posible. Si Tunja me falta en lo pactado, no tiene que extrañar mis procedimientos, pues yo trato de que sean hechos con la mayor prudencia.

Número 5.
Otra del mismo, fecha 12 de abril.

   Mi querido amigo:

   Por lo de oficio te impondrás del estado de las cosas. Al último en que pido me digan el número de tropa, oficiales, etc., aún no me han contestado. Yo creo que la respuesta ha de ser capciosa, pues el gobernador en conversación privada me ha dicho que él dará tropas y todos los auxilios, pero que nunca entrará porque sus soldados vayan con los nuestros a Pamplona porque no quiere que jamás tenga que decir aquella provincia que él contribuyó a su opresión. Ya debes suponer lo que le habré contestado; pero sin embargo temo que él busque arbitrios para embrollar, al paso que desean vivamente salir de nosotros; pronto veré el resultado y te avisaré.

   Yo he pasado los mayores calores: les he hablado con mucha claridad; pero hallo en ellos una especie de doblez que me da mucho que pensar. Yo tengo mil sospechas; pero no he podido confirmarlas; ellos han intrigado con los Llanos y Pamplona, no hay que dudarlo. Los primeros dicen que si Cundinamarca trata de introducir tropas para sujetarlos con engaño o por la fuerza, se incorporan a Caracas. Esto lo sé por la voz común; no tengo una prueba.

   En los pueblos de esta provincia han sembrado mil especies infames contra ti y contra mí para hacernos odiosos. Sogamoso se mantiene firme, y algunos vecinos de Soatá claman por la llegada de nuestras tropas. Estos mandones, a pesar de sus protestas, en nada piensan menos que en la incorporación a ese Estado. Yo estoy en el día plenamente desengañado, y ellos confían en caso de oprimirlos, en auxilios de los Llanos y de otras provincias. Este es el verdadero estado de las cosas.

Número 6.
Otra del mismo, fecha 15 de abril.

   Mi querido Antonio:

   Con demasiado gusto he recibido la última orden que me ha comunicado Gamba, que la creo tanto más necesaria cuanto se han redoblado las desconfianzas de este gobierno como lo verás por los últimos documentos que he remitido y ahora acabo de dirigir. A pesar de mis males pienso ir yo mismo a Sogamoso (en donde me prometo algún restablecimiento) y proceder en este asunto, de modo que les pese mucho a estos mandones, y quede cubierto tu honor y el mío; pienso marchar con la expedición inmediatamente, y darles este doloroso golpe que no esperarían si hubiesen sido consecuentes.

Número 7.
Capítulo de carta de don Antonio Baraya, fecha 7 de abril, a don Santiago Perry, y manifestada voluntariamente por este.

   Nada han adelantado desde la revolución, ni adelantarán tampoco; pues es voz común que ellos piensan que en volviendo este reino a su antigua esclavitud, Tunja será la capital porque ella no ha hecho otra cosa que seguir los pasos de Santafé, Cartagena y el Socorro. ¿Qué tal modo de opinar?

Número 8.
Oficio del mismo Baraya, fecha en Tunja a 31 de marzo, dirigido al gobierno de Cundinamarca por mano de su secretario de guerra.

   Efectuada la incorporación de la Villa de Leiva a ese Estado, de que di a vuestra señoría cuenta oportunamente, comenzaron por parte de este gobierno el temor y la vigilancia demasiado imprudentes a obrar en los pueblos de Sogamoso y de Soatá, tratando por desconocidos medios de evitar la desorganización completa de la provincia y provocando este gobernador a entablar negociaciones y tratados de unión verdaderamente lisonjeros a Cundinamarca y a la provincia de Tunja, según reservadamente comuniqué al excelentísimo señor presidente. Pero cuando yo, en fuerza de los tratados iniciados, procedía de buena fe observando puntualmente la inadmisión de pueblos a Cundinamarca aguardando le expidiese a éstos la convocatoria acordada, y que se retirase la tropa que guarecía varios puntos de la provincia, este gobierno caminaba con dobles pasos y me inducía por fundados recelos a desconfiar de la buena fe de él, según comuniqué ya a vuestra señoría acompañando los oficios y contestaciones que habían procedido sobre el asunto, que hoy ya ratifico con vista de las copias que a vuestra señoría acompaño.

   El pueblo de Sogamoso ha sufrido una redoblada opresión por las tropas de Tunja, que debieron haberse retirado, que sólo sirven para aterrar a los principales vecinos, que no pueden expresar libremente su voluntad, y para que con las armas en la mano hagan formar actas de dependencia al gobierno de Tunja. No está en mejor condición el pueblo de Soatá, y su partido: aquí se castiga con el último rigor al que intente unirse a Cundinamarca, y se redoblan los vigilantes para que ni aun se pronuncie este horrendo perjurio, atroz procedimiento, según lo llaman los enemigos. Ya yo habría puesto en libertad aquellos oprimidos pueblos; pero he abandonado el pensamiento, tanto por aguardar contestación a la consulta privada que hice al gobierno, como para evitar un rompimiento con las armas, que serviría de apoyo a los enemigos de Cundinamarca para vociferar que su gobierno ha aumentado su territorio llevando la conquista por las provincias.

   Sírvase vuestra señoría imponer de todo lo que he expresado al supremo gobierno para que me comunique lo que crea oportuno y del caso sobre el asunto en estas críticas circunstancias.

   Dios guarde, etc.

Número 9.
Capítulos de oficio del mismo Baraya, fecha en Sogamoso a 25 de abril, al gobierno de Cundinamarca, por mano de su secretario de guerra.

   Las órdenes que vuestra señoría en lo sucesivo me comunique es necesario que sea por vía segura y conocida, procurando que la correspondencia no toque en la administración de Tunja o sus subalternas, pues me temo que las detengan como en Santa Rosa lo han ya ejecutado los alcaldes ordinarios y el cura excusador con un extraordinario que se me dirigía desde Soatá; a más de que los procedimientos del gobierno de Tunja son poco consiguientes, pues a la siguiente noche a la de mi salida fueron convocados varios de la plebe por sujetos de rango y representación a pedir contra los chisperos en favor de Cundinamarca, y hasta una señora viuda sólo porque en su casa fue asistido uno de mis oficiales, fue perseguida y su casa abierta clandestinamente para exponer sus muebles a la fuerza de la facción.

   De todo lo que he referido a vuestra señoría sírvase imponer al excelentísimo señor presidente, para que comunique las expresas órdenes que estime oportunas, y para que el reino entero quede persuadido de la justicia y razón de mis procedimientos con el voluble gobierno de Tunja, que cuando a mí me aparentaba trabajar por una legal incorporación de su provincia, regaba órdenes y proclamas a los pueblos intimidándolos y anunciándoles que perecerían como el inocente Abel, que cuando yo le manifestaba los más secretos objetos de mi expedición, él forjaba desconfianzas y concebía ideas, que está muy lejos de abrazar ese Estado, y en fin que cuando a un tiempo los gobiernos de Barinas y Pamplona manifestaban al de Cundinamarca los peligros que nos amenazaba por el valle de Cúcuta, Tunja también los manifestó; y después negó éste un pequeño auxilio de tropas que le pedí para adelantar inmediatamente mis marchas hacia el lugar de mi destino.

Número 10.
Capítulos de carta particular, fecha 28 de marzo, al gobernador de Tunja.

   Muy señor mío:

   He recibido con la mayor complacencia la carta de usted, de 22 del corriente, en la que se descubre todo el juicio, honradez y buenos sentimientos de que usted está penetrado. Desde luego suscribo a su modo de pensar: ni a usted ni a mí nos harían honor unas agregaciones violentas; usted no debe permitirlas, ni yo intentarlas. Esté usted bien persuadido de que no mandaré 20 años de trabajos que me recuerda en la suya con ninguna acción que desmienta los principios por que los he padecido, a pesar de cuanto digan mis enemigos y los de nuestra común libertad. Mis solicitudes, mis ahíncos por la unión de las provincias, no nacen ni de ambición personal, ni de la provincia; nacen de una convicción quizá errada, pero no la puedo desechar de mí, de que nos perdemos si seguimos del mismo modo; y este mismo amor de la libertad que se me ha hecho connatural en tantos años de desearla, es el que obliga a manejarme de un modo que al fin no triunfen nuestros opresores, esperando que el tiempo corra el velo que cubre a algunos y les haga conocer que no he mudado de opiniones, sino que antes bien las he sostenido y defendido del modo que permitían las circunstancias. Tunja, si sus pueblos quieren reunirse a formar un solo cuerpo vigoroso con Cundinamarca, será mirada y tratada con toda la consideración y hermandad que es justo y está en mis principios y los de la razón; sus hijos vendrán a tener parte en nuestro gobierno y no serán privados de ninguno de los derechos que nosotros disfrutamos; seremos una misma familia, unos mismos ciudadanos, unos mismos en todo.

   He consagrado con todo cuanto usted me propone, como lo verá en mi contestación de oficio, a excepción del reconocimiento de la integridad de esta provincia, porque una de mis primeras máximas de gobierno es la de ser consiguiente en mis tratados; y habiendo ya admitídose a Leiva, este paso quitaría la confianza que justamente tienen los pueblos de que una vez admitidos por este gobierno ya no han de ser el juguete de la suerte, como lo han sido anteriormente, sino que se les sostendrá y también defenderá como a cualquiera otro de los que componen esta provincia.

   Usted verá que correspondo a la confianza y franqueza con que usted me habla, y que es muy conforme a mi carácter. Con la misma le añado que ya me parece una temeridad querer contener con cuatro manos el torrente de los pueblos que a porfía claman por la agregación a su antigua capital; y que yo no seré responsable de las consecuencias que por esta obstinación se sigan a los que quieren oponerse a su libre voluntad.

Número 11.

   Sogamoso, 29 de abril de 1812.

   Querido Antonio:

   Han sido en efecto bien desagradables las noticias que me comunicas en tu apreciable del 21. Al paso que debíamos todos procurar los medios de paz y buena armonía, para obrar en calma, el espíritu de discordia se enciende, y nos trae en un continuo movimiento, distrayéndonos de nuestras principales atenciones. Los temores que me expresas se recelan por la orden de retirar a Ricaurte y Castillo, no dejan de tener algún fundamento; por aquí corre muy válida la noticia (no sé si ya te lo he dicho) de que los socorreños se brindaban a ir a Ocaña con armas nuestras con el pensamiento de hacerse a ellas, y después echarse sobre Santafé, que ha sido siempre su plan; tú no dejas de conocer el genio petulante de esas gentes; petulancia y orgullo que ha concurrido a engendrarles el mismo Santafé, y que cuando ellos encontrasen una buena proporción le darían muy buen pago. ¡Ojalá que Ricaurte ceda, y no vaya a suceder lo que tú has pensado! En esta provincia hay poco con que contar; según lo habrás visto en mi correspondencia oficial y privada, el gobierno de Tunja se mantiene firme en no ceder a la incorporación; desde luego contará con algunos pueblos que lo sostengan, en cuyo caso siempre se mantendrá esta provincia dividida en opiniones y gobiernos.

   Todas estas cosas nos lastiman demasiado, tú las conoces bien, y en aplicar el oportuno y eficaz remedio está el gran misterio. No dejes tú de buscar los medios más prudentes de aplacar este torrente de males, que a ti, a mí y a todos nos traen sin sosiego, que eso será tu mayor gloria.

   Posdata. Voy a hablarte con la mayor confianza, puesto que tú la haces de mí. Creo que formado el congreso, según el voto general, podía aplacarse mucho esta tempestad; tú podías hacer lo que ha hecho Popayán, no dar al congreso su casa de moneda, y con todo enviar su diputado a él. Cundinamarca, con la casa dicha, puede ocurrir a subvenir sus particulares gastos, excluidos los de la tropa, pues empleándose ésta en la defensa general, debe pagarse del fondo común; la división de provincias podía omitirse por ahora, y emplearse el congreso solamente en dirigir la fuerza armada a la conquista de Santa Marta, resistencia de las fuerzas de Abascal por Quito, y a otras partes por donde todos cerremos peligros muy inminentes. Tú siempre has dado pruebas de que amas la libertad de la Nueva Granada, no puedo creer que tú mirases tranquilo a los tiranos que nos forjan a toda prisa las cadenas; procura, pues, en beneficio de esta deseada libertad, que ella quede con nosotros, y que no se pierdan los trabajos que hemos todos hecho por conseguirla; sacrifica un poco para no perderlo todo. Ya verás el oficio de Tunja, dirigido a Caracas, confirma mis sospechas, y admírate.

Número 12.
Carta particular, fecha 6 de mayo, a don Antonio Baraya.

Mi querido Antonio:

   Acabo de recibir la tuya de 29 del pasado que se ha demorado, según dice el peón, por haberlo detenido en el camino algunos soldados de Tunja, sobre que oficio con aquel gobernador incluyéndose también una carta de los gobernadores del arzobispado para que se venga don Joaquín Malo.

   Veo por tu carta los cuidados en que te tienen las cosas de Ricaurte y de los congresistas; pero ya puedes tranquilizarte; Ricaurte y Castillo vienen, y tengo oficiado con los diputados de Ibagué para que si admiten ciertas proposiciones hechas de acuerdo con los partidarios del congreso, procedan desde luego a su formación en el lugar que les acomode sin excluir esta ciudad.

   Tú no estás bien en los planes de arruinar a Santafé, y yo no puedo mirar a la frente del gobierno que miras particulares nos arruinen y quiten quizás hasta la libertad. No es necesario, Antonio mío, mucha perspicacia para conocer el espíritu de friolera y de puerilidad con que hasta ahora han estado montadas todas nuestras soberanías; ninguno que tenga unos medianos conocimientos de la política y fuerzas de la Europa podrá persuadirse de que si seguimos como hasta aquí, pueda nuestra libertad tener otro término que el de la voluntad de una de aquellas naciones que se acerque primero. El congreso lo remediará todo, es la respuesta; sí lo remediará si tienen los cuatro diputados un espíritu creador, porque hasta ahora no conocemos más fuerzas ni más recursos que los de Cundinamarca, y bajo este supuesto creo que es un necio el que pudiendo gobernar su hacienda busca mayordomo que se la gobierne; actualmente están para salir dos expediciones más: una para el Magdalena y otra para Popayán, sin que las invectivas y clamores contra este tirano imaginario me impidan obrar y auxiliar a cuantos puntos nos llaman.

   No obstante todo esto, ya mañana se va a publicar una nueva constitución que me amarra bien las manos, y quizás las cosas mejorarán cuando yo no pueda hacer nada por mí solo. Desengáñate Antonio, sin mucho vigor, sin mucha firmeza y actividad somos perdidos y nos quedamos con los legajos de nuestras constituciones y de nuestros imprescriptibles derechos. Todo cuanto estamos haciendo es excelente, excelentísimo para cuando ya estemos seguros y sepamos que el terreno es nuestro; pero en el estado presente no son más que palabras. Me desespero al ver la serenidad y frescura con que se trabaja en proyectos pacíficos, como si ya la Europa entera hubiera reconocido nuestra independencia. Todos gritan contra mi tiranía, y yo grito contra su majadería. ¿Hubieras tú creído jamás que el nombre de tirano se llegaría a colocar al lado de Nariño? Pues ya lo ves y son tan contradictorios como la noche, de la luz. Este es el mayor sacrificio que estoy haciendo a mi patria.

   Recibí el acta de agregación o ratificación de Sogamoso; y nada me dices de si podrán ya comenzar a moverse las tropas para Pamplona. Es preciso tratar ya de que marchen aunque sea una división de 100 hombres, dejando antes transados los puntos de que te hablo de oficio.

   Tuyo,

Nariño.

Número 13.
Carta particular de don Joaquín Ricaurte, fecha en Guadalupe a 15 de febrero.

   Mi estimado Antonio:

   Contesto a tu apreciable de 8 del corriente, que he recibido con las de oficio que llegaron antes de ayer a tiempo que me trastornó mis operaciones que estaban en el mejor pie que se podía desear, y se ha enmendado del modo que verás en las contestaciones de oficio, las que te harán ver que no me he descuidado en el encargo a que me comprometí contigo y con el gobierno, lo que basta para que des al desprecio cualesquiera chispas que haya contra la expedición que se indican bien en el injusto extrañamiento que se me ha puesto de oficio y a que no he dado motivo, pues ni Mogotes (que está situado absolutamente al extremo de la dirección de mis marchas) ni de los demás pueblos con los que tengo interceptada la correspondencia podía yo dar razón al gobierno como lo he hecho con los de Vélez hasta que tuviese el mismo contacto. También nos pudieron haber perjudicado los oficios de los diputados del congreso que oficiaron a Plata (según me han dicho) para que se sostenga; pero a pesar de todo, la provincia entera del Socorro será del Estado aunque sea sacrificando $20.000, cuyo precio es barato; y gratificando con un grado militar a Plata y un destino que le dé que comer.

   Por lo que hace a los demás particulares de tu carta soy de tu mismo dictamen: el hombre no ha de hacer caso de las hablillas y reglar sus procedimientos, para por ellos ser conocido; hagámoslo así, y ruede la bola, como hace tu afectísimo amigo,

Joaquín.

Número 14.
Capítulos de carta particular del mismo Ricaurte, fecha 27 de febrero.

   Contesto a tu apreciable de 2 del corriente que me dirigiste con la aprobación del partido que tomé acerca de las indemnizaciones, lo que ha sido de suma complacencia, y que me persuade de que habrán sido aprobados los tratados con el Socorro, que es lo que espero para entrar en su villa, o que me conteste Plata denegándose a remitirme al ex corregidor, sobre lo que lo he reconvenido antes de ayer, y espero en este día la contestación, y si fuere negativa, como lo esperan todos los de este pueblo, y aun Monroy y Formina-ya, entrar yo a sacarlo.

   No temas que me sorprendan porque estoy bien prevenido y seguro de que los malvados del gobierno del Socorro han tenido tres sesiones sobre dejar entrar mis tropas en el Socorro y sorprenderlas en los cuarteles, conque mira si estaré descuidado. También lo estoy de que Plata, Fernández y sus secuaces son los mayores bribones que existen sobre la tierra, y que éstos no deben quedar con mando ninguno en aquella villa, pues la mayor parte de sus habitantes están esperando mi entrada para desenrollarse de la opresión en que los mantiene Plata, y ésta debe ser en el momento que sean aprobadas las capitulaciones, o en el caso de que he hablado, y desde este punto es más fácil dirigirme allí que no de San Gil, desde donde sería sumamente penoso pasar el tren por la cabuya, lo que no de aquí que no tenemos río que pasar a más del que tiene a esta inmediación su famoso puente.

Número 15.
Rasgos de la acusación de don Joaquín Ricaurte contra el presidente al excelentísimo senado.

   Tratando de la cortedad de fuerzas y recursos del cuerpo de su expedición, se hallan estas notables palabras: y lo que es peor, mandado reforzar con gentes más enemigas de Cundinamarca y su sistema, que los mismos opresores de Santa Marta... ¿Qué esperaría de gentes de San Gil y Charalá en donde sobre los muchos que son los más descontentos que hay, puede asegurarse que todos son partidarios de los enemigos que pretendemos resistir?

Número 16.
Oficio del presidente de Cundinamarca al gobierno y cabildo de Santa Marta, fecha 19 de marzo.
(Veáse pieza número 50, página 161).

Número 17.
Oficio del presidente de Cundinamarca al de Cartagena, fecha 9 de abril.

   Como las tropas que han salido de esta capital con el objeto de ponernos a cubierto de las invasiones que se temen de Santa Marta por los puntos del Pedral y Salazar de las Palmas deben aproximarse ya a ellos, he creído conveniente tentar con aquel gobierno todos los medios de prudencia para evitar un rompimiento que puede ser funesto a una y otra provincia. Con este objeto he comisionado y autorizado competentemente al marqués de San Jorge para que pasando a aquella plaza trate por todos los medios posibles cuando no de hacer conocer a aquel gobierno su obstinado capricho, y los verdaderos intereses del pueblo, al menos de sacar algún partido por medio de negociaciones o pactos que evite el derramamiento de sangre que se prepara, y deje libre y franca la navegación del Magdalena, cuya interrupción va siendo ya demasiado gravosa. Pero como no quiero proceder en esta materia sin noticia y anuencia de ese gobierno, demasiado interesado también en que se terminen estas diferencias, lo aviso a vuestra excelencia para su conocimiento, y que debiendo el expresado marqués pasar a esa plaza a asuntos personales, puede ese gobierno, si lo tuviese por conveniente, bien conferirle igual encargo, o bien destinar otro sujeto que en su compañía pase con el mismo objeto.

   Yo he oficiado con Santa Marta solicitando su consentimiento y el salvoconducto para que puedan pasar con toda seguridad, lo que igualmente aviso a vuestra excelencia para que en caso de allanarse por su parte, esté inteligenciado de ello, y se aguarde la contestación.

   Dios, etc.

   Contestación del gobierno de Cartagena al antecedente oficio, fecha 6 de junio.

   Aunque considero absolutamente inútil entrar en negociaciones con el gobierno de Santa Marta para que suspenda las hostilidades, dejando libre la navegación del Magdalena, según vuestra excelencia indica en su oficio de 9 del corriente que piensa hacer por medio del marqués de San Jorge, convidando igualmente a este gobierno a que haga lo mismo, consultaré sobre este particular a la convención general del Estado, y de lo que resulte daré parte a vuestra excelencia para su conocimiento.

   Dios, etc.

   Es copia de que certificamos estar conforme con sus originales.

   Santafé, 8 de junio de 1812.

Juan Dionisio Gamba,
secretario.
Manuel Santacruz,
secretario.
Eugenio de Elorga,
escribano público1.

Contestación de Santa Marta, llegada el 7 del corriente a las ocho y media de la noche.

Advertencia al público.

   Para que la mordacidad de los enemigos del gobierno no quiera dar alguna violenta interpretación al oficio siguiente, se advierte: que cuando se escribió por este gobierno al de Santa Marta todavía no se tenía noticia de que el virrey Pérez hubiese llegado a Panamá; y que esta respuesta prueba que el oficio de 19 de abril, que se ha publicado, es el único que se ha dirigido, y el mismo a que se contesta. Nótense además las expresiones que se dicen en el oficio de este gobierno, hablando de la audiencia y del virrey. (Línea 44, documento número 16).

   "Con el de vuestra excelencia, 19 de abril próximo, recibió este gobierno y cabildo la copia del de 19 de marzo último, que vuestra excelencia asegura haberlo enviado por duplicado, que aún no ha llegado a manos de este gobierno; y no habiendo en la actualidad facultades para resolver acerca de los que vuestra excelencia propone, por hallarse posesionado ya el excelentísimo señor don Benito Pérez de virrey gobernador y capitán general de este reino, e instalada igualmente la real audiencia de Santafé en Panamá, se ha remitido a su excelencia la determinación del asunto, como función propia de su superioridad; y según lo que ésta resolviere, daremos aviso a vuestra excelencia, para lo cual se servirá dar sus órdenes a la primera estafeta de esa provincia para que se reciba el pliego que la contenga.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Sala capitular de Santa Marta, 8 de mayo de 1812.

Estevan Díaz Granados,
José de Castillo,
Rafael de Zúñiga,
Joaquín de Mier,
Vicente More,
Manuel Conde,
Antonio Cayón.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca".

   Santafé, 7 de junio de 1812.

   Cumplido en esta fecha a las ocho y media de la noche.

Mendoza,
administrador de correos.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá. En la imprenta del Sol, por Juan Rodríguez Molano, año de 1812.

46
ANALISIS DEL ACTA DE LA FEDERACION

OBJECIONES Y ANALISIS DE CUNDINAMARCA. UNION DE VARIOS PARTIDOS A CUNDINAMARCA. AUXILIO Y PROTECCION DE SANTAFE A LOS PUEBLOS OPRIMIDOS. 5 de marzo de 1812.

CUNDINAMARCA

   Cinco de los representantes que han sido enviados para formar el congreso general de este reino, dispusieron y mandaron extender en esta ciudad de Santafé, en 27 de noviembre del año próximo de 1811, el acta de federación de las provincias unidas de la Nueva Granada, que corre impresa. El de Cundinamarca conoció que la enunciada acta en algunos de sus artículos no estaba fundada en principios de equidad y que, evidentemente, era gravosa, perjudicial y destructiva para esta provincia, como lo ha probado en un impreso que ha publicado posteriormente. Por esta razón, no quiso suscribirla entonces, sino que juzgó necesario consultar sobre el asunto al supremo gobierno. Este graduó, por legítimas, las objeciones que nuestro representante opuso a la citada acta de federación y aun descubrió otras dificultades, pero no tuvo a bien resolver por sí solo. Convocó la representación nacional y le propuso los inconvenientes que había para entrar en la federación imaginada por aquellos cinco diputados. Se examinaron sus razones y la representación nacional deliberó que el negocio se remitiese a la decisión del pueblo total de que hoy se compone el Estado congregado en esta capital, por medio de representantes nombrados especialmente para el efecto, en los mismos términos y forma que los electores. Esta resolución se ha publicado impresa en 21 de enero del presente año y se ha remitido a los pueblos a quienes incumbe.

   Entre tanto, algunas personas que de buena fe desean la unión del reino, pero no se hallan en aptitud de juzgar con acierto acerca de la cuestión propuesta, porque carecen de las noticias necesarias, así de la actual situación de nuestra provincia, como de la de las demás, y lo que es peor, de la evidente ruina que nos prepara la mencionada acta de federación; otras que son ciegas adoradoras de alguno de los cinco diputados autores de ella; y otras que tienen un interés particular en que se instale al instante el congreso, sea bien o sea mal, para lograr una colocación brillante; todas estas personas (decimos) se han conspirado a hacer valer aquella acta mortífera; se han impreso en Santafé papeles cuyo fin no ha sido otro sino el de desacreditar el gobierno en este particular y formarse un partido capaz de alucinar a la mayor parte de los diputados que han de venir a examinar aquella acta de federación en que se ha decretado la desolación de Santafé.

   Según los artículos 12, 21, 22, 32, 34 y 36 del acta, Cundinamarca debe entregar al congreso todas sus armas, su casa de moneda, la renta de correos y el ramo de camellón. Y según el artículo 20, puede el congreso imponer en esta provincia las contribuciones que tenga a bien, o exigirle la cuota que gradúe necesaria para los gastos comunes del reino. Semejante modo de pensar, bien se conoce que no es equitativo, pues igualando a Cundinamarca con las demás provincias en el pago de la cantidad que el congreso le repartiere, la grava en cuanto a despojarla a ella sola de las propiedades que hemos dicho. ¿Qué otra provincia sino Cundinamarca y Popayán puede dar al congreso una casa de moneda? ¿Qué otra tiene como la nuestra una cantidad crecida de armas blancas y de fuego? Parece que lo que se ha intentado como semejante pacto es desarmar a Cundinamarca, dejarla indefensa, privarla de sus recursos, empobrecerla y desorganizarla. Las demás provincias van a ganar y sólo Cundinamarca a perder. ¿Y su gobierno podrá tolerar esto?

   Por el artículo 44 de dicha acta se declara que ningún gobierno puede admitir pueblos de otro, aun cuando se pretenda que sea con absoluta voluntad de ellos mismos o de sus respectivas cabezas; el 45 dice que ni aun provincias enteras pueden unirse sin la aprobación del congreso. En ambos casos se ha de hacer lo que el congreso determine.

   Desde el año de 1810 se unieron voluntariamente a Cundinamarca algunos partidos del corregimiento de Mariquita; después se unió todo él, bajo los tratados que se publicaron en nuestra Gaceta, número 10; ambas partes han quedado satisfechas y ya empiezan a gozar de los frutos de su unión, cuando los cinco diputados con su acta de federación intentan, indirectamente, que se disuelva esa unión como se puede inferir de sus artículos 2 y 6. Esto es querer mantenernos siempre en desorden y siempre haciendo y deshaciendo como Penélope.

   En las Gacetas números 21, 23, 25, 26, 29, 30 y 31 y en los boletines respectivos se habrán visto los procedimientos de Timaná en Garzón, de San Gil, Vélez y Charalá, y de Santafé para con ellos y las razones en que se han fundado. Ya el Socorro entero está unido a Santafé; ya lo vemos tranquilo; luego lo veremos feliz e inexpugnable, porque para serlo sólo le faltaba su unión a Santafé. Pero el acta de federación es la sentencia de la desunión de Santafé y el Socorro. Si se adoptan sus principios, quedarán infaliblemente entregados aquellos países a la guerra civil, más funesta que la misma esclavitud, como lo advirtió Cicerón. Dicen los enemigos de Santafé y del Socorro, que lo que aquélla ha hecho en favor de ésta, era obra que sólo pertenecía al congreso. No se acuerdan que el Socorro es parte de la provincia de Santafé, según las leyes de indias; pero, supongamos por un momento que sea como ellos dicen: San Gil acometió a Pinchote, el Socorro a San Gil y a Charalá. Todo ardía; San Gil y Vélez piden auxilio a Santafé. ¿Sería prudente, sería justo que Santafé mirase con indiferencia a sus hermanos, que anegados en su sangre exhalaban los últimos suspiros? Si quería esperar la orden del congreso para obrar, esto no era posible, porque no había congreso. En tal caso, hasta el día de hoy se hubiera quedado aguardándolo y, entre tanto el Socorro y San Gil se hubieran destruido completamente.

   ¿Por qué no ha de auxiliar Santafé a los pueblos injusta y enormemente oprimidos que imploran su protección? ¿Por qué los cinco diputados no gustan de ello? ¿Por qué no ha de recibir en su seno los pueblos de su provincia legal que espontáneamente, por justas causas y por su propia conveniencia, quieran agregársele? Porque el acta de federación lo prohibe. ¿Y Cundinamarca puede sufrir esta acta? No es evidente que los que la defienden no obran a favor de la multitud oprimida, sino en apoyo de la aristocracia opresora?

   En el artículo 78 de la misma acta se declara que su contenido no tendrá fuerza sino en virtud de la ratificación de los respectivos gobiernos. A este propósito se ha circulado a todos ellos y aun a los que todavía no han enviado sus diputados. Se dice que Popayán no la ha adoptado y que ha contestado definitivamente a los cinco diputados, que dará sus representantes y el contingente que le corresponda, pero en ninguna manera su casa de moneda. ¿Y sólo Cundinamarca está impedida para repeler esta acta destructora?

   Pero si ya, como se ha dicho, nadie puede aprobar el acta sino un colegio de comisionados de nuestros pueblos, no está en la esfera de las facultades del excelentísimo señor presidente del Estado el proveer cosa alguna sobre el asunto. Y, a pesar de todo esto, algunos díscolos han intentado hacerle cargo por las dilaciones de la instalación del congreso y han procurado pintarlo como un enemigo de la unión del reino.

   El establecimiento de un congreso tal como lo han imaginado los cinco diputados, sería funesto a Cundinamarca y a las demás provincias; y lo que es peor, sería un golpe mortal para la libertad general del reino.

   El acta de federación presenta una injusticia tan notoria en la repartición de las cargas que se imponen a las provincias, que es necesario cerrar los ojos a la razón para no conocerla. A Cundinamarca se la despoja de sus armas y de sus rentas, no tanto para defender la libertad del reino, cuanto para sostener la soberanía parcial de las provincias menores, que carecen de recursos y que sólo pueden figurar con los de la capital. Si las armas de Cundinamarca son las únicas que se pueden emplear para la defensa del reino, supuesto que ni Pore, ni Neiva, ni Tunja ni Pamplona las tienen, claro está que la idea de los representantes de estas provincias en su citada acta, no es otra que la de sostener sus representaciones con las fuerzas de Cundinamarca. La cuestión queda reducida a saber si las fuerzas y recursos de Santafé salvarán mejor el reino, puestos en las manos de los cinco diputados o en las de su propio gobierno, y si Cundinamarca, teniendo actualmente proporciones para hacerse un lugar entre las demás provincias mayores, debe quedar limitada a su distrito capitular, solamente para dar gusto a aquellos diputados que quieren que sus corregimientos figuren como provincias mayores. Y, ¿habrá un solo hijo de Cundinamarca que tenga valor para ver con ojos enjutos reducir la capital del reino a un miserable corregimiento? ¿Habrá hombre tan ciego, tan cobarde que aconseje de buena fe al gobierno que entregue sus armas y sus rentas para que otros lo defiendan?

   El excelentísimo señor presidente actual, instado y urgido para que hiciera este indigno y pueril sacrificio, que lo pondría en la imposibilidad de cumplir con los deberes del empleo que el público le ha confiado, hizo dimisión de él, ante el serenísimo colegio electoral revisor, el día 27 de febrero último, protestando bajo juramento que, ni por temor, ni por debilidad, ni por ningún interés personal daba este paso, sino por un convencimiento de que no podía corresponder a la confianza del público, dejándolo por el acta de federación en absoluta incapacidad de desempeñar su empleo. El serenísimo colegio le envió repetidas diputaciones para explorar los fundamentos de su renuncia y, finalmente, el 29, por medio de otra diputación, lo llamó a la sala de sus sesiones, en donde a vista de un numeroso concurso del pueblo, expuso todas las razones que tenía para creer imposible la subsistencia del gobierno de Cundinamarca, desde que el actual congreso se instalara, bajo su acta de federación.

   "Que el serenísimo Colegio dijo —entre otras cosas— haga una invitación al pueblo para que los ciudadanos que opinan que el gobierno puede sostenerse después de establecido el actual congreso, se presenten y que de ellos se nombre el presidente; que yo les dejo el lugar. Estoy convencido —añadió— de la necesidad de un congreso general, pero en las circunstancias del día, lo estoy igualmente de que el actual con sus pactos arruinaría a Cundinamarca y no salvaría el reino, porque no es lo mismo que el Socorro unido ya a Santafé, obre de concierto con ella, sosteniendo su gobierno con $6 u $8.000, que el que manteniendo su soberanía, consumiera 60 u 80.000 en su representación nacional, los cuales hoy se emplearán en la defensa de su libertad".

   Persuadido su alteza serenísima de todo cuanto expuso el excelentísimo señor presidente, decretó que se suspendiese la admisión de la renuncia, hasta deliberar con más detención el partido que se debe tomar en tan arduo asunto.

   El 3 del presente mes pasó el excelentísimo señor presidente otro oficio al serenísimo colegio electoral, reiterando su dimisión.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 5 de marzo de 1812, t. I., No. 32, p. 117-119.

47
EL COLEGIO ELECTORAL Y LA RENUNCIA DE NARIÑO

SOBRE SU RENUNCIA A LA PRESIDENCIA. POSICION DEL COLEGIO ELECTORAL. 5 de marzo de 1812

Pedro Groot.

Supremo gobierno y colegio electoral

   El día 4 del corriente reiteró su renuncia el excelentísimo señor presidente del Estado, don Antonio Nariño, y para cortar las dilaciones y salir de la incertidumbre en que lo había puesto el decreto del serenísimo colegio electoral y revisor que se cita en la Gaceta número 32, propuso la alternativa de que se le admitiese su dimisión o se le devolviese el oficio en que la había hecho, creyendo que por este medio podría conseguir que se acelerase la admisión de su renuncia. Pero su alteza serenísima le contestó el oficio siguiente:

   "Nada deseaba tanto el serenísimo colegio electoral revisor como que vuestra excelencia, animado del celo patriótico de que ha dado tantas pruebas, y desentendiéndose de cualquiera otra consideración que no tuviese por objeto la salud pública, se allanase a continuar al frente del gobierno. De este deseo son otros tantos testimonios los pasos que para persuadir a vuestra excelencia, la utilidad que traía al Estado esta continuación, se dieron a consecuencia de la renuncia que vuestra excelencia hizo en 27 del último febrero, y el no haberse dictado sobre ella una resolución categórica. Supuestos estos datos, es innegable que si algunos de los miembros del citado colegio vacilaron si debía o no accederse a la dimisión, y que si se suscitó este problema, fue sólo por el modo decisivo con que vuestra excelencia se insinuaba en la representación de 27 del expresado febrero, en orden a no permanecer en el puesto en que dignamente se le colocó por la totalidad de sufragios de los representantes del pueblo, que merecieron la aprobación general de la provincia.

   "Hoy han tenido aquéllos la dulce satisfacción de que vuestra excelencia en su oficio del día de ayer pida se le devuelva su renuncia o se decrete su admisión, lo que manifiesta el allanamiento a continuar en la presidencia del Estado, que era lo que ardientemente se deseaba; y así es que los miembros de este serenísimo cuerpo no han dudado un momento sobre el partido que debía abrazarse y que, oída la propuesta de vuestra excelencia, la totalidad decidió se le devolviese la expresada renuncia, manifestándosele la complacencia con que el colegio ha visto que vuestra excelencia sacrificándolo todo a la salud de la patria y a los verdaderos intereses de los pueblos, se resuelva a seguir presidiendo el Estado y desempeñando el delicado encargo que aquéllos han puesto en sus manos, de cuyo exacto cumplimiento son buenos garantes las operaciones de vuestra excelencia en las que sólo se deja ver el interés más vivo por la felicidad y seguridad pública.

   "El colegio confía y ha confiado siempre en el desinterés, celo y prudencia y actividad de vuestra excelencia, y está seguro de que jamás tendrá que arrepentirse de haber puesto los ojos en vuestra excelencia para jefe del Estado, y de que sus generosos esfuerzos sostendrán la libertad americana y no permitirán que sucumba a los que los tiranos hacen por reconquistarla, quedando estos últimos burlados y vencidas sus ambiciones miras, por las enérgicas providencias del gobierno cundinamarqués. Persuadido de estas verdades, este serenísimo cuerpo devuelve a vuestra excelencia su renuncia, para que en los peligrosos momentos en que nos hallamos pueda obrar con todo el lleno de sus facultades y dar al suelo americano el último testimonio del amor que le profesa y del deseo que lo anima de conservar libres a sus ilustres hijos. Lo que a nombre de su alteza serenísima, e incluyendo la representación que con fecha 27 del repetido febrero le dirigió vuestra excelencia pongo en su noticia para su inteligencia y gobierno".

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 5 de marzo de 1812.

Pedro Groot.

   Excelentísimo señor presidente del Estado, don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 12 de marzo de 1812, t. I., No. 34, p. 132-133.

48
CARTA DE CUSTODIO GARCIA ROVIRA

FRAGMENTOS DE LA CARTA DIRIGIDA A MIGUEL POMBO EN LA QUE SE HACE REFERENCIA A LA LAMENTABLE SITUACION DE NARIÑO. Villa del Rosario de Cúcuta, 6 de marzo de 1812.

   Carta de Custodio García Rovira.

   Villa del Rosario a 6 de marzo de 1812.

   Al doctor Miguel Pombo:

   "He paseado desde el Socorro hasta Bailadores y me hallo ya en esta Villa.

   "Si José (?), pariente de Nariño, le referiría a usted infinidad de trabajos mucho mayores que los de dormir una noche en el puente con el señor don José Leyva sin cena ni luz, ¿qué diría este delicado señor si él mismo hubiese tenido que hacer su comida para no morirse de hambre?

   "Pobre Nariño que teniéndolo Dios destinado para rey y no para otra cosa tenga que ir a dormir en un puente con el señor don José Leyva" (...)

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Epistolario. Epoca de la independencia.

49
CONTESTACION AL ARGOS

SOBRE LAS CRITICAS DE ESE PERIODICO AL DISCURSO DE NARIÑO EN EL COLEGIO ELECTORAL. 12 de marzo de 1812.

CUNDINAMARCA

   Contestación al Argos número 72, sobre las observaciones a la arenga del excelentísimo señor Nariño.

   Quisiéramos saber de los señores editores, ¿qué es lo que critican de dicha arenga en el citado Argos? Dicen que hallan en ella mucho juicio y, por otra parte, errores peligrosos; pero en lugar de señalar cuáles son estos errores peligrosos, lo que hacen es salirse de la cuestión y entrar a hablar de un bando que no se cita en la arenga. La suspensión del imperio de la constitución no es arbitraria, es constitucional, como lo pueden ver los señores editores del Argos en el artículo 53 del título 5; y este paso oportuno en las circunstancias en que se dio, es la mejor y más auténtica vindicación de los sentimientos y modo de pensar de nuestro actual presidente, contra los que quieren sindicar su conducta. Más de cinco meses ha que gobierna con la constitución suspensa; ¿qué violencia ha cometido? ¿A quién ha privado de sus bienes, de su libertad o de su honor en virtud de esta suspensión? ¿Qué uso ha hecho de ella? Asegurar la tranquilidad pública por más que digan sus detractores, enemigos declarados de la prosperidad de este Estado. No hay un ciudadano, sea de la clase que fuere, que no haya dormido seguro y tranquilo desde que se suspendieron los artículos de la constitución. Los escándalos y alborotos que algunos han querido suponer o abultar, a más de no haber tenido ningunas consecuencias, son de la naturaleza de aquellos abusos que al tiempo de una transformación es preciso tolerar, y los que se irán corrigiendo con lentitud y oportunidad, por ser imposible, como dice el Argos, una metamorfosis repentina.

   "Destruir o crear súbitamente, es empeorar el mal y corromper el bien. Todas las innovaciones deben ser insensibles, nacer de la necesidad, ser inspiradas por una suerte de grito público o, a lo menos, conformarse con el voto general". Parece que este rasgo citado por los señores editores del Argos, se ha puesto expresamente para justificar la conducta de nuestro presidente. Si esta hubiere sido su intención, les damos las gracias y suscribimos a su dictamen. "Que pesen estas verdades los representantes de Cundinamarca y los representantes de Cartagena", como dice el mismo Argos.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Colombia. 12 de marzo de 1812. t. I., No. 34, p. 132.

50
SITUACION DE ESPAÑA Y DESAVENENCIAS ENTRE SANTA MARTA Y EL ESTADO DE CUNDINAMARCA

ESCRITO DE MANUEL DE SANTA CRUZ DIRIGIDO A NARIÑO, EN EL QUE ANALIZA LA SITUACION DE EUROPA, ESPECIFICAMENTE LA SUERTE DE ESPAÑA Y LAS POSTURAS Y ALTERNATIVAS QUE PUEDEN ASUMIR LOS PATRIOTAS AL RESPECTO. Santafé, 19 de marzo de 1812.

Manuel de Santa Cruz.

Nariño, Antonio.

   El éxito de la España europea se prevé siempre de distirito modo según la pasión del que lo calcula; los hombres que aman el sistema antiguo no pueden creer que las formidables fuerzas de Napoleón Bonaparte puedan llegar a subyugar los restos de una nación magnánima y generosa y esperan por momentos su restablecimiento, y los acalorados amigos de la independencia americana no sólo la creen incapaz de poder resistir con sus fuerzas y el auxilio de la Inglaterra, sino que ya la contemplan expirando, y fuera del orden de las naciones que deben figurar en el teatro del mundo. El hombre imparcial que conoce las, vicisitudes de las cosas humanas suspende el juicio y aguarda con detención los ulteriores sucesos.

   En este estado de indecisión e incertidumbre sobre la suerte de la metrópoli, hay unas verdades que sólo se pueden ocultar a los que estén fascinados por las pasiones, o por una estúpida ignorancia. La subyugación de la España no sólo está en el orden de los posibles, sino que calculando sus fuerzas y recursos actuales con los de la Francia su enemiga, es infinitamente más probable su ruina que su restablecimiento. Pero supongamos que no lo fuera, lo que no puede dejar género de duda es que nosotros ni la podemos auxiliar ni ofender, y que en este estado de incapacidad es una conducta monstruosa el estarnos debilitando y destruyendo por unas opiniones cuyo éxito no depende de nosotros, sino de los destinos de la Providencia que crea y destruye los imperios según su voluntad.

   Depongamos por un momento nuestras pasiones y nuestras miras personales para ver, si es posible, las cosas como son en sí y sacar el partido que nos sea más conveniente a todos. Supuesto como cosa innegable que nosotros en el día ni podemos auxiliar ni ofender de hecho a la España, y que estando en un inminente peligro, su suerte no depende de nuestras opiniones, ¿qué es lo que dicta la prudencia? Ponerse en los dos casos extremos: Si la España es subyugada y nosotros nos mantenemos divididos, vamos a ser la presa de la primera nación que nos ataque. Si la España triunfa y nos encuentra del mismo modo, de nada podemos servir para su restablecimiento, porque quedando necesariamente como un enfermo después de una larga enfermedad, ni tendrá fuerzas suficientes para subyugar a los que se le opongan, ni aun cuando los subyugara podría sacar de unos países devastados ningún provecho para reponerse. Parece, pues, que el partido más racional que debemos abrazar es el de reunimos bajo un sistema de circunspección y de prudencia, abandonando los de extremos que nos separan, y que formando con nuestra reunión una fuerza efectiva podamos servir en el un caso con oportunidad y resistir en el otro con vigor para no llegar a ser presa de unas naciones que nos despojaron de todo lo que hay más precioso sobre la tierra: nuestras propiedades, nuestra religión y nuestras familias quedarán a merced del vencedor.

   Todas nuestras desavenencias hasta ahora se deben mirar como las de ciertos casados, que después de un ruidoso aparato de riña concluyen por comer en un mismo plato y dormir bajo un mismo techo. No permitamos que pasen a un perpetuo divorcio y a una sangrienta querella que por cualquier parte que se concluya, siempre ha de ser con una real y efectiva pérdida nacional. Cundinamarca aún reconoce a Fernando 7° y Santa Marta sólo se diferencia en quererlo reconocer por otro conducto en lugar de reconocerlo por sí misma. ¿Qué adelantará con esta cuestión su nombre? Exponerse o exponer a las demás provincias a su devastación y a que hagamos con nuestras propias manos lo que aún no han hecho nuestros verdaderos enemigos.

   Supongamos que Santa Marta tenga fuerzas suficientes para destruir las que este gobierno comienza a acercar a esa provincia, y que lograra el bárbaro placer de ver tendidos en el campo de batalla dos o tres mil hombres que el origen, la patria, la sangre y la religión debían haber hecho mirar como miembros de una misma familia. ¿Bastará este solo paso para ser dueños pacíficos del interior? Será ni presumible que vulgarizada por todas partes la opinión contra el sistema de virreyes y audiencias, se puedan éstos restablecer sin oposición? ¿Convendrá a la España o a la América el que se sigan destruyendo las provincias a sangre y fuego por una opinión que al fin puede quedar quizá en solo opinión? Sería preciso hacer la injusticia a los ilustrados miembros del gobierno de Santa Marta, de que más bárbaros que los vándalos y los godos venían a devastar unos países de donde no podían sacar ningún provecho.

   Bajo estos principios y bien persuadido de los incalculables males que nos deben acarrear una guerra entre nosotros mismos, he determinado que antes de comenzar las hostilidades (que sólo temo bajo este aspecto) pase a esa ciudad una persona de la confianza de este gobierno con poderes suficientes, si ese lo tuviere a bien, para tratar y conferir sobre una conciliación de intereses recíprocos que pongan fin a nuestras desavenencias, para que jamás nos quede el dolor de no haber tentado todos los medios que dicta la humanidad, la razón y la justicia entre los miembros de una misma sociedad.

   En este supuesto espero que vuestra excelencia, si aprobare esta medida, me remita un salvoconducto a vuelta de correo, y que aun en caso de no acceder ni convenirse en los puntos que se trataren, será mirada la persona que se enviare con todas las consideraciones y seguridades que el derecho de gentes concede aun entre las naciones menos civilizadas.

   Incluyo a vuestra excelencia esas cuatro gacetas para que se imponga del último estado en que se hallan estas provincias y la de Popayán y Quito, añadiéndole que no sólo están agregadas a su antigua capital las de Mariquita, Socorro, San Gil, Vélez y parte de Neiva, sino que dentro de muy poco se espera lo estén toda entera Tunja, Pamplona y Pore, con las que pasará de 800.000 almas la población de este gobierno y a proporción sus rentas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de marzo de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador e ilustre cabildo de la provincia de Santa Marta.

   Es copia,

   Santafé, 16 de abril de 1812.

Manuel de Santa Cruz,
(firmado)1.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTA.
1   De una copia oficial (del autor).

51
OFICIO DE VILLA DE LEIVA AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

ANHELO DE UNIDAD. POSICION FRENTE A TUNJA. ACUERDO DEL CABILDO SOBRE LA AGREGACION A SANTAFE. Villa de Leiva, 23 de marzo de 1812.

Salvador Hurtado, Juan Tomás Gómez,
Vicente Antonio Franco,
(procurador general).

   Excelentísimo señor:

   La Villa de Leiva y pueblos de su comprensión hacen presente a vuestra excelencia desde el instante mismo en que este reino sacudió el yugo intolerable de la España y se declaró libre e independiente de aquel gobierno, acordó en que no se separaría de Tunja, ni haría la menor novedad respecto de ella, siempre que esta provincia no la hiciese respecto de Santafé y se mantuviese sujeta a su gobierno con el objeto de no separamos jamás de nuestra antigua capital, y temerosos desde entonces de que esta transformación política podía desunir las provincias ente sí y cada una de ellas se querría declarar soberana, libre e independiente, como en efecto sucedió; con esta única y expresa condición nombramos nuestro representante para Tunja; pero con el tiempo vinimos a conocer que Tunja no sólo no estaba unida a ese gobierno, pero ni aun se podía unir, según se explicó el presidente de aquella junta doctor don Juan Agustín de la Rocha. Con este motivo hicimos presente a Tunja, que esta villa y sus pueblos tampoco pertenecían a aquella provincia mediante no haberse verificado ni poderse verificar la condición con que nos sujetamos a su gobierno, que en este supuesto nuestra voluntad era la de separarnos para siempre de la provincia de Tunja y agregarnos a la de Santafé. Esta fue la voz común de todos los pueblos; ésta su determinación libre y espontánea, manifestada por medio de sus legítimos representantes y a presencia del mismo presidente Rocha y quien, conociendo por entonces que éramos libres y que esta libertad principalmente consistía en podernos agregar al gobierno que mejor nos acomodase, nos aseguró bajo su palabra y a nombre de toda la junta de Tunja, que dijo estar refundida en su persona, que esta villa no tendría ya que recibir órdenes de Tunja, ni ninguno de sus habitantes sería molestado por aquel gobierno. En este concepto pasamos inmediatamente a nombrar nuestro apoderado, que lo fue don Apolinar Bermúdez, para que con el acta que se celebró y poderes, se presentase al excelentísimo señor presidente de esa provincia y tratase sobre nuestra agregación. En efecto, nosotros fuimos admitidos a ser una parte de ese Estado, nos incorporamos a ese gobierno y juramos esa constitución, como consta de todo lo actuado sobre el particular y cuyas diligencias necesariamente han de estar en la secretaría de ese Estado.

   Es increíble el contento que manifestaron estos pueblos por su agregación a ese gobierno; en cada uno de sus moradores se veía retratada la alegría y no se oía otra cosa que vivas y aclamaciones a Cundinamarca. Pero en medio de estos placeres y olvidándose la suprema junta de Tunja de lo que poco antes nos había dicho su presidente a nombre de toda ella, se nos apareció el señor vicepresidente Niño con tropas del Socorro y con las puntas de las lanzas exigió de estos pueblos la sumisión y reconocimiento al gobierno de la provincia de Tunja. Luego, no más dimos parte al excelentísimo señor presidente de ese Estado, de este acontecimiento, protestando que llegado el caso haríamos ver las violencias, tropelías e injusticias de Tunja, y que, a pesar de éstas, la voluntad de estos pueblos era la constante y perpetua unión a ese gobierno, la que reclamaríamos algún día. Este es, llegado ya, señor excelentísimo; por tanto, estos lugares reclaman su agregación a esa provincia, seguros de que se nos sostendrá contra cualquiera que se oponga a ella. No solamente somos y pertenecemos a ese gobierno, sino que añadimos que aun cuando Tunja vuelva del letargo en que ha estado y quiera sujetarse a esa provincia, no por eso estos pueblos se entenderán sujetos al gobierno de Tunja, pues nosotros jamás nos hemos conducido por fines particulares, ni querríamos temerariamente sostener un capricho; nuestras miras no han sido otras sino que el reino entero se reúna en un punto que no haya más que una sola cabeza, un solo gobierno, unas solas leyes; firmísimamente persuadidos de que este es el único medio de conservar nuestra libertad e independencia.

   Nadie dirá que ésta ha sido una novedad de la Villa de Leiva ni que a nosotros nos ha movido el ejemplo de otros lugares, pues antes que todos ellos dimos este paso importantísimo, como se deja ver al principio de esta nuestra representación. En virtud, pues, de lo que llevamos expuesto, hemos tenido a bien nombrar por nuestro apoderado al doctor don Francisco Javier García, a quien anteriormente se le confió poder para este mismo efecto, y que ahora de nuevo trate por segunda vez de nuestra reunión a ese gobierno en los mismos términos que lo están los demás lugares de su comprensión, jure esa constitución y veamos estos pueblos ser una misma cosa con esos.

   Dios nuestro señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva, 23 de marzo de 1812.

   Excelentísimo señor,

Salvador Hurtado, Juan Tomás Gómez.
Vicente Antonio Franco,
procurador general.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   En la Villa de Leiva a 5 de junio de 1811.

   Congregados en esta sala capitular los señores de este ilustre ayuntamiento, el señor presidente de la suprema junta de Tunja, los diputados de los pueblos y esta villa, a saber: por la parroquia de Sutamarchán, el señor cura de ella don Juan de Dios Bautista, don Ambrosio de Castro, don Joaquín del Ferro, don Apolinar Bermúdez y don José Gregorio del Prado, alcaldes de este partido. Por el de Tinjacá, el señor cura doctor don Francisco Javier Cabrera, el señor regidor don Jacinto Eugenio del Valle, don José Ignacio Vargas, don Juan Francisco Mendieta y don Pedro Castro, alcalde de este partido; de Ráquira, don José Gregorio Rodríguez, don Valerio de León Castellanos y don Juan Domingo Rodríguez; de Sáchica, el señor cura de él doctor don José Ramón Goyri y el alcalde del partido don José Antonio Bárcenas; de Chíquiza, su actual alcalde don Pablo García, don José Antonio Vanegas y José Ramón Ruiz; por el de Gachantivá, su actual cura interino doctor don Miguel Mariano de Herrera y el señor procurador general de este ilustre cabildo don Mariano Ramírez; del partido de Sabana Cañe y Monte, su actual alcalde don Pablo de Usechi y el señor alcalde de la santa hermandad don Francisco Suárez; de esta villa, don Joaquín de Castillo, el doctor don José García, Salvador Hurtado y Joaquín Celiceo. Igualmente concurrieron el señor doctor don Marcelo Sánchez, cura del pueblo de Ráquira, el señor doctor don Benedicto de la Borda, vicario capellán de este monasterio de Nuestra Señora del Carmen; los reverendos padres prelados de los conventos de San Agustín, que hace de cura de esta villa, San Francisco, San Juan de Dios y del desierto de Nuestra señora de la Candelaria, dijeron: que habiendo el dicho señor presidente venido de comisionado de la misma junta suprema, a tratar con este cabildo y pueblos, varios puntos, leída su credencial y juntamente el oficio que a ella dio el vocal representante de ésta, que es lo que a esto ha motivado, acordaron en vista de estos documentos y los que de parte de este cabildo han obrado, que supuesto que Tunja no se ha sometido al gobierno de Santafé, bajo cuya condición se nombró al vocal representante de esta villa y su comarca, no debe, por consiguiente, estar esto sujeto a Tunja, y que las funciones del vocal cesaron en el mismo momento en que éste advirtió no estar Tunja subordinada a Santafé, y esto, no obstante, puso en ejercicio las facultades que como a tal vocal se le habían conferido haciendo que la junta de Tunja expidiese órdenes a esta villa para que el dinero que en ella hubiese se trasladase a Tunja y lo mismo se hiciese con unos cajones de barajas que se hallan en esta villa; que se pusiesen milicias, cuyos jefes venían nombrados de la dicha Tunja, este cabildo se denegó al cumplimiento de estas órdenes, por cuyo motivo creyó Tunja que se le había irrogado alguna injuria, y para hacer ver que esto era lo menos en que pensaba y el ningún fundamento que Tunja tenía para creer esto, supuesto no estar verificada la condición, se ha hecho este cabildo, en el que todos los asistentes a él y que ya quedan nominados acordaron, sin que uno solo discrepase que debíamos agregarnos y desde luego nos agregamos a la ciudad de Santafé, cuya junta, leyes y gobierno, reconocemos por nuestra legítima autoridad, para lo que este cabildo y sus pueblos nombrarán un vocal representante de él, en quien se depositen los derechos de estos pueblos y que como tal trate con la suprema junta de Santafé, todo aquello que sea concerniente a la felicidad de estos pueblos, que de esta resolución se dé parte a dicho Santafé, bajo cuyos auspicios nos ponemos, mandándose copia de esta acta y para su eterna duración se agregue al libro de actas de este cabildo. Con lo cual se concluyó esta acta, que firma su señoría con los circunstantes por ante mí su secretario de que doy fe.

   Mariano Ferro. Manuel José Sánchez. Francisco Javier Venegas. Jacinto Eugenio del Valle. Vicente Antonio Franco. Mariano Ramírez. Joaquín de Castillo. José García. Salvador Hurtado. Joaquín Celiceo. Doctor Marcelo Sánchez. Francisco Javier de Cabrera. José Ramón Goyri. Fray José María de los Dolores, prior del desierto. Miguel Mariano de Herrera. Fray Custodio Páez, prior. Fray Joaquín Pinzón, presidente, prior. Fray Manuel Zambrano, presidente guardián. Ambrosio de Castro. Joaquín del Ferro. Apolinar Bermúdez. José Gregorio Amaya, alcalde de Suta. PedroCastro, alcalde de Tinjacá. Jacinto Eugenio del Valle. José Ignacio Vanegas. Joaquín Roncando. Juan Francisco Mendieta. José Gregorio Rodríguez. Juan Domingo Rodríguez. Valerio de Leon Castellanos. Pablo García. José Jerónimo de los Reyes Vargas. José Antonio Venegas. José Antonio Bárcenas, alcalde de Sáchica. José Ramón Luis. Pablo Usechi, alcalde de Cane y Monte. Faustino Suárez, alcalde de la hermandad y diputado de Cane y Monte. Mariano Ramírez, diputado de Gachantivá. Ante mí, Ramón Molano, escribano público del número y cabildo.

   Es fiel copia de su matriz, sacada en este papel por no haberlo del sello de Cundinamarca.

   Leiva, 23 de marzo de 1812.

Ramón Molano;
escribano público del número y cabildo.

   En la Villa de Leiva a 18 de marzo de 1812: los señores alcaldes ordinarios, en virtud de la representación del síndico procurador general, habiéndose citado por oficios a los señores curas, prelados, alcaldes y vecinos de esta jurisdicción para la comparecencia en esta sala, a efecto de ratificar y nuevamente apoyar la agregación a la noble, leal y distinguida provincia de Cundinamarca, estando juntos y congregados los que abajo aparecerán firmados y muchos más de los pueblos que no saben escribir (y aunque se ha convocado a los señores curas de la jurisdicción, se han excusado a la pronta venida por hallarse cargados de sus ocupaciones cuaresmales), dijeron: que de su libre y espontánea voluntad ratifican y reclaman el acta de agregación que se hizo a la provincia de Cundinamarca, fecha 5 de junio, del año próximo pasado de 811; entendiéndose que al presente añaden que de ninguna suerte es su voluntad quedar por algún evento, ni hora ni en algún otro tiempo, sujetos a Tunja. Y en los mismos términos ratifican el poder que con fecha 6 del mismo junio, confirieron al doctor don Francisco Javier García para formalizar nuestra antecedente agregación.

   Con lo cual se concluyó esta acta, mandando los señores concurrentes se saque copia de ella para remitir al supremo gobierno de Cundinamarca y al señor brigadier comandante de la expedición, que se halla en la ciudad de Tunja y lo firman por ante mí de que doy fe.

   Salvador Hurtado. Juan Tomás Gómez. Vicente Antonio Franco, procurador general. Isidro Muñoz, alcalde del partido de Cane. José Jerónimo de los Reyes Vargas, alcalde pedáneo de Chíquiza. Mateo de Neira, alcalde del partido de Sáchica. Francisco Jerez, alcalde de Sáchica. José Antonio Mendieta, alcalde del pueblo de Tinjacá. Juan Domingo Rodríguez, alcalde del partido de Ráquira. Sebastián Rodríguez, alcalde del partido de Ráquira. Mariano Ferro y Neira. Jacinto Eugenio del Valle. Mariano Ramírez. Doctor José García. Faustino Suárez. Pablo García. José Antonio Venegas. Juan Francisco Mendieta. José María Gómez. Gregorio Gómez. José Miguel Franco. José Ignacio Miguel Borrás. José Vicente Corredor. Juan Agustín Hurtado. Miguel Vega. Luis Pardo. A ruego de Pedro Castro y de Juan de Dios Pinilla, Miguel Franco. Francisco Amaya. José Joaquín Gómez. Francisco de Usechi. Roque Rodríguez. José María Sánchez. Gualberto Ferro. Por mí a ruego de José Tomás Suárez, mi hermano, Juan Agustín Suárez. Pedro Pablo Almonacid. José María de Ferro. Francisco Ramírez. José Agustín Medina. Juan Nepomuceno Ferro Neira. Joaquín Abréu, Fernando Ferro. Martín de Neira y Villate. José Mateo Correa. Miguel Cayetano de Rojas. Manuel Antonio Castellanos. Juan Salvador Morales. Joaquín de Ferro. Cayetano Ferro. Por sí y a ruego de Mariano Munévar, Ignacio José González. Francisco Galeano. Francisco Antonio Gómez. Por mí y mi hermano, Joaquín, Segundo Acero. Pablo Useche. Manuel José Sánchez. Bartolomé Sotelo. A ruego de Joaquín González, José Ignacio Miguel Borrás. Eduardo José Sánchez. Juan Miguel Parada. José María Madero. Ante mí Ramón Molano, escribano público del número y de cabildo.

   Es fiel copia de su matriz, sacada en este papel por no haberlo del sello de Cundinamarca.

   Leiva, 23 de marzo de 1812.

Ramón Molano,
escribano público del número y cabildo.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 31 de marzo de 1812, t. I., No. 38, p. 137-140.

52
PURIFICACION SE UNE AL ESTADO DE CUNDINAMARCA

OFICIO DEL CABILDO. TIMANA AGRADECE SU ACEPTACION EN EL SENO DE CUNDINAMARCA. SOBRE EL CURA PERTURBADOR DE CAJICA. PROPUESTA DE ANTONIO BAILLI PARA DIRIGIR LA FABRICA DE POLVORA. ACEPTACION DE DICHA PROPUESTA. Santafé de Bogotá, 26 de marzo de 1812.

PURIFICACION

   El cabildo de la villa de la Purificación ha dirigido al supremo gobierno de Cundinamarca el oficio siguiente:

   "Excelentísimo señor:

   "El departamento de esta villa con la solemnidad debida se ha agregado al Estado del mando de vuestra excelencia. En esta fecha se ha nombrado diputado para que pase con los documentos a hacer el juramento de reconocimiento y obediencia, y como éste no puede seguir hasta después de pascua, anticipamos a vuestra excelencia esta noticia.

   "Dios nuestro señor guarde la importante vida de vuestra excelencia los muchos años que el Estado necesita para su felicidad.

   "Sala consistorial de Purificación, 13 de marzo de 1812.

Timoteo Romero,
Pedro Juan de Luna,
Pedro Maldonado,
José María Villaveces,
José Miguel Núñez,
Mariano García,
secretario.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca".

TIMANA

   El cabildo de Timaná en Garzón, con fecha 10 del presente mes, da las gracias al supremo gobierno de Cundinamarca, por haber admitido en su seno a aquel partido.

CUNDINAMARCA

   El decreto de 19 de octubre de 1811, en que los señores gobernadores del arzobispado apercibieron a don Pedro Bujanda, cura propio de Cajicá, por perturbador del actual sistema, el cual se publicó anteriormente, ha sido revocado por el mismo poder eclesiástico en auto de 21 de noviembre del citado año.

   Don Antonio Bailli, maquinista y minerólogo que vino con don Pedro de la Lastra, de NorteAmérica, se presentó al supremo gobierno en 1° de este mes, ofreciendo hacerse cargo de dirigir la fábrica de pólvora, beneficiar unas minas de hierro que se han descubierto en las cercanías de esta ciudad y montar una fábrica de fusiles con las máquinas correspondientes y, proponiendo varias capitulaciones sobre el asunto, su excelencia pasó al serenísimo colegio electoral la propuesta de Bailli en 16 del mismo. Su alteza serenísima contestó en la misma fecha que el supremo gobierno, en virtud de sus facultades, bien podía celebrar con Bailli la contrata que estimase conveniente. Y su excelencia ha dictado el decreto siguiente:

   "Santafé, 17 de marzo de 1812.

   Se admite la propuesta hecha por don Antonio Bailli, en los términos que expresa en sus antecedentes artículos; y en virtud de la presente declaratoria del serenísimo colegio electoral, se le asignan los $3.000 anuales que pide, hasta dejar montadas la ferrería y fábrica de fusiles con toda la extensión que el gobierno le pida, y a dirigir, igualmente, todo lo conducente a las máquinas para elaborar pólvora y llamar por cuenta del gobierno a todos los oficiales artistas que sean necesarios para estos trabajos, con la expresa condición de que durante el tiempo que el gobierno le esté pagando sus sueldos, no podrá interrumpir ni detener los trabajos por atender a cualquiera otra ocupación, ni podrá separarse de la contrata hasta dejar concluidas y corrientes las máquinas, a satisfacción del gobierno, pues la obligación es recíproca. Reservándose el gobierno suspender los efectos de esta contrata o estipulación mutua, siempre que los resultados no salgan conformes a las esperanzas y utilidad que ha concebido el gobierno deber prometerse en beneficio del Estado. Se le conceden también los dos pesos diarios, sobre su sueldo, cuando tenga que hacer salidas con distintos objetos de los arriba referidos y a una distancia que lo obligue a dormir fuera de esta capital. Comuníquese al interesado con copia de su propuesta, que quedará en esta secretaría, como documento de la obligación en que se constituye el citado Bailli para con el gobierno, y a los ministros del tesoro público, para la satisfacción de sus sueldos, en los términos que los propone y se le han concedido, abonándose a don Pedro Lastra los costos de su transporte desde Cartagena hasta la fecha, según la cuenta que presentase. Nariño, Castro, Gregorio, José Martínez Portillo".

   El coronel de milicias de caballería de esta capital don Pantaleón Gutiérrez, ha renunciado su empleo tercera vez, por graves y urgentes causas. El supremo gobierno, cerciorado de la legitimidad de ellas y plenamente satisfecho de la conducta del mencionado Gutiérrez, ha proveído el decreto siguiente:

   "Santafé, 17 de marzo de 1812.

   Se admite la renuncia que hace este individuo con reflexión a las razones en que la apoya; y en atención a su conocido mérito y patriotismo, se le conceden los honores, distintivo y demás exenciones privativas del empleo que ha renunciado. Y comuníquese a quienes corresponda.

   Está rubricado:

Martínez Portillo".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 26 de marzo de 1812. t. I.. No. 37. p. 134-135.

53
ACUERDO DEL GOBIERNO DE NEIVA

AGREGACION AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. SOBRE LA UNION. Neiva, 3 de abril de 1812.

Unión de provincias

NEIVA

   Anoche a las siete se recibió un extraordinario remitido por el gobierno de Neiva, el cual trajo un acta de aquella representación nacional en que se trata de agregación de toda la provincia a este Estado y se convoca a los pueblos para que dentro de tres días pasen por medio de sus representantes a ratificar dicha agregación.

   Para que el público vea el espíritu de justicia y de liberalidad en que está concebida la citada acta copiaremos algunas cláusulas de ella.

   "Sin embargo, como la seguridad del reino y la opinión pública no se halla fijada y deseando la representación provincial que los pueblos que están bajo su protección no padezcan la más mínima extorsión, ha acordado, mirando por los imprescriptibles derechos de los mismos, que se publique bando convocatorio, para que todo vecino de cualquier clase, condición y estado, se presente dentro de 24 horas de su publicación a decir libremente su dictamen sobre la unión de esta provincia a la de Cundinamarca, o si quieren que subsista independiente. En inteligencia que se les da toda seguridad, a fin de que, sin el menor temor expliquen sus conceptos; y se les protesta que ni ahora ni en ningún tiempo les parará perjuicio, ni al que vaya por la afirmativa ni al de la negativa. Y que para que se haga igual diligencia en los demás cabildos que están unidos a esta capital, se oficiará con ellos con copia del bando, previniéndoles que dentro de tercero día se han de presentar en ésta los apoderados populares que tengan por conveniente, con los poderes amplios y bastantes para sellar el acta que debe hacerse sobre el particular".

   Es notable y merece publicarse el oficio que el coronel don José Díaz ha dirigido al supremo gobierno de Cundinamarca, con este motivo. Es el siguiente:

   Excelentísimo señor: Si los que ahora tratan de unir a pedazos esta provincia a esa por sus fines particulares y por resentimientos, lo hubieran ejecutado desde el principio de nuestra revolución y no se hubieran manifestado acérrimos enemigos de ese gobierno, ya nos hallaríamos en otro pie y hoy no nos viéramos destrozados y consumidos, pero por desgracia estos tales no sólo impidieron nuestra reunión con exhortaciones y persuasiones, sino que valiéndose del veneno de varios papeles seductores de algunos de esa, que les dirigían a ésta, derramaron el veneno que emponzoñó a tantos, y que no pudiendo hoy curarlos de él para defenderse del cargo de este crimen ha adoptado hoy los medios de la perfidia y de la intriga, y esta conducta que colma su crimen, viene a ser ahora el antídoto que va a salvar la provincia porque los pueblos van a conocer por medio de los magistrados y verdaderos patriotas los incalculables males que han recibido.

   Yo creo que en breve veré a las dos provincias estrechadas con los vínculos de amistad y fraternidad y que, olvidando todo resentimiento, se dé la una a la otra el ósculo de paz que asegure una alianza que sirva para hacer temblar al enemigo y que resplandezca con el horizonte de nuestra libertad. Bajo estos principios y de que estoy persuadido de que vuestra excelencia no ignora del modo como he pensado y de los pasos que he dado para conseguir la unión, de que tanto hemos carecido, podría disponer de mi inútil persona y de ir mandando cuanto conduzca al intento y sea de su superior agrado.

   Dios conceda a vuestra excelencia todo el acierto necesario y guarde su importante vida muchos años.

   Neiva, 3 de abril de 1812.

   Excelentísimo señor,

José Díaz.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 11 de abril de 1812, t. I., No. 41, p. 149-150.

54
OFICIO DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA AL DE VENEZUELA

HOSTILIDADES ENTRE LA PROVINCIA DEL SOCORRO Y CUNDINAMARCA. PROTECCION A LOS PUEBLOS. Santafé, 7 de abril de 1812.

Antonio Nariño.

   Oficio del supremo gobierno de Cundinamarca al de Venezuela

   La mediación que solicita el presidente de Pore y que el gobierno de Venezuela interpone con éste, para evitar las hostilidades que se supone han comenzado ya entre Cundinamarca y la provincia del Socorro, rueda sobre un supuesto falso. Cundinamarca no ha pensado en hostilizar al Socorro, ni a ninguna otra provincia. Lo que ha hecho es enviar sus tropas para proteger a unos pueblos oprimidos, que han implorado su auxilio, para expresar libremente su voluntad al abrigo de nuestras armas, contra la opresión de sus mandones que les impedían, por su interés personal, la deseada agregación a su antigua capital. Así es que no sólo no se ha atacado ni hostilizado a los del Socorro, sino que éstos mismos al abrigo de solos 200 hombres han ayudado a la unión de toda la provincia, que pasa de 200.000 almas de población, y en las que separados los pocos hombres que los oprimían, no ha quedado guarnición alguna que pudiera servir de pretexto para suponer que se mantienen agregados por la fuerza.

   Jamás tendrá que arrepentirse este gobierno de haber protegido con sus armas unos pueblos oprimidos como vuestra excelencia le anuncia; pues su conducta en nada se asemeja a la que han tenido Cartagena con Mompós, Tunja con Sogamoso, Pamplona con Girón y el Socorro mismo con San Gil y Vélez. No se equivoca vuestra excelencia en creer que teniendo yo las riendas del gobierno seré el primero en oponerme a un inútil y funesto derramamiento de sangre, pues esto es precisamente lo que he hecho enviando tropas al Socorro que contuvieran una verdadera guerra civil que ya había comenzado entre aquellos pueblos. La querella no ha comenzado entre Cundinamarca y las provincias menores, sino entre los pueblos de éstas y sus gobiernos; y el de Pore, que ya ve desde lejos lo que se le prepara en su arbitrario gobierno, se adelanta a implorar la mediación del respetable de Venezuela, para a su sombra seguir oprimiendo a los infelices vecinos de Casanare. Los conocimientos que tengo del estado de aquel territorio y de las personas que lo dirigen; las continuas quejas y clamores de aquellos habitantes por su unión a este Estado y el descubierto en que por aquella parte se halla todo lo interior del reino, no han sido bastantes para que por este gobierno se dé el menor paso, como pudiera y quizá debiera haberlo hecho, por su seguridad y la de la causa que sostenemos. Pero siempre, consiguiente en mis principios, si llega el caso de que aquellos pueblos del partido de Casanare levanten la voz e imploren el auxilio de su antigua capital, vuestra excelencia, el gobierno de Venezuela y todo hombre sensible y amante de la humanidad, me aconsejarán que no se lo niegue.

   Para no molestar a vuestra excelencia con una larga narración de las ocurrencias que han motivado los procedimientos de este gobierno en la materia, incluyo a vuestra excelencia los adjuntos impresos, que aunque no lo contienen todo, dan una idea bastante para que vuestra excelencia y el soberano gobierno de Venezuela queden satisfechos de la justicia de mis operaciones, que han merecido las más efusivas expresiones de gratitud de tantos pueblos, que a proporción de las clamorosas instancias con que han implorado la protección de este Estado, hoy respiran en medio de su libertad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 7 de abril de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del supremo poder ejecutivo de Caracas.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 17 de abril de 1812, t. I., No. 43, p. 155-156.

55
OFICIO DEL CABILDO DE NEIVA AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

RELATO SOBRE LA DISCUSION EN RELACION CON LA ADHESION A CUNDINAMARCA. CONSULTA A LA POBLACION. LIBERACION DEL SINDICO PERSONERO. Neiva, 12 de abril de 1812.

Felipe Gutiérrez, Agustín Alvarez,
José Joaquín Chacón, Carlos Agustín Quintero,
(secretario).

CUNDINAMARCA

   La ciudad de Neiva, capital de la provincia menor que lleva aquel nombre, se halla en el día reunida a nuestro Estado, como puede verse en el siguiente oficio dirigido al supremo gobierno por el cabildo de aquella ciudad.

   "Excelentísimo señor:

   "Habiéndose reunido el día 5 del presente este pueblo en la plaza pública a las once del día por llamamiento de los señores de la representación provincial, a fin de exigir de cada ciudadano su concepto sobre si se debían reunir o no al Estado de Cundinamarca, ofreciendo el mismo tribunal que pues eran árbitros para manifestar sus conceptos, no se les seguiría ningún inconveniente a los que saliesen opuestos por sus sentimientos. En esta inteligencia se hizo subir a la casa que hace de palacio a los individuos de primera clase, por ser imposible pudiese entrar a ella, por su poca capacidad, la gruesa del pueblo que se mantenía en expectación. Allí, tomando la voz el excelentísimo señor presidente del Estado, puestos ya en ceremonia, arengó con una proclama; y habiendo captado la venia de don Bricio Tovar, por sí y a nombre de la mayor parte del pueblo, por especial súplica a causa de hallarse arrestado su personero. A la primera proposición que hizo de que para obrar el pueblo libremente y sin temor de las armas, se retiraran éstas aunque se ofreció la garantía, tomó la palabra el brigadier don José Díaz, poniéndose y ahogando su voz y concepto, faltando al decoro del cuerpo y a muchos individuos de representación, cuyo hecho cortó se explanase por menor la voluntad generosa del vecindario hacia su adhesión a Cundinamarca. El excelentísimo señor presidente mandó acallar lo que ya era disputa, y haciéndose a un costado de la sala, explorando a uno por uno su sentimiento, resultó que sólo don José Ignacio y don Miguel Antonio López, don Diego y don Felipe Dusán y don Vicente Dusán, alcalde ordinario, fueron de sentir que este gobierno se debía sostener y que así lo pedían por ser nacidos en la provincia. Los demás, en número considerable de ciudadanos, dijeron uno por uno debía esta provincia agregarse a la de Cundinamarca, su antigua madre y capital del reino. Luego, haciéndose el tribunal a la vista de la plaza, arengó en los mismos términos al pueblo, mandando se formase en filas la gente y advirtiéndoles que eran libres para admitir o no la reunión, a cuyo fin se dirigía la convocatoria; y mandando que los alcaldes ordinarios allí presentes fuesen exigiendo la voluntad de cada ciudadano, resultó que todos, menos uno, fueron de opinión debía adherirse a Cundinamarca, habiéndose distinguido para la sanción de este acto don Miguel Pinzón, don Domingo Echandía, don José Manuel Alvarez y Leonardo Leguizamón, concluyendo con vivas repetidos y pólvora bastante.

   "Recobrado este pueblo en medio de su timidez, miró con no poca atención la falta que hacía al ilustre cabildo su síndico personero y no tuvo embarazo para exclamar al mismo tribunal allí presente, diciendo: Señor, nuestro personero don José Joaquín Chacón se mantiene en opresión a pedimento de algunos adversos, tomando nuestra voz y sin que ninguno de los presentes haya cooperado a esta tiranía; pedimos, pues, se nos dé libre y con declaratoria que no obsten en manera alguna a su honor y sentimientos del mejor patriota, las calumnias que sus émulos le prepararon así, cortando la causa en su estado y que se le restituya al ministerio de sus empleos, para que como nuestro benefactor mire por este pueblo y sus habitantes, como siempre lo ha hecho aun de particular. Resistió un ministro a tan justo reclamo de un pueblo soberano, entusiasmado acaso por direcciones de sus contrarios; pero insistiendo en su sana solicitud el pueblo, sin hacer movimiento, sino lleno de un profundo respeto y veneración, suplicó hasta que lo entregaron; y haciéndose a él, no se entendía la satisfacción grande que manifestaban tanto que en medio de este júbilo se vieron llorar de complacidos; y conduciéndolo a su casa, lo entregaron a su esposa y familia, ausente tanto tiempo de su lado. Hecho esto, volvió el pueblo entero a tributar las gracias al tribunal, quien las recibió muy bondadoso y siguió a casa del agraciado, manifestando de este modo al pueblo su humanidad. A estas funciones para su mayor lucimiento sólo faltaron los sufragios de los opuestos don Francisco, don José María y don Pedro López; don Manuel Tello y don Fernando Salas, sin cuyo voto quedó sancionada firmemente la reunión y la libertad del síndico procurador del ilustre cabildo.

   "Lo que noticiamos a vuestra excelencia para que en su vista forme un sano y verdadero concepto de que este cuerpo y su vecindario siempre ha anhelado seguir las sabias opiniones y pensamientos de esa capital, esperando numere vuestra excelencia a este pueblo con los otros que pensando con madurez así lo hayan hecho.

   "Dios guarde a vuestra excelencia los muchos años que este reino necesita para su conservación".

   Sala capitular de Neiva, 12 de abril de 1812.

Felipe Gutiérrez,
Agustín Alvarez,
José Joaquín Chacón,
Carlos Agustín Quintero,
secretario.

   Excelentísimo señor don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 30 de abril de 1812. t. I., No. 48. p. 170-171.

56
OFICIO DE REPRESENTANTES AL CONGRESO DIRIGIDO AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

CONTRA LA ADMISION DE GARZON Y PURIFICACION AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. SOBRE EL TERMINO DE "PROVINCIA LEGAL". CONTESTACION DE NARIÑO. Ibagué, 13 de abril de 1812.

José Manuel Restrepo, Enrique Rodríguez,
Manuel Campos, Camilo Torres,
Andrés Ordóñez y Cifuentes, Joaquín Camacho.

Los actuales diputados al congreso al excelentísimo señor presidente de Cundinamarca

   Repetimos a vuestra excelencia, en contestación a su oficio de 6 del corriente, que es voluntaria e infundada la aserción de haber pretendido dar órdenes a ese gobierno ni de pedirle razón de sus operaciones. Pero si vuestra excelencia insiste en suponerlo así como pretexto para eludir nuestras justas reconvenciones y llevar adelante sus miras de hostilidad y agresiones contra las provincias, tenga vuestra excelencia entendido que todas ellas son depositarias de nuestros oficios y que algún día se presentarán a la faz del público.

   La admisión de Garzón, la de la villa de la Purificación, son una violencia contra la integridad del territorio y la independencia de la provincia de Neiva reconocida por todas las demás y garantizada ya por muchas de ellas en los pactos de federación. Lo es mucho más la inaudita perfidia con que las tropas que a pretexto de defensa del reino han salido de Santafé en 8 de marzo, han ido a invadir, ocupar y desorganizar la provincia de Tunja, en donde hoy cometen los más criminales excesos. A su tránsito y conforme a expresas instrucciones que han llevado de vuestra excelencia según lo ha manifestado oficial y públicamente su comandante ante el gobierno y senado de Tunja, han autorizado la rebelión y el perjurio de los facciosos de la Villa de Leiva y Sogamoso, con tal que promuevan la agregación a Santafé, que sostienen con las armas. Tales son los planes de subyugación, de opresión y de conquista de las provincias que se consideran débiles, en que hoy se ocupa vuestra excelencia olvidando la salud del reino a que han conspirado en sus oficios los diputados, y por eso es que amargan a vuestra excelencia las insinuaciones y las verdades contenidas en ellos. Pero sepa vuestra excelencia también, que aun cuando dichos planes llegasen a realizarse momentáneamente y por las artes de la seducción y del engaño, auxiliadas de las armas, pues nunca puede ser de otro modo; tarde o temprano las mismas provincias reclamarán sus derechos y vuestra excelencia no habrá hecho otra cosa que acumular todo su odio contra Santafé, a quien vendrá a ser funesto.

   Las demás provincias que han vindicado sus derechos sobre pueblos disidentes han tenido justísima razón para ello, pues eran partes de un todo que no han podido separarse, y han debido recibir la ley de las demás. Pero Santafé no ha tenido derecho alguno a provincias tan libres e independientes como ella, reconocidas siempre por tales en el antiguo gobierno1 llamadas como tales a los actos más positivos de independencia cual fue el nombramiento de representantes para la suprema junta central, y que reasumieron de hecho y de derecho su soberanía desde el 20 de julio en que desaparecieron las únicas autoridades superiores y generales que reconocían sobre sí, y en cuyo lugar, sin duda ninguna, tendrá el orgullo de quererse subrogar, para oprimir sus hermanas y continuar bajo de distinto nombre la opresión española, el gobierno militar y despótico de los virreyes y tal vez la figurada real autoridad de un nuevo Fernando VII que quiera aparecerse ahora en América.

   Olvide, vuestra excelencia, puerilidades ridiculas de terminillos tales como el de provincia legal, cuando se trata de los sólidos derechos de los pueblos, su bien es la suprema ley, y este bien consiste en no ser esclavas de nadie y en procurar cada una en su seno la administración de sus propios negocios, sin ser feudatarias, dependientes y esclavas de otras que quieren darles la que les acomoda para vivir a sus expensas.

   Bien sabemos que estas verdades no producirán ningún efecto en el ánimo de vuestra excelencia, que se nos contestará tal vez con insultos, con juguetes de palabras, como se ha hecho hasta aquí, o que se negará la respuesta como ha sucedido muchas veces, pero llegará un día en que el reino sepa, si no lo hemos podido salvar que por lo menos no hemos sido tranquilos espectadores de su desgracia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Ibagué, 13 de abril de 1812.

José Manuel Restrepo, Enrique Rodríguez,
Manuel Campos, Camilo Torres,
Andrés Ordóñez y Cifuentes, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente y consejeros del Estado de Cundinamarca.

Contestación

   Sería interminable la contestación al oficio de vuestras señorías de 12 del presente mes, si se hubiera de hablar y rebatir todos los puntos que contiene. He creído más conveniente mandarlo imprimir para que el público, testigo de mis operaciones, las compare con él, y juzgue quién tiene razón, limitándome a decir a vuestras señorías que continuaré obrando del mismo modo, mientras que por las autoridades que componen el gobierno de Cundinamarca, no se determine que debo manejarme de otra suerte.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 21 de abril de 1812.

Antonio Nariño.

Señores representantes de la provincia al congreso.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 23 de abril de 1812, t. I., No. 46. p. 167-168.

NOTA:
1   Jamás se reconocieron sino como corregimientos, para los que se nombraba a cualquier paisano por corregidor; así es como se titulaban: corregidor de Tunja, corregidor de Pamplona, etc. Véase la ley I., título 2, libro 5 de Indias.

57
ESCRITOS SOBRE LA SITUACION DE LA EPOCA

REFERENCIA A LA SITUACION POLITICA Y MILITAR EN CARTAGENA, ASI COMO A LAS NOTICIAS DEL PERU Y BUENOS AIRES PUBLICADAS EN EL ARGOS Y SOBRE EL TERREMOTO EN VENEZUELA. Santafé, 17 de abril de 1812.

Castillo.

   Santafé, 17 de abril de 1812

   Querido amigo:

   Anteayer por fin llegaron los dos correos de Cartagena, del 10 y 20 de marzo. Allí reinaba el mayor orden y tranquilidad; pero cada día eran mayores de las necesidades nacidas de la de sostener un ejército y marina regular y no tener más entradas que las miserables de las rentas estancadas, estando sin comercio exterior ni interior.

   El día 7 de marzo llegó allí la fragata inglesa Asetura, procedente de Portobelo, en donde dice vio desembarcar a don Benito Pérez con varios oficiales de los emigrados o expulsos de Cartagena.

   El Argos trae artículos de Nueva York y Baltimore hasta 14 de febrero que confirman lo del Perú y la capitulación de Buenos Aires.

   Ayer ha llegado aquí un extraordinario de Pamplona que avisa la ruina de Mérida de Venezuela, procedida de un horroroso terremoto sucedido el jueves santo. Murió el obispo que, retirándose del lavatorio con el clero, al entraren su palacio se le vino encima; murieron sobre 1.500 personas más, y el viernes siguiente un fuego acabó de abrasar la ciudad. Así lo avisa Talavera, que se salvó milagrosamente por no haber acompañado al obispo a su casa, sino que se retiró a la suya, pero nada dice, ni él mismo sabía de las inmediaciones. Este golpe ha de ser muy sensible para Caracas y debe serlo porque era una ciudad regular, en que había ya un colegio y universidad, bajo muy buen pie. Su gobierno era excelente con una buena constitución, tenía sociedad económica que trabajaba en la prosperidad del país, y ya habían hecho otras que para otras partes son de mucho tiempo, como un puente y un camino, etc.

   Pero aquí de nada se hace caso, y la llegada del Virrey se ha recibido con la impavidez de un mentecato.

   Ya verá vuesamerced por el Efímero 3° que le acompaño, que el día 13 amanecimos escritos en las paredes de la inmortalidad, y verá también como manifiesto nuestra gratitud a esos señores después de haber leído muy pausadamente todos los letreros a vista de los que son autores.

   Lo demás que hay digno de comunicarse ni cabe, ni es para una carta que escribo muy a la ligera, porque estoy acabando el manuscrito para el 4° Efímero. Vuesamerced dasahóguese mucho en pocos días y vuélvase.

   Mis expresiones al señor doctor Pedro: recíbalas vuesamerced de María Teresa y disponga de su amigo,

Castillo.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Op. cit.

58
EFECTOS DE LOS LETREROS DE LA CALLE REAL

ACUSACION DE RICAURTE CONTRA EL PRESIDENTE. ANONIMO DIRIGIDO AL COLEGIO ELECTORAL EN QUE SE SEÑALA LA NULIDAD DE LA ELECCION DE NARIÑO. RESOLUCION DEL SENADO. SOBRE LOS DESTERRADOS ENTRE LOS QUE SE INCLUYE A NARIÑO. Santafé, 21 de abril de 1812.

Castillo.

   Santafé, abril 21.

   Mi querido amigo:

   Los letreros de la calle real no se escribieron sin esperanza ni consejo, y ya han comenzado a surtir sus efectos. El día 18, sábado, se declaró en el senado, en acusación dirigida del Socorro por Ricaurte contra el presidente (no sé sobre qué es la acusación ni en qué términos está concebida), que éste procedía constitucionalmente enviando expediciones sobre las provincias. Casualmente porque no creo ni puedo creer otra cosa, se dirigió en el mismo día un anónimo al colegio electoral, en que se articula la nulidad de la elección de Nariño, él cual se leyó, y al instante se le pasó lo mismo que la acusación de Ricaurte. En el mismo día pidió al mismo senado que suspendiese el imperio de la constitución en todos los artículos que lo fueron el memorable 19 de septiembre y a más en los que hablan de la inviolabilidad de los funcionarios, de las casas y de las correspondencias. Todo se hizo a su placer, sólo porque pretextó que peligraba la patria sin la menor justificación a pesar de estar firmada la constitución reformada, en que se prohíbe que en ningún caso y por ningún pretexto se suspenda su imperio. A las cuatro y tres cuartos de la tarde se publicó por bando la resolución del senado, sin expresar los artículos suspensos. Esa misma tarde me intimó el presidente que saliese de Santafé a la mayor brevedad; el domingo 19 se lo previno por escrito a su tío de vuesamerced con término de 15 días; ayer 20, me pasó orden para que lo verifique yo dentro de seis días; se dice que 32 son los desterrados y vuesamerced entre todos, ajustándose a los que han pedido los ilustres ciudadanos que rodean e inciensan el trono de nuestro amo.

   Yo trato de cumplir fielmente con un destierro que me honra tanto como a Aristides el suyo, y creo que vuesamerced debe venirse luego para recibir su orden y darle también su cumplimiento. Aún no sé quiénes sean nuestros ilustres compañeros, aunque no es difícil adivinarlos.

   En el mismo día 18 a las tres de la tarde salió orden para que Ricaurte entregue el mando a Zevollino, y que en caso que se resista sea arcabuceado; y me añaden que la misma orden se extiende a Manuel, no sé por qué. Conque vea vuesamerced, amigo, nuestra situación, entregados a merced de un hombre que mira como delito cuanto no es conforme a sus ideas particulares.

   A este tiempo el horizonte político está malísimo. Popayán afligido con los patianos; los de Santa Marta adelantando sus pasos, Cartagena exhausta, el suceso de Mérida, que me hace temer mucho de Caracas, de donde no ha venido correspondencia, y don Benito Pérez en nuestro continente. No sé qué pensar ni qué calcular, mucho más cuando nuestros pretendidos patriotas hablan ya francamente de capitulaciones con España. En fin, ¡vuesamerced véngase para salir juntos a nuestro glorioso destierro! ¡Cómo nos honran y ensalzan nuestros enemigos! Mi nombre quedaría sepultado en la nada, si el buen Nariño no se hubiera empeñado en que pasase a la posteridad.

   Haré los encargos de vuesamerced y acompaño las cartas que vuesamerced ha tenido en los correos. Mis expresiones al amigo Ricaurte y vuesamerced cuente con su amigo,

Castillo.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Epistolarios. Epoca de la independencia. Op. cit.

59
OFICIO DE NARIÑO AL PRESIDENTE DEL COLEGIO ELECTORAL

SOBRE LA MEDIACION A FAVOR DE JOSE MARIA CASTILLO Y MANUEL POMBO. Santafé, 24 de abril de 1812.

Antonio Nariño.

Contestación

   No teniendo el gobierno otras miras en sus providencias que la de seguridad y tranquilidad pública, y garantizando ésta el serenísimo colegio electoral en su oficio de mediación a favor de don José María Castillo y don Manuel Pombo, no ha podido menos que acceder a tan alta interposición, cuando con ella se concilian los sentimientos del gobierno; y en su consecuencia ha proveído se recojan las órdenes expedidas para la salida de estos sujetos de la capital y que se restituya el segundo a su empleo. Lo que comunico a vuestra excelencia en contestación al oficio de hoy, para que lo ponga en noticia del serenísimo colegio.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 24 de abril de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del serenísimo colegio electoral.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 24 de abril de 1812, t. I., No. 47, p. 170.

60
CARTA DE ANTONIO BARAYA A NARIÑO

SOBRE EL ESPIRITU DE DISCORDIA ENTRE ALGUNOS PATRIOTAS. NOTICIAS DEL SOCORRO. SOBRE LA FORMACION DEL CONGRESO. LA CASA DE MONEDA Y LA SUBVENCION DE LOS GASTOS DE CUNDINAMARCA. CONQUISTA DE SANTA MARTA. Sogamoso, 29 de abril de 1812.

Antonio Baraya.

Carta de Baraya

   Sogamoso, 29 de abril de 1812.

   Querido Antonio:

   Han sido en efecto bien desagradables las noticias que me comunicas en tu apreciable de 21. Al paso que debíamos todos procurar los medios de paz y buena armonía para obrar en calma, el espíritu de discordia se enciende y nos trae en un continuo movimiento distrayéndonos de nuestras principales atenciones. Los temores que me expresas se recelan por la orden de retirar a Ricaurte y Castillo, no dejan de tener algún fundamento; por aquí corre muy válida la noticia (no sé si ya te lo he dicho) de que los socorreños se brindaban a ir a Ocaña con armas nuestras, con el pensamiento de hacerse a ellas y después echarse sobre Santafé, que ha sido siempre su plan; tú no dejas de conocer el genio petulante de esa gente; petulancia y orgullo que han concurrido a engendrarles el mismo Santafé y que cuando ellos encontrasen una buena proposición le darían muy buen pago; ¡ojalá que Ricaurte ceda y no vaya a suceder lo que tú has pensado! En esta provincia hay poco con qué contar, según lo habrás visto en mi correspondencia oficial y privada; el gobierno de Tunja se mantiene firme en no ceder a la incorporación; desde luego contará con algunos pueblos que lo sostengan, en cuyo caso siempre se mantendrá esta provincia dividida en opiniones y gobiernos.

   Todas estas cosas nos lastiman demasiado, tú las conoces bien y en aplicar el oportuno y eficaz remedio está el gran misterio. No dejes tú de buscar los medios más prudentes de aplacar este torrente de males que a ti, a mí y a todos nos traen sin sosiego, que eso será tu mejor gloria.

   Yo continúo en mis indisposiciones con el dolor de riñones que no me deja alivio; pero siempre y de todos modos tu firme amigo,

A. Baraya.

   Posdata. Voy a hablarte con la mayor confianza, puesto que tú la haces de mí. Creo que formado el congreso según el voto general podía aplacarse mucho esta tempestad; tú podías hacer lo que ha hecho Popayán, no dar al congreso su casa de moneda y en todo enviar su diputado a él. Cundinamarca con la casa dicha puede ocurrir a subvenir sus particulares gastos, excluidos los de la tropa, pues empleándose ésta en la defensa general debe pagarse de fondo común; la división de las provincias podía omitirse por ahora y empeñarse el congreso solamente en dirigir la fuerza armada a la conquista de Santa Marta; resistencia de las fuerzas de Abascal por Quito y a otras partes por donde todos corremos peligros muy inminentes. Tú siempre has dado pruebas de que amas la libertad de la Nueva Granada, no puedo creer que tú mirases tranquilo a los tiranos, que nos forjan a toda prueba las cadenas; procura, pues, en beneficio de esta deseada libertad, que ella quede con nosotros y que no se pierdan los trabajos que hemos todos hecho por conseguirla; sacrifica un poco para no perderlo todo. Ya verás el oficio de Tunja dirigido a Caracas; confirma mis sospechas y admírate.

Vale.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

61
CONTESTACION DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA AL DE PAMPLONA

SUSPENSION DE LAS MARCHAS DE TROPAS DE CUNDINAMARCA POR LOS TERRITORIOS DE MERIDA EN ATENCION AL TERREMOTO. PROTECCION Y AUXILIOS DE SANTAFE A LOS PUEBLOS. Santafé, 4 de mayo de 1812.

Contestación del Gobierno de Cundinamarca al de Pamplona

   Por medio del brigadier don Antonio Baraya, comandante en jefe de la segunda expedición dirigida por este gobierno con el principal objeto de guarnecer y defender el punto de Salazar de las Palmas, amenazado por los enemigos de la causa común del reino, se ha recibido en copia un oficio pasado por vuestra excelencia al gobierno de Tunja en 8 de abril último, en que haciendo mérito de los desgraciados acontecimientos de la ciudad de Mérida en el terremoto del 26 de marzo anterior, y de la necesidad de socorrer a aquellos hermanos en sus desgracias, aspira a obtener por tal mediación el que las tropas de Cundinamarca suspendan por ahora sus marchas por aquellos territorios.

   Cuando este gobierno tiene con anticipación circunstanciado aviso de los interesantes fines con que camina aquélla y la primera expedición; cuando, en cierto modo, ha citado el mismo al de Cundinamarca a emprender unos proyectos tan difíciles y costosos, avisando en oficio de 25 de febrero último hallarse también amenazado de invasión el punto de Cañaverales y aun haber resultado ya algunos perjuicios y cuando, en fin, ni en esa provincia ni en la medianera de Tunja se piensa siquiera en tomar medidas, ni en franquear auxilios algunos eficaces para la común defensa del reino y sostén de su independencia, no podrá menos de causar al mundo entero la mayor extrañeza y admiración, que muy lejos de contribuir aquéllas a objetos de tanto interés, tome una y otra el más activo en entorpecer y aun frustrar los celosos esfuerzos de Cundinamarca.

   Lo más notable, pero no menos practicado por ambos gobiernos es que, interpretándose siniestramente tan justas miras, y atribuyéndose solas las de ambición y otros fines particulares, se intente persuadir de que las tropas de Santafé se encaminan a afligir los pueblos, reduciéndolos al abatimiento y desesperación que se figura, trayendo, por ejemplo, a los del Socorro. Vuestra excelencia debe saber como Tunja, que por los territorios de aquella villa transitaron y se han mantenido las tropas de este Estado, a reiteradas instancias de los pueblos afligidos y hostilizados por los mandones, que son los que por sus particulares designios y muy señaladamente por conservarse en la dominación que llegaron a adquirir —sin poder contar con la libre voluntad de los pueblos mismos— y que vinieron a ejercer con el mayor despotismo, les han acarreado los mayores males con el general descontento, extorsiones y desastres que son demasiado notorios. Díganlo en el distrito de Tunja, la villa de Leiva y pueblo de Sogamoso; en el del Socorro las jurisdicciones de Vélez y San Gil y en la misma demarcación de ese gobierno, el territorio de Girón, de cuya memoria no se borrarán, en mucho tiempo, las hostilidades y devastaciones padecidas.

   En medio de todo, no ha hecho Santafé, respecto de los primeros y segundos, otra cosa que impartirles su protección y auxilios contra la verdadera opresión y tiranía. Se les ha dejado después en la absoluta libertad que recobraron por la infracción del pacto social, para deliberar sobre su suerte futura, ya por la continuación de su anterior inmediata dependencia o ya de su reunión a esta capital. Prueba nada equívoca de todo esto es que en ninguno de estos mismos pueblos redimidos de la opresión ha quedado guarnición, destacamento ni otra clase de fuerza armada, y ello no sólo no maldicen (como cree vuestra excelencia confundiendo los clamores de los pueblos con las maledicencias de pocos mal contentos e interesados en llevar adelante planes desconcertados e insostenibles), sino que muy al contrario, colman de bendiciones la mano libertadora y siempre benéfica del gobierno que los ha protegido y continúa dándoles muestras bien claras de franqueza y generosidad.

   Por conclusión, ya es necesario que vuestra excelencia, el actual gobierno de Tunja, y todo el resto de provincias, se persuadan de que las tropas de Santafé, muy lejos de marchar con designios de hostilizar ni extorsionar a los pueblos, se dirigen a defender y salvar, si es posible, de las invasiones enemigas exteriores, los puntos que se han creído más amenazados del peligro; y que las dos expediciones del norte van a reunirse en Ocaña con una tercera que está próxima a marchar por Honda hacia el Magdalena contra Santa Marta, y que en fin el pensar y aun proponer se frustren, o siquiera se dilaten estas medidas, en vez de auxiliarse, es un crimen imperdonable, y un proyecto increíble en quien se lisonjea de querer ser libre e independiente; pero un proyecto en que jamás entrará Cundinamarca.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 4 de mayo de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador interino de la provincia de Pamplona.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca, 9 de mayo de 1812, t. I., No. 50, p. 180-181.

62
TRATADO ENTRE CUNDINAMARCA Y LOS COMISIONADOS DEL CONGRESO

DISPOSICIONES PARA LA CONVOCATORIA DEL CONGRESO SUSCRITAS POR AMBAS PARTES. Santafé, 18 de mayo de 1812.

Antonio Nariño,
(presidente).
Manuel Benito Castro,
(consejero).
José Diago,
(consejero).
Frutos Joaquín Gutiérrez,
José María del Castillo.

CUNDINAMARCA

   Tratados celebrados entre el supremo poder ejecutivo de Cundinamarca y los comisionados del congreso cerca de esta capital.

   "El poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca, que con el fin de acelerar la formación del congreso general del reino excitó a los diputados residentes en Ibagué en oficio de 25 de abril último a que, fijando la base de la población, hiciese la convocatoria correspondiente para su instalación, bajo las condiciones allí expresadas; y los segundos representantes de los Estados de Pamplona y Tunja, don Frutos Joaquín Gutiérrez y don José María del Castillo, encargados por dichos diputados para adelantar y concluir fructuosamente esta negociación, después de haber manifestado sus credenciales y conferido sobre el asunto en los días 12 y 18 del corriente por mañana y tarde, han convenido en los artículos siguientes:

   1. Los diputados de Cundinamarca marcharán inmediatamente a unirse con los de las demás provincias para instalar el congreso en el lugar que determinen de común acuerdo.

   2. Cualquier lugar que escoja el congreso para su residencia, estará, durante ella, independiente del gobierno de este Estado, y bajo la sola dependencia del congreso, el cual acordará con el mismo gobierno la extensión del territorio, según fuere el punto elegido y atendidas sus circunstancias; salvo que sea la capital, que no quedará bajo la dependencia del congreso, aunque en tal caso se acordará del mismo modo todo lo que sea concerniente a su seguridad, decoro y atribuciones.

   3. Verificada la instalación del actual congreso, empezará éste desde luego a obrar en la defensa común y seguridad del reino, teniendo en consideración las medidas que hasta ahora ha tomado el gobierno de Cundinamarca como conducentes al propio objeto, y entre otras, las negociaciones ya principiadas, las cuales ofrecen los comisionados de la unión, recomendar a los diputados de las provincias para que traten de no comprometer ni dejar en descubierto el honor del gobierno que las ha comenzado con buenos y sanos designios.

   4. Instalado el congreso, cuidará de hacer cuanto antes la convocatoria para la gran convención del reino, por la base de población que determinará previamente.

   5. Las armas que se saquen de los almacenes o parques de Cundinamarca con las tropas y oficiales, lo mismo que los de las otras provincias confederadas, se le restituirán luego que hayan servido a los objetos de la común defensa, a que las haya destinado el congreso a sus expensas.

   6. No considerándose el punto sobre la casa de moneda tan urgente que exija una previa resolución, para que no se dilate por ella la formación del congreso, quedará en suspenso hasta que sobre él puedan proceder de acuerdo los Estados de Cundinamarca y Popayán.

   7. Para que tengan efecto los artículos anteriores, el presente congreso reconocerá la provincia de Cundinamarca con la extensión que actualmente tiene, esto es, con las agregaciones de las provincias de Mariquita, Neiva, Socorro y de la de Tunja, los pueblos de Muzo, Chiquinquirá, Villa de Leiva y Sogamoso, ya agregados, por los límites de sus particulares agregaciones; y el mismo congreso se obliga a hacer cuanto esté de su parte para mantener la integridad de este Estado en los términos referidos, hasta que la gran convención demarque perentoriamente los de los Estados que hayan de quedar en la confederación.

   8. En consecuencia, Cundinamarca se obliga a no admitir por sí sola más agregaciones que las que tiene actualmente y a que en caso de que se propongan algunas otras, no se ejecuten sino con la aprobación del congreso.

   Los presentes tratados que suscriben las dos partes contratantes, y autorizan los secretarios de Estado que presenciaron su conclusión, quedarán originales en el poder ejecutivo de este Estado de Cundinamarca, poniendo en manos de los comisionados de la unión otro idéntico ejemplar, y remitiéndose a la consideración del colegio de representantes de dicho Estado, que va a instalarse, para que en conocimiento de estar vencidas las principales dificultades relativas al acta de unión sobre que debe tratar, y que ha sido el objeto de su convocación, proceda en lo demás con esta inteligencia.

   Santafé, 18 de mayo de 1812.

Antonio Nariño,
presidente del Estado.
Manuel Benito de Castro, consejero.
José Diego, consejero.
Frutos Joaquín Gutiérrez, José María del Castillo.

   Gloria y honor al alto numen de la paz... Nuestras cuestiones políticas sobre la instalación del congreso van a terminarse por medio del temperamento que han abrazado los tratados antecedentes. Los partidos literarios que sobre el particular se levantaban, ya a componer solamente una voz, una opinión. Todos deseaban la instalación del congreso general; pero muchos repugnaban el modo con que quería instalarse; todos aspiraban a un mismo fin, que es la salvación del reino; pero muchos discordaban en el medio de salvarlo. Entre los extremos, pues, de estas opiniones, no sólo diversas sino diametralmente contrarias, se ha hallado un medio feliz que decide la cuestión. Parece que los antecedentes tratados consultan, a un mismo tiempo, el provecho particular de Cundinamarca y a la utilidad general de todo el reino. ¡Quiera el cielo que se vean logradas las sanas intenciones de los contratantes y que todos nosotros, después de una intrincada guerra de opinión, disfrutemos de una paz sólida y duradera que nos sea tan apetecible, como lo es la luz de un día claro y sereno después de una noche oscura y tempestuosa!

FUENTE EDITORIAL:
 Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 21 de mayo de 1812, No. 52, p. 186-187

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NOTICIAS SOBRE BAILADORES

NOTICIAS FALSAS. NOMBRAMIENTO DE SUPLENTES EN LA SEGUNDA CAMARA DE REPRESENTANTES. 21 de mayo de 1812.

   Habiendo sabido el gobierno, por conducto del brigadier Baraya, que las noticias de entrar en Bailadores gran número de enemigos, han salido enteramente falsas, pues no ha habido más que un pequeño movimiento interior ocasionado en Bailadores por dos europeos y contenido por un corto número de meridanos, ha mandado que la expedición del mando del mismo brigadier regrese inmediatamente a esta capital, por ser ya también del resorte del congreso hacer marchar tropas armadas fuera de los límites de una provincia.

   El teniente coronel don Isidro Bastida, que seguía para el Socorro a subrogar al coronel Ricaurte, se ha vuelto del camino por hallarse sumamente enfermo, y en su lugar, ha seguido el comandante general de las armas don José Miguel Pey.

   La segunda cámara de representantes, convocada por el senado para que hiciese el nombramiento de suplentes que completasen el número de la primera cámara para la calificación y examen de los poderes conferidos a los sujetos que deben representar a los pueblos para revisar el acta de federación, ha cumplido ya con este deber, comunicando al senado los nombrados, sin que por su parte haya habido la menor demora ni dilación. Y aunque la misma segunda cámara se halla con los más vivos deseos de comenzar sus sesiones en obsequio del público, por ser ya tiempo de iniciarlas, conforme a lo prevenido en la constitución, no puede verificarlo, a causa de que muchos de sus individuos son miembros del colegio que ha de revisar el acta federal, y que están ya para reunirse. En esta virtud ha acordado transferir sus sesiones ordinarias y dar principio a ellas disuelto que sea el expresado colegio. Todo lo cual lo puso la misma cámara en noticia del supremo poder ejecutivo para su inteligencia y a fin de que lo anunciase al público para su satisfacción.

   El poder ejecutivo en la respectiva contestación expresa quedar enterado de la resolución de la segunda cámara de representantes; que el colegio revisor del acta federal deberá durar muy poco tiempo, en virtud de estar ya allanados los principales obstáculos que impedían la formación del congreso; y que se publicase todo esto en la Gaceta Ministerial.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Colombia. 21 de mayo de 1812, t. I., No. 52, p. 187.

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CONJURA DE TUNJA CONTRA SANTAFE

REVISION DEL ACTA DE FEDERACION. CONJURACION DESDE TUNJA CONTRA SANTAFE. PODERES AL PRESIDENTE NARIÑO PARA DICTAR MEDIDAS EN DEFENSA DE LA CAPITAL. NOMBRAMIENTO DE UN CONSEJO. Santafé, 25 de mayo de 1812.

CUNDINAMARCA

   El 25 del corriente, a las 9 de la mañana, se reunieron en el palacio presidental los sujetos nombrados por los pueblos de este Estado, para revisar el acta de federación, compuesta por los diputados del congreso. Después de oír misa en el oratorio de palacio, arengó el presidente del Estado sobre los objetos de esta convocatoria, y, de paso, hizo presente al serenísimo colegio, el estado en que se hallaba Cundinamarca al tiempo en que su excelencia ajustó con los diputados del congreso los tratados de que hablamos en el número anterior. Hecho esto, prestaron el correspondiente juramento los miembros respectivos y quedó instalado el referido colegio, comenzándose, desde ese día, sus sesiones ordinarias.

   Pocos momentos después de concluida la primera sesión, recibió el gobierno un extraordinario remitido el día anterior por el brigadier Pey desde el Monte del Moro. Por oficio del mismo brigadier y documentos que acompañó, se ve que la provincia de Tunja auxiliada de Pamplona y los llanos de Casanare, con ayuda también de alguna parte de esta capital y varios oficiales de nuestro Estado, tramaba una conjuración contra Santafé —cuyo plante estaba ya muy inmediato— con el fin de echar por tierra al primer jefe del gobierno, porque no condescendía a la instalación del congreso en los términos gravosos con que se quería instalar. El presidente del Estado convocó al momento la representación nacional para que aconsejase los medios de ocurrir a la salvación de la patria. Ante la misma representación nacional expuso su excelencia: "que siendo el odio a su persona la única y eficiente causa de los males que amenazaban a Santafé, renunciaba con la mayor sinceridad el puesto, no por debilidad ni otro motivo, sino solamente por no ver envuelta a la patria en sangre y desolación...".

   Casi todos los representantes opinaron sobre que no debía hablarse una sola palabra relativa a renunciar, porque sería empeorar la causa de la patria en aquellas circunstancias. Después de mil debates sobre el modo con que se debía ocurrir a salvarla y asegurarla del todo, se apuntó el medio de suspender el imperio de la constitución para que él presidente del Estado pudiese, con la celeridad del rayo, tomar providencias eficaces que lograsen aquel objeto. Al momento se reclamó esta opinión como inconstitucional, porque la constitución revisada previene que en ningún caso puedan suspenderse los efectos de la constitución; pero, después de muchas y muy fuertes discusiones sobre el particular, por la premura de las circunstancias, por el caso extraordinario en que zozobraba tan manifiestamente la seguridad de la patria, vino la representación nacional en suspender dichos efectos constitucionales, para que en punto a la seguridad y tranquilidad de la patria, obrase por sí solo el referido presidente, sin necesidad de sujetarse a los trámites y rutina prescrita en la constitución revisada. Así es que en Cundinamarca se ha abrazado este medio violento, pero a la verdad eficaz, por consultar al beneficio público, imitando de este modo a las mejores repúblicas del mundo y siguiendo el mismo ejemplo que recientemente nos acaba de dar Cartagena. El presidente del Estado pidió se le facultase para nombrar un consejo de cinco sujetos, para pedirles su dictamen en los casos que hallase por convenientes; se accedió a esta solicitud e inmediatamente procedió a nombrar los consejeros, que lo son don Felipe Vergara, don José María Lozano, don José Gregorio Gutiérrez, don Primo Groot y don Domingo Caicedo y Santamaría.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 28 de mayo de 1812, t. I., No. 53, p. 191-192.

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OFICIO A BARAYA Y COMUNICADO DEL PRESIDENTE DE TUNJA AL DE CUNDINAMARCA

INVITACION A LA RECTIFICACION. TUNJA SE NIEGA A RATIFICAR TRATADOS CONVENIDOS CON CUNDINAMARCA. RESPUESTA DE NARIÑO. Tunja, 31 de mayo de 1812; y Santafé, 7 de junio de 1812.

Antonio Nariño,
Juan Nepomuceno Niño,
(gobernador de la provincia de Tunja).

Contestación al oficio de don Antonio Baraya con que acompañó el acta que se inserta en la Gaceta número 54

   El supremo gobierno me previene diga a su señoría en contestación a su oficio de 26 del pasado con que acompaña el acta 25 del mismo celebrada en Sogamoso con la oficialidad de la expedición de su mando; que este paso sin ejemplo lo ha llenado de dolor, que es consiguiente al olvido que su señoría y su oficialidad manifiestan en sus principales y más sagradas obligaciones para con una patria y su gobierno que los ha condecorado, distinguido y puesto en todos su confianza; que su señoría, aunque comprometido con este gobierno, pudo, después de concluida su comisión, hacer dimisión de sus empleos; pero que ignora con qué facultad, con qué principios y autoridad ha podido su señoría disponer de unas tropas que por ningún título le pertenecen; de unas tropas y de unas armas que sólo se le confiaron para sostener y defender al mismo gobierno a quien, vergonzosamente, niega su señoría su obediencia; y de unas tropas que perteneciendo al Estado de Cundinamarca, las ha entregado su señoría al gobierno de Tunja para que a su abrigo le insulte y acaso para que estas tropas desenvainen la espada de la patria para degollar a sus hermanos, a sus hijos, a sus mujeres y manchen con sangre el suelo que desgraciadamente los vio nacer.

   Pero a pesar de tantos extravíos, a pesar de la publicidad que su señoría mismo y el inconsiderado gobierno de Tunja les han dado, no quiere el de Cundinamarca dejar de tentar todos los medios de dulzura que en tales casos sugiere la prudencia: que vuelva su señoría sobre sí y haga volver a sus oficiales de su error. La patria los convida, les tiende los brazos y les ofrece un olvido de todo lo pasado. Mas, también me encarga le diga a su señoría que si este paso se mirare con desprecio —que no es de esperarse— la culpa de las consecuencias que se siguieren, a su señoría mismo y a sus oficiales será imputable y no tendrá de que quejarse en lo sucesivo de las medidas que se tomen y del oprobio que los presentes y las generaciones venideras descargarán sobre sus nombres.

   Dios guarde a su señoría muchos años.

   Santafé, 7 de junio de 1812.

Juan Dionisio Gamba,
Señor don Antonio Baraya.

Oficio del presidente de Tunja al de esta capital

   El voto constante y bien expresado de todas las provincias de la Nueva Granada, ha sido el de reunirse por medio de sus diputados en un congreso federativo, conservando cada una la representación de tal provincia que gozaba en el 20 de julio de 1810. Bajo este concepto, todas y cada una de ellas se han reconocido como independientes, garantizando su integridad y existencia política. Siendo, pues, un principio inconcuso que un comprometimiento de esta naturaleza no se puede deshacer por una o por la minoridad de las partes comprometidas y mucho menos cuando se le compele por la fuerza, a pesar de su manifiesta repugnancia, no puede este gobierno pasar por las agregaciones de las provincias del Socorro, Mariquita y Neiva a ese Estado, y mucho menos en circunstancias en que la provincia que se ha opuesto a la federación en el sentido en que la han aclamado las demás del reino, tomaría una prepotencia en el congreso, capaz de sofocar el voto de la mayor parte de los Estados confederados. Por esta razón, siendo una condición indispensable que se haya de mantener a Cundinamarca en la posesión de las provincias y aun de los pueblos aislados que actualmente u ocupa con sus armas o de un modo igualmente ilegal se le han agregado, para que tengan efecto los tratados celebrados entre vuestra excelencia y los dos señores diputados don Frutos Joaquín Gutiérrez y don José María Castillo; este gobierno se ve en la precisión de no ratificar semejantes tratados, y de recordar a sus representantes el sostenimiento de las instrucciones que se les han comunicado y del acta de unión ya ratificada por el Estado de Tunja.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala de gobierno de Tunja, 31 de mayo de 1812.

Juan Nepomuceno Niño.

Señor presidente del gobierno de Santafé.

Contestación al anterior oficio

   El oficio que vuestra excelencia me acaba de dirigir con fecha 31 del pasado improbando los tratados celebrados con los diputados al congreso; el que pasó vuestra excelencia a los tres comisionados que este gobierno mandaba a Sogamoso a persuadir al comandante de la segunda expedición del norte que entrase en su deber ordenándoles que no tocaran en esa ciudad y que saliesen del territorio de Tunja y la protección de nuestras tropas que se han rebelado contra el Estado, prueban no solamente la ignorancia de vuestra excelencia hasta en los primeros elementos del derecho de gentes, sino también el justo motivo que yo he tenido para oponerme a que los corregimientos de esta provincia se hayan querido elevar al rango de Estados soberanos que ni saben ni pueden sostener.

   No contento vuestra excelencia con haberse apropiado anteriormente nuestros fusiles, nuestros desertores, el dinero de cruzada y el que debía don Ignacio Sarabia, se apropia ahora de toda la tropa de la expedición seducida por su comandante, con sus armas, municiones y pertrechos; niega el tránsito a los comisionados de este gobierno para que pasen de un territorio a otro de este Estado, como si hubiese precedido declaración de guerra; y se opone vuestra excelencia a los tratados celebrados con uno de los diputados de ese cantón y firmados por el otro en unión de los demás de la confederación, oponiéndose no sólo a la entrega de los pueblos de Tunja, sino dictando leyes sobre las otras provincias.

   Cada paso de éstos es una prueba auténtica de la quimera de unas soberanías que necesitan valerse de tales medios para sostener su efímera representación; y de unos hombres como vuestra excelencia que no tienen las luces necesarias para representar el papel que violentamente se han entrometido a hacer en medio de la desorganización.

   No basta el orgullo y la petulancia, señor excelentísimo, para gobernar Estados y querer dar leyes a los demás; es preciso antes haber aprendido un idioma que le es a vuestra excelencia muy desconocido. Si con desvergüenzas y perfidias se mantuvieran los imperios, ninguno sería más poderoso y floreciente que el de Tunja; pero si se han de sostener con las luces, con la justicia y la moderación, ¿cuánto durará el de vuestra excelencia a la vista de sus desvergonzados oficios dirigidos contra mí a Caracas y a este gobierno y de sus anteriores y actuales procedimientos?

   Para no incurrir en las mismas notas que vuestra excelencia ha incurrido, voy a contestar a su citado oficio de 31 del pasado. El gobierno de Cundinamarca ha tratado con los diputados para el congreso por medio de sus comisionados, porque el suyo no había firmado el acta, porque la había reclamado, porque se había separado y porque puede entrar o no entrar en la federación; y así como Cartagena antes de ratificarla puso sus restricciones, así también, este Estado las puede poner; pero Tunja, que ya ha ratificado el acta y se ha sometido a las decisiones del congreso, ¿con qué derecho viene a reclamar por sí sola el cumplimiento de los tratados después de haber accedido sus representantes en asocio de los demás?

   Suponga vuestra excelencia que los señores diputados al congreso entraran en las miras de vuestra excelencia. Cundinamarca les diría: puesto que se me falta a los pactos, el contrato es ninguno y no entro en federación con los que no cumplen las condiciones con que entré. ¿No se va a hacer un congreso sin Quito y sin Santa Marta?, pues hágase sin Cundinamarca. ¿Por qué se ha de obligar a ésta a entrar por fuerza en una federación leonina? ¿Por dar gusto a vuestra excelencia y a nuestros insubordinados comandantes? No, no está todavía Santafé en estado de que Tunja le dé la ley ni le imponga temores.

   Si vuestra excelencia desea realmente la salvación del reino, la instalación pacífica del congreso y que nuestro suelo no comience a mancharse con la sangre de nuestros hermanos, déjese de pretensiones indecorosas; persuada a los comandantes de las dos expediciones que se hallan en esa, a que entren en su deber; devuélvanos nuestras tropas, nuestras armas, nuestros caudales y respete los tratados celebrados con los diputados al congreso para su pronta instalación, supuesto que en ellos se deja a la convención general el derecho de arreglar los territorios. Este gobierno olvidará entonces los repetidos insultos que vuestra excelencia le ha irrogado y, caminando en paz y de acuerdo en todas nuestras operaciones, podremos esperar que unos enemigos exteriores no nos vengan al fin a subyugar en medio del delirio y de las turbaciones intestinas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 7 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador del Estado de Tunja.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 7 de junio de 1812, t. I., No. 54, p. 200.

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OFICIO DE REPRESENTANTES DEL CONGRESO AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

GOBIERNO DE ANTIOQUIA OFRECE APOYO. CONTESTACION DE NARIÑO. PRELACION DE LA DEFENSA DE CUNDINAMARCA. Ibagué, 31 de mayo de 1812; y Santafé, 6 de junio de 1812.

José Manuel Restrepo, Joaquín Camacho,
Camilo Torres, Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Oficio de los diputados del congreso al presidente de este Estado

   Cuando el gobierno de Cartagena se ocupa en operaciones militares contra nuestros enemigos de Santa Marta, según las noticias dadas en los papeles públicos, acabamos de saber que el de Antioquia, en oficio del 12 del corriente, se manifiesta a vuestra excelencia en la más decidida disposición de cooperar al propio intento. En tales circunstancias no podemos prescindir, excelentísimo señor, de recomendar a vuestra excelencia la importancia de que la tropa sobre el Magdalena acelere sus marchas y de que el éxito de la expedición se asegure, combinándola con los dos expresados gobiernos, como, desde luego, lo esperamos del ilustrado celo de vuestra excelencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Ibagué, 31 de mayo de 1812.

José Manuel Restrepo, Enrique Rodríguez,
Camilo Torres, Andrés Ordóñez y Cifuentes, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente y consejo del Estado de Cundinamarca.

Contestación

   Cuando la expedición que salió de esta capital se hallaba en la villa de Honda pronta ya a acelerar sus marchas sobre el Magdalena, ya este gobierno había oficiado con el de Antioquia aceptando la disposición de cooperar al propio intento que había manifestado en el oficio de 12 de mayo que vuestras señorías citan en el suyo de 31 del mismo mes, dirigido a recomendar la importancia de este asunto; las ocurrencias de los comandantes de las expediciones del norte, sus procedimientos a pretexto de la instalación del congreso, los insultos del gobierno de Tunja, el desaire que ha irrogado a éste no permitiendo entrar a aquella ciudad y despidiendo de su territorio, con infracción hasta de las reglas de urbanidad y buena crianza, a tres sujetos de condecoración que había destinado a tener una conferencia con el brigadier Baraya, con el objeto de terminar amistosamente y dar un corte decoroso a las diferencias ocurridas y, finalmente, otras noticias y datos bastante seguros, han hecho recelar, con fundamento, que se trata de una invasión a la capital; y como ella, por auxiliar a todos, se había desprendido de mucha parte de sus armas y de sus fuerzas, ha sido necesario hacer replegar para su seguridad y defensa, las que se hallaban en la villa de Honda destinadas a la expedición del Magdalena, que se ha frustrado por este motivo. Vuestras señorías conocerán a quién es imputable esta culpa y le harán a Cundinamarca la justicia de confesar que no se ha negado jamás a contribuir con lo que ha tenido, a la defensa general del reino; pero que tratándose de la propia suya debe atender a ella con preferencia.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 6 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores diputados para el congreso, residentes en Ibagué.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 11 de junio de 1812, t. I., No. 55, p. 202-203.

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DESAVENENCIAS CON BARAYA

CONCILIACION CON TUNJA. ENVIO DE COMISIONADOS. INSTRUCCIONES. PETICIONES Y CARGOS DE BARAYA. RESPUESTAS DEL PRESIDENTE NARIÑO A LOS ANTERIORES. 4 de junio de 1812.

Antonio Baraya,
Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

   La representación nacional, congregada extraordinariamente en 25 de mayo próximo pasado, acordó que a fin de calmar las disensiones suscitadas con motivo de haber manifestado don Antonio Baraya, comandante de la expedición de Tunja, contradecir las órdenes de este gobierno al abrigo del de Tunja, se adoptasen medios de conciliación, enviándose comisionados que tratasen con Baraya sobre estos negocios. En efecto, se nombró de tales por el presidente del Estado —con acuerdo del consejo extraordinario que en la misma representación nacional se le concedió para esta materia— al marqués de San Jorge, a don Ignacio Vargas y al consejero don Luis Ayala, a quienes se comunicó la orden siguiente:

   "El excelentísimo señor presidente del Estado, oído el consejo extraordinario dispuesto por la representación nacional en sesión extraordinaria de 25 de este mes, ha resuelto comisionar a vuestras señorías para que pasen al lugar donde se hallare el brigadier don Antonio Baraya a persuadirle, amistosamente, cumpla con las órdenes del gobierno desengañándole de los errores en que, seguramente por siniestros informes, ha incurrido, y haciéndole ver que con sólo este paso recobrará en gran parte su reputación lacerada ya por sus anteriores pasos, con lo demás que vuestras señorías con presencia de las circunstancias crean conveniente al buen éxito de este negocio.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 27 de mayo de 1812.

Juan Dionisio Gamba; señores marqués de San Jorge,
don Luis Ayala y don Ignacio Vargas".

   Los comisionados, en desempeño de este encargo, se pusieron inmediatamente en marcha y habiendo llegado hasta el páramo de Boyacá, a distancia como de dos leguas de la ciudad de Tunja, recibieron el oficio que sigue:

   "Por cartas que se han recibido de esa parroquia se halla inteligenciado este gobierno que ustedes se dirigen hacia esta provincia, con comisiones del de Santafé. Parecía un paso indispensable que para entrar al territorio de este Estado unos sujetos autorizados, con un carácter público, era el que por el gobierno su comitente se hubiese pedido el salvoconducto de estilo o, a lo menos, se hubiese dado a éste algún aviso, mucho más en circunstancias en que el presidente de Santafé ha decretado las hostilidades de ésta y las demás provincias del reino, en los términos que ya nadie ignora. Hay, por consiguiente, un motivo para sospechar que una diputación semejante sea en perjuicio de este Estado, cuya seguridad me está encargada por la constitución. Y no debiéndome ser indiferente el cumplimiento de un deber tan sagrado, me veo en la precisión, no sólo de impedir la entrada de ustedes más al centro de la provincia, sino también de intimarles se retiren al territorio del Estado de donde procede, entre tanto que por su gobierno se da un paso, que no debió omitir.

   Dios guarde a ustedes muchos años.

   Sala de gobierno de Tunja, 30 de mayo de 1812.

Juan Nepomuceno Niño,
gobernador del Estado.

   Señores comisionados del Estado de Cundinamarca".

   En vista de esta intimación, resolvieron los enviados suspender su marcha y regresarse como lo han verificado, a esta capital, quedando por consiguiente frustrados los medios de conciliación, que se habían adoptado en favor de la tranquilidad pública. ¡Qué gobierno tan recomendable aquel en que no se respeten en tiempo de paz los primeros rudimentos del derecho de gentes...! ¡Qué gobierno tan digno de crédito y fe pública, aquel que se atreve a estampar falsedades tan notorias, como la de que el presidente de Santafé ha decretado hostilidades contra Tunja y las demás provincias del reino...!

   El gobierno de Cundinamarca, luego que supo el sistema descabellado y antimilitar adoptado por Baraya, ordenó en 26 de mayo que el referido Baraya entregase el mando de la tropa a su segundo don Antonio Ayala y se presentase en esta capital dentro de cinco días. A efecto de intimarle estas órdenes se dirigieron por un posta los oficios siguientes:

   "El supremo gobierno ha dispuesto en este día entregue vuestra señoría el mando de la expedición que está a su cargo, al segundo don José Ayala, presentándose vuestra señoría en esta capital dentro de cinco días contados desde el recibo de esta orden a que dará vuestra señoría su cumplimiento, bajo el concepto de quedar —en caso de que se note inobediencia— sujeto a las penas de ordenanza.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 26 de mayo de 1812.

Juan Dionisio Gamba.

   Señor brigadier don Antonio Baraya".

   Otro al teniente coronel don José Ayala:

   "Con esta fecha prevengo de orden del supremo gobierno al brigadier don Antonio Baraya, entregue a usted el mando de esa expedición como su segundo, y en su consecuencia, procederá usted inmediatamente a hacerse cargo de él marchando sin pérdida de tiempo a esta capital con el total de tropas, armas y pertrechos, dando aviso el día de su salida. Lo que comunico a usted de orden del mismo supremo gobierno para su cumplimiento.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Santafé, 26 de mayo de 1812.

Juan Dionisio Gamba,
señor teniente coronel don José Ayala".

   En contestación a estas órdenes, se ha recibido el oficio y acta siguiente:

   "Cuando recibí la orden de vuestra excelencia comunicada por el señor secretario de guerra en 26 de mayo, previniéndome marcharse inmediatamente a esa capital bajo la severidad de la ordenanza, ya tenía la gran satisfacción de conocer el único objeto a que debían sólo dirigirse todas mis operaciones y las de mi expedición.

   "Lea vuestra excelencia el acta que acompaño y persuádase de que mis oficiales y yo desconocemos la autoridad de un hombre que con escándalo de todas las almas libres, pidió y consiguió la suspensión del imperio de la constitución. De un hombre que valido de ella, expatrió a dos dignos y honrados ciudadanos sin oírlos ni convencerlos enjuicio, manteniéndose en seguida al frente de unos pueblos sin ley, sin un antemural a la arbitrariedad; de un hombre que obstinadamente se ha opuesto a la formación del cuerpo supremo de la nación, obstruyendo todos los medios de que el reino se valía para formarlo; de un hombre que ha depuesto con la arbitrariedad de un tirano, a Ricaurte, jefe militar, libre, honrado, porque se denegó a subyugar a Pamplona; de un hombre que ha enviado pliegos a Santa Marta y a Maracaibo, a estas dos provincias que a cara descubierta han declarado la guerra a todas las que han proclamado su libertad; de un hombre que destinó en calidad de plenipotenciario hacia los sátrapas de Santa Marta, a otro poco contento con el sistema ideal proclamado por la América del sur; de un hombre que ha negado socorros pecuniarios a Cartagena empeñada en sostener el carácter libre, independiente; que ha mirado tranquilo a los enemigos de Santa Marta apoderarse de los mejores y más ventajosos puntos del Magdalena, mientras que se destinan las tropas, armas y caudales en marchar a las provincias para desorganizarlas, dividirlas, y a pretexto de su desorganización dominarlas; de un hombre, en fin, que ha dado pruebas, nada equívocas, de que pretendía establecer una corona y dinastía sobre las ruinas de la corona y dinastía de los Borbones que el reino ha mirado con horror.

   "Estas consideraciones y las de ver al reino despedazado, los enemigos insolentes y muy reforzados, a las provincias de Tunja, Pamplona y Casanare resueltas a unirse a la confederación de Venezuela, a los dos hijos de vuestra excelencia cruzando en corso la costa en barco español; a los europeos vecinos de Santafé muy adictos y contentos con vuestra excelencia; todo esto arrancó de mis oficiales la resolución de no obedecer orden de ese gobierno que no se dirigiese a procurar todos los medios de formar el supremo congreso. Así lo han resuelto convencidos de que la libertad e independencia del reino que han jurado sostener y defender, no se puede conseguir sino por medio del congreso; que sólo el congreso puede uniformar nuestros sentimientos, nuestras opiniones y embarazar el camino a la ambición, a la arbitrariedad; y que sólo el congreso puede dirigir la fuerza armada a que cumpla con sus únicos deberes de defender al Estado de ataques exteriores, mantener el orden y hacer obedecer las leyes.

   "Esta, señor excelentísimo, es la resolución que hoy anima a mis oficiales; resolución digna de las almas libres y amantes de la felicidad común, que detestan emplearse en oprimir a sus hermanos, prostituyendo así su carácter y honor. Este gobierno, por tanto, podrá disponer de mi empleo y de los de mis oficiales; de estos empleos que nos equivocan y confunden con esas almas bajas, aduladoras, mercenarias.

   "Esté vuestra excelencia entendido que de este oficio remito varios ejemplares a los gobiernos del reino y a los hombres sensatos de esa capital.

   Sogamoso, 29 de mayo de 1812.

   Excelentísimo señor,

Antonio Baraya.

   Excelentísmo señor presidente y consejo del poder ejecutivo de Cundinamarca".

   "En la villa de Sogamoso, a 25 de mayo de 1812.

   El señor brigadier, don Antonio Baraya, comandante de la segunda expedición de Cundinamarca hacia el norte, hizo juntar en su casa a todos los oficiales que la componen, para determinar lo que se debía hacer con vista del estado en que se hallaba nuestra existencia política por los procedimientos del gobierno de Santafé en orden a la pronta formación del congreso, y la decidida voluntad de las provincias de Tunja, Socorro, Pamplona y demás que componen el reino. Dicho señor brigadier hizo presente: que el presidente de Santafé había entablado negociación con los diputados comisionados singularmente para ello, por los demás diputados residentes en Ibagué, y que de ellos resultaba la adversión, que ya manifestaba dicho señor presidente, de formar el congreso bajo las condiciones expresadas en carta particular de uno de los comisionados que se hicieron presentes. Que la voz expresa y la voluntad decidida de todas las provincias era la de formar el supremo congreso, como el único que podía resistir los ataques de los enemigos exteriores, poner en seguridad a todo el reino y garantizarlas de no ser divididas y subyugadas por Cundinamarca, como ya lo habían comenzado a experimentar. Que para llevar al cabo la formación de este supremo cuerpo de nación, había ofrecido el gobierno de Tunja todos los auxilios de hombres, armas, pertrechos, víveres y caudales, y que el gobierno de Pamplona sólo había concurrido con dinero para el mismo efecto, por hallarse empeñado en defender su territorio de la invasión que le amenazaba por los enemigos de la causa. Que la parte más sana y más notable del Estado de Cundinamarca estaba decidida a contribuir a que se montase el deseado congreso general, y últimamente hizo presente el señor brigadier una orden del secretario de guerra en que prevenía se retirase con toda la expedición hacia la capital, mediante a haber desaparecido los objetos que habían conducido a dicha expedición.

   "Todo lo referido hecho presente exigió el señor brigadier que cada oficial, franca y libremente, sin temor de incurrir en delito, dijese:

   "1. Si convenía mantenernos bajo la protección del gobierno de Tunja, hasta que se formase el congreso supremo, o se debía obedecer prontamente la orden del gobierno que hacía retirar la expedición a Santafé.

   "2. Si nos debíamos oponer a realizar cualquier plan que atacase la libertad e integridad de las provincias, o sólo obedecíamos las posteriores órdenes del gobierno de Cundinamarca.

   "3. Si convenía ofrecernos al congreso o a sus diputados, prometiendo que no desmayaremos hasta verlo formado y que sólo sus órdenes pondríamos en ejecución, o prescindíamos el dar este paso.

   "Para mejor asegurar el voto común, hizo leer el señor brigadier el oficio de Pamplona en que pide una compañía en auxilio para poder rechazar completamente al enemigo que lo amenazaba, pues esta súplica puede hacer variar el estado de las cosas y asegurar más el éxito de la junta.

   "Oídas atentamente las razones expuestas por el señor brigadier, procedió cada uno de los oficiales a dar su voto sobre los tres puntos propuestos, y sobre el primero, dijeron todos de común acuerdo: que no se debía obedecer la orden indicada de que se retirase la expedición a Santafé sino que el señor brigadier, de acuerdo con el gobierno de Tunja y el de Pamplona, trabajase por formar el congreso general del reino; pero que todas las operaciones militares debían dirigirse por el mismo señor brigadier y que así serían todas obedecidas. Sobre el segundo dijeron: que las posteriores que emanen del gobierno de Cundinamarca no deben obedecerse, y que si alguna se dirigiese a defender la causa común del reino atacada por los enemigos exteriores, se verá si verdaderamente hay peligros trascendentales al reino, y prontamente de acuerdo con las provincias debe proceder la defensa, no porque así lo hubiese mandado el presidente de Santafé, sino porque peligraba la libertad única que hemos jurado sostener en defensa. Y sobre el tercero dijeron todos que era de ofrecernos a los diputados del congreso, asegurándole que no cesaríamos en la empresa hasta ver formado ese cuerpo y que sólo las órdenes que procediesen de él, serían obedecidas por nosotros. Con lo cual se concluyó esta acta, que firman individualmente los oficiales para su perpetua constancia, y con la que se constituyen obligados a cumplir con el general voto que se ha manifestado.

"Antonio Bar aya, José Ayala,
Francisco Caldas, Rafael Urdaneta,
Antonio José Vélez, Manuel Ricaurte y Lozano,
José María Ricaurte, José Arce,
Angel González, Lino María Ramírez,
Francisco de Paula Santander, Luciano D'Elhuyar y Bastidas,
José Agustín Rosas.

   Es copia.

   Sogamoso, fecha ut supra.

Francisco de Paula Santander".

   Esta acta la dirigió también don Antonio Baraya al gobierno de Tunja con los oficios siguientes:

   Excelentísimo señor:

   El gobernador del Estado libre de Tunja debe quedar convencido, a vista del acta que a vuestra excelencia acompaño, de que la resolución de mi oficialidad y mía es mantenernos a la protección de ese gobierno hasta montar el supremo congreso del reino. Yo exijo de vuestra excelencia la admisión y sostenimiento de nuestras ideas francas y liberales, análogas a las de vuestra excelencia y a las de cada uno de los individuos que componen la República de Tunja, de quien es vuestra excelencia digno jefe.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sogamoso, 29 de mayo de 1812.

Antonio Baraya.

   Excelentísimo señor gobernador del Estado libre de Tunja.

   Excelentísimo señor:

   Quedando mi expedición sujeta al congreso del reino, y mi oficialidad resuelta a no obedecer orden alguna del presidente de Cundinamarca, es visto que el carácter de brigadier con que hasta ayer he sido conocido y que hoy he expuesto en manos del mismo presidente con los empleos de todos mis oficiales, los hemos perdido. Con esta consideración, vuestra excelencia puede mandarnos y reconocernos bajo del carácter militar que quiera, pero siempre bajo el de hombres libres y defensores de la libertad del reino.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sogamoso, 29 de mayo de 1812.

Antonio Baraya.

   Excelentísimo señor gobernador del Estado libre de Tunja.

Al público

   Satisfacción a los cargos que hace don Antonio Baraya al presidente de Cundinamarca para paliar el paso sin ejemplo que se refiere en los antecedentes documentos.

   Aunque en el pequeño manifiesto que se acaba de dar al público satisfago anticipadamente a varios de los cargos que ahora se me hacen, he creído conveniente ponerlos aquí donde corren por separado y por hacerlo con más método.

   1. "Desconoce la autoridad de un hombre que con escándalo de todas las almas libres pidió y consiguió la suspensión del imperio de la constitución".

   Respuesta: Este cargo sería contra el senado, si la misma constitución no lo autorizaba por un artículo para suspenderla; pero lo que debe causar admiración y no escándalo a las almas libres es que siendo yo un tirano, como me supone Baraya, no haya ejercido un acto de tiranía en seis meses que goberné sin ley que me contuviese, y que Baraya con la constitución, con las rigurosas leyes de la ordenanza militar y con las obligaciones que impone la amistad y reconocimiento al gobierno que lo ha condecorado y confiádole sus armas, se haya prostituido hasta el punto de entregarse él, su oficialidad y unas tropas armadas que por ningún título le pertenecen, a un gobierno extraño de quien pocos días antes detestaba.

   2. "Que valido de ella (la suspensión de la constitución) expatrió a dos dignos y honrados ciudadanos, sin oírlos ni convencerlos en juicio".

   Respuesta: Lea la Gaceta número 47 y sepa que para estos casos es que se suspende la constitución.

   3. "Que absolutamente se ha opuesto a la formación del cuerpo supremo de la nación".

   Respuesta: Se engaña; yo sólo me he opuesto a los proyectos de la destrucción de Cundinamarca y he repugnado las soberanías de los corregimientos de la provincia, no por quijotismo ni ambición, sino porque las contemplo perjudiciales a la causa común, como lo tengo manifestado.

   4. "Que ha depuesto con la arbitrariedad de un tirano a Ricaurte, jefe militar, libre, honrado, porque se denegó a subyugar a Pamplona".

   Respuesta: A Ricaurte sólo se le ordenó entregar el mando de una expedición que él mismo no quería dirigir; Ricaurte intentó dar el mismo paso en el Socorro, que ha dado Baraya en Tunja; Ricaurte me acusó al senado y debía venir a contestar su acusación; Ricaurte pidió su relevo; Ricaurte ha desobedecido las órdenes del gobierno, no ha contestado y se ha retirado a una provincia extraña y, no obstante todo esto, se ha estado pagando a su mujer hasta fin de mayo; esto es, un mes después de haberse llamado a dar cuenta de su conducta. Si esto es arbitrariedad de un tirano, que nos diga el ilustre Baraya, ¿cómo es que deben gobernar los hombres libres y cómo se deben manejar con unos militares insubordinados?

   5. "Que ha enviado pliegos a Santa Marta y a Maracaibo; a estas dos provincias que a cara descubierta han declarado la guerra a todas las que han proclamado la libertad".

   Respuesta: Baraya no sabe lo que contienen los pliegos, que ya están impresos para que el público los vea; pero Baraya ignora, seguramente, que se pueden mandar, sin delito, pliegos a una nación con que se está en guerra; que es de derecho de gentes el intimar la guerra antes de comenzar el ataque y tentar antes los medios de conciliación, mucho más entre hermanos y con una provincia en que la mayor parte de sus habitantes están por nuestra causa.

   6. "Que destinó en calidad de plenipotenciario hacia los sátrapas de Santa Marta a otro poco contento con el sistema liberal proclamado por la América del sur".

   Respuesta: El gobierno ignora cuál es la muestra que ha dado don José María Lozano de estar poco contento con el sistema liberal proclamado por la América del sur. El ha ejercido las funciones de legislador con todo el esmero de un buen ciudadano; él trabajó con empeño el nuevo plan de salinas de Zipaquirá, que hace honor a su filantropía; él admitió la propuesta que el gobierno le hizo voluntariamente de la delicada y expuesta comisión de Santa Marta, sin ningún honorario ni interés; él ha entrado sin repugnancia en el odioso empleo de consejero extraordinario; él se ofreció a la mediación con el mismo Baraya y él, finalmente, ha desempeñado la inspección de artillería y cuantos encargos le ha hecho el gobierno, con celo y desinterés. ¡Ojalá que Baraya con todo su patriotismo hubiera dado tantas pruebas de adhesión al gobierno y no nos tuviera ocupados y distraídos en unos asuntos tan poco decorosos a su persona y al nombre americano!

   7. "Que ha negado socorros pecuniarios a Cartagena...".

   Respuesta: Ya se ha dicho en el manifiesto que porque no los ha habido y se ha dado también la razón de que no los ha habido porque Cartagena ha contribuido a que no los haya.

   8. "Que ha dado pruebas nada equívocas, de que pretendía establecer una corona y dinastía sobre las ruinas de la corona y dinastía de los Borbones, que el reino ha mirado con horror".

   Respuesta: Parece que lo más prudente sería no contestar a este ridículo cargo y darlo al desprecio que se merece; pero como hay gentes tan Cándidas como el autor del cargo, me detendré un instante por la confusión en que está concebido. No sólo se ignoran los datos de esta aserción sino también en qué personas se va a establecer la soñada dinastía; si es en otros, estoy trabajando día y noche para ser esclavo y buscarme unos amos que ahora no tengo; y si es en mi persona y descendencia, confieso que mi amor propio se resiente de que se me llegue a creer tan ignorante, tan fatuo, que a más de mis bien conocidos principios, llegare a creer posible esta quimera romancesca, en un tiempo en que nuestra existencia política es un problema. Le digo al ilustre Baraya que no es tanta mi humildad que me obligue a decirle que ignoro la situación crítica en que nos hallamos, ni que esta sea la época, por ambicioso que fuera, de pensar en la quijotada de querer hacer figura, cuando dudo si me quedaba sano el poco pellejo que me han dejado.

   9. "A los dos hijos de vuestra excelencia cruzando en corso en la costa en barcos españoles".

   Respuesta: Hasta este punto se prostituyen los hombres cuando las pasiones y la ambición los ciegan; mis hijos no han salido en todo este tiempo de Cuba; se hallan en aquella ciudad angustiados y expuestos a una persecución por ser hijos del presidente de Cundinamarca, y esta es una de las muchas angustias de mi corazón. El señor Baraya ha oído cantar el gallo y no sabe dónde; es cierto que en las gacetas de Jamaica se ha hablado de un barco en que tenía parte uno de mis hijos y que el tal barco había apresado a otro de nuestras costas; pero ni mis hijos iban en él ni...., ni es justo que yo hable más en la materia.

   10. "A los europeos de Santafé muy adictos y contentos con vuestra excelencia".

   Respuesta: Ya he contestado que lo están porque viven bajo un gobierno que sabe respetar los derechos de todo ciudadano; pero si al señor Baraya le parece mal esta tranquilidad, que trate él de turbarla porque yo no me hallo de este humor.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 4 de junio de 1812, t. I., No. 54, p. 194-199.

68
CARTA DE FRANCISCO JOSE DE CALDAS, FRANCISCO DE PAULA SANTANDER Y OTROS AL GOBERNADOR DE TUNJA

CARTA EN LA QUE COMUNICAN SU RESOLUCION DE NO CONTINUAR DEPENDIENDO DEL PRESIDENTE NARIÑO Y SU DISPOSICION DE PONERSE BAJO LA PROTECCION Y AL SERVICIO DEL GOBIERNO DE TUNJA. Tunja, 7 y 8 de junio de 1812.

José de Ayala, Francisco José de Caldas, Niño
(gobernador del Estado de Tunja),
Francisco de Paula Santander,
Rafael Urdaneta, Antonio José Velez,
Manuel Ricaurte, José María Ricaurte,
José Arce Angel González, Lino María Ramírez,
Luciano D'Elhuyar, José Agustín Rosas.

   Excelentísimo señor:

   Convencidos nosotros de que era indispensable la ruina del reino manteniéndonos a las órdenes del dictador de Cundinamarca don Antonio Nariño, que nos había destinado a las provincias libres del norte, a llevar la opresión por todos sus pueblos, resolvimos en acta del 25 de mayo, no depender en lo sucesivo del presidente de Santafé y ponernos bajo la protección de este supremo gobierno, que había siempre manifestado el más vivo deseo de sostener la independencia y libertad del reino entero, que nosotros aspiramos a conservar. Renunciamos para conseguirlo los empleos que Cundinamarca nos había conferido en tiempo de su libertad, protestando servir de soldados en (la) grande obra de nuestra regeneración política a las órdenes del vencedor de Tacón, el ilustre Baraya, sin aspirar a que se nos diese graduación y distinciones que sólo apetecen los enemigos de la patria y a mantener la esclavitud.

   Con harto dolor nuestro nos vemos hoy no sólo reconocidos por vuestra excelencia con el carácter militar que antes gozábamos, sino con un grado más que se ha dignado conferirnos este supremo gobierno. Lo miramos con dolor, sí, porque a pesar de haber sido anticipada nuestra resolución, el presidente de Santafé, valiéndose de esta distinción honrosa de vuestra excelencia, publicará a todo el mundo que nosotros hemos vendido nuestro honor por la esperanza de un grado que nos prometía este gobierno y que el interés, la ambición y no el amor a la patria, a la libertad, nos movía hoy a separarnos del jefe político de Cundinamarca.

   Para acallar estas especies, único recurso del tirano, haríamos desde luego renuncia de los grados conferidos, si no se pudiese creer que lo hacíamos por despreciar este rasgo de generosidad que nos dispensó el gobierno de la República de Tunja, después de que había visto con horror los escandalosos fines a que se nos había destinado por el presidente de Santafé. Pero no podemos prescindir de hacer ver a vuestra excelencia y a todo el mundo que nosotros jamás hemos tratado servir por la vana esperanza de graduaciones y sueldos; que detestamos el vil interés y vergonzosa ambición y que sólo nos ha movido a resolver independizarnos del tirano Nariño, un verdadero amor a la libertad y el deseo de la común felicidad, únicos objetos por que sacrificaremos aún lo más precioso que poseamos.

   Téngalo así vuestra excelencia entendido y ténganlo también los infames satélites, aduladores de Nariño, que trabajan por ver a la patria envuelta en males incalculables, y que aspiran a erigir un tirano sobre las ruinas de la misma tiranía, que hemos jurado desterrar del suelo americano.

   Nosotros miramos con el debido aprecio los grados que se nos han conferido y nos lisonjeamos de ser ciudadanos de un Estado que amando la libertad detesta la servidumbre.

   Tunja, 7 de junio de 1812.

   Excelentísimo señor,

José de Ayala, Francisco Caldas,
Rafael Urdaneta, Antonio José Vélez,
Manuel Ricaurte, José María Ricaurte,
José Arce, Angel González,
Lino María Ramírez, Francisco de Paula Santander,
Luciano D'Elhuyar, José Agustín Rosas,

   Excelentísimo señor presidente gobernador y senado del Estado libre de Tunja.

   Sala de gobierno de Tunja, 8 de junio de 1812.

   Contéstese dando las gracias por los nobles y generosos sentimientos de los ilustres militares que suscriben; y para que llegue a noticia de todos sáquense copias, circúlense y fíjense en los lugares públicos de este Estado.

Niño,
gobernador del Estado.
García,
teniente.
Montaña,
secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Miscelánea, t. 82. f. 29 r. y v.

69
SITUACION EN POPAYAN

OFICIO DE NARIÑO AL CONGRESO SOBRE ACONTECIMIENTOS EN POPAYAN. IMPOSIBILIDAD PARA DAR AYUDA MILITAR. Santafé, 14 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

   "A las ocho de la noche de ayer 13 se recibió en este gobierno por extraordinario el oficio de que es copia la adjunta con el documento que la acompaña y contiene las adversas noticias que vuestras señorías van a ver. Respecto de Popayán ha sucedido puntualmente lo mismo que con Pamplona. Ya se dan partes que nos aseguran de próximos y muy graves peligros de invasiones enemigas, que obligan a este gobierno a dar, como lo ha hecho siempre con prontitud y generosidad, los auxilios que están a su alcance; ya vienen avisos contrarios, esto es, de haber cesado los riesgos y motivos de marchar las expediciones, y aun se interponen insinuaciones para que se suspendan.

   "Demasiado notorias fueron las últimas lisonjeras noticias que se tuvieron del triunfo de Popayán sobre los de Patía. Ellas habían determinado a este gobierno a disponer se suspendiese el auxilio que había enviado con toda oportunidad al cargo del teniente coronel don Antonio Villavicencio. Sobrevinieron a este tiempo las inesperadas escandalosas novedades de la segunda expedición del norte al mando de don Antonio Baraya al abrigo del gobierno de Tunja, que obligaron a providenciar que se replegasen a esta capital las tropas y armas que habían salido de ella en muy diversas circunstancias y que en el día debían atender con preferencia a su seguridad, amenazada por quienes menos se debía esperar.

   "Aún estamos en medio de esta peligrosa situación. Este gobierno, sin una nota muy escandalosa y sin un evidente peligro de su decoro y seguridad, no puede hoy desprenderse ni del más corto número de soldados ni de la más pequeña parte de sus escasísimos fondos, armas y pertrechos de guerra. Consiguientemente tampoco lo está, mientras dure la actual situación y estado de cosas, en el de poder suministrar absolutamente ninguna clase de nuestros auxilios. Estas son las consecuencias de los pasos y procedimientos de nuestros sabidos comandantes y de gobierno bajo cuya protección se han puesto, y de que uno y otros responderán en todo caso, sin que al de Cundinamarca le quede por ahora otro arbitrio que el de adelantarse a participar a vuestras señorías tan sensibles nuevos acaecimientos de Popayán y recordarles los que acá nos rodean, para que con tales conocimientos y sin necesidad de ponderaciones acerca de la importancia del negocio, puedan obrar en el encargo a que el celo de vuestras señorías los ha conducido para Tunja; en inteligencia de que iguales noticias resultan comunicadas de Popayán a los señores diputados de Ibagué y en la de que la hay también de que a pesar de las órdenes comunicadas a don Antonio Villavicencio para que regresase a esta capital con la expedición de su mando, ha seguido para Popayán.

   "Dios guarde a vuestras señorías mucho años.

   Santafé, 14 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

   "Señores diputados al congreso don Juan Marimón, don Camilo Torres, don Frutos Joaquín Gutiérrez y don José María del Castillo...".

Bando publicado en esta capital el 5 del corriente,

   "El presidente del Estado de Cundinamarca.

   Por cuanto a más de la particular obligación en que me hallo por virtud de la constitución del Estado, de velar sobre la tranquilidad y seguridad pública, se me ha autorizado peculiarmente por la representación nacional para dictar cuantas providencias estime conveniente a la defensa de nuestra provincia y su gobierno, en medio de las críticas circunstancias que ya son notorias, de recelarse por la parte de Tunja algunas hostilidades. En consecuencia y de acuerdo con el consejo extraordinario que me ha concedido la misma representación nacional, hago saber a todos los vecinos de esta capital y distrito de esta provincia, que aunque conforme a la constitución que gobierna, todo ciudadano sin distinción de clase o condición es soldado nato de la patria, hoy necesita el gobierno tener la más exacta noticia de los que preciándose de tales ciudadanos, se hallan expeditos y prontos a militar bajo sus órdenes para los objetos de la defensa de la provincia y sostenimiento de su gobierno legítimamente constituido. Por tanto he dispuesto, con el mismo acuerdo de los consejeros nombrados, que todo ciudadano varón, desde la edad de 15 años hasta la de 45, se presente dentro de cinco días ante los alcaldes ordinarios y demás justicias, a inscribirse en la lista que se ha de formar, dando su nombre y apellido, calidad, estado, edad, oficio y lugar de su residencia. Y para que llegue a noticia de todos se publique por bando, fijándose, además, en los lugares acostumbrados y se circule a los partidos foráneos de la provincia.

   Dado en Santafé a 5 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
 Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 18 de junio de 1812, t. I., No. 56, p. 205-207.

70
NARIÑO SALE EN EXPEDICION AL NORTE

BANDO DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA EXPLICANDO LOS MOTIVOS DE LA CAMPAÑA DEL NORTE. PLANA MAYOR DE LA EXPEDICION. DIARIO DE LA PRIMERA JORNADA. Santafé, 23 de junio de 1812.

Miguel Montalvo.

CUNDINAMARCA

   El 23 por la mañana se cubrió la plaza mayor de esta capital con la tropa de infantería y caballería que componen la tercera expedición al norte; todos formados esperaban la salida del presidente para ponerse en marcha, pero antes de emprenderla se publicó el siguiente bando.

   Don Antonio Nariño, presidente del estado de Cundinamarca, etc.

   Los riesgos que notoriamente amenazan a la patria por las invasiones que ya se han comenzado a experimentar en algunos pueblos de este Estado, por parte del de Tunja, que auxiliado por las armas de nuestra segunda expedición al norte, han tratado de sorprender la primera para atacar a este gobierno y causar al Estado los males que son consiguientes a la guerra civil, me han obligado a tomar la resolución de partir en unión de las tropas que marchan hacia aquellos puntos a impedir los progresos del partido contrario; este paso consultado previamente con la serenísima representación nacional, después de haber tentado infructuosamente los medios de conciliación que son sabidos, no lleva otro objeto que el de excitar el valor de nuestras huestes y poder entrar en tratados de pacificación si no se obstinasen en una guerra siempre injusta; por tanto y para que no se malogren las sanas intenciones que me animan, ruego y encargo a los habitantes de esta ilustre ciudad, observen el mayor orden, evitando las reuniones prohibidas por la constitución y todo insulto a cualesquiera personas para que no sea turbada la tranquilidad pública y el gobierno, que queda a cargo del supremo poder ejecutivo conforme a ella, pueda obrar a beneficio de la causa y de la felicidad común; lo que no se duda de la fidelidad y sentimientos patrióticos que en todos tiempos han acreditado los honrados vecinos de esta capital y en que, desde luego, darán la mayor satisfacción a su jefe. Publíquese por bando y fíjense copias en los lugares públicos.

   Dado en Santafé a 23 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

   De orden de su excelencia, Manuel de Santa Cruz.

   Luego que rompió el bando montó a caballo su excelencia y, acompañado de las diputaciones de todos los cuerpos de la representación nacional y una lucida comitiva, se puso en marcha, siguiéndole las tropas en el mejor orden, colocado en sus respectivos puestos el tren de campaña y pertrechos de guerra, lo que presenta un vistoso espectáculo.

Estado que manifiesta la plana mayor de esta expedición.

Comandante general
:
El coronel don José Ramón de Leiva
Ayudantes
:
El capitán don Domingo Caicedo y Santamaría
 
El teniente don Francisco Urdaneta
 
El teniente don José María Ortega
Segundo comandante genera
:
El teniente coronel don Justo Castro
Ayudantes
:
El teniente don José Marchena
 
El subteniente don Fermín Rodríguez
Cuartel-maestre
:
El capitán don José Pío Domínguez
Ayudantes
:
El capitán don Antonio del Castillo
 
El subteniente don Isaac Calvo
Mayor general de infantería
 
y caballería
:
El teniente coronel don Francisco García
 
Olano
Ayudantes
:
El capitán don Tomás Barriga
 
El subteniente don Joaquín Ortega
Auditor de guerra
:
Don José Tiburcio Echeverría
Ministro proveedor de víveres
 
y hospitales
:
Don José Antonio Mendoza
Capellanes
:
Don Ignacio Torres, vicario
 
Fray Francisco Florido
Cirujanos
:
Don José Joaquín García
 
Don José Félix Merizalde, ayudante
Ayudantes de campo del
 
excelentísimo señor
 
presidente
:
El capitán don Antonio Nariño y Ortega
 
El teniente don Rafael García del Fierro
Secretario
:
El de guerra y hacienda, don Juan
 
Dionisio Gamba
Oficial mayor
:
El de la secretaría de gracia y justicia,
 
don Eugenio Martín Melendro
Diarista
:
Don Miguel José Montalvo

Diario que este ha remitido desde la primera jornada, en que se manifiesta la ruta y progresos de esta grande expedición.

   23 de junio de 1812

   Hoy, a las once del día salió la expedición de la capital de Santafé. A la una y media de la tarde, en inmediaciones del pueblo de Usaquén, recibió su excelencia el presidente un oficio de los cuatro diputados del congreso que se hallan en Tunja, fecho en aquella ciudad a 20 del corriente, dirigido a persuadir al gobierno de Cundinamarca de que a pesar de las circunstancias en que se halla con motivo de las ocurrencias con los comandantes Baraya y Ricaurte, remitía a Popayán el auxilio que ha pedido de 200 fusiles y 50.000 pesos, por no hacer esto falta alguna a Cundinamarca; y que aunque en último caso dichos comandantes ocupasen la capital, sería éste menos mal que el que la invadiesen los enemigos del sur. Concluye este oficio del modo siguiente: si por lo menos estos no fueren los sentimientos de vuestra excelencia, los diputados en comisión, lejos de creer que la denegación de auxilios a Popayán pueda contribuir al objeto de la mediación, temen que irritados más los ánimos produzca muy funestas consecuencias.

   El mismo peón que trajo este oficio entregó otro al secretario de guerra fecho en Tunja, a 13 del corriente, en que don Joaquín Ricaurte dice: deseando precaverme de la arbitrariedad de don Antonio Nariño y de las resoluciones del senado conformes con sus ideas, me he incorporado en las tropas del Estado verdaderamente libre de Tunja, en donde la voluntad del pueblo expresada en una sabia constitución religiosamente observada, es la suprema ley que garantiza los derechos del ciudadano. Desde aquí haré notoria al reino la causa por que se me juzga en esa comandancia y el mundo imparcial decidirá de la justicia que me asiste.

   A las tres y media de la tarde hizo alto el ejército en el pueblo de Usaquén, en donde acampó.

Miguel José Montalvo.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 25 de junio de 1812, t. I., No. 58, p. 212-213.

71
PAPELES DEL EJERCITO FEDERAL

INFORMES Y ORDENES DEL MARISCAL DE CAMPO DE LAS TROPAS FEDERALISTAS. 26 de junio de 1812, y 6 de enero de 1813.

Antonio Baraya,
Domingo Caycedo.

Reservada.

   Excelentísimo señor.

   Devuelvo a vuestra excelencia la causa del brigadier don Antonio Baraya y billete de Santos, habiéndose dejado testimoniados en el expediente como se previno en el auto de vuestra excelencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 26 de junio de 1812.

   Excelentísimo señor,

Luis Eduardo de Azuola.

   Anexo:

   Tunja, 7 de junio de 1812.

   Señor don Domingo de los Santos.


   Señor gobernador.

   Tunja, 7 de junio de 1812.

   Señor don Domingo de los Santos:

   Muy señor mío:

   He hablado hoy con el señor gobernador y convinimos en lo que escribe a vuesamerced. Es paso muy importante y puede vuesamerced hacer ver a los soldados del destacamento de Chocontá que los esperamos como hermanos, y que a cada uno de ellos que se presente con su fusil se le abonará su prest y se le darán veinte pesos. Ellos pueden pasar impunemente, pues a cuatro pasos se ponen en esta provincia. Por fin haga vuesamerced toda diligencia, pero sin exponerse, pues vuesamerced es muy importante.

   Me ofrezco a la disposición de vuesamerced y deseo me ocupe como a su compatriota, amigo y seguro servidor que besa su mano,

Antonio Baraya
(r).

   A don Domingo de los Santos.
   Ventaquemada.

   Amigo Gil:

   Por la adjunta verá vuesamerced lo que ha de hacer, pues nuestro amante Baraya me ha mandado solo a este, puede determinar a ojo cerrado y ver los demás compañeros. Aquí los espero para que sigamos a Tunja, a donde el señor mariscal de campo; ve hijo. A José María que juntos pueden hacer la cosa.

   Tuyo,

Santos.

   (Alférez de granaderos del batallón de la República libre de Tunja en Puente de Piedra).

   Aunque supongo ya en Ventaquemada los auxilios remitidos anoche, pide el brigadier se le mande de todo, particularmente municiones. Haga usted sigan las posibles, sin dejar el campo descubierto.

   La acción ha sido gloriosa. Demos las más rendidas gracias al Todopoderoso, y haga usted que la tropa las rinda generalmente.

   En llegando los prisioneros que vengan al momento, para no ocupar la tropa en su custodia.

   Adiós, hasta luego. De usted su amigo,

Baraya.

   El ciudadano Antonio Baraya, general en jefe del Ejército de la unión.

   Los soldados, que con destino de servir a la patria, se hallan en el ejército de la unión, deben (aunque sean milicianos) estar subordinados y obedecer cuanto se les mande del servicio, a todos los superiores; y al que incurriere en el delito de inobediencia o deserción, justificado que sea, se le pasará por las armas irremisiblemente.

   Publíquese por bando al frente de las tropas y hágaseles entender a las del partido de Samacá y las demás para que no aleguen ignorancia.

   Tunja, 28 de noviembre de 1812.

Antonio Baraya.

   Por orden y mandamiento de su señoría. Publíquese por bando.

   Alto de la Quebrada de Barón, 29 de noviembre de 1812.

Antonio José Vélez,
comandante de la avanzada de Barón.

   Hasta que he recibido el oficio de vuestra excelencia no ha llegado la contestación que aguardaba del supremo congreso. El sargento Madero fue aprehendido a las 10 de la mañana del 26, según me contestó el comandante del campo de Puente Grande, a cuya hora no estaba todavía convenida la suspensión de armas; las avanzadas por esta parte no han dado paso adelante del que tenían dado, cuando vuestra excelencia vino de la hacienda de los padres de San Juan de Dios, y por la de Suba y Puente Grande sólo han hecho las correrías que desde el principio hicieron; y los víveres no se han interceptado, pues la orden de pase hacia esa ciudad, después de abastecido el ejército, la he dado.

   Si mañana 30 a las 12 del día no ha tenido vuestra excelencia aviso mío de estar recibida la contestación que aguardábamos, puede vuestra excelencia obrar como guste, quedando hasta este término suspensos los movimientos militares, como hasta aquí se ha hecho.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Campo de Usaquén, 29 de diciembre de 1812.

Antonio Baraya.

   Excelentísimo señor plenipotenciario de la representación nacional de Cundinamarca.

   Estoy en el caso de entrar a esa ciudad, o pacíficamente o por la fuerza de las armas. Para verificarlo pacíficamente es necesario que vuestra señoría rinda a disposición del supremo congreso las que manda, y que reconozca su autoridad, en cuyo caso serán tratados los militares con la consideración a que se hagan acreedores. Y para entrar por la fuerza espero que vuestra señoría me diga inmediatamente si se resiste a dar este paso decoroso para los militares y que los pone a cubierto de todos los perjuicios, que después de una acción deben sufrir con sobrada justicia. De todos modos depende de la resolución de vuestra señoría, o el ser tratados con la consideración debida, o el serlo con la que se merecen unos enemigos verdaderos y obstinados en sostener un partido rebelde.

   Seis horas aguardo la contestación.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Campo de Usaquén, 30 de diciembre de 1812, a las 10 del día.

Antonio Baraya.

   Señor comandante general de las armas de Santafé.

   Las armas de Cundinamarca que están a mi mando no son mías; ellas me han sido confiadas por su gobierno dimanado del pueblo; y como jamás he dispuesto de lo que no es de mi propiedad, tampoco me creo ahora en el caso de condescender con lo que vuestra señoría me propone rindiéndolas a disposición del supremo congreso; cuyo reconocimiento tampoco es directamente de mi acción sino del mismo gobierno de mi Estado, a quien inmediatamente me tengo por obligado a obedecer. Y respecto a que las amenazas no pueden ser un medio de persuadir a los militares de honor a que se separen de sus deberes; yo, con todos los de mi mando, estoy resuelto a sostener el nuestro y proceder defendiéndole y defendiendo esta patria conformes con quien la gobierna, mientras nos anime un aliento de vida.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé y 30 de diciembre de 1812.

J. de L.

   Señor general en jefe del ejército de la unión.

   Los prisioneros don Salvador Cancino, don Santiago Perry y dos artilleros, me han asegurado que se trata en esa ciudad de clavar los cañones y descomponer el armamento. De este hecho hago a usted responsable con su persona y bienes, los mismo a todos esos militares y a cualquiera que coopere a obstruir los recursos para la defensa general.

   Y en nombre del superior congreso intimo a usted se rinda a discreción, con toda la fuerza que manda, si es que usted quiere salvarse y salvar a esos militares de los males que les deben sobrevenir. Estas no son amenazas para intimidar, sino proposiciones que para con Dios y la posteridad me inhiben de cargo alguno y con que haré ver después de una acción, que primero abrí el camino de la paz antes de romper el de la guerra.

   Contésteme usted dentro del término de cuatro horas.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Fontibón, 7 de enero de 1813, a las 6 de la tarde.

Antonio Baraya.

   Señor comandante del campo de San Victorino.

   Purificación, 26 de febrero de 1813.

   Amigo y señor de toda mi estimación:

   En medio del dolor y consternación que me causa la falta de su buen amigo de usted, mi querido padre, que acabo de perder, he recibido el apreciable oficio de usted en que me comisiona para que pase a Neiva a tratar con aquel gobierno.

   El desconsuelo de mi querida madre y hermanos, que usted podrá considerar cuál haya sido, una lenta fiebre que no me ha desamparado desde el sábado; ser único albacea testamentario y, finalmente, un trastorno general de mi máquina, ocasionado de tan gran pérdida, no me dejan obrar con toda libertad y tomar un caballo y partir al instante a Neiva y dar pruebas a usted del particular aprecio que hago de usted, de los intereses del Estado y de la causa común. Sin embargo, no respondo a usted de oficio hasta ver si pasados algunos días me es posible ejecutarlo con menor incomodidad, o si parece a usted comisionar al doctor Huelgo, que actualmente se halla en Neiva, su patria, donde tiene algún ascendiente; es bastante adicto a nuestro sistema y a Santafé, sujeto de confianza y de luces nada vulgares. Espero a vuelta de correo la determinación de usted para obrar según ella sin pérdida de tiempo.

   Antes de ayer se presentaron en casa el cura, el cabildo y todos los principales vecinos del departamento a suplicarme, con las más vivas instancias, permitiera que me presentasen para subpresidente de esta villa y admitiese el destino que no les acepté en el juicio pasado. La buena memoria de mi padre que tantas veces me encargó mirase por este lugar y no abandonase los establecimientos que había comenzado; la gratitud de estos hombres y amor grande hacia un benefactor, en cuyo entierro la mayor pompa que le acompañó fue la de las lágrimas de tantos infelices a quienes había beneficiado, y le llorarán perpetuamente, me obligaron a consagrar con ellos, a pesar de la repugnancia con que miro toda clase de empleos, como usted no ignora, y del inmenso peso que se me presenta en los grandes y complicados negocios que recaen sobre mis hombros.

   Espero pues, como he dicho, que usted me diga lo que debo hacer para ejecutarlo con la prontitud y voluntad con que desea servir a usted su afectísimo amigo y verdadero estimador,

   Que besa su mano,

Domingo Caycedo,
(rúbrica).

   Posdata. Mi tío Pepe se ha manejado aquí con muy buena conducta portándose con la mayor indiferencia; trató de irse a principios de enero, pero la noticia de que venía Baraya le hizo suspender el viaje y pedir prórroga a pesar de que le escribían contando ya con la toma de Santafé y destrucción de nuestro sistema; quería últimamente verificar ya su viaje en estos días, pero la desgracia que nos ha llenado de luto y de dolor lo ha suspendido también, y el martes ha seguido a la hacienda de Andrés, donde se halla bastante enferma mi tía Mariana. Esto digo en respuesta a la pregunta que usted hace a mi amado padre y cuya carta sólo yo he visto y para gobierno de usted.

(Rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia. Archivo del general José Ramón de Leyva. Legajo: Papeles del ejército federal y ultimátums del general Antonio Baraya.

72
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

IMPOSIBILIDAD DE CONCILIACION CON TUNJA. Chocontá, 30 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

   Oficio del presidente don Antonio Nariño dirigido de Chocontá por posta al poder ejecutivo.

   En el camino que llevo para Tunja con la expedición, he recibido un pliego de los señores diputados del congreso que pasaron a tratar con aquel gobierno sobre medios de conciliación. Ellos han acompañado con un difuso oficio de 23 de este mes, algunos documentos comprendidos en trece hojas que ni hay tiempo de copiar ni creo conveniente dejar de llevar conmigo.

   Resulta de todo que después de algunas conferencias e instancias de los señores comisionados con aquel gobierno, nada ha conseguido de los artículos propuestos por el de Cundinamarca como bases de la conciliación; por consecuencia de ello se nos reduce al extremo de tomar las otras medidas capaces de sostener el decoro de nuestro gobierno y reducir al de Tunja a su deber. Pero he querido antes dar el último paso de concordia, oficiando con éste lo conducente a evitar todo funesto acontecimiento y dar a vuestra excelencia este aviso para su inteligencia y la de que ahora mismo salgo de este pueblo con las tropas sin novedad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Chocontá, 30 de junio de 1812.

Antonio Nariño.

   Al poder ejecutivo.

FUENTE EDITORIAL:
 Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 2 de julio de 1812, t. I., No. 59, p. 217.

73
FRAGMENTOS DEL DIARIO DE LA EXPEDICION AL NORTE

DIARIO REMITIDO POR MIGUEL MONTALVO SOBRE RUTA Y PROGRESOS DE LA EXPEDICION. Tunja, junio y julio de 1812.

Miguel Montalvo.

CUNDINAMARCA

   Extracto del diario remitido por don Miguel Montalvo, de la ruta y progresos de nuestra tercera expedición al norte, hasta su entrada a Tunja.

Junio 24

   A las ocho y media de la mañana salió del pueblo de Usaquén esta grande expedición. Lorenzo Rincón, vecino de él, tuvo en su casa la artillería; obsequió y sirvió al capitán Millán y sus dependientes y no quiso recibir el precio del pastaje de 120 bestias.

   La expedición acampó en el puente de Sopó, en casa de don Gabriel Manzano, en donde el presbítero don Juan Manuel García de Tejada festejó y colmó de obsequios al presidente, a la oficialidad y a la tropa, mandando matar algunas vacas y corderos y franqueando hasta los caballos de su silla para los transportes. El mayordomo de don Lorenzo Marroquín, Juan José N, prestó gustoso cuantos auxilios se le pidieron y no quiso recibir el importe del pastaje de todas las caballerías de la expedición.

25

   Marchó la tropa a las nueve y media de la mañana y a las once y cuarto hizo alto en Tocancipá, donde comió y reposó. El cura excusador don José María Quevedo hizo todas las demostraciones de obsequio y agasajo que le fueron posible, al presidente y oficialidad. A las tres de la tarde marchó la expedición y acampó en Gachancipá a las cuatro y media. La vanguardia de caballería y la artillería pasaron a Boitá, hacienda de don José Prudencio Camacho, quien hospedó en su casa a los oficiales, obsequiándolos mucho, y no admitió paga por el pastaje de las caballerías.

   En Gachancipá recibió el presidente el oficio del gobernador de Pamplona en que comunica que por las tropas de Maracaibo había sido ocupada la villa de San Antonio de Táchira. El conductor traía otro del mismo tenor dirigido a todos los pueblos de la Nueva Granada.

26

   A las siete de la mañana se recibió por Santafé el acta del Socorro en que constan los sucesos acaecidos en aquella villa el 13 y 14 de este mes y la falsedad de las noticias que anteriormente corrieron en la capital sobre el asunto. A las nueve se puso en marcha la expedición y acampó en Sesquilé a la una y media de la tarde. La expedición vivirá siempre agradecida a los beneficios que le prodigó el generoso cura de Sesquilé, don Tomás de Rojas. Sin disminuir el mérito de los otros párrocos del tránsito, se puede decir que Rojas agotó los servicios de una benigna hospitalidad.

27

   A las nueve y cuarto de la mañana salió de Sesquilé la expedición, y a las dos y tres cuartos de la tarde acampó en Chocontá, en donde recibió el presidente un pliego que le dirigieron de Tunja los diputados al congreso, que se hallan en aquella ciudad; de él resulta que los expresados diputados habían propuesto al gobierno de Tunja diferentes medios de transacción y conciliación con el nuestro, y que ni el poder ejecutivo ni el senado de Tunja han querido admitir alguno, declarando, definitivamente, que el único remedio que encuentran es la instalación del congreso, con arreglo al acta de federación de 27 de abril de 1811 y sin las limitaciones que ha puesto a dicha acta el gobierno de Cundinamarca.

28

   La expedición permaneció en Chocontá este día, y a las nueve de la mañana de él, comenzó la infantería un ejercicio de fuego bien ejecutado, en un campo inmediato al pueblo.

29

   A las tres y cuarto de la tarde tuvieron ejercicio de fuego la infantería y la artillería; la caballería hizo también algunas evoluciones. El corregidor de Chocontá, don Antonio Felipe Camacho, obsequió al presidente y a la oficialidad superabundantemente. En este día ofició su excelencia con el gobernador de Tunja, proponiéndole una conferencia fuera de la ciudad, con el fin de evitar la efusión de sangre.

30

   A los tres cuartos para las once de la mañana salió la tropa de Chocontá y a los tres cuartos para las tres de la tarde, acampó en Hatoviejo, jurisdicción de Tunja. A poco rato salió en descubierta el ayudante don Domingo Caicedo y no hubo novedad.

1° de julio

   A las ocho y tres cuartos de la mañana se puso en marcha la expedición y a las cuatro y cuarto acampó en Ventaquemada. El ayudante Caicedo salió a las tres de la tarde a explorar el terreno y subió en muy breve tiempo, a pie, el cerro más elevado del páramo de Gachaneque. El inglés don Santiago Perry, teniente de artillería, también manifestó en esta descubierta una intrepidez digna de notarse.

2

   A las ocho y media de la mañana salió la expedición y llegó a la una y media de la tarde al Puente de Boyacá y acampó en la Casa de Teja. A las once y media del día, por orden del presidente, se dirigieron a Tunja con anticipación, el ayudante Caicedo, el capitán don Camilo Aranzazuguytía y don Miguel Montalvo, a solicitar alojamiento para la tropa y a tranquilizar los ánimos de los habitantes de aquella ciudad, atemorizados en sumo grado por creer que nuestra expedición iba quitando la vida a cuantas gentes encontraba, sin perdonar a la inocente infancia. Los enemigos de la verdad habían esparcido en aquellos contornos mil imposturas contra nuestro presidente para persuadir a la gente sencilla de que era un hombre cruel, hereje y un monstruo de todos los vicios. Los comisionados llegaron a Tunja a las cuatro de la tarde. Ya el gobernador y demás funcionarios habían huido a Santa Rosa. Hablaron con los alcaldes ordinarios y aquietaron a aquellas gentes agitadas, persuadiéndolas de que podían, con toda seguridad, presenciar la entrada de nuestras tropas.

   En este día recibió su excelencia contestación del gobierno de Tunja al oficio en que le propuso una conferencia. El gobernador se deniega a ella y dice a nuestro presidente que él inmediatamente iba a emigrar de la ciudad, que entre en ella y haga lo que quiera.

3

   A las ocho y cuarto de la mañana marchó la expedición y a las dos y tres cuartos de la tarde entró en toda formación a la ciudad de Tunja, a vista de un pueblo numeroso que presenció con tranquilidad tremolar nuestras banderas en medio de su plaza.

FUENTE EDITORIAL
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 9 de julio de 1812, t. I., No. 60, p. 220-221.

74
CARTA DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA

CRITICA A MALOS MANEJOS E INDECOROSIDAD DE DIPUTADOS DEL CONGRESO EN EL GOBIERNO DE TUNJA. Tunja, 4 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

Reservado

   El mal resultado de la comisión con que pasaron a este gobierno de Tunja los cuatro diputados del congreso, don Juan Marimón, don Camilo Torres, don Frutos Gutiérrez y don José María Castillo, manifestado en el oficio y documentos que por separado remito a ese poder ejecutivo, y las noticias privadas que ya tenía del manejo de algunos de estos señores acerca de la misma comisión, me convencieron desde luego de que muy lejos de haber tomado sinceramente un verdadero interés en el negocio, han dado lugar a los nuevos insultos de estos gobernantes contra nuestro gobierno.

   Obsérvese que a los diputados debía conducir el doble interés del buen éxito de su encargo y el puntual cumplimiento de los tratados celebrados por dos de ellos con arreglo a particulares instrucciones, y sobre esto ratificados por los demás. Obsérvese también que después de inculcados éstos por el gobierno de Tunja, aún tienen los comisionados valor de decir en su oficio de 25 de junio último que dicho gobierno ha cedido cuanto no debían esperar.

   Estas y otras semejantes expresiones fáciles de notar en el citado oficio y otros anteriores, y sobre todo el insinuado mal éxito de dicha comisión, en todo contrario al decoro e intereses del Estado de Cundinamarca, me han dejado íntimamente persuadido de que la existencia de tales señores en este territorio, muy lejos de sernos favorable, nos era perjudicial y ruinosa.

   En consecuencia de esto, y resuelto (como ya indiqué a ese poder ejecutivo en oficio dirigido de Chocontá en 25 de junio) a tomar las otras medidas que exigen las circunstancias, me determiné a dirigir a dichos diputados el que en copia acompaño, y que recibieron en esta ciudad el 2 del corriente, y hoy han marchado por la vía de Chiquinquirá (según han dicho) para esa capital. Tengo a bien dar conocimiento de ello a ese poder ejecutivo, así para su inteligencia, como para que en caso de publicarlo aquéllos, se publiquen también todos los fundamentos que lo motivaron.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 4 de julio de 1812.

Antonio Nariño,
(firmado).

   Al poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

75
OFICIO DE LOS REPRESENTANTES AL CONGRESO DIRIGIDO A NARIÑO

ENVIA AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA, DESDE TUNJA, LOS DOCUMENTOS QUE LE DIRIGEN EN DICHA CIUDAD. CONTESTACION DE NARIÑO. Tunja, 7 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

   El presidente, don Antonio Nariño, con oficio del 4 del corriente, remitió de Tunja al supremo poder ejecutivo, para que lo pusiese en conocimiento del serenísimo colegio revisor del acta federal, el oficio y documentos que le habían dirigido de aquella ciudad los diputados del congreso cerca de su gobierno y recibió su excelencia en Chocontá el 27 del mismo, que es el siguiente.

   Excelentísimo señor:

   El día siguiente de nuestra llegada a esta ciudad, que no fue hasta la tarde del 18 por el mal estado del camino y por la necesidad de detenernos en la parroquia de Ventaquemada, sin cuidar de descansar un momento de las fatigas del viaje, pedimos a este gobierno por el oficio marcado con el número 11 que, o entrásemos en las conferencias verbales que fuesen necesarias a llenar el objeto de nuestra comisión o nos entendiésemos por escrito, si así lo tuviese a bien, y le suplicamos al mismo tiempo que mandase suspender toda hostilidad contra Santafé y su territorio, como que nada sería más opuesto a nuestra mediación que una guerra actual, en la que el ruido de las armas no dejaría escuchar la voz de la razón. El oficio número 22 fue toda la contestación que recibimos y en su virtud tuvimos, en la tarde del mismo día, una larga conferencia, en que nada pudimos recabar de este gobierno, que nos manifestó una absoluta desconfianza de vuestra excelencia. Continuamos diariamente y hasta de noche las conferencias, sin omitir cosa alguna de nuestra parte para obtener siquiera algunas esperanzas de un acomodamiento honroso; pero todo fue en vano, porque constantemente se nos decía que nada podía fiarse de vuestra excelencia.

   Ya el día 22, se habían multiplicado los avisos del suceso desgraciado de Cúcuta, de los riesgos de Pamplona y de la superioridad de fuerzas con que los enemigos invadieron aquella provincia y dominan hoy la más bella porción de ella. Con este motivo dirigimos en el mismo la nota número 33, adoptando nuestras proposiciones a las estrechas circunstancias del tiempo y a lo que creíamos podría ser asequible, según lo que habíamos comprendido en las conferencias. Antes de recibir respuesta alguna llegó a esta ciudad don Manuel Antonio Silvestre, oficial I de la tesorería de Pamplona, encargado por aquel gobierno de comunicar a la voz los sucesos ocurridos en Cúcuta; e instruidos nosotros de que, por desgracia, eran demasiado ciertas las noticias que ya teníamos, dirigimos al gobierno el oficio número 44. Poco después recibimos con el número 55, el acta que le acompaña, en respuesta a la nota del 22; y en la noche del 24, la contestación número 66 al de la del día anterior.

   Para no admitir cosa alguna de cuanto pudiese conducir a serenar los ánimos y lograr la concordia por que nos hemos desvelado, pedimos el mismo día 22 la libertad de todas las personas arrestadas, después de las presentes diferencias y con motivo de ellas, entre éste y ese Estado, número 77, pero no lo hemos podido conseguir, como lo verá vuestra excelencia por la copia del oficio número 88. Aunque el acta del 22, comunicada con oficio de 23, que no se recibió hasta el siguiente en respuesta a nuestra nota del mismo día 22, parecía no dejar lugar a nuevas instancias, fueron tan graves, tan urgentes las noticias recibidas ayer, que sin temer la nota de importunos hicimos el último esfuerzo contenido en la nota número 99. Y no fue inútil este paso, según verá vuestra excelencia por el acta número 1010, en la cual ha cedido este gobierno cuanto no debíamos esperar. En este estado se ha recibido el oficio número 1111 de don Antonio Baraya, que indica las contestaciones iniciadas con don José Miguel Pey, con el objeto de reunir sus fuerzas para repeler a los invasores de Cúcuta. El gobierno aprueba la resolución de Baraya, según nos lo comunica, le ha dado las órdenes más eficaces al efecto, y lo avisa así al de Pamplona, ofreciéndole todos los recursos de esta provincia. De este modo hemos visto allanada una de las mayores dificultades con que siempre habíamos tropezado, que era el allanamiento de los comandantes con quienes ha querido contar este gobierno. Esta generosa conducta de Tunja, que pospone sus intereses particulares a la salvación del reino, debe tranquilizar a vuestra excelencia como que es una prueba de que ya no debe temer la invasión de que tanto se ha hablado; y en justa reciprocidad debe ser también un motivo para que ese gobierno, haciendo retirar todos los destacamentos que tiene en la raya y cuya existencia fomentaría la desconfianza de éste, convierta toda su atención a los puntos por donde estamos amenazados de nuestros implacables enemigos, que tratan de aprovecharse de nuestras diferencias interiores, de que se hallan bien instruidos, según lo manifiesta la combinación de sus operaciones.

   Nosotros no dudamos, y antes bien suplicamos a vuestra excelencia que adopte las únicas medidas que pueden salvarnos de los riesgos que por todas partes nos rodean, habiendo cesado los únicos motivos que tenía vuestra excelencia para no dar a Popayán los auxilios que pidió en 3 del corriente; según nos lo dice vuestra excelencia en su oficio de 14, tiempo es ya de que se los franquee cuando son tan graves sus necesidades y de que, si es cierto, como se dice, que hay tropas en Puente Real para reforzar la expedición del brigadier Pey, se aproveche esta oportunidad para hacerlas marchar por la provincia del Socorro, hacia Cañaverales y Ocaña, por donde también se nos amenaza, a cargo de un jefe de inteligencia, valor y conocido patriotismo, pues no es justo exponer a los efectos de la cobardía, de la impericia o de la perfidia, la suerte de nuestras armas y la libertad del reino.

   Estos son los medios de serenar los ánimos demasiado irritados y de conseguir una reconciliación sincera que hemos podido encontrar y que dictan imperiosamente las circunstancias; pero si vuestra excelencia no se diere por satisfecho con los últimos allanamientos de Tunja y el buen uso que hoy puede hacer de unas armas preparadas ya para su mutua destrucción, nosotros no vemos otro arbitrio que el de que más hábiles negociadores, aunque no de mejores intenciones, adelanten una obra que nosotros no hemos podido llevar al término que se apetece. ¡Quiera el cielo que ellos sean más felices y que eviten un comprometimiento hostil, y el derramamiento infructuoso de la sangre de nuestros hermanos, que ha sido y es el voto mas ardiente de nuestro corazón! Concluido de este modo por nuestra parte el objeto que nos ha conducido a este destino, nos marcharemos a la Villa de Leiva, en donde esperaremos la respuesta de vuestra excelencia por si aún pudiéramos servir desde aquel punto a la causa común; y si esto no pudiere ser, advertidos de las intenciones de ese gobierno, seguiremos a Santafé para arreglar nuestras ulteriores operaciones a la voluntad de nuestros comitentes en Ibagué.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 25 de junio de 1812

Juan Marimón y Enríquez, Camilo Torres,
Frutos Joaquín Gutiérrez, José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de Cundinamarca.

   Reunido, a convocatoria del poder ejecutivo, el serenísimo colegio revisor del acta federal, se leyeron, meditaron y discutieron detenidamente el oficio y documentos de que se ha hecho referencia y su alteza serenísima dio, por medio de su vicepresidente, al gobierno la contestación que consta del siguiente oficio.

   Excelentísimo señor:

   Como por más diligencias que he practicado para que se reúnan los miembros del serenísimo colegio revisor, no lo haya podido conseguir más que en el número de 38 individuos en la tarde de este día, me pareció oportuno instruirles de los documentos que vuestra excelencia me ha remitido como dirigidos por el excelentísimo señor presidente del Estado referente al resultado de las negociaciones entre los diputados del congreso en comisión del supremo poder ejecutivo de este Estado y el gobierno de Tunja, y, enterados de su contenido los individuos dichos, no pudiendo acordar sobre su contexto por falta de número suficiente, han sido solamente de dictamen de que no debiendo variarse lo resuelto por el serenísimo colegio en 29 de mayo último, en orden a la aprobación del acta federal en los términos que constan de aquel documento remitido oportunamente a vuestra excelencia; no puede, por lo mismo, variarse dicha resolución ni entrarse en determinaciones que la destruyan. Y lo comunico a vuestra excelencia para su inteligencia, con la devolución de los documentos que motivaron la reunión del serenísimo colegio.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 9 de julio de 1812.

   Excelentísimo señor,

Luis Eduardo Azuola,
vicepresidente.

   Excelentísimo señor presidente y consejo del supremo poder ejecutivo del Estado.

   Ya había comunicado el supremo poder ejecutivo esta resolución al presidente don Antonio Nariño con oficio del 10 del corriente, cuando en la tarde del mismo día se recibió por extraordinario, el que con fecha 7 del mismo dirigió a este gobierno el dicho señor presidente, que con los documentos de que habla, uno en pos de otro, es como sigue:

   Después de haber partido de esta ciudad los cuatro diputados del congreso destinados en comisión hacia este gobierno y de cuyas malas resultas está ya instruido ese poder ejecutivo, me han dirigido desde la Villa de Leiva el oficio de que es copia la adjunta número 1.

   El tenor de éste, sobre todos los antecedentes del asunto, y de que hablé a vuestra excelencia en el último mío de 4 del corriente, me han obligado a darles en este mismo día la contestación que también acompaño en copia, número 2, para que sirviendo a ese poder ejecutivo de inteligencia, disponga la publicación de uno y otro en la Gaceta Ministerial, como lo creo conveniente al decoro de nuestro gobierno, y para que el público se acabe de desengañar del verdadero origen de las desavenencias ocurridas, de que por nuestra parte se han tratado y tratan de cortar por cuantos modos son imaginables, y de que en vez de concurrirse a ese interesante fin por aquellos que tan de propósito han sido destinados al efecto, se han abrigado y fomentado en odio de Cundinamarca y su gobierno, esas mismas, y aun acaso mayores disensiones.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja 7 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

   Al poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

DOCUMENTO NUMERO 1

   Oficio dirigido de la Villa de Leiva por los cuatro diputados al congreso al presidente don Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Ya han comenzado a verificarse los anuncios que hicimos a vuestra excelencia en 30 del próximo pasado junio, rogándole que desistiese de la empresa de ocupar a Tunja y se retirase de su territorio, porque un paso de esta naturaleza frustraría las medidas saludables que se tomaban, para que marchasen las tropas existentes en el Socorro contra el enemigo común. El comandante Baraya dice formalmente al gobierno de Tunja, en oficio que acabamos de recibir, comunicado por éste y con sola la noticia de las tropas que comenzaban a moverse de Santafé, que no marchará a Cúcuta mientras no tenga una seguridad de que no lo hacen otras a su retaguardia exponiendo su existencia, la de sus oficiales y ejército, cuando ellos se empeñan en contener al enemigo. ¿Qué dirá y qué hará ahora cuando sepa que no sólo son amagos, sino que realmente vuestra excelencia, despreciando el allanamiento del mismo comandante para marchar a Pamplona, aun a las órdenes y de segundo del comandante Pey, se ha internado hasta la capital de Tunja, y enviado tropas por otra parte? El comandante Baraya tratará, sin duda, de salvar su ejército a todo trance; él se batirá con las tropas que van a perseguirlo; ¿Y qué fruto habrá sacado vuestra excelencia de estas hostilidades? Primero, el hacer que se abandone la defensa de Cúcuta y Pamplona, como ya lo tenemos indicado. Segundo, el exponer, de este modo, a todo el reino a los peligros que son consiguientes, debilitadas las únicas barreras que podríamos oponerle por aquella parte; y tercero, ver inundado al mismo reino en la sangre de nuestros hermanos.

   Supongamos todo lo más favorable que se puede suponer a favor de vuestra excelencia, es decir, que venzan sus armas. ¿Piensa vuestra excelencia que se conseguirá esto sin dolorosos sacrificios de su parte y de la de unos oficiales de honor empeñados en una causa que creen justa y que se defenderán hasta el último trance? ¡Y quién responderá de estos males que se van a causar! Baraya ha hecho un sacrificio digno de un alma grande y generosa cual es el de ceder sin disputa la primacía del mando de las tropas al comandante Pey y ponerse, en cierto modo, a sus órdenes, sólo por ir a atender a la defensa común. El gobierno de Tunja convino en ello a pesar de sus propios peligros. Nosotros rogamos encarecidamente a vuestra excelencia admitiese este partido, en el oficio en que dimos cuenta a vuestra excelencia del resultado de nuestra mediación. Todo lo ha despreciado vuestra excelencia; pero el reino que ahora observa, en silencio, al fin juzgará de estos procedimientos con imparcialidad. No olvide vuestra excelencia que el gobierno de Cundinamarca es el autor de estas desavenencias por la ocupación de pueblos que no le pertenecen, y que fuera cual fuere la conducta posterior de los que se ven oprimidos, nada ha podido ni puede imputárseles con razón. Concluimos suplicando a vuestra excelencia, de nuevo, que salga de Tunja y deje obrar a las tropas que están en el Socorro contra el enemigo común; que no debilite las fuerzas que hoy podríamos oponerle con ventajas y mañana serán insuficientes, y que acceda a la propuesta que tiene hecha anteriormente el comandante Baraya, ya que se ha prestado Tunja. Si vuestra excelencia ama el reino, nada hay en este paso que no sea decoroso, pues a su salvación debe ceder todo otro respeto, y nosotros nos atrevemos a afirmar que este sólo sacrificio valdría a vuestra excelencia más gloria y le daría un mérito que, desde luego, no encontrará en muchas batallas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva, 5 de julio de 1812.

Juan Marimón y Enríquez, Camilo Torres.
Frutos Joaquín Gutiérrez, José María del Castillo.

   Excelentísimo Señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Es copia. Tunja, 7 de julio de 1812.

Gamba.

DOCUMENTO NUMERO 2

   Contestación del presidente don Antonio Nariño a los cuatro diputados del congreso.

   Cansado de sufrir insultos de vuestras señorías tomo la pluma para contestar por última vez a sus oficios y amenazas. El resultado de la comisión de vuestras señorías presenta, por todos sus aspectos, no una mediación para sosegar las desavenencias suscitadas por los comandantes Baraya y Ricaurte, sino una protección y fomento de sus miras subversivas y hostiles. Veamos los hechos que son los que deben decidir de parte de quién está la justicia y dejémonos de exclamaciones sobre la salud pública con que cada uno quiere en el día cubrir sus miras particulares. Cuando el gobierno de Cundinamarca celebró los tratados con los diputados don Frutos Gutiérrez y don José María Castillo para la pronta instalación del congreso, que los demás diputados ratificaron, todavía se hallaba el comandante Baraya en Sogamoso, y no había dado el escandaloso paso de alzarse con las armas de su gobierno, y antes de declararse este comandante enemigo de Cundinamarca, se le habían comunicado órdenes para que hiciera marchar las tropas a Cúcuta, advirtiéndole que no dejara un solo soldado en Sogamoso. De aquí resultan tres verdades indudables: primera, que no fue la pronta instalación del congreso la que lo movió a dar este paso, porque ya estaba ésta decretada y sancionada por el gobierno y el serenísimo colegio revisor del acta de federación; segunda, que no fue el deseo de que volaran los auxilios a Cúcuta porque ya tenía la orden de que siguieran; y tercera, que tampoco pudo ser la opresión de Sogamoso porque, además de haber el mismo comandante hecho la agregación, se le prevenía que no dejara un soldado en aquel distrito, y no hay opresión sin fuerza.

   Sedujo Baraya a sus oficiales y se entregó con las tropas y armas de Cundinamarca a un gobierno de que poco antes blasfemaba; recibe grados de éste, se une a sus tropas, marcha y ocupa territorios de que está en posesión Cundinamarca, publicando que va a quitar las armas al brigadier Pey y volver con todas sobre Santafé a deponerme como tirano, dictador malvado. Antes de salir Baraya para el Socorro, parten vuestras señorías en comisión y Baraya no aguarda su llegada sino que precipita su marcha, temeroso, seguramente, de que se le cortara el vuelo a sus ideas con algunas proposiciones de conciliación. ¿Qué quiere decir esto? ¿Será la salud pública, el honor y el deber de un militar y de un buen ciudadano lo que obliga a dar tales pasos al comandante Baraya? Es menester todo el encono y prevención que vuestras señorías tienen contra mí, para atreverse a mirar tales procedimientos, no sólo como frutos, sino como honrosos y capaces de hacer merecer a Baraya el epíteto de ilustre.

   Vuestras señorías tienen valor de decirme en su oficio de 20 del pasado estas formales palabras: "¿Qué riesgos ni qué peligros son, pues, los que tendría que temer nunca Santafé aun el caso que entrasen en ella los comandantes Baraya y Ricaurte?". Oigan vuestras señorías a Baraya antes de darles yo la respuesta a semejante pregunta. En oficio de 14 de junio, desde Sáchica, dice Baraya a Pey, entre otras cosas, estas palabras: "Yo no creo a vuestra señoría cómplice en los planes infames del tirano nariño, planes horrendos de vender su patria y sus hermanos a la furia de bárbaros españoles... Para librar al reino de su inevitable ruina, marcho con 2.000 hombres armados a esa provincia, a fin de que vuestra señoría ponga a mi disposición esas tropas, armas y pertrechos que manda en esa".

   Supongamos ahora las armas de Pey puestas a disposición del ilustre Baraya y a éste en el caso de la pregunta de vuestras señorías entrando en Santafé con toda esta fuerza y con la idea de que el presidente Nariño es un tirano malvado; pregunto yo también: ¿Qué haría con esta fuerza y esta idea? Claro está: deponer al tirano, trastornar el gobierno y dar la ley a la ciudad y a todo el Estado, con la misma fuerza que se le confió para defenderlo. Esto para vuestras señorías no es un mal digno de temerse; luego vuestras señorías aprueban y tienen por un bien mi deposición y el trastorno del actual gobierno de Cundinamarca. Y con semejantes principios, ¿qué resultados debíamos esperar de la mediación de vuestras señorías?; el éxito lo ha dicho: irritar más al gobierno de Tunja y animar la insurrección de los comandantes Baraya y Ricaurte, sin advertir los peligros en que ponen a todo el reino con un manejo tan impolítico, por no decir criminal.

   Vuestras señorías, para paliar la conducta de Baraya, dicen en su último oficio de 5 del corriente que yo, despreciando el allanamiento de Baraya para marchar a Pamplona, aun a las órdenes, o de segundo del comandante Pey, me he internado hasta la capital de Tunja. Pregunto yo a vuestras señorías: Si Baraya se allana a seguir bajo las órdenes del comandante Pey, ¿éste de quien recibe órdenes? Y, ¿cómo es que no obedeciendo Baraya, ni reconociendo por autoridad legítima la de Cundinamarca, puede seguir a las órdenes de quien lo obedece? ¿Es esto manejarse vuestras señorías con la buena fe y decoro correspondiente a su representación y a la dignidad e importancia de su comisión? Si Cúcuta y Pamplona se ven subyugadas, si la libertad del reino entero peligra, atribuyanse estos males a los planes infernales de los autores de El Efímero, a la insubordinación de los comandantes Ricaurte y Baraya, a la obstinación del gobierno mismo de Pamplona, que resistió la entrada de las tropas de Cundinamarca por tres ocasiones y a las conspiraciones que se han fomentado contra el gobierno de Santafé y mi persona, valiéndose hasta de la mentira y de los medios más bajos para desacreditarme y reducir las provincias y las expediciones a la confusión y al desorden en que nos vemos envueltos. Supongan vuestras señorías todo lo peor que se ha dicho de mis planes de unir a Pamplona con la fuerza, ¿serían ni remotamente comparables los males que ahora están sufriendo aquellos desgraciados pueblos con los de su agregación a Cundinamarca? Ahora, han perdido su existencia política, sus bienes, su libertad, y andan fugitivos y errantes por los montes; y en aquel caso se hallarían como Mariquita y los demás pueblos agregados, disfrutando a lo menos de su existencia, de sus bienes y de sus vidas, aun cuando se quiera suponer que no se les dejaba la libertad que antes se pretendía que disfrutaban; ahora quizás no podremos reponerlos a su antiguo Estado, ni resarcirles los bienes que han perdido y, entonces, con sólo aguardar la reunión del congreso general, habrían vuelto a su decantada soberanía; en una palabra, lo han perdido todo por no sacrificar una parte, en odio de Cundinamarca.

   Vuelvan vuestras señorías sobre sí, adviertan la responsabilidad de que están cargados, depongan y hagan deponer a sus secuaces ese encarnizamiento, esa guerra que me han declarado y que nos lleva ya a nuestra ruina y, para que vuestras señorías y el mundo entero se satisfagan de que en mí no hay más miras que la salvación del reino y que no hago uso de solas palabras para alucinar con ellas, desafío a vuestras señorías y a los bravos comandantes, a que renunciemos todos los puestos en que nos hallamos y que reducidos a la clase de simples soldados de la patria, elijamos un jefe imparcial a quien obedezcamos y confiemos todas las fuerzas que se hallan divididas, y que bajo sus órdenes volemos a salvar la patria, dando un ejemplo de bulto de que sólo deseamos de veras la pública felicidad. Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Tunja, 7 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

Señores diputados del congreso.

don Juan Marimón; don Camilo Torres,
don Frutos Gutiérrez y don José María del Castillo.

   Es copia,

   Tunja, 7 de julio de 1812.

Gamba.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 16 de julio de 1812, t. I., No. 61, p. 222-229.

NOTAS:
1   En este oficio, fecha 19 de junio, hacen presente los diputados al presidente de Tunja, que sin otro designio que el de evitar una guerra civil entre aquella provincia y la de Santafé, cuyos preparativos llegaron a noticia de los diputados de Ibagué fueron comisionados por los mismos, según ya se lo tenían insinuado; y que habiendo llegado allí, y deseando llevar a efecto el objeto de su misión dispusiese que entrasen en conferencias verbales o se entendiesen por escrito si así lo tenía a bien; pero que como nada era más a su mediación que la guerra actual, pues el ruido de las armas dificultaba oír con tranquilidad la voz de la razón, suplicaban se suspendiese toda hostilidad contra Santafé y su territorio, como creían lo haría este gobierno respecto al de Tunja; que los momentos eran urgentes, pues los riesgos exteriores amenazaban por todas partes, y reuniendo Tunja, Santafé y las demás provincias del norte sus esfuerzos contra los enemigos comunes, su gloria sería segura y mayor que la que podrían alcanzar en empresas interiores, tan sensibles y funestas tal vez al que obtuviese las ventajas, como al que inmediatamente sufriese los quebrantos.
2   La contestación del presidente de Tunja, dada en el mismo día a los diputados, está reducida a decirles que no había embarazo por parte de aquel gobierno en que empezasen a evacuar la comisión de que se hallaban encargados entrando en conferencias verbales no sólo con el poder ejecutivo, sino también con el senado, que al efecto se convocaría para las tres y media de la tarde y que el resultado de la conferencia quedaría reducido a acta para evitar contestaciones oficiales que acaso retardarían una eficaz resolución.
3   Hacen presente al gobierno de Tunja en este oficio los diputados, con fecha 22 de junio, que llevan cuatro días de estar allí, en los cuales sin dar lugar al descanso, habían provocado y tenido repetidas conferencias, que aunque se había prestado a ellas benignamente el gobierno, por desgracia nada habían concluido; ponderan los peligros que por todas partes nos cercan y reducen su propuesta a estos cinco artículos: 1. Que cesen desde el día las hostilidades pendientes o amenazadas entre Tunja y Santafé. 2. Que también cesen desde el día las discusiones políticas sobre territorios hasta o que se resuelva por una negociación particular o bien por la diputación de las provincias o por el congreso, o por la convención a quien, según los tratados entre Santafé y los diputados, se había diferido el punto. 3. Que desvanecidos así los temores entre provincia y provincia, marchasen las expediciones del cargo de Baraya y de Pey o el grueso de ellas que estimase necesario, a las órdenes del primero por estar su nombre acreditado, y el resto se destinase para contener la invasión por los llanos, pues ya se dice está tomado Arauca, y formar un cuerpo de reserva para en caso de cualquier revés. 4. Que los gastos sean de cargo de las provincias del norte. 5. Que Santafé haga marchar la expedición del Magdalena acordándose con Antioquia y Cartagena y que suministre los auxilios pedidos por Popayán. Concluyen protestando la buena fe que los anima a este paso y hacen presente que también lo daban para con Santafé.
4   Con fecha 23 repitieron los diputados al gobierno de Tunja nueva instancia sobre la contestación a su anterior propuesta, con motivo de haber llegado don Manuel Silvestre de Pamplona e instruyéndoles de la rota y dispersión de las tropas en la villa de San Antonio, cuyas circunstancias debían llamar toda la atención, pues los peligros por aquella parte amenazan a todo el reino, si los enemigos recibiendo refuerzo de Maracaibo adelantaban sus conquistas, instan en este oficio sobre que se allanen las dificultades interiores y marchen las fuerzas contra los enemigos exteriores, y que si esto no era posible se diese la orden al general Baraya que enviase uno o dos oficiales de confianza que reorganizasen el ejército disperso y se mandasen los pertrechos y armas que sea posible con cabos y sargentos veteranos que ayuden a disciplinar la milicia mientras se podía hacer marchar la expedición respetable que habían anunciado y sobre que instaban de nuevo.
5   Contesta el presidente de Tunja a los 4 diputados, con fecha 23, que si el gobierno de Santafé deseaba una transacción con aquella provincia y las demás mandadas invadir, se le presentaba la mejor ocasión adoptando las medidas que proponía el senado de Tunja; éstas se reducen, después de manifestar los motivos de queja que le ha dado el presidente de Santafé con sus hostilidades, con la disociación de sus pueblos y protección de los enemigos de aquel gobierno, a decir que Baraya con sus tropas y Ricaurte, por derecho natural podían volver en su favor la fuerza que se destinaba para su mina, y que los sentimientos de estos generosos militares era en favor de la libertad general del reino; que si se había dirigido una expedición al Socorro era con el fin de reunir aquellas armas a las de Baraya para evitar su opresión, el proyecto de conquistas y la oposición a la formación del congreso, único medio de salvar el reino; que cualesquiera tratados con el presidente de Santafé entorpecerían este paso que debía darse bajo los principios del acta de federación; y que para evitar desconfianzas entre uno y otro Estado, se dé una dirección vigorosa a la fuerza armada contra los enemigos comunes, poniéndose todo a disposición de los cuatro representantes comisionados y de los dos de Cundinamarca, saliendo todos seis a donde puedan obrar libremente, mientras se reúnen los que existen en Ibagué, porque instalado una vez el congreso, él deberá disponer de toda fuerza armada del reino y decidir las cuestiones pendientes. Finalmente, que si el presidente de Santafé u otras autoridades opusiesen a esta única medida de salvación, todo lo aventuraría Tunja hasta conseguirlo a costa de los más dolorosos sacrificios, y que jamás se persuadirá de que el pueblo de Santafé resiste la salud de la patria por estos medios, y nunca dirigirá contra él sus esfuerzos, sino contra los pocos que prefieren su propio interés al bien común.
6   En esta contestación dice el presidente de Tunja, con fecha 24, que conoce los riesgos que amenazan por Pamplona, pero que si ellos son motivo para que Tunja abandone los planes que ha emprendido en favor de todo el reino y vuelva sus fuerzas contra los enemigos exteriores, lo son mucho más para que los hermanos que tratan de oprimir aquellos pueblos abrazasen la eficaz medida propuesta el día anterior por aquel gobierno; que, sin embargo, en aquella fecha comunicaba al mariscal Baraya la noticia encargándole que mandase a lo menos los oficiales, sargentos, cabos y demás fuerza que se pedía por sus señorías a Pamplona, hasta tanto que curado el cáncer interior pudiese marchar toda o la mayor parte de la fuerza que estaba a su disposición.
7   Este documento es una mediación de los diputados, para que el gobierno de Tunja concediese la libertad de sus personas y el uso de sus bienes, a todos aquellos sujetos que se hallasen presos o arraigados por causa de las disensiones de Cundinamarca y Tunja. Su fecha es de 22 de junio.
8   La respuesta del oficio antecedente es que el gobierno de Tunja se deniega a la solicitud de los diputados diciendo que los sujetos cuya libertad se pide, se hallan presos porque son espías del presidente de Cundinamarca y que no es posible soltarlos en el tiempo presente; pero que se ejecutará cuando no haya riesgo que recelar. Su data es de 24 de junio.
9   Este es un oficio de los referidos diputados, su fecha 24 de junio, en que dicen al gobierno de Tunja que aunque el acta de aquel senado, celebrada en 22 del mismo, no les debía dejar esperanza de conseguir el objeto de su comisión, más bien quieren parecer importunos que dejar de reiterar sus súplicas hacia el dicho gobierno de Tunja, para salvar el reino. Le acompañan los documentos originales en que se refiere el conflicto en que se halla la provincia de Pamplona, acometida de europeos enemigos, que han conquistado ya a San Antonio de Táchira y el valle de Cúcuta. Comprueban, también, el lastimoso estado de aquellos países con el testimonio de uno de los vocales del disuelto poder ejecutivo de Mérida. Hacen presente que si no se ocurre en tiempo y si se deja tomar cuerpo y avanzar a estos enemigos, fácilmente penetrarán hasta el centro de la Nueva Granada y se apoderarán de toda ella. Advierten que se deja ver una coalición entre Maracaibo y Ocaña y de ello incluyen documentos. Demuestran que la unión de nuestros verdaderos y únicos enemigos y nuestras contiendas domésticas, nos arrastrarán a la última ruina. Que si no abrimos los ojos, nos unimos estrecha y cordialmente y obramos con vigor y celeridad, somos perdidos para siempre todos. Observan que el mal que nos amenaza, quizá dentro de 20 días ya no tendrá remedio y que, por consiguiente, ya no es tiempo de fijar nuestras esperanzas ni en la tardía instalación del congreso ni en la formación de la junta de defensa propuesta por Tunja. La ocupación de esta ciudad y aun de las demás provincias del norte, por las huestes de Cundinamarca, que jamás dejarían de mirarlas como hermanas, no es un mal en comparación de las horrorosas calamidades que por nuestra desunión van a sufrir todas si caen en manos de nuestros verdaderos enemigos, crueles y feroces, que derramarán sobre ellas el llanto y desolación que hoy aflige a Pamplona. (Así se explican). Ofrecen ellos a Tunja que el presidente de Cundinamarca no obrará contra su seguridad. Que restituirá a Sogamoso y Leiva, siempre que explorada libremente su voluntad, por un diputado de Tunja, otro de Cundinamarca y otro de los destinados al congreso, resulte que quieren pertenecer a Tunja, prestando ésta una caución solemne de indemnidad a favor de todos aquellos sujetos que hubiesen manifestado adhesión a Santafé. Que el presidente de Cundinamarca no dudará en suspender la recaudación de sus armas, mientras las vea empleadas en la defensa común: Y, finalmente, hacen presente los diputados que el gobierno de Cundinamarca se ha allanado ya a la instalación del congreso. Lo que piden los diputados es que reunidos los ejércitos que están en campaña, marchen aceleradamente al socorro de Pamplona.
10   Este documento es un oficio del gobernador de Tunja, de fecha 24 de junio, dirigido a los diputados del congreso, con el cual acompaña el acta del senado celebrada en el mismo día, a consecuencia de la última reclamación de los referidos diputados. En ella declara el senado que supuesto que parece tardía la medida que había propuesto, siendo tan urgentes los peligros que nos rodean, se debe insistir en que se instale el congreso a la mayor brevedad, bajo los principios del acta de federación y que, entre tanto, Tunja con las fuerzas que haya en las provincias del norte, ocurrirá a la defensa de Pamplona, costeándose la expedición por las mismas provincias del norte. Pero que debe Cundinamarca retirar todas las tropas con que amenaza a Tunja, sin que valga el pretexto de que las destina a guarnecer sus fronteras. Que suspendiera Cundinamarca toda hostilidad contra las provincias del norte; y que si faltasen en esto, Tunja se olvidará de todos los peligros y sólo atenderá a hacer entrar en su deber al presidente de Cundinamarca. Finalmente, declara que Leiva y Sogamoso son de Tunja y que sobre este particular no entra en capitulación alguna.
11   Es un oficio de don Antonio Baraya dirigido al brigadier don José Miguel Pey; su fecha en Oiba en 23 de junio. En él le asegura que no ha pensado en sorprenderlo, ni en atacar a Santafé, ni en despojar al presidente de Cundinamarca; y que sus miras no han sido otras sino las de que se instalase el congreso y que las dos expediciones del norte obrasen combinadas. Le dice que ha tenido proporciones de sorprenderlo y no ha querido. Lo convida a que procedan de acuerdo. Le propone que, unidas las fuerzas de ambos ejércitos, mande en jefe el brigadier Pey, pero que por ningún pretexto militen en ellos los oficiales europeos ni los americanos, sus secuaces, que han protestado mil veces no batirse con nuestros enemigos europeos; que es imposible que se interesen en defendernos de los reconquistadores, como lo prueban mil ejemplos. Le dice que cree muy necesario que los dos tengan una entrevista en el valle de San José, yendo solos, cada uno con su secretario, y que a este propósito, ha hecho marchar toda su gente por Charalá.

76
DOCUMENTOS SOBRE EL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

NARIÑO ENVIA AL PODER EJECUTIVO DOCUMENTOS ESCRITOS EN SU CONTRA. OFICIO DE PEY ALERTANDO A NARIÑO. Palo Blanco, 10 y 11 de julio; Villa de Santa Cruz y San Gil, 7 de julio; Tunja, 16 de julio de 1812.

DOCUMENTOS REMITIDOS POR EL PRESIDENTE ANTONIO NARIÑO AL SUPREMO PODER EJECUTIVO CON OFICIO DE 16 DEL CORRIENTE.

Oficio del subpresidente de San Gil a don José Gregorio Rodríguez

   En contestación al oficio último de vuestra señoría, su fecha 30 de junio, en que me previene remita copia del oficio original que recibí en esta misma fecha, lo remito a vuestra señoría inserto en éste y es como sigue: Se me ha denunciado que en esa parroquia se está reduciendo a la gente para tomar las armas a favor del brigadier don José Miguel Pey, de ese hombre que vino a esta villa a hacer todos sus esfuerzos por trastornarme el pueblo y hacer que lo sostuviera en sus caprichos, de un hombre que se ha resistido a quitar de entre su tropa los oficiales europeos y regentistas, que irremediablemente nos venderían al enemigo. Al mismo tiempo que ha separado de sí a los oficiales patriotas y entusiastas de la libertad, de un hombre que se ha empeñado en sostener a otro hombre que ha querido subyugar a todas las provincias libres de la Nueva Granada para asegurar una corona sobre su cabeza, y que ha provocado y convidado a los bárbaros españoles para que entren al reino por el Magdalena y Maracaibo, para tener ocasión de realizar sus planes de conquista y de monarquía y propagarse, al mismo tiempo, la fama de libertador del reino, como lo hizo antes de él Napoleón en la Francia. Si es notorio que alguno ha ido a reducir los habitantes de esa parroquia y que ha procurado reunir gentes sin orden mía, inmediatamente lo remitirá vuesamerced preso a esta villa con la correspondiente seguridad, y hará entender a todos esos habitantes que no deben auxiliar por nigún pretexto a un comandante militar que se ensordece a los clamores de la patria, dejándola conquistar por los bandidos de Maracaibo, sólo por defender a un hombre notado de tirano por cerca de tres millones de hombres libres, más detestado en Nueva Granada que don Lorenzo Plata en nuestra provincia, y por retener también a unos pocos oficiales que han dado las más públicas muestras de su afección a nuestros antiguos amos y de su odio a nuestra libertad; y que si alguno sin expresa orden mía le prestare auxilios de gente, dineros u otra cosa, será castigado rigurosamente por mí sin la más ligera conmiseración.

   Ha venido también la chispa de que por esa parte iban a penetrar gentes de Charalá en auxilio del mismo Pey. Esta es, sin duda, una falsedad porque acabo de ver una contestación muy satisfactoria de aquella parroquia, y tengo a sus habitantes por muy fieles y obedientes a mis órdenes, pero, sin embargo, me mandará vuesamerced a decir brevemente lo que haya y no permitirá que por ese territorio pase socorro alguno de gente para dicho comandante. No sucede lo mismo en cuanto a víveres y demás que podrán transportarlos libremente. En primera ocasión desocupada pondré el compañero interino que solicita. Aguardo pronta contestación y el más exacto cumplimiento en lo prevenido.

   Dios guarde a vuesamerced muchos años.

   San Gil, 30 de junio de 1812.

Vicente Azuero.

   Es fiel copia de su original, a que en caso necesario me remito, la que actúo con testigos por falta de escribano.

José Gregorio Rodríguez;
testigo,
Maximiliano Martínez.

   Campamento de Palo Blanco, 10 de julio de 1812.

   Es copia de su original,

Francisco de Llamas.

   Oficio del subpresidente de San Gil mandando publicar la proclama de don Antonio Baraya inserta.

   El señor mariscal don Antonio Baraya, comandante general del ejército existente en esta villa, me ha recomendado que haga circular por los poblados de la comprensión de este distrito la proclama adjunta, para que todos sus habitantes, instruidos de los interesantísimos fines de su expedición, reconozcan los grandes peligros que nos rodean, se inflamen en el sagrado fuego de la libertad y vuelen a unirse a su estandarte formidable, hasta dejar burladas las miras del hombre desnaturalizado y ambicioso que ha emprendido la subyugación de las provincias libres de la Nueva Granada, se ha opuesto a la formación de un congreso supremo y pretende esclavizarnos de nuevo, afirmando una corona sobre sus sienes. Sí, ya no pueden estar más descubiertos los planes del presidente de Santafé, don Antonio Nariño. El fue el autor de la contrarrevolución del 19 de septiembre del año pasado para obligar a don Jorge Lozano que le abdicase la presidencia y establecerse en su lugar, echando por tierra la constitución del Estado; el conjuro al populacho de Santafé contra el serenísimo colegio electoral, porque en lugar de una monarquía establecía una República libre, conforme al voto público y universal; él dio a luz un periódico intitulado La Bagatela en que se atrevió a decir con descaro que no podíamos ser libres y que el gobierno que debíamos adoptar era una monarquía constitucional; ha protegido decididamente a todos los españoles enemigos mortales de nuestra felicidad, les ha confiado los empleos militares y políticos, poniendo en sumo riesgo nuestra libertad; ha sido acusado por sujetos de carácter y de verdad de que ha ofrecido franca entrada a los bandidos de Santa Marta y Maracaibo combinando sus planes de opresión y esclavitud con estos pérfidos.

   Estos y otros muchísimos hechos determinaron al ilustre vencedor de Tacón a tomar la suerte de la Nueva Granada en sus manos y no dejar las armas hasta no ver instalado el augusto congreso de todas las privincias, puestas las armas a disposición de este mismo cuerpo y libres las provincias de Cundinamarca, Tunja y Socorro del yugo agobiador de este tirano, para marchar después unidos todos los ánimos, las armas, fuerzas y recursos contra los sátrapas de Maracaibo y Santa Marta, hasta concluir con la raza injusta que nos ha esclavizado por tres siglos.

   Los adjuntos tratados que se han propuesto al dictador Nariño manifiestan cuáles son los justísimos designios que dirigen las operaciones de estos dos dignos e inmortales americanos Baraya y Ricaurte; si aquel hombre ambicioso, atemorizado al fin de la heroica resolución de estos dos valientes militares, accede a dichos tratados, llevándolos a ejecución inmediatamente, todo lo tenemos conseguido; pero si se resistiese, es necesario que reunamos todos nuestros esfuerzos, es necesario que tomenos todas las armas y que no paremos hasta ver reprimido al tirano y dejar instalado el congreso que debe asegurar nuestra felicidad.

   En esta inteligencia prevengo a ustedes y, si es necesario, les suplico encarecidamente que además de publicar a voz de pregonero en el más inmediato día de concurso de este oficio, la proclama y tratados que acompaño, exhorten e inflamen al pueblo de esa parroquia para que tome el más vivo interés en una causa de cuyo éxito depende no sólo su suerte, sino también la de toda la Nueva Granada, y que cuando sea necesario esté dispuesto a dar con gusto todo género de auxilios que se pidan por parte de dichos señores militares.

   Dios guarde a ustedes muchos años.

   Villa de Santa Cruz y San Gil, 7 de julio de 1812.

Vicente Azuero.

   Señores alcaldes de la parroquia de Mogotes.

   Pueblos de la Nueva Granada:

   Nariño ha desplegado toda la energía de su carácter ambicioso desde que supo que Tunja se oponía a sus planes depravados; él ha acumulado toda la fuerza de que es capaz y ahora mismo la hace marchar contra mí y contra la libertad de todas las provincias del norte; orgulloso, dice, de que va a castigar a los insurgentes del Socorro y San Gil, como en otro tiempo lo hicieron los virreyes. Que va a destruir los gobiernos de Tunja y Pamplona porque son sus corregimientos; que va a realizar la quimera de su provincia legal para despotizar sobre Neiva y Mariquita y sobre todo el norte de la Nueva Granada.

   Este bárbaro ha aplicado la tea horrorosa de la guerra doméstica a todos los ángulos del reino. El va a ver complacer que el hermano degüelle al hermano, que el hijo ataque al padre y que en un mismo combate se derrame la sangre de los que se han alimentado de unos mismos pechos y educado bajo de un mismo padre. Inhumano, aprecia en nada nuestras vidas si no contribuyen a su engrandecimiento y a su ambición. Cruel, prepara cadenas, calabozos, opresión y cadalsos para todos los que se opongan a sus usurpaciones. Tirano, se ha apoderado de la autoridad soberana de Cundinamarca resistiendo la constitución, y sobre todos los hombres libres y de bien ejerce hoy una dictadura que hace estremecer la justicia y la virtud.

   Este tigre inflamado en cólera y deseando devorar cuantos se opongan a sus designios criminales, se acerca a Tunja a castigar de muerte el delito de no haber querido ser su esclavo; ¿qué suerte se les espera a los comandantes ilustres del Socorro y de San Gil que, conociendo la dignidad del hombre, quieren romper la cadena que le pusieron a pocos meses cuatro hijos cobardes y desnaturalizados? Pueblos del Socorro y de San Gil, abrid los ojos y olvidad por ahora todos vuestros resentimientos domésticos, venid, reuníos a mi ejército respetable ya por su número, por sus armas y más por el amor a la libertad; venid, hagamos juntos una falange formidable en que se estrellen los esfuerzos del tirano de Santafé; venid a ayudarme a salvar esta patria que Nariño ha puesto en el borde del precipicio; venid a reconquistar vuestra libertad que os ha usurpado; venid a formar otra vez la provincia del Socorro que el tirano descuadernó para esclavizarla; venid a recobrar la dignidad de hombres libres de que os despojó el malvado; acordaos del valor de nuestros padres que hicieron temblar a los tiranos en 1781; acordaos de vuestro mismo valor con que arrostrasteis todas las amenazas y todas las armas del último sátrapa que os apremió; restableced vuestra gloria manifestando al mundo con acciones valerosas que el Socorro es una provincia que merece ser libre y no tributaria del lujo, de la voluptuosidad y del orgullo de Nariño. Pueblos del Socorro y de San Gil, mis planes son liberales y no quiero sino la gloria de defender la libertad; mis enemigos me calumnian de ambición, pero mi conducta pasada hace mi apología. Yo juro por lo más sagrado que encierra el cielo y la tierra que no tengo otras miras ni me devora otra ambición que la de instalar el congreso federal en que representen todas las provincias que quiere esclavizar Nariño. Sí, yo quiero que Tunja, Mariquita, el Socorro y Casanare sean libres, concentren su gobierno y obren su felicidad. Sí, yo ambiciono defender al reino del cruel español que halaga; yo quiero exterminar esa raza enemiga de nuestra libertad y hacer formidable y terrible a la Nueva Granada.

Después de esto, no apetezco otra cosa que el descanso y las dulzuras de una vida privada.

   San Gil, 4 de julio de 1812.

   Es fiel copia

Azuero.

   Campamento de Palo Blanco, 11 de julio de 1812.

   Es fiel copia de su original,

Francisco de Llamas.

Oficio del brigadier Pey al presidente don Antonio Nariño

   Después de concluido el armisticio por parte de los señores diputados por la representación nacional y el brigadier Baraya con mi asistencia, he visto con dolor que el subpresidente de San Gil y aun el mismo Baraya proclaman a los pueblos persuadiéndoles contra el gobierno de vuestra excelencia y contra las armas de su mando; que la parroquia de Oiba ha cortado los puentes y cabuyas para quitarme la comunicación con la tercera expedición que está en Guadalupe.

   Que Baraya me amenaza de que si aquellas tropas adelantan un paso, o reponen el puente de Oiba, sorprenderá mis armas y pasará a cuchillo toda esta primera expedición sin exceptuar persona; que cuantos oficios y cartas se me dirigen pasan, regularmente, por manos del citado brigadier; que al paso que se proclaman los pueblos contra nuestras armas y se seduce a la tropa para que me abandone, a mí se me reconviene por hostil procedimiento el pedir a los pueblos de Charalá y Curití auxilios para mantenerme sobre la defensiva y se intriga para que no los logre; que por la prisión de un solo hombre que cometió el atentado de insolentarse con un oficial de guerra y un centinela, toma el subpresidente de San Gil la voz de todo el pueblo para pasarme oficios poco decorosos y amenazantes; y últimamente, que yo no tenga la libertad de moverme a campamento ni hacer marchar las tropas del comandante Castro en mi auxilio, de modo que bien considerado, esta primera expedición está como prisionera a discreción del señor Baraya y el subpresidente de San Gil y que, a más del acampamento del frente, se tenga ocupada la villa con tropas.

   Este es, señor excelentísimo, el estado a que nos ha reducido un armisticio que por las señales subsiguientes manifiesta que no se trata de proceder con la buena fe que exige lo sagrado de un tratado en la guerra. En consecuencia, el remedio más oportuno a contener cualquier hostilidad que se intente contra las armas del Estado, sería el que vuestra excelencia dirigiese su ejército por la vía de Mogotes con la celeridad del rayo, y pudiéndolo lograr así sin inconveniente, la persona de vuestra excelencia y el resto de la fuerza unida contendrían en su deber al subpresidente y otros que vierten especies de que nuestras armas van a proteger a los enemigos de la libertad americana y contra quienes no puedo proceder por ahora por hallarme en las circunstancias que expongo a vuestra excelencia.

   Reitero a vuestra excelencia la importancia de acelerar su marchas por el camino de Mogotes, por ser imposible la reunión de la división de Castro por la cortadura de los puentes y que, aun vencido este obstáculo, tiene que encontrarse con las tropas de Baraya para reunirse a las de mi mando.

   Los adjuntos documentos que acompaño en copias acreditarán a vuestra excelencia cuanto le he relacionado.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Campo de Palo Blanco, 11 de julio de 1812.

José Miguel Pey.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Es copia,

   Tunja, 16 de julio de 1812.

Oficio con que el presidente don Antonio Nariño acompañó los documentos anteriores al poder ejecutivo

   Ayer, al medio día, he recibido con extraordinario el oficio y documentos que en copia acompaño. Por ellos verá vuestra excelencia la suma perfidia con que así el subpresidente de San Gil don Vicente Azuero como don Antonio Baraya siguen desacreditando nuestro gobierno y sus armas, excitando a la insurrección a los pueblos dependidentes de Cundinamarca, y hostilizando de mil modos las expediciones del mando del brigadier don José Miguel Pey y del teniente coronel don Justo Castro, cortándole a ésta los conductos de unión y aun comunicación con aquélla e interceptando la correspondencia. Todo esto, a pesar del armisticio celebrado y de que se ha dado parte a ese poder ejecutivo.

   Allí mismo verá vuestra excelencia que, consternado el comandante Pey con tales sucesos, insta eficazmente sobre que esta expedición acelere en su auxilio las marchas. Ya lo habría dispuesto así a no juzgar absolutamente necesario dejar antes allanados en esta ciudad los pasos conducentes a nuestra mayor seguridad, ya sea por medio de tratados pacíficos que he procurado desde mi llegada a ella y en que hasta ahora han rehusado entrar los funcionarios de este gobierno, a pretexto de hallarse aquí las tropas y a pesar de la confianza que aun personalmente he tratado de inspirar al gobernador don Juan Nepomuceno Niño, o ya en caso de continuar un día más bajo esta conducta, por medio de la fuerza, pues no está en el orden dejar a Tunja en estado y disposición de continuar dando a Baraya contra Cundinamarca auxilios de gentes y dinero con extorsión de estos miserables pueblos de que somos testigos oculares. Ni cree se deba permitir que al abrigo de estos y otros auxilios se ocupen hostilmente territorios de Cundinamarca, se persiga y hostilice a nuestras armas y que llegue Baraya a presumir dar la ley a nuestro gobierno, cuando tiene el arrojo de decir en su adjunta proclama, entre otras cosas, que él quiere (como quien dice: es mi soberana voluntad) que Tunja, Mariquita, el Socorro y Casanare sean libres, concentren su gobierno y obren su felicidad.

   Tal es el lenguaje de Baraya protegido y auxiliado por Tunja. Véase si esto podrá mirarse con indolencia; si sin anticipar aquí el remedio posible, se podrá adelantar un paso, y si en estas circunstancias me será imputable la ocupación de este territorio mientras no se allanen del mejor modo estos inconvenientes, como lo procuro a la mayor brevedad.

   Entre tanto, también podrá venir la resolución de esa representación nacional con vista de los documentos que con este objeto dirigí a vuestra excelencia en oficio de 11 de este mes, los mismos que remitieron de San Gil los diputados don Ignacio de Vargas, reverendo padre fray Diego Padilla y socios, cuyos resultados son lo mismo de comunicarse sin pérdida de tiempo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 16 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

   Al supremo poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

   El supremo poder ejecutivo en el mismo día que recibió, por extraordinario, el antecedente oficio, contestó al señor presidente que por los que se habían dirigido a su excelencia con fecha 16 del corriente, vendría en conocimiento de las dificultades que se presentaban para reunir la representación nacional con la brevedad que exigía el asunto; por lo cual, y habiéndose manifestado que el voto general y el del poder ejecutivo es el de que obre su excelencia por sí solo hasta concluir el negocio, sin necesidad de consultas ni de aguardar contestaciones, que embarazarían las prontas y eficaces disposiciones, las diese, desde luego, su excelencia sin excluir la del uso de las armas de la expedición a cuyo frente se hallaba.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 27 de julio de 1812, t. I., No. 63. p. 237-240.

77
INFORME SOBRE EVENTUAL CONFERENCIA DE NARIÑO CON BARAYA

PREPARATIVOS. NECESIDAD DE REUNIR EL CONGRESO. PROPUESTAS DE BARAYA Y RICAURTE. OFICIO DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO. CONFERENCIA CON EL GOBERNADOR DE TUNJA. Tunja, 11 de julio de 1812.

CUNDINAMARCA

   Los diputados de la representación nacional que pasaron a tratar con los comandantes de la expedición del norte, don Antonio Baraya y don Joaquín Ricaurte, sobre que evitasen por su parte la efusión de sangre que era consiguiente al rompimiento de la guerra civil, de que se dio noticia en la Gaceta número 58, han dado cuenta al presidente don Antonio Nariño del resultado de su comisión, desde San Gil, con fecha 4 del corriente, acompañando 13 documentos de lo acaecido hasta aquella fecha.

   El primero es el pasaporte o salvoconducto que les franqueó Baraya para que pasasen a tener la conferencia; su data en el valle de San José a 26 de junio próximo pasado.

   El segundo es un oficio del expresado Baraya, de fecha 28 del mismo, desde los bancos frente a San Gil, en que les comunica a los diputados haber librado el salvoconducto que le exigían y que en su virtud acelerasen sus marchas para efectuar el acomodamiento, pues dilatándolas podría surgir un rompimiento, puesto que adelantaban sus marchas las tropas que existían en Chiquinquirá.

   Es el tercero otro oficio que desde el mismo campo de los bancos les dirigió en 30 del citado junio a dichos diputados el brigadier Baraya; dice en él que no puede comprender cómo se les ha enviado por el gobierno de Cundinamarca a proponer una conciliación, al mismo tiempo que se hacen marchar tropas armadas para aquella provincia y la de Tunja, cuyo procedimiento le hace sospechar la mala fe con que se procede, pues aparentando entablar un armisticio, se le quiere sorprender y llevar al sacrificio con todos los individuos de su mando; exige de los diputados oficien con el comandante que manda aquella fuerza para que suspenda inmediatamente sus marchas mientras concluyen los tratados pendientes, y que si no tienen facultades para esto, requieran al brigadier Pey para que dé tal orden, en inteligencia de que si sabe se adelantan aquellas tropas, comienza a obrar contra las de Pey, aunque cueste los mayores sacrificios.

   El cuarto es la diligencia de un armisiticio o suspensión de armas durante el tiempo necesario para oír y concluir las proposiciones de los diputados, cuya diligencia está autorizada por éstos y los dos comandantes Baraya y Ricaurte, fecha en los bancos de San Gil a 30 de junio; y es condición que se librarán por los primeros las providencias oportunas para que las tropas auxiliares que iban a Pey, no adelanten un paso, pues de lo contrario, dicen los segundos, sorprenderán las armas de éste inmediatamente.

   El quinto es un oficio del brigadier Pey a los diputados; su fecha en el campo de San Gil a 28 de junio, en que les dice que estando en marcha para tener una entrevista con el brigadier Baraya, recibió por conducto de éste el oficio de sus señorías y por esto no tuvo efecto aquel paso, pues le ofició también el citado Baraya comunicándole la conferencia que esperaba tener con ellos, ofreciéndole que entre tanto no cometería hostilidad alguna; hace presente el lugar donde está acampado y que se mantiene sobre la defensiva; que tiene al frente a Baraya con parte de sus tropas en aquella villa, y que espera con ansia la llegada de dichos diputados para que cesen las diferencias de que se están aprovechando los enemigos exteriores para invadir las provincias del norte, y que concurran unos y otros a salvar la patria de los enemigos que la amenazan.

   El sexto es un oficio del brigadier Pey a los diputados desde Palo Blanco a 30 de junio, en que les dice haber recibido por conducto de Baraya, por principal y triplicado, el oficio que le dirigieron; hace presente que han sido interceptadas de ida y vuelta sus comunicaciones oficiales; pide la garantía y seguridad de su persona para concurrir a la conferencia; dice mantenerse en el campo sobre la defensiva en cumplimiento de las órdenes del gobierno; y que a las seis de aquella tarde se le había dado parte por una de sus avanzadas que por el lado Majvita se descubrían muchas gentes, sin duda del Socorro, que lo avisaba para que se le advirtiese a Baraya que si se acercaban a su campo les hacía fuego, pues aunque no pensaba hostilizar por el comprometimiento de su palabra y las órdenes de sus jefes, no debía permitir se le sorprendiesen las armas.

   El séptimo es un acta celebrada en la villa de San Gil, a 1° del corriente mes, por los diputados y comandantes Baraya, Pey y Ricaurte, en que después de protestar unos y otros que sus miras eran sólo dirigidas a salvar la patria y que creían muy conveniente la marcha de las dos expediciones para Pamplona, difieren sus propuestas o capitulaciones para el día siguiente.

   El número ocho es un oficio del comandante don Justo Castro desde Puente Real a 29 de junio, en que contesta a los diputados, a uno que le pasaron —cuya copia no se acompaña—, les dice en él que suspenderá sus marchas, no habiéndolo hecho antes hasta ver la firma de un sincero armisticio, para lo cual aguardaba las instrucciones en el sitio de Guadalupe.

   Es el noveno documento un oficio de don Francisco Yepes, don Félix Uscátegui, don Fernando Serrano y don Ambrosio de Almeida, diputados por el gobierno de Pamplona cerca de los comandantes Baraya y Pey, para representarles los riesgos que amenazan la libertad de todo el reino por aquella provincia ocupada ya, en su mayor parte, por las huestes opresoras; hacen presente el objeto de su comisión a nuestros diputados, expresando en este oficio, fecho en San Gil a 2 del corriente julio, que aunque en cumplimiento de sus deberes se habían dirigido aquel día a las inmediaciones del brigadier Pey; éste, sin admitirles, les contestó por medio de su edecán, que pasasen a aquella villa donde se hallaban sus señorías comisionados por la representación nacional; hacen también presente que habían practicado igual paso con el mariscal Baraya, quien tuvo la bondad de oírles y manifestándoles sus ideas liberales, les expuso hallarse dispuesto a partir con todas sus fuerzas en socorro de Pamplona, siempre que Pey conviniese en la reunión de las suyas, dirigiéndolas al mismo fin; encarecen los padecimientos de aquellos pueblos, que se hallan indefensos por falta de armas y de recursos, y que el enemigo difunde especies subversivas con que se va haciendo a partido y prendiendo el fuego del regentismo; interesan su representación para que exciten a dichos jefes militares a una conferencia con asistencia de dos de los que hablan para acordar lo más conveniente a salvar la patria, con la brevedad que exigen las circunstancias.

   Con la misma fecha contestaron nuestros diputados a los de Pamplona, estar prontos a tener la conferencia para que se les excitaba, señalando para esto el día siguiente; que es el décimo documento.

   El undécimo es un oficio que con fecha 3 de julio dirige desde Palo Blanco el brigadier Pey a los diputados de esta representación nacional, en que hace presente que en la conferencia tenida aquel día, con éstos, los de Pamplona, y los comandantes Ricaurte y Baraya, había manifestado francamente los objetos de su comisión y las instrucciones que le habían sido dirigidas al saludable fin del salvar la patria, motivo por que había marchado hasta aquel punto y solicitado acordar con el general Baraya los planes de defensa; que deseoso de llenar sus deberes había hecho presente en aquella conferencia que la formación del congreso era conforme con sus principios, que podía asegurar a la faz de todo el mundo (es su expresión) que él había sido el fundador de este cuerpo desde que estuvo al frente del gobierno de Santafé, considerándolo, desde entonces, como el único medio de salvarnos, por lo que deseaba su pronta instalación, ofreciendo prestar una ciega obediencia a aquella soberana convención, como lo estaba haciendo al gobierno de donde dependía; por el contexto de este oficio se manifiesta habérsele exigido esta declaración en ratificación de lo que había dicho de palabra en la conferencia.

   El brigadier Baraya, con fecha 4 del corriente mes, dice a los demás diputados, desde el mismo San Gil —documento número 12— después de un largo discurso dirigido a manifestar los ardientes deseos que lo animan por la libertad del reino ocurriendo a los puntos por donde atacan los enemigos exteriores y a la pronta instalación del congreso; que ha ofrecido una suspensión de armas, mientras se ratifican por los respectivos gobiernos las proposiciones que habían hecho y siempre que las de Pey no hagan el menor movimiento, ni se adelanten las tropas auxiliares que iban por Puente Real; pero que, si un soldado de Cundinamarca daba un paso de ataque hacía sus tropas, en el momento sorprendía las armas de Pey a costa de los mayores sacrificios; y (así dice) "paso a cuchillo a todo oficial sin excepción de persona y con ellas (las armas) y las que hoy mando, me preparo a presentar una escena de lágrimas y de sangre"; recuerda que ya le han oído a Pey que sólo al congreso obedece y sostiene, porque cree que es el único que nos puede reunir y salvar, y que no marchaba a Pamplona porque no se creyese, si se perdía una acción, que él había procurado entregar las armas; ofrece, el mismo Baraya, ir, pero con oficiales de su confianza y de ningún modo con los de la expedición de Pey, que habían ofrecido no pelear con sus paisanos y hermanos y que no se retiraban hasta no incendiar y saquear los pueblos del Socorro; repite por conclusión, Baraya, que las armas de su mando no se emplearán en arruinar a Santafé, ni en miras ambiciosas como se supone, sino en sostener la formación del congreso y defender las provincias libres de cualquier tiranía que intente dominarlas; y que el mundo entero debe estar persuadido de que mientras no se verifique la formación del expresado congreso, no dejará las armas de las manos y que con un solo soldado que le quede, peleará contra los que se opongan a la existencia de ese cuerpo, empleándose en la defensa general del reino en la clase de capitán a las órdenes del jefe que se le destine por el mismo congreso.

   El 13 y último documento es un oficio de los diputados de Pamplona de 3 de julio, en que se despiden de los de Cundinamarca para su destino de Zepitá, quedando esperanzados en los auxilios que han impetrado y en la pronta instalación del congreso, diciendo que si Cundinamarca no ha jurado la ruina universal, desde luego contribuirá, por su parte, a la pronta instalación de este cuerpo.

   Los diputados, en un difuso informe en que hablan sobre cada uno de los documentos que hemos citado, encarecen la necesidad de la pronta formación del congreso, como único remedio de los males gravísimos que padece todo el reino, y de los espantosos estragos que por todas partes amenazan; dicen que el congreso es el grito y voto de todos los pueblos, la única esperanza sobre que descansan y por el que se empeñan decididamente; y la formación de este congreso es la que ha puesto los ánimos en combustión y las armas en las manos de todos los habitantes de aquellas provincias, que su retardación ha enfurecido los espíritus y los ha llenado de odio y rencor contra Cundinamarca, porque presumen que este Estado desaprueba y pone dilaciones al congreso; finalmente, dice, que él será el iris de la tempestad que está preparada para ahogarnos en sangre, y que en manos de su excelencia está hoy la suerte de la Nueva Granada y tal vez de toda la América, pues a él le estaba reservada la gloria de salvar a su patria.

   El presidente don Antonio Nariño remitió al poder ejecutivo todos los antecedentes de que hemos hablado, con más de un pliego en que se contienen las proposiciones que hacen los comandantes Baraya y Ricaurte y otro del acta del senado de Tunja sobre su ratificación; que con el oficio del expresado presidente insertamos por su orden a la letra y es como sigue.

Proposiciones que hacen a diputación de la representación nacional de Cundinamarca los generales del ejército combinado don Antonio Baraya y don Joaquín de Ricaurte, en virtud de la suspensión de armas acordada entre el ejército de éstos y el del brigadier don José Miguel Pey.

    Que hallándose todas las provincias laceradas y en combustión por reclamar sus derechos, sin que haya una autoridad competente que componga sus diferencias y siendo, por esto mismo, de absoluta necesidad y de la mayor urgencia la formación del congreso general que debe entender en tales asuntos, se deberá instalar éste, precisamente, en todo el corriente mes de julio, en el lugar que los diputados de las provincias tuvieren por conveniente y con los que en la actualidad se hallaren aptos y en disposición de formarlo.

    Que debiendo estar las armas de todas las provincias a las órdenes del congreso, desde el momento de su instalación deben quedar a disposición del mismo las armas de nuestro ejército y las del brigadier don José Miguel Pey, a fin de que el mismo congreso las pueda destinar a la urgentísima defensa de Pamplona y demás lugares del norte, a no ser que los gobiernos les den aquel importantísimo destino antes de la instalación del congreso, como parece muy conveniente y necesario a la salud de la patria.

   3° Que en el inter que el congreso se forma, las armas de Cundinamarca ni las de Tunja, ni ningunas otras puedan ser empleadas en hostilidades contra ningún pueblo ni provincia.

    Que las provincias de Tunja y el Socorro deban quedar en el estado que se hallaban el día 20 de julio de 1810, para que el congreso pueda, desde luego, demarcar sus límites, como los demás de las otras provincias de la Nueva Granada, según fuere más conveniente a la felicidad general de los pueblos.

    Que los jefes militares que firman y todos sus oficiales, en ningún caso puedan ser juzgados por otra autoridad que la del congreso general, el que sólo puede declarar si su conducta ha sido criminal o conforme a los deberes de ciudadanos, que han visto a la Nueva Granada al borde del precipicio.

    Que los oficiales que por motivos de estas diferencias se hallaren presos, suspensos o despojados de sus empleos, sean restituidos a ellos y a su libertad.

    Que para que tengan todo su valor los presentes tratados, deban volver ratificados dentro de 15 días naturales, por la representación nacional de Cundinamarca y por el supremo gobierno de Tunja, cesando toda hostilidad dentro del término perentorio de ocho días.

   Cuartel general de San Gil, a 2 de julio de 1812.

Antonio Baraya,
José Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   El senado del Estado libre de Tunja, congregado en la villa de Santa Rosa, en 7 de julio de 1812, a efecto de ratificar las proposiciones que hacen a la diputación de la representación de Cundinamarca los generales del ejército combinado don Antonio Baraya y don Joaquín Ricaurte, en virtud del armisticio entre su ejército y el del brigadier don Miguel Pey, declara: que la primera se ratifica en todas sus partes. La segunda, que se ratifica y que convienen en que el mariscal de campo don Antonio Baraya, con las armas de su ejército, pertenecientes a Cundinamarca, y con las de Tunja, siga desde ahora a la defensa de Pamplona, como necesario para la seguridad de la Nueva Granada. Que tome el mismo destino la tropa comandada por el brigadier Pey si lo tuviese a bien el gobierno de quien depende, costeándose la primera expedición por Tunja y las demás provincias del norte, y la segunda, por Cundinamarca, sin que se ponga obstáculo a los militares que quieran pasarse de uno a otro ejército. La tercera se ratifica en todo. La cuarta, que formado el congreso con la brevedad que exigen las actuales urgencias, dentro del término que se asigna en la primera propuesta, con los diputados nombrados que puedan componerlo, se reserve a este cuerpo soberano la decisión sobre las desavenencias entre provincia y provincia y límites de sus territorios conforme al acta de federación que se tiene aprobada por este gobierno. La quinta se ratifica en todo. La sexta igualmente se ratifica. Ultimamente, que hallándose acordada dieta, invitada por el presidente de Cundinamarca para entrevista con el de este Estado y creyéndose que con estas modificaciones quedarán cortadas del todo las desavenencias entre uno y otro gobierno, ofrece el de Tunja avisar inmediatamente el resultado de la conferencia, según los puntos contenidos en esta acta, a los jefes respectivos para que no dilaten sus marchas. Así lo acordaron los señores de que certificamos.

Juan Nepomuceno Niño,
gobernador.
Juan Agustín de la Rocha,
presidente del senado.
José Ramón de Eguiguren, Antonio Rojas,
José Cayetano Vásquez, Pedro Manuel Montaña,
secretario del Estado.
Ignacio Sarabia,
secretario del senado.

   Es copia,

   Santa Rosa, 7 de julio de 1812.

Pedro Manuel Montaña,
secretario del Estado.

Oficio del presidente don Antonio Nariño al poder ejecutivo

   El 8 del corriente, a las cuatro de la tarde, cuando aguardaba la contestación del gobernador don Juan Nepomuceno Niño, sobre una conferencia que le había propuesto por medio del ayudante de campo don Domingo Caicedo y del auditor don Tiburcio Chavarría, llegó a esta ciudad el doctor Ignacio Vargas, uno de los miembros de la representación nacional de este Estado, que fueron comisionados para tratar con los comandantes Baraya y Ricaurte. Condujo éste los adjuntos papeles, que contienen el resultado de su comisión. Yo los leí, como que me venían rotulados; pero viendo al fin de las proposiciones que hacen los comandantes en el artículo 7°, que éstas se dirigen a la representación nacional y no a mí, determiné que el mismo doctor Vargas siguiese a esa, mientras que con el resultado de mi entrevista con este gobernador, las dirigía a la representación nacional, no obstante de que no la creo autorizada para deliberar y entrar en contestaciones con los citados comandantes, por no facultársele por la constitución para semejantes materias, peculiares del poder ejecutivo, y mucho más cuando la comisión dimanó de éste, a propuesta del excelentísimo senado y consulta de la misma representación.

   El no haber verificado la conferencia con este gobernador, me hizo suspender la remisión de los pliegos, por tener noticia de que se habían puesto por el gobierno de Tunja algunas modificaciones o ampliaciones, como efectivamente lo verá vuestra excelencia por la copia que acompaño del acta de este senado.

   En ella se nota, por una parte, que este mismo gobierno, que ha protegido a Baraya, no puede desentenderse enteramente de la injusticia de sus pretensiones, que las restringe en varios artículos a pesar de serles inmediatamente favorables, y por otra, la falta de conocimientos de los comandantes en las materias en que se han metido a tratar, como la de ser juzgados por el congreso, que ni por sí, ni por tribunales que él forme, puede entremeterse a juzgar delitos de particulares. Esto, no obstante, debe llamar menos la atención de la serenísima representación nacional, que la situación en que se halla el reino y el honor comprometido de nuestro gobierno.

   Por la lectura de todos los documentos verá vuestra excelencia que por todas partes se grita sin reflexión, congreso, que ya nada se cree útil sino el congreso y que el congreso es la única tabla, el único recurso que nos queda para salvarnos; que los particulares, los pueblos, los comisionados que por distintas vías se han enviado, parece que están en el mismo concepto; y, finalmente, advertirá vuestra excelencia que la mayor parte de los miembros de la representación nacional piensan lo mismo, habiendo llegado esta especie de contagio al punto de creer las gentes que no sólo se acaba con el congreso su pobreza, sino hasta sus enfermedades y dolencias. En todo hay fanatismo y nuestro fanatismo político es el congreso.

   Yo veo, por una parte, la guerra civil próxima a reventar entre nosotros; veo a los enemigos de nuestra causa introduciéndose en las provincias libres, veo a los pueblos infatuados con la idea de que sólo el congreso nos puede salvar de los peligros que nos rodean; y por otra, veo la ruina de Cundinamarca a quien se le ha jurado un odio eterno, veo a unos oficiales del mismo Estado dictándole leyes con la fuerza de las armas que se les confiaron para sostenerlo y, lo que es más que todo, estoy casi convencido de que el remedio propuesto arruina a Cundinamarca y no salva el reino.

   En este conflicto, muy lejos de sentir el que los comandantes se dirijan a la serenísima representación nacional, desentendiéndose del presidente, lo he celebrado y estoy resuelto a seguir ciegamente cualquier resolución o consulta que por ella se delibere, no porque las fuerzas que actualmente tengo en marcha no sean suficientes para hacer respetar al gobierno que se me ha confiado, sino porque en ningún tiempo se diga que mis pasiones o miras particulares han conducido mis determinaciones. La representación nacional pesará con madurez las razones que se presentan por una y otra parte y su concepto será mi ley al frente de las tropas del Estado.

   En esta virtud vuestra excelencia le hará convocar en el momento, y con inserción de este mi oficio, le pasará todos los documentos adjuntos, dándome con la mayor brevedad aviso de sus resultados.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 11 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

   Al poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

Otro del mismo

   La conferencia que he procurado con el gobernador don Juan Nepomuceno Niño y que indicó en oficio separado de esta fecha, aunque ofrece las más favorables, no ha podido adelantarse hasta ahora por no haberse reunido aún los funcionarios de este gobierno, que según su constitución deben presenciarla. Cuando esto tenga efecto, según se me ha ofrecido, avisaré a vuestra excelencia las resultas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 11 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

   Al poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

   Convocada la representación nacional para la consulta que se hace por el presidente, nada se pudo resolver por no haberse reunido el número de sus individuos que para estos casos señala la constitución; pero el poder ejecutivo, por obviar dilaciones en un negocio tan urgente, tomó el temperamento de exigir de cada una de las corporaciones el dictamen por separado, que con muy poca diferencia, todos lo dieron sustancialmente conviniendo en que el presidente debía obrar en uso de las facultades que se le concedieron por la misma representación nacional en 25 de mayo último, con toda libertad, y llevar a efecto sus determinaciones sin necesidad de consultas.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 23 de julio de 1812, t. I., No. 62, p. 230-256.

78
OFICIO DEL BRIGADIER RICAURTE AL MARISCAL DE CAMPO BARAYA

RELATO DE LA VICTORIA OBTENIDA POR RICAURTE EN PALONEGRO. RECONOCIMIENTO AL COMPORTAMIENTO DE LA TROPA. Palo Blanco, 19 de julio de 1812.

Ricaurte.

Oficio del brigadier don Joaquín de Ricaurte al mariscal de campo don Antonio Baraya.

   Palo Blanco, julio 19 de 1812.

   Emprendida la marcha del ejército desde la villa de San Gil a las ocho de la mañana dimos vista al campo de Pey a las once y media del día, de donde se marchó hacia el cerro en que estaban sus tropas. Cerca de ellas intimé al comandante Pey entregase el campo con sus armas y pertrechos, a que se contestó con un soldado de caballería que el brigadier Pey estaba tratando con vuestra señoría, y después recibí un papel del oficial don Ignacio Salcedo en que me decía que el mismo brigadier estaba reconociendo varios puestos. Estas diversas contestaciones me entraron en sospecha y di orden para que avanzase mi ejército sin hacer fuego, a cuyo tiempo se comenzó el tiroteo de parte de Pey con cañón y fusilería, a que se contestó por las mías con toda viveza y actividad, y después de tres cuartos de hora de un continuado fuego nos apoderamos del campo, quedando a nuestra disposición toda la artillería de ocho pedreros y un obús clavado; todos los pertrechos, muchos fusiles, soldados, cinco zurrones con dinero y los oficiales que constan en la adjunta lista. Las tropas enemigas han huido precipitadamente y según noticias de los oficiales prisioneros han llevado mucho dinero del campo.

   A pesar de la viveza del fuego no hubo más pérdida por nuestra parte, que dos soldados muertos de la división de patriotas y dos heridos levemente; de los del contrario no se sabe. La oficialidad de fusileros ha portádose con todo valor y entusiasmo, pero muy distinguidamente los tenientes coroneles Antonio Vélez y Urdaneta y el teniente Ramírez, que mandaban las tres divisiones de provisionales, patriotas y nacionales que avanzaron con valor. Toda la tropa de fusil ha manejádose valerosamente y la artillería ha obrado con rigor; después tomaré una razón individual de los que hayan distinguídose más en las divisiones según el informe de los comandantes; quedo tomando razón de lo que se ha tomado en el campo.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Campo de Palo Blanco, julio 19 a las cinco y media de la tarde de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Posdata. No puedo menos que recomendar a vuestra señoría a los ayudantes que me acompañaron que obraron con no menos valor y entusiasmo que los que se expresan en lo principal, obedeciendo y haciendo cumplir mis órdenes con la mayor puntualidad.

   Vale,

Ricaurte.

   Señor mariscal de campo don Antonio Baraya.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

79
OFICIO DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

DESDE TUNJA ENVIA REPRESENTANTES A SANTAFE. RESPUESTA A PROPOSICIONES DE RICAURTE Y BARAYA. Tunja, 21 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

   El presidente don Antonio Nariño, en oficio de 21 del corriente, avisa al poder ejecutivo, desde Tunja, haber recibido los documentos relativos a la consulta hecha a la representación nacional sobre las proposiciones de don Antonio Baraya y don Joaquín Ricaurte. Manifiesta su excelencia que la resolución que por separado dieron las corporaciones de ella, defiriendo a lo que obrase en uso de la omnímoda facultad que se le confirió en 25 de mayo último, no había llenado sus deseos; pero, a consecuencia de esto, y no habiendo podido conseguir la entrevista con el gobernador de Tunja (que aún se mantenía en Santa Rosa), había deliberado enviar tres sujetos que en calidad de plenipotenciarios y con las credenciales e instrucciones correspondientes, pasasen en el mismo día a tratar y concluir lo conducente a estos asuntos, sin perjuicio de lo cual su excelencia partía el día siguiente con toda la expedición, llevando por objeto auxiliar las armas del brigadier Pey, en circunstancias de estar amenazadas por las de Baraya, según las noticias que acababa de recibir del segundo comandante don Justo Castro, y en todo evento dirigirlas al no menos interesante fin de aproximar aquellas tropas por lo que puedan contribuir en caso necesario a la defensa de Pamplona. Con este oficio acompaña copia del que le pasó al expresado gobernador de Tunja y de la contestación que había dado sobre las proposiciones hechas en 2 del presente por los expresados comandantes Baraya y Ricaurte, que a la letra es como sigue:

   Acompaño a vuestra excelencia copia certificada de los documentos que se me han remitido por el supremo poder ejecutivo de Cundinamarca a consecuencia de las proposiciones hechas a la representación nacional de aquella provincia por los comandantes don Antonio Baraya y don Joaquín Ricaurte en 2 del presente mes. Por ellos conocerá vuestra excelencia y demás funcionarios de su gobierno, que en circunstancias de no haberse podido reunir con la brevedad necesaria aquella representación nacional, y dispuéstose en su consecuencia que las corporaciones de que ella se compone expusiesen separadamente sus dictámenes; por el resultado de casi todos ellos se me han ratificado o nuevamente declarado las facultades que ya tenía para entender y terminar por mí solo estos asuntos. En consecuencia, debiéndome entender con ese gobierno que ha rehusado venir al efecto a ésta su capital, y deseando (como muchas veces lo he insinuado) dar más y más pruebas reales de que sólo trato de concluir pacíficamente y de buena fe los negocios pendientes, he deliberado enviar para que traten a mi nombre con ese mismo gobierno a los doctores don Domingo Caicedo, don Tiburcio Echevarría y don Miguel Montalvo, autorizándolos con todo el lleno de facultades y poderes al intento necesarios, quienes en su virtud se encaminan hoy mismo para esa villa con las instrucciones y credenciales correspondientes, quedando yo persuadido de que por este medio, y supuesta la regularidad de los tratados que ellos van a proponer, queden felizmente terminadas las diferencias suscitadas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 21 de julio de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador de Tunja.

   Contestación que sobre las proposiciones hechas en 2 del presente mes por don Antonio Baraya y don Joaquín de Ricaurte a la representación nacional de Cundinamarca y al gobierno de Tunja, da a éste el presidente de aquel Estado competentemente autorizado al efecto por la misma representación nacional.

   Artículo 1° Por mi parte suscribo a la pronta formación del congreso en todo cuanto alcance el lleno de mis facultades; pero correspondiendo al serenísimo colegio revisor del acta, el resolver si no obstante la violación de los pactos celebrados entre el gobierno y los diputados, debe al instante instalarse, se ocurrirá al momento invitándolo a que determine, a no ser que el gobierno de Tunja se convenga en que se ejecute bajo los dichos pactos, pues, en este caso, se instalará sin demora de un solo día.

   Artículo 2° Las armas de Cundinamarca estarán a disposición del congreso conforme al acta de federación y a los tratados que lo ratifican y se han citado arriba; pudiendo, entre tanto, seguir la expedición de Tunja con ellas a rechazar a los enemigos exteriores.

   Artículo 3° No habiéndose empleado hasta ahora las armas de Cundinamarca en hostilizar los pueblos, tampoco se emplearán en adelante, a menos que los pueblos y provincias no diesen motivo para ello.

   Artículo 4° Ratificado este artículo como lo propone el senado de Tunja en el acta de 7 de junio, entendiéndose la reserva que se hace en ella con la gran convención.

   Artículo 5° No dependiendo ya los dos jefes militares de que se hace mención, del gobierno de Cundinamarca sino del de Tunja, a que se han sometido, éste resolverá quién los ha de juzgar; pues el de Cundinamarca renuncia en obsequio de la tranquilidad el derecho de reclamarlos; que lo mismo se entenderá respecto de los oficiales que en plena libertad quieran seguir bajo las banderas de Tunja.

   Artículo 6° Se pondrán en libertad si quisieren trasladarse a Tunja, a donde igualmente podrán ocurrir los que quieran conservar sus grados.

   Artículo 7° No tiene ya ninguna fuerza.

Artículos adicionales

   Artículo 1° Todas las plazas desde sargento abajo de las tropas de Cundinamarca, que están al mando del comandante Baraya, seguirán a donde el peligro exterior lo pida de pronto; pero pasado este caso único y particular, se les oirá en plena libertad, y se quedarán en Tunja o se volverán a sus cuerpos.

   Artículo 2° Ratificados que sean estos artículos, se dará orden por el gobierno de Tunja para que al instante desocupen sus tropas los territorios del Socorro y demás que corresponden a Cundinamarca.

Tunja, 21 de julio de 1812.

Antonio Nariño,
Juan Dionisio Gamba,
secretario.

   Es copia,

Gamba.

FUENTE EDITORIAL:
 Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 30 de julio de 1812, t. I., No. 64, p. 241-243.

80
OFICIO DE BARAYA AL GOBERNADOR DE TUNJA

RELATO SOBRE LA VICTORIA Y LA CAPTURA DE LAS TROPAS DE CASTRO. Palo Blanco, 23 de julio de 1812.

Antonio Baraya.

Oficio del mariscal de campo don Antonio Baraya al gobernador de Tunja, acompañando el anterior.

   Palo Blanco, 23 de julio de 1812.

   Acompaño a vuestra excelencia el parte original que me ha comunicado el brigadier don Joaquín Ricaurte, que mandó la acción conseguida en el campo de Palo Blanco. Yo tengo la satisfacción de recomendar a vuestra excelencia a todos mis oficiales, que con demasiado valor y entusiasmo han peleado en la tarde del 19. Ese gobierno debe contar con que tiene una oficialidad y tropas que no temen las balas de los enemigos de la libertad, y que llena de entusiasmo se dispone a recibir todos los demás ejércitos que nos quieran imponer las cadenas de la servidumbre.

   En el campo han sido tomados todos los pertrechos. Cinco zurrones con dinero, ocho pedreros con sus recámaras, de los cuales dos inútiles; un obús clavado, diez cajones con fusiles descompuestos; como 250 fusiles sueltos, la mayor parte corrientes, las tiendas de campaña, y como 100 soldados de los vencidos que marchan incorporados voluntariamente en mi ejército. Los oficiales prisioneros han sido tratados con demasiada consideración.

   El 21 por la mañana ha sido sorprendida la guardia de prevención de la expedición del comandante Castro por el ilustre pueblo de Charalá, en cuyas manos han quedado 13 fusiles, 2 pedreros, 15 cargas de pertrechos con algunas lanzas y sables. Inmediatamente que tuve este parte mandé al capitán don Atanasio Girardot con una orden del brigadier Pey para que entregase su padre don Luis las armas que mandaba en la vanguardia; cuando llegó el primero, ya tenía sorprendidas las armas el capitán don Luis, que ha sido hecho prisionero; y de cuya tropa ha huido alguna. El oficial don Atanasio siguió hasta Charalá a ordenar y arreglar las armas y tropas sorprendidas. Nada tiene que temerse ya de la expedición auxiliar que mandaba Castro para reforzar la del brigadier Pey; queda, pues, sólo la ponderada que manda el dictador de Santafé, que no dudo correrá igual suerte, bajo la protección del cielo, que se complace en dispensarles a los defensores de la libertad.

   No omito advertir a vuestra excelencia que cuando hablo de la oficialidad debe entenderse de toda la que componía el ejército de la unión, y lo mismo de las tropas, estando vuestra excelencia persuadido de que las que vinieron de ese estado armadas de fusil, obraron igualmente que todas las demás de esta arma.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   San Gil, 23 de julio de 1812.

   Excelentísimo señor,

Antonio Baraya.

   Excelentísimo señor gobernador del Estado libre de Tunja don Juan Nepomuceno Niño.

   Es copia,

   Santa Rosa, 30 de julio de 1812.

Montano,
secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

81
OFICIOS DEL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

DIVERGENCIA DE OPINIONES ENTRE LOS SANTAFEREÑOS. SUPRESION DE PORTE DE ARMAS. OFICIO ENVIADO A VILLA DE LEIVA AL PRESIDENTE. TRATADOS ENTRE TUNJA Y SANTAFE. OFICIOS DE PLENIPOTENCIARIOS Y DEL PRESIDENTE DE TUNJA A NARIÑO. REGRESO DE ESTE A LA CAPITAL. OFICIOS DE NARIÑO A LOS CONGRESISTAS BANDO DEL PRESIDENTE Y DE LOS CONSEJEROS DE ESTADO. Santafé, Santa Rosa, Villa de Leiva, julio de 1812.

CUNDINAMARCA

Bando publicado en esta capital el 29 de julio próximo pasado

   El supremo poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca, etc. Por cuanto la divergencia de opiniones ha producido dos partidos formidables entre los ciudadanos de esta capital, que la han reducido a una agitación espantosa que cubriría de luto y de llanto a sus moradores si el gobierno no tomase las más enérgicas providencias para atajar estos males: hacemos saber que este gobierno, que se desvela en procurar la seguridad pública en lleno de sus deberes ha tomado las medidas de seguridad y tranquilidad de que el pueblo tendrá los más seguros testimonios, si abandonando ese espíritu de partidos le deja obrar en libertad conforme a constitución, pues de lo contrario, según ella, será dispersada por la fuerza toda reunión de gentes. Y para que no llegue este caso, siempre sensible al celo paternal del gobierno, se ordena y manda que ninguna persona, sea de la clase o condición que fuese, traiga consigo armas ofensivas ni defensivas, que si se les hallasen las perderán y serán castigados con las penas establecidas por las leyes, exceptuándose solamente los militares en actual servicio, que sólo traerán las que permite la ordenanza.

   Públiquese por bando y fíjense copias en los parajes acostumbrados.

   Santafé, 29 de julio de 1812.

Manuel Benito de Castro,
Luis Ayala.

   De orden de su excelencia,

Manuel Santacruz.

Oficio que dirigió el poder ejecutivo al presidente don Antonio Nariño

   Excelentísimo señor:

   Este poder ejecutivo ha recibido en la fecha los documentos que le ha dirigido el excelentísimo senado para pasar a manos de vuestra excelencia, como lo verifica. Por ellos, por el oficio remitido a vuestra excelencia, en 26 del corriente, y por el bando que en copia acompaño, formará vuestra excelencia concepto de las agitaciones que consternan a esta capital, y mucho más al poder ejecutivo, que después de haber empleado todos sus conatos para serenar los ánimos, tiene el desconsuelo de ver cuán infructuosas han sido sus medidas. El, habiendo apurado todas las que ha creído oportunas, no encuentra hoy otra que pueda disipar este nublado espantoso, que la pronta restitución de vuestra excelencia a esta capital, como aconseja el senado, conciliando nuestra seguridad de los enemigos exteriores por medio de una vigorosa repulsa que se solicita por el mismo senado les hagan los comandantes Baraya, Pey y Ricaurte, como verá vuestra excelencia por los oficios que se le dirigen abiertos para que les dé curso si lo estimase por conveniente; y con las tropas que vuestra excelencia se repliegue, dirigir otras partidas a los interesantes puntos del Magdalena, istmo e Inzá por donde los enemigos de nuestra libertad tratan de internarse para efectuar una reconquista bien combinada.

   Los sublimes conocimientos políticos de vuestra excelencia, su actividad y perspicacia para conocer los riesgos y evitarlos oportunamente, fundan la esperanza de este pueblo y la del poder ejecutivo, que pone en la consideración de vuestra excelencia este cúmulo de males qu esperan el remedio de sus manos; sobre todo, vuestra excelencia resolverá en uso de sus amplias facultades lo que juzgue conveniente.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 29 de julio de 1812.

   Excelentísimo señor.

Manuel Benito de Castro.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Cuando el presidente recibió este oficio en la villa de Leiva ya estaban transadas las diferencias entre el gobierno de Tunja y el de Cundinamarca por medio de los tratados ajustados entre los funcionarios de aquel Estado y los plenipotenciarios de éste, en los términos que consta de los siguientes artículos.

