En la región oculta de las ninfas
El sesgo rayo a penetrar alcanza
Y alumbra al pie de despeñadas linfas,
De las ondinas la nocturna danza.
Diego Fallon.
(La Luna).
Es la hora en que los muertos se levantan
Mientras que duerme el mundo de los vivos,
En que el alma abandona el frágil cuerpo
Y sueña con lo santo y lo infinito
...................................................................
Vierte la luna plateados rayos
Que reflejan las ondas en el río
Y que iluminan, con sus tintes vagos
Los medrosos despojos de un Castillo.
Todo es silencio allí, do en otro tiempo
Hubo bullicio y locas alegrías...
¡Pero mirad! Son vaporosas sombras
Las que en la oscura selva se deslizan.
¡Ah! No temáis no son aterradores
Fantasmas de otros tiempos -son ondinas;
Mirad como se abrazan y confunden
Cómo raudas por el aire giran,
Apenas tocan con el pie ligero
Del prado la mullida superficie.
Ya se avanzan... girando en la espesura
O se sumergen en las ondas límpidas;
Y al compás de una música que suena
Como el lejano acorde de una lira
Elévanse, empujadas por el leve
Viento que sus cabellos acaricia...
Pero callad... alumbra el horizonte
Con sus primeros tintes nuevo día,
Y las sombras se pierdan al borrarse
Del bosque entre las húmedas neblinas.
a A. de W.
Si en tus recuerdos ves algún día
Entre la niebla de lo pasado
Surgir la triste memoria mía
Medio borrada ya por los años,
Piensa en que fuiste siempre mi anhelo
Y si el recuerdo de amor tan santo
Mueve tu pecho; nubla tu cielo,
Llena de lágrimas tus ojos garzos;
¡Ah! No me busques aquí en la tierra
Donde he vivido, donde he luchado,
¡Sino en el reino de los sepulcros
Donde se encuentran paz y descanso!
a A .de W.
Victor Hugo
(Chants du crépuscule).
Melancólica y dulce cual la huella
Que un sol poniente deja en el azul
Cuando baña a lo lejos los espacios
Con los últimos rayos de su luz
Mientras tiende la noche por los cielos
De la penumbra el misterioso tul.
Süave como el canto que el poeta
En un suspiro involuntario da,
Pura como las flores entreabiertas
De la selva en la agreste oscuridad
Do detenido en las musgosas ramas
No filtra. un rayo de la luz solar.
Mujer, toda mujer ardiente, casta
Alumbrada con luz de lo ideal...
Radiante de virtud y de belleza
Como mi alma la llegó a soñar,
¿En sus sueños de cándida ternura
Así la encontrará?
Double virginité
Corps où rien n'est immonde
Ame où rien n'est impure.
Víctor Hugo
(Feuilles d'automne).
Hay infinita luz que reverbera
En el azul de sus divinos ojos
Cual de limpio zafiro en los cristales.
Una expresión de majestad serena
De pudor y recato virginales
Vela la gracia de sus labios rojos,
y es ,a la vez misterїoso encanto,
¡Lumbre, murmullo, vibración y canto!
Su voz tiene las notas armoniosas
De la del ave que en blando nido
De su impotencia de volar se queja,
Llena de suavidad, llena de calma
Su cariñosa frase siempre deja
Una estela de perlas en el alma.
Tiene la delicada transparencia
De las húmedas hojas de las lilas
Y ni una leve mancha en la conciencia
Y ni una leve sombra en las pupilas.
Es una reunión encantadora
De lo más dulce que la vida encierra
A los rosados rayos de la aurora
Hecha, del aire en los azules velos,
Con lo más delicado de la tierra
¡Y lo más delicado de los cielos!
Cuando en las noches pálidas de luna
Cerca de tu ventana -una por una-
Me cuentas tus hermosas ilusiones,
Cuando de tu mirada soñadora
El rayo como lumbre de una aurora
Ahuyenta mis enjambres de visiones;
Cuando reclinas blanda la cabeza
En mi hombro y disipas mi tristeza
Y me acompañas en mis locos sueños,
Cuando de la ventura en el exceso
Sellas mi dicha con ardiente beso
De tus labios rosados y risueños-
Entonces como el náufrago -que asido
De una frágil tablilla- va perdido
Y recuerda la plácida ribera
Mientras la oscura noche negra y fría
Y la inmensa extensión muda y sombría
Y el tempestuoso mar halla doquiera
Y que ve serenarse el horizonte
Y destacarse el azulado monte
Sobre la claridad de áureo celaje
Y aparecer -en vaga lontananza
Lleno de luz, de vida y de bonanza-
Primaveral, bellísimo paisaje,
Entre las sombras de la vida mía
Se levanta la luz de un nuevo día
Sin albor ni crepúsculo indeciso...
¿En la mirada de tus negros ojos,
En el aliento de tus labios rojos,
Quién no sabrá forjarse un paraíso?
[Au poéte] Mérante.
(De Victor Hugo).
I
II
III
IV
a M...
En el dulce reposo de la tarde
Cuando al ponerse el sol en occidente
Su luz dorada, de la vida fuente,
Como una hoguera en los espacios arde,
O de la noche en el silencio umbrío
Cuando la luna con fulgor de plata
Alumbra a trechos el sonante río
Y en sus límpidas ondas se retrata,
Entre las sombras de la vida hay horas
En que la realidad que nos circuye
A detener el ímpetu no alcanza
De nuestra alma que a lo lejos huye
Y a la región de lo ideal se lanza...
Y en reducida y perfumada estancia
Cuyos tapices abrillanta y dora
El fuego de la antigua chimenea,
Juntos los dos oímos a distancia
Diciéndonos protestas de ternura
La voz del agua que al perderse llora
Y el viento que en los árboles cimbrea
Entre el silencio de la noche oscura.
O en frágil barca en plácida mañana
De lago azul flotando en los cristales
Con la mirada errante contemplamos
El cielo, la ribera, los juncales,
Y las nieblas que inciertas, vaporosas,
Van a perderse en la región lejana
Como se pierde la esperanza humana
O el postrimer aroma de las rosas.
Mas cuando el alma en sus ensueños flota,
La realidad asoma de improviso
No más resuena la encantada nota...
Brotan espinas do la rosa brota,
Y en crüel se torna el paraíso.
Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos
Para vivir por siempre separados,
Que no es una la senda que seguimos
Y que la lumbre que cercana vimos
Fue visión de tu amor y tus cuidados.
Y al comparar la realidad penosa
Con los paisajes de ideal que miro
En el fondo del alma lastimosa
Para tu dulce amor -niña piadosa-
Para tu dulce amor surge un suspiro.
¿Conque te vas también? ¿conque estás débil?
¿Conque el aliento de vivir te falta
Y a buscar vas para tu cuerpo enfermo
El aire puro, las campestres auras?
Pues mira, que en las tardes melancólicas,
En el puro fulgor de las mañanas,
En las húmedas nieblas que se tienden
Como velas al pie de las montañas,
En los cielos azules de diciembre,
En la verdura do las aves cantan,
En los dulces poemas que murmura
Bajo las frescas sombras la cascada
Que al chocar en las piedras se convierte
En leves hilos de intangible plata,
Encuentres nueva vida, que devuelva
Roseo color a tus mejillas pálidas,
Venturosas sonrisas a tu boca
Y sueños infantiles a tu alma.
Gutiérrez Nájera.
Mientras que acaso piensa tu tristeza
En la patria distante y sientes frío
Al mirar donde estás, y el desvarío
De la fiebre conmueve tu cabeza,
Yo soñando en tu amor y en tu belleza,
Amor jamás por mi desgracia mío
De la profundidad de mi alma, envío
A la pena un saludo de terneza.
Si cuando va mi pensamiento errante
A buscarte en parajes de otro mundo
Con la nostalgia se encontrara a solas
Sobre las aguas de la mar gigante
Entre el cielo purísimo y profundo
Y el vaivén infinito de las olas.
(De Th. Gautier)
Bajo los árboles viejos
Cuya sombra el suelo baña
Miro perdida a lo lejos
Una pequeña cabaña.
Todo en quietud allí vese,
La ventana no está abierta
Y el musgo grisoso crece
Sobre el umbral de la puerta.
Cual tibio aliento aromado
Que el frío condensa en nube
Humo tenue y azulado
En espiral de ella sube.
Del alma que allí reposa
Noticias a Dios le lleva
El humo que de la choza
En espirales se eleva.
De todo lo velado,
Tenue, lejana y misteriosa surge
Vaga melancolía
Que del ideal al cielo nos conduce.
He mirado reflejos de ese cielo
En la brillante lumbre
Con que ahuyenta las sombras, la mirada
De sus ojos azules.
Leve cadena de oro
Que una alma a otra alma con sus hilos une
Oculta simpatía,
Que en lo profundo de lo ignoto bulle,
Y que en las realidades de la vida
Se pierde y se consume
Cual se pierde una gota de rocío
Sobre las yerbas que el sepulcro cubren.