Tratados

   Nos, los ciudadanos gobernantes del Estado libre de Tunja, a saber: el ciudadano Juan Nepomuceno Niño, presidente gobernador; Juan Agustín de la Rocha, presidente del senado; Joaquín Malo, José Ramón de Eguiguren, Antonio Rojas y José Cayetano Vásquez, senadores; y por otra parte, los ciudadanos Domingo Caicedo, Tiburcio Echeverría y Miguel José Montalvo, comisionados con plenos poderes del ciudadano Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, cerca del gobierno de Cundinamarca para terminar pacíficamente los negocios y desavenencias pendientes entre uno y otro Estado, fecha en 20 del corriente mes; deseando unos y otros que sólo la paz y amistad republicanas nos unan estrechamente para resistir de este modo a los enemigos exteriores que amenazan ya de cerca a la libertad e independencia de la Nueva Granada, y teniendo a la vista las proposiciones hechas a la representación nacional de Cundinamarca, en 2 del presente julio, por los ciudadanos Antonio Baraya y Joaquín de Ricaurte, jefes militares de Tunja, y el acta que en 7 de julio celebró sobre ella el senado de ésta, para cuya ratificación, ampliación o restricción se halla bastantemente autorizado el referido ciudadano Nariño por la representación nacional de Cundinamarca; convenimos en ajustar los siguientes tratados relativos a las citadas proposiciones.

    Los comisionados de Cundinamarca suscriben a la más pronta formación del congreso, en cuanto alcanza el lleno de facultades de su comitente, conforme al acta de federación y a los pactos que la moderan celebrados entre el gobierno de Cundinamarca en 18 de mayo y los diputados comisionados por los representantes del congreso, pero con las siguientes modificaciones. 1a Que considerándose el gobierno de Cundinamarca libre ya del comprometimiento en que se hallaba de sostener como partes integrantes de su Estado a los pueblos de Sogamoso, a causa de que posteriormente se le han segregado y agregádose a Tunja, en obsequio de la paz renuncia Cundinamarca el derecho de reclamarlos y los reconoce como pertenecientes al otro Estado contratante. 2a Que la Villa de Leiva y pueblos de su comprensión se pongan en plena libertad a la mayor brevedad posible, y cada gobierno de los interesados nombrará un comisionado para que unidos exploren la voluntad de aquellos pueblos, estándose al resultado de esta operación, a excepción de Sutamarchán, que desde ahora se reconoce como de Tunja, por hallarse en el mismo caso de Sogamoso. 3a Que respecto del Socorro y demás de que habla el artículo 7° de los tratados de 18 de mayo, el Estado de Tunja no puede entrar en tratados sino en aquello que le sea trascendental; que lo único que lo sería es que el de Cundinamarca quedase preponderante en representación en el congreso general, cuyo inconveniente queda salvado con que las elecciones de representantes para la gran convención se hagan en los mismos cantones electores, bajo la protección del gobierno que reconozcan al tiempo de realizarlas, en lo que desde luego nos convenimos; y en que el mismo congreso general, o gran convención decidirá esta cuestión importantísima conforme al artículo 2° del acta de federación modificado por el 7° de los tratados de 18 de mayo; en cuyo concepto allanados los obstáculos que presentaban los tratados del gobierno de Cundinamarca con el congreso, quedarán ratificados en todas sus partes.

    Las armas de Cundinamarca y las de Tunja estarán a disposición del congreso, conforme al acta de federación y tratados citados arriba; y podrá seguir el general Baraya u otro jefe con las que aquél tiene de ambos Estados a repeler los enemigos que han invadido las fronteras del norte de la Nueva Granada.

    Las armas de los Estados contratantes no podrán emplearse contra sí recíprocamente ni contra ninguna provincia, sino en caso de hostilidad antes de formarse el congreso, pues instalado este cuerpo de ningún modo decidirán entre sí sus desavenencias las provincias.

    Se ratifica el artículo 4° de las citadas proposiciones en los términos que propone el acta del senado de Tunja de 7 de julio, entendiéndose la reserva que en ella se hace, con la gran convención.

    No dependiendo ya los jefes militares de que se hace mención, del gobierno de Cundinamarca, sino del de Tunja, a que se han sometido, a éste toca resolver quién los ha de juzgar; pues el de Cundinamarca renuncia en obsequio de la tranquilidad el derecho de reclamarlos; y el gobierno de Tunja ha decidido ya que los debe juzgar el congreso, ratificando la 5a proposición del general Baraya.

    Que los oficiales que por motivo de estas desavenencias se hallasen presos, se pondrán en libertad, y si quisieran pasarse a Tunja, éste gobierno se obliga a conservarles sus grados.

    La 7a proposición del general Baraya no tiene aplicación en el día.

Artículos adicionales

    Las tropas de Cundinamarca que están al mando del general Baraya, seguirán a donde el peligro exterior lo pida de pronto; pero pasado este caso único y particular, se les oirá en plena libertad y se quedarán en Tunja, o se volverán a sus cuerpos de Cundinamarca.

    Las tropas de Tunja evacuarán al instante el territorio de Cundinamarca y las de Cundinamarca evacuarán el de Tunja, dándose inmediatamente por los respectivos gobiernos las órdenes convenientes al efecto.

    En Cundinamarca y Tunja habrá un eterno olvido de los hechos de aquellas personas que han influido en las pasadas desavenencias; pero en lo sucesivo uno y otro gobierno se auxiliarán mutuamente para castigar a los sujetos que perturben el orden social y tranquilidad pública.

   Entre los Estados contratantes habrá sólida paz, buena armonía y amistad republicana.

   Ratificamos los presentes tratados en uso de nuestras altas facultades en la villa de Santa Rosa a 30 de julio de 1812, tercero de la libertad americana.

Juan Nepomuceno Niño,
gobernador del Estado.
Juan Agustín de la Rocha,
presidente del senado.
Joaquín Malo, José Ramón de Eguiguren,
Antonio Rojas, José Cayetano Vásquez,
Domingo Caicedo, Tiburcio Echevarría,
Miguel José Montalvo, Pedro Manuel Montaña,
secretario del Estado de Tunja.
Ignacio Sarabia,
secretario del senado de Tunja.

   Es copia,

   Santa Rosa, 31 de julio de 1812.

Pedro Manuel Montaña,
secretario del Estado de Tunja.

Oficio de los plenipotenciarios al presidente don Antonio Nariño

   Tenemos la satisfacción de acompañar a vuestra excelencia copia de los tratados que hemos cerrado con el gobierno de esta provincia y con esta fecha, en virtud de los poderes e instrucciones que al intento vuestra excelencia se sirvió comunicamos. Ellos han correspondido a vuestros deseos y esperanzas, pues no tienen alteración sustancial respecto de las instrucciones. Han ocurrido circunstancias capaces de interrumpirlos; hemos tenido que marchar hasta las inmediaciones de Susa, donde se hallaba este gobierno; hemos retrocedido con él hasta esta villa, pero los hemos terminado felizmente; los adelantamos a vuestra excelencia con este posta y hoy mismo retrocedemos hacia Leiva, a donde tenemos noticia de que se ha replegado vuestra excelencia con las tropas. ¡Quiera el cielo que seamos los instrumentos de paz y reconciliación entre las provincias de Cundinamarca y Tunja y que estos tratados finalicen (como creemos) sus diferencias.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Santa Rosa, 31 de julio de 1812.

   Excelentísimo señor.

Domingo Caicedo,
José Tiburcio Echeverría,
Miguel José Montalvo.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

Oficio del presidente de Tunja don Juan Nepomuceno Niño a don Antonio Nariño, que lo es de este Estado.

   Ayer se han concluido felizmente los tratados que aseguran la paz de los Estados de Cundinamarca y Tunja, para lo que se han tenido presentes los plenos poderes que vuestra excelencia confirió a don Domingo Caicedo, don Tiburcio Echeverría y don Miguel Montalvo; las propuestas hechas de la diputación del Estado de Cundinamarca cerca del general don Antonio Baraya, las de éste mismo y las del brigadier don Joaquín de Ricaurte; el acta de federación formada por los representantes al congreso para su instalación; los tratados de los mismos con vuestra excelencia; y las actas particulares del senado de esta República con los comisionados de los mismos representantes al congreso cerca de este Estado. En consideración al decoro de ambos Estados y para cortar de raíz las desavenencias trascendentales a todos los de la Nueva Granada, y por atender a su seguridad y ponerlos en estado de marchar contra los enemigos que la atacan por el norte.

   Con la pronta formación del congreso no sólo se cumple con los votos de todos los habitantes de nuestro continente, sino que el cuerpo soberano de la nación cuidará en adelante de su conservación y aumento, quedándoles a los Estados de Cundinamarca y Tunja la gloria de haber contribuido a acelerar el momento que nos llenará de la abundancia y felicidad que trae consigo la paz, y que esta época de nuestra regeneración dará la mayor satisfacción a los hombres libres.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santa Rosa, 31 de julio de 1812.

Juan Nepomuceno Niño.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Es copia,

   Villa de Leiva, 1° de agosto de 1812.

Juan Dionisio Gamba,
secretario de guerra.

   Habiendo cesado la causa que motivó la salida del presidente de esta capital, y deseoso su excelencia de restablecer en ella el orden y la tranquilidad que había sido turbada por un efecto de la alteración que los sucesos de la guerra causan siempre al sistema político, se regresó en 29 horas desde la villa de Leiva; y habiendo convocado prontamente a la serenísima representación nacional para poner en su conocimiento los antecedentes tratados, dando al mismo tiempo una circunstanciada razón de su conducta; su alteza serenísima, después de aprobar sus prudentes operaciones, le dio muy expresivas gracias e insistió en que a todo se diese el más pronto y exacto cumplimiento. El presidente, en acto continuo, hizo dimisión de las amplias facultades que se le habían conferido, pidiendo que desde el momento se restituyesen las cosas al orden constitucional. Su alteza serenísima vino en ello, y no pudiendo contener las efusiones de su gratitud y reconocimiento a su jefe, que con heroísmo bizarro desmentía las siniestras imputaciones de sus malsines, prorrumpió en aplaudir y bendecir su celo y patriotismo acendrado.

   In continenti se pusieron en libertad las personas que habían sido arrestadas por los incidentes ocurridos; se pasaron oficios a los diputados al congreso y se publicó el bando que uno en pos de otro es como sigue.

Oficios que ha pasado el gobierno a los diputados al congreso

   Con fecha de ayer dirigí a los señores diputados al congreso residentes en Ibagué el oficio siguiente:

   "Dirijo a sus señorías copia de los tratados con que han terminado felizmente las desavenencias suscitadas entre el gobierno de Tunja y el de Cundinamarca. La representación nacional de este Estado, a quien he dado cuenta de mi conducta en el uso de las amplias facultades que me confirió para este caso con fecha 25 de mayo último, después de aprobar mis trabajos, insta en que cuanto antes se pongan en práctica; y este gobierno, que por su parte está dando las providencias conducentes a su cumplimiento, habiendo comenzado por poner en libertad a todos los arrestados, encarga muy encarecidamente a sus señorías que sin pérdida de tiempo procedan a dar las correspondientes a que lo tenga en la parte que es de su resorte, y que el olvido en cuanto a las disensiones pasadas sea general y recíproco, a cuyo efecto ha dispuesto este poder ejecutivo la publicación de un bando que principalmente se dirige a tal objeto y a manifestar que todas las cosas deben volver al orden constitucional, cesando las funciones de la omnímoda por dimisión que yo mismo hice de estas facultades, como que ya ha faltado la causa que las motivó. Sus señorías se servirán darme pronto aviso del recibo de éste y lo que en su consecuencia dispongan".

   "Dios guarde a sus señorías muchos años.

   Santafé, 5 de agosto de 1812.

Antonio Nariño".

   Señores diputados de las provincias al congreso general del reino. Ibagué.

   Y lo transcribo a sus señorías acompañándoles una copia de los tratados para que por su parte contribuyan a su más pronto y exacto cumplimiento.

   Dios guarde a sus señorías muchos años.

   Santafé, 6 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

Señores diputados al congreso residentes en esta capital.

Bando

   El presidente y consejeros del Estado, etc.

   Por cuanto en virtud de tratados solemnemente ajustados entre el gobierno de Tunja y los plenipotenciarios que por parte del de Cundinamarca nombró el presidente don Antonio Nariño en uso de las facultades que para ello se le ampliaron por la serenísima representación nacional, han sido concluidas pacíficamente las desavenencias que por desgracia encendieron el fuego de la discordia con grave perjuicio de la causa común, hacemos saber que habiendo convocado el citado presidente a su regreso a esta capital a la serenísima representación nacional y héchole una fiel relación de su conducta y de los poderosos motivos que le impelieron a adoptar esta medida saludable, su alteza serenísima, después de aprobarla y ratificarla en todo lo posible y tributádole gracias por haber correspondido a la alta confianza que se le dispensó, fue de sentir se cumpla y ejecute a la mayor brevedad todo lo contenido en los expresados tratados; por tanto este gobierno, que comenzó por poner en libertad las personas arrestadas, que ha librado las órdenes convenientes para que tenga el más pronto efecto todo lo proyectado, y que por su propio decoro tiene un interés en que así se verifique inviolablemente, encarga a los ciudadanos de este Estado, de cualquier clase o condición que sean, que echando en perpetuo olvido todo lo pasado guarden la mejor armonía, absteniéndose mutuamente de expresiones insultantes por razón de disentir en la opinión que es libre y omitan todo acto tumultuario y prohibido por la constitución, pues cualquier infracción de ésta se castigará sin el menor disimulo, en el concepto de que habiendo dimitido el presidente las facultades ilimitadas que le fueron concedidas para obrar con libertad en estos asuntos, han vuelto todas las cosas al orden constitucional.

   Publíquese por bando y fíjense copias en los lugares acostumbrados.

   Santafé, 6 de agosto de 1812.

Antonio Nariño,
Manuel Benito de Castro,
Joaquín Lee.

   De orden de su excelencia,

Manuel de Santacruz.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 6 de agosto de 1812, t. I., No. 65, p. 245-250

82
OFICIO DE FELIPE ANTONIO MAZUERA AL VICEPRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

INFORME SOBRE EL PARTE OFICIAL DEL GENERAL MACAULAY. VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO. INGRESO A LA CAPITAL DE LA EXPEDICION DEL NORTE. Popayán, 5 de agosto de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
vicepresidente de la provincia de Popayán.

POPAYAN

Oficio del vicepresidente don Felipe Antonio Mazuera

   En la noche de ayer ha recibido este gobierno parte oficial del general Macaulay, sobre las operaciones del ejército del sur, escrito desde el ejido de Pasto. Por él sabemos que después de varias acciones parciales, en que se coronaron de gloria las armas de este Estado, forzaron el espantoso paso de Juanambú por entre las balas de una multitud innumerable de enemigos, pasando nuestras tropas por la cuerda o tarabita del río, en medio del vivo fuego que hacían los rebeldes, hasta que consiguieron apoderarse de los puntos más inaccesibles y ponerlos en fuga con pérdida considerable de ellos.

   Sucesivamente persiguieron las tropas vencedoras al enemigo, caminando en toda la noche de aquel día, y en el punto de Buesaco, igualmente insuperable para otros soldados que no fuesen los de esta provincia, se repitieron las mismas escenas de espanto para los rebeldes, como de gloria para nuestras armas, hasta que adelantando el general sus marchas hasta el mismo ejido de Pasto, estaba ya resuelto a entrar a sangre y fuego, tomando por asalto a aquella ciudad criminal, al frente de las tropas que sólo respiraban furor y muerte, cuando el presidente a quien habían puesto en libertad los rebeldes, salió con otros individuos al encuentro del general, procurando serenar su justa cólera para salvar su vida y la de los demás prisioneros.

   Por esta causa, ha suspendido el ejército sus marchas triunfantes contra una ciudad consternada y pronta a ser reducida a cenizas. El ayuntamiento de los rebeldes ha hecho proposiciones de transacción, que el general en jefe ha sujetado a la aprobación de este gobierno; ellas están pendientes y su resolución debe decidir irrevocablemente de una sólida pacificación en los pueblos alterados al sur de esta provincia.

   No pueden ponderarse bastantemente el heroísmo y energía de la tropa y oficiales, que han manifestado en esta ocasión, más que en otra alguna, un temple inimitable y un honor que los cubrirá eternamente de gloria delante de la patria, a quien repetidamente han ceñido de laureles vencedores, coronándola de una serie de triunfos debidos a la constancia y a la virtud que inspira el sublime sentimiento moral de la libertad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala del gobierno de la provincia de Popayán, 5 de agosto de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
vicepresidente.

   Excelentísimo señor vicepresidente del Estado de Cundinamarca.

CUNDINAMARCA

   El 14 del corriente entró en esta capital nuestra tercera expedición del norte, en el mismo orden de formación con que emprendió su marcha cuando salió y con todas las armas y pertrechos y municiones que llevó. Pese a los mal contentos que sólo aspiran a derramar la sangre de nuestros hermanos, tal vez con el doble objeto de ponernos en un estado inerme y susceptible a sus insidias, no se emplearon más que seis tiros de fusil para ejecutar la justicia en un infeliz delincuente, y no por eso han dejado de adquirir nuestras huestes con los tratados de pacificación los invictos laureles de Mercurio y Minerva, en vez de los funestos cipreses de Marte y de Belona que habrían granjeado cuando la suerte de la guerra se hubiera declarado en su favor.

   El supremo poder ejecutivo ha acordado en 13 de este mes que no pudiéndose mirar con indiferencia los padecimientos de los sujetos que en medio de las desgracias ocurridas en Venezuela han emigrado acogiéndose a la protección de este gobierno, que desea dar las mayores pruebas de beneficencia para con los hijos de aquel Estado, con quien siempre ha guardado y anhela guardar buena armonía y correspondencia, y viendo, por otra parte, que las sesiones del cuerpo legislativo a quien por la constitución corresponde este negocio, se van dilatando más de lo que permite la necesidad de dichos emigrados, se pase orden a los ministros del tesoro público para que, entre tanto, y sin perjuicio de lo que resuelva el cuerpo legislativo, se contribuya desde esta fecha por vía de suplemento alimenticio con un peso diario a cada uno de los sujetos siguientes: don Juan Gabriel Liendo; don Antonio María Palacios; don José Antonio Llanos; presbítero don Ignacio Fernández; presbítero don José Antonio Fernández; don Lorenzo y don Alonso Uscátegui; don N. Romero; don Luis Santander; don Agustín Aulí; don Pedro Ramón Chipia y don Celestino Bruguera. Y que se oficie con el gobierno eclesiástico recomendando a los presbíteros don Mariano Talavera, don Luis Mendoza, don José Antonio Llanos y don Ignacio Fernández, comprendidos entre los citados emigrados a fin de que los tenga presentes en la provisión interina de cualesquiera beneficios eclesiásticos que hayan de proveerse en lo sucesivo, con cuyo auxilio lograrán más cómodamente su subsistencia y el Estado se exonerará de la pensión que respecto de estos dos últimos tiene asignada. Y que en el concepto a que en la actualidad se halla desocupada la casa perteneciente al Estado en que últimamente habitaba don Joaquín de Ricaurte y Torrijos, se comunique igualmente orden al subpresidente para que mientras así subsista, proporcione en ella a los mismos sujetos el alojamiento correspondiente.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 20 de agosto de 1812, t. I., No. 68, p. 532-533.

83
SITIO PARA REUNION DEL CONGRESO

SOBRE LA UNION DE TODAS LAS PROVINCIAS. LUGAR PARA LAS SESIONES DEL CONGRESO. PROPUESTAS DE SANTAFE E IBAGUE. Santafé e Ibagué, agosto de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez,
Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Los diputados al congreso residentes en esta capital, en contestación al oficio que se les pasó por el supremo poder ejecutivo, inserto en la Gaceta número 65, acompañan la siguiente copia del que dirigieron a los que existen en Ibagué, para acordarse en el punto de su reunión.

   Sofocada la discordia que nos ha despedazado por tanto tiempo, con el tratado concluido entre el gobierno de Cundinamarca y el de Tunja, y allanados así los obstáculos que desgraciadamente han retardado hasta ahora la unión del reino, es ya tiempo de que los diputados de las provincias nos apresuremos a establecer y afianzar esta unión tan deseada, aprovechando el feliz momento que se presenta.

   Dos años han corrido desde que se dio el primer paso hacia la libertad, y en tan largo tiempo nada se ha hecho para afianzarla y no perder un bien que jamás se recobra perdido una vez. Celos, disputas y al fin la discordia civil, han ocupado un espacio que había destinado la Providencia para obrar nuestra felicidad. Nos hemos visto al borde del precipicio, fatigados los ánimos y casi extinguido el patriotismo, siendo uno sólo el principio de tan funesta situación, la falta de unión y de consagración a los grandes y verdaderos intereses de la patria.

   Establézcase, pues, esta unión que debe reanimar los espíritus y hacer un todo respetable de partes dispersas y que tanto se han chocado. Esta es hoy obra de los diputados, en cuyas manos está la suerte de la Nueva Granada y en quienes el mundo ha fijado sus miradas. Apresurémonos a formar el congreso que ha de ser el vínculo de la unión, para llenar así los votos de nuestros comitentes, y temamos justamente los cargos que se nos harán si retardamos por más tiempo llenar este deber sagrado que nos impone la confianza que de nosotros se ha hecho y las execraciones de la posteridad, a quienes somos responsables de nuestra conducta.

   A efecto de abreviar la instalación del congreso es indispensable determinar de acuerdo el lugar en que haya de hacerse; y para esto conviene que a la mayor brevedad nos reunamos en un punto, a que todos podamos concurrir fácilmente. Nosotros hemos pensado que el más oportuno es la villa de Bogotá, que es camino para vuestras señorías en el concepto de que parece necesario que el congreso por ahora resida hacia el norte y a donde podamos ir sin multiplicar viajes penosos. Sin embargo, estamos dispuestos a marchar a cualquier otra parte que se designe y así esperamos que vuestras señorías nos avisen con anticipación, o su allanamiento a nuestra propuesta, o el diverso punto que les parezca más a propósito.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 8 de agosto de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez, Juan José de León,
Luis Eduardo de Azuola, José María Dávila,
Joaquín de Hoyos, José María del Castillo.

   Señores diputados de las provincias al congreso residentes en Ibagué.

   Es copia,

Alvarez.

   Excelentísimo señor:

   La adjunta copia del oficio que los señores diputados de provincias para el congreso existentes en ésta, dirigen a los que se hallan en Ibagué, no solamente asegurará a vuestra excelencia del recibo del 6 del corriente con el tanto de los pactos celebrados por parte de este gobierno y el de Tunja, sino que también le impondrá de la resolución en su vista tomada por aquéllos, con el fin de verificar pronta y cómodamente el deseado restablecimiento del congreso.

   Igualmente incluyo el pliego que debe seguir a dichos señores en Ibagué para que con la consideración de no tener hasta ahora fondo alguno el congreso, se sirva vuestra excelencia dar la orden correspondiente a fin de que con toda la posible brevedad y con la seguridad debida, se remita con extraordinario a su destino.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 8 de agosto de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor presidente del Estado.

Contestación dada por los diputados que existen en Ibagué al poder ejecutivo.

   Instruidos de los tratados concluidos entre ese gobierno y el de Tunja, que vuestra excelencia nos remite con oficio de 5 del corriente y del encargo que éste expresa para que procedamos a lo que fuere de nuestro resorte, hemos convenido en hacer a vuestra excelencia el de que prevenga a los diputados de esta provincia que a la mayor brevedad se reúnan al cuerpo de la diputación general residente en esta ciudad para deliberar sobre los importantes objetos que hoy llaman su atención.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Ibagué, agosto 11 de 1812.

Enrique Rodríguez, Camilo Torres,
Andrés Ordóñez y Cifuentes, Joaquín Camacho.

   Excelentísimo señor presidente y consejo de estado de Cundinamarca.

El domingo 16 del corriente se recibió el antecedente oficio y en el momento se pasaron a los diputados de este Estado los siguientes.

   Acaba de recibirse la contestación de los diputados al congreso residentes en Ibagué, en que manifestando quedar impuestos de los tratados concluidos entre este gobierno y el de Tunja, expresan haberse convenido en que se prevenga a los dos de esta provincia traten de reunirse con la posible brevedad a la diputación general residente en dicha ciudad de Ibagué para evacuar los asuntos a que los llama su atención.

   En esta virtud es preciso que vuestra señoría, en desempeño de su ministerio y atendiendo a la importancia de los negocios del día, se ponga sin pérdida de tiempo en marcha para Ibagué, allanando al efecto cuantas dificultades puedan ocurrirle.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 16 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

   Señor representante de esta provincia al congreso, don Manuel Bernardo Alvarez.

   Habiendo recibido la contestación de los diputados al congreso que existe en Ibagué, sobre los tratados concluidos entre este gobierno y el de Tunja, manifiestan haberse convenido en que se prevenga a los de esta provincia que a la mayor brevedad se reúnan al cuerpo de la diputación general residente en dicha ciudad de Ibagué, para deliberar sobre los importantes objetos que hoy llaman su atención.

   En consecuencia, dispondrá vuestra señoría entregar inmediatamente la comandancia e inspección general que ha estado a su cargo, al coronel don José Ramón de Leiva (a quien con esta fecha se da la orden correspondiente) y tratará de marchar a Ibagué sin pérdida de tiempo, como lo exige de vuestra señoría su ministerio de representante de esta provincia en el congreso y la urgencia de los negocios pendiente. Todo lo que comunico a vuestra señoría de orden del supremo poder ejecutivo.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 16 de agosto de 1812.

Juan Dionisio Gamba,

   Señor coronel don Luis Eduardo de Azuola.

Contestación dada por este gobierno a los diputados al congreso residentes en Ibagué

   Luego que el poder ejecutivo recibió el oficio de vuestras señorías de 11 de este mes y no obstante de haber sido en día festivo, lo comunicó a los diputados de esta provincia para que sin pérdida de tiempo pasen a esa ciudad a reunirse con vuestras señorías como lo solicitan en su citado oficio a que contesto.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 18 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores diputados al congreso residentes en la ciudad de Ibagué.

Acabada de dar esta contestación a los diputados que se hallan en Ibagué, se recibió de los de esta provincia la copia y oficio siguientes

Copia

   Sin aguardar la respuesta de vuestras señorías al pliego que salió de esta ciudad en 9 del corriente, nos apresuramos a hacer esta manifestación de nuestro modo de pensar, bien persuadidos de que vuestras señorías nunca tendrán a mal que tomemos una deliberación que, teniendo en su favor la voluntad bastantemente expresada de los pueblos, está imperada por las necesidades que nos rodean, de acuerdo con el acta de federación y conforme con el voto que vuestras señorías han manifestado otras veces. Tal es la de no ser posible por ahora instalar el congreso en esa ciudad, siendo cierto que los sucesos de Venezuela y el estado de las provincias del norte exigen instantáneamente la atención de este cuerpo en que el reino funda todas sus esperanzas. El congreso no debe existir sino donde lo pidan las ventajas de la unión y principalmente la defensa común. Esta es la expresión del artículo 11 del acta de 27 de noviembre del año próximo pasado, sobre el cual no ha habido obstáculo ni contradicción de parte de ninguna provincia. Pero la permanencia del congreso en Ibagué, sin acción, sin seguridad, sin comunicación y casi sin influencia, lo haría tan inútil para la salud del reino cuanto desconceptuado para con los pueblos, cuyos clamores lo llaman a otro punto.

   Poco importa que vuestras señorías, con sola la noticia de haberse terminado las diferencias entre los Estados de Cundinamarca y Tunja, nos hayan invitado a marchar a Ibagué, pues además de haberse dado este paso sin conocimiento de la invitación que nosotros les hicimos posteriormente, lo ha sido tal vez en circunstancias que vuestras señorías no pudieron reflexionar lo mucho que interesa aprovechar los momentos, evitar rodeos y acelerar la instalación del congreso. Si esta conformidad de los pactos federales se ha de hacer buscando las ventajas de la unión, y el punto de donde partan activamente las providencias que conduzcan a la defensa común, no es una deliberación nuestra, ni menos de una arbitrariedad, sino el imperio de las circunstancias, la seguridad y decoro del congreso y el entusiasmo de unos pueblos a quienes éste va a deber su realización, los motivos que pronuncian y que por ahora debe dar principio a sus operaciones en uno de los lugares del norte.

   Estamos muy lejos de desconocer la iniciativa en cuya posesión se hallan vuestras señorías, pero satisfechos de que el acta de federación es la regla de la conducta de todos y que, consagrados a la salud de las provincias que tenemos el honor de representar, no respiramos más que unos mismos sentimientos, aplaudirán vuestras señorías la resolución en que estamos, no sólo de no seguir su primer llamamiento, sino de hacerlo, como lo hacemos, hacia los límites entre las provincias de Tunja y Cundinamarca. En general, la instalación del congreso en uno de esos pueblos es necesaria y no parece estar sujeta a ninguna discusión, al paso que quedan salvos los votos y las opiniones de vuestras señorías y de todos los concurrentes para elegir cualquiera de ellos y fijar el que haya de ser. Así no hallarán vuestras señorías ninguna inconsecuencia entre ésta y la anterior invitación y no desaprobarán la resolución que tomamos de marchar inmediatamente, esperando que vuestras señorías hagan otro tanto para no malograr estos preciosos momentos, aprovechar el entusiasmo de que están animadas las gentes y corresponder a los deseos y esperanzas de los pueblos.

   Dios guarde, etc.

   Santafé, 17 de agosto de 1812.

   Señores diputados al congreso residentes en Ibagué.

   Es copia,

Alvarez.

   Excelentísimo señor:

   Sin embargo de estar pendiente y deber recibir la contestación del oficio que en 9 del corriente dirigimos a los señores diputados al congreso que se hallan en Ibagué los que residimos en esta capital; con todo, disponíamos nuestra marcha para aquella ciudad con arreglo a la orden de vuestra excelencia comunicada en oficio de 16 del corriente, los de esta provincia de Cundinamarca; pero reunidos últimamente en este día con los señores representantes de Antioquia, uno de los de Pamplona y otro del Estado de Tunja, hemos convenido de común acuerdo dirigir nuevamente a los señores diputados existentes en la dicha ciudad de Ibagué el oficio cuya copia acompañamos a vuestra excelencia, cuyo objeto, siendo el más conforme a la más pronta instalación del congreso, en alguno de los puntos situados hacia el norte, a donde parecen ser más urgentes los peligros y mayor la necesidad de ocurrir a ellos; esperamos será, también, de la aprobación de vuestra excelencia esta medida, que nos apresuramos a hacer por nuestra parte efectiva.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 17 de agosto de 1812.

   Excelentísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

   Excelentísimo señor presidente del Estado.

Contestación dada por este gobierno al oficio que antecede

   Queda enterado este poder ejecutivo por el oficio de vuestras señorías fecha de ayer, de lo últimamente resuelto por los diputados al congreso residentes en esta ciudad; y habiendo dado por su parte este gobierno todas las providencias que le tocan para la pronta formación de dicho cuerpo, lo subsecuente es propio y privativo de sus determinaciones.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 18 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores diputados de esta provincia al congreso general del reino.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 19 de agosto de 1812, t. I., No. 67, p. 525-528.

84
CARTA DEL PRESIDENTE NARIÑO AL SENADO

RAZONES QUE MOTIVAN SU RENUNCIA DE LA PRESIDENCIA. ACEPTACION DE LA RENUNCIA. Santafé, 19 y 20 de agosto de 1812.

Antonio Nariño,
Barreto,
(prosecretario),
Manuel Pardo.

   Excelentísimo señor:

   En once meses que llevo de presidente del Estado he sufrido con firmeza una guerra abierta de los particulares, de los pueblos y de las corporaciones, no sólo por escrito en impresos sino con la fuerza de las armas, porque he querido sostener el decoro de la provincia cuyo mando se me confió, y porque he creído que de ella dependía por ahora el sostenimiento de la libertad y la salud del reino entero. Quizá he procedido con equivocación, y aunque permanece en mi corazón esta misma idea, debiendo suscribir a la opinión que han diseminado por todas las provincias los enemigos de Cundinamarca y de la libertad, he accedido desde 18 de mayo a la formación del congreso, con las restricciones que creí necesarias para evitar la pronta ruina del Estado. Vuestra excelencia sabe, como todo el mundo, lo que he tenido que padecer en mi reputación, y la serenidad con que he sobrellevado los insultos, las desvergüenzas, las groseras imputaciones y hasta las conspiraciones que contra mi persona se han formado; la salud de la patria ha ahogado en mi corazón hasta las más leves impresiones y resentimientos; la memoria de tantos años de padecimientos por la felicidad del suelo que me vio nacer, me animaba a arrostrar nuevos trabajos creyéndolo ya libre del principal escollo y cerca de la costa para escapar del naufragio. He cumplido con Dios y con mi conciencia hasta donde han alcanzado mis débiles luces, y dejo al tiempo que me vindique de las negras imposturas con que se ha manchado mi nombre y hasta mi bien acreditado patriotismo; un principio de filosofía, que tantos años de padecer han formado en mi pecho, me hace ver con impavidez todas las vicisitudes de la vida, subiendo o bajando me nivelo al papel que me toca representar en la comedia de este mundo.

   Con estos principios me he sostenido en medio de la borrasca creyendo poder salvar la patria; ya su suerte está en otras manos conforme a la voluntad general, y mi permanencia al frente del gobierno de Cundinamarca va a ser un obstáculo para su sostenimiento y quizá aproxima su ruina por el odio universal que se ha tratado de inspirar al reino entero contra mi persona y modo de pensar. No voy a dejar el mando por debilidad en medio de los peligros, no, ya dejo establecida la tabla que según la opinión común nos ha de salvar, y antes bien, voy a dejar mi empleo cuando mi permanencia en él puede ser muy perjudicial a la marcha pacífica y uniforme del soberano congreso; a todo cuanto hago y cuanto digo se le da una siniestra interpretación, y el congreso mismo dictará tal vez providencias contrarias a la prosperidad de la provincia por el presidente que la gobierna.

   Pero hay más, hay una imposibilidad de hecho para que yo pueda continuar en la presidencia. Después de la conducta que he guardado al frente de las tropas del Estado, conciliando su seguridad y su decoro con la consideración de que los comandantes, los oficiales y las tropas contra quienes las dirigía, eran de Cundinamarca; después de haber terminado mi expedición con unos tratados que han calmado las disensiones exteriores y las interiores con mi pronto y precipitado regreso a esta capital. ¿Qué es lo que he adelantado? Nada; el descontento sigue, las corporaciones no quieren reunirse a despachar sus funciones, los partidos se mantienen vigentes y acalorados a pesar de los continuos esfuerzos que hago para calmarlos, y el gobierno en su totalidad va a disolverse y nos vamos a ver precipitados en una anarquía espantosa por no aplicar un oportuno remedio a tiempo. Este remedio está en mis manos, y sería yo un criminal en no aplicarlo, aunque proceda de equivocación en las gentes; sálvese la patria y más que mi nombre y mi vida, si fueren menester, queden sepultados en el oprobio.

   En esta virtud, y convencido de la necesidad en que se hallan la ciudad y el Estado, de que yo dimita mi empleo para su sosiego interior y marcha pacífica de las corporaciones y del soberano congreso, hago solemne renuncia de mi empleo de presidente del Estado; protestando que si en el acto no se admite la renuncia, siguiendo el ejemplo de los demás funcionarios, me retiro del campo y dejo abandonado el empleo sin que se me pueda hacer por esto cargo ninguno, en atención a que no está en el orden obligarme a permanecer en un puesto que en las actuales circunstancias aseguro que es imposible poder desempeñar, y que por lo mismo no seré responsable de cuanto en lo sucesivo pueda acontecer, conforme al artículo 32, título 5 de la constitución.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

   Al excelentísimo senado.

   Santafé, 19 de agosto de 1812.

   Graduándose por razonable y conveniente la dimisión o renuncia que hace de la presidencia del Estado el excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño en este oficio, tanto por los graves fundamentos con que la propone, como por otros varios motivos acaso más urgentes, que se han tenido en consideración en la discusión y examen a que se redujo el asunto, con la reflexión y prudencia que requiere su importancia, circunstancias y consecuencias; se accede a ella y desde luego se admite y acepta en uso de las facultades con que autoriza al tribunal para el efecto la constitución. Contéstese a su excelencia con copia de este decreto, dándole las gracias por la aplicación y celo con que ha correspondido al concepto que merecerá siempre a este cuerpo y demás autoridades, su notorio patriotismo y recomendable mérito. Para satisfacción de su excelencia y conocimiento del público se imprimirá en gaceta extraordinaria íntegro el expediente; y por el poder ejecutivo se comunicará a quienes corresponda el competente aviso de esta resolución.

   Hay cinco rúbricas.

Barreto,
prosecretario.

   Excelentísimo señor:

   El senado, que siempre halló en vuestra excelencia reunidas las virtudes necesarias para desempeñar las arduas funciones del puesto que ha ocupado dignamente, se degradaría de su dignidad y haría a la patria una ofensa muy enorme, si admitiera a vuestra excelencia en otras circunstancias la dimisión y renuncia que ejecuta de la presidencia del Estado. Pero las serias reflexiones con que vuestra excelencia la apoya, con otras no menos urgentes y graves que se han tenido en consideración (pues el punto se ha conferenciado con la integridad y cordura que pide su importancia), lo pone en la sensible precisión de admitirla en los términos que reconocerá vuestra excelencia por la adjunta copia, y en la de desprenderse de un jefe en quien tenía libradas las mejores esperanzas, por sus conocimientos, firmeza, celo, actividad y verdadero patriotismo, que siempre hará memorable su relevante mérito. Con efecto, vuestra excelencia, con ese generoso desprendimiento del mando y del empleo más espectable que tiene Cundinamarca, va a dar a todo el reino una prueba perentoria de los verdaderos sentimientos de su corazón y un ilustre ejemplo a los que deben sacrificarlo todo a la seguridad y tranquilidad de la patria. Por lo mucho que ha trabajado vuestra excelencia en su servicio, este cuerpo, por sí y a nombre de ella, le tributa las más insinuantes y multiplicadas gracias, lo que servirá a vuestra excelencia de satisfacción y contestación al oficio que con fecha de ayer pasó a este cuerpo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, agosto 20 de 1812.

   Excelentísimo señor,

Manuel Pardo.

   Excelentísimo señor don:

Antonio Nariño.

   Es copia,

   Santafé, fecha ut supra.

Barreto,
prosecretario.

   De orden del excelentísimo senado dirijo a vuestra señoría la adjunta copia, con el objeto de que elevándola a conocimiento del supremo poder ejecutivo, disponga su excelencia la más pronta impresión de ella por una gaceta extraordinaria.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 20 de agosto de 1812.

   Por indisposición del señor secretario,

   José Agapito Barreto.

   Señor secretario del Estado y de gracia y justicia del supremo gobierno.

   Santafé, 20 de agosto de 1812. Publíquese como propone el excelentísimo senado en gaceta extraordinaria.

   Hay dos rúbricas.

Santacruz.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 20 de agosto de 1812, t. I., No. 69, p. 255-257.

85
NOMBRAMIENTO DE MANUEL BENITO DE CASTRO EN LA PRESIDENCIA

EN REMPLAZO DE NARIÑO. LUIS CAICEDO ES NOMBRADO EN EL CARGO DE CONSEJERO. Santafé, 20 de agosto de 1812.

CUNDINAMARCA

   Habiéndose admitido por el excelentísimo senado la renuncia que hizo don Antonio Nariño de la presidencia del Estado, según se manifestó en la Gaceta número anterior, han recaído por constitución las funciones de tal en don Manuel Benito de Castro como consejero más antiguo; y el supremo poder legislativo ha nombrado al brigadier don Luis Caicedo para el empleo de consejero, en acta de 22 del corriente.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 20 de agosto de 1812. t. I.. No. 70, p. 357.

86
OFICIO DE NARIÑO AL SENADO

EN CONTESTACION AL OFICIO RECIBIDO DEL SENADO, CON FECHA 19 DE AGOSTO DE 1812. Fucha, 22 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Oficio dirigido al senado por el ciudadano Antonio Nariño, en contestación al que se insertó en la Gaceta extraordinaria número 69.

   Excelentísmo señor:

   Penetrado de reconocimiento, no he podido ver sin una dulce emoción las honoríficas expresiones con que vuestra excelencia se ha dignado admitirme la renuncia del empleo de presidente del Estado. Una insinuación lisonjera al tiempo de salir del mando, hecha por el primer tribunal de la provincia, vale más que todos los elogios que recibí a mi ingreso en él; conozco el mundo por experiencia, y sé como Pompeyo, que más naciones adoran al sol que nace que al que se pone. Vuestra excelencia, persuadido de las razones que alego en mi representación y de las no menos urgentes y graves que privadamente había manifestado a cada uno de los señores senadores, las tomó en consideración y las conferenció con la integridad y cordura que les son propias para decidirse a admitirme la renuncia, conociendo la importancia y necesidad de este paso en las actuales circunstancias.

   Sólo los que no comprendan el estado actual de los asuntos públicos y las consecuencias que necesariamente deberían seguirse de mi permanencia al frente de un gobierno a quien se ha trabajado en desquiciar por todos los medios posibles, podrán improbar a vuestra excelencia y a mí esta medida saludable; pero los que sin prevención sepan pesar el inminente peligro en que estamos de perder para siempre nuestra libertad y nuestra existencia política, tan mal cimentada por unos manejos imprudentes y mal combinados, nos harán la justicia de aplaudir semejante determinación.

   Este paso decisivo de los sentimientos de mi corazón y del interés y amor con que miro a una patria que tantos sacrificios me ha costado, no ha sido bastante para calmar la mordacidad de mis enemigos, o por mejor decir, de los enemigos de Cundinamarca cuya ruina se ha jurado; se vocifera por las calles y en las tertulias para alarmar las gentes, que yo me voy a marchar y que es preciso asegurarme para que dé cuenta de mi conducta. Estoy pronto a presentarme en medio de la plaza y a la faz del mundo a dar razón de ella y a contestar los cargos que se me hagan. Vuestra excelencia puede, como lo pido, abrir desde el primer día útil mi juicio de residencia; nada he hecho que no sea público y no sólo no tengo el menor motivo de remordimiento, sino que me mantengo en la firme persuasión de que no había otros camino para salvarnos que el que yo emprendí y que desgraciadamente ha sufrido tanta oposición. Si he procedido equivocadamente, ya estamos en el caso de desengañarnos; mis enemigos han conseguido cuanto deseaban; que nos salven y yo seré el primero en bendecir sus trabajos y confesar en público mi error.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Fecha, 22 de agosto de 1812.

Antonio Nariño.

   Al excelentísimo senado.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 3 de septiembre de 1812, t. 1., No. 71, p. 364-365.

87
CARTA DE HENRIQUE RODRIGUEZ A EUSEBIO M. CANABAL

FRAGMENTOS DE CARTA EN LA QUE CRITICA A NARIÑO Y AL GOBIERNO DE SANTAFE POR CORRUPTO. ODIO Y MALTRATO A PROVINCIANOS EN CUNDINAMARCA. Ibagué, 28 de agosto de 1812.

Henrique Rodríguez.

   Párrafos de una carta de Henrique Rodríguez a Eusebio M. Canabal sobre que no se desencante de la patria, que se vaya de Nueva Granada, etc.

   Ibagué, 28 de agosto de 1812.

   ...Animo, mi amigo. Cuatro malvados empeñados en oscurecer el mérito de las luces y de la virtud para hacer su propio negocio, no son la patria, y cuando lo fueran, cuando ella fuese la que tratase a usted tan injustamente, usted lejos de desmayar en su servicio, lo que debe hacer es servirla más y más y dar a conocer que no merece tal tratamiento...

   Pero cuando usted insista en buscarse otra patria, le conjuro por nuestra amistad a que no piense en Santafé. No es posible viva allí un momento el hombre de bien. Nariño ha logrado corromper aquéllos hasta el punto que los ciudadanos virtuosos, cansados de llorar encerrados en sus casas el estado de su patria, muy presto tendrán que abandonarla. Allí siempre han sido odiados los forasteros que hoy a estilo parisiense llaman provincianos para distinguirlos de los que han nacido en la brillante corte de Cundinamarca, y mucho más odiados los cartaginenses. Pero en el día se las hace la guerra más cruda. Infórmese usted de Romero y Baloco, que acaban de salir de allí renegando, y sepa usted que a Pepe Berrueco le tienen como desterrado en Honda, porque están reñidos con sus luces y probidad, y que no procede de otro principio que el de ser cartaginense, la persecución que han sufrido los Castillos.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

88
PETICION POPULAR PARA RESTITUCION DE NARIÑO A LA PRESIDENCIA

CONMOCION POPULAR. APOYO DE LA OFICIALIDAD A NARIÑO. OFICIO DE NARIÑO AL SENADO. ACTA DE LA REPRESENTACION NACIONAL. BANDO DE NARIÑO A LOS CIUDADANOS DE CUNDINAMARCA. Santafé, 10 y 11 de septiembre de 1812.

Antonio Nariño, Pedro Groot, Manuel Pardo,
José María Solazar, Tomás Barriga y Brito.

CUNDINAMARCA

   El 10 del corriente a las once de la mañana se advirtió en esta capital una conmoción popular. Al poder ejecutivo se dio aviso por algunas personas de esta novedad, expresando que el objeto era atacar al gobierno, disolverlo y reducirnos a una horrorosa anarquía. Para evitar tan graves males, el poder ejecutivo hizo publicar un bando en que mandaba al pueblo guardase el orden constitucional, con apercibimiento que de lo contrario sería dispersado por la fuerza; al efecto se dio orden para que se doblasen las guardias, y las tropas se pusiesen sobre las armas; para asegurarse el gobierno de si éstas habían entrado en confabulación con el pueblo para la ejecución de un plan ruinoso, mandó que a cada uno de los cuerpos militares se les preguntase si sostendrían al gobierno; y la respuesta de todos fue un sí con firmeza y entusiasmo. Tomadas estas medidas de precaución, una compostura tranquilidad general persuadía la feliz terminación de aquel movimiento; y al retirarse, a la una, para su casa el presidente don Manuel Benito de Castro, se le hicieron todos los honores militares correspondientes a la dignidad de su empleo, dándole con esto una prueba de que no había odio alguno hacia su persona. Luego que entró a su casa ocurrieron a ella algunos oficiales y otros particulares; le hicieron ver que el origen de aquella conmoción simultánea era por los temores que había concebido el pueblo de que el comandante Baraya intentaba hacer irrupción en esta ciudad, pues se había esparcido la noticia de un oficio que éste pasó sobre ello y que se imputaba al gobierno una contestación condescendiendo en su entrada; que el pueblo y las tropas no se serenarían mientras no viesen el gobierno en manos de don Antonio Nariño, en quien tenían vinculadas todas sus esperanzas. El presidente Castro les manifestó el ningún fundamento que había para estos temores, refiriéndoles el contenido del oficio y su contestación, que estaba en la imprenta uno y otro para publicarlo en Gaceta de aquel día; pero que no obstante él, desde luego, convenía en acceder por su parte a la solicitud del pueblo, a cuyo efecto pasó al presidente del excelentísimo senado este

Oficio

   Todas las tropas, oficialidad y mucha parte del pueblo han pedido que el señor don Antonio Nariño se restituya a la presidencia del Estado. Como este sea un asunto del resorte del excelentísimo senado, lo comunico a vuestra excelencia para que haciéndolo convocar llegue a su conocimiento y dicte las providencias del caso, en inteligencia de que por mi parte no hay inconveniente alguno en esta restitución, y a mayor abundamiento renuncio el derecho que me da la constitución y en cuya virtud he estado ejerciendo hasta ahora la presidencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 10 de septiembre de 1812.

Manuel Benito de Castro.

   Señor presidente del excelentísimo senado.

   Como el senado no se considerase autorizado para entrar en conocimiento de los puntos que se tocan en el anterior oficio, lo manifestó así el poder ejecutivo; éste, en vista de ello y del incremento que había tomado la cosa, lo requirió nuevamente por otro, que es el siguiente:

   Hallándose el pueblo reunido en masa y los cuerpos militares sobre las armas clamando a una voz que sea restituido el señor don Antonio Nariño a la presidencia del Estado, este poder ejecutivo le ha enviado un mensaje para que se presente a él, a fin de tranquilizar el pueblo y proceder a satisfacer sus deseos; pero como el mismo señor Nariño se haya excusado echando menos la intervención de vuestra excelencia en este asunto, se ha de servir vuestra excelencia dar la orden correspondiente con la brevedad que exigen las circunstancias, a fin de que no llegue la noche antes de que se restituya el orden y tranquilidad pública.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 10 de septiembre de 1812.

Manuel Benito de Castro.

   Convencido el senado de que en el conflicto de las circunstancias era de absoluta necesidad la comparecencia de don Antonio Nariño, le pasó este

Oficio

   El senado acaba de recibir en esta hora, que son las cinco de la tarde, el oficio cuya copia incluimos a vuestra señoría, y en su virtud ha determinado este cuerpo que vuestra señoría se presente en esta ciudad antes de que oscurezca, para calmar la efervescencia y asegurar el orden, esperando que conseguido esto, se pueda proceder en todo constitucionalmente.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 10 de septiembre de 1812.

Pedro Groot, Manuel Pardo.
José María Salazar, José María Durán.
Tomás Barriga y Brito,
señor don Antonio Nariño.

   Ya un gran número de pueblo, con una escolta que había ido a sacar de su casa de campo a don Antonio Nariño, lo conducía con vivas, cohetes y otras demostraciones de un júbilo extraordinario; luego que entró en la plaza lo saludaron todos los cuerpos militares que estaban formados, con su música y tambores; inmediatamente subió al palacio a recibir órdenes del gobierno, y habiéndosele dado para que tranquilizase al pueblo y a la tropa y los persuadiese a que se retirasen a sus casas y cuarteles, asegurándoles se tomaría en consideración lo que pedían y se resolvería con la circunspección y decoro correspondiente; lo hizo así y dentro de poco rato quedó despejada la plaza y toda la ciudad en sosiego.

   Al siguente día 11 pasó don Antonio Nariño al senado este

Oficio

   En el momento que recibí ayer a las cinco de la tarde el oficio de vuestra excelencia con la copia del del supremo poder ejecutivo, en que se me previene que pase a la ciudad para calmar la efervescencia y asegurar el orden, lo verifiqué presentándome al gobierno, que me facultó para que con toda la autoridad que fuese necesaria procediese a llenar los fines para que se me había llamado. Procedí desde luego a tomar todas las providencias que creí oportunas al intento, y efectivamente todo se halla en la mayor tranquilidad; en esta virtud, y habiendo cesado ya el objeto de mi llamada y de las facultades que para el caso se me confirieron, estoy en el de retirarme a mi casa de campo, o en el de que vuestra excelencia disponga lo que tenga por conveniente, seguro de mi sumisión y respeto a cuanto se me comunique, y a mi resolución de sacrificarme en cuanto conduzca a asegurar la tranquilidad pública.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de septiembre de 1812.

   Excelentímo señor

   Antonio Nariño.

   Al excelentísimo senado.

Decreto

   Santafé, 11 de septiembre de 1812.

   Respecto a que la providencia que dictó ayer tarde este tribunal, fue mediante la incitación que para ello le hizo el supremo poder ejecutivo, asegurándole la imposibilidad de reunir en la hora la serenísima representación nacional, de cuyo resorte se juzgó y juzga el senado privativa la resolución de asuntos de tanta gravedad; pase este oficio original al supremo poder ejecutivo para que en su vista y en atención a lo acordado en la referida tarde de ayer, provea y determine según lo establecido en la constitución del Estado.

   Hay cinco rúbricas.

Barreto,
prosecretario.

   Es copia,

José Agapito Barreto.

Contestación del senado a don Antonio Nariño

   El excelentísmo senado, en vista del oficio de vuestra señoría de este día, ha dictado la providencia que en copia acompaño, para que en vista de ella aguarde vuestra señoría su resultado.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 11 de septiembre de 1812.

   Pedro Groot.

   Señor don Antonio Nariño.

Oficio del senado al poder ejecutivo

   Acompaño a vuestra excelencia el oficio que ha pasado al senado el señor don Antonio Nariño para que vuestra excelencia, en vista de él y de la providencia dictada a su margen, disponga que se convoque la representación nacional.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de septiembre de 1812.

Pedro Groot.

   Excelentísimo señor presidente y consejo del supremo poder ejecutivo.

   El poder ejecutivo facultó a don Antonio Nariño para que procediese por sí a todas las medidas que estimase necesarias a conservar el orden público mientras se convocaba la representación nacional para la resolución conveniente, a cuyo efecto le pasó el siguiente

Oficio

   El poder ejecutivo ha acordado en esta fecha lo siguiente:

   Considerando las circunstancias críticas en que se halla la ciudad y atendiendo a la confianza que tanto las tropas como el pueblo tienen del señor don Antonio Nariño, cuya restitución a la presidencia del Estado han pedido el día de ayer, acordaron conferir como confieren al expresado señor facultad bastante para que tome por sí todas las providencias concernientes a la tranquilidad y seguridad de la patria, a fin de que con su prudencia y tino serene los ánimos de la tropa y del pueblo; trasmitiéndole al efecto toda la autoridad que ellos tienen y esperando de su celo por el bien general que aceptando este encargo lo desempeñará y se lograrán los efectos que se esperan de él; entre tanto se convoca la representación nacional que debe tomar en consideración este negocio, la que se citará para las tres de esta tarde, librándose, al efecto, los oficios correspondientes con la mayor actividad y brevedad.

   Y lo transcribo a vuestra señoría para su inteligencia y demás efectos convenientes.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 11 de septiembre de 1812.

Manuel de Santacruz.

   Señor don Antonio Nariño.

Acta de la representación nacional

   En la ciudad de Santafé de Bogotá, capital del Estado de Cundinamarca, a 11 de septiembre de 1812, convocada la serenísima representación nacional para acordar los medios de restablecer la tranquilidad pública, alterada con una alarma general del pueblo, oficialidad y cuerpos militares que unánimemente piden la restitución del señor don Antonio Nariño a la presidencia, y que se le amplíen las facultades para que pueda proveer sin trabas ni embarazos a la defensa de la patria, que se cree en peligro de ser invadida por las tropas de don Antonio Baraya. Concurrieron los señores don Joaquín Lee, don José Ignacio Sanmiguel, don Pedro Groot, don Manuel Pardo, don José María Salazar, don José María Durán, don Tomás Barriga, don Francisco González Manrique, don Juan Nepomuceno Lago, don Juan Jurado, don Manuel Fernández Saavedra, don José Miguel Rivas, don León Armero, don José Joaquín Vargas Vesga, don Felipe Alvarez del Pino, don Clemente Calderón, don Agustín Barona, don Tomás Tenorio, don Javier Vergara, don Rafael Córdoba, don Pedro Ronderos, don Ignacio Alvarez del Basto, don Manuel Andrade, don Ignacio Lozada, el reverendo padre fray Francisco Ley y don Francisco Cuevas; y habiendo advertido no haber número necesario por constitución para proceder a tratar sobre tan gravísima ocurrencia, se hizo presente por los señores del poder ejecutivo (Sanmiguel y Lee) haberse citado a todos los individuos de la serenísima representación nacional que en el día se hallan dentro de esta capital, y que la omisión de los que faltaban no debía perjudicar a la causa pública, cuando por el mismo hecho de excusarse a asistir renunciaban el derecho de votar.

   Apoyadas esta razones por el señor Andrade y la mayor parte de los concurrentes, por el comandante general de armas don José Ramón de Leiva, por algunos oficiales y gran número del pueblo, espectadores de este acto, se hizo ver que toda la tropa se hallaba sobre las armas hacía más de cuatro horas, y del mismo modo, el pueblo reunido en la plaza aguardaba con impaciencia el resultado de su solicitud, que mientras esto no se verificase, era imposible despejar el tumulto y serenar la efervescencia en que se hallaba la ciudad, por cuyas justas consideraciones y atendiendo a que se aproximaba la noche y a favor de las tinieblas podían ejecutarse los desórdenes que son inevitables en semejantes reuniones; se acordó resolver el punto, para cuyo efecto se mandaron leer los oficios pasados por el poder ejecutivo al senado, las contestaciones de éste, lo representado por el señor don Antonio Nariño y consecuentes providencias de ambas corporaciones, y habiendo entrado en este acto el señor presidente don Manuel Benito de Castro, se entró en materia.

   Tomando la voz el señor Groot, dijo que se oyese lo que la tropa demandaba; se previno al comandante general que hablase sobre esto, y lo hizo en los términos siguientes: como que estoy tratando tan de cerca a todos los cuerpos militares por razón de mi empleo, puedo asegurar a vuestra alteza serenísima haber oído que el clamor universal se reduce a pedir al señor Nariño de presidente, y que protestan tranquilizarse y no desconocer mi comandancia siempre que se entregue el gobierno a dicho señor Nariño, y en esto salgo yo de garante; lo que ratificaron del mismo modo varios oficiales que estaban presentes. Pidió entonces el señor Groot que se hiciera la moción sobre desconocer las cortes y el consejo de regencia, porque esto era lo que daba ocasión a las detracciones e imposturas que se escribían a Baraya. Varios de los oficiales respondieron que ya tenían jurado esto y no había para qué darle satisfacción al expresado Baraya. Y el señor Vargas Vesga habló así: cuando las tropas y el pueblo se han conmovido, algún principio hay, que se sepa cuál es éste para proceder con acierto. Insistió el señor Groot en que la tropa desconociese la regencia y cortes de España solemnemente para dar un testimonio público contras las imputaciones que se han hecho de lo contrario. El señor Pardo pidió lo mismo, diciendo que así se desmentirían tales calumnias. La resolución de lo principal se iba postergando, la noche cerraba y el disgusto del pueblo por la dilación se dejaba percibir por un susurro general; esto dio motivo a que el señor Nariño entrase a hacerlo presente a su alteza serenísima, manifestando que la convocación se había hecho para un negocio que no daba treguas por la exigencia del pueblo, que todo su influjo conste, y la autoridad que el poder ejecutivo le había conferido no tendría eficacia si llegaba a desordenarse, y que, por lo tanto, había propuesto desde el momento en que se comenzó a tratar de este asunto, que haría retirar las tropas para que su alteza serenísima obrase con libertad, dictando la providencia que estimase conveniente para aquietar los ánimos exaltados; en cuya consideración pidió se omitiesen disputas sobre puntos subalternos y se resolviese lo principal con la meditación que requería su arduidad y las críticas y apuradas circunstancias. Dicho esto se retiró, y comenzó a discutirse sobre los términos en que debía reponérsele al mando.

   Solo y con absolutas facultades sin más que un asesor que lo sea el señor Jurado (decían algunos del pueblo), y sin sujetarlo a las ritualidades de constitución. Que desde ahora queden extinguidas todas las corporaciones de la representación nacional (clamaban otros), supuesto que no desempeñan con exactitud sus ministerios, pues no se consigue una reunión completa cuando es necesaria, ni la legislatura hasta ahora ha llenado sus deberes. Don José María Carbonell, uno de los ministros del tesoro, habló larga y fervorosamente sobre lo mismo; manifestó hallarse las cajas de la comunidad exhaustas porque se consumía en los sueldos de tantos arrentados, considerablemente más de lo que ingresaba el Estado; que estaba monstruosa la representación nacional con respecto al pueblo representado; que incidíamos con tal diformidad en lo mismo que censurábamos a los gobiernos de la península y que absolutamente era necesario corregir este desorden en el día. El señor Jurado manifestó de cuánta trascedencia era el negocio; pidió que se compusiesen las expresiones de la moción tanto para evitar la crítica y el escándalo que de ellas resultaría, como por no ofender la modestia del señor Nariño.

   El señor presidente Castro expuso su dictamen con el texto de Santo Tomás: Imperium quod sub uno stare potuiset, sub pluribus ruet, que en semejantes caos debe ponerse el gobierno en una sola persona a fin de que sus providencias tengan toda la energía y prontitud qu se requiere. Aplaudieron todos unánimemente este pensamiento pidiendo que así se expresase. Ultimamente, después de una detenida conferencia se convino en hacer esta moción: ¿Si suspendida la constitución se entrega el gobierno íntegro del Estado al señor don Antonio Nariño, atendidas las circunstancias, el peligro de la patria y la espontánea reclamación y voluntad de la guarnición y del pueblo? La totalidad de los votos decidió por la afirmativa y, habiendo traído al electo una diputación que al efecto se le envió, le recibió juramento el presidente saliente y lo hizo en estos términos: ¿Juráis a Dios nuestro señor cumplir fiel y legalmente con la confianza que en vos ha hecho del gobierno la serenísima representación nacional a nombre de todo el Estado que representa?; a que respondió: sí juro; y se le contestó: Si así lo hiciereis. Dios os ayude, y si no, os lo demande; dijo: amén. Y dándole posesión de la silla presidencial fue proclamado por todo el pueblo con vivas y otras demostraciones de regocijo a que correspondió una salva de artillería; y se concluyó esta acta que firman los señores concurrentes.

   Aquí las firmas.

Manuel de Santacruz,
secretario.

   El pueblo, la oficialidad y la tropa manifestaron bien en la noche de este día y los tres siguientes su satisfacción y complacencia, con fuegos, música e iluminación.

Bando

   Don Antonio Nariño, presidente del Estado, a todos los ciudadanos de Cundinamarca.

   Por cuanto la serenísima representación nacional, en virtud de los peligros que por todas partes nos rodean y del clamor público y uniforme del pueblo y de todas las tropas, me ha vuelto a llamar para que tome las riendas del gobierno, autorizándome para que obre con todo el lleno de facultades que las críticas circunstancias exigen, y que constan del acta de la materia, que por separado se publicará, he venido a resolver lo siguiente:

    Todas las corporaciones, tribunales, personas empleadas y cuantos tengan representación y percibieren rentas del Estado, prestarán el juramento de obediencia al gobierno, en las casas consistoriales, el jueves 16 del corriente en presencia del cuerpo cívico.

    Lo mismo se verificará en toda la comprensión del Estado dentro del término de seis días, después de publicado este bando en cada lugar cabeza de partido.

    Todo ciudadano desde la edad de 15 hasta 60 años inscribirá su nombre en un libro que se mandará aprontar en cada parroquia, y estará pronto a tomar las armas el día que la patria lo necesite según la orden que se comunicare por el gobierno.

    Se prohíbe toda conversación o escrito dirigido a fomentar partidos por el sistema de insurrección de don Antonio Baraya, o de las cortes y regencia de Cádiz; y a las personas que se les justificare haber contravenido se les desterrará del Estado.

    A toda persona que por un tribunal creado al efecto se le comprobare haber estado tramando conspiración contra el gobierno por las dos causas referidas en el anterior artículo, se le impondrá, además de la pena de destierro, la de confiscación de sus bienes.

   6° A toda persona que llegare a poner en ejecución los planes del artículo anterior se le castigará con pena de la vida.

    Se concede indulto a todo soldado, cabo y sargento que hasta el día se haya desertado o servido contra el Estado, si en el término de un mes se presentare y jurare el gobierno; pero a todo soldado, cabo o sargento que de hoy en adelante cometiere cualquiera de estas faltas, será irremediablemente castigado con la pena que la ordenanza le impone.

    Todo oficial de los que han desertado del Estado que quiera volver a él dirigirá al gobierno una representación haciendo su solicitud exponiendo las causas y ofreciendo reconocerlo y jurarlo, para en su vista proveer; pero al que se aprehendiere sin este requisito después de tres días de la publicación de este bando será castigado con la pena de ordenanza.

    Toda persona de cualquier estado, clase y condición que sea, que no le acomodare vivir en el Estado bajo el actual gobierno, podrá pedir su pasaporte en el preciso y perentorio término de 5 días contados desde hoy; pero pasados éstos, si no prestare el juramento, se inscribirá en la lista cívica o contraviniere a lo prevenido por el gobierno, será castigado con la pena correspondiente.

   Publíquese por bando en la forma ordinaria y comuníquese por la escribanía a los lugares cabezas de partido del Estado.

   Santafé, 12 de septiembre de 1812.

Antonio Nariño.

   De orden de su excelencia,

Manuel de Santacruz.

   Certifico yo el infrascrito escribano de este Estado y de su gobierno, que lo contenido en la providencia precedente, dictada por el excelentísmo señor presidente de él, se ha publicado por bando hoy día de la fecha, a son de la caja, usanza de guerra y por voz de José María Castañeda, que es el pregonero público en esta ciudad, en los parajes acostumbrados de ella y para la mayor inteligencia e instrucción de sus habitantes, se han fijado las correspondientes copias legalizadas, en los puentes de San Agustín, San Francisco y San Victorino; en las puertas de la antigua audiencia y en las esquinas de la primera calle real, de Florián y tesorería de hacienda; y para su constancia y efecto pongo y firmo la presente en el mismo día de su data.

Vicente de Rojas.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 17 de septiembre de 1812. t. II., No. 74, p. 376-381.

89
DECRETO DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA SOBRE SUELDOS Y EMPLEADOS

SUELDOS DEL PRESIDENTE, SECRETARIOS, OFICIALES, ARCHIVEROS-ESCRIBIENTES Y PORTEROS DE SECRETARIA. EMPLEADOS Y SUELDOS DE LOS TRIBUNALES DE JUSTICIA, GUERRA Y SEGURIDAD, HACIENDA PUBLICA, TESORERIA DE HACIENDA, ADUANA, ADMINISTRACION DE TABACOS, TRIBUNAL MAYOR, POLICIA. Santafé, 15 de septiembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Don Antonio Nariño, presidente del Estado, etc.

   En virtud de las facultades con que me hallo revestido por la serenísima representación nacional, he venido en decretar el siguiente plan a que queda reducido por ahora el gobierno y la administración pública.

   Al actual presidente del Estado sólo se le contribuirá con el sueldo de $2.400 anuales, la casa y los gastos extraordinarios del empleo.

   Habrá tres secretarios con la dotación íntegra de $1.200 cada uno, que lo serán:

   De Estado y guerra, don Felipe de Vergara;

   De gracia y justicia, don José Ignacio Sanmiguel; y

   De hacienda, don Juan Dionisio Gamba.

   Oficiales mayores de secretaría con $800:

   De Estado y guerra, don Andrés Rodríguez;

   De gracia y justicia, don Gregorio Martínez Portillo; y

   De hacienda, don Eugenio Martín Melendro.

   Oficiales primeros de secretaría con $500:

   De Estado y guerra, don Juan José Mutienx;

   De gracia y justicia, don Juan Nepomuceno Sanmiguel; y

   De hacienda, don José María Salazar.

   Oficiales segundos de secretaría con $400:

   De Estado y guerra, don Cayetano Ibarra;

   De gracia y justicia, don Francisco Rosas; y

   De hacienda, don Antonio Margallo.

   Archiveros-escribientes con $300:

   Don Mariano Sánchez de Tejada.

   Don José Vicente Quintero.

   Los dos porteros de secretaría con $180:

   Don Antonio Gómez.

   Don José María Buitrago.

Tribunales de justicia

   Queda el de la sala de apelaciones en los mismos sujetos y en la misma forma y atribuciones de la última constitución, con la dotación de tres ministros y el fiscal de $1.000 líquidos y sin descuento alguno.

   La sala de reposición queda reducida al presidente, dos ministros y el fiscal, y con la facultad de nombrar los abogados que se necesiten para suplir o aumentar en algún caso particular, a costa del que faltare o de las partes, según quien motivare el nombramiento.

   Se arreglará, en todo lo que por este plan no se reforme, a la última constitución.

   Presidente, don Juan Jurado, con la dotación por ahora de $2.400, pero en atención a ser su asignación personal hecha por el pueblo y confirmada por los dos colegios electorales, de $3.300, el erario quedará responsable para cuando se mejore y haya fondos.

   Los ministros serán: el doctor don Tomás Tenorio, con sólo su sueldo de auditor de guerra que en el día goza. El doctor don Francisco Javier Vergara, con la asignación de $1.000 sin descuentos. El fiscal actual don Joaquín Vargas Vesga, con la misma dotación de $1.000. Se conservan los agentes fiscales, relatores, escribanos y porteros en las mismas personas y con las mismas dotaciones que han tenido hasta hoy.

Tribunal supremo de guerra y seguridad

   Se conserva este tribunal, que lo será también de seguridad pública. Presidente: el brigadier don José Miguel Pey, con la dotación de $2.000. Jueces militares, con la dotación de sus empleos, que no pasará de $1.000; el teniente coronel don Francisco Morales Fernández; el sargento mayor don Rafael Córdoba. Jueces letrados, con la dotación de $600 líquidos y sin descuento: el doctor don Manuel Fernández Saavedra; el doctor don Tiburcio Echevarría.

   Se juntarán diariamente y fuera de la instrucción que se les pasará por el gobierno como a tribunal de seguridad pública, en los demás seguirá el orden constitucional.

Hacienda pública: casa de moneda

   Se suprime el empleo de superintendente; pero en atención a los largos y dilatados servicios del actual don Lorenzo Morales se le conserva por los días de su vida la mitad del sueldo de $3.000.

   El contador actual don Manuel de Pombo quedará haciendo de contador-superintendente, con la dotación de $1.700 y la casa.

   El oficial mayor de la contaduría hará de interventor con la misma dotación que en el día goza.

   No se hace novedad con el tesorero y demás empleados de esta oficina, hasta que con más conocimiento se puedan hacer los aumentos o reformas que se crean necesarias, como en los demás de la casa.

Tesorería de hacienda

   Quedarán dos ministros del tesoro público con la dotación líquida y sin ningún otro emolumento ni gratificación que la de $1.200 cada uno, con la que servirán todos los ramos que se pongan a su cuidado.

   Contador: don Carlos Joaquín Urizarri.

   Tesorero: don José María Carbonell.

   Esta oficina se arreglará por separado después de oído el informe de los mismos ministros.

Aduana

   Esta administración quedará en el mismo pie de empleados y con las mismas dotaciones que actualmente se halla, y son como sigue:

   Adminitrador; don Luis Sarmiento con $1.000 líquidos y sin otro emolumento y gratificación por el erario.

   Contador interventor: don Felipe Miró, con $600.

   Oficial: don Rafael Bernal, con $300.

   Otro id: don José María de la Serna, con $250.

   Guarda almacén, don Pedro Herrán, con $300.

   Dos guardas porteros, uno de ellos con destino a carnicería, con los sueldos de doce pesos mensuales.

Administración de tabacos

   Administrador: don José Martín Paris, con $1.000 líquidos y sin descuento. Contador: don Juan Ortega, con $700; pero sólo disfrutará la mitad hasta que cumplida la licencia que se le tiene dada, entre en ejercicio del empleo.

   Oficial mayor: don Lucas Perales, con $500, con que hará por ahora de contador.

   Oficial 1°: don Ramón Moya, con $400.

   Oficial 2°: Francisco Malo, con $400.

   Tercenista: don Pedro Acero con $400, vendiendo la pólvora sin ninguna gratificación ni emolumento, para lo que se le entregará empaquetada.

   Portero: Sebastián Méndez, con doce pesos mensuales.

   Un peón, con $120 anuales.

Tribunal mayor

   Director del tesoro público don Pedro Groot, con $1.700, y la casa.

   Contadores mayores, con la dotación de $1.100, don Vicente Pedrero Revilla y don Manuel Pardo.

   Contadores ordenadores con sueldos de $1.000, don Alejandro Villorria y don Manuel Santacruz.

   Contador de rentas con la dotación de $800, don Luis Ayala.

   Oficial mayor, don Andrés López Duro, con $500.

   Los oficiales don Rafael Delgado, don Pedro Zalamea, don Pedro Tejada, don Ignacio Villorria y don Miguel Lizarralde, continuarán con las dotaciones que actualmente gozan, hasta que oído el informe del tribunal se les asignen las que sean correspondientes a las plazas en que se les coloque.

   Portero: don José Fernández, con la asignación que actualmente goza de $200.

Policía

   Corregidor-presidente del cuerpo cívico con jurisdicción ordinaria y sueldo de $1.000, don Andrés Otero. Dos alcaldes ordinarios; procurador general; fiel ejecutor; alguacil mayor; 12 regidores entre quienes se repartirán las comisiones de hospicios, hospitales, aguas y demás; mayordomo de propios; un secretario; 11 alcaldes comisarios en esta forma: cuatro para el barrio de la catedral; tres para el de las Nieves; dos para el de San Victorino y dos para el de Santa Bárbara. Tres alcaldes de campo con sólo el destino de la composición y policía de las entradas de la ciudad. Una ronda de aseo compuesta de cinco guardas, que se pagarán de las rentas de propios.

   Se continuará pagando por los ministros del tesoro público las dotaciones que actualmente gozan don Antonio Escallón, don Sebastián Díaz Granados, don Joaquín Grajales, don José Chabur y Joaquín Guerrero, maestro sacador jubilado.

   Comuníquese a quienes corresponda y publíquese en Gaceta extraordinaria para inteligencia del público. Dada en el palacio de gobierno de Santafé de Bogotá a 15 días del mes de septiembre de 1812.

Antonio Nariño.

Por mandado de su excelencia,

Juan Dionisio Gamba,
secretario.

   Es copia,

Gamba.

Oficio del gobierno de Popayán al de Cundinamarca

   En las circunstancias en que actualmente se mira esta provincia se ha creído que yo podré concurrir eficazmente a su salvación, bajo el carácter de dictador, de que se me ha investido. Confieso que es una empresa superior a mis fuerzas tentar desempeñar en esta crisis tan arduo encargo que me hace la patria; pero resuelto a sacrificarme, sin reserva, por el triunfo de los pueblos, a cuyo frente se me ha colocado, sabré allanar el camino a las victorias o

   pereceré defendiendo la causa de esta heroica provincia, en cuyo obsequio estoy bien seguro de que vuestra excelencia trabajará igualmente con todo el ardor que requiere el interés y el peligro común del reino, y ocupando mi persona, como ciudadano y magistrado de esta provincia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Quilichao, 16 de septiembre de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
vicepresidente-dictador.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL.
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 16 de septiembre de 1812, t. II., No. 73, p. 372-375.

90
OFICIO DEL CABILDO DE CHIQUINQUIRA AL PRESIDENTE NARIÑO

CONGRATULACION POR EL REGRESO DE NARIÑO A LA PRESIDENCIA. Chiquinquira, 20 de septiembre de 1812.

Miguel Bermúdez,
José Joaquín de las Casanovas.

CUNDINAMARCA

Oficio del cabildo de Chiquinquirá al excelentísimo señor presidente del Estado

   Excelentísimo señor:

   Como a más de tener el honor de depender de ese gobierno, tenemos el de mirar a la persona de vuestra excelencia con particular inclinación, le aseguramos de buena fe que la admisión de su renuncia del gobierno fue sensibilísima para nosotros y pueblo todo; pero si para sentir estos efectos tuvimos legales y suficientes motivos, no los tenemos menos para hallarnos hoy poseídos, como lo estamos, de la más dulce complacencia, al saber que ese pueblo generoso de Cundinamarca tuvo la sabia y prudente resolución de haber obligado a vuestra excelencia a ponerse nuevamente al frente de ese gobierno. Nos contemplamos deudores a quien de ese acertado modo pensó, porque creemos que así se apoyan más nuestros únicos deseos en ser parte constituyente de esa provincia. El señor Dios nuestro dé a vuestra excelencia acierto y constancia para permanecer en el mando tanto cuanto las provincias de la Nueva Granada lo necesitan para disfrutar del precioso don de su libertad. Dios guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años. Chiquinquirá, 20 de septiembre de 1812.

Miguel Bermúdez,
José Joaquín de las Casanovas.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 5 de noviembre de 1812, t. II., No. 85, p. 421.

91
INSTRUCCION PARA EL TRIBUNAL DE SEGURIDAD PUBLICA

PRESCRIPCION DE REGLAS, Santafé, 25 de septiembre de 1812.

Antonio Nariño,
José Ignacio Sanmiguel.

Instrucción para el tribunal de seguridad publica

   El gobierno, que se desvela en establecer el orden y promover la felicidad pública, no puede ver con indiferencia un objeto de tanta importancia, cono es la seguridad y tranquilidad común, en que deben reposar todos los ciudadanos. Con este designio ha deliberado dar al supremo consejo de guerra el carácter y atribuciones de tribunal de seguridad pública, con reflexión a que circunscripta su autoridad únicamente a los negocios militares, quedaría muchas veces sin ocupación en la diaria asistencia, que dispone el nuevo plan que se ha formado para su administración.

   Los delitos contra la tranquilidad y seguridad pública son más frecuentes en la transformación de los gobiernos, como la experiencia siempre lo ha acreditado. Por lo tanto, en nuestro actual estado se necesita de un tribunal particularmente autorizado, para que los prevenga y corrija, compuesto de jueces escogidos por su prudencia, por su celo, integridad y acreditado patriotismo. Así, también se hace preciso, para que tengan reglas seguras a que sujeten sus procedimientos y manejo, prescribirles las siguientes:

   1a. Los delitos que turban la tranquilidad y seguridad pública, son de la privativa peculiar inspección de este tribunal. En este concepto son comprendidos aquellos ciudadanos que, con abuso del artículo 7° de los derechos del hombre, intentan preferir a la vía ordinaria de la justicia y de las leyes, la violencia y la fuerza, para lograr sus pretensiones, aunque sean legítimas; los que reuniéndose con armas o sin ellas, intenten forzar las providencias del gobierno o impedir el curso y cumplimiento de ellas; las juntas clandestinas y congregaciones ilícitas; el uso de armas prohibidas; fomentar bandos y partidos que enciendan la discordia. Los que posponiendo la defensa de la patria a su egoísmo, rehusan tomar las armas y desalientan, con su ejemplo o seducción a los demás; los obstinados partidarios del gobierno de la península, que connaturalizados con la esclavitud y la ignorancia, juzgan que los gobiernos son inmutables y procuran persuadir la obediencia a las cortes y regencia de Cádiz; los que por cualquier vía trataren de conducirnos a las antiguas cadenas o caer bajo cualquier dominación extranjera; los que directa o indirectamente promovieren especies o proyectos que conspiren o ataquen al Estado de Cundinamarca con pretexto de sostener nuestra libertad, que es el velo con que piensan ocultar o encubrir sus miras personales; últimamente, los que infringieren cualesquiera de los artículos del bando publicado en esta ciudad el día 12 del corriente, son otros tantos casos y ejemplos que designan los delitos contra la seguridad pública, y formar la investidura y autoridad del tribunal, para prevenirlos, juzgarlos y castigar conforme a derecho a los autores y cómplices.

   2a. El procedimiento del tribunal será tan activo y pronto, como lo exige el remedio y escarmiento de males de tanta gravedad y trascendencia. Así en la sustanciación de las causas se procederá a estilo militar, reduciendo los términos de la actuación a los de la ordenanza, para evitar maliciosas dilaciones; para que a los delincuentes no se les haga sufrir la angustia y molestias de la prisión más tiempo del que fuere indispensable. Y últimamente, porque el pronto castigo hace más impresión, para la contención y público ejemplo, que el remiso o retardado.

   3a. El tribunal no tomará providencia alguna judicial en virtud de papeles anónimos o seudoanónimos, ni por delaciones ciegas y que no estén firmadas de persona conocida, por ser estos dos recursos viles de que la calumnia y la envidia suelen valerse en los gobiernos despóticos para perseguir la inocencia, deprimir o denigrar el mérito, y promover pérfidamente personales y privadas venganzas. Por lo mismo están justamente reprobados y detestados por las leyes protectoras de la seguridad y honor de los ciudadanos, esos infames arbitrios.

   4a. Cuando se recibiere alguna declaración firmada de persona conocida y de buena conducta, el fiscal promoverá el juicio que se estime conveniente. Y cuando el delator exija que no se le descubra, se mantendrá la declaración en clase de reservada, y no se publicará sino cuando el reo tenga que responder por las resultas del juicio, pues así es conforme a las leyes.

   5a. La instrucción de los sumarios se hará por el ministro letrado que esté de semana, ante el escribano de cámara. Y el mismo ministro recibirá por sí las deposiciones de los testigos y confesión de los reos, sin que por pretexto alguno pueda confiarlas al escribano ni a otra persona, so pena de nulidad.

   6a. Los autos de prisión y embargo de bienes no se proveerán sino por el tribunal con vista del proceso; pero si hubiere peligro en la fuga del reo, el ministro semanero podrá ponerle en calidad de detenido en la cárcel, cuartel o cuerpos de guardia, o bien en su casa con ella, y al día siguiente precisamente dará cuenta al tribunal, para que en él se acuerde lo que fuere de justicia; guardando en las detenciones, arrestos y prisiones, el orden constitucional.

   7a. Si a consecuencia del auto de prisión y embargo de bienes fuese también preciso hacer ocupación de los papeles del reo, a presencia de éste y del escribano de cámara los dos ministros letrados la practicarán por sus propias personas. Se pasarán al tribunal únicamente los pertenecientes al juicio y los demás los cerrarán, sellarán y pondrán en seguro depósito, conservándolos como una propiedad sagrada del reo, que no debe ser tocada ni escudriñada, sino en lo que pertenezca a la averiguación y comprobación de su delito y a la seguridad del Estado.

   8a. Cuando el caso pidiere pronto remedio, el semanero, o cualquiera otro de los ministros que esté más a la mano, tomará por sí las providencias preventivas que la urgencia requiera, para mantener el orden, la seguridad y tranquilidad pública, dando inmediatamente al gobierno aviso, aunque sea verbal, de todo cuanto ocurra. Pero pasados los momentos de turbulencia, se procederá a la actuación que corresponda por los trámites legales.

   9a. Fuera de la capital y en las expediciones militares quedará franca la jurisdicción de las justicias, de los generales y jueces militares, para el conocimiento y castigo de estos delitos, que sólo en esta capital son del especial y peculiar conocimiento del tribunal de seguridad política. Pero aquéllos tendrán obligación de dar cuenta a este tribunal, de las causas y juicios que instauren de esta clase, como también la de consultar al mismo tribunal las sentencias de muerte, confiscación y degradación que pronunciaren antes de ejecutarlas; y la resolución del tribunal será la que se lleve a debido efecto, con aprobación del gobierno.

   10a. El tribunal dará cuenta a éste, por la secretaría que corresponde, de las causas y juicios que forme, siendo graves cada día; y de las que no lo fueren, los sábados de cada semana, remitiendo lista de todos los expedientes con noticia del estado en que se hallen, para su completo conocimiento.

   11a. Para los negocios que, por sus circunstancias, deban ser reservados y secretos, e igualmente para llevar las correspondencias del tribunal, tendrá un secretario; y para el despacho público un relator, escribano de cámara y otro receptor para las diligencias de fuera. Y para que estos empleados sean de la satisfacción del tribunal, propondrá al gobierno terna de los sujetos aptos para cada destino.

   12a. Cualesquiera de estos oficiales y lo mismo los jueces tanto militares como letrados, que componen el tribunal, pueden ser recusados sin expresión de causa, pero guardando el estilo y fórmula legal. A los subalternos nombrará el tribunal acompañado, a costa del recusante; los jueces se separarán, nombrándose de la clase del recusado un suplente, también a costa del que recusa. Por impedimento físico o legal, a costa del interesado se suplirá su plaza.

   13a. Como no haya en la sociedad jerarquía, cuerpo o persona que esté exenta de cumplir con las obligaciones sagradas de ciudadano, ningún fuero, por privilegiado que sea, tendrá lugar en las causas de esta naturaleza; así estarán sujetas a la jurisdicción de este tribunal todas las personas de cualquier clase, estado o condición que fuesen, sin que les valga cualquier otro fuero, observándose con los eclesiásticos lo prevenido por los cánones y leyes del caso. La que anima y cría al ciudadano para el bien de la patria, esa misma debe privarle de los medios y efugios con que pueda causarle daños de tanta consideración y eludir o retardar el castigo, que requiere la vindicta pública, con especiosos arbitrios.

   14a. En fin, el gobierno encarga y recomienda con toda la vehemencia de su celo a este tribunal de vigilancia y seguridad pública, que en los negocios confiados a su conocimiento proceda con la actividad, rectitud y firmeza que requiere el grande objeto de la tranquilidad de la patria y del Estado, velando incesante y cuidadosamente la conducta de estos enemigos pérfidos y ocultos que abrigamos en nuestro seno, y nos amenazan e inquietan con sus asechanzas e insidiosos manejos, castigándolos y lanzándolos de nuestro territorio, como lo pide la justicia y la buena política. Así mismo le recomienda toda la prudencia y circunspección que es necesaria para proteger a la inocencia, a la virtud y al mérito de los buenos ciudadanos y patriotas, contra las preocupaciones del vulgo y las sugestiones del falso celo.

   Y para que el público reconozca la protección que debe al gobierno, y que fiados en su celo vivan con reposo los ciudadanos honrados, se les dará noticia insertándose esta instrucción en Gaceta extraordinaria.

   Dada y firmada en el palacio de la presidencia, en Santafé, a 25 de septiembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Por mando de su excelencia,

José Ignacio Sanmiguel.

   Es copia,

Sanmiguel.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 26 de septiembre de 1812, t. II., No. 76, p. 386-388.

92
OFICIO DE REPRESENTANTES AL CONGRESO DIRIGIDO AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

SOBRE LA INSTALACION Y RESIDENCIA DEL CONGRESO. Leiva, 26 de septiembre de 1812.

Joaquín de Hoyos, José María Dávila,
Juan José de León, Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola, Camilo Torres,
Frutos Joaquín Gutiérrez, Andrés Ordóñez y Cifuentes,
Joaquín Camacho, José María del Castillo.

CONGRESO

Oficio de los señores diputados al congreso, dirigido al excelentísimo señor presidente de Cundinamarca

   Felizmente reunidos en este lugar y penetrados de nuestro grande y único objeto, la salud del reino, no hemos creído que podíamos dar a nuestras operaciones un principio más eficaz ni más a propósito para satisfacer la expectación pública, que el de resolver el interesante y delicado problema de la instalación y residencia del congreso. La uniformidad de sentimientos en esta deliberación, como verá vuestra excelencia en la adjunta copia, es un pronóstico feliz de los bienes que derrama sobre el buen pueblo de la Nueva Granada que tanto tiempo ha suspirado por ella. ¡Quiera el cielo favorecer sus votos, y nuestras fatigas y meditaciones serán gloriosamente coronadas con la felicidad de la presente y de las futuras generaciones!

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Leiva y 26 de septiembre de 1812.

Joaquín de Hoyos, José María Dávila,
Juan José de León, Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola, Camilo Torres,
Frutos Joaquín Gutiérrez, Andrés Ordóñez y Cifuentes,
Joaquín Camacho, José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 5 de octubre de 1812, t. II., No. 78, p. 393.

93
OFICIO DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA AL DIPUTADO DE CASANARE

NOTICIAS DE CASANARE. IMPOSIBILIDAD PARA PRESTARLE AUXILIOS MILITARES. Santafé, 28 de septiembre de 1812.

El gobierno de Cundinamarca al señor diputado de Casanare

   He visto el oficio de vuestra señoría de 19 del corriente, relativo a las noticias de la provincia de Casanare y auxilios que necesita para defenderse del peligro que la amenaza; pero teniendo este gobierno datos suficientes para creer que don Antonio Baraya trata de atacar a este Estado, no solamente sería un paso impolítico el desprenderse por ahora de alguna parte de sus fuerzas, sino imposible el verificarlo, siendo como es el tránsito más cómodo por territorio del mismo Estado de Tunja en donde se hallan las tropas de Baraya.

   Por lo demás, estoy persuadido de que Tunja franqueará el auxilio pedido, si cree, como yo, ser efectivo el riesgo que amenaza tanto a la provincia de Casanare como a su más cercana, la de Tunja, y aun a las otras del reino, con cuya consideración y la de falta de auxilios en la primera para contener cualquier invasión, hace tiempo que hubiera remitido allí un destacamento respetable si no hubiese encontrado oposición de parte de aquel gobierno y del de Tunja. Pero en el caso, no esperado, de que éste niegue el auxilio que se le ha pedido por su mismo representante, ya comprenderán los demás señores del congreso el perjuicio que está ocasionando Baraya, que con el título de libertador de la patria, no ocurre a salvarla, como pudiera haberlo hecho marchando a Cúcuta después de las ocurrencias de Palo Blanco, en lugar de replegarse a Tunja, desde donde sólo trata de mezclarse o tener parte en las operaciones de este gobierno, de que él mismo se ha sustraído e impide el que se ocurra por él a los puntos amenazados de enemigos exteriores. ¿Y cómo podría Cundinamarca restaurar, en las actuales circunstancias, los 100 hombres y sus armas que ahora se le piden, si en tiempos en que Tunja no tenía el apoyo que hoy, ha podido hacerse dueño de mayor número de gentes y de armas?

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 28 de septiembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Señor representante de Casanare al congreso general del reino.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 5 de octubre de 1812. t. II., No. 78. p. 394-395.

94
OFICIO DEL PRESIDENTE DE ANTIOQUIA AL PRESIDENTE NARIÑO

CONGRATULACIONES POR EL REGRESO DE NARIÑO A LA PRESIDENCIA. Antioquia, 2 de octubre de 1812.

José Antonio Gómez,
(presidente del Estado de Antioquia).

ANTIOQUIA

Contestación dada al oficio en que el presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño, comunica su nueva exaltación a la presidencia del Estado

   Los acontecimientos del 10 de septiembre próximo pasado que vienen insertos en la Gaceta Ministerial número 74 y que vuestra excelencia me acompaña con el oficio, fecha 19 del citado mes, forman el mayor elogio de las cualidades que en vuestra excelencia concurren para librar a la patria de los peligros en que se halla. Por eso aquellos pueblos interesados en su felicidad, no fiando en otras manos que en las de vuestra excelencia las riendas del gobierno, volvieron tercera vez a proclamarlo con una voz general por jefe de aquel Estado. Persuadido de ello este gobierno, se congratula por la feliz exaltación de vuestra excelencia, esperando corresponda a la confianza de los pueblos y a la de toda la Nueva Granada, que mira en vuestra excelencia un aliado que concurrirá a su salvación con la energía que acostumbra. Y por las particulares consideraciones de vuestra excelencia para con este Estado, no puede menos que tributarle todos los respetos que son debidos a la generosidad de vuestra excelencia echando nuevos nudos a la alianza y amistad que ha distinguido a estos dos gobiernos.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Antioquia, 2 de octubre de 1812.

José Antonio Gómez,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   He aquí bien explicados los finos sentimientos de Antioquia, nuestra íntima amiga y aliada. Los cundinamarqueses, por un deber de su gratitud, se acordarán siempre del buen porte y conducta con que se manejaron los hijos de Robledo, en aquellos tiempos nebulosos en que muchas provincias trataron de perseguir y dar la ley a Cundinamarca. El idioma del anterior oficio manifiesta que los antioqueños aspiran de buena fe a conservar con nosotros armonía y sólida paz.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 22 de octubre de 1812, t., II., No. 82, p. 405.

95
OFICIO DEL CABILDO DE VELEZ AL PRESIDENTE NARIÑO

CONGRATULACION POR SU REGRESO A LA PRESIDENCIA. Vélez, 2 de octubre de 1812.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas,
José Rito de Acosta, José Manuel Rosillo,
Joaquín Cosgaya, Antonio José Tavera.

CUNDINAMARCA

Oficio del cabildo de Vélez al excelentísimo señor presidente del Estado

   Si en otro tiempo se felicitó a vuestra excelencia por la colocación que le dio dignamente la provincia, de presidente del Estado, y aun cuando no había disfrutado de la beneficencia y liberalidad de ese gobierno, ¿con cuánta mayor razón lo debe hacer en las presentes circunstancias esta cantón, después de haber visto la generosidad con que se prestó vuestra excelencia a auxiliar estos pueblos que se hallaban hostilizados pr la arbitrariedad del Socorro? Vélez puede asegurar a vuestra excelencia que si entonces se congratuló en su primera elección, no tiene comparación el júbilo y regocijo que se advierte en los habitantes de este cantón, desde el momento en que se supo que había sido por segunda vez elevado a la presidencia. El padre licenciado fray Francisco Florido, que ha presenciado los sentimientos de estos moradores, podrá informar a vuestra excelencia con individualidad el gozo que han recibido, al ver se halla al frente del Estado un jefe digno de mandarnos.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala capitular de Vélez, 2 de octubre de 1812.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas, José Rito de Acosta,
José Manuel Rosillo, José Cosgaya,
Antonio José Tavera.

   Excelentísimo señor presidente,

don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 5 de noviembre de 1812, t. II., No. 85, p. 421.

96
PROVIDENCIAS DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

DISPOSICIONES SOBRE MONEDA Y SOBRE MINAS DE VELEZ. TABACO EN CARARE. DECRETO SOBRE VENTA DE PIEZAS DE ARTILLERIA. Santafé, 2 y 7 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Providencias del gobierno
19 de septiembre de 1812

   Deseoso este gobierno de dar un movimiento más rápido a la circulación del numerario y de facilitar la introducción de oros en casa de moneda, ha creído conveniente disponer que se admitan éstos en la valija del correo a tres cuartos por ciento de conducción en todo lo interior, para las provincias del Chocó, Antioquia y Girón; constituyéndose, como se constituye, este erario responsable de cualquiera pérdida que haya en el tránsito de la comprensión de este Estado, la que se satisfará con sólo el libramiento que manifieste haberse puesto en alguna de sus administraciones y el documento que pruebe no haberse entregado a los conductores por las que están en los confines. Al efecto se pasará la orden correspondiente al administrador de correos de esta capital, para que haciéndolo a los de los límites de esta jurisdicción, cuiden de verificar una entrega formal de tales encomiendas a los conductores respectivos y se provean del resguardo correspondiente; y al juez de comercio para su inteligencia y la de los individuos de este cuerpo.

   Está rubricado.

Gamba.

19 del mismo

   Deseando este gobierno proteger y fomentar los medios capaces de hacer la riqueza y felicidad de los pueblos como una de sus más sagradas obligaciones, y estando cerciorado de que el cantón de Vélez encierra en su seno las más preciosas y abundantes minas de cobre y plomos, como también que sus terrenos producen cuantiosamente depósitos inagotables de salitres, ha resuelto extender su mano benéfica y protectora proporcionando por su parte los auxilios con que aquel cantón pueda prosperar y felicitarse, al mismo tiempo que el Estado halle en él las primeras materias de su defensa y seguridad. Balas, cañones y pólvora serán el producto de los objetos con que Vélez retribuya al Estado los sacrificios pecuniarios, los cuidados y desvelos con que él se interesa y propende a su engrandecimiento y prosperidad.

   Pero como para conseguir esta utilísima empresa sea la primera importancia valerse de sujeto de toda probidad y conocimientos, este gobierno, apreciando como es justo la deferencia franca con que don José María Durán se ha prestado a aceptar un encargo para el que se halla dotado de las bellas cualidades, conocimientos teóricos de mineralogía, prácticos de los terrenos y sitios de las minas, y reuniendo al mismo tiempo la circunstancia de tener amistades y enlaces con casi todo el cantón de Vélez y una reputación y hombría de bien apoyada en hechos de muy largos años, con los caracteres con que se presenta a los ojos del gobierno; viene, desde luego, en poner esta confianza en manos de dicho don José María Durán, de cuyo patriotismo, desinterés y celo espera el más completo desempeño.

   Sabedor, así mismo, este gobierno por noticias comunicadas por el mismo don José María Durán, de que en otros tiempos se hicieron algunas experiencias sobre siembras y beneficio de tabacos en los terrenos de Carare, cuyos resultados aunque favorables no tuvieron el debido suceso, acaso por haberse encomendado a manos mercenarias, ha resuelto el gobierno encargar, así mismo, al referido comisionado, como objeto secundario de sus tareas, las experiencias y noticias que crea necesarias para averiguar si puede beneficiarse con ventajas del cantón y del Estado un ramo de comercio que agregue a uno y otro un canal de prosperidad y de riqueza.

   Se le asignan por ahora al referido don José María Durán $60 mensuales atendidas las actuales escaseces del erario, y bajo este concepto se le anticipará un tercio del año.

   Para los primeros gastos de descubrimientos y operaciones se le librarán $200.

   Siendo conveniente que al comisionado se le asocie un minero práctico y concurriendo esta cualidad en don Jacobo Wiesner, empleado en las salinas de Zipaquirá, se le nombra para que vaya a las órdenes del comisionado con el mismo sueldo que hoy goza.

   Se expedirán todas las órdenes necesarias a las justicias y jefes del distrito respectivo, para que por ningún caso embaracen esta comisión; antes bien franqueen oportunamente al comisionado todos los auxilios que pida y necesite para su desempeño.

   Está rubricado.

Gamba.

2 de octubre de 1812

   El excelentísimo señor presidente del Estado ha dictado con fecha de ayer el decreto siguiente:

   Teniendo en consideración los peligros que por todas partes nos rodean y la necesidad que hay en las provincias de artillería ligera para su defensa, ofíciese con las que actualmente defiendan nuestra justa y santa causa y sean amigas de Cundinamarca, que en el parque de Santafé se les venderán a precios equitativos las piezas que necesiten, avisando antes el número y el calibre y remitiendo el dinero que según él se les avise que importan.

   Está rubricado.

Gamba.

   Es copia,

Gamba

   Se avisa al público que todos los mineros y demás personas que quieran vender cobre, estaño o calamina, pueden ocurrir al comandante del parque y maestranza don Mariano Millán, quien les comprará por cuenta del Estado.

7 de octubre

   Los diputados de Cundinamarca al congreso general del reino, con fecha 1° del presente mes, avisan al excelentísimo señor presidente de este Estado, que estaba ya acordado que la instalación de dicho cuerpo se hiciese el 4 del mismo, sin más pompa que la de precisa formalidad; y que el gobierno de Tunja, oficiosamente y sin avisar con anticipación, les había remitido un trozo de tropas y dos piezas de artillería, para que sirvan de guardia de honor.

   Todos los diputados que por ahora existen en Leiva han oficiado, con fecha 29 de septiembre último, al excelentísimo señor presidente, y su excelencia contesta el oficio siguiente:

   La deseada instalación del soberano cuerpo a que vuestras señorías han sido dignamente destinados, anunciada para el 4 de este mes, al mismo tiempo que excita en este gobierno los más gratos afectos de regocijo y satisfacción, de que cree poseída toda la provincia, le obliga a felicitar por ello a vuestras señorías con la mayor sinceridad, asegurándoles que en el Estado de Cundinamarca hallarán siempre todo el apoyo que estando a su alcance demanden las empresas del mismo cuerpo soberano, encaminadas al bien general. Y persuadido desde luego de la necesidad que vuestras señorías han manifestado de establecer un pequeño fondo con que recurrir a los primeros gastos del congreso, aunque hasta ahora no se había recibido el oficio de que vuestras señorías hacen mención en el de 29 de septiembre próximo pasado; a pesar de las actuales notorias escaseces de este erario y de los cuantiosos gastos que va a ocasioanr la escandalosa determinación de don Antonio Baraya, de venir a atacar a su patria, está pronto este gobierno a entregar los $4.000 que se le piden, y al efecto da en esta misma fecha sus órdenes a los diputados de esta provincia para que por su mano se verifique.

   Igualmente está dispuesto este gobierno a remitir los 1.000 hombres armados que ha pedido el señor diputado de Pore, para defensa de aquel interesante punto, siempre que don Antonio Baraya siga con las tropas que están en Tunja, a arrojar, como es tan debido, a los enemigos de Cúcuta.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 7 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores de la diputación general para el congreso del reino.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Ministerial de Cundinamarca. 15 de octubre de 1812, t. II., No. 81, p. 400-403.

97
PLAN DE LA FUERZA ARMADA DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA

CUERPOS DE VETERANOS. COMANDANCIA GENERAL DE ARMAS DEL ESTADO. BATALLON PROVINCIAL. PLANA MAYOR. COMPAÑIAS. BATALLON DE NACIONALES. CARPINTEROS. ARMERIA Y HERRERIA. FUNDICION. ESCUADRON DE CABALLERIA. Santafé, 3 de octubre de 1812.

Antonio Nariño,
Andrés Rodríguez,
(secretario interino de guerra).

PLAN DE LA FUERZA DE QUE HA DE CONSTAR EL ESTADO DE CUNDINAMARCA

Cuerpos veteranos. Inspección general

   La inspección es propia y anexa a la presidencia del Estado, que comisionará en sus casos al oficial que tenga por conveniente para el ejercicio de estas funciones.

Comandancia general de armas del Estado

   Comandante general, el coronel de ejército don José Ramón de Leyva, con el grado de brigadier y sueldo de $150 mensuales por ahora.

Batallón Provincial

   Este batallón se compondrá de cinco compañías con 428 plazas faccionarias, y con el prest que actualmente gozan en esta forma.

   El uniforme de esta batallón será casaca, forro y pantalón azul turquí, solapa vuelta y collarín encarnado, chaleco y vivos blancos, medio botín negro y sombrero redondo con escarapela amarilla y encarnada, y con una chapa de plata en el centro, en que está estampado el nombre del cuerpo.

   Se prohíbe el uso de ningún otro galón que el de las divisas de sargento mayor para arriba conforme a ordenanza.

   Los oficiales llevarán las charreteras (o alamares como llama la ordenanza) y botones de plata maciza con el nombre del cuerpo y del Estado estampado en ambos; cucarda y plumaje amarillo y encarnado, pudiendo llevar el sombrero armado arreglándose en un todo al diseño que se pasará al cuerpo. Los sargentos llevarán las jinetas de seda amarilla y encarnada sin ninguna otra mezcla.

Batallón de Nacionales

  Este batallón queda en el mismo pie y fuerza que el Provincial y con las mismas dotaciones y uniformes, con sola la diferencia de que el vivo será también encarnado, y en las chapas de los sombreros de los soldados, charreteras y botones de los oficiales se pondrá el nombre del cuerpo.

Compañía de ingenieros cosmógrafos

   Esta compañía constará de 24 plazas de zapadores, dos cabos 1°, dos 2°, un sargento 1° y un tambor, con las dotaciones siguientes:

   El uniforme de esta compañía será el mismo que hoy tiene el cuerpo de artillería con las reformas en que quede y la diferencia de que los cabos serán blancos, las casacas cortas, y los zapadores llevarán casco con cimera de piel, mandil de cuero flexible sin media en lugar de calzado.

Cuerpo veterano de artillería

   Se compondrá este cuerpo de una brigada con 130 hombres en esta forma:

   El empleo de ayudante lo desempeñará por ahora uno de los oficiales subalternos, a elección del comandante, sin ningún aumento de sueldo.

   Uniforme: el mismo que este cuerpo ha usado hasta el día, pero sin más galón que el de las divisas y tres ojales en cada solapa, que debe quedar reducida al tamaño del diseño. Chapa en el sombrero y botón de metal amarillo con el nombre del cuerpo; y los oficiales charreteras y botones de plata maciza sobre - dorados con la cucarda y plumaje de los demás cuerpos, y lo mismo las jinetas de los sargentos, de seda amarilla y encarnada.

   Uniforme: Los sargentos, cabos y obreros de la compañía de maestranza, usarán chaqueta, forro y calzón largo azul turquí, vuelta, cuello y vivos encarnados, botón chato dorado con inscripción Maestranza de artillería, sombrero redondo de copa alta y ala corta, con escarapela amarilla y encarnada y en el centro una chapa con igual inscripción sin pluma. Los oficiales llevarán el mismo uniforme con la diferencia de ser la casaca larga con solapa del mismo color, pantalón o calzón corto y sombrero de tres picos; el chaleco, también azul; y en las charreteras, que serán de plata maciza sobre dorada, llevarán la inscripción del cuerpo y del Estado, y las jinetas de los sargentos de seda amarilla y encarnada.

Escuadrón de Caballería

   Este escuadrón constará de 134 plazas en la forma siguiente. Dos compañías de a 67 plazas incluso el herrador.

   Se conserva el uniforme de caballería del mismo modo que está en el día; pero sin más galón que el del collarín y vueltas de la casaca, mantilla y tapa funda del caballo. Sombrero armado con cucarda amarilla y encarnada y plumaje blanco. Los oficiales llevarán las charreteras de plata maciza con el nombre del cuerpo y del Estado.

   Los alabarderos conservarán el mismo uniforme que tienen en el día, con la diferencia de que en lugar de galón de plata en los alamares o presillas lo traen de seda blanca.

   Para los ejercicios diarios, concurrencia a las asistencias de tribunales, y lo que se ofrezca de pronto servicio, se mantendrán en cuadra 20 caballos por compañía, a los que se les pasará el abono acostumbrado, y los demás en un potrero de los ejidos. Se remudarán cada mes por mitad los caballos de cuadra para que así éstos como los hombres se vayan adiestrando en las evoluciones y demás anexo a su clase. Las dos compañías reunidas tendrán ejercicio en general cada tres meses.

   Se conserva por ahora el empleo de sargento mayor de plaza en don Rafael de Córdoba, con los $1.000 de dotación con que sirve él de miembro del supremo consejo de guerra. Igualmente el de su ayudante en don Ramón París con la dotación de $45 mensuales, haciendo funciones de sargento mayor.

   Para fondo de vestuario y armamento se establecerá una caja en el tesoro público, en donde se llevará un libro de entrada y salida con separación de cuerpos.

   Los descuentos para vestuario y el abono de dos y un tercio reales que hace el erario para gratificación de hombres y armas, quedarán en la misma caja; igualmente que el exceso del abono que se hace para manutención de los caballos desde 40 que debe haber en cuadra, hasta 100 que es la dotación que por ahora se asigna.

   Además del uniforme prevenido en este plan, se hará a cada soldado una chaqueta con mangas y un gorro de cuartel con los colores del uniforme y el nombre del cuerpo, bordado en seda o hilo para los días que no estén de facción; y un capote corto con mangas y capucha de jerga u otro género del país, aparente para cuando salgan de marcha.

   Santafé, 3 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

   Por mandado de su excelencia,

Andrés Rodríguez,
secretario interino de guerra1.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Revolución de Santafé y Nariño. Este plan de la fuerza armada fue mandado imprimir, con algunas variantes. Biblioteca Nacional. Fondo Quijano Otero, No. 254, f. 235 a 237v. Archivo Restrepo. Op. cit. biblioteca nacional. Fondo Quijano Otero, No. 254. f. 235 - 237 v.

NOTA:
1   Este plan de la fuerza armada fue mandado imprimir, con algunas variantes. (Del autor).

TOMO IV


98
BANDO DEL PRESIDENTE NARIÑO A LOS HABITANTES DE SANTAFE

ANTE LOS PREPARATIVOS HOSTILES DEL GOBIERNO DE TUNJA Y DE BARAYA. MEDIDAS PARA LA DEFENSA DE LA CIUDAD. PROCLAMA A LOS HABITANTES DE CUNDINAMARCA. Santafé, 6 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

Don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, a los habitantes de Santafé

   Siendo ya indubitables los preparativos hostiles del gobierno de Tunja (o de don Antonio Baraya, que es quien lo dirige) contra esta ciudad, y las ofertas que se han hecho a los pueblos del Socorro y Tunja de un saqueo universal de salinas de Zipaquirá y Nemocón y de las propiedades de los habitantes de esta provincia, es preciso ponernos en estado de defensa y de repeler la fuerza con la fuerza para salvar del furor de unos pueblos amotinados nuestros bienes, nuestras mujeres, nuestros hijos, nuestros templos y nuestras vidas. En esta virtud he creído conveniente para evitar la confusión en un momento de alarma y que todos los habitantes de esta ciudad se preparen y apronten para estar listos a la primera señal, dictar las providencias siguientes:

   1a. Se anunciará la señal de alarma con un cañonazo en la plaza mayor, que se repetirá en el parque de artillería y en el cuartel del auxiliar, sacando los cañones al río de San Francisco y de San Agustín. Al instante saldrán los tambores mayores con sus bandas de tambores tocando la generala por las calles.

   2a. A estas señales se retirarán a sus casas todas las mujeres, niños, ancianos y religiosos que estuvieren fuera, y saldrán los hombres desde edad de 15 hasta 60 años con las armas de fuego o blancas que tengan.

   3a. Los que tengan plazas asignadas en cualquier cuerpo veterano o de milicias, acudirán prontamente a sus cuarteles a tomar las armas y recibir las órdenes de sus respectivos jefes. Los demás voluntarios de cualquier clase y condición que sean acudirán en esta forma:

   Los del barrio de la catedral a la plazuela de San Carlos y calles de las Aulas y San Felipe;

   Los del barrio de Santa Bárbara a la plazuela de San Agustín;

   Los de las Nieves a la plazuela de San Francisco; y

   Los de San Victorino, a la suya.

   4a. En todos estos puntos habrá oficiales con nombramiento formal del gobierno por escrito que llevarán consigo o personas autorizadas del mismo modo, que cuiden del arreglo y orden posible de todas las gentes congregadas, que procurarán guardar el mayor silencio para oír los órdenes y evitar la confusión.

   5a. Todos los que tengan caballos prontos, saldrán montados y se dirigirán a paso moderado y sin carreras hacia la Huerta de Jaimes.

   6a. Desde la primera señal de alarma se procurará ir cerrando todas las puertas de las casas y tiendas, que no se abrirán sino para que entren o salgan las personas ya asignadas.

   7a. Si la alarma fuere de noche, se pondrán luces en los balcones y ventanas de todas las casas, pero de ningún modo en las puertas de la calle, ni en las tiendas, que deben mantenerse cerradas.

   8a. Se aprontarán a la mayor brevedad por el corregidor y alcaldes comisarios los padrones circunstanciados de todos los hombres en estado de tomar las armas y se pasarán al gobierno para saber, llegado el caso, quiénes han dejado de concurrir.

   9a. Toda persona comprendida en esta bando que después de oídas las señales no concurriere a los lugares prefijados, o se evadiere con frívolos pretextos, será declarada enemiga de la patria y castigada como reo de alta traición.

   Y para que llegue a noticia de todos y ninguno alegue ignorancia, publíquese por bando.

   Dado en el palacio de gobierno, en Santafé, a 6 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

   Por mandado de su excelencia,

Andrés Rodríguez,
secretario interino de guerra.

   Certifico yo el infrascrito escribano de este Estado que el bando precedente se ha publicado en la misma fecha de su expedición en los parajes acostumbrados de esta capital, a son de caja, a usanza de guerra y por voz del pregonero público de ella. Y para su constancia y efectos, pongo y afirmo la presente, en Santafé, fecha ut retro.

Vicente Rojas.

PROCLAMA

Habitantes de Cundinamarca

   Con el mayor dolor de mi corazón os anuncio que una guerra civil, la más funesta, va a romper entre esta provincia y la de Tunja, y que cuantas medidas he tomado para evitarla, me han salido infructuosas.

   No contentos los comandantes Baraya y Ricaurte con haberse alzado con las armas del Estado y haber negado la obediencia al gobierno que se las confió y los condecoró con los grados y mando que tenían, atacaron a nuestras mismas tropas, mataron a nuestros hermanos sin más fruto ni provecho que los robos que se cometieron y las armas y los hombres que se perdieron; han impedido los auxilios que este gobierno mandaba seguir para defender a Cúcuta, a Pamplona y Pore; se han replegado a Tunja con el pretexto del congreso, y cuando han visto que yo aceleraba su instalación facilitando por mi parte todos los medios para que se verificase, ya han mudado de lenguaje y dicen ahora que quieren poner en Cundinamarca un gobierno a su gusto.

   Prescindo de la autoridad con que estos dos hijos desnaturalizados de Santafé quieren dictar leyes al reino entero. ¿Cuáles son los medios de que se valen? A Tunja la han reducido a una sentina de inmoralidad y de maldades; se fraguan mentiras, se inventan delitos, se escriben proclamas para deslumhrar y reducir a los pueblos y, últimamente, han divulgado en Cundinamarca que vienen a minorar los derechos y bajar el precio de la sal, al mismo tiempo que a los pueblos del Socorro y Tunja les han ofrecido las salinas y un saqueo universal.

   El reino y nuestra libertad se hallan amenazados por todas partes; Cúcuta, Popayán y Santa Marta sufren las cadenas de la antigua opresión y Pore clama por auxilios a Tunja y Cundinamarca para no verse del mismo modo; Tunja se los niega y Cundinamarca no se los puede remitir porque se halla amenazada y porque el único camino es el de la provincia que la va atacar.

   Rabiosos y desesperados estos dos comandantes, no saben cómo encubrir el borrón con que se han manchado y, en lugar de buscar aquellos caminos que hacen gloria al hombre que yerra, cada día aumentan sus desaciertos y nos van a sepultar en los horrores de una guerra civil. Instrumentos ciegos de los enemigos de Cundinamarca están contribuyendo a la ruina de su patria y de la libertad del reino; ya no es la de Sogamoso y Pamplona, ya no son los auxilios de Cúcuta, ya no es la instalación del congreso el pretexto de que se valen; ahora es la forma de gobierno y los derechos que cobra Cundinamarca los que los mueven al escandaloso paso de venir a atacar a su patria y reducirla al llanto y la desesperación a que no la redujeron los antiguos tiranos.

   ¿Quién los ha autorizado para desfacedores de agravios? Caracas, Cartagena y Popayán han nombrado dictadores; todas las naciones cultas del mundo antiguo y moderno han abrazado esta medida saludable en los tiempos de turbulencia y de peligro con buen éxito; ¡y Baraya y Ricaurte, que ignoran hasta los primeros elementos de la historia, nos vienen a dar leyes y a hacerse nuestros reformadores, sin más títulos que las armas de que han abusado! No, ¡pueblos de Cundinamarca!, vuestro presidente os hará ver, no con palabras sino con obras, que tiene honor, que tiene recursos y, sobre todo, que sabe morir por sostener vuestra libertad y vuestros derechos contra cualquier enemigo, sea de la clase y condición que fuere, que venga a turbar vuestro sosiego y seguridad. Uníos de buena fe y con sinceridad a la defensa común, y si algún día viereis que yo abuso de la autoridad que tan generosamente me habéis confiado, yo os invito desde ahora a que empléis esas mismas armas, ese mismo entusiasmo en destruirme y hacerme desaparecer del número de vuestros conciudadanos; muera yo mil veces bajo la espada vengadora de la patria si una estúpida ambición me condujere a oprimir a mis hermanos, por cuya libertad he sufrido años enteros de persecuciones y trabajos.

   Os lo repito: no os alucinéis con proclamas y falsas promesas; examinad los hechos, decidme, ¿con qué derecho se alzaron estos comandantes con las armas y tropas del Estado? Con qué justicia atacaron a nuestras mismas tropas en Palo Blanco? ¿Qué utilidad ha sacado el reino y la libertad de aquella farsa sangrienta? Y últimamente, ¿con cuál vienen ahora a enclavar sus puñales parricidas en el seno de una madre que desgraciadamente los vio nacer? La libertad, se me dirá. ¡Ah!, ¡la libertad!. No la conocen, no saben siquiera su definición. Los fundamentos de la libertad están en la seguridad de las personas, de los bienes y de las opiniones de todo ciudadano, y no en la impunidad de los delitos ni en la persecución de los que no turban el orden público, como quiere Baraya; el español, el inglés, el turco, si es posible, deben vivir seguros a la sombra de un gobierno liberal y justo, mientras no turben el orden público con sus opiniones políticas o religiosas. Y, ¿quién ha sufrido en Cundinamarca durante mis dictaduras la menor extorsión, si no ha dado motivo para ello? ¿A quién se ha despojado de sus bienes? ¿A quién se ha privado de la vida por sostener mi pretendida tiranía? Pero hay más: ¿quién ha dejado de dormir tranquilo una sola noche mientras me he mantenido en esta ciudad al frente del gobierno? Que hablen mis enemigos y confiesen sin rubor la seguridad con que han vivido, a pesar de la contrariedad de sus opiniones y de la guerra abierta que me han hecho con ellas.

   Pero ya que la desgracia nos conduce al extremo de irnos a ver atacados por nuestros propios hermanos, revistámonos de firmeza y de valor; los males que ya de cerca nos amenazan son tan ciertos como graves. La horrenda deliberación del comandante Baraya autorizada por el gobierno de Tunja y auxiliada por las tropas del Socorro va inevitablemente a ocasionarnos la pérdida de vuestras vidas, de vuestros intereses y aun de vuestro honor, pues en medio de la confusión y del desorden será también irremediable la profanación de nuestros templos, la violación de nuestras religiosas, esposas e hijas. ¡Ved cuánto nos interesa una vigorosa defensa contra los enemigos! Ellos son los que con quebrantamiento de los más sagrados derechos nos atacan y persiguen sin razón y sin justicia. Nosotros sólo tratamos de la natural defensa de nuestras personas, de nuestros bienes y de nuestra amada patria. Ella exige ahora de nosotros el cumplimiento de esta sagrada obligación. Llenemos unos deberes que Dios, la naturaleza y el honor nos demandan. El cielo protegerá nuestros pasos.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta Extraordinaria de Cundinamarca. 7 de octubre de 1812, t. II , No. 79. p. 393-395.

99
MOVIMIENTOS MILITARES DE BARAYA

SOLICITUD DE BARAYA A LOS SOCORRANOS PARA UNIRSE A LA TOMA DE SANTAFE. ARMAS PARA LA DEFENSA DE CUCUTA EN PODER DE BARAYA. ACTA DEL CABILDO DE PURIFICACION. OFICIO DEL CABILDO DE CHIQUINQUIRA. Santafé, 6 de octubre de 1812; Purificación, 16 de octubre de 1812; Chiquinquirá, 30 de octubre de 1812.

Luis Caicedo, Timoteo Romero,
Mariano García, Miguel Bermúdez,
José Joaquín de las Casasnovas.

Santafé, 6 de octubre de 1812

   Se sabe con bastante verosimilitud que don Antonio Baraya ha llamado a los socorranos, para que vengan con él a invadir a Santafé. Que les ha ofrecido la salina de Zipaquirá. Que ya han entrado algunos de ellos, como ciento en Tunja. Que han pasado por Guadalupe como 500. Anteriormente se dijo que el mismo Baraya les había prometido a los socorranos tres días de saqueo, con lo cual quedaría Santafé destruida. Esto del saqueo parece increíble, mayormente siendo Baraya natural de Santafé; pero son muchas las personas que han asegurado haberlo oído de boca del mismo Baraya. También se tiene noticia de que don Joaquín Ricaurte ha salido de Tunja con doscientos hombres, pero se ignora su destino.

Pueblos de la Nueva Granada:

   No os dejéis alucinar por un hombre cuyos principios son tan impolíticos como irreligiosos y que, conociendo que solamente Cundinamarca tiene fuerzas para resistir a los enemigos comunes, trata de arruinarla para que infaliblemente se pierda el reino entero. Acordaos que Baraya estaba unido con Nariño, Torres, Camacho, los Grotes, Mutis, Otero, Carbonell y demás patriotas, para recobrar la independencia y que a todos ellos les siguieron causa nuestros opresores, Nariño fue encerrado en un castillo, y sólo Baraya no fue comprendido en la proscripción. Reflexionad por qué se hizo esta excepción.

Santafé, 6 de octubre de 1812

   Se acaba de recibir en esta ciudad una carta del cura de Salazar de las Palmas, su fecha 20 de julio último, de donde se ha sacado el capítulo siguiente:

   "Cúcuta, amigo mío, tendrá que llorar hasta el fin del mundo; y nos hallamos en un estado el más infeliz, digno de que lloremos; de suerte que no puedo extenderme a más, porque tenemos muchas penas; encomiéndanos a Dios con todas veras, mire que ahora más que nunca lo necesitamos. Pídale que levante el brazo de su justa indignación, si fuere servido a lo menos que nos dé paciencia para purgar en parte nuestras iniquidades y gozar del descanso eterno...".

   Es notorio que desde enero del presente año envió el excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, auxilios poderosos para la defensa de Cúcuta y Pamplona; a esto se destinaban las dos expediciones militares que salieron de Santafé al mando de don Antonio Baraya y de don Joaquín Ricaurte. Se frustraron, como todos saben, las patrióticas intenciones de nuestro presidente, por las causas que no se ignoran, y Cúcuta ha sido la víctima de las intrigas de los émulos de su excelencia. Si fuera cierto todo lo que se ha querido fingir para hacer odioso su nombre, si hubiera quedado la provincia de Pamplona unida a Cundinamarca, preguntamos. ¿Cúcuta padeciera las opresiones, perjuicios, vejaciones y vilipendios que hoy llora?

   Todavía están en poder de Baraya y Ricaurte las armas de Cundinamarca que puso en sus manos para la defensa de Cúcuta. Ellos dicen que obedecen al gobierno de Tunja. Este por el tratado de Santa Rosa quedó obligado a hacerlo marchar a aquel destino, y sólo con este motivo puede retener las armas y pertrechos de Cundinamarca. ¿Por qué estos bravos comandantes no vuelan al socorro de la afligida Cúcuta? ¿Por qué no se emplea alguno de ellos en favor de Casanare, que también pide auxilio? Porque llama su atención otra empresa más agradable para ellos, que es la conquista de Santafé: quieren regar con sangre de sus hermanos el suelo en donde nacieron.

CUNDINAMARCA; PURIFICACION

Acta de aquel cabildo

   En la villa de la Purificación de Nuestra Señora a 16 días del mes de octubre de 1812, congregados los señores que componen este ayuntamiento en su sala consistorial, se recibió el bando dictado por el excelentísimo señor presidente del Estado en 6 del corriente mes; en su consecuencia, el señor don Luis Caicedo, caballero de la orden de Carlos III, brigadier de las tropas de Cundinamarca y subpresidente del departamento, hizo patente, con un breve discurso, al ilustre cuerpo, la estrechísima obligación de auxiliar y contribuir en cuanto le sea posible a la capital del Estado en todo tiempo, y mucho más ahora en que por las grandes y continuas erogaciones de dinero se halla el erario público del todo exhausto; convencidos, pues, los individuos que le componen de esta verdad, unánimemente acordaron se contribuyese por los señores concurrente con algún donativo, que puesto a todo costo en la capital, estuviese a disposición del supremo gobierno. Para el efecto, ofreció el señor subpresidente $100 en doblones; el señor alcalde ordinario de primer voto, don Timoteo Romero, $25; el señor alcalde ordinario de segundo voto, don Pedro Juan de Luna, $25; el señor regidor, don Pedro Maldonado, $60; el señor regidor don José María Villaveces, cinco pesos; el señor procurador general, don José Miguel Núñez, $25, y el secretario, diez pesos. Acordaron también que los $250, que suman las anteriores partidas, se remitiesen con expreso al excelentísimo señor presidente, con el oficio correspondiente, acompañándole copia de esta acta; que se le ofrezca, del mismo modo, toda clase de víveres que se han producido en estos países y que se le haga ver a su excelencia los deseos que animan a este cuerpo y a los habitantes de los pueblos que representa. Con lo que se concluyó este acuerdo, que firman los expresados señores, de que doy fe.

Luis Caicedo, Timoteo Romero,
Pedro Juan de Luna, Pedro Maldonado,
José María Villaveces, José Miguel Núñez y Ortiz,
Antonio Mariano García,
secretario.

   Es copia,

Mariano García,
secretario.

   Su excelencia ha mandado se conteste al muy ilustre cabildo, dándole las más expresivas gracias por esta demostración de su celo y amor al gobierno.

CHIQUINQUIRA

Oficio de aquel cabildo

   La ratificación que ha hecho la asamblea general, de la presidencia en la digna persona de vuestra excelencia, es una prueba irrefragable de la justa inclinación con que Chiquinquirá ha mirado y mira la necesidad de su persona en el Estado. Este mismo pueblo se lisonjea de ver tan comprobada su opinión, da a vuestra excelencia los más sinceros plácemes y se gratula placentero.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Sala capitular de Chiquinquirá y 30 de octubre de 1812.

Miguel Bermúdez, José Joaquín de las Casasnovas,
Juan Tomás Trujillo,
Juan Francisco Camelo.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 12 de noviembre de 1812, t. II., No. 86, p.413-414.

100
MARIQUITA Y EL ESTADO DE CUNDINAMARCA

SOBRE SU SEPARACION DEL ESTADO. TERMINO DE LAS DESAVENENCIAS. Santafé, 7 de octubre de 1812.

Santafé, 7 de octubre de 1812.

   Se ha hablado mucho en esta capital sobre la separación de Mariquita. Mucho de falso y algo de cierto. Finalmente el subpresidente doctor don Antonio Viana, en 2 del presente mes, ha dado parte al excelentísimo señor presidente del Estado, de que ya quedaban calmadas todas las desavenencias y de que en el mismo día quedó resuelto que no se haga novedad ninguna y que aquella provincia quede, como antes, unida íntimamente a Cundinamarca. Hay motivos para creer que aquella provincia pensó en separarse por haber renunciado la presidencia el excelentísimo señor Nariño, a quien ama y de quien espera toda la protección que merece.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

101
INSTRUCCIONES DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

A LOS DIPUTADOS MANUEL BERNARDO ALVAREZ Y LUIS EDUARDO DE AZUOLA SOBRE LA CONSERVACION DE LOS DERECHOS DE CUNDINAMARCA ANTE EL CONGRESO. OFICIOS AL CONGRESO Y DE ESTE AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA. Santafé, 13, 16 y 20 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

   Instrucción que el presidente del Estado de Cundinamarca, a cuyo cargo se halla por ahora el gobierno de la provincia, da a los señores diputados don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo de Azuola, con vista de los documentos oficiales que han dirigido con cartas de 7 de este mes, para que en el supremo congreso, ya instalado solemnemente, promuevan las explicaciones y reclamaciones que corresponden a la conservación de los derechos de la misma provincia, como requisitos bajo los cuales ella ha entrado en federación.

   1a. Desde el momento mismo en que por extraordinario recibí el pliego rotulado: Por el supremo congreso. Al gobierno de la provincia de Cundinamarca, comprendí el misterio que contenía la prescindencia de su actual presidente. Confirmáronme en este concepto los diversos oficios suscritos por el señor secretario don Crisanto Valenzuela dirigidos al pie todos al gobierno de Cundinamarca, y últimamente el que con fecha 3 de este mes suscriben individualmente todos los señores diputados de las provincias, que aunque habla con el presidente de este Estado, se dirige al propio tiempo a los consejeros, cuando es bien sabido que al presente no los hay.

   Esta inesperada ocurrencia en medio de la notoriedad con que consta soy yo el que me hallo al frente de este gobierno, con el carácter de presidente del Estado y autorizado por su representación nacional para ejercer este encargo con absoluta independencia de todo otro ministerio; al paso que me excita justamente la idea de que acaso sea la mente del supremo congreso entrar en la de desconocer mi gobierno, me ha obligado al mismo tiempo a suspender por lo tanto no sólo el cumplimiento de las órdenes que por medio del secretario y aun de los señores representantes de esta provincia se han recibido bajo el mismo pliego, sino aun las justas demostraciones de regocijo y demás consiguientes que para este caso tenía premeditadas, no pareciendo congruente que unas ni otras disposiciones dimanen de un jefe, cuya existencia política sea reducida a problema en la materia misma de que se trata.

   Parece, pues, indispensable hacer observar la singularidad que se nota contra las providencias económicas de esta provincia. Popayán y Pamplona están casi subyugadas por los enemigos de nuestra causa; sus presidentes andan prófugos y son igualmente dictadores y, no obstante, se han admitido sus representantes en el congreso (lo que tanto hemos murmurado de la junta central de Sevilla y de las cortes de Cádiz) y creo no se habrán desconocido sus gobiernos. Cundinamarca conserva su provincia; el pueblo de Santafé y las tropas aclaman a una voz mi reposición a la presidencia; la representación nacional de los pueblos me nombra y faculta para que obre por mí solo y organice provisionalmente el gobierno conforme a las circunstancias; todas las autoridades, cuerpos y tribunales, me reconocen y juran; lo mismo repiten los pueblos sin que ninguno haya reclamado; y no obstante esta sanción legítima y conforme a todos los principios conocidos y admitidos entre nosotros, el supremo congreso se desentiende y se dirige a un gobierno que por ahora no existe, teniendo en su seno a los dos señores diputados de este Estado que han reconocido el gobierno en la forma en que se halla.

   Deberá, por tanto, promoverse en el supremo congreso la explicación conveniente sobre si se reconoce al actual gobierno que temporalmente han adoptado los pueblos de este Estado para su interior seguridad.

   2a. El serenísimo colegio revisor del acta de federación acordó expresamente en 29 de mayo último su aprobación y ratificación, en los términos y con las limitaciones que le hizo el gobierno constitucional de este Estado en los tratados que celebró en 18 del mismo mes y año con los dos señores diputados al congreso, don Frutos Joaquín Gutiérrez y don José María del Castillo, especialmente autorizados al efecto por la diputación general de las provincias. Es decir, que la representación de la de Cundinamarca se convino a entrar en la federación bajo la expresa condición de que se guardasen aquellos tratados, o lo que es lo mismo, bajo las restricciones, adiciones o puntos que en ellos se contienen. Parece que no habrá una sola persona en el mundo que niegue la legitimidad del serenísimo colegio convocado expresamente para el efecto y nombrado por los pueblos de todo el Estado, inclusos los diputados del Socorro; que su sanción es una condición sin la cual la provincia ni ha ratificado el acta, ni ha entrado en federación, pues es indubitable que a ningún particular, provincia o Estado se le puede forzar a entrar en un pacto, por la razón bien sencilla de que fuerza y pacto se destruyen mutuamente, y que en los pactos es libre la parte contratante para poner las condiciones con que entra en él. En esta virtud, o se cumple con los pactos y condiciones con que Cundinamarca entró en la federación o sus representantes no deben entrar en el congreso, en atención a que sólo se les ha facultado bajo el supuesto del cumplimiento recíproco; porque no hay medio, o Cundinamarca entra en la federación por pactos o por fuerza; si es por pactos, se deben guardar por una y otra parte; y si es por fuerza, siempre que la tenga superior podrá repeler legítima o legalmente la de quien la quiera obligar contra la razón y la justicia.

   3a. Siendo indudable la obligación de guardar religiosamente los pactos bajo que esta provincia ha entrado en la federación, lo es también que para la demarcación del territorio de la Villa de Leiva, en que el supremo congreso ha fijado su residencia, debió contarse con el acuerdo de este gobierno, conforme al artículo 2° de los mismos tratados, cuya infracción es por lo mismo de reclamarse en justicia, tanto más cuanto puede ser para lo sucesivo de una trascendencia incalculable. Y sin embargo de que tal territorio sólo es cedido para la residencia del congreso, sin atribuirle propiedad alguna, para evitar toda ocasión de dudas, se debe declarar expresamente que las rentas que produzca el mismo territorio las cobrará, desde luego, aquel cuerpo soberano, pero que el líquido producto que quedare después de satisfechas las cargas anexas al mismo territorio, debe abonarse a cuenta del contingente de la provincia a que corresponda, pues de otra suerte ella saldría doblemente gravada.

   4a. No parecerá inoportuno tratar por último del juramento de obediencia que por el supremo congreso se exige de todos los cuerpos y autoridades de esta provincia. Ellos están inmediatamente sujetos a su gobierno, que es al que deben reconocer y jurar. Los objetos de aquel cuerpo soberano son generales y nada tienen que ver con aquéllos: terminan a la totalidad de las provincias y se deben encaminar a sus gobiernos. Parece, pues, que estos son los que únicamente han de reconocer la autoridad del congreso por medio de los mismos diputados de la provincia, prestando éstos por sí y a nombre de ella el correspondiente juramento. Y de otra suerte, ¿por ante quién lo prestaría el gobierno?

   Dado en Santafé de Bogotá a 13 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

   Por mandado de su excelencia,

Andrés Rodríguez,
secretario de guerra.

   El jueves 22 del corriente hubo en esta capital una grande asamblea, cuyo objeto y resultado, así como el contenido de los documentos que allí se tuvieron a la vista, dirigidos por el congreso al gobierno de este Estado, son bien notorios en toda la ciudad; pero para que ellos se presenten a la faz de todo el mundo y los hombres sensatos juzguen con imparcialidad de nuestras operaciones, a la mayor brevedad publicaremos el detalle de esta sesión. Después de esto, ha llegado el 24 por la tarde de la Villa de Leiva el capitán don Juan Narváez (que lleno del celo más laudable y deseoso de influir en la pacífica transacción de las desavenencias que ya principiaban entre el congreso y el gobierno de Cundinamarca, se ofreció a conducir personalmente los pliegos que éste dirigía a aquél, conducentes al mismo fin); y ha traído los documentos siguientes:

Oficio de nuestros representantes en el congreso al gobierno de este Estado

   Excelentísimo señor:

   Luego que llegó el expreso de esa con oficio de 15 del corriente, en que vuestra excelencia avisa a esta diputación los desgraciados sucesos de las armas de Venezuela, pasó el primer representante de esta provincia al congreso, y habiéndolo hecho presente original a su alteza soberana, se ha servido dar a vuestra excelencia la constestación que incluye el adjunto pliego.

   Son en nuestro poder las instrucciones, que con fecha 13 del corriente nos dirige vuestra excelencia, quedando dispuestos a hacer el uso conveniente luego que las críticas y muy apuradas circunstancias del día nos ofrezcan ocasión más favorable para ponerlas en práctica.

   Tenemos la satisfacción de que el soberano congreso haya visto comprobadas con el oficio y manifestaciones que se le han hecho por medio de los encargados de ese gobierno, teniente coronel don Antonio Villavicencio y capitán don Juan Narváez, las justas ideas de que los desvelos y sacrificios de vuestra excelencia no tienen otro objeto que el de la libertad de la patria y defensa general del reino, como anticipada y constantemente hemos procurado persuadirlo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva, 20 de octubre de 1812.

   Excelentísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

   Excelentísimo señor don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca.

Oficio del secretario del congreso al gobierno de Cundinamarca

   A tiempo que el supremo congreso pesaba las funestas consecuencias que preparaba la suspensión o retardo en el cumplimiento de las comunicaciones de que habla vuestra excelencia en oficio de 13 del corriente y de las que posteriormente se han dirigido, ocurrió el primer diputado de esa provincia exhibiendo el que acaba de recibir con fecha 15, referente a otro de Cartagena de 10 de septiembre último, y en él vio confirmada la necesidad de las medidas que ha tentado hasta ahora para calmar las desavenencias interiores que según el relato acaban de aumentar las desgracias de Venezuela. Igual será la suerte de la Nueva Granada, si las resoluciones del cuerpo que ha constituido para su salvación, dejan de llevarse al cabo a la sombra de inconvenientes o motivos que ceban la discordia y no dejan poner la basa sobre que deben girar las operaciones nacionales, la organización interior por que suspiran todos los amantes de nuestra causa.

   Bajo estos principios es como el supremo congreso ha combinado y dispuesto las enunciadas comunicaciones. Para existir y obrar sobre elementos que no se destruyan, ha decretado la reforma de ese gobierno según los principios que constituyen el sistema de la federación. Para arrojar del hermoso valle de Cúcuta a nuestros verdaderos enemigos decretó la remisión de 500 fusiles destinados a reforzar y hacer tan respetable como es interesante la expedición del norte. Para salvar a Popayán, para dejar libres a las provincias de acá de los más feroces esclavos de la regencia, decretó también la salida de 500 hombres armados a órdenes del comandante en jefe que designaría. Para ocurrir ahora, en fin, a la común defensa en el modo y términos que solicita Cartagena por el mencionado oficio de 10 de septiembre, ha decretado igualmente que vuestra excelencia prepare desde luego la expedición combinada al mando del teniente coronel don José María Berrueco, componiéndola precisamente de las gentes aclimatadas de la provincia de Mariquita a fin de precaver el éxito desgraciado de la otra y procurando allanar cualquier dificultad que pueda haber de su parte, conspirando todos a la primera causa, al importante objeto de la defensa exterior; bien entendido que los costos serán imputados al contingente respectivo y el excedente satisfecho por el fondo común.

   No ignora vuestra excelencia que en estas diposiciones va envuelto el precioso germen de la paz y conciliación interior. Vuelva, pues, vuestra excelencia los ojos a la pintura que hace en el citado oficio de la desgraciada Venezuela y verá en ella el retrato de nuestra suerte futura, si continúan nuestras desavenencias.

   El congreso no se ha constituido para destruir sino para elevar todas las provincias de la Nueva Granada a la felicidad y opulencia que dignamente les corresponde. Que desaparezcan, pues, todos los temores; que Cundinamarca repose bajo esta sombra respetable y si algo puede añadirse a la seguridad que le ofrecen los tratados de federación, este vínculo sagrado de su fraternidad y unión con las demás provincias, el supremo congreso le ofrece de nuevo la garantía más solemne de que cooperando al logro de las saludables intenciones de su alteza soberana, como es de esperarse en cumplimiento de las enunciadas comunicaciones y de la presente, jamás verá que las armas de aquéllas, ni las de la unión en general, se dirijan contra ella.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Leiva, 20 de octubre de 1812.

   Crisanto Valenzuela.

Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Oficio que nuestros representantes en el congreso dirigieron al mismo cuerpo

   Serenísimo señor:

   Toda la representación de los diputados de Cundinamarca se halla reducida a la de ser testigos de su oprobio; en los oficios de plácemes, en las arengas de cumplimientos, en la mayor parte de las contestaciones, no se oye otra cosa que improperios contra el presidente de Santafé y proclamas contra su vida; los vivas del congreso se mezclan con la detestación de Nariño y a pedir a voces su muerte; así lo practicó ayer al frente de este palacio la tropa que ha entrado del Socorro, solemnizando así los vivas como el muera con la ceremonia militar de una descarga; sea cual fuese el gobierno actual de Santafé y la autoridad comunicada a su presidente, él es obedecido por la provincia y, por consiguiente, debe ser respetado por los representantes de ella; en medio de la depresión con que se nos ha tratado por el destacamento de Suta y del insulto con que las tropas de esta misma guarnición hicieron repentinamente sus avanzadas con el fin de continuar la interceptación de nuestras cartas y del empeño de Tunja por nuestra opresión, no hemos dudado hacer el sacrificio de nuestra deferencia a cuanto hemos podido concebir ser conveniente al bien de la paz, a la unión de las provincias y al testimonio de nuestras ideas para el honroso desempeño de nuestro cargo; pero nada ha bastado al logro de los designios sinceros dirigidos por la buena fe de nuestros sentimientos; no se crea que nuestra bien reflexionada condescendencia ha sido efecto de una inadvertencia absoluta del vergonzoso estado en que hasta ahora nos hemos mantenido; ella ha dimanado de principios que en mucha parte han tenido origen desde nuestra primera educación y han sido el móvil para el crédito de una honrada y juiciosa conducta; ésta ha sido la verdadera causa de la moderación, sufrimiento y silencio que en muchas ocasiones tal vez habrá notado, pero ya vemos con doloroso desengaño que lejos de adelantar un paso hacia nuestra quietud, decoro de nuestra penosa ocupación, beneficio de nuestra provincia y satisfacción de los contrarios de ella, nos vemos cada vez más oprimidos, más cercados de tropa, menos atendidos y más inútiles los esfuerzos de nuestra justificación; vea pues el mundo que a toda costa y a todo peligro hemos concurrido con todos los medios posibles a la importante obra de la reunión, y sepa también que nuestras frustradas esperanzas no dependen de obstáculo que hayamos opuesto a su logro; en fin, ya vemos declarada la guerra contra Santafé bajo el nombre de Nariño y pretexto de su tiranía; la destrucción de él por las armas es inseparable de la mayor parte y de lo más florido de aquella capital y aun de sus pueblos; no es una facción como se vocifera la que sostiene a Nariño: es la capital entera y la facción sólo puede considerarse en los que actualmente son sus enemigos; pero sea lo que fuese, él es el que gobierna y él se mira obedecido pacíficamente.

   A la vista del congreso y hallándose reconocido con las expresiones del mayor rendimiento por Tunja y sus comandantes y a pesar de las insinuaciones de este soberano cuerpo y de hallarse la parroquia de Sutamarchán comprendida en la demarcación de su territorio, se mantiene en odio de Santafé y con desdorosa ofensa de sus representantes, el destacamento contra el que ellos tanto han declamado en su mociones en el congreso; continúa el registro de cartas y, ayer mismo, ha sido sorprendido el correo ordinario e interceptada la valija; ayer mismo a poco de haber entrado la tropa del Socorro, desfilando una partida de 60 hombres por la casa de nuestro alojamiento, dijeron algunos de ellos en claras voces: aquí parece viven los santafereños y es menester que los ahorcasen a todos ellos; no hacemos alto en el mérito de esta grosera significación de los sentimientos en que vienen imbuidos, pero ella es un apoyo del concepto en que debemos estar y de nuestra situación incompatible con la libertad honrosa de nuestros votos en el congreso, de nuestra debida comunicación con nuestro gobierno y con la de nuestra representación igualmente caracterizada que la de cada una de las provincias que componen este soberano cuerpo; todos estos hechos constantes a vuestra alteza soberana y el estado de ver ya declararse guerra contra nuestra provincia, nos hace mirar como monstruosa y tal vez reprensible la continuación de nuestra concurrencia a las sesiones del congreso; por tanto hemos deliberado suspender toda asistencia nuestra a cualquiera de sus actos, hasta tener nueva orden de nuestro gobierno o ver sólidamente calmadas las hostilidades de la discordia, contenidos los públicos sarcasmos del odio que quiere hacerse creer solamente personal y, finalmente, disipados los preparativos de la guerra ofensiva contra Santafé, cuyo gobierno únicamente se dispone a su justa defensa. Esperamos que vuestra alteza soberana se digne mandar se franqueen por el secretario las copias o certificados pedidos por nuestra parte en el acto de las respectivas mociones, pues ellas conducen al crédito de nuestro procedimiento y del desempeño que hemos considerado de nuestra obligación.

   Dios guarde a vuestra alteza soberana muchos años.

   Leiva y 16 de octubre de 1812.

   Serenísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola.

   Es copia,

José Agapito Barreto,
secretario1

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 29 de octubre de 1812, t. II., No. 83, p. 408-411.

NOTA:
1   Cuando decimos que en los oficios de plácemes, en las arengas de cumplimientos y en la mayor parte de constestaciones no se oye otra cosa que improperios contra el presidente de Santafé, nos referimos a las contestaciones dadas por Tunja a algunos oficios dirigidos por el congreso; pero como una equivocación o siniestra inteligencia haya querido referirla a la contestación que dio el señor presidente del congreso a las mismas arengas, y esta aplicación sea del todo opuesta a nuestros sentimientos y al aplauso con que nosotros mismos hemos publicado y celebrado las discretas, políticas y enérgicas respuestas de dicho señor, hemos tenido a bien poner la presente nota para quitar todo motivo de oscurecer la rectitud de nuestras intenciones y la justicia con que procuramos ser imparciales y no separarnos de la verdad.
Alvarez,
Azuola.

102
CARTA DE LA ABADESA DE LA CONCEPCION DIRIGIDA AL PRESIDENTE NARIÑO

CONGRATULACION POR SU REGRESO A LA PRESIDENCIA. Santafé, 22 de octubre de 1812.

Francisca de la Concepción,
(abadesa).

CUNDINAMARCA

Oficio de la abadesa de la Concepción

   Excelentísimo señor:

   Esta humilde comunidad de Nuestra Señora de la Concepción no se cansará de felicitar a vuestra excelencia siempre que lo halle al frente del gobierno, y mucho más en este día que lo considera con el lleno de todas facultades para defensa de la patria y reino y consuelo de todas las almas consagradas a Dios, que no cesarán jamás de dirigir a Dios sus oraciones, como hasta aquí lo hemos practicado, y no dudamos que la divina majestad dé a vuestra excelencia todos los auxilios necesarios para el acierto y feliz gobierno de la provincia de Cundinamarca.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé y 22 de octubre de 1812.

Francisca de la Concepción,
abadesa.

   Excelentísimo señor presidente, don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca 5 de noviembre de 1812, t. II., No. 85, p. 420-421

103
CARTA DE LA PRIORA DE SANTA INES AL PRESIDENTE NARIÑO

CONGRATULACION POR SU REGRESO A LA PRESIDENCIA. Santafé, 23 de octubre de 1812.

María Micaela de Santa Rosa.

CUNDINAMARCA

Carta oficial de la priora de Santa Inés de esta capital al excelentísimo señor presidente del Estado

   Excelentísimo señor:

   Mi venerado señor:

   Ya que nuestro Señor ha manifestado la acertada elección de vuestra excelencia por el general y unánime consentimiento de todo el público, no puedo menos, después de haber dado las debidas gracias a su divina majestad, de manifestar a vuestra excelencia que yo, con toda esta comunidad, hemos unido nuestros votos a todos, y dándole mil plácemes y enhorabuenas, nos ofrecemos de nuevo a su disposición, para que nos mande seguro de nuestra buena voluntad con que lo encomendamos siempre a Dios y rogamos nos lo guarde muchos años.

   Su monasterio de Ineses y 23 de octubre de 1812.

   Señor presidente.
   Besa la mano de vuestra excelencia su menor estimadora,

María Micaela de Santa Rosa,
priora.

   Excelentísimo señor presidente, Antonio Nariño.

Decreto

   Santafé, 23 de octubre de 1812. Contéstese e imprímase como voto espontáneo de esta comunidad, y hágase lo mismo con los demás que vengan de esta naturaleza.

   Está rubricado.

Rodríguez.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 5 de noviembre de 1812. t. II.. No. 85. p. 420.

104
OFICIO DE JOSE PARIS AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

SOBRE LA UNIDAD DE LA NUEVA GRANADA, LA PAZ Y LA CONCORDIA. Santafé, 24 de octubre de 1812.

José Martín París.

CUNDINAMARCA

Oficio de don José París al excelentísimo señor presidente del Estado

   Excelentísimo señor:

   Como uno de los padres de familia congregados antes de ayer para tratar de la resolución y contestación sobre los últimos oficios del congreso y del gobierno de Tunja, y propuestos por vuestra excelencia los puntos de si debía quedar vuestra excelencia ejerciendo o no la presidencia del gobierno, fue mi voto afirmativo, porque cualquiera mudanza de mano sería lo mismo que quedar en anarquía; y al segundo, de si estábamos en el caso de seguir o no en la federación, dije que siempre había sido y era mi dictamen opuesto a toda federación de soberanía parciales.

   Si alguna vez dije a vuestra excelencia, en conversación particular, que citase para Santafé los diputados, fue en el concepto expreso y positiva esperanza, que aún no pierdo, de que con prudente y sabia docilidad retrocederán al estado de la convocatoria de 29 de julio de 1810, dirigida a que, dejando por ahora en lo sustancial el sistema del gobierno en el mismo estado en que se hallaba, viniesen a la que siempre había sido la capital, que tomando la iniciativa, los invitaba a tratar de la forma de gobierno conveniente a todo el reino, dando por supuesto que no viniesen desde allá preocupados en algún sistema, hasta que aquí se tratase y conferenciase por todos juntos. Pero quiso la desgracia que exaltada su imaginación por cartas de algunos literatos novadores, sobre la posibilidad de un siglo de oro que creen resucitado en el norte americano, vinieron ya preocupados en este sistema, que nos ha hecho perder más de dos años sin poder establecer alguno.

   Yo ruego a vuestra excelencia que... los convoque a todos pacíficamente para esta capital; que congregados en una sala, a puerta cerrada, porque las juntas populares no dejan la razón en libertad para votar, y conferenciados en ella los verdaderos intereses de todo el reino, espero que convendrán en mantener su unidad por medio de esta general asamblea o junta central, en cuya soberanía tendrán en sus respectivos diputados la parte que apetecen las provincias, con la conservación de todos sus legítimos derechos.

   Sea cual fuere el resultado, que espero favorable, de esta representación, suplico a vuestra excelencia que digne mandarla publicar en la Gaceta, no pudiendo yo verificarlo separadamente por falta de medios, porque quiero hacer notorio al público mi cordial y verdadero patriotismo por la felicidad de todo el reino.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 24 de octubre de 1812.

   Excelentísimo señor.

José Martín París.

   Excelentísimo señor presidente del Estado.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca Santafé, 5 de noviembre de 1812 t. II . No 85, p 420.

105
OFICIO DE REPRESENTANTES AL CONGRESO POR CUNDINAMARCA DIRIGIDO AL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE LA ANEXION DE LA PROVINCIA DE MARIQUITA, DEL PARTIDO DE CHIQUINQUIRA Y MUZO AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. ACTA DEL CONGRESO. CONTESTACION DE NARIÑO. Leiva, 28 de octubre de 1812; Santafé, 2 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño,
Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

CONGRESO

Oficio de los diputados de Cundinamarca en el congreso al presidente de su Estado

   Excelentísimo señor:

   No habiendo entregado en el destacamento de Gachetá el expreso procedente de esa capital el pliego que su pasaporte decía conducir, fue llevado a Tunja y de allí remitido al congreso, sin que hasta ahora se haya podido adelantar otra cosa que la constante negativa de habérsele entregado pliego alguno por vuestra excelencia, en que insiste tenazmente. Por lo mismo, carecemos absolutamente de noticias oficiales que nos esclarezcan sobre el último estado de las cosas y ulteriores providencias.

   En este estado y recibidos por una parte en el cabildo de esta villa varios ejemplares de la Gaceta de 7 de octubre, número 79, con la nota puesta en esa secretaría para circular a los pueblos, cuyo hecho por haberse recibido en tiempo muy posterior a la instalación del congreso y consiguiente separación del territorio en que reside, como por las expresiones de la proclama que en ella se contiene, se ha tenido por una hostilidad declarada en contra del congreso, sin embargo de haberse ocurrido a la reflexión, de que ya antes de todo se habrían mandado circular y caso olvidado hacerse por secretaría del pliego de esta villa; pero como por otra parte hayan concurrido cartas y avisos de la junta general celebrada en esa el 22 del corriente, sobre el no reconocimiento del congreso y orden de nuestra separación, es inexplicable el entusiasmo excitado con este motivo, pues que conviniendo la pluralidad en ser imposible resistir a Correa, quien estará quizá sobre Pamplona, sin la concurrencia de los auxilios de Santafé por el corto número de armas que tiene Tunja para oponérsele, equivale la negativa de los auxilios de armas que hace esa provincia, a un consentimiento expreso de dar fácil entrada a nuestros enemigos, en cuyo conflicto se discurrió por la mayor parte de los señores vocales ser absolutamente indispensable obligar a Santafé a la entrega de las necesarias para la defensa común1.

   Ya se había discutido larga y fervorosamente sobre los riesgos y peligro de ambos extremos, cuando advirtiéndose, quizás oportunamente, la pendencia de las últimas negociaciones oficiales de que fueron encargados los ciudadanos Villavicencio y Narváez, se resolvió esperar la contestación de vuestra excelencia antes que usar de todo género de hostilidad, dándose no obstante orden de que estuviesen aprestadas las tropas para el primer aviso y redoblados los destacamentos.

   En tan angustiado conflicto y presentadas en tropel, a uno de los representantes de esa provincia, todas juntas las calamidades de una guerra civil, con la precisa destrucción de los mismos medios e instrumentos que debían servir para rechazar a los enemigos de la patria, se esforzó a hacer presente en el soberano congreso que sería fácil la conciliación de términos tan opuestos, el guardar a nuestra provincia los pactos con que aprobó el acta de federación, el dejar a tiempo más tranquilo la división de poderes en su gobierno y el que diese en lugar de armas, hombres armados, cuya circunstancia le sería desde luego preferible a la de dar armas solas. Este modo de pensar no se despreció del todo; advertimos bastante inclinación a sostener la dependencia de Mariquita de esa provincia, también la de Neiva y demás pueblos que la reconocen, a excepción de los tres cantones ya independizados, de San Gil, Varaflorida y Socorro, con quienes sería menester entrar en una guerra sangrienta siempre funesta a los mismos pueblos y a nuestra causa común en tan arriesgada situación. Eran ya las nueve de la noche y difirióse a la sesión de este día el medio de conciliación indicado.

   Se tuvo en efecto la conferencia acordada y en ella manifestaron todos y cada uno de los señores diputados los mayores deseos de conciliación, expresando ser sus disposiciones las más benéficas para Santafé; siendo el resultado de ella, con calidad de reducirlo a las formalidades de un acta, el siguiente:

   "El congreso, teniendo en consideración que no puede obrar como corresponde en la defensa común de la Nueva Granada, cuya suerte le está encargada, contra los enemigos que la tienen invadida y la amenazan por todas partes, sin concentrar todos los recursos que se necesitan y que tiene en sí la nación; que no puede efectuarse esta concentración sin serenar la discordia interior que la despedaza y extinguir de raíz el germen de ella y que este germen está en los tratados de 18 de mayo de este año, en la parte que habla de las agregaciones de pueblos hechas a Santafé, usando de la facultad que le concede el artículo 45 del acta federal y consultando a la paz interior, al bien de la unión en general y al particular de los pueblos, ratifica y aprueba, en los términos de dichos artículos, la sumisión al gobierno de Cundinamarca de toda la provincia de Mariquita, del partido de Chiquinquirá y Muzo y la de los pueblos de la de Neiva; y de oficio decreta la del resto de ésta al mismo. Por ahora no hará novedad en el de Vélez, sobre cuya suerte decidirá a su tiempo con la debida audiencia de las partes que se crean con interés y la del mismo partido. Pero para que este decreto tenga su efecto, el gobierno de Santafé deberá restablecerse a la forma de popular representativo en la división de poderes, tomando las providencias más oportunas y convenientes, y en ningún caso podrá variar su forma sin la intervención legítima de todo el Estado, que no deberá nunca sujetarse a la voluntad de la menor parte. Además, deberá prestar inmediatamente, el actual gobierno, el debido reconocimiento al congreso, con calidad de repetirlo el constitucional luego que se restablezca, que también deberá ser a la mayor brevedad; y por último y en consecuencia quedará sujeta aquella provincia, como las demás unidas, a obedecer, respetar y ejecutar las órdenes, decretos y resoluciones del congreso".

   En vista, pues, de lo expuesto, vuestra excelencia, que tan repetidas muestras ha dado de que nada le anima tanto como la libertad general del reino y el oponerse a nuestros verdaderos enemigos, sabrá conciliar por estos principios los medios más conducentes a tan importante objeto, con los del bien de la provincia que le está encargada.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años,

   Leiva, 28 de octubre de 1812.

   Excelentísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

Excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño.

Contestación

   Acabo de recibir el oficio de vuestras señorías de 28 del pasado, en que insertan el último decreto dictado por el soberano congreso , y no estando ya en mis facultades el revocar lo resuelto definitivamente en la junta general tenida el día 22 del que acabó, nada más tengo que decir a vuestras señorías de lo que he dicho ayer por extraordinario, reducido a que inmediatamente se despidan del soberano congreso y se pongan en camino para ésta; en inteligencia de que se les suspenderá el sueldo, pasado que sea el tiempo necesario para su llegada. Y por si se hubiese extraviado el citado oficio de ayer, lo duplico a vuestras señorías con la Gaceta a que se remite.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 2 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

Señores diputados de la provincia de Cundinamarca en el congreso,

don Manuel Alvarez y
don Luis Azuola.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 5 de noviembre de 1812, t. II., No. 85, p. 418-420.

NOTA:
1   Don Antonio Baraya ha dicho oficialmente al gobierno de Cundinamarca que él, con las tropas que tiene a su mando, se halla muy capaz de rechazar a Correa y reconquistar la provincia de Pamplona. El gobernador y senadores de Tunja, en el mes de julio último, dijeron también muchas veces a los plenipotenciarios de nuestro gobierno: "que insinuasen a éste que Tunja. con las tropas que entonces tenía Baraya, respondía de la seguridad del reino por lo respectivo a todos los puntos del norte; que en esta inteligencia, Cundinamarca cuidará de auxiliar solamente los puntos del sur de la Nueva Granada". Y ¿por qué desde fines de julio, después del asalto indebido y vergonzoso de Paloblanco, no ocurrió el gobierno de Tunja y Baraya al auxilio de Pamplona, en que estaban comprometidos por un artículo expreso de los tratados de Santa Rosa? La respuesta es bien sencilla: "porque Baraya y su gobierno creyeron preferible la gloria de pasar por ENTABLADORES DEL CONGRESO, a la de ser libertadores de sus hermanos; y porque en sus cabalas entraba el hacer creer a todo el mundo, que el entable del congreso lo hacía contra la voluntad de Cundinamarca. a quien había intimidado sus mismas bayonetas y cañones". Especie risible, notoriamente falsa y nada compatible con el valor y enérgico entusiasmo de los cundinamarqueses. Por otra parte, si el presidente de nuestro Estado hubiese querido abrir la puerta a los enemigos, ¿habría hecho marchar las dos expediciones de Baraya y Ricaurte con el objeto primario de rechazar a Correa y libertar a Pamplona...'? Que inventen, pues, sus rivales imposturas de otra especie, porque las de esta naturaleza no hacen otra cosa que acarrearse el desprecio de las personas que saben reflexionar.

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SUCESOS EN SANTAFE

ALREDEDOR DEL REGRESO DE ANTONIO NARIÑO A LA PRESIDENCIA. SOBRE EL CABILDO ABIERTO REALIZADO EN SANTAFE EL 22 DE OCTUBRE. Santafé, octubre de 1812.

CUNDINAMARCA

   La urgente necesidad de que el público se imponga en las ocurrencias del jueves 22 del presente, en cuya publicación se interesa nada menos que el honor del gobierno de esta provincia, obliga a presentarlas en globo entre tanto que puede darse a la prensa el acta en que constan las materias que se tocaron en la asamblea o cabildo abierto celebrado en aquel día; las discusiones que sobre ellas se hicieron; las resoluciones que se tomaron y, en una palabra, el pormenor de los sucesos. Discurriremos, pues, sobre el origen de la convocatoria, descenderemos a ésta y referiremos en fin, con la imparcialidad propia de esta especie de escritos, los acontecimientos más notables que hubo en la asamblea y las decisiones que ésta dio en las dos cuestiones importantes que se propusieron a su consideración.

   El excelentísimo señor don Antonio Nariño, encargado de la presidencia de este Estado por la serenísima representación nacional y a consecuencia de los esfuerzos y aclamaciones del pueblo en 19 de septiembre de 1811, nombrado en propiedad para el mismo destino en 24 de diciembre del propio año y restituido al mando (de que en obsequio de la paz se había separado voluntaria y generosamente) con un poder ilimitado a virtud de las vigorosas instancias de un numeroso pueblo y de las tropas, en 11 de septiembre último, en los términos que aparecen en la Gaceta número 74; queriendo contener la crítica de la maledicencia y dar el último testimonio de amor a su patria y del desinterés con que la servía, viendo que el congreso del reino que se acaba de formar había decretado en 8 del que rige se intimase a este Estado se redujese a los términos constitucionales, amenazándolo de lo contrario con la guerra y declarándosela en el mismo decreto conforme al artículo 8° del acta de federación; que el mismo congreso había faltado a todos o la mayor parte de los pactos bajo los cuales esta provincia había convenido en federarse; que la voz de sus diputados se hallaba sofocada; que se trataba de reducirla a su distrito capitular; que se pretendía desarmarla y poner la fuerza al mando de don Antonio Baraya, de quien con justicia se desconfía; y en una palabra, que si aquel cuerpo continuaba bajo los principios que había comenzado, la ruina de Cundinamarca sería inevitable.

   Consideraron, por otra parte, que cualquier resolución que se tomase sobre tan graves puntos podía ser de la mayor trascendencia y traer al pueblo males incalculables; no se atrevió (a pesar de las pruebas repetidas que éste le ha dado de la singular confianza que hace de su persona, y sin embargo de las amplias facultades que ese mismo pueblo ha depositado en sus manos) a deliberar por sí en materias tan delicadas; y reflexionando juiciosamente que los habitantes de la provincia eran los que habían de sufrir inmediatamente el peso de las consecuencias de la decisión buena o mala que se diese en el particular, acordó el 21 del corriente convocar una asamblea, consejo o cabildo abierto compuesto de los dos cleros, secular y regular, de las autoridades, empleados y padres de familia residentes en la capital, ya que la premura de las circunstancias no permitía el que a este acto importante concurriesen todos los que moran en el territorio del Estado, para consultar en dicha asamblea la voluntad del pueblo soberano en orden a las providencias dictadas por el congreso y comunicadas a este gobierno que arriba se han enunciado. A efecto de que este decreto llegase a noticia de todos y de que ninguno pudiese alegar ignorancia, a las tres de la tarde del mismo día 21 (para llamar más la atención del público por ser hora extraordinaria para estos actos) se publicó a son de caja un bando en los cuatro barrios de la ciudad, en el que anunciándose los inminentes peligros de que estaba rodeada la patria, el embarazo en que se hallaba dicho señor excelentísimo para tomar por sí solo las medidas conducentes a la defensa por creerlas expuestas; y la determinación acordada por su excelencia de consultar en un cabildo general la voluntad del pueblo que había depositado en sus manos sus más preciosos derechos; concluye con prevenir a los dos cleros, a los magistrados, empleados y demás ciudadanos residentes en la capital, asistiesen al siguiente día a las siete de la mañana a una asamblea que debía celebrarse en el edificio conocido con el nombre de las Aulas. A este fin se libraron oficios a los discretos gobernadores del arzobispado, a los prelados de las comunidades religiosas, a los presidentes de los tribunales, encargándoles la asistencia con sus miembros, al director del tesoro público para que concurriese con los empleados en los ramos de hacienda, al cuerpo cívico para que practicase igual diligencia y para que por el conducto de los alcaldes comisarios citase a los vecinos, los que no sólo estuvieren en las habitaciones de sus respectivos cuarteles, sino que fijaron boletas en las esquinas anunciando la convocatoria y su objeto; a los diputados del comercio y, por último, se pasaron esquelas a los individuos que componen la representación nacional (la cual no se ha extinguido, sino suspendídose únicamente), para que como tales concurriesen a la expresada junta.

   Apurados así todos los arbitrios para que el resultado de la asamblea fuese la decisión del voto general de los ciudadanos de Cundinamarca que residen en su capital, el jueves 22 del que rige, a las 8 de la mañana se congregaron en el palacio del gobierno los ministros de los tribunales, los empleados, el cuerpo cívico y los jefes y oficiales de las tropas así veteranos como de milicias y, colocados todos estos individuos con el correspondiente orden, se dirigieron en asocio del excelentísimo señor Nariño a las Aulas, en cuyos corredores y patio se hallaba reunido un concurso numerosísimo compuesto de muchos de los miembros de la representación nacional, del clero secular y regular, del cabildo eclesiástico, de los curas de las parroquias, de los individuos del comercio, de los hacendados, de los empleados en los diversos ramos del Estado, de los padres de familia, y, por decirlo, de una vez, del verdadero y legítimo pueblo de Santafé.

   Este congreso respetable entró en un salón preparado al efecto con la decencia debida, y colocadas en él las corporaciones con la correspondiente separación y presididas por el señor Nariño, tomó éste la palabra y con el interés propio de su celo por la felicidad pública, hizo presente que debiendo ser éste un acto libre en que cada ciudadano manifestase su concepto sin tener otro respeto qué el de los estrechos y sagrados deberes que lo ligan con la patria y que lo obligan a su conservación y defensa, era de necesidad absoluta el que se removiese cualquier causa que pudiese impedir, aun cuando fuese remotamente, esa libertad y franqueza en los votos, o que por lo menos pudiese ocasionar sospecha de que éstos habían sido efecto de la violencia; que su excelencia por el decoro de la asamblea había mandado que viniese una guardia que le hiciese los correspondientes honores; que este objeto estaba ya cumplido y que para que ningún tiempo se pudiese decir que las bayonetas y las balas habían forzado a los vocales, era de concepto se retirase dicha guardia. Se opusieron algunos de los concurrentes a esta medida, pero el señor presidente insistió con interés en que debía adoptarse, añadiendo que su excelencia, por su parte, nada tenía que temer pues se hallaba entre el mismo pueblo que lo había colocado en aquel puesto. Penetrados al fin todos de la fuerza de las razones expuestas por el señor Nariño, se resolvió que se retirase la guardia de honor y en efecto así se verificó, quedando la asamblea en una perfecta libertad.

   En seguida, el mismo señor presidente exhortó a los individuos de que se componía aquélla a que guardasen el silencio posible, a que se condujesen con decoro, con respeto y con imparcialidad, prescindiendo de toda personalidad y especie odiosa capaz de impedir al ciudadano la libertad para exponer su concepto. Hizo ver igualmente la importancia y gravedad de las materias de que se iba a tratar, añadiendo que de la resolución que se tomase dependía la suerte no sólo de Cundinamarca sino del reino entero y que, por lo mismo, era éste un asunto que debía mirarse con la última circunspección y delicadeza, desprendiéndose de toda pasión, de todo resentimiento, de todo interés personal y atendiendo sólo a la felicidad común, y que el gobierno, a efecto de que se procediese sin el más leve temor ofrecía una absoluta garantía a las personas allí congregadas, en términos que jamás serían perseguidas ni se les seguiría el menor perjuicio por las opiniones que manifestasen relativas a las materias que motivaban la asamblea. Precedidas estas exhortaciones y otras varias dirigidas todas a persuadir la libertad y desinterés con que debían conducirse los ciudadanos en aquel acto, el citado señor Nariño dijo que devolvía a manos del pueblo y de la representación nacional (cuyos miembros, como se ha dicho, habían sido especialmente convocados) la autoridad que se había depositado en su excelencia el día 11 del último septiembre, para que dispusiesen de ella como creyesen más conveniente a la salud pública. Que su excelencia, como lo había repetido en otras ocasiones, no se excusaría de servir a la patria en cualquier destino en que se le considerase útil y que estaba pronto no sólo a abdicar el mando, sino también a expatriarse y sacrificar su vida, si esta víctima era bastante para salvar a sus conciudadanos; pero que antes debían estar seguros de que jamás faltaría a la confianza que este pueblo generoso había hecho de su persona, ni abandonaría el gobierno que se le había encargado, como se había hecho en otras partes, por grandes que fuesen los peligros que le amenazasen, pues del mismo modo que tenía firmeza para entregarse voluntariamente al sacrificio en obsequio del bien general, la tenía para ser el primero en morir llenando el encargo que se había puesto en sus manos y defendiendo a su patria, protestando que en todo evento estaba dispuesto a conformarse con la resolución de la asamblea, pues en el caso de que viese que cumpliéndola no podía llenar la confianza que de él se había hecho, lo haría presente, y el pueblo en cuyas manos había consignado la autoridad que le había conferido, depositaría el gobierno en otras. Finalmente expuso su excelencia que se abstenía de hablar sobre las materias que debían decidirse, porque no se dijese que prevenía el concepto de los concurrentes.

   El pueblo oyó con agrado estos sentimientos de imparcialidad, de generosidad y patriotismo proferidos por el jefe del Estado y un aplauso general resonó en toda la asamblea, dejándose ver en los semblantes de los que la componían la satisfacción, la alegría y la confianza propias del que ve confirmado el acierto de su elección, como en este momento lo vieron los ciudadanos de Santafé que habían colocado al señor Nariño al frente de su gobierno.

   Ya eran las nueve y media de la mañana hasta cuya hora se había diferido el presentar al concurso el pormenor de las materias sobre que se le exigía su concepto, con el objeto de que concurriesen todas las personas comprendidas en la convocatoria, y reflexionándose que ésta había llegado sin duda a los oídos de todos los residentes en la capital y que el que no había asistido sin tener impedimento para ello o se debía entender renunciando su derecho, o creerse poseído de un refinado egoísmo y era por consiguiente, en esta caso, indigno de los derechos del ciudadanato y del de prestar su sufragio en puntos tan interesantes a la patria, advirtiéndose, por otra parte, que el concurso en solo el salón destinado para el efecto pasaba de 1.500 individuos y que en él se hallaba la mejor y más sana parte del pueblo de Santafé, se resolvió que se entrase en la sesión y se dio principio a ella por la lectura de las actas celebradas en la villa de Leiva por los diputados de las provincias para el congreso general, antes y en el acto de su instalación, y por la de varios oficios dirigidos por el secretario de aquel cuerpo al gobierno de este Estado.

   La primera de aquéllas, cuya fecha es 2 del presente, tiene puntos que ofrecen materias a detenidas reflexiones, pero limitándonos al estrecho campo de una Gaceta, nos contraeremos a las más obvias y sencillas. La citada acta tiene por objeto la calificación de los poderes o credenciales de los representantes de las provincias, y como los de este Estado hubieran exigido en lleno de sus deberes para entrar al congreso el cumplimiento de los tratados bajo los cuales la convención de la provincia especialmente congregada para examinar el acta federal la había aprobado, poniendo por precisa condición para reunirse en aquel cuerpo la observancia de dichos pactos, se les dijo, entre otras cosas, que éstos eran torpes e inhonestos, y que por lo mismo, no se estaba en el caso de cumplirlos y debía prescindirse de ellos, que es tanto como decir que se obligue a Cundinamarca a federar contra la expresa voluntad de sus pueblos, explicada del modo más solemne y legal en el colegio reunido en mayo del presente año para revisar la mencionada acta; que fueron infructuosos los reñidos debates que se tuvieron en la representación nacional sobre si nuestro diputado debía firmar aquélla; que lo fue la decisión dada por ésta en el particular; que lo fue igualmente la convocatoria de los representantes de la provincia para el único y especial objeto de su examen, y que lo fue, por último, lo resuelto por éstos el 29 de mayo citado. No es esto sólo lo que se infiere de la opinión de los diputados de la confederación manifestada en los acuerdos de 2 y 3 del corriente y de la resolución tomada en ellos, reducida en sustancia a que no se hallan ligados con los tratados que celebró Cundinamarca. De aquélla y de ésta se deduce que nuestro Estado no tiene el precioso derecho de pactar los términos en que ha de asociarse con otros, derecho tan antiguo como las mismas sociedades y que hasta ahora no sólo no se ha negado a una nación, a un gobierno, pero ni aun a los particulares, pues es inconcuso que las uniones no se hacen ya sea entre aquéllas, ya entre éstos, sino por el pacto o por la fuerza; por consiguiente, no debiendo ser el vínculo de la unión de las provincias de la Nueva Granada la bayoneta y el cañón, lo debe ser la fe de los pactos. Pero esta (es otra de las consecuencias que se infieren del concepto de los señores del congreso) tan respetada aun entre las naciones más incultas, debe quebrantarse cuando se trata de Cundinamarca; y este Estado (otra consecuencia no menos absurda) antes de haberse unido con los otros en congreso debe en fuerza de la decisión de los diputados ceder sin reserva todos sus derechos obedeciendo ciegamente el acta de federación, para que aquéllos se engrandezcan y puedan figurar. He aquí destruido cuanto los amantes de esta preciosa provincia han trabajado para sostenerla y conservarla en el esplendor digno de un Estado independiente, y he aquí bosquejados los primeros pasos que ha preparado la instalación del congreso y los principios bajo los cuales se ha celebrado ésta, que no han sido otros que el quebrantamiento de la fe sagrada de unos tratados solemnes y de una condición, cuya influencia directa en la asociación de Cundinamarca en aquel cuerpo no habrá quien pueda negarla. ¡Hombres imparciales, amigos verdaderos de la libertad y de la justicia, deducid de los antecedentes referidos, cuáles serán los progresos de confederación de la Nueva Granada y decidid si los cudinamarqueses deberán continuar en ella!

   Después de leída el acta de los diputados de 2 del corriente, objeto de las reflexiones que se acaban de hacer, se presentaron a la consideración de la asamblea otra acta en que consta la instalación del congreso y algunos oficios de su secretario comunicando a este gobierno las órdenes dictadas por aquel cuerpo en un tono preventivo de depresión y de desprecio, ajeno del decoro con que debe tratarse a un gobierno soberano y de las consideraciones que con él deben tenerse, principalmente cuando se le exigen sacrificios y cuando aún están frescas las llagas que nos había hecho el despotismo de los antiguos funcionarios contra quienes tanto hemos declamado. Entre estos oficios es digno de notarse con especialidad el del 12 del que rige; en él se comunica a este gobierno haber decretado el congreso se reduzca a la forma constitucional, declarándose estar en el caso del artículo 8° del acta federal, que es decir en el de hacerle la guerra.

   La causa de una medida tan dura, tan escandalosa y extraña, en un cuerpo cuyo objeto debe ser el conciliar las diferencias suscitadas entre las provincias que han entrado en la confederación, procurar la paz y la tranquilidad de ellas, consolidar la unión y reunir las fuerzas y los recursos del reino para atacar al enemigo exterior y de ningún modo para destruir como se pretende a los Estados amigos, no es otra que la de que viéndose el pueblo de esta capital amenazado por Baraya, temiendo los excesos de unas tropas prevenidas contra ella y animadas por el espíritu del pillaje y del saqueo, advirtiendo, al mismo tiempo, hollados los preciosos derechos de la libertad y seguridad de sus ciudadanos, considerándose indefenso y expuesto a caer en una verdadera anarquía, pues el poder ejecutivo no obraba con aquella energía tan necesaria en los momentos de peligro, y los miembros de la primera y segunda cámara de la legislatura jamás se congregaban en un número bastante para poder entrar en sesiones; que el centro de la ciudad abrigaba multitud de enemigos que se conducían con el último descaro e insolencia, porque no tenían un freno que los contuviese y, reflexionando por último, que en los peligros de la naturaleza del que nos amenazaba no son las leyes ni la constitución las que salvan la patria, sino el vigor, la energía y la actividad en el gobierno, depositó éste en las manos de un hombre que habiendo dado pruebas de que es libre por principios y de que amaba a su país natal, ha merecido su confianza y removido cualquier temor que pudiera causar el entregarle el mando absoluto del Estado. Esta medida, hija de la prudencia y del deseo de conservar a Cundinamarca, ha sido la única causa como se ve del oficio citado de 12 del presente, de la guerra que hoy le declara el congreso. Prescindamos por un momento de la poderosa reflexión de que siendo éste federativo, cada uno de los Estados de que se compone es independiente y puede, por consiguiente, darse el gobierno que mejor le acomode con tal que no perturbe el sistema general; y supongamos que nuestro citado congreso tenga un derecho para obligar a las provincias unidas a que sus gobiernos hayan de ser tritárquicos o divididos en tres poderes.

   Debe observarse lo primero, que siendo Popayán y Pamplona de la misma confederación, el mando de aquellos pueblos está a cargo de un hombre solo, y lo que es más aún no se han constitucionado y, sin embargo, el cuerpo de la nación calla respecto de aquellas provincias y sólo declara la guerra a Cundinamarca porque ha nombrado quien la gobierne en los momentos de peligro, suspendiendo en parte su constitución. Lo segundo, debe notarse que en los países más libres, en los tiempos en que los males que puedan sobrevenir a la patria son tales, que las leyes fundamentales del Estado sean un obstáculo para defenderla, los pueblos tienen un derecho para suspender su observancia, y casi no se hallará constitución alguna en que no esté expreso este artículo, el cual se conforma con todos los principios de la naturaleza y de la razón, pues siendo el objeto de los gobiernos la defensa y conservación de los derechos del pueblo, éste está en la obligación de quitar todo obstáculo que pueda embarazar el cumplimiento de dicho objeto, y así es que por cualquier aspecto que se considere la declaratoria de guerra hecha a Cundinamarca, se ve que es injusta y ajena de un cuerpo que debía ser el iris de la paz.

   No es sólo el oficio de 12 del corriente el que presta mérito para discutir entre los que se leyeron en la asamblea. El mismo secretario del congreso, con fecha 15 de este mismo mes, dirige al gobierno de orden de aquel cuerpo y con el objeto, según se explica, de ejercer el carácter de conciliador entre Tunja y Santafé, un oficio que el gobernador don Juan Nepomuceno Niño pasó al expresado secretario para que lo pusiese en consideración de aquel cuerpo, el cual se halla lleno de sarcasmos, injurias e invectivas las más bajas, infames e indecentes, no sólo contra la persona del señor Nariño, sino contra esta capital, a quien se apellida orgullosa y se atribuye que con su necia ambición ha retardado la formación del congreso. Si éste fuera, en efecto, un verdadero conciliador, no habría tenido la impolítica de mandar semejante oficio y habría hecho conocer a Tunja el decoro con que debe tratar a un gobierno soberano como el de Cundinamarca, la buena armonía que deben guardar entre sí los Estados, pues proceder de otro modo, es soplar el fuego de la discordia, cuando se aparenta que la intención es extinguirlo. Este es un hecho sobre que podríamos reflexionar largamente, pero nos distraeríamos del objeto principal de este papel, que ha sido dar al público una idea de los sucesos ocurridos el 22 del presente, y así volvamos a ellos.

   Concluida la lectura de los documentos que se consideraron conducentes para la instrucción de la asamblea en las materias que debían decidirse, el excelentísimo señor Nariño expuso que siendo una de las órdenes comunicadas por el congreso el que el gobierno de la provincia se reduzca a la forma constitucional, la primera cuestión que debía decidirse era la de si quedaba su excelencia en el mando o quitándosele de él se restituían las cosas al estado que tenían el día 9 del último septiembre. Se discutió este punto, hablando todo el que quiso con la mayor libertad. Después de debatida la materia con la detención posible, se redujo la moción a estos precisos términos: "¿queda el gobierno como está en el señor Nariño, o no queda?". Y para evitar en la votación respetos, comprometimientos, consideraciones personales y confusiones, se resolvió que ésta se hiciese por rayas o líneas, poniéndose un pliego de papel, sentándose en la derecha de él la afirmativa de la moción y en la izquierda la negativa; y rayando cada uno de los individuos que se hallaban presentes en el lado en que estuviese el extremo de la referida moción, por el cual se decidía a votar. Adoptado este medio sencillo para obviar la duplicación de líneas y por consiguiente de votos respecto de una misma persona, a pedimento de los secretarios de Estado fueron nombrados don Manuel de Pombo y el síndico procurador general don Victorino Ronderos para que en asocio de aquéllos presenciasen la votación, tomándose igualmente la precaución de que los votantes entrasen por una de las puertas del salón y, habiendo sentado su sufragio, saliesen por otra. Verificada en estos términos la operación y no habiendo habido uno solo de los concurrentes que sufragase por el extremo negativo de la moción, esto es, porque dejase de ser presidente el señor Nariño, se advirtió que algunos no habán votado por ninguna de las dos partes de aquélla, exhortó dicho señor a los que hicieron esta advertencia a que especificasen los sujetos que habían negádose a prestar su sufragio, y como uno de los asistentes hubiese dicho que el canónigo doctoral doctor don Rafael Laso había sido uno de aquellos, se dirigió a él el excelentísimo señor presidente y, en términos demasiado urbanos y comedidos, le dijo que se sirviese sentar su voto ya fuese accediendo a que su excelencia quedase en el mando, ya expresando que no debía quedar, pues el que gobernase su excelencia u otro cualquiera era una cosa indiferente; pero que no lo era el que hubiese un gobierno y que todo ciudadano de cualquier clase o condición debía propender a ello. Estas reflexiones no hicieron impresión alguna en el canónigo Laso, pues éste resistió prestar su voto excusándose con el temor de la irregularidad. Se le persuadió de que no había este peligro, así por el señor Nariño, como por otros varios individuos de la asamblea y, entre ellos, por los miembros del cabildo eclesiástico; pero todo fue infructuoso y Laso se negó absolutamente a sufragar. Viendo el señor Nariño la tenacidad de aquél, le previno o que diese el voto por uno de los dos extremos de la moción o que desocupase la provincia en el término de 24 horas. Apenas oyó esto aquel eclesiástico ofuscado con las ideas del gobierno español, cuando se despidió y salió de la sala. Este es puntualmente el suceso ocurrido con el canónigo Laso y por su simple narración se convence la justicia con que se le ha expatriado.

   El hombre es libre para vivir bajo el gobierno que mejor le acomode, pero no lo es para dejar de reconocer el constituido en el país donde vive, pues si hubiera semejante licencia, las autoridades no serían respetadas; le sería lícito al ciudadano vivir sin ley y sin superior; y, en una palabra, ésta se vería envuelta en los horrores de la anarquía, pues habitarían en su seno hombres a quienes el gobierno no tendría derecho para contener y reducir a su deber. Esto era justamente lo que iba a suceder respecto del canónigo Laso y de los muchos que sin duda hubieran seguido su pernicioso ejemplo si se hubiera tolerado, y el evitar estos terribles males ha sido la causa de su expatriación justificada por cuantos aspectos se mira.

   Queriendo aún el excelentísimo señor presidente examinar con más prolijidad la voluntad del pueblo en orden a si su excelencia debía quedar al frente del gobierno a pesar de que, como se ha dicho, no hubo una sola persona de las que prestaron sus sufragios que no lo diese por la parte afirmativa del problema, temiendo que algunos, como el canónigo Laso, hubiesen dejado de prestar su sufragio, propuso se hiciese de nuevo la votación por señales exteriores levantando la mano los que fuesen de concepto que quedase su excelencia en la presidencia y dejándola baja los que opinasen que no debía quedar, para que de este modo ninguno pudiese excusarse a votar. Se verificó en efecto la votación; en estos términos no se advirtió que hubiese alguno que dejase de levantar la mano entre los que componían aquel numeroso concurso y al mismo tiempo de realizarse este acto, se oyeron resonar vivas y aclamaciones en favor del señor Nariño. manifestando el pueblo el último entusiasmo; y así se decidió, tanto por la votación primera hecha por las líneas o rayas como por la segunda y por la aclamación del pueblo, que el gobierno debía quedar en el referido señor Nariño.

   Resuelto, en estos términos, con aplauso general de la asamblea, el primer problema propuesto, el excelentísimo señor presidente dijo que era llegado el caso de que se entrase en la cuestión si debían obedecerse o no las órdenes dictadas por el congreso y comunicadas a este gobierno por su secretario, las cuales se dirigen a que Cundinamarca remita 500 fusiles para aumentar la fuerza de don Antonio Baraya y restablecer la confianza interior; a que dé cuenta de las tropas, armas útiles y pertrechos con que deba contarse y, finalmente, a que remitiese a Popayán una expedición de 500 hombres armados al mando del jefe que destinase el mismo congreso. Todas estas órdenes, como se conoce a primera vista, sólo tienen por objeto el dejar desarmada a Santafé y el que ésta haga la defensa general del reino; ellas, pues, fueron las que el señor Nariño propuso a la asamblea resolviese si debían o no obedecerse, añadiendo que debíamos contraernos en particular a dichas órdenes porque en lo sucesivo podían venir otras, que dirigiéndose al bien general deberíamos observarlas. Se repugnó por algunas esta moción, fundándose en que habiendo el congreso quebrantado todos los pactos celebrados en Cundinamarca, y faltado a la condición precisa bajo la cual el colegio revisor del acta de federación convino en aprobar ésta, y en que esta provincia se uniese en congreso con las demás del reino.

   Se reflexionó que aun en los contratos particulares, faltando la condición, el contrayente quedaba libre de toda obligación y no podía compelérsele al cumplimiento de lo que había tratado por aquél; que primero había contravenido el pacto, pues esa misma contravención disolvía el vínculo que los ligaba; que supuestos estos principios, Cundinamarca no estaba en el caso de federar con las otras provincias, pues sus diputados desconocían los pactos bajo los cuales se había comprometido a la unión. Estas reflexiones, que fueron de la general aprobación del pueblo, obligaron al excelentísimo señor presidente a variar la moción reduciéndola a esta proposición: En vista de los documentos que se han hecho presentes, ¿estamos en el caso de federación, o no?; reducido el punto a votación, que se previno se hiciese por señales exteriores, levantando la mano los que votasen por la parte negativa y dejándola baja los que lo hiciesen por la afirmativa; se decidió por la totalidad de los concurrentes (pues no se advirtió que hubiese quien fuese de voto contrario) que no estábamos en el caso de federación; y al mismo tiempo se oyó el clamor general de la asamblea que con el más vivo interés seguraba que no debíamos continuar en congreso.

   Un joven imprudente gritó que dos de los individuos de la asamblea habían dado sus votos por la afirmativa de la proposición, esto es, habían opinado que estábamos en el caso de federar. El señor Nariño improbó el hecho de dicho joven; lo reprendió; mandó que se le retirase de la sala, y habiendo advertido que cada ciudadano era libre para votar por cualquiera de los extremos de la moción, pues de otro modo sería ocioso el convocarlos, ni reducir las materias a votación; previno se hiciese de nuevo la del problema propuesto y, repetido el acto, se decidió igualmente que en el anterior, que no estábamos en el caso de federación, confirmándose este concepto por la general aclamación de la asamblea.

   De este modo quedaron resueltas por el cuerpo más augusto y legítimo que se ha congregado en la capital, con plena libertad y en medio de la tranquilidad y el sociego, las dos cuestiones interesantes sobre que el excelentísimo señor presidente quiso consultar la voluntad del pueblo soberano. Decidan ahora los hombres imparciales, si el gobierno de Cundinamarca es legítimo; juzguen, si después de habérsele faltado a la fe sagrada de los pactos debe continuar en federación; y si es justa en esta parte la determinación de la asamblea; y esperamos entre tanto nosotros que su juicio, siendo, como será, conforme al nuestro, confunda la maledicencia de los que critican nuestras operaciones e intentan arruinar nuestra patria, y adquiramos cada día nuevo entusiasmo para defender ésta y conservarla en la plenitud de su derechos.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 30 de octubre de 1812. t. II.. No. 84. p. 412-417.

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ACTA Y DOCUMENTOS DEL CONGRESO REUNIDO EN VILLA DE LEIVA

RECONOCIMIENTO DE NARIÑO COMO PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA Y RESOLUCION SOBRE LA NO PARTICIPACION EN LA FEDERACION. Villa de Leiva, octubre de 1812.

ACTA

   Celebrada en Santafé de Bogotá, en cabildo abierto, con asistencia de todos los tribunales y empleados, y los padres de familia del alto y bajo pueblo, en 22 de octubre de 1812, en que se sancionó a totalidad de votos; que conviene que continúe el excelentísimo señor don Antonio Nariño con el mando absoluto del Estado. Y que Cundinamarca no debe federar por ahora, en congreso, con las demás provincias.

   En la ciudad de Santafé, a 22 días del mes de octubre de 1812, reunidos en el salón dispuesto al efecto en las aulas públicas que han sido del colegio de San Bartolomé, a presencia del excelentísimo señor presidente actual de este Estado de Cundinamarca don Antonio Nariño, varios señores individuos de la representación nacional de esta provincia sin el actual ejercicio, a saber: don Manuel Benito de Castro y don Joaquín de Lee, consejeros propietario y suplente; don Pedro Groot, presidente; don Manuel Pardo y don José María Salazar, de la primera cámara de senadores; don José Gregorio Gutiérrez, presidente, y diez miembros de la segunda cámara de la legislatura; 13 de los del poder judicial con sus presidentes de las respectivas salas don Juan Jurado, don José Miguel Pey y don Francisco González Manrique; corregidor y cuerpo cívico; seis individuos del venerable cabildo eclesiástico con el señor gobernador del arzobispado don Juan Bautista Pey de Andrade; los prelados de las siete órdenes regulares, curas rectores de la catedral y parroquias; rectores de los colegios y universidad, tribunales y empleados de hacienda, jefes militares, comerciantes, hacendados y crecido número de padres de familia; todos a precedente convocación general, por billetes y bando; el excelentísimo señor presidente hizo una sencilla manifestación de los objetos con que había dispuesto se celebrase esta junta del verdadero pueblo de esta capital, ya que la premura del tiempo y de las circunstancias no daban lugar a la convocatoria de los de la provincia.

   Expuso en seguida su excelencia la importancia de los asuntos que en esta asamblea se iban a tratar, en que nada menos se versaba que la salud y felicidad pública, y por consiguiente la de cada uno de los concurrentes en particular; pero que por lo mismo debía allí todo hombre manifestar franca y libremente su sentir, sin el menor recelo de que por su opinión se le siguiese daño alguno, a cuyo efecto ofrecía a todos la garantía correspondiente. Añadió su excelencia que aunque en honor de la misma asamblea se había hecho venir un guardia de bandera, se retiraría desde luego, para evitar aun el más remoto recelo de violencia u opresión. Hizo aquí alto su excelencia para oír en este punto el voto de los concurrentes. Algunos fueron de sentir que debiéndose al decoro del excelentísimo señor presidente del Estado esa guardia de honor, y más cuando concurría el respetable pueblo que se hallaba presente, no era de hacerse novedad, y mucho menos en circunstancias de haber éste ya manifestado una total confianza en las operaciones de su actual presidente. Otros, por el contrario, creyeron ser más conveniente, en honor mismo de los procedimientos de su excelencia y para obviar todo pretexto de coacción o de recelo, el que se retirase la guardia, lo que así se verificó inmediatamente, de orden de su excelencia.

   Hecho esto, tomó de nuevo el excelentísimo señor presidente la palabra diciendo: "El objeto de esta convocatoria es de una importancia tan grande que de la deliberación que se tomare puede depender la suerte no sólo de Cundinamarca, sino de toda la Nueva Granada. Se trata nada menos que de resolver las grandes cuestiones de si se debe restituir el gobierno al orden constitucional; si la provincia debe quedar reducida al territorio capitular; si debemos poner nuestras armas, pertrechos y municiones en manos de don Antonio Baraya por medio del congreso, o si Cundinamarca debe cuidar por sí misma de su defensa y seguridad. No me detendré señores a reflexionar sobre estas materias, porque no se diga que prevengo los ánimos; los documentos que se van a leer dan por sí solos bastante luz para que por ellos se forme juicio. Sólo os suplico que depongamos por estos momentos todo espíritu de partido, todo resentimiento y mira particular. Cuando se trata de la salud de la patria, todas las pasiones deben enmudecer".

   Dicho esto y para entrar en materia dispuso su excelencia se fuesen leyendo los documentos procedentes del congreso, y que motivan la presente junta, dándose principio por el acta de instalación de aquel supremo cuerpo. Se pasó a la de la calificación de poderes de todos los señores diputados de las provincias, celebrada por éstos en 2 del presente mes, y remitida por los de Cundinamarca con oficio de 7 del mismo, que también se leyó. Como en estos documentos se hiciese individual mención y mérito de los tratados que en 18 de mayo último celebró el poder ejecutivo de esta provincia con los diputados don Frutos Joaquín Gutiérrez, y don José María del Castillo, especialmente autorizados para ello por sus demás compañeros residentes en Ibagué; se mandaron también leer y se leyeron éstos y los últimamente concluidos en Santa Rosa a 30 de julio de este año, entre el gobierno de Tunja y los plenipotenciarios de Cundinamarca; habiéndose hecho notar de paso que en la citada acta de calificación de poderes no sólo se revocaba a duda su observancia, sino que aun se había contradicho expresamente, como de ella resulta. Leyóse en seguida el acta celebrada por el serenísimo colegio de esta provincia revisor de la federación, en 29 de mayo último, en que se aprobó y ratificó dicha acta de federación en los términos y con las limitaciones que lo hizo el supremo gobierno de este Estado en los referidos tratados de 18 del mismo mes.

   En este estado hizo presente el señor Nariño, que así por el tenor de los tratados a que él mismo provocó por el oficio que en ellos se cita, como por otros muchos documentos, se manifestaba sin género de duda, y a pesar de cuanto decían sus enemigos, que muy lejos de haberse opuesto a la formación del congreso, había propendido eficazmente a ella; haciendo marchar con toda brevedad a los diputados de esta provincia al lugar destinado para residencia del congreso, y mandando franquear con puntualidad $4.000 que de pronto se le habían pedido para sus primeros fondos.

   Siguiéndose después la prevenida lectura de documentos del congreso, se vio en primer lugar la orden que con fecha 12 del corriente comunica al señor secretario don Crisanto Valenzuela, con inserción del decreto del día 8, en que se manda intimar a este gobierno se reduzca a la forma de popular representativo y dividido en poderes, conforme a los artículos 6 y 7 del acta federal, con declaración de estarse en el caso del artículo 8 de la misma. Con este motivo, y para la debida inteligencia de esta orden, se mandaron leer y se leyeron los citados artículos, y el señor presidente hizo notar a la asamblea que el último de ellos contiene una formal comunicación o declaración de guerra, para en el caso de no reducirse a constitucional este gobierno.

   En este acto el señor don Pedro Groot, actual director del tesoro público, hizo observar que Cartagena y Popayán habían nombrado dictadores, y no se había hecho notable esta deliberación, y que actualmente estaba el gobierno de la segunda de dichas provincias a mando del dictador don Felipe Antonio Mazuera, y con todo eso no se sabía que se le hubiese hecho por el congreso la intimación que al de Cundinamarca; para que se conozca, añadió, que sólo tiene parte en la resolución del congreso la arbitrariedad y el odio a Santafé. El señor don Manuel de Andrade, miembro de la legislatura y del cabildo eclesiástico, expuso que verdaderamente era popular representativo nuestro actual gobierno: popular porque lo había constituido el pueblo; y representativo porque sin otra diferencia que la de hallarse aquí el poder ejecutivo en una sola persona, en lugar de las varias que asignaba la constitución, gobierna el presidente a nombre o en representación del pueblo. A más de que (continuó) cuando los pueblos libres se ven amenazados de peligros interiores o exteriores que atacan a su libertad, pueden variar la forma de su gobierno y adoptar la que les parezca más conducente para salvarlos.

   Dijo a este tiempo el regidor don Miguel José Montalvo, que el artículo 58 del acta de federación manifestaba que los poderes de la unión no quedarían distribuidos hasta que se fijase el número permanente de diputados que había de quedar en el congreso, o lo que es lo mismo, hasta la formación de la convención general de que habla el artículo 61; que en el 59 se declaraba que el congreso, creando fuera de su seno los tribunales convenientes que atendiesen al ramo judicial, debía reservar en sí el poder ejecutivo y legislativo, y ejercitarlos en común; luego habiendo, como hay, en Cundinamarca, tribunales de justicia separados del actual gobierno, cuales son las salas de apelaciones y de reposición, en que no se ha hecho novedad, y el supremo consejo de guerra, a que se ha añadido la atribución de tribunal de seguridad y vigilancia, no debe chocar que el presidente del Estado ejercite por ahora los poderes legislativo y ejecutivo cuando en esto no hace otra cosa que imitar exactamente al congreso, y continuar un gobierno provisional análogo al general que hoy tiene la unión, que es lo que se previene en el artículo 7 de la misma acta federal.

   Aquella confusión de poderes en el congreso (replicó el contador de la casa de moneda don Manuel de Pombo) es solamente mientras se forma la convención general, y se hace la constitución que la debe gobernar. También la medida tomada en Santafé (repuso Montalvo) es provisional; ella debe durar solamente hasta que removidos los peligros que hoy nos rodean, se asegure la tranquilidad interior del Estado. Apoyó breve pero eficazmente el señor don Miguel Tobar (miembro también de la representación nacional en el tribunal de residencia) el pensamiento del señor Andrade, y con esto se procedió a la lectura de la segunda orden del congreso, de 12 de octubre, en que sé previene a este gobierno remita a la mayor brevedad 500 fusiles encajonados. Luego que se hubo oído, expuso el señor don Pedro Groot tener noticia positiva por carta de sujeto fidedigno e impuesto en las cosas del congreso, del encono con que muchos de los miembros de aquel cuerpo miraban a Santafé, hasta el grado de declararle la guerra con el principal objeto de quitar de la presidencia al señor Nariño, poner aquí el congreso haciendo esta ciudad federal, pues todos los individuos de que ahora se compone dicho cuerpo, lo que quieren es vivir en Santafé, y que la petición de las armas no llevaba otro objeto que entregarlas a don Antonio Baraya para esta conquista. También se ha dicho, añadió el señor brigadier don José Miguel Pey, que Baraya había asegurado respondía de la seguridad del reino por el norte con los 700 fusiles y demás armas que retienen en Tunja, y por consiguiente no había necesidad de los 500 fusiles que se exigen.

   Se leyó en seguida otro oficio a que se refiere el antecedente, y contiene la orden general para que se dé razón de las armas útiles, y pertrechos con que el congreso pueda contar por parte de cada una de las provincias. Otra en que se manda alzar, según se explica, el embargo de las personas de doña Josefa Niño y doña Manuela Barona para que se reúnan a sus maridos; otro en que se ratifica la demarcación del territorio federal de la Villa de Leiva, hecha de antemano por los mismos señores diputados al congreso sin contar con este gobierno, sobre que el señor presidente hizo notar de paso la infracción del segundo artículo de los tratados de 18 de mayo en que pactó que la designación del territorio debía ser con acuerdo de este gobierno.

   Leyóse igualmente el último oficio recibido del congreso, su fecha 15 de este propio mes, y copia que acompaña del que ya dicho cuerpo dirigió el gobierno de Tunja en 13 del mismo, en que con el objeto, según se expresa, de conciliar los ánimos y desavenencias entre aquél y este Estado, concluye haber deliberado el congreso que el general don Antonio Baraya, reforzando sus tropas con los 500 fusiles pedidos en oficio de 12 del corriente, siga a arrojar los enemigos de Cúcuta, al mismo tiempo que de esta capital partan 500 hombres con las correspondientes armas y pertrechos en auxilio de Popayán, y a las órdenes del comandante en jefe que nombraría el mismo congreso.

   A este tiempo se hizo sentir en la asamblea un notable murmullo, especialmente al oírse las repetidas cláusulas ofensivas y de amenazas que contra el señor don Antonio Nariño, y aun contra Santafé, se advierten en el oficio de Tunja al congreso, contenido en la citada copia. El señor presidente llamó entonces la atención, e impuesto silencio, dijo que de todo lo que allí sonaba de calumnias y denuestos contra su persona, se debía prescindir absolutamente; y no pararse la consideración sino en lo que era el verdadero interés de la patria; que se fijase la atención principalmente en aquellas expresiones: pues arranquemos de una vez esta piedra de escándalo... Que Santafé entregue al congreso general, y traslade a Leiva los fusiles, la artillería, pólvora, balas, todos los pertrechos, todas las lanzas, todas las espadas; en una palabra, todos los instrumentos de guerra; y se viese si de todo ello se deducía el ánimo decidido de que Santafé quedase del todo indefensa y a la discreción de sus enemigos: que este mismo aspecto presentaban los documentos que aún faltaban por verse, y se prosiguiese en su lectura. En efecto se leyó un oficio de los señores representantes de esta provincia, su fecha 10 de este mes, en que dicen estar manifiestas y declaradas en el congreso las ideas de separar de Cundinamarca todos los pueblos que espontáneamente y con repetidas instancias se le habían agregado, reduciendo su representación a los límites de su antiguo cabildo, con el fin de fijar en esta capital la residencia del congreso; que de aquí nace el empeño que ha tomado este cuerpo de que se restablezca el gobierno constitucional, para separar al actual señor presidente de la autoridad que el pueblo le ha confiado, al propio tiempo que le pide 500 fusiles, quedando suspensa la resolución de hacerle guerra sangrienta a Santafé, según se recelan, si no se accede a las actuales determinaciones del mismo congreso.

   Ultimamente se leyó el oficio dirigido al excelentísimo señor presidente de este Estado por el señor diputado de Casanare don Juan José de León, con fecha 13 del presente mes, en que dando a su excelencia las gracias por la buena disposición manifestada en oficio de 7 del mismo, a la diputación general de las provincias, ofreciendo mil hombres armados para la defensa de aquel interesante punto, con la condición de que don Antonio Baraya siguiese a rechazar los enemigos de Cúcuta, se duele de la frialdad con que los señores diputados miran la defensa de Casanare, no admitiendo por ahora la oferta de los 1.000 hombres, sino reservando hacer la aplicación de ellos a los puntos importantes a la defensa del reino. Díjose a vista de este documento que su contexto confirmaba la idea de que sólo se querían los auxilios de armas para reforzar a don Antonio Baraya, prescindiéndose de lo demás.

   Concluida así la lectura de los documentos que se juzgaron de más importancia para instruir a la junta en los asuntos del día, expuso el señor presidente que siendo una de las órdenes expedidas por el congreso la de que este gobierno se restableciese al ser constitucional, y dependiendo por otra parte de este principio la resolución de los demás puntos tocados, creía que la primera cuestión que debía decidirse era la de si quedaba su excelencia en el mando, o si separándose de él, se restituían las cosas al estado que tenían el día 9 de septiembre próximo pasado. Para ello ratificó su excelencia la garantía que ya había protestado, y bajo la cual todos los concurrentes podían y debían expresarse francamente, sin temor de persecución, ni de otro algún perjuicio, suplicando que respecto de su persona se depusiese absolutamente todo miramiento de afección y partido, protestando (como ya lo había hecho en diversas ocasiones) que jamás se excusaría de servir a la patria en ningún destino a que se le aplicase; que estaba pronto y dispuesto a separarse no sólo de la presidencia, sino también de todo el reino, si para salvarlo se creyese así conveniente, y aun haría en tal caso el sacrificio de su vida; como lo haría también sufriendo la muerte, antes que abandonar la patria en medio de los mayores peligros.

   Como ya se había hablado antes sobre este particular, sólo se trató de fijar la moción, que se redujo a estos precisos términos: ¿Queda el gobierno como está en el señor don Antonio Nariño, o no? Acordóse en el acto que, consultando a la mayor franqueza y libertad en la votación, evitándose todo recelo de comprometimientos o respetos, se hiciese individual y privadamente, sentándose cada voto en un papel, por medio de una señal que manifestase la afirmativa o negativa, a cuyo efecto, doblando por la mitad el pliego de papel, se puso a la margen derecha la inscripción de afirmativa, y a la izquierda la de negativa, tirándose en ambos lados líneas rectas sobre las cuales debían ir señalando con rayas los sufragantes sus respectivos votos.

   Esto así dispuesto, y deputados a solicitud de los secretarios de Estado, dos sujetos, que como en calidad de escrutadores presenciasen la votación, y lo fueron don Manuel de Pombo y don Victorino Ronderos, actual procurador general, se dio principio a ella, precedida (para evitar toda confusión y desorden) la disposición de que los sufragantes entrasen por la una puerta y saliesen por la otra de las dos que tiene el salón. Hecho esto, y habiendo sido necesario poner por el indicado método varios pliegos de papel para estampar los votos de los concurrentes, resultó la afirmativa por totalidad, por no haber aparecido ni uno solo por la negativa.

   Publicada en estos términos la votación, fue allí mismo generalmente aplaudida y celebrada con vivas y aclamaciones.

   Se advirtió en este estado que el canónigo doctoral doctor don Rafael Lasso de la Vega se había mantenido firme en su asiento, y por consiguiente que no había concurrido a votar, y avisado de ello el señor presidente, lo reconvino con atención, haciéndole ver que debía concurrir a la votación como todos los demás asistentes, ya fuese por la afirmativa o por la negativa. Excusóse diciendo que de resultas de aquella deliberación podía sobrevenir declaración de guerra y consiguiente efusión de sangre, y que por lo mismo no debía votar por temor de la irregularidad. Y aunque en el mismo acto se le persuadió por varios de los concurrentes, y entre ellos algunos de sus mismos compañeros del cabildo eclesiástico que no debía temer tal irregularidad, se mantuvo el doctor Lasso en la resistencia a votar. En vista de esto el señor presidente, haciéndole ver que aunque era cosa indiferente que el gobierno estuviese en manos de su excelencia o de otro cualquiera, no lo era el que hubiese un gobierno a quien todo ciudadano debía reconocer y obedecer, o si éste no le acomodaba debía desamparar la ciudad. Pero como, a pesar de todo se mantuviese el doctor Lasso en su propósito, le intimó allí mismo el señor presidente que, o se prestase a votar por la afirmativa o negativa de la moción propuesta, o saliese dentro de 24 horas de la provincia. Oído lo cual se retiró aquel eclesiástico de la asamblea sin más réplica ni dilación.

   Este suceso desagradable dio motivo para dudar si algunos otros de los concurrentes habían dejado de votar en el particular. Por lo cual, queriendo el señor presidente explorar con más escrupulosidad la libre voluntad del pueblo, dispuso se repitiese la votación por señales sensibles, levantando la mano los que fuesen de parecer que quedase su excelencia en el mando, y dejándola en su postura natural los que estuviesen por la negativa. Lo que así verificado, repetida la moción, resultó nuevamente por totalidad resuelto que quedase el señor Nariño con el gobierno de la provincia.

   Concluido así este particular y cuando se trataba de entrar en los demás puntos pendientes, habló el señor don Camilo Manrique, individuo de la legislatura, sobre la importancia y necesidad de la venida del ilustrísimo señor arzobispo de esta diócesis don Juan Bautista Sacristán, así para los objetos primitivos de su ministerio, como para restablecer la paz y conciliar los ánimos en medio de las presentes disensiones. Tomó entonces la palabra el canónigo magistral don Andrés Rosillo diciendo: "Excelentísimo señor: he puesto anteriormente en las superiores manos de vuestra excelencia una representación dirigida a pedir que sea invitado y llamado con instancia por este gobierno, el ilustrísimo señor doctor don Juan Bautista Sacristán, dignísimo arzobispo de esta diócesis, haciendo ver la importancia y justicia de esta solicitud. Acompañé documentos que demuestran hallarme comisionado por el muy venerable señor deán y cabildo de esta metrópoli y ambos cleros, a fin de promover este negocio, y creo que me corresponde llenar las interesantes funciones de mi encargo en la oportuna ocasión que vuestra excelencia preside esta asamblea respetable compuesta de los cuerpos más ilustres, de todos los órdenes del Estado y de numeroso pueblo.

   No trato de difundirme renovando la memoria de las urgentísimas necesidades que claman por la personal asistencia del prelado y que tengo indicadas en un papel, que acerca de la misma cuestión presenté a mi cabildo, y corre impreso. El arreglo y formación del clero, la observación de la disciplina, el amparo de las iglesias, el socorro de personas miserables, el indispensable auxilio de la propagación espiritual por la sucesiva creación de sacerdotes y ministros, no hacen más que una parte de esta fatal necesidad, y no me sería dificultoso concluir que la subsistencia de la Iglesia, y la integridad y pureza de la religión, bienes de orden sublime, se hallan expuestos a peligrar en nuestro país, y están precisamente aligadas con la pronta restitución del ilustrísimo señor arzobispo. ¡Qué miseria, señor excelentísimo, qué plaga tan terrible para este pueblo tan cristiano y piadoso que conoce bien la gravedad de su riesgo y que anhela sin duda por la vista de su pastor, que es el único y eficaz remedio de tan formidable daño!

   Lo cierto es que el riesgo crece y cada día se descubren muchos motivos de apresurar este socorro de la Iglesia. Acabo de saber que el gobierno de Tunja insta a los señores gobernadores del arzobispado por la constitución de un vicario revestido de grandes facultades en aquella provincia que despache todos los negocios eclesiásticos. Veamos en esta pretensión la amenaza y el antecedente de muchas consecuencias infaustas. Al primer golpe de vista se comprende la insuperable dificultad de realizar tal proyecto, porque el ilustrísimo señor arzobispo no ha conferido poder para el establecimiento de esas delegaciones permanentes, incircunscritas y absolutas, y esos mismos señores a quienes se ha ocurrido carecen de autoridad para condescender a la propuesta. Es de temer que se insista en el pensamiento, que se multipliquen las solicitudes de esta clase, y que la denegación ocasione quimeras, altercados y desórdenes muy graves, que llenen la Iglesia de confusión. La falta del prelado es causa de novedades tan funestas, y solamente su presencia bastaría para ocurrir a cualesquiera disturbios y escándalos que puedan suscitarse.

   No es fácil previese tantos inconvenientes cuando la representación nacional de esa provincia decretó la inadmisión del prelado. Razones y presunciones políticas la indujeron a creer que convenía al beneficio de la causa pública abrazar ese partido, recelando que la venida de persona tan recomendable tendría sobrado influjo para trastornar el gobierno. Mas en la época actual han variado visiblemente las circunstancias, y yo me atrevo a sostener que razones políticas y el interés de la causa pública demanda la reforma de aquella deliberación. Muy distantes nos veríamos de abrasarnos en el fuego de las disensiones y horrible división que nos inquieta y consume. No seríamos hoy el pasto del monstruo de discordia que no está devorando si hubiésemos logrado la presencia del pastor. ¡Ah! Ella sola sería suficiente para serenar la tempestad, cortar desavenencias, deshacer facciones y partidos, y hacernos gustar las delicias del sosiego en el seno de la tranquilidad.

   Sí, señor excelentísimo, yo protesto y aseguro a vuestra excelencia que nuestro digno prelado sería el ángel de paz, el principal autor de la conciliación y feliz quietud del pueblo. Bien lejos de contribuir a la disociación o de perturbar el gobierno, le afirmaría, influyendo en la unión; tengo por infalible que su caridad y celo no le permitirían ahorrarse de exponer su persona y respetos por ocuparse en pacificar a todos. Por el contrario, yo temo con demasiado apoyo, que si continúa su retiro, lluevan sobre nuestras cabezas todos los golpes y rayos de la justicia del cielo: que seamos contados entre las gentes desgraciadas, y que paremos en trágica desolación. Es muy delicado el sagrado de la prelacia, y todos los siglos son testigos de la severidad y prontitud con que Dios vuelve por ella. Este conocimiento y experiencia hizo decir al santo rey Esteban en las últimas instrucciones que daba a su primogénito: 'Hijo mío cuida mucho de los obispos, que son ángeles tutelares de los fieles, y sin ellos no tienen duración los imperios'. Las experiencias en el particular son terribles y demasiado frecuentes. El ilustrísimo y venerable señor Palafox,en carta de 12 de septiembre de 1647 que dirigió al rey, hace larga relación de acontecimientos funestos y espantosos, y de una serie de miserias y desdichas sucedidas en su tiempo en México, Manila, Honduras, Isla Hermosa y otros diferentes lugares que probaron el cáliz amargo de las iras de Dios, por haber injuriado o expelido a sus obispos. Yo no acabaría mi arenga si consistiera en profundizar el asunto, aunque me ciñera al referir pasajes de los libros sagrados. Nos bastará recordar que todas las desdichas lamentables de Jerusalén y su reino en tiempo del furioso Antíoco fueron consiguientes a la persecución y repulsa del sumo sacerdote Onías. Así no será mucho recelar que si continúa la expulsión de nuestro deseado pastor, se agraven y reagraven muchos males, y que sea ya un castigo de ella ese espíritu de discordia, de vértigo y de error que parece estar reinando y que acabamos de ver en las operaciones sobre que se ha tratado en esta concurrencia.

   Aspiremos a eximirnos de esta plaga trayendo nuestro prelado a su silla. De un pastor que dichosamente reúne las cualidades más brillantes: de un prelado sabio, discreto, prudente, generoso, político, amable, despreocupado, que lleva consigo todos los atractivos y alicientes para ganar a los demás como el señor Sacristán, ¿qué podemos esperar si no bienes?

   Dígnese por tanto vuestra excelencia añadir al sumo honor que le resulta de ser hoy, como acaba de ser, aclamado y confirmado en la exaltación del mando y gobierno de Cundinamarca por unánime consentimiento y con general satisfacción y regocijo de este nobilísimo pueblo; dígnese vuestra excelencia digo, añadir la inmortal gloria de alegrar las iglesias y felicitar y complacer a tantos pueblos que aguardan el día dichoso de ver a su prelado. No dude vuestra excelencia que este será el más seguro arbitrio de prosperar sus designios, de afianzar el acierto constante de sus pensamientos, de fijar el éxito glorioso de todas nuestras empresas. El Dios de las piedades derramará sus bendiciones sobre esta región afortunada; correrán las gentes y los pueblos de todas partes para reunirse a su pastor; Cundinamarca será el objeto de sus delicias; y vuestra excelencia el autor que llena de consuelo, de satisfacción y de placer al clero, a los hombres virtuosos, a todos los diocesanos del arzobispado, que oirán esta alegre noticia con extremado gusto, la recibirán con aplauso, y vivirán con perpetuo reconocimiento".

   Oído con atención y aplauso este razonamiento, habló el doctor don Juan Manuel García de Tejada, presbítero (miembro también de la legislatura) diciendo que aunque en efecto era cierto cuanto se acababa de proferir acerca del señor arzobispo, de quien el exponente había merecido elogios; pero que no le parecía tiempo ni lugar oportuno para tratar allí de otra cosa que de la seguridad y defensa de la patria, cuando nos veíamos ya casi cercados de las bayonetas. Por lo mismo replicó el doctor Rosillo que nos vemos amenazados de una guerra civil, debemos propender eficazmente a poner entre nosotros un ángel de paz que medie entre tantas discordias.

   Dijo entonces el señor presidente que conocía en persona al ilustrísimo señor arzobispo don Juan Bautista Sacristán, y le eran constantes todas sus recomendables prendas y circunstancias; que estaba también penetrado de los sentimientos de utilidad y necesidad que esta diócesis había de su dignidad y ministerio; pero que al mismo tiempo estaba íntimamente persuadido de que así como podía hacer mucho bien con su influjo, respeto, y demás recomendaciones que le hacen tan apreciable, así también podría sernos muy perjudicial si no se manifestaba adicto a nuestro actual sistema de gobierno e independencia. Que este era un asunto de mucha gravedad y delicadeza, que debía mirarse con más detención de la que permitían las actuales circunstancias que llamaban la atención a evacuar los asuntos pendientes del día. Que aún faltaban decidirse puntos muy interesantes, y entre ellos el que ya se había tocado sobre si se remitían, o no, al supremo congreso los 500 fusiles que pedía.

   En este particular fue don Manuel Pombo de concepto de que el poder ejecutivo, esto es (según después explicó) el excelentísimo señor presidente del Estado a quien se acaba de confiar el nuevo gobierno, era el que debía resolver lo que estimara más conveniente procurando y prefiriendo los medios de conciliación. Hizo a este propósito una breve descripción del fatal estado en que se halla el reino, y los grandes riesgos que por todas partes nos amenazan, ponderando en consecuencia la necesidad de reunir los sentimientos, los recursos y las fuerzas, para rechazar a los enemigos de nuestra causa.

   El señor presidente hizo ver que estos eran unos puntos de mucha trascendencia y cuyas resultas iban a recaer precisamente sobre la totalidad del pueblo, y por consiguiente sobre cada uno en particular; que con esta consideración había hecho la presente convocación del verdadero pueblo de esta capital, pues quería absolutamente que el bien o el mal que resultase de las deliberaciones le viniese de sus propias bocas, o de su libre voluntad; y que en consecuencia proponía de nuevo para la resolución de la junta la cuestión de si se entregaban los 500 fusiles pedidos por el congreso, o diría mejor de una vez, si se había de dar cumplimiento a las órdenes de aquel soberano cuerpo; que conocía muy bien la gravedad de la materia, y que pedía larga y seria meditación; que por lo mismo muy lejos de tratar su excelencia de que ella quedase decidida en esta mañana, creía conveniente se tomase algún tiempo para pensar, consultar y deliberar. Pero como a la sazón y al disolverse la asamblea estuviese lloviendo fuertemente y se considerase que nadie podría salir a la calle, se dijo casi generalmente, que así por aprovechar el tiempo como por preverse la dificultad y molestia de una nueva congregación, sería mejor continuar la sesión, decidir y dejar de una vez concluido el asunto.

   Condescendiendo, pues, su excelencia con esta casi general insinuación dispuso se continuase el acto. Se dijo entonces por varios concurrentes que siendo ya constante por notoriedad y por los mismos documentos que se habían tenido presentes, que el supremo congreso aun desde los pasos preliminares a su instalación había quebrantado la fe de los pactos bajo los cuales entró Cundinamarca en la federación, o que por mejor decir, se había decidido ya que no estaban los del congreso obligados a guardarlos; tampoco lo estaba esta provincia a pasar por lo que hiciese y mandase aquel cuerpo; pero ni a continuar la federación; pues como ya se había dicho, la representación nacional de Cundinamarca, por medio de la convención o colegio convocado para este preciso objeto, sólo convino en la federación o aprobó el acta federal, bajo la expresa calidad y condición de que se observasen los tratados celebrados por este gobierno en 18 de mayo último, que eran los mismos a que ya se había faltado por parte del supremo congreso.

   Esforzó particularmente este concepto el señor don Joaquín Vargas y Vesga, fiscal actual de la sala de reposición y del tribunal de guerra y seguridad, discurriendo por cada uno de los pactos quebrantados por parte del congreso, como el de la demarcación del territorio federal hecha por aquel cuerpo de propia autoridad y sin contar con éste gobierno conforme al artículo 2 de los referidos tratados de 18 de mayo; el del reconocimiento de esta provincia de Cundinamarca con la extensión de todo el territorio que a la sazón comprendía, puesto que por el congreso se sostenía la independencia del Socorro y su territorio. Añadió que conforme a los tratados concluidos en Santa Rosa entre este gobierno y el de Tunja, el congreso debía juzgar a don Antonio Baraya y don Joaquín de Ricaurte, en razón de haber desobedecido las órdenes del gobierno de quien dependían, haberse alzado el primero con las tropas y armas de su mando, y aun convertídolas ambos contra este Estado. Pero que muy lejos de haberlos juzgado, veíamos que premiaba a aquel nada menos que con la presidencia de la comisión militar que había erigido, y aun trataba de poner en manos de Baraya todas las armas de Cundinamarca. Y que en fin era una cosa chocante aun a los más sabidos principios, que se pensase en obligar a esta provincia al cumplimiento de un contrato, y a entrar en una federación cuyos pactos se le habían ya quebrantado abiertamente.

   A esta y otras reflexiones no hubo quien contradijese. Sucedió a esto el clamor casi general del concurso, diciendo repetidamente que no querían federación; y que se retiraran nuestros representantes, con otras semejantes razones a este propósito. Todo lo cual obligó a variar los términos en que se había concebido la cuestión propuesta, sobre si se entregaban los 500 fusiles pedidos por el congreso, y las que en tal caso debían seguirse acerca del cumplimiento de las demás órdenes hasta aquí comunicadas por el mismo cuerpo, y se convino en que la moción se hiciese en estos términos: "Envista de los documentos que se han hecho presentes, ¿estamos en el caso de federación?" Redújose a votación, previniéndose en obsequio de la mayor brevedad y comodidad, que ella se hiciese por la señal sensible de levantar la mano los que estuviesen por la negativa, y dejarla baja los que opinasen por la afirmativa. Ejecutado así, resultó la decisión por la negativa (esto es, que no se está en el caso de federación) con generalidad, puesto que no se veía que alguno de los concurrentes dejase de levantar la mano.

   Ocurrió a este tiempo que un joven desde en medio de la multitud del concurso hizo presente haber observado que ni el doctor don Emigdio Benítez, ni don José Martín París habían levantado la mano; y habiendo sido por ambos sujetos desmentido, y recriminada tal ligereza, añadiendo el segundo que su voto había sido y sería siempre que no debía haber soberanías ni federaciones parciales, el señor presidente reprendió al joven, lo mandó salir de la asamblea, haciendo ver nuevamente que cada uno de los concurrentes era libre para votar según su dictamen; sin que por lo mismo se pudiese notar ni molestar a nadie por su voto, cualquiera que fuese. Pero queriendo al mismo tiempo que bajo esta nueva advertencia y para evitar toda duda se repitiese por el mismo método la votación, hecho así, resultó en iguales términos (por la totalidad sensible) la propia negativa de no estarse en el caso de federación. Con la cual, y habiéndose en ambas ocasiones advertido casi general aclamación por el resultado de esta junta, quedaron resueltos los puntos propuestos en ella, a saber: que quedase en el gobierno, como está, el señor don Antonio Nariño, y que no se está en el caso de federación. Así se dio por concluida esta sesión, y en su conformidad se ha extendido la presente acta, que firman con el excelentísimo señor presidente del Estado, los señores que lo son de las corporaciones y tribunales que han concurrido, como también los prelados y jefes respectivos, y autorizan los tres secretarios de Estado que se hallaron presentes.

Antonio Nariño, Pedro Groot, José Gregorio Gutiérrez, Juan Jurado, Francisco González Manrique, José Miguel Pey, Juan Bautista Pey de Andrade, Andrés Otero, José Miguel de Rivas, fray Francisco Ley, provincial de predicadores, fray Luis María Téllez, maestro exprovincial y prior, fray Nicolás Bermon, provincial de menores, fray Antonio González, fray Custodio Forero, prior provincial de agustinos, fray José Chavarría, fray Antonio de los Dolores, prior provincial de descalzos, fray Venancio de San José, fray Juan José Merchan, provincial de San Juan de Dios, fray José Antonio Borques, prior de San Juan de Dios, fray Salvador Alcoy, vicario de capuchinos, fray José María Franqui, guardián de recoletos, Pablo Plata, Nicolás Mauricio de Omaña, Juan Gil Martínez Malo, Pascual Leal, teniente de cura de San Victorino, Francisco Javier Vergara, José de Leyva, Francisco Morales, Nicolás de Rivas, Pedro Núñez, Salvador Cansino, José María Olano, José María Berrueco, José Pío Domínguez, José Ignacio San Miguel, secretario de gracia y justicia, Juan Dionisio Gamba, secretario de hacienda. Por el señor secretario de Estado y guerra, Gregorio José Martínez Portillo.

Documentos

Número 1.

   En la Villa de Leiva a 2 de octubre de 1812, los señores diputados por las provincias al congreso, don Joaquín de Hoyos y don José María Dávila por la de Antioquia, don Juan José de León por la de Casanare, don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola por la de Cundinamarca, don Camilo Torres y don Frutos Joaquín Gutiérrez por la de Pamplona, don Andrés Ordóñez y Cifuentes por la de Popayán, don José María del Castillo por la de Tunja, habiéndose propuesto reconocer y calificar mutuamente las actas y documentos, o sean poderes, de sus respectivos nombramientos, comenzaron a tratar de esta materia, y el señor Alvarez expuso que teniendo instrucciones para exigir como una condición en su concepto para entrar su provincia en la federación, el cumplimiento de los tratados de 18 de mayo, celebrados por comisión de la diputación residente en Ibagué con el poder ejecutivo de Santafé, no podía menos que hacerlo presente y para mayor conocimiento exhibió el oficio con que su gobierno le había pasado los tratados concluidos con el de Tunja en 30 de julio de este año. Leyóse, pues, el citado oficio que es de 6 de agosto dirigido a los señores diputados al congreso residentes en Santafé, acompañándoles una copia de aquéllos, para que por su parte contribuyan a su más pronto y exacto cumplimiento. Y entrándose luego en discusión, se observaron las varias circunstancias que debían tenerse presentes para hacer juicio de los tratados de 18 de mayo, comenzando por las particulares de aquel tiempo que fueron notorias y movieron a la diputación de Ibagué a buscar un camino por dónde llegar al cumplimiento de la voluntad de los pueblos con la formación del congreso, pero este procedimiento en que por una parte se supuso también la voluntad de algunos pueblos por el gobierno de Santafé, no podía sin ella tener firmeza, mucho menos no habiendo aceptado las modificaciones puestas por aquella diputación al ratificarlos, que cuidó mucho de exigirlas, no ya del gobierno, sino de la convención celebrada en aquel tiempo en Santafé para tratar del acta de federación; y después de todo, no versando en este acto punto alguno de los tratados, sino la calificación y mutuo reconocimiento de los poderes, la deliberación, contrayéndose a este objeto, debía prescindir de lo demás; pero insistiendo los señores diputados de Santafé en que su reclamación ahora era oportuna para proceder sobre este pie al juramento y evitar la nota de refractarios con que, sin esto, se les podría mirar cubiertos por uno u otro extremo; se entró a considerar si el sostenimiento de los tratados era una condición que se les había prescrito para que sin ella no entrase la provincia de Cundinamarca en federación: el señor Alvarez así lo reputaba; aunque el señor Azuola distinguía entre una condición permanente que impidiese entrar a los objetos esenciales de la federación, de cuyo género no le parecía ser, y otra transitoria sin la cual se pudiese proceder a ellos, y mostraba colocar en esta clase la de que se trataba. Conducida a este punto la discusión eran ya las siete y media de la noche en cuya tarde principió, por lo cual y no hallándose presente los señores Camacho y Marimón, que acababa de llegar, se dijo que sin dar nada por concluido se le citase para la mañana siguiente quedándolo los demás señores para el examen y deliberación de un punto tan importante, y así concluyó la sesión que rubrican.

   Hay nueve rúbricas.

Valenzuela.

   En la Villa de Leiva a 3 de octubre de 1812, los señores diputados por las provincias al congreso, don Joaquín de Hoyos y don José María Dávila por la de Antioquia, don Juan Marimón y Enríquez por la de Cartagena, don Juan José de León por la de Casanare, don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola por la de Cundinamarca, don Camilo Torres y don Frutos Joaquín Gutiérrez por la de Pamplona, don Andrés Ordóñez y Cifuentes por la de Popayán, don Joaquín Camacho y don José María del Castillo por la de Tunja, habiéndose juntado a proseguir la sesión que quedó pendiente ayer tarde con citación para esta hora que son las nueve de la mañana, y anunciado el objeto y estado de aquélla, los señores diputados de Cundinamarca, ratificando sus conceptos ya manifestados, protestaron que no deseaban otra cosa que poner a cubierto su honor y responsabilidad para con su gobierno. Y haciéndoles presente que no podían recibir la ley sino de la provincia, que no eran unos apoderados, como ya en otro tiempo se lo había dicho el señor Alvarez a la junta de Santafé, y que por lo mismo debían obrar según el dictamen de su conciencia como está dispuesto en los artículos 52 y 57 del acta de federación, repuso dicho señor diputado; que esto sería bueno para después de haber entrado en la federación; mas no para el acto de entrar en ella, en el cual había libertad para convenir, o no, en las bases sobre que se formaba, y de aquel género había sido el caso de su contestación con la junta de Santafé, sin embargo de lo cual se le había notado de refractario. Apoyábase este pensamiento con el ejemplo de una compañía en que son libres los socios para formarla y establecer sus leyes; pero en contrario se observó que entre los pueblos del reino no se había disuelto la sociedad que política y geográficamente tenían, y sólo habían tratado ellos de darse una forma de gobierno, siendo la mejor prueba de esto la convocatoria despachada en 29 de julio por Santafé, no para contraer sociedad, sino para que los representantes de los pueblos convinieran en la forma de gobierno. Todas esas reflexiones, decía el señor Alvarez, son buenas para el gobierno, mas no para los diputados, que tenemos ligadas las manos por las órdenes que se nos han comunicado.

   Suscitóse nuevamente la cuestión apuntada en la sesión primera, de si había una verdadera condición sin la cual no pudiesen entrar al congreso los señores diputados de Cundinamarca. Parecía muy conveniente examinarla, porque si era escandaloso que hoy no entrasen a la federación, mucho más lo sería su separación que decretaría el gobierno, haciendo acaso recaer sobre los demás señores el suceso, que podían evitar por su parte procediendo hoy con la franqueza y dignidad propia de su representación. Mandóse leer al intento los poderes, y conviniendo desde luego en que el señor Alvarez se refería a instrucciones y no a los suyos, que fueron anteriores a los tratados, se leyeron los del señor Azuola sin que los demás señores accediesen al retiro de los dos que lo proponían, mediante que debían ser mutuos la calificación y reconocimiento; observóse, pues, que los del señor Azuola hablaban de los tratados más bien por vía de referencia que de condición que los ligara, aun en aquella se advertía la inconsecuencia de hacer valederos los del 18 de mayo por la ratificación del colegio, anterior a la de la diputación de Ibagué que los había modificado, y de hacer también valederos los de Santafé con Tunja en 30 de julio, que sin esa ratificación modifican también los primeros. Replicaba el señor Azuola que tenían la de la representación nacional, y contestándosele que esta no era la correspondiente, añadió que se había dado en defecto de la del colegio, cuya reunión no había podido verificarse por más esfuerzos que había hecho él mismo como vicepresidente, los cuales sólo habían servido para conocer más la absoluta repugnancia de los individuos a juntarse.

   Leyéronse también los tratados de 18 de mayo con la ratificación de la diputación de Ibagué y el acta de la convención o colegio de Santafé en 29 de mayo sobre la de federación, e inculcándose alguna demasía de la mencionada diputación, se dijo que estando permitidas por el artículo 45 del acta de federación las acciones libres de unas provincias a otras, y asegurándose por el gobierno de Santafé general y particularmente que las suyas tenían estas cualidades, la diputación caminó al bien general de que habla el citado artículo admitiéndolas; pero destruido el supuesto, e innovadas las circunstancias por los sucesos posteriores, en términos de ser más bien ruinoso que útil al bien general observar esos tratados no ratificados todavía en el modo y forma que lo había exigido la diputación; lo que dictaba la salud común, en punto a la condición de que se hablaba, era o tenerla por no puesta o por torpe o inhonesta, y de cualquier modo, prescindir de ella, siguiendo el espíritu y la voluntad de la provincia de Cundinamarca, porque si la expresada convención o colegio en las circunstancias en que obró manifestó ceder tanto a ellas, que prescindió del examen de los artículos, hoy que son mayores los peligros interiores y exteriores para cuya remoción pide la voz general de la instalación del congreso, es claro que obrando consiguientemente prescindiría también de unos tratados, cuya observancia en el día aumentaría esos peligros, siendo por todo esto de procederse a la instalación sancionada ya, y designado el día en concurrencia del señor Alvarez, que no manifestó dificultad; y dejar a la consideración del congreso los tratados como unas adiciones u observaciones hechas por la provincia al acta federal, las cuales deben tener igual suerte que las que se han hecho por otras.

   El señor Alvarez expuso que siempre había sido su ánimo hacer presente el punto antes de la instalación, y mucho más desde que notó en alguno de los señores diputados cierto desagrado al hablarle privadamente de los tratados, lo que había hecho procurando indagar la opinión que se tenía de ellos. Parecía bastantemente discutida la materia, y mostrándose los señores diputados de Santafé inclinados a adoptar algún medio, que sin embarazar la instalación salvase su honor y responsabilidad, se convino en que para la tarde, porque ya eran cerca de las dos, el señor Azuola presentaría uno por su parte, y el señor Camacho otro por la de los demás señores, y así concluyó esta sesión que rubrican.

   Hay 11 rúbricas.

Valenzuela.

   Son copias, Villa de Leiva y 6 de octubre de 1812.

Valenzuela.

   En la villa de Leiva en la tarde del 3 de octubre de 1812, los señores diputados por las provincias al congreso, don Joaquín de Hoyos y don José María Dávila por la de Antioquia, don Juan Marimón y Enríquez por la de Cartagena, don José de León por la de Casanare, don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo de Azuola por la de Cundinamarca, don Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez por la de Pamplona, don Andrés Ordóñez y Cifuentes por la de Popayán, don Joaquín Camacho y don José María del Castillo por la de Tunja, en prosecución de la sesión pendiente sobre calificación de poderes y punto propuesto con este motivo por los señores diputados de Santafé, vieron y examinaron los dos proyectos anunciados al fin de la antecedente, y hechas las comparaciones y observaciones oportunas, se convino en que el del señor Azuola, como una especie de protesta en que también convenía a su compañero, se debía insertar a la letra; y el del señor Camacho, aunque no por éste estilo, se insertase cuanto a la sustancia con las demás reflexiones que se habían propuesto.

   El primero es como sigue: Bien persuadidos los representantes de Cundinamarca de los deseos que la asamblea general de su provincia manifestó al tiempo de revisar el acta de federación, de concurrir a la defensa y seguridad del reino, en cuyo concepto ratificó cuantos artículos se dirigen en ella a tan importante objeto, han creído que sin faltar a las bases del primer orden necesarias al primitivo y principal objeto de la federación con el resto de las provincias del reino, debían dejar en libertad los derechos de orden secundario por versarse sobre intereses particulares de provincia, que no dejando por este respecto de ser también fundamentales, estamos precisados a reclamar según los pactos que las afianzan, sin que jamás se crean haber olvidado este desempeño de su obligación en perjuicio de la provincia por el juramento que deban prestar.

   El segundo, mirado como la expresión de los demás señores, fuera de lo que hasta este punto de las discusiones se ha expuesto, contiene: que habiendo quedado pendiente en los tratados de 18 de mayo, por no haber llegado el caso de aceptarse por parte de Cundinamarca las adiciones que a ellos se hicieron en el acto de su ratificación por los mismos diputados, sin lo que no podían tener valor alguno, mayormente habiendo seguido inmediatamente una serie de sucesos que inducían novedad y mudaban esencialmente las circunstancias bajo las cuales se habían ajustado aquellas convenciones, como fueron los ocurridos en Tunja, en dicho mes de julio de resultas de la expedición de Santafé, para que se pidió paso por aquel territorio; como también la organización del nuevo gobierno del Socorro, independiente del de Cundinamarca a quienes en los tratados se suponía sometida aquella provincia, agregándose que los tratados posteriores celebrados en Tunja que alteraban los ya citados del 18 de mayo, no habían sido aprobados por el colegio electoral constituyente de Cundinamarca, de cuya aceptación se suponía tomar su valor los celebrados en 18 de mayo; finalmente, que debiéndose refutar los tratados referidos como unas adiciones al acta federal que la alteraban en puntos sustanciales, no podían tener la misma fuerza si no se aceptaban por las demás provincias a quienes se había pasado el acta fundamental para su aceptación, debiendo correr la mismísima suerte los reparos que propusiese Cundinamarca a los capítulos de federación sometidos a su examen, que los que se propusiesen por las demás provincias, que nunca se podían reducir a tratados sino comunicarse mutuamente a las provincias para que quedasen vigentes los capítulos en que todas hubiesen convenido y se allanase la disidencia que hubiese en otros, ya suprimiéndose ya variándose; que si los diputados, por las apuradas circunstancias del tiempo, y con el fin de acelerar la formación del congreso por que suspiraban todas las provincias, tuvieron a bien aceptar la invitación que se les hizo por el gobierno de Santafé, para entrar en dichos tratados que como se lleva dicho quedaron pendientes, de ningún modo se creían obligados a su observancia, en circunstancias en que la provincia del Socorro se había puesto en actitud de sostener la independencia del gobierno interior que se ha constituido; en cuyo caso sería necesario entrar en un rompimiento, que sería funesto a la libertad del reino y que haría renacer todas las discordias que se tratan de calmar.

   Restaba la resolución común con que había de concluir últimamente la disputa, y fue que ni los señores diputados de Cundinamarca quedarían por el juramento embarazados para reclamar los tratados en todo lo que no se oponga al bien general y dar cuenta a su gobierno, ni los demás señores comprometidos por su admisión al cuerpo, a la observancia y cumplimiento de esos mismos tratados.

   Transada así la dificultad, se volvió al punto primordial de que partieron estas sesiones, a saber, el examen y calificación de las actas y documentos de los respectivos nombramientos como diligencia previamente necesaria para el mutuo reconocimiento e instalación del congreso, y ejecutado en los términos que tuvieron por convenientes, calificaron y hubieron por legítimos los que resultan en la forma siguiente:

   Los de los señores don Joaquín de Hoyos y don José María Dávila por la provincia de Antioquia, con despachos expedidos en 2 y 12 de junio de este año a nombre de ella por el ciudadano José Antonio Gómez, presidente del poder ejecutivo, refrendados por el secretario de Estado Diego Gómez de Salazar, y marcados con el sello de la misma provincia. Los del señor don Juan Marimón y Enríquez, por la de Cartagena, despachados por la junta suprema de gobierno a 9 de abril de 811, otorgados en forma de poder por ante el escribano Marcos Carrasquilla y comprobados por otros tres. Los de los señores don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo de Azuola, despachados por el poder ejecutivo, el primero en 31 de julio de 1811 (sic), y ratificado su nombramiento por el colegio constituyente en 23 de marzo del mismo año (sic), y el segundo en 8 de agosto de este año marcados todos con el sello de la provincia y autorizados por el secretario don Manuel Santa-Cruz. El del señor don Juan José de León otorgado en forma de poder por el colegio electoral de la provincia de los llanos de Casanare y exhibidos en copia autorizada por el secretario don José Sebastián Soler. Los de los señores don Camilo Torres y don Frutos Joaquín Gutiérrez despachados, el primero en 27 de noviembre de 1810 por la suprema junta de Pamplona y exhibidos en copia por su secretario don Francisco Soto, cuya firma comprueban tres escribanos, y el segundo es ejecutado por el colegio electoral de la misma provincia en 11 de enero de este año, cuyo documento exhibió el 10 de marzo el señor diputado Torres, trascribiendo el oficio del gobernador don Gabriel Peña para el reconocimiento del segundo. El del señor don Andrés Ordóñez y Cifuentes por la provincia de Popayán, cuyo vicepresidente don José María Cabal le dio a reconocer por oficio de 20 de febrero de este año, consiguiente a la elección ejecutada por todos los diputados de las ciudades de la provincia en 19 de dicho mes y año, de cuya diligencia hay copia autorizada por el secretario de gobierno don Francisco Antonio Ulloa; y en fin, los de los señores don Joaquín Camacho y don José María del Castillo despachados en copias de las sesiones celebradas, la primera en 18 de diciembre de 1810 por el vicepresidente y apoderado de los pueblos de la provincia de Tunja, y la segunda por la representación nacional de ella misma en 19 de febrero de 1812, y están autorizadas dichas copias, aquélla por el secretario doctor don Cayetano Vásquez y ésta por don Pedro Manuel Montaña, también secretario.

   Concluida así esta diligencia se mandó poner una certificación de esta última parte de la sesión en que se relatan los poderes, para leerse en el acto de instalarse el cuerpo, y que copiados en un libro que se formará con este objeto se devuelva a dichos señores que rubrican.

   En este estado, habiendo pedido los señores diputados de Cundinamarca copia de las tres sesiones que contienen el punto de calificación, se convino por los demás señores en que se les diera. Hay 11 rúbricas.

Valenzuela.

   Son copias.

   Villa de Leiva, y 6 de octubre de 1812.

Valenzuela.

Número 2.

   El escribano y secretario del muy ilustre cabildo de esta Villa de Leiva certifica: que a las nueve de este día 4 de octubre de 812, en concurso del ayuntamiento y demás personas notables, se juntaron en la casa destinada para el supremo congreso los señores representantes diputados de las provincias, don Joaquín de Hoyos y don José María Dávila por la de Antioquia, don Juan Marimón y Enríquez por la de Cartagena, don Juan José de León por la de Casanare, don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo de Azuola por la de Cundinamarca, don Camilo de Torres y don Frutos Joaquín Gutiérrez por la de Pamplona, don Andrés Ordóñez y Cifuentes por la de Popayán, don Joaquín Camacho y don José María del Castillo por la de Tunja; y puestos todos en ceremonia, el ciudadano Crisanto Valenzuela, como depositario de los papeles de la diputación general, puso en manos del señor alcalde don José Francisco Oyarzábal, nombrado canciller para este acto por el expresado cabildo, unos papeles que fue pasando a las mías para que los leyese como lo ejecuté a presencia de todo el concurso, y fueron los siguientes: 1°, el acta de federación de las provincias unidas de la Nueva Granada, en convención de diputados en Santafé de Bogotá a 27 días del mes de noviembre del año del señor de 1811; 2°, una certificación dada por el ciudadano Valenzuela como secretario que ha sido de la diputación general a 3 del corriente en esta villa, de la cual consta que habiéndose juntado en sesiones de 2 y 3 de este mes, los mismos señores representantes habían reconocido y calificado mutuamente las actas y documentos de sus respectivos nombramientos, como diligencia previamente necesaria para la instalación del congreso; y 3°, la fórmula del juramento que han de prestar dichos señores.

   Concluida esta lectura, el señor regidor don Apolinar Bermúdez nombrado por el cabildo para este acto maestro de ceremonias dijo: "Diputados de las provincias y demás concurrentes, al templo", y ejecutado así por las personas notables, cabildo y señores diputados, por este mismo orden, les recibió a la puerta el señor cura vicario acompañado de otros eclesiásticos, y colocados todos en sus respectivos lugares, el señor diputado de Popayán celebró la misa solemne en que el citado señor vicario les dio la paz. Acabada la misa estaba ya a las gradas del presbiterio una mesa, y en ella un Santo Cristo y un misal, y acercándose el señor Miramón, diputado de Cartagena al señor diputado celebrante, depuestas las primeras vestiduras sagradas, les recibió juramento en esta forma: ¿juráis a Dios Nuestro Señor, y a los santos evangelios que estáis tocando, cumplir y desempeñar bien y fielmente el oficio de diputado al congreso general de las provincias unidas de la Nueva Granada, para que habéis sido nombrado, y que en este acto vais a formar junto con vuestros dignos compañeros, sujetándoos principalmente al acta de federación celebrada y reconocida por dichas provincias, procurando en cuanto estuviese de vuestra parte llenar todos vuestros deberes y no reconociendo otra autoridad que la que hoy depositan los pueblos en vuestra mano como únicos árbitros de ella, proclamándolo así oportuna e inmediatamente a la faz del universo, conservando y defendiendo la fe de nuestros padres en su santa religión, católica, apostólica, romana, y bajo los auspicios de la Concepción Inmaculada de María? Sí juro, respondió, y le fue dicho: si así lo hiciéredes, Dios os ayude y os premie como quien trabaja por la más santa de las causas, la libertad que concedió a todos los hombres en su creación y que hoy restituye a vuestra patria; y si no, os lo demande. A lo que repuso, amén.

   En seguida fueron acercándose los demás señores diputados, por provincias, y con el orden que están nombrados al principio, y prestaron el juramento en manos del señor diputado celebrante, el cual, después del último, volviéndose al pueblo dijo: Está solemnemente instalado en el nombre de Dios todopoderoso y bajo la especial protección de la Santísima Virgen Nuestra Señora, el congreso general federativo de las provincias libres de la Nueva Granada; en cuyo acto se oyeron un repique general y una descarga de fusilería y de artillería, y descubriéndose el augusto sacramento le cantaron el Te Deum y Veni Creator.

   Concluida esta función religiosa, el supremo congreso se dirigió, entre vivas y aclamaciones, a la misma casa, cubriendo la carrera la tropa que batiendo marcha presentó las armas, allí se dejó ver en los balcones el canciller repitiendo al pueblo las palabras con que ya en la iglesia se había anunciado la instalación, oyóse entonces otra descarga de fusilería y de artillería y, despejada la sala, procedió su alteza a elegir presidente del cuerpo por cédulas, y haciendo de escrutadores los señores diputados Hoyos y Dávila. Verificado el escrutinio con las formalidades acordadas, se hallaron dos votos por el señor diputado Marimón, dos por el señor diputado Alvarez, y siete por el señor diputado Torres, que reconocido por presidente legítimamente electo, fue conducido a la primera silla, no obstante sus insinuaciones en contrario.

   En la misma forma se procedió a elegir vicepresidente, y verificado el escrutinio, se hallaron un voto por el señor diputado Dávila, otro por el señor diputado Azuola, otro por el señor diputado Castillo y ocho por el señor diputado Marimón, el cual, reconocido vicepresidente legítimamente electo, fue conducido a la segunda silla. Procedióse, en fin, en los mismos términos a elegir secretario, y verificado el escrutinio se hallaron 11 votos en favor del ciudadano Crisanto Valenzuela.

   El público, a quien desde los balcones se anunciaron esta elecciones, las recibió con aplausos, y llamado el secretario electo, después de una expresión de sus sentimientos, a que correspondió el señor presidente, hizo en sus manos juramento de desempeñar bien y fielmente el oficio. Presentáronse entonces a cumplimentar a su alteza soberana el cuerpo municipal, el cura vicario, los prelados religiosos, el comandante y oficialidad de la guarnición de esta villa. Así concluyó la función, en fe de lo cual y por orden de su alteza soberana pongo la presente que firmo y conmigo los expresados canciller y maestro de ceremonia, en la Villa de Leiva a 4 de octubre de 1812.

José Francisco de Oyarzábal, Apolinar Bermúdez,
Ramón Molano,
escribano público y secretario de cabildo.

   Es copia.

   Leiva, 6 de octubre de 1812.

Valenzuela.

Número 3.

   Excelentísimo señor:

   Al tiempo de calificarse los poderes de los diputados representantes de las provincias cerca del congreso, se trajeron a la vista las actas y pactos a que se refieren nuestras credenciales, y cuya observancia expusimos debía sostenerse como condición necesaria para nuestra incorporación en la asamblea general de las provincias. Discutido el punto en tres sesiones, desde el día 2 hasta la noche del siguiente, que sólo fueron interrumpidas en las precisas horas necesarias al descanso, resultó el acuerdo de que se impondrá vuestra excelencia por la copia testimoniada que de él acompañamos.

   En las estrechas y apuradas circunstancias de haberse acordado algunos días antes la instante urgencia de instalarse el soberano congreso, y de haberse ya citado el día 4, comunicándose así a todas las provincias de la federación el que no se adelantase el motivo de oprimir a la de Cundinamarca por creerse diferentemente opuesta a la formación de este cuerpo, que hasta ahora se tiene por única tabla capaz de salvar el reino, y finalmente la noticia oficial de la nueva independencia del Socorro, sobre cuyo particular ignoramos cuáles hayan sido las deliberaciones de vuestra excelencia, accedimos con las protestas y reclamaciones que más por menos consta en la expresada copia, quedando en libertad para dar cuenta a nuestro gobierno como lo ejecutamos, a fin de que vuestra excelencia se sirva disponer cuanto debemos ejecutar.

   Dios guarde a vuestra excelencia, muchos años.

   Leiva, 7 de octubre de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Número 4.

   Con fecha 8 del corriente ha venido el supremo congreso en decretar lo siguiente: "Considerando que el gobierno de Santafé no es por notoriedad el popular representativo y dividido en poderes que se han garantizado nuevamente las provincias conforme a los artículos 6 y 7 del acta federal; se declara ésta en el caso del artículo 8, y en su consecuencia intímese al expresado gobierno se reduzca a esta forma".

   Lo traslado a vuestra excelencia de orden de su alteza soberana para su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva y 12 de octubre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Número 5.

   Con fecha 9 del corriente ha venido el supremo congreso en decretar lo siguiente: "A fin de restablecer la confianza interior y aumentar las fuerzas del norte contra los enemigos exteriores que amenazan por Pamplona, líbrese orden al gobierno de Santafé para que sin perjuicio de la general decretada con el objeto de saber los útiles y pertrechos con que deba contarse por parte de cada una de las provincias, remita a la mayor brevedad 500 fusiles encajonados, imputando al contingente respectivo los costos de la conducción".

   Y lo traslado a vuestra excelencia de orden de su alteza soberana para su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva y 12 de octubre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Número 6.

   Con fecha 9 del corriente ha venido el supremo congreso en decretar lo siguiente: "A fin de que la comisión militar próxima a formarse pueda inmediatamente tomar los conocimientos generales del estado en que relativamente a su objeto se hallan las provincias, líbrese orden a los gobiernos para que a la mayor brevedad den cuenta de las tropas, armas útiles y pertrechos con que deba contarse por parte de cada una de ellas".

   Y lo traslado a vuestra excelencia de orden de su alteza soberana para su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva y 10 octubre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Número 7

   Con fecha 12 del corriente ha venido el supremo congreso en decretar lo siguiente: "No considerándose el supremo congreso en el caso de rehenes por una queja cuya decisión en justicia le corresponde según el artículo 47 de los tratados de federación, cual es la de don Francisco Caldas y don Francisco Ugarte, contra el gobierno de Santafé por la detención de sus mujeres: Líbrese orden para que alce el embargo a las personas de doña Josefa Niño y doña Manuela Baraona, y las deje en libertad para reunirse a sus maridos".

   Y lo traslado a vuestra excelencia de orden de su alteza soberana para su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva y 13 de octubre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Número 8.

   Con fecha 12 de los corrientes ha venido el supremo congreso en decretar lo que sigue:

   "El supremo congreso ratifica la designación del territorio federal ejecutado por la diputación general en 2 del corriente, y en su consecuencia líbrese orden a los gobiernos respectivos a quienes ya resulta comunicada esta acta, para que hagan entender a los pueblos la exclusiva e inmediata disposición en que deben estar a los del cuerpo, extendiéndose el gobierno de Tunja a esto mismo con cualquier destacamento que tuviere en el territorio federal".

   Y lo traslado a vuestra excelencia de orden de su alteza soberana para su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva y 13 de octubre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Número 9.

   El Estado de Tunja, desde julio de 810, no ha pensado en otra cosa que en sostener su independencia, apoyar con todas las fuerzas la libertad de sus hermanas, y oponerse de frente a un ambicioso descarado, que emprendió oprimir a cuanto le rodeaba. Ahora no suspira sino por la tranquilidad interior, para poder atender a los peligros que nos amenazan por de fuera. Cuando esperaba Tunja que con los tratados de Santa Rosa, y principalmente con la instalación del congreso general todo se serenaría; cuando esperaba que Santafé, fiel a su palabra y al acta de federación que acaba de jurar sólo oyese la voz del cuerpo soberano para mover las fuerzas que le restan y que aún abusa, ha visto con indignación la última Gaceta extraordinaria de Cundinamarca, en que sin otro fundamento que las pérfidas maquinaciones del intruso presidente ha alarmado a esos pueblos, ha calumniado la conducta de este gobierno y manchado la de nuestros ilustres comandantes Baraya y Ricaurte. Nariño se dispone a hacer guerra a Tunja, y Tunja atacará a este enemigo doméstico, y le hará sentir otra vez la superioridad de sus armas victoriosas. Pero Tunja lloraría sobre sus triunfos y sobre sus laureles, si mientras ataca a estos hermanos rebeldes, el feroz europeo avanza, degüella, incendia, arrasa a cuanto se opone a su furor. No, Tunja tiene más moderación y mas virtud que el tirano de Santafé. Pelea, todo lo sacrifica cuando no halla otro medio de conservar su libertad; pero espera y toca todos los medios de conciliación antes de llegar a esos extremos. Ahora mismo se le presenta uno que no puede despreciar sin ofender sus virtudes.

   El origen de todos nuestros males pasados y presentes está en el abuso que ha hecho Nariño de las armas que acumularon los virreyes en Santafé. De aquí ese orgullo insensato con que ha escarnecido a los Estados vecinos; de aquí esas escandalosas expediciones para oprimir a Tunja, al Socorro, a Pamplona; de aquí esas ideas colosales de reunir todo lo que creía podría servir a su engrandecimiento y ambición; de aquí ese odio implacable al congreso general confesado abiertamente en la renuncia de su presidencia; de aquí las persecuciones de los hombres justos e ilustrados; de aquí todas las emigraciones, terror, lágrimas, y desesperación de los buenos que han tenido la desgracia de vivir bajo la autoridad de ese hombre cruel, ambicioso, impío, impuro, y en toda la extensión de la palabra, corrompido.

   Que la Nueva Granada no espere paz ni serenidad interior, mientras Nariño tenga soldados y cañones; que la Nueva Granada no espere batir a sus enemigos exteriores, mientras Nariño siembre la discordia, la guerra, la desolación en el centro. Las armas de Tunja están paralizadas por las de Cundinamarca, que hoy se hallan a la disposición de este tirano. ¿Cómo puede aquella ocurrir a las urgencias de Pamplona, si sabe que Nariño así que la vea ocupada en la derrota de Correa se lanza sin obstáculo sobre este Estado, disuelve el congreso y afirma para siempre su imperio sobre las ruinas de la libertad y sobre los cadáveres de Baraya, de Ricaurte, de Ayala, y de todos los héroes que se han opuesto a sus intentos opresores? Tunja está en la situación verdaderamente desesperada de ver a Cúcuta empapada en lágrimas y en sangre; tener armas, soldados y no poder socorrer; ¡cuántos cuidados, cuántos sobresaltos no le cuesta a Tunja la suerte de Popayán! Pues arranquemos de una vez esta piedra de escándalo, para respirar, tomar alimento y atacar con vigor a Correa, a Santa Marta, a Pasto, y a todos nuestros enemigos; para esto, que Santafé entregue al congreso general y traslade a Leiva los fusiles, la artillería, pólvora, balas, todos los pertrechos, todas las lanzas y todas las espadas; en una palabra, todos los instrumentos de guerra. Que este cuerpo soberano reciba también de manos de Tunja as armas y pertrechos que hoy tiene sin reserva alguna; que en paz y sin recelos organice la armada, la haga marchar a nuestras fronteras, disipe nuestros enemigos, y nos haga gustar los dulces frutos de la paz y de la libertad que Santafé con su necia ambición ha retardado hasta hoy. De este modo se acabarán para siempre las fundadas desconfianzas de que los Estados limítrofes siempre han tenido de la orgullosa Santafé; de este modo se cerrarán las puertas a los vehementes deseos de centralismo, de opresión, tiranía y de corona; de este modo se anulará esa facción de criminales y de incendiarios que llevan en peso, tienen en continua agitación a la capital de Cundinamarca; de este modo se afirmará la autoridad soberana del congreso, que vacila siempre que Nariño tenga fuerza; de este modo podrán los Estados federados volver sus miradas sobre sus pueblos, aliviarlos, enriquecerlos y colmarlos de felicidad. Este Estado ha tomado esta medida en consideración, la ha meditado maduramente en pleno senado; y ha resuelto proponerla al congreso soberano, para evitar los horrores de la guerra civil, para asegurar la libertad general, y en ella la de este mismo pueblo que nos quiere esclavizar. Si acaso sordo Nariño a este grito de la justicia insiste todavía en sus proyectos ambiciosos, si se resiste a esta medida franca y liberal, el Estado de Tunja habrá satisfecho a su conciencia, se habrá cargado de razón, y se habrá justificado a los ojos del universo. Pongo vuestra señoría todo esto en noticia del congreso de la Nueva Granada y asegure a ese cuerpo soberano de la alta consideración y absoluta deferencia de este Estado a sus resoluciones supremas.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Tunja, 13 de octubre de 1812.

Juan Nepomuceno Niño.

   Señor secretario del supremo congreso de los Estados Unidos de la Nueva Granada.

   Es copia.

   Leiva, octubre 15 de 1812.

Valenzuela.

Número 10.

   Persuadido el supremo congreso de que no es la forma exterior sino la unión efectiva de los pueblos lo que le da el poder de hacerlos felices, no ha comenzado a existir sino para desvelarse en difundir por todas partes este espíritu de vida próximo a extinguirse entre nosotros. Derribar el muro que nos divide, sobre que los enemigos de la libertad ponen ya sus escalas, y borrar hasta su memoria de los desórdenes que le consolidan para oprobio de la Nueva Granada; este ha sido el primer cuidado de su alteza soberana como lo ha visto vuestra excelencia en sus primeras comunicaciones.

   Por fortuna cuenta también para esta empresa con la favorable disposición de los mismos pueblos. Ya en oficio de 7 de octubre a la diputación general protestaba vuestra excelencia sobre la suya propia, la de toda Cundinamarca, y la de Tunja y sus tropas después de haber brillado en el juramento sin ejemplo de reconocimiento y obediencia, acaba de confirmarse en el de 13 del corriente, del que acompaño copia a vuestra excelencia: Se considera con fuerza y con justicia para la lucha; pero protestando que lloraría sobre sus triunfos se despoja de sus armas con tal de que haciendo otro tanto Cundinamarca quiera en paz buscar con ella su seguridad a la sombra del primer cuerpo de la nación.

   No cree el supremo congreso se pueda reconocer la sinceridad de este paso, ni duda tampoco que Cundinamarca le daría, aun sin contar con el dispuesto por el artículo 12 de los tratados de federación. Pero mientras se ejecuta, crecen los peligros exteriores, los enemigos adelantan sus marchas, corrompen la opinión y oprimen los pueblos; tiempo, fatigas y dinero, todo se duplicaría en traer y reducir las armas a los puntos en que nuestros hermanos las esperan con impaciencia.

   Por esto su alteza soberana, haciendo refluir hacia tan importante objeto la medida propuesta, ha deliberado que el general don Antonio Baraya, reforzando sus tropas con los 500 fusiles pedidos a vuestra excelencia en 12 del corriente, siga a arrojar los enemigos de Cúcuta al mismo tiempo que de esa capital partan 500 hombres con las correspondientes armas y pertrechos en auxilio de Popayán, y a las órdenes del comandante en jefe que fue nombrado por el mismo congreso.

   Tal es el fruto de que espera su alteza de las buenas disposiciones de que se ha hablado, y esta la comunicación que me ha ordenado hacer a vuestra celencia, complaciéndose en ejercitar, sin perjuicio de la autoridad que le ha sido depositada, el carácter de conciliador que tanto aprecia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Leiva, 15 de octubre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   Al gobierno de la provincia de Cundinamarca.

Número 11.

   Excelentísimo señor:

   Aunque hemos privadamente comunicado a vuestra excelencia las noticias más seguras que hemos podido adquirir, y el concepto que según ellas debíamos formar, pero estando ya tan manifiestas y declaradas las ideas de separar de Cundinamarca todos los pueblos que espontáneamente y con repetidas instancias se le han agregado, reduciendo toda su representación a los límites de su antiguo cabildo cuyo pequeño distrito proporciona así al congreso las ventajas de constituir a la que fue capital de todo el reino por ciudad federal, a donde aquél ejerza con todo esplendor sus funciones; viendo por otra parte las sanciones de que vuestra excelencia restablezca el precedente gobierno constitucional, el interés que el mismo congreso ha tomado en separarle de la autoridad que la generalidad de todo ese pueblo le ha conferido para librarse así del desorden y estrago de la anarquía en que ya temía hallarse envuelto, y de otros terribles males que por muchas partes le amenazaban su ruina, nos ha parecido estar comprendidos entre nuestros deberes participarlo oficialmente a vuestra excelencia, para que con las debidas consideraciones y con la de pedirle de pronto 500 fusiles, estando únicamente suspensa la resolución de hacerle guerra sangrienta a Santafé, según nos recelamos, si no se accede a las actuales determinaciones del congreso, pueda vuestra excelencia deliberar y valerse de los medios que tenga por más oportunos y convenientes al bien y seguridad de la provincia que se le ha confiado, y a la verdadera felicidad del reino a que siempre ha tenido vuestra excelencia fijadas sus atenciones y dedicados sus desvelos.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Leyva, 10 de octubre de 1812.

   Excelentísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

   Excelentísimo señor presidente.

Antonio Nariño.

Número 12.

   Hoy mismo se ha hecho presente en el soberano congreso el oficio de vuestra excelencia dirigido, con fecha 7 del corriente, a los señores diputados de las provincias hacia él, y he visto con dolor la frialdad con que miran la defensa de mi provincia, cuando a la sencilla condición y única que pone vuestra excelencia para prestar los auxilios necesarios siempre que don Antonio Baraya siga con las tropas de su mando hacia Cúcuta, he advertido la general disposición en que se hallan los señores vocales de no admitir por ahora los mil hombres que vuestra excelencia ofrece con la indicada condición y objeto, reservando la aplicación de ellos a los puntos importantes de la defensa del reino. Yo no comprendo entre tanto qué se entienda por defensa general del reino, si un punto como el de mi provincia que se puede llamar la llave de él, se mira con tanta indiferencia.

   No puedo con todo dejar de tributar a vuestra excelencia, a nombre de mi provincia, las más debidas gracias por su buena disposición para defenderla, y vuestra excelencia tendrá siempre la satisfacción de no ser responsable de los desastres que puedan causar al reino los enemigos de la patria.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Leiva, 13 de octubre de 1812.

Juan José de León.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca nacional. Fondo José María Quijano Otero, No. 254. f. 252-258

NOTA:
1.   En la imprenta del Estado, año 1812.

108
CARTA DE MANUEL ALVAREZ

COPIA DE UNA CARTA DE MANUEL ALVAREZ PROCEDENTE DE SANTAFE Y ENVIADA A IBAGUE, A MARIANO OLANO, Y DE ESTE A POPAYAN, EN CONFIANZA. Santafé, 6 de noviembre de 1812.

Manuel Alvarez.

Copia de una carta de don Manuel Alvarez venida de Santafé a Ibagué, al doctor don Mariano Olano, y de éste a Popayán en confianza.

   Querido Mariano:

   No hay consuelo por ninguna parte; los golpes que las cortes descargan sobre nosotros son mortales. El brigadier Baraya ha huido de la vista de los chapetones, y le abandonó la mayor parte de la tropa, que toda se presentó al general Monteverde. Considera a Santafé con esta desgracia, y el ataque del imprudente Nariño en que perdimos 500 patriotas.

   Es preciso ver cómo nos salvamos, pues no hay otro consuelo. Se acabó sin remedio la libertad por esta parte, y por las otras está lo mismo. Procura irte para Popayán, que allí retirado en su casa (aunque eso está lo mismo que todo) podrás vivir en quietud.

   Tuyo afectísimo,

tu Manuel.

   Santafé, 6 de noviembre de 1812.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTA:
1.   De una copia de la época. (Del autor).

109
OFICIO DE REPRESENTANTES AL CONGRESO DE CUNDINAMARCA DIRIGIDO AL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE LAS INSTRUCCIONES RECIBIDAS DEL PRESIDENTE NARIÑO. RESISTENCIA DEL CONGRESO A LA SEPARACION DE CUNDINAMARCA. OFICIO DE REPRESENTANTES DE CUNDINAMARCA AL CONGRESO. CONTESTACION DEL CONGRESO. Villa de Leiva, 6, 7 y 8 de noviembre de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola.

CUNDINAMARCA

Oficio de nuestros diputados en el congreso al excelentísimo señor presidente de este Estado

   Excelentísimo señor:

   Por las copias números 1 a 3 se impondrá vuestra excelencia de la prontitud con que hemos tratado de cumplir con las órdenes de nuestra excelencia consiguientes a la resolución de la asamblea general reunida en esa capital el 22 del próximo pasado octubre, y de la resistencia que hace el soberano congreso a nuestra separación.

   Resueltos, con todo, a sufrir las últimas violencias como reconocerá vuestra excelencia por el documento número 4, con la misma serenidad con que hemos visto y sabido la criminalidad y denigrantes expresiones con que nos han distinguido casi todos los señores diputados de las demás provincias, esperamos con firmeza la resolución del congreso, que hará quizás época muy notable, si es conforme a los dictámenes hasta ahora manifestados en las previas discusiones.

   El honor, entre tanto, y la alta confianza con que esa ilustre provincia ha puesto a nuestro cargo la defensa de sus derechos, nos hará preferir la muerte a la nota infame de traidores a nuestros deberes, inseparables de los principios que caracterizan al hombre honrado y religioso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Villa de Leiva y 8 de noviembre de 1812.

   Excelentísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola.

   Excelentísimo señor presidente del Estado, don Antonio Nariño.

Oficio de nuestros diputados en el congreso, dirigido al mismo cuerpo

   Serenísimo señor: Anoche hemos recibido un pliego de nuestro gobierno, en el que acompañándonos la Gazeta extraordinaria de 30 de octubre, número 84, que comprende lo ocurrido y acordado en la asamblea general celebrada en 22 del mismo, se nos previene nuestra pronta separación del soberano congreso, por no creerse aquella provincia en el caso de federación, resuelta la insubsistencia de los pactos, en cuya virtud convino en su unión con las demás provincias. Y como el órgano que todas ellas han establecido sean sus respectivos gobiernos, nos vemos en la precisión de obedecer por el hecho de considerar ya retirados, o cuando menos suspensos nuestros poderes, en virtud de las deliberaciones de un acto, por las que fue restablecido previamente el ejercicio de la representación nacional, depositaria de los derechos de todos los pueblos para los casos urgentes, y con sus votos concordante, el uniforme de toda la capital.

   Dios guarde a vuestra alteza soberana.

   Villa de Leiva, 6 de noviembre de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola.

Otro

   Serenísimo señor:

   En esta tarde recibimos un expreso en el que se nos dice por nuestro gobierno con fecha 2 del corriente lo que sigue:

         (Aquí la copia del oficio de dicha fecha).

   Y lo avisamos a vuestra alteza soberana en ratificación de nuestros sentimientos explicados en oficio de esta misma fecha.

   Dios guarde, etc.

   Villa de Leiva, 6 de noviembre de 1812.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola.

Contestación del congreso

   A la representación de sus señorías de esta fecha, en que comunican el resultado de la junta de Santafé de 22 de octubre, en orden a separarse de la federación, se ha decretado en la misma lo que sigue: "El supremo congreso considerando que la orden de retiro de que hacen mérito para ejecutarlo los diputados de Cundinamarca en representación de 6 del corriente no procede de la provincia, que general, solemne y repetidamente, ha manifestado su voluntad de darse un gobierno federativo con las demás de la Nueva Granada, sino de una junta particular hecha en la capital, en la cual la menor parte intenta dar la ley a la mayor, retrayéndola de su primer propósito, arrogándose el derecho propio de la totalidad y poniendo a los buenos ciudadanos en la dura alternativa, o de suscribir al intento o de exponerse a dolorosos sacrificios, como se ha visto en otras de igual naturaleza; atendiendo a que los diputados, no siéndolo del gobierno ni de la capital, sino de toda la provincia, y gobernados por aquel conocimiento práctico deben respetar el voto general sobre el particular de que se trata, mucho más cuando ni el de toda ella puede ser bastante para sustraerse del sistema proclamado por el mayor número de las otras, a quienes convocó, no para hacer nueva sociedad, sino para dar a la que tenían todas, una nueva forma de gobierno; y cuando está pendiente el resultado de la última medida tomada con su anuencia e intervención para alejar el rompimiento de una guerra civil, decreta sin lugar el mencionado retiro y que continúen sus funciones representando al congreso las causas por que se halla sofocada su voz como dice la Gaceta, para removerlas desde luego. Y lo comunico a sus señorías de orden de su alteza soberana para su cumplimiento.

   Dios guarde a su señoría muchos años.

   Leiva, 6 de noviembre de 1812.

   Señores diputados de la provincia de Cundinamarca.

Respuesta dada al congreso por nuestros diputados en él

   Serenísimo señor:

   Los diputados de Cundinamarca al congreso federal de las provincias unidas de la Nueva Granada, no hemos renunciado los derechos a la estable y firme observancia de los pactos en que entró en federación y tiene nuestra provincia; ella, antes bien, de tal modo nos exige su cumplimiento que en las mismas credenciales estampa esta condición precisa, sin cuya previa declaratoria confesamos haber traspasado los límites de nuestro encargo, mereciendo la censura pública de los buenos ciudadanos y a quienes algún día satisfaremos, cuando manifestando nuestra conducta oficial y privada, hagamos ver al mundo entero los sacrificios que la pública paz y tranquilidad nos deben. Los honorables miembros de esta soberana asamblea no pueden olvidarse de las tres largas y detenidas sesiones, que al tiempo de calificar los poderes motivó este punto; de las restricciones con que prestamos el juramento; de las protestas de dar cuenta a nuestro gobierno que hicimos y, finalmente, de la recíproca libertad con que el congreso y nuestra provincia quedaban.

   La presencia de las actas dichas e instrucción que no tienen de ellas los nuevos señores vocales, les borraría quizá ese injusto concepto de criminalidad, con que varias veces nos han honrado en esta augusta asamblea, haciéndose perceptibles las expresiones denigrantes a los muchos que las oyen a la puerta de la sala del congreso y escritas muchas en el acta que se nos pasó y conservamos en nuestro poder e impresas en nuestro corazón; pero ya nos dilatamos rompiendo quizás el decreto de que no se nos oiga más en aquel particular que distrae la atención del congreso, ocupado en la defensa del reino, en componer reglamentos para los poderes y en discutirlos; asuntos todos preferentes a la explicación y recuerdo de varios puntos omitidos, que harían desaparecer las objeciones ingeniosas de la misma acta; en ella se nos condena a un silencio bastante a comprobar y satisfacer la pregunta de la última parte del oficio de 6 del corriente, comunicado por secretaría y cuyo contenido no puede directamente destruir la firmeza en que estamos de no aparecer jamás infieles a nuestro gobierno, ni de llevar la nota de infames a la provincia que nos ha confiado el justo desempeño de sus encargos. En estas circunstancias, dicta la prudencia evitar más réplicas, que se mirarían con enfado y se rechazarían con injurias nuevas, contentándonos como el diestro piloto, con poner a la capa la nave combatida de un recio temporal, entre tanto que su alteza soberana reconoce la justicia de nuestros sentimientos explicados en los dos últimos oficios.

   Dios guarde a su alteza soberana muchos años.

   Leiva, 7 de noviembre de 1812.

   Serenísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo Azuola.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 17 de noviembre de 1812, t. II.. No. 88, p 420-421.

110
OFICIO DEL CABILDO DE VELEZ AL PRESIDENTE NARIÑO

SOLICITUD DE PROTECCION Y ANIMO DE PERMANENCIA EN EL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Vélez, 7 de noviembre de 1812.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas,
José Rito de Acosta, José Manuel Rosillo,
Joaquín Cosgaya, Tomás de Guevara,
José Cristóbal Peñuela, Antonio José Tavera.