"Cuando todo ha callado, en esas horas
En que despierta el alma adormecida
Y tornan a la mente halagadoras
Las más dulces visiones de la vida,
"Vuela entre oscuras sombras nocturnales
A la blanca mansión mi pensamiento
Se detiene un instante en los cristales
Por do filtra la luz a tu aposento,
"Besa las madreselvas trepadoras
Que abrazan circundando tu ventana,
Entre sus flores vaga encantadoras,
Que se abren a la luz de la mañana.
"Y a veces te contemplo arrodillada
Ante tu hermoso y santo crucifijo
Errante en el espacio la mirada,
El corazón en sus promesas fijo.
"Y escucho la plegaria misteriosa
Que en dulce ritmo, de cadencia breve
Desde tus labios de color de rosa
Vuela a sus brazos de color de nieve.
"¡Si pudiera sin traba hablar el alma,
Cómo fuera la voz del sentimiento,
Mas, ¡quién retrata de tu faz la calma!
¡Quién narra la frescura de tu aliento!
.........................................................
"Que sin extraño yugo que te oprima
Bajo la forma que su lumbre veda,
Adivine tu amor bajo la rima
El sentimiento que en alma queda.
"De la pasión en el poema santo
Unicamente te dijeran eso
Las almas al alzarse como un canto
¡Mientras los labios tiemblan en un beso!".
(Poesía del hogar)
Con diversos objetos colocados
En la tabla de antigua rinconera
Teniendo bajo el pie ficticia rama,
Y ya no los dorados
Alambres de la jaula -en otros días
Testigos de su pena pasajera
Y de sus inocentes alegrías,
Calla y descansa, de algodón henchido
Por la mano de artífice extranjero
El canario primero
Que el paternal hogar lleno de encanto
Tal vez pensando en el lejano nido
Alegró con las notas de su canto.
¿Y vivió allí feliz? Nadie lo sabe
Tuvo alimento, luz, agua muy pura
Por horizonte el cielo,
Y todo lo demás que puede una ave
Codiciar en sus horas de desvelo
Con sus aspiraciones de ternura,
Pero quizás nublárase su vida
Con la nostalgia de la selva oscura,
Cuando mirando las cercanas flores,
Pasaba ante su vista distraída
El recuerdo feliz de sus amores.
Una jaula más blanca y más dorada
Que aquellas ilusiones infantiles
Que acarician una alma enamorada
Con la ternura de los quince abriles
Fue su primer morada,
Y miró desde allí, con alegría,
A la joven pareja que en la tarde
En la vecina estancia sonreía,
De su felicidad haciendo alarde
En la divina hora,
En que en roseo color baña el ambiente
y los lejanos horizontes dora
Con ambarina luz el sol poniente.
El compartió la atmósfera serena
De quietud y de amor en donde el alma
Lejos de la tristeza y de la pena
En una inmensa beatitud olvida
El malestar que le arrancó la calma
En la continua lucha de la vida,
Vio miradas besándose al hallarse
Oyó voces de tonos argentinos,
Confidencias de dos que al encontrarse
En una misma ruta fatigosa
Para siempre juntaron sus destinos,
Y gozó días risueños
Que fueron para su alma cariñosa
Grata condensación de sus ensueños.
Tranquila allí se deslizó su vida
Y una vez, sonreída
Vio la faz de su dueña cuidadosa
Con maternal cariño
Inclinarse amorosa
Sobre la frente pálido de un niño.
Luego vino la muerte
A poner fin a su dichosa suerte,
Y en una de esas tardes fastidiosas,
En que no dora el sol extrañas nubes
Fantásticas figuras dibujando;
Murallas rotas, alas de querubes,
Mares de fuego, blancas mariposas,
Y formas que se pierden agrandando,
En que la niebla -ensueño de tristeza
Extiende el ala gris humedecida,
Le abandonó la vida,
Doblegó la cabeza,
Y a la jaula, a la dueña y a las flores,
Les dio su postrimera despedida.
¡Quizás la brisa errante
Llevó su adiós postrero
Al través de las brumas de la noche
Al dulce nido de su amor primero,
Y a la musgosa orilla
Del claro arroyo que en la selva oscura
Vio deslizarse su niñez sencilla!
A veces por las noches conversamos
En la estancia tranquila,
De la risueña lámpara -la pura-
Y tibia luz rosada
No hiere la pupila,
Y la reunión calmada
Parece contemplar desde la altura
De antigua rinconera
Aquel canario que por vez primera
El paternal hogar, lleno de encanto,
Tal vez pensando en el lejano nido,
Alegró con las notas de su canto.
G. G. G
Con el recuerdo vago de las cosas
Que embellecen el tiempo y la distancia
Retornan a las almas cariñosas,
Cual bandadas de blancas mariposas,
Los plácidos recuerdos de la infancia.
¡Caperucita, Barba Azul, pequeños
Liliputienses, Gulliver gigante
Que flotáis en las brumas de los sueños
Aquí tended las alas
Que yo, con alegría
Llamaré para haceros compañía,
Al Ratoncito Pérez, y a Urdimalas!
¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos
Donde la idea brilla,
De la maestra la cansada mano,
Sobre los grandes caracteres rojos
De la rota cartilla,
Donde el esbozo de un bosquejo vago
Fruto de instantes de infantil despecho,
Las separadas letras juntas puso
Bajo la sombra de imposible techo.
En alas de la brisa
Del luminoso Agosto, blanca, inquieta
A la región de las errantes nubes
Hacer que se levante la cometa
En húmeda mañana;
Con el vestido nuevo hecho jirones,
En las ramas gomosas del cerezo
El nido sorprender de copetones;
Escuchar de la abuela
Las sencillas historias peregrinas;
Perseguir las errantes golondrinas,
Abandonar la escuela
Y organizar horrorísona batalla
En donde hacen las piedras de metralla
Y el ajado pañuelo de bandera;
Componer el pesebre
De los silos del monte levantados;
Tras el largo paseo bullicioso
Traer la grama leve,
Los corales, el musgo codiciado,
Y en extraños paisajes peregrinos
Y perspectivas nunca imaginadas,
Hacer de áureas los caminos
Y de talco brillante las cascadas.
Los reyes colocar en la colina
Y colgada del techo
Las estrellas que sus pasos encamina,
Y en el portal el Niño-Dios riente
Sobre el mullido techo
De musgo gris y verdecino helecho.
¡Alma blanca, mejillas sonrosadas,
Cutis de níveo armiño,
Cabellera de oro,
Ojos vivos de plácidas miradas,
Cuán bello hacéis al inocente niño!...
Infancia, valle ameno,
De calma y de frescura bendecida
Donde es suave el rayo
Del sol que abrasa el resto de la vida.
Cómo es de santa tu inocencia pura,
Como tus breves dichas transitorias,
Cómo es de dulce en horas de amargura
Dirigir al pasado la mirada
¡Y evocar tus memorias!
(De "Las Canciones de los bosques y de las
calles" de Victor Hugo)
a R. de R.
Asómate a mi älma
En momentos de calma,
Y tu imagen verás, sueño divino,
Temblar allí como en el fondo oscuro De un lago cristalino.
(Charles Nodier).
(De Maurice de Guérin)
Pequeñas cavidades
Hay en la cumbre de la inmensa roca
A cuyos pies acompasadas brotan
Sobre la playa las movibles olas.
Guardan allí las grietas estancadas
De la lluvia las gotas
Y a veces a beberlas se detienen
Las errantes bandadas de palomas.
Yo suelo por las tardes
Ir a la cima a sollozar a solas,
Mis lágrimas se mezclan con las aguas
Entre las piedras toscas.
¡Sueltas bandadas que al caer el día
Tendéis el ala entre las tintas roseas
Con que el sol al ponerse en occidente
Ilumina la atmósfera,
Jamás bebáis las aguas escondidas
En la gigante roca
Que mis lágrimas tienen la amargura
De las marinas ondas!
(Balada, italiana de R. Salustri,
Julio 10-1833).
Esa es la eterna ley -Así va unida
La tarde con la aurora de la vida
Cabe la cuna do sonriente vela
El dulce, ángel guardián, de alas de oro.
Contemplando a la nieta, su tesoro,
Con unción inefable está la abuela.
Ya por los años su cabello cano
Nada pide en la vida a la fortuna
Y ora entretiene la cansada mano
En arrullar con movimientos leves
A la niña dormida entre la cuna.
Así naturaleza cariñosa
Junta la frente, de color de nieve
Con la frente que al beso de la angustia,
Quedó por siempre oscurecida y mustia,
Los tintes opalinos de la aurora
Con los que el sol al ocultarse dora,
Las risas infantiles y la pena,
El prado verde y la desnuda cima,
La vejez que a la tumba se aproxima
¡Y la niñez purísima y serena!
Al través de las brumas de los años
Torna un momento a su niñez lejana,
Feliz edad de plácidos engaños.
Mientras sueña la niña ved una ave
Que la clara extensión, llena de vida,
Cruza en continuo movimiento suave
¡Entre la luz crepuscular perdida!