CUNDINAMARCA

Oficio del muy ilustre cabildo de Vélez al excelentísimo señor presidente de este Estado

   Sería un ingrato disimulado esta cabildo y su cantón, si no manifestase lo sensible que le ha sido el duro golpe que acaba de recibir, al ver ya indicada una separación, la más amarga, para quien siendo reconocido, es al mismo tiempo amante tierno. La adjunta copia que incluimos a vuestra excelencia es el origen de nuestro desconsuelo. Por ella verá que el soberano congreso mira a este territorio como parte separada de esa provincia; más adelante dice que aún no se ha decretado la suerte que le ha de tocar, que es decir, queda a Vélez el auxilio del valimiento del paternal amor de vuestra excelencia para no desmayar en el todo de la esperanza que el augusto congreso soberano suspenda el decreto de desprenderla de los brazos de esa madre generosa, que tanto se ha empeñado en felicitarla. En vuestra excelencia se fijan nuestras esperanzas y de su mano benéfica esperamos la continuación de su protección. Nada se sabe del estado actual de cosas de esa capital y esto aumenta nuestras congojas y ennublece el sendero que nos debe guiar.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Vélez, 7 de noviembre de 1812.

   Excelentísmo señor.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas, José Rito de Acosta,
José Manuel Rosillo, Joaquín Cosgaya,
Tomás de Guevara, José Cristóbal Peñuela,
Antonio José Tavera.

   Excelentísimo señor presidente del Estado, don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 12 de noviembre de 1812, t. II., No. 87, p. 417.

111
OFICIO DE LOS PRELADOS DEL CLERO REGULAR DE SANTAFE AL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE LA RESTITUCION DEL ARZOBISPO JUAN BAUTISTA SACRISTAN. CONGRATULACION POR EL REGRESO DE NARIÑO A LA PRESIDENCIA. Santafé, 12 de noviembre de 1812.

Francisco de Paula Ley,
(prior provincial de predicadores).

CUNDINAMARCA

Oficio de los prelados del clero regular de esta capital al excelentísimo señor presidente del Estado

   Excelentísimo señor:

   Los prelados todos del clero regular de esta capital desde que la junta general que acabó de afianzar el legítimo mando que ha depositado en vuestra excelencia la nación entera, ha estado reprimiendo sus sentimientos para evitar las siniestras inteligencias con que piensan desacreditar a los cundinamarqueses los desafectos a su gobierno, aunque las luces que difunde en tantas y tan repetidas providencias que publica en beneficio del Estado, estableciendo el buen orden y promoviendo de todos modos nuestra felicidad en medio de los peligros que nos rodean, cada día los confunde más; pero como ahora se acaba de publicar el decreto para la restitución del ilustrísimo señor arzobispo don Juan Bautista Sacristán, no podemos resistir la emoción que nos causa una resolución tan santa, tan útil y necesaria a la Iglesia y al Estado. No nos arrepentimos de haber concurrido con nuestros votos a que vuestra excelencia se mantenga en la presidencia con la independencia y absoluta facultad que se le ha concedido, para que sin trabas ni inconvenientes que podrían entorpecer las sublimes ideas que producen las relevantes prendas con que Dios le ha dotado para dirigir nuestro gobierno con tanto acierto. Nos congratulamos con toda la seguridad de tener y obedecer a un jefe que, sin duda, el cielo lo ha destinado para que nos conduzca, proteja y consuele en tiempos tan calamitosos. Así, no cesaremos, para manifestar a vuestra excelencia nuestro reconocimiento de rogar continuamente al señor le dé luces, acierto y salud para poder cumplir con las arduas obligaciones de su dignidad y que le guarde la vida los muchos años que el Estado, para su seguridad y tranquilidad, necesita.

   Santafé, 12 de noviembre de 1812.

   Excelentísimo señor

fray Francisco de Paula Ley, fray Nicolás Bermón,
prior provincial de predicadores, provincial de menores,
Maestro fray Custodio Forero, fray Antonio de los Dolores,
prior provincial de agustinos descalzos, provincial de descalzos,
fray Juan José Merchán, fray Salvador de Alcoy,
provincial de San Juan de Dios, vicario de capuchinos,
fray José María Franqui,
guardián de San Diego.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 17 de noviembre de 1812, t. II, No. 89. p. 423-424.

112
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO A LOS EMIGRADOS DE BARINAS

Santafé, 19 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Oficio del excelentísimo señor presidente a los emigrados de Barinas

   Con motivo de la llegada de don Miguel María Pumar a esta ciudad, he sabido que vuestras señorías no han recibido ninguna contestación mía a su oficio de 20 del pasado, seguramente por las continuas interceptaciones del gobierno de Tunja. Hallo en el día por ocioso el duplicarla, por el aspecto que han tomado las cosas y me limito a decir a vuestras señorías que como testigos oculares en esa del poco fruto que ha producido en el supremo congreso su enérgica representación de la misma fecha, habrán visto no está en mis facultades contribuir, como quisiera, a sus sanos y justos designios, por verme precisado a repeler la fuerza con la fuerza. Celebraría que estuviera sólo en mi arbitrio el poder complacer a vuestras señorías, para que conociesen mis sentimientos respecto a Venezuela, a sus ilustres emigrados y a la defensa de esta parte de la América, que va infaliblemente a correr la suerte desgraciada que otras provincias, si las cosas no cambian, por algún milagro, de aspecto, abrazándose un sistema enérgico y vigoroso, que al paso que concilie nuestras desavenencias interiores, pueda escarmentar a nuestros implacables y obstinados enemigos de fuera.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 19 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores don Manuel Pulido y don Pedro Briceño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 26 de noviembre de 1812, t. II., No. 90, p. 454-455.

113
DISPOSICIONES DE GOBIERNO DICTADAS POR NARIÑO

CONSTITUCION DE UNA JUNTA DE GOBIERNO INTEGRADA POR FELIPE VERGARA, PRESIDENTE; JUAN DIONISIO GAMBA, SECRETARIO DE HACIENDA; JOSE IGNACIO SAN MIGUEL, DE GRACIA Y JUSTICIA; Y MANUEL CAMACHO QUEZADA Y JOSE MARIA ARRUBLA. Santafé, 26 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Don Antonio Nariño presidente del estado de Cundinamarca, etc.

   Precisado a separarme por algún tiempo de esta capital con el justo designio de libertarla y salvar la patria de los males que nos preparan nuestros enemigos de dentro y fuera del reino, a que me creo obligado ocurrir personalmente, tanto por corresponder a la confianza que he debido a este generoso pueblo, como por cumplir con mis reiterados ofrecimientos de adelantarme a los peligros; he tenido por conveniente, durante mi ausencia, delegar las facultades del gobierno a mí conferidas, para que en la capital y demás pueblos de su comprensión se conserve el buen orden, tranquilidad, administración pública, a que únicamente se dirigen mis desvelos. A este fin, y debiendo precaver el inconveniente de que acaso se frustrase esta delegación si recayendo en solo una persona sobreviniese a ésta algún accidente que le inhabilitase para su desempeño, me ha parecido lo más oportuno formar una junta de gobierno compuesta de cinco sujetos que por su conocido patriotismo, probidad y luces tengan la aceptación pública. En este concepto he nombrado a don Felipe de Vergara, actual secretario de Estado y guerra, que será el presidente de ella; a don Juan Dionisio Gamba, secretario de hacienda; a don José Ignacio San Miguel, que lo es de gracia y justicia; a don Manuel Camacho Quezada y a don José María Arrubla; a los tres primeros con los sueldos que actualmente gozan; a los dos últimos con la misma dotación de cien pesos mensuales, despachándose las secretarías por los respectivos oficiales mayores como habilitados naturalmente para ello; y con declaración de que en caso de absoluto impedimento físico o legal de alguno o algunos de dichos miembros, han de continuar los restantes ejerciendo las funciones del gobierno; que las provisiones de empleo que sean urgentes se hagan, previo el requisito de propuestas por quien corresponda en calidad de interinas, y que en los casos extraordinarios de mucha gravedad como franquear armas, pertrechos, o caudales para fuera del Estado, no se proceda sin mi acuerdo, ni tampoco en los que puedan influir en sustancial innovación del gobierno.

   En consecuencia, espero que a las repetidas pruebas que este pueblo y los demás de la provincia me han dado de su adhesión a mi persona, y por quienes hago estos sacrificios, añadan la de obedecer y respetar a las personas que actualmente dejo encargadas del gobierno, contribuyendo todos y cada uno por su parte a mantener la tranquilidad y buen orden, que sólo pueden salvarnos en las críticas circunstancias en que nos hallamos, y que de lo contrario me distraerían o apartarían del importante objeto que me obliga a separarme de la capital, y seguir al frente de las tropas. Y para que llegue a noticia de todos se publica este bando.

   Dado en el palacio de gobierno de Santafé de Bogotá a 26 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Por mandato de su excelencia.

José Ignacio de San Miguel.

   Es copia.

San Miguel1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca nacional. Misceláneas. Fondo Quijano Otero, No. 254, f. 260.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

114
ENCUENTRO DE TROPAS EN VENTAQUEMADA

TROPAS DE SANTAFE RETROCEDEN. JOSE DE LEIVA,
PRISIONERO EN PODER DE LOS SOCORRANOS. Santafé, 2 de diciembre de 1812.

   Anoche, a las 9, ha llegado a esta capital el excelentísimo señor presidente del Estado, don Antonio Nariño, habiendo salido de Ventaquemada el día antes a las seis y media de la tarde. Y para que el público sepa el motivo de esta novedad y que no se divulguen noticias desfiguradas sobre la causa que la ha ocasionado se da la relación que sigue:

   El martes 1° del corriente durmieron en el sitio llamado Enemoconcito las dos divisiones que separadamente habían marchado al mando del capitán don Lorenzo Ley y del general don José de Leiva. La noche fue muy lluviosa y no habiendo tiendas suficientes, amanecieron muy mojados tanto los soldados como los fusiles; se dio orden para que se descargaran y limpiaran y siguieron su marcha a las 9 y media del día 2. La división del mando del teniente coronel don Bernardo Pardo, durmió en Hatoviejo y tenía orden de seguir el mismo día a incorporarse con las otras dos divisiones. Siguieron sus marchas y como la jornada era corta, se dispuso que fueran a comer al pueblo de Ventaquemada. Las dos primeras divisiones habían llegado a la venta de Albarracín, cuando se recibió un parte del teniente coronel don Ignacio Salcedo, que iba mandando la descubierta, en que daba aviso de haber ya trescientos hombres de tropa de Tunja dentro del pueblo de Ventaquemada.

   Se dieron las disposiciones necesarias y sin aguardar la división de Pardo, marchó la tropa a paso redoblado y al llegar al alto de Albarracín, encontró su excelencia tres prisioneros que la avanzada había hecho de los que halló en el mismo punto mandados por el capitán don Atanasio Girardot y don Agustín Velasco, quienes dejaron en nuestro poder sus caballos y se escaparon por el monte. Los prisioneros dieron razón de que el grueso de las tropas enemigas debía llegar el mismo día. Esta noticia, confirmada separadamente por cada uno de los prisioneros, obligó a precipitar la marcha para impedir su reunión, y sólo se pudo montar un obús. Al adelantarse nuestras tropas, desampararon los enemigos el pueblo y se situaron sobre una altura en el camino que va para Tunja. Forzaron los nuestros la marcha y repitieron los enemigos por tres veces el mismo movimiento, siempre retirándose a las alturas por el mismo camino. Ya eran las cuatro de la tarde y había llegado la división de Pardo, cuando hicieron alto las tropas de Tunja y se rompió el fuego, descubriéndose en la formación de los contrarios, que su número subía de ochocientos fusileros, o porque hubieran llegado después, o porque se hubieran mantenido encubiertos detrás de una altura.

   El fuego fue muy vivo por una y otra parte y cuando de un instante a otro se esperaba que las tropas enemigas comenzasen a ceder, se oyó una voz repentina entre las nuestras, cuyo origen no se ha podido averiguar, que decía somos perdidos, y en el momento comenzaron nuestros soldados a desordenarse, sin atender a la voz de los oficiales ni del general don José de Leiva, que se hallaba allí presente. Observado el desorden por su excelencia, que estaba a poca distancia, tomó el caballo y se adelantó a contenerlo, pero viendo que ninguna especie de exhortación le bastaba para hacer volver a los que sin fundamento se dispersaban, cogió en sus manos una de las banderas del ejército y se adelantó gritando que lo siguieran, lo que también fue sin fruto, pues las tropas continuaron hasta ponerse detrás de una colina, a cuyo punto había pasado el general, que dispuso felizmente el que esta partida se formase sobre su altura e hiciese fuego, lo que contuvo al enemigo, que ya sólo tenía al frente al batallón provincial mandado por Salcedo y las compañías de patriotas que se fueron retirando en orden y haciendo fuego, el que duró en todo dos horas hasta llegar a la plaza del mismo pueblo. Aquí un puñado de hombres, con dos obuses, sostuvieron el fuego hasta entrada la noche, en que ya fue imposible resistir a las tropas que se agolparon, y cayó prisionero en manos de los socorreños el señor don José de Leiva. Entonces su excelencia, que se hallaba tratando de reunir las tropas que subían por el camino de Albarracín, viendo que era imposible lograrlo, porque nadie le obedecía, dio las órdenes que le parecieron convenientes, al capitán Bonilla, que se hallaba mandando la guardia de prevención, para que ya que se retiraban, lo hiciesen, a lo menos, en orden, y dispuso seguir a esta ciudad, a tomar nuevas providencias y evitar el caer infructuosamente en manos de los enemigos, como había sucedido con el general Leiva.

   Es preciso tener en consideración que nuestras tropas iban sin comer, después de una mala noche y con la terrible fatiga que les causaron las marchas forzadas de más de cuatro horas, antes de comenzar el ataque, y que las del enemigo habían comido y estaban descansadas, fortalecidas y avivadas con aguardiente, según se advirtió en algunos prisioneros, y con mucha más artillería montada de la que nosotros pudimos llevar al campo, pues la de ellos parece no bajaba de seis piezas, mientras nosotros sólo tuvimos allí un obús manejado con el mayor denuedo y acierto por don Santiago Perry.

   Su excelencia por las razones antes dichas, dejó la misma noche en marcha para ésta a casi todas las tropas con sus fusiles, los bagajes y caja militar, con las órdenes de lo que debían practicar en su retirada, comunicándolas, igualmente, aquella misma noche, al capitán don Manuel Alvarez, que no había llegado con su división. Nuestra pérdida, en esta parte, fue de cuatro obuses de seis pulgadas; uno de a tres, un pedrero y algunos pertrechos de éstos, no habiendo caído en manos del enemigo más fusiles que los de los que murieron o hicieron prisioneros, habiendo nosotros también cogido algunos de ellos. No es posible dar razón de los muertos que hubo de una y otra parte, pero es cierto que fueron muchos más por la del enemigo. Después se dará, si fuere menester, una noticia más circunstanciada de todo.

   Se advierte al público que la junta de gobierno sigue ejerciendo sus funciones para que el despacho diario no distraiga a su excelencia de las medidas de defensa que tiene que tomar; y que se va a hacer la señal de alarma, no porque haya un peligro próximo sino para saber la fuerza extraordinaria con que se debe contar y ordenarla en tiempo.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria. 4 de diciembre de 1812.

115
FUERZA DE LA PRIMERA COMPAÑIA DE MILICIAS DE INFANTERIA DE SANTAFE

Zipaquirá, 6 de diciembre de 1812.

                                                     José María Caballero.

FUERZA DE LA PRIMERA COMPAÑIA DE MILICIAS DE INFANTERIA DE SANTAFE

Capitanes 
1

Tenientes 

1
Subtenientes 
1
Sargentos los 
1
Sargentos 2os 
2
1
Cabos los 
3
Cabos los 
6

Soldados 

62 
Total 
78

Zipaquirá, 6 de diciembre de 1812.

José María Caballero.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Colección de autógrafos.

NOTA:
Licenciado 1, desertores 2 y 25 soldados que hasta ahora no se han presentado.

116
OFICIO AL AYUNTAMIENTO DE CALI

INFORME SOBRE EL "FELIZ SUCESO DE LAS ARMAS DE LA UNION CONTRA LAS MIRAS AMBICIOSAS DEL TIRANO DE CUNDINAMARCA". Quilichao, 22 de diciembre de 1812.

Vicente A. Borrero,
(diputado secretario del gobierno)

Opinión de los federalistas

   Son las nueve del día y en este momento ha recibido el superior gobierno un extraordinario de Popayán comunicando noticias muy lisonjeras de Santafé, que no quiere retardar a vuestra señoría muy ilustre por lo mucho que interesa su circulación en toda esta provincia.

   La copia de la papeleta que acompaño instruye individualmente del feliz suceso de las armas de la unión contra las miras ambiciosas del tirano de Cundinamarca, que llevando al cabo las ideas de subyugación de todas las provincias libres para elevarse después al trono en que querían colocarle los partidarios del despotismo, intentó primero atacar al congreso nacional, que era el mayor obstáculo que se oponía a sus proyectos criminales; pero el Todopoderoso, que asiste a los defensores de la libertad americana, ha frustrado los inicuos planes del usurpador de nuestros derechos, haciendo que se convierta contra él mismo el puñal y las cadenas que preparaba para sus hermanos.

   Tres mil soldados que supo seducir la pérfida política del sátrapa de Cundinamarca, han sido batidos y dispersados por sola un ala de 600 hombres del ejército de la unión, y la completa derrota que experimentó ese rebaño miserable de esclavos les habrá hecho conocer que no es fácil oponerse a los designios de la Providencia claramente explicados en favor de los hijos de Colombia, cuya santa causa protege visiblemente. Aprendan, pues, los pueblos a sostener su dignidad con heroica constancia, y enseñados los tiranos con los terribles ejemplos con que el cielo castiga sus depravadas intenciones, tiemblen de la cólera de un Dios justiciero, que ha armado el brazo de su venganza contra los enemigos de la especie humana.

   No hay tiempo para comunicar por separado a los demás ayuntamientos estas plausibles noticias, y vuestra señoría muy ilustre se servirá, como se lo encargo a nombre del gobierno instruir al de Buga de todo, con copia de la papeleta adjunta, para que de allí circule a las demás municipalidades.

   Dios guarde a vuestra señoría muy ilustre muchos años.

   Quilichao, 22 de diciembre de 1812

Vicente A. Borrero,
diputado secretario de gobierno.

   Señores del muy ilustre ayuntamiento de la municipalidad de Cali.

Oficio anterior. Se reconoce el gobierno de las provincias libres.

   Queda instruido el superior gobierno por el oficio de vuestra señoría y copia del acta que acompaña, de haberse reconocido solemnemente por ese ilustre ayuntamiento el supremo congreso federal de las provincias unidas de la Nueva Granada, cuya augusta función fue celebrada por las públicas aclamaciones de ese generoso vecindario.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Quilichao, 17 de diciembre de 1812.

Vicente A. Borrero,
diputado secretario de gobierno.

   Señores del muy ilustre ayuntamiento de la municipalidad de Cali.


117
ANONIMO CONTRA EL PRESIDENTE NARIÑO

CRITICA IRONICO JOCOSA CONTRA LA BAGATELA Y ALGUNAS DE LAS TESIS SOSTENIDAS EN ELLA. 1812.

(Anónimo).

   Señora doña Eufrasia Montalvanico, enclavijada1.

   Ya me había contado el insigne don Cocodrilo Fonseca, que había visto en un momento reducida a menudas hilas una vara de precioso género por esas morenas y perláticas manos.

   De tan portentosa habilidad inferí lo que podía suceder a mi pobre fibulira de los Carracos, si llegaba por su desgracia a caer en ellas. Un entendido decía que al perdido se le permite romper el naipe, y el refrán tiene su cumplimiento en este lance; pero vamos a otras cosillas.

   ¿Qué rango obtiene usted en la reverenda familia o alcurnia fonsecuna? Deseo saberlo; porque mordiendo uno de sus individuos en días pasados la sin par Bagatela, exclamaba: ¡Papel impúdico! Y si usted madama Montalvaniza, o es una de las sibaritas, o de las amigas, o bellas hechiceras de la pandilla, sabremos que llora el Cocodrilo (como decía un gerundio también Montalvánico) no por lástima del difunto tener, sino por los sesos de la calavera sacar :::: Vaya :::: Si. Confiese usted la partida, y saldrá de perlas una coplita que oí a un chico en días pasados.

   ¡Bravo! Esa guiñada que ya me parece alcanzo a ver, es capaz por sí sola de merecerse los afincados servicios Argivo-Efemérico-Montalvanicos2. Doy a usted pues la enhorabuena, no tanto por la trova, cuanto porque en la línea de que vamos hablando echó la pierna a los Safos, Corinas, y a las improvisadoras Tarentis y Corilas. Mas supuesto que la vuestra grandeza tiene, como aquéllas, inclinación a relinchar en verso, oiga los que cantaron las Niñas Escuraiuas antenoche.

    Un orangoutan se vio
    casualmente en un espejo,
    y al ver su negro pellejo,
    furioso el cristal rompió.
    A este modo, digo yo

hay hombres de seso flacos
que al verse pardos Carracos
sin razón se enfurecieron,
y una fábula rompieron,
sin dejar aun para tacos 

   ¿Qué dice usted madama? Quizás por complacer al sexo femenino (aunque no al montalvánico) introdujo el compositor estas dos chicas en la danza.

   ¡Se escandaliza usted!, pues sepa que tengo mis ribetes de moralista, y sé que en ello no ha pecado ni venialmente. Pero escuche, que ya se me sale otra de vocablos entornillados, y aunque estas materialidades que ligan la expresión, causan asco a las gentes entendidas (esto es, no efímeras) con todo, para dar a entender que algo se le entiende de trovas, la compuso, no un enclavijado; mas otros cuidan ajustándose a las palabras últimas de cada verso, en la Fábula del pajarito, y a las impajaritables del Carraco alechuzado.

Romance

Piensan que el siglo dorado
constituyen de esta tierra
los efímeros de llano,
y Montalvanes de selva.
Yo que sé que con perfumes
cada uno de éstos se llena
no los doy aunque sean flores
y aunque sus frutos sean perlas.
Simple y pobre pajarillo,
me enseña naturaleza
que hay sierpes en el copado
mirto, do mi voz gorjea.
Por eso conceptos torno,
mis libres acentos vuelan
para que a efímeros trinos,
las gentes no estén atentas
que al verlas embelesadas
para engañarlas se esfuerzan,
desterrando la armonía,
que hoy a Santafé recrea.
Vuelvo a advertir son Carracos,
que a las lechuzas se acercan
y que por chupar del coro
y a la lámpara, aquí se mezclan.
Y con las verdades canto,

y las saben los que observan
en Carracos degradados,
hombres que a arruinarnos vuelan.
Nunca podrán sus graznidos
lograr aquello que intentan
que es de alta voz el Cantor
y en vencer no desespera.
Alguna vez de prudente,
cosas en olvido echa,
que si dijera en el canto,
negros misterios encierran:
misterios bien enfadosos
que la indignación aumentan
contra harpías congregadas,
que a este buen pueblo exasperan.
Con bestiales picotazos
y a ellas mismas se aporrean,
probando mustias y tristes,
anticipada la pena.
Finalmente sepan que
si en más intrigas se emplean
las toman con entendidos
que detestan sus tareas,
su ambición y poco seso,
y estiman las bagatelas.

   Señores doctores son los que trabajan a escote el Efímero.

   Ante dice: congreso, y por salir largo se puso esotro3.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTAS:
1   El apellidito tiene muelas.
2   Que vale lo mismo que decir Cóngresi - regentistico - napoleónicos, aunque mejor, atribuyen ellos esto último al bagatelista como hicieron al presidente.
3   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

118
OFICIOS ENTRE EL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA Y EL PRESIDENTE DEL CONGRESO

DERROTA DE LAS TROPAS DEL EJERCITO DE LA UNION. SOLICITUD DE LIBERTAD DE LOS REPRESENTANTES MANUEL BERNARDO ALVAREZ Y LUIS EDUARDO AZUOLA. RELACION DE PRISIONEROS EN SANTAFE. OFICIOS DEL GOBERNADOR DE TUNJA A NARIÑO. CONTESTACION. CANJE DE PRISIONEROS. Santafé, 1, 15, 22 de enero de 1813. Tunja, 12, 15 y 17 de enero de 1813.

Antonio Nariño,
José María del Castillo,
Camilo Torres.

   La estrechez de las circunstancias no ha permitido aún dar al público el pormenor de los sucesos de la guerra civil que Cundinamarca se ha visto en la necesidad de sostener y a cuyo efecto se está trabajando el correspondiente manifiesto. Pero como entre tanto interese el que el mismo público se imponga de las comunicaciones oficiales del congreso con este gobierno, posteriores a la gloriosa acción del día 9 del presente enero, que decidió esta extraña y escandalosa contienda, ha determinado se den éstas en Gaceta para que no se carezca de noticias tan importantes.

Oficio del excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño, al del supremo congreso, don Camilo Torres

   Excelentísimo señor:

   Bien presto habrá llegado a noticia de vuestra excelencia y del congreso la verdadera derrota que han sufrido las numerosas tropas que con el nombre de ejército de la unión atacaron a esta capital al amanecer del día 9 de este mes. En efecto, después de haberla afligido con un riguroso asedio de muchos días; después de haberse desatendido las reiteradas medidas de conciliación que de esta parte se arbitraron en obsequio de la paz y de la humanidad; después, en fin, de haberse despreciado con increíble orgullo y todo el aire de tiranía las más humillantes capitulaciones que se propusieron al general don Antonio Baraya en los términos que manifiesta el adjunto impreso, se puso aquel día en ejecución el execrable plan acordado por el congreso y dispuesto por su poder ejecutivo de atacar a Santafé.

   Prescindo, por ahora, de otros planes particulares y tan sanguinarios como aquél, que no se ignora estaban trazados por los comandantes de esas tropas y sus partidarios contra familias enteras, contra casas y habitantes de esta emulada ciudad. Dejo aparte otros tantos proyectos de iniquidad que sin duda se habrían llevado a cabo, si el Dios de la eterna justicia (a quien no se oculta la sanidad de mis intenciones y la malignidad con que se me ha calumniado) no hubiera protegido visiblemente nuestra causa para confusión de la temeridad, de la injusticia y de la soberbia.

   Ya lo ha visto vuestra excelencia; lo ha palpado el congreso y muy de cerca sus capitanes. El fruto que en consecuencia me propongo por ahora sacar de ese desengaño es: lo primero que se pongan inmediatamente en absoluta libertad y franquía para restituirse a esta capital los dos beneméritos diputados de esta provincia, don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, facilitándoseles, en caso necesario, los auxilios que necesiten para su transporte. En segundo lugar y en iguales términos, los oficiales y demás prisioneros que están allá detenidos. En tercero, que a excepción de las armas que ya estén efectivamente empleadas en la defensa del reino se restituyan sin dilación a este parque de artillería todas las demás, que siendo pertenecientes a este Estado, han quedado todavía en esos territorios.

   Para todo servirá vuestra excelencia de gobierno que tengo de prisioneros de guerra al señor diputado de Popayán, doctor don Andrés Ordóñez y Cifuentes, al señor gobernador propietario de Tunja, don Juan Nepomuceno Niño, a cerca de 20 oficiales de todas graduaciones y a más de 900 soldados de ese ejército, pero tratados todos respectivamente con el decoro y consideraciones que corresponden.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

Oficio del excelentísimo señor gobernador interino de Tunja don José María del Castillo al de este Estado

   Excelentísimo señor:

   Deseoso de contribuir a la terminación de la guerra civil, que tiene despedazado el reino con escándalo del universo y gozo de los enemigos de nuestra libertad, convoqué la representación de esta provincia para manifestarle la necesidad de pensar ya en hacer los últimos sacrificios por conseguir el restablecimiento de la concordia interior; y como el origen de la discordia ha sido la contradicción o disonancia sobre la forma del gobierno general, la he propuesto retroceder y convenir en el establecimiento de un solo gobierno central, hasta que asegurada la libertad del reino se dé a éste el que más le convenga. La representación se ha conformado con esta propuesta, de que he dado avisos al poder ejecutivo de la unión y actualmente se ocupa en formar el plan que en su concepto debe ser la base de este sistema.

   Quiera el cielo que este proyecto, que no es sugerido por las circunstancias del momento, sino por el amor a la humanidad y a la libertad de la Nueva Granada, sea el iris de paz que ponga fin a una guerra tan desastrosa y extinga para siempre el germen que la ha producido.

   Pero para que así sea, es preciso allanar antes todos los estorbos que pudieran impedir o retardar la consecución de un bien tan grande, y hoy está en manos de vuestra excelencia remover todos los obstáculos.

   El gobernador de esta provincia se sabe que ha sido detenido en Zipaquirá y conducido como prisionero a esa capital, y aun se dice que se le ha tratado indecorosamente. Yo no he podido creer semejante tratamiento, pero lo cierto es que este suceso tiene desolada a su virtuosa familia. Vuestra excelencia conoce bien el carácter y las cualidades que adornan a este jefe, sabe cuánto es amado en su provincia y no puede dudar que su libertad influirá eficazmente en la reconciliación de los ánimos. Por lo mismo, yo ruego a vuestra excelencia que dé esta prueba de generosidad y le ofrezco en canje de las personas de don Manuel Alvarez y de don Luis Eduardo Azuola, que entiendo trata de poner el congreso a disposición de este gobierno; y cuando así no sea, yo protesto que haré los últimos esfuerzos porque se les rebaje la detención en que se hallan a efecto de poder cumplir mi ofrecimiento. Este será un preliminar de la paz general y un motivo de gloria para vuestra excelencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 12 de enero de 1813.

José María del Castillo, gobernador interino.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don, Antonio Nariño.

Contestación al oficio anterior

   Acabo de recibir el oficio de vuestra excelencia de 12 del corriente y contesto en la misma hora para que vuestra excelencia y esa provincia sepan que no sólo se ha tratado con toda consideración y decoro al señor gobernador, don Juan Nepomuceno Niño, sino que sonando todavía el fuego del cañón, estaba mi familia con mis dos tiernas hijas, que vuestra excelencia conoce, sirviendo con sus manos el desayuno a los oficiales prisioneros y a los heridos que iban llegando al campo. Así he querido corresponder a los horrendos planes que se tenían formados contra mi persona y las de mi familia, si las tropas de la unión hubieran entrado victoriosas en esta ciudad. A 24 oficiales prisioneros que hasta ahora han llegado, les he recibido entre mis brazos, a pesar de que ya había actuación en que resultaba que habían hecho una junta para entregarse y después asesinarme o formar una revolución, y todos se hallan tratados como simples prisioneros de guerra.

   Por lo demás, aguardo la contestación del excelentísimo señor presidente del congreso al oficio que dirigí con fecha 11 del corriente. El tiempo ha llegado, señor excelentísimo, en que el mundo entero se desengañe de que si he tenido firmeza para resistir el peso de todas las provincias inclusa la de Cundinamarca con solos 800 o 1.000 hombres, no tengo ambición ni inhumanidad. Los principios que he amado en tantos años de desgracias los he conservado en medio de una victoria que nadie esperaba, y puedo asegurar a vuestra excelencia que en los siete días que han pasado desde aquel memorable, aún no se ha desarrugado mi frente. No son estos triunfos los que satisfacen mi corazón y sólo he visto en ellos el inminente peligro de que he escapado a los moradores de esta ciudad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 15 de enero de 1813. 

Antonio Nariño

   Excelentísimo señor gobernador interino de Tunja, don José María del Castillo.

Oficio del excelentísimo señor gobernador interino de Tunja al de este Estado

   Excelentísimo señor:

   Con fecha 12 del corriente escribí a vuestra excelencia que el congreso, según había yo entendido, trataba de poner a disposición de este gobierno las personas de don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, y proponiéndole, en su consecuencia, canje por la del excelentísimo señor gobernador de esta provincia, que fue detenido en Zipaquirá cuando se retiraba y conducido a esa capital en calidad de prisionero.

   Al mismo tiempo la representación de esta provincia, que meditaba los medios de paz y conciliación, acordó se propusiese al congreso que autorizase a este gobierno para poderlas entablar y llevar a efecto con ese, y así se ha conseguido, según lo verá vuestra excelencia por la copia número 1.

   Pero como aún no había tenido efecto mi anuncio, solicité del poder ejecutivo de la unión que pusiera a mi disposición aquellas personas detenidas por decreto del mismo congreso y las de los prisioneros tomados en la acción del día 2 de diciembre para poder tratar del canje y facilitar, de este modo, el buen suceso de las negociaciones pacíficas, y también ha convenido en ello el poder ejecutivo, según verá vuestra excelencia por la copia número 2.

   La representación provincial tiene ya acordadas las medidas que en su concepto son más necesarias, más eficaces y más justas, y aun ha nombrado las personas que deben ir encargadas a esta negociación importante, las cuales partirán muy pronto para esa capital; y yo espero que por este medio quede terminada la guerra cruel que nos despedaza y aniquilado el germen que la ha producido.

   En este estado de cosas es indispensable que vuestra excelencia convenga por su parte en la cesación de todo género de hostilidades, cierto de que cesarán también por la de este gobierno, que nada desea con tanto anhelo como el restablecimiento de la buena inteligencia entre las dos provincias, de la turbada paz y de la fraternidad, para que concentradas las fuerzas y los recursos, podamos ponernos en actitud de resistir a los enemigos exteriores y de obrar unidos nuestra felicidad. Vuestra excelencia que conoce bien mi carácter, no puede dudar de la sinceridad con que hablo.

   Como un medio eficaz para la obtención de la paz, reitero a vuestra excelencia mi propuesta de canje, ofreciéndole poner en libertad las indicadas personas, siempre que vuestra excelencia se allane, según se lo ruego y espero, a practicar otro tanto con las del excelentísimo señor gobernador de esta provincia, de los dos señores diputados don Joaquín de Hoyos y don Andrés Ordóñez, si están detenidos o prisioneros y de los demás que se sabe lo han sido en la acción del día 9 del corriente.

   La cesación de las hostilidades por una y otra parte y el canje que va propuesto serán la mejor prueba de las buenas intenciones de ambas partes y asegurarán la libertad con que debe procederse en asunto tan grave, inspirando la más firme confianza de que será feliz el éxito de la negociación. Ya está en manos de vuestra excelencia dar la paz interior a la Nueva Granada y asegurar la libertad de la patria, por la cual conjuro a vuestra excelencia para que no desprecie un medio tan seguro de adquirirse un nombre entre sus conciudadanos y para la posteridad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 15 de enero de 1813.

José María del Castillo,
gobernador interino.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Número 1.

   El congreso, que jamás ha aspirado a otra cosa sino a la entera pacificación del reino y defenderlo de los enemigos exteriores, y que si ha emprendido la lucha con Santafé fue provocado imperiosamente a ella, y con el fin de reunir por único fruto de esa empresa los recursos de esa misma provincia para dirigirlos a su verdadero objeto, que es la defensa común, no puede llevar a mal las medidas pacíficas que trata de emplear el gobierno de Tunja para con el de Santafé, y mucho menos después de haber provocado a esta provincia como a todas las demás a que le sugieran nuevos medios de apagar la discordia civil y de convertir sus esfuerzos contra los enemigos comunes. En esta virtud puede vuestra excelencia entrar a tratar con Santafé avisando oportunamente al congreso del éxito de sus negociaciones dirigidas al predicho fin. Y de orden del presidente encargado del poder ejecutivo de la unión lo comunico a vuestra excelencia para su inteligencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja y 14 de enero de 1813.

José Acevedo,
diputado secretario.

   Al gobierno de esta provincia.

   Es copia,

   Tunja, 15 de enero de 1813.

Montaña.

Número 2.

   Queda autorizado el gobierno de esta provincia, como lo solicita en oficio de esta fecha, para tratar del canje de prisioneros con el de Santafé y puestas a su disposición a este efecto las personas de don Manuel Bernardo Alvarez y de don Luis Eduardo Azuola, igualmente que la de los oficiales y soldados tomados en la acción del día 2 de diciembre, bien entendido que comprenderán también las de los diputados del congreso, que puedan hallarse prisioneros o detenidos de resultas del último suceso de 9 del corriente. Y de orden del gobierno de la unión lo comunico a vuestra excelencia en contestación a su citado oficio.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 15 de enero de 1813.

José Acevedo,
secretario.

   Al gobernador de esta provincia.

   Es copia,

Montaña.

Contestación de este gobierno al oficio anterior

   Persuadido, como vuestra excelencia, de la necesidad que tenemos de poner fin a nuestras desavenencias y de meditar un sistema que por ahora nos salve de los grandes peligros que nos amenazan, contrariaría esta idea si me empeñara en contestar al poder ejecutivo del congreso como me da campo en su oficio de 17 del corriente.

   Quiero ser el primero en dar ejemplo de moderación cuando la fuerza está de mi parte y cuando conozco que el congreso ha autorizado a esa provincia porque aún se desdeña de tratar directamente conmigo.

   Convengo en la cesación de hostilidades por una y otra parte, siempre que por esa provincia y por la unión se suspenda todo preparativo que aumente sus fuerzas en hombres o armas. Estoy pronto al canje de prisioneros y vuestra excelencia puede mandar los diputados que ya me insinúa están nombrados para que tratemos sobre los asuntos importantes que me indica, a cuyo fin remito en blanco el correspondiente pasaporte.

   Quiera el cielo que las buenas intenciones que vuestra excelencia me anuncia tengan todo el buen efecto que yo deseo, y que nuestras negociaciones sean la aurora de un nuevo orden de cosas que asegure la existencia política de la Nueva Granada.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 22 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Al señor gobernador interino de Tunja, don José María del Castillo.

Oficio del excelentísimo señor presidente de este Estado al del congreso, don Camilo Torres

   Si las presentes y venideras generaciones tendrán que admirar las capitulaciones a que se denegó el general de la unión antes del ataque del día 9, mucho más tendrán que admirarse de que vuestra excelencia y los demás miembros del congreso después de derrotado y disperso su ejército y confesando ya su impotencia, quieran conservar un lenguaje que continúe las calamidades que el supremo congreso nos ha envuelto sólo por un encono contra mi persona. ¿Con qué responderá vuestra excelencia a la posteridad cuando publique los documentos que precedieron a este escandaloso ataque y los que después se han encontrado en los equipajes de la oficialidad? Ruego a vuestra excelencia en nombre de la humanidad y de la patria que deponga ya ese tono de omnipotencia que tanto ha chocado hasta sus más ciegos partidarios y que pensemos de buena fe en salvar del modo posible a estos desgraciados pueblos de las calamidades que se les esperan si continuamos con la misma conducta que hasta aquí; ¿cómo quiere vuestra excelencia que mantenga yo mil hombres en prisión haciendo un gasto enorme hasta que vayan y vengan las contestaciones insignificantes que se piden a todas las provincias? ¿Las consultó el congreso para venirnos a atacar? ¿Piensa vuestra excelencia tomarse este tiempo para que aquí nos consumamos en gastos con sus prisioneros, mientras allá se rehacen para un nuevo ataque? No, estoy muy lejos de guardar tanto tiempo para la decisión de esta bárbara contienda, y parece más natural el que yo emplee el dinero que sea consumido y si puede ser la misma gente, en que esto termine cuanto antes.

   Aún no he recibido la contestación del oficio que dirigí a vuestra excelencia con fecha 11 del corriente, y aguardo la de éste que remito con dos oficiales para que no se extravíe, a fin de que sabiendo la última resolución que se tome, poder yo decidirme a la que debo tomar.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de enero de 1813.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

Oficio del excelentísimo señor presidente del poder ejecutivo del congreso al de este gobierno

   A dos puntos se reduce el oficio de vuestra excelencia de 11 del corriente concebido en el tono con que vuestra excelencia ha acostumbrado tratar hasta aquí al cuerpo depositario de la autoridad soberana de los pueblos, pero exaltado hoy con los transportes que causa un suceso inesperado: primero, al mandamiento de poner inmediatamente en absoluta libertad a los diputados de esa provincia don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, y a los oficiales y prisioneros de guerra que están acá detenidos, facilitándoles los auxilios que necesiten para su viaje; y lo segundo, a la intimación de entregar sin tardanza las armas que hayan quedado todavía en estos territorios, a excepción de las que estén ya efectivamente empleadas en la defensa del reino.

   En cuanto al primero, teniendo, según asegura vuestra excelencia en esa provincia prisioneros al diputado de Popayán, ciudadano Andrés Ordóñez, al gobernador de Tunja, ciudadano Juan Nepomuceno Niño, oficiales de todas graduaciones y soldados, puede vuestra excelencia disponer su canje, a cuyo efecto está autorizado el gobierno de esta provincia, según lo habrá visto vuestra excelencia en sus comunicaciones respectivas; y en cuanto al segundo, estando como deben estar, cualesquiera armas que se encuentren en estos territorios a disposición del congreso para la defensa general, si vuestra excelencia no obstante quisiese todavía despojarle de ellas, es preciso que se las arranque con la misma violencia con que proyectó hacerlo el 2 de diciembre en Ventaquemada, pues que el suceso de 9 del corriente ni ha mudado la naturaleza de la causa, ni los principios de justicia en que se apoya el congreso, ni últimamente la dignidad con que sabrá sostener la confianza que han hecho de él los pueblos.

   Por lo demás, el congreso y su poder ejecutivo se degradarían en rebatir las pequeñas imputaciones que se les hacen; pero sí tenga entendido vuestra excelencia que si sus miras y las de sus capitanes hubiesen sido tan execrables, tan sanguinarias y tan inicuas, como vuestra excelencia se ha atrevido a pintarlas, Santafé habría gemido de veras, y vuestra excelencia no tendría esta ocasión de insultarnos. A la humanidad de sus principios debe Santafé su existencia desde el día en que pudo haber sentido los efectos de una venganza que jamás se abrigó en sus corazones, y sin ellos habría sido menos verdadera la derrota que vuestra excelencia expresa. Aún no les pesa, y en medio de la humillación que han padecido, les resta la gloria de ver perdido el fruto de tantos sacrificios por no ofender a una ciudad a quien no reputaron delincuente. Que tenga ella esta prueba de su benevolencia y de su amor, mientras la eterna justicia de un Dios, a quien no puede ocultarse la verdad de estos sentimientos y la malignidad con que se les calumnia, vuelve por la más santa de las causas, que es la que ha peligrado el 9 del corriente y no la del congreso.

   El, en fin, no provoca hoy la guerra, como no la ha provocado nunca, suspendiendo toda hostilidad de su parte, según que positivamente lo ha asegurado vuestra excelencia en oficio de 14 del corriente. Aún hay algo más: ha manifestado ya por el conducto de vuestra excelencia a todas las provincias su situación y la imposibilidad de defender al reino en todos los puntos por donde se ve amenazado, como lo habría hecho en otras circunstancias, excitándolas a que le sugieran medios de extinguir la discordia civil y de ocurrir a los peligros exteriores que son sin duda mayores que lo que vuestra excelencia ha creído hasta aquí. Jamás se acusará ya al congreso después de esta apertura de paz y de unas comunicaciones tan francas y generosas, que nada tienen de debilidad y cobardía y sí mucho de los heroicos sacrificios que ha estado siempre dispuesto a hacer por la salud del reino.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja y 17 de enero de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

Al gobierno de Santafé.

Contestación al oficio que antecede

   Excelentísimo señor:

   Serían interminables nuestras desavenencias si yo me empeñara en contestar a vuestra excelencia punto por punto su oficio de 17 del corriente. No puede haber paz si cada uno nos obstinamos en sostener la justicia o el capricho que nos asiste. El que tiene razón es el que cede y yo quiero dar una prueba de que la tengo, cediendo primero.

   Con esta fecha contesto al gobierno de Tunja a quien el soberano congreso ha autorizado para que entre en negociaciones, accediendo a la suspensión de hostilidades, al canje de prisioneros de guerra y a la admisión de diputados para que tratemos de terminar nuestras querellas, estableciendo un sistema que por ahora nos salve de los peligros que nos amenazan y que pueda asegurar la existencia política de la Nueva Granada, que ya veo peligrar si nos detenemos un poco más, no por Correa, ni por otros que forman partido, sino por una de las dos naciones que en el día tienen puestos los ojos en las Américas y que son las que verdaderamente nos pueden subyugar, si en tiempo no aplicamos el único remedio que nos queda.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 22 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.


119
ATAQUE A SANTAFE

HOSTILIDADES DESDE EL CONGRESO CONTRA NARIÑO. SOBRE CAPITULACIONES PROPUESTAS A BARAYA. INTENTOS DE INGRESO A LA CAPITAL. RELACION DE MUERTOS, HERIDOS Y PRISIONEROS. Santafé, 9 de enero de 1813.

   Todo el mundo sabe y ya causa fastidio el repetirlo, que la separación que hizo nuestra provincia del congreso, fue solamente porque ese cuerpo no quería cumplir con los tratados de 18 de mayo, ratificados a los 11 días siguientes por el colegio más solemne que ha visto Cundinamarca, en donde sólo una quinta parte de sus miembros era adicta a los sistemas políticos del señor presidente Nariño. En aquella separación halló el congreso una bella coyuntura para desenrollar el odio envejecido que casi todos sus individuos han profesado a nuestro Estado y a dicho presidente. Estampar el incendiario decreto de 20 de noviembre, que ya el público verá en otra ocasión; tratar, por todos los medios de separar a los pueblos que componen esta provincia, de la obediencia a su capital; levantar tropas en Tunja y el Socorro para que siguiesen (según la expresión del congreso) a destruir la facción rebelde que oprimía a Santafé, he aquí los pasos prudentes y sabios con que el congreso marchaba a procurarnos la felicidad general. La acción del 2 de diciembre en Ventaquemada, cuya desgracia se exageró equivocadamente aun por nosotros mismos en la Gaceta extraordinaria del día 4, infundió en las tropas enemigas el mayor orgullo y obcecación, al paso que a nosotros nos llenó de moderación y docilidad. Nuestro gobierno, por intercesión del cabildo eclesiástico y secular, mandó repetidas veces plenipotenciarios cerca del general Baraya, para que con él o con el congreso tratasen de cortar nuestras desavenencias por medios honrosos de conciliación y de paz; pero los enviados de Cundinamarca eran desairados por aquel general, y siendo testigos de su obstinación y dureza, no conseguían otra cosa que justificar más y más la causa de Cundinamarca.

   "Que se reponga el gobierno cundinamarqués al ser en que se hallaba el 9 de septiembre último, para que el tirano Nariño no siga en un gobierno que ha usurpado y se someta al juicio del congreso soberano; que Cundinamarca reconozca ciegamente al congreso y le jure la obediencia; que se me entreguen todas las armas blancas y de fuego con los pertrechos y municiones que tiene Santafé y, rindiéndose la ciudad a discreción, espere la clemencia del vencedor; de lo contrario entraré a ella a sangre y fuego y a costa de cualesquiera sacrificios". Este era el lenguaje con que el general de la unión contestaba siempre a todas las personas que le proponían la paz. Así es que de este modo quería exigir antes de la batalla, lo que no habría conseguido después de la victoria más completa. Si se entablaba una suspensión de armas, ella era efímera y se rompía a discreción del enemigo; testigo de esta verdad fue la ocupación del Puerta Grande y Fontibón, hecha el 24 de diciembre, a consecuencia de haberse supuesto falsamente que de Anolaima o Facatativá entraban ese día refuerzos a Santafé. Los grandes destacamentos que el enemigo puso en Usaquén, Suba, Fontibón, Bosa, Tunjuelo y el puesto de Monserrate el 5 del corriente en que fue forzado aquel punto, nos pusieron en situación de verdadero sitio; sin embargo, el proyecto de cogernos por hambre no era menos desastroso que el de intentar un ataque encarnizado sobre la capital.

   El 6 propuso nuestro presidente al general Baraya las capitulaciones insertas en el boletín del ejército, número 1, en virtud de haberlo autorizado nuevamente para que capitulara la representación nacional reunida el 5. La respuesta, concebida en los términos más decisivos y arrogantes, ya la ha visto el público en el mismo boletín. Al tiempo que la recibió el señor presidente Nariño, dirigió el siguiente oficio al comandante de la división de Monserrate: "Una de las personas que han venido de ese punto de Monserrate me ha insinuado el hambre que padecen los prisioneros y las tropas de usted... A pesar del bloqueo que se tiene puesto a esta ciudad y de la inhumanidad con que se quiere arruinarla a sangre y fuego, remito a usted de pronto una carga de arroz, un tercio de carnes y otro de sal para que se socorran sus tropas y me avise lo más que necesiten, contestándome si podré remitir a los prisioneros los demás auxilios que puedan necesitar.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Campo de San Diego, 6 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Señor comandante de la división de Monserrate, don Atanasio Girardot".

   Oígase la respuesta dada e esta oferta de beneficencia y humanidad y se verá el desprecio y altanería con que se trataba al primer magistrado de Cundinamarca, hasta por los subalternos del ejército enemigo.

   "Campamento de Monserrate, 6 de enero.

   El acopio de provisiones que he recibido de Suba, me pone en estado de no necesitar de las que usted me remite y devuelvo con el mismo conductor. Sírvase, usted, por tanto, evitarse estas molestias en lo sucesivo, y tenga usted entendido que no se trata de arruinar a Santafé, con cuya especie se ha querido difamar a un general de cuya bondad se abusa demasiado, sino de restablecer en ella el orden de que los abusos de la tiranía la han privado, y que muy pronto sentirán los perturbadores del orden público todo el peso, de nuestras armas victoriosas.

   Dios guarde a usted muchos años.

Atanasio Girardot.

   "Señor don Antonio Nariño".

   El 7 al amanecer, un trozo de nuestras tropas al mando del coronel de ingenieros, don Antonio Bailly, sorprendió al destacamento de Usaquén, cuyo comandante era el capitán don Antonio Morales. Se hicieron solamente 30 prisioneros; se cogieron algunos fusiles y varios pertrechos de boca y guerra. Esta pequeña pérdida del enemigo, dio nuevo aliento a nuestro ejército, que se hallaba bastante consternado, no tanto por el cerco que sufría, cuanto por la pérdida del interesante punto de Monserrate. En un momento se reanimó el espíritu militar y ya nuestros soldados deseaban con ansia la llegada de los enemigos, aunque fuesen en número de ocho a diez mil, para manifestar con ellos el valor y la energía que los ocupaba... A las siete de la noche se recibió un oficio del general Baraya, fecho en Fontibón una hora antes, en que por última vez se rindiese la ciudad a discreción y, de lo contrario, entraría en ella a sangre y fuego. Señaló cuatro horas para que dentro de ellas se diese una respuesta decisiva; y se le contestó que si se obstinaba en no prestarse a unas capitulaciones honrosas, se haría una vigorosa defensa, hasta derramar los habitantes de Santafé la última gota de su sangre.

   Este era el pie en que se hallaban nuestras desavenencias, cuando llegó el día 9, en que celebró la Iglesia la fiesta de San Julián y Basilia, mártires; día, el más glorioso para Santafé y el más terrible para sus enemigos... Al amanecer se avistaron las columnas de la unión en el llano de la Estanzuela, como en número de 3.000 hombres. Entraron a la ciudad por la puerta de dicha hacienda, que está al frente de la ermita de las Cruces. Las calles se inundaron de enemigos, que se dirigieron hacia la plazuela de San Victorino, con ánimo de echarse sobre las armas de nuestro campamento en la Alameda Nueva. A las cinco y media de la mañana ocuparon las bocas de las calles 1 y 2 del Prado y la parte superior de dicha plazuela. Inmediatamente se rompió el fuego de nuestro campamento, que principiaron y sostuvieron con la mayor viveza solamente 330 soldados de los nuestros. Los enemigos, resguardados con las paredes de los solares y casas del barrio, no podían experimentar gran daño del fuego con que les batimos desde la tercera calle del Prado, y así es que lo sostuvieron una hora y cincuenta minutos; pero habiéndose conducido cañones de grueso calibre hacia los flancos derecho e izquierdo, y aprovechándose algunos tiros, no pudieron los enemigos manifestarse indiferentes a los estragos que experimentaban. Huyeron precipitadamente y entonces nuestra infantería, a paso redoblado de ataque, avanzó sobre la artillería enemiga. Tocó el clarín a degüello y al punto nuestro pocos soldados de caballería vuelan sobre el enemigo y concluyen en él el desorden comenzado. Al momento las partidas de guerrilla se esparcieron por todos los campos con el fin de hacer prisioneros de guerra, cuyo objeto llenaron completamente1. Los soldados de la unión que componían el grueso destacamento de Monserrate, se contentaron durante la acción con ser simples espectadores de la desgracia de sus compañeros. El diputado en el congreso, don Andrés Ordóñez y Cifuentes, el gobernador de Tunja, don Juan Nepomuceno Niño, 24 oficiales prisioneros, 993 soldados entre muertos, heridos y prisioneros; una bandera; una banda del general de la unión; 27 piezas de artillería; más de 200 fusiles; una multitud de lanzas; 58 granadas reales; 30 cajones de metralla de obús; 6.000 cartuchos de fusil; 800 balas rasas de pedrero; ocho arrobas de balas sueltas de fusil; 11 cajones de cartuchos de obús; 6.000 piedras de chispa; 13 arrobas y 17 libras de balas de metralla y otros muchos pertrechos de boca y de guerra, han sido los trofeos de esta completa victoria. Ella nos ha compensado con usura nuestras penalidades anteriores, y por ella bendecimos sin cesar al Ser Supremo que ha sabido abatir a los soberbios, exaltando al mismo tiempo a los humildes.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 13 de enero de 1813, t. II., No. 92, p. 465-466.

NOTA.
1    Las valientes cundinamarquesas, olvidando la delicadeza de su sexo cogieron cuchillos y corriendo tras de los que se fugaban hicieron algunos prisioneros y se echaron sobre un pedrero.

120
RELATO DEL ATAQUE DE LAS TROPAS DE BARAYA A SANTAFE DE BOGOTA

DESCRIPCION DEL ASEDIO A LA CAPITAL. SE DESTACA LA INTERVENCION DE LAS SANTAFEREÑAS EN LA DEFENSA DE LA CIUDAD.

   Baraya daba aquella contestación el día 8 de enero, y el 9 al amanecer se avistaron las columnas de la unión en el llano de la Estanzuela. Entraron a la ciudad por la puerta de dicha hacienda. Los enemigos llenaban esas calles y se dirigían hacia la plazuela de San Victorino, interponiéndose entre la ciudad y las fuerzas del gobierno, cuyo frente y trincheras quedaban hacia la parte de abajo, al empezar la alameda nueva. A las cinco y media ocuparon las bocacalles primera y segunda del Prado, y la parte superior de la plazuela. Inmediatamente se rompió el fuego en el campo del gobierno de Cundinamarca, el cual sostuvieron con el mayor valor 300 soldados solamente. Los de la unión, resguardados con las tapias de los solares y casas del barrio, no podían recibir mayor daño del fuego que se les hacía desde la tercera calle del Prado y así lo sostuvieron por hora y media; pero habiéndose llevado algunas piezas de artillería de grueso calibre hacia los flancos derecho e izquierdo, y aprovechándose algunos tiros de metralla, ya no pudieron sostener el puesto y huyeron precipitadamente. Entonces la infantería cargó a la bayoneta sobre la artillería, que acababan de conducir al campo, y la tomaron, distinguiéndose en esta acometida las mujeres, que andaban alcanzando pertrechos y ayudando a arrastrar los cañones. Tocó el clarín a la carga y la poca caballería del gobierno completó la derrota. Quedaba aún un escuadrón de caballería de la unión formado frente al ejido; se le dirigió un cañonazo de grueso calibre, y el estruendo bastó para que huyesen en desorden hasta perderse de vista en el llano. Inmediatamente se dividió en guerrillas la fuerza de Cundinamarca, que constaba de poco más de 1.000 hombres, con el objeto de hacer prisioneros, en cuya pesquisa no se distinguieron menos las mujeres, que, armadas de cuchillos, desarmaban a los derrotados y los entregaban a otras que los rodeaban por todas partes para que los soldados no tuvieran que ocuparse en custodiarlos y pudieran seguir la persecución.

FUENTE EDITORIAL:
Groot, José Manuel. Historia eclesiástica y civil de la Nueva Granada, t. III., 2a. ed. aumentada. Bogotá, Casa Editorial de M. Rivas y Cía. 1891. p. 222.

121
OFICIOS DEL CONGRESO Y DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA A TODAS LAS PROVINCIAS DE LA NUEVA GRANADA

ESFUERZOS PARA LA UNION. OFICIOS DE NEIVA, PURIFICACION Y POPAYAN AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA. CONTESTACIONES. Tunja, 13 de enero de 1813; Neiva, 28 de enero de 1813; Purificación, 30 de enero de 1813; Santafé, 21 de febrero de 1813.

Camilo Torres, José Acevedo,
Luis Caicedo, Felipe Antonio Mazuera,
José Antonio de las Barcenas, Antonio Nariño.

Oficio dirigido por el supremo congreso a todas las provincias de la Nueva Granada después de los sucesos del 9 de enero

   El congreso, para ponerse en aptitud de llenar el más sagrado de sus deberes, que era la defensa general del reino, y convencido de la necesidad de hacer servir a tan importante objeto los recursos que sólo podía prestar la provincia de Cundinamarca, no pensó desde su instalación sino en los medios de atraerla a la unidad y armonía con las demás. Pero en vano se desveló en esta empresa de salud y de vida para ella misma y para todas las que componen la Nueva Granada. Reflexiones, condescendencias, insinuaciones y aun sacrificios1, todo fue infructuoso y como si antes bien se hubiera preparado para un fin opuesto, todo sirvió para convencerle de la desgraciada pero imperiosa necesidad de resistir la fuerza con la fuerza y de usar de la que tenía a su disposición como de un medio inevitable para adquirir la que necesitaba y debía emplear contra los dos enemigos exteriores. Los primeros pasos de esta empresa correspondieron a la rectitud y sanidad de intenciones que la animaban, pero sin que éstas hayan faltado, la suerte de la guerra, siempre varia, ha decidido por decirlo así la del congreso y tal vez la del reino entero, privándole a un tiempo de la fuerza que tenía y de las esperanzas de la mayor que con otros recursos había fundado en la reducción de Santafé a la unidad. Tal es, precisamente, el estado en que se considera el cuerpo por la acción desgraciada de su ejército a la entrada de Santafé el 9 del corriente, y tal es el punto de vista en que sin desviarse de la rectitud y franqueza propia de todas sus comunicaciones cree que se debe presentar a la consideración de las mismas provincias, para que en deliberación de lo que fuere más oportuno y atendidos los graves peligros que las rodean exteriormente, propongan lo que estimen más conveniente para extinguir la discordia interior y ocurrir a dichos peligros.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja y 14 de enero de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.
José Acevedo,
diputado y secretario del poder ejecutivo.

   Es copia del que se comunicó en la misma fecha a todas las provincias.

Acevedo.

Oficio del gobierno de Neiva al de este Estado

   Cuando la eterna sabiduría de un Dios Santo como el que adoramos en nuestra religión nos quiere hacer visible su protección, da un golpe fuerte con su poder para que volvamos en sí y reparemos la senda torcida que nos encaminaba al principio. El suceso del día 9 no puede menos que llenar de sentimiento por los estragos del combate, pero la amargura al instante se contempla y no sólo sino que ensancha el ánimo y lo dispone para que por momentos renazca el afecto, la unión perpetua, el vínculo más sagrado y el pacto más solemne entre todos los habitantes de la Nueva Granada, sin que quede una provincia de las libres y que sostienen nuestra causa, que no abrace este sistema.

   Un eterno odio a las guerras civiles y un amor sin igual entre los que componemos la familia, sea el fruto de las desavenencias pasadas. Que los enemigos de nuestra causa tiemblen cuando sepan la paz interior del reino y que si se atreven a adelantar su conquista temeraria, adviertan que hay una sola opinión entre nosotros y que unidas nuestras armas, prontos nuestros intereses y enlazados nuestros soldados en sus columnas, éstas no serán dispersas por ellos y solamente conseguirán sus designios cuando el último soldado, o la última persona de nuestro [...] arrojen los espíritus de sus vidas.

   La contestación que se da al supremo congreso por esta provincia, en cuanto alcanzan sus facultades, contiene los mismos puntos y no se duda de que las provincias todas o sus gobiernos se hallen penetrados de estos sentimientos y virtudes patrias. El supremo cuerpo de la nación, que sólo desea el buen éxito y que se desvela por la felicidad general, tomará medidas, las más sabias, para una conciliación pronta porque así lo piden las circunstancias, y que los instantes que se pierden por no trabajar la defensa nos expone a una ruina para siempre. Este gobierno queda con la más completa satisfacción, por la generosidad y sublimes ideas de vuestra excelencia contenidas en su oficio de 21 del mes que acaba.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Neiva, 28 de enero de 1813.

José Antonio de las Barcenas.

   Excelentísimo señor presidente del supremo Estado de Cundinamarca.

Decreto

   Santafé, 4 de febrero de 1813.

   Contéstese acusando el recibo y que a pesar de los bellos sentimientos y expresiones de que está sembrado todo este oficio, el gobierno no ha podido formar juicio de cuál es el resultado de la propuesta hecha al supremo congreso.

   Está rubricado.

Mutienx.

Oficio del ilustre cabildo de la Purificación al gobierno de Cundinamarca

   Excelentísimo señor:

   La plausible noticia de la derrota que los enemigos de nuestro Estado han sufrido el 9 del presente en esa capital, al tiempo mismo que se creían posesionados ya de ella, ha sido para los habitantes de esta villa de la más grande complacencia y satisfacción. Se congratulan con vuestra excelencia de las glorias de Santafé y de sus triunfos y conocen bien que su suerte y la de los pueblos, en cuyo nombre hablamos a vuestra excelencia, depende sólo de la mejor ciudad de la Nueva Granada que se ha visto tan injustamente acometida por aquellos mismos, que de otro modo, debían propender a su mayor lustre y fomento.

   Sírvase vuestra excelencia entenderlo así y saber que mientras Santafé sufría el asedio de las tropas de Tunja y del Socorro, se asediaban y disponían de los bienes de los habitantes de esta villa por unos hombres sin domicilio y vecindad en los cantones de Neiva y Mariquita, y principalmente en Ibagué tratan de mejorar su escasa suerte con la rapiña y el pillaje, de que daremos a vuestra excelencia cuenta en ocasión más oportuna.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años que el Estado necesita para su felicidad.

   Sala consistorial de Purificación y 30 de enero de 1813.

   Excelentísimo señor.

Luis Caicedo, José Miguel Núñez y Ortiz,
Cayetano María García, Pedro Maldonado,
Pedro Juan de Luna, Manuel de Valencia,
Mariano García,
secretario.

   Excelentísimo señor, don Antonio Nariño, presidente del supremo gobierno del Estado de Cundinamarca.

Decreto

   Santafé, 4 de febrero de 1813.

   Contéstese manifestando al ilustre cabildo de la Purificación lo satisfactorio que ha sido para este gobierno los sentimientos que expresan en este oficio de que, por otra parte, nunca se había dudado por las repetidas pruebas que así el cabildo como su digno jefe han dado de su adhesión y amor a este gobierno.

   Está rubricado.

Mutienx.

Oficio que el presidente de Cundinamarca dirigió a todas las provincias del reino después de la derrota de las tropas de la unión

   El deplorable estado a que el supremo congreso ha reducido a esta provincia, porque no se ha prestado a todas sus miras, es difícil de pintarlo a vuestra excelencia. Todo el mundo sabe que apenas se instaló este cuerpo con los diputados de Cundinamarca remití el dinero que se me pidió, y que disponía demostraciones de regocijo público y de gracias al Todopoderoso, creyendo que nuestras desavenencias interiores iban a terminar. Pero, ¡cuál fue mi asombro cuando recibí las primeras contestaciones oficiales! Su forma, su lenguaje y su contenido, me hicieron conocer que lejos de esperar la paz de este cuerpo, nos iba a envolver en nuevas calamidades; desconoce, por primer paso, este gobierno que como el de Cartagena y Popayán pudo temporalmente crear una dictadura para remediar sus disturbios interiores; eleva y premia a don Antonio Baraya, que por los tratados de Santa Rosa había quedado sujeto a un juicio formal por su conducta respecto de este Estado; me manda entregarle las armas; y finalmente, rompe los pactos con que esta provincia reunida en un colegio legalmente congregado había entrado en federación. Cada momento se recibían reales órdenes fundadas en su soberana voluntad y sin ningún respeto al acta de federación, que por otra parte, no ha dejado a este cuerpo ningún contrapeso, ningún freno que lo contenga cuando exceda los límites de sus facultades.

   Yo me contraje a estos tres principios: El congreso debe cumplir los pactos o condiciones con que esta provincia entró en la federación; a la provincia y no al congreso toca juzgar sobre la justicia o injusticia de mi gobierno siempre que sea temporal; y el congreso no puede injerirse en este punto, con tal que este gobierno no le falte por su parte a lo convenido en el acta de federación con las restricciones dichas. El congreso rompió los pactos desde el día de su instalación; desconoció este gobierno que toda la capital y las tropas habían proclamado impelidos de la necesidad, y que los pueblos de fuera no reclamaban; y no contento con que se le obedeciera en la forma que estaba, exigía además, sin facultad alguna, un juramento parcial.

   Visto que no se obedecían ciegamente sus imperiosos mandatos, comenzó a reunir tropas de todas las provincias en Tunja y la Villa de Leiva; aprisionó contra todo derecho de gentes y aún mantiene presos a nuestros diputados, y en 20 de noviembre declaró a esta provincia la guerra, a esta ciudad por refractoria y a mí por tirano. Me preparé a la defensa y aunque en junta de oficiales se había determinado ponernos sólo sobre la defensiva, viendo que cada día se aumentaban las fuerzas enemigas, se hubo de variar el plan y se determinó entrar en el territorio de Tunja para prevenir el mayor riesgo y que no se acabaran de fortificar. Entonces fue la acción de Ventaquemada que creyó el congreso decisiva, no habiendo muerto de nuestra parte más que un oficial y cinco soldados, hecho 50 prisioneros y tomado cuatro piezas de artillería que se quedaron en el campo sólo por falta de peones que las arrastraran, y habiendo sido mayor su pérdida de hombres. Yo me retiré la misma noche a esta ciudad para evitar desórdenes si llegaba antes la noticia; dicté mis providencias y logré reunir todas las tropas del Estado con sus armas; comencé luego a fortificar esta ciudad abierta por todas partes, conociendo lo que debía suceder. Efectivamente marcharon las tropas llamadas de la unión en número de 6.000 según se asegura y fueron agregando hasta los mismos pueblos de Cundinamarca, seduciendo a unos y atemorizando a otros, hasta dejarme reducido, si puedo decirlo así, a la mínima expresión. Mil hombres, no todos soldados, reunidos en el campo de San Victorino, fue todo lo que me quedó contra los numerosos enjambres de tropas que nos venían a devorar. Hice proposiciones, se mandaron cuatro o cinco diputaciones de los cabildos y de la representación nacional, me presté personalmente a dos conferencias entre las tropas enemigas con riesgo inminente de mi vida, pero todo fue infructuoso; orgullo, altanería, desprecio y amenazas fueron todas las contestaciones. Se acercaron finalmente los enemigos, después de habernos por muchos días cortado los víveres, y forzaron un destacamento que tenía sobre el cerro de Monserrate que domina la ciudad; Cundinamarca estaba ya reducida a dos leguas cuadradas y la mayor parte de los habitantes de la ciudad aterrados y seducidos. Propuse entonces las capitulaciones que vuestra excelencia verá en el adjunto boletín y la respuesta fue la que en él se incluye2. Ya no me quedaba más recurso que la infamia o la muerte; escogí esta última y conduciendo al campo a mi familia con mis dos tiernas hijas que hacía 20 días que estaban a mi lado en medio de las tropas, exhorté a los pocos soldados que me quedaban a que hiciéramos el último esfuerzo para salvar a esta desgraciada ciudad de los horrores que se la esperaban; me dispuse a concluir la carrera de una vida tan trabajosa, a manos de mis conciudadanos y amigos por quienes tanto he padecido.

   El Dios de la justicia oyó mis votos, recibió mi resignación y la de mi familia, como en otro tiempo la de Abraham deteniendo la mano del parricida. El 9 del corriente al amanecer, sonó el fuego enemigo y 4.000 hombres estaban ya a tiro de cañón. Se derramaron por todas partes y aún me cortaron el campo de la ciudad; quedé reducido al extremo recinto de 400 varas; esforcé a mis valientes compañeros y con solos 330 soldados, en cerca de dos horas de vivísimo fuego, vi disiparse como el humo las numerosas tropas de la unión. Los campos de Bogotá a las 8 de la mañana estaban inundados de fugitivos, y quedaron en mi poder 27 piezas de artillería con todos sus pertrechos, municiones y bagajes, gran número de armas, 41 oficiales, incluso el comandante, el gobernador de Tunja, el diputado Ordóñez (que tomaron parte en la agresión) y 993 hombres, entre prisioneros, muertos y heridos.

   No crea vuestra excelencia que en medio de este conflicto e inesperado triunfo, se llenó mi corazón de orgullo y de una baja alegría; no, me consolé al ver libre a la ciudad de una plaga, de un desastre, pero mis ojos se humedecieron al ver el campo manchado con la sangre de mis compatriotas y a mis antiguos amigos conducidos como prisioneros de guerra. Todos están sí, tratados con decoro y asistidos con el mayor esmero.

   Las contestaciones posteriores a este suceso con el soberano congreso dan pocas esperanzas de que esta acción sea la última entre nosotros; continúa en el mismo tono y con las mismas pretensiones aunque por ahora encubiertas por la impotencia en que ha quedado. Vuestra excelencia verá por el adjunto oficio que le dirige, de que se me incluyó copia, un modo misterioso e insignificante para dar largas hasta que nos acabemos de perder por entero. Después remitiré a vuestra excelencia el manifiesto que se está trabajando con los documentos que han precedido; y entre tanto, esa provincia y toda la Nueva Granada deben estar persuadidas de que estoy pronto a todo sacrificio que dependa de mí y que no sea el de mi honor, lo que acreditarán mis posteriores procedimientos.

Oficio del gobierno de Popayán al de este Estado

   El oficio que con fecha 21 del pasado dirige vuestra excelencia a este gobierno, contiene una relación circunstanciada de los sucesos ocurridos en esa parte del norte de la Nueva Granada, desde los principios en que se rompió la guerra entre ese y los demás Estados, hasta el día 9 del mismo mes en que sufrieron el revés, de que habla vuestra excelencia, las tropas del supremo congreso al atacar a esa capital de Cundinamarca.

   Si este gobierno había mirado antes con horror que el calor de las pasiones hubiese hecho tomar las armas a unos hermanos contra otros, en vez de emplearse contra los tiranos que han comenzado a hacer progresos en el sur de la Nueva Granada, ahora ha tenido motivos más poderosos para deplorar la suerte de la generación política de tantos pueblos, en sus principios tan gloriosa, y que sucesivamente ha ido desviándose del objeto que se proponían las almas verdaderamente libres. Y ¿qué hombre por insensible y corrompido que sea, podrá mirar sin enternecimiento los estragos que están causando las discordias civiles, que si sacan de la esclavitud a los pueblos despotizados, también les preparan sus cadenas a los que disfrutan de la libertad? ¿Ni quién podrá ceñir su frente de los laureles recogidos en esta especie de guerra tan funesta y desastrosa aun para los mismos vencedores, sin sentir correr por sus mejillas la sangre del hermano, del pariente, del amigo, del conciudadano... ? Vuestra excelencia ha sentido desde luego estos efectos de un corazón formado en la filantropía, cuando refiriendo a este gobierno el suceso de la batalla del 9 de enero, le dice que sus ojos no pudieron dejar de humedecerse al ver manchadas las calles de esa capital con la sangre de sus compatriotas y conducidos a sus amigos y paisanos como prisioneros de guerra.

   En efecto: el que contempla con una filosofía sentimental este grado de horror; el que no se deja deslumbrar de una victoria que lleva consigo el germen de males interminables y destructores; el que sabe que los triunfos conseguidos en una guerra suscitada entre unos y otros conciudadanos, dejan siempre que pagar una deuda inmensa a la especie humana; y, finalmente, el que por principios y por experiencia está persuadido de que esta clase de desavenencias intestinas abre las puertas a los invasores de la libertad, porque debilita a los pueblos, y el frenesí que produce les da un tono que por ser sumamente activo, pronto desfallece, es preciso que como vuestra excelencia, anhele por el término de ese mal terrible y que se resuelva por fin a cualquier sacrificio, que curando las llagas de los pueblos, convierta su furor contra los déspotas que nos preparan el cadalso y la proscripción.

   ¡Cuántas fatigas, cuántos desvelos no han costado a este gobierno las discordias en que han estado envueltas esa y las demás provincias del norte! Mientras que los hijos de Popayán, ausentes de su hogar, iban a buscar un asilo entre sus hermanos del Valle del Cauca, por no caer en las manos de rebeldes asesinos, que derramados por esta frontera como manadas de tigres carniceros, han cometido estragos espantosos; mientras que el pretendido presidente de Quito se internaba a esa bella provincia esparciendo el luto y la consternación y haciendo intimaciones a estos pueblos libres, mientras que el virrey nominal don Benito Pérez mandaba agentes y auxilios que sedujesen y ocupasen la costa del sur y prestasen fuerzas a los rebeldes de Pasto, este gobierno, trabajando sobre cenizas y ruinas ensangrentadas, se lisonjeaba con la dulce esperanza de que terminadas dichosamente aquellas desavenencias, sería apoyado de las armas destinadas para proteger la libertad, para obrar la redención de esta provincia y de las demás del mediodía, cuya suerte está tan íntimamente ligada con las otras. Pero ¡qué contrario ha sido el resultado de sus ardientes votos! ¡Qué cúmulo de males ve desplomarse sobre esta patria despedazada y en qué horrores la ha visto envuelta repentinamente! Más encarnizados los odios, el espíritu de venganza excitado hasta un punto que no tiene término, la detestación de unos pueblos con otros más acalorada, y en fin, desencadenadas todas las pasiones con un furor ilimitado, han llegado a obstruir de tal manera la senda que nos conducía a la libertad, que la vista más perspicaz en política apenas alcanza a ver su término marcado con las cadenas de la más vil e ignominiosa servidumbre.

   Al fin es preciso convenir en que son vanos cualesquiera esfuerzos que se hagan para anular la voluntad general; y que más tarde o más temprano debe prevalecer el voto de los hombres libres y perfeccionarse el sistema de una sabia asociación federativa de provincias, pues solas ellas pueden darse a sí mismas la ley, a pesar de los medios que se empleen para hacerlas variar de unas ideas que han abrazado con entusiasmo y que están profundamente grabadas en el corazón de cada uno de sus habitantes. Así que, sería la más insensata pretensión y el colmo de la tiranía, estorbarles buscar su felicidad adoptando un régimen de gobierno general, que han concebido los pueblos ser el más propio para obrar su salvación y para conservar inviolables los derechos imprescriptibles que han reivindicado a costa de los más crueles sacrificios. El ardor con que ellos han reconocido y jurado solemnemente al supremo congreso, la diferencia que manifiestan a sus soberanas resoluciones y las empresas que han adquirido, con sólido fundamento, de ver asegurada la patria bajo la dirección de aquel cuerpo nacional, son estímulos que desde luego han alarmado a todas las provincias y puéstolas en tal combustión, que lejos de debilitarse ésta con el suceso del 9 de enero, va a ser más rápida y terrible, preparando estragos, que acaso cubran a la Nueva Granada de sangre y de cenizas. No hay que dudarlo, su excelencia: tantos pueblos unidos por la identidad de sentimientos y encendidos de venganza, es preciso que obren ahora con furor y que la guerra civil, haciéndose común a todos, produzca devastaciones sin término y rompa con un ímpetu desesperado3.

   Tal es el punto de vista desde el cual considera en este día el gobierno de Popayán el carácter que han tomado las desavenencias de este Estado con el supremo congreso; pero al mismo tiempo que usando de la buena fe e inteligencia que hay entre este y aquel gobierno, para hablar en el idioma de franqueza e integridad que conviene a las circunstancias, protesta a vuestra excelencia que ni las miras particulares, ni el espíritu de partido ni rivalidades degradantes, serán jamás las que influyan en su conducta. Lejos de nosotros toda idea que no sea de conciliación y de estrechar íntimamente los lazos que la religión, la naturaleza y la política han formado dichosamente entre los pueblos, cuyo destino no es seguramente el de devorarse unos a otros como los de los bárbaros del Orinoco, sino el de abrazarse con ternura entre los ósculos de la más ardiente fraternidad. Que sepan los de Cundinamarca que los de Popayán les aman como a hermanos y que si ellos se explican con calor en medio de las vicisitudes a que han sido reducidos por la perpetuidad que van tomando esas querellas sangrientas, no es porque les deseen el mal, sino porque en la desesperación de su infortunio sientan vivísimamente que no se terminen las discordias intestinas, para ocurrir a los peligros exteriores.

   Vuestra excelencia y todo el mundo van a tener una prueba perentoria y decidida de esta verdad en los procedimientos del gobierno de Popayán. El ha acordado que el ciudadano teniente coronel José María Cabal siga inmediatamente a ese Estado en calidad de mediador entre aquel gobierno y el supremo congreso; y los sentimientos que él explique personalmente a vuestra excelencia y a ese respetable e ilustrado público, no serán otros que los de la más cordial unión, por los que constantemente ha formado votos al Dios de la paz toda esta provincia.

   Estas son, señor excelentísimo, las únicas medidas que ha creído oportuno adoptar el gobierno de Popayán para cumplir con la rectitud de su carácter e intenciones. Si ellas no producen el efecto deseado, si la interposición amistosa de los representantes del pueblo de este Estado no es atendida y la guerra devastadora sigue con todos sus estragos, al menos le quedará el dulce recuerdo a este gobierno de haber procurado el bien de sus hermanos y el suyo propio, y de no ser responsable a las execraciones de las presentes y futuras generaciones que maldecirán constantemente a los autores de sus desgracias4.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Popayán, y 5 de febrero de 1813.

Felipe Antonio Mazuera,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Contestación al oficio anterior

   El oficio de vuestra excelencia, de 5 del presente, es una prueba de lo que se ciegan los hombres a la razón y a la justicia cuando median las pasiones. No ha sido bastante para que vuestra excelencia y una provincia abran los ojos respecto a la conducta del actual congreso con Cundinamarca el que aquél se negara a cumplir los pactos con que entró en la federación; el que violara el acta y, con quebrantamiento del derecho de gentes, encerrara a sus diputados; el que declarara en 20 de noviembre la guerra a esta provincia después de haber estado desde mucho antes acantonando tropas con ese objeto y, últimamente, el que negándose a unas capitulaciones en que parece que nada le quedaba ya que desear, viniese a dar de cañonazos a esta ciudad; era preciso que yo me entregara amarrado de pies y manos y que las personas y caudales de los vecinos honrados de la capital se pusiesen a discreción de unas tropas enfurecidas y dispuestas al saqueo, como estaba en el orden según los principios de que venían imbuidos.

   Pero lo que parece todavía más extraño es el que después de saberse todo esto y de haberse visto la conducta que yo he guardado con estas mismas tropas, me venga aun vuestra excelencia amenazando con el furor de las provincias y que, haciéndose la guerra civil común a todas, produzca devastaciones sin término y rompa con un ímpetu desesperado que cubra a la Nueva Granada de sangre y de cenizas. ¿Qué dirán de nosotros las naciones de Europa, a quienes en el día nos hemos presentado en espectáculo? ¿Qué juicio hará de estos procedimientos la posteridad imparcial? Confieso a vuestra excelencia que me avergüenzo al ver los principios sobre que queremos cimentar nuestros nuevos gobiernos; el odio a mi persona se ha querido que prevalezca sobre la felicidad pública, y ninguna acción mía ha merecido la aprobación de las otras provincias, porque no he sacrificado a sus miras los pueblos que me confiaron su custodia y segundad.

   ¿De dónde ha sacado vuestra excelencia esos principios para insultarme, de que sólo son hombres libres los del voto de la federación? Seguramente que Roma y Atenas no lo fueron en el concepto de vuestra excelencia. Pero es más: jamás me he opuesto a la federación sino a la violencia de los que han querido arruinar a la provincia que se me confió. Lo que sí es la más insensata pretensión y el colmo de la tiranía, es querer obligar a Cundinamarca con la fuerza de las armas a entrar contra su voluntad en una federación leonina. Cundinamarca ha franqueado auxilios a todas las provincias, hasta dejar casi exhausto su parque. Cundinamarca facilitó los medios de que se instalase el congreso y, no obstante, se quiere que se destruya, no para salvar al reino, sino para que otras figuren. El congreso me ha declarado tirano de Cundinamarca, y yo con mejores datos los declaro tiranos de la Nueva Granada. Roma, señor excelentísimo, se salvó en su nacimiento de los disturbios interiores con las dictaduras de Largius y de Valerius, y Atenas se perdió con el gobierno de los 30 tiranos.

   Concluyo con decir afirmativamente a vuestra excelencia que si las otras provincias se obstinan en querernos dar la ley a costa de la salud pública, Cundinamarca, concentrando sus fuerzas, se defenderá hasta el último extremo, y si el reino y la libertad se perdieren, como será consiguiente, ellas serán responsables a la posteridad de su imprudencia y temeridad.

   El diputado que ese gobierno manda en calidad de mediador cerca de éste, será recibido con todas las consideraciones que su carácter público y mérito personal se merecen; y no dude vuestra excelencia y esa provincia que por mi parte cooperaré a la conciliación, abdicando nuevamente si fuere menester, un empleo que sirve de pretexto para las desavenencias interiores del reino, aunque no lo han servido igualmente el de vuestra excelencia y el de Cartagena en sus dictaduras.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 21 de febrero de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del gobierno de Popayán.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 21 de febrero de 1813. t. II. No. 96. p. 468-473.

NOTAS:
1   ¿Cuáles han sido las reflexiones, condescendencias, insinuaciones y sacrificios del soberano congreso con Cundinamarca? El público los sabe muy bien por los papeles que se han dado a la luz y lo acabará de ver por el manifiesto que se está imprimiendo.
2   Boletín del ejército, número 1.
3   ¿Y quieren que Cundinamarca mande sus armas a Popayán para que le hagan la guerra? Esta sí sería el colmo de la insensatez.
4   Que son Ricaurte, Baraya y los congresistas.

122
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

NARIÑO COMUNICA A CAMILO TORRES SOBRE LAS NOTICIAS QUE ACABA DE RECIBIR, QUE INFORMAN DE LA TOMA DE SANTA MARTA POR LAS TROPAS DE CARTAGENA. Santafé, 24 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Acompaño a vuestra excelencia impreso y copia de los oficios que por extraordinario acabo de recibir de Cartagena con la plausible noticia de la toma de Santa Marta por las tropas de aquella provincia. Esta ciudad queda en una especie de transporte y regocijo, tanto más plausible para mí, cuanto esto hace ver al mundo entero que el espíritu público y el amor de la libertad no se han extinguido, como se decía, bajo mi gobierno. Mi satisfacción será completa cuando vea que en lo interior se extinguen los odios y las discordias que más de una vez nos han puesto a punto de perdernos para siempre.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 24 de enero de 1813, a las dos de la tarde.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

123
CARTA A MANUEL BERNARDO ALVAREZ

BERNARDO PARDO Y LORENZO LEY SE DIRIGEN AL PRESIDENTE DEL ESTADO, MANUEL BERNARDO ALVAREZ, EN REFERENCIA AL CARACTER Y DESEMPEÑO DE LOS TRIBUNALES COLEGIADOS. Santafé, 26 de enero de 1813.

Bernardo Pardo,
Lorenzo Ley.

   Excelentísimo señor:

   Los tribunales colegiados no pueden proceder con la rapidez que se echa de menos en el oficio de vuestra excelencia, que apenas la tendrá un solo individuo obrando tal vez con precipitación, con facultades ilimitadas y sin tropiezos ni embarazos para la ejecución de sus determinaciones. Este tribunal debe obrar con arreglo a las leyes militares y civiles; sus providencias, en especial las de embargo de bienes y las que impongan pena corporal de cualquier clase, deben recaer las primeras cuando el proceso esté en estado de decretarse su prisión, y las segundas ya concluidos e inspeccionados con la seria meditación que exigen causas de tan general y pública importancia. Desde los primeros días de la creación de este cuerpo, sus desvelos y cuidados, recayeron con preferencia sobre la secuela de las causas de los individuos que se han creído y reputado criminales. Se ofició en la comandancia general de las armas para que se nombrasen oficiales que haciendo de fiscales formasen los procesos. En consecuencia, a tres que se han presentado hasta ayer se les han asignado otros tantos de los procesados con el objeto indicado; y dos que han venido hoy se les ha devuelto su nombramiento por venir notablemente equivocado el uno y diminuto el otro. Se están siguiendo además las causas de Escandón y Salgado.

   Por no distraer a los miembros del tribunal con diligencias de pura sustanciación y formación de procesos quedando el cuerpo incompleto para los asuntos que en el día exigen pronta resolución, se han dado varias comisiones a distintos sujetos para adelantar cuantos asuntos cree el tribunal de su resorte e inspección. El doctor don Clemente Calderón lo está para las investigaciones de los eclesiásticos comarcanos a la capital que hayan auxiliado las tropas de la unión o fomentado su partido. El doctor Montalvo para iguales causas en Anolaima y pueblos inmediatos, y en particular para la práctica de las diligencias relativas a la fundición de la pieza o piezas de artillería por Agustín Valbuena. El doctor don Pedro Sanmiguel para averiguación de los planes sanguinarios y depredatorios con que se acercaba y nos atacó aquel ejército, y silenciamos varias otras comisiones que se consideran de segundo orden y no tan importantes por no extendernos demasiado y hacer interminable esta contestación.

   Ruedan además en la mesa del tribunal sobre 40 expedientes en los que diariamente se dictan providencias y podrán manifestarse a los censores injustos de los tribunales, que estando fuera de ellos y acaso no teniendo más oficio que hablar, murmurar y echar abajo cabezas con la facilidad con que se pronuncian estas palabras, computan y miden el trabajo de los otros por su eterna criminosa ociosidad. Iguales detracciones sólo podrán contenerse con que sus autores se presenten a vuestra excelencia y los destine a juzgar de hecho a los que condenan con tanta ligereza, sin estar al resultado de las causas, pero aun sin esperar a que se concluyan. Es cuanto cree el tribunal debe contestar a vuestra excelencia en satisfacción del citado oficio que recibimos en la mañana de este día.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé y 26 de enero de 1813.

   Excelentísimo señor,

Bernardo Pardo,
Lorenzo Ley.

   Excelentísimo señor presidente del Estado1.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo nacional de Colombia. Sección Colonia, Fondo Historia, t. VII. f. 288 y s.s.

NOTA:
1   Del borrador. (Del autor).

124
OFICIO DE CAMILO TORRES A NARIÑO

NECESIDAD DE PONER TERMINO A LAS DESAVENENCIAS. SOBRE LA PROPUESTA DE ENTREVISTA. CONTESTACION. Tunja, 26 de enero de 1813. Santafé, 30 de enero de 1813.

Camilo Torres,
Antonio Nariño.

Oficio del excelentísimo señor presidente del congreso al de este Estado

   Por las comunicaciones de 23 y 25 del corriente habrá visto vuestra excelencia cuán persuadido está el gobierno de la unión de la necesidad de poner término a nuestras diferencias intestinas para ocurrir a los peligros exteriores, y que se ha anticipado a dar cuantos pasos se podían esperar de su moderación y de la sinceridad de los deseos que lo animan en esta parte. Ahora añade que en vista del último oficio de vuestra excelencia de 22 del corriente, que se ha recibido en esta fecha, ha tratado inmediatamente de que se pongan en libertad a los diputados y prisioneros de guerra, sin esperar ni la asignación de día, que antes había indicado como resulta de la adjunta copia.

   Ignora aún si alguna dificultad pueda embarazar la salida de vuestra excelencia de Santafé a la entrevista que se propuso, lo cual no obstante, el gobierno de la unión ha resuelto seguir mañana en la tarde a Ventaquemada y pasar al día siguiente a la parroquia de Hatoviejo, no adelantando hasta Chocontá por no saber definitivamente la partida de vuestra excelencia hacia dicho punto.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja y 26 de enero de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Al gobierno de Santafé.

Contestación del excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño al del supremo congreso

   Excelentísimo señor:

   Para no aventurar el acierto que he deseado desde que vuestra excelencia me propuso la entrevista que debe terminar las desavenencias en que hasta ahora nos hemos visto, convoqué la serenísima representación del Estado, proponiéndole la necesidad de esta medida; y como de ella se haya prometido su alteza soberana las más ventajosas esperanzas hacia una paz duradera, no ha hallado embarazo en que se verifique mi salida siempre que ésta sea con inmediación a la capital, por los movimientos que aún se notan en el pueblo, y las muchas atenciones que vuestra excelencia advertirá son consiguientes a los sucesos pasados. En esta virtud he deliberado pasar a Zipaquirá el día que vuestra excelencia me avise si no se determinare a seguir su viaje hasta esta capital, en donde será recibido con todas las consideraciones de su representación. Y para el caso de que vuestra excelencia adopte el primer partido, tengo dadas las órdenes convenientes al subpresidente de aquella villa para que le apronte el alojamiento correspondiente.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 30 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Colombia. 4 de febrero de 1813, t. II., No. 94, p. 474.

125
OFICIO DE JOSE ACEVEDO AL GOBIERNO DE TUNJA

LIBERACION DE LOS PRISIONEROS MANUEL BERNARDO ALVAREZ Y LUIS EDUARDO AZUOLA. Tunja, 26 de enero de 1813.

José Acevedo,
(diputado secretario).

Oficio de don José Acevedo al gobierno de Tunja

   Deseando el gobierno de la unión dar una prueba sensible al de Cundinamarca de que aspira sinceramente a la conciliación y paz interior del reino, no obstante de que aún pende la contestación del oficio que dirigió al indicado gobierno de Cundinamarca con fecha 23 del corriente, en que se le dice señale un día para poner en libertad a nuestros prisioneros, con cuyo hecho se practicaría lo mismo respecto de los suyos; el poder ejecutivo federal ha resuelto que desde hoy lo queden estos para que puedan disponer francamente de sus personas y que vuestra excelencia lo haga así entender al público para que nadie les moleste, entendiéndose esta disposición principalmente respecto de las personas de don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, anunciando al mismo tiempo por bando la suspensión de toda hostilidad convenida por una y otra parte. Y de orden del mismo poder ejecutivo lo comunico a vuestra excelencia para su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 26 de enero de 1813.

José Acevedo,
diputado secretario.

   Al gobierno de esta provincia.

   Es copia, fecha ut supra.

Acevedo.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 4 de febrero de 1813, t. II., No. 94, p. 474.

126
OFICIO DE CAMILO TORRES AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

SOBRE LA ENTREVISTA CON ANTONIO NARIÑO. CONTESTACION AL OFICIO ANTERIOR. SITIO PARA LA ENTREVISTA. Ventaquemada, 30 de enero; Tunja, 2 de febrero; y Santafé, 3 de febrero de 1813.

Camilo Torres,
Antonio Nariño.

Oficio del excelentísimo señor presidente del congreso al de Cundinamarca

   Incapaz de persuadirme de que en vista de mis urgentísimas solicitaciones se negase vuestra excelencia a la conferencia oficial a que lo he provocado; aun después de haber visto la carta de vuestra excelencia de 27 del corriente1, que suspendió mi marcha en este lugar, me he mantenido aquí con los dos consejeros que componen el gobierno de la unión dos días enteros y aún permanezco hasta mañana, por si la noticia positiva de nuestra salida de Tunja hace mudar a vuestra excelencia de resolución. Si hasta entonces no hubiere tenido un aviso que me indique esta mudanza, regresaremos a dicha ciudad; y el reino, testigo de los sacrificios del congreso, verá que sólo le resta que admirar su moderación.

   Espero igualmente que vuestra excelencia me conteste de oficio, así por la naturaleza de un negocio que no puede tratarse de otro modo, como porque el gobierno de la unión tiene que satisfacer de su conducta al congreso que lo ha autorizado para tratar, y a las provincias a quienes ha anunciado este paso como una medida que podía traer la salud del reino y de que ellas esperarían los mejores resultados.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Ventaquemada y 30 de enero de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Al gobierno de Cundinamarca.

Contestación al oficio anterior

   Excelentísimo señor:

   Me limito por ahora a acusar el recibo del oficio y carta de vuestra excelencia de 30 del pasado hasta recibir las últimas contestaciones de mi carta remitida con el capitán Bonilla, del oficio que con la misma fecha dirigí a vuestra excelencia con el extraordinario, aunque no las espero muy favorables según el lenguaje que vuestra excelencia continúa usando conmigo, aun en sus cartas familiares. Es la segunda vez que después de la derrota de las tropas de la unión corto estas agrias contestaciones que nos volverían a envolver en las mismas calamidades; y sólo digo a vuestra excelencia que la victoria no me ha sido tan inútil como vuestra excelencia piensa2, supuesto que estoy vivo con mi familia y que la ciudad aún subsiste en pie.

   Incluyo a vuestra excelencia el duplicado de mi último oficio por si se hubiere extraviado3, y copia de la orden que se pasó al subpresidente de Zipaquirá con su contestación como unas pruebas de la sinceridad y exactitud con que procedo en todo lo que depende de mí.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 3 de febrero de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

Oficio del excelentísimo señor presidente del congreso al de Cundinamarca

   Supuesto que ni vuestra excelencia puede alejarse de Santafé, según lo manifiesta en su oficio de 30 del pasado, ni el gobierno de la unión debe abandonar el punto central de Tunja, desde donde hoy están partiendo sus providencias y comunicaciones con Casanare, Piedecuesta, con Pamplona, con Ocaña y con las tropas que ha puesto en movimiento para donde las llamen los peligros, como ya está enterado vuestra excelencia por cuanto se le ha trasladado principalmente desde Ventaquemada, adopte vuestra excelencia este temperamento: que vengan diputados de vuestra excelencia o de la representación de esa provincia a la raya de ésta y que el congreso nombre los suyos como lo ofrece, sujetos a las instrucciones y ratificaciones de sus comitentes. Pero como entre tanto urgen los peligros y las cosas de Pamplona y Casanare pueden tener un funesto desenlace, organice y prepare vuestra excelencia una expedición militar que marchará al primer aviso, y libre vuestra excelencia igualmente auxilio de armas y municiones a Popayán, por donde obran también, seguramente de acuerdo con Panamá, nuestros enemigos exteriores; que el congreso en todo evento responde a vuestra excelencia de dichas armas y municiones, pudiendo tal vez muy en breve reponerlas a sus almacenes.

   Por lo demás, el gobierno de la unión da a vuestra excelencia las gracias por sus ofrecimientos en el caso de haber sido posible su marcha a Santafé o Zipaquirá.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja y 2 de febrero de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Al gobierno de Santafé.

Contestación al anterior oficio

   Excelentísimo señor:

   Supuesto que la suspensión de armas debía tener por término el resultado de la conferencia que vuestra excelencia había propuesto y que ésta, por las contestaciones recibidas hoy, ya no tiene efecto por haberse denegado enteramente a tenerla. Aviso a vuestra excelencia que por mi parte cesa esta suspensión y que por consiguiente las medidas que desde hoy comienzo a tomar, no se miren como una violación de lo ofrecido, sino como un efecto indispensable y necesario de semejantes contestaciones.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 4 de febrero de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

Oficio del gobierno de Cundinamarca al excelentísimo señor gobernador interino de Tunja

   Incluyo a vuestra excelencia copia del oficio que con esta fecha dirijo al excelentísimo señor presidente del congreso, en contestación a los que hoy he recibido, para que ese gobierno se imponga de haber cesado la suspensión de armas, que con la esperanza de una paz verdadera, se habían publicado en uno y otro Estado; y para que si la provincia de Tunja sigue abrigando en su seno a los autores de la desolación de la Nueva Granada, no extrañe las que se tomen por este gobierno para su seguridad y conservación.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 4 de febrero de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador interino de Tunja, don José María del Castillo.

Oficio comunicado por la secretaría al subpresidente de Zipaquirá

   Estando dispuesta una entrevista entre el excelentísimo señor presidente del congreso y el de este Estado, y esa villa, el lugar destinado al efecto, me ha prevenido su excelencia diga a vuestra señoría disponga dos alojamientos capaces y decentes, procurando que el del primero sea más cómodo, como que en su asocio han de venir dos consejeros y tal vez algunas otras personas, e igualmente, que de cuenta del Estado se ponga una bien provista despensa, y de los militares que actualmente hay en esa, una guardia de honor al mismo señor presidente del congreso. Yo todo lo comunico a vuestra señoría para su inteligencia y cumplimiento, advirtiéndole que quizá el lunes inmediato llegarán aquellos señores.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 30 de enero de 1813.

Juan José Mutienx.

   Señor teniente de la subpresidencia en Zipaquirá.

Contestación

   Quedo impuesto de lo que vuestra señoría me previene en el suyo de 30 del corriente, y desde luego se aprontarán los alojamientos que en él se me manda.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Zipaquirá, 31 de enero de 1813.

Primo Groot,
señor secretario de guerra.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 6 de febrero de 1813, t. II.. No. 95. p. 475-476.

127
SOBRE EL ACTA DEL CONGRESO

REIMPRESION DEL ACTA Y COMENTARIO SOBRE LA MISMA, EN CARTAGENA. SOBRE LAS DESAVENENCIAS ENTRE TUNJA Y SANTAFE. Santafé, 4 de febrero de 1813.

   En este último correo de Cartagena se ha recibido un ejemplar de la reimpresión que se ha hecho allí de nuestra acta celebrada en 22 de octubre, y al fin de ella se halla el trozo siguiente:

   Teníamos fundadas esperanzas para creer que el congreso, manifestándose imparcial, aseguraría nuestra tranquilidad interior serenando los partidos de Baraya y Nariño, empleando las tropas de Tunja y Santafé contra el enemigo común, sin dar lugar a que se critiquen sus operaciones. Al principio se decía que Nariño se oponía a nuestra felicidad oponiéndose a la reunión del congreso; al fin cedió, se instaló y aun él mismo dio $4.000 para sus primeros gastos; parecía que con la instalación de este cuerpo federal cesaría Baraya de llevar adelante sus proyectos, pues aunque él hubiera querido continuarlos, era natural que el congreso procurase amistosamente contener males de tanta trascendencia como éstos. Pero todas las fundadas esperanzas se las ha llevado el viento, pues según los documentos que anteceden, el congreso protege las ideas de Baraya y están ambos empeñados en conseguir lo que no puede menos que traer la pérdida de todo el reino, pensando ya nada menos que en conseguir por fuerza lo que ni aun han querido solicitar por bien, se le manda a Santafé que ponga su gobierno según la constitución del Estado de Cundinamarca y ¿quién le ha dado facultades al congreso para meterse en el gobierno interior de un Estado? ¿Por qué el congreso ve el acta federal, artículo 8°, para amenazar con la guerra a Santafé, y no se ve el artículo 7° de la misma acta en que las provincias se reservan su gobierno interior? ¿El congreso cree que tiene facultades para observar el acta en lo que le parezca y quebrantarla en lo que no le gusta? Se engaña y debe estar persuadido de que las provincias no han dado poderes para encender la guerra civil, sí para calmar esos partidos con imparcialidad y por todos los medios amistosos posibles antes de venir al peligroso y siempre funesto recurso de las armas. Pero, veamos por entero el artículo 46 del acta federal. Los pueblos disidentes de una provincia deben sujetarse al voto de la pluralidad del cuerpo político de quien son parte; pero si se suscitaren diferencias entre dos partidos igualmente poderosos, que no pueden conciliarse amistosamente entre sí y que exijan una decisión formal de tercero imparcial, no habiéndose convenido antes en basas o leyes fundamentales que decidan la cuestión y, en cuyo caso, se estará precisamente a ella, se someterán, antes que venir al peligroso y siempre funesto recurso de las armas, a la resolución del congreso, que sin injerirse en lo que no sea de su particular inspección, arreglará tan imparcial como amistosamente sus disputas sugiriendo todos los medios de conciliación y prescribiendo últimamente las reglas que deberán observar.

   Ni el congreso se ha manifestado imparcial, ni ha procurado calmar los ánimos amistosamente, y se ha injerido en lo que no es de su particular inspección.

   ¿Qué objeto puede tener el congreso en que el presidente del Estado de Cundinamarca sea Nariño u otro cualquiera? ¿Creerá el congreso que Nariño se ha hecho presidente contra la voluntad del pueblo? Parece que no puede caber intriga para que un pueblo elija tres veces a Nariño por presidente suyo; lo que un pueblo hace, tres veces estudiado lo tiene; y la mejor prueba de la voluntad es haberle dado en tres horas y media $32.000 más del préstamo que pidió; con estas pruebas el congreso no debe temer nada, y aunque no las hubiera le faltan facultades para poder hacer lo que desea.

   Representantes de la Nueva Granada, no estamos en el caso de hacernos la guerra unos a otros; el enemigo está encima por Pasto, Maracaibo y Santa Marta; si lo rechazamos, tiempo tenemos de aquietarnos, cediendo ahora cada uno por su parte y separando resentimientos particulares; pero si nadie cede y tercos nos asesinamos unos a otros, todos iremos a las bóvedas de Puerto Rico.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 4 de febrero de 1813. t. II., No. 94, p. 471-472.

128
MEDIDAS PARA EL MEJORAMIENTO DE LA JUNTA DE REPRESALIAS Y JUSTICIA MILITAR

DISPOSICIONES PARA LA AGILIZACION DEL PROCEDIMIENTO JUDICIAL. Santafé, 8 de febrero de 1813.

Bernardo Pardo, Lorenzo Ley,
Felipe Vergara, José Ignacio San Miguel,
José Tiburcio Echeverría.

   En la ciudad de Santafé a 8 de febrero de 1813. Los señores que componen la junta de represalias y justicia militar (excepto el señor don Juan Dionisio Gamba, que dice estar enfermo), tratando del despacho de los gravísimos asuntos que le ocurren, han tenido consideración a la notable multitud de indiciados contra quienes debe procederse; y que por este motivo, para evitar la prolongación de causas, acelerar la actuación y que se fije una regla segura a que hayan de sujetar su conocimiento, por pluralidad de votos acordaron: que debiendo juzgar los delitos no sólo por su cualidad y circunstancias agravantes, los que la junta ha de examinar y castigar, deben dividirse en distintas clases y éstas colocarse en diferentes grupos para que el discernimiento se forme (...) con la exactitud que conviene: (...) justicia con la clemencia y tem (...) con la equidad a que se incline (...)

   Que las clases las forma la misma representación de los sujetos: militares, paisanos y eclesiásticos. Los grados los constituyen los mismo hechos y circunstancias que aumentan o disminuyen la malicia, el dolo y los efectos del crimen. Bajo cuyo concepto deben prescribirse los artículos siguientes:

   . Todos los militares que después de reelecto el excelentísimo señor don Antonio Nariño para la presidencia del Estado, juraron el gobierno, y gozando sueldo desertaron al campo enemigo, para atacar la capital, deben ser juzgados militarmente, aplicándoles la pena asignada por las ordenanzas del ejército a tan execrable delito.

   2°. En el mismo caso están los que no comprendidos en los tratados de Santa Rosa, se pasaron sin pasaporte de este Estado al de Tunja, y los que permaneciendo en esta provincia influyeron y cooperaron activamente prestando auxilios pecuniarios, personales o armas, con iguales designios.

   3°. Los que se ocultaron en la gloriosa acción de 9 de enero, o antes de ella, por un efecto de cobardía y timidez, serán suspensos de sus empleos por el tiempo que se juzgue competente.

   4°. Los paisanos que voluntariamente se presentaron al enemigo para cooperar de cualquier modo a nuestra destrucción, o que sedujeron a sus conciudadanos, deben ser juzgados militarmente aplicándoles la pena extraordinaria proporcionada al grado de su delito.

   5°. Los eclesiásticos que prostituyen la santidad de su ministerio (...), candor o sencillez de (...) del influjo poderoso que arrastraron la multitud a su opinión causando males que no se pueden calcular (...) la guerra civil y proponiendo escandalosamente a la efusión de la sangre de nuestros hermanos, hecha información sumaria, deben ser extrañados de la provincia sin otra figura de juicio en virtud de la potestad económica que conceden al gobierno las leyes de Castilla y municipales.

   6°. Los jefes de la opinión y partido del comandante Baraya, de cualquier clase y carácter que con papeles publicados, o con notoria y escandalosa seducción minaron el gobierno por sus cimientos y pusieron la capital originariamente en consternación, que ellos mismos han tenido el bárbaro placer de experimentar, no debiendo la sociedad abrigar en su seno víboras que la despedacen en circunstancias de su mayor aflicción, deben ser expulsados de ella, en iguales términos que los eclesiásticos por el artículo anterior.

   7°. Todos los seducidos, los que no han tomado una parte activa contra Santafé, pero que quebrantando el bando de 12 de septiembre último y posteriores no se presentaron a la defensa de la patria, los que cortados por la fuerza enemiga no pudieron hacerlo porque no quisieron realizarlo en tiempo, ni trataron de ocultarse huyendo del peligro para no obrar en manera alguna contra la provincia, quedan indultados por un efecto de la notoria benevolencia del gobierno y podrán habitar tranquilamente en sus hogares.

   Pero para que tenga su debido efecto este plan, se consultará primero al excelentísimo señor presidente del Estado para obtener su superior aprobación, o que disponga su excelencia lo que estime por más conveniente y de justicia, como el que si es de su beneplácito se sustancien y fenezcan las causas indicadas en consejo de guerra de oficiales generales, supuesto que ya hoy existe con los tenientes coroneles el suficiente número que prescribe la ordenanza y que quedando por lo mismo disuelta esta junta, sus vocales pueden retirarse a ocupar sus respectivos destinos. Así lo dijeron y firmaron por ante mí.

Bernardo Pardo, Lorenzo Ley,
Felipe de Vergara, José Ignacio San Miguel,
José Tiburcio Echeverría,

   Ante mí,

Vicente de Roxas.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca nacional. Del original. Fondo Pineda. Bóveda No. 166, pieza 49.

129
OFICIO DEL GOBERNADOR DE CASANARE AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA

INFORME SOBRE MOVIMIENTOS DEL ENEMIGO. CONTESTACION AL OFICIO ANTERIOR. OFICIO DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA A LOS DIPUTADOS PLENIPOTENCIARIOS DEL CONGRESO. CONTESTACION. Sogamoso, 23 de febrero de 1813. Santafé, 7, 10 y 11 de marzo de 1813.

Antonio Nariño, Juan José Molina,
(gobernador de Casanare).
José María del Castillo, José Fernández Madrid.

CASANARE

Oficio del gobernador de Casanare, que actualmente se halla en Sogamoso, al presidente de Cundinamarca

   A esta hora, que son las siete de la noche, he recibido parte oficial del teniente gobernador de la provincia de Casanare, en que me dice lo siguiente: "El enemigo ha acometido por el punto de Arauca; se halla ya ocupando a Chire; yo me he retirado a estar en Nunchía y es de primera necesidad su venida con los auxilios de armas, municiones y soldados, pues sin ellos somos perdidos, y yo no puedo atender a todo. Vuestra excelencia conoce cabalmente cuántos perjuicios va a sufrir el reino si la provincia de Casanare es subyugada; en desempeño de la confianza con que mis conciudadanos han condecorádome con la primera representación de la autoridad de aquellos pueblos, he suplicado, representado, pedido y ofrecido al supremo congreso como lo manifestarán a vuestra excelencia claramente las adjuntas copias"... Esta necesidad común interesará a vuestra excelencia y a mí el suplicarle franquee a la provincia de mi mando con la generosidad y prontitud que son propias, los auxilios que sean bastantes para retroceder al enemigo, que toda su fuerza consiste en 150 fusileros, 500 de caballería y ocho pedreros, ya sea por la provincia de San Martín, o por donde vuestra excelencia lo estime conveniente. La provincia tiene 100 fusiles, trescientos de caballería y dos pedreros; con esta fuerza y un oficial que llevo conmigo, voy a fortificar el punto que sea más a propósito para resistir y contener las marchas del enemigo sobre la serranía y en donde espero la contestación más ligera de vuestra excelencia en obsequio de la causa común. La provincia de mi mando no será entregada al enemigo ínterin yo exista y tenga pertrechos; pero éstos están tan escasos que su todo asciende a poco menos de un quintal de pólvora, nueve de plomo, piedras de chispa 500 y no más.

   Con el ciudadano Pablo Pulido y el representante de la provincia de Casanare, ciudadano doctor Juan José León (a quienes he instruido por si llegaba este caso), puede vuestra excelencia acordar cuanto estime oportuno, pues me defiero en todo a sus solicitudes.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sogamoso, 23 de febrero de 1813.

Juan José Molina,
gobernador de Casanare.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Contestación

   Ahora que son las ocho de la noche recibo el oficio de vuestra excelencia de 23 de febrero último, en que me transcribe el parte oficial del teniente gobernador de Casanare, manifestando el estado de aquella provincia, de resultas de haber ocupado el enemigo el punto de Chire y para cuya expulsión solicita vuestra excelencia auxilio de tropa y algunas piezas de artillería, sobre cuyo particular he conferenciado con don Juan José León y don Pablo Pulido, y aunque las miras de este gobierno son siempre las de la libertad del reino, me he visto perplejo, por una parte, en la resolución de este punto, así por haber convenido con los diputados plenipotenciarios del congreso que actualmente se hallan en esta capital, de que la defensa de la parte del norte en que se comprende Casanare, se haga por el congreso, como por hallarme en el día disponiendo una expedición de 600 hombres armados para Popayán, territorio del sur, de cuya defensa estoy encargado; y por otra, la dificultad de hacer transitar tropas de este Estado por el de Tunja; y no obstante que para allanar este inconveniente dispuse que los citados don Juan José León y don Pablo Pulido pasasen personalmente donde los diputados plenipotenciarios del congreso, con el objeto de hacerles presente este obstáculo; el resultado ha sido poner algunas dificultades, manifestando todavía cierta desconfianza de este gobierno. Mañana pienso hablar personalmente con dichos plenipotenciarios y si se allanaren estas dificultades, remitiré 100 hombres armados de fusiles, seis piezas de artillería con todos los oficiales correspondientes, no sólo para el mando de estas tropas, sino aun para algunas otras que se les agreguen. De todo daré a vuestra excelencia oportuno aviso, como también lo harán los referidos don Juan José León y don Pablo Pulido.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 7 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador de la provincia de Casanare. Sogamoso.

Oficio del presidente de Cundinamarca a los diputados plenipotenciarios del congreso, residentes en Santafé

   Por el último correo de Tunja he recibido oficio del gobernador de Casanare, con fecha 23 de febrero desde Sogamoso, en que me copia el parte oficial que el teniente gobernador de la misma provincia le dirige sobre el estado lamentable de aquellos pueblos, solicitando algún auxilio de este gobierno, por haberse denegado a hacerlo el supremo congreso, de que me incluye algunos documentos1. A pesar de que en las conferencias tenidas con vuestras señorías ya hemos convenido en que sólo me obligué a dar auxilios por la parte del norte y del estado deplorable en que se halla el tesoro público con los extraordinarios gastos que ha tenido que hacer en las desavenencias pasadas, me he resuelto en obsequio de la causa común a remitir un auxilio de 100 hombres armados, seis piezas de artillería y el correspondiente número de oficiales, no sólo para mandar estas tropas sino las demás que allí se le agreguen, por la falta que de éstos me dice el mismo gobernador que tiene; pero como por una parte ignore el estado verdadero de aquella provincia respecto al congreso y por otra deban hacer su tránsito estas tropas por la de Tunja, lo comunico a vuestras señorías para que me contesten si habrá algún inconveniente en que siga este auxilio en los términos dichos; y para que de no haberlo se franquee el salvoconducto para su tránsito.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 10 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Señores diputados plenipotenciarios del soberano congreso, don José María Castillo y don José Madrid.

Contestación

   Casanare está en la confederación de las provincias libres de la Nueva Granada; reconoce y obedece al cuerpo nacional que ella ha formado con las otras, en todos los objetos que le pertenecen; su gobierno mantiene la debida correspondencia con el de la unión y éste no ha perdido de vista un momento la suerte de la provincia. Tal es su verdadero estado respecto del congreso.

   Podemos asegurar a vuestra excelencia, con el conocimiento debido de las cosas, que es una imputación injuriosa del autor del oficio dirigido a vuestra excelencia desde Sogamoso, el suponer que el congreso se ha negado a dar auxilio a Casanare. El congreso no ha perdido de vista a esta provincia; y si no ha dirigido a ella una fuerza capaz de poner a cubierto por aquella parte a la confederación, ha sido por causas bien sabidas y porque las combinaciones hechas han exigido que el grueso de las fuerzas siga, como se ha hecho, por otro punto.

   El gobierno de la unión, con fecha 4 del corriente, nos dice que en Casanare no hay novedad particular y en esto procede con los debidos conocimientos recibidos desde dicha provincia con posterioridad a las noticias que se refieren en el oficio dirigido a vuestra excelencia con la de 23 del pasado, cuyo autor no ejerce el gobierno de ella, ni puede ejercerlo desde Sogamoso, en donde reside hace mucho tiempo.

   Creemos que ha sido una equivocación de la secretaría la de asegurar que hemos convenido en que esta provincia se obligue solamente a dar auxilios por la parte del norte. Nosotros hemos manifestado al contrario, la necesidad de que éstos vayan al sur, ciertos de que por el norte no son hoy tan necesarios.

   Con todo, no creemos por demás cualquier fuerza que siga por dicho punto; pero tampoco podemos responder categóricamente a vuestra excelencia sobre lo que nos dice en su oficio del 10 por no estar autorizados para ello. Hoy mismo consultamos al congreso y comunicaremos a vuestra excelencia inmediatamente que llegue la contestación que se nos dé.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Santafé, 11 de marzo de 1813.

José María del Castillo,
José Fernández Madrid,

   Excelentísimo señor don Antonio Nariño, presidente de Cundinamarca.

Contestación

   Acabo de recibir el oficio de vuestras señorías, fecha del día, y desde luego suspenderé la remisión de los auxilios a Casanare hasta tanto que sepamos la contestación del soberano congreso, en atención a lo que vuestras señorías me insinúan de no estar autorizados para un punto como éste y de haber consultado al cuerpo su comitente.

   Por lo demás, es constante la equivocación que vuestras señorías notan en el oficio que les dirigí ayer en que se habla de la defensa por parte del norte en lugar de decir por la del sur, que es en lo que hasta ahora estamos convenidos.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 11 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Señores diputados plenipotenciarios del soberano congreso, don José María del Castillo y don José Madrid.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 18 de marzo de 1813, t. II., No. 100, p. 482 - 484.

NOTA:
1   Entre estos documentos se ven los siguientes. En 18 de enero dice el congreso al gobierno de Casanare que sus 20 fusiles están descompuestos; que después se le enviarán y tal vez con un auxilio mayor. En 23 dice el congreso al mismo gobierno, que habiendo cesado ya los motivos que confidencialmente se le comunicaron, puede enviar por sus 20 fusiles descompuestos. En 24 dice el mismo congreso al gobernador de Casanare, ciudadano Juan José Molina, residente en Sogamoso, que ha sido una equivocación creer que el congreso hubiera decretado la expedición de mil hombres para aquella provincia, porque no ha podido, a causa de los obstáculos que ha hallado siempre por parte de Santafé y por la guerra en que esta capital les ha envuelto desde su instalación. (¡Con qué descaro se miente en un asunto de tanta gravedad! Santafé, lejos de poner obstáculos al auxilio de Casanare, antes bien fue la que ofreció 1.000 hombres armados para que fuesen a esa provincia a repeler al enemigo exterior; pero los congresistas impidieron que se llevase a efecto aquella oferta, porque quisieron vengar primero sus resentimientos particulares, que rechazar al enemigo común, y trataron de anteponer la ruina de esta capital a la libertad de la Nueva Granada. Obsérvese también que Santafé jamás se resolvió a declarar la guerra al congreso; a pesar de que le sobraban motivos para ello, hasta que la declaró el congreso en 20 de noviembre de 1812;en su virtud marcharon las tropas de Cundinamarca hacia Tunja el 25 del mismo mes y hasta el 1° de diciembre no pisaron el territorio enemigo). Que terminadas las desavenencias con Santafé se le enviará el auxilio que se pueda. Anima a los patriotas de Casanare a que no funden sus esperanzas en cañones y fusiles, sino que traten de resistir con armas blancas, por ser más temibles que las de fuego, cuando hay hombres de valor y de resolución que las manejen.
   En 25 dice el congreso al gobernador Molina que $10.000 que se esperan de la provincia de Casanare, se envíen a Chita al brigadier don Joaquín Ricaurte, comandante de la expedición que va a salir de Tunja en auxilio de Casanare y de Cúcuta. El 28 contesta el gobernador Molina que los caudales que enviaba su provincia, aún no han llegado, pero que él suplirá de su bolsillo lo necesario para la expedición de Ricaurte. El congreso, en 29, dice que el mismo día sale de Tunja la expedición auxiliatoria de Casanare, y que además de lo que ofrece el gobernador Molina, se necesitan los $10.000 que vienen de Casanare. Por otros documentos que siguen, resulta que hasta 20 de febrero no habían llegado dichos $10.000 a Santa Rosa, donde estaba Ricaurte con la tropa que salió de Tunja el 29 de enero; porque el presidente del colegio electoral de Casanare don Rafael Solano hizo retroceder dicho dinero, diciendo que iba a entregar la provincia de los llanos a los enemigos porque el congreso lo que pretende es robar; que se explica ferozmente contra el congreso. El gobernador Molina dio en dinero $2.000 al brigadier Ricaurte y repitió la oferta de auxiliar de su bolsillo la expedición, siempre que se dirigiese a rechazar los enemigos de Casanare (cuyas avanzadas el 27 de enero estaban en Lipa, y cuya fuerza total, contando la de Barinas y Guadualito, ascendía a 600 hombres, cuando la de Casanare consistía en 100 fusiles y 200 de caballería, que han marchado a tomar el punto de Tame, en donde debían reunirse con las tropas que tenía Ricaurte en Santa Rosa, saliendo por la salina de Chita). Pero dice el mismo gobernador Molina, con fecha 8 de febrero, que habiéndole asegurado el congreso en 29 de enero que ese día salía de Tunja la expedición auxiliatoria de los llanos, ahora se le dice con fecha 7 de febrero que dicha expedición va a custodiar la salina de Chita, en que nada se interesa la causa general. Asegura que los $10.000 se entregarán a Ricaurte en los llanos. En 5 de febrero el mismo gobernador Molina dijo al congreso que, reunidos los 800 hombres del ciudadano Bolívar con los 600 del ciudadano Castillo como lo estaban ya, no era necesaria la fuerza de Ricaurte para vencer a Correa. Que en esta virtud se mandase que Ricaurte marchase a Casanare sin pérdida de tiempo. Dice que si no se le socorre, ha resuelto seguir a Santafé o Cartagena, para lo cual ha pedido pasaporte al gobierno de Tunja. El congreso dice, en 13 de febrero, al gobernador Molina que disponga la pronta venida de los $10.000 para las municiones que se están fabricando, y que no es justo que las demás provincias costeen para los llanos esta expedición. En 20 de febrero dice el congreso al mismo gobernador Molina que cuando el congreso iba a remitir a Casanare el tercer batallón de línea al mando del brigadier Ricaurte, se recibieron partes del coronel Manuel Castillo y de don Félix Uscátegui en que piden auxilios, porque Correa se mueve hacia Pamplona. Que Castillo había informado antes que la expedición a Casanare era perjudicial a Cúcuta, porque los enemigos que están a Casanare se unirán a Correa. Que en vista de estas circunstancias acaba de mandar el congreso que siga Ricaurte a Sauta con todas sus fuerzas y que de allí siga a Pamplona el cuarto batallón de línea, reforzado con parte del tercero, reuniendo la gente necesaria para guardar a Causa, que es el único punto interesante según se dice. Que vencido Correa seguirá la expedición a Casanare; que de todos modos Casanare debe enviar auxilios pecuniarios, y que ya el congreso lleva gastados $5 ó 6.000 en la expedición destinada a Casanare, sin haber reembolsado más que los 2.000 de que ya se ha hecho mención.

130
OFICIOS DEL PRESIDENTE DE ANTIOQUIA AL DE CUNDINAMARCA

DESAVENENCIAS. ANTIOQUIA SE NIEGA A RECIBIR DIPUTADOS DE CUNDINAMARCA. CONTESTACIONES CRUZADAS. Antioquia, febrero 24, 1° de marzo de 1813. Santafé, 19 de marzo de 1813.

José Miguel Restrepo,
(presidente de Antioquia),
Antonio Nariño.

ANTIOQUIA

Oficio del presidente de Antioquia al de Cundinamarca

   Este gobierno, que siempre ha enumerado entre sus mejores atributos el de conservar y proteger los derechos y propiedades de sus ciudadanos, se ve hoy estimulado por dos de estos mismos al cumplimiento y ejercicio de tan noble atribución. Por una parte, el diputado al congreso, representante de esta provincia, ciudadano Joaquín de Hoyos, manifiesta oficialmente que a consecuencia de las entrevistas que vuestra excelencia y el general de las tropas de la unión tuvieron en Usaquén, suspensión de armas que entre sí acordaron y órdenes que dicho general comunicó a los comandantes subalternos, jefes de división, para que dejasen pasar víveres a Santafé, mandó a su esposa e hijos, encerrados en esta ciudad, cantidad de aquéllos por medio de un esclavo, al cual apresó vuestra excelencia quebrantando las leyes del armisticio, y después de haberlo tenido cruelmente atado por espacio de seis días a la boca de un cañón para arrancarle algunas noticias, lo hizo conducir a un cuartel y, por último, a la cárcel de la corte, en donde añade que permanece aún a pesar de las oportunas reclamaciones que se han hecho de él. Por otra, el teniente coronel comandante en jefe de ingenieros, ciudadano José María Gutiérrez, después de haberse presentado a este gobierno y dado cuenta circunstanciada y satisfactoria de su conducta por medio de un informe, ha expuesto que tiene noticias positivas de habérsele embargado en esa ciudad después de su salida de ella y de su incorporación en las tropas del congreso, todas sus propiedades, y de un resto de ellas que había salvado y esperaba en Guaduas, contenido en tres baúles en los que también se hallaban varios intereses y papeles de este gobierno, remitidos a dicho oficial como su encargado de negocios cerca de ésa, había sido detenido por vuestra excelencia, en cuyo poder conceptúa que se hallan todavía.

   Este gobierno, en consecuencia de tales manifestaciones, no puede menos de reclamar el esclavo del primero y los bienes del segundo y con especialidad los baúles en que se hallan cantidades y papeles de este Estado. La justicia de esta reclamación es tan clara, que sería hacer una injuria a la integridad y buenos principios de vuestra excelencia, si se buscase razones sobre que apoyarla, sin que de aquí se siga que la conducta de vuestra excelencia relativa a aquella prisión y embargos, no pudiese ser propia del momento y de las circunstancias que este gobierno se abstiene de indagar.

   Con igual prudencia querría conducirse este gobierno al reclamar altamente como también reclama la correspondencia oficial y particular de este Estado con el soberano congreso, que ha sido interceptada por vuestra excelencia desde su instalación. La falta absoluta de aquélla desde esta época, la aserción positiva que hace de este atentado escandaloso y horrible el mismo representante ciudadano Joaquín Hoyos y otras pruebas que no faltan a este gobierno para creer como una verdad lo que no querría que lo fuese, le dan desde ahora por lo menos un derecho para preguntar a vuestra excelencia sobre un negocio que a su natural enormidad, añade la que es consiguiente a las repetidas protestas que ha hecho vuestra excelencia de amistad y de alianza a este Estado.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Antioquia, 1° de marzo de 1813.

José Miguel Restrepo,
presidente.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Contestación

   Desconozco el lenguaje de vuestra excelencia desde la llegada a esa de don Joaquín Hoyos y don José María Gutiérrez. El oficio en que vuestra excelencia reclama los bienes de éstos y la correspondencia con el soberano congreso, es un documento que hace poco honor a vuestra excelencia mismo. ¿Es atentado escandaloso y horrible cortar la comunicación con el enemigo? ¿Lo es embargar los bienes de unos hombres, que con las armas en la mano vienen a atacar esta provincia, contra todos los principios conocidos de las naciones civilizadas? Pero lo que asombra más es la imprudencia, el descaro de don Joaquín Hoyos cuando habla de su esclavo que vino como espía, en asegurar que yo lo he tenido seis días amarrado a un cañón porque venía durante el armisticio a traer abundancia de víveres. ¡En dónde estamos! ¿Es este el ilustrado, el digno representante de un soberano congreso, que debe hacer la felicidad de la Nueva Granada? ¿Son estos los hombres y los principios con que debemos establecer nuestra libertad? No, señor excelentísimo, repito que desconozco a vuestra excelencia.

   Don Joaquín Hoyos, ignorando el papel que se le confió, no era a mis ojos ni a los de la razón un representante de Antioquia, sino un soldado cobarde de las tropas de la unión que venía a atacar a esta ciudad; su negro, un espía que se introdujo clandestinamente entre mis tropas con una jaula de pollos, para disimular su misión, con cartas para su mujer diciéndole que se fuera a Bosa, porque dentro de tres días entraban a sangre y fuego en esta ciudad a destruir al tirano y a quien se le había encargado llevase una razón del estado en que nos hallábamos. Los mismos parientes de Hoyos lo denunciaron y el negro, en presencia de su suegro, se denegó a seguir donde su amo, por la mala vida que éste da a sus criados. El gobierno para dar ejemplo a este hombre, que hace tanto alarde de conocer los derechos del hombre, ha dado libertad al esclavo, que es un verdadero prisionero de guerra, como lo ha hecho también con el de don Francisco Caldas y con otro que don José María Arrubla presentó para el servicio de las armas.

   Don José María Gutiérrez fue admitido como enviado de ese Estado para la compra de unas cuatro o seis piezas de artillería, expresándole en el mismo decreto que no se le daría pasaporte para Leiva, por una razón bien obvia: él era oficial de Cundinamarca, y si por condescendencia de este gobierno con el de Antioquia se le había investido de aquel carácter y de oficial de la misma provincia, no era justo el que fuera a tomar las armas contra ésta, como lo hizo profugándose y contra todos los principios conocidos en la moral y en la política.

   Incluyo a vuestra excelencia copia del decreto de su admisión, para comprobante de lo dicho; y en cuanto a la correspondencia añadiré que no fue sólo detenida la de Antioquia sino todos los correos, porque a uno que fue de extraordinario para el gobierno de Tunja le rompió la cabeza don Antonio Baraya a garrotazos y lo tuvo en la cárcel amenazándolo con la ahorca.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del gobierno de Antioquia.

   Es copia,

   Mutienx.

Documento

   Santafé, 14 de noviembre de 1812.

   Aunque este gobierno no puede menos que extrañar que el de Antioquia disponga de sus oficiales sin contar con su anuencia, no obstante, para darle esta nueva prueba de la amistad y buena inteligencia que quiere conservar, se accede a la solicitud de don José María Gutiérrez y desde luego se le reconoce por oficial de Antioquia, encargado de negocios de aquel gobierno cerca de éste para los fines contenidos en el oficio de 22 de octubre último. No pudiéndose igualmente acceder a la solicitud de que se le permita pasar a la Villa de Leiva, ínterin permanezcan las desavenencias del congreso y del gobierno de Tunja con este Estado.

   Está rubricado.

Rodríguez.

   Es copia,

   Santafé, 19 de marzo de 1813.

Juan José Mutienx,
secretario interino del Estado.

Otro oficio del presidente de Antioquia al de Cundinamarca

   Creciendo cada vez más la desconfianza de los ciudadanos de este Estado sobre la seguridad de las grandes cantidades de oro que remiten a la casa de moneda de esa capital, y temiéndolo todo de las actuales convulsiones políticas y guerra intestina que nos devora, se encuentra este gobierno en la precisión de preguntar al de Santafé y exigir de vuestra excelencia que le responda, si se puede descansar sobre la fe de las promesas hechas públicamente a este Estado y sobre la garantía que suponen semejantes relaciones, las que quedarán cortadas del todo y establecidas últimamente con el Estado de Popayán en caso de que con una respuesta terminante no pueda este gobierno inspirar a sus pueblos aquella confianza que desean y que es de su resorte procurarles.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Antioquia, 1° de marzo de 1813.

José Miguel Restrepo,
presidente.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Contestación

   Ignoro el motivo de la pregunta que vuestra excelencia me hace en oficio del 1° del corriente sobre la seguridad de los oros que vienen de esa provincia a amonedarse en esta ciudad. Si estuvieron seguros y se despacharon con prontitud cuando esta ciudad estaba amenazada por una tropa de bandidos, ¿por qué razón no lo estarán ahora que ha desaparecido aquel peligro? ¿Ignora vuestra excelencia que marchando ya las tropas de la unión contra Cundinamarca, se me suplieron en dos horas por el comercio $120.000 para la compra de oros, a pesar de haber en la casa más de $200.000? Ahora se ha repetido lo mismo, no obstante las intrigas de los que desean la ruina de esta casa. No ignoro, su excelencia, los planes de una política ruinosa a la libertad, que se traman contra Cundinamarca, ya que no la han podido arruinar con la fuerza de las armas, pero advierta vuestra excelencia que, suspendiendo la venida de los oros, suspendo yo los tratados celebrados con ese gobierno, y apurando los derechos y poniendo un fuerte destacamento en Nare, cortaré el comercio de esa provincia, y los pueblos que verán en vuestra excelencia el autor de sus males, los reclamarán, haciendo a vuestra excelencia responsable de este injusto procedimiento.

   Incluyo a vuestra excelencia copias legalizadas de las contestaciones que hoy han dado al gobierno los individuos de Antioquia que se hallan de tránsito en esta ciudad y que han venido a amonedar sus oros, para que vuestra excelencia y ese vecindario se satisfagan del trato y seguridad que gozan sus personas y sus oros bajo mi destacada tiranía.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del gobierno de Antioquia.

   Es copia,

Mutienx.

Otro oficio del mismo presidente al de Cundinamarca

   Sorprendido este gobierno con el oficio de vuestra excelencia en que participa la resolución que ha tomado de enviar diputados a todas las provincias, y entre ellos para ésta al director del tesoro público, don Pedro Groot, y al contador mayor, don Manuel Pardo, con el objeto de tratar y proponer arbitrios para la salud del reino, a consecuencia de no dejar el supremo congreso, según se explica vuestra excelencia, esperanza alguna sobre esta misma; la primera deliberación de este gobierno, por el momento, ha sido oficiar con dichos diputados para que se detengan hasta nuevo aviso, fuera de los límites de este Estado, extrañándose sobremanera el que se hayan puesto en camino, como se supone, y adelantado tal vez sus marchas, sin negociarse primero por vuestra excelencia el salvoconducto que era regular y de estilo. Esta medida a que vuestra excelencia ha dado lugar, ha dejado a este gobierno libre de todo comprometimiento, prevención y sorpresa para poder meditar el delicado asunto que vuestra excelencia le propone y resolver, como ha resuelto ya, la inadmisión de dichos diputados.

   Son muchas y muy graves las razones que han inducido a este gobierno a tomar esta deliberación, que acaso será la misma que abracen las demás provincias, si no se dejan deslumbrar de una falsa esperanza y consultan sus obligaciones y el interés común. Vuestra excelencia supone, en primer lugar, que los impresos que acompañan el oficio de vuestra excelencia manifiestan claramente que nada debemos esperar del supremo congreso, que es tanto como decir que este cuerpo soberano, el apoyo firme de nuestra libertad, nada vale para vuestra excelencia y que es lo mismo que si no existiese, puesto que las provincias debemos empezar a buscar los medios de reunimos en un centro y organizar la masa total que componemos. Este gobierno no encuentra en dichos impresos el lugar de donde haya de deducir lo que vuestra excelencia supone que es tan claro y no puede menos que desconfiar del sentido de muchas palabras, expresiones y períodos que suelen imprimirse y publicarse aislados y arrancados de las piezas oficiales que debieran correr íntegras y acompañadas de todo lo que dice relación con ellas, para estimarlas en su verdadero valor, principalmente en las circunstancias de carecer el supremo congreso de imprenta y de no poder vindicarse de las imputaciones que se le fulminan. Pero ni se ha visto hasta ahora un solo documento que pueda rebajar la confianza que las provincias que hemos depositado acertadamente en el cuerpo federal, y que nos obligue a recoger y entrar en el ejercicio de unas facultades que con otras forman la esencia de su institución.

   Todas las disposiciones de este cuerpo soberano han sido, según parece, conformes al acta federal, que es la base de su existencia y el código que debe respetar; y comprometidas las provincias solemnemente a su observancia, no está en nuestro arbitrio el violar sus artículos a pretexto de calmar el desorden que reina y establecer la paz y la tranquilidad. Estos bienes nacerán del cumplimiento escrupuloso de los pactos recíprocos que nos ligan, entre los cuales debe numerar vuestra excelencia el contenido en el artículo 43 del acta federal, que directamente se opone a la misión anunciada, puesto que sobre los resultados de ésta no puede recaer la aprobación del soberano cuerpo nacional. Este es el centro establecido y reconocido de la manera más solemne por casi todos los pueblos que forman la unión, en donde se deben considerar y resolver las materias de la naturaleza de la que propone vuestra excelencia sujetándolas a las variaciones y reformas que se crean útiles, hasta encontrar el sistema que nos sea más conveniente; pero formar otro centro, sería dar a aquél un golpe mortal, y si esto es lo que se ha propuesto vuestra excelencia por medio de las diputaciones anunciadas para todas las provincias, las provincias todas han jurado mantenerlo firme, sin que sobre esta resolución influyan jamás el éxito de las cosas ni sus accidentes, sino la justicia y santidad de la causa, mirada en su verdadero fondo. Añada vuestra excelencia sobre todas estas razones (que son el germen de otras muchas que este gobierno se abstiene de desenvolver) la gran desconfianza que inspiran sólo los nombres de los dos diputados destinados a esta provincia, que se halla felizmente organizada y tranquila, y vuestra excelencia comprenderá mejor los motivos poderosos que este gobierno ha tenido en consideración para resolver su inadmisión, que con esta fecha se les comunica.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Antioquia, 24 de febrero de 1813.

José Miguel Restrepo,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado.

Contestación

   El oficio de vuestra excelencia en que me comunica la extraña resolución de no admitir a los diputados nombrados por este gobierno, es una nueva prueba de lo que digo en los dos adjuntos de esta fecha. No entraré en contestar por menor a los insultos que vuestra excelencia hace a este Estado y a mí; él solo basta para que el público juzgue de parte de quién está la razón, y nada importa que el reino se pierda como sea con el acta federal que vuestra excelencia me cita.

   Incluyo a vuestra excelencia copia de la contestación que sobre el mismo asunto me da el de Cartagena, en quien se hallan los conocimientos del derecho de gentes practicados aun entre los pueblos en quienes hay menos relaciones, para que vuestra excelencia vea que no son de su modo de pensar las otras provincias, y sí me atrevo a decirlo, para que tome una lección en el puesto en que se halla. También incluyo los manifiestos para que lea vuestra excelencia íntegros los documentos que supone publico yo truncados, como si necesitara de este bajo arbitrio para sostener la justicia de mi causa.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 19 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del gobierno de Antioquia.

   Es copia,

Mutienx.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 21 de marzo de 1813, t. II., No. 101, p. 485-489.

131
PARTE DEL CORONEL BOLIVAR AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

LIBERACION DE CUCUTA. Cuartel general de Cúcuta, 28 de febrero de 1813.

Acaba de llegar al gobierno el siguiente oficio del ciudadano presidente del congreso

   "Sea cual fuere el estado de nuestras cosas, a vuestra excelencia y al ilustre pueblo de Santafé no puede dejar de interesar la adjunta noticia, que comunico con el mayor placer.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja y 9 de marzo de 1813, a las 8 de la noche.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente de Santafé".

Parte del coronel Bolívar al ciudadano presidente del congreso

   Excelentísimo señor:

   Después de haber llegado a mi cuartel general de San Cayetano, los pertrechos y retaguardia y 100 y pico de hombres de las tropas de la unión al mando de los capitanes Uscátegui y Ramírez, pasamos ayer tarde el río de Zulia, y al amanecer de este día nos pusimos en marcha hacia esta villa capital de Cúcuta y cuartel general del enemigo. Aún no eran las nueve de la mañana cuando nos encontramos posesionados de la altura que domina el valle, desde donde empezamos a batir al enemigo, que se había acampado fuera de la villa a tiro de fusil de la cima del monte. Inmediatamente que nos presentamos, una partida de más de cien hombres quiso tomarnos la espalda por nuestra derecha; pero en vano, porque nuestros movimientos lo hicieron desistir de su proyecto. Entonces varió su tentativa y se apoderó de las alturas que estaban a nuestra izquierda, de donde fue desalojado violentamente y bien a su costa. Mientras tanto, mi centro al mando del coronel José Félix Rivas sostenía un fuego horrible con el del enemigo, que se defendía con una ciega obstinación ganándoles palmo a palmo el terreno, obligándolo a tomar cada instante nuevas posiciones que él sostenía con el grueso de sus tropas y toda su artillería y caballería. Viendo que nuestros soldados se llenaban de tanto más ardor cuanto era mayor el peligro, di orden al coronel Rivas y al resto de las tropas que tomasen al asalto la villa y el campo. Así lo ejecutaron a pesar del vivo fuego que por todas partes nos llovía, así de artillería como de fusilería, avanzando siempre paso a paso y cansados ya de cuatro horas de combate. Entramos a la bayoneta por habérsenos casi acabado las municiones de fusilería. El enemigo sobrecogido en este momento de un terror pánico se escapó precipitadamente dejando en nuestro poder la plaza, artillería, pertrechos, fusiles, víveres y cuantos efectos pertenecían al gobierno español y a sus cómplices.

   Hemos alcanzado la más completa victoria, apoderándonos de sus fuertes posiciones y de estos floridos valles que ellos oprimían matándoles e hiriéndoles una multitud de oficiales y soldados, inclusive el mismo comandante Correa; siendo por nuestra parte la pérdida tan desproporcionada, que sólo tenemos que deplorar dos hombres muertos y 14 heridos, entre ellos el valeroso teniente de las tropas de la unión, el ciudadano Concha. Todos nuestros soldados y oficiales se han cubierto de gloria, pero muy particularmente el coronel Rivas, que mandaba todas las tropas de vanguardia, a quien la patria debe en este día una gran parte de su triunfo, como igualmente se señalaron el mayor Narváez, el capitán Vigil, comandante de la retaguardia, el capitán Lino Ramírez, comandante de las tropas de Pamplona, el comandante de la vanguardia, el bizarro ciudadano Pedro Guillén, el ayudante Ribón, y por no hacer una larga enumeración diré en una palabra, que todos hasta los últimos soldados han llenado honrosamente su deber. Jamás el enemigo logró hacernos retrogradar un solo paso, no obstante sus ventajas en artillería, caballería y posiciones dentro de la villa, que ciertamente habrían sido inexpugnables para todas otras tropas que las combinadas de la unión y Cartagena. Los enemigos se han retirado por diferentes puntos, con ánimo, según dicen, de incorporarse con tropas de Venezuela que Monteverde manda a su auxilio. Los he hecho perseguir, seguro de que si logramos alcanzarlos les quitaremos una pieza de artillería que solamente llevan. Yo habría continuado mi marcha en su persecución, si llevasen una sola ruta y no dejase por la espalda los destacamentos del infierno y de la Laja, que deberán ser cortados por nuestras tropas al mando del comandante Ramírez, que ha marchado a atacarlos.

   Ya tiene vuestra excelencia terminada la campaña de Cúcuta en sólo seis días que han pasado desde nuestra entrada en el territorio enemigo y 12 desde mi salida de Ocaña, libertando una bella porción de la Nueva Granada de los tiranos que la asolaban. Ahora sólo nos resta por vencer a los opresores de Venezuela, que yo espero serán bien presto exterminados como lo han sido los de Santa Marta y Pamplona, que en el corto período de algunos días se han visto arrancar el cetro de hierro con que abrumaban estos Estados.

   Cuartel general de Cúcuta, libertada a las tres de la tarde del 28 de febrero de 1813.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor, poder ejecutivo de la unión.

   Es copia,

   Tunja, 9 de marzo de 1813.

Gutiérrez.

   Cuando se recibió la anterior noticia se hallaban en el palacio de nuestro presidente varios sujetos amigos de la libertad, celebrando los triunfos de Bolívar, anunciados en la otra Gaceta extraordinaria de hoy. Entre ellos se contaba el ciudadano José Fernández de Madrid, diputado del congreso, quien fomentó una suscripción para ayuda de costa de la expedición que vaya a Venezuela. Sus resultados fueron los siguientes:

   El señor presidente dio de contado 12 onzas de oro 0192
   Don Juan Bautista Vernaza dio 0012
   El ciudadano Juan José Mutienx 0010
   Don Alonso Uscátegui dio en el
acto un reloj de faldriq.
FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 12 de marzo de 1813, t. II., No. 99, p. 479 - 480.

132
MEDIDAS DE CUNDINAMARCA A FAVOR DE LA UNION DE LAS PROVINCIAS

INSTRUCCIONES A LOS COMISIONADOS. Santafé, 11 de marzo de 1813.

CUNDINAMARCA

   Los enemigos de nuestro Estado, aún después de la derrota del 9 de enero, procuran divulgar papeles infamatorios de nuestro presidente y del partido que defiende el sistema político de este magistrado. Ellos publican que en el gobierno de Santafé de lo que se trata es de jurar las cortes y regencia de Cádiz; y que el presidente Nariño es el primero que se opone a la unión de las provincias. Para falsificar la primera especie (que degrada en extremo la condición de hombres libres de que tanto nos preciamos y cuyo epíteto parece que hemos merecido con justicia, a pesar de lo que digan en contrario nuestros rivales) bastará que citemos los repetidos ejemplares que se han hecho en esta capital, aun con eclesiásticos de rango, solamente porque parecía que se manifestaban adictos a los gobiernos de España. Los diversos bandos publicados sobre el asunto en esta capital, insertos en nuestras Gacetas anteriores, y la instrucción dada al tribunal de guerra y seguridad, parece que nos vindicarán bastantemente de esta injuria. Ni, ¿cómo habíamos de ser tan bajos que procurásemos rendir la cerviz a las cortes y regencia de Cádiz, cuando conocemos demasiado la ilegitimidad de esas corporaciones respecto de nosotros, cuando vemos que en ella sólo se ha tratado de sofocar la voz a los americanos, y finalmente, cuando hemos dado a conocer y nos preciamos de que

   somos los más amantes de la libertad y los más opuestos a la vil servidumbre?...

   Para manifestar la impostura con que se afirma que nuestro presidente se opone a la unión de las provincias, daremos una prueba bien reciente. En el mes pasado han seguido para todas ellas diputados de este gobierno, cuyo objeto principal es manifestar a las provincias la necesidad que hay de abrazar los siguientes artículos, insertos en las instrucciones de dichos comisionados.

   . "Que vengan diputados de las provincias que quieran unirse a razón de uno por cada 50.000 almas de la población que actualmente se crea tener.

   "2°. Que estos diputados sean precisamente hijos de la provincia.

   "3°. Que no vengan ellos mismos a ser funcionarios, sino a formar la constitución y elegir los que deben ocupar los empleos del gobierno que establezcan.

   "4°. Que entre tanto que esto se verifica, que debe ser a la mayor brevedad, las provincias que quieran reunir sus fuerzas a las de Cundinamarca para la defensa común, remitan personas de su satisfacción con las instrucciones y poderes convenientes, para que se acuerde el modo y se proceda desde luego a destinarlas a donde llame el peligro; admitiéndose, por ahora, hasta las que están en cuestión, si deben o no figurar como tales, para que no se demore esta medida saludable y urgente".

   "Santafé ofrece bajo el más solemne juramento una inviolabilidad conforme al derecho de gentes, a todas las personas que se destinaren a los fines dichos, con tal que no tengan causa en este gobierno; y franquear todos los auxilios de habitaciones y piezas conducentes a las asambleas que hayan de tener, con todo el decoro y seguridades correspondientes para el libre ejercicio de sus funciones".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 11 de marzo de 1813, t. II., No. 97, p. 475-476.

133
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO A CAMILO TORRES

SOBRE EL PARTE DE TRIUNFO DADO POR EL CORONEL SIMON BOLIVAR EN LA ACCION CONTRA LAS TROPAS DE RAMON CORREA. Santafé, 15 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Cuando recibí el oficio de vuestra excelencia de 9 del corriente y la copia que lo acompaña del parte dado por el coronel Simón Bolívar acerca de los triunfos que sus tropas han conseguido sobre las de don Ramón Correa, que oprimía el fértil valle de Cúcuta, ya se habían recibido por diversos puntos estas mismas noticias, y en su consecuencia este gobierno y la capital toda se hallaban en el mayor transporte por el feliz éxito de aquellas armas. Los señores diputados plenipotenciarios del supremo congreso son testigos oculares de esta verdad, y ellos podrán manifestar que vuestra excelencia no se ha equivocado en la opinión que merece este gobierno y el pueblo de Cundinamarca amante siempre de la libertad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 15 de marzo de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso, don Camilo Torres.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

134
EL IMPRESOR Y LA LIBERTAD DE IMPRENTA

CARTA DE DIEGO ESPINOSA A SU HERMANO BRUNO EN LA QUE SE REFIERE A LA LIBERTAD DE IMPRENTA Y A LOS RIESGOS Y RESPONSABILIDAD QUE AFRONTAN QUIENES SE DEDICAN AL OFICIO DE IMPRESOR. Santafé, 18 de marzo de 1813.

Diego Espinosa.

   Yo el infrascrito escribano de este Estado, certifico: que por don Bruno Espinosa de los Monteros, vecino de esta capital, se me manifestó, con el objeto de que le diese este documento, la carta original del tenor siguiente:

   Cartagena, 20 de marzo de 1811.

   Mi más querido hermano: tu carta me deja en la mayor confusión. Justamente se acaba de publicar por bando, y lo estoy imprimiendo, la libertad de la imprenta, que por el venidero te remitiré un ejemplar que a la fecha no faltarán algunos en esta ciudad, en que absolutamente el impresor no es reponsable más que cuando lo reconvengan mostrar el original firmado de quien lo mandó imprimir, y en buena razón no se le debe exigir otra cosa, pues acaso el facilitar la escritura para multiplicar los escritos es inventar o se puede ver con algún aspecto malicioso, estando presente la firma de quien lo mandó imprimir, y más en las circunstancias que me expones. Me parece que tu asunto sólo con tu exposición se habrá desvanecido, pues los que mandaron imprimir el acta son los responsables.

   Me entregó don Feliciano Otero $400 y en la fecha te los dejo en abono en cuenta corriente.

   Como para remitirte la cuenta te pregunté si te hacías cargo de las existencias y me dijiste que sí, te puse los galápagos como por tu cuenta, ganaras o perdieras, al precio de $14; no se los quise dar a París, como él mismo te dirá, ni tampoco a don Antonio Nariño, como te lo habrá ya dicho; a $12 me costaron por junto y al cabo de tanto tiempo no ganaré dos pesos en cada uno, fuerte desgracia. Procede a su venta y avísame con eficacia, y lo que fuere se rebajará, pues mi ánimo no ha sido perjudicarte, pero ni perjudicarme. Guerra, el de Mompós, tuvo la culpa de que siguieran los galápagos últimos.

   Don Feliciano Otero, mi compadre, no me ha tratado de darme el dinero que valga la imprenta. Sólo me entregó $400 como te tengo dicho; te lo participo para tu gobierno.

   Todos consideramos la aflicción de la Chata, y las monjitas quedan encomendándote a Dios, no me dejes de escribir por ningún motivo o decirme lo más mínimo que te pase.

   No puedo comprender qué casta de causa es la tuya para proceder a embargo, cuando no están presos ni embargados los que hicieron el acta y te la mandaron imprimir tan autorizadamente. Siempre me acuerdo de una cuartetica del padre Isla:

   Impresores infelices
   a quienes sólo condena
   más que los pecados propios
   las malas obras ajenas.

   Aunque no viene al caso, la tengo siempre muy presente.

   Te aseguro que si no hubiera yo sabido el arte de la imprenta fuera hombre de mucho caudal. Casi toda mi vida la he gastado infructuosamente lidiando con un arte tan penoso y desagradecido, que si en la Europa ha sido perseguido, en la América ha sido el blanco del despotismo.

   Como seamos buenos para los ojos de Dios poco importa que se gloríen nuestros enemigos en perseguirnos. Yo por mi parte te aseguro que en mi vida le he hecho daño a nadie, y siempre he sido perseguido, es lo que tú dices, con no sé qué desgracia nos parió nuestra madre, que en santa gloria esté. Amén.

   Queda tu hermano apesadumbrado; dale memorias a la Chata y no me dejes de escribir.

   Tu hermano,

Diego.

   Y para que conste firmo la presente en Santafé a 18 de marzo de 1813.

Juan Nepomuceno Camacho1.


NOTA:
1   Correspondencia de Diego Espinosa con su hermano Bruno. Colección Eduardo Posada. Carta No. 49. (Del autor).

135
MANIFIESTO DE NARIÑO SOBRE LA CONDUCTA DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

CON MOTIVO DE LOS SUCESOS OCURRIDOS ENTRE EL CONGRESO Y EL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Santafé, 19 de marzo de 1813.

MANIFIESTO

   de la conducta del gobierno de cundinamarca con respecto al congreso y al general de sus tropas en la guerra civil terminada el memorable 9 de enero de 1813

   La provincia de Cundinamarca, que siendo el centro de las convulsiones políticas de la Nueva Granada, y habiendo tenido que arrostrarlos más terribles peligros para restituir a los pueblos sus verdaderos derechos, deponiendo las principales autoridades del reino en medio de la respetable fuerza que habían dispuesto para sostenerse, se gloriaba de no haber manchado su suelo con la sangre de un solo hombre, y de que sus ciudadanos hubiesen respetado las vidas de sus mismos enemigos aun en los primeros momentos de la efervescencia, del entusiasmo y del calor, se ha visto repentinamente obligada a armarse y defenderse en su capital de un ejército numeroso, acaudillado por unos jefes nacidos en el seno de ella misma, y autorizado, o con más propiedad, enviado para su destrucción por el congreso, que hoy componen los diputados de algunas provincias del reino; dos circunstancias que mueven imperiosamente al gobierno de este Estado a presentar al mundo entero la conducta que se ha observado en esta escandalosa y bárbara guerra, manifestando del modo más claro, irresistible y evidente, los esfuerzos que hizo para evitar el rompimiento, y los sacrificios que ofreció hacer en obsequio de la paz; porque a la verdad, no habrá hombre que sin estar impuesto en la historia de las desavenencias suscitadas por desgracia entre este Estado, el de Tunja y el congreso, crea que dos hijos de esta ciudad, sin motivos demasiado justos, hayan pretendido obstinadamente entrar en ella a sangre y fuego, inmolando a sus mismos compatriotas, parientes y amigos, echando por tierra sus hermosos edificios, arruinando sus templos, y por decirlo todo de una vez, destruyendo la más bella población que tiene lo interior del reino; y que en cualquier evento funesto debería ser el asilo de los amantes de la libertad americana, y menos que unas miras tan hostiles, tan contrarias a la religión, a la humanidad y a la justicia, hayan sido no sólo protegidas sino expresamente ordenadas por los representantes de las provincias unidas en congreso, es decir, por un cuerpo de quien la América sólo esperaba providencias capaces de asegurar la libertad naciente, de conciliar a todo trance para conseguir ese objeto, las divisiones intestinas, de establecer la paz, la armonía y la concordia entre las provincias, de estrechar entre éstas los vínculos de unión, con que siempre han estado ligadas y que en el día les son tan necesarios, de hacer en una palabra la felicidad de unos pueblos que han depositado en sus manos los más preciosos derechos. Pero la América y el universo todo van a ver, no con poco escándalo y admiración, que no han sido estas las ideas que han animado al congreso; que éste y los generales de su ejército se obstinaron en derramar la sangre de sus hermanos, y en cubrir de luto y de consternación a esta inocente ciudad, y a convencerse de la justicia con que Cundinamarca, después de haber apurado todos los medios de conciliación, hasta el punto de degradarse, se ha defendido valerosamente reducida a los estrechos límites de 400 varas, único terreno que se le dejó libre, y cubierto aunque con dolor el suelo de su capital con los cadáveres de sus enemigos.

   No hablaremos aquí de los objetos con que en principios del año de 1812 marcharon hacia el norte dos expediciones, la una al mando de don Joaquín de Ricaurte y la otra al de don Antonio Baraya (autores de nuestros males), pues ellos son bien sabidos. Tampoco haremos mérito de la conducta que aquellos comandantes observaron, admitiendo voluntariamente sus respectivas comisiones, y cumpliendo en parte al principio con las instrucciones del gobierno, pero rebelándose después contra éste, seduciendo a los soldados, y volviendo contra su patria las armas que se les habían confiado para su defensa. Pasaremos en silencio los arbitrios de que se valió Baraya para atraer a su partido a don José Miguel Pey, cuando pasó a tomar el mando de las tropas que se hallaban en el Socorro, y que Ricaurte no había logrado trastornar a pesar de sus esfuerzos, porque muchos de los oficiales que tenía a su lado, consecuentes al gobierno de quien dependían, resistieron sus planes.

   Nada diremos del ataque y victoria de Paloblanco, de que tanto se ha gloriado Baraya, ni de la sorpresa que en Charalá se hizo a las armas que comandaba don Justo Castro, pues en los papeles públicos que se han dado desde aquella época, se ha hecho ver que estos sucesos han sido obra de la mala fe y no del valor del enemigo. Nos abstendremos de hablar de los pactos celebrados entre este Estado y el de Tunja en la villa de Santa Rosa en julio de 1812, de la religiosidad con que ellos se cumplieron por nuestro gobierno y del ningún efecto que tuvieron por parte de la otra provincia contratante, y finalmene no nos detendremos en ponderar la justicia de las causas que impelieron a Cundinamarca a separarse de la federación, viendo hollada la buena fe de los tratados, bajo los cuales había entrado en aquella asociación, pues de estos hechos y de los que arriba se han indicado se han dado al público oportunamente las noticias convenientes y por lo mismo su repetición causaría fastidio; por estas consideraciones nos contraeremos a referir los sucesos posteriores a la asamblea del 22 del último octubre, sucesos que al paso que por sí solos hacen la más completa apología del gobierno cubren de vergüenza, de oprobio y de ignominia al congreso, a los generales de su ejército y a Tunja.

   Cundinamarca habría podido, sin faltar a los principios del derecho de gentes, a los de la razón ni a los de la justicia, declarar la guerra a esta última provincia desde el momento mismo en que rompiendo la amistad, la alianza y la armonía establecidas por tratados solemnes celebrados en 30 de julio de 1812 por el gobernador de aquella República don Juan Nepomuceno Niño, el senado y los plenipotenciarios de nuestro gobierno, se propuso llevar adelante el espíritu de partido contra Santafé, abrigando en su seno unas tropas y reteniendo en su poder unas armas que debieron seguir inmediatamente a Cúcuta, a arrojar de allí a los enemigos de la libertad, protegiendo abiertamente a los opuestos a este Estado, insultando a su jefe y usando todo género de hostilidades. Pero la presencia de un manejo tan irregular y escandaloso en nada altera los sentimientos de paz y de moderación que siempre han caracterizado a aquél. A pesar del conocimiento de que existían entre nosotros hombres que oyendo sólo el grito de las pasiones maquinaban contra el gobierno que habían jurado, comunicaban al enemigo las disposiciones que éste daba, fomentaban su opinión, lo excitaban a que invadiese y le remitían planes para que sus operaciones fuesen más seguras, a nadie se veja, a nadie se ultraja, a nadie se ofende, ni se oprime, y cuando los castigos ejemplares debieran haber escarmentado a los traidores, se procura reducirlos a su deber con la indulgencia, con la suavidad y con el disimulo de sus crímenes.

   Esta era la conducta pacífica y humana del gobierno para con sus enemigos interiores, cuando el congreso le previene por el conducto de su secretario, en oficio de 31 de octubre, continúe en la federación y cumpla con las órdenes que se le habían comunicado, y que constan de los documentos agregados al acta de 22 del mismo octubre, haciéndolo responsable en el caso contrario de las consecuencias de otra providencia que se tomaría irremisiblemente al séptimo día, y que sin duda era la declaratoria de guerra, como se dijo fundadamente en el Boletín de noticias, número 34, y como lo han confirmado los sucesos posteriores. Una resolución tan terminante emanada de un cuerpo que había manifestado ya bastantemente la prevención con que obraba respecto de esta provincia, y que por otra parte tenía armas, tropas, municiones con que invadirla, no dejaba otro arbitrio al gobierno en cuyas manos estaba su suerte que el de ponerla en estado de resistir, repeliendo la fuerza con la fuerza.

   La necesidad de esta medida, tanto más urgente cuanto que se tenían noticias positivas de que en Tunja se levantaban tropas y que se pedían auxilios de todas partes para acometer a Santafé, obligó al presidente del Estado a poner destacamentos respetables en algunos de los puntos de su territorio, a dar órdenes para la composición de armas, fábrica de municiones, acuartelamiento de tropas, acopio de víveres y demás necesario para una defensa vigorosa, proponiendo al congreso al mismo tiempo que daba estos pasos o bien que las tropas y armas de esta provincia, que estaban a disposición de Baraya, marchasen a Cúcuta a expeler de allí la fuerza enemiga, que tenía ocupado aquel precioso valle, o bien que se pusiesen en manos de este gobierno para el propio objeto, o bien que se le permitiese irlas a tomar a Tunja para emplearlas igualmente en obsequio de la causa de la libertad, pues no era justo que esas armas y tropas, que debían emplearse en la defensa general del reino sirviesen sólo para revolucionar los cantones dependientes de Cundinamarca.

   Una propuesta que lo único que exigía era el cumplimiento de los pactos de Santa Rosa y que a primera vista descubre las ventajas que de ella iban a seguirse a la Nueva Granada: ¿por qué, a qué otra cosa podía obligarse a Cundinamarca, que a librar a ésta por sí sola de un enemigo que de día en día va adquiriendo fuerzas y opinión, y que cuando menos pensemos puede invadirnos y hacernos perder la libertad de que aún no hemos gustado? Muy lejos de admitirse por ese cuerpo, que hace tanto alarde de sostener a todo trance los derechos de los pueblos libres del reino, y de oponerse a las miras ambiciosas y hostiles de la España, es un motivo para que encargue el más activo y puntual cumplimiento de un decreto de 20 de noviembre dirigido a declarar la guerra a Cundinamarca, que debía hacérsele con las mismas armas que se le habían usurpado. Semejante providencia parecerá imposible a los que no han penetrado las ideas del congreso, pero para que éstos y el universo entero las descubran, y se convenzan de la justicia con que se ha precedido por parte de este Estado, se transcribe aquí la misma declaratoria cuyas partes literales son las siguientes:

   "El congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada, instalado por su aclamación y nueva invitación urgente del gobierno de Cundinamarca para obrar la organización interior y defensa general contra los enemigos de la libertad, considerando:

   "1°. Que el de dicha provincia no es ya el representativo popular, dividido en poderes, sancionado en sus constituciones, y que se han garantizado mutuamente las federadas por el acta fundamental, sino el designio en ellas como tiránico y despótico, con recíproca obligación de auxiliarse para destruirlo hasta con la fuerza armada, como que fue el producto de un tumulto militar, y oprimiendo el 10 de septiembre al constitucional, que luego se figura no haber habido para preferir el intruso a la anarquía, forzó a que bajo apariencias constitucionales se rompiera el vínculo de la constitución y se consultara la voluntad de los pueblos, consignada en ella.

   "2°. Que lejos de reformarse este gobierno, como en fuerza de estas consideraciones se le previno por decreto de 8 de octubre, se ha forjado un nuevo apoyo en lo que llaman asamblea, concejo o cabildo abierto del 22 de octubre, pretermitiendo el colegio anunciado para el 18 anterior, fue realmente una mezcla torpe de los estamentos de monarquía a que aspira, y de las formas democráticas que intentan destruir, figurando que esta junta apenas excedente, como se ha publicado, al número de 1.500 personas de la capital, puede dar la ley al resto de los ciudadanos de ella misma y de toda la provincia; y tomando el carácter de permanente, bajo el cual no ha podido negar el diputado don Luis Azuola que es tiránico.

   "3°. Que oprimiendo así a la ilustre provincia de Cundinamarca y para afirmarse en su dominación, la sustrae del congreso y retira los diputados, cubriéndola con la fea nota del perjuicio y retroceso de la convocatoria que libre y solemnemente hizo a sus hermanos, no para entrar en nueva sociedad, sino para dar a la que ya tenían una nueva forma de gobierno; todo a pretexto de temores de ser invadida y de no haberse guardado los pactos de 18 de mayo y 30 de julio, que es ahora el velo bajo el cual despliega su personal, antigua y enconada oposición al sistema.

   "4°. Que después de haber dado el congreso hasta por segunda vez la más solemne garantía que no sin agravio suyo, y despreciando la general de la federación, le pidió el otro diputado como bastante para deponer sus temores; todavía los aparenta; y sostenidas las agregaciones por el decreto de 31 de octubre de un modo más sólido que por estos tratados no deja de inculcarlos, sin atender a que los de 30 de julio, fuera de no pertenecer al congreso que no intervino en ellos, ruedan sobre los de 18 de mayo, y éstos despreciados y rotos por el mismo gobernante, el primero aun con sola la ocupación de Tunja, no fueron ratificados por la convención o colegio de Santafé en los términos que la diputación residente en Ibagué los ratificó y exigió que lo hiciera dicho cuerpo.

   "5°. Que a fin de prevenir la opinión contra el primer cuerpo de la nación le atribuye un estilo despótico sin hacer mérito de los oficios más insinuantes que no se han dirigido a otro gobierno, ni de que los decretos, no debiendo ser disertaciones, han sido no obstante fundados y comunicados por el órgano que se acostumbra entre las naciones más ilustradas.

   "6°. Que con el mismo fin de prevenir la opinión ha interpretado malignamente, y como dirigidas a despojar la provincia de lo que tiene, las órdenes de 500 fusiles para reforzar la expedición del norte, de 500 hombres a Popayán y la expedición al Magdalena, cuando por expresos artículos del acta federal está dispuesto que, concluidas las empresas, tropas y armas han de volver a sus respectivas provincias, cuando es notorio que ninguna puede prestar mejor estos auxilios depositados allí por el antiguo sistema como un producto de las demás, cuando son urgentes y sabidos de todo el mundo los graves peligros que por estos puntos corre la libertad de la Nueva Granada; cuando en fin, prestando estos auxilios hubiera adquirido la amistad y confianza de las provincias, sin gravarse aun en los costos que se ofreció cubrir con el contingente, y el exceso con el fondo común.

   "7°. Que la respuesta a tantas medidas y comunicaciones conciliatorias ha sido excusar su cumplimiento, porque el último oficio anterior a la instalación se dirigió al presidente y consejeros siguiendo el estilo de la diputación, a la cual no se comunicó jamás que ya no los había; dar el paso insidioso de remitir al cabildo de esta villa, para que circulase a los pueblos la Gaceta incendiaria de 7 de octubre, número 79, no obstante la asignación del distrito federal que comunicada anteriormente no contradijo; mover las tropas hacia estas fronteras; cortar las correspondencias oficiales y privadas, no sólo de la misma provincia sino también de las otras; reducir, en fin, a prisión y perseguir a personas respetables, desmintiendo en este hecho y por sí mismo la pretendida conformidad de todas con su sistema.

   "8°. Que los diputados de Cundinamarca, como si no lo fueran de la provincia, sino del gobierno o de los vecinos de la capital que se figura compusieron la junta de 22 de octubre, han sacrificado los derechos de la totalidad a las ideas ambiciosas del gobernante, ejecutando su retiro contra las insinuaciones y decretos del congreso a que debieron someterse en conformidad de lo dispuesto por el acta fundamental cuya observancia juraron; y han hecho alarde de obedecer más bien esa orden, que aunque no hubiese dimanado de un gobierno intruso era inexequible según la misma acta como opuesta al bien general.

   "9°. Que situada Cundinamarca en el centro de las otras provincias no puede ser un Estado independiente de la federación como lo intenta el actual gobernante, ya por las relaciones que en sentido contrario las unen y que no es posible romper, y ya por la imposibilidad de obrar por sí sola su defensa sin contar con el auxilio de las demás, así como en la actualidad no se puede hacer sin el de ella misma esta defensa común.

   "10°. En fin, considerando el congreso que en tales circunstancias apurados todos los medios de conciliación y de paz, una necesidad imperiosa y el vínculo sagrado de los pactos fundamentales de la unión le obliga a defender con las armas, bien a pesar suyo, la libertad de todas las provincias próximamente amenazada por este enemigo interior, a reponer la de Cundinamarca en su gloriosa carrera, a restablecer la tranquilidad interior y ponerse así mismo en aptitud de emplear todas las fuerzas y recursos contra los enemigos exteriores, declara y decreta:

   "1°. A don Antonio Nariño usurpador y tirano de la enunciada provincia de Cundinamarca, y con todas las personas de su facción, refractarios y enemigos de la unión y de la libertad de la Nueva Granada.

   "2°. A los diputados don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo de Azuola, cómplices de la misma facción, separados del congreso, desnudos de las cualidades de la representación y retenidos en este lugar para la providencia que sobre ellos dictará después.

   "3°. Que es llegado el caso de no tener efecto las agregaciones de que habla el decreto de 31 de octubre último, por no haberse cumplido las condiciones de su tenor, y el congreso ejecutará sobre esas provincias y pueblos las facultades que le atribuye el acta para decidir su suerte.

   "4°. Que mientras no sean mayores los peligros exteriores, el presidente encargado del poder ejecutivo de la unión acuda por todos los medios que estén a su alcance, sin excluir el de la fuerza armada, a defender la misma unión y la libertad de la Nueva Granada del que interior y próximamente les amenaza por esta parte, hasta suprimir el intruso gobierno y su facción que afligen a la provincia de Cundinamarca y dejarla en plena libertad.

   "5°. Que restituida a este Estado y a su gobierno constitucional, ella envíe al congreso diputados dignos de esta confianza, como que teniéndola y deseando el congreso conservarla en la federación, este decreto, declaración y separación que contiene, no deben entenderse contra la provincia ni su diputación, sino contra el gobierno intruso y su facción que la oprimen y contra las personas de los que antes envió y que por su complicidad con éstos la han hecho traición y venido a ser indignos de tan alta confianza.

   "6°. En fin, que durante la disidencia y mientras se alcance el deseado fin de la conciliación y la paz, se entienda cortada en todo sentido la comunicación con los pueblos dependientes del intruso gobierno y sujetos los infractores a las penas correspondientes, todo según lo dispuesto en el artículo 6° del reglamento de correos.

   Comuníquese al poder ejecutivo para su cumplimiento y publicación oportuna, mientras que la tiene el manifiesto en que más largamente se justificará la conducta del congreso y que el público vería más prontamente si el mismo gobierno intruso que ha cautivado las imprentas para no hallar obstáculo en la ilustración de los pueblos, no hubiese retenido la del ciudadano Caldas, cedida temporalmente a beneficio de la unión a pesar de haberla pedido el cuerpo, cubriendo con su responsabilidad cualquiera de que estuviese afecta.

   "Al expedir este decreto fue instruido su alteza soberana de las comunicaciones del gobierno de Santafé con fecha 14 de este mes, y en consecuencia acordó el siguiente: El supremo congreso, viendo ya perdida, por todas las comunicaciones que acaba de recibir de Santafé con fecha 14 del corriente, toda esperanza de conciliación y de paz, y que el gobierno intruso, lejos de abandonar su despiadado sistema de convertir en escalas para su elevación las desgracias de las provincias, comunica las últimas de Cartagena, capaces de reducir a la unión al más rebelde, con una intimación no menos injuriosa a la autoridad del soberano cuerpo de la nación que clara y escandalosamente dirigida a arruinar la libertad de ella misma, pues sus extremos son, o enviar a Cúcuta las tropas que hay en Tunja, que en su estado actual sería ofrecer un triunfo fácil a las que en mayor número tiene allí Correa; entregarlas al mismo gobierno de Santafé, lo que no sería otra cosa en sustancia que satisfacer sus miras ambiciosas con la posesión y esclavitud de las provincias, concluyendo con la insolente amenaza de que no adoptando uno de dichos dos perjudiciales extremos, vendrán sus tropas a tomar esas armas, y los miembros del congreso serán responsables con sus personas de las consecuencias; decreta el más activo y puntual cumplimiento de la resolución que por un efecto de la prudencia con que se ha conducido el cuerpo en la materia, no había expedido hasta el día en que recibió dichas comunicaciones, invocando al Ser supremo en apoyo de ella como testigo de la rectitud y extremo dolor con que lo abraza, como único recurso en el conflicto a que se le ha reducido, para no hacer traición a la justicia y a los deberes de su instituto, que ofreció desempeñar cumplidamente bajo el más solemne juramento, y para que lo tenga trasládese con ésta al presidente encargado del poder ejecutivo de la unión".

   Reflexionemos, aunque de paso, sobre los fundamentos de una resolución tan hostil, tan sanguinaria y tan ajena de los sentimientos que deben animar a un cuerpo que nos anunciaba como protector de las provincias del reino, y de quien tántas veces se nos dijo que traería a los pueblos su felicidad y sería la tabla en que éstos se salvasen del naufragio que se les preparaba, y acabaremos de conocer la ninguna justicia con que se ha procedido y la temeridad con que se ha pretendido sacrificar una parte interesante del reino, al capricho y a la ambición. La primera razón en que apoya el congreso la declaratoria de guerra a Cundinamarca es el no ser su gobierno representativo popular dividido en poderes, sino despótico y tiránico, obra, según aquél se explica, de un tumulto militar. La sola reflexión de que el enunciado gobierno no tenía el carácter de perpetuo, sino que era puramente provisional, entre tanto que cesaban los peligros interiores y exteriores que amenazaban a la patria, y a los que no es posible ocurrir con las trabas que la constitución pone al presidente del Estado, sería bastante para convencer de fútil y despreciable ese primer fundamento, pues un gobierno de corta duración no puede oponerse a los principios de la libertad, y de otro modo no habría sido nación alguna libre bajo el mando de un dictador, que fue el que con un hombre más moderado se dio en 10 de septiembre al jefe de esta provincia, no por un tumulto militar sino por la representación de la nación constituida en perfecta libertad, urgida de las respetuosas instancias de los habitantes de esta ciudad, y convencida por experiencia de que en los grandes peligros, de cuya clase eran los que amenazaban a este Estado, no bastan las buenas leyes, si el que gobierna tiene las manos atadas, y de que por consiguiente, guardándose el orden de la constitución, que ni previo ni pudo prever los escandalosos sucesos ocurridos en lo interior del reino, la patria necesariamente iba a ser sacrificada por no tener a la frente del gobierno un hombre que mereciendo la confianza del pueblo pudiese obrar con la energía y actividad que exigían unos males que tanto por su naturaleza como por su proximidad, demandaban el más pronto y eficaz remedio.

   Por otra parte, ese acto que nada tuvo de violento ni de tumultuario, y que sólo fue la libre expresión de la voluntad del pueblo, se ratificó por los cuerpos políticos, militares y eclesiásticos de toda la provincia, a virtud del reconocimiento que prestaron al gobierno en la persona en quien se había depositado, sin que hubiese un solo individuo que repugnase esta medida, que se confirmó de nuevo en la asamblea de 22 de octubre, cuya legitimidad, diga el congreso lo que quiera, está suficientemente comprobada en el acta que el público ha visto ya. Si aquel concurso fue apenas excedente de 1.500 personas de la capital, la convocatoria fue general en ella, y el que no asistió lo hizo sin duda por negligencia o por malicia, y en uno y otro caso renunció su voto, y su no concurrencia no puede invalidar el acto.

   La generalidad con que para éste se convocó a las personas que la constitución declara hábiles para poder sufragar, es una prueba irresistible de que la citada asamblea fue una junta popular en toda la extensión de la palabra, y no una mezcla torpe de los estamentos y monarquía con las formas democráticas, pues los primeros no aparecían siquiera en aquella reunión, en que el mismo voto tuvo el pobre artesano que el primer magistrado de la República, sin que entre éste y aquél se advirtiese la menor distinción, y ved aquí destruidos los dos primeros fundamentos de la declaratoria de guerra, sin que les sirva de apoyo el que la capital haya querido dar la ley a los demás pueblos del Estado, porque lo primero nadie duda que en las naciones más libres, y en que se ha tenido la más alta consideración a los derechos de los pueblos, las matrices o capitales, han llevado la voz de éstos, y deliberado en los negocios en que por ser del momento no puede hacerse una congregación general, que fue lo que puntualmente aconteció respecto del concejo o cabildo abierto de que aquí se trata, pues las órdenes del congreso eran ejecutivas, y el no resolver si se les daba o no cumplimiento podría traer perjuicios de mucha gravedad y trascendencia, y así nada tiene de extraño el que esta capital se reuniese sin los otros pueblos y determinase sobre aquéllas, ni por esto deberá decirse que se usurpó los derechos de éstos y que los ha oprimido; porque sus operaciones sólo se han dirigido a consultar el bien y la felicidad de esos mismos pueblos.

   Lo segundo, en la asamblea referida sólo se trataron dos puntos: primero, si debía continuar el mando en la persona del actual jefe del Estado; segundo, si Cundinamarca debía separarse de la federación o seguir en ella. En uno y otro particular era clara y manifiesta la voluntad de toda la provincia; ella como se ha dicho había ratificado por el reconocimiento del mismo gobierno lo hecho el 10 de septiembre, y no debíamos persuadirnos de que siendo mayores, o habiéndose aumentado los peligros que impelieron a tomar la medida de poner el mando en las manos de un solo hombre, quisiese variarla.

   Tampoco debíamos creer que habiéndose sancionado entraren el congreso bajo ciertas y determinadas condiciones continuasen en él los pueblos de la provincia, habiendo faltado éstas; y por consiguiente el presidente del Estado por sí sólo y sin necesidad de consulta pudo haber decretado la separación de los representantes, como ejecutor de lo resuelto en la convención o colegio reunido especial y extraordinariamente para examinar el acta federal, de donde se colige que el mencionado cabildo no hizo otra cosa que recordar al gobierno y solicitar ante él el cumplimiento de la voluntad de los pueblos de la provincia, y que por lo mismo la capital o ese número de personas de ella que se reunió el 22 de octubre no ha pretendido dar la ley a aquéllos.

   Pero prescindamos por un momento de las sólidas reflexiones que se han hecho sobre los dos primeros fundamentos en que se apoya el congreso para declarar la guerra a Cundinamarca, y demos que su actual gobierno sea tiránico, y que la asamblea no hubiera tenido autoridad para decidir las dos cuestiones que en ella se trataron. Los pueblos en medio de esa tiranía han gozado de los derechos preciosos de propiedad, seguridad y libertad; ellos se han manifestado contentos y no ha habido uno solo que declame contra el que se dice opresor, ni que implore la protección del soberano congreso, y así es que han dado por este silencio una tácita aprobación al gobierno. Y, en tales circunstancias, cuando éste no perturba ni inquieta a las demás provincias, cuando está reducido al territorio, que arbitrariamente se le ha querido dejar, cuando se halla pronto a prestar los auxilios que se le pidan para la defensa general del reino, siempre que Baraya destine a la misma las armas y tropas que tiene a su mando, cuando se ha desprendido en obsequio de la paz del derecho que tenía de juzgar al mismo Baraya y a los demás oficiales que desobedecieron sus órdenes, se sublevaron contra él y atacaron sus propias armas, ¿podrá el cuerpo federal decretar una guerra que necesariamente iba a causar a Cundinamarca los más espantosos males?

   ¿No es cierto que una de las ventajas conocidas de la federación es el que cada provincia pueda arreglar su gobierno interior del modo que crea más conveniente a la felicidad de sus pueblos, sin que el congreso de los Estados federados tenga facultad para ordenar a éstos la forma que deben dar a aquéllos? ¿No ha merecido aplausos en el reino entero el que Caracas, Cartagena y Popayán hayan nombrado dictadores? ¿No es constante que esta última provincia no se ha dado aún una constitución? ¿No lo es igualmente que las del Socorro y Pamplona permanecen inconstitucionadas? ¿Se ha intimado acaso a ninguna de éstas, que dividan sus poderes y que destruyan los gobiernos que actualmente tienen? ¿No se han admitido sus diputados en la asociación general? ¿Se ha decretado guerra contra ellas?. Nada menos que esto: esas provincias permanecen tranquilas; sus gobiernos, que hasta ahora son los mismos que se formaron en el calor de la revolución, y de ningún modo la obra de la voluntad de los pueblos, no han sufrido intimación alguna para que se reformen y se reduzcan a orden constitucional. Sólo el de Cundinamarca es el objeto del celo del soberano congreso; ella debe gobernarse en los términos que a éste acomoda, y ha de entrar en federación, no para disfrutar de sus ventajas, sino para llevar las cargas anejas al sistema, diferencia a la verdad injusta pero manifiesta, y cuya causa no descubrimos aquí por un efecto de moderación.

   La razón tercera del decreto de 20 de noviembre que vamos analizando no es más sólida que las anteriores; ella está reducida a la separación que hizo esta provincia del congreso, y consiguiente retiro de sus diputados; el público sabe muy bien los poderosos motivos que impelieron a dar este paso, y no está menos satisfecho de que no fue obra del presidente, como calumniosamente se asegura, sino de la libre voluntad del pueblo. Si el cuerpo federal no se hubiera instalado al abrigo de unos militares insurgentes y de unas armas usurpadas, si no se hubiera pretendido que el vínculo de esa unión respecto de Cundinamarca fuese la fuerza, y en fin, si después de los hechos escandalosos que precedieron a su formación se hubieran guardado con religiosidad las condiciones que hacían la base de la asociación, este Estado permanecería aún en ella, y hoy no lloraría el reino las desgracias causadas por la guerra civil; pero pretender que esta provincia continúe en un cuerpo que quiere sujetarla al acta que llaman federal en toda su extensión, cuando ésta fue aprobada por una convención reunida al efecto, siendo aún libre para someterse o no a la federación, bajo ciertas restricciones, es una injusticia contraria a los principios más sabidos de las sociedades y a esa misma acta fundamental que exige para su sanción el que previamente se apruebe por las provincias que deben entrar en el congreso. En vano sería esta prevención si éstas debieran sujetarse a ella en todas sus partes y no pudieran improbarla, como en efecto lo hicieron Cartagena y Cundinamarca; la separación pues de esta última, no habiéndosele cumplido lo pactado, nada tiene de criminal, ni ella puede cubrirla con la nota del perjurio, porque nadie ignora que el juramente es accesorio al contrato, y que por consiguiente, faltando éste, como faltó, por no haberse observado la condición que le daba su firmeza, no puede obligar a aquél.

   Los temores del diputado don Manuel Bernardo Alvarez, con que el congreso pretende justificar la declaratoria de guerra, son verdaderamente un fundamento no sólo débil sino ridículo. Si esos temores por ser infundados cedían en agravio de aquella corporación, debió haberse dado la queja correspondiente a este gobierno, que conforme al acta federal debía juzgar los delitos de los representantes de la provincia, para que hubiese tomado la conveniente providencia, y si por el contrario eran justos y razonables, como en la realidad lo eran, se debieron remover por el mismo congreso los motivos que los causaban, y en ningún caso echarse mano de un remedio tan violento como el de la guerra.

   Se ha dicho y con razón que los temores del diputado Alvarez eran justos; éste conocía muy bien la prevención que sus compañeros tenían contra Cundinamarca y su gobierno, sabía el empeño que desde los principios habían tomado en despojarla de sus armas, rentas y demás recursos, había presenciado la infracción de los pactos celebrados en 18 de mayo, oía la acrimonia y el encono con que se hablaba contra Santafé, y se veía por consiguiente en el duro comprometimiento o de llenar sus deberes, o de conciliarse el odio y la enemistad de los otros miembros de la unión y de los partidarios de éstos, en circunstancias de hallarse aislado, rodeado de tropas y sin quien le prestase el menor auxilio. Y en semejante situación, ¿podría dejar de temer aquel diputado, aun cuando se le hubieran dado muchas garantías? Ya hemos visto que ni la inviolabilidad que declara el acta de federación a las personas de los representantes, ni la garantía que especialmente y hasta por segunda vez concedió el mismo congreso al citado Alvarez, ni la que le dan sus canas, sus circunstancias personales, los servicios de tantos años y la decidida adhesión a la causa de la libertad, lo han librado, ni tampoco a su benemérito compañero don Luis Eduardo Azuola, de ser arrestados a una prisión, de que en ella se les pusieran centinelas de vista, de que se les sacase desde la Villa de Leiva hasta Tunja en medio de lanzas, machetes y de fusiles, y en una palabra, de que se les tratase como a unos reos de lesa patria, con cuyos hechos se convence de que esos temores que han sido un pretexto para decretar la ruina de Cundinamarca, eran demasiado fundados y propios de un hombre que preveía muy bien los peligros a que estaba expuesto.

   Las instancias que hacía el mismo diputado Alvarez para que se cumpliesen los tratados de 18 de mayo y 30 de julio son otra de las causas en que el congreso funda esa bárbara declaratoria de guerra. Esta solicitud, muy lejos de producir un efecto tan contrario a los principios de eterna justicia, de razón y de humanidad, debió haber evitado la sangrienta escena que hemos presenciado: El congreso, o mejor diremos las personas destinadas a él, se sometieron voluntariamente a los expresados pactos de 18 de mayo, y quisieron que ellos fueran las bases sobre que debía instalarse aquel cuerpo. Tunja igualmente se sujetó a los de 30 de julio, y prometió por ellos una paz constante a Cundinamarca; por consiguiente pues ya no quedaba arbitrio a las partes contratantes para sustraerse de ellas sin faltar a la fe sagrada, que debe guardarse en las promesas y violar uno de los primeros preceptos del derecho natural, y así el que se les recordase su cumplimiento por nuestro representante, no debió reputarse por un delito, ni graduarse un motivo justo para declarar la invasión contra nuestra provincia.

   Ni se diga que ésta había quebrantado dichos pactos ocupando el territorio de Tunja. Esta ocupación, si puede llamarse tal, se hizo con el único objeto de auxiliar por aquella vía las armas del mando de don José Miguel Pey invadidas por Baraya, y por el mismo Tunja, y la prueba de esta verdad es el que aquella provincia no fue en manera alguna hostilizada, quedó en el mismo estado en que se hallaba antes de que entrasen nuestras tropas, no se ejercitó en su distrito acto alguno de señorío, sin embargo de que en él no había gobierno, de que sus armas se había apoderado del Socorro, que era parte de esta provincia, y de que por lo mismo el derecho de gentes nos autorizaba para posesionarnos de aquél, y nuestro ejército se retiró inmediatamente a la Villa de Leiva, que entonces correspondía a este Estado; luego Cundinamarca con esa ocupación no intentó aumentar su territorio, y por consiguiente los pactos de 18 de mayo no han sido despreciados ni rotos por su gobernante, subsistían en su fuerza y vigor, y debieron observarse sin que para ellos sirva de obstáculo el que la convención reunida para examinar el acta federal no los hubiese aprobado en los términos que lo exigió la diputación de Ibagué, pues en tal caso cuatro hombres que hasta entonces no tenían autoridad ninguna, habrían dado la ley a toda una provincia, y habría sido inútil el que se sujetase esa convención o el colegio, supuesto que debía sujetar su juicio a la voluntad de los representantes para el congreso.

   Otro de los fundamentos para decretar el cuerpo federal la ruina de Cundinamarca, es el de haberse asegurado en nuestros papeles públicos, que éste usa de un estilo despótico en las órdenes que ha comunicado; el público ha visto los decretos en que éstas se contienen, y sin perder de vista las consideraciones que se merece un gobierno soberano, como lo son todos los de los estados unidos en federación, habrá formado el concepto correspondiente y conocerá que en haberse afirmado que el congreso se sirve de un estilo despótico, no se le ha hecho una imputación falsa y que supuesto que ya se le notaba debió haberse moderado, si lo que deseaba era la salud del reino y no haber enconado los ánimos y conciliádose el odio, declarando la guerra por causas tan despreciables.

   El no haberse este Estado desprendido de sus armas y tropas, y puesto parte de ellas a disposición de Baraya, y todas a la del congreso, para que las entregase a los amigos y partidarios de aquél, es otra de las razones que éste tuvo presentes para resolver el que marchase contra esta provincia un ejército numeroso; examinemos con alguna detención este fundamento, y el menos adicto a nuestra causa conocerá su ninguna justicia; una de las primeras obligaciones del que gobierna es la conservación de los derechos de aquellos pueblos que se han sometido a su mando; el presidente de este Estado no habría cumplido con este deber si hubiera entregado la fuerza armada a Baraya. Nadie ignora que éste, desde que se sublevó contra su gobierno, ha intentado darle la ley bajo el especioso pretexto de que haya un cuerpo de nación; también es evidente que ha habido un plan de destruir a Cundinamarca, y que para realizarlo se le ha faltado a cuanto se le ha prometido. En estas circunstancias, ¿habrá sido buena política desprenderse el gobierno de los recursos que le quedaban, y ponerlos en manos de sus enemigos para que lo destruyesen y formasen otro, no según la libre voluntad de los pueblos, sino según su antojo? La resolución de este problema es bastante sencilla; pero a pesar de esto el presidente no se atreve a hacerla por sí solo y convoca para que lo decidan a los padres de familia y a las autoridades constituidas, quienes no sólo determinan que no se den al congreso las armas y tropas que pide, sino que claman a una voz que Cundinamarca se separe de la federación, porque conocen la mala fe con que se procede y prevén que ésta la conduce a su ruina.

   Esta resolución no tuvo por objeto no el negar los auxilios para la defensa general del reino, como parece se ha querido interpretar por los enemigos de Santafé. Jamás este Estado ha resistido sacrificar sus recursos en obsequio de la libertad y de ello tiene dadas pruebas repetidas. Popayán gemiría aún bajo el yugo de la esclavitud, si Cundinamarca no hubiera auxiliado los valerosos esfuerzos de los moradores del Cauca, y si Cúcuta se ve hoy oprimida por Correa, debe atribuirse a la división interior y al espíritu de partido que se ha introducido entre nosotros, no menos que a la resistencia que hizo Pamplona a recibir nuestros auxilios, y a la que hizo Ricaurte a seguir a ocupar aquel punto con las tropas de su mando, valiéndose para ello de frívolos pretextos y proponiendo inconvenientes que le ha sido muy fácil vencer para atacar a su patria.

   Al Magdalena se han enviado hasta tres expediciones costeadas por Cundinamarca, la última de las cuales arrojó al enemigo del puerto nacional de Ocaña, y lo dejó libre para que sin obstáculo alguno se posesionasen de él las tropas de Calamar. Estos hechos convencen evidentemente de que nuestra provincia no ha mirado con indiferencia la subyugación de las demás, y que ha estado pronta a emplear las armas en la defensa de éstas, no por ese derecho que se les quiere atribuir sobre ellas, pues prescindiendo de otras razones la posesión del 20 de julio habría sido bastante para que Cundinamarca adquiriese dominio en las mencionadas armas, así como cada uno de los otros Estados lo adquirió en lo que poseía al tiempo de sus respectivas transformaciones, sino porque las relaciones que tienen aquélla con éstos, la obligan a auxiliarlos y defenderlos, y así si se opuso a que se diesen a Baraya 500 fusiles y a que el resto de la fuerza se pusiese a disposición del congreso, fue porque preveía que con aquéllos y con ésta se le iba a atacar y destruir, y primero era ocurrir a su propia defensa que a la de las otras provincias, y he aquí que el cuerpo de la unión ha declarado la guerra a esta ciudad sólo porque ha procurado su conservación y no ha puesto las armas en manos de sus enemigos para que la invadan y arruinen.

   El séptimo apoyo de la declaratoria de guerra es el que Cundinamarca o su gobierno se excusase a cumplir las órdenes del congreso por dirigirse éstas al presidente y consejeros, el haber remitido la Gaceta número 79 al cabildo de la Villa de Leiva, el haber puesto destacamentos en su territorio, cortado la correspondencia oficial y privada, reducido a prisión y perseguido a personas respetables; parte de este fundamento se presenta desfigurada, parte es falsa y parte, aunque verdadera, sólo abraza medidas justas y necesarias; es constante que las comunicaciones oficiales del congreso venían dirigidas después del 11 de septiembre al presidente y consejeros, no porque aquel cuerpo ignorase que ya no los había, sino porque desde el principio se obstinó en no entenderse con el actual jefe del Estado, y esta fue la causa de excusar el cumplimiento de algunas órdenes, pues no podía dárselo aquél a quien el mencionado congreso resistía reconocer por gobernante.

   La Gaceta número 79, que se llama incendiaria, nada más contiene que un bando publicado en esta capital para que sus habitantes se pusiesen en estado de defensa, y una proclama en que se les anuncian los terribles males que va a causar la guerra civil. Cuando se tomaron estas precauciones se sabía por noticias positivas de que no podía dudarse, que Tunja levantaba tropas, que el congreso las había pedido al Socorro, que en la Villa de Leiva habían entrado 800 hombres, y que todos estos preparativos y otros muchos se hacían con el objeto de acometer a esta provincia. En semejantes circunstancias el presidente del Estado habría sido reo de lesa patria, si no hubiera dictado las más activas providencias para su defensa. Esas mismas medidas hostiles que ponían en ejecución Tunja y el congreso obligaron a este gobierno a poner destacamentos respetables en su distrito, a cortar la correspondencia y a reducir a prisión a dos o tres hombres que descaradamente procuraron seducir nuestras tropas, fijar la opinión en favor de la causa que sostenía Baraya, y hacernos todo el mal que estaba en su mano; la conducta pues del congreso y de Tunja ha sido la verdadera causa de los procedimientos indicados, que se han querido graduar de crímenes, cuando en la realidad no han sido otra cosa que unas medidas de pura defensa, de que se usa en casos semejantes en todas las naciones del mundo, y que jamás podrán imputarse a Cundinamarca, que si se ha servido de ellas ha sido viéndose en el último extremo de peligro y en fuerza de la obligación de conservarse, de que absolutamente no podía prescindir.

   El retiro que nuestros diputados hicieron del congreso, que es otra de las razones fundamentales de la declaratoria de guerra, fue una consecuencia necesaria de la infracción de las condiciones con que la provincia los había prevenido entrasen en aquel cuerpo y de ninguna manera un pacto voluntario de aquéllos ni del gobierno que les ordenó se retirasen. Los representantes de Cundinamarca como los de cualquier otro Estado, debían necesariamente llenar las instrucciones de su comitente, sin tener facultad para traspasarlas. Estas respecto de los primeros eran los pactos celebrados en 18 de mayo, de que tántas veces hemos hablado, bajo las cuales la convención general de la provincia, que no habrá quien niegue pudo señalar el modo y términos en que ésta debía federarse, quiso que se aprobase el acta a que se ha dado el nombre de fundamental.

   Desde antes de la instalación de aquel cuerpo se comenzaron a quebrantar los mencionados tratados y desde entonces los diputados de Cundinamarca tuvieron un derecho para no asociarse con los otros, pero por evitar un paso escandaloso y creyendo que formada la federación se procediese de buena fe y se llenase lo pactado, entraron en ella protestando el cumplimiento de aquellos convenios y dieron inmediatamente parte a su gobierno. Este, viendo que las órdenes del congreso y sus primeros procedimientos eran absolutamente opuestos a la voluntad de los pueblos del Estado, y que el continuar en aquel cuerpo preparaba la ruina de éste, quiso oír la voz de los padres de familia y de las autoridades en quienes aquéllos habían depositado sus derechos, y a consecuencia de lo que se resolvió por aquéllos y por éstas el 22 de octubre, dio orden a los diputados para que se retirasen del congreso. Todos estos pasos manifiestan las consideraciones que Cundinamarca ha guardado a este cuerpo, cuando él no ha procurado sino destruirla, y convencen igualmente de que la separación no ha sido un efecto de la ambición del gobernante, sino de la mala fe con que por parte del aquel se ha procedido, y que los diputados de esta provincia se habrían hecho indignos de la alta confianza que se había depositado en sus manos si hubieran continuado asistiendo a las sesiones en virtud de los decretos del congreso, a que sólo debieron someterse mientras éste observase religiosamente los tratados de su unión.

   La situación de Cundinamarca, y el no poderse sin ella hacer la defensa general, que es el no fundamento del decreto de 20 de noviembre, debieron haber impelido al congreso a cumplir lo pactado para que no hubiese habido un motivo de separación. Si los individuos que componían aquella corporación sólo deseaban, como tantas veces lo han anunciado, la salud del reino, y si ellos por otra parte, como lo confiesan, estaban persuadidos de que la unión de esta provincia era necesaria para conseguir este fin, debieron haber hecho los mayores sacrificios para conservarla en la federación y de consiguiente haber llenado las condiciones puestas por ella, aun en la falsa hipótesis de que éstas hubieren sido gravosas a los demás Estados de la confederación, pues en todo caso más perjudicaba a éstos el que no se pudiese ocurrir a la defensa general, y se perdiese el precioso don de la libertad. Mas no eran éstos no, los sentimientos que animaban a los miembros del congreso, ellos querían que Cundinamarca entrase en este cuerpo y sacrificase todos sus recursos; pero no que el vínculo de esta unión fuesen los pactos, ni que de ella sacase la menor ventaja. El intento era separarle los pueblos que voluntariamente se le habían agregado, privarla de sus armas, de sus tropas y de sus caudales, y en una palabra reduciéndola a un pequeño territorio dejarla incapaz de ser un Estado independiente, proposición verdaderamente dura, pero que este gobierno debió aceptar si quería evitar una guerra civil.

   La obligación que el cuerpo federal supone le imponen los vínculos de la unión de defender con las armas la libertad de la provincia amenazada por el jefe de nuestro Estado, es el décimo apoyo de la declaratoria de guerra. Este fundamento estriba sobre hechos absolutamente falsos. Se afirma, lo primero que se han apurado todos los medios de conciliación y de paz. Se puede decir francamente que muy lejos de haberse dado este paso, sólo se procuró enconar los ánimos de los habitantes de la provincia con órdenes y decretos concebidos en un estilo pedante y déspota. Con sólo haberse cumplido los pactos de 18 de mayo y 20 de julio, con haberse contenido las miras ambiciosas de Baraya y de Ricaurte, con haberse castigado su insurrección contra este gobierno, dándose al mundo entero una prueba de que el cuerpo de la nación no era un protector de iniquidades, aunque directamente cedieran en su favor, y con haber en fin obligado a esos dos militares a que pasasen a Cúcuta a arrojar de allí al enemigo, Cundinamarca habría continuado en la federación, habría agotado sus recursos en obsequio de la causa común, habría contribuido con los contingentes que se le hubieran señalado y se habría evitado la guerra civil tan funesta a los pueblos. Estos eran los medios de conciliación y de paz que debieron haberse apurado, pero de que absolutamente se desentendió el congreso. En segundo lugar se asegura con descaro que la libertad de las provincias estaba próximamente amenazada por el gobernante de Cundinamarca, y que en lo interior de ésta no había tranquilidad. Aquí debemos preguntar al supremo congreso: ¿a cuál de las provincias de la Nueva Granada se le ha intimado que se sujete por la fuerza a Cundinamarca, a cuál se le ha privado de la menor porción de sus derechos, cuál ha padecido hostilidades por parte nuestra, en cuál de sus territorios se han introducido tropas, y finalmente, a cuál de los cantones unidos por la libre voluntad de sus pueblos se le ha dejado de cumplir religiosamente los pactos o condiciones de su unión? No podrá aquel cuerpo señalarnos una sola población a quien se le hayan causado los males indicados. Y sin estos datos, ¿podrá asegurarse que nuestro gobierno atenta contra la libertad de las provincias? ¿No es esto aventurar infundadamente una proposición de suma trascendencia? ¿No es encender el fuego de la discordia? ¿No es concitar al reino entero contra Santafé? ¿No es, por último, abrir la puerta a la guerra civil y proporcionar la destrucción de una de las partes más preciosas de la Nueva Granada? Sí, éstas eran sin duda las miras del soberano congreso; pero los efectos han sido otros, y ellas por fortuna han quedado frustradas.

   No es más cierto el que esta provincia careciese de tranquilidad, que el que la libertad de las otras estuviese amenazada por este gobierno. Jamás los habitantes de Cundinamarca libre habían gozado de mayor reposo que desde el 11 de septiembre de 1812 en adelante; no habrá uno solo que se queje del más leve atropellamiento, que asegure con verdad haber sido sin causa arrestado a una prisión, ni privado de la más pequeña parte de sus bienes. Sin la ejecución de estos excesos no había un motivo para que el pueblo careciese de reposo, principalmente teniendo confianza en la persona a quien habían entregado el mando, como lo acreditaba el hecho de haberle dado facultades amplias para que obrase, y los esfuerzos que ese mismo pueblo hizo para sacarlo del retiro y ponerlo de nuevo en el gobierno. Sólo los enemigos de Santafé, los ambiciosos y partidarios de la insurrección se hallaban descontentos e inquietos; pero el hombre de bien, el buen ciudadano, satisfecho de que se le respetaban sus derechos, nada temía y vivía tranquilo; él sólo se sobresaltaba cuando oía los preparativos que Tunja y el congreso hacían para invadir a Cundinamarca, y no fueron el gobierno ni la que se llama su facción los que privaron de reposo a esta última clase de habitantes, sino la guerra civil decretada y fomentada por aquel cuerpo a pretexto de restituir la tranquilidad a la provincia: ésta fue sí, la que causó el trastorno, la desolación, el llanto y la inquietud de estos desgraciados pueblos, y ved aquí descubierto del modo más claro que el congreso, con especies falsas pero capaces de alucinar a primera vista, sólo ha tratado de la destrucción y ruina de esta provincia con el objeto de hacerse señor absoluto de los recursos que ella posee.

   Los fundamentos sobre que acabamos de discurrir y que con reflexiones obvias y sencillas hemos convencido de especiosos, frívolos, despreciables y falsos, son los mismos que el cuerpo federal tuvo para declarar la guerra contra Cundinamarca, a su presidente usurpador y tirano, y con todas las personas de su facción refractarios y enemigos de la unión y de la libertad de la Nueva Granada, y a los diputados don Manuel Bernardo Alvarez y don Luis Eduardo Azuola, cómplices de la misma facción, y desnudos de las calidades de la representación, para encargar al poder ejecutivo que apurase todos los medios sin excluir el de la fuerza para suprimir el intruso gobierno y su partido, y en una palabra, para destruir la mayor parte de los habitantes de este Estado, pues es indubitable que es que se dice facción era compuesta no de un corto número de aquéllos, sino de casi todos los ciudadanos de la provincia, que por tres veces habían colocado a la frente de ella a ese jefe, que se insulta con el nombre de intruso, y que otras tantas se habían comprometido a sostenerlo en el mando, se colige que para arrancarlo de él y destruir su partido, era preciso desolar a Cundinamarca y cubrirla de consternación y de luto.

   Estas eran las consecuencias necesarias de esta resolución fundada sobre apoyos tan débiles, pero el congreso, a cambio de satisfacer sus resentimientos personales, no repara en sacrificar una multitud de víctimas, en regar con sangre inocente los campos de Cundinamarca, en afligir con la orfandad y el desamparo a la madre, a la hija, a la esposa, en comprometer al hermano a que lo inmole a su hermano, al padre a que prive de la vida al hijo y al pariente a que dé la muerte a su allegado. Todos estos males que se presentan a primera vista se miran con indiferencia por el soberano congreso, y en vez de adoptar uno de los dos primeros arbitrios que se le proponen por este gobierno, esto es enviar las armas del mando de Baraya a Cúcuta, o entregárselas para el mismo fin, insiste encausar aquéllos, y teniendo por un irrespeto injurioso a su autoridad esta propuesta, encarga como antes se ha dicho el más puntual y activo cumplimiento de esa resolución sanguinaria.

   La noticia de haberse tornado por el citado cuerpo una medida tan violenta, y que absolutamente quitaba toda esperanza de conciliación y anunciaba un próximo rompimiento, obligó a nuestro gobierno, que ya de antemano y a consecuencia de los anteriores decretos en que el congreso manifestaba estar decidido a hacer una declaratoria formal de guerra, y de los preparativos que sabía se hacían para ésta, había tomado todas las precauciones conducentes a la defensa, a entrar en consulta con los oficiales del Estado sobre el lugar en que debía aguardarse al enemigo. De este paso necesario en casos de semejante naturaleza resultó el que la defensa se hiciese en el territorio de aquél, para que de este modo los pueblos de nuestro Estado no sufriesen las hostilidades que necesariamente debía causarles el ejército contrario, y para impedir el que éste se reforzase y con la entrada en nuestra provincia nos prive de los recursos y auxilios que los habitantes de ella podían prestarnos.

   En consecuencia de esta resolución se dieron las órdenes necesarias para que el grueso de nuestras tropas saliese de la capital, y reunido con las que se hallaban ya en Zipaquirá, marchase hacia las fronteras de Tunja, o hacia el lugar donde encontrase al enemigo, pues se temía que éste estuviese ya en marcha. Verificó en efecto nuestro ejército su salida a fines del mes de noviembre, no con el objeto de acometer, pues para que se le pudiese imputar esto habría sido preciso que no hubiese precedido una declaración formal de guerra por parte del congreso y de Tunja, sino sólo con el de defender a Cundinamarca de la invasión con que estaba amenazada, y por consiguiente esta operación fue puramente militar y nada tuvo de ofensiva, como han querido graduarla los enemigos para tener en ella un apoyo de las hostilidades que después han ejecutado en nuestro territorio.

   El ejército, pues, de este Estado, comandado en jefe por el brigadier don José de Leyva, y con el cual quiso ir el actual presidente, marchó felizmente hasta el sitio llamado Enemoconcito, donde se acampó la noche del 1° de diciembre, sin que en el tránsito hubiera habido otra novedad que la pequeña acción y derrota del destacamento que el enemigo tenía en Hatoviejo. Al siguiente día siguió aquél sus marchas después de haber sufrido una noche penosa por la lluvia continuada que hubo en toda ella, y habiéndose recibido avisos en el camino de que se acercaban en divisiones las tropas del congreso, hubo una necesidad militar de que las nuestras para impedir la reunión de aquéllas y lograr batirlas divididas, en cuyos términos era más segura la victoria, menor el estrago por una y otra parte, y aun probable el que se consiguiese una capitulación honrosa, que al paso que pusiese a Cundinamarca a salvo de los peligros que la amenazaban, evitase las funestas consecuencias de la guerra civil. Estas consideraciones, pues, obligaron a disponer el que nuestro ejército, el 2 de diciembre, avanzase precipitadamente hacia el sitio de Ventaquemada en donde se hallaba la primera división del enemigo. Llegó en efecto a él, y éste que tenía conocimiento del terreno, y que sabía los lugares ventajosos donde podía situarse, procuró engañar a nuestras tropas con falsas retiradas hasta conducirlas a un punto en que dominándolas y pudiéndolas batir con la artillería que tenía oculta, le era fácil destruirlas, por mucho que fuese su valor y su número. En él, cuando sólo teníamos un obús, por haberse quedado a la retaguardia las demás piezas, se empeñó una acción a las cuatro de la tarde, que los soldados de Cundinamarca sostuvieron con heroica animosidad, a pesar de las ventajas que sobre ellos tenían sus contrarios; pero que las sombras de la noche, la falta de artillería, el cansacio producido por una marcha redoblada, sin haber tomado alimento en todo el día, el ningún conocimiento práctico del terreno, y en fin otra multitud de circunstancias que la estrechez de un manifiesto no permite referir, hicieron que nuestras tropas no lograsen el triunfo que deseaban y abandonasen el campo de batalla, al mismo tiempo que las del enemigo, sin que éstas ni aquéllas quedasen vencedoras, y sin que ni una ni otra parte hiciese pérdida que pudiese debilitarla y aumentar la fuerza de su contrario, pues así es preciso confesarlo en obsequio de la verdad, por más que Baraya, Ricaurte y sus partidarios se hayan empeñado en persuadir de que consiguieron una victoria completa sobre nosotros, y que quedaron abandonados en el campo los fusiles, pertrechos y artillería que llevábamos, falsedad que no necesita de convencerse, pues el pueblo de Santafé ha visto entrar a nuestras tropas con todo el armamento que de aquí sacaron, a excepción de algunos pedreros y obuses que fue preciso abandonar, porque no hubo quien los arrastrara, pero que no puede el enemigo gloriarse de haber tomado en la acción.

   Apenas aquéllas se habían reunido en Zipaquirá, y él jefe del Estado retirádose a esta capital, cuando se tienen noticias positivas de que el congreso, Tunja y los generales de su ejército, llevando adelante sus miras sanguinarias y hostiles, hacen que éste marche a invadir nuestra provincia reforzado ya con un número crecido de gentes del Socorro, que diariamente entraban a Tunja. Esta novedad obliga al gobierno a dar órdenes para que nuestras tropas se replieguen a la capital para que se fortifiquen los puntos de ésta por donde podía acometer el enemigo, para que el pueblo sepa los peligros que lo amenazan y se ponga en estado de defensa, y en fin para hacer una resistencia vigorosa, cual la exigía un ataque, cuyas consecuencias, si el triunfo no quedaba por nuestra parte, debía ser la ruina de esta desgraciada ciudad. Pero al mismo tiempo que el gobierno toma estas tan justas medidas no se niega a las de la paz y conciliación, y sólo piensa valerse de las armas en el último caso; él conoce muy bien los fatales resultados de la guerra civil y sabe que ella va a ser un principio casi seguro de la pérdida de la libertad del reino, y por esto, a pesar de que está convencido de la disciplina, entusiasmo y valor de sus tropas, de la superioridad de su artillería, de las ventajas de los sitios en que debe aguardarse al enemigo, de la abundancia de recursos de que éste carece, y en fin de lo difícil que es tomar un lugar que se ha procurado fortalecer por todas partes, y cuyos habitantes están resueltos a morir primero que a entregarse, apenas los cabildos eclesiástico y secular interponen su mediación, para que se manden diputados que traten con el general Baraya sobre medios de cortar el rompimiento y de conciliar los ánimos, se accede por el jefe del Estado a esta propuesta, autoriza personas que llenen la comisión y oficia con aquél anunciándole este paso y pidiéndole salvoconducto para los plenipotenciarios al mismo tiempo que hacen igual comunicación a dicho general y a su segundo don Joaquín Ricaurte aquellos respetables cuerpos.

   Este último, que ya había adelantado sus marchas con un número considerable de tropas hasta la villa de Chocontá, correspondiente a Cundinamarca, muy lejos de suspender aquélla hasta oír las proposiciones que se le hiciesen o al menos hasta aguardar la resolución de Baraya o del congreso, contestó al cabildo eclesiástico, con fecha 10 de diciembre, que desde luego se prestaría a la respetable mediación de este cuerpo si pudiese ser compatible la existencia de la Nueva Granada con la del mayor enemigo que abriga en su seno, y si por otra parte no tuviera órdenes en contrario del soberano congreso y del general en jefe del ejército de la unión. Esta fue sí, la respuesta que dio Ricaurte a una medida tan justa, tan razonable y tan humana, cual es la de tentar los medios de la paz antes de llegar al extremo terrible de sacrificar la vida de los hombres, respuesta no sólo impolítica e injusta, sino contra los principios más sabidos del derecho de gentes observados aun en las naciones más bárbaras, pues no hay ninguna que al proponerle tratados no suspenda las armas y los oiga.

   No fue más favorable a las intenciones pacíficas de este gobierno la contestación dada por Baraya al mismo cabildo eclesiástico, la cual está concebida en los términos que aquí transcribimos, con el objeto de que el mundo entero sea testigo del desprecio con que se miraban las proposiciones de paz que se hacían por nuestra parte, y del empeño y obstinación con que se soplaba el fuego de la discordia.

   "Son demasiado notorios (dice la contestación citada) a la Nueva Granada los motivos que han encendido esta guerra por parte de don Antonio Nariño, y el derecho con que el supremo congreso ha tratado de precaverla. La diversidad de papeles públicos diseminados en esa capital manifiestan bastantemente que el intruso jefe de ese Estado ha obstruido todos los caminos que se preparaban para dar la paz y la tranquilidad a los pueblos, cerrando los oídos a las proposiciones más prudentes y ventajosas que le hizo el primer cuerpo de la nación, y denegándose a toda conciliación. Ese parricida, después de haber abusado del candor y buena fe de sus conciudadanos, después de haber desorganizado todas las provincias por medio de la seducción, de la lubricidad y del soborno, sembrando la discordia hasta no dejar hombre con hombre, inmoralizando descaradamente y de todos modos los pueblos para erigir su trono sobre la ruina de sus derechos y de la religión de nuestros padres, después de haberlos abandonado lastimosamente a discreción de los enemigos exteriores, después de haber opuesto obstáculos insuperables a la formación del congreso, único cuerpo de salud y de apoyo a la Nueva Granada, se despecha contra este mismo congreso, holla la constitución del Estado, se usurpa la autoridad soberana de Cundinamarca, corta las correspondencias, hostiliza la provincia de Tunja, la invade y ataca indebidamente las fuerzas que cubrían su territorio. Bien sabe U.S.M.V. que estos atentados obrados por una personal y enconada aversión al supremo congreso, es un pequeño cuadro de las operaciones de don Antonio Nariño. Felizmente hoy se halla derrotada completamente la fuerza armada que reunió y con que atacó el 2 del corriente cerca de Ventaquemada la vanguardia del ejército de la unión, que tengo el honor de mandar; la pérdida de toda su artillería, la disminución considerable de sus armas, el destrozo de sus tropas, son los efectos y frutos que consiguió su orgullo, denegándose a toda medida de conciliación. No está ya en mi mano entrar en negociaciones; éstas solas podrán establecerse con el supremo congreso, de quien dependo y a quien he dado cuenta desde ayer de la respetable mediación que Us. M. V. propone para cortar los funestos males de una guerra civil, restituyendo la paz y la tranquilidad a los pueblos del Estado. US. M. V. nada debe temer a mis tropas: el supremo congreso, lejos de querer la ruina de Santafé, trata de restituirle su antiguo lustre y orden constitucional y de restablecer la libertad en el Estado de Cundinamarca para que reunido de buena fe a los demás Estados sus hermanos, mutuamente propendan por su felicidad y se defiendan de los enemigos que los invaden por todas partes.

   Dios guarde a US. M.V. muchos años.

   Cuartel general de Chocontá, a 14 de diciembre de 1812.

Antonio Baraya.

   M.V.D. y C. de la iglesia metropolitana de Santafé".

   La simple lectura del antecedente oficio basta para conocer que él es un tejido de falsedades, de calumnias, de inventivas, de injurias y sarcasmos contra el presidente de Cundinamarca. Su lenguaje no sólo es contrario a los principios de urbanidad, tan recomendada por los políticos en esta especie de escritos, sino también a los de una sana moral, a los de la piedad cristiana y a los de una buena educación, y más propio para formar un libelo infamatorio que para contestar a una mediación pacífica. Cada cláusula, cada palabra del expresado oficio es un insulto grave, y su autor parece que se propuso por objeto darnos en él la idea más clara de los resentimientos personales, del odio y de la venganza que abriga su corazón, correr el velo de estas vergonzosas pasiones, irritar los ánimos de los habitantes de la provincia, que fieles a su gobierno lo habían sostenido, y poner a éste y a aquéllos en un estado de desesperación, en que fuese inevitable el rompimiento, creyendo sin duda que sólo se consiguen victorias con la destrucción de la especie humana, y no reflexionando que son más gloriosos los triunfos de la prudencia y del consejo, que los de la espada.

   Esta es la conducta que el general Baraya observa cuando se le propone una mediación, a que este gobierno se prestó inmediatamente, ya que él no pudo negarse sin echar sobre su opinión la más negra mancha, sin faltar a las máximas del derecho de gentes, sin exponerse a ser el oprobio de las generaciones presentes y futuras y sin cerrar los oídos a los gritos de la humanidad y de la razón; conducta ciertamente contraria al carácter dulce y pacífico del americano, y extraña en un jefe militar dependiente de un cuerpo, que él mismo asegura haber tentado todos los medios de conciliación y hecho a este efecto a Cundinamarca sus proposiciones más prudentes y ventajosas, porque si esto es cierto, las instrucciones del congreso, muy lejos de servir a Baraya de obstáculo para entrar en tratados, debían no sólo autorizarlo para ello, sino también prevenirle expresamente que oyese cualesquiera que se le presentasen por parte del enemigo, y aunque provocase a éste de un modo decoroso para que los propusiese, pues este manejo, y no el de la insolencia y el orgullo, es el que debe tenerse, cuando se desea triunfar por la razón y no por los estragos de un rompimiemto, de donde se deduce necesariamente o que el cuerpo de la unión no ha procurado precaver éstos y dar la paz y la tranquilidad a los pueblos de esta provincia, o que su general obró contra las instrucciones que le comunicó aquél, despreciando una medida que podía ser el principio de una amistad duradera, unir dos ejércitos que iban a destrozarse, evitar los espantosos males de la guerra y afianzar la libertad de la Nueva Granada.

   No nos detendremos en vindicar al jefe de Cundinamarca de las terribles imputaciones que le hace Baraya en su oficio citado, pues los procedimientos públicos de aquél en todo contrarios a los horrendos crímenes con que se le pretende denigrar, las desmienten absolutamente y convencen de que ellas son obra de la maledicencia, del encono y del resentimiento; y así continuamos nuestra narración, siguiendo el orden mismo que llevaron los sucesos.

   Las injuriosas e impolíticas contestaciones dadas por Ricaurte y por Baraya a la mediación interpuesta por el cabildo eclesiástico, en nada trastornan las ideas de paz y de conciliación que se había propuesto el gobernante de este Estado; y cuando el haber descubierto hasta dónde llegaba el odio que aquéllos le profesaban, habría sido en cualquier otro estímulo para desear que la guerra se llevase a cabo, pues ella le presentaba una ocasión honrosa de vengarse de tan crueles enemigos, se desentiende de su interés personal y, sacrificando todo a la salud de la patria, apenas se le presenta el canónigo penitenciario don Fernando Caycedo y le ofrece pasar a conferenciar con Baraya como comisionado del citado cabildo eclesiástico en unión del cuerpo cívico don Miguel Rivas, se presta gustoso a esta propuesta, a pesar de haber visto en aquel mismo día la resolución en que se hallaban los oficiales de sus tropas de morir antes que rendirse ai ejército contrario, y de tener tomadas medidas de defensa tan oportunas que casi le aseguraban la victoria.

   En consecuencia del consentimiento del gobierno parten inmediatamente los comisionados de los cabildos hacia la villa de Chocontá, en donde se hallaban ya reunidas todas o la mayor parte de las tropas del mando de Baraya, y cuando debíamos esperar que éste, en vista de la generosidad con que el jefe de este Estado se había conducido, desentendiéndose absolutamente de las graves injurias que le hacía en el oficio de que arriba se ha hablado, depusiese el orgullo que lo animaba, y a ejemplo de este último pensase sólo en la salvación del reino, resiste oír las proposiciones que los plenipotenciarios pudieran hacerle, se niega a recibirlos con este carácter admitiéndolos en su acampamento, sólo por consideración a sus personas, como amigos, hermanos y conciudadanos, y para apoyar estos procedimientos, o lo que es lo mismo, para justificar la resistencia a entrar en tratados, les remite copia de la respuesta dada al mismo Baraya por el poder ejecutivo federal de la comunicación que hizo a éste de la mediación propuesta por los cabildos eclesiásticos y secular, y de las contestaciones que a ella había dado, que es la misma que literalmente transcribimos aquí.

   "La contestación que vuestra señoría ha dado con fecha 10 del corriente al intruso presidente de Santafé don Antonio Nariño en vista de su oficio de 7 del mismo, ha sido de toda la aprobación del poder ejecutivo federal, y vuestra señoría, sin entrar en capitulaciones ni admitir propuestas algunas, se arreglará en todo a las instrucciones que se le tienen comunicadas y se comunicarán en lo sucesivo. Don Antonio Nariño no cede en las ideas de degradación y de desprecio con que ha mirado al congreso, y que ha inspirado a los cuerpos subalternos de Santafé. Los mismos oficios de los cabildos secular y eclesiástico que acompaña vuestra señoría en copia le harán conocer que para nada quieren contar con el soberano cuerpo de la nación, a cuyas órdenes no pueden ignorar que marcha vuestra señoría, y que están hoy todas las fuerzas de la unión. En consecuencia, tampoco admitirá vuestra señoría ni dejará pasar sus diputados, trasladándoles esta contestación. Y de orden del poder ejecutivo lo comunico a vuestra señoría para su inteligencia y cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Tunja y 11 de diciembre de 1812.

José Acevedo,
diputado consejero, secretario.

   Al general en jefe del ejército de la unión, ciudadano Antonio Baraya".

   Es copia,

   Cuartel general de Chocontá a 14 de diciembre de 1812.

Francisco de Paula Santander,
secretario del ejército.

   Por esta contestación se descubre que las ideas del gobierno de la unión no eran menos crueles y sanguinarias que las del general de su ejército; él aprueba el que éste haya despreciado las medidas de conciliación propuestas por este Estado, y sin hacerse cargo de los grandes males de la guerra, de la variedad de sus sucesos, de la incertidumbre de las victorias, ni de lo peligroso que es poner a los pueblos en desesperación, previene a dicho general que no entre en capitulaciones, ni admita propuestas algunas, que es tanto como mandarle que cerrando los oídos a los gritos de la razón y de la humanidad, invada esta ciudad, se abra el paso a fuego y sangre, la cubra de luto, de horror y de llanto, sacrifique a sus habitantes, la convierta en escombros, introduzca en ella la confusión, la consternación y el desorden, y consiga por los espantosos estragos de la guerra lo que podía lograr valiéndose de medios suaves y prudentes, pues estando declarada aquélla y dispuestos dos ejércitos para dar la batalla, no podía terminarse sino por tratados o por un rompimiento funesto, y de consiguiente prohibiéndose aquéllos expresamente por el congreso, era necesario que se realizase este último; y ved aquí el iris de paz, el protector de la Nueva Granada, la tabla en que debía salvarse el cuerpo de salud y de felicidad para ésta, convertido de repente en el más acérrimo enemigo de una de las provincias más florecientes, decretando su devastación y su ruina, soplando el fuego de la discordia, sosteniendo vigorosamente el espíritu de facción y de partido y prohibiendo el que se abracen medios de conciliación, capaces de cortar las desavenencias y de impedir los espantosos resultados de la guerra; así nos lo manifiesta el documento que literalmente hemos copiado; por el que también se convence de que el congreso no usa de expresiones más moderadas que su general, cuando habla del presidente de Cundinamarca.

   No satisfecho Baraya con haber despreciado de un modo nada regular la mediación de los cabildos, repite nuevos insultos al gobierno en oficio de 15 de diciembre, sólo porque éste había manifestado a Ricaurte que sus militares estaban dispuestos a sacrificarlo todo a la defensa o a la conciliación; en él ofrece que se anegará su campo con la sangre de los diputados Alvarez y Azuola, que se continuará con el derramamiento de todo el que exista, habiendo tomado las armas, y que hará cortar las cabezas de aquéllos para entrarlas en triunfo a la ciudad. Estas y otras expresiones, no menos injuriosas al mismo gobierno que a toda la provincia, que necesariamente debía resentirse de una amenaza tan general y de que se intentase sacrificar a unos hombres que le habían merecido la mayor confianza, y en quienes los pueblos habían depositado sus más sagrados derechos, contenía el enunciado oficio de 15 de diciembre, expresiones que dan bien a conocer la obstinación de aquel general, el odio y el encono con que miraba a los habitantes de esta ciudad, que trataban de defender sus derechos, y la ninguna esperanza que a éstos quedaba de salvar sus vidas, si la victoria era para el enemigo.

   Pero el presidente de Cundinamarca siguiendo siempre las ideas pacíficas que desde el principio se había propuesto, creyendo aún que no había hecho todo lo que estaba en su mano para evitar la guerra, quiso tratar al general de la unión, no como a un militar insurgente y seductor de las tropas que le había confiado, no como a un hombre que lo había injuriado del modo más atroz, atribuyéndole los más negros crímenes, no como a un enemigo que venía a invadirlo y que sólo aspiraba a su ruina y destrucción, sino como a un amigo, con quien en otro tiempo había usado de la mayor franqueza, a quien había hecho las más sagradas confianzas y a quien había dado las últimas pruebas de estimación y de cariño, y abrazando este pensamiento, verdaderamente heroico, con fecha 19 del mismo diciembre le pone la siguiente carta:

   "Antonio:

   Permíteme por esta vez volver a tomar el lenguaje de la amistad, aunque esté impuesto del odio personal que me profesas; la patria exige de mí todo sacrificio y no debo negarle éste, que en otros tiempos me fue tan grato. Quizás este paso será tan infructuoso como el que de igual naturaleza di antes del suceso de Palo Blanco; pero mi corazón me recompensa en los pocos momentos de sosiego de no perdonar todos los medios que me sugiere mi amor a este desgraciado suelo. Para que puedas dar su verdadero valor a lo que voy a decirte, es preciso que por un momento depongas esa animosidad, ese encono y prevención siniestra en que estás imbuido contra todo lo que hago; y digo, seré un malvado, seré todo lo que quieras, pero ni jamás ha nacido hombre con todos los vicios que a mí se me atribuyen, ni el hombre más vicioso está desnudo de todas las virtudes. Espero con confianza que llegará un día en que mis mayores detractores encontrarán y confesarán en mí virtudes que ahora por el puesto que ocupo las toman por vicios. Escúchame y créeme, aunque sea por un rato, para que puedas hacer juicio con imparcialidad.

   "Conozco que reunidos los dos de buena fe, en las críticas circunstancias que está el reino, quizás lo podríamos salvar; pero no trato de esto, porque sería yo querer un imposible por las personas que te rodean. De lo que trato es de darles un desengaño con darles gusto; voy hacer cuantos sacrificios se me pidan y estén en mi arbitrio; pero ponte en mi lugar y dime de buena fe en mi situación con fuerzas suficientes para resistir y atacar, y con resolución de hacer todo género de sacrificios honrosos, ¿te dejarías tratar como un facineroso? Me parece que no habrá hombre de medianos sentimientos que no me aconseje que muera antes mil veces que ensuciar la carrera de una vida desgraciada sí y trabajosa, pero jamás baja y arrastrada. Mi amor a la libertad, mis sacrificios de 20 años, no se pueden empañar, sino mientras esté a la frente de un gobierno que tanto se codicia; pero al instante que lo deje y desaparezca de entre estos mismos que ahora tan negramente me pintan, estoy seguro de que conocerán que sólo he hecho sacrificios, y quizá también de que había encontrado el camino de que fuéramos libres. En el concepto, pues, de que estoy pronto a todo, menos a sacrificar mi honor, y de que tú y el congreso van a conseguir sus miras, parece que sólo nos iríamos a matar; o por el modo como esto se debe hacer, o por una baja y criminal venganza; por cualquiera de las dos cosas sería un delirio el envolver la ciudad que nos ha visto nacer en sangre y luto. Si es venganza personal, matémonos de hombre a hombre, y si no es más que en el modo, acordémoslo los dos. Creo que por más interpretaciones que se den a mis acciones, a esta propuesta es imposible que se le pueda dar otra que la con que suena; no obstante, si piensas que nos acordemos, contéstame y dime francamente lo que sientas. Yo hablé ayer con don Fernando Caicedo y quedó de escribirte a ti y al congreso, pero sus cartas (que me mandó abiertas) estaban tan llenas de bajezas que las quemé en el mismo momento.

   "Te voy a decir otra cosa que a primera vista quizá te escandalizará; estoy tan lejos de sentir dejar la presidencia, que el mayor favor que me puedes hacer es proporcionarme modo de salir de ella, pero repito que con honor. Es preciso no confundir el que sostenga vigorosamente el puesto que ocupo, con la gana de conservarlo. Confiésame que tú mismo me lo vituperarías en tu corazón si me portara de otro modo, aunque mis principios hayan sido errados. Si me contestas dime si te parece que escriba al congreso, o a don Camilo, pues si no lo he hecho ha sido porque, como no quieren entenderse conmigo, me parecía un paso infructuoso, pues no me contestarían. Te incluyo esta carta con dos observaciones que te ruego encarecidamente las medites a tus solas. Recorre primero con la imaginación todo el reino, desde Quito hasta Caracas, y dime si hay ninguna provincia en el estado que se halla Cundinamarca. Vuelve los ojos luego a lo interior, en donde he ejercido toda esa tiranía que se me atribuye, y dime también si hoy por un milagro de la providencia nos abrazamos todos olvidando lo pasado, ¿qué casa se halla arruinada?, ¿qué familia destruida?, ¿qué manantial de las riquezas públicas agotado?, y en una palabra, ¿qué mal real y físico se encontraría? Ninguno. Pero es más; cualquiera otro en mi lugar habría quitado a sus enemigos y derramado sangre en los cadalsos; tengo la gloria de haberlos conservado haciéndome ellos cuanto mal han podido, no por debilidad sino por mis principios.

   "Si yo hubiera sido el autor de las revoluciones que ha habido, si yo tuviera las miras que se me atribuyen, ¿habría dejado vivos a mis enemigos en medio de estos tumultos en que impunemente me podría haber descartado de ellos? Pero mis ideas son enteramente contrarias a las que se me suponen, y la obcecación de mis enemigos es tánta que ni la experiencia ni el conocimiento de su propia existencia los persuade. Yo abandonaré a este suelo querido por quien he sacrificado mis más floridos años —mi sosiego, mi subsistencia y hasta la de mis hijos, y el tiempo nos dirá lo demás—. Te incluyo copia del oficio que acabo de recibir de Antioquia por lo que pueda influir en el asunto; y te aseguro que si la variedad de opiniones por una misma causa nos ha conducido hasta este extremo, en mi corazón permanecen los buenos sentimientos que hacia tu persona tengo toda la vida.

   Tu afectísimo,

Antonio Nariño".

   En el acto mismo de concluirse la antecedente carta en que como se ha visto habla el jefe de este Estado a Baraya en el lenguaje más franco, amigable y sincero, en que le descubre sin velo alguno los sentimientos e ideas que lo animan, en que le presenta los medios más seguros de llenar sus miras y las del congreso, sin necesidad de un rompimiento, en la que en fin, sacrificándolo todo a la felicidad de la patria, le ofrece abandonar el lugar en donde vio la luz por primera vez y por cuya felicidad se ha expuesto a los mayores peligros, se recibió un oficio de este último de la misma fecha en el que después de expresarse en el mismo tono orgulloso que en los anteriores, se leen estas notables palabras: Viva vuestra merced seguro de que conseguida la victoria nada perdono, no dejo resorte que no mueva para castigar de muerte a todo rebelde y no omito paso sobre los muchos que se han dado para perseguir a todo el que emprenda fugarse. Crea vuestra merced que entonces, cerrando el corazón a todo impulso de compasión y misericordia, correrá la sangre a torrentes por las calles de esa ciudad. Los militares y tropas de la unión están resueltos a sacrificarlo todo, si se empeña una acción, a trueque de castigar a sus enemigos.

   Este rasgo, que da una idea bien clara de las bárbaras intenciones de Baraya, de su oficialidad y soldados, y que debió haber irritado al presidente, e impedídole el que tentase nuevos medios de conciliación, no produjo, no, estos efectos; él estaba resuelto a hacer los últimos sacrificios por librar a los habitantes de Santafé de los horrores que son consiguientes a la guerra; su corazón pacífico no estaba aún saciado con los esfuerzos que hasta aquí había hecho y así fue como sin contestar a ese tejido de amenazas y de injurias, remitió inmediatamente al expresado Baraya la carta que antes se ha copiado y que a pesar de que el hombre más obstinado, el mortal más sanguinario, habría quedado convencido con ella y abrazado con satisfacción los medios de paz, que se le proponían, pues con éstos se llenaba en todas sus partes el objeto de esta escandalosa contienda y conseguía aquél una victoria tan completa, como la que podía lograr después de haber visto correr por una y otra parte la sangre de sus parientes, amigos y conciudadanos, no fue menos infructuosa que los pasos que anteriormente se habían dado, como se manifiesta de la respuesta siguiente.

   "Chía, 20 de diciembre a las 3 de la mañana.

   "Antonio:

   Tomo también el lenguaje de la amistad para contentar a tu carta de ayer, que acabo de recibir. El asunto de ella es espinoso y delicado; hacer a un tiempo sentir la autoridad del congreso en una ciudad refractaria y proporcionarte salir con honor de la presidencia, he aquí la gran dificultad. Pero pues te veo dispuesto a hacer sacrificios por la patria, hoy mismo voy a ver la verdad del ofrecimiento. Créeme que nada tengo reservado para vengarme personalmente, todo lo olvido y cuando me acuerdo de que existes en un puesto como el que ocupas, sólo veo en ti un hijo refractario de la autoridad soberana y general de la Nueva Granada, y no un enemigo personal mío. Estoy resuelto, y conmigo mis oficiales y tropas, a sacrificarlo todo a trueque de remover cualquier resistencia que se intente hacer al acercarme; ¿y te persuades, que no lo estarían unos soldados, que a su naturaleza de valientes se añade la de ser vencedores por tres veces? ¿Y cuáles son los enemigos que les aguardan en los muros de esa ciudad? Los mismos que huyeron en Palo Blanco y Ventaquemada. Desengáñate, y sin oír los votos de cuatro bribones que te rodean por sus personales intereses, toma un partido, que siendo decoroso, dé consuelo a los moradores de esa afligida ciudad.

   "No puedo, como tú lo sabes, separarme de las instrucciones; éstas no son como te lo aseguro bajo mi palabra de honor, crueles ni sanguinarias, en el caso de entregarse esa ciudad a discreción. Renuncia esa autoridad en las manos de la representación nacional para quitar el principal motivo de odio público, escribe con la mayor brevedad al congreso, entrégame inmediatamente las armas, pertrechos y municiones, que tanta falta hacen en nuestras fronteras, y saliendo de esa ciudad, vete a Tunja a ponerte en manos de aquel cuerpo, si desconfías de Ricaurte o de mí. Este es el único partido que puedes abrazar en honor tuyo y mío. De otro modo, esa ciudad va a padecer aflicciones, que jamás me prometí causarle, convenciéndose entones, los moradores de ella, que no son la codicia, el interés, la ostentación y cobardía los distintivos que me caracterizan. Bien desmentida está mi conducta en los pueblos que dejo a mi retaguardia, en donde si antes te adulaban y se ofrecían a servirte, hoy blasfeman contra el autor principal de sus males, no porque yo ni otro de mi ejército haya predicado contra tu partido, sino porque han visto que mis soldados no roban, saquean ni profanan los templos. Todo el partido de Bogotá piensa igualmente; sé muy a fondo la verdadera disposición de lo interior de esa ciudad y los movimientos de toda la provincia de Mariquita.

   "Mis sacrificios por la libertad son notorios, y si no he sostenido a la patria con la pluma, porque no tengo los talentos para ello, la he servido exponiendo mis días en la más gloriosa acción de armas que ha visto la Nueva Granada. Si no fui compañero en tus padecimientos de Bocachica en el año de 1810, lo debo al miedo que ocupó a los mandones antiguos de hacerlo, por el partido que yo tenía en la tropa... Dejemos esto, y concluyo exhortándote, como amigo, como conciudadano y como hermano a que abraces el partido que se ofrece, único en estas circunstancias. Tu resolución debe ser muy breve, y de cualquiera que tomes, espero hoy aviso, en inteligencia de que pasado este plazo, creo que no entras por mi propuesta. Créeme, Antonio, que no me acuerdo de los insultos que me has hecho, y de que siempre he sido tu afectísimo.

Antonio Baraya".

   Detengámonos, por un momento, en hacer la comparación entre la carta remitida a Baraya por el jefe de Cundinamarca y su respuesta. En aquélla vemos que degradándose su autor trata con confianza a un hombre que le había faltado no sólo a las consideraciones de amigo, sino a las de superior, depone todo resentimiento personal, prescinde de las repetidas injurias, corre un denso velo sobre todo lo pasado, no mira sino el momento presente y los peligros que amenazan a la patria, lo convida a la unión y amistad, le hace ver la barbaridad de esta contienda, le presenta el cuadro de los males que de ella van a resultar, le protesta no sólo dejar la presidencia de este Estado, objeto de la emulación de sus enemigos, sino también expatriarse voluntariamente, le ofrece que se acordara con él de buena fe para evitar la sangrienta escena que se prepara a esta inocente ciudad, y en recompensa de tántos y tan grandes sacrificios, sólo le exige que le conserve el honor y el que no pretenda comprometerlo a echar sobre su opinión la negra mancha de la bajeza y de la infamia. ¿Podría hacer más por la patria cualquiera otro, teniendo recursos sobrados para sostener el puesto en que la libre voluntad del pueblo lo había colocado? ¿Ha habido hasta ahora en el mundo hombre alguno que a cambio de no derramar la sangre de sus hermanos haya ofrecido la paz al enemigo tan generosamente ? ¿Podían Baraya y el congreso, procediendo con justicia y conforme a los principios del derecho de gentes y de la razón, exigir otra cosa por preliminar de una capitulación que el que se les ofreciese que quedarían satisfechas sus miras ? ¿Era acaso necesario el sacrificio del honor del presidente de Cundinamarca, para que aquéllas quedasen satisfechas? ¿No bastaban los otros que prometía hacer? No, no eran suficientes éstos. El objeto de aquel cuerpo y del general de su ejército era vengar los resentimientos personales respecto de don Antonio Nariño y de algunos otros ciudadanos honrados de esta provincia; éste y no los otros pretextos con que se alucinó a los pueblos incautos, eran la verdadera causa de una guerra en que iba a perecer una multitud de hombres capaces de salvar con su valor la libertad del reino. La baja satisfacción de estas viles pasiones era el resorte que movía los corazones de los miembros del congreso, de Baraya y de Ricaurte y de algunos otros, que no por fascinación, sino por malicia los seguían. Así lo convence la contestación dada por este último a la carta sobre que acabamos de hablar; en ella como se ha visto se sirve Baraya del lenguaje de la amistad, no para unirse con el presidente de Cundinamarca, no para acordar los medios de establecer una paz sólida y duradera, no para proponer las medidas de salvar el reino, no, en fin, para consolar a esta afligida ciudad y poner término a los terribles males que la amenazaban, sino para insultar a aquél, cuando le hablaba con sinceridad y de buena fe, para inculcar sus procedimientos, para injuriar a los que defendían la patria, a las tropas y a la oficialidad, y por último, para proponerle que abandone indecorosamente el destino en que lo ha colocado la voluntad libre de los ciudadanos de la provincia, que le entregue ésta con las armas, pertrechos y municiones y que se someta al juicio del congreso.

   Este es el único partido que Baraya presenta al gobernante de este Estado para librar a este inocente lugar de las aflicciones consiguientes a la entrada de sus tropas. ¿Y sería justo que aquél lo abrazase, pudiendo defenderse y hacer una resistencia honrosa? La fama es el bien más precioso que el hombre posee, y según nos lo aconseja un célebre escritor, debemos perderlo todo antes de sacrificar ésta. Don Antonio Nariño no podía conservarla entregando a discreción un pueblo que había puesto en sus manos su suerte, y que por repetidas ocasiones había manifestado que antes perecería que sujetarse a Baraya o al congreso, en los términos en que éste lo intentaba, y por lo mismo accediendo aquél a las proposiciones que éste le hacía, cometía el delito enorme de traición y se atraía el odio y la detestación de ese mismo pueblo que hasta aquí había sabido apreciar los sacrificios que había hecho por librarlo de las cadenas de la esclavitud.

   El menos imparcial, el hombre más obstinado en favor de la causa que sostenía el enemigo, habría reprobado en su corazón el que el jefe de este Estado se hubiera prestado a unas medidas tan poco razonables, y hubiera concedido a aquél una victoria más completa sin duda que la que habría logrado habiendo destruido nuestro ejército con las armas, cuando siempre los efectos de una negociación, sea cual fuere, son el que cediendo una y otra parte de los derechos que juzga tener, queden ambas con ventajas.

   Estas reflexiones, demasiado obvias para que no las comprenda el menos experto, obligaron al gobierno a repugnar las proposiciones que se le hacían por Baraya, y desentendiéndose de entrar sobre ellas en materia, y de dar contestación a las injurias contenidas en la carta de éste, porque así lo exigían la prudencia y las miras de conciliación de que después hablaremos, redujo aquella a estos precisos términos.

   "Antonio:

   Acabo de recibir tu carta de contestación a la mía, y veo que no hay remedio, que todo paso contigo es infructuoso. Envolvamos nuestra patria en luto puesto que así lo quieres, y quizás te desengañarás de que nada hay más incierto que tus pretendidos triunfos. Por mi parte jamás cerraré los oídos a la razón, cuando me la propongas, pues tu carta nada tiene menos que esto. Adiós, quizás para siempre.

Antonio Nariño".

   Esta carta manifiesta la disposición en que se hallaba aún su autor de negociar con el general del ejército enemigo, pues cuando su asunto debió ser reprocharle el manejo y su obstinación, hacerle ver la injusticia de sus propuestas y demostrarle las falsedades y equivocaciones con que procedía, no se advierte en ella una sola expresión de que aquél pueda quejarse, y sólo se procura darle a conocer que este gobierno jamás dejará de oír la voz de la razón. De este modo sofoca el presidente de Cundinamarca los justos resentimientos que debían causarle la conducta de su enemigo y los términos injuriosos con que lo trata en su anterior contestación, confiando, todavía, en que las diferencias suscitadas podían concluirse sin llegar al extremo violento de las armas.

   Para satisfacer dicho jefe este saludable deseo, efecto propio del amor patriótico que lo animaba, viendo que Baraya se resiste a entrar en negociaciones con él, que ha despreciado la mediación propuesta por los cabildos, que ninguna reflexión ha sido bastante para reducirlo a su deber, y hacerlo que se allane a un acomodamiento razonable, que sus tropas tienen ya invadida la mejor parte de nuestro territorio, que están acampadas en el pueblo de Chía, y que de una a otra hora pueden atacar la ciudad, convoca a la representación de la provincia, a los discretos gobernadores del arzobispado, al cuerpo cívico, a los prelados de las religiones, al clero secular, a los empleados políticos y militares, y al comercio, y reunida esta respetable asamblea, compuesta de un número considerable de individuos, que inmediatamente iban a sentir en sus propias personas, en las de sus hijos y mujeres y en sus propiedades el peso de los males, con que el enemigo pretendía afligirnos, hace presente el ningún éxito que ha tenido la diputación mandada por los cabildos. Lo infructuosos que han sido los medios de conciliación propuestos por el mismo gobierno, el ningún efecto que han producido las cartas de amistad y de confianza que ha remitido a Baraya, da una idea bastante clara del estado de defensa en que se halla la ciudad, y de lo difícil que es el que la tome el enemigo, ya con respecto a la clase de armas, ya con reflexión a la disciplina y entusiasmo de las tropas y ya con consideración a las ventajas de los puntos fortificados; pinta por otra parte la consternación y el llanto en que va a envolverse aquélla en los momentos terribles del ataque, la escena sangrienta de que va a hacer teatro, debiéndose dar la batalla en las goteras del lugar, o tal vez dentro del mismo; pone en consideración de la asamblea la pérdida que fuese cual fuese el suceso de la acción, iba a causarse al reino, de hombres, pertrechos y armas, en circunstancias de serle todo esto absolutamente necesario para resistir al verdadero enemigo, y poderse oponer a la reconquista que éste intenta; discurre, en fin, sobre el gran partido que sacaría la libertad de la Nueva Granada, si dos ejércitos preparados para exterminarse mutuamente se reuniesen de buena fe y empleasen su valor en sostener su patria libre de las cadenas de la esclavitud, concluyendo con manifestar la disposición del mismo gobierno a sacrificarlo todo a la defensa, o a una paz duradera, y con proponer que para conseguir esta última se envíen diputados de cada uno de los cuerpos que componen el concurso, para que traten con Baraya o con el congreso sobre los medios de evitar la funesta catástrofe que tan de cerca amenazaba.

   Estos votos sinceros del presidente de Cundinamarca, merecen la aprobación de la asamblea, y sin pérdida de momento se nombran sujetos, que llenen la comisión propuesta, siéndolo por parte de la representación nacional, don José Gregorio Gutiérrez y don José Antonio Ugarte; por la del clero secular el doctor don Juan Antonio García; por la del regular, el prior de agustinos descalzos, fray Venancio de san José Bautista; por la del cabildo, don Miguel José Montalvo; por la de los empleados, don Vicente Núñez y don Manuel de Pombo, y por la del comercio, don José Antonio González Leiva. Acordada así esta medida, de que debíamos prometernos los mejores efectos, tanto por su objeto como por las circunstancias de los enviados, de cuyo desinterés, rectitud y patriotismo no podía dudar el general Baraya, marchan éstos inmediatamente hacia la villa de Bogotá, donde se creía que éste se hallaba el 22 de diciembre, y no habiéndolo encontrado allí siguen al acampamento de Chía, anunciándole de antemano por oficio del mismo día su comisión, y como en contestación a él se les señalase para conferenciar el inmediato pueblo de Cota, pasaron a éste, y el 23 por la mañana tuvieron la primera conferencia con el expresado general. El resultado de ésta fue el exigir por preliminar de toda capitulación la restitución del gobierno al orden constitucional y el reconocimiento del congreso, condiciones verdaderamente duras, pues ya se ha visto el derecho que Cundinamarca tiene para establecer el gobierno que mejor le acomode; se han manifestado los motivos que la impelieron a nombrar un dictador provisionalmente, y la ninguna autoridad del cuerpo federal para impedirla el uso de esta facultad, y se han hecho sensibles las imperiosas causas que la obligaron a separarse de éste; pero, sin embargo, ellas daban alguna esperanza de que sacrificando este Estado una considerable parte de sus derechos se estableciese la paz.

   Los comisionados, confiando en el buen éxito de su encargo, dieron parte de los primeros efectos de éste al gobierno, para que por su conducto se elevase a la consideración de la asamblea. Reunida ésta nuevamente, creyéndose que una conferencia entre el presidente del Estado y el general del ejército de la unión, era el medio más seguro de conciliar los ánimos y de allanar cualquier inconveniente que pudiera impedir la unión y la concordia entre las dos partes disidentes, se acordó el que los dos jefes tuvieran una entrevista, y habiendo el de esta provincia accedido a esta medida, y aun instado con reflexiones urgentes para que se pusiese en ejecución, se mandaron sin pérdida de momento nuevos diputados que la propusiesen al general.

   Pero al tiempo mismo que en la capital se daban estos pasos de conciliación, y que el gobierno y todas las corporaciones no dejaban resorte que no moviesen para evitar ios funestos desastres de la guerra, Baraya, que como se ha visto se había ya prestado a entrar en una negociación pacífica, muda de pensamiento de un instante a otro, y al siguiente día de la primera conferencia pasa oficio a los enviados diciéndoles no poder concluir tratado alguno sin estar a la vista de las baterías de la ciudad, exigiendo por preliminar que don Antonio Nariño renuncie a la presidencia, se someta al juicio del congreso y que éste se jure por los tribunales, cuerpos y tropas, pública y solemnemente protestándoles en el caso contrario seguir la guerra y avisándoles que adelantaba sus marchas. No quedaron sin efecto, no, estas amenazas, pues faltando el expresado Baraya a los principios más sabidos del derecho de gentes, según los cuales desde el punto en que se proponen pactos entre dos Estados que se hallan en guerra, cesa toda hostilidad y se entabla un armisticio; de repente, los puntos de Usaquén, de Suba, de Fontibón y del puente de Bosa, se ven cubiertos de numerosas tropas, sus habitantes son oprimidos, ultrajados y robados por ellas, se persigue a los adictos a nuestra causa, se hacen prisioneros a los oficiales y soldados de los pequeños destacamentos, que con el objeto de observar los movimientos del enemigo teníamos en nuestras fronteras, se impide la comunicación con todos los lugares de la provincia y de fuera de ella, se interceptan los víveres y la ciudad, reducida a su corto recinto, sufre el más riguroso asedio.

   En tales circunstancias, en circunstancias tan críticas, se recibe oficio de los diputados con fecha 25 del mismo mes, en que comunican que después de una sesión de dos horas con el general Baraya, han conseguido que acceda a tener la entrevista últimamente propuesta, con condición de que ésta sea en la hacienda de los religiosos de San Juan de Dios en la feligresía de Usaquén, trayendo aquél solamente tres oficiales de su compañía y llevando otros tantos el jefe de este Estado.

   Esta noticia se elevó inmediatamente a la consideración de la mencionada asamblea, como que era el cuerpo de quien había emanado la diputación, y reflexionándose en ella que Baraya tenía ya el cuartel general en Usaquén, y que la hacienda señalada para la entrevista distaba por consiguiente muy poco de éste, lo que daba motivo a creer que el enemigo, que había dado tantas pruebas de mala fe con que procedía, tramaba tal vez alguna negra traición, y con el objeto de realizarla se había allanado a aquélla, se acordó que ella se tuviese en lugar recíprocamente seguro y con rehenes iguales de una y otra parte conforme al derecho de guerra.

   Esta resolución, comunicada a don Antonio Nariño, que se hallaba hacía algunos días en el campo de San Diego con parte de nuestro ejército, lo facultaba, y aun exigía de él, que no se expusiese al peligro de que se ejecutase en su persona alguna felonía, pasando a conferenciar con el general enemigo en medio de su respetable fuerza, y lo ponía a salvo de cualquier consecuencia que pudiera originarse de que no se verificase la conferencia; pero como aquél lo que deseaba era el librar a su patria de los espantosos males, que ya había comenzado a sentir, y como para esto no quedaba otra esperanza que la de proponer a Baraya, con la voz viva, los medios para cortar las diferencias y persuadirle la justicia con que Cundinamarca defendía sus derechos, arrostra los riesgos que se le presentaban, y a pesar de que no hubo quien dejase de graduar de arrojo el que el enunciado presidente fuese a negociar a las inmediaciones del campo enemigo, el 26 comisiona a don José Gregorio Gutiérrez para que pase a donde el general Baraya y le proponga que según el derecho de guerra se tenga la entrevista en un sitio igualmente distante de los dos ejércitos, trayendo cada una de las partes contratantes 20 hombres para su defensa y decoro, y al mismo tiempo sale de nuestras trincheras sin otro acompañamiento que éstos, y los comisionados que ya habían regresado, resuelto a entrar por en medio de las tropas enemigas y a entablar allí la negociación, si aquél se obstina en que el lugar de ésta sea el primero que ha señalado.

   Baraya repele la propuesta que se le hizo por conducto del diputado Gutiérrez, manda prender al soldado que éste llevaba en su compañía, e insiste en que la entrevista se tenga en la hacienda de los religiosos de San Juan de Dios. Estos hechos demostraban bastantemente que las miras de aquél se dirigían sin duda a privar de la vida o al menos de la libertad al jefe de esta provincia, para debilitar de este modo las fuerzas de esta capital y consternar más y más a sus habitantes, presunción tan fundada y natural, que ocurrió a un mismo tiempo a todos los que oyeron la respuesta traída por el enviado, y que los obligó a persuadir a dicho jefe, que su empresa era temeraria y que debía regresar a nuestro campo; pero estas razones, ciertamente imperiosas, principalmente cuando salían de boca de unos hombres que siempre habían tenido confianza en el general Baraya, no produjeron efecto alguno en el ánimo de aquél, y contestando a sus insinuaciones que para conseguir la paz era necesario aventurar algo, tomó el caballo y mandó retirar la pequeña escolta de 20 hombres que llevaba para su decoro desde el sitio de Barro Amarillo, continuó su marcha y se acercó precipitadamente a las tropas enemigas, dando con esto un ejemplo de heroicidad, de valor y de patriotismo.

   Lo primero que se presenta a la vista del presidente de Cundinamarca en las inmediaciones de la casa destinada a la conferencia, es una avanzada de 100 hombres armados y dos piezas de artillería; pero estos preparativos no intimidan su animosidad y despreciando por decirlo así su interesante vida, se adelantó de las pocas personas que lo acompañaban, y entrando con espíritu sereno por medio de 20 fusileros, que estaban formados en el ala con las bayonetas caladas, avanzó hasta el lugar en que se hallaba el general Baraya, y echando pie a tierra le dio los brazos como una prueba segura de las buenas disposiciones que lo animaban, y de que corría un espeso velo sobre las diferencias que hasta allí habían tenido, manifestándole al mismo tiempo la protección que el Dios de las bondades les dispensaba, cuando les permitía volverse a ver con el carácter de amigos.

   Inmediatamente comenzó una sesión privada entre los citados Baraya y Nariño, en la que este último, expresándose con la ingenuidad que le es característica, hizo ver al primero la temeridad de su empresa y el ningún fruto que iba a sacar de derramar la sangre de sus conciudadanos, parientes y amigos, la justicia con que Cundinamarca sostenía sus derechos y la ninguna que el congreso tenía para pretender despojarla de ellos, la justa crítica que harían todas las naciones del mundo de que un hijo de Santafé desolase su misma patria, sólo por sostener un partido; le manifestó la resolución en que se hallaba de sacrificarlo todo, sin perdonar su misma existencia ni la de sus hijos a la paz, con tal que se le dejase salvo su honor; le puso presentes los espantosos sucesos de una guerra civil, los peligros que amenazaban al reino por parte del enemigo exterior, y lo mucho que las diferencias intestinas facilitaban a éste la consecución de sus miras hostiles y ambiciosas, ya porque con ellas se apagaba el espíritu público y se corrompía la opinión, ya porque divididas y discordes entre sí las provincias, no podían tratar de los medios de defenderse, ya porque para sostener la guerra interior necesitaban de agotar sus recursos y llegarían, por último, a un estado en que careciendo de fuerzas morales y físicas tendrían que recibir la ley del conquistador, y que sufrir de nuevo el yugo terrible de la esclavitud; y le propuso, por último, que reconociéndose el congreso por este Estado provisionalmente bajo los pactos de 18 de mayo de 1812, se convocaría un colegio que al mismo tiempo que viniese autorizado para nombrar los funcionarios de los diversos poderes, trajese también facultades para tratar sobre los mencionados pactos, y que ante éste dimitiría la presidencia del Estado, para conciliar, de este modo, los deseos del soberano congreso, con el honor de un jefe, que no era justo saliese ignominiosamente de un destino a que lo habían elevado, no la intriga, sino la libre voluntad de los pueblos manifestada en actos repetidos.

   Estas reflexiones y otras muchas dirigidas todas a exterminar el espíritu de partido y a establecer una paz sólida entre las dos partes fueron la materia de la expresada conferencia, reflexiones tan imperiosas que el general Baraya, a pesar de su obstinación, y del caprichoso empeño que había tomado en anegar en sangre a Santafé, no pudo resistir su fuerza, y cediendo por unos momentos a la razón, manifestó las mejores disposiciones para entrar en la propuesta que le había hecho el mencionado presidente, pero excusándose con que nada podía concluir por su parte por no poderse separar de las instrucciones del congreso y por venir una comisión de éste autorizada para obrar en esta provincia, burló con este ardid los deseos pacíficos de aquél, y no pudo adelantarse otra cosa en favor de la concordia que el que se concediese una nueva conferencia entre los mismos Baraya y Nariño, los enviados de esta capital, y los individuos que venían en el ejército del primero, con facultades para negociar, suspendiéndose entre tanto así las marchas de éste como los trabajos de nuestras fortificaciones.

   Este acuerdo, que a primera vista parece que descubría el horizonte de la paz y que había de ser el principio de la unión y de la amistad, no tuvo otro objeto por parte de Baraya que el de ganar tiempo, impedir que nosotros, confiados en que las negociaciones debían tener un éxito favorable, descuidásemos ya de la defensa, y el lograr el que sus tropas acabasen de tomar aquellos puntos por donde pensaba acometer a la ciudad, pues no podemos inferir otra cosa en vista de los sucesos posteriores y de la continuación del asedio y demás hostilidades, que conforme al derecho de guerra debieron haber cesado desde el punto mismo en que aquel general convino en parlamentar con el plenipotenciario Nariño, como se observa aun en los países menos cultos.

   Las intenciones del enemigo no se ocultaban al jefe de este Estado, pero como éste estaba resuelto a hacer todo género de esfuerzos para reducir a aquél a su deber y evitar la escena sangrienta que se preparaba, justificando así, en el caso de que no se lograse este objeto, su conducta a los ojos del mundo entero, sin embargo de que antes de entrar en la segunda conferencia tenía un derecho para solicitar el que se levantase el sitio, no quiso dar este paso por no entorpecer los efectos que tal vez podía producir aquélla, y habiendo recibido oficio de Baraya con fecha del mismo 26 a las diez de la noche en que le comunica no haber inconveniente, en que al siguiente día a las nueve de la mañana, pase a negociar con los comisionados del congreso a la propia hacienda de los religiosos de San Juan de Dios, lo ejecutó así, marchando al lugar señalado, aunque contra la voluntad de muchas de las personas del pueblo y de las tropas, que temiendo el que se perpetrase en su persona alguna felonía habían estado tan vivamente alarmadas el día anterior, y tan llenas de interés por la existencia de su presidente, que fue preciso que los jefes militares se valieran de toda la prudencia e influjo que tenían en estos fieles ciudadanos, para impedir el que a las seis de la tarde, viendo que aquél aún no se regresaba, no avanzasen como estaban resueltos al cuartel general de Usaquén.

   Esta segunda conferencia a que no sólo asistió el general Baraya, sino también la comisión del congreso compuesta del doctor don Andrés Ordóñez y Cifuentes y don Custodio García Rovira y algunos de los diputados de la asamblea reunida en esta ciudad, no tuvo mejor suceso que la anterior, y antes bien quitó toda esperanza de conciliación, pues al paso que los contrarios querían que Cundinamarca sacrificase todos sus derechos y recibiese de ellos la ley, se oponían al modo como debían hacerse estos sacrificios, resistiendo el que siquiera éste fuese decoroso; tal era el odio, la prevención y el encono con que se miraba a esta desgraciada provincia. No fue bastante para que estos comisionados del congreso se allanasen a la conciliación el que el presidente Nariño propusiese por su parte restituír el gobierno al orden constitucional, convocar para 8 de enero un colegio para que hiciese las elecciones constitucionales, entre ellas la de presidente, y para que reviese el acta federal y tratase directamente con el mismo congreso, marchando entre tanto las tropas de la unión para Cúcuta y las de Cundinamarca para Popayán. Estas proposiciones que daban a Baraya y al cuerpo de quien dependían una victoria completa, antes de batirse con nuestro ejército, pues ni éste ni aquél después de habernos vencido con las armas podían exigir otros sacrificios, fueron absolutamente despreciadas, sin duda porque por medio de ellas no se saciaba la venganza, ni se satisfacían el odio y los resentimientos personales, que eran el verdadero objeto de esta guerra. Después de una sesión de más de seis horas, nada se adelanta; los individuos de que se componía aquel cuerpo tienen que separarse sin haber acordado la menor cosa en favor de la paz; el jefe de este Estado se regresa a su acampamento con el dolor de ver frustrados sus votos, y de haber sido testigo de la más escandalosa obstinación, infiriendo de aquí que la guerra sola era capaz de componer las diferencias suscitadas entre Cundinamarca, Tunja y el congreso, pues el enemigo a nada quería prestarse, presentimiento bastante funesto para un hombre que estaba animado del espíritu de conciliación, que miraba en toda su extensión los terribles males del rompimiento, y que para evitarlos se había propuesto renunciar hasta de su propia existencia.

   Este fue, sí, el triste resultado de la última conferencia; pero él no fue bastante para entibiar los deseos de paz que animaban al presidente Nariño; éste, a pesar de la obstinación que había advertido en Baraya y sus compañeros de desolar a Santafé y de abrirse paso a fuego y sangre, confiaba aún en que el congreso, volviendo sobre sí y reflexionando los terribles males que iba a causar, admitiese los tratados que se habían propuesto a su general y de que éste había ofrecido dar cuenta inmediatamente. Esta esperanza lisonjera desapareció dentro de poco, pues al siguiente día de la segunda conferencia, es decir, el 28 de diciembre, se advirtieron en las tropas enemigas movimientos y correrías que indicaban muy bien que no era su ánimo guardar el armisticio que se había acordado entre las partes contratantes mientras venía la resolución del gobierno federal, sino el de hostilizar esta provincia, con la gran ventaja de que ella, fiel a sus promesas, tenía su ejército en perfecta quietud y había suspendido enteramente los trabajos de la fortificación, según lo había ofrecido su jefe en la primera entrevista.

   La conducta infidente del enemigo obligó a nuestro gobierno a exigir de él prefijase el término en que debía acabar la suspensión de armas, porque bien se descubría que el objeto con que aquél había omitido el señalar éste, era el de hacer la guerra a la ciudad con el asedio, y poner a sus habitantes en la mayor consternación, en circunstancias en que éstos no podían librarse de estos males ni causarle el menor perjuicio por hallarse pendiente la negociación. A consecuencia, pues, del oficio en que se pidió a Baraya señalase el tiempo en que debía finalizar el armisticio, fijó el 29 del mismo el de unas cortas horas, no sólo para la cesación de hostilidades, sino para el absoluto rompimiento, especie que quitando toda esperanza de conciliación y recordando a cada ciudadano los deberes con que estaba ligado para consigo mismo y para con la sociedad, avivó en el pueblo el entusiasmo, el valor y el amor patriótico, e hizo que todo el lugar se pusiese en estado de hacer una resistencia vigorosa.

   Apenas se acabó de recibir esta contestación cuando el general enemigo intimó la rendición de la ciudad, y con fecha en Usaquén a las diez de la mañana del siguiente día 30 se recibieron dos pliegos del mismo, en uno de los cuales dice que el congreso no ha tenido a bien ceder a las propuestas que hizo la diputación de la representación nacional, y que tal vez dirá otro tanto a las que hizo después el presidente Nariño, y en el otro, por el cual asegura Baraya en el de que acabamos de hablar se vendrá en conocimiento de las ideas del congreso, se explica con estas palabras.

   "Por segunda vez intimo a usted en nombre del supremo congreso que deponga la autoridad que indebidamente retiene y se someta a reconocerlo, poniendo a su disposición esas armas fratricidas, con que se le declaró y se le ha hecho la más injusta guerra. Si usted y esa ciudad desean una sincera reconciliación, evitando los males que le amenazan, y que sólo le puede acarrear la obstinación de usted, ¿por qué no reconoce la autoridad del congreso? ¿Y por qué no reciben pacíficamente un ejército que no es enviado a su destrucción, sino antes bien a salvarla y a restituirle la libertad que ha perdido? Si ese partido refractario no se presta a las intimaciones y órdenes del congreso supremo, se hace cómplice de las miras de usted, y después de una acción en que sea el triunfo por las armas de la unión, será tratado como rebelde y convincente en los planes de destruir al primer cuerpo de la Nueva Granada. El restablecer el orden constitucional en esa provincia y unirse a rechazar los enemigos exteriores, es pretender erigirse en un gobierno absolutamente independiente, de quien tendría que mendigar auxilios del congreso y es manifestar que aún en medio de su actual debilidad, no se pierden las esperanzas de oprimir algún día al reino. Ese gobierno no debe unirse, sino obedecer al gobierno general, que han constituido todos los pueblos, en lo que es de su resorte, siendo uno de sus primeros derechos el disponer de las armas y de las fuerzas de todos en beneficio común, puesto que al congreso y no a los gobiernos particulares, han querido y quieren encomendar los mismos pueblos su defensa y seguridad. Exijo que se pongan esas armas a disposición del supremo congreso para seguridad del ejército de mi mando y para conservarlas inmediatamente contra los enemigos exteriores que amenazan la causa de la libertad. Si usted y esa ciudad aman el bien general, si no pueden dudar de las intenciones del congreso, menos tienen un motivo para una tenacidad, que los hace sospechosos y que traerá males incalculables. En las manos de usted está hoy la suerte de esa desgraciada ciudad, y está en parte la de las provincias nuestras hermanas; su contestación, que aguardo inmediatamente, decidirá la que debe venir sobre Santafé digna de mejor suerte, si un hijo obstinado no la quisiese envolver en lágrimas y en luto.

   "Dios guarde a usted muchos años.

   Usaquén, 30 de diciembre de 1812, a las diez de la mañana.

Antonio Baraya.

   Señor don Antonio Nariño."

   Las ideas de este oficio, que si hemos de creer a su autor eran las que animaban al supremo congreso, no son menos crueles, sanguinarias y orgullosas, que las que en los anteriores había manifestado aquél; por él se ve que no sólo pretende Baraya, a nombre de aquel cuerpo, su reconocimiento, sino que intenta se le entreguen las armas, que el presidente Nariño sea separado indecorosamente del gobierno y que se admita en el seno de esta ciudad un ejército compuesto de un excesivo número de hombres, que a más de la prevención antigua y enconada que tenían contra Santafé, venían atraídos del cebo del interés, y que por consiguiente habrían ejecutado, para saciar esta imperiosa pasión, los más espantosos desastres. ¿Pero cuál es el modo como ese general exige un partido tan irregular y tan contrario a los principios de la naturaleza y de la justicia? ¿Es acaso el lenguaje de la moderación y de la prudencia del que se vale para obligar a Cundinamarca a que renuncie sus más preciosos derechos y se someta a la autoridad de un cuerpo que ha creído justamente estar en contradicción con sus intereses? Nada menos que esto: el orgullo, la pedantería, la injuria, el sarcasmo, la amenaza y el terror son los medios con que pretende conseguir sacrificios de tanta importancia, sin tener presente que la suerte de la guerra no siempre es igual, que si él tenía soldados, armas y pertrechos con que usurpar los derechos de esta preciosa provincia, a ella no le faltaban recursos con que defenderlos, y que si le había convidado repetidas veces con la paz, era sólo en obsequio de la humanidad y de la libertad del reino; pero no es mucho que perdiese de vista estas consideraciones un hombre que, engreído con las pequeñas ventajas que había conseguido sobre nosotros, y con las bajas adulaciones de sus partidarios, se creía invencible y capaz de rendir al universo entero.

   Constituido el gobierno por el antecedente oficio en los fatales extremos de defender la ciudad y sus moradores de los males que les amenazaban, o de sacrificar los derechos de aquélla y de éstos, quiso aún tentar otro arbitrio para mover el ánimo de Baraya y de sus oficiales a entrar en una capitulación honrosa. Este fue el de convocar en su presencia a las madres, hijas y mujeres de estos últimos, y hacerles presente el lance funesto que la obstinación de sus padres, hijos y esposos les preparaba, el peligro a que se verían expuestas en el acto de la batalla, en medio de un pueblo que enfurecido por la conducta del enemigo había de procurar vengar en sus personas los agravios que aquél le hacía, la ninguna justicia de esta bárbara contienda, el caprichoso empeño que el ejército enemigo había tomado en conseguir por medio de una estrepitosa y desgraciada guerra lo que se le había ofrecido pacíficamente, la necesidad en que este lugar se hallaba de resistir a sus invasores y la resolución del mismo gobierno de convertir antes en escombros la ciudad que entregarla a éstos de un modo infame e indecoroso, encargándoles finalmente que para evitar los tristes resultados del rompimiento interpusiesen el amor filial, el paterno y el conyugal, para lograr una conciliación verdadera. Este paso no produjo mejores efectos que los muchos que pública y privadamente se habían dado en los días anteriores. Don Francisco Caldas, primero oficial de Cundinamarca y después de las tropas enemigas, a quien sin duda escribió exhortando a la paz su mujer doña Manuela Barona, que como otras muchas de las de los militares contrarios se hallaba en esta capital, muy lejos de propender a la conciliación en obsequio de aquélla y de un tierno hijo que tenía a su lado, creyendo equivocadamente que las exhortaciones de dicha su mujer eran obra del presidente Nariño, sólo trató de irritar el ánimo de éste con injurias y agravios atroces, bien puede usted afligir, intimidar y degollar (le dice en una carta que le escribe con fecha 31 del mismo diciembre) a esa niña inocente y virtuosa (habla de su mujer); bien puede usted hacer lo mismo con mi hijito y con todo lo que puede tener conmigo relación en esa ciudad desgraciada; nada me intimida; si muere a manos de la facción, morirá con honor y con virtudes, y yo no habré manchado mi reputación por debilidad. La sangre inocente que va usted a derramar por capricho, por obstinación y por ceguedad, subirá al cielo a pedir venganza contra los autores de nuestros males; esta sangre cerrará nuestros corazones a la piedad y nada perdonaremos; la vida de una de nuestras mujeres costará mil vidas. No crea usted que amenazamos en vago, amenazamos con justicia, con fuerza, con superioridad. Estos son los términos con que se explica Caldas y con que procura irritar el ánimo del gobernante de este Estado, que tenía a su disposición las vidas de su esposa y de su hijo. Aquel hombre obstinado en su opinión cierra los oídos a la voz de la naturaleza, y sólo atiende al grito de las pasiones. ¿Qué satisfacción, sino lo vil y baja de la venganza podía quedarle en sacrificar las vidas de los habitantes de Santafé, después de haber visto perecer a una compañera fiel y a un tierno niño a quien él mismo había dado el ser? El hombre menos culto, el más bárbaro, las mismas fieras ceden, ruegan e imploran la piedad de su enemigo, cuando ven que sus hijos están a merced de éste. Sólo Caldas insulta, injuria y encona al que tiene en sus manos la existencia de dos personas que debía serle demasiado interesante, ¡tal es e l estado de ceguedad a que pueden llegar los mortales!

   La respuesta a la carta de aquel oficial orgulloso e inhumano no está concebida, no en ese lenguaje en que lo está esta última, y ella contiene reflexiones tan urgentes que nos vemos en la necesidad de copiarla, para que el mundo entero sea testigo de que no hubo arbitrio que no se tentase para ocurrir a los males que iban a sobrevenirnos, y de que a las injurias y a la insolencia se contestaba con razón. La citada contestación, pues, dice así:

   "Campo de San Diego, 31 de diciembre de 1812.

   Señor don Francisco Caldas.

   Muy señor mío:

   Ya que vuestra merced aunque con equivocación se dirige a mí en contestación a la carta de su mujer, quiero valerme de esta ocasión para que salga vuestra merced de mil errores en que un encono infundado lo ha precipitado contra mí. No hay aquí sangre ni degüellos a sangra fría, yo soy siempre el mismo Nariño que vuestra merced conoció en Fucha; mis principios no están en una imaginación acalorada, sino grabados en mi corazón. Si C. no se hubiera portado de mala fe, él habría dicho cómo vino su mujer a mi casa, y las otras señoras, la pintura que les hice de los males que se iban ya a descargar sobre nosotros, y cómo ellas eran las primeras víctimas, que unos maridos, unos padres y unos hijos inhumanos iban a inmolar. Dígame usted de buena fe: si el hambre nos apura, ¿no será justo que el último pan sea para los que nos causan el mal? Si mis inocentes y tiernas hijas que tengo conmigo en el campo, mueren al furor de sus tropas, ¿no será justo que mueran antes las de los que vienen a degollar? Pero no anticipemos con la pluma los escándalos y horrores de que el mundo con oprobio nuestro va a ser testigo, y hablemos un instante el lenguaje de la razón, que parece haberse desterrado de entre nosotros. Póngase usted en mi lugar y por el Dios omnipotente que nos sostiene, y que nos ha de juzgar, dígame de buena fe y sin la ceguera de las pasiones, ¿qué es lo que haría en mi puesto, si le quedaba un resto de honor? Restituir el gobierno al orden constitucional, convocar al instante un colegio para que haga las elecciones y salir de la presidencia; que este colegio venga autorizado para tratar del acta federal y con el congreso; y que entre tanto se manden las tropas de la unión y de Cundinamarca para Cúcuta y Popayán, dando todas las garantías y seguridades posibles, es mi propuesta.