Cuando a la niña traigan los amores,
Enjambres níveos de ilusiones gratas
En los días de sol, ramos de flores
Y en las noches de luna, serenatas.
Cuando abra a los placeres la pupila
En brazos de la sombra y el misterio
La pobre anciana dormirá tranquila
En el cristiano y santo cementerio.
¡Oh! decid si en sus plácidas visiones
Algo miró vuestra alma, más risueño
Que la cuna do entonan sus canciones
¡Los sonrïentes ángeles del sueño!
(San Lucas, V. III).
(H Gautier).
(De "Les quatre vents de l'ésprit"
de Victor Hugo).
El agua da la espuma, la tierra da la arena,
Confúndense una y otra en el oscuro mar
Y un ruido misterioso velado de silencio
En el espacio inmenso alcanzan a escuchar.
Un niño canta a orillas del agua que murmura,
No hay grandes ni pequeños, que ¡oh Dios!quisiste tú
Poner entre el abismo y estos pequeños seres
Los mismos astros de oro y el mismo cielo azul.
La vida humana es triste mas su misión es bella,
Al cuerpo el alma lleva a ver la luz del sol,
Y el hombre es débil ave que vuela con dos alas
El pensamiento libre y el verdadero amor.
Serenidad sublime la dulce escena tiene,
La barca vuelve al puerto y al nido el ave va,
Todo en reposo queda y escúchanse a lo lejos
Rumores misteriosos de besos palpitar.
El viento que en la cima de la gigante roca
Doblega los juncales, se lleva la canción.
¡Oh viento que confundes entre tus amplias alas
Con otros vagos ruidos una amorosa voz!
¡No importa! Aquí [ ... ] 1 todo temblando
[.........................................................] 2
Y una quietud süave se extiende, se dilata
Desde el azul del mar
(Junto a los versos de un joven muerto
repentinamente).
Como la, luz rosada de la tarde
Al ocultarse el sol,
Como las nieblas vagas y argentadas
Sin forma ni color.
Como todo lo dulce de la vida
¡Así despareció!
Que a veces su recuerdo en largas horas
Sin goces ni dolor,
Vuelva un momento a visitar tu alma
¡Como un rayo de sol!
¿Recuerdas? ... Tú no recuerdas
Aquellas tardes tranquilas
En que en la vereda angosta
Que conduce a tu casita
Plegaban a tu contacto
Sus hojas las sensitivas
Como al poder misterioso
Del amor tu alma de niña...
En la oscuridad pasaban
Las luciérnagas cual chispas
Que bajo la yerba espesa
Nuestros, dedos perseguían
¡Así también en las horas
De mis años de desdicha
Cruzaban por entre sombras
Mis esperanzas perdidas!...
¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
La cruz de mayo que hicimos
Con viöletas silvestres
Y con sonrosados lirios
Bajo el frondoso ramaje
De tu árbol favorito
Como una lluvia de perlas
Sobre blanco raso níveo
Brillaba por los [...] 1
En las hojas el rocío!
Y los pájaros cantores
Hicieron cerca sus nidos...
Después pasé una mañana
Y vi tu ramo marchito
Como mi pasión ardiente
Por tu infamia y tus desvíos.
¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
Más de esa noche amorosa,
La lumbre de tus pupilas,
El aliento de tu boca
Entreabierta y perfumada
Cómo un botón de magnolia,
Los murmullos argentinos
Del agua bajo las frondas,
El brillo de las estrellas
Y las esencias ignotas
Que derramaron los genios
En las brisas cariñosas,
Quedaron como una huella
Que el tiempo aleve no borra
¡ay! para toda la vida
Escritas en mi memoria!
¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
Pero yo, cuando levanta
El crepúsculo sombrío
Del fondo de las cañadas
Y las tristezas inmensas
De lo profundo del alma
Al pasado fugitivo
Tiendo la vista cansada
Y nuestra historia de amores
Hacia mí tiende las alas.
¡Cuando en las horas nocturnas
Cabe el esposo que te ama
Tu agitado pensamiento
Tenga segundos de calma
De aquella pasión extinta
¡Jamás te acuerdes, ingrata!
¿Recuerdas?... Tú no recuerdas
La tarde aquella en que juntos
Bajamos de la colina,
Tus grandes ojos oscuros
Se anegaban en los rayos
Sonrosados del crepúsculo
Y tu voz trémula y triste
Como un lejano murmullo
Me hablaba de los temores
De tu cuerpo moribundo!
Si hubieras entonces muerto
Cómo amara tu sepulcro
Ahora, cuando te veo
Feliz gozar de tus triunfos
Tan sólo asoma a mis labios
Una sonrisa de orgullo!