   "Dígame, vuestra merced, le repito, ¿hay más que dar? Sí, mi honor; pues mi amigo, éste lo amo más que mi vida, como lo voy a hacer ver. ¿Y vuestra merced en otros tiempos me hubiera aconsejado que lo prostituyera? La guerra que hoy nos vamos a hacer, en que morirán hasta las esperanzas de ser libres, está reducida a estas precisas palabras: vamos a matarnos porque aunque Nariño nos concede todo cuanto queremos, no nos lo concede del modo que queremos; es preciso vejarlo, ultrajarlo para vengar unos agravios que sólo han existido en nuestras imaginaciones, y mas que el reino y la libertad perezcan. ¿Qué tal? ¿No nos honrarán estos sentimientos en todo el universo? ¿No va el nombre americano a adquirir un nuevo lustre en esta campaña de pasiones? Le juro a usted en el seno de la amistad, que invoco por un momento, que si sobrevivo a esta acción, me dejo después matar a sangre fría, antes que tener parte en nuestros gobiernos montados sobre semejantes principios; entonces, sepultado en un rincón lejos de estos climas, daré la historia de mis tiranías y justificaré los míos, de que ahora no es tiempo de hablar. Si usted, le digo yo ahora, quiere contribuir a la paz, al contento y a la serenidad de Cundinamarca y de la Nueva Granada, si quiere que termine esta guerra civil del modo más glorioso al nombre americano, contribuya con su influjo a que deponiendo bajas pasiones, a que mirando las cosas en grande y sin esa mezquina prevención, se acceda a mis proposiciones y que vuelvan a abrazarse los hermanos, los esposos, los padres, y los hijos, haciendo sentir a toda la naturaleza el placer de haber terminado con un rasgo de pluma, lo que injustamente se iba a concluir a sangre y fuego. Reconozca vuestra merced con la mayor sinceridad y buena fe en ésta a su afectísimo.

Antonio Nariño".

   Esta carta por sí sola bastaría para vindicar al jefe de Cundinamarca de las feas notas de tirano, cruel, sanguinario, ambicioso y déspota, con que sus émulos han querido manchar su opinión; en ella después de presentar a Caldas las equivocaciones con que procede en la suya, y la justicia con que su mujer y las de los demás oficiales obstinados en afligir a esta inocente ciudad, padecerían las primeras los horrores espantosos de la guerra, le expone con la mayor claridad las proposiciones que ha hecho a Baraya, proposiciones no sólo ventajosas para éste y para el congreso, sino perjudiciales a Cundinamarca, y lo exhorta a que deponiendo bajas pasiones y mirando negocios de tanta trascendencia con el lente de la imparcialidad, contribuya con su influjo a que se admitan aquéllas y se acabe de este modo la guerra civil de un modo glorioso al nombre americano.

   No fue esta la última vez que el presidente Nariño convidó a Baraya con la paz recordándole ya los respetos y consideraciones debidas a su patria, ya los de la amistad y ya el imperio de la razón, e interponiendo el influjo de sus partidarios. Sin embargo, el lenguaje insolente, orgulloso y depresivo con que aquél le habla en el último oficio de 30 de diciembre, que a la letra hemos transcrito, en la contestación que dicho presidente dio a él con fecha 31 del mismo, le dice lo siguiente: "Usted sabe y le consta los pasos que pública y privadamente ha dado para una conciliación, no por temor de perder la acción, que lo creo moralmente imposible, sino por las razones que repetidamente he manifestado, pues aun cuando usted triunfara, cumpliendo yo con mi deber, nada tengo que responder a la posteridad, mientras que usted y el supremo congreso serán responsables, no sólo de los males presentes, sino de los que necesariamente se seguirán a toda nuestra posteridad. Puede usted, adelantar sus marchas, para venir a atacar a su patria, mientras exija de mí cosas irregulares y expresamente contrarias a la voluntad general; lo aguardo sin remordimiento, sin temor. Pero si usted, abriendo los ojos a la razón, se presta a unas medidas justas y razonables, encontrará siempre en mí las disposiciones más sinceras a una conciliación decorosa en obsequio de la causa común".

   Estos esfuerzos repetidos, estas instancias por la amistad y por la unión que casi tocaban en la raya de importunas y que a la verdad eran degradantes para el gobierno, no saciaban aún los sentimientos pacíficos que animaban a su jefe, y juzgando que el entablar directamente una negociación con el congreso podía ser un medio seguro para alcanzar lo que el general Baraya tantas veces había negado, abrazó este partido, y sin reparar en que aquel cuerpo jamás había querido reconocerlo por presidente, ni entenderse con él en las comunicaciones oficiales, deponiendo los resentimientos que debían causarle las atroces injurias con que el mismo lo había tratado, exponiéndose a que sus proposiciones fuesen desairadas y aventurándolo todo por salvar a su patria, puso al presidente del gobierno de la unión este oficio:

   "Excelentísimo señor: Sin entrar en discusiones sobre lo pasado me limito a decir a vuestra excelencia que después de algunos pasos preliminares me convine a tener una entrevista con el general don Antonio Baraya en su mismo campo y a merced de sus tropas. Lo verifiqué en efecto el primer día, y de nuestra conferencia privada resultó el convenirnos en que aquella noche se abriría el pliego del supremo congreso y que si no había inconveniente tendríamos al otro día una conferencia con la diputación del mismo soberano cuerpo. El resultado de ésta, en presencia de siete diputados de la representación nacional fue hacer yo las siguientes proposiciones: que restituido el gobierno al orden constitucional se convocaría desde el 8 de enero un colegio electoral para que hiciese las elecciones constitucionales y la de presidente, que este colegio viniese autorizado para rever el acta federal y tratar directamente con el supremo congreso, y que entre tanto marchasen las tropas de la unión para Cúcuta y las de Cundinamarca para Popayán. ¿Quién no había de creer que nuestras desavenencias iban a terminar, y que la causa general de la Nueva Granada iba a encontrarse con dos ejércitos que hoy quizás se van a despedazar? Pues nada de esto ha sucedido, los rencores y resentimientos personales han prevalecido y nuestra libertad debe sacrificarse a semejantes pasiones; ¿qué dirá la posteridad de la escena sangrienta que vamos a presentar, no para sostener nuestra libertad sino para perderla? Dígnese, vuestra excelencia, tomar en consideración estas cortas pero gravísimas reflexiones, y sin pararse en asunto tan grave en las pequeñas etiquetas de entenderse conmigo, contestarme con la posible brevedad, en inteligencia de que se han ofrecido todas las garantías y seguridades posibles para el puntual cumplimiento de lo que se ha propuesto, y de que parece imposible poderse ofrecer más, sin hollar el decoro de la provincia por quien hablo".

   ¿Quién dudaría que en vista de las ventajosas proposiciones que se hacen al congreso en el anterior oficio cediese de sus ideas hostiles, las admitiese, mandase retirar sus tropas y diese todas las órdenes convenientes para terminar una guerra que anunciaba consecuencias tan funestas, cuando con aquéllas parecía llenarse del modo más completo el objeto de ésta? Estos debieron ser sí, los saludables efectos de un acomodamiento opuesto a los intereses de Cundinamarca, contrario a la voluntad general, y que en el estado de defensa en que se hallaba la ciudad sólo pudo proponerse por amor a la humanidad y a la libertad americana; pero este paso no tuvo el menor resultado, bien porque Baraya, por cuyo conducto se remitió el oficio referido para recomendar más su contenido, no quiso dirigirlo al congreso, bien porque éste, obstinado en destruir a Santafé, cerró los oídos a la voz de la razón y sólo trató de saciar el encono y los resentimientos personales. Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que no se recibió contestación alguna, y que aquél, muy lejos de suspender las hostilidades hasta el resultado de esta propuesta, estrechó más y más el sitio en términos de no dejar pasar una sola carga de víveres, persiguió con más empeño a los que no eran de su partido, dio órdenes a sus tropas para que hiciesen correrías, para que talasen los campos de la inmediación de esta capital, para que robasen toda clase de ganados y caballos, y por decirlo todo de una vez, para que cometiesen todo género de excesos, sin dignarse siquiera acusar el recibo de la última comunicación oficial que se le había hecho.

   Esta conducta del general enemigo alarmó a este desgraciado lugar, hizo que todos los habitantes procurasen tomar las medidas de defensa, que abandonando toda otra ocupación, sólo pensasen en los preparativos de la guerra y que, perdida toda esperanza de paz, anhelasen ya el momento en que una acción decisiva librase más de 40.000 almas de los terribles efectos del asedio, que ya comenzaban a sentir desde el fuerte soldado, que estaba en la trinchera, hasta la delicada mujer que habitaba la clausura, y desde el anciano decrépito hasta el tierno niño de pechos. Después de cinco días de este estado de violencia y de consternación en que ninguno de los moradores disfrutaba un instante de reposo, en que sólo se oía el horroroso estrépito de las armas, el llanto de la mujer por el esposo, el de la hija por el padre, y el de la madre por el hijo, que ya creían víctimas del cruel invasor, y en que el único consuelo era el triste e inhumano de exterminar a éste con las armas, el 4 de enero divisó un destacamento de observación que de nuestra parte había en el elevado cerro de Monserrate, una división de tropas enemigas, que parecía pretendía atacar por aquel punto, pero que se miró con desprecio, ya porque se creyó que su número era corto, y ya por la ventaja que nos proporcionaba el puesto. El 5 del mismo enero a las doce de él avanzó la citada división, que la noche antes se había retirado con haberle hecho un solo tiro de fusil, y a beneficio de la multitud de que se componía, pues su número excedía de 500; de la artillería que traía, en circunstancias de no tener ninguna nuestro destacamento, de constar éste sólo de 60 hombres, y de no haber llegado el refuerzo que se le mandó, forzó el punto de Monserrate, y después de un fuego de cerca de hora y media sostenido por nuestra parte con el mayor esfuerzo e intrepidez, se apoderó de él aunque con el sacrificio de muchos de los suyos, haciéndonos sólo once prisioneros, entre ellos tres oficiales.

   La pérdida de un punto que domina toda la ciudad y desde el cual podía muy fácilmente destruirse ésta, siendo ya casi imposible defenderla, difundió el llanto, la consternación y el dolor en sus habitantes; éstos creían su suerte en manos del enemigo, cuyas intenciones se sabía eran las más sangrientas, y el abatimiento, la tibieza y la cobardía se apoderaron de los ánimos de la mayor parte de las personas del pueblo y aun de muchas de las tropas, en términos de mirar ya como imposible la victoria, sin que las persuasiones de algunos hombres de valor que sabían muy bien la variedad de los sucesos de la guerra, ni el interés por sus propias vidas, ni la superioridad de nuestras fuerzas, que en nada se habían disminuido fuesen bastantes para sacarlas de la apatía y el desaliento en que habían caído. Tanto el soldado como el paisano abandonan el puesto que se les había encomendado dejándolo a merced del enemigo; ni el uno ni el otro oyen las órdenes del jefe; los acampamentos se vieron aquella noche desamparados por decirlo así, pues apenas los custodiaban algunos soldados y oficiales; en la ciudad se advertía el más profundo silencio y a esa alarma y bullicio continuo en que había estado los días anteriores, habían sucedido la calma y el sosiego, y sus habitantes parece que temían hasta el respirar, y que sólo deseaban esconderse en el seno de la tierra para poder allí desahogar el dolor y sentimientos que el miedo les hacía reprimir.

   Esta situación ciertamente espantosa, pues a más del peligro en que se hallaba el lugar por estar rodeado de enemigos por todas partes, se imposibilitaba el hacerles resistencia por el terror, abatimiento y cobardía de que se hallaban poseídas las gentes, con quienes para este efecto podía contarse, obligaron al gobierno a convocar con acuerdo de la representación nacional una junta de oficiales, y como de ella resultase el que se propusiesen nuevas capitulaciones al enemigo, y como por otro lado el presidente estuviese persuadido de que posesionado éste del punto de Monserrate era imposible entrar en acción, sin que la ciudad sufriese algún estrago, se allanó a esta medida, que como se ha visto siempre fue conforme a sus ideas, e hizo al general Baraya las proposiciones que se leen en el siguiente oficio.

   Penetrado siempre de las mismas ideas que he manifestado a vuestra señoría y a los diputados del supremo congreso, aguardaba la última contestación cuando las tropas de vuestra señoría rompieron el fuego; hice al instante convocar la representación nacional, a quien de nuevo manifesté los graves males que a la causa común se seguirían con un derramamiento de sangre inútil y perjudicial a ambas partes; ella en vista de mis razones me facultó nuevamente para que capitulara, y a su consecuencia, paso a hacer a vuestra señoría y al supremo congreso las siguientes proposiciones:

    Se restituirá desde el día el gobierno a la forma constitucional, no sólo como lo propuso la serenísima representación nacional, sino al estado en que estaba el 10 de septiembre, para que de este modo no quede yo en la presidencia.

    Se reconocerá el congreso; pero dejando a la provincia su derecho para reclamar en un colegio convocado al efecto, los puntos del acta federal que le sean gravosos, o que no guarden proporción con las demás provincias federadas;

    Las armas quedarán, por consecuencia, a disposición del supremo congreso conforme al acta federal;

    Al instante que entregue el gobierno se me dará pasaporte y las seguridades correspondientes para trasportarme con mi familia fuera de todo el Estado de Cundinamarca;

    Lo mismo se franqueará a todas las personas que lo pidan;

    Habrá un perpetuo olvido de todo lo pasado por una y otra parte, y en su consecuencia se pondrá en libertad a los dos diputados de esta provincia que se hallan detenidos en Tunja y a todas las demás personas que por sus opiniones y por materias de guerra se hallaren en prisión, o con causa pendiente;

    Se garantizará por vuestra señoría y los demás señores diputados que lo acompañan la seguridad individual y las propiedades de todos los habitantes de esta ciudad y de toda la provincia de Cundinamarca;

    Para evitar todo desorden y comprometimiento de vuestra señoría mismo, no entrarán en la ciudad más tropas que las que vuestra señoría contemple necesarias, para su seguridad y para hacerse cargo con orden y razón de las armas del Estado;

    Ni ahora, ni en ningún tiempo podrá el supremo congreso hacerme ningún género de cargo por todo lo pasado y seré libre para avecindarme donde me acomode, dentro o fuera de la Nueva Granada, no siendo por de contado en ninguna de las provincias que se han apartado de nuestra justa y santa causa.

   Las presentes proposiciones, una vez convenidas en ellas, se arreglarán en forma de tratados y ratificarán y concluirán las dos partes en virtud de los plenos poderes que los autorizan, poniéndose en ejecución dentro del término de cinco días contados desde la fecha; suspendiéndose toda hostilidad desde el momento en que se admitan o entren en conferencia, si aun quedare alguna duda que declarar.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 6 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Señor general del ejército de la unión, don Antonio Baraya.

   Por estas capitulaciones vemos que el corto recinto que quedaba a Cundinamarca libre de las armas enemigas se entrega ya a disposición de éstas, que el gobierno se restituye al estado que tenía el 10 de septiembre, que Nariño no sólo abandona ese puesto emulado, sino que se expatria voluntariamente, que la fuerza armada se pone a disposición del congreso, y en una palabra, que se concede a éste y a Baraya mucho más de lo que han pedido, y que sólo se les exige la garantía de las personas y propiedades. ¿Podrían hacerse proposiciones más degradantes a Cundinamarca, ni más ventajosas al que pretendía usurparle sus derechos?. ¿Podría el cuerpo de la unión demandar otra cosa de esta provincia, que su reconocimiento y la entrega de las armas? ¿No eran estos dos puntos el objeto de esta guerra? ¿No había aquel cuerpo publicado tántas veces que sólo enviaba sus tropas para libertar a este pueblo de la opresión y tiranía en que se hallaba? ¿No se lograba este fin desterrando de este Estado al que se decía tirano y opresor?¿No había dicho el general Baraya en repetidos oficios, que dejando el actual jefe la presidencia y reconociéndose el congreso, cesaría por su parte toda hostilidad? ¿No fue esto lo que le propuso en su carta de 20 de diciembre? ¿Podría éste hacer sacrificios de más consideración cuando desprecia hasta su propio honor por librar a su patria de ser convertida en ruinas? ¿Y habrá quién dude que el mencionado general no admitiese esos tratados y se obstinase en llevar adelante una guerra que si hasta este momento había tenido una apariencia de razón, desapareció ya, y se convirtió en la más injusta, temeraria e irregular que se ha visto y puede verse desde la creación del universo? Pues a pesar de esto, Baraya se niega a admitir las enunciadas proposiciones y oyendo el voto de cuatro oficiales aduladores que lo rodeaban y de otras tantas mujeres, cierra los oídos a los gritos de la razón, de la naturaleza y de la humanidad, y hace la bárbara resolución de sacrificar a la satisfacción de sus pasiones su numeroso ejército y el que lo aguardaba en las fronteras de esta ciudad, y despojándose de los sentimientos de hombre, da al gobierno de Santafé esta contestación:

   "Equivocadamente dice vuestra señoría que el fuego se rompió por parte de mis tropas, cuando las de la guarnición de Monserrate dieron principio a él; pero si así no hubiere sucedido, nada debía extrañarse cuando vuestra señoría, con fecha 29 del pasado, me exige prefije término para poderse romper el fuego, como lo prefijé, y después en otro oficio me intima estar resuelto a abrirse paso aunque no hubiera llegado la contestación del supremo congreso al pliego que vuestra señoría apertorio me dirigió. El congreso y sus armas, queriendo evitar los horrores de los rompimientos continuos que ha provocado vuestra señoría, ha dado treguas, propuesto capitulaciones y adelantado pasos que jamás se han visto en la guerra. Nada ha bastado para ablandar la obstinación de vuestra señoría y de su partido. Ya, pues, no queda otro remedio, sino el que la fuerza armada que actualmente oprime a esa ciudad, vuestra señoría y sus partidarios se rindan a discreción y esperen la clemencia del soberano congreso, bien entendido que de no verificarlo dentro de 24 horas, experimentarán los desastres que no quieren evitar. Esto es lo que debo contestar a las propuestas de esta fecha.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Campo de Fontibón, 6 de enero de 1813.

Antonio Baraya.

   Señor plenipotenciario, don Antonio Nariño.

   Esta fue, sí, la respuesta que se dio a las proposiciones que antes hemos copiado, respuesta que en todo tiempo hará conocer al mundo entero las intenciones crueles y sanguinarias, las ideas y sentimientos de que estaba animado el general de las tropas de la unión, porque a la verdad, en vista de esta contestación en que absolutamente resiste admitir unos tratados, en que todas las ventajas las llevaba él y ningunas Cundinamarca, no debemos creer otra cosa sino que su objeto era entregar a discreción de las tropas, las vidas y las propiedades de los infelices habitantes de esta ciudad, pues esto era lo único que le impedían las referidas capitulaciones, proyecto verdaderamente inhumano y ajeno de un hombre que había visto la luz por la primera vez en este suelo y que tenía en él amigos, conciudadanos y parientes. Pero no es mucho que Baraya observara esta conducta cuya barbarie no hay términos que alcancen a exagerar, cuando el presidente del congreso, que siempre ha merecido el concepto de virtuoso y de humano, en carta particular que escribe al diputado de Popayán don Andrés Ordóñez y Cifuentes, le dice las siguientes palabras:

   "Cartagena clama también por auxilios de dinero como usted sabe; está en los últimos apuros y es preciso socorrerla. Santafé tiene medios de hacerlo y la Providencia ha querido que con tanta justicia podamos sacarlos de los facciosos y rebeldes que los deben suministrar. Cuidado, mi amigo: en esto no debe haber indulgencia; que paguen los males que han hecho, rescatando esta misma libertad que han querido oprimir con los bienes de que han abusado. Con armas y sin dinero nada podemos hacer".

   Estas expresiones dan una idea bien clara de que las intenciones del congreso se dirigían principalmente a despojar de las propiedades a los habitantes de Santafé, y a dejar a esta infeliz ciudad en el último extremo de desolación; y así, aunque debemos horrorizarnos de que Baraya no quisiese aceptar las proposiciones que se le hicieron, es preciso confesar, en obsequio de la justicia, que su conducta no es tan criminal, si se atiende a las órdenes del gobierno de quien dependía.

   No era sólo el presidente de la unión el que decretaba la ruina de Santafé y se complacía en ella. El doctor Ordóñez, ese eclesiástico cuya vida austera y religiosa siempre ha merecido elogios, separado desde que se incorporó en el congreso de las máximas santas del evangelio, que no nos enseña sino la paz y los medios de establecerla, no sólo exhorta a las tropas con el mayor entusiasmo y acaloramiento a que entren a este lugar a sangre y fuego, sino que su corazón parece que se ensancha al considerar los estragos terribles de la guerra. Así nos lo manifiesta un oficio dirigido por el mismo Ordóñez al gobierno de Neiva con fecha 5 de enero; en él, después de referir las marchas de su ejército, hace mérito de las entrevistas tenidas en Usaquén con el jefe de este gobierno, a una de las cuales dice haber asistido como miembro de una comisión político-judicial, y en seguida, se explica de este modo: siendo así que por nuestra parte llegamos a reducirnos en obsequio de la humanidad y de la paz a que se reconociese el congreso, y de consiguiente se cumpliesen los pactos del acta federal. Perdida toda esperanza de conciliación (continúa el mismo oficio), extendimos nuestro cordón de asedio desde Usaquén por el cabo de Suba, este pueblo de Fontibón hasta el pueblo de Bosa, cortándoles las comunicaciones y víveres por todos estos puntos. Con todo se mantenía obstinado el nuevo Faraón. Describe después Ordóñez en el citado oficio la toma de Monserrate, y luego pone estas palabras: este golpe acabó de aterrar a los facciosos, haciéndoles desesperar en su inicua demanda, cuya consecuencia nos han remitido hoy los oficios más humillantes, protestando reconocer inmediatamente el congreso, conforme al acta federal, ofreciendo entregar las armas y pidiendo sólo como por un efecto de misericordia se les garanticen sus vidas y propiedades. Les hemos contestado que se entreguen a discreción.

   El tono de satisfacción con que se produce Ordóñez en las últimas cláusulas que de su oficio hemos copiado, manifiesta bien la que recibía al considerar que esta infeliz ciudad se había de entregar a discreción, que sus habitantes habían de ser víctimas del furor de sus tropas exaltadas con las continuas persuasiones que les había hecho contra Santafé en la cátedra del Espíritu Santo y al pie de los altares, que esa comisión político-judicial, con que venía autorizado, había de producir sus efectos, conduciéndose por su voto al calzado a esos, que el llama facciosos y rebeldes, y a su caudillo, despojándolos de sus propiedades, como se lo encargaba el presidente de la unión, dejando a una multitud de familias constituidas en la orfandad y en la miseria, y por decirlo de una vez, ejecutando todo género de crueldades, sentimientos por cierto ajenos de un ministro del santuario, en quien debía resplandecer la caridad, la humanidad y la compasión, que son los caracteres propios de nuestra religión santa, y cuyo instituto por lo mismo no es no, el decretar muerte, desolación y ruina, el de afligir a los pueblos y el de propender a su devastación, sino antes bien el de interesar sus respetos para conseguir la paz, el de componer a los que se hallan discordes, socorrer al desgraciado, consolar a la viuda y auxiliar a los huérfanos. Estos fueron ejemplos que Jesucristo dio a los apóstoles y a los que los sucesores de éstos deben imitar; mas nosotros vemos con dolor la complacencia con que un sacerdote habla de las escenas sangrientas que se han representado en nuestros días y de la que se preparaba contra Santafé, y por eso hemos dicho antes que no era sólo Baraya y el presidente del gobierno federal los que deseaban la ruina de este lugar. Pero dejemos esto aparte y continuemos la relación de los sucesos de la guerra, que es el objeto que nos hemos propuesto.

   La respuesta dada por el general enemigo a las últimas capitulaciones que se le propusieron, recibida por este gobierno el día 6 de enero a las siete de la noche, produjo efectos bien contrarios en el pueblo y en las tropas de esta ciudad, pues en unos excitó la rabia, el furor y el encono contra aquel hombre obstinado en destruir a su patria, y en otros aumentó el abatimiento, la cobardía y el terror, juzgándose expuestos a padecer por necesidad el más bárbaro y horroroso sacrificio; pero todos generalmente conocieron desde este momento la injusticia de las pretensiones de aquél y descubrieron las ideas sangrientas, inhumanas y desoladoras que lo animaban.

   El presidente de este Estado, viendo que se habían agotado ya todos los recursos de conciliación, que el enemigo despreciaba la victoria que sin derramar la sangre de sus hermanos se le había ofrecido, y que la ruina de Santafé y sus moradores era ya cierta, si el brazo de la Omnipotencia y el valor de algunos militares y paisanos resueltos antes a perecer gloriosamente en medio del fuego y de las balas, que entregarse con infamia a un usurpador de los derechos sagrados del pueblo, no la evitaban, resolvió sorprender uno de los destacamentos del ejército contrario, para debilitar las fuerzas de éste y alentar nuestras tropas, y habiendo hallado la disposición más favorable para esta empresa en algunos oficiales que se ofrecieron con el mayor gusto a ejecutarla, el mismo 6 a las diez de la noche envió una partida de 200 hombres al mando del valeroso Baylli, con el objeto de atacar la división que se hallaba en el cabo de Suba, pero como los puentes por donde iba a pasarse estuviesen cortados, se dirigió aquélla a Usaquén, en donde el enemigo tenía igualmente un número considerable de tropas comandadas por don Antonio Morales. El suceso de esta acción arrojada fue el más favorable para nosotros; a pesar de que la división enemiga se hallaba sobre las armas, cuando llegó la nuestra, y de que procuró hacer resistencia, logramos derrotarla completamente dejando en el campo más de 14 cadáveres, haciendo 30 prisioneros, entre ellos dos oficiales, cogiendo varios fusiles y pertrechos de boca y guerra, y obligando al resto de la tropa a huir vergonzosamente, siendo su digno comandante Morales el primero que desamparó el campo, sin que por nuestra parte hubiese habido la menor pérdida, ni recibido siquiera alguno de nuestros soldados una sola herida.

   A las siete de la mañana del 7 de enero se vieron entrar nuestras tropas por San Diego y dirigirse al campo de San Victorino, a donde la noche anterior se habían replegado todas las fuerzas, llenas de entusiasmo, de energía, de valor y de espíritu militar. En este mismo momento desaparecen ese terror, abatimiento y cobardía de que en los tres días inmediatos habían estado poseídos los habitantes de esta ciudad. La alegría, la esperanza y el valor renacieron en los ánimos. El pueblo baja en grupos al mencionado campo, hasta las mujeres y los niños desprecian ya al enemigo y se creen capaces de vencerlo; el soldado que no tuvo parte en la acción de Usaquén, lleno de emulación por la gloria militar desea que en aquel instante se acometa al cuartel general del enemigo (que se hallaba en Fontibón), para manifestar allí que no es menos valiente que sus compañeros. En las calles y en el campo de batalla, no se oyen sino gritos producidos por el gozo y el contento; los ciudadanos se dan mutuamente el parabién, creyéndose ya libres de los espantosos males que les amenazaban, ya el padre no teme por el hijo, la esposa por el esposo, ni el amigo por el amigo, porque confiados en la protección del cielo, y en la energía y entusiasmo de las tropas, juzgan imposible la entrada del enemigo; se mira ya con desprecio la toma de Monserrate, y en una palabra, las cosas toman un aspecto enteramente contrario al que tenían pocos momentos antes.

   Este fue sí, el feliz resultado de esa pequeña acción precursora de la victoria decisiva, que nos estaba reservada. Con el objeto de satisfacer el deseo que las tropas manifestaban de entrar en acción en aquel mismo día, y con el de dar a conocer al enemigo que aún éramos capaces y estábamos resueltos a hacer una resistencia vigorosa, se dispuso por el presidente, con acuerdo del general don José Leyva, que saliese una división de 400 hombres hacia el punto de Fontibón, y en efecto, a las once de la mañana, marcharon éstos al mando del citado Baylli, y avanzaron hasta inmediaciones de Techo, sin que los aterrase el ver que del cuartel general de Baraya partían a encontrarlos más de 2.000 hombres. Estos últimos, o mejor diremos la avanzada de ellos hizo algunos tiros a la nuestra, que permaneció sobre las armas, sin disparar un solo fusil, sin embargo de que vio matar a su presencia a uno de nuestros sargentos que inobediente a las órdenes del comandante, desamparó su puesto y se arrojó sobre los contrarios. La impavidez y serenidad de nuestras tropas impusieron respeto a la división enemiga, y a pesar de su excesivo número, no se atrevió adelantar un paso, y se retiró a su acampamento. Lo propio ejecutó la nuestra, regresándose a las trincheras con marcha majestuosa y ordenada, manifestando con esto que se obraba por nuestra parte militarmente y que no nos intimidaba la multitud de que se componía el ejército de la unión.

   A las seis de la tarde del propio día, intimó Baraya por última vez al presidente Nariño se rindiese a discreción con la fuerza armada, dándole sólo el término de cuatro horas para contestar a esta intimación, y ofreciendo que si dentro de ellas no se le respondía, sabría que no había de gastar más tiempo ni papel. Esta intimación orgullosa produjo un efecto bien contrario al que había producido la contestación a las últimas capitulaciones, pues en vez de desalentar a nuestro ejército lo llenó de indignación y de coraje, así se dio por respuesta al citado general, que si no se prestaba a entrar en una negociación honrosa, los moradores de Santafé estaban resueltos a derramar en su defensa la ultima gota de su sangre.

   Esta fue la última comunicación oficial que hubo entre Baraya y el jefe de Cundinamarca, pues aquél, llevando adelante sus sanguinarias ideas, sólo pensó ya en concluir con estrépito de las armas unas diferencias, que como se ha visto pudieron haber terminado con la pluma.

   Esta escandalosa obstinación obligó a nuestro gobierno a pensar ya en hacer a todo trance una defensa vigorosa, pero como al mismo tiempo no fue posible desalojar al enemigo de los puntos en que se hallaba situado, por ser éstos muy ventajosos, excesivo el número de sus tropas y corto el de las nuestras, y como la ciudad estuviese sintiendo ya en todo su rigor los terribles efectos del asedio que pasaba de 15 días, no quedaba otro arbitrio que el de provocar a aquél para invadirse nuestras trincheras. A este efecto el 8 de enero citado, salió un trozo de tropa de 600 hombres al mando de Baylli e hizo alto en el Puente de Aranda, con el fin de que el ejército contrario empeñase acción y conducirlos hacia nuestro campo, pero éste, o porque penetró el ardid, o porque temió que se le hiciese una resistencia vigorosa, aunque salió del lugar en que tenía el cuartel general no se atrevió a acercarse a nuestras tropas, y éstas permanecieron en el punto expresado hasta las seis y media de la noche, y habiendo hecho encender algunas hogueras para aparentar que aún se mantenían allí, se retiraron al acampamento.

   Viendo el presidente Nariño que la estratagema de la que se ha hecho mérito no había surtido el efecto deseado, se valió de otro no menos ingeniosa. Esta fue anunciar a Baraya por el conducto de una persona de quien éste no pudiese desconfiar, que en aquella misma noche nuestro ejército dividido en tres trozos atacaba el punto de Monserrate, y que la ciudad y las trincheras quedaban por consiguiente desamparadas. Sea que esta noticia estimuló al enemigo a invadirnos, sea que ya estaba dispuesto a ello, lo cierto es que a las cuatro y media de la mañana del memorable 9 de enero se oyeron unos cortos tiros por el lado de la Estanzuela, y que antes de que el día esparciese sus luces, se vio el llano de la misma cubierto de un ejército de más de 4.000 hombres. Este excesivo número no intimida a 1.050 soldados, que eran los únicos que se hallaban en nuestro campo; ellos con un valor poco común y guardando el mejor orden militar se ponen en estado de defensa y esperan con ánimo heroico al enemigo. Este se introduce como un torrente por la puerta de la Estanzuela, entra por le huerta de Jaime, toma la calle Honda y con la velocidad del rayo se apodera del puente y la plazuela de San Victorino y de todas las localidades que salen a la del Prado, dejando reducido nuestro campo al corto espacio de 400 varas cuadradas, e impidiendo el que el paisanaje y las tropas que se hallaban en la ciudad pudiesen auxiliar el ejército, pues la artillería que habían colocado en las entradas obstruía absolutamente el paso. En este momento, que eran las cinco y media de la mañana, se rompe el fuego por una y otra parte, que por la nuestra es sostenido con la mayor viveza, actividad, energía y entusiasmo, por solos 330 hombres, que fueron los únicos que entraron en acción pues el resto obediente a las órdenes de sus jefes se mantuvo en quietud guardando sus respectivos puestos.

   El enemigo, atrincherado con las paredes de las casas y solares, de que desde el principio se había apoderado y favorecido por su multitud, pelea con ventajas excesivas y sólo el increíble valor de nuestras tropas, que despreciando las muchas balas que aquél les enviaba, presenta a ellas el pecho en campo raso, sin buscar trinchera que las defienda, y atendiendo no a su propia conservación sino a librar a sus hermanos y conciudadanos de los espantosos males que se les preparaban, puede sostener una acción tan desigual. Dos veces aquel numeroso ejército es rechazado por nuestros pocos combatientes y otras tantas avanza de nuevo; pero siempre halla una vigorosa resistencia, y el que intrépido pretende contrarrestarla encuentra en la muerte el justo castigo de su osadía.

   Si intentásemos hacer aquí el panegírico debido a la intrepidez, orden, energía, entusiasmo y espirítu militar con que se manejaron nuestros soldados y oficiales en aquel memorable día, molestaríamos demasiado la atención de nuestros lectores, excederíamos los límites de un manifiesto, y no hallando tal vez frases adecuadas al intento, haríamos un agravio a muchos de aquéllos, y así bástenos decir que desde el presidente del Estado, que sufrió en el campo de batalla con sus tiernas hijas el sitio y el ataque, hasta el ínfimo recluta llenó sus funciones con la última perfección, los jefes comunicando las órdenes más oportunas y obrando en muchos casos por sí mismos, y los subalternos ejecutándolas con la mayor puntualidad y acierto. Es verdad que la mayor parte de nuestras tropas, como se ha dicho, no entró en acción; pero no por esto son dignas de menor elogio, pues ellas, a pesar de la multitud de balas y de metralla que sin interrupción expedían la artillería y fusilería de los contrarios, se mantuvieron siempre firmes defendiendo los puestos que se les habían confiado, dando con esto una prueba de valor no menos heroico, que el de los que batieron al enemigo.

   Este, después de cerca de dos horas del más terrible combate, en que el fuego no cesó un solo instante, y en que nuestras tropas no tenían más espacio para maniobrar, que el corto recinto de la tercera calle del Prado, intimidado por la firmeza y constancia de éstas y lleno de terror, de confusión y de espanto al ver los estragos que hicieron algunos tiros de cañones de grueso calibre, emprendió por último la fuga más desordenada, corriendo en grupos por el mismo lugar por donde habían avanzado y abandonando vergonzosamente toda la artillería y pertrechos que traía a merced de nuestro ejército. Los bravos generales Baraya y Ricaurte, que se quedaron a la retaguardia, apenas advirtieron la derrota de los suyos, huyeron los primeros y procuraron salvar sus vidas después de haber sacrificado a su ambición, capricho y obstinación, a una multitud de inocentes, acción a la verdad ajena de unos hombres, de cuyo valor e intrepidez se nos ha hablado con tanto orgullo y en cuyas manos se iba a poner la defensa de la Nueva Granada; pero volvamos a nuestra historia.

   En el momento en que las tropas de la unión comienzan su vergonzosa fuga, el clarín toca a degüello, y los nuestros con la velocidad del rayo se arrojan sobre ellas, las acaban de destrozar y de poner confusión y desorden, se apoderan de una considerable parte de su artillería, de sus municiones y demás pertrechos, hacen rendirse al que aún resiste, cogen multitud de prisioneros y proclaman la victoria, tributando por ella alabanzas al Ser Supremo. No obra con menos actividad y energía nuestra pequeña caballería, compuesta apenas de 40 ó 50 hombres; éstos, auxiliados de algunas personas del pueblo que hasta entonces, contra sus deseos, habían sido unos meros espectadores de la acción, porque como ya se ha referido el enemigo se apoderó muy temprano de las entradas del campo, vuelven sobre éste y a él derrotado, cortan la retirada a muchos fugitivos, les quitan las armas y conducen a la ciudad más de 400 prisioneros. ¿Cuál sería el terror que de estos desgraciados se había apoderado, cuando se entregan a un número tan inferior al suyo?

   El bello sexo no quiso quedar sin parte en esta gloriosa batalla: las valerosas cundinamarquesas, que en nuestra transformación política dieron tantas pruebas de patriotismo y de amor a la libertad, no se distinguieron menos en esta ocasión; ellas, despreciando la muerte y olvidándose de su natural delicadeza, son las primeras que con espíritu verdaderamente varonil se apoderan de algunos cajones de pertrechos, que el enemigo tenía hacia la Estanzuela, los conducen en hombros hasta nuestro campamento, toman un pedrero y lo traen del mismo modo hasta el cuartel de milicias situado en la plaza mayor, despojan de las armas a varios soldados, y poniéndoles cuchillos al pecho los obligan a rendirse y a darse prisioneros, y hacen, en fin, otras varias acciones dignas de eterna memoria, abatiendo así el orgullo y la soberbia con que pocos días antes las tropas enemigas habían tratado a las nuestras en el punto de Monserrate.

   Los hechos heroicos de que acabamos de hacer mérito ejecutados en el término de dos horas y media, al tener más de 800 prisioneros, el haber dejado el campo cubierto de cadáveres de los del ejército enemigo, cuando nosotros sólo habíamos perdido un oficial y dos soldados y haber tomado a aquél más de 20 piezas de artillería y una infinidad de pertrechos de boca y guerra, no nos daban una completa victoria, pues componiéndose el citado ejército de un número crecidísimo, podía rehacerse y era preciso quitarle esta esperanza para quedar libres de todo temor. A este efecto en el momento mismo en que la ciudad y sus contornos se despejaron de sus crueles invasores, marchó una división al punto de Fontibón, en que como se ha dicho se hallaba el cuartel general, con el objeto de reducir cualquier fuerza que allí se hubiera reunido, y aunque pudiera haberse cortado la retirada a Baraya y a todas sus tropas, sólo se procuró obligarlas a que desocupasen nuestro territorio, pues no era prudencia hacer un número de prisioneros que excediese al de nuestros soldados.

   La división mandada a Fontibón acabó de derrotar a los enemigos, hizo prisioneros a los que encontró en el tránsito, cogió algunas armas y un grueso botín y regresó a la ciudad inmediatamente. Este feliz suceso y el haberse advertido que el respetable destacamento de Monserrate, que en el tiempo de la acción no hizo el menor movimiento y a quien se había intimado se rindiese ofreciéndole las garantías del caso, había desamparado aquel interesante punto, quitó absolutamente todo recelo de poder ser de nuevo invadidos, y completó la victoria, siendo los trofeos de ésta más de 1.000 prisioneros, entre ellos el gobernador de Tunja don Juan Nepomuceno Niño, el diputado de Popayán en el congreso don Andrés Ordóñez y Cifuentes y 24 oficiales de todas graduaciones, una bandera, la banda del general Baraya, el sable y bastón de su segundo don Joaquín Ricaurte, 27 piezas de artillería, más de 300 fusiles, una multitud de lanzas, varias granadas reales, 30 cajones de metralla de obús, 6.000 cartuchos de fusil, 300 balas rasas de pedrero, 8 arrobas de balas sueltas de fusil, 11 cajones de cartuchos de obús, 6.000 piedras de chispa, 13 arrobas y 17 libras de balas de metralla y otra infinidad de cosas cuyo detalle causaría fastidio.

   Aquí tenéis, pueblos de la Nueva Granada, la sencilla pero verdadera relación de los sucesos, ocurridos en la escandalosa guerra civil, que el congreso de las provincias unidas declaró a Cundinamarca, y que con tánta obstinación y empeño han sostenido dos hijos de su capital, sucesos que por sí solos justifican nuestra causa, y convencen de la repugnancia con que los habitantes de Santafé y su gobierno tomaron las armas para defenderse de los que los invadieron dentro de sus propios muros, sucesos que presentan los escollos a que conducen las pasiones y que enseñan a ser cautos a los pueblos, para que no sirvan de instrumento a la consecución de éstas; sucesos, en fin, que desengañarán al mundo entero y le harán conocer la ninguna justicia con que se ha pretendido denigrar la conducta del presidente de este Estado y de los que fieles a sus juramentos y amigos de la imparcialidad y de la razón han sostenido los derechos de la provincia.

   Pero aún resta que admirar la moderación, la humanidad y la beneficencia con que el citado presidente y los moradores de esta ciudad se han conducido con sus enemigos después de la victoria: los prisioneros han sido tratados con la mayor afabilidad, se les ha alimentado con preferencia a nuestras mismas tropas, y en medio del calor, de la efervescencia y el entusiasmo de un pueblo a quien se había causado los mayores males, no ha habido quien se atreva a proferir contra aquéllos una sola injuria; los heridos han sido asistidos con puntualidad y esmero y no se ha perdonado medio para su perfecta curación; el diputado Ordóñez, el gobernador Niño y los oficiales fueron mirados con el mayor decoro y su prisión fue puramente aparente; y por último, todos ellos fueron puestos en libertad, y no sólo se les permitió que pudiesen regresarse al seno de sus familias, sino que se les auxilió para que lo verificasen.

   No habrían corrido esta suerte, no, los generosos cundinamarqueses si hubieran sido vencidos; sus enemigos sólo respiraban odio, encono y venganzas; ellos les preparaban los mayores suplicios y sus vidas y propiedades eran los dos objetos que arrebataban su atención; las ideas de saqueo, de degüello y de destrucción eran las que animaban a cada uno de los individuos de que se componía aquel ejército, ideas que aun en el estado terrible de derrota pusieron en ejecución en los pueblos del tránsito; el sacrificio del presidente Nariño y de sus partidarios habría sido inevitable, y en fin, nosotros habríamos visto correr torrentes de sangre por las calles de esta ciudad, como lo anunciaba Baraya en sus oficios.

   El conocimiento que inmediatamente tuvo el gobierno y tuvieron los particulares de estas bárbaras, horribles y detestables intenciones, en vez de excitar las terribles pasiones de la ira y de la venganza, sólo produce efectos de compasión, y desde el momento en que las tropas de la unión son vencidas, los individuos de ellas, que hacen prisioneros, ya no son mirados como enemigos, sino como unos hombres dignos de lástima, y como tales se los trata, dando con esto al mundo entero las pruebas más convincentes y eficaces de moderación, de beneficencia, de generosidad y de humanidad. Quiera el cielo, que tan visiblemente ha protegido la causa de Cundinamarca, que esos ejemplos de virtud sean los lazos que la unan con las demás provincias sus hermanas, que han cooperado a su ruina; que éstas al ver sacrificados sus hijos, sus caudales y sus armas sin fruto alguno, depongan las ideas de emulación, de venganza y de rivalidad, detesten para siempre la guerra civil, conozcan que la unión es el principio seguro de la libertad y traten ya sólo de conservar ésta.

   Si estos son los efectos de las pasadas contiendas, la Nueva Granada será libre, sus enemigos temblarán al verla reunida, la actual generación merecerá elogio de las futuras, la suerte de éstas será la más dichosa y Santafé tendrá un nuevo motivo de bendecir las providencias del Ser Supremo.

   Santafé, 19 de marzo de 1813.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

136
OFICIO DEL GOBIERNO DE POPAYAN AL DE CUNDINAMARCA

GRATITUD POR INTERES EN LA SUERTE DE POPAYAN. CONTESTACION. Popayán, 20 de marzo de 1813. Santafé, 6 de abril de 1813.

Felipe Antonio Mazuera,
(presidente del Estado),
Antonio Nariño.

Oficio del gobierno de Popayán al de Cundinamarca

   En el oficio de vuestra excelencia de 6 del corriente, ha visto este gobierno los ingenuos sentimientos de un jefe, a quien conmueve e interesa la suerte de Popayán. Ella ha sido en efecto y es harto crítica, atendida la preponderancia de los enemigos del sur y el aspecto que pudiera tomar la insurrección general de los negros esclavos que hay en esta provincia y que han comenzado a rebelarse, con la expectativa de que los enemigos avanzarían inmediatamente sobre nosotros. Al mismo tiempo se presentaba en la costa del sur, a los agentes del virrey nominal de Panamá, la ocasión favorable de comunicarse con los insurgentes de Pasto, prestándoles auxilios de armas y municiones. Así es que encendida nuevamente la chispa de la sedición desde Barbacoas hasta Iscuandé, esta última ciudad, que en circunstancias más apuradas había sido fiel a su libertad, acaba de ser entregada a los enemigos por el más pérfido de los traidores.

   Todos estos acontecimientos y el que más ha herido a este gobierno, los asesinatos cometidos en la persona del señor Caicedo, el coronel Macaulay y otras víctimas inmoladas bárbaramente, como ya lo sabrá vuestra excelencia por los oficios que se le dirigieron con extraordinario, nos habían hecho desesperar absolutamente de la salvación de esta patria querida. Mas al ver este gobierno que vuestra excelencia se ha resuelto, de acuerdo con los diputados plenipotenciarios del congreso, a mandar una expedición respetable, que unida a las fuerzas que tenemos aquí, marche a castigar a los asesinos de Pasto y auxilie a nuestros hermanos de Quito, al mismo tiempo que siga otra a expeler de la importantísima costa del sur a los enemigos que la infestan, el júbilo de este gobierno ha crecido en sumo grado y este pueblo sensible bendice la mano que le proporciona triunfar de sus opresores. No lo dude, vuestra excelencia; este rasgo de su liberalidad ha bastado para hacerle amable a los ojos de todo hombre de bien; y desapareciendo los resentimientos y todas esas impresiones que desgraciadamente habían alterado las dulces relaciones de fraternidad, sólo se oye el himno de la gratitud, en donde sólo se escuchaban las quejas del dolor. Cubra un denso velo los pasados disgustos y reciba vuestra excelencia en nombre de esta patria reconocida la más vivas efusiones de su amor; él será inalterable entre ambos pueblos y gobiernos, y la memoria del bien que dispensa vuestra excelencia a éste, pasará hasta nuestros hijos.

   No dé vuestra excelencia asenso a las noticias que en cartas particulares se escriben de aquí a esa capital. En todas partes hay hombres caprichosos que opinan con ligereza sobre nuestra situación, por que obran convencidos del inminente peligro en que estamos, poniendo en salvo sus intereses; y crea vuestra excelencia que la pintura que frecuentemente ha hecho este gobierno de los peligros en que se halla nuestra libertad, no es exagerada, puesto que ella es conforme a documentos convincentes que forman una palpable demostración.

   En cuanto a las armas que remite vuestra excelencia en auxilio de esta provincia, no dude vuestra excelencia que volverán a ese Estado luego que se concluya la guerra, así como sucedió con las que trajo el señor Baraya, y que los gastos de la expedición, desde su entrada hasta su salida de él, serán de cargo de Popayán, para lo cual se harán los últimos sacrificios.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Popayán, 20 de marzo de 1813.

Felipe Antonio Mazuera,
presidente del Estado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Contestación

   Los verdaderos sentimientos de ese gobierno han sido en todos tiempos los mismos que al presente, a pesar de que desgraciadamente los haya desfigurado la maledicencia. Siempre él estuvo animado del amor a la patria y persuadido de la necesidad de una íntima unión capaz de sostener la justa causa de nuestra libertad e independencia. Ni son ciertamente nuevos en Cundinamarca los deseos de concurrir a tan sagrado objeto, auxiliando consiguientemente los esfuerzos que se hacen para repeler y escarmentar a los enemigos.

   Los desgraciados sucesos que hasta el 9 de enero último afligieron a esta provincia y que no querría recordar, acreditaron hasta la evidencia cuán fundados y justos fueron los recelos que detuvieron a este gobierno para enviar los auxilios que desde entonces pedía vuestra excelencia y por última prueba de que sólo aquéllos fueron los obstáculos, ve vuestra excelencia que apenas ha desaparecido, cuando se aparejan los posibles socorros.

   No han marchado con la brevedad que se deseaba, porque ha sido preciso aguardar el resultado de las negociaciones de paz y amistad que a ese mismo tiempo se emprendían entre el soberano congreso y este Estado, de que se impondrá vuestra excelencia por la adjunta copia. Terminados felizmente estos tratados, quedo tomando las más eficaces providencias para que salga cuanto antes con destino a esa provincia la expedición acordada por el artículo 2°, que si se ha minorado respecto de la que ofrecí a vuestra excelencia ha sido, ya por haber rehusado el teniente coronel diputado de esa provincia, don José María Cabal, la remisión de lanceros, ya por ser igualmente indispensable proporcionar a este mismo tiempo la otra expedición de que habla el artículo 1° en auxilio de la del general Bolívar por la vía de Cúcuta; ya por haber retenido el gobierno de Cartagena el destacamento que de este Estado existía en Simití y ya, finalmente, por haber ofrecido otros 100 hombres armados para Casanare.

   ¡Quiera el cielo que, correspondiendo a los sinceros deseos de este gobierno el suceso de nuestras armas, logre esa provincia reponerse de sus pasadas desgracias, libertarse enteramente de sus opresores y ponerse con toda la Nueva Granada en el feliz estado de disfrutar pacíficamente de la libertad a que aspiramos! Y quiera también que sean eternos e inalterables los sentimientos de conciliación y fraternidad que asegura vuestra excelencia en su oficio de 20 de marzo próximo pasado.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 6 de abril de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Popayán.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 8 de abril de 1813, t. II., No. 105, p. 504-505.

137
TRATADOS ENTRE POPAYAN Y CUNDINAMARCA

SOBRE LA CONVOCATORIA A LA CONVENCION. OFICIO DEL CABILDO DE CHIQUINQUIRA AL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA. Quilichao, 27 de marzo de 1813. Chiquinquirá, 21 de enero de 1813.

José Joaquín Bonilla,
(diputado de Cundinamarca).
Toribio Miguel Rodríguez, Antonio Camacho,
fray José Joaquín de Escobar, Juan Antonio Gil,
Luis Alonso Illera, fray Pedro Alomía,
Vicente Antonio Borrero.

   Tratados celebrados entre la junta de gobierno de Popayán y el diputado de Cundinamarca don José Joaquín Bonilla relativos a la convocatoria de 6 de febrero último para la gran convención y remitidos por éste en 30 de marzo con el oficio que se inserta al fin

   Los diputados que componen el superior gobierno de la provincia de Popayán congregados en su sala de despacho el día 27 de marzo del corriente año con asocio del señor comisionado de Cundinamarca, don José Joaquín Bonilla, encargado por el excelentísimo señor presidente de aquel Estado para tratar sobre los asuntos que comprende la invitación impresa que se manifestó en el acto; presentadas las credenciales, que se devolvieron originales al mismo señor comisionado, dejándose copia autorizada en la secretaría de este gobierno, y examinadas las propuestas que contiene la referida invitación, después de varias reflexiones con que apoyó el proyecto del gobierno su comitente el señor diputado Bonilla, ha acordado lo siguiente:

   . En cuanto a reunir la gran convención del reino por medio de los diputados que al efecto nombren las provincias, a que se reduce el artículo 1°, se resolvió: que hallándose convocada la asamblea general constituyente de esta provincia en quien recaerán las facultades soberanas, se pondrá en su consideración esta propuesta, para que se tome por ella la deliberación oportuna, instruyéndose, entre tanto, a los comisionados de esta provincia y al diputado de ella en el congreso, para que atendidas las necesidades y peligros que la rodean y como una medida pronta de salvación, a que da margen el mismo gobierno de la unión en su oficio del 14 de enero último, promuevan en cuanto esté de su parte a fin de que se ponga en ejecución el proyecto acordado en el artículo 61 del acta federal, sobre la convocatoria de la gran convención, ratificado en los tratados de 18 de mayo por los plenipotenciarios del congreso, sin perjuicio del resultado que hayan tenido o tengan las conferencias de los señores diputados del mismo congreso con el excelentísimo señor presidente de Cundinamarca y la comisión conferida a los señores Cabal y Pombo enviados cerca de aquellos gobiernos por el de Popayán.

   2°. y 3°. En cuanto al segundo y tercero que igualmente se ofrecerán al conocimiento de la convención constituyente de esta provincia.

   4°. Por lo que mira al artículo 4° convinieron en que, siendo uno de los principales fines a que se dirige la comisión de los señores Cabal y Pombo, mediar entre el gobierno de la unión y el de Cundinamarca para transar las diferencias suscitadas de una y otra parte, se les instruyese nuevamente acerca de la propuesta que comprende este artículo, ampliando sus facultades para que de acuerdo con el congreso y el Estado de Cundinamarca y los demás diputados de las provincias, en caso de que los manden con arreglo a la invitación que se les ha hecho, se resuelva lo más conveniente a los intereses comunes y a los particulares de esta provincia.

   Concluidos así los tratados que suscriben las partes contratantes y autoriza el secretario que presenció la sesión, firmando dos de un tenor, se mandó pasar un ejemplar al señor comisionado de Cundinamarca, quedando el otro en el superior gobierno de esta provincia, con prevención de que se remitiese copia legalizada a los señores diputados don José María Cabal y don Manuel Pombo para los fines expresados.

   Quilichao, 27 de marzo de 1813.

Toribio Miguel Rodríguez, José Joaquín Bonilla,
Antonio Camacho, fray José Joaquín de Escobar,
Juan Antonio Gil, fray Pedro Alomía,
Luis Alonso Illera, Vicente Antonio Borrero,
diputado secretario.

   Es copia,

Bonilla.

Oficio del cabildo de Chiquinquirá al excelentísimo señor presidente de Cundinamarca

   El Dios de los ejércitos, a quien no se esconde ni lo más secreto del corazón del hombre, vio desde su excelso trono de parte de quién estaba la justicia. Así fue como por un modo nada confuso manifestó que quien la llevaba era Cundinamarca cuando pudo evadir los efectos ruinosos y destructores de unas tropas amenazantes que el día 9 la asaltan. Chiquinquirá, siempre firme en sus principios, apeteciendo a toda costa ser parte integrante y constituyente de su capital Santafé, al saber su glorioso triunfo y la grandeza de corazón de su digno jefe, ha llegado al grado heroico de la congratulación y complacencia. Este mismo Chiquinquirá, que no tuvo ocasión de maniobrar de otro modo que el que advierten los adjuntos testimonios, los manda a vuestra excelencia para que los tenga en su suprema consideración.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Chiquinquirá, 21 de enero de 1813.

José Rafael de las Casas, doctor Cayetano Mateos,
Juan Francisco Camelo, Juan Thomás Trujillo,
doctor Narciso de las Casanovas, José Vicente de la Peña,

   Excelentísimo señor don Antonio Nariño, presidente del Estado.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 4 de febrero de 1813, t. II., No. 94, p. 472.

138
OFICIO DE JOSE JOAQUIN BONILLA AL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE LOS TRATADOS, PERSPECTIVAS DE CONCORDIA. Quilichao, 30 de marzo de 1813.

José Joaquín Bonilla.

Oficio del diputado de Cundinamarca cerca del gobierno de Popayán remitiendo los antecedentes tratados

   Excelentísimo señor:

   La adjunta copia impondrá a vuestra excelencia cómo se han concluido los tratados que en comisión se me confiaron cerca de este gobierno. Yo creo que comienzan a desaparecer los estorbos que por tanto tiempo habían impedido reunir el reino en una opinión capaz de salvarlo. Veo que empiezan a rayar la luz y la concordia, después del nublado en que nos había envuelto un partido literario; así pues, no dudo ver realizados por parte de esta provincia los medios propuestos por vuestra excelencia en la invitación de 6 de febrero del presente año, ni menos debo prometerme de un gobierno que ha trabajado infatigablemente por ser libre y que ha dado en esta vez las mayores pruebas de adhesión y gratitud al de Cundinamarca.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Quilichao, 30 de marzo de 1813.

José Joaquín Bonilla.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 23 de abril de 1813, t. II., No. 107, p. 515-516.

139
TRATADOS ENTRE EL CONGRESO Y EL ESTADO DE CUNDINAMARCA

SE APLAZA EL ACUERDO DEFINITIVO HASTA LA REUNION DEL COLEGIO ELECTORAL. RATIFICACION DE LOS TRATADOS. OFICIOS CRUZADOS ENTRE LOS PLENIPOTENCIARIOS Y EL PRESIDENTE NARIÑO. REFORZAMIENTO MILITAR DE LA EXPEDICION AL NORTE. Santafé de Bogotá, 30 de marzo, 5 y 6 de abril de 1813. Tunja, 2 de abril de 1813.

Camilo Torres (presidente).
Joaquín Camacho (vicepresidente).
Crisanto Valenzuela, (secretario).
Antonio Nariño, José Fernández Madrid,
José M. Castillo, Jorge Tadeo Lozano,
Antonio Palacio
(plenipotenciarios).

Tratados celebrados entre los plenipotenciarios del soberano congreso de las provincias unidas, ciudadanos José Fernández Madrid y José María del Castillo, y los del gobierno de Cundinamarca, Jorge Tadeo Lozano y Antonio Palacio, con anuencia del ciudadano José María Cabal enviado por el de Popayán con carácter de mediador

   El soberano congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada y el supremo gobierno del Estado de Cundinamarca, convencidos de que las disensiones intestinas perjudican gravemente a la causa común de la América, y que de ellas se valen sus enemigos, como del arma más fuerte para oprimirla; deseosos de terminar las que por desgracia y acaso por sugestiones de dichos enemigos se habían suscitado entre las dos altas partes contratantes, nombraron a saber, el soberano congreso, por sus ministros plenipotenciarios a los ciudadanos José Fernández Madrid, diputado de la provincia de Cartagena y José María Castillo, teniente gobernador de la de Tunja; y el supremo gobierno de Cundinamarca, también por sus plenipotenciarios, a los ciudadanos don Jorge Tadeo Lozano y Antonio María Palacio, para que tratasen de terminarlas de un modo fraternal y sólido. Los cuales, después de haber canjeado sus respectivas credenciales, procedieron a tener conferencias que se principiaron en la villa de Zipaquirá y fueron trasladadas a esta capital, reduciéndolas después a una memoria. Y el resultado de las negociaciones ha sido: que ni los ciudadanos plenipotenciarios del supremo congreso están autorizados para tratar de otra cosa que de federación, ni el gobierno de Cundinamarca se cree con facultad para entrar en ella; y que en consecuencia, se suspenda el arreglo definitivo, hasta que reunido el colegio electoral, que se ha convocado para fin de abril, se pueda tratar con él o con los funcionarios que se elijan para el gobierno. Por lo cual convinieron en los artículos siguientes:

   . Que deseándose por una y otra de las partes contratantes la paz y unión tan necesarias, se prometen entre tanto una amistad sincera, evitando cuanto estuviere de su parte, el que ni de palabra ni por escrito se ofendan ni siga fomentándose la división.

   . El gobierno de Cundinamarca, para dar por su parte una prueba auténtica de sus verdaderos deseos de la paz y de que sólo se atienda a la defensa contra los enemigos comunes, ofrece reforzar, con tropas, armas y municiones la expedición del general Bolívar, conforme se le ha estipulado en artículo separado.

   . En los mismos términos ofrece mandar al instante una expedición a Popayán con su correspondiente artillería y municiones.

   . Ofrece también cortar todas las causas de los sujetos que por las pasadas desavenencias están sumariados con desembargo de sus bienes y libertad de sus personas, sin que por esto los depuestos de sus empleos tengan derecho a reclamar su reposición, quedando sí a la generosidad de este gobierno el compensarlos en semejantes ocupaciones, siempre que por su ulterior conducta merezcan esta confianza.

   . Que por ambas partes se dará a sus respectivos comitentes, noticia circunstanciada de los obstáculos que se han encontrado para el tratado definitivo, a fin de que con tiempo puedan removerse y quitar cualquier impedimento que lo pueda demorar.

   . Los presentes tratados serán ratificados dentro del término de ocho días contados desde el 31 del corriente de marzo.

   En fe de lo cual damos el presente en la ciudad de Santafé de Bogotá a 30 de marzo de 1813.

   Cuarto de la independencia.

José Fernández Madrid, José María Castillo,
Jorge Tadeo Lozano y Antonio Palacio.

Ratificación de los antecedentes tratados por el supremo congreso

   El congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada, instruido de los antecedentes tratados concluidos por sus comisionados, ciudadanos José Fernández Madrid y José María del Castillo, con los del gobierno de Santafé, ciudadanos Jorge Tadeo Lozano y Antonio Palacio a 30 de marzo de 1813, los ratifica en su totalidad empeñando la fe y honor de las provincias unidas por su firmeza y observancia; a reserva de hacerlo en particular al artículo separado que anuncia el 2°, de que no se le ha dado conocimiento, privado ni oficialmente; pero deseando acelerar los saludables efectos que deben producir los presentes, anticipa también esa ratificación especial si el contenido de dicho artículo separado fuese que las tropas tendrán libre y seguro tránsito por las provincias, que no se convertirán contra Santafé y que concluida la expedición volverá a su seno.

   Dada en Tunja, firmada de los diputados presidente y vicepresidente del congreso y autorizada por su secretario a 2 de abril de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.
Joaquín Camacho,
vicepresidente.
Crisanto Valenzuela,
secretario.

Oficio con que los plenipotenciarios del congreso pasaron al gobierno de Cundinamarca la anterior ratificación

   Tenemos el honor y satisfacción de acompañar a vuestra excelencia la ratificación que ha dado el supremo congreso a los tratados de 30 de marzo, y esperamos que vuestra excelencia se sirva hacer lo mismo por su parte para que queden de una vez concluidos. Nosotros damos a vuestra excelencia a nombre de todas las provincias unidas, las más cordiales gracias por la deferencia con que se ha conducido, echando un denso velo sobre las pasadas desavenencias y concurriendo por el norte y sur a la defensa de la Nueva Granada y redención de Venezuela.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 5 de abril de 1813.

José Fernández Madrid y José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

Oficio del gobierno de Cundinamarca a los mismos plenipotenciarios del congreso

   No puedo pasar la ratificación de los tratados concluidos en 30 de marzo y ratificados por el congreso en 2 de abril que vuestras señorías me acaban de remitir, hasta que antes se haga por vuestras señorías una formal declaratoria de que por la palabra gobierno de Santafé, se entiende lo mismo que por gobierno de Cundinamarca. Esta observación, que a primera vista parece nimia, no lo es en sus consecuencias, y más cuando ya la expresión se repite demasiado. Advirtiendo igualmente a vuestras señorías que después de la declaratoria que aguardo, ratificaré los tratados con la expresa condición de que ella ha de venir después hecha por el mismo congreso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 5 de abril de 1813.

Antonio Nariño.

   Señores diputados plenipotenciarios del supremo congreso.

Contestación dada por los plenipotenciarios al antecedente oficio

   El congreso no mandó enviados a tratar con el gobierno de una ciudad sino con el de la provincia. Así lo declaramos formalmente en Zipaquirá a los diputados de vuestra excelencia. Los pasos ulteriores de la negociación manifiestan lo mismo y no ha variado el concepto del congreso ni el nuestro. Advierta vuestra excelencia que el oficio con que acompañamos esta mañana la ratificación, es dirigido a este gobierno y en formales palabras al excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño, y se convencerá de que si en la cabeza de la ratificación se dice gobierno de Santafé no ha sido cosa estudiada, sino nacida de la novedad del hombre y de un olvido, o de no haber fijado la atención en esta nimiedad, como nosotros no la fijamos en los sobrescritos con que se nos dirigen por la secretaría los oficios de vuestra excelencia. Con todo, si vuestra excelencia quisiere una explicación más terminante, declaramos solemnemente que por la palabra gobierno de Santafé se entiende lo mismo que por gobierno de Cundinamarca, y protestamos que el congreso ratificará esta declaratoria, que habríamos hecho esta mañana cuando estuvimos con vuestra excelencia al ver la ratificación nos hubiera hecho esta observación. Esperamos que vuestra excelencia no retarde la ratificación y que se sirva comunicárnosla para nuestra satisfacción y para que pueda publicarse cuanto antes.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 5 de abril de 1813.

José de Madrid,
José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

En consecuencia de esta respuesta el excelentísimo señor presidente del Estado procedió a ratificar los tratados de 30 de marzo en los términos siguientes:

   Don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca.

   Por cuanto entre este gobienro y el soberano congreso se concluyó y firmó en esta ciudad, en 30 del pasado mes de marzo, el anterior tratado de paz y amistad entre los plenipotenciarios nombrados por ambas partes. Vistos y examinados los referidos seis artículos que comprende, he venido en aprobar y ratificar cuanto en ellos se contiene, como en virtud de la presente los apruebo y ratifico, todo en la mejor y más amplia forma que puedo, prometiendo cumplirlo y observarlo, y hacer que se cumpla y observe enteramente, como si yo mismo los hubiese firmado, con sola la condición de que además de la declaración hecha por los plenipotenciaros del congreso sobrentenderse celebrados con el gobierno de Cundinamarca y no con el limitado de Santafé, se haga igual por el mismo congreso, sin lo cual ni los tratados ni esta mi ratificación tendrán fuerza ni valor alguno, pasados que sean ocho días más de la fecha. En fe de lo cual despacho la presente firmada de mi mano y sellada con el sello del Estado y refrendada por el secretario de Estado y guerra.

   Dada en el Palacio de gobierno, en Santafé de Bogotá, a 6 de abril de 1813.

Antonio Nariño,
Juan José Mutienx.

Certificación del canje de las letras de ratificación de los dos gobiernos contratantes hecho por sus plenipotenciarios

   Los ciudadanos Jorge Tadeo Lozano y Antonio María Palacio, plenipotenciarios del Estado de Cundinamarca, y José Fernández de Madrid y José María del Castillo, del supremo congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada. Certificamos que las letras de ratificación puestas al pie de los tratados que se celebraron entre los dos gobiernos y se firmaron en 30 de marzo último, acompañadas de todas sus solemnidades, han sido canjeadas por nos en este día bajo la cláusula que se contiene en la del gobierno de Cundinamarca.

   En fe de los cual hemos firmado el presente instrumento, en Santafé de Bogotá a 6 de abril de 1813.

Jorge Tadeo Lozano, Antonio Palacio,
José Fernández de Madrid, José María del Castillo.

   El supremo gobierno de este Estado en puntual observancia del artículo 2° de los tratados concluidos con los plenipotenciarios del soberano congreso y ratificados por éste, ha reforzado la expedición del norte al mando del general Bolívar con 124 hombres bien armados, que han salido de esta capital el lunes 5 del presente, dado, además, al ciudadano coronel Félix Rivas las armas y pertrechos siguientes;

2
 obuses de a 6 pulgadas.
2
 cureñas para íd. completas.
4
 pedreros de a 2.
4
 cureñas para íd.
30
 granadas reales cargadas.
64
 saquetes de metralla para los obuses de a 6 pulgadas.
100
 saquetes de metralla para los pedreros.
100
 balas para los pedreros.
3.000
 cartuchos de fusil con bala.
100
 tiros de pólvora de a libra para los obuses de a 6.
200
 íd de íd para pedreros.
50
 fusiles nuevos ingleses encajonados.
50
 íd de ordenanza.
24
 tiendas de campaña.
3
 pabellones
32
 armaduras para las tiendas y pabellones.
250
 estacas para tiendas y pabellones.
1.000
 piedras de chispa.
24
 mazos para las tiendas de campaña.

Juegos de armas para el servicio de los obuses de a 6.

4
prolongas y 2 palancas.
2
cucharas de fierro.
2
 escobillones.
2
 cuadrantes de madera.
2
 botafuegos.
2
 canutos de hojalata con estopines.
2
 guardafuegos.
2
 plomadas.

Id para el servicio de los pedreros.

8
 recámaras de bronce.
6
 cuñas de fierro.
8
 plomadas.
4
 sacatrapos.
4
 escobillones con atacadores.
4
 almohadones.
4
 cuñas de puntería.
8
 atacadorcillos.
8
 macetas.
4
 martillos.
4
 canutos de hojalata con 48 estopines cada uno.
1
 cajoncito de estopines de reserva.
4
 botafuegos.
4
 guardafuegos.
8
 libras de cuerda mecha de reserva.
12
 clavos de acero para clavar artillería.

   Id. 40 mulas más de bagajes de los oficiales y tren de la tropa de infantería.

   Este auxilio preparado aún antes de la ratificación de los tratados, es una prueba nada equívoca de la sinceridad y buena fe con que se procede por nuestro gobierno, y no podemos ya dudar de que en vista de ella el congreso se conduzca en iguales términos, que guarde con religiosidad los enunciados pactos y que de consiguiente desaparezca de entre nosotros la guerra intestina que con pasos agigantados nos arrastraba de nuevo a las cadenas de la esclavitud, y que renazcan entre los habitantes de la Nueva Granada la paz, la confianza y la unión, principios seguros de la libertad y felicidad de los pueblos.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 9 de abril de 1813, t. II., No 106. p 507-509.

140
EL ARBOL DE LA LIBERTAD

DESCRIPCION DE LA CEREMONIA QUE ANTECEDIO A LA PLANTACION DEL "ARBOL DE LA LIBERTAD" EN LA PLAZUELA DE SAN VICTORINO. Santafé, 29 de abril de 1813.

29, Jueves.

   Hoy se plantó el árbol de la libertad en esta forma: A las dos de la tarde se formaron en plaza mayor todas las tropas; a este tiempo cayó un recio páramo, así que aplacó, que serían las tres y media, salieron de palacio todos los señores que estaban prevenidos para el paseo de a caballo. Iban adelante cuatro batidores, seguían los caballeros, decentemente vestidos y los caballos enjaezados a cual mejor; detrás seguía un violento con un oficial, un sargento y ocho soldados de artillería, todos a caballo; detrás de éstos seguían otros cuatro batidores; seguían los dos porteros del cabildo, que llevaban en medio a don Pedro Maldonado, escribano del cabildo eclesiástico, con un alguacil por delante; el otro violento iba detrás de los primeros batidores; seguía después el cabildo. El señor corregidor presidía este acto con los señores alcaldes, que lo eran el señor Chacón y el capitán de caballería don Juan Tobar, todos a caballo; después seguía la caballería. Dieron vuelta por las calles acostumbradas, pues aunque había de haber sido por toda la ciudad no se hizo, por haberse hecho tarde, pues para este efecto sé mandó que toda ella se compusiese y se blanquease, como efectivo así se verificó, colgando todas las puertas y ventanas de toda la ciudad. Después del paseo se sacó el árbol del cabildo, el que traía sus tarjetas de versos y su gorro colorado. Era un arrayán de cinco varas de alto, y se plantó en el lugar prevenido, que era en un triángulo de piedra que se había fabricado para este fin, dos varas arriba de la pila, y encima se puso una media naranja de madera, con cuatro arcos enramados de laurel, con sus tarjetas de versos alusivos al asunto, y faroles de cristal para las luminarias de la noche. Encima pusieron un farol bastante grande, que por la una parte tenía pintado el árbol, por la otra un Jesús, por la otra una María y por la última la espada de la justicia. Consecutivamente se hicieron cuatros salvas por cuatro pedreros.

FUENTE EDITORIAL:
Caballero, José María. Diario de la independencia. Biblioteca del Banco Popular. Bogotá, 1974, p. 133-134.

141
LA CONVENCION

REUNION DE LA NACION EN LA ASAMBLEA GENERAL, UNICO MEDIO DE ENFRENTAR LOS EFECTOS DE LA DIVISION. SOBRE LA CONVENCION DEL 6 DE FEBRERO. 29 de abril de 1813.

Reflexiones sobre el papel intitulado La Bagatela Mayor de las Bagatelas

   La pérdida de la Nueva Granada será inevitable y deberá llorarse no por cuatro simples, sino por los amantes de la independencia americana, por los verdaderos republicanos, por aquellos que han sacrificado sus intereses particulares al beneficio de la patria, mientras abriguemos en nuestro seno hombres díscolos que fomenten la discordia y que se complazcan en vernos divididos, tal el autor del papel citado. El objeto de éste es persuadir que el reino jamás debe unirse en un cuerpo, establecer el sistema de gobierno que lo ha de regir, ni dar una constitución que sea común a todas las provincias, porque éste sería el medio más seguro de que tuviesen efecto las ideas del gobernante de Cundinamarca, de que se centralizasen las provincias, de que un solo hombre se perpetuase en el gobierno transmitiéndose a su descendencia, de que refluyesen todas las riquezas en beneficio de este Estado, de que éste solo prosperase y de que las demás partes de la Nueva Granada gimiesen bajo el yugo de la esclavitud y continuasen en la ignorancia y en la barbarie. Estas son las consecuencias que el mayor de los bagatelistas tiene por inevitables si el reino llega de algún modo a unirse, y estos los males que presenta para mantenerlo dividido y para lograr el que no se realice la gran convención a que ha invitado el gobierno de Cundinamarca. Examinemos la materia con imparcialidad y descubramos si en efecto pueden resultar aquéllos y si son el amor a la libertad y el verdadero patriotismo los que han dirigido la pluma del expresado autor.

   Los pueblos del nuevo reino, gobernados por el espacio de 300 años por España, constituidos en la degradación, en la ignorancia y en el abatimiento, por un impulso natural hacia la libertad, levantaron el grito casi a un mismo tiempo y proclamaron la independencia de la nación opresora. Esta acción verdaderamente heroica y digna de una memoria eterna, no fue obra de un plan combinado entre los mismos pueblos y así fue como se rompieron los vínculos que antes unían a las provincias y quedaron éstas en una absoluta disociación, reconcentrando cada una de ellas su gobierno. Tres años han corrido desde la época feliz de esa memorable transformación y hasta ahora no hay un sistema de gobierno, no hay un pacto que una entre sí a las mencionadas provincias, no hay una nación en la Nueva Granada, no hemos podido entablar una negociación con los Estados extranjeros y, por decirlo todo de una vez, no hemos podido dar un paso que asegure nuestra libertad y que pueda contener a los que pretenden atacarla. ¿Y de qué principio dimana este estado verdaderamente lamentable en que se halla el reino, cuando por otra parte le sobran recursos para sostener su independencia de la península y para oponerse a cualquier nación, por poderosa que sea, que intente conquistarla? No de otro que de la división, de la falta de unión entre las partes que lo componen, de haberse despreciado los medios que se han propuesto para establecer ésta atribuyéndose a efecto de ambición y de intriga. Este ha sido el verdadero origen de los males que experimentamos y ésta la causa de que la Nueva Granada no se halle hoy libre de enemigos y de que aún tengan sus habitantes que sufrir los espantosos desastres de la guerra.

   El modo único de evitar estos efectos terribles de la división, de establecer un gobierno sólido y permanente, y de que esta parte de la América pueda numerarse entre las naciones del mundo, es la reunión de ella por medio de sus representantes en una asamblea general. En ésta se examinará la libre voluntad de los pueblos en orden al sistema de gobierno que deban adoptar y, decidido éste por la pluralidad, ya tendrán todos una necesidad de seguirlo en virtud del pacto social, se acabarán las contradicciones, terminarán las guerras civiles entre provincia y provincia, se demarcarán los territorios, sabrá cada pueblo cuál es la cabeza a que debe estar agregado, se dará una constitución adecuada al sistema que se elija y, en fin, se arreglarán todos los intereses del reino oyéndose la voz de sus diputados y se asegurará la libertad de éste, que de otro modo está expuesta a perderse.

   Estos son los fines que se ha propuesto el gobierno de Cundinamarca al hacer la convocatoria de 6 de febrero y no el de dominar a las demás provincias y reducirlas a una nueva servidumbre, como se atreve a segurarlo el autor de la Mayor de las bagatelas; pero veamos si en efecto puede resultar este mal y los demás que anuncia aquél.

   La gran convención no viene a adoptar determinadamente el sistema central, el federativo, ni alguno otro; ella es libre para establecer aquel gobierno que considere consultar mejor los intereses de los pueblos sus comitentes y que puede hacer su felicidad; es, pues, una sospecha infundada o mejor diremos una verdadera temeridad el suponer que la intención del presidente de este Estado en invitar a la gran convención es el que se establezca un gobierno central, o lo que es lo mismo, el que en aquélla se busca éste.

   No son menos temerarios e infundados los otros temores que aparenta el citado autor; los representantes de las provincias para la gran convención deben no sólo ser nombrados por ellas mismas, sino que según la invitatoria han de ser hijos de su propio seno. Para un objeto de tanto interés e importancia, ¿debemos creer prudentemente que los pueblos pongan los ojos en los hombres de más probidad y luces?, ¿y podremos persuadirnos de que éstos hayan de sacrificar los derechos de su patria al antojo del gobernante de Cundinamarca? Aun cuando las intenciones de éste fueran las más pérfidas, aunque tuviese el mayor influjo, jamás podría lograr el que ese cuerpo respetable dejase de decidirse por aquel sistema en que la Nueva Granada asegurase mejor su libertad y prosperidad. Si este es el federativo, no debemos dudar de que él sería por el que se regiría aquélla en adelante, y si el central, éste sería el adoptado, no para que triunfase un solo hombre y transmitiese después el gobierno a sus hijos y demás descendientes, no para que las inmensas poblaciones del reino dependiesen de un solo brazo poderoso, no para que se reuniesen las luces y los hombres ilustrados en la capital o cabeza, continuando las provincias en ignorancia y barbarie, no para que floreciese en aquélla el comercio, no para que circulasen en ella los tesoros contribuidos por los habitantes de la Nueva Granada, no para que se proveyesen las plazas dotadas en sus vecinos, no, en fin, para que brillase en ella el lujo asiático, fausto y la grandeza. No, no debe presumirse que las provincias nombrasen de virtudes que abusasen de su confianza y sacrificasen infamemente sus derechos. Ellos, por el contrario, harían una constitución que consultase indistintamente al beneficio de todos y de cada uno de los pueblos de la Nueva Granada, que se propusiese por primer objeto el asegurar la libertad de éstos contra la tiranía y contra la opresión y bajo cuyos auspicios pudiese prosperar el reino.

   La felicidad de los pueblos no consiste no en el sistema de gobierno, sino en las leyes fundamentales que los hayan de regir, sean estas liberales, pongan una barrera al despotismo y a la tiranía, consulten a la igualdad y seguridad del ciudadano, y aquéllos serán libres y felices sea cual fuere el sistema.

   Estas reflexiones convencen hasta la evidencia que no es celo por el bien de la patria sino el espíritu de división el que anima al autor del enunciado papel. Sí éste, adicto al gobierno español por el interés personal que de él le resulta, teme que la gran convención asegure nuestra libertad y por eso pretende estorbarla. Abramos los ojos, conozcamos que los que procuran dividirnos son nuestros mayores enemigos y, despreciando sus persuasiones, unámonos sin mirar la persona que nos convida a la unión, sino el benficio que de ella nos resulta.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 29 de abril de 1813, t. II., No. 108, p. 519-520.

142
OFICIO DEL BRIGADIER BOLIVAR AL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE REFUERZOS MILITARES A LA EXPEDICION DEL NORTE: TROPAS Y PERTRECHOS. Cuartel general de Cúcuta, 10 de mayo de 1813.

Simón Bolívar.

CUNDINAMARCA

Oficio del brigadier Bolívar al presidente de este Estado

   Excelentísimo señor:

   Tengo el honor de acusar a vuestra excelencia la recepción del oficio del pasado mes que se dignó dirigirme por conducto del coronel José Félix Rivas, que también ha puesto en mis manos copia de los tratados concluidos entre el soberano congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada y el supremo gobierno del Estado de Cundinamarca, con una relación de la artillería, pertrechos y municiones que vuestra excelencia se ha servido enviar para refuerzo de la expedición del norte. Doy a vuestra excelencia las más encarecidas y sinceras gracias por la honra que me hace en su comunicación y por los auxilios que la esclarecida generosidad de vuestra excelencia ha tenido a bien mandarnos en favor de la República de Venezuela, mi patria, que bien pronto contará el glorioso nombre de vuestra excelencia entre los de sus más ilustres bienhechores.

   Las tropas de Cundinamarca que han llegado a este cuartel general más de cuatro días ha, aunque disminuidas en la mitad, han pasado ya con agregación de algunos soldados de Cartagena a la villa de San Cristóbal en Venezuela, en donde se va a hacer una reunión de tropas, que al mando del coronel José Félix Rivas deben ir a libertar de paso la provincia de Barinas para incorporarse después con el grueso de nuestro ejército en uno de los puntos del Estado de Caracas.

   La artillería, pertrechos y municiones de Cundinamarca que no han llegado aún, serán empleados en favor de Barinas, la cual deberá una gran parte de su libertad a las liberalidades de vuestra excelencia.

   ¡Oh!, ¡qué bello espectáculo se presenta, señor presidente, sobre el teatro del nuevo mundo que va a ver una lucha, quizá singular en la historia, ver, digo, concurrir espontánea y simultáneamente a todos los pueblos de la Nueva Granada al restablecimiento, libertad e independencia de la extinguida República de Venezuela, sin otro estímulo que la humanidad, sin más ambición que la de la gloria de romper las cadenas que arrastran sus compatriotas, y sin más esperanza que el premio que da la virtud a los héroes que combaten por la razón y la justicia!

   Vuestra excelencia será el primero que, penetrado del júbilo más puro, aplaudirá sus propias acciones, las de sus conciudadanos y, sobre todo, los magnánimos esfuerzos y sacrificios de los ínclitos guerreros de la Nueva Granada, con quienes voy a tener la dicha de combatir por la redención de Venezuela y gloria de estos Estados.

   Acepte vuestra excelencia los sufragios de mi alta consideración, respeto y gratitud.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general de Cúcuta, 10 de mayo de 1813 3°.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 3 de junio de 1813, t. II, No. 114, p. 540-541.

143
CARTAS DE CAMILO TORRES A CUSTODIO GARCIA Y A NARIÑO

EN CARTA A CUSTODIO GARCIA SEÑALA LAS CONDICIONES PARA EL INGRESO A LA FEDERACION. CARTA A NARIÑO EN LA QUE JUSTIFICA EL ENVIO DE TROPAS A VELEZ Y PROPONE QUE SANTAFE DECLARE NO TENER ASPIRACIONES SOBRE DICHA POBLACION. Tunja, 11 y 18 de mayo de 1813.

Camilo Torres.

Reservada

   Tunja, 18 de mayo de 1813.

   Ciudadano Custodio García.

   Mi estimado amigo:

   Por las copias que acompaño se instruirá usted de lo que privadamente me escribe y le he dicho a Nariño. Ahora tendrá que quitarse la máscara, pues si no consiente en una propuesta tan racional como la que se ha hecho y que debía disipar todos sus temores, aun cuando los tuviese, es seguramente porque otros son los motivos y sus verdaderas intenciones. La propuesta de secuestrar las rentas las da a conocer bien, pero usted reservará esta especie para que él no diga que le faltamos a la confianza. El proyecto es sin duda que el colegio electoral, a quien ha remitido el negocio, proponga por condición de entrar en federación la agregación de Vélez. Sirva de advertencia que el congreso, en las instrucciones, previno a los comisionados que, en el caso de insistirse en la agregación de Vélez, lo que no podía hacerse razonablemente atendida el acta del Socorro de 30 de enero en que la provincia resolvió sostener a todo trance su independencia, la condescendencia del cuerpo en último caso se entendería supuesta la de dicha provincia, con la cual ofrecía practicar los oficios conducentes al intento. Así todo dependerá en este negocio de la voluntad de vuestras mercedes, por más que se quiera comprometer al congreso.

   Tendría la mayor satisfacción de que Gregor fuese a Popayán y le estoy agradecido por su buena voluntad, pero quisiera que fuera a mandar en jefe, como debe ser por sus conocimientos y su grado. Nosotros no tenemos oficiales en el reino de quienes fiar esta empresa y cada día nos dan más pruebas de ineptitud. Sepa usted que Castillo ha puesto en el último trance al ejército del norte. Después de haberlo sedicionado, después de haberse rebelado contra el primer jefe, después de haber dejado retirarse a Correa con todas su fuerzas íntegras, y estar hoy reforzándose en Trujillo con tropas levantadas allí y tal vez son las de Barinas, en donde hay 1.100 fusileros, han tenido atrevimiento de oponerse a que marchase una división que enviaba Bolívar a proteger a Mérida, que lo llamaba y pedía su protección, y últimamente, dejando en el mayor desorden el ejército con sus seducciones contra el general, se ha marchado, según dicen sin licencia, para acá. Bolívar en consecuencia me escribe desesperado y lo mismo Rivas, pidiéndome ambos sus pasaportes. Estos son nuestros oficiales y ya inferirá usted mis cuidados.

   Gutiérrez ha seguido antes de ayer para Cúcuta, hoy espero a Villavicencio, que marchará también para allá como individuo de la comisión que debe ir a dirigir y dar impulso a ese ejército. Pombo es también de ella, pero aún está enfermo.

   A Dios, que guarde a usted muchos años.

   Su amigo y servidor,

Torres,
(rubricado).

   Señor don Antonio Nariño.

   Tunja, 11 de mayo de 1813.

   Muy señor mío:

   Por los últimos documentos que he remitido a los comisionados y lo que en carta particular digo a Cabal, habrá visto vuestra merced cuán infundados son sus temores sobre las tropas de Vélez. Ellas han ido allí a contener el fuego de la disensión de cuatro revoltosos que tratan de turbar la paz de la provincia, y usted no puede dejar de conocer la justicia de este paso, principalmente después de ver que cuentan con la protección de su vecina Santafé, supuesto que ha invitado a este partido para que vaya a formar su colegio electoral. Póngase usted en el lugar de García y dígame usted qué haría en este caso. Pero la prueba más sincera de que sus intenciones son pacíficas, es estar pronto a desprenderse de estas tropas y de su comandante al momento que Santafé cese en sus pretensiones. Véalo usted, pues, aquí compuesto todo; declare usted formalmente que no tiene tales aspiraciones sobre Vélez, reconozca usted la integridad de la provincia del Socorro bajo sus antiguos límites, y yo haré marchar parte o toda la tropa del Socorro con su comandante Mac-Gregor a Popayán. ¿Quedará algún pretexto para la división? Y si no se admite esta propuesta, ¿de parte de quién estará? Pensemos seriamente, señor don Antonio Nariño, en salvar al reino.

   Fuera de las ventajas recíprocas que este paso traería a Santafé y al Socorro, vamos a sacar otro. Usted no ignora, mi amigo, que en el día no tenemos un comandante qué destinar a Popayán y lo hallaríamos digno de esta confianza en el brigadier Mac-Gregor. Este es un oficial inteligente, activo cuanto usted no puede imaginar, y en poquísimo tiempo ha puesto la tropa del Socorro en el mejor grado de disciplina. Yo al principio no quise confiar de él; ofreció sus servicios al congreso y no se le admitió; cuidé de informarme de sus conocimientos, de su conducta y de sus principios, y se me habló con variedad, aunque nunca en contra de él. García lo ha experimentado y me dice que es sin comparación mejor que Macaulay, a quien trató largamente. El es escocés, y por consiguiente enemigo de los ingleses; así nada hay que temer por esta parte. Se ha casado en Caracas con una señorita principal y parienta de Bolívar; allí peleó por la causa de la libertad. Vino a Cartagena y busca un teatro donde brillar; irá con gusto a Popayán, a pesar de las instancias que le ha hecho el mismo Bolívar para que vaya a ayudarle en la empresa de Venezuela, como lo verá usted en la copia que le incluyo a Castillo y en que le habla con la mayor admiración. Pongamos pues a su órdenes la tropa que haya de ir y que se reúna en Popayán. Arme usted a la que quiera que vaya del Socorro, porque en Popayán no se necesitan brazos vacíos ni estamos en tiempo de enviar lanceros. Yo le aseguro a usted que con 300 fusileros que envíe usted, 200 el Socorro, 100 que ha dado Antioquia y 200 ó 300 que podrá poner Popayán, a las órdenes de Gregor, todo será decidido favorablemente; y cuando no lo fuera, ni el reino ni la posteridad tendrán que hacernos un cargo, porque hemos hecho cuanto dicta la prudencia y cuanto habría hecho otro en nuestro lugar.

   García me ofrece otra ventaja, y es que costeará sus tropas en el pie en que hoy están, que supongo será un sueldo moderado, y que Popayán completará solo hasta el de ordenanza. Este es un servicio importante en el grado de escasez a que ha venido hoy Popayán, después de tantos sacrificios y de una lucha de tres años.

   Las cosas de Venezuela presentan cada día mejor aspecto, como verá usted por las copias que remito a Castillo. Mérida ha oficiado con Bolívar y le ha ofrecido la posesión de esa ciudad, que ha ido a tomar ya por medio de un diputado, con la conveniente escolta. No creo aún todas las noticias lisonjeras de Caracas, pero algo puede haber, y si se aproxima nuestro ejército acaso se acabará de desenvolver el germen siempre en aquella parte de la Nueva Granada. ¡Qué felices seríamos si a un tiempo le hiciésemos sentir su poder al enemigo del sur! Medite usted cuánto más dignas son estas empresas que las pequeñeces que hoy nos ocupan, y mande vuestra merced a su afectísimo estimador que besa su mano,

Camilo Torres.

FUENTE EDITORIAL:
Academia Colombiana de Historia. Sección de Archivos y Microfilmes. v. 2, No.3.

144
ESCARAMUZA ENTRE TROPAS DE CARTAGENA Y LAS DE SANTA MARTA

PARTE AL GOBIERNO DE CARTAGENA DEL COMANDANTE RAFAEL TONO SOBRE LA EXPEDICION QUE SE DIRIGIO CONTRA SANTA MARTA. OFICIO DEL DIPUTADO JOSE MARIA SALAZAR. OFICIO DEL PRESIDENTE DEL COLEGIO ELECTORAL DE CASANARE AL PRESIDENTE NARIÑO. OFICIO DEL GOBERNADOR DE LOS LLANOS AL PRESIDENTE NARIÑO. Cartagena, 14 y 15 de mayo de 1813. Pore, 15 y 19 de mayo de 1813.

Gabriel Gutiérrez de Piñeres, José María Salazar,
Rafael Solano, Andrés Solano de Rojas.

CARTAGENA

   Por un extraordinario que llegó ayer a la una del día, se ha recibido la noticia de la acción que las tropas de aquella plaza tuvieron con las de los insurgentes de Santa Marta en el sitio de Papares, y algunos otros papeles oficiales que el gobierno ha tenido por conveniente se publiquen.

   Con fecha 14 del último mayo dio un parte al gobierno de Cartagena el comandante del bergantín de guerra independiente ciudadano Rafael Tono en que, después de referir las marchas de la división de su mando desde el 25 de abril en que salió del puerto, dice que el 8 del citado mayo partió para las costas de Santa Marta, que el 10 al anochecer fondeó en las proximidades de Papares, que como a las 12 empezó a desembarcar las tropas, pero que se vio obligado a reembarcarse protegido de la lancha del mismo comandante en la que murió el artillero Lorenzo Sosa, que a las seis y media o siete del día siguiente volvió a repetirse el desembarco protegido de las goletas Constitución, Momposina, Venganza y de las lanchas del bergantín y Momposina, con lo que se logró poner en tierra toda la tropa; que al desembarcar hubo sus dificultades, pero que éstas vencidas, siguieron hasta la sabana, de donde volvieron de retirada y fueron reembarcados cuantos llegaron a la playa, haciéndose a la vela al anochecer y dirigiéndose a Sabanilla; que el presidente de aquel Estado solicitó saber si los buques podían seguir a bloquear el puerto, y los comandantes de los de guerra fueron de opinión que debían pasar a la capital a fin de reponer lo que les faltaba y ponerlos en términos de poder lograr el buen suceso de las armas1.

   El parte de que se ha hecho mérito lo remitió el gobierno de Cartagena al de este Estado con el oficio siguiente:

   Tengo el dolor de comunicar a vuestra excelencia que hoy han entrado al puerto los buques del Estado con la triste noticia de haber sido destrozada y obligada después a retroceder en desorden la expedición que se dirigió contra Santa Marta, muerto o prisionero su jefe, el coronel Luis Bernardo Chatillón con otras pérdidas no menos sensibles. Vuestra excelencia conoce muy bien que estas desgracias frecuentes y parciales en el territorio de la Nueva Granada son el resultado preciso del sistema de división que se ha adoptado en ella y el fruto de las pequeñas pasiones y mal fundada rivalidad de nuestros nacientes Estados, que han querido elevarse al mayor grado de perfección política descuidando los elementos y requisitos esenciales a un pueblo que ahora comienza su revolución. Persuadido vuestra excelencia, como todo un hombre pensador, de que no basta alegar principios del pacto social para ser libre y romper las cadenas de una tiranía envejecida, sino que es necesario armarse y hacer sacrificios de todo género, ha repetido siempre este lenguaje a la faz de la Nueva Granada persuadiéndole la necesidad de un centro común de unidad no sujeto a trabas que sean inoportunas en tiempo de guerra y de facciones y opuestos intereses; y con esta mira ha convocado o excitado la convención general del reino2.

   Este poder ejecutivo ha contestado desde el principio a los enviados extraordinarios de Cundinamarca que el asunto se tomaría en consideración cual su entidad lo requería, y vuestra excelencia habrá visto con placer los oficios del presidente del Estado con contestación a los que le fueron dirigidos por los señores Salazar y Domínguez, pues en ambos no se respira más que unión y amistad con Cundinamarca. Pero estimándose el negocio del resorte de la cámara legislativa se pasó a ella para su decisión, comunicándose las bases de cualquier tratado a este poder ejecutivo.

   La discusión fue suspendida por esperarse el resultado de las negociaciones del supremo congreso cerca de ese Estado.

   Hoy he prorrogado la cámara para que se trate con preferencia a cualquier asunto de unión con Santafé, y se me ha prometido que ésta será la primera atención de los representantes. Puede vuestra excelencia contar con la adhesión sincera de esta plaza y obrar de acuerdo con este gobierno del modo que crea más conveniente a la salud pública. Cartagena no se opondrá a ningún plan dirigido a salvarnos y usará, al contrario, de sus recursos para llevarlo a efecto.

   Reflexione vuestra excelencia cuál será la entidad de los males que sufre la costa obligada a sostener una guerra tan larga sostenida por nuestros enemigos de Cádiz, La Habana y Puerto Rico. El papel moneda ha caído en un demérito excesivo. No hay un ejército suficiente para la guerra aún más activa que se nos espera, y el espíritu público es preciso se debilite porque el pueblo no juzga jamás por principios sino por el bien inmediato que se le procura. Vuestra excelencia conoce que la suerte que tenga la costa será también la del interior y que nada importarán cuando nosotros hayamos sucumbido los esfuerzos y sacrificios que sólo ahora son oportunos. De suerte que se hace indispensable que vuestra excelencia nos remita auxilios pecuniarios como sabemos lo tiene meditado, y al menos 200 hombres de tropa arreglada a Mompós para defender aquel punto de reserva y mantener libre la comunicación del Magdalena.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 14 de mayo de 1813.

Gabriel Gutiérrez de Piñeres.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Por el mismo extraordinario se recibió el oficio siguiente; del diputado de este Estado cerca del de Cartagena don José María Salazar

   Excelentísimo señor:

   Con esta fecha escribe a vuestra excelencia el supremo poder ejecutivo de este Estado, y por el contenido de su oficio advertirá vuestra excelencia cuánto ha progresado la opinión en favor de Cundinamarca, o más bien de la razón y la justicia. Una desgracia militar que acaba de excitar el dolor público ha roto el velo de la ilusión que impedía ver las cosas como son en sí mismas, y la triste experiencia de lo pasado nos hará más cautos en lo porvenir. Ya se conoce la necesidad de unirse al Estado más significante de la Nueva Granada, de formar un todo fuerte y organizado y un gran ejército de operación que nos salve del enemigo...

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 15 de mayo de 1813.

José María Salazar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

CASANARE

Oficio del presidente del colegio electoral de aquella provincia al de este gobierno

   Estando reunida esta asamblea, acaba de recibir en esta fecha el adjunto oficio que su alteza tuvo a bien mandar abrir para imponerse del estado de aquella expedición, por no haber aquel comandante dado parte de sus operaciones, y en vista de él ha resuelto mandar un diputado3 a que trate con vuestra excelencia sobre la unión de esta provincia con ese Estado como consta de la adjunta copia del acta celebrada al efecto4.

   Vuestra excelencia, en consideración de nuestros conflictos hará todos los esfuerzos para que esta provincia, que ya se somete a ese gobierno, no sea sacrificada por el enemigo común de nuestra libertad, y así es que esperamos que a la mayor brevedad haga marchar las tropas en nuestro auxilio o al menos armas, pólvora y municiones, pues que de todo carecemos, lo que se verificará por conducto del ciudadano León, a quien se le instruye para el efecto.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Palacio de la representación nacional de Pore, 15 de mayo de 1813.

Rafael Solano,
presidente.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Oficio del gobernador de los llanos al presidente de este Estado

   El excelentísimo gobernador ciudadano Juan José Molina, con fecha 17 del corriente, da parte al serenísimo colegio electoral de esta provincia, haber sido derrotado del punto de Arauca por los enemigos de ésta y del reino que se hallan en Guadualito5, pues dio la casualidad de que casi a un mismo tiempo llegasen aquéllos a dicho punto y nuestra expedición al de Arauca. La pérdida de hombres entre muertos y prisioneros ha sido considerable, igualmente que la de armas, pertrechos y dinero, etc.; por lo que si vuestra excelencia no se apiada de esta pobre provincia, en breve podremos ser víctimas. Dicha derrota ha sido el 11 de este mes, y dos únicos pedreros que habían fueron arrojados al agua porque no llegasen a ser presa del enemigo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Pore, 19 de mayo de 1813..

Andrés Solano de Rojas.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 5 de junio de 1813, t. II., No. 115, p. 542-544.

NOTAS:
1   La pérdida de una pequeña acción no debe intimidar sino a los cobardes; las almas grandes, los hombres que aman la libertad de su patria, lejos de desalentarse por el revés que han experimentado las armas de Cartagena, deben hallar en él un nuevo estímulo para sostener la justa causa de la América y unir todos sus recursos para combatir al enemigo. La historia de todos los tiempos nos enseña que los triunfos efímeros sólo sirven para envanecer al que los logra y para que, precipitándose después confiado en ellos, sea víctima de su contrario. No desmayemos, pues, obremos con energía, entusiasmo y uniformidad, y no dudemos que los opresores de la Nueva Granada serán destruidos.
2   Este es ciertamente el lenguaje con que el presidente de Cundinamarca ha exhortado siempre a las provincias a la unión y a formar un cuerpo capaz de resistir al enemigo, como lo confesará todo el que haya visto sus escritos; pero la ilusión les ha impedido conocer sus verdaderos intereses. Quiera el cielo que a ejemplo de Cartagena abran las demás los ojos y, deponiendo vanas desconfianzas, se dejen penetrar de la luz de la razón y traten en lo sucesivo de adoptar los verdaderos medios de salvar la libertad.
3   Por cartas particulares se sabe que el diputado es el presbítero don Ignacio Navas.
4   La copia del acta de que aquí se habla no se ha recibido, sin duda por olvido del autor del oficio, pero se dará al público luego que venga.
5   En una carta remitida a esta capital por un sujeto fidedigno vecino de Pore, se refiere que uno de los soldados derrotados que llegó allí el día 20 del próximo pasado de mayo, asegura que el ejército de Bolívar se estaba batiendo en Guadualito con el de Yánez, que era el que había derrotado a Molina.

145
PROVIDENCIAS Y COMUNICACIONES SOBRE LA EXPEDICION AL SUR

CUNDINAMARCA DESISTE PRETENSIONES SOBRE VELEZ Y SOLICITA PARTICIPACION DE TROPAS DEL SOCORRO EN AUXILIO DE POPAYAN. EXTRACTO DEL ACTA DEL COLEGIO ELECTORAL. Tunja, 26 de mayo y 29 de junio de 1813. Santafé, 25, 28 y 29 de junio; 1° y 3 de abril de 1813.

Crisanto Valenzuela, José Fernández Madrid,
José María del Castillo, Francisco Javier Cuevas,
Antonio Nariño.

Congreso

Providencias y comunicaciones oficiales relativas a la expedición del sur

   A consecuencia de haberse dado parte al supremo congreso de la propuesta hecha por el excelentísimo señor presidente de este Estado, don Antonio Nariño, a los señores plenipotenciarios don José Madrid y don José María del Castillo de ir su excelencia personalmente a la expedición del sur acordada en los tratados de 30 de marzo, dictó aquel cuerpo esta resolución:

   Instruido el congreso de la comunicación de los comisionados en Santafé a 17 del corriente ha resuelto en sesión de hoy lo siguiente:

   "La propuesta que hace el presidente de Cundinamarca de desistir de sus pretensiones sobre Vélez y salir personalmente al frente de una expedición en auxilio de Popayán, siempre que marchen igualmente las tropas del Socorro, ha merecido la atención del congreso en proporción a los ardientes deseos que tiene de obrar por el sur la salvación de la Nueva Granada, y dejando por eso a un lado las dificultades subalternas que desde luego prevé en la organización del ejército, las cuales una vez adoptado el proyecto, podrán allanarse a la presencia misma de las cosas, le ha fijado principalmente en la que ofrece la división del mando, cuyas funestas consecuencias son bien recientes en Europa y que aquí se agravan por la escasez de oficiales y acaso también por la diversidad de sentimientos con que puedan obrar. Mas debiendo contar con la acertada dirección de la empresa por el presidente de Cundinamarca de acuerdo con el de Popayán, como tan inmediatamente interesado e instruido de los pormenores y circunstancias locales que la deben asegurar; el congreso, aceptando la desistencia en las pretensiones sobre Vélez tan conducente a mantener la tranquilidad interior, conviene en la ejecución del proyecto y aun le amplía, cuanto a la dirección y organización del ejército, inclusos los nombramientos de los jefes inmediatos para la campaña en los términos y bajo el acuerdo ya expresado, sin perjuicio de que el presidente de Cundinamarca vaya siempre al frente del mismo ejército, si lo tuviere por conveniente y poniendo desde luego a sus órdenes el comandante y tropas del Socorro, a quienes ha de proveer de las armas necesarias".

   Lo traslado a vuestra señoría, para que elevándolo al poder ejecutivo de orden del mismo congreso, sirva de contestación a los comisionados.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Tunja, 26 de mayo de 1813.

Crisanto Valenzuela,
señor secretario del poder ejecutivo.

Oficio que con motivo de las últimas ocurrencias de Popayán pasaron los citados señores plenipotenciarios al congreso

   Ayer a las siete de la noche recibió el diputado de Popayán un oficio del gobierno de aquella provincia dirigido al de ésta, en que le avisa con fecha del 15 del presente haber llegado el 13 un oficial del ejército de don Juan Sámano, que intima por última vez al ayuntamiento de dicha ciudad se rinda, sin oponer resistencia, a las tropas españolas que estaban en marcha en número de 1.500 hombres y cuya primera división se hallaba en Sombrerillo; que dicho oficial, a pesar de haber sido arrestado sin comunicación y fuertemente amenazado, había insistido en que era verdadera la venida de Sámano y que de ello respondía con su vida, y que en consecuencia de esto, el gobierno de Popayán, en unión del ayuntamiento, había acordado enviar tres diputados cerca de don Juan Sámano a proponerle capitulaciones. Por oficio que igualmente dirige el comandante Rodríguez a este gobierno, resulta que pensaba retirarse con todas las tropas y armas hacia las montañas del Quindío. Anoche mismo tuvimos una larga conferencia con el presidente Nariño y hoy hemos asistido al colegio electoral de esta provincia; el resultado de ambas conferencias ha sido convenirse en que salga sin pérdida de tiempo dicho presidente a la cabeza de una fuerte expedición en los términos antes propuestos y aceptados por el congreso en su acuerdo de 26 de mayo; pero exige además el colegio que el poder ejecutivo federal pase una orden a los gobiernos de las provincias de la unión previniéndoles que faciliten al presidente Nariño encargado de la defensa del sur todos los auxilios que éste conceptúe necesarios y le pida para asegurar el éxito de la empresa. Nosotros creemos que en las circunstancias críticas en que se halla la Nueva Granada, esta medida es justa e indispensable, y que el gobierno de la unión no debe vacilar un instante en comunicar a las provincias la expresada orden. Los peligros de que nos vemos amenazados son ya de tal intensidad que no hay sacrificio alguno que no deba hacerse para ocurrir a ellos. En este concepto es preciso que inmediatamente se pongan en marcha para esta ciudad las tropas del Socorro con todas las armas que tengan. Sírvase vuestra señoría elevar todo esto al poder ejecutivo federal y comunicarnos su resolución a la mayor brevedad.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 25 de junio de 1813.

José Fernández de Madrid,
José María del Castillo.

   Ciudadano secretario del gobierno de la unión.

Providencia del congreso a consecuencia del antecedente oficio

   Tunja, 29 de junio de 1813.

   El congreso que, convencido de los peligros que amenazan a la Nueva Granada por el sur y ardiendo en deseo de salvarla, tomó en 26 de mayo la medida franca y oportuna que se recuerda; penetrado ahora si puede ser más vivamente de aquellos sentimientos, la ratifica y amplía en los términos que se propone en este oficio, con cuya copia en lo conducente de la citada resolución y de la presente librará el poder ejecutivo las órdenes convenientes para su cabal cumplimiento por parte de las provincias.

   Por el congreso,

Camacho, Dávila,
Valenzuela,
secretario.

Oficio del poder ejecutivo federal al gobierno del Chocó en cumplimiento de la última resolución que se ha transcrito.

   Los peligros del sur se acercan y amenazan al corazón de la Nueva Granada. En las adjuntas copias hallará vuestra excelencia las medidas que hoy dictan la prudencia y la necesidad, y que ha tomado el congreso. Es preciso auxiliar la expedición que marchará de Santafé a las órdenes del presidente don Antonio Nariño, según lo convenido con aquel cuerpo con cuanto pueda dar de sí esa provincia y reclame inmediatamente por sí dicho presidente; en inteligencia que de este modo no se hará otra cosa que llenar las intenciones del congreso y cumplir el más sagrado deber de las provincias, que es la salvación común. Nada de cuanto esté en la esfera de lo posible debe omitirse hoy y no bastan los medios y los recursos ordinarios. Que la provincia, pues, penetrándose de su dignidad, de su obligación y de sus peligros, haga esfuerzos extraordinarios y grandes que salven su existencia amenazada y la de sus hermanas. Aún es tiempo; pero si se pierden los momentos precisos ya no serán después reparables los males causados. El congreso lo espera todo del celo de vuestra excelencia y de esa ilustre provincia, y el gobierno de la unión en momentos tan angustiados sólo ha creído de su deber dar el grito de peligro. De su orden pues lo comunico a vuestra excelencia para su más exacto y pronto cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 29 de junio de 1813.

Francisco Javier Cuevas.

   Excelentísimo señor gobernador del Chocó.

   Es copia,

Madrid,
Castillo.

Contestación del gobierno de la unión a los señores enviados

   En la adjunta resolución del congreso a consecuencia del oficio de vuestras señorías de 26 del corriente, relativo a las nuevas ocurrencias de Popayán y a lo que en vista de ellas se había propuesto en conferencias tenidas con el colegio electoral de esa provincia y presidente de Cundinamarca, hallarán vuestras señorías la prontitud con que siempre se ha prestado el congreso a cuanto de cualquier modo pueda ceder en beneficio común y a su primero y más esencial deber, a saber, la salvación de la patria. Mañana mismo marchará en consecuencia un diputado del congreso a activar la salida de las tropas de Vélez y a allanar cualquier dificultad, que no se espera en esta parte, y aun si es posible, reduciremos al ciudadano José Gregorio Gutiérrez a que lo acompañe en esta importante misión. Si esto es lo que se espera en Santafé, convendrá pues que no se pierda tiempo y que se acelere de todos modos la expedición, enviando anticipada e igualmente los avisos que convengan a los lugares del tránsito de las tropas del Socorro, para que no hallen obstáculos en su marcha. Se acompañan, así mismo, las órdenes pedidas para las provincias de Neiva, Antioquia y Chocó, que son las más inmediatas a las operaciones del ejército y de quienes se podrán necesitar auxilios, y el comisionado llevará consigo mañana las del Socorro por si se hubieren de solicitar algunos más de allí, fuera de las tropas que deben marchar. Y para inteligencia de vuestras señorías y que puedan inmediatamente ponerlo en noticia del colegio y gobierno de Cundinamarca, lo comunico a vuestras señorías de orden del general de la unión y en contestación de su citado oficio.

   Dios guarde a vuestras señorías.

   Tunja, 29 de junio de 1813.

Francisco Javier Cuevas.

   A los diputados en negociaciones en Santafé.

   Es copia,

Madrid,
Castillo.

Oficio con que los señores plenipotenciarios comunican a este gobierno las providencias y oficios anteriores

   Las copias que acompañamos a vuestra excelencia comprenden las últimas resoluciones del congreso sobre la guerra del sur, y cuanto debe allanar cualquier dificultad que hubiese antes para ocurrir con presteza a la defensa de la Nueva Granada por esta parte.

   El congreso, encargado de la salvación de la patria, ha hecho constantemente cuanto le fue posible para obrarla, y en la situación apurada del sur no le era dado hacer otra cosa que facilitar todos los medios de ocurrir a los peligros que por allí amenazan.

   Lo que importa ahora es la celeridad en la marcha para no perder los momentos y para evitar que los enemigos que abrigamos, comuniquen más noticias a los que de acuerdo con ellos vienen a sacrificarnos, con la crueldad que lo han hecho en Quito y Pasto, con los mejores ciudadanos y con prisioneros que habrían respetado las naciones salvajes; y nosotros, que tenemos el honor de haber intervenido en una transacción que debe aterrar a los que contaban con las divisiones intestinas, suplicamos a vuestra excelencia que abrevie todo lo posible la salida de una fuerza por que tanto hemos clamado, que hace hoy la esperanza de los buenos y que debe ser el espanto de los piratas que nos amenazan y de las víboras que nos asechan.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 3 de julio de 1813.

José Fernández Madrid,
José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca don Antonio Nariño.

Extracto del acta que contiene la sesión tenida por el serenísimo colegio electoral revisor en 28 del próximo pasado junio

   El señor Fernando Caicedo, miembro de aquel cuerpo, dijo:
   para que haya más subordinación en las tropas que marchan hacia el sur yo creo que es muy conveniente que al presidente del Estado, el serenísimo colegio le condecore con alguna graduación militar. El señor don José Sanz de Santamaría apoyó esta propuesta diciendo: no es tanto el respeto ni tanta la sumisión que el soldado tiene al superior temporal, obedece con más gusto a quien sigue su misma carrera y a quien mira con el unifomre que distingue al militar del paisano, y como nos interesamos en el buen éxito de la expedición sería un medio oportuno condecorarle con la graduación militar para atraer más confianza en el soldado y para mantener aquella firmeza y aquella coherencia saludable que hace a un ejército invencible, que comunica a las tropas un espíritu de fortaleza y de valor que las hace sufrir todo, y emprender todo no solo por el amor de la gloria, sino también por el deseo de complacer a su jefe. Con esta nueva consideración podrá el señor presidente, con menos dificultad, reunir a un solo interés público tantas voluntades diferentes, que caracterizan siempre el cuerpo de un ejército y podrá, con más facilidad, reconciliar sus pasiones o hacerlas útiles a la defensa de la patria.

   El señor don José Ignacio Sanmiguel dijo:
   los trabajos y los méritos que siempre llevan consigo impresa la obligación de remunerarlos, a tiempo que hicieron acreedor al señor Nariño a un empleo militar, y el que se le conceda ahora debe corresponder al puesto que tiene y alto rango que va a ocupar al frente de las tropas combinadas haciéndole teniente general; el señor don Lorenzo Ley añadió: los puestos y los empleos, el honor y la gloria son para aquellos que han sabido hacerse dignos de ellos por sus fatigas continuas y por sus méritos relevantes; es muy justo, pues, que la patria premie al señor Nariño, que le ha servido con tesón, con amor y con fidelidad, haciéndole teniente general, como ha propuesto el señor Sanmiguel. El señor don José Leiva dijo: el señor don Antonio Nariño es acreedor a que la provincia le manifieste su reconocimiento nombrándole teniente general, aunque nada le aumenta sino la satisfacción de hallar entre sus conciudadanos la gratitud, que siempre merecerán sus fatigas y su acendrado patriotismo.

   El rango distinguido que ocupa el señor Nariño, dijo el señor don Manuel Alvarez, le constituye capitán general, pero creo que conviene recordar sus servicios y hacerle teniente general para estimular, de este modo, al resto de los conciudadanos a caminar por la senda del honor y del amor a la patria, y para manifestar que esta sociedad no se olvida de los hombres beneméritos, que les premia y les halaga. El señor Caicedo dijo: la dignidad a que ha elevado el pueblo de esta provincia al señor Nariño lo coloca en la clase de capitán general, pero como la presidencia o la dictadura sean puramente temporales, es preciso darle un empleo perpetuo. El señor presidente añadió: aunque la provincia de Cundinamarca no tiene necesidad de un teniente general, se cree obligada a premiar las virtudes cívicas de un ciudadano que en todos los períodos de su vida ha amado a su patria con ternura, que se ha olvidado de su propia existencia y ha sufrido los males porque ella adquiriese los bienes. El serenísimo colegio, después de haber convenido en las ventajosas consecuencias que resultaban a la sociedad concediendo al mérito lo que era debido, hecha por el señor presidente la moción si a don Antonio Nariño en premio de sus virtudes cívicas y su mérito se le concedía alguna graduación militar, o no, resolvió afirmativamente en la totalidad de sus concurrentes. Como todos los individuos convenían en que se le había de hacer o marsical de campo o teniente general, sin que alguno opinara que se le diese otro puesto militar fuera de estos dos, con aprobación de todos se hizo la moción siguiente: ¿se le hace a don Antonio Nariño mariscal de campo o se le hace teniente general? Como unánimemente hubiesen convenido que el que votara para que fuese teniente general alzase el brazo y los que votaran para que fuera mariscal de campo no lo levantaran, resultó que 24 lo alzaron resolviendo que fuese teniente general y seis que cedieron a la pluralidad votaron que fuese mariscal de campo. Luego mismo el excelentísimo señor presidente del cuerpo nombró una diputación que llevase el aviso al señor don Antonio Nariño de la determinación del serenísimo colegio; por medio de esta diputación el señor Nariño manifestó a su alteza soberana el grande y alto aprecio con que recibiría el empleo que le daba su patria, agradeciendo más el recuerdo que de él había hecho el serenísimo colegio, que la condecoración que le llenaba de honor.

El serenísimo colegio mandó al señor Nariño el título de general concedido, en estos términos

   El pueblo soberano de Cundinamarca y a su nombre, con su legítima representación y poderes, el colegio electoral constitucionalmente unido y congregado en la ciudad de Santafé de Bogotá, capital del Estado.

   Por cuanto atendiendo al relevante mérito y distinguidos servicios de vos don Antonio Nariño y Alvarez mi ciudadano, que en medio de vuestros grandes, graves e importantes cargos en servicio de la patria habéis querido servirla también en la carrera militar, alistándoos como granadero en el batallón titulado de sus defensores. Atendiendo también a lo que debe a vuestro talento, celo y valor con que, encargado por mi representación nacional del gobierno y defensa de la patria, cuando se vio amenazada su seguridad, ocurristeis a todo sin perdonar riesgos ni fatigas, hasta el memorable 9 de enero, en que después de dadas vuestras disposiciones (que produjeron el buen éxito de aquella decisiva acción), durante ella os mantuvisteis en las filas de los granaderos sufriendo el más vivo fuego del principal ataque. Atendiendo igualmente a que por haber residido y residir el mando en vuestra persona, no ha cabido en vuestra moderación condecoraros a vos mismo con ascensos ni grados que por vuestra mano se ha distribuido a los demás. Y, atendiendo por último, a que estándoos ahora encargada la defensa por la parte del sur, no sólo de este mi Estado sino de toda la Nueva Granada, convienen os halléis revestido de un alto carácter militar, he venido, con atención a todo lo dicho, en conferiros el empleo de teniente general de mis ejércitos.

   Por tanto, mando al comandante general de las armas de mi dicho Estado de Cundinamarca, os dé a reconocer; y a todos los jefes militares, oficiales de cualquier clase, demás cabos mayores y menores y soldados de mis dichos ejércitos, os reconozcan, hayan y tengan por tal teniente general de ellos, guardándoos las honras, honores, preeminencias y distinciones que os tocan y deben ser guardadas, que así es mi voluntad; y que los respectivos ministros de mi hacienda y tesoro público a quienes correspondiere, den la orden de conveniente para que se os forme el asiento y tome razón, a fin de se os asista con el sueldo que os correspondiere según mis reglamentos. Y que de esta mi gracia se os extienda el correspondiente despacho, firmado por el presidente de mi dicho colegio electoral, sellado con el sello de mis armas y refrendado por los secretarios de este cuerpo.

   Dado en Santafé de Bogotá a 28 de junio de 1813.

Manuel Bernardo Alvarez,
presidente.

   Por mandado de su alteza soberana.

Pedro Ronderos,
secretario.
José María Hinestrosa,
secretario.

Recibido por el señor Nariño el antecedente título, dirigió a su alteza soberana este oficio

   Excelentísimo señor:

   Doblemente sorprendido por la generosa deliberación del serenísimo colegio electoral de honrarme con el despacho de teniente general, ya por no considerarme acreedor en medio de mis cortos servicios y escasos conocimientos a tanta distinción, y ya también por la lisonjera idea que me ocupaba de salir del mando en la clase de simple soldado de mi patria, no he podido menos qué penetrarme del más alto reconocimiento al empeño que ha tomado su alteza soberana en colmarme de satisfacciones con que parece trata de compensar los dicterios y baldones que hasta aquí he recibido, imponiéndome una más estrecha obligación de redoblar mis trabajos y responder con la más constante deferencia a todo género de sacrificios.

   Pero si el respeto y consideración que debo al serenísimo cuerpo que me ha honrado a nombre del soberano pueblo de Cundinamarca, me estrechan a aceptar aunque con rubor el nuevo empleo, yo desmentiría a mi corazón y a mis principios si estando la patria afligida y exhausto su tesoro, diera el escandaloso ejemplo de admitir un solo real más de lo que necesite para mi subsitencia y la de mi familia.

   Renuncio, pues, no sólo los sueldos de teniente general, mientras haya escasez en el erario, sino desde que salga con la expedición del sur reduciré mis gastos de cuenta del tesoro al simple necesario, dejando la mitad de mi pequeño sueldo actual para mantenimiento de mi familia y la otra mitad a beneficio del erario público.

   Dígnese vuestra excelencia manifestarlo así a su alteza soberana con los sentimientos de mi consideración hacia la digna persona de vuestra excelencia y de los demás ilustres miembros del colegio, a quienes tributo mis respetos.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 1° de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del serenísimo colegio electoral.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial extraordinaria. 7 de julio de 1813, t. II., No. 120, p. 560-563.

146
CARTA DE CUSTODIO GARCIA A POMBO

FRAGMENTOS EN QUE ADVIERTE LOS PELIGROS QUE PUEDE PRESENTAR NARIÑO PARA LA FEDERACION. Vélez, 31 de mayo de 1813.

Carta de García al doctor Pombo

   Vélez, 31 de mayo de 1813.

   ... "Aquí me parece que este plan de marchar con la fuerza es para volver después como Bonaparte a darle último golpe a la federación, así como aquél se lo dio al gobierno republicano. Pero Nariño no es Bonaparte y yo creo que nos tendría más cuenta alejarlo de nosotros."(...)

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

147
OFICIO DE RODRIGUEZ TORICES AL PRESIDENTE DE
CUNDINAMARCA

   NECESIDAD DE LA UNION DE TODAS LAS PROVINCIAS BAJO UN GOBIERNO ENERGICO. Cartagena, 15 de junio de 1813.

Manuel Rodríguez Torices,

(presidente gobernador del Estado de Cartagena).

   Oficio con que el gobierno de Cartagena remite el anterior proyecto

   Al cabo de un combate obstinado de opiniones, que por cerca de cuatro años ha mantenido en división las provincias de la Nueva Granada, el desengaño, aunque lento del tiempo y de la experiencia, debe habernos convencido de la imperiosa necesidad que tienen aquéllas de reunirse bajo una forma de gobierno enérgica y capaz de libertarnos de los grandes peligros que nos rodean por todas partes, y en que no tiene poco influjo la falta de concentración de nuestras fuerzas y recursos que, separados, son ineficaces para resistir a los enemigos. El Estado de Cartagena, que desde los primeros días de nuestra regeneración política proclamó con el mayor entusiasmo el sistema federativo conoce ya que en las presentes circunstancias no sería suficiente para salvar nuestra existencia política, y que sin hacer alteraciones fundamentales en el acta federal, las provincias unidas caminarían infaliblemente a su ruina. Tan poderosas consideraciones han movido a la cámara de representantes a ocuparse detenidamente en un asunto el más arduo e importante que podía presentarse a su meditación, asunto de que depende la estabiliad de la independencia de la Nueva Granada y que reclama por lo tanto la seria atención de todas sus provincias. El fruto de las tareas de aquel cuerpo es el que tengo el honor de dirigir a vuestra excelencia en la adjunta copia certificada, que comprende las instrucciones dadas a nuestros diputados en congreso, sobre la reforma que se propone en el gobierno general que ha de dirigir los negocios de las provincias libres. Yo me lisonjeo que vuestra excelencia, a quien no se ocultan nuestros peligros, conocerá la indispensable necesidad que tenemos de adoptar el proyecto que propone Cartagena como el más aparente en la época actual para librarnos de nuestros enemigos y consolidar sobre bases indestructibles la independencia que hemos proclamado a la faz de las naciones. Tiempos vendrán más tranquilos en que podamos disfrutar de la plenitud de nuestros derechos; ahora limitémonos sólo a existir, que es la primera ley de todas las sociedades.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartagena, 15 de junio de 1813.

Manuel Rodríguez,
presidente-gobernador del Estado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 12 de agosto de 1813. t. II., No. 127, p. 593.

148
INSTALACION DEL COLEGIO ELECTORAL

CONVOCATORIA. DISCURSO DEL PRESIDENTE NARIÑO. ELEGIDO MANUEL BERNARDO ALVAREZ PRESIDENTE DEL COLEGIO ELECTORAL. Santafé, 17 de junio de 1813.

CUNDINAMARCA

Colegio electoral

   El domingo 13 del presente, señalado para la instalación de este soberano cuerpo por el supremo gobierno, fueron convocados los individuos que por el voto libre de los pueblos habían sido nombrados para que los compusiesen. En efecto, a virtud de esta convocatoria se reunieron en el palacio a las ocho de la mañana y celebrada la misa que previene la constitución en el oratorio de este, pasaron al salón principal. El excelentísimo señor presidente del Estado don Antonio Nariño pronunció allí un discurso, en que con energía y eficacia manifestó los objetos que debían ocupar la atención del serenísimo colegio, la gravedad e importancia de ellos, la peligrosa situación del reino y lo poco que en el actual estado de cosas se podía adelantar en defensa de éste, y propuso el sistema y arbitrios que creyó a propósito para evitar la espantosa catástrofe que por todas partes amenaza. En seguida se procedió al juramento de los representantes y, concluido este acto, a la elección de presidente del mismo colegio, que resultó en favor del benemérito don Manuel Bernardo Alvarez, bien conocido por su patriotismo y demás virtudes. El del Estado lo colocó en la silla que hasta aquel momento había ocupado, y poniéndose a su derecha tomó la palabra e hizo presente que las cosas por la instalación del colegio se habían restituido al orden constitucional, y que en consecuencia su excelencia había concluido las funciones de presidente del Estado y sus facultades habían expirado, pues éstas le habían sido conferidas el 11 de septiembre de 1812 por la representación nacional en virtud de las instancias del pueblo y de las tropas para salvar a la provincia de los riesgos inminentes de que estaba amenazada, los cuales habían cesado ya; que su excelencia, en aquel día de la clase de simple ciudadano en que se hallaba, por la renuncia que había hecho y se la había admitido por el senado de la presidencia, había sido colocado al frente del gobierno con un poder absoluto para obrar y que hasta este momento había gobernado legítimamente por ser inconcuso y confesado por todas las naciones el derecho que los pueblos tienen para nombrar dictadores cuando la patria se halla en peligro, pero que hoy era opuesta su existencia en este puesto y con tal carácter a la restitución de las cosas al orden constitucional, y que por lo mismo debía tomar el mando de la provincia el sujeto que designaba la constitución hasta tanto que revisada ésta se eligiese el propietario. Oídas éstas y otras varias reflexiones que hizo el expresado señor presidente, todas ellas dirigidas a persuadir que era contra las leyes fundamentales del Estado el que su excelencia continuase un instante más a la cabeza del gobierno, entró en discusión el serenísimo colegio sobre la materia. Muchos de sus miembros y aun algunos de los ciudadanos particulares que se hallaban presentes opinaron que el 11 de septiembre no se había hecho otra cosa que restituir al señor Nariño a la presidencia, que había dejado por el imperio de las circunstancias, y en el concepto de que este paso concluiría las desavenencias suscitadas entre ésta y las demás provincias y que, por lo mismo, su excelencia era un jefe constitucional, pues la amplitud de facultades o la dictadura había sido un agregado de aquélla; otros reflexionaron que por la sola instalación del colegio no se había restablecido el orden constitucional y que se necesitaba para ello una sanción expresa del mismo; pero todos convinieron en que debía continuar en el mando dicho señor Nariño. Este insistió con repe tición y empeño en su primera idea e interponiendo los pequeños servicios (fue la misma voz de que se valió) que había hecho a Cundinamarca, suplicó a su alteza soberana resolviese su separación del gobierno, añadiendo que ésta podía contribuir a que cesasen la división y los partidos, y protestando que estaba pronto a sacrificarse por su patria y a desempeñar gustoso cualquier encargo que se le diese en favor de ésta con tal que no fuese el de gobernarla. El debate fue dilatado; pero podemos asegurar con verdad que sólo el enunciado señor presidente sostenía que debía dejar el mando, pues todos los miembros del colegio opinaban por el extremo opuesto, y de conformidad con este concepto se decidió por totalidad de sufragios que su excelencia continuase al frente del gobierno en los mismos términos y con las mismas facultades que se le confirieron el 11 de septiembre citado hasta tanto que, tomándose el negocio en consideración por aquel soberano cuerpo con el acuerdo y madurez que demanda su gravedad, se resolviese lo conveniente.

   Dada esta decisión se retiró el serenísimo colegio al edificio llamado de las Aulas en donde debe continuar sus trabajos. Su instalación se celebró con toda pompa, grandeza y magnificencia debidas en lo humano exclusivamente a la soberanía de los pueblos legítimamente representada. Los cuerpos militares del Estado cubrieron los cuatro costados de la plaza desde las ocho de la mañana, permaneciendo en ella formados hasta la una de la tarde en que se disolvió la asamblea, a la que hicieron los honores correspondientes.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 17 de junio de 1813, t. II., No. 117, p. 548-549.

149
RESOLUCIONES DEL COLEGIO ELECTORAL REVISOR

FACULTADES AL PRESIDENTE NARIÑO. MEDIDAS DE GOBIERNO EN LA PREVISION DE LA AUSENCIA DE NARIÑO. CONTESTACION AL OFICIO ANTERIOR. Santafé, 28 de junio de 1813.

Manuel Bernardo Alvarez,
Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Resoluciones del serenísimo colegio electoral revisor

   Con motivo de haber llegado a esta capital la noche del 24 del que finó un correo extraordinario de la provincia de Popayán con oficios del presidente de ella don Felipe Antonio Mazuera, del comandante de las armas don José Ignacio Rodríguez y del oficial don Miguel Malo, todos ellos de fecha de 15 del mismo, dirigidos a manifestar a este gobierno la peligrosa situación de aquel Estado, en circunstancia de habérsele ya intimado la rendición por el comandante de las tropas, que se dicen españolas, don Juan de Sámano, desde el sitio denominado del Sombrerillo, y la necesidad que tiene del auxilio pedido anteriormente, el excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño pasó en persona la mañana del 25 al salón donde el serenísimo colegio electoral celebra sus sesiones, y después de haber presentado y tenídose en consideración por este soberano cuerpo los oficios referidos, expuso su excelencia que exigiendo de los peligros que se anunciaban en éstos un remedio pronto y habiendo reflexionado que el entrar en contestaciones lo retardaba, había ocurrido personalmente para evitar éstas a oír de su alteza soberana lo que conviniese hacer en las circunstancias indicadas, pues deseaba dar al gobierno de Popayán una contestación categórica.

   Algunos de los representantes de la provincia, entre ellos don José Sanz de Santamaría, opinaron que el señor Nariño tenía todas las facultades bastantes para obrar en la materia y que en caso necesario debían ampliársele, pues nunca era más conveniente la dictadura que cuando los peligros se acercaban, pero dicho señor reflexionó que las facultades que tenía como presidente de Cundinamarca, fuesen las que fuesen, no eran suficientes para defender la parte del sur, pues para esto era preciso contar con los auxilios de las demás provincias y poderlos exigir de ellas, no por los medios de ruego y encargo, porque esto sería entorpecer el que se prestasen con oportunidad, sino librándose órdenes estrechas al efecto por una persona suficientemente autorizada, añadiendo que para tratar este punto sería conveniente concurriesen a la sesión los señores invitados del congreso cerca de este gobierno, para saber de ellos si tenían poderes suficientes para allanar este obstáculo. Convenido el colegio en esta medida, se mandó a los expresados señores una diputación que imponiéndoles del punto que se discutía les manifestase los deseos que su alteza soberana tenía de oír su concepto sobre él. Vinieron aquéllos inmediatamente y tomando la voz el excelentísimo señor presidente del Estado les dijo que el serenísimo colegio deseaba saber si tenían plenas facultades para autorizar a su excelencia para la defensa del sur, pues para ésta se debía contar con los recursos de las demás provincias, y para exigirlos el que llevaba la dirección del ejército debía tener la suficiente autoridad, sin necesidad de ocurrir al congreso, porque éste sería un rodeo que podía malograr el éxito de la expedición. Los señores enviados contestaron que con respecto a la salida de las tropas para Popayán creían que tenían las facultades suficientes y que al señor Nariño se le habían deferido las necesarias para el mismo objeto, pero que en el caso que éstas no fuesen bastantes el congreso las ampliaría, añadiendo que teniéndolas aquél para lo principal, es decir, para la defensa de aquella parte interesante del reino, era indubitable que las tenía para todo aquello que contribuyese a ella.

   En seguida propuso el citado señor presidente del Estado al colegio tomase en consideración los términos en que debía quedar el gobierno interior de la provincia en el caso de salir su excelencia con la expedición de Popayán, y se retiró con los señores enviados.

   Inmediatamente entró su alteza soberana a discutir si se ratificaban las facultades de dictador dadas al señor Nariño y en caso necesario se le ampliaban, y habiéndose discurrido sobre los peligros que amenazan a la patria y sobre la necesidad que en tales circunstancias hay de que el que gobierna obre sin trabas, apoyándose este concepto con calor especialmente por los diputados don Fernando Caicedo, don José Sanz de Santamaría y don Jerónimo Mendoza, se resolvió la antecedente proposición afirmativamente.

   Acto continuo se pasó a tratar sobre los términos en que debía quedar el gobierno en la ausencia del señor Nariño y se decidió que su excelencia, en caso de verificar su salida con las tropas que debían ir a hacer la defensa del sur, pudiese delegar el mando de la provincia en la persona o personas que tuviese a bien. Estas resoluciones se comunicaron a su excelencia el 28 del último junio, con copia del acta de que se ha sacado el antecedente extracto, acompañándole el siguiente oficio:

   Excelentísimo señor:

   Este serenísimo colegio electoral no solamente tiene sancionada la comunicación a vuestra excelencia de todas las facultades propias de una verdadera dictadura, sino también la de subrogar el gobierno de que en la actualidad se halla dignamente encargado, como tenga por más conveniente en caso de considerar precisa su salida con la expedición auxiliar que se solicita por el gobierno de Popayán y a cuya deliberación procedió por haber deferido a ella vuestra excelencia mismo, no obstante la autoridad que como a dictador se le había conferido por el unánime consentimiento de toda la provincia representada en este cuerpo; todo se acredita del acta cuya copia a su nombre dirijo a vuestra excelencia para su debida inteligencia y para lo que a su consecuencia tenga a bien participarle.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 28 de junio de 1813.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca,

don Antonio Nariño.

Contestación al antecedente oficio

   Excelentísimo señor:

   Los repetidos testimonios de confianza con que se ha designado honrarme el serenísimo colegio electoral me imponen nuevas obligaciones para con una patria a quien tanto debo y por quien tanto he sufrido. La delicada situación en que ésta se halla pide esfuerzos extraordinarios para salvarla y es una obligación de todo ciudadano el no desamparar el puesto que ella le asigna. Grandes males piden grandes sacrificios y éstos deben ser mayores mientras es más alto el puesto que ocupamos. Puede vuestra excelencia asegurar a su alteza soberana que penetrado de estas verdades y de un justo reconocimiento del alto honor que me dispensa, elevándome cuarta vez a la primera magistratura del Estado, no habrá trabajo, sacrificio, ni peligro que pueda obligarme a desmentir el concepto que con tanta confianza y generosidad le he merecido; que habiendo jurado sobre el altar del Dios de la verdad no sobrevivir a la libertad de mi patria (si en el libro de los destinos estuviere escrito que la perdamos), cuando no pueda asegurarle el acierto en el desempeño de las grandes obligaciones que nuevamente me impone, al menos puedo hacerlo de mi firme resolución a sacrificarlo todo por llenarlas.

   Pero el amor de la patria que me anima no puede por sí solo remediar el vacío en que nos hallamos para sostener la lucha en que nos vamos a ver empeñados; son precisos recursos extraordinarios para salvar nuestra existencia y estos recursos deben decretarse por el cuerpo soberano del Estado. Serán infructuosos todos mis esfuerzos si desde el momento no se decreta un empréstito de $ 300.000 repartidos entre el comercio, los hacendados y el clero secular y regular, asegurándolos con los fondos y productos de la casa de moneda y de las salinas de Zipaquirá, de Nemocón y Tausa, haciéndose por el mismo cuerpo soberano la repartición. ¡Que vuelvan los ojos los hombres pertinaces1 hacia Cúcuta, Santa Marta, Quito, Popayán, y vean lo que les espera; que se persuadan con estos tristes ejemplos de que con unos cortos sacrificios van a rescatar sus caudales y sus vidas y a comprar el sosiego y la tranquilidad de que hasta ahora han gozado, porque si los enemigos de nuestra causa logran penetrar hasta Cundinamarca, sus caudales y sus vidas serán sacrificados a su furor, o a nuestra venganza; que morirán en sus manos o en las nuestras, sin que quiméricas esperanzas los puedan escapar!

   También es preciso que el serenísimo colegio electoral proceda por sí al nombramiento de un gobierno provisional que mantenga el orden y la tranquilidad durante mi ausencia con la expedición de Popayán, pues aunque ha sido una nueva prueba de confianza el facultarme su alteza soberana para este nombramiento, en un asunto tan delicado parece más prudente y más seguro el que se determine y elija por toda la corporación que no por un hombre solo a quien es más fácil engañarse, lo que no sucede a un cuerpo compuesto de diversos sujetos todos animados del mismo celo y todos igualmente interesados en el acierto.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 30 de junio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del serenísimo colegio electoral.

   En un acuerdo del 28 del próximo pasado junio el serenísimo colegio electoral revisor, teniendo en consideración los importantes servicios que el excelentísimo señor don Antonio Nariño ha hecho a la patria, tuvo a bien nombrarlo teniente general de las tropas del Estado2.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 1° de julio de 1813. t. II., No. 119. p. 556-558.

NOTAS:
1   El pormenor del acuerdo en que el serenísimo colegio nombró teniente general al señor Nariño se dará en Gaceta extraordinaria, como también las contestaciones del congreso relativas a la expedición del sur.
2   Se habla de los enemigos de nuestro sistema, sean españoles, americanos, eclesiásticos o seculares.

150
OFICIOS DEL PRESIDENTE NARI ÑO SOBRE LA EXPEDICION AL SUR

A LOS ENVIADOS DEL CONGRESO, AL PRESIDENTE DEL PODER EJECUTIVO DE LA UNION Y AL COLEGIO ELECTORAL. Santafé, 3, 5, 7 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

CUNDINAMARCA

Contestación dada por el supremo gobierno del Estado al oficio de los señores enviados del congreso de 3 del presente inserto en la Gaceta extraordinaria número 120

   Enterado por la comunicación de vuestras señorías de esta fecha de la ampliación dada por el congreso al acuerdo de 26 de mayo último en los términos que de conformidad con lo insinuado por el serenísimo colegio electoral, propusieron vuestras señorías en oficio de 25 del próximo pasado, continuó activando con esfuerzo las providencias conducentes a la más pronta marcha de la expedición contando al efecto con la de las tropas del Socorro, como vuestras señorías deben contar de mi parte con las mismas buenas disposiciones que me movieron a ofrecer mi servicio en ella. Ojalá no hubieran ocurrido las dificultades y embarazos1 que ha habido que vencer y que sin culpa de este gobierno ha podido tal vez influir en los adelantamientos de nuestros enemigos.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 3 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Señores enviados del soberano congreso.

Oficio pasado por el supremo gobierno del Estado al poder ejecutivo de la unión a consecuencia de la comunicación que se le hizo de las últimas providencias relativas a la expedición del sur

   Las comunicaciones oficiales así por medio de los dos enviados del congreso a este gobierno, como la contenida en posdata del 29 al oficio de vuestra excelencia de 28 de junio próximo pasado, me aseguran de la más cordial confianza con que ese soberano cuerpo, defiriendo a mis sinceros ofrecimientos de marchar al frente de la próxima expedición del sur, ha convenido al mismo tiempo en las medidas acordadas con el serenísimo colegio electoral de esta provincia.

   La uniformidad de nuestros sentimientos en la materia manifiesta bien que a todos anima ya el eficaz deseo de salvar al reino; deseo en que a pesar de contradicciones y estorbos en nada he cedido al más acreditado. Jamás podré lisonjearme de poseer los conocimientos necesarios para el desempeño de la empresa, pero sí de la más firme resignación de no excusar para ella sacrificio de ninguna clase.

   Quedando, pues, altamente reconocido a la confianza del soberano congreso y su poder ejecutivo, y ofreciéndome nuevamente con motivo de la condecoración de teniente general que me ha querido dispensar este serenísimo colegio electoral en los términos que reconocerá vuestra excelencia por el adjunto ejemplar del título expedido; sólo me resta asegurar a vuestra excelencia que activo las disposiciones más conducentes a acelerar la marcha y que el lunes 12 del corriente sale una partida de 100 hombres a ocupar el importante punto de la Ceja, a donde para el mismo efecto he anticipado la correspondiente orden a la de don Miguel Malo, que regresaba con la tropa de su mando. Inmediatamente seguirá por la vía de Quindío otra partida igual al mando del coronel don José María Cabal a unirse con las tropas del coronel Rodríguez, a fin de contener los progresos de los enemigos por aquella parte.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 7 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del poder ejecutivo de la unión.

Oficio dirigido al serenísimo colegio electoral de esta provincia por el excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño

   Excelentísimo señor:

   Por el correo que ha llegado anoche de Popayán se confirma la noticia de la aproximación a aquella ciudad de las tropas de Quito mandadas por los españoles europeos para hacernos la guerra y sujetarnos por la fuerza a su dominación. La incertidumbre en que hemos estado por la variedad de noticias me ha obligado a proceder en todo este tiempo con la circunspección que piden asuntos de esta naturaleza; pero ya parece que estamos en el caso de no dudar y de proceder consiguientes a los principios que hemos jurado. Entre las cosas más notables que se advierten en las comunicaciones enemigas es a mi ver la más escandalosa, el que se diga que las tropas que nos vienen a atacar son tropas del rey, pues hasta ahora sólo habíamos visto invadir los diversos puntos de la Nueva Granada por facciosos con el nombre de la regencia, y esta circunstancia nos obligaba a no hacer una gran novedad en nuestra constitución; pero hoy que se nos declara la guerra con el nombre de este mismo rey que a pesar de su impotencia no habíamos querido desconocer, conservándole en Cundinamarca un asilo que le ha negado la misma España, ¿qué es ya lo que tenemos que esperar, ni que temer con ser enemigos de quien ya lo es nuestro? Nada; el último término de una causa injusta, del desconocimiento de Fernando VII y de la proclamación de la absoluta independencia no podría ser otro que la guerra; si ésta se nos anticipa, están rotos absolutamente todos los vínculos que nos pudieran ligar a una nación que en sus últimos instantes aún la miraba esta parte del mundo con las consideraciones a que la sangre, la religión y la unanimidad de costumbres la hacían acreedora.

   Que sepa pues el pretendido presidente de Quito y sus secuaces, que a su rey y a su nación hacen ellos la guerra más bien que nosotros, que en medio de la justicia de nuestra causa hemos tenido consideraciones que no han tenido otros pueblos de América y que no las habría tenido ninguno de Europa que conociese sus derechos. Me veo precisado a hacer estas observaciones al serenísimo colegio electoral, por que habiendo dicho en mi discurso de apertura del cuerpo el día de su instalación, que sería más conveniente y más sencillo revisar la primera constitución que la ya revisada, en caso de adoptar este pensamiento, las tenga presentes, no sólo para suprimir el artículo de la corona, sino para declarar solemnemente, que sobre la tierra no conocemos otra autoridad que la del pueblo, más amigos que los que nos auxilien y protejan en nuestra causa, ni más enemigos que los que ataquen nuestro sistema con sus opiniones o con sus armas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 5 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del serenísimo colegio electoral.

   En virtud del oficio que antecede el serenísimo colegio entró en discusión sobre si se publicaba o no la independencia absoluta de la provincia, y sus miembros convinieron unánimemente en que la publicación de ésta era necesaria y debía decretarse en el día. Esta resolución ha causado en el pueblo de Santafé el mayor regocijo, ha reanimado los espíritus tibios, ha hecho temblar a los enemigos interiores de nuestra causa dándoles a conocer que nada tenemos y que estamos resueltos a defenderla a todo trance; se ha celebrado con demostraciones públicas y debemos esperar que ella corra el velo a los traidores encubiertos y excite en nuestras tropas el valor y el entusiasmo propios del hombre que pelea por conservar sus derechos. Como no se ha pasado al gobierno el acuerdo del serenísimo colegio, no se ha hecho aún la proclamación solemne, pero de ella se dará al público aviso luego que se haga.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 8 de julio de 1813. t. II., No. 121. p. 564-565.

NOTA:
1   Estas dificultades y embarazos fueron algunas condiciones que exigió el congreso para la marcha de la expedición de sur, que no ha parecido conveniente publicarlas.

 


151
CARTA DEL PRESIDENTE NARIÑO AL GOBERNADOR DE SANTA MARTA

MANIFIESTA SU INTENCION DE MEDIAR Y BUSCAR LA CONCILIACION Y EL TERMINO DE LAS DESAVENENCIAS ENTRE CARTAGENA Y SANTA MARTA. MIENTRAS TANTO SOLICITA LA SUSPENSION INMEDIATA DE LAS HOSTILIDADES. Santafé, 9 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Aunque la falta de correos de las provincias marítimas me tiene sin conocimiento del estado de la guerra que desgraciadamente se ha encendido entre esa ilustre provincia y la de Cartagena, pues las últimas noticias recibidas aquí son de fin de mayo próximo anterior, deseando con todas las veras de mi corazón y a costa del mayor sacrificio, siendo necesario apagar esta llama desoladora y componer las diferencias pendientes por otros medios quizás más seguros, que no sea el de derramar infructuosamente la sangre de nuestros hermanos, he meditado dirigir una diputación cerca de uno y otro gobierno a tratar sobre los medios de conciliación y establecer una paz duradera, a que no dudo se prestará vuestra excelencia y contribuirá en cuanto esté de su parte al fin deseado. Y sin embargo de que por este oficio doy ya principio a mi mediación, me intereso muy particularmente y mientras llegan las personas destinadas a tan honrosa misión, para que a lo menos se suspendan desde ahora las hostilidades que estuvieren comenzadas, pues así será más fructuoso este paso que en los mismos términos doy con el gobierno de Cartagena; esperando así mismo que vuestra excelencia se servirá dirigir al puerto real de

   Ocaña un salvoconducto para que los sujetos que lleven las credenciales de la mediación puedan seguir a sus destinos sin embarazo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 9 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador de Santa Marta.

   Es copia,

José María Ramírez,
secretario interino.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de historia y antigüedades, v. XXVII, Nos. 313-314, p. 418.

152
CARTA DE JOAQUIN LEE A NARIÑO

LE ENCOMIENDA A DIOS Y LE ANUNCIA VIAJE PARA DESPEDIRSE PERSONALMENTE. Ubaté, 10 de julio de 1813.

Joaquín Lee.

   He sabido sigue usted con la expedición a Popayán. Esta noticia me tiene lleno de aflicción, como deben estarlo todos sus verdaderos apasionados. Ya que no puedo acompañarle ni evitarle este penoso viaje, no me queda otro arbitrio que encomendarlo a Dios, y hacer que los pueblos que usted ha puesto a mi cuidado hagan lo mismo con rogativas y oraciones públicas; y si no fuese su salida tan pronta pasaré a ese, luego que saque algunas diligencias del Estado, a despedirme de usted.

Joaquín Lee.

   Ubaté, julio 10 de 1813.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Archivo personal.

153
OFICIO DEL PRESIDENTE DE ANTIOQUIA DIRIGIDO AL DE CUNDINAMARCA

CONGRATULACIONES POR LA CONCORDIA Y ARMONIA ENTRE CUNDINAMARCA Y EL CONGRESO. Antioquia, 12 de julio de 1813.

CUNDINAMARCA

Oficio del presidente de Antioquia al de este Estado

   "Este poder ejecutivo se felicita con vuestra excelencia por la concordia y buena armonía que hoy reina entre ese gobierno y el soberano congreso; y al mismo tiempo que tributa a vuestra excelencia las más expresivas gracias por la respetable expedición que va a socorrer a la afligida Popayán, queda disponiendo la fuerza auxiliar que ofreció para hacerla marchar en los alcances de vuestra excelencia. ¡Quiera Dios, protector de nuestra causa, que los soldados de Antioquia estimulados por los valientes cundinamarqueses se hagan acreedores al nombre glorioso de Defensores de la patria! Ellos saben que pelean por la libertad y que el jefe que va a mandarlos es bien digno de este encargo. Espero el aviso que me ofrece vuestra excelencia en su oficio de 17 del pasado sobre la salida y el camino que tomen esas tropas, para mi gobierno.

   "Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   "Antioquia, 12 de julio de 1813.

José Miguel Restrepo.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 5 de agosto de 1813. t. II., No. 126, p. 583.

154
INDEPENDENCIA DE CUNDINAMARCA

ACTA PRECEDENTE DE LA DECLARATORIA DE INDEPENDENCIA ABSOLUTA. Santafé, 17 de julio de 1813.

Pedro Ronderos,
(secretario).
Hinestrosa.

CUNDINAMARCA

Copia del acta que contiene la discusión que precedió en el serenísimo colegio revisor y electoral a la declaratoria de la absoluta independencia hecha por este soberano cuerpo

   En la ciudad de Santafé a 15 de julio de 1813, congregada la representación de la provincia en más de las dos terceras partes de sus individuos, hecha la invocación del auxilio del Espíritu Santo con el himno Veni Creator, el señor Domínguez hizo presente que no teniendo 25 años para ser miembro de la representación nacional, no lo podía ser del poder legislativo a que le había destinado el colegio en sesión antecedente. El señor presidente y el señor Leiva le contestaban que tenía mayoría legal y honoríficos empleos en la República, que le extraían de la minoridad, cuando se dio noticia al cuerpo que el excelentísimo señor presidente del Estado llegaba, y diputados dos individuos para recibirle, habiendo tomado el asiento correspondiente, dijo: después de que he hecho observaciones en mis oficios al serenísimo colegio sobre la independencia de Fernando, me ha parecido conveniente dar un paso hacia esta corporación para apoyarlas y retrocediendo un poco daré unas ligeras pinceladas en algunos hechos de cinco años a esta parte.

   Sabéis que hubo una revolución en Aranjuez y en toda España, sin que en ninguna de ellas hubiéramos tenido parte los americanos. Los partidos en favor de Carlos IV y de Fernando VII cada uno ocurrió a la Francia esperando de Napoleón Bonaparte auxilios para no caer bajo la dominación del otro. Sabemos las renuncias en Bayona y detengámonos en ellas para reflexionar si forzadas son válidas o no. Si válidas tendríamos que obedecer a José Bonaparte, si nulas a Carlos IV, que sería nuestro rey. Después de estos acontecimientos, ¿cuáles han sido los esfuerzos de Fernando o de Carlos para sostener la nación, de qué medios se han valido para mantener el pacto que liga a los monarcas a la sociedad? Sabéis lo que hizo Carlos XII, rey de Suecia, y habéis visto que han corrido cinco años a esta parte sin que miremos a la nación sino subyugada y expuesta al influjo de la Inglaterra en aquella pequeña parte que no han tocado las águilas del imperio francés. Estamos pues reconociendo a Fernando expuestos a que una de estas dos potencias rivales, imponiéndonos la ley, nos perpetúe en el estado colonial. Por los papeles que últimamente han llegado se sabe que la regencia ha sido depuesta y que el corto número que oponía sus fuerzas a la invasión del francés últimamente se le ha rendido. Conque estamos en el caso reconociendo a Fernando VII, de ser colonos de la Francia o de la Inglaterra.

   La religión, la propiedad y la libertad no son objetos de poca consideración para que nos hayamos de reducir a la dura necesidad de escoger uno de los dos males en que han de verse notablemente perjudicados estos dones preciosos. Sin embargo de la impotencia en que Fernando VII ha estado todo este tiempo para gobernarnos y hacer la felicidad de los pueblos, le hemos concedido en Cundinamarca un asilo, permaneciendo en una continua expectativa y aguardando una suerte muy distante e imposibilitada para llegar, mientras por todos los costados de la Nueva Granada los enemigos bajo la sombra de Fernando VII, corren con las armas fratricidas a acometernos, pues no es prudencia viendo que no nos aprovecha el nombre de un rey a evadirnos del peligro, exponernos a los males que padecen las provincias del sur, entre quienes el nombre de Fernando era reconocido; el ejemplo que hemos visto en la misma España, que despedazada por tres partidos fácilmente ha sido presa de la nación rival, debe advertirnos con tiempo para no imitarla y conducirnos a abrazar los medios más oportunos a la defensa de todo lo que tenemos de más estimable, con la existencia y con la religión. Estos medios tendrán un apoyo en la unanimidad de sentimientos y opiniones, que va a cimentar la declaratoria de independencia haciendo la masa de la sociedad un cuerpo robusto y consistente a los ataques de estos mismos que han reducido a la España a la dominación extranjera. Así nos pondremos en la situación de hacer nugatorios los planes que nos preparan los que vienen tapados con el velo de Fernando. Si acaso por un acontecimiento extraordinario e imprevisto Fernando viniese a habitar entre nosotros, este pueblo con su voluntad libre podría elegirle monarca, si veía que podría causar su felicidad, porque no creo que otra sino el consentimiento haga los reyes y forme los gobiernos; ningún hombre ha nacido para dominar a otros; tampoco es conforme a los votos de la naturaleza que un resto de los hombres haya de vivir sometido al capricho y voluntad que solamente lo tiene la fuerza y no una libre elección. ¿Quién hay que ignore que se disolvió el pacto desde que el gobierno se ha contrariado a los fines de la sociedad, Fernando desde la Francia, ¿podrá hacernos felices? Tómese, pues, en consideración el asunto de la independencia hablando cada uno con la última libertad y permitiéndome asistir a la primera parte de la discusión.

   El señor presidente del cuerpo dijo: El derecho que tienen todas las provincias de la América a independizarse es tan conocido como justo. Hacemos una sola masa, una sola nación todas las provincias de la Nueva Granada; parece, pues, muy razonable que en este asunto nos entendamos con ellas y caminemos acordes a la regeneración política, partiendo desde el punto cardinal de la independencia, así lo dicta el interés común y el mismo objeto a que todos aspiramos, así lo persuade aquella armonía y coherencia que debe existir entre habitantes de un mismo continente. Si les miramos como a hermanos y una sola familia, no debemos faltar a las relaciones que nos mantegan en reposo y estabilidad; si los conceptuamos en una hipótesis imposible como enemigos, debemos también estar de acuerdo con ellos en la declaratoria de la independencia, porque el nombre de Fernando es un talismán con que han hecho lo que han querido los que se hallaron en la junta central, los que mandaron en la de Sevilla y los circunscritos en Cádiz, manteniendo en ilusión a las Américas. Si nosotros les soltásemos de nuestras manos este talismán sin acuerdo de las provincias, en el caso imposible de juzgarlas contrarias a la felicidad de la nuestra, ellas lo cogerían y tendrían un velo que cubriese sus procedimientos. Conque es necesario entendernos con ellas para la declaración de la independencia absoluta. El señor Nariño contestó: las provincias federadas reconocen la independencia, aunque no la han proclamado del mismo modo que aspiramos a hacer la nuestra. Vuelvo a repetir, permaneciendo por más tiempo reconociendo un rey, en cuyo nombre se nos hace la guerra, no evadiremos sus riesgos. Popayán nos presenta un triste ejemplo. El señor Torres tomó la palabra diciendo: una cosa es desconocer las cortes y la regencia, otra negar la obediencia y fidelidad al rey Fernando, tenemos prestado un juramento y lo debemos respetar, porque así lo exige la religión que profesamos. El ejemplo que se nos pone en el norte no es bastante para que lo sigamos, ya por la diversidad del culto, ya también porque los anglo-americanos no aspiraban sino a la reconciliación con la madre patria, hasta que España y Francia sostuvieron la causa de su independencia para debilitar una potencia vecina.

   El juramento entre los católicos debe ser guardado cuidadosamente y no ser el cebo para engañar los hombres, como decía Filipo de Macedonia. Hasta ahora Cundinamarca ha mantenido su fidelidad y no es regular que subsistiendo las mismas razones que obligan a guardar la obediencia a un soberano inocente, prescinda del honor de la religión y de otros respetables. Contestó el señor Nariño sobre un supuesto falso habla el señor Torres. No reina en España Fernando, reina el hermano de Napoleón, y repito otra vez: o las renuncias forzadas son válidas o no. Si lo primero, estaríamos obligados a rendir vasallaje a José Bonaparte; si lo segundo, aquel Carlos contra quien hubo una revolución en Aranjuez, sería nuestro rey. El señor Torres replicó que esta violencia no constaba que Carlos IV había hecho una voluntaria renuncia en su hijo. El señor Nariño dijo: entonces no creo que la religión obligue a reconocer un rey impotente para hacer la felicidad de los pueblos, a un señor que ha abandonado cobardemente su casa, sin haber hecho esfuerzos para cuidar de ella, ni juzgo que tengamos necesidad de mendigar uno de la estirpe de los borbones, porque para mí no ha sido la libertad de los pueblos un hecho quimérico. Contestó el señor Torres que nuestra libertad era de elección, que el rey no había dejado la nación sino forzado, aunque algunos dijesen lo contrario en el particular. El señor Nariño preguntó: Si Fernando viene calvinista o luterano, ¿le habremos de reconocer en fuerza del juramento como a un legítimo rey? El señor Torres contestó que no, porque la ley fundamental exigía que fuese católico. El señor presidente del cuerpo dijo: hay un pacto recíproco entre el monarca y la sociedad. Este no puede cumplir con él, con que nos obliga el juramento, que por este respecto le hemos prestado, y para que todos se impongan de los sentimientos del congreso en esta parte y los que siguen las provincias confederadas, es del caso leer el artículo 5° del acta federal que dice:

   "Todas y cada una de las provincias unidas y que en adelante se unieren de la Nueva Granada, o de otros Estados vecinos, desconocen expresamente la autoridad del poder ejecutivo, o regencia de España, cortes de Cádiz... pues las dichas provincias sólo reconocen por legítimas y protestan obedecer en su distrito a las que sus respectivos pueblos hayan constituido... sin que por esto se rompan tampoco los vínculos de fraternidad y amistad y las relaciones de comercio que nos unen con la España no disipada, siempre que sus pueblos no aspiren a otra cosa sobre nosotros y mantengan los mismos sentimientos que manifestamos hacia ellos".

   El señor Torres dijo: la prudencia dicta otros medios de conciliación y ordinarios, sin que ocurramos a otros extraordinarios y peligrosos; el señor Nariño contestó: no valdría esto con Sámano, no detendría sus marchas porque le dijésemos que reconocíamos a Fernando ni conseguiríamos la unidad de sentimientos y opiniones que debemos guardar por respeto a la religión y a una sana política. El señor Torres dijo entonces: Dios es testigo de que nada me mueve sino los estímulos de mi conciencia, cuando los franceses que han llegado a esta capital se burlan de la religión, en cuya defensa todos debemos morir. El señor presidente del cuerpo contestó: aunque ya es personificar, esto mismo convence que si tres o cuatro que nos han llegado ofenden lo más precioso que tenemos, mucho más debemos temer si con el nombre de Fernando llega un número crecido a dominarnos. Dijo el señor Torres: las guerras en que vamos a vernos debilitarán nuestras fuerzas y abrirán el paso a estos enemigos; por otra parte, los pueblos no han dado instrucción para el desconocimiento de Fernando VII, ni yo la tengo, ni puedo prescindir de hacer una debida protesta de nulidad en la declaratoria de la independencia.

   El señor presidente del cuerpo contestó que la representación de la provincia se hallaba con los poderes suficientes para revisar y reformar la constitución del Estado; que el pasado colegio con estos mismos poderes había suprimido el título de la corona y había callado el nombre de rey. El señor Azuola dijo: prescindiendo de muchas consideraciones que concurren a persuadir la independencia por ahora me circunscribo a preguntar al señor Torres: ¿por qué no salió de la Francia Fernando VII cuando se lo proponía el barón de Coli?, ¿por qué se condenó a un destierro al obispo de Orense, solamente porque sostenía el reconocimiento de Fernando? Esta última reflexión convence que ni las autoridades de la España que no está dominada por los franceses guardan los sentimientos de obediencia y fidelidad. El señor Torres constestó que el ejemplo persuadía de que el mejor gobierno estaba sujeto a yerros, pero no que lo debiéramos imitar; que estábamos en las mismas circunstancias que había cuando se instaló el primer colegio, que las mismas razones que ahora se exponían para desconocer a Fernando entonces se pudieron alegar. El señor Leiva expuso que el juramento a Fernando no era obligatorio, cuando él ni quería ni podía cumplir con el pacto, que cinco años calificaban su involuntariedad. El señor Torres contestó que en esto se debía formar un juicioso criterio y atender a los intereses de Bonaparte. El señor Nariño expuso que si reconociésemos como un legítimo rey a Fernando, por lo que consta de la historia, también reconociéramos, con igual derecho, de fuerza, al hermano de Napoleón.

   Hemos prestado juramento a Fernando VII, rey constitucional de Cundinamarca, le hemos esperado por mucho tiempo y ya no hay esperanza de verle y no es prudencia aguardarle más, cuando Sámano acomete a las provincias que no le desconocen. El señor Torres dijo: prescindiendo del derecho, ¿cuáles son los auxilios que tiene esta provincia para sostener la lucha en que va a empeñarse? ¿Qué potencia le ayuda? ¿Cuáles son los recursos que puedan contribuir a la defensa de su independencia? El señor Montalvo preguntó al señor Torres si estaba impuesto de la revolución de Aranjuez, si sabía que en España hubo tres partidos, que los fernandistas tramaron una revolución contra Carlos IV, forzándole a abdicar la corona y que este último la reclamó. El señor Torres contestó que la revolución pudo ser obra de algunos revoltosos, sin embargo de que no hay alguna cosa cierta, cuando ha caído un velo sobre la tierra que la ha cubierto de tinieblas. Dijo el señor Nariño: ha sido mucha la prudencia de Cundinamarca en permanecer por cinco años en expectativa, cuando todo pueblo no debe perder instante en que no trabaje en su felicidad; cuando la América pudo decir a España mucho tiempo antes que había llegado la época de su emancipación; si los pueblos son como los hombres que nacen y crecen, que numeran períodos en el transcurso de su vida en que deben gobernarse a sí mismos, con más razón los de América, que jamás serán dichosos sino con su gobierno interior que repare en sus necesidades. El señor Santamaría añadió: en una de las Gacetas de Madrid vimos la reclamación que hacía Carlos IV de la corona, antes que en Bayona hubiera renunciado. Yo creo a Fernando sospechoso en la causa que se le siguió en el Escorial; lo que dice Ceballos que en Victoria le cortaron los tiros del coche, arguye o una huida y abandono de la nación, o una renuncia del derecho que le podría corresponder en circunstancias de ver los sentimientos que manifestaban sus vasallos para que no abandonase el reino, entregándose a un enemigo poderoso, que él mismo conocía elevado a la dignidad imperial por caminos vedados y medios injustos. A la verdad, queriendo anticipar su coronación Fernando VII, y viéndose reducido a la necesidad de ocurrir a Napoleón para mantenerla, es un fugitivo y le separa de su nación un muro de bronce, como dijo el mismo emperador de los franceses. El señor Torres contestó: hemos visto papeles que digan lo contrario y debemos estar a la opinión más piadosa. El señor Nariño hizo esta observación: si ponemos un mayordomo en nuestra hacienda y éste se retira cuando mira acercarse el lobo, ¿será prudencia llamarle segunda vez? En este caso estamos con Fernando, que abandonó la nación en las circunstancias más críticas y apuradas. El señor Azuola observó que si en España a un mismo tiempo todas las provincias hicieron una revolución contra Carlos IV por hallarse impotente para el gobierno, las Américas, que según las leyes de indias son una parte integrante de la monarquía española, pueden hacer una revolución contra Fernando, rey incapaz de gobernar un solo pueblo, que jamás hará la felicidad de los americanos, que si España tuvo derecho a desconocer a Carlos IV, mayor razón tiene la América para independizarse de Fernando. Ni quiere ser rey, añadió el señor Leiva, cuando se sabe que su gentilhombre, el marqués de Ayerbe, salió de Francia a España sin traer una sola letra para su nación, cuando es constante que de aquel reino salen muchos extranjeros, con quienes pudo escribir a sus vasallos. El señor Mendoza preguntó al señor Torres si tenía la más remota esperanza de que viniese Fernando sin influjo francés, cuando por los concursos se sabe que de aquella nación hay más de 100.000 hombres en la península. El señor Torres contestó que ya la suerte comenzaba a abandonar a Napoleón, quien por medios violentos había desamparado a la España, que todo violento no es permanente. El reverendo padre Buenaventura dijo: Fernando VII abandonó a la nación en la crisis más peligrosa, faltó al pacto y es reo de las miserias que experimentamos. No es justo que después de su renuncia voluntaria pretenda reinar entre nosotros. El señor Nariño añadió: el jefe del gobierno es quien debe exponerse el primero a los peligros no temiendo la muerte por sostener la existencia de toda la sociedad. El señor Azuola expuso que ya estaba en cierto modo declarada la independencia en la última constitución, que no le dejaba lugar a Fernando VII. El señor Torres contestó que no se había publicado, que esta solemnidad era un prerrequisito sin el cual no obligaba a los pueblos.

   El señor Aráoz expuso que el juramento hecho a Fernando fue por un corto número de ciudadanos y el prestado a la constitución por toda la provincia. El señor Alvarez dijo: un derecho indisputable tenemos para independizarnos de España y de todos los Borbones, pero las razones de inconvenientes que tuvo presentes el colegio constituyente no han variado hasta ahora. Por el contrario, cuando el encadenamiento de sucesos y circunstancias nos han producido enemigos internos, debemos reflexionar mucho antes de hacer la declaración, no sea que valiéndose del hábito y de la preocupación de las gentes veamos con sumo dolor encendida otra vez la tea de la guerra civil. Un ciudadano que se hallaba en la sala de los espectadores dijo: la conducta del congreso, la de las provincias confederadas, su amor a la libertad y a la independencia se ha demostrado bastantemente y queda sellada con la guerra viva que se les hace a los enemigos de nuestra felicidad. El señor Alvarez habló segunda vez: me parece que debemos atender si publicada la independencia se minora la población y se escasean los recursos para sostener la guerra. El señor Nariño contestó: si quinientos enemigos que dentro de la provincia no reconozcan la independencia, se nos minora otro tanto la necesidad de mayor fuerza, y éste será el segundo punto sobre que ha de rodar la discusión, las ventajas o inconvenientes que haya en la política declarando nuestra independencia. Después de haber ventilado, para ilustración de las gentes, para rasgar las vendas que cubren sus ojos, para apartarlos del hábito, aunque sea por 15 ó 20 días, el derecho incontestable que reconocemos para ser independientes y trabajar sin pérdida de tiempo en nuestra felicidad.

   Y siendo la hora se interrumpió esta sesión, y firman los señores presidente, vicepresidente con los secretarios.

   Hay dos rúbricas.

Ronderos,
Hinestrosa.

   Es copia, dada a 17 de julio de 1813.

Pedro Ronderos,
secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 2 de septiembre de 1813, t. II., No. 131, p. 600-603.

155
CARTA DE RODRIGUEZ TORICES A NARIÑO

COMPLACENCIA POR EL NOMBRAMIENTO DE NARIÑO COMO TENIENTE GENERAL Y DICTADOR. NOTICIAS SOBRE GREGORIO NARIÑO, HIJO DEL PRECURSOR. Cartagena, 20 de julio de 1813.

Manuel Rodríguez Torices.

En el penúltimo correo que ha venido de Cartagena, ha recibido el señor Nariño la carta confidencial que se transcribe del señor Torices, presidente de aquel Estado

   Muy estimado señor mío:

   El interés que tomo en todas las prosperidades de vuestra merced me obliga a manifestarle cuánta es la complacencia que he recibido al saber el nombramiento de teniente general y dictador que se ha hecho en vuestra merced. Yo me lisonjeo de que estas demostraciones del aprecio público tributadas a los distinguidos méritos de vuestra merced va a refluir inmediatamente en la suerte de la Nueva Granada, que necesita todos los esfuerzos de un gran genio para libertarse de sus enemigos.

   Don Pío Domínguez presentará a vuestra en mi nombre una banda de general, de muy buen gusto, que espero se servirá usted aceptar como un testimonio de mi consideración y aprecio.

   Su hijo de usted, Gregorio, fue aprehendido por uno de nuestros destacamentos avanzados en el Magdalena, por la sospecha que indujo su pasaporte dado por el supuesto virrey ; pero en Mompós se le ha tratado con toda distinción, y por este correo prevengo a aquel corregidor que le permita continuar su viaje y le franquee los auxilios que necesite.

   Me ofrezco a la disposición de vuestra con el mejor afecto y el deseo un feliz éxito en la expedición que está a su cargo.

   Cartagena, 20 julio de 1813.

Manuel Rodríguez Torices.

   Señor don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 19 de agosto de 1813, t. IT., No. 128, p. 593.

156
INFORME DEL PRESIDENTE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DE LA UNION

SOBRE LA SITUACION FRENTE A POPAYAN Y LA MOVILIZACION DE TROPAS. Palacio de gobierno, 22 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

Bando

Palacio de gobierno, 22 de julio de 1813. Sobre juramento de independencia. Texto oficial. Está también impreso

   Ya se acabaron las únicas esperanzas que quedaban de Popayán. Hoy he recibido extraordinario venido del Chaparral en que aquellos jueces me transcriben un oficio del comandante Rodríguez, que con seis personas se ha salido por el camino de Barragán y estaba para llegar. El oficio es dirigido a los jueces pidiéndoles algunos víveres para sí, sus compañeros y otras gentes que dice vienen atrás con dos miembros del gobierno; pero nada dicen de la causa de venida, y sólo añade que las ciudades del Cauca han quedado desiertas.

   Hoy ha salido el coronel Cabal con los extranjeros que había en ésta y con cerca de 300 hombres de fusil, que con otros 100 que seguirán de Mariquita, se reunirán en Ibagué 400 para recibir allí a los fugitivos y contener al enemigo, ínterin llegan los auxilios de las provincias y salga yo por Neiva y Plata.

   Todo lo comunico a vuestra excelencia para que no cese de activar las marcha de las tropas que se han ofrecido y de aprontar cuantas más se puedan para reforzar la expedición.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 22 de julio de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del poder ejecutivo de la unión.

   Al margen: Al congreso para su conocimiento (r.)

Cuevas.

   Tunja, 28 de julio de 1812.

   Enterado el congreso, vuélvase al poder ejecutivo. Por el congreso.

Camacho,
vicepresidente.
Hoyos (r.)
Crisanto Valenzuela

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

157
INDEPENDENCIA ABSOLUTA DE CUNDINAMARCA

CEREMONIA. PUBLICACION DEL BANDO DE LA INDEPENDENCIA. 22 de julio de 1813.

CUNDINAMARCA

Diario

   El señor vicepresidente del serenísimo colegio don José Ramón de Leiva, español —europeo—, fue uno de los que sostuvieron con mayor calor la justicia de nuestra independencia. Manifestó un entendimiento lleno de ilustración y un alma desprendida de preocupaciones, que pesando las cosas como son en sí, solamente da lugar a ideas que traigan consigo el carácter de madurez y de verdad.

   Concluida la discusión, se sancionó se publicase dicha independencia absoluta, habiendo habido solamente dos votos en contrario. En el momento una gran parte del pueblo que se hallaba de espectadora, prorrumpió en alegres vivas al serenísimo colegio por la medida que acababa de tomar. Acto continuo, el mismo colegio sancionó que el Estado de Cundinamarca, independiente ya de otra autoridad que no sea la del Ser Supremo y del pueblo soberano, se pusiese bajo los auspicios de Nuestra Señora la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción.

   Pasada la primera sanción al excelentísimo señor presidente del Estado para que tratase de llevarla a efecto, dispuso su excelencia se hiciese la publicación de la independencia el 19 por la tarde, dictando las providencias convenientes para la mayor solemnidad de tan augusta demostración.

   Como el 18 por la noche una mano oculta y seguramente enemiga de nuestra gloria, hubiese cortado y echado a tierra el árbol de la libertad que se hallaba colocado en medio de la plaza mayor, el 19 por la mañana se fijó en los lugares públicos el boletín de providencias del gobierno, número 11, en que se ofrecen $ 200 de gratificación al que diere aviso, en términos de poder justificar, de la persona o personas que cortaron el referido árbol. A las tres de la tarde, con la mayor solemnidad posible se publicó el bando de la independencia que ya ha visto impreso el público. Las casas y calles por donde pasó se hallaban decentemente colchadas. El acontecimiento principiaba por una lucida escolta de sargentos de todos los cuerpos militares; luego seguían varios particulares a caballo; inmediatamente, los miembros del cuerpo cívico y de la representación nacional en caballerías enjaezadas presididos del presidente del senado. A éstos escoltaban las compañías de granaderos de los cuerpos veteranos, a los cuales seguían los artilleros con varias piezas volantes y cerraba el acompañamiento una compañía de caballería veterana. Finalizado el bando, se renovó el árbol de la libertad, plantando un olivo en lugar del arrayán que se había cortado.

   Inmediatamente que concluyó esta función, pasó el cuerpo cívico, con los tribunales y miembros de la representación nacional, precedidos del excelentísimo señor presidente del Estado, a la iglesia de San Juan de Dios, con el objeto de pasar allí a la catedral, la imagen de la gloriosa mártir santa Librada, cuya fiesta se había de hacer el día siguiente, en que se celebraba el aniversario de nuestra libertad.

   El 20 asistieron las mismas corporaciones a la catedral a tributar gracias al Ser Supremo, con motivo del cumpleaños de nuestra transformación política. La oración panegírica (que en breve verá la luz pública) la produjo el reverendo padre licenciado fray Francisco Antonio Florido, de la orden de franciscanos. Ella mereció el aplauso general tanto por la sublimidad de pensamientos como por la solidez de sus razones y finura de su estilo.

   Concluida esta función, se pasó al salón del serenísimo colegio electoral y allí juraron sostener y defender con su opinión y aun con su vida la independencia absoluta y soberana del pueblo de Cundinamarca, el excelentísimo señor presidente del Estado, los miembros del mismo colegio electoral, las corporaciones y tribunales de la representación nacional, el ilustre cuerpo cívico, el cabildo eclesiástico, los gobernadores del arzobispado, los prelados de las comunidades, los colegios y los jefes militares; habiéndose prestado dicho juramento no en común sino por corporaciones separadas.

   Inmediatamente la fuerza armada prestó en la plaza mayor el respectivo juramento, a la bandera nacional, solemnizándose este acto con descargas de infantería y artillería. Dicha bandera lleva en el medio un águila en actitud de volar; en la mano derecha tiene una espada y en la izquierda una granada en flor; ella está orlada de cadenas rotas; sobre lo alto de la cabeza está el gorro de la libertad y, encima de éste, se ve este mote: Independencia o muerte.

   Por la tarde hubo diversión de toros y acabada ésta, las mismas corporaciones que el día antes habían pasado de la iglesia de San Juan de Dios a la catedral la imagen de santa Librada, la trasladaron al lugar de donde había salido. Esa noche y la siguiente hubo iluminación general.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 22 de julio de 1813, t. II., No. 123, p. 574-575.

158
OFICIO DE MONTES AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

CONTESTACION. CARTA CONFIDENCIAL DE MONTES A NARIÑO. Quito, 31 de julio de 1813. 25 de agosto de 1813.

Toribio Montes,
Antonio Nariño.

Oficio con que el ciudadano coronel Cabal remitió a este gobierno los pliegos de don Juan Sámano y de don Toribio Montes de que se habló en el boletín número 59

   Excelentísimo señor:

   Acaba de llegar el adjunto pliego, que según el pasaporte es dirigido por don Juan Sámano para su excelencia. El conductor es un vecino de Cartago que venía con el encargo de pasar a Santafé a la mayor prontitud y dice se le ofrecieron $20 para que no se retardase. Este se ha hecho sospechoso, porque habiendo hablado con un soldado de los derrotados le dijo que bien podían presentarse que no se les seguiría nada. Queda asegurado y sin comunicación.

   Asegura también que ya se han retirado de la Balsa y en esto conviene con la misma noticia que ha dado una mujer de las fugitivas, que ha llegado después en busca de su marido. El pase que está al pie es una de mis avanzadas. Las otras se hallan del otro lado del páramo y avisan no haber novedad. Tampoco la tiene vuestra excelencia en este cuartel.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Ibagué, agosto 18 a las nueve de la noche de 1813.

José María Cabal.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Oficio de Montes a este gobierno

   Hallándome encargado para poner término a los graves males, al desorden y lastimosa ruina en que se ven sumergidas las provincias del reino en Santafé, y deseoso de acreditarlas (conforme a las intenciones del supremo consejo de regencia de las Españas que gobiernan en nombre de nuestro amado rey, el señor don Fernando VII), me animan los justos sentimientos de humanidad y de beneficencia, como los más vivos deseos de procurar por todos los medios decorosos y suaves la debida tranquilidad y sosiego entre hermanos y compatriotas, que siguen una misma religión, costumbres y lenguaje, como lo he observado y tienen pruebas de ello las provincias de Quito y todo el distrito de Popayán, reducidas ya a seguir la justa causa que defiende la nación contra el tirano de la Europa y obedeciendo a las legítimas autoridades, no puedo menos de manifestarlo a ese gobierno para concertar y arreglar los medios más propicios y justos para una capitulación, o ajuste, a fin de que se verifique la paz y cese todo disgusto y perjuicio, y al efecto incluyo un ejemplar de la constitución política de la monarquía española publicada y jurada en casi todas las provincias de ultramar, y otras reales órdenes concernientes al asunto.

   Por ella reconocerán esos habitantes que se han distraído de sus más sagrados deberes y los errores en que han caído incautamente y que deben esperar la regeneración en todos los ramos de la prosperidad común y particular; el gobierno interior de los pueblos y provincias, la administración de justicia, seguridad individual y de las propiedades, el manejo de las rentas públicas, la seguridad de derechos entre españoles de ultramar y europeos, con olvido de todo lo pasado, si reconocen la legítima instalación obedeciendo a la regencia y demás autoridades constituidas.

   La península ha conseguido ventajas tan favorables sobre los franceses, que ya se hallan acorralados sobre las fronteras por los ejércitos aliados, y la Rusia los ha destruido completamente, de modo que se ha separado de Napoleón la Alemania y la confederación del Rin, sabiéndose también por positivo que 11 provincias se hallan sublevadas y que el papa ha celebrado un concordato con aquel mismo para volver a su villa y gobernar la Iglesia, cuyos sucesos se han celebrado en todos los dominios de la monarquía española.

   Considero que éste es el oportuno tiempo para que cesen los desastres y el medio de poner fin a los males que afligen a esas provincias y que vuelvan a su reposo y tranquilidad, además de que la reconciliación deberá ser ingenua y sincera, e influirá en gran manera a la salvación de la patria, que se ha visto afligida por la más inicua agresión del cruel tirano del mundo.

   Tan justas y fundadas razones me han movido a manifestarlas a ese gobierno, de quien espero la correspondiente contestación, y que no dará lugar a que la expedición destinada de tropas de mi mando se vea obligada a usar de las armas contra sus hermanos, y que se evitarán los perjuicios, daños, desórdenes, desolación y demás desastres que son consiguientes.

   Este es el sentir de la regencia del reino, que desea la tranquilización de las provincias de Santafé, en el concepto de que en nada faltaré a cuanto estipule y convenga con ese gobierno, observándolo inviolablemente.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Quito, 31 de julio de 1813.

Toribio Montes.

   Señor presidente y junta de la ciudad de Santafé.

Contestación del gobierno a Montes

   En 21 del corriente recibió este gobierno por medio del brigadier Juan Sámano el pliego que su señoría le dirigió con fecha 31 de julio último, en que viene inclusa la constitución que han formado algunos pueblos de la península para sujetar indirectamente las Américas al dominio de Bonaparte. Es cosa asombrosa el lenguaje contradictorio e injusto que en esa desgraciada época han tomado los españoles para su propia ruina y la nuestra; parece que en el momento de la desesperación de ver perecer a su patria no les queda otro consuelo que el que perezcamos todos. Me dice vuestra señoría que viene a "procurar por todos los medios decorosos y suaves la debida tranquilidad y sosiego entre hermanos y compatriotas que siguen una misma religión, costumbres y lenguaje", ¿cree vuestra señoría por ventura que está hablando con Atahualpa o Moctezuma?, pues se engaña su señoría si así lo piensa; lo único que podrá hacer es renovar los horrores de la conquista como lo ha comenzado ya a verificar en esa desgraciada ciudad y en Pasto. ¿Con qué poderes, con qué facultades viene su señoría a darnos una tranquilidad y un sosiego que ni le pedimos ni necesitamos? Con el de la fuerza de las armas, que es el derecho de los salteadores y el mismo con que sus antepasados destronaron en el Nuevo Mundo a 300 reyes que eran más legítimos dueños de estos territorios, que su adorado Fernando lo es, no digo de la América, pero ni de la España, que estúpida y cobardemente entregó a los franceses.

   Dejémonos, señor mío, de regencias y amados Fernandos para tender lazos a algunos incautos e indefensos pueblos de América; la suerte está echada y los españoles sólo podrán como lobos sedientos de sangre devastar algunas comarcas, pero jamás arrancarnos el uso de unos derechos que están escritos en el corazón de todos los hombres y estampados en esta misma constitución que vuestra señoría me incluye. "La nación española (dice ésta en el artículo 2° del título 1°) es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona. La soberanía reside (artículo 3°) esencialmente en la nación y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales". ¿Concluye la nación española, representada por cuatro pueblos de la península, es libre e independiente y no puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona, y un mundo entero cien veces mayor que toda la Europa ha de ser el patrimonio de 30 ó 40 españoles a quienes se les ha puesto en la cabeza dominarnos?, ¿conque el pueblo de cuatro lugares de Andalucía es soberano y puede establecer leyes fundamentales y el de la Nueva Granada es una manada de siervos que deben esperar su felicidad de las manos de vuestra señoría? ¡Estupendos principios para ahora 300 años!, pero ridículos y vanos para estos tiempos. ¿Qué dirá la posteridad cuando vea en el oficio de vuestra señoría a un oficial de la moribunda España venir a ofrecer su protección a dos millones de hombres, en lugar de venirles a pedir un asilo y a implorar su clemencia? Creerá sin duda que el héroe de Cervantes no fue fantástico y quimérico sino que existió real y verdaderamente entre los hijos de aquella nación en sus últimos delirios.

   ¿Cómo concilia vuestra señoría esto de hermanos, compatriotas, que siguen una misma religión, costumbres y lenguaje, con lo de que la expedición de su mando se verá obligada a causarnos todos los perjuicios, daños, desolación y demás desastres que son consiguientes, si no nos sometemos a sus órdenes? ¿Qué juicio harían en España de mí si me apareciera en Sevilla con cuatro aventureros y escribiera a los gobernantes de Cádiz incluyéndoles la constitución de Cundinamarca ofreciéndoles mi benevolencia si se sujetaban a mis órdenes y amenazándolos con mi cólera, si no se entregaban a discreción? ¿No se reirán de mi proyecto desatinado? Pues quizá no lo es tanto como el de vuestra señoría porque las Américas pueden a lo menos ofrecer un asilo y el principal nervio de la guerra que es el dinero. Pero la España, ¿qué es lo que puede ofrecernos? Cadenas y orgullo, que es todo lo que le ha quedado.

   La provincia que está a mi mando por la voluntad de unos pueblos que son tan soberanos, como los de Cádiz, Jerez y Málaga, está muy distante de sufrir los males que vuestra señoría le supone; no sólo reina en ella la justicia y el orden, sino que sus hijos más humanos y virtuosos que los que hicieron la decantada constitución de las cortes, han mantenido en sus derechos y propiedades a los españoles que residían entre ellos y a los que, perseguidos en otras partes, han venido a buscar un asilo en Cundinamarca. Si este orden se turbare por la aproximación de las tropas del mando de vuestra señoría, o por un justo derecho de represalia, a vuestra señoría y no a mí serán imputables los males que se padezca en lo sucesivo.

   Si vuestra señoría quiere abrir los ojos a la razón y a la justicia y a oír los clamores la humanidad, mude de intenciones y de lenguaje y encontrará entre nosotros hospitalidad y un asilo contra el furor del tirano de la Europa; pero si sordo a la voz de la naturaleza quisiere adelantar sus miras de conquista, cuente vuestra señoría que van a correr torrentes de sangre, no sólo en el campo de batalla, sino en todos los lugares de la comprensión de Cundinamarca que hasta ahora nada han tenido que padecer, y que si la fatalidad le diera a vuestra señoría la victoria, vendrá a reentronizar el despotismo sobre ruinas y montones de cadáveres, pues estoy resuelto en el último evento a sacrificarlo todo y a reducir a cenizas hasta los templos antes que volver a ver mi patria bajo su antigua servidumbre.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   25 de agosto de 1813.

Antonio Nariño.

   Señor don Toribio Montes.

Carta confidencial de Montes al señor Nariño

   Muy señor mío y de mi mayor atención:

   Escribo de oficio a ese gobierno con inclusión de la constitución política de la monarquía, manifestando mis justos deseos de que cesen los males de toda especie, precediendo una reconciliación ingenua y sincera de lo pasado y que se corra un velo, pues estoy pronto a acceder a cuanto sea conveniente y justo antes que llegue el caso de usar las armas y la fuerza.

   Tenga usted presente que cuando llegué yo a Santa Marta y pasaba a Cartagena no pude llevarlo en mi embarcación, porque no era posible transportar la tropa que le acompañaba.

   Espero la más pronta y favorable contestación de ese gobierno. Este país se halla contento y reconciliado de buena fe, lo cual es natural sepa usted; y como de mi exposición podría dudar, no debo extenderme sobre el asunto.

   Pedro Urquinaona se halla encargado por la regencia para tratar con ese gobierno, pero si no lo hubiese verificado todavía, puede hacerlo conmigo que es lo mismo.

   Con este motivo me ofrezco a la disposición de usted deseoso de complacerle y que mande en todo cuanto guste a éste su más afecto seguro servidor que su mano besa.

   Quito, 31 de julio de 1813.

Toribio Montes.

   Señor don Antonio Nariño1.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 26 de agosto de 1813, t. II., No. 129, p. 594-595.

NOTA:
1   A esta carta no ha dado el señor Nariño otra contestación que el oficio del 25 del presente, que acaba de ver el público.

159
CARTA DE FRANCISCO MONTALVO A NARIÑO

INFORMA SOBRA LOS SALVOCONDUCTOS PARA LAS PERSONAS QUE NARIÑO ENVIA COMO MEDIADORES. SE PRONUNCIA A FAVOR DE LA CONCILIACION ENTRE SANTA MARTA Y CARTAGENA. DA CUENTA DE LA SUERTE DE GREGORIO NARIÑO, HIJO DEL PRECURSOR. Santa Marta, 2 de agosto de 1813.

Francisco Montalvo.

   Señor presidente:

   Inmediatamente que recibí el pliego de vuestra señoría de 9 de julio anterior, he remitido y encargo al comandante del cantón de Chiriguaná, dirija al puerto real de Ocaña el salvoconducto para la seguridad y trato decoroso de las personas de diputación, que vuestra señoría me dice vendrán autorizadas para tratar de los medios de conciliación con el fin de establecer una paz verdadera y perpetua en todo el año.

   Nada es más análogo a los principios adoptados por el gobierno de la generosa nación española ni más conforme a los sentimientos de mi carácter que este paso. Por lo tanto no he vacilado un instante en prestarme a la comunicación que se me propone; confiado en que la Providencia favorecerá las rectas intenciones de mi corazón, y allanará todo género de dificultades; pues por mi parte contribuiré por cuantos medios me dicte el interés del bien común hasta radicar la franca y sólida concordia en que deseo ver a los habitantes del Nuevo Reino de Granada.

   La ilustre Santa Marta no ha intentado derramar la sangre de sus compatriotas sino cuando ha sido precisada a tomar las armas para su propia seguridad y defensa; y después de haberse visto atacada con tal ferocidad cual no presenta otra semejante la historia de los pueblos.

   Convengo desde luego con vuestra señoría en que existen otros medios más benéficos y seguros que los que ofrece una guerra destructora como lo acredita la exhortación que mandé imprimir en 26 de febrero dirigida a que terminasen las disensiones y las odiosidades entre los habitantes de este reino, de la cual acompaño a vuestra señoría dos ejemplares para que por su contenido venga vuestra señoría en conocimiento de los principios que sirven de norma a mi conducta.

   Esto convence que tengo dadas pruebas nada equívocas de mi propensión a abrazar cuantos medios de los que se encaminan al restablecimiento de la tranquilidad. Don Gregorio Nariño se me presentó pidiéndome pasaporte para esa capital a donde iba a recaudar la herencia perteneciente a él y a su menor hermano, de un tío suyo que falleció en Cuba. Al instante se lo franqueé por término de seis meses para que fuese a concluir su cobro. Posteriormente he sabido que se le ha hecho prisionero por los agentes de Cartagena en Uñania al sur de Tamalameque. No me es fácil expresar a vuestra señoría el sentimiento que me ha causado este suceso por haber recaído en un joven de circunstancias muy apreciables. Baste decir a vuestra señoría que sólo este acaecimiento hubiera podido amargar el justo placer que debo sentir al ver a vuestra señoría preparado a entrar en una concordia general que será el único paso capaz de asegurar esa paz duradera, que es el objeto de mis continuas meditaciones.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santa Marta, 2 de agosto de 1813.

Francisco Montalvo.

   Señor don Antonio Nariño.

   Es copia,

José María Ramírez,
secretario interino.

   Rubricado.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de historia y antigüedades, v. XXVII, p. 918 y 919.

160
OFICIO DE NARIÑO AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

ANUNCIA CALIDA RECEPCION DE LOS REFUERZOS DE TROPA PROCEDENTES DE TUNJA. Santafé, 7 de agosto de 1813.

Antonio Nariño.

   Por el oficio de vuestra excelencia de 31 de julio último, contestación al mío del 22, quedo impuesto de que esa provincia de Tunja se aprontaba a reforzar mi expedición con 200 hombres, los cuales serán recibidos aquí con las mismas demostraciones de aprecio con que lo han sido los otros 200 que con igual objeto llegaron ayer de la del Socorro.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 7 de agosto de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del congreso.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

161
CAMBIO DE INSIGNIAS DEL ESTADO SOBERANO DE CUNDINAMARCA

BANDERA, CUCARDA, VENERA Y MONEDA. Santafé, 7 de agosto de 1813.

José María Hinestrosa.

CUNDINAMARCA

   Como a la declaratoria de la absoluta independencia y desconocimiento de toda otra autoridad que no fuese la del Dios Omnipotente y la del pueblo soberano fuese consiguiente la mutación de divisas tanto en las banderas militares, como en la cucarda nacional, banda, insignia presidencial y sello del Estado, el serenísimo colegio electoral, en sesión del 17 de julio último, tomó en consideración esta materia, y por totalidad de sufragios resolvió se comisionase al excelentísimo señor presidente del Estado para que formase los diseños de las expresadas divisas y los presentase a su alteza soberana para su aprobación. Su excelencia, en cumplimiento de esta comisión, procedió a arreglar aquéllas en la forma siguiente: la bandera del ejército se compone de tres colores, a saber: azul celeste, amarillo tostado y color de punzón, y en el medio de ella se ve un águila con una espada en el pie derecho, una granada en el izquierdo y sobre la cabeza el gorro de la libertad. Los mismos colores tienen la cucarda nacional y banda del presidente, y la primera de éstas es de figura cuadrilonga. La venera, o insignia presidencial, tiene en lugar de la corona el gorro de la libertad y en lugar de cetro una espada, este mote: libera populorum voluntate. Ultimamente la moneda de la nación tiene por el un lado el busto de la libertad y esta inscripción: libertad americana; y por el otro una granada y esta inscripción: Nueva Granada. Cundinamarca; y el valor de la moneda y año en que salió.

   Estas divisas fueron pasadas por el excelentísimo señor presidente del Estado al colegio electoral, quien por totalidad de votos las aprobó y mandó se usasen en adelante, como se manifiesta de la certificación siguiente:

   "El infrascrito secretario del serenísimo colegio electoral revisor certifica: Que habiendo el supremo gobierno de este Estado remitido para su aprobación al enunciado colegio las divisas de banda, medalla, bandera, escarapela, los dos sellos, mayor y menor, y diseños de moneda de plata provincial que en conformidad de la declaratoria de absoluta independencia de esta provincia deban usarse en adelante, en sesión del día de esta fecha, después de vistas y examinadas con particular atención cada una de las referidas divisas, hecha la moción de si se aprobaban o no, la totalidad de los concurrentes resolvió afirmativamente; y para que conste de orden del señor presidente del cuerpo, doy la presente en Santafé a 7 de agosto de 1813.

José María Hinestrosa".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 19 de agosto de 1813. t. II , No. 128, p. 593.

162
OBLIGACIONES RECIPROCAS ENTRE EL GOBIERNO Y LOS CIUDADANOS

EL CASO DEL CIUDADANO FRANCISCO FERNANDEZ. Santafé, 10 de agosto de 1813.

Decreto del supremo gobierno a la antecedente representación

   Santafé, 10 de agosto de 1813.

   "El pacto social sobre que rueda esta representación encierra en sí una obligación recíproca del gobierno para con el ciudadano y de éste para con el gobierno. No hay pacto en que el ciudadano pueda exigir protección sin querer llevar las cargas de la sociedad, ni basta el no turbarla si se deniega a servirla; pues en este caso el gobierno no lo turbará, pero tampoco lo protegerá contra la injusticia de los que lo quieran oprimir. Querer disfrutar las ventajas de una sociedad sin contribuir a su sostenimiento, es querer un privilegio contra la comunidad de los demás ciudadanos; es querer llevar las ganancias sin sujetarse a la pérdidas. En este concepto don Francisco Fernández puede permanecer en esta sociedad, que le franqueará su protección si contribuye a sus cargas, o escoger otra (si la hubiere en la tierra) en que le presten toda protección sin ningún gravamen, pero de ningún modo permanecer en los límites de un gobierno que hasta ahora le ha protegido, si se niega a servirlo, con los demás de la comunidad, con sus opiniones, su persona y sus bienes, que son los que en recompensa y por un efecto del mismo pacto el gobierno le garantiza en los derechos de libertad, seguridad y propiedad que alega. Declarándose que aunque en esta representación se confunde el bando sobre el juramento de la independencia con la providencia sobre el empréstito a que también se ha denegado y que es lo que motiva únicamente la presente reclamación"

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 26 de agosto de 1813, t. II., No 130, p. 596.

163
CARTA DE NARIÑO AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

REFERENCIA A LA OCUPACION DE VALENCIA POR LAS TROPAS PATRIOTAS Y SOBRE EL ANUNCIO DE LA PROXIMA ENTRADA DE BOLIVAR A CARACAS. TACTICA MILITAR EN LA CAMPAÑA DEL SUR. Santafé, 2 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

   A las ocho y media de la noche próxima anterior recibí en cama el oficio de vuestra excelencia de 31 de agosto último, con el impreso que lo acompañaba, y que contiene las plausibles e interesantes noticias de la ocupación de Valencia por nuestras armas el 2 del mismo, que después de una completa derrota y fuga de Monteverde anuncia la próxima entrada del general Bolívar a Caracas.

   Publicado y celebrado en aquella misma hora con repiques de campanas y otras demostraciones de regocijo tan feliz suceso, he creído muy conveniente y aun interesante a la causa común participarlo hoy mismo por extraordinario al gobierno de Cartagena por si en derechura no hubiese podido hacerse con igual por vuestra excelencia.

   Por lo demás, aunque la notoria enfermedad que actualmente me tiene postrado no me ha permitido salir con el grueso de la expedición, tengo dadas las órdenes, tomadas las medidas y precauciones convenientes para impedir los progresos del enemigo por el sur, entre tanto que se adelantan las marchas de las divisiones que ya están en camino, y de la que va a salir inmediatamente.

   Las disposiciones tomadas tienen por objeto, como dicta la prudencia, no aventurar la fuerza de nuestras armas y afianzan en cuanto quepa el buen suceso que debemos esperar, más que en nuestras propias fuerzas, en la justicia de la causa y en la protección del Dios de las batallas, mucho más cuando nuestras tropas, muy lejos de hallar en Popayán la buena disposición y espíritu público que las del norte hallaban en aquellos pueblos que suspiraban por la libertad, no encontrarán sino repulsas y hostilidades, muy propias de aquellos que han recibido con aclamaciones a los enemigos de ellas y del nombre americano.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 2 de septiembre de 1813.

   Excelentísimo señor presidente del soberano congreso.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

164
INSTRUCCION PARA LA COMISION DE VIGILANCIA Y SEGURIDAD PUBLICA

INSTRUCCIONES DE NARIÑO PARA EL GOBIERNO Y CONDUCTA QUE HA DE OBSERVAR LA COMISION DE VIGILANCIA Y SEGURIDAD PUBLICA PARA SANTAFE DE BOGOTA Y SU PROVINCIA. Santafé, 4 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño
Juan Dionisio Gamba.

   Instrucción para el gobierno y conducta que ha de observar la comisión de vigilancia y seguridad pública, creada por decreto de 27 de agosto último publicado por bando.

   Artículo 1°. A esta comisión establecida en uso de las facultades de la dictadura y con sólo dependencia de ella, será privativo entender y conocer, con inhibición de todo otro tribunal, en los negocios tocantes a la seguridad y quietud pública de esta capital y su provincia, con precisa y única relación a los que ataquen de cualquier modo a la causa general de la libertad e independencia que hemos proclamado; a los obstinados partidarios del gobierno de la península que connaturalizados (por decirlo así) con la ignorancia y la esclavitud procuran persuadirnos la obediencia a las cortes y regencia de Cádiz; a los que por cualquier vía trataren de conducirnos o entregarnos a las antiguas cadenas, o caer bajo cualquier dominación extranejera.

   Artículo 2°. Se compondrá la comisión de siete vocales y un fiscal, que ya se hallan nombrados, y designado el que ha de ser presidente. Elegirán entre sí un vicepresidente, y acordarán o sortearán entre los demás miembros el orden de asientos, votaciones, firmas y demás conducente a la economía interior.

   Artículo 3°. Los procedimientos de la comisión serán tan prontos y activos como lo demanda su objeto. Así pues, en la formación y sustanciación de las causas se procederá a estilo militar, reduciendo los términos de la actuación a los precisos de ordenanza, consultando así a la menor molestia de los reos, y al más pronto castigo y escarmiento que tanto interesa a nuestra seguridad.

   Artículo 4°. No tomará la comisión providencia judicial en virtud de papeles anónimos, ni por denuncios que no estén suscritos por personas conocidas. En fuerza de los que se recibieren con este requisito, promoverá el fiscal el juicio correspondiente. Y si el delator exigiere no ser descubierto, sólo se le guardará secreto mientras se asegura el reo y hasta que llegue el caso de responder éste a la acusación, que entonces se le manifestará el nombre del denunciante, y éste deberá responder a las resultas del juicio.

   Artículo 5°. Los sumarios se formarán por uno de los miembros que para ello dipute la comisión, y éste recibirá por sí las declaraciones de testigos y confesiones de los reos, sin someterlas al escribano, ni a otra persona.

   Artículo 6°. Las providencias de prisión y embargo de bienes no se dictarán sino por el tribunal con vista de lo actuado; pero si hubiere peligro en la fuga del reo, cualquiera de los individuos de la comisión (si no hubiere tiempo de dar parte al presidente o vicepresidente de ella) podrá ponerlo en calidad de detenido en la cárcel, cuartel o cuerpo de guardia, o bien en su casa con ella, dando precisamente cuenta al tribunal luego que se junte.

   Artículo 7°. Si a consecuencia de la prisión y embargo de bienes fuere preciso o conveniente hacer ocupación de papeles de reos, se ejecutará a presencia de éste y del actuario por el miembro de la comisión encargado de las diligencias, y pasándose a ella los que únicamente sean conducentes al juicio, los demás se cerrarán, sellarán y pondrán en seguro depósito, conservándolos como una propiedad del reo, que no debe ser tocada ni escudriñada, sino en lo que pertenezca a la averiguación y comprobación de su delito y a la seguridad del Estado.

   Artículo 8°. En las sentencias de muerte deberá precisamente estar completo el número de los siete vocales, y no podrá ejercitarse si no hubiere por lo menos cinco votos enteramente conformes.

   Artículo 9°. En las de destierro, o confiscación de bienes, bastarán cuatro votos conformes.

   Artículo 10. Los miembros de la comisión que hubieren votado por la sentencia que se ejecuta, serán personalmente responsables de las faltas en las fórmulas prescritas, o de la notoria injusticia.

   Artículo 11. En las sentencias de muerte habrá un recurso de súplica para ante los mismos jueces, que deberá interponerse en el término de 24 horas, y fenecerse dentro de tres días. Si alguno de los que votaren por la sentencia suplicada se separase de su voto en la revista aunque se agregue otro de los que votaron en contra, no se ejecutará, y por consiguiente, se votará de nuevo sobre lo que se ha de imponer en lugar de aquélla.

   Artículo 12. Aunque de la honrosidad y celo de los sujetos nombrados se promete el gobierno la más puntual y constante asistencia a la sesiones diarias de la comisión, si contra toda esperanza faltare alguno a ellas sin legítima y calificada causa, será multado por la primera vez con $ 25; por la segunda, con 50 y en 200 por la tercera; y si esto no bastare, se le tratará por la misma comisión como desafecto a la causa.

   Artículo 13. En caso de vacante, impedimento físico o legal, la totalidad de los mismos miembros restantes de la comisión elegirá la persona que ha de llenar, sin admitir excusa, y leyéndosele en el mismo acto esta instrucción, se le recibirá el juramento.

   Artículo 14. En caso de discordia se volverá a ver el proceso, precisamente en acto continuo; se conferenciará y se volverá a hacer la votación. Si no obstante volviese a resultar discordia, no se ejecutará la pena mayor, sino la que le siga inmediatamente, según resulte de la votación en el orden de su gravedad.

   Artículo 15. Se admitirá por una sola vez recusación y ésta podrá ser de tres miembros de la comisión, sin expresión de causa, y se hará el reemplazo conforme al artículo 13.

   Artículo 16. Los auxilios para prender a hasta seis u ocho personas a un tiempo, se pedirán al comandante de armas, que los franqueará si personalmente o por esquela firmada se le pidiesen por cualquiera de los miembros de la comisión; pero si el número de los reos fuere mayor, sólo se darán con orden del gobierno, a quien ocurrirá en derechura la comisión.

   Artículo 17. Llegado el caso de ejecución de las sentencias, la comisión dará parte al gobierno para que, como en él residen las facultades y medios necesarios, libre las órdenes conducentes a que se verifique.

   Artículo 18. Siendo el asunto de esta instrucción de tanta gravedad y habiéndose formado con la rapidez a que dan lugar las actuales circunstancias, la comisión, en vista de ello, podrá hacer presente lo que eche de menos o pedir las explicaciones que crea necesarias antes de mi salida para la expedición, sin prejuicio de comenzar desde el día a tomar conocimiento de los negocios de su incumbencia.

   Santafé, 4 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.
Juan Dionisio Gamba,
secretario de Estado.

   Es copia,

Gamba.

   Santafé de Bogotá1.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo. Op. cit.

NOTA
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1°.

165
OFICIOS CRUZADOS ENTRE EL PRESIDENTE DEL CONGRESO Y EL DE CUNDINAMARCA

POLEMICA SOBRE LA MONEDA PROVINCIAL QUE ANUNCIA SELLAR EL ESTADO DE CUNDINAMARCA. Tunja, 16 de septiembre de 1813. Santafé, 20 de septiembre de 1813.

Camilo Torres,
Antonio Nariño.

Congreso

Correspondencia oficial de este cuerpo con el presidente de este Estado de Cundinamarca, dimanada de haberse anunciado en la Gaceta número 128 haber aprobado el colegio electoral el cuño de una moneda provincial sacada de un impreso de Tunja cuyo título es: " Resolución del congreso y correspondencia con el presidente de Cundinamarca, sobre el proyecto de sellar moneda"

Oficio del poder ejecutivo de la unión al presidente de Cundinamarca

   Entre los impresos que vuestra excelencia me acompaña en el último correo, he visto con sentimiento en la Gaceta suelta de 19 del pasado número 128, en el artículo Cundinamarca, la novedad de una moneda provincial que pretende sellar aquella provincia. No creía el gobierno de la unión que pendiente la negociación de federación que ha suspendido vuestra excelencia, se diese un paso de esta naturaleza, que nos vuelve a comprometer y que exige la reclamación del congreso.

   Santafé no puede sellar moneda de ninguna especie porque éste es un atributo de la soberanía, y la soberanía no reside sino en la totalidad del pueblo de la Nueva Granada. Santafé es una parte de ella y por más que quiera sustraerse, ha estado y estará en la federación. La sociedad no se ha disuelto cuando hemos destruido el antiguo gobierno y la menor parte no puede dar la ley al todo, sino que la debe recibir de él, supuesto que ha disfrutado y disfruta de las ventajas comunes que sólo se conceden con este respecto. Este es el orden de la naturaleza y la razón; todo lo demás es una violencia contra la autoridad general.

   La casa de moneda de Santafé no es ni ha sido una propiedad de esa ciudad o de la provincia que ha constituido; es del todo; se ha construido o se ha redimido con caudales públicos; estaba incorporada a la corona y Santafé no se ha subrogado respecto de los pueblos del reino en lugar de la corona de España.

   Aún los más obstinados en negar el derecho que tienen la totalidad a las casas de moneda de Santafé y Popayán como unas propiedades públicas adquiridas con los fondos comunes y reivindicadas del gobierno español sólo han dicho, aunque con una inconsecuencia visible, que dichas propiedades o edificios públicos y todo lo anexo a ellos con los productos de la elaboración son una pertenencia suya, porque casualmente se hallaba en su territorio (lo que no dirán si se hallase en el ajeno), pero que la facultad de imponer el sello, de decretar la ley y de establecer el valor, era privativa del congreso; como si el congreso hubiese de autorizar para una o dos provincias el tributo sobre las demás, o como si este sello, esta representación de la autoridad general, este carácter con que correrá entre las demás naciones pudiese prestarse a una sola parte de la nuestra y estar pendientes de su arbitrio todas las demás.

   Reflexione vuestra excelencia las consecuencias que este hecho va a traer. Ninguna provincia recibirá la moneda de Santafé. Todas ellas se creerían con igual derecho, pues ninguna es más que las otras. Santafé no es una provincia minera y por esta razón, ni aun ha debido estar la casa de moneda en su seno. Si se la conserva, esta es una prueba de la benevolencia que ha tenido el congreso con esa provincia, por más que se la quiera desconocer, y sus ventajas todo el mundo sabe cuán grandes son, aun cuando los productos pertenezcan, como de derecho pertenecen a la totalidad. El valor impositivo de la moneda es un tributo, como se ha dicho, que se exige de las provincias y las provincias no son tributarias de Santafé.

   Ya es tiempo de desengañarse de la pretendida independencia de esa provincia y de su impotencia para ella y mucho más para hacer adquisiciones sobre las demás. Un solo amago del enemigo que hasta ahora ha experimentado por haber tenido la fortuna de que las demás sean la barrera que defienda su seguridad, un solo amago ha bastado para que ella conozca que necesita del auxilio de todas, sin embargo de los recursos del antiguo gobierno, que había reconcentrado y conservado para sí sola. Hombres, armas, dinero, municiones, etc., todo le ha sido necesario a vuestra excelencia y todo lo ha pedido y obtenido generosamente de las provincias. ¿Es esta una digna correspondencia?

   ¿Hasta cuándo lucharemos contra nosotros mismos? ¿Cuándo cesará esta injusta rivalidad? ¿Cuándo Santafé se someterá a los justos deseos de sus hermanas? Pues yo denuncio a vuestra excelencia que el congreso ni tolera ni permite esta nueva usurpación de la autoridad general; que desconoce toda facultad de sellar moneda de cualquiera especie que sea, sino por esta misma autoridad general que han confiado y depositado los pueblos en él y que no pertenece sino a la totalidad, como se ha dicho y como un atributo de la soberanía del pueblo, reconocido en todos tiempos y entre todas las naciones. Denuncio a vuestra excelencia que esta es una verdadera infracción y una novedad en el supuesto sobre que rodaron los tratados de 30 de marzo, que hasta ahora han tenido cumplimiento de parte del congreso, y en las deliberaciones por ellos diferidas, y que es bien extraño que cuando por basa de todos los auxilios que ha pedido y obtenido vuestra excelencia y del actual orden de cosas en los peligros que nos rodean, se ha establecido una suspensión de las pretensiones que tenía Santafé, contando con aquel supuesto, se adelanten estas mismas pretensiones con absoluto desprecio del congreso y del acta federal, que es hasta ahora la única ley escrita de los pueblos.

   Concluyo, pues, rogando a vuestra excelencia se desista de unos planes que sólo pueden servir para resolver a turbar la paz de los pueblos, y cuyas consecuencias al dar este paso moderado que las puede y debe impedir, no le serán ya imputables al congreso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 16 de septiembre de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 14 de octubre de 1813, t. II., No. 137, p. 624-627.

166
CARTA DE NARIÑO AL GOBERNADOR DE CARTAGENA

INFORME SOBRE EL OFICIO DE CAMILO TORRES Y SU RELACION CON LA LIBERACION DE POPAYAN. Santafé, 19 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Cuando anticipadamente ya todas las disposiciones relativas a la marcha de la expedición de Popayán, en camino el mayor número de las tropas, artillería y demás consiguiente tenía destinado el día de mañana para salir yo de esta capital, recibo a las cuatro y media de esta tarde el oficio de don Camilo de Torres, presidente del congreso, que en copia acompaño a vuestra excelencia.

   Ni la sorpresa que ha debido justamente ocasionarme, ni la angustia del tiempo me permiten hacer a vuestra excelencia las muchas reflexiones que pudiera1 sobre el contenido de este papel, que va precisamente a ocasionar novedad en orden a la expedición si él sólo se contrajera al punto de la moneda provincial proyectada para el distrito de este Estado; nada me sería más fácil que hacer el sacrificio del honor ya comprometido del gobierno y aun el de los intereses de la provincia a cambio de que no nos viéremos en la dura necesidad de preferir por segunda vez la justa defensa de esta ciudad, a quien de nuevo se amenaza en concurrencia de la defensa general cuando ya tenemos casi a la vista a los enemigos de la libertad americana.

   El asunto se presenta en los momentos más críticos con todo el aspecto de gravedad y delicadeza que fácilmente ocurrirá a vuestra excelencia. En medio de la perplejidad en que me veo, yo me he decidido a convocar para mañana mismo muy temprano a la representación nacional de esta provincia para que se delibere lo que en tan críticas circunstancias deba hacerse. Y entre tanto me ha parecido muy del caso avisar a vuestra excelencia de esta novedad para lo que pueda convenir contrayéndome a hacer observar a vuestra excelencia que no parece sino que el congreso estudia y proporciona arbitrios de entorpecer la libertad de Popayán de manos de nuestros opresores en vez de auxiliarla eficazmente, y que los auxilios que tanto se decantan de su parte están reducidos a 200 hombres con 80 fusiles y $8.000 remitidos del Socorro y otros 200 hombres desnudos y sin armas ni dinero venidos del mismo Tunja, y de los cuales se han desertado casi todos, muchos de ellos después de vestidos por este estado.

   Dios, etc.

   Santafé, 19 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente gobernador del Estado de Cartagena.

   (Hay una rúbrica)2.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTAS:
1   Tachado: hacer. (Del autor)
2   De una copia oficial. (Del autor)

167
OFICIO DE NARIÑO AL CONGRESO DE LAS PROVINCIAS

INFORMA SOBRE EL OFICIO QUE LE ENVIARA CAMILO TORRES. PIDE AL CONGRESO QUE LA PONGA AL CORRIENTE DEL CONTENIDO DE DICHO OFICIO Y SE PRONUNCIE AL RESPECTO. Santafé, 20 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Serenísimo señor:

   En vísperas de marchar para la expedición del sur he recibido un oficio del excelentísimo señor presidente de ese cuerpo, que en copia acompaño a vuestra alteza soberana. Su contenido, el momento en que lo recibí y ciertos temores anticipados que se habían esparcido en este público de que él es una confirmación, me pusieron en tal conflicto que no me quedó otro recurso que el de expedir anoche mismo un oficial en posta para que mandase hacer alto a las tropas que en diversas partidas hacía pocos días que habían salido de esta ciudad, y convocar en la mañana de este día a la serenísima representación nacional para poner de manifiesto el oficio original y oír su dictamen. En ella se acordó que se invitase a los dos señores enviados de vuestra alteza serenísima cerca de este gobierno para que se sirviesen asistir y hacer las explicaciones que les ocurriesen sobre el contenido del citado oficio.

   Así verificó, y entre otras cosas que hicieron presentes fue una de ellas la de asegurar que ese soberano cuerpo no podía tener conocimiento de tal oficio, y que creían era obra sólo de su presidente. Convinieron también en la inoportunidad e imprudencia de su contenido, y en el derecho que tiene Cundinamarca de hacer sellar una moneda provincial.

   La aseguración con que afirmaron que el oficio era obra sólo del presidente sin conocimiento del cuerpo, es la que me obliga a dirigirme a vuestra alteza serenísima para que siendo cierto el no haber tenido parte ni conocimiento, dicte una providencia que tranquilice este público justamente alarmado, e impida que en lo sucesivo se den por sólo el presidente unos pasos de tanta trascendencia y gravedad, y que seguramente están fuera de sus facultades.

   Mas de cualquier modo que haya sido, yo me veo precisado a hacer observar a vuestra alteza serenísima que si se trata de sostener su contenido sin dar seguridad a este público, las consecuencias van a ser espantosas, porque me veré forzado a retirar todas las tropas y armas de Cundinamarca, que si ese señor presidente las cree insuficientes por sí solas para hacer toda la defensa del sur y libertar a Popayán, yo las creo bastantes para defender la provincia que está a mi cargo, de cualquiera enemigo de los que hasta ahora pisan nuestro suelo.

   Aseguro a vuestra alteza serenísima que si el oficio se hubiera contraído al solo punto de la moneda, a pesar del indispensable derecho que tiene la provincia para verificarlo en uso y ejercicio de una soberanía que ya se le disputa, cuando se le ha concedido hasta a Pore y Mariquita, hubiera por el bien de la paz condescendido a lo menos por ahora en privar al Estado de un recurso de que no se privó a Cartagena ni a Popayán aún amonedando signos imaginarios de que están muy distantes los que aquí se piensan acuñar. Pero en un momento tan crítico venir a revolver la piscina de federación, de casa de moneda y otros puntos que han sido el germen de los anteriores disturbios, sólo porque en una gaceta se dice que el serenísimo colegio electoral ha aprobado el cuño de una moneda provincial, ¿no es querer sacrificar nuestra existencia política a un incidente de ella cuando la tengamos asegurada? ¿No es echar abajo todo el edificio por querer disputar sobre uno de sus adornos? ¿Qué dirá el mundo de nosotros cuando sepa que invadidos por el sur, expuestos por Santa Marta y no bien asegurados por el norte, abandonamos los peligros reales y verdaderos por entrar a disputar si la moneda de una provincia ha de correr con el busto antiguo o con la cara de una india que denote la libertad? ¿Creerá que somos dignos de la libertad que hemos proclamado?

   Haría este oficio interminable si quisiera punto por punto ir contestando al de que se trata, haciendo observar a vuestra alteza serenísima las razones que los desvanecen, las miras que él presenta y lo impolítico y perjudicial de todo su contenido en las críticas y delicadas circunstancias en que se ha puesto un oficio que no parece sino dictado por el más astuto e implacable de nuestros enemigos, y así concluyo con rogar a vuestra alteza serenísima que la providencia que dicte sea de una naturaleza que disipe enteramente el nublado que de nuevo comienza a formarse sobre nuestras cabezas, pues las consecuencias, después de dar este paso moderado que las puede y debe impedir, no le serán ya imputables a este gobierno.

   Dios, etc.

   Santafé, 20 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Serenísimo congreso de las provincias federadas. (Hay una rúbrica)1.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTA
1   De una copia oficial. (Del autor).

168
DECRETO DEL CONGRESO SOBRE AMONEDACION

INSISTE A CUNDINAMARCA PARA QUE SUSPENDA EL SELLAMIENTO DE LA PROYECTADA MONEDA PROVINCIAL. Tunja, 25 de septiembre de 1813.

Camilo Torres,
(presidente),
Camacho Hoyos,
(vicepresidente),
Crisanto Valenzuela,
(secretario).

Decreto del congreso

A consecuencia del antecedente oficio

   Tunja, 25 de septiembre de 1813.

   El poder ejecutivo que en conformidad con el decreto que le comunicó el cuerpo deliberante hizo la reclamación de que trata el oficio del presidente de Cundinamarca de 20 del corriente, le manifestará en contestación cuán lejos ha estado y está de las intenciones del congreso y del mismo poder ejecutivo preparar y anunciar hostilidades, incompatibles con la absoluta deferencia y contribución de auxilios con que le ha confiado la defensa del sur, y que antes bien, deseoso de conservar la buena armonía sobre que se ha establecido este plan y para no hacer traición a sus más sagrados deberes, acordó el reclamo de una novedad que la turba y los compromete. En cuya consecuencia el congreso, sin desistir de su propósito en orden a la expedición del sur y sin entrar tampoco en el de las hostilidades que se figuran, insiste en que se suspenda el paso que se quiere adelantar sobre la moneda que, siendo la única preciosa de la Nueva Granada, no puede presentarse bajo el preciso aspecto de signos provinciales. Y para satisfacción del público imprímase la pieza de esta correspondencia.

   Por el congreso:

Camacho,
vicepresidente.
Hoyos.
Cristanto Valenzuela,
secretario.

Oficio que el poder ejecutivo de la unión dirigió al presidente de Cundinamarca a virtud del anterior decreto

   El congreso, a consecuencia del oficio de vuestra excelencia que abajo se expresa, me ha comunicado en esta fecha el decreto siguiente:

   Y creyendo que con él se ha satisfecho bastantemente a los infundados temores de hostilidades que con este pretexto se han hecho concebir al público de Santafé, atribuyendo no perfidia, sino insensatez al congreso y al gobierno de la unión, me contraigo sólo a decir a vuestra excelencia que así como le ha hecho presente la reclamación sobre moneda, le haga también la autorización dada a vuestra excelencia por el congreso para la dirección de las fuerzas del sur, las órdenes a las provincias para que se entiendan directamente con vuestra excelencia y le den los auxilios necesarios para esta empresa; los 1.000 hombres o cerca de ellos que tiene puestos a su disposición, a saber: 200 de Tunja, 200 costeados, armados y municionados en parte del Socorro, y 200 más que actualmente se le preparan; 200 que debe dar y estarán ya en marcha de Antioquia completamente armados y municionados, y 200 por lo menos que ha dado la provincia de Neiva; 25 quintales de pólvora venidos de Cartagena para Popayán, uno más de dicho artículo y cuatro de nitro enviados de Tunja; cuatro arrobas de plomo; 8.000 balas de fusil; el contingente que había dado Antioquia a Popayán o lo que de él había recibido y estaba en poder del ciudadano José María Cabal, fuera de $10 o $12.000 más embargados a los europeos Campuzano y Rendón y aplicados por Antioquia a la tesorería de Santafé para la defensa del sur, con lo cual no bajarán aquellas cantidades de $ 25.000; algunos miles que tiene gastados en la mantención de las tropas y en más de 300 ó 400 cargas de víveres, la pobre provincia de Neiva; que después de ello le pregunte qué juicio haría de un hombre que hubiese dado primero sus armas a un enemigo meditando en atacarle, o más bien si creería que le hablaba de buena fe el que le intentase persuadir tal necedad.

   Esta pregunta también se la hará el presidente de la unión al público imparcial a quien se ha mandado presentar esta contestación, y él hará el concepto que merezcan las demás imputaciones con que ha querido vuestra excelencia acriminar su conducta y aun formarle una acusación ante el congreso por haber sostenido los principios del acta federal y la soberana voluntad de los pueblos consignada en ella y de que es el primer ejecutor.

   Haga, pues, vuestra excelencia lo que tuviere por conveniente en orden a marchar o no marchar las tropas, bajo la segura inteligencia de que el presidente, cumpliendo con su deber, insiste en cuanto tiene dicho a vuestra excelencia sobre moneda.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 25 de septiembre de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

   Es copia.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 14 de octubre de 1813. t. II., No. 137. p. 627.

169
OFICIO DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

CONCENTRACION DE TROPAS DE SAMANO EN POPAYAN. FUSILAMIENTO DE LUIS QUIJANO, CAICEDO Y MACAULAY. La Mesa de Juan Díaz, 25 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

Oficio del excelentísimo señor don Antonio Nariño al supremo poder ejecutivo de Cundinamarca remitido desde la Mesa de Juan Díaz

   "Acabo de recibir por extraordinario venido de la Plata noticias circunstanciadas de la reunión de las tropas de Sámano en Popayán para marchar contra nosotros por el camino de Guanacas, y un oficio de éste en que nuevamente me exhorta a que nos reunamos bajo el gobierno español, incluyéndome dos impresos, el uno escrito antes de morir, por el abogado don Luis Quijano, a quien el mismo Sámano dice fue sentenciado a muerte por el capitán general de Quito y que era uno de los de la lista de proscritos que se le ha pasado y a pesar, dice, de no habérsele hallado con las armas en la mano y de ser también un sujeto que jamás las manejó, y el otro sobre la muerte de Caicedo y de Macaulay, que en confirmándose tanto la ejecución de éstos, como el de haberse quintado los oficiales y diezmádose la tropa, se inserta una certificación del confesor que lo llevó al patíbulo en que asegura se retractó a la hora de la muerte de haber sido un buen ciudadano, de haber amado a su patria y conocido sus derechos. Todo lo remitiré después de dar la correspondiente contestación a Sámano. Por la sucinta relación que acabo de hacer a vuestra excelencia para que se dé noticia al público, se vendrá en conocimiento de la suerte que se les espera aun a los que no han tomado las armas en defensa de su patria que, aunque la justicia de la causa que sostenemos no nos obligara a hacer todo género de sacrificios, la necesidad nos forzaría hoy por nuestra propia conservación y nuestro honor a hacer frente a unos bandidos que, bajo el nombre especioso de hermanos y a la sombra de un rey que ellos desconocen, nos vienen saqueando y degollando. Espero también que vuestra excelencia hará, por su parte, los mayores esfuerzos para que, persuadido ese público de los incalculables males que nos debe traer en el momento presente la menor división, se sofoque o deje a un lado toda opinión y disputa sobre asuntos que se pueden llamar domésticos, y fijemos los ojos en el único punto de librarnos de las garras de estos tigres sedientos de nuestra sangre. Por mi parte, sólo ruego con todo mi corazón y le ofrezco que no desmentiré la confianza que de mí ha hecho sin perdonar ningún género de sacrificio hasta el de mi propia vida por verlo libre de los males que de antemano se le anuncian. Acompaño a vuestra excelencia la carta confidencial que me escribe el segundo general don José de Leiva para que vuestra excelencia se imponga del estado decadente de su salud y de la instancia con que me llama.

   "Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Mesa, 25 de septiembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador interino y consejeros del Estado de Cundinamarca".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 30 de septiembre de 1813, t. II., No. 135, p. 617.

170
NOTICIAS DE NARIÑO DESDE EL SUR

RECIBIMIENTO EN LA VILLA DE PURIFICACION. INGRESO DE DESTACAMENTO PATRIOTA EN CARTAGO. Purificación, 4 de octubre de 1813.

Noticias del sur

En un oficio del excelentísimo señor Nariño, su fecha en la villa de la Purificación a 4 del que rige, se leen estos artículos

   "Yo salí el día siguiente para esta villa después de haber recibido todo género de obsequios en los pueblos del tránsito desde mi salida de esa capital, particularmente en esta villa, en donde se ha extendido la generosidad del subpresidente y cabildo hasta la oficialidad y las tropas, que todos sin distinción han sido mantenidos a su costa con abundancia y esplendidez... La noticia que últimamente se había tenido de la división de Guanacas de haberse dejado ver una descubierta del enemigo en número de 14 hombres, se ha desmentido por otro extraordinario en que avisa eran fugitivos de las tropas de Sámano, de que ya se habían presentado cuatro...".

   Por cartas particulares venidas de La Plata en el último correo se sabe que una partida de patriotas ha entrado en Cartago y arrojado las guarniciones que tenía allí Sámano. Se juzga que este auxilio haya venido del Chocó.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 28 de octubre de 1813, t. II., No. 139, p. 634.

171
OFICIO DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO FEDERAL

MOVIMIENTO DE TROPAS. SITUACION DEL ENEMIGO. SOBRE FELIPE ANTONIO MAZUERA Y LA PRESIDENCIA DE POPAYAN. ACERCA DE LAS CONTINUAS RECLAMACIONES DEL CONGRESO. Cuartel general de La Plata, 15 de diciembre de 1813.

Oficio del excelentísimo señor general en jefe del ejército del sur al supremo poder ejecutivo federal

   Hace diez días que recibí el oficio de vuestra excelencia de 16 de noviembre último con los documentos que los acompañan, sobre la presidencia de Popayán de don Felipe Antonio Mazuera, el que no había contestado por estar aguardando la llegada de éste, como se anuncia en el mismo oficio y después de nuestra entrevista poder hacerlo con más conocimiento. Pero como no ha llegado, ni sé de su paradero, y debiendo ya seguir el ejército de mi mando en estos tres o cuatro días, lo hago sin su presencia.

   Aún no hemos tenido la menor ventaja sobre el enemigo, ni hemos pasado un palmo de la tierra de la provincia de Popayán, y ya se comienza a formar papeles y a reclamar los derechos que se pretenden tener sobre un territorio ocupado por el enemigo. Cuando el soberano congreso me autorizó para el mando de esta expedición, era don Felipe Antonio Mazuera presidente del gobierno de Popayán, que después abandonó sin seguir siquiera con las tropas que valerosamente emprendieron salvar las armas de aquella desgraciada provincia; todos sus cuidados fueron poner a cubierto su persona y sus intereses tomando otro camino, y aunque se queja de no haber recibido las últimas contestaciones de oficio mías, le escribí confidencialmente y lo aguardaba en Santafé para que juntos hubiéramos dispuesto lo más conveniente a la expedición; pero yo sé el motivo por qué mudó de parecer y se dirigió a Ibagué, en donde sin dar un paso que conduzca a la libertad de su patria que ha dejado perder, se ocupa en estar dando quejas y haciendo reclamaciones al mando de una provincia que todavía no existe para nosotros en el orden político, ¡qué bello es, señor excelentísimo, el espectáculo que están dando al mundo los jefes de nuestras nuevas soberanías! Gobiernan en la calma con toda la majestad de los cónsules romanos, y apenas se acerca la tormenta largan el timón y quieren que otro salve el barco, para después volver a mandar en él.

   Es verdad que don Felipe Antonio Mazuera debería tener más conocimientos que yo del estado de Popayán, del carácter de sus habitantes y de los medios y recursos que ofrece esta provincia; pero también lo es que con estos conocimientos, si los tiene, la provincia se ha perdido y todos sus habitantes han preferido entregarse voluntariamente a las antiguas cadenas. ¿Será prudencia conducir ahora a este hombre para que con sus luces y su influjo disponga los ánimos y ayude a salvar un país que él mismo perdió ¿No parece más probable que viendo los vecinos de Popayán anunciárseles de antemano la presencia de su antiguo jefe y el mismo orden de cosas, pierdan las esperanzas de mejorar de suerte y se defiendan a todo trance? "Es preciso respetar y contemplar la opinión de los pueblos". ¿Están acaso limitados a sólo el señor Mazuera los conocimientos de Popayán que deben ilustrar mi ignorancia en la materia? ¿No van conmigo el anterior vicepresidente, don José María Cabal, don Ignacio Torres, que además de sus luces y conocimientos de Popayán, ha servido desde el principio de nuestra transformación y se halla emparentado con la mayor parte de la ciudad; el vicario del ejército, don Andrés Ordóñez y otros 36 oficiales del Valle y de Popayán que me acompañan?

   Vuestra excelencia me dice en su citado oficio que "tal vez el nombramiento de un jefe subalterno detestado en la provincia y conocido personalmente por su carácter inepto para estas empresas, va a decidir de la suerte de la guerra y a exponer no sólo a mí y a todo el ejército, sino a todo el reino". Ignoro de quién me habla vuestra excelencia, pero sea quien fuere de quien se hace esta profecía o se tienen estos temores, lo cierto es que en ninguno de los jefes subalternos que yo he nombrado puedo temer los males que a mí, al ejército y al reino entero nos preparaban el coronel Campomanes, el teniente coronel Serviez y los otros oficiales a quienes se está siguiendo causa y se ha dado cuenta a vuestra excelencia.

   Me veo precisado a hacer observar a vuestra excelencia y al soberano congreso que el día antes de mi salida de Santafé, recibí la reclamación sobre los signos de una moneda provincial con un aparato que pudo entorpecer más tiempo la salida de la expedición; que en el tránsito recibí otra del mismo modo, sobre la palabra de un oficio en que se hablaba del cantón de Vélez; que después me llegó la célebre acta del cuerpo de dictadores de Pore; y que ahora, rodeado de los cuidados que necesariamente trae la guerra, al aproximarse al enemigo y de los que me han ocasionado los extranjeros que se me introdujeron en el ejército, tengo que estar leyendo y contestando las reclamaciones del señor Mazuera, sobre el derecho de mandar a unos pueblos subyugados por el enemigo, entorpeciendo con ellas el mismo objeto a que se dirigen. Ruego, pues, a vuestra excelencia y al soberano congreso, en nombre de la patria y de la libertad, que deponiendo la anticipada prevención a mis acciones futuras, se ponga en mi lugar y contemple el efecto que causarían en su ánimo estas continuas trabas y reclamaciones, en medio de los cuidados que me rodean casi al frente del enemigo; y que ya que quiso hacer la confianza de ponerme también por su parte al frente de esta expedición, me deje obrar libremente; que el éxito le hará ver los principios que me dirigen, ya que hasta ahora he tenido la desgracia de que se hayan cerrado los ojos a tantas pruebas como he dado de que sólo el bien público es el espirítu que anima.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general de La Plata, 15 de diciembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del poder ejecutivo federal.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 13 de enero de 1814, t III., p. 683-684.

172
OFICIO DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO DIRIGIDO A NARIÑO

ANTE LA EVENTUALIDAD DE UNA MONEDA EN LA PROVINCIA DE CUNDINAMARCA, SE ANUNCIA LA RECLAMACION DEL CONGRESO. CRITERIOS SOBRE LA CASA DE MONEDA DE SANTAFE. Tunja, 16 de diciembre de 1813.

Camilo Torres,
(presidente del congreso).

Oficio del presidente del poder ejecutivo del congreso al presidente del Estado de cundinamarca

   Entre los impresos que vuestra excelencia me acompaña en último correo he visto con sentimiento en Gaceta suelta del 19 del pasado, número 128, en el artículo Cundinamarca, la novedad de una moneda provincial que pretende sellar aquella provincia. No creía el gobierno de la unión que pendiente la negociación de federación, que ha suspendido vuestra excelencia, se diese un paso de esta naturaleza que nos vuelve a comprometer y que exige la reclamación del congreso.

   Santafé no puede sellar moneda de ninguna especie porque este es un atributo de la soberanía, y la soberanía no reside sino en la totalidad del pueblo de la Nueva Granada. Santafé es un parte de ella y por más que quiera sustraerse ha estado y estará en la federación. La sociedad no se ha disuelto cuando hemos destruido el antiguo gobierno, y la menor parte no puede dar la ley al todo, sino que la debe recibir de él, supuesto que ha disfrutado y disfruta de las ventajas comunes que sólo se conceden con este respecto. Entonces el orden de la naturaleza y la razón; todo lo demás es una violencia contra la autoridad general. La casa de moneda de Santafé no es ni ha sido una propiedad de esa ciudad o de la provincia que ha constituido; es del todo; se ha constituido o se ha redimido con caudales públicos; estaba incorporada a la corona y Santafé no se ha subrayado respeto de los pueblos del reino en lugar de la corona de España. Aún los más obstinados en negar el derecho que tiene la totalidad a las casas de moneda de Santafé y Popayán como unas propiedades públicas adquiridas con los fondos comunes y reivindicadas del gobierno español, sólo han dicho, aunque con una inconsecuencia visible, que dichas propiedades o edificios públicos y todo lo anexo a ellos, con los productos de la elaboración, son una pertenencia suya porque casualmente se hallaba en su territorio (lo que no dirían si se hallase en el ajeno); pero que la facultad de imponer el sello, de decretar la ley, y de establecer el valor era privativa del congreso; como si el congreso hubiere de autorizar para una o dos provincias el tributo sobre las demás, o como si este sello, esta representación de la autoridad general, este carácter con que correrá entre las demás naciones pudiese prestarse a una sola parte de la nuestra y estar pendiente de su atributo todas las demás.

   Reflexione vuestra excelencia las consecuencias que este hecho va a traer. Ninguna provincia recibirá la moneda de Santafé. Todas ellas se creerían con igual derecho, pues ninguna es más que las otras. Santafé no es provincia minera, y por esta razón, ni aun ha debido estar la casa de moneda en su seno. Si se la conserva, esta es una prueba de la benevolencia que ha tenido el congreso con esa provincia, por más que se la quiera desconocer, y sus ventajas todo el mundo sabe cuan grandes son, aun cuando los productos pertenezcan como de derecho pertenecen a la totalidad. El valor impositivo de la moneda es un tributo como se ha dicho que se exige de las provincias y las provincias no son tributarias de Santafé.

   Ya es tiempo de desengañarse de la pretendida independencia de esa provincia y de su impotencia para ella, y mucho más para hacer adquisiciones sobre las demás. Un solo amago del enemigo, que hasta ahora ha experimentado por haber tenido la fortuna de que las demás sean la barrera que defiende su seguridad, un solo amago ha bastado para que ella conozca que necesita del auxilio de todas, sin embargo de los recursos del antiguo gobierno que había reconcentrado y conservado para sí solas. Hombres, armas, dinero, municiones, etc., todo le ha sido necesario a vuestra excelencia y todo lo ha pedido y obtenido generosamente de las provincias. ¿Es esta una digna correspondencia? ¿Hasta cuándo lucharemos contra nosotros mismos? ¿Cuándo cesará esta injusta rivalidad? ¿Cuándo Santafé se someterá a los justos deseos de sus hermanas? Pues yo denuncio a vuestra excelencia que el congreso ni tolera ni permite esta nueva usurpación de la autoridad general; que desconoce toda facultad de sellar moneda de cualquier especie que sea, sino por esta misma autoridad general que han confiado y depositado los pueblos en él, y que no pertenece sino a la totalidad, como se ha dicho, y como un atributo de la soberanía del pueblo, reconocidos en todos tiempos y entre todas las naciones. Denuncio a vuestra excelencia que esta es una verdadera infracción y una novedad en el supuesto sobre rodaron los tratados de 30 de marzo, que hasta ahora han tenido cumplimiento de parte del congreso, y en las deliberaciones por ellos diferidas, y que es bien extraño que cuando en base de todos los auxilios que ha pedido y obtenido vuestra excelencia y del actual orden de cosas en los peligros que nos rodean, se ha establecido una suspensión de las pretensiones que tenía Santafé, contando con aquel supuesto, se adelanten estas mismas pretensiones con absoluto desprecio del congreso y del acta federal que es, hasta ahora, la única ley escrita de los pueblos.

   Concluyo, pues, rogando a vuestra excelencia se desista de unos planes que sólo pueden servir para volver a turbar la paz de los pueblos, y cuyas consecuencias al dar este paso moderado que las puede y debe impedir no les sean ya imputables al congreso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 16 de diciembre de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

   Es copia.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca nacional. Fondo Patria Boba, 1810-1811, No. 12.514, f. 163-164.

173
INFORMES AL GOBERNADOR Y A LOS CONSEJEROS DE ESTADO

CUARTEL GENERAL DE LA PLATA. 17 de diciembre de 1813; Honda, 15 y 25 de enero de 1814.

Nicolás Manuel Tanco, Juan José Mutienx,
José Joaquín de Racines,
(secretario interino).

Excelentísimo señor:

   Han seguido el 8 del corriente para Cartagena los oficiales Campomanes, Serviez y Schaumburg, a cargo del capitán do n José Pose, a quien di $300 en dinero que pidió para los gastos ida y vuelta del viaje y caballerías de Barranca a Cartagena. Igualmente se han satisfecho $600 por el champán de a 30 que los conduce, y único que había en el puerto, con la condición de regresar con Pose hasta Mompós.

   Esta noticia la pongo en consideración del excelentísimo señor general don Antonio Nariño, de quien recibí la orden igualmente para que sin reparar en gastos hicese marchar a su destino a dichos oficiales con el capitán comisionado.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Honda, 15 de enero de 1814.

   Excelentísimo señor,

Nicolás Manuel Tanco.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado.

   El capitán de granaderos del primer batallón de campaña, don José Pose conduce, en calidad de presos con la custodia correspondiente, al coronel don Manuel Cortés y Campomanes, al teniente coronel don Manuel Roezgas de Serviez y al capitán don José Barón de Schaumburg; y debiendo tocar en esa villa, le preparará vuestra señoría piezas que tengan la seguridad necesaria para el arresto de dichos oficiales, víveres, champanes y dinero necesario para la continuación de sus marchas que por ningún motivo debe suspender, y mucho menos por la falta de estos auxilios que oportunamente le franqueará vuestra señoría tomando el dinero de cualquier fondo de los de esa villa, sin exceptuar el más privilegiado, y en defecto de cualquier particular, quedando vuestra señoría responsable de las consecuencias por falta de cumplimiento de esta disposición, que lo es del excelentísimo señor presidente general en jefe del ejército del sur.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general de La Plata, 17 de diciembre de 1813.

   Juan José Mutienx.

   Señor subpresidente de Honda.

   Es copia de su original, a que si necesario fuere me remito.

   Honda, 25 de enero de 1814.

José Joaquín de Racines,
secretario interino.

   Excelentísimo señor:

   Cuando recibí la superior orden del excelentísimo señor general y presidente del Estado, cuya copia incluyo, no había en el puerto un champán siquiera, y así, al momento que arribó don Antonio Castillo, le pedí el único que traía para no detener ni una hora más a los oficiales Campomanes, Serviez y Schumburg, según se me previene por dicha superior orden.

   Conociendo lo costoso del buque, le propuse al capitán comisionado don José Pose se le metiese alguna carga a flete, que la había, y de ese modo era menos el gasto; pero absolutamente no quiso diciéndome llevaba mucho equipaje de unos y otros, y 10 ó 12 personas con la tropa.

   Esto hará conocer a vuestra excelencia que por mi parte he propendido al ahorro de estos gastos y que a instancias mías don Antonio Castillo rebajó $60 de su cuenta, pues la hacía de 660 recibiendo únicamente los 600.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Honda, 25 de enero de 1814.

   Excelentísimo señor,

Nicolás Manuel Tanco.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo nacional de Colombia. Sección República, Fondo Guerra y Marina, t. 122., f. 20v, 22v.

174
NOMBRAMIENTO COMO DICTADOR A MANUEL BERNARDO ALVAREZ

TREINTA REPRESENTANTES DE LA PROVINCIA NOMBRAN DICTADOR, POR UN PERIODO DE SEIS MESES. FACULTADES DEL DICTADOR. Santafé, 11 de junio de 1814.

   En la ciudad de Santafé, a 11 de junio de 1814, congregados 30 individuos de la representación de la provincia después de invocado el Espirítu Santo con el mismo Veni Creator; el señor presidente encargó a los ciudadanos espectadores la moderación y lo dispuesto por la constitución en orden a las observaciones que tuviesen que proponer al cuerpo. El señor Ronderos reparó que las sesiones no eran continuas, sino intermitentes; que electores concurrían, que después se les decía que no había colegio; y que lo mejor era que se acordase la disolución del cuerpo. Apoyó ese pensamiento el señor Andrade diciendo que no podía haber dos soberanos a un mismo tiempo. El señor Lozano preguntó al proponente si el dictador era soberano, el que le contestó que sí. El señor Lozano dijo entonces que el dictador era un funcionario del soberano, y que ese soberano era el pueblo. Y como no tenemos facultad (prosiguió) para despojar a ese pueblo de su soberanía, no hemos podido constitutir un soberano. Luego el señor Andrade diciendo que los romanos llamaban a sus dictadores soberanos, expuso que algunos hombres sensatos habían reparado que al actual dictador, conservándole esta nominación se le hubiesen restringido las facultades. El señor Lozano negó que los romanos hubiesen llamado a sus dictadores soberanos, y expuso que si alguno le hubiera nombrado con este título privativo al pueblo, como un traidor se le habría precipitado de la roca tarpeia.

   Luego el señor don Tiburcio Echavarría compareció, y pidió permiso de hablar y expuso que habiéndosele nombrado por el dictador miembro del consejo de guerra, había sido excluido del colegio porque se le había conceptuado de la representación nacional; que posteriormente el mismo colegio había llamado al señor Núñez, que así mismo era un miembro del consejo de guerra hecho por el mismo dictador; que militando las mismas razones se le debía poner en posesión de elector por el partido de Zipaquirá. El señor fray Diego de la Rosa dijo que el señor Núñez, después de posesionado y de haber asistido a todas las sesiones había sido nombrado por el consejo de guerra, y que el señor Echavarría desde el primer día de las sesiones del colegio se le había considerado impedido para intervenir en ellas; y habiéndose hecho presente por el secretario y el señor Lozano que la sanción del colegio constituyente solamente refutaba por individuos de la representanción nacional a los nombrados únicamente por el colegio electoral; el señor Azuola dijo que primero se tratase sobre si el colegio se disolvía o no. El señor Echavarría reclamó el voto que debía tener en la votación correspondiente. El señor Azuola fue de parecer que esta solicitud del señor Echavarría se pasase al senado con copia del acta del colegio en que se llamaban algunos individuos que habían sido colocados provisionalmente en la representación nacional, a fin de que en esta corporación se viese si estaba comprendido en la resolución. En este estado entró el señor presidente del senado, y pregunto si habiendo un dictador había senado. Se le contestó que sí lo había, porque la constitución únicamente [se] había suspendido al señor Alvarez y no a todos los ciudadanos. El señor Groot preguntó si el senado podía excitar al dictador para que tomase algunas providencias. Se le contestó que para con el dictador podrían representar neo ciudadanos, sin embargo de que el señor Groot expuso que el senado era el tutor de los derechos del pueblo. El señor Azuola propuso que el colegio dejara una comisión permanente en caso de que se disolviese. El señor Lozano dijo que si estas facultades quedaban limitadas, se le podían conceder al senado en caso de que la representación nacional no tuviere las necesarias. El señor Alvarez insistió en que se hiciese la moción de si se disolvía el colegio o no. El señor Lozano hizo presente que había otras mociones admitidas a discusión, y uno de los secretarios en fuerza de su obligación dijo que no podía extender discusiones que recaían sobre mociones no admitidas a discusión, porque no podía en este caso presentar un orden en las ideas. A que contestó el señor Andrade que el secretario no debía ir a dar reglas al cuerpo. El señor Lozano recordó, que tres mociones estaban adimitidas: la primera de oficiar a las corporaciones para saber si había asuntos que exigiesen o demandasen la permanencia del colegio; la segunda si estaba en el caso de elegir o revisar, la tercera si muchas resoluciones se habían formado revisando. Que nombrado un dictador, ya no había necesidad de oficiar a las corporaciones; pero sí de tratarse sobre las otras dos.

   En la ciudad [...] congregaron en el salón del [...] hasta 27 individuos de la representación [...] después de haberse mandado citar a casi todos para una sesión extraordinaria a fin de proveer en ella de remedio a la pública seguridad, y de acordar lo más conveniente en las críticas y angustiosas circunstancias de haberse comunicado oficialmente el infeliz y desgraciado suceso de nuestras armas, que habían comenzado ya a rescatar las provincias del sur. El excelentísimo señor gobernador provisional del Estado y presidente del poder ejecutivo hizo presente a su alteza serenísima los inminentes peligros, los graves males que habíamos padecido, y que debíamos esperar sin número ni cálculo, si inmediatamente no se trataba de oportunos remedios, si no se dictaban providencias para facilitar el dinero, que es el nervio de la guerra, y si no se discutía sobre los arbitrios de mantener la seguridad interior y exterior de la patria. El señor presidente de la corporación, haciéndose cargo en la premura de las circunstancias de lo mucho que importaba la celeridad en los acuerdos, recomendó en lo posible la brevedad de la discusión, y a un mismo tiempo con los señores Lozano, Arrubla y Carbonell convino en que era necesario nombrar un dictador, así como lo habían practicado los romanos para contener el lento curso de las deliberaciones, y dar vuelo a las providencias más capaces de reformar los males de la servidumbre; pero el señor Lozano adhirió a esta medida siempre que se restringiese el tiempo de la dictadura, o siempre que no se le diesen las ilimitadas facultades de un absoluto dictador, y con la condición de que no saliese de la provincia. Lo primero, porque en su concepto jamás convenía dar el imperio absoluto a un solo hombre sin determinar la época de su [función...] había acreditado la experiencia en la [...] funestas consecuencias [... ] manifestarle los perjuicios [... ] del Estado tuviese [...] de la provincia. Convencidos de estas razones los ciudadanos concurrentes; el señor presidente hizo la siguiente moción: ¿Al excelentísimo señor presidente del poder ejecutivo, don Manuel Alvarez Casal se le constituye dictador por seis meses para todo lo concerniente a la seguridad interior y exterior de la patria, o no? La totalidad de votos resultó por la afirmativa. Para facilitar el dinero que se necesitaba, el señor presidente propuso un repartimiento por clases justo y proporcionado. El señor Arrubla dijo entonces: no es general ni contiene igualdad el interés que todos toman en la presente lucha con el bárbaro enemigo, porque después de un suceso infausto, unos se verán en la cima de su prosperidad; y otros hundidos en el abismo de su ruina. El patriota lidiando en campo de batalla derramará su sangre, y aniquilará sus proporciones cuando otros enemigos encubiertos, o contrarios descarados al entrar las huestes opresoras, harán resonar las vivas de la alegría, y fundarán sobre las cenizas y escombros del americano su opulencia criminal. Aquí miro entre nuestros conciudadanos los enemigos de la felicidad de América que no han podido sufrir otras provincias, y que han tenido asilo entre nosotros. Estos los primeros, mirarán con el último entusiasmo del placer la derrota de nuestro ejército. Pues si ellos son de esta clase y hay un derecho legítimo de guerra, ellos deben reducirse a prisión, y sus bienes embargarse, que éstos sufran las incomodidades más sensiblemente que el ciudadano amante del orden y de su país. ¿Cuáles son los otros enemigos ocultos y disfrazados? Estos son sin duda los que ríen cuando nosotros lloramos y los que lloran cuando vence mos [...] descifrada la complacencia y regocijo [...] de los conflictos y la escasez [...] seguridad.

   Estos son los [...] en nuestras intenciones [...] nosotros [...] aspiran a la política [...] no carece de fondos, ni gimen en la pobreza como el americano, y ellos son los que en la crisis presente deben suministrar sus caudales, y exponer esos intereses que tal vez perderían entre los de su partido. El señor Carbonell siguió este parecer, opinando el señor Azuola que a los emigrados de las otras provincias, por desafectos a nuestra causa, se le embargan sus bienes y pusiese en prisión con nombre de represalias para la seguridad de nuestros prisioneros, exigiéndose la cantidad de $200.000 de todos los europeos pudientes residentes en esta provincia.

   Este fue el mismo dictamen de los señores Lozano, Domínguez, Umaña y Ronderos. Diciendo el primero que el Estado podrá disponer de estos bienes embargados, siempre que los enemigos restituyesen los que hubieran confiscado. El señor Caycedo opinó que nombrado un dictador se podían dejar a su prudencia estas medidas. El señor Carbonell contestó que después de haber el colegio concedido al señor Nariño las absolutas facultades la dictadura, él mismo se había creído sin las necesarias para decretar el empréstito de $ 300.000 estando reunida la representación de la provincia y había ocurrido con esta solicitud a su alteza serenísima. Volvió a hablar el señor Lozano conforme al derecho de guerra, dijo: Declarada ésta contra una potencia se aseguran los ciudadanos más quietos, inocentes y pacíficos como se ha practicado siempre en la Europa, porque las represalias no son a las personas sino a la nación; sin embargo parece que esta medida se abrace únicamente con los enemigos [...] aquellos que han [...] y habiendo el señor Arrubla [...] los otros observado detenidamente el en [... ] ciudadanos su inocencia, el señor presidente hizo la siguiente moción: A los emigrados de otras provincias por desafectos a nuestra causa y hoy residentes en ésta, ¿se les trata conforme al derecho de guerra en las represalias o no? La totalidad resultó para la afirmativa, absteniéndose de manifestar su voto los seis eclesiásticos que se hallaban en esta sesión por consideración a la lenidad de su estado. El señor Azuola, exponiendo que tal vez algunas gentes del pueblo arrastradas de un justo pero excesivo sentimiento, podían atentar a las propiedades de algunos españoles sin utilidad del Estado, fue de concepto de que para asegurarlas a sus propios dueños en parte o en todo con ventajas comunes, convenía decretar el repartimiento que había expresado. El señor presidente y el señor Carbonell expusieron así mismo haber notado en los ánimos el despecho de la tristeza, diciendo el primero que en estos casos (como habían practicado los políticos) convenía poner en seguridad a las personas aunque inocentes para que no fueren víctimas del furor de una pasión; y habiendo propuesto la siguiente moción: necesitando en el momento para colección de tropas y remisión de ellas a contener el enemigo de un fondo de $200.000 poco más o menos, ¿se exige este empréstito de los europeos pudientes y existentes en esta provincia o no? 21 resolvieron afirmativamente contra cinco votos negativos expresando el señor Lozano al mismo tiempo de la votación ser el suyo necesario [...] que en su concepto convenía expresar [... términos ...] había de echar a los demás ciudadanos [...] sin distinción de personas [...] en este Estado llegó el señor gobernador provisional y propuso que la junta de pública seguridad dudaba de sus propias facultades, a causa de ser una comisión del dictador don Antonio Nariño, cuya existencia era incierta. Y habiéndosele participado el nombramiento de dictador que en su persona acababa de hacer el serenísimo colegio, se retiró. El señor Arrubla, tomando el hilo de la discusión, fue de parecer que a los americanos patriotas no se les exigiese cantidad alguna sino que se les pidiese lo que voluntariamente quisiesen contribuir. En el momento el señor Caycedo expuso haber gastado casi todos sus intereses en la construcción de la iglesia catedral, ofreció para las urgencias del Estado los más considerables que habían quedado en su casa. El señor Carbonell fue de parece r que toda dotación de empleado que subiese de $ 500, quedase reducida a esta cantidad. Y habiendo uno de los secretarios de su alteza serenísima expuesto que, divididos los ciudadanos del Estado en ocho clases, contribuyendo la que más con cuatro pesos sin contar los mendigos, ni los pobres, resultaba la cantidad de $ 180.000, el señor presidente hizo la siguiente moción: ¿se decreta un repartimiento general, sin excepción de personas ni de fueros, atendidas las facultades de cada una sin perjuicio de que se trate después del arreglo en los sueldos y empleos, o no? 25 resolvieron afirmativamente contra dos votos negativos, uno de los cuales fue el del señor Arrubla, que expresó no haber sido afirmativo por conspirar a los pobres, con lo que se concluyó esta sesión [...] presidente, designado [...].

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca nacional. Manuscritos, t. II. Fondo Pineda, No. 166.

175
MANIFIESTO DEL CONGRESO A LOS PUEBLOS DE LA NUEVA GRANADA

EL CONGRESO INVITA AL ESTADO DE CUNDINAMARCA A LA UNIDAD DE LOS PATRIOTAS COMO UNICA ALTERNATIVA PARA ENFRENTAR LA INMINENTE RECONQUISTA. DISPOSICIONES AL RESPECTO. Tunja, 6 de octubre de 1814.

Camilo Torres,
(presidente),
Juan Marimón,
(vicepresidente),
Pacífico Jaime,
(segundo secretario).

Exposición

   El congreso a los pueblos de la Nueva Granada. El aciago suceso del ejército del sur, al mando del general Nariño, y el estado de las cosas en Europa, hicieron sentir al congreso más que nunca la urgente necesidad de estrechar los vínculos que deben unir a las diversas provincias de la Nueva Granada. Así es que, por decreto de 22 de junio, invitó al gobierno de Cundinamarca "a que enviase sus diputados al congreso a tratar de las medidas convenientes para la defensa común, y de las reformas que, con este objeto y con el de su unión permanente a las demás provincias, se pudiesen proponer a éstas para el gobierno general; sin hacerse novedad en lo que había reclamado sobre casa de moneda y territorio que poseía". De este modo quedaban salvos los únicos motivos sobre que se había fundado la disidencia de aquella provincia, cuyos pueblos todos ansian por la unión, como el solo medio que les resta para salvarse de infinitas calamidades.

   Mas su gobierno, demorándose por muchos días sin resolver en un asunto de tanta gravedad y urgencia, dio bien a conocer que aún permanecía sordo a tan justos clamores. En oficio, de 30 de junio, contestó diciendo: "que iba a congregar la serenísima representación nacional de la provincia, a efecto de deliberar sobre la propuesta de unión acordada por el congreso". Nada podía ser más agradable a éste que semejante resolución siendo, como es ya tan conocida, la voluntad general de todos los ciudadanos de Cundinamarca, excepto sólo los españoles y sus inicuos y miserables secuaces.

   El gobierno, fascinado por éstos, mudó de conducta, y en oficio de 23 de julio expresó al de la unión, "que habiendo reflexionado tener como dictador todas las facultades necesarias y ocurriendo por otra parte las noticias de Europa, que, aunque exageradas, manifestaban que iba a decidirse de la suerte de la Nueva Granada, no le parecía conveniente diferir ni aventurar a la variedad de opiniones, una medida que consideraba como de la primera necesidad, y era la de que las potencias de Europa, cualesquiera que fuesen sus miras sobre nuestros territorios, nos hallasen formando un solo cuerpo de nación capaz de hacer frente a sus agresiones, o de entrar en negociaciones que asegurasen nuestra independencia, que para este efecto había tenido a bien nombrar por su diputado cerca de este cuerpo a don Jorge Tadeo Lozano, con la expresa instrucción de que inmediatamente tratase y acordase, y sin necesidad de ulterior ratificación, procediese a sancionar el pacto recíproco de que aquella provincia no trataría en manera alguna con las naciones de Europa, sino formando un cuerpo, y de acuerdo con el congreso, del mismo modo que éste debería hacerlo respecto de Cundinamarca, y que también venía autorizado el mismo Lozano para tratar sobre todos los demás puntos concernientes a una racional unión y a todo lo conveniente para la defensa común".

   Bien se ve por este oficio que el gobierno de Cundinamarca, en vez de enviar al congreso los diputados que le corresponden y en los términos en que se le pidieron, envió un ministro plenipotenciario insistiendo en considerarse como jefe de una nación extraña. El congreso, sin embargo, no se detuvo en esto, porque deseaba sinceramente la unión; resolvió, al contrario, acumular más y más sacrificios sobre los que ya tenía hechos por conseguirla. En vano el enviado Lozano, en virtud de las instrucciones que se le dieron, exigió antes de tratar sobre el negocio principal, condiciones exorbitantes; todo le fue concedido. Pidió que el congreso se comprometiese a no tratar con las naciones extranjeras sin el acuerdo del gobierno de Cundinamarca; y el congreso convino en que durante las negociaciones así lo haría1. No fue éste el único preliminar para la unión. Se quiso que el congreso autorizase el cuño de una moneda provincial de Cundinamarca; y sin embargo de graves inconvenientes se pasó porque circulase en Popayán.

   Ya se creía el congreso libre de pactos preliminares, mas no fue así. El enviado exigió nuevamente que el cuerpo de la nación asignase el sello de la moneda, expresando las fatales consecuencias que de no hacerlo se pudieran originar, por hallarse estampado en ella el busto de Fernando VII; como si hubiese estado hasta ahora en manos del congreso el verificarlo, cuanto tan obstinadamente lo ha impedido el gobierno de Cundinamarca, que ha querido dar la ley a las provincias unidas, haciéndolas tributarias con una contribución que sólo pudo imponerles la autoridad general, lo que el mismo enviado Lozano confiesa, en su oficio de 28 de julio. Pero a pesar de esto y de no ser necesario, el congreso declaró que el actual sello de nuestra moneda jamás podrá servir de argumento contra la independencia, que unánimes y de un modo solemne han declarado todas las provincias confederadas, y protestó asignarlo.

   Instó el congreso en la conferencia pública del 30 de julio2 al enviado de Cundinamarca para que manifestase cuáles eran los obstáculos que pudieran de cualquier modo impedir la unión, a efecto de removerlos al instante; cuáles los deseos de su comitente para satisfacerlos; y cuáles las reformas que en su concepto eran de hacerse al acta de federación; único pretexto hasta ahora en que se había fundado la disidencia, para el establecimiento de un gobierno general vigoroso. Contestó que no venía autorizado para proponer medida alguna de reforma, sino para oír las que se le propusiesen, y acordarlas, modificándolas, ampliándolas o variándolas. Se le repuso que en la facultad de ampliar, modificar, variar, estaba esencialmente comprendida la facultad de proponer; que estando las provincias convenidas, habiéndose dado un gobierno, y siendo Cundinamarca la única separada, a ella pertenecía manifestar las causas de su separación, igualmente que las medidas que debían tomarse. Pero el enviado Lozano, insistiendo en que no venía autorizado para hacer propuestas, ofreció que pediría a su gobierno una instrucción especial sobre este punto. La pidió en efecto, y le fue concedida, revistiéndole de amplias facultades, según informó después el mismo enviado.

   Este invitó al congreso para que nombrase una comisión con quien poder entenderse, hablar con absoluta franqueza, y ajustar las condiciones que exigía Cundinamarca para entrar en la unión, contribuyendo como la provincia que más y sometiéndose al gobierno general que se estableciese. En consecuencia de esto fue comisionado para los expresados fines uno de los individuos del cuerpo. Después de repetidas conferencias convinieron y firmaron las bases y plan de reforma civil que se han publicado en las mismas Gacetas de Cundinamarca. Basta la simple lectura de estos documentos para conocer hasta qué punto ha llegado la moderación y deferencia del congreso. En odio de sus miembros solamente fueron propuestos varios de sus artículos, y aunque luego se conoció su espíritu, sin embargo, se pasó por ellos, a pesar de su notoria injusticia e irregularidad. ¿Qué más podría exigir el gobierno de Cundinamarca, ni qué más pudiera concedérsele? Se le dejó la propiedad de la casa de moneda; quedó en posesión del territorio que hoy posee, en el que están comprendidos muchos pueblos que pertenecen a varias provincias federadas; se garantizó la constitucional permanencia de todos sus empleados; se le concedió el notable privilegio de que uno de los miembros del gobierno general fuese precisamente hijo de aquella provincia; y en fin, nada propuso el enviado de Cundinamarca al congreso en que éste no conviniese.

   Apenas era de imaginarse que el gobierno de Cundinamarca se resistiese a firmar unos pactos que le eran tan ventajosos, y de los que dependen en gran manera la libertad y felicidad de los pueblos a quienes rige; pero sin embargo, previendo el congreso los esfuerzos que harían los enemigos de nuestra independencia, que infestan a Santafé, para impedir una unión que ciertamente les sería funesta, comisionó al diputado Juan Marimón cerca de aquel gobierno, autorizándole con las más amplias facultades para obligarle a ratificar los tratados, salvando cualquier inconveniente o motivo que se presentase para no hacerlo. Mas desde que se vio el modo como él fue recibido y las medidas hostiles que se tomaron a su entrada, todos los hombres buenos y verdaderos patriotas de dicha ciudad desesperaron el éxito favorable que ya se habían prometido.

   En efecto, después de haber pasado inútilmente el diputado Marimón varias notas en que instaba por la ratificación de los tratados después de haber prorrogado el término señalado por el congreso, al fin recibió el oficio del dictador, de 10 de septiembre, en que confiesa claramente que jamás ha sido su ánimo entrar por la unión de Cundinamarca con las demás provincias, y en que propone un plan de lo que llama alianza íntima, tan irregular, tan extravagante y tan a proposito para perdernos, que parece haberlo sugerido alguno de nuestros enemigos ocultos o manifiestos, de que se halla plagada Santafé.

   Una vez adoptado este proyecto, todo sería división y discordia; faltarían aquella unidad y celeridad de acción, que es el alma de los gobiernos, y el orden, subordinación y disciplina en los ejércitos; Cundinamarca contribuiría en razón de uno respecto de nueve, y en el gobierno y dirección de las demás provincias, tendría tanta parte e influencia como todas ellas juntas; es decir, que para las cargas sería considerada como una sola provincia, y para los provechos como las demás reunidas.

   ¿Puede concebirse un proyecto más absurdo y desatinado? ¿No es esto lo mismo que decir: "quiero que nos mantegamos divididos y que la Nueva Granada sea víctima de sus bárbaros invasores"? ¿No es demostrado que el gobierno de Cundinamarca jamás ha pensado de buena fe en la unión, puesto que resiste con tenacidad y obstinación todo género de conciliación o acomadamiento? Lo que acaba de evidenciarlo en su tenaz resistencia a las últimas propuestas y condescendencias del comisionado Marimón. Este, llevándolas al extremo, le invitó a que meditase y acordase cualquier plan de gobierno, en el seguro concepto de que el congreso lo adoptaría por su parte; y que si la permanencia de sus actuales miembros era un obstáculo para la unión, ellos estaban prontos a dejar los destinos y puestos que les han confiado las provincias unidas, retirándose a la vida privada y al seno de sus familias. Pero el gobierno de Santafé, ¡parecerá increíble!, comprometido con tanta generosidad, y sin tener ya pretexto para mantener la división, contestó que era preciso restablecer las cosas al estado que tenían antes de la revolución; es decir, que según el voto del dictador don Manuel Bernardo Alvarez, las provincias de la Nueva Granada deben someterse de nuevo a un virrey que resida en Santafé. ¡Qué escándalo! ¡Qué descaro! Juzguen los pueblos de Cundinamarca la suerte que les espera, y lo que naturalmente debe inferirse de semejantes proposiciones.

   Mil veces nos ha repetido su gobierno que no se oponía a la unión, cuya necesidad se veía obligado a confesar, sino al modo como esta unión se había pactado en algunos artículos del acta federal, que reclamaba el tenor de éstos y no otra cosa; pero ellos han sido modificados o anulados; pero el congreso le ha ofrecido que adoptaría la forma de gobierno que mejor le acomodase; pero el destino de las provincias se ha dejado, por decirlo así a su arbitrio, con tal que se uniese a ellas de buena fe, para hacer frente de común acuerdo al feroz enemigo que las amenaza... y sin embargo, ¡el gobierno de Cundinamarca se ha resistido a todo! ¿Cómo pues componer esta conducta con sus anteriores protestas? ¿Cómo cohonestar su temeraria obstinación en no ratificar los tratados ajustados por su enviado Lozano? ¿Cómo suponer que traspasó éste sus instrucciones, cuando de los documentos anteriores de que se ha hecho mérito, resulta que fue autorizado para convenir en una racional unión que nos hiciese capaces de hacer frente a las agresiones de los enemigos? ¿Cómo asegurar que los pueblos de Cundinamarca no quieren unirse con sus hermanos de las demás provincias, cuando es tan notorio que lo desean con ansia y suma impaciencia? Ni puede ser de otra suerte, pues lo exigen imperiosamente sus intereses más queridos, su libertad, propiedades y su misma existencia. Los que únicamente no quieren la unión son algunos pocos hipócritas que se prometen sacar un fruto pingüe de las calamidades públicas, y que esperan conseguir sueldos y empleos, vendiendo pérfidamente a su patria. Estos insensatos no saben con qué monstruos tienen que tratar, y se olvidan de que la divina justicia descargará sobre sus crímenes la espada vengadora que jamás perdona a los traidores y perjuros.

   Tal es, ciudadanos de Cundinamarca, ciudadanos de las demás provincias unidas, la sencilla pero fiel exposición de los últimos esfuerzos que ha hecho el congreso para extinguir hasta la memoria de vuestras antiguas diferencias, para estrecharos con los dulces vínculos de la fraternidad, y reuniros en un cuerpo de nación, bajo la justa dependencia de un gobierno paternal, vigoroso y capaz de salvaros.

   Decidid ahora de parte de quién está la razón y el verdadero amor de la libertad de la Nueva Granada, y juzgad a quién deben imputarse los males y horrores que en lo sucesivo pueda producir esta división funesta.

   Tunja, 6 de octubre de 1814.

   Por el congreso,

Camilo Torres,
presidente.
Juan Marimón,
vicepresidente.
Pacífico Jaime,
segundo secretario3.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca de historia nacional. V. XXXIII. Congreso de las provincias unidas. Leyes, actas y notas recopiladas y publicadas por Eduardo Posada, 1924. Bogotá, Colombia. Imprenta Nacional, p. 88 a 92.

NOTAS:
1   Veáse El Argos No. 36. (Del autor).
2   Veáse El Argos No. 40 (Del autor).
3   O'Leary, t. XIII., p. 521.

TOMO V


1
OFICIOS DE LOS JEFES MILITARES DEL SOCORRO Y SU CONTESTACI?

ENVIO DE TROPAS DE SANTAFE HACIA EL SOCORRO. SOBRE LA PERTENENCIA DE VELEZ A CUNDINAMARCA. SITIO DEL JAQUE. 21 de enero y 20 de febrero de 1812. Puente Real, 23 de enero de 1812.

Juan Nuario de Arenas,
Vicente José Uribe,
Ignacio de Salcedo.

Copia de los oficios de los jefes militares del Socorro y su contestación1

Oficio N° 1°

   El gobierno del Socorro, de cierto sabe que el gobierno de Santafé ha internado tropas contra esta provincia del Socorro, y el gobierno del Socorro, en esta virtud, ha puesto tropas en seguida a resguardar su provincia, como que le corre de obligación; y habiendo visto los jefes de dichas tropas hoy en este día, y algunas demostraciones, según las espías que se han visto que ya se nos ponen al frente, decimos a vuestras mercedes nos digan qué es lo que intentan y como hermanos se tranquilice todo, pues todos somos cristianos hijos de Dios.

   Dios los guarde muchos años.

   Sitio del Jaque y 20 de febrero de 1812.

Juan Nuario de Arenas,
Vicente José Uribe.

Contestación

   El gobierno de Cundinamarca ha admitido como de su provincia a la ciudad de Vélez y su jurisdicción y, a este efecto, me ha encargado el mando de sus tropas, destinadas a sostener sus derechos. Por tanto espero me dejen vuestras mercedes libre el tránsito, o paso a mis tropas, sin comprometerse a los resultos que de lo contrario podrán originarse, en la inteligencia de que ahora sigo a sentar mi cuartel en el Puente Real y allanaré por la fuerza cualesquiera obstáculos que se me presenten.

   Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.

   Sitio y cuartel general del Monte del Moro, a las siete de la mañana del día 21 de enero de 1812.

Ignacio de Salcedo.

   Señores jefes de las tropas del Socorro.

   Puente Real, 23 de enero de 1812.

   Son copias,

Salcedo.

Oficio No. 2°

   Recibimos el de vuestra merced con fecha de hoy, en que nos dice que les demos paso franco: decimos a vuestras mercedes que no, pues nosotros venimos de orden de nuestro superior del gobierno del Socorro, al resguardo de nuestra provincia, y así vean vuestras mercedes, hermanos y semejantes, y hacemos de cargo de vuestras mercedes las muertes que se ofrezcan por su causa, pues nosotros haremos todos los esfuerzos en nuestra defensa.

   Dios guarde a vuestra merced muchos años.

   Jaque, 21 de enero de 1812.

Juan Nuario,
José de [sic],
José Uribe y Santos2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 27 de enero de 1812. N° 3.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 26.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

2
BOLETIN DE NOTICIAS DEL DIA

CARACTER Y OBJETIVOS DE ESTE BOLETIN. SE INCLUYEN OFICIOS SOBRE LA ACCION DEL CAPITAN DE GRANADEROS IGNACIO SALCEDO. Neusa, 22 de enero de 1812.

Joaquín Ricaurte y Torrijos1.

   A fin de que este público sepa las noticias interesantes al momento en que llegan a esta capital, sin la retardación que es consiguiente a la formación de una gaceta extraordinaria, ha dispuesto el gobierno se publiquen en un boletín de noticias del día, que tendrá una extensión indeterminada. Como lo contenido en estos boletines no debe insertarse en la Gaceta, cuidaremos de advertir siempre, al principio de ellos, la correspondencia que tenga con ésta, con el objeto de que los sujetos que tengan la colección de gacetas agreguen los boletines al número a que corresponda.

   Incluyo a vuestra señoría copia de dos oficios que en este sitio he recibido del cabildo de la villa de Chiquinquirá, en que se me da noticia de la acción que ha tenido el capitán de granaderos don Ignacio Salcedo con la fuerza de la primera línea que manda, con los cien hombres de que di noticia a vuestra señoría con fecha de ayer.

   Aún no he tenido parte de esta acción, seguramente por no estar en estado de poderlo dar el expresado comandante. Todo lo que se servirá vuestra señoría poner en la alta consideración del supremo gobierno.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Neusa, 22 de enero de 1812.

Joaquín Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario de guerra del Estado de Cundinamarca.

Oficio N° 1°

   Ahora que son las cinco y media de la tarde, ha llegado una posta que viene del Puente de Guillermo y verbalmente nos impone de que desde las diez de la mañana de este día se rompió el fuego de una y otra parte; que de la del Socorro se advierte es inferior a la nuestra, pero que la posición de los socorreños es superior a la de acá. Otra posta que vino del Punto de Paja, que está en la parroquia de Jesús María, dice: que tuvieron los nuestros la noticia de que arribaban al dicho punto de la Paja.

   Lo que participo a usía para su inteligencia y gobierno.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Chiquinquirá, 21 de enero de 1812.

Miguel Bermúdez.

   Señor comandante de la tercera división de la auxiliatoria de Vélez, don Joaquín Ricaurte.

   Es fiel copia,

Ricaurte.

Oficio N° 2°

   A las siete de esta noche han llegado Juan Antonio Alvarado y Juan José Carvajal, dos de los milicianos de caballería con que por pedimento de don Ignacio Salcedo auxiliamos la expedición que va al comando de este jefe, y han significado que como conductor que había sido el primero, de los oficios que precedieron al rompimiento de que dimos a usía noticia en oficio de este día y los que ayudaron a impedir el que los contrarios incendiasen el puente que llaman de Guillermo, con cuyo hecho pudieron pasar la artillería al otro lado del río y lograr el que se retirasen aquéllos; pero que tomando otro superior se había comenzado el fuego y que, apurado éste, hicieran los contrarios una total retirada, y en él un cañón de artillería, fondos y demás provisión, sin dejar los nuestros de seguirlos hacia Puente Real, sin haber recibido la más leve lesión.

   Por otros sujetos que han llegado de allí a las ocho, se sabe que de los socorreños han muerto tres, y que se presume que de los de la emboscada que tenían pueden haber perecido hasta 15 ó 20. Que es cuanto hasta ahora se ha sabido y comunicamos a usía.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Chiquinquirá, 21 de enero a las diez de la noche de 1812.

Miguel Bermúdez,
José Joaquín de las Casasnovas.

   Señor comandante de la expedición auxiliatoria de Vélez, don Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Es fiel copia,

Ricaurte2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 23 de enero de 1812. N° 1.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial de esta fecha.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

3
MERITOS DEL CAPITAN IGNACIO SALCEDO

ACCION EN EL SITIO DEL JAQUE. RECONOCIMIENTOS. Cuartel general de Chiquinquirá, 24 de enero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos1.

   Las adjuntas copias del parte que me ha dirigido el capitán de granaderos don Ignacio Salcedo, segundo en el mando de la expedición que se ha puesto a mis órdenes, y los oficios que corrieron entre él y los comandantes de las tropas del Socorro, impondrán a vuestra señoría de la acción que tuvo este jefe en el sitio del Jaque, para que lo transmita al supremo gobierno.

   Por los informes que he recibido en esta villa de sujetos fidedignos de Vélez, me hallo en el caso de recomendar al supremo gobierno el mérito de este capitán y de los demás oficiales que él mismo recomienda, para que vuestra señoría lo haga presente al excelentísimo señor presidente del Estado.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general de Chiquinquirá y 24 de enero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario del despacho universal de guerra, don Gregorio Martínez Portillo.

   El día 20 del corriente salí del pueblo de Saboyá con la primera línea de mi cargo del ejército del mando de vuestra señoría, a las ocho de la mañana; y habiendo pasado el Monte del Moro como a las once del día, se observaron por mis espías avanzadas algunos pelotones de gentes armadas del Socorro que ocupaban las alturas de los cerros del sitio del Jaque, por cuyo pie debíamos pasar, los que reconocidos por mí y los demás oficiales, con consideración a lo fatigada que venía la tropa, me hicieron determinar la suspensión de mi marcha y acamparme a la boca de la salida del monte hasta el día siguiente, en el cual, como a las siete de la mañana, recibí el oficio, cuya copia acompaño y contesté, el que verá vuestra señoría por la que incluyo, al que se me contestó, estando ya de marcha, el último oficio, cuya copia va agregada; en cuya virtud seguí marchando con el orden posible, y al dar la vista a los cerros del citado sitio del Jaque, advertimos las gentes que los ocupaban y determinó el avanzar a desalojarlos, como en efecto se verificó, atacando al frente de un cerro con la gente y artillería y mandando al otro una división de doce hombres al mando del capitán graduado don Atanasio Girardot, quien al instante ocupó la altura del cerro con la mayor fatiga y peligro sin hacer un tiro, con cuyo paso y el de mi marcha para atacarlos en el otro cerro, se pusieron en fuga, dejando la noticia de que luego que pasasen el río incendiaban el puente de madera para cortarnos el paso; y no pudiendo mis tropas alcanzarlos para impedirlo, lo hicieron don José María Tejada y don José Flórez, con algunas gentes de caballería que llevaban para auxiliarnos. En seguida pasamos este puente, y a corta distancia se nos presentaron en otra altura y puesto tan ventajoso como del que los habíamos desalojado, con un cañón dirigido al camino por donde íbamos; al instante se rompió el fuego por el ayudante de artillería don José Antonio Triviño, con un tiro de pedrero, al que correspondieron con dos tiros de cañón y dividieron sus gentes en pelotones en varios puntos de la cordillera, superiores a nuestra posición, desde los cuales nos hicieron fuego de artillería, al que se les correspondió con la nuestra; en este estado, resolví que una división de 30 hombres al mando del capitán graduado don Atanasio Girardot y el subteniente de granaderos don José Tejada, siguiesen por dentro del monte a ocupar la misma altura, y habiendo, a muy corta distancia, encontrado una emboscada de enemigos, les hicieron fuego, del que huyeron, dejando allí dos muertos, con lo cual y por ser imposible superar lo escarpado e intrasitable del monte, se volvieron a reunir conmigo y avanzamos por el camino real a desalojarlos de aquel punto, por el cual siguió el ayudante de artillería con dos pedreros cargados a hombros de peones, los que se situaron en una altura al lado derecho del camino, y los enemigos inmediatamente abandonaron aquel punto —que era demasiado ventajoso y superior a nuestra situación— y se retiraron a otro más superior que llaman Mata Redonda, al que nos dirigimos con buen orden, y habiendo mandado al subteniente de granaderos don Mariano Portocarrero y al cadete don Isidro Andrade con 40 hombres siguiesen por entre el monte del ala izquierda del enemigo, por haber dividido sus tropas para acometernos por dos partes con el fin de rodearnos, y yo, con el resto de mi línea, los avancé por frente; y cuando esperábamos la más vigorosa resistencia, nos hallamos que por unos cortos tiros de fusil que hizo entre el monte la avanzada que mandaba el subteniente don M ariano Portocarrero y al presentarse por el ala izquierda del enemigo, huyeron con la mayor precipitación y desorden, abandonando un cañón de cobre que pesa más de 11 arrobas, algunos víveres de sal, arroz y carne, tres fondos de cobre, dos bueyes y algunos toldos, impidiéndonos su alcance las malezas de los montes por donde huyeron todos precipitados; y siguiendo yo con mis tropas al Puente Real, donde llegamos el día de ayer a las diez de la mañana, haciendo en el camino siete prisioneros, hallamos que los vecinos de esta villa habían hecho 13 de los que iban de fuga y sabemos que han seguido la misma todos los demás por los varios caminos que van para el Socorro.

   En estas acciones se han distinguido el capitán graduado don Atanasio Girardot en la primera avanzada al cerro del sitio del Jaque, y después en la que hizo contra la emboscada que halló en el monte cuando trató de ocupar el segundo cerro con el subteniente don José Tejada, quien se distinguió a las órdenes del citado capitán en el desempeño de su obligación, lo mismo que el subteniente don Mariano Portocarrero y el cadete don Isidro Andrade, en la avanzada que hicieron a la izquierda del enemigo en Mata Redonda; y los subtenientes don José Belber y don Joaquín París se hallaron siempre a mi lado en los avances que se hicieron al frente del enemigo, desempeñando su obligación con el mayor valor y espíritu; y el ayudante don José Triviño, con el acertado y vigoroso fuego que hizo a los enemigos. También es recomendable el valor y entusiasmo de los sargentos como el de la tropa y gentes de la primera línea de mi cargo.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Puente Real, 23 de enero de 1812.

Ignacio de Salcedo.

   Señor don Joaquín Ricaurte, comandante general de la expedición del norte de Cundinamarca.

   Es copia,

Ricaurte.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 27 de enero de 1812, N° 2.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial del 23 del corriente, N° 26.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

4
NOTICIAS DE CARACAS

ARRIBO A LA GUAIRA DE GOLETA INGLESA. DESEMBARCO DE TROPAS DE MEXICO. SE INTERCEPTA CARTA DONDE SE ANUNCIA ENVIO DE EXPEDICION DESDE ESPAÑA. PALACIO DE GOBIERNO DE CARACAS. 24 de enero de 1812.

Miguel de Negrete
(secretario de guerra)1.

   Acaba de fondear en el puerto de La Guaira la goleta inglesa Favorita, su capitán, Samuel Howard, procedente de Santo Tomás, con tres días de navegación, y a su bordo mister Cristóbal Goldman, comerciante de aquella nación, interesado en el cargamento, el que da por noticia lo siguiente:

   Que el 3 del presente llegó a la ensenada de la Guadilla de Puerto Rico, en donde fondeó a reforzar la aguada y víveres, un convoy escoltado por un navío de línea, que conducía hasta 4.000 hombres de tropas de desembarco para el reino de Méjico, el que a los tres o cuatro días siguió su destino; que los mismos que condujeron esta noticia dieron la de que aguardaban por momentos en aquella isla otros tantos miles de hombres destinados para esta provincia. La primera noticia la comunica como cierta y la segunda como cosa que circulaba en Santo Tomás por los de Puerto Rico.

   Al mismo tiempo, por carta del comandante de Coro, José Ceballos, interceptada al rebelde Vicente Romero, caudillo de los bandidos enemigos, le previene aquél a éste que no se interne mucho, o a lo menos viva con mucha precaución, pues aún no ha llegado el tiempo de obrar y se espera expedición formal de España, advirtiéndole que ésta obra seriamente por Barlovento de La Guaira y aún más allá, tomando primero otros puntos, acerca de lo que [le dice] no puede explicarse más.

   Cuyas noticias me manda el respetable poder ejecutivo de los Estados de Venezuela transcriba a vuestra señoría para que se sirva elevarlas al conocimiento de ese supremo gobierno, a fin de que advertido de que, aunque por éste se han tomado y toman las más activas y oportunas medidas de defensa para el caso de que llegue a nuestras costas la expedición formal que se anuncia contra esta provincia, siendo como es una la causa de toda la América y uno el interés que nos obliga a sostenerla, se digne favorecernos con la cooperación de sus auxilios, siempre que nos veamos en la necesidad de solicitarlos, en el concepto de que pueden contar esos estados con cuantos estén al alcance de su alteza, que desea con ansia motivos de estrechar más los sagrados vínculos que nos unen.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Palacio de gobierno de Caracas, 24 de enero de 1812, segundo de nuestra independencia.

Miguel de Negrete,
secretario de guerra.

   Señor secretario de gobierno de los Estados de Cundinamarca.

   De Barinas y de Pamplona se comunica de oficio la misma noticia por el extraordinario que llegó ayer a esta capital2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 1° de marzo de 1812, N° 13.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 32.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

5
OFICIOS DEL COMANDANTE DE LA EXPEDICION DEL NORTE Y DEL PRESIDENTE DEL SOCORRO

MARCHA DE LA TROPA SIN NOVEDAD. INTRODUCCION DE TROPAS DE CUNDINAMARCA EN EL SOCORRO. Cuartel general de Puente Real, 28 de enero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos,
José Lorenzo Plata, presidente del Socorro,
Isidro José Estévez, secretario1.

Oficio del comandante de la expedición del norte

   Desde la villa de Chiquinquirá hasta ésta de Puente Real, ha marchado en dos jornadas la segunda línea de la expedición de mi mando, sin que en el tránsito haya ocurrido novedad alguna. A mi llegada he hallado el oficio de don Lorenzo Plata que acompaño en copia, como la de mi constestación que es también la intimación que debo hacerle desde este punto con arreglo a la instrucción. Hoy sigue este último en expreso.

   De San Gil he recibido también las comunicaciones que incluyo, en los mismos términos y, además, noticias de pasajeros que todas convienen en que, reanimadas aquellas gentes con la derrota que sufrieron sus opresores en el Monte del Moro por la vanguardia de mis tropas, han cargado sobre ellos y hecho prisionera la guarnición que habían dejado allí.

   Hasta no recibir las contestaciones del Socorro no puedo seguir obrando según la instrucción, pero si amenazasen a ocupar algunos de los puntos en que pueden hacerse fuertes y retener los progresos de la marcha, habré de anticiparme a impedirlo y aprovecharme de las ventajas posibles.

   Por el tránsito he tenido la satisfacción de ver observar a mis tropas la más rigurosa disciplina y que, en medio de las penalidades de la marcha y fragosidad de los caminos, han manifestado suma constancia y deseos de llenar su deber, cumpliendo con las prevenciones del gobierno supremo.

   No me ha sido de menor placer observar el contento general de los pueblos del tránsito y la buena acogida que han hecho a las tropas; pero, aunque esto ha sido general, como el interés que han manifestado por el buen suceso de nuestras armas, es de mi deber advertir a vuestra señoría con particularidad, el esmero con que se han conducido los alcaldes ordinarios de la villa de Chiquinquirá, que no satisfechos con franquear los auxilios necesarios, se extendieron a procurar los más cómodos alojamientos a la tropa y oficialidad, obsequiando a ésta en todo el tiempo de la mansión, en términos de no haber permitido que ningún oficial hiciese gasto alguno para su manutención, que facilitaron los mismos alcaldes con toda la decencia que permite aquel lugar hasta el momento mismo de salir. De igual conducta ha sido la del vecindario de esta villa desde la llegada de la vanguardia de la expedición, y así me veo obligado a recomendarlo a vuestra señoría para que, poniéndolo en noticia del excelentísimo señor presidente, su excelencia disponga lo que juzgue conveniente.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general de Puente Real, a 28 de enero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario del despacho universal de guerra, don Gregorio Martínez Portillo.

Oficio del presidente del Socorro

   El gobierno de Cundinamarca ha introducido tropas dentro de los límites de esta provincia con armas y pertrechos, sin contar con este gobierno, de modo que las miras de aquella provincia son de conquista. Ya con la fuerza armada ha removido las tropas que el Socorro tenía en el Monte del Moro en defensa de su territorio. Para decretar Cundinamarca una guerra tan sangrienta contra esta provincia, su aliada, se ignora el motivo legal que haya intervenido. Cundinamarca no ha oficiado hasta la fecha sobre sus designios hostiles, ni tampoco ha mandado parlamentario, y sólo sí con volcanes de fuego hospte insalutato introduce sus tropas aguerridas haciendo una conquista sanguinaria. Este gobierno desea imponerse en la comisión de vuestras mercedes, para cuyo efecto tendrán la bondad de comunicarle si se internan de Puente Real para esta capital; si tratan de entrar en ellas las tropas o si, por el contrario, no pasan de ese punto de Puente Real; si traen vuestras mercedes órdenes para capitulaciones o no y, en una palabra, si su comisión es contra este gobierno o algunos de sus funcionarios.

   Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.

   Socorro, 23 de enero de 1812.

José Lorenzo Plata,
Isidro José Estévez,
secretario.

   Señores jefes militares de Santafé hacia Vélez.

   Es copia,

Castillo2

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 1° de febrero de 1812. N° 4.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 27.
2   En la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

6
COMANDANTE DE LA EXPEDICION DEL NORTE CONTESTA AL PRESIDENTE DEL SOCORRO

EL ENVIO DE LA FUERZA ARMADA SE DIRIGE A PROTEGER A LOS PUEBLOS DE SAN GIL Y VELEZ. OFICIO DEL CABILDO DE SAN GIL A LOS COMANDANTES DE LA EXPEDICION AL NORTE. Cuartel general de Puente Real, 28 de enero de 1812.

Manuel del Castillo,
secretario1.

Contestación al anterior

   Por más que vuestra merced tenga empeño en ennegrecer la conducta del gobierno soberano de Cundinamarca, ella, en el juicio de la imparcialidad, aparecerá siempre nivelada por los principios inalterables de la justicia más rígida. Su procedimiento enviando a estos países [territorios] la fuerza armada que tengo el honor de mandar, tiene por fundamento dispensar su protección a los pueblos de los distritos de San Gil y Vélez y demás que la han implorado al Estado a que pertenezco, y los pueblos de San Gil y Vélez han podido y debido buscar el amparo único que podía salvarlos de los males incalculables que eran de temerse del estado anárquico a que estaban reducidos los pueblos [habitantes] del antiguo corregimiento del Socorro, desde que ellos vieron disuelto el lazo social que los unía por el atropellamiento que hizo un particular de la representación de sus pueblos. La disolución de este vínculo puso a los pueblos en libertad para unirse al cuerpo social que les ofreciese mayor seguridad en el goce de sus derechos, y San Gil y Vélez, usando del suyo, ocurrieron a mi gobierno solicitando su incorporación al grande Estado de Cundinamarca, que les dispensó esta gracia y dio a vuestra merced oportuno aviso para que les respetase como círculos que ya eran partes integrantes de Cundinamarca. A pesar de esta medida tomada por las reglas del derecho de las naciones cultas, vuestra merced trató de impedir con hostilidades el paso de la montaña [Monte] del Moro a mis tropas que venían a guarnecer este punto y demás de la comprensión de Cundinamarca, y ellas, defendiéndose, no han hecho otra cosa que cumplir con su deber y allanar su territorio ocupado por una fuerza extranjera.

   Hago estas explicaciones, para que el hombre imparcial decida de parte de quién está la justicia, y para que ellas sirvan de contestación a las preguntas de vuestra merced, relativas a los objetos de la expedición de mi mando, que no son otros que los de proteger y guarnecer a los pueblos incorporados al Estado a que pertenezco. En consecuencia, repito a vuestra merced la más solemne intimación para que se abstenga de molestar los pueblos del distrito de Vélez y San Gil y demás agregados a mi gobierno, en el concepto de que si usted lo hiciere así, respetaré por mi parte el resto del territorio del Socorro que no quiere incorporarse a Cundinamarca; pero también en el de que si usted no lo hiciere y siguiese molestando mis tropas en su marcha, cambiará la moderación que caracteriza a mi gobierno en la energía y valor con que saben sus tropas sostener sus augustas órdenes. Y en cuanto a las facultades para capitular con que me halle, digo a vuestra merced que tengo las bastantes para entrar en negociación, siempre que los pactos que vuestra merced quiera estipular sean conforme a los principios que he tentado en este oficio y con tal que no tengan su fuerza definitiva hasta la ratificación de los gobiernos respectivos. Nada me sería tan satisfactorio como que usted adoptase este temperamento, que es el más conforme a una sana política y al sistema de fraternidad que deben adoptar unos pueblos que desde su fundación han compuesto una sola familia y que por sus estrechas relaciones de sangre e intereses, necesitan de la más cordial unión para su prosperidad.

   De todos modos, protesto a vuestra merced la sinceridad de mi consideración.

   Dios guarde a vuestra merced muchos años.

   Cuartel general de Puente Real, 28 de enero de 1812.

   Es copia,

Manuel del Castillo,
secretario.

Oficio del cabildo de San Gil a los comandantes de la expedición del norte

   Aunque las angustiosas circunstancias en que nos vimos nos precisaron a emprender la retirada de esta villa con la mayor parte de sus habitantes, por evitar la efusión de sangre que hubiera sido consiguiente y por aguardar la aproximación de las tropas del supremo gobierno del Estado de Cundinamarca, los pocos individuos que habían quedado en ella, enfurecidos por los repetidos ultrajes, prisiones y saqueos que sufrían de los soldados que había dejado el tirano en esta plaza para guarnecerla, se avanzaron últimamente, el día 21 del corriente, como a las diez del día, sobre sus enemigos y comenzaron una acción obstinada por una y otra parte, que duró hasta las cuatro de la tarde, a cuya hora se vieron en la necesidad de rendirse a discreción nuestros contrarios, que eran en número de más de 50 hombres y estaban ventajosamente acuartelados y defendidos en la casa del cabildo y tenía abocados cuatro cañones en las puertas de ella; porque los nuestros, a pesar del fuego que se les hacía, se arrojaron con hachas encendidas a violentar las puertas e incendiar su cuartel. Resultó un muerto de nuestra parte y tres heridos; y de la contraria, tres heridos y todos los restantes prisioneros, con el capitán y alcalde intrusos que había puesto el tirano. Desde el momento en que entendimos el peligro en que se habían empeñado nuestros conciudadanos, procuramos restituirnos a la mayor brevedad a esta villa y hemos tenido el gusto de presenciar la vuelta de la mayor parte de los que habían salido, manifestando el más noble entusiasmo y ardor por concluir de una vez con los crueles autores de las desgracias en que nos hemos visto envueltos.

   Ayer hemos tenido noticias bastantemente confirmadas del feliz suceso del primer encuentro que han tenido ustedes en el sitio de Mata Redonda con las tropas del Socorro, y esto nos ha colmado de la más satisfactoria alegría, en tanto que sabemos que el tirano se halla consternado dentro de la villa, centro de su despotismo, aunque resuelto a no ceder y rodeado aún de algunas gentes charalaes. También se han puesto presos a don Francisco Rosillo y a don Joaquín Santos, malvados agentes de las pérfidas intenciones del tirano y opresores de aquel pueblo. Todas las gentes están ya muy desengañadas y procuran fugarse los que pueden por escapar del estrago que conocen ser inevitable sirviendo bajo las banderas del enemigo.

   Nos apresuramos a dar parte a vuestra merced de estos sucesos para que aceleren su marcha. Sobre todo anhelamos porque llegue pronto el momento feliz en que podamos congratularnos con vuestras mercedes por la destrucción completa de nuestro inicuo perseguidor don Lorenzo Plata y manifestarles hasta dónde llega nuestro profundo respeto y vivo reconocimiento hacia el supremo gobierno de Cundinamarca y hacía las personas de vuestras mercedes y de esas valerosas tropas que se han servido franquearnos tan generoso auxilio.

   Dios guarde...etc.

   Es copia,

Castillo2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 1° de febrero de 1812, N° 5.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 27.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año 1812.

7
INFORME DEL COMANDANTE DE LA EXPEDICION DEL NORTE

AVANCE HACIA EL SOCORRO. NEGOCIACIONES. OFICIO DE LOS ALCALDES DE CHARALA. Cuartel general de Guadalupe, 12 de febrero de 1812. Charalá, 8 de febrero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos,
Benito Antonio de Lamo, Francisco Vargas Nieto.

Oficio del comandante en jefe de la expedición del norte

   Esta mañana llegué a este pueblo con toda la tropa de mi mando, después de tres días de marcha desde Vélez. En todo el tránsito no ha habido novedad, a pesar de que en algunos puntos hemos encontrado vestigios de haber estado antes situadas las tropas del Socorro que desde luego los abandonaron con noticia de nuestra aproximación.

   Aquí he oficiado ya con los parlamentarios del Socorro para que me propongan con brevedad los artículos de la negociación a que he provocado, diciéndoles que si ellos no son aceptables marcharé al instante a allanar los obstáculos que pretenden oponerme en el tránsito, y de todos modos a guarnecer los pueblos de San Gil y demás agregados al Estado; hasta ahora no he obtenido contestación.

   El correo de Girón, que acaba de llegar, me ha informado de que las gentes del Socorro forman un cordón desde San Gil hasta la parte de allá del río Oiba, cuyos puentes nombrados de San Bartolomé y Vargas los han cortado y derrumbado para hacer impracticables los caminos.

   Mañana pienso intimar a don Lorenzo Plata que me deje franco paso para los lugares correspondientes al Estado, protestándole no cometer hostilidad alguna en los que sean de la comprensión del Socorro. Según su contestación y el resultado de la negociación, arreglaré el plan de mis ulteriores operaciones, de que daré a vuestra señoría los partes correspondientes con oportunidad.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general de Guadalupe y 12 de febrero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario de Estado y del despacho universal de guerra.

Oficio de los alcaldes de Charalá

   Excelentísimo señor:

   Los alcaldes de la parroquia de Charalá, a nombre de todo el vecindario, tributamos a vuestra excelencia las más rendidas gracias por haberse dignado admitimos bajo su protección. Desde el momento en que recibimos el decreto de admisión, comenzamos a respirar los aires de la libertad y a llenar nuestros corazones de esperanzas lisonjeras. Nos vemos fuera de la tiranía, y nuestros derechos ya serán respetados por un gobierno sabio y liberal por quien hemos suspirado hace el espacio de año y medio.

   Los adjuntos harán ver a todos nuestros émulos la conducta, la prudencia y la justicia del pueblo de Charalá. El acta de agregación es una corta pincelada de la adhesión de este pueblo al supremo gobierno de Cundinamarca; sírvase vuestra excelencia admitirla en testimonio de nuestro amor, reconociendo a este pueblo como una parte integrante de ese departamento, que sabría defender sus derechos sacrificando sus propias vidas y haciendas en honor de la libertad.

   La consternación en que se ha hallado este pueblo por las hostilidades del Calígula, no nos había permitido cumplir con esta obligación y hacerle presente que los satélites del tirano, aun después de habernos agregado a ese sabio gobierno, han tratado de impedir nuestra agregación. Don Francisco Rosillo y don Francisco Reyes, fingiéndose alcaldes y asociándose con el presbítero don Ignacio Vergara, no contentos con introducimos tropas en el lugar y seducir las gentes, han hecho estos tres un sangriento informe contra el cura de esta parroquia, suscritos en él los partidarios de la iniquidad, acreditando las falsedades que les sugirió don Lorenzo Plata, según tiene de costumbre, para ver si por este medio lo quitaba de cura y conseguía anular la agregación que el dicho cura había promovido de este lugar, de Cincelada, Riachuelo, Ocamonte, con algunos vecinos honrados de este pueblo y poner al presbítero Vergara sirviendo este oficio con título de cura, porque es su partidario y se halla alistado bajo sus banderas. En vano nos hostilizaron y se desvelaron, porque reconquistamos nuestro lugar, oficiamos al ilustre cabildo de San Gil para que hiciese noticias por nuestro cura y nos lo restituyesen al lugar.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Charalá, 8 de febrero de 1812.

   Excelentísimo señor

Benito Antonio de Lamo,
Francisco Vargas Nieto.

   Excelentísimo señor presidente del supremo gobierno de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 18 de febrero de 1812, N° 6.

NOTA:
1.   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 29.

8
OFICIO DEL CABILDO DE VELEZ AL PRESIDENTE NARIÑO

AGRADECIMIENTOS POR LOS AUXILIOS Y LA PROTECCION MILITAR. Sala consistorial de Vélez, 13 de febrero de 1812.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas,
Fernando Cabrejo,
Joaquín Cosgaya,
Isidro Jurado.

Oficio del cabildo de Vélez

   Excelentísimo señor:

   Las precisas asistencias en recibir la expedición auxiliatoria, que la innata piedad de vuestra excelencia se dignó franquearnos y el atender a proporcionarle todos los auxilios que se nos han pedido y han sido necesarios, ha distraído a este cuerpo para que anticipadamente no haya tributado a vuestra excelencia las más rendidas gracias por haberse dignado en franquearnos liberalmente el tan oportuno como copioso auxilio con que se redimió este cantón de las agresiones que ya estábamos sufriendo con las tiranías del ex presidente Plata. Por tanto, y hallándonos ya en alguna tranquilidad, sin embargo de que la mayor parte de nuestros compañeros y conciudadanos han seguido en compañía de la expedición hasta Guadalupe, donde se hallan en el día, los que existimos en esta ciudad, poseídos nuestros corazones de aquella gratitud y reconocimiento que es debido, rendimos a vuestra excelencia las gracias, así por haberse dignado de admitir este corto departamento a la íntima unión constitucional de la ilustre provincia de Cundinamarca, como por haberle auxiliado tan liberal y oportunamente, que, precaviendo los rigores de las insolentes huestes del Socorro, de [las] que ya estaban ocupados nuestros pueblos, no sufrieron los daños que otros lugares han experimentado de su crueldad y que ya creíamos haber padecido con la precisa fuga que nos ocasionó el estruendo de los bandidos al introducirse en esta jurisdicción, que no tuvo otros resultados que el de haber puesto a su contemplación alcaldes ordinarios en esta ciudad y en la mayor parte de sus pueblos, en que ejecutaron algunos limitados robos, no dándoles lugar a ejercitar sus crueldades la expedición cundinamarquesa en el combate de los sitios del Jaque y Mata Redonda, de donde fueron expelidos nuestros enemigos tan precipitadamente, que quedó evacuada de ellos toda la jurisdicción y sus habitantes en perfecto sosiego y tranquilidad.

   Tenemos ya convocados todos los pueblos, para que reasumiendo todos sus derechos en el colegio electoral por medio de sus apoderados, realicemos y ratifiquemos la unión y obediencia a la constitución y supremo gobierno de esa ilustre provincia a que ya estamos admitidos en nuestros diputados, lo que, verificado a la mayor brevedad posible, pondremos en manos de vuestra excelencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia los muchos años que necesitamos.

   Sala consistorial de Vélez, 13 de febrero de 1812.

   Excelentísimo señor.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas,
Fernando Cabrejo, Joaquín Cosgaya,

Isidro Jurado.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca, don Antonio Nariño2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 18 de febrero de 1812, N° 7.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 29.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

9
INFORMES DEL COMANDANTE DE LA EXPEDICION DEL NORTE

FRAGMENTOS. CONVERSACIONES CON LOS ENVIADOS DEL SOCORRO. TRATADOS. 15 de febrero de 18121.

Extracto de los documentos que el comandante de la expedición del norte ha dirigido al supremo gobierno en 15 de febrero de 1812

   Los parlamentarios del Socorro, doctor don Pedro Antonio Rueda y doctor don Pedro Ignacio Fernández, pasaron a la parroquia de Guadalupe a conferenciar y capitular con el comandante de la expedición del norte, auxiliatoria de Vélez y San Gil, don Joaquín Ricaurte; con arreglo a las instrucciones del gobierno por quien contratan, espontáneamente han reconocido en el artículo tercero de las capitulaciones que han propuesto en 12 de este mes, que los partidos de San Gil y Vélez son legítimamente pertenecientes a Cundinamarca, y que el Socorro jamás pretenderá optar [obtener] derecho a ellos. Esto mismo había declarado don Lorenzo Plata en oficio de 1° del corriente, dirigido al referido comandante Ricaurte y publicado anteriormente.

   En 15 del presente los nominados parlamentarios del Socorro pasaron un oficio al comandante Ricaurte, en que le aseguran que se hallan con instrucción y facultad bastante para contratar sobre la agregación del resto de la provincia del Socorro a Cundinamarca, y que ellos la consideran conveniente y ventajosa al Socorro y le presentarán a nuestro comandante un plan detallado sobre el particular.

   La equidad con que Cundinamarca concluye semejantes tratados y el aprecio y amor con que admite a las provincias que como verdaderas hermanas quieren unirse a ella y correr su suerte, están bien manifiestos en el tratado que celebró con Mariquita en 9 de noviembre de 1811, inserto en nuestra Gaceta número 102.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 20 de febrero de 1812, N° 8

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 30.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

10
INFORME DEL COMANDANTE DE LA EXPEDICION DEL NORTE

CONCLUIDAS NEGOCIACIONES CON EL SOCORRO. OFICIO DEL PRESIDENTE DEL SOCORRO AL COMANDANTE RICAURTE. Quebrada Honda, 19 de febrero de 1812. Socorro, 18 de febrero de 1812.

Joaquín Ricaurte y Torrijas,
José Lorenzo Plata1.

Un extraordinario llegado ayer tarde y dirigido al supremo gobierno por el comandante de la expedición del norte, ha traído el siguiente oficio

   Incluyo a vuestra señoría copia del oficio que acabo de recibir en este campo de don Lorenzo Plata, juzgando muy digno su contenido de la consideración del gobierno, que conocerá por él los buenos efectos de las negociaciones que he concluido con los comisarios del gobierno del Socorro, de cuya ratificación por parte de su gobierno parece no debemos dudar, en vista de los primeros efectos que ha producido el tratado.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Campo sobre las márgenes de Quebrada Honda, 19 de febrero de 1812.

Joaquín Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario del Estado y del despacho universal de guerra, don Gregorio José Martínez.

Oficio del presidente del Socorro al comandante Ricaurte

   Con esta fecha he instruido a los jefes militares del destacamento del Puente del Naranjo, en las negociaciones incoadas con vuestra señoría y los comisionados de este supremo gobierno, y al mismo tiempo les he mandado den el paso franco a las tropas de Cundinamarca, que bajo el seguro concepto de que no ofenderán a ningún pueblo del Socorro, marchan para San Gil. En este concepto puede vuestra señoría, bajo la oferta que ha hecho, dirigir sus tropas por el puente de Oiba a tocar en Charalá a caer a San Gil, para evitar la indisposición de los pueblos.

   Dios guarde su vida muchos años.

   Socorro, 18 de febrero de 1812.

José Lorenzo Plata.

   Señor comandante en jefe don Joaquín Ricaurte y Torrijos.

   El 19 del corriente, el expresado comandante contestó a dicho presidente del Socorro, diciéndole "que satisfecho del salvoconducto ofrecido, marcharía por el territorio socorrano, con el buen orden y rigidez en la disciplina militar, que pusiese a cubierto a los pueblos hasta de las menores incomodidades. Que en prueba de la confianza que hacía de la palabra de dicho presidente, se entregarían al siguiente día los prisioneros que se hicieron en el Monte del Moro, al plenipotenciario del Socorro, doctor don Antonio Rueda, protestando la entrega de los hechos en San Gil, luego que Ricaurte llegue a aquel distrito, y esperando que se hiciesen conducir a Charalá los correspondientes al canje pactado".

   Anoche han seguido ya para San Gil los tratados hechos entre el comandante Ricaurte y los plenipotenciarios del Socorro, con las notas que ha estimado oportunas nuestro gobierno. A su debido tiempo daremos razón individual de su contenido2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 25 de febrero de 1812, N° 10.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 30.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

11
OFICIO DEL PRESIDENTE DE QUITO AL DE CUNDINAMARCA

REMISION DE CARGAS DE SAL DESDE SANTAFE. NECESIDAD DE NITROS PARA FABRICACION DE POLVORA. Quito, 20 de febrero de 1812.

José.
Obispo, presidente1.

Oficio del presidente del supremo gobierno de Quito al de Cundinamarca

   Por oficio de vuestra excelencia de fecha 21 del mes próximo pasado, queda impuesto este supremo gobierno de las eficaces providencias que ha tomado el sabio y generoso de Cundinamarca para la remisión de 400 cargas de sal que se anuncian, para el abasto de este público oprimido por los déspotas del sur; y a nombre del gobierno y del vecindario (a quien se ha hecho notorio) doy a vuestra excelencia las más expresivas gracias.

   Con este mismo motivo, el superior gobierno de Popayán, ha manifestado a éste, en oficio del 6 del corriente, la necesidad que tiene de alguna cantidad de nitros para dirigirlos a esa capital para el laboreo de pólvoras; y a fin de que no se carezca de un ramo tan esencial en la estación presente, se han dado las providencias más urgentes a los corregidores de Tacunga e Ibarra para su acopio, e igualmente a los administradores de rentas en aquellas provincias en que se benefician; y luego que haya alguna cantidad considerable se dirigirán por el mejor conducto hasta esa capital, con cuyo supremo gobierno sólo aparece éste en el más sincero y cordial enlace.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Quito, 20 de febrero de 1812.

José,
obispo, presidente.

   Excelentísmo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

Otro

   Este supremo gobierno ha visto con la mayor gratitud el oficio de vuestra excelencia en que le participaba la existencia de $572, 6 1/2 reales en poder del señor subpresidente director del tesoro público, los mismos que a beneficio de las infelices viudas y huérfanos que produjo el desgraciado 2 de agosto donaron los generosos santafereños y de cuyos oficios benéficos, tanto este gobierno como el vecindario, tributan a vuestra excelencia las más debidas gracias.

   En el correo venidero dispondrá este gobierno de la expresada cantidad, siendo su inversión en todo conforme a las piadosas intenciones a que la destinó la generosidad de los sujetos que hicieron aquella contribución.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Quito, 20 de febrero de 1812.

José,
obispo, presidente.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   En carta particular que con la misma fecha ha dirigido al marqués de Selva Alegre, vicepresidente de Quito, al presidente de nuestro Estado, le dice: que hay 30.000 libras de nitro acopiadas para mandárselas; que el virrey don Benito Pérez ha oficiado desde La Habana con aquel gobierno, insinuándole que viene a fijar su residencia en Panamá, y proponiendo tratados de unión; pero que se le va a dar la correspondiente contestación que no ha de agradarle nada a dicho virrey. Ultimamente asegura que de Lima nada se sabe.

   He aquí cómo se convencen de falsos los rumores que cundían en esta capital sobre grandes levantamientos, derrotas y asesinatos cometidos en Quito; rumores que esparcen los enemigos de la tranquilidad pública, los faccionarios por sistema y aquellas almas bajas que no pudiendo por sus vicios prosperar en tiempo del orden, fomentan por todos medios una revolución para sacar de ella ventajas criminales, corrompiendo a los pueblos con el ejemplo de otros lugares a quienes suponen revoltosos y asesinos. Si es cierto que en Quito nada se sabía de Lima hasta 20 de febrero, son nada verosímiles las noticias que el gobierno de Popayán, con fecha 5 de marzo, comunicó al nuestro, refiriéndose a los papeles encontrados en un cofre de Tacón, que insertamos en nuestra Gaceta núm. 37. Todas ellas debían en aquella fecha haberse sabido en Quito para que en 5 de marzo se comunicasen ya de Popayán, principalmente si se atiende a que en 31 de enero fue cuando el capitán Rodríguez comunicó la derrota de Tacón en Iscuandé, inserta en nuestra Gaceta núm. 33, y el día de aquella derrota fue cuando se cogió el cofre lleno de papeles a que se refiere el gobierno de Popayán.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 6 de abril de 1812, N° 17.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 39.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

12
INFORME DE ANTONIO VILLAVICENCIO AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

NOTICIAS SOBRE SITUACION DEL GOBIERNO DE CADIZ. Santafé, 20 y 22 de febrero de 1812.

Antonio Villavicencio1.

Oficio y noticias comunicadas por el encargado de negocios de Venezuela cerca de este Estado

   A pesar de que de oficio no he recibido noticia alguna del gobierno de Venezuela, mi comitente, no me es posible dejar de participar a vuestra señoría, para noticia del supremo poder ejecutivo, las novedades que comunican varías cartas de sujetos fidedignos de Caracas y que se contienen en la adjunta papeleta que he formado al efecto; todas son de tal consideración y gravedad, que no puedo menos que manifestarlas al gobierno y al público; la premura del tiempo no me permite entrar en reflexiones sobre la emigración del gobierno de Cádiz a la isla de Puerto Rico, que a la verdad es un suceso inesperado y peligroso que puede perjudicar infinito a la causa que defendemos con tanta justicia, si no se toman las medidas más oportunas y eficaces para nuestra seguridad y defensa, tanto contra sus esfuerzos militares como contra sus intrigas y maquinaciones políticas.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé de Bogotá, 20 de febrero de 1812.

Antonio Villavicencio.

   Señor don Manuel de Santacruz, secretario de Estado del supremo poder ejecutivo de Cundinamarca.

   Varias cartas de Caracas aseguran saberse allí de oficio que Cádiz se rindió a las tropas francesas el 10 de noviembre próximo pasado; que la mayor parte de los que componían aquel efímero gobierno huyeron a Gibraltar, donde se embarcaron an la escuadra inglesa que los ha conducido a Puerto Rico, trayendo, asimismo, a 5.400 hombres españoles que se habían refugiado en aquella plaza y que pertenecían al ejército de Ballesteros, derrotado en aquellos días en el campo de San Roque; que Black había sido derrotado en Valencia, Abadía en Galicia y Wellington en las inmediaciones de ciudad Rodrigo, dirigiéndose con el resto de su ejército a las orillas del Tajo para reembarcarse si allí era atacado. Tanto la escuadra española como los efectos del arsenal de Cartagena de Levante se transportaban a Mallorca. Toda la Cataluña era ya francesa a fines de octubre. Dicen también que en los primeros días de enero se había presentado sobre La Guaira una fragata que traía a su bordo algunos de los gobernantes emigrados que, no atreviéndose a desembarcar, se habrán dirigido a las islas de Curazao o Puerto Rico, que es la corte desde donde intentan reconquistar a la costa firme y países interiores disidentes; que en Puerto Rico habían licenciado a la mayor parte de sus presidiarios, bajo condición de ser transportados a servir en la clase de voluntarios a Maracaibo y Santa Marta, donde ya tenían tropas de dicha isla, que perecía por falta de los situados en Veracruz, y por el gran número de emigrados españoles de todas clases.

   Santafé, 20 de febrero de 1812.

Antonio Villavicencio.

   En una de mis cartas de Caracas recibidas en el último correo, me dice un amigo que la expedición que estaba obrando contra Guayana se había reforzado en aquellos días con hasta 4.000 hombres de toda la confederación de Venezuela; que marchaba ya a hacer el último esfuerzo para arrojar de allí a los enemigos de la independencia americana y a libertar de la opresión a aquella provincia que abundaba de afectos a Caracas y que por su situación geográfica era un punto interesante y por donde podían ser invadidas Venezuela y la Nueva Granada. La noticia que doy sobre esto debe añadirse a mi papeleta del 20 del corriente que con oficio dirigí al gobierno y que omití por un olvido natural e involuntario.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 22 de febrero de 1812.

Antonio Villavicencio.

   Señor secretario de Estado, don Manuel Santacruz2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 22 de febrero de 1812. N° 9.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 30.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

13
OFICIO DEL CABILDO DE VELEZ AL PRESIDENTE NARIÑO

TROPAS Y CAPITULACION DEL SOCORRO. LA PROTECCION DE CUNDINAMARCA. OFICIO DEL COMANDANTE DE LA EXPEDICION DEL NORTE. Vélez, 24 de febrero de 1812.
Cuartel general de Charalá, 23 de febrero de 1812.

Francisco Cayetano Pinzón, José Rito de Acosta,
Joaquín Cosgaya, Joaquín Ricaurte y Torrijos,
José Ignacio Quintero, José María Flórez,
Francisco Javier Quiroga
1.

Oficio del cabildo de Vélez

   Excelentísimo señor:

   En medio de la confusión que causó en esta ciudad la noticia que motivó a dar a vuestra excelencia el parte de haber vuelto a ocupar las tropas socorreñas el puente de Oiba, después de haber abierto el paso a las auxiliares, no se pudo meditar sobre ninguno de los futuros que se podían originar de anticipar a vuestra excelencia un informe que, aunque con bastantes fundamentos para temerlo, carecía de aquellos datos positivos que debían haber precedido.

   La noticia resultó en parte fallida, pero las sospechas eran harto graves por observarse varios pelotones de gentes en las inmediaciones, que aún existen; se ignoraba haber capitulado el comandante con los jefes del Socorro, y aún no sabemos los puntos de la capitulación. Se temía que presidida ésta era de mal agüero ocupar el punto, pues una vez cortada toda correspondencia, fácilmente se podían ejecutar en ésta varías hostilidades, ya fuese obra de aquel gobierno resentido, ya de alguna reunión de bandidos, que, en iguales casos, procuran sacar partidos valiéndose de los medios más improbados, y que tal vez estuvieran bien instruidos de hallarse la ciudad indefensa, por haber seguido do sus armas y milicia en unión de la expedición, y lo que es más, no dejarían de contar con algunos díscolos, que olvidados de las obligaciones que se deben a la patria, acaudillaban en ella misma a las tropas que se habían introducido y cuya expulsión es obra de la benéfica mano de vuestra excelencia.

   La experiencia, señor excelentísimo, y los padecimientos que se han acumulado sobre esta jurisdicción con la violenta unión al Socorro, cuando ella siempre ha fijado sus miras en correr igual suerte que la capital de Cundinamarca, le dan margen para sospechar cualquier agresión, pero al mismo tiempo descansa ya en la confianza de que vuestra excelencia se ha dignado admitir este cantón por parte integrante de esa provincia y que cuida de él como su capital, quedando a nuestro cargo dar parte a vuestra excelencia de lo que fuere ocurriendo, sobre los peligros que nos amenazan.

   Dios guarde la importante vida de vuestra excelencia muchos años.

   Sala consistorial de Vélez, 24 de febrero de 1812.

   Excelentísimo señor.

Francisco Cayetano Pinzón y Vanegas, José Rito de Acosta,
Joaquín Cosgaya, José Ignacio Quintero,
José María Flórez, Francisco Javier Quiroga.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

Oficio del comandante de la expedición del norte

   Ayer tarde llegué a esta villa en tres jornadas desde Guadalupe, sin que en todo el tránsito haya ocurrido la menor novedad, a pesar de haber pasado el puente de Oiba, que estuvo ocupado por las gentes del Socorro hasta la misma mañana de nuestro tránsito, en que se replegaron al monte llamado también de Oiba, en donde estaban acampados y por cuya falda pasé sin que se me hubiese hecho la menor hostilidad.

   En este vecindario se nos ha hecho un recibimiento que manifiesta bien el entusiasmo general de todos sus habitantes a favor de nuestro gobierno, que se ha explicado de cuantos modos es posible. Pienso permanecer aquí hasta el miércoles, que marcharé para San Gil, y estaré en esta villa el jueves por la tarde. Desde allí daré a vuestra señoría parte de lo que ocurra.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general de Charalá, y 23 de febrero de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario de Estado y despacho universal de guerra, don Gregorio José Martínez2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 28 de febrero de 1812, N° 12.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 31.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año 1812.

14
CARTA A PEDRO LASTRA

LA "GENTALLA", UNICOS DEFENSORES DE LA PATRIA EN MOMPOS. PARTIDARIOS DEL GOBIERNO DE SANTA MARTA. Mompós, 3 de marzo de 18121.

Carta particular dirigida de Mompós a esta capital a don Pedro Lastra por un sujeto fidedigno, con fecha 3 del corriente; se leen los siguientes períodos:

   "Aquí la gentalla son los únicos defensores de la patria, porque casi todos los principales han querido entregarla a Santa Marta, como se ha descubierto en 14 cartas que cogieron en el Palomar la noche del 2 a un correo de la marquesa [habla de la de Torre Hoyos] que descubre todos los cómplices, a saber: la misma marquesa, don Isidoro Mendoza, un hijo de don Melchor Sáenz, don Justo Piñeiro, dos catalanes, Puente, Pardo, los Guerra, Bordel y otros muchos, o todos los más del partido de Talledo. Los más quedan presos tomándoles confesión y embargándoles; pero como hay pasiones e Indulgencias, el populacho está tumultuado, exigiendo se aseguren todos los sospechosos, porque de lo contrario quemarán sus casas y se pasarán a la otra provincia a hacerse el lugar que quisieron ganar los traidores entregándolos, a lo que agregan la desesperación del daño que ha causado un fuego casual la noche del 28 en el barrio bajo que consumió 60 casas; hagáse usía cargo con qué cuidado estaremos. Aquí se formó una expedición de cinco buques de guerra, con bastante tropa que salieron a espantar los ladrones de las laderas, y aunque volvieron sin hacer nada porque no hallaron qué, quedando de apostadero Salaíces con el champán en el Banco, mañana salen otra vez a traer dos balsas de tabaco para Cartagena, que están detenidas antes de Badillo".

   Sin duda es muy sensible que en todos los lugares de la Nueva Granada haya hombres desnaturalizados que traten de esclavizar a los mismos países [pueblos] que les han dado honores y riquezas, en vez de fomentar su libertad, consultando a los principios que dictan la gratitud, la justicia y la razón; pero es más sensible todavía aquella Indulgencia reprobable con que hasta ahora han sido mirados los traidores a la patria. Muchas veces causa mayores daños en la República una demasiada clemencia que un excesivo rigor. Caracas, Cartagena, Quito, Popayán y Santafé han experimentado, bien a su pesar, las funestas consecuencias que les ha acarreado el abuso de la benignidad americana. Ya no es tiempo, pues, de que nuestros enemigos nos tiendan lazos con la esperanza de quedar impunes. Parece que está en el orden de la justicia que pierdan su existencia natural, en un suplicio infame, aquellos civicidas que conspiran a que se pierda la existencia política del Estado. ¡Ojalá que todos los pueblos, inflamados de amor patriótico, aspiren a llenar de energía a sus respectivos gobiernos, para que la patria se libre de los enemigos que encierra dentro de su seno, aunque sea a expensas de las penas más severas y de los castigos más escarmentadores2!

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 26 de marzo de 1812. N° 15.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 37.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

15
OFICIO DE LORENZO PLATA AL COMANDANTE RICAURTE

APROBACION DE CAPITULACIONES POR EL SOCORRO. OFICIO DE RICAURTE AL SECRETARIO DE GUERRA. SOBRE LA CONDUCTA DE LORENZO PLATA. BANDO PUBLICADO EN EL SOCORRO. Socorro, 3, 8 y 11 de marzo de 1812.

José Lorenzo Plata,
Joaquín Ricaurte y Torrijas1.

Oficio de don Lorenzo Plata al comandante Ricaurte

   El señor don Manuel del Castillo me ha entregado las capitulaciones celebradas entre vuestra señoría y los parlamentarios de este gobierno y las ratificaciones que de ellas hizo el supremo poder ejecutivo de Cundinamarca. Este gobierno aprobó también, por su parte, dichos tratados, como mejor le pareció, y remitió al mismo de Cundinamarca, cuyo resultado se aguarda, el que comunicaré a vuestra señoría oportunamente.

   Lleva el mismo don Manuel a don José Valdez y a su criado Fernando García; es lo que puedo contestar al oficio de vuestra señoría de 2 del que rige.

   Dios guarde su vida muchos años.

   Socorro, 3 de marzo de 1812.

José Lorenzo Plata.

   Señor comandante don Joaquín Ricaurte.

   Es copia,

Castillo.

Oficio del comandante Ricaurte al secretario de guerra

   Después de recibidas las ratificaciones del tratado de incorporación de todo este círculo al Estado y de canjeadas con las del gobierno de esta villa, determiné marchar a tomar posesión de ella, y con este objeto hice mi primer movimiento del cuartel general de Charalá el día 6 de este mes, y el 7 a la una del día llegué aquí con el mejor orden y sin que ocurriese en el tránsito novedad alguna.

   Inmediatamente exigí que se pusiesen a mi disposición todas las armas que había en esta parte de la provincia, y don Lorenzo Plata lo hizo de las que tenía en su casa y de las pocas que había en el cuartel; pero como el número de unas y de otras es muy inferior al total que sabía yo tenía aquí, empecé a hacer algunas diligencias indagatorias, y de las practicadas anoche mismo resultó que en efecto se hizo la ocultación de muchas en la anterior; ya tengo noticia positiva del lugar en que existen siete cañones de bronce, de ellos dos están en un pozo dentro de la villa, los que ha quedado Plata de entregarme esta noche; los restantes y algunos fusiles están en algunas estancias inmediatas y en Simacota, para donde he enviado una partida con el objeto de ocuparlo todo.

   A pesar de que se ha procurado diseminar especies que han hecho creer a estas gentes que las miras de la expedición son hostiles y que causaríamos daño a este territorio, con las cuales han logrado que haya algunos descontentos, tengo tomadas las providencias precautivas para la tranquilidad del país en la parte militar; pero como por una parte sea de temerse de la continuación en el ministerio público de don Lorenzo Plata y por su conducta poco consiguiente y aun infidente, y por otra, este hombre, éste tan generalmente odiado de las personas notables del país, es preciso que a la mayor brevedad se provea de un subpresidente, aunque sea en la clase de interino, enviando un letrado de probidad y luces que no tenga conexiones en la provincia y pueda hacer justicia y organizar la administración del erario que, según noticias privadas, está en el peor pie.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general en el Socorro, y 8 de marzo de 1812.

Joaquín Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario del Estado y del despacho universal de la guerra, don Gregorio José Martínez.

Otro

   La conducta pérfida con que se ha manejado don Lorenzo Plata desde que por medio de sus agentes me provocó a una negociación, con cuyos pactos nunca pensó cumplir y que únicamente promovió con el objeto de inspirar confianza para darme a favor de ésta un golpe alevoso, me ha puesto en la necesidad de poner su persona en calidad de detenida en su casa y de resolver enviarlo a esa capital a disposición del gobierno supremo. Así lo exige la tranquilidad de este pueblo y el de toda la provincia, parte del cual no puede sufrir ni aun la presencia de Plata y menos su influencia en el gobierno; y la otra parte, de acuerdo con él, han tramado las inicuas maquinaciones, que felizmente he descubierto y de que daré a vuestra señoría un parte detallado con el oficial conductor de Plata, que llevará también copia de los documentos que me han obligado a tomar esta resolución.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general en el Socorro, y 11 marzo de 1812.

Joaquín de Ricaurte y Torrijos.

   Señor secretario del Estado y del despacho universal de la guerra, don Gregorio José Martínez Portillo.

Bando publicado en el Socorro

   El comandante de la expedición del norte, don Joaquín Ricaurte, mandó publicar en la villa del Socorro, el 7 de este mes, un bando en que les ofrece a los habitantes de aquel cantón toda seguridad, orden, paz y tranquilidad. Les intima la prohibición de los artículos 8 y 9 del título 14 de la constitución, que hablan de las reuniones de gentes armadas y sin armas. Les advierte que los empleados, para continuar en sus destinos y a los demás ciudadanos para gozar del derechos de tales, deben jurar obediencia a la constitución y al gobierno de Cundinamarca, lo que han de hacer todos los sujetos notables personalmente y el pueblo por medio de sus apoderados. Y anuncia que se publicará la constitución con la pompa correspondiente2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 18 de marzo de 1812. N° 14.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 35.
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

16
OFICIOS DEL BRIGADIER BARAYA

AL SECRETARIO DE GUERRA. OFICIO DE LOS ALCALDES DE VILLA DE LEIVA A BARAYA Y CONTESTACION. Tunja, 18, 20 y 21 de marzo de 1812. Leiva, 17 de marzo de 1812.

Antonio Baraya, Salvador Hurtado,
alcalde de primer voto,
Tomás Gómez,
alcalde de segundo voto1.

Oficio del brigadier Baraya al secretario de guerra

   "Precisado a hacer alguna detención en esta ciudad, ya por las enfermedades varias que le acometieron a algunos individuos de la tropa y al cirujano de ella, y ya por entablar con este gobierno las solicitudes de que se me instruyó, recibí de los alcaldes ordinarios de la Villa de Leiva el oficio que va en copia bajo el número 1°, a que contesté lo del número seguido; y el día 20, recibí, últimamente, el adjunto oficio y actas que acompaño a vuestra señoría con la contestación que me pareció al caso darles y que es la del número 3°, agregando también la del pueblo de Sutamarchán. Por ellas se conoce claramente que el partido de Leiva es ya parte integrante del Estado de Cundinamarca, y como a tal, le he dicho a este gobierno lo respete y deje de intentar contra él alguna hostilidad, en inteligencia de que lo protegeré y defenderé con la fuerza de mi mando. Sírvase, pues, vuestra señoría poner todo esto en consideración del supremo gobierno, para que sobre ellos se sirva comunicarme las órdenes que estime oportunas.

   "Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   "Tunja, 21 de marzo de 1812.

Antonio Baraya.

   "Señor secretario del despacho universal de guerra".

Número 1°

Oficio de los alcaldes ordinarios de la Villa de Leiva al brigadier Baraya

   "Este pueblo leivano ha reclamado, en este día, que para el de mañana se haga cabildo abierto, sólo con el objeto de la agregación a la noble, leal y distinguida provincia de Cundinamarca, de cuyo resulto daremos pronta noticia a vuestra señoría; y desde ahora le ofrece el pueblo sus personas e intereses a sus órdenes.

   "Dios nuestro Señor guarde a vuestra señoría los muchos años que necesita esta Villa para su protección y amparo.

   Leiva y 17 de marzo de 1812.

Salvador Hurtado,
alcalde ordinario de primer voto,
Tomás Gómez,
alcalde ordinario de segundo voto.

   Señor brigadier y comandante de la expedición de Cundinamarca.

   Es copia.

   Tunja, 18 de marzo de 1812.

Francisco de Paula Santander".

Número 2°
Contestación

   "Por el oficio de vuestras mercedes de ayer se deja ver que el pueblo del partido de Leiva, siempre celoso y amante de su libertad, trata ahora de ratificar la solemne incorporación que en el mes de junio hizo al Estado de Cundinamarca, jurando franca y libremente su constitución.

   "Yo jamás dudé que Leiva, lejos de la opresión y del terror, ratificase aquella solemnísima incorporación a que se halla ligado por el más firme juramento, que ninguno ha podido ni debido relajar, en cuyo caso, si ese partido, libre y francamente, sin que preceda sugestión o engaño alguno, quiere de nuevo formar un solo departamento con el Estado de Cundinamarca, bajo las mismas liberales leyes con que son gobernados aquellos ciudadanos, yo ofrezco en nombre de mi gobierno la protección a ese pueblo y el sostenimiento de sus derechos que han expresado voluntariamente, y para ello debe contar con la fuerza armada que tengo a mis órdenes y con cuanta más necesiten y pidan al supremo gobierno de Cundinamarca.

   "Dios guarde a vuestras mercedes muchos años.

   "Tunja, 18 de marzo de 1812.

Antonio Baraya.

   Señores alcaldes ordinarios de la Villa de Leiva".

Número 3°.
Oficio del brigadier Baraya a los alcaldes ordinarios y procurador general de la Villa de Leiva

   "Por el acta de 18 del corriente que con el oficio de vuestra señoría he recibido, se manifiesta la libre y espontánea incorporación que de nuevo ha hecho el ilustre pueblo del partido de Leiva al Estado de Cundinamarca, en fuerza de sus innegables derechos que hasta ahora han sido sofocados. El supremo gobierno del Estado a que he dado cuenta de ello, recibirá a ese noble pueblo en su seno con el mayor placer, lo protegerá y defenderá de la opresión a que ha sido reducido; y este mismo pueblo llegará ya a disfrutar de los preciosos frutos de una libertad que no se había dejado conocer. Nada debe temer vuestra señoría del gobierno de Tunja; él respetará este partido, como a una parte legal e integrante de Cundinamarca, y alejará de él toda especie de opresión y hostilidad, según se lo hago presente en esta fecha.

   "Cuente vuestra señoría con que ese pueblo, celoso de sus derechos, será protegido y defendido de cualquier agresión que se le intente hacer por extraño gobierno, como lo ofrezco hacer a nombre de él; y espero que vuestra señoría evite se diseminen especies sediciosas y procuren en todo la paz, quietud y pública tranquilidad, que es lo que primero y esencialmente necesitamos para proceder con la madurez y acierto necesarios.

   "Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   "Tunja, 20 de marzo de 1812.

Antonio Baraya2

   "Señores alcaldes ordinarios y procurador general de la Villa de Leiva"3.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 28 de marzo de 1812, N° 16.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial N° 37.
2   El acta extendida a consecuencia del cabildo abierto que se celebró en la Villa de Leiva para ratificar su unión a Cundinamarca, no ha llegado a este gobierno, seguramente por un descuido natural del comandante de la expedición militar, como tampoco la que contiene la agregación del pueblo de Sutamarchán.
3   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

17
INGRESO DEL ENEMIGO A POPAYAN

OCUPACION DEL PUNTO DE BELEN. SABOTAJE AL ABASTECIMIENTO DE AGUA. INTERCEPTACION DE LOS AUXILIOS. Popayán. 25 de abril de 1812.

   Por extraordinario llegado ayer, y dirigido de la villa de Timaná, en Garzón, se sabe que el sábado 25 del pasado abril entró en Popayán por el barrio de San Francisco un trozo considerable de enemigos de Patía a caballo y que tomaron la última calle de la ciudad hacia la parte del río del Molino, se dirigieron al Puente del Cauca, y siguiendo a Rioblanco, pusieron en fuga un trozo de 100 hombres que venían de Cartago a auxiliar a Popayán, haciéndoles retirar al sitio de Piendamó.

   Se dice que 200 enemigos han ocupado el punto de Belén y que otros tantos han tomado los puntos de Cauca, el Ejido y Chune; que han cortado el agua que va de la pila de la plaza; que han incendiado algunas casas; que al entrar por las calles de Popayán no perdonaban ni a los niños; que se introdujeron hasta las entradas de la plaza, pero que reunidas y reconcentradas allí las fuerzas del pueblo, se les hizo el fuego más vivo, que comenzó el 25 a la una de la tarde y duraba todavía hasta el martes 28, en que salió el conductor de esta noticia, sin que se sepa el último resultado de la acción.

   Los enemigos, a fin de evitar el auxilio que podía ir a Popayán, de Neiva y Cundinamarca, trataban de mandar resguardo a Totoró y aun a Inzá, pero tal vez a la fecha ya habrán sido derrotados, porque se decía, aunque sin fijeza, que estaba próximo a llegar el comandante don Joaquín Caycedo, con 1.000 hombres que traía a la villa de Ibarra y 500 de Quito.

   Ayer mismo ha salido para Popayán un auxilio militar al mando del teniente coronel don Antonio Villavicencio.

   En carta particular de Honda, fecha 6 del corriente, se dice haber llegado a aquel puerto, ese día, un piloto con noticia cierta de que las tropas de Cartagena han desalojado a los samarios del Banco y siguen a desposesionarlos de Ocaña, en donde se dice no hay más tropa que 30 mulatos de Chiriguaná1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 11 de mayo de 1812, N° 18.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

18
OFICIO DEL GOBIERNO DE POPAYAN AL CABILDO DE LA PLATA

SITIO E INVASION DE POPAYAN POR TROPAS ENEMIGAS PROCEDENTES DEL PATIA. RETIRADA. Popayán, 28 de abril de 1812.

Francisco Antonio Ulloa,
secretario.

Oficio del gobierno de Popayán al cabildo de la ciudad de La Plata, dirigido de Neiva por un extraordinario llegado a esta capital de Santafé el 12 del corriente

   El día 25 de este mes se vieron coronadas las colinas inmediatas de esta ciudad de más de 1.000 facinerosos de Patía, que tuvieron el increíble arrojo de sitiarla, de invadirla por algunas calles, y aun de incendiar varias casas de los arrabales, de algunas personas infelices conocidas por su adhesión al mismo gobierno, y por su incontrastable firmeza y fidelidad. Mas habiendo sido repelidos de la ciudad con pérdida, atacados el día de ayer en el campo de La Ladera y batidos en el mismo momento sobre el alto de Cauca, que también ocupaba un número considerable de facinerosos, se han conseguido repetidas victorias y el que los enemigos hayan huido poseídos de negro terror.

   La pérdida de ellos ha sido considerable y nosotros no hemos tenido más de un herido en la serie de ataques en que nos hemos batido patriotas y soldados con esos rebeldes asesinos.

   Yo me apresuro en estos momentos a participar a usía muy ilustre, en nombre del superior gobierno, sucesos tan lisonjeros, por lo que puedan contribuir a la tranquilidad de esos territorios, de donde ya se podrá comerciar con seguridad, sin los temores que antes ofrecía esta ciudad amenazada, pues aunque hayan de perseguirse a los enemigos hasta destruirlos y aniquilarlos, ya es difícil que se presenten delante de unos hombres que, poseídos del más sublime entusiasmo, les han hecho morder el polvo repetidas veces, en dos días consecutivos, matando a muchos y tomándoles infinitos prisioneros y bagajes.

   Dios guarde a usía muy ilustre muchos años.

   Secretaría del superior gobierno de la provincia de Popayán, 20 de abril de 1812.

Francisco Antonio de Ulloa,
secretario.

   Señores del muy ilustre ayuntamiento de la municipalidad de La Plata1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 12 de mayo de 1812, N° 19.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

19
OCUPACION DE PASTO POR LOS REBELDES

EL PRESIDENTE JOAQUIN CAYCEDO, SU OFICIALIDAD, SU TROPA, ARMAS Y PERTRECHOS, EN PODER DE LOS REBELDES. Popayán, 3 de junio de 1812.

   Por un extraordinario llegado ayer tarde, dirigido a este gobierno, por el de Popayán el 3 del corriente, se sabe que la ciudad de Pasto ha sido ocupada por los pastusos rebeldes y algunos patianos, que fueron los mismos que amenazaron a Popayán en días pasados. El presidente, don Joaquín Caycedo, su oficialidad, su tropa, armas y pertrechos, se hallan en poder de los rebeldes. Estos han forzado al expresado presidente a que imparta órdenes para que se entreguen a los insurgentes los destacamentos de la costa y Barbacoas. Se decía con verosimilitud que el del Castigo había corrido la misma suerte que el grueso del ejército de Caycedo, por haberlo hecho éste pasar a Pasto.

   El gobierno de aquella provincia mandó a Caycedo un auxilio militar al mando del vicepresidente don José María Cabal, pero llegó tarde, a pesar de haber redoblado sus marchas. Por fortuna escapó de las manos del enemigo. Se retiró precipitadamente de Meneses, a tres horas de Pasto, la misma noche que tuvo el comandante unas noticias tan funestas. El enemigo lo siguió en la retirada y lo alcanzó en las márgenes del río Juanambú, que a la sazón estaba muy crecido y sólo se podía pasar por cabuya. Allí se entregó a Cabal un pliego en que Caycedo le ordenaba que entregase las armas, pero cerciorado aquél de la opresión en que se hallaba éste, trató solamente del paso de sus tropas a la mayor brevedad. Al fin lo consiguió, después de una acción en que el enemigo tuvo algunos muertos, cuando de parte de Cabal solamente hubo dos heridos y un soldado que se ahogó por querer pasar a nado dicho río.

   Todo esto lo comunica el gobierno de Popayán, pidiendo al de Cundinamarca le auxilie con $50.000, aunque sean de casa de moneda, quedando aquélla responsable al pago, y 200 fusiles más sobre los que llevó Villavicencio, con sus respectivos pertrechos. Expresa aquel gobierno "que aguarda la más favorable contestación de la humanidad y conocida filantropía con que el gobierno de Cundinamarca se ha manejado con todos los pueblos".

Aviso

   Un extraordinario que ha llegado de Honda, no trae novedad alguna y ha venido solamente a negocios de un particular1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 14 de junio de 1812, N° 20.

NOTA:
1   En la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

20
OFICIO DE ALCALDES DE CHIQUINQUIRA AL PRESIDENTE NARIÑO

TROPAS DE SOGAMOSO Y DEL SOCORRO AL COMANDANTE PEY. Chiquinquirá, 19 de junio de 1812.

Miguel Bermúdez,
José Joaquín de las Casasnovas.

   A las tres y media de la mañana de este día llegó el siguiente oficio, que ha venido en 27 horas desde Chiquinquirá. Las noticias que contiene se han divulgado en la ciudad, desde ayer por la mañana, lo que prueba que los enemigos del gobierno tienen la correspondencia expedita, a pesar de cuantas providencias se han tomado y que dentro de la ciudad se trabaja aún por nuestra ruina.

Oficio de los alcaldes de Chiquinquirá, copiado al pie de la letra

   Como sin embargo de haber persuadido al posta José María Arévalo que descansara en esta villa, que de aquí se pondría otro con una individual razón de lo que éste asegura haber venido por pliegos a Vélez, no lo haya querido verificar y se empeñe a seguir a esa capital, tememos se vaya a enfermar y en su consecuencia se retarden las noticias que éste ha traído, cuales son las que el domingo 14 del presente se rompió el fuego a las ocho del día, que duró por tres horas, que perecieron en la acción 300 de Sogamoso y Socorro, que atacaban al comandante Pey en la plaza de aquella villa, y por parte de Cundinamarca sólo ha habido mal heridos un oficial y un soldado, tomando dicho señor comandante y sus tropas el camino que viene de Oiba, habiendo adelantado un destacamento para que tomara el punto de Peñuela, del que se regula ya en posesión por haberse visto desde la parte de Vélez la toldazón, con anteojo de larga vista.

   Igualmente asegura que don Antonio Baraya y don Joaquín Ricaurte con sus tropas tienen tomada la Canoa de las Juntas.

   La copia que acompañamos impondrá a vuestra excelencia de la contestación dada por nos al brigadier Baraya1.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Chiquinquirá, 19 de junio a las doce de la noche de 1812.

Miguel Bermúdez,
José Joaquín de las Casasnovas.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca. don Antonio Nariño.

   Quizá se dirá que estas son las consecuencias del sistema de protección que este gobierno ha franqueado a las provincias, pero no lo son. sino de la perfidia de nuestros comandantes: mientras ellos obraron según las órdenes y principios del gobierno, no se han visto desgraciadas, sino antes bien que las evitaron en San Gil y Vélez. Apenas se comienzan a ejecutar sus sanguinarios planes, ya se ven en un solo día más muertes que las que ha habido en dos años de revolución en todo el reino.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 21 de junio de 1812. N° 20.

NOTAS:
1   No ha llegado esta copia.
2   En la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

21
NOTICIAS DEL BRIGADIER JOSE MIGUEL PEY DESDE EL SOCORRO

CONGREGACION PACIFICA DE LA POBLACION DEL. SOCORRO. NOMBRAMIENTO DE OTROS ALCALDES. Santafé, 25 de junio de 1812.

   Ayer a las cinco de la tarde recibió por extraordinario este gobierno noticias oficiales del brigadier don José Miguel Pey, su fecha en el Socorro a 15 del corriente mes, en que comunica haberse congregado el pueblo pacíficamente en los días 13 y 14 del mismo, con el único objeto de pedir se les nombrase otros alcaldes, por haberse ausentado los que lo eran, sin duda temerosos del mismo pueblo, que ya los miraba con desconfianza, teniéndolos por confabulados con los proyectos de Tunja, a que se dice conspiraban. El subpresidente, y aun el mismo Pey, que fue convocado, celebraron con el pueblo un acta, en que se observó el mayor orden en medio de la multitud, y habiéndose nombrado a los dos inmediatos salientes, todo se serenó y quedó tranquilo.

   Sobre esto se ha hablado en la Gaceta ministerial que está imprimiéndose, pero por satisfacer a los impacientes deseos del público, excitados por las noticias del anterior Boletín, se da ésta que falsifica aquélla en todas sus partes, pues ni las tropas del mando de Pey se habían dividido ni movido hasta la fecha del Socorro1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 25 de junio de 1812. N° 21.

NOTA:
1   En la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

22
INFORMES SOBRE CHIQUINQUIRA

OFICIOS DE LOS ALCALDES. CARTA DEL COMANDANTE CASTRO. PROMESA DE BARAYA DE NO MOVILIZARSE CONTRA PEY. Santafé, 4 de julio de 1812.

   Por el correo que acaba de llegar de la vereda de Girón ha recibido el gobierno un oficio de los alcaldes ordinarios de la villa de Chiquinquirá, su fecha 30 del próximo pasado junio, en que insertan uno que con la de 29 del mismo les remitió de Puente Real el teniente coronel don Justo Castro, segundo comandante de nuestra 3ª expedición al norte, encargándoles dirigiesen prontamente con un posta al presidente don Antonio Nariño, adonde quiera que se hallase, un pliego que acompañó diciendo se le había enviado al efecto por los diputados de la representación nacional de este Estado, desde Guadalupe, en donde existían.

   También insertan en su oficio dichos alcaldes una carta que dicen les incluyó en copia el citado comandante Castro, con expresión de que había visto su original. Esta carta es escrita al alcalde de Puente Real, don Rito Acosta, por don Tomás Ignacio Zárate, de Guadalupe, el 27 del mismo, a las siete de la noche; dice en ella que el día anterior por la tarde llegaron allí los referidos diputados y que inmediatamente oficiaron con Baraya, quien les contestó que no se movería contra Pey, que fuesen pronto bajo su palabra de honor, para tratar de partir a Pamplona a contener a los enemigos de nuestra libertad procedentes de Maracaibo. Asegura que salían dichos diputados a las cinco de la mañana del día siguiente, muy complacidos de esta respuesta y que don Ignacio Vargas había ofrecido estar el lunes temprano conferenciando con Baraya. Afirma también que, aunque estaban nuestras tropas a una vista con las de éste, se mantenían inmobles unas y otras; que Baraya no había admitido en las suyas a ninguno de aquel lugar, pero que sí los tenía emplazados a todos para en caso necesario1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 4 de julio de 1812, N° 22.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa de los Monteros, año de 1812.

23
OFICIOS DEL GOBERNADOR DE TUNJA AL PRESIDENTE NARIÑO

SATISFACCION POR EL MEJORAMIENTO DE LAS RELACIONES. CUMPLIMIENTO DE TRATADOS. Tunja, 10 de agosto de 1812.

Juan Nepomuceno Niño.

   En la tarde de este día se han recibido por posta los dos oficios dirigidos por el gobernador de Tunja que se publican a la otra [sic] para satisfacción de nuestros conciudadanos sobre el exacto cumplimiento que por parte de aquel gobierno se está dando a los tratados de 30 de julio último.

   El apreciable oficio de vuestra excelencia de 6 del corriente me llena de satisfacción, sabiendo por el que, con haberse presentado vuestra excelencia en esa capital, caminando con indecible celeridad de noche y de día, se ha serenado la tempestad que amenazaba muy grandes males; que las personas que se hallaban en prisión por razón de las pasadas desavenencias han sido puestas en libertad; que se han despachado oficios a los señores representantes al congreso para que por su parte cumplan con los tratados de 30 de junio y últimamente que éstos han sido aprobados por la serenísima representación y aplaudidos generalmente por todo el pueblo. Inmediatamente hice publicar por bando tan lisonjeras noticias, que recibió este buen pueblo con grandes demostraciones de alegría y se han celebrado en todas las iglesias de esta ciudad, misas de acción de gracias al Todopoderoso que nos ha restituido la deseada paz y unión, que debe ser eterna entre los dos Estados.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 10 de agosto de 1812.

Juan Nepomuceno Niño.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

   Por una casualidad inesperada no recibió don Joaquín Ricaurte hasta el 3 del corriente la noticia de los tratados celebrados en la villa de Santa Rosa, el 30 de julio, a pesar de la prontitud con que se despachó el extraordinario que la conducía. En el momento que la recibió, dispuso su marcha a reunirse con el general Baraya y éste, con la primera división de sus tropas, ha llegado el día 8 a la parroquia de Cerinza, de donde me avisa que don Joaquín Ricaurte con la última división venía en su alcance por la vía de Onzaga. Así lo he participado ya al comandante don José Leiva que me dirigió copia del oficio de Ricaurte, de que vuestra excelencia hace mérito en su muy apreciable del 7 del corriente, a que contestó: a la fecha creo que no habrá un solo soldado de la expedición de Baraya en la provincia del Socorro.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 10 de agosto de 1812.

Juan Nepomuceno Niño.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 13 de agosto de 1812, N° 23.

24
OFICIO DEL VICEPRESIDENTE DE POPAYAN AL PRESIDENTE NARIÑO

EN EMBOSCADA MUERE EL GENERAL MACAULAY. TRASLADO DEL GOBIERNO DE POPAYAN. URGEN AUXILIOS DE SANTAFE. Palacio del superior gobierno de la provincia de Popayán, 21 de agosto de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
vicepresidente.

   Por un extraordinario que acaba de llegar de Popayán ayer a las cinco y media de la tarde, se ha recibido el siguiente oficio.

   Ahora que es la una de la mañana, acaban de presentárseme dos soldados de los que marcharon en el ejército del sur, con la funesta nueva de que éste, al avanzar sobre Guáitara a reunirse con las tropas de Quito, después de haber batido en el tránsito a los rebeldes enemigos de Pasto, fue nuevamente acometido por un número considerable que se mantenía en emboscada, pereciendo el general Macaulay y destrozadas las únicas fuerzas que bajo su comando sostenían la independencia de la patria.

   Ya puede vuestra excelencia concebir de qué modo tan activo obre la noticia de tan amargos accidentes en unos corazones sensibles y despedazados de mil amarguras no interrumpidas. En el momento convoqué a los individuos de este gobierno, y cercados por todas partes de aflicciones, se ha determinado, no obstante, sostener hasta último trance a esta provincia moribunda y aniquilada de una guerra cruel que dura constantemente por año y medio. Este gobierno emigrará desde luego al Valle del Cauca, con las pocas reliquias de las armas que le han quedado; pues ya le es absolutamente imposible sostenerse en esta ciudad. Pero, ¿qué podrá hacer en las tremendas circunstancias a que le han reducido las vicisitudes de la suerte; ni cómo podrá contener el torrente devastador de un número incalculable de enemigos, que a 700 fusiles que tenían, han agregado más de 300 del ejército que marchó contra ellos, y un considerable número de pertrechos, con sus correspondientes cañones de artillería? No hay, pues, otro arbitrio que salvar esta provincia y al reino entero, que el que vuestra excelencia multiplique sus esfuerzos para que sin pérdida de momentos haga volar las armas y tropa que tenga, y salven este Estado, que ocupado todo por el enemigo, será después inconquistable. Cuente sin embargo vuestra excelencia con la firme constancia de este gobierno: por desesperada que sea su situación, en ningún caso sabrá desmayar. En cualquier punto que ocupe, cualesquiera que sean los peligros a que le reduzcan los presentes y las posteriores circunstancias, él sostendrá en sus brazos a la patria moribunda, hasta ver si puede reanimarla, o se sepulta en sus ruinas llenando los deberes y los juramentos que hizo a Dios el día de su establecimiento. Pero tanta constancia, tantos sacrificios empleados en obsequio de la libertad común, exigen de cada provincia una recompensa generosa en auxiliarnos, mayormente cuando la ruina de ésta influye precisamente sobre la suerte de todas las demás.

   Hemos perdido la más brillante juventud, el apoyo de la patria: perdimos al gran Macaulay, cuya tierna memoria vivirá en nuestros corazones; y sólo nos ha quedado una santa resignación para obedecer a los decretos del cielo, y continuar en esta penosa carrera de lágrimas y de sangre, apurando hasta las heces del cáliz de las amarguras.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Palacio del superior gobierno de la provincia de Popayán.

   21 de agosto de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
vicepresidente.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 1° de septiembre de 1812, N° 24.

NOTA:
1   Imprenta del Estado, por el ciudadano Francisco Javier García de Miranda.

25
OFICIO DEL VICEPRESIDENTE DE POPAYAN AL PRESIDENTE NARIÑO

SOBRE LA DICTADURA Y EL GOBIERNO. OFICIO DE MIGUEL MALO AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA. Quilichao, 16 de septiembre de 1812. Plata, 22 de septiembre de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
José Miguel Malo.

Oficio del gobierno de Popayán al de Cundinamarca

   En las circunstancias en que actualmente se mira esta provincia, se ha creído que yo podré concurrir eficazmente a su salvación, bajo el carácter de dictador, de que se me ha investido. Confieso que es una empresa superior a mis fuerzas, tentar desempeñar en esta crisis tan arduo encargo que me hace la patria; pero resuelto a sacrificarme, sin reserva, por el triunfo de los pueblos, a cuyo frente se me ha colocado, sabré allanar el camino a las victorias, o pereceré defendiendo la causa de esta heroica provincia, en cuyo obsequio estoy bien seguro de que vuestra excelencia trabajará igualmente con todo el ardor que requieren el interés y el peligro común del reino, y ocupando mi persona, como ciudadano y magistrado de esta provincia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Quilichao, 16 de septiembre de 1812.

Felipe Antonio Mazuera,
vicepresidente dictador.

   Excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca.

   Los que se han espantado de oír decir dictador, ya que no conocen los efectos saludables que ha producido las más veces la creación de este empleo, porque no quieren reflexionar sobre los resultados que nos suministra la historia, vean en nuestros países y en nuestros días un dictador en Venezuela, otro en Cartagena y otro en Popayán, confirmando nuestra expresión vulgar: todo el mundo es Popayán.

Oficio de don Miguel Malo, oficial de Cundinamarca

   Un mozo que vino de Popayán me acaba de informar que en aquella ciudad entran varias patrullas de patianos por las noches y que al amanecer se regresan a los destacamentos que estos mismos tienen en las entradas de Pasto. Que aseguran en público la pérdida de nuestras tropas en Pasto. Que afirman la venida de don Gregorio Angulo y socios, comandando las tropas enemigas. Que agregan que Tacón se acerca con tropas de Guayaquil hacia Pasto, y que varias gentes del partido de éste han salido de Popayán a reunirse con él. Lo expuesto es lo único que he podido saber de aquella ciudad. Espero la llegada de dos soldados que he mandado a Popayán; de la razón que ellos me den pasaré a vuestra excelencia pronto aviso.

   Hasta esta fecha no he conseguido que Neiva ni ninguno de los lugares de estas inmediaciones me hayan mandado un solo hombre ni auxilio de otra clase; sólo el teniente coronel don Antonio Villavicencio me remitió desde Neiva $256, que me dice pudo en aquel gobierno conseguir, con otros reales para su regreso a esa capital. Esta cantidad, en el momento que la recibí, tuve que repartirla entre la tropa de la división de ese Estado. Este cabildo de La Plata es lo único que me ha franqueado algunos milicianos que, agregados a la tropa de mi mando, hacen el servicio, y se mantiene un destacamento en las entradas de esta ciudad, los cuales son mantenidos y satisfechos en su prest con lo que igualmente me ha franqueado dicho cabildo.

   Sírvase vuestra señoría hacer todo lo expuesto presente al excelentísimo señor presidente del Estado.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Plata, 22 de septiembre de 1812.

José Miguel Malo.

   Señor don Manuel Santacruz, secretario del Estado del supremo gobierno de Cundinamarca1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 6 de octubre de 1812, N° 27.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

26
PLANES DE BARAYA CONTRA SANTAFE

INVITA A SOCORRANOS A INVADIR A SANTAFE. Santafé, 6 de octubre de 1812.

   Se sabe con bastante verosimilitud que don Antonio Baraya ha llamado a los socorranos para que vengan con él a invadir a Santafé. Que les ha ofrecido la salina de Zipaquirá, que ya han entrado algunos de ellos, como 100, en Tunja, que han pasado por Guadalupe como 500. Anteriormente se dijo que el mismo Baraya les había prometido a los socorranos tres días de saqueo, con lo cual quedaría Santafé destruida. Esto del saqueo parece increíble, mayormente siendo Baraya natural de Santafé, pero son muchas las personas que han asegurado haberlo oído en boca del mismo Baraya.

   También se tiene noticia que don Joaquín Ricaurte ha salido de Tunja con 200 hombres, pero se ignora su destino.

Pueblos de la Nueva Granada:

   No os dejéis alucinar por un hombre cuyos principios son tan impolíticos como irreligiosos y que conociendo que solamente Cundinamarca tiene fuerzas para resistir a los enemigos comunes, trata de arruinarla para que infaliblemente se pierda el reino entero. Acordáos que Baraya estaba unido con Nariño, Torres, Camacho, los Grotes, Mutis, Otero, Carbonell y demás patriotas, para recobrar la independencia y que a todos ellos les siguieron causa nuestros opresores. Nariño fue encerrado en un castillo y sólo Baraya no fue comprendido en la proscripción. Reflexionad por qué se hizo esta excepción1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 6 de octubre de 1812, N° 25.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

27
NOTICIAS DE CUCUTA

FRUSTRADOS LOS INTENTOS DE AUXILIO DESDE SANTAFE. Santafé, 6 de octubre de 18121.

   Se acaba de recibir en esta ciudad una carta del cura de Salazar de las Palmas, de fecha 20 de julio último, de donde se ha sacado el capítulo siguiente.

   "Cúcuta. Amigo mío,
   tendrá que llorar hasta el fin del mundo, y nos hallamos en un estado, el más infeliz, digno de que lloremos. De suerte que no puedo extenderme más, porque tenemos muchas penas: encomiéndenos a Dios con todas veras, mire que ahora más que nunca lo necesitamos; pídale que levante el brazo de su justa indignación, si fuere servido; a lo menos que nos dé paciencia para purgar en parte nuestras iniquidades, y gozar del descanso eterno...".

   Es notorio que desde enero del presente año envió el excelentísimo señor presidente de Cundinamarca auxilios poderosos para la defensa de Cúcuta y Pamplona: a esto se destinaban las dos expediciones militares que salieron de Santafé al mando de don Antonio Baraya y de don Joaquín Ricaurte. Se frustraron, como todos saben, las patrióticas intenciones de nuestro presidente, por las causas que no se ignoran, y Cúcuta ha sido la víctima de las intrigas de los émulos de su excelencia. Si fuera cierto todo lo que se ha querido fingir para hacer odioso su nombre; si hubiera quedado la provincia de Pamplona

   unida a Cundinamarca, preguntamos, ¿Cúcuta padeciera las opresiones, perjuicios, vejaciones y vilipendios que hoy llora?

   Todavía están en poder de Baraya y Ricaurte las armas que Cundinamarca puso en sus manos para la defensa de Cúcuta. Ellos dicen que obedecen al gobierno de Tunja. Este, por el Tratado de Santa Rosa, quedó obligado a hacerlos marchar a aquel destino, y sólo con este motivo puede retener las armas y pertrechos de Cundinamarca. ¿Por qué estos bravos comandantes no vuelan al socorro de la afligida Cúcuta? ¿Porqué no se emplea alguno de ellos en favor de Casanare, que también pide auxilio? Porque llama su atención otra empresa más agradable para ellos, que es la conquista de Santafé, quieren regar con sangre de sus hermanos el suelo donde nacieron2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 6 de octubre de 1812, N° 26.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial de esta fecha.
2   En la imprenta del Estado.

28
INSTALACION DEL CONGRESO

SOBRE LA FECHA DE INSTALACION. CONTRIBUCION DE CUNDINAMARCA. OFICIO DE NARIÑO A DIPUTADOS. Santafé, 7 de octubre de 1812.

Antonio Nariño1.

   Los diputados de Cundinamarca al congreso general del reino, con fecha 1° del presente mes avisan al excelentísimo señor presidente de este Estado, que estaba ya acordado que la instalación de dicho cuerpo se hiciese el 4 del mismo, sin más pompa que la de precisa formalidad; y que el gobierno de Tunja, oficiosamente y sin avisar con anticipación, les había remitido un trozo de tropas y dos piezas de artillería, para que sirvan de guardia de honor.

   Todos los diputados que por ahora existen en Leiva, han oficiado con fecha 29 de septiembre último al excelentísimo señor presidente, y su excelencia contesta el oficio siguiente.

   La deseada instalación del soberano cuerpo a que vuestras señorías han sido dignamente destinados, anunciada para el 4 de este mes, al mismo tiempo que excita en este gobierno los más gratos afectos de regocijo y satisfacción, de que cree poseída toda la provincia, le obliga a felicitar por ello a vuestras señorías con la mayor sinceridad, asegurándoles que en el Estado de Cundinamarca hallarán siempre todo el apoyo que estando a su alcance demanden las empresas del mismo cuerpo soberano, encaminadas al bien general. Y persuadido desde luego de la necesidad que vuestras señorías han manifestado de establecer un pequeño fondo con que ocurrir a los primeros gastos del congreso, aunque hasta ahora no se había recibido el oficio de que vuestras señorías hacen mención en el 29 de septiembre próximo pasado, a pesar de las actuales notorias escaseces de este erario, y de los cuantiosos gastos que va a ocasionar la escandalosa determinación de don Antonio Baraya, de venir a atacar a su patria, está pronto este gobierno a entregar los $4.000 que se le piden, y al efecto da en esta misma fecha sus órdenes a los diputados de esta provincia, para que por su mano se verifique.

   Igualmente está dispuesto este gobierno a remitir los 1.000 hombres armados que ha pedido el señor diputado de Pore, para la defensa de aquel interesante punto, siempre que don Antonio Baraya siga con las tropas que están en Tunja, a arrojar, como es tan debido, a los enemigos de Cúcuta.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Santafé, 7 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores de la diputación general para el congreso del reino2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 7 de octubre de 1812, N° 29.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial de esta fecha.
2   En la imprenta del Estado.

29
MARIQUITA Y CUNDINAMARCA

RUMORES SOBRE SU SEPARACION. TERMINO DE LAS DESAVENENCIAS. INFORMES SOBRE MOVIMIENTO DE TROPAS DEL SOCORRO Y DE TUNJA HACIA SANTAFE. ALERTA A LOS CUNDINAMARQUESES. Santafé, 7 de octubre de 1812.

   Se ha hablado mucho en esta capital sobre la separación de Mariquita. Mucho de falso, y algo de cierto. Finalmente, el subpresidente doctor don Antonio Viana, el 2 del presente mes ha dado parte al excelentísimo señor presidente del Estado, de que ya quedaban calmadas todas las desavenencias, y que en el mismo día quedó resuelto que no se haga novedad alguna, y que aquella provincia quede, como antes, unida íntimamente a Cundinamarca. Hay motivos para creer que aquella provincia pensó en separarse por haber renunciado la presidencia el excelentísimo señor Nariño, a quien ama, y de quien espera toda la protección que merece.

Parte de Zipaquirá del 3 de octubre

   "Ayer ha dado razón el posta que vino de San Vicente de haber examinado a unos que venían de Tunja, quienes dijeron que aguardaban de un instante a otro las tropas del Socorro, para emprender el viaje para Santafé. El posta de la laguna de Suesca ha dado por razón que tomó noticia de unos que venían de Tunja, que Baraya salía para Sutamarchán a reunirse en aquel punto con las tropas, con el fin de dirigirse para Santafé. El alférez don Domingo Gaitán, que salió de esta villa de Zipaquirá a comprar un poco de ganado, fue llevado al destacamento de Hato Viejo, en donde lo examinaron, y habiendo hecho presente que a lo que iba era en solicitud de ganado, se le manifestó una orden de Baraya en que se prevenía que a ninguno se dejase pasar sin registrarle, ni averiguarle; y advirtiendo al mismo tiempo que en manera alguna dejase pasar a ninguna mujer que se conociese ser de las pelonas de Santafé, por ser este el conducto de que se había valido el pícaro de Nariño para seducirle los soldados. Añadió también el mismo que, según había oído, no aguardaban otra cosa para seguir para Santafé que el que se reuniesen todas las gentes que habían convocado de los pueblos, y esperaban, cuyo número debía ser el de 5.000 hombres.

   "Cundinamarqueses: el peligro se acerca. Vuestro honor, vuestra seguridad, la justicia, la religión, el mismo Dios os mandan defender a toda costa vuestros hogares. Si se verificase el saqueo de Santafé con que se lisonjean nuestros desnaturalizados hermanos, veríais no sólo perdidos nuestros bienes, sino profanados nuestros templos, violadas nuestras hermanas, hijas y esposas...¿Podréis sufrir estos oprobios?"1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 7 de octubre de 1812. N° 28.

NOTA:
1 En la imprenta del Estado.

30
EL CONGRESO NOMBRA COMISION MILITAR

PRESIDIDA POR ANTONIO BARAYA E INTEGRADA POR DIONISIO TEJADA, JORGE TADEO LOZANO, JOSE ANTONIO ESQUIAQUI, ANTONIO VILLAVICENCIO, FRANCISCO JOSE DE CALDAS, MANUEL CASTILLO Y JOSE MARIA GUTIERREZ. Santafé, 12 de octubre de 1812.

   Se acaban de recibir pliegos del supremo congreso con la noticia de su instalación el 4 del corriente; con la de haber creado por decreto del 6 una comisión militar para la que ha nombrado, dice: "para presidente de ella al general don Antonio Baraya y por miembros a los coroneles don Dionisio Tejada y don Jorge Tadeo Lozano, a los tenientes coroneles don José Antonio Esquiaqui, don Antonio Villavicencio y don Francisco Caldas, al capitán don Manuel del Castillo y al teniente don José María Gutiérrez: bien entendido que a los que no disfruten sueldo su alteza serenísima les hará la consignación oportuna, y a los que actualmente le gocen les será continuada la paga por la provincia a que pertenezcan con calidad de computarse en el contingente que les corresponda; todo sin perjuicios de ser enviados al ejército, cuando la ocasión pida". Se comprende también la noticia de haberse decretado inmediata y exclusivamente lo sujeto a la autoridad del congreso, el territorio de la Villa de Leiva por la comprensión de su cabildo y con la agregación del pueblo de Moniquirá; y exige el juramento de reconocimiento y obediencia de esta provincia. Pero como todo esto se dirige al presidente y consejeros del gobierno de Cundinamarca, no habiendo estos últimos en el día, se contesta esto mismo, y aun por esta razón no se ha procedido a las demostraciones públicas que el actual presidente tenía dispuestas para este caso.

   Con los mismo pliegos han llegado los de los representantes de este Estado, en que incluyen el acta de calificación de los poderes, con las protestas y reclamaciones que ellos hicieron sobre los tratados de 18 de mayo (en que el colegio federal de esta provincia fundó su ratificación) y los de Santa Rosa que también lo afianzan y ratifican, sobre lo que después de tres sesiones se resolvió por el supremo congreso lo siguiente: "Que ni los señores diputados de Cundinamarca quedarían por el juramento embarazados para reclamar los tratados en todo lo que no se oponga al bien general, y dar cuenta a su gobierno, ni los demás señores comprometidos por su admisión al cuerpo a la observancia y cumplimiento de esos mismos tratados". Piden también, a nombre del supremo congreso, la imprenta de don Francisco Caldas que la ha cedido, quedando aquel serenísimo cuerpo responsable a los créditos que sobre ella pueda tener el erario público, que abonará en la parte del contingente que deba corresponder a esta provincia.

   En cartas particulares que han venido con el mismo extraordinario, se avisa que el comandante Girardot ha pedido a los alcaldes de Leiva cuarteles para 400 hombres de la primera división de tropas del Socorro auxiliatoras de Tunja, y que el congreso ha mandado que estén a sus órdenes.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 12 de octubre de 1812.

31
EL PRESIDENTE NARIÑO DICTA MEDIDAS DE GOBIERNO PARA SANTAFE

DISPOSICIONES SOBRE CASAS DE JUEGOS, PROSTITUCION Y MORAL PUBLICA. Santafé, 20 de octubre de 1812.

Antonio Nariño.

   En la ciudad de Santafé, a 20 de octubre de 1812.

   El excelentísimo señor presidente del Estado, don Antonio Nariño, acordó y resolvió lo siguiente:

   Siendo reiterados los avisos y quejas que se dan al gobierno sobre el abuso que se está haciendo del juego, y teniendo en consideración, no sólo el perjuicio que se sigue a las familias, sino la distracción de los ciudadanos en un tiempo en que la patria exige imperiosamente el empleo del tiempo en su auxilio y defensa, he creído que no se podrán cortar estos males sino dictando las providencias siguientes:

   1. Ningún juez admitirá demanda que dimane de juego, bien sea de dinero o de insultos personales.

   2. Toda garita o casa de juego se mirará como lugar infame y de prostitución, y sus dueños no tendrán opción a ningún empleo ni gracia del gobierno.

   3. A las personas que desde los tres días en adelante de la publicación de este decreto se les justificare tener en sus casas juegos prohibidos, se les privará de sus empleos, y a los que no los tuvieren se les multará en $100 a beneficio público, y a los que no puedan pagar la multa se les encerrará por dos meses o a trabajar en las obras públicas por un mes, según la naturaleza del sujeto.

   4. La reincidencia se pagará, además de las penas dichas, con la pérdida de los instrumentos y dinero que se encontrare en la pieza del juego, en los asistentes y dueño de la casa, en el acto de ser sorprendidos.

   5. A todo juez a quien se justificare que con su noticia o conocimiento se mantiene alguna casa de juego prohibido, se le depondrá de su judicatura y se le condenará a la pena que merezca el dueño de la casa.

   6. Ninguna de estas penas tendrá lugar en los tiempos de regocijo en que el gobierno tenga a bien conceder una licencia temporal, con las limitaciones y buen orden que pide la policía, y decoro de la sociedad. Comuníquese a quien corresponda e imprímase, fijándose las respectivas copias en los lugares acostumbrados para que llegue a noticia de todos. Está rubricado.

San Miguel.

   Es copia del acuerdo celebrado en este día por el excelentísimo señor presidente del Estado, a que me remito.

   Fecha ut supra.

San Miguel.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de providencias del gobierno. 20 de octubre de 1812, N° 3.

32
PARTE MILITAR DE SUCESOS EN POPAYAN

DESCRIPCION Y DETALLE DEL CAMPO DE BATALLA. TRIUNFO PATRIOTA.

José Ignacio Rodríguez,
coronel.

   Se acaba de recibir de Popayán la plausible noticia contenida en el siguiente oficio, dirigido por el coronel don José Ignacio Rodríguez al teniente don José Miguel Malo, comandante del destacamento de La Plata, quien lo comunica al gobierno:

   Ayer que contamos 9, entramos a esta plaza a sangre y fuego, pues cuando pensábamos entrar con la mayor tranquilidad, en las dos puertas del callejón nos atacan la avanzada, y corrían tras de ella haciendo fuego. En este mismo momento puse la primera compañía de frente, la segunda dividida en dos trozos a los costados por entre los potreros, y dentro de medio cuarto de hora que se rompieron los dos fuegos retrocedieron los enemigos y avanzando con mucha rapidez sobre ellos, habiendo dejado la tercera compañía, y la caballería a la retaguardia, que todos avanzaron a un tiempo. En El Humilladero, que se hallaba el resto de los enemigos en número de más de 300, hicieron alguna resistencia; pero ya todos trastornados por la intrepidez con que hice entrar mis tropas, y habiéndolos desalojado de allí, entró la caballería y quedaron derrotados completamente, habiéndoles muerto 30 hombres, entre ellos el capitán don Guillermo Muñoz, el teniente don Marco Bermúdez, muchos heridos y prisioneros; se cogieron 16 fusiles y algunas pistolas, lanzas y sables.

   Acabo de recibir carta de Joaquín de Paz y otros de los rebeldes, con otras que antes se han recibido proponiendo con mucha instancia capitulaciones. Una derrota tan completa que el cielo me ha permitido como las anteriores, y la fama de los hombres que llegamos a adquirir porque así lo quiere la suerte de cada uno, apareja estos buenos efectos. Ya concluyeron los reveses que ha sufrido la provincia de Popayán. Ya respira, pues llegó a verse terminado. En esta virtud, a la mayor brevedad, por no haberse menester el destacamento en donde usted se halla, puede marcharse a ésta, pues aunque no se halle allí su comandante, la cosa es de primera necesidad y no hay que desperdiciar un momento y él no le tendrá a mal, y últimamente conviene así para la defensa de la patria y seguridad del reino: aquí se pagarán los sueldos de las tropas de su mando. Este oficio pase usted al cabildo de La Plata, para que franquee la correspondencia y quede impuesto de la situación en que se hallan las cosas. Ya se pondrá un detalle circunstanciado cuando el tiempo lo permita.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Popayán, 10 de octubre de 1812.

José Ignacio Rodríguez.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. Santafé, 22 de octubre de 1812, N° 32.

33
DECLARACION DEL DESERTOR DOMINGO DIAZ, PROCEDENTE DE TUNJA

INTERROGATORIO Y RESPUESTAS. Zipaquirá, 6 de noviembre de 1812.

Lorenzo Ley,
capitán,
Narciso García,
subteniente.

El comandante del destacamento que está en Zipaquirá acaba de dirigir al supremo gobierno el documento que sigue:

Auto

   En la villa de Zipaquirá, en seis días de noviembre de 1812, don Lorenzo Ley, capitán del batallón provincial y comandante del destacamento que se halla en esta villa, con noticia que tuve de haber venido de la ciudad de Tunja el miliciano Domingo Díaz, pasé a tomarle declaración sobre las ocurrencias de aquella ciudad, para lo que tomé el respectivo permiso de su comandante, y debiendo nombrar un secretario que actúe la declaración, nombré a don Narciso García, subteniente del regimiento de milicias de caballería de esta villa, quien impuesto de la obligación que contrae, acepta, y bajo su palabra de honor promete guardar sigilo y fidelidad en lo que se actúe, firmándolo conmigo.

Lorenzo Ley,
Narciso García.

Declaración

   En la misma villa, día, mes y año, compareció ante el capitán don Lorenzo Ley, el miliciano de ella Domingo Díaz, y en presencia de mí, el oficial secretario, le recibió juramento según ordenanza, por el que ofreció decir verdad en lo que fuese interrogado.

   Preguntado su nombre y empleo, dijo: ser los que quedan expuestos.

   Preguntado con qué motivo fue a la ciudad de Tunja, y qué día regresó a ésta, dijo: que fue a conducir seis cargas de sal, las que le confiscó el oficial comandante del destacamento de Hato Viejo, don Domingo Santos, y que regresó a esta villa ayer 5 del corriente.

   Preguntado qué observó en las tropas de Tunja, y qué oyo decir sobre invadir éstas al Estado de Cundinamarca, y si supo se tomaban algunas disposiciones sobre este objeto, dijo: que desde que llegó el que declara a Ventaquemada, le aprehendieron y le condujeron a Tunja, en donde fue puesto en un calabozo, sin comunicación, y después se le tomó declaración juramentada, para averiguar si él o su arriero eran espías del Estado; que el día 2, que ya quedó en libertad, vio pasar la revista de comisario, y oyó decir que el 8 ó 10 de este mes salían las tropas a atacar a Santafé, y notó mucha alegría en los soldados, quienes decían había de quedar Santafé como el último pueblo; que las disposiciones que observó fueron, que se remitían proclamas y órdenes a los pueblos, para juntar gentes y barages.

   Preguntado qué número de tropas había en la revista y destacamentos por donde pasó, y qué clase de armas tenían, dijo: que en la revista había como 300 hombres armados de fusil, y que en el destacamento de Ventaquemada sólo vio unos cuatro hombres con un sable y garrotes.

   Preguntado si, a más de esas tropas, vio o supo hubiese gentes del Socorro en la provincia de Tunja, dijo: que oyó decir que en la Villa de Leiva había 700 hombres socorreños; que no tiene nada más qué añadir, sino que había oído decir en Tunja, que se ha ofrecido a aquellas tropas seis días de saqueo en Santafé. Que lo dicho es la verdad, en fuerza del juramento hecho, en que se afirmó; leída que fue esta su declaración, dijo ser de edad mayor de 25 años, y por no saber firmar hizo una señal de cruz, firmándolo el capitán comandante y oficial secretario.

Lorenzo Ley,
Narciso García,
secretario.

No hay otro medio de averiguar los hechos, sino el que ha tomado el capitán Ley. Parece que sólo será insuficiente para los amigos de Baraya1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 8 de noviembre de 1812. N° 35.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

34
CONCEPTOS DE CRISANTO VALENZUELA

SOBRE LOS AUXILIOS MILITARES DE CUNDINAMARCA A LAS PROVINCIAS. SOBRE LA DECLARATORIA DE GUERRA A CUNDINAMARCA. Santafé, 7 de noviembre de 1812.

Crisanto Valenzuela.

   El secretario del congreso, don Crisanto Valenzuela, en 31 del pasado comunicó al secretario del poder ejecutivo del mismo congreso la resolución de este cuerpo, contenida en el oficio de nuestros diputados, inserto en la Gaceta de antes de ayer. Después de copiar al pie de la letra dicha resolución, se produce el expresado secretario Valenzuela en los términos siguientes: "Y lo comunico a vuestra señoría de orden de su alteza serenísima para que poniéndolo en noticia del poder ejecutivo tenga su cumplimiento, haciendo responsable al gobierno de Santafé de las consecuencias de otra providencia que se tomará irremisiblemente al séptimo día de la comunicación y exigiéndole desde luego el que ha debido dar a las anteriores sobre remisión de armas y demás particulares que se han librado: todos sin perjuicio de las que el mismo poder ejecutivo estimare oportunas entre tanto para su seguridad y defensa...".

   Todo lo cual lo comunica el secretario del poder ejecutivo del congreso, don José Acevedo, al gobierno de Santafé, en oficio de 31 del pasado, que se ha recibido el 5 del corriente por la noche.

   Sepa, pues, el mundo entero, que cuando Cundinamarca hacía marchar en auxilio de Popayán al teniente don Miguel Malo con las tropas de su mando, auxiliadas de milicianos de Neiva y de La Plata; cuando reforzaba la expedición del Magdalena que al mando del capitán don Luis Rieux llegó hasta Simití; y que cuando preparaba una expedición respetable que marchando a Popayán arrasase a sus enemigos y asegurase para siempre la libertad de aquella provincia desgraciada, se halla nuestro Estado amenazado por el congreso con una providencia que hoy 7 se habrá tomado ya, y será desde luego la declaratoria de guerra.

   ¿Qué razón, qué justicia apoyará la declaratoria de guerra a esta provincia, porque delibera no entraren federación, a causa de que no se cumplen las condiciones que puso para entrar en el contrato? El Estado de Cundinamarca, al momento que palpa el quebrantamiento de los pactos establecidos con el congreso, se retira de la compañía, porque ve que debiendo ser la obligación recíproca, no quiere darle su cumplimiento la mayor parte de los contratantes. En semejantes circunstancias, el congreso no debe ejercer sobre nosotros acto alguno de jurisdicción; y el que nosotros desobedezcamos las órdenes de ese cuerpo debe reputarse por tanto delito, como si desobedeciésemos al gran señor de los turcos. Ninguna corporación, ningún hombre puede, sin notarse tirano, mandar en los demás individuos de la sociedad, si éstos, por un pacto expreso, no depositan en sus manos la autoridad que para ello lo faculte; luego, si el congreso declara a Cundinamarca la guerra, solamente porque no obedece sus órdenes en un tiempo en que no está bajo su dominación, el congreso trata de ejercer sobre nosotros un acto de tiranía y despotismo.

   Lejos, lejos de nosotros todo lo que no siendo liberalidad y buena fe, tenga visos de opresión, despotismo y tiranía. Cundinamarca, que con casi ningunos recursos limó los grillos de la esclavitud, y arrojó de su seno a los que se empleaban en remacharlos, hoy con mayor fundamento sabrá sacudir el yugo que le quieren imponer sus compatriotas, y sabrá también descargar sobre sus inicuos invasores todo el peso de su justa severidad.

   ¡Valientes y enérgicos cundinamarqueses! Nuestros mismos hermanos disponen atacarnos y oprimirnos; las balas que ellos nos arrojen, causarán los mismos estragos que las que nos despidan los enemigos exteriores. Corred, pues, a rechazar la fuerza con la fuerza. La patria cuenta con tener en cada uno de vosotros un hijo, en cada hijo un soldado, y en cada soldado un héroe1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 7 de noviembre de 1812, N° 34.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

35
DISPOSICIONES DEL PRESIDENTE NARIÑO SOBRE LA VENIDA DEL ARZOBISPO JUAN BAUTISTA SACRISTAN

   ORDENA SE LE OTORGUE PASAPORTE Y LAS CANTIDADES NECESARIAS PARA SU VIAJE HASTA SANTAFE. Santafé, 9 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

   A consecuencia de lo representado por los señores apoderados del venerable deán y cabildo de esta capital, sobre la venida del ilustrísimo señor arzobispo don Juan Bautista Sacristán, se proveyó en 20 de mayo de este año que se ocurriese al supremo congreso. Pero habiendo nuevamente ocurrido manifestando que su expulsión había dimanado de este gobierno, que es sólo una parte del arzobispado, y exponiendo otras razones que persuaden de la necesidad del prelado y su deferencia a reconocer nuestro gobierno, ha decretado el excelentísimo señor presidente del Estado don Antonio Nariño lo que sigue.

   Santafé, 9 de noviembre de 1812.

   Conociéndose la absoluta necesidad que tenemos de un prelado eclesiástico, por el cual claman los pueblos y el bien de la iglesia, y teniéndose en consideración las razones que exponen los apoderados del venerable deán y cabildo de no oponerse el muy reverendo arzobispo don Juan Bautista Sacristán a reconocer nuestro gobierno después de nuestra transformación política, líbresele el correspondiente pasaporte y las cantidades necesarias para su viaje, oficiándose para el efecto con el mismo prelado y el venerable cabildo, a quienes se comunicará este decreto para su inteligencia y satisfacción.

   Está rubricado.

San Miguel1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de providencias del gobierno. 11 de noviembre de 1812, N° 4.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

36
FALLECIMIENTO DE JOSE ANTONIO GOMEZ, PRESIDENTE DE ANTIOQUIA

GOBIERNO DE CUNDINAMARCA ORDENA HONRAS FUNEBRES. Santafé, 9 de noviembre de 1812.

   Teniéndose noticia oficial del fallecimiento del excelentísimo señor presidente de Antioquia don José Antonio Gómez, y creyendo este gobierno ser muy propio de los sentimientos de fraternidad y de la consideración que merece un jefe de esta clase el [hecho de] que Cundinamarca se adelante a dar un religioso ejemplo de su cordialidad y del honor que parece debido al primer presidente que muere en nuestra transformación política, pásese oficio al muy venerable deán y cabildo de esta santa iglesia para que disponga que a la mayor brevedad se celebre en ella, con asistencia del mismo venerable cuerpo, unas exequias funerales, con toda la pompa y solemnidad que corresponde, a [las] que asistirán los tribunales y corporaciones en traje de luto, concurriendo igualmente las comunidades y colegios, a cuyo fin se les citará oportunamente. Con este objeto se encargará al venerable deán y cabildo que, dispuestas que estén las cosas, se dé aviso para señalar el día, y librar al tesoro público la cantidad que sea necesaria para los precisos gastos, comunicándose al comandante de armas la orden correspondiente para que disponga por su parte los honores militares que con arreglo a ordenanza y al ceremonial que rige para este Estado, se deban hacer.

   Dado en el palacio de gobierno de Santafé, a 9 de noviembre de 1812.

   Está rubricado.

Rodríguez.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de providencias del gobierno. 11 de noviembre de 1812, N° 5.

37
OFICIO DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA AL CONGRESO

PETICION PARA DISPONER LAS TROPAS DE TUNJA EN REFUERZO DE LA CAMPAÑA DE CUCUTA. CONTESTACION. 14 de noviembre de 1812. Leiva, 23 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño,
José María del Castillo.

   El supremo gobierno despachó el día 14 del corriente un extraordinario dirigido a la Villa de Leiva con dos pliegos, el uno rotulado al señor presidente del congreso, y el otro, a los señores diputados de Cundinamarca. Por evitar los peligros de los ríos que hay que atravesar, dio este extraordinario la vuelta por Samacá. Allí fue aprehendido y conducido a Tunja, en donde estuvo detenido dos horas, después de las cuales siguió para Leiva escoltado de un soldado. Luego que llegó fue puesto en prisión. Se le tomaron varias declaraciones acerca del estado de cosas en Santafé. Permaneció preso cinco días, hasta que fue despachado. Volvió por Samacá, pero ya no halló impedimento ni incomodidad alguna. Al llegar a Leiva se advirtió que uno de los dos pliegos que llevaba este extraordinario estaba abierto. Cuál de ellos fue, y quién lo abrió, es fácil conocerlo. Ayer regresó a esta ciudad el referido extraordinario. El oficio que llevó y el que trajo son los siguientes:

Oficio del supremo gobierno de Cundinamarca al congreso

   Excelentísimo señor:

   No pudiendo mirar con indiferencia el estado en que por todas partes se van poniendo las provincias de la Nueva Granada, y no siendo justo que a la sombra del supremo congreso se mantenga Tunja con las armas de Cundinamarca para impedir su defensa, revolucionando los cantones dependientes de este Estado, es llegado el caso de que, o sigan las tropas que están en Tunja a arrojar los enemigos de Cúcuta, o se me entreguen para pasar yo mismo a atacarlos, o de que las tropas que hoy tengo acuarteladas con este destino, sigan a recoger las armas que perteneciendo a Cundinamarca detiene injustamente Tunja para atacarla, impidiendo la defensa general.

   El supremo congreso, o los miembros que hoy lo componen, serán responsables personalmente de las consecuencias que se sigan, si por su parte no contribuyen eficazmente a que las cosas terminen de uno de los dos primeros medios propuestos.

   Dios, etc.

   14 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del supremo congreso.

Contestación

   Recibida la intimación que con fecha 14 del corriente ha hecho vuestra excelencia al congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada, el presidente encargado del poder ejecutivo de la Unión la ha pasado a su consideración, y de orden del mismo poder ejecutivo la traslado a vuestra excelencia para su noticia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Leiva, 23 de noviembre de 1812.

José María del Castillo,
secretario interino.

   Al gobierno de Santafé.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 29 de noviembre de 1812. N° 39.

38
CERTIFICACION DEL COMANDANTE DE ZIPAQUIRA

DIRIGIDA A JOSE LEIVA, COMANDANTE GENERAL DE LAS ARMAS DE CUNDINAMARCA. INFORME SOBRE LAS DECLARACIONES DEL DESERTOR DE LAS TROPAS DE TUNJA. Zipaquirá, 21 de noviembre de 1812.

Lorenzo Ley1.

   El capitán comandante del destacamento que está en Zipaquirá, don Lorenzo Ley, ha remitido al señor don José de Leiva, comandante general de las armas de Cundinamarca, con oficio fecha 21 de este mes, el documento siguiente:

Certificación:

   Don Lorenzo Ley, capitán del batallón provincial y comandante de las tropas actualmente destacadas del partido de Zipaquirá,

   Certifico que hoy, día de la fecha de ésta, se me ha presentado un soldado diciendo ser desertor de las tropas de Tunja; por lo que pasé a tomarle declaración, y debiendo nombrar escribano que actúe en ella, nombro a José Joaquín de Posada, sargento segundo de milicias disciplinadas de Santafé, quien advertido de la obligación que contrae, acepta, jura y promete guardar sigilo y fidelidad en lo que se actúe; y para que conste lo firma conmigo en Zipaquirá, a 21 de noviembre de 1812.

Lorenzo Ley,
José Joaquín de Posada.

Declaración

   En dicha villa, día, mes y año, el señor capitán comandante hizo comparecer al soldado desertor, y ante mí, el escribano, le recibió juramento conforme a ordenanza, por el que ofreció decir verdad en lo que se le interrogare.

   Preguntado su nombre y empleo, dijo: que se llamaba Manuel Esguerra y que es soldado del regimiento auxiliar de Santafé.

   Preguntado desde cuándo se halla ausente de su cuerpo, y con qué motivo se separó de él, y en dónde ha permanecido, dijo: que desde el día 20 de julio de este año que fue derrotado su cuerpo en la acción de Paloblanco, en donde los atacaron las tropas de Tunja, Socorro, y algunas de Santafé, al mando del señor don Antonio Baraya, y que habiendo venido el declarante retirándose con otros soldados para Santafé, fue hecho prisionero en Ocamonte y conducido a la villa de San Gil, a donde llegó enfermo, y luego lo mandaron a la ciudad de Tunja, donde ha permanecido hasta el día 18 de este mes, que habiendo sido nombrado con 100 hombres para marchar con cuatro pedreros a la Villa de Leiva a las órdenes [sic].

   Preguntado por qué motivo no se vino antes a sus banderas, dijo: que por hallarse enfermo de una llaga que tiene en una pierna.

   Preguntado qué número de tropas están al mando del señor Baraya; qué destino tiene; qué armamento y qué artillería, dijo: que veteranos tendrá unos 40 hombres del auxiliar y otros tantos nacionales, 37 artilleros, y como 400 entre patriotas y tropa de Tunja. Que en Tunja están como 150 hombres, inclusos los asistentes de los oficiales; que los demás se hallan en destacamentos en la Villa de Leiva y en Sutamarchán, Hato Viejo y Guachetá; que el armamento llegará a 1.500 fusiles, pero de ellos muchos descompuestos, 25 piezas de artillería, y el correspondiente pertrecho.

   Preguntado qué ha oído decir sobre las operaciones a que están destinadas aquellas tropas, dijo: que ha oído decir estar destinadas a atacar a este Estado y su capital; por lo que se les ha ofrecido tres días de saqueo si se gana la acción.

   Preguntado qué número de tropa hay en Tunja de los del Socorro, dijo: que a Tunja llegaron 100 hombres, los que armaron de fusiles, y marcharon el día 10 ó 12 de este mes a atacar a Vélez, según se dijo, y venir luego sobre Ubaté.

   Preguntado qué sueldo paga el señor Baraya a los veteranos, y si éstos están contentos con aquel partido, y entusiasmados de batir a Santafé, dijo: que gozan el mismo prest que antes, y que a los que atacaron a Paloblanco se les da un peso más de ventaja; que en la tropa hay entusiasmo en unos, y otros se le han desertado, pero los han prendido en los destacamentos.

   Preguntado si ha oído decir que el señor Baraya determine mandar tropas para Pamplona, dijo: que no lo ha oído. Que no tiene más que añadir, que lo dicho es la verdad a cargo del juramento hecho en que se afirmó leída que le fue esta su declaración, y dijo ser de edad de 24 años, firmándolo con dicho señor y el presente escribano,

Lorenzo Ley,
Manuel Esguerra.

   Ante mí,

José Joaquín de Posada.

Diligencia

   Seguidamente el referido señor dispuso se remitiese esta declaración original al señor comandante general de las armas del Estado, acompañada de oficio, para que se sirva pasarla a manos del excelentísimo señor presidente; y para que conste por diligencia lo firmó, de que doy fe.

Ley,

José Joaquín de Posada2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 22 de noviembre de 1812, N° 36.

NOTAS:
1   Corresponde a la Gaceta ministerial de esta fecha.
2   En la imprenta del Estado.

39
ARRIBO A SANTAFE DEL DIPUTADO DE LA PROVINCIA DE CASANARE

PROFUGO DE VILLA DE LEIVA EN BUSQUEDA DE ASILO. CAUSA DE SU FUGA. ANECDOTA. Santafé, 25 de noviembre de 1812.

   Ayer ha llegado a esta capital el doctor don Juan José de León, diputado de la provincia de Casanare en el congreso. Dicho representante profugó [desertó] de la Villa de Leiva el 21 por la noche, y ha venido a buscar un asilo seguro en nuestro Estado. La causa de su fuga ha sido la opresión con que trata el congreso a todo el que no manifiesta ideas hostiles contra Santafé, ni decreta la guerra y desolación de Cundinamarca. A este diputado ya el congreso lo había retirado de su seno desde el 14 del corriente, porque aconsejaba a sus compañeros tratasen solamente de la defensa común del reino, y no de vengar resentimientos particulares con nuestro gobierno; ya se ve, él había venido a Leiva a ser un individuo de un congreso general, y no miembro de una facción o pandilla anticundinamarquesa, y por lo mismo le pareció muy justo su retiro. Al tiempo de intimárselo, se le privó de comunicación con Casanare su provincia y con Cundinamarca. ¡Qué libertad, qué celo, qué sanas intenciones las del congreso de Leiva!

   Los congresistas se hallan tan escasos de dinero, que el presidente Torres no omite los medios más vergonzosos para hacerse a la ruin y miserable cantidad de $100. Dentro de breve tiempo tendrá el público a la vista un documento que compruebe esta verdad.

   Las tropas del congreso se hallan casi todas desarmadas; su número es muy corto respecto de las nuestras; tienen sí algún entusiasmo, porque les han sugerido la especie de que el presidente Nariño es un HEREJE tan grande como Calvino y Lutero. Así es que el ejército congresal puede llamarse propiamente un enjambre de infelices labradores que, alucinados por algunos hipócritas intrigantes, marchan hacia nuestras columnas con la misma docilidad con que las ovejas se encaminan al matadero.

   Todo el plan de ataque se reduce a asaltar nuestros soldados de noche y darles muerte a palos. "El valor y la intrepidez (dirán los generales de la unión) harán convertir las cañas en fusiles y las hondas en obuses".

Anécdota congresal

   En días pasados salió el doctor León (diputado de Casanare) del convento de San Agustín, su posada, a dar un paseo por la noche en la Villa de Leiva. A pocos pasos se encontró con una patrulla de soldados socorreños; dado el ¿quién vive? y ¿qué gente?, se averiguó que era nada menos que un inviolable congresista; sin embargo, dos soldados lo cogen en medio, y le intiman siga con ellos al cuartel; el representante de Casanare hacía mérito de su inviolabilidad y su sacerdocio para que le dejasen seguir, o le permitiesen volver a su inmediata posada. Pero nada valía para que cediesen los soldados. Ultimamente, a fuerza de súplicas y ruegos, consiguió por mucho favor la gracia de poderse entrar en su habitación. Al día siguiente por la mañana se dirigió el agraviado a la casa del comandante Ranjel, quien le insinuó que la tropa no había hecho otra cosa que cumplir con su obligación, pues esa era la orden del presidente y de casi todos los miembros del congreso.

   Con este dato se dirige inmediatamente al supremo cuerpo el doctor León; explica con calor sus sentimientos y expone lo que le había asegurado el comandante Ranjel. Todos los congresistas, incluso el presidente, afirman que es falsa la orden; entonces el diputado de Casanare pide, insta y urge a que en el momento se haga comparecer al comandante para averiguar la verdad; pero todo el congreso se opone a esta medida y se da trazas de volver ilusoria una solicitud tan justa y racional...

   ¡Qué consecuencia, qué verdad, qué buena fe la del congreso de Leiva! ¿Y habrá todavía hombres tan insensatos que crean que es bálsamo el veneno y tabla de salvación el mismo naufragio?1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 25 de noviembre de 1812, N° 37.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

40
PARTE DE TADEO VERGARA

SORPRESIVO ATAQUE AL DESTACAMENTO DE HATO VIEJO. Parroquia de Hato Viejo, 25 de noviembre de 1812.

Tadeo Vergara.

Acaban de llegar por un posta remitido desde Sesquilé, por el comandante de la línea de la derecha, don Bernardo Pardo, dos oficios, en que avisa la noticia de haber sorprendido nuestras tropas el destacamento de Hato Viejo

   Con fecha 25 del corriente comunica don Eugenio de Elorga desde Chocontá, a su comandante, esta noticia, con el parte siguiente de don Tadeo Vergara.

   Tengo la satisfacción de dar parte a usía del buen éxito de mi comisión, aunque no tan completamente como deseaba, porque la caballería a quien previne sorprendiera la avanzada que estaba a la entrada del lugar, no lo hizo, y sí se entró gritando, y el destacamento tuvo lugar de prepararse y hacer alguna resistencia. Llegué a la una y media de la noche, y al momento rompí el fuego, que duró por más de una hora, y al fin me abandonaron el cuartel y se fugaron por las tapias de la espalda. Yo creí que se mantenían dentro y que quizás iban a servirse del pedrero que se decía tenían. El padre-cura, que salió de su casa, fue a instancias mías a intimarles se rindieran o que haría arder el cuartel, pero ya no halló a ninguno. Entramos y encontramos las armas y pertrechos siguientes: una caja de guerra, una espada, 15 fusiles con bayonetas y piedras, dos bayonetas más, dos machetes, portabayonetas y cartucheras con cartuchos, algunas con 20, y unas dos lanzas. Se hicieron diez prisioneros, entre ellos uno que voluntariamente se ha presentado con fusil y fornitura.

   Toda la tropa se ha portado con el mayor valor, sosteniendo un fuego muy vivo a distancia de 30 pasos y en campo raso cuando los enemigos se atrincheraron con los pretiles del corredor. Recomiendo particularmente al ingeniero don Pedro Chipia, al alférez don Francisco Pardo, don Benedicto Triana y al alcalde de Chocontá, que me acompañó. Por mi parte, no ha habido más novedad que un lancero herido mortalmente en la cara y otro de Chocontá en una ingle.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Parroquia de Hato Viejo y 25 de noviembre de 1812, a las cuatro y media de la mañana.

Tadeo Vergara.

   Señor comandante del batallón de Patriotas, don Eugenio de Elorga1

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 26 de noviembre de 1812, N° 38.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

41
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO A LA JUNTA DE GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

INFORME SOBRE MOVIMIENTOS DE TROPAS. Zipaquirá, 27 de noviembre de 1812.

Antonio Nariño.

   A las nueve de este día han llegado de Zipaquirá cuatro presos: dos de ellos son desertores recogidos, y los otros dos acusados como espías de don Antonio Baraya. Estos últimos se hallan arrestados a disposición del tribunal de seguridad y vigilancia.

   En este mismo día se ha recibido un pliego del teniente de subpresidente de Zipaquirá, e incluso en él, el siguiente:

Oficio del excelentísimo señor presidente del Estado a la junta de gobierno

   "Participo a vuestra excelencia haber llegado a ésta a las tres de la tarde, en donde a poco rato recibí dos oficios por extraordinario de los alcaldes de Chiquinquirá, dando noticia de haberse avistado en aquellas inmediaciones algunas tropas de Tunja o Leiva. Trato de acelerar las marchas de esta última división que se halla ya reunida con la gruesa artillería veterana a incorporarme con la división que ha seguido por el camino de Guachetá.

   Inmediatamente que llegué a ésta, traté de informarme del estado de los fondos de la salina, y he dispuesto se remitan a esa inmediatamente 4.000 y tantos pesos que se hallan existentes, después de haber cubierto todas las obligaciones que el Estado contrajo con este vecindario, y los gastos anejos a la misma salina.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Zipaquirá, 27 de noviembre de 1812, a las nueve de la noche.

Antonio Nariño.

   Señores de la junta de gobierno de Cundinamarca1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 1° de diciembre de 1812, N° 41.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

42
BOLETIN DEL EJERCITO DEL NORTE

INFORMES DE LOS DIAS 25, 26 Y 27 DE NOVIEMBRE. TROPAS DE TUNJA OCUPAN EL PUENTE DE LA BALSA. Santafé, 30 de noviembre de 1812.

Acaba de llegar de Zipaquirá el siguiente boletín del ejército del norte

Miércoles 25 de noviembre de 1812

   El ala izquierda salió de Santafé a las tres y tres cuartos de la tarde, y a las seis y cuarto llegó al pueblo de Usaquén, donde se acuarteló.

   Sin novedad, a pesar de que la tarde fue lluviosa, don Lorenzo Rincón hospedó en su casa a la artillería y no quiso admitir el pastaje de 60 bestias.

Jueves 26 de noviembre

   Salió de Usaquén a las nueve de la mañana y a las cuatro y tres cuartos de la tarde llegó al pueblo de Cajicá, donde se acuarteló. Sin novedad: el día fue sereno y claro. En marcha seguida se gastaron solamente seis horas, porque se empleó una hora y tres cuartos en el reposo de la tropa. El cura de Cajicá, don Pedro Bujanda, dio de balde a las tropas todas las turmas criollas que necesitaron para el rancho; y el excusador, fray Juan Antonio Buenaventura, obsequió mucho al señor general, cuartel maestre y sus ayudantes.

Viernes 27 de noviembre

   Salió la tropa de Cajicá a las nueve y veintitrés minutos de la mañana y llegó a las doce y cincuenta minutos del día a esta villa de Zipaquirá, sin novedad; no ha habido detención en el camino. Día claro y sol muy fuerte. A las dos y media de la tarde ha llegado el excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño.

   Su excelencia, con fecha 14 del corriente, había oficiado al congreso di-ciéndole "que en las circunstancias en que actualmente se halla el reino, amenazado por los enemigos exteriores, era necesario abrazar uno de estos tres extremos: o marchar Baraya con las armas de su mando para Pamplona, o entregarlas voluntariamente al gobierno de Cundinamarca para que éste rechace a los invasores del norte, o (en caso de no adoptarse lo uno ni lo otro) marchar las tropas cundinamarquesas a tomar dichas armas por la fuerza".

   Hoy en el Puente del Común ha recibido su excelencia la respuesta de fecha 23, reducida solamente a decir que el congreso ha considerado esta intimación de nuestro gobierno.

   El conductor ha traído en media cuartilla de papel un pasaporte que sin fecha dice así: "Este extraordinario lleva un pliego para el gobierno de Santafé.

Torres".

   Las siguientes noticias son sacadas del Boletín de Santafé núm. 38, del 26 del corriente. El capitán don Tadeo Vergara, el 25 del corriente ha sorprendido al destacamento de Hato Viejo. Llegó a este pueblo a la una de la mañana: la caballería que estaba prevenida para sorprender la avanzada puesta a la entrada del lugar, entró gritando, y el destacamento tuvo lugar de prepararse y hacer alguna resistencia; pero al fin abandonaron el cuartel los enemigos y se fugaron por las tapias de la espalda. Se encontró una caja de guerra, una espada. 15 fusiles, con bayonetas y piedras, dos bayonetas más, dos machetes, portabayonetas y cartucheras con cartuchos, algunas con 20, y unas dos lanzas. Se hicieron diez prisioneros, entre ellos uno que voluntariamente se ha presentado con su fusil y fornitura. Por nuestra parte no ha habido más novedad que un lancero herido mortalmente en la cara y otro de Chocontá en una ingle.

   Por extraordinario que acaba de llegar de Chiquinquirá se sabe que las tropas armadas de Tunja han ocupado el puente de la Balsa, a media legua de aquella villa. Volemos a escarmentar a nuestros enemigos; llenémonos de valor y de entusiasmo para volver a nuestros hogares llenos de honor y gloria militar; el campo se nos presenta para volvernos héroes1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 30 de noviembre de 1812. N° 40.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

43
OFICIO Y PROCLAMA DEL PRESIDENTE NARIÑO

INFORME SOBRE TROPAS DE ZIPAQUIRA. INVITACION A LOS SACERDOTES A QUE PROMUEVAN A LOS FELIGRESES A LA FRATERNIDAD ENTRE LOS HABITANTES DE TUNJA Y CUNDINAMARCA. Campo de las Ovejeras.

Antonio Nariño.

La junta de gobierno acaba de recibir el siguiente oficio del excelentísimo señor presidente del Estado

   El sábado 28, después de dejar pronta para marchar a la última división que manda el general don José de Leiva, me adelanté a incorporarme en ésta, con la del mando de don Lorenzo Ley; llegué a las cuatro de la tarde, y tuve la satisfacción de encontrar las tropas formadas con el mejor orden y en disposición de atacar por no haber yo estudiosamente querido dar aviso anticipado de mi venida. Reconocida la disposición de las tropas e informándome de las novedades ocurridas, seguí a las cinco de la tarde a Chocontá, en donde se hallaba la división del mando del teniente coronel don Bernardo Pardo; practiqué las mismas diligencias, le dejé las órdenes que creí convenientes y me regresé al otro día, igualmente satisfecho del comandante y sus tropas.

   El mismo día se incorporó con nosotros la división de don José Leiva; anoche hemos hecho siete prisioneros en la hacienda del Rabanal, seis de ellos que servían de espías, y hoy adelantamos nuestras marchas, para cuyo efecto he tenido a bien mandar imprimir la adjunta proclama, y he dictado otras providencias que comunicaré a su tiempo.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Campo de las Ovejeras, 1° de diciembre de 1812.

Antonio Nariño.

   Señores de la junta de gobierno del Estado de Cundinamarca.

El ciudadano Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, a los habitantes de la provincia de Tunja

Ciudadanos:

   Las tropas del Estado, destinadas a arrojar de la Nueva Granada a los enemigos de nuestra libertad, se ven precisadas a remover antes los obstáculos que se oponen a sus marchas. En vuestro territorio se hallan los autores de los males que os amenazan ya de cerca con una guerra sangrienta; las armas de Cundinamarca vienen a arrojarlos de vuestro seno, a establecer en vuestras familias la paz y sosiego que gozan las suyas a la sombra de un gobierno que sus enemigos llaman tiránico. No os alarméis con la proximidad de las tropas: la moderación, la prudencia y algunos sacrificios inevitables os pondrán a cubierto del azote de la guerra, y podréis permanecer tranquilos en vuestras labores y ocupaciones domésticas.

   Pero si por el contrario, obstinados quisiéreis tomar parte en las hostilidades contra los soldados de Cundinamarca, imputaos a vosotros mismos los males que os sobrevengan; seréis tratados como verdaderos enemigos; vuestros bienes y vuestras personas pagarán vuestra temeridad.

   Ministros del santuario: yo os juro en el nombre del Dios de la paz: ved cómo os portáis; la sangre que se va a derramar caerá sobre vuestras cabezas, si separándoos del espíritu del evangelio no exhortáis a vuestros feligreses a la fraternidad y unión que debe estrechar por todos títulos a los moradores de Tunja con los habitantes de Cundinamarca.

   Contemplad por un momento los males en que se van a ver envueltos esos pueblos por sostener un capricho infundado, y advertid si vuestro santo ministerio debe emplearse en encender el fuego de la discordia, que os conducirá a todos al llanto y a la desolación.

Antonio Nariño1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 3 de diciembre de 1812, N° 42.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

44
OFICIO DEL GENERAL LEIVA AL PRESIDENTE NARIÑO

LLEGADA A NEMOCON. SUCESOS MILITARES EN VENTAQUEMADA. Nemocón, 4 de diciembre de 1812.

José de Leiva.

Felizmente ha salido falsa la noticia de haberse hecho prisionero al general don José de Leiva. Ayer se ha recibido oficio en que comunica su llegada a Nemocón, el que entre otras cosas, dice lo siguiente:

   Excelentísimo señor:

   Anoche a las nueve llegué a este pueblo de Nemocón sin que antes pudiese lograr un momento ni proporción para participar a vuestra excelencia lo ocurrido desde el 2 en la noche.

   Vuestra excelencia presenció bien de cerca y tomó parte en la acción de aquella tarde, y así sólo me ceñiré a decir que retirándose la tropa al lugar de Ventaquemada, ya oscurecido, y los enemigos persiguiéndola muy de cerca, los tres obuses que se habían colocado a la entrada de la plaza consiguieron no sólo proteger la retirada, sino rechazarlos, de modo que tuve lugar de recoger toda nuestra gente dispersa en la misma plaza y formarla, cubriendo los boquetes y avenidas de ella para rechazar cualquier nuevo ataque. Advertí que faltaba bastante número, pero los que existían eran bastantes al fin indicado, y si el puesto no hubiera sido tan defectuoso hubiera confirmado mis primeras ideas de sostenerme allí algún tiempo, lo que a otros respectos no era imposible. Pero un sitio dominado por todas partes, una desprovisión absoluta de todo recurso, no habiendo esperanzas de hallar un pan u otro comestible, y la noticia de que al otro día podían llegar refuerzos de mucha mayor consideración al enemigo, al paso que yo no tenía que esperar ninguno, me decidió a aprovechar el tiempo, y retirándome, salvar aquel resto de nuestra fuerza. A cosa de las tres de la madrugada me puse en marcha con toda mi gente. La oscuridad y mal camino dieron lugar a que, sin embargo de que por parte del enemigo no se padeció la más mínima inquietud, la gente se fuese desfilando, bien que camino recto, de modo que a poco más de la venta de Albarracín ya iba en completa dispersión, y los oficiales, unos quedaban atrasados y otros habían tomado bastante delantera. Así la tropa dividió su camino, retirándose una parte por el mismo que llevamos y otra eligiendo el de Hato Viejo y Chocontá. Yo, con sumo trabajo individual mío, he tirado hasta aquí donde he hallado porción de oficiales y tropa. Las órdenes de vuestra excelencia pueden ilustrarme sobre lo que convenga.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Nemocón, 4 de diciembre de 1812.

   Excelentísimo señor.

José de Leiva.

   Excelentísimo señor presidente del Estado.

   Hoy se ha tenido noticia de Zipaquirá de estar ya la mayor parte de las tropas reunidas en Nemocón, y han marchado para el mismo punto los oficiales que habían llegado a esta ciudad y el comandante de artillería don Salvador Cancino que conduce algunas piezas ligeras y un refuerzo de pertrechos.

   Acaba de recibir el excelentísimo señor presidente una esquelita del oficial don Ignacio Díaz con solo estas palabras: "Señor presidente: con mayor orden vamos reunidos sobre 800 hombres con nuestro general Leiva, con todos los pertrechos de artillería, que no se perdieron éstos, ni dos obuses o tres que vienen. Dispense vuestra excelencia. Besa su mano,

Ignacio Díaz"1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 6 de diciembre de 1812, N° 43.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

45
CARTA DEL PRESIDENTE NARIÑO AL BRIGADIER BARAYA

FRAGMENTOS. NARIÑO SOLICITA RESOLVER LAS DESAVENENCIAS SIN IMPLICAR A LA CIUDAD Y A LA POBLACION SANTAFEREÑA. BARAYA, EN CONTESTACION, PLANTEA COMO UNICA ALTERNATIVA DE SOLUCION LA RENUNCIA DE NARIÑO A LA PRESIDENCIA. Santafé, 20 de diciembre de 1812.

   A pesar de que el excelentísimo señor presidente del Estado ha oficiado varias veces a los comandantes Baraya y Ricaurte, exhortándolos a transar las presentes desavenencias por medio de unas capitulaciones decorosas al congreso y a Cundinamarca, no han surtido estas medidas el efecto que se deseaba. Ultimamente, ayer escribió dicho señor presidente una carta familiar al mismo comandante Baraya, con el propio objeto de pacificación. El capítulo cuarto de dicha carta dice así:

   "En el concepto, pues, de que estoy pronto a todo, menos a sacrificar mi honor, y de que tú y el congreso van a conseguir sus miras, parece que sólo nos iríamos a matar o por el modo como esto se debe hacer o por una baja o criminal venganza. Por cualquiera de las dos cosas sería un delirio el envolver la ciudad que nos ha visto nacer, en sangre y luto. Si es venganza personal, matémonos de hombre a hombre, y si no es más que en el modo, acordémoslo los dos".

   La respuesta, que es de fecha de hoy en Chía a las nueve de la mañana, se reduce en sustancia a decir: que el único partido que se puede abrazar es, deponer la presidencia el señor Nariño, irse su excelencia a Tunja a ponerse en manos del congreso, rendirse Santafé a discreción y entregársele a Baraya todas las armas, pertrechos y municiones que hay en la ciudad.

   Juzgue ahora el público imparcial, si el señor presidente del Estado, a quien se ha confiado la defensa de Cundinamarca, podrá acceder a semejantes proposiciones, cuando en ellas se compromete el honor de la provincia y cuando todos los habitantes de esta capital (a quien trata el congreso y el general Baraya de refractaria), por acta de 22 de octubre ligaron las manos al gobierno para no poder entrar en federación, siempre que el congreso no guarde los pactos de 18 de mayo, ratificados por toda la provincia, como condiciones bajo las cuales se estableció aquel contrato1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 20 de diciembre de 1812, N° 44.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1812.

46
REPLICA AL EFIMERO

RECONVENCION Y POLEMICA EN TORNO AL OFICIO DEL VICEPRESIDENTE DE POPAYAN. DEFENSA DE LA GACETA MINISTERIAL Y DE LA BAGATELA. Santafé de Bogotá, 1812.

EL PERMANENTE SIEMPRE QUE HAYA EFIMERO

Nec semper feriet quod cumque minabitur arcus

                                                     Hor. Ar. P.

No siempre el tirador acierta al blanco

   Dos cosas, señoritos de la sociedad de amigos de la verdad, me ocurre preguntar a ustedes, cuando leo la introducción de su Efímero papel. Primera: ¿Cuál es su patria? Y si este papel, o el que ofrecen dar a luz, digno de Cundinamarca, ¿será el que lleve a los ciudadanos a la verdad pura, sin mancha y sin disfraz?

   A la primera responderán vuestras mercedes que todo el reino de la Nueva Granada; que toda la América dirá otro; y que es ciudadano de todo el mundo, no faltará quien afirme. Los dos últimos nos responden; y los primeros tienen mucho que meditar para eludir, mas no para satisfacer (porque es imposible) a las justas reconvenciones que saben y deben temer se les haga... Vamos a la segunda, que será decirnos: ser el otro papel el digno de Cundinamarca; porque este Efímero no lo es, ni conduce a la verdad, como en él se propone; pero tampoco acierta a la desorganización del gobierno, que parece ser el tiro.

   Entremos en materia: copian vuestras mercedes íntegramente el oficio del señor vicepresidente de Popayán, y sin hacerlo de los documentos en que él se funda, empiezan a darle latigazos al redactor de la Gaceta ministerial; así es que faltando a la buena fe, quieren ofuscar a los sencillos con discursos maliciosos y falsos de aquella sinceridad con que se debe hablar a un público respetable.

   ¿Ignoran vuestras mercedes, acaso, que en tanto se debe y puede formarse una crítica juiciosa sobre un dicho, o documento referente a otros, en cuanto éstos nos suministren un apoyo de lo relacionado? Son principios de buena lógica, y no creo que los tres doctores de profesión sean tales que merezcan la justa nota de necios. No: no es ignorancia, y deben confesar su malicia.

   Los documentos hallados en los baúles de Tacón no fueron recibidos en Pasto después de la batalla de Palacé, porque por parte de Quito estaba, y por la de Popayán, interceptada la correspondencia; de Pasto pasaron los baúles de Tacón a la costa, en donde estuvo siempre perseguido, y sin lugar fijo; estos documentos se cogieron cuando él huyó derrotado en Iscuandé y es demasiado probable que sean muy antiguos y anteriores al tiempo en que Abascal, menos estrechado, se figuraba poderle auxiliar; luego, la suposición que se hace de ser este un ofrecimiento del día es una falsedad y querer engañar al pueblo por fines particulares.

   Supongo más: que los documentos fuesen remitidos a Tacón en los tiempos posteriores a su derrota en Palacé, y salida hacia Pasto; ¿de dónde infieren los señoritos enamorados de la verdad, que la goleta forrada en cobre; que los cañones y pertrechos; que los marineros españoles; que los barcos pequeños tomados a Tacón, no fuesen el auxilio ineficazmente remitido de Lima por Abascal? Luego, suponer contra tan fundados principios que son otros tan temibles, que puedan hacernos desmayar, es hacer traición a la verdad y al público.

   Sin recordar por otra parte a los señores socios que Tacón no es la vez primera que, con más política que vuestras señorías, procura dejar correr para ser interceptados escritos capaces de intimidar; vuestras señorías, por el contrario, sin saber las fechas de los documentos del oficio, deciden ya que el mal está dentro de casa, y sin remedio... pero no es el que se figura.

   Que no sea por último la verdad de estos señores sin mancha ni disfraz; acaba de comprobarse con los oficios del excelentísimo e ilustrísimo señor presidente de Quito, y otras cartas de aquella carrera, que aseguran hacer mucho tiempo que no se sabe de Lima, y que están en la tranquilidad que nosotros tanto resistimos cuando el gobierno se desvela en procurarla. Elógiese, pues, a un ciudadano que tan prudentemente nos evitó una alarma sin fundamento.

   ¿Y es de este modo como se quiere sostener la opinión pública? ¿Así se estampa que el periodista trata de sostener [someter] el pueblo al despotismo de sus caprichos y delitos? Delito es el abusar de la confianza de este generoso pueblo, y quererlo engañar con falsas apariencias; delito es satirizar al gobierno porque procede con madurez; delito es fortalecer a los contrarios de nuestra causa con supuestos riesgos y fanáticos remedios; delito es querer imprimir en los ciudadanos ideas de descontento, cuando no hay motivo legal contra las providencias del gobierno; y si lo hay, ¿por qué no se le acusa al senado? Delito es confundir las disposiciones gubernativas con el odio personal del que gobierna; delito es suponer tiránico a un gobierno que sufre tanta invectiva, tanta insolencia, tanta falta de educación civil y cristiana, sin poner un freno a los seductores; delito es engañar al dueño de quien se recibe el sustento...; pero ya hablamos de Popayán; pasemos a Cúcuta y a los capítulos de carta que allí se inserta, y luego seguiremos a Cartagena; pues aunque los puntos en el globo están bien distantes... pero para un papel podemos suponer los reunidos.

   Bien pudiéramos creer, con más fundamentos que vuestras señorías, que la carta de Cúcuta era supuesta, o que en borrador había salido de Santafé para que allá se copiase; o que es un preciso resultado de las imposturas con que nuestros enemigos domésticos tratan de alejar los pueblos de nuestra unión por sus fines particulares. De todas especies hay ejemplares; pero admitámosla por verdadera, y que no se imprimió en otra parte, porque los manes de los difuntos no tienen imprenta..., veamos lo que contiene.

   Comienza con este preámbulo, que se ha adoptado ya generalmente para desahogarse cada cual (conocido antes con el de la debida venia). Mi patria es Santafé (exclama uno), mi amada patria, por elección, por inclinación, por gratitud, y en seguida, allá va un tiro contra el lustre de Santafé, contra su existencia política, contra su fomento. Yo no soy vengativo (dice otro), no trato de personalidades; el amor a la patria es el norte de mis operaciones; pero fulano de tal, y tal, es un pícaro, es injusto, y el puesto que tiene se me debe de justicia. La defensa común (prosigue el autor de la carta de Cúcuta) me había hecho calcular como necesaria la reunión de fuerzas y caudales en su centro, donde hubiese copia de sujetos capaces de dirigir la complicada máquina de esta sociedad naciente.

   Parece que este señor político era centralista, o por lo menos, nada hay decidido en orden a su opinión, por lo literal de sus expresiones. Pero ya estoy desengañado —prosigue— de que con el sistema de Santafé no es con el que se ha de libertar la Nueva Granada; que de contrario cada día se inventan nuevos modos para la destrucción por medio de La Bagatela, que es la verdadera esquela de [sic] dirigida a nuestros enemigos. Válgame Dios y qué abundante es la raza de los pseudo - político - profetas: deciden como oráculos, y cuando vamos a instruirnos en sus fundamentos, no hallamos más que una sarta de improperios y desvergüenzas, sin adelantar un paso en nuestra instrucción. Señor Cúcuta —preguntaría yo—, ¿por qué no entra vuestra merced en cuestión con el bagatelista sin más armas que las de la razón y conocimientos políticos usados, como manda la cartilla de la buena educación. ¿No ha leído vuestra merced a Iriarte, quien reprueba la crítica que hacía el otro perillán? La tragedia es mala; ¿por qué es muy mala la tragedia? ¿No ve vuestra merced que ya se acabó el sic volo sic jubeo del despotismo? Fúndese vuestra merced y no haga lo que los Montalvanes, quienes desde su colegio aprendieron a responder los argumentos más difíciles con desvergüenzas y mentiras.

   Dejemos aquí al Cúcuta, y vamos con sus catedráticos, los señores efimeroides: ¿a qué fin viene el texto de la carta de Cúcuta, si es contraproducente? Vean vuestras mercedes por qué las comedias de tres ingenios son juntamente reprobadas. En el capítulo de Popayán acaban vuestras mercedes al pobre del redactor ministerial, y en su cabeza al gobierno porque no dio al público todas las letras del oficio del señor Cabal. En el de Cúcuta le dan palo al bagatelista porque manifestó la debilidad de los corregimientos para defenderse por sí, si no se unían; y se llama esquela de convite a nuestros enemigos. En qué quedamos: Popayán gruñe porque no dicen; Cúcuta porque dicen; y yo digo que a veces se ha de decir y a veces no. Que conviene despertar, y velar, así como dormir, y descansar; y que la gracia, talento y habilidad para curar con un justo, y no alterar en otro caso el enfermo para que obre el medicamento son cosillas de alto bordo, que no me parece las alcanzaran los políticos efímeros, sino los estudiosos meditativos y permanentes.

   Concluiré este capítulo con una ligera observación: si tanto intimidó La Bagatela a los patriotas de Maracaibo, ¿por qué la misma, en razón contraria, no entusiasmó a los megentistas, y vinieron al convite que nuestra debilidad anunciada por el gobierno les hacía? Desengañémonos: no hay más patriotismo que el interés y ganancia de cada uno; yo lo que veo son unas transformaciones políticas, que sólo pueden declinarse por el ego mei. Fuera congreso, que es un cuerpo de tiranos, por más que se haya instalado con aplauso general; venga el congreso, como la única tabla de salud; ¿y quiénes son estos efímímeros? Los mismos próceres en género, número y caso que destruyeron aquél en que había cosa de nueve diputados, y quieren que sobre las ruinas de Santafé se erija el de cuatro; entonces era congresillo, y ahora congresísimo; pero cuando el bagatelista habla, callan los oráculos. ¿Y no habrá alguna bruja que nos descubra el secreto? Dicen: que los primeros eran unos pobres hombres que no trabajaron los cimientos de la opinión pública; que no hubo una constitución, un plan de empleados, de secretarios, ministros de alta justicia, cardenales, obispos... pero no hay que hacer caso de estas chispas. Escribamos sobre principios, y con método, sencillez y compostura.

   En el capítulo de Cartagena admiró la energía de aquel gobierno, y quisiera que el nuestro hiciera fijar, para los perturbadores del orden público, una horca en cada calle, y por el Mompós reproduzco mis votos.

   Al resumen: convengo en que abramos los ojos y conozcamos lo que nos conviene y estorba. En cuanto a lo de anarquía, no hay mayor prueba de que los señores socios tratan de alucinar al pueblo, y de corromperlo, cuando aseguran: que estamos en anarquía. No señores: vuestras mercedes lo estarán porque no respetan el gobierno, pero el pueblo lo respeta y ama, como que espera con pruebas bien claras la felicidad de los ciudadanos de Cundinamarca.

   Sigue por su orden el capítulo del Socorro.

   En éste extractan las noticias de una conjuración contra nuestras tropas, y un hecho ya principiado para asesinar a algunos soldados. Vean vuestras mercedes qué motivo de luto para los sensibles efímeros... ya se ve... quizá también hay oraciones por pasiva; ¿pero cuánto habrían llorado si se hubiese completado el proyecto de asesinar nuestras tropas? Seguramente padecen histeria, y no tienen corazón para ver sufrir un animal; conque, que los haya, y se les dará gusto. Pero no, que son muy justicieros, supuestos los deseos y confianza en que están, de que los inobedientes soldados hayan sido castigados por haber muerto a dos hombres en día tan santo como el domingo de ramos. ¡Qué religiosidad de varones! Tienen razón. De modo que la muerte de nuestros soldados y el exterminio de la tropa meditado para aquel mismo día, habría sido de pascua, y no de llanto para estos condolidos y asociados señores.

   A los cuatro párrafos últimos no hay qué decir, porque los boletines del gobierno satisfacen y dicen lo que hay digno de crédito.

Resumen

   Yo tengo también licencia para concluir con mi sermoncito, sencillo y claro; pero un poquito amargo. Ciudadanos: volved los ojos, y recordad los sucesos que han pasado por vosotros mismos, desde el día 20 de julio; preguntad, si no sabéis, quiénes fueron los que dividieron al Socorro y a Tunja de nosotros, quiénes a Mariquita. Leed los impresos, los viles y calumniosos impresos dados al público contra nuestro diputado, porque no le dio gusto en la momentánea disolución de aquel primero y más respetable congreso; reparad los Argos de Cartagena en que se fundan la justicia de su expedición contra Mompós, como parte integrante de la provincia legal, a pesar de ser su matriz regentista; y ved cómo Santafé es la única que no tiene derecho ni aun para recibir a los pueblos, que, a más de desearlo, correspondieron siempre a la provincia legal.

   Ultimamente, no olvidéis que la primera junta, el poder ejecutivo presidido del benemérito ciudadano Pey; que el segundo, siendo presidente el señor don Jorge Tadeo Lozano, bien conocido por su ilustración y talento; que el actual señor Nariño, empleado desde su primera juventud, y sacrificado por la libertad de su patria; que el señor don Manuel Alvarez; los señores Rivas y los señores Camachos Quesadas, virtuosos, instruidos, beneméritos; el señor don Antonio Baraya, dignísimo jefe militar, ilustre y benemérito ciudadano; los señores Grogres; Castros; el memorable Carbonell; los Pardos; Azuolas; Jurados; Mutis; Domínguez; Tejadas, y qué sé yo cuántos más que son innumerables, detestan la unión de dos provincias legales con tres corregimientos de la de Santafé, y con la previa ruina de ésta, entre tanto que anhelan, y creen absolutamente necesaria, la reunión de un congreso general de provincias verdaderamente tales, y por censo de población, bien que quizá sólo verificable bajo el sistema departamental del señor Lozano, que tantas críticas y tan amargas le acarrearon; y concluid de aquí: quiénes sean los hombres dignos de anunciarnos la verdad, ya que en el Efímero no se trata de esto sino de errar a su pesar los tiros que le hacen al gobierno.

El permanente1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, fondo José María Quijano Otero, N° 254, pieza 209.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta de don Bruno Espinosa, año de 1812.

47
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO AL GENERAL BARAYA

PROPOSICIONES A BARAYA Y AL SUPREMO CONGRESO. CONTESTACION DE BARAYA. Santafé, 6 de enero de 1813. Campo de Ontibón, 6 de enero de 1813.

Antonio Nariño,
Antonio Baraya.

   Oigan Santafé, Cundinamarca y el mundo entero, hasta dónde llega la humanidad del soberano congreso que debe hacer la felicidad del reino y la de sus generales que la deben sostener.

   Se han dado cuantos pasos son imaginables y constan a este público, hasta haberse expuesto nuestro presidente yendo personalmente a conferenciar con Baraya entre sus tropas, pero los dos oficios siguientes son el epílogo de los sentimientos con que por una y otra parte se lucha en esta escandalosa querella que va a arruinar nuestra naciente libertad.

Oficio del excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño al general don Antonio Baraya

   Penetrado siempre de las mismas ideas que he manifestado a vuestra señoría y a los diputados del supremo congreso, aguardaba la última contestación cuando las tropas de vuestra señoría rompieron el fuego e hice al instante convocar la representación nacional a quien de nuevo manifesté los graves males que a la causa común se seguirían con un derramamiento de sangre inútil y perjudicial a ambas partes; ella, en vista de mis razones, me facultó nuevamente para que capitulara; y en su consecuencia paso a hacer a vuestra señoría y al supremo congreso las siguientes proposiciones:

    Se restituirá desde el día el gobierno a la forma constitucional, no sólo como lo propuso la serenísima representación nacional, sino al estado que estaba el 10 de septiembre, para que de este modo no quede yo en la presidencia.

    Se reconocerá el congreso, pero dejando a la provincia su derecho para reclamar en un colegio convocado al efecto, los puntos del acta federal qué le sean gravosos, o que no guarden proporción con las demás provincias federadas.

   Las armas quedarán, por consecuencia, a disposición del supremo congreso, conforme al acta federal.

    Al instante en que entregue el gobierno se me dará pasaporte y las seguridades correspondientes para transportarme con mi familia fuera de todo el Estado de Cundinamarca.

    Lo mismo se franqueará a todas las personas que lo pidan.

    Habrá un perpetuo olvido de todo lo pasado por una y otra parte; y en su consecuencia, se pondrá en libertad a los diputados de esta provincia que se hallan detenidos en Tunja, y a todas las demás personas que por sus opiniones y por materia de guerra se hallaren en prisión o con causa pendiente.

    Se garantizará por vuestra señoría y demás diputados que lo acompañan la seguridad individual y las propiedades de todos los habitantes de esta ciudad y de toda la provincia de Cundinamarca.

    Para evitar todo desorden y comprometimiento de vuestra señoría, no entrarán en la ciudad más tropas que las que vuestra señoría contemple necesarias para su seguridad y para hacerse cargo con orden y razón de las armas del Estado.

    Ni ahora ni en ningún tiempo podrá el supremo congreso hacerme ningún género de cargo por todo lo pasado, y seré libre para avecindarme donde me acomode dentro o fuera de la Nueva Granada, no siéndole por descontado en ninguna de las provincias que se han apartado de nuestra justa y santa causa.

   Las presentes proposiciones, una vez convenidas en ellas, se arreglarán en forma de tratados que ratificarán y concluirán las dos partes en virtud de los plenos poderes que los autorizan, poniéndose en ejecución dentro del término de cinco días, contados desde la fecha; suspendiéndose toda hostilidad desde el momento que se admitan o entren en conferencia, si aún quedare alguna duda que declarar.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 6 de enero de 1813.

Antonio Nariño.

   Señor general del ejército de la unión, don Antonio Baraya.

Contestación

   Equivocadamente dice vuestra señoría que el fuego se rompió por parte de mis tropas, cuando las de la guarnición de Monserrate dieron principio a él; pero si así no hubiese sucedido, nada debía extrañarse cuando vuestra señoría, con fecha 29 del pasado, me exige prefije término para poderse romper el fuego como lo prefijé, y después en otro oficio me intima estar resuelto a abrirse paso aunque no hubiera llegado la contestación del supremo congreso, al pliego que vuestra señoría apertorio me dirigió.

   El congreso y sus armas, queriendo evitar los horrores de los rompimientos continuos que ha provocado vuestra señoría, ha dado treguas, propuesto capitulaciones y adelantando pasos, que jamás se han visto en la guerra. Nada ha bastado para ablandar la obstinación de vuestra señoría y de su partido. Ya, pues, no queda otro remedio sino el de la fuerza armada que actualmente oprime a esa ciudad; vuestra señoría y sus partidarios se rindan a discreción y esperen la clemencia del soberano congreso; bien entendido que de no verificarlo dentro de veinticuatro horas, experimentarán los desastres que no quieren evitar.

   Esto es lo que debo contestar a las propuestas de esta fecha.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Campo de Ontibón, 6 de enero de 1813.

Antonio Baraya.

   Señor plenipotenciario don Antonio Nariño1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín del ejército, 7 de enero de 1813, N° 1.

NOTA:
1 En la imprenta del ejército, por el ciudadano Francisco Castellanos.

48
OFICIO DEL GOBERNADOR INTERINO DE TUNJA DIRIGIDO AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

LIBERACION DE LOS PRISIONEROS. CESE DE HOSTILIDADES. OFICIO DE LOS DIPUTADOS DE CUNDINAMARCA AL PRESIDENTE NARIÑO. Tunja, 26 de enero de 1813.

José María Castillo,
gobernador interino de Tunja,
Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

   Por extraordinario llegado ayer se han recibido los oficios siguientes que se mandan publicar a la mayor brevedad, con el objeto de que calmen nuestras desavenencias interiores y poder el gobierno entregarse enteramente a mirar por la felicidad pública:

Oficio del excelentísimo señor gobernador interino de Tunja a este gobierno

   Contesto al oficio de vuestra excelencia del 22 del corriente, que acabo de recibir esta mañana, con la satisfacción de no haberme equivocado en mis esperanzas. En el acto he mandado poner en libertad a todos los prisioneros, franqueándoles el correspondiente pasaporte para que marchen luego que quieran; se ha publicado por bando la cesación de hostilidades, con prevención de que todos traten a los habitantes de esa provincia con la cordialidad que conviene entre hermanos y conciudadanos. Espero que esta medida franca y generosa halle en vuestra excelencia la correspondencia que es debida, y con que cuento; y me atrevo a interponer mis súplicas en favor de los dependientes de ese gobierno que se hallan arrestados y con causas pendientes por consecuencia de los sucesos pasados. Vuestra excelencia no ignora que en tiempo de una crisis tan violenta como la nuestra, son disculpables los errores que se cometen, no tanto por malignidad como por los diversos principios que se adoptan; debe contar con que éste es el medio más eficaz para la verdadera reconciliación, y con que reconciliados sinceramente los ánimos, esas mismas personas serán un firme apoyo de las autoridades que ya obrarán de acuerdo en conseguir el primer bien, que es la existencia política de la Nueva Granada.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 26 de enero de 1813.

José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Oficio de los señores diputados de esta provincia al excelentísimo señor presidente de este Estado

   Excelentísimo señor:

   Publicada en este día la paz entre los prisioneros de Tunja y Cundinamarca, y puestos en libertad como ya lo estamos, marcharemos mañana muy temprano por la vía de Chiquinquirá, en unión de don Ignacio Salcedo y de don Juan Vivero, oficiales de ese Estado, con cuyo objeto está en nuestro poder el correspondiente pasaporte.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 26 de enero de 1813.

   Excelentísimo señor,

Manuel Bernardo Alvarez,
Luis Eduardo de Azuola.

   Excelentísimo señor presidente don Antonio Nariño1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 29 de enero de 1813, N° 45.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813.

49
SOBRE EL ARBOL DE LA LIBERTAD

EL GOBIERNO ORDENA QUE PARA EL SEGUNDO DIA DE PASCUA DE RESURRECCION SE PLANTE CON TODAS LAS SOLEMNIDADES. Santafé, 3 de febrero de 1813.

Mutienx.

   Habiendo amanecido hoy en esta ciudad plantado el árbol de la libertad en la plaza mayor, el gobierno, que está establecido para sostenerla y defenderla hasta el último extremo, ha sentido que esta demostración se haya hecho clandestinamente, lo que parece da a entender o que no es muy legítima o que el gobierno se opondría a ella. La acción más justa y honrada degenera en torpe, o a lo menos se vuelve sospechosa cuando lleva el carácter de la clandestinidad, y en unos tiempos de división y de fermento como los presentes, nada es más perjudicial que las novedades repentinas a que no está preparado el bajo pueblo, que siempre da interpretaciones siniestras a las cosas cuyo significado ignora. En este concepto, para ocurrir el gobierno a subsanar los inconvenientes que por una y otra parte se presentan, ha decretado que para el segundo día de Pascua de Resurrección se plante este signo de la libertad de los pueblos, con todas las solemnidades convenientes, y después de haber advertido su significado, quitándose por ahora el que está plantado en la plaza mayor, para que los ciudadanos sepan que estas novedades públicas, por santas que sean, no se deben hacer sin acuerdo del gobierno. Está rubricado.

Mutienx1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de providencias del gobierno. 3 de febrero de 1813, N° 6.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813. Se hallará en la tienda de León, número nueve.

50
NOTICIAS DESDE CARTAGENA

FRAGMENTOS DE LA GACETA DE CARTAGENA. REVESES DE LOS REALISTAS, TRIUNFOS PATRIOTAS. CONTRIBUCIONES A LAS ARMAS DE CARTAGENA. Santafé, 8 de febrero de 1813.

   En la Gaceta de Cartagena que hemos recibido por este correo se halla el trozo siguiente, que se publica en boletín para que el público vea que cuantas ofertas y garantías nos ofrecen los enemigos de la causa común están envueltas en la perfidia y mala fe, y que su deseo es el de dominarnos para sacrificarnos en el momento.

   Cartagena, 15 de enero de 1813.

   El regreso de nuestros diputados al virrey de Panamá ha aumentado en esta noche la alegría y fiesta del pueblo por los triunfos de nuestras armas. La fragata Garlán que los condujo a Portobelo los ha regresado a esta plaza. Felizmente escaparon de las garras del virrey en las circunstancias más expuestas. Ya se habían recibido en Panamá las tristes noticias de las derrotas de Mompós, Sitio Viejo, Guáimaro, Sabanas y Zispatá; pero conservando en medio de tantos reveses las esperanzas de dominarnos, no creían recibir con tanta ejecución la última de la ocupación de Santa Marta. Los buques que conducían los restos miserables de Albuera, oficiales, gobernador Castillo y españoles, ya se acercaban a aquel puerto cuando la fragata se dirigía a éste. Uno o dos días más de dilación habría causado a los señores Real y Piñeres males incalculables y acaso habrían sido ahorcados. Sin el golpe mortal que acaban de recibir, ya el señor Pérez había tratado de afligir y afligió de hecho a los expresados comisarios. Ni las protestas, unas solemnes de la inviolabilidad y garantía que oficiosamente ofreció para que fuesen a negociar con él, ni la mediación al efecto del vicealmirante de Jamaica, ni lo que es más, el derecho de gentes religiosamente observado por los pueblos más bárbaros, pudieron evitar los ultrajes más indignos con que fueron tratados, reduciéndolos a prisión como reos de alta criminalidad, con centinela de vista, separados, y sin comunicación. Chismes ridículos, sospechas incongruentes por la interceptación de unas cartas en el Magdalena, misterios y cuanto ha sido siempre del resorte y ha estado al alcance de la tiranía, fueron los pretextos de tal procedimiento. Instruido de él y escandalizado el vicealmirante trató de reclamar a los diputados, sin perder momento, disponiendo que el mismo buque que los había llevado los restituyese a su procedencia. La estrechez de esta Gaceta impide dar una idea más cabal de estas ocurrencias que en la primera oportunidad puntualizaremos.

   El ciudadano Enrique Somoyar, deseoso de contribuir a la remuneración de los sacrificios que ha hecho su patria amada (la invencible Cartagena) por la salud de la causa común, y libertad del reino arrojando a nuestros enemigos de la provincia de Santa Marta, abre una suscripción voluntaria para todos los buenos patriotas y amantes de la América que quieran contribuir con algún numerario para las urgencias de aquella plaza, a cuyo efecto concurrirán donde su persona con la cantidad que cada uno guste, la que se publicará conforme la vayan enterando.

Primera contribución
Ciudadano Enrique Somoyar 100 pesos, en doblones
Ciudadano Gregorio María Urreta 50 íd. íd.

 Santafé, 8 de febrero de 1813.

Enrique Somoyar1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 8 de febrero de 1813, N° 46.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813.

51
PARTE DEL CORONEL BOLIVAR AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

SUCESOS MILITARES. CAMPAÑA DE CUCUTA. TRIUNFO PATRIOTA. FERNANDEZ MADRID FOMENTA EN LA CAPITAL SUSCRIPCION DE APOYO A LA EXPEDICION HACIA VENEZUELA. Cuartel general de Cúcuta, 28 de febrero de 1813.

Simón Bolívar.

Acaba de llegar al gobierno el siguiente oficio del ciudadano presidente del congreso

   "Sea cual fuere el estado actual de nuestras cosas, a vuestra excelencia y al ilustre pueblo de Santafé no puede dejar de interesar la adjunta noticia, que comunico con el mayor placer.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 9 de marzo de 1813, a las ocho de la noche.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente de Santafé".

Parte del coronel Bolívar al ciudadano presidente del congreso

   "Excelentísmo señor:

   "Después de haber llegado a mi cuartel general de San Cayetano los pertrechos y retaguardia, y 100 y pico de hombres de las tropas de la unión al mando de los capitanes Uscátegui y Ramírez, pasamos ayer tarde el río Zulia, y al amanecer de este día nos pusimos en marcha hacia esta villa capital de Cúcuta y cuartel general del enemigo. Aún no eran las nueve de la mañana cuando nos encontramos posesionados de la altura que domina el valle, desde donde comenzamos a batir al enemigo que se había acampado fuera de la villa a tiro de fusil de la cima del monte. Inmediatamente que nos presentamos, una partida de más de 100 hombres quiso tomarnos la espalda por nuestra derecha; pero en vano, porque nuestros movimientos lo hicieron desistir de su proyecto. Entonces varió su tentativa y se apoderó de las alturas que estaban a nuestra izquierda, de donde fue desalojado violentamente y bien a su costa. Mientras tanto, mi centro, al mando del coronel José Félix Rivas, sostenía un fuego horrible con el del enemigo, que se defendía con una ciega obstinación ganándoles palmo a palmo el terreno, obligándolo a tomar cada instante nuevas posiciones que él sostenía con el grueso de sus tropas y toda su artillería y caballería. Viendo que nuestros soldados se llenaban de tanto más ardor cuanto era mayor el peligro, di orden al coronel Rivas y al resto de las tropas, que tomasen al asalto la villa y el campo. Así lo ejecutaron a pesar del vivo fuego que por todas partes nos llovía, así de artillería como de fusilería, avanzando siempre, paso a paso, y cansados ya de cuatro horas de combate. Entramos a la bayoneta por habérsenos casi acabado las municiones de fusilería. El enemigo, sobrecogido en este momento de un terror pánico, se escapó precipitadamente, dejando en nuestro poder la plaza, artillería, pertrechos, fusiles, víveres y cuantos efectos pertenecían al gobierno español y a sus cómplices.

   "Hemos alcanzado la más completa victoria, apoderándonos de sus fuertes posiciones, y de estos floridos valles que ellos oprimían, matándoles e hiriéndoles una multitud de oficiales y soldados, inclusive el mismo comandante Correa. Siendo por nuestra parte la pérdida tan desproporcionada, que sólo tenemos que deplorar dos hombres muertos y catorce heridos, entre ellos el valeroso teniente de las tropas de la unión, el ciudadano Concha. Todos nuestros soldados y oficiales se han cubierto de gloria; pero muy particularmente el coronel Rivas, que mandaba todas las tropas de vanguardia, a quien la patria debe en este día una gran parte de su triunfo; como igualmente se señalaron el mayor Narváez, el capitán Vigil, comandante de la retaguardia, el capitán Lino Ramírez, comandante de las tropas de Pamplona, el comandante de la vanguardia, el bizarro ciudadano Pedro Guillin, el ayudante Bibón y, por no hacer una larga enumeración diré, en una palabra, que todos, hasta los últimos soldados, han llenado honrosamente su deber. Jamás el enemigo logró hacernos retrogradar un solo paso; no obstante sus ventajas en artillería, caballería y posiciones dentro de la villa, que ciertamente habrían sido inexpugnables para todas otras tropas que las combinadas de la unión y Cartagena. Los enemigos se han retirado por diferentes puntos, con ánimo, según dicen, de incorporarse con tropas de Venezuela que Monteverde manda a su auxilio. Los he hecho perseguir, seguro de que si logramos alcanzarlos les quitaremos una pieza de artillería que solamente llevan. Yo habría continuado mi marcha en persecución, si llevasen una sola ruta y no dejase por la espalda los destacamentos del Infierno y de la Laja, que deberán ser cortados por nuestras tropas al mando del comandante Ramírez que ha marchado a atacarlos.

   "Ya tiene usía terminada la campaña de Cúcuta en sólo seis días que han pasado desde nuestra entrada en territorio enemigo y 12 desde mi salida de Ocaña, libertando una bella porción de la Nueva Granada, de los tiranos que la asolaban. Ahora sólo nos resta por vencer a los opresores de Venezuela; que yo espero serán bien presto exterminados como lo han sido los de Santa Marta y Pamplona que, en el corto período de algunos días, han visto arrancar el cetro de hierro con que abrumaban estos Estados.

   "Cuartel general de Cúcuta libertada, a las tres de la tarde del 28 de febrero de 1813, 3°.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor. Poder ejecutivo de la unión.

   Es copia,

   Tunja, 9 de marzo de 1813.

Gutiérrez".

   Cuando se recibió la anterior noticia se hallaban en el palacio de nuestro presidente varios sujetos amigos de la libertad, celebrando los triunfos de Bolívar, anunciados en la Gaceta extraordinaria de ayer. Entre ellos se contaba el ciudadano José Fernández de Madrid, diputado del congreso, quien fomentó una suscripción para ayuda de costa de la expedición que vaya a Venezuela. Su resultado fue el siguiente:

Pesos
El señor presidente dio de contado 12 onzas de oro
0192
Don Juan Bautista Vernaza dio
0012
El ciudadano Juan José Mutienx
0010
Don Alonso Uscátegui dio en el acto un reloj de faltriquera.
 
Han ofrecido
 
Don Manuel Pombo
0025
Don Ramón María Peña
0400
Don Salvador y don José María Cancino
0025
Don Enrique Somoyar, a más de un reloj con besuquillo de oro, ofreció
0100
Don José María Ortega
0012
Don Jorge Tadeo Lozano, a más de ofrecerse a ir en la expedición de último soldado en señal de gratitud
0100
Don Tiburcio Echeverría
0016
Don Pedro Ramón Chipia
0010
Don Pablo María Pulido, a más de todas las alhajas de su mujer
1.000
Don Antonio María Palacios
0016
Don Luis Eduardo Azuola
0050
Don Manuel Bernardo Alvarez
0010
Don Antonio Herrera
0008
El ciudadano José María del Castillo
0050
El ciudadano José Fernández de Madrid
0050
El ciudadano Miguel José Montalvo
0016
2.102

Se continuará

Santafé de Bogotá1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 13 de marzo de 1813, N° 47

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, por el ciudadano José María Ríos, año de 1813.

52
OFICIO DE MONTEVERDE AL COMANDANTE DE ARMAS DE BARINAS

INFORME SOBRE LA ORDEN DE "PASAR A CUCHILLO" A TODOS LOS INSURGENTES: MEDIDAS SOBRE CONFISCACION DE BIENES. NOTICIAS DE MEXICO. Caracas, 13 de marzo de 1813.

Domingo Monteverde.

Oficio de Monteverde al comandante de las armas que se dicen españolas, aprehendido en Barinas entre la correspondencia de este último por el general Bolívar

   Con fecha 11 del pasado enero me dice el excelentísimo señor secretario de Estado y guerra lo siguiente: "El supremo consejo de regencia del reino ha tenido a bien aprobar la conducta de vuestra excelencia para con estos pueblos rebeldes y me previene diga a vuestra excelencia que todos los insurgentes pertinaces sean pasados a cuchillo en los lugares donde se haga resistencia a las tropas españolas. En aquellos donde no haya una obstinación serán juzgados sólo como criminales; y reos de Estado aquellos que han admitido empleos en el sistema revolucionario, y los que debiendo haberse retirado del servicio desde el instante de la insurrección han servido de instrumentos a la iniquidad, faltando a la palabra que dieron al rey tanto ellos como todos los que emprendieron las revoluciones serán sentenciados a último suplicio, juzgándoles antes breve y militarmente. Todos los que han cooperado con sus bienes y dinero, si justificaban alguna violencia, se les confiscarán las dos terceras partes de sus bienes y se les obligará a vivir en otro lugar menos revoltoso, previniendo a los jueces velen sobre su conducta". Lo comunico a vuestra señoría para su circulación y cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Caracas, 13 de marzo de 1813.

Domingo Monteverde.

   Señor coronel comandante de las tropas españolas en Barinas1.

   Noticias sacadas del número 1° de El Observador Colombiano, papel nuevo que se ha comenzado a dar en Cartagena en 9 del último agosto.

MEXICO

   Se dice: que por cartas que han interceptado los corsarios de Cartagena se sabe que casi toda la provincia de Oaxaca está ya rendida a las armas mexicanas comandadas por el general Morelos; que por otros de Charleston de 24 de junio se confirma la entrada del coronel Bernardo Gutiérrez con las tropas de su mando en San Antonio, capital de la provincia de Texas; y que un caballero natural de México, que ha llegado al mismo Cartagena de Jamaica, asegura haber leído allí una carta de Veracruz venida por la vía de Campeche en que se refiere que el conde Santiago (cuya familia es una extracción de la de los emperadores Montezumas) se ha coronado en México con gusto y complacencia de todas las clases del pueblo.

BUENOS AIRES

   Se ha declarado por aquel gobierno la independencia absoluta, y el príncipe regente del Brasil ha celebrado con el mismo gobierno un tratado público2.

LIMA

   "Ha días (dice El Observador) sabíamos que el ejército de Buenos Aires, al mando del general Belgrano, se había adelantado 200 leguas más acá de las antiguas posiciones. Los españoles no nos habían querido revelar el modo como habíamos conseguido tan señalada ventaja. Por un sujeto muy respetable, que no hace 40 días salió de Lima, nos hemos impuesto de la memorable batalla de Salta".

VENEZUELA

   Se confirman las noticias que se han dado, relativas a las derrotas sufridas por Monteverde en Cumaná y Barcelona y la toma de San Carlos por las tropas de Bolívar, y se añade que a la salida de aquél de Caracas para situarse en Valencia, los patriotas proclamaron la independencia; y que el citado Monteverde tiene preparado en Puerto Cabello un bergantín inglés que manda míster Finkinos, a quien ha pagado $5.000 y $25 de dietas para embarcarse con lo que ha robado3.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 6 de septiembre de 1813, N° 61.

NOTAS:
1   Según la orden comprendida en el antecedente oficio, que necesariamente se habrá comunicado a todos los que a nombre de la regencia vienen a conquistar las Américas, no hay persona alguna de las que han habitado éstas en el tiempo de su transformación a quien no se haya de aplicar por los nuevos visires, por lo menos la pena de destierro y confiscación de bienes; porque todas, o voluntaria o forzadamente han concurrido a sostener el nuevo sistema; de consiguiente, pues, todo los que hoy se reputan como miembros de la sociedad americana, incluso los españoles-europeos, de quienes no hace distinción la orden de la regencia, están igualmente comprometidos a sostener la independencia de este suelo si quieren salvar sus vidas y sus propiedades, y si no prefieren una muerte infame y segura a otra, que es honrosa y sólo contingente.
2   El valor y entusiasmo de aquellos generosos pueblos ha hecho ya ceder a los que se creían con un derecho incontrastable sobre ellos, y que los reconozcan como una nación independiente; imitemos su ejemplo; hagamos conocer a nuestros enemigos que somos capaces de ser libres, tanto por nuestras fuerzas físicas como morales, y ellos abandonarán, sin duda, sus injustas pretensiones.
3   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

53
NOTICIAS DEL EJERCITO DEL NORTE

PARTE DEL CORONEL CASTILLO. RELACION DE PRISIONEROS. PRISION DEL CURA REALISTA PEDRO CORELLA. Campo sobre la angostura de La Grita, 14 de abril de 1813. Cuartel de San José, 17 de abril de 1813.

José María del Castillo,
Juan Gabriel de Liendo.

Oficio dirigido al excelentísimo señor presidente por el enviado del supremo congreso, en que se comunica las siguientes noticias ocurridas en el ejército del norte

   Tengo el honor de comunicar a vuestra excelencia copia de los partes del ejército del norte, dirigidos al gobierno de la unión, que éste nos acompaña, con fecha 27 del pasado, y que acabamos de recibir; para satisfacción de vuestra excelencia, y para que, si lo tiene a bien, los mande publicar vuestra excelencia para la de los buenos patriotas.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 1° de mayo de 1813. Año 3°.

José María del Castillo.

   Excelentísimo señor presidente de este Estado.

   Excelentísimo señor:

   En el camino para esta villa, a donde acabo de llegar, he recibido el parte del coronel Castillo, en que me dice lo siguiente:

   "Ayer a la una y media de la tarde me he posesionado de esta altura, forzando el inexpugnable estrecho de La Grita que guarnecía el enemigo con 150 hombres.

   "Se han tomado cuatro prisioneros, tres fusiles, cinco cartucheras, una tienda, cinco puñales, cinco bayonetas, una pistola, algún ganado, ropa de uso, etc.

   "Hemos tenido heridos el subteniente Manuel Dabousa y un soldado; el enemigo, según la declara el sargento 1°, ha tenido igual número de heridos.

   "A pesar de esta ventaja, que parece lo ha aliando todo, yo hallo aún muy difícil tomar La Grita, porque estoy seguro de que el comandante Correa ha sido reforzado considerablemente.

   "La oficialidad y tropa han acreditado que son dignos de ser libres, y el mayor Santander y el capitán Andrade, que subieron por la montaña que domina la posición y los desalojaron, son dignos de una distinción, como la merecen el mayor Ricaurte y el capitán Ramírez, que cooperaron por la izquierda y centro.

   "Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   "Campo sobre la angostura de La Grita, 14 de abril de 1813 3°.

   "Posdata. En este momento me han presentado un fusil más y dos prisioneros, de los cuales el uno está herido.

   "Esta noche pienso partir para La Grita a ver por mí mismo cuáles son los inconvenientes que hay para no atacar a Correa y ejecutarlo, siempre que sea conveniente.

   "Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   "Cuartel general de la villa de San Cristóbal, a las cinco de la tarde del 16 de abril de 1813 3°.

   "Simón Bolívar".

   Posdata. Cada vez se confirman más, por personas que vienen de las cercanías de Guadalito, las noticias que tengo comunicadas a vuestra excelencia sobre la absoluta desocupación de aquella ciudad y sobre la reacción que ha comenzado en Cumaná con un cuerpo de patriotas y los movimientos de Caracas hasta haber salido de allí Monteverde.

Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente encargado del poder ejecutivo de la Unión. Informado el señor general en jefe de lo perjudicial que nos era la residencia del padre capuchino fray Pedro Corella, natural de Navarra, en el pueblo de San José de las Palmas, jurisdicción de Maracaibo, por su celo y eficacia en dar parte al gobernador Millares de cuanto ocurría en estos valles, destinó al teniente coronel, ciudadano Manuel Pulido, a la cabeza de una pequeña división para que lo trajese preso al cuartel general. Efectivamente, el 15 del corriente en la noche se presentó con él, habiendo dejado dos soldados que, en la obstinada resistencia de aquel padre y algunos de sus partidarios, le hirieron pero sin peligro de muerte.

   Tengo en seguridad a este acérrimo enemigo de nuestra libertad, a quien se han aprehendido muchos papeles, entre ellos órdenes originales de Millares, hasta 24 de marzo último, que comprueban la protección que daba a los espías del gobierno español; también se convence de las cartas particulares el temor que hay en Maracaibo de ser invadidos por Santa Marta y por aquí; las necesidades del numerario en aquel pueblo; la revolución de Caracas; los innumerables corsarios que hay en la costa y que tienen obstruido enteramente su comercio; la privación de correspondencia con Veracruz hace el espacio de cinco meses, el mismo que hace salió para allí la goleta de Linares, que no ha regresado aún.

   La precipitación con que marchó el señor general a examinar las posiciones del ejército poco después de haberlo recibido, no le permitió dar al supremo poder ejecutivo de la unión una noticia de estas ocurrencias. Sírvase vuestra señoría elevarlo a su conocimiento.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel de San José, 17 de abril de 1813 3°.

Juan Gabriel de Liendo,
mayor y comandante de este cuartel.

   Señor secretario del gobierno general de la unión.

   Son copias de los partes recibidos en este día.

   Tunja, 27 de abril de 1813.

Gutiérrez.

   Es copia,

Castillo1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 2 de mayo de 1813. N° 49.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, por el ciudadano José María Ríos.

54
NOTICIAS FAVORABLES A LA LIBERTAD DEL REINO

PARTE DE FRANCISCO DE PAULA SANTANDER AL GENERAL BOLIVAR. ESTADO DEL ENEMIGO. OFICIO DEL CABILDO DE MERIDA AL GENERAL BOLIVAR. CONTESTACION. Mérida, 18 de abril de 1813. Cuartel general de Cúcuta, 28 de abril de 1813.

Ignacio Rivas, Gabriel Valera,
Luis Cerrada, Vicente Uscátegui,
José Gerónimo López, Simón Bolívar.

   Los diputados del congreso cerca de este Estado, han pasado a nuestro gobierno copia de algunos documentos que les ha remitido el congreso, y contienen las siguientes noticias favorables a la libertad del reino.

   En parte que el ciudadano Francisco de Paula Santander da al general Bolívar, fechado en Bailadores a 24 de abril, asegura que un mozo, hombre de bien, ha dado muy circunstanciada noticia del estado del enemigo; que éste se ha retirado precipitadamente de la ciudad de Nueva Mérida hacia Trujillo, después de que por el puerto de Escalante se le fugaron muchos soldados, que llenos de miseria y ocupados de terror, han tratado de ir a refugiarse a Maracaibo.

   En declaración jurada que dio el ciudadano Vicente Barrios, natural de Mérida, en San José de Cúcuta a 26 de abril, dijo: que salió de Carora el 30 de marzo; que en el pueblo de Estanques encontró al coronel Correa que, según supo, iba para Mérida; que dicho coronel llevaba 300 hombres, la mayor parte inútiles, un cañón y tres cajones de pertrechos. Que de Caracas supo en Carora que Monteverde se había venido por mar a Valencia, temiendo las tropas de los valles de Aragua, por los repentinos asaltos que le dan los patriotas de allí; que de resultas de una revolución hecha por los patriotas de Caracas el 15 de febrero (que sabe de positivo por haber visto las gacetas de Monteverde), se habían desaparecido tres batallones de patriotas que se decía estaban en Cumaná al mando del marqués del Toro, que estaba allí. Que igualmente sabe, que por la tiranía del gobierno español, todos los americanos desean la ocasión de que este ejército se acerque a Venezuela, y que no tomarán las armas contra él; que lo asegura porque es voz pública de todo Venezuela, y porque estando en Carera salieron 300 hombres de auxilio para Guadualito, y al cuarto día llegaron sólo los oficiales con las listas, dando parte que toda la gente se les había desertado.

   José Tomás Pérez dijo también bajo juramento: que cuando Correa pasó por Bailadores llevaría 400 hombres; pero que según ha sabido después, casi todos se le han desertado.

Oficio del cabildo de Mérida al general Bolívar

   Sabiendo este cabildo que vuestra señoría se acerca a esta ciudad con sus tropas, y estando ya nosotros en libertad por habernos desamparado en la noche anterior el comandante militar que estaba aquí con su destacamento, remitimos cerca de usía al brigadier don Gabriel Valera, para que, como nuestro diputado, le felicite a nuestro nombre y de los compañeros que están unos ausentes y otros enfermos, por su favorable arribo, y que poniendo a su disposición la ciudad y vecindario, pase a tomar su posesión quieta y pacífica; suplicándole que por el mismo hecho de venir en nuestro favor, no consiente que sus tropas agraven las ruinas, miserias y extorsiones que ha padecido esta desgraciada ciudad, que son tan notorias. Sin embargo de la ruina causada por el terremoto, y de que apenas ahora empieza a haber habitaciones, que damos proporcionando los alojamientos posibles para el ejército y los víveres que puedan conseguirse.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Mérida, 18 de abril de 1813.

S. Ignacio Rivas, Gabriel Valera,
Luis Cerrada, Vicente Uscátegui,
José Gerónimo López,
Señor comandante en jefe de la expedición del reino.

Contestación

   Con suma satisfacción y aprecio he recibido el oficio de usías, comunicado desde La Grita por el diputado de esa municipalidad, ciudadano Gabriel Valera, en que congratulándose por las ventajas con que se acercan las armas de mi mando, se sirven poner a mi disposición esa ciudad y su vecindario para que pase a tomar posesión de ella, previniendo al efecto los alojamientos y víveres posibles para la tropa. Y dando a usías las más expresivas gracias por tan honrosa y grata demostración, envío al ciudadano Cristóbal de Mendoza, miembro que fue del supremo poder ejecutivo federal de Venezuela, para que a nombre de los Estados Unidos de ella, tome la posesión que esa ciudad le ofrece y administre su gobierno, entre tanto que se organice según lo determine el supremo congreso de la Nueva Granada, conveniente a su constitución, llevando para la guarnición el número de tropa que por ahora conceptúe suficiente. No duden usías con la inmunidad y todo buen tratamiento de los vecinos y habitantes americanos de ese territorio, pues para ello doy las órdenes necesarias. Dios guarde a usías muchos años.

   Cuartel general de Cúcuta, 28 de abril de 1813 3°.

Simón Bolívar.

   Muy ilustre municipalidad de la ciudad de Mérida1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 15 de mayo de 1813, N° 51.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

55
EJERCITO ESPAÑOL QUE OBRA CONTRA SANTAFE

DESDE ARAUCA. PASAPORTE A SOLDADO PATRIOTA EN PODER DEL ENEMIGO. AGREGACION DE CASANARE A CUNDINAMARCA. Cantón de Arauca, 13 de mayo de 1813.

CASANARE

   Por el correo ordinario que acaba de llegar, remite el gobernador de aquella provincia un pasaporte, dado por el comandante de las tropas que se dicen españolas, y se hallan en Arauca, a unos soldados que hicieron prisioneros en la acción de Guadualito tenida con las de Casanare, el cual se ha mandado publicar por el gobierno para que se vea el tono de pedantería y desprecio con que habla aquel comandante, y para que se note que el fin de aquella fuerza es invadir a Santafé, pues se titula Ejército español que obra contra Santafé.

Pasaporte

   Don José Yáñez, comandante en jefe de la segunda división del ejército español que obra contra Santafé, etc., concedo licencia y libre pasaporte al soldado Juan José Sánchez, del ejército intruso, rebelde de Casanare que ha sido aprehendido en la derrota y fuga del insurgente caudillo Juan José Molina, para que pase a Casanare a su casa; y para que no sea detenido en el tránsito por las grandes guardias avanzadas, se le da en este cantón de Arauca a 13 de mayo de 1813.

José Yáñez.

   Es copia de su original, a que en caso necesario me remito, de que certifico en Pore a 10 de junio de 1813.

Faustino Uribe,
secretario.

   En el mismo correo se ha recibido un oficio de don Ignacio Ramón de Navas, el cual anunciamos en la Gaceta extraordinaria N° 115, estar nombrado de diputado para tratar con este gobierno sobre la agregación de Casanare, su fecha en Sogamoso a 14 del presente; en que expresando que su comisión es dirigida a negociar con las provincias federadas, para pedirles auxilios para la defensa de aquella parte del reino, dice que se ha sorprendido hasta lo sumo, al ver que en la gaceta citada se anuncia la agregación de la provincia su comitente a esta de Cundinamarca, que sin duda ésta ha sido una equivocación perjudicial del impresor, y que se ve en la necesidad de hacerlo así manifiesto a las expresadas provincias, para calmar las convulsiones que habrá causado en ellas semejante noticia.

   Esta reclamación del diputado Navas es uno de aquellos arbitrios de que se valen los perversos enemigos del orden y de la tranquilidad para llevar adelante el espíritu de división y de partido, que tanto nos ha perjudicado. Su objeto no puede ser otro que el de denigrar el gobierno de Cundinamarca, calumniarlo y hacerlo sospechoso para con las otras provincias, atribuyéndole que sienta hechos falsos en sus papeles públicos.

   La agregación de Casanare no es de esta clase, no, como pretende persuadirlo Navas; ella es una especie constante de un oficio de presidente del colegio electoral de aquella provincia; lo es igualmente de otro oficio del gobernador de la misma, que originales se hallan en secretaría, y se manifestarán al que dude de su verdad; y lo es, en fin, de cartas familiares, mandadas por los citados presidente y gobernador a don Vicente Rojas, siendo de notarse que en el primero de los oficios no sólo se dice que Casanare se agrega a este gobierno, sino que se somete. Y a vista de estos comprobantes, ¿podrá asegurarse sin temeridad que se ha padecido equivocación, cuando se ha publicado aquella noticia? Los hombres imparciales resolverán este problema y confesarán que Navas procede de mala fe, pues no es creíble que no estuviese impuesto de la comunicación oficial del gobierno, su comitente, con el de este Estado, y confesarán también que la tal reclamación es una calumnia atroz, contra este último. Con el objeto, pues, de desmentir ésta, y de precaver cualquier idea siniestra que pueda formarse en perjuicio del mismo gobierno, se manifiestan los datos con que se anunció la unión de Casanare, y se indica a los que duden de ello el lugar en que pueden satisfacerse de su verdad.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 19 de junio de 1813, N° 53.

56
MOTIVOS DEL RETRASO DEL CORREO

CRECIENTES DEL RIO MAGDALENA. HOSTIGAMIENTO DE LADRONES A LAS EMBARCACIONES. Santafé, 24 de mayo de 1813.

   El gobierno acaba de recibir oficio del administrador de correos de esta capital, acompañándole otro del de Honda, fecha 10 del corriente, en que se dice: "que el mucho atraso del correo, no sólo ha consistido en las crecientes del Magdalena, sino en haber tenido que salir de Mompós convoyado de un bote o bongo con gente armada hasta la boca de Simití, a causa de salir algunas partidas de ladrones por Tamalameque y otros puntos, a robar las embarcaciones y estancias de los infelices. Que el gobierno de Cartagena ha dispuesto (según relación verbal que ha hecho el piloto al administrador de correos de Honda) el que aquel auxilio espere a los correos en su bajada, en dicho punto de la entrada o caño de Simití".

   El gobierno, sin perjuicio de tomar en este asunto las providencias correspondientes, ha mandado se publique esta noticia para que llegue a noticia del comercio y de todos los particulares1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 24 de mayo de 1813, N° 52.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado.

57
NOMBRAMIENTO DE COMISION PARA ADMINISTRAR EMPRESTITO

MANEJO DE PRESUPUESTO. Santafé, 8 de julio de 1813.

   No siendo posible que el presidente del Estado, encargado todavía del gobierno y de la expedición del sur, que cada día es más urgente, pueda por sí entrar en el pormenor de las providencias que exige el empréstito de $3.000 decretado por el serenísimo colegio electoral, se nombra para el efecto una comisión compuesta del director del tesoro público, don Pedro Groot, que será el presidente; del ministro del mismo tesoro, don José María Carbonell; del prebendado, don Andrés Rosillo; del coronel de milicias de caballería, don José Nicolás de Rivas y de don José María Arrubla, a la cual se dan las más amplias facultades, no sólo para que haga el repartimiento de aquellas cantidades entre el comercio, hacendados, clero secular y regular de la provincia, sino también para que lo lleve a efecto hasta su entero en cajas, dictando y haciendo ejecutar cuantas providencias sean conducentes al intento, inclusas las de apremios, multas, confiscaciones y deportaciones que sean necesarias, sin excepción de personas ni de fueros. Comuniqúese a los nombrados por medio del presidente para que en el día se reúnan y comiencen a ejercer sus funciones, sobre las que se les hace el más estrecho encargo bajo la responsabilidad que es consiguiente en un asunto de tanta gravedad y trascendencia. Y publíquese para inteligencia de todos en un boletín de providencias del gobierno1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de providencias del gobierno. 8 de julio de 1813, N° 9.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813.

58
COMPAÑIA DE FORASTEROS

ALISTAMIENTO DE TROPAS INTEGRADA POR FORASTEROS. Santafé, 10 de julio de 1813.

   Estando en el más inminente peligro nuestra libertad y debiendo el gobierno apurar cuantos medios estén a su alcance para ocurrir a su defensa, líbrese orden al corregidor, coronel de milicias de infantería, para que inmediatamente forme una lista de los forasteros que haya en esta ciudad en estado de tomar las armas, y por especial comisión, levante con igual brevedad una compañía de éstos y de los voluntarios patricios que se presenten, bajo el nombre de Compañía de forasteros, donde cuenta el gobierno para el nombramiento de oficiales, en inteligencia de que deben estar prontos a marchar para Popayán en toda la próxima semana, a las órdenes del coronel don José María Cabal.

   Está rubricado.

Mutienx1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de providencias del gobierno. 10 de julio de 1813, N° 10.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813.

59
REPLIEGUE DE TROPAS DE SAMANO

HACIA QUILICHAO. LIBRE EL VALLE DEL CAUCA. Santafé, 26 de julio de 1813.

   Se acaba de recibir por extraordinario de Cartago el aviso de que a la noticia de haber comenzado a salir tropas de este Estado por la vía de Quindío y Guanacas, se han replegado las tropas de Sámano a Quilichao, dejando libre el Valle del Cauca, que ya experimentaba sus correrías hasta más acá de Buga. Que el espíritu público vuelve a reanimarse, y que a la llegada de las tropas se espera una reacción general en todo el Valle, y aun de dentro de Popayán, en donde están sufriendo males que no esperaban, y que son consiguientes a los pueblos cobardes que no manifiestan un carácter en sus opiniones. ¡Ciudadanos! Por todas partes se nos despeja el horizonte; corramos a libertar nuestra patria; unos pocos esfuerzos son los que ya nos pide para salvarse; que no se oiga otra voz, otro sentimiento, otra opinión que la de Vencer o Morir1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 26 de julio de 1813, N° 54.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

60
TRIUNFO DE TROPAS DE ATANASIO GIRARDOT

TOMA DE NUTRIAS. TROPAS ENEMIGAS CON SUS PERTRECHOS SE PASAN A LAS FILAS PATRIOTAS. Villa del Rosario de Cúcuta, 27 de julio de 1813.

   Nutrias ha sido tomado por el teniente coronel Atanasio Girardot, y allí recibió a 360 hombres con fusiles, que se le pasaron, abandonando al español Tiscar, a quien le quitaron cañones y pertrechos. El español Yáñez huyó precipitadamente de Guadualito y se embarcó en el Apure con dirección a Guayana. Guadualito ha quedado libre, y el ejército del general Bolívar ha tomado a Araure y seguía a San Carlos.

   Villa del Rosario de Cúcuta, 27 de julio de 1813 3°.

   El parte original se publicará en la Gaceta1

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 9 de agosto de 1813, N° 57

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

61
OFICIO DEL GOBERNADOR DEL SOCORRO

TROPAS DEL SOCORRO EN REFUERZO DE LA EXPEDICION DEL SUR. AUXILIOS EN DINERO Y PERTRECHOS. 30 de julio de 18131.

   Se acaba de recibir por extraordinario un oficio del gobernador del Socorro, su fecha del 30 del último julio, en que se avisa que las tropas de aquella provincia que deben reforzar la expedición que marcha para el sur, han salido el mismo día 30 del Puente Real, trayendo armas, municiones de boca, y guerra, pertrechos y dinero para sus pagas.

   En el propio oficio se leen estos artículos. "Hasta ahora me ha merecido la mayor confianza esta gente y principalmente los oficiales. Ojalá que su conducta los haga acreedores a la de vuestra excelencia. Queda este gobierno con responsabilidad a mandar cuantas cantidades sean necesarias para sostener su tropa en todo el tiempo que dure la expedición. Disponga, pues, vuestra excelencia si se deben entregar en la tesorería de ese Estado o si se dirigen a otro cualquier punto. Aún podrá salir mucha más gente de esta provincia, siempre que la satisfacción de los sueldos no se haga de su erario, y si se da algún tiempo para alistarla, y ponerla en estado de marchar. Si vuestra excelencia cree que se necesita más de la que va, sírvase decirme hasta qué número, y a qué punto la debo dirigir. En general, vuestra excelencia puede estar en la firme confianza de que cualquier clase de auxilios que se puedan sacar de esta provincia contra los enemigos comunes los franqueará su gobierno inmediatamente con el aviso oportuno"2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 2 de agosto de 1813, N° 55.

NOTA:
1   Se sabe que en los lugares de fuera se ha divulgado que en esta capital se obliga a cuantos llegan a ella a tomar las armas para seguir en la expedición del sur, y con este motivo se abstienen de venir. Esta es una mentira inventada por nuestros enemigos para exasperar a las gentes, desacreditar nuestro gobierno y hacer partido contra la libertad, pues aunque es cierto se dictó providencia para que se alistase a los forasteros, ésta se entiende con aquellos que residen en la ciudad sin destino, pero de ningún modo con los que vienen a comerciar, o con algún otro objeto, a quienes no se causa extorsión alguna.
2   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de nuestra independencia.

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ARMAS EN CARTAGO

JOSE MARIA CABAL INFORMA SOBRE LA SUERTE DE LAS ARMAS EXISTENTES EN CARTAGO. ATAQUE SORPRESA DEL ENEMIGO. Ibagué, 11 de agosto de 1813.

José María Cabal.

   Por un extraordinario que ha llegado hoy de Ibagué, dirige el ciudadano José María Cabal el oficio siguiente del ciudadano Joaquín Bonilla; su fecha, en el Boquerón del Páramo del Quindío, a las nueve de la mañana del 10 del presente.

   Excelentísimo señor:

   En vano me mandó vuestra excelencia dirigido a la comisión militar del Valle del Cauca, con el objeto único de salvar el resto de armas que había en Cartago. Efectivamente llegué a tiempo, pues en siete días de mi salida de esa llegué a mi destino, e hice presente cuanto vuestra excelencia me había ordenado; pero mi venida ocasionó, no sé con qué motivo, alguna sospecha de que queríamos quitarles las armas a pesar de venir comandando el auxilio el ciudadano coronel Cabal, a quien se le mandó por la comisión militar un oficial para cerciorarse, y no se hizo caso de mi mensaje. En consecuencia de esto recibí en Cartago un desaire del comandante, de que supe prescindir; pero no de retirarme a la Balsa, en donde permanecí hasta antes de ayer que entré a la montaña, solo, a pie, y sin que comer, como que a la fecha, hace 18 horas que no paso bocado, y sin esperanza, si Dios no nos manda algún socorro. Del mismo modo viene innumerable gente que, no habiendo sido víctima del enemigo, lo será del hambre y hielo de la montaña.

   Ya, señor excelentísimo, no les quitamos las armas; ya no se echó sobre ellas el presidente de Cundinamarca aunque fuera para salvarnos; pero ya las tienen nuestros verdaderos enemigos. El viernes acometió el enemigo en número excesivo al destacamento de Cerro Gordo, en que había 20 hombres con un oficial que prudentemente se retiró; pero el comandante Serviez, con 47 hombres y su temeridad, trató de desalojar al enemigo que lo obligó a retirarse a Piedras de Moler, perdiendo diez hombres que, según la razón de un oficial, faltan en las listas, y cinco heridos. Se le dio esta ventaja, se dejó pasar una espía mandada por don Nicolás Rentería1, y no se hizo oportunamente la retirada a la montaña habiendo proporción; anoche a las once me alcanzó un soldado disperso y me ha dicho que en La Caña sorprendió ayer el enemigo a las once del día a nuestra tropa, que desprevenida se fugó, abandonando las armas; la guardia sostuvo el fuego con el comandante que trató de reunir la gente; pero le fue imposible; creo que habrá perecido este hombre valiente y muchos de esos incomparables soldados. Trato de caminar cuanto pueda para hacer volver la tropa que venga en la montaña...

Oficio con que el ciudadano José María Cabal dirige el antecedente al supremo gobierno

   Excelentísimo señor:

   A las tres de la tarde recibí el adjunto oficio del capitán Bonilla, y lo había suspendido hasta las nueve de la noche, esperando a tener noticias más positivas, y que sólo no se reducen a la simple relación de un soldado. Pero el mismo acaba de llegar, y habiendo hablado con don Ignacio Torres y otros dos oficiales de los que pudieron escapar, confirma todo lo que nos asegura en su oficio.

   Los nuestros se habían retirado ya a una jornada del punto en que había tenido la acción. Confiados en que el enemigo no los seguiría hasta allí, reposaban en desorden y los soldados habían puesto sus armas para buscar que comer. Como el lugar donde se hallaban estaba inmediato a un guadual, no pudieron distinguir el enemigo sino cuando estaba encima, de suerte que solamente la guardia pudo usar de sus armas y hacer fuego. Los soldados que estaban esparcidos oyen los tiros y no saben a qué atribuirlo; corren a buscar sus armas, ven al enemigo sobre su cuartel, y cada uno huye como puede, sin saber el soldado del oficial, éste del soldado, el comandante del uno y del otro, y buscando cada uno el asilo que más pronto pueda hallar.

   Los que tomaron el camino que conduce hacia acá son los únicos que pueden haber escapado, y de éstos, según los que se han notado, llegarán al número de unos 50. Hasta ahora no se tiene noticia del comandante y de casi toda la oficialidad, que sin duda han sido sacrificados. Puede que vayan saliendo algunos que se hayan emboscado; pero es de temer que el enemigo tome el camino, y que los que no caigan en sus manos mueran de miseria. Este ha sido el fin trágico de unos soldados y oficiales que habían hecho esfuerzos gloriosos por la libertad de su patria. Este desastre nuestro ha aumentado la insolencia de nuestros enemigos, y conviene que redoblemos nuestros esfuerzos.

   Me ha sido muy sensible el manejo dudoso de que, me asegura el teniente coronel Bonilla, se tuvo por la oficialidad, respecto a su comisión. El capitán Murgueitio, que se halla aquí desde su llegada, me dijo que sólo venía a imponerse de si sería cierto el auxilio, pues dudaban de él, a pesar de las repetidas veces que yo les he asegurado iría. Quiso la desgracia que mi correspondencia oficial y contestaciones a la comisión se retardasen para que no se acabasen de convencer. Las desconfianzas nos han traído muchos males, y todavía no los hemos de corregir.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Ibagué, 11 de agosto a las doce de la noche de 1813.

José María Cabal.

   Los oficios que acaba de ver el público dan una idea nada equívoca de que el revés que ha sufrido el pequeño ejército al mando de Serviez, no ha sido un efecto de valor de las tropas que lo atacaron, sino una consecuencia precisa del espíritu de división y de desconfianza que aún reina entre nosotros y que ha hecho más daño a la causa de la libertad que todos los esfuerzos de sus enemigos. El mismo Serviez, su oficialidad y la comisión militar del Cauca, llegaron a creer, aunque sin el menor fundamento, que el gobierno de Cundinamarca intentaba quitarles las armas que aún conservaban, y cuando éste les previene por repetidas órdenes que se replieguen a Ibagué, a unirse con las divisiones que ya habían salido de esta capital, para poder hacer allí una defensa vigorosa si los invasores adelantaban sus marchas, lo resisten y quieren más bien exponerse a ser presa de éstos; así es que con fuerzas inferiores los aguardan, y que a esta imprudencia —nacida de la desconfianza indicada— añaden la de no tomar precaución alguna a pesar de la inmediación a que estaba situado el enemigo, dejándose sorprender en circunstancias en que sólo la guardia pudo usar de las armas, porque las demás tropas se hallaban en un absoluto descuido, y como si nada tuviesen que temer; y he aquí las verdaderas causas del desgraciado suceso que ha experimentado el resto del ejército de Popayán, desconfianza e imprecaución, suceso que no debe desalentar a los valerosos granadinos, y sí servirles de ejemplo para sofocar toda desconfianza, todo temor que no se dirija contra el verdadero enemigo; y para proceder con la mayor cautela respecto de éste, pues si despreciando estas lecciones fomentamos la división, continuamos desconfiando de nosotros mismos como hasta aquí y no tomamos todas las medidas de precaución que nos sugiera el amor a la patria, cualquier esfuerzo será inútil y los triunfos de nuestros enemigos serán la obra de nuestras propias manos2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 14 de agosto de 1813, N° 58.

NOTAS:
1   Este es uno de aquellos americanos infames que, sofocando el amor de la patria, nos hacen la guerra unidos con los ambiciosos españoles.
2   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

63
OFICIO DE CAMILO TORRES AL PRESIDENTE NARIÑO

INFORME SOBRE LA LIBERACION DE VALENCIA. Tunja, 13 de agosto de 1813.

Camilo Torres.

Oficio del poder ejecutivo de la Unión al excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, recibido por extraordinario el 1° del presente a las nueve de la noche.

   Valencia es ya libre, ocupada por nuestras armas el 2 del que acaba, como lo verá vuestra excelencia por el adjunto impreso, y la campaña de Venezuela es ya concluida en menos tiempo del que ninguno se atrevió a esperar. Este golpe, decisivo y mortal para nuestros enemigos, les hará conocer que en vano se pueden conjurar hasta los mismos elementos y las fuerzas ciegas de la naturaleza contra la libertad, si ella se empeña en sostener sus derechos. Que algún día se oigan tan portentosos triunfos acompañados de tan rápidas marchas de la parte del sur, y que en el año de 1813 la Nueva Granada en toda su extensión, y hasta sus últimos términos, sea lo que debe ser: una sola nación y un pueblo libre.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 31 de agosto de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

En el impreso a que se refiere el antecedente oficio se lee lo siguiente:

   Se concluyó la presente campaña: se tomó a Valencia y ya estará Caracas, cuna de la libertad, en posesión de sus derechos. El despotismo español ha desaparecido, lleno de terror y espanto. Los papeles que incluyo impondrán a vuestras señorías de los triunfos de nuestras armas, y este gobierno se congratula con vuestras señorías de tan felices sucesos.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Mérida de Venezuela, 13 de agosto de 1813 3°.

Casimiro Calvo P,
en turno.

   Señores de la comisión del supremo congreso de la Nueva Granada.

   Al acercarse nuestro ejército a San Carlos, el español Izquierdo que la guarnecía con más de 1.000 hombres, la abandonó huyendo para Valencia; pero el 31 de julio nuestras tropas lo alcanzaron y sin hacemos cara, fugaron precipitadamente, quedando del todo derrotados los 1.200 hombres, entre ellos 400 curros de la Sabana de los Taguanes, y dejando en nuestro poder 1.000 infantes entre muertos, heridos y prisioneros. El general Bolívar, con la vanguardia y centro, tomó posesión de Valencia sin un tiro el 2 del corriente, y Monteverde se escapó para Puerto Cabello, en donde los patriotas han levantado el grito, supuesto a que tres días ha habido un fuego vivo en aquella plaza. El general, con parte de sus tropas, entraría en Caracas el 4 ó 5. Las noticias son positivas.

   Mérida de Venezuela, 13 de agosto de 1813 3°.

   Está rubricado.

   Se me acaba de presentar el teniente de caballería ciudadano Narciso Balda, procedente del ejército, y confirma la ocupación de Valencia por nuestras tropas el lunes 2 del corriente sin un tiro de fusil, a consecuencia de la absoluta derrota que sufrió el ejército de Monteverde, compuesto de 1.200 hombres, entre ellos 400 curros de la Sabana de los Taguanes, que manda el traidor Izquierdo. Asegura que 1.000 infantes, sin escaparse uno, quedaron muertos y prisioneros, que sólo al acometimiento de nuestra caballería, compuesta de 1.300, se disolvió espontáneamente la formación de los enemigos, el que había sufrido antes otra derrota la mañana del mismo día 31 por el mayor general ciudadano Rafael Urdaneta, que manda el centro en el Tinaquillo. Refiere mil particularidades, que omito por no hacerme difuso, y entre ellas, que los patriotas de Puerto Cabello han levantado el grito, supuesto que hace tres días ha habido un fuego vivo en aquella plaza. La noticia es positiva y como tal puede vuestra señoría publicar por cierta la ocupación de Valencia el día 2.

   Gunare, 9 de agosto de 1813.

Juan Gabriel de Liendo.

   Es copia,

   Barinas, 7 de agosto de 1813 3° y 1°.

Juan Nepomuceno Briceño,
secretario.

   Es copia,

Talavera.

   Tiemblen Sámano y Montes a vista de los gloriosos sucesos de Venezuela. Las tropas que marchan a libertar el sur no son menos valientes, no, ni tienen menos entusiasmo en favor de la justa causa de la América, que las que han roto las cadenas que oprimían a los habitantes del norte, y ellas, a ejemplo de éstas, harán conocer a los tiranos que no es fácil subyugar a unos pueblos que han jurado ser libres o morir1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 2 de septiembre de 1813, N° 60.

NOTA.
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

64
OFICIO DE SIMON BOLIVAR AL PRESIDENTE NARIÑO

OCUPACION PATRIOTA DE CARACAS. SITUACION DEPLORABLE DE MONTEVERDE. MEDIDAS ADMINISTRATIVAS. Caracas, 14 de agosto de 1813.

Simón Bolívar.

CARACAS

   Oficio del general en jefe del ejército libertador de Venezuela, ciudadano Simón Bolívar, al excelentísimo señor presidente de este Estado, recibido anoche por extraordinario.

   Excelentísimo señor presidente:

   Los adjuntos impresos impondrán a vuestra excelencia de la ocupación de todo el territorio de la provincia de Caracas por las tropas de mi mando, del miserable estado en que se halla reducido Monteverde en Puerto Cabello con las reliquias deshechas de sus fuerzas, y de las medidas adoptadas para imprimir a la administración suprema de la República una marcha más rápida y enérgica sobre las bases de la libertad política y civil.

   Los inextinguibles y fervientes deseos que desde el glorioso día 19 de abril ha manifestado Venezuela de entablar y conservar las más estrechas relaciones de amistad, unión y alianza con los hermanos de América, los expresa de nuevo con mayor vehemencia desde el momento que han sido removidas las fuertes trabas que el tirano le puso. Me apresuro, pues, a comunicar a vuestra excelencia, de orden del general en jefe, que tales son los sentimientos que le animan, y me prometo que los admitirá y apreciará ese gobierno, estando convencido de que sólo una íntima y fraternal unión entre los hijos del nuevo mundo, y una inalterable armonía en las operaciones de sus respectivos gobiernos, podrán hacerlos formidables a nuestros enemigos, y respetables a las demás naciones. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Caracas, 14 de agosto de 1813, 3° de la independencia y 1° de la guerra a muerte.

   Excelentísimo señor.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

   El principal impreso de los que se acompañan al antecedente oficio es el siguiente boletín del ejército libertador.

   Parte oficial del comandante del Palito en la costa occidental de Puerto Cabello, dice: "Que nuestros enemigos se hallan encerrados en el pueblo interior y castillo de aquella plaza; que han cortado el puente que comunica con el pueblo exterior; que partidas de nuestro ejército han entrado hasta esta población; que varios habitantes del valle de Guaiguaza, en número de 66 hombres, se han presentado a nuestras avanzadas, pidiendo se les admita en el ejército y se les arme para atacar en unión nuestra a los enemigos; que éstos han matado algunos criollos y saqueado la población exterior y lugares del contorno; que no tienen víveres; que es bien poca su tropa; que todos los días emigran por mar los europeos, y familias, en términos que el día 7 salieron trece buques cargados de gente, pero que los corsarios han apresado algunos.

   "Se acaban de recibir oficios del comisionado, ciudadano Toribio Espinosa, avisando que el 12 del corriente se ha publicado la independencia en el pueblo de Caucagua, con un júbilo inexplicable de todos sus habitantes; que se ha cantado el tedéum el día siguiente; que Curiepe y demás pueblos de aquel partido se apresuran a hacer lo mismo, advirtiéndose por todas partes orden y un regocijo universal por la feliz instauración de un gobierno que nos ha sacado de la degradante y exterminadora opresión en que yacíamos.

   "De este modo, las tropas que se habían enviado a aquellos puntos para reprimir el orgullo de algunos europeos que querían oponerse a nuestra felicidad, quedan por ahora sin objeto, y podrán servir a otros cálculos de mayor importancia que entran en el plan general de operaciones.

   Caracas, 14 de agosto de 1813 3° y 1°

Rafael de Urdaneta,
mayor general".

   Los otros impresos remitidos por el general Bolívar dan una idea extensa de la rapidez, energía y valor con que ha obrado el ejército de su mando, de la absoluta libertad del territorio de las provincias de Caracas, y aun de la mayor parte de la confederación de Venezuela, del deplorable estado de Monteverde, reducido a lo interior de Puerto Cabello sin armas, sin municiones, sin tropas, sin víveres, y lo peor de todo, sin opinión, circunstancias que lo obligarán a abandonar sus miras ambiciosas y a emigrar a la península con lo que ha robado del entusiasmo de los pueblos venezolanos por la causa de la independencia, y de los desastres que los tiranos han cometido en aquellos países. La estrechez de un boletín no nos permite dar el pormenor de todo lo dicho; pero se publicará lo sustancial en la Gaceta.

   Así han logrado los ilustres venezolanos, auxiliados por los generosos esfuerzos del inmortal Bolívar, sacudir las cadenas que oprimían a su patria, dando al mundo un ejemplo de que para ser libre basta quererlo ser, y tener virtudes, y de que en vano se oponen a éstas los esfuerzos de los tiranos1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 27 de septiembre de 1813. N° 63.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

65
OFICIO DE SAMANO AL GOBIERNO DE SANTAFE

ENVIO DEL OFICIO DE TORIBIO MONTES, QUE INTIMA LA RENDICION DEL ESTADO DE CUNDINAMARCA. OFICIO DE CABAL. Cartago, 15 de agosto de 1813.

Juan Sámano.

   El sábado 21 del presente se ha recibido por extraordinario un oficio del ciudadano José María Cabal, su fecha en Ibagué a 18 del mismo mes, dirigido a remitir a este gobierno un pliego de don Juan Sámano con este sobreescrito: Al señor don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca, del gobernador interino de Popayán y comandante general del ejército real. Santafé de Bogotá. El excelentísimo señor Nariño, luego que se impuso del oficio del coronel Cabal, llamó a los ciudadanos Juan Dionisio Gamba —secretario de hacienda— y Juan José Mutienx —que interinamente despacha el ramo de guerra— y los hizo que a su presencia abriesen el referido pliego, dentro del cual se halló el siguiente oficio: "Dirijo a vuestra señoría el adjunto pliego que ha llegado a mis manos del presidente de Quito, a quien sin duda, por ignorar que se halla vuestra señoría a la cabeza de ese Estado de Cundinamarca, le ha parecido debe entenderse con los señores que denomina del gobierno y junta de Santafé. Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cartago, 15 de agosto de 1813.

Juan de Sámano.

   Señor presidente del Estado de Cundinamarca".

   El pliego de que habla el oficio anterior trae este sobreescrito:

   "A los señores del gobierno y junta de la ciudad de Santafé. Del presidente y capitán general de Quito".

   Dentro de este pliego, que también abrieron los secretarios, se encontraron: un oficio de don Toribio Montes, su fecha en Quito, a 31 de julio último, en que intima la rendición de este Estado, una carta confidencial del mismo al señor Nariño, que igualmente abrieron y leyeron los secretarios, y algunos otros papeles, todo lo cual verá después el público, como también las contestaciones que a Montes ha dado este gobierno.

IBAGUE

   Con fecha 17 del que rige ha oficiado el coronel Cabal dando parte de las disposiciones que toma para la defensa, y manifestando haber llegado a aquella ciudad el comandante de las tropas de Popayán, Serviez, 26 oficiales, 12 sargentos, 14 cabos, cinco tambores, cinco cadetes y 70 soldados, trayendo varios fusiles, pertrechos y municiones, que escaparon del enemigo en la acción tenida en el sitio de Las Cañas, de que se habló en el boletín número 58. También hace presente Cabal en su oficio el entusiasmo de que están poseídos los soldados y oficiales de las enunciadas tropas, y el deseo que los anima de libertar su patria oprimida, y acompaña un acta celebrada por los primeros, incluso el comandante Serviez, en que facultan a esta parte para que dé al excelentísimo señor presidente de este Estado un parte circunstanciado de lo ocurrido en Las Cañas, asegurándole al mismo tiempo que el pequeño revés que han sufrido, en vez de desalentar los ánimos de los soldados de Popayán, los hace arder en el fuego de la venganza, y que deseosos de recuperar su patria que gime bajo el yugo del tirano, esperan el momento de marchar a la campaña bajo los auspicios de vuestra excelencia, a quien se ofrecen rendidamente. Con esta acta remite Cabal un estado o relación del número de oficiales y soldados que han salido a Ibagué, de la que resulta lo mismo que antes se ha dicho, como también que las armas y municiones de que se ha aprovechado el enemigo han sido muy pocas, pues las que no se sacaron de la montaña de Quindío han quedado en lugares impenetrables, de donde infiere el mismo Cabal, con sobrado fundamento, que la pérdida de las tropas de Popayán en la acción de Las Cañas, y ventajas que sobre ellas logró el enemigo, han sido de muy poca consideración.

   El excelentísimo señor presidente ha contestado a los oficiales de Popayán manifestándoles la gran satisfacción que ha recibido al saber la buena disposición en que se hallan y los sentimientos que los anima en favor de la justa causa de la libertad, y haciéndoles ver lo interesante que es la concordia de opiniones, cuya contestación se dará en la Gaceta ministerial1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 24 de agosto de 1813. N° 59.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

66
RELACION DE LA FUERZA DE LA PROVINCIA DE POPAYAN

Ibague, 17 de agosto de 1813.

Estado general que manifiesta la fuerza efectiva de la provincia de Popayán al mando del teniente coronel Manuel Roergas de Servieux.

 

Ibague, y 17 de agosto de 1813.

Es copia,

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo, ob. cit.

NOTA:
Que en el sitio de La Balsa quedaron enterrados 52 fusiles dañados levemente. 11 cañoncitos y cuatro esmeriles que no pudieron transportarse porfaltade caballerías; y más en La Cañas una carga de cartuchos, creyéndose que han escapado del enemigo un cañón de a dos, y dos violentos chicos que se tiraron al tiempo de la retirada al monte.

67
TROPAS DE LABATUT ATACAN A SANTA MARTA

INFRUCTUOSO ATAQUE A EL MORRO. ATAQUE POSTERIOR A LA PLAZA DE LAS SABANAS. INFORME SOBRE ASALTO A CHIRIGUANA. Chiriguaná, 18 de agosto de 1813.

Félix Layet.

CARTAGENA

   Por un parte oficial dado por el ciudadano Pedro Labatut, comandante de la expedición dirigida contra Santa Marta, con fecha 16 del último agosto, al gobierno de aquel Estado, que corre impreso en Gaceta extraordinaria de 19 del mismo número 22, se sabe que la noche del 13 anterior intentó aquel jefe asaltar El Morro, y que no habiendo podido lograr la empresa por haberse declarado franca la brisa, y por haber sido avistado por el enemigo con la claridad de la luna, cuyos fuertes abrieron un fuego incesante, determinó, con acuerdo de los oficiales, atacar a la plaza de Las Sabanas a pesar de las fuerzas que había allí reunidas, que en efecto, el 15 a las siete de la mañana empezó el fuego vivo que duró hasta las diez y media; que a esta hora se retiraron en orden las tropas de Cartagena, habiendo causado en los enemigos daños funestísimos, sin otra pérdida de parte de aquéllas que la de cuatro muertos y otros tantos heridos.

   Esta retirada del comandante Labatut manifiesta bien la circunspección, la prudencia y el tino militar con que procede este jefe, cualidades que deben aterrar al enemigo que los mismos cañones, pues las armas de nada sirven si no se usa de ellas oportunamente.

CHIRIGUANA

   Con carta del corregidor de Mompós se ha recibido la copia siguiente del parte dado por el comandante de las armas momposinas al director de la guerra, ciudadano Pantaleón Germán Ribón.

   "Ahora que es la una del día, acabo de asaltar al puerto de Chiriguaná. El enemigo ha sostenido un combate de tres horas consecutivas con la más grande tenacidad. El fuerte que habían hecho para resistir estaba en medio de la sabana que mira hacia el puerto. Este lo hemos asaltado en medio del fuego violento de más de 400 hombres, de los cuales eran 300 de fusilería, dos violentos y tres pedreros. Este enemigo ha huido con más de 40 heridos y muertos.

   De nuestra parte sólo hemos tenido 16 entre unos y otros; hemos cogido porción de fusilería, un violento y dos pedreros, y algunas municiones de diferentes calidades. Mañana daré a vuestra señoría el parte oficial y detalle de la acción. Este combate fue verdaderamente el último recurso del enemigo, pues tenían preparado todo su ánimo para sostenerlo; se han retirado en desorden para el valle. Hasta tres leguas les he hecho perseguir y no ha sido posible alcanzarlos, pero por encontrarnos aquí en una mala posición y contra todas las reglas militares. Este enemigo aterrorizado, debía, en este momento mismo, ser perseguido y destruido hasta lo último con la más grande actividad. Espero la orden de vuestra señoría para este efecto.

   "Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   "Chiriguaná, del Estado de Cartagena,

   18 de agosto de 1813 3° de la República.

Félix Layet.

   "Posdata. Yo espero cartuchos de fusiles y piedras de chispa. Capdevila está herido; en este momento me viene la noticia de nueve muertos enemigos.

   "Señor director de la guerra, ciudadano Pantaleón Germán Ribón".

   A la copia anterior se añade lo siguiente: "Después han venido partes oficiales de haberse cogido toda la artillería, muchos pertrechos, 80 fusiles y sobre 80 muertos fuera de heridos por parte de los enemigos".

   Por el antecedente parte se ve que la gloriosa acción de las armas momposinas en Chiriguaná fue el 18 del último agosto, cuando la retirada de Labatut había sido el 15, y por lo mismo debemos esperar que habiendo éste tenido noticia de tan feliz suceso haya atacado de nuevo al enemigo, que con la pérdida de Las Sabanas y con la de Chiriguaná debe estar aterrado, al paso que en las tropas de Cartagena se habrán aumentado el valor y el entusiasmo con las ventajas que han logrado.

HONDA

   En oficio de 7 del presente avisa el subpresidente, ciudadano Nicolás Tanco, haberse dado parte por el administrador de correos de Nare de haberse encontrado los intereses del correo de Antioquia que en agosto último habían robado en las inmediaciones de aquel lugar con la sola falta de $300 y de estar seguros los reos1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 11 de septiembre de 1813. N° 62.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

68
CARTA DE NARIÑO AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

INFORME SOBRE EL PARTE DEL CORONEL JOSE MARIA CABAL Y PLAN DE MOVILIZACION DE TROPAS. Santafé, 22 de agosto de 1813.

Antonio Nariño.

   La adjunta copia lo es del último parte que he recibido del coronel don José María Cabal, en que, con referencia a la lista que también acompaño, manifiesta el número de gentes y armas que han podido salvarse después de la acción que tuvieron con los enemigos en el sitio de Las Cañas. Y aunque en el mismo parte se expresan los sentimientos de la oficialidad residente en Ibagué y su oferta, no he podido menos que llenarme de dolor al saber la división que se ha suscitado entre ellos mismos de resultas, según parece, del genio poco dócil del caballero Serviez. Para evitar que esto tenga mayor trascendencia y se frustren los designios de la expedición, he resuelto marchar hacia las inmediaciones de aquella ciudad del 28 al 30 del corriente, a fin de ver si logro poner término a unos males que, aunque fuesen por ahora de poca consideración, serán acaso de mayor entidad si no se cortan en tiempo. Y para abreviar las marchas he resuelto salir con sola la tropa veterana, dejando aquí al resto de la expedición que debe seguir poco después, logrando entretanto el adelantar su disciplina como tan necesaria en esta importante empresa.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 22 de agosto de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del soberano congreso.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo, ob. cit.

69
HIMNO A LA CAMPAÑA DEL SUR

Santafé, septiembre de 1813.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Fondo José Mana Quijano Otero, N° 157. pieza 3.

NOTA:
1   En la imprenta del Estado, año de 1813, 1° de su independencia.

70
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO DESDE NEIVA

NOTICIAS DE LA PLATA. ACCIONES DE INDIGENAS PATRIOTAS. Neiva, 20 de octubre de 1813.

Antonio Nariño1.

   En oficio del excelentísimo señor: Nariño, su fecha en Neiva a 20 del que rige, recibido anoche por extraordinario, se lee el siguiente capítulo.

   "Las noticias recibidas de La Plata han sido la de haber una partida enemiga sorprendido a dos soldados y dos indios de los nuestros; haberse retirado con este motivo un destacamento que teníamos en el punto de Lame, que al instante fue ocupado por 37 fusileros comandados por el capitán don Joaquín Zervera, hijo de Popayán; que quemaron un granero del indio Calambás; y últimamente, que la avanzada del teniente Obando, que estaba en el pueblo de Cabuyo, compuesta de sólo ocho indios al mando de uno de los capitanes, llamado Gregorio Toyaque, ha desalojado al enemigo, y puesto en fuga a 36 fusileros con su capitán, haciéndole prisionero y un soldado enteramente armado..."2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 29 de octubre de 1813. N° 64.

NOTAS:
1   Ya los tiranos empiezan a sentir el valor de los defensores de la libertad, y a conocer que los indios, degradados, envilecidos y oprimidos hasta el último extremo por el gobierno español, han descubierto sus sagrados derechos, están resueltos a vindicarlos, y los defienden con la intrepidez propia del hombre que aspira a ser libre...
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta del Estado, año de 1813 1°.

71
OFICIO DEL PODER EJECUTIVO DE LA UNION

ATAQUE DEL ENEMIGO A LA GUARNICION DE CUCUTA. RETIRADA A PAMPLONA. REFUERZOS DESDE TUNJA. Tunja, 4 de noviembre de 1813.

Camilo Torres.

CUCUTA

   Ayer a las cinco y media de la tarde se ha recibido por extraordinario el oficio siguiente del poder ejecutivo de la unión.

   "Después de algunas ventajas parciales que obtuvo la guarnición de Cúcuta, y verá vuestra excelencia en el adjunto boletín1 replegó toda su fuerza al llano de Carrillo para obrar con más seguridad hacia donde le llamasen los peligros. Pero sea la mala calidad y disposición de las tropas de que se queja el comandante, sean otros los motivos, el 18 del pasado, atacado o sorprendido por el enemigo, fue batido y dispersado, perdiendo de sus resultas algunas armas, artillerías y municiones y retirándose con una o dos terceras partes de su tropa hacia Pamplona. El gobierno de la unión ha dado las providencias convenientes, así para reforzar aquel pequeño cuerpo de ejército, como para reorganizarlo del mejor modo posible, y han marchado ya, a la fecha, 110 hombres de Tunja y Socorro con armas y municiones, y seguirán inmediatamente 200 de esta última provincia al mando de su comandante Mac Gregor. Pero como podrían difundirse noticias exageradas, que tal vez perjudicasen en el espíritu de las tropas que hoy marchan bajo las órdenes de vuestra excelencia en la expedición del sur, he tenido por conveniente trasladar éstas para que se sepa la verdad, y que Pamplona no ha sido ocupada, como se ha dicho, aunque su gobierno, en la proximidad del peligro, y no pudiendo contar con la protección de las tropas, tuvo que emigrar a la parroquia de Servitá. Los enemigos no son sino los bandidos de Bailadores, La Grita y pueblos inmediatos de la laguna, excitados de los feroces españoles que se habían acogido allí a la entrada de Bolívar, y de 50 ó 100 hombres de un destacamento de Maracaibo, capitaneados por el carnicero también español, oficial Lizón, que se dice haber cometido mil crueldades, pasando ya a sangre fría por las armas a nuestros oficiales y soldados, aun los que se le habían presentado con sus fusiles, lo que deberá servir de conocimiento para la guerra que nos hacen y la retaliación a que nos provocan.

   "Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   "Tunja, 4 de noviembre de 1813.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca"2.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 10 de noviembre de 1813, N° 65

NOTAS:
1   El boletín de que habla este oficio es el del número 16, el cual comprende las acciones tenidas por las tropas del mando de los oficiales Ramírez y Concha en San Faustino, y Limoncito, cuyos partes insertamos en la Gaceta N° 139, bajo el artículo "Noticias del norte".
2   Santafé de Bogotá, en la imprenta del Estado, año de 1813 1° de su independencia.

72
OFICIO DEL PRESIDENTE NARIÑO AL CONGRESO

SOBRE LA AGREGACION DE VELEZ AL ESTADO DE CUNDINAMARCA. BANDO PUBLICADO EN EL EJERCITO DEL SUR. SOBRE ORGANIZACION MILITAR. Plata, 5 y 8 de noviembre de 1813.

Antonio Nariño.

CONGRESO

Correspondencia de aquel cuerpo con este gobierno, relativa a la agregación del cantón de Vélez a Cundinamarca

   En oficio pasado por el presidente del poder ejecutivo federal al de este Estado, con fecha 15 de octubre próximo pasado, después de hacer relación de los últimos pasos que dio el congreso por el conducto de sus plenipotenciarios para concluir las diferencias que había entre aquel cuerpo y el gobierno de esta provincia y de las medidas que se tomaron en orden a la agregación del cantón de Vélez, se leen los capítulos siguientes.

   "¡Pero cuál debe haber sido la sorpresa de aquel gobierno (habla del del Socorro) cuando después del comprometimiento solemne de vuestra excelencia y de todo el colegio electoral de esa provincia que resulta de los documentos anteriores, se ha hallado con el oficio de vuestra excelencia de 25 de agosto, N° 9, en que recomendando a uno de los hombres más inquietos y turbulentos de Vélez en el proyecto de agregación sobre el cual han rodado las contestaciones enérgicas que tuvieron con vuestra excelencia los comisionados del congreso, le dice expresamente y como por una especie de protesta, que la resolución del colegio electoral en orden a no hacerse novedad sobre Vélez es solamente por ahora y sin perjuicio de los derechos que pueda tener Cundinamarca! Así es que él acaba de hacer la reclamación N° 10 y el congreso ha decretado la del 11, que obliga al poder ejecutivo a hacer esta exposición.

   "El gobierno del Socorro ha comprendido, y con razón, que se le falta a una estipulación sobre cuyo supuesto únicamente se ha desprendido de sus tropas; y aunque el de la unión quisiera suprimir en este momento una contestación bien odiosa, no puede desentenderse de sus consecuencias. Vuestra excelencia ha alarmado de nuevo a la provincia del Socorro, o la ha entibiado en el momento mismo en que hacía esfuerzos para darle auxilios; y lo más sensible sería que se difundiesen estas especies entre sus tropas, y seguramente no mirarían con indiferencia unas amenazas indiscretas contra su país.

   "¡Con cuánta mayor razón pudiera decir a vuestra excelencia el poder ejecutivo de la unión, que si este es tiempo de resucitar disputas tan injustas como odiosas sobre territorios ajenos y que ha sido la verdadera manzana de la discordia, la tea que ha encendido la guerra civil y el pretexto con que se han hecho la más violentas e injustas agregaciones; que si el más astuto e implacable de nuestros enemigos pudiera fomentar otras ideas más a propósito para dividir los ánimos en tan críticas y delicadas circunstancias; y qué dirá el mundo cuando sepa que teniendo todavía una tan precaria y mal segura existencia, esté disputando una provincia derechos sobre otra, que puntualmente le está asegurando y defendiendo los suyos invadidos ya casi, o amenazados del enemigo!

   "¿Son estas las materias y los cuidados que nos debieran ocupar? ¿Es ésta la retribución que espera el Socorro y éste el cumplimiento de los pactos y estipulaciones más solemnes? Desistir de toda pretensión y conservar derechos, romper una obligación, si es que se puede llamar así la que se creía sobre Vélez y establecer, o recordar luego la acción, ¿qué principios son éstos? ¿Cuál es la justicia y la fe pública de los tratados? ¿Cómo se entenderán en lo sucesivo los hombres? Yo exijo, pues, de vuestra excelencia una formal contestación sobre este particular, que debe tranquilizar los ánimos del Socorro, o acabar de ponerlos en combustión".

   El antecedente oficio se remitió por el supremo gobierno de este Estado al señor Nariño, ausente en la expedición del sur, y en su vista pasó su excelencia al mismo gobierno, el que sigue:

   "No sé cuál deba ser ya mi conducta para sosegar el encarnizamiento que contra mi persona conservan los miembros del soberano congreso y el gobernador del Socorro. Parece que su empeño es hacerme arrepentir de la conducta que guardé después del 9 de enero, o entorpecer el éxito de la expedición que se ha puesto a mis órdenes y a que han cooperado y auxiliado el mismo gobernador y el congreso. La nueva queja de este cuerpo rueda sobre las palabras de mi oficio de 25 de agosto último, que literalmente son las siguientes: a consecuencia de lo últimamente resuelto por el serenísimo colegio electoral de esta provincia, en orden a no hacerse por ahora novedad en cuanto al cantón de Vélez, sin perjuicio de los derechos que pueda tener Cundinamarca... Es decir, que estas palabras no son mías, sino que se refieren a lo que ha resuelto el colegio electoral que es en todas las provincias la legítima y verdadera representación del pueblo y, no obstante su claridad, el gobernador del Socorro, reclamándola, dice: las miras de don Antonio Nariño, manifestadas en dicho oficio... de modo que no sólo el presidente de Cundinamarca es el serenísimo colegio electoral de la provincia, sino un particular como lo soy yo, bajo el aspecto en que me nombra el señor gobernador del Socorro, pues sólo anuncia las miras personales de don Fulano de tal. ¿Podrá manifestarse con más claridad hasta dónde se lleva el encono contra mi persona? Tratarme de este modo cuando me hallo al frente de una expedición de que puede depender la suerte del reino y en la que se hallan tropas del Socorro y oficiales del congreso, ¿no es querer introducir la división y el desorden, y que con tal que me pierdan a mí, más que se pierda el reino y la libertad? ¡Con qué facilidad se habla a 200 leguas del enemigo y cuando se tienen caminos para evadir los peligros personales! Yo quisiera ver a mi lado, con la responsabilidad en que me hallo, a los señores del soberano congreso y al excelentísimo señor gobernador del Socorro, a ver si se ponían a hacer alto sobre las palabras de un oficio que anuncian derechos a un pedazo de terreno como Vélez, cuando está en problema toda la Nueva Granada. Si la acción de que estoy encargado se pierde, Sámano tranquilizará a esos señores sobre el cantón de Vélez, y si se gana, ¿qué importa a la libertad general el que Vélez sea del Socorro o de Cundinamarca? Pero en el fondo esta no es la cuestión: es la persona odiosa de Nariño, por cuyo sacrificio todo se debe aventurar. ¡Ojalá —lo digo delante del Dios, a quien adoro—, ojalá que el sacrificio solo de mi persona fuera bastante para salvar a mi patria y a los que me aborrecen de balde, que no dudaría un momento en entregarme al sacrif?o! Pero lo que me duele es ver que, por sacrificarme, se quiera sacrificar la felicidad general.

   "En la continuación del oficio del señor gobernador del Socorro al soberano congreso le dice: que mis expresiones han entibiado los ánimos de los habitantes del cantón de Vélez y aun de toda la provincia, mucho más cuando se empeña por la protección de uno que ha prometido siempre la centralización. Este uno, tan despreciable a los ojos del señor García Rovira y a quien dice que protege la ilustre provincia del Socorro, ¿para qué es que lo protege?, ¿será para el engrandecimiento de este uno, o para ayudarlo a salvar la libertad general? ¡Es cosa dolorosa que cuando en paga de haber atacado a Santafé voy personalmente a libertar a Popayán, se me insulte casi al frente del enemigo! Confieso a vuestra excelencia de buena fe, y a ese público a quien debo tanta confianza, que nunca me he visto con tanta necesidad de apelar a mis principios y de recordar lo que debo a mi patria, como ahora: conozco que voy a trabajar para ser más insultado que nunca, y es terrible alternativa la de exponerse, o a perecer si soy derrotado por el enemigo, o a ser nuevamente perseguido por mis compatriotas sin triunfo.

   "A pesar de todo esto, sólo aguardo la llegada de los últimos cañones para adelantar mis marchas y presentarme al enemigo. Cumpla yo con mi deber y sea cual fuere el éxito o la suerte que se me espere: que muera en el campo o que sobreviva para ser, como antes lo he sido, el juguete de la fortuna, mi conciencia me pondrá siempre, como el escudo de Aquiles, a cubierto de sus tiros.

   "Vuestra excelencia puede contestar al soberano congreso que nunca he intentado violar los pactos, y que si el serenísimo colegio electoral de Cundinamarca tiene decretada la absoluta agregación de Vélez al Socorro, guardaré religiosamente su determinación, mandando se imprima esta declaratoria para que se sosiegue el vecindario de Vélez, que se dice se ha inquietado porque temía quedar agregado a Cundinamarca, pues que éste ha sido siempre su conato y expresa voluntad.

   "Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   "Plata, 5 de noviembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca".

Bando publicado en el ejército del sur de orden del señor general en jefe de él

   Don Antonio Nariño, teniente general, presidente del Estado de Cundinamarca y general en jefe del ejército del sur.

   Debiéndose dar la última mano a la organización del ejército por la exacta disciplina y rigurosa observancia de la ordenanza, sin la cual las partes de un ejército se dividen y debilitan, he venido en decretar:

   1°. Todo desertor del ejército que en término de ocho días, contados desde la publicación de este bando, se presentare en el cuartel general, será indultado y se le abonará el tiempo de su servicio.

   2°. Todo soldado que, faltando a la primera y segunda lista, se le aprehendiere dentro del recinto de una legua del cuartel general, sufrirá dos carreras de baqueta y 15 días de arresto.

   3°. El soldado que de hoy en adelante consumare la deserción y fuere aprehendido fuera de la legua señalada, será pasado irremisiblemente por las armas en el término que previene la ordenanza en campaña; y si fueren muchos, se quintarán o diezmarán, según el número.

   4°. Los soldados que quedaren libres en el sorteo, sufrirán la pena de dos carreras de baqueta y 15 días de arresto; y si reincidieren, serán pasados por las armas sin entrar en nuevo sorteo.

   5°. Los que desertaren al enemigo en cualquier número que sea, serán pasados por las armas sin sorteo, en el término de 24 horas, o en el menos que fuere necesario para la averiguación del hecho.

   6°. Toda persona, de cualquier estado o condición que fuese, que ocultare en su casa, o protegiere la deserción del soldado, sufrirá una multa proporcionada a la cuarta parte de sus bienes; si no los tuviere, se le obligará a hacer el servicio militar, y si fuere mujer, se le reducirá a un encierro por el tiempo de dos meses.

   7°. Toda persona que presentare a la justicia un desertor, será gratificada con diez pesos, y si fuere con sus armas, la gratificación sería doble y se pagará en la tesorería del ejército, con sólo la firma del comandante del batallón o escuadrón a que pertenezca el soldado.

   8°. Todo oficial o sargento que por su descuido diere margen a la deserción, será depuesto de su empleo.

   9°. Los oficiales y sargentos serán responsables personalmente y con sus sueldos, de las armas que se inutilicen o pierdan por falta de cumplimiento a sus obligaciones, según lo previene la ordenanza.

   10°. Se formará un tribunal particular para que conozca de los delitos y penas comprendidas en este bando, cuyo nombramiento de los individuos que lo deben componer, se comunicará por separado.

   Publíquese por bando a estilo militar y fíjese en los cuarteles y lugares públicos de este distrito para que llegue a noticia de todos.

   Dado en el cuartel general de La Plata a 8 de noviembre de 1813.

Antonio Nariño,
Juan José Mutienx,
secretario de guerra.

   Es copia,

Mutienx.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca, 25 de noviembre de 1813, t. III, N° 144, p. 654 - 656.

73
OFICIOS ENTRE NARIÑO Y SAMANO

PROPUESTA DE ENTREVISTA. RATIFICACION DE INDEPENDENCIA ABSOLUTA DE ESPAÑA. CONDICIONES PARA LA ENTREVISTA. CONTESTACION DE SAMANO. Plata, 17 de noviembre de 1813. Popayán, 22 de noviembre de 1813.

Juan Sámano,
Antonio Nariño.

Copia de un oficio pasado por el señor general en jefe de él al comandante de las tropas españolas en Popayán, don Juan Sámano, en contestación a otro remitido por este último con fecha 6 de septiembre, en que propone una entrevista bajo la base de reconocimiento del actual gobierno de España

   En la Mesa de Juan Díaz recibí el oficio de vuestra señoría de 6 de septiembre, que no me ha sido posible contestar antes. En él veo que vuestra señoría, de acuerdo con el capitán general de Quito, se presta a que tengamos una conferencia, recordándome el buen tratamiento que vuestra señoría recibió en su larga morada en Santafé, aun en los momentos de mayor efervescencia y haciéndome observar que la variedad de opiniones no deben impedir este paso. No solamente convengo con vuestra señoría en estos tres puntos, sino que una conferencia de esta naturaleza creo que sólo puede tener lugar cuando hay variedad de opiniones o de intereses entre las partes contendoras; mas como vuestra señoría me pone por base de esta conferencia el que nos reunamos bajo el gobierno de nuestra España, vuestra señoría me permitirá que le haga observar: que ese gobierno en que murieron nuestros abuelos ya no existe, porque una parte de la España está reconocida en la Europa como patrimonio de Bonaparte, y la otra bajo un gobierno tumultuoso y efímero, semejante a muchas de las juntas de Américas, que desgraciadamente lo han imitado y que de cualquiera de los dos que vuestra señoría me hable, sería yo un loco en quererme reunir a ellos; no al primero, porque jamás ha estado en los principios de ningún americano racional el salir de la dominación española para entregarse después a una dominación extranjera; y no al segundo, por dos razones: la primera, por la injusticia y barbaridad con que hemos sido tratados no sólo en los tiempos de la extinguida monarquía, sino hasta el día en que la necesidad y la política exigían que nos trataran de diverso modo; y lo otro, porque nuestra reunión en el día a la España sería tan necia, como el de la reunión de un cuerpo sano al de otro moribundo gangrenado. Si a vuestra señoría en su juventud le hubieran propuesto la alternativa de que se manejara con sus propias fuerzas y talento, o se reuniera a un hombre lleno de pleitos y de vicios, decrépito y moribundo, ¿cuál de los dos partidos habría escogido?... Parece que no habría dudado un momento, por débil e inexperto que se hubiera creído, pero mucho menos hubiera dudado si no se le prohibía reunirse a otro hombre de juicio, acomodado y robusto. Haga vuestra señoría ahora la aplicación a nuestro caso.

   Prescindo por un momento de la indignación que debe causar a todo americano que tenga honor el verse tratado como insurgente por los insurgentes de España, que no contentos con haber dejado sumergir la nación en el caos en que se ve en el día, han proclamado una constitución que desconociendo las leyes fundamentales de la monarquía sólo quieren que subsistan en el nombre de sus reyes para esclavizar de nuevo a la América. ¿Qué sería lo que nosotros íbamos a ganar con volvernos a reunir a nuestros antiguos amos? ¿Está la España en estado de protegernos, de auxiliarnos contra cualquiera otra nación que nos venga a invadir? ¿No conoce vuestra señoría que la parte libre de España se mantiene porque Bonaparte no quiere tragársela sino reunida a toda la América? ¿Y será vuestra señoría, cuya moral no ignoro, un ciego instrumento de semejantes planes? No, señor general; deponga vuestra señoría este estúpido error de sus compatriotas de creer que el mundo ha de ser siempre como lo hicieron sus abuelos; y más ilustrado, más justo y más humano, abrace la santa causa de la humanidad, de la justicia y de la razón. No crea vuestra señoría que abuso de estos nombres sagrados como lo hicieron los franceses al lado de su sangrienta guillotina, ni como lo hacen los españoles para querer esclavizar a 12 millones de hombres; no soy un energúmeno demócrata, ni un ambicioso frenético; todo mi ahínco, todos mis deseos y todos mis sacrificios son por ver mejorada la suerte de mis compatriotas, asegurándoles en la parte que me toque un gobierno moderado y justo que les enjugue las lágrimas de tres siglos de esclavitud.

   Usía debe conocer que así como la América abrió un vasto campo en su descubrimiento a la codicia europea, así lo abre hoy su regeneración a la virtud americana para echar los cimientos de la felicidad de las generaciones venideras, y que si los primeros momentos de efervescencia y de delirio de la libertad no nos hubieran hecho perder un tiempo tan precioso en disputas domésticas y mal combinadas, estaríamos muy lejos de hallarnos en estas contestaciones a que nosotros mismos hemos dado lugar. En vista, pues, de todo esto, si usía, dejándose de tomar por base de nuestra conferencia la quimérica pretensión de unirnos a un gobierno que no existe, quiere que conferenciemos sobre el modo y forma como se debe restituir esa provincia a su libertad, créame usía que no sólo la admitiré gustoso, evitando los males de una sangrienta guerra a que estoy preparado, sino que usía, salvando a Popayán de los males que se le acercan, redoblará la estimación que me dice mereció antes a los moradores de Santafé, y que si algún día, por las vicisitudes de las cosas, quisiere usía buscar un asilo en la antigua capital del reino, encontrará en ella un lugar correspondiente, consideraciones y sosiego. Con el mismo oficial espero la contestación, determinando usía, en caso de querer la conferencia en los términos propuestos, el día, lugar y circunstancias con que debemos tenerla. Dios guarde a usía muchos años.

   Cuartel general de La Plata, 17 de noviembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Señor brigadier don Juan Sámano, comandante general de las tropas de Popayán.

   Es copia.

   Fecha ut supra,

Mutienx,
secretario.

Copia de la contestación dada por Sámano al antecedente oficio

   Se ha propuesto a vuestra señoría la paz o la guerra. Ha practicado vuestra señoría lo mismo bajo contrarias condiciones. Escojo, pues, dar a vuestra señoría la guerra.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Popayán, 22 de noviembre de 1813.

   Señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño.

   Es copia.

   Cuartel general de La Plata, 26 de noviembre de 1813.

Mutienx.

Oficio con que el señor general en jefe del ejército del sur remite al supremo gobierno de este Estado la contestación de Sámano que acaba de ver el público, recibido ayer a las cinco y media de la tarde.

   Ayer a las seis y media de la tarde llegó a ésta, de regreso de Popayán, mi ayudante don Ignacio Torres, con la respuesta del brigadier don Juan Sámano, que en copia acompaño a vuestra excelencia para que se mande imprimir a continuación del oficio que la motivó.

   En consecuencia de esta genuina y lacónica declaratoria de guerra, he hecho poner hoy en movimiento la caballería, y sucesivamente marchará el resto de las tropas para hacer ver al brigadier Sámano que, si he dado todos los pasos precedentes, no ha sido por temor, sino puramente por las consideraciones que en mi anterior oficio se expresa.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general de La Plata, 26 de noviembre de 1813.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamarca. 4 de diciembre de 1813, t. III, N° 146, p. 661-662.

74
EJERCITO DEL SUR

SE PRORROGA INDULTO POR 20 DIAS MAS. Cuartel general de La Plata, 27 de noviembre de 1813.

Antonio Nariño,
Juan José Mutienx,
secretario de guerra

Prorrogación del indulto a favor de los desertores

   Habiendo expirado el tiempo por que se concedió indulto a los desertores en el bando de 8 del corriente y deseando abrir la puerta para que salven su vida y su honor todos los soldados que han incurrido en esta fea nota, se prorroga el indulto en los mismos términos que se ha concedido en el bando, por 20 días más, contados desde la publicación de este nuevo decreto que se dará en la orden del día, fijándose en los cuarteles y lugares públicos, comunicándose a los mismos pueblos donde se ha hecho con el bando. Dado en el cuartel general de La Plata a 27 de noviembre de 1813.

Nariño,
Juan José Mutienx,
secretario de guerra.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 23 de diciembre de 1813, t. III, N° 149, p. 671-672.

75
OCUPACION DE CARTAGO

POR EL COMANDANTE DE LAS TROPAS DE ANTIOQUIA. JOSE MARIA GUTIERREZ. Cartago, 8 de diciembre de 1813.

   El comandante de las tropas de la división de Ibagué, don José Ignacio Rodríguez, ha dirigido al supremo gobierno de este Estado con oficio del 14 del presente, el que le pasó, con fecha 8 del mismo, el de las tropas de Antioquia, don José María Gutiérrez, en que le avisa desde Cartago haber ocupado dicha ciudad sin resistencia alguna del enemigo, el cual huyó al acercarse la vanguardia de aquella expedición. Añade el comandante Gutiérrez que han empezado ya a presentarse centenares de guerreros que no aguardaban sino el momento de su arribo para inscribirse en la lista de los salvadores de la patria. Dice, que luego que organice su número y que haya llegado a Cartago el resto de su fuerza (que espera antes de tres días) adelantará su marcha sobre el ejército opresor de aquella provincia. Que entre tanto se ocupará en dar a aquellos pueblos una forma de gobierno análoga de la provincia de Antioquia, en la cual acaba de incorporarlos, hasta que recobre la mayor parte de ellos su libertad, y puedan por sí mismos formar un estado independiente1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 18 de diciembre de 1813. N° 66.

NOTA:
1   Santafé, en la imprenta del Estado, año 1° de la independencia.

76
CAMPAÑA DE NARIÑO EN EL SUR

RELACION DEL ITINERARIO. 1813.

Alejandro Osorio.

Campaña de Nariño en el sur. 1813

   El día 23 de septiembre de 1813 salió de esta capital el teniente general don Antonio Nariño, general en jefe del ejército libertador de Popayán y Quito. El ejército había salido en pequeñas divisiones. Llegó el 27 a la villa de Purificación, en donde se detuvo 15 días esperando la caballería que, a las órdenes del coronel francés Manuel Roergas Serviez, estaba en Ibagué. La poca exactitud en el cumplimiento de las órdenes de parte de este jefe causó la demora. Antes de partir de la villa de Purificación dispuso el general se mantuviese en Ibagué una pequeña división que, marchando por la montaña del Quindío, llamase por esta parte la atención del enemigo y pudiese el ejército pasar los Andes por Guanacas con menos obstáculos y cortar, si era posible, al enemigo en el Cauca.

   El 25 de octubre llegó el general a la ciudad de La Plata. Se reunió allí el ejército, se organizaron los batallones, se disciplinaron las tropas colectadas en el tránsito y se acopiaron mulas, víveres y los indios necesarios para la conducción de los bagajes y artillería. El coronel español Campomanes, jefe de estado mayor del ejército, y el coronel Serviez, comandante de un batallón, habían sido destinados a este ejército por el congreso. Eran rígidos en el desempeño de sus deberes, y ponían un rigor excesivo en la subordinación y disciplina militar. Pocos días antes de la marcha del ejército se denunció al general una conspiración tramada por estos dos jefes contra la vida de Nariño. Se formó inmediatamente un proceso, que fue remitido, con la confesión y defensa de los procesados, al consejo de guerra existente en Santafé.

   La guerra civil entre Nariño y el congreso existía aún en el corazón de los partidarios y de ella nacía una mutua odiosidad; la circunstancia de haber sido destinados por el congreso Campomanes y Serviez, los hacía odiosos al ejército; el rigor con que eran tratados los subalternos, los hacían aún más. La mayor parte de la oficialidad no tenía en ellos confianza, que desapareció enteramente con la noticia del denuncio dado. No se puede asegurar si la odiosidad, el espíritu de partido, la desconfianza y el deseo de desprenderse de jefes rigurosos y demasiado exactos en la disciplina, fueron la causa del denuncio y proceso que a su consecuencia se formó, o si efectivamente se meditó o tramó contra la vida del general. El resultado fue remitir a estos dos jefes a Cartagena con ellos al barón de Chambur, que se decía comprendido en la conspiración y que había sido juzgado por otros delitos.

   Antes de marchar a Popayán, se envió hacia el comandante general Sámano el teniente coronel Ignacio Torres, proponiendo una entrevista y medidas de paz. Sámano contestó que elegía la guerra. El 22 de diciembre marchó el ejército con dirección al enemigo. Su fuerza, compuesta de los granaderos, tres batallones y un piquete de caballería, ascendía a 1.200 hombres. En el tránsito hasta Panequita no hubo ocurrencia particular. El 30 de diciembre se descubrió sobre el alto Palacé una pequeña división, en actitud de impedir el paso de este río. El bosque impedía ver el número de que constaba, que era de 400 a 500 hombres, mandados por el brigadier Sámano. El ejército aún no había llegado; pero temiendo el general cortasen el puente, mandó inmediatamente a la columna de granaderos, compuesta de 200 hombres al mando del teniente coronel José María Vergara, atacase al enemigo. Lo verificó, y la división enemiga no pudo resistir 15 minutos la intrepidez y firmeza del acontecimiento. El enemigo fue perseguido hasta el puente del Cauca, y cerca de él acampó el ejército el día siguiente. El general, con el objeto de tomar informes exactos sobre la fuerza que mandaba Asín en el valle, número y calidades de sus tropas, marchó hacia Popayán. No pernoctó en la ciudad, y se acampó en el llano de Las Monjas.

   Continuó el día siguiente hacia el valle. El 2 de enero de 1814 se descubrió la fuerza de Asín, situada ventajosamente sobre el río Piendamó. Este jefe había tomado esta posición la misma noche que el ejército republicano había ocupado el bajo Palacé.

   El general Nariño, con el objeto de impedir a Asín tomarse las ventajosas posiciones del Palacé y Piendamó, forzó una marcha la noche del 2. En ella se guardó el mayor orden, un silencio profundo y todo el rigor de la disciplina. Los dos ejércitos conservaron sus posiciones, desde las cuales se habían reconocido mutuamente. El teniente coronel Urdaneta fue enviado a Asín con oficio en que expresaba el general la temeridad de sus esfuerzos contra las tropas de la República. El oficial fue tratado indignamente y Asín no se dignó contestar el despacho del general.

   Asín, que temía ser atacado a un tiempo por el frente y por la espalda, protegido de la oscuridad de la noche del 8 ó 9, pasó el Palacé por el puente Pedregosa y se dirigió a Calibío, en donde se reunió con los dispersos del bajo Palacé y el brigadier Sámano. El general Nariño tuvo conocimiento del movimiento del enemigo, pero no de su intención. Así fue como el ejército estuvo sobre las armas y en actitud de no ser sorprendido; pero ninguna providencia se tomó para tomar un exacto conocimiento de la dirección y objeto del movimiento del enemigo. Su marcha fue descubierta al nacer el día siguiente. Se pretendió entonces atacarlo, pero ya no era tiempo de disputarle el paso del río y era más seguro esperar la división que había penetrado por Quindío y que no debía tardar. Se hizo de consiguiente sólo un amago y el ejército volvió a su posición. Se esperó la división que mandaba el coronel Rodríguez y el batallón auxiliar de Antioquia, que mandaba el coronel Gutiérrez. Llegó el primero, y no habiendo esperanza de que Gutiérrez quisiese tomar una parte en la destrucción del enemigo, sin esperarle más tiempo, el 15 fue Sámano atacado en Calibío, el 16 entró el ejército en Popayán y permaneció en aquella ciudad hasta el 22 de marzo. La necesidad de esperar las tropas de Antioquia y algunas compañías reclutadas en el Cauca; la de colectar bestias que debían ir desde Cali y Buga; la de reunir víveres para el ejército y para dos meses por lo menos; los obstáculos que se opusieron por el coronel Gutiérrez para su reunión; las dificultades que puso el cabildo de Popayán para exigir un empréstito de $100.000, hasta que fue necesario usar de la fuerza y los entorpecimientos que se oponían a la marcha por los desafectos de Popayán, fueron las causas de la detención en esta ciudad.

   Una de las primeras medidas del general fue la de exigir un empréstito de $100.000, encargando su exhibición al gobernador, señor don José María Mosquera, y al cabildo. Como no se diese el menor paso para dar cumplimiento a esta providencia, tan necesaria para continuar las operaciones del ejército, se vio precisado el general a reunir los notables y manifestarles que el ejército debía continuar su marcha hacia Pasto o retroceder a Santafé, y en ambos casos necesitaba los $100.000 para ponerse en movimiento; y que no pudiendo sufrir por más tiempo la indiferencia con que se había mirado esta providencia, no se disolvería la junta hasta que no se hubiera reunido en la misma sala la suma expresada. A las 15 horas se disolvió la junta, sin haber colectado sino $10.000, en alhajas de plata la mayor parte, que se resolvió amonedar.

   Si se hubiera marchado inmediatamente o pocos días después de la jornada de Calibío, la libertad de Quito habría sido consiguiente a esta marcha; pero no era posible marchar sin dejar un gobierno en la provincia, una guarnición, marchar sin víveres, sin dinero y sin todo lo necesario en el tránsito de un valle desierto y en donde no debía esperarse hallar otra cosa que partidas enemigas.

   Nombrado pues un gobernador interino, convocado el colegio electoral constituyente de la provincia y, quedando de guarnición el coronel Gutiérrez con el batallón auxiliar de Antioquia y una compañía de la ciudad, marchó el ejército el 22 de marzo. Antes de su salida se habían mandado a Patía algunas partidas de observación y una pequeña división por el pueblo de Almaguer. En Mercaderes se reunió al ejército esta división, y reunidos llegaron al río Juanambú el 12 de abril, sin haber tenido encuentro con el enemigo en el tránsito. Los dos ejércitos constaban de igual fuerza, habiendo ascendido el de la República a 1.400 hombres, fuerza que a pesar de su valor y disciplina, no era bastante para desalojar a un enemigo situado ventajosamente. La naturaleza y el arte habían concurrido a hacer inexpugnable su posición: el río, además de no ser vadeable, tiene una rápida corriente, es muy pedregoso, incontenible en su crecimiento y decrecimiento. El enemigo había quitado la tarabita y defendió su paso, protegido por una línea de trincheras, que podían llamarse una sola, pero que se dividió según el terreno. Pasado el río, podría tomarse a la derecha el cerro, en cuya cima está el boquerón de Juanambú, o a la izquierda el de Buesaco, divididos por una quebrada de este nombre. Ambos eran ocupados por el enemigo, en ambos se había atrincherado y se sirven de recíproco baluarte, cruzándose los fuegos de sus respectivas baterías; de suerte que el ejército, si trataba de tomar una de esas posiciones, sería atacado precisamente por su frente y espalda. Tomando la altura de Buesaco, llevando a su izquierda el río y las trincheras de donde habría precisamente despedazado el enemigo, y por la derecha sería atacado desde las trincheras levantadas al efecto. La altura es pendiente y escarpada. Vencido el paso del río, tomadas las primeras trincheras, tenía que dirigir su atención el ejército a impedir que la división del boquerón no bajase a atacarlo, a desalojar a los que ocupaban las trincheras de la derecha y atacar en una gran trinchera al frente con sólo una fuerza muy pequeña. No se perdió terreno ocupado, pero no podía flanquearse y era preciso tomarlo a viva fuerza. Tras de ella había formado el enemigo en la roca una cortadura, en el paso preciso para poner un puente elevadizo, y sobre ella se había colocado una culebrina que defendía el paso del camino, en donde apenas se podía marchar de dos en fondo, impedía formar puente o seguir la cortadura, defendía al mismo tiempo el paso del río y ofendía al ejército que atacara en cualquier punto que ocupase.

   Si se emprendía tomar el boquerón, sería atacado el ejército por la división de Buesaco: la subida es muy pendiente. El enemigo, en la cima, desde sus trincheras ofendería, sin ser ofendido; se habían acopiado grandes piedras, que desprendidas de lo alto, hacían mucho daño; una multitud de indios, sentados tras estos grandes montones de piedra, no tenían otro objeto a que atender que a botarlas sobre nuestras tropas luego que hubiesen entrado en el boquerón. Esta sola operación, bien y oportunamente ejecutada, debía sepultar al ejército en el boquerón bajo estos montones de piedra, sin que fuera posible que una sola compañía saliera sin daño.

   Hasta el 19 no se hizo otra cosa que reconocer todos los puntos por donde podía verificarse el paso del río y evitar estrellarse en las fortificaciones. Con este objeto dispuso el general que el oficial Carretero, español, pasase el Juanambú la noche del 1° media legua arriba de la posición del enemigo, por donde éste no pudiera observarlo, pasase el cerro de Buesaco con 40 hombres por su flanco izquierdo, hasta llegar a colocarse en el punto donde estaba la culebrina, y 30 hombres que la custodiaban, sorprender este destacamento y dar un impulso a la culebrina que descendiese hasta el río; ejecutada esta operación, debía volverse al campo. La dificultad consistía en pasar el río y trepar el cerro. La sorpresa era infalible y la operación segura, pues el enemigo no podía esperar que se presentase fuerza alguna a su espalda. Mientras Carretero ejecutaba esta operación, el comandante Monsalve con 300 hombres debía pasar el río por otro lugar, abajo del boquerón, por un paso que se había reconocido, en donde se había puesto una cabuya. Debía trepar una altura muy pendiente, que sólo podía ejecutarse uno por uno y con mucha dificultad, pero se podía verificar sin ser visto del enemigo.

   De las bayonetas y de los fusiles se formó, para subir, una especie de escala. Colocados los 300 hombres sobre la altura, quedaba tomada la espalda de la división de 500 hombres que defendían el boquerón y no había sino que marchar arriba sin obstáculo. El general, con el resto del ejército, se hallaría al nacer el día en la orilla del río y tomaría el boquerón, mientras aquella división no podía atender a su defensa, atacada por Monsalve. El río creció aquella noche y le fue imposible a Carretero pasarlo; quedó sin ejecutarse esta operación. Monsalve había conseguido poner en la altura 45 hombres cuando fue descubierto, y no quedó otro arbitrio que atacar de firme al enemigo al mando del subteniente Vanegas, el cual había empeñado la acción desde las cinco de la mañana. El paso del río era imposible y hasta las siete estaba subiendo el batallón de Monsalve y no había sido descubierto Vanegas. En estas circunstancias, e ignorándose el éxito de Monsalve, se retiró el general a su campo. A las ocho se empeñó el combate entre Vanegas y la fuerza del boquerón. Esta abandonó el campo: fue perfectamente derrotada por los 400 hombres. Volvió el general entonces a pretender el paso del río y tomar aquel punto, abandonado por el enemigo. Apenas se había llegado a sus márgenes cuando el enemigo, advirtiendo la pequeña fuerza que lo atacaba y que había consumido sus municiones, volvió sobre ellos y los destrozó. Vanegas bajó por el boquerón, inutilizó el cañón que tenía en aquel campo el enemigo y el ejército volvió a su posición.

   Destruida la esperanza de tomar los puntos ocupados por el ejército realista conforme al plan anterior, fue necesario tomar otras medidas. Otro de los pasos comunes del río es el que llaman Tablón de los Gómez, fuerte posición, pero que no era defendida sino por un pequeño destacamento.

   No se habían tenido hasta entonces exactos conocimientos de los pasos del río; con el ejército no marchaba sino un solo práctico y los oficiales que antes habían transitado estos caminos lo habían hecho siempre por el boquerón. Con los pocos conocimientos que se tomaron, se resolvió mandar una división a aquel paso, que distaba dos días. El teniente coronel Diago marchó con 500 hombres el 25 de abril; barrió la fuerza que defendía aquella posición. El 28 debía presentarse sobre Buesaco. El general esperó toda la mañana, sin moverse. A la una de la tarde se observó que las tropas reales se ponían en movimiento. Juzgó el general que se dirigían a batir a Diago, y resolvió atacar al enemigo, tanto porque parecía indispensable que Diago llegase esa misma tarde, como para impedir que toda la fuerza enemiga cargase sobre él. Los días anteriores se habían empleado en formar un puente de madera, a lo menos para la mitad del río, sirviéndose de cables para la otra mitad. Se había reconocido el río con mucha atención y se verificó el paso por donde quedaban flanqueadas las primeras trincheras y después del paso del río quedaba la tropa, en tanto se formaba a cubierto de los fuegos de la culebrina, que se sufrieron durante el paso. Apenas las tropas que defendían las trincheras vieron las de la República formadas al otro lado del río, las abandonaron, fueron perseguidas y a muy pocos tiros quedaron éstas y las de la derecha en poder de nuestros soldados. Aquí debía la tropa hacer alto, conforme a las órdenes que se habían dado al mayor general Cabal, y el teniente coronel Vergara debía ocurrir a impedir que la división del boquerón se moviese a atacar las tropas que obraban en Buesaco. Cuando Cabal ocurrió a dar las órdenes para hacer alto, las tropas, llevadas por su ardor y por el deseo de destruir a su enemigo, que huía, siguieron a la gran trinchera, creyendo flanquearla por la izquierda; el enemigo la había abandonado al solo advertir el movimiento hacia ella; pero notando que en vez de entrar por la puerta única, la fuerza se dirigía a un punto por donde era imposible tomarlo, volvieron a ocuparla; aquí se sostuvo, por una y otra parte, un fuego horrible. El enemigo, ventajosamente situado, hacía un estrago de que él mismo estaba a cubierto, protegido por la pieza de artillería y la tropa que se iba formando a la orilla opuesta del río, a proporción que iba pasando.

   En estos momentos se esparció una voz entre nuestras tropas de que eran envueltas por todas partes. Eran las cinco de la tarde. La división de Diago no había aparecido, y con la rapidez con que se habían obtenido tantas ventajas, fueron perdidas y abandonado el campo. El general, en estas circunstancias, colocó un cañón de a cuatro en la orilla del río para proteger la retirada, que se estaba haciendo con una precipitación que habría sido desastrosa, si la voz del general y su esfuerzo no hubieran puesto orden en las tropas. Se repasó el río con el mejor orden posible; sin embargo, algunos soldados se ahogaron y más de 50 fusiles se tiraron al río. No tengo presente el número de muertos en esta jornada; sólo me acuerdo que el capitán general (sic) Pardo murió por querer conducir un cajón de cartuchos que se quedaba, y el oficial Girardot.

   Al nacer el día 29 no se vio en el campo enemigo un soldado ni una tienda. El general se persuadió de que todo el ejército había marchado a batir la división de Diago; pero a las siete de la mañana se presentó éste sobre la altura de Buesaco, y se vino entonces en conocimiento de que los movimientos del enemigo, desde la tarde anterior, se habían dirigido a abandonar el campo, con sólo la operación de haber pasado Diago el Juanambú por el Tablón de los Gómez. Hasta el 2 de mayo estuvo pasando el ejército y la artillería. Este día se continuó la marcha; el 5 acampó en Cebollal. En la altura de este nombre se habían colocado las tropas de Pasto. El teniente coronel Diago marchó con un batallón a descubrir la posición del enemigo y fue rechazado por las emboscadas. El general, en el momento depuso dos oficiales por haber vuelto la espalda al enemigo los primeros y les ordenó que en calidad de soldados se harían acreedores a sus empleos o no los obtendrían jamás, y a dos compañías de cazadores que habían abandonado a su comandante les previno que no tendrían el honor de combatir al enemigo y que su destino en lo sucesivo sería custodiar el campo.

   Dos días permaneció en este campo el ejército. Llegó a noticia del general que algunos oficiales eran de sentir que el ejército debía retirarse y convocó una junta de guerra, a que debían asistir todos los oficiales. Se verificó el 6. Preguntó el general el concepto de los oficiales, y no hubo uno que estuviera por la retirada. El capitán Baltasar Salazar, que había oído a algunos esta especie, habló en estos términos:

   "No estoy porque el ejército se retire, haciéndose indigno de la gloría que ha adquirido, obteniendo ventajas que casi no es dado a la temeridad el obtenerlas en medio de privaciones abandonándolo todo, ahora cuando el enemigo no da señales sino de cobardía y de ineptitud y cuando no se atreve a defender posiciones que basta para defenderlas el quererlo, cuando no puede sufrir la presencia del ejército y que es derrotado con sólo movimientos de una parte. Vi sin embargo que algunos de entre nosotros juzgan que el ejército debe retirarse, fundándose en que las municiones de guerra no son bastantes para tomar a Pasto y que absolutamente carecemos de las de boca, y sé que esta causa ha motivado la reunión de este consejo".

   El general hizo oír que las ventajas adquiridas eran muy grandes; que las posiciones abandonadas por el enemigo, sí lo eran, pues el ejército, para retomarlas, necesitaría derramar mucha sangre y gastar muchas municiones que las que se necesitaban para ir a Quito; que estaba hecha la mitad de la campaña; que el ejército, habiendo pasado el Juanambú, nada tenía que temer y menos de esas tropas que habían abandonado esos puntos: el baluarte de Pasto y de Quito; que no se presentaba una razón para que un ejército victorioso hiciera infructuosos tantos triunfos adquiridos y abandonase las ventajas de haber superado los mayores obstáculos de la campaña por capricho o cobardía; que el ejército enemigo no dejaría al de la República retirarse tranquilamente; que lo batiría en masa por lo menos hasta Juanambú, y que más municiones se necesitaban para proteger la retirada que para tomar a Pasto; que el paso del Juanambú se haría precipitadamente, allí sería necesario abandonar al enemigo la artillería y perdería por lo menos la mitad del ejército, y que el resto, ¿con qué municiones contaba para defenderse del enemigo, que lo perseguiría hasta Popayán?, ¿y con qué víveres haría la marcha de 18 días por lo menos, cuando sólo había para un día, y en Pasto, que no distaba sino algunas horas, se hallaba en abundancia y había municiones para tomar esta ciudad, aun cuando fuese resuelto batir al enemigo en sus diferentes posiciones?

   No hubo oficial que no quedase convencido de que el medio más seguro de perderse el ejército era emprender una retirada. Los temores y desconfianza que esta opinión había comenzado a sembrar desaparecieron y el discurso del general obró los mismos efectos que si hubiesen llegado al campo víveres y municiones; no se pensó más que en ir a tomar a Pasto.

   El día 8 salió el ejército al alto de Cebollas y se situó frente al cerro de Tacines. Se reconoció la posición, se tomaron las medidas que permitían las circunstancias, y el 9 marchó el ejército a desalojar al enemigo de la altura que ocupaba. No se veían sino una multitud de indios, que la coronaban. El ejército de Pasto se había emboscado en partidas en todo el cerro, que es de áspera y difícil subida; al pie de él se colocó una pieza de a cuatro, y en tanto que el ejército marchaba trepando el cerro, algunos tiros de cañón habían hecho desaparecer a todos los indios. A las once del día había vencido el ejército la tercera parte de la subida. A esta hora se rompió un horrible fuego casi de todos los puntos del cerro. No luchaba el ejército con otro, sino con una montaña incendiada. El ejército de la República, en la mitad de ella, era un blanco a todos y a cada uno de los soldados enemigos ocultos en el bosque; nuestros soldados no tenían otro blanco a donde dirigir sus tiros sino el bosque y el humo. Se necesitaba un valor heroico para continuar la marcha, recibiendo la muerte de todas partes, envuelto en fuego, en humo, y sin poder dañar a la mano que enviaba la muerte ni defenderse.

   El enemigo, para que no quedase punto desde donde no se hiciese fuego a nuestras tropas, había hecho pasar una pequeña división a una hondura cubierta de un espeso bosque, en donde se mantuvo oculta y de donde debía salir luego que el ejército hubiera pasado, para tomar su espalda. Cuando esta división intentó su movimiento, la artillería, colocada al pie de la altura, impidió la operación: la desconcertó y derrotó. El fuego no era interrumpido un solo instante, y como a las tres de la tarde dos compañías del Cauca volvieron la espalda y huían en desorden; este fue el momento más crítico de esta célebre jornada.

   El general notó que la fuga de estas compañías iba a ser seguida de todo el ejército, voló a contenerlas, les dirigió algunas expresiones de fuego, reprendió su cobardía y, arrojándose con su espada entre el humo y el fuego, los soldados recobraron su valor y, seguido este ejemplo por el ejército entero, el enemigo huyó de todas partes y la acción se decidió a las cinco de la tarde por el ejército de la República. Más de 200 soldados y siete oficiales perecieron en ella, sin sufrir el enemigo otra pérdida que un prisionero que se le hizo. El mayor general Cabal, que marchó este día al frente del ejército, tenía orden de posesionarse de la altura y no perseguir al enemigo. El general Nariño, que había dado esta orden, no la ejecutó él mismo y, decidida la acción, continuó persiguiendo a los fugitivos más de una legua, con 500 hombres. Habría adquirido algunas ventajas si una fuerte granizada no lo hubiere obligado a detenerse y acampar en la mitad del páramo de Tacines. La tropa no había comido en todo el día ni tenía qué por la noche. Permaneció en el páramo, sin tiendas y cuidando cada soldado de su fusil. Desde allí mandó al coronel Rodríguez al campo de Tacines y dio orden para que marchase la artillería y el resto del ejército. Ofició al cabildo de Pasto pidiéndole cuarteles y mandó por pan para la tropa. Le contestó que reunido el cabildo al día siguiente daría la correspondiente contestación. El soldado que había llevado el oficio aseguró que en la ciudad no había tropa, que se habían retirado en dirección a Quito y que todo estaba en el mayor desorden. Esta relación, la necesidad de abandonar una posición desventajosa, la de ir a preparar a la tropa qué comer, la de no dar tiempo al enemigo para reunirse y volver a dar otro combate, obligaron al general a seguir hacia Pasto con intención de situarse en el alto de Aranda o en el ejido a la vista de la ciudad, y esperar allí el resto del ejército y la artillería.

   Apenas había llegado al ejido la descubierta, fue atacada por una partida; voló a protegerlo el centro de la división, y la partida huyó hasta las calles de la ciudad. La división habría entrado en ella en persecución de esta partida, pero el general ordenó retirarse al ejido. Serían las ocho de la mañana, y desde esta hora se vio comprometida la división a sostener el fuego hasta las siete de la noche. La partida enemiga, fuese que advirtió que la tropa no llevaba artillería, que no era todo el ejército o que era cobardía no haber entrado a la ciudad, fue aumentándose por momentos, sin dejar descansar nuestra tropa. A las seis se había reunido todo el ejército enemigo; muchas veces en el día se le había hecho retroceder hasta la ciudad. El general manifestó un valor extraordinario: sólo con su sable dispersó una partida de caballería que se dirigió contra él. Por la noche atacó el ejército enemigo en tres divisiones, y el general formó otras tres para oponerse a cada una de ellas. La del centro, que la mandaba él mismo, derrotó completamente al enemigo, hasta obligarlo a evacuar la ciudad; pero los comandantes de las otras dos divisiones, en vez de reunirse a la tercera, juzgando que ésta había sido envuelta y destrozada, se vinieron al campo donde estaba la artillería. El mayor general Cabal, en estas circunstancias, persuadió al general se retirase a reunirse con el resto del ejército: el enemigo había sido derrotado, pero podía reunirse por la noche, observar al amanecer el estado en que había quedado la división, que no constaba ya sino de 200 hombres; las municiones se habían consumido todas y la última victoria se había obtenido con las puntas de las bayonetas, e infaliblemente serían destruidos. El general resolvió venirse a las once de la noche, para volver al día siguiente a tomar a Pasto.

   En tanto que esto pasaba en el ejido de Pasto, los soldados y aun oficiales, entre ellos algunos de reconocido valor y crédito, que llegaban al campo que mandaba el coronel Rodríguez, aseguraban que no quedaba más fuerza que los pocos soldados que iban llegando, que había muerto el mayor general y que el general era prisionero. Rodríguez, sin examinar este relato, dio orden de que fuera clavada la artillería y que el ejército se retirara sin demora. Hubo oficiales que se opusieron a esta inconsiderada resolución, pero el desaliento y la desconfianza se habían apoderado del ejército: se juzgaba la empresa de tomar a Pasto más que temeraria —se juzgó mal—, que se hallaban en el más eminente riesgo de ser destruidos, y no se pensó sino en salvarse.

   No es de admirar que un ejército sin general, escaso ya de municiones y abandonado a sí mismo, tomase este partido, a pesar de haber adquirido los más brillantes triunfos, superado grandes obstáculos, que el arte y, además, por otra parte, la naturaleza, oponían a cada paso; y a pesar de hallarse victorioso y en el día mismo de tomarse a la rebelde ciudad de Pasto —término de sus fatigas y de sus privaciones y término de la campaña— y la noticia de los prodigios de valor ejecutados por las tropas, habían obligado al presidente de Quito a tomar disposiciones para abandonar la ciudad.

   A las cinco de la mañana del día 12 se puso el ejército en marcha de retirada, tomando el camino que se dirige al Tablón de los Gómez. El general Nariño venía por el camino más corto, dirigido por el teniente coronel Vernaza. El soldado, en el momento en que llegaba al campo, sin esperar orden y sin detenerse un momento, seguía a reunirse a los que se retiraban. Nariño llegó a las siete de la mañana y no se halló sino con 60 hombres y los oficiales Pombo, Díaz, Pardo, Nariño y Cabal. Se ofreció ir a alcanzar la tropa y hacerla volver, y se puso en marcha. A las ocho se presentaron sobre el campo 25 ó 30 hombres del enemigo, que fueron rechazados por los 13 que defendían el campo, hasta las doce, cuando dio el general orden al teniente coronel Nariño de que fuese a alcanzar a Cabal para que acelerase sus marchas y viniese a proteger la retirada. Cabal había reunido 80 hombres y estaban de pie firme a tiempo de dar Nariño a Cabal la orden que llevaba. Llegaron los oficiales Manuel Santacruz y José Posse, asegurando que la fuerza enemiga había venido toda sobre el campo y que no había quedado uno que no fuese muerto o prisionero. Se continuó la retirada, reuniendo toda la fuerza al día siguiente.

   El caudillo de los patianos, Joaquín de Paz, con 150 hombres intimó rendición al ejército. El 16, inmediatamente fue puesto en dispersión. Para la retirada se tomó el camino del Tablón de los Gómez por los pueblos de San Pablo, La Cruz, Almaguer y Trapiche, como que de ellos podrían sacarse algunos recursos, y efectivamente se sacaron. La tropa se mantuvo con choclo y caña. En toda la marcha fue el ejército molestado por partidas, obstruyendo los pasos precisos y las montañas por las cuales era necesario abrirse un nuevo camino. El 20, en Santa Lucía, se presentó una partida de consideración a disputar el paso, y casi no había punto desde donde no se presentase una o dos haciendo daños al ejército. El 24 llegó el ejército a Popayán, compuesto de 900 hombres. Entre muertos, heridos que quedaron en el campo de Tacines, enfermos que quedaron en los pueblos y prisioneros, se perdió el resto y toda la artillería. Más de $60.000 se salvaron, con lo que se estuvo pagando después la tropa.

   Pocos días después envió el gobernador de Popayán una comunicación al de Cundinamarca y al congreso, con el objeto de imponer por menor al gobierno del estado de las cosas del ejército, y pidiendo sólo 800 hombres y municiones, con lo que se ofrecía emprender al momento la campaña y tomar a Pasto. Los comisionados fueron: el 1° Ignacio Torres, el padre Florido y Osorio. Nada se consiguió, y el ejército permaneció en Popayán. Nada más que $30.000 y algunas municiones envió el gobierno de Cundinamarca.

   No contribuyó poco al desaliento de las tropas la conducta del gobernador de Popayán y del coronel Gutiérrez. Desde que el ejército salió de la ciudad, no se tomó la más ligera providencia para saber de él, no se le envió un cartucho ni víveres, ni aun se prestaron auxilios para que siguieran los que el general dejó acopiados. Como la falta de víveres, de algunas municiones más y de comunicación, fue una de las causas del éxito de la expedición, fue hostil la conducta del gobierno de Popayán y del coronel Gutiérrez en esta parte, [pues] con víveres que hubiera tenido el ejército, hubiera sido feliz.

A. Osorio

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de historia y antigüedades.

77
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

INFORME SOBRE LA SITUACION EN POPAYAN. MOVIMIENTO DE TROPAS. Cuartel general sobre el alto del bajo Palacé. 6 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   A las once y media de este día ha llegado un posta con el siguiente oficio:

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca:

   Es difícil poderse formar una idea del estado de Popayán, y por consiguiente poderla dar. El 31 del pasado, día siguiente a la acción del alto Palacé, ordené mis tropas en columna, y con la artillería y el parque me dirigí a la ciudad, sin haberse presentado hasta las diez del día ni una sola persona que nos diera noticia de la situación del enemigo. A la aproximación recibí dos oficios, el uno de dos vecinos que lo fechaban desde un camarín, y el otro de dos alcaldes provisionales que se habían elegido el día anterior por el pueblo; este último venía acompañado de una comisión que presidía el cura interino de la catedral, y todo reducido a suplicarme que no causasen daño las tropas en su entrada. Les contesté que yo no traía bandidos en mi ejército, y en su presencia exhorté nuevamente a los soldados a que se portasen con la moderación y disciplina que han guardado en cuantos pueblos hemos estado. Seguí mi marcha y a las dos y media de la tarde entré en la ciudad, yerma y desierta, de modo que más parecía haber entrado tropas enemigas que las de sus libertadores.

   Las hice formar todas en la plaza, y un solo soldado no se apartó de sus líneas durante dos horas, en las cuales traté de proporcionarles algún refresco, y no pude conseguir ninguno. A las cuatro y media mandé que saliesen y se acampasen fuera de la ciudad, y yo me quedé con el brigadier Leiva, algunos oficiales y 30 hombres de caballería veterana; nos paseamos solos por la ciudad, visitamos algunas casas y conventos, y luego nos retiramos al campamento, quedándose solo el brigadier Leyva en casa de mi ayudante don Ignacio Torres, única persona que nos ha atendido con las mayores demostraciones de afecto, y que nos ha franqueado los auxilios que han estado en su alcance.

   Al día siguiente di orden de marchar al valle, y lo hubiera pasado enteramente en ayunas, si no hubieran quedado dos platos de una comida que el día anterior nos proporcionó el vicario del ejército don Andrés Ordóñez.

   Tomamos en efecto el camino del valle, y a la segunda marcha avistamos al enemigo acampado sobre el alto de Cajibío, lo que nos obligó a acamparnos también sobre el alto del bajo Palacé, en el mismo sitio en que tuvieron su acción nuestras tropas al mando de Baraya el 28 de marzo de 1811. Hace cuatro días que estamos en este punto aguardando la reunión de las tropas del valle, para coger al enemigo en medio; pero éste, protegido por todos los hijos de esta desgraciada provincia, que conocen perfectamente el terreno y los caminos, se me ha escapado antes de anoche por un camino de que yo no tengo noticia, y se me ha puesto en comunicación otra vez con Popayán, incorporándose con Sámano, a quien ya habían hecho llamar los mismos popayanejos, de modo que Popayán no queda libre ni con arrojar ni con destruir las fuerzas de las tropas realistas, y es bien doloroso ver que en medio de las privaciones que, así las tropas como yo, estamos pasando, sea el fruto de la victoria la ingratitud y resistencia de estos hombres a ser libres.

   El día 4 en que por la noche desamparó el enemigo su campo, pasé a su comandante don Ignacio Asín el oficio que en copia acompaño a vuestra excelencia, y la contestación fue llenar de insultos y dicterios al capitán don Francisco Urdaneta, que con el trompa de caballería había pasado a conducirlo, sin siquiera dejarlo desmontar del caballo y valiéndose de las más groseras expresiones y modales; y se asegura por un oficial que se acaba de pasar del campo enemigo, que se ha arrepentido este bárbaro de no haberle quitado la vida.

   Creo que de mañana a pasado mañana habrá una acción decisiva, y vuestra excelencia, con todos los amantes de la libertad de la Nueva Granada, pueden descansar en la buena disposición, disciplina y entusiasmo de las tropas y oficialidad del ejército de mi mando, que se están conduciendo de un modo admirable, y de que quizá hay pocos ejemplos, pues sin más comida que carne y sal, en continuas vigilias, haciendo marchas y contramarchas, no sólo no se oye una murmuración, sino que todos se hallan contentos, y prontos a ejecutar cuanto se les previene. De todo se servirá vuestra excelencia dar noticia al soberano congreso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general sobre el alto del bajo Palacé, 6 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Señor comandante en jefe, don Ignacio Asín.

   A pesar de la áspera contestación que recibí del brigadier don Juan Sámano y cuyas consecuencias han sido haberlo derrotado con sólo la vanguardia de mi pequeño ejército, y haber entrado pacíficamente en la ciudad de Popayán, no puedo resistir a los sentimientos de mi corazón en favor de la humanidad y proponer igualmente a ustedes se me entreguen las armas que aún quedan a su mando, bajo unas capitulaciones honrosas a su persona y oficialidad. Ya no les queda a ustedes en toda esta provincia más que el estrecho recinto que ocupan sus tropas, y el odio de la memoria que ha dejado Sámano, y que si la suerte de las armas se les manifiesta contraria, su retirada me parece poco menos que imposible, no obstante las precauciones que de antemano haya tomado. Yo le ofrezco a usted que jamás se arrepentirá de haber cedido a la necesidad y tratado conmigo, perdonando un derramamiento de sangre inútil y funesto. Sámano desapareció, Montes se dice haber sido depuesto por Aymerich, y por lo que hace al adorado Fernando, la adjunta gaceta hará ver a usted cómo piensan y lo tratan los mismos españoles, proponiendo por su rey a un general extranjero.

   No nos obstinemos, señor comandante, en destruirnos los unos a los otros, para proporcionar a los extranjeros la dominación de unos países [territorios] que poseemos, que son nuestros, y que no hay justicia sobre la tierra que no los pueda disputar. Si los destinos han querido que la España se vea envuelta en tantas calamidades, salvemos a lo menos esta bella parte del mundo, para que sirva de asilo a los mismos españoles, que no quieran ser esclavos del tirano de la Europa. Pero si a pesar de todo, usted quisiere que la suerte de las armas decida la de esta desgraciada provincia, usted conocerá, aunque tarde, que no es la falta de medios para vencerlo la que me obliga a dar este último paso, y a mí me quedará la satisfacción de haber tentado todos los medios que dicta la prudencia en una guerra de hermanos y compatriotas.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Cuartel general sobre Palacé, 4 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Es copia,

   Alto de Palacé, 6 de enero de 1814.

Mutienx.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 13 de enero de 1814. N° 68.

78
BATALLA DE CALIBIO

TRIUNFO DE TROPAS PATRIOTAS. MUERTE DE IGNACIO ASIN, SEGUNDO AL MANDO EN EL EJERCITO REALISTA. DETALLE DE LA BATALLA. Cuartel general en Popayán, 16 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

Popayán libertada: Asín muerto. Sámano fugitivo. Se imprimió un número muy crecido de ejemplares del boletín No. 70, pero no habiendo bastado, ha parecido conveniente insertarlo aquí

   Tengo la satisfacción de anunciar a vuestra excelencia y a ese pueblo, que el encuentro con las tropas enemigas al mando del brigadier Sámano y su segundo, don Ignacio Asín, se ha decidido a nuestro favor. El 13 por la noche llegaron a mi campamento de Palacé las tropas del mando del coronel Rodríguez, en número de 348 hombres, con sólo 220 fusiles. El 14 di todas mis disposiciones para arreglar las marchas que debíamos hacer el día siguiente. Ayer 15 al amanecer nos pusimos en movimiento para atacar al enemigo que se hallaba en la hacienda de Calibío; marchó primero una división al mando del coronel Cabal, que hace las funciones de mayor general, en número de 300 fusileros, 50 lanceros y 100 de caballería, que debían cubrir el flanco derecho. Otra de 210 fusileros y 140 lanceros, al mando del coronel Rodríguez, para sostener el izquierdo, y yo marché con 700 hombres y las ocho piezas de gruesa artillería, con el brigadier Leiva, que debían formar el cuerpo del ejército. Como a las doce del día nos avistamos con el enemigo, que en número de 1.200 fusileros y gran número de caballería, se hallaba ya formado en batalla, con siete piezas de muy buena artillería. Al acercarnos un poco más de tiro de cañón, tuve por conveniente mandar al segundo general Leiva, con la mitad de la artillería que yo llevaba, a incorporarse con la división de Rodríguez, que ya se hallaba bastante adelantada y aun hecho algunos tiros. A la una y cuarto del día se rompió el fuego de artillería por el enemigo, como a 700 varas de distancia, con el mayor acierto, en términos que en sólo el espacio de 200 varas cuadradas en que estaba ordenando mi división, nos cayeron 11 balas de cañón, que recogimos. Mandé avanzar a un tiempo por los tres puntos, correspondiéndoles también con algunos tiros de artillería. El enemigo se sostuvo con la mayor firmeza, pero nuestros granaderos, con las otras dos compañías de nacionales, desde que se vieron a tiro de fusil, volaron a paso de ataque y los siguieron los demás, en medio de un vivísimo fuego, hasta ponerlos en una completa derrota. La acción se sostuvo dos horas y cuarto y durante ella jamás dudé de la victoria, por el orden, intrepidez y denuedo con que se manejaban nuestras tropas. Les hemos tomado las últimas siete piezas de artillería que les quedaban, un crecido número de fusiles y pertrechos, quedando el campo cubierto de cadáveres, y entre ellos, el del segundo general don Ignacio Asín y cinco oficiales, que hasta ahora no se han reconocido.

   Lo quebrado y desconocido del terreno hizo que se nos escapasen un gran número de fugitivos, ignorándose la suerte que haya corrido Sámano. Los prisioneros, entre los que se cuenta don José Dupré y otros oficiales, no alcanzan a 20, porque indignadas las tropas con la relación de las crueldades que este ejército de bandidos asesinos ha cometido en el valle, no les daban cuartel y apenas han escapado los que llegaron vivos a mi presencia. También se cogieron cosa de 17 ó 20 mujeres, de las que llamaban voluntarias, algunas vestidas de hombre, cuyo traje hizo que murieran muchas en la derrota. De nuestra parte no ha muerto ningún oficial y aún no sé el número de muertos y heridos de los soldados, aunque puedo asegurar no pasen de 50, según los que vi por mis ojos.

   La uniformidad con que la oficialidad y las tropas se portaron, no me permite hacer una mención particular de ninguno, pues todos obraron simultáneamente como por una especie de impulsión hacia la gloria.

   A las cuatro y media de la tarde hice marchar el primer batallón a tomar el puente de Cauca y yo lo seguí a las siete de la noche, escoltado de 20 hombres de caballería. Hoy, a las seis y media de la mañana entré en esta ciudad incomprensible y me vi precisado a llamar a los alcaldes y decirles, que si no me proporcionaban algún alimento para las tropas, que desde ayer no comían, le pegaría fuego a la ciudad, después de haberles permitido que se buscasen el alimento con la punta de sus bayonetas, pues no era justo que su moderación y buen porte los tuviese en ayunas, después de haber pasado el día anterior en medio de las balas, por dar la libertad a esta ingrata y pervertida ciudad. No fue bastante esta amenaza y tuve que mandar por trozos la tropa a los conventos y casas de los protectores de Sámano para que de grado o por fuerza se les diese algún desayuno.

   El segundo general se mantiene en Calibío con su división, haciendo enterrar los muertos, remitiendo los prisioneros al valle y las mujeres y heridos a esta ciudad. Yo pienso seguir esta tarde con el primer batallón, la división del mayor general Cabal y cuatro piezas de artillería ligera, a perseguir al enemigo hasta donde me alcancen las fuerzas y el alimento para las tropas.

   En dándoseme el estado de nuestros soldados muertos en el ataque, lo avisaré a vuestra excelencia para que se señale a sus viudas alguna pensión, en los términos que se ha hecho en otras ocasiones.

   De todo espero se sirva vuestra excelencia dar conocimiento al soberano congreso, como se ha hecho con los anteriores oficios.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general en Popayán, a 16 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 27 de enero de 1814, t. III, N° 154, p. 690-691.

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OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL AYUNTAMIENTO DE CALI

CONVENIENCIA DE NOMBRAR DIPUTADOS EN LOS PUEBLOS LIBERADOS. Popayán, 19 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Libre ya la capital y la mayor parte de la provincia con la completa derrota de los enemigos que la oprimían, es llegado el tiempo de que los pueblos nombren diputados a la mayor brevedad para que, reunidos en esta ciudad, se constituyan y den la forma de gobierno que crean más conveniente a su seguridad y bienestar. La apariencia de los males pasados, la desorganización y miseria presente, deben hacer a los pueblos más cautos en lo sucesivo, y convencerlos de que la división y el espíritu de partido nos han causado todos los males que estamos sufriendo: dos días de firmeza han sido bastantes para arrojar a los enemigos exteriores; pero ¿cuántos serán necesarios para conciliar o destruir los interiores? ¿Quién se gloriará de conseguirlo si los mismos pueblos no se convencen de que este es el tiempo de los sacrificios, de deponer mezquinas pasiones y bajas rivalidades?

   Podemos decir que va para cuatro años que estamos destruyendo el edificio gótico en donde antes habitábamos, que seguimos destruyendo los materiales, y que sin levantar otro nuevo decimos por cuál lo ha de habitar primero. Levantemos un edificio sencillo y bello, como nuestras costumbres; aprovechemos los pocos materiales que nos han quedado; dejémonos de proyectos quiméricos y de ese bello ideal que en ninguna parte es más impracticable que en América; y consultando con madurez nuestras costumbres, nuestras fuerzas efectivas y nuestros recursos, fijemos nuestra opinión y nuestras voluntades sobre la forma de gobierno que más nos convenga en los momentos presentes.

   Espero, pues, que penetrado ese ilustre ayuntamiento y su vecindario de estas verdades prácticas, pongan los ojos en persona de juicio, luces y patriotismo, y que se proceda a los nombramientos con la prontitud que exigen las circunstancias, de modo que se hallen todos en esta ciudad para el 20 de febrero próximo; arreglándose para ello al adjunto formulario.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Popayán, 19 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Al muy ilustre cabildo de la ciudad de Cali.

FUENTE EDITORIAL:
Fuente sin identificar.

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OFICIO DEL GENERAL NARIÑO A TORIBIO MONTES

LE INVITA A LA CONCILIACION, O DE LO CONTRARIO LE SEÑALA LA MISMA SUERTE DE SAMANO Y ASIN. CONTESTACION DEL GOBERNADOR DE QUITO. Popayán, 24 de enero de 1814. Quito, 15 de febrero de 1814.

Antonio Nariño,
Toribio Montes.

Oficio dirigido por el excelentísimo señor general en jefe del ejército republicano, al gobernador actual de Quito, don Toribio Montes

   Provocado por usía a una guerra desastrosa y cruel, bajo el especioso pretexto de defender los derechos de un rey imaginario, marché de Santafé con mi ejército hacia la ciudad de La Plata, desde donde oficié con el brigadier don Juan Sámano, proponiéndole medios de conciliación y de paz. Este hombre orgulloso, a pesar de las reflexiones convincentes que le hacía en mi oficio, me contestó, en dos renglones, que escogía la guerra; y adelantando mis marchas, lo denoté en persona, con la vanguardia de mi ejército, en el primer encuentro que tuvimos. No le bastó esta experiencia, ni yo me cansé de buscar después de la victoria nuevos medios de detener una guerra injusta entre hermanos y compatriotas; oficié nuevamente con su segundo, don Ignacio Asín, quien me dio por respuesta una porción de insultos y desvergüenzas; conducta propia de unos jefes de bandidos, que desconociendo todos los principios del derecho de gentes y de la moral, sólo se han empleado en robar y cometer en esta desgraciada provincia todo género de maldades, como usía lo sabe muy bien, pues he visto todas sus correspondencias.

   Reunidos Sámano y Asín con todas sus fuerzas, y no teniendo yo esperanza de sacar ningún partido de paz con semejantes hombres, los ataqué el 15 del presente en los campos de Calibío; Asín quedó muerto con otros 10 oficiales y más de 300 hombres, dejando en nuestro poder toda la artillería, pertrechos y municiones, con un gran número de fusiles, y Sámano, aprovechando de los buenos caballos que había aprontado, escapó de la justa venganza de mis tropas. Los prisioneros no han sido tratados como Caicedo y Macaulay, viven, y viven para que usía los canjee con los desgraciados ciudadanos de Popayán, que Sámano, sin causa y sin más motivo que su antojo, los arrancó del seno de sus familias y los remitió a esa ciudad.

   Entre los prisioneros tengo dos coroneles y otros oficiales de menos graduación, y asegurados algunos religiosos y otros vecinos pudientes de los enemigos del suelo que los alimenta, para usar con ellos del justo derecho de represalia, en caso de que usía como Sámano y Asín se obstine en continuar llenando de lágrimas y de luto a los desgraciados pueblos que los han admitido en su seno.

   Antes de ayer ha marchado una columna de 800 hombres y algunas piezas de artillería ligera en persecución de los fugitivos, y yo saldré bien pronto con el grueso del ejército hasta esa, en donde espero que usía seguirá la suerte de Sámano o de Asín, si más prudente no toma el partido de que nos conciliemos, o de dejar un suelo que no ha creado Dios para ser eterno patrimonio de los tiranos de Europa.

   Acompaño a usía copias de los oficios que pasé a don Juan Sámano y don Ignacio Asín, y del último parte dado al gobierno de Santafé sobre la acción de Calibío, y espero que, reflexionando usía detenidamente los males infructuosos que nos han causado la incertidumbre de los sucesos de la guerra contra unos hombres que han jurado a toda costa ser libres, y la experiencia de lo que acaba de suceder en los campos de Palacé y Calibío, le haga tomar un temperamento que ponga fin a estas desavenencias.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Popayán, 24 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Señor gobernador actual de Quito, don Toribio Montes.

Contestación al antecedente oficio

   Si mis sentimientos no fuesen tan decididos por la humanidad, dejaría que las bayonetas determinasen la suerte de estas provincias, evitando la contestación de un oficio que recibo con esta fecha, y cuya primera cláusula no sólo es contraria a los que he manifestado a usía en mis anteriores, sino que, a pesar del agravio, aún los conservo lleno de deseos para que el pueblo de Santafé goce de la paz y tranquilidad que a mi regreso di a Quito y sus provincias.

   La batalla de Calibío significa tanto como los triunfos de Belgrano y de Bolívar en Salta y Caracas. Usía sabe que no han observado mis órdenes, que la arbitrariedad o el capricho han sido los agentes de una operación sin dirección ni cálculo, y que no es lo mismo batirse con una división confiada a quien sólo sabía vencer obedeciendo, que el venirme a buscar a Quito, donde si tiene tiempo para verificarlo, le esperaré tranquilo y con la confianza que inspira siempre el buen proceder, y que dejando a Pasto a la espalda, tendré en aquel pueblo fiel y valiente unos agentes que eviten a usía el trabajo de una segunda descripción de los raspones con que se marca el triunfo conseguido.

   Si usía ha visto los oficios y correspondencias con el brigadier Sámano y Asín, también habrá entendido mi modo de pensar y la firmeza de un corazón que, español siempre, conservará en todo tiempo el amor a la justicia y a los intereses de los pueblos. Estos busco, y sin perder medio alguno he calmado sus males, las tempestades se han deshecho, sus lágrimas están enjutas y respirando ya bajo el gobierno más liberal y equitativo; bajo unas autoridades que ellos mismos han elegido, sólo desean prosperar, y ciertamente lo conseguirán a pesar de las ideas de trastorno con que usía les amenaza, y con las que seducido quiere correr la última suerte, imponiéndose la de Caicedo o Macaulay.

   El ejemplo de un buen trato a los prisioneros lo recibió usía de mí y tiene a su lado los testigos de mi generosidad. Yo di libertad sin canje a los oficiales caleños, la he dado igualmente a los sujetos que reclama como desterrados por el brigadier Sámano; bajo este principio puede calcular usía lo que deberá hacer para imitar mi conducta, o para que en lo sucesivo pueda reglarla con atención a la suya.

   A pesar de las instigaciones y del montón de fábulas con que se procura volver a incendiar esos pueblos para conducirlos a su ruina, ellos se mantienen tranquilos, conocen su bien, están impuestos de la verdad, desprecian las noticias o embrollos de unas gacetas forjadas por el calor de imaginaciones exaltadas y sin orden, y me acaban de dar la última prueba de su buena fe en el donativo de 500 caballos y dinero, que debe ponerme en estado de mantenerles la paz y bienes de que gozan, según me lo expresan en oficio por medio de sus cabildos, de que si el tiempo no lo prohibiese mandaría copia; pero sí incluyo las últimas gacetas de Lima, sintiendo que las de España, que con mi permiso le fueron dirigidas por el canónigo magistral, doctor don Francisco Rodríguez Soto, no le hayan llegado, para que en vista de todo, calcule usía si Cundinamarca podrá ser libre y figurar por sí.

   Aquí debería concluir este oficio, dejando al tiempo y a la suerte la decisión de nuestras encontradas ideas e intereses; pero no quiero que en ningún caso se hagan reclamaciones sobre males que pude impedir. La España está triunfante y sus ejércitos dentro del territorio francés. La coalición del norte de Europa, vigorizada con la unión de la Austria; todos aquellos pueblos sacuden ya el yugo del opresor. La suerte del Perú está decidida con la batalla de Ayauma; Buenos Aires va a rendirse a las tropas peninsulares que obran en Montevideo; Chile propone su capitulación al virrey de Lima. Méjico se halla tranquilo, no restando sino bandidos que se someten al indulto. Caracas, usía sabe mejor que yo su suerte, pudiendo darme avisos del Estado de Cartagena y sus apuros. El norte de América, consternado con la quema de Habre de Gracia y remitidos diputados que compongan sus diferencias por la mediación de Rusia; y últimamente, con dirección a todos los puntos disidentes de América, tropas españolas que los guarnezcan, previniéndose cuarteles en Guayaquil para el contingente de esta provincia, según me lo avisa su gobernador; en este estado ¿quién será el que deba reflexionar y quién es el agresor de la quietud y felicidad de los pueblos? ¿Quién es el que prolonga sus males, y quién deberá responder de una guerra destructora y entre hermanos? ¿ El Dios justo que la ha protegido en la península, dejará en la América de cubrir unas operaciones que llevan por objeto el cumplimiento de las promesas más sagradas, la buena fe y el verdadero interés y paz de los pueblos? Si el brigadier Sámano faltó a su deber y mi confianza; si en lugar de hacer sentir la generosidad con que el gobierno supremo quiere compensar la ingratitud de unos hijos que aumentan los días y los motivos de su amargura; si no oyó las quejas y no atendió a enjugar las lágrimas de esa provincia; si él con Asín trataron a usía del modo más incivil, crea usía que yo estaré pronto a oír sus proposiciones y aun a salvarlo de la tempestad que le amenaza, siempre que atendido el grito de la razón, el del bien de los pueblos y su quietud, me proponga usía, sin ambigüedad, proposiciones terminantes y que sean capaces de conciliar los derechos de la nación con los intereses de esas provincias, en cuyo caso no será la incertidumbre de los sucesos de la guerra (en los que podrá haber entre los dos alguna diferencia en razón de situación y fuerza) la que decida, sino la razón y utilidad de ambas provincias, en común y particular.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Quito y 15 de febrero de 1814.

Toribio Montes.

   Señor don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín del ejército del sur, Popayán, 2 de marzo de 1814.

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OFICIOS ENTRE EL GENERAL NARIÑO Y TORIBIO MONTES

RECUENTO DE LOS ENFRENTAMIENTOS MILITARES. CORRELACION DE FUERZAS. BATALLA DE CALIBIO. TRATAMIENTO A LOS PRISIONEROS. CARTA DE UN CIUDADANO DE QUITO DESMIENTE LO DICHO POR MONTES. OFICIO DE NARIÑO AL CABILDO Y A LA COMANDANCIA Y OFICIALIDAD DE PASTO. Popayán, 24, 26 de enero: 3 de febrero; 4 de marzo de 1814. Quito. 15 de febrero de 1814.

Toribio Montes,
gobernador de Quito.
Antonio Nariño,
Felipe Antonio Mazuera.

Recibido por el señor general de las tropas republicanas dirigió a Montes el que sigue, inserto en el boletín del ejército del sur, número 14

   Supuesto a que vuestra señoría me dice que la batalla de Calibío significa tanto como los triunfos de Belgrano en Salta y de Bolívar en Caracas; supuesto que me amenaza con la suerte de Caicedo y Macaulay, si tengo la candidez de capitular como ellos y, supuesto que no me deja vuestra señoría más camino que el de las bayonetas para que el pueblo de Santafé no se vea sumergido en los mismos horrorosos males que ha sufrido Popayán en los siete meses que ha tenido la desgracia de estar bajo su dominación, abrazaré este partido como el único que me queda en vista del oficio de vuestra señoría del 15 del presente, que acabo de recibir.

   Convengo desde luego en que están de parte de vuestra señoría la superioridad de fuerzas, de posición y de luces, que la larga carrera de su vida le habrá proporcionado adquirir; pero de la mía está la justicia y santidad de la causa que defiendo y que el cielo protege; con su auxilio volaré a donde quiera que la tiranía europea intente levantar su imperio sobre las ruinas de la libertad.

   Agradezco a vuestra señoría la advertencia que me hace sobre Pasto y cuidaré de no dejarla en estado de que me pueda perjudicar por la espalda.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Popayán, 28 de febrero de 1814.

Antonio Nariño.

   Señor gobernador actual de Quito, don Toribio Montes.

Carta de un ciudadano de Quito a otro de esta capital, cuyos nombres se reservan por el perjuicio que su publicación podría ocasionarles, la cual se inserta en este lugar, como que ella desmiente cuanto dice Montes en su oficio de 15 de febrero último, relativo a la tranquilidad y beneficios de que disfrutan los pueblos de Quito con la sojuzgación del gobierno español y manifiesta los terribles males que los oprimen

   Quito, 26 de septiembre de 1813.

   Mi querido compatriota:

   ¡Cuánto hemos padecido y padecemos! Los moros no trataron a los españoles como éstos nos han tratado a nosotros. Entraron en esta infeliz ciudad el 8 de noviembre del año pasado: saquearon las casas, despedazaron los muebles y cuanto encontraron, hasta las mismas casas, por sólo el placer de hacer mal; al que cogieron el primer mes de su entrada lo degollaron, en el segundo lo desterraron, y en todos los sucesivos hemos comprado la vida a fuerza de dinero, y el que no podía darlo estaba en riesgo de perecer. Los disturbios interiores; las venganzas; la ambición, y sobre todo las incertidumbres, que los que mandaban tenían en defenderse o entregarse; los infinitos traidores interiores; la falta de energía en el gobierno; la ninguna dirección en todos los ramos; los viles intereses de los funcionarios; la vanidad del saber fundada en su orgulloso amor propio, nos han arruinado, quizá para siempre, si de fuera no nos viene la libertad. Se publicó la tal constitución española, tela de araña para cazar moscas, la juró este presidente, y desde el 28 de marzo último en que lo hizo en nada se ha cumplido, sino en haber formado un cabildo su esclavo o su instrumento. Pocas tropas, pero bastantes para acabar de oprimir al ya oprimido; ni el triste consuelo de quejarse nos queda; una esclavitud tranquila nos abruma, ved qué males. La vileza al lado de la esclavitud, los elogios al tirano hasta con la soga al cuello, los odios sordos, los partidos fomentados y sostenidos por el intruso gobierno ocultamente para hacernos enemigos unos de otros: dividir para reinar es la divisa de nuestros tiranos e implacables enemigos. ¡Ah!, la caja de Pandora se ha derramado sobre nosotros.

   Después de publicada la constitución española han sido desterrados muchos, sin oírlos, entre ellos, Selva Alegre y los mejores de la ciudad: algunos están en sus haciendas por haber comprado su libertad; y porque los sucesos de Lima con los de Buenos Aires no les son venturosos, han extremado su furor con muchas familias. Han sido degollados, Peña, Maldonado, su mujer, Aguijar, Calderón, un francés y algunos otros. ¡Incertidumbre!, el más insoportable de todos los males; esperanzas remotas que no pueden verificarse sino por mano ajena, males que hemos merecido en parte, ¡qué tormento! Yo he hecho cuanto he podido por mi patria y llorando, qué sé yo hasta cuándo sobre ella, confío en la Providencia, que sabe castigar la mano en que pone el azote. Corremos gran peligro, si no hay quién nos liberte. A Dios, que te guarde en salud y libertad.

Oficio del citado señor general del sur al cabildo de Pasto, remitido en copia a este gobierno con el que sigue

   Compadecido el pueblo de Cundinamarca de los males y desórdenes que experimentaba esta desgraciada provincia, y no pudiendo ver con indiferencia que, bajo el pretexto de adorar a un hombre que se halla preso en Francia, admitiese en su seno un ejército de bandidos que le declarasen también la guerra y el saqueo, determinó mandar una expedición que pusiese fin a tales desórdenes. Yo, que estaba a su frente, dejé la quietud y el sosiego de Santafé para ayudar a mis conciudadanos en la gloriosa obra que emprendían, y después de las penalidades y trabajos de una marcha de cuatro meses, he logrado libertar la mayor parte de la provincia, como vuestra señoría muy ilustre lo verá por los adjuntos documentos. No me resta más que Pasto y Patía, para donde voy a seguir; pero, ¿será justo, será razonable que habiendo exhortado a la paz a Sámano y Asín, nuestros mortales enemigos, no la haga también con mis hermanos? No; vuestra señoría muy ilustre debe persuadirse de la sinceridad de mis sentimientos y concurrir por su parte y con todas sus fuerzas a que restablezcamos el orden y la justicia bajo los auspicios de una libertad razonable y propia de nuestros países. Yo exhorto y convido a vuestra señoría muy ilustre y a ese vecindario a que nos demos el ósculo de paz y a que no se dé margen a que mis tropas victoriosas venguen sobre ese pueblo los sucesos pasados; no hay medio, o una sincera reconciliación, o un exterminio. Pasto no puede seguir en el estado en que se halla, ni lo interior del reino se lo puede permitir. Advierto a vuestra señoría muy ilustre que no admito ningún temperamento medio; es preciso unirnos de buena fe, o exterminarnos los unos a los otros; y si una vez ha salido bien a ese desgraciado pueblo la perfidia y la crueldad, quizá no lo conseguirá dos veces, pues el cielo no tolera siempre las maldades, y su obstinación debe ser ya el pronóstico de que la divina justicia va a descargar sobre esa ciudad su brazo vengador. En el camino para esa espero recibir la contestación en términos precisos y categóricos, bajo el concepto de que de todos modos adelanto mis marchas hasta posesionarme de esa ciudad, o como amigo, o como enemigo. Las respuestas que me dieron Sámano y Asín y que vuestra señoría muy ilustre verá en los adjuntos papeles, son una lección para las consecuencias que han tenido; y deben hacer a esos pueblos más circunspectos si no quieren correr una suerte aún más desastrosa.

   Dios guarde a vuestra señoría muy ilustre muchos años.

   Popayán, 26 de enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Al muy ilustre cabildo de la ciudad de Pasto.

Otro oficio del mismo señor general al comandante y oficialidad de las tropas de Pasto

   Provocado por Montes a una guerra injusta y cruel, salí de Santafé y desde el camino oficié con Sámano, haciéndole proposiciones de paz, y me contestó que elegía la guerra; no obstante esta respuesta y la ventaja que obtuve en el puente de Palacé, volví a oficiar con Asín, el que me dio por respuesta una porción de insultos y desvergüenzas. Nada de esto me es extraño; su sistema es dominarnos despedazando al americano con el americano, según aquella antigua máxima maquiavélica de dividir para reinar. Reflexiónese qué es lo que ha perdido Montes después de las derrotas de Palacé y Calibío: nada; nuestros hermanos son los muertos, nuestro dinero el gastado; pero ha debilitado siempre a la América con los muertos de una y otra parte, y ésta es una ganancia para un satélite de las cortes o de cualquiera otro gobierno español. ¿Hasta cuándo seremos nosotros el juguete, el vil instrumento de estos ambiciosos? ¿Hasta cuándo advertiremos que los nombres de religión, rey, patria, en sus bocas no son más que lazos para dominarnos y tratarnos como a bestias de carga? Yo me veo precisado a seguir a Quito, cuésteme lo que me costare. Pasto está en el tránsito y no puedo adelantar mis marchas sino asegurando antes mi amistad o haciéndonos la guerra; esto es lo que trato de evitar, persuadido de lo que dejo dicho. Pasto debe saber que llevo fuerza para abrirme camino: sabrá quizá también la conducta que he guardado en Popayán y todo el valle, en donde se puede ya decir que se respira con seguridad y sosiego. ¿Por qué pues nos hemos de continuar despedazándonos? En esta virtud he propuesto a ese cabildo que nos conciliemos, porque si se me obliga a usar de la fuerza y la suerte de las armas se declara a mi favor, esa ciudad va a ser pasto de las llamas. Ahora añado que se conservarán los empleos militares y políticos y que se elegirán diputados que vengan a formar el gobierno que crean más conveniente a su seguridad. Espero que vuestras señorías, meditando estas verdades, depondrán esas ideas, que nos van conduciendo a todos a la ruina por sostener la ambición de cuatro aventureros que nos quieren dominar; y que uniéndonos de buena fe demos la paz a estos desgraciados pueblos.

   Dios guarde a vuestras señorías muchos años.

   Popayán, 3 de febrero de 1814.

Antonio Nariño.

   Comandante y oficialidad de las tropas de Pasto.

   Son copias.

   Popayán, 7 de febrero de 1814.

Mutienx,
secretario.

Segundo oficio del señor general del sur al cabildo de Pasto, inserto en el boletín N° 4

   Por duplicado he escrito a vuestra señoría muy ilustre, y aunque sé que ha recibido mis oficios, no he merecido contestación ninguna. Reflexionando sobre esta conducta me parece que encuentro dos causas: primera, la deferencia a la voluntad del que manda en Quito; y la segunda, el axioma inicuo que han propagado nuestros comunes enemigos. Si caen en nuestras manos —dicen—, pagan con sus cabezas; si caemos en las suyas, nos tratan con dulzura: con que el partido seguro es ser realistas. ¡Bellos principios para perpetuar la discordia y arrancar del corazón de los americanos la clemencia, que es una de sus más preciosas cualidades! La humanidad, el deber y la justicia, me obligan a advertir a vuestra señoría muy ilustre que en esta ocasión se engañan y que el mismo don Toribio Montes es quien me obliga a desmentir mis principios en esa ciudad, si se me hace resistencia, como lo verá vuestra señoría muy ilustre por los adjuntos oficios.

   ¿Cuándo llegará el día en que todos los americanos abran los ojos y conozcan que el sistema actual de la Europa es mantenernos divididos para dominarnos? Vuelva vuestra señoría muy ilustre los ojos a toda la América y verá este principio en acción: desde Buenos Aires hasta Méjico y desde Lima hasta Caracas, se hace la guerra con encarnizamiento, y si vamos a examinar cuántos españoles se encuentran en esta universal contienda, quizá no se hallarán la centésima parte; pero cada uno es una tea encendida que lo abrasa todo, una furia que arma al americano contra el americano mismo. ¿Con qué nos harían la guerra los españoles si no encontraran simples americanos a quienes armar? ¿Qué es lo que Montes ha perdido en las batallas de Palacé y Calibío? Un solo hombre, que fue Asín. ¿Y cuántos americanos murieron?: más de 400. De modo que pierdan o ganen las acciones, siempre en su cuenta salen ganando, porque el resultado es: tantos americanos menos. Lo mismo sucede en todos los demás puntos de la América, y los horrores de la conquista los hemos visto ya renovados en Venezuela, en donde Bolívar se ha visto precisado a declarar la guerra a muerte, sacrificando a cuantos caen en sus manos. ¿Quiere vuestra señoría muy ilustre que hagamos nosotros lo mismo y que mañana se vaya Montes de Quito como Monteverde se fue de Caracas, riéndose del mal que nos hemos hecho por nuestra candidez? Pues si no lo quiere, en sus manos está el evitarlo: unámonos. Yo propongo a vuestra señoría muy ilustre nuevamente el partido de la conciliación y de la paz. Vuestra señoría muy ilustre sabrá la conducta que he guardado en esta ciudad y estoy resuelto a guardar la misma en esa, si no se me hace resistencia o a cerrar por la primera vez mi alma a los obstinados.

   Dios guarde a vuestra señoría muy ilustre muchos años.

   Popayán, 4 de marzo de 1814.

Antonio Nariño.

   Al muy ilustre cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Pasto.

Oficio del ciudadano Felipe Antonio Mazuera, presidente de Popayán, al tiempo que las tropas españolas ocuparon aquella provincia, al señor general del ejército libertador, inserto en el boletín N° 3

   Perurgido de las repetidas órdenes que recibí del soberano congreso para que me restituyese a esta desgraciada provincia y diese cumplimiento a las que me tenía comunicadas, como única legítima autoridad de ella, sin embargo del fatal estado en que se hallaba mi salud, me he trasladado a esta ciudad de la de Ibagué, donde me había mantenido. En ella he hallado la novedad de que vuestra excelencia, suponiéndose revestido de facultades para los arreglos políticos de la provincia, que se le han negado constantemente, ha convocado a los pueblos para que nombren diputados y creen nuevo gobierno, dictando al efecto reglamentos propios de la soberanía que ni reside en vuestra excelencia ni se le ha delegado por el soberano cuerpo de la nación, en que se hallaban reasumidos sus derechos imprescriptibles, que nunca ha renunciado la parte sana que emigró y quedó sojuzgada por la fuerza de la invasión de los enemigos. Pero aun cuando vuestra excelencia tuviese dichas facultades, no era llegado el tiempo de verificarlo por no haberse restituido a la provincia todos los vecinos de ilustración y representación que existen fuera de ella y, por lo mismo, siempre tendrá la nulidad insanable de faltar sus votos. En esta virtud desde ahora reclamo dichos defectos, como el primer magistrado de ella, nombrado legítima y legalmente por su libre y espontánea voluntad y reconocido como tal por el cuerpo a quien únicamente corresponde la decisión mediante los pactos celebrados con las demás de la confederación. Sirva de inteligencia a vuestra excelencia que hago lo propio con copia de éste y de los documentos de la materia al supremo gobierno de la unión, de quien ella depende inmediatamente y por quien ha sido autorizado vuestra excelencia sólo para la dirección de las fuerzas combinadas que la libertasen del yugo de los enemigos.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cartago, 18 de febrero de 1814.

Felipe Antonio Mazuera.

   Excelentísimo señor don Antonio Nariño, presidente dictador de Cundinamarca y general en jefe de las fuerzas combinadas de la Nueva Granada para la libertad del sur.

Contestación al antecedente oficio, inserta en el mismo boletín N° 3

   Quisiera omitir la contestación al oficio de usted de 18 del pasado, que acabo de recibir en medio de los cuidados que me rodean, pero porque mi silencio no vaya a dar motivo de que se atice más el fuego que de nuevo se trata de encender, lo haré en las menos palabras posibles.

   ¿No es una cosa vergonzosa, señor Mazuera, el que me vea yo hoy contestando a don Toribio Montes, que dice ser dueño de Popayán por su adorado Fernando, y a usted que pide lo mismo por el soberano congreso y que yo, que sufro las incomodidades de la guerra y que no pido ni dispongo de Popayán, esté aguantando a uno y otro? ¿No será mejor que usted y Montes, con las armas en las manos, se disputen sus pretendidos derechos, y que yo, que nada quiero ni pretendo para mí, me retire a cuidar de los pueblos de Cundinamarca que me están confiados? Pues aquí tiene usted mi contestación última: venga usted a entregarse de sus vasallos y de su provincia y a disputar con Montes su soberanía, y yo me retiraré a Santafé con mis tropas, porque ni ellas ni yo hemos expuesto nuestras vidas para que usted quiera hacer papel a nuestra costa.

   No quisiera adelantar una palabra más, pero veo que es preciso advertir a usted dos cosas, que debía saber, ya que está tan empeñado en ser soberano. Primera: si en lugar de haber venido yo con la representación que tengo, hubiera venido mandando un sargento, sepa usted que hubiera podido hacer legítimamente lo que yo he hecho, porque, dígame usted: ¿habría sido, no digo justo sino posible el que después de ocupada esta ciudad me hubiera yo estado cruzado de brazos hasta que usted saliera del escondrijo en que estaba sepultado? Pues no hay medio: o debía yo mandar entre tanto o nombrar quien mandara, o dejar esto en la anarquía mientras a usted se le antojaba venir a disponer lo que debía hacerse. Segunda: si la libre voluntad de los pueblos quiere que usted sea presidente, ¿quién les impide que lo nombren? ¿Quiere usted una prueba más perentoria de que ni lo desean ni lo piensan, que el no haberlo siquiera nombrado de diputado? Lo cierto es que entre nosotros la voluntad de los pueblos se va volviendo el mismo comodín que entre los realistas el adorado Fernando VII. El perpetuarse usted en el mando sin constitución ni ley que lo contuviera como lo ha hecho tanto tiempo, es la voluntad de los pueblos que usted alega. Concluyo esta carta con darle a usted un consejo amistoso: los peligros que lo hicieron a usted correr, no se han acabado, vive Montes y vive Sámano; conque si Dios no ha hecho un milagro y lo ha convertido a usted en otro hombre del que era el año pasado, estése quieto hasta que cesen los riesgos, y luego que ya no haya qué temer, entonces sí levante el grito de sus derechos feudales sobre esta provincia, y que por mi parte lo hagan, no digo presidente, sino hasta su emperador.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Popayán, 4 de marzo de 1814.

Antonio Nariño.

   Señor don Felipe Antonio Mazuera.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 24 de marzo de 1814. t. III, N° 164. p. 729-734.

82
OFICIO DEL CABILDO DE PASTO A JUAN SAMANO

PIDE CUENTA DE LA ACTUACION DE LAS TROPAS REALISTAS EN CALIBIO. Pasto. 27 de enero de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco de la Villota Zambrano,
José Eusebio Burbano, Blas Rosero,
Francisco Diaz de Hidalgo, Francisco Zambrano.

Señor don Juan Sámano, brigadier de los reales ejércitos, gobernador de Popayán, Subdo. de rentas de estas provincias, comandante general de la expedición del sur, etc.

   Muy ilustre señor:

   Por conducto particular ha recibido este cabildo noticia del desastre ocurrido con las armas del rey en el campo de Calibío. No es la indolencia, ni la cobardía la que llevó al desastre a los hijos de este lugar a medir sus armas para defender la justicia de la causa y la santidad de nuestros juramentos; la obligación que adquirimos de acompañarlo ha sido defraudada por la cobardía de los jefes que guiaban nuestras tropas; ellos han querido entregarnos a nuestro común enemigo haciendo que las turbaciones tomen cabida, en medio de nuestras filas. Ilustre señor: esta corporación, que os encargó el mando de sus tropas por orden superior, hoy os toma cuenta de vuestra presencia en este lugar, a donde habéis llegado solo y dejando abandonados a los que os confiaron para defender los derechos de nuestras familias y del desgraciado país en que vivimos, de modo que para nosotros no será grato escuchar de vuestros labios la verdad de los hechos ocurridos en la desgraciada acción de Calibío, y a la vez su señoría se vindicará ante este cabildo de los cargos que los fugitivos hacen de su persona, rindiendo cuenta de los caudales y contribuciones que sacó de este lugar.

   No podemos defendernos de una fuerza avasalladora ni del legítimo derecho que nos asiste, sin que este cabildo tome cuenta de las víctimas que han sido sacrificadas por la impericia de sus jefes. Las vidas de los ciudadanos nos fueron confiadas para la defensa de la justa causa; las amparamos bajo la autoridad legítima; pero también pedimos cuenta de sus vidas, tan caras para nosotros como para defensa de nuestros derechos, y no para ser reos de lesa majestad.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Sala capitular de Pasto, 25 de enero de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Villota, Hidalgo,
Rosero, Zambrano,
Burbano.

   Excelentísimo señor:

   Esta ciudad de Pasto, por conducto de su cabildo, ha tenido a bien dirigirle al señor brigadier de los ejércitos de su majestad un oficio por el cual le pide cuenta de su actuación con las tropas de esta ciudad en el campo de Calibío. Como estará enterado su excelencia de la derrota sufrida en aquel sitio, es conveniente que al señor brigadier se le tome cuenta de los grandes tesoros que recogió tanto en la ciudad de Popayán como en ésta para llevar adelante la defensa de nuestra noble causa; pero como dicho señor, después de empeñar el combate huyó precipitadamente a ésta, donde dicen ha venido con los tesoros reales, encarecemos a vuestra excelencia llame cuanto antes a don Juan Sámano para que responda acerca de las vidas y del honor del ejército que abandonó en dicho Calibío el 15 de enero, dejando a la tropa a merced del enemigo, donde cogió las cinco piezas de artillería de esta ciudad, más de 200 fusiles y todos los pertrechos; siendo perseguidos hasta el pueblo del Tambo por un tal coronel Cabal, y el invencible Sámano, como él se apellidaba, vino de corrido, perdiendo en el camino, por el exceso de jornadas, la mayor parte de sus compañeros; todo esto ha provenido de que al brigadier no se le estimaba en las provincias de Popayán por los abusos y atropellamientos que ha ejercido en esos lugares, gravando con fuertes sumas a los más decididos defensores de la causa de nuestro soberano y dejando una espantosa memoria por el exceso de los desenfrenos de sus soldados y por su propia inhumanidad; creemos que al recibir este oficio, su excelencia estará ya enterado del estado de esta ciudad, con el sinnúmero de contribuciones que para mantener las guarniciones han llevado a cabo los jefes de ellas; por tanto, pedimos que de los caudales que se hallan en poder del brigadier Sámano, ordene el reintegro a las cajas de esta ciudad, la que por justicia debe ser libertada por sus inmensos sacrificios de las contribuciones que hasta hoy ha pagado nuestra leal ciudad.

   Dios guarde a su excelencia muchos años.

   Sala capitular de la fidelísima ciudad de San Juan de Pasto y 27 de enero de 1814.

   Excelentísimo señor.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Francisco de la Villota Zambrano, José Eusebio Burbano,
Ramón Tinajero, Blas Rosero,
Francisco Díaz de Hidalgo, Francisco Zambrano.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de estudios históricos.

83
OFICIO DEL CABILDO DE SANTAFE A NARIÑO

PLACEMES POR VICTORIA PATRIOTA EN EL SUR. RECONOCIMIENTO Y GRATITUD A NARIÑO. OFICIO DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO. Santafé, 28 de enero de 1814.

Luis Eduardo Azuola, José Martín Carpintero,
Juan Nepomuceno Lagos,
Vicente Roso, Juan Granados,
Clemente Malo, Luis García,
José de la Bastida.

Oficio del cabildo de Santafé al excelentísimo señor don Antonio Nariño

   Excelentísimo señor:

   Los grandes sucesos, los hechos más notables que la historia nos presenta, se ven de tiempo en tiempo con muy corta diferencia repetidos, y así de los más grandes héroes como de los mayores malvados, nos ofrece el mundo en nuestros días prototipos e imitadores. Así es que, admirado este ilustre cabildo como en otro tiempo Apolonio, cuando hacía el pueblo romano un recuerdo de las virtudes de Marco Aurelio, no pude menos que exclamar como aquel filósofo: ¡Y que este hombre tan grande haya podido tener enemigos! Es preciso -continuó-, porque está determinado que la virtud jamás puede desarmar los odios que la pasión y la rivalidad fomentan. Los mejores hombres que nos han gobernado han visto agitados los puñales sobre sus cabezas: se ataca en su mismo palacio a Nerva, se conspira contra Tito: Antonino y Trajano perdonan a los conjurados, y Marco Aurelio se ve precisado a combatir por libertarles la vida. Ya os acordaréis, ciudadanos, en las revoluciones que ha causado Casio, este hombre feroz, atrevido, austero, con furor, que ha querido ser unas veces un Catilina y otras un Catón, tan extremoso en sus virtudes como en sus vicios; este bárbaro, cuando fomentaba la revolución, se atrevía a pronunciar los sagrados nombres de virtud y patria; él hablaba de abusos, de reformas de costumbres, porque en todos los tiempos el bien público ha servido de pretexto al crimen y, oprimiendo a los hombres, se les ha querido persuadir que era por el bien de la patria.

   Yo querría poner otra vez a nuestra vista los anales de horror con que los tiranos asolaban la humanidad al descubrir una conspiración: la proscripción era un derecho y la razón de Estado justificaba al asesino. Los más dulces sentimientos de la naturaleza pasaban por crimen, se expiaban las lágrimas que en secreto hacía verter la amistad sobre el cadáver de un amigo, y era, finalmente, arrastrada al suplicio la madre por haber llorado la muerte de su hijo; pero, ¡cuán contraria ha sido la conducta de Marco Aurelio! Se le presenta la cabeza del usurpador, muerto a manos de sus mismos cómplices, pero él vuelve la vista y manda que sea enterrada con honor; él salva la vida a todos los que han procurado su muerte; se erige en su protector e implora ante el senado gracia para sus enemigos. Los desterrados vuelven, se restituyen los bienes a los que se les habían quitado; la familia del mismo Casio, que no debió en otro tiempo esperar sino la muerte y la proscripción, se ve restituida a todos los bienes y esplendor de su antigua fortuna. Marco Aurelio, en fin, después de haber pacificado a Roma, marcha a restablecer el orden de las provincias de Asia, desorganizadas; preséntasele los papeles de los rebeldes y los hace quemar sin leerlos, y después de haber gobernado como Augusto, combatido como Trajano y perdonado como Antonino, se terminaron las guerras civiles por la clemencia y las de los enemigos externos por la victoria. Así concluye Apolonio las alabanzas de Marco Aurelio, dejando a vuestra excelencia el modelo de las virtudes (que tan exactamente ha sabido imitar), y este ilustre cabildo recibe a nombre de su capital mil plácemes, por contar entre sus ciudadanos patricios a un digno imitador de Aurelio, honor de la Nueva Granada, amado de los pueblos y temible a sus enemigos en la guerra, esperando que vuestra excelencia concluya y consolide la libertad americana para llenar los deseos de los pueblos, que ya lo esperan triunfante y victorioso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 28 de enero de 1814.

Luis Eduardo Azuola,
José Martín Carpintero,
Juan Nepomuceno Lagos, Vicente Rojo,
Juan Granados, Clemente Malo,
Luis García, José de la Bastida.

SUR

El excelentísimo señor presidente dictador don Antonio Nariño, en oficio de fecha 5 del presente, dirigido desde Popayán al supremo poder ejecutivo de este Estado y recibido por medio del posta que llegó a esta ciudad el 13 del mismo, después de manifestar hallarse rodeado de gravísimas ocupaciones y molestado de la misma indisposición que padecía antes de su salida, dice lo siguiente:

   "Esta ha sido la causa de no haber antes contestado al oficio de vuestra excelencia de 10 del pasado; ahora lo hago, encargando a vuestra excelencia se digne dar a mi nombre las gracias a la serenísima representación nacional y a ese ilustre pueblo, por las demostraciones públicas de afecto que ha manifestado a mi favor; nada he hecho que no sea de mi rigurosa obligación, nada que no deba hacer por conservar la libertad y la seguridad de un pueblo a quien jamás corresponderé como merece la confianza y afecto que me profesa. Hágales vuestra excelencia saber que sólo el amor con que los sirvo y con que deseo hacer todo género de sacrificios por su bien, es lo que puede en algún modo hacerme acreedor a su memoria; y que ella es para mí una abundante recompensa de mis pequeños servicios".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 17 de febrero de 1814. t. III. N° 157, p. 704.

84
MARCHA EN HONOR DEL GENERAL NARIÑO

ORDENADA POR EL CUERPO CIVICO DE POPAYAN. Popayán, 30 de enero de 1814.

CANCION A LOS VENCEDORES DEL SUR

DECIMA

   Del momento con este pie que dio el general Nariño. Cali vio su libertad:

   Un amigo del autor de Los dos compadres, a los de la patria.

Proclama

   Amigos compatriotas y paisanos / de Calibío, los triunfos celebremos, / y al Dios de las batallas alabemos, / por haber confundido a los tiranos: / a esos godos terribles e inhumanos, / que quieren respetuosos veneremos / un gobierno ilegal que aborrecemos, / o un complot de bandidos y gitanos. / Elogiemos al jefe victorioso / junto a sus valientes militares. / Viva la libertad, viva el virtuoso, / descanse el fiel patriota en sus hogares, perezca el regentista, el ambicioso / que insulta a los gobiernos populares. / Sea honrada la memoria dignamente / del inmortal Nariño y sus aliados / que a los campos volaron esforzados / que con mérito eximio y eminente, / confundieron a Asín, el impudente, / a Sámano y Servera los malvados, / que tenían nuestros campos desbastados / permitiendo a su ejército insolente / toda especie de vicios y crueldades, / propios de Nerón y su inclemencia. / ¡Qué cuadro tan horrible de impiedades / nos ofrece el gobierno de regencia! / Odio eterno a sus vicios y maldades, / entusiasmo, valor, independencia. / Juremos a la patria por los cielos / dejar la división, y la anarquía / dejar el tibio egoísmo y la manía / de apurar nuestras luces y desvelos, / por fomentar los odios y los celos. / Desterremos la negra hipocresía / que trastorna el buen orden y armonía / y agita nuestros bárbaros anhelos. / Muera el propio interés y la ambición / de exigir a la patria sus favores / por medio de una baja adulación. / No busquemos el lucro y los honores / que ofuscan en el hombre la razón / y causan a la patria mil dolores.

   El militar virtuoso, el buen soldado, / que abandona a sus hijos y a su esposa / sólo por ver su patria victoriosa, / no hay duda que merece ser premiado; / pero el flojo, el infame, el vil cuitado / que con una conciencia criminosa / no busca en los gobiernos otra cosa / que aumentar su fortuna y ser honrado / es digno de una eterna maldición / y debe ser tratado con rigor. / Esto es lo que nos dicta la razón, / esto gritan los campos del honor: / seguid, pues al momento esta opinión / y veréis más soldados, más valor1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, Fondo José María Quijano Otero, N° 157, pieza 18.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá. En la imprenta del C. Bruno Espinosa, año de 1814.

85
CONVERSACION DE UN CAMPESINO EN LA PLAZA DE BOGOTA

Santafé de Bogotá, 30 de enero de 1814.

¡Qué guerras en Popayán!
¡Qué alboroto en Santafé!
Yo no entiendo, yo no sé
si por fin se acabarán
las guerras y cesarán
tanto enredo y novedades.
¡Qué truenos! ¡Qué tempestad!
¡Qué rayos! ¡Qué terremotos!
¡Cuánto diantre de alboroto,
de pendencias y maldades!
¡Qué diablos de condenados,
todos estos chapetones!
¿Pensarán que no hay calzones
por acá bien atacados?
¡Voto a mis grandes pecados!
Es que andan cortando orejas
como si fueran ovejas,
perros, gatos o marranos,
¡señores americanos!...
parar tieso y a perrejas.
Animo y esforzación,
acabar con esos diablos
que nos tienen como esclavos
en una dura opresión:
fuera el malo chapetón,
fuera todo regentista,
todo el mundo se resista
a dejarse esclavizar;
no se dejen percollar.
Cada uno derecho en vista.
Miren que no son mentiras.
Como dicen los contrarios,
nos dejarán sin rosarios,
sin camisa ni chanchiras,
nos harán a todos tiras,
pues tampoco han escapado
las iglesias que han robado
custodias y candeleros,
poniendo de sudaderos
los frontales que han pillado.
Ellos en nada reparan.
Cometen mil sacrilegios,
roban casas y colegios,
y por matar no se paran.
Todos ellos se preparan
para el tiempo de morir,
pues es que han hecho venir
con ellos muchas rameras
que les sirvan de escaleras
al tiempo de zambullir.
¿Pero que con tales casos,
los simples popayanejos
sean tan bobos y pendejos,
que aunque nos hagan pedazos
abriguen entre sus brazos
a la señora regencia,
y que con tanta experiencia
no querrán la libertad?
Esta sí que es ceguedad
y mucha falta de ciencia.
Pero el señor presidente
es que ha hecho voltear el tangano,
pues hizo correr a Sandago
y le mató mucha gente,
pero mucho mejormente
según dice el boletín,
pedazos hizo el bacín
en que todos se surraron,
y es que también le pescaron
todito su polvorín.
Ahora sí que verán
los señores chapetones
que aquí también hay hombrones
que nunca se esconderán
y siempre defenderán
las Américas que a juro
este zángano perjuro
ya nos las venía a quitar.
Podían irse ya a tragar
la cagada de un mapuro.
Vayan defiendan su España
que es más justo y de razón,
y maten a Sapoleón
que ésta sí es famosa hazaña,
mas que nunca haya bretaña
ni guerreros de Castilla.
Cada uno coja su silla,
su caballo y pistolario.
Agarren a ese contrario
y métanle una calilla.

Pongan al rey don Fernando
en su trono y su palacio,
que el tiempo se va pasando,
no nos estén jeringando,
ya no tienen que tragar.
Déjennos pues disfrutar
de lo poco que dejaron
los que el reino conquistaron,
no se lo querrán llevar.
Antes si ven a Godoy,
denle muchos recaditos,
que nos manden los realitos
que llevó, pues yo no voy.
Y que mire que el día de hoy
están muchos pereciendo,
entrampados y debiendo
por causa de su ambición,
que es un pícaro ladrón
que a todos nos fue vendiendo.
Denles también mil memorias
a las cortes y regencia,
que se dejen de pendencia
pues no lograrán victorias
porque tenemos mil glorias
por tener un general
que libra de todo mal
al que se acoge en su seno,
que es Jesús de Nazareno
el monarca celestial.
También se pueden mudar
sus amigos regentistas.
Con eso llevan coristas
que vayan acompañar,
pues parece regular
que unos buenos religiosos,
tan honrados y virtuosos
salgan de comunidad,
y si hubiera novedad
les pueden cantar responsos.
Y nosotros, mis hermanos,
demos las gracias postrados,
lloremos nuestros pecados
y seamos buenos cristianos;
no seamos jamás tiranos
con ningunos chapetones,
pues basta que sin calzones
ñor Godoy nos ha dejado.
¡Qué maldito excomulgado
con su plata y sus doblones!
Y a nuestro buen presidente
demos las gracias debidas,
pues defiende nuestras vidas
con amor muy diligente.
No seamos como esa gente
que lo tiene aborrecido
tan sólo porque ha querido
salvar la patria amoroso.
¡Tan bizarro! ¡Tan buen mozo!
como de Dios escogido.
Digamos de noche y día
para que el diablo se asombre:
viva el dulcísimo nombre
de Jesús nuestra alegría;
viva su madre María
en su limpia Concepción,
y pues al diablo dragón
le apachurró la cabeza,
nos dé grande fortaleza
contra todo chapetón.
Por acullá me mostraron
un escudo que escogieron
los soldados que vencieron
a todos los que atacaron.
¡Qué risa la que soltaron
cuando vieron que decía
(con bastante picardía)
vencedores en la mocha,
con mi rejón y garrocha
burlarse yo los haría.
Ni por la mocha ganaron
esos pícaros traidores,
asesinos salteadores,
pues todita la cagaron,
y en su bacín se surraron,
que era toda su confianza;
y no tengan esperanza
de que nos han de vencer,
pues los ha de hacer correr
nuestro Jesús con su lanza1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, fondo José María Quijano Otero. N° 157. pieza 17.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, en la imprenta del ciudadano Bruno Espinosa, año de 1814.

86
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

DEPLORABLE SITUACION EN POPAYAN. ANARQUIA. MEDIDAS REORGANIZATIVAS Y DE ADMINISTRACION. Enero de 1814.

Antonio Nariño.

   Ayer a las cinco de la tarde ha recibido el supremo gobierno el siguiente: Oficio del general en jefe del ejército del sur, don Antonio Nariño, a este supremo poder ejecutivo.

   A pesar de lo que dije a vuestra excelencia con fecha del 16 del corriente, me vi precisado a detenerme en esta ciudad, que se hallaba en un estado de consternación y anarquía, sin jueces, sin empleados y casi sin qué comer. Hice marchar al mayor general Cabal con el tercer batallón, la mitad del primero, la compañía de cazadores del capitán Virgo, parte de la caballería y algunas piezas de artillería ligera, para que persiguiese a los enemigos y cortase por el Tambo a los que aún no hubiesen salido. La derrota ha sido completa, y si Sámano vive, tendrá que ir hasta Quito para rehacerse, pues no sólo han perdido los 300 y tantos muertos que han quedado tendidos sobre el campo de batalla y cosa de 30 oficiales entre muertos y prisioneros, como vuestra excelencia verá en los adjuntos partes, sino que se sabe llevan muchos heridos que van muriendo por el camino, y con el bando que igualmente incluyo se están ya presentando oficiales y soldados, sin contar con los que pueda alcanzar el mayor general Cabal. El coronel Dupré asegura que los enemigos llegaban al número de 2.170 y entre ellos 1.200 de fusil.

   Nada hay más prodigioso en esta acción que el no haber muerto ni un solo oficial de los nuestros; si una tropa pudiera hacer lo que han hecho las nuestras sin oficiales, si yo no hubiera sido testigo, y los hubiera visto en sus puestos animando al soldado y marchando a su lado, se creería que no habían asistido; pero puedo asegurar a vuestra excelencia que si algo me dieron que hacer fue para contenerlos, porque no se invirtiese el plan de ataque que por escrito había dado, al comenzar la marcha, a cada uno de los comandantes de las divisiones; sólo unos tres tienen unas ligeras contusiones. No tengo que recomendar el mérito del brigadier Leiva que vuestra excelencia y ese público conocen muy bien, pues además de lo que me ha servido con su prudencia y consejo, ha sufrido como un joven todas las privaciones y fatigas que ha experimentado el ejército, y al frente de la columna del coronel Rodríguez ha cooperado con éste al logro de la victoria; lo mismo que el coronel Cabal, que no ha desmentido su valor en ninguna de las ocasiones en que lo he empleado.

   Quizá no me ha servido de tanta satisfacción la victoria, como el modo y disposición de la tropa y oficialidad para conseguirla. Todos en silencio, todos en sus puestos, todos con un semblante sereno, obedecían las órdenes con tanta prontitud como en un ejército común. La acción comenzó por un fuego de artillería bien dirigido. A la primera descarga del enemigo, hizo la tropa un ligero movimiento de agacharse, se lo vituperé estando al frente en mi caballo, y tuve la satisfacción de ver venir las otras balas sin que ningún soldado se moviese, a pesar de haber caído dos tan cerca de los granaderos, que les llenaron los ojos de tierra; al artillero Arévalo, que estaba cargando un cañón de a cuatro, le rozó una bala muerta el brazo, se agachó riéndose, la levantó y me la presentó; los indios, que tiraban los cañones, a pesar de su timidez natural, no me desampararon, viendo la serenidad de las tropas y habiendo muerto uno de ellos. Pero nada fue tan bello como el ataque: el terreno es quebrado, cortado por zanjas; al bajar se me rompieron las cureñas de los dos obuses y los dos cañones tardaban en subir; se mandó avanzar al primer batallón que mandaba el teniente coronel Vergara, y el segundo compuesto de dos compañías del Socorro y dos de nuestras milicias al mando del sargento mayor Monsalve; al asomar nuestras tropas sobre la loma, se encontraron al enemigo en buena formación a tiro de fusil, que lo recibió con una descarga general; les contestaron y calaron bayoneta, sonando el paso de ataque, hasta que aproximado Cabal por el flanco derecho de nuestra formación, y el coronel Rodríguez por el izquierdo, los hicieron retroceder y poner en desorden, persiguiéndolos más de un cuarto de legua; y si lo quebrado del terreno y los bosques no los hubieran favorecido, quizá no escapa uno.

   Mis cuatro ayudantes me han sido de mucho auxilio en la acción: al primero don Manuel Solís le mataron el caballo, cerca de donde estaba Asín con un violento. Don Ignacio Torres, dentro y fuera de la acción, me ha servido con una actividad y amor imponderables; Beberley animaba las tropas con su intrepidez, y no quisiera hablar del cuarto, por ser un hijo mío, aunque llevando una orden y detenido por un vallado, echó pie a tierra, lo salvó y siguió a pie con los granaderos hasta la completa derrota del enemigo.

   Los capellanes hicieron también su deber, y no habíamos adelantado sobre el enemigo cien pasos, cuando ya estaban consolando y confesando a los moribundos; habiéndose quedado por mi orden en el campamento de Palacé el vicario don Andrés Ordóñez, para cuidar de aquel punto, y que los enemigos en la derrota no nos fueran a causar algún daño, lo que desempeñó con el mayor acierto y prudencia.

   Los dos secretarios, don Eugenio Martín Melendro y don Juan José Mutienx me acompañaron constantemente, y tanto ellos como el auditor Osorio hicieron el oficio de soldados de la patria, hasta perseguir al enemigo en su derrota, y continuaron sirviendo en los otros objetos consiguientes a ella.

   A las cuatro y cuarto de la tarde se tocó llamada y se trató de recoger nuestros heridos para curarlos y de acampar las tropas. Mandé al primer batallón que viniese a ocupar el puente de Cauca, porque el cansancio, la lluvia que amenazaba y el no haber comido las tropas, no permitía adelantar las marchas. Yo, después de haber dejado al segundo general Leiva en la casa de Calibío encargado del ejército, me retiré a las siete de la noche sobre el Cauca, con mis ayudantes y secretarios, y pasamos la noche sin cama, luz ni cena sobre el puente.

   Al día siguiente marché con el primer batallón a esta ciudad, y ya tengo dicho a vuestra excelencia cómo fui recibido. El brigadier Leiva permaneció en Calibío hasta el lunes, haciendo enterrar los muertos y mandando recoger y ordenar lo que se había cogido al enemigo, que todo se halla aquí en su parque, compuesto de 25 piezas de artillería montadas y tres desmontadas. De los inmensos robos que han hecho los enemigos en los siete meses que han permanecido asolando esta provincia, no se ha cogido más que una u otra friolera que los soldados han encontrado sobre los muertos; pues hasta la mayor parte de las tiendas de campaña las traspusieron y no se han podido hallar. Es preciso una historia aparte para referir los robos, las maldades y el desenfreno de un ejército de salteadores que hace poco honor, no digo a la España, sino a la humanidad; oigo de las mismas gentes su inmoralidad, y mi alma se resiste a creer varios pasajes que el pudor jamás permitirá referir. ¡Desgraciada América, desgraciada posteridad, si las costumbres de estos malvados llegaran a propagarse y contaminar nuestro suelo! Confieso a vuestra excelencia que dejé correr la matanza, no por dureza de mi corazón que se conmovía, sino porque estoy convencido de que es hacer un servicio a la humanidad el exterminar esta raza maldita; y que si he publicado un indulto para los que se presenten, es porque otra vez reunidos no continúen dándonos el espectáculo de la degradación de nuestra especie. Que sepan los que nos tratan de irreligiosos, que se han encontrado frontales y lienzos de santos sirviendo de sudaderos, y que el prelado de San Agustín ocurrió a mí hace dos días a decirme que los adornos de una escopeta que habíamos cogido se habían puesto de pedazos de patenas y de vasos sagrados por uno de los sacerdotes que acompañan a Sámano, y de quienes también se me ha dicho que se robaron dos niñas que no llegaban a doce años. A los que antes hayan conocido a Sámano se les hará esto increíble como a mí mismo se me hacía; pero cuando vean los oficios de Montes, que voy a imprimir, dirigidos a éste sobre la materia, se convencerán de lo que es capaz el hombre, cuando las pasiones y los puestos lo ciegan.

   Desocupado de las cosas militares, traté de dar a esta ciudad y a la provincia algún gobierno interino, y hacer la convocatoria de los pueblos que se hallan libres, para que ellos se las den en propiedad como mejor les acomode. El nombramiento de gobernador interino en uno de los principales vecinos de esta ciudad, el del cabildo, el juramento que les hice prestar, la convocatoria a los pueblos y demás providencias que he tomado, las verán vuestra excelencia y el soberano congreso, a quien espero se comunique todo, en el adjunto testimonio.

   En mi primera entrada en esta ciudad encontré enfardeladas y prontas a cargar las matrices de la casa de moneda; y aunque la pérdida de ellas —que seguramente se las hubiera llevado Sámano en su segunda entrada— hubiera producido a Cundinamarca una renta de más de $80.000, preferí, como el pueblo de Atenas cuando la propuesta de Temístocles, lo justo a lo útil; las he conservado, las he vuelto a entregar, he repuesto los empleados y la casa va a seguir sus trabajos. Lo mismo he hecho con los demás ramos, y voy a establecer una fuerza armada que sirva de guarnición a esta ciudad, pues está en estado de que al separarnos, ocho o diez zambos entran y la saquean, como lo han hecho pocos días antes del 15, en casa de don Francisco Diago, sólo tres mulatos, y en otras muchas casas de primera importancia, en las que se servían ya en loza de la tierra con cuchara...1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día, 28 de enero de 1814, N° 28.

NOTA.
1   Falta el final de este oficio (el autor).

87
OFICIO DEL CORREGIDOR DE SANTAFE AL PODER EJECUTIVO

COMPLACENCIA POR VICTORIA PATRIOTA EN CALIBIO. Santafé, 1° de febrero de 1814.

Luis Eduardo Azuola,
corregidor de Santafé.

Oficio del corregidor de esta ciudad al supremo poder ejecutivo

   Excelentísimo señor:

   El muy ilustre cuerpo cívico de esta capital ha procurado, por medio del oficio cuya copia se adjunta, manifestar al excelentísimo señor presidente, general en jefe del ejército del sur, don Antonio Nariño, la satisfacción que le resulta por la victoria con que completamente derrotó a los enemigos de la libertad americana en el campo de Calibío, el día 15 de enero último, después de haberlos batido en los puentes de Palacé y del Cauca, en 30 de diciembre anterior, expresándole recibir los plácemes que le corresponden, por contar entre los ciudadanos patricios un héroe militar y político, gloria y defensa de Santafé su capital, y honor de la Nueva Granada.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 1° de febrero de 1814.

   Excelentísimo señor

Luis Eduardo de Azuola.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca.

DECRETO

Santafé, 4 de febrero de 1814. Contéstese y publíquese.

Alvarez, Diago,
Herrera, Gamba,
secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 10 de febrero de 1814, t. III, N° 156, p. 699.

88
SONETO POR TRIUNFO DE CALIBIO

EN HONOR DE ANTONIO NARIÑO. 3 de febrero de 1814.

Habiéndose leído en una tertulia los boletines del triunfo y bandos publicados en Popayán por el presidente de Cundinamarca y general en jefe del ejército del sur, don Antonio Nariño, formó allí mismo una musa americana el elogio siguiente

Virtuti debetur laus. Arist. L. 2 Et

SONETO

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 3 de febrero de 1814, t. III, N° 155, p. 697.

89
OFICIO DE NARIÑO AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

SOBRE LA PRESIDENCIA DE POPAYAN. Popayán, 5 de febrero de 1814.

Antonio Nariño.

SUR

Oficio del excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, general en jefe del ejército del sur, don Antonio Nariño, al excelentísimo señor presidente del congreso, acerca del contenido de los dos oficios insertos en el Argos de Tunja, N° 15

   No quisiera entrar con vuestra excelencia en contestaciones sobre el coronel Rodríguez y mucho menos después que se han visto desmentidos sus pronósticos contribuyendo éste a la salvación de Popayán; pero siendo preciso responder al oficio de vuestra excelencia de 1° de enero último, me limito a decirle que, establecido aquí un gobierno constitucional, ante él podrá hacerle sus cargos al señor Mazuera y que, entre tanto, separándolo del mando del cuerpo que estaba a su cargo y en que se distinguió el 15, seguirá sólo de mi ayudante, por lo que nos puede servir en el tránsito para Pasto y que a la vuelta dará sus descargos, pues yo no pienso hallarme en ésta a la venida de los diputados, por deber seguir en estos ocho días.

   En cuanto al señor Mazuera, repito a vuestra excelencia que si la libre voluntad de los pueblos lo eligiere por su presidente, él lo será y tomará las cuentas a Rodríguez, porque jamás me ha parecido prudente el obligarlos yo con la fuerza a que lo admitan, como si fuera el Fernando VII de Popayán.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Popayán, 5 de febrero de 1814.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del soberano congreso.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 3 de marzo de 1814, t. III, N° 160, p. 720.

90
PASOS DEL RIO JUANAMBU

Quito, 6 de febrero de 1814.

Toribio Montes.

Puntos o pasos del río de Juanambú

   1. El Fanacatú, que sale al Tablón de los Gómez, y baja al puente de Juanambú para venir al pueblo de Buesaco y media el río de Ipagué.

   2. El paso real.

   3. El paso de salir a la hacienda de Tongosoy.

   4. El de la hacienda de doña Magdalena Burbano o de la Ovejera de don Ramón Bucheli.

   5. El que sale a la hacienda del Peñol y de allí a Pueblo Viejo, para pasar a Pangusa Ancuyá, Guaitarilla, Túquerres, o vista de Guaytara de la provincia de los Pastos.

   6. El de la Guasca para el pueblo del Castigo y embarcarse a Barbacoas desde Patía, o de la hacienda de la Herradura.

   En todos los expresados puntos debe ponerse destacamento, procurando facilitar caminos de unos a otros, y el que se halle en centro deberá tener la mayor fuerza, a fin de atender al lado que sea conveniente.

   Si se establece una avanzada en el columpio bajo de la Ventaquemada se podrá tener noticia anticipadamente del paraje o punto por donde dirija sus fuerzas el enemigo, a fin de aplicar allí oportunamente las suyas el ejército nacional para contener al de Popayán.

   De todos los puntos se debe hacer reconocimiento exacto, como de las cabeceras o nacimiento de dicho río.

   Quito, y 6 de febrero de 1814.

Toribio Montes.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, Estadísticas, t. 11, parte 2a, f. 376.

91
OFICIO DE NARIÑO AL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

RECTIFICACIONES A INFORMACION SOBRE ACCION DEL PUENTE DE PALACE. OFICIO DEL PRESIDENTE DE CUNDINAMARCA AL GOBERNADOR Y CONSEJEROS DEL MISMO ESTADO. PARTE DEL TENIENTE JUAN JOSE BEJARANO. CARTA DE SAMANO A IGNACIO ASIN. Popayán, 7 y 14 de febrero de 1814. Campo de Yunguilla, 15 de enero de 1814.

Antonio Nariño,
Juan José Bejarano.

Oficio del excelentísimo señor general en jefe del ejército del sur al supremo poder ejecutivo de Cundinamarca

   La estudiosa depresión que se hace en el Argos de Tunja de 13 de enero, sobre la acción del puente de Palacé, insertando una carta que se supone escrita desde el mismo ejército, cuando ya debía estar allí el parte oficial, me obligaba a tomar la pluma para manifestar al público su falsedad, con sólo el relato de lo que he omitido en mis anteriores partes. No se trata sólo del general, sino de desalentar la valiente tropa y oficialidad que tan generosamente ha expuesto sus vidas por la libertad de la patria. La acción del puente de Palacé fue en su clase de tanta importancia como la decisiva de Calibío; ella entusiasmó a nuestras tropas, aterró al enemigo, hizo conocer a Sámano que las tenía con hombres a quienes no espantaba el silbido de las balas; ella nos dio a la bayoneta uno de los puntos más fuertes que, sin disputa, hay en todas estas inmediaciones, e impidió que, cortado el puente, tuviese Sámano tiempo de reunirse con el ejército de Asín, que hasta aquel día ignorábamos en dónde se hallaba; y ella, finalmente, fue la precursora de los triunfos futuros.

   Mas como no sólo se rebaja la acción, sino hasta el orden y marcha del ejército, me detendré también en relatarlas. Antes de salir de La Plata di orden al coronel Rodríguez para que adelantase sus marchas hacia Cartago y me llamase allí la atención del enemigo, en inteligencia de que yo debía estar el día 30 de diciembre sobre Popayán. Armé y remití, por el camino que llaman de tierra adentro, unos tantos voluntarios con el mismo objeto y prefijándoles el mismo día; para el camino de las papas que conduce a los pueblos de Almaguer, hice salir una pequeña división de sólo diez fusileros, 30 lanceros y unos tantos indios, a quienes también di lanzas, con el capitán Astudillo y el teniente Bejarano, y cuyos resultados verá vuestra excelencia y el público en el adjunto parte del mismo Bejarano.

   Dispuesto así todo, emprendimos la marcha desde el 20 de diciembre, con la artillería que el comandante de este cuerpo, don José María Cancino había ordenado, distribuyendo los oficiales, soldados y tiros con que debía venir servida; después de haber dejado en La Plata desde el general hasta el último soldado los equipajes y todo lo superfluo y caminando a pie, no sólo los oficiales de infantería sino toda la caballería, para que llegasen frescos los caballos, que se venían herrando por el camino. Los que conozcan el páramo de Guanacas y sepan el peso de nuestra artillería, conocerán el mérito de su transporte y que quizá hemos hecho más en vencer aquí a la naturaleza, que al enemigo. El teniente don Juan Nepomuceno Estévez, este hombre incansable y esforzado, aplanaba con los zapadores a un mismo tiempo los caminos y arrastraba los cañones, auxiliado por los subtenientes Durán y Santacruz, y en los pasos más difíciles por los capitanes Castro y Malo, con algunos soldados que ayudaron también a los indios en este penoso trabajo. Nuestro vicario Ordóñez, con su constante celo por la libertad, el capitán Aguilar y los curas de Lame y Pitayó, acompañados de más de 300 indios capitaneados por el cacique coronel Calambaz, el capitán Goyomús y el gobernador del Pedregal, auxiliaron esta obra, que parecía superior a las fuerzas humanas. Quizá no hay exageración en decir que se ha hecho más en pasar esta artillería por los Andes que la del ejército francés por los Alpes.

   Desde los corrales mandé al capitán Urdaneta con 200 granaderos a tomar el punto de La Laguna, que es lo más alto del páramo, para impedir que el enemigo lo ocupara; yo seguí detrás con mis ayudantes y secretarios, y luego el general Leiva con el grueso del ejército y la artillería. La noche del 26 fue otro de los triunfos de nuestro ejército en este sitio: todo lo que no eran armas y pertrechos se había mandado quedar a retaguardia, no llegaron las tiendas, y en lo más frío del páramo hemos dormido sobre el camino, sin ningún abrigo ni más cena que un poco de carne medio asada. Era un espectáculo sensible y a un mismo tiempo halagüeño para mí el ver a los oficiales y soldados arrimados a las candeladas que se hicieron de frailejón, pegando diente con diente y celebrando con risa su extraña situación; en donde había una pequeña zanja se metían en ella cuantos cabían, y hubo oficiales que tuvieron humor de ponerse alrededor de una candelada a jugar una ropilla; estando, por lo demás, todos los centinelas y guardias avanzados en sus puestos, con la pensión de tener que mudar aquéllas cada media hora. Lo que más tuve que sentir en esta noche memorable fue la indisposición del general Leiva, en medio del desabrigo y la falta de todo recurso, en que sólo se le pudo suministrar una muy mala sopa, con que amaneció restablecido.

   Al día siguiente se vistió toda la tropa en riguroso uniforme y se marchó como si estuviéramos viendo al enemigo. El 29 llegamos con este orden al alto de Paniquitá, en donde acampamos, colocando toda la artillería montada, cargada y con los botafuegos encendidos, en los puntos que se creyó convenientes, y dispuestos a recibir al enemigo si nos venía esa noche a molestar. El 30 al amanecer se tocó generala, aguardamos el día sobre las armas y, apenas apareció el sol, retirados de la formación se convirtió el campo en un templo, en un lugar de penitencia; las piedras, los fardos de las tiendas, los troncos de los árboles, servían de confesionarios, y tomando luego la voz cada capellán en su batallón, exhortaron a los oficiales y soldados a la penitencia y al valor; se reparten las absoluciones a todo el ejército y se concluye esta augusta ceremonia con un grito universal de viva la libertad, viva la patria, en medio de la música que tocaba marcha.

   El orden de ésta fue el siguiente: el capitán Virgo con su compañía de cazadores iba en la descubierta, precedido de un piquete de caballería; seguía luego el teniente Ricaurte con la avanzada de la vanguardia, después los granaderos con dos piezas de artillería ligera; a su retaguardia iba yo con mis ayudantes, secretarios y demás comitiva; y a una distancia más bien corta que larga, seguía a la cabeza de la columna el segundo general con la gruesa artillería, el parque y la caballería que cerraba la marcha.

   Tan lejos estábamos este día de venir en desorden y de no pensar en atacar, ni ser atacados, como dice el Argos de Tunja, que desde el amanecer se oyó uno u otro tiro, y en el pueblo de Paniquitá había hecho el capitán Virgo un prisionero con su fusil y cartuchera. Como a las once del día se oyeron otros tiros, y a poco rato se me dio parte de que los enemigos se avistaban sobre la altura opuesta del puente del alto Palacé. Los granaderos aceleraron naturalmente el paso, y luego que nos avistamos, hice hacer alto para aguardar el resto del ejército.

   Es preciso formarse una idea del terreno para hacer juicio de la importancia de este paso. El río Palacé baja con rapidez, no sólo a una gran profundidad, sino por un cauce igualmente profundo; la bajada y la subida del camino son por callejones tortuosos y en que apenas caben dos o tres hombres de frente. Al lado donde estaba el enemigo hay una llanura pequeña, que domina por una parte la subida, y por el frente de ésta hay un bosque espeso.

   Sámano tenía colocada su gente en tres puntos: en la llanura había varios trozos formados en batalla, con dos piezas de artillería y la caballería; sobre el puente tenía una división y otra en el bosque que domina el camino, cubierta con los árboles, de modo que quedaba el río a nuestra derecha, el campo enemigo a la izquierda y al frente las emboscadas.

   Habiendo hecho nosotros alto sobre una eminencia descubierta y fuera de tiro de los enemigos que teníamos a la vista, se comenzaron a sentir balas sobre nuestras cabezas, lo que nos hizo advertir que había gente emboscada a nuestro lado del puente y me presumí que estaban protegiendo la cortadura de éste. Ya había mandado a uno de mis ayudantes al general Leiva para que se adelantasen las otras dos compañías del primer batallón, y comenzaba a llegar con ellas el comandante Vergara. El mayor general Cabal había llegado también y le di orden para que con la compañía de cazadores y el primer batallón bajase a impedir que nos cortaran el puente; lo verificó en efecto con la mayor prontitud, pero no habían llegado a la mitad de la bajada, cuando rompieron el fuego los enemigos, que en gran número estaban allí ocultos desde antes que llegáramos. La acción se empezó en términos de haberse llegado a pedir cartuchos por los nuestros, que llevaban los de ordenanza; pero antes que se les acabaran, se mandó avanzar; y el paso de ataque comenzó a hacer retroceder al enemigo, a pesar de los refuerzos continuados que le bajaban de su campamento y del fuego con que se les sostenía desde el bosque y con las dos piezas de artillería. Si los muertos de una y otra parte no correspondieron, ni a la viveza del fuego, ni al tiempo que duró éste, fue porque los mismos barrancos y la tortuosidad del camino hacían que las balas perdiesen su dirección y se enterrasen en su tránsito. Los nuestros siguieron atacando en la subida y arrollando al enemigo hasta el llano, donde estaban acampados; en donde sólo se les cogieron las piezas de artillería, porque su primer cuidado es siempre poner en salvo cuanto tienen. Los bandidos españoles siempre ganan en estas acciones, de cualquier modo que se decidan, como salven sus intereses, porque el resultado es: tantos americanos menos. Así sucedió este día a Sámano, que en buen caballo se puso a salvo y fue a dar al Tambo esa misma noche, después de haber hecho volar todos los barriles de pólvora que había en esta ciudad, de cuya explosión han muerto trece personas (americanos menos) y han quedado cuarteadas unas tantas casas, y desde donde escribió al mayor general Asín la adjunta carta: el modo como habla en ella de los popayanejos que lo servían y auxiliaban sus miras, es una lección para los ofuscados americanos que, después de exponer neciamente sus vidas por servir a estos ambiciosos contra su misma patria, reciben por pago los insultos y el desprecio.

   Me valgo de esta oportunidad para hacer mención de los cuerpos de caballería y artillería que se han omitido en los otros partes: sus comandantes Vernaza y Cancino han llenado completamente sus deberes con su tropa y oficialidad tanto en el tránsito como en la jornada de Calibío. El capitán de artillería don Pedro Murgueitio comandó con acierto la artillería de la división del general Leiva, y el teniente del mismo cuerpo, don Manuel Antonio Pizarro, que manejó una pieza en este día, fue uno de los que dirigieron la conducción de los cañones desde Neiva hasta La Plata; el teniente Obando y el alférez Carretero, en las correrías anteriores al día 15 de enero, me fueron de un gran socorro, para reconocer el terreno y los movimientos del enemigo, acompañados del valiente sargento Juan María Ledesma, de esta provincia, que nos sigue desde La Plata con utilidad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Popayán, 14 de febrero de 1814.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca.

En el oficio del excelentísimo señor presidente del Estado de Cundinamarca, general en jefe del ejército del sur, al excelentísimo señor gobernador y consejeros del mismo Estado, su fecha 14 de febrero, se lee, entre otros, el artículo siguiente:

   "No faltará quien habiendo visto el Argos citado de Tunja pregunte: ¿cómo me faltan víveres, cuando Neiva los ha dado hasta Pasto? Yo respondo, que el Argos se ha establecido para deprimir al ejército del sur, por el que lo manda, como lo conocerá todo el que tenga ojos imparciales. El presidente de Neiva ha hecho todo cuanto su patriotismo y amor a la libertad le ha podido sugerir para servicio del ejército; pero su provincia no le presta medios para llenar sus deseos. Yo le he pedido de oficio una razón de lo que ha contribuido Neiva para darla al público; tanto para no defraudarlo del mérito que justamente se ha granjeado en este servicio, como para que no se rebaje el de Cundinamarca, siempre trabajando por la libertad de la América del Sur y siempre deprimida y perseguida; hoy tiene sus armas repartidas en Caracas, Cartagena y Popayán, y apenas se trasluce que tiene alguna parte en la libertad de esta provincia...".

Parte del teniente don Juan José Bejarano al excelentísimo señor general en jefe del ejército del sur

   Excelentísimo señor:

   Tengo el honor de dar parte a vuestra excelencia de nuestra entrada en el valle de las papas. El día 30 llegamos a dicho punto. El 31, cumpliendo con las órdenes de vuestra excelencia, dirigí dos propios a Popayán, a dar el aviso al enemigo de la salida de tropas por este valle, y el mismo día fueron prisioneros por el destacamento de Guachicona, cuyo jefe en el momento mandó el parte a Sámano, Morcillo y a todos los lugares de su partido; de este modo se logró con más exactitud el efecto de las sabias disposiciones de vuestra excelencia, pues más de 300 hombres que reclutados iban de auxilio a Sámano, los hizo devolver el padre Morcillo al resguardo de la ciudad de Almaguer, para acometerme, como lo verificamos ayer 14, para que hubiesen sido derrotados tan completamente como lo especificaré a vuestra excelencia. El día 1° del presente me vine del punto de las papas al pueblo de Caquiona, a fin de acreditar mi salida. Hice allí mi farsa y el 2 por la noche me retiré al punto de Marmato, en donde planté mi campo. El día 8, las espías que dejé en Caquiona me dan parte habían oído dos tiros de fusil, inmediatos a dicho Caquiona. Como tuviese indicios que salían a rodearnos por el camino de Pancitará, mandé el día 7 al subteniente, ciudadano José María Ayala, con tres fusileros y 60 indios del pueblo de Caquiona, a que guardasen aquel punto, y yo levanté mi campo el día 10 con el resto de gente que me quedó, y me vine a acampar en el punto de Yunguilla.

   El día 11 ya tuve el enemigo al frente, con distancia de una hora de camino. El 12 se me acercó a distancia de media hora, de donde me manda oficio intimidándome el comandante Manuel José de Hoyos y Caicedo, que dentro del término de tres horas levante mi campo, y de no hacerlo así, entraría a fuego y sangre y seríamos pasados a cuchillo del chico al grande; y le contesto: que yo, mis oficiales y tropa teníamos hecho juramento de hacer el último sacrificio en defensa de la patria y libertad, y que este comprometimiento me hacía el no levantar mi campo en el término que me asignaba, porque sería faltar al juramento que tengo hecho, a mi honor y al cumplimiento de mi comisión; que esto le sirviese de gobierno. El mismo día me da parte un espía, que salían los enemigos por Pancitará a las papas, y el mismo día, a las doce de la noche, se le presentaron muchos fogones en el camino de Pancitará al subteniente Ayala, cuyo parte lo tuve al amanecer del 13. En el mismo momento seguí con los fusileros y 40 indios del pueblo de Rosal a dar auxilio a dicho alférez, dejándole una farsa al enemigo, que tenía al frente de mi campo, con orden de que si les acometía se retiraran a reunirse conmigo en las papas. A las doce del día, que llegué a las papas con el auxilio, se verificó la salida de un corto número de pancitareños, a los que les acometí y sin necesidad de hacer un tiro, se retiraron y por la noche corté el camino para acercarme a mi campo.

   El 14 madrugué, reunido con la fuerza que tenía el alférez, y a distancia de más de una legua oí tiros que venían haciéndoles los enemigos a los nuestros, que ya venían de retirada; entonces precipité mi marcha con tanta furia, que no demoré nada, cuando me encuentro con los míos, y entonces, reunidos todos juntos, determiné que si seguíamos podían peligrar muchos por la estrechura de la montaña a donde tuve a bien el hacer parada, como lo verifiqué, pues de donde tuve el encuentro los traje tan precipitados, que sólo en un claro de un rastrojo hicieron frente, en donde quedaron seis blancos muertos, de los más principales de ellos, como lo han asegurado tres que se pasaron a mi lado. El primero que murió fue Mariano Zúñiga, quien venía con la bandera de color carmesí de la iglesia de San Francisco de Almaguer y una imagen de los milagros colgada en el cuello. Los otros muertos fueron un alcalde del partido de Almaguer, Gregorio Ruiz, un platero, Pedro Muñoz y Manuel Acosta, y dos que no se conocen; de los nuestros murieron cuatro indios y tres heridos y un soldado herido; de éstos ninguno de riesgo. Heridos, pienso van muchos, por las huellas de sangre que se han encontrado por las partes que éstos huyeron. Pelearon con tanto entusiasmo los indios, que no reparaban en meterse entre el enemigo, que un indio que conducía el cajón de pertrechos se dejó rodear del enemigo y lo mataron y se llevaron el pertrecho, y sólo he quedado con 200 cartuchos; pero hoy día de esta fecha tengo oficiado al cabildo de Timaná, al de Garzón y a La Plata, a fin de que me manden pólvora y plomo. Fusiles sólo tengo ocho útiles y seis soldados que sepan manejarlos, que fueron con quienes gané la batalla. Por esta parte verá vuestra excelencia en los peligros en que me he visto, en unión de 200 indios, que son los que me acompañan, pues sólo la Virgen de las Mercedes pudo sacarme con bien de en medio de 300 hombres que derroté. De vuestra excelencia no sé si hasta ahora vive o muere, cosa que me tiene en confusión.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Campo de Yunguilla, 15 de enero de 1814.

Juan José Bejarano.

   Es copia,

   Popayán, 7 de febrero de 1814.

Mutienx,
secretario.

Carta de don Juan Sámano a don Ignacio Asín

   Estimado amigo:

   Mandé a Alba el día 28 con alguna gente de Popayán y Mercaderes para que entretuviesen al enemigo, mientras usted venía. Los dichos, por partes diarios que tendrían de los malditos insurgentes, redoblaron sus marchas y me avisó Alba que estaban ya sobre él y a la una de la noche con la gente que pude recoger o rebajar de las guardias de estos cobardes popayanejos, y de los francos de las compañías de los mismos, pasé en persona a reforzar a Alba, avisándole antes que me tuviese carne y a los alcaldes papas y bizcochos, y habiendo llegado a las diez de la mañana donde estaba Alba, estuvimos sin comer hasta las tres de la tarde, que embistieron los enemigos, a cuyas primeras descargas, echaron a correr los popayanejos; ya en el puesto, y aunque les reforcé, viendo su desmayo, con alguna más gente de ellos mismos, hicieron tan poco, que recelé el momento de que se metiese el enemigo por el estrecho que me dividía, y para contenerle llamé a la gente de lanzas que tenía preparada, para que se apostase en otro paraje; pero a los primeros servicios de las balas, todos se echaron en tierra, sin ser posible contenerlos en su fuga todos. Yo me he retirado a ésta del Tambo, para esperar los pastusos, o a los primeros de éstos, y volver a Popayán, para acometer a los enemigos cuando usted lo haga por otro lado, por lo que, si puede ser, es preciso me dé aviso del día en que lo haya de efectuar, pues es mi ánimo pasar a ponerme en Altomoreno para embestir cuando sea tiempo.

   Dios guarde a usted muchos años. Su afectísimo amigo,

Juan Sámano,

   Tambo, 30 de diciembre de 1813.

   Señor mayor general don Ignacio Asín. Es copia del original que queda en la secretaría de mi cargo.

   Popayán, 7 de febrero de 1814.

Mutienx,
secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta extraordinaria de Cundinamurca, 2 de marzo de 1814. t. III. N° 159, p. 710-714.

92
EL GENERAL NARIÑO CONTESTA OFICIO DE TORIBIO MONTES

NARIÑO ADUCE TENER DE SU LADO LA JUSTICIA Y LA SANTIDAD DE LA CAUSA. ADVIERTE SOBRE PASTO. Popayán, 28 de febrero y 4 de marzo de 1814.

Antonio Nariño.

Contestación al oficio del gobernador actual de Quito, don Toribio Montes, impreso en el boletín núm. 2°

   Supuesto a que vuestra señoría me dice que la batalla de Calibío significa tanto como los triunfos de Belgrano en Salta y de Bolívar en Caracas, supuesto a que me amenaza con la suerte de Caicedo y Macaulay si tengo la candidez de capitular como ellos, y supuesto a que no me deja usía más camino que el de las bayonetas para que el pueblo de Santafé no se vea sumergido en los mismos horrorosos males que ha sufrido Popayán en los siete meses que ha tenido la desgracia de estar bajo su dominación, abrazaré este partido como el único que me queda, en vista del oficio de usía de 15 del presente, que acabo de recibir.

   Convengo desde luego en que estarán de parte de usía la superioridad de fuerzas, de posición y de luces que la larga carrera de su vida le habrá proporcionado adquirir; pero de la mía, está la justicia y santidad de la causa que defiendo y que el cielo protege; con su auxilio volaré a donde quiera que la tiranía europea intente levantar su imperio sobre las ruinas de la libertad.

   Agradezco a usía la advertencia que me hace sobre Pasto, y cuidaré de no dejarla en estado de que me pueda perjudicar por la espalda.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Popayán, 28 de febrero de 1814.

Antonio Nariño.

   Señor gobernador actual de Quito, don Toribio Montes.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín del ejército del sur, Popayán, 8 de marzo de 1814, N° 4.

93
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL AYUNTAMIENTO DE PASTO

CAUSAS POR LAS CUALES NO HA RECIBIDO CONTESTACION A SUS OFICIOS. PROPUESTA DE CONCILIACION Y PAZ. Popayán, 4 de marzo de 1814.

Antonio Nariño,
Montes.

   Por duplicado he escrito a usía muy ilustre, y aunque sé que ha recibido mis oficios, no he merecido contestación ninguna. Reflexionando sobre esta conducta me parece que encuentro dos causas: primera: la deferencia a la voluntad del que manda en Quito; y la segunda, el axioma inicuo que han propagado nuestros comunes enemigos: si caen en nuestras manos, dice, pagan con sus cabezas; si caemos en las suyas, nos tratarán con dulzura; con que el partido seguro es ser realista. ¡Bellos principios para perpetuar la discordia y arrancar del corazón de los americanos la clemencia, que es una de sus más preciosas cualidades! La humanidad, el deber y la justicia me obligan a advertir a usía muy ilustre, que en esta ocasión se engañan, y que el mismo don Toribio Montes es quien me obliga a desmentir mis principios en esa ciudad, si se me hace resistencia, como lo verá usía muy ilustre, por los adjuntos oficios.

   ¿Cuándo llegará el día en que todos los americanos abran los ojos y conozcan que el sistema actual de la Europa es mantenernos divididos para dominarnos? Vuelva usía, muy ilustre, los ojos a toda la América y verá este principio en acción: desde Buenos Aires hasta Méjico y desde Lima hasta Caracas, se hace la guerra con encarnizamiento, y si vamos a examinar cuántos españoles se encuentran en esta universal contienda, quizá no se hallará la centésima parte; pero cada uno es una tea encendida que lo abrasa todo; una furia que arma al americano contra el americano mismo. ¿Con qué nos harían la guerra los españoles si no encontraran simples americanos a quienes armar? ¿Qué es lo que ha perdido Montes en las batallas de Palacé y Calibío? Un solo hombre, que fue Asín. Y ¿cuántos americanos murieron? Más de cuatrocientos. De modo que, pierdan o ganen las acciones, siempre en su cuenta salen ganando, porque el resultado es: tantos americanos menos. Lo mismo sucede en todos los demás puntos de la América, y los horrores de la conquista los hemos visto ya renovados en Venezuela, en donde Bolívar se ha visto precisado a declarar una guerra a muerte, sacrificando a cuantos enemigos caen en sus manos. ¿Quiere usía muy ilustre que hagamos nosotros lo mismo y que mañana se vaya Montes de Quito, como Monteverde se fue de Caracas, riéndose del mal que nos hemos hecho por nuestra candidez? Pues si no lo quiere, en sus manos está el evitarlo: unámonos.

   Yo propongo a usía muy ilustre nuevamente el partido de la conciliación y de la paz. Usía muy ilustre sabrá la conducta que he guardado en esta ciudad, y estoy resuelto a guardar la misma en esa ciudad, si no se me hace resistencia; o a cerrar por la primera vez mi alma a los sentimientos de compasión y entregarla a las llamas, para que sirva de escarmiento a los obstinados.

   Dios guarde a usía muy ilustre muchos años.

   Popayán, 4 de marzo de 1814.

Antonio Nariño.

   Al muy ilustre cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Pasto.

   Es copia,

Montes.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S.: Causa célebre en la historia de la independencia, como lo es la seguida en esta ciudad al extranjero don Alejandro Macaulay, precedida de un estudio analítico, p. 74-76, edición oficial. Pasto, 1920. Imprenta del departamento.

94
INFORME DE JOSE MARIA CABAL AL GENERAL NARIÑO

DESDE CABUYAL INFORMA DE LAS VENTAJAS TACTICAS DEL LUGAR, LAS CABALLERIAS Y SOBRE EL CURA DE PURACE Y LOS INDIOS QUE ESTAN CON EL. Cabuyal, 14 de marzo de 1814.

José María Cabal.

   Hoy hace cuatro días que llegué a este campo del Cabuyal, en donde encontré ya al comandante Virgo con su batallón y el 3° y ayer se me ha reunido el comandante Monsalve con el suyo. Este punto es ventajoso por su situación, por su temperamento abundante en aguas, leña, y sobre todo en ganado. Desde que me hallo en él no ha habido ninguna deserción, la gente está contenta y se ejercita a mañana y tarde, porque el tiempo es excelente. Las caballerías se hallan en seguridad y procuro el que se repongan para que puedan continuar por hallarse algunas bastante extenuadas, pero que se podrán reponer con las que vayan quedando sin carga por las de víveres que se vayan consumiendo, no obstante que he necesitado mandar de aquí algunas mulas para levantar siete cargas de víveres que habían quedado todavía en el Tambo.

   El peón que se destinó para que pasase con un pliego para el capitán Bonilla, ha venido a dar aquí haciendo una vuelta inmensa por buscar el camino más seguro. Como no es práctico del camino que conduce a Almaguer, ha sido preciso acompañarlo con uno de los soldados de aquí que conoce los caminos. Este me dice que dentro de tres días estará en Almaguer.

   Aquí se mantiene el cura de Puracé con 70 indios que estoy manteniendo a fuerza de carne por ahorrar el arroz, pero algunas veces se les da también por tenerlos seguros.

   Estévez tiene bastante adelantada la composición del camino, y desde mañana voy a adelantar una compañía para que pueda servirle de escolta y no pierda el tiempo en idas y venidas. Hasta ahora no he visto un solo hombre de estos habitantes y, por consiguiente, no he podido adquirir ninguna noticia.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cabuyal, 19 de marzo de 1814.

José María Cabal.

   Excelentísimo señor general del ejército republicano.

FUENTE EDITORIAL:
Fuente sin identificar.

95
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL BRIGADIER JOSE DE LEYVA

INFORME SOBRE MOVIMIENTOS DEL ENEMIGO. PLAN TACTICO. CARENCIA DE ARRIEROS. DA CUENTA DEL PARTE DEL GENERAL CABAL. ORDEN PARA REMISION DE ENFERMOS. Tambo, 20 de marzo de 1814.

Antonio Nariño.

   Según las noticias que hemos tenido, se dice que Juan José Caycedo o Joaquín de Paz se hallan en las Guavas con 100 fusileros y otros 100 hombres más para ocupar este pueblo luego que acaben de pasar las tropas. Me parece que sería conveniente mandar 50 hombres y dos piezas de artillería para que se situasen sobre la cuchilla del alto del rey, los que me parecen suficientes, aun cuando el número no sea exagerado como lo pienso. Lo que sí es muy importante es la elección del oficial que venga de comandante para que no se deje sorprender con esta clase de guerra; y si el teniente coronel Cancino no hiciere ahí mucha falta, sería muy oportuno que él viniera, pero vuestra señoría verá lo que le parezca más conveniente.

   Es imponderable el estado de guerra continuo en que vamos, sin un arriero y sin encontrar una sola persona que nos facilite auxilio ninguno. Vuestra señoría agite cuanto pueda la salida del resto del parque, de la artillería y de la gente que dejé en esa con la que venga del valle destinada a la expedición, pues si nos alejamos mucho, quizá nos irán incomodando por todo el camino.

   A pesar de la imponderable falta que vuestra señoría me hace, me parece conveniente el que se mantenga en esa, no sólo por lo molesto de estos caminos y mortífero de los climas que tenemos que transitar, sino por servicio de la misma expedición que necesita en esa una persona de su inmediata dependencia y entera confianza con quien poderme entender en derechura.

   Sería muy conveniente que se limpiase esto de todas las personas de las familias que nos hacen la guerra y que los asegurasen en esa, porque son los que les están dando continuos avisos, y toda indulgencia con ellos no sólo es ociosa sino perjudicial.

   Hemos llegado a este pueblo sin novedad, y encontramos los tres granaderos que se habían venido por otro camino; hasta ahora sólo nos faltan las tiendas de la caballería que se quedaron ayer atrás, y el ganado que debe venir con Obando y sus milicianos.

   Prevenga vuestra señoría a mi ayudante Torres que, dejando las reses necesarias para la manutención de la tropa los días que quede en esa, y algunas para llegar hasta el Cabuyal, reduzca las demás a dinero del modo que le sea posible y lo conduzca con el que produzca los géneros de la tienda que le quedó recomendada y lo demás que hubiere recaudado del empréstito, dejando vuestra señoría en su poder todo el que necesite para manutención de su persona.

   Acompaño a vuestra señoría el parte que acabo de recibir del coronel Cabal, y advierto que no han venido el ayudante Montalvo, uno de los dos cirujanos, el secretario Melendro y el amanuense Camacho, los impresores, el músico Toscano y el padre Scarpetta, el padre Botero, pues atrás debe venir con la última tropa el presbítero Montalvo.

   Las tiendas de la caballería acaban de llegar, pero con un soldado menos, que no se sabe de él.

   He resuelto que el capitán don Tadeo Vergara se quede en este pueblo con la tropa de su mando hasta tanto que llegue el teniente Obando con el ganado y las demás personas que faltan y que supongo habrán ya salido.

   Se acaba de dar parte que ha llegado el soldado de caballería.

   Vuestra señoría puede oficiar con el gobierno de Santafé; darle noticia de mis marchas y lo demás que se juzgue conveniente.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Tambo, 20 de marzo de 1814.

Antonio Nariño,
(firmado).

Posdata. Dejo orden al capitán don Tadeo Vergara de que con escolta correspondiente remita hoy a esa ciudad cinco enfermos que se hallan en ésta; haga vuestra señoría que en el momento salga de esa una escolta a recibirlos, hasta donde los encuentre por el camino del Alto de Río Hondo y de Piedras, para que desde allí puedan volverse los soldados de esta división.

   Se acaba de dar parte de que el soldado Alejo Bautista, de los cazadores de Virgo, ha desertado anoche de este pueblo llevándose dos mulas.

   Señor brigadier don José de Leiva, segundo general del ejército republicano.

FUENTE EDITORIAL:
Fuente sin identificar.

96
OFICIO DE JOSE DE LEIVA AL GENERAL NARIÑO

INFORMA SOBRE PLANES MILITARES. ESCASEZ DE TROPAS. RECEPCION DE ENFERMOS. Popayán, 21 de marzo de 1814.

José de Leiva.

   Excelentísimo señor:

   Anoche a las once recibí el oficio de vuestra excelencia, fechado en el Tambo el día de ayer. Esta mañana quedé acorde con el teniente coronel Cancino en punto a ocupar el puesto del alto del rey que vuestra excelencia indica; pero con reflexión a que la compañía de Antioquia tiene en la actualidad diez enfermos y 12 hombres de partida y que la de Cali, por haberse enfermado otros siete y haberse destacado cinco a escoltar la correspondencia del correo, está reducida al número 15, resulta tan corto número de gente a mi cargo, que si envío los 50 hombres apenas vendré a quedarme con 30 dentro de esta ciudad, número muy corto en las circunstancias de que la guarnición de ella aún está casi desarmada y sin organizar, no he resuelto aún la salida de dicha tropa hasta ver si puede recogerse alguna más, bien sea de la que se espera de Cali, la que salga del hospital u otro cualquier arbitrio, de modo que salido el destacamento, reste siquiera la fuerza suficiente para levantar de aquí el parque y escoltarlo hasta que se incorpore con los que se hayan avanzado a la dicha cuchilla del alto. Se espera pronto al sargento mayor Quijano con gente del valle, pero recelo será toda ella para la guarnición de la plaza.

   Aunque con mucho sentimiento por la idea de que se dilate el tiempo de la separación de vuestra excelencia y estar a sus inmediatas órdenes, me es preciso apreciar el honor que me dispensa y agradecer la consideración particular que tiene con mi persona. Yo me alegraré se ofrezca ocasión en que pueda ser útil la confianza que de mí hace.

   He manifestado al gobernador, como único que en el día puede providenciar sobre la materia, lo que me dice vuestra excelencia acerca de asegurarse de las personas pertenecientes a los que nos hacen la guerra, y con quienes es ya ocioso y perjudicial la condescendencia.

   Enteré a don Ignacio Torres de cuanto vuestra excelencia me dice debe practicar. La importancia de apresurar el envío del parque, víveres y demás que ha quedado, pudiera no dar tiempo a sus diligencias, pero el alférez Cuello no ha llegado todavía, y según noticias que dio el peón del correo, será bueno si está aquí pasado mañana miércoles, habiéndose sólo recogido hasta ahora 20 mulas.

   Supongo se habrán incorporado con vuestra excelencia todos los que salieron el sábado con la caballería de Obando y habrán informado que Montalvo, los padres Scarpetta y Botero y los impresores se quedaron por no haber habido caballerías para ellos.

   Llegaron esta mañana los cinco enfermos y soldados conductores que probablemente lo serán también de esta carta, y con ellos procuraré vaya el padre Franqui para que pueda asistir allá a lo que se ofrezca, quedando Macario para la última división.

   El viernes 18 por la noche, ya algo tarde, se presentó aquí Miguel Murillo, soldado de la primera compañía de cazadores, el cual había desertado en compañía de otros cinco del mismo cuerpo, cuya lista incluyo. Venía herido en un brazo, cuya herida le había dado [ocasionado] el sargento Martín Pinzón, uno de sus compañeros, los cuales caminan aquella noche de Antón Moreno hacia Coconuco; la mañana del siguiente 19, uno de ellos, según las señas, había casi muerto de un balazo a un negro por las inmediaciones de Poblazón.

   Se han despachado requisitorias con las señas que dio el mismo herido a Timaná, La Plata y Neiva.

   Tengo ahora mismo noticia de que el alférez Cuello estará después de mañana. Voy en seguida a despachar el parque y toda la última división, con preferencia a todo otro objeto, por parecerme de mayor importancia el que acaso alcancen al ejército en el Cabuyal, o a lo menos le sigan con corto intervalo.

   La hora en que tengo dicho llegó la carta de vuestra excelencia, no dio lugar a escribir por el correo al Santafé, ni he creído preciso hacer extraordinario.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Popayán, 21 de marzo de 1814, a las siete de la noche.

   Excelentísimo señor.

José de Leiva,
(firmado).

   Excelentísimo señor don Antonio Nariño, general del ejército del sur.

FUENTE EDITORIAL:
Fuente sin identificar.

97
OFICIO DE TORIBIO MONTES AL AYUNTAMIENTO DE PASTO

SE REFIERE A LA PREDICA POLITICA DE NARIÑO EN LOS PUEBLOS COMO UNA DE SUS TACTICAS DE LUCHA. INFORMA DE LA TOMA DE POPAYAN POR LAS FUERZAS PATRIOTAS. Quito, 27 de marzo de 1814.

Toribio Montes.

   Incluyo a usía muy ilustre copia de la contestación que he tenido a bien dar a don Antonio Nariño, y les devuelvo el que dirigió a esa corporación, habiendo hecho lo mismo por medio del mariscal de campo, don Melchor Aymerich, de la anterior, con el que fue puesto a los comandantes de las armas.

   Este seductor pretende avanzar y conseguir, más por la persuasiva de sus expresiones que por la fuerza de los soldados que manda.

   El quiere incendiar los pueblos con el talismán de la independencia; pero poco acorde en sus principios, manifiesta claramente la tea incendiaria de sus discursos, en el enredo o embrollo de sus combinaciones.

   Conoce muy mal el carácter firme del pueblo de Pasto y no se persuade de que su heroicidad y no otro interés le mantiene en su deber.

   Popayán fue tomada por él, ha jurado independencia, y por consiguiente, en la actitud de mejorar de suerte, ¿cuáles son sus ventajas? Contribuciones inmensas, persecuciones terribles, inerme y desierta la agricultura y el comercio, las minas paradas y todo en la confusión y desorden que inspiran siempre los nuevos sistemas cuando, sin base, es preciso fluctuar entre la esperanza y el temor. Se atreve a afirmar que el plan de la Europa es el de mantener en división la América, cuando él y otros que llevan sus ideas son los que la despedazan, oponiendo un detén para que no circulen los incalculables bienes y la consideración con que el gobierno nacional distingue a los americanos, entre los que ese pueblo valiente y leal ocupará el lugar que le corresponde, digno de su firmeza.

   Estoy aprontando 100 dragones que, montados y equipados, marcharán con diez barriles de pólvora en toda la semama entrante, y en la confianza de que no perderé momento para auxiliar a esa provincia, persuádase usía muy ilustre y todo ese heroico pueblo, de que nos será común o la corona de la victoria, o el sepulcro.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Quito, 27 de marzo de 1814.

Toribio Montes.

   Al muy ilustre cabildo de la ciudad de Pasto.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S., ob. cit., p. 76-77.

98
OFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE PASTO AL GENERAL NARIÑO

COMENTARIOS Y RESPUESTAS AL OFICIO QUE LES ENVIARA EL GENERAL NARIÑO. EXALTAN LA OBEDIENCIA A LAS AUTORIDADES LEGITIMAS Y A LA MADRE PATRIA. Sala capitular de Pasto, 1° de abril de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco Villota,
Francisco Hidalgo, Manuel de la Villota,
Blas Rosero, Francisco Zambrano,
José Eusebio Burbano.

   El único oficio de usía que ha recibido este cabildo es el de 4 del que expiró.

   La buena educación y urbanidad no le habría permitido dejar de contestar a los otros, como verifica con éste.

   No es la ciega deferencia al excelentísimo señor capitán general de Quito, ni el axioma de "que si caen las tropas de usía en nuestras manos las sacrificaremos, y que por lo contrario seremos tratados con indulgencia". La justicia de la causa, la santidad de los juramentos, la obligación de obedecer a las autoridades legítimas, el amor y la unión que la misma naturaleza inspira a la sangre de nuestros progenitores y de nuestros hermanos; el reconocer el derecho de la soberanía y de la madre patria a quien debemos nuestra existencia, y célebre, hoy desgraciado país de las Américas, por las turbaciones que nos causan los mismos que podían recordar la felicidad en que vivíamos, descansando en nuestras familias, bajo nuestras viñas y nuestras higueras; esto es lo que nos conduce y lo que no nos hará mudar de sistema, ni por deferencia al halago, ni por temor a las amenazas desde muy antes vertidas y protestadas; de modo que para nosotros tan glorioso será el podernos defender de una fuerza que, sin derechos ni legítima autoridad, nos trata de oprimir, como el que esta ciudad quede reducida a una nueva Numancia o Sagunto.

   Dios guarde a usía muchos años. Sala capitular de Pasto, 1° de abril de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco Villota,
Francisco Hidalgo, Manuel de la Villota,
Blas Rosero, Francisco Zambrano,
José Eusebio Burbano.

   Señor don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S., ob. cit., p. 80-81.

99
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL AYUNTAMIENTO DE PASTO

RESOLUCION DE VENCER O MORIR. REFERENCIA A LA OCUPACION DE POPAYAN POR LAS TROPAS REALISTAS. MANIFESTACION DE DESEOS POR LA PAZ. Alto de la Caldera, 3 de abril de 1814.

Antonio Nariño.

   He recibido el oficio de usía muy ilustre, de 1° del corriente, a pocas horas de haber recibido otro de don Toribio Montes, y ni de uno ni de otro he sacado nada en limpio.

   Ni el tiempo ni el lugar me permiten entrar en contestaciones sobre la justicia de la causa que sostengo, y así me limito sólo a decir a usía muy ilustre que no es ya la opinión la que me conduce con mi ejército por estos remotos climas: es la necesidad de existir.

   Desengáñese usía muy ilustre; no nos queda medio entre vencer o morir. Dios ha echado un velo sobre los ojos de los españoles, en castigo de los crímenes de la conquista, y después de haber perdido la península nos quieren envolver en sangre y dejar yermas las Américas.

   Popayán es un documento de bulto de lo que se debe esperar de la nueva dominación española.

   Toda la provincia llora a grito entero los siete meses que la han ocupado unas tropas de bandidos, y sus antiguos partidarios se han desengañado y conocen que, habiéndose enfermado el cuerpo político de la monarquía, es de nuestra obligación salvar la parte que nos toca del modo que podamos.

   Yo ruego a usía muy ilustre, por las entrañas de Jesucristo, que no me fuercen a proceder contra mis principios; no vengo a destruir ni he tomado las penalidades de esta expedición por ninguna mira personal; no deseo victorias, por fácil que me sea conseguirlas, sino la paz, la buena armonía, la buena inteligencia entre todos nosotros, y que establezcamos un sistema de juicio y racionalidad, que mantenga nuestras costumbres inocentes y la pureza de nuestra santa religión.

   En este concepto, aguardo, antes de atacar en Juanambú, la contestación de usía muy ilustre, en el término de la distancia; quiero que jamás me quede el dolor de no haber tentado todos los medios que dicta la prudencia, la política y la religión.

   Dios guarde a usía muchos años.

   De tránsito en el alto de la Caldera, a 3 de abril de 1814.

Antonio Nariño.

   Señores del muy ilustre cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Pasto.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S., ob. cit.. p. 81-82.

100
OFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE PASTO AL GENERAL NARIÑO

RESPUESTA A LO PROPUESTO POR NARIÑO. Pasto, 4 de abril de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco de la Villota,
Francisco Díaz Hidalgo, Francisco Zambrano,
José Eusebio Burbano.

   Contestando en los términos que usía solicita, a su oficio de 3 del corriente, en que por las entrañas de Nuestro Redentor Jesucristo (cuya memoria es la que debiera ocupar, sin profanar irreligiosamente estos sagrados días), dice que no le forcemos a proceder contra sus principios, y, en una palabra, que lo que desea es la paz, la armonía, la buena inteligencia entre todos nosotros y que se establezca un sistema de juicio y racionalidad, que mantenga nuestras costumbres inocentes y la pureza de nuestra religión, exponemos a usted que, por nuestra parte, no se atropellan estos objetos, los más dignos de la fe que profesamos y de la sociedad.

   Ya se lo hemos indicado a usía en nuestro anterior oficio: usía es quien nos viene a hacer la agresión más injusta.

   Nosotros, en fuerza de los principios santísimos que le compendiamos a nuestro oficio, hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres.

   De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación.

   Aquéstos [éstos] no nos los han traído los europeos, nuestros hermanos: han sido los americanos, los hermanos más íntimos, como de una misma patria y ligados con los vínculos más estrechos de la sangre.

   Si Popayán —como anuncia usía— ha padecido, no han sido menores nuestros quebrantos.

   Por uno y otro extremo hemos padecido violencias, incendios, robos y escándalos, y hasta ahora no podemos comprender con qué autoridad se han formado aquéstas [éstas] revoluciones, pretendiendo por la fuerza, o sujetarnos o destruirnos al mismo tiempo que se decanta la libertad.

   No es lícito juzgar sobre la justicia de la conquista de las Américas, que nos trajo la posesión de su precioso suelo.

   Son puntos que se han tocado y justificado por los políticos de más sano juicio.

   Sobre la destrucción de la península, esté usía seguro de que tenemos datos evidentes de su reconquista.

   Puede estar igualmente satisfecho de que nosotros no apetecemos la guerra sino la paz. En manos de usía está su logro, con no perseguirnos y retirar sus tropas; pero es inevitable, o defendernos o morir por los sagrados principios que nos conducen.

   Dios guarde a usted muchos años.

   Pasto y 4 de abril de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco de la Villota Zambrano,
Francisco Díaz Hidalgo, Francisco Zambrano,
José Eusebio Burbano.

   Señor don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S., ob. cit., p. 82-83.

101
OFICIO DEL GENERAL NARIÑO AL AYUNTAMIENTO DE PASTO

ULTIMATUM A PASTO. Alto de la Caldera, 6 de abril de 1814.

Antonio Nariño.

   Ya veo que es ocioso emplear con usía muy ilustre papeles ni razones.

   Yo no me he bullido con mis tropas de Santafé hasta que don Toribio Montes, a nombre de un rey que todavía reconocíamos allí, nos intimó la guerra, sin saber con qué derecho.

   Tampoco vengo a solicitar noticias de la península, que las tengo más frescas y que le deseo toda prosperidad contra los pérfidos franceses que la quieren esclavizar, como a nosotros los españoles corrompidos, que no conocen que peleamos por los mismos principios que ellos pelean en España.

   En esta inteligencia y en que usía muy ilustre debe conocer el enorme disparate que me propone, de que me vuelva con mis tropas después de siete meses de viaje, de dos victorias y de los gastos y trabajos consiguientes a su movimiento, adelanto mis marchas; y por la última vez digo a usía muy ilustre que si se me hace solo un tiro, fiados en la indulgencia que he usado en todos los pueblos de mi tránsito, Pasto quedará destruida hasta sus fundamentos.

   No está esa ciudad en la clase de las demás, por los antecedentes que ha habido.

   Es preciso que antes de romper el fuego se decida abiertamente a hacer causa común con nosotros o a quedar destruida, y destruida de un modo que nunca jamás pueda volver a ser habitada; pues el mismo Montes me advierte que por la espalda me queda Pasto para incomodarme.

   Si usía muy ilustre se decide a tomar el partido a que la necesidad y la justicia le obligan, puede contar con entera seguridad y la libertad de constituirse del modo que lo crea más conveniente a su felicidad, como sea conforme con el sistema que ha proclamado toda la América.

   Ofrezco a usía muy ilustre que, como se entreguen las armas y se me dé una seguridad que me ponga a cubierto de toda desconfianza, no entraré en la ciudad, y mis tropas, a pesar de la rigurosa disciplina que observan, ni se acamparán en sus inmediaciones.

   No me olvido del santo día en que escribo, mi ejército lleva en sus insignias y en su corazón el sagrado nombre de Jesús, y saben que la obra más santa y más augusta que hay sobre la tierra es la de emplear estos días en pelear por la libertad de sus hermanos.

   Dios Nuestro Señor guarde a usía muchos años.

   Alto de la Caldera, a 6 de abril de 1814, a las once del día.

Antonio Nariño.

   Señores del muy ilustre cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Pasto.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S., ob. cit., p. 83-85.

102
OFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE PASTO AL GENERAL NARIÑO

RESPUESTA AL ULTIMATUM. Pasto, 8 de abril de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco de la Villota,
Francisco Díaz Hidalgo, Francisco Zambrano,
José Eusebio Burbano.

   Como acaso será ésta la última vez que este cabildo tenga la bondad de hablar con usía, en contestación a su oficio de 6 del que rige, ha creído de su deber asegurarle, con la ingenuidad que constituye su carácter, que firme en sus principios y cada día más adherido al sistema de gobierno en que vivieron y murieron sus padres, está decididamente resuelto a sacrificarse primero que abandonar este precioso depósito.

   Sería una impertinencia preguntar a usía con qué autoridad viene a invadir a un pueblo que halla su conveniencia en vivir bajo las sabias y equitativas leyes del gobierno español; porque por lo mismo que se trata de invasión, no hay que hablar de otros derechos, de otra autoridad ni de otra ley que la del más fuerte; y puesto que usía no nos deja otro arbitrio al presente que éste, no obstante ser el más bárbaro que la ciega ambición ha podido inspirar a los hombres, puede usía escoger, a lo largo del Juanambú, el punto que le parezca más a propósito para terminar nuestras diferencias.

   En todos ellos encontrará usía pastusos y encontrará víctimas generosas decididas a ser inmoladas sobre los altares de la patria.

   Pero si la suerte se decidiese por usía, nosotros besaremos con humildad la mano que nos hiere, confesaremos que, irritado el cielo contra nuestras ofensas, se vale de sus bayonetas para castigarnos, como se valía en otro tiempo de las armas de los Nabucos y de los Antíocos para afligir a su pueblo; mas nunca tendremos la osadía de atribuir a la bondad de su causa las efímeras ventajas que en su indignación concede el señor a usía, semejantes en su justificación a la que atribuye de ser acto religioso, correspondiente al honor del santísimo nombre de Jesús, derramar en este tiempo santo la sangre de los que profesamos su sagrada ley, sin hostilidad de nuestra parte, que solamente será lícito en defensa de tiranos invasores.

   En suma, nosotros nos ponemos en manos de aquel Soberano Señor, que con una piedrecilla en los pies de barro, como los de usía, sabe reducir a polvo los colosos más orgullosos y elevados.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Pasto y 8 de abril de 1814.

Ramón Bucheli, Mariano de Santacruz,
Ramón Tinajero, Francisco de la Villota Zambrano,
Francisco Díaz Hidalgo, Francisco Zambrano,
José Eusebio Burbano.

   Señor don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero, Gustavo S., ob. cit., p. 85-86.

103
TESTIMONIO SOBRE LA CAMPAÑA DEL GENERAL NARIÑO EN PASTO

RELATO DE FRAY CANCIO BOTERO. 21 de abril de 1814.

Campaña del general Nariño en Pasto y retirada del ejército a Popayán, y salida de éste al Valle del Cauca. Año de 1814

   El 21 de abril por la noche se retiró el ejército enemigo. El 28 a las nueve de la mañana se dejaron ver las avanzadas de la columna que había ido a cortar al enemigo por el Tablón de los Gómez, y a las diez del mismo día estuvo allí toda aquella fuerza, comandada por los coroneles Virgo y Monsalve. A la propia hora se trató de que pasase el resto del ejército que se hallaba en el campo de este lado y, al efecto, se puso cabuya sobre el pedestal del antiguo puente de Juanambú para que pasasen la infantería y artillería, pasando por lado los pertrechos, aunque con algún peligro, y de éstas ahogándose tres cargas con sus mulas y cinco personas.

   Aquel día se pasó algo, y al siguiente amaneció el río muy grande y no se acabó de verificar el paso y reunión del ejército hasta el 30. Allí se le dio descanso a la tropa hasta el 4 de mayo, cuando marchó todo el grueso sin obstáculo hasta la una de la tarde, en que fue sorprendida la vanguardia que comandaba Virgo, sobre el alto de las Cebollas; en este día se distinguió el capitán Salazar peleando como un héroe con un puñado de hombres, y entre éstos los sargentos de su compañía, que todos murieron valerosamente peleando, y el capitán recibió un balazo en el sombrero que le raspó la cara. En este día fue herido el valiente comandante de la fuerza enemiga que mandó la acción, don Juan Villota, y a los seis o siete días murió (según se supo); con el motivo de la sorpresa y tener que contener al enemigo orgulloso que se arrojaba sobre todo el ejército, no pudimos avanzar más aquel día, y nos acampamos en la hacienda de Pajajoy, y allí permaneció el campo, por haberse sabido que el del enemigo estaba situado a la altura llamada Las Lagartijas, principio de la Loma de los Tacines

   El día 8, a la una de la mañana, se levantó el campo con destino a tomar la altura de las Cebollas, que se verificó antes de las ocho de la mañana por haberla abandonado la partida enemiga que la guardaba, y éstos se replegaron hacia su campo de Tacines.

   El día 9, a las ocho más o menos de la mañana, se dio la orden de atacar al enemigo en sus posiciones de Tacines. Este se dejaba ver en la altura como en número de 1.000 fusileros, pero al pie de dicha altura tenían una emboscada que, al tiempo que nuestras tropas marchaban al pie de la pendiente, les rompieron el fuego por el flanco izquierdo, por entre un bosque, que en el momento nos mataron e hirieron porción de oficiales y soldados. En este punto consiguió el enemigo alguna pequeña ventaja resistiendo la fuerza y haciéndole perder algún terreno; pero el general volvió de nuevo a animar sus tropas, y dos piezas de obuses dirigidos con acierto sobre la emboscada, dieron lugar para que las tropas marcharan con denuedo a tomar la altura, lo cual verificaron en menos de una hora y media, haciendo portento de valor, pues a más de que el enemigo conservaba la altura con fuerza igual, el punto era demasiado militar por lo muy escarpado de la subida. En este día perdió el ejército republicano por 60 hombres muertos y muchos heridos, y del enemigo sólo encontramos cuatro cadáveres de soldados, y un sargento y un soldado heridos gravemente, que luego murieron.

   El enemigo se retiró aquel día a Pasto llevando toda su fuerza y armas, y de los republicanos los siguieron como 250 hombres conducidos por el general y el jefe del estado mayor, que sólo llegaron al alto de Aranda, desde donde se ven las campiñas de Pasto. Lo paramoso de esta altura y un fuerte granizo, que hizo aquella tarde en aquel campo despoblado, junto con no tener qué comer ni qué cenar las tropas, les hizo padecer muchísimo; así pasaron aquella noche en medio del frío, del hambre, de la miseria, sobre las armas, hasta el otro día 10, cuando a las ocho de la mañana comenzaron a bajar hacia la llanura. A las once del día se presentó nuestra columna en el llano de Pasto, y cuando pensaban nuestras tropas entrar sin un tiro de fusil en la ciudad por ver que se retiraba Aymerich con el resto del regimiento de Concordia, por el camellón de Guáitara con dirección hasta Quito, instantáneamente vieron cubrirse todo el llano de guerrilla del paisanaje, y de toda la tropa de línea del mismo país [territorio], que habían quedado al tiempo de retirarse el general godo. Estos hicieron un fuego desordenado pero constante, desde las once de la mañana hasta las diez de la noche, en que el general abandonó la casa del ejido que había tomado para cubrirse de la caballería del paisanaje, que sucesivamente se había ido aumentando, al paso que a nuestras tropas se les acababan las municiones y les faltaba el aliento por llevar más de 40 horas de pelea y de no comer.

   En esta jornada le mataron el caballo al general; murieron algunos oficiales y soldados, y otros fueron hechos prisioneros, aunque el enemigo (según parece) también tuvo su pérdida considerable en muertos y heridos. Entre las diez y once de la noche, valiéndose del silencio de ella, se retiraron estos valientes para el campo a rehacerse. Llegaron a las seis de la mañana a los Tacines, y sólo encontraron los despojos de él y de la artillería clavada, pues los comandantes que habían quedado recomendados del campo, luego que comenzaron a venir algunos soldados, que se fugaron de Pasto, y les informaron que el general era muerto, y que el jefe del estado mayor quedaba prisionero y el resto de la tropa muerta o prisionera, sólo trataron de salvar el resto del ejército y los intereses, que ascendían a más de $80.000, dejando a los heridos de gravedad y todos los demás bagajes que pudiesen hacer peso o aglomerar la contramarcha a Popayán. El general Nariño, luego que vio la ruina de su campo (dicen) lo abandonó, y que [cuando] creyó que le habían hecho traición sus mismos compañeros, cogió un bosquecillo y se metió en él y obligó a los suyos a que siguiesen el partido que les acomodase. Aquí fue preso el general por los enemigos que lo perseguían. El mayor general Cabal siguió con el resto de los hombres que había salvado, y desviando el camino ordinario de Juanambú, tomó el del Tablón de los Gómez, por donde había seguido el ejército, y se fue a reunir con él a la mitad de la montaña llamada la Erre, el día 12 por la noche.

   El día 13 a las diez salió el ejército a la campaña del pueblo nombrado La Cruz, y desde allí hasta Popayán; no les faltó en el ejército algunos recursos, aunque escasos, para mantenerse, como fueron maíz, caña dulce y una tal cual res. Nunca se verificó que los enemigos triunfantes de Pasto persiguiesen al ejército republicano por retaguardia, sino [que] fue hasta Tacines; pero desde el paso del río Juana-Patu [sic], en el Tablón, y desde allí hasta Popayán nos hostilizaron de todos modos. Todos los días tuvimos fuegos, unas veces por partidas de más de 200 hombres, y otras veces de menos [que] cerraron los caminos boscosos con empalizadas, y cortaban los desfiladeros; así nos molestaron hasta el día que entró el ejército en Popayán, después de haber perdido algunos hombres en la retirada, tanto por el hambre como porque el enemigo nos hizo [causó] algunos muertos, con sus diarios fuegos. El día 30 de mayo entró el ejército en Popayán, desnudo, enfermo y muerto de hambre, y en este estado se mantuvo hasta que los jefes, convencidos de lo mal que lo pasaba la tropa en Popayán, la abandonó a los cinco meses y se retiró al valle del Cauca1.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo, ob. cit.

NOTAS:
1   Su autor, el reverendo padre fray Cancio Botero, testigo ocular (José Manuel Restrepo).

104
ORGANIZACION Y LOGISTICA DE LA CAMPAÑA DEL SUR

DISPOSICIONES SOBRE COMANDANTES, TROPA, MUNICIONES, VITUALLAS. PREVISIONES SOBRE LA TACTICA MILITAR. Campo del ejército republicano sobre Juanambú, 26 de abril de 1814.

Antonio Nariño,
Juan José Mutienx.

Primera división

   Se compondrá esta división:

De los cazadores
195
Del 2° batallón
215
Del 4° batallón
152
De la caballería veterana
38
600

   Comandante de esta división, el teniente coronel don Enrique Virgo.

   Segundo, el teniente coronel don Pedro Monsalve.

   Tercero, el teniente coronel don Joaquín Bonilla.

   Esta división, municionada, con su cartuchera completa y un paquete de reserva, provista de una tajada de carne cocida y dulce, marchará en el orden que van nombrados, a las siete de la noche, con el mayor silencio, para llegar al rayar el día al otro lado del Tablón de los Gómez.

   El comandante nombrará una parte de la gente escogida que vaya descubierta y sorprenda sin hacer tiro a las espías y centinelas que pueda haber avanzadas, para poder apoderarse del segundo puente antes que lo corte el enemigo.

   Una vez pasado al otro lado del Juanambú, atacará a las fuerzas que allí hubiere y, después de derrotarlas, si la gente llegase muy fatigada, de modo que no pueda perseguir al enemigo, hará alto en el punto más ventajoso, y dará parte.

   Si la gente llegase en el estado de continuar sus marchas, las continuará, bien persiguiéndoles, o bien después de algún reposo, a dar nuevo ataque sobre Buesaco, para seguir a sostener el ataque que la segunda división dará por el paso del río.

   Llevará voladores de seña para hacer que se quemen cuatro en cada derrota que dé al enemigo.

   Si se apoderase de la loma sin derrotar al enemigo, hará que se quemen sólo dos voladores.

   En caso de necesitar algún auxilio, hará quemar de uno en uno, con alguna interrupción, ocho o diez voladores.

   Campo del ejército republicano sobre Juanambú, 26 de abril de 1814.

Antonio Nariño,
Juan José Mutienx1.

   Está rubricado.

Mutienx.

Segunda división

   Se compondrá esta división:

Del primer batallón ...................................................
275
Del tercer batallón ....................................................
216
491

   Comandante de esta división y de todo el ejército si llega a reunirse, el mayor general, coronel don José María Cabal.

   Segundo, el teniente coronel comandante del primer batallón, don José María Vergara.

   Esta división, municionada, con su cartuchera completa y un paquete de reserva, provista de una tajada de carne cocida y dulce, marchará en el orden que van nombrados, a las dos de la mañana, con el mayor silencio, y llegarán hasta el campo en donde esté el tercer batallón. Allí se mantendrán ocultos, principalmente los granaderos, para que el enemigo no advierta el movimiento, y aguardarán así la orden de adelantar la marcha.

   Recibida ésta, marchará primero el tercer batallón, luego la artillería, después las dos compañías de fusileros, y a la retaguardia las dos compañías de granaderos que deben formar el cuerpo de reserva para atender y auxiliar a donde las circunstancias lo pidan.

   Seguirán en este orden hasta el lugar donde se monte la artillería, que debe ser en la explanada del alto sobre el paso por donde intentaron pasar los granaderos el día 20.

   Inmediatamente que esté montada la artillería se harán pasar algunos nadadores sin fusil que reconozcan por varios puntos el fondo del paso, y se comienza a poner el puente, o sólo las vetas, si el paso estuviese tan bajo que se pueda pasar sin mojar el fusil y la cartuchera.

   Si al hacer esta operación se acercase el enemigo, o rompiera su fuego, se romperá igualmente por la artillería y la fusilería, si estuviese al alcance, para proteger la obra y el paso.

   Así como fuere pasando la gente, se irá formando en el lugar que quede más cubierto del fuego del enemigo, sin separarse mucho.

   Pasada que sea toda en el mismo orden que va nombrada, procurará con el movimiento más pronto que sea posible apoderarse del quemado que está sobre la derecha de la subida, para flanquear las trincheras del enemigo. Allí dividirá las tropas en tres partes: todo el tercer batallón marchará hacia el lado del campamento enemigo; las dos compañías de fusileros del primer batallón seguirán por el flanco de las trincheras hasta ver si pueden apoderarse de la artillería enemiga; y los granaderos se colocarán en la explanada, en donde estuvo un día y una noche el toldo de Joaquín de Paz, para que le sostengan la retaguardia, si bajan las tropas del boquerón, o para que desde allí puedan ocurrir a sostener a cualquiera de las otras dos divisiones.

   Se hará todo lo posible para que se pasen dos piezas de artillería con sus pertrechos al mando del capitán Murgueitio.

   La compañía de milicias de caballería llevará sus caballos escogidos entre todos los que tengan, hasta el lugar donde se coloque la artillería de este lado del río; allí echará pie a tierra, con los fusiles servirá de escolta durante la acción, hasta que verificada la derrota del enemigo, puedan montar y pasar al otro lado para perseguirlo por la parte que se pueda o para llevar órdenes a donde se le mande.

   Si estando colocados los granaderos en el punto que se ha dicho, se conociera que esta fuerza no es sumamente necesaria toda, se mandará una compañía a atacar a los patianos de los cinco toldos de abajo, y desalojados, se quedará el capitán de ella con un subalterno y 30 granaderos que ocupen las trincheras del frente de la quebrada de Buesaco, para impedir que la gente del alto del boquerón pueda bajar a atacarlos por la espalda, los que serán sostenidos por las baterías de nuestro campamento, y el resto volverá a incorporarse con el otro subalterno en su cuerpo.

   Si los enemigos se acogieren a la gran trinchera de arriba, hará que se reúna nuestra tropa y se forme en buen orden de tiro de fusil, para aguardar que las tropas de la otra división del Tablón los ataquen por arriba.

   Si los enemigos no pararen en la gran trinchera y continuaran por el camino del alto donde está la culebrina, subirán a ocupar la trinchera, y si se puede los perseguirá hasta la mitad del camino, sin meterse en ningún desfiladero; a menos que vayan tan cerca de su retaguardia, que los que están en el alto no puedan hacer fuego sobre los nuestros.

   En caso de sólo perseguirlos hasta la mitad del alto, se dejará una avanzada sobre el punto más ventajoso para que dé aviso de cualquier movimiento del enemigo.

   En el caso de que éste tome el camino por las otras lomas de la derecha, nunca se mandará toda la fuerza para perseguirlos, porque no se debe dejar desamparado el campo que se haya ocupado.

   Campo del ejército republicano sobre Juanambú, 26 de abril de 1814.

Antonio Nariño,
Juan José Mutienx.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Restrepo, ob. cit.

NOTAS:
1   Se aumentará la compañía del capitán Concha para suplir los enfermos que hay en el batallón de cazadores.

105
BATALLA DE JUANAMBU

OFICIO DEL GENERAL NARIÑO, EN QUE INFORMA SOBRE LA ACCION EN JUANAMBU. Campo del ejército republicano sobre Juanambú, 29 de abril de 1814.

Antonio Nariño.

   A las tres de la tarde de este día ha recibido el supremo poder ejecutivo de Cundinamarca el siguiente oficio del excelentísimo señor general en jefe del ejército libertador del sur, don Antonio Nariño y Alvarez.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca;

   Se ha fijado hoy la bandera tricolor al otro lado del Juanambú, sobre las alturas de Boquerón y de Buesaco, después de haber sido rechazadas nuestras tropas en estos dos puntos con pérdida de más de 100 hombres y dos valientes oficiales cundinamarqueses. El 19 dispuse que el comandante del segundo batallón, don Pedro Monsalve, con 100 hombres escogidos del Socorro, sorprendiese al enemigo pasando el río a tres horas de distancia, mientras el ejército intentaba el paso al frente del enemigo. Marchó por la noche, y a las dos de la mañana hice bajar 800 hombres al paso del río, que ya en aquellas circunstancias había crecido. Se rompió el fuego de mis baterías al aclarar el día, y a las dos de la tarde en que cesó éste, apenas había podido pasar Monsalve 45 hombres, que fueron descubiertos y atacados con sólo el subteniente don Francisco Vanegas a su frente. No sólo se sostuvieron con el mayor valor, sino que arrollaron por un cuarto de legua a más de 500 enemigos que guardaban el alto del boquerón, sin poder ser auxiliados por los nuestros que, a pesar de los mayores esfuerzos, sólo pudieron pasar 15 hombres a nado, y con cuerdas, los que protegieron la bajada del valeroso Vanegas por encima del campamento enemigo con 12 hombres que le habían quedado. Se perdieron en esta atrevida empresa 37 hombres, muchos de ellos despeñados y ahogados; y después de haber dado un grado bien merecido al comandante Monsalve y al subteniente Vanegas, decreté un premio de valor para éste y los soldados que salieron sin los 40 cartuchos que llevaban.

   Frustrado el plan de este día, y manteniéndose crecido el río, determiné el 25 que el comandante de cazadores, don Enrique Virgo, con 600 hombres marchase al Tablón de los Gómez, para coger al enemigo entre dos fuegos y vencer de algún modo algunos puntos que, a su elevación perpendicular de 500 varas y de un río rápido y caudaloso a su frente, se le habían aumentado zanjas, cortaduras, montoneras de piedras y cosa de 60 trincheras, dirigidas con la mayor inteligencia por el ingeniero Atero, que ha trabajado tres meses consecutivos con todos los indios de la jurisdicción de Pasto. Marchó Virgo el 26 por la noche, y no habiendo podido llegar el 28, por las dificultades del camino que por todas partes se le han quitado los puentes, hice atravesar el río a 400 hombres al mando del mayor general Cabal. ¡Qué espectáculo para los amantes de la libertad de la América! El comandante, el oficial, el pequeño cadete sobre los hombros del intrépido soldado, todos en medio de un vivo fuego, viendo caer a sus camaradas, con el agua a los pechos, el fusil elevado en una mano y la otra sosteniéndose de una cuerda que se atravesó, pasaron al otro lado.

   No es para este momento la descripción de este día memorable. Después de haber subido denodadamente nuestras tropas por una pendiente de cosa de 600 yardas y desalojado al enemigo de 27 trincheras, fueron rechazados de una gran trinchera que atraviesa el cerro, a donde se acogieron los enemigos y desde donde en medio de un vivísimo fuego arrojaban enormes piedras. Al pie de esta trinchera, entre muchos cadáveres de valientes soldados, están los del capitán don Isaac Calvo y el del subteniente don Pedro Girardot. ¡Los ojos se humedecen al contemplar los semblantes de estos dos valerosos republicanos que parece se están todavía sonriendo de la misma muerte!...

   Tengo además heridos al capitán don Miguel Malo, de cuya compañía era Girardot, y de la que falta más gente. Al subteniente de Defensores de la Patria, don Ignacio Caballero, y al de Neiva, don Rafael Cuervo, con cosa de 45 soldados, y entre ellos los tres distinguidos voluntarios don Gabino Díaz, don Tiburcio Andrade y don Juan José Serrano.

   En la acción se distinguieron particularmente los ayudantes don Joaquín París y don Silvestre Ortiz, el subteniente don Isidoro Ricaurte, el cadete don Diego Pinzón y el abanderado don Mariano Pose, que tuvo firme la bandera a 30 pasos de la trinchera todo el tiempo que duró el fuego, y fue atravesado por tres balas. Entre los prisioneros que puede haber hecho el enemigo, se cuenta al ayudante don Alejandro Bobin.

   Retirada nuestra tropa al lado de acá del río, protegida por la artillería, que fue muy bien dirigida por el capitán don Pedro Murgueitio y el teniente don Manuel Antonio Pizarro, los hice formar haciendo fuego y mantenerse a la orilla del río hasta entrada la noche. Esta firmeza, y la noticia que tuvo el enemigo por los prisioneros, de la fuerza que venía por el Tablón, lo obligó a levantar su campo, auxiliado por una noche oscura y lluviosa. Al amanecer el 29 se nos presentó el campo enemigo sin un toldo y sin un viviente, como si hubieran tenido cinco o seis días para levantarlo. Y a las diez de la mañana se dejaron ver tres puntos las tropas de la división de Virgo que llegaron a ocupar los puntos, pocas horas después de haberlos abandonado el enemigo, con su general el mariscal de campo don Melchor Aymerich, que pocos días antes nos hacía gritar que aquí no era Calibío.

   Hoy mismo se están ya poniendo tarabitas para pasar y continuar al instante nuestras marcas a Pasto, en donde pienso que estaremos el 3 de mayo.

   Pueden las provincias interiores de la Nueva Granada contar con que ya tienen un pie de ejército que con sólo agregarle fragmentos podrá merecer el nombre de tal y defender su libertad. En medio de las infinitas penalidades de una larga marcha por climas mortíferos, siempre en país enemigo, en medio del tránsito de la montaña de Berruecos, con los cañones en que se murieron más de 80 mulas, y de las privaciones a que estamos reducidos, cocinando con sebo y sin tener un tabaco que fumar, no ha llegado el caso de una sola desavenencia ni entre los últimos soldados. ¡Así, quiera Dios que tan visiblemente protege nuestra causa, mantener la misma buena armonía en lo interior de los gobiernos!

   Sírvase vuestra excelencia comunicar esta plausible noticia al soberano congreso, incluyendo copia de este oficio.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Campo del ejército republicano sobre Juanambú, 29 de abril de 1814.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 3 de junio de 1814, N° 69.

106
OFICIO DE BOLIVAR A NARIÑO

INFORMA SOBRE LA CREACION DE LA ORDEN DE LOS LIBERTADORES. OTORGA DICHA ORDEN A NARIÑO. Caracas, 4 de mayo de 1814.

Simón Bolívar.

Oficio del excelentísimo Libertador de Venezuela, ciudadano Simón Bolívar, al excelentísimo señor don Antonio Nariño y Alvarez

   Excelentísimo señor:

   Deseoso de distinguir a aquellos militares que con sus sacrificios y esfuerzos extraordinarios contribuyeron altamente al feliz éxito de la campaña que libertó a Venezuela y que haría la gloria de los más grandes héroes de la tierra, instituí el Orden de los Libertadores.

   Como vuestra excelencia es, sin duda, de los más sinceros amigos que numera mi patria y cuya singular protección contribuyó esencialmente a redimirla del poder español, el reconocimiento y la justicia exigen que sea vuestra excelencia de los primeros en el uso de la venera que distingue a los miembros de la orden mencionada.

   Presentar, pues a vuestra excelencia a la faz de estas provincias y de la América entera como un libertador de Venezuela y dar un nuevo realce a esta útil institución, son los motivos que me asisten a remitir a vuestra excelencia la venera.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Caracas, 4 de mayo de 1814.

   Excelentísimo señor,

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor general don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 7 de julio de 1814, t. IV, N° 180, p. 310.

107
OFICIO DEL GENERAL JOSE DE LEIVA

DESDE POPAYAN INFORMA NO TENER NOTICIAS DEL GENERAL NARIÑO NI DE SUS TROPAS. SE ADJUNTAN NOTICIAS PUBLICADAS EN LA AURORA DE POPAYAN. Popayán, 5 de mayo de 1814.

José de Leiva.

   El supremo poder ejecutivo ha recibido anteayer 19 por el correo el siguiente oficio del señor don José de Leiva, segundo general del ejército del sur y comandante de armas de Popayán.

   Excelentísimo señor gobernador y consejeros del Estado de Cundinamarca.

   Excelentísimo señor:

   Aún no ha sido posible conseguir carta de nuestro general, ni noticia alguna directa del ejército, lo cual nos es enteramente extraño, atendida la circunstancia de todo el país [territorio] de Patía, contrario absolutamente a nuestra causa, y que la fuerza militar no ha podido extenderse a dominarlo todo con la superioridad que era preciso para conseguir una regular comunicación.

   El impreso que incluyo manifiesta las noticias más probables que se han conseguido, siendo todas las demás de varia especie que han corrido en esta ciudad, y que acaso algunas se extenderán hasta esa, de ningún valor y fundamento; sintiendo yo no poder comunicar como quisiera, y deseo con ansia, especies de mayor certidumbre.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Popayán, 5 de mayo de 1814.

   Excelentísimo señor,

José de Leiva.

   Artículos de la Aurora de Popayán, número 10.

Declaración

   En la ciudad de Santiago de Cali, a 28 de abril de 1814, el señor alcalde ordinario de primer voto, hizo comparecer al ciudadano... a quien por ante mí el presente escribano le recibió juramento, que hizo por Dios nuestro Señor y una señal de cruz, de decir verdad en lo que fuere preguntado, etc., y siéndolo sobre que diga de dónde es natural, en dónde se ha mantenido y cuáles son las noticias seguras que ha adquirido del estado de los enemigos en la costa del sur, el punto en donde se hallan reunidos, con el número de todos ellos y destino que hayan tratado de emprender, responde: que es natural y vecino de esta ciudad, como que por esta razón y la de haber jurado defender a su patria, perseguir a los enemigos y sostener la causa justa de la libertad, fue uno de los soldados que concurrió a la derrota que lograron hacer sobre el enemigo en la ciudad de Iscuandé; que se ha mantenido en esta ciudad, de donde ha ido a la costa del sur a expender algunos efectos de comercio; que don Manuel Olaya y don José Joaquín Sanclemente recibieron orden del presidente Montes para que reclutasen 50 hombres y reunidos con 100 que vinieron de Barbacoas, atacasen al puerto de Buenaventura; que efectivamente vinieron 87 hasta el pueblo de La Cruz; que el resto se quedó en El Barro y que al tiempo de embarcarse recibieron un chasqui, dando razón que el alférez Casas había huido con la noticia de que se acercaba el teniente coronel, ciudadano Cornelio Vernaza, y con este motivo huyeron todos, arrojando al mar los pertrechos para que no los cogiese dicho Vernaza, dejando al pueblo solo. Que en segunda ocasión se remitió orden al cabildo de Barbacoas para que volviesen a acometer al puerto; que con este motivo se reunieron 115, pero que inmediatamente llegó el comandante Illera, quien dijo: que don Juan Sámano había sido derrotado por las tropas del excelentísimo señor general don Antonio Nariño, y que dicho Sámano quedaba en la ciudad de Pasto herido en un muslo. Que se le desertaron al dicho comandante Illera muchos soldados, y con este motivo se fue con algunos para Barbacoas, dejándole 20 a Sanclemente. Que después ha vuelto con 30 hombres, con el objeto de reclutar algunos más, pero no ha logrado uno solo, pues todos se han retirado a los montes, y se juzga que sólo ha venido a robarse las lavadas de las minas, pues ha hecho juntar a los mineros y capitanes, y estaba haciendo lavar la mina del Tigre, perteneciente a los Arboledas.

   Preguntado qué noticias corren sobre el estado de la ciudad de Pasto y el ejército de dicho señor excelentísimo, responde que últimamente lo que corre como cosa cierta es que entró a Pasto un oficial que lo nombran Virgo, con 400 hombres, que halló la ciudad sola y, aprehendiendo a una mujer anciana, descubrió por ella una emboscada que tenían en una montaña, y que con este motivo se reunió con el coronel Rodríguez, cuyos resultados juzga que fueron poco favorables a los enemigos, porque se decía que ya estaban huyendo algunos sujetos de Barbacoas para Panamá, como que el declarante vio un papel que escribe don Fernando Angulo a un comerciante dependiente suyo, diciéndole que recoja prontamente cuanto pueda, y se vaya, para seguir con él a Panamá.

   Preguntado qué fuerza enemiga hay en la costa, dijo: que Fábrega se mantiene en Barbacoas con 40 hombres, y que aunque intentó recoger más gente, no lo logró por haberse ausentado a los montes, y que en Macay puso Illera diez hombres con un sargento para concluir las lavadas.

   Preguntado si tuvo algunas noticias de las provincias de Quito, dijo: que se sonaba que Montes tenía solamente 400 hombres y se aguardaba la revolución contra él.

   Preguntado qué noticias había de Lima y de Buenos Aires, dijo: que se guardaba mucho silencio, pero que sí se decía que la plebe de Guayaquil aclamaba nuestra justa causa, y asegura el declarante que casi toda la costa siente del mismo modo, pues en todas partes están decididos por la causa de la libertad. Con lo cual se concluyó esta declaración por ante mí, de que doy fe1.

Doctor Caicedo.

   Ante mí,

Silva.

POPAYAN

   La falta de noticias del ejército del sur dio motivo para que saliese para Patía una división al mando del capitán Varela, que debía al mismo tiempo dispersar cualesquiera bandidos que pudiesen interceptar la comunicación. Acaba de llegar el oficial ciudadano Miguel Cuéllar, despachado por el referido capitán Varela, y dice: que entre quella gente corre la noticia de haber entrado a Pasto nuestro ejército; que venían unos soldados, según expresó uno de la Horqueta, y que Varela suponía fuese algún parte escoltado con el aviso oficial del triunfo de nuestras armas.

   El gobierno ha sabido por otro conducto muy verosímil que nuestro ejército forzó el punto de Juanambú, defendido por Galup y Cucalón; que continuó sus marchas hasta Meneses y que los pastusos vacilaban entre defenderse o entregar las armas, pero que desde luego se verificaría la rendición mediante [por] la poca fuerza que había en Pasto.

   Este conjunto de circunstancias y de relaciones que todas conspiran a dar por cierta la entrada del ejército en Pasto, parece que no permite dudar sobre el buen éxito que han tenido las armas republicanas en aquella parte.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 21 de mayo de 1814. N° 72.

NOTA:
1   Esta declaración tiene todo el carácter de verdadera, ya por la exposición de muchos hechos de que se tiene noticia, como por el conocimiento que el alcalde ordinario de Cali y algunos individuos del serenísimo colegio tienen de la honradez, veracidad y patriotismo del declarante. La circunstancia de nombrar a los coroneles Virgo y Rodríguez corroboran más la verdad, pues se sabe que el primero había de entrar a Pasto por un camino poco conocido, y debe haber llegado primero que el resto del ejército, y como los enemigos han tenido francas las veredas del Castigo y de San Juan, se les ha proporcionado ocasión de comunicar este suceso adverso a ellos a sus agentes de Barbacoas y de la costa. El silencio de Lima, unido a la aclamación de libertad en el pueblo de Guayaquil, indican suficientemente que los tiranos del sur van a concluir su carrera, y que el despotismo en breve tiempo cederá a la independencia del continente colombiano. Por muchos esfuerzos que hagan los esclavos de España, ya no conseguirán apagar el fuego sagrado de la libertad, que arde desde Cabo de Hornos hasta el Misisipí, a despecho de los opresores del suelo americano.

108
CARTA DE ESTANISLAO MERCHANCANO A TORIBIO MONTES

BALANCE FAVORABLE DE LAS ESCARAMUZAS CONTRA LAS TROPAS DE NA RIÑO. Pasto, 12 de mayo de 1814.

Estanislao Merchancano.

Carta de Estanislao Merchancano a don Toribio Montes, presidente de la real audiencia de Quito

Pasto, a 12 de mayo de 1814.

   La altísima Providencia nos ha sacado con felicidad en el combate dado a las tropas del insurgente Nariño el 10 del presente. Después de haber sufrido cinco ataques sangrientos, se han tomado ocho cañones, harto pertrecho, considerable número de fusiles, muchos prisioneros y bagajes.

   Manifiesto a vuestra excelencia que el enemigo ha quitado la corta subsistencia que tenía en una chacra de mi padre político, sacándome de ella más de 90 cabezas de ganado, ocho mulas, cuatro caballos, y arruinándome todos los cañaduzales y platanares que en ella tenía; de suerte que por todo se han llevado entre lo mío, de mi padre político y otros dos vacunos del finado capitán Guerra, cientos de ganado y tantas otras mulas; presento, pues, y concluido ya el paro que nos amenaza, a la bondad y oferta que vuestra excelencia me tiene hecha de mi licencia, tanto para poder reparar en la rutina ocasionada en la otra chacra, presento para poder servir con actividad mi empleo de admirador, de atento de que vuestra excelencia me ha dado el título; así lo espero de la alta piedad de vuestra excelencia.

   Besa su mano de vuestra excelencia.

   Excelentísimo señor,

Estanislao Merchancano.

FUENTE EDITORIAL:
Orbes, Camilo: Revista de la Universidad Social Católica de la Salle, N° 1, p. 5: "El general Antonio Nariño sí se entregó preso en Pasto".

109
OFICIO DE MELCHOR AYMERICH

AL GENERAL JOSE RAMON DE LEIVA. DESCALABROS DE LAS FUERZAS PATRIOTAS Y PRISION DE NARIÑO. CANJE DE PRISIONEROS. Cuartel general de Pasto, 15 de mayo de 1814.

Melchor Aymerich.

PASTO

Oficio de don Melchor Aymerich al señor general del ejército del sur

   Al paso que la divina Providencia con liberalidad protege la sagrada causa de la virtuosa nación española1, cuyos justísimos derechos sostenemos los cuerdos fieles pueblos que en ambas Américas se han libertado del mortífero contagio del traicionismo2 que vuestras señorías han adoptado y que los repetidos triunfos3 de las armas reales dan un testimonio continuado de esta verdad para desengaño de los hombres que por interés particular se han extraviado de sus principios, parece que a este paso se obstinan en su ciega demanda y cierran los oídos a la majestuosa voz de la verdad que apoya la misma religió4 contra quien principalmente se dirigen los golpes de la rebelión. Si vuestra señoría y esos ciudadanos por un instante se apartan de la ceguedad5 en que están y con imparcialidad meditan sobre las fatales consecuencias, que a cargas produce un sistema tan ajeno a la verdadera felicidad de estos países, forzosamente conocerán su extravío y jamás podrán perpetuar la soñada independencia que se prometen buscar infructuosamente a costa de los sacrificios más dolorosos. La España existe y existe gloriosamente triunfante de sus enemigos6, a los cuales van persiguiendo nuestros ejércitos nacionales hasta la propia Francia, pues hace meses se había apoderado de Bayona. Las demás naciones beligerantes se han separado de la unión de Napoleón y le han declarado la guerra uniéndose a la confederación, que con la España trabajan para establecer la antigua tranquilidad y destruir el imperio destructor de la humanidad y al corso ambicioso. Actualmente se le presenta a vuestra señoría un cuadro negro en qué meditar despaciosamente sobre la suerte que deben esperar los facciosos, a la vista del descalabro que ha sufrido el ejército de que es miembro y del destino de don Antonio Nariño que tengo prisionero en este cuartel general7. Es tiempo todavía de recordar el pesado letargo en que se hallan sumergidos los habitantes de Popayán, Santafé y demás lugares que siguen las ideas de la capital del reino. Si vuestra señoría se somete otra vez a la obediencia que debe guardar a nuestro gobierno nacional y me entrega las armas que haya en esa provincia, yo seré, desde luego, pronto a protegerla, saliendo de garante8 por su tranquilidad, para que se pueda seguir disfrutando de la antigua paz octaviana que antes poseíamos; pero si se negase a oír mis sanas proposiciones, no debe extrañar me presente a la fuerza a las puertas de Popayán con el ejército que es a mi mando, para establecer el buen orden con arreglo a las leyes y constitución de la monarquía. Si vuestra señoría quisiese canjear algunos de sus oficiales y soldados por los que yo tengo en esa, podrá proponerme los que quiera de igual clase. Me detengo estos días por esperar únicamente la contestación de vuestra señoría, porque no quiero dar motivo de que me tengan por precipitado; mas le ruego gane los momentos en su resolución, cual sea.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Cuartel general de Pasto, 15 de mayo de 1814.

Melchor Aymerich.

   Señor comandante de las armas de Popayán, don José de Leiva.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 23 de junio de 1814, t. IV, N° 178, p. 800-802.

NOTAS:
1   Los delitos jamás podrán ser el objeto de la protección de la divina Providencia, y siendo de esta clase la usurpación de los derechos más sagrados de los pueblos a que se dirigen todas las tentativas de los bárbaros españoles y de sus satélites, hace Aymerich un agravio directo a la Suma Santidad, asegurando protege su causa y atribuyendo a su influjo la pequeña ventaja que ha logrado sobre nuestras armas, y en la que no ha tenido otra parte de la que tuvo en los triunfos de los gentiles en la antigüedad, en los de los moros contra España y, por decirlo de una vez, en todos los males que han sucedido y suceden diariamente en el mundo, esto es, la mera permisión, pues no puede ser autor de ellos. ¡Ah!, ¡con cuánta facilidad abusan los tiranos del sagrado nombre de Dios y lo hacen protector de las más vergonzosas pasiones para dar a éstas el carácter aparente de virtudes y deslumbrar a los ignorantes! Americanos, reflexionad sobre la justicia de vuestra emancipación, leed lo mucho que sobre ella se ha escrito por los hombres más grandes y más virtuosos de nuestro siglo, y deduciréis legítimamente que la divina Providencia no puede ser contraria a ella.
2   Traicionismo llama Aymerich la separación de una nación, o mejor diremos, de una mínima parte de ella, que en la dilatada serie de años que ha dominado esta porción preciosa del universo, no ha hecho otra cosa que hostilizarla, degradarla y abatirla; el recobrar los derechos que la naturaleza, ha concedido a todos los pueblos; el desconocer un gobierno en que los habitantes de América no han tenido el menor influjo y que ha sido la obra de algunos facciosos de la península, el independizarse de una dinastía a que sólo la fuerza la tenía subyugada, el procurarse su felicidad y el hacer lo mismo que ha hecho España, convocando cortes y dándose una constitución. Traición se habían hecho los pueblos de este continente a sí mismo, si en la crisis favorable que se les presentó no hubieran reconquistado su libertad y sobrepuéstose a sus visires; ellos serían en tal hipótesis dignos de las maldiciones y de la detestación de las generaciones venideras, como lo serán los estúpidos de Pasto, de Santa Marta, Maracaibo y otros del continente, si no sacuden el pesado yugo que los oprime y se restituyen a su verdadera dignidad.
3   Si Aymerich hubiera traído a la memoria las escenas representadas en Palacé, en Calibío, en Juanambú, en el campo de los Tacines y en los mismos ejidos de Pasto; si hubiera dado una ojeada al norte; si hubiera reflexionado sobre la suerte de los opresores de Méjico, habría conocido que los triunfos repetidos han sido siempre por parte de las armas republicanas, y que si las de los tiranos han conseguido alguna pequeña victoria, ha sido por un suceso imprevisto o por un facto de las circunstancias, mas no por el valor de sus soldados, ni por la superioridad de su táctica.
4   La religión ha sido siempre la capa con que los crueles españoles han querido cubrir sus más negras infamias. Bajo el pretexto de introducirla invadieron por la primera vez este precioso suelo, talaron sus campos, destronaron sus reyes, atrepellaron el tálamo y la virginidad, saquearon sus propiedades, exterminaron sus inocentes habitantes y redujeron a los pocos que perdonó su crueldad a la más espantosa esclavitud; hoy quieren renovar con el nombre santo de la religión esta dolorosa escena y echarnos otra vez las cadenas que hemos roto; pero por fortuna nuestros pueblos conocen ya que aquélla detesta la servidumbre, que la doctrina de Jesucristo es hermana con la libertad, que jamás sus preceptos han prohibido a los hombres darse el gobierno que crean más útil, y que los que directamente se rebelan contra la religión son los que intentan privar a aquéllos de este inestimable derecho.
5   Nunca había estado tan clara la razón de los habitantes de Popayán, ni su entendimiento tan ilustrado, como cuando convencidos de sus verdaderos derechos los han recobrado, haciendo los más heroicos sacrificios. Ceguedad es querérselos usurpar de nuevo, sin reflexionar que contra el convencimiento y la opinión son inútiles las balas y el cuchillo, y que ni aquéllas ni éste faltan en Popayán.
6   Los triunfos de la España sobre la Francia son tan ciertos como lo de las armas reales sobre las republicanas. Véase acerca de esto lo que consta en el oficio dirigido por el serenísimo colegio constituyente de Popayán al señor general Leiva inserto en la Gaceta N° 177. Pero supongamos por un momento que la España exista y que exista triunfante. ¿Qué influjo puede tener esto en nuestro actual sistema? ¿Acaso el que nos sujetemos de nuevo a su yugo? De ninguna manera: la pérdida de la península no ha sido más que un medio para nuestra emancipación, pero no una causa. Esta lo constituye o consiste en el derecho que los pueblos tienen para adoptar la clase de gobierno que juzguen más propio a su felicidad. Sobre este principio inalterable de la naturaleza y de la razón se ha fundado nuestra independencia, y mientras aquél exista no puede haber variedad en ésta. Así, pues, aprovechémonos de la noticia del señor Aymerich para ponernos en estado de defensa contra cualquier fuerza con que pretenda invadimos la triunfante España, haciéndola conocer que expiró para siempre su dominación y que es soñada la que de nuevo intenta.
7   La pérdida del inmortal Nariño, lejos de abatir los ánimos de los hombres libres, debe ser un nuevo estímulo para que redoblen sus esfuerzos contra los enemigos de nuestro sistema. Porque, ¿quién verá con impavidez al primer hombre de la Nueva Granada, al héroe de nuestra libertad, al que puso los cimientos de ésta, al que ha padecido las más crueles persecuciones por defender los derechos de su patria, al que no contento con haber trabajado en el gabinete ha abandonado el reposo y la tranquilidad de su casa, la compañía de sus amables hijas, los respetos de un pueblo fiel, y ha volado a la campaña exponiéndose a los más terribles peligros por batir personalmente a nuestros invasores, al que... en poder de los tiranos, sin experimentar la más extraordinaria sensación, sin exaltarse contra éstos, sin hacer los mayores esfuerzos y sacrificios por rescatarlo o vengar su sangre inocente? Ingratitud sería ésta, digna del oprobio de las naciones civilizadas. Compatriotas, no manchemos nuestra República con una nota tan fea: corramos a las armas, desprendámonos de todos nuestros haberes y volemos a Pasto a expiar con la sangre de Aymerich y de sus compañeros cualquier agravio que se haya hecho al ilustre Nariño; demos a conocer al mundo que sabemos estimar el verdadero mérito, y hagamos entender al sátrapa de Pasto que ese triunfo, que tanto lo ha lisonjeado, se lo ha concedido el cielo para dar mayor impulso al entusiasmo de los hombres libres.
8   No confiemos nunca en garantías ofrecidas por nuestros enemigos: sus palabras siempre son falsas: publíquenlo las víctimas sacrificadas en Caracas, en Quito y en Popayán después de una capitulación y de un perdón. Garanticemos nuestra existencia y la de nuestra posteridad con el cuchillo, la bayoneta, el cañón y el puñal; y en todo evento prefiramos la muerte a la esclavitud.

110
RELACION DEL BATALLON FIJO DE POPAYAN

RELATO DE LOS DESASTRES CAUSADOS POR EL ENEMIGO. DESCRIPCION DE LA RETIRADA DE LA TROPA. ESTADO GENERAL QUE MANIFIESTA LA FUERZA EFECTIVA DEL BATALLON FIJO DE LA PROVINCIA DE POPAYAN. Popayán, 20 y 21 de mayo de 1814.

Salvador Holguín,
Pedro Antonio García.

   [...] nuestro general con su gente se recogió en la Loma y los enemigos volvieron a cargar sobre él rodeándole sin acometerle. La tropa no podía ya sostenerse de pura fatiga y hambre; las municiones estaban acabadas y los fusiles apenas daban fuego. En este apuro trató ya de volverse a reunir con la artillería y resto de tropa que había quedado en el dicho alto de los Tacines, más de una hora de distancia línea recta, y mucho más con los precisos rodeos. Varios de los que se retiraban por diversas sendas llegaron con mucha anticipación al alto, donde persuadieron a los que le ocupaban que el general y mayor general con el resto de su tropa habían sido contados [sic] y muertos o caídos en poder del enemigo, cuya noticia introdujo la confusión en aquel puesto, y empezó a desfilar la tropa a pesar de los esfuerzos de los que mandaban, quienes por evitar mayor daño hicieron clavar la artillería. A las seis de la mañana llegó el general al alto con el mayor general y cosa de 100 y 500 hombres, pero el caso ya no tenía remedio. La artillería estaba clavada, la tropa ya puesta en fuga, cuyo ejemplo seguirá la que acompañó al general, y el enemigo entraba ya atacándoles. En este estado parece fueron vanos todos los esfuerzos; al general le habían muerto su caballo y tenía una ligera herida en la pierna, en cuyo estado, dicen, se separó del camino y después no se ha sabido con certidumbre de su persona.

   El grueso de la gente, reuniéndose algo desde el pie de la altura logró pasar (¿Juanambú?), y en el Tablón de los Gómez, puesto a su cabeza el mayor general Cabal, siguió su retirada por medio de las cuadrillas de patianos que incomodaron continuamente, pero sin poderles cortar la marcha. Hoy se hallan en los Robles, tres leguas distantes de esta ciudad, donde regularmente entrarán en el propio día. Vendrán más de 1.000 hombres, fuera de algunos que, probablemente, podrán reunirse después. Esta fuerza, según todas las indicaciones, deja el país en estado de no temer invasión del enemigo, pues ni su fuerza en grueso se ha manifestado en el alcance nuestro, ni por las acciones ocurridas allá se manifiesta probabilidad de que pueda emprender por ahora tal idea; aquí tenemos la artillería que dejó el mismo ejército y que será suficiente para proteger sus operaciones. Si el resto del país aplica, como es regular, sus esfuerzos, puede aún creerse asegurada la libertad del territorio que nos queda a las espaldas, dando tiempo a los posteriores esfuerzos de la Nueva Granada. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Estado general que manifiesta la fuerza efectiva del batallón fijo de esta provincia1.

Estado general que manifiesta la fuerza efectiva del batallón fijo de esta provincia1.

Guardia general 1a. y 2a. lista

   El oficial de la expresada da parte al señor presidente y brigadier haber llegado en la partida de enfermos que vinieron del Tambo los soldados de la primera compañía, Vicente Caycedo y Juan María Franco, y de la segunda el sargento Javier López, el cabo Joaquín Navia y los soldados Bautista Payán, Joaquín Labrada y Vicente González. De la tercera los soldados Francisco de la Virgen y Francisco Ramírez, y haber faltado el sargento de la primera compañía Pablo Ramírez y el soldado Rafael Córdova, sin más novedad.

   Popayán, 20 de mayo de 1814.

Pedro Antonio García
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

NOTA:
1   Los sargentos, cabos y soldados que resultan de aumento en este estado son pertenecientes a la primera compañía de los que vinieron de la ciudad de Toro, y las municiones que igualmente hay de más en dicha compañía se ignora cuál sea el motivo de aumento por andar de partida el capitán Quijano que comanda la expresada compañía y no dar razón el teniente de ella. En la segunda compañía faltan seis soldados que desertaron y cuatro piedras que han perdido los patriotas. En la tercera compañía hay la falta de un soldado desertor, y en la cuarta las faltas que hay dice el capitán que ya las ha manifestado en el estado pasado.
   Popayán, y 21 de mayo de 1814.
Salvador Holguín
(firmado).

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OFICIO DE TORIBIO MONTES AL AYUNTAMIENTO DE PASTO

CELEBRA EL TRIUNFO REALISTA SOBRE LOS PATRIOTAS. AGRADECIMIENTO A LOS PASTUSOS EN NOMBRE DE LA NACION Y EL REY. Quito, 21 de mayo de 1814.

Toribio Montes.

   Por el oficio de usía de 13 del corriente, quedo enterado de la gloria inmortal a que se ha hecho acreedora esa ciudad por su valiente y fiel vecindario en que hasta las mujeres y niños han contribuido, poniendo por intercesora a Nuestra Señora de las Mercedes, sacándola en procesión y poniéndola al frente de las balas del enemigo durante la acción, destruyéndolo completamente y dejando en nuestro poder todo su tren de artillería, la mayor parte de fusiles, tiendas y equipaje de su ejército.

   He dispuesto se den gracias al Dios de los ejércitos, con tres días de iluminación, repique general de campanas, salvas de artillería y misa con tedéum en todas las iglesias.

   Elevaré al trono el singular mérito, la fidelidad y distinguidos servicios de los generosos hijos de esa ciudad, en defensa de la justa causa de la nación para perpetua memoria, y que recaiga el título y blasón a que tan dignamente se ha hecho acreedora.

   Por mi parte doy a usía las más expresivas gracias, como a todos los pastusos, en nombre de la nación y del rey, con la esperanza de que Nariño ha de sufrir en la plaza de esa ciudad la misma suerte que Caycedo y Macaulay.

   Dispondré desde luego con las tropas que deben llegar aquí muy pronto una nueva expedición contra Popayán.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Quito, 21 de mayo de 1814.

Toribio Montes.

   Muy ilustre cabildo, justicia y regimiento de la ciudad de Pasto.

FUENTE EDITORIAL:
Guerrero. Gustavo S., ob. cit., p. 92.

112
OFICIO DE ANDRES ORDOÑEZ Y CIFUENTES AL GENERAL JOSE RAMON DE LEIVA

SOBRE LA INTIMIDACION EJERCIDA POR EL GENERAL REALISTA MELCHOR AYMERICH, COMANDANTE DE PASTO. OFICIO DE MANUEL BERNARDO ALVAREZ AL MISMO COMANDANTE DE PASTO. Popayán, 27 de mayo de 1814. Santafé de Bogotá, 6 de junio de 1814.

Andrés Ordóñez y Cifuentes,
Manuel Bernardo Alvarez.

El general del ejército enemigo acampado en Pasto, mariscal de campo don Melchor Aymerich, con fecha 15 de mayo último ofició con el segundo general nuestro, brigadier don José Ramón de Leiva, intimándole la rendición de la ciudad de Popayán y la entrega de las armas. El señor Leiva pasó la intimación al serenísimo colegio de aquella provincia y obtuvo la respuesta siguiente:
Oficio del excelentísimo señor presidente del serenísimo colegio constituyente y electoral de Popayán al señor general segundo del ejército del sur, brigadier don José Ramón de Leiva

   El serenísimo colegio electoral y constituyente, impuesto del oficio que el mariscal de campo, don Melchor Aymerich, comandante de las armas de Pasto, ha dirigido a vuestra excelencia con fecha 15 del corriente, ha acordado que vuestra excelencia dé la contestación a su contenido en los términos siguientes.

   La América es libre como lo es España, para darse un gobierno a la voluntad de los pueblos; su justicia está fundada en los mismos principios que alegan las cortes de Cádiz para vindicar sus derechos, y ya no es tiempo de oscurecernos esta verdad a la sombra de una religión que nada aborrece tanto como la tiranía; el que se dice contagio mortífero en aquel oficio, no es otra cosa, en el idioma de la razón, que la comunicación de luces entre los americanos, para sostener los dones sagrados que el Autor de la naturaleza ha dispensado a todos los pueblos. Los de esta provincia y los de la Nueva Granada se hallan en posesión de ellos, no solamente por el imperio de las circunstancias, sino también por el imprescriptible derecho de propiedad, sostenido con su valor y con su sangre, a despecho de la violencia y de la cábala española. Los triunfos de la libertad colombiana, conseguidos sobre los que han intentado su usurpación, resuenan desde el Cabo de Hornos hasta las márgenes del Misisipí, y ya su eco trasciende a los gabinetes de la Europa; el que acaban de tener las tropas republicanas al mando del excelentísimo señor presidente de Cundinamarca en las fragosidades de Pasto, a más de aumentar su número recomienda tanto el mérito de los defensores de la patria, que nunca podrá oscurecerse por la casualidad de haberse retirado el ejército después de la victoria, por haberse difundido entre las tinieblas de la noche el rumor de estar muerto o prisionero el general en jefe; y este nuevo incidente ha dado una nueva victoria al mayor general, ciudadano José María Cabal, con la honrosa retirada del ejército, con casi todos los fusiles y pertrechos.

   Al mariscal don Melchor Aymerich no le resulta otra ventaja de su victoria accidental e insignificante, que la captura de algunos hombres dispersos y la posesión de pocos cañones clavados en el momento en que él y los destrozados restos de su mando corrían despavoridos hacia los senderos de Guáitara; sin embargo, se persuade de que está en aptitud de intimar la entrega de armas y nuestra sujeción a la España; nos cita los triunfos de ella conseguidos en Bayona, sin recordar la derrota de Wellington, las victorias de Soult, las facciones anárquicas de las provincias y la asombrosa reacción de la Francia, que dicta ya leyes de paz al continente europeo; y con aire de vencedor nos amenaza, ofreciendo conducir sus fuerzas a las puertas de esta ciudad; pero el colegio representante de la provincia, fundado en los rectos principios que lo dirigen y en la voluntad de los pueblos decididos a sacrificarse por conservar su libertad, repelerá la injusticia, la usurpación, con las tropas aguerridas de que dispone, sin contar con el cuerpo formidable de reserva de los Estados Unidos que marcha ya a nuestras fronteras; siente sí el más vivo dolor al prever que se va a derramar aún más sangre americana, americana es a la verdad, pues los cuatro europeos que se hallan en Pasto seducen a los laboriosos y sencillos habitantes de aquel distrito y les obligan a clavar el puñal o disparar el fusil contra sus hermanos; pero como la independencia de la Nueva Granada interesa tanto a las generaciones presentes como a las futuras, y el bien general es preferible al de pocos individuos, no puede posponerse a sacrificios parciales, aunque dolorosos; así es que nuestros soldados, enseñados a vencer, se pondrán al frente de cualesquiera opresores, y el furor republicano traspasará como otras veces las rocas de Juanambú y los bosques de los Tacines, sin contener sus impulsos, hasta que, arrollados los enemigos de su independencia, estrechen sus brazos con los ilustres guerreros que despedazan en el Perú el cetro del despotismo. Que no pierda, pues, los momentos el general Aymerich para acercarse a esta ciudad; los defensores de ésta lo desean y recuerdan los ejemplos de los beneméritos venezolanos, para imitarlos en Popayán; pero debe tener presente que los que han sido vencidos entre precipicios y atrincheramientos como los soldados de Pasto, no es fácil que sean vencedores en las llanuras del Patía, ni debe extrañar aquel comandante la franqueza de este lenguaje, porque la diplomacia de los gobiernos libres no sigue la rutina de los serviles.

   Puede vuestra excelencia admitir el canje propuesto, ofreciendo la oficialidad que tenemos prisionera en Cali por el rescate del excelentísimo señor presidente de Cundinamarca don Antonio Nariño, general del ejército combinado, que se asegura está prisionero y los soldados están canjeados según su número, y como vuestra excelencia acuerde en vista de las planillas, conviniendo a ponerlos en los llanos de Antonmoreno, en donde se verificará el canje, por estar el país ulterior en poder de bandidos; y se espera que el mariscal Aymerich dé a dicho señor excelentísimo y demás prisioneros el tratamiento que por derecho de gentes se acostumbra entre las naciones cultas, no siendo por demás significarle que muchos enemigos de la causa americana, residentes en Cundinamarca y otras provincias, deben su existencia política y aun física a la sensible consideración y humanidad del expresado señor general; y si abusando, como en otro tiempo se ha hecho por los jefes españoles, del derecho de las naciones, se ocasionasen padecimientos a éstos o a otros prisioneros, este gobierno usará del de represalias con los enemigos interiores de la guerra a muerte con los exteriores. Lo que comunico a vuestra excelencia en virtud del acuerdo del serenísimo colegio, para que dé la contestación con la prontitud que requiere la importancia de la materia. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala del colegio electoral y constituyente de Popayán, y 27 de mayo de 1814.

Andrés Ordóñez y Cifuentes.

   Excelentísimo señor gobernador presidente del supremo poder ejecutivo, general del ejército combinado, don José Ramón de Leiva.

   Es copia,

Quijano,
vocal secretario.

Oficio del excelentísimo señor gobernador de Cundinamarca al mariscal de campo don Melchor Aymerich, general del ejército enemigo

   Después de lo que por conducto del brigadier don José de Leiva, gobernador de Popayán, ha dicho a vuestra señoría el serenísimo colegio electoral constituyente de aquella provincia acerca del canje del general don Antonio Nariño, nada tendría que añadir este gobierno de Cundinamarca, si las más sagradas obligaciones en que se halla este Estado para con aquél su digno y desgraciado presidente lo pudiesen dispensar de un deber tan propio del reconocimiento y la gratitud.

   Cuando el excelentísimo señor Nariño no fuese por su persona, por sus modales y por todas sus circunstancias tan recomendable, el carácter sólo de distinguido jefe y verdadero padre de esta República, por quien ha hecho los mayores sacrificios, manteniéndolo siempre en orden, sería un sobrado motivo para tomar en su beneficio este gobierno el más vivo interés. El, después de haber obtenido en esta campaña los más señalados triunfos, de que vuestra señoría es buen testigo y en medio de los cuales jamás olvidó su natural moderación, ha padecido uno de aquellos reveses que trae consigo la suerte siempre varia de la guerra. Digo de mejor fortuna, se vio en la más crítica ocasión abandonado de los suyos, que por un falso rumor esparcido en las tropas, lo creyeron envuelto en una desgracia. Este fue el verdadero origen de la que hoy experimenta.

   No cree este gobierno que ella sea tal que nos obligue a pensar que vuestra señoría olvidase para con el excelentísimo señor Nariño y demás prisioneros los sentimientos de humanidad y, sobre todo, los deberes del derecho de gentes, que trocada la suerte sería a vuestra señoría generosamente dispensados. Pero siendo también uno de los efectos de este mismo inviolable derecho, el rescate o canje que ya ha propuesto el serenísimo colegio electoral de Popayán, desde luego este gobierno lo solicita eficazmente por su parte, esperando que en ningún caso le será negado. Y que entretanto el desgraciado señor Nariño y respectivamente los demás prisioneros, será tratado con todas las consideraciones que él merece y que son propias de un militar vencedor; quedando vuestra señoría en la inteligencia de que, en el caso contrario, que no es de esperarse, no sólo se usará aquí mismo el justo derecho de represalia, sino que mientras en estas provincias haya vivientes, se harán los últimos esfuerzos para vengar agravios y sostener nuestros sagrados e imprescriptibles derechos.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé de Bogotá, capital de Cundinamarca, 6 de junio de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Señor mariscal de campo don Melchor Aymerich.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 16 de junio de 1814. t. IV, N° 177. p. 795-797.

113
BANDO DEL PODER EJECUTIVO DE CUNDINAMARCA

AL PUEBLO DE SANTAFE SOBRE LA CAMPAÑA DEL SUR. PROCLAMA. Santafé, 5 de junio de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez, Ignacio Herrera,
Juan Dionisio Gamba, José Diago.

Bando del supremo poder ejecutivo de Cundinamarca

   El presidente y consejeros del Estado de Cundinamarca, al muy noble, leal y generoso pueblo de esta capital y sus dependientes, hace saber: que aunque después de los más gloriosos triunfos y victorias conseguidos por nuestras armas sobre las de los enemigos, se ha padecido un revés, como acontece en toda guerra y aun a los más invencibles héroes, se ha salvado la mayor parte de nuestro ejército y de nuestras armas. Se toman en consecuencia las más prontas y vigorosas providencias para reparar el daño y volver con energía sobre los enemigos de la libertad que hemos proclamado, para defenderla con la gloria que hasta ahora lo han hecho los americanos y con la protección del Dios de las batallas que siempre nos la ha dispensado visiblemente. Pero en medio de esto, es necesario que este mismo pueblo, celoso de su bien, deje obrar pacíficamente al gobierno, sin interrumpirle ni causarle otros cuidados. Por tanto, se espera y previene que todos y cada uno de los moradores y buenos ciudadanos se mantengan tranquilos y sosegados, guardando el buen orden que hasta aquí, confiados en que el mismo gobierno, como tan interesado en el sostenimiento de la libertad e independencia, no menos que en la felicidad y quietud del pueblo, no descuidará en tomar cuantas disposiciones se conceptúen necesarias para nuestra seguridad y defensa, no menos que para el reparamiento que sea posible del daño recibido. Este es el caso oportuno en que deben recogerse y presentarse, como está encargado anteriormente, todas las armas blancas y de fuego que tengan los particulares, para que el gobierno, contando como cuenta con ellas, pueda organizar la expedición o expediciones que convengan para salvar al reino, en el concepto de que los que lo hicieren con más prontitud serán tenidos por hijos beneméritos de la patria.

   Dado en Santafé a 5 de junio de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez, José Diago,
Ignacio Herrera, Juan Dionisio Gamba,
secretario.

Proclama

   Hombres libres:

   Hemos sufrido un golpe muy sensible por la prisión de nuestro amado Nariño, que ha sido el más firme apoyo de nuestra libertad; pero nuestro ejército del sur se ha salvado casi todo; nuestras armas están en Popayán en manos de nuestros soldados. Volemos todos a engrosar las legiones de la justicia, de la libertad, de la naturaleza, a castigar a los bárbaros opresores de la patria; a arrancar de las garras de estos bandidos la persona de nuestro intrépido caudillo Nariño. Su excesivo valor y su ardiente deseo de consolidar nuestra libertad, lo precipitaron hasta quedar prisionero, envuelto en una espesa nube de enemigos y sobre los despojos de la muerte que aquel día cayeron a los insoportables golpes de su valerosa cuchilla. Vamos a libertar a nuestro libertador. Es tiempo de hacer todo género de sacrificios. La patria nos pide a su primogénito: Nariño. No perdamos un momento; no demos lugar a que nuestros tiranos cobren nuevas fuerzas; la causa es común; el interés es de todo hombre libre. La obligación es igual; nuestras esposas, nuestros hijos, nos exigen y merecen bien nuestra protección. La bandera americana hace temblar a los tiranos en Méjico, Buenos Aires y Venezuela; por todas partes ha prendido el fuego sagrado de la libertad. La Nueva Granada, que tanto ha cooperado a la redención de Venezuela, debe ahora hacer el último esfuerzo para escarmentar para siempre a estos viles asesinos y redimir a los engañados infelices americanos que quieren comprar con su sangre su esclavitud.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 9 de junio de 1814. t. III, N° 176. p 193.

114
JOSE DE LEIVA ESCRIBE SOBRE LA SITUACION DE POPAYAN

APOYA EL NOMBRAMIENTO DEL DICTADOR. INFORMA SOBRE LA SITUACION EN POPAYAN. FESTIVIDADES. HONRAS FUNEBRES. NOTICIAS SOBRE LA SUERTE Y SALUD DE NARIÑO EN CAUTIVERIO. INDISCIPLINA EN LAS TROPAS. DISOLUCION DEL COLEGIO ELECTORAL. Popayán, 18 de junio de 1814.

Leiva.

   Popayán, 18 de junio de 1814.

   Mi muy estimado amigo y señor:

   En el correo último del 5 me quedé sin escribir a usted confidencialmente porque el tiempo urgía, y mi vista con la noche y luz artificial estaba ya en absoluta imposibilidad de hacer algo, al mismo tiempo que el estado de las cosas en aquel preciso momento no exigía ni convidaba a confianzas. Este chasqui del 7, primero después de las desgraciadas novedades, nos ha sido muy útil y lisonjero: estábamos recelosos y persuadidos de que la cosa hubiese causado ahí algún trastorno, en forma que pudiésemos vernos ahora con cuidados de enemigos al frente, y cuidados domésticos por la espalda. Gracias a Dios que se presenta otro aspecto, y para nosotros (contraiga usted la voz al significado estricto) es la principal satisfacción y mejor indicio el nombramiento de dictador que han hecho. Por lo que aquí toca, en lo exterior no hay novedad, pero sería difícil pintar lo que uno concibe en las gentes y disposición de sus ánimos. Luego que vieron que la tropa retirada era en un regular número, que se reponía y tomaba porte de respeto, calló el patriotismo y todos representan bien los patriotas.

   El colegio electoral publicó la independencia y mandó poner el árbol de la libertad, lo que en efecto se verificó el día 5. A esto han seguido escenas indescriptibles: para celebrar tales actos se han hecho fiestas públicas con toros, máscaras, etc., que a la verdad me han fallado las tripas, no pudiendo prescindir de que verdaderamente nos hallábamos en una calamidad pública, y que un hombre como Nariño, aparte de otras circunstancias, siquiera benefactor eminente del país, está padeciendo en un cautiverio.

   Añada usted que en los mismos días mezclaron exequias públicas y solemnes del difunto dictador de Antioquia y de los muertos en las campañas, de modo que un día había toros y máscaras en la plaza, al día siguiente honras, a la misma tarde otra vez máscaras y toros, al otro día nuevas exequias y por la tarde nuevos toros, llegando así a lo sumo del ridículo y manifestación de inconsistencia en las gentes. Entre tanto se ha perturbado y atrasado el trabajo tan preciso en el parque para aprontar nuestra artillería, componer las armas, rehacer cartuchos, etc. Baste para tomar idea y hacer concepto de lo demás.

   De enemigos, nada sabemos con certeza, ni Aymerich ha vuelto a explicarse: partidas de contrarios hay hasta el Cabuyal y la Horqueta, y regaron la voz de que el 20 de éste saldría de Pasto dicho general para venir hacia acá, pero hay motivos para dudarlo, y creo que en mucho tiempo no piense de veras en tomar la ofensiva; por lo tanto, sería preciso elegir puntos hacia el valle donde esperar con desahogo y confianza, lo cual puede hacerse bien. En el ínterin, nos aprovechamos de los auxilios que presta la ciudad, que tampoco se dejará sino en caso preciso, y da recursos para el descanso y curación.

   De Nariño tenemos noticias, por un clérigo que se ordenó en Quito, [que] llegó a ésta seis o siete días ha, y salió de Pasto el 28 de mayo. Asegura que estaba bueno y arrestado en una casa particular de los señores Delgados (o Polos), custodiado con una guardia de 25 hombres; que a los principios le permitieron pasear, pero que luego, por noticia tenida de que don Carlos Montúfar preso en Panamá se había fugado (lo cual es cierto y está en Cali), se restringió dicho permiso. Dicho clérigo se ha manifestado tan impuesto, que aun ha referido los platos de almuerzo, comida y cena que servían a nuestro jefe.

   El día de Corpus llegó un patiano con carta de Montes, fecha en Quito a 23 de mayo y dirigida a don José María Mosquera, suponiéndole gobernador nombrado por Nariño. Avisa la ganada acción en Pasto, y que estaba preso dicho Nariño, en cuyo concepto exhorta a que esta ciudad y el valle vuelvan a su obediencia, etc., que no permita remover esta casa de moneda, ni la imprenta; y que si don José Leiva se quiere quedar en esta ciudad no se le tratará mal; añade, casi a renglón seguido, que es disparate el que Santafé piense en sostener su independencia. Esto acaso podrá dar la clave del porqué se ha acordado en particular de mí. El valle se manifiesta muy entusiasmado, y en realidad creo que lo esté; pero hay que hacer cuentas que entre las bravatas entra mucho espíritu de chispería que no deja de descomponer las verdaderas y acertadas medidas; la gente que ha venido y viene al servicio de las armas es indisciplinada y casi indisciplinable por dicho espíritu, y se van con mucha más facilidad que vienen. La tropa de Cundinamarca y la del Socorro es la que está en crédito y sirve bien; un auxilio de la nuestra reanimará mucho y contendrá la deserción a que están tentados, pero es preciso que en esa [lleguen] a no condescender ni hacer capa a los que parezcan por allá.

   Al 1° y 2° batallones faltan 360 hombres para su completo, que si los repusiéramos de esa gente pondrían el timebunt, y dar tono al resto, de manera que echaríamos plantas con seguridad.

   Por ahora todo lo hemos de hacer nosotros, y propender siquiera a que los enemigos no hagan progreso; para después pienso que Antioquia, Chocó, Popayán y Neiva pudieran formar su coalición particular que progresase hasta Quito. Esto es para tratarse a espacio, pero desde ahora pueden creer en Santafé, en el congreso y en todas partes, que es precisa la unidad en todos los ramos del mando (sin excepción), que se pongan en cabeza firme, disposición resuelta y fuerzas para trabajar mucho. Esta descripción (que es sincera) manifiesta bien que yo me excluyo, pues en realidad no puedo más con cabezas ni huesos. Por lo demás, la gente de aquí es siempre lo que he dicho, y no otra cosa. El colegio electoral se disolvió; cada uno se ha ido por su lado. Vallecilla quedó gobernando y el doctor Ordóñez con su provisorato y nada más.

   ...(Aquí un nombre ilegible) me ha visto, y dice escribirá por el correo; que pasado mañana espera a Pombo, y que a él lo han nombrado ministro tesorero en lugar de Campo Larrahondo.

   Ha sido larga la carta, pero sin escribir mucho no puede decirse tanto como ocurre. Dispénseme usted y mande a su siempre afectísimo,

Leiva.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

115
OFICIOS DE NARIÑO AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA Y AL PRESIDENTE DEL CONGRESO

DESDE SU PRISION EN PASTO. RAZONES QUE LE OBLIGARON A QUEDARSE. OFICIO AL PRESIDENTE DEL CONGRESO. ACUERDO DEL CONGRESO SOBRE EL ARMISTICIO QUE SE PROPONE EN EL OFICIO A NARIÑO. Pasto, 4 de julio de 1814. Santafé, 3 de agosto de 1814. Tunja, 9 de agosto de 1814.

Antonio Nariño, Manuel Bernardo Alvarez,
Antonio Villavicencio.

PASTO

Oficio del señor don Antonio Nariño, prisionero en aquella ciudad, al gobierno de Cundinamarca

   "Incluyo a vuestra excelencia, copia del oficio que con esta fecha paso al excelentísimo señor presidente del congreso, para que impuesto ese gobierno de las razones y motivos que me obligaron a quedarme en ésta, después de la intempestiva dispersión de mis tropas sin orden, ni presencia mía, influya y coopere cuanto esté de su parte en que se verifique con la posible brevedad la propuesta que en él hago, removiendo cualquier obstáculo que por razón de nuestras anteriores desavenencias domésticas se pudiera oponer, pues éstas se deben olvidar, tratándose de un asunto en que se interesa la salud de toda la Nueva Granada.

   "Nada tengo que agregar a vuestra excelencia de lo que allí digo. Las razones en que se funda mi propuesta son tan obvias y tan convincentes, que con poco que se reflexione se convencerá cualquiera de su importancia y utilidad. Vuestra excelencia y los miembros de la representación nacional las pesarán con su acostumbrada madurez, y no dudo de su pronto y favorable despacho. Ya es tiempo de que demos a conocer al mundo que no es un frenesí o una locura la que nos conduce, y que cuando se abren los caminos razonables a la conciliación y a la paz, los adoptamos".

   "Dios nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   "Pasto, y 4 de julio de 1814.

Antonio Nariño.

   "Excelentísimo señor presidente y consejeros del poder ejecutivo de Cundinamarca".

Oficio del mismo señor Nariño al excelentísimo señor presidente del soberano congreso, de que se hace mérito y a que se refiere el anterior

   "Después de la intempestiva dispersión del ejército que venía a mi mando, en los términos que vuestra excelencia habrá sabido, determiné quedarme atropellado por mil peligros de mi vida mucho peores que los de las balas de que acababa de escapar, para tratar personalmente con el excelentísimo señor presidente de Quito sobre una suspensión de hostilidades que diese tiempo de ver el estado en que quedaban las cosas de Europa sin una efusión de sangre inútil e infructuosa, pues es indubitable que la suerte del reino no puede depender de las fuerzas que en el día se hallan por una y otra parte. No se me permitió pasar a Quito, pero oficié con el señor presidente haciéndole la propuesta por 18 meses y que la línea de demarcación fuese por el Cabuyal, pueblo de La Cruz al Tablón de los Gómez por Juanambú arriba. Su excelencia después de algunas contestaciones, ha convenido en que el congreso nombre un comisionado por su parte y que él nombrará otro de su confianza para que traten el asunto; pero 'que la demarcación, en caso de convenirse, será en el statuo quo que tenían las cosas antes de la expedición' y que yo escribiese así al congreso como al gobierno de Cundinamarca para que se verificasen la conferencia y se celebrase el tratado, en el que se fijarán estos puntos de que yo ya no debo hablar.

   "Me parece que no tengo que encarecer al supremo congreso lo útil de esta medida saludable. La América es en el día un teatro de desolación y de sangre, y cualquiera que tienda su vista un poco lejos ha de conocer que su suerte no puede depender de las fuerzas que actualmente pugnan. ¿A qué fin, pues, nos estamos despedazando los unos a los otros, si el resultado no lo ha de dar ni la victoria ni la derrota de cualquiera de los ejércitos? Hoy triunfan en una parte los unos, mañana triunfan en otra parte los otros y no queda más que lágrimas, sin que la cuestión se pueda decidir. Demos treguas siquiera por algún tiempo a estas miserias permaneciendo, si se puede, en el estado en que nos hallamos, mientras que despejado el horizonte en Europa vemos lo que mejor nos convenga por una y otra parte, pues es imposible que en este caso no se coordinen las opiniones sin un solo tiro de fusil.

   "Yo escribo con esta fecha al poder ejecutivo de Cundinamarca para que, deponiendo todo reparo sobre nuestras anteriores desavenencias domésticas, se ponga de acuerdo con el supremo congreso, y espero que juntos nombrarán con la mayor posible brevedad la persona que deba hacerse cargo de tan importante comisión.

   "Vuestra excelencia se servirá elevarlo todo al conocimiento del supremo congreso y darme la contestación que en su vista determinare, la que no dudo sea conforme a mi propuesta, vistas las poderosas razones que lo persuaden.

   "Dios nuestro Señor guarde vuestra excelencia muchos años.

   "Pasto, y 4 de julio de 1814.

Antonio Nariño.

   "Excelentísimo señor presidente del supremo congreso".

   Recibidos por el excelentísimo señor presidente dictador actual los antecedentes oficios, convocó inmediatamente a la serenísima representación nacional para oír su dictamen sobre la propuesta de armisticio de que en ellos se trata, y habiéndose reunido aquel respetable cuerpo, acordó lo que resulta de la certificación siguiente:

   "El infrascrito secretario del despacho universal de gobierno de esta provincia de Cundinamarca, certifico: que convocada para este día por el excelentísimo señor presidente dictador de este Estado la serenísima representación nacional para tratar sobre el contenido de los oficios recibidos el día antes por la posta de Popayán del excelentísimo señor don Antonio Nariño, a saber: uno para el excelentísimo señor presidente del soberano congreso de las provincias unidas y otro para el poder ejecutivo de esta de Cundinamarca, ambos de fecha en Pasto a 4 de julio próximo pasado, y dirigidos a manifestar la propuesta que hizo al gobierno de Quito sobre suspensión de hostilidades por el término de 18 meses y la contestación que había obtenido accediendo a ella bajo ciertas condiciones sobre límites territoriales, y concluyendo con recomendar la importancia de abrazar esta medida y que para ello se ponga de acuerdo con el soberano congreso el gobierno de esta provincia, enviando un diputado que trate con el que remitirá el de Quito. Leídos ambos oficios y discurrídose suficientemente sobre el asunto, resultó acordado por la serenísima representación nacional que no ocurriendo por parte de esta provincia inconveniente en oír la indicada propuesta, se disputase con las facultades necesarias a don Jorge Tadeo Lozano (que para otras negociaciones se halla de enviado por este gobierno cerca del congreso) para que poniéndose de acuerdo con aquel soberano congreso, no sólo se resuelva el asunto principal, sino también se proceda al nombramiento de diputado que en su caso haya de pasar a tratar con el que nombrare el gobierno de Quito y a darle las instrucciones convenientes. Y para los efectos que correspondan, doy la presente en Santafé a 2 de agosto de 1814.

Juan Dionisio Gamba".

   En virtud del acuerdo de que habla la anterior certificación, dirigió el gobierno este oficio al enviado de este Estado cerca del soberano Congreso, honorable ciudadano Jorge Tadeo Lozano.

   "En la tarde del día de ayer se recibió por la posta un oficio del excelentísimo señor presidente propietario de este Estado, don Antonio Nariño, incluyendo apertorio un pliego para el soberano congreso en que propone se nombre de acuerdo con esta provincia un diputado, que, en unión del que elija el presidente de Quito, ajuste un armisticio cual convenga a las dos partes contratantes.

   "En consecuencia se propuso todo hoy al discernimiento de la serenísima representación nacional, y habiéndose acordado por ésta que no se ofrece inconveniente en oír tal propuesta, se comunica así en esta ocasión a ese soberano cuerpo para su conocimiento, y yo, de orden del excelentísimo señor presidente, lo digo también a vuestra señoría para el suyo, mediante a que en calidad de enviado de Cundinamarca (según se acordó igualmente por su alteza serenísima), deberá intervenir en las deliberaciones del soberano congreso tanto en el punto principal de la admisión de aquella medida, como en los demás de elección de diputado que haya de desempeñar el encargo y de las instrucciones que deberá llevar para el efecto, según todo resulta del adjunto documento.

   "Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   "Santafé, 2 de agosto de 1814.

Juan Dionisio Gamba.

   "Señor don Jorge Tadeo Lozano, enviado de Cundinamarca cerca del soberano congreso".

Oficio con que el gobierno de Cundinamarca acompañó al de la unión el que dirige a este mismo el señor Nariño y lo acordado por la representación de la provincia

   El adjunto pliego que he recibido apertorio impondrá al soberano congreso de la propuesta que a nombre del presidente de Quito hace el de este Estado, don Antonio Nariño, en orden a ajustar un armisticio por medio de diputados que nombrarán las dos partes contratantes, a fin de evitar por algún tiempo la efusión de sangre que tanto perjudica a la misma causa de la independencia. Por esta justa consideración y habiendo convocado ayer a la representación nacional para oír su dictamen en la materia y poder desde ahora exponer a nuestra excelencia el de esta provincia, que según se encarga por el mismo señor Nariño debe ponerse de acuerdo con el soberano congreso, se resolvió que por parte de Cundinamarca no hay inconveniente en oír las propuestas que se hagan sobre suspensión de armas, ni en aceptarlas, si no fuesen perjudiciales a nuestra causa. Y para que el acuerdo prevenido se ampliase para este caso el poder que ya tiene don Jorge Tadeo Lozano como enviado de este gobierno cerca del soberano congreso, de modo que pueda tratar del asunto principal y del nombramiento e instrucciones del diputado que se pide, si se acordase su envío, esperando que vuestra excelencia se servirá comunicarme oportunamente la resolución de su alteza serenísima para conocimiento de este gobierno.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 3 de agosto de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

Excelentísimo señor presidente del soberano congreso.

Acuerdo del soberano congreso a consecuencia del armisticio que se propone en el oficio del señor Nariño, comunicado al enviado de Cundinamarca por el poder ejecutivo de la unión, y por aquél a este gobierno.

   Con fecha de ayer ha proveído el congreso el decreto siguiente: "El congreso, habiendo tomado en consideración en conferencia con el enviado de Cundinamarca los oficios del general Nariño, prisionero en Pasto, y del gobierno de Cundinamarca sobre un armisticio con don Toribio Montes, decreta: que el poder ejecutivo escriba a este último, manifestándole la buena disposición en que se halla por amor a la humanidad a tratar de dicho armisticio, viniendo sus propuestas en los términos y con las formalidades que acostumbran las naciones civilizadas, en cuyo caso nombrará, en unión de Cundinamarca, comisarios que con los pasaportes correspondientes concurrirán al lugar que se designare. Se autoriza al gobierno de Popayán para que franquee y exija los que deben servir a los comisarios de Montes hasta el lugar señalado; y comunicándose este decreto al mismo enviado, respóndase en su conformidad al gobierno de Santafé y al general Nariño".

   Y mandado ejecutar en la de este día por el poder ejecutivo de la unión, lo traslado a usía en su cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Tunja, 9 de agosto de 1814.

Antonio Villavicencio,
consejero secretario.

   Al señor enviado don Jorge Tadeo Lozano.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 18 de agosto de 1814, t. IV, N° 186, p. 834-836.

116
OFICIO DEL GOBIERNO DE LA UNION AL DE CUNDINAMARCA

SOBRE EL RESCATE DE NARIÑO, HECHO PRISIONERO EN PASTO. SUGIEREN CANJE CON EL MARISCAL DE CAMPO JUAN MANUEL CAJIGAL, PRISIONERO EN VENEZUELA. Tunja, 16 de julio de 1814.

Camilo Torres.

   Deseoso el congreso de rescatar a cualquier precio al presidente de esa provincia, ciudadano Antonio Nariño, hecho prisionero en Pasto por las tropas españolas, y noticioso de que las de la República de Venezuela han hecho igualmente prisionero al mariscal de campo don Juan Manuel Cajigal, comandante de tropas también españolas, ha decretado en esta fecha que el poder ejecutivo federal, solicitando del gobierno de Venezuela que ponga a su disposición la persona de éste, promueva eficazmente el canje del presidente Nariño. Y mandado ejecutar en la misma por dicho poder ejecutivo, lo traslado a vuestra excelencia para que se comunique al comandante Leiva, en la inteligencia de que todavía no se tiene noticia oficial de la prisión de Cajigal, pero que se oficiará inmediatamente al gobierno de Venezuela y se darán los avisos sucesivos en la materia para obrar en consecuencia, pudiendo vuestra excelencia, si lo tuviere por conveniente, dirigirle este oficio original para que pueda hacer uso de él.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Tunja, 16 de julio de 1814.

Camilo Torres,
presidente del congreso.

   Excelentísimo señor presidente gobernador de Cundinamarca.

   Es copia del original, que se remitió al general en jefe del ejército del sur.

Gamba.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 28 de julio de 1814, t. IV, N° 183, p. 822.

117
OFICIOS ENTRE TORIBIO MONTES Y EL HIJO DE NARIÑO

INFORME A ANTONIO NARIÑO ORTEGA SOBRE LA SITUACION DE SU PADRE. CONTESTACION AL ANTERIOR OFICIO. Quito, 13 de agosto de 1814. Popayán, 27 de agosto de 1814.

Toribio Montes,
Antonio Nariño Ortega.

QUITO

Carta de don Toribio Montes a don Antonio Nariño y Ortega

   Quito, 13 de agosto de 1814.

   Muy señor mío:

   Recibí la apreciable carta de vuestra merced de 24 de julio último, y sobre lo que le escribió en 6 del próximo mes la señora doña Ana Polonia García de Tacón, puede vuestra merced acordar con el señor don José María Mosquera y permiso de ese gobierno la entrega del dinero al oficial de este ejército, que lleva pliegos para ese y al congreso de Santafé, en el concepto de que prevengo los dirija desde el Tambo, a donde será fácil enviarlo con persona segura dicho dinero.

   Su señor padre de vuestra merced continúa en Pasto y, como me ha representado hallarse enfermo de las piernas, le he contestado y prevenido a aquel general se le quiten las prisiones y usted puede enviarle cuanto guste por conducto de dicho oficial, que se lo entregará.

   Con motivo de hallarse ya en España Fernando VII, hay campo para todo y no sé cómo pensará ese gobierno y el de Santafé, a quienes lo comunico de oficio. La ocasión es muy favorable para evitar las fatales consecuencias que puedan resultar, pues estando la península enteramente libre y pacífica, será grandísima locura no aprovechar la ocasión de reconciliación.

   Con este motivo me ofrezco a disposición de usted, deseoso de complacerlo, y que Nuestro Señor guarde su vida los muchos años que le pide este su más atento, seguro servidor, que sus manos besa,

Toribio Montes.

   Señor don Antonio Nariño.

Contestación a la antecedente carta

   Popayán, 27 de agosto de 1814.

   Excelentísimo señor don Toribio Montes.

   Muy señor mío:

   He entregado al señor don José María Mosquera los $2.335, 2 reales, pertenecientes a la señora doña Ana Polonia García de Tacón. La carta de vuestra excelencia de 13 del corriente, quitándome una ilusión que me mantenía contento, me ha llenado de sorpresa y de dolor. Yo creía que habiendo caído mi padre en manos de un militar ilustre se hallaría libre de prisiones y sólo con la custodia correspondiente que cuidase de la seguridad de su persona; pero vuestra excelencia mismo me ha desengañado de que hasta ahora se ha mantenido con grillos y que éstos, últimamente se le han mandado quitar porque le han irritado las llagas que mantiene en una y otra pierna... Permita vuestra excelencia en este lugar, que se desahogue el corazón angustiado de un hijo, al palpar los injustos padecimientos de su padre.

   ¿En dónde estamos, señor general? Un hombre como mi padre, que después de la inesperada dispersión de las tropas que mandaba (causada no porque el enemigo las hubiese derrotado, ni aun hecho retroceder, sino por la ligereza de algunos oficiales y soldados nuestros), se queda voluntariamente en el campo enemigo, arrastrando mil y mil peligros inminentes sólo por evitar que siguiese el derramamiento de sangre y tratar con el general contrario, a quien presentó los medios de concilación y de paz; este hombre, que por sólo este procedimiento sería un héroe entre los caribes y hotentotes, ¿será posible que no se merezca las debidas atenciones entre los generales de la España? A mi padre, que siempre ha sido el defensor y tutelar de los paisanos de vuestra excelencia, ¿será posible que se le hayan echado grillos en recompensa de que ha impedido que se los pongan a centenares de europeos, aun cuando así lo exigía varias veces el vulgo amotinado en medio de la eferverscencia de una conmoción popular? ¿Son estos los medios pacíficos y bondadosos con que tenía contentas vuestra excelencia las provincias de su mando, o será tanta la desgracia de mi padre, que cuando se trata de su persona, se convierta la beneficencia en rigor y la dulzura en crueldad ? Finalmente, ¿será posible que los grillos echados a mi padre hayan tenido por objeto el aterrar al partido republicano de la Nueva Granada? Pero si esto fuese así, viva vuestra excelencia desengañado, que el sistema de terrorismo no produce timidez entre nosotros, sino el coraje más exaltado y la más terrible desesperación.

   Me alegro que Fernando VII se halle ya en su trono y, por consiguiente, que haya jurado la constitución española. De este modo se contendrá algún tanto la crueldad y el ímpetu devastador de muchos mandatarios de la España. La expresada constitución está llena de mil principios tan liberales como los que hemos estampado los americanos en las nuestras. Tal es el contenido en el artículo 297, que previene se disponga las cárceles de manera que sirvan para asegurar y no para molestar a los presos. El 299 dispone que el juez que falte a lo prevenido en los artículos antecedentes, será castigado como reo de detención arbitraria, la que será comprendida como delito en el código criminal; pero, su excelencia, la América tendrá siempre, como ha tenido hasta ahora, la desgracia de que sus mandones europeos, viéndose alejados del trono por una distancia de millares de leguas y el océano de por medio, pisan y ultrajan las leyes más sabias y recomendables de la nación por oprimir y molestar a los americanos.

   En punto a conciliación, debo decir a vuestra excelencia: que si en ella sólo tratan los españoles de hacer revivir las llagas que abrieron en el americano los gobernantes antiguos; si los tratados de paz los dicta la falsa política, esa política de las raposas que tiene por base el dolo, el engaño y la mala fe, y por objeto el no cumplir jamás lo que se promete y asegura, esté vuestra excelencia persuadido de que nunca, nunca entrarán los americanos por semejante conciliación. Pero si ella trata de consultar a la perfecta igualdad de derechos entre el americano y el español, evitando cualesquiera rivalidades entre el indio y el peninsular; si los tratados que se ajusten son producciones de una sana política, en la que la sinceridad y buena fe sirvan de base a los pactos y promesas; y, finalmente, si el cumplimiento de éstas se garantiza por alguna o algunas de las naciones poderosas de la Europa, viva vuestra excelencia bien persuadido de que de este modo se sacará del americano el mejor partido apetecible.

   Al formar este juicio, tan fundado como halagüeño, se sosiega mi agitado corazón y, en este momento que logro de tranquilidad, yo suplico encarecidamente a vuestra excelencia que no vayan a refluir en perjuicio de mi querido padre cualesquiera expresiones amargas que me haya arrancado el dolor. Dispense vuestra excelencia el calor y la exaltación de mi fantasía; librándome todas las órdenes que sean de su superior agrado, esté vuestra excelencia persuadido de que en todos casos soy de vuestra excelencia su más atento, seguro servidor, que sus manos besa.

Antonio Nariño y Ortega.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. Septiembre de 1814, t. IV, N° 193, p. 871-873.

118
OFICIO DEL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA A TORIBIO MONTES

SOBRE LA RESTITUCION DE LA LIBERTAD A ANTONIO NARIÑO. Santafé, 26 de agosto de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

El supremo gobierno de Cundinamarca ha tenido a bien pasar el oficio siguiente a don M. Toribio Montes con el fin de que restituya la libertad al excelentísimo señor Nariño

   "Por conducto del congreso de las provincias unidas de la Nueva Granada se han recibido en este gobierno las adjuntas copias, que contienen el real decreto del señor don Fernando VII, dado en Valencia a 4 de mayo del presente año, y real orden de 24 de los mismos, en que aquél se ha comunicado por el ministerio de guerra de Madrid a la capitanía general en comisión de Maracaibo. Acaso lo estará ya también a vuestra excelencia, como es muy regular; mas en todo caso yo he formado la resolución de dirigir a vuestra excelencia estos importantes documentos con las justas miras de que no puedo prescindir a vista de ellos.

   "Restituido el señor don Fernando VII a sus dominios de España, ha sido uno de sus primeros pasos declarar la constitución y decretos de las cortes nulos, de ningún valor ni efecto, y por reos de lesa majestad a cuantos de cualquier manera intentaren sostenerlos. Tiene ya aquí vuestra excelencia la decisión más categórica y al mismo tiempo la más respetable en las presentes diferencias. Las intimaciones de vuestra excelencia y los motivos por los que las armas españolas han atacado los territorios de Popayán (por no hablar aquí de los demás de la Nueva Granada), no han tenido otro fundamento, ni llevado otros designios que el reconocimiento a esas mismas cortes, cuyas nulidades y vicios puntualiza el real decreto, y la obediencia y cumplimiento a la constitución sancionada por ella, que hoy es el objeto de la execración y conminaciones del mismo monarca. ¿Y sería razón que en estas circunstancias aún continuasen las hostilidades, las persecuciones y los demás consiguientes males de una guerra?, ¿de una guerra que se ha hecho a nombre de la nación representada en estas mismas cortes y en sostenimiento de su constitución?

   "Vuestra excelencia penetra demasiado la fuerza de estas reflexiones y debo excusar el esforzarlas. Pero no puedo prescindir de manifestar a vuestra excelencia que, extendiéndose la real voluntad de aquel mismo soberano a que inmediatamente sean puestos en libertad cuantos se hallen presos o arrestados de resultas de estas mismas causas, debo esperar de la sumisión de vuestra excelencia al real decreto, no menos que de la justificación y rectas intenciones con que ha protestado proceder en todas sus operaciones, que dará vuestra excelencia pronto soltura y libertad a don Antonio Nariño, que aún se mantenía prisionero en Pasto hasta 4 de julio último.

   "Cuando este distinguido jefe de Cundinamarca se encargó del mando de las tropas que marcharon a Popayán, fue el concepto de las intimaciones y reconocimiento de las cortes y constitución proscritas por le rey. Y vuestra excelencia no puede ignorar que, no obstante esto y antes de toda agresión, él reconvino a los jefes, ofreció la paz y se prestaba a todo tratado razonable, cuando le amenazaban los comandantes Sámano y Asín; que cuando entró a Popayán mantuvo en un orden admirable sus tropas para que no se atreviesen a tomar ni un solo pan con violencia; que respetó no solamente las casas religiosas, sino las de todo ciudadano, y aun las tiendas y chozas del más miserable; que procuró tranquilizar la turbación en que las tropas de Sámano habían puesto a aquella ciudad asolada y a toda la provincia devastada por el robo, por el saqueo y por las más inauditas violencias. Ninguno de aquellos habitantes ha tenido que quejarse por el más leve daño ocasionado en su tiempo. Por el contrario, él remedió muchos males ejecutados en la época de don Juan Sámano y por su detestable disimulo.

   "Restituya, pues, vuestra excelencia a su libertad al libertador de las tiranías que sufría Popayán, al que colocado al frente de este mismo gobierno supo mantener en orden y tranquilidad esta capital y sus pueblos, siendo benéfico a aquellos mismos que en otras partes han sufrido persecuciones. Dé, en fin, vuestra excelencia, un exacto cumplimiento al real decreto de 4 de mayo. Así acreditará vuestra excelencia su ciega obediencia al soberano, restituido a su trono, al mismo tiempo que las benéficas miras que ha manifestado conducirle en todas sus operaciones y, así, por último, evitará vuestra excelencia todos los males y perjuicios que de lo contrario podrán seguirse y a cuya responsabilidad en todos tiempos habría que quedar sujeto vuestra excelencia ante el mismo trono, ante el mundo entero y aun ante el mismo Dios, como se lo protesto a vuestra excelencia.

   "Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. "Santafé, 26 de agosto de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   "Excelentísimo señor presidente de Quito, don Toribio Montes".

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 8 de septiembre de 1814, t. IV, N° 189, p. 847.

119
OFICIOS ENTRE TORIBIO MONTES Y EL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA

RESPUESTA AL OFICIO QUE ENVIARA EL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA, Y CONTESTACION DE ESTE ULTIMO. Quito, 27 de septiembre de 1814. Santafé, 27 de octubre de 1814.

Toribio Montes,
Manuel Bernardo Alvarez.

Oficio del capitán general de España, don Toribio Montes, al gobierno de Cundinamarca, en contestación al que éste le remitió reclamando la persona del señor general Nariño

   Si la decisión de nuestro muy amado soberano, el señor don Fernando VII, de 4 de mayo en Valencia y de 24 del mismo en Madrid, que vuestra excelencia me incluye, es mirada por esas provincias con el mismo respeto con que recibida de oficio le he dado entre los plácemes y emociones sensibles de mi corazón el cumplimiento más pronto y exacto; si ella, como debe, es la árbitra en nuestras diferencias y la que fijando la paz y quietud en todas estas provincias, reuniéndolas al todo del dominio del soberano y a la sumisión reclamada por los más solemnes juramentos, ciertamente está concluido y nuestro intereses y opiniones vuelven a enlazarse, recibiendo en la mutua y nueva unión aquella fuerza de que les privó la discordia en perjuicio del grito de la religión, de la sangre y de la humanidad. Siendo estos los sentimientos que me han animado siempre y que han dirigido mis oficios y pasos, más en busca de la paz y concordia que a la prosecución de una guerra asoladora y entre hermanos, aparece sumamente injusta la causal que usía supone como base o principio de la guerra habida entre esas provincias y las tropas de mi mando.

   Es cierto que siendo un general de la España he seguido un sistema que se mandaba cumplir y que no estaba en mi potestad, ni abolirlo ni sojuzgar sus nulidades. El que obedece no tiene otra responsabilidad que la que resulte de la inexactitud en el cumplimiento, y si en mis intimaciones aparece la pretensión de que se jure y establezca en todas esas provincias el sistema constitucional declarado por su majestad nulo y de ningún valor y reo de alta traición el que lo sostuviese; cumplí en aquella época con mi deber, como lo verifico ahora, exigiendo el reconocimiento solemne de esas provincias a su soberano, sobre las bases y principios que él mismo sienta en los decretos citados, con cuyo paso también se testificará la aserción que usía me hace de que la guerra no ha tenido otro fundamento que el de resistir a la obediencia de unas cortes nulas y de una constitución execrable. Ya no hay cortes, ya no se sostiene la constitución, ya está el soberano en el trono y en la plenitud de sus derechos y de su augusta potestad; y así como usía espera de mi sumisión al real decreto la libertad de don Antonio Nariño y demás prisioneros en Pasto con la cesación, no sólo de hostilidades sino de los demás males de la guerra, yo exijo —hallándome pronto a cuanto sea en bien y quietud de estos pueblos— el testimonio que ponga a cubierto mi proceder en la reclamación que se me hace, es decir, que luego que se verifique la sumisión al soberano y que se reciba una potestad legítima, que gobernando a su nombre, recoja las armas, disuelva las tropas reunidas, aquiete los pueblos, los vuelva a su obligación y establezca el orden, que alejándolos del tumulto y del espíritu con que hasta aquí se han conducido, los ponga en su deber, ofrezco por mi parte no sólo la suspensión de hostilidades en que se mantendrá, según la orden que he comunicado al ejército de Pasto, sino que nombrando un gobernador para Popayán con sola la guarnición necesaria para proteger la justicia y el orden, volveré los prisioneros según las órdenes que reciba del soberano, licenciando aquella fuerza y dejando el país en el estado que tuvo antes de las inquietudes presentes. Si esa provincia y las demás de la Nueva Granada no quisieren tratar con el capitán general de Santa Marta y les pareciese hacerlo conmigo, también estoy pronto a verificarlo lleno de los deseos que, alejando la responsabilidad que usía me protesta, se le ofrezcan como los más vivos y vehementes para consolidar la tranquilidad y el bien.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Quito, 27 de septiembre de 1814.

Toribio Montes.

   Señor don Manuel Bernardo Alvarez, presidente del congreso de Santafé.

Contestación del gobierno de Cundinamarca al anterior oficio

   Cuando este gobierno ha reclamado a vuestra excelencia la estimable persona de don Antonio Nariño y demás prisioneros de Pasto en conformidad al real decreto de que se acompañó copia y el mismo que confiesa vuestra excelencia haber recibido de oficio, ha sido en la persuasión de que estando aquéllos, por efecto de un inopinado revés, a la disposición de vuestra excelencia, no podría menos de ser llanamente aceptada una intimación que tiene por fundamento la decidida voluntad de la misma soberanía a quien tanta obediencia y sumisión se protesta. Pero la contestación de vuestra excelencia de 27 de septiembre último manifesta bien claro que en tanto se respeta y obedece a esa soberanía, en cuanto se la quiere hacer servir a los planes de dominación, que vuestra excelencia y otros mandatarios de España en América se tienen propuestos sobre estas inocentes regiones, que sólo aspiran a su prosperidad y buen orden.

   De allí es que nacen las más clásicas incoherencias de principios en que incurren cuantos se empeñan en sostener esas miras, esos intentos de opresión. El sistema de las cortes, que es el de la constitución española y que declara la soberanía del pueblo, está en contradicción con el plan de Fernando VII, que la quiere exclusivamente para sí y que con el título mismo de sus mayores proscribe, condena y se propone acabar con los sabios protectores de la justicia de los pueblos. Pero, a pesar de estos incombinables antecedentes, cuando se trata de sojuzgar, esclavizar a los de América, que dentro de sí tienen el mismo derecho que los de España y los de todo el mundo, se quieren hacer valer aun esas mismas contradicciones y quimeras.

   Sin embargo de serlo notoriamente, ellas existen en el ánimo de los que aspiran sólo a dominar, sin más razón que su voluntad y sin otro apoyo que la violencia y la fuerza. Aquí, ciertamente, no hallamos otra, ni en vuestra excelencia, para exigir de estos pueblos la sumisión al rey Fernando VII, que aquella misma arbitrariedad con que sin embargo de creerse don Francisco Montalvo el capitán general, es decir, el jefe de estas provincias, como él se titula, todavía se tiene vuestra excelencia por legítimamente autorizado para esa especie de intimación y para tratar con ellas en subrogación de aquél. Y si el mismo Fernando VII anuncia en su decreto que dirigirá su palabra a los pueblos de América, ¿por qué quiere vuestra excelencia, anticipándose a su amado soberano, arrogarse también por este camino la autoridad que no le está conferida?

   Pero sea lo que fuere en esta parte, el gobierno de Cundinamarca ha exigido e insiste en exigir a vuestra excelencia el cumplimiento de un decreto emanado del soberano, a quien vuestra excelencia mismo dice reconocer hoy. Esto es lo que en razón de tener en su poder a los prisioneros toca a vuestra excelencia en el particular, y lo mismo que, respetándose como corresponde el derecho de las naciones, debió hacerse desde que se propuso el canje por los que acá tenemos. ¡Qué quiere vuestra excelencia que se diga de esto, sino que ni las consideraciones que estos últimos debían esperar de sus jefes, ni las más sagradas obligaciones de las gentes tienen lugar cuando se trata del interés de los americanos! ¿Es este el camino de atraerlos, al tiempo mismo que se dan las más lisonjeras esperanzas?

   Bien a costa de los infelices pueblos de este continente están ellos persuadidos de que no deben creerse de promesas tantas veces quebrantadas. Pero, además, prescindiendo de todo, ellos tienen hecho el más solemne juramento de no reconocer sobre la tierra más autoridad que la que dimane de la soberanía del pueblo; ellos no hacen la guerra, pero están dispuestos a defenderse y sostener a todo trance esta su absoluta independencia. Morir o ser libres es la inscripción de su bandera nacional; esta es su resolución y esta la única respuesta que a su nombre puede dar a vuestra excelencia en vista de su citado oficio.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 27 de octubre de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor teniente general de la nación española, don Toribio Montes.

FUENTE EDITORIAL:
Gaceta ministerial de Cundinamarca. 27 de octubre de 1814, t. IV, N° 197, p. 888-890.

120
NOTICIAS DE CHILE Y BUENOS AIRES

TRIUNFOS DE LAS FUERZAS PATRIOTAS EN CHILE. VICTORIA PATRIOTA EN MONTEVIDEO. INSURRECCION EN POTOSI. Santafé, 27 de octubre de 1814.

   Con fecha 14 del corriente comunica el gobierno de Popayán al de este Estado de Cundinamarca las interesantes noticias contenidas en la siguiente papeleta que se ha recibido en el día de ayer.

   Por cartas hasta 4 de agosto último, venidas por la costa del sur, y fidedignas, sabemos de Chile; que aunque el general Gaenza ocupó a Concepción, fue rodeado por el ejército patriota, perdió las armas y fue obligado a capitular.

   La capitulación en lo sustancial se reduce a que Chile no reconoce autoridad alguna en España; que ésta irritó a Abascal, quien intentó enviar nueva expedición, y que un comodoro inglés se opuso, manifestando que él la había garantizado a nombre de la Gran Bretaña y que sería dar motivo a un rompimiento con su nación; que se asegura haberse quedado Gaenza en Chile, porque en Lima se le trataba de traidor y pedía su cabeza, y que insultada su casa y su mujer por este motivo, ésta se ha refugiado en Guayaquil.

   De Buenos Aires se sabe, por la misma vía, que se confirma la rendición de Montevideo a los patriotas; que el general San Martín, a quien se debe este triunfo, dejando una respetable guarnición en aquella plaza, marchó a reforzar el ejército del alto Perú con tres o cuatro mil hombres; que éste hacía grandes progresos, y se sabía ya de oficio en Lima la retirada de Pezuela, que había perdido todo lo ganado, y su mayor Tacón huía 100 leguas delante de él; que la provincia de Cochabamba se había puesto en masa sobre las armas, uniéndose a Buenos Aires.

   Se sabe últimamente que el Potosí quedaba en insurrección con el mismo objeto de unirse a Buenos Aires... Popayán, 14 de octubre de 1814.

Pedro José Murgueitio,
secretario de Estado.


NOTA:
1.   Las vastas regiones de la América del Sur respiran ya el aire benigno de la libertad, y sienten su poderoso influjo. Antes de mucho Lima y Guayaquil proclamarán la independencia de España y sacudirán el terrible yugo del tirano Abascal, como un resultado necesario de los triunfos conseguidos por las armas republicanas que se refieren en la antecedente papeleta. Pero estos gloriosos sucesos, en tanto, serán ventajosos a la Nueva Granada, y afianzarán su existencia política en cuanto ésta ayude por su parte los heroicos esfuerzos de Buenos Aires, de Chile, del Potosí, etc., procurando exterminar los enemigos que se dirigen a este reino. De nada nos servirá el que los habitantes de aquellos países hayan roto las cadenas de los tiranos, si nosotros nos dejamos de nuevo sojuzgar, pues aun cuando tuvieran la generosidad de reconquistar nuestro suelo, y de enarbolar en él otra vez el estandarte de la libertad, sería a costa de inmensos sacrificios, después de que aquél hubiera padecido los males consiguientes a la invasión, y cuando la generación presente hubiera sido víctima de la crueldad del bárbaro español. No permitamos que llegue este caso. Aprovechémonos de las victorias de los republicanos del sur para concluir con los enemigos que por aquella parte nos invaden, pues el terror de que deben estar poseídos, temiendo que se les ataque por la retaguardia, nos presenta la ocasión más favorable para rendirlos. Redoblemos nuestros esfuerzos, para unirlos a los de Buenos Aires y Chile, y no perdonemos sacrificio, si queremos permanecer libres. Este es el efecto que deben producir en los granadinos las plausibles noticias que se acaban de publicar, entusiasmo por la libertad, medidas activas para sostenerlas, vigilancia por no dejarse subyugar...
FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 27 de octubre de 1814, N° 74.

121
OFICIOS CRUZADOS ENTRE SIMON BOLIVAR Y MANUEL BERNARDO ALVAREZ

EL GENERAL BOLIVAR, JEFE DEL EJERCITO DE LA UNION, PROPONE AL GOBIERNO DE CUNDINAMARCA CAPITULAR. INMINENTE INVASION A SANTAFE. ARMISTICIO Y CAPITULACIONES. Santafé, 12 de diciembre de 1814.

Simón Bolívar, Manuel Bernardo Alvarez,
José Leiva, Ignacio de Herrera,
Pedro de Briceño Méndez, Eugenio Martínez Melendro,
secretario del presidente.

Comunicaciones entre el excelentísimo señor general en jefe del ejército de la unión y su excelencia el presidente del Estado de Cundinamarca

Oficio primero

   Destinado por el gobierno general de la Nueva Granada a esta capital a emplear los medios más eficaces para hacer más efectiva la unión de Cundinamarca con el resto de los estados libres e independientes de esta República, es mi deber —me lo dicta así mi corazón— y es para mí una necesidad imperiosa poner en ejecución la vía de las negociaciones fraternales y amistosas antes de tirar un tiro y de dar principio a una campaña fratricida, abominable y digna toda de la execración de los hombres. Ciudadanos de una misma república, profesando la misma sublime religión de Jesús, y compañeros de armas, de causa y de origen, nada es más impío que hostilizar a quienes tantos títulos tenemos para amar y servir.

   Yo, ciudadano presidente, me contemplo degradado a la esfera de nuestros tiranos cuando veo las huestes vencedoras de tantos monstruos venir a manchar el brillo de sus armas invictas con la sangre de una ciudad hermana, a quien debemos una parte de la libertad de Venezuela, Popayán y la Nueva Granada; una ciudad que es orgullo de este bello territorio, la fuente de las luces, y la cuna de tan ilustres varones. Santafé será respetado por mí y por mis armas mientras me quede un solo rayo de esperanza de que pueda entrar por la razón y someterse al imperio de las leyes republicanas que han establecido los representantes de los pueblos en el congreso granadino. La justicia exige esta medida, la fuerza la pondrá en acción, y a la prudencia toca evitar los estragos de la fuerza.

   El cielo me ha destinado para ser el libertador de los pueblos oprimidos, y así jamás seré el conquistador de una sola aldea. Los héroes de Venezuela, que han triunfado en centenares de combates siempre por la libertad, no habrían atravesado los desiertos, los páramos y los montes, por venir a imponer cadenas a sus compatriotas los hijos de la América. Nuestro objeto es unir la masa bajo una misma dirección, para que nuestros lamentos se dirijan todos al fin único de restablecer el nuevo mundo en sus derechos de libertad e independencia. Por tanto, yo aseguro de nuevo lo que el gobierno ha ofrecido: ofrezco, digo, una absoluta inmunidad de vida, propiedades y honor a todos los habitantes de esa capital, americanos y europeos, si capitulando conmigo o uniéndose amistosamente con el gobierno general se evita la efusión de sangre, y no empleamos la fuerza. Tiemblen los que hagan la guerra a sus hermanos que vienen a libertarlos; tiemblen los que combatan contra el ejército de Venezuela unido al granadino; tiemblen los tiranos que solos pueden combatir contra esos salvadores de la patria; pero nadie debe temblar de las armas de la unión, cuando son recibidas con el honor que ellas merecen.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general en el campo libertador de Techo, a 8 de diciembre de 1814 4°.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Contestación al oficio presente

   Excelentísimo señor:

   Si vuestra excelencia se halla instruido, como debo suponerlo, de lo que he contestado al gobierno general consiguiente a lo acordado por la representación nacional y por los padres de familia de resultas de la primera intimación hecha por aquel soberano cuerpo, ya se hará cargo de serme imposible variar de resolución de aquella respetable asamblea, reducida en sustancia a defender a toda costa los derechos del pueblo, antes de entrar en la federación propuesta, lo que acaba de ratificar la representación nacional en vista del oficio de vuestra excelencia de este día; pero poseído de los mismos sentimientos de lenidad y humanidad, nunca rehusaría oír cualesquiera proposiciones que puedan evitar la inútil efusión de sangre, y por otra parte, se sabe que viene una comisión civil del gobierno general para entender en las diferencias pendientes. Sería lo más regular saber sobre qué base o principios se hayan de establecer nuestras negociaciones, supuesto que no hay quien ignore que esta provincia jamás se ha negado a prestar, y ha prestado generosamente sus auxilios para la defensa de la causa general de la independencia, que ha proclamado quizá con más solemnidad que otras, y que ha protestado sostener como la que más. En esta inteligencia, y en la que en los términos que hasta ahora se ha manejado el presente congreso con la provincia de Cundinamarca, para cuya seguridad no han bastado pactos ni condescendencias, no desiste esta ciudad de su más justa, natural y decorosa defensa; puede vuestra excelencia proceder del modo que le parezca más conforme al decoro de las armas que se le han confiado, y con que excusa la nota de autor de una guerra que siempre se mirará con los caracteres que vuestra excelencia mismo describe de fratricida abominable y digna en todo de la execración de los hombres, mucho más cuando a ella han provocado las hostilidades por parte del ejército del mando de vuestra excelencia antes y después de haberse recibido el oficio de vuestra excelencia, que este pueblo se halla en la general resolución de verse sacrificado antes de entrar en pactos poco honrosos, y que a costa de su sangre inocente defenderá los derechos de que se le intenta privar.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 8 de diciembre de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor general en jefe del ejército destinado a Santafé.

Segundo oficio del general Bolívar al excelentísimo señor presidente

   Excelentísimo señor:

   Después de haber propuesto una capitulación más honrosa que un triunfo ofreciendo paz, amistad, y una inmunidad absoluta en honor, vida y propiedades, no me queda otro partido que asaltar esa ciudad en consecuencia de la respuesta de vuestra excelencia en que me asegura que sus habitantes están decididos a morir antes que unirse al cuerpo de sus hermanos que forman la nación de la Nueva Granada.

   Vuestra excelencia me convida a la guerra, y yo no la rehúso jamás, cuando de mi parte están la justicia y la razón. Vuestra excelencia quiere hacer perecer a todo este infeliz pueblo sólo por favorecer un partido inicuo que es el de la división y aun el de nuestros enemigos comunes; y todos esos habitantes morirán sin duda a manos de nuestros soldados, que tienen orden de no dejarse asesinar por las casas, calles y ventanas sin pasar al filo de la espada cuantos encuentren en el tránsito y en el interior de las habitaciones, que, según se me ha informado, están taladradas para hacer un fuego alevoso; y tienen además cantidad de armas arrojadizas para el uso de las mujeres y sacerdotes, a quienes vuestra excelencia y sus partidarios han persuadido de que yo vengo a destruirlo todo, a violarlo todo, y hasta a profanar impíamente la religión, que amo y respeto más que vuestra excelencia y sus consejeros, esos sacerdotes fanáticos que bien pronto verán el castigo sobre sus cabezas, dirigido por la justicia del cielo. En una palabra, si vuestra excelencia no acepta hoy mismo la capitulación, que por última vez le ofrezco, prepárese para morir el primero, seguro de que el resto del pueblo le seguirá bien pronto.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Campo libertador en Techo a 9 de diciembre de 1814 4°

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Contestación al oficio que precede

   Excelentísimo señor.

   Supuesto que vuestra excelencia no desiste de la empresa de invadir a esta ciudad, ella también llevará a cabo su justa y natural defensa, a que le obliga la violencia y términos de la guerra con que vuestra excelencia la amenaza por su oficio de hoy.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 9 de diciembre de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor general en jefe del ejército, destinado hacia Santafé.

Nombramiento de los señores marqués de San Jorge y general Leiva para ajustar las capitulaciones por parte del excelentísimo señor presidente de Cundinamarca con el excelentísimo señor general en jefe del ejército de la unión

   Bien sabe vuestra señoría cuánto ama este gobierno la paz, y el horror con que mira la efusión de sangre, principalmente entre sus hermanos; en esta atención puede vuestra señoría, en consorcio de nuestro general don José Leiva, oír las capitulaciones que por parte del señor general don Simón Bolívar se proponen, y que desde luego se espera sean decorosas a Cundinamarca, y de una estable seguridad.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Santafé, 11 de diciembre de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Posdata. El general comisionado irá a tratar con la correspondiente garantía de su personal seguridad. Señor marqués de San Jorge.

Oficio del general en jefe de la unión, por el cual ofrece la seguridad de los comisionados

   Excelentísimo señor:

   Siendo informado por el marqués de San Jorge que vuestra excelencia desea la paz y ve con horror la efusión de sangre, vengo en conceder capitulaciones honrosas y benéficas a Cundinamarca; en consecuencia, envío en rehenes al coronel Montúfar por el general Leiva, propuesto por vuestra excelencia y el marqués de San Jorge para negociaciones de esta capitulación.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general libertador de Santafé, 11 de diciembre de 1814 4°, a las doce del día.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Contestación al oficio anterior

   Excelentísimo señor:

   El coronel Montúfar es un prófugo de esta ciudad, que no es por lo mismo digno de recibírsele en rehenes para la seguridad de un general honrado como don José Ramón de Leiva; éste irá a tratar con vuestra excelencia, no para que le conceda capitulaciones benéficas, sino para oír las que vuestra excelencia le proponga; espero, pues, que vuestra excelencia elija otro sujeto que pueda ser una honrosa garantía.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de diciembre de 1814.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor general don Simón Bolívar.

Oficio del general en jefe de la unión

   Excelentísimo señor:

   El coronel Montúfar es un oficial de primer carácter en la milicia, y aunque no es general, creo que merece bien el honor que le he hecho. Yo no enviaré otro en rehenes del general Leiva, porque no lo tengo de su graduación ni me es decoroso a mí variar de elección. Si vuestra excelencia no quiere capitulaciones benéficas, no envíe negociador alguno, porque cualquiera que yo conceda será por generosidad, de la cual jamás departiré [sic].

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general libertador en Santafé, diciembre 11 de 1814 4°.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Contestación

   Yo no he rehusado admitir capitulaciones benéficas; he dicho que vuestra excelencia las proponga. El pueblo se halla alarmado, y las tropas de vuestra excelencia no dejan de inspirarle la mayor desconfianza en medio de la negociación de que se trata; para no dilatarla más, el general Leiva está pronto a ir a tratar de ella con vuestra excelencia, sin detenerse en formalidades que podrían observarse en mayor tranquilidad. Puede, pues, vuestra excelencia enviar al coronel Montúfar, o a otro correspondiente, para proceder a lo demás que interesa.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de diciembre de 1814.

   Excelentísimo señor,

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor general en jefe don Simón Bolívar.

Conferencia del comisionado de Cundinamarca con el general en jefe de la unión

   Habiendo llegado al cuartel general de su excelencia el general en jefe del ejército de la unión, el enviado del gobierno de Cundinamarca, general José Leiva, propuso éste que se entraría en capitulación con tal que para tratar sobre las bases de ella se desocupase enteramente toda la parte de la ciudad que ocupan las tropas de la unión. El comisionado de Cundinamarca apoyó esta solicitud, en la efervescencia de la tropa y del pueblo; pero el general de la unión, creyendo que esa proposición sólo se hacía a niños, le contestó así al general Leiva, y además le expuso el pormenor de las tres proposiciones que anteriormente había hecho el gobierno general; le prometió la seguridad de personas y bienes para todos, si se asentía a aquellas proposiciones, ofreciendo que él estaba pronto a no tomar a Cundinamarca sino los fusiles, y aun a no entrar en la plaza si se tenía desconfianza de él. El comisionado Leiva dijo que no podía aceptar los términos en que se le ofrecía la capitulación; y se fue.

Oficio del presidente de Cundinamarca al general en jefe de la unión

   Excelentísimo señor:

   Como vuestra excelencia se halla ya instruido de que no por mí, sino por acuerdos repetidos de la representación nacional y de un cabildo abierto se ha rechazado la propuesta del gobierno de la unión, y abrazado el partido de la defensa; supuesto que vuestra excelencia, según me ha indicado el general Leiva, ofrece una corta suspensión de hostilidades, espero que se sirva prorrogarla hasta mañana, para poder juntar nuevamente la representación nacional y acordar en el sosiego lo más conforme; como también, que durante la suspensión lo sea igualmente del saqueo que están haciendo las tropas de la unión en el terreno que ocupan.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de diciembre de 1814.

   Excelentísimo señor.

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor general en jefe don Simón Bolívar.

Contestación

   Se nos está haciendo fuego al mismo tiempo que ha llegado a mis manos el oficio de vuestra excelencia proponiendo que cesen todas las hostilidades hasta que reunida la representación nacional, por cuya deliberación se está defendiendo la plaza, resuelva si debe o no entrar en capitulación. Aún hay más; cuando se propuso hoy la primera capitulación estaban reducidas las fuerzas de vuestra excelencia a sólo la plaza mayor, y se han valido del armisticio para ocupar la calle del Colegio, en donde estaban mis avanzadas.

   En las circunstancias presentes, media hora bastaría para reunir y consultar la representación nacional; pero tiene vuestra excelencia libertad de hacerlo hasta mañana a las nueve de la mañana, hasta cuando cesará por nuestra parte toda hostilidad, con tal que haya la misma cesación de parte de las fuerzas de vuestra excelencia, y con tal que las tropas que avanzaron durante el armisticio anterior vuelvan a sus puestos. La menor infracción de este convenio me obligará a tomar la plaza por asalto; los pactos en la guerra deben ser mutuamente obligatorios, y hay castigos para el infractor.

   La resistencia de la plaza da a mis tropas un título justo al saqueo; mas aseguro a vuestra excelencia que hasta ahora mis tropas han respetado las propiedades de todo ciudadano.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general libertador de Santafé, 11 de diciembre de 1814 4°.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Oficio del presidente de Cundinamarca

   Excelentísimo señor:

   Las tropas puestas al mando de vuestra excelencia se ocupan en mucha parte no solamente en hacer fuego por diversas calles, sino también en forzar algunas puertas de tiendas de mercaderías; espero que [para] la justificación de vuestra excelencia se sirva dar la orden más seria y conveniente, a fin de que se contengan estas graves hostilidades, debiendo estar, así vuestra excelencia como yo, en la tranquilidad que ofrece un verdadero armisticio.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Santafé, 11 de diciembre de 1814.

   Excelentísimo señor,

Manuel Bernardo Alvarez.

   Excelentísimo señor general en jefe don Simón Bolívar.

Contestación

   Excelentísimo señor:

   El oficio de vuestra excelencia de esta fecha, que acabo de recibir, es la primera noticia que he tenido de que las tropas de mi mando hayan infringido el armisticio que he celebrado con vuestra excelencia, pues a la verdad no he percibido un solo tiro después de establecida la suspensión; y por lo que respecta al quebrantamiento de las puertas, que vuestra excelencia indica, estoy firmemente persuadido de que serán las que están a la espalda de mis líneas, cuyo terreno —vuestra excelencia no podrá negar— ha sido ocupado con la espada en la mano; sin embargo, tranquilícese vuestra excelencia, que inmediatamente repetiré las órdenes que ya tengo dadas para que no haya el menor exceso por nuestra parte.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cuartel general libertador de Santafé, 11 de diciembre de 1814 4°.

Simón Bolívar.

   Excelentísimo señor presidente de Cundinamarca.

Capitulaciones concluidas entre sus excelencias, el general en jefe del ejército de la unión, ciudadano Simón Bolívar, y el presidente de Cundinamarca, don Manuel Bernardo Alvarez

   El general en jefe del ejército de la unión, ciudadano Simón Bolívar, teniendo reducida la guarnición de Santafé a sólo el recinto de la plaza mayor de la ciudad y deseando evitar mayor efusión de sangre; y el excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, de la otra parte, acompañado del general don José Leiva y de don Ignacio Herrera, único funcionario útil por no haberse podido reunir la representación nacional de la provincia en las actuales circunstancias, estando de una y otra parte bien persuadidos de los graves males que se seguirían de la continuación de la guerra tanto a Cundinamarca como a toda la Nueva Granada, han venido en acordar, y han convenido en los artículos siguientes de capitulación:

   Artículo 1°. Cesará desde este momento toda especie de hostilidad entre uno y otro ejército, y las tropas se considerarán desde ahora como hermanas amigas.

   Artículo 2°. El gobierno de Cundinamarca reconoce al de la unión, y se obliga a prestarle la misma deferencia y obediencia que le prestan las demás provincias federadas; y el gobierno general ofrece por su parte tratar a la provincia de Cundinamarca como a la más favorecida.

   Artículo 3°. El dicho gobierno de Cundinamarca se obliga igualmente a poner a las órdenes del general en jefe de la unión todas las armas, municiones, parques, almacenes y depósitos de efecto de guerra.

   Artículo 4°. El mismo gobierno se obliga también a convocar y reunir el colegio electoral de la provincia, tan pronto como sea posible, en lugar seguro, y con toda la garantía necesaria para que proceda libremente a los arreglos interiores de la provincia, conforme al voto de los pueblos, y cuya instalación protesta que no se estorbó sino por falta de legitimidad de los poderes de los electores.

   Artículo 5°. Ningún soldado de la unión, ni ninguno del ejército de Santafé, conservará ningún sentimiento de enemistad hacia los otros; habrá de una y otra parte un olvido general de los acontecimientos precedentes; y el general en jefe del ejército de la unión ofrece de su parte la más segura garantía de honor, personas y propiedades a todos los ciudadanos de Cundinamarca, sin distinción de origen, en virtud de la noble y valiente conducta con que se ha hecho la guerra recíprocamente.

   Artículo 6°. Tanto el general en jefe del ejército de la unión como el excelentísimo señor presidente de Cundinamarca se obligan a guardar y hacer guardar estos artículos de capitulación; se ofrecen mutuamente la más sincera y cordial amistad, y se aseguran que habrá de una y otra parte la conducta más fraternal, una paz y unión sólidas, y la mejor armonía entre todos los ciudadanos como pertenecientes a una sola familia, estado y nación.

   Y en virtud de esto, una y otra parte contratantes han firmado y sellado este convenio en el cuartel general libertador, a 12 de diciembre de 1814, 4° de la independencia.

Simón Bolívar, Manuel Bernardo Alvarez,
José Leiva, Ignacio de Herrera,
Pedro de Briceño Méndez,
secretario del general en jefe,
Eugenio Martínez Melendro,
secretario del presidente.

   Es copia,

Briceño Méndez,
secretario1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, fondo José María Quijano Otero, N° 157, pieza 32.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, imprenta del Estado, año de 1814 2°, por el ciudadano Juan Rodríguez Molano.

122
RELATOS MILITARES DE JOSE MIGUEL MONTALVO

DESCRIPCION DEL CAMPO DE BATALLA DESPUES DE LA DERROTA. MOVIMIENTO DE CABAL PERDIDAS EN LA ACCION DE LAS CEBOLLAS. Desde el sur, 1814.

José Miguel Montalvo.

   [...] [co]ronel don José María Cancino y los demás oficiales Virgo, Urdaneta, etc., en clavar la artillería y hacer fuga... ¡Qué espectáculo tan horrendo para nosotros... creer que veníamos a encontrar qué comer entre nuestros compañeros, y hallar solamente baúles rotos y entregados nuestros intereses al saqueo de nuestros mismos soldados, clavados los cañones, botados los pertrechos, despedazadas las tiendas, y a pesar de venir nosotros realmente victoriosos, aparecer pintada en nuestro campo la imagen de una derrota completa! Entonces el general, arrebatado de la desesperación, quiso darse un pistoletazo; se apodera de nuestra tropa (que ya con muchos soldados y oficiales que a la madrugada se unieron a nosotros en la montaña llegaba a cosa de 350 soldados) la ira, la desesperación, el espanto y el terror; sólo se piensa en fugar, y, en efecto, sólo se consigue que unos 16 hombres acompañen al general en el campamento superior, y en el inferior sólo unos 40. El general, con los 16 hombres y sólo un obús de a 3 pulgadas que se conservaba sin clavar por conducirlo ya el alférez Santacruz en retirada, resistió al enemigo más de una hora, hasta que se echó encima, y despidiendo a los soldados y oficiales que le acompañaban, se entró a un bosque en donde seguramente le hicieron prisionero, porque ya está en poder de Aymerich.

   El incansable Cabal ha retirado la tropa en el mayor orden posible. La retirada la hemos hecho por Buesaco y Almaguer, y en todo el discurso de ella los patianos nos han incomodado por la retaguardia y dos veces por vanguardia; hemos padecido hambres, desnudeces, fríos y miserias imponderables, pero no desmayamos en el deseo de concluir con los enemigos, cuyas miras procuramos hacerlas trascendentales a los soldados. Los patianos han asesinado a nuestros heridos y enfermos que nos hemos visto precisados a dejar en el tránsito.

   Mis memorias a mis comadres y comadritas. Enséñeles ésta a don Rafael y a los amigos, y a Dios, quien me lo guarde como lo desea su amigo,

Miguel José Montalvo,
(firmado).

Posdata. Se me olvidaba decir a usted que en la acción de las Cebollas nos mataron al capitán don Joaquín Bonilla, al teniente don Macario Rojas y al teniente Molina, de Buga; al alférez graduado don Francisco Vanegas, del Socorro; al capitán don Baltasar Salazar, de Antioquia, y al capitán Ribero, de Neiva, y nos hirieron al capitán don Fermín Rodríguez, al capitán Matute, de Cartago, y al teniente Silva, del Socorro. En Pasto murió el teniente don Narciso Santander y el alférez Maza, de Santafé. Vale.

Otra

   He tenido la satisfacción de que la tropa y... [publicamente confiesan que [después del general y de Cabal] he si... [roto] oficial que más se distinguió en la acción gloriosa de Pasto. Se lo comunico a usted para satisfacción como mi jefe y mi amigo. Vale.

   Puede usted enseñar ésta a todo el mundo y aun al gobierno, porque hablo la verdad desnuda como testigo de vista.

Montalvo
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

123
ITINERARIO DE LAS OPERACIONES DEL EJERCITO DE LA UNION

DESDE SU SALIDA DE TUNJA Y HASTA LA ENTRADA A SANTAFE. Santafé, 19 de enero de 1815.

Miguel Carabaño.

Descripción de las operaciones del ejército libertador de Cundinamarca desde su salida de la ciudad federal de Tunja hasta la entrada a esta capital

   La historia es adonde se transmiten a la posteridad las acciones de los hombres que por sus proezas se hacen dignos de ocupar un lugar en ella, y jamás los hechos memorables podrían ser pasados exactamente a remotos tiempos si los escritores no tuviesen la debida exactitud en pintar los pasajes cual ellos son, o han sido, resultando de estas faltas que el cobarde podría parecer valiente, el denodado pusilánime, y la buena o mala acción quedar silenciosa, y sucedería que no se podría alabar al bueno y vituperar al malo. Estas consideraciones me hacen no ser indiferente al modo como puede escribirse la historia de nuestra gloriosa revolución, cuyos volúmenes serán compuestos de la reunión de las diferentes descripciones que los presentes escritores hagan de nuestras campañas y acontecimientos políticos; y comoquiera que la de la libertad de esta provincia ha de formar uno de los artículos más interesantes, yo quiero presentar un cuadro fiel de las operaciones de la tropa de la República desde su salida de la ciudad general de Tunja hasta el memorable día de la ocupación de esta ciudad por medio de la honrosa capitulación que ha aumentado las glorias del general Bolívar, y ha disipado el odio a que se hacía acreedor el tiránico gobierno que oprimía a estos habitantes.

   Usaré del estilo propio de un militar: me expresaré con el idioma de la verdad, con el acierto que es natural a un testigo ocular de la mayor parte de los hechos, y que por razón de su empleo ha tenido una noticia exacta de los que no ha presenciado; por lo tanto, el siguiente es el orden de las operaciones.

   El día 1° de diciembre marcharon de Tunja los soberbios dragones de Caracas al mando del ciudadano mayor general de caballería, coronel Bartolomé Chaves, quien con su descubierta de cuatro soldados y un cabo, el 3 del mismo atacó y ocupó el puente del Común que se hallaba guarnecido por un destacamento, al parecer de observación, pues tal indicó la poca resistencia que hicieron en un punto donde pudieron haber disputado bastantemente el paso.

   El 2 del anunciado emprendieron su marcha los batallones de Barlovento, Valencia (ahora Caracas), Guaira y el Socorro; el 3 la caballería ligera, y el 4 el batallón Tunja y demás gente colecticia que se había reunido para emplear en el servicio de campaña.

   El 5, la infantería de la vanguardia se reunió en Zipaquirá, y el 6 todo el ejército, menos el batallón de Tunja; lo hizo en el puente del Común, desde donde marchó al pueblo de Chía, para pasar la noche, en la cual se recibió el parte de haber el mayor general Chaves [ocupado el] Puente Grande, después de una pequeña escaramuza.

   El 7 emprendió el ejército la marcha, concluyéndola en el sitio de Techo, donde se acampó; habiéndose destinado al pasar por Bogotá al teniente coronel Lara con 20 hombres para que fuese a Facatativá a detener la persona del coronel Luis Girardot, destinado a Honda por el gobierno intruso a buscar pólvora. Este mismo día se ocupó el puente de Bosa por un destacamento.

   El 8, su excelencia el general en jefe, con parte de su estado mayor y 10 dragones, de 20 que se hallaban en puente Aranda, se aproximó a hacer un reconocimiento a esta ciudad, lo que verificó sin que se hubiesen molestado los sitiados, a pesar de verlo tan distante de su campo y con tan corta escolta; siendo tanta la cobardía, que no hubo uno que se atreviese a salir contra el edecán Punar, que se acercó hasta la bocacalle de San Victorino.

   Este mismo día, pequeñas partidas de caballería tomaron todo el ganado caballar y vacuno que se halló por los exteriores de la ciudad.

   El 9 se puso todo el ejército en movimiento hacia la ciudad, en frente de la cual se formó en dos líneas, compuesta la primera de los batallones de Barlovento, Caracas y La Guaira; la segunda, del Socorro y Tunja, y la caballería ligera en reserva. Dispuestas las tropas de esta manera, empezaron a acercarse, moviéndose los costados de la primera línea y a proporción el resto, habiéndose avanzado la derecha compuesta del invicto Barlovento, un piquete de Soberbios Dragones de Caracas, y un escuadrón de lanceros de Tunja y Santa Rosa, hasta el inmediato de una batería que los sitiados tenían por la izquierda de la ciudad, y bajo cuyos fuegos se les quitó el resto del ganado que había en la línea exterior, habiéndoles hecho conocer el poco temor que las tropas republicanas tienen a la artillería y el ninguno que impusieron a los lanceros, que con la mayor serenidad sufrieron varias descargas de metralla, de que fueron cubiertos, sin haberles ocasionado ningún daño.

   La izquierda completa del batallón de La Guaira, Cazadores y alguna caballería, con el general de brigada Palacios y coronel Montúfar, penetraron hasta Sanfacón sin que nadie se las disputase; y algunas partidas intermediarias de infantería y dragones lo hicieron por el centro hasta la bocacalle de San Victorino, cuya batería no hizo otra cosa que tirar algunos cañonazos, que fueron oídos y recibidos con el desprecio que inspira un arma cuyo estruendo en nada corresponde al daño que hace, y que sólo sirve para provocar al valiente y hacer confiar al cobarde. Tal es, en mi concepto, la triste idea que tengo formada del cañón.

   Su excelencia, el general en jefe, que no llevaba otra mira que la de practicar un reconocimiento del terreno, lo verificó bien a su gusto con esta operación, la cual hecha mandó a ejecutar la retirada al campamento de Techo, que se hizo sin que nadie osase disputarlo, ni aun a una partida de dragones que muy separada del cuerpo del ejército se quedó cubriendo la espalda y recogiendo algún ganado que el día antes no se había acabado de recoger, y vieron los sitiados transportar sin dar un paso para evitarlo.

   La tarde y noche de este día fue destinado el mayor de brigada, Fernando Carabaño, con los Zapadores, a hacer practicable el campo, siguiendo varias zanjas desde puente Aranda hasta las inmediaciones de la ciudad.

   El 10 a las siete de la mañana se batió la generala en el campamento, se acampó y verificó la marcha por columnas, llevando la vanguardia el invicto batallón de Barlovento, Soberbios Dragones y un escuadrón de caballería de lanceros. A un tiro de piedra del puente de Aranda se dirigieron las tropas haciendo una diagonal, y hacia la izquierda de la ciudad, como quien va al barrio de Santa Bárbara. El invicto batallón de Barlovento, que iba bastante avanzado con algunos dragones, y su excelencia el general en jefe que a la cabeza de las tropas las conducía al campo del honor, se encontraron por el lado de Fucha con el cuerpo auxiliar de esta ciudad, compuesto de más de 300 hombres y dos piezas de artillería, que trataron de disputar el paso; pero habiendo sido acometido por los valientes cazadores del invicto Barlovento, al mando del capitán José María Palacios, abandonaron el terreno vergonzosamente, dejando en nuestro poder el abatren con el cajón de municiones y mulas que tiraban uno de los cañones, resultando de tan vigoroso ataque que a la media hora fue ocupado el barrio de Santa Bárbara, y las calles se disputaron, habiéndonos costado la pérdida del teniente Pacheco, que murió valerosamente avanzando hacia el enemigo, y habiendo sido heridos los subtenientes Alvarez, Sandoval, López y algunos otros.

   Al sargento mayor le mataron un caballo, y el capitán Francisco Piñango tomó una pieza de artillería.

   El resto, que no había tenido parte en esta primera acción por haber quedado atrasados, se incorporó para verificar operaciones ulteriores que empezaron a tener al momento su principio, pues el batallón de los Bravos del Socorro, a las órdenes de su comandante, el ciudadano Lino Ramírez, con la celeridad del rayo y derrotando las partidas que se oponían a su tránsito en bocacalles, casas, y un fuerte destacamento que había en Belén, ocupó su barrio sobre Egipto, a costa de la muerte de dos soldados, dos heridos y el caballo del comandante, perfeccionando un semicírculo, a media luna, que era la figura de nuestra línea hasta las dos de la tarde.

   Habiendo sido molestada por el enemigo la caballería ligera que se hallaba en la línea exterior, o campo fuera de la ciudad, se le envió un refuerzo de 40 infantes a las órdenes del teniente Blanco, que la sostuvo, y se acercó a las inmediaciones del barrio de San Victorino.

   A las dos de la tarde, el ayudante general, coronel Carlos Montúfar, pidió un destacamento de 100 fusileros, los cuales fueron mandados por el valiente y desgraciado capitán Joaquín Salas, quien incorporado a los primeros que fueron con el teniente Blanco, se dirigieron frente de San Victorino, donde reunidos con una partida de los Soberbios Dragones de Caracas, con el mayor general de caballería Bartolomé Chaves y el comandante Alcántara, embistieron de frente por la alameda con el mayor denuedo a la batería, cuyo horroroso fuego no los intimidó ni contuvo hasta aproximarse a tiro de pistola en la primera esquina, detrás de la cual se retiraron, habiendo tomado la infantería hacia la izquierda con Salas, en donde ocupó otra calle y perfeccionó este costado de la línea, quedando la caballería ligera retirada en las sabanas del frente para atender donde conviniese.

   La misma tarde, por el centro o barrio de Santa Bárbara tuvimos la desgracia de que nos hiriesen gravemente al teniente Miguel Torres, que murió a las doce de aquella noche.

   El 11 fue atacada la batería de San Victorino con las tropas que el día anterior se habían aproximado, mandadas por el coronel Serviez, comandante general de la caballería, y a las ocho del día, ya ocupada la plaza y barrio, aunque con la desgracia de haber sido herido gravemente en una pierna contuvo al mayor general Chaves, muertos los caballos del comandante Alcántara y teniente coronel Omaña, y algunos soldados también heridos.

   Al mismo tiempo, el centro se puso en movimiento bajo la dirección de los generales Urdaneta y Palacios, y a la misma hora que obtuvo por la izquierda sus triunfos el coronel Serviez, ya los sitiados estaban reducidos a la plaza mayor, habiendo tenido por nuestra parte la pérdida de los tenientes Hidalgo y González, y el subteniente Peña herido con algunos soldados de los primeros, cuyo número se omite por haberse expresado ya en los boletines.

   A las diez de la mañana, el ciudadano José María Lozano, en otro tiempo marqués de San Jorge, se interpuso con su excelencia el general en jefe pidiéndole suspendiese las hostilidades, prometiendo ser un agente de las capitulaciones que terminasen la guerra. Su excelencia, que no deseaba otra cosa que ahorrar la sangre americana, accedió al momento a las proposiciones y mandó calmar el furor de las tropas que hubieran entrado hasta la misma plaza, y que de un instante a otro vieron a sus enemigos como unos hermanos, sólo por la insinuación del generoso jefe. Sin embargo de esto que se estaba tratando con el gobierno, y de que los redobles y banderas blancas indicaban armisticio o parlamento, los facciosos de la plaza no cesaron sus fuegos, en términos de habernos herido algunos soldados y muerto el caballo del general Palacios al tiempo que recorría la línea, no como un guerrero, sino como un pacificador que iba ordenando a los soldados suspendiesen el furor de la guerra para tratar de la paz; siendo tanta la locura de los sitiados, que tuvieron el atrevimiento de intimar rendición al comandante de Barlovento que se hallaba en el Observatorio Astronómico, suponiéndole hallarse prisionero nuestro general en jefe, y hasta cometiendo la felonía de hacer prisioneros al edecán Mares y ayudante Santinily, que bajo la buena fe del armisticio se había acercado a hablar con los sitiados, resultando de semejante conducta y en uso de la represalia que aseguraron al teniente coronel Urdaneta, al capitán Pose, al ciudadano Antonio Castillo y al teniente coronel de Cartagena, José María Sotomayor, que servía de ayudante del general Leiva. En fin, la estrechez en que los pusimos y tres o cuatro cañonazos tirados sobre el palacio desde la altura de Belén, hicieron al presidente Alvarez y general Leiva acercarse personalmente a su excelencia el general en jefe, con quien trataron la capitulación que fue ratificada a las nueve de la mañana del 12, a cuya hora ocupamos la plaza mayor y se empezó a limpiar la ciudad de cadáveres, entre los cuales se encontró el del llorado capitán Joaquín Salas traspasado de infinidad de lanzazos, y... Pero echemos a esto un velo, pues el cumplimiento de las capitulaciones exige olvido de lo pasado.

   Ved aquí la campaña que ha traído la libertad a Santafé, y yo emplazo o a que me desmienta el que crea que he desfigurado los hechos.

   Las ventajas que ha producido lo acreditan las providencias que se han tomado después de la entrada de nuestras tropas; 336 hombres bien armados marchan con el general Urdaneta a reforzar el ejército del norte. Fusiles, lanzas, municiones, botiquín, cirujanos, armerías y oficiales de caballería, se dirigen a Casanare con el teniente coronel Lara. Cerca de 2.000 hombres bien uniformados, entre ellos una brigada de artillería, marchan al Magdalena. Al batallón del Socorro se le ha completado su armamento y fuerza. En la maestranza se trabaja con actividad; los españoles se alejan del país, y el gobierno general se acerca a consumar la felicidad de éstos hasta ahora oprimidos pueblos. La Providencia permita que la sangre derramada, las víctimas sacrificadas y nuestros trabajos, no sean infructuosos, para que la posteridad por quien trabajamos nos remunere con su memoria.

   Cuartel general de Santafé, 19 de enero de 1815.

Miguel Carabaño,
mayor general1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, fondo José María Quijano Otero. N° 157. pieza 45.

NOTA:
1   Santafé de Bogotá, imprenta del Estado, año de 1815 3°, por el ciudadano Juan Rodríguez Molano.

124
NOTICIAS DE CASANARE

VICTORIA PATRIOTA EN GUASDUALITO. LIBRE LA COMUNICACION DE LOS LLANOS DE CUCUTA. Santafé, 30 de enero de 1815.

CASANARE

   Una división de las tropas de aquella provincia al mando del comandante Ondadilla [¿Olmedilla?] ha batido y derrotado completamente las de los españoles, que estaban situadas en Guasdualito, haciéndoles 200 prisioneros, y tomándoles 100 fusiles, según lo refiere una carta venida recientemente de Tunja. Esta gloriosa acción debe sernos tanto más placentera cuanto que por ella queda libre la comunicación de los llanos de Cúcuta, y el ejército republicano, que marcha hacia aquel hermoso valle al mando del general Urdaneta, podrá recibir de los citados llanos los auxilios que necesita para su subsistencia1.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de noticias del día. 30 de enero de 1815. N° 76.

NOTA.
1   Santafé, en la imprenta del Estado, año 1815, por el ciudadano Juan Rodríguez Molano.

TOMO VI


1
SITUACION DE NARIÑO EN EL AÑO 1817

RELATO DE SUS ANDANZAS Y PENALIDADES COMO PRISIONERO. Cárcel de Cádiz, 7 de febrero de 1817.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   El 3 de marzo llegué a esta ciudad, después de haber andado más de 60 leguas por mar y tierra en 22 meses. Aquí fui conducido a la cárcel pública y en los primeros siete meses, que estuve en entera comunicación, guardé una conducta que parecía deberme poner a cubierto de cualquier novedad, que empeorase mi suerte.

   Pero no fue así. El 23 de septiembre a las ocho de la noche se me presentó el señor teniente de rey, que gobernaba en ausencia de vuestra excelencia, y recogiendo cuantos papeles había en la pieza de mi habitación, me mandó poner en un encierro, privado de toda comunicación. Así me mantengo hace cuatro meses, enfermo y sin tener de qué subsistir; pues en el tiempo que llevo en esta prisión, no se me ha pasado ni un ochavo para mi manutención y hace más de dos años que no sé de mi casa.

   Yo, señor excelentísimo, que he salvado millones de caudales, que he librado del cuchillo desolador de la insurrección más de 3.000 personas, que he conservado en medio de espantosas conmociones la vida, las propiedades, el honor y el sosiego a cuantos españoles europeos estuvieron bajo mi jurisdicción en América, me veo en España reducido a una cárcel, sepultado en un encierro y sujeto al triste rancho que se da aquí a los enfermos, para conservar una existencia que a tantos ha sido útil y a ninguno perjudicial y gravosa.

   Bien conozco las vicisitudes de las cosas humanas y continuaría como hasta aquí, sufriendo en silencio la dura prisión que padezco, si la sagrada obligación de conservar la vida no me forzara a despegar los labios y a ocurrir a vuestra excelencia, como lo hago, suplicándole que si está en sus facultades, se digne decretarme alguna asignación con qué poder sostenerme; o de no, elevar a manos del soberano mi solicitud, que apoyada por vuestra excelencia con los informes que se pueden tomar, no dudo será bien despachada; y quizás ella moverá también el real ánimo de su majestad a mejorar en un todo mi triste situación, si, como debo creerlo, se le ha informado la verdad de los antecedentes por que me hallo aquí.

   Todo lo espero de la generosidad y justicia de vuestra excelencia.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Cárcel de Cádiz, 7 de febrero de 1817.

   Excelentísimo señor

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor capitán general, marqués de Castelldorius1.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, t. 2, presidencia de la República de Colombia. 1984, p. 547-548.

NOTA:
1   Publicado por el padre Gabriel Martínez Reyes, c.m.f., en el Boletín de historia y antigüedades, órgano de la Academia Colombiana de Historia, v. LXV, 722, p. 412, 413.

2
CARTA DE JOSE MARIA VERGARA AL GENERAL NARIÑO

FRAGMENTOS DE CARTA ESCRITA EN PARIS, A PRINCIPIOS DE 1820. París, 1820.

J. M. Vergara.

   [ten]drá de un presidente por cuatro años, un senado compuesto de las personas que se hayan distinguido por sus servicios, vitalicio; cámara de representantes, como los comunes de Inglaterra; habrá libertad de imprenta y juicio por juri; la esclavitud ha sido abolida. La ley fundamental de Colombia, por la cual se reunieron Venezuela y Nueva Granada, establece provisionalmente el gobierno, en un presidente, que es el general Bolívar; un vicepresidente, que lo es el señor Zea; las provincias de la Nueva Granada, bajo el nombre de Cundinamarca, están mandadas por un vicepresidente, que lo es Santander, a quien usted conoce; en Venezuela también hay un vicepresidente, que lo es el señor Roscio; en Quito habrá otro vicepresidente. La tierra donde usted y yo nacimos, ya no se llama Santafé, sino Bogotá solo.

   El general Bolívar, presidente de Colombia, está a la cabeza del ejército que se halla en Ocaña, con dirección a Santa Marta; el señor Zea hace pocos días llegó aquí en misión a Europa; en su ausencia manda a Colombia el vicepresidente de Venezuela. Se ha establecido una corte de justicia para Cundinamarca y otra para Venezuela; mientras se establece la de Colombia, hará la última sus veces.

   Hay un ejército sobre Popayán, al mando del Bola, que ha estado tres años en el monte; hay tropas en Antioquia, Chocó, Pamplona y en distintas direcciones de los llanos de Venezuela. Tenemos una escuadra regular que está en Riohacha, al mando del almirante Brion.

   Chevarría es gobernador de Santafé; Domingo Caycedo, de Neiva; Restrepo, de Antioquia; don Luis Azuola es superintendente de la casa de moneda; Estanislao Vergara es secretario; y Osorio, de Cundinamarca. Antonio Morales, Obando, Joaquín París, son de los vivos. Antonio Nariño y Enrique Umaña están de cabildantes en Santafé. En Trinidad está Salazar; Agustín Gutiérrez anda por Chile; Real está bueno aquí y saluda a usted. Nicolás Tanco y Casamayor están en Bordeaux; Campomanes está en París, acaba de llegar de las islas.

   Estoy tratando aquí con Zea de enviar a usted, a mi tío Fernando y al padre Padilla unos reales, pero se va tan pronto el paquete, que no sé si habrá tiempo para facilitar una letra; ahora he recibido la carta de usted y el paquete se va inmediatamente. Démele usted un abrazo a mi tío Fernando Caycedo y al padre Padilla; vuelen ustedes para Bogotá, donde nos hacen falta. Procure usted enviar papeles públicos que sean interesantes por los buques mercantes que puedan venir, y los que considere bien importantes, envíelos a todo trance.

   Dígame usted en qué piensan mi tío José María Lozano, Pombo y otros, que están en esa España. Cuando llegué aquí, supe que usted se hallaba preso en la carraca de Cádiz, y traté de enviar a sacarlo, pero el riesgo y la falta de la cantidad que creía necesaria impidió [impidieron] que se atreviesen a ir.

   La carta del señor Carabaño la he recibido yo y abierto por ausencia del señor Peñalver, que se ha vuelto para el Orinoco. Lo saludo afectuosamente y le deseo que vaya a ser diputado del congreso de Colombia.

   Le he dicho a usted cuanto hay que decir, nada he sacado que parezca interesante, sino que me crea su afectísimo amigo,

J. M. Vergara.

   Esta va por Francia, la letra irá por el paquete.

   Señor don Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

3
DIARIO DE ANGOSTURA PARA CUCUTA

DESDE EL 15 DE MARZO, DIA A DIA, HASTA EL FIN DE MES. ANONIMO E INCOMPLETO. 15 de marzo de 1820.

   El 15 de marzo, a las ocho de la noche, salimos, y con siete horas de camino, llegamos a la ensenada de Tucutucuima, en donde permanecimos el 16, aguardando otra lancha que nos debía acompañar y a la que se le ahogó el piloto.

   El 17 seguimos hasta la vuelta de El Pao, a donde llegamos a las nueve de la noche.

   El 18 lo pasamos en la vuelta del Torno: estuvimos en la ciudad de Moitaco, que tiene un comandante y 52 familias; es la capital de todos los pueblos sobre la Angostura, que no tienen más que un solo cura. Antes habíamos pasado la villa de Borbón, que está casi desierta de resultas de la guerra; pero se va reponiendo y tendrá 15 o 20 familias. Tampoco llegamos a Santa Cruz, que está al lado opuesto o del norte, arriba de Moitaco. Esta produce algodón, y en el día se fomenta una hacienda de ganado del general Cedeño, que tiene 700 reses.

   El 19, del Torno a los boquerones; este camino es penoso por las vueltas del río que traen el viento por la proa, y es preciso pasarlo a remo y tirando el cable por tierra.

   El 20, a las cinco de la mañana, salimos y pasamos al instante el infierno, que son unos remolinos peligrosos en tiempo de crecientes, pero sin ningunos en este tiempo. El río se angosta entre una montonera de rocas y piedras esparcidas en forma de islas. Con buen viento lo pasamos en media hora y al poco rato llegamos al pueblo de La Piedra, en donde encontramos un comandante del pueblo, y otro comandante general, el coronel Torres, que formaba los padrones, y me dijo que en aquél habría como 50 hombres en estado de tomar las armas, porque no había concluido sus apuntes. Perdimos tres horas y seguimos hasta el río Caura a las tres de la tarde. En lo interior del río, al sur, están los pueblos de San Pedro, Guraguaray y San Luis, de donde se ha sacado quina, vainilla y algún algodón. El río admite lanchas como el Orinoco, aun en tiempo seco. Dormimos en las ventanas de Caura.

   El 21 salimos a las cinco de la mañana y llegamos a las siete de la noche a Altagracia. Este pueblo tiene una iglesia de paja con buenos ornamentos; sus casas están esparcidas y ocupan un gran terreno. Tiene un comandante negro, que no nos pudo dar razón de la población, y apenas tenía calzones. La entrada al pueblo desde el río es tan mala en tiempo seco, que tardé más de dos horas con mil trabajos para llegar a él y volví al barco después de media noche.

   El 22 salimos a las cinco de la mañana y llegamos al hato de Parmana a las nueve y media de la mañana a tomar carne. Este hato pertenece a la suegra de Soublette, y tendrá como 10.000 reses; pero tan abandonado, que para proveernos de 12 arrobas de carne ha sido preciso detenernos hasta hoy 24, porque se necesitan tres o cuatro hombres para coger una res. Yo estuve el 22, por la tarde, con los que fueron a coger dos reses, y empleamos corriendo toda la tarde. Arcionan a la cola, le hacen nariguera a los toros y les cortan casi a raíz los cachos. Aquí conocí al coronel Remigio, que es un mulato de los que permanecieron armados y en los montes cuando la pérdida de la República. No sabe leer ni escribir, pero tiene una razón clara, y no sólo me contó todas sus aventuras con mucha racionalidad, sino que las reflexiones que agregaba sobre la guerra eran muy exactas, y aun por ellas pude formar juicio de algunos generales que no conozco.

   22. Salimos de Parmana a las seis de la mañana y llegamos frente a Caicará a las dos y media. No pudimos entrar, por el viento que impedía la salida. Este pueblo es célebre por haber sido el refugio de los patriotas y haber derrotado en él la expedición que vino de la Angostura mandada por Cerute, con 1.600 hombres de infantería y caballería, y los patriotas sólo con 700 de caballería. Aquí mandaba en jefe, Monagas, siendo coronel, y también Cedeño; estaban Torres y el actual coronel Remigio, con quien acabo de hablar. Después de la derrota los siguieron por tierra hasta la Angostura, y en el tránsito fue el paso del Caura, en que 100 hombres montados pasaron a las tres de la tarde contra la artillería de las trincheras y de las flechas que tenían los enemigos, y los derrotaron sin perder un hombre. De aquí siguieron al sitio de Angostura. A las tres y media llegamos en frente de Cobruta, en donde tenían los españoles su cuartel general al norte del río. Todo está arruinado, sin que haya vestigios del pueblo. Los vecinos que han quedado se pasaron a Capuchinos, que está al sur, más arriba, a donde llegamos a las cinco de la tarde. El pueblo, que tiene un bello fondeadero, está situado en un alto; pero los indios lo tienen abandonado por las niguas, por haberlo hecho en un arenal, y enterrado allí los muertos, entre ellos al último cura. Tiene sobre [cerca de] 300 almas, según me dijo un mestizo, que está de comandante, y tratan de trasladar el pueblo a una bella llanura, que está a un lado del arenal.

   25. Salimos a las cinco de la mañana, y a las ocho y media pasamos por las bocas del Apure, después de haber pasado las del Guárico a la media hora de nuestra salida. A las diez pasamos frente al pueblo de La Encaramada, que está enteramente arruinado. A las once y media llegamos junto a la piedra de Manatí, que es de una figura oval, perfectamente lisa, en medio del río, como de cuatro brazas de alto. Aquí se levantará algún día una columna que inmortalice las acciones del Orinoco y marque sus crecientes. A las dos y veinte minutos de la tarde entramos en la línea que separa las aguas claras del Orinoco de las turbias del Cabuyaro; y a los 25 minutos lo perdimos de vista. ¡Salve, padre Orinoco, que algún día tus orillas pobladas por el genio de la libertad, concurran a la prosperidad y esplendor de Colombia!

   El Cabuyaro lo entramos a palanca, pero con mucho fondo, y sólo por falta de viento. Caminamos tres horas y media y paramos en el desembocadero.

   26. Salimos a las cinco de la mañana, y a las tres y media pasamos por el mehano, que es un pedazo de la costa de la izquierda del río, bastante alta y hermosa para hacer una fundación. Ranchamos en El Paradero a las cinco y media de la tarde.

   27. Salimos a las dos y media de la mañana, y a las nueve llegamos al Cabuyarito, que queda a la izquierda, subiendo. Tiene bastante fondo, pero sólo lo navegan los indios salvajes; es un cañal que sale del Arauca y entra en el Cabuyaro. Más arriba, en El Almorzadero, medí exactamente la altura de la creciente: me dio nueve varas o 27 pies. A las doce y media salté a tierra en el segundo mehano o tierra seca, y vi hermosas llanuras desiertas con sólo huellas de tigres. A las seis de la tarde ranchamos en otro terreno seco, que también paseé y lo hallé igual al otro. He observado que en todos estos terrenos, que no se anegan, o se anegan muy poco, hay en sus inmediaciones una especie de canal abierto por las corrientes del río, y creo que con el transcurso del tiempo estas ramificaciones irán dejando otros terrenos igualmente útiles.

   28. Salimos a la una y media, y a cosa [cerca] de las nueve encontramos dos lanchas del comercio, que iban para Angostura, que venían de Caujarito y del Yagual. Llegamos a una quesera, en la que me pidieron por una novilla dos pesos; había ganado regular y unos pocos malos caballos. Ranchamos a las seis de la tarde en Los Bracitos.

   29. Salimos a las cuatro y media de la mañana, y cerca de la salida del Cabuyaro encontramos otro hato, en el que me pidieron los mismos dos pesos por una arroba de carne y seis pesos por una arroba de queso. A las diez y media salimos al Arauca. Todos estos ríos son ramificaciones del Apure, con distintos nombres. En el último hato encontramos la lancha de Estévez, que llevaba 17 días de camino. Ranchamos a las seis y media de la noche en medio del río, muy arriba de Cunaviche. Este es un caño a la banda del sur, que toma su nombre de un pueblo que está más al interior; lo pasaríamos a las once y media del día.

   30. Salimos a las doce de la noche, y a poco rato encontramos tres lanchas del comercio, una de ellas de Anderson, que nos siguieron. A las siete y media de la mañana llegamos al Caño de Cañafístola, que está al sur. A las once volvimos a encontrar el Caño de Cañafístola, y a las dos de la tarde llegamos al Caujaral.

   31. Por tierra a San Juan de Payara, en tres horas a paso de mula. Salí a las seis y caminé hasta las dos de la mañana, y desde las cinco y media hasta las siete y media, que me detuve en casa de... cinco horas hasta Achaguas, en donde encontré a Bolívar y Páez. Me detuve hasta el siete, en que seguí en seis horas hasta el Yagual.

   9. Salí por tierra para Guasdualito, a las...

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

4
CARTA DE NARIÑO AL CANONIGO FERNANDO CAYCEDO Y FLOREZ

DETALLES DE SU SALIDA DE LA CARCEL DE CADIZ. ITINERARIO DE SU RECORRIDO POR ESPAÑA. Gibraltar, 29 de mayo de 1820.

Antonio Nariño.

   Gibraltar, 29 de mayo de 1820.

   Mi querido compadre:

   Qué sabroso es comenzar por esta fecha, que en ella sola está que ya no dependo de los caprichos de cuatro gobernantes antiamericanos. Sepa usted, si ya no lo sabe, que mi salida de esa fue a las nueve de la noche; que en el primer ventorrillo o, llámese venta nueva, cerca de Chiclana, tomé un trago con pan y queso a la salud de los que directa o indirectamente me iban a poner en salvo. Seguí a paso compañero con noche clara, que me dejaba distinguir los objetos. ¡Qué multitud de observaciones y de ideas agradables! A los 26 años de padecer iba todavía prófugo, huyendo de la España libre; pero iba a salvarme protegido y auxiliado por los mismos españoles. Di punto a estas ideas, y me entregué al placer de los objetos que me rodeaban, comparándolos con los nuestros: ya hacía una arboleda que, como era de noche, la hacía de ceibas o de alisos y me transportaba a Chocontá o a Guaduas; ya una manada de ovejas y el mugido de las vacas me hacían pensar que caminaba por Sesquilé o por Tunja; ya una llanura de matorrales me hacía creer que iba a cacerías a Tibabuyes. Así continué hasta las tres de la mañana (vaya usted haciendo atención al campo y las distancias para que algún día le pueda servir) en que llegué a la venta de Vergel o Verger, es decir, a las seis horas de no interrumpido camino. Dando pienso a los caballos en más de una hora de tiempo, seguí mi camino con la luz del día, y lo primero que se me presentó fueron unas chozas de paja en un terreno tan parecido a Bojacá, que si el padre Padilla hubiera venido conmigo, habría creído que los indios salían en sus jichones a decirle el bendito. ¡Qué bellos paisajes! Una gran casería toda de teja con una gran novillada de Saldaña, me hizo pensar que estaba en Tilatá y quise ir a preguntar si había alguno de los Latorres. Así encantado y en un día sereno y fresco, llegué a otra venta de cuyo nombre no me acuerdo porque nada había que contar; la que dista de la otra tres horas mortales. ¿Ni un par de huevos hay? —pregunté al ventero—; no y por la bella y convincente razón de que otros se los habían comido. Después de esta venta y todo por camino llano, entré a las hermosas campiñas de Tarifa. ¡Cuántas comparaciones, cuántas sensaciones agradables se me despertaron! El terreno era desigual y no podía, fijando en él mi vista, figurármelo como las deliciosas llanuras de nuestro Bogotá; pero a pesar de esto, su extensión y su verdura me enajenaron y lo pasé en éxtasis, sin acordarme que iba fugitivo por la España libre, sin haber matado, robado ni inquietado en lo más mínimo a ningún ciudadano. Su extensión por el lugar del tránsito ocupa cuatro horas hasta su término, andando sin parar y a paso más que regular.

   De aquí para adelante la escena se me cambió: comienza la serranía de Ojel y ¿creerá usted que lo áspero del camino, sus envejecidos árboles y todo el aspecto del monte, que a otros debe incomodar, fue para mí un nuevo manantial de nuevas sensaciones? Ya subía por Mave, y ya bajaba a Tena, ya estaba en el Sargento. Pero entre todas las cosas que me causaron más agradables sensaciones fueron los trigales de Verger, y los arroyos de agua cristalina de esta serranía; los primeros que veía después de tantos años; así fue que en casi todos me apeé; me prosterné ante la ninfa que los regía y le di el ósculo, bebiendo a tragos largos el agua y el placer.

   Hasta aquí lo bueno. Su tránsito es de más de seis horas hasta Algeciras. La bajada insoportable; y como ya coge el cuerpo y los caballos cansados, lo es mucho más. Desde el alto primero se descubre este asilo de los perseguidos, esta tabla a que el hombre de bien, como el criminal, procuran acogerse; y todavía faltan cuatro horas y media para terminar el viaje; pero lo que es más insufrible es el descubrimiento de Algeciras; ya lo toca usted con la mano y después de haber andado una legua, Algeciras se le presenta más lejos. Llegué finalmente a las tres y media de la tarde, y este lugar, que parecía tan retirado de la América, toca en varios puntos con ella: y por lo mismo los americanos pueden salir por ellos con mucha facilidad; hoy me veo libre y salvo de las garras del señor Porul o Queipo o el diablo que fuere. Amén.

   A nuestro cónsul digo lo demás. Saludo a la chusma de desvalidos, haciendo mención de nuestro respetable amigo fray Diego, doctor Pérez, etc. Aquí cuesta la manutención cómoda duro y medio diarios y el transporte a tierra de promisión 150, poco más o menos. Hay barcos esta semana, la que viene y la otra.

   Parece que debe usted quedar por hoy satisfecho de su afectísimo compadre,

Antonio.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, Bogotá, Ediciones Sol y Luna, 1966.

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CARTA DE NARIÑO A FRANCISCO ANTONIO ZEA

SOBRE MANIFIESTO DE ZEA PUBLICADO EN EL CORREO DEL ORINOCO. PERIPLO DE SU PRISION Y DE SU SALIDA DE LA CARCEL. SU NOMBRAMIENTO COMO DIPUTADO DE CORTES. Gibraltar, 1° de junio de 1820.

Antonio Nariño.

   Gibraltar, 1° de junio de 1820.

   Con cuánto placer he visto, mi antiquísimo amigo, tu manifiesto del 3 de enero de este año. ¡¿Con que Zea existe, y existe para nosotros?! Fue mi primera exclamación. Figúrate, si puedes, la impresión que me causaría su lectura, acabado de salir de una cárcel en que llevaba cuatro años encerrado sin comunicación, y sin saber, por consiguiente, la suerte de una patria adorada, por quien sufría no sólo con entereza, sino con placer. Leí, releí treinta veces el Correo del Orinoco, del 29, en que está inserta, y sólo sentía, y hasta ahora me sucede lo mismo, no poder ver esa ley fundamental a que se refiere; no obstante que por su contexto vengo en conocimiento de lo principal, a que con mucho gusto suscribo, no sólo por haber sido constantemente mi opinión, sino por ser el único y solo medio para salvarnos. Reunión de fuerzas, acumulación de luces, y una sabia distribución del trabajo en toda la sociedad, son, a mi ver, los elementos de nuestra fuerza y de nuestra futura felicidad. ¡Cuántas lágrimas he derramado, mi dulce amigo, en estos últimos seis años de prisión, no por los calabozos, hambres y cadenas con que se me ha cargado, sino por los tristes recuerdos del desperdicio que hicimos, de los medios que estuvieron a nuestra disposición en los primeros años de nuestra fácil y no esperada transformación! El tiempo preciosísimo en que sucedió, las armas que encontramos, los caudales o rentas públicas que con esa maldita federación de retazos de terreno disipamos, todo era suficiente para habernos podido poner en una actitud respetable que hubiera contenido a la España al hacerse la paz, y esa pantera de Morillo no se habría cebado en la sangre de tantos ilustres americanos, cuya pérdida jamás lloraremos bastante. Pero ellos ya existieron y nosotros vivimos, y nosotros debemos vengar su memoria.

   Hablemos ahora de este fenómeno de tu amigo, sin recular a tiempos remotos. Sufría mi prisión con una esperanza invencible, porque ninguna noticia funesta, ningún acontecimiento, ninguna providencia contra mí me podrían arrancar la íntima persuasión en que estaba de que había de volver a ver mi patria libre; así era que no pasaba un día, quizás una sola hora, en que no meditase sobre lo que habíamos hecho y sobre lo que debíamos hacer. Vi formarse y desvanecerse las revoluciones que me debían salvar, y a cada una que se frustraba me renacían nuevas esperanzas, hasta que llegó el día para siempre memorable en que se realizaron. El 23 de marzo se presentó a visita de cárcel mi ángel libertador: Jáuregui había padecido como yo, Jáuregui fue nombrado interinamente gobernador de la plaza, Jáuregui decretó espontáneamente y sin ninguna solicitud mi libertad, y se complació en la obra de sus manos. No olvides jamás su nombre si todavía me estimas, yo te lo ruego. Pero, ¡ah, gobierno infame! La providencia justa, política y humana de Jáuregui se ha improbado, y yo he tenido que salir todavía fugitivo de la España, a los 26 años de haber conseguido el único decreto de mi libertad. ¡Gloria inmortal a mi libertador y execración eterna a los satélites del despotismo, que a la sombra de su libertad aún quieren alimentarse con nuestras lágrimas y nuestra sangre! Yo permanecí dos meses en la isla al lado de los ilustres defensores de la libertad: Quiroga, Riego, López Baños, Arco Agüero, O'Dali, Infante, Bailesa, Galiano, deben tener un lugar distinguido entre nosotros; todos ellos, que son los primeros héroes de la transformación española, desean nuestra libertad y nuestra independencia con la misma sinceridad que la suya, aunque no se puedan pronunciar del mismo modo. Tú verás, por los adjuntos papeles, cómo se expresó Galiano1 en la primera sesión que tuvimos en la Sociedad Patriótica de San Fernando, de que fui miembro y presidente; y la mayor parte de ellos han contribuido activamente a salvarme de las garras del gobierno constitucional de España.

   También verás una de las representaciones que aquí han hecho los americanos, y el modo como hemos hablado en otros papeles para ver si se podía a lo menos suavizar algo la acrimonia de este gobierno contra nosotros, y que la pluma hiciera más bien lo que tiene que hacer la espada. Yo no he firmado ninguna representación, ningún papel, no me he habilitado, jurado ni dado por consiguiente mi voto para nombrar los diputados suplentes. A mí me parece que la España está en el catorceno de su calentura maligna, y aun me atrevo a decir que su revolución no ha comenzado.

   Yo hace cinco días que llegué a esta y pienso permanecer aquí unos días hasta ver en este mes en qué paran las cosas de España y saber de las de por allá. Es cosa extraña, mi amigo, que aún no se haya pensado ahí en poner aquí un apoderado o persona encargada de darles razón del estado de España y de cuantas providencias se toman con respecto a América, siendo este punto el más importante y adecuado para comunicar y recibir prontas noticias. También es un descuido imperdonable no haber puesto algunos fondos para socorrer y auxiliar a tanto americano que está padeciendo por la causa de la patria. Trata este punto urgentísimo en el día en que por todas partes no se ven sino americanos pereciendo y sin poderse largar para su tierra por falta de medios; el gobierno nada les pasa, los ha puesto en libertad y no les permite embarcarse; yo, de mis escasos ahorros y recursos, he auxiliado a cuantos he podido, y ya me voy viendo apurado. En esta tengo hablado a don Judah Benoliel, comerciante de más de un millón, por interposición del excelente americano de Buenos Aires, don Andrés Arguibel, para que se haga cargo de los asuntos que de costa firme pongan a su cuidado; te lo digo para que sirva de gobierno. Arguibel vive en Cádiz, es un comerciante establecido allí y ha sido perseguido en esta época, tiene las más bellas cualidades del mundo y toma con sumo interés y calor todas nuestras cosas. En Algeciras se halla de secretario del gobernador O'Dali, don Francisco Carabaño, de Caracas, que en su puesto y al lado de tan digno jefe, es muy útil. En San Fernando, en la isla de León, tenemos al benemérito don Santiago Ciervo, de interventor de correos; es el refugio de todo americano, sea de la parte que fuere; yo lo llamaba nuestro cónsul, porque hasta de lejos le escriben implorando su asistencia, aunque sólo tiene un miserable sueldo y está cargado de familia.

   Somos cinco. Acabo de saber que a O'Dali lo han nombrado diputado en cortes, por Puerto Rico, y a Carabaño por Caracas; este nombramiento nos quita de Algeciras a dos protectores de los desgraciados americanos que andan aquí rodando.

   Al adjunto pliego para Antoñito no me le darás curso si las cosas de Santafé no están muy seguras; pero si no hubiere nada que temer, que vuele con la mayor presteza.

   Me han dicho que te han nombrado para Roma, y aunque creo esta comisión muy importante y muy digna de ti, lo siento, porque quisiera que nos diéramos un abrazo y que te hallaras en el congreso de enero. Yo nada tengo resuelto sobre mi persona, porque aguardo tener noticias más positivas de ahí y ver en qué paran las misas de por acá. No duermas entre tanto, emplea tu influjo y tu pluma en hacerles conocer que nuestros verdaderos y más temibles enemigos somos nosotros mismos; que de nada habría servido la rabia feroz de la España si en nosotros hubiera habido unión, concordia y juicio: juicio sobre todo, mi amigo, que es lo que más nos ha faltado. De nada sirven las luces, el patriotismo ni los sacrificios, sin juicio; todo se desperdicia, todo se pierde cuando el aturdimiento y mezquinas pasiones se interponen. Tengo, en medio de mi pobreza, un acopio de lo más exquisito que ha salido en economía política, en guerra y sobre constitución; ya que yo no pueda servir de nada, servirá lo que me acompaña. ¡Cuánto diera porque a la sombra de un ceibo o de un aliso garláramos 15 días seguidos! Te ruego, sobre todo, que ya que no nos debamos modelar, como dices, por los griegos, los romanos, ni los lacedemonios que una célebre pluma compara a la Trapa, que tampoco tomemos por modelos a los decrépitos gobiernos de Europa; estudiémoslos para evitar sus errores y distingamos la opulencia y el engrandecimiento de la felicidad. Esta última es el fin de la sociedad, y lo demás sólo debe concurrir a ella como accesorio; sucede en las naciones lo que en los particulares, que sacrifican casi siempre su felicidad real a las ideas fantásticas. Los ingleses, a mi ver, son más opulentos y poderosos que felices.

   Me acaban de interrumpir con la noticia de que he salido nombrado diputado en cortes por la Nueva Granada. ¿Qué te parece esta monserga? Por un lado andan las requisitorias para reducirme a mi antiguo domicilio de la cárcel, y por otro soy fracción de la soberanía española.

   Somos ocho. El barco va a salir y concluyo con decirte que a pesar del nombramiento de diputados suplentes, cuya lista incluyo, más de 100 americanos han protestado y no han querido votar. Todavía nos falta mucho que ver en estos dos meses, pues además de muchos descontentos —realistas puros y puros republicanos—, se sabe que hay preparadas quejas y acusaciones muy fuertes contra Fernando para la reunión del congreso nacional. No perderé ocasión de escribirte, y entre tanto créeme lleno del santo fuego de la patria.

   Tu invariable y fiel amigo,

Antonio Nariño.

   Al ciudadano Francisco Antonio Zea.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

NOTA:
1   Alcalá Galiano.

6
CARTA DE NARIÑO A SU HIJO ANTONIO

RELATO DE SU SALIDA DE LA CARCEL DE CADIZ. ITINERARIO DE SU RECORRIDO POSTERIOR. ASUNTOS FAMILIARES Y PECUNIARIOS. Gibraltar, 5 de junio de 1820.

Antonio Nariño.

   Gibraltar, 5 de junio de 1820.

   Antonio mío:

   Por diferentes conductos te tengo escrito desde mi salida de la cárcel, que fue el 23 de marzo de este año, a consecuencia de la revolución de España y de un decreto del rey en que manda poner en libertad a todos los que se hallen presos por opiniones. Este decreto se puso en ejecución con millares de presos, tanto de causas de aquí como de América. A los nueve días de mi salida me pasé a la Isla de León, en donde me creía más segura que en Cádiz, porque yo no las tenía mucho conmigo, conociendo el carácter del gobierno bajo cualquier forma que se halle. No me engañé en mis temores, pues a pesar de haber entrado en una sociedad que se estableció en la ciudad de San Fernando, de haber desempeñado varias comisiones, de haberme alistado en sus milicias en clase de soldado voluntario con los demás socios, entre ellos el inmortal Quiroga, que hizo la revolución, se comenzó a menear de nuevo mi causa, y yo comencé a recibir avisos de la cosa, de que se tomaban providencias contra mí, y que me pusiera en salvamento. No temí estas amenazas, porque estaba bien puesto con los jefes y oficiales de la Isla; pero los avisos y consejos se repetían por todas partes, hasta que llegó la orden de que me volvieran a prender, porque mi libertad había sido mal dispuesta. No me anduve con más cumplimientos; tomé a la hora que lo supe un caballo, y bien protegido y asistido de cuantos me habían tratado en los dos meses anteriores, me largué para esta en solas 20 horas, siendo así que ya estoy viejo, viejo, y ya me tienes desde ayer libre de las garras de estos malditos señores gobernantes. En todas partes, hijo mío, encuentro amigos y una patria; ya los tengo en esta en 24 horas, y de mucha importancia, en términos en que pienso no irme con las manos vacías. Aguardo los últimos resultados de Bolívar con Morillo para tomar mi resolución, y entretanto ver en qué para la España, porque aunque parece que todo sigue tranquilo y que se van a reunir las cortes el mes que viene, yo creo que hay todavía mucho que ver.

   Tú te harás cargo cuánto me costará cada día que paso sin volar a abrazarte con tus hermanitas, Vicente y toda la chusma, con la vieja de tu tía Dolores; pero los años y los trabajos tan repetidos me hacen violentarme y tener más circunspección de la que piden mis deseos de veros a todos. Aquí nada me falta hasta ahora, y según el poco tiempo que creo he de permanecer aquí, nada me faltará; pues si no hay algún contratiempo, antes que se acabe el año nos hemos de haber visto. ¡Qué día, hijo mío, será éste para tu padre! Dios me lo ha de conceder.

   De lo que recibí de Gregorito, y que economicé en la prisión, me he vestido y provisto de todo lo necesario; he socorrido cuanto he podido a algunos americanos, de los infinitos que se hallan aquí pereciendo, y entre ellos he hecho lo que he podido por don Rafael Castillo, hermano de Manuel, que murió en Cartagena, y de José María, que está en Cartagena, que es el conductor de esta carta, en barco que yo le he solicitado. También haré lo mismo con el padre Padilla, que seguirá con don Fernando Caycedo, y quién sabe con cuántos otros será preciso hacer lo mismo. Si las cosas están ahí en buen estado, es preciso que el gobierno trate de poner en ésta, por la vía de Jamaica o la Guayana, dos o tres mil pesos o lo que se pueda para auxiliar a tantos infelices que están padeciendo por amor a la patria y que no es justo desamparar; al fin de esta carta te pondré a quién se han de dirigir por si tú puedes influir en esto.

   Hace más de un año que nada sé de ti ni de casa; de Gregorio y Pacho he sabido por otros conductos, pues tampoco me han escrito, quizá desde que supieron las nuevas ocurrencias de esa; yo les he escrito varias cartas y una con José María Lozano, que ya hace más de un mes que marchó, y que si no lo hace clandestinamente, tampoco lo dejan irse; también llevó cartas para ti.

   Lo gracioso del decreto de mi nueva prisión ha sido, según he sabido después, que lo han puesto después de ir yo propuesto, sin saberlo, para diputado en cortes por la Nueva Granada. ¡Graciosas pantomimas! Pero que me pudieron haber costado muy caras.

   Veinte veces he tenido la pluma en la mano para escribir por separado a tu tía Dolores, a Merceditas e Isabel; pero no quiero, hasta que yo sea el portador de todos los cariños que les había de decir en ellas; que por ahora se contenten con esta para todos, incluyendo a Vicente, a Eugenia, a Natalia y a todos los nietos, y con inclusión de José María, Trinidad, Antoñita y Jacobo.

   A la salida de esta no tenemos noticias positivas del estado de las cosas de allá; se habla con alguna variedad y sin fundamento, y todo esto me hace también estar indeciso en todo; pero no dejaré pasar ocasión de escribirte y avisar cualquier resolución que tome.

   Somos siete. Hoy he recibido por un expreso de Algeciras la noticia de haber sido nombrado diputado en cortes por la Nueva Granada, y al cabo de dos horas llegaron impresos en que venía ya en letra de molde. ¿Qué te parece, hijo mío? Por un lado las requisitorias para prenderme y por otra soy una parte de la soberanía de las Españas; pero a mí con esas; que nombren a quien les diere la gana, que ya estoy más que cansado de sus perfidias y mala fe con los americanos y mucho más conmigo. No obstante, sigo aguardando en esta hasta ver más claro el horizonte aquí y allá. ¡Cuánto diera por saber que ahí se hallan tranquilos y seguros! ¡Dios me los conserve!

   Te incluyo un paquete de los impresos que hablan de nuestras cosas y que manifiestan los esfuerzos que por nuestra parte hacemos para que se concluyan nuestras desavenencias más bien con la pluma que con la espada; aunque la prevención y la ceguera contra la América tratan de oponerse a medidas humanas y benéficas. Me dicen de Madrid que más de 100 asturianos se han resistido a votar y han protestado de nulidad de las cortes, por la falta de formalidad en el número de diputados y porque no los debe haber por las partes que de hecho están independientes.

   También remito dos pañuelos y un librito para que Isabel y Mercedes se entretengan mientras llega su padre a darles mil, dos mil, un millón de abrazos. Podría haber mandado algunas cositas para todos, pero una librancilla de lo poco que tengo no me ha llegado; y así he sacado esto del baúl para mandar algo.

   Supon que sigue aquí una letanía de todos los que pienso y saludo; el pícaro de tu tío Pepe, Benita todos y cada uno de sus hijos; tu tía Luisa con todos los suyos; tía Chepa; las Olanos, con Luis; Groot, con Manuela; la Chepa Pinzón y Mariquita. A la Chepa Barco, que en Cádiz me dieron un susto sobre su persona, y que me alegro no haya hecho de heroína; a Sabala, si existe; a Antonio; a la niña Carmen; y hasta Roque y Bárbara.

   Ahora, en casa, tú mismo con mi nombre, mi apellido y mis poderes, irás dando un abrazo desde la priora de tu tía Dolores hasta el último nieto, sin perdonar a nadie, y hasta el último de los criados que hayan quedado de mi tiempo.

   Somos ocho. Ya ves que he ido escribiendo esta desde que llegué hasta hoy en que va a marchar a las doce el barco que la lleva. Me dicen de la Isla que la sociedad ha tomado con mucho calor el infame decreto de mi nueva prisión, y que no ha de parar hasta verlo públicamente revocado. Esto me sirve de satisfacción para que el mundo conozca cómo me han tratado siempre, etc. No hay tiempo para más; recibe, Antonio mío, toda la efusión del amor que tú sabes que te profesa,

Tu padre.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

7
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL JOSE MARIA VERGARA LOZANO

SOBRE SU LIBERTAD POR REAL ORDEN CONSTITUCIONAL. NOMBRAMIENTO COMO DIPUTADO. INGRESO A LA SOCIEDAD PATRIOTICA DE SAN FERNANDO. SUCESOS EN ESPAÑA Y AMERICA. Gibraltar, 7 de junio de 1820.

Antonio Nariño.

Confidencial

   Gibraltar, 7 de junio de 1820.

   Mi querido Vergara:

   Con cuánto gusto he sabido a mi vuelta al mundo que usted existía, y que existía para la patria. Yo hace poco más de dos meses que fui puesto en libertad en visita general de cárcel, a consecuencia del decreto de Fernando, de 9 de marzo, y salí a la luz después de estar cuatro años encerrado, sin comunicación y sin solicitarlo; pero bien pronto se arrepintieron y se trató de volverme a mi antigua morada, mandándose de real orden que se me pusiese en la cárcel como estaba. Tuve la fortuna de saber en tiempo esta real orden constitucional, y no estando de humor de continuar aquella vida eremítica, tomé un caballo y me vine a lugar de salvamento, en donde me tendrá usted algunos días pensando lo que debo hacer. Pero vaya lo más gracioso: ayer he recibido la noticia de estar nombrado diputado por la Nueva Granada para las próximas cortes, sin haberme habilitado, sin haber votado, y teniendo seguramente alguna causa por que se me mandaba prender nuevamente, de modo que siendo un fragmento de la soberanía española, no puedo pisar la España, sin haber cometido más delito que ser americano. ¿Qué tal andan las cosas del nuevo gobierno constitucional?

   El haberme detenido tanto tiempo en España, y haber entrado en la sociedad patriótica de San Fernando, fue porque llegué a creer que podría sacar algún partido de las próximas cortes, pues realmente hay mucho partido de españoles ilustrados que desean nuestra emancipación; y siempre debemos preferir la pluma a la espada, tanto porque así lo exige la humanidad como porque de aquélla, seguramente, somos superiores, estando la razón de nuestra parte. Aun no es todavía imposible, pues yo creo que aún no está concluida la revolución de España, y en un mes que falta para la instalación de las cortes nos hemos de desengañar.

   A pesar de haber hablado con infinitos americanos, y entre ellos con mi compadre Caycedo, que aguardo en estos días con el padre Padilla, todavía no sé la mitad de lo que ha sucedido en los seis años de mi ausencia; y en cuanto al estado actual, sólo he visto el manifiesto o proclama de Zea, a quien estoy escribiendo, y una u otra gaceta de por allá; estando con el cuidado de los últimos resultados entre Bolívar y Morillo.

   Incluyo a usted los impresos que tengo a mano y que tratan sobre nuestras cosas, y la lista de los americanos que han salido nombrados para las tales cortes. Cualesquiera usos que usted quiera hacer públicamente de mi nombre y sucesos que no sea con referencia a esta que le escribo ni a la mansión donde me hallo. Escríbame usted muy largo, mucho, mucho, sobre el estado actual en que nos hallamos, tanto de hecho en nuestro territorio como con respecto a la opinión y voluntad de las naciones de Europa, y aun de la América, y que sea bajo cubierta de míster Judah Benoliel de este comercio. Yo aquí soy conocido bajo el nombre de don Antonio Alvarez, aunque Benoliel y sus amigos saben el otro apellido que tuve que suprimir para salir de España.

   De aquí vamos despachando con mil trabajos a cuantos americanos se presenten, todos pereciendo; mañana salen para Trinidad Rafael Castillo, hermano de Manuel, y José María Ruiz y un tal Barahona; estos dos últimos son españoles remitidos presos de Caracas hace ocho años, por insurgentes.

   Si me detengo en esta haré a usted algunos encargos, y entre ellos, de ciertos instrumentos que aquí no se encuentran y que allá en nuestro suelo nos hacen mucha falta. Démele usted mil abrazos a Real y a Agustín Gutiérrez, que me escriban, aunque yo no lo haga hoy porque va a marchar el paquete, y sólo me da tiempo para decirle que existo, que existo para mi patria, y que soy su verdadero amigo,

Antonio Nariño.

   Posdata. No van los impresos porque me acaban de decir que cuesta mucho el correo, y no sé cómo estará vuestro bolsillo, y así, paciencia por ahora.


NOTA
1.   Del original. Colección de autógrafos que perteneció a don José María Portocarrero Alvarez (Del autor).

8
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL JOSE MARIA VERGARA LOZANO

RECOMENDACION Y SOLICITUD DE TRANSPORTE A PORTADORES DE LA CARTA. Gibraltar, 27 de junio de 1820.

Antonio Nariño.

   Gibraltar, 27 de junio de 1820.

   Muy señor mío y amigo:

   Los portadores de esta lo serán míster Carlos Burk, míster Tomás Conkling y don Vicente Ucrós, de Cartagena de Indias, que fueron hechos prisioneros en el ejército de Mina, y han sufrido tres años de prisiones por la causa de la libertad de América. Los recomiendo a usted, suplicándole que si tiene órdenes del gobierno les facilite su transporte a la costa firme, y los más auxilios que sean compatibles con su comisión; y en caso de no estar facultado por el gobierno, que como amigo les sirva en cuanto pueda, pues sus padecimientos por nuestra causa los hace acreedores a toda nuestra consideración.

   Quedo de usted con el aprecio que siempre le he merecido, su seguro servidor y amigo,

Antonio Nariño1.

   Al ciudadano José María Vergara, comisionado por el gobierno de costa firme cerca del de su majestad británica en Londres.


NOTA
1   Del original. Colección de autógrafos que perteneció a don José María Portocarrero Alvarez (Del autor).

9
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL JOSE MARIA VERGARA LOZANO

RECOMENDACION SOBRE SUERTE DE TRES PATRIOTAS. Gibraltar, 27 de junio de 1820.

Antonio Nariño.

   Gibraltar, 27 de junio de 1820.

   Mi estimado Vergara:

   Por este mismo barco escribo a usted recomendando a tres desgraciados de los muchos que hemos gemido en estos ocho años; entre ellos va Ucrós, que es de Cartagena y que ni tiene conocimiento ni los arbitrios que pueden los otros proporcionarse, y así es preciso verlo con preferencia, sin que por esto decaiga mi recomendación para con los otros dos.

   De aquí he despachado ya hace ocho días para Trinidad a Castillo, Ruiz y Barahona, obligándome por su viaje, como he hecho con estos también de quienes he salido responsable. Al padre Padilla con el tío Fernando Caycedo los aguardo de un día a otro, y al primero es preciso pagarle el viaje; en Cádiz hay porción de americanos pereciendo, y yo ya no puedo ni con mi figura. Con Castillo escribí al gobierno indicándoles la casa de míster Judah Benoliel para que pusieran en su poder algunas cantidades con qué socorrer a tanto infeliz de quienes no se acuerdan y cuya conducta en esta parte es motejada por los extranjeros que quizá los están socorriendo. Si usted los tuviere como más inmediato se la indico, y la de míster J. Maclian, también de este comercio.

   Tenía muchas cosas que decir a usted, pero este viaje ha sido repentino, y en la misma hora de marchar remito los impresos que he encontrado a mano, y siento no tener aquí los tres impresos que han salido sobre el número de nuestros suplentes en cortes que son muy buenos.

   Saludo cordialmente a Real y a Gutiérrez, que son los únicos de que tengo noticia se hallan en esa escapados de la gran tormenta. Dígales usted que me escriban bajo cubierta de una de las dos casas arriba mencionadas.

   Yo necesito algunos encarguillos de esa, pero este es punto para más despacio. Entretanto contestarme al instante dándome una razón bien circunstanciada del estado de nuestras cosas, bajo la cubierta indicada, no dudando de que siempre soy el mismo afectísimo,

Nariño1.


NOTA
1   Del original. Colección de autógrafos que perteneció a don José María Portocarrero Alvarez (Del autor).

10
CARTA DE ROSCIO A FRANCISCO CARABAÑO

DA CUENTA DE HABER RECIBIDO CARTA DE CARABAÑO Y DE NARIÑO. Angostura, 18 de agosto de 1820.

Juan G. Roscio.

   Angostura, 18 de agosto de 1820.

   Señor Francisco Carabaño.

   Mi estimado Carabaño:

   Ayer hemos recibido correspondencia de usted y del señor Nariño, conducida por Barona [sic], uno de los confinados en Ceuta por la insurrección de Caracas... En los papeles que ha traído Barona [sic], enviados por usted y nuestro insigne compatriota Nariño, hemos visto cuánta diferencia hay entre los americanos de 1808 o 1810 y los de 1820, y lo que va del hombre libre al esclavo, del hombre que ha gustado de las dulzuras de la libertad al que jamás había gustado esta fortuna...

Juan G. Roscio.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary. Memorias, Caracas, 1882, t. 8, p. 513.

11
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL BOLIVAR

SOBRE SU LIBERTAD Y SU NOMBRAMIENTO COMO DIPUTADO. SITUACION EN EUROPA. EXPRESION DE ADMIRACION Y AMISTAD. Londres, 22 de agosto de 1820.

Antonio Nariño.

   Londres, 22 de agosto de 1820.

   Varias veces he tenido la pluma en la mano para escribir a usted, mi ilustre general, y la oscuridad en que me hallaba sobre el estado de esos países y residencia de usted después de la salida de mi encierro, me lo han impedido, hasta que, rodando otra vez por el mundo, he venido a parar a ésta, en donde me he encontrado con Zea y Vergara, que me han impuesto de todo. Sería molestar a usted sin ninguna utilidad el hablarle de lo que ha pasado por mí en los seis años últimos; baste decirle que por una feliz casualidad me pusieron en libertad, sin solicitarlo, el 23 de marzo, y que a pocos días trató el gobierno de volverme a la cárcel de Cádiz de donde había salido, y que yo que supe la orden de prenderme tomé el camino de Gibraltar y en 18 horas me vi libre de las garras de un gobierno que no se ha saciado con hacerme padecer 26 años todos los trabajos y privaciones que puedan cargar sobre un solo hombre. Llegado a Gibraltar supe que me habían nombrado diputado suplente para las cortes, por Santafé, y que se trataba de hacerme ir a Madrid, y con esta noticia tomé el camino para esta, de donde partiré bien pronto para ir a dar a usted un abrazo e igualmente a mis hijos.

   Las cosas de la Europa están en el estado más crítico que se puede imaginar, con respecto a las Américas; y no debiendo fiar a la pluma asunto de mucha trascendencia, cuando yo debo estar con usted antes del fin del año, le suplico que con la delicadeza propia de usted entretenga cualquier propuesta que se le haga a ese gobierno, bien sea por la España o por otra potencia, hasta que nos veamos. No dudo que Zea y Méndez escribirán a usted y que harán al gobierno todas las comunicaciones propias de sus ministerios; pero repito que si esta llega a tiempo, procure usted que nada se resuelva definitivamente hasta nuestras vistas, supuesto que ha de ser poco el tiempo que medie desde su recibo hasta mi llegada.

   Aquí nos hallamos presenciando el ruidoso suceso de la causa de la reina por adulterio, seguida en el parlamento en su presencia, pero esto no impide que se trate de fijar nuestros futuros destinos de un modo acomodado a los intereses y miras de los gabinetes de Europa. Por Dios, mi amigo, que los heroicos generales que han seguido a usted en su gloriosa carrera no pierdan de vista los sacrificios, las lágrimas y la sangre que nos ha costado una patria que seguramente perderemos si no nos encuentran a todos acordes en los principios, en el modo y en la ejecución. Nunca el peligro ha sido mayor, ni nunca hemos estado en situación de sacar mejor partido si nos sabemos conducir. Sería de más advertir a usted que debe reservar esta mi carta, como el de asegurarle que soy con las mayores veras su más apasionado admirador y amigo que besa su mano,

Antonio Nariño y Alvarez.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño. ob. cit.

12
CARTA DE PEÑALVER A BOLIVAR

FRAGMENTOS. INFORME Y NOTICIAS SOBRE EL VIAJE DE NARIÑO A GIBRALTAR Y SU ELECCION COMO DIPUTADO A LAS CORTES POR LA NUEVA GRANADA. PROPONE MANTENER A NARIÑO EN EUROPA. Angostura, 23 de agosto de 1820.

Fernando de Peñalver.

   Angostura, 23 de agosto de 1820.

   A su excelencia el Libertador Simón Bolívar, etc.

   Mi querido Simón:

   ... Nariño, siendo presidente de un club, principió a escribir en la Isla de León con igual libertad y se dio orden para asegurar su persona, dando por motivo que no estaba comprendido en el indulto sobre opiniones políticas, para los españoles. El huyó a Gibraltar, porque fue avisado por el famoso Quiroga, y estando allí lo eligieron diputado para las cortes por la Nueva Granada; mas yo no creo que se exponga al alcance de los españoles, que con mucho gusto lo volverán a encajar en La Carraca.

   Mucho temo que pronto veamos a este emprendedor por acá; si fuera posible entretenerlo por Europa con un motivo honesto mientras se forma la unión y las cosas se establecen de manera que no sea fácil trastornarlas, sería muy conveniente. Yo presumo que la falta de dinero puede obligarlo a dejar aquel país, en donde seguramente será muy útil. He dicho al doctor Roscio que sería conveniente mandarle dar con el señor Zea algún dinero y de aquí alguna comisión para la misma España. El me dijo que le había escrito que admitiese la diputación de cortes, pero yo no lo creo tan mentecato.

   Este hombre, con dinero en Gibraltar, puede volver locos a los comerciantes de Cádiz, escribiendo allí cuanto sea conducente a establecer la opinión por la independencia, que ya tiene algunos amigos en la misma España. Me parece que un hombre se necesita ahora en Gibraltar mucho más que en Londres, y ninguno es más a propósito que el señor Nariño, pero es necesario expensarlo con liberalidad, para que pueda costear la imprenta, pagar los correos y los espías, y tener algo o más que alguna decencia...

Fernando de Peñalver.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 8, p. 366.

13
CARTA DE FRANCISCO ANTONIO ZEA AL GENERAL BOLIVAR

ANUNCIA PRONTO VIAJE DE NARIÑO AL CUARTEL GENERAL DEL LIBERTADOR. Londres, 6 de septiembre de 1820.

Francisco Antonio Zea.

   Londres, 6 de septiembre de 1820.

   Excelentísimo señor Libertador presidente de Colombia.

   Dentro de pocos días partirá para esa el general Nariño, con dirección al cuartel general de vuestra excelencia, a hacerle comunicaciones importantísimas, y él informará a vuestra excelencia de cuanto pasa con el señor Méndez, de su completo descrédito con el gobierno, con el comercio, con los buenos amigos de la causa y con sus propias hechuras. De todo mandaré documentos.

F. A. Zea.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

14
CARTA DE FRANCISCO ANTONIO ZEA AL LIBERTADOR

SEÑALA QUE NARIÑO DARA INFORME SOBRE LAS NEGOCIACIONES ADELANTADAS POR ZEA. Londres, 20 de septiembre de 1820.

Francisco Antonio Zea.

   Londres, 20 de septiembre de 1820.

   Al excelentísimo señor Libertador presidente de Colombia.

   ... El general Nariño, que partirá dentro de pocos días, pondrá de manifiesto a vuestra excelencia los resultados ventajosos de mis operaciones, a pesar de cuanto diga el señor Méndez, que sólo debe imputarse a sí mismo los sacrificios que el vergonzoso estado a que había llevado los negocios ha hecho indispensables.

F. A. Zea.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

15
EN BOGOTA SE PUBLICA LA NOTICIA SOBRE LIBERTAD DE NARIÑO

LA GACETA DE LA CIUDAD DE BOGOTA REGISTRA LA NOTICIA SOBRE LA LIBERTAD DE NARIÑO EN ESPAÑA. Bogotá, 1° de octubre de 1820.

   Nariño, 1820.

   Hemos tenido el placer de saber que el célebre Antonio Nariño, general de Colombia, no sólo se halla libre en España, sino que lo han nombrado diputado suplente por este reino en las cortes. Poco nos importa que tengamos, o dejemos de tener diputados; pero sí nos es muy agradable ver a Nariño escapado del furor despótico peninsular, y declamando enérgicamente contra la conducta hostil que aún observa la España liberal con la América liberal también.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Proceso de Nariño, t. 2, presidencia de la República de Colombia, 1984, p. 587.

16
CARTA DE ROSCIO AL GENERAL BOLIVAR

INFORME SOBRE CARTAS ESCRITAS POR ENRIQUE SOMAYOR (SEUDONIMO DE ANTONIO NARIÑO) Y PUBLICADAS EN ESPAÑA. Angostura, 4 de octubre de 1820.

Juan G. Roscio.

   Angostura, 4 de octubre de 1820.

   A su excelencia el Libertador presidente, etc.

   El autor de la reservada me hace de Carabaño el elogio merecido por su interés y empeño en servicio de nuestra causa. Mi hermano, con fecha 19 de junio, levanta más el tono en su elogio, y me dice que la mujer de Morillo y sus partidarios en Cádiz fueron los que tiraron coces contra las cartas de Enrique Somoyar y, probablemente, los que ganaron la orden para volverlo a prisión. Aún estaba Nariño en Gibraltar. Me dice, entre otras cosas, que era imposible enviar tropas para acá, que allá hay muchos por la independencia; pero que es mucho mayor el número de los de la opinión de Somoyar, exceptuando los comerciantes de Cádiz y los de la junta de reemplazos, que opinan por la guerra y la servidumbre. Se dice que la tal junta sería disuelta.

Juan G. Roscio.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 8, p. 506.

17
CARTA DE ZEA AL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA REPUBLICA

INFORME SOBRE RUTA DE VIAJE DE NARIÑO. FRAGMENTOS. Londres, 19 de octubre de 1820.

Francisco Antonio Zea.

   Legación de Colombia en Europa. Londres, 19 de octubre de 1820.

   Señor ministro de Estado y relaciones exteriores.

   El señor general Nariño ha salido hacia Francia, para embarcarse allí con dirección a la Martinica. A su llegada se conocerán la importancia y la necesidad del convenio que he hecho y en que no debe ponerse el menor reparo, so pena de echarlo todo a perder...

F. A. Zea.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

18
CARTA DE NARIÑO DESDE PARIS

RELATO DE SU CORRERIA POR LA CIUDAD. París, 18 de noviembre de 1820.

Antonio Nariño.

   París, 18 de noviembre de 1820.

   Gracias al señor Rivas por su formalidad y la ninguna contestación que ha querido dar a mi carta. Apenas llegué a esta escribí a usted encargándole se viera con míster Gregory y le suplicara que me diera una contestación a la carta que en Londres mismo le escribí; la carta, fecha 29 del pasado, fue bajo cubierta de Zea, y en ella decía que míster Gregory vive en 11 Lisson Grove-North New Road.

   También le decía que la máquina de hacer adobes me tenía como a Temístocles los triunfos de Milcíades; pero a nada se me responde: paciencia.

   ¿Qué diré a usted ahora de París? Que llueve casi todos los días, que las calles son insufribles, que no hay un enlosado, y que todo lo que Londres ha amado desde que la conocí, París lo ha perdido. Por lo demás no hay que hablar, pues no se puede ni acercarse a ver una parada, ni entrar en el recinto de una plaza el día de poder conocer a estos SS... ¡Cada día estoy más encantado del bello sistema que se quiere trasladar a mi patria!

   He visto los soberbios salones del Musée Royal de donde se han extraviado (según dicen) muchísimas pinturas. [Uno] Se cree un hombre trasladado a la mansión de los dioses. También he visitado el Conservatorio de Artes y Oficios, en donde está reunido cuanto hay de agricultura; y acompañado del barón de Humboldt estuve en el instituto. ¡Qué placer se siente, mi amigo, al ir viendo los semblantes de tantos grandes hombres, de quienes he oído hablar toda mi vida! Se ha hecho una coleccioncilla de libros que merece la pena de haber venido, y de algunos instrumentos que no había en esa. Quién sabe si todo esto es tiempo perdido; pero yo tendré, los días que me resten de vida, el consuelo de no haberme desmentido un solo instante, y de haber hecho cuanto estaba de mi parte.

   Continuaré hasta el 23 viendo todo cuanto pueda, como el Gimnasio, en donde yo no he estado, el Observatorio y Luxemburgo, a donde iré mañana, que ya tengo conocimiento con el director del primero.

   Exija usted de míster William que me conteste, si ya no lo hubiere hecho, como lo creo.

   Aquí me han exigido que deje mi retrato, y no me parece regular dejar de mandar a usted una muestra. Usted verá en él sólo el recuerdo de un amigo que lo estima y desea volverlo a ver en Fucha.

Nariño,
[Rúbrica],

   Yo continúo comiendo con mi ahijada y la señora, y antes de ayer hemos almorzado aquí desde las diez hasta las seis de la tarde.

   Si usted quiere contestarme al instante la carta, me alcanzará en El Havre.

   Posdata importante: Hará usted una visita a Méndez en mi nombre, y le dará ese otro retrato para que siempre tenga a la vista un censor severo que le recuerde cómo se ama a la patria siempre padeciendo.

FUENTE EDITORIAL:
Helguera, J. León. Boletín de historia y antigüedades, v. 48, números 555-556, enero-febrero de 1961, p. 113-115.

19
CARTA DE NARIÑO A JOSE MARIA VERGARA

ANUNCIA SU VIAJE DE REGRESO A LA PATRIA. París, 18 de noviembre de 1820.

Antonio Nariño.

   París, 18 de noviembre de 1820.

   Mi querido Vergara:

   Esta es mi despedida; yo abrazo a usted desde París, y deseo poderlo hacer en Cundinamarca. El 23 pienso marchar a El Havre y desde allí tomar mi rumbo.

   Nada he vuelto a saber de usted desde la última que me escribió, y siento no poderle decir otra cosa sino que todos estamos buenos y contentos.

   Salúdeme usted con el mayor cariño a la señora y los hijos de nuestro desgraciado Miranda, y al amable monsieur Moliní, que entregué su carta en Calais a Leleux; que me atendió y sirvió, y que por ello le doy las gracias y deseo que en cualquier parte me ocupe.

   Aunque aquí se me ha hecho mi retrato, no se lo mando a usted porque se lo guardo con el original para cuando llegue usted a Bogotá.

   Solicite usted a todo costo los Comentarios de Montesquieu, y la última edición de Jonuny, y no lea otra cosa desde hoy hasta que se vuelva a ver con su amigo,

Nariño.


20
CARTA DE NARIÑO A RIVAS

LE RECOMIENDA ADQUIRIR CONOCIMIENTOS SOBRE LOS BANCOS Y LOS DERECHOS MARITIMOS. REPUTACION DE ZEA. El Havre, 20 de diciembre de 1820.

Antonio Nariño.

   El Havre, 1° de diciembre de 1820.

   Con el pie en el estribo, mi querido Rivas, tomo la pluma para acusar a usted el recibo de la última suya, y para manifestarle el dolor que llevo de haberlo dejado a usted en Europa. Pero la falta se remediará bien pronto. Entretanto, ejercítese usted en la escritura del francés y el inglés mucho, mucho; procure adquirir cuantos conocimientos sean posibles sobre banco, así nacional como de particulares: que éste sea su ramo principal, estudiándolo filosóficamente, esto es, sin rutina, sino haciéndose cargo del porqué y de los lugares y circunstancias.

   El segundo punto que sea sobre derechos marítimos para nuestras importaciones y extracciones, procurando sondear cuanto le sea posible con esos comerciantes hasta qué punto creen que les será tolerable la imposición y los anclajes. Usted sabe que los ingleses en estos dos puntos han hecho un estudio profundo, aunque su aplicación no haya sido la más escrupulosa a la nación por su exceso.

   Máquina de adobes, las ruedas para medir el terreno, y la máquina de transcribir los manuscritos me llevan incómodo, y sólo el señor Rivas me puede quitar esta incomodidad, del modo que lo crea más conveniente; pero que jamás deje las frías y nebulosas orillas del Támesis sin llevarlas consigo, si antes que yo le escriba de la tierra de promisión tuviere que desampararlas.

   ¡Cuántas cosas bellísimas le podría decir de mis últimos días de París! Pero no quiero; y sólo le aseguro que seremos felices, que existiremos; que todo ese guirigay londinense se quedará en criminales proyectos. Amén.

   Esta es para usted solo, y así, aunque me acuerdo de todos nuestros contertulios y amigos, a nadie saludo, si no es que usted quiera manifestarlo al pícaro de Real y al marrón de Méndez, que tiene más entresijos que el dios Apis.

   A Zea no le escribo porque, a pesar de nuestra antigua amistad y de lo mucho que me ha servido para mi viaje, desde que volví las espaldas no ha querido ni contestarme. Yo siempre seré el mismo para con él; no estamos obligados a responder de lo que los otros hacen, sino de lo que nosotros hacemos. La reputación de Zea está en un momento de crisis, y yo siempre estaré interesado en que sea favorable; pero él creo que no lo conoce, o que no me cree capaz de contribuir a su éxito. Quizá tendrá razón, porque todo mi estudio han sido solo mis trabajos.

   Salud y amistad.

Nariño.

   A monsieur Rivas, N° 4 Manchester Square, London.

FUENTE EDITORIAL:
Helguera, J. León, ob. cit., p. 115-116.

21
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

LE PARTICIPA DE SU ARRIBO A LA PATRIA. AGRADECIMIENTO POR LIBRANZA ORDENADA A SU FAVOR. Angostura, 21 de febrero de 1821.

Antonio Nariño.

   Angostura, 21 de febrero de 1821.

   Me tomo la libertad, mi estimado Santander, de escribir a usted confidencialmente en el momento de saltar a tierra, para participarle mi llegada y asegurarle que puede contar con un nuevo ciudadano de Cundinamarca, con un granadero, que aunque viejo y estropeado, sabrá todavía morir por la causa de Colombia, y me atreveré a añadir, con un amigo de quien ha contribuido a reconquistar su libertad.

   Míster Hamilton me acaba de hablar de una libranza de 200 libras esterlinas que por orden de usted giró a mi favor sobre Londres, la que llegaría después de mi salida; pero de cualquier modo, doy a usted las gracias por este paso en mi alivio.

   No hay tiempo para ser más largo, porque va a salir el correo; y así concluyo con repetir a usted que puede contar con la amistad y reconocimiento de su afectísimo,

Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

22
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL BOLIVAR

LE PARTICIPA DE SU ARRIBO A ANGOSTURA. SOBRE LA NECESIDAD DE LA PAZ. Angostura, 25 de febrero de 1821.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Tengo el honor de participar a vuestra excelencia mi llegada a este punto el 20 del presente. Al pisar la primera tierra de Colombia, después de una larga y dolorosa ausencia, mi alma sintió el doble placer de respirar el aire natal y de respirarlo en un momento de calma dictado por la sabiduría. De nada sirven los triunfos, mi ilustre Libertador, si la paz no los corona, y la paz no puede presentarse en medio del ruido de las armas. Felicito a vuestra excelencia por este paso grandioso, que además de dejar unos momentos tranquilos para reconocerse y de ser el precursor de otros más importantes, nos da ya un carácter, una cierta importancia que hasta ahora no teníamos. Que la paz y la organización de un sistema adaptado a nuestras circunstancias sea el fruto de este primer paso.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Angostura, 25 de febrero de 1821.

Antonio Nariño1.

   Excelentísimo señor.

   Excelentísimo señor Libertador presidente de Colombia.


NOTA:
1   Del original. Archivo Nacional, salón colonia, secretaría de guerra y marina, t. 328, fol. 953-954. Publicada por Carlos Restrepo Canal en Cartas de Bolívar y Nariño, en el suplemento literario del diario La República, de Bogotá, artículo reimpreso en Caracas en Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, 19 de abril de 1958, v. XVII, 54, p. 49-56 (Del autor).

23
OFICIO DE BOLIVAR AL GENERAL AZUOLA

INSTRUCCIONES PARA LA ORGANIZACION DEL CONGRESO. MENCIONA A NARIÑO ENTRE QUIENES TIENEN CAPACIDAD PARA GOBERNAR LA REPUBLICA. FRAGMENTOS. Trujillo, 9 de marzo de 1821.

Simón Bolívar.

   Trujillo, 9 de marzo de 1821.

   Señor general Luis Eduardo Azuola.

   Mi querido general:

   ... En seguida debe usted tratar de la organización del congreso, para inmediatamente elegir un presidente y un vicepresidente de Colombia, pues los antiguos no tienen validez mientras no sean nombrados por la asamblea general de Colombia.

   ... Hay en Colombia tres sujetos que tienen reputación, talento, virtudes y, además, son militares, que pueden mandar esta República, actualmente militar: estos son los generales Nariño, Urdaneta y Santander: los nombro por este orden, porque es el de sus antig°edades, no porque yo le dé preferencia a ninguno...

Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

24
OFICIO DE BOLIVAR AL GENERAL NARIÑO

COMPLACENCIA POR ARRIBO DE NARIÑO. MANIFESTACION DE APRECIO. APURO POR EL ENCUENTRO. Cuartel general de Achaguas, 24 de marzo de 1821.

Simón Bolívar.

   República de Colombia. Cuartel general de Achaguas, a 24 de marzo de 1821.

   Simón Bolívar, Libertador presidente de la República, general en jefe del ejército, etc., al general de división Antonio Nariño.

   Con transportes de satisfacción he visto la nota que en 25 de febrero me dirigió vuestra señoría avisándome su arribo a Colombia y ratificando sus antiguos sentimientos y devoción a la República. Entre los muchos favores que la fortuna ha concedido últimamente a Colombia, cuento como el más importante el de haberle restituido los talentos y virtudes de uno de sus más célebres e ilustres hijos. Vuestra señoría merece por muchos títulos la estimación de sus conciudadanos y muy particularmente la mía.

   Celebraría infinito que acelerase vuestra señoría su marcha y me anticipase lo posible el placer de saludarle y estrecharle por la primera vez entre mis brazos. No es la amistad sola la que me instiga estos deseos, el bien a la patria se mezcla también en ellos. Ocupado en estos momentos de negociar la paz con los comisionados españoles y de instalar el primer congreso general de Colombia, las noticias y luces que vuestra señoría puede suministrarme facilitarían el término de estas transacciones.

   San Fernando de Apure es el punto que he señalado al enemigo para las conferencias. Allí me encontrará vuestra señoría, o en esta villa.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Bolívar1.


NOTA
1   Documento impreso que se conserva en la Casa-Museo del 20 de Julio (Del autor).

25
OFICIO DE BOLIVAR AL GENERAL NARIÑO

LE INFORMA Y ANEXA EL DECRETO POR EL CUAL LO NOMBRA VICEPRESIDENTE INTERINO DE LA REPUBLICA. Cuartel general de Achaguas, 4 de abril de 1821.

Simón Bolívar.

EN LA VICEPRESIDENCIA

   República de Colombia. Ministerio de guerra y marina. Ejército libertador. Cuartel general de Achaguas, a 4 de abril de 1821.

   Al señor general de división Antonio Nariño.

   En esta fecha se ha servido vuestra excelencia, el Libertador presidente, expedir el decreto siguiente:

   "Considerando: que verificada desgraciadamente la muerte del excelentísimo señor vicepresidente interino de la República, don Juan Germán Roscio, antes de la instalación del congreso general, y no habiéndose encargado aún el doctor Pedro Gual del ministerio de Estado, relaciones exteriores y hacienda, para el cual ha sido nombrado interinamente, ha llegado el caso de que estén reunidas en el general de brigada, Luis Eduardo Azuola, las funciones de vicepresidente y de ministro de Estado, conforme a los decretos de 9 de marzo último; deseando separar estos destinos, cuyo ejercicio es incompatible en una misma persona, vengo en decretar y decreto, en clase de provisional, mientras el congreso general resuelve lo conveniente:

   "Artículo 1°. El señor general de división, Antonio Nariño, está nombrado vicepresidente interino de la República, hasta que el congreso general elija el propietario o el que deba suceder al doctor Juan Germán Roscio.

   "Artículo 2°. El señor general de brigada, Luis Eduardo Azuola, continuará ejerciendo el ministerio de Estado, relaciones exteriores y hacienda, interinamente, hasta que se presente a servirlo el doctor Pedro Gual.

   "Artículo. 3°. El ministro de la guerra se encarga de la ejecución de este decreto, que se publicará y comunicará a quienes corresponda.

   "Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello provisional del Estado y refrendado por el ministro de la guerra, en el cuartel general de Achaguas, a 4 de abril de 1821.

"Simón Bolívar.

   "Por mandato de su excelencia,

   "Pedro Briceño Méndez".

   Lo transcribo a vuestra señoría para su inteligencia y cumplimiento en la parte que le toca. Al mismo tiempo encarezco a vuestra señoría, de orden de su excelencia, la necesidad de que pase inmediatamente a encargarse de la vicepresidencia a la capital del Estado. Ninguna intención particular tiene su excelencia que añadir a vuestra señoría conforme se ha prevenido antes de ahora a los predecedores de vuestra señoría. Nada es más importante que esta operación, de que debe vuestra señoría ocuparse de preferencia a toda otra.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   El ministro,

Pedro Briceño Méndez.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

26
CARTA DE BOLIVAR A PEÑALVER

SOBRE SU DIMISION. OPINION SOBRE NARIÑO Y SANTANDER COMO PERSONAS MAS ADECUADAS PARA LA PRESIDENCIA. Barinas, 21 de abril de 1821.

Simón Bolívar.

   Barinas, 21 de abril de 1821.

   Mi querido Peñalver:

   Mi edecán Clemente lleva un pliego para el vicepresidente Nariño, por el cual doy mi dimisión al congreso. Al general Nariño le escribo una larga carta, dígale usted que se la comunique. Mi opinión es que el presidente debe ser militar de Cundinamarca y el vicepresidente paisano de Venezuela... Yo creo firmemente que entre los generales Nariño y Santander se puede sacar el presidente. Usted puede ser el vicepresidente, y si no quiere serlo, a Gual no le pueden faltar algunos votos...

Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

27
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL BOLIVAR

SORPRESA POR SU NOMBRAMIENTO COMO VICEPRESIDENTE. SOBRE CONGRESO CONSTITUYENTE DE LA REPUBLICA. SITUACION DE LOS DIPUTADOS. Rosario, 30 de abril de 1821.

Antonio Nariño.

Reservada

   Rosario, 30 de abril de 1821.

   Mi general y amigo:

   El 27 llegué a esta después de algunos trabajillos en el camino de tierra por donde me vine, y no quise escribir a usted en el momento por tomar alguna idea del estado en que se hallaban aquí las cosas y poder darle razón, pues desde la misma noche de mi llegada, ya comencé a conocer el disgusto de los diputados y a prever consecuencias. Aquí se ignoraba no sólo mi venida, sino hasta mi nombramiento de vicepresidente y les cogió de sorpresa mi llegada. Me han visitado todos los que residen aquí, pues unos se han devuelto a sus casas y otros andan por los pueblos inmediatos, buscando, según su expresión, qué comer. Si en Achaguas, mi amigo, me oponía a que usted me nombrara para este empleo, aquí me he arrepentido hasta de haber venido por estos lugares que me han puesto en compromisos que preveo, y en que usted con las mejores instrucciones me ha metido. Usted va a coger los últimos laureles que coronen su gloria, y entretanto una disolución de todos los vínculos sociales se prepara fuera del ejército.

   ¿Qué puedo yo hacer con un centenar de diputados hambrientos unos, enfermos otros, rabiando todos y yo sin un real, sin recursos para acallarlos? Que se disuelva el congreso importaría poco en cuanto no hagan nada; pero creo que importa mucho el que disgustados se derramen y esparzan en toda la extensión de la República; mucho más cuando el transcurso del tiempo mismo que ha pasado desde su anuncio ha llamado más la atención de los pueblos. Yo me he esforzado cuanto he podido en los pocos días que llevo en esta, he hablado en particular y en común, he compatizado [sic] en algunas cosas de poca importancia, he buscado dinero prestado entre algunos antiguos amigos, y la instalación se hará el domingo inmediato.

   Gual y Urbaneja llegaron casi al mismo tiempo que yo; pero como los vicepresidentes anteriores no hicieron más que llegar, enfermar y morir, nada hemos hecho, no encontrando más que a Crespo, que era aquí todo el gobierno. Esto y la opinión de varios diputados sobre trasladarse a otro punto, nos tiene paralizados hasta ver lo que resuelven; aunque creo que esto no tendrá efecto, tanto por el invierno que ya comienza, como por falta de recursos para su traslación; y si lo llegan a determinar, creo que no habrá congreso en todo el año o a lo menos en seis meses, y usted habrá concluido su campaña antes que comiencen sus trabajos. Sea lo que sea, de todo daré a usted aviso en el momento que determine.

   En mi tránsito por los Llanos he visto el estado de los hatos, tanto del Estado como de los particulares, y quisiera que usted me dijera si hay algún inconveniente en que se dicten providencias, revocando las órdenes del general Guerrero que he visto en Guasdualito, y que si no hay alguna razón particular, me parece perjudican a los interesados de aquellos vecinos y de otros pueblos. La saca de los ganados nos proporcionaría la composición de la montaña y produciría en solo el derecho de peaje una renta de más de $20.000. Yo entretanto que usted me contesta, pediré un informe a Guerrero para imponerme de los motivos o razones que le obligaron a dictar aquellas providencias.

   Del sur nada sabemos, pues aún no ha llegado el correo. Yo celebraré que la campaña se haya abierto con toda la...

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

28
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL PAEZ

MANIFESTACION DE ADMIRACION Y APRECIO. Rosario, 30 de abril de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 30 de abril de 1821.

   Mi querido amigo:

   A los 18 días de nuestra separación llegué a esta sin novedad, y sintiendo no haber podido acompañar a usted algunos días más. Yo sentía un placer en abrazar al héroe de Apure, a aquel Páez que desde el oscuro calabozo de Cádiz deseaba conocer y estrechar entre mis brazos, y que después de conocido ha doblado el aprecio que me merecía. Conserve usted mi amigo entre sus otras virtudes la de esa moderación que lo distingue y lo hace tan recomendable. Que antes de un mes oigamos nuevas proezas de usted al lado de nuestro Libertador, de nuestro ilustre amigo, y que en seguida tenga yo el gusto de abrazar a uno y otro cubiertos de gloria.

   Reciba usted las más sinceras seguridades de la estimación y aprecio de su afectísimo amigo,

Antonio Nariño.

   Al general Páez.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

29
OFICIO DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL GENERAL BOLIVAR

SOBRE INSTALACION DEL CONGRESO. Rosario de Cúcuta, 1° de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Antonio Nariño, general de división, vicepresidente interino de la República,

   Al excelentísimo señor Libertador presidente.

   Excelentísimo señor:

   El día 27 del pasado, por la noche, llegué a esta villa en donde encontré ya muchos de los señores diputados de las provincias, que solamente esperaban la concurrencia del ejecutivo para la instalación del congreso general. Antes de esta operación me ha sido necesario tomar un conocimiento del estado de la administración pública, y aunque es sobremanera imperfecto el juicio que he formado hasta ahora, acerca de sus diferentes ramos, he señalado sin embargo el domingo 6 de los corrientes para dicha instalación. Esta se hará con toda la solemnidad que permite el país, como un acto, el más grande y del mayor influjo en la opinión doméstica y de los extraños que observan atentamente los progresos de nuestras nuevas instituciones sociales.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Antonio Nariño.

   Rosario de Cúcuta, 1° de mayo de 1821.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

30
CARTA DE BOLIVAR A GUILLERMO WHITE

SOBRE INSTALACION DEL CONGRESO POR EL VICEPRESIDENTE INTERINO, ANTONIO NARIÑO. Barinas, 6 de mayo de 1821.

Simón Bolívar.

   Barinas, 6 de mayo de 1821.

   A don Guillermo White.

   ... Ya sabrá usted la muerte de nuestro buen amigo el doctor Roscio. Este desgraciado accidente ha retardado la instalación del congreso general, que se habrá instalado en los primeros días de este mes, si llega a tiempo el general Nariño, en quien ha recaído la vicepresidencia. Yo no he podido desprenderme de la frontera para ir a presidirlo y acelerarlo; pero lo he encargado encarecidamente al vicepresidente, que tiene por su parte un grande interés en hacerlo.

   Adiós.

Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

31
DISCURSO DE NARIÑO EN LA INSTALACION DEL CONGRESO DE CUCUTA

EN SU CONDICION DE VICEPRESIDENTE INTERINO DE LA REPUBLICA. Villa del Rosario de Cúcuta, 6 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Encargado, señores, del poder ejecutivo, por hallarse el presidente de la República al frente de los ejércitos, debería comenzar mi discurso por daros cuenta del progreso de nuestras armas desde la instalación del congreso de Angostura hasta el día; del ingreso de nuestras rentas y su inversión; del capital nacional y sus productos; de nuestras relaciones exteriores y de la deuda nacional. Pero acabo de llegar de Europa, aparecido de repente en medio de vosotros como por una especie de prodigio, y nombrado en mi tránsito para el empleo que me proporciona el honor de verme al frente de este respetable congreso para su instalación, nada puedo deciros sobre estos puntos que vosotros no sepáis mejor que yo.

   También debería daros cuenta del armisticio concluido en noviembre último con el gobierno español; armisticio que tanto honor hace a la filantropía americana y que nos hemos visto forzados a romper. Pero sobre este punto me reservo haceros algunas comunicaciones en adelante, y me limito a hablar sobre el objeto presente de vuestra congregación.

   Dos han sido, señores, los objetos por que nuestro suelo se ve inundado de sangre y de lágrimas, por que se han hecho sacrificios de una naturaleza quizá desconocida en los anales del mundo: nuestra independencia exterior y nuestra libertad interior. La independencia está especialmente encargada al héroe de Colombia, a nuestro ilustre Libertador y sus dignos compañeros de armas; a ese ejército admirable que, lleno de privaciones, de valor y de entusiasmo por nuestra santa causa, pugna actualmente por arrojar de nuestro suelo los últimos restos de nuestros opresores. Pero no basta, señores, ser independientes para ser felices. La España era independiente bajo el gobierno arbitrario de Fernando y la Turquía lo es bajo el del sultán de Constantinopla. Instituciones sabias que aseguren al hombre el goce pacífico de sus derechos; un sistema de administración que reparta sin arbitrariedad las cargas de la República; una fuerza física bien organizada que nos ponga a cubierto de los peligros de nuevas invasiones, deben ser la obra de vuestras manos. A vosotros, señores, está especialmente encargada la obra de nuestra regeneración, de nuestra libertad interior y de nuestra felicidad futura. Yo veo hoy, con un placer mezclado de amargura, reunidas aquí las pocas espigas que la guadaña destructora del despotismo ha dejado en pie. Vosotros sois el grano fecundo que debe propagar en toda la República las luces que un feroz sistema de pacificación trató de apagar eternamente entre nosotros. Vosotros sois la tabla que escapada del naufragio debe salvar a los que hemos quedado con vida.

   Las circunstancias de nuestra transformación política son de una naturaleza poco común. Al tiempo de romper las cadenas de bronce que nos unían a la España, hemos tenido que destruir su gobierno, sus odiosas leyes y su régimen administrativo; de aquí resultó que nos cargamos con la ardua empresa de convertimos de repente en militares, en políticos, en legisladores, cuando antes no éramos más que esclavos; y lo más asombroso es que nos encontramos reducidos a nuestras propias fuerzas, sin haber hasta ahora un solo pueblo de la tierra que nos proteja ni nos ayude en tamaña obra. Cuando los americanos ingleses sacudieron el yugo de su metrópoli, sólo pelearon por su independencia, pero conservaron su organización interior, y la Francia y la España los protegieron y los auxiliaron. En el día la misma España, Portugal y Nápoles, mudan sus instituciones, pero están en posesión de su independencia y de sus recursos en todo género. ¡Qué asombro debe causar a la posteridad cuando vea en nuestros fastos un puñado de hombres esparcidos en más de 100.000 leguas cuadradas, luchando en todas direcciones contra las fuerzas de Europa, contra la ignorancia de los pueblos, contra la escasez de recursos, y dándose leyes que quizás algún día servirán de modelo a sus mismos opresores!

   Pero si nuestra situación es penosa y nos presenta todavía grandes dificultades que vencer, consolémonos, señores, con dos grandes bienes que ella misma nos proporciona: no deber nada a las otras naciones para que no nos exijan sacrificios que turben nuestra economía y nuestro sosiego en lo sucesivo, y poder aprovecharnos del cúmulo de luces que en estos últimos 50 años se han adquirido en materias de gobierno. Nosotros somos hoy el único pueblo que puede prometerse hacer con seguridad lo más perfecto posible, si nos conducimos con la cordura y madurez que exige tan grave empeño; guardándonos, no obstante, de querer atropellar nuestra misma prosperidad. El actual congreso no puede dar la perfección a una obra que, en mi juicio, va a comenzarse, pero puede y debe poner con firmeza las primeras piedras del majestuoso edificio que más adelante se completará. Veamos, señores, cuáles son los puntos principales, sin los que no podemos decir que existimos. Yo los reduzco a tres: formas de gobierno, elecciones y medios del gobierno.

   Para tratar cada uno de estos puntos es preciso remontar al origen de donde dimana hoy vuestra autoridad. Disueltos los vínculos sociales del modo como se ha verificado entre nosotros, es indubitable que no sólo los pueblos sino los individuos quedan en un estado de aislamiento, hasta que la voluntad general se manifiesta. Esta voluntad individual de todos forma la ley suprema o la soberanía, y como el ejercicio de la soberanía no puede practicarse por toda la comunidad, ésta nombra una parte escogida que a su nombre la ejerza. Así es como la representación nacional, o el congreso, ejerce la soberanía representativa; pero sus facultades no son ilimitadas, tienen un término que no se puede traspasar, sus atribuciones están dentro del círculo de las leyes políticas: formar la constitución y nombrar sus agentes, son todas las funciones que tiene que cumplir. ¡Dichosa la sociedad [en] que sus representantes llenen tan augustas funciones!

   Desde la más remota antigüedad hemos visto a los grandes hombres delirando sobre el punto más importante a nuestra felicidad. Volúmenes inmensos se han escrito sobre las diversas formas de gobierno y el resultado ha sido no saber cuál tenía más inconvenientes: los furores del pueblo en las democracias, los abusos del despotismo en las monarquías, la opresión y abatimiento del pueblo en las aristocracias, habían llegado a persuadir de que los males de los gobiernos eran irremediables. Pero en esto como en otras muchas cosas el progreso de las luces ha descubierto caminos que parecían impenetrables. El descubrimiento del gobierno representativo es como el de la electricidad de las nubes, que si no destruye el rayo, a lo menos lo sujeta a una cadena; no se destruyen la ambición ni las otras pasiones de los hombres, pero unas y otras se enferman. Con fundamento se le ha llamado el gobierno de la razón, porque sus principios están fundados en ella.

   El gobierno se compone de tres elementos: de la voluntad, que hace la ley; de la ejecución, que le da su cumplimiento, y del juicio, que aplica la pena a los infractores de ellas. Estas tres funciones deben estar separadas, porque si a un solo hombre o corporación se le confiere la facultad de ejecutar y juzgar conforme a su voluntad, es claro que se sustituye la voluntad particular a la voluntad general, que la seguridad personal desaparece y la libertad muere. El máximum, pues, de una constitución, está en demarcar bien estos tres poderes, señalar con claridad sus atribuciones y contrapesar su autoridad, haciéndolos depender los unos de los otros.

   Aunque este gobierno es susceptible de más o menos extensión en la duración de los funcionarios en el ejercicio de sus empleos, es de su esencia que no sean perpetuos o hereditarios, porque no ejerciendo el pueblo su soberanía sino por medio de las elecciones si los empleos fueran hereditarios, el derecho de elecciones sería nulo y la soberanía se destruiría. Agregándose el gravísimo inconveniente de introducir una desigualdad perjudicial entre las clases de la sociedad y de despojar a los otros de la opción que tienen a los mismos empleos.

   Aquí me veo, señores, precisado a hacer una observación, y es la de que el poder legislativo sea en una sola cámara, a pesar de ejemplos contrarios. La voluntad hace la ley, y no debe la constitución establecer voluntades discordantes, sino, al contrario, debe tener a la unidad de voluntad. Si los tres poderes se dividen es porque sus funciones son diferentes y separándolos no se ponen en contradicción, lo que no sucede en un mismo cuerpo en que se introduce una rivalidad que se convierte en sistema. Así, pues, lo que se llama sistema de opinión se mira en el día por los hombres más versados en esta materia como un verdadero sistema de guerra civil establecida por la constitución.

   El gobierno representativo bien organizado es el gobierno de todos los países, de todos los climas; es igualmente estable en las pequeñas como en las grandes poblaciones, en los gobiernos federados como en las repúblicas indivisibles; es el único que puede llenar todos los fines de la asociación. El hombre de cualquier país del mundo, que vive en los bosques o bajo un gobierno arbitrario, abre los ojos por la mañana sin saber la suerte que le espera en el día; el que vive bajo el imperio de la ley que él mismo se ha formado, los abre y no ve delante de sí sino su conciencia. Si se ha acostado inocente, puede levantarse tranquilo.

   Las elecciones han sido en los gobiernos libres otro manantial de abusos y de desórdenes. Roma, Atenas y la Inglaterra misma nos presentan ejemplos que desconsuelan al amigo del orden y hacen titubear al genio más republicano. Pero estos males no han consistido en que el pueblo ejerza un derecho incontestable, sino en el modo de ejercerlo. Las elecciones inmediatas del pueblo a los primeros empleos no pueden menos de ocasionar intrigas, cohechos y desórdenes por la facilidad que tienen los ricos, los poderosos y los intrigantes de seducir a la multitud; pero esto no sucede cuando las elecciones son graduales, cuando parten de un principio fecundo en resultados felices, y es el de que todo derecho tiene por límites la posibilidad de ejercerlo. Los hombres de una pequeña población se conocen, y las elecciones dentro de aquel pequeño círculo se hacen sin inconvenientes y sin consecuencias trascendentales, porque sólo deben nombrar electores primarios. Supongamos que se quiere intrigar o seducir, ¿qué se adelantaría con ganarse a los primeros electores? Nada, porque estos sólo van a nombrar otros electores en un área más grande y sus funciones cesan desde que los han nombrado. Siguen lo mismo los segundos y los terceros, hasta que se llega al término de que, siendo ya los electores personas capaces de desempeñar los empleos que se van a elegir, no se pueden seducir los unos a los otros y las elecciones se hacen sin tumultos y sin inconvenientes.

   Para que las elecciones se hagan con facilidad y sin que los pueblos sufran los inconvenientes de reuniones lejanas, es preciso que el territorio de la República esté dividido y subdividido proporcionalmente; por ejemplo, en estados; los estados en provincias; las provincias en departamentos; los departamentos en municipalidades; las municipalidades en judicaturas. De modo que comenzando las elecciones en estas últimas, siguen gradualmente hasta que los electores de los estados nombren los representantes de la República y sin que el pueblo deje de ejercer el derecho primitivo de su soberanía concurriendo a la formación de su gobierno; éste viene a formarse sin desórdenes por las personas más ilustradas de la sociedad, pues está en el corazón humano y lo confirma la experiencia, que jamás se da el voto a una persona que se crea inferior al que vota, y así se ve una progresión que desde los hombre más rústicos sube hasta los más ilustrados de la República.

   Todo ciudadano en el ejercicio de sus funciones debe votar, y todo el que vota debe tener opción a ser elegido. No tenemos, señores, esta declaración y apartemos de nosotros esos principios consignados en muchas constituciones, de medir el derecho de ser electo por la cantidad de dinero que un codicioso ha podido atesorar. ¿Qué vendrán a ser entre nosotros los hombres virtuosos e interesados que, como Cincinato y Foción, no conocen más caudal que el de sus virtudes? Se dice que las votaciones caerán en hombres ineptos, y que el que no tiene caudal conocido está más expuesto a la corrupción y al cohecho; pero, ¿quién será el hombre que elija para que lo gobierne a un hombre cuya opinión no esté medianamente establecida? ¿No se interesa el amor propio y la conveniencia de cada uno de los individuos de la sociedad en hacer los mejores nombramientos posibles? ¿No tenemos un ejemplo en medio de los mismos desórdenes de la antigua Roma y actualmente entre nosotros? Y en cuanto a medir el derecho de elecciones por los caudales, yo encuentro inconvenientes en esta medida que no los hallo en la contraria. Un hombre pobre y virtuoso encuentra en la dotación que deben tener todos los empleados, un medio de subsistir que antes no tenía y que es correspondiente a su nuevo destino, mientras que un corrompido usurero, cuya ansia de riquezas es insaciable, muy lejos de encontrar un correctivo en el sueldo de su empleo, no ve en él sino un nuevo campo para su avaricia. Si las constituciones han adoptado el partido contrario, la historia manifiesta a lo menos lo insuficiente de esta medida. Que no se hable, pues, entre nosotros, sino de virtud y del mérito para los empleos, sin que las riquezas sirvan de medida para las elecciones. Dividido el territorio, hechas las elecciones con orden y acierto, separadas las funciones del gobierno, demarcadas exactamente sus atribuciones, nos faltan los medios de sostenerlo. Las instituciones sociales forman la fuerza moral de la sociedad; pero ésta necesita de una fuerza física para mantenerse, que se compone de la milicia y de las rentas públicas.

   El pacto social es una cosa tan clara y tan sencilla, que ha sido preciso que la pedantería y la ambición lo hayan embrollado, para que se vuelva una ciencia oscura y complicada. Cada hombre, al constituirse miembro de una sociedad, se ofrece a defender a los otros, con tal que a su vez los otros lo defiendan a él; y ya se ve que la ganancia es inmensa, porque toda la sociedad que pudiera oprimirlo, se convierte en su favor para defenderlo. Lo mismo sucede con sus propiedades: él ofrece dar una parte porque se le conserve y proteja el resto; pero esta parte debe ser proporcional y con arreglo a las necesidades de la comunidad.

   Aunque todos los hombres están obligados a tomar las armas en los peligros de la patria, como el progreso de las luces y la división del trabajo han hecho una ciencia del arte militar reducida a principios y a una práctica continua, ya no es posible que toda la sociedad se ocupe exclusivamente en la milicia, porque en este caso, ¿qué era lo que íbamos a defender, si todos éramos soldados? Tenemos dos ejemplos en la historia, que han deslumbrado a muchos sabios, porque los sabios también se acostumbran a repetir lo que los otros han hecho sin examen ni análisis; estos son los de Roma y Esparta. Pero, señores, ¿qué fueron en esta parte los romanos y los lacedemonios? El azote del género humano, salteadores disciplinados; unos y otros los veréis alimentándose de la sangre de los otros pueblos, o del sudor de sus esclavos; sin artes, sin comercio, entregaban la agricultura a manos mercenarias y desgraciadas, y ellos no sabían sino destruir los pueblos extraños, o hacer tumultos interiores.

   Todo ciudadano, en estado de tomar las armas, debe tomarlas cuando la patria peligra; pero debe establecerse una fuerza permanente que, instruyéndose continuamente en una profesión que pide conocimiento y práctica, deje a los otros en el ejercicio pacífico de sus profesiones. Esta fuerza armada debe calcularse bien, para que sea en razón de los objetos a que se haya de destinar. El resto de los ciudadanos debe formar la milicia nacional, para que, instruyéndose lentamente y en los días desocupados, pueda hallarse en estado de aumentar el ejército permanente en los casos de necesidad.

   La formación de las rentas públicas es uno de los puntos más difíciles del gobierno; y no lo sería si todos los hombres fuesen capaces de buena fe en materia de intereses. No creo que haya ninguno que ponga en duda que todos debemos contribuir, en razón de nuestras facultades, para mantener las personas que, entregadas exclusivamente a conservar el orden, la justicia y la seguridad interior y exterior, no pueden trabajar para mantenerse; pero estos mismos hombres que convienen en una verdad tan obvia y tan sencilla, si se les pregunta cuál es su capital y sus rentas, para asignarles la parte [con] que les toca contribuir, no lo querrán decir, o la disminuirán en su declaración. Los hombres, en general, quieren sacar las mayores ventajas posibles con los menores sacrificios posibles; y de aquí viene que quieran ganar la seguridad de sus propiedades sin hacer los justos sacrificios que para mantenerla se necesitan. La sociedad en que el capital nacional y sus rentas fuesen conocidas del gobierno para hacer una repartición proporcional y conforme con sus necesidades, sería en esta parte la más feliz y habría resuelto el problema más difícil de la economía política. No obstante, tenemos algunas reglas ciertas y fijas sobre la materia; tales son, entre otras, que las contribuciones deben cargar siempre sobre las rentas y no sobre el capital de los contribuyentes; que los gobiernos no deben ser comerciantes ni monopolistas; que se deben repartir los impuestos proporcionalmente entre todos los propietarios, en razón de las necesidades del gobierno; que se deben desechar todos los que ocasionan vejaciones o grandes gastos en su recaudación; que en las contribuciones indirectas se debe atender a que no entorpezcan ninguna de las tres industrias; que los impuestos sobre las transmisiones de propiedad, si son más fáciles de recaudar, también atacan directamente a los capitales; y, finalmente, que la nación que pudiera acumular en su gobierno una gran cantidad de tierras, no para administrarlas, sino para percibir sus rentas, aliviaría a los pueblos en una cantidad igual a sus productos. Nosotros, señores, nos hallamos en este último caso, por las circunstancias de nuestra transformación; y éste es un punto que pide la mayor atención del soberano congreso.

   Aunque las contribuciones son siempre un sacrificio que hace el contribuyente para conservar el resto de sus propiedades y aunque ellas disminuyen el capital nacional, hay, no obstante, algunas que le traen una verdadera economía; tales son la de la amonedación, las de los correos, postas y caminos, y entre nosotros las de las minas de sal gema y de la platina. No es posible en este ligero discurso desenvolver cada uno de estos puntos, y así me limitaré a un solo ejemplo que se puede aplicar a los otros, tomando el más claro y común. Supongamos que no hay correos establecidos entre nosotros, ¿cuánto tiempo, cuántos gastos y perjuicios experimentaría cada individuo de la sociedad, si por sí solo tuviera que mantener una correspondencia a 200, 300 o 1.000 leguas de distancia? Se establecen los correos y con una pequeñísima cantidad, y en muy poco tiempo mantiene correspondencias seguidas a largas distancias y en el menor tiempo posible; seis u ocho reales le ahorran 40 o 50 pesos y un tiempo quizá más precioso que el dinero que economiza. La misma aplicación se puede hacer a los otros ramos indicados. Los buenos caminos acercan los pueblos, disminuyen los gastos de producción, facilitan las comunicaciones, aumentan la circulación y proporcionan comodidades personales al contribuyente que los transita.

   Las rentas de la República, finalmente, no pueden salir sino del producto del capital nacional, y si nuestro comercio, nuestra agricultura y nuestras nacientes fábricas no prosperan y siguen deteriorándose, en vano son los más sabios reglamentos, las leyes más adecuadas a un buen sistema de hacienda; el que nada tiene, nada puede contribuir, y la prosperidad de la República sólo puede medirse por el aumento progresivo de las fuentes de la riqueza nacional.

   Resumamos en pocas palabras las ideas esparcidas en este corto discurso. Rotos los vínculos sociales, todos los hombres que no tengan impedimento físico o moral deben concurrir en pequeñas asambleas que estén al alcance de sus conocimientos, a manifestar su voluntad y a nombrar un cierto número de personas que, según ella, formen las leyes que las deben gobernar en lo sucesivo. Las elecciones deben ser graduales, tomando por primer término las más pequeñas poblaciones y subiendo hasta la totalidad de la República. Nombrados los representantes de la voluntad general, estos no vienen a gobernar, sino a formar el gobierno que se compone de la constitución y de las personas que las deben poner en ejecución. Regenerada la nación con las nuevas instituciones, los representantes cesan en sus funciones, hasta que, según lo que hayan estatuido, deban volver a reunirse o ser nuevamente electores. El gobierno, lejos de ser soberano, es, al contrario, dependiente de la soberanía; sus funcionarios son los mandatarios del pueblo. Querer, ejecutar y juzgar son los tres elementos de que se compone el gobierno, y cada una de estas funciones debe depositarse en diferentes personas o corporaciones, por tiempo limitado, sin cuyos requisitos ni hay soberanía nacional, ni hay libertad individual. La voluntad expresada por la representación nacional es sólo en lo concerniente a las leyes políticas, mientras que la del cuerpo legislativo que compone el gobierno, es sólo en lo tocante a las leyes gubernativas civiles o criminales. La fuerza moral que dan a la sociedad las instituciones sociales, necesita de una fuerza física que la sostenga, y ésta se compone de la milicia y el tesoro público. Todo hombre en estado de tomar las armas es defensor nato de la patria; pero no todos pueden ni deben ser soldados: una parte sola de la sociedad debe destinarse exclusivamente a este ramo, en razón de los objetos para que se la destina. El tesoro público debe igualmente componerse de una parte de las rentas del capital nacional repartidas con proporción entre todos y en razón de las necesidades del gobierno.

   No puedo, señores, explayarme más sobre unos puntos de que tenemos tanta necesidad, porque la premura del tiempo no me lo permite. No hace más que nueve días que estoy entre vosotros, y no ignoráis que he tenido que emplearlos en otras atenciones. Yo ruego a los beneméritos y respetables miembros del congreso me dispensen la libertad que me he tomado en estas ligeras y rápidas observaciones, y que las vean sólo como un desahogo de mis ardientes deseos por la prosperidad de mi patria. La Europa, señores, el mundo entero os contempla en este momento y aguarda de vosotros un documento que les haga ver que somos dignos de figurar entre las naciones. Llenad su expectación y nuestras esperanzas; y que la República de los estados equinocciales de Colombia deba al ejército la paz y su gloria y a vosotros su libertad y esplendor. ¡Quiera el cielo, que con tan clara protección se ha mostrado por nuestra causa, llenar de bendiciones vuestras tareas; y que los que hemos escapado del naufragio, establezcamos unas instituciones que nos prometan la felicidad de nuestros hijos!

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

32
OBSERVACIONES AL TEXTO DEL DISCURSO

DE INSTALACION DEL CONGRESO DE CUCUTA, PRONUNCIADO POR ANTONIO NARIÑO.

   Ligeras observaciones sobre el discurso de apertura del congreso.

Págs.
  2 V: Acaso quedaría mejor poniendo dos puntos, y quitando la Y primera.
  3 VH: Camino: lee.
íd. : En primera. No me gusta la imagen que presento.
  4 VH: Las elecciones, etc., está violenta la transición.
  5a. : En lugar del señor vicepresidente, ni en este lugar, ni al fin: hablaría de estados. Se dirá que fomento el federalismo contra sus antiguas opiniones y que trato de que se hable de la división de los departamentos.
  5 VH: De modo, etc. Período muy largo y algo oscuro.
  6 VH: ¿Tan sencillo?
íd. : Aunque, etc. Dura me parece la transición.
  7 VH: Mantener las primeras. Se repite. Allí mismo donde dice: pero estos mismos hombres. Hay mala concordancia y el sí estaría mejor al principio. La palabra posibles está repetida.
  8. : Se necesita. Parece que dirá se necesitan para mantenerle.
Págs.
  8 VH: Aunque, etc. Yo suprimiría éste y el capítulo siguiente. El 1°., porque no son detalles propios de un discurso de esta clase, y el 2°., en todo lo que manifiesta, están en mal estado nuestras ventas nacionales. Me parece en general que se han entrenado [sic] en el discurso en más detalles de los que debe tener un discurso de esta clase que ha de mirar los objetos muy (esto) en grande. Sin embargo, el pensamiento sobre temas nacionales o hechos, merece que se desenvuelvan un poco más.
  9 VH: El cuerpo legislativo que compone al gobierno. Me parece inexacta la expresión, y lo que sigue debe aclararse. Además, este epílogo o recapitulación me parece demasiado largo para un discurso breve, en donde las ideas anteriores expuestas sobre lo mismo, aun deben estar muy a la memoria de los lectores u oyentes.
10 VH: Y fue los que. Puede darse más fluidez a la expresión; aquí parece falta algo.

   Es lo que he podido observar leyendo el discurso con alguna reflexión1.


NOTA:
1   El original de estas notas se conserva en el archivo del historiador Restrepo (Del autor).

33
ACTA DE INSTALACION DEL PRIMER CONGRESO GENERAL DE COLOMBIA

ELABORADA POR 57 DIPUTADOS PRESENTES EN REPRESENTACION DE 19 PROVINCIAS. DECRETO ANEXO DEL VICEPRESIDENTE INTERINO, ANTONIO NARIÑO, EN RELACION CON EL QUORUM REQUERIDO PARA SESIONAR. Villa del Rosario de Cúcuta, 6 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   En la villa del Rosario de Cúcuta, a los seis días del mes de mayo del año del Señor de 1821 se reunieron, de precedente citación, en la posada del excelentísimo señor vicepresidente interino de la República, general de división Antonio Nariño, para la instalación del congreso general de Colombia, mandado convocar por la ley fundamental de 17 de diciembre de 1819, los 57 diputados que se hallan presentes en esta villa de los nombrados por las 19 provincias que oportunamente han estado en aptitud de hacerlo; y no obstante que se notaba la falta de cuatro o cinco diputados para el complemento de las dos terceras partes del número total requeridas por el reglamento inserto en la convocatoria de 20 de enero del año próximo pasado para el acto de instalación, como ya el excelentísimo señor vicepresidente había previsto y allanado esta dificultad por medio del decreto que tuvo a bien expedir con fecha de 1° del corriente, cuyo tenor es el que sigue:

Antonio Nariño, general de división y vicepresidente interino de la República

   Por cuanto se encuentra en esta villa un considerable número de los señores que han sido nombrados diputados por las provincias que oportunamente han estado en aptitud de hacerlo, para la formación del congreso general de Colombia, sin que hasta ahora haya sido posible reunir todos los individuos necesarios para llenar las dos terceras partes de la totalidad requerida por el reglamento de convocación; considerando: que por el artículo 5° del mismo, el gobierno quedó autorizado para allanar las dificultades que ocurriesen capaces de impedir o retardar su instalación, que seguramente han sido tan insuperables que debiéndose haber verificado aquélla desde el 1° de enero del corriente año, no ha podido tener su efecto la ley hasta el presente; considerando: que estas propias dificultades, lejos de desvanecerse, se aumentan cada día, ya por la falta de posibilidad en que se halla el gobierno de prestar a los diputados los auxilios pecuniarios que muchos necesitan para su traslación a esta villa, ya porque roto el armisticio y principiadas las hostilidades, será más dificultosa una marcha que no ha podido emprenderse en tiempo de calma y tranquilidad, ya porque también contribuirá a impedirla la estación rigurosa de invierno que está principiando, de cuyos graves y notorios inconvenientes resultaría que la instalación del congreso general de Colombia, designada para el día 1° de enero próximo pasado, no vendría acaso a verificarse en todo el corriente año, defiriendo a la opinión pública y a los mismos señores diputados presentes sobre la conveniencia y necesidad de la más pronta reunión del congreso; y considerándome como vicepresidente interino de la República, encargado del gobierno general, autorizado por el expresado artículo 5° del reglamento para allanar toda dificultad que obste a la instalación, conforme lo estaba mi antecesor, su excelencia el señor Roscio, que con el propio objeto delegó a su salida de la capital de Guayana esta misma facultad en su excelencia el vicepresidente de Venezuela en lo respectivo a su territorio. Por tanto, he venido en decretar lo siguiente:

    Que el congreso general de Colombia se instale con el número de 57 diputados presentes que hacen la mayoría absoluta de la totalidad de 95 que corresponden a las 19 provincias que oportunamente han estado en aptitud de nombrarlos, y se aproxima a las dos terceras partes requeridas por el reglamento de convocación.

    Que el acto de instalación se verifique el 6 del corriente, precediendo la publicación de un edicto citatorio.

   3° Que el ministro del interior se encargue del cumplimiento de este decreto.

   Dado en el palacio de gobierno en el Rosario de Cúcuta a 1° de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Por su excelencia el señor vicepresidente.
   El ministro del interior,

Diego B. Urbaneja.

   Se procedió en consecuencia a la instalación del cuerpo en la forma siguiente:

   El excelentísimo señor vicepresidente, asistido de los ministros del interior y de relaciones exteriores, revestidos igualmente del carácter de representantes, nombrados por las provincias de Cartagena y Guayana, y acompañado de los demás diputados, se dirigió a la santa iglesia parroquial, donde con asistencia de todos y la mayor solemnidad, se celebró la misa del Espíritu Santo. Terminado este acto religioso pasaron a la sala destinada para las sesiones del congreso, donde tomó su excelencia lugar preeminente bajo el solio nacional.

   Colocados los diputados debidamente, su excelencia el vicepresidente leyó un discurso propio del acto, y concluido, puesto de pie preguntó: ¿Son de opinión los señores diputados que puede procederse a la instalación del congreso? Habiéndose votado unánimemente que sí, dijo el vicepresidente: El congreso general de Colombia queda legítimamente instalado, en él reside la soberanía nacional. Un concurso numeroso lleno de entusiasmo y complacencia que presenciaba el augusto acto, repitió vivas a la República y al congreso, y en seguida se recibió a todos los señores diputados el juramento correspondiente.

   A propuesta del vicepresidente se procedió luego a nombrar presidente y vicepresidente para el congreso, y resultaron electos a pluralidad de votos el señor Félix Restrepo para presidente y el señor Fernando Peñalver para vicepresidente. Su excelencia colocó al primero en la silla presidencial, y después de haber oído las gracias que el señor Restrepo dio al congreso por su nombramiento, expresando que más confiaba en las luces de los señores diputados que en las suyas propias para su debido desempeño, se retiró el vicepresidente, acompañado de una diputación de cuatro miembros nombrados al efecto.

   Continuando la sesión, se trató del nombramiento de secretario, y después de una ligera discusión sobre si deberían nombrarse uno o dos de dentro o fuera del cuerpo, se acordó que hubiese dos secretarios elegibles por ahora, bien de los miembros del congreso, bien de fuera de su seno. Se entró en votación y fueron nombrados a pluralidad los señores Francisco Soto y Miguel Santamaría, los cuales tomaron posesión de su destino, dándose por cerrada esta acta de instalación, que será firmada por su excelencia el vicepresidente, por todos los señores diputados, y refrendada por los dos representantes del ministro de relaciones exteriores y del interior y justicia.

Antonio Nariño.

   Doctor Félix Restrepo, Fernando de Peñalver, Luis Ignacio Mendoza, doctor Ramón Ignacio Méndez, Ignacio Fernández Peña, Antonio María Briceño, José A. Mendoza, doctor Manuel Campos, doctor Francisco José Otero, Joaquín Fernández de Soto, J. Antonio Paredes, Miguel de Zárraga, Miguel Domínguez, Miguel Briceño, José Ignacio de Márquez, Antonio Malo, José Antonio de las Bárcenas, Nicolás Ballén de Guzmán, José María Hinestrosa, Juan Ronderos, Bernardino Tovar, Benedicto Domínguez, Leandro Egea, Diego F. Gómez, José Antonio Borrero, Lorenzo Santander, Pacífico Jaime, Mariano Escobar, Alejandro Osorio, Salvador Camocho, José Cornelio Valencia, Casimiro Calvo, Policarpo Uricoechea, Sinforoso Mutis, Cerbeleón Urbina, Francisco Gómez, Ildefonso Méndez, Pedro F. Carvajal, Carlos Alvarez, Manuel Baños, Francisco Soto, Joaquín Borrero, Manuel María Quijano, Joaquín Plata, Miguel de Tovar, Vicente Azuero, Miguel Santamaría, José Prudencio Lanz, Andrés Rojas, licenciado Gaspar Marcano, Miguel Ibáñez, Pedro Gual.

   El diputado ministro del interior y justicia,

Diego B. Urbaneja.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18, p. 225-228.

34
RESOLUCION DE LOS SECRETARIOS DEL CONGRESO DE CUCUTA

SOBRE LA CONTINUACION DE ANTONIO NARIÑO EN EL EJERCICIO DE LA VICEPRESIDENCIA DE LA REPUBLICA. Secretaría del congreso en el Rosario de Cúcuta, 7 de mayo de 1821.

Miguel Santamaría,
secretario diputado.
Francisco Soto,
diputado secretario.

   Secretaría del congreso de Colombia en el Rosario de Cúcuta, 7 de mayo de 1821.

   A su excelencia el vicepresidente de Colombia, general Antonio Nariño.

   Tengo el honor de acompañar a vuestra excelencia copia, debidamente certificada, de la resolución acordada por el congreso, a consecuencia de la lectura que se le hizo del despacho en que su excelencia el presidente Libertador nombró a vuestra excelencia vicepresidente de la República, el que así mismo devuelvo adjunto.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Doctor Félix Restrepo,
presidente del congreso.

   Secretaría del congreso general de Colombia.

   Los secretarios del congreso general de Colombia

Certificamos:

   Que en el acta de la sesión del congreso general de Colombia, del 6 de mayo del presente año de 1821, se contiene la siguiente exposición y resolución:

   "Se hicieron varias reflexiones sobre la naturaleza del nombramiento de vicepresidente en el señor Nariño, y teniendo a la vista su despacho, se resolvió contestar a su excelencia en estos términos:

   "Queda enterado el congreso, y el vicepresidente de la República debe continuar ejerciendo sus funciones conforme a las leyes que rigen en la materia, hasta nueva determinación".

   La cual exposición y resolución declaramos ser literalmente copiada del acta expresada, de lo que damos fe.

   Secretaría del congreso en el Rosario de Cúcuta, a 7 de mayo de 1821.

Miguel Santamaría,
secretario diputado.
Francisco Soto,
diputado secretario.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

35
INFORME SOBRE EL CONGRESO DE CUCUTA

ITINERARIO. ELECCION DEL VICEPRESIDENTE INTERINO. ELECCION DE DIRECTIVOS DEL CONGRESO. Villa del Rosario de Cúcuta, 8 de mayo de 1821.

COLOMBIA

Gaceta de la ciudad de Bogotá,
   Capital del departamento de Cundinamarca. Semestre 4°.
   Domingo 27 de mayo de 1821 11° N° 96

Congreso general de Colombia

   Publicamos en Gaceta extraordinaria del 20 del corriente el acta de la solemne instalación del primer congreso de la República. Insertamos en esta el siguiente

Boletín del gobierno número 1.

   Con el objeto de dar un conocimiento al público de los actos interesantes que pasan en la capital de la República se había acordado dar un papel con el título de Gaceta Equinoccial; pero como la imprenta destinada a este fin no haya aún llegado, ha parecido conveniente dar a los pueblos una noticia, aunque ligera en esta clase de papeles, mientras llega la imprenta, que no debe tardar.

   Habiendo el excelentísimo señor Libertador nombrado en 4 de abril vicepresidente de la República al general de división Antonio Nariño, con el especial encargo de instalar el congreso, removiendo todos los obstáculos que pudieran oponerse, su excelencia se presentó el 27 en esta villa a cumplir con tan importante encargo. Dictadas las correspondientes providencias, los inconvenientes se allanaron. Los diputados fueron convocados para el día 6 de mayo. Una comisión compuesta de los señores Félix Restrepo, Francisco Pereira, Vicente Azuero, Miguel Zárraga y Prudencio Lanz, fue encargada de la calificación de los poderes. Hecha la calificación llegó el día deseado, el día grande de Colombia. Reunidos los representantes de la nación en la iglesia y hechas las preces de costumbre, se congregaron en la sala destinada a la instalación. El excelentísimo señor presidente pronunció su discurso inaugural, sencillo, pero del caso y lleno de principios luminosos. Concluido el discurso procedió al grande acto de la instalación. Los representantes prestaron el correspondiente juramento; se nombró presidente del cuerpo al señor Félix Restrepo, vicepresidente al señor Fernando Peñalver, y secretarios a los señores Francisco Soto y Miguel Santamaría. El congreso de Colombia quedó instalado, llenos los deseos del Libertador y los votos de la nación cumplidos.... ¡Pueblos de Colombia!: los torrentes de sangre que han empapado vuestro suelo y esa inmensidad de sacrificios no serán en vano, nuestros representantes animados de los mejores deseos, inflamados por el bien público, discuten ya los grandes intereses de la nación y meditan los planes de vuestra felicidad. Si el ruido del cañón no dejó por algunos momentos oír la voz de la ley, el cañón truena lejos y la voz del orden, de la organización y de la ley, va a escucharse y a tomar su imperio.

   No es posible expresar el contento, el enajenamiento con que los pueblos de estos valles han mirado este acto. El ilustre ayuntamiento de esta villa acordó tres días de fiestas para solemnizar, y en ellos nada ha parecido bastante al pueblo para demostrar su complacencia. Las calles han permanecido adornadas los tres días e iluminadas por las noches; en la plaza se plantó el árbol de la libertad en medio de una multitud de arcos y de otra multitud de arbustos que lo rodeaban; hacia un costado de la plaza se figuró un castillo en donde se veía colocada la bandera nacional, que debía ser combatido por un navio, que viniendo de fuera de la plaza, conducía al despotismo. El primer día de las fiestas que fue el anterior a la instalación se pasó en fuegos artificiales, tiros de cañón y en prepararse el ataque y defensa del castillo; el segundo, después de la instalación y de haberse servido un abundante refresco, lo ocuparon el combate, las aclamaciones y aquellas efusiones producidas por la presencia del objeto que se desea y la esperanza del bien. Entre las ideas graciosas que se ocurrieron al pueblo en su regocijo, fue una la prisión del despotismo después de la victoria obtenida sobre el navío y el sacrificio que de él se hizo inmediatamente; el día tercero, concluida la misa de acción de gracias en que pronunció el señor doctor Manuel Campos una oración muy del caso y llena de unción, se pasó en combates de guerrilla de a pie y de a caballo en traje de máscaras, y por la noche en bailes particulares. Tales han sido las demostraciones de estos pueblos que en su devastación han hecho aun lo que le parecía fuera de sus medios y recursos; ellos han expresado sus sentimientos, manifestado su patriotismo, su interés por la causa común, amor a la República y a la asamblea soberana de la nación.

   Villa del Rosario de Cúcuta, 8 de mayo de 18211.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, Fondo Pineda, v. 883, fol. 332.

NOTA:
1   Imprenta del Estado, por Nicomedes Lara.

36
CARTA DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL LIBERTADOR

SOBRE SU RENUNCIA AL MANDO. INSTALACION DEL CONGRESO. SITUACION EN MARACAIBO. COMPLICACIONES CON COMANDANTES MILITARES. SOBRE LA IMPRENTA. Rosario, 10 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 10 de mayo de 1821.

   Mi buen amigo, mi respetable general:

   La carta de usted de 21 del pasado, que he leído y releído muchas veces, me ha causado un[a] sensación extraordinaria. En ella pinta usted con viveza y puntualidad los males que padece la patria, y es indubitable que quien conoce el mal está en aptitud de aplicar el remedio. Por otra parte, se obstina usted en querer dejar el mando, y si esta resolución que lleva usted demasiado lejos, le hace honor y manifiesta sentimientos sublimes de un verdadero ciudadano, ella nos es perjudicial; no porque no sea cierto que las graves atenciones de la guerra deban impedir a usted entrar en una porción de pormenores de un gobierno que se está formando, sino porque el influjo de usted sobre todas las clases de la sociedad es el único que puede hacer marchar esta máquina de ruedas complicadas y sin unto. Yo me habría creído criminal para con la patria si, en las circunstancias en que nos hallamos, me hubiera dejado llevar de sus reflexiones y le hubiera dado gusto; no, mi amigo, el que ha arrostrado por 27 años el furor de los españoles por amor a su patria, no ve jamás delante de sí sino esta misma patria y cierra los ojos a toda otra consideración y a la misma amistad. Usted me ha honrado con la suya, usted me ha distinguido desde el momento que nos hemos visto, y haría traición a mi corazón si no le hablara con la franqueza que estas consideraciones me deben. En toda otra circunstancia yo mismo le aconsejaría a usted la renuncia, no para que descansara sino para quitar hasta las sombras que pudieran empañar una reputación, una celebridad justamente adquirida, pero en el día la creo perjudicial a los intereses comunes. Así, mi amigo, en esta ocasión no he creído deber acceder a sus deseos, y, lejos de haberlos apoyado, he hecho todo lo contrario.

   El congreso se instaló el domingo 6 del corriente, venciendo cuantas dificultades se me opusieron, y entre ellas la mayor fue la del número de los diputados, pues en lugar de esperar que, aguardando, se aumentaran, iba sucediendo lo contrario, que se iban disminuyendo; y yo creí que lo que nos convenía era que se instalara, aunque después se disuelva, porque en este caso ya no somos responsables. Por el acta verá usted las razones en que me he fundado para instalarlo con menos de las dos tercias partes. Lo que hasta ahora tienen de bueno es que no hay venezolanos ni cundinamarqueses, y que si hay alguna rivalidad es de deferencia, queriéndose sobrepujar los unos a los otros. Va la contestación del congreso, que, aunque no la he visto, me dicen que deja las cosas como están, para que no agriándose usted con la no admisión de su renuncia, siga su marcha el gobierno sin hacer novedad, que es lo que nos conviene.

   Tengo oficiado a Maracaibo para que su gobernador me informe sobre el estado político de aquella plaza y sobre la opinión pública, pues hay sus hablillas sobre que se van trastornando y yo quisiera que, en caso de moverse de aquí el congreso fuera a Maracaibo, porque se afianzaría con esto la opinión pública; el gobierno se pondría en un punto más ventajoso para sus relaciones con todos los puntos de la costa, y encontraría allí recursos que aquí es imposible encontrar. Yo no sé todavía sobre esto lo que se debe esperar.

   Aquí me encuentro con embarazos muy grandes con los comandantes militares que gobiernan en lo político y no quieren obedecer las providencias que el gobierno expide en esta parte. El de estos valles donde reside el gobierno y el congreso, nos ha dicho que él no depende ni del vicepresidente ni del congreso sino del general de la guardia a quien pertenece este territorio, y yo he creído deber manejar este punto con prudencia, hasta que usted expida una orden que levante unos obstáculos que dependen de la ignorancia de estas gentes, y que, subsistiendo, son ociosas las funciones de la vicepresidencia.

   El congreso ha comenzado a tratar en sesiones extraordinarias el punto de su subsistencia, y anoche me han pedido las órdenes que usted haya expedido al efecto; yo pienso enviarles una por todas, y es la contestación que usted da a Azuola sobre la consulta que éste le hace sobre gastos de secretaría y del congreso; en ella está recapitulado cuanto hay que decirles.

   La imprenta no ha llegado, y como la que hay aquí no alcanza para dar una gaceta, dispuse que se diera aunque fuese un boletín, de que remito una docena de ejemplares; pero como tampoco tenemos aquí más personas para estos trabajos, me vi precisado a encargarlo a los mismos diputados, y si la imprenta tarda, creo que no podrán seguir los mismos editores, pues será un milagro si no se nos ofrecen algunas contestaciones con el cuerpo de que son miembros.

   Páselo usted bien, mi estimado amigo, que el cielo llene de bendiciones sus trabajos y fatigas y que dentro de poco tiempo tengamos el gusto de oír la libertad de Venezuela y de dar a usted un estrecho abrazo su apasionado servidor y amigo,

Nariño.

   Posdata: No va lo que dije al congreso al tiempo de su instalación porque aún andan rodando sobre mi mesa los apuntes que hice y que aún no están coordinados; en estando, los remitiré.

   Al general Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

37
OFICIO DEL PERSONAL DE LA OFICINA GENERAL DE CORREOS AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

COMPLACENCIA Y APOYO POR SU REGRESO A LA PATRIA Y POR SU NOMBRAMIENTO COMO VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA. CONTESTACION. Bogotá, 14 de mayo de 1821.

Manuel Calderón,
administrador general.
José Camilo Manrique,
contador general.
Manuel Pérez, Jorge Pérez,
José Domingo Bonell, Gregorio Diego Tanco y Manrique.
Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   Con el último placer toman la pluma los individuos que componen la oficina general de correos, para cumplimentar al sabio jefe del soberano congreso nacional, en el destino que tan dignamente ocupa. Damos el parabién a vuestra excelencia, dámoselo a los amantes de la independencia, a la patria y a toda Colombia, porque ve a su frente un hijo que la debe salvar con la sabiduría de sus leyes, con la abundancia de sus recursos y con su consumada política.

   Nada envidiamos de los legisladores griegos y romanos: en vos todo lo tenemos. Gracias damos al Dios de la Providencia, que de las mazmorras, cadenas y calabozos, y aun de las sombras de la muerte, os ha sacado, para cooperar con el Libertador y el supremo cuerpo nacional a salvar la patria, que hemos reconquistado por las fatigas y sudores de los bravos soldados de aquel ínclito atleta.

   Dios dilate la importante vida de vuestra excelencia por muchos años para el bien de la República.

   Administración general de correos de Bogotá, 14 de mayo de 1821.

   Excelentísimo señor.

Manuel Calderón,
administrador general.
José Camilo Manrique,
contador general.
Manuel Pérez, Jorge Pérez,
José Domingo Bonell, Gregorio Diego Tanco y Manrique.

   Excelentísimo señor vicepresidente de Colombia y presidente del soberano congreso nacional.

Contestación

   El vicepresidente de la República

   Señores:

   He leído, con el aprecio y reconocimiento que merece, el oficio de los individuos de esa administración principal de correos, y quisiera verdaderamente poder corresponder a los sentimientos generosos de sus individuos. De cualquier modo, el Dios de las misericordias que me ha salvado, como a Daniel, de las garras de los leones, se dignará bendecir los buenos deseos que me animan en servicio de una patria por quien tantos trabajos he padecido.

   Dígnese usted admitir los sentimientos del verdadero aprecio y estimación con que soy su más atento, seguro servidor.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

38
CARTA DE SANTANDER AL GENERAL NARIÑO

COMPLACENCIA POR SU LIBERACION Y SU REGRESO A LA PATRIA. Palacio de Bogotá, 14 de mayo de 1821.

Francisco de Paula Santander.

   Palacio de Bogotá, 14 de mayo de 1821 11°.

   Excelentísimo señor general, vicepresidente interino de Colombia, Antonio Nariño, etc.

   Entre los sucesos con que la fortuna ha favorecido en estos últimos años a la República de Colombia, puede contarse la libertad de vuestra excelencia y su restitución al seno de la patria. El último soldado de Colombia, en cuya clase apenas puedo colocarme, tiene esta persuasión, persuadido, como lo estoy, del interés, celo y patriotismo con que vuestra excelencia ha cuidado de trabajar por la independencia; estas cualidades, y los bien notorios talentos de vuestra excelencia, deben inspirar a los colombianos una grande esperanza de que vuestra excelencia acertará a ejercer cumplidamente el alto puesto en que el Libertador presidente del Estado lo ha colocado provisoriamente.

   Ruego a vuestra excelencia acepte los votos ingenuos de mi consideración, con los cuales soy de vuestra excelencia, atento, obediente servidor,

F. de P. Santander.


39
CARTA DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL LIBERTADOR

DIETAS DE LOS DIPUTADOS. RESISTENCIA EN JEFES SUBALTERNOS. COMUNICACIONES DE ZEA. Rosario, 16 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 16 de mayo de 1821.

   Mi respetado amigo:

   No sé por dónde comience a hablar a usted sobre el cúmulo de cosas que me han caído encima. Clemente habrá informado a usted de todo lo que presenció y que yo no alcancé a decirle. Después de su partida ha habido tres sesiones extraordinarias sobre medios para satisfacer las dietas de los diputados, y de ellas ha resultado que las han reducido a tres pesos diarios, y que estos se paguen del tesoro público nacional. Yo tuve por conveniente hacer presente de nuevo lo que usted dice en su oficio de 14 de abril y lo que contesta Santander en 25 del mismo, diciendo que está autorizado por usted en todo lo que dice relación con guerra y hacienda y que así sólo con usted se debe entender; y se me ha contestado que cumpla con lo prevenido por el soberano congreso, en cuya virtud voy a oficiar hoy al vicepresidente de Cundinamarca para que remita las cantidades que deben cubrir no sólo las dietas de los diputados sino los demás gastos del gobierno.

   Esto viene, mi amigo, de arriba para abajo, y de abajo para arriba hallo una resistencia en los jefes subalternos que apenas quieren cumplir las providencias del gobierno y oponen continuamente dificultades que entorpecen su marcha; de modo que me hallo entre dos fuerzas de resistencia que me hacen girar por órbitas excéntricas, cuando el gobierno es en todas partes el centro a cuyo rededor deben girar las otras partes que lo rodean.

   Dejo aparte una porción de menudencias para tratar de cosas más serias. Hoy hemos recibido comunicaciones de Zea hasta marzo, de que incluyo a usted copias. Tres puntos hay a mi ver muy importantes: su traslación a España, cuando se mira ya bien a los afrancesados y llevando $75.000 que se aumentarán a la deuda nacional; la contrata de à40.000 de platina y la disposición que supone en el gobierno español para acceder a nuestra emancipación. Sobre el primero ya no tiene remedio, pues a la fecha debe estar verificado y me parece que debemos esperar los primeros resultados; sobre el segundo, ya usted y el mismo Zea saben mi opinión de que por ningún título ni motivo debemos dejar salir ni una onza de platina en grano, pues este es uno de los manantiales que nos deben sacar de apuros, como usted verá cuando tenga yo tiempo de extender este proyecto; sobre el tercero, creo que es llegado el caso de publicar la carta del duque de Frías para hacer ver al mundo entero las poderosas razones que obligaron a usted a romper el armisticio y poner su honor a cubierto. Espero me diga usted cómo piensa sobre todo esto.

   Las gacetas extranjeras que hasta ahora hemos visto por encima hablan de la desenmascaradura del rey de Nápoles. Este, cuando se vio fuera, propuso a los napolitanos 50.000 austríacos como amigos o 150.000 como enemigos y una constitución que él les daría, declarando nulo todo lo anteriormente hecho. Fernando ha querido seguir las huellas de su tío, ha mudado el ministerio y todo parece en España en confusión. Yo sospecho que los españoles tratan de José I; estas son malicias mías.

   Con motivo del estado de Ocaña que remití a usted con Clemente he mandado que se levanten aquí milicias, se armen y ejerciten en las que han entrado algunos de los diputados del congreso, pues en San José han quedado después del armisticio una porción de catalanes y otros de los que han peleado contra nosotros, y que en mi juicio el pensamiento de recuperar sus propiedades es la verdadera causa de haber jurado quizás en calidad de por ahora.

   Aguardo las contestaciones que dije a usted de Maracaibo para dar providencias sobre lo de los colegiales que usted me remite ahora. Yo creo que tendremos que dar con Lasso, y éste, a pesar de la opinión del señor Libertador, será enteramente nuestro mortal enemigo; si Dios no hace un milagro, que todavía no está hecho, según me cuentan que se explica. Si me cae a las manos, he aquí mi canon: "Cuando usted haga por nuestra causa lo mismo que ha hecho por la de los españoles, entonces creeré en su patriotismo".

   Páselo usted bien, mi querido amigo, que nuestros enemigos desaparezcan a su presencia, y que dentro de poco tiempo tenga el gusto de abrazarlo su afectísimo,

Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

41
OFICIO DEL CABILDO DE BOGOTA AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

PREOCUPACIONES DEL CONGRESO. ORGANIZACION INTERIOR. ESTADO DE LA HACIENDA PUBLICA. OBSERVACIONES DE MISTER DUMONT y DE JEREMIAS BENTHAM. Villa del Rosario de Cúcuta, 17 de mayo de 1821.

Boletín del gobierno número 2
Bernardo Pardo, Francisco Gregorio de Vergara,
Sebastián Herrera, Juan de Dios Londoño,
José María Calvo, José Ignacio Umaña,
Dionisio Antonio de la Torre.
Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor:

   El cabildo de Bogotá ha visto, con satisfacción y placer, cambiadas, en la segunda magistratura de Colombia, las cadenas que oprimían a vuestra excelencia por haber proclamado los derechos de su patria y defendídolos. Testigo este cuerpo, y admirador de las virtudes de vuestra excelencia y de sus esfuerzos por fijar el imperio de la libertad, se congratula ahora, considerando que el influjo y los talentos de vuestra excelencia contribuirán, en gran parte, a la felicidad de la República. Viva, pues, vuestra excelencia, y viva para cooperar a obra tan grande, que le colocará en los anales de la inmortalidad.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Sala capitular de la ciudad de Bogotá, a 17 de mayo de 1821 11°.

   Excelentísimo señor.

Mariano Tovar, Luis Sarmiento,
   Bernardo Pardo, Francisco Gregorio de Vergara,
Sebastián Herrera, José María Calvo,
Sebastián Esguerra, Juan de Dios Londoño,
José Ignacio Umaña, Dionisio Antonio de la Torre.

   Excelentísimo señor general de división, vicepresidente de la República,

Antonio Nariño.

Contestación

   El vicepresidente de la República, al cabildo de Bogotá.

   Cambiadas mis cadenas en la segunda magistratura de Colombia, quisiera que mis obras correspondieran a los nobles sentimientos de ese ilustre cabildo, y que como he tenido constancia y resignación para sufrir las unas, tuviera acierto para desempeñar la otra. Pero el ilustre cabildo debe estar persuadido de que, acostumbrado a padecer por una patria que adoro, ningún género de sacrificio me podrá arredrar para ayudar a conducir la obra de nuestra libertad a su fin.

   He tenido la mayor complacencia en leer de uno en uno los nombres de los individuos que componen ese cuerpo y me congratulo felicitándolos por su existencia, después de la horrible tormenta que los ha rodeado; ofreciéndome con los sentimientos del más vivo reconocimiento.

   Su más atento, seguro servidor,

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

41
BOLETIN DEL CONGRESO SOBRE LAS SESIONES DEL CONGRESO

COMPLACENCIA POR SU LIBERTAD Y REGRESO A LA PATRIA. APOYO POR SU ELECCION COMO VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA. CONTESTACION. Bogotá, 17 de mayo de 1821.

   El congreso ha continuado sus sesiones, ocupándose ante todas cosas de su organización interior, del método de sus procedimientos y de aquellas primeras providencias consiguientes a su instalación. Siendo el primer cuerpo que se reúne, legítimamente representativo de Colombia, ha creído conveniente declarar que el presidente y vicepresidente de la República sigan en el curso natural de sus funciones, debiendo todo lo demás llevar entre tanto el mismo orden. Después verá el público la carta que su excelencia el Libertador presidente en que hace la más respetuosa expresión de sus homenajes a esta augusta asamblea, al mismo tiempo que manifiesta su absoluta repugnancia de continuar en el mando, y la contestación satisfactoria que el congreso ha dado a su excelencia.

   Ya comienzan a examinarse los grandes intereses de la nación: se ha indicado la necesidad de tomar los informes más exactos que permitan las circunstancias, sobre el estado de la hacienda pública, sus productos y los gastos nacionales, para hacer los nuevos arreglos y establecimientos más convenientes; se ha señalado el lunes 14 de corriente para comenzar a tratar sobre el punto fundamental de todos los demás, a saber: sobre la definitiva unión de Cundinamarca y Venezuela y la forma de gobierno más propia para su mutua felicidad y más acomodada a sus particulares circunstancias. Se han enunciado otras materias no menos interesantes y se ha propuesto la importancia de establecer comisiones permanentes que levanten proyectos en los diversos ramos, o hagan observaciones a los que se presenten y sean admitidos a discusión por el congreso; fuera de las comisiones particulares que deberán crearse según ocurran los negocios. Es generalmente reconocida la utilidad, o diremos más bien la necesidad de estas comisiones que facilitan y multiplican los trabajos, que examinan las materias despacio y con tranquilidad fuera del calor de los debates, y que economizan el tiempo que emplearía el congreso en organizar ideas informes, mal digeridas y propuestas con inexactitud.

   Se observa generalmente en los señores diputados mucho celo por el bien de la patria, por el adelantamiento en los trabajos y por colmar la expectación pública y el anhelo de los pueblos, que han consignado en sus representantes todas sus esperanzas; la lisonjera perspectiva del alivio de sus males y de su felicidad futura. Pero no debemos asombrarnos ni arredrarnos porque se hayan encontrado obstáculos en los primeros pasos. Nuevos en la difícil táctica de los cuerpos representativos, a las veces se desvían nuestros diputados del asunto en cuestión, e inspirados por el mismo deseo de acertar, pasan de nuevos a nuevos [sic] objetos; se escapa de la vista el primer punto, y las resoluciones se retardan.

   Han adoptado la juiciosa resolución de sujetarse provisionalmente a un reglamento de debates, que no es otra cosa que un extracto de las sabias reglas que una dilatada experiencia enseñó al parlamento británico; y cada día se observa más orden, más unión y consistencia en los objetos de la cuestión.

   Creemos que es tiempo oportuno de hacer una ligera indicación de las observaciones de míster Dumont en el particular y de las principales reglas del debate propuestas por míster Jeremías Bentham. Este último es el primero que ha reducido a formales principios "el arte (como se llama) de dirigir una reunión de hombres, de tal forma que la fuerza moral de cada uno de sus individuos produzca un resultado completo del saber y la opinión de todos, así como de la fuerza física de cada uno de los soldados de un ejército nace, mediante la disciplina militar, una fuerza superior que es la suma de las individuales reunidas".

   "Un cuerpo político —dice Dumont (véase el Español núm. 6)— sólo puede sostenerse por un sistema de conducta que asegure la libertad de sus miembros, y manifieste la voluntad general en último resultado. Muy difícil de establecer el tal sistema, porque es preciso impedir tres grandes males: la precipitación, la fuerza y el fraude. Por una parte, es preciso defenderse de la oligarquía, por la cual un número pequeño domina el voto de todos los otros; por otra, es necesario huir de la anarquía, en que cada cual, por hacer de independiente, se opone a la reunión de un voto general; en una palabra, es necesario un sistema de reglas que obligue habitualmente a la reflexión, a la moderación y a la perseverancia".

   "Una organización capaz de producir estos efectos, supone tanto conocimiento de los hombres y de sus pasiones, tan grande estudio de los médicos de lograr la formación de una voluntad común, que parece imposible que un legislador, por sabio que fuese, pudiera lograr la idea por entero, o que pudiese hallarla —como dicen los lógicos— a priori. Mas tenemos, por fortuna, mejores fundamentos para tratar este asunto, que los que pudieran darnos las especulaciones filosóficas: tenemos un sistema no teórico, sino práctico, establecido en una gran nación, y consolidado por la duración de muchos siglos. Este sistema se ha formado poco a poco, es fruto de la experiencia, ha tomado consistencia por grados, ha resistido a embates terribles y se ha perfeccionado con las mismas tentativas con que han querido arruinarlo".

   "Es cosa singular que entre tantos escritores que han dado noticia de la constitución británica, con intención decidida de elogiarla, no ha habido uno que haya hecho objeto de sus encomios una de sus partes menos conocidas y más estimables, cuales son las fórmulas interiores del parlamento, y las reglas de policía que él mismo se ha impuesto para el ejercicio de sus poderes, siendo estas fórmulas lo que más ha influido en mantener y acrecentar la libertad nacional. Todo el mundo ha parado la vista en esta planta grandiosa después de crecida; pero nadie ha fijado la atención en el cultivo de la semilla que la produjo, ni en cómo ha ido creciendo en el cercado que la defendió cuando era tierna, hasta arraigarse de modo que no tema las tempestades".

   "La debilidad e impotencia de los antiguos estados generales de Francia nació, sin duda, de que nunca establecieron una buena disciplina interna, ni una forma conveniente de deliberación, y, por tanto, nunca pudieron deducir una verdadera voluntad general. Al disolverse quedaban olvidados y aniquilados cual si nunca hubieran existido. Volvían a reunirse, y tenían que volver al principio de sus contiendas. En su historia se descubre una grande precipitación por lo presente, y una entera imprevisión de lo porvenir; en una palabra, más eran un tumulto que un cuerpo político. Su desorden interno era bastante a inutilizar las intenciones mejores. Sin buena disciplina, tan poco vale el patriotismo en una corporación numerosa como el valor en el campo de batalla. El parlamento de Inglaterra, mucho menos poderoso en su origen, pero más arreglado en su constitución, ha sabido sostenerse bajo los reyes más déspotas".

   Puntos principales a que se debe atender en la manera de formar las actas de un congreso político:

   1° Lograr la identidad de los términos de la proposición con los del acta. 2° Fijar los términos de la proposición, por escrito. 3° Unidad inviolable del asunto del debate. 4° Debate y votación enteramente distintos. 5° Que no haya orden fijo para hablar en los debates. 6° Que los votos se den todos a la vez, y no unos tras otros.

   Reglamentos para lograr estos objetos:

   No debe tenerse por acta del congreso lo que no se haya propuesto por medio de una moción, que se haya puesto en voto y se haya adoptado por la mayor parte. El objeto de esta regla es evitar fraudes. Son tan posibles, sin ella, que los ha habido en otros tiempos en el parlamento inglés.

   2° Toda moción dirigida a lograr un acta, debe traerse escrita por el que la hace, y estar concebida en los mismos términos que han de servir para el acta, en caso de ganarse. Razones: sólo por escrito se puede dar permanencia al discurso; sólo el que concibe una idea puede expresarla exactamente; sólo escribiéndola él mismo puede considerarla con la posible atención; sólo trayéndola escrita puede aprovecharse el tiempo que se gastaría en dictarla delante del congreso, y sólo estando escrita en los mismos términos en que se ha de expresar el acta, se puede estar seguro de que el acta no contiene ni más ni menos que lo que se ha discutido y adoptado.

   Hecha una moción, no se debe tratar de otra hasta que se haya dispuesto de aquélla. Razones: si fuera lícito interrumpir unas mociones con otras, rara vez se podría lograr una decisión. Resultaría distracción y cansancio.

   Que no sean una misma cosa el debate y la votación. Razones: porque el que da su voto antes de acabarse el debate, lo da sin oír todas las razones en pro y en contra; porque si se dan los votos antes de acabarse el debate, el que habla en último lugar puede hacer variar la opinión de los que han votado primero, y en este caso, si no reforman su voto, no resultará verdaderamente la opinión del congreso; y si lo reforman, habrá confusión y pérdida de tiempo.

   5° Después que el autor de la moción haya hablado, no debe haber orden fijo para que hablen los demás miembros. Razones: lo contrario sería desanimar a los que se hallaran al fin de una lista de ciento o doscientos, que siempre habrían de antecederles. Los que estuviesen al principio de la lista se avergonzarían de no decir algo cuando fuesen llamados, y hablarían siempre, tuviesen o no [algo que] comunicar sobre el asunto. Hablando a discreción, cada uno hablará cuando mejor lo pueda hacer, según sus talentos: uno será excelente para proponer; otro para mejorar las ideas; otro para reducirlas a su mejor punto de vista; cual, para narrar, cual para corregir inexactitudes en los hechos. Hablando por lista, el que sabe narrar hablará probablemente después del que sólo sabe discurrir, y el que es excelente en invención, después del que sólo sabe mejorar lo inventado. Tiene esta regla, además, la ventaja de contribuir a la igualdad de los representantes.

   6° Los votos públicos deben darse a un tiempo. Razones: este método ahorra mucho tiempo; debilita el influjo injusto de los jefes de partido, y protege la libertad de la votación.

   Villa del Rosario de Cúcuta, 17 de mayo de 18211.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, Fondo Pineda, v. 813, fol. 155.

NOTA:
1   Impreso en el Rosario de Cúcuta por Antonio Chaves, año de 1821 11°.

42
CARTA DE NARIÑO A SU HIJA MERCEDES

SALUDOS Y BENEPLACITO POR SU NIETA. LLEGADA DE MARIANO ORTEGA. Rosario, 21 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 21 de mayo de 1821.

   ¿Cómo piensa [sic] mi Merceditas que mi amor se había de disminuir porque hayas tomado estado con acuerdo de tu tía, y con tan buena elección? No, hija mía, todo lo contrario, cada día te quiero más, y te felicito porque estás contenta, y porque me hayas dado una nietecita que se parezca a ti más bien que a mí. Agasájala en mi nombre, dale mil besos por su abuelo, y cuídamela para que yo pueda dárselos personalmente.

   Ya habrás sabido la necesidad en que me he visto de detenerme en esta, no sólo contra mi voluntad, sino con un pesar que me amarga todos los instantes que veo separado de todo lo que amo, después de haber llegado hasta aquí como por una especie de prodigio; pero no desesperemos que, como se han abierto otros caminos más difíciles, se abrirá este también, y llegará el momento tan deseado de que nos veamos todos juntos.

   A la sensible y bella Trinidad dile que he celebrado mucho su elocuente posdata; que para mí será más dichoso el día en que, una a cada lado, las llene de abrazos y de cariños; que ella sabe que siempre la he querido, y que lo mismo la quiero; que allá voy a ser su padrino, pues ya es tiempo de que lo sea. Mucho me alegro que hayas permanecido en casa de tu tía Dolores. Continúa lo mismo, y cuídamela mucho sirviéndola como ella las ha servido, y como lo harías conmigo.

   Hoy ha llegado aquí Mariano Ortega conduciendo unos tres mil y tantos pesos para pagar a los señores del congreso, y he tenido el mayor gusto en comenzar a ver los de casa; me trajo cartas de Pepe, Benita y José María; lo tengo en casa, y con él te remitiré algunas cositas para que las partas con Isabelita y Trinidad, sin que falte para las otras. A Ibáñez le escribo por separado, y a ti sólo te añado que continúes queriéndome como te quiere

Tu padre.

   A ti te encargo las saludes para la Chepa Pinzón y sus hijas, para Mariquita y Juana Silvestre, y para la Chepa y Savala.

FUENTE EDITORIAL.
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

43
OFICIO DE BOLIVAR AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

SOBRE ORDEN A FAVOR DEL LIBERTADOR CONTRA LOS CARGOS PUBLICOS DE BOGOTA. BOLIVAR RENUNCIA A HONORARIOS Y ASIGNACIONES QUE LE ADEUDA LA REPUBLICA. Guanare, 25 de mayo de 1821.

Simón Bolívar.

   Al excelentísimo señor vicepresidente interino de la República.

   Excelentísimo señor:

   Instigado de los clamores con que mi propia familia y las de algunas de mis amigos y compañeros de armas se lamentaban por la miserable situación en que se hallaban, me tomé la libertad de librar una orden a mi favor contra las cajas públicas de Bogotá en el año de 1819.

   La copia que incluyo a vuestra excelencia con el número 1, es la contestación que recibí del director de rentas acusando el recibo de mi orden y avisando haberla mandado cumplir. El documento también adjunto número 2, manifiesta haberse satisfecho mi libramiento.

   La ley de repartición de bienes nacionales me asigna un haber de $25.000 como general en jefe del ejército, y me da derecho para esperar asignaciones y gracias extraordinarias; y la ley que declara los sueldos de todos los empleos, me asigna como presidente de la República el de $50.000 anuales desde el año de 1819. Yo renuncio desde ahora todos estos derechos y acciones que no he percibido, dándome por satisfecho de ellos por los $14.000 tomados en Bogotá.

   El objeto a que los destiné y las sagradas obligaciones a que satisfice con ellos, me han recompensado ampliamente de los derechos que renuncio a favor del tesoro público.

   Yo suplico a vuestra excelencia se sirva presentar al congreso general, en mi nombre, esta expresión sincera de mi voluntad. Aceptarla será para mí una gracia singular que miraré como el testimonio más puro del aprecio con que la representación nacional se digna honrarme.

   Dios, etc.

Guanare, 25 de mayo de 1821.

Simón Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18, p. 278.

44
BOLETIN DEL GOBIERNO SOBRE EL CONGRESO DE CUCUTA

DISCUSIONES SOBRE LA LEY FUNDAMENTAL. FORMA DE GOBIERNO. UNION DE LOS REPRESENTANTES. Villa del Rosario de Cúcuta, 27 de mayo de 1821.

COLOMBIA

Gaceta de la ciudad de Bogotá,
   capital del departamento de Cundinamarca

   Semestre 4°. Domingo 10 de junio de 1821 11° N° 98

Congreso general de Colombia

   Boletín del gobierno número 3

   El congreso adelanta sus tareas: las discusiones ruedan en el día sobre la ley fundamental. Poco se ha hablado sobre la unión de Venezuela y la Nueva Granada como decretada por el voto general de los pueblos por la conveniencia, la utilidad y la necesidad. La cuestión que se debate es la forma de gobierno que cimente la unión y convenga mejor a las repúblicas unidas. Esta forma de gobierno, las instituciones que una nación se dé, pueden hacer su engrandecimiento y prosperidad, o su nulidad y envilecimiento. Algunos representantes han pronunciado elocuentes discursos, desenvolviendo los bellos y sublimes principios del sistema federativo, calculado para mantener la libertad de los pueblos y hacer su felicidad. Otros han discurrido sobre la necesidad de presentar un cuerpo político bastante fuerte, capaz de imponer a los enemigos de la independencia, y, de consiguiente, la necesidad de concentrar las luces, los recursos, el poder y la fuerza. La cuestión no ha sido hasta ahora discutida sino por una vez, y no podrá resolverse hasta que haya sido discutida por tercera vez.

   Se observa con placer una unión estrecha entre los representantes de la nación; unión producida por el sentimiento vivo del amor a la patria y de la libertad, por la activa pasión del bien público; ¡pueda esta concordia subsistir tanto tiempo, cuanto dura en el hombre el deseo de ser feliz! ¡Pueda ella presidir a todas las deliberaciones, echar raíces profundas, existir siempre en todos los corazones y afirmar los fundamentos de la República!

   Terminados los 15 días que, conforme al reglamento de debates, deben durar el presidente y vicepresidente del congreso, se procedió en la sesión del 22 a la nueva elección, y resultó de ella electo presidente Alejandro Osorio y vicepresidente el señor prebendado doctor Luis Mendoza.

   Villa del Rosario de Cúcuta, 27 de mayo de 18211.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, Fondo Pineda, v. 883, fol. 336.

NOTA:
1   Imprenta del Estado, por Nicomedes Lara.

45
OFICIO DE BOLIVAR AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

RECOMENDACION PARA ASISTIR A LAS VIUDAS DE LOS VICEPRESIDENTES ROSCIO Y AZUOLA. Ospino, 28 de mayo de 1821.

Simón Bolívar.

   Al excelentísimo señor vicepresidente de la República.

   Aunque considero a vuestra excelencia igualmente penetrado que yo de un vivo interés por las viudas y familias de los difuntos vicepresidentes, señores Roscio y Azuola, es un deber muy grato a mi corazón recomendar a vuestra excelencia su desgraciada posteridad. Las virtudes públicas y domésticas de estos beneméritos magistrados, sus servicios y consagración a la causa de la patria, reclaman muy justamente la consideración del gobierno. Ella no puede ejercerse en objetos más dignos de la piedad y consuelo como en favor de sus hijos y esposas.

   Yo, pues, condolido de la orfandad en que han quedado reducidas las familias de los señores Roscio y Azuola, las recomiendo a vuestra excelencia encarecidamente para que vuestra excelencia lo haga al congreso general suplicándole que de los fondos públicos se les asigne una pensión de que subsistan con la decencia, honra y virtud que heredaron de sus padres.

   Dios, etc.

   Ospino, 28 de mayo de 1821.

Simón Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
O Leary, ob. cit., t. 18, p. 286

46
OFICIO DE BRICEÑO MENDEZ AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

COMPLACENCIA DEL LIBERTADOR POR SU ELECCION DE NARIÑO COMO VICEPRESIDENTE. BOLIVAR REITERA SU DECISION DE PARTICIPAR SOLO EN LOS NEGOCIOS MILITARES. Ospino, 28 de mayo de 1821.

Pedro Briceño Méndez.

   Al excelentísimo señor vicepresidente interino de la República.

   Su excelencia, el Libertador presidente, ha visto la nota que en 1° del corriente se sirvió vuestra excelencia dirigirle. Su excelencia ha celebrado que hubiera vuestra excelencia llegado a encargarse del gobierno tan oportunamente para cooperar y aun acelerar la instalación del congreso. Su excelencia se felicita a sí mismo por la acertada elección que hizo en vuestra excelencia y congratula a vuestra excelencia por la parte que ha tomado en aquel augusto acto. Desde el 24 del corriente comuniqué al señor ministro del interior la firme resolución en que está su excelencia el Libertador de no entender ni mezclarse sino en los negocios militares o que tengan íntima conexión con la guerra. Su excelencia me manda que aproveche esta oportunidad para repetirle a vuestra excelencia directamente que, descargado su excelencia de todos los demás departamentos del gobierno, es vuestra excelencia quien lleva el peso y responsabilidad de ellos.

   Conforme con esta resolución, su excelencia se abstiene de decidir nada acerca de la consulta que privadamente ha recibido de vuestra excelencia sobre si conviene o no revocar algunas órdenes libradas por el señor gobernador comandante general interino e intendente de la provincia de Barinas como perjudiciales a las rentas y a los intereses particulares de los vecinos de aquella provincia. Vuestra excelencia está autorizado para dictar la resolución que juzgue conveniente, en la inteligencia de que su excelencia ignora cuáles sean aquellas órdenes.

   Dios guarde, etc.

   Ospino, 28 de mayo de 1821.

Pedro Briceño Méndez.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18, p. 285-286.

47
OFICIO DE NARIÑO DIRIGIDO AL CONGRESO

OFRECIMIENTO DE SU PROYECTO DE CONSTITUCION. CONTESTACION. Rosario de Cúcuta, 29 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.
Miguel Santamaría,
diputado secretario.
Francisco Soto.

   Oficio que el general de división Antonio Nariño, pasó al soberano congreso.

   Señor:

   Aunque me hallo interina y accidentalmente al frente del poder ejecutivo, creo que esta circunstancia no me priva del derecho que tiene todo ciudadano de concurrir con su persona, con sus bienes y con sus luces al mejor servicio de la causa pública. Veintisiete años de meditaciones continuas en todas las posiciones en que un hombre se puede hallar en la sociedad, subiendo y bajando desde el estado más abyecto al más elevado, y desde éste a las mazmorras más oscuras, parece que me dan un derecho a ser oído, cuando se trata de nuestra organización social, objeto de mis votos y causa de los padecimientos de toda la flor de mi vida; y mucho más cuando he merecido el honor de ser nombrado por la provincia de Cartagena representante de este soberano cuerpo, no obstante que el todo de las funciones de este nombramiento sí lo creo incompatible con mi destino actual.

   Estas consideraciones me animan a ofrecer a vuestra majestad el fruto de mis padecimientos y del inextinguible amor de mi patria, presentándole un proyecto de constitución en el momento mismo en que el soberano cuerpo va a ocuparse de asunto tan grave y trascendental. Si los momentos son críticos, si la guerra existe, si todo el territorio aún no está libre, estos inconvenientes deben ceder al mayor de todos, cual es el de vivir sin leyes que nos gobiernen.

   La regularización de la guerra, este paso de la más alta importancia, debido al héroe de Colombia, a nuestro ilustre Libertador, nos ha sacado de aquella guerra asesina y criminal que conducía a la muerte al prisionero, al pacífico labrador y al mismo sexo desvalido; y colocándonos en la clase de las naciones civilizadas, ha puesto al cuerpo representativo de la nación en estado de ocuparse hoy con más tranquilidad en unos trabajos que, además de establecer el orden, proporcionen los recursos necesarios para completar la grande obra de nuestra emancipación y libertad.

   Mas como no sé si el soberano congreso está ya decidido a entrar en los pormenores de una constitución, ni si tendrá por conveniente el que yo presente mi proyecto, hago sólo la propuesta sin remitirlo, aguardando su soberana resolución. Añadiendo que, en caso de creer accesible y justa mi pretensión, se me permita presentarla por partes, por no haber acabado de poner en limpio los apuntes que tengo formados; y por que si la primera parte que presentaré, hasta las atribuciones del poder legislativo, no mereciere tomarse en consideración, no perder el tiempo en ordenar lo que falta poner en limpio.

   Rosario de Cúcuta, a 29 de mayo de 1821.

   Servidor,

Antonio Nariño.

   Secretaría del congreso general de Colombia, en el Rosario de Cúcuta, a 29 de mayo de 1821.

   Al señor general Antonio Nariño.

   Enterado el congreso general del contenido del oficio de vuestra excelencia del día de hoy, en que manifiesta a su majestad que, continuando las tareas que siempre ha consagrado a la patria, ofrece un proyecto de constitución, que ha podido escribir en medio de las fatales y prósperas circunstancias que ha tenido en la carrera de su vida y que puede llamarse el fruto de su experiencia, "el congreso ha acordado se diga a vuestra excelencia recibirá con placer la indicada obra en los términos que propone, y procurará también adquirir las luces que ella debe producir".

   Lo que comunicamos a vuestra excelencia para su conocimiento.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   El diputado secretario,

Miguel Santamaría.

   El diputado secretario,

Francisco Soto.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

48
ACUSACION DE JUAN D'EVEREUX CONTRA EL VICEPRESIDENTE NARIÑO

SOBRE SUPUESTA CONDUCTA CONTRA LA SEÑORA VIUDA DEL DIFUNTO GENERAL ENGLISH. RETO A DUELO. Cuartel general del Rosario de Cúcuta, 30 de mayo de 1821.

Juan D'Evereux,
comandante de la legión irlandesa.

REPUBLICA DE COLOMBIA

   Cuartel general del Rosario de Cúcuta, a 30 de mayo de 1821 11°.

   Juan D'Evereux

   Del orden del Libertador, general de división de los ejércitos de la República y comandante general de la legión irlandesa, etc., al señor vicepresidente de Colombia.

   Excelentísimo señor:

   Era [ha sido] con sorpresa mezclada con sentimientos de indignación como he sabido de la extraña y sin igual conducta de su excelencia el día de hoy en [sic] insultando la señora viuda del difunto general English del modo como su excelencia lo ha hecho. Sintiendo cómo yo debo un aborrecimiento justo a la conducta de su excelencia para con esta señora; y esa señora siendo mi paisana, tomo la libertad de advertir a su excelencia que al momento que su vicepresidencia acabe (que Dios quiera, por el honor de su suelo nativo, sea mañana), pediré de su excelencia como un oficial de igual graduación, aquella reparación que la justicia requiere y el honor puede aceptar.

   Tengo el honor de ser de su excelencia su muy obediente servidor,

D'Evereux.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

49
CARTA DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL GENERAL BOLIVAR

CALENTURAS. DISPUTAS SOBRE CENTRALISMO Y FEDERALISMO. ASUNTO EN RELACION CON LA VIUDA DEL GENERAL ENGLISH. COMUNICADO DEL CABILDO DE OCAÑA. PRISION DE D'EVEREUX. Rosario, 31 de mayo de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 31 de mayo de 1821.

   Mi respetable general y amigo:

   Al fin las calenturas triunfaron y me han abrumado. No tengo la cabeza sino para decir a usted que en Pasto no quise formar el terno con Macaulay y Caycedo y que aquí tampoco quiero hacer triunvirato con Roscio y Azuola, por lo que he determinado, con consejo de los médicos, retirarme a un temperamento frío aquí en las inmediaciones, dejando entretanto a los ministros encargados del despacho; que con este motivo saldrán también del congreso, en donde se han sepultado y nada se despacha de consideración.

   Las disputas sobre centralismo y federación tenían a estos señores tan acalorados, que al fin me he visto precisado a pedirles permiso de presentar un proyecto de constitución que conciliase los ánimos, y hablar con este motivo en la introducción. Así lo he verificado y creo producirá algún efecto. ¿Quién había de creer que semejantes cuestiones habían de resultar entre nosotros? Castillo me ha escrito hoy desde Ocaña, y con su llegada se acabará de desvanecer este nublado, según se me expresa en su carta. Incluyo a usted los impresos, y entre ellos la Gaceta de Bogotá, en la que se halla inserta la proclama del gobernador de Cartagena. Ya me parece que es tiempo de que se imprima la contestación del duque de Frías a Zea, y no habiendo llegado la imprenta, la remito a Santander para que allí se imprima. Las otras comunicaciones al congreso, los ministros quedan encargados de hacerlas. Ya las he hecho antes de partir, porque el asunto que sigue ha interrumpido mi viaje.

   Aquí iba, mi querido general, cuando un acontecimiento extraño vino a perturbar mi salud debilitada y mi viaje. En esta se halla una señora inglesa que dice ser la viuda del general English, y que después de haber vivido en mi casa con un coronel inglés que la acompaña, ha querido que se les pague la casa, y que se les dé dinero a carretadas; ayer me asaltó nuevamente y le contesté el estado en que estamos, añadiéndole que todo el mundo notaba aun el que le pagara la casa, pues estaba viendo que continuamente compraba y mantenía porción de caballos, lo que no denotaba una gran miseria, cuando ni los señores del congreso ni yo estábamos en estado de poderlo hacer. Este gran pecado anglicano motivó el adjunto oficio, cartel o borrachera sin ejemplo, del general D'Evereux. Al instante le hice pasar una orden de arresto en su casa, y le voy a seguir la causa hasta dejar el honor del gobierno tan completamente satisfecho que quite la gana a estos aventureros de venirnos a tratar como tratan a sus colonos de las Indias Orientales. Si un paso tan atrevido, tan escandaloso, de que ni hablan la ordenanza ni las leyes, porque lo suponen imposible, pasara sin hacer un fuerte ejemplar [sic], ya podíamos dejarnos de querer figurar en el mundo. Que como Antonio Nariño cuando no sea más, me busque D'Evereux o el gigante Goliat con todos sus filisteos, y que me dé de patadas, esas son cuentas de un particular que se las dejan dar o no, según lo halle por conveniente; pero que al que está al frente del gobierno se le hable [en] semejante lenguaje, más que sea un sacristán de parroquia, repito que no hay ejemplar, y que no se debe dejar sin escarmiento.

   Vaya otro asunto grave, aunque me muera escribiendo. El cabildo de Ocaña insta y dirige una larga exposición al congreso sobre los riesgos que corre aquello con la saca de las únicas fuerzas que allí había, y el congreso lo pasa al poder ejecutivo como a quien corresponden las medidas de seguridad; yo se lo devuelvo, haciéndole ver que esto es un asunto sobre [el] que usted ya ha tomado conocimiento e insiste en que use de mis facultades; pero yo lo remito a usted todo de oficio. Santander ya había dispuesto mandar cien hombres de Mompós con el comandante Guillén, y se había oficiado a Montilla sobre lo mismo. Incluyo también la posdata o acápite del escribano de Ocaña.

   Como, por una parte, no hay aquí oficiales de graduación para juzgar a D'Evereux, que por otra se trata de un asunto en que no se puede separar la persona del gobierno, o de un asunto personal mío y, últimamente, como el señor Gual, Santamaría y otros amigos de D'Evereux hayan declarádose abiertamente sus protectores, oponiéndome cuantos obstáculos son imaginables para entorpecer la causa porque no quise ceder a sus empeños, como si el gobierno fuera propiedad mía, he resuelto mandarlo con la causa a ese cuartel general, esperando se le hará el consejo de guerra, en el que no me deben ver a mí que accidentalmente ocupo el gobierno, sino al mismo gobierno. Supongamos que haya insultado a la inglesa, que la haya pateado y, últimamente, que la haya muerto a puñaladas; ¿es a un oficial, es a D'Evereux a quien toca juzgar y castigar al gobierno? Si semejante papel lo hubiera pasado uno de nosotros, no digo al gobierno inglés sino al gobernador de Jamaica, ¿cuánto tiempo hubiéramos durado vivos? Usted, mi amigo, vea lo que se le espera si esto queda impune como se lo han ofrecido a D'Evereux sus amigos; yo no debo permanecer aquí más que unos días, y usted se verá en cada providencia que tome obligado a dar satisfacción con su espada a cada parte que se crea ofendida, que siempre hay una en toda queja entre partes. Por último, si mañana sale D'Evereux triunfante, yo mismo, si lleno de insultos a usted y al congreso en cuerpo, diciéndoles cuantas desvergüenzas se me antoje, ¿me podrán ustedes castigar sin una notoria y chocante injusticia? Si como D'Evereux se estrelló en Riohacha, hubiera prosperado y con su legión hubiera pasado por Cúcuta, ¿cómo me hubiera tratado?

   Me hallaba aquí sin siquiera un edecán y felizmente se me apareció el subteniente Ortega, mi sobrino, conduciendo dinero para el congreso. No está agregado a ningún cuerpo; y lo he dejado para tener siquiera con quien dar una orden, y si se me ofrece, mandar a usted algún pliego de importancia. También he hecho que Patria me mande 50 hombres, que aunque inválidos, sirvan siquiera de parapeto al gobierno.

   Esta carta lleva ya tres días con mis calenturas. Hoy 4 se ha sancionado la unión, la unidad del gobierno o gobierno central y la división del territorio de la República, para quitar de este modo para siempre ese germen que comenzaba a manifestarse de venezolanos y granadinos. Incluyo a usted la introducción a mi proyecto de constitución para que en algún rato desocupado, si lo hubiere, la lea, porque este fue el modo de ponerlos en paz. Yo se lo deseo a usted después de sus triunfos, y el que me crea con la mayor sinceridad su verdadero admirador y amigo,

Nariño.

   Posdata. A D'Evereux lo tengo preso, y se ha resistido a dar la confesión y a nombrar defensor. Al inglés que acompaña a madame English lo he hecho salir para Maracaibo a que aguarde allí la respuesta que dice espera de usted.

   Al general Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

50
OFICIO DEL MINISTRO DE GUERRA AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

SUCESOS POSTERIORES A LAS OPERACIONES EN BARINAS. MOVIMIENTOS DE URDANETA Y PAEZ. SUBLEVACION DEL PUEBLO DE SARARE. Villa del Rosario de Cúcuta, 2 de junio de 1821.

Boletín del gobierno número 4°

   En el correo extraordinario que llegó a esta capital el 29 del pasado, se han recibido el oficio del señor ministro de la guerra y comunicaciones siguientes.

   Ministro de la guerra. Cuartel general en Boconó de Caracas, a 17 de mayo de 1821 11°.

   Al excelentísimo señor vicepresidente interino de la República.

   En mi última nota desde Barinas instruí a vuestra excelencia de nuestras primeras operaciones por esta parte. El extracto de las noticias comunicadas al ejército en la orden general de hoy, de la cual incluyo a vuestra excelencia una copia, contiene los sucesos más notables que han ocurrido posteriormente.

   El señor general Urdaneta avisa desde el puerto de Alcón [sic], con fecha de 29 del pasado, que el 30 marchaba de los puertos de Alta Gracia sobre Coro, para donde replegaba la pequeña columna enemiga que lo había estado observando. Nuestras fuerzas por aquella parte son tan superiores, que no debe temerse ni aun remotamente un suceso adverso. Ya que se ha dicho en Barquisimeto y en Guanare que estaba Coro en nuestro poder, y aunque es creíble que el pueblo se haya sublevado antes que lleguen nuestras tropas, porque así lo habían ofrecido al general Urdaneta, se aguarda el parte oficial para anunciarlo con seguridad.

   Para sostener los movimientos de los señores generales Urdaneta y Páez se ha hecho adelantar las posiciones de este ejército, situándolo en Guanare. El batallón Anzoátegui está allí desde ayer, y siguen a reforzarlo el de Granaderos, el Vencedor y el de Boyacá. El escuadrón de Dragones con que cubrimos a Guanare adelanta ya sus correrías y observaciones hasta más allá de Ospinos, donde se ha formado una guerrilla, a nuestro favor, con los prisioneros tomados por el capitán Orta, y con algunos paisanos que voluntariamente se han comprometido a este servicio. Así tenemos la ventaja de saber con certeza y prontitud cualquier movimiento que intente el enemigo, aunque nuestra principal seguridad consiste en su impotencia para moverse a buscarnos.

   El padre Torrellas, a cuya obstinación en el partido español debió este mucha parte de sus sucesos en las campañas de 1813 y 1814, ha proclamado ahora la independencia en el pueblo de Sarare, que fue siempre su asilo. Allí se ha levantado una fuerte guerrilla de caballería e infantería que observa constantemente a Araure y a San Carlos, y asegura nuestras comunicaciones con Barquisimeto, impidiendo que vayan al occidente partidas enemigas, mientras el señor coronel Carrillo se posesiona de aquel país [territorio], que está evacuado, y asegura su tranquilidad.

   Por la enumeración que hace de las fuerzas enemigas el ayudante español Rodríguez que acaba de pasarse, se sabe, con certeza, que reunidas todas las divisiones enemigas formarán un ejército de 7.000 hombres, no haciendo deducción de las bajas que diariamente causa la deserción. Tan considerable es esta, que el batallón de Barinas, el del Príncipe y el regimiento de Dragones leales quedan ya en esqueleto. Los últimos pasados, que han llegado, aseguran que en la marcha de Barquisimeto a Cojedes ha perdido Barinas la mitad de su fuerza, y de los Dragones apenas hay día que no se presenten desertores. Si la tercera y la quinta divisiones no se retiran pronto a Cojedes y Araure, puede asegurarse su destrucción sin combatir, mucho más ahora que sus desertores encuentran nuestro apoyo en Ospinos y Sarare.

   Los sucesos del señor coronel Ramos son de una grande importancia, porque además de la destrucción de las guerrillas, priva al enemigo del único medio que le quedaba para tener noticias de la marcha y dirección del señor general Páez; hemos dejado expedita y franca la comunicación con el Apure entre Boconó y Masparro, para que reciba el ejército la subsistencia más cómodamente.

   Lo comunico a vuestra excelencia para su inteligencia y satisfacción, y para que pueda vuestra excelencia dar al congreso general los informes que necesita sobre nuestras operaciones militares.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   El ministro,

Pedro Briceño Méndez.

   Copia del artículo de la orden general del 15 de mayo.

   Habiendo sido destinado sobre Ospinos el capitán Orta con una partida de 20 dragones, [se] encontró el día 13 del corriente con un destacamento enemigo compuesto de 40 hombres de infantería y caballería, a una legua de aquella villa. El capitán Orta lo cargó, le mató seis hombres y tomó 32 prisioneros, 27 fusiles, nueve carabinas y cuatro caballos ensillados. Su excelencia el Libertador ha visto esta acción con la distinción que ella merece, y siendo la segunda en que este valiente oficial se señala en la presente campaña, su excelencia le ha premiado con el grado de teniente coronel.

   Copia. Extracto de noticias comunicadas en la orden general de 17 de mayo de 1821.

   Su excelencia, el Libertador presidente, ha tenido anoche la satisfacción de recibir partes de los ejércitos de oriente y Apure, y de las columnas que a las órdenes de los señores coroneles Ramos y Carrillo obran en los pueblos de occidente, en el Mijagual y Guanarito. Todos ellos contienen los siguientes detalles de sucesos importantes.

   Las noticias de oriente alcanzan hasta el 8 de abril, y aunque el señor general Bermúdez no había recibido hasta entonces las órdenes para el rompimiento de las hostilidades, estaba preparado a abrirlas a consecuencia de los movimientos que los pueblos de la costa de Curiepe y el Tuy hacían armándose contra los españoles y acogiéndose de nuevo bajo la protección de nuestras armas. El pueblo de Cupira, dirigido por su capitán Lorenzo Bustillo, es el que más se ha distinguido en esta ocasión. El se ha puesto todo sobre las armas, usando del derecho que el tratado de armisticio le concede para reincorporarse a las banderas de la República. Estos movimientos han hecho adelantar las posiciones de nuestro ejército de oriente en la costa para cubrir aquellos virtuosos y valientes pueblos contra las tentativas y venganzas del enemigo.

   El ejército de Apure estaba ya el 10 del corriente en plena marcha. Antes de emprenderla se le había presentado al señor general Páez el ayudante del escuadrón de flanqueadores del regimiento del Rey, Nicolás Rodríguez, que desertó de Calabozo el 5 del presente mes con diez soldados de su cuerpo. Este oficial ha dado noticias, y relaciones las más exactas y circunstanciadas del ejército español, de su lamentable y ruinosa situación, y de la disposición general de los pueblos oprimidos y de las tropas mismas para abandonar el partido español. El escuadrón de flanqueadores debía desertar todo para venir a tomar nuestro servicio, cuando fue descubierto su intento, y el ayudante Rodríguez con sus compañeros no quiso esperar el resultado. La división de Morales, cuya fuerza exageraban tanto los enemigos, está casi reducida a esquelo [esqueleto] por las frecuentes y numerosas deserciones que sufre. Partidas y destacamentos enteros de ella se presentan a incorporarse a nuestra división del alto llano. El hambre, la desnudez, y el tratamiento duro y brutal de los jefes españoles, son las causas que, unidas a la convicción de nuestra justicia y de la superioridad de nuestras fuerzas, precipitan la disolución del ejército español.

   El señor coronel Ramos ha conseguido un triunfo completo sobre las guerrillas enemigas que al mando de Ferrus y Hernández infestaban los distritos del Mijagual y Sabana Dulce. El 14 del corriente nuestra columna las encontró reunidas en el paso del Mijagual, cubiertas con parapetos y trincheras que fueron tomadas en el momento que las atacamos. Los enemigos se dispersaron perdiendo sus armas y caballos, de los cuales se tomaron 25 ensillados, y algún ganado. El día 15 se habían presentado ya al coronel Ramos 150 hombres de los dispersos, y la mayor parte de las familias que se llevaban las guerrillas. Los comandantes Ferrus y Hernández casi solos huyen para Apure.

   El señor coronel Carrillo continuó su marcha desde Carache sobre el Tocuyo y Barquisimeto el 12 del corriente, después de haber destacado al señor coronel Vargas con una columna a Cararigua; al teniente Segarra con un destacamento fuerte de caballería sobre Humucaro, y al teniente Alvarez sobre Carora a reunir las guerrillas que le habían formado en todo aquel distrito contra los españoles, y que los habían expulsado ya del país, obligándolos a retirarse.

   El pueblo de Sarare se ha sublevado contra el gobierno español a principios de este mes, acaudillado por el alcalde Nicolás Torrellas y el padre Torrellas, quienes lo han participado a su excelencia el Libertador presidente, añadiéndole que tenían ya 90 hombres de caballería y una compañía de infantería, y molestaban ya al enemigo por el flanco derecho con esta fuerza. Todo el occidente de Caracas, desde Barquisimeto hasta Carora, queda incorporado a la República por los valientes esfuerzos de sus propios habitantes, entre los cuales merecen una particular recomendación los de Siquisiqui, Arenales y Carora, que por sí solos han estado combatiendo contra la primer y tercera divisiones españolas desde el mes de marzo; lo han rechazado y destruido cuantas fuerzas habían intentado someterlos al gobierno español; se han armado con los fusiles que arrancaron de las manos de sus opresores, y han conseguido al fin expulsarlos para siempre de su territorio, confundidos en el oprobio de su cobardía y debilidad.

   Tan felices disposiciones de parte de los pueblos aseguran el término pronto de la campaña abierta. Los habitantes del país se anticipan a cooperar con sus libertadores, facilitándoles el paso, e instando vivamente por su protección, que miran como la protección del cielo. El ejército no hará muchas marchas sin que reciba el premio a que aspira, viendo coronada en la victoria más completa la grande causa que tan dignamente sostiene. Los enemigos huyen donde quiera que los alcanzan nuestros bravos, o se rinden porque no confían ya ni en la fuga.

   Tales son los preludios de la campaña que va a poner término a los males de la patria. Una victoria sola hará desaparecer de nuestro suelo los restos miserables del ejército español. Con él huirán de Colombia los desastres que lo han devastado; y la libertad, la independencia y la paz serán el fruto inmediato de una tan fácil victoria.

Mariño.

   Con fecha 14 de mayo se avisa de Mompós, en carta confidencial a su excelencia el señor vicepresidente de la República, que el coronel Padilla, con cuarenta y tantos buques de las fuerzas sutiles, tomó la bahía de Cartagena, después de haber triunfado nuestras tropas en Lorica.

   Villa del Rosario de Cúcuta, 2 de junio de 18211

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional. Fondo Pineda, v. 883, fol. 156.

NOTA:
1   Impreso en el Rosario de Cúcuta por Antonio Chaves, año de 1821 11°.

51
OFICIO DE BRICEÑO MENDEZ AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

NOTICIAS DEL ENEMIGO. ORDENES DEL GENERAL CEDEÑO. REUNION DE DIVISIONES DEL EJERCITO. San Carlos, 4 de junio de 1821.

Pedro Briceño Méndez.

   Excelentísimo señor vicepresidente de la República.

   Excelentísimo señor

   Hasta la aparición de La Corteza he instruido antes a vuestra excelencia de los movimientos de este ejército y de las noticias que teníamos del enemigo. El 30 vino el ejército de Araure, y de allí se adelantó el señor coronel Plaza con un piquete de 20 dragones a observar esta ciudad. Estando a seis leguas de ella se le presentó un sargento desertor del escuadrón de baqueanos, que formaba en el pueblo de San José la guardia avanzada del enemigo. Por este desertor supo la disposición en que se hallaba aquel cuerpo y que no era difícil sorprenderlo, quitándole los caballos. El 31 por la noche se ejecutó esta operación, con tan buen suceso, que se tomaron los 100 únicos caballos que tenía el cuerpo y con ellos 17 hombres armados. El resto del escuadrón y una compañía de infantería que cubrían el pueblo, fueron sorprendidos y se retiraron en completa dispersión, de la cual no pudo el coronel Plaza aprovecharse, por la oscuridad de la noche y porque siendo tan débil su piquete no debía exponerse a que le retomara el enemigo los caballos, de que ya nos habíamos apoderado.

   El 2 del corriente, al acampar el ejército en La Ceiba, destacó su excelencia al señor general Cedeño con 150 dragones y lanceros a reconocer de nuevo esta ciudad, de donde se recibían frecuentemente noticias contradictorias por los desertores que llegaban a presentarse al ejército, y principalmente por los dispersos de la sorpresa de San José, que iban saliendo después de haber estado ocultos en las inmediaciones de la ciudad. El general Cedeño tuvo orden de marchar hasta donde se encontrase enemigos en número más fuerte que el de su descubierta. No habiendo hallado novedad alguna hasta San José, siguió, y apenas había dado algunos pasos, cuando dio con un piquete de húsares españoles, que al divisar nuestra partida volvieron cara y se pusieron en fuga abierta. Aunque se les persiguió vivamente, no pudo aprehenderse sino uno solo, por el cual se supo que las divisiones tercera y quinta estaban evacuando la ciudad y se retiraban sobre Valencia. Nuestra descubierta se adelantó, ocupó esta población y siguió en persecución del enemigo, cuya retaguardia molestó en toda aquella noche. La precipitación con que se retiraba el enemigo era tal, que en más de 12 leguas no hizo un alto, y nuestros dragones, fatigados ya de la persecución, se conformaron con tomar los dispersos y estropeados que dejaba aquel. Más de 150 hombres de todos los cuerpos se han recogido ya, y unánimemente afirman que es aún mayor la deserción que ha sufrido esta columna enemiga. Incesantemente se presentan desertores a nuestros puntos avanzados, y salen de los bosques inmediatos a esta ciudad los que quedaron ocultos en ellos.

   Generalmente se asegura que el general La Torre permanece en Valencia con la primera división de su ejército; y que allí hará la asamblea general. Que Morales, con dos batallones y dos escuadrones marchó sobre Caracas a observar al señor general Bermúdez, cuyos puntos avanzados atacados por la descubierta enemiga, se retiraron al cuerpo del ejército, que estaba en Petare, según dicen unos y en Guarenas, según otros. Lo que se deduce con certeza de todas las relaciones es que el señor general Bermúdez ha obrado con una audacia y rapidez extraordinarias hasta apoderarse de Caracas, y después se ha conducido con la prudencia y circunspección que su excelencia le ordenó observase conforme al plan de operaciones.

   Dentro de muy pocos días estarán reunidas aquí todas las divisiones del ejército. El señor general Páez estaba con la suya en Tucupido el 31 de mayo. El señor general Urdaneta tenía dos de sus cuerpos avanzados en El Pedregal, y marchaba de Coro el 28 con los demás. El señor coronel Carrillo, después de haber pacificado todo el occidente, se acerca con su columna y entrará mañana a este cuartel general.

   Los enemigos, reducidos a Valencia y a los valles de Aragua, son observados de cerca, y puede decirse que están verdaderamente bloqueados por la sola cooperación de este cuerpo con el del señor general Bermúdez.

   Sírvase vuestra excelencia hacer transmitir estas noticias a su excelencia el vicepresidente de Cundinamarca.

   Dios, etc.

   San Carlos, 4 de junio de 1821.

Pedro Briceño Méndez.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18. p. 301-302.

52
OFICIO DE BOLIVAR AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

RECOMIENDA EL ASCENSO A GENERAL EN JEFE DE LOS EJERCITOS DE COLOMBIA AL GENERAL DE DIVISION RAFAEL URDANETA. San Carlos, 6 de junio de 1821.

Simón Bolívar.

   Al excelentísimo señor vicepresidente interino de la República.

   Los importantes servicios que el señor general de división Rafael Urdaneta ha prestado a la República en esta campaña, completando la libertad de las provincias de Maracaibo y Coro, lo hacen acreedor al inmediato ascenso de general en jefe de los ejércitos de Colombia. El sirve en el empleo actual desde el año de 1814; constantemente ha estado en campaña y en todas ocasiones ha manifestado su absoluta consagración a la República y virtudes militares que le han merecido siempre la estimación pública y la confianza del gobierno.

   Yo recomiendo a vuestra excelencia que lo presente a la consideración del congreso general, posponiéndolo en mi nombre para el empleo de general en jefe.

   Dios, etc.

   San Carlos, 6 de junio de 1821.

Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18, p. 306-307.

53
CARTA DE NARIÑO A SU HIJA MERCEDES

SALUDOS FAMILIARES. ENVIO DE ALGUNOS REGALOS. Rosario, 6 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 6 de junio.

   Aunque había hecho ánimo de no escribir sino a Antoñito para todos, no puedo, Merceditas mía, dejarte de poner aunque sea dos renglones y que sirvan de contestación a tu Antonio, que no tiene él, ni tú, que volverme a hablar de su matrimonio, después de los que les tengo dicho, y de lo que tú misma debías suponer, sabiendo lo que te quiero. ¿Qué te pudiera gustar a ti que no le gustara a tu padre? Tu marido será siempre para mí el marido de Merceditas, y no podrá estar la una en mi corazón sin que esté el otro. Dámele mil y mil besos a Dolorcitas, y encárgate de hacer lo mismo con Isabelita, aunque esté hecha una mujerona. Dile que antes de casarse se dedique a escribir todos los días, que ahora tiene bastante motivo escribiéndome muy despacio cuanto se le venga a ella y a Trinidad. ¡Qué libros tan lindos, tan graciosos traigo para las que sepan ya un poco de francés! ¡Qué pajaritos, qué música, qué camisones franceses en tafilete color de rosa! ¡Se han de chupar los dedos!

   Aquí iba cuando me han entregado otra tuya del 25, y con posdata de Antoñita en que se queja de que no la saludo. Dile que lo he hecho de estudio, porque el matrimonio parece que le quitó hasta el amor que tenía a su tío Antonio, que ni aun saludes siquiera le he merecido, pues aunque Osorio me ha dicho fríamente: Antoñita lo saluda, he creído que esto era puesto de su bolsillo; que no obstante todo esto, allá habrá llegado un regalito para el día de San Antonio, porque aunque me olviden, yo siempre las he de querer. Dámele un beso a Trinidad en mi nombre por su posdata que acabo de recibir, y con esto quedaré perdonado; aunque de cuando en cuando es bueno ver si les soy indiferente.

   Si necesitas agujas para los nuevos ajuares, que te den un estuchito de los que van en el baúl, otro a Trinidad, otro a Isabel, y yo no sé si alcanzará para Teresita; yo veré qué es lo que cosen, y si alcanza para Eugenia.

   No dudes de lo que te quiere

Tu padre.

   Para Antonio y Mercedes.
   (Y al respaldo): Para Mercedes y Antonio Ibáñez.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

54
CARTA DE NARIÑO A ESTANISLAO VERGARA

EN ESPERA DEL FAVOR DE LA PROVIDENCIA EN SU NUEVO DESEMPEÑO. Rosario, 8 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 8 de junio de 1821.

   He visto con el aprecio que debo la carta de vuestra señoría en que me felicita por haber escapado de las manos de mis opresores y por mi próspero arribo al territorio de Colombia. Y si la Providencia que vela en la suerte de los hombres salvándome de los riesgos y peligros que he corrido, me había reservado para presidir el primer acto de la República, el más augusto, el que ha perfeccionado la unión de Venezuela y Cundinamarca y el que ha dado complemento a la obra proyectada por el inmortal Bolívar, esta misma Providencia espero me dará acierto para desempeñar el empleo que por unos cortos días debo ejercer y me proporcionará la dicha que me preparó la gloriosa jornada de Boyacá, de ir a descansar y morir tranquilo y libre en el seno de mi familia.

   Acepte vuestra señoría los sentimientos del mayor aprecio y estimación con que me ofrezco, su más atento seguro servidor, que besa su mano,

Antonio Nariño.

   Al señor ministro del interior y justicia de Cundinamarca, Estanislao Vergara.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

55
CARTA DE NARIÑO AL LIBERTADOR

EL CASO D'EVEREUX. SOBRE RECOMENDACION DE VIUDAS DE ROSCIO Y AZUOLA. Rosario, 16 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 16 de junio de 1821.

   Mi general y amigo:

   Aunque abrumado con mis calenturas y con incomodidades con el soberano congreso que ha querido tomar parte en la causa de D'Evereux, a que me he resistido hasta el punto de decirles que me depongan porque no cumplo ninguna de sus órdenes en esta materia, y cuyo punto aún está pendiente, tomo la pluma para decir a usted que he visto hoy una carta de Santander en que me dice que el congreso trata de residenciarlo y a usted también. Esta es una chispa infernal de espíritus que quieren introducir la discordia. Yo, como usted sabe, no asisto ni me acerco al congreso para nada, pero sé lo que allí se trata, y es falso, falsísimo que se haya tratado semejante cosa. El congreso, como todo el mundo, sabe a quiénes debe su existencia, y el que pueda estar tratando en el día pacíficamente la organización de la República, su mérito y sus servicios no son de aquellos que se pueden reducir a problema: son tan claros, tan notorios, que sería un mentecato el que sobre ellos pusiera la menor duda. Por otra parte, ¿en qué punto, sobre qué materia, se le podía pedir a usted cuenta, autorizado como lo está para disponer libremente de todos los recursos y medios para concluir la grande obra de nuestra independencia? Desconfíe usted de los que le escriban semejantes chispas.

   He recibido con sumo placer la recomendación que usted hace al congreso de las viudas de Roscio y Azuola, y la paso apoyando por mi parte tan justa recomendación.

   En Ocaña hasta hoy no hay novedad, aunque el comandante Monzón no ha salido todavía con las tropas por pura morosidad, y estoy pensando mandar a Patria para que, viendo él mismo la cosa, me diga si todo podrá calmarse sin riesgo quitando de allí a los diez principales; pues Monzón ha enviado por sí mismo a uno de ellos a Santa Marta proponiéndolo a Montilla para comandante del mismo Ocaña, y por separado diciéndole que lo detenga, lo que podrá causar una alarma entre los otros. Todo esto lo sé por una carta particular, y no porque Monzón haya dado cuenta de nada.

   Yo lo hago a usted en Caracas, según las noticias que hemos tenido por la costa, y no veo la hora en que usted se aparezca por aquí para darle cien abrazos, y retirarme a mi casa a descansar de males y fatigas sin interrupción. Entre tanto tengo este gusto, me repito con el más cordial afecto su seguro servidor y amigo,

Nariño.

   Sobrescrito: confidencial.

   Al excelentísimo señor Libertador presidente en su cuartel general. Donde se halle.

   Del vicepresidente interino de la República.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

56
CARTA DE NARIÑO AL LIBERTADOR

LLEGADA DEL OFICIAL ESPAÑOL FOMINAYA. SALIDA DEL VIRREY CRUZ. CASO DE D'EVEREUX. MALESTAR FISICO. Rosario, 18 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario, 18 de junio de 1821.

   Mi general y amigo:

   Antes de ayer escribí a usted con calentura, y hoy es preciso hacer lo mismo. Aquí ha llegado el oficial español Fominaya con pliegos y pasaporte de Aymerich, refrendado por Santander, al mismo tiempo que las adjuntas comunicaciones. Yo le he tratado lo mejor que he podido, y lo remito a usted acompañado del sargento mayor Izarra, que precisamente iba a partir para ese cuartel general, pues aunque me propuso partir por Maracaibo, para Jamaica o Curazao, para desde allí remitir sus pliegos, no se lo he querido permitir, como que a usted sólo toca juzgar sobre estas materias.

   Acompaño a usted la Gaceta de Santa Marta por las interesantes noticias que ella contiene, y me limito sólo a hacer observar a usted que la salida del virrey Cruz con los oficiales y fusiles, se trataba después de sabido el armisticio; que viene a Quito y acompañado del magistral Soto, de quien no sé si tendrá usted todo el conocimiento necesario. Este célebre canónigo entró en la revolución de Quito con su gobierno y tuvo un grande influjo; vino Montes, y Soto fue el presidente, hizo Sámano un alzamiento con los oficiales cuando yo me acercaba prisionero a Quito, y lo sacó de la casa de Montes y remitió a España preso; allí se mantuvo en el castillo de Santa Catalina de Cádiz, hasta que fue remitido a Sevilla con Ordóñez, Caycedo y los otros eclesiásticos. Ahora, como dice muy bien el autor de la carta inserta en la Gaceta, viene a comprar la mitra a costa de ese mismo Quito que tan desgraciadamente lo ha ahijado en su seno. Aymerich, que lo conoce como a sus manos, sabe lo que puede influir si encuentra un camino por dónde introducirlo con Cruz, sus oficiales y fusiles, y de ahí nace la moratoria que quiere dar al armisticio, y todos sus cumplimientos y reclamaciones.

   Aunque no dudo que todas estas reflexiones ocurrirían a usted no las he creído fuera del caso, cuando se acerca el oficial español, y quizás en momentos en que no puede estar usted para entregarse a reflexiones que piden calma y sosiego.

   Yo sigo aún en incomodidades con el congreso, que quiere mezclarse en la causa de D'Evereux, y yo a que no se ha de mezclar; pero esto no es lo peor, mi querido amigo, sino que no habiendo podido mudar de temperamento por este acontecimiento extraño, me he comenzado a hinchar y no sé en qué parará ni lo uno ni lo otro. De cualquier modo, mientras viva, debe usted contar con el aprecio y consideración de su afectísimo amigo,

Nariño.

   Al general Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

57
OFICIO DE BOLIVAR AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

DIVISIONES DEL EJERCITO REPUBLICANO EN CARABOBO. DESTACADA ACTUACION DE PAEZ. TRIUNFO REPUBLICANO. Valencia, 25 de junio de 1821.

Simón Bolívar.

   Al excelentísimo señor vicepresidente de Colombia.

   Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político de la República de Colombia.

   Reunidas las divisiones del ejército libertador en los campos de Tinaquillo el 23, marchamos ayer por la mañana sobre el cuartel general del enemigo situado en Carabobo, en el orden siguiente: la primera división compuesta del bravo batallón británico, del Bravo de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del señor general Páez. La segunda compuesta de la segunda brigada de la guardia con los batallones Tiradores, Boyacá y Vargas, y el Escuadrón Sagrado, que manda el impertérrito coronel Aramendi a las órdenes del señor general Cedeño. La tercera compuesta de la primera brigada de la Guardia, con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor de Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de caballería del intrépido coronel Rondón, a las órdenes del señor coronel Plaza.

   Nuestra marcha por los montes y desfiladeros que nos separaban del campo enemigo fue rápida y ordenada. A las once de la mañana desfilamos por nuestra izquierda al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos; atravesamos un riachuelo, que sólo daba frente para un hombre, en presencia de un ejército que, bien colocado en una altura inaccesible y plana, nos dominaba y nos cruzaba con todos sus fuegos.

   El bizarro general Páez a la cabeza de los dos batallones de su división y del regimiento de caballería del valiente coronel Muñoz, marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo, que en media hora todo él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bastante honor al valor de estas tropas. El batallón Británico, mandado por el benemérito coronel Ferrier, pudo aun distinguirse entre tantos valientes y tuvo una gran pérdida de oficiales.

   La conducta del general Páez en la última y en la más gloriosa victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al último rango en la milicia, y yo en nombre del congreso le he ofrecido en el campo de batalla el empleo de general en jefe del ejército.

   De la segunda división no entró en acción más que una parte del batallón Tiradores de la Guardia que manda el benemérito comandante Heras. Pero su general, desesperado de no poder entrar en la batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio sólo contra una masa de infantería y murió en medio de ella del modo heroico que merecía terminar la noble carrera del bravo de los bravos de Colombia. La República ha perdido en el general Cedeño un grande apoyo en paz o guerra: ninguno más valiente que él, ninguno más obediente al gobierno. Yo recomiendo las cenizas de este general al congreso soberano para que se le tributen los honores de un triunfo solemne. Igual dolor sufre la República con la muerte del intrepidísimo coronel Plaza, que lleno de un entusiasmo sin ejemplo se precipitó sobre un batallón enemigo a rendirlo. El coronel Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombia y a que el congreso le conceda los honores de un heroísmo eminente.

   Disperso el ejército enemigo, el ardor de nuestros jefes y oficiales en perseguirlo fue tal, que tuvimos una gran pérdida en esta alta clase del ejército. El boletín dará el nombre de estos ilustres.

   El ejército español pasaba de 6.000 hombres, compuestos de todo lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de serlo. 400 hombres han entrado hoy a Puerto Cabello.

   El ejército libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa: apenas 200 muertos y heridos.

   El coronel Rangel, que hizo como siempre prodigios, ha marchado hoy a establecer la línea contra Puerto Cabello.

   Acepte el congreso soberano en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla.

   Tengo el honor de ser con la más alta consideración, de vuestra excelencia atento, humilde servidor.

   Valencia, 25 de junio de 1821.

Simón Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18, p. 337-339.

58
BOLETIN DEL GOBIERNO SOBRE ASUNTOS MILITARES

JORNADA DE CARABOBO. COMUNICACION DEL LIBERTADOR AL PRESIDENTE DEL CONGRESO. PARTE DEL GENERAL PADILLA. RELACION DE PERTRECHOS TOMADOS AL ENEMIGO. Cuartel general en Valencia, 25 y 26 de junio de 1821.

Pedro Torres,
Simón Bolívar,
José Padilla.

   Boletín del gobierno, número 8

   Villa del Rosario de Cúcuta, residencia del gobierno supremo de Colombia, 21 de julio de 1821.

   El congreso, en la sesión extraordinaria de la noche del 15 del corriente, acordó lo que sigue:

   "Debiendo el congreso ocuparse, con preferencia a todos los demás negocios, en sancionar la constitución de la República y en decretar varias leyes que demandan imperiosamente las circunstancias en los diferentes ramos de la administración pública, se hará entender, por medio de la prensa, a los individuos que hayan hecho peticiones al congreso, que sólo se despacharán, por ahora, las que fueren urgentes o de un interés general, difiriéndose el despacho de los demás negocios de particulares para cuando lo permitan las atenciones más importantes".

   El día 14 de junio es un día fasto para la República. Los enemigos perdieron en la inmortal jornada de Carabobo el resto de los ejércitos con que tenían sojuzgada la más bella parte de Venezuela y con que pensaron dominar el resto de Colombia; y todas las fuerzas de mar con que podían dilatar la rendición de la plaza de Cartagena. Las siguientes comunicaciones instruyen de estos dos brillantes sucesos.

Parte primero de la comandancia general del occidente de Caracas

   "Comandancia militar. Señor coronel. El señor ministro de la guerra, desde el cuartel general del Tocuyito, con fecha 24 del corriente a las ocho de la noche, me dice lo siguiente: El ejército español ha sido desplazado de sus posiciones de Carabobo al mediodía de hoy. El general La Torre se ha salvado con una pequeña columna, en cuya persecución ha ido su excelencia el Libertador hacia Valencia. La artillería del enemigo quedó toda en nuestro poder, así como cuerpos enteros de infantería. Los otros están dispersos y se les persigue. Su pérdida ha sido absoluta, pero no puede calcularse positivamente todavía. Por nuestra parte, tenemos que sentir la muerte del intrépido general Cedeño y del comandante Mellado y las heridas de los coroneles Plaza y Ferrier. De resto, nuestra pérdida no es nada. Comunique usted esta plausible noticia al señor comandante general del occidente y al comandante de Guanare, para que aquel lo transmita a Trujillo y este a Barinas, y por ambas vías llegue la noticia de su excelencia el vicepresidente de la República en Cúcuta, mientras le dirijo el parte detallado. Lo transcribo a usía para su inteligencia y satisfacción.

   Dios guarde a usía muchos años.

   San Carlos, 26 de junio de 1821.

Pedro Torres.

   Señor coronel y comandante general del departamento".

Comunicación del excelentísimo señor Libertador presidente al señor presidente del soberano congreso

   Excelentísimo señor:

   Ayer se ha confirmado con una espléndida victoria el nacimiento político de la República de Colombia.

   Reunidas las divisiones del ejército libertador en los campos del Tinaquillo el 23, marchamos ayer por la mañana sobre el cuartel general enemigo, situado en Carabobo, en el orden siguiente: La primera división, compuesta del bravo batallón Británico, del Bravos de Apure y 1.500 caballos a las órdenes del señor general Páez. La segunda, compuesta de la segunda brigada de la Guardia con los batallones Tiradores, Boyacá y Vargas, y el Escuadrón Sagrado, que manda el impertérrito coronel Aramendi, a las órdenes del señor general Cedeño. La tercera, compuesta de la primera brigada de la Guardia, con los batallones Rifles, Granaderos, Vencedor de Boyacá, Anzoátegui y el regimiento de caballería del intrépido coronel Rondón, a las órdenes del señor coronel Plaza.

   Nuestra marcha por los montes y desfiladeros que nos separaban del enemigo, fue rápida y ordenada. A las once de la mañana desfilamos nuestra izquierda [sic] al frente del ejército enemigo bajo sus fuegos; atravesamos un riachuelo que sólo daba frente para un hombre, en presencia de un ejército que, bien colocado en una altura inaccesible y plana, nos dominaba y cruzaba con todos sus fuegos.

   El bizarro general Páez, con los batallones de su división, y el regimiento de caballería del valiente coronel Muñoz, marchó con tal intrepidez sobre la derecha del enemigo, que en media hora él fue envuelto y cortado. Nada hará jamás bastante honor al valor de estas tropas. El batallón Británico, mandado por el benemérito coronel Farrier, pudo aun distinguirse entre tantos valientes y tuvo una gran pérdida de oficiales.

   La conducta del general Páez en la última y más gloriosa victoria de Colombia lo ha hecho acreedor al último rango de la milicia; y yo, en nombre del congreso, le he ofrecido en el campo de batalla el empleo de general en jefe del ejército.

   De la segunda división no entró en esta acción más que una parte del batallón Tiradores de la Guardia que manda el benemérito comandante Heras. Pero su general, desesperado de no poder entrar en la batalla con toda su división por los obstáculos del terreno, dio solo contra una masa de infantería y murió en medio de ella, del modo heroico que merecía terminar la noble carrera del bravo de los bravos de Colombia. La República ha perdido en el general Cedeño un grande apoyo en paz o en guerra: ninguno más valiente que él, ninguno más obediente al gobierno. Yo recomiendo las cenizas de este general al congreso soberano, para que se le tributen los honores de un triunfo solemne. Igual dolor sufre la República por la muerte del intrepidísimo coronel Plaza, que lleno de un entusiasmo sin ejemplo, se precipitó sobre un batallón enemigo a rendirlo. El coronel Plaza es acreedor a las lágrimas de Colombia y a que el congreso le conceda los honores de un heroísmo eminente.

   Disperso el ejército enemigo, el ardor de nuestros jefes y oficiales perseguidos fue tal, que tuvimos una gran pérdida en esta alta clase del ejército. El boletín dará el nombre de estos ilustres.

   El ejército español pasaba de 6.000 hombres, compuesto de todo lo mejor de las expediciones pacificadoras. Este ejército ha dejado de serlo. 400 hombres habrán entrado hoy a Puerto Cabello.

   El ejército libertador tenía igual fuerza que el enemigo; pero no más que una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida no es sino dolorosa. Apenas 200 muertos y heridos.

   El coronel Rangel, que hizo, como siempre, prodigios, ha marchado hoy a establecer la línea contra Puerto Cabello.

   Acepte el congreso soberano, en nombre de los bravos que tengo la honra de mandar, el homenaje de un ejército rendido, el más grande y el más hermoso que ha hecho armas en Colombia en un campo de batalla.

   Tengo el honor de ser con la más alta consideración de vuestra excelencia atento, adicto servidor.

Bolívar.

   Cuartel general en Valencia, a 25 de junio de 1821.

   Al excelentísimo señor presidente del congreso general de Colombia.

Parte del señor general comandante en jefe del departamento militar de la costa.

   Honorable ministro:

   Suponiendo que la correspondencia de Bogotá a esa ciudad sufrirá algún retardo, tengo el honor de acompañar a usía los adjuntos partes por las plausibles noticias que contienen, a fin de que usía se sirva ponerlas en el conocimiento de su excelencia el vicepresidente de la República.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Cuartel general de Soledad, 30 de junio de 1821.

   Honorable ministro.

   El comandante en jefe,

M. Montilla.

   Honorable ministro de lo interior y justicia del gobierno general, Diego B. Urbaneja.

   Señor coronel:

   Organizado el plan que con usía había ya acordado, y comunicadas las señales de inteligencia con la línea de tierra para figurar un ataque general a la plaza y hacerlo efectivo sobre sus fuerzas sutiles, mi escuadrilla se apostó en El Manzanillo a las ocho de ayer noche. A las doce se retiró la ronda para ser relevada, y aprovechando esta oportunidad seguí sus aguas hasta llevar al enemigo el estrago, la muerte y el espanto, sacando por despojo, del centro de los peligros, las lanchas, barcas y bongos situados en el arsenal, y bajo las baterías del reducto, Cerro, Santa Isabel, Barahona y Baluarte de San Ignacio, único buque de guerra con que contaba el gobernador Torres, dejando a pique el bergantín Andaluz y el bongo número 10. Lo horroroso del combate que se empeñó a la lanza y a la espada precipitó a la muerte a más 100 soldados enemigos, con tres de nuestros bravos, quedando heridos 18 dignos hijos de la patria. Por seis prisioneros que tengo, sé que han muerto tres oficiales enemigos, y se infiere que dos de ellos son el arrogante Cordero, comandante principal de marina, y su segundo don Juan Carranza. Yo ofendería el valor de mis soldados si exceptuara algunos de esta victoria, y faltaría a la justicia militar si no recomendara a usía al primer contramaestre de la escuadra de Colombia, Jacinto Quintana, de extraordinario valor; al segundo comandante del bongo Colombiana, José Lezcano, nombrado por mí para el ataque de primer comandante de los esquifes; al comandante del esquife Relámpago, Antonio Villanueva; al oficial de mar Antonio Hernández, pasado de la plaza el 23; al alférez de fragata Leandro Caldas y al de igual clase, José Antonio Padilla, siendo heridos los cuatro primeros, mortalmente Hernández. La adjunta nota impondrá a usía de cuanto ha tomado el enemigo.

   Dios guarde a usía muchos años.

   Cospique, 25 de junio de 1821.

José Padilla.

   Señor coronel M. Montilla, comandante en jefe del departamento de la costa. M.

Relación de los buques, piezas, armamento, pertrechos y demás, tomados al enemigo en la noche del 24 de junio de 1821.

   Buques. Lanchas: cinco; barcas: dos; botes: dos; bongos: dos; cañones de bronce y de fierro: de a 4,18 y 24, 18 piezas; obuses: tres; fusiles: 56; latones: 20; lanzas: 88; banderas: 11; municiones, las correspondientes a los buques.

   Nota. Que no pudiéndose traer el bergantín Andaluz, ni el bongo número 10, fueron echados a pique, este con hachas y picos, y aquel a balas, según inferencia por las que se le tiraron al intento a distancia de una vara.

   Cospique, 25 de junio de 1821 11° de su independencia.

Padilla.

V° B°,

Montilla.

   Impreso en el Rosario de Cúcuta por Antonio Chaves, año de 1821 11°.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, fondo Pineda, t. 1043, fol. 354.

59
OFICIO DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL CONGRESO

SOBRE ACUERDO EN RELACION CON EL CASO DEL GENERAL D'EVEREUX. Palacio del gobierno en el Rosario de Cúcuta, 26 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Palacio del gobierno en el Rosario de Cúcuta, a 26 de junio de 1821. El vicepresidente interino de la República, al soberano congreso.

   Señor:

   Por el ministerio del interior y de justicia se me ha comunicado el acuerdo de vuestra majestad en sesión de 22 del corriente sobre la causa del general D'Evereux que contiene cuatro puntos a que satisfaré separadamente.

   En el primero se me dice: "Que el congreso cuando decretó se diese al general D'Evereux una prisión correspondiente a su grado, fue en cuanto lo permitan las circunstancias". Permítame vuestra majestad observar que esta providencia se dictó sin oír al poder ejecutivo: él hubiera informado los pasos que se dieron para solicitarla en cuanto lo permitan las circunstancias, y él hubiera transcrito las palabras de la real orden vigente todavía entre nosotros de 4 de julio de 1725, que dice: "Al reo contumaz que no quiera declarar se le puede apremiar con cárcel más estrecha y prisiones según la calidad del crimen".

   Pero lo que más sensación causó al vicepresidente actual fue que, sabiendo lo que se ha hecho desde una extremidad a otra de la República hasta por el último comandante de un pueblo, desde que él tomó las riendas del gobierno, la sola diferencia de estar las paredes de la prisión de un preso más o menos blancas, haya causado un escándalo y se haya gritado violación de derechos, opresión, tiranía, hasta llegarse a proponer su deposición, cuando de ninguno de los otros se ha hecho alto ni hablado una palabra.

   En el segundo se dice: "Que se le franqueen los auxilios necesarios que admite el estado actual de la causa". Vuestra majestad ha visto dos veces el proceso y sabe que el primer auxilio es el de la confesión en que el procesado comienza a dar sus descargos y que la ordenanza no presenta otro; que el no haberse evacuado esta no ha consistido ni en el juez fiscal ni en el poder ejecutivo, sino en la contumacia de D'Evereux, y que por consiguiente toda demora, todo padecimiento que sufra es culpa suya y no del juez ni del poder ejecutivo.

   El tercero dice: "Que se le ponga en comunicación con el congreso por medios decorosos, sin que haya sido su intención que se presente a la barra ni jamás haya querido derogar la ordenanza y leyes, pues antes bien ha querido que su causa se continúe conforme a ella". Si vuesta majestad mismo dice que jamás ha querido derogar la ordenanza y leyes, si estas previenen que se le estreche la cárcel y se le tenga en incomunicación, y si el acuerdo lo pone en ella, el poder ejecutivo se veía en la dura alternativa de violar las leyes que es de su instituto guardar y hacer guardar o de no dar cumplimiento al acuerdo de vuestra majestad, pues poniéndolo en comunicación con el congreso se le ponía con toda la villa en donde no hay más población que los señores de él. Si del santuario de las leyes, variando los términos, se hubiera dicho al poder ejecutivo: violar las leyes que no he derogado, ¿debería haber cumplido el poder ejecutivo este mandato?

   De esto o del modo de expresarlo quizás ha dimanado el cuarto punto, en que se dice: "Que recuerda al poder ejecutivo el decoro y dignidad que deben adornar sus mensajes". Aquí, señor, pudiera explayarme demasiado, pues se toca a un mismo tiempo con el empleo y la persona. Pero no: ya es preciso poner término a un asunto tan desagradable y que puede traer funestas consecuencias. La patria, esta patria que tantos sacrificios nos ha costado, nos grita que miremos los tiempos anteriores y callemos.

   Parece que he satisfecho a los puntos que contiene el último acuerdo de vuestra majestad, pero aún no he concluido. El soberano congreso me permitirá que haga algunas observaciones, no ya sobre esta materia, sino que dimanan de ella.

   Nombrado el año de 11 de presidente de Cundinamarca, mil pequeños acontecimientos fueron preparando la discordia entre aquel gobierno y el congreso de Tunja, y una guerra civil que, fuera cual fuera el que tuviese razón, preparó la ruina entera de la República. Prisionero en Pasto, fui conducido a España y mi nombre se olvidó hasta dudarse de mi existencia. Entre tanto los héroes de Colombia, a cuyo frente estaba nuestro ilustre Libertador, pugnaban por recuperar la patria perdida, y con prodigios fuera de toda probabilidad la reconquistaron. A los siete años de ausencia me aparezco como por encanto en medio de mis conciudadanos, y antes de llegar a mi casa me veo nombrado para ejercer interinamente la segunda magistratura de la República y tengo el honor de instalar el primer congreso de Colombia. Pero aún no ha pasado un mes cuando ya comienza a haber división y contestaciones entre el vicepresidente y el congreso, contestaciones que si hubiera habido imprenta, estoy seguro de que se hubieran acalorado mucho más y que se habrían hecho trascendentales al público por todas partes, y he aquí el germen de las antiguas desavenencias.

   Aquí hay que observar dos cosas, la una con respecto al bien público, y la otra con respecto a mi persona. Si cualquier otro accidente vuelve a turbar la armonía entre el congreso y el vicepresidente, quizá no se conseguirá sofocarla como en el caso presente, la cosa saldrá al público habiendo imprenta, y unos dirán como es natural: el congreso tiene razón, y otros al contrario, y veremos comenzada la época anterior con la división del público. ¿Y cuál será el resultado respecto a mi persona? Es bien fácil preverlo; no sólo entre nosotros sino en la Europa harán este raciocinio: Nariño al frente del gobierno de Cundinamarca choca con el congreso, y de este choque resulta la pérdida de la libertad de aquellos países. Vuelve después de siete años de ausencia; lo nombran vicepresidente de la República, instala el congreso, compuesto de hombres diferentes del anterior en mucho más número, de los más escogidos por su sabiduría, y ya vuelve a chocar con el congreso. Este hombre es la tea de la discordia, y véase cómo a pesar de lo que vuestra majestad y todo el público ha visto y palpado en la época pasada, voy a caer en la execración de las gentes sin culpa mía. ¿Y será justo que después de los sacrificios que he hecho en toda mi vida por la patria se me quiera obligar a hacer el más terrible entre todos, como es el de mi reputación y mi honor? Porque no hay medio: si soy el que aparece en las anteriores reflexiones, no debo estar en el puesto que ocupo; y si no lo soy, no se me debe dar por pago de mis trabajos un castigo tan cruel como el sacrificio de mi honor y reputación; y lo que es más que todo, el que vaya a ocasionar nuevos males públicos por la prevención anterior que hay todavía contra mí y que apenas comienza a desarrollarse.

   Presento a vuestra majestad estas observaciones que nacen naturalmente de las contestaciones actuales, para que con otras que presentaré cuando llegue el caso de elevar a vuestra majestad cierta solicitud que pienso hacer, se tengan presentes y obren en el ánimo de vuestra majestad los efectos convenientes para su soberana deliberación. Señor.

FUENTE EDITORIAL
Sin identificar.

60
CARTA DE NARIÑO AL LIBERTADOR

IMPEDIMENTOS POR QUEBRANTAMIENTO DE SALUD. CASO D'EVEREUX. INTRIGAS DE GUAL Y PEÑALVER. APERTURA DEL PLIEGO DE ROSCIO. Rosario de Cúcuta, 28 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Rosario de Cúcuta, 28 de junio de 1821.

   Mi estimado general:

   Apenas puedo tomar la pluma para poner a usted cuatro letras, porque además de la suma debilidad en que me tienen las calenturas, estoy hinchado de medio cuerpo abajo, y sin poder mudar temperamento por el señor D'Evereux, que habiéndose declarado el congreso su padrino me tiene molido, y lo que es más raro, por los manejos de unos hombres como Gual y Peñalver, que no han dejado género de manejo y de intriga que no hayan movido para meter al congreso en los mayores desatinos; pero hasta ahora no he cedido en un solo punto, y aún estamos en contestaciones.

   Todo lo que he visto y palpado en los dos meses que llevo en esta, me ha hecho cambiar muchas ideas, y así, después del pedazo de constitución que les presenté por presentarles la introducción que puso fin al federalismo, no he continuado ni me he vuelto a meter en nada. Veo que usted tiene razón en lo que me dice, y que esto es capaz de aburrir a todo hombre de menos constancia que usted. Los extranjeros me tienen aquí loco, y espero una contestación definitiva sobre el barón de Ebens [sic].

   No puedo continuar. Le deseo a usted toda especie de felicidades y que triunfante de los enemigos tenga la gloria de volver a ver su patria victorioso, y yo la satisfacción de abrazarlo pronto si llego allá. Entre tanto, no dude usted de la invariable amistad de su afectísimo,

Nariño.

   Se me pasaba decir a usted que el congreso ha comenzado a tomar conocimiento sobre el asunto de la apertura del pliego por Roscio, y que al instante les pasé un oficio para que nada se resolviese sin conocimiento del poder ejecutivo, que tenía encargo especial de usted para detener hasta lo último este asunto.

   Sobrescrito. Confidencial.

   Al excelentísimo señor Libertador presidente, en su cuartel general.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

61
OFICIO DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL LIBERTADOR

NOTIFICACION SOBRE OFICIO DEL 25 DE MAYO. Palacio de gobierno en el Rosario de Cúcuta, a 30 de junio de 1821.

Antonio Nariño.

   Antonio Nariño, general de división y vicepresidente interino de la República de Colombia, al excelentísimo señor Libertador presidente:

   Habiendo mandado dar cuenta por el ministerio de hacienda al congreso general del contenido de la comunicación de vuestra excelencia de 25 de mayo en Guanare, y documentos que la acompañan, ha resuelto lo que expresa la adjunta copia y que pongo en noticia de vuestra excelencia en contestación y para su satisfacción.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Palacio de gobierno en el Rosario de Cúcuta, a 30 de junio de 1821 11°.

Antonio Nariño,
(Rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

62
OFICIO DE BOLIVAR AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

RECOMENDACION PARA ASCENDER AL TENIENTE CORONEL DIEGO IBARRA A CORONEL. Caracas, 30 de junio de 1821.

Simón Bolívar.

   Al excelentísimo señor vicepresidente interino de la República

   Entre los muchos jefes que se han distinguido en la jornada de Carabobo, ha sobresalido de un modo brillante mi primer edecán, el teniente coronel Diego Ibarra. En todo el curso de la campaña ha servido y desempeñado multitud de comisiones importantes, delicadas y peligrosas, y ha correspondido en todas a mi confianza y deseos. Si él no hubiera sido mi edecán, le habría proclamado coronel efectivo del ejército en el campo de batalla cuando le vi generalmente recomendado por la bravura con que se arrojó en medio de un batallón enemigo a rendirlo. Yo suplico a vuestra excelencia que haga presente al congreso general el mérito de este oficial, y lo proponga para el inmediato ascenso de coronel.

   Dios, etc.

   Caracas, 30 de junio de 1821.

Simón Bolívar.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., t. 18, p. 355.

63
OFICIO DE BRICEÑO MENDEZ AL VICEPRESIDENTE NARIÑO

INFORME Y DETALLES SOBRE LA JORNADA DE CARABOBO. Caracas, 30 de junio de 1821.

Pedro Briceño Méndez.

   A su excelencia el vicepresidente interino de la República

   Desde el Tocuyito tuve la satisfacción de participar por una circular la gloriosa victoria de Carabobo, y previne se transmitiese a vuestra excelencia tan plausible noticia. Las rápidas marchas que ha hecho su excelencia y la multitud de atenciones de que he estado rodeado, me habían impedido hasta ahora cumplir con el agradable deber de dar a vuestra excelencia algunos detalles sobre aquella célebre jornada y las operaciones posteriores del ejército.

   El enemigo, concentrado en Carabobo desde que fue expulsado de San Carlos, extendía sus partidas de observación hasta el Tinaquillo, lo que le daba la ventaja de saber muy anticipadamente nuestra aproximación, que deseaba su excelencia ocultar, para no darle tiempo de reunir las fuerzas que el señor general Bermúdez había atraído sobre Caracas y el señor coronel Carrillo sobre San Felipe. Con este intento marchó el teniente coronel Silva el 19 con un destacamento a sorprender y apresar la descubierta que diariamente hacia el enemigo hasta el Tinaquillo. El comandante Silva llenó tan completamente su comisión, que apenas pudo escapar un soldado de los que formaban la descubierta enemiga. El comandante de ella y cuatro hombres más murieron en el acto, los demás quedaron prisioneros. Este suceso aterró de tal modo al enemigo, que hizo retirar inmediatamente un fuerte destacamento con que cubría el inaccesible desfiladero de Buenavista.

   El 23 se reunió en la marcha todo el ejército que se había movido en divisiones, y al amanecer del 24 nuestra vanguardia se apoderó de Buenavista, distante una legua de Carabobo. De allí observamos que el enemigo estaba preparado al combate y nos esperaba formado en seis fuertes columnas de infantería y tres de caballería, situadas de manera que mutuamente se sostenían para impedir nuestra salida a la llanura. El camino estrecho que llevábamos no permitía otro frente que para desfilar, y el enemigo no solamente defendía la salida al llano, sino que dominaba perfectamente el desfiladero con su artillería, con una columna de infantería que cubría la salida y dos que la flanqueaban por derecha e izquierda. Reconocida la posición, su excelencia creyó que no era abordable; y observando, por la colocación del ejército español, que este no temía el ataque sino por el camino principal de San Carlos o por el de El Pao, que salía a su izquierda, dispuso que el ejército convirtiese su marcha rápidamente sobre nuestra izquierda, flanqueando al enemigo por su derecha que parecía más débil.

   El señor general Páez, que mandaba la primera división, ejecutó el movimiento con una increíble celeridad, despreciando los fuegos de la artillería enemiga, pero era imposible impedir que el enemigo no corriese a disputarnos la salida a la llanura. Debíamos desfilar por segunda vez para atravesar un riachuelo que separaba la colina en que se había desplegado el ejército y la que dominaba el enemigo. Siendo plana la cumbre de esta, daba al enemigo la ventaja de moverse fácilmente y de ocurrir a todas partes. Así fue como, a pesar de la sorpresa que causó al ejército español nuestro movimiento, pudieron algunos de sus cuerpos llegar al tiempo que empezaba el batallón Apure a pasar el desfiladero. Allí se rompió el fuego de infantería sostenido vigorosamente por ambas partes. El batallón Apure, que logró al fin pasar, no pudo resistir solo la carga que le dieron; ya plegaba cuando llegó en su auxilio el batallón Británico que le seguía. El enemigo había empeñado en el combate cuatro de sus mejores batallones contra uno solo del ejército libertador, y se lisonjeaba de obtener con todos nuestros cuerpos el mismo suceso que con el primero que había contenido.

   La firmeza del batallón Británico para sufrir los fuegos hasta que se formó, y la intrepidez con que cargó a la bayoneta, sostenido por el batallón Apure que se había rehecho y por dos compañías del de Tiradores que oportunamente condujo al fuego su comandante, el teniente coronel Heras, decidieron la batalla. El enemigo cedía el terreno, aunque sin cesar sus fuegos. Nuestros batallones avanzaban, y apoyados por el primer escuadrón del Regimiento de Honor del señor general Páez y por el estado mayor de este general, desalojaron completamente al enemigo de la altura. El ejército pasaba rápidamente el desfiladero por dos estrechas sendas, y el enemigo, aunque desalojado de su primera posición, había podido rehacerse y procuró aprovechar el momento de hacer una nueva carga con su caballería, mientras que nuestros piquetes de esta arma, que habían pasado, perseguían y despedazaban a sus batallones que huían.

   Algunos de nuestros piquetes de caballería del primer escuadrón del Regimiento de Honor y el estado mayor del señor general Páez, se reunieron en número de 80 o 100 hombres, y ellos solos bastaron para rechazar y poner en derrota toda la columna de caballería enemiga. Desde este momento el triunfo quedó completo. El enemigo no pensó sino en huir y salvarse.

   Nuestra caballería, que sucesivamente iba recibiendo refuerzos de todos los escuadrones que pasaban el desfiladero, hizo la persecución con un vigor extraordinario. Batallones enteros se tomaron prisioneros; otros, arrojando sus armas, se dispersaron disueltos por los bosques.

   Los dos batallones enemigos que habían quedado cubriendo el camino principal de San Carlos flanqueándolo por la derecha, no entraron en combate y pretendieron retirarse del campo en masa. Nuestra caballería procuró entretenerlos mientras salía la infantería, pero no logró sino obligarlos a que precipitasen la retirada y perdiesen algunos hombres que se dispersaban. Hasta las inmediaciones de Valencia vino el ejército persiguiendo la columna, y fue en esta operación donde el ardor de nuestros jefes y oficiales de caballería hizo sensible nuestra pérdida.

   Como nuestra infantería, estropeada con las largas marchas que había hecho durante la campaña, no podía sostener el paso de trote que llevó el enemigo por seis leguas, nuestra caballería se empeñó en entretenerlo para dar tiempo a que llegasen algunos batallones. A veces las escaramuzas se convirtieron en cargas que, aunque costaron bastante al enemigo, causaron a la República el grave dolor de perder a uno de sus más esclarecidos generales y al bravo teniente coronel Mellao, que mandaba los Dragones de la Guardia. La columna enemiga se había defendido valientemente, a pesar de que se había disminuido mucho; su excelencia temió que si entraba a Valencia no era posible impedirle el paso a Puerto Cabello, y a una legua de aquella ciudad hizo que los batallones Rifles y Granaderos de la Guardia montasen a caballo y fuesen al galope a su alcance.

   Casi al entrar a las primeras calles de aquella ciudad tuvieron nuestros granaderos la fortuna de alcanzarla; pero apenas se vio cargada por ellos, cuando se dispersó y desapareció del todo. Valencia fue ocupada en el acto, y algunos destacamentos siguieron hasta Naguanagua, persiguiendo a los jefes españoles que huían hacia Puerto Cabello.

   Por los prisioneros tomados supo su excelencia que el día antes de la batalla había marchado el coronel español Tello con dos batallones, Navarra y Barinas, a reforzar a San Felipe, ignorando el enemigo que la columna del señor coronel Carrillo la había ocupado ya. Su excelencia destacó del Tocuyito al teniente coronel Heras con tres batallones a tomar la espalda de Tello y cooperar a batirlo con el señor coronel Carrillo. Aún no se sabe el resultado final de esta operación, que tal vez queda sin efecto, porque Tello emprendió su retirada sobre Puerto Cabello antes que nuestras tropas lo avistasen.

   Al amanecer del 25 marchó el señor coronel Rangel a establecer el bloqueo de Puerto Cabello, y desde el 26 quedó formada la línea de simple bloqueo, porque era preciso aguardar el complemento de nuestras operaciones para estrecharla y formarla de sitio.

   Por la tarde del 25, después de haber arreglado el gobierno de Valencia, organizado de nuevo el ejército y destacado algunos cuerpos sobre Calabozo y El Pao a perseguir los dispersos que hubiesen tomado aquellas direcciones, marchó su excelencia sobre esta capital con tres batallones de su guardia y el Regimiento de Honor del señor general Páez. Su objeto era tomar la espalda de la división con que el coronel español Pereira perseguía al señor general Bermúdez sobre los valles del Tuy. No me es posible informar aún a vuestra excelencia de los prodigios que este célebre general ha obrado con una pequeña división, por esta parte, en cumplimiento de las órdenes que tenía. Baste decir a vuestra excelencia que los pueblos y el enemigo están asombrados y no alcanzan a expresar toda su admiración, ni decidir si han sido mayores su valor y su audacia, o su prudencia y habilidad. Esperamos por momentos su arribo a esta ciudad, y entonces, impuesto detenidamente de sus operaciones, tendré la satisfacción de comunicarlas a vuestra excelencia.

   El coronel Pereira, al saber la derrota del ejército español, replegó sobre esta capital, y envió una partida de húsares sobre los valles de Aragua a saber nuestra situación. La partida fue sorprendida y apresada por un piquete de lanceros del Regimiento de Honor, que se había adelantado ya de San Pedro. Pereira se retiró, sin esperar más resultado sobre La Guaira; pero sabiendo en el tránsito que no había en aquel puerto buques en qué embarcarse, convirtió su marcha hacia Carayaca, buscando algún camino que lo condujera a Puerto Cabello, por la costa. No habiendo hallado ninguno, ha emprendido su retirada por los montes elevados y espesos bosques que dividen del mar a los valles de Aragua. El señor coronel Manrique, con dos batallones y un trozo de caballería, había ido a buscarlo a Carayaca, pero instruido de la dirección que lleva, se ha puesto en su persecución. El comandante Arguindegui quedó en los valles de Aragua con su batallón, para cortar a Pereira por cualquier vía que tome, bien sea por la costa, o por la cordillera. Si recibe oportunamente los avisos que se le han dirigido, puede asegurarse la absoluta destrucción de aquella división, que de 1.500 hombres queda ya reducida a 600, por las pérdidas en los combates frecuentes con el señor general Bermúdez y por las deserciones que ha sufrido en la retirada.

   Su excelencia tuvo la particular satisfacción de entrar solo con su estado mayor y el del señor general Páez en esta capital el 29. La ciudad que acababa de ser evacuada el día anterior había estado desierta hasta la hora en que el edecán Ibarra se presentó en medio de ella a anunciar la aproximación de su excelencia.

   No hubo tiempo de que se hiciesen otros preparativos que los del corazón, y ha sido este el modo con que Caracas ha expresado más vivamente sus sentimientos de gratitud y amor al Libertador de la patria, y su ardiente entusiasmo por la libertad.

   Las calles, desiertas dos horas antes, se vieron de repente llenas de una concurrencia numerosa e inmensa; las casas cerradas se abrieron y se iluminaron. Su excelencia entró en medio de las aclamaciones y transportes de un pueblo que enajenado de placer corría en tropel a participar de la felicidad de volver a ver, estrechar y abrazar mil veces al padre de la patria. Mujeres y hombres, niños y ancianos, todos iban mezclados, confundiendo sus vivas. Hasta las doce de la noche no cesó de renovarse el concurso en la casa y fue preciso cerrarla al fin para poderse ocupar su excelencia de algunos negocios importantes. Al amanecer se ha repetido la escena de la noche y ha continuado por todo el día.

   El edecán Ibarra marchó esta mañana a apoderarse de La Guaira, que está evacuada, y ha participado ya su entrada allí sin novedad.

   Vuestra excelencia extrañará que no haya recomendado particularmente a ningún jefe ni oficial en la batalla, porque sería necesario mentar en este parte los nombres de todo el ejército, por lo menos los de toda la primera división y de todos los jefes de las otras. Generales, jefes, oficiales y tropa, todos indistintamente se han manifestado, en este memorable día, dignos defensores de la República.

   Dios, etc.

   Caracas, 30 de junio de 1821.

Pedro Briceño Méndez.

FUENTE EDITORIAL:
O'Leary, ob. cit., p. 350-355.

64
CARTA DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL CABILDO DE BOGOTA

ESPIRITU DECIDIDO DE SERVICIO A LA PATRIA. Rosario, junio de 1821.

Antonio Nariño.

   El vicepresidente de la República, al cabildo de Bogotá.

   Cambiadas mis cadenas en la segunda magistratura de Colombia, quisiera que mis obras correspondieran a los nobles sentimientos de ese ilustre cabildo, y que como he tenido constancia y resignación para sufrir las unas, tuviera acierto para desempeñar la otra. Pero el ilustre cabildo debe estar persuadido de que, acostumbrado a padecer por una patria que adoro, ningún género de sacrificio me podrá arredrar para ayudar a conducir la obra de nuestra libertad a su fin.

   He tenido la mayor complacencia en leer de uno en uno los nombres de los individuos que componen ese cuerpo, y me congratulo felicitándolos por su existencia, después de la horrible tormenta que los ha rodeado, ofreciéndome con los sentimientos del más vivo reconocimiento.

   Su más atento, seguro servidor,

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Casa-Musco 20 de julio de 1810.

65
CERTIFICACION DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO SOBRE IGNACIO TORRES

EDECAN DE NARIÑO EN LA CAMPANA DEL SUR. Rosario de Cúcuta, 5 de julio de 1821.

Antonio Nariño.

   Antonio Nariño, general de división, vicepresidente interino de la República.

   Cuanto expone el señor Ignacio Torres en su adjunta representación de 4 de julio, en lo relativo a sus servicios y ascensos militares hasta mayo del año de 14, es cierto en los términos que expresa. En la campaña del sur, en que fui mandado como general en jefe de los ejércitos de la Nueva Granada, lo nombré uno de mis edecanes, teniendo ya la graduación de teniente coronel, y en toda ella se portó con honradez, valor y una obediencia tan puntual que jamás titubeó en el cumplimiento de las órdenes que le daba, aun en medio del fuego del enemigo. Sus servicios le hubieran adquirido el ascenso a coronel que, como dictador de Cundinamarca y en virtud de las facultades concedidas por el soberano congreso de la Nueva Granada, le habría conferido al concluirse la campaña.

   Rosario de Cúcuta, 5 de julio de 1821.

Antonio Nariño,
(firmado),
(rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, secretaría de guerra y marina, t. 329, fol. 324.

66
CARTA DE PEÑALVER AL GENERAL BOLIVAR

SOBRE EL CASO D'EVEREUX. REFERENCIA A LAS AMBICIONES DE NARIÑO. SOBRE SU ENFERMEDAD Y RENUNCIA A LA VICEPRESIDENCIA. ELECCION DE CASTILLO COMO VICEPRESIDENTE. Rosario de Cúcuta, 5 de julio de 1821.

Fernando de Peñalver.

   Rosario de Cúcuta, 5 de julio de 1821.

   Mi querido Simón:

   Por el calor con que fue dictada la carta de recomendación que te habrá entregado el general D'Evereux, conocerás la incomodidad en que me tenían las bajezas y las intrigas de un ambicioso que aspiraba a ocupar el primer puesto en la República sin tener siquiera ciertos sentimientos delicados que son comunes a todos los hombres que han recibido una mediana educación. Estoy seguro de que este hombre nos hubiera causado muchas incomodidades si la naturaleza no hubiese hecho lo que debía hacer la política. Unas cuartanas que tomó en la montaña de San Camilo lo han hidropicado de tal manera que los médicos aseguran que no puede vivir muchos días. Con este motivo hoy ha hecho su renuncia al congreso, en donde se había hecho un partido muy fuerte, y se le ha admitido porque sus amigos creen que morirá más pronto si no sale de aquí inmediatamente, y esperan que la mudanza de clima podrá serle favorable; aunque los médicos pronostican que su muerte es infalible, saliendo o quedándose en este lugar. Esta noche se va a proceder a la elección de vicepresidente interino que ocupará su lugar, y las opiniones, por lo que he traslucido, están divididas entre Santander y Castillo. Este me ha parecido un hombre de talento y de juicio con bastante moderación, mas no sé si su genio será a propósito para gobernar; también me ha parecido hombre de bien, y que no es desafecto tuyo; yo estoy decidido por cualquiera de los dos y daré mi voto al que considere obtendrá la pluralidad.

   La constitución lleva ya tres días de discusión...

   Viernes 6 de julio.

   Se hizo anoche la elección de vicepresidente, el congreso tuvo 48 miembros y el señor Castillo fue electo por 35 votos. Todos han quedado contentos y satisfechos de que no volverá a ser turbada la armonía y concordia que tanto conviene haya en el congreso.

   Los hombres que hablan en él y que tienen juicio y moderación formaban ya un partido contra los que no hablan ni tienen instrucción, pero que estaban conducidos por Osorio y Márquez, dos mocitos vendidos a Nariño, que se habían hecho sus agentes, los cuales estaban apoyados por muchos de los clérigos venezolanos que no son sus amigos. Ingratos indecentes y por esto indignos de la representación que ejercen. He sido miembro de tres congresos y puedo asegurarte que el presente contiene una porción de hombres débiles y sin probidad, capaces de cometer bajezas que jamás se habían hecho en los anteriores. Cada día estoy más convencido de que este país no puede ser libre si no lo hace la buena fe de las personas a quienes se confíe el mando de la fuerza pública porque no hay luces, ni moral, ni amor a la libertad.

   Te deseo mucha salud y acierto en todas las operaciones de esta campaña. Conserva tu persona, pues si ella falta, esta República caerá en disolución. Así lo siente y lo cree tu apasionadísimo amigo que te ama de corazón,

Fernando de Peñalver.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, secretaría de guerra y marina, t. 334, fol. 144-145.

67
OFICIO DEL VICEPRESIDENTE NARIÑO AL CONGRESO

SOBRE CAUSA CRIMINAL SEGUIDA AL GENERAL D'EVEREUX. EL CONGRESO, CONVERTIDO EN UN TRIBUNAL DE POLICIA. ACLARACION SOBRE ASUNTO RELACIONADO CON LA VIUDA DEL GENERAL ENGLISH. Palacio del gobierno en el Rosario de Cúcuta, 12 de julio de 1821.

Antonio Nariño.

   Palacio del gobierno en el Rosario de Cúcuta, a 12 de julio de 1821.

   El vicepresidente interino de la República, al soberano congreso nacional.

   Señor:

   He recibido, ayer noche, por conducto del ministro del interior, la resolución que vuestra majestad ha tomado en la causa criminal que se está siguiendo al general D'Evereux, que acompañé al informe que por el soberano congreso se me pidió sobre la queja dada por otro oficial inglés, por haberlo mandado pasar a Maracaibo; y confieso a vuestra majestad que he sentido un vivo dolor en mi corazón, al ver que este cuerpo soberano, en quien no sólo la América sino la Europa misma tienen puestos los ojos, que con tanta dignidad y sabiduría había comenzado sus tareas en puntos de alta importancia, desde que se introdujo en él la personalidad y el espíritu de partido, se vaya degradando hasta el punto de convertirse, de repente, no sólo en un tribunal ordinario de justicia, en un simple consejo de guerra, sino hasta en un tribunal de policía.

   Ninguno más interesado que yo en las glorias de un cuerpo que tuve el honor de instalar en el momento que estaba para disolverse, que me cuento en el número de sus miembros, aunque por ahora sin ejercicio, y que en todas cuantas providencias han sido precisas tomar después de su instalación, he puesto toda la actividad y esmero que estaban a mis alcances; pero este mismo interés es el que me hace sentir más vivamente los pasos que se principian a dar. Porque, señor, las providencias del soberano congreso no son como las de ningún otro tribunal o corporación, ellas no son una ley; pero estando para darnos la constitución que nos ha de gobernar, ellas nos dicen de antemano lo que se va a sancionar; pues no hay medio, o se debe contradecir en la constitución, con lo que ahora decrete, o debe sancionar lo mismo que ahora decreta. Creer que ahora decreta cosas con ánimo de decir en la constitución lo contrario, sería una temeridad el pensarlo; con que es preciso creer que cuantas providencias comienza a tomar, fuera de la de darnos una constitución, van a estar sancionadas en ella. ¿Y qué sería de nosotros si se sancionara que el poder ejecutivo, en el ejercicio de sus funciones, debe sufrir un juicio entre partes y que tenga un tribunal que diariamente le prevenga el modo como ha de dictar una providencia, cómo ha de dar las órdenes a un soldado, preguntarle en qué pieza lo ha mandado arrestar, y otras cosas de esta naturaleza? Yo creía que la persona encargada del poder ejecutivo no podía ser juzgada durante el tiempo que ejerce sus funciones, sino por infracción de la constitución, y que declarada esta se le debía deponer y entregarlo a la alta corte de justicia, que es a mi ver el tribunal al que exclusivamente toca juzgar a los miembros del alto gobierno y que en los demás casos de injusticia quedaba sujeto al juicio de residencia. Bajo estos principios, que quizá serán errados, es como he sentido ver decretando al cuerpo constituyente que se pase un preso de esta a la otra pieza, que se le ponga en comunicación, y forzando al poder ejecutivo a entrar en un formal litigio para justificar si la pieza en que está D'Evereux en el Rosario de Cúcuta es o no correspondiente a un preso que no sólo ha cometido un alto crimen y se ha resistido a dar la confesión, sino que aun en ella está violando la incomunicación. Entraré, pues, en la exposición de las dos causas que han motivado este escandaloso suceso, para que si el soberano congreso cree que he procedido en ellos inconstitucionalmente, me deponga y entregue al tribunal a quien corresponda juzgarme por mi delito; y si no, para que no extrañe que no le dé cumplimiento al decreto que se me ha pasado sobre lo acordado en las sesiones del 9 y 11 del corriente, pues estoy resuelto a sufrirlo todo antes que en mis manos se degrade la primera magistratura de la República, creyendo que entre mantener las atribuciones y el decoro del poder ejecutivo y ser un déspota hay una gran distancia. Comenzaré por la de D'Evereux, como que ella ha dado origen a todo esto.

   El 30 del mes pasado, estando yo ya enfermo, se me avisó que me buscaba la señora viuda del general English, y no obstante estar actualmente con la calentura, mandé que entrara. Me dijo que venía a hacerme presente que no tenía ya con qué subsistir, que a la viuda del señor Roscio se le pasaba una pensión, y que a ella con más justo motivo se le debía pasar; que se había presentado al congreso sobre sus acreencias contra el gobierno, pero que el señor Peñalver le había dicho que los $15.000 que se le debían de sueldos de su marido el vicepresidente se los debía pagar, y, últimamente, que venía a que yo le diera el dinero que necesitaba, que el soberano congreso me lo pagaría. Le contesté: que yo no había puesto la pensión a la viuda del benemérito señor Roscio, y que estando ya el congreso instalado no me creía con facultades para hacerlo; que sobre los $15.000 que el señor Peñalver le decía que se le debían pagar por el gobierno, aunque este señor sabía mejor que otro que no los había, siempre que viniera justificada la deuda, la decretaría pagúensele; añadiéndole, ¿pero qué adelantaría usted con este decreto si no tenemos un real en cajas? La señora comenzó a lamentarse de la injusticia del gobierno, y yo a apaciguarla, haciéndole presente que no era por injusticia sino por falta de medios, como ella misma no lo ignoraba. Pasó luego al tercer punto de que le diera dinero, que el congreso me lo pagaría, y le contesté que no podía ser, porque aun se notaba que le pagaba la casa, cuando todo el mundo veía que estaba comprando caballos y mulas, que los mantenía en su casa, y que esto no denotaba una gran miseria, cuando ni los señores del congreso ni yo estábamos en estado de hacer otro tanto. Hablamos un rato sobre el particular, y al fin le dije: que me parecía conveniente, como se lo había mandado a decir con el señor Alderson, que me presentara documentos haciendo constar la legitimidad de su persona para pedir los intereses del general English. La señora se quedó un poco suspensa, me pidió el manto, que se había quitado, se lo ayudé a poner y la acompañé hasta la puerta de la sala, no obstante mi indisposición. Aquí tiene vuestra majestad mi gran pecado contra la paisana del señor D'Evereux.

   Este mismo día, sin pasarme por la imaginación que esta visita trajera ningunas consecuencias, opté, con acuerdo de los médicos, de mudar de temperamento aquí en las inmediaciones, y al efecto tenía puestos los oficios a los ministros y al soberano congreso, cuando a las siete de la noche recibo el papel de D'Evereux, que, como estaba con dolor de cabeza, llamé a un oficial de la secretaría [para] que me lo leyera. Desde las primeras palabras comencé a extrañar su lenguaje, oyendo que comenzaba por cuartel general, de modo que aun habiéndome dicho antes el oficial que era del general D'Evereux, le volví a preguntar de quién era, porque no podía persuadirme de que un oficial ausente, sin ningún ejército, sin ningún mando actual en él, y al ... [roto el original]... tuviese la avilantez de encabezar así su papel, continuó la lectura y vi en su escrito la violación de las leyes que nos rigen, el alto desprecio que envolvía... un desconocimiento formal de nuestro gobierno, los insultos hechos a la persona que lo ejerce, y todo este aparato por desfacer un pretendido agravio hecho a una su paisana. Yo supongo que insulté gravemente a la señora viuda del general English, lo que es contra mi carácter y educación, supongo que le di de patadas, y, últimamente, que la maté a puñaladas; ¿es a un simple oficial, es a D'Evereux a quien corresponde juzgar y castigar el delito del primer magistrado de la República? ¿Es una cosa indiferente que un oficial extranjero, agregado a la República, en presencia del soberano congreso, con quebrantamiento de las leyes que hasta ahora nos rigen, venga, como en los tiempos heroicos, a descubrir de qué parte está la justicia por la casualidad del que da la primera estocada?

   Hice llamar al ministro del interior y justicia, y enseñándole el escrito de D'Evereux le mandé pusiese una orden a este para que se mantuviese arrestado en su casa, y que se nombrasen fiscal y secretario para que le hiciesen reconocer su papel y firma, y le formasen el sumario si resultaba ser suyo. Al día siguiente, por todos estos pasos, que me parecieron indispensables, ya se había divulgado el pasaje, cuando vinieron los señores Peñalver y Gual, a interesarse por D'Evereux, su amigo. Confieso a vuestra majestad que mi corazón, lacerado con tantos padecimientos, no se me hace compasivo, sino aun débil, y que estuve ya para acceder a su pretensión, de romper la carta de D'Evereux y admitir la satisfacción privada... [roto el original] la misma persuasión en que estoy del estado de mi corazón, y después de algunas reflexiones que les hice, concluí con que me dejaran pensarlo, que el asunto lo creía muy grave y trascendental.

   Aquí, señor, se renueva mi dolor al contemplar el procedimiento del soberano congreso en este asunto, acordándome que, entre otras razones que tuve para negarme después a la transacción, fue el temor de que el mismo congreso, o el Libertador presidente, me preguntase si el gobierno era una propiedad mía de que yo podía disponer a mi antojo, o si yo me hallaba en este puesto para hacer observar y cumplir las leyes y sostener el honor del gobierno. No fue con placer, no por instigación de odio ni por un espíritu de venganza de que he dado tantas y tan repetidas pruebas de que entre mis muchos defectos no abrigo este, el que me hizo mandar seguir la causa a D'Evereux: fue un convencimiento de que no podía ni debía hacer otra cosa. La causa, aunque no grave en sí, habría tomado otro aspecto, si sus amigos no se hubiesen empeñado en precipitar más y más a este oficial. La tarde que se le fue a tomar la confesión dijo al fiscal que estaba pronto a darla, pero que suplicaba lo dejasen para el otro día porque estaba algo indispuesto, y a la mañana siguiente, sobre la misma mesa de la secretaría del congreso, se le escribieron en inglés las respuestas que debía dar, se le remitieron con el presidente del congreso, y al comenzar la confesión le presentó al instante el papel, y le dijo: que contestara aquello denegándose y no... [roto el original] darla. Adviértase que cuando se mandó poner en clase de preso a D'Evereux se le puso en la mejor pieza que tiene esta villa, lo que esto prueba que otra causa... [roto el original] de oprimirlo fue luego a trasladarlo... [roto el original] principio se le hubiera puesto en ella, o en otra peor, pero nadie ignora que muchos señores del congreso, y particularmente alguno que duerme sobre un mostrador de una tienda, se la tomarían con mucho gusto.

   La causa de trasladarlo fue no poderlo tener incomunicado en esta pieza, hasta que diera su confesión; yo mismo lo he visto y oído hablar con un diputado desde el balcón a la plaza, sin referir otros pasajes que sufrir de nuevos insultos desde el balcón interior del cabildo donde se hallaba. En esta misma no lo he podido lograr, como vuestra majestad lo ha visto en la representación que ha dirigido al congreso; representación que se ha trabajado precisamente en el tiempo que medió entre haberse puesto bajo la carpeta mis comunicaciones al congreso, incluyendo su causa, y la en que se leyeron; de modo que si D'Evereux fuera un adivino, no podía haber ocurrido en su incomunicación una cosa más a tiempo. Si D'Evereux ha estado incomunicado más tiempo del que debería, la culpa ha sido suya, denegándose a dar la confesión; pues aunque al reo que se niega a confesar se le supone confeso, en el caso presente hay puntos que exigen una respuesta categórica de parte de la persona que cometió el delito. Ya estaría hace muchos días caminando para el cuartel general y el congreso no habría tenido que emplearse en acaloradas sesiones sobre un asunto de esta naturaleza, con sólo haber dado su confesión, pero sus amigos le dijeron que era preciso precipitarme, como si mi precipicio le quitara su delito. La causa se le ha seguido conforme a la ordenanza española, y no a las leyes inglesas, porque la ordenanza española es la que se sigue en el ejército,... [roto el original] mandada seguir... [roto el original] hasta que el soberano congreso nos dé unas ordenanzas más amigas a nuestro sistema; pero que nunca podrán ser iguales sus leyes a las demás, por la sencilla razón de que es imposible contener y gobernar tropas con las leyes comunes que así, lo que en un simple ciudadano sería violación de derechos, quizá no lo es, a lo menos hasta ahora en ley militar. Veamos, pues, las consecuencias que arrastraría consigo la ejecución de los otros dos puntos decretados por el congreso en este caso particular.

   Se me manda que le facilite los medios para su defensa, y yo creo que la defensa sigue a la confesión que no quiere dar, y que después de dada es en el consejo general y no aquí donde la debe hacer.

   Que se ponga en comunicación con vuestra majestad, en cuyo caso, abriéndosele ya esta puerta, D'Evereux podría pedir el ser presentado a la barra del congreso a que se le oiga personalmente, y el vicepresidente de la República tendrá que presentarse también en la barra para dar sus descargos contra lo que se diga contra él. ¿Y habrá una monstruosidad más repugnante que ver al depositario del poder ejecutivo litigando con un particular confundido entre el populacho? ¿Y esto a la faz y por decreto del cuerpo constituyente? ¡No señor, jamás por consentimiento llegará el... [roto el original] mo el empleo en que vuestra majestad mismo me ha hecho el honor de conservarme, después de mi primer nombramiento. Que se me deponga cien veces; que se me sepulte de nuevo en los calabozos si fuere preciso, yo no daré cumplimiento a unas órdenes que igualmente nos desacreditarían en presencia del mundo ilustrado.

   No puedo concluir este punto sin satisfacer una observación que se ha hecho en el cuerpo, de que yo me había erigido en tribunal de justicia y que hacía de juez y parte. Ni lo uno ni lo otro es cierto, ni aparece de lo actuado. Mi primera providencia fue mandar guardar arresto [sic] en su casa a D'Evereux, para que al otro día, reconocidos su papel y firma, sin cuyo requisito no aparecía el delito, ni podía mandar se le siguiese la causa, y para este solo paso eran indispensables las providencias de nombrar fiscal y secretario. Reconocido su papel, proveí el decreto siguiente: "Palacio del gobierno en el Rosario de Cúcuta, a 1° de junio de 1821. En atención al reconocimiento que el señor general de división J. D'Evereux ha hecho del oficio en que ha insultado atrozmente la dignidad del supremo gobierno de la República, y prestando este hecho, y lo demás contenido en su expresado oficio, bastante mérito para proseguirle la causa hasta ponerla en estado de que se le juzgue en consejo de guerra, trasládesele a una de las piezas de la [residencia] suya particular, donde quede en estado de prisión, bajo la competente custodia; y vuelva el proceso al señor juez fiscal para que lo continúe conforme a la ordenanza.

Nariño.

   Por su excelencia el vicepresidente,

D. B. Urbaneja".

   Pregunto: ¿Qué hay aquí de juez ni de parte? ¿Qué es lo que se podía o debía hacer en el caso presente por el poder ejecutivo y en el Rosario de Cúcuta? Los demás decretos sólo son notas a consultas hechas por el juez fiscal, que ahora es el juez y no el poder ejecutivo, que sólo da las providencias para que se le juzgue conforme a ordenanza. Y como al consejo de guerra toca oír las defensas, calificar el delito e imponer la pena, esta vez el poder ejecutivo, será el juez que lo sentencie o absuelva. Veamos ya la otra queja contra el poder ejecutivo.

   El oficial Low, en su queja al congreso, dice que habiéndose presentado ofreciendo sus servicios, el general Urdaneta le contestó incluyéndole un pasaporte para que saliera de la República. Con que si ofrecía sus servicios no era parte de Colombia, porque si lo fuera, no tenía para qué venir a hacer servicios; y si el general Urdaneta lo manda, sólo él, y no el vicepresidente, sabrá los motivos, pero que no son por ahora de la incumbencia del poder ejecutivo, sino del Libertador presidente.

   Este extranjero, pues, para cumplir con lo que se le prevenía, en lugar de irse se viene a esta villa, y por la casualidad de haber él mismo contestado a la dueña de la casa en que vivía con la señora English que el gobierno era quien debía pagarla, me obligó a mandar que se le preguntara por la secretaría, entre otras cosas, cuál era el motivo de su residencia aquí; a lo cual contestó que aguardaba la respuesta del Libertador presidente sobre ciertos intereses, para en recibiéndola marcharse a su tierra. Con esto quedó concluido el asunto, pero ya el gobierno con conocimiento de todo.

   Sobrevino el suceso de D'Evereux, y como él mismo me había dicho que era el único amigo de la señora English, y que como tal fue uno de los más acalorados en el pretendido insulto a la señora, y que podía aumentar el fuego y desacatos al gobierno, se le puso una orden para que pasase a Maracaibo a aguardar la contestación del Libertador presidente. La reclamó y se le contestó que cumpliese con lo mandado, porque de no [hacerlo] se tomaría otra providencia. No creo que haya quien dude que una providencia de simple policía está en las facultades del gobierno, y que es cosa risible oír a un extranjero mandado salir de la República por otra autoridad, hablar de quebrantamiento de derechos ciudadanos, cuando el alto gobierno lo manda pasar de un pueblo a otro, por convenir a la tranquilidad, y cuando él no goza de tales derechos de ciudadano. Citaré —sólo para los que nos están citando continuamente las leyes inglesas‐ una ley actual que autoriza al gobierno para echar de los dominios ingleses a cualquier extranjero cuando crea conveniente, sin darle razón por qué se le despide. Pero allá deben gobernar las leyes inglesas contra los extranjeros, y aquí nuestras leyes a favor de los extranjeros, aunque nos burlen y ultrajen. Que vaya uno de nosotros a Inglaterra a hacer lo que los ingleses acaban de hacer con el gobierno, y veremos si hay un solo inglés que se interponga a favorecerlo y si, aun cuando lo haya, su gobierno cederá a sus empeños. Actualmente han estado encarcelados dos de nuestros diputados, y el señor López Méndez me asegura que ha estado para ser sentenciado a muerte, sólo por las deudas contraídas por la República, y que ha escapado por haber pagado el señor Zea la deuda. ¡Qué bello contraste con los motivos que me obligan a estar escribiendo este papel!

   Resulta, pues, de lo expuesto hasta aquí, que si D'Evereux ha sufrido alguna demora en su causa, ha sido obra de sus manos, o de sus amigos, y no del juez ni del poder ejecutivo; que este no ha sido en la causa ni juez ni parte, sino que ha puesto las precisas providencias para que se sustanciase el sumario; que este se ha seguido por juez imparcial, conforme a las ordenanzas que nos rigen; que el poder ejecutivo ha podido —sin quebrantar ninguna ley, ningún principio recibido en los gobiernos más libres— mandar al coronel Low pasar a Maracaibo. Que este mismo poder ejecutivo no puede ser juzgado durante el ejercicio de sus funciones sino por infracción de la constitución, y que en cualquier otro caso debe esperarse al juicio de residencia; y, finalmente, que el soberano congreso, imitando al Creador del universo, debe dictar leyes generales, a cuyo impulso se mueva la máquina política, como con las del Supremo Hacedor se mueve la del universo, y que así como Dios, imprimiendo el movimiento y la atracción a los cuerpos físicos les señaló la carrera constante e inmutable que debían seguir, sin mezclarse diariamente en el modo con que debe crecer una planta, formarse una cristalización, o girar un planeta, así el soberano congreso debe imprimir en sus leyes constitucionales todos los principios que sostengan y dirijan la armonía política, asegurando el libre uso de las propiedades individuales en que están comprendidos todos los derechos del hombre, sin mezclarse diariamente en el modo particular con que estos se deben respetar y guardar.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

68
CARTA DE PEÑALVER AL LIBERTADOR

CON LA MARCHA DE NARIÑO, AFIRMA, SE RESTABLECE LA ARMONIA EN EL CONGRESO. FRAGMENTOS. Rosario de Cúcuta, 16 de julio de 1821.

Fernando de Peñalver.

   Rosario de Cúcuta, 16 de julio de 1821.

   Viva la patria, mi querido Simón, y viva mil veces el héroe que con sus extraordinarios talentos y constancia la ha arrancado de las garras de los opresores. No creí que los españoles pudieran tener un ejército de 6.000 hombres y mucho menos presentar una batalla, y aunque siento mucho la pérdida del general Cedeño, de Plaza y de los demás que perdieron la vida en el campo de Carabobo, he celebrado mucho el combate por la gloria que han conseguido nuestras armas y el jefe Libertador y por la impresión que hará en el gobierno español muy favorable, sin duda, al reconocimiento de nuestra independencia.

   Con cuánto placer habrás visto el suelo que te vio nacer libre de españoles por tu valor y por una audacia para emprender cosas tan difíciles como peligrosas de ejecutar, que todo lo ha vencido y que será el rasgo más sublime y heroico de la historia de la guerra de la independencia de Colombia. Vive, pues, para que disfrutes de la gratitud que deben tributarte todos tus compatriotas y del respeto y amor con que deben verte no sólo ellos, sino todos los hombres amigos de la libertad. (...)

   Desde que el embrollón de Nariño se marchó de aquí para morirse por el camino, según los médicos y que yo no creo, la armonía que él había turbado en el congreso se ha restablecido y la victoria de Carabobo me parece que ha trastornado sus planes y los de sus partidarios que poco a poco fueron desenvolviéndose.

Fernando de Peñalver.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, secretaría de guerra y marina, t. 334, fol 144-145.

69
CARTA DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

CONVALECENCIA. DESEOS POR UN PRONTO ENCUENTRO. LAS AMARGURAS DEL MANDO. Tunja, 17 de septiembre de 1821.

Antonio Nariño.

   Tunja, 17 de septiembre de 1821.

   Señor general Francisco de Paula Santander.

   Mi estimado amigo:

   La carta de usted de 7 del presente me la entregó José María en la cama, y no se la he contestado por el correo porque mi convalecencia me tiene más postrado que la enfermedad principal que hace días desapareció. No sé aún cuándo saldré, y aunque de cualquier modo que vaya, siempre llegaré a Nemocón, doy a usted mil gracias por sus generosas ofertas de que haría uso con la franqueza de la amistad.

   Tengo los mismos deseos que usted de que nos abracemos y hablemos largamente, pero no sucede lo mismo en cuanto a su renuncia y deseos de dejar la vicepresidencia de Cundinamarca: los jóvenes activos y de luces, los hombres que desde el principio han estado presentes en todos los sucesos que nos han precedido, son los únicos que pueden reorganizar la República. No hay duda de que el mando, siendo como debe ser, trae infinitas amarguras, que yo he experimentado por dos veces; pero en los grandes puestos, como en las últimas clases de la sociedad, los sacrificios a la patria deben ser proporcionales, y usted debe hacer todos los que le toquen en suerte en el momento actual.

   Tengo la mayor satisfacción en que usted me diga que lo trate con una franqueza como si me perteneciese por toda relación; y con la misma me repito de usted su seguro servidor y amigo.

Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto. Correspondencia dirigida al general Santander, t. 9, Bogotá, D.E., talleres editoriales de la Librería Voluntad, 1967, p. 9 y 10.

70
TESTIMONIO DEL OBISPO EN EL SENADO SOBRE ANTONIO NARIÑO

FRAGMENTOS DEL ACTA DE LA SESION DEL 9 DE OCTUBRE DE 1821. Villa del Rosario de Cúcuta, 9 de octubre de 1821.

José I. de Márquez,
Francisco Soto,
diputado secretario.
Antonio José Caro,
diputado secretario.

Congreso de Cúcuta
Acta de la sesión del 9 de octubre de 1821

   "... El señor obispo, que había sido citado por el señor Azuero como sujeto que debiera estar impuesto de la quiebra del general Nariño, expuso constarle, como que en su poder habían estado los autos de la materia, en calidad de juez hacedor de diezmos de Bogotá... pero que su señoría no podía atreverse a calificarlo de deudor fallido, a causa de que el dinero de diezmos lo había empleado en grandes negociaciones, cuyo producto existía entonces en Londres, Francia y La Habana..."

José I. de Márquez,
(firmado).
El diputado secretario,
Francisco Soto.
El diputado secretario,
Antonio José Caro.

FUENTE EDITORIAL:
Congreso de Cúcuta. Libro de actas. Biblioteca de Historia Nacional, v. 35, Bogotá, Imprenta Nacional, 1923.

71
OFICIO DE NARIÑO AL SECRETARIO DE HACIENDA

SOLICITUD DE ADJUDICACION DE CASAS A CAMBIO DE SUELDOS ATRASADOS. Hacienda de Las Monjas, 27 de noviembre de 1821.

Antonio Nariño.

   Hacienda de Las Monjas, 27 de noviembre de 1821.

   Al secretario de hacienda, José María Castillo.

   Acuso a vuestra señoría el recibo de su oficio de 23 del corriente, en que me comunica el resultado de mi solicitud y la de mi hijo político Antonio Ibáñez, sobre que se nos adjudicasen por nuestros sueldos adeudados las casas de los españoles Ugarte y Oliver; y resultando sólo esta última libre de gravamen, puede su excelencia, si lo creyere justo, mandarla adjudicar al citado mi hijo político Antonio Ibáñez, como que a ella se dirige su solicitud, que yo por mi parte continuaré conformándome con cualquiera suerte que me toque, como lo he hecho hasta aquí.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   El general de división,

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

72
CARTA DE NARIÑO AL CABILDO DE CHIQUINQUIRA

ATENCION A SOLICITUDES DEL AYUNTAMIENTO. Hacienda de Las Monjas, 6 de enero de 1822.

Antonio Nariño.

   Hacienda de Las Monjas, 6 de enero de 1822.

   El general Nariño al ilustre cabildo de Chiquinquirá.

   No ha sido sin dolor de mi corazón como he demorado las contestaciones a los dos atentos y expresivos oficios de vuestra señoría; pero la grave enfermedad que me atacó en Cúcuta, de que aún me resiento, y la prohibición de los facultativos para que no escribiese ni me ocupase de otro asunto que del restablecimiento de mi salud, tomando los aires del campo, me han privado de esta satisfacción y de este deber. No por esto he olvidado un instante los intereses de ese ayuntamiento y de ese vecindario, que siempre miré con predilección, y de cuyo patriotismo he estado siempre muy persuadido; al instante que tuve ocasión hablé al excelentísimo señor vicepresidente de la República, y me ofreció proteger tan justas solicitudes en cuanto estuviese de su parte. Continuaré del mismo modo dando cuantos pasos se crean necesarios, asegurando a vuestra señoría que tengo la mayor complacencia en que se me proporcionen ocasiones de manifestar a vuestra señoría y al vecindario que representa mi gratitud y el amor que siempre les he profesado. Entretanto quedo de vuestra señoría con el mayor aprecio, su más atento, seguro servidor, que besa su mano,

Antonio Nariño

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

73
OFICIO DE NARIÑO AL MINISTRO DE GUERRA Y MARINA

SOBRE SU NOMBRAMIENTO EN UNA COMISION MILITAR. Bogotá, 3 de febrero de 1822.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 3 de febrero de 1822.

   El general Nariño, al señor ministro de guerra y marina.

   El oficio de vuestra señoría de 30 del pasado, en el que se me comunica el nombramiento que el excelentísimo señor vicepresidente de la República ha tenido a bien hacer en mí para miembro de una comisión militar, de que es presidente su excelencia el señor general en jefe Rafael Urdaneta, se me entregó al día siguiente, estando enfermo en cama; y como hasta el día no sepa las funciones que deba ejercer en el estado achacoso de mi salud, me limito a acusar a vuestra señoría el recibo.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   El general de división,

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

74
CARTA DE NARINO AL EDITOR DEL CORREO DE BOGOTA

REPLICA A LOS ARTICULOS QUE ATACAN AL PRECURSOR.
Sin fecha.

Antonio Nariño.

   El general Antonio Nariño, al editor del Correo de Bogotá.

   He leído, señor editor, en su Correo de ayer, número 159, sus artículos comunicados, dirigidos todos contra mí, suponiéndome autor de un periódico intitulado El Insurgente. Nada me ha cogido de nuevo; desde mi llegada a esta capital he experimentado igual suerte; se publican los trabajos del congreso y, olvidándose a quien debió su instalación y su existencia, se omite estudiosamente mi nombre en lo que pude hacer de bueno, mas no se omite cuando se habla de mi proyecto de constitución para tratarme de delirante en la gaceta número 122. En algunas conversaciones privadas referí haber visitado en París una mujer que con el nombre de profetisa tiene casa abierta en medio de la capital más ilustrada de Europa; que la visité como otros muchos viajeros y oí sus adivinanzas, como era preciso para conocerla. Apenas se supo esto, cuando en la Gaceta de Bogotá, número 120, no sólo se me trata de fanático ordinario, sino que para darle un aspecto criminal me agrega a las ideas de Mahomet, y me receta una horca. En el Correo de Bogotá, número 104, sale un frailecito patriota preguntando si se concluyó la guerra en Venezuela o no; y sin más examen que esta pregunta, se me supone el autor de ella y a renglón seguido se me trata sin rebozo, como se puede ver en el tal número, exhortándome a que obedezca las leyes y los magistrados. Sale ahora un periódico intitulado El Insurgente, y sin más datos que este título y cierta forma en el papel, se desata una tormenta contra mí desde su aparición; se me recetan cuatro balazos en una conversación en el coliseo delante de uno de nuestros primeros magistrados, y ahora en su papel de vuesamerced se me amenaza con la suerte del general Piar, fusilado en Guayana; se burlan de mi gobierno del año 12, como si en mi tiempo hubiera entrado Morillo, o se hubieran visto en él los espantosos desórdenes y calamidades que se vieron después. Se dice que empleo mis luces en turbar el orden público para hacer fortuna... que soy un demagogo frenético... que la malignidad y la ambición van cubiertos bajo las apariencias del bien público...

   Y después de este sartal de injurias y de insultos, ¿qué diremos cuando se sepa que no soy el autor de este papel, como no lo fui de la pregunta del frailecito?... Pues no sólo no soy autor de estos papeles, sino que desde mi vuelta a esta ciudad no he puesto un solo renglón en la imprenta; y si lo fuera, hoy declararía mi nombre, porque los que creen que a mí se me hace callar con amenazas de balas y cadalsos, seguramente han olvidado la historia de mi vida; jamás me he desmentido, ni entre los españoles, ni entre los nuestros, ni en los calabozos, ni en el campo de batalla.

   Pasemos a hacer algunas observaciones que nacen por sí mismas de la naturaleza del asunto:

   Primera: Es cosa notable que seis autores a un mismo tiempo, al primer número de El Insurgente, pensasen de un mismo modo, se les ocurriesen las mismas ideas y saliesen en un mismo papel. El público juzgará qué quiere decir esto.

   Segunda: Fuera yo u otro el autor de tal papel, ¿qué quiere decir eso de espantar, de recetar balas y cadalsos al que escriba con libertad? Si el papel contiene máximas de las que reprueban las leyes, ¿no hay un tribunal de censura para juzgar a su autor? ¿Por qué no se le acusa, y no dar palo de ciego? Y si no contiene nada de lo que se le pueda acusar, ¿por qué ese encarnizamiento, esa animosidad contra el que se cree su autor? La razón es bien sencilla, porque se creyó, o se supuso creer, que era yo. Y estos son los hombres de juicio a quienes sólo debe oír el público; estos son los verdaderos amantes de la libertad, aunque confiesan que no lo pueden digerir porque es alimento para ellos de difícil digestión.

   Tercera: Casi todos los seis anónimos se han convenido en suponerme ideas de ambición y que empleo mis luces en turbar el orden público para hacer fortuna. Deseo me digan esos señores de juicio, y si pudiera ser con sus nombres como yo doy el mío, ¿cuál es esta fortuna que quiero hacer? ¿No me acaba de ver toda la República llegar el año pasado de la Europa, después de siete años de ausencia, pobre y salido de la cárcel de Cádiz, subir a la segunda magistratura de Colombia con un sueldo de $25.000 y renunciarla? Pero se dirá que aspiro a la primera. Voy a hacer uso de una carta confidencial del general Bolívar, porque le hace a él tanto honor como a mí me sirve de satisfacción. Cuando este ilustre y benemérito jefe hizo su renuncia al congreso de Cúcuta, me escribió confidencialmente diciéndome que apoyara con todas mis fuerzas su solicitud, insinuándome que yo podía ser nombrado y que en este caso podía nombrarse un venezolano en la vicepresidencia para cimentar la unión de ambos pueblos. No sólo no apoyé esta solicitud, sino que hice lo contrario y se lo escribí así al mismo general Bolívar. Pregunto yo ahora: ¿Se podría presentar una más bella ocasión a un ambicioso? Yo estaba al frente del gobierno, acababa de instalar el congreso, tenía en él amigos y parientes y el apoyo del presidente Libertador. ¿Y será ni remotamente probable que dejara pasar una ocasión natural y sencilla, para venir a exponerme a un paso tan aventurado y peligroso y a envolver mi patria en sangre? Es preciso toda la prevención, toda la animosidad, todo el encono de mis implacables enemigos para atreverse a darme ideas tan criminales y tan contrarias a los sacrificios que he hecho por esta patria querida en el largo espacio de 28 años. Ni mi retiro, ni mi vida privada, ni mi absoluta abnegación de los asuntos públicos, sumergido en el seno de mi familia, han podido aplacar su saña. Pero si mi patria necesita todavía para ser feliz del sacrificio de esta víctima, no hay que ocurrir a imputaciones y calumnias, yo me ofreceré voluntario y correré a inmolarme sobre sus aras con la frente serena.

   Dígnese vuesamerced, señor editor, mandar insertar en su inmediato número de El Correo esta carta, como ha insertado los anónimos que le han dirigido contra mí; y de creerme con el mayor aprecio su atento servidor.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

75
OFICIO DEL GENERAL CASTILLO AL GENERAL NARIÑO

SOBRE INFRACCION DE LAS LEYES POR EL INTENDENTE DE CUNDINAMARCA, ADUCIDA POR NARIÑO, POR CONTRIBUCIONES QUE SE LE EXIGEN. Palacio de gobierno en Bogotá, 20 de marzo de 1822.

J. M. del Castillo.

   República de Colombia

   Secretaría de Estado y del despacho de hacienda.

   Palacio de gobierno en Bogotá, a 20 de marzo de 1822 12°.

   Al señor general de división Antonio Nariño.

   He dado cuenta al gobierno de la carta de vuestra señoría en que quejándose del procedimiento del intendente de Cundinamarca sobre el repartimiento que hizo a vuestra señoría en el último empréstito, propone se le admita en pago la tercera parte del sueldo que se le rebaja por decreto de 1° de febrero; y su excelencia el vicepresidente ha resuelto que, aunque tal ofrecimiento no puede cubrir las necesidades urgentes del ejército del sur, a cuyo socorro se ha querido acudir eficazmente, puede vuestra señoría entenderse con dicho intendente como a quien toca distribuir el repartimiento de la suma pedida por el gobierno, y conocer por medio de las reglas que se le han prescrito la posibilidad o imposibilidad de los prestamistas para cumplir con la distribución.

   El poder ejecutivo se desentiende de la infracción de las leyes de que vuestra señoría indica ser culpable dicho intendente por no corresponderle conocer en un negocio en que por las mismas leyes se sujeta a otros tribunales, a los cuales puede vuestra señoría ocurrir, seguro de que el poder ejecutivo, con hechos positivos, hará ver que guarda y hace guardar las instituciones de Colombia. Siente sin embargo su excelencia que la primera queja de esta naturaleza que ha llegado a su noticia sea la de vuestra señoría, y que el motivo de la disputa con el intendente haya sido una pequeña cantidad destinada a un objeto tan preferente, y nada le sería tan grato como que terminase el negocio de un modo satisfactorio, aunque salvos siempre los derechos del que se juzgue agraviado.

   Dios guarde a vuestra señoría.

J. M. del Castillo,
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

76
OFICIO DE NARIÑO AL VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLICA

SOBRE LA CONTRIBUCION QUE LE EXIGE EL INTENDENTE DE CUNDINAMARCA. DETALLE SOBRE SU CONDICION DE POBREZA. 28 de marzo de 1822.

Antonio Nariño.

   El general Antonio Nariño, al excelentísimo señor vicepresidente de la República.

   Por las adjuntas copias de las contestaciones que han precedido con su señoría al señor intendente de este departamento, sobre la cantidad que se me ha asignado para el empréstito forzoso decretado por el gobierno para los gastos del ejército del sur, verá vuestra señoría el modo arbitrario y poco decoroso con que se me trata mandándome contribuir, ya como a propietario y poseedor de la hacienda de Las Monjas, ya no como a propietario de esta finca, sino de otras que no conozco. El señor intendente se desentiende del objeto de la contribución y de las razones que expongo y finca toda su atención en que yo contribuya, no porque sea justo y urgente, sino porque su señoría me lo manda. ¿No le abro la puerta en primera contestación para que disponga de cuanto tengo? ¿No podía haber gravado la hacienda como se ha hecho con otras, para que el que la maneja contribuya con la cantidad asignada? ¿No hubiera sido más conforme con la justicia y la liberalidad de un gobierno popular el haberme contestado por qué fincas se me hacía semejante repartimiento? Yo le habría manifestado que aún no las tengo. Pero no, el empeño es ultrajarme y no la contribución. Yo no he sacrificado mi vida y todos mis intereses por cambiar de amo, sino por asegurar nuestras propiedades y nuestras personas de la arbitrariedad de un gobierno despótico que no conocía más ley ni más justicia que su voluntad; y la misma contribución que se nos exige parece que no tiene otro objeto que el de asegurar nuestros sagrados derechos. ¿Cómo, pues, se comienza por violarlos? En casos más apurados y urgentes he exigido yo, estando al frente del gobierno, iguales empréstitos y no por haber oído la justicia dejé de ver socorridas las necesidades del Estado.

   Vuestra excelencia ignora que la única finca de que se me puede llamar propietario es la casa que vuestra excelencia mismo me ha mandado devolver por mis sueldos caídos desde mi llegada a la República, y que esta aún no se me ha entregado, no sabiendo si este producto de los sueldos, además de la rebaja que en el día se nos hace de las dos terceras partes, debe graduarse y entraren el empréstito.

   La estancia de Fucha la tengo tratada con su dueño a reconocer un 5% de todo su valor; aún no se ha otorgado la escritura y sólo tengo en ella lo que se ha gastado en refaccionarla.

   Vuestra excelencia sabe que después de mis últimos seis años de cautiverio salí fugitivo de la España, rodé un año por la Europa y me empeñé, no por traer anchetas lucrativas, sino instrumentos y libros de guerra y de economía política para el servicio de la patria; que todo lo he perdido y que he quedado empeñado en esto y en los costos de mi viaje, hasta el término de no haberme podido hacer un uniforme de ordenanza en los seis meses que llevo enfermo y padeciendo en esta, habiéndome visto obligado a vender hasta el jaez de montar al general Urdaneta, para pagar una deuda contraída en mi viaje. Pues a pesar de esto, señor excelentísimo, y de estar realmente contribuyendo como los demás militares con la suspensión de las dos terceras partes de mi sueldo, para que se vea que no es negarme a contribuir sino a ser mandado como en tiempo de Fernando VII, hago donativo voluntario de la tercera parte que me ha quedado de sueldo en los tres meses de abril, mayo y junio, hasta completar los $400 que injustamente se me habían señalado por el señor intendente de empréstito forzoso, de que vuestra excelencia se servirá eximirme, en atención a las razones que expongo en esta y las adjuntas comunicaciones.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

77
OFICIO DE NARIÑO AL MINISTRO DE HACIENDA

SOBRE LA CONTRIBUCION EXIGIDA POR EL INTENDENTE DE CUNDINAMARCA. Bogotá, 1° de abril de 1822.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 1°. de abril de 1822.

   El general Antonio Nariño al señor ministro de hacienda, José María del Castillo.

   Antes de ayer por la noche se me ha entregado el oficio de vuestra señoría en contestación al que dirigí a su excelencia el vicepresidente de la República sobre el modo arbitrario como el señor intendente me ha incluido en el repartimiento del empréstito forzoso; y supuesto de que es preciso someterme a la ley de la necesidad, hoy mismo pondré en tesorería los $400 que me ha señalado, como lo desea su excelencia, y le daré el aviso correspondiente.

   Mas no puedo terminar esta contestación sin decir a vuestra señoría que siento el que su excelencia crea que el motivo de la disputa con el intendente haya sido una pequeña cantidad destinada a un objeto tan preferente. No, no es la cantidad la que he resistido, bien claro lo digo en mi citado oficio y en las comunicaciones con el intendente, sino el ser mandado por el señor intendente como si estuviéramos en el gobierno español; y de aquí nace que en el mismo oficio ofrecía dar la misma cantidad en donativo voluntario, no de los sueldos caídos que se me rebajan por decreto de 1° de febrero, como vuestra señoría lo ha entendido, sino de la tercera parte que me ha quedado y que actualmente me pagan. Esta aclaración la pongo, tanto para satisfacer a su excelencia como al público a quien va a hacerse trascendental. Todo se servirá vuestra señoría elevarlo al conocimiento de su excelencia.

   Dios guarde a vuestra señoría.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

78
CARTA DE NARIÑO A FRANCISCO RIVAS

SOBRE SU ENFERMEDAD Y ALEJAMIENTO DE LOS NEGOCIOS Y DE LA VIDA PUBLICA. Bogotá, 16 de junio de 1822.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 16 de junio de 1822.

   Mi estimado Rivas:

   ¡Cuánto sentí en Pamplona el verme tan a poca distancia de usted sin poder abrazarlo! Pero aun he sentido más no poder ponerle cuatro letras en todo este tiempo: mi enfermedad ha sido penosa y dilatada, y hasta ahora se me permite tomar la pluma con economía.

   Me hallo en el campo en mi Fucha sin tener ninguna parte en los negocios públicos, y sin saber de nada.

   He tenido el mayor gusto en saber que se va usted a establecer en esa, pues ya podremos contar con que no se nos escapará para otros países; póngame usted a los pies de madama, sea usted feliz a su lado sin olvidar la patria, y cuente siempre con el invariable afecto y estimación de su amigo,

Nariño,
(Rúbrica).

   Al ciudadano Francisco Rivas. Caracas.

FUENTE EDITORIAL:
Helguera. J. León. Boletín de historia y antigüedades, v. XLVIII. N° 555 - 556. enero - febrero de 1961. p. 116.

79
OFICIO DE NARIÑO A PEDRO BRICEÑO MENDEZ

SE DA POR ENTERADO DE SU NOMBRAMIENTO PARA LA COMANDANCIA GENERAL DE CUNDINAMARCA. Bogotá, 16 de octubre de 1822.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 16 de octubre de 1822.

   El general Antonio Nariño al señor secretario de marina y guerra, Pedro Briceño Méndez.

   Quedo impuesto por el oficio de vuestra señoría de esta fecha haber sido nombrado interinamente por el supremo poder ejecutivo, para la comandancia general de este departamento mientras esté ausente el excelentísimo señor general Urdaneta, o se reúna el congreso próximo. A pesar de mis notorias enfermedades, procuraré hacer todo lo posible para llenar las miras del gobierno y desempeñar hasta donde alcancen mis cortas luces las funciones de este empleo con que nuevamente se me honra, que contesto a vuestra señoría para su inteligencia y del supremo gobierno.

   Dios guarde a vuestra señoría.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

80
OFICIO DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

SOBRE CAUSA QUE DEBE SEGUIRSE AL TENIENTE CORONEL JOSE MARIA BARRIONUEVO POR INSUBORDINACION. Bogotá, 16 de noviembre de 1822.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 16 de noviembre de 1822.

   Excelentísimo señor:

   Sin perjuicio de la causa que debe seguirse al teniente coronel José María Barrionuevo por el acto de insubordinación que acaba de cometer y abandono de su destino, presentándose voluntariamente arrestado en el principal de esta plaza, y teniendo vuestra excelencia conocimiento en él, como lo expresa el citado comandante por conducto del estado mayor, espero que vuestra excelencia se sirva declarar lo que juzgue de justicia en el particular, cuya declaratoria pido para guardar la subordinación y respeto que debo a vuestra excelencia y tomar la providencia necesaria para que el servicio no se atrase.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Excelentísimo señor,

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección de guerra y marina, t. 58, fol. 188.

81
CARTA DE NARIÑO AL LIBERTADOR

INFORMA SOBRE LA "BORRASCA" LEVANTADA EN SU CONTRA EN LA PRENSA. Bogotá, 19 de noviembre de 1822.

Antonio Nariño.

   República de Colombia. Departamento de Cundinamarca. Comandancia general

   Bogotá, 19 de noviembre de 1822.

   Mi estimado general y amigo:

   Desde que escribí a usted felicitándolo por sus gloriosos triunfos en el sur, no he vuelto a tomar la pluma porque sé que en medio de las grandes atenciones que rodean a usted para la organización de esas provincias, cuando no hay asunto que obligue a escribir, las cartas particulares no hacen otra cosa que aumentar embarazos y distraer la atención de los asuntos públicos. Ahora no daría a usted esta molestia si no me viera competido de las circunstancias. Se ha levantado una borrasca contra mí, como usted habrá visto por los papeles públicos, sostenida por personas que, aunque personalmente me aborrezcan, debían tener consideración al bien público, para no fomentar divisiones, siempre perjudiciales, y mucho más en los momentos de consolidar nuestra organización. Nada he escrito que no sea para mi defensa o de mi hijo, y nada en que no haya puesto su firma o la mía; y a pesar de esto, de mi vida retirada en el campo, y de mi protesta inserta en el Correo de Bogotá número 150, se me sigue insultando y calumniando por anónimos, que no se atreven a sacar la cara. Para atajar el mal que esta guerra encubierta pudiera traer, acusé uno de estos anónimos, a fin de que se descubriera y el gobierno y el público los conocieran; pero este paso también fue en vano, porque lo han manejado de modo que, lejos de atajar el mal, lo han aumentado, poniendo a un miserable godo al frente, y haciendo que saliera absuelto y nada se descubriera, proporcionando incidentes que aumentarán la discordia.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

82
OFICIO DE NARIÑO SOBRE LA SUSPENSION DE LA GUARDIA

PARA SU CUSTODIA. CASO DEL TENIENTE CORONEL BARRIONUEVO. 20 de noviembre de 1822.

Antonio Nariño.

   20 de noviembre de 1822.

   Excelentísimo señor:

   El teniente coronel de artillería, director de la maestranza, ha sido arrestado el 27 de octubre a las tres de la tarde, hasta el 29 del mismo a las cinco por esta comandancia general, por haber cometido la arbitrariedad de suspenderme la guardia que mandé poner en mi casa de ocho hombres desde el 21, cuya orden se dio por el conducto del mayor de la plaza (que es por el que deben recibirla todos los cuerpos de ella). [Lo que va entre paréntesis va tachado]. El teniente coronel Barrionuevo debió cumplir la orden como la cumplió, y representar si había algunas razones para que se le eximiera de este servicio y no cometer un atentado contra el orden de la milicia (el respeto y la buena educación). El parte que cita bajo el número 1 lo ha dado al estado mayor después de habérsele intimado el arresto, y él nada disminuye la falta, porque sólo se disculpa con que creyó que eran cosas supuestas por el mayor de plaza, pues en ese caso debió, como he dicho, representar o dar parte. El 28 se le previno que el arresto debía ser sin perjuicio de las ocurrencias de servicio, como lo manifiesta el 3°. El teniente coronel Barrionuevo no podrá reconvenir el conducto regular por donde se le comunicó la disposición, ni su hecho escandaloso pudo merecer razones halagüeñas de facto, sino un arresto de 50 horas que pudo la comandancia general haberla prorrogado por ocho días según la cédula de que el teniente coronel Barrionuevo no impuso para aventurar su queja de injusticia al gobierno. Es cuanto puedo informar a vuestra excelencia en cumplimiento del anterior decreto.

   Noviembre 20.

A. N.

   Secretaría de hacienda. Al señor presidente de la comisión de repartimiento de bienes nacionales.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

83
OFICIO DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

SOBRE ACUSACIONES DE UN TAL GOMEZ, EN SU CONTRA. Diciembre de 1822.

Antonio Nariño.

   Diciembre de 1822.

   Excelentísimo señor:

   Acabo de recibir por la secretaría de Estado y del despacho del interior la discusión del soberano congreso de 9 de octubre de 1821, en que un tal señor Gómez me acusó de fallido, de haber tenido una conducta criminal en Pasto entregándome voluntariamente al enemigo, y de no tener la residencia que prescriben las leyes por haber estado voluntariamente en la cárcel de Cádiz, y no por causa de la República.

   Y como el soberano congreso dejó esta acusación pendiente para que la decida el senado, desde que la he recibido oficialmente creo que estoy en el caso de no ejercer ninguna función pública; por lo que respetuosamente ocurro a vuestra excelencia suplicándole nombre quien desempeñe la comandancia general de armas, que interinamente sirvo por ausencia del general Urdaneta.

Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

84
OFICIO DE NARIÑO AL SECRETARIO DE ESTADO

SE DA POR ENTERADO DE SU ELECCION COMO SENADOR. Diciembre de 1822.

Antonio Nariño.

   Diciembre de 1822.

   Al señor secretario de Estado y del despacho del interior.

   Acuso a vuestra señoría el recibo del oficio con que me acompaña la copia de la discusión del soberano congreso, de 9 de octubre del año pasado de 1821, sobre mi elección de senador.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

85
OFICIO DE J. MANUEL RESTREPO AL GENERAL NARIÑO

SOBRE NULIDAD DE LA ELECCION DE NARIÑO COMO SENADOR. Palacio de gobierno de la ciudad de Bogotá, 2 de diciembre de 1822.

J. Manuel Restrepo.

   República de Colombia. Secretaría de Estado y del despacho del interior. Palacio de gobierno en la ciudad de Bogotá, a 2 de diciembre de 1822 12°.

   Al señor general de división, Antonio Nariño.

   El congreso general reunido en Cúcuta el año anterior, por acta de 9 de octubre, eligió a vuestra señoría para uno de los senadores de la República por el departamento de Cundinamarca. Mas habiéndose objetado nulidad en la elección, hubo las discusiones que vuestra señoría verá en la copia legalizada que le acompaño, dejándose la resolución definitiva de la nulidad propuesta para el congreso que debe reunirse en el mes de enero próximo. Lo que de orden del supremo poder ejecutivo comunico a vuestra señoría para los fines convenientes.

   Dios guarde a vuestra señoría.

J. Manuel Restrepo.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

86
OFICIO DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

SOBRE ACUSACION CON MOTIVO DE SU ELECCION COMO SENADOR. CONTESTACION. Bogotá, 1° de enero de 1823.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 1° de enero de 1823.

   Excelentísimo señor:

   Llegado el tiempo en que por la constitución debe reunirse el senado, al que se han de pasar las actas de acusación que contra mí se promovieron por los señores Diego Gómez y Vicente Azuero, con motivo de mi elección de senador y que vuestra excelencia me ha comunicado por medio del ministro del interior con fecha 2 de diciembre último, en las que me hacen cargos muy graves e incompatibles con el empleo que actualmente ejerzo de comandante general de armas, espero que vuestra excelencia se servirá nombrar la persona que se deba hacer cargo de esta, pues aunque el artículo 100 de la constitución no suspende al acusado de su empleo hasta que por el senado es admitida la acusación, este caso no está previsto en ella, y además de ser ya propuesta por el soberano congreso, parecerían muy mal las armas puestas en manos de un hombre acusado de traidor a la patria, que tiene que presentarse como reo ante el primer cuerpo de la nación.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

   Excelentísimo señor,

Antonio Nariño.

   Al margen: Contestarle: que el gobierno no ve en la acusación que se intentó, sobre la legitimidad de su nombramiento para el senado, impedimento alguno para ejercer un destino militar ínterin se abre el juicio y se pronuncia el fallo. Que habiendo resuelto de antemano el gobierno exonerarle del mando de las armas llegado el día prefijado por el congreso de Cúcuta para abrirle juicio, en este caso se cumplirán sus deseos y las intenciones del gobierno.

(Rúbrica de Santander).
Briceño.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección de guerra y marina, t. 344, fol. 106.

87
OFICIO DE BRICEÑO MENDEZ AL GENERAL NARIÑO

INFORMA QUE NO EXISTE IMPEDIMENTO PARA QUE EJERZA EL CARGO DE COMANDANTE GENERAL DE ARMAS. Bogotá, 3 de enero de 1823.

Pedro Briceño Méndez.

   República de Colombia. Secretaría de marina y guerra. Palacio de gobierno, en Bogotá, a 3 de enero de 1823 13°.

   Al señor general de división, Antonio Nariño.

   Su excelencia el vicepresidente de la República, a quien informé de la exposición de vuestra señoría, de fecha 1°del corriente, no ve en la acusación que se intentó contra vuestra señoría, sobre la legitimidad de la elección de senador, impedimento alguno para ejercer un destino militar ínterin se abre el juicio y se pronuncia el fallo. En esta virtud, y habiendo resuelto anteriormente exonerar a vuestra señoría del mando de armas, luego que llegase el día prefijado por el acta del congreso de Cúcuta para abrir el enunciado juicio, ha dispuesto diga a vuestra señoría, que en su caso cumplirá sus intenciones y los deseos de vuestra señoría, sin que haya motivo actualmente para hacer novedad en el relevo que solicita, puesto que no se ha verificado la reunión del congreso, ante cuyo augusto cuerpo debe vuestra señoría justificarse. Oportunamente comunicaré las órdenes del gobierno en este particular.

   Dios guarde a usted.

Pedro Briceño Méndez.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

88
OTRO OFICIO DE BRICEÑO MENDEZ AL GENERAL NARIÑO

SOBRE SU NOMBRAMIENTO COMO COMANDANTE GENERAL DE ARMAS. Bogotá, 4 de enero de 1823.

Pedro Briceño Méndez.

   República de Colombia. Secretaría de marina y guerra. Palacio de gobierno en Bogotá, a 4 de enero de 1823 13°.

   Al señor general de división, Antonio Nariño.

   Desde el 31 de enero del año próximo pasado comuniqué a vuestra señoría, a su excelencia el general Urdaneta y a otros varios jefes, la orden de su excelencia el vicepresidente que los nombraba miembros de una comisión militar creada con el objeto de trabajar en los proyectos de arreglos relativos a la organización y disciplina del ejército. Como el objeto del gobierno en procurarse estos informes era el de dar cuenta con ellos al congreso para solicitar leyes o decretos orgánicos en tan importante ramo, y haya llegado el tiempo de la reunión de la legislatura, ocurro a vuestra señoría, de orden de su excelencia el vicepresidente, como al jefe de más graduación que existe en esta capital de los que componen la comisión, para que me pase los trabajos de ella en todo el año corrido, para los fines arriba expresados.

   Dios guarde a vuestra señoría.

Pedro Briceño Méndez.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

89
OFICIO DE NARIÑO AL SECRETARIO DE MARINA Y GUERRA

SOBRE SU NOMBRAMIENTO COMO COMANDANTE GENERAL DE ARMAS. 5 de enero de 1823.

Antonio Nariño.

   5 de enero de 1823.

   Al señor secretario de marina y guerra.

   Cuando su excelencia el vicepresidente me nombró miembro de una comisión militar creada con el objeto de trabajar en los proyectos de arreglos relativos a la organización y disciplina del ejército, me dice que el excelentísimo señor general en jefe Rafael Urdaneta es el presidente a cuyas órdenes debo estar. Contesté a su excelencia el vicepresidente y al general Urdaneta admitiendo el nombramiento y pasé personalmente donde el presidente de la comisión, que me dijo avisaría oportunamente para nuestra reunión, lo que hasta hoy no se ha verificado. Es cuanto puedo decir a vuestra señoría en contestación a su oficio de 4 del corriente, para que se sirva elevarlo al conocimiento de su excelencia.

   Dios guarde a vuestra señoría.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

90
OFICIO DEL JUZGADO ORDINARIO DE BOGOTA A NARIÑO

SATISFACCION DE COSTAS CAUSADAS POR ACUSACION HECHA EN UN ARTICULO INSERTO EN UNA PUBLICACION DE LA CIUDAD. SE ANEXA DETALLE DE LAS COSTAS. Juzgado ordinario de Bogotá, 8 de enero de 1823.

Juan de Dios Londoño.

   Juzgado ordinario de Bogotá, 8 de enero de 1823.

   Al excelentísimo señor general, comandante general Antonio Nariño.

   Los partícipes en las costas causadas a consecuencia de la acusación hecha por vuestra excelencia al artículo variedades inserto en el papel público Correo de la ciudad de Bogotá, número 171, quieren se les satisfagan sus derechos justamente devengados, cuyo total es de $37, 6 reales y 26 maravedís.

   Sírvase vuestra excelencia disponer su remisión a este juzgado para su distribución.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

   Excelentísimo señor.

Juan de Dios Londoño
(firmado).

   Señor alcalde ordinario. Las costas de este expediente son las siguientes:

   A los dos señores jueces ordinarios
   Por firmas y asistencia
52
   Al doctor Antonio Torres
   Por su asistencia por ambas partes
24
   A la escribanía
   Por nueve documentos sin signos y dos pedimentos
114
   Por cinco decretos sencillos, tres interlocutorios y dos definitivos
722
   Por 19 notificaciones y dos certificaciones
56
   Por la certificación para Juan Saavedra
4
   Por los juramentos de los jueces y relación
32
   Por las dos copias para el redactor y el acusador
12,4,26
 
   Al secretario de cabildo
   Por ocho certificaciones
8
   Al portero de cabildo Narciso Pérez
   Por su asistencia y llamadas varias veces
8
   Resumen
   A los señores alcaldes ordinarios
52
   Al doctor Antonio Torres
24
   A la escribanía
12,4,26
   Al secretario de cabildo
8
   Al portero Narciso Pérez
8
   Por esta ocupación
1,4
   Pesos
37,26

   Además, dos reales al procurador Narciso García por la firma del escrito de la foja 16, y el honorario a favor del doctor Jerónimo Torres.

   Bogotá, 29 de noviembre de 1822.

Gregorio de Jesús Fonseca.

   El doctor Jerónimo Torres expresó haber defendido gratis al acusado. Doctor Torres. Decreto. Páguense las costas con arreglo al artículo 54 de la ley sobre libertad de imprenta. Escallón.

   Proveído. Proveyóse por el señor alcalde ordinario de primera nominación.

   Bogotá, 4 de diciembre de 1822.

Mendoza.

   Es copia,

Manuel Mendoza,
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

91
OFICIO DE NARIÑO AL SECRETARIO DE MARINA Y GUERRA

INSISTE EN SOLICITUD DE EXONERACION DEL CARGO DE COMANDANTE GENERAL DE ARMAS. Bogotá, 8 de enero de 1823.

Antonio Nariño.

   Bogotá, 8 de enero de 1823.

   Al señor secretario de marina y guerra.

   Aunque su excelencia el vicepresidente de la República no encontró en la acusación que se intentó contra mí sobre la legitimidad de la elección de senador impedimento alguno para ejercer un destino militar, como vuestra señoría me dice en su oficio de 3 del corriente, yo me veo precisado a insistir en mi solicitud de que se me exonere de la comandancia general de armas desde el día; pues a más de que de una hora a otra pueden llegar los individuos que faltan para completar el número prescrito por la constitución, mis enfermedades se van aumentando hasta el punto de anunciar los médicos la pérdida total de la vista si sigo en el manejo de papeles.

   En esta virtud espero que vuestra señoría se servirá elevar al conocimiento de su excelencia ésta mi nueva solicitud para que en vista de lo urgente de las razones que expongo se digne acceder a ella, sin aguardar al preciso momento en que se halle reunido el senado.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

92
LOS TOROS DE FUCHA

CONTESTACION DE NARIÑO AL ARTICULO PUBLICADO EN EL PATRIOTA, PERIODICO DIRIGIDO POR EL VICEPRESIDENTE SANTANDER. CONSIGUIENTE POLEMICA ENTRE LAS PARTES. Enero, marzo, abril de 1823.

Antonio Nariño.

LOS TOROS DE FUCHA.

Al autor de El Patriota.

   Buen chasco es meterse uno a escritor sin saber en lo que se mete.

   No tiene precio. Se da gratis
   El Patriota N° 9.

   De cuando en cuando se nos resbalan algunas verdades, señor patriota, como la que me sirve de epígrafe salida de su boca y aplicada por usted a usted mismo. Lo admirable es que conociendo usted esta verdad se haya metido a escritor; y se le debería perdonar esa multitud de sandeces que nos ha ensartado, sólo por esta sincera confesión. Pero tanto ha puyado usted al toro que al fin lo ha forzado a que salga a la plaza. ¿Así lo quiere? Pues allá va con su nombre y apellido, sin meterse detrás del bastidor.

   Mis opiniones señor mío sobre federación no necesitan de sueños ni de anónimos como las de usted; ellas son tan públicas, tan notorias, que están consignadas en todos los papeles públicos de la patria boba, en todas las paredes de San Victorino del 9 de enero, en los corazones de los excelentísimos señores generales Santander y Urdaneta que no me dejarán mentir, como que se hallaron presentes; en mi proyecto de constitución, cuyo prospecto o introducción anda impreso hace dos años; en todas mis conversaciones; y, últimamente, en mis principios que jamás he disfrazado ni he mudado, porque los he creído fundados en la razón. Ellos son y han sido los siguientes: que el gobierno central es el más fuerte, el más conveniente para asegurar nuestra independencia, como que en él hay unidad de acción; pero que también es el más expuesto al abuso. Que el gobierno federal es más débil, más tardío en sus deliberaciones; pero el más adecuado para la libertad y el menos expuesto al abuso por el contrapeso que oponen las partes federadas. De aquí se deduce que mientras tengamos sobre nosotros al gobierno español, mientras este no reconozca nuestra independencia, lo que nos conviene es unidad de acción, y el sistema actual; pero que reconocida la independencia por la España, hallándonos sin peligros y con los elementos necesarios, la federación será el áncora de la libertad, porque en la extensión de nuestra actual República, y en la tendencia que se nota a la servidumbre, como fruto de nuestros antiguos hábitos, estaremos siempre muy expuestos al abuso. "Tal vez nuestra opinión es absurda, pero esta es nuestra opinión". ¿No le parece a usted, señor patriota, que todos podemos tener nuestra opinión, como usted tiene la suya?

   Ahora bien, ya está el toro en la plaza: que salgan los toreadores, que salgan cuantos quieran a combatir mis opiniones, pero sin máscara y a cuerpo descubierto, sin arrimarse a la barrera para puyar a la segurela, y que en caso de peligro cojamos otro Saavedra a quien poner por delante; porque entonces acabará de conocer el público que estos papeluchos no tienen por objeto el bien general, sino sólo el de saciar pasiones particulares a la sombra del anónimo, y fomentar quizás una guerra civil, quién sabe con qué miras. Y si no, dígame usted, ¿cuál es el fin o motivo público con que usted y sus compañeros de imprenta me insultan continuamente, venga o no venga al caso, aunque yo no despegue mis labios para bien ni para mal? ¿Por qué suponerme autor de papeles y sueños que todo el mundo sabe quiénes son sus autores, sólo para tener pretexto de zaherirme? ¿Cree usted que los demás no conocen a dónde va a parar este juego de toros? ¿Le parece a usted que su papel es visto como un periódico capaz de formar opinión, de instruir, o de divertir a lo menos? Pues se engaña usted o se deja engañar, porque sólo es visto como un papel de colegio en misas de aguinaldo; como un papel que hace poco honor a la capital de Colombia tanto en sus pensamientos como en su idioma y hasta en su figura.

   No obstante, como usted nos habla en un tono magistral y de importancia en algunos retazos, y nos tiene tan molidos con la federación como si en el día hubiera muchos escritos públicos que hablaran sobre esta materia, cuando sobre nada útil se escribe, quisiera nos dijera usted, ¿qué diablos entiende por federación, cuando hasta los toros del encierro le parecieron federados? Y, ¿por qué es este espanto en una República libre y con una constitución que garantiza la libertad de la imprenta y de las opiniones? ¿Por qué es más delito en el día la palabra federación que la de Fernando VII? ¿Dirá usted que esta palabra es destructora de la misma constitución? No, señor mío, las opiniones de Pedro, Juan, ni Diego, en un gobierno libre no destruyen las leyes, antes bien las fortifican; y si no, díganos usted, ¿en dónde está esa preciosa propiedad de nuestras opiniones? Suponga usted que a mí se me antojara decir que el gobierno del doctor Francia en el Paraguay es el más adecuado para estos climas; que conviene que el jefe del gobierno sea el jefe del culto, el vista de la aduana, el administrador de correos, y el único juez en toda la República, ¿se me debería castigar por esto?, ¿se me debería amenazar con que correrían muchos punticos y tinta? Ya se dijo en el congreso de Cúcuta que el gobierno teocrático era el que nos convenía, ¿no podrá su autor decirlo también por la imprenta? Y si todos podemos decir francamente nuestras opiniones a la sombra de la constitución, ¿por qué no ha de poder decir federación el que se le antoje? ¿Es acaso esto una ley que destruya las que están establecidas?

   Dejémonos, señor patriota, de coplas de libertad, ni de coplas de calayna; lo que nos importa es libertad práctica, y esta no la hay cuando se quiere tapar la boca. Estos papeluchos que insultan sin pudor y con amenazas a todos los que no siguen sus ideas, son los que tienen mudas las imprentas, que sólo gimen cuando se ven obligadas a estampar sus rasgos pintorescos y graciosos como el de la invención ajena en que vemos al héroe de Colombia, a nuestro Libertador en la Profecía del Sur pintado como un torero para hacer reír a ciertas personas. ¡Qué decoro! ¡Qué dignidad de escritos! ¡Qué asuntos tan dignos de un tiempo en que está para reunirse la legislatura! ¡Qué satisfecho quedará el ilustre Bolívar cuando se vea retratado con una banderilla matando al insurgente! ¡A qué tiempos hemos llegado!

   Cuando esperábamos ver en la época de la organización de nuestras leyes escritos luminosos de los literatos y sabios de Colombia para preparar los trabajos del congreso, ¿qué es lo que vemos? Personalidades y más personalidades, chocarrerías, insultos y desprecio a un público que merece un poco más de consideración de la que usted se ha figurado, señor patriota, y a quien jamás se insulta impunemente. Querer un miserable anónimo imponer silencio a los demás, amenazar, advertir a los que quieran hablar, que se acuerden del tiempo en que estamos, ¿no es insultar al público, al gobierno, y al jefe que lo preside?

   Ya sé lo que debe esperar en contestación; mas no crea usted que me espanto: he callado hasta ahora por ver si con mi silencio ponía fin a esa saña de unos enemigos a quienes en nada he ofendido; pero de quienes me defenderé con firmeza, ya que mi moderación no los contiene. Seguiré escribiendo sin arredrarme, y si mis enfermedades me lo impidieren, buscaré compañeros que sin ser de los que comen en los potreros de Fucha, me ayuden, poniendo también sus propios nombres. Entre tanto concluiré repitiéndole sus mismas palabras y sus bellos versos del número 7.

   "Si quieren que callemos y no saquemos al sol cosas guardadas, vámonos con tiento en esto de insultos y personalidades; no nos separemos de la justicia. ..; marchemos con prudencia y circunspección; no defraudemos el mérito ajeno, ni arruinemos la reputación del que, o los que la hayan adquirido con acciones justas; no le envidiemos su suerte, ni nos conduzcamos por puros resentimientos mezquinos", pues

   "Al constante varón íntegro y justo
   ni el furor de la plebe depravada,
   ni la cara indignada
   del tirano feroz, impone susto".

General Nariño1.

SEGUNDA CORRIDA.

El Patriota.

   El hombre es libre para tener el miedo que le diere la gana.

   No vale nada. Se da gratis.

   El Patriota N° 1.

   Yo tengo el mío, señor patriota, y tengo mucho, y no he de decir de qué, porque también soy libre para no decirlo. Usted también es libre para tener   toda la cólera que le diere la gana y decirme todas las desvergüenzas que le diere la gana mientras esté encaramado en la barrera con su cara tapada. También es libre para hacer imprimir su Justo Verás con que nos amenaza2.¿Quién se lo ha de impedir? ¿No somos libres? ¿Es acaso esto escribir contra las leyes fundamentales, contra el código, o contra el gobierno? ¿Es hablar de federación, de reyes, o de teocracia? ¿No tenemos libertad de imprenta? ¿No se interesa el bien público en que todos conozcan al general Nariño, tal cual es, o tal como usted lo pinta? Pues no hay que detenerse. Usted es libre y puede formar si gusta un diccionario de injurias contra mí, que cuando más podrán decir las gentes que me conocen, aquello de su cuentecito del número 9. ¿En dónde estaba yo entonces? Pero esto para usted nada importa, usted sabe sacar bien el cuerpo y contestar una razón con una amenaza o una desvergüenza.

   Entremos ahora los dos en cuentas. Mi desafío fue para que atacaran mis opiniones políticas sin máscara y a cuerpo descubierto; y usted me lo admite enmascarado, conviene conmigo en las opiniones, y me llena de improperios. ¿No le parece a usted que esta lucha es desigual? Y tan desigual, que la primera corrida me ha costado ya más de 600 toros, mientras usted, sin riesgo ninguno, está cogiendo sus medios reales de los patriotas. Por otra parte, la guerra de los lilliputienses contra tan descomunal enemigo también es desigual. Así es que usted tiene razón y justicia en todo cuanto dice; así es como usted puede insultar a cuerpo seguro; así es como usted puede engañar a los que no lo conocen. ¿No podré decir con más razón que usted, señor anónimo, "¡Pueblos, pueblos!, considerad bien quiénes son hoy los que os predican unión bajo la constitución actual, y quiénes os quieren dividir; ved cuáles son los que os han hecho verdaderos servicios, y han demostrado su interés generoso por vuestra felicidad? ¿Huid de todo enmascarado que no os haya dado pruebas claras de que os ama, y ama vuestra independencia y libertad"?

   ¿Ya ve usted cómo no sólo me acomodo todos cuantos títulos y nombres hay contra mí, sino también los que hacen a mi favor, como el rasgo antecedente que parece que yo mismo lo dicté? Así a lo menos me confesará usted que soy imparcial y sincero. Pero aclaremos más este punto que es punto muy sustancial. Dice usted que cuando se habla de pícaros, Catilinas, malvados, fallidos, ignorantes, bulliciosos, todo me lo achaco; y a renglón seguido, sin más que un latincíto de por medio, me añade: Si más directamente se dirigen contra usted los escritores... Luego todos aquellos dicterios, digo yo, se han dicho directamente contra mí por los escritores; porque este más, si yo entiendo el idioma que hablamos, recae sobre haber antes hablado directamente de mí, o indirectamente, si usted quiere, y después más directamente. ¿Qué le parece a usted de esta pequeña observación, señor latino? ¿Será temeraria la aplicación que me hago de sus bellos epítetos? ¿No tengo razón de embestir a los que así me puyan con tanto descaro? Pero esto no es todo; hay una cosita a renglón seguido que merece también atención, y es la siguiente: Si se escribe una amenaza jocosa contra un quídam, ya usted se convierte en libertad pública, y dice que se han dirigido contra ella. Un quídam, señor mío, es un ciudadano, y una amenaza de derramar sangre no es para mí una jocosidad. El que ataca la seguridad de un solo ciudadano ataca la seguridad pública, y ninguno está seguro cuando un quídam puede amenazar impunemente con sangre a un escritor. Estas jocosidades, mi amigo, son buenas para el colegio, en que nunca pueden pasar de puras jocosidades; pero no en un gobierno en que pueden pasar a realidades. Así parece que tengo también razón en mirar como causa pública la seguridad del ciudadano. Sí señor, ya lo he dicho otras veces: desde el momento que esta se ataca impunemente, ya no hay libertad ni seguridad pública porque la sociedad se compone de unidades, y como hoy se hace con un hombre, mañana se hará con otro, y sucesivamente con todos los miembros de la sociedad. Pero usted dirá que estas son teorías de los años de 1811-1812-1813 y 1814. Cosas de la patria boba, buenas sólo para seducir a los incautos en días de mercado; que lo que nos conviene es seguir a ojo cerrado los bellos y seguros principios de El Patriota de a medio en su último cuento del número 11 en que se da al soldado la preciosa lección de que como sea intrépido en la guerra, mas que en la paz nos robe y nos asesine; porque con responder que lo mismo dicen los enemigos, ya está todo compuesto. ¡No le parece a usted que el público también pudiera decir: ¿Qué más nos habrían hecho los enemigos?, ¿qué hemos ganado con la victoria? Creo que se le quitarán a usted los escrúpulos sobre la aplicación de este cuento tan impolítico como mal traído.

   Vaya ahora un escrúpulo mío, quizá más fundado. En la foja 79 de El Patriota número 11 se dice: "Sabed que la España está hoy arruinada del todo, y que no tiene los recursos de otros tiempos"; y en la página 80, o a la vuelta de la hoja nos embute un "Alerta con todos estos ciudadanos, pues el gobierno español cuenta con toda clase de auxilios directos e indirectos". ¿A cuál de las dos páginas nos quedaremos? ¿A qué huelen estas contradiccioncillas que se dejan resbalar como al descuido? ¿No podremos decir mejor que usted: Alerta con estos anónimos que con el disfraz de patriotas nos quieren alucinar y aterrar con los auxilios directos e indirectos con que cuenta la España? ¿No será este disfrazado Patriota uno de los auxilios con que cuenta? Alerta, pues, que hay operarios muy amaestrados en lo de dividir para figurar.

   Vaya una curiosidad antes de acabar con usted porque tengo que hablar de otras cosas más serias. ¿Cómo es eso de que vienen navegando rusos, y que estos no pueden pasar la línea porque morirán sofocados? ¿Qué diablos de rusos son estos? Le juro a usted por el dios Baco, mi buen patriota, que cuando llegué a este célebre pasaje de su periódico fue tanta la risa que me dio, que allá va cólera, miedo, y hasta su papel fue a parar qué sé yo dónde por reír a todas mis anchas... ¿Conque los rusos vienen? ¿Conque no pueden brincar la línea? ¿Conque se sofocan? ¡Pobres rusos! ¡Pobre Colombia! ¡Pobres indígenas con semejantes ilustradores! Y de la Santa Alianza, ¿qué dicen los indígenas? Es preciso que usted se lo explique en otro Patriota a la manera rusa para que se acaben de ilustrar.

   Una palabra más. Me dice usted que me tome la molestia de repasar su vida pública desde que nació hasta hoy 12 de marzo de 1823, y que por ahí adivinaré las miras con que ha escrito su papel. Para mí nació usted el 26 de enero de este año y ya me estoy tomando la molestia de repasar su vida pública en este corto período. Sus miras son bien fáciles de adivinar, pues usted bien claramente las manifiesta. Continuaré examinándola, si usted continúa pisándome; y por hoy concluiré robándole sus sentencias: Ni las busco, ni las excuso.

Capítulo de otra cosa

   Me veo precisado a manifestar al público un pasaje que por mi silencio ha dado motivo a juicios aventurados, y que también el gobierno lo publicará como me lo ofreció. El día 10 fui llamado a palacio, en donde encontré reunido el consejo de gobierno, compuesto de los cuatro secretarios de Estado y el presidente de la alta corte de justicia. Su excelencia el vicepresidente estaba sentado bajo del solio, y habiendo advertido al señor secretario de lo interior y justicia que oyera lo que su excelencia me preguntara y lo que yo le respondiera, tomó en la mano mi papel de los Toros de Fucha y me dijo: aquí está un impreso con la firma de usted y el gobierno desea saber si en estas palabras: dejémonos, señor patriota, de coplas de libertad, ni de coplas de calayna; lo que nos importa es libertad práctica, y ésta no la hay cuando se quiere tapar la boca, ¿quiere usted decir que no hay libertad de imprenta? Yo contesté que la respuesta estaba en el mismo papel, que continúa de este modo: estos papeluchos que insultan sin pudor y con amenazas a todos los que no siguen sus ideas, son los que tienen mudas las imprentas. Entonces su excelencia se contrajo más y me preguntó si yo creía que había libertad de imprenta. Aunque dudé si el poder ejecutivo y su consejo tienen facultad para exigir mi creencia en la materia, como lo dije, no obstante contesté: que creía que la había mientras aquel papel y los demás que pensaba escribir corriesen libremente. Su excelencia me dijo entonces que iba a mandar poner en la Gaceta que yo había dicho que había libertad de imprenta. A lo que le repuse que yo también lo diría y comprobaría esta verdad con mis escritos. Manifesté luego a su excelencia la sorpresa que me causaban aquel aparato, las preguntas, y lo que debía haber esperado si hubiera dicho redondamente que no había libertad de imprenta. Su excelencia me contestó que era una casualidad el que se hallara reunido el consejo, y que las preguntas se me habían hecho porque el gobierno deseaba acertar y remover cualesquiera obstáculos que pudiera haber puesto a la libertad de la imprenta. Hubo algunas otras preguntas y respuestas, y me retiré.

Da, pero escucha

   Dice un mirón, después de Temístocles. ¡Si a lo menos así dijeran todos! Pero querer no sólo tener un privilegio exclusivo para insultar, sino llevar la cosa hasta el extremo de que suframos como unos galeotes sin quejarnos y que besemos humildemente la mano del que nos maltrata, es querer destruir los fundamentos de nuestro gobierno y el trabajo de nuestros libertadores. Usted me conoce porque he dado mi nombre, pero estoy cierto de que se engaña en cuanto a mi adversario. Compare, pues, sólo nuestros escritos, y dígame si debo hacerle la zalema por los bellos epítetos con que me honra para dar pruebas de virtud republicana ¡Bellos habíamos quedado! ¿No podré, sin faltar a esta virtud, justamente recomendada, decir al público: que no conociendo al autor de El Patriota, y estando para reunirse el congreso, en donde se me debe juzgar, se trata de prevenir la opinión en mi contra? ¿No será más que fundada esta sospecha cuando las injurias que se me prodigan no pueden tener otro objeto, ni yo las he provocado?

   Doy a usted las gracias por el honor que me hace, y por sus buenas intenciones que todo el mundo aplaudirá. Estoy pronto a volver a mi silencio desde el momento en que no tenga necesidad de defenderme, y a tender una mano generosa a mi enemigo cuando se me dé a conocer.

El general Nariño.

TERCERA CORRIDA

El Patriota3.

   Aguanta o revienta

   No vale nada. Se da gratis

   El Patriota N° 12.

   ¡Cómo se le ha trastornado a usted la cabeza, mi buen patriota, con estas corridas, y con estos encierros, y con estas verdades! ¡Cómo muerde usted la lima como la serpiente de la fábula! ¡Qué rabia hace! Pero cómo ha de ser: esto es meterse un hombre a escritor sin saber en lo que se mete. Pues hoy la vamos a tener mano a mano, sin que valgan barreras porque los puyasos han sido un poco duros, aunque no alcancen Las Monjas para regalar Toros de Fucha.

   ¿Conque el ilustre Bolívar, mi amigo, conque nuestro Libertador, sin embargo de la mucha moderación que tiene, debe serle sensible verse escrito en compañía de Nariño? ¡Qué poco nos conoce usted, buen hombre! ¿Creerá usted que Bolívar o Nariño piensan como usted o tienen sus mezquinas pasiones? Me parece esto a lo de la sofocación de los rusos. Ya se ve, ¿pues no ha de ser lo mismo si es parte de una misma cabeza?, con solo la diferencia que la una sofocación es hija de la ignorancia, y la otra de la desesperación y la malicia. Quizás usted, sí se considerara digno de ocupar la derecha de nuestro Libertador. ¡Qué lástima es que usted no se atreva a dar también su nombre para que Colombia conozca ese prodigio que tiene oculto en su seno! Vaya, anímese usted por el santo que hoy celebra la Iglesia, anímese a dar a la República este buen día; porque según las virtudes y los servicios que nos cacarea en todos sus modestos, urbanos y graciosos patriotas, me figuro que tenemos en usted un Epaminondas escondido bajo una mala capa, que ha peleado quizás en Pasto, Carabobo o Boyacá sólo por amor a la patria, y que ignoramos sus brillantes acciones porque su modestia y su virtud nos las han ocultado, porque usted no es amigo de cacarear largos años de padecimientos, quizá porque nunca ha padecido. Pero a lo menos díganos usted, aunque sufra algo su modestia, ¿nada le ha valido su patriotismo?... ¿No hay algunos dobloncejos en el baúl?... ¿No hemos pillado algún empleíto con buen sueldo, o alguna casita de campo para retirarse a filosofar de cuando en cuando?... ¿Aflojamos para la patria, o agarramos de la patria?... Yo creo que entre los modelos que usted nos propone, para ser patriota, ninguno es tan adecuado para excitar la gana de serlo, como usted mismo; todo cuanto usted nos dice que es, y todo cuanto alcanzaremos a barruntar que será por sus escritos, por su desinterés, su desprendimiento de mando, su filosofía, su moderación, todas esas virtudes cívicas con que usted mismo se honra, son capaces de mover a otro cualquiera, menos digno que yo, a ser patriota en su molde, porque a lo menos no se verá precisado a cacarear padecimientos por la patria, sino comodidades y regalos de la patria. ¡Dulce y sabroso patriotismo!

   En cuanto a balazos de San Victorino y Ventaquemada, y las viudas, huérfanos, y qué sé yo qué más, que se vieron en la patria boba, con que usted me favorece, dígame, sin rodeos, ¿en dónde estaba usted entonces? ¿Cuál era su opinión? ¿Era entonces centralista o federalista? ¿De cuál de estos dos lados disparaba usted las balas? ¿Mató usted al joven Portocarrero, o al padre de familia Araos? Y si usted era entonces federalista de pedacillos de provincias, ¿por qué hoy lo espanta tanto esta palabra aunque se tome en grande? La razón es clara, y tan clara como la luz del día. Entonces era bueno el federalismo y malo el centralismo, responderá usted, porque lo decía Nariño; hoy es bueno el centralismo, y malo el federalismo, porque lo digo yo. Quiero, omnipotente señor patriota, doblar la cabeza a tan poderosa razón, pero a lo menos dígale al público, ¿en dónde ha visto que Nariño ha dicho ahora que es malo el centralismo? ¿Y por qué usted ha de ser federalista cuando le tiene cuenta, y patriota cuando le tiene cuenta, y desvergonzadillo cuando le tiene cuenta y nos ha de estar predicando desinterés y moderación porque le tiene cuenta, como el predicador de Maquiavelo? ¿Y por qué, como habla usted del joven Portocarrero no habla también de mis tratados en Tunja y de mis conferencias de Usaquén? ¿Por qué se le han olvidado las capitulaciones propuestas en las vísperas del 9 de enero? ¿No ve que el público le repetirá sus palabras de la página 98: "Estos por lo regular son buena gente porque al momento descubren la hilaza, y se conoce del pie que cojean"?... Como que algunas veces le da a usted la gana de pintarse, dando qué reír a más de media docena, como cuando dice al mirón "que le perdonaría haberlo supuesto hombre de importancia" y a renglón seguido su elogio, para formar la opinión; pues ha de saber el que no lo sepa, que opinión en boca del patriota de a medio, quiere decir: en Colombia no hay más sabios, más hombres de bien, más méritos, más servicios, que los del autor de El Patriota; cuando él habla, todos deben callar; cuando él ríe, todos se han de reír; cuando él se presenta, todos hemos de doblar la rodilla; y cuando nos insulta, todos lo debemos celebrar y aplaudir. ¡Viva Colombia! ¡Viva la libertad!... ¿Y de Nariño? Guárdese de decir siquiera que ha sufrido por la patria, aunque a todos les conste; porque al instante grita sedición, perturbadores del orden, novadores, bagatelistas, chisperos, Gracos, Catilinas, demonios, y se les amenaza si no callan. ¿Y por qué tanta cólera, señor predicador de moderación, contra un general de antaño, contra un general de la patria boba, contra un general casi olvidado, que no es sal, ni agua, ni se mete en bueno ni en malo? ¿Por qué? Porque lo quiero yo. ¡Viva Colombia! ¡Viva la libertad!... Vaya un cuentecito, aunque no se parece a los que usted nos cuenta. Dice la historia y no es la de los Gracos que en Africa hay un reino en donde, cuando estornuda su majestad, están obligados a estornudar sus ministros, y todos los de su palacio; que de allí sale el estornudo, y debe estornudar toda la ciudad, y sucesivamente pasa el estornudo a las provincias y a todo el reino; de modo que cuando su majestad está acatarrado, todos sus vasallos la pasan estornudando, y no se oye en la extensión de sus dominios más que la repetición del estornudo de su majestad. Si usted no le encuentra aplicación a este cuento, júntelo con la cart a de don Servando Mascullas, y échelos ambos al fuego.

   "Por acá andamos con el patriotismo a vueltas, dice el pobrecito holgazán, y tales vueltas le damos, que no le vemos siquiera. Hay algunos patriotismos que, sin que sea vanidad, y aunque me esté mal el decirlo, me atreviera yo a tenerlos en menos que canta un pollo". Ni más ni menos que en España, sucede también por acá, señor patriota. Hay algunos señores que, como unos buenos ciudadanos, apellidándose Reyes, o Reales, cambiaron sus apellidos por el de Patria; estos han cambiado sus reales, sus personas, sus comodidades, y regalos en patria ¿Anda todo esto bien? Pues buena va la patria. ¿Se les toca al sueño, a la mesa, a los reales, a las comodidades? Ya se turba la tranquilidad de la patria.

   ¿Y quién se atreverá a decirles que no tienen razón, si sus personas y la patria son una misma cosa? Pues viva la patria, y suframos por la patria, y reventemos por la patria, y sirvamos a la patria, y callemos porque la tranquilidad de la patria no se turbe. ¿Qué tal, señor patriota? ¿Es usted de estos, o de los que pueden ponerse al lado del generoso Bolívar, que todo lo sacrificó por la patria? ¿Es usted de estos, o de los que sólo parecen grandes porque los demás se hacen chiquitos?

Vaya, ahora el armisticio

   Dice usted que "en sacrificio a la paz y unión que debe reinar entre los colombianos, ha resuelto ceder en orden al artículo impertinente a que ha sido provocado por los Toros de Fucha". Bueno, ¿y cómo es que cede? Como acostumbra: insultando, mintiendo y aparentando turbaciones de la tranquilidad pública. ¿Cuándo, a qué hora, en qué lugar he provocado a usted para sus toros de Bogotá, para sus artículos impertinentes. ¿En qué se turba la tranquilidad pública con las disputas de un quídam, con un general enfermo y casi olvidado? Me dice usted que tengo libertad de volver a abrir la disputa en tiempos más favorables, y que entonces volverá usted a hablar con la audacia que acostumbra. Ni busco disputas, ni quiero disputas, ni sé cuáles son los tiempos más favorables para defenderse uno de insultos que se le prodigan gratis, ni cuándo vendrán esos tiempos más favorables (Dios los traiga) en que usted tenga razón y justicia. Pero lo que nadie ha podido leer sin descubrir la hilaza, son estas palabras de su armisticio: "sin desentendernos de satisfacer a las censuras que nos ha hecho la segunda corrida". De modo que lo que usted me propone es que calle, y lo deje hablar solo; y yo lo debería hacer como cuando oímos hablar a un loro; pero me parece más justo que callemos entrambos. Por mi parte no hay rodeos, ni pujidos; no me toque usted ni directa, ni más directamente, y hablo de federación o centralismo, de sus virtudes o sus méritos, de su patriotismo o de su Patriota, o de lo que diere la gana, que yo no volveré a despegar mis labios. No es armisticio el que propongo y deseo, sino paz eterna para usted, para mí y para toda la República.

El general Nariño.

EL GENERAL NARIÑO,
Al autor de El Patriota.

   En calidad de por ahora.

   Gratis.

   Mírese al general Bolívar por la parte que se quiera, su opinión será siempre más respetable, más justa, más razonable que la de un ciudadano, sea lo que sea.

   El Patriota N° 18.

   República de Colombia.

   Cuartel general de Achaguas, a 24 de marzo de 1821.

   Simón Bolívar, Libertador presidente de la República, general en jefe del ejército, etc., al general de división Antonio Nariño.

   Con transportes de satisfacción he visto la nota que en 25 de febrero me dirigió vuestra señoría avisándome su arribo a Colombia y ratificando sus antiguos sentimientos y devoción a la República. Entre los muchos favores que la fortuna ha concedido últimamente a Colombia cuento como el más importante el de haberle restituido los talentos y virtudes de uno de sus más célebres e ilustres hijos. Vuestra señoría merece por muchos títulos la estimación de sus conciudadanos y muy particularmente la mía.

   Celebraría infinito que acelerase vuestra señoría su marcha y me anticipase, en lo posible, el placer de saludarle y estrecharle por la primera vez entre mis brazos. No es la amistad sola la que me instiga estos deseos; el bien a la patria se mezcla también en ellos. Ocupado en estos momentos de negociar la paz con los comisionados españoles y de instalar el primer congreso general de Colombia, las noticias y luces que vuestra señoría puede suministrarme facilitarían el término de estas transacciones.

   San Fernando de Apure es el punto que he señalado al enemigo para las conferencias. Allí me encontrará vuestra señoría, o en esta villa.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Bolívar.

   Es copia de la original que conserva en su poder.

   El general Nariño4.

FUENTE EDITORIAL:
Hemeroteca Luis López de Mesa. Prensa en microfilmación.

NOTAS:
1   Bogotá, imprenta de Espinosa, 5 de marzo de 1823 13°.
2   He sabido que un sujeto cuyo nombre me han ocultado, pateando los Toros de Fucha dijo que daría $500 porque le firmaran el papel de Justo Verás. No hay que desperdiciar así el dinero que se puede emplear en vestir la tropa; que lo impriman sin firma, con la de su autor o con la de Saavedra, que yo ofrezco no quejarme al juri, aunque diga que denuncié a España, que robé, etc., pues no es a esto a lo que le tengo miedo.
3   Había suspendido estas corridas porque el público decía que pegaban mal toros en semana santa; y porque aguardaba ver si el autor de El Patriota se cansaba de insultarme. Pero habiendo llegado las pascuas, y viendo que faltaría a mi palabra de no callar mientras se me toque directa o indirectamente, me veo forzado a dar la tercera corrida, que el Padre nuestro en Domingo de Ramos ha podido suspender; pero no destruir con su piadosa explicación, o la de su doctor Tamponet, la contestación a los bellos elogios que me prodiga aun bajo el disfraz de armisticio con que nos tiene molidos.
4   Bogotá, lunes 14 de abril. Por Espinosa, año de 1823.

93
OFICIO DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

SOLICITUD PARA QUE SE PROVEAN LOS MEDIOS PARA FACILITAR SU LABOR COMO COMANDANTE DE ARMAS DE CUNDINAMARCA O SE LE EXONERE DEL CARGO. CONTESTACION. Bogotá, 1° de febrero de 1823.

Antonio Nariño.

Bogotá, 1° de febrero de 1823.

Excelentísimo señor:

   Encargado por vuestra excelencia de la comandancia de armas de este departamento por ausencia del capitán general Rafael Urdaneta, he procurado, en medio de mis notorias enfermedades, desempeñar en cuanto me ha sido posible no sólo este encargo, sino el de la presidencia de la comisión de repartimiento de bienes nacionales. En el día, agravadas mis enfermedades, aumentado enormemente el trabajo con las nuevas ocurrencias y posteriores disposiciones de vuestra excelencia, sin un jefe del estado mayor, sin auditor del ejército, con sólo tres jóvenes en el despacho de la comandancia, y debiendo disponer la defensa de los graves delitos que dice la Gaceta de Bogotá de que tengo que indemnizarme, es imposible, absolutamente imposible que pueda desempeñar como hoy se requiere el empleo de la comandancia general, según lo tengo representado repetidas veces a vuestra excelencia por escrito y por medio del adjunto del estado mayor.

   Ocurro, pues, nuevamente a vuestra excelencia para que, o se provea de los medios de facilitar el despacho, o se me exonere de la comandancia, o no se me inculpe por la lentitud o inexactitud del despacho.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño.

   Al margen: 3 de febrero de 1823. Oportunamente se exonerará de la comandancia general al general Nariño. Que el coronel Vélez sirva interinamente el estado mayor en calidad de jefe y el coronel París la comandancia de armas de la ciudad y provincia.

(Rúbrica de Santander).

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, secretaría de guerra y marina, t. 24, fol. 255.

94
OFICIO DE NARIÑO AL GENERAL SANTANDER

ADJUNTA CARTA SOBRE NOTICIAS DE MARACAIBO. Bogotá, 28 de marzo de 1823.

Antonio Nariño.

   Al excelentísimo señor vicepresidente de la República.

   Acabo de recibir la adjunta copia de carta escrita sobre la barra de Maracaibo el 29 de enero último, y pareciéndome que contiene algunos pormenores y noticias de que conviene se imponga el gobierno, me tomo la libertad de dirigirla a vuestra excelencia para que si lo tuviese a bien se imponga de su contenido o haga sacar una copia y me devuelva la que le incluyo.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

Antonio Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, secretaría de guerra y marina, t. 344, fol. 104.

95
NOTA DE NARIÑO DIRIGIDA AL IMPRESOR BRUNO ESPINOSA

Abril, 1823.

Antonio Nariño.

   (Del mes de abril de 1823).

   Tengo empeño en que mi papel salga el domingo, aunque atrase usted cualquiera otra cosa que no sea la Gaceta, y aunque se trabaje algo de noche.

   Dígame usted a qué hora se lo puedo mandar, que lo estoy poniendo en limpio.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

96
OTRA NOTA DE NARIÑO DIRIGIDA AL IMPRESOR BRUNO ESPINOSA

Año 1823.

Antonio Nariño.

   Va lo que falta y vea usted si puede caber media cuartilla más para escribirla.

Nariño.

   Al señor Espinosa en propia mano.

   Falta una cuartilla que irá por la mañana si puede acomodarla, lo que me avisará.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

97
DEFENSA DE NARIÑO ANTE EL SENADO

DISCURSO PRONUNCIADO ANTE EL SENADO DE LA REPUBLICA EN RESPUESTA A LOS CARGOS FORMULADOS POR SUS ENEMIGOS POLITICOS PARA ANULAR SU ELECCION COMO SENADOR POR CUNDINAMARCA. Bogotá, 14 de mayo de 1823.

Antonio Nariño.

DEFENSA DEL GENERAL NARIÑO1

   Señores de la cámara del senado:

   Hoy me presento, señores, como reo ante el senado de que he sido nombrado miembro, y acusado por el congreso que yo mismo he instalado, y que ha hecho este nombramiento; si los delitos de que se me acusa hubieran sido cometidos después de la instalación del congreso, nada tenía de particular esta acusación; lo que tiene de admirable es ver a dos hombres que no habrían quizá nacido cuando yo ya padecía por la patria, haciéndome cargos de inhabilitación para ser senador, después de haber mandado en la República, política y militarmente en los primeros puestos, sin que a nadie le haya ocurrido hacerme tales objeciones. Pero lejos de sentir este paso atrevido, yo les doy las gracias por haberme proporcionado la ocasión de poder hablar en público sobre unos puntos que daban pábulo a mis enemigos para sus murmuraciones secretas; hoy se pondrá en claro, y deberé a estos mismos enemigos no mi vindicación, de que jamás he creído tener necesidad, sino el poder hablar sin rubor de mis propias acciones. ¡Qué satisfactorio es para mí, señores, verme hoy, como en otro tiempo Timoleón, acusado ante un senado que él había creado, acusado por dos jóvenes, acusado por malversación, después de los servicios que había hecho a la República, y el poderos decir sus mismas palabras al principiar el juicio: "oíd a mis acusadores —decía aquel grande hombre—; oídlos, señores, advertid que todo ciudadano tiene derecho de acusarme, y que en no permitirlo, daríais un golpe a esa misma libertad que me es tan glorioso de haberos dado". (Que se lea el acta de acusación).

   República de Colombia.

   Secretaría de Estado y del despacho del interior.

   Palacio de gobierno en Bogotá, a 17 de marzo de 1823 13°.

   A los señores senadores de la República existentes en esta capital.

   Su excelencia el vicepresidente de la República me manda dirigir a vuestras señorías, para su inteligencia y fines convenientes, el acta de elección de senador del general Antonio Nariño, hecha en el congreso de Cúcuta, y tengo el honor de acompañarla a vuestras señorías en copia.

   Dios guarde a vuestras señorías.

J. Manuel Restrepo.

Discusión promovida con ocasión de haber resultado elegido senador el general Antonio Nariño. Sesión del día 9 de octubre de 1821

   Publicado el escrutinio, tomó la palabra el señor Diego Gómez, y expuso: que el general Nariño no podía ni debía ser senador, pues la constitución lo excluía de este destino. "El es deudor fallido (dijo el señor Gómez): sus fiadores en la tesorería de diezmos han pagado por él cantidades de mucha consideración, y a pesar de eso, todavía debe alguna al Estado, fuera de lo que debe a dichos fiadores. El general Nariño —continuó— se ha entregado voluntariamente al enemigo, en Pasto, su conducta ha sido criminal, y aún no ha sido juzgado en consejo de guerra. Le falta, en fin, la residencia que exige la misma constitución, pues él ha estado ausente, como se ha dicho, por su gusto y no por causa de la República".

   El señor presidente indicó que podía continuarse el acto, sin perjuicio de que después se tomara en consideración el inconveniente objetado al general Nariño, pero otros señores creyeron que debía decidirse previamente este punto, y que si era cierta la quiebra y lo demás que se objetaba al nombrado, la elección era inconstitucional. El señor Ignacio Méndez, esforzando lo que antes había indicado el señor Antonio María Briceño, sostuvo la elección, por cuanto el general Nariño había sido presidente del Estado de Cundinamarca en la época anterior de la República, y ahora había sido el segundo magistrado de Colombia; el cual argumento fue respuesto [sic] por otros señores.

   El señor obispo, que había sido citado por el señor Azuero como sujeto que debiera estar impuesto de la quiebra del general Nariño, expuso constarle: como que en su poder habían estado los autos de la materia, en calidad de juez hacedor de diezmos de Bogotá, que Nariño había quebrado en $80.000 que pagaron sus fiadores, haciendo para ello muy crudos sacrificios y dejando sus familias sumidas en la miseria, y en $11.000 más que no pagaron, porque su fianza sólo alcanzaba a los $80.000; que Nariño, hasta dicha época de la revolución, tampoco había pagado los $11.000; pero que su señoría no podía atreverse a calificarlo de deudor fallido, a causa de que el dinero de diezmos lo había empleado en grandes negocios, cuyo producto existía entonces en Londres, Francia y La Habana.

   Como ya era mucho más de las dos de la tarde, ocurrió la duda de si la sesión sería permanente o debería levantarse. El señor presidente lo preguntó al congreso, y se decidió por la negativa el primer miembro de la proposición, salvando su voto el señor Santamaría y levantándose inmediatamente la sesión.

   Es copia del acta original.

   El diputado secretario,

M. Santamaría.

Sesión del día 10 de octubre de 1821

   Tomóse después en consideración la indicación que ayer hizo el señor Gómez sobre el nombramiento de senador que había obtenido el general Nariño. El señor Peña hizo en esta materia la siguiente proposición, que fue apoyada: "Que el señor Nariño presente ante el senado futuro la certificación del tribunal de diezmos que le justifique del cargo de fallido que se le ha hecho, y los documentos sobre su conducta militar en el sur, y que siendo aprobados unos y otros, sea tenido por senador del departamento de Cundinamarca, por no haber en este congreso documentos que justifiquen sus cargos o su inocencia". El señor Manuel Restrepo fijó estotra proposición: "Que manteniéndose al general Nariño en la elección de senador, decida el futuro congreso sobre las tachas que se le objetan"; y fue apoyada. Terminada la discusión del punto y reducido a votación, fue aprobada la proposición del señor Restrepo, protestando los señores Antonio María Briceño, Ignacio Méndez, expresando el primero que lo hacía por ser dicha resolución anticonstitucional, y Diego Fernando Gómez. Los votos afirmativos fueron 21, y 20 los negativos. Dicho señor Gómez presentó inmediatamente la siguiente adición: "Que al futuro congreso se pase copia de las actas de ayer y hoy, en la parte que habla del general Nariño", y habiendo sido apoyada, expuso el autor los motivos que tenía para presentarla. Discutida se votó y quedó aprobada.

   Es copia del acta original.

   El diputado secretario,

M. Santamaría.

   Es copia.

   El secretario del interior,

Restrepo.

   República de Colombia. - Cámara del senado. Bogotá, 25 de abril de 1823 13°.

   Al señor senador Antonio Nariño.

   Una vez resuelto por el senado corresponderle a su cámara la decisión sobre las tachas puestas a vuestra señoría en el congreso constituyente sobre su elección de senador, y habiendo de determinarse el modo como deba proceder en este juicio, ha declarado, en la sesión de anoche, que vuestra señoría presente al senado los documentos que lo indemnicen de las tachas opuestas a su elección. Lo aviso a vuestra señoría para su inteligencia y cumplimiento.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   El presidente del senado,

Rafael Urdaneta2.

   Tres son los cargos que se me hacen, como lo acabáis de oír:

    De malversación en la tesorería de diezmos, ahora 30 años;

    De traidor a la patria, habiéndome entregado voluntariamente en Pasto al enemigo, cuando iba mandando de general en jefe la expedición del sur el año de 14;

    De no tener el tiempo de residencia en Colombia, que previene la constitución, por haber estado ausente por mi gusto, y no por causa de la República.

   No comenzaré, señores, a satisfacer estos cargos implorando, como se hace comúnmente, vuestra clemencia y la compasión que naturalmente reclama todo hombre desgraciado; no, señores, me degradaría si después de haber pasado toda mi vida trabajando para que se viera entre nosotros establecido el imperio de las leyes, viniera ahora al fin de mi carrera a solicitar que se violasen en mi favor. Justicia severa y recta es la que imploro en el momento en que se va a abrir a los ojos del mundo entero el primer cuerpo de la nación, y el primer juicio que se presenta. Que el hacha de la ley descargue sobre mi cabeza, si he faltado alguna vez a los deberes de un hombre de bien, a lo que debo a esta patria querida, o a mis conciudadanos. Que la indignación pública venga tras la justicia a confundirme, si en el curso de toda mi vida se encontrase una sola acción que desdiga de la pureza de mi acreditado patriotismo. Tampoco vendrán en mi socorro documentos que se pueden conseguir con el dinero, el favor y la autoridad; los que os presentaré están escritos entre el cielo y la tierra, a la vista de toda la República, en el corazón de cuantos me han conocido, exceptuando sólo un cortísimo número de individuos del congreso que no veían, porque les tenía cuenta no ver. Así, mi vindicación sólo se reducirá a recordaros compendiosamente la historia de los pasajes que se me acusan, acompañada de los documentos que entonces existían y de algunas reflexiones nacidas de ellos mismos. Seguiré el mismo orden en que se ha propuesto la acusación.

   En el año de 1789 fui nombrado tesorero general de diezmos por el virrey Lemus, contra el dictamen y voluntad de los canónigos, porque estaba en posesión de este nombramiento, dando una fianza de sólo $8.000 que era la misma que habían dado todos mis antecesores. Como el cabildo eclesiástico estaba en posesión de hacer este nombramiento, ocurrió al rey, y en el año de 1791 vino ganado el recurso por el cabildo, facultándolo, además, para que pudiera nombrar de tesorero a uno de los de su cuerpo. Inmediatamente se mandó dar cuenta y entregar el empleo al canónigo doctor don Agustín de Alarcón. En el término de 20 días rendí mis cuentas, que subieron a cerca de medio millón de pesos, y entregué lo que, según ellas, resultaba haber en caja. Se me dio mi finiquito, y el canónigo Alarcón siguió interinamente despachando la tesorería. (Que se lea el documento número 1).

   Llegado el tiempo de las elecciones me presenté, ofreciendo $40.000 de fianza efectiva, y además cuatro abonadores, que respondiesen de cuanto entrase en mi poder. Se me admitió la propuesta y fui nuevamente nombrado por el arzobispo, deán y cabildo. (Que se lea el documento número 2).

   Documento número 2. Yo, el infrascrito escribano público del número, certifico: que el señor Antonio Nariño y Alvarez otorgó escritura de fianza ante el escribano Pedro Joaquín Maldonado, con fecha 28 de septiembre de 1791 hasta en cantidad de $40.000, en que lo fiaron 19 sujetos vecinos de esta capital, en seguridades de los caudales de diezmos de que era tesorero; y a mayor abundamiento dio otros cuatro de fiadores abonadores de aquellos, de modo que no pagando los primeros las cantidades en que resultase alcanzado el señor Antonio Nariño, o no cubriéndose el alcance con los $40.000, lo verificarían dichos abonadores. Y de requerimiento verbal del mismo señor Nariño, le doy la presente, que signo y firmo en Bogotá, a 14 de marzo de 1823.

Manuel Mendoza.

   Seguí despachándola sin ninguna falta hasta el 29 de agosto de 1794, en que a las diez de la mañana se me apareció en mi casa el oidor don Joaquín Mosquera, con tropa, y me intimó arresto, dejándome en ella con un centinela de vista y a las órdenes de un oficial. El mismo día, por la tarde, se comenzó el embargo de mis bienes, y a las siete de la noche fui conducido con la misma tropa al cuartel de caballería, en donde se me encerró sin comunicación, que duró por el espacio de dos meses, sin oír hablar de otra cosa que de cargos de insurrección, de presos y de delitos de lesa majestad.

   A los dos meses se me anunció por el juez que me había resultado un alcance en la tesorería de $80.000 o $90.000, y que al otro día vendría uno de los abonadores para que en su compañía "hiciera una manifestación de mis bienes". Se hizo, en efecto, y es la que corre al frente de uno de los cuadernos del concurso, "que pasa de $ 126.000", es decir, de cosa de $40.000 más de lo que se decía que era el alcance que se había hecho sin intervención mía. (Léanse los documentos números 3 y 4).

   Yo, el infrascrito escribano público del número, certifico: que de los autos del concurso a los bienes de don Antonio Nariño, se han sacado los documentos siguientes:

   Documento número 3. En el memorial ajustado, que corre en uno de los cuadernos del concurso, con fecha 6 de agosto de 1798, firmado por el relator Joaquín Rivera y por el abogado abonador en la fianza de la tesorería de diezmos, doctor José Caycedo, se leen las palabras siguientes: "De que corrido traslado a los referidos diputados, reprodujeron estos el pedimento que habían hecho por medio del oficio citado para que se les entregasen a ellos, mandándose que dicho Nariño diese la cuenta, y que en caso de haber invertido y tener en giro algunas cantidades, formase un plan claro y manifiesto de todo. Con lo que vuestra alteza, por auto de 24 de septiembre de 94, mandó se hiciese la entrega a los referidos diputados, con noticia de los fiadores del ramo y lo más que contiene. Para cuyo objeto se tomó razón de Nariño, quien la dio haciendo la manifestación, y dando razón de lo invertido en algunas negociaciones, como también de los libramientos y demás que se hallaría en su estudio. Con lo que procedió a entregar todo lo que consta de la diligencia de entrega hasta su conclusión".

   Documento número 4°. En escrito presentado a la real audiencia por los cuatro abonadores de don Antonio Nariño en la tesorería de diezmos en 13 de octubre de 1796, a la foja 48 vuelta y 49, se leen estas palabras: "Habiéndose, pues, negado a los fiadores la entrega de los bienes de Nariño a los que estos tenían derecho en caso de lasto, y adjudicándoseles todos al venerable deán y cabildo y por el descubierto de su caja, debe este responder de ellos por su íntegro y legítimo valor, como de las cantidades de las deudas, y a abonarlo todo a Nariño, sin que tengan derecho ni puedan decir que por menos de su valor hayan vendido los primeros, y que no ha cobrado las segundas, pues esto sólo pudieran verificarlo habiendo usado de su acción del primer modo expuesto (inmediatamente contra los fiadores y abonadores); pero habiendo intentado el segundo e impedido la entrega a los fiadores, deben precisamente abonarlo todo como llevo expuesto, y por tanto resulta: que importando el estado de los bienes y derechos de Nariño 126.000 y más pesos, no sólo están cubiertos y pagos de los $90.000 y pico, sino que sobran a favor de Nariño más de $30.000 sin contar el exceso del precio a que se sabe haberse vendido las quinas que el menor ha sido a 12 reales cuando en su estado sólo las pone Nariño a razón de cuatro".

   En las vísperas de mi prisión, cuando toda la ciudad estaba consternada con motivo de las prisiones que habían comenzado por unos pasquines que se habían puesto en ausencia del virrey, hice sacar de mi casa unos baulitos llenos de libros prohibidos, por temor de que fuesen a hacer algún registro, pues el de que me prendieran jamás me ocurrió, por no tener parte ni relaciones con los pasquineros, que ya estaban presos. Estos baúles pesados, y sacados de noche de mi casa, dieron motivo a la maledicencia y a la adulación para que se dijese que estaban llenos de onzas de oro, y aunque al fin parecieron los baúles y los libros, que después de mi prisión se habían llevado por uno de mis hermanos a enterrar en casa de la señora Mariana González y de allí a la hacienda de Serrezuela, de donde se trajeron a la Capuchina; la idea de la extracción de dinero permaneció en la boca de mis enemigos, o más bien en la de los que querían por estos medios manifestar su fidelidad al rey. (Léase el documento número 5).

   Documento número 5. En la ciudad de Santafé, a 20 días del mes de septiembre de 1794 años, estando en el real acuerdo los señores presidente, regente y oidores de esta Real Audiencia, dijeron: que por cuanto en la hora ha dado cuenta el señor regente de habérsele denunciado por el teniente coronel don Manuel de Hoyos, con referencia al teniente coronel don Francisco Domínguez y don Juan Jiménez, que algunos religiosos capuchinos les han contado que un criado de don José Nariño había conducido a la celda del padre fray Andrés Gijón dos petacas de libros, y que dicho padre los había manifestado a otros religiosos, señaladamente las obras de Voltaire, Rousseau y Reinalt, debían de mandar, y mandaron, que por el señor don Joaquín de Mosquera se pase al convento, y en fuerza del auxilio general impartido por el muy reverendo arzobispo se proceda al reconocimiento y recogimiento de dichos libros, y en su defecto a la indagación de su paradero y demás conducente y así lo proveyeron y rubricaron, de que certifico. (Hay seis rúbricas).

Francisco Javier de Ezterripa.

   Se siguieron las dos causas de impresión de Los derechos del hombre y del concurso de mis bienes para cubrir el alcance, y como la idea era hacerme sospechoso a toda costa, se manejó de tal modo esta última, que a pesar de mis continuas reclamaciones que se ven en los autos, y del allanamiento del arzobispo y venerable cabildo con los fiadores concediéndoles plazos para que pagasen con el producto de mis bienes, al fin se les ejecutó para hacer la cosa más ruidosa y darme odiosidad con una porción de familias, a quienes con razón o sin ella, debía dolerles verse despojar de sus intereses para pagar una fianza que jamás habían pensado tener que lastar. (Léase el documento número 6).

   Documento número 6 En escrito presentado por los abonadores de don Antonio Nariño, suplicando el auto en que se les manda ejecutar, a fojas 53 del cuaderno corriente del concurso, se l+een las palabras siguientes: "Es cierto que los fiadores se convinieron con el venerable deán y cabildo a que se les entregase todo lo perteneciente a Nariño y que se les concediesen moratorias o plazos suficientes para poder vender los bienes y hacer los cobros, con otras condiciones que fuesen favorables a los fiadores, para que cubriendo estos con lo de Nariño evitasen el lasto; cuyas condiciones no se liquidaron, confiados en que ellos serían favorables en la forma dicha, para verificar el venerable deán y cabildo la proposición de su escrito, sobre que no era su ánimo perjudicarlos en nada, y que de todo se otorgase la correspondiente escritura".

   La tesorería de diezmos no está en el caso de los demás empleos de administración de rentas. A mí no se me pasaba casa, cajas, faltas, ni moneda falsa; no se hacía tanteo cada año, ni nunca; presentaba mi libro de entradas y los libramientos que había pagado, y por uno y otro se veía lo que quedaba en mi poder. Mi obligación, en una palabra, era recibir los enteros, pagar los libramientos y entregar la tesorería cuando llegase el caso, como lo verifiqué el año de 91. El dinero entraba en mi poder, no en depósito, sino bajo la fianza ilimitada que había dado, para poder negociar con los sobrantes, como lo habían hecho mis antecesores, con menos fianza, y como lo hacía públicamente con conocimiento de todos los interesados, sin que a nadie le pudiese ocurrir que yo pagase las oficinas, los libros, las faltas de moneda, las cajas, y que diese una fianza ilimitada, sólo para percibir $850 que se consumían en los gastos enunciados. El manejo, pues, de los caudales sobrantes, no era un abuso, una falta de confianza, ni un procedimiento que desmintiese mi hombría de bien; y la prueba de este concepto público lo voy a demostrar: yo desafío a mis acusadores a que presenten en su favor un documento igual o que se le parezca.

   El año de 91 se me manda entregar la tesorería al cabildo eclesiástico; es público y notorio a cuantos existían en esta ciudad en aquel tiempo, que ya tenía las mismas negociaciones de comercio que el año de 94; es igualmente notorio que en aquella época tenía en giro más de $100.000, y que a los 20 días de habérseme mandado entregar, rendí mis cuentas y entregué el dinero. Yo llamo aquí la atención del senado y del público. ¿Cuánta sería mi reputación de hombría de bien cuando no sólo encuentro en 20 días modo de cubrir la caja, sin alterar ni tocar mis negociaciones, sino fiadores que después de esto respondan por mí de más de $300.000? Reflexionad, señores, qué número de personas, todas pudientes, se necesitan en una ciudad como la nuestra para llenar estas dos partidas en tan corto tiempo: los unos me auxiliaban con su dinero; los otros con sus fincas, para ofrecer y dar una fianza de que no ha habido ejemplo. Y en el día, ¡Dios justo!, ¡Dios eterno!, me veo tratado por esta misma causa de ladrón. ..¿Y por quiénes?... el público los conoce mejor que yo, y no es tiempo de distraer vuestra atención del asunto principal.

   Toda la ciudad se reunió a mi favor, y contra la prevención y sentimiento del venerable deán y cabildo, vuelvo a ser nombrado tesorero por el mismo cabildo. Pasan tres años sin que en todo este tiempo se oyera una reclamación de ninguno de mis fiadores, a pesar de que todos sabían mis negociaciones. Llega el día funesto de mi prisión, no por este motivo, como han dicho mis calumniadores, sino por haber publicado los sacrosantos Derechos del hombre; y arrastrando a un encierro, se apodera el juez de mis papeles, "y se me forma un alcance sin intervención mía", a pesar de las disposiciones legales que previenen lo "contrario". (Lease el documento número 9).

   Documento número 9 Escrito presentado a la Real Audiencia por los cuatro abonadores de don Antonio Nariño en la tesorería de diezmos, en 13 de octubre de 1796.

   A la página 46 del escrito, se dice: en el final de la citada cuenta se expresa ser la presentada por Nariño, fenecida en 9 de octubre de 1794. Desde 28 de agosto del mismo año se separó a Nariño de su casa y se le sepultó en el fondo de un calabozo: en este, pues, sería donde Nariño la formó, porque antes no la había ejecutado. ¿ Y en semejante sitio... podría formar una cuenta arreglada, sin tener presentes las partidas de data, que consisten en una multitud de recibos casi todos de cortísimas cantidades? Mis partes ignoran sí, cómo le dieron los libros, de dónde debía resultarle el cargo, le franquearon igualmente los recibos o libramientos con que debía datarse; y si acaso se le dieron, ¿podrá asegurarse que fueron todos íntegramente y que no pudieron faltar algunos o muchos? ¿Y podrán saber mis partes si el contador nombrado por su majestad lleva un libro separado en que anote los libramientos que da?

   Dos meses se pasaron sin que el reverendísimo arzobispo y venerable cabildo pensasen en proveer el empleo, porque estando asegurados sus caudales, y no habiendo dado motivo para que se me despojase de él, sólo mi causa podía obligarlos a dar este paso. Así se verificó, y convencidos ya de que debía continuar arrestado, se trató de nombrar tesorero, y por de contado de entregar la cantidad que por las cuentas del contador resultaba contra mí. Si yo me hubiera hallado en el caso del año de 91, todo se habría concluido como se concluyó entonces, pero las circunstancias eran muy diversas; el aspecto de un criminal en causa de estado, mudó toda la escena en mi contra; era preciso hablar y obrar en contra mía, o hacerse sospechoso para con el gobierno y la real audiencia; no había medio, los momentos eran críticos, y el partido que se había de elegir, fácil de adivinar; me quedé solo con un corto número de parientes y amigos, que arrostraron el peligro, y el resto me declaró la guerra.

   Se formó el concurso a mis bienes, y todo habría quedado concluido en muy poco tiempo, si la naturaleza de mi causa no lo hubiera impedido. Me hallaba encerrado, no podía por mí mismo dar un paso en el asunto, no sabía otra cosa que lo que el juez me traía a la prisión para que firmara, cuando mi cabeza estaba ocupada sólo en pensar cómo la salvaría. "Mis fiadores, después de muchos meses de contestaciones inútiles, insignificantes y perjudiciales a sus intereses y a los míos, se vieron precisados a pagar, pero se les entregaron mis bienes, nombraron ellos mismos administradores, y hasta hoy ignoro el resultado de esta administración, ni lo que los bienes embargados produjeron". (Documentos números 7 y 12).

   Documento número 7. En el memorial ajustado que corre en uno de los cuadernos del concurso con fecha 6 de agosto de 1798, firmado por el relator Joaquín Rivera y por el abogado abonador en la fianza de la tesorería de diezmos, doctor José Caycedo, se leen las palabras siguientes: "Posteriormente los diputados del venerable deán y cabildo, representaron a vuestra alteza (foja 5 del cuaderno de los bienes) estar convenido con los fiadores y abonadores para que se entregasen a estos los bienes, plata de deudas y giro de negociación, con alguna moratoria y bajo varias condiciones que habían acordado y que debía otorgarse escritura; a lo que vuestra alteza, por auto de 12 de diciembre de 94 (fojas vuelta), mandó se hiciese la entrega, y que satisfecha de ellos el descubierto de las rentas decimales, quedase el residuo a disposición de esta Real Audiencia, lo que hecho saber se verificó la entrega que hicieron los diputados (fojas 7) a don Andrés Otero y a don Antonio Cajigas, comisionados, según se expresa en la diligencia (cuya comisión no consta en el cuaderno), por los demás fiadores y abonadores. Dichos Otero y Cajigas se dieron por entregados de todo, y sin que tampoco se halle en ninguno de los cuadernos la obligación o escritura pactada para la entrega".

   Documento número 12. Que en escrito presentado por los abonadores de don Antonio Nariño suplicando el auto en que se les manda ejecutar, a fojas 58 vuelta del cuaderno corriente del concurso, se leen las palabras siguientes: "En esta virtud se presentaron ante vuestra alteza los diputados del venerable deán y cabildo que estaban convenidos con los fiadores para que se les entregasen los bienes bajo de ciertas condiciones de que debía otorgarse escritura, para cuyo pedimento vuestra alteza mandó se verificase la entrega, la que se ejecutó por los diputados, expresándose en la diligencia que se hacía en don Andrés Otero y don Antonio Cajigas, como sujetos nombrados por las partes para el recibo de todo, y que corriesen con las ventas y cobros.

   Fecha ut supra".

Manuel Mendoza.

   Señores ministros de la tesorería general:

   El general Antonio Nariño ante ustedes, como más haya lugar, digo: que para efectos que me convienen, se han de servir ustedes franquearme, con vista de los libros de la tesorería de su cargo, una certificación a continuación de este pedimento, por donde conste no ser yo deudor a la hacienda pública de alguna cantidad de pesos, y que fecho se me devuelva todo original. Que así es justicia, por la cual a ustedes suplico provean como solicito, etc.

Antonio Nariño.

Tesorería general de hacienda en Bogotá, a 22 de marzo de 1823.

   Como lo pide

Carbonell,
Olano.

   Ante mí,

Gómez.

   José Luis Carbonell, contador, y Juan de Dios Olano, tesorero, ministros de ejército y hacienda de la tesorería general de la República de Colombia, por el supremo gobierno de ella, etc.,

   Certificamos: que registrados los libros que gobiernan en esta tesorería de nuestro cargo, no resulta que el señor general Antonio Nariño sea deudor de cantidad alguna a los ramos de hacienda; y para los usos que le convengan y en virtud de lo anteriormente pedido, damos la presente en esta tesorería general de hacienda, en Bogotá, a 22 de marzo de 1823.

José Luis Carbonell,
Juan de Dios Olano.

   Señor juez hacedor de diezmos.

   El general Antonio Nariño, ante vuestra señoría como más haya lugar, dice: que para efectos que le convienen se ha de servir vuestra señoría mandar que por el contador del ramo y el secretario de la junta del mismo se ponga certificación a continuación de este pedimento, si en los libros, archivos o papeles de sus respectivas oficinas, se encuentra alguna partida o documento por donde conste que sea deudor al ramo de diezmos; y que fecho se le devuelva todo original, que así es de justicia, por la cual a vuestra señoría suplica provea y mande como solicita, etc.

Antonio Nariño.

   Santafé de Bogotá, 22 de marzo de 1823.

   Hágase como pide.

Caycedo,
Mendoza.

   El infrascrito contador nacional de diezmos, en virtud de lo pedido y en cumplimiento de lo mandado, certifica: que por lo que toca a los asientos de la oficina de su cargo, después de haber registrado escrupulosamente todos los libros que en ella existen, no ha encontrado que el general Antonio Nariño sea deudor de cantidad alguna a la renta decimal.

   Contaduría nacional de diezmos, Bogotá, 22 de marzo de 1823.

José María Pérez.

   Yo, el infrascrito notario mayor del juzgado general de diezmos, certifico: que en él no hay documento ni constancia alguna de que el señor general Antonio Nariño sea deudor al ramo de diezmos. Para que conste, pongo la presente. Bogotá, a 2 de abril de 1823.

Manuel Mendoza.

   Los señores Gómez y Azuero no deben ignorar la enorme diferencia que hay entre una quiebra fraudulenta y un descubierto, que hubiera sido momentáneo, sin las circunstancias que lo acompañaron. ¿Será fallido un negociante que, teniendo arreglado su comercio a crédito, se le prende intempestivamente, se le embargan sus bienes, se almacenan y dejan podrir sus frutos, perder sus deudas y disipar su caudal? Hasta hoy, señores, hay bienes míos almacenados, hasta hoy, después de 29 años, hay deudas cobrables sin cobrar, hasta hoy hay cantidades en depósito, sin pedirse. ¿Y seré yo culpable de que lloren estas familias que se hicieron cargo de estos bienes, de estas deudas y de estos depósitos, cuando a mí no me ha sido permitido hacerlo? ¿Sería justo que aun cuando yo hubiera adquirido nuevos fondos, les hubiera pagado, sin que me dieran cuentas, o me entregaran lo que se me había embargado? Pues con cuánta menos razón se me debe hacer cargo, cuando siempre me he visto imposibilitado de hacerlo, porque padeciendo, o mandando, siempre he estado ocupado en servicio de la patria: de esta patria contra quien hoy también se me acusa de haber sido traidor. (Documento número 8).

   Documento número 8° Escrito presentado por don Antonio Nariño en 16 de mayo de 1795, a la Real Audiencia, solicitando excarcelación. Don Antonio Nariño, preso en el cuartel de caballería, ante vuestra alteza como más haya lugar en derecho y con el debido respeto, digo: para esta mi solicitud hay dos razones poderosas que la apoyan; la otra, la necesidad que hay de mi persona para que no se deterioren mis bienes para que se cubra con prontitud el alcance, o descubierto que resultó contra mí en la tesorería de diezmos, para que no tengan que lastar tantas personas que por hacerme favor, me fiaron en este descubierto, y para que mi honor no venga a padecer sin culpa mía, si permaneciendo preso llegan mis bienes al punto de no poderse cubrir el alcance. Yo imploro la atención y la paciencia del tribunal para aclarar este punto. Al tiempo de mi prisión se encontraron en descubierto, en la caja de mi cargo, cerca de $90.000, por tenerlos en giro, como habían hecho mis antecesores, y para lo que había dado una fianza sin límites. Presentado el estado de mis bienes, resulta haber ciento y treinta y tantos mil pesos, existentes. Estos se entregaron a los fiadores, para que como partes interesadas, corrieran con hacer el expendio de los géneros existentes, cobraran las dependencias, etc., hasta cubrir el alcance, ¿pero qué es lo que se ha hecho en el curso de siete meses? Nada. Yo sé que al cabo de este tiempo apenas se trata de querer comenzar a avaluar los bienes de mi casa, cuando yo, con el conocimiento que tenía de mis negociaciones y mis deudas, ya tuviera enterados más de $40.000, ¿y en qué consistirá esta diferencia? ¿Será acaso omisión en unos hombres que siendo, por una parte, amigos míos, por otra parte, interesados, no quieran entender en este asunto de que se han hecho cargo? Yo no me lo puedo persuadir. La diferencia creo que está en que teniendo yo un interés como el de 130, y ellos sólo, como de uno y dos a 130, han de ver estas cosas con la misma disparidad, a que se agrega que si yo manejara los bienes, miraría en ellos toda mi subsistencia y mi honor, y no teniendo otra cosa a qué atender, haría efectivo el dinero del alcance, lo que no sucede a mis fiadores, porque no mirando cada uno sino al solo interés de no exhibir los mil o dos mil pesos en que me han fiado, y teniendo que atender a sus principales intereses y negociaciones, miran este asunto como de segundo orden, mientras yo lo vería como el único, el primero y el de más importancia para mi honor y subsistencia.

   El caso es palpable y notorio. Los fiadores hicieron una junta con los comisionados del venerable deán y cabildo, y teniendo a la vista el apunte de mis bienes existentes, se convinieron a entregar en 6 de diciembre de 94, $16.000 en los meses siguientes hasta agosto, a dos mil pesos en cada uno, etc. Estamos en mayo, y sólo se han entregado cosa de ocho mil pesos, por don Andrés Otero, incluso lo que este sujeto me debía y parte de lo que igualmente me adeudaba mi dependiente Salvador Cancino. Esto prueba que el no haberse cubierto siquiera la mitad del alcance, no consiste en la naturaleza de mis bienes, sino en la falta de mi persona, porque de otro modo, los fiadores, que son todos los más del comercio, no habrían admitido aquella propuesta, que estoy cierto les pareció ventajosa; con que la culpa no está ni en mí, porque me hallo imposibilitado de manejar mis bienes, ni en su naturaleza, porque no se hubieran obligado los fiadores a tal contrata; seguramente consiste en la falta de actividad y de aquellos esfuerzos que nadie puede hacer como el mismo interesado, que arriesga, nada menos, que su honor y la subsistencia de sus hijos; de aquí el atraso que se advierte, y si esto no se remedia, si con el transcurso del tiempo llegan los bienes a deteriorarse, hasta tal punto que no basten a cubrir este alcance, ¿contra quién, repito yo, estos perjuicios?

   En todas partes se atrasan y se pierden las dependencias en demorándose las cobranzas; pero aquí tiene manifestado la experiencia que apenas hay dependencia que se cobre si se deja demorar el pago. Y con la morosidad que se maneja la cobranza de las mías, ¿qué esperanza tendré yo de verlas recaudadas, si no se me permite agitarlas por mí mismo? ¿No me debo prometer que la mayor parte se perderán? ¿No debo ver de antemano un verdadero descubierto, por alcanzar el apunte de mis deudas a más de $50.000? Mis negociaciones de quina son de tal naturaleza, que su buen éxito sólo pende de mis conocimientos propios, y faltando estos a los que están encargados de manejarlas, faltándoles todo el interés que yo tengo, faltándoles tiempo y actividad para entender en asuntos ajenos, ¿qué puedo yo esperar en su expendio si mi persona permanece aprisionada? Yo tengo un ejemplo más lastimoso todavía: el apoderado de La Habana dicen ha muerto, en cuyo poder había de haber el valor de $15.000, y hasta la presente apenas se ha dado paso para averiguar en qué poder paran estos caudales, y si se ha expendido o no dicha quina. En las cartas que he recibido en mi prisión por mano de vuestro ministro, don Joaquín Mosquera, se quejan los apoderados de Méjico y Veracruz de que no se les haya remitido la quina que todos desean. El único dinero que estaba continuamente redituando era el que tenía en Cúcuta en poder de don Pedro Chauveau para la negociación de cacaos. Las últimas cartas de este apoderado antes de mi prisión, me avisan de haberme producido, sin salir el dinero de Cúcuta, hasta un 75%. Estos caudales, que debían ser los últimos que se debían recaudar por lo mucho que producían efectivo, han sido los primeros y casi únicos que se comenzaron a percibir, haciendo parar su giro desde el principio. Es casi increíble lo que he perdido con este procedimiento. Yo calculo, y con muy justa razón, que hasta el día va una diferencia de cerca de $11.000, los que llevo perdidos con este modo de manejarse en solo esta negociación. El año pasado, ocho mil y tantos pesos produjeron seis mil y tantos; estas dos cantidades ascienden a cosa de $15.000, que guardando la misma proporción de octubre a marzo, que es el tiempo en que van los cacaos a Veracruz y retornan los productos, debían haber producido dichos $ 11.000, que no sólo no han entrado en la masa de mi caudal; pero lo que es más extraño, que ni todo el principal se ha cobrado, estando el dinero parado, sin utilidad, del venerable deán y cabildo, y con notorio perjuicio mío.

   ¿Pero para qué me detengo en pintar los perjuicios que se me han ocasionado y que serán interminables, si la piedad de vuestra alteza no se digna habilitar mi persona, concediéndome la excarcelación que solicito, si tenemos a la vista lo que se ha hecho con los bienes embargados dentro de la misma ciudad? El valor de estos bienes alcanza, sobre poco más o menos, a $16.000; ¿y cuánto ha entrado en la tesorería de esta cantidad? Nada. Yo sé que desde el principio han estado clamando muchas personas por comprar varios muebles y alhajas, pero sobre todo libros, que todos son excelentes, y pasa su valor de tres mil pesos, y con todo, no se ha vendido ni el valor de un peso. En consideración de lo que llevo expuesto, ¿qué esperanza me puede quedar de ver cubierto un alcance que, aunque sin culpa mía, me ha de ser sumamente doloroso? ¿Qué puedo yo aguardar me quede después de cubierto este alcance, en caso que se cubra, para atender a mi subsistencia y de mi familia? ¿No será un dolor para el tribunal mismo, si por no acceder a mi súplica, en que nada se aventura, ha de llegar el día en que, después de arruinada mi familia, tenga que quitar el pan de la boca a sus hijos, tantos buenos vecinos, para cubrir un alcance que ahora se puede cubrir? Porque, ¿qué es lo que se arriesga en concederme la excarcelación que solicito? Ya parece no hay más que sacar de mí, ya creo que están finalizadas todas las declaraciones y confesiones que había que hacerme, sólo mi persona se necesita hasta que venga la resolución de su majestad. Para la seguridad de esta ofrezco dar fianza a satisfacción del tribunal; con que nada parece que resta, sino que vuestra alteza se sirva mandar que, presentando las personas que ofrezco dar por garantes de mi seguridad, si fueren de la satisfacción del tribunal, se me ponga en libertad. Esto es lo que no dudo conseguir si al ningún inconveniente que hay en otorgarme esta solicitud, se agregan los muchos que se seguirán en mantenerme encerrado. Parece que queda demostrada la necesidad de mi persona para cubrir el alcance, manejando por mí mismo los bienes embargados, y que de lo contrario, una total ruina va a caer sobre la mayor parte de ellos. El tiempo de los pagos de diezmos se acerca. El venerable deán y cabildo instará por sus caudales para hacer estos pagos; los fiadores comenzarán, con excusas justas, a pedir términos, que será imposible concederles; se echará mano de recursos judiciales para obligarlos, y aquí tiene vuestra alteza ya el tiempo en que en medio del ruido de tantos pleitos y contestaciones, como se levantarán, se oiga resonar mi nombre con odio y execración en las bocas de todas las gentes. Es preciso confesar que este lance es inevitable.

   El tesorero no puede cubrir la distribución, sino le entran, por lo menos, $35.000 de mi descubierto, clamará al venerable cabildo para que se le enteren; el venerable cabildo no tiene otro arbitrio sino el de ejecutar a los fiadores, y estos, que seguramente no han de mirar con indiferencia este desembolso habiendo bienes de dónde poder pagar, pedirán plazos, moverán artículos, se opondrán, y será preciso, o violentarlos con ejecuciones ruidosas, o dejar sin sus sueldos a tantos infelices que subsisten sólo de esta renta.

   La exposición que aparece en el acta que se acaba de leer es una equivocación nacida del transcurso de los años que han pasado desde aquel tiempo hasta el día. La fianza que di, como se ve por la certificación del escribano público, documento número 2, no sólo fue de $80.000, sino ilimitada; y constando por el documento número 11, que en el año de 98 se dio carta de lasto a mis fiadores, mal podía deberse cantidad alguna a diezmos hasta la época de la revolución. (Léase el documento número 11).

   Documento número 11. En el memorial ajustado que corre en uno de los cuadernos del concurso a los bienes de don Antonio Nariño, con fecha 6 de agosto de 1798, firmado por el relator Joaquín Rivera y por el abogado abonador en la fianza de la tesorería de diezmos, doctor José Caycedo, se leen las palabras siguientes: "Pidió la parte de los abonadores, que con reserva de los derechos, protestas y exenciones que tenían propuestos, y en atención a estar verificado el pago que se les mandó hacer como abonadores, se les declarase subrogados en la acción y derecho de la caja de diezmos, para que en su virtud puedan cobrar el lasto. A lo que se dijo: dése cuenta con los antecedentes. Y hecha relación se proveyó el auto siguiente". El contador evacuó su informe de que sólo se restaban $5.000 y contestado traslado por el apoderado del tesorero de que con las salvedades necesarias se les diese la carta de lasto. Así se mandó por vuestra alteza, en auto de 12 de marzo de 98.

   En certificación de lo cual, y de existir dichos documentos en poder del señor general Antonio Nariño, de su requerimiento verbal le doy la presente, que signo y firmo en Bogotá, a 14 de abril de 1823 años.

Manuel Mendoza.

   Los bienes embargados subían a $126.000, y el alcance formado sin intervención mía porque estaba en un encierro, sólo llegó a $81.264,6 reales, 7 1/4 maravedís. Tanto el venerable cabildo como mis fiadores se disputaron la posesión de estos, y si los fiadores vinieron al fin a lastar, fue por culpa suya, pues no sólo se les propusieron por el arzobispo y venerable cabildo moratorias para que fueran pagando con el producto de mis bienes embargados, sino que se conformaban con estos, para cubrir la caja; y los fiadores resistieron lo uno y lo otro, como se ve en los documentos 4 y 6 ya citados.

   Al tiempo de mi prisión había en Cúcuta, en poder de don Pedro Chauveau, entre otras partidas, la de 300 cargas de cacao, compradas a $21, con un año de anticipación, para remitirlas a Veracruz, y que se vendieron en Cúcuta mismo a $36, 4 reales. La cuenta con Chauveau subía a más de $15.000. En Cartagena había 5.555 arrobas de azúcar para remitir a España, cuyo principal y costos hasta aquella plaza subía a $10.164, 2 1/4 reales. En La Habana, en poder de don Manuel Quintanilla, había 80 churlas, con 9.925 libras netas de quina, que se estaban vendiendo desde 12 hasta 13 reales libra. Las primeras 15 churlas vendidas antes de mi prisión, produjeron $2.785, como se ve por el documento número 10, que pido se lea.

   Documento número 10. En uno de los cuadernos del concurso que no tiene carátula, se encuentra en testimonio remitido de La Habana, en 24 de septiembre de 1796, la cuenta siguiente:

   Cuenta de ventas y existencias de 80 churlas de quina, que por cuenta y riesgo de don Antonio Nariño, de Santafé, consignó de Cartagena de Indias don José Antonio Valdés, sobre el bergantín la Reina Luisa, su capitán don Domingo Tútal, goleta galga de don Pedro González Móndoño, y polacra particular nombrada Nuestra Señora de las Mercedes, su capitán don Jaime Carmensoltas, al difunto don Manuel de Quintanilla, a saber:

   1794. Marzo 8. Por cuatro churlas, números 89, 17 y 20, vendidas a don Antonio Sanitella, con 18 arrobas, 17 libras netas, a 12 reales libra
$700,4 Rs.
   Junio 20. Por una churla, número 30, con cuatro arrobas, 13 libras, vendida a don Juan Pascual Vives, a 12 reales libra
169,4 íd.
   Junio 30. Por seis churlas, números 21 y 27, 31, 33,40 y 43, con 29 arrobas, dos libras, vendidas a don Nicolás Satre, a 13 reales libra
1,181,3 íd.
   Julio 9. Por una churla, número 13, con cuatro arrobas, 21 libras, vendida a don José María Fernández, a 13 reales libra
196,5 íd.
   B. Octubre 3. Por seis churlas remitidas de orden, cuenta y riesgo del citado señor, sobre el bergantín Correo de Sandoval, al cargo de su capitán don Juan Manuel Terller, a la consignación de don Rafael José Facio, del comercio de Veracruz
[no hay]
   1795. Julio 17. Por una churla, número 38, con cuatro arrobas, 19 libras, vendida a don Antonio Santella
178,4 íd.
   Septiembre 22. Por una churla, número 1, con cinco arrobas netas, vendida al mismo, a 12 reales libra
187, 4 íd.
   Noviembre 21. Por una churla, número 24, con cuatro arrobas, 14 libras, vendida al mismo, a 12 reales
171.
   1796. Agosto 30. Por 59 churlas, que por existentes entregó a don José Fuertes, como apoderado del venerable deán y cabildo de Santafé, según diligencias practicadas ante este tribunal de difuntos...
   Suma
2.785

   A esta proporción las 80 churlas hubieran producido $14.863, si no se hubiera interrumpido su venta; sin contar el mayor precio de las que se remitieron a Veracruz, de cuatro reales más en libra a que se vendieron. En Cádiz, en poder de don Manuel Cortés Díaz, había 166 churlas, con peso neto de 26.282 libras de quina, y en esta ciudad, además de mi casa adornada, de las joyas y alhajas de mi mujer, de mi librería, avaluada en más de tres mil pesos, se me debían, en sujetos abonados, $41.447, 5 1/4 reales. En las moratorias que el reverendo arzobispo y su venerable cabildo propusieron a los fiadores, la mayor cantidad que se les pidió de contado, era de $16.000, y lo demás a irlo pagando por meses, de a $1.000, 2.000 y 3.000, según iban corriendo los años. Vistas las partidas de arriba, ¿quedará duda de que hubieran podido cumplir con las moratorias, sin poner un real de su bolsillo? Y si fue culpa suya y no mía el no haberlas admitido, ¿seré yo el responsable, el culpado en que después se les haya obligado a hacer el lasto? ¿Se me podrá dar el honroso título de fallido, porque teniendo en su poder los fiadores mis bienes, los han dejado perder? Yo he pedido muchas veces esta cuenta, yo me he presentado a la real audiencia demandando a los fiadores, para que me la den, y paguen el sobrante que debió resultar a mi favor, y ni aun pude conseguir que se pagase la dote de mi mujer, graduada con preferencia a los mismos fiadores. ¿Qué extraño es, pues, que haya otras deudas, como la dote de mi mujer, sin pagarse si los fiadores no han querido rendir las cuentas? ¿Sería indiferente para mí el que se pagase o no la dote que debía entrar en mi bolsillo? Esta es una prueba clara, indubitable de que me ha sido imposible vencer la resistencia que se ha opuesto constantemente a la liquidación de esta ruidosa cuenta.

   Queda, pues, demostrado, que el año de 1791 entregué la tesorería de diezmos al venerable deán y cabildo, por disposición del rey, y que en el manejo de $482.351, o cerca de medio millón de pesos, no me resultó ni un solo real de alcance, porque pude por mí mismo formar mis cuentas y entregar el empleo.

   Queda igualmente demostrado que en el año de 94, aunque por la cuenta del contador de diezmos, formada sin intervención mía, resultó un alcance de 81.000 y más pesos, se me embargaron bienes que no sólo cubrían esta cantidad, sino que me quedaba un sobrante de muchos miles.

   Tercero: que habiéndose los fiadores hecho cargo no sólo de los bienes suficientes para cubrir el alcance de la cuenta, sino del total, que subía a más de $126.000, aunque lastaran al principio la fianza, por el mal modo con que se manejó el asunto, ellos y no yo, son los responsables de la cantidad sobrante, para cubrir la dote de mi mujer, y alguna otra pequeña deuda que resulte de mis negociaciones.

   Cuarto: que siendo mis fiadores responsables a todos los acreedores que se presentaron al concurso de estos bienes, por haber cantidad suficiente con qué pagarlos, no habiendo dado cuenta de su producto; y no debiendo yo en el día ni a particulares, ni al tesoro público, ni a la mesa capitular de diezmos, el epíteto de fallido que se me da es un insulto, una calumnia de Diego Gómez, inventada para sus fines particulares. Que se lean las certificaciones de los ministros del tesoro público y del notario y contador de diezmos. (Documento número 12)3.

   Vosotros lo acabáis de oír, señores, con documentos incontestables: no sólo no soy deudor al tesoro público, a los diezmos, ni a los fiadores de la tesorería, sino que estos me son responsables del sobrante de mis bienes, después de cubierto el concurso que a ellos se formó, por efecto de la prisión que sufrí, por haber publicado Los derechos del hombre.

   Fijad ahora, ilustres senadores, vuestros ojos sobre el acusado y los acusadores: fijadlos por un momento y comparad... ¿Qué eran Diego Gómez y Vicente Azuero el año 94, cuando sonaba esta ruidosa causa, que dio el primer impulso a nuestras ideas? ¿En dónde estaban? ¿A qué clase pertenecían?... Pero no vamos tan lejos. ¿Qué eran al principio de nuestra transformación? ¿Quién los conocía? ¿Se habían oído sonar sus nombres?.. . ¿Y cuáles son sus servicios durante estos 12 años?... ¿Qué campañas han hecho? ¿A qué riesgos se han expuesto por salvar la patria? ¿Cuáles han sido los sacrificios personales o pecuniarios que debemos a estos dos amigos, dignos el uno del otro?... Escuchadlos: Sus nombres se han comenzado a conocer desde el año de 19.

   El día memorable de la entrada en esta ciudad de las tropas libertadoras, mientras todas las gentes corrían a las armas para auxiliarse, para defenderse, para rechazar al enemigo, que aún no estaba enteramente destruido, el señor Diego Gómez corría hacia la casa de la botánica, en donde estaban los bienes secuestrados por los españoles, forzaba y rompía las ventanas de la pieza en que se habían almacenado, y cargaba con los fardos que le vinieron a las manos. ¿No os parece, señores, este un paso brillante, un mérito para sentarse en el congreso y obtener después una toga? ¿No da una idea clara de su patriotismo, de su desinterés, de su amor a la santa causa, porque todos se armaban y peleaban aquel día? ¿No es este benemérito ciudadano, este valiente atleta, el que me debe llamar criminal?...

   ¿Y cómo no se le ha formado una causa? Que lo diga su amigo, que era presidente de la junta de secuestros; y si no lo puede decir, porque recíprocamente se sirven, que lo diga el fiscal nombrado por la corte superior de justicia, que lo denunció hace ya algunos meses, y cuyo resultado ignoramos... ¿Y su amigo, su digno compañero de acusación, se empleaba, con mejor éxito, sacaba mejor partido de la regeneración de la patria? Sí, señores: después de la presidencia de secuestros, de que ignoro si ha dado cuenta de su conducta, logró que lo nombraran juez de diezmos de Soatá; y en año y medio, en sólo el manejo de $35.000, se comió $24.000. ¿No os parece que no desperdiciaba el tiempo? Y con esta quiebra fraudulenta, este verdadero fallido, se sienta también en el congreso, y tiene la avilantez de tomarme en boca para imputarme su infamia. En el día que hablo, hoy señores, aún no ha cubierto esta quiebra, y lo que tiene satisfecho no creáis que ha sido todo del dinero de los diezmos, no: en libramientos, dados por el gobierno, con los novenos de su hermano, con los sueldos retenidos de su amigo, y los suyos; con los sueldos de unos empleos, que por temor de no conseguirlos, o de perderlos es como se esforzaron a calumniarme para que no me sentara en el senado. Comparad, vuelvo a decir, las rapiñas de estos dos hombres, con los sacrificios pecuniarios que por mis cuentas y negociaciones se ve que he sufrido por amor a la causa de la libertad. Aquí veis a Gómez y a Azuero pillando para vestirse, para figurar, para darse una importancia que no se podían dar por sus servicios; y allá me veis sacrificando por la patria unas negociaciones que en menos de diez años me habrían hecho un hombre millonario.

   En sólo Cádiz, Veracruz y La Habana, tenía 326 churlas de quina, que, como se ha visto por la cuenta del documento número 10, sólo 15 churlas que se habían vendido antes de mi prisión, produjeron $2.785, a cuya proporción las 326 churlas dan $58.680 y computando las que había en camino, en esta ciudad y en contratas que aún no se han acabado de satisfacer, que pasaban de 600 churlas, al mismo precio, subía su importe a $108.000, que por la mayor parte se han dejado de perder. La negociación de cacaos, como se ve por la última cuenta, que corre en los autos, de don Pedro Chauveau, aún sin remitir a Veracruz, se vendieron en Cúcuta mismo a $36, cuando sólo habían costado, el año antes, a $21. ¿Y qué diremos de la negociación de azúcares comenzada al tiempo que se acababa de perder la Isla de Santo Domingo, con la revolución de los negros, y de donde salían todos los años dos millones de cajas? Aquí llegué a comprar la arroba al mismo precio que se llegó a vender la libra en Europa. No hablo de otras negociaciones tan bien calculadas como estas, porque esto basta para que se conozca, hasta por los más alucinados, si seré un fallido fraudulento, como Azuero, que se come los diezmos para figurar, o un hombre que ha sacrificado una fortuna brillante, por amor a la libertad. Suponed, señores que en lugar de haber establecido una imprenta a mi costa en lugar de haber impreso Los derechos del hombre; en lugar de haber acopiado una exquisita librería de muchos miles de libros escogidos; en lugar de haber propagado las ideas de libertad, hasta en los escritos de mi defensa, como se verá después, sólo hubiera pensado en mi fortuna particular, en adular a los virreyes, con quienes tenía amistad, y en hacer la corte a los oidores, como mis enemigos se la han hecho a los expedicionarios. ¿Cuál habría sido mi caudal en los 16 años que transcurrieron hasta la revolución? ¿Cuál habría sido hasta el día?.. .¿Y porque todo lo he sacrificado por amor a la patria, se me acusa hoy, se me insulta, con estos mismos sacrificios, se me hace un crimen de haber dado lugar, con la publicación de Los derechos del hombre, a que se confiscaran mis bienes, se hiciera pagar a mis fiadores, se arruinara mi fortuna y se dejara en la mendicidad a mi familia, a mis tiernos hijos? En toda otra República, en otras almas que las de Diego Gómez y Vicente Azuero, se habría propuesto, en lugar de una acusación, que se pagasen mis deudas del tesoro público, vista la causa que los había ocasionado, y los 29 años que después habían transcurrido.

   Dudar, señores, que mis sacrificios han sido por amor a la patria, es dudar del testimonio de vuestros propios ojos. ¿Hay entre las personas que hoy me escuchan, hay en esta ciudad y en toda la República, una sola que ignore los sucesos de estos 29 años? ¿Hay quien no sepa que la mayor parte de ellos los he pasado encerrado en el cuartel de caballería de esta ciudad, en el de milicias de Santa Marta, en el del Fijo de Cartagena, en las Bóvedas de Bocachica, en el Castillo del Príncipe de La Habana, en Pasto, en El Callao de Lima, y últimamente, en los calabozos de la cárcel de Cádiz? ¿Hay quien no sepa que he sido conducido dos veces en partida de registro a España, y otra hasta Cartagena? Todos lo saben; pero no saben, ni pueden saber, los sufrimientos, las hambres, las desnudeces, las miserias que he padecido en estos lugares de horror, por una larga serie de años. Que se levanten hoy del sepulcro Miranda, Montúfar, el virtuoso Ordóñez, y digan si pudieron resistir a sólo una parte de lo que yo por tantos años he sufrido; que los vivos y los muertos os digan si en toda la República hay otro que os pueda presentar una cadena de trabajos tan continuados y tan largos como los que yo he padecido por la patria, por esta patria por quien hoy mismo se me está haciendo padecer. Sí, señores, hoy estamos dando al mundo el escandaloso espectáculo de un juicio, a que no se atrevió el mismo gobierno español; él ha dicho, en términos claros, que se retenga el sobrante de mis bienes, después de pagado el alcance, a disposición de la real audiencia; él ha creído que había un sobrante, y, por lo mismo, nunca me juzgó fallido. Pero quizá mis acusadores tendrán razón en el otro punto que voy a tratar. Veámoslo.

   El segundo cargo es el de haberme entregado voluntariamente en Pasto al enemigo, cuando iba mandando la expedición del sur el año de 13. Es decir, que después de 20 años de sacrificios y servicios hechos a la causa de la libertad de mi patria, siendo presidente-dictador de Cundinamarca y general en jefe de esta expedición, siempre victoriosa, me dio la gana de entregarme al furor de los pastusos y al gobierno español, de cuyas garras había escapado milagrosamente, no una vez sino tres ocasiones diferentes. ¿Y será preciso, señores, que yo me presente ahora cargado de documentos para justificarme ante el senado? Es preciso ser un Diego Gómez, un Azuero, para atreverse, con tanta desvergüenza, a estampar, en medio de un congreso, semejante acusación. ¿Qué era lo que yo iba a buscar a Pasto? ¿Qué servicios los que iba a presentar al gobierno español? ¿Conduje conmigo algún tesoro, algunas personas importantes? ¿Entregué el ejército que iba a mis órdenes? ¿Llevaba conmigo documentos que justificasen mi amor y fidelidad al rey?... Y si nada de esto llevaba, ¿qué es lo que iba a buscar a Pasto?

   Los hombres, en semejantes momentos, no se mueven sino por el interés, la ambición, la gloria, o el amor a la patria. Yo pregunto a mis acusadores: ¿Cuál de estos móviles me conduciría a Pasto voluntariamente? ¿Iría a buscar una fortuna entre los pastusos a quienes acababa de destruir sus ganados para mantener mis tropas? ¿Iría tras unos empleos superiores a los que dejaba en el seno de mi patria? ¿O buscaría la gloria de abandonarla, para hacerle la guerra y destruir una libertad que me costaba ya tantos años de sacrificios?... No hablemos del último motivo, porque por cualquier lado que se le mire, siempre resulta, o imposible, o glorioso para mí; si el amor de la patria me obligó a hacer los sacrificios que hice, y a exponerme a los riesgos que me expuse, este paso sería un mérito y no un delito; y si se cree imposible que en tal caso me pudiese conducir este motivo, yo no hallo cuál pudiese ser el que me condujo voluntariamente entre los enemigos. Que lo digan mis atrevidos acusadores. ¿Sería acaso el miedo? Pero además de que no habrá un solo oficial, ni soldado que me lo pueda echar en cara, esto sería lo mismo que correr hacia las llamas un hombre que tuviese miedo al fuego. ¿Pues cuál fue el motivo, se me dirá, que lo condujo a usted a Pasto? Vosotros lo vais a oír, señores, pero no de mi boca, sino de la de un hombre imparcial que fue testigo de vista, que presenció lo que refiere. (Que se lea el parte que de oficio dio el mayor general Cabal al colegio electoral de Popayán, después de estar yo prisionero en Pasto, señalado con el número 13).

   Documento número 13. Parte del mayor general del ejército del sur, coronel ciudadano José María Cabal, al serenísimo colegio constituyente y electoral de Popayán.

   Hallándose instruido su alteza serenísima por el parte que ha recibido del general desde Juanambú de todos los sucesos ocurridos en el paso de aquel río y toma de su importantísimo punto, sólo me limitaré a referir los posteriores.

   "Luego que nos apoderamos de los atrincheramientos del enemigo, después de haber vencido todos los obstáculos que la naturaleza y el arte nos podían oponer y que trasladamos nuestro campo al mismo punto en donde se había hecho fuerte, nos pusimos en marcha hacia la ciudad de Pasto el día 2 de mayo. En todo aquel día no vimos al enemigo, sin embargo de estar ya muy cerca de él. Al siguiente descubrimos una avanzada en un alto por donde debíamos pasar, y siendo necesario ocuparlo para abrirnos el paso y observar si se hallaba el enemigo situado hacia la espalda, mandó el general al batallón de Cazadores, que fue rechazado, por haberse presentado de repente el enemigo al tomar la cima de su altura; pero habiendo ocurrido a tiempo el primero y segundo batallones, se le sostuvo, y a su vez fue rechazado el enemigo y nos apoderamos del punto que deseábamos. Desde allí se descubrió otra eminencia que coronaba el enemigo y en donde se había atrincherado no menos fuertemente que en Juanambú. Establecimos nuestro campo allí, para reconocer el terreno y observar el punto por donde se debía atacar. Hecho esto, y no siendo posible verificarlo sino por el frente, determinó el general que se hiciese en el orden siguiente: el coronel Rodríguez con la vanguardia, yo con el centro y el general con el cuerpo de reserva. Las tres divisiones se colocaron al pie del cerro, por no permitir el terreno otra disposición; llevando las dos primeras divisiones dos piezas de artillería; otras dos de mayor calibre la tercera. Como el enemigo se hallaba atrincherado y con emboscadas por los flancos, no nos hizo fuego hasta que nosotros comenzamos a subir aquel escarpado cerro. El fuego de nuestra artillería contestó, y la fusilería comenzó a obrar con vigor, y siempre avanzando, por no tener objeto fijo a quien dirigir sus tiros, no obstante de que el cerro parecía incendiado. Fue preciso que nuestros oficiales y soldados presentasen el cuerpo a ese fuego destructor para buscar los cobardes que lo animaban desde sus emboscadas y parapetos. Allí fue donde mordieron el polvo los valientes oficiales teniente coronel Bonilla, teniente Vanegas, teniente Molina, alférez Rojas, con algunos de nuestros buenos soldados; allí fueron heridos los capitanes Rodríguez, Ribero, Salazar, Concha, Matute y teniente Silva, con muchos soldados que, no pudiendo obrar por sí mismos, animaban a sus compañeros para que continuasen.

   "La acción estuvo dudosa más de media hora, hasta que el general entró con el cuerpo de reserva sosteniendo las dos primeras divisiones, las que tomando nuevo aliento marcharon hacia el enemigo, que de trinchera en trinchera iba ganando la cima hasta que los nuestros la tomaron poniéndolo en una fuga vergonzosa y persiguiéndolo más de una legua, siempre desalojándolo de las alturas que iba ocupando, hasta que vino a envolvernos una granizada horrible que nos obligó a suspender la persecución; pero felizmente sucedió esto cuando ya éramos dueños de todas las eminencias en que podían hacerse fuertes de nuevo. Esta circunstancia, el ser ya de noche y el estar muy lejos del campo, nos obligó a pernoctar allí, no obstante ser un país extremadamente frío. Viendo el general que nuestro campo no podría levantarse con la prontitud que convenía, en las circunstancias que no teníamos víveres para la tropa, y que si se esperaba más tiempo en perseguir al enemigo, se perdían los momentos del terror, determinó marchar al día siguiente al ejido de Pasto, que sólo estaba distante cuatro horas del lugar en que nos hallábamos, para esperar allí el resto de nuestra fuerza y la artillería. En efecto, seguimos al amanecer, sin hallar el menor obstáculo, hasta el mismo ejido, en donde se nos presentó el enemigo, sin que pudiésemos evitar el no entrar en acción, como se lo había propuesto el general. Esta se comenzó a la una de la tarde y duró hasta las siete, sin que hubiese habido momento de reposo. Cuatro veces vino sobre nosotros el enemigo, y cuatro veces fue rechazado, sacándolo de sus atrincheramientos y persiguiéndolo hasta las mismas calles de Pasto. La última que hizo todos sus esfuerzos cargó sobre nosotros con toda su fuerza y alguna caballería, intentando rodearnos por todas partes; con este motivo mandó el general que la tropa se dividiese en tres trozos para atender al frente y a los costados. Este fue el momento en que yo vi a nuestro general más grande y más heroico. A todas partes atendía sin reparar en los peligros, recorría todas las divisiones, animaba con su ejemplo a aquellos a quienes la fatiga hacía ya flaquear, y puesto al frente de la división del centro ataca a la fuerza principal del enemigo, entrando muchas veces en sus filas en donde le mataron el caballo. Pero siempre impertérrito y valiente, no afloja un solo instante, continúa con la misma impetuosidad con que había comenzado y consigue rechazarlo completamente..."

   Que se detenga por un momento la lectura y se observen con atención estas últimas expresiones del mayor general Cabal. ¿Y cómo compondremos el concepto de un hombre imparcial que acababa de ser testigo ocular de lo que dice, y el del ilustre Diego Gómez, que en aquel mismo tiempo no sabíamos dónde estaba, quién era, ni si existía tal hombre sobre la tierra? ¿Cómo sería que parecía grande y heroico en medio de las balas, al que presenciaba mis acciones, y criminal y traidor en el mismo momento a los que estarían a 500 leguas del enemigo? Ahora, señores, ¿recorrería las divisiones, como dice Cabal, animaría con mi ejemplo a los que la fatiga hacía flaquear; entraría en las filas donde me mataron el caballo, y continuaría impertérrito con la misma impetuosidad, hasta rechazar al enemigo, para entregarme después voluntariamente? ¿Cabe esto en otras cabezas que las que están alucinadas por una frenética pasión, por una ambición de mando que los atormenta y los ciega hasta este extremo? Que prosiga la lectura, que ella acaba de aclarar más lo que por ahora podía yo decir:

   "... las divisiones de la derecha y de la izquierda obraban con la misma firmeza y energía, pero siendo ya de noche y estando bastante distante las unas de las otras, esta última creyó que habían sido envueltas las otras dos y trató de retirarse hacia nuestro campo. Habiéndose adelantado algunos soldados, llevaron la funesta noticia de que todos habíamos perecido; a esta se agregó la llegada de algunos oficiales que aseguraban lo mismo, y la consternación se extendió por todo el campo. Los soldados que lo guardaban se aterran, los oficiales encargados de su defensa no saben lo que han de hacer, y como sucede en los momentos de espanto y de confusión en que la reflexión tiene poco lugar, se toma el partido que conviene menos. En efecto adoptaron, por desgracia, el de la desesperación, y determinaron retirarse con la tropa salvando el fondo del ejército, y clavar la artillería, abandonando las tiendas, municiones y caballería.

   "Mientras que todo esto pasaba en nuestro campo, nosotros nos reposábamos tranquilos en el que habíamos tomado en el ejido de Pasto, seguros de que el enemigo no nos inquietaría, porque se había dejado bastante escarmentado. Pero reflexionando aquella misma noche que nuestra artillería no podía llegar al día siguiente, que tal vez el enemigo que se hallaba con todos los recursos que nosotros no teníamos, pudiera presentarnos nueva acción, luego que amaneciese y que ya estábamos escasos de municiones para poder sostenerla por mucho tiempo, determinó el general el que fuéramos a buscarlas a nuestro campo, retirándonos por el camino del páramo para volver con toda nuestra fuerza y la artillería a tomar posesión de la ciudad. A las once y media nos pusimos en marcha, con gusto de toda la tropa, que conociendo el acierto de esta medida, no temía sufrir los hielos del páramo que debíamos atravesar, segura de que bien pronto ocuparía aquella ciudad rebelde, que tantas lágrimas ha hecho derramar a los buenos ciudadanos que se han sacrificado por la felicidad de esos estúpidos habitantes. Al amanecer descubrimos nuestro campo, y gustosos nos precipitamos a él para referir a nuestros compañeros de armas nuestros sucesos, y hacerlos participantes de la gloria que se nos esperaba en el mismo lugar en que ya habíamos batido al bárbaro pastuso, obstinado defensor de su esclavitud... ¡Pero cuál sería nuestro dolor y confusión cuando al llegar al campo no hallamos en él más que tiendas solitarias, algunos de los heridos que lloraban su suerte y abandono, la artillería clavada y las municiones regadas!... Los soldados que venían con gusto en busca de sus compañeros, se afligen a la vista de semejantes estragos, no saben ya qué es lo que han de hacer, se intimidan, y ya no piensan en otra cosa sino es en la fuga. Por desgracia en este momento de consternación el enemigo se nos presenta en la altura inmediata, y conociendo la debilidad a que habíamos quedado reducidos, se anima y nos ataca. El general, que siempre conservaba aquella presencia de espíritu que caracteriza a las almas grandes, no se desconcierta por esto. Trata de sostener el honor de las armas que tantas veces habían triunfado, y se decide a hacer frente. Pero nuestros soldados, intimidados, ya nos abandonan y se alejan de nosotros a buscar su seguridad. Viendo esto, los llamo, corro delante de ellos para detenerlos, y les hago sentir la vergüenza de abandonar a su general, que ya con algunos pocos que le habían quedado, estaba conteniendo al enemigo. Pero ya no siéndome posible el hacerlos volver, conseguí, a lo menos, a fuerza de súplicas y de amenazas, el mantenerlos unidos para facilitarle la retirada. A poco rato después, vi que los nuestros habían entrado ya en desorden, y habiéndolos reunido también, esperé hasta el último que había logrado escapar, y después de estar bien cerciorado de que el general no podía ya venir, por tener al enemigo encima, comencé a retirarme..."

   Que se suspenda por otros momentos la lectura. Aquí dice Cabal: que hasta que no estuvo bien cerciorado de que yo no podía ya ir, por tener al enemigo encima, no comenzó a retirarse; esto es, que hasta que vio imposible mi retirada, no se vino con la tropa que lo acompañaba. ¿Lo queréis más claro, señores? ¿Es esto entregarse voluntariamente al enemigo, o ser entregado por los que me abandonan? ¿Y cuándo es que me entrego? Después que él y todos se vinieron, después que me dejaron solo, después que no me quedó ninguna salida, después que aguardé tres días con sus noches la vuelta de las tropas, después que no veía más puertas abiertas que las de la eternidad y las de Pasto, fue cuando determiné ir a tratar con el presidente de Quito sobre una suspensión de armas, porque temí lo que pudiera suceder, y lo que hubiera sucedido infaliblemente, si no voy a Pasto y entretengo con mis propuestas la persecución de nuestras tropas amedrentadas. Yo conocía que debía morir en Pasto, pero podía morir sirviendo, y esta consideración fue la que me hizo exponerme a morir sobre un patíbulo con utilidad, más bien que a la sombra de unos árboles inútilmente.

   ¿Es esto ser criminal o haber cumplido hasta el último instante con mi deber? ¿Y cómo es que el enemigo me había envuelto? Al lado de la artillería que encontré clavada, aguardando la tropa que había mandado llamar, y con sólo un puñado de hombres haciendo fuego. El general, dice poco antes el parte, "que siempre conservaba aquella presencia de espíritu que caracteriza a las almas grandes, no se desconcierta por esto. Trata de sostener el honor de las armas que tantas veces habían triunfado, y se decide a hacer frente". ¿Y cómo es que mis acusadores, que los señores del congreso que votaron este juicio no habían visto este parte que anda impreso en las gacetas de Cundinamarca del año de 14? Y si lo habían leído, ¿cómo pudo más la simple acusación sin documento ni prueba de unos hombres que desde los primeros pasos del congreso se habían declarado abiertamente mis enemigos? Pero vosotros, señores, y el ilustre pueblo que nos escucha, acabáis de oír la pintura del suceso escandaloso de Pasto, y juzgaréis por lo que dice un testigo tan irrecusable, y a la vista de los mismos oficiales y soldados de quienes habla. ¿Si en el sitio sobre que se me hace este inicuo cargo merecería un monumento de execración o un monumento de gloria? ¿Si el no haberme desconcertado, si el haber conservado presencia de espíritu, si el haber tratado de sostener con un puñado de hombres el honor de las armas que tantas veces habían triunfado, hasta el punto de ser cortado por los enemigos y abandonado por los míos, merece el título de criminal con que se me ha honrado en el acta, o el de un ciudadano que todo lo ha expuesto por amor de su patria? Vosotros, señores, vais a decidirlo para satisfacción de Diego Gómez o para su eterna ignominia.

   Pero su hijo, se ha dicho, que estaba a su lado, ¿cómo pudo escapar y no pudo escapar el padre? Es verdad, señores, que estaba a mi lado, que jamás me desamparó, que era el único edecán que me había quedado; y esta es otra de las pruebas incontestables de mi resistencia al enemigo hasta el último instante, y en que ni el amor de este hijo querido pudo hacerme vacilar un momento de lo que me debía a mí mismo y a la patria. Que se lea la posdata del mismo parte de Cabal:

   Posdata. Siendo de justicia el recomendar el mérito de los oficiales y soldados que se han distinguido en la defensa de la patria, daré después a su alteza serenísima un parte circunstanciado que por el momento no me permite el estado de mi salud. No obstante no puedo prescindir de recomendar desde ahora a su alteza serenísima el mérito de don Antonio Nariño y Ortega, por ser uno de los que más se han distinguido cumpliendo exactamente con el desempeño de sus obligaciones, con el honor que caracteriza a un buen oficial. El se mantuvo siempre al lado del general, y si no ha corrido la misma suerte que él, como buen oficial y buen hijo, se debe a una corta separación que hizo, con el objeto de comunicarme una orden, en cuyo intermedio fue cuando se apoderó el enemigo de nuestro campo, y que yo lo obligue a que se salvase con la tropa que había reunido.

Cabal.

   Señores del serenísimo colegio de la provincia de Popayán.

   Con lo que queda respuesta [contestada] la objeción de la venida de mi hijo, sin necesidad de más documentos ni reflexiones.

PROCLAMA

   ¡Hombres libres! Hemos sufrido un golpe muy sensible por la prisión de nuestro amable Nariño, que ha sido el más firme apoyo de nuestra libertad, pero nuestro ejército del sur se ha salvado casi todo; nuestras armas están en Popayán en manos de nuestros soldados. Volemos todos a engrosar las legiones de la justicia, de la libertad de la naturaleza; a castigar a los bárbaros opresores de la patria; a arrancar de las garras de estos bandidos la persona de nuestro intrépido caudillo Nariño. Su excesivo valor y su ardiente deseo de consolidar la libertad, lo precipitaron hasta quedar prisionero envuelto en una espesa nube de enemigos, y sobre los despojos de la muerte que aquel día cayeron a los insoportables golpes de su valerosa cuchilla. Vamos a libertar a nuestro libertador. Es tiempo de hacer todo género de sacrificios. La patria nos pide a su primogénito Nariño; no perdamos un momento; no demos lugar a que nuestros tiranos cobren nuevas fuerzas; la causa es común, el interés es de todo hombre libre.

   Hasta aquí habéis oído, señores, el parte que el mayor general Cabal dio al colegio electoral de Popayán. Este parte es dado por uno de los oficiales más impávidos y valientes que llevaba conmigo, por un oficial que presenció todo lo que dice, por un oficial de contraria opinión a la mía, por un oficial que nada tenía que esperar ni temer de mí, y que hablaba delante de mil testigos oculares de lo que dice. Este parte se imprimió y publicó desde el año de 14 y circuló por toda la República. No sé si Diego Gómez, si su compañero de acusación o sus patronos, podrán presentar un documento igual en prueba de lo que han dicho contra mí. Pero si el mayor general Cabal, cuya memoria debe estar siempre grabada en los corazones de todos los amantes de la libertad, de todos los buenos ciudadanos de Colombia, y su nombre escrito entre los primeros héroes de nuestra transformación, dijo cuanto vio hasta el día 11 de mayo de 1814, en que nos separamos; él no pudo decir: que el día que me presenté en Pasto llevaba una semana sin comer ni beber; que hasta el 14 lo pasé debajo de unos matorrales aguardando la vuelta de la tropa, a 50 pasos del sitio en que quedó la artillería; que al saberse en Pasto mi llegada, se pidió a grito entero por el pueblo mi cabeza; que se me encerró al momento, que me pusieron un par de grillos, que se dio orden por el presidente de Quito para que se me pasase por las armas 4, 5. El no dijo, ni podía decir, que a mi firmeza y serenidad debí el haber escapado del furor de los pastusos y de la orden de Montes.

   Yo os presentaré, señores, documentos de una parte de lo que él no dijo, porque fue todo posterior a su venida. ¿Pero no hablo hoy a los nueve años de estos sucesos? ¿No hablo después de estar sometido Pasto y hecho prisionero Aymerich? ¿No habrá en este ilustre senado, en este numeroso auditorio, quién pueda deponer lo que digo o contradecirlo?... Yo ruego a los miembros del senado y a todos cuantos me escuchan, que si hay alguno que pueda agregarse en este momento a Diego Gómez y contradecir lo que llevo referido, se levante y lo diga. Pues no hay quien apoye ni contradiga; que se lea la carta del general Aymerich al general Leiva, y la contestación de este en el documento número 16.

   Documento número 16. Oficio de don Melchor Aymerich al señor general del ejército del sur.

   ... Actualmente se le presenta a vuestra señoría un cuadro negro en qué meditar con despacio sobre la suerte que deben esperar los facciosos, en vista del descalabro que ha sufrido el ejército de que es miembro, y del destino de don Antonio Nariño, que tengo prisionero en este cuartel general. Es tiempo todavía de recordar del pesado letargo en que se hallan sumergidos los habitantes de Popayán, Santafé y demás lugares que siguen las ideas de la capital del reino. Si vuestra señoría se somete otra vez a la obediencia que debe guardar a nuestro gobierno nacional y me entrega las armas que haya en esa provincia, yo seré [estaré], desde luego, pronto a protegerla, saliendo de garante por su tranquilidad, para que se pueda seguir disfrutando de la antigua paz octaviana que antes poseíamos; pero si se me negase a oír mis sanas proposiciones, no debe extrañar me presente a la fuerza a las puertas de Popayán con el ejército que es a mi mando, para establecer el buen orden con arreglo a las leyes y constitución de la monarquía. Si vuestra señoría quisiere canjear alguno de sus oficiales y soldados por los que yo tengo en esa, podrá proponerme los que quiera de igual clase...

Contestación dada por el señor general Leiva al anterior oficio...

   En este concepto y teniendo con él por repetido lo principal que vuestra señoría me dice, añadiré en cuanto al canje de prisioneros, que supuesto que la equidad de vuestra señoría lo indica, la primera proposición que tengo que hacer es, que si se devuelve al general don Antonio Nariño, entregaré por su rescate al coronel, teniente coronel y demás oficiales que constan en la planilla que acompaño, añadiendo cualquier otro u otros que nominalmente desee vuestra señoría de los que hasta cosa de 60 están en mi poder, y por algo distantes de esta ciudad, no puedo fijar su número. Pero si tuviese imposibilidad en ello, convengo por los que vuestra señoría remita de los contenidos en la otra planilla, devolver otros tantos según vuestra señoría exija, aun sin reparar en grados, que parece están a mi favor, poniéndolos a las inmediaciones de esta ciudad para su mayor seguridad, como se acostumbra en estos casos y según el contenido del documento adjunto.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Popayán, 28 de mayo de 1814.

José de Leiva.

   Señor mariscal de campo don Melchor Aymerich.

   Acabáis de oír, señores, en la Gaceta ministerial de Cundinamarca, del jueves 23 de junio de 1814, número 178, que escribiendo el general enemigo don Melchor Aymerich a nuestro inmortal Leiva que tenía el mando de nuestras tropas en Popayán, le dice estas notables palabras: "A la vista del descalabro que ha sufrido el ejército de que es miembro y del destino de don Antonio Nariño que tengo prisionero en este cuartel general". "Si vuestra señoría se somete otra vez a la obediencia que debe guardar a nuestro gobierno nacional y me entrega las armas que hay en esa provincia, yo seré pronto a protegerlo, etc. "El general Aymerich trata de seducir al general Leiva, para que le entregue las armas y vuelva a la obediencia de su gobierno, y apoya su solicitud en el descalabro del ejército y en el destino que se me aguarda, teniéndome prisionero en su cuartel general. ¿No parecía más natural, más conforme con sus ideas, el que le dijera, como Diego Gómez, Nariño se ha entregado voluntariamente, Nariño ha abierto los ojos, ha conocido sus yerros, siendo americano y habiendo sacrificado su vida en servicio de esta causa; sígalo usted que es español y que su vida la ha pasado en servicio de la España? Pero Aymerich, que no es testigo recusable, dice, en términos claros, que "me tiene prisionero". ¿Y con qué lo desmentirá Diego Gómez? ¿Cómo no se sepulta de vergüenza al oírse desmentir por un general enemigo? Pero el señor Diego Gómez es de aquellos hombres a quienes no puede salir los colores a la cara, a quienes no se les puede conocer vergüenza. Sigue Aymerich y propone canje de prisioneros. ¿Cuál es la respuesta del virtuoso Leiva? Que la oigan esos vampiros miserables y se avergüencen si pueden: "Añadiré, dice con fecha 28 de mayo en cuanto al canje de prisioneros, que supuesto que la equidad de vuestra señoría lo indica, la primera proposición que tengo que hacer es que, si se devuelve al general Nariño, entregaré por su rescate al coronel, teniente coronel y demás oficiales que constan en la planilla que acompaño; añadiendo cualquier otro u otros que denominadamente [sic] desee vuestra señoría, de los que hasta cosa de 60 están en mi poder"... ¿Cómo es, pues, que el general Leiva propone canje, ofreciendo más de 60 oficiales por un traidor, un criminal, que se había entregado voluntariamente a los enemigos? ¿Ignoraría Leiva los motivos de mi quedada en Pasto, después de haber hablado con el ejército y recibido comunicaciones del general enemigo? ¿Lo ignoraba la representación nacional de Popayán, que hace igual encargo a Leiva para mi canje? Sólo Gómez y Azuero y sus ilustres cómplices lo ignoran hasta hoy, o suponen que lo ignoran para llevar su intriga a cabo. Que eche el público una mirada sobre mis enemigos, y a todos los verá en los primeros puestos de la República; que la eche sobre los papeles públicos, desde que dejé la vicepresidencia, y en todos verá ese encono, esa intriga, ese espíritu de partido, ese empeño de deprimirme y calumniarme. Veamos si este era el lenguaje del año de 14, cuando me acababa de entregar voluntariamente al enemigo según se expresa Gómez. Suplico que se lea la nota número 7 de la Gaceta de 23 de junio de aquel año.

   Nota número 7 de la Gaceta ministerial de Cundinamarca del 23 de junio de 1814. "La pérdida del inmortal Nariño, lejos de abatir los ánimos de los hombres libres debe ser un nuevo estímulo para que redoblen sus esfuerzos contra los enemigos de nuestro sistema. Porque, ¿quién verá con impavidez al primer hombre de la Nueva Granada, al héroe de nuestra libertad, al que puso los cimientos de esta, al que ha padecido las más crueles persecuciones por defender los derechos de su patria, al que no contento con haber trabajado en el gabinete, ha abandonado el reposo y la tranquilidad de su casa, la compañía de sus amables hijas, los respetos de un pueblo fiel, y ha volado a la campaña exponiéndose a los más terribles peligros por batir personalmente a nuestros invasores, al que... en poder de los tiranos, sin experimentar la más extraordinaria sensación, sin exaltarse contra estos, sin hacer los mayores esfuerzos y sacrificios por rescatarlo, o vengar su sangre inocente? Ingratitud sería esta digna del oprobio de las naciones civilizadas. Compatriotas, no manchemos nuestra reputación con una nota tan fea: corramos a las armas, desprendámonos de todos nuestros haberes y volemos a Pasto, a expiar con la sangre de Aymerich y de sus compañeros cualquier agravio que se haya hecho al ilustre Nariño; demos a conocer al mundo que sabemos estimar el verdadero mérito y hagamos entender al sátrapa de Pasto que ese triunfo que tanto lo ha lisonjeado se lo ha concedido el cielo para dar mayor impulso al entusiasmo de los hombres libres".

   Advertid, señores, que este no es el lenguaje de la adulación y la lisonja, que sólo se emplea con los que se hallan en los puestos; aquí se habla de un hombre reputado ya muerto, de quien nada habría que esperar ni que temer; y por lo mismo debe reputarse como el lenguaje imparcial de la posteridad. Después de un elogio de mi conducta anterior, se leen estas palabras: "¿Quién verá con impavidez... en poder de los tiranos, sin experimentar la más extraordinaria sensación, sin exaltarse, sin hacer los ayores esfuerzos y sacrificios por rescatarlo y vengar su sangre inocente?". ¡Mi sangre inocente, Diego Gómez, esta sangre que manchó los campos de Pasto, estos campos en donde me llamáis criminal con vuestra inmunda boca! "Ingratitud sería esta —continúa— digna del oprobio de las naciones civilizadas". Sólo digna —digo yo— de Diego Gómez y de los que lo han acompañado. "Compatriotas —sigue—, no manchemos nuestra reputación con una nota tan fea: corramos a las armas, desprendámonos de todos nuestros haberes y volemos a Pasto a expiar con la sangre de Aymerich y de sus compañeros, cualquier agravio que se le haya hecho al ilustre Nariño". ¿Qué nombre daremos, pues, a la acusación de Diego Gómez, sostenida por Azuero, cuando el no correr a las armas, el no desprenderse de sus haberes, el no volar a Pasto para vengar mi sangre inocente, se miraba como una gratitud digna del oprobio de las naciones civilizadas, como una mancha hecha a la reputación de nuestros compatriotas? ¿Cuál será la infamia, el oprobio, que debe caer sobre los que ahora me acusan por este mismo suceso? ¿Los colocaremos entre los defensores de la virtud y el mérito, o entre los impostores, entre los inicuos calumniadores, que por saciar sus bajas pasiones han intentado esta monstruosa acusación?

   Pero quizás el lenguaje de las gacetas no será para mis acusadores una prueba del concepto general que merecía en toda la República el año de 14 cuando me hallaba prisionero en Pasto. Veamos si lo será el lenguaje reunido de estas gacetas con el del mayor general Cabal, con el del general Leiva, con el de los generales enemigos, con el del colegio electoral de Popayán, con el del gobierno de Cundinamarca, con el del soberano congreso de Tunja y con el del general Bolívar desde Caracas. Ya habéis oído, señores, una parte de boca de Cabal, y en los oficios de Montes y Aymerich con la contestación de Leiva; que os lean ahora los documentos números 15, 17, 18, 19 y 20, en los lugares que están señalados para no molestar vuestra atención con lo que no es del caso. (Se leen).

   Documento número 15. Oficio del excelentísimo señor presidente del serenísimo colegio constituyente y electoral de Popayán, al señor general segundo del ejército del sur, brigadier don José Ramón de Leiva. El serenísimo colegio electoral y constituyente, impuesto del oficio que el mariscal del campo don Melchor Aymerich, comandante de las armas de Pasto, ha dirigido a vuestra excelencia con fecha 15 del corriente, ha acordado que vuestra excelencia dé la contestación a su contenido en los términos siguientes: los triunfos de la libertad colombiana conseguidos sobre los que han intentado su usurpación, resuenan desde el Cabo de Hornos hasta las márgenes del Misisipí, y ya su eco trasciende a los gabinetes de la Europa; el que acaban de tener las tropas republicanas al mando del excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, en las fragosidades de Pasto, a más de aumentar su número, recomienda tanto el mérito de los defensores de la patria, que nunca podrá oscurecerse por la casualidad de haberse retirado el ejército después de la victoria por haberse difundido entre las tinieblas la noticia de estar muerto o prisionero el general en jefe... Puede vuestra excelencia admitir el canje propuesto, ofreciendo la oficialidad que tenemos prisionera en Cali por el rescate del excelentísimo señor presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño, general del ejército combinado, que se asegura está prisionero, y los soldados están canjeados según su número, y como vuestra excelencia acuerde en vista de las planillas, conviniendo a ponerlos en los llanos de Antonmoreno, en donde se verificará el canje, por estar el país ulterior en poder de bandidos; y se espera que el mariscal Aymerich dé a dicho excelentísimo señor y demás prisioneros el tratamiento que por derecho de gentes se acostumbra entre las naciones cultas, no siendo por demás significarle que muchos enemigos de la causa americana deben su existencia política, y aun física a la sensible consideración y humanidad del expresado señor general.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Andrés Ordóñez y Cifuentes,
presidente.

   Documento número 17. Oficio del señor don Antonio Nariño, prisionero en la ciudad de Pasto, al gobierno de Cundinamarca. Incluyo a vuestra excelencia copia del oficio que con esta paso al excelentísimo señor presidente del congreso, para que impuesto ese gobierno de las razones y motivos que me obligaron a quedarme en esta después de la intempestiva dispersión de mis tropas, sin orden ni presencia mía, influya y coopere cuanto esté de su parte en que se verifique, con la posible brevedad, la propuesta que en él hago; removiendo cualquier obstáculo que por razón de nuestras anteriores desavenencias domésticas se pudiera oponer, pues estas se deben olvidar tratándose de un asunto en que se interesa la salud de toda la Nueva Granada.

   Nada tengo que agregar a vuestra excelencia de lo que allí digo: las razones en que se funda mi propuesta son tan obvias y tan convincentes, que con poco que se reflexione se convencerá cualquiera de su importancia y utilidad. Vuestra excelencia y los miembros de la representación nacional las pesarán con su acostumbrada madurez, y no dudo de su pronto y favorable despacho. Ya es tiempo de que demos a conocer al mundo que no es un frenesí o una locura lo que nos conduce, y que cuando se abren caminos razonables a la conciliación y a la paz, los adoptamos.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Pasto, 4 de julio de 1814.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente, y consejeros del poder ejecutivo de Cundinamarca.

   Oficio del mismo señor Nariño al excelentísimo señor presidente del soberano congreso de que se hace mérito y a que se refere el anterior. Después de la intempestiva dispersión del ejército que venía a mi mando, en los términos que vuestra excelencia habrá sabido, determiné quedarme atropellando por mil peligros de mi vida mucho peores que los de las balas de que acababa de escapar, para tratar personalmente con el excelentísimo señor presidente de Quito sobre una suspensión de hostilidades que diese tiempo de ver el estado en que quedaban las cosas de Europa, sin una efusión de sangre inútil e infructuosa; pues es indubitable que la suerte del reino no puede depender de las fuerzas que en el día se hallan por una y otra parte. No se me permitió pasar a Quito, pero oficié con el señor presidente haciéndole la propuesta por 18 meses, y que la línea de demarcación fuese por El Cabuyal, pueblo de La Cruz, Tablón de los Gómez por Juanambú arriba. Su excelencia, después de algunas contestaciones, se ha convenido en que el congreso nombre un comisionado por su parte, y que él nombrará otro de su confianza para que traten el asunto; pero "que la demarcación, en caso de convenirse, será en el statu quo que tenían las cosas antes de la expedición", que yo escribiese así al congreso como al gobierno de Cundinamarca, para que se verificase la conferencia y se celebrase el tratado, en el que se fijarán estos puntos de que yo ya no debo hablar.

   Me parece que no tengo que encarecer al supremo congreso lo útil de esta medida saludable. La América es en el día un teatro de desolación y de sangre, y cualquiera que tienda su vista un poco lejos, ha de conocer que su suerte no puede depender de las fuerzas que actualmente pugnan. ¿A qué fin, pues, nos estamos despedazando los unos a los otros, si el resultado no lo ha de dar ni la victoria, ni la derrota de cualquiera de los ejércitos? Hoy triunfan en una parte los unos, mañana triunfan en otra parte los otros, y no quedan más que lágrimas, sin que la cuestión se pueda decidir. Demos tregua siquiera por algún tiempo a estas miserias, permaneciendo, si se puede, en el estado en que nos hallamos, mientras que despejado el horizonte en Europa, vemos lo que mejor nos convenga por una y otra parte; pues es imposible que en este caso no se coordinen las opiniones sin un solo tiro de fusil.

   Yo escribo con esta fecha al poder ejecutivo de Cundinamarca para que, deponiendo todo reparo sobre nuestras anteriores desavenencias domésticas, se ponga de acuerdo con el supremo congreso, y espero que juntos nombrarán, con la mayor posible brevedad, la persona que deba hacerse cargo de tan importante comisión.

   Vuestra excelencia se servirá elevarlo todo al conocimiento del supremo congreso, y darme la contestación que en su vista determinare; la que no dudo sea conforme a mi propuesta, vistas las poderosas razones que lo persuaden.

   Dios Nuestro Señor guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Pasto, 4 de julio de 1814.

Antonio Nariño.

   Excelentísimo señor presidente del supremo congreso.

   En la tarde del día de ayer se recibió por la posta un oficio del excelentísimo señor presidente propietario de este Estado, don Antonio Nariño, incluyendo apertorio un pliego para el soberano congreso en que propone se nombre, de acuerdo con esta provincia, un diputado, que en unión del que elija el presidente de Quito, ajuste un armisticio cual convenga a las dos partes contratantes.

   En consecuencia, se propuso todo hoy al discernimiento de la serenísima representación nacional, y habiéndose acordado por esta que no se ofrece inconveniente en oír tal propuesta, se comunica así en esta ocasión a ese soberano cuerpo para su conocimiento, y yo, de orden del excelentísimo señor presidente, lo digo también a vuestra señoría para el suyo, mediante a que en calidad de enviado de Cundinamarca (según se acordó igualmente por su alteza serenísima), deberá intervenir en las deliberaciones del soberano congreso, tanto en el punto principal de la admisión de aquella medida como en los demás de elección de diputado que haya de desempeñar el encargo, y de las instrucciones que debe llevar para el efecto, según todo resulta del adjunto documento.

   Documento número 18. Acuerdo del soberano congreso a consecuencia del armisticio que se propone en el oficio del señor Nariño, comunicado al enviado de Cundinamarca por el poder ejecutivo de la Unión y por aquel a este gobierno. Con fecha de ayer ha proveído el congreso el decreto siguiente:

   "El congreso, habiendo tomado en consideración en conferencia con el enviado de Cundinamarca los oficios del general Nariño, prisionero en Pasto, y del gobierno de Cundinamarca, sobre un armisticio con don Toribio Montes, decreta: que el poder ejecutivo escriba a este último, manifestándole la buena disposición en que se halla por amor a la humanidad a tratar de dicho armisticio, viniendo sus propuestas en los términos y con las formalidades que acostumbran las naciones civilizadas, en cuyo caso nombrará, en unión de Cundinamarca, comisarios, que con los pasaportes correspondientes concurrirán al lugar que se designare. Se autoriza al gobierno de Popayán para que franquee y exija los que deben servir a los comisarios de Montes hasta el lugar señalado; y comunicándose este decreto al mismo enviado, respóndase en su conformidad al gobierno de Santafé y al general Nariño".

   Documento número 19. Oficio del excelentísimo Libertador de Venezuela, ciudadano Simón Bolívar, al excelentísimo señor don Antonio Nariño y Alvarez.

   Excelentísimo señor:

   Deseoso de distinguir a aquellos militares que con sus sacrificios y esfuerzos extraordinarios contribuyeron altamente al feliz éxito de la campaña que libertó a Venezuela, y que haría la gloria de los más grandes héroes de la tierra, instituí la Orden de los Libertadores.

   Como vuestra excelencia es, sin duda, de los más sinceros amigos que numera mi patria, y cuya singular protección contribuyó esencialmente a redimirla del poder español, el reconocimiento y la justicia exigen que sea vuestra excelencia de los primeros en el uso de la venera que distingue a los miembros de la orden mencionada.

   Presentar, pues, a vuestra excelencia a la faz de estas provincias y de la América entera, como un libertador de Venezuela, y dar un nuevo realce a esta útil institución, son los motivos que me asisten a remitir a vuestra excelencia la venera.

   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

   Caracas, 4 de mayo de 1814 4°.

   Excelentísimo señor.

Simon Bolívar.

   Excelentísimo señor general don Antonio Nariño, presidente del Estado de Cundinamarca.

   Documento número 20... Con ocasión de lo prevenido en este decreto6, el supremo gobierno de Cundinamarca ha tenido a bien pasar el oficio siguiente a don Toribio Montes con el fin de que restituya la libertad al excelentísimo señor Nariño, como uno de los comprendidos en dicha disposición...

   ...Cuando este distinguido jefe de Cundinamarca se encargó del mando de las tropas que marcharon a Popayán, fue en el concepto de las intimaciones y reconocimiento de las cortes y constitución proscriptas [sic] por el rey. Y vuestra excelencia no puede ignorar que no obstante esto, y antes de toda agregación, él reconvino a los jefes, ofreció la paz y se prestaba a todo tratado razonable, cuando le amenazaban los comandantes Sámano y Asín; que cuando entró a Popayán mantuvo en un orden admirable sus tropas, para que no se atreviesen a tomar ni un solo pan con violencia; que respetó no solamente las casas religiosas, sino las de todo ciudadano, y aun las tiendas y chozas del más miserable; que procuró tranquilizar la turbación en que las tropas de Sámano habían puesto aquella ciudad asolada y a toda la provincia devastada por el robo, por el saqueo y por las más inauditas violencias. Ninguno de aquellos habitantes ha tenido que quejarse por el más leve daño ocasionado en su tiempo. Por el contrario, él remedió muchos males ejecutados en la época de don Juan Sámano y por su detestable disimulo.

   Restituye, pues, vuestra excelencia a su libertad, al libertador de las tiranías que sufría Popayán; al que colocado al frente de este mismo gobierno supo mantener en orden y tranquilidad esta capital y sus pueblos, siendo benéfico a aquellos mismos que en otras partes han sufrido persecuciones. Dé, en fin, vuestra excelencia un exacto cumplimiento al real decreto de 4 de mayo.

   Entre lo que acabáis de oír, señores, es de observarse como más notable: que en la comunicación del secretario del gobierno con el enviado al congreso, se dice: "En la tarde del día de ayer se recibió por la posta un oficio del 'excelentísimo señor presidente, propietario de este Estado, don Antonio Nariño' , incluyendo apertorio un pliego para el soberano congreso, en que propone se nombre, de acuerdo con esta provincia, un diputado, que en unión del que elija el presidente de Quito, ajuste un armisticio cual convenga a las dos partes contratantes". ¿Y qué dice el congreso en su acuerdo después de vistos mis pliegos?... ¿Dice que no puede entrar en contestaciones con un traidor que se ha entregado voluntariamente al enemigo? No, señores, lo que dice es: "Que habiendo tomado en consideración, en conferencia con el enviado de Cundinamarca, los oficios del general Nariño,'prisionero en Pasto, etc.' ". se me conteste de modo que el gobierno de Cundinamarca me reconocía por su presidente "propietario" en 2 de agosto, y el congreso oye mis propuestas y manda se me conteste como a un general prisionero en Pasto. Ellas no tuvieron efecto, no por ser propuestas por un traidor, sino por la necedad de la contestación al presidente de Quito, en que se le habla con impersonalidad, negándole el tratamiento correspondiente a su grado, como si el ser enemigo se lo quitase, y el haber exigido unas formalidades que no eran del caso, ni estábamos en estado de exigir. Esta contestación impolítica, por no decir otra cosa, fue la que frustró el armisticio propuesto: armisticio que nos hubiera puesto en estado de rehacernos, de concertar nuestras opiniones, de unificar los ánimos, de pertrecharnos, y quizá de haber demorado la invasión de las tropas expedicionarias e impedido sus efectos. ¿Y qué dirían mis mordaces enemigos si yo les pudiera presentar el oficio de Montes en que me proponía el statu quo de La Plata si le ofrecía entregar a Popayán y mi respuesta negándome? Figuraos, señores, por unos momentos, que me veis encerrado en una pequeñísima pieza, tendido sobre una mala cama, cubierto con una ruana, con un par de grillos en mis piernas ulceradas, sin un amigo, sin un libro para distraerme y esperando de hora en hora correr la suerte de Caycedo y Macaulay, y que en este estado recibo el oficio del presidente de Quito en que me hace la propuesta. ¿Qué habrían contestado Gómez y Azuero al oír que no sólo se les ofrecía sacarlos de aquel estado angustioso, sino que se les ofrecía restituirlos a sus antiguos honores y empleos? Pero no les hagamos el honor ni aun de dudar lo que habrían hecho, ni aun de traerlos a comparación en semejante momento. ¿Qué habrían hecho, qué habrían contestado otros de mis enemigos que ocupan hoy puestos más señalados? ¿Hubieran contestado lo mismo?...Yo lo dudo. Mas ya que no puedo presentaros estos oficios, que quizá después parecerán, os presentaré, a lo menos, lo que en la misma situación escribí al congreso y al gobierno de Cundinamarca; en ellos veréis que a presencia del mismo Aymerich doy igual tratamiento al presidente de Quito que al presidente del congreso y al de esta provincia; en ellos veréis el lenguaje, no de un hombre abatido, que vende los intereses de la patria al temor o a sus miras personales, sino el lenguaje de un jefe que en medio de los enemigos y de los sufrimientos y peligros que lo rodean, quiere consevar la dignidad de la República, y hace que estos mismos enemigos la respeten. Que se lean los dos oficios insertos en el documento número 16. (Se leen).

   Documento número 16. Oficio de don Melchor Aymerich al señor general del ejército del sur... Actualmente se le presenta a vuestra señoría un cuadro negro en qué meditar con despacio sobre la suerte que deben esperar los facciosos, en vista del descalabro que ha sufrido el ejército de que es miembro, y del destino de don Antonio Nariño, que tengo prisionero en este cuartel general. Es tiempo todavía de recordar del pesado letargo en que se hallan sumergidos los habitantes de Popayán, Santafé y demás lugares que siguen las ideas de la capital del reino. Si vuestra excelencia se somete otra vez a la obediencia que debe guardar a nuestro gobierno nacional, y me entrega las armas que haya en esa provincia, yo seré, desde luego, pronto a protegerla, saliendo de garante por su tranquilidad, para que se pueda seguir disfrutando de la antigua paz octaviana que antes poseíamos; pero si se me negase a oír mis sanas proposiciones, no debe extrañar me presente a la fuerza a las puertas de Popayán con el ejército que es a mi mando, para establecer el buen orden con arreglo a las leyes y constitución de la monarquía. Si vuestra señoría quisiere canjear alguno de sus oficiales y soldados por los que yo tengo en esa, podrá proponerme los que quiera de igual clase...

   Contestación dada por el señor general Leiva al anterior oficio... En este concepto y teniendo con él por repetido lo principal que vuestra señoría me dice, añadiré en cuanto al canje de prisioneros, que supuesto que la equidad de vuestra señoría lo indica, la primera proposición que tengo que hacer es, que si se devuelve al general don Antonio Nariño, entregaré por su rescate al coronel, teniente coronel y demás oficiales que constan en la planilla que acompaño, añadiendo cualquier otro u otros que nominalmente desee vuestra señoría de los que hasta cosa de 60 están en mi poder, y por algo distantes de esta ciudad, no puedo fijar su número. Pero si tuviese imposibilidad en ello, convengo por los que vuestra señoría remita de los contenidos en la otra planilla, devolver otros tantos según vuestra señoría exija, aun sin reparar en grados, que parece están a mi favor, poniéndolos a las inmediaciones de esta ciudad para su mayor seguridad, como se acostumbra en estos casos y según el contenido del documento adjunto.

   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

   Popayán, 28 de mayo de 1814.

José de Leiva.

   Señor mariscal de campo don Melchor Aymerich.

   Y bien, señores, ¿es este el lenguaje de un "adocenado charlatán", de un traidor, de un hombre vendido a los enemigos? Que se me presente en toda la República, en los 13 años que llevamos de contiendas con la España por nuestra independencia, otro ejemplar, otro documento como el que acabáis de oír. Pelópidas entre los tebanos se vio en igual situación a la mía; pero si aquel libertador de su patria sufrió como yo, y mantuvo todo su carácter en medio de las prisiones, él no tuvo la desgracia de verse acusado por sus compatriotas por haber pasado personalmente a tratar con el enemigo; aunque hubo la notable diferencia de que aquel hombre extraordinario no se vio, como yo me vi, forzado por la necesidad. El volvió como yo a verse en libertad, y murió peleando contra el mismo que lo había aprisionado, como yo hubiera muerto peleando contra las tropas de Aymerich si se me hubiera permitido cuando lo solicité.

   Parece, señores, que no hay necesidad de abundar de pruebas para desmentir una calumnia que a cuantas partes volvamos los ojos en toda la República, la hallamos desmentida. Pero no será fuera de propósito el que os recuerde estas palabras de la carta del presidente de Quito, don Toribio Montes, escrita a mi mismo hijo, inserta en la Gaceta número 167, y la nota que las acompaña: "Su señor padre de usted continúa en Pasto, y como me ha representado hallarse enfermo de las piernas, le he contestado y prevenido a aquel general se le quiten las prisiones". Ved aquí, dice la nota, confesado por boca del mismo Montes, el tratamiento que el ilustre Nariño ha recibido de él y de Aymerich: "opresión, encierro, calabozos, grillos y cadenas". ¡Y luego se burlan mis enemigos de mis padecimientos! ¡Y se burlan de mis enfermedades! ¡Y se burlan de que hoy mismo estén mis piernas padeciendo, con las cicatrices de aquellos grillos, de aquellas cadenas que me oprimían en Pasto, no seguramente por traidor y criminal, sino por amigo de la libertad y la justicia!

   A la vista, señores, de cuanto he expuesto hasta aquí, de cuanto habéis oído, ¿creéis que esta acusación se ha intentado por la salud de la República, o por un ardiente celo, por un amor a la leyes? No, señores, hoy me conducen al senado las mismas causas que me condujeron a Pasto: la perfidia, la intriga, la malevolencia, el interés personal de unos hombres que, por despreciables que sean, han hecho los mismos daños que el escarabajo de la fábula. En Pasto, al concluir la campaña, porque ya era el último punto enemigo para llegar a Quito, se me hace una traición, se me desampara, se corta el hilo a la victoria, y por sacrificarme, se sacrifica la patria. ¡Qué de males van a seguirse! ¡Cuántas lágrimas, cuánta sangre va a derramarse! ¡Qué calamidades va a traer a toda la República este paso imprudente, necio, inconsiderado! No hablo, señores, ante un pueblo desconocido; hablo en medio de la República, en el centro de la capital, a la vista de estas mismas personas que han sufrido, que están sufriendo aún los males que ocasionó aquel día para siempre funesto. Yo me dirijo a vosotros y al público que me escucha. ¿Sin la traición de Pasto hubiera triunfado Morillo? ¿Se habrían visto las atrocidades que por tres años continuos afligieron este desgraciado suelo? ¿Hubieran Sámano y Morillo revolcádose en la sangre de nuestros ilustres conciudadanos? No, señores, no, siempre triunfante habría llegado a Quito, reforzado el ejército, vuelto a la capital, y sosegado el alucinamiento de mis enemigos con el testimonio de sus propios ojos; hubiéramos sido fuertes e invencibles. Santa Marta, antes que llegase Morillo, habría sido sometida a la razón, y sin este punto de apoyo, Morillo no habría tomado a Cartagena, y esta capital habría escapado de su guadaña destructora. Y después que se sacrificó mi persona, los intereses de la patria y se inmolaron tantas inocentes víctimas por viles y ridículas pasiones, ¿se me acusa de haber sido sacrificado quizá por algunos de los mismos que concurrieron a aquel sacrificio? Sí, yo veo entre nosotros no sólo vivos sino empleados y acomodados, a muchos de los que cooperaron a aquella catástrofe; y Gómez y Azuero, que en aquel tiempo ni aun sus nombres se conocían, no son ahora sino los instrumentos de que se valen, para traernos quizá nuevas calamidades. Hoy se quieren renovar por otro estilo las escenas de Pasto; hoy por sacrificarme se volverá a sacrificar la patria, pues existen los mismos gérmenes, muchas de las mismas personas, los mismos odios, la misma emulación, el mismo espíritu de personalidades, la misma necedad y ceguera que entonces nos perdió. Pero no. ¡Dios supremo, a cuya vista no se puede ocultar el corazón del hombre, levantad vuestro brazo omnipotente y descargadlo sobre mi cabeza, antes que yo vuelva a servir de pretexto a los enemigos de la patria para sus inicuas maquinaciones! ¡Perezca yo en este instante, perezca mil veces, si he de servir de pábulo para que se vuelva a ver afligida mi adorada patria!

   Exhibo, señores, esta esquela de desafío del teniente coronel José María Barrionuevo en prueba de lo que acabo de decir. (Se lee).

   Deteneos un momento, señores, en su contenido, en su fecha y en la persona que me la dirige. Entre ocho y diez de la mañana del día 12 de febrero entrego la comandancia general de armas, recibo esta esquela y veo partir a su excelencia el vicepresidente para su hacienda de Hato Grande. Suponed, señores, que yo, menos sumiso a la leyes, con menos desprecio a preocupaciones y con menos previsión de las consecuencias de este asesinato premeditado, hubiera admitido el desafío, ¿cuáles habrían sido los resultados? Si mato a Barrionuevo, su excelencia vuelve, me manda arrestar, se me sigue la causa y se me sentencia a muerte. Si Barrionuevo por una casualidad me mata, estando ausente el jefe del gobierno, ¿creéis señores, que mi muerte, a manos de un ingrato español, se habría visto con indiferencia en la ciudad? ¿Creéis que la vista de mi ensangrentado cadáver no habría causado ningún movimiento contra el agresor? Y si Barrionuevo en un conflicto echa mano de la artillería que tiene a su disposición, ¿qué hubiera sido de esta ciudad? Este Barrionuevo es el mismo que se quedó el día de la acción de "Las Cebollas"; el mismo que de los primeros se vino el día que me abandonaron en Pasto, arrastrando consigo una porción de tropa del segundo campamento; es el mismo que me insultó el día del juicio de los jurados; el que me ha dado mil disgustos durante mi comandancia de armas; sí, el mismo que dio de bofetadas al anciano Urisarri en medio de la calle a las once del día; el que ofreció de palos al mayordomo de propios de la ciudad, y el que hace su fortuna apaleando a nuestros obreros, como lo hacía cuando grababa el escudo de armas de su paisano Sámano. ¡Y las leyes se violan, y la seguridad del ciudadano se atropella, y se ultraja a los superiores! ¡Y Barrionuevo se pasea, y Barrionuevo campea en la ciudad con descanso! ¡Y Barrionuevo se ríe y hace alarde de la protección del gobierno! Juntad, señores, yo os lo suplico, los procedimientos de este solo hombre con la presente acusación de que me estoy defendiendo, y el lenguaje de ciertos papeles públicos de algún tiempo a esta parte; y juzgad si tengo razón para decir que se quieren renovar los días funestos de Pasto, y que por sacrificarme a mí se volverá a sacrificar la patria.

   Permitidme ahora, señores, que en medio de este santuario de las leyes lea sólo las precisas palabras de la que Barrionuevo ha infringido y que está en vigor entre nosotros, para que sirva de prueba de lo que se me esperaba si hubiera admitido su desafío, y de las penas en que él ha incurrido.

   "Pragmática sobre duelos y desafíos. Por si hubiere quien se desviare de mis justas y paternales intenciones—dice la ley—, declaro primeramente por esta inalterable ley y real pragmática, que el desafío o duelo debe tenerse y estimarse en todos mis reinos, por delito infame-, y, en su consecuencia de esto, mando que todos los que desafiaren, los que admitieren el desafío, los que intervinieren en ellos por terceros o padrinos, los que llevaren carteles o papeles con noticia de su contenido, o recados de palabra para el mismo fin, pierden irremisiblemente por el mismo hecho, todos los oficios, rentas y honores que tuvieren, y sean inhábiles para tenerlos toda su vida... y si el desafío o duelo llegare a tener efecto, saliendo los desafiados o alguno de ellos al campo o puesto señalado, aunque no haya riña, muerte ni herida, sean sin remisión alguna castigados con pena de muerte y todos sus bienes confiscados". (Ordenanza militar, página 243, mandada observar por el artículo 188 del título 10 de la constitución).

   En vista de esta terminante ley, ¿estaría yo hoy hablando en el senado, cualquiera que hubiera sido el resultado del desafío?... Pero no nos distraigamos más del asunto principal. Examinemos el tercer punto de acusación.

   El tercer cargo que se me hace es la falta de residencia que exige la constitución por haber estado ausente, dice Diego Gómez, "por mi gusto y no por causa de la República". Nada más bello, señores, nada más conforme con las ideas del señor Diego Gómez que este cargo. Sí, señores, él acaba de correr el velo a esta maldita intriga; él os descubre las intenciones, las miras, la razón y la justicia con que se me han hecho los otros cargos. Por mi gusto dejé de ser presidente-dictador de Cundinamarca; por mi gusto de ser general en jefe de los ejércitos combinados de la República; por mi gusto perdí 20 años de sacrificios hechos a la libertad, las penalidades de ocho meses de marchas y el fruto de las victorias que acababa de conseguir; por mi gusto abandoné la patria, las comodidades de mi casa, la compañía de mis amigos y mi numerosa familia; por mi gusto desprecié el amor de los pueblos que mandaba, para irme a sentar con un par de grillos entre los feroces pastusos que a cada hora pedían mi cabeza; por mi gusto permanecí allí 13 meses sufriendo toda suerte de privaciones y de insultos; por mi gusto fui transportado preso entre 200 hombres hasta Guayaquil, de allí a Lima, y de Lima, por el Cabo de Hornos, a la real cárcel de Cádiz; por mi gusto permanecí cuatro años en esta cárcel, encerrado en un cuarto, desnudo y comiendo el rancho de la enfermería, sin que se me permitiese saber de mi familia. ¿No os parece, señores, que es más claro que la luz del día, que yo he estado ausente por mi gusto y no por causa de la República? ¡Que no le dé al señor Diego Gómez y a sus ilustres compañeros de acusación un antojo semejante! ¡Cuánto ganaría la República con que tuvieran tan buen gusto! Pero no es sólo este mi gusto depravado el que justifica la acusación que se me hace; yo veo sentados en este mismo senado, en donde se me niega el asiento, a personas que no han tenido este tipo, y que no obstante no las han creído mis acusadores dignas de su censura, porque parece que la verdad es lo que más aborrecen.

   Aquí pudiera detenerme a citar algunos ejemplos que acabasen de comprobar que este cargo no sólo es ridiculo sino injusto; pero no merece detenernos en él; todo el mundo sabe que bajo el aspecto constitucional en todo el curso de mi vida, no he estado una sola hora ausente de mi patria. Un asunto más grave va a llamar vuestra atención.

   Cuando me presenté en Cúcuta como diputado por la provincia de Cartagena, y como vicepresidente interino de la República, nombrado por el presidente Libertador, ya tenía las mismas tachas que se me objetaron después para ser senador. Luego que se instaló el congreso me volvieron a nombrar vicepresidente con totalidad de votos. Yo quiero ahora suponer verdaderas y justas estas nulidades, y, por consiguiente, como impedimento para obtener algún empleo en la República. El congreso, pues, ha sido nulo como instalado por un hombre impedido que no lo pudo instalar, y por lo mismo no tenemos constitución, ni senado a donde yo debiera sentarme; sin que sirva la respuesta de que antes de instalarse el congreso no había constitución que lo prohibiese, porque para un "criminal", como dice el acta, para un hombre que se "entrega voluntariamente al enemigo", no se necesita constitución para no admitirlo en un empleo de tanta importancia como el de la vicepresidencia, y la vicepresidencia en semejantes momentos. No hay medio, señores, no lo hay por más vueltas que se le quiera dar a esta reflexión. El congreso se instaló en virtud del decreto de 1° de mayo, que proveí como autorizado por el artículo 5° del reglamento de convocación; se instaló con mi concurrencia como diputado por la provincia de Cartagena, y se instaló por el poder ejecutivo de la República que yo ejercía, y que era entonces indispensable para su instalación; conque o no hubo congreso legítimo, o es preciso declarar como el mayor atentado la acusación hecha contra mí, que pude darle existencia al primer cuerpo de la República, sin que se me pusiera ninguna objeción.

   Decir que pude ser vicepresidente para instalar el congreso y que no puedo ser después ni ciudadano de Colombia, es suponer que yo he cometido crímenes después de instalado. Yo era el mismo cuando instalé el congreso; el mismo el día que el congreso, en vista del nombramiento hecho por el Libertador, me confirmó y mandó continuar interinamente. Era el mismo el día que salió empatada la votación para vicepresidente en propiedad, que el día que se me eligió de senador. Conque sí siempre he sido el mismo; si no puedo ser senador, tampoco vicepresidente, y si no pude ser vicepresidente, ¿quedaría instalado el congreso? Si podía instalarse sin la concurrencia del poder ejecutivo que yo ejercía, ¿por qué no se instaló antes que yo llegase? ¿Por qué se iba ya disolviendo y retirándose a sus casas muchos de sus miembros? Y si el congreso fue legítimamente instalado, ¿qué responden mis acusadores?, ¿qué responden los que apoyaron esta acusación? Pero ya habéis visto, señores, completamente desvanecidos los tres cargos que con poca reflexión se me han objetado para que pudiera tener el honor de sentarme entre vosotros; ya habéis visto comprobado con documentos incontestables que es falso que sea deudor al Estado; que es falso que deba a diezmos ni debiera el año de 10, pues el año de 98 se dio carta de lasto a los fiadores; que es falso que mi fianza sólo alcanzara a $80.000 cuando era ilimitada; que es falso que deba a dichos fiadores, pues aunque lastaron, también percibieron bienes que excedían la cantidad del lasto; que es falso que me entregara voluntariamente al enemigo en Pasto, y que, últimamente, es falso que haya estado ausente por mi gusto y no por causa de la República, y por consiguiente falso cuanto contiene el acta de acusación. De esta acusación propuesta por dos hombres que, como el incendiario del templo de Efeso, han querido hacer sonar sus nombres oscuros, ya que no lo podían hacer por sus propios méritos. Si la acusación hubiera tenido por objeto la salud de la República, a pesar de ser contra mí, a pesar de su notoria injusticia, yo, lejos de quejarme, me hubiera defendido tranquilamente y les hubiera celebrado su celo y escrupuloso amor a la patria. Pero cuando sólo los ha movido un vil y arrastrado interés personal, unas pasiones vergonzosas y contrarias al sosiego y bien público, la indignación del corazón más tranquilo no puede dejar de manifestarse. Y si no que nos digan estos nuevos Eróstratos, ¿por qué habiendo en la República, en el seno del gobierno, en la cámara, en este mismo senado, otros hombres a quienes quizá con justicia se les pueden hacer objeciones y cargos, sólo han desenrrollado su celo contra mí? ¿Sólo para mí se han hecho las leyes? ¿Sólo para el empleo de senador tienen fuerza estas objeciones? La vicepresidencia de la República a quien deben Gómez y Azuero los empleos que indignamente ocupan hoy, ¿no habría merecido iguales objeciones? Pero entonces no hubieran figurado en el congreso que con la vicepresidencia instalé; entonces no habrían sido ministros de la corte de justicia; entonces no habrían tapado sus trampas y rapiñas; entonces —y esta es una de las pruebas demostrativas del interés personal por que han intentado esta acusación—: "como vicepresidente les fui útil y callaron, como senador les puedo perjudicar y entonces hablan".

   Y en vista de semejante escandalosa acusación comenzada por el primer congreso general y al abrirse la primera legislatura, ¿qué deberemos presagiar de nuestra República? ¿Qué podremos esperar para lo sucesivo si mis acusadores triunfan o que se quedan impunes? Por una de esas singularidades que no están en la previsión humana, este juicio que a primera vista parece de poca importancia, va a ser la piedra angular del edificio de vuestra reputación. Hoy, señores, hoy va a ver cada ciudadano lo que debe esperar para la seguridad de su honor, de sus bienes, de su persona; hoy va a ver toda la República lo que debe esperar de vosotros para su gloria. En vano, señores, dictaréis decretos y promulgaréis leyes llenas de sabiduría; en vano os habréis reunido en este templo augusto de la ley, si el público sigue viendo a Gómez y Azuero sentados en los primeros tribunales de justicia, y a Barrionuevo insultando impunemente por las calles a los superiores, al pacífico ciudadano, al honrado menestral. En vano serán vuestros trabajos y las justas esperanzas que en vuestra sabiduría tenemos fundadas. Si vemos ejemlos semejantes en las antiguas repúblicas, si los vemos en Roma y Atenas, los vemos en su decadencia, en medio de la corrupción a que su misma opulencia los había conducido. En el nacimiento de la República romana vemos a Bruto sacrificando a su mismo hijo por el amor a la justicia y a la libertad; y en su decadencia, a Clodio, a Catilina, a Marco Antonio sacrificando a Cicerón por sus intereses personales. Atenas nació bajo las espigas de Ceres, se elevó a la sombra de la justicia del Areópago, y murió con Milcíades, con Sócrates y Foción. ¿Qué debemos esperar, pues, de nuestra República si comienza por donde las otras acabaron? Al principio del reino de Tiberio ‐dice un célebre escritor— la complacencia, la adulación, la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarios a todos los que quisieron agradar; así, todos los motivos que hacen obrar a los hombres, los apartaban de la virtud, que cesó de tener partidarios desde el momento que comenzó a ser peligrosa. Si vosotros, señores, al presentaros a la faz del mundo como legisladores, como jueces, como defensores de la libertad y la virtud, no dais un ejemplo de la integridad de Bruto, del desinterés de Foción y de la justicia severa del tribunal de Atenas, nuestra libertad va a morir en su nacimiento. Desde la hora en que triunfe el hombre atrevido, desvergonzado, intrigante, adulador, el reino de Tiberio empieza y el de la libertad acaba.

   Bogotá, 14 de mayo de 1823.

Antonio Nariño 7.


NOTAS:
1   Por segunda vez se publica esta defensa íntegra, copiada del original. Las partes suprimidas en el folleto que Nariño hizo imprimir en 1823, van en letra bastardilla, (Nota de los editores).   
2   Leída el acta de acusación pedí permiso para que todo el que quisiera pudiera presentarse en la barra y acusarme.
3   Citado en la defensa en páginas anteriores.
4   En esta ciudad se halla el señor Francisco Camacho, que ha referido a muchas personas haber oído de boca del mismo general Aymerich, que dos veces tuvo la orden de pasarme por las armas, (Nota de Nariño).
5   El mismo general Nariño puso la nota anterior por no conocer el documento en que consta que fue mandado fusilar, que se halla en el archivo del historiador Restrepo, y que a la letra dice:
   Sin embargo de cuanto tengo prevenido a vuestra señoría antes de ahora sobre don Antonio Nariño, procederá usted a examinarle con precaución y prolijidad para saber el estado del gobierno de Santafé, sus fuerzas en los diferentes puntos, su armamento, ideas, medios que será conveniente tomar para la pacificación, el paradero o destino que ha llevado la tropa que hizo fuga desde Pasto con Cabal. Todo con el fin de que no ignoremos los proyectos y maquinaciones de que ha de estar bien impuesto Nariño. Verificado esto a la mayor brevedad, poniéndolo por escrito y que lo firme, sin darle antes conocimiento al mismo ni a otra persona, procederá vuestra señoría después a poner en capilla a don Antonio Nariño, bien asegurado con un par de grillos, la custodia correspondiente, y que los oficiales de guardia no se separen y sean responsables de su persona durante los tres días.
   Dios guarde a vuestra señoría muchos años.
Toribio Montes.
   Quito, 23 de mayo de 1814.
   Señor don Melchor Aymerich.
Reservado
   Excelentísimo señor:
   En el momento en que iba a poner en ejecución la orden de vuestra excelencia para la decapitación de don Antonio Nariño, evacuadas las preguntas indicadas en oficio reservado de 23 del próximo pasado, he recibido la contestación de la intimación que hice a don José Ramón de Leiva, política y militarmente, cuyos papeles originales adjunto para inteligencia de vuestra excelencia, como tenía ofrecido. Con este motivo me he asociado conferencialmente con el coronel don Tomás de Santacruz, quien es de dictamen suspenda la deliberación hasta segunda disposición, para que vuestra excelencia, con vista de estos documentos, resuelva si se ha de realizar el castigo. El mismo coronel Santacruz me encarga apunte a vuestra excelencia a su nombre, medite bien un asunto de tanto momento [sic] y tenga en consideración el riesgo que quedan corriendo nuestros prisioneros, la fermentación de aquel obstinado partido y cuanto ha manifestado en su oficio de contestación. Por mi parte me mantego aguardando la pronta vuelta de este propio para cumplir con lo ordenado.
   Pasto, 4 de junio de 1814.
   Excelentísimo señor Melchor Aymerich.
   Excelentísimo señor:
   Es incluso un papel de don Antonio Nariño, en que da los medios de conciliación que pide la séptima pregunta que le hice y no se quiso decidirse a resolverla en el interrogatorio, por no exponerlo a perder su mérito, con la divulgación, la cual haría sospechoso a su autor y quedaría sin efecto el proyecto que propone, pues temía se revelase la confianza por algún miembro de esa secretaría, en la cual viola el sigilo de cuanto se hace, lo cual me ha manifestado y por lo mismo lo paso con igual reservación.
   Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
   Pasto, 5 de junio de 1814.
   Excelentísimo señor
Melchor Aymerich.
   Queda con un par de grillos. Es la una del día.
   Excelentísimo señor presidente y capitán general de Quito.

6   Documento número 18.
7   El original de la defensa de Nariño fue donado a la Casa-Museo 20 de Julio de 1810 por el doctor Eduardo Santos (Del autor). Casa-Museo 20 de Julio de 1810.

98
EL TENIENTE BARRIONUEVO DESAFIA A DUELO AL GENERAL NARIÑO

ANTONIO NARIÑO NOTIFICA AL ALCALDE ORDINARIO E INSTAURA DEMANDA CONTRA BARRIONUEVO. Bogotá, 16 de mayo de 1823.

Antonio Nariño.

   (Del original)

   Señor alcalde ordinario:

   El general Antonio Nariño, ante usted conforme a derecho, dice: que como parece de la adjunta esquela que con la solemnidad debida presenta, el teniente coronel José María Barrionuevo lo ha invitado a un desafío, señalándole tiempo, lugar y armas con que debían reñir; y como este delito sea de los que traen consigo el desafuero y corresponden a la jurisdicción ordinaria su conocimiento, como se previene por el artículo 1°., título 2°., tratado 8°., de las ordenanzas militares mandadas observar entre nosotros por el artículo 188 del título 10 de la constitución, le pone demanda en forma y lo acusa para que usted, conforme sólo a lo que se previene en la pragmática sanción de 16 de enero de 1716, inserta en las ordenanzas militares, proceda contra el citado teniente José María Barrionuevo como en ella se previene, previo el reconocimiento de la esquela y firma, que así es de justicia, por la cual a usted suplico provea y mande que en lo necesario juro, etc.

   Bogotá, 16 de mayo de 1823.

Don Manuel María B. Alvarez, Antonio Nariño,
Cayo Angel, (firmados).

   Para la providencia a que haya lugar, pase en asesoría al doctor Francisco Ugarte.

Lasso,
(firmado).

   Proveyóse por el señor alcalde ordinario de primera nominación.

   Bogotá, 16 de mayo de 1823.

Mendoza,
(firmado).

   En el mismo día, yo el escribano hice saber lo proveído al señor general Antonio Nariño en la casa de su morada.

Nariño,
Mendoza,
(firmados).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

99
DICTAMEN SOBRE EL ASUNTO DE BARRIONUEVO

EXPEDIDO POR FRANCISCO J. DE UGARTE, QUE EXIGE AL TENIENTE CORONEL BARRIONUEVO SU PRESENTACION EN EL JUZGADO. Bogotá, 20 de mayo de 1823.

Francisco J. de Ugarte,
Lasso, Mendoza.

   Señor alcalde ordinario:

   El artículo 1°., título 2°, tratado 8°. de las ordenanzas del ejército, mandadas observar por el 188 del título 10 de la constitución, previene lo siguiente: "El individuo dependiente de la jurisdicción militar (de cualquiera especie o calidad que sea) que incurriere en los delitos de resistencia formal a la justicia o desafío probado en el modo que prescribe la pragmática expedida en 16 de enero de 1716, inserta al fin de este tratado, perderá el fuero de que goza y quedará (por la calidad de semejante exceso) sujeto al conocimiento de la justicia ordinaria del territorio en que le cometa, con inhibición absoluta de la jurisdicción militar de que naturalmente dependa".

   La citada pragmática coloca este delito en la clase de los de prueba privilegiada en que bastan testigos singulares, indicios y conjeturas. Prestando pues la esquela que se acompaña mérito bastante, y siendo vuestra merced juez competente en el particular (según estas disposiciones), soy de dictamen mande que el señor José María Barrionuevo practique el reconocimiento que se pide por el señor general Antonio Nariño, y hecho según lo que resulte, proceda con arreglo a ellos mismos. Este es mi sentir, y así podrá usted determinarlo si tiene a bien conformarse con él.

   Bogotá, 17 de mayo de 1823.

Doctor Francisco J. de Ugarte,
(firmado).

   De conformidad con el antecedente dictamen, pásese oficio al señor comandante general para que preste su consentimiento a fin de que el señor José María Barrionuevo se presente en este juzgado a hacer el reconocimiento de su esquela.

Lasso,
(firmado).

   Proveyóse por el señor alcalde ordinario de primera nominación.

   Bogotá, 20 de mayo de 1823.

Mendoza,
(firmado).

   Se ofició conforme se previene.
   (Hay una rúbrica).

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

100
CARTA DE NARIÑO AL VICEPRESIDENTE SANTANDER

INFORMA HABER RECIBIDO EN RAQUIRA LA CARTA QUE SANTANDER LE ENVIO. PERDIDA DE SU VISION Y ESTADO DE SALUD. Leiva, 12 de octubre de 1823.

Antonio Nariño.

   Leiva, 12 de octubre de 1823.

   Al excelentísimo señor vicepresidente de la República

   Bogotá.

   Mi apreciado general y amigo.

   Sumamente atrasada recibí en Ráquira su apreciable carta, la que me sirvió de la mayor satisfacción, tanto por sus amistosas expresiones como por las agradables noticias que me comunica. Yo realmente me mejoré mucho del pecho, pero cada día se me empeora la vista, en términos de que apenas veo hoy lo que estoy escribiendo. Me he pasado a este lugar porque en Ráquira, entrado el invierno, ya no podía salir de una pequeña pieza, encerrado día y noche. Si aquí sigue la vista al mismo paso, antes que concluya el año habrá concluido toda la naturaleza para mí.

   Quisiera corresponder a usted escribiéndole muy largo, pero usted se hará cargo de que éste es el mayor veneno para los ojos. No escribo tampoco al Libertador porque el doctor Marcos me ha dicho que siguió a Lima; pero si usted le escribe, le estimaría le dijera cómo me hallo. De todos modos, siempre quedo con las mayores veras su atento estimador y amigo,

Nariño.

FUENTE EDITORIAL:
Cortázar, Roberto. Correspondencia dirigida al general Santander, v. IX, Bogotá, D.E., talleres editoriales de la Librería Voluntad, 1967, p. 13.

101
CARTA DE SANTANDER AL GENERAL NARIÑO

MANIFESTACION DE AMISTAD. NOTICIAS DEL LIBERTADOR Y DE ESPAÑA. PROXIMA INSTALACION DEL CONGRESO. Bogotá, 22 de octubre de 1823.

Francisco de Paula Santander.

   Bogotá, 22 de octubre de 1823.

   Mi apreciado general amigo:

   Yo no escribo a usted para que me conteste, pues sería una imprudencia hacerle trabajar con sus enfermos ojos; escribo porque esta es prueba de amistad.

   Positivamente se fue el Libertador el 7 de agosto de Guayaquil llevando 1.700 hombres. Toda la provincia de Arequipa está ya en poder del ejército de Santacruz, y Sucre se fue a reunírsele con 3.000 hombres. De Lima han emigrado con Canterac todos los caballeros cruzados y casi todos los titulados. Es buena fortuna para Lima haberse purificado de un modo tan decente y tan inequívoco.

   Lo que va mal es lo de España. Morillo hizo lo que Abisbal, y no se podía esperar otra cosa de un servil tan antiguo. La Corceña está bloqueada y atacada; Cádiz bombardeada; Mina es el que aún se mantiene imponente en Cataluña, pues del ejército de Ballesteros desertan soldados para los franceses. Hay guerrillas constitucionales, pero ?ué pueden hacer todavía de provecho sin el apoyo de un ejército de operaciones? San Sebastián, Barcelona, Pamplona, Tarragona, aún subsisten por los constitucionales. Estas son las noticias recibidas hoy por Cartagena y las más frescas que traen las Gacetas de Londres. Yo temo el restablecimiento del poder absoluto de Fernando y la continuación de la guerra contra América, y le temo mucho más al oro de la Francia. Quiera Dios que instalemos el congreso el 2 de enero para que podamos pensar en nuestra suerte, y obrar como si nada tuviésemos que esperar de la Inglaterra. Cuando usted tenga lugar no deje de indicarme algunas observaciones en esta espinosísima materia, porque muchos ojos ven más que pocos, y aquí no se trata de vista material, que desgraciadamente ya le falta a usted.

   Repito a usted que soy su apreciador y atento servidor amigo,

F .de P. Santander.

   Benemérito general Antonio Nariño, etc1.


NOTA:
1   Casa-Museo 20 de julio de 1810. Sala Nariño, donde se conserva por donación del doctor Eduardo Santos (Del autor).

102
CARTA DE NARIÑO A SU HIJA MERCEDES

SALUDOS Y ENCARGOS FAMILIARES. IMPEDIMENTO DE VIAJE POR MAL TIEMPO. Leiva, 29 de octubre de 1823.

Antonio Nariño.

   Leiva, 29 de octubre.

   Chata mía:

   Tu carta con el tafetán ha llegado ahora junto con la última tuya. Te devuelvo la carta de Sánchez Borda para que Antonio le mande poder a Cobaleda para que lo estire, haciendo que redima, o asegure a toda satisfacción principal y réditos. Maneja esta como que te ha de pertenecer.

   A Isabelita y José María que no les escribo por mis ojos, que los pienso y que agradecí, y me he almorzado las salchichas, que están muy buenas, que hagan mi cariño en mi nombre a Gregorito.

   Yo sigo así, así, y quisiera irme si no hiciera tan mal tiempo. Devuelve las saludes a las señoras Ibáñez y a las Oíanos, salada a Antonio, hazle mil cariños a Dolorcitas y a Ricardo y tú no dudes de lo que te quiere

Tu padre.

   (A la vuelta:)

   Pídele a Antoñito todos los papeles de la adjudicación que están por duplicado, para que manden a Cobaleda los míos y guarden los otros.

   Van dos mochilitas para que se guarden las onzas de la ferrería.

   Encargo: La niña de la casa, que tú conoces, quiere que te encargue a ti una peineta de última moda, o cachucha, según aquí la llaman. Solicítala.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.

103
CARTA DE NARIÑO A SU HIJA ISABEL

SALUDOS Y ENCARGOS FAMILIARES. Leiva, 16 de noviembre de 1823.

Antonio Nariño.

   Cubierta:

   Para Isabel Nariño de Sáiz,
   calle o esquina del Carmen.
   Con dos toches. Bogotá.

   Leiva, 16 de noviembre.

   Mi querida Isabelita:

   No puedo escribir a todos a un mismo tiempo, y en la última a Mercedes te pongo media carta; pero para contentarte, y que veas que no eres la hija que menos quiero, mando este peón en derechura a tu casa con dos toches tan buenos que vale cada uno una onza, y ellos entretendrán los ratos de doña Gregoria, a quien saludo y remito el escapulario del Carmen. Dile que no se lo quise mandar de lujo porque son muy carrasposos y le lastimaría el pecho, que no quiero que por mi mano haga penitencia, pues yo no la hice en comerme las torticas. También va otro para ti; y otro para doña Ignacia, que se lo ponga en su lugar.

   Te remito otro para tu tía Dolores, a quien dirás que no le escribo porque no puedo escribir siempre a todos; que sigo mejor, pero sin vista.

   Remito esa cajita y carta para Mercedes; y ese paquete de bisnagras para que las repartas con Antoñito, Vicente, Eugenia, Trinidad, Antoñita y Mercedes, y le des una a María del C. Ortega.

   Dile a José María que tenga esta por suya, que siento esté enfermo, aunque no se me dice de qué. Saluda uno por uno a todos y nunca dudes del amor que te profesa

Tu padre.

   Lleva el peón también una olla de aceitunas para que tu tía Dolores haga el convite o las reparta.

   Mercedes te dará el pañuelo y los escapularios.

FUENTE EDITORIAL:
Hernández de Alba, Guillermo. Cartas íntimas del general Nariño, ob. cit.


104
CARTA DE NARIÑO A MANUEL M. QUIJANO

INFORMA SOBRE EL ESTADO DE SU SALUD. PLAN DE VIAJE A SOGAMOSO Y TUNJA. Leiva, 27 de noviembre de 1823.

Antonio Nariño.

   Leiva, 27 de noviembre de 1823.

   Mi siempre apreciado amigo:

   De intento no he querido escribir a usted por ver lo que el tiempo daba de sí y poderle dar una razón no equívoca de mi salud. El pecho se ha mejorado sensiblemente y adquirido más fuerzas y robustez, pero la vista se ha empeorado en la misma proporción. He observado que hay una dilatación de la pupila, no a la vista de los otros, sino porque recogiéndola en un tubo o con la mano veo más claro. Tengo una porción de vidrios verdes, pero aquí es tan fuerte la refracción de la luz, que al quitarlos siento el golpe y no los puedo aguantar siempre puestos. También creo que la sequedad del temperamento influye y pienso irme para Sogamoso pasando por Tunja para ensayar la tierra fría con respecto al pecho. En Pacho me eché una infusión acuosa de ruda y aquí sólo me he bañado con agua y un poco de agua de colonia.

   Como estoy inmediato a Vélez, me tomo la libertad de mandar a usted, con un peón que saldrá mañana, una arroba de bocadillos y un zurroncito del célebre masato blanco para que se lo coma en mi nombre.

   Yo estaré allá al fin del año, y quién sabe si mis ojos me permitirán ir al senado porque no soy Timoleón, aunque me aplique sus palabras, pero de todos modos sí soy su afectísimo amigo.

Nariño.


105
DIARIO DE LOS ULTIMOS DIAS DE LA ENFERMEDAD DE NARIÑO

DESDE EL 9 DE DICIEMBRE HASTA EL 13 DEL MISMO MES, EN QUE FALLECIO. Villa de Leiva, 13 de diciembre de 1823.

Juan G. Gutiérrez.

DIARIO

   De la enfermedad y asistencia del señor general Antonio Nariño, desde el día 9 del presente diciembre a las siete y media de la noche hasta el 13 del mismo, en que falleció.

   El día 9 a las nueve y media, como he dicho, llegué a esta Villa y en el momento pasé a visitar al enfermo; por su relación y la de los asistentes me impuse que desde el 3 le había acometido la epidemia que infesta actualmente el país con síntomas bastante funestos como delirio, síncopes, vigilias, privación absoluta del gusto; que hacia los días 6 y 7 había sentido alguna mejoría, que el 8 recrudeció la enfermedad, padeciendo el 9 un fuerte ataque de hemoptisis, de modo que se vio próximo a expirar: que habiéndose recobrado un tanto se le administraron los santos sacramentos, continuando, no obstante, el esputo de sangre, el horror a los alimentos, principalmente los fáciles de digerir y una suma debilidad en cuyo estado lo hallé a la hora indicada. Después de haberle examinado atentamente su estado pasado, y presente su idiosincrasia, etc., arreglamos el método curativo, previniéndome formalmente no le hiciese la menor aplicación sin su consentimiento, a cuya condición me fue preciso sujetarme, considerando que si me retiraba, no había otro que me reemplazara y quedaría sin un profesor que le ayudara a dirigir su tratamiento en circunstancias tan apuradas; en efecto, era el último momento, yo solamente proponía al señor general los medicamentos que juzgaba convenientes, y él elegía o desechaba, según su parecer. Establecimos, pues, un método que satisficiera las dos urgentes indicaciones que se presentaban, a saber: aumentar las fuerzas sin irritar, y quitar y moderar el flujo sanguíneo, empleando para llenar estos objetos los vulnerarios tonificantes, refrigerantes, y cardíacos, como los huevos con zumos de berros, llantén, borraja y fumaria, cuya composición, me dijo, siempre la había usado con éxito feliz; con el preparado en caldo de pollo, cebada y arroz; ligeras fomentaciones de ron y triaca; algunas embrocaciones de vino, aguardiente y grama; derivativos a los pies, y gelatina de patas de cordero. No quiso tomar por agua común el cocimiento que le propuse de consuelda mondada, llantén y raíz de ortiga blanca, sino agua natural. No se conformó tampoco con el alimento que le propuse de caldos y sopas claras, sino que dijo que debían ser más fuertes, como lo hizo después. También quedaron indicados los caldos de cangrejos y las salsas de verdolagas.

   10. En este día disminuyó el esputo sanguinolento, pero no la postración de las fuerzas, en cuya atención se agregó al método anterior genciana en el caldo; tocados en el estómago; paños de vino a los muslos, con lo que se reanimó considerablemente, renaciendo el apetito, con lo cual comió sin mi aprobación caldos de huevos, que también pidió fritos, duraznos, y ajiaco de turmas.

   11 Se varió el plan por haber amanecido con mucha tos y bastante fiebre; se suprimieron algunos analépticos o restaurantes, y se le administraron algunas pociones de cocimiento de cebada y grama, con unas gotas de espíritu de vino dulce alternando con la decocción de corteza de raíz de malvavisco y goma arábiga; se le quitó enteramente la fiebre, y casi del todo la tos. Este día, después de administrarle la extremaunción, y calmados los síntomas, como digo, montó a caballo contra el voto común; a pesar de esto, siguió la mejoría en tales términos, que no solamente se quitaron la tos, el esputo y fiebre, sino que hasta las 24 horas no volvió a arrojar ni una ráfaga de sangre; pasó muy buena noche.

   12. Continuó la mejoría, y se seguía el mismo método con algunas pequeñas modificaciones, pero a las once volvió a montar, a las doce tomó caspiroleta, y pichón asado, y a la tarde bebió agua pura en exceso, y casi en seguida tuvo una fuerte apirexia o escalofrío, renovándose consecutivamente la tos, el flujo de sangre, el desasosiego y todos los síntomas de muerte. Desde el 11 comenzó a tomar leche de burra recién ordeñada, con signos muy sensibles de aprovechamiento. La noche de este día fue cruel, pues la tos, el esputo, el colapsus fueron continuos; se le dio la goma de andragato, tisanas ligeramente astringentes, y por último, un poco de opio cuya dosis el mismo señor Nariño graduó, pero todo inútilmente.

   13. En este fatal día amaneció casi exámine; sin hallársele absolutamente el pulso, que había sido siempre pequeñísimo, y todas las cosas, en fin, en el último extremo; a las diez y media tuvo paroxismos mortales, se acumularon todos los auxilios que se pueden proporcionar en estos pueblos tan escasos de recursos, por cuyos medios se le prolongó la vida hasta las cinco de la tarde, en que, con la mayor serenidad de ánimo, y en todo su juicio, pagó su tributo a la naturaleza.

   Villa de Leiva, 13 de diciembre de 1823.

Doctor Juan G. Gutiérrez,
(firmado).

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de historia y antig??des.

106
ENTIERRO DE NARIÑO

RECIBOS, CUENTAS Y RELACION DE GASTOS. Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823.

Fray Custodio Páez,
prior.
Vicente Antonio Franco,
José Antonio Cuervo, Manuel Parada,
Juan Salvador Morales,
Agustín Medina,
Miguel Espinel, Julio Bermón,
José María Forero, José María de Arias.

   Entierro de Nariño.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 1.

   Recibí del señor vicario $16, 1/2 real de las tres misas de alma del señor general don Antonio Nariño y responsos y acompañamiento en los dos entierros que se le hicieron; y para que conste doy el presente que firmo ut supra.

Fray Custodio Páez,
prior.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 2.

   Recibí del señor doctor José María de Arias, cura vicario de esta Villa, $16 de los derechos de sacristán, por el entierro y exequias del finado señor general don Antonio Nariño, que se entienden campanas, cruces, incienso, etc.; y para que conste doy y firmo el presente como sacristán, sustituto del mayor.

Vicente Antonio Franco.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 3.

   Recibí del señor cura y vicario de esta villa, doctor José María Arias, seis pesos y tres reales, que se invirtieron en arreglo de la bóveda del difunto señor general Antonio Nariño para cubrir la bóveda, inclusive 80 ladrillos de listón y 13 palitos de cal y costo de peones, y para que conste doy el presente y firmo.

José Antonio Cuervo.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 4.

   Nos los infrascritos cantores y músicos recibimos del señor don José María Arias, cura y vicario de esta villa, $ 10 del servicio de canto y música de las exequias del entierro del cadáver del señor general Antonio Nariño, y para que conste damos y firmamos el presente.

Manuel Parada,
Juan Salvador Morales,
Agustín Medina.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 5.

   Recibí yo, el infrascrito, de mano del señor vicario, doctor José María Arias, cura rector de esta villa, la limosna de cinco pesos por una misa que apliqué por el alma del general Nariño, y dos diaconaduras en los dos días de sus funerales. Firmo la data y recibo.

Miguel Espinel.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 6.

   El señor cura y vicario de esta Villa de Leiva me dio cinco pesos por misa y diaconadas en el entierro del señor general Nariño, difunto, y para que conste doy el presente hoy 16 de diciembre de 1823.

Julio Bermón.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 7.

   Recibí del señor cura y vicario, doctor don José María Arias, tres pesos y tres reales y medio, a saber: ocho reales de una misa que apliqué, 17 1/2 reales del alquiler y llama de 30 luces de cera, y dos reales de incienso. Y para que conste firmo.

Fray Diego Silva.

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823. Número 8.

   Recibí del señor cura y vicario $21,4 1/2 reales, importe de la cera en los entierros del señor general Antonio Nariño, y para que conste firmo.

José María Forero.

   Cuenta de los gastos en los dos entierros que se han hecho al señor general Antonio Nariño.

   Por $50 que corresponden a la santa iglesia parroquial por los derechos de fábrica
$50
   Número 1. Por $17, 1/2 real, que corresponden a la comunidad de agustinos por las tres misas de alma y su asistencia en los entierros
17,1/2
   Número 2. Por $16 pagados al sacristán mayor por sus derechos de cruz, campanas, etc., en todas las exequias
16
   Número 3. Por el trabajo de un oficial de albañil y cinco peones para arreglar y cubrir la bóveda donde se depositó el cadáver
6,3
   Número 4. Por los derechos pagados a los cantores y músicos en todas las exequias
10
   Número 5. Por cinco pesos dados al doctor Miguel Espinel por la aplicación de una misa el día del fallecimiento y dos veces que diaconó
5
   Número 6. Por cinco pesos pagados al señor doctor Fulgencio Bermón por la aplicación de una misa y dos veces que diaconó
5
   Número 7. Por tres pesos, 3 1/2 reales que se han dado al reverendo padre fray Diego Silva, por la aplicación de una misa y unas ceras que prestó
3, 3 1/2
   Número 8. Por $21,4 1/2 reales que se han entregado al mayordomo de la cofradía de Nuestra Señora por el alquiler de la cera y consumo
21,4 1/2
   Por dos pesos pagados a los acólitos en todas las exequias funerales
2
   Suma
$136 1/2

   Villa de Leiva, 16 de diciembre de 1823

José María de Arias.

FUENTE EDITORIAL:
Boletín de historia y antig??des, v. XXIX, N°. 335-336, septiembre de 1942, p. 929-931.

107
CONTESTACION DE ANTONIO NARIÑO ORTEGA A UN ARTICULO PUBLICADO EN EL CORREO DE BOGOTA

POLEMICA CON UN DEFENSOR DEL GOBIERNO. REARGUMENTACION Y EXPOSICION EN DETALLE DE LO ESCRITO EN MANIFIESTO ANTERIOR. 1823.

Antonio Nariño y Ortega.

   Contestación que el ciudadano Antonio Nariño y Ortega da a la crítica que con el nombre de Uno del público se ha hecho en el Correo de Bogotá, número 170.

   Pan y vino

   Al señor Uno del público

   Cuando leí, señor "Uno", su chocarrero papel contra mi manifiesto, no pude menos que admirar su atrevimiento en meterse a defensor del gobierno, pues se conoce que no tiene usted ni las menores nociones, no digo sobre estas materias, pero ni aun sobre el idioma que habla. Las leyes, mi amigo, no se han hecho, ni se hacen para los ángeles, sino para los hombres que tienen pasiones, si fuéramos ángeles no necesitaríamos leyes; pero en una República como la nuestra, estas leyes obligan tanto a los gobernados como a los gobernantes, y usted y yo somos de los primeros y cuando los gobernantes nos oprimen, tenemos el derecho de quejarnos, como que nos duele porque no somos ángeles. Mas entre los dos hay la diferencia de que usted se queja por los dolores de otro, y yo me quejo por los míos. Veamos cuál de los dos tiene razón.

   Me dice usted que soy ligero e injusto porque digo que los pasos del señor Márquez se daban a la vista del gobierno, y esta última palabra la toma usted en un sentido tan material que mide allá según sus alcances la distancia que hay de aquí a Mompós, para hacerme entender que el gobierno no podía alcanzar a ver tan lejos. Si solo tuviera que contestar a usted aquí lo dejaría, pero es preciso satisfacer al público, y decirle que yo no entiendo, no puedo entender cómo es que unos procedimientos tan públicos y escandalosos, que todo el mundo los sabía en esta ciudad a 160 leguas de Mompós, sólo el gobierno los ignorara, y que si no los ignoraba, cómo es que no ponía remedio sin ser un tribunal de justicia. Pero hay más, en el día en que hablamos, aún se está riendo el señor Márquez, sigue en Mompós, y sigue con nuevo destino en las armas. Yo no hablo de memoria en mi manifiesto; hablo con documentos y no los he insertado todos por no aumentar costos de imprenta, creyendo suficientes los que se han dado al público. ?ree usted, señor Uno, que porque el poder ejecutivo no es tribunal de justicia, no es tampoco el conservador de las leyes y de la constitución? ?ree usted que a ciencia y paciencia del gobierno se pueden infringir las leyes, sin que se pueda poner remedio? ? negará usted que el señor Márquez las ha infringido? ? negará usted que en el día es pública y notoria esta infracción? ? negará usted que aún no se ha puesto remedio? Y si todo esto es cierto como la luz del día, ?n qué está mi ligereza e injusticia cuando digo que esto se ha hecho a la vista del gobierno? Pero me olvidaba que usted entiende por vista del gobierno lo que un hombre alcanza a ver con sus ojos. No obstante, aquí me vienen como de molde sus mismísimas palabras que voy a transcribir letra por letra: ¿"O hay leyes o nos las hay"?, dice usted, "si las hay, es preciso cumplirlas REVIENTE EL QUE REVENTARE, y si no las hay, sepámoslo claramente para ver lo que hacemos y en qué paramos". No vale todo mi manifiesto estas dos líneas de usted y le perdono algunas de sus chocarrerías por estas cuatro palabras que si las hubiera estampado para mi defensa, no le habrían salido tan bien. Convenimos en esto, y es lo que yo reclamo. Pero no sucede lo mismo con su opinión sobre el decreto del gobierno.

   El decreto, señor mío, se ha puesto a mi solicitud y a mi favor; cuando no he hecho uso de él es seguramente porque no me convenía, y esto basta sin que nos metamos en más análisis, pues si hubiera creído que me podía aliviar en la situación en que me veía, hubiera hecho uso, como que para esto lo solicité. Pero no puedo dejar de observar que usted hace suposiciones de lo que yo quería, para luego responderlas a su modo. Lo que yo quería era justicia y el resultado ha hecho ver que la pedía con razón. La libertad y seguridad personal tanto la merecemos, dice usted, los ciudadanos que no gobernamos, como los que gobiernan. ? cree usted después de haber leído mi tierno manifiesto que yo disfruté en Mompós de esta seguridad? Esta es, mi buen amigo, la seguridad que se goza en Tetuán y en Constantinopla y la que no le deseo a usted a pesar de la buena voluntad que me profesa. Pan pan y vino vino, señor Uno. Usted ya no puede dudar que yo estaba inocente, que he sufrido más de un mes de cárcel y la detención de mi cargamento, que ninguna satisfacción se me ha dado y que el señor Márquez sigue riéndose en su comisión. ?erá esta la libertad y seguridad personal que usted nos dice que debemos gozar los que no gobernamos? Por esto es por lo que yo digo que usted no sabe lo que habla. También advierto en estas notables palabras de su papel: entiendan las leyes los que gobiernan y las observen los gobernados. No sé lo que saldrá si cambiamos estas mismas expresiones: entiendan las leyes los gobernados y que las observen los que gobiernan. Porque en último resultado unos y otros estamos obligados a guardarlas.

   Sigue usted luego burlándose de mis padecimientos y de mi amor filial. ?ómo se conoce que usted no ha probado en su vida lo que son cárceles, calabozos y grillos y que su moral y la mía están no sólo a 160 millas de distancia, sino a 2.000! Yo no he alegado méritos ni padecimientos en mi manifiesto para hacer solicitudes y buscar fortuna: he traído el pasaje de Santa Marta por la singularidad de haberlo presenciado el señor Márquez y para comparar su conducta con la de nuestros antiguos sátrapas. Mas quisiera saber qué quiere decir aquello de que recuerdo mis servicios a la patria mientras hubo patria, porque esta expresión me parece muy dura: ella quiere decir, si mal no me engaño, que ahora no hay patria y ya usted ve, señor defensor del gobierno, cómo escribiendo sin reflexión y sin juicio, usted le da un bofetón que nos alcanza a todos y que dará mucho gusto a nuestros enemigos. ?ómo ciegan las pasiones! ?ué lástima es que usted no se quite la máscara y sepamos si usted antes de que hubiera patria, antes del año de diez ya había padecido por ella, como yo desde que nací! Pero aguardemos a hablar de esto cuando usted se anime a decirnos su nombre, porque por las señas que nos da en la conclusión de su bella defensa del gobierno, no puedo dar en qué especie de pájaro será usted, que tira la piedra y esconde la mano. Nos dice que es empleado... bueno: aunque de los menos conocidos... mejor: que se cree obligado a vindicar al gobierno... lo ha vindicado muy mal; que no aspira a ascensos, así será; que es amigo de la justicia... no lo creo; que es enemigo de mentiras y frases malignas... estas mismas frases malignas y mentiras están diciendo lo que es.

   Pero aguardemos, repito a saber con quién las tengo y entonces sabrá usted lo que entiendo por patria, porque patria he servido y cómo he servido, pues yo puedo decir con verdad lo que Sancho: desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano.

Antonio Nariño y Ortega 1.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, Fondo Pineda, v. 883, fol.476.

NOTA:
1   Bogotá. Imprenta de Espinosa.

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CARTA DE LOS HIJOS DE NARIÑO AL LIBERTADOR

PETICION DEL MEDIO SUELDO QUE DEVENGO ANTONIO NARIÑO COMO TENIENTE GENERAL DESDE 1814 HASTA 1821. Bogotá, 20 de febrero de 1829.

Antonio Nariño, Vicente Nariño,
Isabel Nariño, Mercedes Nariño.

   Excelentísimo señor Libertador presidente:

   Los que suscribimos tenemos la honra de representar a vuestra excelencia que, sin embargo de que lo consideramos enteramente ocupado de los graves e importantes negocios del gobierno, nuestra triste y penosa actual situación nos impulsa a molestar por un momento la superior atención de vuestra excelencia.

   Desde mucho antes de la feliz regeneración de la República en 1819, debida a los heroicos esfuerzos de vuestra excelencia, yacíamos sumergidos en los desastres y calamidades consiguientes a la guerra y al embargo y secuestro de todos nuestros bienes por el gobierno español; sobrellevando al mismo tiempo el insoportable peso de hallarnos separados de nuestro difunto sus enemigos en la campaña de 1814, fue conducido y arrastrado preso a España, donde fue sepultado en una cárcel y tratado inicuamente hasta 1820, que una imprevista casualidad pudo proporcionarle el momento de la fuga, logrando a favor de mil trabajos y empeños conseguir su restauración a Colombia en 1821, en que vuestra excelencia se sirvió dispensarle el encargo de vicebia en 821, en que vuestra excelencia se sirvió dispensarle el encargo de vicepresidente interino de la República. Después de esta época, agobiado de infinitos males habituales que había contraído en las prisiones, fue por fin víctima de ellos, sin que a su muerte nos pudiese dejar otro patrimonio que un glorioso ejemplo de amor a la patria, por quien padeció constantemente y sufrió de cuantos modos son imaginables desde el año de 1794.

   Nosotros, que absolutamente no contábamos con otro apoyo, nos vimos de repente privados de él y en el crítico estado a que la suerte nos tiene reducidos, que cargados de numerosa familia que sostener, no nos queda otro recurso que apelar a la acreditada bondad y justificación de vuestra excelencia como el único que puede remediar nuestras desgracias.

   Nosotros, excelentísimo señor, aunque [en] repetidas ocasiones nos hemos visto por todas partes afligidos de la miseria, nunca habíamos querido importunar al gobierno de ningún modo, atendiendo siempre al estado escaso del erario público [sic] y a las urgencias de la guerra; pero siendo ya imperiosas nuestras necesidades y estando ya vigente la ley de postliminio, dada en 1824, que nos favorece, y que terminantemente expresa que el abono del sueldo del prisionero se haga conforme al grado que disfrutaba al tiempo de su prisión, pedimos, como legítimos herederos del general Nariño, que vuestra excelencia, por un acto de justicia y de generosidad, nos mande satisfacer la mitad del sueldo que devengó desde 1814 en [que] fue prisionero, hasta 1821 en que se le incorporó a las banderas de la República, conformo a dicha ley, a razón del sueldo de teniente general de1 ejército que era nuestro padre, como se comprueba de su título en la adjunta certificación; pero queriendo conciliar los intereses públicos con los propios nuestros y atendiendo al mismo tiempo a las urgencias del tesoro, pedimos que este pago se haga parcial y mensualmente de una cantidad repartible entre los interesados, sin perjuicio de que, mejoradas algún tanto las circunstancias de la República, podamos reclamarla en su totalidad.

   Así, pues, excelentísimo señor, persuadidos nosotros, como lo estamos, de que vuestra excelencia se convencerá de la justicia y necesidad de nuestra reclamación y de que no se desdeñará de hacerlos un servicio, que una ley clara y terminante le permite, junto con las extraordinarias facultades que la nación entera le ha concedido.

   A vuestra excelencia respetuosamente suplicamos se sirva decretar, como llevamos pedido, que en ello recibiremos merced y justicia.

   Bogotá, 20 de febrero de 1829.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño, Vicente Nariño,
Isabel Nariño, Mercedes Nariño.

   (Al margen) Estado mayor general libertador.

   Cuartel general en Quito, a 25 de abril de 1829.

   Pase esta solicitud al excelentísimo señor ministro de la guerra para que de acuerdo con el consejo de ministros se resuelva lo justo y arreglado a las leyes.

   De orden de su excelencia el jefe,

T. C. Mosquera.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo secretaría de guerra y marina, t. 141, fol. 834-835.

109
CERTIFICACION SOBRE EL NOMBRAMIENTO DEL GENERAL NARIÑO

   Bogotá, 20 de febrero de 1829.

Juan de Dios Solano.

   Juan de Dios Solano, tesorero principal de hacienda del departamento de Cundinamarca, por el supremo gobierno de la República, etc.,

Certifico:

   Que en el libro de tomas de razón de despachos militares que llevó esta tesorería en el año 1813, a la hoja 1a se halla una del tenor siguiente: "Por despacho de 28 de junio de 1813, por el serenísimo colegio electoral se nombra por teniente general de los ejércitos de Cundinamarca al granadero distinguido del batallón de Defensores de la Patria, don Antonio Nariño. El cúmplase en la misma fecha, y se tomó razón en 30 de ídem. Urisarri", y a pedimento verbal de los interesados y para los efectos que convengan, doy la presente en Bogotá, a 20 de febrero de 1829.

Juan de Dios Solano.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 837 recto y vuelto.

110
CERTIFICACION DEL ARZOBISPO CAYCEDO SOBRE PRISION DE NARIÑO EN CADIZ

Bogotá, 7 de junio de 1829.

Fernando,
arzobispo de Bogotá.

   Nos el doctor Fernando Caycedo y Flórez, por la gracia de Dios y de la santa sede apostólica, arzobispo de Bogotá, etc.,

Certifico:

   De modo que haga fe ante los señores donde esta fuere presentada: que hallándome confinado y preso en España con otros varios americanos, estaba al mismo tiempo preso, en la cárcel pública de Cádiz, el general de división señor Antonio Nariño; el cual permaneció en dicha prisión, lleno de miserias y necesidades y confundido allí con los criminales, hasta marzo de 1820, en que de hecho nos vimos en libertad por el alboroto de la Isla de León. Igualmente me consta que en todo el transcurso de la prisión de dicho señor general, permaneció siempre fiel a la causa de la independencia de Colombia, sin que hubiese hecho solicitud ni reclamación alguna de aquel gobierno para obtener su libertad. Del mismo modo sé, que inmediatamente después que se le sacó de la cárcel en donde estaba sepultado, el gobierno español circuló requisitorias para que en el momento se le volviese a reducir a prisión, por no entenderse con él el decreto que se había dado de libertad para los demás presos; por cuya razón tuvo el mencionado señor general que salir huyendo precipitadamente a Gibraltar, de donde salió para Inglaterra, con el objeto de proporcionarse algunos medios de regresar a Colombia, por no poder hacerlo en derechura de aquel punto por la suma escasez de recursos en que se hallaba, después de tan dilatada prisión, sin que en ella, ni para su transporte, hubiese recibido el menor auxilio pecuniario, ni de ninguna clase. Es todo cuanto me consta y sé del referido general Nariño.

   Y para los efectos que convenga a pedimento verbal de los interesados y en obsequio de la verdad y de la justicia, firmo la presente en la ciudad de Bogotá, a 7 de junio de 1829.

Fernando,
arzobispo de Bogotá.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 839 recto y vuelto.

111
CERTIFICACION DEL PRESBITERO RODRIGUEZ SOBRE PRISION DE NARIÑO EN CADIZ

Bogotá, 9 de junio de 1829.

Andrés Rodríguez,
presbítero.

   El doctor Andrés Rodríguez, presbítero,

Certifico:

   Del modo que haya lugar y haga fe ante señores donde esta fuese presentada: que en febrero de 1819 en que llegué a Cádiz con otros americanos, estaba al mismo tiempo preso, en la cárcel pública de aquella ciudad, el general de división señor Antonio Nariño, el cual permaneció en la referida prisión entre todo género de necesidades y miserias y en tal estrechez que, para comunicarse conmigo, con el objeto de saber noticias de su familia y del estado de su patria, hubo de valerse del médico que lo asistía. Así estuvo confundido con los criminales hasta marzo de 1820, en que recobró de hecho su libertad por el alboroto de la Isla de León. También me consta que en todo este transcurso de tiempo el general Nariño se mantuvo siempre consecuente con sus principios y fiel a la causa de la independencia de su patria, sin que hubiese solicitado nunca del gobierno español el menor favor para obtener su libertad.

   Igualmente sé que, luego que hubo salido de la prisión en que se hallaba, aquel gobierno circuló requisitorias para prenderlo por no estar comprendido en el decreto de libertad que se había expedido; por cuyo motivo salió huyendo para Gibraltar y de allí pasó a Inglaterra, en donde se mantuvo hasta que adquirió algunos recursos para pasar a Colombia, pues carecía de todos por la escasez y la miseria que había sufrido en su prisión, en la que sólo recibió, en todo su transcurso, la pensión ordinaria que se les concedía a los demás presos.

   Es cuanto me consta y debo decir en obsequio de la verdad acerca del referido general Nariño, y para los efectos que haya lugar y a pedimento verbal de los interesados, firmo la presente en

   Bogotá, a 9 de junio de 1829.

Andrés Rodríguez.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 840 recto y vuelto.

112
CARTA DE LOS HIJOS DE NARIÑO AL GENERAL URDANETA

ASUNTO RELACIONADO CON LA PETICION DE RECLAMO DE SUELDOS DEL GENERAL ANTONIO NARIÑO. RESOLUCION DEL GENERAL URDANETA. Bogotá, 10 de junio de 1829.

Antonio Nariño, Vicente Nariño,
Mercedes Nariño, Isabel Nariño.

   Rafael Urdaneta.

   Excelentísimo señor ministro de la guerra, general en jefe Rafael Urdaneta. Bogotá, 10 de junio de 1829.

   Con la nota de vuestra excelencia de fecha 4 del presente hemos recibido la solicitud y documento adjunto que dirigimos a su excelencia el Libertador presidente, reclamando los sueldos de nuestro difunto padre Antonio Nariño por el tiempo que estuvo prisionero de guerra en el gobierno español.

   Impuestos pues de la resolución marginal decretada por su excelencia el Libertador a dicha solicitud y de lo acordado por el supremo consejo de ministros sobre ser indispensable presentar, con arreglo a la ley de la materia, los documentos necesarios para acreditar el tiempo que el general Nariño estuvo prisionero y que siempre conservó el carácter de tal, acompañamos los documentos que en la citada nota de vuestra excelencia se indican, devolviendo nuevamente la expresada solicitud y el adjunto documento para la resolución conveniente.

   Los documentos que van señalados con el número 1 acreditan suficientemente que nuestro padre fue hecho prisionero el día 14 de mayo de 1814.

   Los del número 2 comprueban, de un modo evidente, que desde el día de su prisión hasta el de su libertad permaneció siempre fiel a la causa de la independencia de Colombia, sin someterse a ninguna acción indigna de su clase, conservando constantemente el carácter de su representación a pesar de la crítica y miserable situación a que se hallaba reducido.

   Los documentos que están señalados con el número 3 justifican el uno, su regreso a Colombia a principios de 1821, por cuya causa lo felicitaba su excelencia el Libertador; y el otro, que es el acta de instalación del congreso constituyente del Rosario de Cúcuta, comprueba que el 6 de mayo de 1821 fue el día en que legítimamente se incorporó a las banderas de la República, por ser desde dicho día en que empezó a percibir el sueldo que le correspondía como vicepresidente interino de la República.

   Nosotros, excelentísimo señor ministro, abundaríamos de pruebas si no creyésemos bastantes las que ahora presentamos y si la premura del tiempo y la publicidad de los hechos de que se trata no fuese tan conocida de todos como lo es en realidad.

   Por tanto, señor ministro, esperamos de la benignidad de vuestra excelencia que poniéndolo todo en conocimiento del supremo consejo de ministros a que vuestra excelencia tan dignamente corresponde y confiados muy fundadamente en la imparcialidad y rectitud de los miembros de que él se compone, aguardamos que vuestra excelencia se sirva hacer que recaiga una resolución favorable por ser conforme a justicia y arreglada a la precitada ley; mayormente si se atiende a la deplorable situación que nos rodea.

   Con los más cordiales sentimientos de afecto y de respeto tenemos la honra de ofrecernos de vuestra excelencia sus más obedientes servidores, que besan su mano.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

Antonio Nariño, Vicente Nariño,
Mercedes Nariño, Isabel Nariño.

   (Al margen superior). Comunicado al ministerio de hacienda en 20 de ídem y al secretario general del Libertador en 22 de ídem.

   Del oficio de la secretaría general del excelentísimo señor Libertador, fecha en Popayán a 13 de diciembre de 1829. Número 140.

   (Al margen) Bogotá, 20 de junio de 1829.

   Visto en consejo de gobierno este expediente, resulta: 1°, que el difunto general de división Antonio Nariño fue hecho prisionero de guerra el día 14 de mayo de 1814. 2°, que sucesivamente fue conducido a España, donde se le mantuvo preso en una de las cárceles de Cádiz como un reo de Estado hasta marzo de 1820, en que de hecho recrobró su libertad. 3°, que siempre fue consecuente a sus principios y fiel a la causa de la libertad e independencia de su patria. 4°, que luego que pudo regresó a Colombia y se incorporó al ejército el día 6 de mayo de 1821. Y considerando: 1°, que los sueldos devengados por los militares en la época pasada de la República no se han mandado satisfacer, por cuanto quedó pendiente en el congreso la consulta que el gobierno le hizo sobre el particular; 2°, que para cubrir los correspondientes al año de 1816 hasta 15 de febrero de 1819 se asignó un haber militar por la ley de 29 de septiembre de 1821, pagadero en bienes nacionales; 3°, que dichos bienes han sido posteriormente aplicados al pago de réditos y gradual amortización de la deuda nacional, siendo una parte de ésta lo que se adeuda por lo correspondiente al referido haber militar, se declara, que el general Nariño tuvo derecho a ser comprendido en los artículos 1° y 4° de la ley de postliminio. En virtud de esta declaratoria, los hijos legítimos del general Nariño son acreedores a la mitad del haber militar de aquel en su clase de general de división y al medio sueldo de la misma desde 16 de febrero de 1819 hasta el día 6 de mayo de 1821 en que se incorporó al ejército, conforme a las leyes y decretos que han regido desde entonces. Por el tiempo corrido desde el 14 de mayo de 1814 hasta principios de 1816 nada se le liquidará, porque aún no ha sido resuelta por el congreso la consulta que se le hizo sobre este punto. Por lo respectivo al pago de la mitad del haber militar, no estando en las facultades del consejo de gobierno disponerlo, consúltese a su excelencia el Libertador presidente para si tiene a bien hacer una gracia particular a los interesados. Y en cuanto al medio sueldo declarado desde 16 de febrero de 19 hasta 5 de mayo de 21, se mandará hacer el correspondiente ajustamiento y se dispondrá su pago como lo permitan las circunstancias.

   Por su excelencia,

Urdaneta.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 829 recto y 830 vuelto.

113
CERTIFICACION DE FRANCISCO PARDO SOBRE BATALLA DE PASTO EN 1814

SOLICITUD DE CERTIFICACION POR ANTONIO NARIÑO ORTEGA. CONTESTACION. Bogotá, 10 de junio de 1829.

Antonio Nariño, Francisco Pardo,
José de Arce.

   Señor general, comandante general:

   Antonio Nariño, de esta vecindad, ante vuestra señoría con mi acostumbrado respeto, hago presente: que para asuntos que me convienen se ha de servir la justificación de vuestra señoría, dar el competente permiso para que el capitán de milicias don Francisco Pardo pueda certificar a continuación todo lo que sepa y le conste, acerca de la prisión que sufrió mi padre en la derrota del ejército del sur en la acción de Pasto.

   Por tanto y siendo de justicia, a vuestra señoría suplico provea como solicito.

Antonio Nariño.

   (Al margen) Bogotá, 10 de junio de 1829.

   Pase esta representación al señor mayor de plaza, coronel José Arce, para que reciba declaración al capitán Francisco Pardo sobre el asunto a que se contrae esta solicitud, y hecho, devuélvasele al interesado.

París.

   En la plaza de Bogotá, a 10 de junio, compareció el capitán, grado de segundo comandante, Francisco Pardo, en virtud del anterior decreto del señor comandante general, y previo el juramento de ordenanza prometió bajo su palabra de honor exponer la verdad en cuanto fuese interrogado, y siéndolo con arreglo al anterior pedimento del cual se le impuso, dijo: que habiendo caído prisionero el que declara vio en Pasto en igual estado al señor general Antonio Nariño, que esto procedió el día 14 de mayo de 1814, que es cuanto le consta y puede declarar en obsequio de la verdad, y para que así conste, firma con él en aquella plaza; exponiendo ser de edad de 36 años, sin generales.

José Arce,
Francisco Pardo.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 838 recto y vuelto.

114
CERTIFICACION DE JOAQUIN PARIS SOBRE CONDUCTA DEL GENERAL NARIÑO EN LA BATALLA DE PASTO

Bogotá, 10 de junio de 1829.

Joaquín París.

   Joaquín París, de los libertadores de Venezuela, Nueva Granada y Quito, condecorado con la Cruz de Boyacá y comandante general del departamento de Cundinamarca,

Certifico:

   Que el día 13 de mayo de 1814, día de la gloriosa batalla de Tacines, siguió el presidente Antonio Nariño a ocupar la ciudad de Pasto con unos 400 hombres, entre los cuales se hallaba el que suscribe; que inmediatos ya a la ciudad encontramos una tenaz resistencia que un número considerable de tropas nos oponía, con multitud de gente del país [territorio], haciendo un destrozo grande en nuestras tropas; que ya casi de noche quedó el presidente con unos pocos hombres, y tuvo que tomar la montaña por haber sido cortado, hallándose entre ellos el infrascrito, y se dirigieron al campo donde había quedado el ejército, a donde llegaron a las 5 de la mañana, poco antes que el presidente, quien se dirigió al mismo punto por el camino real, todos con el objeto de reunirnos y volver. Pero, al llegar a él, hallamos el campo abandonado, los cañones clavados, los equipajes destrozados y, en fin, todos los indicios de una fuga del ejército casi intacto, efectos de un terror pánico por haberse rugido que habían sido destruidos los 400 hombres que mandaba el general, como porque se aseguró que había muerto, pues lo vieron caer herido del caballo que le mataron; que habiendo el que suscribe, con algunos de sus compañeros, alcanzado los fugitivos, que corrían hacia Popayán, reunidos, pero sordos a todas las insinuaciones que los indujeran a volver a salvar a su general que se batía con los enemigos, y recobrar su honor que tan vergonzosamente habían perdido, y no pudiendo conseguirlo sino que continuaban en retirada, fue éste el momento en que quedó envuelto el ilustre general Antonio Nariño y prisionero sin poderlo [evi]tar, a pesar de sus esfuerzos, pues se batió hasta que le mataron los pocos soldados que le quedaban.

   Es cuanto me consta, y para que obre los efectos convenientes a pedimento verbal de los hijos del ilustre general Antonio Nariño, firmo la presente en Bogotá, a 10 junio de 1829.

Joaquín París.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 836 recto y vuelto.

115
OFICIO DE RAFAEL URDANETA

RELACIONADA CON LA PETICION DE LOS HIJOS DE NARIÑO SOBRE CONCESION DE MEDIO SUELDO DE SU PADRE. Bogotá, 22 de junio de 1829 19.

Rafael Urdaneta.

   Número 91. República de Colombia. Ministerio de Estado en el departamento de la guerra. Sección central. Bogotá, a 22 de junio de 1829 19°

   Al señor secretario general de su excelencia el Libertador presidente.

   Con fecha 20 del corriente he dicho al señor ministro secretario de Estado en el departamento de hacienda lo siguiente: "Tengo la honra de participar a vuestra señoría, como que debe cumplirse por el ministerio de su cargo la resolución que ha recaído en un pedimento, que con documentos me han dirigido los hijos del difunto general Antonio Nariño reclamando el pago de sueldos por el tiempo que estuvo prisionero de guerra, en los dominios del gobierno español y está concebida en estos términos: visto en consejo de gobierno este expediente, resulta: 1°, que el difunto general de división Antonio Nariño fue hecho prisionero de guerra el día 14 de mayo de 1814; 2°, que sucesivamente fue conducido a España, donde se le mantuvo preso, en una de las cárceles de Cádiz, como un reo de Estado, hasta marzo de 1820, en que de hecho recobró su libertad; 3°, que siempre fue consecuente a sus principios y fiel a la causa de la libertad e independencia de su patria; 4°, que luego que pudo regresó a Colombia y se incorporó al ejército el día 6 de mayo de 1821; y considerando: 1°, que los sueldos devengados por los militares, en la época pasada de la República, no se han mandado satisfacer por cuanto quedó pendiente en el congreso la consulta que el gobierno le hizo sobre el particular; 2°, que para cubrir los correspondientes al año de 1816 hasta 15 de febrero de 1819 se asignó un haber militar por la ley de 29 de septiembre de 1821, pagadero en bienes nacionales; 3°, que dichos bienes han sido posteriormente aplicados al pago de réditos y graduar la amortización de la deuda nacional, siendo una parte de ésta lo que se adeuda por lo correspondiente al referido haber militar. Se declara que el general Nariño tuvo derecho a ser comprendido en los artículos 1° y 4° de la ley de postliminio; en virtud de esta declaratoria, los hijos legítimos del general Nariño son acreedores a la mitad del haber militar de aquél en su clase de general y al mismo sueldo de la misma desde 16 de febrero de 1819 hasta el día 6 de marzo de 1821, en que se incorporó al ejército, conforme a las leyes y decretos que han regido desde entonces. Por el tiempo corrido desde 14 de mayo de 1814 hasta principio de 1816 nada se le liquidará, porque aún no ha sido resuelta por el congreso la consulta que se le hizo sobre este punto. Por lo respectivo al pago de la mitad del haber militar, no estando en las facultades del consejo de gobierno disponerlo, consúltese a su excelencia el Libertador presidente para si tiene a bien hacer una gracia particular a los interesados; y en cuanto al medio sueldo declarado desde 16 de febrero de 19 hasta 5 de mayo de 1821, se mandará hacer el correspondiente ajustamiento y se dispondrá su pago como lo permitan las circunstancias'. Esta resolución se ha arreglado a la ley de 29 de julio de 1824, de cuyo literal sentido no ha podido separarse el consejo. Hay sin embargo ejemplares de haberse declarado íntegramente el haber a algunos militares por el tiempo en que estuvieron en poder del enemigo, como sucedió con el que hoy es general de brigada, Joaquín París, en el año de 1825, con el capitán Martín Franco y el capellán que fue del ejército, Mariano Fernández, en el año de 1826 y con otros, en atención a que el enemigo no los consideró como prisioneros de guerra, sino que les hizo sufrir una condición más penosa en clase de soldados o presidiarios y no les abonó sueldo alguno".

   Sírvase vuestra señoría poner en conocimiento de su excelencia el Libertador presidente todo lo ocurrido, para que si tiene a bien disponer en favor de los hijos del general Nariño el pago total de los sueldos que han reclamado, expida su resolución superior.

   Dios guarde a vuestra señoría.

Rafael Urdaneta.

   (En el margen superior) Véase el oficio de contestación por la secretaría general fecha 13 de diciembre de 1829, número 114, donde obran los documentos, y en el legajo de representaciones sueltas del mismo, letra N, hay una nota suelta para manifestar dónde están dichos documentos.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 827 recto y 828 vuelto.

116
CARTA DE LOS HIJOS DE NARIÑO AL LIBERTADOR

INSISTENCIA SOBRE CONCESION DE SUELDOS A FAVOR DE SU PADRE. ARGUMENTACION. Bogotá, 22 de junio de 1829.

Antonio Nariño, Vicente Nariño,
Mercedes Nariño, Isabel Nariño.

   Excelentísimo señor Libertador presidente:

   Los hijos del general Antonio Nariño, ante vuestra excelencia con nuestro acostumbrado respeto, representamos: que en virtud del decreto de vuestra excelencia de 25 de abril último, puesto a consecuencia de la solicitud que en 20 de febrero inmediato pasado le dirigimos, pidiéndole el abono de los sueldos que le correspondían a nuestro difunto padre, del tiempo que estuvo prisionero de guerra bajo el gobierno español, según la ley de postliminio sancionada en 28 de julio de 1824, el consejo de ministros, cumpliendo con dicho decreto y para proveer lo conveniente acerca de la expresada solicitud, nos exigió, por medio del señor ministro de la guerra, los documentos bastantes que sirviesen a justificar el día [en] que nuestro padre cayó prisionero, el tiempo que permaneció preso y el día de su incorporación a las banderas de la República, como lo previene dicha ley, para poder tener derecho a los sueldos que ella designa. Por nuestra parte cumplimos inmediatamente con aquellos requisitos, que se creían indispensables para que la ley tuviese su efecto; pero el consejo, por la suya, no resolvió conforme al sentido literal de ella, sino al de otras prácticas y resoluciones particulares, como lo verá vuestra excelencia por la copia que de dicha resolución se le ha dirigido por el ministerio de la guerra. La ley es tan clara y decisiva, que absolutamente no puede interpretarse de otro modo que del que está concebido por ella. En sus artículos 1° y 4° dice: "'Los individuos del ejército de la República que han sido o fueren hechos prisioneros conservarán el grado y antigüedad que tenían antes de su prisión".

   "A los individuos de que habla el artículo 1°, cuando se haya verificado o se verificare su vuelta y reincorporación a sus banderas se les abonará por el tiempo de su prisión la mitad del sueldo que les corresponda por su grado".

   A la vista, pues, de una ley tan clara y terminante, que no pone excepción alguna de épocas ni de grados, y que no contiene oscuridad ni admite duda ninguna, parece que no había necesidad de consultarla, porque aun cuando hubiese habido otras varias disposiciones anteriores, la ley citada, que ha sido posterior y única sobre prisioneros, nos favorece, concediéndonos como a legítimos herederos los medios sueldos devengados por nuestro padre como teniente general del ejército en el concepto de la ley, desde 14 de mayo de 1814 hasta 6 de mayo de 1821, y no como a general de división, que fue declarado por vuestra excelencia posteriormente, y con tanta mayor razón cuanto que la ley dice que conservarán el grado y antigüedad que tenían antes de su prisión, y que se les abonará por el tiempo de su prisión la mitad del sueldo que les corresponda por su grado.

   Por nuestro relato conocerá vuestra excelencia la justicia que tenemos para reclamar dichos medios sueldos, que ascienden a mucha mayor cantidad de la que importan los de general de división, aun cuando estos fuesen pagados íntegramente; pero por no molestar más la superior atención de vuestra excelencia sobre un negocio que sólo la urgente necesidad de que estamos rodeados nos pudiera obligar a insistir en ello y por no distraer a vuestra excelencia más tiempo de los graves e importantes negocios de que lo creemos ocupado, ocurrimos por la última vez en este asunto a vuestra excelencia, pidiéndole: que nos conceda, como nos parece justo, los dichos medios sueldos de teniente general por el tiempo indicado, pero que en caso de que vuestra excelencia no tenga por conveniente acceder a esta petición, que se nos concedan por lo menos los sueldos íntegros de general de división, desde el 15 de febrero de 1819 hasta 6 de mayo de 1821, y que por lo que respecta al haber militar, que desde 1816 hasta 1819 se ha declarado y le corresponde por su clase, que nos mande pagar también íntegramente en dinero efectivo, por no existir ya fincas ningunas adjudicables del Estado, y porque de nada nos serviría el papel de crédito que en su defecto se nos diese para remediar nuestras actuales necesidades. Si vuestra excelencia tuviese a bien concedernos esta gracia, caso de no acceder a la primera, dejaríamos gustosos los sueldos que debíamos percibir de los años 14, 15 y 16 y dejaríamos también de reclamar cualquiera otra cantidad que por esta rebaja pudiera correspondernos.

   Nosotros nos persuadimos, excelentísimo señor, de que habiéndoseles concedido a casi todos los militares que estuvieron prisioneros el abono íntegro de sueldos y de haberes, como lo expresa el mismo consejo en la precitada resolución, y no habiendo sido nuestro padre de peor condición que aquellos, esperamos que vuestra excelencia accederá a nuestra solicitud; mayormente si se atiende a que el gobierno español nada ha reclamado por los gastos causados en su persona, porque ningunos ha hecho, como se comprueba de las certificaciones que se han presentado al consejo y que acreditan de un modo evidente la suma miseria a que se le tenía reducido. Estas consideraciones y las de que nuestro padre estuvo casi toda su vida trabajando en beneficio de la patria y sufriendo por ella toda clase de privaciones y de incomodidades, parece que reclaman la benignidad de vuestra excelencia hacia nosotros, concediéndonos lo que llevamos pedido. En atención, pues, a todo lo expuesto, y convencidos de la rectitud y bondad de vuestra excelencia, a vuestra excelencia reverentemente suplicamos se sirva acceder a nuestra petición, en lo que recibiremos justicia y merced.

   Bogotá, 22 de junio de 1829.

   Excelentísimo señor.

Antonio Nariño, Vicente Nariño,
Mercedes Nariño, Isabel Nariño.

   (Al margen) Cuartel general en Popayán, a 13 de diciembre de 1829. Resuelto.

   Estése a lo resuelto por el consejo en conformidad de lo dispuesto por mi decreto de 25 de abril y a este en caso de discordancia.

   Por su excelencia,

Espinar.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 831 recto y 835 vuelto.

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OFICIO DE JOSE DE ESPINAR

SOBRE DECLARATORIA A FAVOR DE LOS HIJOS DE ANTONIO NARIÑO. Cuartel general en Popayán, 13 de diciembre de 1829.

José de Espinar.

   República de Colombia. Secretaría general de su excelencia el Libertador. Número 140. Cuartel general en Popayán, a 13 de diciembre de 1829.

   Al excelentísimo señor ministro de Estado del despacho de la guerra.

   Excelentísimo señor:

   En 22 de junio se sirvió vuestra excelencia transcribirme con el número 91 la comunicación que por el ministerio de su cargo se dirigió al de hacienda, comprensiva de una declaratoria a favor de los hijos del señor general Antonio Nariño. Al mismo tiempo que dicha comunicación se recibió un reclamo, elevado a su excelencia el Libertador presidente por los expresados hijos del señor Nariño, contra la resolución del consejo. Y habiendo dado cuenta a su excelencia de una y otro, su excelencia manda se esté a su primera declaratoria, la cual, no teniéndola a la vista, no puede cotejarse con la del consejo. Esta última debe quedar vigente en cuanto no se oponga a aquella y reformarse si hubiese alguna discordancia. Tal es el sentido del decreto estampado en dicha solicitud y con lo que tengo el honor de contestar a la citada nota de vuestra excelencia.

   Dios guarde a vuestra excelencia.

José de Espinar.

   (Al margen superior) General Nariño. Tiene relación con el oficio de la gobernación de Bogotá, fecha 2 de mayo de 1835. Número 55.

   Se comunicó en 28 de enero.

   En virtud de una representación de los señores Nariños se les dio certificado por el señor general Tomás Cipriano de Mosquera como secretario en agosto de 1838.

   (Al margen) Bogotá, 27 de enero de 1830.

   Resuelto en despacho de hoy: que por la secretaría de hacienda se dé [orden] para que se entreguen a los hijos del finado general Antonio Nariño $ 1.800 de la renta de diezmos a buena cuenta de la parte que le toque al Estado de los diezmos del año entrante de 1831, cuyo pago se hará de lo que correspondió al citado general Nariño por el haber militar que se le declaró y que por el resto se dan los documentos respectivos. Borrado íntegro no vale1.

   Por su excelencia el Libertador,

Herrán.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, fondo de guerra y marina, t. 141, fol. 826 recto y vuelto.

NOTA:
1   La resolución original decía: "haber militar íntegro".

118
CARTA DE ANTONIO NARIÑO ORTEGA AL MINISTRO DE ESTADO

FIANZA Y DEUDA PERSONAL. SOLICITUD EN RELACION CON PAGO DE SUELDOS DE SU PADRE. Bogotá, 4 de febrero de 1830.

Antonio Nariño Ortega.

   Señor ministro de Estado y del despacho de hacienda

   Antonio Nariño, de esta vecindad, ante vuestra señoría con mi acostumbrado respeto, digo que siendo fiador del señor Domingo Araos por la cantidad de $1.300 de los réditos vencidos de la hacienda de Márquez y el señor Joaquín Larrarte de $700, por igual fianza; y siéndole yo deudor a este señor de una cantidad, hallándome ejecutado por el gobierno para este pago, como igualmente al señor Larrarte, y estando tanto el como yo en absoluta imposibilidad de poder pagar, como es público y notorio, y siendo mis deseos los de cubrir a mis acreedores, y presentándose la ocasión de que el gobierno se ha dignado mandarme pagar los sueldos retenidos de mi padre en documentos de deuda flotante, parece muy justo que el gobierno me reciba en pago de los $2.000 indicados la parte necesaria de esta deuda; sirviéndose vuestra señoría mandarme dar el resto en los documentos de dicha deuda flotante. Esta solicitud es tanto más justa cuanto que el pago que se me exige es perteneciente a la sección tres, a cuyo objeto está destinado por una ley la satisfacción de estos documentos; habiendo probado por otra parte, ante la corte superior de justicia, no ser legítimo fiador, ni tampoco le ha rematado la finca principal a este pago, como es la hacienda de Márquez, sin cuyo requisito no podíamos ser ejecutados. Sin embargo, por no verme molestado en la satisfacción de esta deuda, a vuestra señoría suplico se digne acceder a esta solicitud, en los términos indicados, y mandando se me cancelase la fianza que está pendiente, pues todo parece de justicia.

   Bogotá, 4 de febrero de 1830.

Antonio Nariño.

   Véase la orden comunicada al prefecto de Cundinamarca con fecha 16 de febrero de 1830.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, ministerio de hacienda, t. 253, fol. 253 vuelto.

119
CARTA DE MERCEDES NARIÑO AL PRESIDENTE

EN RELACION CON SOLICITUD DE SUELDOS RETENIDOS A FAVOR DE SU PADRE. PIDE SE LE ABONE LA SEXTA PARTE DE LO DECLARADO POR EL GOBIERNO. Bogotá, 16 de marzo de 1830.

Mercedes Nariño.

   Excelentísimo señor presidente y demás miembros del consejo de ministros

   Mercedes Nariño, hija legítima del difunto general Antonio Nariño, ante vuestra excelencia, con el mayor respeto, tengo la honra de representar: que habiendo solicitado del gobierno yo y mis demás hermanos, hace más de un año, el que se nos declarasen y mandasen pagar los sueldos que mi difunto padre devengó por el tiempo que fue prisionero de guerra entre los españoles, el gobierno dispuso el que se nos diese el haber íntegro de la clase que le correspondía en documentos de deuda flotante, y una pequeñísima parte en dinero cuando hicimos aquella reclamación (que ha sido la única vez que hemos molestado al gobierno) fue perseguidos de la mayor necesidad, y miseria; y como poco o nada han podido suplirnos los citados documentos la escasez y miseria han quedado mayores que antes. A pesar de todo, como las urgencias mías se han triplicado, antes más grandes que las de mis otros cinco hermanos, y al mismo tiempo me hallo cargada de numerosa familia que sostener e infinitas deudas que pagar, y como mis hermanos están convenidos en que siempre que el gobierno me conceda el pago de la sexta parte que me corresponde ellos ofrecen no gestionar nada para lo que les toca hasta que el gobierno pueda buenamente pagarles, yo por todas estas razones me atrevo a molestar a vuestra excelencia pidiéndole se digne por un efecto de compasión hacia una familia tan desgraciada el que se me mande satisfacer en efectivo la sexta parte que me corresponde; y que si no se pudiere pagar por estos pagos se mande hacer por la tesorería de Medellín, sin perjuicio de ser cubiertos primero los gastos corrientes de aquella caja; o de cualquier otro modo que a vuestra excelencia le parezca mejor.

   Yo espero muy fundadamente de la rectitud y benignidad de vuestra excelencia este acto de humanidad, y también de justicia, de que los dilatados servicios de mi padre pueden merecer alguna consideración de vuestra excelencia en mi actual desamparo. Por tanto, a vuestra excelencia reverentemente suplico se sirva acceder a mi petición, en lo que recibiré merced y gracia.

   Bogotá, 16 de marzo de 1830.

   Excelentísimo señor,

Mercedes Nariño.

   (Al margen) Pide que de lo declarado por el gobierno se le abone la sexta parte en efectivo. Teniendo en consideración los importantes servicios prestados a la causa de la independencia por el difunto general Nariño, sus padecimientos y el estado casi de indigencia a que por consecuencia han quedado reducidos sus herederos, se acude a que por la tesorería provincial de Antioquia, sin perjuicio además, presente abonaciones de abono de estos en dinero efectivo, tomando cierta parte de la que así se le resta por el haber militar declarado a su padre y por los dichos cinco se les libraren los vales correspondientes en los términos que está prevenido comunique al presidente de Cundinamarca, cuyo cumplimiento le comprende. El (?) de vuestra excelencia.

Márquez.

   Cumplido en 23 del mismo.

FUENTE EDITORIAL:
Archivo Nacional de Colombia, sección República, ministerio de hacienda, t. 253, fol. 273 y 274 vuelto.

120
INVITACION A UNA SUSCRIPCION VOLUNTARIA

CON EL OBJETO DE REUNIR FONDOS PARA EL TRASLADO DE LOS RESTOS DEL GENERAL ANTONIO NARIÑO A BOGOTA. Bogotá, 8 de febrero de 1846.

   Las naciones se honran tributando los debidos honores a la memoria de sus grandes hombres: la gloria de estos es una propiedad de su patria. Los restos del ilustre general Antonio Nariño permanecen aún en la Villa de Leiva, donde falleció, y es tiempo de que trasladados a esta capital se eleve sobre ellos un monumento que manifieste que sus conciudadanos no olvidaron hacer justicia a su mérito y servicios. Con tal objeto hemos creído deber hacer una invitación a una suscripción voluntaria a las personas que quieran contribuir a esta obra, como que ella debe ser la inspiración del sentimiento nacional. En la capital se admitirá en la tienda del señor José María Sáiz, segunda calle del comercio; en Antioquia la admitirá el señor Alejandro Arrubla; en Cartagena, el señor Manuel M. Núñez; en Santa Marta, el señor Manuel Abello; en Tunja, el señor Cerbeleón Pinzón. Se dará aviso de los señores que en las otras provincias tengan a bien admitir este encargo. Los señores Manuel Antonio Arrubla y José Ignacio París se han encargado de la ejecución de la obra, luego que se hayan reunido las suscripciones; si ellas excedieren del cálculo hecho para el monumento, con su excedente se imprimirán los escritos de este distinguido granadino.

   Bogotá, 8 de febrero de 1846.

FUENTE EDITORIAL:
Semanario de la Provincia de Cartagena, N° 193. Cartagena, 22 de marzo de 1846, p.7.

121
CARTA DE SU TIO A PEDRO MARIA IBAÑEZ

INFORME SOBRE LOS RESTOS DEL GENERAL ANTONIO NARIÑO Y SOBRE SU TRASLADO AL CEMENTERIO DE BOGOTA. Barranquilla, 20 de marzo de 1891.

W. Ibáñez.

   Barranquilla, 20 de marzo de 1891.

   Señor don
   Pedro M. Ibáñez
   Bogotá

   Muy estimado sobrino:

   Es en mi poder la apreciable carta de usted, fecha 6 del corriente, que tengo el gusto de contestar.

   Agradezco a usted infinito su interés por todo lo que se relaciona con la memoria de mi abuelo Nariño, y sobre todo lo que se refiere a la exhumación de sus restos; y satisfaciendo los deseos de usted me apresuro a darle el informe que usted me pide. Los restos del general Nariño fueron sacados por mi hermano Ramón y por mí en el año de 1857, y fueron encontrados no en la sacristía, sino en el suelo de la iglesia de San Agustín en la Villa de Leiva, muy inmediatos a la entrada; desde entonces están en nuestra casa y nos han acompañado en todas nuestras peregrinaciones.

   Estimo debidamente el sentimiento que ha inspirado a usted la idea de colocar dichos restos en el cementerio de Bogotá; pero debo decir a usted con franqueza que en nuestra casa, en donde se tiene profunda veneración por la memoria del general Nariño, más por convicción que por herencia o tradición, no podemos aceptar ni por un momento la idea de solicitar ni de admitir una limosna para el padre de la patria, y menos de su ciudad que tan ingrata ha sido con su memoria.

   Más tarde yo o mis hijos le encontraremos algún monumento en cualquier sitio retirado de esta patria que él amó tanto.

   Doy a usted mis más sinceras gracias por sus amables palabras, y deseando a usted bienestar completo, quedo de usted siempre estimador y afectísimo tío y amigo,

W. Ibáñez.

FUENTE EDITORIAL:
Sin identificar.

122
VERSION DE JOSEFA ACEVEDO DE GOMEZ SOBRE ACUSACIONES DEL GENERAL NARIÑO EN EL SENADO.

EN PARRAFOS DE SU BIOGRAFIA SOBRE DIEGO FERNANDO GOMEZ, EN LA CARTA DIRIGIDA A SU HIJA AMALIA.

Josefa Acevedo de Gómez.

   Mi querida Amalia:

   Para ti es para quien voy a emprender la grata y dulce tarea de hacer un bosquejo de las virtudes republicanas de tu padre. La historia de la vida pública de un buen ciudadano es el más bello regalo que puede hacerse a la posteridad; porque inspira una loable emulación y presenta el modelo que es necesario seguir para llenar los deberes que nos ligan a la patria. Y cuando esta historia reúna con verdad los caracteres del juez íntegro e incorruptible, del firme republicano, del legislador prudente y filantrópico, y del hombre ilustrado, ella debe llenar de la satisfacción más pura y del más noble orgullo el corazón de la hija predilecta que es el objeto de los ciudadanos y delicias de ese padre estimable. (...).

El doctor Diego Fernando Gómez en el congreso de Cúcuta

   ... (El 21 de febrero de 1820 le fue admitida la renuncia que hizo de la gobernación del Socorro). "Restituido a la capital, dedicó el tiempo de descanso al estudio de la jurisprudencia, práctica, hasta que el 4 de enero del año siguiente se recibió y obtuvo título de abogado de la alta corte de las provincias libres de la Nueva Granada. Al propio tiempo fue electo por las provincias del Socorro, de Neiva y de Mariquita, diputado al congreso general constituyente de Colombia. Partió para el Rosario de Cúcuta en el mes de febrero, y tomó asiento en el congreso desde el día de su instalación. Tuvo una parte muy activa en los trabajos de aquel memorable congreso, y fue el autor casi exclusivo de varias leyes liberales y filantrópicas, como la de libertad de imprenta y supresión del derecho de alcabala.

   "Se distinguió constantemente por su firmeza y amor a la libertad, combatiendo con tesón todas las ideas que juzgó perjudiciales y contrarias al bien público, y usando siempre con el mejor suceso y en favor de los principios de esta lógica irresistible que es muchas veces más poderosa que la seductora elocuencia de los buenos oradores. Como miembro de varias comisiones en el seno mismo del congreso, desplegó sus talentos y actividad redactando proyectos útiles sobre diversos ramos, y procuró siempre expresar sus ideas con un orden y claridad admirables. Mas un hombre íntegro y verdaderamente amante de su patria no puede llenar los deberes que le dicta su conciencia sin exponerse a graves disgustos que turban su tranquilidad, y exponen tal vez su reputación. Diego manifestó con franqueza en el congreso, apoyado por el benemérito doctor Vicente Azuero, que creía que el general Nariño no podía ser senador de la República, y de esta simple opinión emitida en cumplimiento de su deber, sin ningunas miras ni prevenciones personales, y sostenida con documentos auténticos y irrecusables, tomaron origen los infinitos desagrados que experimentó Diego en lo sucesivo y que no pueden pasarse en silencio porque han sido hijos de una persecución demasiado pública, y relacionada con su carrera política. Este asunto, no obstante, quedó suspenso por entonces, y como no quiero anticipar los hechos, me limito a decir que Diego continuó cooperando con sus luces y patriotismo a los trabajos de aquel ilustre congreso, que habiendo constituido y organizado la República de Colombia, y dado muchas leyes útiles, terminó sus sesiones en octubre de 1821.

   "Restituido Diego a la capital, fue propuesto por la alta corte de justicia para ministro superior del distrito del centro; y el vicepresidente de la República le expidió el título de aquel destino en 29 de noviembre de 1821. Aquí empezó su carrera como miembro del poder judicial, carrera que ha desempeñado del modo más honroso tanto para él como para los tribunales en que ha servido; su amor al trabajo, su imparcialidad, su escrupulosa observancia en el examen y aplicación de las leyes y la probidad inalterable de su conducta, han sido conocidas y dignamente apreciadas por todos sus conciudadanos; no obstante, a fin del año de 22 tuvo un grande disgusto que le hizo una impresión profunda. Un abogado le denuncia como criminal por la recuperación de sus intereses verificada en los momentos de anarquía que causó la salida de los gobernantes españoles en 1819. Mas él hizo ver que estaba inocente del supuesto crimen, y confundió al calumniante presentando el decreto de aprobación de su conducta sobre el hecho de que se trataba, y que había sido obtenido desde aquel mismo tiempo.

   "... En enero de 1823 fue nombrado por el vicepresidente de la República miembro de una comisión a la cual se encargó expresamente formar el proyecto del código civil y criminal. Rodeado de ocupaciones importantes, se hallaba entregado exclusivamente al desempeño de sus funciones y trabajaba con ardor por hacerse cada día más digno de la confianza y del aprecio público, cuando fue nombrado senador de la República por el departamento de Boyacá; tomó asiento en aquel augusto cuerpo el 8 de abril de 1824. Y marchando siempre por la senda del honor, habría sido dichoso durante los días felices de la República si una injusticia ultrajante y calumniosa no hubiera turbado su tranquilidad. El general Nariño, resentido por las opiniones que con respecto a él habían manifestado en Cúcuta el doctor Azuero y Diego, trató de vengarse de una manera innoble y ruidosa: leyó en presencia de todo el senado y de un numeroso auditorio un escrito en que llamaba a Diego ladrón, sin más dato que la oficiosa acusación del abogado Pereira, y hacía al doctor Azuero mil cargos igualmente ofensivos y escandalosos, y también desnudos de pruebas; eran estas en las que menos pensaba el general Nariño, quien, arrastrado por el deseo de la venganza, parece que sólo se acordó de aquel antiguo dicho: calumnia, que algo queda. Mas, a pesar de sus relaciones en Bogotá, de su gran talento, de su popularidad y de la firmeza con que profirió sus imputaciones, no pudo mancillar la reputación de estos dos excelentes ciudadanos. Extremo fue el disgusto que sufrieron con aquella injusticia; mas reclamaron con energía ante el mismo senado, pidiendo que se les juzgara conforme a las leyes si eran culpables, o que se obligase a su detractor a darles una satisfacción tan pública como había sido la ofensa, si eran inocentes. Preparaban al mismo tiempo para dar al público sus respectivas vindicaciones sobre los crímenes que se les atribuían, y los documentos que justificaban su conducta en Cúcuta, y que hacían patente la justicia y verdad de las objeciones que habían puesto al nombramiento de senador hecho en el general Nariño. El senado mandó testar las expresiones injuriosas que contenía el escrito del general, y este fue voluntariamente a casa de los ofendidos a solicitar una reconciliación, y que no se publicase nada por la imprenta. Este negocio, pues, no tuvo otros resultados fuera del escándalo de un día, y del disgusto y pesar que recibieron dos sujetos beneméritos que eran ambos ministros de tribunales respetables de la nación".

   Sólo me resta, mi querida Amalia, suplicarte que conserves siempre este papel. Algún día, cuando tu padre y yo no existamos tú lo verás con placer, reuniendo en tu imaginación el recuerdo de Diego con el de tu amante mamá.

   Yo debo añadir, mi querida hijita, que este papel no debe ser exclusivamente tuyo, pues tu hermanita tiene los mismos derechos que tú para que se le comunique todo lo que hace honor a tu papá. Además de esto es probable que ella lo conozca menos que tú, y así, tú debes hablarle de él muchas veces y enseñarle a amarle y respetarle como es debido. Tal vez Joaquincito, tu hermano paterno, gustaría también algún día de leer los elogios de su padre. En tal caso debes franquearle este escrito, aunque sin perder tus derechos a él, pues su destino fue siempre el regalártelo como un obsequio el día de tu cumpleaños. Así, pues, son igualmente interesados en este papel los tres hermanos, aunque tú seas la única dueña de él. Consérvalo, pues, como una débil señal de la ternura con que te ama tu mamá.

FUENTE EDITORIAL:
Biblioteca Nacional, fondo Pineda, v. copiador segundo, p. 205 y 210, 211, 221 y 222.